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UNIDAD 2

PODER, ESTADO, NACION,


PATRIA.
EL PODER POLITICO

Por: Raúl Ferrero Rebagliati (*)

Naturaleza del poder

En el ápice del Estado se halla el Poder o sea la facultad de gobernar, de citar reglas a la
conducta ajena. Al abordar el presente estudio, comprobamos que el poder es
inherente a la naturaleza humana y que el Estado, en un primer aspecto, es
institucionalización del poder.

El poder es la energía organizadora de la vida Social, Heuriou lo define como una


"energía de la voluntad" que asume el gobierno gracias a su superioridad, para asegurar
el orden y crear el derecho. Ello significa que la actitud para el mando y la vocación de
poder son cualidades naturalesdel espíritu,que corresponden a personas dotadas
de ascendiente. Acertadamente, Meinecke define el poder como un impulso de
intensificación de la personalidad.

Para Burdeau, el Poder es una fuerza al servicio de una idea. "Es una fuerza nacida
de la voluntad social preponderante, destinada a conducir el grupo hacia un orden que
estima benéfico y, llegado el caso, capaz de imponer a los miembros, los
comportamientos que ésta búsqueda exige". La coacción que el Poder ejerce en todo
grupo social, así como el derecho de la colectividad a imponer normas, constituyen
hechos evidentes y constantes más allá de las justificaciones que se buscan para
razonarlos. La fuerza de que dispone el Estado es tan ostensible que domina por simple
demostración, sin que el Poder necesite recurrir a ella en la generalidad de los casos.

El poder comporta dos elementos: dominación y competencia. Este último determina que
normalmente el poder sea obedecido sin recurrir a la coacción. En cuanto a idea, el
poder pertenece al mundo del espíritu, a diferencia de la fuerza, que pertenece al mundo
físico. Tiene el poder quien sabe ofrecer al hombre motivos eficaces del obrar; posee la
fuerza quien dispone de armas ante las que desaparece toda resistencia, dice Meyer.
El poder puede existir sin la fuerza, así como la Fuerza puede carecer de poder.

La Iglesia, que carece de medios de compulsión material, ejerce un poder evidente sobre
sus creyentes y sobre la sociedad en general;inversamente, un gobierno de ocupación
detenta la fuerza, pero carece de poder. El poder precede al derecho positivo, pues
establece el Estado y éste se organiza y consolida mediante normas jurídicas.

No cabe explicarse la vida social sin analizar el impulso de poder, ya que la historia nos
prueba que la voluntad de dominio es una de las fuerzas más constantes en la dinámica
social y seguramente la de mayor expansión. Sociológicamente, el poder es la aptitud de
un individuo o de un grupo para realizar su voluntad, para exigir colaboración de los
demás individuos o grupos.
(*) Tomado del libro “Ciencia Política” de Raúl Ferrero. Edit. Studium. Lima. 1975. Pág 29 a 50.
La voluntad de poder, verdadera libido dominandi, significa la ambición de un hombre, de
un sector o de un pueblo. El temperamento político aspira a ocupar el escenario, al
dominar o cuando menos sobresalir sobre los demás, y constituye la motivación
impura de los grandes. Si va acompañada del carisma, o sea del imán o simpatía
personal, forja al líder, deseoso de agradar y de ejercer poder. El carisma es un don
natural, sobre abundante, que motiva en otros una inclinación no razonable, hasta una fe
que lleva a entregarle una lealtad incondicional. A veces, la luz de un destino superior
dota al conductor de algo mágico e irracional, como si el sentimiento, exaltado por sobre
el realismo y los desengaños sucesivos, viniera a ofrecer una esperanza, un hálito nuevo
y distinto. Tal sucede cuando una nación se reconoce en un hombre.
La política como función social

La política es la lucha por el poder. Pero no es lucha ciega, al menos modernamente,


pues se halla condicionada por intereses morales, por ideologías que conforman una
cultura política, o sea un ámbito que es parte de la cultura general. La realidad social
es gobernada y orientadas por la política en cuanto a vocación de poder. La actividad
política se diferencia de las demás funciones sociales en el hecho de que sobre ella recae
la responsabilidad de dirigir lo social. Mucho antes de que hubiera Estado, la actividad
política existía como función social que organizaba la cooperación del grupo.
El concepto de lo político es más amplio que el de lo estatal; no sólo la actividad política
es anterior a la aparición del Estado sino que existen grupos políticos dentro del Estado y
entre los Estados. No toda actividad del Estado es actividad política, pues la
mayor parte de sus funciones constituyen aspectos de mera administración.
Ordinariamente, la actividad de los órganos estatales subordinados, que se realiza
siguiendo pautas precisa, no es función política. Esta consiste en dirigir la marcha del
Estado o en disputar la tenencia del Poder.

La idea del poder ha sido obsesiva en muchos pensadores alemanes, sobre todo desde
el siglo diecinueve. "La voluntad de poder" fue exaltado por Nieztche y primó como
teoría sicológica y racial con el nazismo. Cuando el Estado resulta un ente ávido de
poder, ello conduce, inevitablemente, a la dictadura en lo interno y a la guerra en lo
exterior. La política se explica por la aspiración al poder y a la ostentación de él, lo
que pervierte con frecuencia todo sistema de valores y lleva a constatar que los recursos
jurídicos de nada sirven frente a los hechos de poder. Si la vida internacional se mira con
realismo, no puede negarse que ella obedece, casi siempre, a un pugna de poder, pugna
que puede ser sutil o con despliegue de fuerza, pero que subyace respecto de las
doctrinas y las declaraciones retóricas.

El poder político es el único que puede ejercerse sobre la comunidad entera, a


diferencia del poder económico, del poder religioso o del poder sindical. El poder es
multiforme e incluye desde la jefatura de una organización de cualquier tipo hasta el de la
burocracia. Pero el cargo político es el único que inviste de autoridad global, el que dota
de la aptitud para imponer un orden de conducta. El poder económico o el sindicalson
prominentes, pero no alcanzan la amplitud y eficacia del poder gubernativo, que es el
máximo. El empuje de una convicción determinada mueve a los hombres a una
acción unida, como sucede con los nacionalismos que ofrecen motivación eficaz para el
todo social. Los poderes distintos al poder político pueden ser temporalmente muy fuertes
o aún dominantes, pero si bien influyen en la vida del Estado al punto que no cabe afirmar
que existe una forma de poder social con carácter de absoluto, el poder del gobierno
resulta siempre distinto e impone a la comunidad el sentido unitario que esta requiere.
Puede ser influido, a veces quebrantado, pero se reconstituye por necesidad vital del
grupo
humano y emprende su propia dirección, para realizar un orden determinado. Al final de
toda crisis, es el poder de signo político el que predomina sobre el mando militar, la
influencia económica o la presión sindical.

El poder cumple una triple función: de dirección, de especialización y de coacción. En


efecto dicta reglas, las aplica de modo continuo y sanciona a los infractores.

Función de Dirección

Siempre que se trata de una acción colectiva, la ausencia de dirección, implica el


desorden, de ahí la necesidad de un poder que dirija y dicte normas antes de
aplicarlas. Por lo general, se piensa que el poder es necesario sólo para el efecto de
poner la fuerza al servicio del orden y por eso concebimos el Estado como un aparato
coactivo. Hay error en tal concepción, pues la necesidad de coacción no es la razón
esencial del Poder. La razón primordial de éste y por lo tanto la del Estado mismo,
consiste en la necesidad de una Dirección que asegure la unidad de acción
social, sea de una mente que formula el orden antes de imponerla. La imposición de un
orden
determinado, es una fase indispensable, sin duda, pero posterior a la
formulación de la norma.

Toda sociedad, toda actividad, toda empresa, supone necesariamente una dirección,
es decir, una autoridad. Nada importa que una labor empiece a una hora y otra, pero
siempre será indispensable que se haga a una hora uniforme, el tránsito de vehículos
puede realizarse por la derecha o por la izquierda pero siempre será indispensable que
una autoridad determina sobre que lado deben circular los vehículos, pues de lo
contrario se producirán colisiones a cada momento. En la Suma Teológica,
Tomás de Aquino se pregunta si la autoridad sería necesaria en una
sociedad compuesta por hombres en estado de inocencia a lo que responde "La vida
en una sociedad numerosa no es posible sin un Jefe que vele por el bien común.
Librados a ellos mismos, hombres distintos tienden a cosas distintas; un sólo hombre
tiende a una sola cosa". Suponiendo una sociedad compuesta por seres perfectos,
siempre sería indispensable una autoridad que dicte normas generales para organizar
la vida en común. En efecto, podrían suprimirse el código penal, las cárceles y todo el
sistema de sanciones, pero siempre habría necesidad de una autoridad que coordinara la
actividad de los asociados y velará por el bien común. Como dice Vialatoux,
siempre habría necesidad de un reglamento de tránsito y de un policía que concertara la
circulación y el cruce de los vehículos, por más que no impusiera multas por
infracciones. La necesidad de un poder directo es obvio, además, por el
hecho de que los hombres no pueden ponerse de acuerdo diariamente sobre cada
asunto, de modo que alguien debe encargarse constantemente de adoptar la decisión
sobre cada particular. Tal es la función rectora que cumple el Poder.

Función de especialización

Como quiera que la sociedad se halla basada en la división del trabajo, se precisa que
cada cual asuma una determinada función, especializándose en ella y realizándola
mejor que la generalidad. La tarea de dirigir el grupo supone una especialización; pues,
aunque el gobierno interese a todos los asociados, es menester que exista un
grupo de
hombres consagrados exclusivamente a las tareas del gobierno a fin de realizar tal
función de una manera continua y con mayor aptitud. Mientras unos hombres se
dedican a la producción de bienes económicos otros a la instrucción y al pensamiento y
otros a la defensa de la sociedad, un grupo se consagra a la función de dictar
normas para la convivencia social y de vigilar su aplicación con miras al bien común.

Función de coacción

La función compulsiva del Poder es, sin duda, la que más impresiona y la más visible. De
otro lado, es casi imposible concebir el derecho sin la nota de coercitividad, en virtud
de la cual la norma se impone independiente de la voluntad de los obligados, pues la
regulación jurídica es inexorable y no depende del acuerdo con el sujeto. Es por ello que
generalmente concebimos al Estado como un aparato coactivo, aunque sustancialmente
su función es de dirección. Dada la naturaleza del hombre que obedece
normalmente a estímulos egoístas, no basta que el Poder establezca un orden sino
que debe imponerlo en muchos casos por la fuerza. Por lo común, el Poder no necesita
emplear la fuerza porque, conociendo los asociados que ella es incontrastable, obedecen
las normas respaldadas por los medios de compulsión que el Poder ejercita en caso de
resistencia. El empleo de la coacción sólo es necesario cuando hay infractores del
orden jurídico, lo que es menos frecuente en los pueblos de cultura homogénea. Pese
al progreso material logrado, y en parte por efecto del mismo, el tipo actual de nuestra
civilización hace cada día más necesaria la función coactiva del Poder, en razón de la
creciente agresividad antisocial.

Insistimos en que el Estado no es sustancialmente un orden coactivo, aunque tampoco


puede ser concebido sin fuerza coactiva. En efecto, la coacción no es una nota
específica de la norma jurídica, por más que la eficacia de la norma jurídica depende en
gran parte de la coacción que la respalde. Norma y coacción son idealmente
independientes. Entre el Estado como poder y el Derecho como norma, existe una
relación pero no una dependencia, pues aunque el Estado garantiza el Derecho y lo
respalda con su fuerza coactiva, las normas jurídicas son siempre del Derecho y no del
Poder.

