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Bono Familia: Proyecto Interesante

El Bono Familia es un proyecto interesantísimo que, servirá para el futuro como un case
study en el plano de las políticas públicas. Apunto algunas razones técnicas que lo hacen
relevante e inédito. Y que muestra que cuando las cosas se hacen bien, el Estado hace la
diferencia.
Hay que dejar en claro que el Bono Familia nace con el Decreto 13-2020 del Congreso de
la República con la intención de reactivar la economía con un monto de hasta 6 mil
millones de quetzales, pero que no necesariamente significa un enfoque de protección
social a los más vulnerables. Este mismo Decreto responsabiliza al Ministerio de Desarrollo
Social –MIDES- como el encargado de ejecutar el fondo, estableciendo como condición
universal de inclusión el consumo de energía eléctrica durante febrero del presente año
(200 kWh), así como los criterios de exclusión del mismo. Esto es importante porque dicho
criterio político puede eventualmente no cubrir a todas las personas en condición de
vulnerabilidad; no obstante, al margen de esa condición, que es de carácter político, hay
que resaltar las bondades de la implementación de este Fondo.
Primero. Hacer mención que los 6 mil millones que el ejecutará el MIDES en un máximo
de 5 meses es el presupuesto que ha ejecutado en los últimos 5 años con sus programas
regulares.
Segundo, un aspecto que refiere al elemento tecnológico y al campo del gobierno digital. El
desarrollo de la plataforma tecnológica impide el clientelismo y representa una garantía de
transparencia en el proceso de registro porque no permite intervención humana que pueda
de alguna manera politizar el instrumento. Además, su desarrollo representó un ahorro
(costo cero) para la institucionalidad pública. Con este formato, el clientelismo es imposible
ya que, previo a que se habilitaran los mecanismos de registro personal y masivo de las y
los candidatos al Bono Familia, se coordinó para trabajar en tiempo real con el RENAP, así
como para contar con las bases de datos de las distribuidoras de energía eléctrica y las bases
de datos para conformar el padrón de beneficiarios y filtrar a los excluidos por el mismo
Decreto 13-2020.
Como resultado, el modelo permite que el usuario se registre personalmente con su
documento de identidad personal por diferentes formas, tanto digital como personalizada:
Ojo, no hay intermediación política. El mecanismo de entrega son aportes bancarizados
(que incluyen todos los bancos del sistema). No hay entrega física y eso evita politizar la
ayuda. Pero implica también una coordinación con el sector privado (bancario en este caso
y VisaNet Guatemala) para apoyar la implementación.
Esto vale la pena, reconocerlo en términos de la actual administración. Habrá que esperar a
que se termine de entregar el Bono Familia para evaluar sus resultados, pero lo que desde
ya se puede rescatar es un modelo donde convergen la voluntad y liderazgo político, la
capacidad técnica del más alto nivel, el acompañamiento estratégico de la cooperación
internacional para el desarrollo y las alianzas estratégicas público-privadas, no sólo para
responder ante la emergencia, sino para dar un salto cualitativo en favor de la
modernización de los programas sociales tradicionales.
¿Podrá Estados Unidos salir de ésta?

Estados Unidos se pinta ante el mundo como el paradigma de la democracia que implica,
entre otras cosas, no sólo la libertad de elegir sino la existencia de un sistema de legalidad
en donde hay que rendir cuentas y la ley se aplica por parejo a todos los habitantes, sin
distingos de producto de clase, condición social o poder. Y con esa imagen es que han
desempeñado el papel del gendarme del planeta utilizando su extraordinario poderío militar
para aplastar a regímenes que no son de su agrado y que, supuestamente, van en contra de
esos “sagrados principios” que inspiran a la Unión Americana.

