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ARISTÓTELES

TEMA: FELICIDAD Y VIRTUD

1.-EL ÉTHOS EN ARISTÓTELES. La ética del logos: Un nuevo concepto de bien.


Lejos ya de la ética homérica, la ciencia dialéctica platónica culmina en el saber sobre un Bien
supraterrestre donde el hombre se proyecta desde su interior; tos grandes conceptos absolutos y abstractos
de Bien, Virtud, Justicia, Ser, Belleza, se enmarcan fuera del comportamiento social de las relaciones de la
Polis. Platón había pretendido sentar la ética sobre bases sólidas, apartándola del relativismo confuso de los
sofistas y convirtiéndola en una ciencia exacta sobre la forma eterna del bien en sí mismo, cuyo conocimiento
posee el filósofo por ello llamado a gobernar y organizar la vida de sus congéneres de tal modo que se
realice en la mayor medida posible.
Aristóteles, por el contrario, rechaza en su ética la existencia de formas separadas, a este respecto
afirma:
"Han sido nuestros amigos los que han creado la teoría de las ideas Pero hay que seguir el parecer de que para
salvar la verdad es preciso sacrificar nuestras preferencias, tanto más cuanto que también nosotros somos
filósofos. Se puede amar a los amigos y a la verdad; pero lo más honesto es dar preferencia de la verdad". (Et
Nic 1,6 1906 a 11).

Según Aristóteles el bien al igual que el ser se dice de muchas maneras; se puede decir de dios o la
inteligencia, de las virtudes, en cuanto a la medida o en cuanto a lo oportuno, pero no hay una ciencia única
de todos estos bienes, pues no existe el bien en sí, y aunque existiera el ser humano no podría alcanzarlo
ni adquirirlo ya que no resolvería las cuestiones que nos interesan distintas y relativas en cada caso. Una vez
bajada la ética de los cielos platónicos a la Tierra lo primero que se constata es que la ética no es una ciencia
sino una reflexión práctica encaminada a la acción. Por ello en la ética no hace falta buscar causas ni
ofrecer demostraciones, sino que bastará con indicar los hechos que nos interesen y sin mucho rigor,
Aristóteles pretende plantear el bien humano a partir de una serie de hechos y el modo como se les
nombra en nuestro lenguaje como paso previo a levantar cualquier teoría más general; partir de la experiencia
es una premisa del conocimiento en Aristóteles así como el inicio de su método inductivo en el saber.
Las acciones poseen una total dependencia del instante donde únicamente permiten su valoración,
pues es cuando se descubre el complejo mecanismo de nuestra intimidad así como su objeto, ya sea respecto
a las pasiones, deseos o deliberaciones. Pero el presente concreto no es independiente de la tradición
histórica personal, de la memoria y de la experiencia; pues son los hábitos y las costumbres las de determinan
nuestro actuar. A este respecto Aristóteles afirma que los jóvenes pueden ser buenos matemáticos pero no
virtuosos pues ésta brota de la experiencia y "Es la cantidad de tiempo la que produce la experiencia".
La naturaleza humana se rige en parte por el dinamismo o la energía que somos en tanto seres
vivos (el bios), pero además en ella inciden otras valoraciones surgidas de la cultura y de la vida colectiva.
El mero vivir se trasciende con la edificación de otros fundamentos que conducen la vida más allá de un
mero "estar en el mundo" hacia la búsqueda de un "estar bien en el mundo". Se puede afirmar que el
principio del egoísmo natural basado en la protección y defensa del propio ser, se deteriora y se supera
en el ámbito colectivo, donde muchos egoísmos se superponen sobre otros. Quizás por ello los
griegos soñaron con una sociedad de la abundancia que hace de la ética griega una lucha por el
bienestar.

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La temporalidad es el cauce y el sustento de lo real y nada escapa a ella; todo es
efímero, y la sumisión a esta realidad es una condición del saber ya que configura el sentido de
la vida y el orden de lo real; el bien perseguido en cada instante es lo único que nos permite
traspasar el tiempo presente y proyectarlo desde la memoria hacia la esperanza La acción
está provista de elementos racionales, por lo qué: razón y acción no se excluyen sino que
se necesitan como el alma al cuerpo, como la forma a la materia, como acto a la
potencia.
1.1.El Bien como fin: la eudaimonía( El libro Primero de la Ética a
Nicómaco)
Aristóteles es el primer filósofo que analiza cuidadosamente la acción humana Observamos,
pues, que todas las decisiones se tornan, y todas las acciones se realizan en función de un fin,
que es un bien que se persigue. Desde el origen de la ética aristotélica, el bien no se considera
como un objeto separado sino que surge en la historia individual de cada hombre como
resultado del vivir, del hacer y del pensar.
Distingue entre volición que marca los fines; la deliberación que sopesa los medios, y la
decisión que conduce directamente a la acción. La voluntad persigue el bien como fin y por tanto
respecto a los fines no hay ni deliberación ni elección, podernos decir que el fin es el que es por
una especie de determinación natural de los seres humanos. Sólo si uno está enfermo, disminuido
o pervertido le aparecerá como su bien algo que en realidad no es lo que por naturaleza
constituye su bien; si esto sucede Aristóteles recomienda fiarse de algún hombre recto, entero y
honrado pues lo que a él le perezca el bien lo será también por naturaleza La voluntad de un
hombre sano, entero y honrado está naturalmente orientada hacia su bien y sólo cabe deliberar y
decidir sobre los medios para alcanzarlo.
Aristóteles afirma en la Ética a Nicómaco: "...se ha dicho, con razón, que el bien es aquello
ante lo que nada puede resistirse'', que es un modo de entender el bien como aquello a lo que
todas las cosas tienden. Aristóteles define el bien en función del fin; su ética es finalista o
teleológica. El fin al que tiende el hombre es el bien, el fin y el bien coinciden. Así pues, será
buena toda acción que conduzca al fin del hombre, y toda acción que desvíe o se oponga al fin del
hombre será mala. Sin embargo el fin es un constructo, una creación de la . mente; no es realidad
sino realización, los fines son actividades, energías, empresa humana, tarea siempre por realizar.
Nuestras acciones poseen siempre un sentido, un fin, que no es independiente de los actos sino
que se engarza con ellos. El fin por tanto, no hay que entenderlo como lo último, sino como la
dirección o el sentido presente por ello en cada momento de la trayectoria que es la vida.
La vida es como una flecha donde el recorrido marca también el sentido de su trayectoria,
pero lo importante es la "energía" que lleva la flecha y el final no es la parte fundamental del
recorrido sino una parte más. El verdadero fin es la plenitud, la consumación, la madurez, pero
esto a su vez es inseparable de la trayectoria. La vida es una actividad de la mente y de una
praxis razonable; la bondad de la vida tiene que ver con su actividad (enérgeia) y no con lo que se
tenga, pues ni los hábitos bastan si no se sabe cómo practicarlos; el placer no hay que añadirlo
sino que viene de suyo como gratificación. Nuestras acciones conllevan siempre un sentido o fin con
el que se más amplio que es el de la ciudad. La verdadera finalidad de la vida no puede pensarse
al margen de la polis, pues aquel que "no puede vivir en sociedad o no necesita nada por su
propia suficiencia, no es miembro de la polis, sino una bestia o un dios". El bien como eudaimonía: El
bien humano.
Todo el mundo está de acuerdo que el bien del hombre y por ello su fin es la felicidad
(eudaimonía). Muchos hombres se confunden pues entre los fines los hay que perseguimos por sí
mismos, y los hay que buscamos como instrumentos o medios para conseguir otros, que son por tanto