Necesidad del Estado

La primera necesidad es subsistir, lo que implica alimentarse y resistir a los vecinos. Ello
no se logra sin un mínimo de cohesión. La formación del Estado obedece a
una inclinación de la naturaleza humana y ha sido admitida en todo tiempo por la razón
como algo conveniente y
necesario.

Una fuerza organizada, ejercida por una autoridad superior a todos y que mira el bien
común, es evidentemente preferible a las fuerzas particulares, dispersas y antagónicas,
que emplearían los hombres si el Estado no existiera. El conflicto de intereses y el
contraste de apetitos y pasiones, que son la entraña misma de la vida, hacen quimérico
pensar en la conciliación espontánea. Si se ensayara la anarquía como forma de vida
legítima, inspirada en la creencia de la bondad universal, el resultado sería la imposición
despótica de un hombre o de un grupo. El orden social que la historia de la humanidad
patentiza, nos indica como la sociedad ha optado entre una situación de anarquía librada
al abuso de los más fuertes, y una situación de autoridad, con imperio de la fuerza pública
que el Estado emplea para proteger a todos los asociados. La sociedad ha escogido
siempre al gobierno que asegura un orden.

Guillermo Ferrero coincide con Hobbes a explicar que la humanidad se ha organizado en


Estados porque cada hombre sabe que es más fuerte que otros, pero también que es
más débil que otros. Para liberarse del círculo de terrores, o sea para no temer a los más
fuertes, el hombre renuncia a imponerse sobre los más débiles. El orden social radica en
admitir la autoridad porque ella organiza la defensa contra otros grupos, a la vez
que impone normas para precaver a todos contra la agresión interna. El temor al abuso,
así como el temor a la guerra, explican el acatamiento al Poder desde las
sociedades más rudimentarias hasta hoy día en que se aspira a una organización
internacional o super-Estado.

Lo cierto es que la necesidad del Poder se confunde con la necesidad del Estado, pues su
triple función de dirección, especialización y coacción es lo que determina y mantiene el
hecho Estado, que perfecciona la sociedad, la estructura conscientemente y la domina. La
unidad social previa al Estado nace por obra del poder y de la convivencia.

Poder de hecho y poder de derecho

Propiamente hablando, no existe sino un poder, pero se distingue corrientemente entre


el poder de hecho y el poder de derecho. En puridad, son los gobiernos los que pueden
ser clasificados en regímenes de jure y regímenes de facto, según se posesionan del
poder conforme el ordenamiento jurídicoo quebrantando sus reglas.

Los gobiernos de hecho se constituyen por revolución o por golpe de Estado, como
sucedió en los casos típicos de Cronwell y Bonaparte, respectivamente. Por lo general
se consolidan por medio de una Constitución o bien por el uso acertado de las
facultades legislativas que se arrogan. El gobierno de facto conserva casi todos los
caracteres del poder legítimo y su legislación es convalidada expresamente por el
régimen legal posterior o bien subsiste por la bondad intrínseca de las normas dictadas.

Fundamentalmente, el gobierno de facto se legítima cuando cumple el fin para el que


existe el Poder. El advenimiento del General de Gaulleal gobierno, en 1958
demuestra hasta qué punto la toma del poder es una empresa de la voluntad. Cualquiera
que sea su origen, el Poder necesita contar con adhesión pública, siquiera sea en su
forma de asentimiento tácito, pues de lo contrario establece un régimen de fuerza que es
inestable. El grupo que ejerce el poder tiende a convertir su gobierno de hecho es un
gobierno de derecho, sea que provenga de un golpe de Estado o de una revolución.
Un gobierno puede mantenerse por la fuerza durante largos períodos, pero sólo en los
casos en que una raza más ilustrada domina a otra. En cierto grado de civilización,
es imposible que subsista un gobierno que tenga en su contra a la enorme mayoría
de
la nación. La adhesión a las monarquías en gran parte pasiva es inspirada en hábitos
tradicionales, explica el poder de que gozaron los reyes. El principio de la soberanía del
pueblo reside en el fondo de todos los gobiernos y se oculta aún en las instituciones
menos libres, como observara Tocqueville. El propio emperador romano, autócrata
omnipotente,
decía fundar su autoridad en la delegación de poder que había recibido del
pueblo.
El poder de Derecho posee la ventaja de ser ejercido en nombre de una institución, el
Estado. Ello le permite dar respuesta a dos grandes interrogantes:

1. En virtud de qué principio tiene el Poder la facultad de


mandar?
2. En un grupo dado, a quién corresponde el derecho de
mandar?

En cuanto a lo primero, o sea como competencia del Estado, el poder tiene la facultad
de mandar porque la naturaleza social del hombre hace necesaria una autoridad. En
cuanto a determinar a qué grupo de hombres corresponde el gobierno, ello constituye
un problema debatido durante milenios y que trataremos de dilucidar más adelante.

El Poder institucionalizado es el Estado. La formación de éste no trae consigo,


aparentemente, una modificación del fenómeno político primordial, pues siempre se ve
unos hombres que mandan y otros hombres que obedecen.

Pero en esencia sí existe una transformación, pues las personas que deciden ya no llevan
en sí mismas la vocación de mando. Ahora es la voluntad social la que sustenta la
existencia de un Poder y no reconoce jefes sino simples gobernantes, habilitados en
virtud de un estatuto del poder, o sea la Constitución, obligados a ceñirse en el
ejercicio de su autoridad a los fines del Estado. Desde que el Estado adquiere forma, la
investidura de los gobernantes, así como su actividad y su sucesión, se hallan
normados por el derecho.

El titular del Poder es el Estado, o sea un titular abstracto. En su nombre se exige


obediencia y se obliga a un comportamiento determinado. El Poder resulta así dividido
entre un titular, que es el Estado, y los agentes a su servicio, que son los gobernantes.
Como ilustran Kalsen y Georges Burdeau, el Estado existe porque es pensado, a la vez
que se da en la experiencia como real. Es pensado por los gobernantes, que
encuentran en él la fuente de su autoridad, y por los gobernados, que ven en él un
fundamento de las reglas.

Politicidad esencial del Estado: derecho y política

Política es la relación entre gobernantes y gobernados y una búsqueda de lo que es


bueno para los gobernados. El acto político tiene una naturaleza propia, tal como se
distingue un acto moral o un acto económico. Dado que los hechos se vinculan con el
pensamiento, el conocimiento del Estado no puede desprenderse de la actividad
política. Esta es la actividad ordenadora que precede a la sociedad ordenada o Estado,
así como al orden de la sociedad o sea a la Constitución. Como anota Sánchez Agesta,
la actividad política no es una forma de conducta que realice su efecto (la ordenación)
y luego se inhiba. Por el contrario, supone una acción continua dentro del Estado e
influye sobre el orden constitucional para remodelarlo según las ideas que predominan.
La "Razón de Estado" es la máxima del obrar político, la ley motor del Estado, a fin
de mantenerlo vigoroso. Pueden los políticos discrepar en cuanto a los medios
para alcanzar los objetivos del Estado, pues en cada momento histórico hay una línea
ideal de obrar, o sea una razón de Estado ideal. Pero, junto al valor del bien del Estado,
existen otros valores elevados que también piden para sí una vigencia incondicionada,
como son la moral y la idea del Derecho. En último término, el podermismo puede
verse amenazado por el quebrantamiento de los valores morales y jurídicos.

Meinecke, en "La idea de la razón de Estado en la Edad Moderna", señala el vasto


espacio en la cual se entrecruzan en la acción gubernativa al utilitarismo y la
motivación ética al punto que ésta se pone de manifiesto sólo cuando coincide con el
provecho del Estado. El político respeta las fronteras del Derecho y limita su impulso de
mayor poder por la presión coincidente de razones prácticas y de móviles idealistas. El
hombre "goza con deleite del poder en sí y en lo que tiene de intensificación de la
personalidad". La voluntad de poder, al lado del hambre y del amor, dice Meinecke, es
uno de los impulsos más eficaces; "sin las bárbaras concentraciones de poder, tejidas con
terror y crueldad, de déspotas y castas primitivas, no se hubiera llegado a la fundación de
Estados ni a la educación del hombre para grandes cometidos supra-individuales".
Desde luego, en la misma dirección han obrado también los ideales, como factores para
edificar y vigorizar el Estado.

Como afirma Jellinek, hay un derecho virtual, engendrado por el ansia de justicia, que
aspira a ser derecho actual mediante su consagración por la ley. Por eso, las
ideas políticas adquieren juricidad, o sea que la política se juridiza, cuando la
aspiración alcanza a triunfar en la esfera del poder. Una visión realista del poder nos lleva
a considerar la relación entre derecho y política, ya que el objeto directo de la idea de
derecho no es el hombre sino el grupo social, el cual asume un ordenamiento según sea
la ideología de quienes gobiernan.

La política tiene por fin al gobierno y dirección del Estado; para sus relaciones se sirve de
técnicos y administradores que hacen posible la ejecución de los planes concebidos por
los políticos. El estadista posee el arte de hacer posible lo que es necesario, sirviendo su
ideal con eficiencia. Se encuentra situado en la zona de interferencia de dos ámbitos:
lo que debe ser y lo que puede ser, como anota Ruíz del Castillo; orienta a la opinión
pública y procura crear el ambiente favorable a sus designios. Para el pensador, la
política es un conjunto de principios; para el estadista, es una realización que marcha a
través de escollos, transacciones e impurezas.

Cabe distinguir, pues, entre la política como ciencia de gobierno, especulación teórica, y
la política como arte de gobierno, actividad práctica. En la realidad social tal diferencia
es difícil de advertir, pues la política se vale de instrumentos jurídicos y de medios
prácticos para alcanzar finalidades señaladas por la elaboración doctrinaria. Arnold
Brecht ha puesto de relieve, con los ejemplos de Lenin y Stalin, que el pensamiento
teórico no es asunto ajeno a la vida, como sostienen algunos políticos de oficio.
La importancia de la teoría es muy grande. Basta recordar que la ideología Marxista
condujo al poder a Lenin, precisamente en el país que Marx consideró no adecuado en
razón de hallarse insuficientemente desarrollado.

La ideología, es decir la superestructura, cambió las formas de producción es decir la


infraestructura, contrariando el determinismo económico por efecto de la voluntad de
poder.
Por lo que se refiere a la importancia que tiene las teorías políticas, citamos el
pensamiento
de Stalin, expresado en una de sus conferencias sobre los fundamentos del leninismo:
"La teoría pierde todo objeto si no enlazacon la práctica revolucionaria, exactamente igual
que la práctica queda ciega si no elimina su camino con la teoría". La teoría puede
convertirse en otra inmensa fuerza si se desarrolla en unión con la práctica.

Más allá de toda cuestión jurídica,es indubitable que la voluntad de poder constituye
una de las grandes fuerzas de la vida individual y social.

Bertrand Russel afirma en su obra "El Poder" que éste tiene en el mundo del espíritu la
misma importancia que la energía en el mundo de la física.

Por tanto, el Estado debe ser mirado esencialmente, como agrupación política, o sea
como un ente de poder, antes que como ordenamiento jurídico. Es la agrupación política
suprema y; como quiera que orienta su actividad con arreglo a cauces jurídicos, puede
definírsele como un ser político que se organiza jurídicamente.

