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Libro Capitulo II (1810-1880) Las artes durante el período de la independencia, el

periodo Rosista y la primera organización nacional hasta 1880 aprox.

Si partimos desde el inicio de la revolución de mayo en 1810 podemos decir que


esta trajo cambios, desde lo político, económico hasta lo simbólico.

En el ámbito de la producción artística, aparecieron nuevos géneros pictóricos


como el retrato principalmente, pero también la pintura de costumbres, de temas
históricos y de paisajes.Todo esto comenzó a sobreponerse a las obras de carácter
religioso del periodo colonial.

También comenzaron a aparecer proyectos de monumentos a hombres ilustres


para reemplazar a los bustos de los monarcas y a los emblemas reales.

(En cuanto a lo último en 1811, aparece la primer manifestación artístico conmemorativa


llamada “La pirámide de mayo” por Francisco Cañete, monumento celebratorio del primer
aniversario de la revolución y un hito fundante dentro del horizonte de trasformaciones
que comenzó a gestarse en el panorama plástico local a partir de la ruptura de los
vínculos con España)

Luego de las invasiones inglesas (1806-1807) y el movimiento revolucionario en


1810, no se generaron nuevas empresas pedagógicas sino ya hasta 1815 cuando el
padre Castañeda abre una nueva academia de dibujo en el Consulado (antes estuvo la de
Belgrano en 1799), la cual se mantuvo hasta 1821 y como director se desempeñó José
Guth un pintor suizo itinerante que había llegado hasta Buenos Aires.

En 1821 y tras la creación de la Universidad de Buenos Aires (por Rivadavia) la


academia paso a formar parte del Departamento de Ciencias exactas y se transformó en
una cátedra más.

La presencia itinerante de Guth en Buenos Aires nos muestra un fenómeno


importante en el panorama artístico local, el arribo tímido pero luego más frecuente de
artistas provenientes del extranjero.

Ya desde el siglo XVIII las expediciones científicas enviadas desde Europa, traían
consigo a dibujantes y pintores.

Éstos tomaban apuntes de los habitantes de las diversas regiones, su flora, fauna
y realizaban bocetos que servían de modelos para dibujos posteriores, destinados a
ilustrar los relatos de los viajeros quienes lo publicaban tras su regreso a Europa.

En una de estas expediciones el marino Alejandro Malaspina contrata al


pintor/dibujante italiano Fernando Brambilay a él le debemos la más fiel representación
plástica de la época colonial, sus láminas recorren el territorio europeo como las primeras
imágenes verosímiles de buenos aires entre ellas encontramos:

“Vista de Buenos Aires desde el Río 1794”

Es una lámina en donde el artista nos muestra un


puerto activo, abierto al comercio con la metrópolis y
con el mundo. Las embarcaciones de los tripulantes
en primer plano no distraen la atención sobre la ciudad que se alza sobre una suave
elevación con el perfil de sus edificios destacándose contra el cielo, el conjunto central lo
conforman el fuerte, el cabildo y la catedral.

“Buenos Aires desde el camino de las carretas


1794”

Presenta cuatro planos que se suceden hacia el interior


en diagonal, el camino por el que transita la carreta, el
río y su costa, la elevación que desciende hacia el río,
el perfil de los edificios. Completa el cuadro el cielo
nublado del cual asoman rayos de sol. Brambila
construye esta imagen de acuerdo a las convecciones artísticas de la época. Se sitúa
sobre una elevación que es inexistente en nuestra llanura la cual le permite crear estos
planos con más claridad.

Durante las primeras décadas del S. XIX el río de la plata en su conjunto ofreció
perspectivas interesantes para los pintores viajeros. El proceso revolucionario y las
guerras por la independencia habían abierto para los artistas europeos de menor
renombre nuevos horizontes, nuevos mercados y nuevas posibilidades laborales. Ya que
las personalidades políticas y militares argentinas que se estaban formando al calor del
proceso independentista empezaba a componer un friso de personajes ilustres de
quienes se demandaba de manera creciente una fijación en imágenes que permitiera la
veneración y garantizara la memoria histórica.