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más importantes que ellos. En general el fin que queremos por sí mismo es mejor que el que buscamos
sólo como medio para conseguir otro. El bien más importante en función del cual se eligiera cualquier
otro, debería ser el blanco que como arqueros apuntarían siempre los arcos de nuestras vidas. Y todo el
mundo está de acuerdo en que el bien supremo del hombre es la felicidad y es por ello el fin último
Algunos piensan en el bien como algo material, o bien lo identifican con aquello de lo que carecen, por
ejemplo identificándolo con el placer pensando que la felicidad consiste en una vida voluptuosa, otros
ponen el bien en las riquezas dedicándose a los negocios; otros en los honores, pero todos se
equivocan al no pensar en verdaderos fines, sino medios. Pues aunque unos fines se subordinen a
otros, ha de haber uno que sea el último, que sea deseado por sí mismo y no subordinado a otro Este
fin último será necesariamente el mayor bien: la FELICIDAD (eudaimonía). La eudaimonía es el juez que
dictamina el nivel de eficacia en que se lleva a cabo la defensa del propio ser que toda naturaleza nos
exige. El hombre tiende a buscar la felicidad por sí misma, y las acciones que tienden a alcanzar esa
felicidad son buenas, las que le desvían de este propósito son malas.
Pero la complejidad que somos va más allá de nuestro ser racional, pues además somos una
mezcla de pasión y deseos, de valor y cobardía, de suerte y mala suerte, de compasión y alegría,
de apetitos y de frustraciones; esta complejidad hace posible los muchos y variados objetivos que se
ocultan bajo el nombre de felicidad. . Sin embargo, para Aristóteles la felicidad como un estado total
de la persona implica prosperidad, posesión de bienes materiales, así como un estado de paz y
serenidad interior, tener un buen demonio (daimon), entendido como buena suerte o fortuna Pero
puesto que la vida no es dada por completo, sino que se realiza en cada instante presente,
Aristóteles recuerda la opinión de Solón para quien no se debe llamar feliz a un hombre mientras
vive.
La felicidad es una actividad, es energía y no una mera posesión, o hábito o potencia que pueda
ser desarrollada sin más ya que éstas se poseen cuando se duerme o incluso estando inactivo,
sino que corno actividad se trata más de un que-hacer y no algo que pueda estar nunca hecho
mientras vivimos. Dependiendo por completo de la acción la felicidad se asocia a aquellos que
actúan adecuadamente o certeramente, conforme a la virtud (arete). La felicidad es la actividad
propia del ser humano desarrollado completamente, no truncado, disminuido o pervertido; es la
actividad humana en su plenitud, del hombre que actúa como tal y que por ello realiza el fin que le
es propio. Es en este marco en donde se dibuja el "hombre excelente", tal excelencia se realiza en
las propias condiciones de posibilidad de la existencia humana, en el espacio concreto en donde se
configura la vida humana: "...decimos que la función del hombre es una cierta vida, y ésta es una
actividad del alma y unas acciones, y la del hombre bueno estas mismas cosas bien y
hermosamente, y cada uno se realiza bien según su propia virtud"
La felicidad ha de ser el resultado de un cierto aprendizaje, pues no se puede dejar al azar un
fin tan preciado, pues tendrá que buscarse sobreponiéndose incluso a los cambios de la fortuna
Debe ceñirse a la práctica de un ser razonable y por ello cumple también los principios de un
determinado mensaje colectivo. La felicidad como estado de plenitud no se da al margen de la
polis, por lo que la ética pertenece a la política.
La felicidad del hombre consiste en una vida contemplativa, por ello es imposible en animales y
niños. Pero lo contemplativo en el hombre no es independiente del bienestar externo, salud del
cuerpo y demás cuidados, solucionados los problemas materiales inmediatos y dedicado el ocio a la
ciencia y a la contemplación de lo universal y necesario que hay en la realidad. Aristóteles mismo
realizó en gran medida este ideal. Pero al sublime ideal de la vida contemplativa no pueden
acceder todos los humanos, ni mujeres, ni esclavos ni campesinos y artesanos, ya que embrutecidos
por el trabajo manual sólo pueden aspirar a satisfacer sus placeres sensuales y su ambición.

