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EN LO PRINCIPAL: Contesta demanda de divorcio unilateral por cese de la

convivencia; EN EL PRIMER OTROSÍ: Demanda reconvencional de


compensación económica; EN EL SEGUNDO OTROSÍ: Privilegio de pobreza; EN
EL TERCER OTROSÍ: Patrocinio y poder; EN EL CUARTO OTROSÍ: Forma
especial de notificación.

S. J. L. de Familia de Santiago

NOELIA DE NASCIMIENTO LOPEZ, cédula de identidad Nº 9.345.747-8,


chilena, casada, pensionada, domiciliada en Recoleta Nº 455, comuna de La
Recoleta, demandada en causa sobre Divorcio unilateral por cese de la
convivencia caratulada “OLIVARES con LOPEZ”, RIT C-6590-2012, a S.S.
respetuosamente digo:

En este acto y dentro del plazo legal, vengo en contestar demanda de


divorcio unilateral por cese de la convivencia deducida por el demandante Juan
Cagliostro Olivares, cédula de identidad Nº 9.615.100-3, chileno, casado,
dependiente, domiciliado en Doctor Ostornol Nº 327, comuna de Recoleta, por las
siguientes consideraciones de hecho y de derecho que a continuación expongo:

LOS HECHOS:

1.- Efectivamente contraje matrimonio con el demandante el 13 de febrero de


1980, ante el Oficial del Registro Civil de la circunscripción de la Circunscripción
N°201, año 1980, matrimonio que se inscribió.
2.- El régimen matrimonial es separación de bienes que consta en la inscripción
matrimonial y en el certificado.
3.- De dicho matrimonio nacieron 3 hijos: José Carlos Olivares López, Carlos
Joaquín Olivares López, Clara Constanza Olivares López.
4.- A diferencia de lo sostenido por el demandante, la convivencia no cesó “en
marzo del 2014”, sino en 2010. Dicho quiebre, en la fecha indicada, se materializó
debido a que el actor tenía una relación extramatrimonial, dejando el hogar común
y cesando desde ese momento la convivencia, la que no se reanudó en momento
alguno.
EL DERECHO:

La Ley de Matrimonio Civil, Nº 19.947, ha establecido en su artículo 55


inciso 3º la posibilidad de divorciarse de manera unilateral, en los siguientes
términos: “Habrá lugar también al divorcio cuando se verifique un cese efectivo de
la convivencia conyugal durante el transcurso de, a lo menos, tres años…”. Como
consta de lo expuesto en el cuerpo de este escrito, el cese de la convivencia
entre las partes, verificado en 1987, ha superado con creces el plazo de tres
años señalado en la disposición.

Además, debe tenerse presente el artículo 8º Nº 15 de la Ley de Tribunales


de Familia, Nº 19.968, que señala “Competencia de los juzgados de familia.
Corresponderá a los juzgados de familia conocer y resolver las siguientes
materias:… 15) Las acciones de separación, nulidad y divorcio reguladas en la
Ley de Matrimonio Civil”.

POR TANTO,

Según lo expuesto y lo dispuesto en los artículos 53, 55 inciso 3º, 56, 57, 59 y 60
de la Ley Nº 19.947, 8º Nº 15 y 58 de la Ley Nº 19.968, 309 del Código de
Procedimiento Civil, y demás que resulten pertinentes,

SOLICITO A S.S.: Tener por contestada, dentro del plazo legal, la demanda de
divorcio unilateral por cese de la convivencia deducida por Juan Cagliostro
Olivares, ya individualizado, allanándome en lo pertinente.

PRIMER OTROSÍ: NOELIA DE NASCIMIENTO LOPEZ, cédula de identidad Nº


9.345.748-5, chilena, casada, pensionada, domiciliada en Recoleta Nº 455,
comuna de Recoleta, demandada en causa sobre Divorcio unilateral por cese de
la convivencia caratulada “OLIVARES con LOPEZ”, RIT C-6590-2012, a S.S.
respetuosamente digo:

Que en virtud del artículo 61 de la Ley de Matrimonio Civil, Nº 19.947,


vengo en interponer Demanda reconvencional de Compensación Económica,
en contra de mi cónyuge Juan Cagliostro Olivares, cédula de identidad Nº
9.615.100-3, chileno, casado, dependiente, domiciliado en Doctor Ostornol Nº 327
comuna de Recoleta, por las siguientes consideraciones de hecho y de derecho
que a continuación expongo:

LOS HECHOS:

1.- Efectivamente contraje matrimonio con el demandante el 13 de febrero de


1980, ante el Oficial del Registro Civil de la circunscripción Santiago el cual fue
inscrito bajo el Nº 201 del Registro de Matrimonios del año 1980
2.- El régimen matrimonial es el de separación de bienes.
3.- De dicho matrimonio nacieron tres hijos: José Carlos Olivares López, Carlos
Joaquín Olivares López, Clara Constanza Olivares López.
4.- Mi convivencia con el demandado reconvencional se extendió hasta 2010,
oportunidad en que éste hizo abandono del inmueble en que residíamos junto con
nuestros hijos, que en aquella época tenían 10,12 y 14 años debido a que él
mantenía una relación extramatrimonial, encontrándose incluso embarazada su
pareja. Esto no vino sino a ser la culminación de la vida licenciosa que José
Cagliostro Olivares desplegó mientras convivimos.
5.- En efecto, la vida licenciosa y las abundantes infidelidades del
demandado reconvencional, además de representar un incumplimiento de los
deberes que impone el matrimonio, se tradujeron en una escasa participación de
aquél en el proceso de crianza y formación de nuestros hijos. Asimismo, implicó
que José Cagliostro Olivares gastara los ingresos que percibía principalmente con
distintas mujeres, en vez de contribuir a la mantención de la familia. Lo anterior
resulta patente si se considera que en más de una ocasión fuimos desalojados de
los inmuebles que arrendábamos por el no pago de rentas.
6.- Durante el período de convivencia efectiva, me vi impedida de ejercer una
actividad remunerada, por cuanto me dediqué al cuidado de los hijos y a las
labores propias del hogar. Si bien tenía la intención de buscar un trabajo, lo que
se hacía del todo necesario si se considera que José Cagliostro Olivares
derrochaba su dinero principalmente con otras mujeres, ello no me fue posible, en
primer lugar, porque no tenía con quien dejar a mis hijos (de 10, 12 y 14 años al
momento de la separación) y, en segundo lugar, porque mi cónyuge nunca me
apoyó para conseguir un trabajo, manifestándose contrario a la idea que yo
desempeñara alguna labor remunerada.
7.- Luego del quiebre de la convivencia matrimonial fuimos desalojados del
inmueble en que residíamos. Sólo gracias a la ayuda de un vecino, que nos
permitió a mí y a mis dos hijos quedarnos en su casa, pudimos tener un techo
sobre nuestras cabezas. Ante dicha situación, tuve que buscar la manera de salir
adelante y conseguí trabajos esporádicos e informales como asesora del hogar en
lugares donde me permitían llevar a mi hijo menor, ya que no tenía con quien
dejarlo, pudiendo eventualmente volver a arrendar un inmueble con posterioridad.
8.- El demandado reconvencional desarrolló labores remuneradas como vendedor
durante muchos años, y actualmente se desempeña en una fuente de soda.
Dichas labores le han permitido contar con una buena situación previsional,
aspecto al cual se hará hincapié más adelante. También recibe una pensión como
exonerado político.
9.- Resido en la casa de mi hijo, sólo percibo una pensión del Gobierno y, en lo
tocante a mi salud, tengo problemas coronarios. De hecho, en el año 2004 sufrí un
infarto y actualmente debo controlarme periódicamente en el Complejo Asistencial
Dr. Sótero del Río.

A. Requisitos de procedencia de la acción:


A.1.- Causal:

i) Las partes contrajimos matrimonio el 13 de febrero de 1980, manteniendo


una convivencia en común hasta septiembre u octubre de 2010. Considerando el
mes de septiembre como época de cese de la convivencia, ello deja un total de 30
años y siete meses de convivencia efectiva.
ii) Durante el matrimonio, me dediqué en forma permanente y constante
al cuidado de mis tres hijos y del hogar común, postergando, en consecuencia,
mi desarrollo laboral y profesional, a favor de los hijos y especialmente de mi
marido, quien pudo desempeñarse en el ámbito laboral sin restricciones de ningún
tipo.
iii) Durante el período señalado (febrero de 1980 a septiembre de 2010), no
pude ejercer actividad económica o lucrativa alguna, pese a que tenía la
intención de trabajar, por cuanto, como se reseñó anteriormente, José Cagliostro
Olivares contribuía escasamente a la mantención de los hijos y del hogar, lo que
tuvo como consecuencia el ser desalojados en más de una ocasión de los
inmuebles que arrendamos.
iv) Como consecuencia de lo anterior, durante el período de convivencia
efectiva, no pude afiliarme en una AFP. Solo coticé 3 años y 7 meses en el actual
Instituto de Previsión Social.
v) Se concluye que desde la época de celebración del matrimonio no
pude desarrollar una actividad lucrativa, viendo coartadas mis posibilidades de
aprender oficio, dado el escaso apoyo brindado por el demandado reconvencional,
quien tampoco se mostraba favorable a la idea que yo desempeñara algún trabajo,
lo que se tradujo en verme obligada a renunciar a mi crecimiento personal y
espíritu de superación.

