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ESTUDIOS DE FILOSOFIA Y DERECHO N.

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Universidad Externado de Colombia

Centro de Investigación en Filosofía y Derecho


ISBN 9 5 8 - 6 1 6 - 9 4 1 - 3
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MARTHA NUSSBAUM
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T R A D U C C I Ó N DE

EVERALDO LAMPREA MONTEALEGRE

Capacidades como
titulaciones fundamentales:
Sen y la justicia social

Universidad Externado de C o l o m b i a
Centro de Investigación en Filosofía y Derecho
Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra,
sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la
Universidad Externado de Colombia.

ISBN 958-616-941-3

© MARTHA NUSSBAUM, 2005


© EVERALDO LAMPREA MONTEALEGRE (traducción), 2005
© UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA, 2005
Derechos exclusivos de publicación y distribución de la obra
Calle 12 n.° 1-17 este, Bogotá - Colombia. Fax 342 4948-
[www.librosuexternado.com]

Primera edición: agosto de 2005

Ilustración de portada: La toma de posesión del Alto Gobierno por el Triunvirato en


nombre del Príncipe de Orange, por Jan Willem Pieneman, lienzo 70 x 86,5 cm.

Composición, impresión y encuademación: Departamento de Publicaciones,


Universidad Externado de Colombia, con un tiraje de 1.000 ejemplares

Impreso en Colombia
Printed in Colombia
Universidad Externado de Colombia

Rector
Fernando Hinestrosa

Secretario General
Hernando Parra Nieto

Director
Centro de Investigación
en Filosofía y Derecho
Eduardo Montealegre Lynett

E S T U D I O S DE FILOSOFÍA Y DERECHO
(TEORÍA DE LOS DERECHOS)
N.° 9

Serie orientada por

Rodolfo Arango Rivadeneira


Me gustaría agradecer especialmente a AMARTYA SEN y al resto de parti-
cipantes del taller Oxford sobre la obra y las ideas de SEN (11 al 13 de
septiembre de 2002), así como a los editores de esta edición especial*,
por sus muy útiles comentarios.

* NUSSBAUM se refiere a la publicación original


de este artículo en inglés, "Capabilities as
Fundamental Entitlements: Sen and Social
Justice", en Feminist Economics 9 (2-3), 2003, 33-
59 (nota del trad.).
PRESENTACIÓN

M A R T H A CHAVEN N U S S B A U M es una de las más importantes pensa-


doras de la actualidad. Como profesora de derecho y filosofía en
la Universidad de Chicago dirige, entre otras muchas activida-
des, el Centro de Constitucionalismo Comparado de dicho cen-
tro educativo. Su productividad, versatilidad y originalidad la
ubican entre las principales figuras de la filosofía política y mo-
ral contemporánea. Su conocimiento de clásicos como ARISTÓTELES,
S É N E C A , C I C E R Ó N , H U M E , M I L L O S M I T H , así como su amor por la
literatura universal, le permiten abordar temas diversos -justicia
social, educación liberal, economía con rostro humano, republica-
nismo democrático, decisiones judiciales sensibles y justas,
multiculturalismo y pluralismo, etc.- desde una perspectiva de
género humanista, enriquecida por una prosa elegante y fluida.
Algunos de sus más influyentes libros han sido traducidos al
español, aunque lamentablemente no todos como sucede con The
Upheavals ofThought. The Intelligence ofEmotions (2001). Entre ellos
cabe mencionar La fragilidad del bien: fortuna y ética en la tragedia y
la filosofía (Visor/Machado, 1986); Justicia poética (Andrés Bello,
1997); Los límites del patriotismo: identidad, pertenencia y ciudadanía
mundial (Paidós, 1999); Cultivo de la humanidad: una defensa clásica
de la reforma en la educación liberal (Andrés Bello, 2001); Las mujeres
y el desarrollo humano (Herder, 2002); La terapia del deseo. La teoría y
práctica en la ética helenística (Paidós, 2003). Igualmente, junto con
A M A R T Y A SEN, ha editado el influyente libro La calidad de vida (Fon-
do de Cultura Económica, 1996), y recientemente con C A S S
SUNSTEIN, Clones y clones (Cátedra, 2004).
La profesora N U S S B A U M aporta a la colección "Estudios de Fi-
losofía y Derecho" del Instituto de Derecho Penal y Filosofía del
Derecho de la Universidad líxternado de Colombia un artículo
publicado originalmente en la revista Feminist Economics en 2003,
número monográfico editado en honor de A M A R T Y A SEN. Ha sido
ella misma quien amablemente nos ha sugerido la traducción y
publicación de este artículo, por ser uno de sus más representa-
tivos sobre la relación entre derechos y economía, vista desde la
justicia de género. Aun cuando la lectura de su escrito presupone
cierta familiaridad con las tesis centrales del economista y filóso-
fo indio -familiaridad que se puede iniciar mediante la lectura
de dos de sus aportes ya traducidos en esta misma colección*-, la
claridad expositiva de la autora hace accesible su reflexión a un
amplio público interesado en la relación del derecho, la econo-
mía y la filosofía, así como en la justicia social y su realización en
el contexto actual.
En el centro de las reflexiones de N U S S B A U M está la tesis de S E N
sobre las "capacidades" como titulaciones fundamentales. Las capa-
cidades constituyen el criterio por excelencia para el reconocimiento
de derechos a las personas. En materia de desarrollo, la teoría de
las capacidades se enfoca no en la acumulación material sino en el
despliegue más integral posible de las capacidades humanas. A
juicio de la filósofa estadounidense, el enfoque seniano de las ca-
pacidades resulta más adecuado a los propósitos de una justicia
de género que el utilitarismo, puesto que no oscurece las desi-
gualdades en la distribución de recursos en la sociedad, o que el
liberalismo, con las múltiples limitaciones que su noción idealiza-
da de la persona humana, representa para la economía. Compara-
da con el enfoque de las capacidades, hasta una doctrina progresista
como es el utilitarismo de B E N T H A M (en particular contrastado con

1AMARTYA K. S E N . Economía del bienestar y dos aproximaciones a los derechos (Estudios de