Luego también se impuso como género el retrato civil, en donde los porteños más
poderosos demandaron de los pintores una copia fiel de sus rostros para perdurar y ser
recordados por la posteridad. Aquellos pintores europeos, quienes arribaron al Rio de la
Plata tras el aumento de la demanda canalizaron el requerimiento ofreciendo retratos
miniatura o al óleo.

(La miniatura suponía la utilización de una técnica delicada consistente en la aplicación


de pigmentos en forma de diminutos puntos o rayas sobre una superficie de marfil
previamente tratada con goma arábiga. Por la liviandad del material se utilizaba en
medallones que se colgaban las damas al cuello o guardaban en cajas especiales como
recuerdo. Uno de los más destacados miniaturistas fue Jean PhilippeGoulu).

La miniatura tuvo una gran aceptación durante la primera mitad del siglo XIX
decayendo luego con la difusión del daguerrotipo que ofrecía a diferencia de la pintura
una copia absolutamente fiel de la figura humana. Y muchos de los miniaturistas del Rio
de la plata debieron abandonar sus pinceles y adquirir la cámara fotográfica.

Unos años antes en 1816 aproximadamente llegó a Buenos Aires un marino inglés
aficionado a la pintura Emeric Essex Vidal,el cual permaneció dos años en el territorio.

Vidal centró su interés pictórico en la descripción de los usos y las costumbres del
habitante de la ciudad y del campo, con sus trajes típicos y faenas cotidianas al comenzar
el periodo independiente. Es decir la visión de Vidal así como la de Brambila y la de otros
artistas viajeros fue la descripción de paisajes naturales y sociales.
Publico en Londres en 1820 un álbum titulado “Ilustraciones Pintorescas de
Buenos Aires y Montevideo”.

En “el mercado” se puede observar la Plaza de Mayo (Vidal fue el primero en realizar la
plaza) atravesada de norte a sur por la Recova que
la dividía en dos en la que se destacaba su gran
arco central.

Entre la Recova y el fuerte se ubicaba el mercado


de Buenos Aires donde se realizaba el
abastecimiento y la venta de productos traídos de
alrededores. A la izquierda del cuadro se advierte el
perfil de la iglesia de San Ignacio, con su torre y su
espadaña, mientras que a la derecha aparecen los restos de la primera construcción de
los jesuitas llamada el Piquete San Martin, por detrás aparece la bandera argentina
ornando la plaza, habitualmente izada con motivo de celebraciones cívicas.

En 1818 Vidal regresó a Inglaterra pero su estancia fue imitada por otros artistas.

NUEVOS ARTISTAS, NUEVAS TÉCNICAS, NUEVAS DEMANDAS. (1820)

Cae el directorio, se sanciona la constitución unitaria de 1819 se disuelve el poder


central y se forman estados provinciales autónomos. Esto provoca una aguda crisis
durante todo el año 20’.

Esta crisis se intentó revertir a partir de reformas tenientes a modernizar la


estructura heredada de la revolución (desde lo político, cultural a lo urbano)primero de
parte del gobierno de Martin Rodríguez que junto a Rivadavia y Manuel García pero no
hubo éxito en cuanto a las reformas programadas ya que eran difíciles de concretar en
algunos campos.

En 1826 asume Rivadavia como primer presidente y tampoco tuvo éxito.

Ya en 1829 asume Juan Manuel de Rosas como gobernador de la provincia e


inaugura un nuevo período.

Durante este período surge la necesidad de contar con técnicos especializados


para llevar adelante las transformaciones propuestas, y es así que arriban a Buenos aires
ingenieros y con ellos artistas a probar suerte.

Algunos de estos artistas introdujeron en el Río de la Plata procedimientos


artísticos nuevos como la litografía (la cuál es una técnica de impresión de imágenes) con
la cuál retrataban personas ilustres destacadas de la política y la milicia que tenían basta
aceptación entre los sectores acaudalados dela población porteña (y era algo que ya años
anteriores había sido tendencia el retrato de hombres ilustres y fue iniciada tímidamente
por Nuñez de Ibarra le dio rostro a San Martin y Belgrano por ejemplo).