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1.2. La Virtud y el ser humano.
Con frecuencia se traduce areté por virtud, entendida como eficiencia o excelencia, como
cuando hablamos de un virtuoso del violín porque lo toca muy bien, o de un chiste por tener la
virtud de hacer reír a cuantos lo oyen. Pero el ser humano tiene distintas funciones según su edad,
sexo, condición, profesión, etc. Según que las ejecute bien o no, tendrá o no sus correspondientes
virtudes o eficiencias Hay una virtud del marido y la mujer, del padre y del hijo, del amo y del
esclavo, del médico, del político, del guerrero, del invitado, según se alcancen las excelencias o
eficiencias en cada una de sus funciones.
Si hay grandes dificultades para definir el bien, así corno el placer y la felicidad, aunque
sepamos que todas están en el principio de la existencia humana, en el origen y en la afirmación del
ser, quizá lo único que pueda ir determinando ese horizonte sea la virtud (arete). En el alma o la
mente con la virtud levanta el fundamento sobre el que se edifica el bien No se trata la virtud
de una actividad esporádica sino más bien es la virtud una posesión duradera, se tiene una vez
aprendida_ La virtud es una disposición del alma, una capacidad y aptitud permanente para
comportarse de un modo determinado frente a las circunstancias, requiere la voluntad, ha de
durar toda la vida y ha de ir acompañada de circunstancias externas mínimamente favorables; se
adquiere mediante el ejercicio y el hábito (no nacemos virtuosos por naturaleza ni tampoco
basta la enseñanza si no se acompaña con una práctica adecuada). El hábito es quien engendra la
costumbre, el modo de ser de una persona, que se expresa por sus acciones Aristóteles afirmará
que al igual que le puede suceder al artesano, la praxis de la justicia requiere de las condiciones
concretas que la hagan posible, y no con una buena posibilidad sino como una buena
posibilidad: "Por consiguiente tiene una gran importancia que desde jóvenes adquiramos
tales o cuales hábitos''
Así como la actividad es el origen de la vida y sin ella nada tendría sentido ni posibilidad, las
acciones y obras que los hombres deciden y hacen, han de estar fundadas en un principio interior
que les concede la bondad, la virtud yace en el interior de la existencia misma, en cada instante, en
cada decisión, en cada elección, y en los conflictos que esto genera entre los distintos dominios
en donde se desarrolla la existencia humana. Efectivamente: "Obrar bien y vivir bien son lo
misma que ser feliz", la felicidad es por consiguiente una totalidad, como es también una
totalidad la virtud.
Tanto Platón como Aristóteles se preguntarán por la función del ser humano en cuanto tal
y la complejidad exige reconocer que para Aristóteles, el humano es una entidad (ser) compuesta
de materia y forma, de cuerpo y alma. Los diversos órganos del cuerpo tienen sus funciones
propias (del ojo ver, de la pierna correr, del estómago digerir) y si funcionan bien adquirirán sus
propias virtudes o excelencias. El alma tiene también sus funciones propias y son éstas las que
interesan a Aristóteles en su ética.
Aristóteles distingue tres partes en el alma: una parte responsable de las funciones
biológicas de crecimiento, nutrición y reproducción comunes a todos los seres vivos, incluidas
las plantas, es la parte vegetativa del alma. La parte sensitiva y apetitiva es propia de los animales
y hombre en lo que tiene de animal, preside las sensaciones más o menos influidas por la parte
pensante (conocimiento sensible), el apetito y el movimiento local La tercera parte es la racional,
tiene la capacidad de pensar y entender. Las diferentes tipos de alma forman una serie tal que el
tipo superior presupone siempre al inferior, pero no a la inversa. Se trata de un todo
orgánicamente estructurado en donde la parte apetitiva y volitiva están naturalmente subordinadas a
la parte pensante o racional. El ser humano funciona como un todo donde sus deseos están
controlados y dirigidos desde su pensamiento; y si funciona mal sus deseos se descontrolan y
escapan a la dirección de la razón lo que representaría un defecto de funcionamiento del humano.

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Parece claro que Aristóteles afirma que tenemos una sola alma por la que vivimos, sentimos y
pensamos. El alma no tiene preexistencia sino que existe juntamente con el cuerpo. No aduce
ninguna prueba demostrativa de la inmortalidad del alma, aunque algunos autores afirman que la
parte racional del alma si que sería inmortal. Según algunos autores, el entendimiento pasivo se
corrompe juntamente con el cuerpo, pero el activo es incorruptible e inmortal; en su Tratado
del alma, Aristóteles expone estos dos entendimientos de forma oscurísima; no se sabe si el
entendimiento agente actúa como separado del cuerpo, o es una potencia del alma, lo mismo que el
pasivo; algunos incluso han identificado a Dios con el entendimiento agente, aunque parece una
opinión muy poco probable.
A partir de esta teoría sobre el alma, Aristóteles explica el problema del conocimiento humano
como mezcla de conocimiento sensible (que le viene del cuerpo) e intelectual (que le viene por el
alma racional) y también explica la aparición de los problemas morales por las interferencias
entre la parte sensitiva y apetítiva y la parte pensante, por ello estos no se producen en los demás
animales al ser incapaces de pensar
La virtud consiste básicamente en el control del ser humano por su parte pensante. En su análisis
cuidadoso de la acción humana, Aristóteles distingue entre la voluntad que marca los fines; la
deliberación que sopesa los medios y la decisión que conduce directamente a la acción. No hay ni
deliberación ni elección entre el fin pues este es siempre el bien en un estado normal de la persona
queno disminuida en sus facultades.
La virtud es la capacidad racional de saber escoger, según la recta razón de cada uno, lo que
estime que es el término medio entre dos extremos. El hombre sensato, prudente, sabrá escoger cuál es el
justo medio Todo lo "que pasa en el alma son pasiones (apetencia, ira, miedo, atrevimiento, envidia,
alegría, amor, odio, deseos, celos compasión y en general lo que se asocia al placer o al dolor),
facultades (aquellas por las que nos afectan dichas pasiones), y modos de ser o hábitos (según nos
portamos bien o mal respecto de las pasiones), las virtudes no son ni facultades ni pasiones, sino
hábitos que se construyen en condiciones concretas donde decidirnos y elegimos libremente;
pero también en medio de la realidad histórica de la polis y del modo en que se organiza. En esta
construcción es donde cabe la educación, y si bien a los jóvenes les resulta difícil encontrar la
dirección correcta, así también quien no domine sus afectos no puede oír el logos que es la forma
suprema de mediación
La virtud como término medio.
Tomar buenas decisiones es cosa difícil; uno puede pasarse o quedarse corto y es difícil dar con
el término medio en que consiste la decisión óptima. Aristóteles afirma que la virtud consiste en
un hábito de decidir bien conforme a regla,-, entendiendo por tal un término medio (la mesotés)
en el equilibrio entre dos extremos defectuosos, entre el defecto y el exceso, (el valor es un justo
medio entre el miedo y la temeridad etc ..).Desgraciadamente no se trata de la media aritmética
entre dos cantidades, ya que esto sería una regla precisa y fácil de calcular. En ética no hay
reglas precisas sino que mucho depende de cada uno y las circunstancias, Aristóteles más bien
aconseja adquirir experiencia de la vida y dejarse guiar por el consejo de los hombres más
experimentados, razonables y prudentes.
El término medio alude a ese carácter intermediario del logos, a esa situación intermedia en que
cada individuo se encuentra respecto a los demás, se trata de un medio en relación a las personas y
no a las cosas. La vida es el resultado de ese equilibrio, y el saber elegir es el ejercicio continuo de
esa mesura, que supone por una parte el dominio sobre lo irracional y por otra, un poder centrador
que se encuentra en el logos, en la reflexión y en la medida, que nos permite encontrar el equilibrio
entre las tensiones que comprometen a cada individuo en el ámbito colectivo "Es, por tanto, la areté
un hábito selectivo que consiste en un término medio relativo a nosotros, determinado por la razón