Hoy están inmersos en los resultados de una pandemia mal manejada desde el principio y
que amenaza con un drástico repunte pero no es a eso a lo que me refiero cuando hago la
pregunta de si podrán salir de ésta. En realidad me refiero a la forma en que se han dado los
acontecimientos desde hace tres años y medio en ese país, ahora profundamente dividido
como en la época de la guerra civil, y con la institucionalidad en verdadera crisis, al punto
de que el país que blasonaba de ser el más respetuoso de la libre expresión del pensamiento
es ahora escenario, diariamente, de la descalificación que desde la Casa Blanca se hace de
la prensa que no se pliega a la “verdad oficial” que produce el trumpismo sin ningún rigor a
la hora de valorar los hechos.

Nadie hubiera imaginado en los días de la lucha por los derechos civiles, en la segunda
mitad del siglo pasado, que un Presidente de Estados Unidos iba a amenazar a los
manifestantes que reclaman el respeto a su vida con echarles encima al Ejército, ese mismo
que fue enviado a Irak y Afganistán, y con el mismo objetivo de aplastar al “enemigo”, con
la variante de que en este caso son los miles de personas que protestan por el racismo
estructural que persiste en ese país y que aflora especialmente en el comportamiento de
elementos de las distintas policías que se ensañan en contra de la gente de color, negro o
café.

Rompiendo viejas alianzas con países amigos, Estados Unidos se ha ido aislando del
mundo y la prédica desde la Casa Blanca es de odio y racismo para exaltar la supremacía
blanca. Pero lo peor parece estar por venir porque si bien han existido dudas serias de
resultados electorales como el de Kennedy en 1960 y el de Bush en el año 2000, nunca se
ha visto tan concreta la posibilidad de un masivo fraude como del que ya se empieza a
hablar ahora que las encuestas parecen indicar que un triunfo del actual Presidente es
sumamente difícil.

Esta semana el candidato Joe Biden fue preguntado por Trevor Noah si ya había pensado
qué pasaría si Trump decide no irse de la Casa Blanca aún perdiendo la elección, situación
impensable en la historia pero muy posible ahora. Biden dijo que sí ha contemplado esa
posibilidad, pero que confía en que el Ejército escoltaría a Trump para que salga de la
residencia oficial.

Temas impensables en el país que, con todo y casos como los de O. J. Simpson y Jeffrey
Epstein, se siguen vendiendo como ejemplo de justicia, de libertad y de respeto a la ley.
El origen de nuestros Demonios

Este vespertino, en su edición del pasado 9 de junio informó que el Ministerio de Salud
Pública y Asistencia Social, confirmó que 51 internos, de los 70 que fueron hisopados el fin
de semana en el hospital del Centro de Detención Preventiva para Hombres de la zona 18,
dieron positivo con COVID 19.

A pesar de la tragedia y gravedad de lo acontecido, es fácil suponer que la noticia quedo


superada por otras muchas que a diario se suceden y se confirme que en el imaginario
popular, se ve a la prisión preventiva como el mejor purgatorio al que podemos aspirar,
cuando se trata de posibles delincuentes. Entendiendo que el encierro indefinido y el
pudrirse en prisión preventiva es la justicia más posible, en contraposición a una sentencia
justa que el sistema simplemente no puede entregar, tras décadas de manipulación del
mismo por intereses obscuros que tomaron su control.

Los Médicos de distintos hospitales públicos del país comparecen, un día si y el otro
también, denunciando que los centros hospitalarios donde laboran han colapsado y que ya
no es posible admitir más pacientes COVID, reclamando que se les brinden los elementos
adecuados de protección para combatir la pandemia, mientras los pacientes con cualquier
otro padecimiento asisten resignados, u obligados por sus propios males, a instituciones que
hoy son más un atentado contra su salud que una esperanza para la misma.

