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C. C.

JUNG Y DANZA TERAPIA


Dos Principios Fundamentales

Mary Starks Whitehouse1

Génesis

Así de extraño, llegué a ser danza terapeuta sin darme cuenta de ello, simplemente
porque no existía aún semejante cosa. Al enseñar danza era vagamente consciente
de un elemento nuevo y diferente. Las personas se me acercaban al final de una
clase y preguntaban: - ¿qué es esto? Ellos continuaban elaborándolo al decir a sus
amigos que asistían a clases de danza, pero sentían que lo que hacíamos era un poco
diferente. Cuando intentaban una explicación al respecto, no encontraban las
palabras adecuadas. Yo les preguntaba: -bueno qué piensan ustedes, ¿qué es lo que
se llevan de aquí? La respuesta se mostraba tan confusa como yo misma. Nos llevó
mucho tiempo a ambos poder aceptar el trabajo como algo que es más y que es
menos que la danza.

Tomen en cuenta que estoy hablando de mediados de la década del cincuenta.


Danza terapia era desconocida y mucho menos mencionada. Una tarde estaba
sentada en el cuarto de estar. Alguien me había enviado una publicación médica que
contenía fotos de Marian Chace trabajando en el hospital Santa Elizabeth, en
Washington D. C. Reconocí que una bailarina había utilizado la danza y el
movimiento para acceder a personas que no tenían ninguna intención de ser
bailarines, ni siquiera de bailar como forma de recreación. Ella había logrado una

1
El siguiente artículo ha sido publicado en el libro Authentic Movement, Essays by Mary
Whitehouse, Janet Adler & Joan Chodorow. Editado por P. Pallaro y publicado por J.Kingsley,
1998.

Traducido por Karin Fleischer con permiso de la editora, y autoras respectivas.

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comprensión de su trabajo mucho mayor que la mía. El hecho de que ella trabajara
en un hospital y yo en un estudio particular no me influyó en lo más mínimo. Mandé
a pedir la reimpresión de sus artículos, ávida de aprender lo que ella decía sobre su
trabajo. Encontré un punto de vista respecto a la danza que me resultaba familiar y
extraño a la vez.

La no familiaridad residía allí donde su trabajo era diferente al mío. No hubo durante
estos inicios dos experimentadoras que pudieran ser tan remotamente semejantes.

Desde un comienzo fue necesario distinguir entre terapeutas trabajando en un


hospital y / o en clínicas bajo supervisión médica, y terapeutas trabajando en
estudios en forma privada.

Este capítulo expresa el punto de vista de alguien que trabajó de manera intensiva
en un estudio. Comencé con la danza como elemento conocido y continué usándola,
sin sospecharlo, de manera tal que parecía ayudar a las personas a descubrir y tratar
sus conflictos personales. Estas personas podían funcionar en su vida cotidiana, eran
lo que llamaríamos “normales”. Una vez, Bella Lewitsky se rió al escuchar el término
“neuróticos normales”. Yo no lo considero gracioso. Desdichadamente, estas
personas tienen tantos problemas como las que están en hospitales, si bien no tan
flagrantes. La diferencia es que manejan sus vidas con una “quieta desesperación”,
en vez de estar marcadamente separadas del resto del mundo.

De tanto en tanto recibía nuevos artículos. Así empecé a conocer a otras personas
que pensaban que la danza podía ser útil de nuevas maneras. Trudi Chopa y Neri
Salina, que previamente habían enseñado en el hospital Camarillo, anunciaban
clases de danza como terapia adjunta. Charlotte Selver introdujo en la Costa Oeste
su trabajo en Sensory Awareness (Conciencia Sensorial). Algo se estaba despertando.

Para entonces, dos cosas importantes me sucedieron. La primera, mi vida personal


se derrumbó en una serie de confusiones que finalizaron en divorcio, y quedé sola
con dos niños pequeños a mi cargo. La segunda, comencé análisis con una analista
que había sido paciente personal de C. G. Jung.

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Había recibido el entrenamiento tradicional en danza moderna por aquellos
tiempos, desde lecciones en interpretación siendo pequeña hasta un diploma de la
Escuela Mary Wigman, en Dresden, Alemania. Había ido allí, porque en Estados
Unidos, aún no había nada que te permitiera aprender danza sin caer en la categoría
de educación física. ¡Yo rechazaba completamente el básquet y las raquetas de tenis
como preparación para enseñar! El entrenamiento Wigman sentó las bases de una
aproximación particular, aunque no lo supiese en ese entonces, daba espacio para la
improvisación, valorando la creatividad de las personas al moverse. Presuponía que
uno no aprendería a bailar si no tenía algo para expresar. Luego de la escuela
Wigman, mi educación continuó en casa e incluyó a otros docentes. Tomé cursos
con Martha Graham durante muchos años y asistí a la Escuela Bennington de danza
de verano antes de que se mudara al Colegio Connecticut en New London. Durante
todo este tiempo, enseñaba y bailaba a la vez. Al vivir en Boston, se abrió ante mí, el
área de New England, prístina y desacostumbrada a la danza moderna. Las personas
ya estaban allí, yo llegaba llena de entusiasmo, frescura, juventud, lista para
demostrar a cada una/o que el bailar les haría sentirse mejor. ¡Y estaba en lo cierto!

Poder sustentarme económicamente se había vuelto doblemente importante,


debido al divorcio y a mi responsabilidad para con mis dos niños; la danza devino en
un medio práctico para tal fin. En análisis, llegué lentamente a una comprensión
nueva de mi misma y a una visión diferente del mundo; me preguntaba si el viejo y
el nuevo modo debían combinarse, no podían ir paralelamente y yo no podía ignorar
a uno u a otro. El análisis no pone comida en tu boca, solo te permite trabajar
externamente mientras continúas con dicho trabajo interno. Mi forma exterior era
la danza, sin embargo, tenía que honrar lo nuevo. Lo nuevo seguramente cambiaría
lo viejo.

Mi cambio de interés respecto a la danza había comenzado aún antes de estar en


análisis. La década del cincuenta y comienzos de los sesenta fueron testigos de un
período excesivamente aburrido y letárgico. A comienzos de los sesenta, John
Martin, antiguo crítico de danza del New York Times, estando en aquel momento en

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U.C.L.A remarcó que la danza moderna había muerto. Yo no podía sentirme más de
acuerdo con esto. Si no había algún tipo de renovación, la enseñanza se volvía cada
vez más estéril. Odiaba pensar en continuar año tras año del mismo modo,
simplemente como un trabajo, una injusticia a la tarea y a mí misma.

Luego el análisis me posibilitó un significado diferente y más amplio. Combinar el


significado artístico y el humano podía ayudar a integrar el adentro y el afuera;
podía abrir el camino que luego iría a recorrer. Incluso vislumbré que tal vez la
integración de ambos podía resultar en una revitalización de aquello que por
entonces podía considerarse como mínimo, un mercado y sino como un arte familiar
levemente aburrido.

