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Unidad 3

1 //Escenario
Escenario26
Lectura fundamental
Fundamental

Estrategias
Etapas de unperiodísticas
plan de comunicación
para superar
estratégica
silencios informativos

Contenido

1 Formadores de opinión pública y el modelo capitalista

2 El silencio contra la opinión pública

3 Autonomía, control, interacción

4 Estrategias periodísticas éticas para la correcta formación de los públicos

Palabras clave: silencios informativos, silencios estratégicos, libertad de prensa, democracia.


1. Formadores de opinión pública y el modelo capitalista
Para realizar el análisis que se propone en este Escenario, es importante partir de la siguiente postura:

Del carácter de la información de los medios depende el tipo de cultura política que la sociedad civil
logre en una sociedad dada. La posibilidad de cualificación de la cultura política, aunque dependa de
múltiples factores de socialización, tiene en los medios un catalizador determinante (Mejía, 2011, p.52).

Por lo tanto, la responsabilidad que los periodistas tienen es fundamental y va más a allá de la
transmisión de información. El teórico Manuel Martín Serrano señala que la función social de los
medios es similar a la de la Iglesia y la escuela: “Tienen la misión de establecer una afectación entre lo
que cambia en el entorno y lo que se transforma en la conciencia de las personas” (2009, p.141). Por
consiguiente, un periodista que tenga claro que su labor se encamina a la consolidación de una opinión
pública crítica, le corresponde un trabajo arduo, riguroso, analítico y que debe superar la anécdota y lo
superfluo, e incluso los miedos con los que otros intentan callarlo.

Sin embargo, los medios de comunicación suelen ser empresas con ánimo de lucro y por tal razón
funcionan bajo la lógica capitalista moderna, en la que predomina la cantidad sobre la calidad. Esto
decanta en políticas desde las que les exigen a los periodistas entregar un número de notas diarias.
En ese escenario, la prioridad es la captura de aconteceres de los que solo importa narrar lo básico, lo
que responda brevemente a las preguntas clásicas del periodismo (quién, qué, cómo, cuándo, dónde
y por qué). La profundidad, el contexto y la explicación a la audiencia pasan a otros planos. Bajo
esa dinámica, el análisis cede su espacio a la mera descripción de lo ocurrido. Consecuencia de lo
expuesto es la filtración constante de estrategias políticas a la información, sin dar tiempo al periodista
para reflexionar, validar y contrastar el material que una oficina de prensa de algún representante
político le ha mandado.

En cualquier contexto, lo anterior es nocivo. No obstante, cuando ocurre en sociedades marcadas


por conflictos bélicos u otro tipo de problemáticas sociales, la cuestión se complejiza, porque se
trata de sociedades divididas que precisan de mayor y mejor información. Se requiere, entonces, de
información clara, reflexiva e imparcial, que lleve a quienes la consumen a pensar mejor el contexto
social, político, económico y cultural en el que se encuentran inmersos. Un buen ejemplo para
analizar lo planteado es el impacto que suelen generar las historias de la Segunda Guerra Mundial.

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Parece inaudito ver a millones de personas con sentimientos de rechazo hacia la comunidad judía
¿Qué los hacia actuar así? Además de la historia que la Primera Guerra Mundial dejó a Alemania,
se encuentra el papel de la comunicación masiva, utilizada para fines propagandísticos. Es decir, los
medios de comunicación, dominados por el Estado, enviaban mensajes de odio constante hacia los
judíos. En consecuencia, millones de personas actuaron bajo el dominio de la propaganda estatal.

¿Cuál es la responsabilidad de los periodistas en nuestro país?

Los medios de comunicación tienen la función social de garantizar un manejo de la información integral,
imparcial y equilibrada en orden a crear en sus audiencias flujos de opinión pública suficientemente
ilustrados que no sean usufructuados por actores o grupos de interés que distorsionen sus juicios
autónomos (Mejía, 2011, p.53).

De modo que la responsabilidad periodística está en que a partir de la información que los medios
de comunicación entregan, las personas se sitúan en la realidad, a tal punto que con base en los
mensajes periodísticos toman decisiones, actúan frente al curso de los acontecimientos, seleccionan
temas para conversar, asumen posiciones, se relacionan o distancian de los sujetos y los grupos de su
comunidad, y debaten y actúan desde lo político en tanto que son ciudadanos. En consecuencia, la
responsabilidad va a un punto álgido llamado verdad.