A.2.- Perjuicio:
A.2.1.- Previsional:
i) No estoy afiliada a AFP, toda vez que durante la época de convivencia
efectiva con mi cónyuge me vi impedida de trabajar y porque una vez separados,
los trabajos que conseguí eran esporádicos e informales. Apenas pude cotizar 3
años y 7 meses en el actual Instituto de Previsión Social.
ii) Por el hecho de reintegrarme al mundo laboral a los 50 años, esto es,
una vez que el demandado reconvencional hizo abandono del hogar común, sin
haber ejercido labores durante más de 20 años, con una experiencia previa
reducida y sin capacitación alguna, únicamente pude acceder a trabajos
esporádicos e informales como asesora del hogar, recibiendo una remuneración
muy baja.
iii) De lo expuesto podemos colegir que no trabajé la totalidad de los 367
meses que se contabilizan de convivencia común.

A.2.2.- Salud:
No estoy afiliada a algún sistema de salud. Pertenezco al tramo asistencial
“A” del Fondo Nacional de Salud, FONASA.

A.2.3.- Capacidad de ahorro:


Resulta patente que mi situación patrimonial tiene un desmedro en
comparación con la del demandado reconvencional, ya que éste al trabajar, tiene
propiedades y ahorros que por mi situación actual jamás podré llegar a alcanzar.

B. Fórmula de cálculo:
B.1.- Elementos considerados:
a) Período de convivencia efectiva: 30 años y siete meses, equivalentes a
367 meses.
b) Cifra mensual no percibida en el período de convivencia efectiva por la
demandante reconvencional: $160.250.-, equivalentes al 50% de un Ingreso
Mínimo Remuneraciones.

B.2.- Fórmula:
Para calcular el monto de la compensación económica, se atiende a
multiplicar el 50% de un sueldo mínimo por la cantidad de meses en que las partes
mantuvieron una convivencia en común.

B.3.- Total:
$160.250 por 367 meses es igual a $58.911.750. El total que arroja el
cálculo, entonces, son cincuenta y ocho millones novecientos once mil setecientos
cincuenta pesos.

EL DERECHO:

La institución de la compensación económica fue consagrada en nuestra


legislación a través de la Ley de Matrimonio Civil, Nº 19.947, en sus artículos 61 a
66. En el referido artículo 61 indica “Si, como consecuencia de haberse dedicado
al cuidado de los hijos o a las labores propias del hogar común, uno de los
cónyuges no pudo desarrollar una actividad remunerada o lucrativa durante el
matrimonio, o lo hizo en menor medida de lo que podía y quería, tendrá derecho a
que, cuando se produzca el divorcio o se declare la nulidad del matrimonio, se le
compense el menoscabo económico sufrido por esta causa”.

La jurisprudencia del Máximo Tribunal ha dicho, recientemente, en la


sentencia de casación Rol Nº 3.897-2012, de 13 de noviembre de 2012: “Noveno:
… puede concluirse que la institución en estudio consiste en el derecho que asiste
a uno de los cónyuges cuando, por haberse dedicado al cuidado de los hijos o a
las labores propias del hogar, no pudo durante el matrimonio desarrollar una
actividad lucrativa o lo hizo en la menor medida de lo que podía y quería, para que
se le compense el menoscabo económico que, producido el divorcio o la nulidad,
sufrirá por esta causa. Este instituto representa la concreción del principio de
protección del cónyuge más débil, consagrado en el artículo 3º de la Ley Nº
19.947, desde que el mismo pretende evitar o paliar los efectos derivados de la
falta de equivalencia patrimonial y de perspectivas económicas futuras producidas
entre los cónyuges como consecuencia de haberse originado las situaciones
descritas.