Mirando retrospectivamente, mi comienzo es casi irreconocible. En ese entonces,


por supuesto que simplificaba la tarea viendo nuevos conceptos y significados
demasiado fácilmente en el movimiento de las personas, forzando a entrar todo lo
que veía dentro de un marco de referencia preconcebido. Si bien me apoyaba en lo
que ya sabía, recordando cosas que había aprendido, también tropecé con
experiencias genuinas, momentos en el movimiento de los individuos que les
permitían descubrir algo diferente de ellos mismos, no porque yo se los enseñara,
sino por crear las condiciones de apertura para tal descubrimiento. Comencé a
encontrar un lugar para mí misma. No crean que tenía muy claros mis objetivos, ni
mi forma de trabajar. Honestamente, solo sentía claridad respecto de mi necesidad.
El lector debe tener en cuenta que al hablar del comienzo de una nueva forma de
trabajo a mediados de los años cincuenta, el pionero es quien más se haya en la
oscuridad. No existían ideas o pensamientos respecto a un modelo teórico, o por lo
menos yo no lo buscaba. Desesperadamente intentaba sentir claridad respecto a lo
que estaba sucediendo, esto solo me bastaba. Durante los primeros tiempos, al
finalizar la clase, muchos de nosotros íbamos a tomar un café y pasábamos entonces
largo tiempo discutiendo; discusiones valiosas que despertaban reacciones y
estimulaban nuevas preguntas. Había preguntas a las cuales podía responder, pero
para la mayoría de ellas aún no tenía respuestas. Implicaban cuestiones que debía

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enfrentar a solas, lo mejor que pudiese. A menudo regresaba a casa pensando qué
era lo que estaba haciendo y porqué.

Más allá de lo que fuese, lo cierto era que nos estábamos alejando de la danza.
Tenía que llamarlo movimiento. Para poder encontrar aquello que movía
verdaderamente a las personas, necesitaba renunciar a las imágenes de lo que
significa bailar, tanto en ellas/os como en mí misma. Existía otra posibilidad: bailar
significa la concreción de un producto, concluir una pieza de trabajo para mostrarla.
Descubría más y más que en las clases emergían piezas de movimientos, no danzas,
y que por lo tanto sería más descriptivo llamarlo movimiento hasta que ellos mismos
quisieran hacer una danza.

La palabra terapia había comenzado a penetrar el lenguaje de la danza, desde el


modelo médico y hospitalario. Yo tenía cierta resistencia al respecto. Parecía
implicar que yo sabía y que la persona que venía a verme no sabía. Sentía que esto
no podía ser verdadero en mi caso, aún si así sucedía con otras personas.

En mi caso, el aspecto teórico de lo que hoy denominamos danza terapia, nació de


años de hacer, de aprender a través de la acción y la experiencia, en lugar de pensar,
leer y ser enseñada por otros. Nació a partir de considerar seriamente las preguntas
y necesidades de las personas junto con lo que éstas me producían. Aprendí a no
aferrarme cuando el trabajo o yo misma no le satisfacía a alguien, admitiendo la
herida, pero continuando hacia delante. Cuando llegaba el anuncio sobre “Terapia
Adjunta” de Schoop y Salkin, o recibía información sobre “Sensing” que Charlotte
Selver ofrecía en encuentros de fin de semana, tenía que sobreponerme a una
inseguridad inicial que me decía: ‘ -bueno, si ellas saben lo que están haciendo y lo
hacen correctamente, entonces yo estoy completamente equivocada y podría no
estar haciendo nada’.

Mi presente convicción aún no existía.

Debo ser honesta, al presentar un modelo teórico a estudiantes de danza terapia, y


admitir que el mismo fue logrado inicialmente a solas, con dolor y luchando. Dicha

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experiencia puede ser diferente para una segunda generación, pero necesita ser
conocida; de lo contrario semejante marco de referencia puede ser aprendido
fácilmente sin relación alguna al temperamento o virtudes personales. Podría ser
enteramente adoptado e impuesto en pacientes, así como cualquier profesora de
danzas con un estilo propio lo impone a sus alumnos.

Modelo Teórico

¿Pueden creer que me resisto inmensamente al simple título: Modelo Teórico? Lo


asocio con una disciplina intelectual, una racionalidad organizada, que según mi
parecer corresponde a la mitad de un proceso vivo. Cualquier modelo teórico que
adopten no lo confundan con la totalidad. La totalidad solo puede ser la persona
total, una enseñando y una moviéndose en una atmósfera de confianza mutua. Un
modelo teórico que no incluya esta comprensión no es completo.

Por una cuestión de espacio, me gustaría enfatizar los aspectos menos conocidos, y
menos comprendidos de mi propio modelo. Mi entrenamiento en Psicología
Junguiana me conduce a ciertos principios como fuentes principales de mi trabajo.

Análisis Profundo

Cuando hago referencia al análisis profundo, me estoy refiriendo a ciertos procesos


clínicos psicológicos. El/la paciente coopera con el/la analista para acceder al
inconsciente. Esto se lleva a cabo a través de sueños, siendo uno/a particularmente
sensible a las imágenes y sus asociaciones, familiarizándose así con lo que Jung
denominó “imaginación activa”, y dando lugar a una comprensión simbólica de los
eventos de la vida, internos o externos.

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El proceso implica descubrir la realidad viviente del inconsciente.

Hay muchas clases de terapia, muchas aproximaciones a la entidad que llamamos


persona; sin embargo, no hay muchas que hagan referencia a la totalidad del ser
humano, que incluyan lo que no se conoce de uno/a mismo/a trascendiendo incluso
aquello que pertenece solo al individuo. Este factor determinó que tanto el
psicoanálisis, como la psicología analítica y la aproximación Adleriana se llamaran
“Psicologías Profundas”.

Voy a poner un énfasis particular en la relación creada entre dos personas


realizando sesiones individuales, esperando poder ofrecer mayor claridad respecto a
los procesos que suceden en dicho contexto.

“Sí Mismo” y “sí mismo”

A través del análisis profundo pude percibir los diferentes aspectos del ser humano
que Jung sabía diferenciar sin olvidarse de la integridad de cada uno. Integridad que
consiste en una totalidad. Muchas personas dicen “sí mismo” utilizando la “s”
minúscula para referirse al ego, a la personalidad. El mundo del sí mismo es el
mundo del “mí” y de todo aquello que le concierne.

Jung (1959) llamó “Sí Mismo” con “S” mayúscula al mundo transpersonal, un mundo
más amplio que el individuo, más poderoso que el ego. El Sí Mismo es la totalidad
del estar vivo; es un estado de 'completud', lo conocido y lo desconocido, el bien y el
mal. Cuando esta concepción subyace la enseñanza de danza, conduce su valor
principal hacia uno nuevo, el del auto conocimiento. Utilizo una frase maravillosa de
Krishnamurti que dice:

“El auto conocimiento no constituye el fin último; es la única apertura a lo


inabarcable” (1956, pg. 47).

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Permítanme parafrasear. El pequeño sí mismo es aquel que lucha con el auto
conocimiento, desarmando la estructura de la personalidad e integrándola
nuevamente con nuevos elementos, nuevas comprensiones; pero lo inabarcable es
el gran Sí Mismo, lo Desconocido, Dios.

Proceso de Individuación

El Sí Mismo guía y ofrece dirección a la personalidad, una vez que comienza el


proceso de desarrollo de la conciencia. Debido a esto, un modelo teórico no debe
alinearse solamente con aquello que es razonable. Debe incluir también lo
irracional, lo ilógico, lo desconocido. Jung (1959) ha dicho que el Sí Mismo hará su
experimento con cada uno de nosotros. La única opción real es ser arrastrados, o
cooperar. Cooperación implica aquel largo viaje hacia lo que él denominó
Individuación, el desarrollo único y consciente del propio potencial, el lento
despliegue de una totalidad ya existente. A través del auto conocimiento, la
individuación pone el ego al servicio del Sí Mismo, de la totalidad. El crecimiento de
la personalidad es posible solamente a través de la ínter – penetración de
consciente e inconsciente.