Querer huir de la política es como pretender huir del Estado, dice Carl Schmit, dado que la
comunidad nacional nos envuelve y nos afecta en una totalidad en la que se entrecruzan
la administración, la economía, la moral y el poder. El fenómeno político guarda
relación con el fenómeno económico, el demográfico y otros, que pueden ser anteriores,
concomitantes o subsiguientes, pero siempre es motor de una colectividad el poder por el
poder, la voluntad de dominio. De ahí la importancia de integrar el mando en un orden
moral para evitar la opresión.

La política está constituida por puntos de vista sobre la justicia. Los partidos y los grupos
presionan en el sentido de aquello que consideran justo,aunqueno lo sea
objetivamente. La política actual se cubre de un substrato ideológico y todo obrar tiene
tras de sí, más o menos conscientemente, un pensamiento. La noción ideológica
según la cual se organiza jurídicamente la convivencia social, es llamada "fórmula
política", inspirada en una concepción capital sobre el modo de relación que deba existir
entre la sociedad y los individuos. Por eso, hablamos de sistemas políticos liberales,
socialistas, comunistas, etc. Claro está que, unas veces, son las ideas las que determinan
los hechos políticos, y otras veces son éstos los que toman tributarias a las ideas, en un
proceso de interacción. La función política es vital, figura el lado de aquellas que
aseguran físicamente la supervivencia de la especie, como la nutrición o la reproducción.
Expresa la conciencia del grupo para encontrar un eje de cohesión.
La política está profundamente inserta en lo social. Las teorías que diferencian la
sociedad natural de la sociedad política pretenden señalar el paso de la primera a la
segunda,
como sucede con tal liberalismo y con el marxismo, se funda en una hipótesis no
comprobada por la historia. El carácter religioso o guerrero que tuvieron las
primeras autoridades ha ocultado el hecho esencial de que la autoridad es siempre
política, no importa quien la ejerza, ya provenga de la imposición o de la elección.
El hecho político es simultáneo al hecho social, es indispensable para evitar que la
sociedad se disuelva. La distinción entre sociedad natural y sociedad política
puede hacerse conceptualmente pero no en la realidad.

El poder y la sociedad de masas


La sociedad de nuestro siglo es una sociedad de masas, caracterizada por su tamaño y
su complejidad. A las pequeñas democracias griegas, a las nacionalidades surgidas
desde la edad moderna, y gobernadas por pequeñas élites, han sucedido las sociedades
masivas, sean pluralistas o totalitarias en las que la voluntad política determinante es
aquella que sabe apoyarse en la masa. El comportamiento de las masas las hace
vulnerables al totalitarismo, al engreimiento arrollador del derecho, a la manipulación
mediante maniobras de conductismo, pero es innegable que traduce la aspiración de
mejores niveles de vida, a la vez que una exigencia de mayor participación en las
decisiones políticas, lograda a través del sufragio frecuente o por la cohesión transitoria
en torno a una dictadura.

El máximo problema de nuestra época radica en organizar el consentimiento, o sea la


adhesión a una forma política, bien sea por resignación o por participación activa. El
creciente número de contestatarios e impugnadores y la violencia desatada por "el poder
joven", el "poder negro" y el terrorismo urbano constituyen fisuras en el orden social, que
hoy es movimiento hacia el cambio. Nuestra sociedad respeta cada vez menos los
medios jurídicos de resistencia a la opresión, por ineficaces, y es incitada a los métodos
de violencia. La masa intuye una necesidad de transferencias de los centros de poder,
problema arduo y de manejo más difícil que el de los explosivos, pues supone el planteo
de los teóricos y la habilidad innata del hombre político, del conductor carismático que
sea capaz de equilibrar su poder personal con la subsistencia de instituciones valiosas
pero necesitadas modificación urgente.

Vivimos una era de discontinuidad, tentando vías que conduzcan a nuevo pluralismo, a la
reforma de todo lo viciado, a la organización de un consentimiento sin miedo. En cada
circunstancia histórica ha surgido la reinterpretación de los ideales vigentes. Para ello, la
teoría Política y la ciencia política nos brindan un rico material de reflexión, aunque ésta
sea contemporánea a la realización de hechos violentos que viene alterando la
subestructurasocial.

La sociedad no es una adición de individuos, sino un compuesto. Por virtud del Poder
adquiere una voluntad y sigue un comportamiento determinado. Este comportamiento es
producto de la orientación política. El ordenamiento jurídico y la estructura del
Estado son resultantes de la actividad política. Por la toma de conciencia de ésta
realidad, el poder se ha convertido hoy en el centro de la lucha social y
económica. A su vez, la política es mirada como el arte de convertir las tendencias
sociales en normas jurídicas. El político hace posible el objetivo entrevisto o anhelado.
Nuestra época es una transición del Estado Liberal al Estado Social, siendo perceptible
una mayor participación del pueblo en el poder. Se quiere pasar de la democracia
gobernada a la democracia gobernante. Las construcciones formales están cambiando su
contenido, para no quedar vacías de verdad. Tanto el pensamiento del derecho natural
del Siglo XVIII como el derecho racional de Kant, concibieron una organización estatal
con raíces individualistas. Pero a partir de la primera guerra mundial, se hizo patente
que los partidos políticos, los sindicatos y los grupos de presión iban operando con
un dinamismo que debilitaba lo formal del derecho. Por ello se ha acentuado
notablemente desde que los sindicatos de masas, las Iglesias, el poder militar y la
tecnocracia han gravitado claramente sobre la vida del Estado.
Paralelamente a esta transformación del Estado en el interior, se ha venido
produciendo la declinación de su soberanía exterior y el surgimiento de organizaciones
supranacionales que limitan la autodeterminación. El proceso más hondo
es el de una nivelación subjetiva y acompañada de un desplazamiento del poder, que
ha pasado de las esferas parlamentarias y gubernativa al seno de los partidos
políticos. El estado ya dejó de ser neutro, por virtud de la exigencia general de que tome
posición contra determinadas formas de orden existentes.

Podemos señalar, siguiendo a Fayt, tres posiciones en pugna ideológica : la de


quienes quieren conservar el Orden existente y consideran que bastaría dulcificar la
injusticia humana; la de quienes quieren establecer la burocracia totalitaria, arrebatando al
hombre la posibilidad de decidir por sí sobre su destino, y, por último, la de quienes
deseen la transformación del orden dentro de la libertad, para obtener un ordenamiento
social que asegura la justicia económica y el pleno desarrollo de la personalidad
humana. Esta tercera posición es la única que permitirá crear una sociedad nueva en el
mundo occidental.

Ello significa analizar, con frialdad de especialista, cuáles son los instrumentos que
permitirán implementar el cambio de un modo racional, progresivo, con la conciencia de
que el poder es bifásico, o sea supone percepción clara de las metas en quienes
gobiernan y motivación acertada en quienes obedecen y presionan para participar. La
relación mando- obediencia conduce, en el mundo de hoy, hacia una amplia
participación popular, con lo que la política se ennoblece en la medida en que el miedo
deja de ser el sistema normal de gobernar.

El orden, el poder, la
libertad

Orden social, poder y libertad son nociones llamadas a equilibrarse en la vida normal de
unestado. Maurice Hauriornu, eminente constitucionalista de la década anterior a la
segunda guerra mundial,opina que la concepción de un régimen constitucional tiene por
fin establecer "un equilibrio fundamental que sea favorable a la libertad, asegurando el
desenvolvimiento regular del Estado". Este equilibrio se establece por juego de dos
fuerzas dinámicas o de movimiento, que son el poder y la libertad, y de una fuerza de
resistencia, que es el orden. Así como afirmó Freud, toda sociedad se construye sobre el
renunciamientoa las satisfacciones instintivas; por ello es represiva. Orden, poder y
libertad conforman una trilogía en torno a la cual se centra toda la problemática
política. Son factores recíprocamente imbricados, pues el poder hace un juego
equilibrador a fin de compatibilizar el orden y la libertad. Si se pone énfasis extremo en
el orden, o sea si es preferida la libertad, el poder resulta un aparato de coacción y
arbitrariedad.

El equilibrio constitucional es el término medio, pues el orden hace resistencia a los


cambios, en tanto que la libertad y el poder suelen presionar para alterar lo establecido
por virtud de la dinámica política. Si la resistencia que el orden opone a los cambios
reclamados por la libertad, es excesiva, dice Haurion, el poder coloca su fuerza al lado del
cambio. Por el contrario, si las reformas le parecen exageradas o prematuras, el poder
se inclina del lado del orden. Otro tanto podemos decir de las reformas exigidas por el
sentido,
de justicia o de liberación social, que Hauriou no pudo entrever.

La primacía del poder en la formación o en la vida del estado es evidente. Es él quien


mantiene la cohesión entre los componentes de una sociedad, más por situación que por
adhesión, como anota Prélot. Un minimun de fuerza material le es indispensable, pues
la cooperación libre, espontánea, unánime, no pasa de ser una utopía; por ello afirmó
Idering, que hablar de Estado sin fuerzas es "una contradicción en sí". Pero desde
luego, la autoridad no es solamente fuerza material, compulsiva; consiste sobre todo
en ofrecer motivos para ser obedecida. Si el poder residiera en la fuerza, tras de cada
súbdito habría que situar un vigilante o un policía, así como tras de éste habría que
colocar otro guardián. En el límite cabría preguntar ¿Quién custodia al guardián?. El
orden previene del hecho de que cada súbdito del Estado reconoce que éste
tiene derecho a ser obedecido, porque existe una relación de dependencia respecto
de la norma. De ahí que, cualquiera sea su origen, todo gobierno invoca algún tipo de
legitimidad, sea por su procedencia democrática o afirmando que realiza el bien común.
Todo poder aspira a ser obedecido con un empleo mínimo de la fuerza y trata de ganar
prestigio como condición de perdurabilidad.

Ciertamente, la importancia de la represión varía en razón inversa del grado de consenso.


En los grupos coherentes, la represión es innecesaria de modo general, pero en
los grupos de consenso débil, la represión es indispensable para evitar la disolución.
Por ello, en los países en lo que el consenso sobre los valores colectivos es grande, la
influencia de la Fuerza Armada es menor y su actividad se limitaal rol específico de
seguridad.

En el punto de partida de toda concepción humanista está la afirmación de la libertad


humana, que opone resistencia a los gobernantes en todo caso de arbitrariedad. Se
admite la necesidad del mando, y más ahora que se tiende a hacer del Estado el "agente
creador de una sociedad nueva", como definen muchos. El diseño de esta
organización futura es impreciso, además de que varía ciento ochenta grados de uno a
otro lado del mundo. Sin embargo, existe la convicción de que el Poder no es
solamente el servidor del orden establecido sino también el regulador de los cambios
anhelados, el árbitro que puede hacer de la democracia un
movimiento más que un estado de cosas. Movimiento que conduzca a la
justicia económica sin anular la libertad.

La revolución y el movimiento

La realidad política es la de un orden en movimiento. Como dice Georges Burdeau,


llamamos estabilidad a lo que no es sino un equilibrio de fuerzas. El orden muestra
siempre un determinado grado de aptitud para integrar las fuerzas de renovación.

Cuando el proceso de cambio se cumple por medio de una continua incorporación de


normas de justicia al orden establecido, éste no sufre convulsión.
Pero cuando el orden no muestra capacidad para introducir los cambios que la tensión
social exige, se presenta el fenómeno denominado revolución. Consiste en el cambio
brusco de estructuras, sea raíz de un simple golpe de estado o bien tras una subversión
radical, que se enfrenta a las fuerzas del Gobierno y las domina.