Filosofía y Derecho n.° 2 , 2 0 0 2 ) ; El derecho a no tener hambre (Estudios de Filosofía y Derecho
n.° 3 , 2 0 0 2 ) , ambos traducidos por el profesor E V E R A L D O L A M P R E A M O N T E A L E G R E y
publicados por la Universidad Externado de Colombia.
el conservatismo de B U R K E ) termina por favorecer el statu quo. Las
preferencias individuales, medulares en el análisis del utilitiarismo,
no siempre son fruto de una conciencia individual autónoma;
muchas veces, así la autora, reflejan la interiorización de relacio-
nes de jerarquía y opresión, ampliamente aceptadas incluso por
las propias personas afectadas./Una ventaja adicional del enfoque
basado en las capacidades se manifiesta en que el desarrollo de
una sociedad, en particular en materia de salud y educación, no
depende necesariamente de un mayor ingreso económico, sino de
la posibilidad efectiva de realizarse humanamente: de nada servi-
ría, por ejemplo, a las mujeres en sociedades tradicionales y
jerarquizadas tener mayores ingresos si en la práctica se les niega
o dificulta, por razones religiosas o sociales, el acceso a los centros
educativos o a los servicios de salud. Una exposición más extensa
de tales reflexiones puede consultarse, entre otros, en su libro Las
mujeres y el desarrollo humano, ya citado.
En el centro de la reflexión de N U S S B A U M sobre la propuesta de
SEN para asegurar una mayor justicia social está la defensa de
una tesis sustantiva de las capacidades. Sólo así es posible una
mayor justicia de género y, con ello, una mayor justicia social. Tal
tesis se concreta en una lista definida -pero revisable- de capa-
cidades básicas, sobre la cual pueda construirse un conjunto de
titulaciones básicas con validez universal. Se trata de una tesis
sustantiva en materia moral que busca complementar la perspec-
tiva seniana de las capacidades, ya de por sí superior al contrae
tualismo y al proceduralismo de doctrinas éticas alternativas como
el utilitarismo, el liberalismo y el libertarianismo.
Pese a la valiosa propuesta de N U S S B A U M , corresponde aquí lla-
mar la atención sobre la laxitud en el uso de los conceptos centra-
les de capacidades, titularidades y derechos. La autora emplea
inicialmente el término "capacidades" en sentido fáctico, como
"aquello que las personas pueden ser o hacer". Así, por ejemplo, la
capacidad de movilización de una persona en silla de ruedas su-
pone que tiene una limitación fáctica, más aún cuando existen otras
personas que no requieren de sillas de ruedas para movilizarse. La
función de las capacidades consiste entonces en servir como crite-
rio fáctico objetivo para justificar una actuación positiva del Esta-
do, en este caso la asignación (titulación) de derechos. Si se está
fácticamente dotado de menos capacidades, y ello es visto como
una situación desventajosa que justifica ser compensada, se tiene
derecho moral a más recursos, de forma que se respete la igual-
dad, más precisamente la igualdad de consideración y respeto (se-
gún la feliz expresión de R A W L S ) . "El término "capacidades", no
obstante, es luego utilizado en sentido prescriptivo cuando se ha-
bla de una "lista de capacidades básicas", a saber, aquellas que
"debería" tener toda persona para poder realizarse humanamente
en igualdad de condiciones que los demás. En realidad, "capaci-
dades" en sentido prescriptivo acaban por confundirse con los tér-
minos "derechos" o "titulaciones".
La profesora N U S S B A U M le atribuye al lenguaje de las capa-
cidades la ventaja de hacer claridad en aspectos oscuros del len-
guaje de los derechos. Para un tratamiento en profundidad del
tema remite a otros escritos, centrándose en la presente ocasión
en la garantía de los derechos con la ayuda del concepto de capa-
cidades. Pero el lenguaje de las capacidades se presenta unas ve-
ces como antagónico, y otras como complementario, al de los
derechos. En esta última connotación, las capacidades suminis-
tran las razones o justificaciones que pueden elevarse para exigir
el reconocimiento moral, político o jurídico de un derecho. De
cualquier forma, el lenguaje de las capacidades entra en conflicto
con el entendimiento liberal de los derechos ( M I L L , K A N T , R A W L S ) .
El hecho de que M A R T H A N U S S B A U M se centre en la problemáti-
ca de la garantía o realización efectiva de los derechos funda-
mentales hace evidente que su preocupación no es tanto una por
su estructura o exigibilidad, sino una relativa a la justicia social y
de género en la distribución económica, y ello a partir de una
idea enriquecida (y más realista que la idea liberal) de la persona
humana. De allí el rol central asignado al concepto de capacida-
des, las cuales se entienden en principio como capacidades indi-
viduales. El sentido y fin último de toda la discusión es el bienestar
de la persona humana, esto es, el pleno despliegue y funciona-
miento de sus potencialidades. La justicia social se mide así a
partir del ejercicio pleno de las capacidades, habiendo lugar a la
compensación cuando éstas hayan sido menguadas o estén au-
sentes por razones tanto naturales como sociales. Este sentido
normativo del término "capacidades" coincide en N U S S B A U M con
los derechos prepolíticos.
Mayores problemas plantea el término "titulaciones". Al res-
pecto baste plantearles a las lectoras y los lectores una serie de
interrogantes: ¿Es el concepto de titulaciones realmente necesa-
rio en el discurso de las capacidades, los derechos y la justicia
social? Parecería que si bien es familiar en el ámbito norteameri-
cano, analíticamente es poco claro y necesitado de mayor ilustra-
ción: ¿Qué distingue una "titulación" de un derecho? ¿En qué
relación están ambos conceptos? ¿Es reducible el uno al otro, de
forma que sea posible detener la inflación terminológica? Todas
estas son preguntas que cabe hacerse desde una cultura jurídica
en la cual términos como "titulaciones", "titularidades" o "títu-
los" de los derechos corresponden más a una visión civilista que
a una constitucionalista de los derechos fundamentales.
La intención teórica de la profesora N U S S B A U M va más allá de
fundamentar filosóficamente el discurso de los derechos. Su tra-
tamiento del tema trae aparejada toda una concepción de la de-
mocracia cercana a la del republicanismo en la filosofía política.
I .a democracia de N U S S B A U M descansa, además, sobre una lectura
de A R I S T Ó T E L E S a partir del enfoque de las capacidades. Para un
mayor desarrollo de este planteamiento se remite aquí a su artí-
culo "Nature, Function, and Capability: Aristotle on Political
Distribution", en Aristóteles "Politik" (Actas del xi. Symposium
Aristotelicum, G Ü N T H E R P A T 2 I G (ed.), Gottinga, 1990, pp. 152 a 186).
Su pensamiento en este tema, expresado sintéticamente, es que
no puede haber verdadera democracia cuando las personas no
tienen la posibiliii.nl tle ejercer efectivamente sus derechos polí-
ticos, entre ellos el de participar en forma competente y plena en
la toma colectiva de decisiones. En esto coincide la autora con
pensadores como F R A N K M I C H E L M A N O J O H N R A W L S en su Liberalis-
mo político.
La defensa de las capacidades como concepto central para una
teoría de los derechos sensible a la justicia de género no se reser-
va en la teoría de N U S S B A U M al cielo de los conceptos abstractos.
Se complementa con un comparativismo constitucional, en este
caso el contraste entre la Constitución de la India y la Constitu-
ción de Estados Unidos. Pero tal comparación podía ser igual-
mente con la Constitución de países en vías de desarrollo como
Colombia, Hungría o Sudáfrica. En ellas también está presente
una concepción de los derechos constitucionales que no se limita
a los derechos de estatus negativo. Queda abierta la pregunta a
las lectoras y lectores sobre si la perspectiva de las capacidades
suministra el fundamento filosófico más adecuado para asegu-
rar la plena garantía de los derechos entendidos en términos de
titulaciones fundamentales.
La defensa de una lista sustantiva de capacidades consideradas
valiosas y fundamento de la justicia social identifica a la autora
con una postura comunitarista en el debate filosófico contem-
poráneo. De ser así, su propuesta está sujeta a todas las críticas
elevadas contra el comunitarismo, en particular debido a sus visos
paternalistas, perfeccionistas y autoritarios cuando antepone lo
bueno a lo justo (definido en términos procedimentales). M A R T H A
C . N U S S B A U M asume el riesgo de la crítica y defiende su propuesta
parapetada en su filosofía que no supone ni una ontología
esencialista - l o que se muestra en la provisionalidad de la lista de
capacidades- ni una concepción teleológica del mundo y la vida
humana que elimine la autonomía individual -como es evidente
al defender la libertad de elección o el valor relativo de la vida
digna de acuerdo a las circunstancias personales (sin excluir la
eutanasia).
La originalidad de la propuesta de N U S S B A U M no radica en su
adhesión a la teoría de las capacidades formulada inicialmente
por SEN, sino en su "sustantivación" a partir de un concepto sen-
sible y enriquecido de la existencia humana. Desde la filosofía
pragmática del sentido común ( H . P U T M A M ) no se defiende el de-
recho individual a estar libre del temor ( F . D . R O O S E V E L T ) , sino la
capacidad efectiva de un desarrollo emocional libre de temor y
ansiedad.
La discusión con SEN en torno al contenido de la lista de capa-
cidades, que se torna en una discusión sobre la libertad o las li-
bertades, y valor intrínseco o no, parece ser más una confusión
semántica que un desacuerdo profundo a nivel filosófico. Ello
porque mientras SEN habla de la libertad como valor intrínseco
abstracto que puede ser ejercida bien o mal, N U S S B A U M se refiere a
libertades concretas, unas buenas y otras malas en sí mismas. La
confusión radica en que se discute en dos niveles de abstracción
diferentes. Mientras que el pensador indio concibe perfectamen-
te la libertad como valor general bueno per se, la autora
anglosajona habla únicamente de libertades concretas, buenas o
malas dependiendo de si implican "en su definición" la injusti-
cia. El problema de argumentar a un nivel demasiado concreto
(que es el problema mismo del casuismo) radica en que se difi-
culta la distinción del criterio de la injusticia. La libertad de vio-
lar a la esposa, ejemplo mencionado por la autora, no es mala o
injusta por el hecho de que la violada sea mujer. Tal conducta
sería igualmente mala o injusta si el violado fuera el esposo, cosa
por cierto improbable pero no imposible, o la compañera por la
compañera o el compañero por el compañero en las relaciones
homosexuales. f La maldad o injusticia de la conducta radica en la
negación de la autonomía, la integridad o igualdad del otro, no
en el género (mujer u hombre) o condición (esposa u esposo) de
la persona sobre la cual recae la conducta?
Quizás el aspecto más interesante del aporte de N U S S B A U M al
desarrollo del concepto de capacidades originalmente presenta-
do por SEN consiste en el intento de superar (conservándola en el
sentido hegeliano de Ausheben) la tradición liberal de los dere-
chos en la lucha por una mayor justicia social. De forma visiona-
ria y consecuente con una postura filosófica que pone el sentido
común de la vida diaria en el centro del análisis de la justicia, la
filósofa norteamericana señala las limitaciones del lenguaje" de
los derechos. A su juicio, aunque éste sigue jugando importantes
roles en la discusión pública, no resulta apto para capturar las
particularidades de una concepción realista de la persona huma-
na. Dicha concepción se gana a partir de A R I S T Ó T E L E S y M A R X , y
aventaja la concepción kantiana y rawlsiana en cuanto reconoce
a los seres humanos en sus diversas ciclos y roles vitales no como
hombres adultos, sanos, propietarios y autónomos, sino como
personas que, desde sus limitaciones, dependencias y talentos,
buscan realizar efectivamente diversas capacidades sin las cua-
les la calidad de su vida disminuye y el desarrollo social se torna
una ilusión. Al igual que en toda revolución de pensamiento, en
el caso de S E N y N U S S B A U M la tesis de las capacidades abre un
mundo de nuevas posibilidades no sólo para la economía, el de-
recho o la política, sino también para la filosofía social que se
preocupa_y ocupa de los problemas de pobreza, discriminación y
equidad. La tesis de las capacidades hace parte además de la re-
volución feminista iniciada en la segunda mitad del siglo pasa-
do, que en las teorías de ambos autores tiene clara y afortunada
expresión, y que tiene la potencialidad de transformar las rela-
ciones sociales basadas en la jerarquía, el machismo y la opre-
sión]
En el camino hacia una mayor realización de la justicia social,
en particular de la justicia de género luego de la toma de concien-
cia sobre el valor e importancia del trabajo de la mujer para el bien-
estar de la sociedad y lo injusto de la falta de su reconocimiento y
de las cargas que impone a las mujeres, surge una diferencia cen-
tral entre S E N y N U S S B A U M en relación con la necesidad y legitimi-
dad de fijar el contenido de las capacidades. Mientras que el
primero rechaza la definición de un contenido, universalmente
válido, de las capacidades, y deja esta tarea al debate democrático
ile cada sociedad, la segunda argumenta persuasivamente en fa-
vor de tal definición, con carácter general y revisable. El desacuer-
do no sólo parece valorativo; también conceptual y filosófico.
Mientras que SEN teme definir el contenido de las capacidades,
porque ello puede involucrar un grave peligro totalitario, etno-
centrista o paternalista, y defiende la libertad general, NUSSBAUM
considera superables tales reservas en su defensa de capacidades
básicas -tan amplia, provisional y generalmente formuladas que
podrían ser aceptadas por diversas personas con diferentes tradi-
ciones culturales, sin tener que abrazar para ello concepciones
comprehensivas del valor de la vida humana-. Pero, además, la
autora rechaza la idea de un derecho general a la libertad, algo que
considera irreconciliable con el enfoque de las capacidades.
Una vía de solución del desacuerdo consiste en diferenciar
entre la concepción de los derechos o libertades -esto es, si son
relativos y limitables o absolutos e ilimitables- y el fundamento
(filosófico) de tales derecho o libertades. Tal distinción de niveles
nos posibilita defender las capacidades básicas (en el sentido de
SEN y NUSSBAUM) como fundamento de los derechos o libertades
y, a la vez, aceptar que éstos son limitables, dependiendo de los
argumentos en favor y en contra en caso de colisión. Una segun-
da vía de solución ve el desacuerdo como uno lingüístico: la no
limitación ex ante de la libertad general (SEN), por vía de una lista
sustantiva de capacidades, es reconciliable con la no limitación
sólo prima facie de las libertades concretas (NUSSBAUM); no limita-
ción que se exceptuaría en caso de urgente necesidad de asegu-
rar capacidades básicas superiores. Ambos intentos de solución
del desacuerdo, no obstante, pueden resultar vanos mientras no
se logre clarificar la problemática relación entre lo bueno y lo
i lebido, entre la dimensión axiológica (o teleológica) y la deonto-
lógica en la ética y el derecho, que se encuentra a la base de los
planteamientos aristotélicos y kantianos en la filosofía moderna,
y tiene importante incidencia en cualquier concepción de capaci-
dades, libertades, derechos y titulaciones. Por ahora tal clarifica-
ción parece lejana si se observa las distancias existentes entre
filósofos de una misma familia o tradición filosófica como
H A B E R M A S y R A W L S O A L E X Y , cuando el primero acusa a los segun-
dos de destruir el carácter deontológico de los derechos (corta-
dos con la tijera de las libertades en el sentido de H O B B E S ) al
concebirlos como valores susceptibles de ponderación. Pero esto
es harina de otro costal que no hay lugar a cernir en la presente
oportunidad. Baste sostener que desde la corriente neoaristotélica
de N U S S B A U M los énfasis se colocan correctamente en la concep-
ción de la persona humana, la limitación del contractualismo
como fundamento de la organización social, y la lucha por una
mayor justicia social a partir de un constitucionalismo sensible a
las diferencias de género, edad y capacidad.

RODOLFO ARANGO
Kiel, octubre de 2004
I. L A APROXIMACIÓN DE LAS CAPACIDADES Y LA JUSTICIA SOCIAL 1

A lo largo de su carrera AMARTYA S E N se ha ocupado de temas de


justicia social. Las desigualdades entre hombres y mujeres han
sido especialmente importantes en su obra, y los logros sociales
de la justicia de género han estado entre los objetivos centrales
de su empresa teórica. Contra el énfasis dominante centrado en
el crecimiento económico como indicador de la calidad de vida
de una nación, SEN ha insistido en la importancia de las capacida-
des, aquello que las personas pueden ser y hacer 2 . Sus argumen-
tos en favor de este giro del pensamiento versan con frecuencia
sobre temas de género 3 .'El crecimiento económico es un mal in-
dicador del nivel de vida, ya que no nos dice qué tan desposeí-
das están las personas; las mujeres aparecen en el argumento como
personas que con frecuencia no están en capacidad de aprove-
char los frutos de la prosperidad general de una nación.4 Si nos
preguntamos qué tan posibilitadas están las personas para ser y
hacer, estaremos mucho más cerca de comprender las barreras
que las sociedades han levantado contra una justicia completa
para las mujeres. Igualmente,' SEN critica las aproximaciones que
miden el bienestar en términos de utilidad al señalar el hecho de
que las mujeres muestran frecuentemente "preferencias adapta-
livas", esto es, preferencias que se han ajustado a su estatus de
segunda clase (AMARTYA S E N , 1 9 9 0 , 1 9 9 5 ) 1 Es así que el entramado

1 Desarrollo argumentos similares a los propuestos en este artículo, pero con un enfoque

sobre aspectos constitucionales y legales, en M A R T H A NUSSBAUM (por aparecer a).


•' Véase AMARTYA S E N .
1 Véase por ejemplo AMARTYA S E N .
utilitario, el cual pregunta a las personas qué prefieren actual-
mente y qué tan satisfechas están, resulta inadecuado para afron-
tar los asuntos más urgentes de la justicia de género. Sólo
podríamos contar con una teoría adecuada de justicia de género,
y de justicia social en general, si estamos dispuestos a realizar
demandas sobre titulaciones fundamentales, las cuales en cierta
medida resultan independientes de las preferencias que tienen
las personas, preferencias que con frecuencia son moldeadas por
injustas condiciones de trasfondo.
Esta crítica a los paradigmas dominantes en términos de la
justicia de género es una característica preponderante de la obra
de SEN, y resulta obvio que una motivación básica para elaborar
"la aproximación de las capacidades" es su mayor potencial para
desarrollar una teoría de justicia de género. Pero la lectora que
busque un recuento pormenorizado de una justicia social en ge-
neral, o de una justicia de género en particular, no lo encontrará
en la obra de SEN; tendría que extrapolar este recuento a partir de
otros de sus sugestivos materiales. En el libro Development as
Freedom* SEN presenta una pertinente línea de pensamiento cuan-
do argumenta que las ; capacidades brindan las bases para pensar
los objetivos del desarrollo (AMARTYA SEN, 1999). Ya sea cuando
las naciones se comparan a través de medidas internacionales de
bienestar, o cuando cada nación se esfuerza internamente por al-
canzar un nivel de desarrollo más alto para sus ciudadanos, las
capacidades constituyen una forma atractiva de entender el con-
tenido normativo de la idea de desarrollo. Abordar el objetivo
del desarrollo como un incremento del PIB per capita oscurece las
desigualdades en la distribución, las cuales resultan básicas cuan-
do pensamos en la desigualdad de género. Tampoco se podría