En otras palabras, la personalidad no puede ampliar su comprensión a partir de un


modelo teórico que solo comprenda elementos abstractos, lógicos y racionales.
Necesita a la vez iluminarse, elevarse, ordenarse de un modo nuevo a través de la
penetración de lo irracional y de lo instintivo, pensamientos inesperados, conductas
inusuales. Si hay espacio para esto último, entonces no se puede tener un sistema
de creencias dentro del cual funcionar con seguridad. Si necesitas de este sistema,
entonces puedes ayudar a las personas solamente hasta cierto lugar y de cierta
manera.

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Debido a que la persona es una totalidad en funcionamiento, una gran parte será
desconocida para ambas en todo momento compartido. Auto conocimiento, y una
introducción hacia lo inabarcable es lo que busca la gente, más allá de lo expresen
conscientemente como “el problema”. Son personas que funcionan lo mejor que
pueden en sus vidas cotidianas, pero sienten una falta de algo, una ausencia.

En mi experiencia, las personas no pueden ser ellas mismas de manera genuina si no


indagan (algo no siempre placentero) en sus motivaciones y limitaciones. Esto no
significa introversión. Significa introspección, mirarse hacia adentro, una necesidad a
la cual nuestra era le escapó en gran medida. Los individuos están acostumbrados a
buscar afuera, midiendo reacciones y respuestas a partir de ciertas creencias
condicionadas y adquiridas. No están acostumbrados a un mundo interno que
también condiciona e influye, tanto si sus fuerzas son reconocidas o no.

Polaridad

¿Cómo se aplican estas ideas a una teoría de danza / movimiento? Su aplicación


implica la utilización de conceptos que integran versiones conocidas sobre el uso de
la danza y el movimiento con aquello que es desconocido, dando a lo desconocido
un nuevo peso e importancia. La primera polaridad está presente en el cuerpo
físico, abarca a través de la personalidad los diferentes pares de opuestos,
incluyendo consciente e inconsciente. La vida no es “esto o aquello”, sino la eterna
paradoja de “ambos / y”. Este dicho parece muy simple, pero no es así como vive la
gente. Solo tienen que elegir para que el opuesto se escape. ¿No es cierto? Cuando
eliges algo en la vida, no te deshaces de aquello que no eliges. No existe la
posibilidad de elegir solamente un extremo de la escala; el otro extremo desaparece
de la conciencia, ejerciendo su peso como en un “sube y baja”, desde otro plano.
Blanco y negro, día y noche, masculino y femenino son pares familiares en nuestra
experiencia diaria. En el mundo del movimiento, un bailarín no se detiene a pensar

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en curva y recta, cerrado y abierto, angosto y ancho, arriba y abajo, pesado y liviano;
hay infinitos pares.

Desde el punto de vista físico, es asombroso ver que ninguna acción puede llevarse a
cabo sin la operación de dos grupos musculares, uno en contracción y otro en
extensión. Esto refleja la polaridad inherente a todo esquema de movimiento.
Muchos no lo perciben de este modo, pero puede reconocerse fácilmente en el acto
de caminar. Normalmente, cuando no hay una malformación adquirida, las personas
caminan oponiendo brazos y piernas, el brazo izquierdo balancea la pierna derecha,
el derecho se opone a la izquierda. Aprender a modificar esta posición involuntaria
no resulta nada sencillo, sobre todo al comenzar un movimiento hacia delante. Las
personas deben sentir que están liberando un brazo y una pierna hacia delante
simultáneamente en lados opuestos del cuerpo. Luego es la potente acción de pesos
opuestos en ambos lados del cuerpo que nos eleva aún más y nos transporta en el
aire. Saltar hacia delante es una extensión amplia de brazo y pierna en forma
contraria.

Cuando ambos lados del cuerpo se oponen, izquierdo y derecho se aprenden de


modo diferente y misteriosamente balanceados. Los opuestos pueden balancearse,
pero no siempre sucede así; a veces uno pesa más que el otro. Izquierda y derecha
tienen muchas connotaciones, desde la oposición de brazo izquierdo a pierna
derecha a la oposición de ambos lados completos. Recuerdo la impresión que me
causó la descripción que hizo Martha Graham del izquierdo como el lado siniestro
del cuerpo.

La izquierda tiene su propia cualidad especial, tal como lo refleja Nancy Ross en el
título de su libro: “La mano izquierda es la soñadora” (1947). Es la izquierda la que
es oculta, irracional, inocente. Como contraste la derecha refleja lo consciente,
familiar, el control, la actividad. Son opuestos físicos y psicológicos.

Un ejercicio vuelve a mi memoria. Había pedido a un grupo de personas que se


concentraran en su brazo derecho. Dándose tiempo, con los ojos cerrados, tal vez

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puedan con dicho brazo encontrar un movimiento. Pueden descubrir de este modo
que tipo de acciones está preparado para iniciar este brazo. Algunos brazos
realizaron balanceos, otros movimientos ondulantes, cortantes, algunos agarran,
otros se esconden alrededor del propio cuerpo. La curiosidad e intensidad del
proceso iba en aumento. Con el objetivo de sugerir algo más, no de interrumpir dije
suavemente: -sin detenerse a pensar, elijan la primera palabra que les viene a la
mente. Permitan que esta palabra se asiente en ustedes; es el nombre del brazo
derecho. Dejen que el brazo continúe moviéndose y repitan la palabra en silencio;
no cambien el movimiento, ni la palabra.

Se repitió el proceso con el brazo izquierdo, dando el tiempo necesario para que
pueda emerger una experiencia totalmente diferente. Pedí a continuación que
escribieran ambas palabras separadas por un guión, y que pensaran si estos
nombres representaban cualidades conocidas o desconocidas de sí mismos. Algunos
individuos hablaron de sus descubrimientos, comentaron el impacto de los nombres
y como reflejan una verdad acerca de sí mismos y de sus conductas. Un hombre, por
ejemplo, encontró la palabra “cortar” en su brazo derecho y “nadar” en el izquierdo.

A menudo no se habla en voz alta sobre ambos lados, sino que les pido que los
muevan al mismo tiempo para observar qué sucede con cada cualidad, previamente
recordada y nombrada. Lo que ocurre ahora suele despertar gran interés en la
persona. A veces un brazo gana al otro, el más fuerte al más débil, pero a veces
también el menos dominante o débil puede modificar totalmente al otro.
Raramente influye uno delicadamente sobre el otro, y finalmente llegan a una
cualidad íntegramente nueva que debe ser nombrada en forma diferente. A
posteriori, el grupo habla.

La polaridad derecha / izquierda es un motivo recurrente por explorar a través del


movimiento, así como también sucede con arriba y abajo, abierto y cerrado. Una
niña que había bailado toda su vida, pero no desde esta clase de conciencia, se sintió
consternada una vez al descubrirse a sí misma sentada en el suelo con la mano

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derecha sujetando fuertemente la izquierda. Al dirigir la atención hacia allí, la
izquierda se cerró y trató de soltarse, pero la derecha la apretó aún más fuerte hasta
que los nudillos se pusieron blancos. Ella contó luego, que durante este momento
ella le gritaba internamente a la derecha: ‘déjala, déjala’. No la dejaba. Finalmente,
la izquierda giró y quedó libre, todavía cerrada, la derecha flotando relativamente
cerca en forma de garra. Tan pronto como la izquierda se liberó, ella no pudo
sentirla, aún sabiendo que allí estaba. Solo podía percibir el poder natural de la
derecha. Luego de una serie de experiencias se vio forzada a reconocer: ‘mi lado
izquierdo no hará nada de lo que yo le digo’.

