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Capítulo IV

“JUEGOS
PEDAGOGICO
S”
INTRODUCCIÓN:

H
an sido muchos los autores que han relacionado el juego con la educación y con el
aprendizaje. Ya Platón en “Las Leyes”, afirma que “el juego es un factor
determinante en la formación del ciudadano perfecto, haciendo hincapié también
en la importancia del respeto de las reglas de juego como aprendizaje para una vida
comunitaria armónica”. Diferentes autores han postulado posteriormente la importancia del
juego en la educación, alrededor de cuyas posturas aún se han desarrollado diferentes
“escuelas” y “corrientes” para la educación institucionalizada.
Fröebel, creador de los jardines de infantes, ha sido uno de los pioneros en este tema,
integrando el juego dentro del ámbito escolar, y permitiendo así que los niños jugaran
dentro de la escuela, con el objeto de aprender conceptos y desarrollar habilidades. Otros
autores como Dewey, Montessori, Decroly, desarrollan otras posturas integrando también
el juego dentro del campo educativo.

JUEGOS PEDAGÓGICOS:

La importancia, aquí se radica en que los diferentes autores comienzan a dar un nuevo
valor al juego espontáneo, a la característica de “no serio”, tratando de revindicar la
seriedad y la asociación a la utilidad educativa, otorgando nuevos fundamentos teóricos al
papel del juego en la educación escolar, como lo describe ampliamente Kishimoto en uno de
sus estudios (Kishimoto, 1996).
Walter, al referirse a la importancia y tara de incluir el juego dentro de la educación
primaria, escribe: “Para el desarrollo y cuidado de la disposición al juego, la capacidad de
juego y el ser listo en el juego, no hay en la primaria una materia propia, y con ello tampoco
una hora de juego”. Se impone, por lo tanto, una “educación lúdica” como tarea q atraviesa
todas las materias. Pero esto implica un reconocimiento del juego en todas las áreas de
aprendizaje de la primaria como un medio para la educación y la formación. La educación
lúdica y el cuidado del juego representan, luego de estas reflexiones, una parte de la
función importante del desarrollo, aprendizaje y bienestar del niño en todas las áreas
vitales y es justamente imprescindible”. (Walter, 1993)
Si consideramos el juego como un fenómeno inherente al hambre, y, mucho más, del niño, si
tenemos en cuenta que el juego es uno de los primeros lenguajes del niño y una de sus
primeras actividades, a través del cual conoce el mundo que lo rodea incluyendo las
personas, los objetos, el funcionamiento de los mismos y la forma de manejarse con las
personas cercanas, no podemos excluir el juego del ámbito de la educación formal. Claro,
que aquí tendremos en cuenta algunos aspectos, siendo que la escuela no es el mismo espacio
que el hogar o un lugar de juego abierto como puede ser el barrio, donde los niños se
encuentran a jugar en sus horas libres; esto ocasiona en muchas oportunidades “dudas” y
“temores” por parte de las personas responsables en cuanto a la inclusión del juego en la
escuela, cuestionando diferentes puntos como puede ser la eficacia en el aprendizaje, el
posible desorden y desborde del grupo, y la supuesta “perdida de tiempo”.
Pero contrario a esto, el aprendizaje a través de situaciones lúdicas es mucho más
enriquecedor. Por otro lado, son múltiples las posibilidades educativas y de aprendizaje que
brinda el juego libre y espontáneo, elegido y organizado por los mismos niños sin la
necesidad de intervención por parte del adulto.
Observando un grupo de niños jugando, podemos llegar a una serie de conclusiones respecto
de las situaciones y conceptos que han aprendido durante el juego. Si sólo pensamos en las
reglas de juego, que todos deben respetar, a través de las cuales aprenden a convivir y
respetar a los demás, ya tenemos un elemento importantísimo para la educación infantil.
En el juego, el niño en primer lugar aprende a jugar. Aprende la agilidad, los modos de
comportamiento, las técnicas, las improvisaciones y los sistemas sociales que se requieran
para las diferentes formas de juego. Se adapta a una forma de vida que es imprescindible
para la humanidad y para la afirmación del hombre dentro de los límites de un sistema, y
que le ayudan a mantener espacios de libertad y felicidad en un mundo de rendimiento y
constante búsqueda de objetivos no siempre accesibles. (Flitner, 1986)
El juego es un espacio y un tiempo de libertad, donde “todo se puede”dentro de los que las
reglas del juego lo permiten. Por ello, las posibilidades de aprendizaje en ese ámbito son
incontables. Se aprenden modos de funcionamiento, formas de manejarse de las personas,
se pueden ensayar roles, se explora y se experimenta con objetos desconocidos hasta el
momento, se establecen nuevas relaciones y vínculos entre objetos, personas y el medio en
general; se descubren los limites y posibilidades de cada uno y de los demás, etc. en el
proceso lúdico de los niños en todas las edades, podremos descubrir múltiplos procesos
relativos al aprendizaje y a la educación, y también ver momentos de asombro,
descubrimiento análisis, establecimiento de relaciones, similitudes y diferencias. A esto se
le suman la fantasía y la creatividad que los niños desarrollan en los diferentes juegos tanto
individuales y más aun cuando son grupales, donde todo esto se potencia aún más por la red
de interrelación e intercambio que se forma. Claro esta, que cuanto menos reglas tenga el
juego, mayor será el grado de libertad y las posibilidades que los jugadores tienen para
experimentar y modificar el rumbo del juego según sus necesidades.
El juego libre y espontáneo no tiene otro objetivo más que jugar, y cuando desde afuera, ya
sea como coordinadores, docentes o desde otro rol, estamos dando un objetivo al juego, lo
estamos limitando de alguna manera. Pero esto no significa que no se pueda jugar. La función
de aquella persona que coordina es, entre otras, la de tener suficiente amplitud y libertad
como para permitir ciertos cambios de rumbo cuando el grupo lo propone o los va
“imponiendo” de alguna manera en el juego mismo.
Probablemente no se hayan cumplido estrictamente los objetivos propuestos, pero
seguramente se estén poniendo otros objetivos en juego, que –quien sabe- aún pueden ser
más importantes para el grupo en ese momento.