* Hay traducción al español, AMARTYA S E N . Desarrollo y Libertad, Bogotá, Planeta, 2000. La


traducción del título del libro al castellano es, sin embargo, errónea. El desarrollo como
libertad debería ser el título correcto (nota del trad.).
desagregar ni considerar separadamente aspectos importantes del
desarrollo tales como la salud y la educación, que se ha demos-
trado están poco correlacionados con el PIB, aun cuando tenga-
mos en cuenta la distribución.'Pensar los objetivos del desarrollo
en términos de utilidad tiene al menos el mérito de permitirnos
apreciar los resultados de los procesos para las personas. Pero la
utilidad, sostiene SEN, resulta inadecuada para capturar la hete-
rogeneidad y la inconmensurabilidad de los múltiples aspectos
del desarrollo'. Puesto que la utilidad no puede captar las prefe-
rencias adaptativas cuando, tomada como punto de referencia
normativo, sesga el proceso del desarrollo en favor defstatu quo.
Finalmente, la utilidad sugiere que el objetivo del desarrollo es
un estado o condición de las personas (esto es, un estado de sa-
tisfacción), con lo cual desestima la importancia de la "capacidad
para actuar" y de la libertad en el proceso de desarrollo.
I SEN enfatiza que estas fallas se magnifican cuando confronta-
mos la teoría con las desigualdades basadas en el sexo: esto ya
que las vidas de las mujeres reflejan una lucha por diferentes ele-
mentos del bienestar, en los que se incluye la salud, la educación,
la movilidad, la participación política, entre otras^Con frecuen-
cia las preferencias de las mujeres muestran distorsiones, las cua-
les son el resultado de condiciones injustas de trasfondo.' Además,
la "capacidad para actuar" y ladibertad son objetivos particular-
mente importantes para las mujeres, quienes usualmente han sido
tratadas como personas pasivas y dependientes. Esta línea
argumentativa estrecha vínculos con la crítica feminista al utili-
tarismo y a los paradigmas económicos dominantes ( E L I Z A B E T H
A N D E R S O N , 1 9 9 3 ; B I N A A G A R W A L , 1 9 9 7 ) . También establece nexos
fructíferos con los escritos de académicas activistas que enfatizan
la importancia de la "capacidad para actuar" y de la participa-
ción de las mujeres (p. ej. M A R T H A C H E N , 1 9 8 3 ; B I N A A G A R W A L , 1 9 9 4 ) .
Mi respaldo a estos argumentos resulta poco sorprendente.
Pero no creo que nos conduzcan muy lejos en nuestro razona-
miento sobre justicia social. Nos dan una idea general de aquello
que las sociedades luchan por alcanzar, pero debido a la renuen-
cia de SEN de comprometerse con aspectos sustanciales (qué ca-
pacidades debe perseguir más enconadamente una sociedad),
aquella idea general resulta apenas en un bosquejo. Tales argu-
mentos no nos brindan una idea del nivel de capacidades que
debería tener una sociedad justa. El uso de las capacidades en
materia de desarrollo es usualmente comparativo, similar al de
los Reportes de Desarrollo Humano del PNUD. De esta manera, las
naciones se comparan en áreas relativas a sus logros en salud y
educación. Pero en lo que se refiere al nivel de servicio de salud o
al nivel de oferta educativa que una sociedad justa debería brin-
dar a todos sus ciudadanos como titulaciones fundamentales, tal
perspectivá, aunque sugerente, no puede decir mucho más.
SEN ha desarrollado una línea argumentativa diferente en tra-
bajos que van de "Equality of What?" a Inequality Reexamined, la
cual parece acercarse más a consideraciones de justicia social. Este
argumento parte de una idea de la igualdad como valor político
( A M A R T Y A S E N , 1992). S E N sostiene que la mayoría de los estados
consideran que la igualdad es importante, pero no se preguntan
a profundidad cuál debe ser el espacio adecuado para realizar
las comparaciones relevantes. Recurriendo a tesis estrechamente
relacionadas con sus argumentos sobre los objetivos del desarro-
llo, SEN sostiene que el espacio de las capacidades brinda la forv-
ma más fructífera y éticamente satisfactoria para abordar la
igualdad como objetivo político. La igualdad de utilidad o de
bienestar se queda corta por las razones que ya he sintetizadoiJLa
igualdad de recursos también se queda corta ya que no puede
considerar el hecho de que los individuos, para alcanzar el mis-
mo nivel de capacidad de funcionamiento, necesitan diferentes
niveles de recursos.jAdemás, los individuos tienen habilidades
distintas para convertir recursos en funcionalidad de hecho.
Algunas de estas diferencias son sencillamente físicas: un niño
necesita más proteínas que un adulto para alcanzar un nivel si-
milar de funcionamiento saludable, del mismo modo que una
mujer embarazada necesita más nutrientes que una no embara-
zada. Pero las diferencias que más interesan a SEN son sociales,
las cuales se encuentran conectadas con diversos tipos de discri-
minaciones arraigadas/De este modo, en una nación en donde se
desincentiva a las mujeres para que no prosigan con su educa-
ción, usualmente son necesarios más recursos para alfabetizar a
las mujeres que a los hombres. O para citar el famoso ejemplo de
SEN, una persona en silla de ruedas requiere más recursos conec-
tados con la movilidad que los que necesita una persona con
movilidad "normal", si lo que se quiere es que ambas personas
alcancen unos niveles similares de desplazamiento (AMARTYA S E N ,
1980)4.

''Los argumentos de SEN sobre la igualdad parecen tener el si-*


guiente impacto sobre asuntos de justicia social y de políticas
públicas:fen la medida en que una sociedad valore la igualdad de
las personas y busque alcanzarla entre sus objetivos sociales, la
igualdad de capacidades parecería ser el tipo más relevante de
igualdad que se debería buscar. Es, además, claro que%a igual-
dad es un objetivo central para las mujeres que buscan justicia
social: una vez más, tales argumentos tienen impacto y relevan-
cia particular en el contexto del feminismo 1 Pero SEN nunca dice
hasta dónde la igualdad de capacidades debería ser un objetivo
social 5 , o cómo se deberíá relacionar con otros valores políticos

' Pese a que SEN tiende a tratar este ejemplo como una evidente diferencia física, no debe
•rr tratado de este modo, en tanto las razones por las cuales las personas en sillas de
ruedas no pueden movilizarse son completamente sociales -la ausencia de rampas, etc.
(para una elaboración, véase NUSSBAUM, 200la). Véase también MARTHA NUSSBAUM (por
.iparecer b), donde señalo que todas las sociedades atienden las inhabilidades de las
personas promedio. Así, no tenemos escaleras con escalones tan altos que sólo puedan
i il i (izarlas gigantes.
Un problema adicional no mencionado por S E N , perQ relevante en su crítica a RAWLS:
.mu si la persona en silla de ruedas estuviera igualmente bien en relación con su bienestar
económico, hay un asunto separado de dignidad y autoestima.
' Obviamente una defensa de este punto depende en gran medida de la capacidad que
estamos describiendo y de la forma como la describimos. Así, la igualdad de capacidades
en la búsqueda de la justicia social. Es así que la conexión del
argumento de igualdad de SEN con una teoría de la justicia sigue
siendo poco clara.
En este artículo sugeriré que la perspectiva de las capacidades
es una forma valiosa de acercarse al asunto de las titulaciones
fundamentales, lo cual resulta especialmente pertinente para los
problemas de igualdad de género 6 . Sostendré que tal perspecti-
va, al ser confrontada con problemas de igualdad de género, re-
sulta superior a otras aproximaciones de justicia social dentro de
la tradición occidental. Aunque la aproximación de las capacida-
des está estrechamente vinculada con el paradigma de los dere-
chos humanos, resulta superior a éste en algunos aspectos,
especialmente en el área de las diferencias de género. Y también
es superior a las aproximaciones derivadas de la noción occiden-
tal del contrato social, en la medida en que puede afrontar asun-
tos de cuidado, los cuales resultan fundamentales para alcanzar
la igualdad de género, tal como lo ha demostrado el trabajo femi-
nista reciente 7 .

parece ser importante cuando consideramos el derecho al voto, la libertad de credo,


etcétera; pero si consideramos la capacidad para jugar basquetbol, parecería ridículo
v suponer que la sociedad debería estar muy preocupada sobre el umbral mínimo de ésta,
y mucho menos sobre la completa igualdad. Frente a algo como la salud, es mucho lo
que depende de si definimos la capacidad relevante como el "acceso a las bases sociales
de la salud", o como la "habilidad áe estar saludable". La primera parece ser algo que
una sociedad justa debería distribuir sobre las bases de la igualdad; la última contiene
un elemento de suerte que ninguna sociedad justa podría, o debería eliminar. Así, el
asunto de si la igualdad de capacidades es un buen objetivo social no puede responderse
adecuadamente sin especificar una lista de capacidades relevantes, lo cual es otro punto
a favor del argumento que desarrollo en la sección v. <•
6 Una forma de usar esto, lo cual discuto en otro lugar, es como base de los recuentos

constitucionales de las titulaciones básicas de todos los ciudadanos (véase N U S S B A U M ,


2000a; por aparecer a).
7 Véase especialmente EVA KITTAY ( 1 9 9 9 ) , N A N C Y FOLBRE ( 1 9 9 9 , 2 0 0 1 ) , JOAN W I L L I A M S ( 2 0 0 0 ) ,

M O N A H A R R I N G T O N ( 1 9 9 9 ) . Entre las obras tempranas e influyentes en. esta área


encontramos: M A R T H A FINEMAN ( 1 9 9 1 , 1 9 9 5 ) , S A R A H RUDDICK ( 1 9 8 9 ) , J O A N T R O N T O ( 1 9 9 3 ) ,
VIRGINIA H E L D ( 1 9 9 3 ) , ROBÍN W E S T ( 1 9 9 7 ) . Para una excelente colección de artículos desde
diversas perspectivas feministas, véase H E L D ( 1 9 9 5 ) . Véase también M A R T H A N U S S B A U M
No obstante argumentaré que la aproximación de las capaci-
dades sólo puede constituirse en una guía útil y contundente, así
como en un aliado en la búsqueda de la igualdad de género, si
formulamos una lista definitiva de algunas de las capacidades
esenciales, aun si tal lista pueda ser tentativa y revisable, de modo
que podamos usar las capacidades así definidas para elaborar
una versión parcial de justicia social, así como un conjunto de
titulaciones básicas sin las cuales ninguna sociedad puede de-
mandar justicia.

I I . C A P A C I D A D E S Y DERECHOS

Las capacidades que menciona SEN al ilustrar su aproximación,


así como aquellas que hacen parte de mi lista más explícita, in-
cluyen muchas de las titulaciones enfatizadas por el movimiento
de los derechos humanos: libertades políticas, libertad de asocia-
ción, libre escogencia de una ocupación, así como una variedad
de derechos económicos y sociales. Las capacidades, como los
derechos humanos, brindan un conjunto humana y moralmente
rico de objetivos para el desarrollo, en lugar de "la riqueza y po-
breza de los economistas," tal como lo agudamente lo planteó
M A R X ( K A R L M A R X , 1844). De este modo, las capacidades tienen
una estrecha relación con los derechos humanos, tal como son
entendidos en las discusiones internacionales contemporáneas.
Estas incluyen, en efecto, terreno abarcado tanto por los llamados
"derechos de primera generación" (libertades políticas y civiles),
así como por los llamados "derechos de segunda generación"
(derechos económicos y sociales)]¡Las capacidades juegan, ade-
más, el mismo rol de los derechos humanos, en tanto sientan
las bases para comparaciones transculturales, y brindan los

(2000b). Y finalmente Human Development Report 1999. Para una excelente colección de
artículos desde distintas perspectivas feministas.
apuntalamientos filosóficos para los principios constitucionales
básicosj
Tanto SEN como yo conectamos estrechamente la aproxima-
ción de las capacidades con la idea de derechos humanos, la cual
es una relación entre dos ideas que he descrito con cierto detalle
(cfr. NUSSBAUM, 2001a: cap. 1, véase'también NUSSBAUM, 1997).
Usualmente la aproximación de los derechos humanos ha sido
objeto de la crítica feminista por estar centrada en los hombres, y
por no incluir como titulaciones fundamentales algunas habili-
dades y oportunidades que resultan fundamentales para las
mujeres en su lucha por la igualdad de género.fEl feminismo ha
propuesto que a los documentos internacionales sobre derechos
se les añada derechos tales como el de la integridad corporal, el
de estar libre de violencia en el hogar, así como de acoso sexual
en el lugar de trabajój Mi lista de capacidades incorpora explíci-
tamente tal propuesta, lo cual SEN parecería hacer implícitamen-
te 8 . Pero las razones teóricas para complementar el lenguaje de
los derechos con el lenguaje de las capacidades, todavía requie-
ren comentario.
'Sostendré que las capacidades están estrechamente vincula-
das a los derechos, pero el lenguaje de las capacidades brinda
una importante precisión y complemento al lenguaje de los dere-
chos! La idea de los derechos no es de ningún modo clara. Los
derechos son entendidos de diferentes formas, por lo que com-
plejos asuntos teóricos han sido oscurecidos por el uso del len-
guaje de los derechos, el cual puede dar la ilusión de acuerdo allí
donde hay profundos desacuerdos filosóficos. Las personas di-
fieren en cuanto a las bases de los derechos: racionalidad, con-
ciencia, o simplemente vida, todos tienen sus defensores. También
difieren sobre si los derechos son prepolíticos, o artefactos de las
leyes y las instituciones. Están a su vez en desacuerdo sobre si los