Estos ejercicios nos conducen desde el simple reconocimiento de opuestos físicos


hacia un marco de referencia más amplio, el del autoconocimiento; la sensación de
que estos opuestos significan algo más, que meras condiciones físicas a trabajar. Un
bailarín usualmente tiene una pierna más fuerte, se balancea mejor sobre una
pierna que sobre la otra o eleva más un lado. Los bailarines tratan de que el lado
más limitado se acerque al más flexible, así fuerzan un pie tanto como el otro con el
riesgo de lastimarse. Esto es innecesario para quienes no son bailarines. Conduce
nuevamente a la actitud de “esto o aquello”. Presupone que es malo tener dos lados
diferentes; sin embargo, éstos existen y no solo en su dimensión física.

Movimiento Auténtico

La polaridad conduce hacia otras formas del mismo principio. Descubrí a través del
trabajo que el movimiento, especialmente en improvisación, puede describirse a sí
mismo. Cuando un movimiento era simple e inevitable, cuando no podía ser
modificado, devenía en lo que denominé “auténtico”, un movimiento genuino
perteneciente a esa persona. Auténtico fue la única palabra en la que pude pensar
para expresar lo verdadero, un tipo de verdad no aprendida, sino presente para ser
mirada en ciertos momentos.

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El opuesto de “auténtico” llegó a ser “invisible”. Cuando una está ayudando a las
personas a desarrollar las funciones naturales y las capacidades de sus cuerpos y
estimulando el reconocimiento de sí mismas, se encuentra rápidamente con la falta
de conciencia en algunas respecto a ciertas áreas. Expulsaron fuera de su conciencia,
partes enteras de sí mismos. Estas son las partes invisibles, no importa cuanto
movimiento efectúen, poseen un efecto extraño, no se muestran de manera
genuina, se vuelven invisibles. Recién cuando estas áreas se integran a la conciencia,
puede el movimiento volverse auténtico y la invisibilidad desaparecer. Nos
enfrentamos nuevamente a otro par de opuestos, auténtico como opuesto a
invisible.

De igual modo, “yo me muevo” y “yo soy movido” implican lo mismo. Cada uno es un
acto en sí mismo, pero un acto diferente. “Yo me muevo” es el claro conocimiento
de que yo, personalmente, me estoy moviendo. Elijo moverme, ejerzo cierta
demanda (no esfuerzo) sobre mi organismo físico para producir el movimiento. El
opuesto de esto, es aquel momento repentino y sorpresivo en el cual “soy movido”.
Los bailarines están terriblemente acostumbrados al “yo me muevo”, tienden a
pensar que ellos lo hacen todo, que deben poner voluntad y esfuerzo para lograr
cada cosa que quieren.

El momento en el cual, “soy movido” sorprende, más allá de que uno sea o no
bailarín. Es un instante durante el cual, el ego deja de controlar, deja de elegir, de
demandar, permitiendo al sí mismo guiar el movimiento del cuerpo físico a su
voluntad. Es un momento inexplicable de entrega no premeditada, que no puede
buscarse, repetirse o intentarse nuevamente. Si se utiliza como materia prima para
la danza algo se pierde; sin embargo, algo debe perderse ya que ese momento fue
un instante, un suceso en y por sí mismo, y la estructura necesaria para una pieza de
arte duradera implica algo más.

Una vez que el individuo tuvo la experiencia de “ser movido”, sabe que es posible.
Sabe que él no la realiza. En cualquier momento, sin elegirlo, la sensación de ser

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movido puede sucederle. Esto hace más humilde al individuo y lo libera de su propia
demanda de perfección, control, conformidad, todas las enfermedades
correspondientes a nuestro entrenamiento social.

A mí me interesa especialmente aquel momento en el cual las personas se


descubren a sí mismas siendo movidas. Una niña, con mucha facilidad como
bailarina, se sentó con las piernas cruzadas en el estudio. Esa mañana, en particular,
ella bajó la cabeza y cerró los ojos, dándose mucho tiempo para moverse. Pusimos
una música lenta, con ritmo suave. Su cabeza se hundía más y más. Se inclinó cada
vez más hacia la derecha hasta caer, desparramarse y rolar a través del suelo, una
docena de veces como mínimo, todo en un mismo y fluido movimiento. Luego se
sentó, su rostro pálido y temblando de impresión. Su descripción fue: ‘no sabía que
esto sucedería, yo no lo hice’.

En este caso, quiso decir: yo, el ego, no tuve el control, no realicé esa acción, su
experiencia fue la de ser movida.

Finalmente quiero describir la paradoja en la cual se unen los opuestos; donde cada
uno se transforma en el otro. Esto conforma un ideal, aquello que expresamos al
decir: “ambos / y” en vez de “esto o aquello”.

Hay un dicho que proviene del Tao. Originalmente no se refería al movimiento, pero
ofrece un marco de referencia a la totalidad de la percepción del movimiento: “no-
acción en acción; acción en no-acción”. Ambos pares son por separado, una mitad
del dicho total. No pueden oponerse, van juntos. Para mí significa que al no hacer
nada, algo sucede. Al no llevar a cabo ninguna acción, está dándose una acción al
mismo tiempo. La otra mitad indica una posibilidad paralela. Al actuar, al elegir, no
hay acción alguna, el mí, el ego no elige, no hace nada.

Experimentar este balance entre acción y no-acción, en diferentes momentos y de


muchas maneras, permite a los individuos vivir desde una conciencia diferente.
Llegan a un lugar en sí mismos donde pueden percibir desde el movimiento más
simple hasta los momentos más cruciales de sus vidas, con algo de desapego,

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teniendo dos cualidades al mismo tiempo. No significa que no sufran, sino que
reconocen que este sufrimiento no es lo único, su opuesto también está allí. No
significa que no disfrutan, sino que reconocen al mismo tiempo la existencia del
sufrimiento. Finalmente, si tienen suerte, pueden contener y ser conscientes de
ambos al mismo tiempo. Entonces algo nuevo es creado. Como las cualidades
diferentes de derecha e izquierda, una tercera posición es encontrada.

Imaginación Activa

He mencionado con anterioridad el término “imaginación activa”. Este fue utilizado


por Jung para denominar un proceso, en el cual, mientras la conciencia mira,
participando sin dirigir, cooperando sin elegir, se le permite hablar al inconsciente
del modo que quiera. Su lenguaje aparece bajo la forma de imágenes visuales o
verbales que pueden cambiar rápidamente, lenguaje bíblico, poesía, escultura y
danza (Jung, 1968). No hay un límite ni garantía de consistencia. Las imágenes y
voces interiores cambian repentinamente de una cosa a otra. Los niveles desde los
cuales emergen no siempre corresponden a un inconsciente personal; una conexión
humana universal con un substrato mucho más profundo que el yo personal es a
veces experimentada.