Por supuesto, todo el mundo achaca los males del sistema de salud público al Presidente, al
Ministro y a cuanto actual funcionario puede, a pesar de que estos llegaron al gobierno un
par de meses antes que el COVID 19 arribara y ya nadie recuerda que la situación de los
centros hospitalarios, las carencias de los médicos y la tragedia de los pacientes tienen
como común catalizador, años y años de corrupción, transa y negocio con la salud y el
erario público, en donde corruptores y corrompidos quedaban no solo impunes, si no
también fueron aceptados, por una sociedad a la cual no le importa de donde venga lo que
tenga, siempre que lo tenga.

En San Luis Petén, en pleno siglo XXI, una turba de campesinos quemo vivo a un hombre,
experto en medicina natural, acusándolo de brujo. Al ser capturado, uno de sus asesinos,
ante las cámaras confesó su participación y afirmó que había actuado en venganza por la
muerte de su padre, sin especificar la razón y solo dando píe a pensar en la agonía de un
hombre al ser quemado vivo, la ausencia de estado de derecho, y la ignorancia y la falta de
educación de nuestra gente, puesta de manifiesto en una barbarie como esta y consecuencia
de los años en que los gobiernos de turno han transado con los sindicatos de maestros,
buscando una supuesta estabilidad del país a cambio de pactos colectivos, sin que medie o
pese en ningún momento el menor interés por la educación de nuestros niños.

No vale de mucho ahora el hacerse el indignado, si hemos permitido, ignorado, aceptado o


participado por acción u omisión en la creación de los demonios que ahora se ciernen sobre
Nosotros. El remedio para combatir nuestros males no esta en unirnos contra el COVID 19,
está en replantearnos nuestro deber como ciudadanos, no solo para contribuir y participar,
si no también para impedir que esos demonios debiliten nuestras capacidades. Un país con
instituciones fuertes y sin corrupción no tendría hoy como única opción esconderse y huir
de la enfermedad.

El Pueblo en la pena y el Gobierno en la pepena

Transforme intencionalmente este dicho popular con el fin de representar de alguna manera
lo que actualmente está ocurriendo a nivel nacional, a raíz del pésimo trabajo que está
realizando el Gobierno de la República para contener, no sólo el avance de la Pandemia,
sino la debacle y la crisis profunda a la que someterán a millones de guatemaltecos y
guatemaltecas. Como si fuese chiste Giammattei desde el primer caso diagnosticado con
coronavirus, ha desinformado, ha mentido, bromeado con la situación e incluso junto a su
incompetente Ministro de Salud ha manipulado las cifras de personas contagiadas y
fallecidas por COVID 19.

Pero lo más grave de todo, es que este gobierno conocedor de la gravísima condición en la
que el país y sus habitantes se encontraban antes de la pandemia, no ha sido capaz de
conducir acciones encaminadas a proveer protección social. A pesar de que el Congreso de
la República aprobará entre préstamos, bonos del tesoro y ampliaciones presupuestarias
más de 20 mil millones de quetzales para atender la emergencia producida por la Pandemia,
el gobierno no ha sido capaz de dotar de insumos, equipo de protección al personal
sanitario que está en la primera línea de atención y otras muchas necesidades insatisfechas.
Mientras la danza de miles de millones de quetzales sigue su curso, en el país tenemos a la
fecha, hospitales colapsados, sin insumos necesarios, personal médico al que no les han
pagado su salario, sin protección, centros hospitalarios de campaña que no reúnen las
condiciones para la atención en estos casos.

Además, la población guatemalteca hundida en la pobreza y la inequidad, en estado de


indefensión absoluta, frente a la inoperancia del gobierno, se ve forzada a arriesgar su salud
y su vida, así como la de sus seres queridos, para lograr un ingreso mínimo que les permita
subsistir. Los casos de desnutrición crónica aumentan considerablemente y la niñez sigue
padeciendo el abandono del Estado. Algunas proyecciones refieren que el aumento de la
pobreza y pobreza extrema puede alcanzar 3 puntos porcentuales más de la ya existente.

