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Facultad de Filosofía y Letras


Departamento de Filosofía
Universidad de Málaga

EPISTEMOLOGÍA DEL DISCURSO BIOLÓGICO


DE FRANCISCO J. AYALA

Diego Cano Espinosa


2002
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A Gloria y Juan-Diego
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D. IGNACIO NÚÑEZ DE CASTRO, Catedrático de Bioquímica y Biología Molecu-


lar de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga y D. ANTONIO J. DIÉ-
GUEZ LUCENA, Profesor Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Facultad
de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga,

CERTIFICAN:

Que el trabajo titulado “EPISTEMOLOGÍA DEL DISCURSO BIOLÓGICO DE F. J.


AYALA” realizado por el licenciado D. Diego Cano Espinosa, ha sido dirigido por los
abajo firmantes como proyecto de Tesis Doctoral. Consideramos que dicho trabajo reú-
ne las condiciones científicas necesarias para optar al Título de Doctor por parte del
interesado.

Málaga, 15 de agosto de 2002.

Fdo: Dr.Ignacio Núñez de Castro Fdo: Dr. Antonio J. Diéguez Lucena


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AGRADECIMIENTOS

Expreso mi gratitud, en primer lugar, al Dr. D. Francisco J. Ayala Pereda, por


enviarme con presteza su currículo académico y honorífico por mí solicitado, así como
por su grata aprobación para realizar este trabajo.

Mi más profundo agradecimiento al Dr. D. Ignacio Núñez de Castro García,


Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Málaga, porque
sin sus exigentes y siempre amables observaciones, sin su constante estimulación y op-
timismo junto a su sincera y noble amistad y ayuda bibliográfica, no hubiera sido posi-
ble la realización de esta Memoria Doctoral. No menor es mi reconocimiento al Dr. D.
Antonio J. Diéguez Lucena, Profesor Titular de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la
Universidad de Málaga, por sus atinadas correcciones que han mejorado la calidad de
este trabajo y por haberme ofrecido siempre su solícita atención y amistad. Para ambos
directores, mi mejor disposición.

De modo especial me siento amorosamente obligado a Gloria y Juan-Diego, mi


esposa e hijo, porque no me han escatimado los medios necesarios para terminar mi
obra y por su aprobación, paciencia y tolerancia en mis muchos ratos de absentismo.
Vaya por ellos, desde estas páginas, un brindis de hondo amor familiar.

Extiendo mi correspondencia a todas aquellas personas, que de un modo u otro,


han contribuido a la ejecución de esta Memoria. Una especial consideración merece mi
amigo José Mª González Ordóñez, él me inició con maestría en el manejo del ordena-
dor.
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CURRÍCULO ACADÉMICO Y HONORÍFICO DEL DR. F. J. AYALA.

El Profesor D. Francisco José Ayala Pereda nació en Madrid y vive en Estados


Unidos desde 1961, obteniendo la ciudadanía estadounidense en 1971. Es profesor de
Ciencias Biológicas y de Filosofía en la Universidad de California Irvine. Es autor de
más de 650 artículos y de 12 libros. Centra su trabajo de investigador sobre Genética
Evolutiva y Poblacional que incluye origen de las especies, polimorfismo de poblacio-
nes, origen de la malaria, estructura poblacional del parásito protozoario y el reloj mole-
cular de la evolución. También ha escrito sobre la relación entre Religión y Ciencia y
sobre Epistemología, Ética y Filosofía de la Biología.

Es miembro del Comité de Consejeros en Ciencia y Tecnología del Presidente


de los Estados Unidos. Ha sido Presidente de la Asociación Americana para el Progreso
de la Ciencia. Es miembro de la Academia Nacional de Ciencias, de la Academia Ame-
ricana de las Artes y de las Ciencias, de la Sociedad Americana de Filosofía, de la Aso-
ciación Americana para el Progreso de la Ciencia y de la Academia de Ciencias de Cali-
fornia. Es miembro de la Academia de Ciencias de Rusia, de la Real Academia de Cien-
cias de España, de la Academia Mejicana de Ciencias y del Instituto Hispanoamericano
para el Progreso.

Ha sido Presidente de la Sociedad para el Estudio de la Evolución, miembro


del Consejo de la Academia Nacional de las Ciencias de los Estados Unidos, del Conse-
jo Nacional del Instituto de Medicina General, del Consejo Nacional para el Proyecto
Genoma Humano, del Comité Ejecutivo de la Agencia de Protección del Medioambien-
te, de la Comisión sobre las Ciencias de la Vida, del Consejo Nacional de Investigación
y Testigo Experto en el Tribunal de Arkansas sobre la enseñanza de la Evolución.

Ha sido Profesor invitado por diferentes Universidades y otras instituciones de


los Estados Unidos, por Universidades de diversos países como Bélgica, Brasil, Canadá,
China, Colombia, República Checa, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Gran
Bretaña, Grecia, Holanda, Italia, Japón, Méjico, Noruega, Panamá, Perú, Rusia, España,
Suiza, Venezuela, Yugoslavia.

Es Doctor Honoris Causa de la Universidad de Atenas, Barcelona, León, Vigo


e Islas Baleares.

Ha recibido la Medalla de Oro de Honor “Gregorio Mendel” de la Academia


de Ciencias de la República Checa, la de Presidente del Instituto Americano de Ciencias
Biológicas, la Medalla a la Libertad y Responsabilidad Científicas de la A.A.A.S., la
Medalla del Colegio de Francia y la Medalla de la Universidad de California.
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ÍNDICE

Introducción. 15

PRIMERA PARTE

1. Epistemología de F. J. Ayala.
1. 1. Etimología. 23
1. 2. Concepto. 24
1. 3. Historia. 25
1. 4. Cuestiones epistemológicas. 26
1. 5. Epistemología de F. J. Ayala: 32
1. 5. 1. Ciencia empírica. 32
1. 5. 2. Características de la ciencia empírica. 33
1. 5. 3. Método científico. 33
1. 5. 4. Criterio de demarcación de la ciencia. 35
1. 5. 5. Verificación y falsación. 36
1. 6. Epistemologías evolutivas: 37
1. 6. 1. Epistemología evolutiva de S. Toulmin,
según F. J. Ayala y R. Ruiz. 38
1. 6. 2. Epistemología evolutiva de K. Popper,
según F. J. Ayala y R. Ruiz. 44
1. 6. 3. Epistemología evolutiva de D. Hull,
según F. J. Ayala y R. Ruiz. 55
1. 7. Consideración final. 58

2. Epistemología del discurso físico y biológico.


Racionalidad. Paradigmas.

2. 1. Epistemología del discurso físico: 61


2. 1. 1. La nueva física. 62
2. 1. 2. Reflexión filosófica sobre el discurso físico
moderno. 65
2. 1. 3. Racionalidad del discurso físico. 67
2. 1. 4. Paradigmas del discurso físico. 71
2. 1. 5. Conclusión. 76
2. 2. Epistemología del discurso biológico: 77
2. 2. 1. Racionalidad del discurso biológico. 78
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2. 2. 2. Racionalidad de la biología moderna. 80


2. 2. 3. Aproximación biológica al ser vivo. 83
2. 2. 4. Problemas de racionalidad en biología. 87
2. 2. 5. Conclusión. 92
2. 2. 6. Posibles soluciones. 93
2. 2. 7. Teoría del integrón. F. Jacob. 94
2. 2. 8. Objetividad, azar, necesidad. Teleonomía.
J. Monod. 97
2. 2. 9. Un modelo geométrico de reducción y
emergencia. P. Medawar. 101
2. 2. 10. Teoría del fenotipo. C. H. Waddington. 102
2. 2. 11. Observaciones a la noción de orden. D. Bohm. 104
2. 2. 12. La Biología y las ciencias físicas. M. Ruse. 106
2. 2. 13. Aspectos en la racionalidad de las ciencias
biológicas. J. Rubio. 108
2. 2. 14. Conclusión. 110
2. 2. 15. Relación Biología-Física. Bioquímica. 110
2. 2. 16. Soluciones a la complejidad. 113
2. 2. 17. Estructura disipativa. Estructura de
los sistemas vivos. 115
2. 2. 18. Categorías del discurso biológico. 116
2. 2. 19. Epílogo a la primera parte. 118

SEGUNDA PARTE

3. Autonomía de la Biología en el pensamiento de F. J.


Ayala.

3. 1. Reduccionismo científico 122


3. 2. Modos de reduccionismo científico. 126
3. 3. Reduccionismo biológico: 127
3. 3. 1. Reduccionismo ontológico. 127
3. 3. 2. Reduccionismo metodológico. 137
3. 3. 3. Reduccionismo epistemológico. 145
3. 3. Conclusión. 150

4. Teleología en el discurso biológico de F. J. Ayala.


4. 1. Concepto de teleología. 154
4. 2. Teleología de los seres orgánicos. 164
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4. 3. La teleología de F. J. Ayala comparada: 167


4. 3. 1. Teleología aristotélica. 167
4. 3. 2. Teleología de H. Bergson. 172
4. 3. 3. Teleología cósmica de T. de Chardin. 174
4. 3. 4. Teleología de F. Jacob. 177
4. 3. 5. Teleología de J. Monod. 177
4. 3. 6. Otras teorías teleológicas. 177
4. 3. 7. Principio antrópico cosmológico. 178
4. 3. 8. Teoría de la teleología natural. 179
4. 4. Conclusión. 180

5. La evolución en la epistemología de F. J. Ayala.

5. 1. Concepto de evolución, según F. J. Ayala. 186


5. 2. El concepto de evolución en la historia del pensamiento. 187
5. 3. El concepto de evolución en la epistemología
de F. J. Ayala. 197
5. 3. 1. Pruebas paleontológicas del hecho
de la evolución. Comprobaciones. 198
5. 3. 2. Pruebas anatómicas del hecho de la evolución. 199
5. 3. 3. Pruebas biogeográficas del hecho
de la evolución. 200
5. 3. 4. Pruebas embriológicas del hecho de la evolución. 201
5. 3. 5. Pruebas moleculares del hecho de la evolución. 202
5. 3. 6. Conclusión. 203
5. 4. Variabilidad genética. 204
5. 5. Cuantificación de la variabilidad genética. 206
5. 6. El proceso de selección natural. 208
5. 7. Modalidades de la selección natural. 212
5. 8. La selección natural como proceso creador. 216
5. 9. Conclusión. 219
5. 10. Origen de las especies. Concepto de especie.
Mecanismos de especiación. 219
5. 11. Teorías y modelos de especiación. 223
5. 12. Reconstrucción de la historia evolutiva. 226
5. 13. Controversias acerca del proceso evolutivo.
Visión de F. J. Ayala. 229
5. 13. 1. El reloj molecular. 230
5. 13. 2. Microevolución y macroevolución. 231
5. 13. 3. ¿Selección natural o azar?. 233
5. 13. 4. Ingeniería genética y estabilidad
de las especies. 235
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5. 14. Origen y evolución del hombre, según F. J. Ayala. 237


5. 15. Conclusión. 242

TERCERA PARTE

6. Evolución biológica y progreso en F. J. Ayala.


6. 1. Concepto de progreso. 248
6. 2. Progreso biológico. Evaluación de F. J. Ayala. 258
6. 3. El futuro biológico de la Humanidad, según F. J. Ayala. 261
6. 4. Conclusión. 267

7. Reflexiones éticas, bioéticas y sociobiológicas


de F. J. Ayala.

7. 1. Relación entre ética y biología, según F. J. Ayala. 270


7. 2. Capacidad ética y naturaleza biológica. 272
7. 3. Códigos éticos y naturaleza biológica. 276
7. 4. Reflexiones bioéticas y sociobiológicas de F. J. Ayala. 281
7. 4. 1. Reflexión bioética. 282
7. 4. 2. Reflexión sociobiológica. 286
7. 5. El comportamiento religioso. 291
7. 6. Conclusión. 293

Conclusiones. 295

Bibliografía. 303
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INTRODUCCION

Es muy notable el incremento experimentado por la literatura


epistemológica en nuestro tiempo, aunque no lo sea tanto en el campo
de la Biología. No obstante, son tan colosales hoy la investigación y
recientes descubrimientos en las distintas ramas de esta ciencia de la
vida, que están provocando en muchos biólogos y filósofos la necesi-
dad de construir una biología teórica que explique razonablemente, sin
absurdos reduccionismos, la pluridimensionalidad del fenómeno vital,
la más alta y noble dimensión de la materia, tal como la entendemos
hoy. Esta importante labor epistemológica que exige la nueva situación
es lo que me ha movido a investigar el moderno pensamiento biológico
y lo que justifica este estudio.
Para no perderme en este bosque de dispares interpretaciones,
he preferido fijar mi atención en la labor de investigación biológica del
profesor español FRANCISCO J. AYALA, de Genética y Filosofía en
la Universidad de California (E.E.U.U.), cuyo espléndido currículum
de docente e investigador, ocupará la médula de nuestro trabajo como
reconocimiento a su brillante labor en favor de una ciencia absoluta-
mente autónoma y apasionante como es la Biología.
Desde el primer momento de su existencia, el ser humano se ha
preocupado de comprender y explicar todo lo existente, comenzando
por poner nombre a todos los seres creados. Antes de la aparición de la
racionalidad en Grecia, existían las explicaciones míticas, narraciones
de los poetas, formas populares de interpretación de los acontecimien-
tos históricos y naturales, cuyos orígenes se centraban siempre en la
divinidad. El fenómeno biológico ocupó siempre un lugar preeminente
en el pensamiento mítico, recuérdense el mito de la inmensa tortuga, el
de Atlas; pareciera, en el fondo, que todo el Universo se reducía a un
inmenso organismo. Esta preocupación por lo viviente se observa tam-
bién ya en los primeros balbuceos del pensamiento racional griego. No
olvidemos las frases supervivientes de Anaximandro, donde se atisba
una evolución ortogenética del ser humano desde unas especies inferio-
res, los peces.
Es Aristóteles el primero que observa a los animales, sus partes
heterogéneas y trata de dar una explicación de la vida animal, su orga-
nización y desarrollo, aplicando los principios filosóficos investigados
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por él mismo, de modo que con toda legitimidad lo podríamos llamar el


primer epistemólogo de lo viviente en la historia del pensamiento cien-
tífico, como lo demuestra en su Physica, Historia animalium, De parti-
bus animalium, De incessu animalium, De generatione animalium, De
anima, De generatione et corruptione, Parva naturalia. No considero
exageración atribuir al gran Aristóteles este título porque él fue, en rea-
lidad, quien rotura este campo científico que adquirirá carta de mayoría
de edad hacia mediados del siglo XX. Es muy interesante el recorrido
que hace E.Gilson en su libro De Aristóteles a Darwin (y vuelta) inten-
tando comprender el pensamiento biológico diacrónico que impregna-
do de aristotelismo llega hasta el siglo XIX; aristotelismo que con ex-
cesiva frecuencia ha sido mal desarrollado y peor interpretado.
Conocida es la utilización metodológica que hace Aristóteles de
los cuatro principios o causas, que él llama, para dar explicación de
cualquier objeto de conocimiento. Tanto en Física como en Biología
aplica la causa eficiente, material, formal y final. Para un científico
moderno es fácil entender las dos primeras, pero las segundas, que se
reducen a una, resultan incomprensibles por no ser tan manipulables.
Son varias las categorías que usa el filósofo de Estagira para
dar cuenta del fenómeno biológico:
a) Las ya expuestas cuatro causas.
b) El antropomorfismo o visión de la naturaleza a través del
hombre que es también naturaleza, la más próxima a sí mismo.
c) Homogeneidad y heterogeneidad: lo vivo es simple y com-
puesto, homogéneo y heterogéneo. La materia inorgánica es homogé-
nea y podría explicarse con el mecanicismo. La materia orgánica es
heterogénea. En este caso la explicación mecanicista no sirve. Sería
explicar la heterogeneidad como si fuese homogénea. Lo heterogéneo
supone una estructura. La ciencia fisicalista tiende a homogeneizar pe-
ro sin tener en cuenta la estructura de lo orgánico. Aristóteles, por el
contrario, concede gran importancia a la heterogeneidad.
d) La teleología es otra categoría en la naturaleza, doctrina que
entra de lleno en su antropomorfismo ya que parece estar influida por
la actividad artística. Si el arte imita a la naturaleza, es posible que ésta
siga la metodología de aquella. Antropomorfismo que debe entenderse
en su verdadero sentido.
Pero la verdadera fundamentación de la teleología aristotélica
está en su teoría del devenir, cuyo sentido se encuentra en la causa fi-
nal. No es posible dar una explicación del movimiento sin tener en
cuenta el término a quo (causa eficiente) y el término ad quem (causa
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final), puesto que ambas causas físicas actúan simultáneamente. No se


debe confundir fin, finis operantis (intención) con causa final, finis
operis (con-causa del movimiento).
e)Función de órgano es también categoría del pensamiento
biológico aristotélico, de la cual se tratará oportunamente y que tiene
fuertes connotaciones teleológicas.
d) ψυχη, principio vital de unidad para la heterogeneidad del
ser vivo. El hilemorfismo aristotélico aplicado al viviente exige la pre-
sencia de una forma, la cual unida substancialmente a una materia, da-
rán ambas lugar a un organismo. Esta es la réplica, más o menos sim-
plificada, que da el filósofo y biólogo griego a su antecesor Demócrito
que hizo de la Naturaleza un reduccionismo simplista, conocido de to-
dos, y que parece abiertamente insuficiente.
El aristotelismo físico y biológico extiende su influencia hasta
la aparición de Descartes (l596-l650), padre del mecanicismo. Al divi-
dir la realidad en dos substancias independientes entre sí la res cogi-
tans y la res extensa, ésta, en el ser viviente, queda reducida a puro
movimiento mecánico, cuya organización y funciones podrían expli-
carse estrictamente por las leyes de la mecánica. Este mecanicismo ape-
llidado de distintas formas, llegará hasta nuestros días, invadiendo la
mente de una gran parte de biólogos aficionados a la simplificación y
al reduccionismo
Ya a finales del Renacimiento, con el inductivismo y tabulación
de Francis Bacon, con la experimentación y matematización de Galileo
Galilei y sobre todo con el nuevo invento del microscopio, se va perfi-
lando la imagen de una nueva ciencia cada día más autónoma, observa-
cional y experimental, la Biología, cuyos principales estudiosos, entre
otros, serían Van Leeuwenhoek, Malpigui, Spallanzani, Swammerdan,
Haller, Wolff, Bonet, Needham, Blumenbach etc., cuyas investigacio-
nes darían lugar a diversas interpretaciones sobre el origen y desarrollo
del ser viviente. Teorías como el mecanicismo versus vitalismo, abio-
génesis, preformismo, epigenismo, sensismo, reacción romántica…
nos recuerdan nombres como los anteriormente expuestos.
El Origen de las Especies de Charles Darwin en l859 constitu-
ye el verdadero giro copernicano en los estudios de la vida orgánica en
sus indefinidas manifestaciones y variedades. Permítaseme esta simili-
tud: Aristóteles descubre lo estático y lo dinámico en el ser de Parmé-
nides, con lo que da un paso de gigante en la explicación del ser; con el
acto y la potencia disuelve la antinomia eleática. Desde entonces co-
nocemos mejor el ser de las cosas. C. Darwin da un golpe de timón en
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su viaje marítimo y descubre una misma vida pero que se manifiesta de


diversas formas, infinidad de variedades, que cambia, evoluciona y
quiere saber por qué. En su periplo alrededor del mundo y tras miles de
observaciones, atisba una nueva estrella en el horizonte biológico; la
selección natural. Ya sabemos el origen de muchos fenómenos vitales.
No hay que recurrir a la metafísica para entenderlos. Hemos encontra-
do una nueva luz natural que guiará nuestros pasos en la investigación.
La anciana Biología dejará en adelante de ser filosofía natural para
convertirse en ciencia. Pero desgraciadamente C. Darwin no lo pudo
explicar todo.
Ya Lamarck (l744-l829), su antecesor, fue el primero en formu-
lar una teoría de la evolución de los organismos, pero no supo explicar
de forma correcta la herencia de los caracteres morfológicos. C. Dar-
win da un paso adelante muy importante, pero la palabra posterior la
tendrán sus sucesores neo-darwinistas. El monje agustino Gregorio
Mendel (l866), con sus múltiples experimentos en Pisum sativum y Mi-
rabilis jalapa, estableció con firmeza el cumplimiento de sus tres leyes,
fundamento de la genética mendeliana, que explica la transmisión de
los caracteres. Weismann, con la publicación en l904 de The evolution
theory, determina los conceptos de plasma germinal y somatoplasma,
situando aquel exclusivamente en el núcleo, cromatina nuclear y cro-
mosomas descritos por Strasburger en l880. T.H. Morgan en l9l0, estu-
diando los factores mendelianos en Drossophila melanogaster, descu-
bre que son transportados en los cromosomas, factores, a los que Jo-
hannsen da el nombre de genes.
De esta forma aparece en el foro científico una nueva rama de
la Biología, la Genética, que junto a la Bioquímica y Biología Molecu-
lar de nuestros días y los descubrimientos sobre la constitución físico-
química de los genes, con la ayuda de nuevos conceptos como ácidos
nucleicos, proteínas, enzimas... y una panoplia de nuevas técnicas han
permitido conocer mejor los mecanismos íntimos del fenómeno vital.
Con todo esto no se ha llegado al final. Los filósofos afirman
que el pensamiento no se acaba nunca, siempre se puede saber más y
mejor de una cosa. A. Einstein afirmaba que la ciencia no es un dato, es
una tarea. Dada la enorme complejidad del ser vivo, no es posible dar
una explicación en términos reducibles a físico-química. Surgen pro-
blemas de índole filosófica y por esta razón aparece en nuestros días la
Epistemología biológica. De Broglie nos dice que él mismo, como
científico, se encuentra a diario con conceptos filosóficos de los que la
ciencia no puede prescindir.
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19

El esfuerzo de investigación continúa en nuestro siglo. Com-


probada la insuficiencia de la explicación mecanicista y de su opuesta
la explicación vitalista, ambas emanación del pensamiento cartesiano,
surge la necesidad de superar esta falsa dicotomía con un nuevo para-
digma: la concepción organicista o internivel impulsada por la nueva
brisa holista creada en los acantilados del pensamiento sistémico, la
Física cuántica, la Psicología de la Gestalt, la Ecología y las últimas
propuestas como la Tektología, Teoría de sistemas, Cibernética, Es-
tructuras disipativas, Autopoiesis, Simbiogénesis, teoría Gaia, las Ma-
temáticas del caos o sistemas dinámicos, Geometría fractal etc., que
constituyen nuevos intentos de explicación más satisfactoria de la
complejidad del fenómeno vital superando el reduccionismo cartesia-
no.
La Epistemología aplicada a la Biología recibe el nombre de Fi-
losofía de la Biología o Filosofía natural de la Biología o Biofilosofía,
aunque esta última acepción no es del agrado de algunos filósofos de la
ciencia. El término Biofilosofía fue acuñado por T. Dobzhansky, maes-
tro de F. J. Ayala, y da la impresión de que son los biólogos los que
hacen este tipo de filosofía, cuando, en realidad, debe ser lo contrario
por ser un metalenguaje.
Como indiqué al principio, es inmensa la literatura de filosofía
biológica actual y numerosos los biólogos preocupados por las profun-
das cuestiones filosóficas que envuelven a las ciencias biológicas. En-
tre ellos destaca el profesor Francisco J. Ayala cuyo magisterio preten-
do seguir y exponer por estar considerado internacionalmente como
uno de los filósofos de la biología más prestigiosos en la actualidad.
Dividiré el tema en tres partes: En la primera se tratará el con-
cepto de Epistemología aplicada a los distintos campos o áreas de la
ciencia, especialmente al de la Biología como independiente o autóno-
ma siguiendo los criterios del profesor Ayala; el análisis del discurso
físico, ensayos diferentes de racionalidad y su proceso de evolución;
visión general de algunas hipótesis modernas encaminadas a resolver la
problemática racional del discurso biológico. Estos dos últimos aparta-
dos se incluyen por indicación expresa del Dr. Ayala como anteceden-
tes ineludibles del reduccionismo epistemológico, tema central en Bio-
logía teórica. En la segunda, se estudiarán las diferentes teorías y mé-
todos que pueden ser legítimamente utilizados en los estudios biológi-
cos, teniendo en cuenta de modo especial las tres categorías supremas
del discurso biológico del profesor Ayala: autonomía, teleología, evo-
lución. Por último, en la tercera parte, se proponen las relaciones Bio-
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20

logía-Etica-Sociología en el pensamiento del Dr. Ayala como partes


integrantes imprescindibles para la comprensión global del fenómeno
biológico.
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PRIMERA PARTE

“Las teorías son redes que lanzamos


para apresar aquello que llamamos
“el mundo”. Para racionalizarlo, ex
plicarlo y dominarlo. Y tratamos de
que la malla sea cada vez más fina.”
(Karl R. Popper.)
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l. Epistemología de F. J. Ayala. Antecedentes.


1. 1. Etimología.

Επιστηµη y λογοs, términos griegos de los que proviene eti-


mológicamente Epistemología o teoría del conocimiento científico,
consolidada bajo la influencia del Círculo de Viena, aunque con ances-
tros históricos lejanos.
Platón fue el primero en utilizar επιστηµη para designar un
modo o escalafón en su teoría del conocimiento, que para él no era sino
una ασθεσιs desde los peldaños más bajos, δοξα, a los más altos de la
escala, νοησιs.
La gnoseología platónica es un proceso metodológico que va
desde la δοξα o mera opinión en sus dos niveles: εικασια o conoci-
miento por sombras y la πιστιs o saber por imágenes, hasta la
επιστηµη o conocimiento por la razón en sus dos grados: διανοια,
esfuerzo, matematización, reglado etc., y así hasta la νοησιs o saber
supremo de los αρχαι, νοητα, principios, ideas en sí, llamada también
σοϕια. Teoría bellamente expuesta con metáforas en el mito, o mejor,
alegoría de la caverna, para ilustrar su doctrina epistemológica.1 Es
muy clara la distinción que establece Platón entre el conocimiento ob-
tenido sólo por los sentidos, δοξα, ο por la sola razón,
επιστηµη. Ambos constituyen la vía ascendente que nos conduce al
ειδοs o saber supremo de las formas, legítima aspiración de todo saber
humano. Sin embargo, existe una gran diferencia de significado entre
la επιστηµη griega y la ciencia moderna como advierte J. Zubiri: “Lo
que el griego llamó επιστηµη es esencialmente distinto de lo que no-
sotros llamamos ciencia. Aunque nuestros diccionarios no posean otro
vocablo, es un error traducir επιστηµη por ciencia”2
Se podría afirmar sin rubor, que la ciencia moderna grosso mo-
do sigue las pautas de la metodología platónica, si bien, entendida esta
afirmación como un simple paralelismo, es decir, de la observación de
1
PLATON, República, libro VII, 5l4 a 5l8. Como advierte F.COPLESTON, la ascensión de la mente
desde las secciones inferiores, es un progreso epistemológico, y que Platón la consideraba, no tanto
un proceso de continua evolución, sino como una serie de “conversiones” desde un estado cognitivo
menos adecuado a otro estado más completo del conocimiento. Historia de la Filosofía, vol. lº,
Editorial Ariel, Barcelona, l977, p. l70).
2
X..ZUBIRI, Naturaleza, Historia, Dios, Alianza Editorial, Madrid, 1983, p. 94.
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24

lo inferior, mediante un método adecuado, descubrir, en último térmi-


no, las leyes generales más o menos estables, para con ellas poder ex-
plicar todos los fenómenos naturales. Fue Platón, probablemente, el
primero en ocuparse de fundamentar el saber humano estableciendo un
método.

1. 2. Concepto.

La Epistemología moderna o ciencia de las ciencias, como di-


cen, o Filosofía de la Ciencia, hunde sus raíces en la Gnoseologia o
teoría del conocimiento, rama de la Filosofía que se remonta al pensa-
miento griego. Los científicos modernos, sin embargo, adoptaron el
nuevo nombre de epistemología porque su objetivo era, neta y exclusi-
vamente, el análisis del conocimiento científico y dicho sea sin reparos,
también por pudor y vergüenza metafísica que expresamos parafra-
seando a François Jacob, con su graciosa y aguda frase: La Teleología
es la señora con la que el científico tiene que convivir, pero con la que
nunca quiere aparecer en público.3 De todos es conocida la precaución
de los científicos para no caer en brazos de la metafísica de la que
huyen con verdadero pavor.
Etimológicamente es idéntico el sentido de ambas: teoría del
conocimiento humano. No hay filósofo en la historia del pensamiento
filosófico que no trate de algún modo, el origen, naturaleza y alcance
del conocimiento que podemos tener acerca del Universo. Abundan las
teorías y tratados sobre esta importante cuestión desde los primeros
filósofos griegos. Pero el verdadero fundador de la teoría del conoci-
miento dentro de la filosofía continental es Inmanuel Kant, el cual en
su obra maestra Crítica de la Razón Pura, según J. Hessen:

Establece una fundamentación crítica del conocimiento científico de la Na-


turaleza. Este método no investiga el origen psicológico, sino la validez
lógica del conocimiento. No pregunta cómo surge, sino cómo es posible el
4
conocimiento, sobre qué bases, sobre qué supuestos supremos descansa.

En la actualidad se reserva a la Gnoseología el estudio del co-


nocimiento en general, las cuestiones de hecho como origen, mecanis-

3
FRANÇOIS JACOB, Lógica de lo viviente, Editorial Laia, Barcelona, 1.973, p. 17.
4
J.HESSEN, Teoría del conocimiento, Editorial Espasa-Calpe, Colección Austral, Traducción de
José Gaos, Madrid, 1979, p. 22.
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25

mos de producción y desarrollo del conocimiento, de las que se ocupan


la Metafísica, Psicología y Sociología del mismo.
La Epistemología moderna se separa de la tradicional y se cons-
tituye como rama de la Filosofía de la Ciencia al ocuparse exclusiva-
mente de temas como análisis formal, justificación o fundamentación
de su valor cognoscitivo, estructura de las teorías científicas, de las re-
laciones entre las ciencias, operaciones del método científico y re-
flexión crítica de la producción y desarrollo del conocimiento científi-
co. Siguiendo esta pauta, la Epistemología es general, si se ocupa de
analizar los componentes y procedimientos metodológicos comunes a
todas las ciencias, y es particular si estudia las cuestiones referidas a
tipos singulares de ciencias. La Epistemología se ocupa, además, del
valor práctico de las ciencias aplicadas y de otros valores relacionados
con la ciencia. Naturalmente que para cumplir su finalidad, la Episte-
mología mantiene estrechas relaciones especiales con la Lógica, Histo-
ria de la Ciencia, Gnoseología, Semántica, Ontología, Psicología, Eti-
ca, Política y demás.5

1. 3. Historia.

Mario Bunge divide la historia de la Epistemología en dos par-


tes: la primera, la etapa clásica desde Platón a Bertrand Russell, forma-
da por una pléyade de ilustres científicos y filósofos a los que cataloga
de ‘aficionados’y se extiende hasta los años l927-30. A partir de esta
fecha tiene lugar la segunda etapa con el Círculo de Viena, al que per-
tenecen los grandes epistemólogos ‘profesionales’ que así designa. Lo
malo del Círculo de Viena, según M. Bunge, fue el ‘defecto fatal’ de
estar atado a la tradición empirista e inductivista de Bacon, Hume,
Berkeley, Comte, Mach… que por estar sujetos al empirismo, fueron
incapaces de dar cuenta de las teorías científicas, que son cualquier co-
sa menos síntesis de datos empíricos. 6
Con la fuerte influencia de Wittgenstein se llegó a la filosofía
lingüística, análisis del lenguaje científico que mató el espíritu del
Círculo de Viena a causa del excesivo interés por los problemas
formales y rara vez tenían relación con la ciencia real y con sus
verdaderos problemas.7

5
MIGUEL A. QUINTANILLA, “Temas y problemas de la Filosofía de la Ciencia”, Arbor, nº 501,
Madrid, 1987, pp. 75 – 77.
6
MARIO BUNGE, Epistemología, Editorial Ariel, Barcelona, 1980, pp. 14 – 27.
7
MARIO BUNGE, Ibidem.
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26

Según Miguel A. Quintanilla,8 la publicación de Kuhn La es-


tructura de las revoluciones científicas, podría servir de referencia para
situar el comienzo de la segunda etapa de la actual Filosofía de la
Ciencia, que se caracteriza por una revisión de los presupuestos del
empirismo lógico, el auge del enfoque popperiano y el desplazamiento
del interés de los filósofos hacia los aspectos dinámicos, históricos,
sociológicos e informales del conocimiento científico. El propio Karl
R. Popper, Kuhn, Lakatos, Toulmin, Feyerabend y Bunge son figuras
sobresalientes de este período, a pesar de las grandes diferencias entre
ellos.

1. 4. Cuestiones epistemológicas.

La Epistemología moderna o Filosofía de la Ciencia, afirma


Miguel A. Quintanilla,9 se basa en tres supuestos: el anti-dogmatismo,
el realismo y el monismo epistemológico.
La Historia de la Ciencia muestra el cambio de paradigma ocu-
rrido: frente a una actitud dogmática del conocimiento científico que lo
considera válido y perfecto así como a su método, surge la actitud críti-
ca: nuestro conocimiento es relativo y provisional, no hay método infa-
lible. La actitud dogmática tiene su asiento en el aristotelismo caracte-
rizado y sustentado por los cuatro principios: realidad, verdad, eviden-
cia y deductividad. Según el principio de deductividad, toda ciencia es
un sistema deductivo de proposiciones que se derivan de unos primeros
principios –intuitivamente claros– axiomas, evidentes y no necesitan
demostración. El conocimiento científico puede conocer la realidad y
es conocimiento cierto; en este caso, su verdad es αληθεια. Un ejem-
plo de este ideal de ciencia es la geometría euclídea que engendra más
tarde el método cartesiano –conocimiento cierto y a priori– y el ideal
inductivista de Francis Bacon. Desde este dogmatismo se produce un
tránsito a un conocimiento crítico, en el que juega un papel decisivo el
descubrimiento de las nuevas geometrías no-euclídeas –
Lobatschewsky-Bolyai y Rieman– que hacen derrumbarse la evidencia
del quinto postulado de Euclides y al mismo tiempo cuestionan los
fundamentos de los sistemas axiomático-formales cuya limitación ha
demostrado Gödel y la imposibilidad de una ciencia auto-justificativa.
Esta imposibilidad es también extensible a las ciencias factuales cuyo
8
MIGUEL A. QUINTANILLA, Breve diccionario de Filosofía,. Editorial Verbo Divino, Estella,
Pamplona, 199l, p. 48.
9
MIGUEL A. QUINTANILLA, o.c. pp. 77 – 86.
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27

fundamento –la inducción– resulta ser insuficiente debido a su incom-


pletitud y a ser problemática en sí misma, como enseñará K. R. Popper
más adelante al tratar el tema del reduccionismo.
En este cambio de paradigma del dogmatismo científico a la
ciencia crítica es importante la presencia del propio K. R. Popper, a
quien se debe el nacimiento de este nuevo proyecto y a sus deudores –
Lakatos, Kuhn, Feyerabend… En el fondo, de lo que se duda es del
principio de objetividad como ideal del conocimiento científico. De
aquí surge el problema del realismo como criterio de distinción para la
ciencia factual.
La actitud realista está representada de forma preeminente por
Einstein y sus discípulos Podolsky y Rosen que la expresan en su prin-
cipio general de realismo así: una magnitud física representa una pro-
piedad real del sistema, si es posible medir dicha magnitud sin alterar
el estado del sistema.
Para Miguel A. Quintanilla, este principio general de realismo
es insuficiente y no necesario:

Insuficiente, porque depende del concepto de medición; tendríamos que


hablar antes de operaciones reales en manipulación de sistemas físicos; y
no es necesario porque se pueden considerar reales procesos y propiedades
que no podemos medir sin alterarlos.10

El tercer supuesto de la gnoseología crítica es el monismo epis-


temológico o tesis de la unidad de la ciencia. Este monismo unificador
de todas las ciencias presenta sus dificultades, aunque no del todo inso-
lubles: entre las ciencias formales y factuales, dentro de las factuales y
también entre éstas y las humanas. La dificultad de distinguir entre
ciencias deductivas e inductivas radicaría en que la unificación de am-
bas borraría las diferencias peculiares, por ejemplo, entre matemáticas
y física teórica, puesto que las dos utilizan primariamente el método
deductivo. En las ciencias empíricas unificadas por el mismo método,
privaría la concepción inductivista totalmente inaceptable. Además, no
marcaría las relaciones entre ambas ciencias deductivas e inductivas.

10
MIGUEL A. QUINTANILLA, o.c. p. 80.
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28

A juicio de Miguel A. Quintanilla:

Lo que caracteriza a las ciencias son las teorías y éstas se pueden conside-
rar como sistemas hipotético-deductivos (…) En esa medida, el método
hipotético-deductivo es común a todos los tipos de ciencias. Por otra parte,
la línea divisoria fundamental debe establecerse entre ciencias que se ocu-
pan de hechos –factuales–y ciencias que se ocupan de constructos –lógico-
matemáticas– en función del objeto, no de la estructura de las teorías o de
una oposición metodológica radical entre deducción e inducción.11

Por tanto, la base de la unidad de la ciencia es la estructura co-


mún, el hecho de estar compuesta de teorías en las que predomina la
inferencia deductiva como pauta del conocimiento científico; esta base
no tiene por qué impedir el reconocimiento de las diferencias entre
unas y otras ciencias.
Otro capítulo es el que ocupan las ciencias humanas en relación
con las naturales, llamadas también, éstas explicativas y comprensivas
aquellas. Para las ciencias humanas se pide un dualismo epistemológi-
co por filósofos como los neo-kantianos, Dilthey, los de la filosofía
hermenéutica y algunos de la filosofía analítica, fundado este dualismo
en la especificidad de los fenómenos humanos y su irreductibilidad a la
explicación causal; es más correcto, pues, hablar de comprensión. A
este dualismo se opone Miguel A. Quintanilla porque, como afirma:

El problema no puede plantearse en términos de contraposición entre ex-


plicación causal y comprensión hermenéutica, sino entre explicación-
comprensión de la realidad según las pautas del método científico –
lenguaje formalizado– y explicación-comprensión según los métodos del
sentido común –lenguaje ordinario.12

Es decir, se puede defender el monismo epistemológico funda-


mentado en los rasgos comunes de las ciencias como son: poseer la
misma estructura, es decir –ser teorías– y los mismos objetivos –
adquirir conocimiento–, salvando las diferencias por el grado de forma-
lización, generalidad, precisión y demás.
Además de estos problemas, la Epistemología estudia e.c. la
evaluación de la ciencia, la verdad científica, el desarrollo, la idea de
progreso y otros problemas, todos de máxima actualidad. En general,
la Epistemología del presente distingue dos grande tipos de problemas:
los de estructura y contenido de la ciencia y los de procedimiento o
11
MIGUEL A. QUINTANILLA, o.c. p. 84.
12
MIGUEL A. QUINTANILLA, o.c. p. 85.
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29

método. Ambos incluyen problemas lógicos, semánticos, ontológicos,


epistemológicos y metodológicos. Estos son los problemas epistemoló-
gicos comunes. Los específicos son los tratados por las ramas particu-
lares de la Epistemología. 13
Mario Bunge, establece una lista de los posibles problemas fi-
losóficos que deberá abordar la nueva Epistemología de la ciencia:
problemas lógicos, semánticos, gnoseológicos, metodológicos, ontoló-
gicos, axiológicos, éticos, estéticos, que detallamos literalmente:

• Problemas lógicos: ¿Qué relaciones formales (en particu-


lar lógicas y algebraicas) hay entre dos teorías dadas?
¿Qué cambios son posibles esperar en una teoría científi-
ca dada si se modifica de cierta manera su lógica subya-
cente (p.e., si se reemplaza la lógica ordinaria por la lógi-
ca intuicionista)?
Es verdad que la experiencia científica puede forzarnos a
cambiar la lógica subyacente a una teoría fáctica? En par-
ticular ¿es cierto que la mecánica cuántica usa una lógica
propia diferente de la ordinaria?
• Problemas semánticos: ¿Cuál es el contenido fáctico de
una teoría dada?
¿En qué consiste la interpretación fáctica de una teoría
matemática?
¿A qué cálculo obedece el concepto de verdad aproxima-
da?
• Problemas gnoseológicos: ¿Qué relación hay entre la ob-
servación de un hecho y las proposiciones que lo repre-
sentan?
¿Qué relación hay entre los conceptos empíricos como el
de calor y los teóricos como el de temperatura?
¿Es verdad que se impone el uso del concepto de proba-
bilidad sólo cuando se dispone de información suficien-
te?
• Problemas metodológicos: ¿Qué es un indicador social?
¿En qué consiste la relación de confirmación incluida en
las proposiciones de la forma “e confirma a h”?

13
MIGUEL A. QUINTANILLA, o.c. pp. 49 – 52.
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30

¿Cómo puede medirse el grado de confirmación de una


hipótesis, y cómo el de una teoría (o sistema de hipóte-
sis)?
• Problemas ontológicos: ¿Qué es una ley social o natural?
¿Qué es una propiedad a diferencia de un atributo o pre-
dicado?
¿Qué teoría del espacio-tiempo es convalidada por la fí-
sica actual?
• Problemas axiológicos: ¿Qué papel desempeñan la va-
luación y la preferencia en la actividad científica?
¿Cómo se definen los conceptos de valor cognoscitivo y
de valor práctico?
¿Es posible construir la teoría de la decisión empleando
solamente probabilidades objetivas y valores objetivos?
• Problemas éticos: ¿Qué relación hay entre los valores
cognoscitivos de la ciencia y los valores morales?
La ciencia ¿es éticamente neutral?
¿Cuál sería un código moral mínimo para la comunidad
científica?
• Problemas estéticos: ¿La investigación científica tiene
valores estéticos?
¿Cuándo se dice que una teoría es bella?
¿En qué consiste el estilo de un investigador?14

M. Bunge considera que la anterior lista de problemas no es


completa pero es reveladora de los problemas que intenta resolver la
Epistemología y con los que ésta se manifiesta útil a la ciencia, filoso-
fía y sociedad.
M. Bunge diversifica también las epistemologías regionales que
especificamos ajustándonos a la letra del autor para evitar imprecisio-
nes. Tales epistemologías son:
1) Filosofía de la lógica: ¿Qué es una proposición, a diferencia
de los enunciados que las designan? ¿Basta en las ciencias fác-
ticas el concepto de cuantificador existencial para caracterizar
la existencia física?
2) Filosofía de la matemática: ¿En qué consiste la existencia de
un objeto matemático? ¿Qué relación hay entre la matemática y
la realidad?

14
MARIO BUNGE, o.c. pp. 22 – 23.
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31

3) Filosofía de la física: ¿De qué tratan las teorías relativistas:


de metros y relojes, o de sistemas físicos en general? La mecá-
nica cuántica ¿robustece el indeterminismo?
4) Filosofía de la química: La química ¿posee leyes propias o
son todas ellas reductibles a la física? Lo químico ¿constituye
un nivel de la realidad distinto de lo físico?
5) Filosofía de la biología: La biología ¿se distingue de las de-
más ciencias por sus técnicas peculiares o por la manera misma
de enfocar y entender los fenómenos vitales? Los biosistemas
¿no son sino sistemas químicos heterogéneos, o tienen propie-
dades emergentes que la química no estudia?
6) Filosofía de la psicología: ¿Qué es la mente: una sustancia
sui generis, o un conjunto de funciones cerebrales? ¿Qué rela-
ción hay entre los sucesos mentales y sus indicadores fisiológi-
cos y conductuales?
7) Filosofía de las ciencias sociales: ¿Qué es una sociedad: un
conjunto de individuos, una totalidad opaca al análisis, o un sis-
tema de personas interactuantes? ¿Lo social se reduce a lo bio-
lógico, y por consiguiente la Sociología puede explicarse por la
Biología?
8) Filosofía de la tecnología: ¿Cuáles son los rasgos peculiares
del objeto técnico a diferencia del natural? ¿En qué se diferen-
cia el conocimiento tecnológico respecto del científico?
9) Filosofía de las teorías de sistemas: ¿En qué se distinguen
las teorías generales de sistemas de las teorías científicas espe-
ciales? ¿Bastan estas teorías para entender o controlar sistemas
reales?15
Terminamos haciendo breve alusión a la utilidad que, según M.
Bunge, puede tener la epistemología al participar del desarrollo cientí-
fico como trasfondo de la investigación y de la política de la ciencia. El
enunciado simple de estas contribuciones sería:
a) Desenterrar los supuestos filosóficos.
b) Dilucidar y sistematizar conceptos filosóficos.
c) Ayudar a resolver problemas cientifico-filosóficos.
d) Reconstruir teorías científicas de manera axiomática.
e) Participar en las discusiones sobre la naturaleza y el valor
de la ciencia.
f) Servir de modelo a otras ramas de la filosofía.16
15
MARIO BUNGE, o.c. pp. 25 – 26.
16
MARIO BUNGE, o.c. pp. 26 – 27.
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32

No es necesario por el momento explicitar el significado y al-


cance de cada una de estas contribuciones que sólo sirven de orienta-
ción. Una pauta muy importante marcada en la Epistemología ha sido
la de Karl R. Popper al que, sin duda alguna, ha seguido una gran parte
de filósofos y científicos. Su conocida obra La lógica de la investiga-
ción científica de l934 fue decisiva en el nuevo planteamiento del co-
nocimiento científico, aunque hoy existen fuertes tendencias a otros
modos de Epistemología.

1. 5. Epistemología de F. J. Ayala.

No es que el autor se detenga expresamente en exponer su pro-


pia teoría sobre el conocimiento científico con detenimiento y ampli-
tud, pero sí presenta sus principales categorías iniciales en unas pági-
nas de la obra Evolución de la que es coautor junto con Dobzhansky,
Sttebins y Valentine, categorías que especificará y aplicará a toda su
obra, especialmente al discurso biológico.

1. 5. 1. Ciencia empírica.

El primer concepto que analiza Ayala es el de ciencia, ciencia


empírica cuya definición perfecta constituye una tarea fútil. La ciencia
no puede definirse de forma adecuada en una frase compacta; mejor
que intentar una definición es examinar la metodología de la ciencia.17
No obstante, ensaya dos definiciones: La primera afirma que la ciencia
es la organización sistemática del conocimiento del universo basada
en principios explicativos susceptibles de ser rechazados empírica-
mente. La segunda tomada de Simpson enuncia: la ciencia es una ex-
ploración del universo natural que busca relaciones naturales y orde-
nadas entre los fenómenos observados que puede autocomprobarse.18
Parece existir aproximación entre ambas.

17
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STTEBINS, VALENTINE. Evolución, Traducción de Montse-
rrat Aguadé, Edtorial Omega, Barcelona, l993, p. 474.
18
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STEBBINS, VALENTINE, Ibidem.
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33

1. 5. 2. Características de la ciencia empírica.

Al referirse a la ciencia empírica o simplemente ciencia, explica


las tres características que la distinguen del conocimiento obtenido por
sentido común y de otras formas de conocimiento no científicas:19
Una primera característica diferencial es la organización siste-
mática del conocimiento que formula leyes y teorías generales como
patrones de relación entre distintos tipos de fenómenos. La ciencia se
desarrolla al integrar afirmaciones, leyes y teorías, en leyes y teorías
más generales.
Otra característica diferencial de la ciencia es que intenta expli-
car por qué se producen, en realidad, los hechos observados. La ciencia
intenta explicar los fenómenos identificando las condiciones responsa-
bles de su existencia. Estas dos primeras características, las comparten
también otras formas de conocimiento como las Matemáticas y la Filo-
sofía.
Pero la característica más propia de la ciencia empírica es que
sus explicaciones tienen que estar sujetas a la posibilidad de ser recha-
zadas, falsadas empíricamente. Esto constituye, en realidad, el criterio
de demarcación propuesto por Popper. Una hipótesis científica ha de
poder probarse empíricamente, indagando si las predicciones, como
consecuencias lógicas, concuerdan o no con los hechos que se encuen-
tran en el mundo empírico. Una hipótesis que no es susceptible de ser
rechazada mediante observación y experimentación no puede conside-
rarse científica.

1. 5. 3. Método científico.
El método científico es al mismo tiempo el instrumento de de-
marcación entre filosofía y ciencia, motivo del largo debate entre ra-
cionalismo y empirismo, deductivismo e inductivismo, este último pro-
puesto por Francis Bacon (l56l-l626) y ardientemente defendido por
John Stuart Mill (l806-l873)
Al abordar la cuestión del método científico, tras la huella pop-
periana, el profesor Ayala20 hace una fuerte crítica al inductivismo, al
que considera erróneo por las siguientes razones:

19
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STTEBINS, VALENTINE, pp. 473 – 474.
20
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STEBBINS, VALENTINE, p. 474 – 476.
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34

El método inductivo no puede explicar el proceso real de la


ciencia. No hay ningún científico que trabaje sin un plan preconcebido
acerca del tipo de fenómeno que ha de observar.
Por inducción no pueden alcanzarse verdades universales. A
partir de un acúmulo tal de observaciones no puede derivarse lógica-
mente ninguna afirmación universal. Es el principio de incompletitud
de la inducción. La afirmación universal tiene un contenido lógico su-
perior, dice más cosas que la suma de todas las afirmaciones individua-
les.
Las hipótesis y teorías científicas se formulan en términos abs-
tractos. Las hipótesis científicas más interesantes y fructíferas no son
simples generalizaciones. Las hipótesis científicas son, por el contra-
rio, creaciones de la mente, sugerencias imaginativas de lo que puede
ser cierto.
La inducción falla en los tres puntos destacados: como méto-
do que asegure la objetividad y evite preconcepciones, como método
lógico para establecer verdades universales, y como descripción del
proceso seguido por los científicos en la formulación de sus hipótesis.
El modelo hipotético deductivo facilita un concepto más exacto del mé-
todo de la ciencia.
Continúa el profesor Ayala: la ciencia es una empresa compleja
que consta esencialmente de dos episodios independientes: uno imagi-
nativo o creativo, el otro crítico. Tener una idea, una hipótesis o sugerir
lo que pueda ser cierto, es una tarea creativa. Pero las conjeturas o
hipótesis científicas han de someterse a examen crítico y a pruebas em-
píricas. El primer proceso se refiere a la adquisición del conocimiento,
el segundo a la justificación del mismo. Las hipótesis y demás conjetu-
ras constituyen la etapa inicial de la investigación científica. Las hipó-
tesis sirven de guía a la observación y a la experimentación, porque
sugieren lo que hay que observar. Las observaciones realizadas para
probar una hipótesis constituyen, a menudo, la fuente de inspiración de
nuevas conjeturas o hipótesis. Lo que distingue a la ciencia de las de-
más formas de conocimiento es el proceso, mediante el cual, se justifi-
ca o se da validez a dicho concepto. Hasta aquí el autor; en todo lo cual
coincide con el método hipotético-deductivo formulado por Whewell,
W.Stanley, Peirce, y Karl R. Popper; este último es, como se sabe, uno
de los que más han influido en la caracterización del método científico
en nuestros días.
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35

1. 5. 4. Criterio de demarcación de la ciencia.

El primer y más importante capítulo de la Filosofía de la Cien-


cia es, según el círculo de Viena, establecer la línea divisoria –
demarcación– entre lo científico y lo no científico. Desechados los
criterios de significación de Carnap y de verificación inductiva, queda
como precipitado el criterio popperiano de la falsación de hipótesis o
teorías que nos conduce, a pesar de los problemas que pueda presentar,
a la verosimilitud, o mejor, al acercamiento asintótico a la verdad obje-
tiva científica. Ayala21 simplifica de forma magistral la doctrina de la
demarcación de la ciencia empírica a la que se refiere directamente
cuando habla de las propiedades de las hipótesis. Estas propiedades o
características pueden simplificarse de la forma siguiente:
El probar una hipótesis o teoría implica, por lo menos, cuatro
actividades distintas: en primer lugar, ha de examinarse la hipótesis en
su coherencia interna. Toda hipótesis que sea autocontradictoria ha de
rechazarse.
En segundo lugar, ha de examinarse la estructura lógica de la
hipótesis, indagar si tiene valor explicativo, si hace que los fenómenos
observados sean inteligibles en algún sentido, si permite comprender
porqué se presentan, en realidad, los fenómenos en la forma en que han
sido observados. Toda hipótesis tautológica tendría que rechazarse por
carecer de poder explicativo.
En tercer lugar, ha de examinarse la hipótesis en cuanto a su
coherencia con hipótesis y teorías generalmente aceptadas, o bien, si
representa algún avance en relación a otras hipótesis. La falta de cohe-
rencia con otras teorías no determina siempre que tenga que rechazarse
la hipótesis, aunque sí la mayoría de las veces.
Finalmente ha de probarse de forma empírica. La hipótesis o
teoría se prueba empíricamente indagando si las predicciones acerca
del mundo de la experiencia, que se han obtenido como consecuencia
lógica de las hipótesis, concuerdan o no con lo que se observa realmen-
te. El elemento crítico que diferencia las ciencias empíricas de las de-
más formas de conocimiento, es la exigencia de que las hipótesis cien-
tíficas puedan ser desestimadas empíricamente. Una hipótesis se dice
científica si es coherente con algunos estados posibles, pero no con
otros aún no observados en el mundo, por lo que puede ser susceptible
de ser encontrada falsa por otras observaciones. Si los resultados de

21
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STEBBINS, VALENTINE, pp. 476 – 479.
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36

una prueba empírica concuerdan con las predicciones hechas a partir de


la hipótesis, se dice que la hipótesis ha sido corroborada provisional-
mente; en caso contrario, se dice que ha sido rechazada. La exigencia
de que una hipótesis pueda ser rechazada, ha sido denominada criterio
de demarcación de las ciencias empíricas. Una hipótesis que no esté
sujeta, al menos en principio, a la posibilidad de ser desestimada empí-
ricamente no pertenece al reino de la ciencia.

1. 5. 5. Verificación y falsación.

Advierte Ayala,22 que puede resultar sorprendente esta exigen-


cia de que las hipótesis científicas tengan que ser rechazables y no de
que sean verificables. Puede parecer que el fin de la ciencia sea esta-
blecer la verdad, pero no es así. Es posible mostrar que una afirmación
universal es falsa si no resulta coherente con una verdad singular, es
decir, acerca de un hecho determinado, pero no puede probarse que una
verdad universal sea cierta en virtud de verdades particulares, cualquie-
ra que sea el número de estas últimas. Este tipo erróneo de inferencia
se denomina en lógica falacia de afirmar el consecuente. La forma co-
rrecta de efectuar inferencias lógicas en el caso de afirmaciones condi-
cionales es lo que en lógica se denomina modus tollens. Es posible
mostrar la falsedad de una afirmación universal, pero nunca resulta po-
sible demostrar, de forma concluyente, la verdad de una afirmación
universal que se refiera al mundo empírico.
Posteriormente afirma Ayala, que la asimetría entre verificación
y falsación se pone de manifiesto en la metodología estadística. La exi-
gencia por parte de las hipótesis científicas de que pueda demostrarse
su falsedad, tiene también un paralelo en la inferencia estadística, con-
cretamente en la necesidad de que la potencia del test o prueba sea su-
perior a cero. Termina el autor este apartado con unas afirmaciones
muy nítidas:23
Las hipótesis científicas sólo pueden ser aceptadas de forma
provisional ya que nunca puede establecerse su corrección de forma
concluyente. Puede decirse que una hipótesis que haya superado mu-
chas pruebas empíricas ha sido corroborada. El grado de corrobora-
ción no es simplemente cuestión del número de pruebas, sino del rigor
de las mismas. Cuanto mayor sea la precisión con que se contrastan las
predicciones, más rigurosa es la prueba. Cuanto mayor sea la variedad
22
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STEBBINS, VALENTINE, pp. 477 – 479.
23
F. J. AYALA, DOBZHANSKY, STEBBINS, VALENTINE, p. 478.
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37

de pruebas críticas que hayan sido superadas por una hipótesis, mayor
es el grado de corroboración de la misma.
Termina con una alusión al modus tollens como método lógico
concluyente: si una consecuencia necesaria de una premisa es falsa,
entonces la premisa también ha de ser falsa. El modus tollens puede dar
lugar a conclusiones erróneas si la predicción que se está probando no
es una consecuencia necesaria y lógica de la hipótesis. Es posible que
una observación o experimento que contradiga una hipótesis haya sido
realizado o interpretado de forma errónea, por lo que se exige que la
observación que la niega sea repetible.
Con estas puntualizaciones acaba el profesor Ayala el apartado
en el que ha expuesto su epistemología básica, acorde con la más ex-
tendida y comunmente aceptada por la comunidad científica de nues-
tros días.

1. 6. Epistemologías evolutivas.

En su reciente obra El método en las ciencias (Epistemología y


darwinismo), el Dr. Ayala en colaboración con Rosaura Ruiz, tras un
resumen de las principales tareas epistemológicas popperianas, tal co-
mo el expuesto en estas páginas, y de las metodologías de T. Kuhn y I.
Lakatos, dedica los tres últimos capítulos a los epistemólogos de la
Teoría Evolutiva Conceptual, tal vez, los más allegados o conocidos
como S. Toulmin, K. Popper y D. Hull entre otros como D. T. Camp-
bell, R. J. Richards y M. Ruse.
La contribución de estos investigadores, según Ayala y Ruiz,24
entra en el programa de investigación de Michael Bradie25 llamado
Epistemologías Evolutivas Teóricas, en el que distingue dos programas
de investigación para el estudio del desarrollo del conocimiento. Uno,
Epistemología Evolutiva de los Mecanismos Cognoscitivos, que se
ocupa de explicar la evolución y los mecanismos del conocimiento
animal y humano. Como estos mecanismos han evolucionado a la par
que los demás caracteres biológicos, lo más inmediato es aplicar el
darwinismo sin necesidad de modificarlo. El otro programa, Análisis de
la Evolución de las Ideas, incluye las epistemologías de los autores
citados y que tratan de construir una analogía entre evolución biológica

24
R. RUIZ y F. J. AYALA, El Método en las Ciencias (Epistemología y darwinismo), Fondo de
Cultura Económica, México, 1998, p. 135.
25
M. BRADIE, “Assessing evolutionary epistemology”, Biology and Philosophy, 1986, nº 2, pp.
245 – 254.
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38

y evolución conceptual. Esta analogía es simplemente de carácter heu-


rístico en las ideas y teorías científicas. Para Ayala y Ruiz,26 existe un
tercer programa, el que indaga los procesos mentales seguido por M.
Ruse.27 Éste defiende que las diferencias en los procesos mentales in-
fluyen en el resultado de la selección natural, como es el caso de nues-
tros posibles ancestros que tomaron en serio la geometría euclidiana y
se reprodujeron más que los que fueron indiferentes a los problemas
del espacio. Los modelos de epistemología evolutiva teórica serían,
pues, los siguientes:

• Epistemología Evolutiva de los Mecanismos cognosciti-


vos.
• Análisis de la Evolución de las Ideas.
• Epistemología Evolutiva de los Procesos. (según Ayala y
Ruiz).

Estas epistemologías evolutivas que usan la teoría de la evolu-


ción de modo heurístico, han adquirido gran preponderancia en la Filo-
sofía de la Ciencia contemporánea por su originalidad y paralelismo
entre evolución orgánica y conceptual, como dicen Ayala y Ruiz.28 Por
esta razón, es interesante conocer su validez y limitaciones en los tres
mencionados representantes.

1. 6. 1. Epistemología evolutiva de S. Toulmin, según F. J.


Ayala y R. Ruiz.

La ciencia para S. Toulmin, afirman Ayala y Ruiz,29 es un pro-


ceso continuo sin saltos, gradual, por lo cual no admite el concepto de
revolución científica ni la distinción ciencia normal y ciencia revolu-
cionaria de Kuhn que mantienen, a juicio de Toulmin, igual relación de
continuidad que los conceptos de microevolución y macroevolución en
biología, ambas no son radicalmente diferentes. La macroevolución no
es más que el resultado acumulado de variantes microevolutivas; lo
mismo podría decirse de la ciencia normal y revolucionaria respecti-
vamente, por lo que la ciencia normal es el resultado de microrrevolu-

26
R. RUIZ y F. J. AYALA, El Método en las Ciencias, Ibidem.
27
M RUSE, Philosophy of Biology Today, State University of New York Press, Albany, 1988, p. 73.
Citado por R. RUIZ y F. J. AYALA.
28
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 10.
29
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 9.
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39

ciones acumuladas en su seno. Para Toulmin,30 la comparación entre


evolución biológica y evolución conceptual son un simple método heu-
rístico, una analogía explicativa, no justificativa. Toulmin afirma que el
darwinismo es una forma general de explicación histórica, la evolución
por variación y selección, y es aplicable a otros procesos.
Toulmin, para ambos profesores,31 es consciente de que la evo-
lución intelectual no es cuestión biológica, no se trata de extrapolar el
proceso biológico sino de comprobar los factores comunes a ambos
procesos, biológico y cognitivo, ni de una analogía biológica específi-
ca, es sólo aplicar un patrón general de desarrollo que consta de dos
elementos: variación y selección, para explicar las modificaciones que
sufre el saber humano. El conocimiento, dice Toulmin, avanza por se-
lección de variantes teóricas.
La teoría evolucionista toulmiana consta, como aseguran Ayala
32
y Ruiz de cuatro tesis fundamentales:

• Uno de los problemas fundamentales de la biología es


explicar la diversidad de especies, su proceso, o lo que es
igual, origen y evolución.
• El darwinismo explica ambos fenómenos por selección
natural que conlleva variación y perpetuación selectiva.
• Para que este combinado variación-selección sea eficaz
en la diversificación de especies, debe estar sometido a
cierta presión selectiva; existen otras interacciones bióti-
cas como pueden ser la depredación, parasitismo y aisla-
miento.
• Las variantes se perpetúan si están bien adaptadas y ten-
drán más éxito reproductor. La reproducción será la me-
dida del éxito.

Ayala y Ruiz33 puntualizan estos enunciados básicos de Toul-


min: aunque éste resume bien el patrón de evolución darwinista, olvida
algunos aspectos importantes del proceso biológico, tal vez, porque no
los necesita o no tienen equivalencia en su epistemología. Darwin a
este respecto, continúan, fue el primero en reconocer que la selección
natural no era el único impulsor evolutivo; la deriva genética, la migra-

30
R. RUIZ y F. J. AYALA, Ibidem.
31
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 85 – 86.
32
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 90 – 91.
33
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 91.
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40

ción, las variaciones neutras no favorecidas y la recombinación indican


que variables no seleccionadas favorablemente pueden transmitirse y
perdurar en las siguientes generaciones.
Otro aspecto que descuida Toulmin es, que poblaciones no se-
paradas por barreras geográficas pueden dar lugar a especies diferentes.
Es posible que los mecanismos de aislamiento reproductivo actúen sin
necesidad de la presencia del aislamiento geográfico. La variación por
azar, noción esencial en el proceso evolutivo biológico, deja también
de ser mencionado por este epistemólogo.
Es importante comprobar cómo encaja Toulmin sus tesis evolu-
tivas biológicas en su Epistemología, tal como él la concibe. La equi-
valencia de ambas se puede expresar así, según Ayala y Ruiz:34

• Las actividades intelectuales, para Toulmin, no están


desorganizadas sino estructuradas, como todo ser bioló-
gico. El contenido intelectual, conceptos, teorías, méto-
dos y objetivos pueden cambiar. Cada teoría, mutable de
por sí, manifiesta una continuidad. La extrapolación de la
explicación biológica debe expresar la coherencia interna
y continuidad de las disciplinas que se hacen distintas
como las especies y los cambios por los que se transfor-
man en nuevas especies de forma equivalente a las bioló-
gicas.
• El proceso de variación y selección debe explicar tanto la
continuidad como el cambio en toda disciplina en la que
siempre se producen innovaciones, pero sólo unas pocas
de éstas toman posición firme y son las que se transmiten
a las posteriores generaciones.
• Para que este proceso de selección intelectual tenga lu-
gar, deben producirse constantes variaciones sobre las
que actúa la presión de selección en los que Toulmin de-
nomina foros de competencia en los que las novedades
intelectuales se escudriñan y critican para mantener su
coherencia y puedan sobrevivir. Es un proceso parecido
al de K. Popper por conjeturas y refutaciones.
• Toulmin exige para esta evolución intelectual un ambien-
te cultural histórico, lo que él llama ecología intelectual.
Este ambiente intelectual es el que establece las normas

34
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 92 – 93.
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41

de selección disciplinaria de ideas para acreditar cuáles


son las más aptas y que satisfacen las exigencias de este
medio intelectual. Estas exigencias son los problemas
inmediatos que cada variante intelectual debe abordar y
los otros conceptos con los que ha de convivir.
• Según Ayala y Ruiz,35 la contradicción entre internalismo
y externalismo en biología, para Toulmin, se resuelve te-
niendo en cuenta el punto de vista ecológico, y en evolu-
ción intelectual se podría hablar de ecosistemas concep-
tuales. En el proceso de especiación en biología juega un
papel muy importante el concepto de nicho ecológico; es
absurdo hablar de especie sin nicho y de nicho sin espe-
cie. Toulmin encuentra una gran semejanza entre la ex-
plicación ecológica y disciplinaria: toda situación pro-
blemática real crea una cierta gama de oportunidades pa-
ra la innovación intelectual, oportunidades que dependen
de rasgos puramente externos. Señala este autor, que en
la evolución conceptual, la relación factores internos-
externos descansa sobre tres conceptos: cantidad de in-
novación, dirección de esta innovación y criterios de se-
lección. El volumen de innovación depende de las opor-
tunidades que presenta el contexto social para la ciencia
en cuestión, es decir, factores externos ecológicos; los
criterios de selección para valorar las innovaciones son
un asunto completamente interno, profesional; la direc-
ción de la innovación parte de factores internos y exter-
nos combinados de modo muy complejo.

Ayala y Ruiz36 encuentran dificultades en la construcción por


Toulmin de esta analogía. Así se expresan y exponemos en forma peri-
frástica: la innovación, estructura novedosa en el orden orgánico, tiene
lugar al menos en tres niveles, el molecular, el celular y en el de órga-
no. En los tres niveles se da interacción entre factores internos y exter-
nos. La selección natural actúa sobre variaciones existentes al azar.
Toulmin, en la evolución intelectual, hace depender la aparición de in-
novaciones substancialmente de factores externos. En realidad, una in-
novación biológica depende de ambos factores. Resulta difícil hacer
analogía entre innovaciones, conceptos y teorías con los términos que
35
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 93 – 95.
36
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 95.
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42

utiliza Toulmin. Para que se dé una innovación orgánica se requiere la


presencia simultánea de mutaciones, selección y otras fuerzas evoluti-
vas; para Toulmin, las innovaciones en conceptos y teorías serán “pos-
teriormente” seleccionadas por los científicos.
A juicio de Ayala y Ruiz,37 Toulmin presenta diferencias de
equivalencia entre conceptos de teoría evolutiva. Para K. Popper, la
unidad de ciencia es la teoría, para I. Lakatos, el programa, para Toul-
min es la disciplina científica. En este último caso, la demarcación no
sería entre teorías científicas y pseudocientíficas, entre programas pro-
gresivos y degenerativos, sino entre disciplinas y cuasidisciplinas.
Toulmin, a veces, identifica teoría con especie; otras, especie con dis-
ciplina cuando habla de éstas en su teoría. Lo mismo que opone revo-
lución a evolución lo hace con relativismo y absolutismo en un am-
biente científico con relación a los criterios de demarcación. Éstos son
absolutos y universales para un ambiente particular, pero comparados
con otros ambientes resultan relativos. Toulmin considera que un crite-
rio de demarcación permanente presenta el problema de ser incompati-
ble con el hecho de que los conceptos varían frecuentemente. Este
mismo relativismo lo encuentra en los organismos dentro de un am-
biente. No existe, dice, el organismo más apto en abstracto, en sentido
absoluto; el organismo mejor adaptado está en cambio permanente por
lo que el mejor lo será en relación con determinadas situaciones.
Para evitar el dilema uniformismo-explicación revolucionaria,
Ayala y Ruiz38 encuentran que Toulmin distingue dentro de una disci-
plina los conceptos que cambian de modo discontinuo y los que lo
hacen de forma más gradual; también separa las teorías de una discipli-
na que tienen, cada una de ellas, su propia constelación de conceptos.
Toulmin declara que una disciplina consta de conceptos, métodos y
objetivos; entre estos elementos destaca el objetivo común, ideal con-
seguido con suficiente acuerdo. Si este objetivo común es explicativo,
la disciplina será científica. Pero no todas las disciplinas tienen la mis-
ma cohesión y coherencia. Esta coherencia no es la que se da entre ob-
servación y teoría, sino entre conceptos, métodos y con el ideal expli-
cativo. Por esta causa, Toulmin establece distinción entre ciencias
compactas, de alta coherencia, por ejemplo, la Física, y ciencias difusas
como puede ser la Psicología.
Una aclaración sobre la epistemología de Toulmin es la que
puede obtenerse de la crítica que hace éste a T. Kuhn y que Ayala y
37
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 96.
38
R. RUIZ y F.J. AYALA, o.c. p. 97.
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43

Ruiz39 destacan. Toulmin, en su visión evolucionista, censura los cono-


cidos conceptos de ciencia normal y ciencia revolucionaria que utiliza
Kuhn así como el de microrrevolución adoptada por éste en su autocrí-
tica posterior. Le parece a Toulmin, que la noción de revolución, tanto
en política como en ciencia, carecen de valor explicativo puesto que no
implica ruptura completa y absoluta tal como Kuhn la concibe. Entre
cambio normal y revolucionario sólo existe diferencia de grado. Los
cambios a gran escala en ciencia y en otros campos, afirma Toulmin,
no son necesariamente saltos repentinos sino acumulación de variacio-
nes menores de las que alguna es seleccionada y perpetuada en cierta
situación. La conversión de Kuhn a las microrrevoluciones la explica
Toulmin con el símil paleontológico de oposición entre uniformistas y
catastrofistas. Esta oposición se resolvió cuando los primeros llegaron
a comprender que algunos de los cambios que su teoría proponía, habí-
an ocurrido de modo más rápido que el supuesto; inversamente, los ca-
tastrofistas dejaron de serlo cuando entendieron que las catástrofes no
lo fueron tanto porque ocurrieron con algo más de uniformidad. Según
la idea de Toulmin, algo similar ocurrió en el “segundo” Kuhn al dis-
cernir éste que la distinción entre ciencia normal y revolucionaria no es
absoluta sino que se van produciendo diferencias de grado, por lo que
las microrrevoluciones deben considerarse no unidades de cambio sino
de variación. Ayala y Ruiz40 manifiestan de acuerdo con Toulmin, que
la llamada por Kuhn revolución científica no supone una interrupción
drástica en la ciencia normal, es decir, ningún cambio conceptual es
absoluto en la ciencia.
En su analogía con la cuestión kuhniana de cómo se producen
las revoluciones, Toulmin contesta descomponiéndola en dos: ¿qué
factores determinan las variantes teóricas y su número? y ¿cuáles de
ellas serán aceptadas?
Aunque Toulmin no acepta el término revolución de Kuhn
stricto sensu, sí admite el de microrrevolución con tal de que adopte el
sentido de variación, cambio adaptativo o cambio gradual. En este pro-
ceso gradual se presenta un problema, ¿cuándo una teoría se separa de
otra? Debe ocurrir lo mismo que en biología: ¿cuándo se separa una
especie de otra? En biología la especiación se da cuando ya no hay flu-
jo genético entre ambas especies. En el proceso intelectual el cambio
brusco se da cuando no hay comunicación entre ambas teorías.

39
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 98 – 101.
40
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 99.
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44

En conclusión, Toulmin admite que hay diferentes tasas de


cambio en el proceso intelectual como dice textualmente:

Al igual que en las especies orgánicas, el cambio conceptual presenta no-


tables diferencias de ritmo: en algunas épocas, los cambios importantes se
siguen unos a otros rápidamente; en otras, pueden pasar siglos sin que se
produzcan desarrollos significativos.41

De todo lo expuesto por Ayala y Ruiz, hemos querido entender


que Toulmin es un epistemólogo evolucionista, pero en sentido mode-
rado. Toulmin es consciente de que darwinismo y epistemología no son
homologías. Se trata de utilizar el proceso biológico evolucionista para
explicar el proceso evolutivo del pensamiento científico sabiendo que
no hay ni puede haber un ajuste perfecto entre la terminología de uno y
otro proceso pese al esfuerzo realizado. Es un intento heurístico de usar
la teoría biológica darwinista simplemente como analogía explicativa y
no justificativa. Rechaza el concepto drástico de revolución de Kuhn,
pero admite el de microrrevolución de éste utilizado en sus últimos tra-
bajos y con tal de que sea equivalente a variación y no a cambio brus-
co. Toulmin considera que en la evolución de una disciplina científica
hay épocas de cambio rápido y otras en las que el proceso es lento e
imperceptible.

1. 6. 2. Epistemología evolutiva de K. Popper, según F. J.


Ayala y R. Ruiz.

K. Popper, según la concepción de Ayala y Ruiz42 es uno de los


filósofos de la ciencia que en este siglo han tenido mayor influencia en
Filosofía, Ciencia y especialmente en Física y Metodología científica.
Esta influencia se debe sobre todo, a la adopción en substancia de su
metodología, al aceptar que el conocimiento científico no evoluciona
por medio del método inductivo y que la falsación en lugar de la verifi-
cabilidad es el criterio distintivo de la ciencia.
Ayala y Ruiz reconocen que K. Popper no aplica de forma es-
pecial su modelo de ciencia a la biología, pero sí es evidente que ésta
goza de notable importancia en su epistemología. También, es cierto,
K. Popper, en una primera etapa, no consideraba científica la teoría de

41
S. TOULMIN, La comprensión humana, Alianza Editorial, Madrid, 1977, p. 308.
42
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 101.
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45

la evolución darwinista por su apariencia tautológica. Para este autor,43


no había mucha diferencia entre decir “ los que sobreviven son los más
aptos” y “los que sobreviven son los que sobreviven”; ambas referen-
cias parecen deducir que la mayor aptitud no es sino la conclusión del
hecho de la sobrevivencia. K. Popper confiesa que esta visión tautoló-
gica del darwinismo lo recibió de biólogos evolucionistas como G. G.
Simpson, J. B. S. Haldane, R. Fisher y C. H. Waddington. Más tarde,
tras asistir a la conferencia “Problemas de la Reducción en Biología”
(1972) cuyos resultados fueron recogidos y publicados por F. J. Ayala
y T. Dobzhansky en 1974,44 cambia su posición aceptando el neodawi-
nismo como no tautológico; en éste descubre K. Popper que la selec-
ción natural, mecanismo teleológico y determinista, no es la única cau-
sa evolutiva, también lo es la deriva genética que puede cambiar la efi-
cacia biológica de forma azarosa e indeterminada, adaptativa o no
adaptativa, lo que rompe la aparente tautología. En este sentido, la teo-
ría de la evolución darwinista, según K. Popper, ya no es tautológica,
es refutable y queda refutada ya que no todos los órganos tienen propó-
sito o meta. Interpretan Ayala y Ruiz45 que Darwin, como se hará notar
en lugar oportuno, aceptaba que la selección natural es el mecanismo
evolutivo más importante y determinista que lleva a la adaptación de
las especies, pero no es el único. La respuesta, entonces, a la pregunta
de cuál es el que sobrevive, no es la de “el organismo más apto”, sino
aquel que tiene mayores posibilidades de ser favorecido por el azar y la
selección. En este momento es oportuno recordar que no hay identidad
entre evolución y adaptación. La evolución acoge en sí tanto la adapta-
ción como la no adaptación puesto que puede ser indistintamente el
resultado de la selección natural, proceso determinista, o de mecanis-
mos alternativos azarosos como mutación, deriva genética o migración.
Estos conceptos se expondrán con suficiente claridad en su lugar ade-
cuado.
Superada la aparente tautología en la teoría darwinista por parte
de K. Popper cuando entendió que la adaptación o no adaptación pue-
den ser refutadas empíricamente puesto que no siempre la adaptación
está asegurada por la selección natural que, a veces, promueve proce-
sos no adaptativos, considera que el darwinismo no sólo puede dar
cuenta del proceso biológico, sino también de la evolución intelectual

43
K. POPPER, Conocimiento objetivo: Un enfoque evolucionista, Editorial Tecnos, Madrid, 1988,
p. 223.
44
Esta publicación es la citada en este estudio con el título Estudios sobre la filosofía de la biología.
45
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 105.
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46

de nuestras ideas. De este modo, K. Popper46 se decide definitivamente


a admitir el darwinismo como teoría científica que puede dar cuenta no
sólo de todos los procesos de adaptación biológica, sino también del
proceso que siguen los científicos para adaptar sus teorías a la realidad.
Los procesos biológicos, como los intelectuales, pueden considerarse
como procesos de resolución de problemas y suponen ambos aumento
de conocimiento. Los órganos como las teorías se comportan como so-
luciones tentativas a los problemas.
K. Popper toma como modelo el darwinismo para explicar la
evolución conceptual y establece un círculo completo: regresa de la
evolución conceptual para modificar la propia evolución biológica
darwinista. Para convertir el darwinismo en teoría general hay necesi-
dad de reformularla con algunas precisiones:

• Todos los organismos acometen constantemente día y


noche la resolución de problemas como lo hacen también
todas las secuencias evolucionistas.
• Estos problemas lo son en sentido objetivo y pueden ser
reconstruidos de forma retrospectiva. Los problemas ob-
jetivos no necesitan contrapartida consciente, pero si la
hubiese, el problema consciente no tiene por qué coinci-
dir con el objetivo.
• La resolución de problemas procede siempre por ensayo
y error. Se lanzan hipótesis y se eliminan errores.
• La eliminación de errores puede ser eliminación de las
formas que no tienen éxito (selección natural) o por evo-
lución (tentativas) que modifican formas, conductas o
hipótesis sin éxito.
• El organismo individual incorpora toda la evolución de
su phylum, es decir, repite en sí la evolución filogenética
en su desarrollo ontogenético.
• El organismo individual es una punta de flecha de los or-
ganismos que representa (phylum) modificando él mismo
el medio.
• La secuencia evolutiva fundamental consta de un pro-
blema P, las soluciones tentativas ST y la eliminación de
errores EE, con lo que suele surgir otro nuevo problema
diferente P2. En realidad, hay multiplicidad de ensayos

46
K. POPPER, o.c. p. 224.
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47

para resolver el problema. En la evolución orgánica, las


soluciones tentativas son las variaciones provocadas por
mutaciones y la eliminación de errores es la selección na-
tural. En el conocimiento objetivo, empezamos con un
problema seguido de varias soluciones tentativas sujetas
a la eliminación del error. A partir de esta actividad crea-
tiva, surgen nuevos problemas que no son creados inten-
cionalmente sino que surgen de forma autónoma por la
autonomía del mundo 3 y la retroalimentación del mundo
2 y hasta del mundo 1. Siguiendo estas pautas se puede
comparar este esquema con el neodarwinismo. En éste, el
problema fundamental es la supervivencia con una multi-
tud de soluciones tentativas o ensayos, son las mutacio-
nes, pero un solo medio de eliminar los errores: la muerte
del organismo.

Ayala y Ruiz47 comentan la posición de Popper con relación al


concepto de selección natural. Popper considera la selección natural
como la solución única y radical y no se detiene a pensar que la selec-
ción darwinista es oportunista, es decir, no elige lo mejor absoluto sino
lo mejor posible; existen organismos con errores, no hay organismos
perfectos. Además, dicen, la selección natural no elimina los errores
con la muerte, que sólo es un caso extremo, hay otras formas de elimi-
nar selectivamente los errores como es disminuir la adecuación o efica-
cia biológica con lo que disminuye el número de descendientes. En
evolución biológica darwinista no hay única solución sino diferentes
alternativas con multitud de niveles de adecuación o adecuación equi-
valente; por el contrario, en la evolución conceptual no puede haber
diversas teorías alternativas equivalentes y todas sobrevivientes.

• El único problema que se presenta no es la superviven-


cia; está la reproducción que puede acarrear un segundo
problema: la amenaza de los hijos de acabar con el orga-
nismo paterno o con los suyos propios. El problema de
verse eliminado por la propia prole queda resuelto, por
ejemplo, en los organismos multicelulares con la eco-
nomía común de vivir juntos, y en los unicelulares con

47
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 109.
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48

formas de dispersión que evitan la competencia entre un


organismo y su descendencia.
• Los problemas a los que un organismo debe enfrentarse
son generalmente nuevos y son producto de la evolu-
ción.
• El esquema propuesto permite eliminar errores con ór-
ganos de alerta, p.e. los ojos, sin acabar con el organis-
mo. En el orden intelectual, la eliminación del error es
por vía de la crítica racional sistemática y en busca de la
verdad. Es importante fijar los principios para seleccio-
nar las teorías.

Así lo asegura Popper:

En primer lugar, ellas están gobernadas por la idea de la verdad. Quere-


mos, si esto es posible, teorías que sean verdaderas, y por esta razón trata-
mos de eliminar las falsas.(...) Mi solución al problema de la inducción fue
que podemos tener preferencias por ciertas conjeturas competidoras; esto
es, por aquellas que son altamente informativas y que resisten la crítica
eliminadora. Estas conjeturas preferidas son resultado de la selección, de la
lucha por la sobrevivencia entre las hipótesis bajo tensión crítica la cual es
presión de selección artificialmente intensificada.48

Aquí, Ayala y Ruiz49 observan que la analogía evolutiva poppe-


riana es parcial y limitada. La evolución conceptual es la búsqueda de
la verdad y ésta es única. En evolución biológica no hay sólo una solu-
ción al problema sino diversas alternativas, ninguna considerada supe-
rior como ocurre, por ejemplo, en los ojos de los moluscos y vertebra-
dos, que aun siendo éstos más complejos, ni son superiores a los de
aquellos ni han logrado eliminarlos. Ambos cumplen la misma función
en la propia especie como órganos de alerta. En la evolución biológica,
las soluciones inadecuadas como las mutaciones letales son rechaza-
das. En la evolución de las teorías, no ocurre lo mismo, sólo una es
aceptada, la más cercana a la verdad, las demás son rechazadas por
honestidad científica como dice K. Popper. La ciencia tiende a la per-
fección, aunque finalmente sea inalcanzable. La selección natural, en
contra, puede sufrir regresiones, es oportunista y va por las vías posi-
bles, como dicen Ayala y Ruiz50

48
R, RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 110. Cita de los autores.
49
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 110 – 111.
50
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 111.
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49

Según Ayala y Ruiz,51 K. Popper propone el darwinismo como


la única teoría evolutiva aceptable, y perfila el concepto de selección
de este modo:

• La teoría de la selección natural es la única ciencia cono-


cida en el presente que puede explicar la evolución de
formas más elevadas de vida.
• La selección natural tiene que ver con la sobrevivencia
física, con la explicación de los efectos del mundo 1.
• Si la selección natural ha de dar cuenta de la emergencia
del mundo 2, de lo subjetivo, la teoría debe explicar la
evolución del mundo 2 y del mundo 3 que nos facilita
medios de sobrevivencia.
• La explicación de la selección natural es parcial e incom-
pleta por lo que hay que admitir la existencia de muta-
ciones competidoras y de presiones de selección, ambas,
en parte, desconocidas.