Momentos de insight, a los que se presta atención a través de imaginación activa


suelen tener un efecto natural en la vida cotidiana. Revelan una dirección y
muestran un desarrollo, actuando como sostén y estimulando aquello que debe ser
atravesado, creando energía para un próximo paso. El uso de imaginación activa en
movimiento tiene un valor peculiar. Cada forma posible que permitiese a las
personas involucrarse con sus propias fantasías e imágenes, incluso la posibilidad de
poner en movimiento sus sueños, proveía la materia prima fundamental desde
donde comenzar a comprenderse a sí mismas.

Una mujer joven se paró en un límite del estudio. Frente a ella parecía haber
pantanos, agua por todos lados y a su vez suficiente tierra firme como para poder

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pasar. Ella se puso en cuclillas y colocando un pie delante de otro inició la travesía. El
agua parecía rodearla. Ella sintió que la inundaba y se dijo a sí misma: ‘debo tratar
de sentirla, debo tratar de hacerme amiga de ella’. Luego se sentó, dando lugar a
que el agua rodeara todo u cuerpo excepto su cabeza. No importa a que jugara, la
cabeza permanecía siempre afuera del agua, sin participar. Finalmente, sintió un
“no”. El agua se volvía cada vez más profunda; entonces, se paró y alejó caminando.

A la semana siguiente, todo parecía haberse detenido, todas las imágenes y el


material trabajado en terapia. Ella no sabía que hacer. Le sugerí que intentara volver
al agua y a los pantanos; me contestó: ‘¿quieres decir cualquier cosa que tenga que
ver con el agua?’

Asentí con un gesto. Entonces se dirigió hacia el suelo, encontrando agua


inmediatamente. Esta vez permaneció acostada jugando con sus manos. Era poco
profunda, cubría apenas el suelo y no iba hacia ningún lado. Nuevamente surgió la
sensación de resistencia en la cabeza, aún no podía permitir su descenso. De
repente no pudo soportarlo más. Se levantó y se fue caminando. Esta vez, se
encontró a sí misma en un ardiente desierto. No había nada, absolutamente nada,
más allá del ardiente calor, no había agua, ni personas, nada. Pude ver a su cuerpo
empezar a echar garras. Ella dijo que las hundía en la arena para llegar al agua,
deseando encontrarla bajo la superficie, valorándola ahora, desesperándose por su
ausencia. No pudo obtener suficiente, no pudo llegar lo suficientemente profundo.
Parecía cruel dejarla con la experiencia incompleta, sin concluir, pero preferimos no
molestarla. El no permitir a su cabeza, símbolo mental, contaminarse con el agua,
símbolo de la realidad inconsciente, condujo a la detención de imágenes, que ya
eran escasas e inconstantes, y de material espontáneo en su terapia, dando lugar a
una depresión. Su descubrimiento respecto a la conexión entre el no permitir que su
cabeza toque el agua y la proximidad del desierto caliente y seco, tuvo un resultado
espectacular Quizás necesitaba experimentar esa desesperación, sintiéndose a sí
misma excavar en busca del agua dadora de vida.

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Una razón por la cual la forma de imaginación activa posee tanto valor, reside en
que es muy difícil de censurar. Uno se mueve antes de comprender lo que sucede.
Uno puede hacer una pausa escribiendo palabras, o prohibir ciertas imágenes al
pintar; sin embargo, resulta difícil hacer lo mismo en un proceso donde los
movimientos emergen de otros que los preceden. Uno no puede elegir un
movimiento espontáneo del mismo modo que puede hacerlo con la pintura y la
escritura. El movimiento como los sueños son efímeros, no se puede repetir
exactamente igual a voluntad. Cuando el movimiento espontáneo es ensayado y
repetido pierde aquello que muestra: que los procesos internos toman forma física y
pueden ser vistos, su significado aprehendido, su valor recibido por la persona desde
cuyo cuerpo el movimiento emerge.

Una estudiante en un taller dijo:

“Sin embargo, lo más importante fue experimentar la forma a través de la cual


algo sepultado hace tanto tiempo pudo volver a la superficie a través del
movimiento; en forma menos consciente que al pintar o al escribir, tiene doble valor.
Hasta que un conflicto se manifiesta de algún modo, nada puede hacerse con éste;
no se pintará ni se escribirá a sí mismo. En cambio, el cuerpo se mueve
constantemente; no necesita ninguna herramienta, tiempo o espacio; está siempre
ahí, solo necesita ser escuchado. Presupone cierta honestidad y deseo de auto
conocimiento, es el tambor, la voz que le dice al héroe en la noche donde está la
batalla, así puede rescatar a la doncella. Así sucede que una imagen crece en el
cuerpo y lo mueve, de igual manera que una imagen aparece delante de los ojos y
mueve al corazón, y de nuevo el cuerpo, ya que a menudo se presentan reacciones
físicas y químicas a las imágenes: miedo, temblar, transpirar, visión borrosa,
aceleración del ritmo cardíaco, y si esto no es el cuerpo, yo no sé que es. Quiero decir
que improvisar es como imaginación activa, no puede realizarse eternamente en un
vacío, sino que debe de algún modo integrarse a un nivel mayor de conciencia. Lo

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que Mary está tratando de hacer es mostrar un método para acceder a la acción
humana dentro de un marco de referencia personal”.

Maestro/a, terapeuta, mediador/a

La implementación de estos conceptos centrales: polaridad e imaginación activa,


depende de ciertas actitudes del maestro/a / terapeuta/ mediador/a y del
estudiante / paciente. Puse estos posibles nombres debido a que cada aspecto de la
persona está presente durante la sesión. Las relaciones entre quien lidera y quien
sigue, tanto en estudios de danza como en hospitales son tan variadas como los
individuos involucrados; sin embargo, dos actitudes son necesarias de ambas partes:
libertad y permiso, y se adquieren con la práctica. No se hacen presentes solo por
hablar, querer o tratar. Los nombres utilizados indican ya distintas posibilidades.
Uno puede enseñar algo, guiar algo, o ser mediador en función de algo. Los tres
ocurren en momentos diferentes. El “mover”2 es a veces un estudiante del
movimiento, una persona que busca ayuda, o un paciente, según el modelo médico.

Una actitud básica del maestro hacia el “movedor/a” es la de comenzar allí donde se
encuentra el otro/a. Esto resuena a axioma. Tal vez a otras personas les resulte más
fácil de lo que me resultó a mí. Una analista amiga, me dijo: ‘por supuesto, tu
comienzas donde la otra persona está’.

No entendí nada de lo que quiso decirme. Pensé que podía llegar a ser una buena
idea, pero no podía visualizar cómo llevarla a cabo. Mi cabeza era una confusa
amalgama de nociones preconcebidas, de instrumentos aprendidos. Debo haber

2
“Mover” es el término original en inglés. Se utilizan dos acepciones como traducción al
español: Movedor/a y Moviente. Se utilizan ambas de manera indistinta durante el texto.
(N. de T.)

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pensado que el “movedor/a” estaba en blanco. A través de los años, me di cuenta
de que ésta ha sido la contribución más importante del practicante con experiencia.