 En 1828 ya instalado en buenos aires Hipólito Bacle, crea su empresa de


donde salen los retratos de las más ilustres figuras históricas, pero su
empresa no se limitó solamente a representar personalidades históricas.
Ya durante el Rosismo, publica seis cuadernos con dibujos litográficos, dedicado a
describir los oficios y trabajos de sectores populares y las vestimentas de las damas
porteñas. (Ejemplo de este álbum Peinetones en casa, la cual describe de manera
caricaturesca la costumbre de las señoras de usar peinetones de desproporcionado
tamaño con las incomodidades que esta moda provocaba).

(Todas las colecciones de estampas costumbristas, descriptivas de los oficios,


vestimentas y paisajes tanto urbanos como rurales, fueron como se señaló anteriormente
un tópico común a varios artistas, tanto los que permanecieron en Buenos Aires como de
aquellos que regresaron a su lugar de origen).

A pesar de que algunos artistas tenían verdadero talento y de que su producción


llegó a ser importante, la circulación de sus obras siempre fue parcial y limitada a un
público consumidor, reducido y selecto. Todo esto por la falta de museos donde exhibir
sus obras, (algo que fue otra constante del ambiente plástico local)

(Durante la presidencia de Rivadavia) se idearon propuestas para crear un museo


artístico una por Guth y otra por Mauroner, pero ambos proyectos rechazados por la
guerra con Brasil ya que los fondos debían destinarse a fines bélicos, ya luego de la
guerra los recursos se vieron agotados.

(Guth quería que los alumnos pudieran tener un lugar donde observar pinturas y
esculturas, copias de aquellas famosas obras del arte europeo.)

En ese contexto desalentador Mauroner, organiza una exposición de cuadros en el


colegio de Ciencias Morales (San Ignacio), la muestra duró varios meses y en el catálogo
que se publicó para esa oportunidad figuraban casi 400 piezas, la mayoría de artistas
italianos, franceses, flamencos y españoles de reputación nacional, además de otros
pintores menores.

Aunque debió haber sido un acontecimiento cultural muy grande, la muestra no


tuvo éxito así tampoco la venta de las piezas. (Ya anteriormente en 1817 hubo un intento
de venta de pinturas pero hasta donde se sabe hubo muy poco repercusión)

Ya para esa fecha Guth dejó de enseñar, y fue reemplazado por el italiano Pablo
Caccianiga (hasta 1835) y este se convirtió en un verdadero precursor y renovador de los
estudios. Y en este ambiente de novedades pedagógicas se fueron formando dos de los
principales artistas locales del periodo siguiente (Fernando García Molino y Carlos Morel).

La década del 20 concluyó con un retroceso en lo político, sin embargo la


presencia itinerante de numerosos pintores extranjeros en la ciudad, sumada a la
introducción de nuevas técnicas, y propuestas pedagógicas, sumada a los proyectos de
museos, exposiciones, etc confirman el surgimiento de un espacio de producción,
circulación y consumo de lo artístico que, aunque embrionario, era completamente
novedoso.

Aspectos iconográficos del rosismo.

En diciembre de 1829 Juan Manuel de Rosas asume como gobernador de la


provincia de Buenos Aires y se le otorga el título de “Restaurador de las Leyes”.
Luego es reelegido (1832) pero rechaza la gobernación para marchar en campaña
militar para “pacificar” la frontera con el indio.

En 1833 regresa al poder y no es hasta la batalla de Caseros que se pone fin a su


régimen.

En ese contexto, el escenario artístico rioplatense continúo desarrollándose,


llegaron artistas con una preparación académica más sólida e inclusive una trayectoria
profesional prestigiosa, sin embargo tuvieron que adaptarse a los dictámenes del
régimen.

Esta nueva oleada de pintores europeos (algunos llegados a fines de los 20’)
desarrolló parte de su producción bajo el rosismo.