K. Popper no establece una analogía entre evolución biológica


y conceptual como hace Toulmin y otros, sino que su concepción pro-
pone que los dos procesos pueden explicarse por una misma teoría
puesto que el problema es el mismo: la adaptación al medio en un or-
ganismo y la adaptación a la naturaleza en una teoría. Ésta ya no es una
analogía simplemente explicativa sino justificativa por lo que se
aproxima a la tesis de Hull. Es cierto, que la mayoría de los epistemó-
logos evolucionistas pretenden establecer una analogía entre evolución
biológica y evolución conceptual tomando como modelo la explicación
darwinista pero aparecen dos excepciones como K. Popper y D. T.
Campbell que siguen el mismo procedimiento pero, además, a juicio de
Ayala y Ruiz:

(...) Hacen un círculo completo, regresan de la evolución conceptual a la


evolución biológica y hacen propuestas de modificación de la teoría evolu-
tiva a partir de lo encontrado en la evolución conceptual.52

Tanto Popper como Campbell creen que hablar de mutaciones


totalmente azarosas es erróneo, mejor será llamarlas variaciones ciegas.
Según Campbell, las ideas nuevas son injustificadas en general, es

51
R. RUIZ y F. J. AYALA, Ibidem.
52
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 112.
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50

cuestión de azar. En su intento de adaptar la selección natural darwinis-


ta a la evolución del conocimiento K. Popper se expresa así:

No es una metáfora, aunque sea obvio que se utilizan metáforas. La teoría


del conocimiento que deseo proponer es una teoría del desarrollo del cono-
cimiento en gran medida darwinista. De la ameba a Einstein el desarrollo
del conocimiento es siempre el mismo: intentamos resolver nuestros pro-
blemas, así como obtener, mediante un proceso de eliminación, algo que se
aproxima a la adecuación en nuestras soluciones provisionales.53

Para Popper, el conocimiento humano es el resultado de un pro-


ceso muy similar a lo que Darwin llama selección natural, comentan
Ayala y Ruiz.54 Es la selección de hipótesis que han sobrevivido en su
lucha competitiva y en la que han sucumbido las menos exitosas. Este
planteamiento, de acuerdo con K. Popper, es aplicable al conocimiento
tanto animal, como al conocimiento precientífico y al científico, pero
señalando una diferencia: en el conocimiento animal y precientífico
son eliminados sus portadores, no así en el científico, que en la lucha
por la supervivencia de las ideas perecen éstas por la crítica científica,
antes que sean eliminados sus defensores.
Perfilando las similitudes y diferencias entre uno y otro proce-
so, Popper señala la apariencia inductivista de la ciencia cuando, en
realidad, es deductiva. El proceso de aprendizaje es evocativo más que
instructivo, aprendemos del medio no porque él nos instruya sino por-
que nos lanza un desafío y aprendemos de nuestros errores, lo que pue-
de dar la impresión de que obtenemos nuestras teorías por observación
e inducción. Lo mismo la selección natural, aparenta ser teleológica en
sentido lamarckiano. Para Popper, la selección natural simula actuar
con ciertos propósitos, y lo que Darwin quiso decir es que la selección
puede parecer que actúa como el Creador con planes y designios y
también emular la actividad humana consciente orientada hacia una
finalidad. En realidad, todo organismo resuelve problemas por ensayo
y error más o menos aleatorios. Si tienen éxito superviven, se heredan y
son incorporados a la estructura del nuevo organismo. Popper matiza
de esta forma:

El método de ensayo y supresión de errores no opera mediante ensayos to-


talmente azarosos o aleatorios (como se ha sugerido alguna vez), aunque
dichos ensayos pueden parecer plenamente aleatorios; debe haber al menos

53
K. POPPER , o.c. p. 241. Citado por Ayala y Ruiz.
54
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 113.
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51

una “secuela”. La razón de ello es que el organismo aprende constantemen-


te de sus errores; esto es, establece controles que suprimen, eliminan o, al
menos reducen la frecuencia de ciertos ensayos posibles (que tal vez fue-
sen actuales en una etapa pasada de su evolución).55

Otra similitud que encuentra Popper en ambos procesos, según


Ayala y Ruiz,56 es que la ciencia es el medio usado por la especie
humana para adaptarse al ambiente o inventar nuevos nichos ambienta-
les, es una adaptación más. Esta adaptación se da en los tres niveles:
genético, conductual y científico, que corresponden curiosamente con
sus tres mundos: el mundo 1 de lo físico, el mundo 2 de lo psíquico y el
mundo 3 de los productos de la mente humana. En estos tres niveles, el
mecanismo de adaptación es fundamentalmente el mismo: la instruc-
ción y la selección. En los tres niveles, la instrucción se origina desde
dentro de las estructuras, aunque éstas estén sometidas a presiones de
selección como pueden ser retos ambientales y problemas teóricos. Se-
gún K. Popper, en el nivel genético se producen mutaciones y recom-
binaciones al azar; en el nivel conductual, variaciones del repertorio, y
en el nivel científico, teorías nuevas o tentativas. Reconoce que las mu-
taciones son indispensables para que se produzca el efecto evolutivo,
surgen de modo espontáneo, al azar, sin causa externa, son simplemen-
te errores en la síntesis del DNA o producidas también por mutágenos
externos, radiaciones, fármacos etc. Con respecto a estas afirmaciones
de Popper, Ayala y Ruiz57 advierten, sin embargo, que las variaciones
en las teorías no son en la misma medida desde dentro, porque el cien-
tífico puede recibir información del exterior y le provocará cambios en
sus ideas originales. Una equivalencia en el nivel genético es la recom-
binación (transmisión entre diferentes especies). Hay una notable dife-
rencia entre ambos niveles: el nivel genético no puede quedarse con
sólo la información favorable; el nivel teórico sí puede retener una y
eliminar la errónea. Para Popper, en el nivel genético, una mutación
produce estructuras rígidas, en el conductual es más flexible. Esta dife-
renciación en los cambios morfológicos y conductuales no parece co-
rrecta, a juicio de Ayala y Ruiz:58 tan flexibles como los conductuales
pueden ser los cambios genéticos; estos últimos no dan respuestas rígi-
das sino diversas dependiendo del ambiente. Popper concede cierta

55
K. POPPER , o.c. p. 227.
56
R. RUIZ y F. J. AYALA, El Método en las Ciencias, o.c. pp. 114 – 128.
57
R. RUIZ y F. J. AYALA, El Método en las Ciencias, o.c. p. 116.
58
R. RUIZ y F. J. AYALA, El Método en las Ciencias, o.c. p. 118.
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52

flexibilidad a los tres niveles, aunque el genético mantenga fuerte ten-


dencia a la conservación.
La relación genotipo-fenotipo guardan un significado para
Popper en la evolución conceptual. El fenotipo es como el lugar de jus-
tificación del saber científico y el genotipo el lugar de producción de
las teorías. Aquí también tendría aplicación la consideración anterior
con respecto a la flexibilidad de ambos.
Otra diferenciación a tener en cuenta, según Popper, entre pro-
ceso biológico y conductual es que la adaptación genética puede reali-
zarse de forma muy rápida, y esto plantea el problema siguiente: si esta
adaptación estructural tiene lugar en un lapso muy corto de tiempo, po-
dría no darse la adaptación conductual, con lo que se produce un desfa-
samiento entre ambas. Para Ayala y Ruiz, más bien parece que el pro-
blema se presenta en la concepción de Popper sobre las diferencias en-
tre una y otra como así parece manifestarlo:

Los organismos de reproducción más lenta son obligados a inventar adap-


taciones conductuales con el objeto de ajustarse a los rápidos cambios am-
bientales. Entonces necesitan un repertorio conductual con tipos de com-
portamiento con mayor o menor libertad o rango. El repertorio y la libertad
de los tipos disponibles de comportamiento pueden asumirse como genéti-
camente programados; y por lo tanto puede decirse que un nuevo tipo de
comportamiento puede involucrar la elección de un nuevo tipo de nicho
ambiental, nuevos tipos de comportamiento pueden ser incluso genética-
mente creativos, porque pueden a su vez determinar nuevas presiones de
selección y con eso indirectamente decidir la futura evolución de la estruc-
tura genética.59

Ayala y Ruiz replican:60 es cierto que el comportamiento des-


empeña un papel fundamental en la evolución pero no tanto que los
cambios conductuales y morfológicos produzcan mutaciones benefi-
ciosas. Si esto fuese así, los criadores de animales sólo tendrían que
exponerlos a condiciones favorables para conseguir las variaciones de-
seadas, lo cual no ocurre de este modo. Lo que Popper pretende señalar
es el papel que el organismo juega en la selección y modificación de su
propio ambiente de forma, que la selección natural actuará en él si-
guiendo la indicación marcada por el organismo. Este toque de lamarc-
kismo incompatible con el darwinismo lo resuelve Popper acudiendo a
la teoría orgánica de M. Baldwin, efecto Baldwin, y de C. Lloid Mor-
59
K. POPPER, “Evolutionary epistemology”, de Miller (comp) Popper selections, Princeton Uni-
versity Press, Princeton, New Jersey, 1973, pp. 78 – 86. Cita de Ayala y Ruiz.
60
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 121.
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53

gan. Según esta teoría, simplificada, todo organismo tiene variantes de


repertorio de comportamiento. Si adopta uno de estos comportamientos
puede cambiar su ambiente; por ejemplo, un animal puede adoptar pre-
ferentemente un tipo de comida por ensayo y error; esto puede signifi-
car un cambio en su ambiente al que quedan expuestos él y su descen-
dencia. Estas preferencias y peculiaridades de los individuos influyen
en las presiones de selección y, por tanto, en los resultados de la selec-
ción natural.
Para K. Popper, las preferencias de los organismos no cuentan
para nada en el neodawinismo, son sólo un producto de la selección
natural. Sin embargo, de acuerdo con M. Baldwin, caracteres adquiri-
dos individualmente pueden bajo la influencia de la selección natural
ser reemplazados por caracteres hereditarios como es el caso de las
modificaciones adquiridas por el uso y desuso de los órganos. Una va-
riación de comportamiento puede llevar a la aparición de una nueva
estructura. El “efecto Baldwin” consta de tres momentos: 1) el indivi-
duo interactúa con el ambiente y se producen modificaciones estructu-
rales no hereditarias pero ventajosas. 2) En la población se producen
factores genéticos hereditarios similares a las modificaciones anteriores
y también ventajosas. 3) Dichos factores genéticos son favorecidos por
la selección natural, se dispersan en la población y como resultado, las
modificaciones individuales no hereditarias se vuelven genéticas.
Para Ayala y Ruiz,61 que un fenotipo expuesto a un ambiente
provoque cambios en el genotipo es válido en el nivel intelectual pues
una nueva teoría puede modificar las tradiciones, pero en el nivel gené-
tico, los cambios fenotípicos no provocan ni orientan las nuevas muta-
ciones, según la doctrina neodarwinista.
Popper reconoce que, tanto el progreso de la ciencia como la
evolución biológica dependen de la instrucción y selección; aquella,
tradición, elemento hereditario; ésta, eliminación de error por crítica
que envuelve un aspecto social. Aunque la instrucción para el cambio
en la biología darwinista procede siempre del interior del organismo,
de los genes, en el cambio intelectual, las teorías proceden, no de la
observación como indica el inductivismo, sino de la mente del científi-
co. No obstante, admite Popper que no toda la instrucción la recibe el
científico del interior, una buena parte la recibe del exterior, libros, re-
vistas etc., lo cual da un tinte lamarckiano a las epistemologías evolu-
cionistas.

61
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 125.
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54

Finalmente, Ayala y Ruiz62 subrayan los puntos discordantes


entre epistemología evolucionista y evolución biológica en el pensa-
miento de K. Popper: Una primera discordancia puede ser la intencio-
nalidad del desarrollo de las ideas y la no intencionalidad de la evolu-
ción biológica; ésta es contingente y no direccional puesto que el orga-
nismo favorecido podría haber sido otro distinto. Se da disanalogía con
la evolución de las ideas, éstas sí tienen intencionalidad como es la co-
rrespondencia con la realidad objetiva, alcanzar esta verdad como ver-
dad única, de aquí la metáfora usada por Popper:63 el árbol del conoci-
miento es inverso al árbol filogenético; aquel tiende a la unidad de una
teoría única, mientras el árbol de la vida tiende a la diversidad. Esta
diversidad de especies se debe a que la selección natural favorece a una
especie que, en lugar de enfrentarse a otra, desarrolla modificaciones
que le permiten expansionarse a otros nichos distintos y así ambas es-
pecies pueden sobrevivir y por esto se da la mucha diversidad, mayor
capacidad para ocupar y explotar otros lugares y mayor descendencia.
Aunque la ciencia tiende a la unidad de pensamiento, el árbol concep-
tual crece y se desarrolla y este crecimiento, según Popper, se debe a
nuestra curiosidad de dar una explicación unificada pero que es univer-
sal e ilimitada.
La diferencia fundamental entre lamarckismo y darwinismo ra-
dica en la direccionalidad de aquel y su ausencia en éste. Para los la-
marckistas, el organismo evoluciona por las necesidades que le impone
el ambiente. Los darwinistas proponen que las variaciones están antes
de enfrentarse a su ambiente y su reacción frente a él será diversa en
cada situación, es decir, las variaciones se producen al azar y por tanto,
no están dirigidas específicamente. Popper acude al efecto Baldwin
para resolver esta discrepancia pero su aplicación es errónea; variacio-
nes adquiridas posteriormente no pueden incorporarse al acervo gené-
tico. No es aplicable a la evolución conceptual.
Para Ayala y Ruiz,64 el darwinismo es válido para explicar la
evolución de los procesos cognitivos: el cerebro y sus órganos de fun-
cionamiento como las operaciones mentales y hasta, como propone
Popper, la explicación evolutiva de los tres mundos que se deben a pre-
siones de selección. El propio M. Ruse confirma esta idea: La capaci-

62
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 128 – 134.
63
K. POPPER, Conocimiento objetivo: Un enfoque evolucionista, o.c. p. 241. Citado por Ayala y
Ruiz.
64
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. p. 133.
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55

dad de razonar debe ser similar a otros resultados de la adaptación,


por ejemplo, las manos.65
Creen Ayala y Ruiz que la aplicación de la teoría darwinista al
proceso evolutivo de nuestro conocimiento es bastante verosímil pero
todavía apenas iniciado, lo cual parece aprobar la tesis de una simple
analogía explicativa.

1. 6. 3. Epistemología evolutiva de D. Hull, según F. J. Ayala


y R. Ruiz.

Ayala y Ruiz discuten en trabajo conjunto la propuesta de D.


66
Hull, uno de los más influyentes filósofos de la biología actual en la
que, a juicio de ambos autores,67 defiende que la evolución conceptual,
la evolución social y la evolución de los seres vivos son procesos simi-
lares y, por tanto, es posible elaborar una teoría general de evolución
que dé cuenta de la transformación de los organismos, de la sociedad y
de las teorías científicas. Otros epistemólogos como D. Campbell y R.
Richards además de los estudiados con anterioridad, S. Toulmin, y K.
Popper, consideran esta misma propuesta pero como proceso analógi-
co. Hull va más allá de la simple analogía o metáfora.
Admiten Ayala y Ruiz que la analogía y carácter metafórico
como medio heurístico, como dicen también algunos otros, es com-
prensible, pero hay que señalar muchas y fundamentales diferencias
entre ambos procesos.
Cuando se habla de evolución conceptual, la selección natural
se puede referir a la selección de ideas o a la selección de los portado-
res de tales ideas. Hull habla de selección en el segundo sentido: la so-
brevivencia de una idea es consecuencia del número de sus proponen-
tes, es decir, de su reproducción o aumento de partidarios. Hull mide la
adecuación, no por la permanencia de una idea, sino por el número de
adeptos. Lo que interesa, no es tanto el contenido de verdad, sino que
convenza a un mayor número de científicos. Para Hull, una teoría tiene
validez en tanto una comunidad científica la respalda. Ante el peligro
de confundir persuasión y exactitud, Hull responde que si una idea de-

65
M. RUSE, Tomándose a Darwin en serio, Editorial Salvat, Barcelona, 1987, p. 208. Cita de Ayala
y Ruiz.
66
D. HULL, “A Mechanims and its Metaphysics: An Evolutionary Account of the Social and Con-
ceptual Development of Science”, Biology and Philosophy, 1988a, 3: 125 – 155.
67
R. RUIZ y F. J. AYALA, “La epistemología evolutiva de David Hull: ¿existe una ciencia de la
difusión de teorías científicas?, Arbor, 1993, nº 568, pp. 9 – 29. También en El Método en las Cien-
cias, o.c. pp. 135 – 192.
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56

fendida por un científico no logra persuadir a sus contemporáneos es


irrelevante.
Ayala y Ruiz advierten del peligro de evaluar teorías por el solo
grado de convencimiento; científicos con capacidad especial de per-
suasión tendrán mayores posibilidades de éxito y viceversa, con mejo-
res teorías un científico con pocas dotes de explicación o convenci-
miento puede obtener escaso o nulo éxito. Señala Ayala ejemplos ex-
plicativos ad hoc, como los fundadores de la genética de poblaciones
R. A. Fisher, J. B. S. Haldane y S. Wright, quienes no fueron compren-
didos en su tiempo y hubo que esperar. Por el contrario, S. J. Gould
con su habilidad y trabajo se ganó un gran número de adeptos para la
teoría saltacionista de especiación. Más tarde Gould modificó sus pri-
mitivas concepciones. ¿Es el número de adeptos, entonces, lo que defi-
ne la validez de una teoría? se preguntan Ayala y Ruiz. La respuesta es
evidente, el éxito evolutivo no puede considerarse como criterio de va-
lidez ni suficiente ni necesario, a lo sumo, puede estimarse como indi-
cio.
La idea de Wright, la subdivisión de una población en grupos,
demes, acelera el proceso evolutivo, le parece substancial a Hull, tanto
para la evolución biológica como para la conceptual. Para Wright es
esencial la relación entre el tamaño de la población y la selección. Si
una población es muy pequeña habrá poca variación y escaso el efecto
de la selección, será una población estática, endogámica y condenada a
la degeneración y extinción. Por el contrario, si es excesivamente gran-
de los cambios se dispersan y la evolución se hace muy lenta. Wright
estima que la evolución es particularmente efectiva cuando una pobla-
ción grande está dividida en subpoblaciones no totalmente aisladas en-
tre sí. En el modelo de Wright juegan un papel muy importante la deri-
va genética y la selección natural. La deriva genética es una fuerza es-
tocástica, como dicen Ayala y Ruiz,68 que participa con la mutación y
la recombinación en la producción de genotipos variantes que pueden
ser o no adaptativos. La vida depende del balance, shifting balance,
entre ambos factores. Hull no explica muy bien qué pasa con estos en
la extrapolación del modelo biológico de Wright a su modelo concep-
tual. Un aspecto positivo de esta división en grupos, demes conceptua-
les, de la comunidad científica en el pensamiento de Hull es que resulta
beneficiosa para el desarrollo de la ciencia debido a la cooperación en-
tre los miembros de un deme y a la competencia entre éstos. Como re-

68
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 14 – 15.
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57

sultado de esta competencia entre demes puede que uno sea reconocido
por la comunidad científica tras lo cual se hace una selección de ideas:
las ideas del deme compiten con otras ideas admitidas por el resto de la
comunidad.
Otra posición a destacar en la epistemología de Hull es el inten-
to de construir una epistemología científica de la ciencia, de aquí la
búsqueda de evidencia y comprobación para su propósito. La observa-
ción y comprobación, características de la ciencia, en epistemología,
según Hull, equivale a la observación del comportamiento real de la
comunidad científica, es decir, de lo que en la práctica hacen los cientí-
ficos. Aquí surge un primer problema: una epistemología así debe ser
prescriptiva, debe poseer una normativa. Siguiendo el argumento de
Hull, esta normativa debe establecerla la comunidad o grupo de cientí-
ficos. Aparece el segundo problema: cómo elegir a esta comunidad de
la que se extrae la normatividad general para todos los científicos. Se-
gún Ayala y Ruiz,69 la cuestión de cuál debe ser el método válido para
investigar el proceso del desarrollo científico se podría plantear de tres
diferentes modos: Se podrían seleccionar diferentes comunidades de
diferentes países o de diversos campos y de aquí inferir los métodos a
seguir, pero ¿cómo seleccionar una comunidad tipo? Se podría propo-
ner un modelo teórico y confrontarlo con las diferentes comunidades y
ajustarlo debidamente. Una última estrategia sería seleccionar a la co-
munidad científica de la cual se extraería la normativa general y ésta es
la que sigue Hull: la comunidad elegida es la de los biólogos que hacen
taxonomía, particularmente en los Estados Unidos de América durante
los años 1960-1980 (cladistas-fenetistas). Nuestros comentaristas se
preguntan por qué esta disciplina y no otra, lo que Hull no explica. Pa-
ra éste, los avances de la ciencia dependen de la comunidad científica
y, aunque admite el criterio de falsación de Popper, no es el científico
autor de una teoría el que la realiza sino los oponentes miembros de la
comunidad.
Con respecto al internalismo-externalismo, mantiene Hull una
posición intermedia: la ciencia es una actividad racional pero los facto-
res sociales son inherentes a ella, afectan al desarrollo científico. Ade-
más de los intereses intelectuales, los científicos tienen otros como los
intereses de carrera, departamentos científicos, familias, grupos políti-
cos, clases sociales y demás, factores no ajenos a la ciencia. Una co-
munidad de este tipo puede frenar o impulsar el avance científico. Re-

69
R. RUIZ y F. J. AYALA, o.c. pp. 17 – 18.
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58

cuérdese, dice Hull, que Darwin dedicó buena parte de su tiempo, antes
de publicar su teoría, a darle una presentación y metodología aceptable
para la comunidad científica de su época. Hull insiste en la importancia
que tiene la sociedad en el desarrollo de la ciencia.
Resumiendo: Ayala y Ruiz admiten que las interacciones entre
científicos son de interés considerable, pero que del estudio y observa-
ción del comportamiento de una comunidad científica particular se
pueda inferir la estructura de la propia ciencia, es muy discutible. No se
pueden igualar ciencia y comunidad científica, no pueden confundirse
porque son niveles y aspectos distintos. Del comportamiento egoísta de
los científicos, por ejemplo, no puede concluirse que la ciencia es ego-
ísta.
En la evolución conceptual de Hull, el equivalente a selección
natural sería la lucha de las ideas por la supervivencia que serían las
mas adecuadas por su interrelación con la realidad, es decir, las más
cercanas a la verdad son las que podrían sobrevivir mejor y reprodu-
cirse con mayor éxito. Es un criterio cuantitativo y no cualitativo el que
propone Hull. Pero sabemos que las teorías más aceptadas no son nece-
sariamente las más acertadas, comentan Ayala y Ruiz. ¿Cómo podemos
considerar una teoría como más cercana a la verdad simplemente por
tener más adeptos que otra? El creacionismo antievolucionista tiene
millones de seguidores, probablemente más que la teoría evolucionista,
y no por eso puede considerarse más verdadera.
Para Hull, no es suficiente que las teorías se reproduzcan, han
de hacerlo dentro de una comunidad científica. Ayala y Ruiz respon-
den: los organismos, o se adaptan a un ambiente o mueren. Las ideas,
siguiendo la analogía de Hull, pueden sobrevivir fuera de la comunidad
científica.
Definitivamente, en el modelo de evolución que adopta Hull,
no queda claro el papel que desempeñan la deriva genética, el azar y la
selección natural en la evolución conceptual. Para ser admitida habría
que dirimir antes todas las inconsistencias que acumula.

1. 7. Consideración final.

En esta reflexión no puede faltar, en primer lugar, el agradeci-


miento al profesor Ayala por su estilo verbal sencillo, claro y preciso
con que ha expuesto de forma breve su epistemología básica y su punto
de vista ante las epistemologías evolutivas.
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59

Al exponer las características de la ciencia empírica, las dos


primeras rezuman solera aristotélica, la tercera es popperiana. No es
demasiado recordar aquí la caracterización de la ciencia de J. S. Mill:
describir, explicar, predecir70. Se comprueba que nuestro autor admite
sin reservas esta distinta formulación y, por tanto, no supone objeción
alguna.
Es fuerte y radical su oposición al inductivismo y muy acerta-
das las tres razones de su rechazo. Se echan de menos, sin embargo,
otros motivos de gran peso como los suscitados por el problema de la
justificación de las inferencias inductivas.
La consideración de Ayala sobre la hipótesis científica es una
repetición casi literal de lo dicho por K. R. Popper, por lo que no se
presta a otras interpretaciones. Aunque la contrastación de la hipótesis
empírica es, ciertamente, lo que señala la demarcación entre lo científi-
co y lo no científico, Popper completa su doctrina sobre el problema de
la demarcación, advirtiendo de nuevo, que la tesis inductivista no ha
sido capaz de establecer un marco de separación para la ciencia.
Dejo para capítulos siguientes la ponderación de otros episte-
mólogos modernos que siguen otras pautas con relación a la verifica-
ción y falsación. Creo que el profesor Ayala se ajusta a los criterios del
racionalismo popperiano y parte de mi trabajo será comprobar cómo el
autor sigue en toda su obra estos principios epistemológicos.
Con respecto a las epistemologías evolutivas, tanto F. J. Ayala
como R. Ruiz están convencidos de que, si se quiere construir una teo-
ría general de la evolución, ésta teoría tiene que dar cuenta de todos los
procesos evolutivos de la evolución biológica y de las particularidades
de la evolución conceptual. Pero las diferencias entre ambas son mu-
chas y fundamentales. Es posible usar la teoría evolutiva como metáfo-
ra explicativa y con carácter heurístico para una mejor compresión de
la evolución de las ideas, teorías científicas y cultura. Sin embargo, en
el momento actual, el darwinismo no basta para explicar la evolución
del conocimiento. Además, para que esta teoría general sea válida, las
modificaciones que se introduzcan en la evolución conceptual deben
ser aplicables también a la evolución orgánica. De aquí, las múltiples
objeciones presentadas por diversos autores a este tipo de epistemolo-
gías evolutivas. Algunas de estas principales objeciones son:

70
JOHN STUART MILL, Sistema de lógica inductiva y deductiva, trad. de E. Ovejero y Maury,
Editorial Jorro. Madrid, 1917.
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60

• La evolución conceptual discurre más rápidamente que la


biológica.
• Las entidades de la evolución biológica son atomísticas,
las conceptuales no.
• La evolución biológica es biparental casi siempre, la con-
ceptual casi nunca.
• El intercambio entre linajes es más común en la evolu-
ción conceptual que en la biológica.
• La evolución sociocultural es de carácter lamarckiano, es
decir, dirigida, la biológica es darwiniana, al azar.
• La evolución conceptual es progresiva, la biológica no.
• La evolución de las ideas es intencional, la biológica no
lo es.
• Los organismos y las especies pueden perecer, pero las
ideas no perecen o pueden ser resucitadas de nuevo.
• No toman en serio la evolución debida al azar y a otros
conceptos que no tienen sentido en la evolución cultural.

En resumen, las teorías evolutivas moderadas aplicadas al pro-


ceso conceptual, de Campbell, Richards, Popper y especialmente la de
Toulmin, buscan la adecuación en la sobrevivencia de las ideas, mien-
tras D. Hull y M. Ruse sitúan la adecuación en la reproducción, es de-
cir, lo interesante no es que sobrevivan las ideas sino el número de
adeptos que las siguen y revalidan. M. Ruse se distancia de Hull; mien-
tras éste pone el valor de la adecuación conceptual en el número de
científicos, aquel pone el énfasis en los efectos que la reproducción
diferencial de la ideas produce en sus portadores porque las ideas con-
fieren ventajas adaptativas a los humanos.
Definitivamente, Campbell, Richards, Toulmin y Popper ponen
el criterio de validez evolutivo de los conceptos en su carácter progre-
sivo adaptativo, en su capacidad explicativa. Para Popper, por ejemplo,
el criterio de validez de una teoría, la más apta, es la que mejor resuel-
ve el problema planteado y que mejor resiste la falsación de hipótesis
alternativas. Para Richards, el criterio de validez de una teoría es su
consistencia lógica y coherencia semántica. Para Hull, la validez está
en el número de seguidores. Hull está lejos de construir una teoría ge-
neral justificativa porque adolece de incongruencias fundamentales.
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2. Epistemología del discurso físico y biológico.


Racionalidad. Paradigmas.

2. 1. Epistemología del discurso físico.

El Dr. Ayala nos dice desde sus páginas: para decidir si una re-
ducción epistemológica es posible es preciso investigar el estado actual
de las disciplinas de que se trate.1 Es decir, si se intenta hablar de Bio-
logía es necesaria antes una referencia a la Física. Esta es la razón por
la que nos ocupamos en este apartado del discurso físico, su evolución
y cambio, su racionalidad, de sus paradigmas o categorías, éxitos y li-
mitaciones, con el fin de alcanzar una mejor comprensión de su auténti-
co valor, no sea que sorprendidos por la falacia de supremacía, anule-
mos los demás tipos de saberes. Tomando en consideración este aserto
del profesor Ayala, se imponen unas breves reflexiones, como prole-
gómeno, que pueden hacer más comprensible el carácter autónomo de
la Biología en el momento actual de la ciencia. Se considera que las
categorías vigentes que la Física utiliza en el presente como causa, ma-
sa, espacio, tiempo, etc., resultan del todo insuficientes para explicar
toda la complejidad de un ser vivo, asunto que se reserva para páginas
siguientes. Es necesario considerar el arduo proceso de racionalidad
iniciado por numerosos científicos desde distintos paradigmas o catego-
rías filosóficas. Sólo conociendo sus presupuestos y desde sus propias
posiciones, podremos saber de su insuficiencia para explicar los fenó-
menos biológicos.
Desde que el pensamiento humano quedó encorsetado en la ra-
cionalidad griega, el conocimiento de la ϕυσιs, Naturaleza, la Física es
la ciencia más antigua. Ya los primeros pensadores griegos, a quienes
llamaban físicos, se preguntaban por los elementos básicos constituyen-
tes de las cosas materiales, las únicas descubiertas hasta entonces, pero
también se comportaban simultáneamente como filósofos porque inda-
gaban, a su vez, el αρχη o principio último explicativo. Todas las co-
sas tienen su duende, el imán tiene alma,2 el agua es el principio de
todas las cosas,3 son frases de Tales de Mileto recogidas por Aristóteles
1
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, Arbor, 1978, nº 10, p. 34.
2
ARISTÓTELES, De anima, A. 5. 4l4 a 7; 405 a l9.
3
ARISTÓTELES, Metafísica, 983 b 22.
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62

y que revelan su pensamiento físico-filosófico, que va evolucionando


hacia una cosmología cada vez más compleja. En su seno surgen nue-
vos saberes, la Matemática, Geometría, Astronomía etc., todas de la
mano del único saber de entonces, Filosofía. Este saber único se siste-
matiza en Aristóteles y tras la metafísica o filosofía primera se diversi-
fican e independizan las otras ciencias, especialmente la Física y la Ma-
temática que servirán para dar cuenta de los fenómenos físicos.
En el transcurso del tiempo, con Galileo y fundamentalmente
con Newton, la Física y la Matemática, o mejor, la Física matemática
ocupará el primer puesto en el ranking de las ciencias y vendrá a ser el
paradigma único de conocimiento científico dado su alto grado de exac-
titud y precisión para describir la realidad, facilitadas por el rígido for-
malismo de la deducción matemática; la Física como la Metafísica, a
juicio de G. Rodríguez-Izquierdo,4 serán saberes radicales cada una en
su propio ámbito. Son todavía constantes y pertinaces los intentos de
reducir el saber científico al discurso de la Física. No faltan físicos,
químicos y biólogos que continúan esta pretensión en sentido ontológi-
co y epistemológico; algunos más moderados lo intentan razonable-
mente sólo como metodología. La Física cuántica nos demuestra hoy
con el concepto de indeterminación, que el saber físico está abierto a
nuevas concepciones del universo y no se limita sólo a unas cuantas
leyes estáticas newtonianas que únicamente explican fenómenos de ca-
rácter simple. Parece que la física indeterminista rotura el nuevo cami-
no y tiende la mano a las otras ciencias. Con especial atención, los bió-
logos organicistas pretenden poder explicar con presupuestos físicos
indeterministas la compleja trama de la vida hasta sus niveles más altos,
supuesta su posibilidad.

2. 1. 1. La nueva Física.

En el siglo XIV aparece la figura de Guillermo de Ockham que


reacciona violentamente contra el esencialismo de la filosofía griega
tradicional desde el voluntarismo frente al intelectualismo. No existen
esencias, sólo individuos. Las esencias de las cosas son sólo nombres,
signos lingüísticos categoremáticos que representan genéricamente a
los individuos. Estos son los únicos que pueden y deben ser observa-
dos. Con lo cual se da preferencia a lo concreto sobre lo abstracto. La
observación de lo individual será la primera piedra para la construcción
de la primera ciencia empírica, la Física, cuyo método será el inductivo
u observacional.

4
G. RODRÍGUEZ-IZQUIERDO, “La Racionalidad de las Ciencias Físicas”, Ciencia y Humanismo,
ALBERTO DOU, editor, Publicaciones de la Universidad de Comillas, Madrid, 1975, pp. 66 – 67.
MENU SALIR
63

La física aristotélica se empeñaba en explicar, de forma apriorís-


tica, teórica y racional, la configuración del universo y los movimientos
y composición de los cuerpos celestes. Resultaba un sistema complica-
dísimo y no siempre convincente. No explicaba bien el movimiento vio-
lento de los proyectiles, ni el natural de la caída de graves. Carecía de
la belleza de la armonía y sencillez y atosigaba la mente con ecuantes y
excéntricas, para dar razón de los aparentes movimientos retrógrados
de los planetas en el sistema ptolemaico. A estas deficiencias se suma-
ban posteriormente otros nuevos hallazgos como el descubrimiento de
las manchas solares, las órbitas elípticas de los planetas, la teoría del
ímpetu etc., los cuales iban preparando el derrumbamiento de la física
aristotélica.
Tras los nuevos pasos dados por Tycho Brahe, Kepler y sobre
todo Copérnico, será Galileo Galilei el que inicia una nueva física em-
pírica, matemática e independiente. Mencionemos las clásicas palabras
del inicio de La Jornada tercera de los Discorsi (l638):

Expongamos ahora una ciencia nueva acerca de un tema muy antiguo. No


hay, tal vez, en la Naturaleza nada más viejo que el movimiento y no faltan
libros voluminosos sobre tal asunto escritos por los filósofos. A pesar de
todo esto, muchas de sus propiedades, muy dignas de conocerse, no han
sido observadas ni demostradas hasta el momento.

Galileo, preso de la física aristotélica, centra su atención en el


movimiento; estable o uniforme, acelerado, el llamado violento y de los
proyectiles, el de caída libre y el de plano inclinado. No le interesa pre-
guntarse por la esencia del móvil, del espacio o del tiempo, sino por la
proporción numérica de estos últimos. Entusiasmado por el programa
pitagórico escribe:

(...) La filosofía está escrita en este libro grandísimo que continuamente


tenemos abierto ante los ojos (quiero decir el universo), pero no se puede
entender si antes no se aprende a entender la lengua y a conocer las letras
en que está escrito. Está escrito en lengua matemática, y las letras son
triángulos, círculos y otras figuras geométricas, y sin estos medios resulta
imposible que los hombres entiendan nada.5

Característica esencial de la física galileana es la matematiza-


ción del universo. Sólo hay que admitir las propiedades primarias que
son las únicas cuantificables. El gran descubrimiento del genio de Pisa
fue el principio de inercia que fundamenta la relatividad galileana: las
leyes mecánicas válidas para un sistema de referencia, son igualmente

5
GALILEO GALILEI, El ensayador (1623), traducción de J. M. Revuelta, Editorial Sarpe, Madrid,
1984, p. 6.
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64

válidas para otro sistema en movimiento rectilíneo uniforme con rela-


ción al primero.6 Pero el sistemático de la llamada Física clásica será
Newton con sus notables contribuciones a la matemática, al cálculo in-
finitesimal y a la Física moderna con sus tres famosas leyes del movi-
miento, el sistema del mundo con la ley de la gravitación universal, la
teoría corpuscular de la luz, el desarrollo de sus leyes de refracción y
reflexión. La mecánica de Newton constituyó la primera gran exposi-
ción y sistematización de la Física moderna, en calidad de tal ejerció
una influencia considerable sobre la ciencia y filosofía y, como advierte
Ferrater Mora: todos los grandes filósofos desde Newton, tuvieron en
cuenta la mecánica newtoniana, casi siempre para celebrarla y acep-
tarla.7 De aquí el optimismo del principio de Laplace y del propio Vol-
taire: “estamos en el siglo en el que se han eliminado casi todos los
errores de la Física”. Recuérdese también la actitud de Kant en la que el
filósofo sentía vergüenza de la Metafísica y se arrojaba en manos de la
ciencia moderna de su tiempo, la Física y la Matemática. A finales del
siglo XlX, casi todos los fenómenos físicos, según S. Ortoli y J. P. Pha-
rabod,8 se podían explicar con la mecánica newtoniana, y los electro-
magnéticos con la teoría ondulatoria de Huygens y las ecuaciones de
Maxwell, propuestas para dar cuenta de ciertos fenómenos de la luz no
explicables por la teoría corpuscular newtoniana como los fenómenos
de interferencia. Con esta situación la Física quedaba dividida en dos:
la corpuscular y la ondulatoria, lo que resultaba desagradable e incó-
modo especialmente para los newtonianos.
La teoría corpuscular podía idealizar los objetos reales redu-
ciéndolos a un punto con su masa y, por tanto, con una posición y tra-
yectoria determinadas. La teoría ondulatoria se refería a un movimien-
to, no de la materia, sino en la materia. Ambas suponían unidades de
medición distintas. Aquella suponía la existencia del espacio y tiempo
absolutos, ésta, la existencia de un éter como medio transmisor. Ningu-
na de las dos hipótesis había sido demostrada y ambas presentaban gra-
ves dificultades. El éter resultaba absurdo y contradictorio. Junto a esto,
aparecen ciertos efectos relacionados con la luz que van abriendo hen-
diduras en el gigantesco edificio de la Física tradicional newtoniana
como son la catástrofe ultravioleta así llamada por P. Ehrenfest (1900),
el cuantum de M. Planck (1900), el efecto fotoeléctrico de A. Einstein
(1905), la mecánica ondulatoria de Louis de Broglie (1923) y E.
Schrödinger (1926), la mecánica matricial de W. Heisenberg y su prin-
6
J. M. AUBERT, Filosofía de la Naturaleza, Editorial Herder, Barcelona, l972, versión castellana
de Montserrat Kirchner y Enrique Molina, p.193.
7
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1984.Vol. lll, p. 2348.
8
S. ORTOLI y J. P. PHARABOD, El cántico de la cuántica, Editorial Gedisa S.A, Barcelona,
1987, traducción de Alberto L.Bixio, pp. 23 – 27. Aunque este libro es de divulgación, es excelente
el resumen que presenta y por esta razón se ha utilizado en este trabajo.
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65

cipio de indeterminación (1925). En este momento de escisión de la


Física, irrumpe A. Einstein con un nuevo paradigma, la teoría de la re-
latividad restringida y más tarde generalizada con la que establece el
primer principio: la invariancia de las leyes de la naturaleza. Conforme
a este principio, según J. M. Aubert9, los movimientos son siempre rela-
tivos a otros movimientos como punto de referencia, el cual nunca es
inmóvil. De aquí, las paradojas que surgen de la relatividad restringida
y que van contra el sentido común, pero superan la visión del mundo
anterior.
En resumen estas paradojas serían:

• La relatividad de la simultaneidad.
• La relatividad de las medidas de las distancias.
• La relatividad en la medida del tiempo.
• La relatividad de las velocidades.
• La relatividad de la masa con relación a la velocidad.
• La equivalencia de masa y energía.

El gran mérito inicial de A. Einstein, según J. M. Aubert,10 fue


el de aplicar las ecuaciones de los sistemas inerciales de Galileo y New-
ton –movimientos rectilíneos y uniformes– al electromagnetismo, con el
fin de unificar las dos físicas hasta ahora contradictorias, objetivo no
conseguido a pesar de los enormes esfuerzos del gran físico hasta su
muerte. Un segundo esfuerzo tan poderoso como el primero fue dar a su
teoría un alcance universal (relatividad generalizada), extendiéndola
también a los movimientos acelerados –no rectilíneos ni uniformes–
realizando la síntesis de inercia y gravedad.

2. 1. 2. Reflexión filosófica sobre el discurso físico moderno.

Siguiendo el pensamiento de J. M. Aubert,11 la relatividad es


una cosmología o forma nueva de ver el mundo, visión del mundo ma-
temática y no euclidiana precisamente. El universo es según el modelo
de Minkowski. Es una descripción desconcertante porque no es la del
sentido común y obliga a abandonar los modelos clásicos, sobre todo,
los fundamentados en puntos de referencia terrestres y antropomórficos.
La relatividad revela que el observador, sea un sistema cuántico
o un ser consciente, forma parte del sistema y, por tanto, las medidas
serán relativas a él. Esto no indica subjetivismo, sino por el contrario,
una mayor objetividad, porque hace comprender mejor las verdaderas
invariantes de la naturaleza. Por último, la relatividad incorpora como
9
J. M. AUBERT, Filosofía de la Naturaleza, Edt. Herder, Barcelona, 1972, pp.191 – 202.
10
J. M. AUBERT, o.c. pp. 193 – 200.
11
J. M. AUBERT, o.c. p. 201 – 202.
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66

elementos inseparables de realidad el continuo espacio-tiempo con lo


que cualquier fenómeno no será un hecho sino suceso o acontecimiento
y obliga a tener en cuenta su línea de universo, con lo que se rompe la
visión estática, mecanicista y positivista del mundo.
La interpretación filosófica de la Física cuántica, dice Aubert,12
depende de las diversas interpretaciones que hacen sus propios funda-
dores. El punto álgido de la teoría cuántica es el problema de la medi-
ción y es el que provoca las muy variadas interpretaciones. La cuestión
fundamental es: ¿qué o quién hace, en último término la reducción del
paquete de ondas o colapso de la función de onda? Las tesis interpreta-
tivas que responden a esta cuestión, según S. Ortoli y J. P. Pharabod,13
pueden reducirse a cuatro grandes grupos: Idealistas, también llamados
fenomenistas o simples idealistas por algunos, materialistas, operacio-
nalistas y sincretistas. La interpretación considerada más ortodoxa tras
el V Congreso Solvay es la del llamado Círculo de Copenhague y es la
dada por W. Heisenberg, N. Bohr, J. von Neumann, W. Pauli, P. A. M.
Dirac, P. Jordan, para quienes la onda no representa una realidad física
concreta sino simplemente la medida de la probabilidad que tiene un
observador de situar el corpúsculo correspondiente a un punto y con
una energía determinada. El otro grupo lo formaban E. Schrödinger, De
Broglie, A. Einstein y M. Planck, para quienes, según Aubert,14 la cues-
tión general es dar una significación física a la onda de la mecánica on-
dulatoria, una representación más concreta del corpúsculo y la fe puesta
en un determinismo de fondo.
Estas divergencias en la manera de comprender el papel de la
ciencia y del hombre ante la naturaleza conllevan, a juicio de Aubert,15
unas consideraciones filosóficas de suma importancia. Ante esta abs-
tracción cada vez más profunda de la Física, se sitúa el físico con una
creencia en la realidad de cuya objetividad no se puede dudar pese a
tener sólo un conocimiento aproximado y misterioso de la misma. Se
debe aclarar, que el indeterminismo de la Física moderna de ningún
modo debe confundirse con un subjetivismo o idealismo, sino que se
trata de un indeterminismo de carácter científico vinculado al método
de la ciencia y no a la estructura de la realidad. Este indeterminismo no
supone violación del principio de causalidad que es una exigencia de la
razón humana, para intentar dar una explicación causal de los fenóme-
nos que componen el mundo. Por otra parte, el determinismo es posible
sólo si las medidas son exactas, pero en el terreno de las partículas ele-
mentales estas medidas no aportan la precisión que se requiere, puesto

12
J. M. AUBERT, o.c. pp. 208 – 212.
13
S. ORTOLI y J. M. PHARABOD, El Cántico de la Cuántica, o.c. pp. 75 – 87.
14
J. M. AUBERT, o.c. p. 209.
15
J. M. AUBERT, o.c. p. 209 – 212.
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67

que el fenómeno es modificado por los instrumentos utilizados en el


mismo momento de su observación. Por tanto, el indeterminismo hay
que entenderlo como una limitación fijada al conocimiento científico
por la propia intervención del hombre. Así pues, el único determinismo
posible es un dato estadístico que sólo brinda una probabilidad siempre
insuficiente para la avidez de la mente humana deseosa de obtener un
conocimiento exacto de la realidad objetiva.
Las dos divergencias fundamentales en las teorías cuánticas
surgen de la actitud ante este probabilismo. Una, el fenomenismo opina
que será siempre imposible superar tal incertidumbre, la otra, el realis-
mo conserva la esperanza de conseguir un verdadero determinismo no
estadístico. La física moderna ha descubierto la imposibilidad del sueño
mecanicista en el que el hombre aislado podía conocer la naturaleza en
su estado puro. A juicio de Aubert,16 el único conocimiento objetivo
que está a su alcance es resultado siempre de dos datos: el fenómeno
mismo y la técnica operatoria íntimamente vinculados en el intento de
comprensión de la naturaleza.

2. 1. 3. Racionalidad del discurso físico.

Es difícil hablar de la racionalidad del saber físico. El término


racionalidad presenta una gran polisemia; simplificando y a modo de
ejemplo, Mario Bunge17 distingue varios modos de racionalidad cientí-
fica:

• Racionalidad conceptual, (precisión).


• Racionalidad lógica, (no-contradicción).
• Racionalidad metodológica, (apoyo empírico).
• Racionalidad ontológica, (concepción coherente del mundo).
• Racionalidad evaluativa, (metas).
• Racionalidad práctica, (medios).

M. Bunge manifiesta un especial interés por la racionalidad


gnoseológica y la ontológica por ser ambas imprescindibles para la
ciencia fáctica y tecnológica. Según G. Rodríguez-Izquierdo,18 la Física
nos lleva a saber cada día más del universo pero cada vez a entender
menos. Sin embargo, la Física es una ciencia enormemente racional
tanto por su estructura, número mínimo de principios para llegar a todo,
como por su punto de partida racionalista: todo lo real es racional y to-
do lo racional es real. La misma Física lleva al hombre a hacer Metafí-
sica cuando busca la necesidad y coherencia interna de las cosas. Al
16
J. M. AUBERT, o.c. p. 212.
17
MARIO BUNGE, Racionalidad y realismo, Alianza Editorial, Madrid, 1985, pp. 17 – 18.
18
G. RODRÍGUEZ-IZQUIERDO, “La Racionalidad de las Ciencias Físicas”, o.c. p. 67.
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68

afirmar que el mundo es inteligible, reconoce la sintonía del hombre


con la naturaleza. El ilusionismo de Laplace y de algunos filósofos co-
mo Kant, que puso la filosofía al servicio de la ciencia de su tiempo, la
Física y Matemática, a lo que nos referimos con anterioridad, constituía
un intento de anular la filosofía, cosa que no consiguió la física clásica
y sí hacerla imprescindible la física moderna. Pero esta seguridad inter-
na de la física mecánica no duraría mucho tiempo al descubrir los mis-
mos físicos y en su propio campo la dificultad de explicar con métodos
mecánicos ciertos fenómenos experimentales como los del electromag-
netismo y propagación de la luz. Surgió una nueva física dolorosamente
incompatible con la primera. Como dice G. Rodríguez-Izquierdo:

La física nos ha enseñado ante todo que nuestros sentidos son filtros enor-
memente selectivos que captan sólo aspectos muy restringidos de la reali-
dad. (...) Sólo somos sensibles, por ejemplo, a una gama muy estrecha de
frecuencias del espectro electromagnético. (...) Sólo percibimos en nuestra
vida normal fenómenos de un determinado orden de longitudes y tiempos;
nuestras estructuras no están hechas para longitudes a escala atómica ni
tiempos del orden del milisegundo; sólo entramos normalmente en contac-
to con fenómenos muy lentos frente a la velocidad de la luz, o en los que el
número de átomos que interviene es tan grande que en primera aproxima-
ción no es necesario tratarlos por un estudio cuántico.19

El mismo Rodríguez-Izquierdo20 cree que esto nos ha llevado a


extrapolar nuestras estructuras hacia lo grande y lo pequeño, extrapola-
ciones indebidas que han sido corregidas por los nuevos conceptos de la
Física, los cuales nos impiden proyectar nuestras estructuras sensibles y
conceptuales más allá de lo comprobable, y nos enseñan que son útiles
sólo para desenvolvernos en un mundo a nuestra escala. La estructura
última del mundo tal como lo describe la física cuántica parece poco
razonable ya que nuestra misma razón es un simple instrumento ma-
croscópico.
Este proceso de profundización en la racionalidad se pone espe-
cialmente de manifiesto en las diversas interpretaciones que han ido
surgiendo. Hasta confines colindantes con la Metafísica nos lleva la
Física del presente que nos deja perplejos pero en situación fascinante.
Nos cabe esperar que nuevos experimentos cruciales nos den una com-
prensión más nítida de lo que llamamos realidad.
No obstante la búsqueda de máxima racionalidad, ésta se ve
salpicada con frecuencia de arracionalidad. No es que haya lugar a duda
acerca de la progresiva racionalidad de la ciencia física, cuya noble
ambición fue siempre hacer real el principio básico del idealismo ro-

19
G. RODRÍGUEZ-IZQUIERDO, o.c. p. 75.
20
G. RODRÍGUEZ-IZQUIERDO, o.c. p. 76.
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69

mántico todo lo real es racional, todo lo racional es real, pero supuesta


la incompletitud esencial de toda ciencia, en boca de Karl Popper, es
posible encontrar indicios de irracionalidad o arracionalidad, como se
quiera, según las indicaciones de Ferrater Mora, con tal de que estos
términos desemboquen en un mismo significado: falta o incoherencia
puntuales del lenguaje lógico-matemático, propio del discurso físico.
Es la Física cuántica moderna la que ha descubierto estas defi-
ciencias racionales, desplazando con ello el clásico optimismo laplacia-
no. El tránsito de la certeza acumulativa de la ciencia clásica a la inde-
terminación y probabilidad parecen ser los primeros pasos hacia la irra-
cionalidad. Son interesantes, al respecto, las ponencias de los profeso-
res G. Rodríguez Izquierdo de Física, Pedro Victory de Química, Julian
Rubio de Biología y G. Doncel de Física teórica, en el Coloquio inter-
disciplinar entre las ciencias (1975) en las que señalan unos indicios de
irracionalidad en sus respectivas disciplinas.21
Un apunte muy simplificado de estos brotes de irracionalidad en
la ciencia puede ser el siguiente, clasificados de esta forma:
1)Por su origen psíquico:

a) Postulados. (Se aceptan sin discutir su decibilidad. Creencias?).


b) Intuición. (Primer acto del científico. Ej. Dirac y el corchete de Pois-
son).
c) Conjeturas. (Hipótesis sin comprobar).
d) Incoherencias. (Aplicar el infinitésimo –continuo– a cantidades discre-
tas, átomos, moléculas, etc).
e) Suposición. (Suponer no es demostrar, sino simple creencia).

2) Por su origen histórico evolutivo: (los paradigmas de Kuhn y las revo-


luciones científicas estereotipan efectos irracionales.)

Según G. Reale y D. Antiseri, Kuhn afirma:

El traspaso de la confianza de un paradigma a otro es una experiencia de


conversión que no puede ser impuesta por la fuerza. Pero entonces ¿por
qué tiene lugar esta experiencia de conversión y sobre qué fundamentos?
Los científicos individuales aceptan un nuevo paradigma por toda clase de
razones, por ejemplo, el culto al sol que contribuyó a convertir a Kepler al
copernicanismo, se hayan fuera por completo de la esfera de la ciencia.
Otras razones pueden depender de idiosincrasias autobiográficas y perso-
nales. Incluso la nacionalidad o reputación previa del innovador y de sus
maestros puede, a veces, desempeñar una importante función.22

21
ALBERTO DOU, Ciencia y humanismo, Ediciones Universidad de Comillas, Madrid, 1975. pp.
65 – 126.
22
GIOVANNI REALE y DARIO ANTISERI, Historia del pensamiento filosófico y científico,
Editorial Herder, Barcelona, 1995, Vol. III, p. 910.
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70

Esto, evidentemente, pertenece a la historia externa de la cien-


cia.
La inconmensurabilidad entre paradigmas es otra idea funda-
mental de Kuhn que concreta en tres tipos de diferencias, entre un para-
digma y su rival. 1)Diferentes problemas por resolver. 2)Diferencias
conceptuales entre ambos paradigmas. 3)Diferente visión del mundo.
El que esgrime con mayor violencia la espada de la crítica co-
ntra la racionalidad de la ciencia es el epistemólogo anarquista P. K.
Feyerabend. Su anarquía radical la manifiesta especialmente en su obra
Tratado contra el método. Son palabras textuales de Feyerabend las
siguientes:

La idea de un método que contenga principios firmes, inalterables y abso-


lutamente obligatorios que rijan el quehacer científico, tropieza con difi-
cultades considerables al ser confrontada con los resultados de la investi-
gación histórica. Descubrimos, entonces, que no hay una sola regla, por
plausible que sea y por firmemente basada que esté en la epistemología,
que no se infrinja en una u otra ocasión.23

Idea clave en su epistemología es el lema todo vale matizado


más tarde por él mismo. Javier Echeverría 24 aclara el sentido de este
lema.
La inconmensurabilidad de las teorías científicas, propuesta an-
teriormente por Hanson y Kuhn, es también fundamental en este autor
para comprender la racionalidad de la ciencia. Para Feyerabend, incon-
mensurabilidad significa ausencia de relaciones deductivas entre dos
teorías y, por esto, no pueden compararse. Feyerabend acérrimo lucha-
dor contra el cientifismo, no duda en fundamentarlo en los seis conoci-
dos mitos de esta ideología de nuestro siglo.
Con relación a la racionalidad del discurso físico moderno, re-
sulta adecuada la reflexión epistemológica del profesor Núñez de Cas-
tro 25 en su trabajo “Ciencia y Post-Utopía” en el que hace un recorrido
epistemológico completo y de buen calado desde la ciencia utópica de
la Modernidad ilustrada, preñada de certeza y dogmatismo, hasta la
ciencia contemporánea post-utópica o de la post-modernidad, que pre-
senta caracteres positivos mucho más flexibles, sobre todo en el discur-
so físico. Estos rasgos característicos son:

23
PAUL K. FEYERABEND, Tratado contra el método, Traducción castellana de Diego Ribes, Edi-
torial Tecnos, 1981, p. 7.
24
JAVIER ECHEVERRÍA, Introducción a la metodología de la ciencia, Editorial Barcanova, Te-
mas universitarios, Barcelona, 1989, pp. 217 – 218.
25
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “Ciencia y Post-Utopia”, Más allá de las utopías, XIX Reunión inter-
disciplinar, Universidad de Comillas, Madrid, pp. 41 – 42.
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71

• Desaparición de los absolutos. No incompatibilidad.


• Existencia de lenguajes diferentes. No reduccionismo.
• Diálogo interdisciplinar. Diálogo fe-cultura.
• Nueva alianza entre ciencia y filosofía. Nueva epistemología que
profundiza en los conceptos fundamentales. Metafísica.
• Revolución tecnológica e informática como liberación del trabajo
físico.
• El pensamiento post-moderno supone la autocrítica.
• Revisar los conceptos de trascendencia etc.
• Postura de sano escepticismo.

A lo dicho por el profesor Núñez de Castro, se podría añadir


otra fuerte componente de la post-modernidad: un excesivo voluntaris-
mo frente a una escasísima racionalidad. Al establecer la libertad como
valor absoluto, aparece un voluntarismo antropológico fundamentado
en la omnipotencia y libertad humanas, substituyendo al antiguo volun-
tarismo teológico ockamista fundado en la omnipotencia y libertad de
Dios.
Según este voluntarismo moderno, las cosas no son como nece-
sariamente deben ser sino como el hombre quiere que sean, (volunta-
riedad versus necesariedad). Lo contrario lesionaría gravemente la li-
bertad humana (indeterminismo versus determinismo). Esta actitud
humana resulta negativa. La tecnología, magia moderna, en manos del
hombre embriagado de poderío y libertad, intenta dominar a la Natura-
leza para ponerla a los pies del mismo hombre endiosado, con el peli-
gro de dañarla y perder el paraíso, nueva repetición de la tragedia
humana bíblica. Esta sería la peor irracionalidad cometida por la racio-
nalidad de la ciencia, perjudicial para la misma valoración del conoci-
miento científico.
Fuera de esta consideración, la denuncia que de un modo u otro
hacen los epistemólogos modernos, de forma especial Feyerabend, pese
a su radicalismo extremo, nos hace ver toda una serie de variables ex-
ternas psicológicas, sociológicas, históricas, que no destruyen la racio-
nalidad científica pero sí la condicionan y hasta la complementan y am-
plían. Sería una racionalidad más racional.

2. 1. 4. Paradigmas del discurso físico.

El discurso físico ha sido modelado epistemológicamante con


frecuencia por aquellos diversos modos de entender la realidad y que
han servido para estereotipar algún aspecto relevante elevado a caracte-
rística distintiva.
El término παραδειγµα, de origen platónico, significó, pese a
diversas interpretaciones secundarias, modelo del cual se hacen copias.
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72

Así es claramente aceptado por Platón: el ειδοs es el arquetipo, idea de


la cual, cada cosa sensible es imitación o participación. Según Ferrater
Mora:

(…) en la raíz de múltiples significados de ειδοs se halla la noción de as-


pecto, species, que ofrece una realidad cuando se la ve en lo que la consti-
tuye como tal realidad.(…) Como el tipo de realidad de algo que es visible
o que es aprehensible por medio de alguna operación intelectual, el ειδοs
es así entendido como idea de la realidad. (…) Así, pues, el ειδοs es un
aspecto esencial (…) de la realidad. (…) el ειδοs puede ser tomado como
momento específico de una realidad y también como constitutivo de una
realidad. En el primer caso el ειδοs es visto desde el λογοs; en el segundo
caso, el ειδοs es visto desde la ϕυσιs en cuanto realidad.26

Javier Echeverría,27 en su comentario sobre los paradigmas


científicos, alude a M. Mastermann que hace una crítica de la noción de
paradigma kuhniano tal como fue formulada en 1962. Esta autora dis-
tingue hasta 21 sentidos diferentes en la utilización kuhniana del térmi-
no distribuidos en tres grandes grupos :
1) Aspecto filosófico o metafísico del paradigma, que daría la
imagen del mundo y los elementos básicos de creencia de los
científicos sobre lo que sea la realidad: sería el caso del ato-
mismo, del mecanicismo, de la materialización de la realidad,
del fenomenalismo etc.
1) Aspecto sociológico del paradigma: Un paradigma sociológi-
co conlleva un aspecto institucional: sociedades científicas, lí-
neas de investigación, publicaciones, manuales, congresos, aca-
demias, que permiten distinguirlo de otros paradigmas rivales.
2) Aspecto científico del paradigma, ligado a los problemas ya
resueltos y a los principales ejemplos que son explicados gra-
cias a la utilización del paradigma. Mastermann califica este
tercer aspecto como paradigmas construidos.
Siguiendo estas indicaciones, parece que la acepción de para-
digma o modelo puede tomarse en el sentido filosófico de Mastermann
como el aspecto esencial que presenta la realidad y como elemento bá-
sico de creencia sobre la realidad, según el nivel en el que se coloque.
En un sentido vago y amplio lo aplicamos al exponer los distintos mo-
dos de entender el discurso físico. Estos paradigmas no describen la
realidad de los fenómenos físicos, pero sí constituyen el ámbito o punto
26
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, Alianza Editorial, Madrid, 1984, Vol. 2º, pp. 902
– 903.
27
JAVIER ECHEVERRÍA, Introducción a la Metodología de la Ciencia, o.c. pp. 106 – 107. Para
una mejor comprensión del tema puede consultarse el trabajo de M. Mastermann, “The nature of a
paradigm”, en LAKATOS MUSGRAVE, Criticsm and the Growth of Knowledge, traducido por F.
Hernán con el título La crítica y el desarrollo del conocimiento, Editorial Grijalbo, Barcelona, 1975.
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73

de referencia para explicarlos de forma más o menos coherente. Te-


niendo en cuenta estas apreciaciones, no es fácil distinguir con nitidez
entre paradigma y categoría. Estos paradigmas surgidos en el tiempo
para precisar una mejor racionalidad del discurso físico, pueden redu-
cirse a los siguientes:

• Fisicalismo.
• Idealismo. (Platonismo, fenomenismo)
• Realismo. (Ingenuo, crítico, científico).
• Operacionalismo.
• Emergentismo.
• Estructuralismo.

Estos paradigmas o modelos físicos se han ido aplicando con


mayor o menor aceptación y han servido como moldes explicativos de
la esencia íntima de la física y, en último término, para exponer el valor
fundamental del conocimiento físico. Unos, según G. Reale y D. Anti-
seri,28 como Neurath y Carnap componentes del antiguo Círculo de
Viena, guiados por el ideal de Ciencia unificada (fisicalismo), pretendí-
an un reduccionismo metodológico de todos los lenguajes, incluidos los
de las ciencias humanas, y llegaron a la concepción, según la cual, el
lenguaje físico es el lenguaje base de toda ciencia, un lenguaje univer-
sal que abarca los contenidos de todos los demás lenguajes científicos.
Otros como los idealistas científicos, cuyo fundamento remoto
es la Teoría de las Ideas de Platón son caracterizados también con el
nombre de fenomenistas debido a que su objetivo es dar cuenta sólo de
los fenómenos. Su tesis fundamental dice: es inútil hablar de realidad
cuántica; sólo podemos hablar del conocimiento que tenemos de esa
realidad, así se expresan los componentes del grupo de Copenhague.
Los realistas pretenden resolver el problema más profundo y di-
fícil de toda la historia del pensamiento filosófico y científico. Qué sea
lo real es la gran pregunta. ¿existe?, ¿existe fuera del sujeto?, ¿cuál es
su constitución? Muchas son las respuestas interpretativas; unas filosó-
ficas, otras científicas. En general, se distinguen el realismo filosófico,
el científico y otros realismos menores y en su interior se distinguen
varios modos muy sofisticados. Suprimimos su descripción innecesaria
por el momento dadas su complejidad y dificultad.29
Los operacionalistas consideran que la característica de la cien-
cia física es el método operatorio: conjunto de operaciones instrumen-
tales y de la mente por las que el científico se pone en contacto con el
28
G. REALE y D. ANTISERI, o.c. pp. 871 – 873.
29
A. J. DIEGUEZ LUCENA, Realismo científico (Una introducción al debate actual en la filosofía
de la ciencia), Estudios y Ensayos, Universidad de Málaga, 1998. Estudio para un mejor conoci-
miento del realismo, tema central epistemológico.
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74

objeto a estudiar. Dime cómo te buscan y te diré quién eres, son pala-
bras de Bachelard30 en clave de humor hablando del electrón. Según J.
M. Aubert,31 el método experimental es un proceso operatorio que con-
siste en poner en el lugar de nuestros órganos sensoriales un proceso
material que termina en una medida con la intención de eliminar par-
cialmente, por lo menos, la subjetividad ampliando la imparcialidad,
objetividad, y facilitando una mayor información. Esta operación ter-
mina en una medida matemática que sustituye las cualidades sensibles
por cantidades mensurables.
El gran problema de la ciencia, especialmente de la Física, es
cómo darle significado empírico a los términos teóricos, apunta Ferrater
Mora.32 Esto y los revolucionarios avances de la ciencia moderna llevan
a P. W. Brigdman a intentar resolver el problema de los conceptos ab-
solutos con su doctrina del operacionalismo cuyo lema es: los concep-
tos se reducen a operaciones. Brigdman afirma, según Ferrater Mora,
que en general, cualquier concepto es sinónimo con la correspondiente
serie de operaciones. Se entiende que si el concepto es de orden físico,
las operaciones también lo serán; si es de orden mental, las operaciones
pertenecerán al mismo. Este operacionalismo es el que siguen Heisen-
berg y los restantes del grupo de Copenhague.
Sin embargo, el operacionalismo presenta dificultades como nos
hace ver G. C. Hempel:

(...) Y ésta sería una objeción mucho más seria, resultaría difícil, y aún im-
posible, adherirse estrictamente a la máxima de Brigdman. (...). Así pues,
la máxima operacionalista que estamos discutiendo nos obligaría a fomen-
tar una proliferación de conceptos de longitud, temperatura y de los restan-
tes conceptos científicos, que no sólo sería inmanejable en la práctica sino
infinita en teoría. Y esto haría fracasar uno de los objetivos fundamentales
de la ciencia, a saber, conseguir una explicación simple y sistemáticamente
unificada de los conceptos empíricos.33

Con esta argumentación asesta Hempel un duro golpe a la en-


traña misma del operacionalismo instrumental pero ¿lo será también
para el operacionalismo mental, operaciones lógicas y matemáticas, del
que así mismo habla Brigdman? Esta cuestión parece que no la plantea
Hempel.
Finalmente, los estructuralistas, frente al reduccionismo fisica-
lista de la concepción heredada, proponen la llamada concepción es-
tructural de las teorías científicas que nada tiene que ver con el estruc-
30
G. BACHELARD, Le nouvel sprit scientifique, P.U.F. 1941, p.139.
31
J. M. AUBERT, o.c. pp. 252 – 253.
32
J. FERRATER MORA, o.c. Vol. III, p. 2436.
33
C. G. HEMPEL, Filosofía de la ciencia natural, versión española de Alfredo Deaño, Edit. Alianza
Universida, Madrid, 1991, pp. 137 – 138.
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75

turalismo francés. Esta concepción estructural defendida por P. Suppe,


J. D. Sneed y W. Stegmüller tiene una variable, la concepción semánti-
ca cuyos propulsores son P. Suppe, B. Van Fraassen, R. N Giere y
otros. Según J. Echeverría34 la novedad de la concepción estructural es
el de ser un nuevo intento de unificación de las ciencias mediante la
axiomatización informal de las teorías científicas para lo que Suppe
propuso la técnica del predicado conjuntista y aplicando las mismas
técnicas al análisis y reconstrucción de diversos tipos de ciencias: físi-
cas, químicas, biológicas, económicas, sociales, humanas, lo cual cons-
tituye uno de sus mejores atractivos, en expresión de Echeverría.35 Sin
entrar en detalles, la concepción estructural:

(...) se presenta como una concepción de la ciencia que toma en cuenta sus
aspectos pragmáticos, holísticos y diacrónicos por oposición a la concep-
ción heredada, marcada por una metodología sintáctico-semántica, atomís-
tica y puramente sincrónica.36

A juicio de Echeverría,37 la tradición fisicalista ha dominado la


filosofía de la ciencia en todo el siglo XX de forma que ha venido a ser
la ciencia primera, utilizando el término aristotélico, y la filosofía de la
ciencia ha sido elaborada según el paradigma de las teorías físicas. Por
esta razón, el desafío estructuralista consiste en elaborar una auténtica
filosofía de las ciencias, lo cual requiere una axiomatización informal
de las teorías y sin tener en cuenta la significatividad de los términos y
la demarcación entre ciencia y no ciencia; esta última ha producido una
gran demarcación entre las distintas ciencias y una enorme diversifica-
ción entre las filosofías particulares de la ciencia. Por todo esto, en pa-
labras de Echeverría,38 la concepción estructural es la tentativa de esta-
blecer una auténtica metodología de análisis formal que prescinde de la
heterogeneidad de los contenidos de las diversas teorías con el fin de
interrelacionarlas considerando sólo sus estructuras formales. Una apli-
cación inmediata de esta concepción estructural dentro del campo de la
física podría ser la siguiente según la idea de J. M. Aubert:39 la realidad
física aparece bajo dos formas indisolublemente ligadas aunque dife-
rentes y contradictorias, una de aspecto continuo, onda, energía, campo,
inmateriales para el físico no para el filósofo; otra de aspecto discreto,
granular o corpuscular, material. Estos dos aspectos son dos semblantes
del mismo fenómeno el cual puede explicarse según uno u otro aspecto
contradictorio y ambos son convertibles entre sí. Para que desaparezca
34
J. ECHEVERRÍA, o.c. p. 150.
35
J. ECHEVERRÍA, Ibidem.
36
J. ECHEVERRÍA, o.c. p. 151.
37
J. ECHEVERRÍA, o.c. p. 196.
38
J. ECHEVERRÍA, o.c. p. 198.
39
J. M. AUBERT, o.c. p. 317 – 319.
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76

la contradicción se hace necesario llevarlos al nivel de construcción


matemática muy abstracto con lo que resultan desrealizados y como
simples entes de razón con fundamento in re, puesto que explican lo
dado experimental y objetivo. Esta es la tendencia actual de la Física,
sustituir la noción de partículas en continua interrelación por la de cam-
pos y sistemas de relaciones geométricas y dinámicas.

2. 1. 5. Conclusión.

Esta descripción a grandes rasgos del proceso seguido por la Fí-


sica como ciencia omnicomprensiva y radical en sentido conceptual y
ontológico para alcanzar un alto grado de racionalidad, nos puede llevar
a la consideración de que la Física clásica mecanicista aparece en el
siglo XIX como un gigantesco monumento a la racionalidad y como
fundamentalismo físico sustitutivo de toda filosofía y religión, aunque
esta posición de privilegio duró poco tiempo al descubrir egregios físi-
cos la imposibilidad de explicar ciertos fenómenos de carácter electro-
magnético por cuya razón surgieron las nuevas físicas relativista y
cuántica como paradigmas de la nueva Física, que contrariando al sen-
tido común, se mostraban mucho más eficaces para explicar de modo
más amplio y profundo los fenómenos físicos del cosmos. No obstante,
las explicaciones más avanzadas de la Física moderna resultan insufi-
cientes como para que la Física en su estado actual constituya la ciencia
fundamental y radical capaz de absorber todo conocimiento humano a
base de un reduccionismo físico incondicionado. Si esta física en sus
dos vertientes, clásica y moderna, no puede explicar de forma conve-
niente y completa la factualidad de carácter simple del acontecer cós-
mico y en su propio ámbito, le resulta imposible dar cuenta de los otros
complejísimos fenómenos de alto nivel biológico y humano íntimamen-
te relacionados. Esta irreductibilidad será confirmada en páginas si-
guientes por los mismos fundadores de la nueva Física y que descubrie-
ron, a su vez, lo que J. M. Aubert,40 llama hominización de la naturale-
za. Es la misma ciencia física en esta última etapa la que descubre esta
íntima e inevitable relación de hombre y naturaleza, aspecto, quizás, el
más formidable y transcendental de la Física cuántica. Al fin y al cabo,
es el hombre el que hace la ciencia, él es el que observa, compara e in-
terpreta, es como enseñó Einstein, parte integrante del sistema, es tam-
bién naturaleza. Es ésta la que le interpela constantemente a un mejor
conocimiento casi paradójico de ambos, respetuoso pero técnico y efi-
caz para la humanidad y, por ello, es necesario forjar una ciencia
humanizante y ecuménica mucho más abierta a lo humano, más refres-

40
J. M. AUBERT, o.c. pp. 217 – 224.
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77

cante, más libre de la opresión del mecanicismo materialista. ¿Por qué


reducir sólo a lo inferior y no a lo superior?, porque tan inobservable es
lo uno como lo otro. ¿Cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que la
Física moderna de los cuantos sea conocida y admitida por todos, como
una visión más racional y aproximada de la realidad? Aun así, en el es-
tado actual de la ciencia, como dirá el profesor Ayala oportunamente,
resulta insuficiente con sus muchos y variados paradigmas.

2. 2. Epistemología del discurso biológico.

Siguiendo la prescripción del Dr. Ayala, es pertinente ahora in-


vestigar el estado actual de la Biología. Para este fin, parece lógico y
acertado estudiar, “ver lo que hay” al respecto, según el dicho de W. V.
W. Quine, examinar el proceso individual seguido por filósofos, físicos
y biólogos significados en nuestros días, que con sus ensayos muestran
la problemática que atraviesa la Biología moderna y establecen las ca-
tegorías que deben fundamentar su racionalidad.
Al adentrarse en el discurso biológico es fácil para el filósofo de
la Biología, en un primer momento, caer en la tentación de dar una res-
puesta simplificada e ingenua a la difícil pregunta ¿qué es la vida?. En
la historia de la biología encontramos, ya desde el principio, algunos
ensayos de definición más o menos simplista que revelan el afán huma-
no de etiquetar con palabras lo que consideramos definible. La vida,
escribió Aristóteles41, es aquello por lo cual un ser se nutre, crece y
perece por sí mismo. Después explicará el significado de por sí mismo
con su conocido vitalismo que por mucho tiempo han seguido muchos
filósofos aristotélicos y tomistas.
C. Bernard 42 cita algunas definiciones de vida contenidas en los
tratados biológicos de los siglos XVII y XVIII. Vayan algunos ejem-
plos:

La vida es la uniformidad constante de los fenómenos bajo la diversidad de


las influencias exteriores. (Treviranus).
La vida es la facultad de movimiento destinada al servicio de lo que es
movido. (Ehrard).
La vida es una colección de fenómenos que se suceden durante un tiempo
limitado en los cuerpos organizados. (Richerand).
La vida es el conjunto de las funciones que se resisten a la muerte. (Bi-
chat).
La vida es la organización en acción. (Beclard).

41
ARISTÓTELES, De anima, II, 1, 412 a 10 – 20.
42
BERNARD C. Leçons sur les phenomenes de la vie, París, 1818 pp.18 – 21. Citado por G.
BLANDINO, Naturaleza de la vida, Editorial Razón y Fe S.A, Madrid,.1964, p. 43.
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78

La vida es un estado de cosas que permite el movimiento orgánico bajo la


influencia de los excitantes. (Lamarck).
La vida es la combinación definida de cambios heterogéneos, a la vez si-
multáneos y sucesivos, en correspondencia con coexistencias y secuencias
exteriores. (Spencer).
La vida es unidad estructural que en su reactividad de sistema abierto tien-
de a mantener su estructura como un todo. (Blending).

Definiciones todas de carácter general, con escasa especificidad


y sobre todo, muy incompletas. Posiblemente la vida pertenezca al con-
junto de los indefinibles, así llamados por los filósofos. Bien podría de-
cirse que la vida es el todo para un organismo, lo mismo que para un
hindú, Dios es el todo o para un enamorado el amor también lo es todo;
definiciones tan generales y que pretenden decir tanto, que no dicen
nada. Parece, pues, imposible moldear la vida en unos simples predica-
dos. Es, por tanto, una quimera el intento de dar una definición, siquiera
aproximada, de vida, otra cosa sería descripción; lo es también el del
físico que quisiera definir la gravedad o la energía o la materia etc., me-
jor es acercarse a los fenómenos afectados por la gravedad, la energía…
y analizar sus procesos y comportamientos. El biólogo, en nuestro caso,
deberá observar al fenómeno vital, ser vivo, estudiar sus estructuras y
las respuestas a sus respectivos estímulos y comprobará que esto le es
insuficiente, porque, como se verá, sus estructuras moleculares, morfo-
lógicas y funcionales, remiten a otras dimensiones que les son propias
al viviente. La célula no está viva porque tenga átomos y moléculas,
sino por ser célula. Lo mismo que el hierro no es hierro por tener áto-
mos y moléculas, sino por ser hierro. ¿Qué hace, entonces, que los
mismos átomos y moléculas sean célula o hierro?

2. 2. 1. Racionalidad del discurso biológico.

Si como hemos visto, la racionalidad de las ciencias especial-


mente Física y Química presenta dificultades, fisuras por donde pene-
tran indicios graves de irracionalidad, es evidente que este panorama se
extienda a la Biología y aún con mayores sorpresas, por ser mucho más
obscura su enorme complejidad. Se nota en la Biología convencional un
excesivo apego a las leyes físico-químicas derivado de las mal interpre-
tadas ciencia y metodología cartesianas. Es verdad que Descartes43 nos
enseñó a admitir sólo lo claro y distinto –lo evidente– y para esto pro-
ponía una primera etapa, el análisis o descomposición hasta llegar a lo
simple y una segunda, la síntesis o recomposición hacia lo compuesto y
hasta propone un recuento general. Pues bien, parece que la ciencia
43
R.DESCARTES, Discurso del Método, Meditaciones metafísicas, Editorial Selecciones Austral
Espasa-Calpe S.A, Madrid, 1981, p. 48, traducción de Manuel García Morente.
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79

moderna ha olvidado durante mucho tiempo la segunda etapa de este


método. Se ha quedado abajo, en lo simple, átomos, moléculas y ha de-
jado sin ejecutar la otra parte del método: subir de nuevo hasta lo com-
puesto, el otro nivel de la realidad.
La Física cuántica advirtió que las leyes de la macrofísica no
son aplicables a la microfísica. Son como dos campos de la ciencia cu-
yas leyes no son extrapolables o no convertibles ad invicem. Algo simi-
lar parece estar ocurriendo en Biología. Los distintos niveles de com-
plejidad exigen una explicación más completa, no son, ni mucho me-
nos, suficientes las leyes de la Física y Química, ni tan siquiera de la
Biología molecular en la que tantas falsas esperanzas hay puestas. De
aquí, la confesión del mismo Schrödinger:

El orden encontrado en el desarrollo de la vida procede de un orden dife-


rente. Según esto, parece que existen dos mecanismos distintos por medio
de los cuales pueden producirse acontecimientos ordenados: el mecanismo
que produce orden a partir del desorden y otro nuevo que produce orden a
partir del orden. Para una mente sin prejuicios el segundo principio parece
mucho más simple, mucho más lógico. Y sin duda lo es. Por eso los físicos
están tan satisfechos de haber dado con el otro principio del orden a partir
del desorden que es el que sigue la Naturaleza y el único que hace posible
la comprensión de las líneas maestras de los acontecimientos naturales, en
primer lugar de la irreversibilidad. Pero no podemos esperar que las leyes
de la Física, derivadas del mismo, basten para explicar el comportamiento
de la materia viva, cuyos rasgos más fascinantes están visiblemente basa-
dos en el principio del orden a partir del orden. No podría esperarse que
dos mecanismos enteramente diferentes pudieran producir el mismo tipo
de ley, como tampoco se esperaría que la llave de nuestra casa abriera
también la puerta del vecino. Por lo tanto, no debe desanimarnos que ten-
gamos dificultad en interpretar la vida por medio de las leyes de la Física.
Eso es lo que cabría esperar de lo que hemos aprendido sobre la estructura
de la materia viva. Debemos estar preparados para encontrar un nuevo tipo
de ley física que la gobierne. ¿O tendremos acaso que denominarla ley no-
física, o incluso super-física?.44

El buril científico de Schrödinger nos proporciona el perfil del


moderno discurso biológico: encontrar un nuevo tipo de ley física que
gobierne la materia viva.
Está claro, que la racionalidad de la Biología se incrementa y
perfecciona de forma notable a partir del siglo XIX, pero este proceso
de racionalización comienza en los albores del pensamiento griego. Un
barrido histórico sería interminable, por breve que fuese.45
44
R. SCHRÖDINGER, ¿ Qué es la vida?, Cuadernos ínfimos, Tusquets Editores, traducción de Ri-
cardo Guerrero, catedrático de Microbiología, Universidasd de Barcelona, 1983, pp. 123 – 124.
45
Me remito a las obras de E.M. RALDT, Historia de las teorías biológicas, traducción de Félix
Díaz Mateo, Revista de Occidente, 2 volúmenes, Madrid 1930; de G. BLANDINO, Naturaleza de la
vida (problemas y teorías sobre la), traducción de José A. Garay, Editorial Razón y Fe, Ma-
MENU SALIR
80

2. 2. 2. Racionalidad de la Biología moderna.