Comenzar allí donde está el estudiante/ paciente significa solamente voluntad para
ser anónimamente uno/a mismo/a en función de poder observar rápida y sin
barreras aquello que está disponible en el/la otro/a. Cuando las personas vienen por
primera vez, a veces les doy una posibilidad de elección instantánea para empezar a
trabajar. ¿Qué les resulta más cómodo: acostados, sentados o parados? La variedad
es sorprendente, algunos se paran, otros se acuestan o se sientan, no hay dos que
sean semejantes. Comenzar de este modo posibilita al individuo el elegir algo
propio, en vez de ser dirigido a hacer algo específico. Seguir aquello que es elegido;
me encuentro a mí misma yendo en contra de esto al tener que sugerir el necesario
próximo paso: qué intentar. Lo extraño de esta forma es que la persona está en
blanco y es inocente a la vez. Sin embargo, hay una reacción, no importa lo pequeña
que sea, verbal o no verbal. El trabajo del maestro/a / terapeuta es ver cómo se
siente aquel que se está moviendo.

Para poder continuar en forma coherente, el maestro o líder debe estar dispuesto a
usar cualquier cosa que vea. Será mejor hacer cosas que puedan asegurar cierto
éxito primero; permite al individuo sentirse satisfecho, antes de sugerir otras mas
extrañas o difíciles. Es importante no corregir en forma directa, sino trabajar
indirectamente haciendo preguntas o dando sugerencias. Nunca debe quitarse nada
sino siempre agregar algo.

Hay riesgos al actuar de este modo. Uno no sabe que sucederá, no obstante, debe
ser capaz de sostenerlo; esto implica a ambos, maestro/a y alumno/a.

Largos silencios son necesarios durante la espera, una quietud en la cual el/la
“moviente” puede descender, encontrarse a sí mismo/a y luego moverse. Esperar
demasiado puede ser tan destructivo como no esperar lo suficiente. Si, debido a la
propia experiencia, uno llega a percibir la dificultad en el/la moviente, se puede

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sugerir algo para quebrar la inmovilidad. Esto no es interrumpir, es una sugerencia
adicional dada por una voz quieta, que ofrece ayuda.

Tan importante como la actitud básica del comienzo, es la voluntad del/a maestro/a
de abandonar todas las nociones preconcebidas, todas las ideas respecto a que sería
lo bueno para la persona, todo aquello que de importancia a sus conocimientos.
Cuando puede descender hasta aquí, entonces no sabe nada en esta situación
particular. Por lo tanto, tiene que seguir su intuición. Intuición ya no es una mala
palabra, años atrás sí lo era. Quizás una le temía por ser tan irracional e ilógica, un
tipo de facultad apta para molestar nuestra aproximación científica a la vida. No se
permitiría a sí misma ser catalogada y puesta en un limpio casillero.

La intuición le dice a uno qué hacer y cuando hacerlo. Para poder actuar así se debe
estar dispuesto a cometer errores. La presencia de aquello que llamamos
presentimiento o intuición en nuestro lenguaje cotidiano indica la posibilidad de que
pueda o no ser cierto. Al actuar de acuerdo con estas señales, al confiar en las
mismas, más fuertes devienen. Esto cambia gradualmente el trabajo. Se transforma
en un proceso no tan lógico como ordenado, pero es un orden diferente al impuesto
por el ego controlador, que se agarra de lo que ya conoce, diciendo: ‘yo lo
descartaré; si la persona no puede hacer lo que le pido, debo recomendarle algo
correcto a continuación’.

Puede no ser lo correcto. Tal vez, uno quiere que el individuo se pare, y esto no
sucede de forma espontánea durante semanas. El mediador debe preguntarse:
‘¿Porqué quiero que se pare?’

Otra actitud podría denominarse, la capacidad de no imponerse, de ofrecer acciones


en forma de sugerencias. Esto se basa en la premisa de que uno puede no estar en
lo correcto o apropiado. Conocí personas que no prestaban atención, que tenían la
libertad de contestar o modificar una sugerencia de forma tal que yo no hubiese
podido imaginar.

20
En las primeras etapas, prefiero observar, en vez de participar. Debido a que el
proceso es el desarrollo del auto conocimiento, el crecimiento de la totalidad
consciente y la individuación no es necesario utilizar excesivas explicaciones o
direcciones en forma verbal. Puede suceder algo que de repente llama nuestra
atención, entonces a posteriori podemos señalar: ‘mira, mira, allí está; esto era lo
que estabas buscando’.

Puede ser algo pequeño, un momento de entrega genuina, un movimiento


repentinamente espontáneo, y significa la expresión del presente de esa persona,
allí donde está en este momento en particular. No hay otra cosa que acompañar. El
mirar implica un riesgo, riesgo que debe tomarse, para que el desarrollo a partir de
allí pueda continuar.

¿Qué actitud necesita el individuo para realizar este viaje? Viaje, creado a partir de
la ayuda del observador y la participación del movedor/a. El primer descubrimiento
que uno puede hacer es con respecto a la actitud presente: ¿existe una expectativa,
demanda o necesidad que predomina? Según la persona, esta podría asumir que el
terapeuta sabe o no sabe, podría querer tener respuestas específicas a preguntas
específicas, o sentir que fue enviado, o que llegó voluntariamente solo por
curiosidad.

Un momento importante sucede cuando el moviente es – lo que denomino –


“atrapado/a”. Es el momento donde maestro/a y alumno/a reconocen y aceptan la
actitud inicial de este último/a sin juzgarla. La señal surge a partir de la actitud del
maestro/a. La persona aguarda ver qué es lo que uno hará o dirá en respuesta a sus
reacciones. Por ejemplo, una común reacción defensiva es: ‘¿no es eso ridículo?’ Si
el/la terapeuta se siente perturbado/a, puede responder intentando consolar: ‘no,
no es ridículo’. Si preserva el interés, la simpatía y un silencio en actitud de espera, el
individuo probablemente cambie de actitud a otra más adecuada. Esto no es lo que
se quiere. Lo que se quiere es un compromiso genuino. Solo a partir de este
compromiso, el proceso en sí mismo puede comenzar. Los intercambios iniciales

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pueden poner a prueba al terapeuta mientras este intenta aproximarse a través de
las barreras creadas para prevenirlo. Cuando lo logra, entonces el proceso comienza.
Puede decirse que el individuo ya se encuentra “en éste”, más allá de que su entrega
sea o no superficial. El “ser atrapado” puede estar indicado de varias maneras. Una
señal es el permiso y apertura por parte del paciente a lo que pueda suceder.
Usualmente el primer obstáculo es el parloteo incesante en la cabeza, lo cual no
permite que la atención descienda a lo que está sucediendo. Actividad mental, voces
que expresan bondad, maldad, gracia, torpeza, valor o falta de valor desfilan sin
merced. No puede esperarse que estas opiniones se detengan simplemente cuando
uno se los pide. Deben ser aceptadas, así como son, dándoles la menor atención
posible, hasta que se vuelvan cada vez menos importantes, y desaparezcan cuando
otra cosa haya ocupado su lugar. Dar permiso sin ofrecer resistencia, sin juzgar ha
demostrado ser mas fuerte.

Este tipo de permiso es una especie de autorización; sin embargo, uno puede darse
este permiso a sí mismo y luego no permitir nada más allá. Esto da como resultado
una especie de detención. Puede manifestarse como ausencia de acción o como un
cumplido desarrollo de sugerencias pero que no revela un interés real. La actitud
inicial no condujo hacia su otra mitad, permitiendo el emerger de aquello que
quisiera mostrarse sorpresivamente o no. Es difícil hablar sobre esto e imposible
generalizar; cada uno actúa en diferentes niveles. Trabajar con un bailarín o con un
maestro de danza, a quien le es familiar el movimiento, es totalmente diferente a
trabajar con alguien que nunca ha considerado su realidad física.