Las democracias representativas tienen mecanismos reguladores, principalmente la


autoridad de las ánforas libres, para que el orden, solidario de una determinada idea del
Derecho, incorpore reformas con oportunidad que evita violencias. El instrumento
legislativo es el modo normal de usar la flexibilidad si el orden tiene razonable porosidad.
Pero cuando el pluralismo de las corrientes políticas enerva la autoridad gubernativa, o
bien cuando las fuerzas conservadoras se muestran impermeables y ciegas, adviene el
cambio brusco; la revolución. Esta realiza el cambio que inspiró el desacato del orden,
pero a la vez aspira a restablecer la cohesión social, pero que el nuevo orden sea estable.
Más allá del cambio de equipo gobernante, una revolución entraña la sustitución del
orden social sobre el cual se basaba el anterior aparato político.

La revolución recoge la nueva idea del derecho y la convierte en derecho.Desde


luego, la palabra Derecho comprende todo lo legislado que esté vigente. Por tanto, no
hay derecho y viejo derecho, sino simplemente Derecho. Esto se enriquece
incorporando medidas de justicia que la convicción general reclamaba y que faciliten un
orden social estable, de acuerdo con los tiempos.

No es imposible, aunque si improbable, efectuar una revolución dentro de la libertad,


o sea mediante la ley, respetando las formas de la democracia representativa. En la
esencia de la revolución, no está la violencia, pero generalmente le acompaña, como
sucedió en la revolución francesa, la rusa, la mexicana, la china y la cubana. La
experiencia de algunos países no desarrollados es contradictoria al respecto, pues
la transformación se ha realizado de maneras diversas, inclusive sin derramamiento
de sangre. A partir de la experiencia cubana los regímenes instaurados con el propósito
de cambiar las estructuras rápidamente se denominan "gobiernos revolucionarios", tales
como los de Argelia, Perú (en los 70´s), Guinea e Irak.

La conquista del Poder no es un fin en sí: el Poder que tiende a oficializarse no es otra
cosa que la promesa y el símbolo del orden social futuro, nos dice Burdeau, el cual
agrega: "La revolución sanciona el desajuste entre la vitalidad de las representaciones
colectivas y la atrofia del aparato político que hubiera cuando el Poder dicta las reglas por
encadenamiento de los sucesos, debido registrarlas". Las tensiones sociales
desaparecen consolidando la posición política obtenida.
PODER, ESTADO Y POLITICA

Por: Mario Justo López


(*)
El poder, significados. Su carácter "relacional"

Sin mengua del examen que en su momento se hará al poder del Estado, resulta ahora
conveniente, a los fines de una mejor comprensión, considerar el poder en su acepción
más amplia.
En el uso común y frecuente, la palabra poder sirve tanto para designar una especial
aptitud
para hacer algo (potencia, en el lenguaje aristotático-temista) como al sujeto o titular
de esa aptitud. Con tales acepciones, se puede tener poder y ser poder. En el primer caso
se lo posee, en el segundo, se lo personifica.

Pero en la concepción que prevalece en la actualidad, al poder no se presenta ni como


una actitud, ni como un ente, sino como una relación. Es a esto a lo que reiteradamente
se ha aludido en páginas anteriores cuando se ha hablado de la política en tanto
relación: interhumana en virtud de la cual la acción de unos determina el comportamiento
de otros, relación, en definitiva, de mando y obediencia.

El carácter relacional del poder se hace evidente a poco que se le observe. El


gobernante es poder o tiene poder sólo en la medida en que es obedecido. Si falta este
requisito de nada vale que lleve una corona sobre la cabeza y se siente en un trono de
oro o que el Boletín Oficial lo llame Presidente. En plena Edad Media, Bonifacio,
apóstol de Germania, preguntaba al papa Zacarías : "Conviene llamar rey a aquel
que tiene la realidad o aquel que tiene la apariencia del poder". Y la realidad del poder no
es sino la obediencia de los súbditos. Muchos siglos antes le había advertido
Aristóteles en la Etica a Nicómaco: "El magistrado, revestido de poder, no es algo sino
con relación a los demás, como que está ya en comunidad con ellos".

Corresponde advertir, sin embargo, que en esta obra, antes de ahora - y volverá a ocurrir
después - se ha localizado el poder como sujeto o como aptitud; pero ello se debe a
que a veces hay que expresarse elípticamente o no se puede eludir el empleo de una
terminología de uso común.

Acepción amplia del poder, Vinculación con la política

La acepción del poder como relación de mando y obediencia abarca un ámbito muy
extenso; un ámbito tan extenso como el de la política en su sentido más amplio. Es
que poder y política suponen recíprocamente la relación política en su acepción más
amplia el carácter puramente formal de la política es ya una relación de poder. Cuando
un vecino incita a otros para apagar un incendio y obtiene su concurso, se está en
presencia de una relación de poder. Lo mismo es el caso del gangster que obtiene la
colaboración de otros congéneres para asaltar a un banco.

(*) Tomado del libro “Introducción a los estudios políticos: Teoría política. Mario Justo LOPEZ, Edit.
Kapeluz. Buenos Aires. Pág. 39-43.
Y es también relación de poder, por supuesto, la relación política que con carácter
también
material está configurada, por la existencia de una iglesia, de una sociedad anónima, de
un club deportivo. Es que, en definitiva, el poder no es otra cosa que otro nombre que se
da a larelación política, o, quizás con más propiedad, al complejo de relaciones políticas.
Dentro de esa amplia acepción cabe tanto el poder político como el poder no político.

Acepción limitada del poder. Vinculación con la política


Cuando se trata del "sistema político" mayor, es decir, de aquel que corresponde al grupo
humano superior a todos y que incluye en sí a los demás, la política se reduce
conceptualmente - según se ha visto- a la actividad y a la relación que tienen al Estado
como marco de referencia. En ese caso se produce igual reducción en el concepto de
poder. Sólo existe, por una parte, el poder del Estado, es decir, la relación entre
aquellos seres humanos cuya actividad se imputa al Estado y los demás seres humanos
que se comportan como súbditos del mismo; por otro, las relaciones que se originan
internamente en los grupos que tienden a ejercer influencia sobre los ocupantes de los
cargos o roles en función de mando, y, por fin, las que se generan externamente a
esos grupos precisamente para ejercer la mencionada influencia. El poder en su
acepción limitada - tal como aquí se lo considera - es, pues, el poder político en sus
distintas manifestaciones (estatal, no estatal e influencia).

Poder e influencia. Aclaración conceptual y terminológica

No hay duda que el poder - la relación política - es una relación de influencia. Hay poder si
hay influencia. Hay poder si unos influyen sobre otros para inclinar sus voluntades.
Pero, para una mejor comprensión de ese complejo de relaciones políticas que es el
"sistema político", a nivel del Estado, resulta conveniente establecer en el uso de ambos
vocablos la siguiente diferencia conceptual: hay poder, cuando la relación política opera
en sentido directo, de "arriba" a "abajo", es decir, de los ocupantes de los cargos o roles
(de mando) normativamente establecido, a los no ocupantes, hay, en cambio, influencia,
cuando opera en sentido inverso, de "abajo" a "arriba", es decir, de los "no ocupantes" a
los "ocupantes". Por supuesto que en ambos casos hay también, en alguna
medida, consentimiento, sea "abajo" o "arriba". Por lo demás, iguales tipos de relación
política pueden originarse en el seno de los grupos políticos no estatales. Cabe, pues,
distinguir entre poder político estatal, poder político no estatal e influenciapolítica.

Poder político y actividad


política

Caracterizado en sus distintas manifestaciones, en el poder político que es el que aquí se


hace patente el carácter de su vinculación con la actividad política. Esta, en cuanto tal, no
es sino el dinamismo de aquella estructura. Actividad política "en faz agonal", en tanto
algunos grupos, o individuos, desplegando poder político noestatal procuran acceder a la
ocupación de los cargos o roles desde los cuales se enhebra la relación del poder
político estatal, o bien de ejercer influencia sobre los mismos, en sentido positivo o
negativo. Actividad política en "faz arquitectónica", en tanto a los ocupantes de los cargos
o roles procuran conducir a los no ocupantes (súbditos, gobernados) de acuerdo con
el propio proyecto para la empresa común de la comunidad política (lo que
comúnmente se denomina "ejercicio del
poder").

Estado y acepción limitada de la


política

La vinculación entre Estado y política ha sido puesta de manifiesto en páginas anteriores.


En su amplia acepción, la política excede, al igual que el poder, el marco de referencia del
Estado pero en su acepción limitada - que es la adoptada en esta obra - la política, como
actividad y como relación - de poder -, cobra sentido en y por su vinculación con el
Estado, y ésta se realiza en tanto y en cuanto aquélla es realidad.
En esa acepción limitada que, hay que insistir, es la que aquí interesa, la vinculación
de la política con el Estado ofrece numerosas manifestaciones. La actividad política en
"faz agonal" tiene lugar con referencia al Estado. La pugna entre los aspirantes a la
ocupación de los cargos o roles, para conquistarlos, conservarlos o resistirlos,
según los casos, no es sino una pugna pero que su actividad puede, en su momento,
llegar a ser imputada al Estado mismo. Así, el juego múltiple entre diversas fuerzas,
según ciertas formas, condicionadas por determinados factores y en procura de diversos
fines, gira alrededor de ese ente - real o imaginario - que es el Estado. Del mismo
modo, la actividad política en "faz arquitectónica" realiza la relación de poder delEstado
con sus súbditos, institucionalizándola mediante una estructura especial de órganos y
normas y haciéndola funcionar.

La múltiple y recíproca relación entre poder, Estado y política.

Distintos aspectos de una realidad única

La múltiple y recíproca relación entre poder, Estado y política se advierte si se tiene


presente a la vez el poder objetivo del Estado, el poder subjetivo sobre el Estado y el
poder subjetivo en el Estado. Si dejamos de lado, por el momento, el poder subjetivo
sobre el Estado, que no es otra que el llamado poder constituyente, el cual será
objeto de consideración más adelante encontraremos que los otros no son sino dos
aspectos de una realidad única. En efecto, se llama poder objetivo del Estado a la
capacidad de acción de todo el agregado humano que se desarrolla por la organización
combinada de todos sus miembros y que no corresponde localizarla en ninguno de ellos
en particular, y se da el nombre de poder subjetivo en el Estado a su efectivo ejercicio por
los seres humanos que concretamente realizan la actividad. En tal sentido, cabe
hablar – y ésa será la terminología empleada en esta obra - de poder del Estado (poder
objetivo del Estado ) y de poder de los ocupantes de los cargos o roles del Estado (poder
subjetivo en el Estado), en la inteligencia de que el primero no es sino
imputación de la actividad desplegada por el segundo (única actividad real).

El poder del Estado, es, pues, poder político estatal, y el Estado, en definitiva, sólo cobra
existencia mediante él. Hay, fuera, más poder político (no estatal e influencia), pero
éste gira necesariamente alrededor de aquél, y lo que hace que se realicen uno y otro,
poder del Estado (o sea el Estado mismo) y poder político no estatal (e influencia), no es
sino la actividad política. Queda así evidenciada la múltiple y recíproca relación entre
poder, Estado y política, lo que no implica, sin embargo, confusión ya que, como se
ha visto, hay actividad política que es actividad estatal, y la hay también que no lo es.
Hay, además, actividad estatal que no es política.
ESTADO Y SOCIEDAD

Por: Raúl Ferrero ( * )

Naturaleza del

Estado
El Estado es sociedad más Poder, o sea una sociedad políticamente organizada. Estado y
sociedad son indesligables en la práctica, si bien se le separa conceptualmente. En
cuanto realidad socio- política, el Estado es una obra del hombre, pero de acuerdo con la
naturaleza social de éste.Como dice Heller, el hombre es producto y a la vez
productor de la historia. En la historia que se produce actúa la ya producida. Analizar
la naturaleza del Estado es un estudio conexo al de los elementos de su trama, que son la
sociedad, el poder y el derecho. Como toda institución, el Estado es un producto de la
interacción
humana.