“Décimo: Que de lo anterior, fluye como requisito esencial para la


procedencia de la compensación económica, la existencia de menoscabo en el
cónyuge que la solicita, entendido éste como el efecto patrimonial que se produce
en aquella de las partes que no pudo trabajar o lo hizo en menor medida de lo que
podía y quería, por dedicarse a la familia. Así, este presupuesto aparece ligado al
empobrecimiento de uno de los cónyuges producto de las circunstancias antes
descritas y que se manifiesta al concluir el vínculo matrimonial y se traduce en la
disparidad económica de éstos y en la carencia de medios del cónyuge
beneficiario para enfrentar su vida separada. De allí entonces que la reparación
que se impone por la ley busca corregir este desequilibrio entre las partes, a fin de
que las mismas puedan enfrentar individualmente el futuro, protegiéndose de esta
manera a la que ha tenido la condición de más débil. Esto encuentra justificación
en que precisamente al producirse el término del vínculo matrimonial que unía a
las partes, deja de tener causa tal detrimento, el que durante la vigencia del mismo
se veía compensado con las obligaciones y deberes que la ley establece para la
institución del matrimonio, como el deber de asistencia y socorro que existe entre
los cónyuges del que derivan entre otras, la obligación de proporcionar alimentos.”

En el mismo sentido, la Excma. Corte Suprema también ha señalado, en la


sentencia de casación Rol Nº 2.971-2010, de 29 de julio de 2010: “Séptimo: Que
en el caso sub lite, la calidad de cónyuge más débil de la demandante y la
existencia del menoscabo por la dedicación a las labores del hogar y el cuidado de
los hijos, son elementos que fluyen de los propios presupuestos fácticos
asentados en el fallo impugnado, tales como que la actora reconvencional dejó de
trabajar a los seis años de haber contraído matrimonio con el demandado,
dedicándose al cuidado de los hijos y a las labores del hogar, durante el resto del
tiempo que duró la convivencia, esto es, veintidós años. Tal situación, da cuenta
de la pérdida sufrida por esa parte, en beneficio de la familia común, quien durante
el tiempo antes consignado, se vio privada de recibir una retribución económica
con la consiguiente afectación de su situación en materia previsional”.
Por consiguiente, de la legislación y jurisprudencia citada, fluye que los
requisitos de la compensación económica son: a) haberse dedicado al cuidado de
los hijos o a las labores propias del hogar común y b) que como consecuencia de
haberse dedicado al cuidado de los hijos o las labores propias del hogar común,
uno de los cónyuges no haya podido desarrollar una actividad remunerada o
lucrativa durante el matrimonio, o haberlo hecho en menor medida de lo que podía
y quería.

Elementos para determinar la existencia del menoscabo económico y la


cuantía de la compensación económica:

Al respecto, el artículo 62 inciso 1º de la Ley Nº 19.947 dispone “Para


determinar la existencia del menoscabo económico y la cuantía de la
compensación, se considerará, especialmente, la duración del matrimonio y de la
vida en común de los cónyuges; la situación patrimonial de ambos; la buena o
mala fe; la edad y el estado de salud del cónyuge beneficiario; su situación en
materia de beneficios previsionales y de salud; su cualificación profesional y
posibilidades de acceso al mercado laboral, y la colaboración que hubiere
prestado a las actividades lucrativas del otro cónyuge”. Revisemos la
manifestación o presencia de los citados factores en el caso sublite.

1º Duración del matrimonio:


Al momento de esta presentación, el matrimonio ha tenido una duración de
30 años y 7 meses.

2º Duración de la vida en común de los cónyuges:


La convivencia efectiva se extendió desde febrero de 1980 hasta
septiembre de 2010, esto es, 30 años y siete meses.

3º Situación patrimonial de ambos:


Mi patrimonio se vio claramente menoscabado al no poder ejercer labores
remuneradas durante la convivencia en común, por cuanto debí cuidar a los tres
hijos y dedicarme a las labores del hogar común, tal como se ha expresado
anteriormente. Por el contrario, el demandado reconvencional pudo ejercer
tranquilamente labores remuneradas producto del apoyo dado por mi persona, al
cuidar de los hijos y del hogar común en forma permanente.
4º La buena o mala fe los cónyuges:
Durante todo el tiempo de convivencia efectiva, y en general durante toda la
duración del matrimonio, he actuado de buena fe, proveyendo de todo lo que pude
a mis tres hijos y cumpliendo, hasta el término de la convivencia efectiva, con
todas y cada una de las obligaciones que el matrimonio impone a los cónyuges.
En cambio, el demandado reconvencional incumplió reiteradamente el deber de
fidelidad y, en relación con los hijos comunes, tanto durante el período de
convivencia matrimonial como una vez que hizo abandono del hogar común, no
contribuyó de manera alguna con su mantención, transgrediendo el deber de
socorro y ayuda mutua que impone el vínculo matrimonial.