Tal es el caso de Carlos Pellegrini un saboyano que se vio obligado a adecuarse


a la situación política y se dedicó a la pintura destacándose en la representación de
rincones de Buenos Aires y principalmente en la técnica del retrato.

Durante la década del 30’ abrió su taller en la ciudad y obtuvo repercusión entre
los acomodados, quienes los consideraron como el retratista de mayor prestigio. (Las
técnicas que empleó fueron el lápiz, la tinta china, la acuarela, el temple sobre papel y en
ocasiones el óleo).

Respecto a los paisajes de Buenos Aires realizados por el pintor (al igual que los de Vidal)
nos muestran la evolución edilicia y urbana de la ciudad durante esos años.

En la acuarela La catedral aparece exhibida la iglesia metropolitana miradas desde


un punto de vista frontal para exhibir adecuadamente su fachada de reciente
construcción, cuya monumentalidad contrastaban con las demás arquitectura que
rodeaban la plaza.

Esta acuarela de Pellegrini muestra las columnas


coronadas por capiteles de bronce que para la
fecha que se realizó la pintura no existían.

Pellegrini además realizó además numerosos


trabajos para la prensa litográfica de Bacle, mucha
de sus vistas de buenos aires dibujadas
previamente en acuarela fueron litografiadas.

En 1835 decidió lanzar un álbum impreso en su propio establecimiento que se


titulaba “Recuerdos pintorescos y fisionómicos del Rio de la plata, con imágenes de la
ciudad y de sus edificios representativos de sus salones y bailes típicos además de
escenas gauchescas. Entre dichas imágenes figuraba una obra Fiestas Mayas.

Dentro de tal contexto, la pieza de Pellegrini es uno


de los documentos iconográficos más importantes
que se conservan sobre las celebraciones cívicas
en Buenos Aires. Se puede observar el tipo de
decoración que se utilizaba en plaza pública y que
consistía en arquería circular o poligonal de
variadas dimensiones y altura. La pirámide de mayo
ornamentada con guirnaldas, luces, banderas y leyendas alusivas. Juegos como el palo
enjabonado, las estructuras en madera para los fuegos artificiales y el globo aerostático.
La obra de Pellegrini presenta aspectos sobre el público que asistía a estas
celebraciones.

Junto a Pellegrini trabajaron otros artistas extranjeros que


como él llegaron a fines de la década del 20, entre ellos
Cayetano Descalzi quien hizo su fama a partir de los retratos
de Rosas, el cual fue realizado al óleo alrededor de 1835.

El mismo muestra a Rosas ricamente ataviado con uniforme


militar, banda, bastón de mando y medalla, como
corresponde a un retrato oficial.

El cuadro reseñado que muestra a Rosas en el esplendor de


su carrera militar, deja en evidencia la estrecha vinculación
de Descalzi con el régimen rosista.

Durante este periodo también comenzó a desarrollarse la actuación profesional de


artistas locales, entre ellos se destacan las figuras de Fernando García del Molino y
Carlos Morel. Ambos buenos miniaturistas, además de retratistas y dibujantes.

García del Molinoquien era chileno de nacimiento pero naturalizado argentino, fue
considerado “el pintor de la Federación” ya que por sus pinceles pasaron las figuras más
representativas del federalismo y toda la familia de El Restaurador, dejando la más fiel
interpretación de ese período histórico.

García del Molino, realizo una vasta obra principalmente en género del retrato y
como tantos pintores de su época realizaron diversas efigies de Rosas, con las cuales se
mostraba un verdadero apego al protector.

Cabe aclarar que los cuadros de Juan Manuel de Rosas, constituyen una temática
obligada para la totalidad de los pintores activos durante su gobierno y aún después, tanto
en la cima de su carrera como en el deterioro físico de sus últimos años.

Contemporáneamente a García del Molino, trabajo en Buenos Aires el pintor


Carlos Morel, el mismo se destacó menos por el retrato y más por sus cuadros de
conjuntos: escenas de costumbres, episodios militares y paisajes.