Los ciudadanos esperan de los medios la verdad de la realidad; es decir, la exactitud de lo acontecido y
no construcciones manoseadas, que dan como resultado realidades fabricadas. Aunque los periodistas
tampoco pueden entregar la verdad como un algo supremo que se le revela a otros, sí pueden narrar
los acontecimientos desde parámetros imparciales, lo que significa equilibrio en la información,
buen manejo de fuentes, rigor en la búsqueda de datos, contraste, análisis, entre otros. Es tan
importante esa labor que muchos son asesinados por cumplirla acertadamente. Silenciar al periodista
se constituye en una opción para los que no desean una opinión pública crítica, frente a intereses
particulares de grupos poderosos legales e ilegales.

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2. El silencio contra la opinión pública
Para comprender mejor las causas y consecuencias de los silencios informativos, se tomará la
realidad de Colombia, un país en el que el principio de la libertad de prensa ha atravesado momentos
coyunturales, que han desencadenado en afectaciones serias a la construcción de la opinión pública.
Por cuenta del conflicto armado, en Colombia los sujetos al margen de la ley no solo han intentado
comprar a los periodistas, para que estos desde su oficio de informar favorezcan los intereses
particulares de quienes actúan contra la sociedad civil, sino que los han amenazado y hasta asesinado
al no entrar al juego señalado.

La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) elabora semestralmente informes para dar cuenta de
las amenazas y asesinatos de periodistas. La Fundación siempre tiene algo que contar, lo que evidencia
que los riesgos de los periodistas son constantes y que, en consecuencia, muchos callan la verdad por
temor.

Los grupos armados ilegales, los grupos de narcotraficantes, las bandas criminales, entre otros, llevan
a los formadores de opinión, incluso a los gobernantes, a caer en el silencio informativo. Los primeros
lo hacen por miedo, los demás por estrategia. Miquel Rodrigo Alsina (1991) plantea dos lugares desde
donde se consolida el silencio. El primero se da por un pacto entre varias instituciones mediáticas; y el
segundo se presenta por una exigencia de silencio por parte de las autoridades, lo que induce a pensar
en un ejercicio de censura. “Si la autolimitación informativa es poco probable, la limitación por las
autoridades es inaceptable en un país democrático” (Alsina, 1991, p.57).

Que las dos clases de silencio sean inadmisibles socialmente no significa que no se produzcan. De
hecho, la segunda tipificación en el caso de Colombia va de las exigencias de autoridades oficiales
a organizaciones ilegales que ejercen autoridad, con mayor fuerza, en las provincias en las que
históricamente han tenido dominio. La FLIP reporta en su página web que entre el año 1977 y 2016
en Colombia han sido asesinados 153 periodistas. A esto se suma que en promedio, cada año, se
producen alrededor de 150 violaciones al derecho a la libertad de prensa, lo que afecta notablemente
a la democracia, como lo describe el historiador Jorge Orlando Melo:

La libertad de expresión y la libertad de imprenta o prensa, junto con el derecho correlativo de los
ciudadanos a recibir información, son, por esta razón elemental, condiciones esenciales del orden
democrático. Otros derechos esenciales, como el de participar en la vida política, organizar partidos o
movimientos, suponen para su ejercicio la libertad de expresión y la libertad de prensa (2004, en línea).

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Alsina también plantea otra forma de esconder información, a la que nombra como tratamiento
selectivo. Este puede verse de manera puntual en las editoriales de los periódicos, en las que se
defiende desde la política del medio una postura frente a un acontecer particular. Aquí pueden
suceder dos cosas: la primera es obligar a que el ángulo informativo de las noticias y otros géneros
informativos respondan a la línea editorial; y la segunda, es salvaguardar la idea que ronda al
periodismo occidental de que las opiniones son libres y los hechos son sagrados.