EL JUEGO EN EL MEDIO ESCOLAR:

Como hemos analizado en el apartado anterior, la importancia del juego en la vida del niño
resulta lógico pensar en sus posibilidades educativas. Muchos son los docentes que utilizan
el juego como medio para q su alumnado alcance otros objetivos relacionados con al
aprendizaje.
En este sentido se plantea un primer interrogante; si analizamos las definiciones que del
juego dan los diferentes autores observamos que el juego infantil se caracteriza, sobre
todo, por ser una actividad voluntaria; algunos hablan incluso de espontánea, que no tiene un
fin fuera del mero placer de jugar. Ahora bien, ¿podemos hablar de juego cuando un adulto,
en este caso el maestro, impone a qué jugar, cuándo jugar y utiliza el juego como un medio
para obtener otros objetivos distintos del mero placer de jugar? Dicho de otro modo ¿es
posible hablar de juego cuando la organización, desarrollo y regulación del mismo vienen
impuesta por un adulto, cuyos objetivos son bien distintos del simple hecho de jugar por
jugar?
En principio, un análisis frío de las definiciones de juego nos llevaría a responder que “no”.
No podemos hablar de juego cuando éste no surge de los propios niños y cuando no son
estos los encargados de establecer las normas y de resolver los conflictos que puedan
surgir durante su desarrollo. Sin embargo, ¿no es cierto que cuando, al finalizar una clase
de Educación Física en la cual se han desarrollado diferentes juegos motores, alguien
pregunta a un niño qué es lo que han hecho y éste responde: “he jugado a esto o aquello”? Y
si el niño, que en esto de jugar es el mayor experto que existe, dice que ha estado jugando,
¿por qué contradecirlo con engorrosas definiciones que fueron elaboradas por los adultos?
Para tratar de encontrar una solución a este aparente contrasentido, es interesante
recurrir a la clasificación que Schwartzman establece de los juegos. Él diferencia entre
“juego estructurado por niños” y “juego estructurado por adultos”. En el primer caso se
incluirían todos los juegos cuando son los niños los encargados de su planificación,
organización y desarrollo. N el segundo caso este papel le correspondería a uno o varios
adultos y los niños se limitarían simplemente a jugar y a disfrutar del juego. El juego
estructurado por niños se identificaría con las definiciones tradicionales de juego y el juego
estructurado por adultos nos permitiría denominar juegos a las actividades lúdicas
realizadas fuera del contexto infantil en el que habitualmente se desarrollan. En ambos
casos, hablaríamos de juego, ya que, aunque el adulto puede utilizarlo para obtener distintos
fines del mero placer de jugar, el niño vive la actividad propuesta como placentera y
disfruta de ella con independencia del hecho de que el maestro la use con otro fin.
Esta idea enlaza con otra interesante distinción que, aludiendo al juego tradicional, hace
Ronald Renson.
Renson habla de texto y contexto para diferenciar entre el reglamento de un determinado
juego y las circunstancias en que ese juego se desarrolla. Según esta idea, en la escuela
podríamos introducir el texto, es decir, las reglas de los diferentes juegos.
Podríamos enseñar a nuestros alumnos cómo jugar a éste o aquél juego, incluso juegos que
hace tiempo que desaparecieron; sin embargo, en la escuela no podríamos recuperar el