Al Estado no lo advertimos en forma corpórea sino a través de sus manifestaciones, o sea


a través de la legislación, de la administración pública, de la fuerza armada y de los
símbolos. De ahí que su naturaleza aparezca inaprehensible, y es que el Estado es un
concepto, ante todo. Su realidad se concreta en la sociedad.

El concepto de sociedad es más extenso que el de Estado; el primero representa el


género y el segundo la especie. No es un orden normativo por más que las normas
reflejen la estructura que decide darse. No está formado por hombres sino por
actividades humanas.

Aclarando la noción, enseña Carnelutti que una sociedad se llama Estado en tanto y en
cuanto produce derecho. Precisamente la palabra Estado expresa la consistencia que la
sociedad adquiere merced al derecho. "El Estado es una sociedad que está, es decir, que
dura, porque el derecho impide la disgregación.

El destino del hombre es influido por lo social, debido a que la existencia, como
precisara Heidegger, comporta la dimensión de vivir con otros. Esta condición gregaria
está en la esencia de la historia. El hombre es naturalmente social: ordena su vida a
través de una convivencia necesaria. El Estado realiza una inclinación humana radical:
la de organizarse políticamente. Pero el hombre, a la vez que recibe el Estado como
una imposición de la realidad social, lo reforma a su voluntad.

La Filosofía del Derecho nos explica el sentido radical de lo jurídico en la vida humana y
en el universo. Nos presenta la sociedad como convivencia humana bajo unos mismos
principios, según definió Ortega y Gasset, el cual aclara que el Estado es también
sociedad, pero no toda ella, sino un modo de ella. Es importante subrayar, además, la
coexistencia de sociedad e individuo, para valorizar que el hombre sea como persona o
como colectividad, es el sujeto, por lo que no puede ser usado como un medio para la
grandeza del Estado.

(*) Tomado del libro: “Ciencia Política, Teoría del Estado y Derecho Constitucional”. Edit. Studium.
Lima. Con un fin didáctico, puede definirse el Estado como la colectividad humana
organizada políticamente sobre un territorio. No tiene una existencia natural propia; es
una entidad formada por la agrupación de individuos. De ahí que se
empleenindistintamente los términos Sociedad y Estado, pues éste no es sino la forma
más elevada de organización social. Como fenómeno social concreto, se distingue, de
las demás agrupaciones por el elemento Poder. Ante todo, cabe preguntarse, Cuál es la
naturaleza o esencia del Estado?. La naturaleza de su realidad es la de un ser
derelación, o sea un tejido de comportamientos.

Como estructura social-histórica, se basa y se sustancializa en los hombres en sociedad


que lo componen; sin esta base social, el Estado no es nada. El concepto Sociedad es
más general que el Estado, pues éste, aunque muy importante, es sólo un aspecto de lo
social, el aspecto político-jurídico.

La naturaleza de su realidad es la de un ser de relación, pues no existen a la manera


de un árbol o un animal, los cuales tienen sustancia. El Estado no existe y subsiste
por sí mismo; existe y subsiste en el ser de los individuos. No es la mera pluralidad de
éstos, pues al conjunto de hombres agrega una realidad nueva relación de poder,
indestructible y necesaria. De otro lado, el fenómeno social que llamamos poder político
suscita una actitud intelectual, cuyo resultado es el Estado.

El Estado existe porque es pensado. No es una construcción a partir de lo real sino un


concepto, porque su realidad reside en el espíritu de los hombres que lo
componen, como explica Burdeau. Es una institución de instituciones, la institución
suprema, algo que ha sido fundado. El Estado es un ser de derecho que resume
abstractamente una colectividad humana. Definirlo por sus elementos es didáctico, pero
equivale a una presentación heterogénea, que pugna con la esencia unitaria y
homogénea del Estado, tal como advierte Jorge Xifra Heras. Sumar sus elementos es
una manera aritmética de definirlo, por yuxtaposición, pero no brinda la concepción
unitaria que le corresponde.

Con todo, en calidad de aproximación al personaje Estado es válido definirlo en sus tres
elementos: pueblo, territorio y poder, agregando la finalidad que lo anima, o sea el bien
común. El poder y el fin son los datos que fundamentan el orden jurídico, el cual es la
textura institucional del Estado.

Elementos del Estado.

Pueblo, territorio y poder son los tres elementos del Estado. Si se añade que el poder o
autoridad existe para realizar el bien común, la definición se completa. Algunos
autores consideran como un cuarto elemento, el ordenamiento jurídico, pero nosotros
creemos que tal arquitectura de normas es la producción del Estado, a la vez que el
sistema que lo estructura.Refleja la voluntad que dictalas normas, es decir, el Poder.
Esencialmente, el Estado es poder, impuesto inicialmente y más tarde institucionalizado.
Derecho y Estado se entremezclan y se suponen recíprocamente. Los actos coactivos
que caracterizan al Derecho y al Estado son los mismos. El Estado, como dice del
Vecchio, puede concebirse en dos formas:

1. Como unidad de un sistema jurídico que tiene vigor positivo, o sea que puede ser
impuesto por la fuerza;

2. Como sujeto invisible pero real de ese mismo orden jurídico.

Origen de la denominación
"Estado".

Para los griegos, la palabra "polis", o sea ciudad, expresaba la comunidad diferenciada
por un modo de vida propia. El Estado era entendido por los romanos como «Res pública
o Civitas». Del uso de expresiones tales como "Status Rei Romana" puede provenir la voz
Estado. Al extender su dominación, Roma llamó «Imperium» a su organización política,
acentuando así el elemento decisivo del concepto Estado, que es el imperio o potestad
de mandar. En el derecho germánico también se acentuó el elemento de dominio, pues el
Estado fue llamado "Reich", voz que procede de "Regnum", o sea mando de un príncipe.
El Estado moderno en cuanto construcción consciente u obra de arte, apareció en Italia
de los siglos catorce y quince, cuando se centralizó el poder por reacción contra el
feudalismo. La denominación "estado", fue empleada por primera vez por Maquiavelo, en
las líneas iniciales de su obra "El príncipe". Tal acepción de la palabra "status" como
orden vino a responder a una necesidad general, ya que ninguna de las voces antes
usadas servía para denominar la pluralidad de formas políticas
existentes en la Italia renacentista. Unida al nombre de una ciudad como Florencia,
Génova o Venecia, el término "stato" dio expresión a todas las formas, ya fueran
republicanas, monárquicas o tiránicas, o bien aplicadas a sólo una ciudad o a toda una
región sometida al imperio de la misma autoridad.

Formación histórica del Estado.

El Estado es el resultado de una larga evolución de la convivencia humana. Aparece


con la civilización sedentaria, cuando el grupo pasa de la vida nómade a la vida agraria.
Con el Estado se alcanza el grado más alto de la organización social, el de una unidad
colectiva dotada de autodeterminación y ordenación jurídica. El hecho de que el
hombre esté naturalmente destinado a la convivencia fue lo que determinó las formas
primitivas de la vida social y la aparición del Estado.

Los elementos humanos más próximos del Estado no son los individuos, puesto que la
sociedad no es un agregado de átomos, sino las comunidades locales y las familias.
Se ha constituido históricamente por la asociación de los grupos naturales, o sea
familia y comunidades locales, las cuales formaron un grupo superior en cuyo desarrollo
se fueron distinguiendo las funciones que hacen necesario el poder, que son
básicamente las siguientes:

1. Establecer reglas para las actividades del grupo.

2. Hacer efectivas dichas reglas, contrarrestando los actos que estén en conflicto con
ellas.
La primera sociedad natural fue sin duda la familia. Por extensión o crecimiento
espontáneo de la familia, o bien por agregación de otras, se formaron el clan y la tribu.
Esta fundó la ciudad, realidad permanente que arraiga al hombre a un territorio. Las
necesidades de la defensa común y el intercambio comercial favorecieron la agregación
de ciudades dentro de una más vasta unidad social: La nación. Sólo dentro de ella puede
el hombre realizar sus destinos y alcanzar el mayor grado posible de perfección.

Históricamente, ha sido el Poder quien ha creado al Estado, organismo social encargado


de realizar el derecho. Lo más probable es que el Estado reconozca su origen en el
acatamiento tácito de la autoridad de quienes asumieron el Poder por un simpleimpulso
de voluntad. La coexistencia de familias, o bien quizá la sujeción de unas familias
a otras, añadidas a la descendencia común de una estirpe, no bastan para dar nacimiento
a la sociedad civil, que es específicamente distinta de la familia. Se precisa siempre un
factor de asentimiento a las obligaciones recíprocas, de costumbre o aceptación tácita,
para explicarse la formación del Estado.
El poder del Estado moderno es incontrastable. Desde el siglo XV ha venido dominando
toda feudalidad. El Ejército permanente, la burocracia jerarquizada y el establecimiento
de impuestos generales lo han emancipado. Concentra el empleo legítimo de la fuerza e
impone su dominación.

El Problema del Origen del


Estado.

El Problema del origen del Estado no es tan fácil de resolver como el de su definición,
pues ésta se hace en vista de tres elementos empíricos: un territorio, un pueblo y
un gobierno. Como quiera que el problema del origen y el problema de la esencia del
Estado son de carácter predominante sociológico y filosófico, respectivamente, muchos
juristas han renunciado a investigar los principios esenciales del Estado y se limitan a
enfocar su atención sobre el estudio del derecho positivo. Así, el eminente tratadista
Hans Kelsen sostiene que la teoría política debe renunciar por principio a todo
intento de explicación del Estado y sus fuentes, pues su causalidad es metajurídica, o sea
que se halla más allá de la ciencia del Estado. Según Kelsen, cada Estado debe
ser estudiado con pautas puramente jurídicas; la norma original decada Estado
la
«Ursprungnorm», determina la naturaleza de su estructura y el estudio de dicha norma
original escapa a la teoría política.

A una conclusión igualmente escéptica llegó Carré de Malberg, quien afirmó que la
ciencia del derecho no se relaciona con la investigación del origen del Estado, problema
ajeno al examen de los juristas. Semejante conclusión, válida para los juristas, no lo es
para la politología, pues comporta una abdicación de la ciencia política a su
carácter de ciencia si renunciara a ofrecer una aplicación racional de las causas
primeras.

El problema del origen del Estado, extremado su planteo, consiste en saber si el Estado
existe como una exigencia de la naturaleza humana o si es una creación de la voluntad.
El problema interesa directamente al Derecho, pero pertenece a la filosofía social,
pues entraña un juicio de valores; equivale a preguntarse si el Estado es dado o
construido. La respuesta acertada es una media entre ambos extremos, pues el Estado es
natural por su origen y también es voluntario por el hecho de contar con el
asentimiento del grupo.

Entre las diversas teorías sobre el origen del Estado, merecen especial estudio las cuatro
siguientes: la teoría organicista, la teoría de la lucha de clases, la teoría de la naturaleza
social del hombre y la teoría del contrato social.
RELACION DE LOS CONCEPTOS ESTADO, NACION Y

PATRIA Por: Raúl Ferrero (*)

El Estado puede existir tanto cuando el pueblo constituye una nación como cuando
pertenece a diversas nacionalidades. Pero, ordinariamente, la nación es el medio social
en el que se produce el hecho Estado.