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(logós) y por aquello por lo que decidiría un hombre prudente". Los actos selectivos brotan de un
hábito, de una facilidad para obrar, en donde se han integrado ya la experiencia y la memoria. El
ideal de ese término medio hace juego con ese hombre inteligente, sensato, expresión de la
cordura, de la aceptación del logos, del diálogo, de !o común, donde cada acción es 'responsable' y
está en relación con los fines, con los sentidos totales de la vida. Todo esto nos lleva a la necesidad
de analizar virtudes concretas lo que hace Aristóteles desde el libro tercero y en los seis libros
siguientes, esto es en la mayor parte de la Ética a Nicómaco.
Los sofistas habían discutido hasta la saciedad si la virtud puede enseñarse o no, o si la poseemos
por naturaleza o es una convención antinatural. Para Aristóteles el humano no tiene la virtud por
naturaleza pero tampoco es algo antinatural. El ser humano tiene por naturaleza como potencialidad
el ser virtuoso, pero esa potencialidad puede actualizarse o no, llevarse a la realidad o no, lo que
depende de cada uno de nosotros.

2. Tipos de virtud.
La parte apetitiva del alma, sede de las tendencias y deseos, posee el nombre de éthos o carácter.
La parte pensante del alma recibe el nombre de diánoia o pensamiento. Cada una de estas dos partes tienen
sus funciones características que pueden ejecutar bien o mal. A cada una de estas funciones corresponderá
una virtud o areté que consistirá en !a eficiencia o excelencia de su ejecución. Las primeras virtudes
son éticas o morales, las segundas son dianoéticas o intelectuales; "Existen, pues, dos clases de
virtud, la dianoética y la ética. La dianoética se origina y crece principalmente por la enseñanza, y por
ello requiere experiencia y tiempo, la ética en cambio, procede de la costumbre" (Libro II, Ética a
Nicómaco)
En el Libro II de la Ética. a Nicómaco, la virtud se determina no como actividad sino como fuente de
actividades y por ello es digno de alabanzas. Aristóteles distingue, pues, dos clases de virtudes:
2.1. Virtudes éticas:
No se producen en nosotros por naturaleza sino por la costumbre. Estas virtudes o excelencias
son obra del tiempo que va moldeando los hábitos por medio de los que se da la posibilidad de
modificación de nuestra naturaleza adquiriendo determinadas cualidades a la vez que se humaniza
pues su objeto es realizado siempre en el mundo de los otros. Hemos de contar siempre con un
entramado de pasiones y de afecciones que a lo largo del desarrollo histórico han ido determinando
espacios ambiguos en donde ha terminado instalándose la virtud En la construcción de los hábitos
entra ya un elemento intelectual que desplaza a la estructura pasional entre los excesos y los
defectos, hasta encontrar la medida de una determinada y concreta situación Cada día deliberamos
por hacer esto o aquello y decidimos lo que nos parece mejor, estas acciones serán adecuadas o
no, buenas o no según estén de acuerdo o no con el criterio correcto. Si una y otra vez tornamos la
buena decisión creamos en nosotros el hábito de tomar decisiones buenas y decidir respecto del
criterio correcto. En este hábito consiste la virtud ética, que una vez adquirida se desarrolla sin
esfuerzo y con naturalidad. El hábito en que consiste la virtud se forma por la repetición de actos,
de este modo vamos adquiriendo el correspondiente hábito de decidir bien, de este modo la virtud
se incorpora a nosotros como una segunda naturaleza; esto no sólo sucede con las virtudes éticas
sino con las dianoéticas. Es así como actualizamos nuestra potencialidad natural de ser virtuosos
El cuadro de estas virtudes: valor, moderación, magnanimidad, amabilidad, sinceridad, pudor,
valentía, dignidad, firmeza, generosidad, libertad, veracidad, humor, gracia, y otras que carecen
de nombre Especial atención se presta a la justicia y a la equidad :al el Libro V donde se destaca la
perfección del que la posee, pues se proyecta mas hacia el otro que hacia uno mismo, distingue allí
entre justicia distributiva donde lo justo es lo proporcional, y correctiva consistente en el medio entre
la pérdida y la ganancia. A la amistad se dedican los libros VIII y IX de la Ética por ver en ella la

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expresión más noble de las nuevas relaciones sociales que se establecen en el nuevo orden
político. Todas estas virtudes son un modo de percibir y actuar en el mundo de los otros.

