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Sobre la verdad

Por LUIS O. BREA FRANCO 27-08-2018 00:08

En nuestro tiempo hemos descubierto cosas sumamente extrañas, cosas


que habrían dislocado el pensamiento de Platón y Aristóteles. Es Platón
quien nos enseña que la verdad es la concordancia de la Idea con la
cosa que percibimos a través de los sentidos, y como la idea se revela a
través de la razón, la consistencia de la verdad depende de la coherencia
racional del juicio o proposición. Así lo racional es el espacio en que se
combinan los datos racionales y sensibles y actúa como el lugar donde
aparece lo verdadero.
Sin embargo, como hoy lo racional se ha venido difuminando en el curso de los
siglos de la Modernidad, generalmente lo que percibimos en nuestras vivencias
no tiene el sello de lo racional sino que refleja estados de ánimos, emociones,
sensaciones o sentimientos. Estas son vivencias y como tales no pueden ser
percibidas desde la universalidad, que es la categoría que presenta todo lo
racional. Las vivencias son experimentadas a un nivel individual, subjetivo o
desde una comunidad constituida por lazos emocionales muy fuertes. Quizás lo
que digo no aparezca muy claro para mucha gente, pero creo que esto se puede
superar con unos sencillos ejemplos.

Cuando hablo de la forma de algo y digo que es un triángulo o un círculo,


expreso un juicio y este puede ser verdadero o falso, verdad o mentira, pues
sugiere que la forma de lo que hablo corresponde a una figura geométrica. Esto
solo puede ser racionalmente verdadero o falso. Pues para comprobar la verdad
de lo que hablo solo debo tener la idea de lo que es esa figura geométrica y
analizar si aquello de lo que hablo tiene concordancia con las sensaciones que
producen en mí esa idea de triángulo o de círculo, que es lo que proporciona la
idea a la razón que habita en mí. Esta facultad es el “lugar” donde se produce la
constatación de lo verdadero de lo que se habla, en este caso.

Ahora bien, si digo que tengo un dolor de muelas, los demás no pueden sentir ni
percibir esa situación y pueden entender a qué me refiero sólo por empatía, según
hayan tenido o no un dolor semejante.

Esto también ocurre cuando confieso a alguien mi amor o mi amistad. El otro no


tiene modo de comprobar si en verdad tengo o experimento ese sentimiento o si
de lo que hablo corresponde más bien a un deseo diferente, por ejemplo, el
poseer la persona que decimos amar mediante un acto sexual. La diferencia sería
entre el sentimiento o la pulsión padecida.
En relación a esto, Rilke, el gran poeta alemán se pregunta en un verso muy
conocido: “¿Amantes, os tocáis?”, lo expresado se sostiene en que ni siquiera los
amantes pueden tocar o palpar el amor que dicen sentir y pretenden manifestarse
mutuamente el uno al otro.
Traigo todo esto a colación para decir que en nuestro tiempo la verdad ha dejado
de ser verdadera en cuanto ha dejado de ser expresión de una proposición lógica,
racional, o que responda a un comprobable estado de cosas.

En un debate político celebrado en un programa de la televisión estadounidense,


este fin de semana, un reconocido analista y teórico político de ese país, lanzó
una afirmación, que desde hace milenios se estima como si fuera un axioma
irrebatible: “La verdad es la verdad, y esto siempre ha sido así”.
Empero, otro de los dialogantes, reflejando la situación actual frente a que es
cierto o no, el ex alcalde de New York, Rudolf Giuliani, quien participaba en el
diálogo, rebatía lo contrario refiriéndose a la difícil situación judicial del
presidente Trump. Debo aclarar que Giuliani es el actual consejero legal del
mandatario, y respecto a la situación legal de su cliente, el jurista lanzaba un
nuevo axioma que me parece es la marca de nuestra época: “No, la verdad no es
la verdad”.

Con esta afirmación constatamos que existimos en el tiempo en que la oscuridad


que prevalece sobre el asunto de la consistencia de lo verdadero hace que
“veamos a todos los gatos, como negros”, según la famosa expresión del gran
Hegel. Esto quiere decir que ahora toda afirmación puede ser adelantada como
verdadera, pues ha desaparecido prácticamente el “lugar” –la razón como sede de
la enunciación de los juicios verdaderos– donde se conformaban y se verificaban
las condiciones de la verdad.

Esto dicho de otra manera sería lo mismo que afirmar que la instancia
racional, hoy ha dejado de tener vigencia. Así que cualquier cosa de
cualquier orden puede ser considerado, en un determinado momento,
tanto pasible de ser verdadero como falso. Lo que las distingue vendría a
ser aquel famoso eje popularizado por nuestro gran maestro del humor y
de la sabiduría que en este se expresa, Freddy Beras Goico, que
consagró como instancia decisiva de lo verdadero el tropos del “a sigún”,
que viene a ser la clave del pragmatismo más oportunista, en una época
de charlatanes, piratas y malabaristas de una palabra vacua.

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