2.1. El silencio gubernamental

Además de lo expuesto en el aparte anterior, otro problema que enfrenta la ciudadanía es que los
Gobiernos ocultan la información de manera estratégica. Los procesos de desmovilización y los
procesos de paz que se han llevado a cabo en Colombia se suelen convertir en procesos de silencio
para la opinión pública. Veamos:

Bajo el argumento de guardar prudencia en el cubrimiento del conflicto y especialmente de su


proyecto bandera El proceso de desmovilización paramilitar, Álvaro Uribe Vélez dio lugar a una sociedad
desinformada, porque decidió ocultar información a los periodistas. El 30 de enero de 2004
Uribe expresó, a propósito del proceso: “queremos mantener informada a la comunidad nacional e
internacional sobre el tema, pero prudentemente. Manejarlo sin espectacularidad publicitaria”. Un
análisis de ese discurso revela la justificación a un proceso carente de información para la sociedad.

Sobre esto, Welsches plantea que:

(…) en la democracia la comunicación política se vincula con la libertad: el derecho fundamental a la


libre formación de opiniones y voluntades, y la garantía institucional de los medios de comunicación
autónomos son constitutivos del orden democrático. En consecuencia, la política democrática tiene un
deber comunicacional permanente (Welsches, 2011, p.41).

De la misma manera, Juan Manuel Santos manifestó al inicio de los diálogos de paz con las Fuerzas
Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) que: “nada está firmado hasta que todo esté firmado”.
Esta frase le sirvió para evitar la constante búsqueda de información de los periodistas. No obstante,
también distanció a la ciudadanía del proyecto de paz, pues la poca información que se entregaba
era sobre un diálogo lejano, que se desarrollaba en otro país e hizo perder el interés de muchos. Esto
condujo a un desconocimiento de la trascendencia del proceso que se llevaba a cabo con las Farc.

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2.2. La visibilidad de los grupos ilegales

A lo anterior se suma que también los grupos al margen de la ley (guerrilla y paramilitares) tienen
jefes de prensa que se encargan de construir y ejecutar estrategias de comunicación, no solo
durante los procesos que los involucra, sino también frente a los que quedan exiliados. Podemos citar
como ejemplo la campaña mediática emprendida en el año 2000 por las Autodefensas Unidas de
Colombia (AUC), en cabeza de Carlos Castaño, quien concedió por primera vez una larga entrevista
al periodista Darío Arizmendi y, posteriormente, a Claudia Gurisatti, en una época en la que pocas
personas conocían los rostros de los paramilitares.

Las entrevistas se produjeron durante el Gobierno de Andrés Pastrana, quien desarrollaba un proceso
de paz con las FARC. María Teresa Herrán expone al respecto que:

En el caso de Castaño, lo cuestionable no fue la entrevista (gústenos o no es un actor político y militar,


legitimado por quienes lo financian), sino las condiciones que puso. El aterciopelado tono episcopal de
la conversación de Darío Arizmendi (la misma conversación que hubiera podido tener con Shakira) le
quitaba toda connotación macabra al personaje (Herran, 2000, p.22).

La pregunta que surge del planteamiento citado es ¿qué debía hacer el periodista para contribuir desde
la entrevista a la formación de una opinión pública sólida? Se trata de tener perspectiva frente al tema o
el entrevistado. Bien lo dice Herrán cuando cuestiona que Arizmendi le quitó la connotación macabra
al personaje. Es decir, los periodistas no pueden perder la imparcialidad cuando tienen un actor del
conflicto frente a ellos. En el caso en cuestión, se debió recordar las múltiples masacres perpetradas
por las AUC que fueron coordinadas por Castaño. Se debió aprovechar al personaje para hacerle un
recuento al país del papel de los paramilitares en el conflicto armado, así como para preguntar por los
desaparecidos y las tomas a pueblos que se le atribuyen a este grupo.

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3. Autonomía, control, interacción
Es claro hasta este punto que en medio de la propuesta de una opinión pública participativa, se
encuentran los medios en el intento de hacerlo y las instituciones políticas que deberían ser garantes
de tal labor. Pero eso no ocurre, las instituciones políticas se mueven estratégicamente para entregar
a la sociedad información a su conveniencia. Además, otros grupos para-estatales o contra-estatales,
como los paramilitares y las guerrillas, respectivamente, hacen lo mismo que el Gobierno.