El cliente adquiere gradualmente responsabilidad sobre su experiencia, pudiendo


aceptar o rechazar las sugerencias del terapeuta.

Mientras trabajaba con una bailarina, arrojó al aire la posibilidad de averiguar a


través de la acción qué clase de día era ese para ella. De pie cerró los ojos, y se
detuvo a esperar qué hacer. Luego los abrió diciendo: ‘no puedo, es el comienzo más
horrible y menos estructurante que me podrías pedir’.

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Abandonamos ese intento y probamos otra posibilidad. No es necesario analizar las
razones de dicha actitud. El análisis puede incluso obstruir, fortaleciendo y
justificando la resistencia.

¿Darse permiso una misma, dar lugar a todo lo que pueda suceder es diferente a
dejarse ir? Creo que sí. No significa lo que usualmente conocemos como relajación,
una especie de colapso, desparramando la energía hasta quedar sin fuerzas, pesado,
letárgico. Significa movilizar la atención para que la energía pueda expresarse a sí
misma. Esta actitud correspondería al acto de atención, siguiendo lo que sucede,
concentrándose en ello. El movimiento guía y el/la movedor/a lo sigue.

Proceso terapéutico

¿Tiene esto algún sentido? Es un modo de trabajar inusual. Sin embargo, el impulso
al movimiento es algo en y por sí mismo. Cuando el mismo es permitido, ni el
observador, ni el/la moviente pueden saber qué sucederá luego; deben seguir el
impulso para encontrar la respuesta. El impulso puede atravesar varias etapas y
detenerse de repente abruptamente o puede continuar en forma orgánica hacia un
final natural. Este final debe ser reconocido, el movimiento esta vez ha finalizado.
Continuarlo más allá sería exagerarlo. No ha habido una decisión mental para
estructurarlo, para hacerlo de una u otra manera, para finalizarlo. Solo ha habido
una actitud auténtica de seguir una intención; en otras palabras, un desarrollo y un
final expresados auténticamente.

Sería un error asumir que la improvisación no tiene forma. En su mayor parte, es


verdad que no incluye una forma, ni tampoco es ese el objetivo; sin embargo, llega
un momento en el cual el desarrollo orgánico del movimiento – problema adopta su
propia forma, una forma natural perteneciente al movimiento en sí mismo. Al
mirarlo me doy cuenta de que el movimiento ha trascendido el aspecto informe y
arduo de la improvisación. Esto constituye un progreso, pero no debería deseárselo

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sin antes involucrarse a fondo con el otro, material informe. Como una vez, me dijo
un psicólogo: - somos después de todo adolescentes en esta área.

Ambas personas pueden sentir durante la sesión, cuando el movimiento se inclina


hacia el Sí Mismo, hacia lo nuevo, lo desconocido. Es un momento donde se hace
manifiesto lo que sucede por debajo de la superficie. Se descubre más de lo que
podría conocerse a través de las características de tiempo, dinámica, cualidad, más
de lo que podría revelar la mente consciente. Es como un gran iceberg, la cima
puede mostrarse todo el tiempo, apenas una punta por encima del agua, y uno
podría preguntarse qué hay por debajo. Entonces el iceberg se da vuelta y expone su
enorme base, sus partes sepultadas, los dos tercios invisibles.

Esta es una de las grandes virtudes de los conceptos de Jung aplicados al


movimiento. El individuo necesita aprender lenta y pacientemente que es así, debe
suceder en la experiencia misma. El terapeuta también debe familiarizarse con esto
en su propia vida. La verdad del mundo irracional se le ha manifestado a cada uno
en actos fallidos, en sueños, o a través de conductas inusuales.

La verdad irracional no corresponde a la mente lógica sino a un substrato psíquico


más profundo. Ofrece una renovada energía de vida, almacenada en niveles que
normalmente no se contactan. La cantidad de contenido verbal– cuántas preguntas,
cuánta relación a la historia personal – responde a una decisión individual. La
cualidad dadora de vida del mundo irracional no puede negarse. Lentamente se va
construyendo una actitud positiva hacia el mismo. La intuición es un buen nombre
por ser una función irracional. Contiene conceptos importantes, imposibles de
elaborar en este escrito. Basta con decir que lo irracional es aquello que trasciende
la lógica, que se aparta del pensamiento diferenciado, al cual estamos más
acostumbrados por vivir en un tipo de cultura que lo promueve. Dejar ir el lugar
dominante correspondiente a una función familiar es una variante de la misma
actitud. Dejar ir no es solamente relajarse, es soltar creencias altamente valoradas a
favor de nuevas convicciones.

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Estructura

Eventualmente, mi aproximación llegó a llamarse “Movimiento en Profundidad”.


Tomó varias formas. Inicialmente trabajé en sesiones individuales de una hora de
duración, en forma privada con hombres y mujeres. Había grupos, pero ya no daba
clases, tuve que abandonar las clases para poder seguir de cerca la experiencia de
cada individuo.

Cuando comencé nuevamente con grupos, lo hice con talleres de fin de semana. En
lo posible, siempre trataba de que hubiese igual número de hombres que de
mujeres. De este modo, a veces separaba al grupo de hombres entre ellos mismos y
dejaba a las mujeres trabajar solas; otras veces trabajábamos en parejas. Debido a
que no siempre había cantidades equivalentes, descubrí que dos mujeres y un
hombre, o viceversa era, una vez más, algo completamente nuevo. Surgían así
problemas relativos a la sexualidad, las dificultades con el tocar y ser tocado, el
miedo a la auto – exposición.

A partir de 1966, comencé a dar talleres de entrenamiento para maestros.


Desdichadamente, no me detuve a pensar entonces que un entrenamiento real
implicaba un desarrollo lógico y secuencial, de principio a fin durante el tiempo
disponible. De este modo las personas hubiesen podido comenzar donde yo
considerase el inicio de una preparación, para luego continuar desarrollando
diferentes aspectos de la práctica del movimiento y poder terminar con la sensación
de haber culminado un proceso. En cambio, se encontraban recibiendo y haciendo
lo que a mí me interesaba en ese momento. A menudo recibían la impresión natural
de “saber lo que Mary está haciendo”. Debían elaborar luego en sus casas aquello
que habíamos estado experimentando juntas.

Yo no me había preparado para entrenarlas como maestras, solo había pensado que
sí lo había hecho. Recuerdo un taller en Junio, en el cual se habían anotado solo

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maestras. Intenté ofrecer lo que podría llamarse respetuosamente entrenamiento.
Luego de cierto tiempo, pensé: ‘al diablo con esto!’ Debo enseñar de la misma
manera en que lo hago usualmente, reaccionando a aquello que llama mi atención y
combinándolo con lo que siento. Haremos de esto lo que vaya surgiendo.

Lo que estaba haciendo, en verdad, era exponer a maestras con experiencia a un


punto de vista diferente. Casi siempre, esto involucraba un descubrimiento de sí
mismas, algo no reconocido hasta entonces. Estos descubrimientos no tenían nada
que ver con la enseñanza de contenidos y métodos. El hecho de que pudieran
alejarse de los ejercicios, formularlos y usarlos nuevamente era accidental.