2.2. Virtudes dianoéticas:


En cuanto que el movimiento del alma se determina por tres principios: sensación,
deseo y entendimiento. Si bien la sensación no nos nueve humanamente, el deseo rige una parte
esencial de la actividad humana; y el entendimiento por su parte puede alcanzar una
independencia del deseo, cuando se desarrolla solo en la apetencia teórica hacia el bien
identificado con la verdad.
La parte apetitiva o volitiva del alma están ligadas al carácter, las virtudes éticas son hábitos de
decidir por lo mejor; pero el conocimiento de lo mejor procede de la diánoia, de la razón; que
funcionará correctamente y ejecutará bien su función cuando posee la virtud del pensamiento,
que a su vez puede articularse en una serie de virtudes dianoéticas o saberes Se trata de un tipo de
virtudes que no tienen que ver con el modo de ser con los otros, como son las éticas, sino con el
pensamiento. Su objeto es la realización de la verdad, y expresan una determinada proyección del
hombre en relación con la verdad, al afirmar o negar, donde el alma parece poder escapar a la
clausura de las costumbres y adquiere un sentido crítico e imparcial respecto a la verdad. Pero
este tipo de bien tiene que ver con la relación entre el deseo y la inteligencia. Por ello ser es
desear y el principio de la elección humana es deseo inteligente o inteligencia deseosa, y esto se
cumple plenamente en aquel proceso que está orientado hacia fuera de sí mismo y es práctico;
pues la reflexión por sí sola no mueve nada. Es un objeto de deseo el hacer bien las cosas.
En ésta elección se desarrolla el ideal de hombre para Aristóteles como aquel que busca la
'buena vida', que desarrolla el sentido hacia el fin humano que es la felicidad desde el bien y cuyo
único camino para conseguirlo es la virtud, aunque también esto podría suceder por elección y
gratificación divina.-
Dentro de la diánoia o parte pensante en el alma Aristóteles distingue tres tipos de funciones:
las funciones contemplativas o científicas, las funciones prácticas y las funciones productivas. Las
funciones contemplativas o científicas del alma consisten en la contemplación de lo que de
necesario, universal e inmutable hay en la realidad; buscan el saber por sí mismo, su fin exclusivo
es la contemplación. Las funciones prácticas como las funciones productivas se refieren a lo que en
la realidad hay de variable e interferible y consisten en la determinación de los medios óptimos
para la consecución de un fin, que en el primer caso corresponde a la acción misma y en el
segundo a la producción de un artefacto. A estas tres tipos de funciones corresponden tres tipos
de virtudes dianoéticas: ciencia, prudencia, arte. A estas se añaden la sabiduría y la inteligencia,
que no aparecen en nuestro comentario.

2.1.1.. LA CIENCIA: Aunque irrelevantes desde un punto de vista ético, las virtudes dianoéticas más
elevadas son las científicas o contemplativas, donde el bien y el mal corresponden en esta función
contemplativa a la verdad o falsedad respectivamente. En el dominio del conocimiento se
descubre una parcela respecto a aquello que no puede ser de otra manera y la virtud
dianoética asociada con ella es la ciencia, epistéme.

Aristóteles recibió del platonismo tanto las características del conocimiento científico corno los
criterios de clasificación de las ciencias. Distinguida de otras formas inferiores de conocimiento
como la opinión, la suposición o conjetura basada en el conocimiento sensible o en las meras
apariencias; todo esto llevó a Platón a la construcción de un mundo de esencias y obligó a
Aristóteles a buscar las esencias en las mismas especies naturales que permanecen en la especie

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con independencia de los miembros individuales y a plantearse problema de las causas corno uno
de los aspectos más interesantes y originales de su filosofía. El objeto de la ciencia es lo necesario y
universal cuyo contenido es lo inmutable La ciencia ha de conocer qué son las cosas, sus esencias y no
los rasgos inesenciales o accidentales Es además un conocimiento causal, se trata de un saber según las
causas: no basta saber que algo sucede sino que habrá que saber porqué sucede. Esta virtud no queda
cerrada en su poseedor sino que se transmite y enseña pues el concepto de saber en Aristóteles como el de
virtud implica también ser enseñadas. Aprendemos a captar una necesidad, lo que no puede ser de otra
manera más que como es, que tienen que ver con un hábito demostrativo alcanzado por un deseo
de salvamos de la inseguridad del azar.
Respecto a la clasificación de las ciencias, todas buscan el saber por sí mismo, su fin exclusivo
es la contemplación y Aristóteles piensa que una ciencia será más real, más inmutable y más
necesaria cuando su objeto también sea más real, desde este criterio Aristóteles dividió las ciencias
de acuerdo con la naturaleza de los objetos, de menor a mayor rango. la Física que tiene por objeto
aquellas realidades que poseen existencia separada no siendo inmutables, con capacidad de
movimiento, Las Matemáticas cuyos objetos son inmutables y careces de existencia separada; y la
Teología o Filosofía Primera cuyo objeto posee existencia separada y es inmutable tales son las
realidades inmateriales y la realidad suprema que es Dios y los primeros principios.
La metafísica pertenece al grupo de las ciencias que son las que poseen mayor dignidad y un valor más
elevado. El término metafísica fue acuñado en el siglo I a. C., cuando Andrónico de Rodas editó las obras
de Aristóteles Éste utilizaba la expresión "filosofía primera" o incluso teología, en oposición a la
filosofía segunda o física. La filosofía primera constituye la ciencia que se ocupa de las realidades que
están por encima de las realidades físicas. Puesto que es en la metafísica donde se trata de los aspectos del
ser en general, es allí donde encontrarnos los conceptos fundamentales comunes a cualquier explicación
científica: El concepto de causa o principio del ser, el análisis de los distintos modos de ser, la teoría de la
substancia y los conceptos de materia y forma, y la teoría de la potencia y acto. No obstante tales
asuntos son también considerados como las teorías fí sicas .

Grandes aportaciones de la ciencia de Aristóteles son:


La teoría de las cuatro causas o principios: Las cosas físicas tienen un origen al que llamamos causa. Es en las
causas donde aparece el aspecto dinámico del ser. Puesto que la metafísica es la búsqueda de las causas
primeras, hay que establecer cuatro: Causa material; "es un sujeto indeterminado que puede ser todo". Algo
indeterminado que pude llegar a ser cualquier cosa. Es la materia de lo que algo está hecho Causa formal;
"Aquello que hace que la materia indeterminada pase a ser algo determinado". Lo que hace que una cosa sea
tal cosa y no otra Se identifica con la esencia Causa eficiente, "Es el agente productor de la substancia". Es el
que hace que una cosa pase de una forma a otra Causa final; Es el fin por el que se hace algo, lo que mueve al
agente a actuar. Ejemplo, Una escultura. - causa material: el bronce... - causa formal: la forma (el David,
Moisés...) -causa eficiente: el escultor -causa final: dinero, prestigio, adorno...
La teoría hilemórfica de la substancia: Aristóteles piensa que la substancia primera, el individuo
concreto, es un compuesto de MATERIA (hyle) y FORMA (morphé). Ni la materia ni la forma sola
constituyen el ser, sino que este es el compuesto de las dos realidades. No se trata de una suma de
elementos sino de la totalidad de un ser, de una substancia (Ejem. son inseparables el mármol y la
figura del David). LA MATERIA es pura pasividad, mera capacidad de recibir formas, es potencia.
Nunca puede existir por sí sola, sino siempre unida a otro coprincipio substancial, que es la forma.
Puede recibir cualquier forma. Es lo que permanece en todo cambio substancial. LA FORMA es lo
que determina la materia poniéndola en acto, haciendo que aquello indeterminado pase a ser algo
determinado. Es lo que actualiza la materia. Es la esencia de la cosa, pero solo existe en la materia.
Es lo que determina la materia, es "el dador del ser". La forma es algo intrínseco a la propia
realidad, no está fuera de la realidad como pretendía Platón.
Al observar los seres particulares constata que en todo cambio que se produce en ellos
permanece un substrato, esto que permanece es la SUBSTANCIA, lo que está debajo, lo que
permanece en toda mutación. Por ejemplo: el agua se calienta, se enfría, se hace vapor, hielo... y sin
embargo en todos los cambios permanece siempre el mismo agua. La substancia es la categoría