Como lo hace notar el profesor Ayala,46 el que, en realidad,


marca una línea divisoria y definitiva en el horizonte del pensamiento
biológico moderno fue Charles Darwin que inicia una etapa epistemo-
lógicamente correcta en el método científico centrado en la Biología.
En su comentario citado, Ayala hace alusión a los cambios que C. Dar-
win sufrió en el trayecto de su investigación científica. Ya en el párrafo
inicial del Origen de las Especies dice C. Darwin:
Estando a bordo del Beagle, buque de guerra inglés, en calidad de natura-
lista, me sorprendieron mucho ciertos hechos en la distribución de los se-
res orgánicos. (…). Estos hechos (...) parecían arrojar alguna luz sobre el
origen de las especies (…). De vuelta en mi patria en 1837 me ocurrió que
algo podría tal vez sacarse en limpio en esta cuestión acumulando con pa-
ciencia, y reflexionando sobre toda clase de hechos que pudieran tener al-
guna relación o conexión con ella. Después de un trabajo de cinco años,
me permití especular sobre el asunto. 47

En su comentario continúa Ayala:

En muchos otros escritos Darwin clama haber seguido los cánones del in-
ductivismo (…) Poco después de regresar del viaje con el Beagle ya abri-
gaba la hipótesis de la transmutación evolutiva de las especies (…) Darwin
buscó implacablemente pruebas empíricas que corroborasen el origen evo-
lutivo de los organismos y que confirmasen su teoría de la selección natu-
ral.48

Como advierte Ayala, la aparente contradicción que contienen


estas frases se disuelve si se tienen en cuenta dos razones: la primera, la
aversión que siente el naturalista británico por las hipótesis, que en su
época, eran consideradas como simples especulaciones metafísicas y así
lo manifiesta en sus escritos a Herbert Spencer. La segunda razón, de
tipo táctico: no quería ser acusado de subjetividad en la valoración de
las pruebas empíricas. La verdad de la situación epistemológica darwi-
niana se pone de manifiesto en una carta dirigida en 1863 a un joven

drid,1964; y de S.U. SMITH, El problema de la vida,(Ensayo sobre los orígenes del pensamiento
biológico), versión española de Natividad Sánchez Sainz-Trápaga, Madrid, 1977.En ellas se hace un
recorrido exhaustivo y completo de las distintas etapas, visiones y problemática del fenómeno de la
vida en consonancia con la cultura del momento. Presentan una excelente panorámica retrospectiva,
de forma científica y agradable, de los esfuerzos realizados por los hombres de ciencia a través del
tiempo.
46
F. J. AYALA, Evolución, o.c. pp.482 – 484.
47
C. DARWIN, El Origen de las Especies, Ediciones Akal S.A., 1994, traducción de Enrique Godi-
nez, p. 13.
48
F. J. AYALA, Evolución, o.c. p. 482.
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81

científico al que le dice, entre otras cosas: Deja que la teoría guíe tus
observaciones.
Continúa comentando Ayala:

(…) En la actualidad los científicos ya sean jóvenes o no, tienden a presen-


tar sus trabajos como si las hipótesis fuesen conclusiones sacadas de las
pruebas disponibles y no preconcepciones probadas mediante observacio-
nes empíricas. (…) Darwin rechazó la proposición de los inductivistas de
que las observaciones no tenían que estar guiadas por las hipótesis. (…)
Darwin reconoció el papel heurístico de las hipótesis cuando afirma: ¡qué
extraño resulta que no se vea que cualquier observación ha de efectuarse
ya sea para apoyar o rechazar algún punto de vista si quiere que tenga al-
gún valor!. Confiesa en Origen de las Especies: no puedo dejar de emitir
una hipótesis acerca de cada tema.49

Con este seguimiento que hace Ayala50 buscando las raíces


epistémicas del gran investigador inglés, se puede deducir razonable-
mente, que éste practicó el método hipotético-deductivo propio de la
ciencia, y todas las hipótesis que avanzó en distintos campos las some-
tió a pruebas empíricas.
Con todo, el método hipotético-deductivo que tan buenos resul-
tados ha proporcionado a nuestro conocimiento, está resultando insufi-
ciente para explicar de forma razonable ciertos aspectos de la realidad.
De aquí, la llamada de atención de Ayala. La Biología moderna evolu-
cionista se siente incómoda al verse encadenada por el pensamiento de
carácter fisicalista, que no facilita el método adecuado para entender y
explicar determinadas e importantes manifestaciones del fenómeno vi-
tal.
Por lo dicho anteriormente, el profesor Ayala nos lleva a con-
templar la ciencia del ser vivo como hipotético-deductiva sí, pero autó-
noma. Es un primer principio de racionalidad biológica. Está convenci-
do de:

(...) en el estado actual de desarrollo de las dos ciencias, la reducción de la


Biología a Física no puede efectuarse (…) hay modos de explicación que
son indispensables en Biología pero no tienen lugar en las ciencias físicas.
Hay explicaciones teleológicas que se aplican a los organismos y sólo a
ellos en el mundo de la naturaleza y no pueden formularse en términos no
teleológicos sin que pierdan contenido explicativo.51

49
F. J. AYALA, Evolución, o.c. p. 483.
50
F. J. AYALA, Ibidem.
51
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous science”, American Scientist, vol. 56, nº 3, 1968, p.
208.
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82

Así determina Ayala52 el territorio propio de la Biología dentro


de la demarcación de las ciencias naturales y concluye que la autono-
mía y la explicación teleológica son distintivos de la biología como
ciencia natural. Es obvio, que el autor con el término autonomía abarca
un paquete de variables distintivas del discurso biológico que serán des-
tacadas oportunamente.
Reconoce el valor del conocimiento científico, distinto del co-
nocimiento obtenido por sentido común, y se distingue de éste porque
es sistemático; porque explica en relación con los hechos por qué son
realmente así; porque puede ser falsado siguiendo la metodología pop-
periana, y porque el conocimiento científico tiende a la simplificación
reduciendo una teoría a otra más general con menos leyes pero con ma-
yor alcance explicativo. Esta simplificación, que tan buenos resultados
ha dado en las ciencias física y química y también en biología en los
niveles más bajos, no es posible en los niveles más altos de compleji-
dad de un sistema vivo, por lo menos, en el presente.
Esta racionalidad biológica señalada en la literatura epistémica
de Ayala, puede parecer excesivamente escueta y simple en una prime-
ra impresión. En una segunda lectura de carácter exegético, se com-
prende la profunda rotundidad del estricto discurso biológico del profe-
sor de California. Ayala mantiene un continuo diálogo con los más
eminentes científicos de la actualidad, en sus escritos, congresos, reu-
niones, conferencias, etc., y sabe que todas las teorías modernas tenden-
tes a explicar los procesos vitales no son más que iniciativas, sugeren-
cias, ensayos, sinfonías inacabadas, que nos dejan a medio camino en el
largo y complejísimo entramado vital. Como sabio en la materia, el pro-
fesor es parco pero contundente en sus explicaciones que mantiene y
argumenta con gran habilidad y claridad. Siguiendo el principio de ob-
jetividad de la ciencia, se limita a la situación actual de las ciencias sin
elucubrar, como otros, con bellas y posibles hipótesis originales al res-
pecto.
Un ensayo de racionalidad biológica es el que ofrece X. Zubi-
53
ri en su aproximación al ser vivo como filósofo bien relacionado con
la ciencia, conecta con el pensamiento de Ayala y puede servir como
explicación de la idea de autonomía de la biología defendida por éste
último.
En una primera aproximación al ser vivo se pregunta Zubiri54
¿no será un error considerar la vida como energía o fuerza, como ele-
mento y no como principio?. ¿Es, acaso, la vida una resultante de fuer-

52
F. J. AYALA, o. c. 213.
53
X. ZUBIRI, Espacio, Tiempo, Materia, Fundación X. Zubiri, Alianza Editorial, Barcelona, 1996,
pp. 621 – 699.
54
X. ZUBIRI, o.c. pp. 659 – 661.
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83

zas energéticas? Su agudeza intelectual le lleva a distinguir entre ele-


mento y principio. Lo propio del elemento es actuar. Lo propio del
principio es constituir. Elemento es realidad actuante por sí misma.
Principio, aquello que constituye a una realidad en su carácter propio. 55
Con este elemental presupuesto zubiriano, intentemos adentrarnos en
las sinuosas cavernas del acto vital.

2. 2. 3. Aproximación biológica al ser vivo.

Si hemos de renunciar, por el presente, a saber qué sea la vida


sensu stricto y hasta su origen por muy razonables y meritorios que nos
resulten los esfuerzos de Müller (1953), Oparin (1953), Oró etc., para
buscar desde la ciencia la síntesis original de la materia orgánica me-
diante ingeniosos aparatos de laboratorio y geniales hipótesis cósmicas,
no por ello debemos dejar de acercarnos al ser vivo y mediante el análi-
sis de sus actos llegar a su estructura íntima. Como afirma Zubiri, (...)
Tomamos un acto vital cualquiera, lo consideramos en sí mismo y tra-
tamos de averiguar cómo se realiza desde el viviente del que emerge,
con el fin de penetrar en la índole misma de éste.56
Sin embargo, esto no significa que cualquier acto vital, caracte-
rístico del ser vivo, sea suficiente para llegar de inmediato a la esencia
de la vida. La acción vital tiene connotaciones muy hondas. El error de
Descartes, como dice Zubiri,57fue reducir el espíritu a pensamiento y
materia a extensión. El pensamiento, cierto, es característica del espíritu
pero éste es más que pensamiento y materia más que extensión. Es de-
cir, el acto vital es característico del viviente, es su ratio cognoscendi
pero no es su ratio essendi. En leguaje coloquial sería: El perro ladra
porque está vivo y porque es perro; no está vivo ni es perro porque la-
dre.58

55
X. ZUBIRI, o.c. pp. 659 – 661. Así expresa Zubiri esta distinción: (...) ¿No será la vida un princi-
pio? En tal caso su irreductibilidad a la materia físico-química no se manifestaría como fuerza ac-
tuante, sino que aparecería en otro orden: en el orden constitutivo. Si así fuera, la disyunción vida
no-vida no se daría en el orden de los elementos actuantes, sino en el orden de los principios consti-
tuyentes. Una misma propiedad sería tenida por las cosas y actuaría entre ellas por una razón muy
distinta en el viviente y en el no viviente. La diferencia no estaría en las fuerzas y en las propieda-
des, sino en la manera de estar poseída por el elemento. (...) Hay materia viva y materia no viva; la
vida es en este sentido un modo de ser de la materia. (...) Materia viva y materia física son cada una
un positivo modo de ser, y, por consiguiente, su diferencia, dado el caso de que existiera, estaría tan
sólo en la línea de los principios. Un principio determina la manera cómo una propiedad es poseída
por el elemento.
Las propiedades físico-químicas del viviente ¿son propias de éste de un modo distinto a como son
propias de un mineral? Esta es la cuestión.
56
X. ZUBIRI, o.c. p. 621.
57
X. ZUBIRI, o.c. p. 622.
58
X. ZUBIRI, Ibidem.
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84

La biología intenta caracterizar al ser vivo desde distintas pers-


pectivas. Nuestro análisis, siguiendo a X. Zubiri,59nos llevará a deter-
minar si estos intentos son suficientes para determinar al ser vivo. Pri-
ma facie, se pregunta el autor si el ser vivo puede definirse por sus es-
tructuras, o por sus funciones, o finalmente por sus solas acciones.
El ser vivo, a juicio de Zubiri,60 no puede ser definido sólo por
sus estructuras. Entendemos estructura en su sentido más general y
amplio. La estructura morfológica exterior se ha considerado como el
modo más inmediato y fácil para distinguir un viviente. Es obvio, que
la sola morfología exterior es insuficiente para esta distinción.61
El ser vivo tampoco puede ser definido por solas sus funciones,
según estimación de Zubiri.62 El término función tiene diversas acep-
ciones. En un sentido muy amplio, función significa funcionamiento,
equivalente a equilibrio dinámico. Otro concepto de función más res-
tringido es el de función propia. Un organismo pluricelular está consti-
tuido por multitud de células con funciones diferentes, funciones espe-
cíficas propias, o mejor, diferenciadas. Como un organismo vivo no es
una mera suma de funciones, estas funciones diferenciadas dicen rela-
ción a las demás funciones. Un tercer grado de función es la armónica
con la que un organismo autorregula sus funciones. En los organismos
superiores esta autorregulación es más compleja y está encomendada al
sistema nervioso regulador central en la función armónica pero, a su
vez, es también regulado, por lo que esta función reguladora tampoco
nos define al ser vivo, más bien nos remite a la integridad primaria del
organismo. Esta integridad se manifiesta en los actos o acciones del or-
ganismo donde intervienen todas las funciones armónicamente diferen-
ciadas.
Por último, el ser vivo tampoco es definido por sus acciones.
Para Zubiri,63 es esencial la diferencia entre función y acción. El sujeto
próximo de la función es, por ejemplo, un órgano; el sujeto próximo de
la acción es el viviente entero. Zubiri dice literalmente:

59
X. ZUBIRI, o.c. pp. 623 – 633.
60
X. ZUBIRI, o.c. pp. 623 – 625.
61
Un buho fabricado en cerámica e.c., presenta la misma anatomía que el buho revoloteando en el
bosque. Este concepto de anatomía no nos sirve para distinguirlos. Hay estructuras más profundas
como las físicas y químicas, y éstas se dan en un organismo vivo de modo distinto, es verdad; en
ningún otro ser se dan en la misma forma y cantidad, pero esto facilita la distinción orgánica-
inorgánica sólo como cuerpo pero no como viviente. Como señala Zubiri, este mismo criterio nos
serviría para distinguir la blenda de otro mineral cualquiera. Además, estas estructuras se dan dentro
del ser vivo con función diversa. Definitivamente, estas estructuras no nos ayudan a definir el carác-
ter propio de la materia viva.
62 X. ZUBIRI, o.c. pp. 625-629.

63
X. ZUBIRI, o.c. pp. 629 – 633.
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85

El animal no es una cosa sino un proceso, a lo sumo es un programa, el


plan de sus propias acciones. Las estructuras y las funciones no son sino
las constantes de las distintas acciones; son un mero teclado con que el vi-
viente las ejecuta. Pero el viviente mismo es el puro sistema de acciones
ejecutadas.64

La sola acción, según Zubiri,65 tampoco da una explicación ra-


dical del ser vivo. La acción engloba a las estructuras y funciones como
elementos constitutivos intrínsecos; la acción vital es característica del
viviente pero no es su única razón de ser y por esto insiste en que las
estructuras, funciones y acciones son insuficientes por sí solas para de-
finir al viviente, sin embargo son imprescindibles. Esto significa que
hay que definir al ser vivo por algo más hondo, primario y radical. Este
algo, característica del ser vivo, se descubrirá a través de las acciones
que, a su vez, tienen su radicación en las estructuras y en la organiza-
ción entre ambas. A juicio de Zubiri,66 el único acceso al ser vivo es por
vía de reducción, es decir, observamos que el viviente es un sistema de
acciones de respuestas posibles a un estímulo y este sistema de respues-
tas depende de las estructuras morfológicas y bioquímicas propias y, a
su vez, de la norma de reacción. Todo viviente, y por reducción, toda
célula, elemento primario de vida, hoy por hoy, es un sistema complejí-
simo de moléculas orgánicas organizadas sistemáticamente que forman
la estructura material del viviente. Con la máxima complejidad molecu-
lar podremos explicar la estabilización de la materia pero no su vitali-
zación. Dice Zubiri,67 no podemos explicar con sólo moléculas el fun-
cionamiento de una locomotora ni de un generador eléctrico, y lo pro-
pio ocurre en una célula como organismo primario de funcionamiento
viviente. Sólo hay vida en el enorme complejo molecular de una célu-
la.68
Efectivamente, las moléculas no pierden la substancialidad, si-
guen siendo lo mismo, pero pierden la substantividad accional y ganan
otra substantividad en la unidad del sistema celular. La enzima, por
ejemplo, sigue siendo la misma, pero en colaboración con otras pierde
la substantividad de acción, pero gana la otra substantividad de la célula
64
X. ZUBIRI, o.c. p. 630.
65
X. ZUBIRI, o.c. p. 633.
66
X. ZUBIRI, o.c. pp. 634 – 651.
67
X. ZUBIRI, o.c. p. 643.
68
X. ZUBIRI, o.c. pp. 649 – 650. Con un sencillo ejemplo, aclara Zubiri su doctrina sobre esta uni-
dad estable, dinámica y dominante: Un trozo de hierro actúa lo mismo en una locomotora que en un
generador eléctrico. Pero en la locomotora, en una biela, cosa que no lo es en el generador. La dife-
rencia entre un trozo de hierro y una biela no está en las moléculas sino en el funcionamiento del
que forman parte. Al fabricar una biela el hierro no pierde, pues, ninguna de sus propiedades, pero
ha adquirido un funcionamiento que no tiene sentido desde las moléculas que lo constituyen, sino
desde el funcionamiento total de la locomotora; éste es el único que tiene substantividad. Pues bien,
esto es exactamente lo que acontece en la célula, aunque por mecanismos distintos. La molécula se
conserva como substancia, pero su acción singular ha perdido algo: la substantividad.
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86

entera en virtud de su funcionamiento. A esto Zubiri le llama emergen-


cia, concepto que se estudiará en páginas posteriores.
Esta actividad dinámica, vitalización de la materia, nos lleva al
concepto de organización. Para Zubiri,69 la materia viva es una organi-
zación, tanto de funciones como de estructuras. Esta unidad dinámica
es, en primer lugar, organización funcional y, por tanto, jerarquía. Las
acciones bioquímicas interrelacionadas están funcionalmente organiza-
das. Un segundo tipo de organización es la estructural. La conexión de
las moléculas da lugar a las estructuras morfológicas y a la disposición
unicelular o pluricelular. Un tercer y último grado de organización se
da en la complejidad, con la que surgen propiedades nuevas, no atri-
buibles a los componentes inferiores.
Llegado este momento, se pregunta Zubiri, si es reductible la
vida como propiedad a sus elementos fisico-químicos y responde con
rotundidad:

Si por reducirse a materia se quiere dar a entender que la vida es una pro-
piedad de los elementos materiales fisico-químicos de que se halla consti-
tuida la materia viva, la pregunta es sencillamente absurda. Ya he indicado
que hay propiedades que no pueden aplicarse a las partículas elementales,
sino sólo a su agrupación colectiva.70

Esta aseveración zubiriana nos recuerda la antigua antinomia


fisicismo-vitalismo. Zubiri71 se decanta abiertamente contra el vitalis-
mo antiguo que recurre a una fuerza vital distinta de las fuerzas físico-
químicas, cuando afirma que el vitalismo no pasa de ser la rotulación
genérica de nuestras ignorancias bioquímicas.72

69
X. ZUBIRI, o.c. pp. 655 – 657.
70
X. ZUBIRI, o.c. p. 658.
71
X. ZUBIRI, o.c. p. 659.
72
Todo el discurso epistemológico zubiriano acerca del organismo vivo se puede resumir en los
siguientes puntos:
1º. La vida es actividad autónoma, conservadora, reproductora.
2º. La vida es actividad de orientación interna de las acciones bioquímicas como unidad
radical y primaria del viviente.
3º. La vida como orientación interna es natural y el ser vivo es un sistema que lleva en sí
mismo sus planes.
4º. El viviente como sujeto vivo es distinto del sujeto físico. Éste permanece a pesar del
cambio, aquel cambia constantemente para seguir siendo lo que es. Es dinamismo dominante. Es
substantividad, no substancialidad.
5º. Ser sujeto significa que las estructuras bioquímicas no pertenecen al viviente, sino que
el viviente es sus estructuras.
6º. La mera suspensión de las funciones químicas no es todavía la muerte. Estas funciones
se pueden recuperar por las técnicas conocidas. Mientras exista orientación, organización, hay posi-
bilidad de vida y la muerte será aparente.
7º. Esto significa que el ser vivo funciona como un todo y este no es resultado de la unión
sino que es radicalmente una unidad orgánica funcional.
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87

Como epílogo a su discurso biológico, Zubiri73 ofrece una defi-


nición resumen de su pensamiento acerca del ser vivo, del cual dice: es
irritabilidad normada, integrada por materia orgánica, actividad inter-
namente orientada por radical unidad primaria.
En resumen, si analizamos detenidamente la reflexión filosófica
de Zubiri sobre lo que puede ser un viviente, veremos tras su lenguaje y
neologismos característicos, una total coincidencia con las categorías
biológicas aceptadas hoy por la mayoría de los científicos modernos. La
visión biofilosófica de Zubiri sobre el fenómeno vital desemboca en un
vitalismo moderno, en palabras del propio autor,74 alejado del simple
reduccionismo, pero fundamentado exclusivamente en las acciones físi-
co-químicas de las estructuras moleculares fundadas y fundidas por
orientación dinámica radical, capaz de convertir la materia física en ma-
teria viva. Se recibe la impresión de un sincretismo entre ambas posi-
ciones extremas mecanicismo-vitalismo, pero que puede ser como un
anuncio de una nueva biología mejor fundada en una física indetermi-
nista más evolucionada, que nos lleve a un mejor conocimiento científi-
co del ser vivo sin tener que recurrir al tan temido principio vital.

2. 2. 4. Problemas de racionalidad en Biología.

Ajustada la demarcación del territorio autónomo de la biología


evolutiva moderna por el profesor Ayala y aceptada en los ambientes
científicos –dado el estado actual de las dos ciencias Física y Biolo-
gía– parece necesario y legítimo adentrarnos en la problemática que
envuelve a la filosofía biológica actual.
Uno de los más destacados exponentes de estos problemas pue-
de considerarse a Henry Skolimowski de la Universidad de Michigan,
invitado expreso de Ayala a la Conferencia que tuvo lugar en el Centro
de Estudios y Conferencias de la fundación Rockefeller en Bellagio
(Italia) durante los días 9 al 16 de septiembre de 1972. En su interven-
ción expone el profesor Skolimowski75 sus puntos de vista en los que
denuncia, con sabiduría y énfasis, la problemática biológica. El autor
comienza con esta afirmacion:

La Biología es hoy una ciencia especial, ya que se ha convertido en un


campo de batalla filosófico en el cual se está estableciendo un nuevo pa-
radigma para todo el conocimiento humano. El reino de la Física como pa-
radigma universal está acabado. La Biología aspira a suministrar un nuevo

73
X. ZUBIRI, o.c. p. 671.
74
X. ZUBIRI, o.c. p. 659.
75
H. SKOLIMOWSKI,“Problemas de racionalidad biológica” en Estudios sobre la filosofía de la
biología, F. J. AYALA y T. DOBZHANSKY Edts, traducción de Carlos Pijoan Rotge, Editorial
Ariel, Barcelona, 1983, p. 267 – 289.
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88

paradigma. Aunque sus aspiraciones están quizás justificadas, el paso e


este nuevo paradigma demuestra ser excesivamente brusco y espinoso.
(…) En la huida de la tiranía de las ortodoxias religiosas, hemos adquirido
el hábito intelectual despiadado de negar todo lo que no se ajusta a una
cierta concepción del mundo empírico.76

El dilema principal de la Biología es el de la racionalidad, por lo


cual escribe:

La racionalidad desarrollada bajo los auspicios de la ciencia física es un


yugo (…) La paradoja de muchas explicaciones biológicas, especialmente
en la Biología evolucionista, consiste en el hecho de que estas explicacio-
nes se apartan de los criterios de validez que acepta la racionalidad cientí-
fica corriente.
(...) En realidad, el nuevo paradigma que la biología intenta proporcionar
para todo conocimiento humano no puede establecerse con éxito hasta que
no reconstituyamos simultáneamente la noción de racionalidad y los crite-
rios de la validez del conocimiento aceptado.77

Para Skolimowski el biólogo evolucionista es amonestado por


sus colegas moleculares por no ser “suficientemente científico”, pero
por esto mismo, es capaz de explicar mejor los fenómenos de la vida.
Mientras permanezcamos bajo el yugo de la racionalidad física tradi-
cional y lo “racional” sea intercambiable sólo con lo “científico,” nues-
tros esfuerzos por un nuevo paradigma se verán frustrados.
Otro dilema que describe Skolimowski78 es la asimetría episté-
mica entre racionalidad positivista y racionalidad evolucionista. Al es-
tablecer un parangón entre ambas, hace un apunte de las doce actitudes
y creencias del positivismo que rebate con otras tantas disconformida-
des de la Biología evolucionista con las doctrinas positivistas. Esque-
máticamente serían las siguientes:
Positivismo:
1. Todo lo que se conoce puede ser reducido a leyes físicas.
2. El conocimiento genuino se basa en el método de la ciencia física.
3. El conocimiento debe limitarse a sistemas simples y aislados.
4. Debemos desistir de la comprensión en aras de resultados precisos.
5. Existen a priori reglas de procedimiento como el postulado objeti-
vo que aseguran nuestro conocimiento.
6. La evidencia aceptable es únicamente lo que puede definirse en
términos de ciencia física.
7. Estos términos y procesos son de naturaleza determinista o son un
hecho de puro azar.

76
H. SKOLIMOWSKI, o.c. p 267.
77
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 268 – 269.
78
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 270 – 271.
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89

8. El lenguaje significativo ha de tener bases y consecuencias empíri-


cas.
9. Los sistemas amplios y complejos son el resultado de sus partes
constituyentes: el todo es igual a la suma de sus partes.
10. La explicación debe excluir cualquier agente supernatural.
11. Las verdades de la ciencia son las únicas verdades.
12. La justificación más importante del conocimiento es la idea de
progreso material.

Biología evolucionista:

1. No todo lo que se conoce puede ser reducido a leyes físicas.


2. Los métodos de la ciencia física son insuficientes para el estudio de
los fenómenos de la vida a nivel superior de complejidad.
3. No podemos limitarnos a sistemas sencillos aislados, ya que los
sistemas vitales son enormemente complejos e intrincadamente in-
terrelacionados.
4. La compresión de los sistemas vitales requiere relaciones que no
pueden definirse con precisión, pero nos permiten comprender más
claramente los fenómenos de la vida.
5. No existen a priori reglas absolutas; el postulado de objetividad
tiene sus limitaciones.
6. La evidencia aceptable es la evidencia que explica los fenómenos
sin tener en cuenta los requerimientos del modelo físico.
7. La evolución está más allá que la dicotomía “azar-necesidad” y ex-
hibe modelos no estrictamente determinados, ni pueden ser atribui-
dos al mero azar.
8. El lenguaje significativo ha de ser capaz de expresar un contenido
con sentido tanto empírico como extra-empírico.
9. El comportamiento de sistemas complejos es a menudo inexplica-
ble por el comportamiento de los constituyentes del sistema; el
comportamiento total equivale, con frecuencia, a más de la suma de
sus partes o difiere de esta suma.
10. Hay agentes o fuerzas más allá del alcance de la ciencia actual que
no deben llamarse “supernaturales”; no debemos ponernos nervio-
sos ante la obsesión o paranoia que entraña la restitución de Dios y
de la teología, cuando intentamos extender el alcance de nuestro
conocimiento actual.
11. Las verdades de la ciencia son parcialmente verdades por conven-
ción; existen otros tipos y fuentes de verdad sobre las que las ver-
dades científicas no tienen autoridad.
12. La idea de progreso material es insuficiente para explicar los proce-
sos evolutivos del hombre.

Skolimowski79 nos describe con claridad y contundencia el


abismo, no del todo infranqueable, existente entre una y otra racionali-
dad de actitudes y suposiciones distintas, cuando todos los fenómenos

79
H. SKOLIMOWSKI, o.c. p. 272 – 273.
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90

se reducen a uno solo, cuando los sistemas abiertos se convierten en


cerrados y simples y cuando se simplifica el lenguaje científico; eviden-
temente si sólo hay un modelo de racionalidad, éste sería un primer
error: confundir el extremo del espectro del conocimiento con su totali-
dad. La racionalidad científica es una parte de la evolutiva pero no vi-
ceversa.
Un segundo error es prescindir del carácter histórico de toda ra-
cionalidad. Recuerda el profesor de Michigan a los positivistas su con-
tradicción al supervalorar la ciencia de Newton como la más sólida y
olvidan que éste hacía a la vez Física y Teología y con frecuencia se
servía de la primera para defender a la segunda. Parece que la ciencia
moderna se ha convertido en una teología anti-deista, con su propio
dogma que no permite desviación alguna del punto de vista científico:
lo racional es lo que es científico y lo científico es lo que es racional.
Una tercera equivocación, que así podríamos llamar, es olvidar
los fenómenos de complejidad y organización80. La ciencia física ha
resuelto bien los problemas fáciles, pero los difíciles siguen sin resolver
y son los más prometedores para el hombre.
En su reflexión sobre las dificultades de la racionalidad biológi-
ca, utilizando sólo la racionalidad física, se detiene en el postulado de
objetividad de la ideología de la ciencia moderna y tan cacareado por J.
Monod. 81
Las afirmaciones de J. Monod provocan en Skolimowski su
desacuerdo en forma casi visceral. Comienza enjuiciando el limitado
conocimiento filosófico de Monod. Si la naturaleza es objetiva, respon-
de: sí, en sentido trivial; hemos descrito fragmentos de ella, pero aún
quedan otros fragmentos integrados que la ciencia, hasta ahora, no pue-
de describir por excluirlos sistemáticamente de su universo.
Para Skolimowski, el postulado de objetividad monodiano es
una tautología: lo científico es lo objetivo y lo objetivo es lo científico;

80
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 274 – 278.
81
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 278 – 289. La crítica de Skolimowski se ciñe a los siguientes puntos
esenciales que destaca J. MONOD, El azar y la necesidad, Tusquets Editores S.A., Barcelona, 1970,
pp. 30-31:
1) La piedra angular del método científico es el postulado de que la Naturaleza es objeti-
va.
2) Este postulado es la negativa sistemática de que puede alcanzarse el conocimiento
verdadero en términos de causas finales, es decir, de proyecto.
3) El postulado de objetividad es consubstancial con la ciencia.
4) Este postulado ha guiado la totalidad de sus prodigiosos desarrollos durante siglos.
5) Es imposible escaparse de él sin apartarse del dominio de la ciencia.
6) No obstante, la objetividad nos obliga a reconocer el carácter teleonómico de los orga-
nismos vivientes.
7) Aquí, por tanto, aparentemente, por lo menos, radica una profunda contradicción
epistemlógica.
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91

es una petitio principii y es un dogma; la ciencia debe basarse en el


principio de objetividad sin más.
Es falsa la afirmación de Monod de que no puede alcanzarse
conocimiento verdadero en términos de causas finales. Popper ha seña-
lado que el conocimiento verdadero puede adquirirse según todo tipo
de formas; cualquier cosa puede ser fuente de conocimiento aproxima-
do. No es cierto que este postulado haya guiado el desarrollo de la cien-
cia en los últimos siglos como se ha visto en Copérnico y Newton. A
pesar del postulado de objetividad, se ve obligado Monod a reconocer
el carácter teleonómico de los organismos vivientes, contradicción que
él mismo pone de relieve.. La contradicción surge cuando se acepta el
principio de objetividad como único modelo, rígido y determinista con
el que no se puede explicar la vida que es evolución. Si se suprime la
universalidad del principio de objetividad no ocurrirá nada en contra de
la supervivencia del conocimiento científico.
Frente al postulado de objetividad, base de la epistemología de
Monod, propone Skolimowski82 su postulado compasivo llamado así
por él de forma un tanto sorpresiva. Este postulado comprende en la
mente de su autor conceptos abiertos, de crecimiento y normativos, que
no se encuentran en la actitud objetivista de la ciencia actual Este nuevo
postulado, en boca de su autor, no sería una extravagancia filosófica ni
algo caprichoso. Los mismos ultra-positivistas como Monod admiten
que la búsqueda de la verdad se basa en una elección de valores.
El postulado compasivo, como advierte Skolimowski, no inten-
ta eliminar al postulado de objetividad sino integrarlo en estructuras
más amplias.83
No cesa Skolimowski de insistir en la insuficiencia de la cien-
cia objetiva para explicar con sus ardides las propiedades emergentes,
especialmente de los sistemas vivos, y en la incongruencia del conoci-
miento oficial físico que sólo expresa una parte de nuestro conocimien-
to total.
Como resumen de lo anterior ofrece el profesor de Humanida-
des de Michigan84 unas reflexiones finales que anoto de la siguiente
forma:
Pecamos intelectualmente al ignorar aspectos de los fenómenos
que participan en el proceso de la vida,85 de aquí, el reconocimiento
que existe:

• De la limitación y fragilidad de nuestros modelos de conocimiento


que revelan nuestra ignorancia y prejuicios.
82
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 285 – 289.
83
H. SKOLIMOWSKI, o.c. p. 287.
84
H. SKOLIMOWSKI, o.c. pp. 288 – 289.
85
H. SKOLIMOWSKI, Ibidem, p. 288.
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92

• De que dificultamos nuestro conocimiento cuando intentamos re-


flejar procesos dinámicos con procesos estáticos.
• De que las complejísimas y jerarquizadas formas de la vida son tan
reales como los electrones.
• De que la cualidad es tan clara o misteriosa como la cantidad.
• De que los conocimientos de crecimiento y cualitativos son tan
racionales como los conceptos físicos.
• De que el entendimiento compasivo es perfectamente racional.
• De que la epistemología evolucionista admite que en la vida hay
algo más que la física.
• De que entre el azar y la necesidad existe la evolución creativa.
• De que la conciencia humana es expresión de la evolución creativa,
que es objetiva y que se demuestra con los innumerables individuos
que la personifican.
• Por último, reconocimiento de que la Física significa el triunfo de
lo sencillo y reducible y la vida humana significa el triunfo de lo
complejo e irreductible.

2. 2. 5. Conclusión.

Parece muy razonable la crítica de H. Skolimowski al herme-


tismo, cerrazón y autosuficiencia del positivismo científico que sacrali-
za la llamada ciencia física objetiva y que niega con terquedad o remite
a superstición a todos aquellos fenómenos que no concuerdan con sus
principios. No niega el valor de la ciencia objetiva sino que denuncia su
desprecio a todo lo que no tenga carácter físico y cuantificable. Existen
fenómenos que surgen de la interrelación de partículas, de su organiza-
ción y jerarquización como se ha visto anteriormente y que desbordan
los métodos de la ciencia empírica, resultando insuficiente para dar
cuenta de ellos. De aquí, que sea también interesante su oposición al
escueto y rígido postulado de objetividad en el que el propio Monod,
aferrado a él, encuentra contradicción al toparse necesariamente con la
teleonomía. Skolimowski con su refrescante postulado compasivo no
intenta suplantar al ya conocido principio de objetividad, sino que éste
salga de su cercado y se abra a los conceptos de crecimiento y normati-
vos de la evolución creativa.
Con la lectura de la doctrina de Skolimowki se obtiene la im-
presión de la existencia en la actualidad de una doble Biología, tal co-
mo ocurrió con la Física ante los fenómenos ondulatorios de la luz. El
dilema planteado es el siguiente: o la biología, que es por esencia evo-
lutiva, se enfoca de manera exclusivamente reduccionista, quedando
fuera de su alcance todos los fenómenos de la complejidad, característi-
ca de los seres vivientes, no explicados a nivel molecular en el laborato-
rio de la ciencia objetiva, tal como la entiende Monod, o se afirma au-
tónoma, biología que tiene visión más integradora de la realidad viva.
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93

Esta última parece ser la solución del presente; la doble biología y la


que hábilmente propone el profesor Ayala en la situación actual de la
ciencia. Pienso que sería más científico y elegante la apertura de la lla-
mada ciencia objetiva a los sistemas abiertos, evolutivos y complejos.
Esto es lo que, en el fondo, esperaban el mismo Schrödinger una nueva
Física y tantos otros. De este modo sería posible la realización de la
quimera fisicalista: la unificación de las ciencias.
De todas formas, Ayala presenció como oyente la exposición de
Skolimowski, al que no presentó dificultad alguna ni ninguno de los
presentes, excepto el profesor Rench, que no entendió bien el concepto
de racionalidad propuesto por Skolimowski y al que éste le respondió
magistralmente.

2. 2. 6. Posibles soluciones

Es inmensa la barahunda de opiniones ofrecidas por biólogos y


filósofos hoy en día para intentar resolver, o por lo menos, aminorar los
problemas que plantea la Biología moderna, molecular y unidimensio-
nal por una parte, post-molecular y multidimensional por otra. La con-
junción de ambas es el punto más difícil de resolver. De aquí, la prolife-
ración de posiciones distintas o perspectivas en tema tan complejo. Se-
ría prolijo y penoso presentar aquí las muchas y variadas propuestas de
cada uno de los grandes y significados epistemólogos de la Biología
moderna; al no ser esto posible, ofrecemos por el momento algunas
que pueden ser representativas.
Ciertamente, Ayala no presenta ninguna teoría personal ad hoc.
Con anterioridad nos afirmó rotundamente que, en la actualidad, la
Biología es autónoma y no reductible. Confía en el progreso de la
biología molecular, pero ésta aún no goza del desarrollo necesario para
poder explicar el grado enorme de complejidad de los sistemas vivos.
Ni es vitalista ni reduccionista, simplemente utiliza los medios técnicos
que el desarrollo científico ofrece. No obstante, parece oportuno dentro
del marco de amplitud de esta autonomía, observar las nuevas trayecto-
rias que van señalando la posible solución al problema biológico. Vea-
mos algunas.
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94

2. 2. 7. Teoría del integrón. François Jacob.

En su obra La lógica de lo viviente,86 dedica su conclusión al


tema del integrón. El concepto de integrón lo expresa F. Jacob cuando
dice:
La complejidad de un organismo es tal que, incluso el más simple de
ellos, seguramente no hubiese podido nunca formarse, reproducirse ni
evolucionar si el conjunto hubiese tenido que organizarse pieza por pieza,
molécula por molécula como un mosaico. En vez de esto, los organismos
se edifican por una serie de integraciones. Elementos similares se unen en
un conjunto intermediario (…) se asocian para construir un conjunto de
nivel superior y así sucesivamente. La complejidad de los seres vivos nace
de la combinación de elementos cada vez más elaborados y de la articula-
ción de estructuras subordinadas unas a otras. (…) Los seres vivos se
construyen por una serie de embalajes dispuestos según una jerarquía de
conjuntos. A cada nivel se unen unidades de tamaño bien definido y de es-
tructura casi idéntica para formar una unidad a escala superior. Cada una
de estas unidades constituida por la integración de subunidades, puede de-
signarse con el término general de integrón. Un integrón se forma por la
unión de integrones de nivel inferior y a su vez participa en la construc-
ción de un integrón de nivel superior.87

Reconoce F. Jacob, que un viviente es el desarrollo de un pro-


grama genético sometido a la selección natural, cuya evolución biológi-
ca es la continuación de una larga evolución química dirigida por una
lógica difícil de entender bien. De aquí las dificultades que encuentra el
fisiólogo francés para comprender la formación de los sistemas integra-
dos, por primitivos que sean, como son las bacterias. La más modesta
de éstas está formada por un número enorme de moléculas, de las que
no puede pensarse que se encontraran y unieran por azar y de forma
repentina.
La primera y gran pregunta que se hace F. Jacob es: ¿cuál es el
origen del código genético?, ¿cómo empezó todo? ¿qué son antes, los
ácidos nucleicos o las proteínas? ¿cómo es el paso de lo orgánico a lo
viviente? ¿cuál es la probabilidad de que aparezca un ser viviente sobre
la tierra? Respuestas a estas cuestiones, afirma F. Jacob, no pueden dar-
se desde la predicción científica sino desde la Metafísica.

86
F. JACOB, La lógica de lo viviente, Editorial Laia, Barcelona, 1973. pp. 325 – 349.
87
F. JACOB, o.c. p, 328. Llama la atención la analogía que establece este autor entre cristales y
seres vivientes para explicar la forma, crecimiento y reproducción de estos. Analogía que ya la en-
contramos en Schrödinger con matizaciones y en otros como Penrose, que alertará a más de un epis-
temólogo, porque la afirmación cristales que crecen resulta sumamente sospechosa. Un cristal podrá
aumentar, mas no crecer. ¿No será una cuestión semántica de los reduccionistas, confundir crecer y
aumentar, reproducir y hacer copias.? No es probable que haya biólogo sensato que admita esta
comparación establecida con tal frivolidad.
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95

Otro problema básico de racionalidad biológica o lógica de lo


viviente que plantea F. Jacob, es el de la dirección de la evolución. To-
do el mundo, dice, está de acuerdo en ver una dirección en la evolución.
Esta dirección hay que concebirla como apertura del programa genético
al medio que permite aumentar sus relaciones entre ambos. Para esta
apertura y a nivel microscópico, aparecen mecanismos que permiten
mezclar los programas, su dispersión en otros cromosomas, segrega-
ción, recombinación etc., y sobre todo, a nivel macroscópico, la sexua-
lidad y la muerte. Con el mecanismo de la sexualidad la evolución lleva
al aumento de la complejidad y ésta al alargamiento del programa gené-
tico. Pero ¿hasta donde pueden llegar esta complejidad y alargamiento?
Se impone el límite prescrito en el mismo programa: la muerte. Tanto la
senectud como la muerte son efectos necesarios de la acumulación de
errores, más allá de la cual es escasísima la probabilidad de alargar la
vida.
Las complejísimas interrelaciones moleculares, no bien conoci-
das, producen un aumento del ácido nucleico y de la comunicación con
el medio en el programa, siguiendo una lógica y finalidad propias. De
aquí, la perfección y fidelidad en el mensaje genético como se demues-
tra por la escasez de casos teratológicos, si bien, hay que tener en cuen-
ta la diferenciación celular que se produce debida a que cada célula
traduce sólo algunos fragmentos y ejecuta sólo alguna instrucciones del
código, lo que justifica la versatilidad de nuevos programas genéticos y
hasta los errores. A estos acontecimientos celulares hay que añadir el de
la coordinación intercelular para que se cumplan las funciones de todo
organismo según su propio reglamento. A veces, se rompe esta lógica
con una cierta anarquía.
Toda esta complicada organización se realiza en etapas evoluti-
vas como el paso de los procariotas a los eucariotas; de los unicelulares
a los pluricelulares; a los vertebrados. En esta evolución juega un papel
muy importante la simbiogénesis o fusión de programas.
Todas estas complicaciones e integraciones son necesarias para
incrementar el intercambio con el medio y mejorar la adaptación. En
todo código genético hay una parte cerrada que dirige las conductas
rígidas y otra abierta, la cual, tras una mayor información del exterior
puede aumentar el grado de libertad de respuesta a los estímulos. Aquí
es donde aparece el aprendizaje que está íntimamente ligado al desarro-
llo del sistema nervioso y del programa genético determinando la apari-
ción de integrones de orden superior.
F. Jacob se remonta hasta el hombre en el que la capacidad de
integración aumenta con la cerebralización que constituye una nueva
jerarquía de integrones específicamente humanos: organización fami-
liar, concepto de Estado, etnia, nación, códigos culturales, morales, so-
MENU SALIR
96

ciales, religiosos, militares etc., en los integrones culturales y sociales,


aparecen objetos nuevos: democracia, propiedad, salario… conceptos
que no tienen significación para una célula ni para una molécula aislada
y desbordan los esquemas explicativos de la biología, aunque no supo-
ne ruptura con ésta.
Desde Herbert Spencer, ha sido la tentación de biólogos inter-
pretar estos integrones sociales y culturales por analogía con modelos
exclusivamente biológicos, pero el problema que envuelve es el de es-
pecificar el criterio de selección que no se ha logrado. Este biologicis-
mo defendido por D. Hull y otros es profundamente rechazado por el
profesor Ayala, como se expuso en su lugar propio.
Interpretada la evolución biológica en clave de organización di-
reccional e integracional del programa genético, se pregunta F. Jacob:
¿hasta dónde llega la rigidez cromosómica?, ¿dónde acaba la flexibili-
dad del programa genético humano? El hombre ha conseguido controlar
la evolución de otros seres y hasta la propia para corregir o suplemen-
tar, pero falta elegir los criterios y esto ya no es un problema sólo de la
biología.
Termina F. Jacob su reflexión entonando un cántico a la cohe-
rencia de la ciencia que es unidad basada en la unidad de los objetos de
análisis, que son siempre organizaciones y sistemas, incluso el átomo.
La organización es unidad de emergencia para integrarse en un sistema
dominante, propiedad sin la cual el Universo sería un océano de granos
idénticos ignorándose unos a otros. Por la integración cambia la calidad
de las cosas: una organización posee propiedades que no existen en su
nivel inferior. Estas pueden explicarse por las de los constituyentes, pe-
ro no deducirse de ellas. Esto nos lleva a un conocimiento de orden es-
tadístico. La selección natural impide toda predicción en los organis-
mos. ¿cómo se puede prever la aparición y desarrollo de unas formas
vivientes más que de otras?
En resumen, la original teoría del integrón de F. Jacob despierta
interés epistemológico porque, pese a la tendencia reduccionista de su
autor, su sensatez científica le lleva a reconocer esos niveles de comple-
jidad del ser vivo que lo distinguen del ser no vivo, producto de múlti-
ples y complicadas integraciones cuyos mecanismos físico-químicos
nos son absolutamente desconocidos en el momento presente. Es posi-
ble que la teoría del integrón sea una de esas ventanas abiertas, por
donde penetra un nuevo frescor que conforta el nerviosismo de reduc-
cionistas y anti-reduccionistas en la búsqueda de una biología con ma-
yoría de edad. La doctrina de F. Jacob podría servir como pauta para
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97

ese deseado enlace de continuidad entre la ciencia física y biológica en


el futuro.88

2. 2. 8. Objetividad, azar, necesidad, teleonomía. J. Monod.

J. Monod colega del anterior en el Instituto Pasteur de París y de


premio Nobel, se manifiesta reduccionista radical en su conocida obra
Le hasard et la necessité. Cuatro son las luminarias que alumbran su
pensamiento biológico y constituyen el test de su racionalidad: objeti-
vidad, azar, necesidad, teleonomía. Como escribe el profesor Núñez de
Castro:

El azar y la necesidad, siguiendo a Demócrito, significan en J. Monod


emergencia y teleonomía. Emergencia o lo azaroso, imprevisto, lo nuevo
en el Universo o lo no sujeto a ley, y la teleonomía o necesidad, ley inter-
na, proyecto que rige el desarrollo del ser vivo. Sacado del reino del puro
azar, entra en el reino de la necesidad, de las certidumbres más implaca-
bles, donde a escala macroscópica opera la selección.89

Se observa una gran aproximación entre F. Jacob y J. Monod en


los fundamentos teóricos, aunque se descubren algunas incongruencias
en el libro de J. Monod, en las que, como él mismo confiesa, ha incu-
rrido.
En páginas anteriores hemos asistido a la severa crítica de Sko-
limoswski al principio de objetividad, pero el propio Monod pide dis-
culpas por la imprecisión con la que usa el término objetividad que da
lugar a falsas interpretaciones:

Pienso que ve esta incoherencia debido a una confusión realizada por mu-
chos lectores y críticos del libro, de la cual me considero, en parte, res-
ponsable, sencillamente por el hecho de que utilicé el término objetividad
para definir el postulado. (…) Cuando hablo de una afirmación objetiva o
de un conocimiento objetivo me refiero, sencillamente, a una afirmación
que no viole el postulado de objetividad, no me refiero al significado psi-
cológico de la palabra objetividad.90

Aferrado al principio de objetividad, parece reducir excesiva-


mente la teleonomía a la descrita en el proyecto genético y no es más
que el desarrollo epigenético de propiedades contenidas en niveles infe-

88
El concepto de integrón puede completarse consultando la obra de EDGAR MORIN, La Méthode,
2 La vie de la vie, pp. 310 – 315.
89
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “Azar, Finalidad y Transcendencia”, en Descifrar la vida de J.
CASADESÚS y F. RUIZ BERRAQUERO, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones,
1994, pp. 339 – 352.
90
J. MONOD, “Sobre el azar y la necesidad”, en Estudios sobre la filosofía de la biología, de F. J.
AYALA y T. DOBZHANSKY Eds, Editorial Ariel S. A. Barcelona, 1983, pp. 452 – 453.
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98

riores. Esto es reduccionismo. Sin embargo, se defiende cuando dice:


No hablé de reduccionismo, sino del método analítico. No defendí el
reduccionismo porque no creo en él; de hecho, no sé lo que es.91 Como
si dijéramos: es tan reduccionista que no es consciente de serlo.
Ya en el prólogo afirma J. Monod: La ingenuidad misma de una
visión nueva, virgen, (la de la ciencia siempre lo es) puede, a veces,
iluminar con un nuevo día antiguos problemas.92
Al final de su obra, guiado de lo que él llama conocimiento ob-
jetivo, admite que la ciencia objetiva es dirigida por valores, pero éstos
son los que proporciona la propia objetividad exclusivamente, y recha-
za lo que se opone o se sale del principio de objetividad. ¿Dónde están
para Monod los límites del conocimiento objetivo?.
Siguiendo el comentario de J. Echarri que coincide con el de
Skolimowski: J. Monod sufre graves errores filosóficos al utilizar y
mezclar conceptos de distinta índole filosófica y sobre todo por una
interpretación poco exacta de la dialéctica entre necesidad, azar y fina-
lidad.93
Cuando J. Monod habla de necesidad, invariancia, no se refiere
a una necesidad lógica obtenida por deducción, ni metafísica mucho
menos, por la que siente horror, sino a una necesidad de hecho, de fun-
cionamiento, meramente fáctica. La necesidad o invariancia monodiana
tiene como soporte químico los ácidos nucleicos, es una relación quí-
micamente necesaria de estructura, es una química geométrica cartesia-
na como especie de rompecabezas, un ajuste necesario como el que se
da en la enzima con el substrato, como el del tornillo que, de hecho,
reconoce a su tuerca. Sin embargo, el tratamiento que da Monod a esta
necesidad es metafísico, la substantiva en un determinismo a priori, es
necesidad de hecho pero que debe ser así y no puede ser de otra forma.
Es como dice en expresión literal J. Echarri: Meramente la necesidad
por la que una imprenta copia la matriz en pliegos y más pliegos y
simplemente porque son lo que son y como son.94
Otro tanto hace Monod con el concepto de azar. La necesidad
conlleva el azar que la complementa, alimenta, enriquece y desarrolla.
Pero el azar no es más que un fallo, un accidente que la necesidad sufre,
son las perturbaciones, alteraciones accidentales de la replicación inva-
riante. A este azar fáctico le llama esencial por ser inherente a la total y

91
F. J. AYALA y T. DOBZHANSKY Eds, o.c. p. 468.
92
J. MONOD, o.c. p.11. Esta afirmación, probablemente, sería discutida por K. Popper.
93
J. ECHARRI, “Azar y necesidad en la filosofía de la vida de J. Monod”, Pensamiento, Casa de
Escritores, S.J. Madrid, vol. 33, 1977, p. 6.
94
J. ECHARRI, o.c. pp. 9 – 12.
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99

absoluta independencia de las dos series de acontecimientos que provo-


can el error en la replicación del mensaje genético.95
Por último, otra apreciación sobre el azar definido por J. Mo-
nod: Este azar bioquímico esencial al mecanismo de la replicación re-
gulado por leyes físicas, es tan necesario y determinado como ellas. Por
lo que se pregunta J. Echarri ¿qué le queda, entonces, de fortuito, de
azar a este azar?. Sorprende la paradoja.
La tercera componente del hecho vital para J. Monod es la te-
leonomía o finalidad. Esta significa para él que (...) una de las propie-
dades fundamentales que caracterizan sin excepción a todos los seres
vivos: la de ser objetos dotados de un proyecto que a la vez representan
en sus estructuras y cumplen con sus performances.96
Esta teleonomía recibe el mismo tratamiento que los anteriores
componentes del ser vivo en la biología monodiana. Es teleonomía
simplemente material o de hecho, que no es todavía la definitiva o for-
mal. Es posible que sirva para explicar un proceso concreto y determi-
nado pero no todo el proyecto del ser vivo.
Otra faceta de este concepto tan singular de teleonomía es, que
no acierta J. Monod a distinguir con claridad entre teleonomía objetiva
y subjetiva, fuerzas internas y externas de un proyecto teleonómico,
entre teleonomía interna y externa según Ayala97 o como llaman otros
natural o artificial respectivamente. De aquí, el terror que siente Monod
ante la idea de que las causas finales puedan substituir a las eficientes,
como lo manifiesta en su principio de objetividad; de ningún modo es
esto lo que pretenden los defensores de la teleología que sólo proponen
la simultaneidad de ambas.
La agudeza de ingenio de J. Echarri nos lleva a preguntarnos:
puesto que el azar pertenece esencialmente a la invariancia ¿no podría
ser el azar mismo el que obliga a la estructura –necesidad– a ser teleo-
nómica, a tener direccionalidad estructural de hecho en el momento del
fallo o error?
95
J. ECHARRI, o.c. p. 50. Para Echarri, esta total y absoluta independencia no se da; e.c. la radia-
ción solar funde la cera, endurece el barro etc.; se puede decir que tal radiación no especifica estos
efectos y, en este sentido, nada tiene que ver con ellos, no obstante, no hay una total independencia
entre radiación y consecuencias, existe una dependencia indirecta. Olvida Monod aquello de causa
causae, causa causati.
96
J. MONOD, o.c p. 20. Haciendo un somero análisis sobre el término proyecto, siempre entrecomi-
llado para distinguirlo y que no pueda ser confundido con proyecto subjetivo, deducimos que el
concepto de proyecto en Monod es de orden dinámico, material y es tan real y objetivo como la
misma estructura celular, como si se dijera, advierte Echarri, que una bola redonda es una esfera o
encarna y realiza una esfera, o el continente y contenido son lo mismo. Lo que pretende Monod es
evitar el concepto de causa final. Es un proyecto no proyectado, simplemente es un resultado. Un
ejemplo ad hoc del profesor Echarri es: Una bola torneada es un proyecto geométrico proyectado
por el tornero, mientras que un canto rodado es un proyecto geométrico no proyectado, sino resul-
tante. Probablemente coincida con el concepto de ley natural.
97
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous science”, American Scientist, vol. 56, Nº 3, 1968, p.
218.
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100

Para concluir, la teoría epistemológica de J. Monod adolece de


ambigüedad, confusión e imprecisión en cuanto al concepto y uso de
los términos fundamentales de la teoría: necesidad, azar, teleonomía. Es
este un proyecto que resulta pobre y muy estático frente al de su com-
pañero F. Jacob, programa, que resulta mucho más dinámico.
Aunque el profesor Ayala en sus escritos no hace mención ni
referencia alguna a J. Monod, sin embargo, es probable que en princi-
pio esté de acuerdo con él en su conjunto pero con matizaciones pro-
fundas. La mayor dificultad en la crítica a Monod radica en su falta de
claridad y nitidez en el manejo de los conceptos fundamentales. Que la
vida de un ser orgánico sea necesario entenderla en términos de desa-
rrollo de un programa genético no presenta inconveniente alguno, aun-
que ignoremos el origen y procedencia de ese código. Se hace más in-
comprensible este desarrollo genético entendido sólo bajo el prisma de
un azar como error o fallo inherente a la invariancia del programa. Es
curioso el poco caso que hace J. Monod de la interrelación del progra-
ma con el medio donde hace su aparición la selección natural. Con esta
idea de azar y evolución no estaría conforme Ayala, como tampoco lo
estaría con el concepto de objetividad monodiano excluyente de toda
causa final. La objetividad de la ciencia para el biólogo molecular fran-
cés es antinomia de causas finales; para Ayala, esta antinomia es auto-
nomía pero no contradicción.
La emergencia en J. Monod está programada epigenéticamente.
Sería otro punto de desacuerdo entre ambos. El proyecto de ser vivo
monodiano produce la impresión de estar ante una planaria que resuel-
ve todos sus movimientos en una sola dimensión. Las otras emergen-
cias culturales, religiosas etc., a las que Monod llama mitos y ontogo-
nias, son para él producto de la estética, respetable, pero no proyecto
científico. La sociedad moderna, según su propio juicio, ha cometido el
grave error de mezclar mitología y ciencia:
Las sociedades “liberales” de Occidente enseñan aún, con desdén, como
base de su moral, una repugnante mezcla de religiosidad judeo-cristiana,
de progresismo cientista, de creencia en los derechos “naturales” del hom-
bre y de pragmatismo utilitarista (…) todos estos sistemas enraizados en el
animismo están fuera del conocimiento objetivo, fuera de la verdad, extra-
ños y en definitiva hostiles a la ciencia, que quieren utilizar, mas no respe-
tar y servir.98

Por último, señalar que J. Monod, pese a su horrible repugnan-


cia a la Metafísica, demuestra en su mismo discurso final lo difícil que
resulta a un científico desprenderse de ella. Las últimas páginas de su
libro lo ponen de manifiesto.
98
J. MONOD, o.c. pp. 182 – 183.
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101

2. 2. 9. Un modelo geométrico de reducción y emergencia.


P. Medawar.

Es curiosa la propuesta de Medawar, reduccionista moderado.


Pretende establecer una analogía entre las ciencias empíricas y la jerar-
quía de geometrías de Felix Klein para:

(…) ilustrar la relación entre las distintas capas jerárquicas de las ciencias
naturales (...) aclarar el concepto de “emergencia” que existe en cada capa
de la jerarquía de conceptos peculiares y distintivos de dicha capa y que no
son reducibles de una forma obvia a las nociones de nivel inmediatamente
superior o más alto todavía.99

La jerarquía de las geometrías adopta el siguiente orden:

1) Topología.
2) Geometría proyectiva.
3) Geometría afín.
4) Geometría euclidiano-métrica.

La analogía con las ciencias empíricas presenta este otro orden:

1) Física.
2) Química.
3) Biología.
4) Ecología-Sociología.100

Afirma Medawar:

A medida que bajamos por la lista, las ciencias van teniendo un contenido
empírico más rico y a cada nivel emergen conceptos nuevos que sencilla-
mente no existen en la ciencia precedente. Además, parece probable que
cada ciencia sea un caso especial de la que le precede (…) De la misma
manera que un concepto como el de “circunferencia” simplemente no pue-
de considerarse en el mundo de la Topología, una noción con un contexto
distintivo como el “déficit de cambio extranjero” tampoco puede conside-
rarse en el mundo de la Física. (…) a medida que descendemos por la lista
de jerarquía de las ciencias empíricas, toda afirmación cierta en Física
también lo es en Química, en Biología, en Ecología y Sociología. (…)La
Biología no es únicamente Física y Química sino una parte muy limitada,
especial y profundamente interesante de ellas. Lo mismo ocurre con la
Ecología y Sociología.101

99
P. MEDAWAR, “Un modelo geométrico de reducción y emergencia” en Estudios sobre la filoso-
fía de la biología, de F. J. AYALA y T. DOBZHANSKY Eds, p. 89.
100
P. MEDAWAR, o.c. pp. 94 – 95.
101
P. MEDAWAR, o.c. pp. 95 – 96.
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102

Termina el autor su reflexión ridiculizando la afirmación de


Keats : Newton destruye la poesía del arco iris reduciéndolo a los colo-
res del arco iris. Y añade, que lo mismo resulta cómica la denuncia de
la reducción analítica, arma metodológica, que tan beneficiosa ha resul-
tado para la ciencia.
Parece decepcionante la reflexión de Medawar. Se espera que
su aportación aminore las diferencias entre reducción y emergencia pe-
ro, probablemente, las incrementa y no resuelve nada del problema. Se-
gún Medawar, todas las ciencias empíricas están enmarcadas jerárqui-
camente en la física, de tal manera, que sus afirmaciones son válidas
para las ciencias de niveles inferiores aunque no siempre resulten inte-
resantes para éstas y también viceversa, lo que significa que el concepto
de reducción no aminora ni deprecia los conceptos de emergencia. Pue-
de que sea verdad, pero también es cierto que de este modo se ignoran o
sufren desinterés mutuo y esta ignorancia o desinterés ad ínvicem no
integra a las ciencias empíricas sino que las mantiene aisladas en sus
propios niveles, lo cual indica disgregación en las mismas.
Ayala y los demás asistentes a la conferencia guardan silencio y
no hay turno de réplica.

2. 2. 10. Teoría del fenotipo. C. H. Waddington.

Sin entrar en detalles, Waddington102 admite como más satisfac-


toria la definición de vida de H. J. Müller (1916): Un sistema es vivien-
te si es portador de especificidad y esta es transmitida, la cual puede
cambiar y estos cambios también son transmitidos. En lugar de especi-
ficidad se puede usar el término más moderno de información y la nue-
va frase sería: Un sistema es viviente si lleva, codificada, información
hereditariamente transmisible, si esta información sufre a veces altera-
ciones, y si la información alterada es luego transmitida.103
No obstante, Waddington la encuentra incompleta porque, por
una parte, esta información exclusivamente genotípica podría transmi-
tirse de otro modo desconocido para nosotros en tipo de vida diferente,
y por otra, esta información transmisible también se da en el mal llama-
do crecimiento de los cristales, sin que por esta causa se les considere
seres vivientes. Como dice Waddington :
Es necesario que realicen algo más que la mera transmisión de informa-
ción (…) La vida implica no sólo el genotipo, sino también la existencia de
algo de la naturaleza de aquello que los genéticos llaman “fenotipo”, es

102
C. H. WADDINGTON y otros, “Las ideas básicas de la biología”, Hacia una biología teórica,
Alianza Editorial, 1976, Madrid, versión española de Mariano Franco Rivas pp 22 – 65.
103
C. H. WADDINGTON y otros, o.c. pg. 20.
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103

decir, algo que se desarrolló a partir del genotipo y que interacciona con el
medio inerte que le rodea.104

Para el profesor de Edimburgo la teoría del fenotipo es una par-


te esencial de la teoría biológica general. Se ha intentado aplicar la teo-
ría de la información desarrollada matemáticamente por Shannon y
Weaver de la Bell Telephone y aunque la aplicación de esta teoría se ha
manifestado útil, especialmente en redes neuronales, sin embargo, ha
puesto al descubierto sus limitaciones al ser aplicada a otros procesos
biológicos como el de relación genotipo-fenotipo. Es en estas relacio-
nes donde encontramos mecanismos más flexibles, aumento y disminu-
ción de información, lo que va contra la teoría utilizada que prohíbe tal
aumento.
La información exclusivamente fenotípica procede como trans-
cripción y traducción, es decir, como instrucciones o algoritmos. El
RNA mensajero es el patrón de acoplamiento de la secuencia de ami-
noácidos. Pero se debe considerar que el fenotipo de un organismo no
consiste sólo en una colección de proteínas, las prescritas por el genoti-
po. Es curiosa la analogía que establece Waddington: El genotipo es
como un sistema de axiomas euclidiano y el fenotipo como un tratado
en tres volúmenes de geometría euclídea. En el fenotipo encontramos
una mayor cantidad de información que procede no sólo del genotipo.
Un conejo saltando por el monte contiene, es obvio, más información
que la ovocélula fertilizada de la que procede. ¿De dónde puede recibir
el animal esta información secundaria, quizás de la hierba ingerida? Un
organismo no es un sistema cerrado. Lo que quiere significar Wadding-
ton,105 es que la teoría de la información no es un auxiliar útil para con-
siderar la relación entre el genotipo y el fenotipo, puesto que este últi-
mo es un fenómeno epigenético.
La transmisión de información se realiza a través de trayecto-
rias epigenéticas resistentes al cambio, a las que Waddington llama
creodos y que son como atractores para otras trayectorias. Estos creo-
dos regidos por la finalidad se llaman así, simplemente, para esquivar
los términos estado final, teleología etc., por ser inadecuados. Wadding-
ton tiene grandes esperanzas en las teorías de sistemas como, Cibernéti-
ca, Teoría de juegos, Teoría de la decisión y Teoría de la comunica-
ción.106 Lo anteriormente expuesto es sólo un apunte de esta original
teoría que puede ayudar a desenmarañar el denso y obscuro bosque del
actual discurso biológico. Es especialmente interesante el concepto de
fenotipo en el proyecto vital.
104
C. H. WADDINGTON y otros, o.c. p. 22.
105
C. H. WADDINGTON y otros, o.c. p. 26.
106
C. H. WADDINGTON y otros. Para más detalle de la teoría de este autor pueden consultarse las
pp. 17 – 65 de la citada obra.
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104

2. 2. 11. Observaciones a la noción de orden. David Bohm.

Interesado David Bohm por una teoría global biológica, propo-


ne como concepto fundamental la noción de orden, básica para relacio-
nar Física y Biología al proporcionar lenguaje y estructura comunes
para ambas disciplinas.107 Estima el físico de la Universidad de Lon-
dres, que el orden es algo más fundamental y universal que casi todo lo
que hasta ahora ha sido generalmente considerado como básico en
nuestro conocimiento:

(...) el orden es común no sólo a la física y biología, sino a todo lo que


podemos conocer y a todo lo que podemos percibir. Tenemos así, el orden
de los sucesos en el tiempo, el orden de causa-efecto, y los diversos
órdenes topológicos que constituyen la esencia de lo que entendemos por
espacio. Tenemos también los órdenes directamente percibidos, tales como
calor y frío, duro y blando y tonalidades de color (...) así como las notas de
la escala que constituyen el contenido básico de la música(...) el orden de
las palabras (...) y el orden de los sentimientos. (…) La esencia de las
cosas está siempre en una clase u otra de orden. Así, el orden puede
verosímilmente ser el factor básico que unifique mente y materia, seres
vivientes y no vivientes etc.108

Es posible que no podamos dar una definición de orden ade-


cuada, pero sí disponemos de un conocimiento implícito y tácito sufi-
ciente para entenderlo como conjunto de diferencias similares: 109 Es lo
que ocurre en la curva geométrica que es un conjunto ordenado de pun-
tos. Para observar este orden se aproxima la curva mediante cuerdas de
igual longitud. Para obtener un curva regular, las diferencias en las
cuerdas deben ser similares. La curva más simple es una recta, curva de
primer orden. La siguiente curva es un círculo, curva de segundo or-
den. La siguiente es una hélice, curva de tercer orden. Así podemos
llegar a curvas de orden infinito tan complejas y enmarañadas que se
pueden llamar aleatorias.
Aquí hace D. Bohm una advertencia: no se debe confundir el
término aleatoriedad con desorden, carencia total de orden. Este desor-
den, como tal, es un imposible; un objeto que se desplaza en una curva
al azar se moverá siempre dentro de cierto orden. El futuro orden de
una curva al azar no se podrá predecir, pero suceda lo que suceda,
siempre será dentro de cierto tipo de orden e.c: el orden de una partitura
musical no es predecible a partir de un pasaje anterior, sin embargo,

107
D. BOHM, “Algunas observaciones sobre la noción de orden,” Hacia una biología teórica, o.c.
pp. 215 – 280.
108
D. BOHM, o.c. p. 215.
109
D. BOHM, o.c. p. 217.
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105

contiene un orden como totalidad. Este orden al azar es un orden abier-


to. Pueden darse órdenes constitutivos y distintivos. Estos órdenes se
desarrollan en jerarquías que pueden ser de orden natural y, por tanto,
dar lugar a estructuras reales.
Una estructura es un orden constitutivo de órdenes constituti-
vos, siendo el constitutivo el resultado de un conjunto de diferencias
constitutivas similares. La estructura de una casa nos aclara el signifi-
cado de este orden constitutivo: se comienza por los ladrillos que son
similares en tamaño y forma pero diferentes en posición y orientación.
La similaridad de estas diferencias en los ladrillos conduce al orden de
la pared. La pared, a su vez, se transforma en un elemento de orden su-
perior, de tal manera, que las diferencias similares en las paredes cons-
tituyen la casa, las de las casas constituyen las calles, las de las calles la
ciudad etc.
Este orden constitutivo o estructura es universal y, por tanto,
aplicable a todo género de realidad viviente o no viviente. En física, las
partículas elementales constituyen los átomos, éstos las moléculas, es-
tas los microobjetos y así hasta los planetas, estrellas y galaxias. En la
materia viviente, las moléculas están ordenadas para constituir células y
sucesivamente tejidos, órganos, organismos y poblaciones. En biología
puede expresarse el crecimiento de un organismo, el fenotipo, en térmi-
nos de un conjunto muy rico y complejo de diferencias similares y ana-
logías diferentes. En el crecimiento y desarrollo de conductas inteligen-
tes en organismos superiores y en el hombre, encontramos órdenes to-
davía más altos de diferencias similares y analogías diferentes. Lo que
estamos manejando es, de hecho, una totalidad unificada de estructu-
ra.110
Es posible que la teoría de los órdenes de D. Bohm sea conside-
rada metafísica por algunos o muchos biólogos y, por tanto, inútil para
las experiencias científicas. No piensa así Waddington. En su comenta-
rio a esta teoría dice:

Me gustaría alegar, que las creencias metafísicas de un científico no son


meros epifenómenos, sino que tienen una influencia definida y determina-
ble sobre su obra. 111

110
D. BOHM, o.c. pp. 218 – 221. Es obvio, que esta referencia no agota la doctrina de D. Bohm
sobre el concepto de orden constitutivo. Para una información más completa puede consultarse la
obra citada de C. H. WADDINGTON, pp. 215 – 280.
111
C. H. WADDINGTON, o.c. pg. 281.
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106

2. 2. 12. La Biología y las ciencias físicas. Michael Ruse.

Michael Ruse,112 llevado de su fuerte tendencia reduccionista,


se pregunta si es correcto (...) el intento de suprimir la distancia entre
Física y Química, por un lado, y la Biología, por otro. (…) Si podemos
esperar que llegue el día en que la Biología desaparezca como disci-
plina autónoma.113 Para responder a estas cuestiones recurre a la gené-
tica y al organicismo.
Comienza por establecer una distinción de incompatibilidad en-
tre la genética molecular y la no-molecular o mendeliana: la definición
de gen mendeliano no coincide con la que presta la genética molecular,
pero teniendo en cuenta los progresos espectaculares de esta última, es
posible establecer algunos nexos entre ambos discursos. Michael Ru-
se114 opina a este respecto, que podemos aproximar el concepto de gen
mendeliano qua función al de gen molecular o ADN. Aquel como cau-
sa última de caracteres fenotípicos y éste como causa última de las ca-
denas polipeptídicas que los producen. Sin embargo, se mantiene una
diferencia: no es igual hablar de ojos azules que de los polipéptidos que
los causan.
Se puede hacer coincidir el significado de gen biológico con el
de DNA en cantidad suficiente para ser causa de un producto celular y
así conseguir una reducción del tipo nageliano, puesto que se podría
deducir la primera ley de Mendel de premisas moleculares. La misma
ley que exige que el gen clásico sea unidad de función, sea individuali-
zado y se distribuya de forma particular en cada generación, es válida
también para el gen molecular. Lo que se exige es que cada gen mende-
liano tenga un equivalente molecular.115
Pese a los enormes avances de la genética, bioenergética y ter-
modinámica y estudios moleculares en mitocondrias y cloroplastos,
confiesa M. Ruse: seguimos estando muy lejos de entender completa-

112
M. RUSE, La Filosofía de la Biología, Editorial Alianza Universidad, versión española de Igna-
cio Cabrera Calvo-Sotelo, Madrid, 1990, p. 237 – 263.
113
M. RUSE, o.c. p. 237.
114
M. RUSE, o.c. p. 244. La denominación ADN se considera incorrecta. Debe ser DNA por ser
sigla como advierte el profesor Núñez de Castro. Conservamos, no obstante, la primera en este
párrafo porque así la utiliza el traductor.
115
M. RUSE, o.c. pp. 244 – 245. Desgraciadamente esta reducción, en boca de M. Ruse, no es legí-
tima porque atendiendo a la mutación y al sobrecruzamiento (crossing-over), las dos genéticas en-
tran en conflicto: la genética no-molecular supone que las unidades de función, mutación y sobre-
cruzamiento son la misma cosa; la genética molecular separa estas tres unidades en las llamadas
cistrón, mutón y recón respectivamente. Ajustando bien estos términos entre genes moleculares y no
moleculares se podría pasar a la zona de una posible reducción y hasta superar los conflictos que
impiden la condición de derivabilidad nageliana. Por lo menos teóricamente, se disuelven así la
incompatibilidad entre ambas genéticas y las barreras teóricas para la reducción de tipo nageliano.
En realidad, la historia actual de la genética nos muestra que ambas teorías tendrán que desarrollarse
simultáneamente para que llegue a ser posible esta reducción.
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107

mente, desde el punto de vista fisico-químico, el espectro total de los


fenómenos biológicos.116 Esto mismo asegura J. D. Watson:

Algunas moléculas celulares, en particular las proteínas y ácidos nucleicos,


son muy grandes y, aún hoy día, es enormemente difícil poner en claro sus
estructuras químicas. (…) Así pues, debemos admitir sin más, que no se
entenderá nunca la estructura de una célula del mismo modo que las molé-
culas de agua o glucosa.117

Obviamente, estas citas de ambos eminentes biólogos no son


sino confirmación de la doctrina del profesor Ayala: en la actual situa-
ción de la ciencia, no es posible este tipo de reducción, por lo que re-
clama con todo derecho la autonomía de la ciencia biológica, como se
verá más adelante.
Insistiendo en su afán reduccionista, M. Ruse se enfrenta con
algunas tesis organicistas propuestas para defender la independencia de
la biología, a las que concede escasa validez y resumimos brevemente.
En cuanto a la unicidad de los fenómenos orgánicos no partici-
pada por los no-orgánicos, dice, depende de lo que se entienda por úni-
co: a) Todos los fenómenos del tipo que sean son únicos atendiendo a
sus propias coordenadas espacio-temporales. b) Los biólogos organicis-
tas olvidan con frecuencia esta unicidad y estudian aspectos no-únicos.
c) La Física y Química, también por abstracción, pueden tratar fenóme-
nos únicos.
Acuden los organicistas al principio de complementariedad pa-
ra decir que los biólogos moleculares, al igual que los físicos, cuanto
más se acercan al objeto de estudio más aumenta la probabilidad de dis-
torsionarlo; a un objeto vivo tienen que matarlo. A lo que arguye M.
Ruse: lo propio ocurre al biólogo no-molecular: los paleontólogos estu-
dian organismos muertos, los biólogos, aunque no siempre matan, alte-
ran el modo de vida del ser vivo; obsérvense, por ejemplo, los resulta-
dos de la cautividad.
Otro argumento de los organicistas para defender la autonomía
de la biología es la naturaleza histórica de los fenómenos biológicos.
Tampoco parece una razón demasiado poderosa para este biólogo. Es
cierto que hay razones para dudar de esta exclusividad. También los
efectos biológicos se pueden estudiar sin diacronía, aunque de por sí
sean históricos. Teniendo en cuenta la consideración de Mikownsky: no
existen hechos sino sucesos. Cualquier partícula elemental se ha forma-
do en la coordenada del tiempo y por tanto, tiene su historia. Nada im-

116
M. RUSE, o.c. p. 250.
117
J. D. WATSON, Molecular Biology of the genes, Editorial Benjamin, New York, 1965, cita de
M. Ruse, p, 251.
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108

pide que la Física y Química contemplen también los aspectos históri-


cos de sus objetos de estudio.
Un aspecto exclusivo de los objetos vivos es el de función, al
que M. Ruse da más valor. Efectivamente, la Física y Química descui-
dan el futuro en sentido biológico, es decir, en orden a causas finales y
por esto, tal como están planteadas hoy, no pueden explicar ciertos as-
pectos de la biología actual. En este sentido el argumento es válido
Finalmente, el último argumento que aducen los defensores del
organicismo en su autodefensa y que analiza nuestro autor comentaris-
ta, es el del orden. Es obvio, que los seres vivos desde los genes hasta
los adultos, son seres extremadamente ordenados, pero también los con-
juntos simplemente moleculares como el DNA donde las bases se orde-
nan de infinitos modos, los cristales y en definitiva todo el mundo inor-
gánico, gozan de una estructura ordinal semejante. La diferencia radical
estará en la enorme complejidad del orden orgánico respecto del orden
inorgánico mucho más simple. En este sentido también es válida la ar-
gumentación en defensa de la autonomía biológica.
Esperemos, que las aportaciones ya referidas de D. Bohm, el
concepto de orden común a ambos reinos nos sirva para resolver, al
menos en parte, la conflictividad y problemática del discurso biológico
en su relación con las demás ciencias. Es posible que se cumpla el con-
vencimiento de M. Ruse expuesto en el epílogo de su obra:

En el futuro, la Biología se fundirá precisamente, por un extremo, con las


ciencias físicas y por el otro, con las ciencias sociales. Veremos que disci-
plinas como la Psicología, la Sociología y la Antropología incorporarán,
cada vez más, a sus teorías, resultados obtenidos por los biólogos. Durante
este proceso, los filósofos desempeñarán, a mi modo de ver, un papel cada
vez más importante.118

2. 2. 13. Aspectos en la racionalidad de las ciencias biológi-


cas. Julián Rubio.

Tras este elenco de aportaciones, es legítimo tener en cuenta


también la reflexión epistemológica de un profesor español de genética
en la Universidad de Oviedo interesado por la problemática de la racio-
nalidad biológica. De forma global y resumida, he aquí los puntos clave
de su pensamiento crítico:119

118
M. RUSE, o.c. p. 262.
119
J. RUBIO, “Aspectos de la racionalidad de las ciencias biológicas“, Ciencia y Humanismo, o.c.
pp. 93 – 110. Es posible que el autor se refiera a la falta de continuidad desde los niveles molecula-
res hasta llegar por integración a los superiores con sus propiedades emergentes.
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109

1) Mientras las demás ciencias están de vuelta, la Biología aún


está en el camino de ida para encontrarse a sí misma episte-
mológicamente.
2) Los datos concretos de esta apreciación son: ambigüedad en
la problemática dispersa; predominio de términos empíricos
y escasez de términos teóricos propios; no existe una autén-
tica biología teórica; tampoco abundan teorías generales; la
teoría de la evolución y la molecular distan mucho de jugar
ese papel; necesitan mayor elaboración y precisión.
3) La Biología, sus especialistas, no suelen plantearse cuestio-
nes epistemológicas sobre su verdad, principios de inteligibi-
lidad etc. Existe la propensión de saltar de la experiencia a
los grandes problemas y apelar a explicaciones para o meta-
científicas. Hace la impresión de que, a la hora de buscar un
planteamiento teórico de la Biología, no se encontraran
otras alternativas que, o la abstracción ideológica, o el to-
mar prestados a la Física y Química sus conceptos.120
4) Algunas facetas de la Biología se han beneficiado grande-
mente de las adquisiciones conceptuales y técnicas de la Fí-
sica y Química; se llega a tener la impresión de que la Bio-
logía se ha desarrollado como ciencia preferentemente en re-
lación con aquellos fenómenos biológicos que eran suscepti-
bles de sólo este tipo de análisis.
5) Esto plantea dos cuestiones: Sin negar, en absoluto, la vali-
dez de la interpretación molecular, no por eso resulta igual-
mente evidente que constituya una interpretación suficiente y
completa o siquiera satisfactoria para toda la realidad bioló-
gica. En este sentido, se cuestiona aquí que se trate de un de-
sarrollo de la Biología como tal ciencia.
6) Otra cuestión es la que se refiere a los niveles de la fenome-
nología de los sistemas vivientes no alcanzados por el desa-
rrollo formal de la Física y Química; ¿es una cuestión de
tiempo o se trata de disciplinas que por su labor, todavía pu-
ramente observadora y empírica, han detectado característi-
cas objetivas del fenómeno viviente que se resisten positi-
vamente a su formalización?.
7) Esta puede ser la razón de la oposición clásica entre dos ti-
pos de biología la integradora y la atomística. La primera
aborda al viviente como totalidad, integración, organización,
adaptación etc., mientras la segunda sólo descubre procesos
particulares, locales y parciales como factores últimos o cau-

120
J. RUBIO, o.c. p. 94.
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110

sas inmediatas para explicar el todo. En la primera perspec-


tiva se alinean el organicismo, vitalismo y evolucionismo; en
la segunda, el mecanicismo y reduccionismo. El hecho de
coexistir ambas tendencias tiene su causa en la misma reali-
dad biológica que constituye una auténtica novedad para el
nivel físico-quimico de la materia. Esta novedad supone una
transcendencia para el análisis fisico-químico en orden a una
visión integradora de la Naturaleza sin discontinuidades
esenciales.
Para terminar, recojo una frase que hace suya: Hay que per-
suadirse que la obsesión bioquímica que focaliza a veces tan
intensamente la problemática biológica, constituye una hi-
poteca muy grave para la consecución de una Biología ge-
nuinamente general y teórica.121

2. 2. 14. Conclusión.

Es suficiente el testimonio que ofrecen estas aportaciones al


pensamiento biológico moderno de especialistas que viven su proble-
mática debida a la desconexión entre ciencias empíricas y biología, y a
la todavía insuficiente formalización de aquellas para captar aspectos
esenciales de ésta. No consideramos del todo inútiles estas propuestas
de solución anteriormente insertadas porque concretan y aclaran el uni-
verso de discurso de Ayala dado el estado actual de la ciencia. Seña-
lan, al menos, la composición del lugar, el status quaestionis de los es-
colásticos, o lo que es igual, la localización intermedia de la Biología
evolutiva actual y que podría resultar definitiva como nexo entre los
distintos campos de las ciencias, cosa que no podemos predecir por el
momento. No obstante, estas ideas básicas inquietan hoy a la mayoría
de los biólogos que paladean la insatisfacción al no hallar diálogo razo-
nable con presupuestos básicos comunes y han de conformarse, por
hoy, con permanecer instalados en un campo neutral, autónomo, inde-
pendiente.

2. 2. 15. Relación Biología – Física. Bioquímica.

Las siguientes palabras textuales pertenecen al acervo epistemo-


lógico del Dr. Ayala:

Una cuestión muy discutida en años recientes es la relación entre las cien-
cias biológicas y las ciencias físico-químicas. (...) Tal cuestión ha dado en
llamarse el “problema del reduccionismo”. No se trata, sin embargo, de un

121
J. RUBIO, o.c. p. 96.
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111

problema único sino de varios, y la no distinción adecuada entre estos ha


suscitado innumerables debates, infructíferos e innecesarios. (…) Los pro-
blemas referentes a las relaciones entre la biología y la física se plantean
en tres campos o dominios diferentes. Estos dominios son, en primer lugar,
el ontológico; en segundo, el metodológico; en tercer lugar, el epistemoló-
gico.122

En realidad, no se podrían calificar estos debates de totalmente


infructuosos e innecesarios. Al menos, como se ha dicho con anteriori-
dad, revelan el estado de la cuestión y posibles soluciones al conflicto.
Es la aplicación del método heurístico.
Es obvio, que de todas las ramas de la biología, la bioquímica
es el nexo fundamental entre físico-química y biología porque su obje-
tivo es el estudio del fenómeno vital en su nivel molecular bajo los pa-
radigmas de las ciencias físicas y químicas. La llamada biología mole-
cular es la misma bioquímica, en cuanto que, estudia de forma particu-
lar las grandes moléculas del complejo entramado vital.
Esta relación biología-física-química se encuentra ya en W.
Heisenberg.123 La explicación derivó después hacia otras aplicaciones
del concepto de complementariedad y Niels explicó que este concepto
podría ser también importante para discriminar los hechos biológicos
respecto de las leyes físico-químicas.124
En conversación nocturna entre Bohr y Heisenberg, durante el
trayecto de un viaje marítimo, surge de forma anecdótica la diferencia
entre materia viva y materia muerta. Niels Bohr advierte que en un or-
ganismo actúa como una fuerza configuradora que no es especial como
la del vitalismo, sino más bien expresada en interacción de átomos o
resonancia de éstos o algo parecido. Un organismo se comporta como
una totalidad, cosa que jamás se dará en un sistema compuesto de ele-
mentos estructurales atómicos. Sin embargo, resulta seductor establecer
una comparación entre las estructuras matemáticas y las que resultan de
los procesos biológicos aunque tengan diferencias características. Las
estructuras atómicas son estáticas, las biológicas no lo son, por esto la
antigua comparación entre un ser vivo y una llama ardiente, materia
que fluye. Según N. Bohr, hay dos formas de hablar de un ser vivo: la
que podríamos llamar biológica, cuando decimos lo vivo, función de
órgano, metabolismo de respiración, proceso de curación etc., y el mo-
do causativo cuando usamos términos físico-químicos como procesos
químicos y eléctricos, e.c. en nervios, lo que indica con éxito que las
leyes físico-químicas o de la teoría cuántica tienen vigencia ilimitada

122
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, Arbor, Madrid, 1978, nº 101, p. 177.
123
W. HEISENBERG, “Conversaciones sobre la relación entre la Biología, la Física y la Química”,
Diálogos sobre la Física atómica, editorial B.A.C., Madrid, 1972, pp. 129 – 145.
124
W. HEISENBERG, o.c. p. 134.
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112

en el organismo. Dos formas distintas de observar al ser vivo pero


complementarias: la biológica y la físico-química. En la primera, el
acontecimiento está determinado por el objetivo, el fin al que está diri-
gido; en la segunda, viene fijado por el hecho inmediatamente anterior.
Son realmente formas complementarias de observación, como dice N.
Bohr en su conversación con Heisenberg, y ambas son correctas. La
cuestión que se plantea para la biología no es, por tanto, cual de los
dos puntos de vista es el más auténtico, sino tan sólo cómo ha logrado
la naturaleza el acoplamiento de ambos.125
Se pregunta Heisenberg si serán suficientes las leyes cuánticas
o habrá que añadir leyes más comprensivas, una vez que en el futuro
quede la Biología plenamente fusionada con las ciencias naturales Físi-
ca y Química o tal vez haya que añadir los conceptos de evolución pa-
leontológica y selección para una total comprensión del fenómeno bio-
lógico. Esto parece necesario para muchos biólogos al considerar que la
teoría darwiniana, con sólo mutaciones fortuitas y sin selección no pue-
de explicar la pluralidad orgánica, sobre todo, la formación de órganos
tan complicados como el ojo humano. Mucho más complejo es el caso
de la conciencia humana, realidad que no se encuentra entre los concep-
tos de la Física y Química. Sería ridículo afirmar que surgiera por azar
como el caserío en el argumento de Von Neumann. Es posible que una
variedad tan grande de formas hubiera sido engendrada en millones de
años, pero serían necesarios períodos de tiempo tan absurdamente lar-
gos que no aparecen en la naturaleza tal como nosotros la conocemos.
En resumen, para N. Bohr, además de las leyes de la física y
química contenidas en la física cuántica hay que añadir otras de esencia
totalmente distinta.126 Por esta razón, podemos considerar el fenómeno
vital como un caso más de aplicación de su principio de complementa-
riedad.
Estas posiciones de los grandes físicos sirven para robustecer
aún más la afirmación de Ayala. Junto al principio de complementarie-
dad de Bohr, posible nexo de unión entre física newtoniana, física cuán-
tica y biologia, se sitúa el que podemos llamar principio complementa-
rio de autonomía de Ayala: sin soslayar los excelentes resultados de la
investigación física, química y molecular, al contrario, utilizándolos de
forma razonable, complementar con los hallazgos de la biología inte-
gradora.