En los episodios militares y en las escenas de costumbres Morel lograba ciertos


efectos dramáticos mediante el movimiento y la gestualidad de los personajes, los efectos
lumínicos y los colores contrastantes, elementos propios del movimiento romántico.

La obra más difundida de Morel fue realizada para la litografía, en el mismo año
que Pellegrini (1841) publicó su colección de 8 litografías que llevan el título “Colección de
Escenas y vistas del país”.

En ellas el pintor representa escenas costumbristas donde aparecen el gaucho y el


indio exhibiendo desde sus vestimentas y sus armas típicas hasta sus familias y faenas.

Tres años más tarde y luego de un viaje a


Brasil vuelve a publicar otro álbum titulado
“Usos y costumbres del Rio de la Plata” en donde las obras tituladas El Cielito, Puerta del
cementerio y Peones troperos podemos observar, además de escenas que dan título a la
composición, otras de menores proporciones que rodean los motivos centrales y que
describen algunas tareas cotidianas del hombre popular: se trata de soldados, aguateros,
lavanderas, vendedores ambulantes entre otros.

Por la misma época en que Pellegrini, Garcia del Molino y Morel realizaban sus
vistas porteñas, sus retratos y escenas de costumbres llega a Buenos Aires otro artista
extranjero pero por apenas tres meses:

Raymond Monvoisin de origen francés, quien estuvo


de paso y pinto algunos cuadros descriptivos como la
Porteña del templo (1842) donde aparece una mujer joven
en actitud de oración, arrodillada sobre una alfombra en la
nave central de la iglesia. (no existían los bancos, ni
reclinatorios, de modo que las mujeres debían sentarse
sobre alfombras que eran llevadas por sirvientes negros, que
aparece por detrás)También pinta el mazorquero que es muy
importante.

Mauro Rugendasfue otro de los pintores extranjeros que visitaron nuestro país
durante los años del rosismo.

La obra realizada durante estos años fue enorme y aunque los trabajos producidos
en nuestro medio no llegaron a alcanzar la envergadura de aquellos realizados en otra
parte de américa la labor iconográfica de Rugendas fue importante para historia cultural
de nuestro país.

Rugendas realizó una serie de trabajos dedicados a representar escenas de los


asaltos indígenas a las poblaciones blancas y del rapto de sus mujeres. Esta fue una
temática recurrente en la obra del pintor.

Y si bien la pintura de retrato fue un género menor dentro de la producción de este


artista, entre los cuadros más destacados realizados durante su época porteña sobresale
precisamente el retrato de María Sanchez de Mendeville.

El cuadro es considerado el primer retrato romántico pintado en


el Río de la Plata. Y se trata de una representación de cuerpo
entero (poco frecuente) en la cual la figura femenina aparece
sentada en medio de un paisaje que integra elementos de la
naturaleza americana.

Nueve años después de este retrato, Mariquita Sanchez de


Mendeville, viuda de Thompson es invitada a posar nuevamente para un retrato pero esta
vez a través del daguerrotipo.

La fidelidad de las imágenes obtenidas mecánicamente era incomparable con aquellas


realizadas por los pintores, de modo que el daguerrotipo fue rápidamente reconocido
como el medio fiel de reproducir la figura humana, tanto en retratos individuales como
grupales.

Y como se dijo anteriormente, muchos miniaturistas y pintores de retratos activos en las


décadas del 20 y 30 debieron sustituir durante los 40 sus pinceles por las lentes ya que
corrían el riesgo de ser eliminados sino se adecuaban.

La era del esplendor del daguerrotipo coincidió con el gobierno de Urquiza. Nacía así
también un nuevo proceso histórico.
LA ACTIVIDAD ARTÍSTICA DESPUÉS DE CASEROS:

Con la caída de Rosas, en 1852 hubo un cambio político y económico y el


desarrollo económico provocó un cambio decisivo en la sociedad.

La vida artística del país comenzó de la misma manera a complejizarse, nuevas


instituciones como los cafés, los clubes y los periódicos dieron origen a prácticas
colectivas de relación social.

