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Comunicación y Desarrollo (408)

Reflexión sobre la lectura Comunicación para el desarrollo de Jan Servaes


Joaquín Salazar Meléndez
Resulta preocupante, si observamos en retrospectiva, la sobrestimación de aquello
que viene de afuera. Con esto no pretendo rechazar los avances tecnológicos que
en su mayoría, tal vez casi en su totalidad, sean importados y no propios; sino la
importación de ideas y sobrevaloración de la cultura occidental.
En el texto de Servaes predominan las teorías occidentales, lo cual no tendría nada
de malo de ser por su enfoques.
Es entendible que en sus inicios se vea con gran optimismo el crecimiento
económico, después de todo es potencialmente bueno, permite la inversión en
sectores como salud o educación, sectores considerados claves para el desarrollo.
No obstante, es ingenuo pensar (como sucede en la primera teoría resumida) que
con tecnología y capital se solucionan los problemas, aunque sin duda pueden
contribuir. El problema sería el exceso de ese mismo optimismo en las decisiones
actuales.
Aunque sin duda lo más indignante sería el desprestigio de las culturas propias de
los países, bajo una concepción puramente materialista. De modo que sus
tradiciones pasan a ser consideradas obstáculos para la modernización.
Aunque uno quisiera decir "eran otros tiempos", resulta imposible no notar la
influencia de esta concepción en la actualidad, al punto de vivir en sociedades de
consumo, en las cuales sus individuos forman la base para un sistema en el sólo
importa consumir y gastar, incluso más que las vidas humanas, como ya lo han
manifestado implícitamente algunos de los líderes mundiales, como su salvación
mágica para la economía en este complicado período en el que vivimos.
Una teoría como la de dependencia presenta una idea tan sólida que resulta
imposible no sentirla real: a los países ricos les conviene que los países pobres (o
en desarrollo) permanezcan de ese modo. Sin embargo, la solución que presenta no
es sólo radical sino que, en el caso de los peruanos, recuerda a un periodo que la
mayoría preferiría no volver a vivir: los 80's y la escasez, la falta de algunos
productos y la pésima calidad de aquellos que se producían nacionalmente.
Eventualmente es de esperar un rechazo natural, casi instantáneo, a tal medida.
El futuro del desarrollo parece ser el "otro desarrollo", aquel que rescata y valora la
multiplicidad. Este modelo nos recuerda inmediatamente a Canadá, el rockstar de la
inclusión y la diversidad en la política mundial.
En los los llamados enfoques mixtos se encuentran algunas de las propuestas más
sensatas respecto al desarrollo, aún así, hay no es el caso de todas. El punto cuatro
sugiere pasar del endogenismo (entendido como "culpar a la víctima") al
exogenismo (entendido como "culpar al forastero" y por ende, al globalismo). No
hacen falta razones para tener cierto nivel de recelo cuanto menos, si es que no
rechazo, ante propuestas occidentalizadas que poco se adecúan a nuestro contexto
o que favorezcan intereses privados o extranjeros. No obstante, hacer de esto algo
normativo sería altamente perjuicioso para el correcto desarrollo de una sociedad. Si
bien es cierto que debemos dejar de culpar injustamente a algunos grupos más
tradicionales (como culpar a las comunidades indígenas de oponerse al progreso),
pasar a culpar automáticamente al forastero no es sino otra forma de manifestar
odio injustificado o irracional, como ya se ha visto en los grupos más xenófobos que
no sólo rechazan a los venezolanos, sino que promueven odio en su contra. Como
en todo grupo conformado por seres humanos, no todos son respetuosos de la ley o
de la dignidad humana, pero caer en generalizaciones sería impreciso, por decir lo
menos.
Aunque autores como Robert White sostienen que los medios de comunicación se
han vuelto una poderosa panacea para los problemas de desarrollo humano y
socioeconómico (y que en cierta medida lo son), en el Perú pareciera que todavía
no se es consciente de poder. Asímismo, no podemos no notar cierta reivindicación
en la conclusión de Lazarsfield de que la comunicación interpersonal es más
influyente que la comunicación masiva en el comportamiento social, y por ende en la
toma de decisiones.
En un mundo cada vez más tecnológico como es el nuestro, parece que fuera lo
opuesto, ya que se ve a los jóvenes, a mi generación junto con otras cercanas,
prestando más atención a distintos dispositivos electrónicos (laptops, smartphones,
tablets, etc), pero no pensamos en a quiénes escuchan. Lo que ha variado no es el
resultado sino las formas (ahora digitales) y los líderes de opinión (influencers y
celebridades en su mayoría, en lugar de intelectuales).
Una conclusión razonable sería que es necesaria una actualización de las
principales teorías, dejando en el pasado (como la teoría de la modernización o la
perspectiva conductivista que cree que la empatía es exclusiva de las sociedades
modernas) y proyectándose hacia el futuro con enfoques más completos como el
otro desarrollo. Aunque en este periodo incierto es imposible saber la forma correcta
de llevar estas propuestas a la práctica.