Entre los conceptos Estado y Nación hay un paralelismo y no una identificación, pues el
uno es concepto jurídico y el otro es sociológico.

La nación es una sociedad, como también lo es el Estado, pero con la diferencia de que el
Estado es una sociedad organizada, en tanto que la nación carece de organización o bien
la tiene en el Estado. Hacia 1851, el profesor Mancini definía la nación como "una
sociedad natural de hombres a los que la unidad de territorio, de origen, de costumbres y
de idioma conduce a la comunidad de vida y conciencia sociales".

En cuanto una nación adquiere conciencia de sí misma, aspira a la unidad estatal; y a su


vez
na comunidad estatal no es verdaderamente armónica sino cuando reposa sobre una
auténtica comunidad nacional.

La nación es un complejo que reúne diversos elementos, de índole natural y cultural , o


sea geográfico, lingüístico, antropológico e histórico. Es el conjunto de hombres unidos
por una comunidad espiritual, forjada por la convivencia histórica en el mismo territorio
y proyectada idealmente hacia el futuro.

Su factor esencial es la tradición. En cuanto a la palabra nacionalidad, distingamos que


tiene dos acepciones. En sentido objetivo, significa el conjunto de caracteres que
configuran una nación; en sentido subjetivo, designa para un individuo el hecho de
pertenecer a un determinado Estado.

La presencia de los caracteres de raza, religión, lengua y costumbres puede darse


en general, pero no es indispensable.Lo importante es que exista entre los miembros
de una nación el sentimiento de afinidad, la conciencia social. Cuando ésta se halla en
formación o sea fundiendo elementos dispares a través de la vida en un mismo territorio,
el proceso es llamado integración. La solidaridad del compuesto es la nota
que revela haberse alcanzado la homogeneidad, la cual es fruto de una secular evolución
en común. La nacionalidad se nutre por el cruce de razas, por la larga convivencia por
la tolerancia recíproca, por la libertad de las tendencias contradictorias, todo ello de
un modo real y vivo.

Ha dicho Renán que la nación se constituye por "un plebiscito de todos los días". La
nación es un alma, un principio espiritual. "Dos cosas que, a decir verdad, no hacen más
que una, constituyen esta alma: una, es la posesión en común de un rico legado de

(*) Tomado del libro: “Ciencia Política, Teoría del Estado y Derecho Constitucional”. Edit. Studium.
Lima

recuerdos; la otra, es el consentimiento actual, el deseo de vivir juntos, la voluntad de


continuar haciendo valer la herencia que se ha recibido indivisa, tener glorias comunes en
el pasado, una voluntad común en el presente, haber hecho grandes cosas en común,
querer realizarlas todavía, he ahí la condición esencial para hacer un pueblo".

Patria es la nación, en cuanto ha adquirido conciencia de sí misma y ha llegado a ser


objeto de culto y amor para su miembros, según definió Hauriou.

Cuando Nación y Estado coinciden, el sentimiento patriótico arraigado a la nación


fortalece el Estado y lo hace concebir como una empresa histórica. "Los hombres sienten
en su corazón que son un mismo pueblo cuando tienen una comunidad de ideas, de
intereses, de afectos, de recuerdos y de esperanzas. He aquí lo que hace la patria y la
patria es lo que amamos". Así define Fustel de Coulanges la comunidad espiritual a la
cual adherimos más por respeto al pasado, o sea a las generaciones que nos han
precedido, que por amor al suelo.
La patria no es sólo la tierra en que se nace, realidad que arraiga; no sólo la bandera,
emblema que exalta; no sólo los muertos, cuyos huesos sagrados son el pasado. Es
también el futuro con la aspiración de grandeza y de destino por cumplir. Como dijera
José de la Riva Aguero, la patria supone la comunidad de los compatriotras
contemporáneos y también la comunidad de las generaciones sucesivas. Vive de dos
cultos el del recuerdo y el de la esperanza, o sea de los muertos y el del ideal proyectado
en lo venidero.

El sentimiento patriótico unge de espíritu la política anota Ruíz del Castillo, y es el factor
que concilia en el alma de cada persona su conciencia de individualidad con el sentido de
pertenecer a una comunidad. La exaltación del patriotismo contribuye a definir la
nacionalidad. Acelera el proceso de integración interna por virtud de una solidaridad
nueva: el nacionalismo. Este se inspira en la tradición, pues invoca los sentimientos
de lealtad histórica, pero a la vez forja un credo modernizador, dirigido a reforzar la
identidad de la nación. Tratándose de países que han sufrido opresión externa o vasallaje
económico, la mira del nacionalismo es independizarse del control extranjero.

FINALIDAD DEL ESTADO

Por : Raúl Ferrero ( * )

El Bien Común

La causa del Estado es el bien común, o sea el bien de la comunidad. Así lo definió
Aristóteles y ha quedado inconcluso de modo universal. Elemento fundamental del bien
común es el orden jurídico, pero éste se inspira en el bien común. Poder y fin están
contenidos en el orden, al cual remodelan. El poder está antes del orden y el fin está más
allá del orden.

El bien común consiste en un conjunto de condiciones sociales quefavorecen la


existencia y el desarrollo del hombre. Es el medio social propicio para que la persona se
realice. No es una masa de bienes por repartir, sino un orden justo, más allá del cual
existe para el individuo un fin último. La consecución del bien particular es
franqueada por la existencia de un orden que brinda seguridad y justicia, a través de
los servicios públicos, con mayor o menor eficiencia.
Tal definición del bien común como el medio social propicio para que el hombre cumpla su
destino, es individualista. Debemos sobreponerle la concepción comunitaria de Tomás
de Aquino: el bien común es un orden justo para la vida suficiente de una comunidad.

Tiene el carácter de bien


intermedio.

Si a la idea del bien común se le despoja de su connotación filosófica, viene a ser lo que
denominamos interés social. Desde luego, el bien común no es una fórmula de gobierno
sino un principio rector: el bien de los hombres que componen la sociedad.

Como aclara Bertrand de Jouvenel, el bien común no se traduce en bien particular de los
individuos sino de modo indirecto, o sea en función del orden y de la justicia que
proporciona al conjunto. Por eso, Dabin lo denomina bien común público, agregando la
palabra "público" para expresar que engloba sólo bienes sociales considerados
indispensables para el bien individual, como son la seguridad de la vida y la de poseer el
fruto del trabajo, la educación, el matrimonio, los servicios de salud o los medios de
transporte masivo, y no comprende la distribución de bienes que sean alcanzables
individualmente.

Excepcionalmente, como sucede con la edificación de viviendas en numerosos países,


el Estado asume la tarea de proporcionar el bien particular, al dotar con viviendas a
personal de un determinado sector de la población. Lo hace para remediar un
malestar social que no puede ser encarado sólo por acción estatal indirecta. Igualmente
cuando proporciona medios de producción, tal como sucede con la Reforma Agraria, el
Estado realiza directamente el bien particular de los adjudicatarios. Pero en la sociedad
occidental sobre todo, el poder se limita a crear las condiciones sociales, como son el
orden jurídico y su protección, la educación, la administración de justicia, que
hacen posible que cada persona se realice.
(*) Tomado del libro: “Ciencia Política, Teoría del Estado y Derecho Constitucional”. Edit. Studium. Lima
Por este carácter de generalidad tiene un rango superior al bien particular. En la
sociedad humanista, los gobernantes se distinguen por su voluntad de servir de medio
para el bien del pueblo todo, reconocimiento que el Estado existe para que se
realice a plenitud de las facultades personales.

Triple función del Estado.

De dicha concepción deriva para el Estado una t riple función de tutela, suplencia y
promoción, consistente en proteger los derechos individuales, suplir la iniciativa privada y
promover el progreso social.

Poniendo énfasis en la primera de estas funciones, el liberalismo concibió el llamado


"Estado Gendarme", que se limitaba a garantizar la seguridad, en tanto que el
socialismo ha concebido el Estado Bienestar, el cual ofrece procurar bienes económicos a
todos.

Superando los extremos del estado gendarme y del estado providencia, la democracia
social diseña un Estado que promueva el bienestar sin ahogar la libertad.
La misión del Estado es simultáneamente estática y dinámica, o sea de tutela y de
subsidiaridad. De un lado debe protegerse los derechos de la persona, y del otro, la de
suplir lo que la iniciativa privada es incapaz de realizar, así como promover el
desarrollo económico y social para elevar los niveles de vida y reducir al mínimo las
desigualdades. Tal función supletoria, así como la de promoción, aplican el principio de
subsidiaridad. Cuando el Estado se sustituye a los particulares para hacerlo que éstos
pueden realizar tan bien como él, o en muchos casos mejor que él, la libertad es
recortada innecesariamente.

Las funciones concretas del Estado, así como la amplitud con que deben ser ejercidas,
dependen de causas sumamente variables en su número y naturaleza. Cabe mencionar
algunas funciones primordiales, como la conservación del orden social, la defensa
contra agresiones externas, la administración de justicia, los servicios civiles, la
educación, la regulación de las operaciones económicas fundamentales, el desarrollo
económico y social, la organización de la salubridad y los seguros sociales.
Respecto de la intervención del Estado en la vida económica, la discusión doctrinaria se
actualiza cada día. Las escuelas totalitarias preconizan un intervencionismo
absoluto, que centralice los medios de producción y distribución de la riqueza, en tanto
que la concepción democrática occidental respeta las formas esenciales de la
propiedad, dentro
de una organización en la que el Estado dirija la economía con miras al bien común.

La fórmula más adecuada a la actual coyuntura es la que ha anunciado la democracia


social: "Libertad hasta donde sea posible y planificación hasta donde sea necesario".

Así se viene logrando en algunos países que consideran que la iniciativa privada debe
ser llamada a participar en el planeamiento del desarrollo, para que éste se logre con un
sentido de comunidad y no de estatismo. Ello supone que toda actividad económica
sea puesta bajo el imperio de la ley nacional de modo que los centros de decisión
estén en el país y que el sector público de la economía acreciente su radio de eficacia. La
revolución industrial y el notable crecimiento demográfico, así como los requerimientos de
una sociedad que se masifica, han determinado que se acentúe la intervención del
Estado en esferas que, hasta hace pocos años, quedaba libradas a la actividad
privada. La democracia representativa, enfrentaba a sistemas colectivos compactos, ha
comprendido por fin que la economía debe estar al servicio del hombre.

Admite ahora activamente sus deberes de promoción económica, mediante una política
fiscal, crediticia, de salarios y de seguros sociales, a fin de favorecer la redistribución
de la riqueza y disminuir los desniveles en el tenor de vida.

Determinación de los fines del Estado.

Durante siglos, cuando menos a partir de Aristóteles, los hombres han considerado
injustas las grandes desigualdades económicas. Pero no se tenía conciencia de que fuera
posible cambiar fundamentalmente la distribución de la riqueza. Desde comienzos de este
siglo fue extendiéndose la convicción de que los factores económicos podían ser
orientados hacia la justicia social. La formación de una vasta clase
proletaria, consecuencia de la industrialización, puso en mayor evidencia las injusticias
sociales, porque las acentuó. Al mismo tiempo, la evolución de las ideas demostraba
que la jerarquización social no respondía a una fatalidad, sino que era, más bien,
una organización o estructura que el hombre podía transformar.
La pasividad de las masas fue compensada con el dinamismo de los miembros de los
grandes partidos, comenzando a manifestarse tensiones exigentes y premiosas.