125
W. HEISENBERG, o.c. p. 139.
126
W. HEISENBERG, o.c. p. 143.
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113

2. 2. 16. Soluciones a la complejidad.

Es, a juicio de Fritjof Capra,127 en el campo de la complejidad


donde se da este nexo o nudo gordiano biología-física-química, espacio
en el que se dan pasos agigantados, dado el enorme interés que despier-
ta. Es cierto que estamos asistiendo a un cambio de paradigma, en ex-
presión de Kuhn. Inmersos en el pensamiento ecologista, ya no se estu-
dian sólo las partes sino las relaciones de las partes dentro de un enor-
me ecosistema, que tampoco es una máquina sino un inmenso organis-
mo donde la vida ocupa un lugar preeminente. Se tiende a un reduccio-
nismo, no físico sino biológico. Proliferan por doquier las teorías de
carácter holístico en las que la complejidad es el gran atractor. Considé-
rense por un momento las modernas teorías desde el organicismo de
Harrison, Henderson, Needhan y Woodger; el pensamiento sistémico de
Paul Weiss; la poderosa influencia de la Física cuántica –conocimiento
de relaciones–; de la Psicología de la Gestaslt –percepción de totalida-
des–; el impacto de la Ecología –ecosistema–; el pensamiento procesal
de Whitehead; la tektología de Bogdanov, organización, poco conocida;
teoría general de sistemas de Ludwig Bertalanfy –holismo–; la ciber-
nética –retroalimentación– de Wiener, Von Neumann, Shanon y Wa-
rren; estructuras disipativas de Prigogine –estabilidad lejos del equili-
brio u orden en el caos–; autopoiesis de Maturana y Varela –la vida
proceso de cognición–; la teoría Gaia de Lovelock –vinculación de sis-
temas vivos con no vivos–; Simbiogénesis de Margulis –concepto de
co-evolución–.
Sobre todo, lo más extraño es que en las propias matemáticas se
busque e intensifique su relación con la biología. Según F. Capra,128
Los llamados sistemas dinámicos o matemáticas de la complejidad
hunden sus raíces en las ecuaciones diferenciales no-lineales, no bien
conocidas ni utilizadas en la ciencia clásica, dada su complejidad muy
distante de la simplicidad lineal adoptada en el modelo de ciencia new-
toniano. Estas nuevas matemáticas tocan de cerca con la matemática
visual de Poincaré, llamada topología o geometría elástica, donde todas
las figuras geométricas pueden ser distorsionadas, transformándose
unas en otras por iteraciones sucesivas, siguiendo la metáfora de la
transformación del panadero y que dan lugar a las matemáticas del
caos. Como dice Fritjof Capra: la transformación del panadero es un

127
FRITJOF CAPRA, La trama de la vida, (Una nueva perspectiva de los sistemas vivos), traduc-
ción de David Sempau, editorial Anagrama, Barcelona, 1998, p. 26 – 202. Un hermoso libro que con
lenguaje sencillo y atractivo pone al alcance del lector los modernos hallazgos científicos que en un
futuro nos pueden llevar a una mejor comprensión de la complicada trama del ser vivo.
128
F. CAPRA, o.c. pp. 130 – 153.
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114

prototipo de los procesos no-lineales, altamente complejos e imprede-


cibles, conocidos técnicamente como caos.129
No todo en estos sistemas caóticos es caos, continúa F. Ca-
130
pra, sino que en ellos se descubre el orden en el desorden. Para esto
se necesitan los conceptos de patrón de orden y atractor extraño que
mantienen las propiedades del sistema aunque cambie su estructura. En
todo sistema sea o no viviente hay tres criterios clave: patrón de orga-
nización, estructura y proceso. La diferencia en los seres vivos radica
en los componentes de su estructura que cambian continuamente; el
patrón se corporeiza en las estructuras configurando las relaciones entre
sus componentes: la estructura es la corporeización del patrón de orga-
nización; el proceso vital es la continua corporeización del patrón de
organización.131
En estas nuevas matemáticas de la complejidad, además de los
conceptos de patrón de configuración y atractor, hay otros como el de
efecto mariposa –un minúsculo cambio aquí puede producir con el
tiempo consecuencias a gran escala allí–. Cambio de cantidad a cuali-
dad es otra de las características del sistema caótico: la imposibilidad
de predecir la trayectoria del atractor es propia de estos sistemas, por lo
que su análisis es cualitativo y consiste en identificar los atractores se-
gún sus características topológicas.
La geometría fractal de Mandelbrot132 ha resultado tener
importantes conexiones con la teoría del caos. Los números complejos
de Gauss también pueden jugar un buen papel en estos procesos de
complejidad.133
Estas interesantes aportaciones merecerían una larga reflexión
por su enorme aplicación a los procesos biológicos, pero nos apartaría
mucho de nuestra línea argumental.

129
F. CAPRA, o.c. p. 142.
130
F. CAPRA, o.c. pp.136 – 153.
131
Términos nuevos que nos recuerdan los viejos conceptos de materia y forma aristotélicos. En el
fondo, es el problema ancestral del cambio o movimiento: combinar la estabilidad con la fluidez del
cambio, la unidad en la variedad, idea fundamental de la filosofía presocrática: el παντα ρει y el
λογοs de Heráclito –el movimiento, orden en el desorden– simbolizado en el fuego y que definiti-
vamente resolvió Aristóteles con su teoría del acto y la potencia.
132
F. CAPRA, o.c., pp.154 – 168.
133
F. CAPRA, o.c. pp.158 – 161.
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115

2. 2. 17. Estructura disipativa. La estructura de los sistemas


vivos.

Será Ilya Prigogine134 quien mejor establezca una íntima co-


nexión entre Biología, Física y Química, utilizando los sistemas diná-
micos y las nuevas matemáticas de la complejidad en su teoría de las
estructuras disipativas. Una estructura disipativa no es más que un sis-
tema abierto y cerrado al mismo tiempo; en orden y en desorden a la
vez; es equilibrio y desequilibrio simultáneamente.. El organismo vivo
es un estado continuo de desequilibrio o como decía Zubiri: el ser orgá-
nico cambia constantemente para poder mantenerse. Este estado de
desequilibrio lleva a una gran complejidad de bucles de retroalimenta-
ción y su descripción matemática supone un alto grado de no-
linealidad. Una estructura disipativa alejada del equilibrio no sigue una
ley universal y es, por tanto, indeterminista. En el caso del ser vivo, el
resultado es la gran riqueza y variedad que le caracteriza. Además, las
estructuras disipativas introducen el vector tiempo al describir los pro-
cesos vitales como irreversibles frente a la termodinámica clásica de
procesos reversibles, determinista y predecible donde no tiene lugar el
paso del tiempo; pasado y futuro son previsibles desde el presente, se-
gún el paradigma de Laplace.135
En las estructuras disipativas el orden flota en el desorden; son
islas de orden en el mar del desorden en palabras de F. Capra.136
A juicio de Fritjof Capra, la compresión y distinción de los sis-
temas vivos es posible hoy gracias a la utilización de las matemáticas
de la complejidad y a la síntesis de las tres perspectivas inseparables
antes expuestas: patrón, estructura y proceso. Patrón de organización

134
F. CAPRA, o.c. pp. 181 – 188 y 190 – 205. Un ejemplo visual sencillo de estructura disipativa
sería el vórtice de agua fluyente de una bañera. El agua fluye, pero su estructura permanece estable.
En el vórtice se dan rizos, olas y remolinos que pueden ser descritos por ecuaciones lineales y no-
lineales de alta complejidad y presentan diversas soluciones. Una célula se comporta como un vórti-
ce de inestabilidad química, materia y energía que fluyen continuamente con procesos metabólicos
que actúan como bucles de retroalimentación dando origen a bifurcaciones que, a su vez, originan
nuevas formas de desorden que conducen al desarrollo y evolución. La idea de vórtice evoca el
απειρον de Anaximandro: masa de materia indefinida, caótica, en continuo movimiento centrífugo,
cuyo comportamiento podíamos asemejarlo a la moderna ultracentrífuga que con su enorme poten-
cia radial graduada en svedbergs va depositando los diversos productos de la centrifugación por
orden de densidad.
135
F. CAPRA, o.c. pp. 196 – 197.
136
F. CAPRA, o.c. p. 202. Para F. Capra: esta nueva percepción de orden y desorden representa una
inversión de las visiones científicas tradicionales. En la perspectiva clásica (…) se asocia orden con
equilibrio (…) el desorden se identifica con situaciones de no-equilibrio. En la nueva ciencia de la
complejidad (...) el no-equilibrio es una fuente de orden. Los flujos turbulentos de aire y agua, si
bien aparentemente caóticos, están en realidad altamente organizados, exhibiendo complejos patro-
nes de vórtices dividiéndose y subdividiéndose una y otra vez a escalas cada vez menores. En los
sistemas vivos, el orden emergente del no-equilibrio resulta mucho más evidente, manifestándose
en la riqueza, diversidad y belleza del mundo que nos rodea. A través del mundo viviente, el caos es
transformado en orden
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116

concebido como red autopoyésica, tal como la describen Maturana y


Varela; estructura disipativa, diseñada por Prigogine; proceso de cog-
nición, en sentido cibernético, iniciado por Bateson y completado por
Maturana y Varela.137
Sin duda alguna, esta síntesis constituye un nuevo diálogo con
la Naturaleza.138 Los conceptos negativos, como no-equilibrio, no-
linealidad, inestabilidad, irreversibilidad, indeterminación, son sus fun-
damentos, no bien considerados en la ciencia convencional y, sin em-
bargo, constituyen el gran angular para contemplar con más amplitud la
Naturaleza en general y sobre todo el hecho de conformar de manera
más adecuada el nuevo discurso biológico.

2. 2. 18. Categorías del discurso biológico.

La problemática del discurso biológico ha quedado suficiente-


mente patentizada con las diversas anotaciones expuestas. La racionali-
dad biológica, al igual que la de las otras ciencias empíricas, está en
camino de encontrarse a sí misma y está sufriendo las mismas dificulta-
des por las que pasa el discurso físico-químico, fases de racionalidad e
irracionalidad. El gran problema es encontrar ese único método para
alcanzar la verdad única siguiendo la metodología cartesiana, trampa de
la que es presa hace tiempo la ciencia moderna: el único método. Y es
que, en boca de Kuhn, cada ciencia tiene sus paradigmas, compromisos,
matrices disciplinares, a los que también podemos llamar categorías
que impiden la reducción en sentido nageliano.
Se aplica el concepto de categoría al ser orgánico en sentido
aristotélico. Como substancia compuesta de estructuras bioquímicas, le
son aplicables las categorías de las substancias físicas. En el discurso
físico clásico encontramos categorías –masa, causa. energía, espacio,
tiempo– que comparte la biología como hace notar el profesor Núñez de
Castro:

(…) La Bioquímica comparte con la Física-Química los mismos modelos


de explicación estructural de la materia como son: la estructura atómica y
molecular, teoría de enlaces, radiación electromagnética etc. Qué duda ca-
be que estos modelos heurísticos, para algunos autores de nuestros manua-
les, que no hacen ninguna revisión crítica, son mantenidos no como mode-
los sino como constitutivos de la realidad objetiva. Los modelos heurísti-
cos han de considerarse como creaciones del espíritu humano y sus con-
clusiones no tienen mayor valor epistémico que el proceso científico que
las originó y del que no deben separarse.139
137
F. CAPRA, o.c. p. 174.
138
F. CAPRA, o.c. p. 204.
139
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “Epistemología de la Bioquímica y Biología Molecular,” Pensamiento,
Madrid, 1980, Vol. 36, pp. 428 – 429. Aceptamos la reflexión epistemológica del Dr. Núñez de
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117

Ahora bien, sabemos que con sólo estas matrices o categorías


nos resulta una explicación del todo insuficiente para el fenómeno bio-
lógico –como se ha demostrado con anterioridad– porque nos encon-
tramos con categorías en el ser orgánico o componentes reales del mis-
mo que no pueden englobarse en categorías físicas ni son deducibles ni
reductibles a aquellas. Estas categorías podemos conocerlas, como nos
decía X. Zubiri, acercándonos al viviente, estudiar sus acciones y com-
portamientos y deducirlas de forma lógica y racional.
Ya desde la ovogénesis se comprueba un proceso de compleji-
dad bioquímica que recorre todos los estadios embrionarios hasta el ser
adulto. Existe una heterogeneidad en las formas cito e histológicas em-
brionarias: mórula, blástula, gástrula, endodermo, mesodermo, ecto-
dermo etc. Cada célula se dirige al lugar que le corresponde en orden a
cumplir una función determinada dentro de un tejido, órgano, aparato o
sistema. Esta función específica viene impuesta por el funcionamiento
general, totalidad, como ocurre en cualquier máquina. Al mismo tiem-
po observamos una evolución o cambio –azar, selección– en este cre-
ciente organismo. Adaptación continua al medio. Una organización es-
tructural muy precisa y una jerarquización de funciones sumamente
ordenada, que conllevan una finalidad objetiva de equilibrio vital, te-
leología. Todo desarrollado en un tiempo-espacio biológicos muy espe-
cíficos, como son el tiempo en la evolución y el espacio ecológico. Los
fenómenos de emergencia de nuevas propiedades en niveles superiores
y que no todas son resultantes de fenómenos en niveles inferiores como
son e.c. la conducta y el aprendizaje. La singularidad del ser y de la
acción biológica irrepetible en cualquier otro ser viviente. No digamos
los fenómenos de emergencia específicos del ser humano: mente, auto-
consciencia reflexiva, libertad, transcendencia etc. Es obvio que éstas
no agotan las categorías del ser vivo y que han de considerarse en si-
multaneidad puesto que son sus componentes íntimamente interrelacio-
nados como anota Núñez de Castro.
Por el momento, no es necesario más detenimiento en estos
conceptos que serán debidamente explanados en la segunda parte, don-
de se estudiarán las categorías y sub-categorías del rico contenido biofi-
losófico del profesor Ayala. Tres son los basamentos del pensamiento
biológico moderno del profesor genetista español: evolución, autono-
mía, teleología y otros derivados. Tres categorías fundamentales donde
Ayala bate sus alas con vigor y fuerza para cruzar el vasto horizonte del
discurso biológico de su obra aún no terminada.

Castro, pero aquí entraríamos en polémica con el arduo y escabroso asunto del realismo, fenome-
nismo o idealismo, del que no podemos ocuparnos.
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118

2. 2. 19. Epílogo a la primera parte.

Considérense los capítulos anteriores como antecedentes del


discurso científico físico, químico y biológico. De su análisis epistemo-
lógico deducimos que es todavía del todo insuficiente para explicar los
complicados fenómenos del Universo en términos causales. Recuérdese
cómo el lenguaje físico clásico no podía explicar ciertos fenómenos es-
pecíficos, de ahí el surgimiento de la nueva física relativista y cuántica.
Se impone cambio de paradigma: de una física estática y determinista a
una física indeterminista y de carácter probabilístico. Si esta ciencia
resulta incompleta para dar cuenta de los fenómenos que ocurren dentro
del propio campo de su competencia, mucho más lo es en el ámbito de
la Biología donde se da la alta complejidad que escapa al discurso cate-
gorial de la Física, considerado saber científico supremo. Por esta cau-
sa, hemos analizado también el lenguaje biológico en físicos, biólogos
y filósofos modernos comprobando, que pese a los grandes esfuerzos
realizados de reducción metodológica con teorías fundamentadas en
matemática compleja, cibernética etc., sólo adquirimos aproximaciones
al hecho vital, nunca explicación científica satisfactoria, si es que algu-
na vez la podremos alcanzar. Es posible que tenga razón X. Zubiri
cuando dice que la vida no se encuentra en el campo de los elementos,
sino en el de los principios. La célula no está viva por tener átomos y
moléculas sino por ser célula.
Este esfuerzo de síntesis sobre propuestas de diversos pensado-
res se ha realizado dentro del que aquí llamamos principio de comple-
mentariedad del Dr. Ayala para explicitar y concretar su sentido: en el
estado actual de la ciencia, la Biología es autónoma. Nos hemos acer-
cado al pensamiento de destacados científicos del momento y como re-
sultado hemos comprobado el valor de este principio que nos lleva a la
confesión de la autonomía de la biología que pretendemos demostrar
más adelante, guiados por el magisterio del profesor Ayala.
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SEGUNDA PARTE

“En Biología nada tiene sentido


si no se considera bajo el prisma
de la evolución.”
( T. Dobzhansky, 1973).
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3. Autonomía de la Biología en el pensamiento de F.


J. Ayala.

Las tres categorías supremas del pensamiento biológico del


profesor Ayala son autonomía, teleología, evolución; tres características
esenciales y por ende distintivas del ser viviente como tal. Hablar de
autonomía en Biología es tratar necesariamente el difícil tema del re-
duccionismo en sus tres momentos señalados por el Dr. Ayala y que
analizamos de inmediato. Según Ferrater Mora,1 el término reducción
recibe muy distintas acepciones: en Lógica puede significar reducción
de todas las figuras del silogismo a la primera, también en sentido de
abducción o con referencia al método apagógico llamado reducción a lo
absurdo y reducción a lo imposible. Cabe entender por reducción la in-
clusión de una entidad dentro de un género o clase. En Psicología se
llama reducción de las imágenes al hecho de que una imagen u otro fe-
nómeno parezca real. En un sentido más general, la reducción es el acto
o el hecho de transformar algo en un objeto considerado como anterior
o más fundamental. Esta reducción puede referirse tanto a un objeto
real como a un objeto ideal. La tesis según la cual una realidad deter-
minada no es sino otra realidad que se supone más real o más funda-
mental es la expresión común de todas las actitudes reduccionistas y es
la base del reduccionismo científico. Con este último sentido utilizamos
el término reduccionismo en esta Memoria, siguiendo el pensamiento
de Ayala.
Reduccionismo, mecanicismo, fisicalismo, pese a ser términos
epistemológicos específicos, responden a radice a una tendencia huma-
na del pensamiento en las dos grandes culturas oriental y occidental. En
ambas, la reducción ha sido una constante histórica beneficiosa en gran
parte, pero perjudicial, en no pocas ocasiones. Recordemos aquellas
graves sentencias orientales oriundas de los libros sagrados inspirados y
perdidos en la noche de los tiempos, recogidas de forma sucinta en fra-
ses magistrales, fruto de una larga experiencia y preñadas de sabiduría.
Tampoco el pensamiento occidental afiliado a la cultura griega, tocada
con frecuentes tildes orientales, supo desprenderse de este afán reduc-
cionista hasta desembocar en el esencialismo tan abominado por los
filósofos nominalistas y más tarde por los filósofos vitalistas, pero de

1
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. vol. 4, p. 2800.
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122

gran impacto histórico en la ciencia moderna. Los filósofos griegos fue-


ron los primeros reduccionistas: el pluriverso reducido a un universo en
el αρχη ο principio de todo lo existente, en el ατοµοσ de Demócrito,
en el κοσµονοητοs platónico, en el hilemorfismo aristotélico, en el
Uno de los neoplatónicos, en los diversos tipos de monismo materialista
o espiritualista, en la reducción cartesiana, en las últimas teorías cósmi-
cas de carácter mecanicista, no son sino manifestaciones continuadas de
esta natural inclinación hacia lo simple. El mismo principio de econo-
mía del pensamiento, metafóricamente navaja de Ockam: non sunt mul-
tiplicanda entia praeter necessitatem,2 es un exponente más de la sen-
satez de filósofos y científicos que lo reciben sin reservas, aunque es
cierto, ha sido y es motivo de violación frecuente. Lo difícil no es su
aceptación sino su aplicación. Mario Bunge3 en su investigación sobre
el concepto de simplicidad, reconoce la complejidad de la simplicidad
cuando dice que ésta puede entenderse de varios modos: ontológica y
semiótica y ésta, a su vez, puede ser sintáctica, semántica, epistemoló-
gica, pragmática, y cada una se valora en un sentido propio; por tanto,
la simplicidad constituye un problema complejo. ¿Cuándo se puede o
no simplificar, reducir? Este es el problema.
En principio, no se deben hacer ascos a la simplicidad y reduc-
ción metodológicas como procedimiento heurístico de investigación,
como dirá Sir Karl Popper,4 por los buenos resultados que pueden obte-
nerse. Sin embargo, hemos de admitir la imposibilidad de simplifica-
ción o reducción en muchos casos, especialmente en Biología.
Con estas ideas previas podemos adentrarnos en el espinoso te-
ma del reduccionismo científico, el que nos interesa, y si es aplicable en
Biología.

3. 1. Reduccionismo científico.

Ciñéndonos a la simplicidad, el reduccionismo científico tiene


sus ancestros principales inmediatos en el mecanicismo de Demócrito y
en el de Descartes, el cual dará lugar al fisicalismo de Neurath y Carnap
del Círculo de Viena que acaba imponiéndose hasta nuestros días y ex-
puesto ya en páginas anteriores.
El reduccionismo es siempre una forma de monismo, bien mate-
rialista o bien idealista. Dentro de la tendencia materialista se encuen-
tran el materialismo dialéctico y el mecanicismo moderno o fisicalismo.

2
FERRATER MORA, Ibidem, vol. 2, p. 891.
3
M. BUNGE, “The complexity of Simplicity”, Journal of Philosofy, 54, l962, pp. 113 – 135.
4
KARL POPPER, “La Reducción científica”, Estudios sobre la Filosofía de la Biología, F. J. Aya-
la, T. Dobzhansky Eds, traducción de Carlos Pijoan Rotje, Edt. Ariel, Barcelona, 1983, p 334.
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123

En la segunda forma se incluyen el vitalismo espiritualista o místico y


el panpsiquismo. Según Ferrater Mora:

La tendencia materialista y naturalista ha privado, sin embargo, en el mo-


nismo actual sobre el espiritualista. Esta tendencia ha sido defendida por
diversos representantes de la ciencia natural y en particular por Ernest
Haeckel, quien designa su punto de vista como un monismo naturalista.5

Este monismo presenta carácter espinosiano.


Según el profesor Ayala6, el problema del reduccionismo cientí-
fico resurge, pese a ser asunto discutido desde antiguo por Aristóteles,
Santo Tomás, los cartesianos, Leibnitz etc., hacia el final del siglo XIX
con la aparición de la Biología moderna al intentar ésta establecer las
relaciones entre Biología y ciencias físicas. Esta relación desemboca en
reduccionismo que no siempre se ha tratado y entendido correctamente
por lo que se han suscitado debates innumerables, infructuosos e inne-
cesarios.7 Por esta razón advierte nuestro profesor: lo primero es dilu-
cidar la cuestión que se desarrolla en tres dominios fundamentales: el
ontológico, el epistemológico y el metodológico. Reconoce que el obje-
tivo de la ciencia es:

Descubrir las relaciones entre un gran número de fenómenos de forma que


un número reducido de principios pueda explicar un gran número de pro-
posiciones que se refieren a estos fenómenos (…) que puedan ser integra-
dos en una teoría más amplia”.8

Admira Ayala9 los éxitos obtenidos con ciertas reducciones de


las leyes de la herencia mendeliana p.e. que parecían no tener relación
con estas leyes, como la proporción de la transmisión de ciertos carac-
teres a los descendientes y que ciertos rasgos son heredados juntos con
más frecuencia que otros. El conocimiento de la formación de las célu-
las sexuales y el comportamiento de los cromosomas y otros muchos
descubrimientos han demostrado su relación con los principios de la
herencia mendeliana y contribuido a la unificación de la teoría de la
herencia biológica y a una mejor comprensión de los fenómenos bioló-
gicos. Continúa Ayala, esta conexión entre teorías ha enseñado que una
teoría científica, llamada secundaria, puede reducirse a otra, llamada
primaria, de mayor generalidad. Ejemplos de este tipo son, la reducción
de la Termodinámica a Mecánica estadística, varias ramas de la Física y

5
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. vol. 3º, p. 2263.
6
F. J. AYALA, “Thermodinamycs, Information and Evolution: The problem of reductionim”, His-
tory and Pholosophy of life science, 1980, nº 11, pp. 115-120.
7
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, Arbor, 1978, nº 101, p. 177.
8
F. J. AYALA, “Biology as autonomous science”, American scientist. Vol. 56, nº 3 ,1968, p, 207.
9
F. J. AYALA, “Biology as autonomous science”, o.c. p. 208.
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124

Astronomía a la Mecánica cuántica y Relatividad; gran parte de la


Química se redujo a la Física cuando se descubrió que la valencia de un
elemento guarda una relación simple con el número de electrones en la
órbita exterior del átomo. Reducciones de este tipo, menciona Ayala,10
se han dado repetidamente en la historia de la ciencia y nos han llevado
a la convicción de que el ideal de la ciencia es reducir todas las ciencias
naturales, incluida la Biología, a un conjunto de leyes con máxima am-
plitud capaz de explicar todas nuestras observaciones sobre el mundo
físico. No obstante, advierte el profesor, toda reducción está sometida a
ciertas condiciones como son las ya conocidas derivabilidad y conecta-
bilidad propuestas por E. Nagel11 y Carl G. Hempel12 en su explicación
nomológico-deductiva respectivamente.
Un trabajo que corrobora la posición de Ayala con relación al
reduccionismo es el de K. Popper en el que defiende tres tesis con refe-
rencia al mismo:

En primer lugar, sugeriré que los científicos han de ser reduccionistas en el


sentido de que nada es un logro tan magnífico en ciencia como una reduc-
ción que ha tenido éxito. En segundo lugar, sugeriré que los científicos,
cualquiera que sea su actitud filosófica hacia el holismo deben dar la bien-
venida al reduccionismo como método (…) han de ser reduccionistas críti-
cos algo temerarios porque casi ninguna reducción importante en ciencia
ha sido nunca totalmente lograda, queda casi siempre un residuo sin resol-
ver. En tercer lugar, afirmaré que parece no haber ningún buen argumento
en favor del reduccionismo filosófico (…) existen buenos argumentos co-
ntra el esencialismo con el cual el reduccionismo filosófico parece estar
estrechamente asociado (…) Por motivos metodológicos deberíamos, no
obstante, continuar intentando las reducciones. La razón de ello es que po-
demos aprender muchisimo, incluso de intentos no logrados (…) nuestros
fracasos científicos pueden sernos de gran provecho.13

Karl R. Popper, nada sospechoso de reduccionista, recibe con


agrado todo tipo de reduccionismo como método heurístico del que
siempre saldrá un resultado provechoso para la ciencia, aunque no se
llegue nunca a una reducción completa y satisfactoria, incluso si se ha
fracasado. Siempre se puede aprender más y mejor contando con los
propios errores. Y es que para este epistemólogo toda ciencia es esen-
cialmente incompleta14. Para ser completa tendría que ser capaz de ex-
plicarse a sí misma, lo que supone entrar en una serie infinita de expli-
10
F. J. AYALA, Ibidem, p. 208.
11
E. NAGEL, Estructura de la ciencia, Traducción de Nestor Miguez, Edit. Paidós, S.A. Barcelona,
1981, pp. 310 – 328.
12
C. G. HEMPEL, Filosofía de la Ciencia Natural, Edt. Alianza Universidad, Madrid, 1991, pp. 79
– 81.
13
K. R. POPPER, “La reducción científica y la incompletitud esencial de toda ciencia”, Estudios
sobre la filosofía de la Biología, o.c. pp. 333 – 334.
14
K. R. POPPER, o.c. p. 359.
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125

caciones sobre la anterior. Esto nos lleva a la comprensión de la ciencia


como tarea, pero no como dato acumulativo. La solución de un proble-
ma nos abre, a su vez, las puertas de un mundo totalmente nuevo de
problemas abiertos.15
Aunque K. R. Popper recibe con simpatía todas las reducciones
que se han hecho en Matemáticas Física, Química y Biología, no obs-
tante, afirma :

He intentado mostrar que algunas de las reducciones más impresionantes


en la historia de las ciencias físicas están lejos de estar totalmente logradas
y dejan un residuo. (…) Podemos decir que la Química no ha sido reducida
a la Física sin dejar residuos. De hecho, la denominada reducción de la
Química lo es a una Física que supone la evolución, la Cosmología y la
Cosmogonía y la existencia de propiedades emergentes.16

Se pronuncia antirreduccionista contundente en el intento de re-


ducción de los que él llama 3 mundos al estilo platónico:

Llamo mundo 1 al mundo de la materia física, campos de fuerza etc.;


mundo 2 al mundo de la experiencia consciente y quizás también de la
sub-consciente.y mundo 3 especialmente al mundo del lenguaje hablado,
escrito o impreso, tal como la narración de historias, la elaboración de mi-
tos, teorías, creaciones artísticas.17

Popper argumenta así:

El mundo 3 y especialmente su parte autónoma es claramente irreductible


al mundo físico1. Pero dado que el mundo 2 depende en parte del mundo
3, aquel también es irreductible al mundo 1. (…) Los fisicalistas o reduc-
cionistas filosóficos se ven, pues, obligados a negar la existencia de los
mundos 2 y 3. Pero con ello, la totalidad de la tecnología humana (compu-
tadoras) que tanto uso hace del mundo 3 resulta incomprensible.18

Termina su razonamiento antirreduccionista con esta breve re-


flexión:

El reduccionismo filosófico es, yo creo, un error. Es debido al deseo de re-


ducirlo todo a una explicación final en términos de esencias y substancias,
esto es, a una explicación que ni es capaz de ninguna explicación ni la ne-
cesita. (…) Siempre podemos seguir preguntándonos ¿por qué?. Las pre-
guntas del tipo por qué no conducen nunca a una respuesta final. Los niños
inteligentes parecen saberlo.19

15
K. R. POPPER, o.c. p. 360.
16
K. R. POPPER, o.c. p. 345.
17
K. R. POPPER, o.c. p. 352.
18
K. R. POPPER, o.c. p. 358.
19
K. R. POPPER, Ibidem.
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126

Estas selectas frases de Sir Popper no necesitan más comenta-


rios. Como es obvio, su posición antidogmática no le permite ser re-
duccionista aunque manifieste su galantería ante la filosofía de la re-
ducción. Como científico y pensador sabe muy bien que el último por
qué filosófico está incrustado, ya desde la infancia, en la entraña misma
de la condición humana.

3. 2. Modos de reduccionismo científico.

El Dr. Ayala,20 como lo pone de manifiesto en su lenguaje su-


cinto, hialino y moderado, pretende evitar los debates infructíferos e
innecesarios que surgen cuando se pretende relacionar las ciencias bio-
lógicas y las ciencias físicas. A esta cuestión se le ha llamado el pro-
blema del reduccionismo que no trata de un problema único sino de va-
rios. Establece Ayala que, para clarificar el enmarañado asunto del re-
duccionismo científico, lo mejor es disgregarlo en tres campos bien de-
limitados: el ontológico, el metodológico y el epistemológico:

• En el orden ontológico, estructural o constitutivo propio,


siguiendo al profesor de Genética, la cuestión fundamen-
tal que se plantea es la siguiente: ¿están los seres orgáni-
cos e inorgánicos constituidos de las mismas entidades fi-
sico-químicas y de ninguna otra más?
• En el orden metodológico la idea madre es: si el único
procedimiento mejor estrategia en la investigación cientí-
fica es el método físico-químico, es decir, analizando sólo
los procesos físico-químicos subyacentes.
• En el orden epistemológico el tema central es: si las leyes
y teorías en general pueden reducirse a las de la Física y
Química como casos particulares de las mismas.

El reduccionismo ontológico conlleva la dificultad del emergen-


tismo, es decir, ¿presenta un objeto como totalidad propiedades distin-
tas de las de sus componentes físico-químicos?
El reduccionismo metodológico se puede y hasta se debe inten-
tar pero le sale al paso el composicionismo metodológico: tan necesaria
como el análisis es la síntesis para la comprensión plena de un objeto.
El reduccionismo epistemológico se enfrenta con el concepto de
incompletitud esencial de toda ciencia señalado por K. R. Popper, con
el de inconmensurabilidad propuesto por Kunn, Feyerabend y con la

20
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 177.
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127

existencia de leyes internivel de Nagel y Hempel: derivabilidad y co-


nectabilidad.
En el ámbito de la reducción científica nos interesa de modo es-
pecial si es posible la reducción de lo orgánico a lo inorgánico, o como
se pregunta Ayala ¿es posible reducir la Biología a la Física?

3. 3. Reduccionismo biológico.

Ya conocemos la posición de Ayala al respecto: en el estado ac-


tual del desarrollo de las dos ciencias – Física y Biología – la reduc-
ción de la Biología a Física no puede efectuarse.21 Hemos, pues, de
seguir pausadamente su razonamiento para su mejor justificación. Ya se
ha comprobado suficientemente en la primera parte de este trabajo el
estado actual de las dos ciencias; veamos ahora por qué la Biología es
irreductible a Física y Química, es decir, autónoma e independiente. No
olvidemos las tres supremas categorías del ser vivo según Ayala: Auto-
nomía, Teleología, Evolución. Las tres irreductibles a sólo presupuestos
mecánicos o físico-químicos.

3. 3. 1. Reduccionismo ontológico. En éste, a juicio de Ayala,22


la controversia está entre el mecanicismo radical y el vitalismo extre-
mo.
El mecanicismo clásico, laplaciano, epistemológicamente de-
caído en la actualidad, parece, no obstante, anidar en las cavernas del
subconsciente de casi todos los científicos y biólogos experimentales;
posiblemente se deba a una carencia de formación epistemológica y
como advierte G. Blandino:

A la tendencia en nosotros de afirmar como posibles y reales únicamente


los fenómenos que llegamos a comprender y, por el contrario, tendemos a
rechazar como no reales aquellos que no llegamos a comprender. Los fe-
nómenos de forma, movimiento y choque son para nosotros los más habi-
tuales y claros”.23

Este modo de reduccionismo es el de aquellos que argumentan:


los organismos se componen últimamente de los mismos átomos que
constituyen la materia inorgánica y de nada más 24. Esta tendencia está
propugnada y favorecida indudablemente por los enormes progresos
conseguidos en Embriología, Citología, Genética y sobre todo en Bio-

21
F. J. AYALA, “Biology as autonomous science”, o.c. p. 208.
22
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p.178.
23
G. BLANDINO, Naturaleza de la vida, traducción de José-Antonio Garay, Edit. Razón y Fe,
Madrid, 1964, p. 26.
24
F. J. AYALA,.Ibidem.
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128

logía molecular. Sin embargo, los reduccionistas de este tipo admiten la


complejidad; los seres orgánicos son patrones especiales extremada-
mente complejos de átomos y moléculas, pero esta complejidad es ex-
plicable, según ellos, desde estos mismos componentes moleculares
como es el caso de J. Monod y F. Jacob. Este último nos ha dicho en su
teoría del integrón que hasta los fenómenos específicamente humanos
no son otra cosa que integraciones moleculares sucesivas cada vez más
complejas y desconocidas hasta ahora. Como dice Ayala:

El reduccionismo ontológico defiende que los organismos se componen,


en último término, de componentes no vivientes; es decir, una vez tenidos
en cuenta todos los átomos que constituyen un organismo, no queda enti-
dad o residuo alguno. El reduccionismo ontológico implica, además, que
las leyes de la Física y de la Química (aunque no necesariamente sólo
ellas) son aplicables a los seres vivos; o sea, que tales leyes son aplicables
a los átomos y moléculas que constituyen los organismos.25

No obstante su posición antirreduccionista, admite la utilidad


que puede reportar el método de la reducción ontológica cuando dice:
Aun en los casos en que un intento de reducción no tiene éxito completo,
se aprende mucho de ello, puesto que el éxito parcial aumenta nuestro co-
nocimiento y en el relativo fallo se suscitan problemas nuevos a resolver.
En Biología, el intento de reducir la Genética mendeliana a la Genética
molecular no ha tenido éxito completo ni mucho menos, pero cabe poca
duda de que en tal empresa se ha aprendido mucho.26

Es fácil comprobar que esta posición no es radical sino modera-


da como manifiesta el propio Ayala una vez más:
Del hecho de que los organismos no se componen nada más que de átomos
y moléculas no se sigue el que los procesos vitales puedan ser totalmente
explicados por las leyes enunciadas para explicar el comportamiento de los
átomos y moléculas.27

Todos los reduccionistas ontológicos mecanicistas admiten que


una locomotora e.c. está compuesta de átomos y moléculas exclusiva-
mente, pero se debe advertir que su movimiento sobre la vía le viene de
ser locomotora, es decir, de su funcionamiento general y no de las mo-
léculas de hierro, luego en la máquina hay algo más que átomos y mo-
léculas. El todo es más que sus partes, se dice. ¿Cómo explicar, enton-
ces, este movimiento con sólo átomos y moléculas?. Algunos defenso-
res de este reduccionismo afirman que si en el estado actual de la cien-
25
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 179.
26
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 190.
27
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 189.
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129

cia no es posible el reduccionismo ontológico, sí puede serlo en un fu-


turo próximo cuando el conocimiento científico avance lo suficiente.
Esta afirmación es espuria, porque no es científica y es así al no ser fal-
sable empíricamente. Aquí es donde surge para este reduccionismo el
problema de las propiedades emergentes. ¿Es que hay distintos niveles
de realidad en un objeto?
Según Ayala, una cuestión muy debatida que pertenece al do-
minio del reduccionismo ontológico es la de si los organismos mani-
fiestan propiedades emergentes o si bien sus propiedades son simple-
mente las propiedades de sus componentes físico-químicos.28
Este penoso problema de la emergencia29 lo resuelve nuestro
profesor siguiendo la conocida doctrina de E. Nagel30 en la que éste
puntualiza lo siguiente:

1) Es necesario distinguir las dos formas de la emergencia: la


emergencia como tesis acerca de la impredicibilidad de cier-
tas características de las cosas y la emergencia como proceso
temporal y cosmogónico.
2) La emergencia como categoría explicativa de los fenómenos
sociales, psicológicos y biológicos puede ser formulada de
forma que se aplique también a lo inorgánico.
3) Hay casos en los que se pueden reducir o predecir las pro-
piedades del conjunto y casos en los que no es posible redu-
cir o predecir estas propiedades. El primer caso, es lo que
podemos denominar resultancia que se da p.e. en el peso
molecular de un compuesto químico que no es sino la suma
total de los pesos atómicos de sus componentes simples. Pe-
ro hay casos en los que esta percepción directa de las pro-
piedades de los componentes inferiores no es posible como
ocurre en partículas y procesos sub-microscópicos. Estas
propiedades y estructuras sólo pueden ser formuladas por
medio de alguna teoría que postule la existencia de tales
constituyentes y diversas características de ellos.31

En efecto, para poder deducir unas propiedades de otras en


componentes inferiores necesitamos una teoría lógica que relacione las
de nivel superior con las de nivel inferior mediante leyes y aun así, po-
drán deducirse estas propiedades según una teoría determinada pero no
28
F. J. AYALA, o.c. p. 180.
29
El término emergencia no es el más apropiado. Para algunos filósofos, Zubiri y Laín Entralgo,
emerge algo que estaba sumergido, por lo que prefieren el término brotar o elevarse. Tampoco,
parece, sean adecuados.
30
E. NAGEL, Estructura de la Ciencia, o.c. p. 336 – 347.
31
E. NAGEL, o.c. p. 338.
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130

conforme a otra teoría distinta, es decir, si para una teoría las propieda-
des son emergentes, puede que no lo sean para otra teoría más evolu-
cionada. Un ejemplo típico según Nagel32 para explicar esta idea es el
de la teoría de Dalton que postulaba escasas propiedades para los áto-
mos y era incapaz de explicar ciertas características de las reacciones
químicas. Cuando se perfeccionó la teoría atómica, se pudieron expli-
car, en cierto modo, la naturaleza intrínseca de los átomos y muchas de
sus propiedades y hasta predecir ciertos elementos químicos que nunca
habían sido observados. Claro que no es igual predecir que deducir con
estricto rigor lógico para un defensor de la emergencia. Para Nagel,33 la
existencia o no de una teoría lógica que se ajuste o no a las condiciones
de derivabilidad y conectividad es la tesis central de la doctrina de la
emergencia.
Para el profesor Ayala,34 la cuestión puede plantearse de otra
forma. Considérese, por ejemplo, el riñón humano: ¿son sus propieda-
des puramente las propiedades de los átomos y moléculas que lo consti-
tuyen? Antes de contestar hay que tener en cuenta que la cuestión de las
propiedades emergentes no es exclusiva de la Biología sino que surge
en todos los sistemas complejos y puede plantearse del siguiente modo:
¿Tiene un objeto dado propiedades distintas de las de sus componentes?
Esto presenta un problema espurio y debe resolverse por convenio de
definición que nos diga antes qué debe incluirse como propiedad de un
objeto. Podemos considerar un ejemplo sencillo como el del NaCl. Nos
preguntamos: ¿son las propiedades del cloruro sódico simplemente las
propiedades del cloro y del sodio cuando están asociados? Porque si
entre las propiedades del cloro incluimos por definición su asociación
con el sodio en forma de sal sódica, la respuesta debe ser afirmativa. Es
decir, si entre las propiedades de un objeto incluimos las propiedades
que tiene cuando está asociado con otros, entonces dichas propiedades
son también propiedades de sus partes componentes. Pero añade Ayala
literalmente:

En la práctica común no se incluyen entre las propiedades de un objeto to-


das las propiedades que puede tener cuando está asociado con otros y exis-
ten buenas razones para ello. Cuando se estudia un objeto en sí mismo, aun
cuando el estudio sea de lo más exhaustivo, no es generalmente posible
averiguar todas las propiedades que pueda tener en asociación con otros
objetos. Por ejemplo, entre las propiedades del hidrógeno no se incluyen
normalmente las propiedades del agua, del alcohol etílico, las proteínas y
los seres humanos; ni se incluyen entre las propiedades del hierro las de la
máquina de tren.35
32
E. NAGEL, Ibidem.
33
E. NAGEL, o.c. p. 340.
34
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. pp. 180 – 181.
35
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 181.
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131

Según Ayala, el problema de las propiedades emergentes, por


tanto, puede presentarse de modo diferente: ¿se pueden deducir las pro-
piedades de sistemas complejos de las propiedades que sus componen-
tes tienen en aislamiento? Así expuesto el problema cobra otro sentido;
ya no es ontológico sino epistemológico. Lo que se pregunta ahora es:
si las leyes y teorías que explican el comportamiento de los sistemas
complejos pueden ser derivadas como consecuencias lógicas de las le-
yes y teorías que explican el comportamiento de sus partes componen-
tes.36 Pero esto pertenece al reduccionismo epistemológico que estudia-
remos más adelante.
Nagel y Hempel37 reducen la emergencia a un problema de ex-
plicación científica relativo sólo al estado de deficiencia de nuestro co-
nocimiento en un momento dado. Ayala acepta esta alternativa episte-
mológica cuando dice aquello de: en el estado actual de la ciencia…
pero no por ello recusa la alternativa ontológica: hay categorías en el
ser biológico, no sólo conceptuales sino reales en sentido aristotélico,
que no se dan en el ser inorgánico y que no pueden explicarse por sim-
ple comparación con éste sin pérdida de sentido explicativo. Siguiendo
el principio de objetividad de la ciencia sólo podemos hablar del mo-
mento presente; hablar de un futuro inmediato, cuando se amplíen nues-
tros conocimientos, es una cuestión no pertinente que cae fuera de la
demarcación científica, como se dijo con anterioridad. Hoy por hoy, no
disponemos de teorías explicativas acerca de posibles integraciones
complejas que nos den cuenta de los fenómenos de alto nivel y no por
ello hay que recurrir tampoco a un abismo ontológico o a un neovita-
lismo, una actitud de resignación que asfixia la investigación científi-
ca38. O como dice Ayala, el antirreduccionismo ontológico no supone
el vitalismo, sino emergencia.
Podríamos llamar emergencia relativa o de explicación a la
carencia de teoría explicativa y emergencia absoluta o de organización
la que se refiere a propiedades nuevas imprevisibles de ningún modo.
Un activo defensor del emergentismo fue C. Lloid Morgan
(1852- 1936) para quien la evolución es emergente, la emergencia se
opone a la resultancia; hay tres grados fundamentales de emergencia:
materia, vida, mente y la herencia o el hecho de que un viviente provie-
ne de un viviente que es el aspecto característico de la vida:

(…) Nosotros distinguimos mente, vida y materia. (…) en la serie ascen-


dente: átomo, molécula, cristal, se dan en la molécula modos de acción que
36
F. J. AYALA “El reduccionismo en Biología”, Ibidem.
37
C. G. HEMPEL, La explicación científica, Edt. Paidós Ibérica S. A. Barcelona, 1996, pp. 259 –
265.
38
C. G. HEMPEL, La explicación científica. o.c. p. 265.
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132

no se encuentran en el átomo y modos de acción en el cristal que no se en-


cuentran en la molécula. (…) Se puede decir que la herencia está señalada
en la biología moderna como el aspecto característico de la vida.39

Fenómeno emergentista que recobra actualidad es el de la epi-


genesis. Según los epigenistas, nos dice G. Blandino,40 en el desarrollo
embrional se forman poco a poco partes que antes no existían y esto
sólo es posible en cuanto el principio vital, según los epigenistas pri-
mitivos, influye y ordena la materia y explica la finalidad de los vivien-
tes. Epigenesis podemos encontrar en biólogos modernos como J. Mo-
nod y su homólogo F. Jacob. Para J. Monod, los seres vivos son sólo
máquinas que se construyen a sí mismas mediante la asociación espon-
tánea de las subunidades en las proteínas oligoméricas que:

Constituyen un proceso que es legítimo considerar como epigenético, ya


que, a partir de una solución de moléculas monoméricas desprovistas de
toda simetría, han aparecido moléculas mayores y de un grado de orden
superior que del mismo golpe han adquirido propiedades funcionales antes
totalmente ausentes.41

Para evitar sospecha de vitalismo J. Monod repite frecuente-


mente el carácter espontáneo de este proceso de epigenesis molecular:

Estructuras complejas son construidas por ensamblaje estereoespecífico


espontáneo de sus constituyentes proteínicos. Hay aparición de orden, di-
ferenciación estructural, adquisición de funciones a partir de una mezcla
desordenada de moléculas desprovistas de toda actividad y propiedad fun-
cional. (…) La estructura acabada no estaba en ninguna parte como tal pre-
formada. Pero el plan de la estructura estaba presente en sus mismos cons-
tituyentes. Ella puede, pues, realizarse de forma autónoma y espontánea
sin intervención exterior. (…) La construcción epigenética de una estructu-
ra no es una creación, es una revelación.42

Para Monod,43 la morfogenesis microscópica y macroscópica es


una concepción de la que no dudan los modernos biólogos y que puede
dar cuenta de la epigenesis de las estructuras macroscópicas de alta
complejidad que se da, no entre los componentes moleculares, sino en-
39
C. LL. MORGAN, Life, Mind and Spirit, Edt. Willians and Norgate, London, 1926, p. 84. Citado
por G. Blandino, o.c. pp. 169 – 170.
40
G. BLANDINO. o.c. p. 35. Según G. Blandino, los epigenistas antiguos consideraban el principio
vital, como vis vitalis (Needham), vis formativa (Maupertuis), vis essentialis (Wolf), nisus formati-
vus (Blumenbach). Éste último lo consideraba semejante a una fuerza física y todos creían tratarse
de algo exclusivo de los seres vivos. Los epigenistas modernos piensan que la epigénesis es efecto
de la alta complejidad.
41
J. MONOD, El azar y la necesidad, traducción de Francisco Ferrer Lerin, Edt. Tusquets, Barcelo-
na, 1981, p. 97.
42
J. MONOD, o.c. pp. 99 –101.
43
J. MONOD, o.c. pp. 100 –101.
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133

tre células, reconociendo que faltan todavía las verificaciones directas.


Esta concepción epigenética de la morfogenesis no es, por ahora, más
que una posición de principio que señala la necesidad de una teoría bien
formulada para no ser simplemente una descripción fenomenológica.
En semejantes términos se expresa también F. Jacob.44 Ambos
parten de un proyecto o programa respectivamente que se desarrolla de
forma epigenética con carácter espontáneo e imprevisible. Al ser ambos
reduccionistas estructurales en alto grado, me pregunto, si al hablar de
emergencia, no están pensando en una trivial resultancia que se revela
pero no se crea, ¿contradicción? Se revela lo que ya estaba presente,
por ejemplo, la mente humana, siguiendo esta teoría, se revela como un
sumatorio integral y complejo de las interacciones entre átomos y mo-
léculas, con lo que se vuelve al proceso mecaniscista democritiano o a
una especie de preformismo.
En resumen, tendremos que admitir con Ayala la emergencia de
propiedades reales en el ser vivo como órgano, consciencia, probabili-
dad de apareamiento, adaptación, especie, competencia interespecífi-
ca, predador y muchísimos otros que no pueden ser adecuadamente
definidos en términos físicoquímicos.45 Lo que significa, en mi opinión,
un no rotundo a la posibilidad del reduccionismo ontológico, por lo
menos en el estado actual del desarrollo de la ciencia.
No obstante, algún biólogo no reduccionista como G. Blandino
se opone al concepto de emergencia, tal como lo entiende Ayala:

Hoy, tras mucho reflexionar y más discutir, he cambiado de parecer. La


razón que indiqué en favor de una emergencia es demasiado vaga e insufi-
ciente para negar que esas mismas propiedades de los corpúsculos materia-
les, observables cuando están en estado de aislamiento, pueden causar la
estructuración de los cuerpos vivientes y su comportamiento vegetativo.
Este comportamiento es ciertamente muy típico y peculiar, pero la estruc-
tura de los vivientes resulta de una cifra enorme de corpúsculos atómicos
dispuestos de manera extremadamente compleja. Por consiguiente, no se
puede negar sólo por los argumentos intuitivos que el referido comporta-
miento pueda ser la resultante compleja de las mismas propiedades activas
que los corpúsculos componentes manifiestan también en el estado de se-
paración. (…) Admitir una emergencia cuando moléculas más simples se
agregan en grandes moléculas polímeras significa admitir influjo directo
entre corpúsculos muy distantes. Pero de cuanto hoy sabemos resulta que
los influjos directos entre corpúsculos muy lejanos son escasos o casi nu-
los. Mucho más probable sería que una emergencia se diese en la forma-
ción de las moléculas pequeñas en las cuales los átomos están más cerca-
nos.
Un motivo aún mayor para considerar poco verosímil la emergencia es
que, en último análisis, consistiría en desviaciones de leyes físicas muy
44
F. JACOB, La lógica de lo viviente, o.c. pp. 325 – 349.
45
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 34 –35.
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134

generales de las que ya se ha comprobado un amplísimo campo de validez.


Por estos motivos hoy considero improbable la existencia de una verdadera
emergencia.46

De la lectura del párrafo del Dr. Blandino se obtiene la impre-


sión de que parte su autor de presupuestos vitalistas atribuibles a los
defensores de la emergencia y de que no se ha despojado del carácter
determinista. Nada más lejos de la realidad. Los defensores del emer-
gentismo saben muy bien que las nuevas propiedades aparecidas en una
estructura compleja, sea o no orgánica, no son producto de fuerzas ex-
trañas desconocidas, transcendentes o misteriosas, sino de interacciones
sumamente complejas de átomos y moléculas, únicos componentes del
ser orgánico, como nuevas potencialidades del ser, producto de su con-
natural indeterminación como ha demostrado la Física cuántica y que
tanto nos cuesta aceptar y comprender en el presente. Son esta comple-
jidad y potencialidad las que desconocemos y las que nos impiden en-
tender en su totalidad el fenómeno de la emergencia.
Por otra parte, sabemos que, por ejemplo, el movimiento de una
grúa no es la suma de los movimientos mecánicos moleculares sino
causado por ese algo que es el comportamiento general de la máquina.
Tampoco hace falta una gran complejidad para que se produzca el fe-
nómeno emergente como es el caso del H2 en el agua. Así, por muy ex-
haustivo que sea el análisis de este cuerpo simple y de sus propiedades
en aislamiento, jamás podremos deducir todos los nuevos compuestos a
que puede dar lugar, que serían indefinidos, ni las propiedades de éstos.
Estas propiedades las conocemos a posteriori, una vez realizada la re-
acción química como decíamos antes. Aquí se hace presente el profesor
Ayala con su principio de complementariedad.
En este ambiente de reducción-emergencia se percibe una som-
bra de viejas convicciones: preformismo, epigenismo, determinismo.
Un nuevo tipo de preformismo mecanicista anclado en un determinismo
causal, las propiedades están ya presentes, sólo resta su aparición en un
momento dado y el epigenismo que flota en la indeterminación que
confía en la potencialidad y espontaneidad del ser, especialmente del
ser vivo que se manifiesta evolutivamente.
El otro aspecto extremo del reduccionismo ontológico, nos dice
el profesor Ayala, es el vitalismo oponente del mecanicismo.

Los vitalistas proponen, por el contrario, que los seres vivientes están
constituidos, no sólo de componentes materiales (átomos y agregaciones
de átomos) sino además de entidades inmateriales llamadas por autores di-
ferentes, alma, entelequia, impulso vital, energía radial y otros nombres
por el estilo. (…) Los científicos han descartado el vitalismo porque ésta

46
G. BLANDINO, Naturaleza de la vida, o.c. 318 – 319.
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135

no es una hipótesis científica válida. El vitalismo no es una hipótesis que


pueda ser sometida a la posibilidad del falsamiento empírico. (…) Los
procesos vitales pueden ser explicados sin recurrir para ello a la postula-
ción de entidades inmateriales.47

Un vitalismo mal interpretado nos llevaría a falsas considera-


48
ciones. El único vitalista-animista reconocido como tal y así parece
desprenderse de sus referencias a un alma racional substancial es G. E.
Stahl.49 Considera que los cuerpos son combinación de mixtos, cuerpos
físico-químicos, y por tanto opuestos a la agregación. Los vivientes se
distinguen por ser agregados, no así los cuerpos mixtos expuestos a la
corrupción. El alma para Stahl es vida y principio de agregación y con-
servación frente a la corruptibilidad de los cuerpos mixtos. La vida no
suprime la corruptibilidad pero la impide.

47
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 25.
48
Sin entrar en los pormenores de las distintas doctrinas vitalistas, permítaseme hacer un juicio
crítico valorativo acerca del desprestigio acumulado sobre el vitalismo versus mecanicismo por parte
de la gran mayoría de científicos. Prescindiendo de los vitalismos ancestrales que podemos llamar
legítimamente metafísicos: el neoplatónico, el de S. Agustin y Escoto Eriúgena; nos ceñimos a los
vitalistas más próximos de los siglos XVII y XVIII nacidos en el seno de la Escuela de Montpellier
y a los que etiquetamos de vitalistas científicos porque su vitalismo no es de carácter metafísico. Se
debería hacer justicia con ellos y concederles una mínima estima exigible en estos casos. Es cierto
que son culpables de esta incomprensión por utilizar términos de carácter metafísico no falsables
empíricamente. Términos y conceptos borrosos, polisémicos y nada definidos. Pero considerando el
fuerte impacto de la metafísica aristotélica sobre nuestra mente durante siglos, es comprensible que
utilizasen alma, entelequia, principio vital, energía radial etcétera, como metáforas para expresar
algo que todos intuían pero no acababan de entender bien, la especificidad del ser vivo. No se olvide
que en nuestra época cientificista por antonomasia, los fisicalistas utilizan términos de carácter cua-
si-metafísico para conceptualizar fenómenos que no entendemos con claridad y nadie sufre escánda-
lo por ello. Gravedad, magnetismo, selección natural, realidad, azar-necesidad, objeto, substancia,
hecho… y otros significantes de fenómenos reales naturales de los que no tenemos un conocimiento
adecuado sobre su origen y producción y, sin embargo, son aceptados hoy con la mayor naturalidad.
Lo cierto es que los vitalistas comprendieron muy bien la insuficiencia del mecanicismo y es esta
insuficiencia la que denuncian con esas expresiones ambiguas tomadas de la mentalidad de la época,
ciertamente no especificantes. En ningún modo se deduce de la lectura de los escritos vitalistas la
referencia clara y nítida a un ente sobrenatural o transcendente. Ni los vitalistas han sido nunca tan
vitalistas ni los mecanicistas tan mecanicistas. Si aquellos hablan de alma como principio de vida,
éstos nos remiten al azar como principio de movimiento y cambio. Descartes mismo, padre del me-
canicismo moderno, recurre a espíritus animales para explicar ciertos estados o movimientos corpo-
rales que no pueden referirse a la influencia de la tan distanciada y distinta res cogitans. Los solos
términos provisionales utilizados no definen taxativamente las posiciones filosóficas. El concepto de
alma en Aristóteles carece de las connotaciones espiritualistas y religiosas que tuvo más tarde. Es
principio de vida. El principio como principio explicativo es inmaterial y aquí puede radicar la con-
fusión y malentendido de los términos usados por los vitalistas. Para Aristóteles alma y forma se
identifican en el ser orgánico. Ya Tales de Mileto decía: El imán tiene alma, con lo cual intentaba
significar que el principio o causa de la imantación o forma estaba en él mismo. Para Aristóteles
todo organismo tiene alma, su propia alma que hace referencia a lo específicamente orgánico,
ψυχη, que lo diferencia profundamente de lo inorgánico que tiene µορϕη; el ser orgánico lleva en
sí mismo la causa de sus propios cambios y movimientos autónomos y propios dirigidos por leyes
biológicas que integran más niveles que las simples leyes mecánicas.
49
G. E. STAHL, Difference entre mecanisme et organisme, Ouvre II, pp. 318 – 319. No es demasia-
do el sentido animista de Stahl. Recuérdese que era médico y para él la medicina no podía ser mecá-
nica. Se trata del hombre y por ello insiste en el concepto de alma.
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136

Otros vitalistas como Barthez y Bichat hacen referencia a un


principio vital con más sentido aristotélico que animista para diferen-
ciar al ser orgánico, lo cual no puede hacerse ni con explicaciones me-
cánicas ni químicas ni con un alma intelectual. Dice Barthet: este prin-
cipio es la causa que produce todos los fenómenos de la vida en el
cuerpo humano. La acción inmediata del principio vital opera sola to-
dos los movimientos de los órganos.50 Es decir, el principio vital debe
ser comprendido como una función propia orgánica que mantiene la
coordinación de todos estos movimientos y que deben ser estudiados en
sí mismos. Otro tanto dirá Bichat: el principio de vida abandona los
flujos tan pronto estos tienden a la putrefacción y se descomponen co-
mo los sólidos privados de sus fuerzas vitales. Él y solamente el princi-
pio de vida impediría este movimiento.51
El representante del vitalismo más próximo a nosotros en el
tiempo es Hans Driesch (1867-1940). Fija Driesch su atención en el
concepto de entelequia pero no en el sentido aristotélico, no es una rea-
lidad material, sino un agente no extenso y no espacial que influye so-
bre la materia espacial.52
Su doctrina vitalista la defiende H. Driesch con tres razones
fundamentales, según G. Blandino53: la primera es la de los sistemas
equipotenciales armónicos. Un sistema así es un conjunto de células
cualquiera de cuyas partes es capaz de reproducir armónicamente al
todo. Esta primera célula formada dará origen a 2, 4, 8, 16 blastómeros.
Si separamos una de estas células también dará origen a un organismo
adulto y armonioso. Idénticos resultados se obtienen con experimentos
de separación y fusión de blastómeros como con la restitución. Si se
corta un embrión en piezas, cada una reproducirá un organismo perfec-
to. Esta razón, según Driesch, anula el mecanicismo. Si un mecanismo
se divide en partes, es absurdo que cada parte contenga el mecanismo
completo.

50
P. J. BARTHEZ, Nouveaux Elements de l’homme, deuxieme edition, Goujou et Brunot, Paris,
1806, p. 47.
51
X. BICHAT, Anatomie generale, 1, LXIX. Para Bichat, las leyes vitales son variables en intensi-
dad, las leyes físicas son fijas, variables y uniformes. Las propiedades vitales son también variables,
las físicas son estables por lo que éstas son insuficientes para dar cuenta del fenómeno vital. Este
principio vital no lo define con claridad Bichat y se niega a investigarlo; lo único que podemos saber
es que se opone a las fuerzas físicas y es lo que distingue al ser viviente del no viviente.
52
H. DRIESCH, The science and Philsophy of the organism, Black, 2ª edition, London, 1929, p.
102. Citado por G. Blandino, o.c. p. 108. Al vitalismo de Driesh se le llama científico porque lo
deduce de sus observaciones sobre la evolución del óvulo fecundado del erizo de mar. Su doctrina
vitalista queda clara en su negación del mecanicismo: los sistemas materiales que nosotros llama-
mos organismos vivos no son sistemas mecánicos, como en su definición del vitalismo.
53
G. BLANDINO, citando y comentando a H. Driesch, o.c. pp. 109 – 110. Según Driesch, se desig-
na con el nombre de vitalismo la doctrina de la autonomía de los procesos vitales, es decir, la doctri-
na según la cual los procesos que tienen lugar en los organismos vivientes no son ni el resultado ni
la combinación de procesos físicos y químicos, mecánicos en último análisis.
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137

La segunda prueba es la propia reproducción:


Si el desarrollo fuera causado por un mecanismo, el primer elemento debe-
ría contener en sí necesariamente ese mecanismo. Se seguiría que el hipo-
tético mecanismo, dotado de complejidad típica infinitamente grande, se
habría subdividido repetidas veces permaneciendo íntegro en sus partes.
Pero una vez más, esto no tendría sentido, sería un absurdo. Hay que con-
cluir, por eso, que ningún mecanismo imaginable puede sufrir división tras
división sin perjuicio de su integridad.54

La tercera y última prueba la deduce de los fenómenos psíqui-


cos: se puede demostrar que los fenómenos que en términos psicológi-
cos se llaman memoria e inteligencia desafían toda solución mecáni-
ca.55
El mismo Monod, mecanicista radical, lo reconoce cuando dice:
Es preciso reconocer que esta reducción a lo microscópico de los fenóme-
nos de la morfogénesis no constituye, por el momento, una verdadera teo-
ría de estos fenómenos. Se trata más bien de una posición de principio que
especifica solamente los términos en los que una teoría así debería ser
formulada para que se pueda considerar como aportando más que una sim-
ple descripción fenomenológica.56

Monod manifiesta su sincero desideratum, pero comprende que


no ha llegado aún la hora de que la ciencia objetiva salga de una posi-
ción de principio y pueda formular una teoría explicativa de los fenó-
menos de la morfogénesis dejando de ser una simple descripción feno-
menológica. De aquí la lucidez del principio de complementariedad del
Dr. Ayala: el reduccionismo y la emergencia, el análisis y la síntesis
deben complementarse.

3. 3. 2. Reduccionismo metodológico. Otra forma de reduccio-


nismo que distingue el profesor Ayala es el llamado metodológico, pro-
cesual o estratégico. Si nos preguntamos cuál es el mejor método para
conocer un objeto, en nuestro caso un ser vivo, la respuesta puede ser

54
G. BLANDINO, citando a H. Driesch, o.c. p 113, tomado de Der Vitalismus, p. 209.
55
G. BLANDINO, o.c. p. 113, tomado de H. Driesch en Scientia, p. 17
No es tan trágica ni extraña al contexto científico la doctrina vitalista en los primeros balbuceos de
la Biología moderna. Se trata de una negativa contundente al mecanicismo ingenuo en su intento de
subyugar a toda la ciencia. Los vitalistas de estos siglos fueron los primeros baluartes contra el im-
perio de la máquina y, es cierto, lucharon con armas defectuosas, pero hay que reconocer el valor de
no sucumbir entre los potentes engranajes de la doctrina mecanicista. Erraron el tiro frecuentemente
con su confusa polisemia, pero es que los modernos mecanicistas, tampoco se puede decir, hayan
hecho diana; manejan conceptos tan confusos como los de los vitalistas y con igual equivocidad,
ocupándose simplemente de los últimos componentes olvidando las relaciones entre los mismos,
causa de la complejidad que sí tienen en cuenta los vitalistas y la expresan metafóricamente.
56
J. MONOD, El azar y la necesidad, o.c. p. 101.
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138

doble, pues dos son las posiciones extremas: el reduccionismo metodo-


lógico y el composicionismo metodológico.
Según nuestro autor:
En su forma más extrema, el reduccionismo metodológico propone que la
investigación biológica debe ser llevada a cabo exclusivamente estudiando
los procesos físico-químicos subyacentes (…) no merece la pena proseguir
la investigación biológica a otros niveles (…) puesto que los procesos bio-
lógicos deben ser últimamente explicados en términos de procesos físico-
químicos.57

Esta propuesta, según Ayala,58 se convierte en irracional puesto


que nos lleva a la siguiente consideración: según lo dicho por el reduc-
cionismo extremo, no debe estudiarse la herencia biológica hasta que
conozcamos perfectamente el material genético o DNA, o suprimir la
Ecología hasta conocer del todo las íntimas relaciones físico-químicas
entre organismos y ambiente, conclusión del todo inadmisible.
La otra posición extrema del reduccionismo metodológico es el
composicionismo metodológico que proclama:

La única investigación biológica que es propiamente tal debe estudiar di-


rectamente los organismos, las poblaciones y las comunidades. El estudio
de los niveles subyacentes, sobre todo el estudio de los procesos físico-
químicos que se dan en los organismos, será tal vez buena física o buena
química, pero carece de significado biológico.59

El reduccionismo y el composicionismo moderados en cuanto al


método son aceptables ambos con tal de que sean complementarios y
no supongan exclusividad, según sentencia de nuestro profesor de Cali-
fornia. Es cierto que el reduccionismo metodológico moderado ha con-
seguido logros importantes con el método analítico que es de gran valor
heurístico, pero también lo es que el composicionismo moderado con-
tribuye a esclarecer y explicar mejor los fenómenos vitales de alto nivel
que no pueden ser comprendidos sólo desde los niveles inferiores mo-
leculares. En esta tesitura resulta oportuna la valoración de lo que otros
llaman organicismo, holismo, globalismo, teoría de la totalidad, teoría
general de sistemas, englobados todos en el composicionismo al que
hace referencia el Dr. Ayala.
El organicismo, holismo o composicionismo, es doctrina hoy
muy difundida, fundamentada en el llamado principio holístico: el todo
es más que la suma de sus partes y que tiene distintas formulaciones.
57
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 28. Véase también “Thermodinamycs,
Information and Evolution: The problems of reductionism”, History and Philosophy of life science,
1989, nº 11, pp. 116 – 117.
58
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 28.
59
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, Ibidem.
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139

Analizando detenidamente el sentido de este principio goza de gran


predicamento racional. Ayala no se detiene en explicitar el concepto de
organismo como totalidad, sí lo hacen distintos biólogos importantes a
los que destaca G. Blandino60.
A poco que se profundice en Biología, brota de inmediato el
concepto de organización jerárquica no explicable desde simples presu-
puestos físico-químicos o mecánicos. Organización que impone com-
portamientos de alto nivel inextricables que escapan a la manipulación
de las ciencias que sólo utilizan el análisis físico y químico. Alfredo
Marcos, citando a Martha Nussbaun la mejor comentarista, según él, de
De motu animalium, dice:

Mediante la descripción de las trayectorias de las partículas elementales no


se puede explicar el movimiento de un león, porque en ese nivel no hay
león, y mucho menos el mismo león a lo largo de un tiempo. (…) El esta-
blecimiento de la sinonimia de estos estados exige de nuevo tener en men-
te la función vital en relación a la cual son equivalentes y, por tanto, la en-
tidad macroscópica que intentábamos reducir.61

60
G. BLANDINO: B. Dürken, J. H. Woodger, J. Needham, L. Von Bertalanffy, W. E. Ritter, J. S.
Haldane, A. N. Whitehead, J. S. Smuts, E. S. Russell, A. Meyer, O. Köhler, K. Sapper, H. Jordan, F.
Alverdes, M. Hartmann, R. Woltereek, E. Ungerer y demás. La naturaleza de la vida, o.c. pp. 173 –
229.
Si tomamos como ejemplo explicativo de referencia de organismo y como totalidad, un reloj, un
libro, una mesa etc., en realidad, ni el reloj es un simple montón de ruedas, ni el libro un acúmulo de
papeles, ni la mesa un apilamiento de piezas. Para que se de la entidad reloj, libro, mesa, las partes
han de estar organizadas, unidas bajo un criterio, estructuradas, jerarquizadas; de otra forma, ni el
reloj daría la hora, ni el libro tendría un mensaje concreto, ni la mesa serviría como tal, es decir, no
serían reloj, libro, mesa. Dar la hora, emitir un mensaje, tener una utilidad concreta son propiedades
emergentes del todo a lo que nos referíamos en páginas precedentes y que no se encuentran en las
partes cuando están disgregadas o en simple agregación mecánica o espacial pero sin orden determi-
nado. Esto que podemos decir de cualquier objeto, se justifica mucho más en un ser viviente y con
una mayor exigencia y complejidad. Se debe recordar en este momento aquello de Zubiri: la célula
no está viva por tener átomos y moléculas sino por ser célula, es decir, por ser una totalidad organi-
zada. Un embrión como un tumor son ambos agregados de células, sin embargo, hay entre ellos una
gran diferencia. El agregado tumoral podrá incrementar su tamaño, su número de células, pero jamás
se convertirá en un ser orgánico vivo adulto; el embrión, también agregado celular, sí llegará a ser,
en circunstancias normales, un ser adulto completo debido a que sus células, a diferencia del tumor,
están unidas, auto-organizadas y estructuradas jerárquicamente con la finalidad objetiva de formar
un organismo adulto. Esta reflexión fue la que llevó a Driesch al vitalismo. Esto se puede comprobar
operativamente. Un órgano separado de su sistema orgánico, un riñón e.c. pierde su significación y
sentido como tal, se corrompe y desaparece, se podrá conservar su morfología en un medio adecua-
do pero no su función propia. Tal debe ser la importancia de unidad orgánica, y es que un riñón en
este caso, no sirve nada más que para ser riñón en una unidad orgánica, de otro modo se inutiliza.
No ocurre así en una máquina, mecanismo organizado no vivo; si separamos la rueda de una loco-
motora no se destruye y puede tener otras funciones muy distintas; un órgano vivo sólo sirve para lo
que sirve en unidad con el sistema al que pertenece, de lo contrario muere. No es igual estudiar un
órgano aislado en el laboratorio que unido al organismo viviente. No facilita la misma información
un cadáver que un organismo vivo, según el principio tanatológico de N. Bohr.
61
A. MARCOS, Aristóteles y otros animales, Promociones y Publicaciones universitarias, Barcelo-
na, 1996, p. 190.
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140

En este sentido tienen toda la razón los organicistas cuando tan-


to insisten, según G. Blandino, en los conceptos de unidad, totalidad,
individualidad, organización, novedad del organismo viviente y la mo-
derada ponderación del profesor Ayala ya expresada con anterioridad:
unir el análisis a la síntesis de forma complementaria es el mejor méto-
do. Si tras conocer los comportamientos emergentes en altos niveles de
complejidad, conocemos también los detalles íntimos atómicos y mole-
culares en los niveles bajos, mejor será nuestro conocimiento del ser
vivo. Aun cuando estos estudios se hagan por separado y con indepen-
dencia, es obvio, que el filósofo y el científico deben tenerlos muy en
cuenta en sus propias valoraciones.
El resultado final para Ayala es el siguiente:

La reducción de la Biología a físico-química, de entrada, no puede efec-


tuarse en el presente estado del conocimiento científico. Si la reducción es
posible en el futuro no es cuestión empíricamente significativa. Una mayo-
ría de problemas biológicos no pueden ser todavía investigados en el nivel
molecular. La investigación biológica debe, pues, continuar en los diferen-
tes niveles de integración del mundo de los seres vivos de acuerdo con las
leyes y teorías desarrolladas en cada nivel de complejidad. El estudio de la
estructura molecular de los organismos debe proceder de la mano con la
investigación en los niveles de célula, órgano, individuo, población, espe-
cie, comunidad y ecosistema. Estos niveles de integración no están aisla-
dos de los otros. Las leyes formuladas en un nivel de complejidad ilumi-
nan a los otros niveles inferior y superior y así surgen nuevas estrategias
de investigación.62

No cabe duda que la doctrina organísmica prestó una gran in-


fluencia en la formación del llamado pensamiento sistémico en los al-
bores del siglo XX y recibiendo al unísono la corroboración de la Física
cuántica que como dice Fritjof Capra:

Forzó a los físicos a aceptar el hecho de que los objetos materiales sólidos
de la Física clásica se disuelven al nivel subatómico en pautas de probabi-
lidades en forma de ondas, interconexiones. Las partículas subatómicas ca-
recen de significado como entidades aisladas. Las partículas subatómicas
no son cosas sino interconexiones entre cosas y éstas, a su vez, son inter-
conexiones entre otras cosas y así sucesivamente. Como dijera W. Heisen-
berg: el mundo parece como un complicado tejido de acontecimientos que
alternan o se superponen o se combinan determinando así la textura del
conjunto.63

62
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous science”, o.c. p 212.
63
FRITJOF CAPRA, La trama de la vida, (Una nueva perspectiva de los sistemas vivos), Edtorial
Anagrama, S.A. Barcelona, 1998, pp. 49 – 50.
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141

La Biología organicista recibe su apoyo también de la Psicolo-


gía de la Gestalt que, a la sazón, nos remite según Ferrater Mora,64 al
concepto de estructura y se relaciona más recientemente con las teorías
modernas de la totalidad, que se desarrollan sucesivamente en el seno
del pensamiento sistémico como son, la Tectología de Bogdanow, la
Teoría general de Sistemas de Ludwig von Bertalanffy, la Cibernética,
Autopoiesis, Teoría Gaia, Estructuras disipativas, a las que ya hicimos
referencia en el capítulo anterior, brotes todos de la nueva ciencia sis-
témica. Parece que, por fin, los científicos reduccionistas toman con-
ciencia del fracaso mecanicista y abren sus brazos a la nueva alianza,
en boca de Prigogine, que considera las cosas de la naturaleza, no ya
como simples masas ponderales compuestas por átomos, sino al estilo
de la Gestalt y Física cuántica: como formas, estructuras, conexiones e
interrelaciones entre sus componentes o como llaman hoy los sistémi-
cos estructuras disipativas con intercambio de materia y energía bajo
un patrón de organización y un proceso de continua corporeización.
En todas estas teorías de carácter sistémico u organicista, el
concepto común fundamental y radial es el de organismo. El propio
Mario Bunge, reconocido como profundo y acérrimo reduccionista, rea-
liza una incursión en el concepto de organismo de carácter sistémico,
como él dice. En la conclusión al concepto de organismo añade:

Los sistemas químicos tienen componentes físicos entrando en reacciones


químicas que satisfacen leyes químicas. (…) lo químico está, pues, arrai-
gado en lo físico y emerge de éste con leyes propias. Con los organismos
sucede algo similar: son sistemas químicos con propiedades emergentes,
entre las cuales figuran las leyes típicamente biológicas tales como las ge-
néticas y ecológicas. El arraigo de las propiedades biológicas en el nivel
químico refuta al vitalismo y la emergencia de propiedades típicamente
biológicas refuta al nivelacionismo fisicalista. La alternativa viable es el
organicismo sistémico, o sea, la tesis de que los seres vivos constituyen
quimiosistemas, cuyas propiedades básicas, tomadas una por una, son físi-
cas o químicas pero se combinan de manera peculiar en los organismos.
Estas combinaciones emergentes de propiedades se llaman leyes biológi-
cas y éstas son características de los organismos. Si la Filosofía de la Bio-
logía hubiese centrado su atención en las leyes en lugar de hacerlo en las
propiedades, acaso no seguiría empantanada en la disyuntiva mecanicis-
mo-vitalismo: habría alcanzado la etapa que puede llamarse biosistemis-
ta.65

Surge una objeción desde el pensamiento de Ayala a esta última


afirmación de Mario Bunge: la Filosofía de la Biología debe ocuparse
no sólo de leyes sino también de propiedades emergentes características

64
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. Vol. 2, p. 1043.
65
M. BUNGE, Epistemología, o.c. p. 159.
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142

de un organismo. La emergencia, para Ayala, no es sólo de leyes bioló-


gicas, como afirma Bunge. ¿Qué regulan estas leyes sino relaciones y
propiedades que dan lugar a nuevas propiedades?. Por otro lado, la eta-
pa biosistémica no se alcanza con tanta facilidad como ingenuamente
cree Mario Bunge. Lo cierto es que considera el organismo: quimiosis-
tema semiabierto y autocontrolado que toma del medio circundante la
materia y la energía que interviene en sus reacciones, que sintetiza to-
dos sus componentes y se reproduce.66
Un concepto similar de organismo considerado como sistema
físico es el de L. Bertalanffy.67 Considera, en líneas generales, que un
organismo es un todo abierto, no es un sistema estático cerrado al exte-
rior en equilibrio, sino sistema abierto en estado uniforme por lo que le
es aplicable el segundo principio de la Termodinámica bajo condiciones
muy específicas. Recibe estímulos con fluctuaciones reversibles tempo-
rales de su estado uniforme, a partir de las cuales el organismo retorna
al equilibrio. El organismo es un sistema infinitamente mucho más
complicado que los físico-químicos, no es un sistema homogéneo sino
altamente heterogéneo. Se mantiene en continuo fluir e intercambio de
materia, energía e información y aunque conocemos ampliamente algu-
nos procesos físico-químicos que se dan en la célula, estamos todavía a
mil leguas de conocer el principio de autorregulación del metabolismo
total de una célula. En un organismo se da un pseudo-equilibrio diná-
mico para el que las velocidades de los procesos deben estar exacta-
mente armonizados y relantizados, puesto que las reacciones instantá-
neas llevan al equilibrio en un tiempo infinitamente corto.
Considérese esta breve explicación como un simple bosquejo
que marca la dirección del pensamiento de este autor con relación al ser
orgánico. La aplicación de la segunda ley de la Termodinámica a estos
seres es mucho más compleja y no es este el momento más indicado
para examinarla.
Un aspecto muy típico de un organismo es la equifinalidad que
destaca von Bertalanffy:

Los procesos mecánicos siguen un camino fijo, el estado final cambiará si


se alteran las condiciones iniciales. En contraste puede alcanzarse el mis-
mo estado final la misma meta partiendo de diferentes condiciones inicia-
les y siguiendo distintos itinerarios en los procesos organísmicos.68

De nuevo aquí el problema que descubrió H. Driesch en sus


conocidos experimentos con óvulos de erizo de mar.

66
M. BUNGE, o.c. p. 106.
67
L. VON BERTALANFFY, Teoría General de los Sistemas, traducción de Juan Almelas, Edtorial
Fondo de Cultura Económica, 1976, Madrid, pp. 124 – 136.
68
L. VON BERTALANFFY, o.c. pp. 136 – 137.
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143

Una bella, moderna y ambiciosa teoría organicista dentro del


pensamiento sistémico relacionada con el composicionismo de Ayala es
la llamada, a veces, teoría de Santiago fundamentada en la autopoiesis
de Humberto Maturana y Francisco Varela, completada con el concepto
de estructura disipativa de Ilya Prigogine y la ciencia cognitiva de
Gregory Bateson. Seguiré en mi breve exposición del concepto de or-
ganismo según estos pensadores a Fritjof Capra, que con acierto y ame-
nidad nos describe esta nueva visión de la trama de un organismo vivo.
Nos dice este autor:
Está emergiendo en la actualidad una teoría de sistemas vivos que es con-
secuente con el marco filosófico de la ecología profunda que comprende
un lenguaje matemático adecuado y que implica una comprensión no me-
canicista y sí postcartesiana de la vida.69

En esta nueva síntesis, el concepto de patrón de organización


resulta crucial en la comprensión de la forma viviente. El concepto de
autoorganización, característico del ser orgánico vivo, está unido esen-
cialmente al de patrón en la autopoiesis de Maturana y Varela.70
En esta teoría emergente de los sistemas vivos, los procesos vi-
tales son identificados con la cognición o proceso de conocer. Esto lle-
va consigo un concepto nuevo de mente que intenta superar la dicoto-
mía cartesiana. Para esta teoría, la mente no es una cosa sino un proce-
so, el proceso mismo de la vida, es decir, la actividad que organiza los
sistemas vivos es actividad mental. Las interacciones de los organismos

69
FRITJOF CAPRA, o.c. p. 171.
70
La autopoiesis o autoorganización es, según sus autores, un patrón de red, red autopoiésica donde
la función de cada componente es participar en la producción o transformación de otros componen-
tes de la red, de forma que ésta se hace a sí misma continuamente. La autopoiesis, tal como la en-
tienden sus propositores como teoría completa de los sistemas vivos, consta de: a) un patrón de
organización de un sistema, sea vivo o no, que consiste en la configuración de las relaciones entre
sus componentes que da las características esenciales al sistema por las que se distingue. b) una
estructura que es la corporeización física de su patrón de organización. Sea un sistema no vivo, una
máquina, una bicicleta. Su configuración completa de las relaciones entre sus componentes es el
patrón de organización. La estructura de la bicicleta es la manifestación física de su patrón de orga-
nización. Este patrón puede manifestarse de distinta forma en estructuras distintas. Es evidente que
estos términos evocan la materia y forma aristotélicas que los organicistas utilizan como conceptos
básicos en una explicación de carácter sistémico. Mientras en una máquina, bicicleta, los componen-
tes de la estructura son fijos, en un sistema vivo los componentes cambian continuamente para man-
tenerse; hay en ellos crecimiento, desarrollo y evolución Esta particular propiedad de continua cor-
poreización sugiere un nuevo criterio de descripción del fenómeno vital: el de proceso que constitu-
ye el vínculo entre patrón y estructura. El modelo autopoiésico elemental es la célula. Los procesos
vitales en un sistema vivo son distintivos y característicos. Un proceso en un sistema no vivo como
en el ejemplo utilizado, sería el proceso mental de su diseñador; en un sistema vivo sería el proceso
de continua corporeización de su patrón en la estructura. Tal como lo entienden Maturana y Varela,
un sistema vivo estaría definido por su autopoiesis: patrón de organización del sistema vivo; la es-
tructura disipativa definida por Prigogine; la cognición de Bateson como proceso vital.
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144

vivos son interacciones cognitivas mentales. De esta forma, vida y cog-


nición quedan inextricablemente vinculadas.71
Como vemos, la noción de mente en esta teoría es mucho más
amplia y no incluye necesariamente al pensamiento. Abarca la percep-
ción, emoción y acción o comportamiento, es decir, todo el proceso vi-
tal. Está claro, que en el hombre la idea de mente conlleva el lenguaje,
el pensamiento conceptual, creatividad, voluntariedad y todo lo especí-
ficamente humano. El cerebro se relaciona con la mente, no sabemos
bien cómo, pero en todo caso, es una relación de proceso y estructura.
Para los defensores de esta teoría, el cerebro no es la única estructura en
el proceso de cognición sino que es la estructura disipativa entera del
organismo la que participa: el sistema nervioso, el inmunológico y el
endocrino forman una única red cognitiva. Esta nueva síntesis supone
una interdependencia entre patrón estructura y proceso, rompiendo así
la ancestral dicotomía cartesiana.72
Desgraciadamente no podemos profundizar en esta sugestiva
teoría emergente de sistemas vivos porque nos llevaría muy lejos del
tema que nos ocupa cuyo núcleo central es el pensamiento biológico del
profesor Ayala. Sirvan estos sencillos apuntes para cumplimentar su
neto objetivo: corroborar la posición del maestro Ayala en relación con
el reduccionismo metodológico que como advirtió oportunamente:

Los estudios composicionistas tanto como los reduccionistas, el método


sintético tanto como el analítico están justificados siempre que contribuyan
a esclarecer el fenómeno investigado, siempre que amplíen el conocimien-
to. Los métodos de investigación reduccionista y composicionista son
complementarios; frecuentemente la mejor estrategia de investigación es
alternar el análisis y la síntesis. La investigación de un fenómeno, aun a
niveles más altos de integración del suyo propio, contribuyen muchas ve-
ces a entenderlo mejor. Pero además, la investigación composicionista
también tiene valor heurístico.73

71
Para Bateson, el fenómeno mental es la esencia del estar vivo. Esta idea es la base de la llamada
teoría de Santiago de Maturana y Varela: la identificación del proceso cognitivo con el proceso de la
vida. Es evidente, que para ello habría que rectificar el concepto de mente clásico. Desde Platón,
mente y materia aparecen como dos categorías independientes; en la teoría que nos ocupa, son dos
dimensiones del mismo fenómeno vital. De este modo, el cerebro no hace falta para que exista la
mente. Así una bacteria o una planta carecen de cerebro, no obstante, tienen mente. Los organismos
más simples como una ameba son capaces de percepción y, por tanto, de cognición. Perciben cam-
bios en su entorno como luz y obscuridad, frío y calor, concentraciones más altas o más bajas etc.
¿Son, quizás, los distintos grados de consciencia a los que se refería Leibniz?
72
FRITJOF CAPRA, La trama de la vida, .o.c. p. 277. Una interesante clarificación de Maturana y
Varela es la que nos ofrece Fritjof Capra: La cognición no es la representación de un mundo con
existencia independiente sino más bien un constante alumbramiento de un mundo a través del proce-
so de vida. Las interacciones del sistema vivo con su entorno son interacciones cognitivas y el pro-
ceso de vida mismo es un proceso de cognición. Vivir es conocer.
73
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología”, o.c. p. 29.
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145

Según esta apreciación, ni la estructura molecular del DNA ni la


respuesta molecular inmunológica se hubieran descubierto tan pronto
sin antes tener en cuenta la genética mendeliana y la respuesta de los
anticuerpos en nivel superior respectivamente, como también indica
Ayala.74 He aquí expresado con nitidez su principio de complementa-
riedad.