contexto en que dichos juegos se practicaban o se practican. No podríamos reproducir las
circunstancias que determinan que los jugadores se decidan a comenzar éste o aquél juego,
ni tampoco los sistemas tradicionales de trasmisión de éstos. Ahora bien, ¿no es posible que
desde la introducción del texto en la escuela se pueda influir en el contexto? O lo que es lo
mismo, ¿es posible que, a partir del trabajo en la escuela, puedan darse las condiciones para
que un juego se desarrolle fuera del contexto escolar?
Desde mi punto de vista, esta circunstancia no es solo posible sino que además debe ser uno
de los objetivos que desde la escuela debemos marcarnos a la hora de recuperar juegos
tradicionales. Imaginemos a una profesora que descubre que en un determinado lugar del
pueblo se practicaban hace cincuenta años una serie de juegos; en las clases de Educación
Física lleva a su alumnado a ese lugar, les presenta los juegos y los pone en práctica, en este
caso tenemos el texto. Posteriormente, varios de sus alumnos, en sus ratos de ocio ponen en
práctica algunos de los juegos aprendidos y se los cuentan a otros niños. Con el paso del
tiempo esos juegos se popularizan y aparecen variantes motivadas de la falta de jugadores
o de que hay demasiados, del cambio de un material por otro, etc. actuando desde el texto
en la escuela se ha repercutido en el contexto y se han recuperado algunos juegos
tradicionales.
El único problema es que al maestro le resulta imposible determinar y evaluar la influencia
de su trabajo en el contexto. Puede valorar si sus alumnos saben o no jugar a algunos de los
juegos explicados, puede observar incluso cómo resuelven los problemas cognitivos o
motores que las diferentes situaciones de juego plantean, puede incluso saber si alguno de
sus alumnos practican los juegos aprendidos fuera del horario de clases, pero no puede
determinar si ese juego perdurará o no con el paso del tiempo. En cualquier caso siempre
valdrá la pena intentarlo.

ACCIÓN PEDAGOGICA:
 Cuando más se libera el profesor de la conducta directa del juego, más disponible esta
para observar.
 El profesor no da inmediatamente las soluciones y las reglas, sino que deja tiempo a los
niños para que puedan darse cuenta de los problemas, buscar soluciones, probarlas, etc.
 El tiempo dedicado al juego es más importante que el tiempo de reflexión y discusión.
 Evitar los juegos que incluyen la eliminación en los que el niño queda mucho tiempo
inactivo.
 La intervención del profesor debe cumplir determinadas condiciones:
a) Ser discreta
b) Guiar las situaciones.
c) Vigilar el grupo y la repartición de tareas.
d) Favorecer la expresión de todos los niños.
e) No dar soluciones de ante mano.
El respeto por el núcleo de lo que es jugar, garantizará que el niño cumpla cabalmente con
su función en la vida del hombre.
Otro aspecto importante a considerar es el estadio evolutivo en el cual se analiza la
conducta del juego, lo cual hace variar circunstancialmente las características que
presenta. No puede compararse el juego del bebé con el del adolescente, buscando una
única e inamovible categoría de referencia, pues los supuestos son diferentes en una y otra
edad.

EL JUEGO CENTRALIZADO:

¿Cómo es el niño que practica el juego centralizado?