Para profundizar en la relación entre medios de comunicación y política, y las consecuencias de esto
en la opinión pública, es importante centrarse en tres categorías que plantea Friedrich Welsch (2011,
p.43) al citar a Sarcinelli. Se trata de: autonomía, control e interacción. El investigador argumenta
que desde esos tres conceptos se pueden establecer los tipos de interacciones que se dan entre los
medios de comunicación y los gobiernos (Tabla 1).

Tabla 1. Interacción entre los medios de comunicación y los gobiernos.

Paradigma Relación dominante Medios en proceso político

Separación de poderes Autonomía Neutralidad, control, crítica y contrapoder.

Instrumentalización Control Política/medios como objeto de control.

Simbiosis Interacción Relación de intercambio.

Fuente: elaboración propia. Modificado de Sarcinelli, (1994), citado por Welsch, (2011)

Los siguientes ejemplos permiten identificar mejor las categorías expuestas:

1. En el caso de autonomía, Noticias Uno en Colombia, declarada la red independiente, logra ser
un medio de información que no está al servicio del Estado ni de empresas privadas.

2. La categoría control se evidencia en países como Venezuela y Cuba, donde los medios son
aliados de los intereses del Estado y se dedican a infundir, sin ningún tipo de crítica, la ideología
del Gobierno. De no hacerlo, los Gobiernos buscan la forma de cerrarlos. Lo mismo ocurre con
los medios oficialistas.

3. La interacción se evidencia en medios como RCN televisión o Caracol Radio en Colombia, que
en determinadas ocasiones se muestran independientes del Gobierno, pero en otras se prestan
para respaldarlo sin cuestionamientos.

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Welsch (2011, pp.43-50) reflexionó sobre la relación entre medios y política en diversos países
latinoamericanos. Las siguientes son las conclusiones sobre dos países con historias resientes
diferentes:

Venezuela

• Las relaciones entre medios de comunicación, opinión pública y democracia en Venezuela se


caracteriza por el control gubernamental a los medios de comunicación y, por lo tanto, el control
de la formación de la opinión pública en el país.

• La política comunicacional del Gobierno apunta a la hegemonía informativa del Estado, lo que
produce una esfera pública fragmentada en públicos mutuamente excluyentes.

• El mapa mediático de Venezuela se encuentra profundamente dividido entre sectores que


apoyan el proyecto chavista y quienes lo adversan. La relación dominante entre la política y los
medios de comunicación es el control: gran parte de estos se presentan como instrumentos
para generar adhesiones y mantener lealtades, en lugar de constituir espacios para el debate y la
controversia.

Colombia

• El impacto que diversos medios de comunicación tienen en la cultura política colombiana es el


resultado una cultura política hibrida con inclinaciones súbdito-parroquiales.

• Los medios escritos son significativos en la orientación hacia la formación de una cultura
política, democrática y plural. La radio expresa una tendencia a promover valores menos
democráticos. La televisión presenta un alto desequilibrio en la presentación de la información,
ausencia de diversidad en las fuentes, deficiencia en la consulta a expertos y una alta dosis de
sensacionalismo.

El panorama revela que la deuda con la gente para contribuir a la formación de una opinión pública
no es solo un problema de los medios en Colombia, sino de otros países de la región. Las relaciones
económicas y políticas que estas empresas tienen con los demás poderes debilitan las acciones
responsables frente al derecho a la información.

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Lo que sí hay que manifestar es que el conflicto armado de este país coloca en mayor riesgo la tarea
de los periodistas y, por lo tanto, pone en riesgo la tarea de formar opinión pública. Sobre el tema
colombiano, María Teresa Herrán expuso en el año 2000 un planteamiento que hoy sigue vigente:

En una Colombia bañada en sangre, el manoseo al periodismo se percibe en la manera como pectorales
y glúteos se instalaron en la información. Somos el único país en el que los noticieros terminan con una
diva medio empelota, en ocasiones acompañada de un perro (Noticiero Nacional) A veces, en el colmo
de lo grotesco, dejan al perro solo, imagino que para educar al televidente (2000, p.65).

4. Estrategias periodísticas éticas para la correcta formación de los


públicos
Los anteriores apartes de este escenario conllevan a la pregunta ¿cómo hacer un buen periodismo
que conduzca a la formación de una opinión pública sólida? Las siguientes recomendaciones las
entregan Martha Ruiz, periodista investigadora del periódico El Tiempo; y Omar Rincón, profesor e
investigador de la Universidad de los Andes. Las recomendaciones las hicieron para el cubrimiento del
conflicto armado. No obstante, son funcionales para otros temas.