En su mayoría estos grupos eran integrados solo por mujeres, solo una vez asistió un
hombre. Sus comentarios son dignos de repetirse. Era un líder con experiencia que
acompañaba a su esposa y tuvo el suficiente coraje de no intimidarse, al encontrarse
solo en un grupo de mujeres. En la mitad del taller, durante la tarde, remarcó que
era la primera vez que se sentía completamente fuera del grupo, pudiendo “mirar”
cosas de mujeres. Aparentemente, la atmósfera creada por varias mujeres juntas es
una realidad diferente, fuerte y tangible. Aún habiendo sido aceptado, y habiendo
bailado en pareja, pudiendo sentirse a sí mismo hombre con relación a una mujer,
permaneció fuera del grupo. Esto se demostró cuando un número de mujeres
respondió violentamente ante su forma de verbalizar la diferencia.
Espontáneamente lo rodearon en círculo, la fuerza de sus movimientos lo llevaron a
ponerse de rodillas y luego acostarse en el suelo. Parecía como si las mujeres fuesen
brujas haciéndole un conjuro, robándole su poder. Sin embargo, demostró no estar
indefenso, y con gran esfuerzo se puso en cuclillas y luego se paró lentamente. Sin
tocarlas se movió procurándose espacio y protección.

Las sesiones individuales y los grupos de cualquier tipo: clases, fines de semana,
talleres intensivos, son muy diferentes entre sí. La atmósfera varía según cada
formato, la energía creada al juntarse varias personas sostiene a la persona
individual. Una vez trascendido al miedo a ser mirado y la necesidad de

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comparación, el juego mutuo y la interdependencia pueden ser un disfrute y una
alegría. En un grupo hay momentos donde el trabajo expresa las relaciones en el
mundo externo, actitudes respecto a objetos, sentimientos asociados a
determinadas circunstancias. La persona que elige hacer trabajo individual
generalmente tiene que ver con su relación particular con ser mirada, algunas no se
sienten listas o capaces de pertenecer a un grupo todavía. Estas personas confían en
el maestro más de lo que confía una multitud de extraños, quienes a la inversa no se
sienten listos para ser mirados por el maestro a solas. Desean esconderse en el
grupo, sintiendo así su anonimato menos amenazado, al ser uno entre muchos.
Cada uno varía el formato cuando se siente preparado para intentar algo nuevo.

En la práctica privada, algo puede aprenderse respecto a una relación particular con
alguien; sin embargo, aquello que se descubre en mayor medida, no se refiere a una
conducta grupal determinada en ese momento, sino una conducta de vida adquirida
a través de los años, actitudes hacia uno mismo y los demás y aquello latente a la
espera de emerger si se lo deja. Aún los momentos en los cuales pareciera haber
bloqueos, aportan importantes descubrimientos.

En una sesión, una bailarina quiso trabajar con un objeto, una caja cuadrada, rígida y
resistente. A pesar de todo intento, no llegaba a ningún lado, nada surgía. Dedicó
una sesión entera a descubrir una forma de relación posible con esa caja. Luego de
sentir frustración, abandonó el intento. Al hablar, a continuación, dijo
espontáneamente: ‘ es tan estúpidamente resistente, rígida y poca generosa como
mi relación con R’

Esto resultó ser una revelación para ella. Había estado danzando la relación sin
saberlo. Los sentimientos surgidos durante el movimiento expresaban
perfectamente la lucha que vivía constantemente en ese momento.

Las dos formas de trabajo, individual y grupal, tienen algo en común. Las capas
superiores deben discriminarse antes de poder sentir esta sincronicidad, pero la
actividad subyacente es una introducción a la realidad del inconsciente, el otro lado

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de la conciencia. Esta realidad esta presente en cada individuo. Es la parte
desconocida que da balance a la totalidad. Conecta a cada individuo con el Sí
Mismo. La posibilidad de tomar conciencia del aspecto conocido de la personalidad
da lugar al descubrimiento de algo más que necesita ser reconocido. El ego, centro
de la personalidad, lucha con otros esquemas que necesitan ser explorados.

Cada taller contiene un número casi equivalente de ejercicios técnicos o acciones, e


improvisaciones basadas en exploraciones de situaciones específicas, grupales o
individuales. Se dan imágenes, permitiendo a las personas encontrar sus propias
respuestas. Por ejemplo, pido que se imaginen estar en un huevo y pregunto si es
grande o pequeño, rígido o flexible, movible o resistente. Les pregunto también que
harán respecto al estar allí adentro encerrados. Pido que realicen solo aquella acción
que encuentren disponible, que surja orgánicamente. Otra imagen puede ser,
acostados en el suelo, visualizar la mano derecha como si estuviera atada, incluso
echando raíces hacia el suelo, sin poder separarse de la tierra de ningún modo. La
idea sería explorar sentimientos respecto a una mano inmóvil y luego explorar las
reacciones ante semejante condición. Puede trabajarse la mano derecha tanto como
la izquierda, y lo mismo respecto a los pies. Estos son algunos ejemplos de imágenes
específicas.

En los grupos las personas aprenden a encontrarse a sí mismas y también unas a


otras. A veces, en un taller hay más énfasis en una actividad que en otra, debido a
mi interés particular respecto a un tema o porque el grupo me orienta hacia ello.

Una vez, nos sentamos en un círculo. Pedí que en silencio tomaran conciencia de la
persona en el grupo que les gustaba más y de la que les gustaba menos. Luego que
dibujaran líneas, mentalmente, entre sí mismos y dichas personas, creando un
triángulo. Finalmente, en turnos se pararon diciendo los nombres respectivos. Desde
el propio lugar, empezaban a moverse libremente. Quizás un observador, podía
adivinar quién era quién a partir de los movimientos.

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Otra vez, sentados en círculo, cada uno tenía la posibilidad de explorar su forma por
dentro. En determinado momento debía detenerse al lado o frente a alguien. Los
demás miraban dicho encuentro. A veces, surgía competencia y rivalidad, en otras
emergían dos naturalezas afines. Había marcadas diferencias en las relaciones. De a
momentos una persona era la débil, indefensa y suave mientras otra cuidaba y
sostenía. Vimos emerger hermanas, e hijas, padres e hijos. Había una sorprendente
honestidad entre las dos personas que elegían involucrarse. La mayoría se movió
desde una exploración del “mí” con relación al mundo interno y externo hacia
momentos de iluminación repentina de una verdad más amplia, área transpersonal
que abarca la experiencia de la totalidad.

Dos finales ilustran lo que quiero decir. Cuando era apropiado, guiaba a las personas
en hilera. Nos dábamos las manos, creando una cadena que atravesaba todo el
estudio. En determinado momento, uno daba media vuelta para mirar de cerca a
quien estaba por detrás en la fila. Luego caminando cada vez más lentamente, cada
individuo al dar la vuelta se encontraba mirándose a los ojos con cada una de las
demás personas del taller. Llevó cierto tiempo, pero valió inmensamente la pena,
estimulando la conciencia respecto al otro y a cómo nos conectábamos entre sí.

Cuando la última persona terminó de mirar a todas las demás, surgió un círculo.

Muchos talleres finalizan naturalmente en un círculo. Elevamos nuestras manos,


palmas cercanas frente al torso. En el lenguaje de muchas religiones, esto significa:
“el Dios en mí saluda al Dios en ti”. Es nuevamente la expresión del devenir
consciente de nuestras personalidades en contraste con la totalidad que nos
gobierna a todos.

Movimiento en Profundidad deriva de mi propia experiencia en análisis Junguiano, y


significa “Movimiento Físico como revelación del Sí Mismo”.

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