El niño, al que llamamos “preescolar”, esta aún en una etapa muy importante de su desarrollo
corporal.
De los 2 a los 5 años su locomoción es más coordinada, su aprehensión es más precisa, tiene
un mayor conocimiento de su cuerpo y una utilización cada vez más adecuada del mismo. A
través de su cuerpo y con él, entre en relación con el mundo.

¿Qué es el juego centralizador?

El juego centralizador es un recurso didáctico que puede caracterizarse como una actividad
organizada de carácter lúdico, que núclea alrededor de un eje central, una serie de
actividades simultáneas relacionadas con los intereses inmediatos del niño.
Es uno de los medios que se utilizan en la primera sección en la que asiste el niño de Jardín
de Infantes, para el logro de los objetivos curriculares.
El juego centralizado esta estructurado con características que responden esencialmente a
las necesidades del primer momento de esta evolución y que estimula su desarrollo gradual.

MODALIDADES DEL JUEGO CENTRALIZADOR:

Se puede estructurar en dos modalidades:


1- ABIERTOS
2- CERRADOS
El juego centralizador abierto posibilita especialmente el juego paralelo, la práctica de los
roles repetidos y simultáneos; responde a las características evolutivas del niño que se
inicia en la Primera Sección. En él, las acciones individuales llegan hacer acabadas en sí
mismas sin la participación directa del resto del grupo. Lo identificamos como “ el juego del
como si…” En esta modalidad se inician los primeros juegos centralizadores.
A medida que el niño progresa evolutivamente y las acciones individuales tienden a
integrarse en un juego común aparece la segunda modalidad: “el juego centralizador
cerrado”, donde las acciones individuales tendrán significación en cuanto se relacionan con
el todo. Es una actividad que va adquiriendo intención por el fin propuesto. El objetivo
común será “jugar a…” Los niños se integran en un juego común, utilizando las realizaciones
de sus experiencias en los grupos de actividades simultáneas y asumiendo en muchas
oportunidades roles complementarios.
Símbolo Símbolo
individual compartido
(2 o más niños)
Materiales Surge la necesidad de
utilizados utilización convencional
simbólicamente. del material.
Juego solitario y/o Juego con
paralelo. características más
socializadas.
Interacción en el
juego.
Roles inconexos y Roles más variados,
repetidos. comienzan a ser
complementarios
interdependientes.
Juegos más
organizados.
Falta de estructura Mayor orden.
y coherencia. Desarrollo más
coherente
Actividad que se Actividad que adquiere
realiza por el simple significación por el
placer que la motivo propuesto por la
actividad provoca. maestra.
Acciones acabadas Acciones en función de
en sí mismas. un todo
Culminación: Culminación: Reunión
Plenitud del juego del grupo en función
individual. del todo.

DIFERENCIAS ENTRE AMBAS MODALIDADES:


PLANIFICACIÓN DEL JUEGO CENTRALIZADOR:
Para entender mejor la Planificación del Juego Centralizador debemos rever algunos
aspectos comprometidos en la misma:
 Planificación Didáctica

 Unidad de Objetivos en el Jardín de Infantes


 Unidad Didáctica en el Jardín de Infantes

Planificación: Planificar es prever. Es organizar la tarea para lograr los mejores


resultados posibles UTILIZANDO LOS ELEMENTOS QUE SE DISPONE.
Es importante aclarar que la Planificación Didáctica es la realizada por el docente, en una
escuela determinada, seleccionando objetivos a lograr para un grupo también determinado
de alumnos.
El valor de la misma, en relación a la tarea docente es incuestionable.
La Planificación anual del Jardín de Infantes consiste únicamente en la formulación de los
OBJETIVOS PROFESIONALES Y OBJETIVOS OPERACIONALES o conductas que
estimemos que los alumnos podrán lograr durante el ciclo lectivo.
Esta Planificación se ira concretando con la conducción, desarrollo y evaluación de las
sucesivas unidades de objetivos.

Unidad de objetivos en el Jardín de Infantes : una Unidad de objetivos en el Jardín


de Infantes dura aproximadamente tres semanas y núclea las conductas a lograr por los
alumnos en un lapso que deben responder a cada una de las áreas de maduración y
desarrollo.
De la evaluación de esta unidad de objetivos, surgirán las conductas a integrar la nueva
unidad.