Mientras todo esto ocurre, investigaciones periodísticas de Artículo 35 y Vox Populi


Guatemala, señalan que uno de los proveedores de insumos médicos al sistema de salud, es
una empresa la cual su propietario tiene una larga amistad con el hijo del Presidente
Giammattei. Esta empresa además, antes de la Pandemia se dedicaba a otros negocios, muy
alejados de la salud.

El Pueblo sufre una enorme pena, abandonado y desprotegido, el gobierno de Alejandro


Giammattei y su gabinete están en la pepena, garantizando el bienestar de los históricos
privilegiados y sin lugar a dudas, pagando la deuda política y económica que tiene de 20
años de búsqueda de la presidencia. Inaudito que la protección se le cargue a las y los
ciudadanos y que seamos quienes en el marco de nuestras posibilidades donemos para que
personal de los hospitales cuenten con agua y equipo de protección.
Alianzas Público-Privadas

El concepto se puede entender en varios sentidos. Primero, en un sentido más amplio, la


lógica de alianzas público-privadas puede referir a los procesos colaborativos entre el
Estado y la ciudadanía en general. Aquí, el concepto ´privado´ se refiere a la esfera privada
de derechos, al entorno que no se asocia con lo estatal. En tal sentido, el Estado requiere,
espera y solicita que los ciudadanos interactúen de forma conjunta a las dictaminaciones
públicas. Por ejemplo. Cuando los procesos electorales toman lugar, se espera que los
ciudadanos se informen con seriedad, madurez y tenga la voluntad de participar. Sin ello,
ningún proceso electoral tiene sentido. En esta época de pandemia, cada vez que el Estado
solicita que la ciudadanía guarde los protocolos esperados o muestre solidaridad entre ella,
estamos refiriendo a la lógica colaborativa de las alianzas público privadas. Y sin duda,
todo el tiempo que esta crisis dure, lo anterior será más que necesario.

El segundo sentido para comprender el concepto de las alianzas público privadas hace
referencia a los ´sectores privados´, es decir, al gremio empresarial. En este plano la
concepción abarca todas las segmentaciones empresariales, desde los pequeños, pasando
por los medios hasta la gran industria. Sin duda, los sistemas democráticos robustos han
visto como la clase empresarial puede encontrar puntos en común con el Estado para
desarrollar agendas compartidas en términos de instrumentos así como objetivos. Sin estas
alianzas, un sistema democrático no puede funcionar: El gremio empresarial apunta a rutas
que el Estado puede no contemplar o desconoce pero el Estado aporta la legalidad del
proceso. Y en algunos casos, parte considerable del financiamiento. En esta dinámica se
pueden comprender las aperturas comerciales, la reforma del Estado así como la
introducción de los nuevos instrumentos de gestión pública.

No será distinto con esta crisis. La administración del presidente Giammattei ha reconocido
claramente, esta necesidad en el plano de la agenda de reactivación económica. Razón por
la cual se comprende que el gobierno inyectará una enorme cantidad de recursos fiscales
hacia sectores económicos estratégicos brindando así una oxigenación de capital. Dicho sea
de paso, esto evitará que el sector empresarial recurra al crimen organizado para satisfacer
la necesidad crediticia. La alianza público-privada en este caso, permite construir
instrumentos segmentados para que la economía pueda de alguna forma sostenerse y
retomar la ruta del crecimiento.

Es necesario reconocer que las dinámicas de tipo público-privadas, estas alianzas


colaborativas estratégicas requieren la madurez para dejar de lados todos los prejuicios
existentes. El Estado no debe ser percibido como el campeón de la ´lentitud´ ni el sector
privado debe ser juzgado bajos los clásicos criterios anti-oligárquicos. En efecto, sin un
Estado fuerte, robusto, sin instituciones sólidas y transparentes que generen procesos
efectivos no hay sociedad que pueda permanecer. Y sin empresarios, tampoco es viable la
existencia de una sociedad. Lo anterior es importante de aceptar.