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fundamental, a la que se refieren como predicado otras nueve categorías: los accidentes. Los
accidentes son aquello que existe en otro y por otro. Son "afecciones de la substancia". No pueden
existir separados de la substancia, y su separación no modifica esencialmente la cosa individual,
sólo produce un cambio accidental. La substancia, el "ser" propiamente dicho, lo que permanece
en todo cambio, En Aristóteles la substancia se identifica con la esencia , aquello que hace que una
cosa sea tal cosa y no otra.
La potencia y el acto y la teoría del movimiento: La teoría del acto surge originariamente
cuando Aristóteles se enfrenta al problema del movimiento. Para él la naturaleza no es un ser
estático, como afirma Parménides.
Pero tampoco está en continuo movimiento, como afirma Heráclito, Aristóteles mantiene otras
dos formas de ser: SER EN POTENCIA: es la capacidad de llegar a ser algo que todavía no es, pero
que puede ser. La materia es potencia en el sentido de que es capaz de recibir cualquier forma.
( ej. La semilla de un árbol). Y SER EN ACTO: Lo que un ser es de hecho, aquí y ahora. La forma es
acto, puesto que ya ha desarrollado una potencialidad (ej. Un árbol).
Mediante esta teoría Aristóteles pretende resolver dos de los problemas que había planteado
Parménides; el del movimiento, y el del no-ser. Aristóteles afirma que si existe el movimiento es
como paso de la potencia al acto. Si no hubiese potencialidad el movimiento sería imposible. Por
lo tanto, entre el ser y el no-ser hay algo intermedio, que es el ser en potencia. El error de
Parménides consistió en concebir el ser como único significado, cuando en realidad se puede
entender de varias maneras. El ser en acto no procede del no-ser , sino del ser en potencia; del
no-ser no sale nada. Aristóteles añade una nueva forma no-ser, el ser en potencia, por tratarse de
lo que no es pero puede llegar a ser.
El acto posee absoluta prioridad y superioridad sobre la potencia. Esta no se puede conocer en
cuanto tal, sino se la relaciona con el acto del cual es potencia. Solo es posible concebir la potencia
como potencia de un acto determinado. El acto es anterior temporalmente a la potencia, pues
para que un ser pase de la potencia al acto, debe de estar influido por otro que ya está en acto.
También el acto es ontológicamente superior a la potencia porque constituye el modo de ser de
las sustancias eternas.
Potencia/ acto y materia/forma son estructuras paralelas. La materia es o está en potencia
(pasiva) de la forma. Y la forma es lo que actualiza la materia (acto), la perfecciona y confiere
Al ser su potencia activa para obrar.” La materia está en potencia porque tiende hacia la forma; y
cuando está en acto es porque posee su forma…la forma es el acto”.

2.1.2. LA FÍSICA

Para Aristóteles la segunda ciencia teórica es la física o filosofía segunda, cuyo objetivo de
investigación es la sustancia sensible, intrínsecamente caracterizada por el movimiento.
Comparada con la física moderna, la d Aristóteles resulta una ontología o una metafísica de lo
sensible. Más que una ciencia positiva. Puesto que la física es la teoría que trata del estudio de los
seres naturales, que poseen la cualidad del movimiento o cambio, la explicación d éste constituirá
su parte fundamental. El movimiento o el cambio en general, es definido por Aristóteles como “el
acto de lo que está en potencia en cuanto está en potencia”, es decir, consiste en el paso de ser en
potencia al ser en acto. En cambio alcanza su fin, su perfeccionamiento, cuando la materia asume
la forma que le es propia.( ej. Un niño nunca llegará a ser una planta, pues en su forma esencial no
está contenida dicha potencialidad).
Tomando como criterio el origen del movimiento, Aristóteles distingue entre seres naturales y
seres artificiales. Son seres naturales aquellos que tienen en sí mismos el principio del movimiento

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y del reposo ( el hombre, el animal, la planta) Estos seres vivos poseen como forma esencial el
alma. Son seres artificiales aquellos cuyo movimiento es producido por un agente exterior,
(tendencia de los elementos hacia su lugar natural).
Aristóteles afirma que el movimiento es eterno, no cesa jamás. Al mismo tiempo que afirma la
necesidad de que exista un PRIMER MOTOR INMÓVIL, causa del movimiento eterno del
cosmos.”Todo lo que se mueve es movido por otro”. Pero si el motor se mueve en cuanto es
movido por otro, ambos movimientos son a la vez, son simultáneos. Se puede multiplicar el
número de motores- movidos hasta el infinito, sin embargo según Aristóteles esto no puede ser
así, tiene que haber un primer motor que sea inmóvil, causa del movimiento eterno del mundo.
Así pues el movimiento del mundo es eterno pero tiene un primer motor.
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El primer motor o causa es la causa del movimiento eficiente, es quien produce el movimiento
(mueve sin moverse) también es la causa final del movimiento, como ¿objeto de amor y deseo?
Atrae eternamente a todas las cosas, el motor inmóvil mueve porque es lo deseado por todo lo
que se mueve( lo más imperfecto se mueve a hacia lo más perfecto) El motor inmóvil Theos/Dios
es, por tanto, acto puro, inmaterial, autosuficiente, ( sin ningún tipo de potencialidad) Es la
inteligencia que se piensa así misma y nada más que a sí misma.. El primer motor inmóvil o
teología natural. 1
Aristóteles dividió el mundo en dos esferas: Mundo sublunar y mundo celestial
_ El mundo Sublunar: compuesto por los cuatro elementos: tierra, aire, fuego y agua. Y se
caracteriza por poseer todas las formas del cambio, entre las cuales domina la generación y la
corrupción.
-Mundo supralunar o celestial: Los cielos están caracterizados por poseer un único movimiento
local, el movimiento circular. La materia con la que están hechos los cielos es el éter o
quintaesencia porque se añade a los cuatro elementos. Mientras que el movimiento característico
de los cuatro elementos es el rectilíneo, el movimiento del éter es circular. EL éter no es
engendrado, es incorruptible, no está sujeto al movimiento o la alteración, ni a otras
modificaciones que impliquen estos cambios. Por tal motivo los cielos son incorruptibles. Están
constituidos por éter.