Unidad Didáctica en el Jardín de Infantes: La unidad didáctica es la organización de


un conjunto de actividades y experiencias vividas por el alumno entorno a un eje
significativo que responde a los intereses y necesidades del niño con el propósito de lograr
los objetivos de aprendizaje.
El desarrollo de la Unidad Didáctica en el Jardín de Infantes debe: ser LUDICO, favorecer
la función de representación o simbolización y, posibilitar la expresión oral, grafica,
corporal y plástica.

Rol de la docente: al comenzar el juego la maestra invita, estimula, propone, incentiva


para que los niños se sientan interesados por el motivo de juego.
Luego debe orientar, alientar y guiar el surgimiento de las propuestas de actividades y de la
acción de las opciones. Además debe apoyar y observar la concreción de las acciones,
tratando de que siempre este presente la actitud del juego y fomentar la unidad del mismo
a través del diálogo.
Su actitud constituye uno de los estímulos más importantes del desarrollo evolutivo del
niño.
Debe ser permanente orientadora, estimuladora y supervisora para evitar que la atención
del niño se desvié del motivo del juego. Nunca se debe forzar, ni imponer situaciones ni
condiciones.
En la finalización del juego, la maestra supervisa el orden e higiene de los sectores y del
material, colaborando en el mismo según el nivel de adquisición de estos hábitos por el
grupo.
Durante todo el desarrollo del juego, la maestra debe crear un clima de confianza y
seguridad que estimule la expresión del niño en todas sus formas, favoreciendo así el juego
creativo. El efecto será el estimulo esencial de esta relación.
Una función que la maestra jardinera no debe descuidar en ningún momento es la de ser una
observadora objetiva y sistemática del desarrollo del juego para descubrir dificultades, y
conflictos en pequeños grupos o nuevos logros.

El material: el material es otro de los estímulos permanente en la concreción de esta


Unidad Didáctica.
No puede ser presentado ningún material nuevo durante la construcción del juego
centralizador.
Los materiales a seleccionar serán los que fueron presentados, explorados y colocados en su
lugar con anterioridad, mediante las respectivas actividades de conjunto.
Los niños seleccionarán en forma libre, los materiales que desean utilizar y los retirarán de
su lugar para jugar y luego volverlos a guardar al finalizar el juego.

LA IMPORTANCIA DE LA EVALUACIÓN PARA EL


JUEGO CENTRALIZADOR:

La evaluación didáctica es el proceso de obtener suministrar información sobre el grado en


que los alumnos muestran el logro de conductas esperadas y enunciadas como objetivos de
aprendizaje.
Para que en la evaluación se manifieste un mayor compromiso de la docente y la
participación cooperativa de la comunidad educativa toda, este proceso debe ser:
 Sistemática
 Continuo
 Flexible
 Pronosticado
 Cooperativo
 Gratificador y
 Personalizador
Existen tres tipos de avaluaciones en el Jardín de Infantes adquieren características
singulares, ellas son:
o Diagnostica: Que facilita la obtención del nivel general del grupo e individual de cada
alumno, permitiéndose elaborar así el PERFIL DE GRUPOS DE ALUMNOS.
Se realiza durante el primer periodo del ciclo lectivo y su resultado es el diagnostico inicial.
El diagnostico se irá alimentando, durante todo el ciclo, con las distintas evaluaciones
formativas.
o Formativa: Facilita la observación y el seguimiento constante y controlado de los niños.
Ajusta y le da dirección permanente al proceso de enseñanza-aprendizaje.
o Sumativa: Facilita la integración de los resultados obtenidos por cada uno de los niños
y por el grupo en general en un periodo más extenso de tiempo.
En el nivel pre-primario, durante el transcurso del año, la maestra realiza evaluaciones
periódicas de cada uno de los niños, constando y apreciando los cambios individuales. Estas
son registradas en el legajo individual del niño. Son evaluaciones formativas que se integran
al finalizar el ciclo en la evaluación sumativa.

¿Se puede evaluar el juego centralizador ?

Su evaluación nos permita, junto con las evaluaciones de las otras actividades, comparar
entre el estado previo de las conductas que se esperan que los alumnos logren y el
posterior, de logros o no.
No solamente se puede, sino que se debe evaluar el juego centralizador durante todos sus
momentos.