En estos salones el público porteño podía entretenerse con lectura, música y se


podía mirar a la vez cuadros realizados por jóvenes artistas locales que decoraban los
gabinetes de lectura.

Ante la ausencia de galerías de arte estas salas de recreo actuaron como


verdaderos agentes de circulación de obras pictóricas, espacios de exhibición y de
consumo de lo artístico.

Los artistas exponían sus cuadros en las salas de ventas de estos negocios,
mezclados con otros objetos de diversa procedencia y utilidad o directamente en los
escaparates sobre la calle que permitían la contemplación de un público tan numeroso
como heterogéneo.

La exhibición de cuadros respondía a la necesidad de introducir estas obras en el


mercado local, que se había formado en la década del 20.

Las obras vendidas se trataban de buenas copias de la pintura española o italiana


de temática religiosa, también se vendían paisajes y bodegones de la escuela flamenca.
Este naciente comercio de pinturas parece haberse detenido durante la época de Rosas,
para renovarse con posterioridad a Caseros y mantenerse activo durante largos años.

En 1862 el grabador Pablo Cataldi importó de Italia una importante colección de


pinturas y objetos de artes que fueron expuestos en el teatro Colón. La muestra fue bien
recibida y tuvo una repercusión positiva en la prensa. Aunque Cataldi no logró coronar su
iniciativa con éxito.

La importación de pintura para comercializar no solo era una práctica ya instalada


entre las actividades de la época, sino que el público consumidor de esas piezas se había
ampliado de acuerdo con las nuevas posibilidades económicas.

Pero además de la importación de obras para la venta, desde mediados de siglo


también se consolidó la figura del “coleccionista”. Este introducía al país cuadros de
artistas consagrados que eran exhibidos desde su propia casa, es decir transformaban
sus casas en improvisadas galerías de arte ya que no contaban con lugares oficiales.

El surgimiento de estos espacios aceleró la necesidad de crear un lugar oficial de


exposiciones, un museo de bellas artes que sin embargo no vería la luz hasta 1896.

El apoyo a las artes hizo que el gobierno de la provincia de Buenos Aires cree un
sistema de becas mediante el cual los artistas locales podían realizar un viaje de
perfeccionamiento a Europa subvencionado por el estado.

Los estudios eran realizados en talleres de destacada trayectoria, en las ciudades


de Florencia y roma, donde se le transmitía la predilección por los tipos de costumbres
populares y el gusto por el detalle pintoresquista.

Otro pintor contemporáneo a aquellos que viajaron fue Prilidiano


Pueyrredónquién desde muy joven se formó en Europa.

El regreso definitivo de este artista se produjo dos años después de la caída de


Rosas, pero antes en 1851 estuvo temporalmente en Buenos
Aires con el objeto de encargar un retrato oficial de la hija del
gobernador (a pedido de la comisión).
Este cuadro presenta algunas singularidades, por un lado la sorpresa por la contratación
de Pueyrredon para la realización de este retrato (ya que el mismo suponía la
contratación de alguien más idóneo)

Por otro lado, no poseía aún una obra plástica públicamente reconocida y solo tenía 28
años.

Manuelita tenía 34 años en ese entonces y aparece representada de pie junto a una mesa
donde apoya una carta dirigida a su padre, ejerciendo de ese modo como intermediaria
entre su padre y el pueblo.

Todo el cuadro aparece entonado en color rojo, el color de la federación.

La producción de este artista fue muy vasta, ejecutada apenas en dos décadas.
Entre los numerosos retratos que pintó de la alta sociedad porteña algunos fueron
realizados tomando como base un daguerrotipo de la persona y no el modelo vivo.

El artista también incursionó en la pintura de temas históricos, de paisajes e


incluso de desnudos femeninos, el tratamiento que hace él de esta temática fue
completamente novedoso para la plástica argentina de esos años. (Aunque no era algo
nuevo)

Ejemplo: En el baño (1865) como en la siesta (1865) sus mujeres no pertenecen al


contexto mitológico o literario, lejos de ser ninfas o diosas, las protagonistas de sus
cuadros parecen muchachas comunes de la sociedad, captadas por el pincel en un
momento de gran intimidad.