5º Edad de cada uno de los cónyuges:


Tengo 61 años de edad y el demandado reconvencional tiene 64 de edad.

6º Estado de salud del cónyuge beneficiario:


Tengo problemas al corazón. En el año 2002 sufrí un infarto. Actualmente
me controlo en el Complejo Asistencial Dr. Sótero del Río.

7º Situación en materia de beneficios previsionales y de salud del cónyuge


beneficiario:
La postergación y sacrificio que sufrí impidió mi afiliación a una AFP, lo que
tendrá como consecuencia que no podré acceder a una pensión que permita
conllevar la vejez de buena manera, perteneciendo ya a la tercera edad. En
cuanto a los beneficios de salud, pertenezco al tramo asistencial “A” del Fondo
Nacional de Salud, FONASA. La circunstancia de no haber trabajado durante la
convivencia matrimonial, y haberlo hecho sólo en forma esporádica e informal
después de la separación, incide en que me resulte imposible optar a los planes
de salud del área privada.

8º Cualificación profesional del cónyuge beneficiario:


Por situaciones propias de la vida en condiciones de pobreza, sólo cuento
con un nivel de estudios medio incompleto, sin haber podido, con mayor razón,
cursar estudios técnicos ni aprender un oficio. Lo expresado es una nítida
expresión del principio del cónyuge más débil, consagrado en el artículo 3º de la
Ley Nº 19.947.
9º Posibilidades de acceso al mercado laboral del cónyuge beneficiario:
En directa relación con el factor anterior, la menor cualificación profesional
incide directamente en las posibilidades de acceso al mercado laboral en
condiciones de igualdad frente a otras personas. De esta manera, combinando la
edad con la falta de cualificación profesional, se llega a la conclusión que mis
posibilidades de acceso al mercado laboral son limitadas, por no decir
escasísimas. Se observa, entonces, que el enorme sacrificio desplegado para
mantener y apoyar a mis hijos en el pasado, se materializa hoy en día en mínimas
opciones de optar a trabajos con remuneración digna.

10º Colaboración que hubiere prestado a las actividades lucrativas del otro
cónyuge:
Preste mi colaboración, dedicándome a los hijos y al hogar común, para
que el demandado reconvencional pudiera realizar sus actividades laborales
propias.

De todo lo reseñado en este otrosí, quedan manifiestamente identificados


cada uno de los elementos para determinar la existencia y cuantía de la
compensación económica, dejándose fehacientemente establecida su procedencia
para el caso en comento.

POR TANTO,

Según lo expuesto y lo dispuesto en los artículos 61 y siguientes de la Ley Nº


19.947, 57 y 58 de la Ley Nº 19.968, 314 del Código de Procedimiento Civil, y
demás que resulten pertinentes,

SOLICITO A S.S.: Tener por interpuesta demanda reconvencional de


compensación económica en contra de José Cagliostro Olivares, ya
individualizado, y, en definitiva, condenarlo al pago de la suma de $58.811.750.-
(cincuenta y ocho millones ochocientos once mil setecientos cincuenta
pesos), o la suma que el tribunal determine conforme al mérito del proceso, a
título de compensación económica, a favor de mi persona, Noelia De
Nacimiento López, en atención a lo establecido en los artículos 254 y 261 del
Código de Procedimiento Civil y 61 y siguientes de la Ley Nº 19.947.

SEGUNDO OTROSÍ: Acompaño privilegio de pobreza; el cual da cuenta que la


parte goza del Beneficio de Asistencia Jurídica, de acuerdo con la ley N°17.995 y
el Art.19, letra K del DFL 995 del 1981 además del Art. 600 inc 3 del Código
Orgánico de Tribunales

TERCER OTROSÍ: Sírvase su S.S. tener presente que designo abogados


patrocinantes y confiero poder a don Juan Carlos Fernández Hermosilla, abogado,
y poder a la habilitada en derecho doña Carolina Fernanda Vivanco Carter, todos
ellos domiciliados para estos efectos en calle General Jofre N° 462, Santiago,
quienes podrán actuar conjunta e indistintamente en estos autos con las
facultades del artículo 7° del Código de Procedimiento Civil y firman junto a mí en
señal de aceptación.

CUARTO OTROSÍ: Conforme al artículo 23 inciso final de la ley 19.968 se señala


como forma especial de notificación de las resoluciones que corresponda, el
correo electrónico de esta parte, el cual es ………….