8 Véase su respuesta a las cartas relativas a AMARTYA S E N (2001).


derechos pertenecen únicamente a las personas individuales, o
también a grupos. Discrepan en torno a si los derechos han de ser
considerados límites a la acción orientada a objetivos, o más bien
como parte del objetivo social promovido. Disienten, además, en
torno a las relaciones entre derechos y deberes: si A tiene un de-
recho a S, ¿significa esto que hay siempre alguien que tiene el
deber de brindar S? Y si esto es así, ¿cómo decidir quién es ese
alguien? Están en desacuerdo, finalmente, sobre qué tipo de de-
rechos deben ser entendidos como derechos a algo. ¿Son los derechos
humanos básicamente derechos a ser tratados de determinada
manera? ¿Derechos a cierto nivel de bienestar? ¿Derechos a re-
cursos para poder adelantar su propio proyecto de vida? ¿Dere-
chos a ciertas oportunidades y capacidades para poder decidir
sobre el propio proyecto de vida?
La aproximación de las capacidades tiene la ventaja de que
asume posiciones claras sobre los asuntos en disputa, al mismo
tiempo que establece cuáles son las consideraciones que motivan
la discusión y sus objetivos. Sin embargo, la relación entre las
dos nociones necesita de escrutinio adicional, dado el dominio
del lenguaje de los derechos en el feminismo internacional.
f En lo que se refiere a los derechos fundamentales, argumenta-
ré que la mejor forma de abordar lo que significa garantizarlos,
es pensar en términos de capacidades. El derecho a la participa-
ción política, el derecho al libre ejercicio de credo, el derecho a la
libre expresión -la garantía para las personas de estos y otros
derechos puede abordarse de mejor manera sólo si las capacida-
des relevantes para funcionar están presentes-. En otras palabras,
asegurar un derecho a los ciudadanos en estas áreas es ponerlos
en capacidad para funcionar en tales espacios.(En la medida en
que los derechos sean usados para definir la justicia social, no
podríamos garantizar que una sociedad es justa a menos que las
capacidades hayan sido alcanzadas efectivamente.) Las personas
pueden tener desde luego un derecho prepolítico, el cual todavía
no haya sido reconocido o desarrollado, a recibir un buen trata-
miento en esta área; o que haya sido reconocido formalmente pero
no implementado toda v i a j e r o al definir la garantía de los dere-
chos en términos de capacidades, estamos aclarando que las per-
sonas en el país C no tienen realmente un derecho efectivo a la
participación política, esto es, un derecho que resulte relevante
para juzgar si una sociedad es justa, debido simplemente a que
este lenguaje existe únicamente en el papel: a las personas sólo se
=k;ltís habría dado un derecho cuando existen medidas efectivas para
hacerlas verdaderamente capaces en el ejercicio político. Las
mujeres en muchas naciones tienen un derecho nominal a la par-
ticipación política, pero no tienen tal derecho en el sentido de las
capacidades: por ejemplo, se les trataría con violencia si aban-
donasen sus hogares. En síntesis, razonar en términos de capaci-
dades nos brinda un punto de referencia para pensar sobre lo
que realmente significa garantizar un derecho a alguien. Aquí
resulta claro que tal garantía implica actuaciones afirmativas y
apoyo institucional, y no simplemente detectar la falla en impe-
dir algo.
En este punto percibimos una gran ventaja de la aproxima-
ción de las capacidades sobre ciertas concepciones de los dere-
chos - m u y influyentes y difundidas-, derivadas de una tradición
dentro del liberalismo ahora conocida como "neoliberalismo",
"para la cual la idea clave es la de "libertad negativa". Con fre-
cuencia las titulaciones fundamentales han sido entendidas como
prohibiciones a la interferencia estatal, por lo que si el Estado se
mantiene al margen, tales derechos estarían garantizados; en este
sentido el Estado no tiene mayores deberes positivos. De hecho,
la Constitución de los Estados Unidos sugiere directamente esta
concepción: en ella predominan las expresiones negativas en lo
referente a la acción estatal, por ejemplo en la Primera Enmien-
da: "El Congreso no aprobará ninguna ley con respecto al esta-
blecimiento de religión alguna, o que prohiba el libre ejercicio de
la misma o que coarte la libertad de palabra o de prensa; o el
derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar del Go-
bierno la reparación del agravio". De forma similar, en la Enmien-
da Catorce las garantías preponderantes se establecen en térmi-
nos de lo que el Estado no debe hacer: "Ningún Estado aprobará
o hará cumplir ninguna ley que restrinja los privilegios o inmu-
nidades de los ciudadanos de los Estados Unidos; ni ningún Es-
tado privará a persona alguna de su vida, de su libertad o de su
propiedad, sin el debido procedimiento de ley, ni negará a nadie,
dentro de su jurisdicción, la igual protección de las leyes". Esta
fraseología sobre la libertad negativa, derivada de la tradición
iluminista, deja un estado de cosas notoriamente indeterminado
en cuanto a si los impedimentos interpuestos por el mercado, o
por los actores privados, deben considerarse violaciones a los
derechos fundamentales de los ciudadanos (NUSSBAUM, próxima
publicación a).
En contraste, la Constitución de la India enuncia los derechos
en forma afirmativa 9 . Así, por ejemplo: "Todos los ciudadanos
tienen derecho a la libertad de palabra y expresión; a congregar-
se pacíficamente y sin armas; a formar asociaciones o sindica-
tos;... [etc.]" (Art. 19). Usualmente se ha entendido que estas
locuciones implican que las restricciones interpuestas por acto-
res no estatales pueden considerarse también como violatorias
de derechos constitucionales. Aún más: la Constitución de la In-
dia es completamente explícita cuando establece que los progra-
mas de acción afirmativa destinados a ayudar a las castas bajas y
a las mujeres, no sólo no son incompatibles con las garantías cons-
titucionales, sino que hacen parte de su espíritu. Tal aproxima-
ción resulta muy importante para la justicia de género: el Estado
^debe tomar acciones si se quiere que los grupos tradicionalmente
marginados alcancen plena igualdadj Ya sea que una nación cuen-

9 No de manera invariable: el artículo 14, diseñado muy estrechamente con la cláusula


de igual protección de la Enmienda Catorce, dice: "El Estado no podrá negarle a ninguna
persona su igualdad ante la ley, o la igual protección ante la ley, dentro del territorio de
la India".
te con una Constitución escrita o no, debe entender las titulaciones
fundamentales de esta forma.
La aproximación de las capacidades, podemos afirmar en este
punto, se alinea con la Constitución de la India, y en contra de la
interpretación neoliberal de la Constitución estadounidense 10 . Tal
aproximación establece con claridad que 'garantizarle un dere-
cho a alguien requiere algo más que la ausencia de acciones esta-
tales omisivas^ Medidas tales como las recientes enmiendas
constitucionales en la India, orientadas a garantizar a las mujeres
un tercio de representación en los panchayats o concejos locales,
son fuertemente recomendadas por la aproximación de las capa-
cidades, en tanto conducen a los gobiernos a pensar desde el prin-
cipio en cuáles son los obstáculos para un efectivo y completo
empoderamiento de todos los ciudadanos, así como en las medi-
das para superar tales obstáculos.
Una ventaja adicional de la aproximación de las capacidades
radica en que, al enfocarse desde un principio en lo que las per-
sonas están en efecto capacitadas para ser o hacer, se ubica en
una buena posición para encarar y abordar las desigualdades que
sufren las mujeres dentro de la familia: desigualdades de recur-
sos y oportunidades, privaciones educativas, impedimentos para
que el trabajo sea reconocido como tal, agresiones a la integridad
corporal. El discurso tradicional de los derechos ha descuidado
estos aspectos, lo cual sostendré no es accidental: esto ya que el
lenguaje de los derechos está estrechamente vinculado con la dis-
tinción tradicional entre una esfera pública, regulada por el Esta-
do, y una esfera privada, la cual debe dejarse intacta.
El lenguaje de las capacidades ofrece una ventaja adicional
sobre el lenguaje de los derechos: no está fuertemente vinculado

10 Por supuesto, la versión de ambas es demasiado simple desde varias perspectivas; me

refiero primordialmente a la redacción de los documentos aquí, no a las complicadas


tradiciones jurídicas de donde surgen.
a una tradición histórica o cultural en particular, lo que sí ocurre
con el lenguaje de los derechos. Esta suposición no es muy exac-
ta, tal como efectivamente lo ha sostenido SEN: pese a que el tér-
mino "derechos" es asociado con el iluminismo francés, sus ideas
constituyentes tienen profundas raíces en muchas otras tradicio-
nes (SEN, 1997; NUSSBAUM, 2000a). No obstante, el lenguaje de las
capacidades nos permite eludir este problemático debate. Cuan-
do simplemente nos referimos a aquello que las personas están
capacitadas para ser o hacer, pareciera que no estamos privile-
giando una idea occidental. Las ideas de actividad o habilidad
están por doquier, y no existe una cultura en la cual las personas
no se pregunten qué están capacitadas para hacer, ni qué oportu-
nidades tienen para funcionar.
Si contamos con el lenguaje de las capacidades, ¿necesitamos
acaso el lenguaje de los derechos? Considero que el lenguaje de los
derechos todavía juega cuatro roles importantes en el discurso
público, pese a sus rasgos insatisfactorios. En primer lugar, al ser
usado en frases como "A tiene derecho a contar con las libertades
políticas básicas que le garantiza su gobierno", nos recuerda que
Jas personas hacen exigencias válidas y urgentes para recibir un
trato urgente de diverso tipo, sin importar qué haya hecho el mun-
do externo al respectól Tal lenguaje importa la idea de una exigencia
urgente basada en la justicia. Esto resulta relevante particularmen-
te para las mujeres, quienes pueden adolecer de falta de derechos
políticos. Sin embargo, la aproximación de las capacidades puede
clarificar por otras vías esta idea de una titulación fundamental,
especialmente, como lo sostendré, al operar con una lista de capa-
cidades que se consideran titulaciones fundamentales de todos los
ciudadanos, las cuales están basadas en la justicia.
El lenguaje de los derechos es también valioso debido al énfa-
sis que pone en la autonomía y en las decisiones de las personas.
1.1 lenguaje de las capacidades, tal como SEN y yo lo empleamos,
está diseñado para que deje espacio a la elección, y para que trans-
mita la idea de que existe una gran diferencia entre empujar a las
personas para que actúen de forma que usted considera valiosa,
y dejarles a ellas la opción. SEN formula este punto con acierto en
Development as Freedom (SEN, 1999). Pero clarificamos nuestro én-
fasis al combinar el análisis de las capacidades con el lenguaje de
los derechos, tal como lo hace mi lista de capacidades en diferen-
tes puntos, y también la Constitución de la India 11 .

I I I . PROPONER UNA LISTA

Una diferencia obvia entre los escritos de SEN y los míos es que
durante algún tiempo he propuesto una lista específica de Capaci-
dades Humanas Básicas como un enfoque tanto para una medi-
ción comparativa de la calidad de vida, como para la formulación
de principios políticos básicos del tipo que pueden jugar un rol en
las garantías constitucionales fundamentales.
La idea básica de mi versión del enfoque de las capacidades,
la cual se encuentra en Women and Human Development (2000a),
es que debemos ¡empezar con una concepción de la dignidad del
ser humano, y de la vida que es merecedora de tal dignidad -una
vida que tiene un "funcionamiento verdaderamente humano",
en el sentido descrito por MARX en sus Manuscritos económicos y
filosóficos de 1844. Con esta idea básica como punto de partida,
busco justificar a continuación una lista de diez capacidades, en
tanto requerimientos básicos para una vida digna. Se supone que
estas ¿diez capacidades son objetivos generales que pueden ser
especificados luego por la sociedad en cuestión, siempre que fun-
cionen dentro de la versión de titulaciones fundamentales que
ésta desee respaldar (NUSSBAUM, 2000a: cap. 1 ) . Pero en cierta me-
dida todas hacen parte de una versión mínima de la justicia so-
cial:¡una sociedad que no garantice tales capacidades a todos sus

11Sobre una diferencia con SKN respecto al papel de los derechos como "restricciones
laterales"; véase M A R T H A NUSSBAUM (1997).
ciudadanos en un umbral adecuado, no alcanzaría a ser una so-
ciedad completamente justa, con independiencia de su nivel de
opulencia. Adicionalmente, se considera que las capacidades son
importantes para todas y cada una de las personas: cada persona
es tratada como un fin, y ninguna como un medio o aditamento
de otra. Y aunque en términos prácticos las prioridades deben
ser fijadas temporalmente, se entiende que las capacidades se
apoyan mutuamente y son de relevancia básica para la justicia
social. De este modo, una sociedad que descuide una de ellas por
promover otras defrauda a sus ciudadanos, y hay una falla de
justicia en tal defraudación ( N U S S B A U M , 2001b). (Por supuesto, al-
guien podría sentir que una o más de las capacidades de mi lista
no debería disfrutar de tal condición básica, pero con ello no es-
taría rechazando mi propuesta de usar una lista para definir una
concepción mínima de justicia social, sino discutiendo lo que debe
estar en la lista).
La lista misma es algo abierto y ha experimentado modifi-
caciones con el paso del tiempo; sin duda sufrirá nuevas modifi-
caciones a la luz de las críticas. Pero aquí está la versión actual.

LAS CAPACIDADES HUMANAS BÁSICAS

1. Vida. Estar capacitado para vivir hasta el final una vida humana
de duración normal; no morir prematuramente, o antes de que la
vida se haya disminuido a tal punto que no sea digna de ser vivida.

2. Salud corporal. Estar capacitado para tener una buena salud, in-
cluyendo la salud reproductiva; estar alimentado adecuadamente;
contar con un resguardo adecuado.

3. Integridad corporal. Estar capacitado para moverse de lugar a lu-


gar; estar seguro frente a agresiones violentas, incluyendo las agre-
siones sexuales y la violencia doméstica; tener oportunidades para
la satisfacción sexual, así como opciones en asuntos reproductivos.
4. Sentidos, imaginación y pensamiento. Estar capacitado para usar los
sentidos, imaginar, pensar y razonar - y hacer estas cosas de una
forma "verdaderamente humana", de manera informada y cultiva-
da por una educación adecuada, incluyendo, aunque limitadamente,
la alfabetización y el entrenamiento matemático y científico básico.
Estar capacitado para usar la imaginación y el pensamiento en co-
nexión con la experimentación y la producción de trabajos y even-
tos de escogencia propia, tanto religiosos, literarios, musicales,
etcétera. Estar capacitado para usar la mente de formas protegidas
por garantías de libertad de expresión, en lo referente a la libertad
de palabra política y artística. Estar capacitado para tener experien-
cias placenteras, y para evitar sufrimiento contraproducente.

5. Emociones. Estar capacitado para tener vínculos con cosas y per-


sonas fuera de nosotros mismos; amar a aquellos que nos aman y
se preocupan por nosotros, sufrir ante su ausencia; en general, amar,
sufrir, experimentar nostalgia, gratitud y rabia justificada. No ver
obstaculizado el desarrollado emocional propio por el temor y la
ansiedad. (Apoyar esta capacidad significa apoyar formas de aso-
ciación humana que pueden ser cruciales en su desarrollo).