Capítulo V
“LA
IMPORTANCIA
DEL JUEGO
EN EL NIÑO”

INTRODUCCIÓN:

L a importancia del juego es un desarrollo social del hombre, tanto por su origen, su
contenido, como por su significación.
Así como el adulto utiliza el lenguaje para expresar sus estados de ánimo, el niño lo hace por
medio del juego, pudiendo así comunicar lo que esta sintiendo.
Gessell dice que; “El juego es una mezcla de pasado, presente y futuro”. El pasado mediante lo
heredado y lo no aprendido representando una necesidad evolutiva, el presente, mediante
funciones vitales para el desarrollo del niño; y el futuro, porque lo prepara para las nuevas
actividades.
Es así, como en este capítulo, demostraremos que gran parte del desarrollo de la infancia
reobtiene gracias al juego.

¿POR QUÉ ES IMPORTANTE EL JUEGO?

El juego es la actividad más importante, a través de la cual el niño se pone en contacto con la
realidad. Forma parte del desarrollo psicosexual del niño y a través del juego aprende y hace
suya la sociedad.
El niño juega porque necesita hacerlo.
Cuando lo hace libremente esta poniendo a prueba sus propias capacidades, ejercitando sus
aptitudes. Jugando, va pasando de lo conocido a lo desconocido y viceversa.
Uno de los aspectos importantes del jugar es que permite consolidar habilidades, dado por el
carácter de repetición que tiene.
Los niños necesitan del juego tanto como del aire que respiran. No sólo porque a ellos les gusta
y divierte, sino porque lo estimula en su desarrollo psicomotriz.
Según LA UNESCO, el juego es imprescindible durante los primeros siete años de vida de
todos los niños, porque cumple dos funciones básicas:
 La osificación: su esqueleto nace inmaduro, necesita reforzarse y calcificarse
gracias al estímulo del movimiento corporal.
 La mielinización: el cerebro debe terminar de madurar en los primeros años de
vida, el niño no nace con todas las conexiones listas para funcionar. El juego ejerce un estímulo
en uso de su cerebro.
Tan importante es ésta función, y tan espontánea es en los chicos, que muchas veces los
grandes pueden intervenir para estimular esta actividad. El juego favorece también la
sociabilidad con otros chicos, le permita aprender conceptos abstractos, desde matemáticas
hasta ideas morales.
Poco a poco comprende que no se debe hacer trampa, que cada niño tiene derecho a un turno
en la hamaca o en la bicicleta, o que saber contar es importante para no perder en algunos
juegos.

DESCARGA DE EMOCIONES.
Los niños no tienen control sobre sus emociones. Ese mundo alejado de lo racional que muchas
veces es difícil hasta para los adultos, resulta inmanejable para los chicos; sufren temores
muy intensos, vergüenza, a veces angustias que descargan a menudo durante sus juegos.
Por eso se sienten tan atraídos por monstruos, historias de brujas o robots, etc., porque a
través de estas invenciones descargan miedos y pesadillas y expresan su agresividad.

JUGANDO SE APRENDE.
A través del juego el niño se entretiene, conoce y participa, mediante la fantasía, de
situaciones de la vida real. Así comienza su proceso de sociabilidad y de integración con la
comunidad.
Es fundamental saber si el niño cuenta con el material adecuado: en primer lugar, diverso: en
segundo lugar, renovado de acuerdo con su evolución motriz e intelectual.