La ciencia política ha venido clarificando la interpretación de la acción política, la cual


incide sobre la composición social. A partir de la segunda guerra mundial, los politólogos
han visto definidamente que la acción del Estado depende de las creencias y de valores.
Estos últimos son más diversos y se les fija como objetivos simultáneamente: justicia
social, autodeterminación, respeto de la persona, cooperación internacional. La acción
política se orienta según sean los valores a cuya realización tiende cada época. En la
nuestra, la justicia social es el valor predominante. De modo universal se tiende a que se
acorten las desigualdades en el disfrute de los bienes. En materia de rentas no derivadas
del trabajo, el sistema tributario más adelantado tiende a reducirlas notablemente.
Tocante a ingresos o remuneraciones por razón del trabajo existen diferencias notorias
entre los campesinos y los obreros, entre las mujeres y los varones, entre los burócratas
de categoría elevada y los empleados públicos subalternos, entre los ejecutivos de
las empresas y el común de los trabajadores, por ejemplo.

Ello es objeto de distintas tentativas para acortar distancias en el "abanico de


las remuneraciones" con la finalidad remota de una nivelación. Si se comparan los
sistemas de remuneraciones a todo lo ancho del mundo se comprueba que a cada nivel
de desarrollo corresponde una mayor o menor desigualdad, mereciendo relieve particular
el caso de China por ser el país que viene aplicando con mayor sinceridad los incentivos
morales. En general, se aspira a llegar a un punto de equilibrio entre los incentivos
económicos y los incentivos morales, lo cual depende de una reeducación paulatina y de
una no siempre duradera.
La Declaración de la Independencia de los Estados Unidos, así como la introducción a
su Constitución y el preámbulo de la Constitución suiza, mencionan los fines del Estado,
al expresar la razón de ser aquellas formaciones políticas. También la Constitución de
México menciona el fin del
Estado.

Así, la Constitución de los Estados Unidos se proclama dictada "en orden a formar una
unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad doméstica, proveer a
la defensa común, promover el bienestar general y asegurar a nosotros mismos a la
posterioridad contra las infracciones a la libertad. La constitución helvética es más
precisa, pues declara que la unión se propone “afirmar la independencia de la patria,
mantener el orden, proteger la libertad y los derechos de los súbditos, y promover el bien
común de los mismos”. La mexicana expresa que el poder ha sido instituído para el bien
del pueblo. El estado concreto, o sea cada Estado vigente, legitima su existencia por
virtud de los fines que invoca. Toda modificación en la organización y en la legislación
del Estado se justifica por la doctrina de sus fines. Cada Estado regula su actividad
política según sean los fines supremos que persigue.- De ahí la importancia de
analizarlos, más en nuestra hora, en que se enfrentan la concepción monocrática y la
pluralista. Los componentes del bien común son la seguridad y el bienestar general.
La seguridad tiene dos connotaciones: interna y externa. La seguridad interior (que abarca
el orden público y la seguridad jurídica) garantiza la coexistencia de los hombres; la
seguridad exterior protege de la agresión. El bienestar general consiste en la
satisfacción de las necesidades del compuesto social; sin un mínimo de bienestar no
existe el medio propicio para que la persona humana se realice.

Para aclarar la visión del Estado hemos de dividir sus actividades en dos grupos:

• Actividades que corresponden exclusivamente al Estado, y


• A ctividades mediante las cuales ordena y promueve la vida social.

Actividades que corresponden de modo exclusivo al Estado son las de seguridad, o sea la
protección de la comunidad y de sus miembros, lo que entraña la defensa del
territorio y de la soberanía. Dice Jellineck: "No sólo tiene el Estado funciones propias
respecto del exterior, sino también respecto del interior; su fin consiste en la conservación
de sí mismo y en el mantenimiento de la integridad de sus fines generales; lo que en
primer lugar se logra mediante ella, es asegurar la existencia del Estado. Los
deberes de policía y los penales, no protegen sólo los bienes individuales y sociales, sino
al Estado mismo. En toda actividad del Estado hay un elemento cuya finalidad
consiste en conservar y fortalecer al propio Estado. De aquí que el mantenimiento y la
protección de la existencia propia y del propio prestigio, sea uno de los fines
correspondientes al Estado, dada nuestra conciencia de éste y de sus funciones".

Igualmente, es función del Estado la formación y mantenimiento del orden jurídico. Tras
una lucha secular, ha monopolizado el Derecho, el cual a su vez penetra las
manifestaciones del Estado y canaliza sus actividades.
El fin jurídico comprende la legislación vigente y también la legislación futura; ésta ha
de corresponder a las exigencias del devenir social, ya que la evolución histórica
determina el contenido del derecho.

Conjuntamente con las funciones de seguridad o tutela, el Estado cumple otras con miras
al bienestar, ellas son de suplecia y promoción, compartidas eficazmente con la
actividad individual. Tal extensión de la actividad del Estado, más allá de sus fines
exclusivos, varía según las épocas y está condicionada por la evolución de los hechos
y de la cultura.

Actualmente, casi todo cuanto se refiere a la vida comunitaria recibe la impronta de la


voluntad estatal, porque el Estado atiende directamente al interés común o bien orienta
el modo como los particulares deben propender a él. El problema de los fines del Estado
guarda relación estrecha con el fundamento del poder. No hay sociedad posible
sin poder, ni hay satisfacción de las necesidades humanas sin Estado. De aquí recibe el
Estado su justificación y su valor: nos ha sido impuesto por la vida histórica, pero
continuamente lo reformamos, persiguiendo el ideal humanista de que sirva a todos los
hombres y a todo hombre.

Política General y Política de


Sectores.
Distingamos la política en cuanto conquista y uso del poder, o sea la política-dominio, de
la política en cuanto acción, la cual consiste en un haz de programas, política económica,
vial, educacional, sanitaria, etc.
La política general del Estado persigue el bien común, compuesto del valor seguridad y
del valor bienestar. Pero en cada circunstancia histórica y en cada país se
presentan necesidades múltiples a las que el Estado atiende por requerimiento exigente.

El Estado es la puesta en forma de una determinada sociedad, lo que supone el


empleo de una inteligencia y de una voluntad que, más que de la masa de gobernados,
procede de una minoría resuelta. La minoría que condujo el proceso revolucionario en
Francia así como aquella que modernizó al Japón en el siglo pasado, o la que
transformó la sociedad y el gobierno en Rusia, inspiró su acción en una ideología no
generalizada hasta mucho después. Igualmente viene sucediendo en América Latina.

La autodeterminación de cada Estado se manifiesta en propósitos rectores, siendo lo


ideal que dichos objetivos sean deliberadamente deseados por la colectividad. La política
se "abre en abanico", para atender a muy diversos ámbitos: el de gobierno o poder, el de
educación, el de sanidad, el de manejo monetario, el de población, el de protección de
las fronteras, el de mejoramiento de las infraestructuras (vial, escolar,
hospitalaria y de vivienda). Se trazan, de modo más o menos planificado,
numerosas
políticas o frentes de acción del Estado.

Para la seguridad exterior, se traza una política militar y una estrategia diplomática;
para facilitar el acceso de la mayoría o los bienes materiales se traza una política; para
alcanzar una conciencia de unidad nacional, se sigue una política de integración social;
para elevar el nivel cultural, se traza una acción educativa; para mantener los derechos
individuales, inherentes a la dignidad del hombre, se emplea el respeto al pluralismo
político y una democracia con participación real del pueblo; para incentivar el desarrollo,
se sigue una política fiscal y una política económica determinadas, para prevenir las
secuelas del infortunio o del desempleo se traza una política de seguridad social, para
extender una real, se traza una política de transferencia del poder económico hacia
los sectores más vastos, mediante la redistribución de los ingresos, para reducir la
dependencia externa, se traza una política de inversiones e industrialización. Así con una
creciente planificación, el Estado ensancha su actividad y sus perspectivas.

El principio rector para que la autoridad no se torne prepotente es el que anunció


Rousseau: "Para ser legítimo, es preciso que el gobierno no se confunda con el soberano,
sino que sea su ministro".

Quienes mandan no son hombres providenciales; ejercen autoridad porque se les inviste
o tolera para lograr el bien común. Aún en el caso de gobernantes de facto, la conciencia
de su provisionalidad es impuesta por la experiencia histórica y constituye un apremio
para normar sus actos por la delimitación del bien común. En los países del tercer
mundo, en presencia de tensiones sociales que son incentivos de transformación
urgente, la función de gobierno comporta la necesidad de trazar estrategias para cada
problema vital. La estrategia del desarrollo es, sin duda, la más incitante y supone la
reforma o cambio de las estructuras, así como el planteamiento racional de las
técnicas a seguirse.
ESTADO Y NACION

Por: Alfredo Quispe Correa (*)

En la Constitución de 1993 se otorga a ambos vocablos significados diferentes. El artículo


cuarto nos dice que la comunidad y el Estado protegen a la familia y promueven el
matrimonio. El artículo 39° señala que todos los funcionarios y trabajadores públicos están
al servicio de la Nación. El artículo 66° sostiene que los recursos naturales son
patrimonio de la Nación, pero, agrega, que el Estado es soberano en su aprovechamiento.

El artículo 110° hace del Presidente de la República Jefe del Estado y personificación
de la Nación, y, el artículo 163°, dispone que el Estado garantiza la seguridad de la
Nación, mediante el Sistema de Defensa Nacional.

Las normas citadas, contienen palabras que han sido objeto de controversias, se han
usado como sinónimos y, por último han generado crueles conflictos que marcaron para
muchas sociedades su fin como entidades políticas y, para otras,el engrandecimiento
que han servido como ideales de grandeza, de sacrificio, de unidad de destino.

Trataremos en esta breve disertación de hacer un deslinde entre ellas, su enfoque


constitucional y, lo que creo sería la piedra angular en esta intervención, su proyección
política.
Jacques Leclerc: decía que "los conceptos de patria y de nación corresponden a un
sentimiento intenso y a una idea imprecisa".
(1) Efectivamente, mientras patria se vincula siempre como el padre y con el territorio, la
patria es tierra del padre, la tierra de los antepasados; nación que viene del nasci,
nacer, apunta al conjunto de hombres unidos por vínculos comunes al margen del
territorio. Hoy podemos afirmar que los palestinos constituyen una nación porque les
falta territorio, como lo fuera hasta fines de la segunda guerra mundial el pueblo
Israelí. En el caso de la Patria, también se desciende del antepasado, como en la
Nación, pero mientras ésta pone énfasis en la comunidad de hombres y el destino
futuro, la Patria redunda sobre la tierra y los antepasados. Nación, a nuestro
entender viene disparada de ancestros inmemoriales, pasa por el presente, en
que destaca la voluntad de unión y se proyecta hacia el futuro mediante una
vinculación sicológica que endurece la solidaridad entre los hombres. Estado, en
cambio, es la organización jurídica de la sociedad. El Estado es, en otra definición, la
sociedad políticamente organizada. El Estado no se confunde con la Nación; en todo
caso "Sociedad" puede usarse como sinónimo de Nación, como puede servirnos
el término comunidad. Hay que distinguir: Nación es siempre el elemento humano,
un pilar de la estructura estatal, pero no es el Estado. El Estado tiene tres
elementos básicos, como una estructura que son pueblo o población o nación, el
territorio y el poder, como hemos visto en la parte introductoria de esta conferencia.

(*) Ex Ministro de Justicia. Tomado de conferencia dictada en el CAEN-2000 .

Nación es parte del Estado, cuando lo consideramos como elemento humano; las
otras, el territorio y el poder.