6. Razón práctica. Estar capacitado para formarse una concepción de


lo bueno, y para involucrarse en una reflexión crítica sobre la
planeación de la propia vida. (Esto supone la protección de la liber-
tad de conciencia y de cultos).

7. Afiliación.
A. Estar capacitado para vivir con y ante otros, para reconocer y
mostrar preocupación por otros seres humanos, para involucrarse
en formas de interacción social; estar capacitado para imaginar la
situación de otro. (Proteger esta capacidad significa proteger las
instituciones que constituyen y protegen tales formas de afiliación,
así como proteger la libertad de asociación y de expresión política).

B. Contar con las bases sociales para la autoestima y contra la hu-


millación; estar capacitado para ser tratado como un ser humano
digno cuyo valor sea igual al de otros. Esto supone prohibiciones
contra la discriminación basada en la raza, sexo u orientación sexual,
etnia, casta, religión, u origen nacional. - '

8. Otras especies. Estar capacitado para vivir teniendo consideración


hacia los animales, plantas y el mundo de la naturaleza.

9. Recreación. Estar capacitado para reír, jugar, y disfrutar activida-


des recreativas.

10. Control sobre el entorno propio.


A. Político. Estar capacitado para participar activamente en las de-
cisiones políticas que gobiernan la propia vida; tener derecho a la
participación política, así como salvaguardas para la libertad de
expresión y asociación.

B. Material. Estar capacitado para tener propiedad (tanto mueble


como inmueble), y derechos de propiedad sobre bases de igualdad
con los otros; tener derecho a buscar empleo sobre bases de igual-
dad con los otros; tener libertades ante detenciones y allanamientos
ilegales. En el trabajo, estar capacitado para trabajar como ser hu-
mano, en ejercicio de la razón práctica, y dentro de relaciones signi-
ficativas de reconocimiento mutuo con los otros trabajadores.

Desde un principio tuve en mente las consideraciones del plura-


lismo, por lo que en mi lista he desarrollado, de diversas formas,
una sensibilidad hacia la diferencia cultural.
En primer lugar, considero que la lista es abierta y sujeta a
constante revisión y replanteamiento, del mismo modo que toda
versión que una sociedad tiene de sus titulaciones fundamenta-
les está siempre sujeta a ser complementada (o sustituida).
En segundo lugar, también insisto en que los ítems de la lista
deben especificarse de una forma en cierto sentido abstracta y
general, de modo que se deje espacio a las actividades de especi-
ficación y deliberación de los ciudadanos y de las legislaturas y
Cortes propias de todas las naciones democráticas. Dentro de cier-
tos parámetros resulta completamente apropiado que distintas
naciones precisen esto de modo distinto, teniendo en cuenta sus
historias y circunstancias especiales. De este modo, un derecho a
la libre expresión que, por ejemplo, sea adecuado en Alemania
puede resultar demasiado restrictivo en un ambiente como el es-
tadounidense.
En tercer lugar, considero que la lista es una "concepción mo-
ral parcial", para usar la frase de J O H N RAWLS: esto es, explícita-
mente introducida por razones políticas, y sin ningún fundamento
en ideas metafísicas del tipo que dividen a las personas en fron-
teras culturales y religiosas 12 . |Como lo dice RAWLS: podríamos
ver esta lista como un "módulo" que puede ser respaldado por
personas con concepciones muy distintas del significado y el pro-
pósito último de la vida; estas personas la conectarán de muchas
formas con sus comprehensivas doctrinas religiosas o secularesJ
En cuarto lugar, si insistimos en que el objetivo político apro-
piado es el de las capacidades y no el de su funcionamiento, tam-
bién protegemos el pluralismo 13 . Muchas personas que estarían
dispuestas a apoyar determinada capacidad en tanto titulación
fundamental, se sentirían violentadas si se le diera el carácter de
fundamental al funcionamiento asociado a la capacidad. De esta
manera, el derecho al voto podría ser respaldado por ciudada-
nos creyentes, los cuales se sentirían a su vez profundamente vio-
lentados por el voto obligatorio, por tanto iría en contra de sus
concepciones religiosas. (Los amish estadounidenses entran en esta
categoría: consideran que participar en la vida política es un error,
pero respaldan el derecho al voto de los ciudadanos). La libre
expresión religiosa puede ser respaldada por personas que ob-
jetarían cualquier institucionalización de una religión que suponga
empujar a todos los ciudadanos hacia cierto tipo de funciona-
miento religioso.

12Para la relación de esta idea con la objetividad, véase M A R T H A NUSSBAUM ( 2 0 0 1 C ) .


13Véase mi discusión de este asunto en NUSSBAUM (2000a: cap. 1 ) ; y para una respuestas
a las críticas perfeccionistas, véase M A R T H A NUSSBAUM (2000c).
En quinto lugar, las principales libertades que protegen al plu-
ralismo son medulares en la lista: la libertad de expresión, la li-
bertad de asociación, la libertad de conciencia 14 .*
En sexto lugar, insisto en una fuerte separación entre los asun-
tos de justificación y los de su ejercicio. Considero que podemos
justificar esta lista mundialmente como una buena base para los
principios políticos. Pero ello no significa que, por esta vía, apro-
bemos la intervención en los asuntos de un Estado que no reco-
nozca estos principios. Aunque se trata de un fundamento para
la persuasión, sostengo que las sanciones militares y económicas
sólo se justifican en ciertas circunstancias de gravedad,4as cuales
incluyen crímenes contra la humanidad tradicionalmente reco-
nocidos (NUSSBAUM, 2 0 0 2 ) . Así, resulta menos objetable recomen-
dar algo a todo el mundo, una vez se ha hecho la salvedad de que
tal recomendación hace parte de la perspectiva según la cual la
soberanía estatal, fundada en el consentimiento del pueblo, es
parte muy importante de todo el paquete.
¿En qué punto se ubica SEN ante tales asuntos? Encuentro una
desconcertante tensión de la obra de SEN en este punto. Por una
parte, parecería que para él ciertas capacidades son absolutamente
básicas e innegociables. Uno no puede leer sus debates sobre sa-
lud, educación, libre elección de ocupación y libertades políticas
y económicas, sin sentir que concuerda totalmente con mi pers-
pectiva, según la cual a estas capacidades se les debería dar prio-
ridad e importancia por parte de los estados del mundo entero,
en tanto titulaciones fundamentales de todos y cada uno de los
ciudadanos (aunque dice muy poco sobre el umbral de acuerdo
al cual se debe construir cada capacidad). En el caso de la liber-
tad, SEN respalda de hecho que a ésta se le dé una prioridad con-
siderable, pese a que no aporta una enumeración exhaustiva de

14 Soy bastante escéptica sobre los intentos de añadir derechos culturales a la lista, debido

a que cada grupo contiene una jerarquía; véase M A R T H A NUSSBAUM (por aparecer c).
las libertades que harían parte de este principio. El papel cumplí- j
do por SEN en la formulación de las medidas que hacen parte de
los Reportes Sobre Desarrollo Humano muestra claramente que con-
sidera a un grupo de capacidades relacionadas con la salud y la
educación como la forma adecuada para medir la calidad de vida
entre naciones.
Por otra parte, SEN ha rechazado abiertamente ofrecer respaldo
a cualquier versión de capacidades básicas. Así, los ejemplos men-
cionados anteriormente permanecen en el limbo: claramente son
ejemplos de algunas cosas que considera importantes, pero no re-
sulta claro en qué medida está listo para recomendarlas como ob-
jetivos importantes para toda la población mundial, como objetivos
conectados con la misma idea de justicia social. Del mismo modo
resulta confuso si hay otras capacidades que aunque no son men-
cionadas con tanta frecuencia pueden ser igualmente importan-
tes, y pese a que fuera así, no sabemos cuáles serían tales
capacidades. La razón de esto parece ser su respeto por la (delibe-
ración democrática 15 . SEN siente que a las personas se les debe per-
mitir decidir estos asuntos por su cuenta,. Por supuesto, como lo
he dicho anteriormente, yo también lo considero así en el campo
del ejercicio de la capacidad. Pero SEN va más allá al sugerir que se
(obstruye la democracia cuando se respalda un conjunto de
titulaciones fundamentales en el debate político internacional, tal
como sucede cuándo las feministas insisten en que se establezcan
ciertos requisitos de justicia de género en los documentos y delibe-
raciones internacionales»
En Development as Freedom las cosas se hacen aún más proble-
máticas. Esto puesto que SEN se refiere allí a "la perspectiva de la
libertad", y usa una y otra vez un lenguaje que sugiere que la
libertad es un bien social general y multipropósitos, y que las

15 Esto es lo dicho por SEN en respuesta al presente documento en la conferencia sobre su

trabajo en el Zentrum für interdiziplinarische Forschung, en Bielefed, en el cual este


escrito fue presentado por primera vez, en julio de 2001.
capacidades deben ser vistas como instancias de este bien gene-
ral de libertad humana. Desde luego tal perspectiva no resulta
incompatible con el hecho de dar prioridad, por razones políti-
cas, a unas libertades sobre otras. Pero al parecer esto nos condu-
ce en una dirección problemática.
En primer lugar, no resulta ni siquiera claro si la idea de pro-
mover la libertad es un proyecto político coherente. Algunas li>-
bertades limitan otras. La libertad que tiene la gente rica para
hacer grandes donaciones a las campañas políticas limita el igual
valor del derecho al voto. La libertad que tienen las empresas
para contaminar el medio ambiente limita la libertad de los ciu-
dadanos para disfrutar de un medio ambiente sano. La libertad
de los propietarios para conservar su propiedad limita los pro-
yectos de reforma agraria que podrían ser considerados como
básicos para muchas libertades de los pobres. Así consecutiva-
mente. Aunque obviamente tales libertades no están entre las
consideradas por SEN, éste no aporta elementos para limitar las
consideraciones de libertad o para resolver conflictos de este tipo.
De hecho, podemos ir más allá: cualquier libertad en particular
supone una idea de limitación: esto ya que la persona P sólo es
libre de tomar la acción A si a otras personas se les limita interfe-
rir en A 1 6 .
Y aun si se contara con un proyecto coherente que abarcara to-
das las libertades como objetivos sociales, no quedaría del todo
claro si éste sería el tipo de proyecto que sería respaldado por la
visión política y ética de SEN. LOS ejemplos que he ofrecido nos
muestran que cualquier proyecto político que busque proteger el

16 No veo, por lo tanto, que podamos estructurar coherentemente la noción de un


incremento o de una disminución en la libertad, sin que antes especifiquemos de quién
es la libertad, y de qué es la libertad. Véase JOHN RAWLS (1971: 202): "La libertad siempre
puede ser explicada en referencia a tres asuntos: los agentes que son libres, las
restricciones o las limitaciones ante las cuales son libres, y aquello que son libres de
hacer o no hacer".
igual valor de ciertas libertades básicas para los pobres, así como
mejorar sus condiciones de vida, debe afirmar contundentemente
que algunas libertades resultan básicas por razones políticas, mien-
tras que algunas no. Algunas libertades involucran titulaciones
sociales básicas, y otras no. Algunas están en el corazón de una
perspectiva de justicia social, pero otras no. Entre aquellas que no
están en el núcleo puede que haya algunas menos importantes,
pero otras pueden ser abiertamente nocivas.
Por ejemplo, la libertad de las personas ricas para hacer gran-
des contribuciones a las campañas políticas, pese a ser defendida
por muchos estadounidenses en nombre del bien general de la
libertad, no me parece que esté entre las libertades nucleares del
conjunto de titulaciones con el cual debería comprometerse una
sociedad justa. En muchas circunstancias es, de hecho, algo ne-
gativo, y las limitaciones a dicha libertad pueden ser algo positi-
vo. Similarmente, la libertad de la industria para contaminar el
medio ambiente, no obstante ser respaldada por los estadouni-
denses en nombre del bien general a la libertad, no creo que esté
entre las libertades que deberían disfrutar de protección; más allá
de cierto punto, la libertad para polucionar es nociva, y debe ser
limitada por la ley. Y mientras los derechos de propiedad son
hasta un punto ciertamente algo bueno, la libertad de los latifun-
distas en la India para tener propiedad protegidos por leyes ba-
sadas en la discriminación de género -leyes que alguna Corte
Suprema anterior declaró constitucionales- no hace parte de los
derechos de propiedad que una sociedad justa busque respaldar
en tanto titulaciones humanas básicas. Definir las capacidades
de tener propiedad de una forma tan amplia es de hecho algo
nocivo, debido a que brindar acceso a las mujeres a los derechos
de propiedad resulta esencial para la justicia social (Cfr. A G A R W A L ,
1994).