LA IMPORTANCIA DEL JUEGO Y DEL JUGUETE


PARA EL NIÑO.
La importancia, el juego y el juguete, son un producto del desarrollo social del hombre, son
sociales, tanto por su origen, su contenido, como por su significación.
El concepto de juego e infancia, como las características de los juguetes, van modificándose a
lo largo de la sociedad. En la sociedad de hoy la tecnología invade nuestro quehacer cotidiano y
atrae fuertemente la atención del niño actual y los juegos y juguetes técnicos entrarán cada
vez más en el terreno de sus actividades y sus conocimientos.
Desde siempre el niño se a fascinado por el movimiento y por el ruido. Muy pronto el bebé
descubre el mundo agitando su brazo, empujando o arrastrando objetos.
Es a través de la acción y la experimentación como el niño por un lado expresa sus intereses y
motivaciones y por el otro descubre propiedades de los objetos, relaciones, etc.
El juego es la fuente de aprendizaje, estimulando la acción, reflexión y la expresión. Es la
actividad que permite a los niños investigar y conocer el mundo que les rodea, los objetos, las
personas, los animales, las plantas e incluso sus propias posibilidades y limitaciones. Es el
instrumento que les capacita para ir progresivamente estructurando, comprendiendo y
aprendiendo el mundo exterior.
El alto potencial lúdico y educativo que encierran los juegos y en consecuencia los juguetes que
dan origen a ellos, deben aprovecharse para estimular sus capacidades. Existen gran variedad
de juegos o actividades que desarrollan en el niño de manera integral sus diferentes
habilidades visuales, motoras, auditivas, gráficas, lógicas y sociales, permitiéndole
desarrollarse inteligencia.
El lugar le permite ir elaborando o reviendo situaciones vividas en su entorno que ya sea por
frustrantes o gratificantes le han generado mucha ansiedad. Pensemos por ejemplo lo que
implica para el bebé separarse de su madre y como transcribe muy tempranamente esta
vivencia al juego de esconderse detrás de las sabanitas. De esta manera el bebé va
aprendiendo que aquello que desaparece en un momento puede reaparecer después y al llevarlo
al plan de la relación con sus madre, lo tranquiliza, ya que, paulatinamente va entendiendo que
separarse de ella no es perderla en forma definitiva, o sea que va adaptando activamente sus
propias reacciones afectivas.
Desde el principio el bebé vive experiencias de máxima intensidad en el espacio potencial que
existe entre el objeto subjetivo y el objeto percibido en forma objetiva, entre las
extensiones del yo y el no-yo. Todos los bebés tienen en dicho espacio sus propias
experiencias favorables o desfavorables.
El espacio se da solo con un sentimiento de confianza por parte del bebé, es decir, de
confianza vinculada con la confiabilidad de la figura materna o de los elementos ambientales.
Jugar conduce en forma natural a la experiencia cultural y constituye su base. El jugar pone
en marcha prácticas de sociabilidad entre los niños cuando el juego es compartido, le da pie a
la producción creativa, fomenta la actividad física y le permite ir accediendo a nuevas
estructuras mentales en lo que se refiere al rendimiento intelectual.
Winnicott dice; “El niño que juega habita en una región que no es posible abandonar con
facilidad y en la que no se admiten intrusiones. Esa zona del juego no es en realidad psíquica
interna, se encuentra fuera del niño, sin ser el mundo exterior. En ella el niño reúne objetos o
fenómenos de la realidad exterior y los usa al servicio de una derivada de la realidad interna o
personal”. El juego es el espacio transicional, es el área intermedia entre el yo y el no-yo.
Generalmente el adulto considera el juego como un mero pasatiempo, una forma de distraer al
niño de sus estudios. Por eso, su intervención se limita, en la mayoría de los casos, a acabar con
el juego, puesto que para él, no es más que una pérdida de tiempo.
Sin embargo, para el niño la actividad lúdica, es fundamental, ya que a través de ella:

 El niño descubre y hace suyo el entorno que lo rodea: pensemos en juego como
el escondite y sus variantes. El niño descubre progresivamente el espacio y las posibilidades
del mismo. Sabe dónde puede ir, por dónde, cuánto tiempo tardará, etc. poco a poco el niño
interioriza ese entorno de juego, lo hace suyo, y amplia el conocimiento a otras situaciones de
la vida.

 El niño imita e imagina: ¿Quién no ha jugado a piratas? La historia surgía con el


juego. Se improvisaba una situación, alguien sugería una situación: “¿vale que íbamos a enterrar
un tesoro?”, el grupo lo acepta y matizaba:” ¡Vale! Enterremos cada uno algo y busquemos los
tesoros” al cabo de un rato todos regresábamos de nuestras casas con aquello que íbamos a
enterrar. Al día siguiente volvamos a jugar a los piratas, pero ese día no enterrábamos nada,
descubríamos una isla, luchábamos, nuestro barco se hundía. Infinidad de situaciones surgían
de una misma propuesta inicial. A través del juego el niño de hoy, como nosotros ayer, imita
situaciones, imagina posibilidades y hace que el mundo irreal sea real por un tiempo limitado.