3. 3. 3. Reduccionismo epistemológico. Según el Dr. Ayala:


Los biólogos intentan conseguir y hablan más frecuentemente del reduc-
cionismo ontológico o por lo menos del metodológico; en cambio los filó-
sofos de la ciencia están más interesados por el reduccionismo epistemoló-
gico, es decir, si las leyes y teorías de la Biología pueden ser derivadas de
las leyes y teorías de la Física.75

Si es imposible la reducción ontológica en el estado actual de la


ciencia, también lo es la reducción epistemológica. Aunque se llegase a
conseguir la primera, quedaría la cuestión aún más grave de la segunda.
Según se dijo con anterioridad, en esta reducción epistemológica no se
trata ya de ver si las propiedades de cierto objeto son parte de las pro-
piedades de otros objetos sino que la cuestión ahora es: si es posible
deducir un conjunto de proposiciones a partir de otro conjunto de pro-
posiciones científicas concernientes a fenómenos naturales.76
En su estudio sobre el reduccionismo epistemológico o reduc-
ción de teorías en Biología, Ayala77 nos marca tres improntas:
a) Se trata de proposiciones y, por tanto, de consecuencias ló-
gicas, no de propiedades.
b) Para decidir si una reducción epistemológica es posible, es
preciso investigar el estado actual de las disciplinas de que se
trate.
c) Si la reducción de una teoría a otras no es posible en el mo-
mento presente, resulta poco convincente mantener que tal re-
ducción será posible en el futuro, porque esto depende de teorí-
as todavía inexistentes.
Al tratarse de proposiciones reductibles o no a otras proposicio-
nes más generales, es decir, del reduccionismo epistemológico, los teó-
ricos de la ciencia como Karl R. Popper con su tesis de la incompletitud
esencial de toda ciencia, E. Nagel que propone unas condiciones para
tal reductibilidad, al que le siguen G. Hempel con su explicación nomo-
lógico-deductiva, Kuhn, Feyerabend con la inconmensurabilidad de las

74
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología” p. 29 – 30.
75
F. J. AYALA, o.c. p. 31.
76
F. J. AYALA, o.c. p. 33.
77
F. J. AYALA, o.c. p. 34.
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146

teorías científicas y N. R. Hanson con sus acotaciones a la observación


científica, presentan propuestas todas muy útiles para comprender me-
jor la posibilidad de la reducción teorética.
Para dilucidar la cuestión de la reducción epistemológica en
Biología, Ayala reafirma la tesis nageliana sobre la derivabilidad y co-
nectabilidad como condiciones necesarias y suficientes para ello. Para
que haya tal reducción epistemológica dice:
Es necesario mostrar que las leyes y teorías de una rama científica son ca-
sos especiales de las leyes y teorías de otra rama, es decir, que las leyes y
teorías de la ciencia secundaria se siguen como consecuencias lógicas de
los principios de la ciencia primaria.78

Esta sería la primera condición de derivabilidad. Esta reducción,


según Ayala, constituye un argumento deductivo donde una premisa es
la ciencia primaria y la conclusión del razonamiento es la ciencia se-
cundaria.

Para que la deducción lógica requerida en una reducción epistemológica


sea válida tiene que haber una premisa que establezca la conexión entre los
términos de la ciencia primaria y los términos de la secundaria; es decir,
una premisa que defina los términos de la ciencia secundaria usando tér-
minos de la ciencia primaria.79

Tal es la condición de conectabilidad. La reducción que cum-


pliese ambas condiciones sería posible. Pero lo que teóricamente parece
impecable, en la práctica reviste muy serias dificultades que le llevan a
la imposibilidad como lo hicieron ver los citados filósofos de la ciencia.
En general, podemos decir contra el reduccionismo epistemoló-
gico que las leyes físicoquímicas son exclusivamente para sistemas ais-
lados que sólo siguen la Segunda Ley de la Termodinámica o ley de la
entropía. Según Von Bertalanffy:

De acuerdo con el segundo principio de la Termodinámica, la tendencia


general de los procesos físicos apunta a la entropía creciente, es decir, a es-
tados de creciente probabilidad y orden decreciente. Los sistemas vivos se
mantienen en un estado de alto orden e improbabilidad, o incluso evolu-
cionan hacia diferenciación y organización crecientes, como ocurre en el
desarrollo y evolución organísmicos”.80

78
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Biología” p. 33.
79
F. J. AYALA, Ibidem.
80
L. VON BERTALANFFY, Teoría General de los Sistemas, o.c. p. 148.
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147

A propósito de esto, encontramos en Ayala81 una exegesis críti-


ca al libro de J. S. Wicken82 donde este autor cuestiona la no posibili-
dad de reducción de la Biología a la Física en el presente y hasta en un
futuro previsible inmediato. La tesis de Wicken es: a) la emergencia y
evolución de la vida son fenómenos causalmente conectados con la Se-
gunda Ley de la Termodinámica. b) La termodinámica permite el co-
nocimiento de la naturaleza orgánica desde los organismos a los eco-
sistemas.83
Según Ayala, el intento de Wicken es: unificar los principios de
la evolución desde la generación prebiótica de la complejidad molecu-
lar hasta la organización de los sistemas vivos y hasta su diversifica-
ción filogenética.84
Para Wicken, decir que la Biología es una disciplina autónoma: es una
actitud poco provechosa.85 A estas y otras afirmaciones del citado autor
responde Ayala con una fuerte crítica que resumimos en forma abrevia-
da:
El libro de Wicken, dice Ayala,86 abunda en un lenguaje vago
como también en falacias lógicas inconsistentes y en terminología
equívoca. Además, el lenguaje poético y metafórico son usados deses-
peradamente en la confección del argumento. Una frase relevante de
Wicken es: soy, por tanto, reduccionista ontológico y reduccionista
metodológico.87 Un párrafo que le sigue inmediatamente a este: que los
sistemas vivos aparezcan y operen según los principios materiales no
implica que todos estos principios puedan ser descubiertos en algún
nivel dado de complejidad.88Tal vez sea cuestión de semántica, respon-
de Ayala, pero parece que usa los términos ontológico y metodológico
con el mismo significado. La primera cláusula del parrafo citado parece
cargada de reduccionismo ontológico; la segunda de antirreduccionis-
mo metodológico. En una siguiente frase dice Wicken: la organización
facilita las condiciones limitadas sobre la operación de los procesos
físicoquímicos que no pueden deducirse de los principios que gobier-
nan tales procesos.89Aquí parece que se refiere al reduccionismo epis-
temológico. En la misma página dice: la vida, por tanto, no puede re-
ducirse a Termodinámica o a una combinación de ciencias físicas.90
81
F. J. AYALA, “Thermodynamics, Information, and Evolution: The problem of Reductionism”,
History and Philosophy of Science, 1989, nº 11, pp. 115 – 120.
82
J. S. WICKEN, Evolution, Thermodynamics, and Information, Extending the Darwinian Program,
New York, Oxford University Press, 1987, pp. X + 243.
83
J. S. WICKEN, o.c. p. 5. Citado por Ayala.
84
J. S. WICKEN, o.c. p. 9. Citado por Ayala.
85
J. S. WICKEN, o.c. p. 55. Citado por Ayala.
86
F. J. AYALA, o.c. p. 119.
87
J. S. WICKEN, o.c. p. 11. Citado por Ayala.
88
J. S. WICKEN, Ibidem.
89
J. S. WICKEN, Ibidem.
90
J. S. WICKEN, Ibidem.
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148

Ayala nos manifiesta su duda desesperada y se pregunta: ¿pien-


sa Wicken que la Biología no puede reducirse a las ciencias físicas?
Pero la nueva frase añade una nueva confusión. Literalmente afirma
Wicken:

Lo que hace que el reino de los seres vivos sea único es que los que lo
habitan tienen sensibilidad. Esto conlleva unos mapas a los que se ajustan
las sensaciones y explican sus maniobras adaptativas por la utilización de
estos mapas en la interpretación del medioambiente.91

Se pregunta Ayala: ¿qué significa que el organismo utilice ma-


pas en la interpretación medioambiental? Si los seres vivos se caracteri-
zan por la sensibilidad ¿es que las plantas no son seres vivos?
Ayala92 se ha visto obligado a exponer la opacidad e inconsis-
tencia del párrafo anterior por ser un error de profundidad y perspica-
cia, por lo que se disculpa ante el lector por abusar de su atención in-
dulgente. Otras cuestiones encontradas en el libro de Wicken como las
nociones de progreso y teleología no tienen mejor precio.
Termina Ayala93 taxativamente su crítica al libro del profesor de
New York: a Wicken le parece que la segunda Ley de la Termodinámi-
ca es la noción unificadora que explica cómo los organismos aparecen y
su evolución; que los principios de la Termodinámica producen y dife-
rencian los niveles de la jerarquía orgánica; que la vida está relacionada
operacional y funcionalmente con el resto de la Naturaleza y debe en-
tenderse en términos de relación; que un organismo debe definirse con
organización autocatalítica y, por tanto, un sistema vivo es un ejemplo
de estructura disipativa, un sistema que mantiene un alto grado de or-
den interno por disipación de entropía a su alrededor. Ayala responde
que no tiene ningún inconveniente con estos conceptos pero que no di-
cen mucho de los organismos y su agrupación en poblaciones, comuni-
dades y ecosistemas. Es cierto que la Termodinámica tiene un papel
que desempeñar en la explicación de la función y evolución de los or-
ganismos, pero no es bastante con ello. Los principios de la Termodi-
námica deben estar presentes necesariamente en algunas disciplinas
biológicas pero no son suficientes.
Ya Karl R. Popper nos advirtió de la incompletitud esencial de
toda ciencia, que si se tiene en cuenta, jamás la reducción será comple-
ta. Pero es la inconmensurabilidad la que abre un abismo infranqueable
entre dos teorías, de forma que hace imposible su reducción. He aquí
las tesis fundamentales de T. S. Kuhn que apoyan su concepto de in-
conmensurabilidad. Entre paradigmas científicos diversos hay:
91
J. S. WICKEN, Ibidem.
92
F. J. AYALA, o.c. pp. 119 – 120.
93
F. J. AYALA, o.c. p. 120.
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149

1) Diferentes problemas por resolver, diferentes concepciones y


definiciones de las ciencias de las que se ocupan.
2) Diferencias conceptuales entre ambos paradigmas ligadas al
diferente lenguaje teórico y a la distinta interpretación ontoló-
gica de los datos analíticos.
3) Diferente visión del mundo en el sentido de que dos defenso-
res de distintos paradigmas no perciben lo mismo. 94

Siguiendo estas pautas el profesor Ayala, a los que predican que


la reducción de la Biología a la Física es posible, les dice:
Tal cosa no es de manera posible al presente. En el estado actual de la
ciencia se dan muchos términos biológicos tales como órgano, conciencia,
probabilidad de apareamiento, adaptación, especie, competencia interespe-
cífica, predador y muchísimos otros que no pueden ser adecuadamente de-
finidos en términos físicoquímicos (…) No se dan ni la condición de deri-
vabilidad ni la condición de conectabilidad, que son juntamente necesarias
para la reducción epistemológica de una ciencia a otra.95

Estas consideraciones no son sino un firme y rotundo no al re-


duccionismo epistemológico por parte de Ayala, negativa que confirma
y rubrica N.R Hanson 96 con su doctrina sobre la observación científica
y la distinción ver y ver cómo, según distintos paradigmas y matrices
conceptuales.
El profesor Núñez de Castro se adhiere también al rechazo de la
reducción epistemológica. Dice:

El reduccionismo epistemológico plantea el problema de la racionalidad


propia de las ciencias biológicas, es decir, de su identidad y coloca a la
Bioquímica en el quicio de la racionalidad no teleológica propia de las
ciencias empírico-formales y la racionalidad teleológica evolutiva de las
ciencias biológicas.97

Por último, recordemos que Michael Ruse en su afán de justifi-


car la reducción nageliana aplicada a la Genética, tras varios ensayos,
acababa diciendo:

94
T. S. KUHN, Estructura de las revoluciones científicas, traducción de A. Contín de la edición de
T. S. Kuhn de 1962, F. C. E. México, 1975, pp. 128 – 129.
95
F. J. AYALA, “El reduccionismo en Bilogía”, o.c. pp. 34 – 35. Véase también del mismo autor
“Biology as an autonomous science”, o.c. p. 211.
96
N. R. HANSON, puede consultarse la obra Patrones de descubrimiento. Observación y explica-
ción, traducción de E. García Camarero y A. Montesinos, de Hanson 1958 y 1972, Edit. Alianza,
Madrid, 1977,
97
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “Epistemología de la Bioquímica y Biología molecular”, Pensamiento,
1980, vol. 36, pp. 430 – 431.
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150

Sin embargo, a pesar de los grandes éxitos del estudio molecular en Gené-
tica, Bioenergética y otras áreas de la Biología, no puede negarse que se-
guimos estando muy lejos de entender completamente desde el punto de
vista físico-químico el espectro total de los fenómenos biológicos.98

Como si dijéramos con buen humor: un fenotipo armonioso o


una cara bonita sería ridículo intentar describirlos con sólo el orden de
los nucleótidos y con la multiintegración de los polipéptidos que los
causan, y para hablar del amor tuviésemos que hacerlo en términos de
hormonas. Son conceptos inconmensurables. Una cosa es la estética y
el sentimiento y otra los polipéptidos. En los niveles moleculares no
hay estética ni sentimientos.

3. 4. Conclusión.

Siguiendo un riguroso criterio epistemológico, ningún modo de


reduccionismo extremo es aceptable en Biología, lo que se deduce del
estudio del pensamiento biofilosófico del profesor Ayala referido a la
reducción de la Biología a sólo elementos y principios físico-químicos
y del análisis realizado de los tres modos posibles de reduccionismo
contemplados. No obstante, guiados de una amplia visión filosófica y
científica, se puede seguir intentando utilizar el método reduccionista
físico-químico o de la Biología molecular por los buenos resultados ob-
tenidos aunque sin plena satisfacción, como dice Ayala en páginas ante-
riores, si se tienen en cuenta los muchos aspectos complejos del ser vi-
vo irreductibles a simples integraciones de partículas.
La negación de todo reduccionismo extremo nos lleva a aceptar
afirmativamente la plena autonomía de la Biología en sentido ontológi-
co, metodológico y epistemológico, conforme a la ley de autonomía de
N. Hartmann: los reinos superiores del ser se rigen por las mismas leyes
que los reinos inferiores y además por otras leyes propias consideradas
como autónomas. Ayala entiende que hay un reduccionismo moderado
recomendable en Biología donde los estratos inferiores, como son las
grandes moléculas de que consta un organismo, tienen sus propias leyes
físico-químicas y pueden ser explicados adecuadamente como lo de-
muestran los progresos logrados por la Genética y Biología molecular
en los últimos tiempos, pero los estratos superiores tienen, además,
otras leyes propias que deben conocerse para explicar los niveles de
célula, organismo, individuo, población, ecosistema y otros, por lo que
se impone, según Ayala, una racionalidad propia de la Biología que se
constituye en ciencia autónoma en el estado actual de nuestro conoci-
miento.

98
M. RUSE, La Filosofía de la Biología, o.c. p. 251.
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151

Como coda a este capítulo dedicado al reduccionismo y auto-


nomía biológica, puede ser la brillante reflexión de A. Einstein a la que
se refiere I. Prigogine99 en su comentario al mito de la ciencia moderna
en cuyo seno ha surgido el afán reduccionista. Según Prigogine, Eins-
tein se pregunta cuál es la imagen, entre muchas posibles, del teórico de
la ciencia. Para el eminente físico y cosmólogo, la imagen del teórico
de la ciencia es de rigor y exactitud por el uso del lenguaje matemático.
Sin embargo, el físico debe limitarse y contentarse con representar los
fenómenos más simples, mientras que los fenómenos más complejos no
pueden ser reconstruidos por el espíritu humano con esta precisión sutil
y espíritu de futuro de la Física. La nitidez extrema, la claridad, la cer-
teza no se obtiene más que en detrimento de la integridad. Pero ¿qué
atractivo puede tener el hecho de comprender con exactitud una parcela
tan pequeña de la naturaleza, dejando de lado, con nitidez y sin valen-
tía, todo lo que hay de más delicado y complejo? ¿Merece el resultado
de un esfuerzo tan resignado ese orgulloso nombre de “imagen del
mundo”?
Una vez más asoma la integridad a la mente del científico como
problema de conocimiento.¿Es verdad que con la sola exactitud y niti-
dez de la ciencia física puede explicarse lo delicado y especialmente
complejo de un organismo vivo?

99
I. PRIGOGINE, La nueva alianza-Metamorfosis de la ciencia, Edit. Alianza, Madrid, 1990, p. 80.
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4. Teleología en el discurso biológico de F. J. Ayala.

Otro apartado no menos importante que el de autonomía en el


discurso biológico del profesor Ayala es el de teleología que reafirma
también su posición de antirreduccionista moderado. La idea de teleo-
logía nos remonta a través del pensamiento griego nada menos que al
primer biólogo sistemático y sistémico Aristóteles que concibe, no ya al
organismo vivo como teleológico, sino al mismo universo considerado
como totalidad. Resulta difícil separar los conceptos de totalidad y te-
leología, como se verá más adelante.
Aunque el término teleología, de τελοs, fin, es usado por vez
primera en la Philosophia rationalis sive Logica de Wolff,1 no obstante,
el concepto de finalidad ya lo encontramos en Aristóteles expresado
con palabras como causa final, fin, y en épocas posteriores como finis
operis, finis operantis, términos a quo, ad quem, referidos estos últimos
ad invicem, como explicativos del movimiento o cambio que supone
direccionalidad.
Antes de penetrar en el sinuoso laberinto de la teleología, me
parece razonable de antemano, hacer uso de la sana advertencia del pro-
fesor Ayala. Es obvio que teleología significa siempre finalidad pero: es
necesario clarificar la noción de teleologia con la explicación de los
varios sentidos que el término puede tener. Se debe explicar expresa-
mente en qué sentido se usa el término en un contexto particular.2 En
este mismo aspecto se pronuncia el profesor Núñez de Castro en su es-
tudio sobre el tema:

Dado que muchos de los términos científicos y filosóficos adolecen de


gran polisemia (…) sería, pues, conveniente hacer una serie de distinciones
de las ocasiones en las que se usan las explicaciones teleológicas o sim-
plemente hablamos de teleología para matizar qué queremos decir, cuando
para dar razón de un proceso en general utilizamos la teleología.3

1
CHRISTIAN WOLFF, Philosophia rationalis sive Logica, III, nº 85, Frankfurt / Leipzig, 1728.
2
F. J. AYALA, “Teleological Explanations in Evolucionary Biology”, Philosophy of Science, Vol.
37, nº 1, 1970, p. 14.
3
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “La teleología: Polisemia de un término”, La mediación de la Filosofía
en la construcción de la Bioética, Frances Abel, Camino Cañón eds, Federación Internacional de
Universidades Católicas, Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 1993, p. 32.
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154

Acotamos, pues, con precaución el significado preciso del tér-


mino teleología que aplicamos en este trabajo: utilizamos estrictamente
el sentido teleonómico al gusto de ciertos biofilósofos distinguidos co-
mo C. S. Pittendrigh, padre del término teleonomía, J. Monod, E. Mayr,
G. G. Simpson, M. T. Ghiselin, G. C. Willians4 y otros que solicitan
con insistencia usarlo para evitar ciertas connotaciones indeseables en
el discurso científico, como son, fin, propósito o intención subjetiva,
causa futura externa que dirige el proceso o formación de organismos
específicos etc. Nos referimos siempre a una teleología objetiva, natu-
ral, inmanente, interna o ad intra, para así evitar confusión y equivoci-
dad siguiendo el sentido de nuestro profesor elegido.
El profesor Ayala5 intenta demostrar que las explicaciones
teleológicas:
• Constituyen modos de explicación que son aplicables a
los organismos pero no a otro género de objetos del mun-
do natural.
• Que son compatibles con las explicaciones causales, tales
como se entienden en el discurso científico, pero no pue-
den formularse en forma no teleológica sin que pierdan
contenido explicativo.
• La explicación teleológica es el distintivo de la Biología
como ciencia natural.

4. 1. Concepto de teleología.

El concepto de teleología ha sido siempre motivo de disputa en


la ciencia moderna, según Ayala,6 debido a que frecuentemente ha sido
considerada señal de superstición o vestigio de una aproximación a los
fenómenos materiales de forma apriorística y no empírica, propia de la
época precientífica. La principal razón de este descrédito es equiparar la
noción de teleología a la creencia de que acontecimientos futuros, me-
tas y productos finales de procesos son agentes activos, causas, en su
propia realización.
Para Ayala,7 los biólogos que rechazan las explicaciones teleo-
lógicas aciertan cuando excluyen ciertas formas de teleología, pero se
equivocan cuando afirman que todas las explicaciones teleológicas ten-
drían que ser excluidas de la teoría evolutiva.
Es fácil encontrar científicos que frívolamente confunden fin –
destino – con causa final. Es necesario discernir bien de antemano fin
4
F. J. AYALA, “Teleological Explanations in Evolutionary Biology”, o.c. p. 13.
5
F. J. AYALA, “Biology as an Autonomous Science”, o.c. pp. 212 – 213.
6
F. J. AYALA, o.c. p. 212.
7
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biológica”, Estudios filosóficos, nº 125,
Valladolid, 1995, p. 19.
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155

subjetivo, propósito o intención de causa final, fundamento ésta de la


teleología objetiva, como no puede ser de otra forma y así lo aprecia de
modo interesante el Dr. Falgueras.8
Así entiende Ayala9 el concepto de teleología:

a) Las explicaciones teleológicas constituyen modos de explica-


ción que son aplicables a los organismos pero no a otro género de ob-
jetos del mundo natural. Una persona que compra un pasaje de avión,
que lee un libro o cultiva la tierra intenta conseguir un fin. Los objetos
y las máquinas que hace el hombre también son teleológicos general-
mente, un cuchillo, un reloj, un termostato. Las características de los
organismos también son teleológicas: las alas de un ave, los ojos, los
riñones etc. Las características teleológicas de los organismos pueden
identificarse como adaptaciones, sean estructuras, órganos, comporta-
mientos. Las adaptaciones cumplen ciertas funciones que incrementan
el éxito reproductor de sus portadores.
En cambio, los objetos y procesos inanimados, exceptuados los
creados por el hombre, continúa Ayala, no son teleológicos porque no
existen para cumplir ciertos fines. Carece de sentido decir que la confi-
guración o estructura de una molécula de NaCl está presente para cum-
plir cierto fin o que la forma de una montaña o el desplazamiento de la
Tierra alrededor del Sol cumplen ciertos fines o propósitos. Podemos
utilizar el cloruro sódico como alimento, una montaña para esquiar y
sacar partido de las estaciones del año, pero el uso que hagamos de es-
tos objetos no son la razón por la que surgieron o adoptaron cierta con-
figuración. Estas observaciones destacan las características esenciales
de los fenómenos teleológicos. Una definición de teleología muy apro-
piada es la que nos ofrece Ayala con profundo acento aristotélico. Dice
así:

Las explicaciones teleológicas son aquellas que dan cuenta de la existencia


de una característica determinada en un sistema al demostrar la contribu-
ción de dicha característica a una propiedad o estado específicos del siste-
ma.10
8
I. FALGUERAS, “Breve examen científico y filosófico de la teoría de la evolución”, Espíritu,
XXXVII, 1988, p. 118. Falgueras distingue con nitidez causalidad final de fin, intención (espíritu).
(…) El rendimiento que obtiene la vida orgánica no es un rendimiento de nuevos medios, o sea, un
proceso de mediación como la humana, sino que su rendimiento es final: el rendimiento de la vida
orgánica es ella misma, es decir, el rendimiento y la multiplicación. La vida orgánica no consiste en
un proceso de mediación sino en un sistema de fines. (…) Es corriente confundir la causalidad final,
que no es espíritu ni fuerza oculta alguna sino la más alta de las causalidades físicas, con el fin como
destino, que sí es propio y exclusivo de los espíritus (…) La propia ciencia actual, a medida que va
desembarazándose de sus propios prejuicios deterministas, materialistas y mecanicistas, está recupe-
rando poco a poco, aunque no sin recelos y cautelas, pero al fin recuperando, la noción de finalidad
causal o τελοs por respeto a la realidad evidente de la vida orgánica y del mundo físico.
9
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biologíca”, o.c. pp. 12 – 13.
10
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biológica”, o.c. pp. 13 – 14.
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156

Esta definición destaca el término contribución a una propiedad


o estado específicos del sistema e insiste Ayala: Este es precisamente el
componente esencial del concepto, dicha contribución ha de ser la ra-
zón de la existencia de la característica o del comportamiento.11 Con-
cretando más el sentido de la frase, significa que una característica para
ser teleológica debe ser esencial, es decir, que justifique tal propiedad
esencial o estado específicos del sistema. Una propiedad accidental es
indiferente para el sistema de que se trate. Decimos que esta definición
es aristotélica porque se ajusta al concepto de finalidad del Estagirita.
Este no utiliza el término teleología pero sí el de finalidad, fin o causa
final indistintamente y en sentido esencialista. Como señala A. Marcos:
la interpretación quizá más extendida de la teleología aristotélica es la
que hemos llamado esencialista.12 Teleología esencialista quiere decir
que la causa final es la forma que se identifica con la esencia y con la
materia constituye la substancia a la que Aristóteles llama entelequia,
es decir, substancia que lleva en sí misma su propio fin, su autorreali-
zación o perfección como hace ver Ferrater Mora.13
Según el profesor Ayala14 y en conformidad con su definición de
teleología encontramos estas afirmaciones: la configuración de una mo-
lécula de cloruro sódico contribuye a que tenga gusto salado, pero no al
revés. El desplazamiento de la Tierra alrededor del Sol es la causa de la
existencia de las estaciones; la existencia de las estaciones no es la cau-
sa por la que la tierra se desplaza alrededor del Sol. El carácter afilado
de un cuchillo puede explicarse teleológicamente porque ha sido creado
precisamente para que corte, igual que la configuración del coche que
sirve para el transporte puede explicarse teleológicamente. A pesar de
todo, hay características en el cuchillo y en el coche en las que no tiene
sentido la explicación teleológica p.e. que el mango del cuchillo sea de
una materia u otra disponible. De forma similar, no todas las caracterís-
ticas de un organismo tienen explicación teleológica. Muchas de las
características de los organismos cumplen las exigencias de la explica-
ción teleológica. Las características consideradas como adaptaciones
pueden explicarse teleológicamente al ser aportadas por la selección
natural como las alas y las manos, cuya configuración ha sido adquirida
por acumulación de variantes genéticas en sus portadores. La presencia
de hemoglobina normal y no de hemoglobina S puede ser motivo de
explicación teleológica por su contribución al transporte de oxígeno y
por tanto beneficia al éxito reproductor. La sustitución de las polillas
claras por las melánicas en zona contaminada se explica teleológica-
11
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biológica”, o.c. p. 14.
12
A. MARCOS, Aristóteles y otros animales, Editorial PPU, Barcelona, 1996, p. 184.
13
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. Vol. II, pp. 944 – 945.
14
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biológica”, o.c. p. 14.
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157

mente al diminuir la probabilidad de depredación. No obstante, le pare-


ce a Ayala que no todas las características de los organismos han de
explicarse teleológicamente, porque no son efecto directo de la selec-
ción natural, sino que pueden establecerse por deriva genética o por
asociación aleatoria. Los defensores de la teoría neutralista sostienen
que muchas variantes proteicas alternativas son adaptativamente equi-
valentes y éstas no necesitan explicación teleológica.
Ayala,15 expresa su pensamiento teleológico siguiendo los co-
mentarios de C. S. Pittendrigh, G. G. Simpson, E. Mayr y J. H. Randall.
Según Ayala, Pittendrigh escribe: Parece desafortunado que el término
teleología resurja de nuevo, tendría que ser apartado de los sistemas
teleológicos y sustituido por teleonomía que no conlleva el sentido aris-
totélico de teleología como causa eficiente principal. El concepto de
teleología aristotélico, según este autor, implica que hechos futuros
sean agentes activos en su propia realización. Según Simpson y Mayr,
continúa Ayala, la teleología aristotélica supone un diseño sobrenatural
en el mundo atribuible a la deidad o que la naturaleza existe sólo para el
hombre considerado como el último fin o propósito de la creación. Se-
gún Randall, la ciencia aristotélica es un conocimiento de por qué o
razones para obtener verdades ciertas. De una cosa nos podemos pre-
guntar cuatro cuestiones diferentes: qué es, de qué esta hecha, por
quién, para qué; son las cuatro conocidas causas: formal, material, efi-
ciente y final. Sólo la tercera es considerada verdadera causa en la cien-
cia moderna. Causa significa literalmente principio de explicación, no
necesariamente causalidad en el sentido de causa eficiente. Según Aris-
tóteles, para un total conocimiento de un objeto necesitamos, entre otras
cosas, averiguar su fin, qué función realiza o qué resultados produce.
Un huevo sólo puede entenderse completamente si consideramos que es
un posible pollito. Las estructuras y órganos de los animales tienen fun-
ciones y están organizados para ciertos fines. Las causas finales, para
Aristóteles, son principios de inteligibilidad; no son en ningún sentido
agentes activos en su propia realización. Para Aristóteles, según Ran-
dall, los fines no hacen nada. Los fines ni actúan, ni operan y jamás son
causas eficientes. Según Aristóteles, no hay un creador inteligente del
mundo. Los fines de las cosas no son conscientemente intencionados.
La naturaleza, exceptuando al hombre, no tiene propósitos. La teleolo-
gía de la Naturaleza es objetiva y empíricamente observable. No requie-
re la inferencia de causas inobservables. No hay un dios diseñador de la
Naturaleza. Si hay Dios, no puede tener propósitos o metas. Por último,
para Aristóteles, la teleología de la Naturaleza es del todo inmanente. El
fin de una estructura o proceso es el bien o supervivencia del objeto al
que pertenece. Los animales y plantas o sus partes no existen para bene-
15
F. J. AYALA, “Teleological Explanations in Evolutionary Biology”, o.c. p. 14 – 15.
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158

ficio de otra cosa que no sean ellos mismos. Las bellotas pueden servir
como alimento a la ardilla pero no existen para eso. Su fin natural es
permanecer en el árbol. Termina Ayala16 diciendo que el tema principal
de Aristóteles era el estudio de los organismos, sus procesos y estructu-
ras, pero su error fue, no que usara las explicaciones teleológicas en
Biología, sino que extendió el concepto de teleología al mundo inorgá-
nico.
Definitivamente concluye Ayala:17 Las explicaciones teleológi-
cas son apropiadas para describir y justificar la existencia de sistemas
teleológicos y estructuras organizadas direccionalmente, así como de
los mecanismos y modos de comportamiento que manifiestan estos sis-
temas. En realidad, esta clase de sistemas son los únicos que poseen
teleología interna. Las explicaciones teleológicas no son apropiadas en
las ciencias físicas, pero sí son apropiadas e indispensables en Biología
que es el estudio de los seres orgánicos. Las explicaciones teleológicas
son, entonces, el distintivo de la Biología entre las ciencias naturales.
Sirvan estas anotaciones para diferenciar y aclarar bien el ver-
dadero sentido teleológico en Biología según el pensamiento de Ayala.
Pese a la insistencia de ciertos autores en el uso de teleonomía, hay
otros como Nagel y Goudge que utilizan teleología sin que suponga la
existencia de ideas preconcebidas con relación a un fin. Como dice
Ayala:

Algunos autores excluyen las explicaciones teleológicas de la biología


evolutiva porque creen que la teleología sólo existe cuando se busca inten-
cionalmente un fin específico. No es así. Podrían utilizarse otros términos
distintos a teleología para la teleología natural (o interna), pero en el fondo
esto podría aportar más confusión que claridad. Los filósofos, al igual que
los científicos, utilizan el término teleológico en el sentido más amplio, in-
cluyendo explicaciones que responden de la existencia de un objeto en
términos del estado final o del fin que cumplen.18

Una explicación teleológica, nos dijo Ayala, es la que da cuenta


de una característica que contribuye a mantener un estado específico
del sistema. Para que una característica o propiedad sea teleológica ha
de ser esencial, es decir, no puede faltar; su ausencia anularía el estado
específico del sistema. Por el contrario, una propiedad accidental no le
afectaría. Este concepto de teleología es esencialista como el de Aristó-
teles y puede ser aplicado tanto a lo orgánico como a lo inorgánico, o
sea, de todo se puede dar una explicación teleológica con tal de que se
cumpla dicho requerimiento. Sin embargo Ayala no lo entiende así; la

16
F. J. AYALA, “Teleological Explanations in Evolutionary Biology”, o.c. p. 15.
17
F. J. AYALA, “Biology as an Autonomous Science”, o.c. p. 221.
18
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución biológica”, o.c. p. 21.
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159

explicación teleológica, según su visión, sólo es aplicable a lo orgánico


y sólo apropiada en Biología conforme a las afirmaciones expuestas
con anterioridad. Según lo dicho, para Ayala, Aristóteles comete error
al extender la explicación teleológica a lo inorgánico. Tal vez, la razón
de esta acusación sea, que Ayala pone el fundamento último de la teleo-
logía natural o interna en el concepto de función o utilidad. Pero en este
caso, la función o utilidad ha de ser esencial y no simplemente acciden-
tal para que contribuya al estado del sistema.

b) Las explicaciones teleológicas son compatibles con las cau-


sales, tales como se entienden en el discurso científico, pero no pueden
formularse en forma no teleológica sin que pierdan sentido explicativo.
Según Ayala,19 Darwin acumuló un gran numero de observaciones que
suponían el origen evolutivo de los seres orgánicos y, quizás, lo más
importante, facilitó una explicación causal del proceso de la evolución,
la teoría de la selección natural. El principio de la selección natural
hace posible dar una explicación natural de la adaptación de los orga-
nismos a sus ambientes. Darwin reconoció y aceptó sin reservas, conti-
núa Ayala, que los organismos están adaptados a sus ambientes y que
sus partes están adaptadas a las funciones a las que sirven. Uno de sus
mejores descubrimientos fue descubrir los aspectos teleológicos de la
naturaleza en el campo de la ciencia: substituyó una explicación teoló-
gica por una científica teleológica. La teleología de la Naturaleza se
explica ahora como el resultado de leyes naturales que se manifiestan
en los procesos naturales, sin tener que recurrir a un Creador o a fuerzas
espirituales o inmateriales. En este momento la Biología cobra madurez
de ciencia. Puede decirse que la selección natural es un proceso teleo-
lógico en sentido causal. La selección natural no es una entidad sino un
proceso mecánico que produce y mantiene direccionalmente los órga-
nos y sus mecanismos cuando las funciones realizadas por ellos contri-
buyen a la eficiencia reproductiva de los mismos.
Es cierto que esta explicación teleológica natural se puede con-
siderar como causal y en concordancia con el espíritu de la ciencia co-
mo quiere decirnos Ayala. No obstante, es muy oportuno hacer notar
aquí lo señalado por E. Nagel. Este, aunque no desdeña la explicación
teleológica, la acepta como compatible con las explicaciones que él
llama causales – eficientes – pero la relativiza cuando dice: toda formu-
lación teleológica puede enunciarse en forma no teleológica sin pérdi-
da de contenido explicativo.20 Es decir son equivalentes. La recíproca

19
F. J. AYALA, “Biology as an Autonomous Science”, o.c. p. 213.
20
E. NAGEL, La Estructura de la Ciencia, Edt. Paidos Studio Básica, Barcelona, 1989, traducción
de Néstor Míguez, pp. 367 – 389.
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160

apuntada por E. Nagel y subrayada a su vez por Núñez de Castro, tam-


bién sería válida:

Esta pretendida equivalencia debería afrontar una objeción clara: recípro-


camente toda explicación no teleológica, como son las de la Física, podría
ser traducida en explicaciones y formulaciones teleológicas. Por lo tanto,
parece que se podría admitir la existencia de una serie de fenómenos para
los cuales no se podrían rechazar las explicaciones teleológicas..21

Esta pretendida equivalencia ad invicem que no existe como tal


en el pensamiento de E. Nagel sino que es simple reducción no conmu-
tativa de la explicación teleológica a la no teleológica y sin pérdida de
sentido explicativo, provoca el desacuerdo del profesor Ayala en este
punto concreto.
En efecto, para E. Nagel la transmutación de un enunciado te-
leológico a otro no teleológico no supone disminución del valor expli-
cativo; para Ayala sí existe tal disminución:
Aunque una explicación teleológica pueda ser reformulada en una no te-
leológica, la teleológica connota algo más que el sólo equivalente no teleo-
lógico. Una explicación teleológica implica que el sistema bajo considera-
ción está direccionalmente organizado. Por esta razón, las explicaciones
teleológicas son apropiadas en Biología y en el campo de la Cibernética
pero no tienen sentido cuando se usan en las ciencias físicas para describir
fenómenos como la caída de una piedra.22

Teniendo en cuenta la definición dada de teleología en páginas


anteriores, admitimos sin réplica que una proposición teleológica no sea
equivalente a la no teleológica. Es obvio que la primera contiene mayor
cantidad de información que la segunda y dice algo más: que el sistema
está organizado direccionalmente. Para Ayala,23 la explicación teleoló-
gica es totalmente compatible con la causal y pueden transformarse una
en otra como se demuestra considerando un típico ejemplo de Biología:
la función de las agallas en la respiración de los peces. El argumento
teleológico sería aproximadamente el siguiente: el pez respira; si el pez
no tiene agallas no respira; luego el pez tiene agallas. Para Nagel,24 la
distinción entre una y otra está simplemente en que la explicación teleo-
lógica atiende más a las consecuencias de una parte o proceso de un
sistema dado y la no teleológica fija más la atención en alguna condi-
ción bajo la cual el sistema considerado persiste en su organización.
Ayala insiste en que la formulación no teleológica asume sólo la pre-
21
I. NÚÑEZ de CASTRO, “La Teleología : Polisemia de un Término”, La Mediación de la Filoso-
fía en la Construcción de la Bioética, o.c. p. 34.
22
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. p. 219.
23
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. pp. 218 – 219.
24
E. NAGEL, Estructura de la Ciencia, o.c. p. 368.
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161

sencia de la función: el pez respira. La teleológica además da cuenta de


la función, es decir, para qué respira. Finalmente Ayala confirma que
un sistema direccionalmente organizado es el resultado de un proceso
de selección natural que favorece el desarrollo de una organización que
incrementa la adaptación reproductiva de los organismos. Para termi-
nar, sirva esta anécdota y lugar común que favorece la posición de Aya-
la: el para qué de una cosa suele ser más explicativo, convincente y cla-
ro que el simple qué es, lo que se pone en evidencia en nuestro lenguaje
coloquial: simplemente, cuando queremos saber qué es una cosa, se
suele preguntar para qué es. Se pueden considerar equivalentes en el
significado, siendo el primero más explícito.

c) La explicación teleológica es el distintivo de la Biología co-


mo ciencia natural. Para el profesor Ayala,25 aunque la explicación te-
leológica es totalmente compatible con la simplemente causal, como se
ha dicho, sin embargo, la teleológica es típica de la Biología porque
añade algún conocimiento más que su correspondiente no teleológica.
Repetimos, la explicación causal asume la presencia de una función
específica pero no da cuenta de su existencia, mientras que la teleológi-
ca explica la razón de esta función que contribuye a la supervivencia y
reproducción del organismo al que pertenece. Adviértase una vez más,
que la reproducción, objeto principal del proceso de selección natural,
es la característica esencial natural de un organismo vivo. Por esta ra-
zón sigue diciendo Ayala:

Si el anterior razonamiento es correcto, el uso de las explicaciones teleoló-


gicas en Biología es no sólo aceptable sino realmente indispensable. Los
organismos son sistemas direccionalmente organizados. Las partes de los
organismos realizan funciones específicas que generalmente contribuyen
al fin último de la supervivencia reproductiva. Una cuestión biológica
acerca de estructuras y actividades orgánicas es la pregunta ¿para qué?, es
decir, ¿cuál es la función o papel de tal estructura o proceso? La respuesta
a esta cuestión debe formularse en lenguaje teleológico. Sólo las explica-
ciones teleológicas connotan el hecho de que las plantas y los animales son
sistemas organizados teleológicamente.26

Núñez de Castro confirma esta idea con el ejemplo anecdótico


de H. A. Krebs:

¿Porqué Martius y Knoop no llegaron a la formulación del ciclo de los


ácidos tricarboxílicos? Según H. A. Krebs no fue cuestión de suerte o azar:
la mirada de Martius y Knoop era la de químicos orgánicos y no la de un
fisiólogo. Krebs concluye que hasta que no se formuló la pregunta correc-

25
F. J. AYALA, “Biology as an Autonomous Science”, o.c. p. 219.
26
F. J. AYALA, Ibidem.
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162

ta: ¿cuál es el papel fisiológico de este paso metabólico?, el hecho conoci-


do no pudo ser interpretado e integrado dentro de una teoría consistente.27

Es evidente que de no ser así, con la sola explicación no teleo-


lógica o simple causal-eficiente, nos quedaríamos con sólo átomos y
moléculas y reacciones bioquímicas, pero sin plantas y animales, es de-
cir, sin órganos y organismos, como advertimos en páginas anteriores.
A pesar de esto nos dice Ayala:

Ciertos autores arguyen que la distinción entre sistemas teleológicos y no


teleológicos es altamente vaga y que la clasificación de ciertos sistemas
como teleológicos es muy arbitraria. Un cuerpo o sistema, un sólido elásti-
co o un péndulo etc. son ejemplos de sistemas físicos que aparecen como
dirigidos a un fin.28

Para resolver esta dificultad sugiere Ayala29 el uso del término


utilidad como criterio para determinar si una entidad es teleológica o
no. Esta utilidad se define por su relación con la supervivencia o repro-
ducción del propio organismo. Un rasgo de un sistema será teleológico
en el sentido de teleología interna, si este rasgo es utilizado por el sis-
tema en el que existe y si tal utilidad justifica la presencia del mismo
en el sistema. Literalmente:

(…) Una estructura o proceso de un organismo es teleológico si puede de-


mostrarse que contribuye a la eficiencia reproductiva del propio organismo
y si tal contribución justifica la existencia de tal estructura o proceso. (...)
Si no puede aplicarse el criterio de utilidad el sistema no será teleológico
p.e. un sistema químico, un sólido elástico, un péndulo etc., no pueden ser
sistemas teleológicos.30

Por último añade:

La adaptación de la semilla del trigo se ha desarrollado para fomentar la


reproducción del trigo, no para ser alimento de los pájaros o del hombre.
El papel del trigo como alimento es accidental y no puede considerarse una
función biológica de la semilla del trigo en sentido teleológico.31

Es cierto que los científicos prescinden con frecuencia de las


causas finales por no considerarlas necesarias para explicar un fenóme-
no físico, las causas eficientes son las únicas válidas, dicen, por temor a
recurrir a fines extraños a la ciencia, y debido, a su vez, a la ancestral
27
NÚÑEZ DE CASTRO, “Categorías del discurso biológico”, Evolucionismo y cultura, Ediciones
Mensajero, Bilbao, 1983, pp. 43 – 44.
28
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. p. 219.
29
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. p. 220.
30
F. J. AYALA, Ibidem,
31
F. J. AYALA, Ibidem,
MENU SALIR
163

confusión entre causa final y fin subjetivo, entre teleología interna y


externa, a lo que nos hemos referido con anterioridad. Otra cosa muy
distinta es que la explicación teleológica no tenga sentido en los fenó-
menos físicos si se cumplen sus características. Ya E. Nagel dice.

No es totalmente exacto afirmar que las ciencias físicas nunca emplean


formulaciones que tengan al menos apariencia de enunciados teleológicos.
Como es bien sabido, a menudo se expresan algunas leyes y teorías físicas
en la llamada forma isoperimétrica o variacional (…) que se asemejan mu-
cho a las formulaciones teleológicas, y con frecuencia hasta se ha supuesto
que expresan un ordenamiento teleológico de sucesos y procesos.32

Aquí manifiesta E. Nagel su duda que confirma con estas otras


palabras:
El objeto de nuestro examen ha sido solamente mostrar que el predominio
de las explicaciones teleológicas en la Biología no configura un esquema
de explicación incomparablemente distinto del común en las ciencias físi-
cas, y que el uso de tales explicaciones en Biología no es una razón sufi-
ciente para sostener que esta disciplina exige una lógica de la investigación
radicalmente diferente.33

El mismo Ayala reconoce que: un sistema químico, un sólido


elástico o un péndulo son ejemplos de sistemas físicos que aparecen
como dirigidos a un fin.34
La consideración de estas afirmaciones no conduce a la nega-
ción de la autonomía de la Biología, sino a la necesaria complementa-
riedad de las explicaciones teleológicas junto a las causales que resulta-
rían del todo insuficientes sin aquellas. El sentido de Nagel parece ser:
la explicación biológica ha de ser necesariamente físico-causal, aunque
complementada por la teleológica, pero esto no hace que sea radical-
mente distinta.
Como decíamos al principio, el intento del profesor Ayala era
mostrar, en primer lugar, que la explicación teleológica es aplicable só-
lo a los organismos pero no a otro género de objetos no orgánicos. No
obstante, según Ayala, sí tiene sentido la explicación teleológica en los
fenómenos cibernéticos que son de orden físico, pero orientados hacia
un fin por el ser humano. En segundo lugar, las proposiciones teleoló-
gicas son compatibles con las causales y no pueden reducirse a sus
equivalentes no teleológicas por perder sentido explicativo, lo que pa-
rece evidente. Por último, la explicación teleológica es distintivo de la
ciencia biológica. Se comprende con facilidad que en los seres inorgá-

32
E. NAGEL, Estructura de la Ciencia, o.c. p. 370.
33
E. NAGEL, o.c. p. 389.
34
F. J. AYALA, “Biology as an Autonomous Science”, o.c. p. 219.
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164

nicos no sea necesaria la explicación teleológica y se puede prescindir


de ella para dar paso a simples procesos causales eficientes como hace
la ciencia física moderna. Pero como dice Ayala: la explicación teleo-
lógica en Biología es no sólo aceptable sino realmente indispensable.35
Por tanto, hemos de entender la teleología biológica como necesaria e
insoslayable y exclusiva.

4. 2. Teleología de los seres orgánicos.

Cautelosamente Ayala36 antes de entrar en este tema, establece


de antemano los casos en los que son apropiadas las explicaciones te-
leológicas:
• Cuando el estado final o meta es anticipada de forma
consciente por el agente. Esto ocurre en el hombre y pro-
bablemente en menor grado en los animales. (Teleología
externa).
• En los sistemas de autorregulación capaces de mantener
una propiedad específica a pesar de las fluctuaciones del
medio ambiente como son las reacciones homeostáticas
del organismo. En los sistemas autorreguladores o ser-
vomecanismos fabricados por el hombre, como un ter-
mostato. (Teleología interna o externa)
• En las estructuras anatómicas y fisiológicas diseñadas pa-
ra realizar alguna función, como la mano y el ojo. (Teleo-
logía natural).
De esta forma delimita Ayala el campo de aplicación del con-
cepto de teleología biológica. Una aplicación de la teleología muy indi-
cada es en la adaptación de los organismos y en la función que cumple
un órgano o estructura:

Muchas de las características y de los comportamientos de los organismos


cumplen las exigencias de la explicación teleológica. (…) No todas las ca-
racterísticas de los organismos han de explicarse teleológicamente.37

Parece ser que el criterio determinante para distinguir si una ex-


plicación teleológica en Biología es apropiada es el indicado por la pro-
pia selección natural cuya finalidad es siempre la supervivencia del in-
dividuo y su éxito reproductor, lo cual concuerda plenamente con la ya
citada definición de teleología facilitada por el Dr. Ayala y así se des-
prende de las siguientes palabras:

35
F. J.AYALA, Ibidem, p. 219.
36
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. 214 – 215.
37
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución”, o.c. pp. 14 – 15.
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165

Las características y comportamientos que pueden ser considerados como


adaptaciones pueden explicarse teleológicamente. Esto se debe sencilla-
mente al hecho de que las adaptaciones son características aportadas por la
selección natural.38

Para una comprensión y aplicación correctas del sentido teleo-


lógico, presenta el profesor Ayala una división de la teleología que po-
demos esquematizar de esta forma:

Determinada (Función)
Natural (Interna)
Indeterminada (Adaptación)
Teleología

Artificial (Externa) (Resultado de la intención de algún agente)

Como hace notar Ayala,39 antes de Darwin la diversidad de los


organismos y sus actividades eran atribuidas a la sabiduría omnipotente
del Creador, como lo hace e.c. Sto. Tomás de Aquino y en el siglo XIX
el teólogo anglosajón Willian Paley en su Natural Theology. Darwin
acepta la premisa finalista: los organismos están adaptados para vivir en
sus ambientes con lo que introduce el finalismo o teleología natural en
el dominio de las ciencias naturales. De una teleología externa que in-
troduce en Biología causas de origen esotérico o mítico extrañas a los
propios organismos, Darwin completa el giro copernicano en las cien-
cias naturales recurriendo a la teleología interna que explica el desarro-
llo y evolución de los organismos como el cumplimiento de un diseño
no diseñado por ningún agente exterior. En las acciones humanas, don-
de tiene lugar la teleología artificial o externa, los resultados son pro-
ducto de un comportamiento intencionado y pertenecen a este tipo de
teleología externa. Por el contrario, continúa Ayala, los sistemas con
características teleológicas que no son debidas a la acción intencionada
de un agente sino que resultan de algún proceso natural, presentan te-
leología natural o interna como son los procesos de adaptación,
homeostasis fisiológica y del desarrollo, regulación de temperatura etc.
Este es el género de teleología que admiten la mayoría de biólogos re-
duccionistas tales como J. Monod, F. Jacob, G. G. Simpson, C. S.
Pittendrigh, E. Mayr, M. Ruse, G. C. Willians, M. T. Guiselin y otros
que rechazan abiertamente todo otro modo de teleología y para evitar la
confusión, decíamos, utilizan teleonomía en lugar de teleología. Algu-

38
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución”, o.c. p. 15.
39
F. J. AYALA, “Biology as an autonomous Science”, o.c. pp. 10 – 16.
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166

nos, nos dice Núñez de Castro,40 prefieren matizar la utilización del


término. La explicación teleológica, dice E. Mayr, se utiliza en la pro-
ducción y perfeccionamiento de los programas contenidos en el DNA y
en la puesta a prueba de dichos programas. Hay diferencia entre los
programas y su mejora genética que es la adaptación. D. G. Green utili-
za distintos términos para identificar modos diversos de teleología natu-
ral: llama instrumental a la teleología de forma funcional; del desarro-
llo a los procesos de maduración; histórica al proceso de la selección
natural. Otros usan teleología débil para los procesos de autorregula-
ción y funcionalidad. G. Gale distingue teleología epistemológica y te-
leología ontológica, refiriendo la primera al observador de un sistema,
teleología subjetiva, y la segunda considerada como objetiva o sin dise-
ño intencionado previo.
Ayala41 distingue dos clases de teleología natural: la determina-
da o necesaria y la indeterminada o inespecífica. Podemos decir que
hay teleología natural determinada cuando se alcanza un estado final
específico a pesar de las fluctuaciones ambientales como puede ser el
desarrollo de un óvulo hasta llegar al estado adulto, de genotipo a feno-
tipo. Se da teleología indeterminada cuando el estado final al que se
tiende no está predeterminado, sino que es el resultado de la selección
de una de las alternativas dadas, estado final que, por tanto, no es pre-
decible. Sin embargo, tampoco se puede decir que sea puramente esto-
cástico sino mezcla de sucesos estocásticos y deterministas. En resu-
men, el resultado de la selección natural depende de las variantes gené-
ticas presentes, de los procesos azarosos de la mutación y de las condi-
ciones ambientales.
Seguimos la doctrina de Ayala especialmente interesado por la
aplicación necesaria e imprescindible de la finalidad en los seres orgá-
nicos, concretada en los procesos de adaptación y funcionalidad. Dos
vocablos íntimamente relacionados y consecutivos, derivados del con-
cepto de selección natural. Conceptos ambos inextricablemente impli-
cados en un tercero como es el de organismo y concatenados de tal for-
ma teleológica que todos contribuyen al mismo estado final, o sea, la
supervivencia y reproducción del propio organismo.
El concepto de organismo arrastra el de función de todas sus
partes y órganos que cumplen dentro de él un papel determinado, de lo
contrario no podríamos hablar de organismo organizado. Según Aya-
la42, una de las preguntas que los biólogos se hacen acerca de las carac-
terísticas de los organismos es ¿para qué?, o sea, ¿cuál es la función o
papel de una determinada estructura o proceso?. La repuesta a esta pre-

40
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “La Teleología:Polisemia de un término”, o.c. p. 33.
41
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución”, o.c. pp. 16 – 19.
42
F. J. AYALA, “Teleología y adaptación en la evolución”, o.c. pp. 22 – 23.
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167

gunta puede formularse teleológicamente. Se puede dar una explicación


simplemente causal-eficiente de un proceso de funcionamiento p.e. del
ojo acudiendo al nivel molecular y puede ser satisfactoria, pero resulta
incompleta, porque no explica lo fundamental e importante acerca del
ojo: que sirve para ver. Y es que en toda explicación teleológica se de-
ben contemplar dos aspectos: que una constitución genética contribuye
al éxito reproductor y cumple una función específica y en segundo lu-
gar, cómo lo hace. A veces resulta difícil explicar ambos aspectos por
falta de información, sobre todo para dar cuenta del segundo. De todas
formas, dice el profesor, la explicación teleológica, para ser válida, de-
be ser hipótesis que pueda someterse a pruebas empíricas; en caso con-
trario, debe utilizarse con gran reserva.
En resumen, para Ayala, la selección natural es el proceso res-
ponsable de las adaptaciones de los organismos porque fomenta las va-
riantes genéticas útiles que favorecen a sus portadores; explica las
adaptaciones de los organismos y la multiplicidad de las especies. Co-
mo dice Etienne Gilson43 y el propio Ayala lo ha manifestado con ante-
rioridad, la selección natural fue el gran descubrimiento de Darwin, el
que hace posible explicar científicamente la teleología del mundo vi-
viente.

4. 3. La Teleología de F. J. Ayala comparada.

Llegados a este punto y para completar un poco mejor el con-


cepto de teleología, podemos hacer un brevísimo estudio comparativo
de algunas teorías teleológicas conocidas y destacadas.
Según lo expuesto con anterioridad, el Dr. Ayala presenta una
teleología que él llama interna, inmanente, basada en la utilidad para la
supervivencia del sistema; determinada en los órganos y sus funciones
e indeterminada en los casos de adaptación de los organismos, guiada
por los mecanismos de la selección natural, teleología exclusivamente
propia de los seres orgánicos vivos y, por tanto, distintiva de la Biolo-
gía entre las ciencias naturales. Se advierte una gran coincidencia en los
conceptos de teleología de Aristóteles y Ayala, no obstante, para el
primero la teleología es aplicable tanto a lo orgánico como a lo inorgá-
nico, no así para Ayala que lo considera un error propio de Aristóteles.

4. 3. 1. Teleología aristotélica. Aristóteles nos ofrece una teleo-


logía esencialista o substancial, determinista y cósmica, extensible a
todo ser orgánico e inorgánico y puede servir de base común para en-
tender toda teleología inmanente e interna – teleonomía – tal como la
43
ETIENNE GILSON, De Aristóteles a Darwin (y vuelta), Editorial EUNSA, Pamplona, 1976, pp.
202 – 236.
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168

definen los científicos, especialmente los organicistas de última hora


como H. Maturana y F. Varela.44 Estos utilizan con frecuencia los tér-
minos patrón (forma, orden, cualidad) y estructura (susbstancia, mate-
ria, cantidad) aplicados a la vida orgánica, términos que coinciden con
la forma y materia aristotélicas respectivamente, conceptos base del
verdadero teleologismo aristotélico.
El concepto de finalidad aparece en Aristóteles de forma pasa-
jera en Metafísica y con más extensión en Física libro II, como si dijé-
ramos, su lugar natural, donde se trata el cambio o movimiento, del
cual es co-principio el fin.
En Metafísica se dice: todas las cosas terminan necesariamente
por destruirse e igualmente hay otras maneras de contribuir al Todo de
las cuales todas las cosas participan. Las traducciones de Tomás Cal-
vo, Ross, Tricot y G. Reale, citados por A. Marcos,45 junto a la frase-
estribillo : la Naturaleza no obra en vano, que repite con frecuencia el
gran filósofo griego, favorecen la interpretación de teleologismo cósmi-
co aristotélico que, en particular, parece razonable; aunque no sea así
para Martha Nussbaun quien asevera: las interdependencias entre los
seres no implican que el universo como un todo sea un organismo con
su propio logos y su propio bien.46 Cierto que un organismo no es, pero
sí organización que también conlleva teleología interna; no tendría, en
caso contrario, significado el término Universo para reafirmar la nece-
sidad de unión e interdependencia entre todos sus componentes para
beneficio de todo el sistema y que envuelve teleología interna. Parece
que la autora olvida en su afirmación el esencialismo aristotélico. Si
consideramos el Universo como sistema, un Todo, y no simple acumu-
lación, no hay inconveniente en admitir su propio logos, forma, estruc-
tura, organización, que contribuye a la supervivencia, mantenimiento o
bien de todas sus partes y del todo.
Para una mejor comprensión de la teleología aristotélica, lo me-
jor, de inmediato, es revisar las fuentes donde Aristóteles vierte su con-
cepto de lo que él llama finalidad. Especialmente interesante se hace el
libro II de la Física, el lugar natural, como decíamos, donde con mayor
detenimiento el filósofo de Estagira establece su doctrina de las causas
a cuyo conjunto pertenece la causa final. En Física dice así:

Y puesto que las causas son cuatro, es tarea propia del físico conocerlas
todas, pues para explicar físicamente el por qué tendrá que remitirse a to-
das ellas, esto es, a la materia, a la forma, a lo que hace mover y al fin. Las
tres últimas se reducen en muchos casos a una, pues la esencia y el fin son

44
FRITJOF CAPRA, o.c. p. 172.
45
A. MARCOS, o.c. p. 183.
46
M. NUSSBAUN, De motu animalium, Princenton University Press, Princenton, 1978,p. 97. Cita
de A. Marcos.
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169

la misma cosa, y aquello de lo que primeramente proviene el movimiento


es específicamente lo mismo que éstas. (…) Así, puesto que la naturaleza
es para algo, hay que conocer también esta causa.47

Aristóteles, al tratar naturaleza y finalidad, causa final como


forma, anota:
Tenemos que decir, primero, por qué razón incluimos a la naturaleza entre
las causas que son para algo; después, sobre la necesidad, decir de qué
modo se presentan en las cosas naturales, pues todos las remiten a esta
causa cuando afirman, por ejemplo, que puesto que el calor, el frío y otras
cosas semejantes son tales como son por naturaleza, todas las demás cosas
llegan a ser y son por necesidad; y si hablan de otra causa -como el Amor
y el Odio o la Inteligencia-, tan pronto como la han expuesto la abandonan.
Así se preguntan: ¿qué impide que la naturaleza actúe sin ningún fin ni
para lo mejor, que sea como la lluvia de Zeus, que no cae para que crezca
el trigo sino por necesidad? Porque lo que se evapora tiene que enfriarse y
cuando se ha enfriado tiene que transformarse en agua y descender, y el
hecho de que crezca el trigo cuando eso sucede es algo accidental. ¿Y qué
impide que las partes de la naturaleza lleguen a ser también por necesidad,
por ejemplo, que los dientes incisivos lleguen por necesidad a ser afilados
y aptos para cortar, y los molares planos útiles para masticar el alimento,
puesto que no surgieron así por un fin, sino que fue una coincidencia?48

A esta argumentación, ondeada por los reduccionistas de todos


los tiempos que han utilizado este párrafo, responde Aristóteles a ren-
glón seguido con clara rotundidad:

Este es el argumento, u otro similar, con el que se nos quiere poner en difi-
cultad; pero es imposible que sea así. Porque las cosas mencionadas, y to-
das las que son por naturaleza, llegan a ser siempre o en la mayoría de los
casos, lo que no sucede en los hechos debidos a la suerte o a la casualidad.
Pues no parece un resultado de la suerte ni de una coincidencia el hecho de
que llueva a menudo durante el invierno, pero sí durante el verano; en que
haga calor en verano, pero sí en invierno. Así pues ya que se piensa que las
cosas suceden o por coincidencia o por un fin, y puesto que no es posible
que sucedan por coincidencia ni que se deban a la casualidad, sucederán
entonces por un fin (…) Luego en las cosas que llegan a ser y son por na-
turaleza hay una causa final.49

A continuación Aristóteles afirma:

En todo lo que hay un fin, cuanto se hace en las etapas sucesivamente an-
teriores se cumple la función de tal fin. Pues las cosas están hechas de la

47
ARISTÓTELES, Física, Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 1995, traducción de Guillermo R. de
Echandía, revisada por Alberto Bernabé Pajares, libro II, 198a 22 – 198b 5.
48
ARISTÓTELES, o.c. 198b 10 – 28.
49
ARISTÓTELES, o.c. 198b 33 – 199a 7.
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170

manera en que su naturaleza dispuso que fuesen hechas de la manera en


que están hechas, si nada lo impide. Pero están hechas para algo. Luego
han sido hechas por la naturaleza para ser tales como son.50

Para terminar, dos frases seleccionadas:

Y puesto que la naturaleza puede entenderse como materia y como forma,


y puesto que esta última es el fin, mientras que todo lo demás está en fun-
ción del fin, la forma tiene que ser causa como causa final.51

Aristóteles añade lo siguiente:


(…) Las cosas por naturaleza son aquellas que movidas continuamente por
un principio interno, llegan a un fin; el fin no es el mismo para cada prin-
cipio, ni tampoco se llega fortuitamente a cualquier fin desde un determi-
nado principio, sino que desde un mismo principio se llega a un mismo fin,
si nada se lo impide. (…) Así pues, es evidente que la naturaleza es una
causa y que lo es como causa que opera para un fin.52

Como es obvio, para una mejor comprensión de la teleología


aristotélica, es necesario esclarecer ciertos términos en los que se fun-
damenta. Naturaleza, causa, causa final o fin, necesidad, principio in-
terno, conceptos que Aristóteles utiliza en Física II de forma general
para demostrar la finalidad interna que llevan todas las cosas. Naturale-
za se toma en sentido restrictivo, es decir, no como Madre Naturaleza
que envuelve en sí a todos los seres existentes, sino referida a la natura-
leza de cada una de las cosas tomada en particular. Cada ser tiene su
propia forma de ser, naturaleza, determinada por la materia y la forma
de que consta. Así entendida la naturaleza es substancia que lleva en sí
misma el principio de movimiento o cambio y su propio fin, entelequia.
Las cosas, decimos, son por naturaleza tales como son en sí. De esta
forma se expresa Aristóteles cuando dice:
Algunas cosas son por naturaleza, otras por otras causas. Por naturaleza los
animales y sus partes, las plantas y los cuerpos simples como la tierra, el
fuego, el aire y el agua -pues decimos que estas y otras cosas semejantes
son por naturaleza. (…) Porque la naturaleza es un principio y causa del
movimiento o del reposo en la cosa a la que pertenece primariamente y por
sí misma, no por accidente.53

Aristóteles concibe a la naturaleza, ϕυσιs, como principio de


movimiento o cambio en las cosas mismas. Luego dirá:

50
ARISTÓTELES, o.c. 8 – 13.
51
ARISTÓTELES, o.c.30 – 33.
52
ARISTÓTELES, o.c.199b 15 – 34.
53
ARISTÓTELES, o.c. 192b 8 – 24.
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171

La naturaleza es fin y aquello para lo cual; porque si en las cosas cuyo


movimiento es continuo hay algún fin de ese movimiento, tal fin será tanto
su término extremo como aquello para lo cual (…) porque no cualquier ex-
tremo puede pretender ser el fin sino sólo el mejor.54

La doctrina aristotélica de las causas establece un concepto de


causa diferente del concepto de causa en la ciencia moderna. Ésta ha
reducido la causalidad exclusivamente al de causa eficiente. El pensa-
miento científico moderno se interesa sólo por la efectividad de lo físico
que constituye la demarcación entre lo pensado y la realidad física.55
Es notoria la insistencia de Aristóteles en la unificación de na-
turaleza y finalidad, forma y fin en las cosas. En los párrafos transcritos
con anterioridad, hemos leído: En las cosas que son por naturaleza hay
una causa final.56 Para Aristóteles hay cosas que son por naturaleza y
otras que son por otras causas. Las que son por naturaleza tienen un
principio de movimiento y de reposo, sea con respecto al lugar o al
aumento o a la disminución o a la alteración.57 Por otras causas pode-
mos entender la τεχνη o arte, el azar o la elección. Una interpretación
lisa y llana, no reduccionista, advierte que la referencia a ese principio
interno de movimiento o cambio substancial está indicando la presencia
de una forma o esencia. Esto significa que las cosas son según su natu-
raleza lo que tienen que ser, y esto es debido a ese principio interno o
forma substancial – estructura, organización – que hace que sean como
son y por necesidad, no por azar. Si necesariamente son así siempre, es
porque tienen un fin o causa final en sí mismas que organiza toda su
actividad interna.
Es evidente que Aristóteles extiende su concepto de finalidad
inmanente a todas las cosas puesto que todas tienen ese principio inter-
no que por naturaleza les lleva a ser como son necesariamente y a per-
manecer en su propio ser. La forma es ενεργεια que engendra siempre
δυναµιs. Como todo ente físico es esencialmente movimiento puro,

54
ARISTÓTELES, o.c. 194a 28 – 33.
55
I. FALGUERAS, Crisis y renovación de la Metafísica, Servicio de Publicaciones e Intercambio
Científico de la Universidad de Málaga, 1997, pp. 35 y ss. En esta obra se encuentra un estudio muy
interesante sobre la tetracausalidad, concausalidad aristotélica. La idea resumida es: las cuatro cau-
sas aristotélicas son principios en cuanto son las ultimidades de lo real que están en las cosas mis-
mas, según el pensamiento griego, y constituyen la explicación real y total del movimiento. No son
causas independientes ni singulares, son concausas o causas conjuntas, o mejor, cuatro sentidos de la
concausalidad cuyo único referente es el movimiento imperfecto. La concausalidad es jerárquica y
no están todas las causas a la misma altura ontológica, así la causa final es la primera y más alta de
las cuatro, es en cierto sentido, causa de las otras causas, no son efectos de ella pero sí activadas
desde la finalidad, la causa final es primera pero no única, es superior pero no suficiente. Causar,
conforme a estas referencias sería: Un despliegue de potencialidades activas que son enteramente
físicas o mundanas.
56
ARISTÓTELES, Física, o.c. 199 a, 10.
57
ARISTÓTELES, o.c. 192 b, 10.
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172

estar siendo, haciéndose, movimiento que es imperfecto, se desarrolla


entre los términos a quo, causa eficiente y ad quem, causa final, de ma-
nera que para que se realice este movimiento o cambio, siempre vecto-
rial, direccional, supone la existencia de A y B, pero que no es ni A ni
B y que A no significa nada sin B, es decir, la forma tiende a la realiza-
ción de la materia a la que informa, llevándola de continuo a su propio
bien o perfección, o sea, teleología natural, propia, ad intra o inmanen-
te, según la interpretación común entre los autores.

4. 3. 2. Teleología de H. Bergson. H. Bergson defiende una te-


leología con matices propios que es justo analizar. Siguiendo los co-
mentarios de E. Gilson,58 H. Bergson sostiene en su conocida obra
L’Évolucion créatrice la existencia de una evolución tal como la cien-
cia de su tiempo explicaba encarnada en Spencer y avalada por los tes-
timonios de la Anatomía Comparada, Embriología y de la Paleontolo-
gía; sin embargo, se distancia de él por considerarlo filosófico, sin ad-
vertir, como anota E. Gilson, que el suyo también lo era. E. Gilson nos
asegura que la misión de Bergson era poner término al conflicto entre el
mecanicismo y finalismo ambos mecanicistas. En principio, criticó
Bergson el finalismo aristotélico por considerarlo falsamente antropo-
céntrico cuando, en realidad, no lo es, como nos lo enseña E. Gilson59
contra la interpretación de J. H. Randall y a la que parece seguir Ayala.
Que Aristóteles conciba la noción de causa final a partir de la obra ar-
tística es exacto, pero también lo es que el gran filósofo insiste en que
es el arte el que imita a la naturaleza, no al revés y que, a diferencia del
arte, la naturaleza no calcula, no reflexiona, no escoge, sino que movida
desde dentro hacia un fin que ignora pero que lleva consigo, la natura-
leza no hace nada en vano. La naturaleza no trabaja como el obrero
humano uniendo partes, sino produciendo todos que implican partes.
58
ETIENNE GILSON, De Aristóteles a Darwin (y vuelta), o.c. pp. 207 – 236. Bergson se enfrenta-
ba a un mecanicismo radical como el de Thomas H. Huxley muy cercano a Darwin y a un finalismo
radical y por la misma razón. Bergson seguía el evolucionismo spenceriano pero al mismo tiempo
se distancia de él. Ambos son optimistas porque identifican evolución y progreso, de aquí que coin-
cidan los títulos de sus obras: Ensayos sobre el progreso y la Evolución creadora. No obstante, el
evolucionismo de Spencer resulta mecanicista. Es cierto, que si hay evolución, todo acontece en el
tiempo, tiempo suficiente; pero en la evolución de Spencer el tiempo no hace nada, es un tiempo
petrificado, matemático, ideal y sin duración, isotrópico, donde la fórmula de Laplace seguiría sien-
do válida en cualquier tiempo. Para Bergson la duración es la realidad del tiempo. En el tiempo
matemático todos los minutos son iguales a sí mismos; en términos de duración, treinta minutos en
un espectáculo agradable son diferentes a treinta minutos en el dentista nos dice E. Gilson con buen
humor. Según Bergson, el mecanicismo radical implica que la totalidad de lo real es plantada en
bloque en la eternidad, todo está hecho y dicho. Por esta misma razón rechaza Bergson el finalismo
radical. No se puede condenar un mecanicismo radical sin hacer lo propio con un finalismo de la
misma índole, pero sin renunciar al concepto de finalidad. En el finalismo radical de carácter tam-
bién matemático como el de Leibniz, todo está determinado de antemano, todo está previsto, nada
puede ser creado de nuevo; aquí el tiempo resulta otra vez inútil. Un finalismo así entendido es un
mecanicismo pero a contrapelo, como dice el mismo Bergson y subraya E. Gilson.
59
E. GILSON, Ibidem, pp. 220 – 222.
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173

No hace plantas con órganos, sino que produciendo plantas y animales


hace órganos. Las partes son para el todo. Por otro lado, según Aristóte-
les, el hombre trabaja con materiales extraídos de la naturaleza, mien-
tras que la naturaleza produce sus propios materiales. Otra apreciación
de E. Gilson es que el hombre forma parte de la naturaleza y ésta sigue
actuando a través del trabajo humano en forma artesanal. Esto no signi-
fica que la naturaleza obre de la misma forma que el hombre como si
construyese un ojo lo mismo que el óptico construye un telescopio o
una cámara fotográfica. E. Gilson nos hace ver que el artesano humano
continúa la operación de la naturaleza y, a veces, la completa pero con
medios totalmente distintos. Con esta reflexión se pretende desmentir el
falso finalismo antropomórfico que se la atribuye a Aristóteles. El ver-
dadero finalismo aristotélico es el de las formas inmanentes a la natura-
leza que trabaja desde dentro para encarnarse en ella, modelando la ma-
teria según sus leyes.
Parece ser que Bergson, criticando al falso aristotelismo, llega a
la comprensión del verdadero finalismo aristotélico pero no del verda-
dero sentido de la forma que lo substituye por el concepto de vida con
el nombre de L’élan vital tan manoseado y mal comprendido por mu-
chos. Por otro lado, nada impide que concibamos la forma como una
fórmula inventiva a la vez que conservadora, como dice E. Gilson. Si
en la naturaleza hay invención, su fuente no puede ser otra sino la for-
ma. La forma substancial es una energía plástica que opera sobre la
materia para realizar en ella, concretamente, la idea que es.60
(ενεργεια.)
De todos modos, Bergson concibe la evolución como creadora
e inventiva y no determinista al estilo clásico. No está orientada a la
producción de especies sino a la producción de individuos innumera-
bles, irreductiblemente diferentes dentro de las especies ya existentes,
que parecen ser bastante estables, ¿variabilidad genética?. Las especies
vivas son tan estables que se hacen infecundas o estériles entre sí.
El concepto de vida bergsoniano no es elemento ni resultado si-
no principio, como nos decía Zubiri con anterioridad o como dice el
propio Bergson, torbellino, proceso: nosotros no somos la corriente
vital misma; somos esa corriente, una vez cargada de materia, es decir,
partes congeladas de su substancia que arrastra a lo largo de su reco-
rrido.61 Esto, expresado en términos biológicos, sería como decir que
los átomos, moléculas, células germinales etc. no son nada más que los
medios necesarios para que aparezca la vida en los diversos organismos
y no como resultante, sino como propiedad emergente. La vida, l’élan
vital, no es una energía distinta como tantas veces se ha dicho, sino el
60
E. GILSON, o.c. p. 230.
61
H. BERGSON, L’Évolucion créatrice, Ouvres, A. Robinet y H. Gouhier, Paris, 1959, p. 547.
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174

conjunto de fuerzas naturales que actúan en los seres vivos como un


empuje inicial. El error del finalismo clásico es haber situado la meta
por delante, vis a fronte, en vez de situar el principio por detrás, vis a
tergo. Sería una teleología consecuente en vez de ser antecedente; con
ésta última entenderíamos mejor la finalidad en Aristóteles cuando in-
siste en Física: la forma es el fin, como señalamos oportunamente. Po-
dríamos hablar de teleología redundante o circular.
Bergson, buen conocedor de la Biología moderna, encuentra el
término adecuado en la adaptación darwiniana, concepto a caballo entre
el mecanicismo y finalismo radicales para adecuar su concepto de evo-
lución creativa teleológica pero no determinista. Es un finalismo diver-
gente.
E. Gilson nos ha facilitado con su libro la comprensión de la teleología
orgánica divergente de H. Bergson que hemos resumido de forma ex-
haustiva.
Aunque la noción de teleología de Ayala es, en parte, determi-
nista como corresponde a un científico neodarwinista moderado, po-
dríamos encontrar un acercamiento entre ambas concepciones acerca de
teleología evolutiva cuando uno habla de teleología indeterminada que
acompaña a la selección natural y el otro de evolución creativa.

4. 3. 3. La teleología cósmica de Teilhard de Chardin. La


idea de una teleología cósmica aparece con fuerza impulsiva en la teo-
ría evolutiva de Theilhard de Chardin de un universo organizado como
totalidad. Desde el punto Α, límite entre el ser y el no ser, materia inde-
terminada pero cargada de espíritu –geosfera– se desarrolla teleológi-
camente hacia el punto Ω pasando por la hominización – biosfera-
noosfera – hasta la divinización, pleroma. Sólo queremos señalar, por
el momento, el valor profundo de esta teleología convergente con la
que el autor, fundamentalmente, pretende integrar en el proceso evolu-
tivo todos los fenómenos naturales y humanos sin excluir el religioso
en el que destaca el cristianismo que él profesa. Es sensato que el bió-
logo de carácter organicista pretenda dar una explicación integral evo-
lutiva y epigenética incluyendo los hechos humanos de alta esfera, doc-
trina expuesta en su conocida obra El fenómeno humano.62
El profesor Ayala63 interesado por la que él llama cosmogonía
de Teilhard, presenta un resumen de la teoría evolutiva cosmológica de
este autor pero con cierta renuencia como él mimo dice, debida a la
complejidad de la obra que pretende ser un informe exhaustivo de la
historia del Universo y de la situación del ser humano en el esquema
62
TEILHARD DE CHARDIN, El fenómeno humano, Edit. Taurus, Madrid, 1963.
63
F. J. AYALA, La Naturaleza inacabada, Ensayos en torno a la evolución, Salvat Editores, S.A.
Barcelona, 1994, pp. 213 – 221.
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175

de las cosas.64 La dificultad radica en la magnitud del ámbito propio de


la obra y especialmente por el carácter de sus escritos: lenguaje más
poético que filosófico y científico, neologismos, abundancia de metáfo-
ras, contradictorio, a veces, y que exige una considerable cantidad de
exégesis e interpretación. Ayala intenta hacer su comentario sin tener
en cuenta la crítica o valoración de tal sistema de ideas, o mejor visión,
porque considera que la obra de Teilhard es más visionaria que sistemá-
tica. Ayala divide su trabajo en cuatro apartados que corresponden a las
ideas fundamentales del paleontólogo y filósofo expuestas en su citada
obra:
1) El tiempo: la cuarta dimensión.
2) La evolución universal.
3) El parámetro de la complejidad-conciencia.
4) Omega: la meta de la evolución.

El tiempo: la cuarta dimensión. Según Teilhard, el descubri-


miento más importante de la época actual es el tiempo como elemento
constitutivo de la realidad. Para describir el mundo material hay que
hacerlo en términos de espacio-tiempo. El pensamiento actual tomó
conciencia del tiempo con la revolución darwiniana. El concepto de
evolución se extendió posteriormente a todo el dominio de la materia.
Conforme a esto, no vivimos en un mundo ya terminado sino que sigue
un proceso de cosmogénesis. Para Teilhard, la historia de la salvación
del hombre y la del Universo son dos dimensiones de la única realidad.
La evolución universal: El pensamiento de Teilhard sostiene
que todos los niveles de la realidad están genéticamente relacionados de
modo que el hecho de la evolución es incuestionable y sólo puede pre-
guntarse si cabe alguna direccionalidad. La historia de nuestro planeta
es un continuo fluir de sucesos cambiantes dividida en tres etapas: 1)
Solidificación de la corteza terrestre por enfriamiento sin existencia de
vida. 2) Aparición de la vida hace al menos tres mil millones de años,
que se complica y diversifica gradualmente, constituyendo una nueva
envoltura del planeta. 3) Irrupción del ser humano como un animal ex-
traño en algún lugar de África y que presenta un nuevo aspecto, el pen-
samiento. Estas tres etapas de la historia del mundo se caracterizan por
ser sucesivamente: materia, vida y espíritu o pensamiento, a las que
Teilhard llama geosfera, biosfera y noosfera. Existe una gran diferencia
entre ellas pero están íntimamente trabadas de forma que la biosfera
proviene de la geosfera y la noosfera se desarrolla a partir de la biosfe-
ra.
Continúa Ayala desentrañando el pensamiento de Teilhard y
nos dice que éste admite, como hipòtesis más probable de la ciencia
64
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 213.
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176

actual, que la vida se originó de la materia inorgánica como transición


natural de la materia inorgánica a la orgánica, llamando a este proceso
maduración de la materia. En la evolución de la materia, los niveles
superiores de complejidad se alcanzan de manera gradual. Cuando se
consigue cierto nivel crítico o umbral, se produce emergencia de pro-
piedades totalmente nuevas. Cuando una magnitud ha crecido de mane-
ra suficiente, cambia bruscamente de aspecto, de estado o de naturaleza.
Cambio cualitativo. Este proceso evolutivo lo presenta Teilhard en
forma de línea continua espiral ascendente con diferentes vueltas o ni-
veles.
La transición de la vida inorgánica a la vida se produjo una sola
vez. Con el tiempo, algunos organismos alcanzaron un grado más ele-
vado de complejidad. En un punto crítico o umbral de desarrollo apare-
ció un nuevo fenómeno en el reino de la vida: la conciencia reflexiva, el
ser humano, distinto del animal. Nunca podremos conocer los detalles
del desarrollo evolutivo de lo no humano a lo humano, como tampoco
el tránsito gradual hacia el conocimiento reflexivo.
El parámetro de la complejidad-conciencia: Teilhard se pre-
gunta si el proceso evolutivo tiene dirección y sigue una ley determinis-
ta y cual es la naturaleza de esta ley. Podemos encontrar, dice, una ley
de recurrencia que defina y determine el curso de la evolución: la ley
de la complejidad-conciencia. Esta ley es el corazón de la cosmogonía
de Teilhard, dice Ayala.
Si examinamos el proceso evolutivo del mundo, podemos com-
probar que se orienta hacia niveles de complejidad crecientes: de las
partículas subatómicas al átomo, de éste a la molécula, de la molécula a
la célula, de la célula a los organismos pluricelulares simples, de estos a
los más complejos y, por último, al ser humano que es el más complejo
y donde encontramos todos los niveles anteriores superados. Compleji-
dad, según Teilhard, no es simple agregación ni repetición como un
montón de arena o un cristal respectivamente, sino heterogeneidad or-
ganizada. Los elementos están organizados y suponen algo externa-
mente acabado; un montón de arena o un cristal son sistemas siempre
abiertos y nunca se acaban. Esta ley del incremento de complejidad-
conciencia pertenece al dominio de las ciencias naturales porque puede
observarse directamente, no es ningún postulado filosófico o metafisi-
co.
Para Teilhard, la complejidad-conciencia son dos caraterísticas
de la materia, dos aspectos de la misma realidad. No hay dicotomía en-
tre materia y espíritu o sea entre materia orgánica o inorgánica. Hace
ver Ayala que Teilhard utiliza el término conciencia en sentido muy
amplio de forma que designa todo acto psíquico, desde la percepción
hasta el conocimiento reflexivo. A una complejidad morfológica mayor
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177

corresponde un mayor desarrollo del sistema nervioso y un nivel psí-


quico más elevado. Para Teilhard, el Universo presenta dos dimensio-
nes o aspectos: el externo y el interno. La cara externa son las dimen-
siones materiales y la interna es el psiquismo, la conciencia que tam-
bién es un fenómeno cósmico.
Omega: la meta de la evolución. La historia de la Tierra es un
progreso evolutivo gradual hacia una complejidad y una conciencia
crecientes. Existe en él un eje privilegiado, el hombre que no es ya el
centro del Universo, como se creía, sino algo más hermoso: él mismo es
la flecha ascendente de la gran síntesis biológica. La evolución ha
conducido hasta el ser humano y continuará fiel a la imperiosa ley de la
complejidad-conciencia y se alcanzarán niveles mucho más altos de
psiquismo hasta terminar en la meta hacia la cual camina: el Punto
Omega que es el símbolo de Dios.
Teilhard es consciente, según Ayala, de que su visión de Omega
coincide con el concepto de S. Pablo. Para Teilhard, la historia cósmica
y la de la salvación del hombre son dos enfoques del mismo gran desa-
rrollo evolutivo.