En términos más generales,'la libertad de género no puede ser


alcanzada exitosamente si no se limita la libertad masculina] Por
ejemplo, el "derecho" a tener relaciones sexuales con la esposa
ya sea que ésta lo consienta o no, se ha entendido como una pre-
rrogativa tradicional en la mayoría de sociedades, por lo que los
hombres han lamentado enormemente la limitación de sus liber-
tades que siguió a la expedición de leyes contra la violación ma-
rital - l o cual es una razón que explica por qué cerca de la mitad
de los estados de los Estados Unidos todavía no reconocen que
las relaciones sexuales no consentidas dentro del matrimonio
equivalen a una violación genuina, y por qué muchas sociedades
del mundo todavía no tienen leyes contra ésta. La libertad de
acosar a las mujeres en el lugar de trabajo es una prerrogativa
tenazmente defendida por los hombres en todo el mundo: al mi-
nuto que se introducen regulaciones contra el acoso sexual, uno
empieza a escuchar protestas que invocan la idea de libertad.
Términos como "femi-nazis" se utilizan para sugerir que las fe-
ministas están en contra de la libertad al apoyar tales políticas. Y
desde luegojlas feministas insisten en cierto sentido en una limi-
tación a la libertad, sobre la base de que ciertas libertades resul-
tan hostiles para la igualdad, así como para la libertad y las
oportunidades de las mujeres.
><En síntesis, ninguna sociedad que persiga la igualdad o un
mínimo social suficiente puede evitar una limitación a la libertad
en muchos sentidos, lo cual equivale a afirmar que estas liberta-
des no son buenas, no hacen parte del grupo básico de titulaciones
exigido por la noción de justicia social, y de hecho vulneran tales
titulaciones básicas. Respecto a otras libertades, por ejemplo la
libertad de los motociclistas de conducir sin casco, una sociedad
puede afirmar que tales libertades no son muy importantes; no
son ni buenas ni malas. No están implícitas en nuestra concep-
ción de justicia social, pero tampoco la subvierten.
En otras palabras, todas las sociedades que busquen una con-
cepción política suficientemente justa tienen que evaluar las li-
bertades humanas, y afirmar que algunas son básicas y otras
triviales, algunas buenas y otras claramente malas. Esta valora-
ción afecta también la forma en que fijamos la limitación de una
libertad. Se considera que ciertas libertades son titulaciones ciu- i
dadanas basadas en la justicia. Cuando cualquiera de éstas es
limitada, se produce una falla del sistema político especialmente
grave. En tales casos las personas sienten que la limitación no es
sólo un costo que deban asumir; es un costo de características
particulares, el cual supone la violación de la justicia básica. Cuan-
do alguna libertad por fuera del núcleo es limitada, sería un cos-
to pequeño o grande para algún actor o algunos actores, pero no
es un costo exactamente del mismo tipo, sino uno que, en justi-
cia, no se le pediría a ningún ciudadano que lo asumiera. Esta
diferencia cualitativa es independiente del costo, por lo menos
en los términos de los modelos estándar sobre lo que se está dis-
puesto a pagar. Así, a los motociclistas les pueden importar mu-
cho las leyes que les obliguen a usar casco. En términos de los
modelos estándar sobre la disposición a pagar, podrían estar dis-
puestos a pagar bastante por el derecho a manejar sin casco. Por
otra parte, muchos ciudadanos probablemente no pensarían que
estar impedido para votar constituye un gran costo. Por lo me-
nos en términos de los modelos estándar sobre la disposición a
pagar no pagarían mucho por el derecho al voto, y a algunos
habría que pagarles para que votaran. Sin embargo, sostengo que
el derecho al voto es una titulación fundamental basada en la
justicia, mientras que el derecho a conducir sin casco no lo es
( N U S S B A U M , 2001b).
La respuesta dada por SEN a estos asuntos en la discusión pú-
blica (Bielefeld, julio de 2001), ha consistido en afirmar que la
libertad es siempre buena per se, aunque puede ser usada de mala
forma. La libertad, afirmó, es como la fuerza masculina: la fuerza
masculina es per se una buena cosa, aunque puede utilizarse para
golpear a las mujeres. No me satisface esta respuesta. Esto por-
que son muchas las cosas que dependen de la forma en que se
especifiquen las libertades en cuestión. Algunas libertades inclu-
yen la injusticia en su definición misma. Así, la libertad de violar
a la esposa sin penalidad alguna, la libertad de colgar un cartel
que diga "prohibida la entrada a negros", la libertad de un
empleador de discriminar sobre la base de raza, género o reli-
gión -todas estas constituyen libertades que son defendidas con
encono por algunas personas. Pero resulta absurdo afirmar que
son buenas per se, y únicamente malas en su utilización. Cual-
quier sociedad que le permita a la gente contar con estas liberta-
des ha cometido una injusticia fundamental, la cual involucra la
subordinación de un grupo vulnerable. Respecto a otras liberta-
des, por ejemplo la libertad que tiene un conductor de motocicle-
ta para circular sin casco, no podemos afirmar que sean "buenas
en sí mismas, malas únicamente en su uso", sino que debemos
decir que son "neutrales y triviales en sí mismas, probablemente
malas en su utilización". Una vez más resulta vital prestar aten-
ción al asunto del contenido.
Así, al enfrentar este asunto SEN no puede evitar comprome-
terse con una lista mínima de capacidades básicas. Si vamos a
utilizar las capacidades para defender una concepción de justicia
social, debemos especificarla, así sea de la forma abierta y mo-
desta que he esbozado. Una sociedad tiene o no tiene una con-
cepción de justicia básica. Si cuenta con una, tenemos que saber
entonces cuál es su contenido, y qué oportunidades y libertades
considera que son titulaciones fundamentales de todos sus ciu-
dadanos. No es posible sostener una concepción de justicia so-
cial que diga simplemente "Todos los ciudadanos están titulados
a la libertad, entendida como capacidad". Tal cheque en blanco a
la libertad/capacidad, fuera de ser erróneo y descarriado por las
razones que ya he dado, resulta terriblemente vago. Esto porque
sería imposible afirmar si dicha sociedad era justa o injusta.
Con seguridad alguien podría afirmar que debe haber una lis-
ta definida para cada nación que busca la justicia, pero seguida-
mente preguntarse por qué no dejar la elaboración de dicha lista
a las personas y al proceso de decisión pública. Pero, como ya lo
he dicho, esto es desde luego lo que propongo hacer en el área
del ejercicio de la capacidad y en el de su especificación más pre-
cisa. Así, para que sea una objeción real a mi propuesta, la pre-
gunta tiene que ser ¿por qué empeñarnos en que todas las nacio-
nes tengan un conjunto cié normas que consideramos justificadas
por buenos argumentos filosóficos, del mismo modo que las fe-
ministas elaboran normas de igualdad de género en documentos
como el CEDAW* en lugar de permitir que cada nación justifique
su conjunto de normas? La respuesta a esta pregunta la encon-
tramos en la obra de SEN: algunos asuntos humanos son dema-
siado importantes para dejarlos en manos del capricho, o en los
dictados de la tradición cultural. Afirmar que la educación para
las mujeres o el cuidado médico adecuado no pueden ser consi-
derados estrictamente justos cuando una nación cree que ello no
es justificado, parecería una capitulación ante las preferencias
subjetivas del tipo al que se ha opuesto SEN a lo largo de su carre-
ra. Como lo ha afirmado en repetidas oportunidades: las capaci-
dades tienen importancia intrínseca. Pero si creemos eso, también
creemos que es correcto decirles a las naciones que no reconoz-
can suficientemente una de tales capacidades: saben, ustedes tam-
bién deberían garantizar igual educación a las niñas, y entenderla
como una titulación constitucional fundamental. Ustedes tam-
bién deberían brindar cierto nivel de atención médica a todos los
ciudadanos, y considerar tal cosa dentro de sus titulaciones cons-
titucionales fundamentales. Justamente debido a que Estados
Unidos no ha decidido reconocer un derecho fundamental a la
atención médica, no puede considerarse que este país sea justifi-
cable moralmente. Una parte muy importante de la discusión
pública la constituyen las afirmaciones morales radicales, así como
los argumentos que fundamentan tales afirmaciones. Tales afir-
maciones deben justificarse mucho antes de que sean ampliamen-
te aceptadas. Tal fue el caso de las afirmaciones de G A N D H I , M A R T I N

* Las siglas CEDAW significan en inglés: Convention for the Elimination of All Forms of
Discrimination Against Women. En español esto equivale a "Convención para la
Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres" (nota del trad.).
de las primeras feministas. Allí donde las de-
LUTHER K I N G , J R . , O
mandas feministas no son ampliamente aceptadas resulta cierto
lo siguiente: aun cuando el debate público todavía no las haya
aceptado, ellas hacen parte actualmente del mismo, y una parte
que ha ofrecido justificación moral suficiente en favor de
titulaciones humanas básicas.
En síntesis: tiene sentido tomarse con seriedad el asunto de la
justicia social, así como usar una norma de justicia que pueda
aplicarse a las diferentes naciones del mundo y a sus prácticas.
Pero si el asunto de la justicia social es importante, entonces el
contenido de una concepción de justicia es importante. La justi-
cia social ha sido siempre un concepto profundamente normati-
vo, y el papel que ha desempeñado ha sido crítico: desarrollamos
un recuento de lo que es justo, y luego lo usamos para establecer
si en diversos aspectos la realidad resulta deficiente. Toda la ca-
rrera de SEN ha estado dedicada al desarrollo de normas de justi-
cia precisamente de este tipo, así como al contraste de éstas con
la realidad, de modo que se puedan producir críticas de valor.
Me parece que su compromiso con el pensamiento normativo
sobre la justicia merece un respaldo de cierto tipo. Uno no puede
decir, "estoy a favor de la justicia, pero cualquier concepción de
la justicia con la que resulte alguien, me satisface". Desde luego,
SEN no afirma tal cosa. Él es un pensador radical que ha asumido
una posición decisiva en muchos aspectos, incluyendo asuntos
de igualdad de género. Nunca ha temido ser tajante cuando ron-
da la misoginia, o en brindar razones contundentes sobre por qué
tantas sociedades son defectuosas. Por eso encuentro misteriosas
las razones por las cuales se ha movido en la dirección de respal-
dar la libertad como bien general. Ciertamente no ha habido tal
retirada en sus políticas prácticas referentes a las mujeres. En es-
critos recientes tales como "Los muchos rostros de la misoginia"
es extremadamente contundente sobre qué es lo justo y lo injusto
de las leyes y las instituciones, por lo que, de su crítica, uno pue-
de inferir una rica versión de las titulaciones humanas funda-
mentales (SEN, 2001). Pero, entonces, parecería que SEN no puede
considerar que el contenido de una versión de las titulaciones
fundamentales debe "dejarse al garete".
Esto de "dejar al garete" resulta todavía más peligroso cuan-
do abordamos asuntos relativos a las mujeres. Esto es obvio, pues-
to que muchas concepciones tradicionales de la justicia social y
de las titulaciones fundamentales han hecho de las mujeres ciu-
dadanas de segunda clase, y, en ocasiones, ni siquiera ciudada-
nas. Las libertades de las mujeres, sus oportunidades, sus derechos
de propiedad y sus derechos políticos, se han construido de for-
ma desigual frente a los de los hombres, estado de cosas que se \
" ha considerado justo. Las versiones tradicionales de justicia tam-
poco han atendido asuntos que son particularmente urgentes para
las mujeres, tales como los de integridad corporal, acoso sexual,
ni tampoco al asunto que, tal como se describirá en mi próxima
sección, atañe al apoyo público para los menores, los inválidos y
los ancianos.
Algunos partidarios de la aproximación de las capacidades
pueden resistirse a respaldar una lista, por consideración al plu-
ralismo 1 7 . Pero aquí establecemos dos puntos que se refieren
específicamente a la norma del respeto al pluralismo. ¡En primer
lugar, el valor del respeto al pluralismo requiere, en sí mismo, un
compromiso con ciertos principios transculturales en tanto
titulaciones fundamentales. El respeto real por el pluralismo im-
plica una fuerte e indeclinable protección de la libertad religiosa,
de la libertad de asociación, de la libertad de expresión. Si afir-
mamos que estamos a favor del pluralismo, pero sin embargo
nos negamos a comprometernos con el carácter no negociable de
estos asuntos en tanto pilares de un orden político justo, enton-
ces estamos mostrando nuestros tibios sentimientos hacia el plu-
ralismo.