En sus paisajes, Pueyrredón describió características geográficas y sociales de la


pampa argentina.

En un Alto en el campo (1861) sobre una tela de formato apaisado que subraya la
extensión de la llanura, se ve representada
una escena de la campaña porteña.

En ella se observa, la convivencia entre la


ciudad y el campo encarnado en los grupos
humanos que exhiben procedencia social
mediante sus vestimentas y sus habitos.

La imponente figura del ombú se


destaca por sobre todas las demás y otorga un marco adecuado a los episodios
propiamente rurales que se desarrollan a sus pies. Su verticalidad corta el horizonte, y se
yergue como un verdadero ícono del campo argentino.

En cuanto a los pintores extranjeros que actuaron en buenos aires después de la caída de
Rosas, su labor se realizó de forma paralela a la de artistas locales y sus obras circularon
por los mismos espacios. Fueron estos pintores con trayectoria prestigiosa quienes
despertaron el interés al público y gozaron del favor de los conocedores, no solo en
Buenos Aires sino también en Montevideo.

Entre ellos Manzoni y Verazzi, quienes llegaron a principios de la década del 50.

Este último realizó una subasta en donde presentó un cuadro titulado “Ejecución
de Maria Estuardo”, cuadro en el que se creyó identificar los rasgos del verdugo con los
de una persona ilustre, inmediatamente los periódicos oficiales levantaron sus voces en
repudio de esta obra y solo uno de los medios lo defendió argumentando que “el artista no
tuvo la intención de copiar los rasgos en su personaje”.

De alguna manera y a partir de este caso, se vio el nuevo papel que cumplía la
prensa durante este periodo como formadora de gusto invitando a la adhesión o al
rechazo en torno a los artistas y sus obras.
En cuanto a los cuadros de Verazzi, se inclinaban a un academicismo de corte
clásico. En los cuadros alegóricos con personajes históricos, el artista utilizó el lenguaje
raigambre.

En cuanto a Manzoni, sus obras se ubican dentro de los lineamientos del


romanticismo, con algunas características de la pintura flamenca. Es conocido por
pinturas de género, los bodegones y las batallas con detalles provenientes de la tradición
flamenca, aunque también incursionó por la pintura de temas religiosos, los retratos y el
paisaje. Las escenas costumbristas también fueron abordadas por el pintor.

En el asado, por ejemplo representa cuatro personajes populares que, reunidos


alrededor del fuego en donde se cuece un trozo de carne, forman un grupo compacto que
ocupa todo el primer plano de la composición.

La infaltable presencia del mate, ubicado en el centro de la


tela concentrada la mirada de todos los personajes.

Los rostros arrugados de los hombres, sus vestimentas


humildes, el cuchillo como único utensilio, dan cuenta del
gusto por los detalles pintorescos que muchas veces
aparecen en la pintura de Manzoni; teñidos de recuerdos
europeos.

Otro de los artistas extranjeros prestigiosos que viajaron a Argentina después de


Caseros fue el francés LéonPalliere el cual se especializó en pintura de temas históricos.
Residió en Argentina desde 1855 a 1866, realizando viajes por el interior del país y chile.

Sus dibujos y pinturas obtenidas fueron compilados en albúm litográfico titulado “Álbum
Palliere. Escenas americanas, reproducción de cuadro, aquarelles y bosquejos” publicado
en 1865

Palliere dedico su atención al costumbrismo, tal como lo


muestra su acuarela “LA TIENDA” donde se observan
características de una típica tienda porteña, con los
artículos (paños, sombreros, máscaras) expuestos en la
vereda a la mirada de los transeúntes.

Palliere se detiene en la descripción de la vestimenta de


los protagonistas de la escena, por un lado el gaucho
viste sus atuendos particulares del mundo rural y por el
otro la dama habitante de la ciudad, exhibe su vestido y
accesorio el nuevo gusto por lo europeo que también se
imponía desde luego en la moda.