4. 3. 4. Teleología de F. Jacob. F. Jacob, pese a su alto grado


de reduccionismo, admite una teleonomía evolutiva epigenética, desa-
rrollo del programa genético, abierto al medio, a la emergencia de nive-
les superiores por integración sucesiva, dando así una explicación lógi-
ca de la aparición de los diferentes fenómenos biológicos y humanos,
aunque desconozcamos las intimidades del proceso. Teleología que
profiere en su teoría del integrón65 expuesta ya con anterioridad y no es
necesario repetir. Es interesante apreciar el cierto paralelismo existente
entre Teillard biólogo y su compatriota F. Jacob.

4. 3. 5. Teleología de J. Monod. J. Monod, mucho más reduc-


cionista que su colega anterior, acepta sí una teleonomía pero a disgus-
to, antinomia del principio de objetividad que él venera, contradicción
en el seno de la Biología molecular pero que no puede negar, desarrollo
también de un proyecto epigenético cerrado sobre sí mismo. En su
misma entraña anida el origen de la perturbación, mutación y cambio o
evolución, es el ciego pero esencial azar el único responsable de la
creatividad absoluta. Ideas desarrolladas ya en capítulo anterior.

4. 3. 6. Otras teorías teleológicas. No me resisto a mencionar


siquiera, el aspecto teleológico que aparece en los procesos cibernéticos
de retroalimentación – feed-back – servomecanismos tanto orgánicos

65
F. JACOB, La lógica de lo viviente, o.c. pp. 325 – 349.
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178

como artificiales a los que se refiere L. von Bertalanffy y el mismo


Piaget.
Es especialmente importante la aportación de L. von Bertalanffy
con relación a su doctrina de la finalidad, que pueden corroborar el pun-
to de vista del profesor Ayala y que expondré aunque de forma sucinta.
L. von Bertalanffy, literalmente dice así:

La dirección de un proceso a un estado final no es cosa que difiera de la


causalidad, sino otra expresión de ella. El estado final por alcanzarse en el
futuro no es vis a fronte que atraiga misteriosamente al sistema, sino ape-
nas otra expresión para vis a tergo causal. Por esta razón la Física usa tanto
tales fórmulas de valores finales, pues el caso es matemáticamente claro y
nadie atribuye previsión antropomórfica a la meta de un sistema físico. Los
biólogos, por su parte, tenían con frecuencia tales fórmulas por un tanto
inquietantes, ya fuera temiendo algún vitalismo oculto o considerando tal
teleología o directividad hacia metas como prueba del vitalismo. (…)
Tendemos a comparar procesos finalistas con el discernimiento humano de
la meta, cuando, de hecho, estamos manejando relaciones obvias y hasta
matemáticamente triviales. (…) Hasta los filósofos han interpretado mal
este asunto. (…) La finalidad fue definida como lo inverso de la causali-
dad, como dependencia del proceso con respecto al futuro y no a condicio-
nes pasadas.66

L. von Bertalanffy viene a disolver la vieja objeción reduccio-


nista de una teleología mal planteada: fin o meta intencionada, diseñada
de antemano, influir incomprensible de una causa futura, etc. Y es que
hasta el error de los filósofos ha sido definir la finalidad como la inver-
sa de la causalidad, poniendo en el futuro lo que corresponde al presen-
te: forma, causa final impulsora de la causa eficiente, tan querida de los
físicos, a la que siempre acompaña, concausalidad.

4. 3. 7. Principio antrópico cosmológico. Otra perspectiva de


teleología cósmica es el llamado principio antrópico propuesto por J.
Barrow y F. Typler en 198667. El principio antrópico, según Roger Pen-
rose,68 pretende responder al tipo de preguntas: ¿qué importancia tiene
la conciencia para el Universo como un todo? ¿Podría existir un univer-
so sin habitantes conscientes? ¿Están las leyes de la Física especialmen-
te diseñadas para permitir la existencia de vida consciente? ¿Hay algo
especial en nuestra localización particular en el Universo, ya sea en el
espacio o en el tiempo?

66
L. VON BERTALANFFY, Teoría general de Sistemas, o.c. p. 79.
67
JOHN D. BARROW and FRANK J. TIPLER, The Anthropic Cosmological Principle, Oxfod
University Press, New York, 1986.
68
ROGER PENROSE, La Nueva Mente del Emperador, traducción de Javier García Sanz, Edit.
Mondadori, Madrid, 1991, pp. 537 – 538.
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179

El principio antrópico débil daría respuesta a la cuestión: ¿por


qué se dan las condiciones justas para la existencia de la vida inteligen-
te en la Tierra en la época presente: si no fuesen las correctas, entonces
nosotros mismos no estaríamos aquí? Es decir, si estamos en este mo-
mento de la historia del Universo es porque se han dado las condiciones
para que así sea.
El principio antrópico fuerte va más lejos, respondería a otra
cuestión: ¿por qué las constantes de la Física o las leyes de la física en
general están especialmente diseñadas para que pueda existir vida inte-
ligente? El razonamiento es: si las constantes o leyes físicas fuesen di-
ferentes, entonces no estaríamos en este Universo particular sino en al-
gún otro. Luego la conclusión general podría ser: las condiciones físicas
se han dado para que haya seres conscientes.
Es posible encontrar algún tipo de relación entre el principio an-
trópico, la evolución de Bergson y de Theillard de Chardin puesto que
las tres hipótesis caminan hacia el espíritu. No encontramos en los es-
critos teleológicos de Ayala referencia alguna al principio antrópico por
lo que no es posible establecer la posición del autor a este respecto.

4. 3. 8. Teoría de la Teleología Natural. Nicholas Rescher de


la Universidad de Pittsburg69 postula que una solución a la complejidad
podría ser la Teoría de la Teleología Natural defendida por C. S. Peir-
ce. Según esta teoría, la Naturaleza es portadora de una predilección
inherente y auto-engendrante del incremento de complejidad. Peirce
cree que la evolución es crecimiento en el sentido más amplio. Para
Spencer, el crecimiento es el paso de lo homogéneo a lo heterogéneo o
de lo no-organizado a lo organizado. Para Peirce, es diversificación.
¿Es verdad que las cosas eran más simples en un principio tras el posi-
ble big-bang? ¿Había más variedad que la que hay ahora? El mecanicis-
ta fundamentado exclusivamente en la mecánica analítica fija no puede
dar una explicación de esta paradoja. Una ley mecánica nunca puede
producir diversificación, sin embargo, los hechos observados nos llevan
a la admisión de una espontaneidad. Según esta teoría, dice el autor:

El crecimiento, la diversificación y la complejidad son simplemente ten-


dencias al desarrollo intrínsecas en la Naturaleza. El Universo físico es, en
este respecto, auto-teleológico, impulsándose a partir de sus propios recur-
sos hacia una complejidad siempre mayor.70

69
N. RESCHER, “Las modalidades de la complejidad”, Filosofía actual de la Ciencia, editor Pas-
cual Martínez Freire, Suplemento 3 de Contrastes, 1998, Revista Interdisciplinar de Filosofía, (
ISSN: 1136 – 9922 ) Universidad de Málaga, pp. 223 – 243.
70
N. RESCHER, o.c. p 227.
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180

Es interesante comprobar que autores de última hora como el


profesor N. Rescher, vislumbren razonablemente como otros un pro-
yecto de auto-teleología en el universo físico que de cuenta de la com-
plejidad a la que tiende desde su principio y que como afirman todas las
recientes teorías cosmológicas surgió desde una gran simplicidad. Pare-
ce razonable admitir una explicación teleológica cósmica de la que par-
ticipan de forma especial los seres orgánicos.

4. 4. Conclusión.

Expuesto el concepto de teleología único admitido en el campo


de la ciencia como es el de teleología inmanente, interna, que rechaza
todo proyecto diseñado o intencionado por sujeto inteligente alguno
divino o humano en vistas a conseguir un fin futuro como agente causal
de los hechos, hemos de admitir necesariamente la doctrina teleológica
de nuestro autor elegido el profesor Ayala, por sus argumentos expues-
tos y que con detención hemos recorrido. No obstante, las opiniones de
otros científicos aducen razones para entender que la explicación teleo-
lógica es aplicable a todo sistema dinámico organizado como es todo el
Universo físico de quien también forman parte los seres vivos, pero no
como exclusiva de éstos. Es verdad que los conceptos de funcionalidad,
adaptabilidad y supervivencia son más pronunciados en los organismos
vivos y hacen que la explicación teleológica sea más evidente, apropia-
da e imprescindible en estos últimos por lo que puede ser considerada
como distintivo de la Biología, pero no con carácter de exclusión. Se-
gún las diferentes opiniones hay conceptos que son abiertamente exclu-
sivos de la ciencia biológica pero, quizás, no el de teleología.
Parece que se resuelve lentamente el problema de rechazo de la
explicación teleológica por parte de muchos científicos, dada la confu-
sión entre fin intencionado subjetivo y causa final que sí es objetiva y
no conlleva propósito o meta anticipada. La causa final definitivamente
hay que situarla detrás y no delante como causa futura, no atractora sino
impulsora de la causa eficiente a la consecución de un fin ya consegui-
do pero no en plenitud, tal como se desprende de la doctrina aristotélica
tan mal interpretada por ciertos científicos. ¿Cuál otro auténtico funda-
mento de la teleología científica puede ser si no es la forma aristotélica
causa y fin de lo orgánico e inorgánico en sí mismos? De este modo
planteada la explicación teleológica, creemos que es plenamente com-
patible con la explicación llamada causal que se detiene en el análisis
del sistema, su origen y composición pero nada dice del sistema como
organización y totalidad, de lo que se ocupa la teleologia. No es el todo
para las partes sino las partes para el todo. Por tanto, ambas explicacio-
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181

nes deben ser complementarias, por lo menos en Biología, tal como se


desprende de la doctrina del Dr. Ayala.
Si se profundizara más en el concepto de forma del verdadero
aristotelismo y el de función y utilidad descritos por Ayala, probable-
mente se podría llegar a un acercamiento y hasta coincidencia en los
conceptos que parece no ser tan distintos. ¿Sería esta la solución del
problema teleológíco?
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5. La Evolución en la Epistemología de F. J. Ayala.


“En Biología nada tiene sentido si no es a través del prisma de
la evolución”. Son palabras escritas por T. Dobzhansky en 1973. Posi-
blemente Ayala, su discípulo predilecto, cautivado también por esta
idea, escribe:

Hace ya más años de los que quiero recordar, decidí dedicar mi vida al es-
tudio de la evolución biológica. Era la ambición ingenua de mi juventud
alcanzar una comprensión profunda del mundo y de mí mismo. Las reali-
dades más complejas, más interesantes y más bellas de este mundo son los
seres vivientes. Así, pues, mi interés inicial por la Física se trocó en interés
por la evolución, comenzando por la genética, la ciencia que explica la
transmisión de las características de los seres vivos de generación en gene-
ración.1

De aquí, la importancia primordial de la evolución de los orga-


nismos en el pensamiento biofilosófico del profesor Ayala cuyas ideas
básicas queremos analizar y que giran en torno a este epicentro de la
biología como es el concepto de evolución.
Aunque la idea de evolución está referida siempre en este traba-
jo a los seres vivos, es posible encuadrar esta evolución particular en
una evolución general cósmica.2 Ayala3 también se ha pronunciado en
este sentido y añade que la evolución de los organismos está universal-
mente admitida por todos los biólogos, aunque los mecanismos se están
estudiando con intensidad pero todavía son motivo de debate.
En efecto, el proceso de la evolución es un hecho contrastable.
Como fenómeno cósmico ha sido descubierto por las diferentes cien-
cias, Cosmología física, Astronomía, Geología, Paleontología etc., aun-
que por su lentitud en millones de años comparado con nuestra escala
de vida no sea directamente observable. Abundan teorías cósmicas so-

1
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, (Ensayos en torno a la evolución), Editorial Salvat,
Barcelona, 1994, Prólogo.
2
G.G. SIMPSON, This view of Life, Editorial Harcourt, Brace and Worl, New York, 1961, p. 7. A
este propósito dice Simpson: la evolución orgánica es uno de los hechos fundamentales y caracterís-
ticos de la realidad objetiva. En cierto sentido, es el hecho más básico de la realidad, puesto que es el
proceso por el que se originan las complejidades mayores del universo y que culmina la organiza-
ción sistemática. Puesto que es el proceso por el que nosotros venimos a existir, es absolutamente
esencial para la comprensión de nuestra posición en la realidad objetiva y nuestra relación con ella. .
3
F. J. AYALA, “The evolution of life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, R. J.
RUSSELL, W. R. STOEGER, F. J. AYALA, Editors, Editorial Vatican Publications, Vatican City
State, 1998. p. 21.
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184

bre el origen del universo, pero se impone entre ellas la teoría evoluti-
va por ser la más coherente y con mayor resolución.
Es más frecuente utilizar el término evolución aplicado a los or-
ganismos vivos, y en este sentido, el hecho de la evolución de la vida
puede ser constatado por cualquiera guiado del sentido común sin nece-
sidad de ser especialista en la materia. Evolución significa desarrollo,
cambio. ¿Quién no ha observado el desarrollo de un pollito, desde que
es huevo hasta ser adulto? ¿El desarrollo de un niño hasta la edad pro-
vecta? ¿Las etapas sucesivas de un embrión, las de una semilla hasta
árbol corpulento? Como dice I. Núñez de Castro:
Cuando observamos un organismo vivo a lo largo del tiempo, constatamos
que todo viviente debe ser considerado como un proceso. El viviente no
puede ser definido atemporalmente. El viviente lo definimos desde el
tiempo y dependerá de la escala de tiempo que utilicemos la consideración
del proceso. (…) La consideración del devenir de un organismo desde su
comienzo hasta su fin nos definirá un tiempo ontogenético. Si considera-
mos poblaciones de individuos y los mecanismos hereditarios, tendremos
el tiempo genético. En una escala cronológica que abarque centenares de
generaciones se registrarán lentos procesos de cambio que desembocan en
nuevas especies y tendremos el tiempo filogenético o tiempo evoluti-
vo.Vivir es, pues, permanecer en un proceso continuo de cambio, vivir es
evolucionar.(…) La evolución no es más que la visión humana en la escala
temporal filogenética de esa continua emergencia de novedad que llama-
4
mos viviente.

X. Zubiri nos decía en páginas anteriores que lo inorgánico


permanece a pesar del cambio, por diferencia, el ser orgánico cambia
para permanecer. Imposible encontrar un ser vivo estático, sería un ca-
dáver, y es que la esencia de la vida es el movimiento, movimiento ab
intriseco, cambio o evolución no siempre para mejorar sino irreversible
para permanecer, sobrevivir. Posiblemente este fue el primer descubri-
miento de Charles Darwin: la permanencia del individuo y de la especie
(herencia), por una parte, y la variación, por otra, de las especies que
explica causalmente utilizando el concepto de selección natural. En de-
finitiva, el ser vivo es esencialmente proceso, cambio irreversible para
la supervivencia (evolucionismo versus fixismo). Con la sola idea de
fixismo nos quedaríamos sin saber, por ejemplo, por qué un batracio se
convierte en anfibio adulto.
Como nos recuerda Ayala:5 La diversidad de especies vivientes
conocidas es asombrosa. Existen descritas y nominadas más de dos mi-

4
I. NÚÑEZ de CASTRO, “La evolución de la vida”, “Comunicació: Revista del Centro d’Estudis
Teológics de Mallorca”, nº 93, 1999, p. 85.
5
F. J. AYALA, “The evolution of life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c. p.
21.
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185

llones de plantas y animales y muchas más permanecen por descubrir


aparecidas en los últimos diez millones de años según la mayoría de las
estimaciones. Pero lo que es impresionante no es el número sino su in-
creíble heterogeneidad en tamaño, rasgos y modos de vida: desde la
pequeñísima bacteria, menos de una micra de diámetro, hasta las Se-
quoias de California con cien metros de altura y muchos miles de tone-
ladas de peso; desde los microorganismos que viven en las plantas del
Parque Nacional Yellowstone con temperaturas próximas a la ebulli-
ción del agua, hasta los hongos y algas descubiertos en la profundidad
del oscuro océano a miles de metros bajo la superficie, hasta las arañas
y plantas situadas en el monte Everest a veinte mil pies sobre el nivel
del mar.
Estos datos facilitados por la simple contemplación de los
hechos biológicos y las pruebas de la Anatomía, Paleontología, Serolo-
gía, Genética y Biología molecular comparadas, demuestran que la vida
sólo puede explicarse desde la perspectiva de la evolución.
Tres son las cuestiones a estudiar, según el profesor Ayala:6

• El hecho en sí de la evolución.
• Historia de la evolución.
• Mecanismos del desarrollo y cambio evolutivos.

La primera cuestión es la básica, puesto que si los organismos


no evolucionan, las teorías sobre la evolución no tendrían sentido. La
evidencia de este hecho se va incrementando con la aportación de todas
las disciplinas biológicas. Que la evolución sea un hecho hoy, continúa
Ayala, significa, que como conclusión científica, goza de una certeza
comparable a la de otros hechos científicos como la redondez de la Tie-
rra, la rotación de los planetas al rededor del sol y la constitución mole-
cular de la materia. El estudio de la evolución también se ocupa de los
detalles de la historia evolutiva, es decir, de sus ritmos, multiplicación y
extinción de las especies, colonización de islas y continentes y otras
cuestiones relacionadas con el pasado. Los otros problemas de los que
se ocupa el estudio de la evolución son las causas – por qué, cómo y
para qué – de los procesos o mecanismos que desencadenan y modulan
el cambio evolutivo de los organismos. Estos tres puentes interconecta-
dos sostienen todo el pensamiento evolucionista del Dr. Ayala que se
expone en este trabajo.

6
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, (De Darwin a los últimos avances de la Genética), Edi-
ciones Temas de Hoy, Madrid, 1994, pp. 17 – 18.
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186

5. 1. Concepto de evolución según F. J. Ayala.

El término evolución originario de evolvere latino, según Ferra-


ter Mora7, evoca la idea o imagen de despliegue, desarrollo o desenvol-
vimiento de algo que se encontraba replegado, arrollado o envuelto
unida a la otra idea de proceso gradual y ordenado a diferencia de invo-
lución o repliegue y de revolución o proceso súbito y hasta violento.
Puede hablarse de evolución en sentido teológico, metafísico, histórico,
biológico etc., sin embargo, no deben separarse excesivamente estos
significados porque llevaría a olvidar los elementos comunes que exis-
ten en el concepto de evolución. Ayala, como es obvio, lo utiliza en
sentido netamente biológico. Es oportuno recordar con E. Gilson8 que
Darwin no usa el término evolución hasta la sexta edición de El Origen
de las Especies. Parece que este vocablo no era de uso común en la
época. Cambio, transformación, transmutación, eran las acepciones co-
rrientes para connotar la jerarquía evolutiva y, probablemente, por esta
razón manifiesta Darwin su idea de evolución con la expresión propia
descendencia con modificación. Fue C. Bonnet (1720-1793) el que con
anterioridad a Darwin empleaba evolución pero en sentido conservador:
hay evolución de lo preformado que ya está ahí,9 no en sentido epige-
nético y creador. C. Lyell y H. Spencer, éste de forma más acusada,
aplican el concepto de evolución en su sentido actual que pasó definiti-
vamente al vocabulario popular y científico y adopta también Darwin.
Ayala10 nos dice que el concepto de evolución añade a nuestra
concepción del universo la dimensión temporal. La realidad sólo se
puede comprender como proceso histórico. El tiempo y el espacio están
orgánicamente unidos como entretejiendo la realidad del universo y es
el modo cómo entendemos hoy las cosas11. Sin embargo, no facilita
Ayala una definición taxativa propia de evolución, sí nos remite a una
definición dada por G. L. Stebbins en 1969: la evolución es la emer-
gencia gradual y alteración adaptativa de sistemas de orden que no
pueden ser destruidos de manera reversible.12
No es fácil dar una definición completa de evolución, como
apunta más tarde Stebbins:13 Las definiciones de evolución que enfati-
zan el aspecto transespecífico son erróneas, ya que restan importancia a
7
FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. vol. 2, pp. 1072 – 1077.
8
E. GILSON, De Aristóteles a Darwin (y vuelta), o.c. 115 – 142.
9
E. GILSON, o.c. p. 119. Cita del autor.
10
F. J. AYALA, “Evolución, Tiempo y Filosofía”, “Arbor”, o.c. p. 188.
11
P. THEILHARD DE CHARDIN, Le phénoméne Humain, Editions du Seuil, 1955, p. 241. Cita de
Ayala.
12
G. L. STEBBINS, The basis of Progressive Evolution, University of North California Press, 1969,
p. 119. Cita de Ayala.
13
DOBZHANSKY, AYALA, STEBBINS, VALENTINE, Evolución, o.c. pp. 9 – 10.
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187

las fases de evolución subespecíficas. La definición de S. Wright: la


evolución es la transformación estadística de las poblaciones, dice
Stebbins, resulta también inadecuada al olvidar los aspectos transespe-
cíficos. Según Stebbins, una definición de evolución correcta debe in-
cluir todos sus aspectos y que distinga bien la evolución del mero cam-
bio; la primera implica irreversibilidad de la población transformada.
Por esta razón, los cambios cíclicos no pueden considerarse evolutivos.
Tampoco es cierto que el concepto de evolución sea siempre progresi-
vo; se pueden considerar evolución también las degeneraciones estruc-
turales, con tal de que sean producto de alteraciones entre población y
ambiente.
Por todas estas consideraciones ensaya Stebbins una definición
de evolución que satisfaga todos los requisitos. Dice así:
La evolución orgánica constituye una serie de transformaciones parciales o
completas e irreversibles de la composición genética de las poblaciones,
basadas principalmente en interacciones alteradas en el ambiente. Consiste
principalmente en radiaciones adaptativas a nuevos ambientes, ajustes a
cambios ambientales que se producen en un hábitat determinado y el ori-
gen de nuevas formas de explotar habitats ya existentes. Estos cambios
adaptativos dan lugar ocasionalmente a una mayor complejidad en el pa-
trón de desarrollo de las reacciones fisiológicas y de las interacciones entre
las poblaciones y su ambiente.14

Se puede simplificar esta definición señalando las condiciones


fundamentales que debe reunir el concepto de evolución según Steb-
bins:

• Transformaciones en poblaciones.
• Irreversibles.
• Genéticas.
• Interacciones con ambiente.
• Radiaciones adaptativas.
• Mayor complejidad en desarrollo.

5. 2. El concepto de evolución en la historia del pensamiento.

Para el profesor Ayala,15 explicaciones a cerca del origen del


mundo, del hombre y de otras criaturas se encuentran en todas las cultu-
ras humanas. La tradición judeo-cristiana atribuye el origen de los seres
vivos a su creación por un Dios omnipotente, quien dotó a los pájaros

14
G. L . STEBBINS, Evolución, o.c. p. 10.
15
F. J. AYALA, “The evolution of life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c. p
22 – 23 y La Teoría de la Evolución, o.c. p.p. 25 – 44.
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188

de alas para volar, a los peces de agallas y aletas para vivir en el agua, y
al hombre de inteligencia para dar culto a Dios.
En la Grecia clásica encontramos mitos sobre la creación, algu-
nos con reminiscencias evolucionistas. Anaximandro pensaba que los
animales podrían ser transformados de un tipo en otro. Empédocles
proponía que los animales se formaban poniendo juntas partes preexis-
tentes que se ajustaban unas a otras para formar un cuerpo.
Comentando a Ayala, se puede decir, que los presocráticos ma-
nifiestan tendencias evolucionistas, excepto los filósofos de Elea. El
το απειρον de Anaximandro, las οµεοµεριαs y el νουs de Anaxágo-
ras, los cuatro elementos de Empédocles y el λογοs de Heráclito son
como la razón-ciega que conduce a la materia, origen de todos los se-
res, a su determinación y se asemeja mucho a la razón-alma de los vita-
listas, al l’élan vital de Bergson y a la selección natural de C. Darwin.
Sin embargo, son objeto de discusión las ideas evolutivas de Aristóte-
les. La interpretación que hace Ayala al respecto y en la que siempre
sigue a J. H. Randall, es la siguiente:

Aristóteles era un observador cuidadoso de la naturaleza, pero para él tam-


bién todo cambio es en sí mismo negación del ser. La naturaleza consta de
acto y potencia; el acto es verdadera realidad, la potencia es carencia o ne-
gación de realidad. Las esencias de las cosas son, en cualquier caso, inmu-
tables. Toda la realidad está moldeada según las esencias eternas. Si las
cosas materiales cambian es porque la materia es potencia. El cambio, el
movimiento y el tiempo son “accidentes” de la realidad que no modifican
las esencias de las cosas.16

Y J. H. Randall escribe:

Para Aristóteles la evolución cósmica no existe; para él nunca ocurre nada


nuevo o diferente. Se ha dicho con razón, que para Aristóteles la naturale-
za es como un ejército siempre marcando el paso, pero sin ir hacia ningún
sitio.17

J. H. Randall afirma con rotundidad que Aristóteles no admite


la evolución, a lo que se opone Alfredo Marcos.18 Éste autor afirma
que entre los actuales filósofos de la Biología es frecuente caracterizar
la Biología de Aristóteles de antievolucionista por su noción esencialis-
ta y fijista de la especie. Hay, por el contrario, quien dice que la Biolo-
gía de Aristóteles como esencialista y fijista debe ser abandonada y es
menos radical de lo que se ha pensado. La oposición frontal que algu-

16
F. J. AYALA, “Evolución, Tiempo y Filosofía”, “Arbor”, 1969, nº. 74, p. 191.
17
J. H. RANDALL, Aristotle, Columbia University Payperbacs, 1963, p. 138, citado por Ayala.
18
A. MARCOS, Aristóteles y otros animales, Promociones y Publicaciones Universitarias, Barcelo-
na, 1996, pp. 262 – 266.
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189

nos ven entre la Biología evolutiva y la aristotélica necesita con urgen-


cia de matización.19 Recuerda A. Marcos, que toda la filosofía del esta-
girita es un intento de salvar, a la par, la realidad del cambio y la inteli-
gibilidad de la naturaleza. Es frecuente encontrar frases en la Biología
aristotélica con fuerte connotación evolucionista:
El que no se parece a sus padres ya es en cierto modo un monstruo, pues
en estos casos la naturaleza se ha desviado de alguna manera del género.20

No es motivo de preocupación para Aristóteles la existencia de


seres vivos que en su terminología propia dice: tienden hacia ambas
partes. Así, se encuentra con animales intermedios:

El avestruz entre cuadrúpedo y ave; los peces ovo-vivíparos como el tibu-


rón; las focas entre animales terrestres y peces; los murciélagos entre aves
y animales terrestres; los monos entre hombres y cuadrúpedos y hasta los
llamados zoofitos que tienen naturaleza intermedia entre animales y plan-
tas.21

En embriología se inclina Aristóteles,22 según A. Marcos, por la


epigenesis y no por la preformación. Enuncia la posibilidad de surgi-
miento de lo orgánico a partir de lo inorgánico (generación espontánea)
y la continuidad entre lo animado y lo inanimado. Por último, habla de
la evolución de las ciencias y de las artes y menciona en su Diálogo
sobre la Filosofía la noción de evolución, aumento o progreso cultural
de la humanidad. Marcos23 sugiere que no existe una incompatibilidad
radical e incluso que la teoría aristotélica admitiría una extensión
evolutiva.
Con más proximidad al concepto actual de evolución, recuerda
24
Ayala, que algunos Padres de la Iglesia primitiva como S. Gregorio
Nacianceno (330-390) y S. Agustín de Hipona (354-430) sostienen que
no todas las especies de plantas y animales fueron creados desde el
principio por Dios, sino que algunos se han desarrollado a partir de es-
pecies o semillas creadas por Él, (rationes seminales). Concluyen am-
bos Santos Padres que no todas las especies existían ya en la época del

19
En efecto, Aristóteles lejos de negar el movimiento, cambio, como su antecesor Parménides, no
sólo lo admite y le preocupa como realidad, sino que es el primero en explicarlo utilizando los con-
ceptos de acto y potencia. No se olvide, que la forma aristotélica es ενηργεια (acto) y siempre en-
gendra δυναµιs (movimiento.)
20
ARISTÓTELES, De Generatione animalium, 767 b, 5 – 7. Citado por A. Marcos.
21
ARISTÓTELES, De Partibus animalium, 16 – 697 b 30. Citado por A. Marcos.
22
I. DÜRING, De Partibus animalium, Göteborg, 1990, p. 823. ARISTÓTELES, De generatione
animalium, 762 b 28 – 763a 7. ARISTÓTELES, Historia animalium, 588b, 3 y ss. Citado por A.
Marcos.
23
A. MARCOS, o.c. p. 266.
24
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 26 – 30.
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190

arca de Noé, sino que muchas de ellas aparecieron después del Diluvio
universal.
En la Edad Media, S. Alberto Magno (1200- 1280) y su discípu-
lo S. Tomás de Aquino estudian la posibilidad de que larvas y moscas
surjan de forma espontánea de la carne putrefacta, como se creía en
aquella época. S. Tomás enumera las razones filosóficas y teológicas en
pro y en contra y, por tanto, ni afirma ni niega porque es asunto a resol-
ver por los científicos.25
Una figura española relevante por sus ideas sobre la evolución
biológica es José de Acosta (1540-1600), jesuita, misionero, naturalista
y antropólogo en Hispano América, considerado por muchos autores
como el padre de la Biogeografía y Paleografía modernas. Según Lean-
dro Sequeiros,26 Acosta en su obra principal Historia Natural y Moral
de las Indias, adelantándose a Darwin, presenta con audacia las posi-
bles causas de la distribución de los seres vivos en Hispano América.
Dos son las cuestiones principales que le preocupan: primera, cómo
llegaron hasta allí los animales y plantas americanos que son comunes
con los de Europa; segunda, la más difícil: ¿cómo explicar la existencia
en América de animales y plantas diferentes a los de Europa? A juicio
de Sequeiros, Acosta ensaya tres soluciones en las que intervienen ar-
gumentos naturalistas y filosóficos. Esquemáticamente estas respuestas
serían:
1ª) “Allá los produjo el Creador”: solución teológica (Creacio-
nista).
2ª) “Se conservaron en el Arca de Noé... y se fueron a distintas
regiones”: solución teológico-geográfica. (Diluvista).
3ª) “Reducirlos a los de Europa”: solución transformista. (Evo-
lucionista).
En su valiosa aportación a las ciencias naturales, en expresión
de Sequeiros, Acosta manifiesta su epistemología de talante moderno.
Destaca el gran naturalista francés Jean-Baptiste de Monet, ca-
ballero de Lamarck (1744-1829) que admite la idea de su tiempo, la de
una progresión creciente en los seres orgánicos desde los simples a los
más complejos y concibe la primera teoría evolucionista detallada, ex-
tensa y consistente aunque más tarde se mostrase errónea. Lamarck de-
fiende que se dan modificaciones en los organismos al adaptarse a su
ambiente por cambio de hábitos. El uso de un miembro u órgano lo re-

25
Ayala hace un recorrido histórico sobre los personajes que han defendido de un modo u otro la
evolución de los seres orgánicos en La teoría de la Evolución, o.c. pp. 26 – 30. No es necesaria su
repetición en este trabajo por ser suficientemente conocida la historia de los acontecimientos evolu-
tivos.
26
L. SEQUEIROS, “José de Acosta (1540-1600) y sus ideas sobre la evolución biológica, cuatro
siglos después”, La Nueva Alianza entre Ciencias y Filosofía, ed. A. BLANCH, ASINJA, Universi-
dad Pontificia de Comillas, Madrid, septiembre de 2000.
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191

fuerza y el desuso lo conduce a su eliminación gradual. Las caracterís-


ticas adquiridas por uso y desuso son heredadas. Nunca explicó el pro-
ceso de esta herencia. Esta idea conocida como herencia de los carac-
teres adquiridos será rechazada en el siglo XX. La teoría lamarckiana,
no obstante, contribuyó a la expansión del concepto de evolución bio-
lógica.
A juicio de Ayala, el valor fundamental de la obra de Charles
Darwin está en haber producido la Revolución darwiniana que comple-
ta la revolución copernicana iniciada en los siglos XVI y XVII y am-
pliadas por Galileo Galilei e I. Newton. Para Ayala, con la revolución
copernicana el funcionamiento del universo deja de ser atribuido a la
inefable voluntad del Creador y pasa al dominio de la ciencia, que es
una actividad intelectual que trata de explicar los fenómenos del uni-
verso por medio de causas naturales. 27 La revolución copernicana sus-
tituye la explicación teológica de los fenómenos naturales por la expli-
cación científica. La revolución darwiniana intenta hacer lo mismo pero
aplicada a los seres vivos. La revolución copernicana dejó a éstos fuera
de su alcance, dando explicación causal sólo de los fenómenos natura-
les de carácter físico. C. Darwin demostró que los organismos evolu-
cionan, incluido el hombre, descienden de antepasados muy diferentes
y que las especies se relacionan entre sí por tener ancestros comunes.
Pero más importante que demostrar el hecho de la evolución es dar una
explicación causal de este hecho con su teoría de la selección natural.
Antes de C.Darwin, continúa Ayala,28 las adaptaciones y diversidad de
los organismos eran atribuidas a la sabiduría omnisciente del Creador,
como hacían los teólogos medievales y en el mundo anglosajón del si-
glo XIX el teólogo inglés Willian Paley. Alfred Russel Wallace (1823-
1913) descubrió la idea de selección natural independientemente de C.
Darwin y varía de éste, entre otros asuntos, en que niega que la selec-
ción natural sea suficiente para explicar el origen del hombre, el cual
requiere intervención divina directa.

27
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 30 – 31. Siguiendo al profesor Ayala, en reali-
dad, el que funda la teoría moderna de la evolución es Charles Darwin (1809-1882). El 27 de di-
ciembre de 1831, tras su graduación en Cambridge, Charles Darwin zarpó como naturalista a bordo
del HMS Beagle para realizar un viaje alrededor del mundo que duró cuatro años hasta octubre de
1836. Permaneció mucho tiempo en las costas de Sudamérica, visitó Australia y muchos archipiéla-
gos del Pacífico, desembarcando con frecuencia para recoger especies de plantas y animales. En
Argentina descubrió huesos fósiles de grandes mamíferos extintos y observó numerosas especies de
pinzones en las islas Galápagos. Estos descubrimientos le llevaron a pensar que las especies no eran
fijas sino que cambiaban, y a interesarse por explicar el origen natural de las mismas. En 1859, vein-
te y tres años después, publicó el “Origen de las Especies” donde expone su teoría de la evolución y
lo más importante, una explicación causal del diseño de los organismos mediante el proceso de la
selección natural.
28
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 31 – 36.
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192

Como dice F. J. Ayala,29 la dificultad más seria que padecía el


darwinismo era la carencia de una teoría que explicara la persistencia
de la herencia de generación en generación, y las variaciones sobre las
que actúa la selección natural como el eslabón para completar la cadena
argumental de C.Darwin. La explicación de la transmisión de la heren-
cia que corría en aquel tiempo era: las características favorables y des-
favorables formaban una mezcla en los descendientes en la cual no po-
dría actuar la selección natural y se diluía rápidamente de una genera-
ción a otra.
En 1866 publica el monje agustino Gregorio Mendel en Pro-
ceeding de la Sociedad de Historia Natural de Brünn los resultados de
sus experimentos con Pisum sativum y Mirabilis jalapa en el jardín de
su monasterio de dicha ciudad.30
Entre los defensores del darwinismo se distingue el biólogo
alemán August Weismann (1834-1914) quien publica su teoría sobre el
germoplasma.31 Redescubierta la teoría mendeliana de la herencia en
1900 por el holandés Hugo de Vries y el alemán Carl Correns casi si-
multáneamente, ponen el énfasis, como dice Ayala,32en el papel de la
herencia en la evolución. De Vries propone una nueva teoría de la evo-
lución conocida por mutacionismo y que elimina el concepto de selec-
ción natural como el proceso principal de la evolución.33
Esta teoría de la mutación rápida y repentina fue rechazada por
muchos naturalistas y especialmente por los llamados biometristas lide-
rados por el matemático inglés Karl Pearson. Éstos defendían que la
selección natural es la causa principal de la evolución que se realiza a
través de los efectos acumulativos de variaciones pequeñas y continua-
das como las que se observan en individuos normales, como son el ta-

29
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 36 – 37.
30
En su teoría expone los principios fundamentales de la herencia biológica, con vigor todavía en la
actualidad. Esta teoría dice que la herencia biológica se produce a través de pares de factores here-
dados (genes) cada uno de un progenitor, y que no se mezclan sino se disgregan en los gametos o
células sexuales. Esta explicación permaneció desconocida hasta 1900, cuando fue descubierta de
nuevo por científicos europeos. Mientras tanto era el neo-lamarckismo la teoría alternativa vigente
que tomaba de Lamarck el uso y el desuso en el desarrollo y atrofia de los órganos, y añadía la
noción de que el medio ambiente actúa directamente en las estructuras orgánicas, con la cual expli-
caba la adaptación al ambiente y el modo de vida de los organismos.
31
En ella distingue Weismann en todo organismo dos componentes: el soma que comprende las
principales partes del cuerpo y sus órganos, y el germoplasma que contiene las células que darán
origen a los gametos y a la herencia. Esta separación de soma y germen, según Weismann, hace
imposible la transmisión de los caracteres adquiridos y deja paso abierto a la selección natural como
único medio para explicar las adaptaciones biológicas. Las ideas de Weismann son conocidas desde
1896 como el neodarwinismo.
32
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 38 – 39.
33
Para de Vries y otros, hay dos tipos de variación en los organismos: la variación ordinaria que se
da entre los individuos de una especie y no tiene trascendencia hereditaria fuera de la especie, como
el color de los ojos, de las flores o el tamaño y la mutación genética que se produce por mutaciones
espontáneas de los genes y que dan lugar a que puedan originarse nuevas especies. Una nueva espe-
cie se origina de repente de otra anterior, de forma imprevisible y sin transición.
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193

maño, la fecundidad, la longevidad y la adaptación a diversas condicio-


nes ambientales. Estas variaciones se llaman métricas o cuantitativas
porque se pueden medir y no son cualitativas porque no sirven para dis-
tinguir las especies.
Según Ayala,34 la cuestión era si las especies aparecen de forma
repentina por mutaciones importantes (cualitativas), o de manera gra-
dual por acumulación de variaciones pequeñas (cuantitativas). Para la
resolución de la controversia, el primer paso fue descubrir que la heren-
cia de las variaciones cuantitativas obedece a las leyes mendelianas y
están determinadas por varios genes, cada uno con efecto muy pequeño.
Varios teóricos de la Genética demostraron matemáticamente que la
selección natural actuaba de modo acumulativo sobre variaciones pe-
queñas que producían cambios importantes en la forma y función.35. En
1937 el genetista ruso Theodosius Dobzhansky, de nacionalidad esta-
dounidense, publicó su obra La Genética y el Origen de las especies
con la que contribuyó de forma intensiva a la formulación de la llamada
teoría sintética o teoría moderna de la evolución, en la que se integran
la selección natural de C.Darwin y la genética mendeliana.36 La teoría
sintética quedó definitivamente aceptada como correcta, aunque discu-
tible en cuanto a detalles.
En 1953 la Biología molecular recibe un gran impulso con el
descubrimiento de la estructura del DNA por J. Watson y F. Crick, el
material hereditario contenido en los cromosomas del núcleo celular.
La información genética codificada en la secuencia de nucleótidos del
DNA determinan la secuencia de aminoácidos de las proteínas.
En 1968 el genético japonés Motoo Kimura presenta su teoría
neutral de la evolución a escala molecular, llamada también teoría no
darwinista o teoría de la trayectoria neutral, según la cual, los cambios
en las secuencias del DNA y proteínas son adaptativamente neutrales.
Esta teoría implica la existencia de un reloj molecular de la evolución
porque, conforme a esta teoría, continúa Ayala,37 la probabilidad de que
haya una sustitución de un componente por otro en el DNA o en las
proteínas, en un gen dado, es constante, por lo que el número de dife-
rencias entre dos especies refleja el tiempo transcurrido desde su sepa-
ración de un ancestro común.
En los últimos años se ha descubierto que las técnicas de clona-
ción y secuenciación del DNA ofrecen un medio poderoso para conocer
la evolución molecular ayudadas de la Bioinformática.
34
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 39 – 41.
35
Entre estos genéticos destacaron: R. A. Fisher, J. B. Haldane y S. Wright.
36
Entre los autores que colaboran con T. Dobzhansky a perfeccionar y extender la teoría sintética
destacan en Estados Unidos, el zoólogo E. Mayr, G. Simpson paleontólogo y el botánico G. L. Steb-
bins; el zoólogo J. Huxley en Inglaterra y B. Rench en Alemania.
37
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 42.
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194

Por último, la Geología y Geofísica con la investigación de tec-


tónica de placas han conseguido que se conozcan los movimientos de
los continentes que se unen o separan unos centímetros al año y que han
contribuido al cambio de faz de la tierra, a grandes cambios climáticos,
provocando el aislamiento geográfico y reproductivo, como lo enseña
la Biogeografía.
La Ecología que estudia las interacciones de los organismos con
el ambiente, la Etología evolutiva que trata del comportamiento animal
y la Sociobiología que investiga la conducta animal en sociedad, han
contribuido también de forma notable al conocimiento del proceso evo-
lutivo.
No podemos terminar esta reseña histórica sin hacer algunas re-
ferencias, las más importantes, al impacto de la teoría de la evolución
en los medios culturales y especialmente religiosos. El profesor Ayala
escribe:

La publicación del Origen de las Especies en 1859 tuvo gran impacto en la


sociedad de su tiempo, inmediatamente en Inglaterra, pero enseguida tam-
bién en el resto de Europa y en América. El libro se convirtió en tópico de
salón sujeto a vehementes ataques e incluso al ridículo. Científicos, políti-
cos, clérigos y personas notables de todo tipo discutían el libro, defendien-
do o negando las ideas de Darwin. Los ataques mencionaban frecuente-
mente el origen de los humanos a “partir del mono” como proposición
ofensiva e inaceptable. Pero subyacente a ésta y a otras críticas residía una
objeción fundamental: la que se opone al diseño en el universo, particu-
larmente del diseño de los seres vivos por medio de causas naturales. Dios,
el gran diseñador de la concepción de Aquino y Paley, queda remontado,
en el mejor de los casos, al papel de Creador del mundo original y de sus
leyes inmanentes en vez de ser responsable de la configuración y la opera-
ción de los organismos y del resto del universo.38

En este contexto es fácil comprender las controversias de orden


religioso surgidas especialmente entre los teólogos de la Cristiandad,
debidas a la falsa interpretación literal que se hacía en aquel tiempo de
la lectura de la Biblia, sobre todo, de los primeros pasajes del libro del
Génesis.39

38
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 34.
39
Ya muchos siglos antes, S. Tomás de Aquino demostró no ser incompatibles la fe y la razón. Am-
bas parten de puntos de referencia distintos y si sus planteamientos son correctos, no deben, ni hay
motivo alguno para ello, estorbarse la una a la otra. Es más, pueden ayudarse mutuamente en la
adquisición de conceptos más amplios, asunto este que se resuelve satisfactoriamente en nuestros
días. Advirtamos el uso corriente que se hace del antropomorfismo cuando hablamos de Dios al no
tener otro punto de referencia mejor que el hombre imagen y semejanza de Dios, según la Biblia.
Ésta, desde sus primeras páginas, presenta a Dios en forma antropomórfica como si fuese un artesa-
no que moldea el mundo en seis días y descansa el séptimo a semejanza del alfarero hebreo, metáfo-
ra propia del lenguaje mítico y entendida como tal por el pueblo creyente.
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195

Ayala40 nos presenta una semblanza de esta controversia que


termina a favor de la teoría de la evolución. Ya el teólogo inglés Wi-
llian Paley (1743-1805) defendía en su Natural Theology (1802) que no
se puede concebir la organización compleja y precisa del ojo humano
surgida como resultado del azar. Su argumento resumido era: es absur-
do suponer que, por puro azar, el ojo se componga, primero, de una se-
rie de lentes transparentes, único tejido transparente en el cuerpo huma-
no. Segundo, de una tela negra, ningún otro tejido es negro en el cuer-
po, colocada en el sitio geométrico propio para recibir los rayos de luz,
formarse una imagen clara, y tercero, un nervio largo que comunica
esta membrana con el cerebro.
Otro teólogo protestante americano Charles Hodge (1874) afir-
maba que la teoría de C. Darwin constituía la más completamente natu-
ralística que puede imaginarse, aún más atea que la de su antecesor
Lamarck. C. Hodge defendía que el diseño del ojo humano manifiesta
que ha sido planeado por el Creador, de igual manera que el diseño de
un reloj manifiesta la existencia de un relojero. La negación del diseño
divino en la naturaleza es equivalente a la negación de la existencia de
Dios.
Otros teólogos afirman que no hay incompatibilidad entre la
teoría de la evolución, explicación causal, y la creación divina. La cues-
tión se resuelve aceptando que Dios opera a través de las causas segun-
das o intermedias, de las que ya hablaban los escolásticos.
La ciencia puede explicar por causas inmediatas los fenómenos
naturales sin negar, por ello, ni la existencia ni la creación de Dios.
Como dice Ayala:

La evolución también puede ser considerada como un proceso natural, a


través del cual, Dios trae las especies vivientes a la existencia de acuerdo
con su plan.41

El eminente teólogo A. H. Strong, presidente del Seminario


Teológico de Roschester en New York, en su libro Systematic theology
(1885), citado por el profesor Ayala, escribe:

Aceptamos el principio de la evolución pero lo vemos sólo como el méto-


do usado por la Inteligencia Divina. Aceptar que los humanos tienen ante-
pasados animales no es incompatible con su condición excepcional como
criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios. (…) El hombre no es una

40
F. J. AYALA, “The evolution of Life: An overview”, Evolutionary and MolecularBiology, o.c.
pp. 28 – 29. También en F. J. AYALA, Origen y Evolución del hombre, Editorial Alianza Universi-
dad, Madrid, 1995, p. 12.
41
F. J. AYALA, La teoría de la Evolución, o.c. p. 22.
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196

bestia, aun cuando la bestia haya contribuido de alguna manera a su crea-


ción.42

No obstante, en la década de los años 1920, continúa Ayala, los


fundamentalistas creacionistas estadounidenses, defensores de la Cien-
cia de la Creación, consiguieron que cuatro estados: Arkansas, Missis-
sipi, Oklahoma y Tennesee, prohibieran la enseñanza de la teoría de la
evolución en las escuelas públicas. En 1968, La Corte Suprema de los
Estados Unidos declaró esta ley como no-constitucional.
Gradualmente la evolución por selección natural ha sido bien
recibida por la mayoría religiosa cristiana.
Nos recuerda Ayala43 que ya en el siglo XX la teoría de la evo-
lución biológica es aceptada por los escritores cristianos. En 1950, el
Papa Pío XII en su encíclica Humani generis reconoce que la evolución
biológica es compatible con la fe cristiana, aunque para la creación del
alma humana es necesaria la intervención de Dios.
Finalmente es el Papa Juan Pablo II en el discurso dirigido en
1981 a la Academia Pontificia de las Ciencias quien dijo textualmente:

La Biblia nos habla del origen del universo y sus componentes, no con el
propósito de enunciar un tratado científico, sino en orden a establecer las
relaciones apropiadas del hombre con Dios y con el universo (…) Es un
error tomar la Biblia como un tratado introductorio de astronomía, geolo-
gía y biología.44

En el discurso de 1996, a la misma Academia Pontificia de las


Ciencias dijo: “La teoría de la evolución es más que una mera hipóte-
sis”.45
Todas estas aportaciones indican que gradualmente la evolución
por selección natural ha sido bien recibida por la mayoría religiosa cris-
tiana.46
Hoy podemos decir con certeza que no existe incompatibilidad
alguna entre fe y ciencia, evolución y religión; ambas usan lenguajes
propios, diferentes y, por tanto, incommensurables, lo cual no significa
negar las buenas relaciones que deben reinar entre ellas puesto que las
dos benefician al ser humano mientras se mantienen en su propio ámbi-
to y cordura, respetando su dignidad.

42
F. J. AYALA, Ibidem, p. 22.
43
F. J. AYALA, Ibidem, p. 22.
44
F. J. AYALA, “The evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c.
p 29.
45
F. J. AYALA, Ibidem, p. 29. Para más detalle puede consultarse también el trabajo del autor
“Darwin and the Bible”, “History and Philosophy of Life Science”, 1998, nº 10, pp. 137 – 144.
46
Hay todavía regiones musulmanas donde el fundamentalismo religioso impide la enseñanza de la
teoría de la evolución. Tal vez se debe a la ancestral confusión entre explicación arreligiosa y anti-
rreligiosa, ésta como negación de Dios.
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197

5. 3. El hecho de la evolución según F. J. Ayala.


Comprobaciones.

Según Ayala:

La obra de C.Darwin tuvo una influencia de la que carecieron las teorías


evolutivas anteriores porque obtuvo evidencia abundante de que la evolu-
ción biológica ha ocurrido de hecho.47

En realidad, lo que C. Darwin no pretendía al descender cada


vez del Beagle en su periplo, era acumular datos recogiendo materiales
orgánicos que examinaba minuciosamente y demostrar el hecho de la
evolución biológica.48 Así parece deducirse del párrafo inicial de El
Origen de las Especies.49
Para el Dr. Ayala,50 desde el regreso del Beagle el 2 de octubre
hasta la publicación de El Origen de las Especies y hasta el fin de su
vida, Darwin buscó pruebas empíricas que confirmasen el origen evolu-
tivo de los organismos y su teoría de la selección natural.
El hecho determinante y cierto es, según Ayala,51 la evidencia
de relaciones entre todos los organismos debidas a una común descen-
dencia con modificaciones como lo han demostrado con abundancia la
Paleontología, la Anatomía Comparada, Biogeografía, Embriología
Bioquímica, Genética Molecular y otras disciplinas biológicas.
La primera idea surgió de la observación de cambios sistemáti-
cos en la sucesión de restos fósiles encontrados en una secuencia de
yacimientos de rocas estratificadas. Tales yacimientos son conocidos
como acumulaciones de zonas de kilómetros que representan, por lo
menos, 3.500 millones de años de tiempo geológico según los exáme-
nes de radioactividad realizados. La secuencia general de fósiles desde
el fondo hasta la superficie en rocas profundas estratificadas fue reco-
nocida antes de que C.Darwin percibiera la progresión de formas bioló-
gicas y que implicaba con fuerza una descendencia común. La eviden-

47
F. J. AYALA, “Evolución, Tiempo y Filosofía”, “Arbor”, o.c. p. 189.
48
C. CASTRODEZA, Teoría histórica de la selección natural, Editorial Alambra, Madrid, l988.
Según este autor, Darwin no fue de viaje en el Beagle para recoger muestras y probar la evolución.
Su viaje no tenía ese objetivo. Durante su estancia en las islas Galápagos, Darwin seguía siendo un
creacionista. Su adopción del transformismo fue posterior a su recogida de datos. Hasta 1838 no
llega a formular el principio de la selección natural.
49
C. DARWIN, El Origen de las Especies, Ediciones Akal, Madrid, 1994, traducción de Enrique
Godinez.
50
F. J. AYALA, Evolución, DOBZHANSKY, AYALA, STEBBINS, VALENTINE, Ediciones
Omega S:A. Barcelona, 1993, p. 482.
51
F. J. AYALA, “The Evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c.
p. 29.
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198

cia de un ancestro común la proporciona, en primer lugar, la Paleonto-


logía.

5. 3. 1. Pruebas paleontológicas del hecho de la evolución. La


Paleontología, dice Ayala,52 era una ciencia rudimentaria en tiempos de
Darwin y gran parte de la secuencia geológica de rocas estratificadas
permanecía desconocida e inadecuadamente estudiada. Por esta razón,
Darwin estaba extrañado de la escasez de verdaderas formas interme-
dias.53. A pesar de las lagunas del registro fósil, que aún permanecen en
la actualidad, muchas han sido cubiertas por la investigación de los pa-
leontólogos desde C.Darwin. Cientos de miles de organismos fósiles
encontrados en buen estado en rocas estratificadas representan una su-
cesión de formas a través del tiempo y ponen de manifiesto muchas
transiciones de carácter evolutivo. Mayor evidencia presentan organis-
mos más complejos como los eucariotas que fueron descubiertos fósi-
les en pedernal con unos 1.500 millones de años. Formas más desarro-
lladas como algas, hongos, grandes plantas y animales se han encontra-
do en estratos geológicos más recientes. El orden aproximado de apari-
ción de formas complejas, según Ayala, puede ser éste:

Formas de vida Millones de años

Células procariotas 3.500


Células eucariotas 1.400
Primeros animales multicelulares 670
Animales con caparazón 540
Vertebrados (peces) 490
Anfibios 350
Reptiles 310
Mamíferos 200
Primates no humanos 60
Primeros monos 25
Austrolopitécidos 5
Homo sapiens (Hombre moderno) 150. 000 años.

La secuencia de formas observadas, incluidas las de más alta ca-


tegoría, como algas, hongos y plantas implican con rigor, que tienen un
ancestro común en la primera célula eucariota. Además, se han descu-
bierto muchas formas intermedias entre peces y anfibios, entre anfibios
y reptiles, entre reptiles y mamíferos, entre los monos y los hombres.

52
F. J. AYALA, Ibidem.
53
Los anti-evolucionistas ven en esta deficiencia un punto débil de la teoría de la evolución, según
Ayala.
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199

La dificultad radica en señalar categóricamente cuándo y cómo ocurre


la transición.54
Todos los fósiles pueden ser considerados formas intermedias
en algún sentido. El registro fósil, aunque incompleto, facilita evidencia
clara del cambio sistemático irreversible a través del tiempo de la des-
cendencia con modificación. De este modo se podrá predecir que los
anfibios no aparecerán antes que los peces, ni los mamíferos antes que
los reptiles y la vida compleja no aparecerá antes de la más antigua cé-
lula eucariota. Esta predicción está confirmada por la evidencia acumu-
lada hasta aquí.55
Algunos creacionistas, continúa Ayala,56 han propuesto que to-
do el registro fósil con su ordenada secuencia es el producto de un sin-
gular diluvio universal que duró más o menos un año, primero cubrió
las más altas montañas y después toda la tierra. Según esto, haría falta
un diluvio de suficiente magnitud para depositar todos los estratos exis-
tentes y un volumen de agua tan grande como el que existe sobre la tie-
rra, y para la formación de esta costra, un período de unos cuatro millo-
nes de años. Esta creencia desafía a todas las observaciones geológicas
y los principios de la física que se refieren a promedios de sedimenta-
ción y a las posibles cantidades de materia sólida depositada. Esta hipó-
tesis de un diluvio universal cubriendo montañas no tiene apoyo cientí-
fico.57

5. 3. 2. Pruebas anatómicas del hecho de la evolución. Con-


firma Ayala58 que las deducciones de la Paleontología acerca de un an-
cestro común para todos los organismos se han visto confirmadas por
los argumentos de la Anatomía Comparada. Los esqueletos de un hom-
bre, un perro, un pájaro y una ballena son asombrosamente similares a
pesar de las diferentes formas de vida de estos animales y de la diversi-
dad de sus ambientes. Esta semejanza permite comprender que la es-
tructura básica de los miembros ya existía en los antepasados y ha sido
modificada sólo lo necesario para cumplir funciones diversas junto con
las relaciones de parentesco entre especies descendientes de un mismo
54
Son interesantes las especulaciones de L. Margulis y Raff and Mahler sobre la evolución de los
procariotas a eucariotas. L. Margulis propone la hipótesis de la simbiogénesis bacteriana en Origin
of Eukaryotic cells, Yale University Press, 1970. Raff R. A. y H. R. Mahler defienden la hipótesis
de la invaginación de la membrana celular en “Symbiotic origin of mitokondria”, “Science”, 177,
pp. 575 – 582, 1972. Puede verse también J. W. Valentine en Evolución, o.c. pp. 380 – 386.
55
Sobre el origen de los organismos pluricelulares y metazoos, puede consultarse Evolución, o.c. pp.
391 – 393 y 395 – 435.
56
F. J. AYALA, “The evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c.
p. 30. Sobre el Creacionismo puede consultarse la obra de E. SOBER Filosofía de la Biología,
Alianza Editorial, 1996, pp. 59 – 103.
57
Las técnicas radiactivas, han prestado gran ayuda a la Paleontología para datar las épocas geológi-
cas antiguas y así identificar las edades de los fósiles.
58
F. J. AYALA, “Evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c. p. 31.
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200

antepasado. Las especies con un ancestro común reciente son anatómi-


camente más semejantes entre sí que las que tienen antepasados comu-
nes más lejanos. A estas semejanzas estructurales llaman los científicos
homologías con las que se explican muy bien, no sólo el hecho de la
evolución sino también la filogenia o historia evolutiva de los organis-
mos.

5. 3. 3. Pruebas biogeográficas del hecho de la evolución.


Continuando el estudio de las comprobaciones del hecho de la evolu-
ción de la vida a las que el profesor Ayala59 nos remite, otra es la evi-
dencia que aporta la Biogeografía sobre la existencia de un ancestro
común en las diferentes especies. Nos recuerda el autor que la diversi-
dad de la vida es espléndida; que aproximadamente viven 250.000 es-
pecies de plantas, 100.000 de hongos y 1.500 de animales y de mi-
croorganismos, cada una ocupando su propio nicho ecológico. Hay es-
pecies que viven bajo un amplio régimen de condiciones ambientales
como pueden ser el hombre y su compañero el perro, pero hay otras
asombrosamente especializadas como el hongo Laboultenia que vive
exclusivamente bajo las alas del escarabajo Aphaenos cronei, habitante
de algunas cuevas al sur de Francia.
¿Cómo entender, se pregunta Ayala,60 la colosal y caprichosa
diversidad de los seres vivos en zonas distanciadas y aisladas? Respon-
de el profesor californiano que la inusual diversidad de especies en al-
gunos archipiélagos como las islas Hawai y las Galápagos alejadas de
continentes y otros archipiélagos no puede ser sino una consecuencia de
la evolución; así lo comprobó C. Darwin. Éste observó que en las islas
Galápagos existían especies de pinzones diferentes de una a otra isla, y
ausentes en el continente suramericano. La razón biológica de estas di-
ferencias es, que al estar estas islas tan extremadamente alejadas de
continentes y otros archipiélagos, muy pocos colonizadores pudieron
llegar a estos lugares tan aislados. Las especies que llegaron encontra-
ron muchos nichos ecológicos o ambientes desocupados sin especies
competidoras o depredadoras, las cuales limitaran su multiplicación.
Ante esta situación, las especies se diversificaron con rapidez dando
lugar al proceso que se conoce como radiación adaptativa.
Cómo pudieron llegar los primeros colonizadores a estos para-
jes tan lejanos lo resuelve hipotéticamente el mismo C. Darwin con
sencillos experimentos realizados con otras especies, tema al que dedi-
ca los capítulos 12 y 13 de El Origen de las Especies.61

59
F. J. AYALA, “Evolution of Life: An overview”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c. pp. 32
– 33.
60
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 57 – 58.
61
C. DARWIN, El Origen de las Especies, Ediciones, o.c. 416 – 475.
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201

La explicación de todos los caprichos biogeográficos no está en


que se trata de ambientes distintos más favorables a unas especies que a
otras, dice Ayala62 en coordinación con C. Darwin. No hay razón para
creer que los animales de Sudamérica no estén bien dotados para vivir
en África y viceversa o que las islas Hawai y Galápagos u otras sean
menos hospitalarias para especies ausentes. Como dice el Dr. Ayala:

La ausencia de muchas especies en un ambiente hospitalario en el que


prosperan una variedad extraordinaria de otras especies, argüía C.Darwin,
puede ser comprendida desde la teoría de la evolución que explica que las
especies existen y evolucionan sólo en aquellos continentes o islas que
fueron colonizadas por sus ancestros.63

5. 3. 4. Pruebas embriológicas del hecho de la evolución.


Otra de las pruebas que aportan evidencia sobre un origen común de los
seres vivos es el de la Embriología, disciplina biológica que estudia el
desarrollo de los organismos desde la fertilización hasta el momento del
nacimiento o eclosión. Ayala64 refiere que C. Darwin y sus seguidores
señalaron que todos los vertebrados, desde los peces hasta las lagartijas
y el hombre se desarrollan de manera bastante similar durante las etapas
tempranas, y que se van diferenciando cada vez más a medida que el
desarrollo embrionario avanza hasta el estado adulto. Estas semejanzas
embrionarias persisten más tiempo entre organismos que están empa-
rentados más próximamente como hombres y monos, que entre los más
alejados como hombre y tiburón.
La única explicación científica de esta similitud en las primeras
fases del embrión entre organismos tan dispares como el hombre y la
lagartija, según Ayala,65 es que comparten patrones fijos de desarrollo
heredados de un mismo ancestro y después son modificados según la
dirección en la que evolucionan cada uno de los linajes.
El profesor Ayala66 propone algunos ejemplos de estructuras
embrionales que también evidencian un origen común. La presencia de
aperturas bronquiales en el embrión humano, a pesar de que jamás las
usará en su respiración, no puede explicarse si no es acudiendo a un
ancestro común, el pez, que sí las necesitará esencialmente. El coxis
como cola rudimentaria en el ser humano que no se desarrolla como en
otros mamíferos. Un vestigio muy significativo es el apéndice vermicu-
lar sin función alguna pero que sí se desarrolla en mamíferos herbívo-
ros que les sirve para almacenar celulosa y digerirla con ayuda de bac-
62
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 58.
63
F. J. AYALA, Ibidem.
64
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 55.
65
F. J. AYALA, Ibidem.
66
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 56.
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202

terias. Es el propio C. Darwin el que recapitula todas estas pruebas a


favor de la evolución de los organismos con estas palabras:

Finalmente proclaman, a mi parecer, las diversas clases de hechos conside-


rados en este capítulo, que las especies, géneros y familias innumerables
que pueblan este mundo, descienden todos, cada uno dentro de su propia
clase o grupo, de padres comunes, y han sido todos modificados en el
transcurso de la descendencia, que yo sin vacilar adoptaría esta teoría, aun
cuando no estuviera apoyada por otros hechos y argumentos.67

5. 3. 5. Pruebas moleculares del hecho de la evolución. C.


Darwin, como es obvio, desconocía las pruebas de la Biología Molecu-
lar recientemente surgida en la mitad del siglo XX con el descubrimien-
to de la estructura del DNA por J. Watson y F. Crick. Con esta nueva
disciplina conocemos el proceso evolutivo en su nivel molecular, y co-
mo afirma Ayala:

La Biología Molecular, la más reciente de las disciplinas biológicas, aporta


la más detallada y convincente evidencia a favor de la evolución biológi-
ca.68

La importancia de este método radica en su precisión y finura y


en que la evolución molecular ha mostrado con gran poder de convic-
ción que todos los seres vivos, desde las bacterias al hombre, están re-
lacionados por descendencia de antepasados comunes. Esta íntima rela-
ción escrita en los componentes moleculares de los organismos, está
cimentada en el DNA, cuya organización y estructura a partir de cuatro
nucleótidos es similar en bacterias, plantas, animales y seres humanos
que, a su vez, sintetizan de modo semejante todas las proteínas a partir
de los mismos veinte aminoácidos. La clave o código genético que re-
gula y traduce la información es esencialmente la misma, así como los
patrones metabólicos para producir energía y elaborar los componentes
celulares, también son los mismos. Según Ayala,69 esta conformidad en
las estructuras moleculares que se extiende a todos los organismos, re-
vela la existencia de ancestros comunes para todos los organismos y la
continuidad genética entre éstos.
Para explicitar las deducciones de la Biología molecular acude
Ayala a un símil muy significativo:

Si se encuentra que ciertas combinaciones de letras –planeta, árbol, mujer–


son utilizadas con idéntico sentido en varios libros diferentes, uno puede

67
C. DARWIN, El Origen de las Especies, o.c. p. 528.
68
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 58.
69
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 59.
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203

estar seguro de que los lenguajes utilizados en dichos libros tienen un ori-
gen común. (…) Supongamos que dos libros son comparados, (…) los dos
libros son idénticos página por página y palabra por palabra, excepto que
ocasionalmente una palabra, digamos, una de cada cien es diferente. La
conclusión obvia es que estos dos libros no han sido escritos de forma in-
dependiente; o uno de los libros ha sido copiado del otro, o ambos lo han
sido del mismo libro original.70

La secuencia completa de nucleótidos del DNA, continúa Aya-


71
la, se representa con cuatro letras que se repiten y combinan y ocupa-
ría cientos de libros con cientos de páginas cada uno y cada página
constaría de miles de letras. Si se examinan estas páginas (secuencias)
una por una y se comparan dos libros (códigos) similares, habría que
concluir que ambos tienen un origen común y el número de diferencias
se podría utilizar para cuantificar en razón inversa el grado de parentes-
co.
Según lo dicho, se utilizan dos tipos de argumentos; el primero:
lenguajes similares (el mismo código genético) no pueden tener un ori-
gen independiente y el segundo: textos muy similares no pueden tener
origen independiente. El grado de similitud entre secuencias de nucleó-
tidos o de aminoácidos puede ser determinado con precisión como se
verá más adelante.
La Biología molecular permite comparar el DNA y las proteí-
nas, como dice el Dr. Ayala,72 entre organismos tan distintos como una
ameba y un ser humano, cosa que es imposible utilizando sólo su ana-
tomía o embriología. La Biología molecular comprueba el hecho evolu-
tivo haciendo uso del genotipo que porta la información de las caracte-
rísticas genéticas de la herencia y no del fenotipo cuyos cambios evolu-
tivos no se heredan si no que tienen un fundamento genético.

5. 3. 6. Conclusión.

Son tan abundantes, resolutivas y convergentes las pruebas que


aportan las disciplinas biológicas del hecho de la evolución, en especial
las de la Bioquímica y Biología molecular que se ocupan de las ma-
cromoléculas, que nos llevan a la afirmación de que el hecho de la evo-
lución de los seres vivos tiene el mismo grado de certeza que poseen los
hechos históricos ampliamente confirmados. Otro asunto muy distinto
son las diversas teorías y micro-teorías que se proponen para explicar
los mecanismos de la evolución de los organismos vivos con las que se
podrá entrar en controversia como se verá en páginas siguientes.

70
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 60.
71
F. J. AYALA, Ibidem.
72
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 61.
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204

5. 4. Variabilidad genética.

El verdadero punto de partida de la evolución biológica es lo


que llaman los biólogos variabilidad genética, sin ésta se haría imposi-
ble el fenómeno de la evolución. Como dice Ayala,73 el argumento cen-
tral de la teoría de la evolución de Charles Darwin es la presencia de la
variación genética según su propio razonamiento: deben existir varia-
ciones en la naturaleza que son favorables o útiles de algún modo para
el propio organismo en su lucha por la existencia. Las variantes favora-
bles son las que incrementan los cambios para la supervivencia y pro-
creación, al ser más ventajosas son mejor conservadas y se multiplican
más que las menos ventajosas al pasar de una generación a otra y hacen
que los organismos portadores de estas variantes se adapten mejor al
ambiente.
Este conjunto de variantes adaptativas en los organismos de la
misma especie es lo que se suele llamar genepool o acervo genético.
Este acervo genético es cuantificable atendiendo a la frecuencia de las
variantes alélicas existentes. Si se diese una sola variante o gen M, no
podría existir la variación o evolución. Si existe otra variante N o alelo
de M, se presenta la posibilidad de que una variante alternativa se im-
ponga sobre la otra si es más ventajosa para la adaptabilidad al ambien-
te y se reproducirá y continuará con más frecuencia que la otra. A ésta
última llama Charles Darwin adecuación que se mide con la eficacia
biológica. Esta frecuencia de reproducción o ritmo evolutivo supone,
dice Ayala,74 dos mecanismos: la presencia de las variantes genéticas y
el proceso sexual recombinante para la mutación.
La selección artificial llevada a cabo desde antiguo por agricul-
tores y ganaderos con objetivos comerciales es una demostración más
de la variabilidad genética contenida en una población de individuos de
la misma especie. Siguiendo las leyes mendelianas se ha conseguido
una gran variedad de plantas y animales considerando una variante fa-
vorable determinada. El hecho de que la selección artificial tenga éxito
casi siempre que se intenta, indica que en las poblaciones existe diver-
sidad genética prácticamente para todas las características del organis-
mo.
Sin embargo, Charles Darwin no supo explicar el origen de esta
variabilidad genética. Ayala75 se pregunta ¿qué proceso puede explicar
la impresionante variación genética que existe en cada especie y la
73
F. J. AYALA, “The Evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology o.c. p.
36.
74
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p – 67.
75
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 75 y “The Evolution of Life: An Overview”,
Evolutionary and Molecular Biology, o.c. p. 38.
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205

enorme diversidad de especies? El proceso por el que se originan nue-


vos alelos es llamado mutación.76 La herencia, continúa Ayala, es un
proceso conservador, la secuencia de nucleótidos del DNA se reprodu-
ce fielmente durante la duplicación, pero si este fuese un proceso abso-
lutamente fidedigno no tendría lugar la evolución. Durante la replica-
ción del DNA ocurren errores, mutaciones que se transmiten a las célu-
las hijas que difieren de las parentales en la secuencia de nucleótidos o
en el número de ellos. Estas mutaciones son génicas o cromosómicas.
Las génicas o puntuales son las que afectan a uno o a unos pocos nu-
cleótidos en un trozo o gen de la cadena de DNA. Las cromosómicas
afectan a muchos nucleótidos y, por tanto, a muchos genes, a su núme-
ro, organización y en igual sentido a los cromosomas. De este modo
simplificado clasifica el profesor Ayala77 las mutaciones cromosómi-
cas:

• Cambios en el número de genes presentes en los cromosomas:


a) Deficiencia o delección. Se pierde un segmento de DNA.
b) Duplicación. Se presenta más de una vez un segmento de DNA.
• Cambios en la situación de los genes en los cromosomas:
a) Inversión. Se invierte la situación de un bloque de genes.
b) Translocación. Se cambia la situación de un bloque de genes de
un cromosoma a otro.
• Cambios en el número de cromosomas:
a) Fusión. Dos cromosomas no homólogos se fusionan en uno. Es-
to implica la pérdida de un centrómero.
b) Fisión. Un cromosoma se fragmenta en dos.
c) Aneuploidía. Uno o varios cromosomas de la dotación normal
pueden encontrarse en defecto o bien en exceso.
d) Haploidía y poliploidía. El número de dotaciones cromosómicas
no es igual a dos. Se llama haploide si un organismo tiene una sola
dotación cromosómica. La mayoría de los organismos son diploi-
des, constan de dos dotaciones cromosómicas paterna y materna.
Algunas plantas son poliploides, lo cual es mucho más raro en los
animales.

La mutación génica tiene lugar cuando la secuencia de nucleóti-


dos del DNA es alterada por sustitución, inserción o pérdida de uno o
varios nucleótidos.
Lo más importante en nuestro caso es la relación que guarda la
mutación génica con la evolución. Como dice Ayala,78 las consecuen-
cias de una mutación pueden pasar de inapreciables a letales. Si una

76
Concepto conocido y estudiado por A. Weisman, expuesto por S. Wright inicialmente y con
posterioridad por T. H. Morgan.
77
DOBZHANSKY, AYALA, STEBBINS, VALENTINE, Evolución, o.c. pp. 58 – 59.
78
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 81.
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206

sustitución de un nucleótido no daña la función esencial de una proteína


es posible que el daño sea leve, en caso contrario puede ser drástico.
Según Ayala,79 las variantes genéticas de una población ya han
sido objeto de selección natural y están presentes porque mejoran la
adaptación de sus portadores y por esto las variantes perjudiciales con
respecto a un ambiente determinado ya han sido eliminadas. Especifica
Ayala,80 que las mutaciones recientes son perjudiciales en su mayoría
porque desestabilizan las secuencias moleculares que pierden el sentido
o pauta de lectura como si las palabras de una frase sufren alteración de
forma azarosa, lo más probable es que no mejoren su significado sino
que quede alterado o destruido. Sin embargo, una nueva alteración pue-
de incrementar la adaptación del organismo a un ambiente y ser benefi-
ciosa.81
Las mutaciones génicas se pueden producir, como se ha dicho
con anterioridad, espontáneamente por simple error en la codificación
secuencial o por la intervención del hombre en la selección artificial en
plantas y animales o por la influencia de radiación de alta frecuencia,
rayos ultravioleta, rayos Röngent, radiación nuclear o exposición a cier-
tos mutágenos químicos.

5. 5. Cuantificación de la variabilidad genética.

El éxito obtenido utilizando la técnica mendeliana no expresa


cuantitativamente la diversidad genética con la precisión y exactitud
que los biólogos desean; resulta imposible obtener una muestra repre-
sentativa de esta variabilidad pero sí es cuantificable con las nuevas
técnicas que aporta la Biología molecular. Como dice Ayala,82 resulta
casi imposible estudiar cada locus genético por la magnitud del trabajo
y las limitaciones del análisis genético tradicional para establecer la
magnitud exacta de diversidad genética, pero si puede obtenerse una
muestra representativa de todos los genes de un organismo sería facti-
ble extrapolar los valores observados a la población total como se hace
en los sondeos de opinión. Los métodos tradicionales hacen posible el
estudio de los genes que son variables, pero no de los que no lo son y,
por esto, impiden el cálculo de los genes que son polimórficos.
Dos avances, según Ayala,83 han resuelto esta dificultad. El
primero es conceptual: el descubrimiento de que los genes codifican la
síntesis de proteínas por lo que la variación de la secuencia de aminoá-
79
F. J. AYALA, Ibidem.
80
F. J. AYALA, Ibidem.
81
F. J. AYALA, La teoría de la Evolución, o.c. p. 82.
82
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 39 y Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 31 –
38.
83
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 32.
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207

cidos de una proteína refleja variación también en el gen que la codifi-


ca.
El otro avance de carácter técnico que permite medir la varia-
ción genética es la electroforesis en gel, mediante el examen de la mo-
vilidad electroforética de cada una las proteínas estudiadas. Los resul-
tados del estudio electroforético o enzimogramas, como una primera
aproximación, se han visto confirmados con las técnicas de secuencia-
ción del genoma a gran escala.
Aunque la tasa de mutación es generalmente baja, las mutacio-
nes ocurren continuamente en las especies naturales puesto que existen
muchos individuos de cada especie y muchos genes en cada individuo.
En el ser humano, por ejemplo, el análisis de 71 genes ha demostrado
que el 28 por ciento de ellos (20 de los 71) son polimorfos y que de
promedio el 6,7 por ciento de los individuos son heterocigóticos para
cada gen. Esta abundante variación genética, debida a la mutación, da
lugar a una amplia oportunidad para la evolución, especialmente cuan-
do surge una nueva situación ambiental a la que las poblaciones son
capaces de adaptarse como puede ser el caso de los antibióticos y los
pesticidas.
Otra implicación importante de la abundancia de la variación
genética, continúa Ayala,84 en organismos de reproducción sexual, con
excepción de los gemelos univitelinos, es que no existen individuos ge-
néticamente idénticos ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro.
Dado un individuo heterocigótico en 6,7 por ciento como es el ser
humano, si se supone que tiene 30.000 genes de promedio, sería hetero-
cigótico en 2.010 genes y tendría la potencialidad de producir 22010 cla-
ses de gametos diferentes, número inmensamente mayor que el número
de átomos del universo; de aquí, la imposibilidad de encontrar dos indi-
viduos genéticamente idénticos. Esta es la base biológica, dice Ayala,
de la individualidad humana.
Para Ayala,85 la dinámica del cambio genético se fundamenta en
el principio de que la herencia no cambia por sí misma la frecuencia del
cambio genético, principio recogido en la ley de Hardy-Weinberg que
establece matemáticamente el equilibrio genético de una población: la
frecuencia genética permanece constante de generación en generación.
Esta ley tomada taxativamente haría imposible la evolución. Para evitar
la contradicción, compara Ayala86 esta ley a la primera ley de la mecá-
nica newtoniana que también aparentemente parece imposible en la na-
turaleza. Ambas se toman simplemente como punto de partida. En teo-

84
F. J. AYALA. Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 35 – 38.
85
F. J. AYALA, “The evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and Molecular Biology o.c. p.
39.
86
F. J. AYALA, Ibidem.
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208

ría, las dos son verdaderas mientras no se presenten causas externas que
no las perturben. En la realidad siempre habrá causas perturbadoras que
impiden su cumplimiento. La ley de Hardy-Weinberg siempre está so-
metida a cuatro procesos de cambio: mutación, migración, deriva gené-
tica y selección natural.
La mutación es un proceso muy lento, su promedio es bajo. Só-
lo cuando interactúan mutación y selección, suelen ser mayores las con-
secuencias. Proceso expuesto con anterioridad. La migración o flujo
genético tiene lugar cuando individuos de una población emigran a otra
y se entrecruzan con sus miembros. En ésta, los efectos mayores de
cambio genético se dan en la población residente; cuanto mayor sea el
número de inmigrantes y mayor sea la diferencia en las frecuencias alé-
licas entre ambos. Otro fenómeno que impulsa el cambio genético es la
llamada deriva genética (drift) o cambio puramente aleatorio debido a
errores de muestreo, como ocurre cuando se lanza una moneda dos ve-
ces y salen dos caras. Esto que es aceptable en este caso, aunque repre-
senta el cien por cien en los resultados, sería sospechoso cuando se lan-
za veinte veces y salen veinte caras, igualmente el cien por cien. La ex-
pectativa en multitud de casos aminora mucho la probabilidad. De estos
cuatro procesos el más importante, desde el punto de vista de la evolu-
ción, es la selección natural.

5. 6. El proceso de la selección natural.

El papel predominante en la historia evolutiva es, sin duda, el de


la selección natural, concepto protagonista en la teoría darwiniana. Co-
mo la mutación, inmigración y deriva genética, dice Ayala,87 son proce-
sos aleatorios con respecto a la adaptación y a la supervivencia que se
origina, es necesario que sean controlados por la selección natural, de lo
contrario, podría ocurrir que, si estos fuesen los únicos procesos de evo-
lución, la organización de los seres vivos se desintegraría de forma gra-
dual y sus efectos serían los de un mecánico que cambiara de manera
azarosa las piezas de su automóvil, sin tener en cuenta la función de
cada una de ellas. En este sentido, la selección natural cuida de modo
continuado la organización de los organismos vivos en orden a la pro-
pia supervivencia, destruyendo los efectos desorganizadores de la mu-
tación y de los otros procesos, asegurando los efectos que favorecen a
sus portadores, su adaptación y con ello su mejoramiento y diversidad.
Para una mejor comprensión del concepto de selección natural
se debe recordar el razonamiento que hacía C. Darwin88 al respecto:

87
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 107.
88
C. DARWIN, Origen de las especies, o.c. pp. 93 – 101.
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209

Se pregunta el biólogo británico ¿puede el principio de selec-


ción tan potente en manos del hombre productor de tanta variación ser
aplicado por la naturaleza? Su respuesta es afirmativa: puede obrar de
la manera más eficaz. Es innumerable, continúa el ilustre biólogo, el
conjunto de variaciones pequeñas e individuales que observamos en
nuestras producciones domésticas, pero esta variabilidad no es producto
directo del hombre; el hombre no puede organizar variedades ni impe-
dir que ocurran, lo único que puede hacer es conservarlas y acumular-
las. Es cierto, que si han ocurrido variaciones útiles al hombre es pro-
bable que también ocurran otras variaciones a cada ser en el transcurso
de muchas generaciones sucesivas en la lucha por la existencia. Si ocu-
rren éstas, es seguro que los individuos que las tengan tendrán más pro-
babilidad de sobrevivir y reproducirse y las variaciones perjudiciales
serán destruidas. Literalmente escribe C. Darwin:

Esta conservación de las variaciones y diferencias individuales favorables


y la destrucción de aquellas que son nocivas, es lo que he llamado selec-
ción natural o supervivencia de los más aptos.89

Es evidente, que el concepto de selección natural lo obtiene C.


Darwin por analogía: si el hombre selecciona los mejores, de igual mo-
do lo puede hacer la naturaleza. Sin embargo, Darwin es consciente de
las dificultades que encuentran algunos en el concepto de selección y él
trata de resolverlas.
Unos dicen: la selección natural induce la variabilidad. A lo que
responde C. Darwin: la selección natural lo único que implica es la con-
servación de las diferencias individuales que presenta la naturaleza y
son beneficiosas para el ser en su propio ambiente. Otros aducen que la
selección natural supone elección consciente de los animales y, por tan-
to, no es aplicable a las plantas. Nadie se extraña, dice al autor, de que
los químicos hablen de afinidades electivas entre los diversos elemen-
tos, ni se le ocurre pensar que un ácido ha escogido la base para combi-
narse preferentemente.
Algunos afirman que la selección es como un poder activo o di-
vinidad. A lo que se puede contestar: el movimiento de los planetas se
explica muy bien acudiendo a la atracción de la gravedad y todos en-
tienden lo que se pretende decir. Dice C. Darwin, que es difícil evitar la
personificación de la naturaleza; por naturaleza entiende la acción agre-
gada de muchas fuerzas naturales y por leyes, la serie de sucesos que
hemos averiguado por nosotros mismos.
Insiste, aún más, C. Darwin en la aclaración del concepto de se-
lección natural. Comprenderemos mejor, dice, el curso de la selección,

89
C. DARWIN, Origen de las especies, o.c. p. 94.
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210

tomando como un ejemplo un país que sufre algún tipo de cambio físi-
co como es el clima. El número proporcional de sus habitantes sufrirá
un cambio y algunas especies se extinguirán probablemente. Aun sin
tener en cuenta los efectos del cambio de clima, cualquier cambio en las
proporciones numéricas de sus habitantes afectaría severamente a los
otros. Si se trata de un país abierto, inmigrarán a él nuevas formas de
vida y perturbarán sus relaciones. Es poderosa la influencia de un solo
árbol o mamífero introducido en una nueva población.
Para C. Darwin, si con el arte se consigue alcanzar una gran di-
ferencia al cultivar diversas variedades, en el estado silvestre en el que
unos árboles tienen que luchar con otros árboles y con diversos enemi-
gos, es seguro, que esas diferencias fijarán la variedad que sobrevivirá y
permanecerá, si el color blanco sobre el negro, la piel lisa sobre la rugo-
sa etc. Con estos razonamientos y otros parecidos pretende C. Darwin
dejar bien establecido el concepto de selección natural. Si admitimos
sin réplica una selección artificial realizada por el hombre ¿qué razón
hay para no admitir una selección realizada por la propia naturaleza sin
ningún otro tipo de intervención?
Es muy importante y digna de considerar la aclaración del Dr.
Ayala al concepto de selección de C. Darwin. Ya, el propio Darwin se-
ñala el uso restrictivo que hace de la expresión lucha por la existencia.
(…) me valgo de esta expresión en un sentido amplio y metafórico.90
Sentido que explicita Ayala:

La lucha por la existencia de que habla Darwin no es, necesaria ni gene-


ralmente, un combate cuerpo a cuerpo del que sólo el más fuerte sobrevi-
ve, sino una competición por recursos limitados en la que los individuos
más eficaces en obtener comida, espacio vital y en reproducirse resultan
favorecidos. Los individuos más agresivos, aun cuando sean los más fuer-
tes, no serán favorecidos por la selección natural si entran en peleas que,
frecuentemente, terminan en daño grave o muerte. Las variantes genéticas
favorecidas por la selección natural no son necesariamente las que produ-
cen músculos superdesarrollados, sino las que incrementan la superviven-
cia y la producción de hijos. En los hombres, al igual que en los demás or-
ganismos, los que sobreviven y dejan más descendientes son, generalmen-
te, los pacíficos y mansos de espíritu, no los guerreros y conquistadores.91

Esta normal competición por recursos limitados ocurre con fre-


cuencia en la naturaleza entre insectos y plantas y en el mismo ser
humano, pero no debe interpretarse con intenciones de carácter marxis-
ta como el fundamento natural de la lucha de clases, idea introducida
por H. Spencer a disgusto del propio C. Darwin.