17 SEN afirmó en la conferencia en Bielefeld que ésta no era su preocupación.


Estoy segura de que SEN estaría de acuerdo con esto. También
estoy segura de que diría lo mismo sobre otros asuntos de mi
lista, tales como salud y educación: si una nación afirma que está
a favor de las capacidades humanas, pero se niega a brindarles
protecciones especiales a todos los ciudadanos aduciendo razo-
nes de pluralismo religioso o cultural, SEN seguramente diría que
no están presentando un buen argumento, ni brindando una pro-
tección genuina al pluralismo. Por el contrario, les estarían ne-
gando a las personas (con frecuencia a las mujeres) la posibilidad
de decidir qué tipo de cultura o forma de vida quieren efectiva-
mente. Así, estarían limitando el tipo de pluralismo más signifi-
cativo, el cual exige que uno tenga su propia vida y adopte las
decisiones correspondientes. Y tal objetivo requiere ciertamente
determinado nivel de salud y educación.
Pero, entonces, ambos estamos proponiendo una lista de tales
titulaciones, por lo que la única pregunta sería qué debe ir en la
lista, y qué tan larga debe ser ésta.
El segundo argumento se deriva de la idea rawlsiana de libe-
ralismo político, y no estoy muy segura de que SEN lo respalde.
El argumento establece que el liberalismo clásico erró al respal-
dar la libertad o la autonomía como un bien general en la vida
humana. Los primeros liberales como J O H N S T U A R T M I L L , y los li-
berales comprehensivos modernos como J O S E P H R A Z , sostienen
que la autonomía y la libertad de elección son ingredientes esen-
ciales en las vidas humanas valiosas, y que la sociedad está titu-
lada para promover la libertad a lo largo y ancho. R A W L S , al igual
que yo, sostiene que este respaldo general a la libertad muestra
un respeto deficiente de los ciudadanos cuyas concepciones
comprehensivas de la vida buena humana no erigen la libertad y
la autonomía en valores humanos centrales. Las personas que
pertenecen a una religión autoritaria no pueden estar de acuerdo
con R A Z O con M I L L en que la autonomía es algo bueno en térmi-
nos generales. M I L L responde en el capítulo 111 de On Liberty, deni-
grando de tales personas (considera que los calvinistas son
personas de este tipo) ( J O H N S T U A R T M I L L , 1 8 5 9 ) . Presumimos que
el Estado de M I I . L también denigraría de ellas, y diseñaría la edu-
cación y otras instituciones para desfavorecerlos, aunque no res-
tringiría sus libertades civiles. R A W L S y yo coincidimos en que
esta estrategia muestra un respeto deficiente para con un plura-
lismo razonable de diferentes concepciones comprehensivas de
la buena vida. Debemos respetar a las personas que prefieren una
vida dentro de una religión (o relación personal) autoritaria, en
tanto se garanticen firmemente ciertas oportunidades básicas así
como opciones de salida.
Considero que este respeto del pluralismo es incentivado al
hacer de las capacidades, y no del funcionamiento, fel objetivo
político para seguir, y también al respaldar una lista relativamente
pequeña de capacidades básicas en tanto propósitos políticos^ De
esta manera les decimos dos cosas a los ciudadanos religiosos.
Les decimos, en primer lugar, que respaldar la lista de capacida-
des no les exige que respalden como un bien en sus propias vidas
a las funcionalidades asociadas, el cual es un punto que ya he
enfatizado anteriormente en esta sección. Y les decimos, en se-
gundo lugar, que el mismo hecho de que sea una lista corta mues-
tra que les estamos dejando gran cantidad de espacio para que
valoren otras cosas al trazar el mapa de su proyecto de vida. No
les estamos pidiendo que respalden la libertad en tanto bien ge-
neral - l o que sí estaríamos haciendo si habláramos de libertad
pero no hiciéramos una lista- Por el contrario, tan sólo les esta-
mos pidiendo que, con propósitos políticos, respalden esta corta
lista de libertades (como capacidades) aplicables a todos los ciu-
dadanos. De ahí en adelante podrán continuar con la vida que
prefieran.
La expectativa es que, digamos, un ciudadano católico, apos-
tólico y romano respalde con propósitos políticos esta corta lista
de libertades fundamentales, sin que por eso sienta que su visión
de la autoridad de la Iglesia, ni el rol decisivo de ésta en su vida,
estén siendo denigrados. Hasta un ciudadano amish, quien cree
que cualquier participación en la vida pública simplemente está
errada, podría sin embargo sentir que es correcto respaldar la
lista de capacidades por razones políticas, debido a que ningún
respaldo general de la autonomía como fin le estaría sugiriendo
que su vida es menos valiosa que otras. Y tal como lo sostuve en
N U S S B A U M (2000a: caps. 1 y 3 ) , aun una mujer que cree que la re-
clusión de las mujeres es correcta podría respaldar este pequeño
menú de libertades y oportunidades para todas las mujeres, pese
a que ella misma utilice pocas -también sentiría que esta concep-
ción la respeta porque no establece que las vidas autónomas son
las únicas valiosas.
No estoy segura de si en este sentido SEN es un liberal com-
prehensivo como R A Z , O un liberal político como R A W L S O yo mis-
ma. Pero en la medida en que considera persuasivos los argumentos
de R A W L S en este punto, tiene una razón adicional para respaldar
una lista definida y relativamente circunscrita de capacidades como
objetivos políticos, en lugar de celebrar la libertad como un bien
social general.
El asunto de cómo estructurar tal lista, y de qué incluirle, en
muchos aspectos es algo ciertamente difícil. Pero he sostenido
que no hay forma de impulsar la aproximación de las capacida-
des, y de hacerla realmente productiva para el pensamiento polí-
tico sobre la justicia social básica, si no enfrentamos esta pregunta
y le damos la mejor respuesta posible.

I V . L A S C A P A C I D A D E S Y LA T R A D I C I Ó N D E L C O N T R A T O S O C I A L 1 8

Un asunto adicional, el cual resulta fundamental para los asuntos


de justicia de género, nos ayudará a ver por qué la aproximación
de las capacidades es superior a otras aproximaciones a la justicia

18 Para una discusión detallada, véase NUSSBAUM (2000b).


social dentro de la tradición liberal, y por qué se requiere una lista
definida de capacidades si queremos que esta aproximación nos
ofrezca una concepción adecuada de justicia. Se trata del relevante
asunto del cuidado de las personas que dependen física y / o men-
talmente de otras: los niños, los inválidos, los ancianos. Este es un
asunto central para la justicia de género, debido a que la mayor
parte del cuidado de tales personas dependientes es hecho por
mujeres, a las cuales esto no se les reconoce públicamente como
trabajo. El tiempo gastado en este cuidado inhabilita a las mujeres
para muchas otras funciones de la vida, aun cuando la sociedad
les haya abierto en otros aspectos estas funciones. Es por esta ra-
zón por lo que un gran cuerpo de los escritos feministas ha desa-
rrollado este asunto; y el Reporte de Desarrollo Humano de 1999
consagró especial atención a esto en tanto un problema de justicia
de género. Para apreciar por qué este problema no ha sido aborda-
do adecuadamente, y por qué la aproximación de las capacidades
podría hacerlo mejor, debemos contrastar esta última con las aproxi-
maciones familiares dentro de la tradición del contrato social.
En la medida en que la aproximación de las capacidades ha
sido usada para articular una teoría de justicia social, o parte de
tal teoría, desde un principio se ha construido mediante un diá-
logo entre las ideas de J O H N R A W L S y las de la tradición del contra-
to social propias del liberalismo occidental ( J O H N R A W L S , 1971,
1996). En "Equality of What?" |5EN defendía la aproximación de
las capacidades en contraste con la aproximación de R A W L S , la
cual definía justicia en términos de la distribución de los "bienes
primarios", incluyendo de manera prominente la riqueza y el
ingreso ( S E N , 1 9 8 0 ) . / Mi recuento de las capacidades en Women
and Human Development lleva aún más lejos el argumento al com-
parar en muchos puntos las capacidades con los bienes prima-
rios rawlsianos, y al respaldar la idea de un consenso traslapado
( N U S S B A U M , 2000a: cap. l).>|Tanto S E N como yo argumentamos que
la teoría de R A W L S sería más apta para ofrecer un recuento rele-
vante de las igualdades y desigualdades sociales, si la lista de
bienes primarios se formulara como una lista de capacidades y
no como una lista de cosas 19 . v

Pero en la medida en que ponderamos la tradición del contra-


to social como una fuente de los principios básicos de justicia,
hay otro problema que debería preocuparnos, especialmente
cuando se tiene en consideración la perspectiva de la vida de las
mujeres. Todas las teorías bien conocidas del contrato social ima-
ginan a la sociedad como un contrato para el provecho mutuo.
Imaginan por lo tanto a las partes contractuales como iguales,
ninguna en la capacidad de dominar a las otras, y ninguna de-
pendiente asimétricamente de las otras. (Cualesquiera sean las
diferencias entre los distintos fundadores de tal tradición, todos
aceptan la concepción básica de L O C K E de un contrato entre par-
tes que, en el estado de naturaleza, son "libres, iguales e inde-
pendientes" 2 0 . Así, para K A N T las personas están caracterizadas
tanto por la libertad como por la igualdad, por lo que el contrato
social Se define como un acuerdo entre personas caracterizadas
de este modo.|Los contractualistas contemporáneos adoptan ex-
plícitamente esta hipótesis. Para D A V I D GAUTHIER, las personas con
necesidades inusuales "no son parte de las relaciones morales
fundadas por la teoría contractualista" 21 . De manera similar, los
ciudadanos en la sociedad Bien Ordenada de R A W L S son "miem-
bros totalmente cooperativos de la sociedad a lo largo de una
vida entera" ( R A W L S , 1 9 8 0 : 5 4 6 ; 1 9 9 6 : 1 8 3 ) .

1 9 Para la idea de un "consenso traslapado", véase la discusión en la Sección III: la idea

es que los valores en la concepción política pueden ser vistos como "módulos", los cuales
pueden asignarse a diferentes concepciones comprehensivas. La lista de bienes primarios
de R A W L S es de hecho heterogénea, la cual incluye libertades, oportunidades, y facultades,
junto con el ingreso y la riqueza; recientemente RAWLS añadió a la lista otros ítems similares
a capacidades, tales como acceso a la salud y la disponibilidad de tiempo libre.
2 0 JOHN L O C K E (1698: cap. 8 ) .

2 1 DAVID GAUTHIER ( 1 9 6 8 : 1 8 ) , hablando de todas las "personas que disminuyen el nivel

agregado" de bienestar en una sociedad.


\

La vida, desde luego, no es así. Las personas reales inician sus


vidas como infantes desvalidos, y permanecen en un estado de
dependencia extrema y asimétrica, tanto física como mental, du-
rante algo así como diez o veinte años. Al otro extremo de la vida,
aquellos que tienen la suerte de vivir hasta la vejez encontrarán
con probabilidad otro periodo de extrema dependencia, física,
mental o de ambos tipos, la cual puede extenderse de alguna ma-
nera hasta veinte años/Durante los años intermedios de la vida,
muchos de nosotros encuentran periodos de extrema dependen- (
cia, algunos de los cuales involucran nuestras facultades menta-
les, y otros las físicas, los cuales nos ponen en la necesidad de un
cuidado diario, y hasta hora por hora, por parte de otros. Final-
mente, y básicamente, hay muchos ciudadanos que nunca cuen-
tan con las facultades físicas y / o mentales necesarias para su
independencia. En síntesis, cualquier sociedad real es una socie-
dad que da y recibe cuidado, por lo cual debe descubrir formas
para enfrentar el hecho de la necesidad y dependencia humana,
las cuales sean compatibles con la autoestima de los receptores, y
que no exploten a los prestadores del cuidado. Esto, como ya lo he
dicho, es un asunto central para la justicia de género.
Un punto de partida kantiano en esta área, el cual es favoreci-
do por R A W L S y otros contractualistas modernos, probablemente
ofrecerá una guía deficiente. Para K A N T , la dignidad humana y la
capacidad moral, fuente de nuestra dignidad, están separadas
radicalmente del mundo natural. La moralidad ciertamente tie-
ne la tarea de proveer a las necesidades humanas, pero la idea de
que eñ el fondo somos seres divididos, tanto personas racionales
como animales moradores del mundo natural, nunca deja de in-
fluir la forma en que K A N T considera que deben desarrollarse es-
tas deliberaciones.
¿Qué hay de malo con la división? Mucho. En primer lugar,
ignora que nuestra dignidad es tan sólo la dignidad de un cierto
tipo de animal. Es el tipo de dignidad animal, el mismo tipo de
dignidad que no puede ser poseída por un ser que no sea mortal
y vulnerable, del mismo modo que la belleza de un ciruelo en
flor no puede ser poseída por un diamante. En segundo lugar, la
división niega erradamente que la animalidad pueda tener dig-
nidad en sí misma; así, nos lleva a menospreciar aspectos de nues-
tras vidas que tienen valor, y a distorsionar nuestra reladón con
otros animales 22 . En tercer lugar, nos hace pensar que nuestra
esencia es autosuficiente, y que no requiere de los regalos de la
fortuna; al pensar de este modo distorsionamos enormemente la
naturaleza de nuestra propia moralidad y racionalidad, las cua-
les son animales y materiales en todo respecto; aprendemos a
ignorar el hecho de que la enfermedad, la vejez o un accidente
pueden impedir las funciones morales y racionales, del mismo
modo que las otras funciones animales. En cuarto lugar, nos hace
pensar en nosotros mismos como atemporales. Olvidamos que el
usual ciclo vital humano trae periodos de extrema dependencia,
en los cuales nuestro funcionamiento es bastante similar al que
tienen los limitados físicos o mentales a lo largo de sus vidas. El
pensamiento feminista ha reconocido estos hechos de la vida
humana de manera más prominente que cualquier otro pensa-
miento político y moral.
El pensamiento político en la tradición contractual kantiana
(para quedarnos con la parte de esa tradición que encuentro más
profunda e impactante), sufre a partir de la concepción de perso-
na con la que da inicio. Las partes contractuales en RAWLS están
completamente conscientes de su necesidad de bienes materia-
les/Aquí RAWLS diverge con KANT, al cimentar la necesidad como
base de su teoría. Pero lo hace sólo hasta un punto: ya que las
partes son imaginadas como adultos competentes que contratan,
similares en sus necesidades, y capaces de un nivel de coopera-
ción que los faculta para hacer un contrato con otros. Tal hipóte-
sis parece ser requerida por la misma idea de un contrato para
provecho mutuo.