2.1.3.LA TÉCNICA
Téchne, es una disposición creadora consistente en la producción de algo, en su génesis. Se
trata de acompañar al logos, de razón verdadera, aquello que podría tanto ser como no ser,
pues su principio está en aquel que lo produce y no en el objeto producido. La ‘razón
verdadera’ quiere decir que la existencia de aquello creado por la técnica queda afirmado
como un nuevo ser que desarrolla su forma de sentido y de racionalidad, y que entra a formar
parte de un esquema general. El que algo llegue a ser es afirmarlo, el azar de poder elegir
simboliza el territorio donde la experiencia puede hacerse posible mediante el arte, con cuya
afirmación convierte una cosa en realidad. Cuando al fin algo se produce, cuando salta la creación,
se hace verdad, aún cuando previamente estuviera rodeada de mero azar.. La técnica o el arte,
pertenecen al dominio de lo que puede ser de otro modo, de la contingencia. Actuar y producir es
insertarse en el orden del mundo para modificarlo. Se denomina arte a la disposición de producir
acompañada de regla:
Respecto a la génesis del arte hay que decir que no surge de la nada sino de lo
indeterminado; a veces el principio está en el productor como en el caso de los seres artificiales o
artefactos, otras veces se hallará en el propio objeto producido como en el caso de la producción de
seres naturales.

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ARISTÓTELES Pág.1 1
El dominio del arte es el azar más que la propia naturaleza y es fruto más de la inspiración que
de la mera aplicación de reglas, de aquí que Aristóteles recurra a la sabiduría de los poetas. El azar
se difumina ante los procesos de' arte: saber, deliberar, hacer con habilidad hacia su fin. Un
mundo dominado por la necesidad y por la ciencia eliminaría el arte, pero esto no es posible por
los obstáculos irreductibles y permanentes de la naturaleza, por ello el arte no tendrá fin. Arte y
azar son causas distintas, pero el hombre utiliza el arte para suplantar el azar. Su racionalidad es
sólo deliberativa y nunca tendrá la exactitud de la ciencia. Su razón verdadera consiste en la
existencia de un objeto construido de acuerdo con el correcto conocimiento de la regla, pues es
razón falsa cuando esto no sucede. El arte acaba lo que la naturaleza no puede llevar a término,
recordemos que también la medicina y la navegación entre otras, son artes.

2.1.4. LA PRUDENCIA:

Desde el punto de vista ético, las virtudes dianoéticas más importantes son las prácticas, y la virtud
práctica por excelencia es llamada por Aristóteles prudencia, la phronesis, y sobre todo la figura del
hombre prudente, el phrónimos. Consiste en actuar conforme a la regla adecuada, encargada de
establecer la adecuación de las reglas, de determinar cuál es el curso de acción para seguir, cuales son
los medios adecuados para obtener el fin, de hallar el término medio óptimo. La Prudencia es uno de
los conceptos más paradigmáticos de Aristóteles, pues estando presente en toda su trayectoria
intelectual adquiere diversos significados en función del lugar donde se trate, en un principio y en
las obras científicas, la prudencia tiene un carácter platónico identificada con la sabiduría; pero no
sucede así en las obras éticas donde la prudencia, como virtud dianoética y asociada a la actividad
ética y política, adquiere un significado mucho más popular y manifiesto en aquello que hace un
hombre prudente. Podemos distinguir tipos de prudencia según el objeto: como prudencia
individual cuando se refiere a uno mismo; prudencia familiar o económica cuando se refiere a los
asuntos propios el hogar y prudencia legislativa y política cuando es referida a los asuntos de la polis.
Siguiendo el método a la vez inductivo y deductivo propio, Aristóteles pretende definir la
prudencia según el uso común, donde se denomina prudente al hombre capaz de deliberación,
en un dominio de lo contingente. Es en el Libro III de la Ética donde se analiza la elección en torno al
proceso del acto voluntario, orientado por el apetito y el deseo, y donde será la "deliberación" la
que condicione y evite el dominio de aquellos instintos naturales. El campo de la deliberación
es un discurso interior donde la realidad se presenta bajo distintas formas; deliberar es la
necesidad de analizar las distintas alternativas posibles que se presentan ante los problemas
planteados por la realidad. La deliberación se abre a un dominio intermedio entre la posibilidad
que somos y la realidad que buscamos, tal realidad representa el fin que se persigue y la
deliberación se produce siempre sobre los medios.

La estructura de los actos morales se determina por el mecanismo de la decisión, exige


saber, ejercer la razón, elegir y hacerlo con firmeza. Es aquí donde la libertad encuentra su
dominio y es la libertad la única estructura del alma que hace juego con el azar, aunque no
deliberamos sobre el azar ni la necesidad, sino sobre lo que está en nuestro poder y es
realizable que se alcanzará con la construcción de la virtud. La deliberación se hace
siempre con vistas a un bien, y podemos engañarnos al considerar sólo bienes aparentes o
meros medios, frente a los bienes reales o auténticos fines; a este respecto dirá Aristóteles
que el hombre bueno convierte en un bien verdadero lo que sólo es un posible bien