90
C. DARWIN, El origen de las especies, o.c. p. 77.
91
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 60.
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211

Según Ayala,92 la expresión selección natural fue introducida


por C. Darwin para referirse al sesgo o promedio reproductivo que fa-
vorece algunas variantes heredadas sobre otras. La selección natural
promueve la adaptación de los organismos a sus ambientes en los que
viven porque los organismos portadores de variantes útiles sobreviven
más y dejan más descendientes que aquellos que carecen de ellas. El
concepto moderno de selección natural es el mismo de C. Darwin, pero
expresado con más precisión en términos matemáticos como promedio
estadístico que favorece ciertas variantes genéticas sobre otras alterna-
tivas. El proceso se describe hoy en términos genéticos como la repro-
ducción diferencial de genotipos que favorecen la adaptación al am-
biente de sus portadores.
La teoría matemática permite medir la selección, especificar las
condiciones y predecir el resultado. La medida para cuantificar la selec-
ción natural es llamada en ingles fitness, eficacia biológica o adapta-
ción en castellano. Cuanto mejor adaptado esté un organismo a su am-
biente sobrevivirá mejor que el que esté menos adaptado y dejará más
descendientes, es decir, tendrá más eficacia reproductiva y ésta servirá
como medida de la selección natural. No es igual eficacia que adapta-
ción pero están correlacionados.
Es muy importante saber que el proceso de la selección natural
es indefinido porque los ambientes sufren frecuentemente cambios, no
sólo físicos como el clima, sino biológicos como pueden ser los otros
organismos que interactúan: depredadores, parásitos, competidores, y el
organismo ha de estar adaptándose en forma de feed-back continuado.
La medida de esta eficacia o adaptación se puede calcular de
dos modos: como valor absoluto o como valor relativo. El valor absolu-
to estaría dado por el promedio de progenie dejado por cada genotipo.
No obstante, los evolucionistas, dice Ayala,93 prefieren usar el valor
relativo de eficacia por ser matemáticamente más conveniente al tener
en cuenta que el coeficiente de selección será igual a la eficacia máxi-
ma menos la eficacia relativa: S = 1 – w.94

92
F. J. AYALA, “The evolution of life: An Overview”, Evolutionary and molecular Biology, o.c. p.
40 y en La teoría de la Evolución, o.c. pp. 105 – 107.
93
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p 108.
94
Ayala utiliza algunos ejemplos muy concretos para explicar cómo se investigan los efectos genéti-
cos de la selección natural y su cuantificación. Atendiendo a la relación mutación-selección: si una
población está constituida por individuos homocigóticos AA, BB y heterocigóticos AB, y si los
homocigóticos AA y los heterocigóticos AB tienen mayor eficacia que los homocigóticos BB, quie-
re decir que éstos últimos dejan menos descendientes y serán eliminados de forma gradual. En reali-
dad, un gen menos eficaz o si es deletéreo, nunca será eliminado completamente. Existe la frecuen-
cia de equilibrio dinámico que se da cuando el número de nuevos alelos producidos por mutación
sea igual al número eliminado por selección. Si la tasa de mutación es U, la frecuencia de equilibrio
para un alelo que causa una enfermedad letal es la raíz cuadrada de U. De la consideración de lo
anterior, asegura el profesor Ayala, se derivan consecuencias prácticas muy importantes como es el
caso de ciertas enfermedades humanas.
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212

La teoría matemática de la selección natural es aplicable en mu-


chos casos como pueden ser la llamada sobredominancia o heterocigo-
sis que tiene en cuenta la superioridad de los heterocigotos.
La selección también se relaciona con los cambios ambientales
pero no sólo climáticos y otros efectos físicos, sino con los organismos
de la misma especie y, en concreto, con el nivel de densidad de éstos
que puede variar, como se ha observado, en los insectos según las esta-
ciones del año al aumentar o disminuir la fertilidad, la habilidad y la
resistencia. Estas variaciones en eficacia son debidas a la densidad po-
blacional y pueden mantener de este modo el polimorfismo. Esto con-
firma que la selección natural y la adaptación están correlacionadas y
caminan juntas pero no han de confundirse. La selección incrementa
una mejor adaptación que conlleva una mayor eficacia biológica. Efica-
cia o valor adaptativo no es lo mismo que adaptación. Una eficacia bio-
lógica excesiva puede llevar a la extinción de la propia especie y enton-
ces no se podría hablar de adaptación, como es el caso del incremento
de eficiencia de un depredador en capturar presas; éste tendría una ma-
yor eficacia biológica que los menos eficientes. Pero si el depredador
llega a ser excesivamente eficiente, puede provocar la extinción de la
especie de la presa y de la propia especie. Siguiendo esta reflexión de
Ayala95 se puede pensar que la extinción de muchas especies en el pa-
sado fue debida a la propia selección natural. No obstante, eficacia y
adaptación deben ir siempre juntas, de lo contrario, afirma el autor, la
vida en la Tierra se hubiera extinguido hace tiempo. Esta indicación de
Ayala nos lleva a creer que la adaptación nunca es completa, admitidos
los continuos cambios en el ambiente.

5. 7. Modalidades de la selección natural.

Hay dos modos de estudiar la selección natural, según Ayala:96


primero, como proceso genotípico, conociendo las frecuencias génicas
como se ha indicado en páginas anteriores; segundo, con el análisis de
los fenotipos o características observables de los individuos. Dos for-
mas complementarias, puesto que la distribución fenotípica está deter-
minada por la interacción de varios genes, no siempre fácil de eviden-
ciar.
El estudio de los caracteres fenotípicos se realiza a través de la
llamada distribución normal o curva de Gauss utilizada en estadística
matemática. En esta distribución normal, como es conocido, la mayor

95
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o c. p. 118.
96
F. J. AYALA, La teoría de la Evolución, o.c. pp. 123 – 146 y “The Evolution of Life: An Over-
view”, Evolutionary and Molecular Biology, o.c. pp. 41 – 42. Para un mejor conocimiento del tema
puede consultarse el capítulo 4º de Evolución, o.c. pp. 96 – 128.
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213

parte de los individuos con una característica determinada se reúnen en


torno a la media o promedio y muy pocos se encuentran en los valores
extremos de la gráfica, tanto por encima como por debajo de la media.
Es también importante conocer la varianza o dispersión para comprobar
si la distribución se concentra o no alrededor de la media. Otros valores
que se pueden considerar juntamente son la mediana que divide la dis-
tribución en dos partes simétricas y la moda que representa el valor que
se repite con mayor frecuencia. Estos procedimientos de estadística ma-
temática nos pueden servir para cuantificar la selección natural en sus
distintas modalidades. T. Dobzhansky y Ayala97 distinguen varios mo-
dos de selección natural: normalizadora o estabilizadora, direccional,
diversificadora, sexual.
Un tipo de selección natural que favorece a los individuos con
fenotipo de valor medio y selecciona en contra los de valor extremo es
la llamada selección normalizadora o estabilizadora.98 En ésta, los fe-
notipos permanecen constantes de una generación a otra. Otro resultado
de la selección estabilizadora es el de los organismos llamados fósiles
vivos que mantienen su fenotipo y constitución genética estables y simi-
lares al de sus antepasados de hace millones de años. T. Dobzhansky99
et alii se preguntan ¿por qué enfermedades como la fenilcetonuria y el
albinismo permanecen en la mayoría de las poblaciones humanas? La
hipótesis más sencilla, dice, es que aunque surgen por mutación de
forma repetitiva, la selección natural normalizadora impide su acumu-
lación. El dos por ciento de las personas sanas de la población portan
alelos de ambas enfermedades. En este caso, es la misma selección na-
tural la que estabiliza la carga o lastre genético destruyendo las varian-
tes genéticas deletéreas con lo que mantiene la especie sin sufrir varia-
ciones.
A veces, dice Ayala,100 la distribución de genotipos se orienta
en una dirección particular selección direccional, tal es el caso de la
selección artificial y cuando las circunstancias físicas y biológicas del
ambiente cambian. Con frecuencia varían el clima, los ríos, las monta-
ñas, los mares, la lluvia y la configuración de la tierra, los componentes
bióticos como organismos competidores, depredadores, presas, parási-
tos, que provocan indirectamente cambios genéticos. Puede ocurrir que
un alelo favorable desencadene un cambio direccional y éste una casca-
da de variaciones.101. Este tipo de selección fue el que utilizó C. Darwin
97
DOBZHANSKY, AYALA, STTEBINS, VALENTINE, Evolución, o.c. 96 – 128.
98
Ejemplo típico de este modo de selección es el de la mortalidad infantil, que aumenta en los niños
recien nacidos con estatura o muy pequeña o muy grande, y disminuye en los de talla intermedia que
se ven favorecidos.
99
DOBZHANSKY, AYALA, STEBBINS, VALENTINE, Evolución, o.c. p. 105 y ss.
100
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 126 – 131 y Evolución, o.c. pp. 121 – 124.
101
Modelos de esta selección direccional pueden ser la cerebralización del ser humano (desde la
bipedestación hasta el aumento del tamaño del cerebro), el melanismo industrial, la resistencia a los
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214

para expresar el significado de la selección natural, a juicio de T. Dobz-


hansky102
La selección diversificadora es otra modalidad de selección na-
tural. Es la que puede favorecer a dos o más fenotipos a la vez en un
mismo ambiente. Un ambiente nunca es homogéneo. Ayala103 lo des-
cribe como un mosaico formado por subambientes más o menos hete-
rogéneos. Hay heterogeneidad con respecto al clima, los recursos ali-
menticios y el espacio vital. También puede ser temporal (día o noche,
estaciones del año) y espacial (diferentes áreas). Los organismos pue-
den responder a esta heterogeneidad ambiental de dos modos. Una es-
trategia sería seleccionando un genotipo (monomorfismo) bien adapta-
do a todos los subambientes y otra el polimorfismo genético o la selec-
ción de un acervo genético con diferentes genotipos adaptados, cada
uno a un subambiente particular. No hay un plan único que prevalezca
en la naturaleza, asegura Ayala.104
Ejemplos típicos de esta modalidad diversificadora de selección
son la adaptación de ciertas especies de plantas y animales a la conta-
minación minera y el mimetismo de ciertos insectos, entre otros anima-
les, con el que se ocultan en presencia de sus depredadores.
Otros modos de selección natural son la selección sexual y la
familiar cuyo estudio se intensifica por día. La primera se distingue por
la atracción entre los dos sexos en orden a la reproducción. Ambos
sexos se parecen mucho morfológicamente menos en los caracteres
sexuales y ciertos otros aspectos del propio sexo que muestran un mar-
cado dimorfismo tales como mayor tamaño y fuerza, colores brillantes,
prominentes astas etc., que se dan en un solo sexo, visibles para los de-
predadores y, por tanto, menos ventajosos para sus portadores. Estas
desventajas no pueden ser favorecidas por la selección natural, proble-
ma que ya advirtió C. Darwin, como escribe Ayala, y tuvo la habilidad
de dar una solución. C. Darwin concluyó que tales caracteres aparecen
como resultado de la selección sexual.

Depende esta forma de selección, no de una lucha por la existencia con re-
lación a otros seres orgánicos o a condiciones externas, sino de la lucha en-
tre los individuos de un sexo, generalmente entre los machos por la pose-
sión del otro sexo.105

insecticidas y a la contaminación por parte de insectos, y la evolución de la familia del caballo.


Siempre que un organismo coloniza un nuevo ambiente distinto del hábitat original, surge la selec-
ción direccional.
102
DOBZHANSKY, AYALA, STTEBINS, VALENTIN Evolución, o.c. p. 122.
103
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 132 y “The Evolution of Life: An Overview”,
Evolutionary and Molecular Biology, o.c. pp. 41 – 42.
104
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p. 132.
105
C. DARWIN, El origen de las especies, o.c. p. 102.
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215

Posteriormente añade:

Así sucede, creo yo, que cuando los machos y hembras de cualquier ani-
mal tienen los mismos hábitos de vida, pero se diferencian en estructura,
color o adorno, semejantes diferencias han sido principalmente causadas
por la selección sexual.106

En este mismo sentido se pronuncia Ayala.107 Aunque es cierto


que estas características pueden ser menos ventajosas en ciertos aspec-
tos ya señalados en relación con otras especies, pero quedan justamente
compensadas por la selección sexual en otras como el aumento de
atractivo para el otro sexo dentro de la propia especie, talla, agresividad
y rango jerárquico de fuerza que favorecen el apareamiento y aumentan
la reproducción.
Otro problema para la selección natural darwiniana es el al-
truismo de los animales. Aparentemente el gen altruista pierde eficien-
cia genética, mientras el egoísta se beneficia a costa del desgaste de
aquel. Parece que la selección natural debiera favorecer el comporta-
miento egoísta y eliminar el altruista. Ayala,108 siguiendo a W. Hamil-
ton y a R. Trivers,109 lo resuelve con el concepto de selección familiar,
es decir, cuando se tiene en cuenta a los parientes al evaluar la eficacia
biológica. Así lo explica:

La selección natural favorece la multiplicación de genes que aumentan el


éxito reproductivo de sus portadores, pero no todos los individuos que po-
seen un gen dado necesitan tener un éxito reproductivo mayor; es suficien-
te con que, de promedio, se reproduzcan más eficazmente (…) Un gen que
determina el altruismo paternal es favorecido por la selección natural
siempre que el beneficio que reciban los hijos sea el doble o más de los
perjuicios que le resultan al padre (…) Por ejemplo, un gen que incita al
altruismo será favorecido por la selección natural si la muerte del padre al-
truista salva la vida de dos o más de sus hijos. Los genes paternos aumen-
tarán en frecuencia en la población más rápidamente que genes alternati-
vos que no promuevan el altruismo (…) Naturalmente, el comportamiento
altruista no causa siempre, ni siquiera en general, la muerte del altruista.110

Para el profesor californiano, el comportamiento altruista pater-


no que supone desgaste es, sin embargo, favorecido por la selección
natural familiar porque aumenta el éxito reproductivo de los genes del

106
C. DARWIN, El origen de las especies, o.c. p. 104.
107
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 135 – 136.
108
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 137 – 138.
109
Pueden consultarse, W. HAMILTON, “The genetical evolution of social behavior”, Journal of
Theoretical Biology, 1964, 7: 1 – 52 y de R. TRIVERS, “The evolution of reciprocal altruism”,
Quaterly Review of Biology, 1972,46: 35 – 57.
110
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 83.
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216

padre al facilitar la supervivencia y reproducción de los hijos que llevan


sus genes.
El llamado altruismo recíproco que se da entre grupos de indi-
viduos sin parentesco, también puede explicarse por selección natural.
Tal conducta suponía una dificultad para admitir la explicación darwi-
nista. La selección de grupos actúa de diferente modo que la selección
de individuos. La solución de Ayala111 es: si una colonia se reproduce
excesivamente y agota los recursos ambientales, trae consigo su propia
extinción. Esto no tendría lugar si dicha colonia restringe el crecimien-
to de la población sólo al posible en un ambiente dado. En este caso,
sus genes perdurarían en la especie. No sería lo mismo en una colonia
egoísta que no limita su reproducción y tendría más probabilidad de
extinguirse rápidamente.
En el comportamiento recíproco es menor el coste para el gen
altruista y está compensado, como dice Ayala,112 por los beneficios que
recibe de la actitud solidaria de sus vecinos. Este altruismo recíproco es
el que se da, por ejemplo, en las hormigas, abejas, avispas y en el uso
de centinelas en grupos de aves y mamíferos.

5. 8. La selección natural como proceso creador.

Termina de perfilar el profesor Ayala su análisis del concepto


de selección natural con una reflexión sobre el mismo como proceso
creador. Para Ayala,113 la selección natural no es exclusivamente un
tamiz que criba y anula las variantes que pueden perjudicar la adapta-
ción de los organismos a sus ambientes y retiene las útiles. No es un
proceso puramente negativo que sólo elimina lo desfavorable. El autor
se pregunta ¿está justificado considerar la selección natural como un
proceso creativo, puesto que responde del origen u configuración adap-
tativa de los organismos? ¿por qué hay tantos tipos de y tan diversos de
organismos? Ayala responde de inmediato:

La selección natural es capaz de generar novedad, al incrementar sobre


manera la probabilidad de combinaciones genéticas adaptativas, que de
otra manera nunca se hubieran producido al ser extremadamente improba-
bles. En este sentido, como vamos a ver, la selección es un proceso creati-
vo.114

111
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 85.
112
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 138 – 139.
113
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 140 – 142. y “Reflexiones sobre la evolución
como proceso creador”, “Arbor”, 1994, nº 588, pp. 9 – 23.
114
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, p. 140. o.c. y “Reflexiones sobre la evolución como
proceso creador”, “Arbor”, o.c. p. 15.
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217

Efectivamente, para Ayala,115 la selección natural es un proceso


creativo pero no como creación entendida con carácter absoluto, acto
divino de la nada, sino creativa en un sentido similar al del artista. No
crea los genes a partir de la nada, pero sí crea combinaciones genéticas
que por puro azar no podrían haber existido. Literalmente dice Ayala:

(…) La evolución puede considerarse un proceso creador en un sentido


preciso parecido al que se atribuye al artista que no crea el lienzo o los co-
lores, pero sí el cuadro. La evolución ocurre como resultado de la interac-
ción de dos procesos componentes: la mutación genética, que es un proce-
so aleatorio y la selección natural, que es un proceso determinístico. Es la
confluencia del azar y la necesidad la que determina el carácter creativo de
la evolución. El azar y la necesidad están profundamente engranados en un
proceso que ha creado las entidades más complejas e interesantes del uni-
verso, los organismos; y entre ellos el hombre, capaz de pensar y amar, y
de reflexionar sobre el proceso de la evolución que le ha creado.116

Este carácter creativo de la selección natural capaz de generar


novedad, lo ilustra Ayala117 con unos ejemplos que dan mayor claridad
a su significado.118 Además de la ya conocida analogía del pintor, Aya-
la refiere otro símil de la selección natural: los monos mecanógrafos.
Algunos críticos de la selección natural dicen que este proceso se pare-
ce a unos monos que golpeando las teclas de una máquina de escribir de
forma casual nunca escribirían El origen de les especies; no lo conse-
guirían aunque invirtiesen millones de años. Esto sería de este modo,
explica Ayala,119 si actuara sólo la mutación al azar, pero al considerar
el proceso no aleatorio de la selección natural que elige las mutaciones
y combinaciones que tienen sentido, la analogía se hace posible. Aun-
que, como dice Ayala, ninguna analogía es apropiada, lo sería en este
caso si cada letra escrita fuese seleccionada por otra máquina de escri-
bir, y cada nueva combinación de letras con sentido fuese escogida por
otra nueva máquina, y esta palabra tras otras podrán formar frases con
sentido y así sucesivamente hasta obtener páginas y capítulos con signi-
ficación y hasta un libro perfectamente inteligible, aunque no fuese el
mencionado. Ayala afina su pensamiento al respecto y el significado de
esta analogía:

115
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. pp. 140 – 141.
116
F. J. AYALA, “Reflexiones sobre la evolución como proceso creador”, “Arbor”, o.c. p. 9.
117
F. J, AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 141 – 144.
118
En un cultivo e.c. de Escherichia coli, se producirán ciertas mutaciones espontáneas del orden de
20 en 2000 millones de bacterias, las cuales serán resistentes a la estreptomicina si se añaden unas
gotas de ésta al cultivo. Es evidente, que morirá la mayoría de la población bacteriana excepto 20 de
las bacterias portadoras de mutaciones que comenzarán a reproducirse, pero con la particularidad
que no serán sensibles a la estreptomicina. Esto significa, para Ayala, que lo que era tremendamente
improbable se convierte en un resultado común que no puede producirse por azar.
119
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 142.
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218

(…) No necesitamos llevar la analogía de los monos muy lejos, ya que


ninguna analogía es completamente satisfactoria, pero la cuestión que hay
que aclarar no es que la evolución sea el resultado de puros procesos al
azar, sino que existe un proceso de selección que escoge combinaciones
adaptativas, simplemente por el hecho de que se reproducen de forma más
eficaz. Estas combinaciones adaptativas constituyen, a su vez, nuevos ni-
veles de organización sobre los que la mutación (azar) más la selección
(dirección) operan a su vez en un proceso que se continúa de forma indefi-
nida (…) los eventos posteriores actúan sobre resultados anteriormente ob-
tenidos.120

Más allá de la incompletitud de la analogía, queda evidenciado


lo más importante de la selección; unas mutaciones genéticas producto
del azar, sobreviven y perduran ante eventuales cambios del ambiente,
es decir, se adaptan al nuevo ambiente y estas combinaciones, ya adap-
tadas, sufrirán nuevas mutaciones azarosas que se adaptarán a otro nue-
vo ambiente y así de modo indefinido formando una espiral.
Una última idea añade Ayala121 que demarca aun mejor su defi-
nición de selección natural. Para nuestro profesor, la selección es opor-
tunista. Significa que la selección natural no trata de producir clases
predeterminadas de organismos sino organismos que estén adaptados a
su entorno. Por esta razón, las características que la selección escoge
dependen de las que están presentes en un momento y lugar determina-
dos. Definitivamente, los organismos o responden a cada desafío am-
biental con adaptaciones apropiadas o se extinguen.
Es posible que estas adaptaciones a un mismo ambiente, conti-
núa Ayala,122 ocurran de distinto modo en cada selección como es el
caso de las plantas que resuelven su problema de sequedad en el desier-
to, unas transformando sus troncos en barriles para la reserva de agua, o
como otras permaneciendo en estado de semilla hasta la llegada de la
lluvia cuando germinan de nuevo; o como el de los animales, podemos
añadir, con sus distintos procedimientos de adaptación a su alimento y
para librarse de sus depredadores. Como resumen citamos estas pala-
bras de Ayala:

La selección natural puede explicar la evolución de órganos y organismos


que nunca hubieran existido bajo la única acción aleatoria de la mutación.
En este sentido, aun cuando no crea el material bruto (los átomos y las mo-
léculas) sobre el que actúa, la selección natural es un proceso creativo.123

120
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 143.
121
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 145.
122
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, Ibidem.
123
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. 144.
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219

5. 9. Conclusión

Pese a la oposición que presentan ciertos biólogos, J. A. Endler


(1984), Bechler (1989), Pearse (1987), P. Jaisson (1993) y otros124 al
concepto de selección natural porque les parece que no satisface las
exigencias previstas por los neodarwinistas, no obstante, la selección
natural, tal como la concibe el profesor Ayala, constituye una teoría
coherente que explica con claridad y rigor científico el proceso evoluti-
vo como se lo propone la nueva Biología, aunque hoy por hoy, presente
aspectos discutibles que serán objeto de controversia que el mismo
Ayala analizará más adelante.

5. 10. Origen de las especies. Concepto de especie.


Mecanismos de especiación.

Es bien conocida por todos los biólogos la importancia del pa-


pel que desempeña la especie en la biología evolutiva. El empeño radi-
cal de C. Darwin fue dar una explicación causal natural del origen de la
gran diversidad de especies vegetales y animales y del cambio en los
propios organismos, superada la etapa perteneciente al pensamiento
mítico que situaba a Dios como causa directa de la diversidad de espe-
ciación.
La incompatibilidad del concepto platónico-aristotélico de es-
pecie con la teoría evolutiva por aquello de que no hay especies inmu-
tables en la evolución por considerarse aquella de carácter fijista e in-
móvil, ha provocado en las últimas décadas una cascada de agudas dis-
cusiones entre biólogos y filósofos sobre el verdadero concepto de es-
pecie biológica. No se distingue con nitidez si la especie ha de conside-
rarse como clase teórica, entidad real, individuo que conlleva el sentido
de totalidad, reproductivamente aislado, con un acervo genético especí-
fico.
Todas las definiciones hasta ahora propuestas por los investiga-
dores resultan incompletas y presentan dificultades todavía no resueltas.
Joel Kracraft125 recoge el siguiente conjunto de definiciones de especie
tomadas de diversos autores:

• Podemos considerar la especie como el menor grupo que puede ser


reconocido bajo un criterio dado como distinto de otros grupos.
(Sneath and Socal, 1973 : 365).

124
Puede consultarse en I. FALGUERAS, “Breve examen científico y filosófico de la teoría de la
evolución”, Espíritu, o.c. pp. 111 – 118.
125
J. KRACRAFT, “ Species and Entities of Biologcal Theory” What the philosophy of Biology is,
Essays dedicated to David Hull, Michael Ruse Editor, 1989, Kluver Academic Publishers, Nedher-
lans, p. 33.
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220

• Como el grupo más pequeño distinto y distinguible de forma cons-


tante y permanente. (Cronquist, 1978 : 15).
• La especie es la más pequeña muestra detectable de organismos
que se autoperpetúan y que tienen una única clase de caracteres.
(Nelson and Platnick, 1981 : 12).
• La especie puede definirse como un irreductible grupo de organis-
mos en el que hay un comportamiento parental de ascendencia y
descendencia distinto de otros grupos. (Kracraft, 1987 : 341).
• Las especies son grupos de poblaciones naturales cuyos miembros
se entrecruzan y están aislados reproductivamente de otros grupos.
(Mayr, 1970 : 12).
• Especie es un linaje que ocupa una zona adaptativa diferente de la
de otro grupo y que evoluciona separadamente. (Van Valen, 1976 :
233).
• Podemos considerar como especie a una población de organismos
individuales biparentales que muestran un sistema común de fertili-
zación. Paterson, 1985 : 25).
• Una especie es un linaje de poblaciones con ascendencia y descen-
dencia que mantienen su identidad frente a otros linajes y tienen su
propia tendencia evolutiva. Wiley, 1981 : 25).

Según J. Cracraft, estas definiciones se distribuyen en dos gru-


pos en los que unas revisten carácter observacional y otras teórico. To-
das son objeto de discusión como señala Alfredo Marcos126 que hace un
análisis de los diversos criterios adoptados por los biólogos.127.
Apoyado en la doctrina nominalista E. Mayr128 escribe, según
Ayala, que la revolución conceptual más importante en biología es lo
que él llama population thinking, conceptualización poblacional. Los
organismos de reproducción sexual se asocian en poblaciones o demes
en las que los individuos son interdependientes de modo que un indivi-
duo aislado no tiene sentido biológico porque sus genes no serían trans-
mitidos a otros. Una población es una comunidad de procreación. La
especie está constituida por todos los individuos capaces de, al menos
en potencia, de tener descendientes comunes. El conjunto de los genes
de todos los individuos de una especie, continúa Ayala, caracteriza la
especie. En las especies de reproducción sexual es muy poco probable
que los individuos sean genéticamente idénticos. Por otra parte, las
especies no son entidades creadas o esencias inmutables, sino reali-

126
A. MARCOS, “Sobre el concepto de Especie en Biología,” La Mediación de la Filosofía en la
construcción de la Bioética, F. Abel y Camino Cañón, Editores, Universidad Pontificia de Comillas,
Madrid, 1993, pp. 43 – 59. Puede consultarse también el trabajo citado de J. Cracraft y el de O. E.
Wiley en What the Philosophy of Biology is, o.c. pp. 291 – 300.
127
Estos criterios son: el tipológico, operacionalista, biológico, ecológico, evolutivo, genético, no-
minalista. Omitimos su descripción detallada y comentario por razones de extensión y nos llevaría
lejos del pensamiento del profesor Ayala.
128
E. MAYR, “Animal Species and Evolution”, Harvard University Press, 1963. Citado e interpre-
tado por F. J. Ayala, “Evolución, tiempo y filosofía”, “Arbor”, o.c. pp. 58 – 62.
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221

dades dinámicas en continuo flujo. Las frecuencias de los genes varían


de una población a otra de la misma especie.
De la doctrina de E. Mayr se deduce, a nuestro juicio, que si la
especie biológica no es entidad esencial con características inmutables,
ni el código genético es constante e idéntico en los individuos de una
población, parece no haber más recurso que acudir al concepto de re-
producción para distinguir una especie de otra y los individuos pertene-
cientes a la misma.
Es obvio que Ayala se adhiere al concepto de especie de E.
Mayr presentado con anterioridad: grupo aislado reproductivamente,
concepto que adoptan los biólogos padres y defensores de la teoría sin-
tética. Este concepto de especie biológica fundamentado en el único
criterio biológico de reproducción también presenta dificultades que
reconoce el propio Ayala.
Nuestro autor,129 en principio, admite el concepto de especie
tomado de la experiencia común que nos enseña a distinguir diferentes
tipos de organismos. En esta experiencia, el criterio simple es el de si-
militud externa que nos lleva a identificar los miembros de una mima
especie.130 Pero a poco que se piense, dice Ayala, este criterio morfoló-
gico o tipológico resulta insuficiente porque en él subyace algo más que
la mera apariencia física. Un galgo y un terrier son muy diferentes en su
aspecto exterior y, sin embargo, ambos son perros porque pueden en-
trecruzarse y dar descendencia, en cambio, un perro y un gato no pue-
den reproducirse. Como dice Ayala, aunque las especies sean identifi-
cadas por su morfología externa, la razón profunda para la especiación
es que los individuos de una especie pueden entrecruzarse pero no pue-
den hacerlo con individuos de otra especie. A partir de esta considera-
ción, expresa el autor la siguiente definición de especie: Las especies
constan de grupos de individuos que son capaces de cruzarse entre sí
pero no con individuos pertenecientes a otros grupos.131
Esta capacidad de entrecruzarse es la que determina que una es-
pecie sea una unidad evolutiva independiente. Mediante el cruzamiento,
los cambios genéticos que se producen en los individuos de una especie
se dispersan a todos los miembros del grupo pero no pasan a los de otra
especie, es decir, el acervo genético se comparte por los componentes
de la misma especie pero no por los de otra.132
Para el profesor Ayala, este aislamiento reproductivo es un cri-
terio suficiente y claro para discernir si unos individuos pertenecen o no
129
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. 148 – 149.
130
Aristóteles diría que dos individuos pertenecen a la misma especie si participan de la misma
esencia. Pero ¿qué es la esencia? Evidentemente no es un rasgo sino “algo más profundo”. Estructu-
ra y organización propias. Zubiri, probablemente, diría “notas propias”.
131
F. J. AYALA, La teoría de la Evolución, o.c. p. 149.
132
F. J. AYALA, Ibidem.
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222

a la misma especie, pero presenta dificultades por dos razones que él


mismo aclara.133 Por desconocimiento, la primera: no sabemos si indi-
viduos que viven geográficamente separados podrán entrecruzarse si se
presenta la situación. Segunda: como la evolución es gradual, ignora-
mos el momento preciso en el que individuos que han convivido se se-
paran y forman especies distintas. Se producen situaciones de divergen-
cia intermedias difíciles de discernir como ocurre en los estadios de de-
sarrollo, infancia, adolescencia y madurez, las estaciones del año etc.
Se presentan igualmente ocasiones que no encajan bien en el criterio
reproductivo como son las llamadas cronoespecies y especies clonales.
El concepto de especie utilizado por Ayala es aplicable a los
organismos coetáneos pero no a los que han vivido en diferentes
épocas, por ejemplo, hace un millón de años. No es razonable clasificar
en la misma especie al Homo erectus y al Homo sapiens de nuestros
días sabiendo que las diferencias se van acumulando a lo largo de las
generaciones y producen cambios morfológicos importantes. Aunque
ambos forman una cronoespecie, es decir, son especies distintas una
descendiente de la otra. Ayala afirma:

Son considerados miembros de especies diferentes aquellos organismos de


distintas épocas que difieren morfológicamente entre sí tanto como difie-
ren organismos contemporáneos clasificados como especies distintas.134

La definición dada de especie se refiere a los organismos de re-


producción sexual pero no a los que se reproducen por vía clonal o no
sexual como los protozoarios. Para éstos, el criterio de clasificación es
el morfológico, el genético o el fisiológico.
El criterio reproductivo de especiación implica, según Ayala,135
la existencia de mecanismos o barreras biológicas que impiden el cru-
zamiento. La separación geográfica, aunque obstaculiza el cruzamiento
de hecho, sin embargo, no es una razón biológica que lo dirima y orga-
nismos que viven en regiones separadas pueden pertenecer a la misma
especie. Estos mecanismos o barreras biológicas que surgen entre orga-
nismos de distinta especie y que impiden el cruzamiento son los llama-
dos mecanismos de aislamiento reproductivo.
Los evolucionistas clasifican estos mecanismos en dos gru-
136
pos:
Precigóticos: Ecológicos, estacionales, conductuales, mecáni-
cos y gaméticos. (Impiden la fecundación del óvulo).

133
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 150.
134
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 152.
135
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 153.
136
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 153 – 158. Origen y evolución del hombre, o.c.
p. 99 y Evolución, o.c. pp. 173 – 179.
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223

Postcigóticos: Inviabilidad y esterilidad de los híbridos. (Actú-


an después de la fecundación).
Hacemos un breve resumen de las características más destaca-
das de los mecanismos de aislamiento reproductivo siguiendo la expli-
cación del Dr.Ayala:137
El aislamiento ecológico se da entre organismos que ocupan el
mismo territorio pero viven adaptados a distintos nichos o habitats. No
se distinguen morfológicamente pero están reproductivamente aislados.
Un ejemplo típico puede ser el mosquito Anopheles del cual una espe-
cie vive en agua salobre, otra en agua dulce y otra en agua dulce estan-
cada.
El aislamiento estacional hace que los organismos puedan ma-
durar o florecer en diferentes estaciones o diversas horas del día.
El aislamiento conductual es debido a la falta de atracción entre
ambos sexos. En el comportamiento sexual están involucrados gran va-
riedad de estímulos como rituales de cortejo, táctiles, auditivos, que al
estar ausentes impiden el cruzamiento. El aislamiento mecánico surge
cuando los mecanismos genitales presentan desajustes que impiden la
fertilización como pueden ser el diferente tamaño o la estructura.
El aislamiento gamético se da entre gametos de diferente espe-
cie. Aun cuando estén flotando unos junto a otros no se atraen, y sólo
los de la misma especie se fertilizan entre sí. Suelen concurrir impedi-
mentos físicos o químicos que no permiten la aproximación.
El aislamiento postcigótico se produce, una vez, formado el ci-
goto tras la fertilización, cuando los embriones no son viables o estéri-
les y mueren antes del desarrollo como adultos o no dejan descendien-
tes como en el caso de los híbridos.

5. 11. Teorías y modelos de especiación.

A juicio de Ayala: La cuestión del origen de las especies se


centra en determinar cómo se genera el aislamiento reproductivo entre
poblaciones.138Conocido el aislamiento reproductivo en sus diversas
modalidades, debemos saber ahora la causa inmediata de su origen. Dos
teorías se han propuesto para ello, según Ayala,139la incidental y la se-
lectiva. La incidental considera que el aislamiento reproductivo es un
subproducto incidental de la divergencia genética que se produce de
forma gradual como consecuencia de su adaptación al entorno llegando
el momento en que los acervos genéticos no son armónicos y no produ-
cen descendencia. Un símil de Ayala que explica muy bien este inci-

137
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 153 – 158.
138
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 159.
139
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 159 – 160.
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224

dente genético es el de dos fábricas que por adaptación al mercado to-


man orientación distinta; una fabricación de turismos, otra de camiones.
Con este motivo se produce de forma gradual la diferenciación progre-
siva en maquinaria, motores y diseño de modo que al cabo de un tiem-
po no es posible construir un vehículo funcional utilizando piezas de
ambos modelos de fabricación.
La teoría selectiva pondera el aislamiento reproductivo como
producto directo de la selección. Según Ayala,140 ambas difieren en dos
aspectos. La teoría selectiva afirma que los genes no pueden evolucio-
nar de forma incidental (casual) sino por selección natural, y que el ais-
lamiento reproductivo impone que las dos poblaciones convivan simpá-
tridamente para que exista posibilidad de hibridación y ocurra la selec-
ción de genes que impide el apareamiento al ser baja la eficacia repro-
ductiva. Asegura Ayala141 que ambas teorías son compatibles y pueden
constituir dos etapas distintas del mismo proceso de cuya conjunción
puede resultar un modelo general de especiación. Así lo expresa el au-
tor:

(…) Con frecuencia, el curso de la especiación involucra los procesos pos-


tulados por ambas teorías. El aislamiento reproductivo se inicia como con-
secuencia de la divergencia genética que tiene lugar en poblaciones geo-
gráficamente separadas; pero es completado por la selección natural dire-
cta de mecanismos de aislamiento reproductivo, una vez surgida de nuevo
la oportunidad de apareamiento cuando los híbridos tienen baja eficacia
biológica.142

Este modelo general de especiación es un proceso que consta de


tres estadios:143 En el primero, cuando dos poblaciones que tienen emi-
gración mutua de individuos y pueden entrecruzarse, se aíslan geográfi-
camente de modo que ya no hay intercambio de genes entre ellas. Se
van adaptando a las condiciones locales y se incrementa gradualmente
la divergencia genética.
En el segundo estadio, los individuos de las poblaciones aisla-
das pueden entrar en contacto de nuevo por desaparición de barreras.
Pero debido a la incipiente divergencia genética darán lugar a dos posi-
bles situaciones: o las poblaciones se funden de nuevo en un solo acer-
vo genético, o se producen híbridos inviables o estériles sobre los que
actúa la selección natural que favorece el aislamiento reproductivo y
elimina los peor adaptados consumándose la especiación.

140
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 160.
141
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, Ibidem.
142
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 162.
143
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. pp. 160 – 164 y Origen y evolución del hombre,
o.c. pp. 100 – 103.
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225

En el tercer estadio, los dos grupos conviven en el mismo terri-


torio sin intercambio genético y evolucionan de forma independiente,
consumada ya la especiación.
El modelo general de especiación expuesto, nos dice Ayala,144
pude ocurrir de dos formas: Especiación geográfica y especiación
cuántica.
La especiación geográfica coincide con el modelo general de
especiación ya conocido. La especiación cuántica, saltacional o rápida
tiene lugar cuando el primer estadio de la especiación, con la aparición
de los mecanismos de aislamiento reproductivo postcigoticos que suele
ser gradual y la divergencia genética pueden durar miles o millones de
generaciones, entonces, la especiación cuántica se realiza en cortos pe-
ríodos de tiempo y en pocas generaciones. Un ejemplo de especiación
cuántica es la poliploidía. Organismos poliploides son los que constan
de tres o más conjuntos de cromosomas. Este modo de especiación es
poco frecuente en el reino animal pero es muy frecuente entre las plan-
tas. La poliploidía se distingue porque la especiación que se produce en
el primer estadio no se debe a la separación geografica sino a irregula-
ridades cromosómicas.
Otro modo de especiación es la llamada radiación adaptativa,
cuyo concepto se expuso en páginas anteriores, para explicar la gran
biodiversidad de ciertos parajes. Un ejemplo típico de radiación adapta-
tiva es el de los pinzones de Darwin, que componen catorce especies
distintas en las islas Hawai y las quinientas especies de Drosophila me-
lanogaster en estas mismas islas.
Por último, añade Ayala,145 para comprender mejor el sentido
de la especiación y la evolución es útil cuantificar el cambio genético
producido durante la especiación como se ha visto ya con anterioridad.
Estudiando una muestra de la misma proteína de dos especies dadas, los
genes que codifican tales proteínas representarán su divergencia genéti-
ca. Mediante electroforesis que nos da la variación proteica y ésta la
frecuencia genotípica, podemos conocer dos valores: la identidad gené-
tica, es decir, la porción de genes idénticos en ambas poblaciones y la
distancia genética, o sea, el mínimo de sustituciones alélicas produci-
das en el período de la especiación a partir de un ancestro común.
Conocidos el concepto de especie y el proceso de especiación,
es necesario aclarar la distinción entre especie y raza o variedad. El
concepto de especie ha quedado nítidamente definido por Ayala: las
especies son grupos de individuos reproductivamente aislados entre sí.
Las razas, según Ayala,146 son poblaciones que han divergido genéti-

144
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 104 y 109 – 110.
145
F. J. AYALA, El origen y evolución del hombre, o.c. 113 – 114.
146
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 148 – 154.
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226

camente debido a su separación geográfica, pero no están reproducti-


vamente aisladas.
De esta distinción de conceptos se deduce que razas diferentes
pueden entrecruzarse y dejar descendencia, por tanto, no son genética-
mente más diferentes ni son especies incipientes. La variación genética
entre razas es de un treinta y tres por ciento inferior a la que se da entre
individuos de la misma población, que es muy grande, como se de-
muestra con los estudios electroforéticos realizados. No se olvide que
cada individuo es bastante diferente de cualquier otro de la misma po-
blación o de la misma raza. Los hermanos de la misma familia son ge-
notípica y fenotícamente muy distintos y aun los llamados gemelos
monocigóticos o univitelinos no presentan idéntico fenotipo.
Tendríamos que hablar mejor de simples variaciones que de ra-
zas para evitar la confusión, sobre todo, en el lenguaje coloquial, y es-
pecialmente al referirnos al ser humano situado en regiones geográficas
separadas donde resulta muy arbitrario el tratamiento de razas. La mis-
ma consideración y cuidado merece, a nuestro juicio, cuando se habla
de razas animales. En definitiva, se trata de variaciones dentro de la
misma especie.

5. 12. Reconstrucción de la historia evolutiva.

Como dice Ayala,147 la evolución es el proceso de cambio de los


seres vivos en el curso de las generaciones. Este proceso implica cam-
bio gradual, tanto en el genotipo (dotación genética) como en el fenoti-
po (resultado de la interacción del genotipo y ambiente). Los cambios
en el fenotipo no tienen consecuencias evolutivas, como se ha dicho
con anterioridad, si no están fundamentadas en un cambio genético. Los
caracteres adquiridos no se heredan al contrario de lo que afirmó La-
marck; sólo el genotipo es transmitido a las siguientes generaciones. El
genotipo se considera como código de información de las instrucciones
para el desarrollo ontogenético y es registro que almacena la informa-
ción de la historia evolutiva de un organismo. El fenotipo es el resulta-
do de la conformación de las estructuras morfológicas, fisiológicas y
comportamentales del ser vivo con las pautas del genotipo en un con-
junto de circunstancias ambientales. Siendo el genotipo código y regis-
tro de la historia evolutiva del ser vivo, es obvio que la Genética sea la
base de la evolución y constituya su mejor explicación científica.
En efecto, la reconstrucción de la historia evolutiva se puede
conseguir, en parte, con la aplicación de las conclusiones de las diver-
sas disciplinas biológicas, como se ha visto con anterioridad, pero al ser
en sí muy limitadas, los resultados no son siempre satisfactorios ni dan
147
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 67 – 69.
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227

evidencia suficiente sobre los hechos. Es el caso de la Paleontología: el


registro fósil ofrece una muy buena información, a veces, definitiva,
pero desgraciadamente no es completo y en muchas ocasiones no exis-
te, por lo que resulta muy difícil o imposible establecer una filogenia
determinada en términos absolutos. Lo propio ocurre también con la
Anatomía comparada, considerada como la ciencia que más informa-
ción evolutiva proporciona, a la que añaden datos la Embriología, Eto-
logía y Biogeografía. Aunque los ritmos evolutivos pueden ser diferen-
tes en distintas épocas o en distintos grupos y las semejanzas pueden
ser debidas, unas a la descendencia y otras a la identidad de vida, todo
lo cual ofrece dificultades en la evaluación. Sin embargo, como hace
notar Ayala: estas disciplinas estudian la conformación de los orga-
nismos a un nivel bastante alejado del genotipo.148
Es la Biología molecular y, en concreto, la Genética molecular
con su enorme desarrollo en los últimos tiempos, la que estudia la his-
toria evolutiva de los seres vivos, comparando ácidos nucleicos y pro-
teínas, con resultados admirables por su precisión y elegancia, al tratar
la información hereditaria muy cerca del genotipo, a diferencia de las
otras ramas de la Biología. Al estar tan íntimamente relacionados áci-
dos nucleicos y proteínas se conocen como macromoléculas informati-
vas.
Las proteínas reflejan fielmente la información hereditaria con-
tenida en el DNA aunque, como dice Ayala,149 este reflejo no es com-
pleto al ser redundante el código genético por lo que no siempre produ-
ce diferencias en proteínas, y además, no es exhaustivo porque más del
90 por ciento del DNA no interviene en la codificación de las proteínas.
No obstante, a juicio de Ayala:

Estas macromoléculas son un instrumento informativo mucho más eficaz


para el estudio de la historia de la evolución que la Anatomía comparada y
las demás disciplinas que tratan de la conformación de los organismos a
nivel más alejado de la información hereditaria.150

Esta información molecular ofrece dos notables ventajas: una, la


información es cuantificable; otra, pueden compararse organismos muy
diferentes. Poco puede decir la Anatomía comparada cuando se cotejan
organismos tan dispares como levaduras, pinos y seres humanos; sin
embargo, sí pueden contraponerse macromoléculas existentes en orga-
nismos muy distintos entre sí como en estos casos. Con este método
encontramos homologías, pero no con el de la Anatomía comparada.

148
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 68.
149
F. J. AYALA, Ibidem, p. 68.
150
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 69.
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228

Estas macromoléculas no sólo dan información sobre la clado-


génesis (diversificación entre linajes) sino también sobre la anagénesis
(cambio genético dentro del mismo linaje). Un ejemplo concreto usado
en esta metodología macromolecular, según Ayala,151 es el del citocro-
mo c.152
Gracias a las modernas técnicas introducidas por la Biología
molecular, además de las clásicas, podemos reconstruir la historia evo-
lutiva de los organismos, su filogenia y diseñar árboles filogenéticos
con gran exactitud. Estos métodos, según Ayala,153 permiten identificar
la correspondencia filogenética de caracteres en distintos organismos.
Esta identificación presenta dificultades que se deben resolver cuidado-
samente. Uno de los problemas más importantes, afirma Ayala,154 se
debe a que las semejanzas morfológicas pueden ser consecuencia de la
proximidad de parentesco o también pueden surgir de funciones o mo-
dos de vida parecidos.
La correspondencia cladogenética debida a la herencia desde un
ancestro común es la llamada homología que se da, por ejemplo, entre
los miembros anteriores del ser humano y los de las ballenas, perros y
murciélagos, cuyos esqueletos están diseñados de acuerdo con un mis-
mo modelo que es el ancestro común.
La correspondencia en un carácter debido a una función deter-
minada y no relacionada con ancestro común es la llamada analogía,
como la que se da entre las alas de un ave y una mariposa; ambas sur-
gen para cumplir una misma función, volar, pero no tienen estructura
común heredada.
Otro tipo de correspondencia es la seriada, que tiene lugar entre
las estructuras que se repiten en un mismo organismo como los brazos
y piernas en los seres humanos, las siete vértebras en los mamíferos, las
ramas y hojas de un árbol. Otra homología es la convergente, cuando
los descendientes se parecen más que los ancestros. La homología pa-
ralela implica que dos o más linajes han cambiado al unísono como la
homología entre mamíferos placentarios y mamíferos marsupiales aus-

151
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 72.
152
El citocromo C es una proteína de la respiración celular existente en las mitocondrias de todos
los organismos, desde las bacterias al ser humano. La secuencia de esta proteína consta de 104 ami-
noácidos. Si se compara el citocromo c del Maccacus rhesus y el del ser humano encontramos que
103 de estos aminoácidos son idénticos excepto el 66 ( el del ser humano es una isoleucina y el del
macaco es una treonina); en el caballo hay 12 diferencias si se compara con el hombre y 11 entre el
caballo y el macaco. Con sólo esta información se puede concluir que las diferencias en la secuencia
de aminoácidos del ser humano y del macaco debieron producirse en el ser humano después de es-
cindirse éste del linaje del macaco. Conocido es el árbol filogenético basado en la secuencia de ami-
noácidos del citocromo C de 1967.
Para una información más profunda puede consultarse La naturaleza inacabada, o.c. pp. 67 – 93.
153
F. J. AYALA, “The evolution of Life: An Overview”, Evolutionary and molecular Biology, o.c.
pp. 47 – 48.
154
F. J. AYALA, La Teoría de la Evolución, o.c. p. 183.
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229

tralianos y no se debe a un ancestro común sino a formas de vida simi-


lares.
Muy importante es la homología seriada en el nivel molecular
entre genes derivada de duplicaciones genéticas ancestrales y que se
conoce como paralogía, si se da entre las cadenas del mismo gen;
cuando es entre genes de distintas especies es ortología.
La homología en la misma proteína de diversas especies (orto-
logía) es la que se utiliza en la construcción del árbol filogenético mo-
lecular en biología evolutiva.
Desde antiguo se ha intentado clasificar a los seres de forma
taxonómica, atendiendo a su semejanza morfológica.155 Conocido es el
árbol de Porfirio (232-305) que utiliza el género y la especie aristotéli-
cos para clasificar y encuadrar todos los seres orgánicos e inorgánicos.
C. Linneo (1707-1778) establece una jerarquía taxonómica de los orga-
nismos basada en el grado de semejanza morfológica, G. L. Cuvier
(1769-1832) la pone en las semejanzas de función, y J. B. Lamarck
(1774-1829) en las semejanzas de relaciones ancestrales. C. Darwin
fundamentó el parentesco filogenético en la semejanza de forma y fun-
ción. Como esta semejanza exterior era muy limitada, se recurrió tam-
bién a las filogenias cromosómicas estudiando los cambios y alteracio-
nes en el número y la estructura de los cromosomas producidos por fu-
siones, fisiones, translocaciones, inversiones, duplicaciones y deleccio-
nes cromosómicas durante la evolución de los organismos. Las técnicas
actuales de la Biología molecular con la ayuda de la Bioinformática
constituyen hoy día un arma poderosa para el estudio de los árboles fi-
logenéticos.

5. 13. Controversias acerca del proceso evolutivo.


Visión de F. J. Ayala.

La evidencia mostrada por las diferentes ciencias biológicas,


Paleontología, Biogeografía, Anatomía comparada, Genética y Biología
molecular es abundante y abrumadora, lo que hace imposible dudar de
modo razonable del proceso evolutivo de los seres orgánicos a partir de
un ancestro común como hecho real. Ayala, sin embargo, es consciente
de las dificultades que presenta la reconstrucción científica de los cam-
bios evolutivos ocurridos durante millones de años, con sólo los datos
obtenidos hasta el momento actual y su difícil interpretación. Ya el
mismo C. Darwin, que dedica los capítulos X–XIV del Origen de las
Especies a demostrar la evolución de los seres vivos desde un ancestro
común mediante selección natural, reconoce las dificultades que se de-
rivan de la aplicación de las ciencias biológicas de su tiempo a tal em-
155
DOBZHANSKY, AYALA, STEBBINS, VALENTINE, Evolución, o.c. pp. 262 – 311.
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230

peño, dificultades que trata de resolver y concluye con la conocida frase


última del capítulo XIV citada con anterioridad.
El Dr. Ayala156 fija su atención en aquellas cuestiones que si-
guen siendo motivo de debate científico a las que pretende dar solución
desde la perspectiva de la moderna Biología evolutiva, y exponemos de
forma sucinta.

5. 13. 1. El reloj molecular.

La primera cuestión que plantea el autor157 es la validez y exac-


titud del reloj molecular. E. Zuckerkandi y L. Pauling fueron los prime-
ros en proponer que si el ritmo de substitución de nucleótidos en la evo-
lución es constante, podría servir de reloj molecular. Se ha observado
que el número de diferencias de aminoácidos en una proteína en distin-
tas especies es proporcional al tiempo transcurrido desde su separación
de un ancestro común.

(…) Se necesita, en primer lugar, calibrar el reloj para una proteína dada
(…) determinando el número de cambios acumulados desde que ocurrió un
determinado suceso cuya datación es conocida.158

No se trata, ciertamente, de un reloj cronométrico exacto como


el que usamos a diario sino estocástico, donde la probabilidad de que un
cambio ocurra es constante como ocurre cuando se arroja un dado seis
veces; la probabilidad es de 1/6 aunque el 1 puede que salga más o me-
nos veces. Cuando se aplica a períodos de tiempo muy largos, el reloj
estocástico es muy exacto como cuando se lanza el dado un millón de
veces; la probabilidad aumenta y es casi seguro que el número 1 saldrá
un 1/6 exactamente.
Según Ayala, las posibilidades del reloj molecular son ilimita-
das puesto que cada gen o proteína constituye un reloj independiente
con su ritmo propio pero que puede facilitar una medida de los aconte-
cimientos evolutivos. Sin embargo, hay que considerarlo errático pues-
to que la variación real en la evolución del DNA es superior a la facili-
tada por el reloj molecular. Para compensar esta inexactitud es necesa-
rio examinar mayor número de genes, dos veces o tres más que si fuese
estocásticamente constante.
Afirma Ayala159 que el uso más frecuente de la hipótesis del re-
loj molecular ha sido la reconstrucción de la historia evolutiva y con él
podemos saber dos cosas: primera, si conocemos cuándo se produjo la
156
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 117 – 196.
157
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 117.
158
F. J. AYALA, La teoría de la Evolución, o.c. p. 206.
159
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 116 – 119.
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231

escisión de las especies podemos comprobar si el reloj molecular es


correcto, es decir, si los cambios ocurridos son proporcionales al tiem-
po transcurrido. Segunda, si se desconoce el momento de la separación
de los linajes, el número de substituciones que han tenido lugar pueden
servir para estimar el tiempo transcurrido. Es obvio, que las substitu-
ciones en los aminoácidos de linajes que se separan antes, contienen
mayor número de diferencias en la secuencia que los separados con
posterioridad. Estas relaciones filogenéticas entre nucleótidos y ami-
noácidos coinciden muy bien con las obtenidas con el registro fósil y
otras fuentes, como se aseguró con anterioridad.
A juicio de Ayala,160 se debe tener precaución al utilizar la se-
cuencia de una sola proteína o gen al hacer deducciones evolutivas.
Mejor es promediar muchas proteínas y organismos, puesto que care-
cemos de una teoría válida para calcular el error probable de un reloj
molecular y no existe evidencia de que el ritmo evolutivo de un gen o
proteína sea el mismo en los diferentes linajes o sea constante a través
del tiempo en el mismo linaje.

5. 13. 2. Microevolución y macroevolución.

En dos niveles diferentes se desarrolla la evolución de los orga-


nismos: el microevolutivo (nivel molecular) y el macroevolutivo (nivel
fenotípico o morfológico). Ambos tienen sus defensores y detractores
en oposición. J. Monod es defensor acérrimo del primero y desemboca
en un optimismo exagerado cuando dice:
Se puede decir hoy en día que los mecanismos elementales de la evolución
están no sólo comprendidos en principio, sino identificados con precisión.
(…) el problema está resuelto y la evolución no figura ya en las fronteras
del conocimiento.161

Ayala lo censura: El optimismo de Monod es excesivo. Las cau-


sas de la evolución y la pauta de los procesos que la impulsan están
lejos de estar comprendidos por completo.162
Por el contrario, S. J. Gould condena la moderna teoría de la
evolución como lo refiere Ayala.163 Según S. J. Gould, la síntesis mo-
derna se ha venido abajo por sus conceptos de extrapolación y selec-
ción, y la teoría sintética está efectivamente muerta aunque persista en
los libros de texto.

160
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 137.
161
J. MONOD, El azar y la necesidad, o.c. p. 152. Cita de Ayala tomada de Chance and Necessity,
Vintage Books, New York, 1972, p. 139.
162
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p 139.
163
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 140.
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232

Para Ayala es esta una visión deformada de la síntesis moderna.


S. J. Gould ha rectificado posteriormente y reconoce que la genética de
poblaciones evolutiva no es errónea o inadecuada, aunque no lo es todo.
La síntesis moderna, dice, es incompleta pero no errónea en su nivel.
Que la teoría microevolutiva no es todo y que es incompleta es un pun-
to en el que sólo se puede estar de acuerdo, responde Ayala.
El problema fundamental de esta cuestión es, si la evolución se
desarrolla en forma puntual o gradual y si los mecanismos microevolu-
tivos pueden evaluar el proceso macroevolutivo.
Los puntualistas (paleontólogos) defienden que la evolución
morfológica procede a ráfagas y el cambio fenotípico se produce du-
rante la especiación y luego pasan largos períodos de tiempo, millones
de años, sin cambio fenotípico alguno. Por tanto, la macroevolución es
independiente de la microevolución y autónoma.
Los gradualistas consideran, por el contrario, que el cambio
morfológico es un cambio, más o menos, gradual y no asociado estre-
chamente a la especiación.
No obstante, a juicio de Ayala,164 esta discrepancia hay que re-
solverla empíricamente. Los puntualistas fundamentan la especie en la
diferencia morfológica substancial pero se puede objetar, que las espe-
cies gemelas son indistinguibles morfológicamente por lo que en éstas
no se puede utilizar este criterio de especiación. Por otra parte, los pun-
tualistas acuden al cambio evolutivo ocurrido en instantes geológicos
que pueden abarcar millones de generaciones, mientras para un gradua-
lista los cambios aparecidos en estos instantes pueden explicarse bien
mediante lentos procesos de substitución alélica. En esta tesitura, el
problema para el microevolucionista sería explicar la razón de que haya
linajes que perduran durante millones de años sin cambio fenotípico
notable. La respuesta se podría encontrar en la selección estabilizadora,
aunque no existen pruebas empíricas.
La cuestión de si los procesos macroevolutivos pueden expli-
carse con los mecanismos microevolutivos, según Ayala,165 parece re-
suelta afirmativamente, por lo menos en parte. Las macromutaciones
que tienen lugar en Drosophila y otros organismos lo demuestran. Estas
mutaciones son las que se dan en un solo gen o cromosoma, pero tienen
efectos fenotípicos importantes que empiezan en el embrión y se ampli-
fican durante el desarrollo, como son el cambio de una antena en una
pata o el número de dedos o extremidades que se producen de manera
geológicamente rápida. Como también las experiencias realizadas por
Anderson sobre el tamaño corporal de Drosophila pseudoobscura; so-
metidas grandes poblaciones a diferentes temperaturas, comprobó el
164
F. J. AYALA, Ibidem.
165
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 146.
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233

aumento del tamaño corporal en las expuestas a temperaturas bajas en


relación con las desarrolladas en temperaturas más altas. El proceso de
crecimiento del tamaño del cerebro humano podría explicarse igual-
mente por acumulación gradual de mutaciones de escaso efecto en el
mismo período geológico de 13.500 años propuesto por la hipótesis
puntualista. En este sentido empírico, concluye el profesor Ayala,166 la
macroevolución y la microevolución no están desacopladas, son teorías
compatibles. Los fenómenos macroevolutivos pueden interpretarse co-
mo resultado de procesos microevolutivos.
Otra cosa es preguntarse si son reductibles unos a otros. La res-
puesta es negativa en el estado actual de nuestro conocimiento. Dadas
las características emergentes del proceso jerárquico macroevolutivo
que no se dan en el microevolutivo y el incumplimiento de las condi-
ciones de derivabilidad y conectabilidad entre ambos niveles, deduce
Ayala,167 que en sentido epistemológico, la macroevolución está des-
acoplada de la microevolución y es un campo autónomo de investiga-
ción evolutiva.168

5. 13. 3. ¿Selección natural o azar?

Conocemos la definición de selección natural propuesta por


Ayala: el proceso de reproducción diferencial de las variantes génicas
alternativas. Según el autor, se ha tildado de circular a la definición de
selección porque la conclusión está incluida en la premisa, o el defi-
niendum en el definiens y de este modo, los más aptos son los que se
reproducen más. Se reproducen más los más aptos, es decir, supervi-
vencia de los supervivientes. Ayala169 argumenta que no tienen por qué
ser circulares las definiciones de selección natural si se presentan bien.
No siempre los más aptos son los que sobreviven, a veces, ocurre el
efecto contrario cuando hay exceso de adaptación. La selección, ya
desde C. Darwin, es simplemente una explicación de la adaptación de
los organismos al medio, de la cual se deriva una eficacia biológica,
pero los efectos de la selección son imprevisibles, hay que ver los resul-
tados en cada caso concreto. Puede ocurrir que variantes adaptativas en
un caso no lo sean en otro, sobre todo, cuando los ambientes cambian.
Otros se empeñan en afirmar que la selección natural es inde-
mostrable empíricamente lo que es erróneo, como dice Ayala.170 Exis-
ten pruebas empíricas suficientes de la actuación de la selección natural
166
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 158 – 174.
167
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 152.
168
El problema de la reductibilidad, aplicable también a la macro-microevolución, se trató con am-
plitud suficiente en páginas anteriores por lo que resulta innecesaria su repetición en este lugar.
169
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 155 – 158.
170
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 157 – 158.
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234

como pueden ser las observaciones de laboratorio que realizó T. Dobz-


hansky con Drosophila pseudoobscura, en la que los cambios en orde-
naciones cromosómicas, refiere Ayala, eran atribuibles a diversas tem-
peraturas aplicadas y se correspondían con los cambios observados en
diversas estaciones del año, primavera y verano. Otro tanto confirman
las experiencias realizadas con melanismo industrial. De gran relevan-
cia es el experimento llevado a cabo por Ayala y Sved con Drosophila
para comprobar la eficacia media entre individuos homocigóticos y
heterocigóticos, con lo que se demuestra el polimorfismo frente a la
neutralidad adaptativa. De estas premisas deduce Ayala:171

• Es cierto lo mucho que aún queda por hacer, sobre todo,


en cuanto a determinar las interacciones adaptativas entre
organismos y ambiente.
• Considerando el carácter histórico de la evolución, la in-
terpretación de acontecimientos pasados sólo pueden co-
rroborarse por analogía con hechos actuales.
• La selección natural es un proceso explicativo demasiado
fácil para todo conocimiento evolutivo, por lo que debe-
mos ser cautos y probar la existencia de la selección natu-
ral en cada caso concreto, y no aceptarla sin más si no
media una prueba empírica. Ocurre, que la única prueba
empírica disponible es la medida de la eficacia biológica
o supervivencia en cada caso. No obstante, cualquier otra
hipótesis científica que pueda dar cuenta del proceso evo-
lutivo se debe estudiar y comprobar empíricamente.

Paralela a la teoría evolucionista clásica fundamentada en el


proceso por selección natural, surge en 1968 la llamada teoría neutral
propuesta por el japonés Motoo Kimura. Esta hipótesis matemática, a
juicio de Ayala,172 es de gran contenido empírico, puede contrastarse
con los hechos, y de ser correcta, serviría como hipótesis nula, es decir,
de punto de partida para medir la exactitud del reloj molecular.
Propone esta hipótesis, según Ayala,173 que gran parte del cam-
bio evolutivo en el nivel molecular no es debido a la selección natural
sino a efectos estocásticos de la deriva genética, es decir, al azar. Esta
teoría neutralista ha mostrado al ser contrastada, que sus predicciones
sobre el número de alelos neutros por locus y la proporción de indivi-
duos heterocigóticos se aproxima a un valor medio, no se ajustan a los
hechos comprobados experimentalmente; las pautas de diversidad en
171
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 158.
172
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 158 – 152.
173
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 158 – 174.
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235

diferentes poblaciones tampoco se cumplen y mucho menos, en espe-


cies diversas. Por las razones dadas, Ayala concluye que la única hipó-
tesis alternativa válida, para dar cuenta del cambio evolutivo en el esta-
do actual de nuestro conocimiento, es la selección natural como proceso
no aleatorio que dirige la evolución de las proteínas y la evolución de
los caracteres morfológicos y etológicos de los seres vivos.

5. 13. 4. Ingeniería genética y estabilidad de las especies.

Otra controversia en la moderna biología evolutiva, señalada


por Ayala,174 es la provocada por la relación entre ingeniería genética y
la estabilidad de las especies.
Dos son los factores que rigen el desarrollo evolutivo: primero,
la deriva genética, azar o la varianza en el muestreo de variantes aléli-
cas de una generación a otra, y segundo, la selección natural que dirige
tales variantes en las poblaciones hacia una creciente adaptación al me-
dio en el que viven los organismos. Con sólo la primera no tendría lu-
gar el fenómeno de la evolución que da lugar a organismos que son sis-
temas dotados de una alta organización y muy bien adaptados al medio
en que viven. En qué dirección, de entre las posibles alternativas, evo-
lucionará una especie, lo determina la selección natural en cada caso
concreto.
A juicio de Ayala:

(...) Las alternativas genéticas que resultan favorecidas en un caso particu-


lar dependen de las complejas interacciones entre los genes de un orga-
nismo dado, entre ese organismo y los demás de su misma especie y de es-
pecies diferentes, y entre los organismos y el medio ambiente. Por tanto, el
resultado específico de la selección natural es a menudo difícil de predecir,
dado que hay múltiples resultados posibles.175

Quiere decir que el complejo proceso de la selección natural


mantiene estable la coadaptación del acervo genético de las especies
activando los mecanismos de aislamiento reproductivo. Pero la genética
molecular tiene a su disposición unos instrumentos poderosos como la
hibridación e inserción de DNA que pueden variar la estabilidad gené-
tica de un organismo. Lo que Ayala176 cuestiona es el éxito asegurado
de estas nuevas técnicas. ¿Cuál es el destino probable del DNA inserta-
do? se pregunta. La respuesta, como es obvio, ha de ser múltiple:

174
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 175 – 183.
175
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 176.
176
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. pp. 170 – 182.
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236

1ª) Debido a la coadaptación de los acervos génicos, es proba-


ble, que los materiales genéticos introducidos por medios artifi-
ciales en organismos superiores, resulten seleccionados negati-
vamente y eliminados más temprano o más tarde.
2ª) La inserción de DNA podría ser tolerada si no es genética-
mente activo, es decir, si es neutro, pero es improbable que ten-
ga mayores consecuencias evolutivas. No sabemos si podría
acumularse convirtiéndose en una carga y tendría que ser selec-
cionado y eliminado porque supondría un gasto energético in-
útil.
3ª) Aun cuando la introducción de un gen o más confiriese a la
especie una propiedad beneficiosa, es difícil evaluar la probabi-
lidad de que puedan ser aceptados por la selección natural. De
todas formas, dice Ayala, las consecuencias son más ecológicas
que evolutivas y un carácter nuevo introducido en especies su-
periores, es muy improbable que sea preservado si no es con
una intervención humana continuada. Es posible que en plantas,
organismos más sencillos, la incorporación podría mantenerse
con la intervención humana como ocurre en agricultura.

Contraejemplos se presentan en la hibridación y poliploidía, que


aunque no son corrientes, tampoco son raros. La hibridación tiene lugar
entre especies muy próximas y estrechamente emparentadas, pero como
los híbridos son en general estériles y tienen menor eficacia biológica,
la selección natural refuerza los mecanismos de aislamiento reproducti-
vo y decrece la tasa de hibridación.
La poliploidía, sea autopoliploidía (duplicación del mismo ge-
noma) o alopoliploidía (reunión de genomas distintos) es fenómeno re-
lativamente raro en los animales, pero muy común entre ciertos grupos
de plantas sobre todo angiospernas y entre especies muy próximas.
Se utilizan hoy técnicas de recombinación en la producción de
alimentos, por ejemplo, los llamados transgénicos. En todos estos pro-
cedimientos, predominantemente artificiales, advierte Ayala, no debe
perderse de vista el peligro potencial de que una especie llegue a ser
una plaga o un parásito eficiente.
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237

5. 14. Origen y evolución del hombre según F. J. Ayala.

Cuando Ayala comienza su discurso biológico acerca del origen


del ser humano se remonta al hecho de la evolución con estas palabras:

El origen evolutivo de los seres vivientes, incluyendo la especie humana,


está hoy en día más allá de toda duda razonable. Aunque no se poseen to-
dos los detalles del proceso, la historia evolutiva del hombre se conoce
mejor que la de la mayoría de las demás especies vivientes. Y cualquier
persona que quiera tomarse el esfuerzo de estudiar la evidencia, no puede
dudar de que nuestros antepasados de hace millones de años no eran seres
humanos (...) existe evidencia científica incontrovertible del hecho de la
evolución humana.177

Colocada esta primera piedra, un breve remonte por la escala


geológica nos puede llevar a una mejor comprensión del origen del
hombre partiendo sólo de presupuestos científicos. Según el autor,178
nuestra especie Homo sapiens sapiens subespecie de Homo sapiens, es
de origen muy reciente y un advenedizo en la Tierra.
Los primeros animales evolucionaron hace menos de mil millo-
nes de años. Primero fueron los celomados después los cordados, y por
último, los vertebrados que dieron lugar a los peces modernos, anfi-
bios, reptiles, mamíferos y aves. Los mamíferos se diversificaron hace
65 o 70 millones de años. Surge entonces el grupo de los primates que
incluyen a los monos y al hombre. Los primates evolucionan desde los
65 millones de años. Nuestros parientes vivientes más cercanos son los
antropoides que se clasifican así:

Póngidos asiáticos: Gibón y orangután.


Antropoides: Póngidos africanos: Chimpancé y gorila.
Homínidos: Hombre.

De los homínidos, el único superviviente es el hombre.


Cuando se busca el eslabón perdido en la cadena evolutiva
humana, puesto que es un proceso gradual, deben haber existido orga-
nismos intermedios entre el hombre y los antropoides. Según Ayala,
este eslabón y otros muchos fósiles intermedios han sido encontrados
desde 1965, sin embargo añade:

Aun cuando muchos detalles de la evolución humana son todavía descono-


cidos o hipotéticos, los jalones principales de los últimos cinco o seis mi-
llones de años están bastante bien confirmados. De manera esquemática

177
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 124 – 125.
178
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 125 – 136.
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238

están representados por las transiciones: Austrolopithecus africanus –


Homo habilis – Homo erectus – Homo sapiens – Homo sapiens sapiens.179

En general, nuestro autor sigue el paradigma universalmente


aceptado que descubre la aparición de los humanos según el registro
fósil actual.180
Tras una breve descripción filogenética del ser humano a partir
de los restos fósiles encontrados y estudiados por los investigadores de
la teoría de la evolución, Ayala se siente sorprendido por la singulari-
dad humana y escribe:

(...) Una convicción fundamental en mi vida: que los humanos somos un


especie animal, aunque seamos una especie animal muy particular, y dife-
rente de todas las demás de manera radical, puesto que sólo los humanos
tenemos las capacidades intelectuales que hacen posible la literatura, el ar-
te, la ciencia y la tecnología exuberante que, para bien y para mal, caracte-
riza a las sociedades contemporáneas.181

Pero reconoce:
(...) Es cierto que el descubrimiento del origen evolutivo de la humanidad
no es suficiente para darnos a entender qué es el hombre pero proporciona
el punto de partida necesario para ello.182

Su convencimiento es grande y explicita este punto de partida:

(...) Pero si queremos entender lo que somos y adónde vamos, debemos en-
tender de dónde venimos, puesto que ello define nuestra realidad y delimi-
ta nuestras posibilidades. Es decir, lo humano, lo que nos distingue de
otros seres vivientes y del resto del universo, sólo puede ser entendido co-
mo producto de la evolución. Nuestros antecedentes biológicos, aproxima-
damente de hace 3.500 millones de años, va desde las bacterias a animales
muy primitivos, más tarde a los mamíferos, a los primates, a Lucy y, even-
tualmente, al Homo sapiens, nuestra especie. Nuestra historia biológica de-
fine y delimita lo que somos y lo que podemos ser.183

Ayala184 concibe la evolución biológica humana como un pro-


ceso gradual en el que nuestros parientes más próximos son los antro-
poides, y el conocimiento de la naturaleza humana puede comenzar por
estudiar las semejanzas y diferencias con ellos para descubrir nuestros
179
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p.141.
180
Para una información más profunda de los varios eslabones encontrados recientemente, puede
consultarse la obra Senderos de la Evolución Humana de CAMILO J. CELA CONDE y F. J.
AYALA, Alianza Editorial, S.A. Madrid, 2001.
181
F. J. AYALA, La teoría de la evolución, o.c. p. 15.
182
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 153.
183
F. J. AYALA, La Teoría de la evolución, o.c. p 15.
184
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 153.
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239

caracteres humanos únicos que, aunque tienen fundamento biológico,


van más allá de la biología, como son la autoconciencia, el lenguaje, la
tecnología, creatividad, el arte, la moral y la religión. Literalmente dice
Ayala:

La evolución biológica ha producido al hombre, y al hacerlo, se ha supera-


do a sí misma por la cultura, la tecnología y la vida del espíritu.185

Para conocer la naturaleza humana, siguiendo estos criterios, es


por lo que emprende el profesor Ayala186 el estudio de las semejanzas y
diferencias entre el hombre y los antropoides que aquí se señalan con
brevedad:

Semejanzas anatómicas:
El cuerpo humano está construido con arreglo al mismo plan
general de los cuerpos de otros animales. La correspondencia hueso a
hueso entre hombre y antropoides es impresionante. Se caracterizan
ambos por ciertos rasgos comunes como son inmovilidad de las orejas,
reducción del olfato, pérdida de pelos tácticos, existencia de un ciclo
menstrual y ausencia de período estacional de cría, una sola cría por
parto, gran cuidado maternal y dominancia de los machos adultos.

Diferencias anatómicas:
Postura erecta normal y constante de la columna vertebral en el
hombre al estar de pié y caminando, cambios en la pelvis, estructura del
pié, planta y dedos del mismo. Miembros anteriores más cortos, manos
libres, disminución de la mandíbula y dentadura. La característica ana-
tómica diferencial más importante es la extensión de la superficie del
cerebro (circunvoluciones) en el hombre 22.260 cm.2, en el gorila sólo
5.300 cm.2, que guarda gran correlación con la capacidad intelectual, no
así la del volumen que es nula. Se discute entre los evolucionistas si
ocurrió antes el bipedalismo o el aumento del tamaño del cerebro; se-
gún Ayala, ambas explicaciones son complementarias, no exclusivas.

Semejanzas y diferencias bioquímicas:


Las semejanzas bioquímicas entre el hombre y los demás orga-
nismos son considerables. La composición química general es muy se-
mejante en todos los seres vivos. Todos poseen DNA, los mismos me-
canismos de trascripción y traducción y los mismos codones traducen
los mismos aminoácidos, lo que indica con evidencia la unidad de la
vida. Esta semejanza aumenta conforme se sube por la escala evolutiva

185
F. J. AYALA, Ibidem.
186
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 154 – 158.
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240

del árbol filogenético y se comparan organismos más cercanos. Esta


similitud bioquímica refleja una gran semejanza genética, a juicio del
profesor Ayala.
Aunque estas diferencias bioquímicas y genéticas sean míni-
mas, las anatómicas son mayores, sin embargo, Ayala no cesa de insis-
tir: (...) El hombre aun en cuanto animal, no es uno más: el hombre es
único en un sentido peculiar y extremadamente significativo.187
Son palabras de G.G. Simpson pero que el autor transcribe y
hace propias. Y es que estas semejanzas tan sugestivas y mínimas dife-
rencias biológicas, como manifiesta Ayala, no nos dicen por qué el
hombre se percibe a sí mismo como un ser único en el mundo orgánico.
Las diferencias fundamentales entre el hombre y los demás or-
ganismos, especialmente los más cercanos a él como los antropoides,
radican según Ayala, en el dominio del comportamiento, en modos de
vida completamente nuevos y radicalmente diferentes y son: la cultura
y el lenguaje, la estructura social y política, la ética y la religión, la lite-
ratura, el arte, la tecnología y en general todo lo que constituye la
herencia cultural exclusivamente humana.
Evidentemente la cultura es el atributo distintivo de la humani-
dad que abarca todas las actividades humanas no estrictamente biológi-
cas, así lo reconoce y afirma Ayala.188 Para el autor hay dos tipos de
herencia en el ser humano: la herencia biológica y la cultural, ambas
estrechamente relacionadas. La biológica, como en todos los organis-
mos, se transmite de padres a hijos en las células sexuales portando la
información genética contenida en el DNA. La herencia cultural, en
cambio, es privativa del ser humano y se transmite por la instrucción y
la enseñanza pero también a través del ejemplo y la imitación, los li-
bros, el arte, radio, televisión.
Una forma de cultura es la adaptación al ambiente cambiándolo.
Los animales se adaptan al ambiente o mueren. El hombre es capaz de
transformarlo adaptando el medio a sus genes. La adaptación cultural
prevalece sobre la biológica porque es un proceso más rápido y puede
ser dirigido por el propio ser humano. La herencia cultural se transmite
por el lenguaje, de aquí la íntima y esencial relación entre ambos. La
característica peculiar del lenguaje humano es el símbolo. Los animales
utilizan un lenguaje de señales acústicas muy reducido con el que sólo
manifiestan estados emotivos de agrado o desagrado, nunca ideas y
conceptos de los que carecen. El hombre es el único capaz de usar sím-
bolos que no se asemejan a la realidad son, por tanto, convencionales,
pero significan algo de mutuo acuerdo social.

187
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 161.
188
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 162.
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241

En cuanto al origen del lenguaje, apunta Ayala,189 es un tema de


continuo estudio y especulación por lo que se impone antes una aclara-
ción y se evitan confusiones. Es necesario distinguir entre capacidad
para el lenguaje y diversidad de lenguajes. Es cierto, dice Ayala, que el
origen de la capacidad de lenguaje supone una anatomía normal ade-
cuada para emitir sonidos, pero el origen de esta capacidad no está en
los órganos bucales y guturales, sino en ciertas estructuras cerebrales
muy relacionadas con el lenguaje. La capacidad del lenguaje corre pare-
ja con el desarrollo del cerebro, el bipedalismo y la destreza manual. La
comunicación de ideas hace posible la cultura. Sin embargo, el lengua-
je, o mejor, la diversidad de lenguajes o idiomas no depende de la gené-
tica biológica y no están determinados por nuestra naturaleza biológica.
Xavier Zubiri, citado por Ayala,190 hace una incursión filosófica en los
sucesos esenciales del proceso evolutivo, incursión de carácter sincre-
tista con la intención, al parecer, de hacer coincidir los criterios de la
ciencia con los de la filosofía y teología. En su cita Ayala manifiesta su
interés y admiración por la presentación que hace Zubiri del problema
de la hominización.191

189
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 164 – 168.
190
F. J. AYALA, “Evolución biológica y evolución cultural”, “Arbor”, 1968, nº 71, p. 23.
191
X. ZUBIRI, “El origen del hombre”, “Revista de Occidente”, agosto, 1964, Madrid, pp. 147 –
173. Es muy aclaradora la lectura de este trabajo filosófico sobre el problema de la hominización,
considerado de excelente por el propio Ayala, Para X. Zubiri, el problema del origen del hombre ha
sido hasta finales del siglo XIX casi exclusivamente teológico pero con la aparición de las diversas
disciplinas biológicas se convirtió en problema científico. La evolución humana, siendo un hecho
innegable, los mecanismos del proceso, en cambio, son todavía discutibles y discutidos en realidad.
Según Zubiri, el hombre pertenece a los antropomorfos, grupo constituido por los póngidos (grandes
simios) y los homínidos y éstos, a su vez, formados por los homínidos no humanizados y desapare-
cidos y los homínidos humanizados o infrahumanos a cuyo philum pertenece el hombre. Lo funda-
mental, para Zubiri, es tener en cuenta la irreductibilidad de la dimensión intelectual del hombre a
todas las dimensiones sensitivas animales. Según esto, Zubiri afirma que es impropio hablar de inte-
ligencia animal, éste se desenvuelve sólo entre estímulos sensitivos conforme a su estado tónico que
no entiende; el hombre, en cambio, capta realidades estimulantes. El animal resuelve el problema
concreto presente; el hombre es creador y construye para situaciones futuras. Lo fundamental en el
proceso evolutivo humano es resolver el problema de la hominización que no es partir de lo prehu-
mano sino de lo infrahumano. Para Zubiri, el austrolopiteco no es animal sino homínido con caracte-
res humanos rudimentarios, con alguna innovación creadora y, por tanto, con una cierta inteligencia,
es verdadero hombre. El hombre es inteligente, no racional. Lo racional es el estado final del desa-
rrollo intelectual. En la evolución humana se va de lo preracional a lo racional. En este sentido, el
hombre sólo puede provenir inmediatamente de un homínido y nunca de un equinodermo o de un
ave porque el desarrollo de sus estructuras biológicas no ha llegado al punto que exige una psique
intelectiva fundada en la sensibilidad a la que ha trascendido como ocurre en el homínido. En éste,
cuando su estructura biológica ha llegado a su nivel adecuado exige la aparición de una psique pro-
porcionada, dada la íntima relación entre estructuras biológicas y psíquicas.
La posición de la teología es distinta porque no ha considerado los estadios previos de la hominiza-
ción, sino al hombre constituido ya como ser racional y teologal. Lo que no sabemos es el punto
crítico evolutivo en el que empieza a ser racional y teologal.
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242

5. 15. Conclusión.