22 Para un tratamiento especialmente valioso de este tema, véase JAMES RACHELS ( 1 9 9 0 ) .


Al concebir de este modo a las personas, R A W L S omite explíci-
tamente de la situación de elección política básica, las formas más
extremas de necesidad y dependencia que pueden experimentar
los seres humanos. Su mismo concepto de cooperación social está
basado en la idea de reciprocidad entre iguales, la cual no da lu-
gar a las relaciones de dependencia extrema. Así, R A W L S por ejem-
plo se niega a conceder que tenemos deberes de justicia ante los
animales, sobre la base de que estos no son capaces de reciproci-
dad (TJ 17, 104-505); les debemos "compasión y humanidad",
"[p]ero están por fuera del alcance de la teoría de la justicia, por
lo que no parece posible extender la doctrina contractual para
incluirlos de una forma natural" (TJ 512). Esto marca la diferen-
cia en su teoría de la distribución política. Esto ya que su versión
de los bienes primarios, al ser introducida como un recuento de
las necesidades de los ciudadanos, caracterizados por los dos
poderes morales y por la capacidad de ser "completamente co-
operativos", no da lugar a las necesidades de muchas personas
reales al cuidado que se les brinda a las personas que no son in-
dependientes (cfr. E V A K I T T A Y , 1 9 9 9 ) .
Ahora bien, desde luego R A W L S es completamente consciente
de que su teoría enfoca algunos casos, y deja de lado otros. Insis-
te en que, pese a que la necesidad de cuidado de las personas que
no son independientes es "un punzante asunto práctico", puede
ser razonablemente pospuesto para la fase legislativa, luego de
que las instituciones políticas básicas hayan sido diseñadas:

Añadamos entonces que todos los Ciudadanos son miembros com-


pletamente cooperativos de la sociedad durante el curso de una vida
entera. Esto significa que todos tienen suficientes facultades intelec-
tuales para jugar un rol normal en sociedad, y que nadie sufre de
necesidades inusuales que son especialmente difíciles de suplir, por
ejemplo tratamientos médicos inusuales y costosos. Por supuesto,
el cuidado de aquellos con tales necesidades es un punzante asunto
práctico. Pero en esta fase inicial, el problema fundamental de justi-
cia social surge entre aquellos participantes en sociedad que son
completamente activos y moralmente conscientes, y que están di-
recta o indirectamente asociados a lo largo de una vida entera. Por
lo tanto, resulta sensato dejar a un lado ciertas complicaciones. Si
pudiéramos desarrollar una teoría que cubriera el caso fundamen-
tal, podríamos intentar extenderla más adelante a otros casos.

(RAWLS, 1 9 8 0 : 5 4 6 ) .

Esta respuesta parece inadecuada. El cuidado de los menores,


ancianos, y limitados físicos y mentales es gran parte del trabajo
que debe ser hecho en cualquier sociedad, siendo en la mayoría
de sociedades una fuente de gran injusticia. Cualquier teoría de
la justicia debe reflexionar sobre este problema desde el inicio, en
el diseño del nivel más básico de las instituciones, y particular-
mente en su teoría de los bienes primarios 2 3 .
¿Qué debe hacerse entonces para darle suficiente importancia,
en una teoría de la justicia, al problema del cuidado y de la depen-
dencia? La primera cosa que podríamos intentar, como ya ha sido
sugerido por E V A KITTAY en su excelente libro, es añadir a la lista
rawlsiana de bienes primarios la necesidad de cuidado durante
periodos de dependencia extrema y asimétrica, pensando que el
cuidado está entre las necesidades básicas de los ciudadanos.
Esta sugerencia, de ser adoptada, nos llevará a hacer otra mo-
dificación: el cuidado difícilmente puede ser un bien, como el
ingreso o la riqueza, el cual pueda ser medido por la cantidad
total poseída por los ciudadanos. Como SEN ya hace tiempo lo
sugirió (cfr. la sección i), haríamos bien en entender la lista entera
de bienes primarios como una lista no de cosas, sino de capaci-
dades básicas. Este cambio no sólo nos permitiría abordar de

23Cfr. KITTAY ( 1 9 9 9 : 7 7 ) : "La dependencia debe ser encarada desde el inicio de cualquier
proyecto de una teoría igualitaria, la cual se proponga incluir dentro de su alcance a
todas las personas". Para una destacada narrativa de una vida particular que muestra
exactamente cuántas estructuras sociales juegan, desde un inicio, un rol en la vida de los
niños disminuidos mentales, cfr. M I C H A E L BÉRUBÉ ( 1 9 9 6 ) .
mejor manera las necesidades que tienen las personas de diver-
sos tipos de amor y cuidado en tanto elementos de la lista, sino
que respondería a la pregunta hecha por SEN de manera repetida
sobre la falta de confiabilidad del ingreso y la riqueza en tanto
índices del bienestar. El bienestar de los ciudadanos ya no se
mediría de acuerdo a la cantidad total de ingreso o riqueza que
tengan, sino de acuerdo al diverso grado de capacidades de I3
lista con el que cuenten. Una mujer podría estar tan bien en tér-
minos de ingreso y riqueza como su marido, pese a que no pue-
da funcionar bien en su lugar de trabajo debido a las cargas del
cuidado en el hogar (cfr. JOAN W I L L I A M S , 2 0 0 0 ) .
Si aceptáramos estos dos cambios, podríamos con seguridad
añadir un tercero, relevante para nuestros razonamientos sobre
la infancia y la vejez. Añadiríamos a la lista de bienes básicos
otros ítems similares a capacidades: por ejemplo, la base social
de la salud, las condiciones adecuadas de trabajo, y las bases so-
ciales de la imaginación y del bienestar emocional, los cuales son
ítems que figuran en mi lista ( N U S S B A U M , 2000a: cap. 1).
Supongamos, entonces, que hacemos estos tres cambios a la lis-
ta de bienes primarios: añadimos cuidado en tiempos de depen-
dencia extrema a la lista de bienes primarios; reconfigUramos esta
lista como una lista de capacidades; y añadimos a su vez otros
ítems pertinentes a la lista. ¿Hemos hecho suficiente para salvar la
doctrina del contrato social como una forma de generar principios
políticos básicos? Creo que hay todavía espacio para la duda. Con-
sidérese el papel de los bienes primarios en la teoría de RAWLS. La
versión de los bienes primarios es introducida en conexión con la
concepción política kantiana de la persona, como un recuento de
aquello que necesitan los ciudadanos caracterizados por los dos
poderes morales. Así, hemos atribuido importancia básica al cui-
dado sólo desde el punto de vista de nuestra independencia ac-
tual. Es bueno que se nos cuide tan sólo debido a que el cuidado
sirve a su vez a la personalidad moral, entendida de una manera
kantiana como algo completamente distinto de la necesidad y de
la animalidad. Esto parece ser otra sutil forma de hacer que la
animalidad sirva a la humanidad, entendiendo la humanidad como
algo que excluye la animalidad. La idea es que debido a que so-
mos seres dignos y capaces de reciprocidad política, entonces es
mejor que preveamos tiempos en los que no somos eso, de modo
que podamos volver a serlo tan rápido como sea posible. Conside-
ro que esta es una forma demasiado dudosa de pensar sobre las
enfermedades al inicio de la vida; pero ciertamente nos conduce
en la dirección de una actitud desdeñosa hacia la infancia y la ni-
ñez, y lo que resulta particularmente peligroso en nuestras socie-
dades, hacia la vejez y la invalidez. Finalmente, nos conduce
vigorosamente en la dirección de no valorar a aquellos con
inhabilidades mentales permanentes: de una manera u otra, el cui-
dado de estas personas es valioso únicamente en aras de lo que
puede significar para las personas "completamente cooperativas".
Parecería que estas personas son usadas como medios para alcan-
zar los fines de otros, por lo que su completa humanidad todavía
se les estaría negando.
Considero entonces que debemos cavar más profundamente,
rediseñar la concepción política de la persona, relacionar más
íntimamente lo racional y lo animal, y reconocer que hay mu-
chos tipos de dignidad en el mundo, incluyendo la dignidad de
los menores y adultos mentalmente inválidos, la dignidad de los
ancianos con demencia senil, y la dignidad de los bebés de pe-
cho. Queremos un panorama en el cual las partes que diseñan las
instituciones políticas tengan en cuenta estos hechos desde un
inicio. El tipo de reciprocidad en el cual humanamente nos
involucramos tiene periodos de simetría, pero también de nece-
sidad, periodos de asimetría más o menos extrema - c o m o partes
que diseñan instituciones justas, debemos traer esto a nuestra si-
tuación actual en tanto parte de nuestras vidas. Lo cual bien po-
dría significar que la teoría no podría ser de ningún modo una
teoría contractual.
Necesitamos adoptar por lo tanto una concepción política de
la persona que sea más aristotélica que kantiana, una que vea
desde un inicio a la persona como capaz y necesitada -"necesita-
da de una rica pluralidad de actividades vitales", para usar la
frase de M A R X , cuya capacidad sea la medida de su bienestar-.
Tal concepción de la persona, que concibe el surgimiento y el
declive en la trayectoria de la vida humana, nos encaminará ha-
cia el razonamiento sobre el tipo de sociedad que deberíamos
diseñar. No necesitamos contratar sobre aquello que necesitamos
producir; tenemos una demanda apoyada en la dignidad de nues-
tra necesidad humana. En tanto ésta no es sólo una idea
aristotélica, sino una que corresponde a la experiencia humana,
hay buenas razones para pensar que ésta puede comandar un
consenso político dentro de una sociedad pluralista. Si partimos
de esta concepción de la persona y con una lista adecuada de
capacidades básicas como bienes primarios, podemos iniciar el
diseño de instituciones preguntando qué sería necesario para lo-
grar que los ciudadanos alancen un nivel aceptable de estas capa-
cidades. Pese a que SEN se abstiene de especificar una concepción
política de la persona, creo que su sugerencia se alinea completa-
mente con estas ideas.
En Women and Human Development propongo que la idea de
capacidades humanas básicas se use análogamente a la de los
bienes primarios rawlsianos, y que la concepción política de la
persona guía sea una concepción aristotélica/marxista de los se-
res humanos con necesidades de una pluralidad de actividades
vitales, la cual sea forjada tanto a través de la razón práctica como
de la afiliación ( N U S S B A U M , 2000a: cap. 1). Sostengo que estas con-
cepciones entrecruzadas pueden formar el núcleo de una con-
cepción política que sea una forma de liberalismo político, cercano
al de RAWLS en muchos sentidos. El núcleo de esta concepción
política es respaldado únicamente por razones políticas, con lo
cual se les da a los ciudadanos una gran cantidad de espacio para
que persigan sus propias y comprehensivas concepciones de lo
valioso, ya sean seculares o religiosas. Sin embargo, se asegura
más espacio a un pluralismo razonable en las concepciones de lo
bueno al insistir en que el objetivo político apropiado es única-
mente el de las capacidades: a los ciudadanos se les debe dar la
opción, en cada área, de funcionar o no funcionar cíe acuerdo con
una determinada capacidad. Para asegurarle una capacidad a un
ciudadano no es suficiente con crearle una esfera de no interfe-
rencia: la concepción pública debe diseñar el material y el am-
biente institucional, de modo que se brinde el requerido apoyo
afirmativo para todas las capacidades relevantes. Así, el cuidado
de las necesidades generadas por las dependencias físicas y men-
tales entraría en muchos puntos en esta concepción, como parte
de aquello que es requerido para asegurar a los ciudadanos una
de las capacidades de la lista.
Aunque SEN no ha comentado explícitamente los asuntos de
inhabilidad mental y senilidad, creo que la perspectiva que he
hilvanado está completamente en línea con su énfasis en la liber-
tad como objetivo. Vemos aquí una vez más que la aproximación
de las capacidades resuelve algunos problemas fundamentales
para una teoría de la justicia social, los cuales otras teorías libera-
les son incapaces de solucionar; la solución basada en las capaci-
dades parece ser una forma atractiva para pensar sobre las
titulaciones básicas.
Pero ahora debemos observar que la aproximación de las ca-
pacidades puede hacer esto adecuadamente sólo si tiene un con-
tenido definido. La aproximación de las capacidades nos brinda
una nueva manera de entender la forma de los "bienes prima-
rios", lo cual hace parte de la labor de proveer una teoría del
cuidado más adecuada. Pero obtener correctamente la forma no
es únicamente lo que debe ser hecho: tenemos que añadir a la
lista existente de bienes primarios la necesidad de cuidado en
tiempos de dependencia aguda 2 4 . Sostuve luego que también ne-

24 En términos de la lista de capacidades, sostengo en un trabajo en progreso que tanto


las capacidades de los necesitados de cuidado, como las de quien brinda el cuidado, son
cesitaríamos añadir a la lista otras capacidades, en áreas tales como
la salud, las condiciones laborales y el bienestar emocional. Mi
propia lista de capacidades sirve para este tipo de cosas, en áreas
tales como las emociones, la filiación y la salud. Un giro del ám-
bito de los recursos al ámbito de las capacidades no avanzaría
mucho en la corrección de las deficiencias de la estructura
rawlsiana, a menos que tengamos una lista con contenido defini-
do, una que incluya el cuidado de manera prominente. Aún más,
sostuve también que necesitamos asociar esta lista con una espe-
cífica concepción política de la persona, una que conciba la dig-
nidad y la animalidad como algo relacionado, y no como algo
opuesto. Esta es otra área con contenido definido, una que difun-
de la lista de capacidades tal como yo la concibo.
La aproximación de las capacidades es una poderosa herra-
mienta para diseñar una versión adecuada de la justicia social.
Pero la mera idea de las capacidades como un ámbito dentro del
cual se hacen, comparaciones y se establecen las desigualdades,
resulta insuficiente. Para tener una visión de la justicia social que
cumpla con el requisito de tener fuerza crítica, así como contun-
dencia para dirigir la política social, necesitamos, por razones
políticas, contar con una versión de qué son las capacidades hu-
manas básicas, aun si sabemos que esta versión siempre será cri-
ticada y rehecha. Las mujeres en todo el mundo están haciendo
propuestas críticas en la discusión pública, propuestas que dan
cuerpo a sus exigencias radicales por vidas llenas de dignidad
humana. Mientras esperamos el día en el cual el mundo como un
todo acepte tales ideas, la lista de capacidades es una forma de
darles forma teórica a las demandas definidas y justificadas de
las mujeres. ,

múltiples, y debe entenderse que incluyen muchas de las capacidades existentes de la


lista. Obtener cuidado cuando uno lo necesita es un "bien primario" en el sentido de
RAWLS, en tanto es uno de los prerrequisitos esenciales para ser capaz de desarrollar el
proyecto de vida propio.
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