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aparente. El alma buena se entrevé como un principio fundamental de la ética. Frente al
arte cuyo objeto es la producción, y frente a la ciencia cuyo objeto la demostración
respecto a lo necesario, la prudencia tiene por objeto la acción misma. Se trata, la
prudencia, de una disposición práctica que concierne al criterio a la hora de elegir, concierne
a la regla de elección y a !a verdad de ésta, y no tanto a la recti tud de la acción (pues la
mejor decisión a veces podría dar malos resultados). La phrónesis sólo es reconocida a
los hombres cuyo saber está ordenado a la búsqueda de los bienes humanos, y que saben
reconocer lo que es benefi cioso, trata de lo conti ngente y varía en cada caso según
los individuos y según las circunstancias. Se trata de una virtud que para ser dianoética,
relacionada con la inteligencia y la verdad, evoca menos los méritos de la contemplación que
los de un saber oportuno y eficaz. Es evidente que hay importantes discrepancias entre los
hombres respecto a lo que consideran como bueno, lo que dependerá del tipo de hombre
que se es y en último extremo del tipo de objeto sobre el que se proyecta. Tres sentidos
pueden tomarse .
a) Del goce y provecho del instante, bios apolaústicós.
b) De la vida con los otros, tilos politikós; la política es lo más apropiado al hombre pues se
concreta en un ámbito tan real como el ámbito colectivo donde se entreteje la sociedad,
pues aunque el bien del individuo sea el mismo que el de la ciudad ésta es mucho más
grande, por lo que la acción individual queda supeditada a un orden más amplio que es el
de la ciudad
c) De la vida teórica y contemplativa, bios theoréticós, sólo adecuado al sabio. En el Libro X
de la Ética a N. Aparece caracterizada como la mejor vida y la más feliz pero cultivada sólo
por los mejores de los hombres, por ello no accesible para los demás mortales.
Aunque las tres formas de vida se relacionan con los tres ámbitos en que se desarrolla la
existencia humana, el problema radica en que estas formas se oponen y a veces se
autodestruyen mutuamente. En realidad, vivir en el mundo es estar condenado a una
esencial inestabilidad donde los bienes aparentes se confunden con bienes reales, o los
medios con los fines. La historia de la moral se ha desarrollado estableciendo jerarquías de
unas formas sobre otras, si bien para Aristóteles en todas aparece un componente
esencial imprescindible es cierto que la vida política posee especial importancia pues
donde la felicidad es entendida como empresa colecti va, se excluirán deseos
individuales y corporales. Es absurdo pensar en el hombre dichoso y solitario. El único
marco para la felicidad ha de implicar todas las condiciones reales donde la vida humana
se despliega. En la síntesis de estas tres formas de vida es donde la phronésis, la prudencia,
va a desempeñar un importante papel, como un modo de ser racional, verdadero y práctico en
relación con los bienes humanos.
Frente a la Sabiduría que puede saber lo que es el Bien y el Mal en general, la
prudencia conocerá el bien y el mal para el hombre. Vernos a la prudencia separándose de la
contemplación y encaminándose hacia la práctica. Se trata de un saber de lo particular que
permite aplicar los principios de la moral a la variedad indefinida de las circunstancias
sobre las cuales se ejerce la acción. Hay en realidad un hiato, una separación, entre las
leyes rígidas de la moral y la variedad de su aplicación a través de los actos, entre los

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fines y los medios, entre las intenciones y las acciones, entre lo universal y lo particular, y
tal vacío es llenado con la prudencia, como un modo de saber del hombre pero para el
hombre. El prudente sabe lo bueno para él y para los hombres, y una vida feliz es una
totalidad que trasciende los fines particulares; es el hombre de amplia mirada pues aunque
conoce lo particular no se priva de un cierto conocimiento de lo universal.
Aristóteles nombra a Pericles como un hombre reconocido por todos como hombre
prudente, recurriendo a una cierta tradición popular de la que posiblemente ni siquiera él
sea partidario, Platón lo despreciaba; frente a los grandes sabios como Parménides, Tales,
Anaxágoras o Pitágoras, estos poseen sabiduría de lo más elevado, pero ignoran lo útil para
ellos mismos y para los hombres, pues lo que garantiza la superioridad de la sabiduría es sin
embargo inferior para las necesidades humanas. Pero no hay contradicción entre sabiduría
y prudencia ya que ambas son complementarias y pueden existir en el mismo hombre. El
prudente no es sabio ni erudito, pues se mueve en el nivel de lo particular, no es el que
interpreta la regla, sino que él mismo es la regla, el portavoz viviente de la norma, que se
convierte en el modelo al que todos deben mirar. Por tratarse de una virtud de la inteligencia, está
dotado de una inteligencia crítica, deliberarativa y práctica, que también llamará en otras
ocasiones calculadora u opinadora, cuya virtud consiste en actuar según el justo medio ( ver la
importancia de la virtud como término medio y su significado en el tema), y el criterio del justo
medio es la regla recta que no hay otra forma de reconocer que recurriendo al propio juicio del
hombre prudente. La regla queda individualizada en la persona prudente, se particulariza y
relativiza sin que ello signifique que no exista un modelo de vida y de bien. Es por eso que la gente
alaba al prudente y al virtuoso y no al inteligente.
Hemos destacado ya a lo largo del tema que la virtud se aprende, se construye
amenazada permanentemente por los dos principios naturales de la vida, el placer y el dolor,
sobre los que la educación modificará su natural tendencia; pues aunque estos principios no
puedan rechazarse sucede que en el mundo de la cultura, creado por el hombre, la vida se
convierte en una tensión por liberarse de la animalidad donde tales principios se transforman. La
virtud es una forma de pensar y de actuar donde la naturaleza se modifica y enriquece por la
educación , paideia se trata de un proceso de asimilación y apropiación, donde lo
conveniente y lo agradable así como sus contrarios, lo feo, lo dañino y lo penoso son
resultado de las transformaciones de los principios de placer y de dolor. Podemos concluir
afirmando que cuando la educación ha podido intervenir en el desarrollo de la naturaleza, entonces
la ética se va adecuando a algo más que a los meros instintos de supervivencia. La educación
estructura la máquina de la bondad desde la infancia como un modo de distinguir los bienes
aparentes de los bienes reales, o los bienes como auténticos fines o como meros medios.
La superioridad del hombre prudente reside en su sentido de ver, con una visión que no
es teórica o contemplativa, pues su objeto no es lo necesario sino lo contingente, este saber no es
ciencia, ni tampoco arte; Aristóteles establece junto a ambos otro tipo de conocimiento que es una
cierta opinión que proviene no de los sentidos (doxa) sino del alma. Aparecen pues en el alma
intelectiva dos tipos de razón: una teórico, demostrativa y contemplativa y otra, como se ha dicho,
deliberativa, práctica u opinadora.
Algunas consideraciones finales nos permiten distinguir la habilidad del prudente del mero
hombre hábil, —pues en éste su visión carece de fines ya qué sólo se atiene a medios. Una cierta
incomunicabilidad de la prudencia la sitúa en una vida conquistada a partir del trabajo y la
paciencia con una parte irreductible de suerte o fortuna que hace al prudente heredero de una
cierta tradición aristocrática y hasta en algún sentido tocado por los dioses.

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