Desde la perspectiva epistemológica, superadas las dificultades


culturales y religiosas que encontró la teoría de la evolución en sus co-
mienzos, el darwinismo, o mejor, el neodarwinismo y teoría sintética o
teoría moderna de la evolución, ha encontrado su lugar en el pensa-
miento filosófico y científico para describir el hecho evolutivo. Gracias
a la colaboración mutua entre las distintas disciplinas biológicas y con
la singular aportación de la Biología molecular, se han descifrado, en
parte, las claves de la mutación biológica, su dependencia del azar y el
concepto de selección natural, esencia de la teoría de la evolución, co-
mo proceso mecánico y creativo interno de los seres vivos. La selección
natural escoge ciegamente aquellas mutaciones genéticas que conducen
a un organismo a la mejor adaptación al medio como único y último
recurso para la propia supervivencia y mejor reproducción. Son las mu-
taciones beneficiosas las que son transmitidas a toda la población y sólo
a ella, frente al neolamarckismo que ponía el énfasis evolutivo en la
influencia del ambiente, hecho desmentido más tarde por los nuevos
descubrimientos científicos.
La reflexión filosófica del profesor Ayala, sus demostraciones
científicas de gran contenido empírico de acuerdo con la metodología
popperiana de su elección, su laboriosa ordenación de las ideas y clari-
dad de exposición, son suficientes para mostrar la gran aportación que
supone para la ciencia biológica moderna su profundo trabajo de inves-
tigación.
Pese a las profundas lagunas, controversias y deficiencias que
todavía presenta la nueva teoría de la evolución biológica y que desta-
can algunos biólogos, es indudable que constituye un peldaño impor-
tante en la reconstrucción del sinuoso y complejo proceso evolutivo de
la vida a través de millones de años acudiendo a una razonable explica-
ción causal sin necesidad de recurrir a un creacionismo que no resuelve
nada y por naturaleza no falsable como afirma el propio Ayala.
Un escollo de gran volumen lo constituye el concepto de espe-
cie taxonómica de capital importancia en evolución biológica. Ayala es
consciente y sabedor de que las dos teorías esencialista y nominalista
quedan en tablas por tener ambas su parte de razón y por tanto, no se
puede dar una clasificación natural de los organismos puesto que hay
criterios diversos para ello.
La teoría de la evolución tal como la presenta el profesor Ayala
resulta correcta aunque incompleta. Correcta porque en nuestros días es
la explicación más racional y lógica acerca del origen y amplísima va-
riedad de seres vivos que conocemos y los mecanismos básicos del pro-
ceso de cambio. No es ya una simple especulación, sino que muestra
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243

pruebas empíricas del hecho evolutivo en el nivel molecular compati-


bles con la hipótesis puntualista. Es incompleta porque no dispone de
los medios necesarios para dar una explicación empírica total de los
fenómenos biológicos originales, tales como la formación del DNA y
código genético, de las proteínas sobre las que debe actuar. Se especula
sobre la anterioridad de lo uno o de lo otro, el carácter de la misma vi-
da, la oscuridad sobre la abiogénesis y sobre todo de los saltos cualita-
tivos y lagunas en la evolución del ser humano por muchas hipótesis
que se propongan sobre esta ardua cuestión. La teoría evolutiva no pue-
de dar por el momento una respuesta convincente del proceso de homi-
nización. Es cierto que los procesos moleculares descritos por Ayala
con precisión y conformes con la teoría sintética son necesarios para
que aparezca la vida, pero ¿puede ser ésta una mera resultante de los
mismos?
En resumen, la teoría presentada por el profesor Ayala para ex-
plicar el hecho de la evolución resulta convincente por su coherencia y
alto valor explicativo científico y filosófico a pesar de su incompletitud,
pero capaz de ser mejorada por los incesantes descubrimientos científi-
cos de cada día.
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TERCERA PARTE

Lo axiológico y lo científico, lo
normativo y lo factológico, repre-
sentan dos aspectos de un mismo
enfoque del mundo.
(Stéphane Anguelov).
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6. Evolución biológica y progreso en el pensamiento


de F. J. Ayala.

Con el concepto de evolución darwiniana se ha superado la eta-


pa antigua en la que prevalecía la concepción estática de la vida bioló-
gica. Darwin introduce el tiempo en el concepto de organismo y arguye,
con gran poder de convicción, que los seres vivos evolucionan, o sea,
que los organismos complejos y avanzados descienden de otros más
primitivos y simples que vivieron en el pasado. Esto, según Ayala,1 pa-
rece implicar obviamente que el proceso de evolución es progresivo.
Hoy, todos los filósofos de la ciencia natural admiten sin ambages, que
todo ser vivo es un sistema dinámico abierto y que la vida de todo or-
ganismo es un proceso de cambio direccional hacia una meta, es decir,
evoluciona. Este evolucionar se ha interpretado vulgarmente como pro-
greso. ¿Es realmente la evolución un progreso? Es la cuestión que el
profesor Ayala se propone dilucidar, analizando términos que concu-
rren en el proceso evolutivo pero que no siempre significan o conllevan
progresión.
Progreso es un término polisémico y si no se usa con precaución
da lugar a confusiones con otros vocablos que tienen que ver con él,
pero no significan progreso. Los seres humanos, por ejemplo, han pro-
gresado más que las bacterias en unos aspectos; las bacterias, por el
contrario, son capaces de sintetizar todos sus componentes y obtener
energía de sólo compuestos inorgánicos, mientras el ser humano necesi-
ta de otros organismos. Bajo este respecto parece que estos microorga-
nismos han progresado más. Otros organismos, como bacterias, no han
cambiado significativamente desde hace mil millones de años. Otros
linajes se extinguieron en el pasado, y estos fenómenos, como es evi-
dente, no se pueden considerar como criterio de cambio progresivo.
Es necesario, dice Ayala,2 investigar el concepto de progreso en
el contexto del mundo biológico para poder decidir en qué sentido o
sentidos es la evolución un proceso progresivo.

1
F. J. AYALA. “Darwin y la idea de progreso”, “Arbor”, Madrid, 1982, nº 442, pp. 59 – 75. “El
concepto de progreso biológico”, Estudios sobre la filosofía de la biología, o.c. pp. 431 – 451.
2
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. p. 60.
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248

6. 1. Concepto de progreso.

La idea de progreso es familiar en el mundo moderno, sin em-


bargo, parece ser una idea implícita en el pensamiento antiguo, dice
Ayala.3 El relato bíblico de la Creación del libro del Génesis envuelve
una cierta idea de progreso en la escala de aparición de los seres desde
lo inorgánico a lo orgánico y desde la inferioridad a la superioridad y
así hasta llegar al hombre el ser supremo creado. El cristianismo conci-
be la historia como desarrollo progresivo, historia de salvación. Los
padres de la Iglesia y en especial S. Agustín, también presentan una vi-
sión progresiva de la historia humana. Por el contrario, los griegos con-
cebían el tiempo de forma cíclica, el eterno retorno, historia que se repi-
te incesantemente. En el renacimiento se origina la idea de que el cono-
cimiento está sujeto a un avance gradual, idea recogida después por los
enciclopedistas que constituye su credo fundamental. Por fin, C. Dar-
win sancionó científicamente esta idea con la teoría de la selección na-
tural que se extendió al campo cultural y social aunque con excesos que
han sido ya superados.
Para llegar a un esclarecimiento de progreso biológico, dice
4
Ayala, hay que fundamentarlo en la idea de progreso general analizan-
do los términos de cambio, dirección y evolución componentes del pro-
greso que se identifican frecuentemente con él de modo erróneo.
Cambio, según Ayala,5 es una alteración de la posición, estado o
naturaleza de una cosa. Un ejemplo típico puede ser el cambio continuo
de posición de las moléculas de oxígeno y nitrógeno en el aire de una
habitación y este movimiento no se considera progresivo.
Evolución implica cambio sostenido pero la evolución de una
especie no significa siempre progreso, a veces, una especie evoluciona
hacia su extinción. En algún caso se puede dar progreso sin evolución.
Dirección es un cambio tal que los elementos últimos de una
secuencia están más apartados de los primeros que los intermedios. El
cambio direccional puede ser uniforme o neto, como dice Ayala,6 según
que todo miembro último esté más apartado del primero que todo
miembro anterior, o si sólo se considera como término medio en rela-
ción a los elementos inmediatos.
Con frecuencia entre los evolucionistas se iguala direccionali-
dad con irreversibilidad, con lo que se quiere significar que la evolu-
ción biológica es direccional, porque es irreversible. La irreversibilidad
puede darse sin ser direccional como ocurre en el juego de naipes. Por
3
F. J. AYALA, Ibidem.
4
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 432. Cf. J. BURY, La idea de progreso,
Alianza Editorial, Madrid, 1997.
5
F. J. AYALA, Ibidem.
6
F. J. AYALA, Ibidem.
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249

mucho que se barajen las cartas partiendo de una disposición ordenada,


el orden primitivo no se recupera, se da irreversibilidad pero este cam-
bio no es direccional. También es cierto que se dan cambios direcciona-
les y al mismo tiempo irreversibles en procesos orgánicos e inorgáni-
cos. Ayala recuerda que la segunda ley de la Termodinámica describe
cambios que son direccionales e irreversibles. La entropía en un sistema
aislado aumenta continuamente pasando de estados menos probables a
más probables. En Paleontología se usa direccionalidad para significar
tendencias evolutivas pero estas tendencias aunque son direccionales no
tienen por qué ser progresivas.
Con estas particularidades pretende Ayala distinguir con nitidez
direccionalidad y progreso. De todo este razonamiento hemos de con-
cluir con el profesor Ayala que cambio, direccionalidad, irreversibili-
dad, evolución, tendencia, son términos que forman parte del progreso
pero resultan insuficientes para definirlo si no se añade un nuevo ele-
mento valorativo que indique perfeccionamiento o mejoría, con lo que
nos acercamos al verdadero concepto de progreso en general y biológi-
co en nuestro caso. Para Ayala,7 evolución, dirección, progreso, impli-
can una secuencia histórica en la que se da una alteración continuada de
una propiedad o estado en sus elementos. El progreso se da cuando un
cambio direccional está encaminado a un mejor estado o condición.
Dos elementos componen el progreso: uno descriptivo – cambio
direccional – el otro axiológico – mejora o perfeccionamiento – ambos
necesarios y suficientes para que ocurra el progreso. Lo difícil será se-
ñalar el segundo elemento, cuándo hay mejora, es decir, qué es mejor y
qué peor.
Se entiende esta mejoría o perfeccionamiento, superioridad o in-
ferioridad en sentido biológico, no moral. Como dice Ayala, existe el
progreso moral, pero no siempre ha de ser así. En el concepto de pro-
greso siempre está presente una valoración, pero no necesariamente con
referencia a normas morales, sino que la evaluación puede significar
simplemente abundancia, eficacia, complejidad, superioridad.
De la contemplación de estos extremos, Ayala deduce una defi-
nición de progreso:

El progreso puede definirse como un cambio sistemático en, por lo menos,


una característica perteneciente a todos los miembros de la secuencia his-
tórica, que es de tal forma que los últimos miembros de la secuencia mues-
tran un perfeccionamiento de esta característica.8

7
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 434.
8
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, Ibidem.
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250

De forma más breve se puede decir: el progreso es un cambio


direccional encaminado hacia el perfeccionamiento. Regreso, por el
contrario, sería cambio direccional hacia el empeoramiento. Para una
mejor comprensión del concepto de progreso distingue Ayala9 varios
tipos de progreso fundamentados en los dos elementos que lo compo-
nen: el descriptivo – cambio direccional – y el axiológico – perfeccio-
namiento. Atendiendo al primero, a la uniformidad del cambio direc-
cional, puede ser cambio uniforme o neto como ya se vio en páginas
anteriores.
Repetimos con Ayala,10 se da cambio uniforme cuando todo ele-
mento último de la secuencia es mejor que todo miembro anterior de la
misma. Existe progreso uniforme si dado mi con un cierto pi cada mi es
tal que pj > pi si j > i y pj < pi si j < i.
El progreso neto requiere que los miembros últimos de la se-
cuencia por término medio o en conjunto sean mejores que los anterio-
res, aunque haya entre ellos fluctuaciones temporales de valor. Hay
miembros o etapas en las que la aproximación a la meta no es uniforme.
Ayala11 encuentra que su definición de progreso uniforme y ne-
to es sólo parecida pero no idéntica a la que proponen C. D. Broad y T.
A. Goudge como progreso uniforme y perpetuo. El progreso perpetuo
de Broad presenta dificultad en su aplicación y requiere que el primer
elemento de la secuencia sea el peor y el último sea el mejor, cosa que
no exige la definición de Ayala. Éste hace notar también que su distin-
ción entre progreso uniforme y neto está implícita en los términos que
usa G. G. Simpson de universal, invariable, constante y continuo al re-
ferirse al progreso uniforme. Advierte Ayala, que ni el progreso uni-
forme ni neto requieren ser ilimitados, es suficiente que el progreso sea
asintótico: que se acerque continuamente a una meta finita aunque nun-
ca llegue a alcanzarla.
Otra posible clasificación de progreso, dice Ayala,12 es aten-
diendo al alcance de la secuencia en juego. Según este alcance, el pro-
greso puede ser general o particular. El progreso general se da en todas
las secuencias históricas desde el inicio hasta la actualidad. El particular
se da sólo en una o varias secuencias históricas pero no en todas ellas.
El progreso que tiene lugar en un lapso de tiempo limitado desde el ori-
gen de la vida hasta el presente es también particular.13

9
F. J. AYALA, Ibidem.
10
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. pp. 434 – 435.
11
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 435.
12
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 436.
13
Para completar el concepto de progreso puede ser útil la lectura de Ensayos sobre el progreso de
M. GARCÍA MORENTE, Editorial Dorcas, Madrid, 1980. Hallamos una notable coincidencia con
F. J Ayala en los conceptos de progreso general y biológico, que puede ser tenida en cuenta. Tam-
bién, La idea de progreso de J. BURY, Alianza Editorial, Madrid, 1997.
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251

Con respecto al segundo elemento axiológico del progreso, se-


gún Ayala,14 la cuestión que se presenta es la siguiente: ¿Se puede defi-
nir y medir el progreso con un valor absoluto sin implicar juicios de
valor?
Con referencia al problema del progreso biológico se muestran
pronunciadas divergencias entre ciertos biólogos a las que se refiere
Ayala:15 J. B. S. Haldane (1932) afirma que el concepto de progreso es
necesariamente axiológico y por ello hay que extraerlo de las discusio-
nes científicas, las cuales se fundamentan exclusivamente en el cono-
cimiento objetivo; hablar de progreso es entrar en el campo de lo subje-
tivo ajeno a la ciencia. A esta objeción Ayala responde: cierto que el
concepto de progreso es siempre axiológico y hace referencia a juicios
de valor, pero ello no significa que no pueda usarse si sirve para aclarar
algo más el proceso de evolución. Apoyando la tesis de Ayala encon-
tramos una frase como esta de J. Monod:

(...) Es evidente que el plantear el postulado de objetividad como condi-


ción del conocimiento verdadero constituye una elección ética y no un jui-
cio de conocimiento, ya que, según el mismo postulado, no podía haber
conocimiento “verdadero” con anterioridad a esta elección arbitraria. El
postulado de objetividad para establecer la norma del conocimiento, define
un valor que es el mismo conocimiento objetivo. Aceptar el postulado de
objetividad es pues enunciar la proposición de base de una ética: la ética
del conocimiento.16

Es obvio lo que pretende decir un fuerte defensor del principio


de objetividad como es J. Monod: la misma ciencia objetiva comienza
por un juicio de valor como es la elección del mismo conocimiento ob-
jetivo como norma de conocimiento científico.
Frente a la posición de Haldane se encuentran, según Ayala,17 J.
Huxley (1924-1953) y J. Thoday (1953-1958) diametralmente opues-
tos. Para éstos, el progreso es un concepto puramente biológico por lo
que puede explicarse sin juicio de valor alguno. Thoday propone: se da
progreso evolutivo sólo cuando la probabilidad de dejar descendientes
de una unidad de evolución después de largos períodos de tiempo au-
menta. La propuesta de Thoday, aunque ingeniosa, no es operacional,
dice la crítica, no parece que pueda aplicarse. En primer lugar, no pue-
den cuantificarse los factores que afectan a la adaptación, a lo que se
podría añadir que una mayor o menor descendencia no supone progreso
¿qué número de descendientes habría que fijar? Por último mayor o
menor adaptación suponen también axiología.
14
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, Ibidem.
15
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. pp. 61 – 63.
16
J. MONOD, El azar y la necesidad, o.c. p. 187.
17
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. pp. 62 – 63.
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252

Igualmente Huxley afirma que el concepto de progreso no se


debe definir a priori sino por inducción, observando las características
que distinguen los organismos superiores de los inferiores. Esta solu-
ción de Huxley, según Ayala, es circular y la distinción inferior-
superior junto a los demás términos que usa como mejora, avance, ni-
vel, son evaluativos y, por tanto, axiológicos con lo que no se evita la
dificultad a la que se refiere.
Otro intento de fundamentar el progreso evolutivo sobre una
noción puramente biológica sin necesidad de juicio axiológico alguno
es el de M. Kimura: Sería considerar el progreso biológico simplemente
como el incremento de información genética acumulada en el DNA.
Sabemos que la información genética se acumula codificada, por lo
menos la mayor parte, en el DNA del núcleo celular e interactuando
con el ambiente, dirige el desarrollo y comportamiento de un organis-
mo. Kimura ha estimado que la cantidad de información genética acu-
mulada en animales superiores por generación es de 0,29 bits de tasa
media.
Para Ayala,18 el método de Kimura adolece de varios defectos
importantes. El primero, supone que la tasa de información es constante
por generación. Quiere esto decir, que en generaciones cortas se acu-
mula más información que en las más largas y, por tanto, son aquellas
más progresivas, por ejemplo, en mamíferos, los topos y los murciéla-
gos serían más progresivos que los caballos, las ballenas y el hombre.
El segundo y más fundamental defecto es, que la suposición de que los
organismos más recientes tienen mayor información no está justificada
y, por tanto, queda invalidado el intento de medir el progreso evolutivo
y además, no existe método alguno para conocer y cuantificar la infor-
mación genética total de un organismo. Ayala19 precisa que la cantidad
de información no está relacionada con la cantidad de DNA, el cual
contiene muchas secuencias de nucleótidos repetidas y otras carecen de
información. Se puede medir la longitud total de secuencias de DNA
pero se ignora cual es la fracción que porta información y la que man-
tiene mensajes sin sentido.
Del examen epistemológico de estas afirmaciones por parte de
Ayala se deduce, que no es posible medir el progreso biológico contan-
do con una mera pauta biológica.
Sumamente dura es la crítica y resistencia que ofrece J. C.
Greene a la teoría evolucionista de Darwin y seguidores y especialmen-
te al concepto de selección natural, debido todo a que, según su juicio,
la ciencia positiva está libre de juicios de valor y el darwinismo está
sobrecargado de éstos y de términos que suponen tales juicios. Esta po-
18
F. J. AYALA, El concepto de progreso biológico, o.c. p. 438.
19
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. p. 69.
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253

sición la refleja en su abundante correspondencia epistolar con T.


Dobzhansky, E. Mayr y en alguna ocasión particular con F. J. Ayala.20
Éste resume la argumentación que presentan uno y otro.
I. Núñez de Castro21 hace un apunte del perfil de ambos, Greene
y Dozhansky, de este modo: J. C. Greene, historiador de la ciencia, con
profundas convicciones religiosas, de formación filosófica positivista,
prefiere mantener la ciencia, filosofía y religión en compartimentos
herméticos cada uno; la ciencia no puede fundamentarse en juicios de
valor. T. Dozhansky, también hombre de gran convicción cristiana or-
todoxa, opina que la ciencia no es una mera colección de conocimien-
tos, sino que es una parte de la visión que el hombre tiene de sí mismo
y del universo. Necesitamos una síntesis.
Éstas y las siguientes trascripciones de Ayala22 reflejan en for-
ma resumida de frases fundamentales, el pensamiento de ambos al res-
pecto.
El día 23 de noviembre de 1961 Dobzhansky escribe a Greene:
“no puedo seguir a usted cuando advierte y pone estas cosas en compar-
timentos estancos y ve sólo cambio y no progreso. Como científico ob-
servo la evolución como una totalidad progresiva”. A lo que responde
Greene: “no lo creo a usted”23. En otra ocasión, 1 de diciembre de
1961, escribe Greene: “estoy impresionado por la condición de ambi-
güedad en el discurso evolucionista. Parece que los biólogos no podrían
vivir con él ni sin él. Sin él porque no lo definirían sin introducir juicios
de valor que de acuerdo al concepto de ciencia que ha prevalecido des-
de la revolución científica del siglo XVII están excluidos de la ciencia.
Todavía la literatura de la evolución está llena de palabras como pro-
greso, perfeccionamiento, avance, superior, inferior, etc. y figuras que
implican esfuerzo, propósito y logro.”24
Sigue Greene: “realmente Darwin estaba convencido de que su
teoría implicaba desarrollo progresivo a larga distancia aunque no en
cada instante del cambio evolutivo. Bien conocidas son las palabras
poéticas del Origen de las Especies: la selección natural trabaja bási-
camente para el bien de cada ser, toda capacidad corporal y mental ten-
derá hacia la perfección.” Greene se aterroriza, continúa Ayala25, de

20
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, “Biology and Philosophy”, 2000, nº 15, pp. 559 – 573. Tam-
bién puede consultarse “Evolución y sentido en la correspondencia de T. Dozhansky”, de I. NÚÑEZ
DE CASTRO, comunicación 5 a la XXVII Asamblea Interdisciplinar José Acosta (ASINJA), Gala-
pagar 27-30 septiembre 2000, La Nueva Alianza de las Ciencias y la Filosofía, Universidad de Co-
millas, Madrid.
21
I. NÚÑEZ DE CASTRO, “Evolución y sentido en la correspondencia de T. Dobzhansky”, o.c. p.
2.
22
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. 559 – 566.
23
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 562.
24
F. J. AYALA, Ibidem.
25
F. J. AYALA, Ibidem.
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254

que este tipo de lenguaje se tome como científico por Darwin y los de-
más evolucionistas. Según Greene, “Darwin se encuentra inmerso entre
los hechos biológicos que parecen reclamar interpretaciones que en-
vuelven conceptos de valor, direccionalidad, finalidad, etc. y las impla-
cables implicaciones lógicas de una filosofía natural mecanicista. Dar-
win intenta definir progreso, superior, inferior, en términos de supervi-
vencia; fue un desesperado intento de dar sentido a los hechos sin
abandonar la filosofía mecanicista. Vida no es lucha por la superviven-
cia, no conlleva el concepto de mejor o peor. No puedo dar sentido filo-
sófico a este lenguaje y mucho menos sentido científico.”26
Estos párrafos seleccionados y trascritos por Ayala27 de la carta
de Greene a Dobzhansky en diciembre de 1961, ponen de manifiesto el
concepto de ciencia positiva que Greene eligió frente a la evolutiva con
lo que parece situarse en contradicción consigo mismo.
Según Ayala, Dobzhansky aturdido, escribe el día 13 de no-
viembre: “¿porqué los biólogos han de rehuir semejantes palabras como
creatividad, crecimiento, ensayo y error etc.? ¡Por Dios, si esto es lo
que observan que acontece, o se deduce que ha acontecido!” 28
Continúa Dobzhansky: “E. Mayr está decidido a reivindicar la
idea de progreso evolutivo y al mismo tiempo excluir toda referencia a
un agente externo y a causas finales. ¿Quién puede negar, sobre todo,
que hay un progreso desde los procariotas a los eucariotas; dentro de
los metazoos, desde los ectodermos hasta los endodermos y dentro de
los endodermos, desde los que tienen un pequeño cerebro y exigua or-
ganización social hasta los que tienen un gran sistema nervioso central,
cuidado paternal y capacidad de trasmitir información de una a otra ge-
neración?”29
El día 3o de noviembre de 1989, Mayr le dice a Greene:
“igualmente podría ser atacado por esta creencia mía de que el hombre
es algo superior al chimpancé. Greene responde que la ciencia no puede
de ningún modo tratar de valores y referencias a mi propio trabajo que
conlleva esta visión: la ciencia ignora el aspecto de valor de la realidad
porque no hay modo de tratar con él.”30
El día 1 de enero de 1997, escribe Greene a Mayr lo siguiente:
“nunca admitiré la supuesta analogía entre progreso tecnológico como
el del motor de un automóvil y el progreso en la evolución orgánica. En
el primer caso las variaciones son intencionadas, en el segundo son
producidas por el azar según las necesidades del organismo y las dicta-

26
F. J. AYALA, Ibidem.
27
F. J. AYALA, Ibidem.
28
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 563.
29
F. J. AYALA, Ibidem.
30
F. J. AYALA, Ibidem.
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255

das por las circunstancias ambientales. Ésta, me parece, es una diferen-


cia crucial.”31
Mayr responde en 25 de enero de 1997: “en el caso del progreso
debido al proceso darwiniano aplica usted innecesariamente criterios
exagerados. No hay nada en el principio de selección natural que espe-
cifique que la variación deba ser azarosa.”32
La consideración de Greene que excluye la noción de progreso
del discurso biológico revela, una vez más, su posición expresada ya el
5 de enero de 1962 a Dobzhansky: “nuestro moderno concepto de cien-
cia natural defiende que los juicios de valor y la noción de nivel (la no-
bleza de los objetos naturales) en los seres están excluidos de la cien-
cia.”33
Ayala34 conoce esta interminable correspondencia y en la que
alguna vez toma parte, con escasos acuerdos en las opiniones de los
interlocutores; reitera que, en verdad, los evolucionistas utilizan térmi-
nos bien distintos entre sí como cambio, evolución, cambio direccional
sostenido, progreso, etc., tal que si fuesen sinónimos. Este modo de
usarlos es erróneo, dice Ayala, porque progreso ciertamente envuelve
cambio direccional y otros factores, pero no viceversa. Insiste Ayala en
que el progreso supone siempre desarrollo o mejoría y, por tanto, inclu-
so el cambio direccional sostenido observado por los biólogos, no tiene
por qué ser considerado como progresivo.
Los evolucionistas, continúa Ayala, se encuentran satisfechos
con su demostración de que el mundo ha mejorado en la actualidad y ha
tenido lugar un incremento en la encefalización y socialización, así lo
comprueban en el resultado de su propia práctica profesional como bió-
logos evolucionistas.
Manifiesta Ayala35 que Mayr se muestra muy explícito en este
punto cuando afirma: los científicos también tienen sus compromisos
sociales y cuando un científico se siente optimista dice que está ayu-
dando a construir un mundo mejor y cuando pesimista dice prever un
deterioro mayor del mundo. El estudio de la historia evolutiva ha con-
tribuido al desarrollo de la nueva imagen del hombre. Por otra parte,
Dobzhansky reconoce la insalvable separación entre ciencia y valores
(ética y religión) pero observa la necesidad de integrar ambas en su vi-
sión personal y afirma la compatibilidad entre teoría evolucionista y
valores cristianos. Ni la ciencia ni la religión son deducibles una de la
otra, como es obvio, pero ambas han de ser integradas en una misma
filosofía.
31
F. J. AYALA, Ibidem.
32
F. J. AYALA, Ibidem.
33
F. J. AYALA, Ibidem.
34
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. pp. 563 – 564.
35
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 565
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256

Ayala36 comenta la posición de Dobzhansky y acepta como co-


rrecta esta compatibilidad entre biología evolutiva y cristianismo y
otros valores considerados como buenos y aceptables, pero advierte,
que esta compatibilidad no es significativa puesto que también es com-
patible con el nazismo y otras filosofías que ofrecen valores morales
detestables para nosotros como son el genocidio y el racismo.
Según Ayala, la posición de los evolucionistas al insistir en que
observan cambio direccional en la realidad está justificada, pero cuando
a este cambio se le llama progreso se salen del campo de la ciencia y
aunque es legítimo no es científico.
Encuentra Ayala en la argumentación de Greene una posibilidad
de que el progreso entre a formar parte de la terminología científica. Se
daría, escribe Greene a su amigo Dobzhansky, “cuando la comunidad
de científicos biólogos manifestaran un mismo entendimiento del tér-
mino progresivo.”37
Esta frase de Green resulta contradictoria para Ayala38 porque
mientras el término mantenga su connotación de juicio de valor, poco
importa que lo acepten pocos o todos los biólogos. La ciencia consiste
en construcciones teóricas sometidas a falsación o corroboración empí-
rica; por supuesto, los juicios de valor, no. Para Ayala, es profundo el
abismo filosófico que separa a Greene de los biólogos evolucionistas y
es total la desconexión en este asunto.
Mientras Dobzhansky, en carta a Greene el 13 de noviembre de
1961, escribe: “Ciertos procesos evolutivos son creativos porque con-
tienen alguna novedad, tienen coherencia interna porque hacen de la
vida un avance y pueden terminar en éxito o fracaso,”39 Greene le ma-
nifiesta el 17 de noviembre del mismo año: “no puedo concebir cómo
un proceso que no está dirigido de algún modo por una inteligencia
puede haber producido y seguir produciendo desarrollos, formas supe-
riores de vida y nuevos niveles del ser”40. El 23 de noviembre inmedia-
to, Dobzhansky presenta su réplica y le manifiesta que la evolución,
especialmente humana, es un proceso que genera novedades, pero esto
no significa la acción de una causa primera que manipule los genes.41
Tras este ameno relato de Ayala sobre la correspondencia de
Greene y los evolucionistas, lo que interesa en este trabajo es captar su
posición en torno a este asunto. Ayala nos la manifiesta de este modo:

36
F. J. AYALA, Ibidem.
37
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 565 – 566.
38
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 566.
39
F. J. AYALA, Ibidem.
40
F. J. AYALA, Ibidem.
41
F. J. AYALA, o.c. p. 567.
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257

Muchos evolucionistas, incluido yo mismo, se pondrían de parte de Dobz-


hansky. Uno puede dar vueltas a la réplica de Greene y preguntarse por el
tipo de filosofía que le impide aceptar que entidades complejas que ex-
hiben propiedades no puestas de manifiesto en sus componentes elementa-
les, puedan surgir por un proceso natural no dirigido por inteligencia algu-
na interna o externa.42

Analizada la correspondencia de Greene, queda muy clara su si-


tuación como filósofo positivista. En una reciente carta dirigida a F. J.
Ayala el 15 de agosto de 1999, Greene insiste:

Confieso que no entiendo cómo un proceso ciego y dirigido, de mutación y


selección natural, pueda producir un organismo capaz de entender este
proceso, de establecer juicios morales sobre él y reflexionar sobre esta
operación.43

Doble es la negativa de Greene frente al evolucionismo: prime-


ro, negación del proceso de selección natural, diseño sin diseñador; se-
gundo, negación de progreso como término no científico. Desde la
ciencia se puede hablar de cambio pero no de progreso. A esta situación
trata de responder Ayala repitiendo los mismos argumentos expuestos
en el capítulo anterior.
En forma resumida, Ayala44 comienza citando a S. Tomás de
Aquino, el cual en la Summa Theologiae suscita la cuestión de si la vida
puede surgir espontáneamente de la materia no viva. Hecho un cuida-
doso análisis, dice el mismo S. Tomás, no encuentra obstáculo alguno
filosófico, teológico o escriturístico, pero son los expertos en la materia
los que deben determinar tal posibilidad.
Seguidamente comenta Ayala:45 el gran descubrimiento de
Darwin fue el proceso de la selección natural que explica la organiza-
ción direccional de los organismos. No es un proceso simplemente ne-
gativo, sino creativo en cierto modo, como mostró el propio Ayala con
anterioridad. La selección natural produce combinaciones de genes que
de otro modo serían altamente improbables.
Frente a la negativa de Greene de la selección natural esgrime
46
Ayala un argumento ad hominem :
Más difícil encuentro yo ver a los organismos, incluidos los seres huma-
nos, como producto de un diseño inteligente. Observando las imperfeccio-
nes y problemas que envuelve el proceso evolutivo, tiene sentido atribuirlo
a nuestro pobre designio. Lo que carece de sentido es atribuir un proyecto

42
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, Ibidem.
43
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 569.
44
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 567.
45
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. pp. 567 – 568.
46
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. pp. 569 – 570.
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258

tan imperfecto a una inteligencia soberana. Un ingeniero humano hubiera


diseñado mejores mecanismos.

Para Ayala, presenta Greene la impresión de ser favorable al


fundamentalismo creacionista y está lejos de cambiar su posición con lo
que se imposibilita dar una explicación científica y permaneceríamos en
el enigma al que él se refiere cuando dice en su carta a Dobzhansky el
17 de noviembre de 1961: un enigma expresado en lenguaje poético
sigue siendo un enigma.47

6. 2. Progreso biológico. Evaluación de F. J. Ayala.

Podemos decir con Ayala48 que no existe ninguna norma según


la cual se ha producido progreso uniforme en la evolución y esto es así,
porque han ocurrido cambios de dirección, retrasos e inversiones en
todas las secuencias evolutivas aunque algunas sean temporales. Cier-
tamente, dice el profesor Ayala, hemos de renunciar al progreso uni-
forme en la evolución general pero no por eso también al progreso neto.
Deberíamos interesarnos, dice, por si en la evolución de la vida se ha
producido el referido progreso neto.
El primer paso sería indagar la existencia de algún criterio para
determinar si el progreso neto puede ser característica general de la
evolución y en qué sentido.
Un posible criterio al respecto sería la cantidad de información
genética acumulada en los organismos propuesta por M. Kimura, des-
crita con anterioridad pero entendida de otro modo, tal como la presenta
Ayala:49 Esta información puede cuantificarse como tipos de formas de
información que serían las especies y el número de individuos o unida-
des de información o mensajes. Está claro, que esta interpretación equi-
vale a la cuestión de si la vida se ha diversificado o expandido. Así es
cómo entiende G. G. Simpson50 el progreso biológico general en la evo-
lución: como tendencia de la vida a expandirse, a rellenar todos los es-
pacios disponibles de los ambientes habitables incluidos los mismos
creados por este mismo proceso de expansión. Esta expansión de la vi-
da sí es cuantificable, por lo menos, bajo cuatro criterios relacionados.
Según Ayala,51 estos criterios son:

47
F. J. AYALA, “Debating Darwin”, o.c. p. 566.
48
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 439.
49
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 440.
50
G. G. SIMPSON, The meaning of Evolution, Yale University Press, New Haven, l949. Citado por
F. J. Ayala.
51
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 440.
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259

• Número de tipos de organismos, es decir especies.


• Número de individuos.
• Conjunto total de materia viva (biomasa).
• Tasa total del flujo de energía.

Los datos que ofrece Ayala52 para corroborar los citados crite-
rios son los siguientes:
1) La estimación del número de especies varía de un autor a
otro. No obstante, se puede calcular que el número de especies vivien-
tes en la actualidad es superior a los dos millones e inferior a los cinco.
Sólo en el mar viven 150.000 especies animales. Los insectos ocupan
las tres cuartas partes de todas las especies animales y cerca de la mitad
si se incluyen las plantas y esto hace 350 millones de años cuando apa-
recieron. Es probable que el número de especies y subespecies en la
actualidad sea superior a épocas anteriores y supondría una expansión
por término medio en el proceso evolutivo de la vida.
2) El número de individuos vivientes no es posible contabilizar-
lo, como es obvio, pero es probable que haya aumentado en épocas re-
cientes. Ya la contemplación del incremento gradual de la biomasa
humana, a pesar de las limitaciones que el hombre voluntariamente im-
pone, es una estima razonable de la expansión de la vida. La especie
humana ha contribuido a la tendencia expansiva de la vida con sus arti-
ficios científicos. Aunque la superioridad progresiva de la vida humana
habrá que fundamentarla en otro criterio más significativo que el simple
biológico.
3) La expansión de la vida reviste el carácter de retroalimenta-
ción positiva. Cuantas más especies vivas, más ambientes nuevos surgi-
rán y viceversa. El espacio disponible crece, no decrece.
4) El flujo total de energía de los seres vivos ha aumentado; los
vivientes retrasan la disipación de la energía. Las plantas verdes acumu-
lan energía radiante del sol. Los animales, en cambio, disipan energía,
su catabolismo es superior a su anabolismo. No obstante, ambos juntos
aumentan el flujo total de vitalidad, siguiendo el símil seguido por Aya-
la: un aumento de tráfico en una autopista se puede conseguir o aumen-
tando el número de carriles, o bien, aumentando la velocidad, sin em-
bargo, actuando juntos se incrementa más el flujo total de tráfico.
En realidad, como asegura Ayala: No existe ningún criterio de
progreso que sea el mejor a priori; cualquier criterio que amplíe la
comprensión del proceso evolutivo resulta válido.53

52
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 441.
53
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. p. 73,
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260

Hay muchos criterios que hacen posible la existencia del pro-


greso neto. G. G. Simpson54 ha ensayado varios criterios de progreso:
dominancia, invasión de ambientes, restitución, mejoría en la adapta-
ción, especialización, complicación estructural, control sobre el am-
biente, incremento de la energía general, variedad de ajustes al ambien-
te.
Entre todos los variados criterios propuestos por los autores hay
uno que, a juicio de Ayala,55 merece especial atención: la capacidad del
organismo de obtener y procesar información acerca del ambiente y,
sobre todo, la capacidad de control del ambiente. Todos los organismos
interactúan de forma selectiva con el ambiente pero podemos decir que
unos lo hacen con más perfección que otros. Como hace Ayala,56 si su-
bimos por la escala filogenética, encontramos que esta interacción con
el ambiente se hace más compleja y progresiva hasta llegar al ser
humano. Las bacterias se mueven en su medio de modo azaroso y difí-
cilmente se puede llamar este fenómeno proceso de información. Una
información primitiva y rudimentaria se da en los unicelulares como el
Paramecium cuyo recorrido es sinuoso, no direccional, no busca sino
que huye de condiciones desfavorables. Otros unicelulares como la Eu-
glena busca la luz y a ella se dirige; la ameba reacciona ante la luz, se
aparta pero persigue partículas alimenticias. En estos últimos el grado
de información parece superior.
Siguiendo este criterio, refiere Ayala:

En general, los animales están más avanzados que las plantas, los verte-
brados más que los invertebrados, los mamíferos más que los reptiles, los
cuales están más avanzados que los peces. Según este criterio, el organis-
mo más avanzado es indudablemente el hombre.57

En el reino vegetal, el proceso para obtener información del


ambiente ha progresado poco. Las plantas responden por lo general a
tres tropismos: la gravedad, el agua y la luz. Algunas especies reaccio-
nan también frente a estímulos táctiles.
En los animales, la capacidad de adquirir y procesar informa-
ción, dice Ayala,58 radica en el sistema nervioso y éste en su modalidad
más sencilla se encuentra en los celentéreos. En estos hay una variabili-
dad de respuestas y algún tipo elemental de aprendizaje. Los vertebra-
dos son los que pueden captar y procesar señales mucho más comple-
jas. En estos el neopalio está implicado en diversos tipos de impulsos.

54
G. G. SIMPSON, o.c. Citado por F. J. Ayala.
55
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. 443.
56
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. pp. 444 – 447.
57
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 445.
58
F. J. AYALA, “El concepto de progreso biológico”, o.c. p. 445 – 446.
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261

Pero son los mamíferos los más capaces de procesar una mayor infor-
mación acerca del ambiente debido a un mayor desarrollo de la corteza
cerebral. En estos, la variabilidad de respuesta y la capacidad de apren-
dizaje son mayores.
Según el pensamiento de Ayala,59 un organismo dado será más
o menos progresivo según el criterio de progreso que se utilice. Con-
forme al criterio de adquirir y procesar información el hombre ocupa la
cumbre de la vida. El lenguaje simbólico, la compleja organización so-
cial, el control sobre el ambiente, la capacidad de vislumbrar estados
futuros, la adquisición de valores éticos son, quizás, las características
más fundamentales que separan al Homo sapiens del resto de los ani-
males. El hombre, además, tiene capacidad para controlar el ambiente.
Los animales, incluso los superiores, se adaptan de forma unidimensio-
nal a su propio ambiente, o mueren. La capacidad de controlar el am-
biente aparece en los austrolopitécidos que inventan sus propios arte-
factos para dirigir, en cierto modo, el ambiente. El hombre no sólo se
adapta a él de forma pluridimensional sino que muestra capacidad para
modificarlo e inventar sus propios ambientes.
La capacidad de obtener información acerca del ambiente y re-
accionar frente a él es un criterio aceptable de progreso, ni es mejor ni
peor que otros, dice Ayala.60 Un organismo será más o menos progresi-
vo que otro según el criterio elegido, pero hay otros criterios que reve-
lan ser el hombre el organismo más progresivo. Con toda evidencia el
criterio de control del ambiente así lo indica. Es cierto que el ser huma-
no es el más progresivo conforme a ciertos criterios pero no con arreglo
a todos los criterios de progreso.

6. 3. El futuro biológico de la humanidad, según F. J. Ayala.

Si admitimos con Ayala que el ser humano ha evolucionado


desde seres inferiores y bajo el criterio de la mejor adaptación al am-
biente es el más progresivo, podemos preguntarnos al unísono con él
¿hacia dónde se orienta la evolución de la humanidad? ¿Hacia un decli-
ve biológico o hacia un declive moral? Ésta es la cuestión, según Ayala,
planteada por T. Dobzhansky de esta forma:

Si permitimos que los débiles y deformes vivan y propaguen sus caracte-


res, nos enfrentamos con la perspectiva de un ocaso genético. Pero si los

59
F. J. AYALA, “Darwin y la idea de progreso”, o.c. p.74.
60
F. J. AYALA, Ibidem.
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262

dejamos morir o sufrir cuando podemos salvarlos, nos hallamos frente a la


certidumbre de un ocaso moral.61

Tremendo dilema que trata de resolver Ayala. Que la humani-


dad ha evolucionado, es un hecho contrastado; que continúa evolucio-
nando, es un hecho innegable. Mientras exista variabilidad genética,
enorme en el ser humano, y reproducción diferencial, la selección natu-
ral seguirá actuando. Es posible que disminuya su actuación pero jamás
desaparecerá, a juicio de Ayala.62 Es probable que la mutación génica
en el ser humano se esté incrementando debido al uso de rayos X u
otras radiaciones y a la utilización de productos químicos medicinales,
alimentos, higiene, nuevos ambientes etc. El influjo de la selección na-
tural en la humanidad moderna se ha puesto en tela de juicio al conside-
rar los avances obtenidos en medicina con nuevas terapias que alargan
la vida humana hasta edad avanzada y más allá de la edad reproductiva,
lo que impide que la selección natural opere o lo haga de forma muy
atenuada. Para Ayala,63 esto es erróneo porque surge de un mal enten-
dido en el concepto de selección natural.
La selección natural es un proceso de reproducción diferencial y
esta consta de dos componentes: la mortalidad diferencial y la fertili-
dad diferencial.
La mortalidad, por lo menos postnatal, ha disminuido bastante
en la sociedad moderna por las causas ya conocidas pero no ha desapa-
recido de manera total. En los países muy desarrollados es todavía muy
alta. Según Ayala,64 existen todavía más de 3000 variantes genéticas
que causan enfermedades y deformaciones en los seres humanos a las
que la selección natural mantiene en frecuencias bajas.
Con respecto a las diferencias en la fertilidad, sostiene Ayala,65
que aunque el número medio de hijos ha disminuido considerablemente
en la sociedad moderna, la fuerza de la selección natural no descansa
sobre el promedio de descendencia, sino sobre su varianza. Si todas las
personas con edad reproductiva tienen el mismo número de hijos, en-
tonces no existe selección. Pero si la media es baja, de forma que unos
no tienen hijos y otros tienen muchos hijos, en estos la selección natural
actuaría con gran eficacia porque los genes de los últimos incrementan
su frecuencia. Ayala considera que no hay evidencia de disminución en
la actividad de la selección natural debidas a diferencias de fertilidad en
la humanidad moderna.
61
F. J. AYALA, La naturaleza inacabada, o.c. p. 233. Cita de F. J. Ayala. También en “Whither
Manking ? “The Choice Betwen a Genetic Twilight and a Moral Twilight”, American Zoology,
1986, nº 26, pp. 895 – 905.
62
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 192.
63
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 193.
64
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 193 – 194.
65
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 194 – 195.
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263

Estima Ayala, que hasta hace unos cincuenta años, la gran fuer-
za de la selección natural se ejercía en las enfermedades infecciosas,
recuérdese la tuberculosis. Los genotipos que entonces tenían gran ven-
taja selectiva, hoy carecen de ella dado el progreso en medicina. Dígase
otro tanto de las enfermedades mentales en las que las instituciones pro-
tectoras juegan un papel importante en la reducción del contacto sexual,
que impide la transmisión de genes y realizan el rol de selección natu-
ral.
¿Hacia dónde se dirige evolutivamente la humanidad? Esta es la
pregunta que responde y matiza el profesor Ayala.66
Dos aspectos puede revestir tal respuesta: negativo uno y positi-
vo u optimista el otro.
Algunos biólogos, señala Ayala, como J. H. Muller, Premio
Nobel de Fisiología y Medicina, auguran una próxima catástrofe para la
humanidad. Esto es así, dicen, porque la constitución genética de la
humanidad se está deteriorando con rapidez debido, precisamente, a la
mejora de las condiciones de vida y de modo particular al progreso cre-
ciente de la medicina moderna. Sin la intervención médica, las muta-
ciones perjudiciales son eliminadas por el proceso de selección natural.
Con aquella, muchas mutaciones malignas quedan sin eliminar y se van
acumulando a las de anteriores generaciones. Los individuos portadores
sobreviven y las transmiten, al menos, en parte a los descendientes que
irán incrementando el número de pacientes de enfermedades con origen
genético.
Ayala, menos catastrofista, cree que tal vez la situación no sea
tan seria como la que prevén estos biólogos. En esta tesitura cabe pre-
guntar: ¿es posible evitar esta catástrofe humanitaria mejorando la do-
tación genética humana? Al contestar, Ayala introduce el problema ac-
tual de la eugenesia, que entraña: concepto, división, técnicas, posibili-
dad de aplicación y sus relaciones con la ética y sociología.

a) Concepto de eugenesia:

El término eugenesia, del griego ευ−γενεσιs, según el dicciona-


rio de Bioquímica y Biología Molecular,67 se refiere a la ciencia que
busca el mejoramiento de la especie humana mediante el control de los
factores genéticos. Fue fundada como ciencia en 1883 por Sir Francis
Galton; guiado por sus estudios genealógicos llegó a la conclusión de
que el talento y la degeneración eran hereditarios, por lo que estimulan-
do a los padres superiores a aumentar su prole y disuadiendo a los infe-

66
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 199 – 210.
67
Oxford Dictionary of Biochemistry and Molecular Biology, A. D. Smith, ed., Oxford University
Press, Oxford, 1997, p. 220.
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264

riores, cabía mejorar la raza humana. Según Ayala,68 la eugenesia se


aplica a la ciencia y al arte que tratan de mejorar la dotación genética de
la humanidad.

b) División de la eugenesia:

Dos formas de eugenesia, a juicio de Ayala,69 pueden distin-


guirse: La eugenesia negativa que trata de evitar la multiplicación de
genes desfavorables y la eugenesia positiva que fomenta la multiplica-
ción de genes favorables.
Dos elementos componen la definición de eugenesia: el aspecto
científico, la eugenesia es ciencia y supone un conocimiento teórico; y
el aspecto técnico o de aplicación. Si se aplica como en este caso al ser
humano, presenta además implicaciones de carácter ético y sociológico
que serán objeto de consideración. Conscientes de estas implicaciones y
como miembros de la raza humana, continúa Ayala, podemos plantear-
nos estas cuestiones en todos sus aspectos y aún más, estamos obliga-
dos a ello.

c) Técnicas eugenésicas. Descripción:

Los métodos establecidos por la ciencia genética para poder


modificar intencionadamente la constitución genética, en expresión de
Ayala,70 son de cuatro categorías:

• Consejo genético.
• Cirugía genética.
• Selección germinal.
• Clonación.

Los dos primeros se consideran métodos fundamentalmente de


eugenesia negativa y los otros dos de eugenesia positiva.
Ayala se detiene en una breve descripción de cada uno porque
es consciente de que con la ignorancia de los problemas no se resuel-
ven, es mejor conocerlos y aplicar posibles soluciones:

1) El consejo genético, según apreciación de Ayala, consiste en


informar a los futuros padres sobre la naturaleza genética de la enfer-
medad que se da en ellos o en su familia y la probabilidad de ser trans-
mitida a sus hijos. Tras este consejo, los padres informados podrán de-
68
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 199.
69
F. J. AYALA, Ibidem.
70
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 200 – 202.
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265

cidir no tener hijos o aceptar un hijo anormal. En este sentido, especifi-


ca Ayala,71 los gobiernos podrían llevar a cabo programas basados en el
consejo genético suplementado por la amniocentesis y el aborto.72

2) La cirugía genética es una de las técnicas de la segunda cate-


goría a la que otros denominan ingeniería genética pero no es lo correc-
to. Consiste en la manipulación directa del material hereditario conteni-
do en el DNA. Los errores que se producen en la reproducción del
mensaje genético y que dan lugar a las mutaciones génicas, podrían co-
rregirse. La cirugía genética intenta inducir una mutación dirigida y se
puede realizar mediante la substitución del gen deficiente o con la téc-
nica llamada del DNA recombinante.

3) La selección germinal, cuyo defensor más ardiente es, según


73
Ayala, H. J. Muller, premio Nobel de fisiología y medicina, propone
establecer bancos de semen de hombres de gran mérito, que puede ser
utilizado por cualquier matrimonio mediante inseminación artificial,
para obtener un hijo genial que no sea del marido. Para Muller, mejor
aún, es tomar óvulos de mujeres con gran mérito y almacenarlos apro-
piadamente. En este caso, se podrían elegir el padre y madre genéticos
deseados. Una vez fecundados los óvulos en tubo de ensayo, implantar-
los en la madre futura, o cuando el desarrollo técnico lo permita, des-
arrollarlos artificialmente en condiciones apropiadas extrauterinas.

4) La clonación permite que óvulos de una hembra, en este caso


de una mujer, sean desprovistos de su núcleo que porta material genéti-
co y en su lugar implantar el núcleo de una célula somática de un indi-
viduo elegido dejando que el óvulo se desarrolle con normalidad. De
este modo se puede obtener un individuo idéntico genéticamente a otro,
o muchos idénticos, de forma similar a lo que ocurre en la gemelación
monocigótica o univitelina.
Desde el punto de vista epistemológico lo que más importa es
conocer su eficacia una vez comprobada en el ser humano, y sobre to-
do, si deben o no utilizarse en éste por razones éticas y sociológicas.

d) Posibilidad de aplicación de las técnicas eugenésicas:

Tras la breve descripción de las conocidas técnicas de la genéti-


ca moderna, Ayala hace un estudio de su posibilidad de aplicación téc-

71
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 200.
72
Con la técnica de la amniocentesis y el estudio del cariograma se pueden detectar más de 100
defectos genéticos.
73
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 199 y 202.
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266

nica. Se ha sugerido que tales técnicas deberían emplearse ya para me-


jorar la constitución genética, pero Ayala74 prefiere someterlas a ciertas
observaciones prácticas antes de decidir sobre su aplicación.
Con relación al consejo genético, manifiesta Ayala, que es posi-
ble incitar o desaconsejar la reproducción de ciertas personas y también
es posible esterilizarlas. La amniocentesis previa se practica a diario sin
grandes riesgos.
De la cirugía genética se dice que ya podría utilizarse hoy o en
un futuro próximo. Ayala con más cautela utiliza una mayor precisión
porque tal afirmación le parece equívoca. La cirugía genética, dice, se
usa pero con éxito limitado en ciertos organismos. La posibilidad de
aplicación al ser humano, sobre todo, la incorporación de segmentos de
DNA con la técnica de recombinación no sería una realidad hasta que
pasen algunos años, para poder sustituir un gen anormal por otro nor-
mal.
La selección germinal, la conservación del semen humano, a
juicio de Ayala, puede efectuarse sin grandes dificultades. Lo propio
afirma de la inseminación artificial que es práctica común, pero utiliza-
da más como técnica terapéutica que eugenésica en los casos de esteri-
lidad en el marido.
La fecundación de óvulos humanos in vitro se efectúa repetida-
mente pero implantando de nuevo el óvulo de esta forma fecundado en
el útero materno dando, al parecer, individuos completamente norma-
les. Sin embargo, advierte Ayala, que aplicada esta técnica de forma
masiva e indiscriminada puede engendrar problemas de consaguinidad.
Por otra parte, el desarrollo completo del embrión fuera del útero ma-
terno, es decir, en laboratorio, no se ha conseguido y es difícil saber si
es por razones técnicas o para evitar problemas legales o éticos. En los
casos de desarrollo embrionario in vitro, los embriones, o han muerto
espontáneamente, o han sido destruidos por decisión.
La clonación, reconoce Ayala, se ha llevado a cabo con éxito en
ciertos batracios y vertebrados y parece no presentar dificultades insu-
perables. Esta técnica, anota el autor, tendría una gran importancia eco-
nómica en ganadería. Ayala añade una observación muy interesante
sobre la clonación humana.

Merece la pena tener en cuenta la primacía absoluta que dan al componen-


te genético del individuo quienes proponen las técnicas de mejora genéti-
ca. La persona es el resultado de la interacción entre su constitución here-
ditaria y el ambiente en que vive, el cual consta de las experiencias cons-
cientes o inconscientes del individuo desde su concepción hasta su muerte.
El genotipo determina sólo la norma o rango de reacción del individuo; en

74
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 203 – 205.
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267

ambientes distintos, un mismo genotipo puede producir resultados muy di-


ferentes. Esta noción bien conocida de los genéticos es, al parecer, olvida-
da por quienes proponen la selección germinal y la multiplicación clonal
del genotipo de hombres y mujeres distinguidos.75

Ayala considera que la influencia del ambiente es más impor-


tante aún en el hombre que en cualquier otro organismo. Esta influencia
es mucho más compleja en el humano porque los componentes ambien-
tales en éste son además de origen físico, biológico, cultural, como son
el medio familiar, escolar, social, político, religioso, etc. De tal manera,
que los genes de un gran bienhechor de la humanidad pueden dar lugar
a criminales y malhechores. Utiliza Ayala un ejemplo típico y tópico en
el hombre de la calle: para que el genotipo de Einstein resultara en otro
Einstein sería necesario dotarlo desde su nacimiento y durante toda su
vida del mismo ambiente y en todos sus detalles, la misma nutrición,
idéntica educación, las mismas experiencias. La conclusión es que tal
cosa es evidentemente imposible.76
Las consideraciones con relación a la ética y sociología de las
técnicas eugenésicas se verán en el capítulo siguiente dedicado a la bio-
ética y biosociología en el pensamiento del profesor Ayala.

6. 4. Conclusión.

El estudio epistemológico de Ayala sobre el concepto de pro-


greso biológico se puede reducir a unas ideas básicas que resultan muy
convenientes para una mejor comprensión de nuestra propia evolución
y desarrollo:
1ª) Es admisible el progreso neto en los seres orgánicos bajo al-
gún criterio concreto.

75
F. J. AYALA, Origen y evolución del hombre, o.c. p. 204.
76
Dos conclusiones legítimas parece que se puedan extraer de la apreciación del Dr. Ayala sobre la
posibilidad de aplicación de las técnicas eugenésicas: Primera, aunque en teoría no revisten serias
dificultades, algunas podrían ser aplicadas pero sin olvidar que, dada su complejidad, en la práctica
podrían surgir dificultades imprevistas en su aplicación al ser humano. Segunda, con respecto a la
clonación, parece que el profesor Ayala se refiere a la clonación sensu stricto y no en sentido vulgar
que la confunde con la gemelación artificial monocigótica o univitelina. La clonación en sentido
riguroso, como se deduce de la doctrina de Ayala, sería fabricar un fenotipo copia idéntica de otro
fenotipo. Este procedimiento es el que resulta del todo técnicamente imposible, sobre todo en el ser
humano, porque se olvida con facilidad que un fenotipo es el resultado, como dice Ayala, del desa-
rrollo epigenético de un genotipo con interacción continuada con el ambiente en el que se desarrolla
el organismo y teniendo en cuenta las mutaciones al azar que se producen en la dotación genética
del mismo. Ni la mutación genética azarosa ni la adaptación al ambiente son previsibles y, por tanto,
no son manipulables. Cada organismo se va adaptando de modo distinto a su ambiente que es muy
complejo, sobre todo, en el ser humano, como nos ha dicho el autor. Los gemelos univitelinos no
son idénticos, como ya se sabe, cada uno tiene su propia singularidad irrepetible que la selección
natural conserva. Da la impresión, de que el optimismo laplaciano anida todavía en la mente de
muchos que quieren ver en la genética moderna la ciencia paradigmática de nuestro siglo.
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268

2ª) El organismo más progresivo es el ser humano por su mayor


capacidad de adaptación y el único capaz de controlar y modificar su
propio ambiente. Bajo otros criterios, puede que no lo sea.
3ª) Progreso, aunque no pertenece al elenco de términos cientí-
ficos, es inevitable su uso en la ciencia, a veces, de forma subrepticia y,
sobre todo, cuando como seres humanos necesitamos tener una visión
más amplia del mundo, superior a la incompleta que nos ofrece la cien-
cia. Los mismos científicos utilizan valores y juicios de valor, como es
el caso de J. C. Greene al elegir su propia filosofía natural de la que no
puede prescindir por mucho que lo intente.
4ª) En cuanto al futuro de la humanidad, ésta seguirá evolucio-
nando a pesar de la interferencia del hombre con sus habilidades. Lo
más razonable es, como dice Ayala, evitar todas las formas de eugene-
sia positiva y conseguir con la eugenesia negativa reducir la frecuencia
de las enfermedades congénitas. La eugenesia positiva puede ser bene-
ficiosa en agricultura y ganadería, vendría a reforzar las prácticas de
selección artificial con la que tantos beneficios se han conseguido.
5ª) Fomentar la cultura humana que tanto afecta a la evolución y
cuya influencia es enorme en el mundo de los seres orgánicos, espe-
cialmente en el desarrollo y progreso del propio ser humano. Es proba-
ble que la selección natural continúe actuando sin necesidad de diezmar
a la población humana en su tendencia a ocupar todos los espacios vita-
les existentes.
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7. Reflexiones éticas, bioéticas y sociobiológicas en el


pensamiento de F. J. Ayala.

En su preludio al tema de Bioética, Ayala1 se muestra insistente


en remarcar las diferencias específicas del ser humano como lo hace en
lo que él llama excursión filosófica en torno a la naturaleza humana. Es
esta una cuestión recurrente una y mil veces por filósofos y científicos a
través de la historia sin perder un ápice de interés. Sin embargo, a juicio
de Ayala, la investigación llevada a cabo hasta la aparición del Origen
de las Especies de C. Darwin (1859) resultaba insuficiente puesto que
es característica esencial de la naturaleza humana su origen evolutivo
desde seres no humanos. También en boca de G. G. Simpson2 tal expli-
cación carecía de valor y era digna de ser ignorada. Tales exageraciones
las matiza rápidamente el profesor Ayala cuando dice, que para una
comprensión apropiada de la naturaleza humana se requiere el conoci-
miento de su descendencia de antropoides, aunque también es cierto,
que el solo descubrimiento del origen evolutivo de la humanidad tam-
poco es suficiente para explicar qué sea el hombre, pero sí constituye
un necesario punto de partida. Una vez conocido este origen evolutivo,
lo fundamental ahora para Ayala es establecer las semejanzas y dife-
rencias con nuestros antepasados. Fácilmente se descubren unos carac-
teres únicos en la especie humana que, aun cuando tienen fundamento
biológico, van más allá de la biología y dan lugar a un mundo nuevo
constituido por el lenguaje, la tecnología, el arte, la religión y la moral,
componentes todos de lo que llamamos cultura, atributo distintivo de la
naturaleza humana.
Según J. Ferrater Mora,3 la idea de cultura es objeto de varias
interpretaciones en la historia del pensamiento, la más extendida y co-
rriente es la de cultivo de capacidades humanas y como el resultado del
ejercicio de estas capacidades según ciertas normas asociada siempre al
ser humano, aunque se ha abierto paso recientemente la idea de que, si
la cultura consiste en tener un lenguaje de comunicación, usar instru-
mentos y organizarse socialmente, no hay razón para restringir la cultu-

1
F. J. AYALA, “De la biología a la ética: una excursión filosófica en torno a la naturaleza humana
con reflexiones sobre sociobiología”, Revista de Occidente, 1982, nº 18 – 19, pp. 163 – 186.
2
G. G. SIMPSON, Biology and Man, Harcourt, Brace and World, New York, 1969. Citado por
Ayala.
3
J. FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía, o.c. pp. 698 – 699.
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270

ra al mundo humano, cuando en muchas especies animales se dan tam-


bién estos rasgos culturales.
Ayala4 se pronuncia a favor de la primera interpretación: la cul-
tura abarca todas las actividades humanas que no son estrictamente bio-
lógicas y el resultado de las mismas como son las estructuras sociales y
políticas, ética, religión, lenguaje, arte, ciencia, tecnología y todas las
creaciones de la mente humana. Existen ciertas formas primitivas de
organización en algunos animales, pero añade: nada semejante a la cul-
tura existe fuera del ámbito humano.5
Aunque naturaleza o biología y cultura se sitúen en ámbitos dis-
tintos, sin embargo están íntimamente relacionados, es más, no pueden
existir la una sin la otra, en el decir de Ayala. Esta íntima relación se
muestra en que la cultura únicamente aparece sobre una base biológica
adecuada y en la influencia tan notable que ejerce sobre los cambios
ambientales que son la fuente más importante de cambios en la evolu-
ción biológica humana. No cabe duda, la evolución cultural predomina
sobre la biológica cuya aceleración en nuestros días se intensifica gra-
cias al gran impulso recibido de aquella.
En este contexto cultural sitúa Ayala la ética y la sociobiología.
La ética, para el autor, es una de las características más distintivas de la
cultura humana. Ayala, enemigo acérrimo de todo enredo teórico y para
evitar la confusión de conceptos, separa la problemática ética en dos
cuestiones: primera si la ética como tendencia se erige sobre un basa-
mento biológico y segunda si las normas éticas o códigos morales sur-
gen y se sostienen también sobre la misma base biológica. El punto de
mira de la reflexión epistemológica del Dr. Ayala se centra substan-
cialmente en estos dos núcleos bien distintos y no equivalentes.6

7. 1. Relación entre Ética y Biología, según F. J. Ayala.

Ayala7 hace referencia a Lucy descubierta en 1994 en Etiopía,


el esqueleto casi completo de una adolescente que vivió hace tres mi-
llones de años en las estepas africanas. Tenía un metro de altura y un
cerebro de 300 gramos de peso, inferior al de un chimpancé. De Lucy o
de los miembros de su especie Austrolopithecus aferensis descendemos
los seres humanos. Lucy, según Ayala, era diferente de gorilas y chim-
pancés por su postura bípeda, la cual constituye la razón clave del cam-
bio de aumento de cerebro y de la aparición de la inteligencia. Los
4
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 164.
5
F. J. AYALA, Ibidem.
6
Ayala usa indistintamente los términos ética y moral, aunque hoy día se tiende a reservar el térmi-
no moral cuando las normas de comportamiento obedecen a una prescripción positiva generalmente
de connotación religiosa. Otros prefieren el término ética para designar el fundamento de la moral.
7
F. J. AYALA, “Lucy y la moralidad”, El País, 21 de mayo de 1994.
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271

humanos se distinguen no sólo por su inteligencia, Homo sapiens sa-


piens, sino también por su sentido moral, Homo moralis. La cuestión de
fondo para Ayala es ésta: ¿De donde nos viene el sentido moral?.
Para responder a esta primera interrogante establece Ayala8 un
principio básico general: la ética es un atributo humano universal.
Asentado este postulado procede a su demostración:
a) Es un hecho contrastable que los hombres tienen valores éti-
cos. Esto significa que aceptan normas de comportamiento que pueden
variar de un individuo a otro pero no pueden faltar, si bien, hay precep-
tos que parecen universales, porque se dan en todas las culturas y todos
los hombres adultos formulan juicios de valor.
b) Esta capacidad de emitir juicios morales de carácter universal
parece que debe fundamentarse en la naturaleza biológica humana pre-
cisamente por ser universal. La capacidad humana para la ética apareció
tras la separación de los linajes evolutivos que llevan, uno al hombre,
los otros a los monos antropoides.
c) ¿Cómo puede probarse que la ética es un atributo de la cons-
titución genética humana? Ante esta cuestión, afirma Ayala, se diversi-
fican las posiciones entre filósofos y biólogos evolucionistas. Unos de-
fienden que los valores éticos son naturales, otros que son de origen
social y finalmente otros dicen derivarse de convicciones religiosas.
Ayala asegura, que la base de estas divergencias es la mixtifica-
ción o confusión general que subyace entre los conceptos de tendencia
y norma ética, cuestiones ambas diferentes la una de la otra aunque
yuxtapuestas, diríamos, distintas pero no distantes. Por tanto, para dilu-
cidar las ideas se deben establecer dos formulaciones diversas:
1) Tendencia o capacidad biológica para la ética. 2) Normas o
códigos éticos y naturaleza biológica.
Resulta evidente para Ayala:

(...) que los hombres no pueden evitar el hacer juicios morales sobre las
acciones humanas, no se sigue necesariamente de ello que los códigos mo-
rales estén determinados por la naturaleza humana. (...) La necesidad de
aceptar valores éticos no determina necesariamente cuales sean los valores
éticos a seguir.9

En efecto, el problema de las raíces biológicas de la conducta


ética no puede resolverse adecuadamente si no se tratan por separado
ambas cuestiones que responden a dos usos diversos de la conducta éti-
ca.10

8
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 165 – 166.
9
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 166.
10
F. J. AYALA, “The biological Roots of Morality”, Biology and Philosophy, 2, 1987, pp. 235 –
252. Origen y evolución del hombre, o.c. pp. 165 – 190. La naturaleza inacabada, o.c.pp. 245 – 246.
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272

7. 2. Capacidad ética y naturaleza biológica.

Conocido el estado de la cuestión, lo primero, según Ayala, es


dilucidar si es la naturaleza humana la que determina necesariamente
que el hombre posea valores éticos con los que juzgar sus propias ac-
ciones, es decir, si el ser humano es ser ético por naturaleza.
Recuerda nuestro autor, que no es nueva la cuestión. Ya los
griegos, especialmente Aristóteles, la tuvieron muy en cuenta; Sto. To-
más de Aquino y otros escolásticos hablaban también de ética natural,
la norma ética enraizada en la naturaleza, ley natural humana. Ayala11
afirma que la evolución biológica añade una nueva dimensión al pro-
blema; por ser éste un proceso gradual suscita tres nuevas preguntas:
¿Cuándo apareció la conducta ética? ¿Cómo ha evolucionado? ¿Es un
simple producto de otros atributos, por ejemplo, de la inteligencia, o ha
sido específica y directamente impulsada por la selección natural? ¿Por
qué sólo se da en los seres humanos y no en los animales?
Ayala12 conoce bien y expone con brevedad las diversas res-
puestas a estas interrogantes de parte de destacados biólogos evolucio-
nistas. Uno de ellos, T. H. Huxley (1893) se opone a que el sentido éti-
co sea un derivado directo de la naturaleza biológica. El fundamento
hay que buscarlo en un contexto social en concreto; radica la ética en el
deseo de imitación y aprobación de los demás y así evitar su rechazo.
Según T. H. Huxley, el origen de la ética es de carácter sociológico y
no biológico. Tanto es así, que no sólo es independiente de la evolución
orgánica, sino que se opone a tal proceso.
Su nieto J. S. Huxley (1953), por el contrario, mantiene que la
capacidad ética es producto de la evolución, contribuye al progreso y de
ningún modo se opone a tal evolución biológica. C. H. Waddington
(1960) defiende algo similar pero haciendo ver que el progreso humano
conseguido en la evolución biológica es únicamente psicológico y so-
cial. Ambos defienden que la evolución biológica selecciona también
los códigos morales. T. Dobzhansky y G. G. Simpson, según Ayala,
opinan que la disposición ética se origina en la constitución genética
humana pero su función no es promover el progreso biológico.
Ayala,13 en su crítica a estos pensadores, señala que su error es-
tá en confundir y no discernir con nitidez la capacidad ética de las nor-
mas éticas. Aquella la comparten todos los hombres normales, éstas son
diferentes según las culturas, aunque algunas, como dijo con anteriori-

11
F. J. AYALA, “The biological Roots of Morality”, o.c. p. 236.
12
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 167 – 168.
13
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 452 – 455.
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273

dad, sean comunes. Esta distinción, al menos implícita, se encuentra en


los escritos de T. Dobzhansky14 y G. G. Simpson.
Definitivamente, Ayala encuentra que la capacidad ética es un
atributo de la constitución genética de los seres humanos. Estos son ne-
cesariamente éticos porque sólo en ellos se dan las tres exigencias o
condiciones necesarias y suficientes que justifican el comportamiento
ético como natural en la especie humana. Estas condiciones, a juicio de
Ayala,15 son:

• Capacidad de anticipar las consecuencias de las propias


acciones.
• Capacidad de hacer juicios de valor.
• Capacidad de elegir entre modos alternativos de acción.

Del examen de estas tres condiciones se deduce que dichas ca-


pacidades se dan en el ser humano como consecuencia, dice Ayala, de
su gran eminencia intelectual, producto de su evolución biológica y
promovida por la selección natural que favorece el éxito biológico del
propio hombre.
La primera condición, capacidad de anticipar las consecuencias
de las propias acciones, según el propio Ayala,16 es la más fundamental
y está íntimamente relacionada con la capacidad de establecer conexión
entre el medio y el fin, dicho de otro modo, de anticipar el futuro que
conlleva la formación de imágenes de una realidad no presente o toda-
vía inexistente. Sólo cuando se prevén las consecuencias de una bala
disparada, la acción puede ser calificada de moral. Este poder conectar
medios con fines es la base de la tecnología y cultura humanas, cuya
raíz evolutiva es la posición bípeda adquirida por el austrolopiteco en la
estepa. Ayala sigue las apreciaciones convencionales de los evolucio-
nistas al respecto: posición bípeda que favorece la manipulación, cons-
trucción y uso de objetos utensilios como medios para la consecución
de un fin que pueden facilitar la supervivencia y reproducción. En este
caso, la selección natural favorece directamente, no la capacidad ética,
sino la evolución de la capacidad intelectual de los seres humanos que
fue aumentando gradualmente en tres o más millones de años, constru-
yendo a su paso utensilios cada vez más complejos.
Es evidente, según Ayala, que poder anticipar el futuro está re-
lacionado con la construcción de utensilios, medios para fines, cuyo
resultado es el avance tecnológico de la humanidad moderna.

14
T. DOBZHANSKY, Evolución, o.c. pp. 452 – 455.
15
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 168 – 169.
16
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 169.
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274

La segunda condición, capacidad de hacer juicios de valor, su-


pone capacidad intelectual eminente, capacidad de abstracción propia
de los seres humanos y sólo de ellos, que percibe, en expresión del au-
tor, objetos o acciones determinadas como pertenecientes a clases gene-
rales, permitiendo comparar objetos o acciones y captándolos unos co-
mo más deseables o valiosos que otros. Sólo cuando, por ejemplo, se ve
si la muerte de un enemigo es preferible a su supervivencia al disparar
la bala, se puede calificar la acción ética de buena o mala. El disparo en
sí mismo ni es bueno ni malo moralmente.
La tercera condición, capacidad de elegir entre modos alternati-
vos de acción, la encuadra Ayala basada también en una inteligencia
avanzada que explora alternativas en función de las consecuencias pre-
visibles. Esta elección supone, a su vez, capacidad de libre albedrío que
Ayala17 admite como realidad genuina porque la experiencia individual
interna nos permite estar seguros de que podemos elegir entre alternati-
vas diversas de acción. Sólo cuando se puede optar libremente, la ac-
ción de darle al gatillo se puede considerar moralmente buena o mala.
A esto añade Ayala, que ante una situación concreta, es posible explo-
rar otras situaciones y descubrir mentalmente nuevas alternativas de
acción en las que se puede ejercitar el libre albedrío.18
Como corolario de la contemplación de las tres exigencias para
el comportamiento ético, fenómeno fundamentalmente biológico, dedu-
cimos que la conducta ética es un atributo de la constitución genética
humana, según el pensamiento del autor, y es una resultante de la evo-
lución no porque la tendencia ética sea directamente impulsada, repeti-
mos, por la selección natural, sino porque es un producto de la inteli-
gencia humana mucho más desarrollada a impulsos de la selección na-
tural, inteligencia capaz de prever consecuencias, medios y fines, de
inventar y construir artefactos que contribuyen al éxito biológico del ser
humano.
No cabe duda que esta tendencia evolutiva intelectiva también
se da en forma gradual en los animales que reciben y procesan informa-
ción procedente del ambiente, y como es adaptativa reacciona de modo
17
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 170.
18
Una aportación interesante que puede ayudar a comprender mejor la posición de Ayala en cuanto
a la fundamentación profunda de la ética, la ofrece X. Zubiri que considera el comportamiento ético
como característico y fundamentado en la antropología. El hombre, a juicio de X. Zubiri, ha de hacer
su vida porque no está programado a diferencia del animal que sí lo está. Ante un estímulo, el ani-
mal sólo tiene una respuesta. El hombre ante el mismo estímulo puede reaccionar de varios modos,
tiene indefinidas respuestas o alternativas. El hombre ha de hacer su vida. La vida humana es hacer
cosas (conducta) eligiendo (libertad) según modelos (ética) Haciendo cosas hacemos nuestra vida
decidiéndonos por unos actos u otros, elegimos constantemente. Como no toleramos la estupidez,
nos decidimos siempre según razones o normas que pueden variar pero no faltar del todo. El hombre
es animal ético porque tiene que hacer su vida y no al “tuntún” sino de un modo determinado. La
antropología, por tanto, deja al descubierto la constitución ética del ser humano. Cf. Sobre el hom-
bre, Alianza Editorial S.A. Madrid, 1986, pp. 343 – 358.
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275

flexible según las circunstancias. Esta adaptación es progresiva en la


escala filogenética, como se vio en páginas anteriores, y tiene su máxi-
ma expresión en el ser humano cuyo desarrollo intelectual le lleva a la
abstracción, creatividad, autoconciencia reflexiva y libertad de elec-
ción.
Llegados a este punto, Ayala19 se cuestiona si la capacidad del
comportamiento ético no se encuentra también de algún modo en los
animales ya que tienen inteligencia, aun cuando muy inferior en desa-
rrollo. La respuesta para el autor es taxativamente negativa. Se dan en
ciertos animales superiores comportamientos análogos a los humanos,
la docilidad del perro y el adiestramiento, por ejemplo, que tan gratos
nos resultan, no son comportamientos éticos sino simples interpretacio-
nes antropomórficas; en realidad, están determinados por su constitu-
ción genética y responden al arco reflejo. La conducta animal no puede
ser ética porque ninguna de las tres condiciones señaladas con anterio-
ridad para la acción ética se dan en los actos realizados por animales.
Ayala se expresa con precisión:

La capacidad ética es el resultado de un proceso evolutivo gradual, pero se


trata en este caso de un atributo que sólo existe cuando las características
subyacentes (las capacidades intelectuales) han alcanzado un cierto grado
de desarrollo. Las condiciones necesarias para que se de comportamiento
ético sólo aparecen cuando se atraviesa un “umbral” evolutivo; la aproxi-
mación al umbral es gradual pero tales condiciones aparecen sólo y de ma-
nera relativamente “repentina” cuando se ha alcanzado el nivel intelectual
que hace posible la anticipación del futuro y la abstracción.20

Dos términos merecen especial atención en el subrayado del au-


tor: umbral y aparición relativamente repentina. Ambos conjuntados en
el mismo contexto, es obvio, que hacen referencia a una propiedad
emergente, la capacidad intelectual específica humana que no es simple
aumento cuantitativo y evolutivo de inteligencia sino aparición repenti-
na, dice, de un poder intelectivo nuevo cualitativamente distinto (emer-
gente) como lo intenta reflejar el ejemplo utilizado por Ayala, el agua
que por ebullición pasa de líquido a gas, queriendo significar que este
paso de umbral ocurre no sólo en la vida orgánica sino también en el
mundo inorgánico.

19
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 172. “The biological Roots of Morality”, o.c. p.
241.
20
F. J. AYALA, Ibidem.
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276

7. 3. Códigos éticos y naturaleza biológica.

Resuelta afirmativamente la primera cuestión, la naturaleza bio-


lógica humana como fundamento último de la tendencia ética en el ser
humano, Ayala21 se detiene ahora en exponer y analizar su segunda
proposición sobre el comportamiento del hombre, es decir, si las nor-
mas o códigos éticos están fundamentados y determinados por la misma
naturaleza biológica humana y propulsados por la selección natural de
manera que los hombres se vean obligados por su propia naturaleza a
cumplirlos.
Una propuesta previa que Ayala examina es si las normas éticas
provienen de convicciones religiosas y sólo de ellas, como algunos
propugnan. Para el autor, la conexión entre los principios éticos y reli-
giosos o teológicos no es en sí misma una conexión lógica, aun cuando
pueda ser psicológica o motivada.22 Esta afirmación última de Ayala
parece significar que, efectivamente, la ética no es una deducción lógi-
ca de las creencias religiosas, sino cuando éstas se refieren a una natu-
raleza humana que sí puede someterse al análisis filosófico. Pero, en-
tonces, el fundamento ético no está en la convicción religiosa sino en
tal naturaleza humana. Tal es el caso, refiere Ayala, de los teólogos
cristianos, en especial Sto. Tomás de Aquino, al establecer su teoría de
la ley natural. Pero, en general, la mayoría de las personas creyentes o
no, aceptan emotivamente unos preceptos éticos sin justificarlos antes
racionalmente con una teoría especial, como si dijéramos, parece decir,
porque me lo impone, sin más, mi religión o ideología.
Eliminado este escollo, cree Ayala encontrar el camino más
despejado para adentrarse en la cuestión central de si las normas éticas
también están determinadas biológicamente. A su paso encuentra un
sinnúmero de teorías surgidas tras la publicación de la teoría de la evo-
lución de C. Darwin que tratan de justificar los valores éticos a partir de
presupuestos biológicos.
Según Ayala,23 hay teorías morales racionalistas que utilizan
axiomas o principios de las que deducen por intuición directa lo que es
moralmente bueno o malo. Otras teorías morales irracionalistas como
las del positivismo lógico y existencialismo reducen la ética al nivel
emocional y a decisiones arbitrarias por lo que no necesitan justifica-
ción racional alguna.
La idea común, a juicio del profesor Ayala, en estas y otras
teorías de carácter evolucionista es esta: la evolución es un proceso que
lleva siempre a metas moralmente buenas puesto que son deseables;

21
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 173 – 181.
22
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 173.
23
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. p. 174.
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277

luego una acción es moralmente buena si contribuye con el proceso


evolutivo a la consecución de estas metas.
No obstante, un evolucionista, T. H. Huxley argumentaba: la se-
lección natural no puede servir de guía moral porque favorece la vio-
lencia, la competencia y la astucia en vez de la justicia y el amor. Se
deduce, entonces, que las leyes morales no son producto de la evolu-
ción. Por otra parte, T. Dobzhansky y G. G. Simpson defienden que la
capacidad ética es producto de la evolución, pero esto no significa que
la evolución sea la pauta moral de las acciones humanas.
Particularmente interesante resulta para Ayala la posición del fi-
lósofo H. Spencer (1820-1903) el primero, tal vez, que se ocupa de
fundamentar la moralidad en el proceso evolutivo. La misma formula-
ción han presentado S. J. Huxley, C. H. Waddington y E. Wilson.
Ayala24 se detiene en hacer un análisis filosófico de cada una de
estas posiciones a las que rebate paulatinamente. H. Spencer25 intenta
sustituir la fe cristiana como fundamento tradicional de la ética por una
base natural que sería la evolución orgánica. Una de las afirmaciones
clave de Spencer es, según Ayala: la aceptación de la doctrina de la
evolución orgánica determina ciertos principios. Pero no concreta
Spencer qué principios pueden ser estos.
Ayala26 señala algunas afirmaciones de Spencer, apuntes que
dibujan los perfiles esenciales de su concepto de la ética:
1ª. La aceptación de la doctrina de la evolución orgánica deter-
mina ciertos principios éticos.
2ª. La conducta humana, al igual que las actividades biológicas
en general, deben juzgarse como buenas o malas dependiendo de que se
conformen o no a los fines de la vida.
3ª. Un código moral que no esté basado en las leyes de la selec-
ción natural y de la lucha por la existencia está de antemano condenado
al fracaso.
4ª. La forma más exaltada de conducta es aquella que conduce a
la mayor duración, extensión y perfección de la vida. (Principio funda-
mental).
5ª. La regla general es que el placer es lo biológicamente útil y
el dolor lo biológicamente peligroso. El placer acompaña a la conducta
virtuosa y el dolor a la viciosa. Esta asociación indica que la ética de la
conducta está determinada por la naturaleza biológica misma.
6ª. Todo hombre es libre para hacer aquello que desea, siempre
que esto no interfiera con la libertad semejante de los demás hombres.

24
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 175 – 181.
25
H. SPENCER, The principles of Ethics, 1893, citado por Ayala. Véase también en F. J. AYALA,
“Sociobiologiy and Ethics”, History and Philosophy of Life science, 1987, nº 9, pp. 315 – 316.
26
F. J. AYALA, “De la biología a la ética”, o.c. pp. 175 – 176.
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278

7ª. El comportamiento ético es paralelo al orgánico que busca el


éxito del individuo, es decir, conseguir aquello que necesita. A pesar de
todo esto, hay ciertas normas morales formuladas por la sociedad y ad-
quiridas por tradición.
A juicio de Ayala, el conocido darwinismo social de Spencer,
tuvo éxito en su tiempo pero después ha tenido pocos seguidores. Entre
sus críticos están J. S. Huxley y C. H. Waddington, aunque éstos de-
fienden igualmente que las normas éticas tienen su fundamento en la
evolución orgánica.
J. S. Huxley27 por su parte, mantiene que la evolución conlleva
un progreso o perfeccionamiento general aunque se encuentren especies
muy concretas que no evolucionan o se extinguen. Este perfecciona-
miento es la tendencia general de los organismos hacia un mayor avan-
ce en la complejidad que no significa sólo una especialización de for-
mas, sino progreso como perfeccionamiento general. Este progreso se
puede examinar objetivamente identificando las características progre-
sivas comparando organismos más avanzados con los menos avanza-
dos. Este examen objetivo se realiza bajo el criterio del mayor desarro-
llo de la capacidad sensorial, intelectiva y volitiva que, como es obvio,
la sitúa en el ser humano. Pues bien, Huxley fundamenta la ética sobre
el siguiente postulado: el progreso es algo deseable en sí mismo. Por
tanto, una acción será moralmente correcta si favorece el progreso evo-
lutivo, si fomenta formas de vida más complejas.
C. H. Waddington, a su vez, considera la teoría de Huxley como
círculo vicioso, puesto que admite arbitrariamente como premisa lo que
ha de probarse, lo más complejo es progresivo y lo progresivo es lo más
complejo. No obstante, Waddington defiende como Huxley que las ten-
dencias evolutivas son en sí deseables (no dice progresivas para evitar
la circularidad). En el mundo viviente hay una tendencia general similar
al crecimiento del individuo. Siguiendo el mismo razonamiento, Wad-
dington estima que cualquier código ético será moralmente más o me-
nos aceptable dependiendo de que favorezca o no las tendencias evolu-
tivas o cambios de avance a lo que llama riqueza de experiencia.28
Los argumentos de Huxley y Waddington, a juicio de Ayala,29
son criticables por varias razones. Primera, ambos cometen el error de
valorar subjetivamente una tendencia evolutiva cuando debieran hacer-
lo con pruebas objetivas. Ninguno de los dos justifica que unos orga-

27
J. S. HUXLEY, Evolution in Action, Harper, New York, 1953. Citado por Ayala.
28
Obsérvese que la expresión riqueza de experiencia, con toda probabilidad, coincide con su teoría
del fenotipo tratada en páginas anteriores. Un fenotipo, según Waddington, es mucho más rico que
un simple genotipo, pues aquel tiene una mayor riqueza de experiencia informativa adquirida por su
inte