El Estado es más la administración de la sociedad y sus recursos. Por esa razón en


la constitución se dice que el Estado protege a la familia que es la base de la nación
y que los recursos son patrimonio de la Nación aunque pertenezcan al Estado.
Aclaremósle, los recursos naturales constituyen el patrimonio de la Nación, es decir
de la sociedad, pero es el Estado que en nombre de ella los administra, los usa y
los concede en explotación. Es el Estado, reitera la carta política, el que garantiza la
Seguridad de la Nación. En realidad, la nación, de donde proviene la nacionalidad,
constituye ese conjunto de seres humanos unidos por un destino común. Renán
diría: unidos por el deseo de querer compartir un destino común.

Ahora bien, el Estado realiza políticas para integrar a la comunidad alrededor de un


proyecto común, trata de universalizar un idioma concreto, en nuestro caso, el
castellano, para unificar; persigue crear y robustecer una conciencia nacional,
combate o debe combatir aquellas doctrinas que tratan de destruir las bases de la
identidad política. Se esfuerza, en suma, en hacer de esa sociedad heterogénea una
nación, integrando a los habitantes en una cadena solidaria e invisible cuyo fin
debe ser el bien común. Por lo menos, esa debe ser la tarea estatal.

Hemos delimitado los conceptos de patria, estado, nación. Nos orientamos ahora a su
contenido y perspectivas. Antiguamente se definía la nación como una comunidad
humana vinculada por religión, idioma, pasado, presente, futuro y raza. Hoy esa
definición no resiste compararse con la realidad; más aún, es difícil encontrar una
sociedad humana que resuma todas esas características. La afinidad colectiva es
un ideal, no una realidad. Comencemos por la raza.
¿Cómo definirla?, un diccionario común nos dirá que es una "casta o calidad de
linaje", "grupos de seres humanos que se dividen según el color de su piel y otros
caracteres".¿Es posible encontrar tanta pureza en lapigmentación?,definitivamente, el
vocablo "raza" ha sufrido una revaluación y no se lo usa en el sentido tradicional.
Raza es un grupo humano que tiene algunas características comunes, no
necesariamente físicas; aquí incidimos más en el aspecto cultural. El énfasis en las
características físicas llevó al mundo al borde de la destrucción, por culpa del
nazismo. No existen rasgos que privilegien a unos hombres sobre otros. La
inteligencia no es potestativa de algunos que poseen determinada conformación.

Hoy se sabe que la igualdadde oportunidades y de posibilidades, permite a los niños


de diversas latitudes, reacciones y desarrollo parecidos. Habrá siempre diferencia de
aptitudes, pero ellas no provienen de la diferencia de "rasgos" sino de los
cromosomas. Genéticamente, el hijo de un "genio" no necesariamente es "genial",
como tampoco el hijo de un limitado físico, hereda sus limitaciones.

Decimos luego que nación tiene un idioma común, y observamos aquí, cerca a las
fronteras, desmentidos rotundos. Brasil y Portugal tienen el mismo idioma pero
constituyen no sólo Estados distintos, lo que es obvio, sino unidades políticas muy
diferenciadas. Y en Europa, en Suiza, en donde se hablan idiomas diferentes,
nadie duda en calificarla de una "nación". Y en América del Sur, que se habla
mayoritariamente el castellano, nos sobran escrúpulos para pensar que estamos en
camino de integrar una nación.

(2) La religión tampoco resulta, hoy en día, causal de identidad. Los yugoslavos se
encuentran unidos a pesar que los croatas y serbios profesan religiones como la
católica y sismática griega, mientras que pueblos, como los latinoamericanos, que
tienen una confesión mayoritariamente católica, se hallan divididos, a veces por
pugnas irreconciliables. Incluso dentro de un Estado coexisten religiones diversas,
protegidas por la libertad de creencias que las constituciones modernas consagran.

La historia es un factor de aglutinación cuando existe conciencia de ese pasado


común. Diremos mejor, cuando un Estado ha logrado socializar, integrar a su
población, para que comparta ciertos hitos culturales. ¿En América del Sur hay un
pasado común y, sin embargo, no existen Estados diferenciados que se esfuerzan
en cimentar sus diferencias en grupos humanos?. ¿Del Tahuantinsuyo, de la Colonia,
en lugar de pasar a una gran confederación aprovechando las analogíassicológicas,
idiomáticas, religiosas, no hemos formado un conglomerado de islas enfrentadas?.
En nuestro propio Estado, el pasado no ha sido internalizado por el total de la
población peruana, lo que revela el fracaso de la educación en nuestro medio,
porque educar es también integrar. Igual apreciación podemos hacer sobre el
presente y el futuro. No existe una conciencia compartida de nuestro rol hoy, y
menos, del papel de mañana, hablando en términos internos.El "presente" histórico
pasa por filosofías de gobierno tan distintas, que la población no logra movilizarse
alrededor de una "idea-motor" que la subyugue. Con mayor razón el futuro aparece
nebuloso; la gente mira el mañana sin esperanzas.
Es curioso observar como Stalin, en su "El Marxismo y el problema de la
Nacionalidad",
hablaba de la nación como si fuera una “ comunidad estable, históricamente
desarrollada, de lengua, territorio, vida económica y rasgos
sicológicos, que se manifiestan en una comunidad de cultura". Y decimos
curioso, porque losmarxistas han criticado mucho al nacionalismo que se funda
precisamente en esos caracteres, llamándolos movimiento burgueses,
chauvinistas. Hoy existe un retorno a esa línea de apoyo, para aprovechar las
legítimas aspiraciones de un pueblo por alcanzar su independencia y encausarlas
hacia el autoritarismo marxista.

(3) Hay que ver las críticas que el propio Marx y Engels lanzaran, en su manifiesto
comunista, al Estado Nacional.

(4) Desgraciadamente el Fascismo vendría a justificar, en alguna medida, las críticas


acerbas, porque en nombre de la "nación italiana", propinó a los hombres peores
vejámenes.

Como una reserva a la idea de la nación - estado, identificación propuesta por el nazismo
y el fascismo, se sugería la existencia de los estados multinacionales. Rusia era un
ejemplo, como lo era Bélgica, Suiza, China, Yugoslavia.

Y es bueno recordarlo, hubo épocas en que los comunistas intentaron dividir al Perú
en Quechuas y Aimaras, sin que éste temperamento prosperara. Pues bien, ¿qué hace
que un Estado multinacional no se disgregue? Volvamos los ojos a Renán, la
respuesta sigue siendo fundamentalmente una cuestión sicológica: la solidaridad entre
los hombres por el convencimiento del destino común. Si esa solidaridad no existe,
un Estado es débil, invertebrado, desintegrado, exponiéndose a toda clase de presiones.
Si, por el contrario, un Estado logra cohesionarse, integrarse, vertebrarse, le será mucho
más fácil eludir las amenazas y alcanzar los objetivos que se proponen.

¿Existe la nación, es posible un Estado- Nación?. La nación, en nuestro concepto es


un ideal a alcanzar. Es sumamente cómodo gobernar, cuando existe un idioma común,
cuando se conocen las vicisitudes pasadas, cuando el pueblo afirma su vocación de
realizarse en un futuro cercano. Y a esa situación debe propender un estado. La
educación es un medio , los planes y programas deben coincidir en esa tarea
aglutinante; los profesores también aunque este resulta en el caso concreto nuestro, el
talón de A quiles de todo esfuerzo integrador alrededor de la idea nacional, porque
poseen ideologías diversas convierten cada aula en un centro descohesionador de los
esfuerzos que se realizan por unir.

El Perú es un país heterogéneo. Debemos esforzarnos en constituir una nación. El


nacionalismo, que viene de nación, es una esperanza frustrada; es un vehículo
aglutinador no utilizado políticamente. Nosotros debemos tratar de universalizar la cultura,
el idioma, integrar los planteles, incluyendo las universidades, hacia los grandes
objetivos nacionales, que comprenden las políticas de desarrollo y de defensa.

Insistimos que nación es, sobre todo, una vinculación sicológica. Israel se une por la
amenaza de los Arabes; Los palestinos por recuperar su territorio, en Estados Unidos hay
clara conciencia sobre el valor de su carta política y destino imperial; lospaíses
comunistas, porque juzgan que están realizando una tarea de liberación, como si
fueran mecías
renacidos.

¿En el Perú, que nos une ?. He aquí el gran problema.

Debemos rechazar toda idea que intente hacer del nacionalismo un egocentrismo, que
lleve a considerar que el mundo gira alrededor nuestro, que culmine en una soberbia
despreciativa hacia otros pueblos. Nuestro nacionalismo se debe fundar en la solidaridad,
para lograr un proyecto nacional que compartan todos. Y debemos señalar objetivos
básicos de estas ideas: el poblamiento de las fronteras, la ocupación plena del territorio, la
divulgación histórica en todo los niveles, el recuerdo constante de los héroes, la
descentralización económica y, sobre todo, como idea-motor las tareas que reserva el
futuro, las grandes reivindicaciones.

Es evidente que el proyecto no puede agotarse en breves líneas. Pero si queremos


resaltar que la nación es un ideal a alcanzar, que el Perú es un país invertebrado y que se
debe realizar una gigantesca obra vertebradora. Nuestra
Constitución habla de la integración, pero integrarnos así como estamos, divididos, sin
clara conciencia de nuestra unidad política, de nuestra importancia, con otros Estados
sería para desaparecer como Estado Peruano. Por ello debemos realizar esfuerzos en
lograr esta vertebración, es decir, por hacer del Perú una nación, de lograr, en caso de ser
posible, una identidad Estado-Nación, que facilitaría enormemente no sólo la
tarea de gobierno, sino la seguridad interior.
Las condiciones están dadas. Debemos si cuidar un aspecto: que los diversos gobiernos
no compitan con ideologías diversas, aceptamos que la carta política contiene los grandes
fines que el Estado propone. Pues bien, alrededor de esas ideas, que deben ser
internalizadas, forjemos la unidad que se requiere. Entre nosotrosno sólohay diferencias
de gobierno, sino hasta diferencias de ministro a ministro dentro de un mismo gobierno,
superemos estas trabas. Es hora de pensar integralmente al Perú y de realizar su destino.
ACTIVIDADES OBLIGATORIAS:

Conteste las siguientes preguntas:

• ¿Por qué se dice que el poder político es el único que puede ejercerse sobre la comunidad
entera?
• ¿Cuál es el fin de la política?.

Términos que deberá manejar:

o Razón de Estado.
o Orden social.
o Poder objetivo del Estado.
o Acción política

AUTOEVALUACIÓN:

1. Conceptualice la naturaleza del poder


2. ¿Por qué se dice que el poder político es el único que puede ejercerse sobre la comunidad entera?
3. ¿En qué consiste la función compulsiva del poder?
4. ¿Cómo se manifiesta la vinculación de la política con el Estado?
5. Por qué Estado y sociedad son indesligables?
6. Conceptualice el término Patria.
7. ¿Cuál es la finalidad y la función del Estado?
8. ¿Es igual Estado y Nación?. ¿Por qué?.

RECURSOS PARA AMPLIAR EL TEMA:


EXPLORACION ON LINE

• http://www.monografias.com/trabajos12/elorigest/elorigest.shtml
• http://es.wikipedia.org/wiki/Portal:Ciencia_pol%C3%ADtica
• www.elprisma.com/apuntes/apuntes.asp?categoria

BIBLIOGRAFIA COMENTADA

• Josep M. Vallès: Ciencia Política. Una introducción. Barcelona, 2000


• Sodaro, Michael, "Politica y ciencia política, una introduccion". Mc Graw Hill. México.2006.