La influencia de artistas extranjeros a la Argentina


durante el período posterior a Caseros continuo la tendencia iniciada en la etapa anterior.
Para estos la realización de un viaje más allá de las fronteras europeas significaba mucho
más que una simple aventura personal.

Los artistas del S XIX se embarcaron hacia América con el objeto de completar su
aprendizaje en contacto con sociedades periféricas.

Paralelamente a todo esto, se volvió a dar impulso a la empresa monumental (que


se había iniciado con la pirámide de mayo, la cual había sufrido modificaciones por parte
de los gobiernos que pasaban y en 1856 ya pasó a ser coronada como la imagen de la
libertad).

A mediados de siglo también surgen las primeras iniciativas de construcción de


monumentos dedicados a honrar a los “héroes” nacionales.
Y en un contexto de discordias y enfrentamientos se lleva a cabo el primer
proyecto conmemorativo monumental el cual fue la estatua ecuestre en bronce del
General José de San Martin.

El segundo gran proyecto de conmemoración monumental a los héroes nacionales


estuvo destinada a homenajear al general Manuel Belgrano, una estatua ecuestre de
bronce.

El siguiente monumento fue dedicado a un extranjero, encargado por la


comunidad italiana de la ciudad.

Desde el inicio, la elección del personaje evocado, el lugar de emplazamiento


provocaron conflicto de poderes, y una encendida oposición en ciertos sectores.

Para concluir es necesario mencionar la labor de dos artistas cuyas producciones


más destacadas se realizaron con posterioridad al marco temporal. Ellos son Cándido
López y Juan Manuel Blanes.

En el caso de López, lo más relevante de su actividad como artista esta fue su


participación en el enfrentamiento bélico con Paraguay entre 1865 y 1870 donde en un
diario redacta minuciosamente todos los detalles de la guerra.

Compuso telas apaisadas de grandes dimensiones sobre la guerra. La intención


de él era dar a conocer los sucesos tal cual fueron, a modo de una crónica histórica.

La fidelidad de sus cuadros con el hecho narrado, se puede observar en (pasaje


de arroyo San Joaquin(1891) BUSCAR OBRA

En esta obra al igual que el resto, el acento no está puesto en la descripción


dramática de las escenas cotidianas sino en una visión militar. Los campamentos de
campaña, el paisaje en el que se instalaban, las formaciones y las baterías ocupan el
interés descriptivo de López.

Por último hay que destacar la actuación de Juan Manuel Blanes que en sus
primeros años como pintor gozó de protección y mecenazgo de Urquiza, quien lo eligió
para realizar pictóricamente la crónica de sus campañas militares.

Blanes ya en Uruguay es contratado para realizar una serie de pinturas de temas


históricos referidas a las batallas en las que había actuado el entrerriano. (Se trata de
ocho lienzos al óleo de grandes dimensiones y de formato apaisado.

En 1871 y a la vuelta de Europa (porque había ganado una beca para ir a


formarse) expuso un cuadro “Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires” y obtuvo
un éxito tan importante que marcó para siempre la relación del artista con el público
porteño.

Blanes se convirtió desde entonces en el ideal del artista erudito de fines del siglo XIX,
merced a su inclinación hacia la pintura de reconstrucción histórica.

****A modo de conclusión se puede decir que el período ubicado entre 1810 y
1870 fue considerado tradicionalmente por la historiografía artística argentina como
una época muy pobre de imágenes, con escasos recursos humanos para crearlas.

El período trascurrido entre el estallido de la Revolución de Mayo fue una


etapa rica de proyectos e inquietudes, aunque por motivos ajenos el arte mismo no
haya sido tanto en materia de realizaciones concretas.

Los vaivenes de la situación política impidieron la materialización de las iniciativas


que surgían del Estado, como la creación de un Museo de Bellas Artes, la creación
de modernas escuelas, o la aplicación de una política monumental más
temprana.****