• Fortalecer la vida periodística: las alianzas entre periodistas de distintos medios para
cubrir acontecimientos, son una buena estrategia para transmitir información que afecta a
instituciones o personas poderosas que pueden llegar a amenazarlos.

• Credibilidad para mantener la independencia: lo más valioso de un periodista es la credibilidad


de la que goza. Muchos plantean que lo más valioso son las fuentes de información. Esto se logra
trabajando sobre hechos, más que sobre opiniones; nunca dejar de verificar.

• Reportería es la base del periodismo: el trabajo del reportero es sustancial al oficio.

• Replantear las relaciones: los editores deben tener una relación más cercana con los periodistas
y deben también conocer la región en la que se trabaja.

• Comprender la guerra (u otras problemáticas): conocer la historia -del conflicto- y la manera


cómo funciona el Estado permitirá entender los argumentos de las partes y lo específico de su
desarrollo.

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• No usar el lenguaje de la fuente: el país requiere periodistas estudiosos, profundos. No
periodistas que se dedican a transmitir, sin comprender, lo que las fuentes le exponen.

• Buscar salidas a las historias: los legados de los periodistas son la memoria del país. Los libros
que intentan explicar lo que ocurre y las investigaciones que van más allá de la anécdota y se
concentran en la búsqueda de la verdad, son el material que alimentará a la opinión pública.

• Recuperar el valor cultural del periodista: los periodistas deben procurar diálogos intelectuales
que le devuelvan el nivel al oficio.

• Crear nuevas reglas de juego: “Aunque se conocen muchos esfuerzos fallidos para crear
reglas y procedimientos de funcionamiento entre fuentes, medios y opinión pública, es
necesario continuar con el intento, desarrollando la amplia base de derechos consagrados en la
constitución”.

• Mapas regionales y agendas: incluir en las agendas periodísticas las regiones y su historia con el
conflicto. Esa es una manera de contribuir a la comprensión de la guerra y al debate público.

• Ciudadanías de medios: la ciudadanía debe crear instancias de veeduría sobre la información que
los medios entregan. Los medios deben escucharlas en aras de generar cambios positivos. Los
periodistas deben respetar los derechos de los públicos.

• Defensor del periodista: los periodistas deben crear asociaciones que defiendan la
independencia y que denuncie las diversas presiones que se generan (amenazas, despidos,
censuras).

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Referencias
Rodrigo Alsina, M. (1991). Los medios de comunicación ante el terrorismo (1. ed).

Barcelona: Icaria.

Herran, M. (2000). Medios en Crisis. Colombia: Revista Semana, 22 de octubre.

Martín Serrano, M (2009). La producción social de la comunicación. Madrid: Alianza

Mejía Quintana, O., & Observatorio de Medios--Medios para Ver (Eds.). (2011).

Democracia y medios de comunicación en Colombia (Primera edición). Bogotá:

Universidad Nacional de Colombia, Sede Bogotá, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales,
Vicedecanatura de Investigación y Extensión.

Melo, J. (2004). La Libertad de Prensa en Colombia: pasado y perspectivas actuales. Recuperado el 27


de agosto de 2017 de http://www.jorgeorlandomelo.com/libertad_prensa.htm

Welsch, F. (2011). Medios de Comunicación, Opinión Pública y Democracia. Bogotá: Universidad de los
Andes. Ediciones Uniandes.

Referencias de tablas
Tabla 1. Interacción entre los medios de comunicación y los gobiernos. Welsch, F. (2011). Medios de
Comunicación, Opinión Pública y Democracia. Bogotá: Universidad de los Andes. Ediciones Uniandes.

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INFORMACIÓN TÉCNICA

Módulo: Opinión pública


Unidad 3: Definición de opinión pública
Escenario 6: Estrategias periodísticas para superar silencios
informativos

Autor: Juliana Castellanos Díaz

Asesor Pedagógico: Luisa Esperanza Rincón Jiménez


Diseñador Gráfico: Carlos Montoya
Asistente: Laura Andrea Delgado

Este material pertenece al Politécnico Grancolombiano.


Prohibida su reproducción total o parcial.

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