 El niño se relaciona, acepta las reglas y a los demás : la mayor parte de los
juegos son colectivos. Esto conlleva la necesidad de llegar a acuerdos con los otros. Para
empezar hay que acordar a qué se va a jugar, tras algunas liberaciones el grupo puede decidir
qué jugará a “Policías y ladrones”; después hay que saber como vamos a jugar: el espacio
permitido y el no permitido, la posibilidad o no de salvar a los jugadores capturados, etc.
durante el juego surgirán algunas situaciones conflictivas (“¡Te ha tocado!” “¡Tocar no es
atrapar!”) que implicarían una matización de las reglas (por ejemplo, se considera capturado un
jugador cuando lo han tocado, aunque no le agarren). También durante el juego puede surgir
personas que traten de salarse algunas de las reglas en su propio beneficio. El grupo será el
encargado de resolver estas y otras situaciones proponiendo soluciones, impartiendo justicia,
etc. y esto lo hará por consenso colectivo, ya que de lo contrario el juego puede finalizar. A
veces, el niño que no consigue hacer prevalecer su opinión por sobre la del grupo, amenazará
con desaparecer, al fin y al cabo ¿qué otra cosa puede hacer? Así, el niño aprende, poco a poco
a aceptar las reglas de juego, las soluciones impuestas por el grupo y a sus propios compañeros
de juego. Jugar inicia a los niños en la aceptación de reglas comunes compartidas,
favoreciendo así su integración social.

 El niño desarrolla habilidades y destrezas motrices: durante los juegos el niño


corre (pensemos en cualquier juego de persecución), salta (¿quién no ha jugado a la comba?),
imita gestos (seguir a la madre es un buen ejemplo), lanza y atrapa objetos (imaginemos el
juego de “Pies quietos”), desarrolla su sentido rítmico (juegos de palmas), etc. por otro lado,
las situaciones de los juegos se repiten una y otra vez, el niño no se cansa de jugar a lo mismo,
con lo que suponen una buena forma de entrenamiento y desarrollo de estas habilidades.

 El niño se conoce a sí mismo y a los demás : algunos juegos implican un análisis de


la situación en función de uno mismo y del otro. Pensemos en un juego como “el pañuelo”,
imaginemos una situación cualquiera: la madre ha dicho un número y hacia el pañuelo corren dos
jugadores, uno de cada equipo. Cada uno de ellos va analizando la situación y decidirá que hacer
cuando llegue al pañuelo, sobre todo, en función de a quién tiene enfrente. Luis sabe que Pedro
es mucho más rápido que el, así que sus posibilidades de llevarse el pañuelo son muy pocas,
puede intentar engañar a Pedro para que este supere la línea o puede esperar a que Pedro
tome el pañuelo para intentar tocarlo en ese preciso instante, después será demasiado tarde.
Para hacer todo este razonamiento Luis ha jugado infinidad de veces con Pedro a una gran
cantidad de juegos. Conoce sus posibilidades y sus limitaciones, las acepta durante el juego y
se acerca a ellas tratando de sacar de su conocimiento el mayor partido posible. A su ves
analiza los de los demás, se compara con ellos. Jugar implica aceptar retos, valorando las
posibilidades de éxito y esto se significa conocerse a uno mismo y a sus compañeros de juego.

 El niño se comunica e incrementa su vocabulario : durante los juegos el niño


verbaliza situaciones, se expresa y se comunica. Además, existe un vocabulario y unas
expresiones propias comunes a muchos juegos: “quedársela”, “llevarla”, o “ligarla” (la persona
que desempeña un rol distinto al de los demás), “perrito guardián” (vigilante próximo a los
capturados), “casa” (lugar en el que se esta a salvo), etc.

 El niño desarrolla el pensamiento divergente: La mayor parte de los juegos se


desarrollan en lo que se denominan “entornos cambiantes”, es decir, situaciones en las cuales
se plantean una sucesión de problemas que el sujeto tiene que resolver en función de la
información que recibe y de sus posibilidades de éxito. Pensemos en un juego como “El
rescate”, imaginemos una situación en la que hay tres personas capturadas y dos vigilantes. Un
jugador valora si es el momento adecuado de intentar rescatar a los capturados. En ese
momento la situación cambia, uno de los que se la quedan viene hacia él, ahora hay que escapar.
La mente del jugador debe analizar el cómo, hacia donde, etc. durante el juego irán surgiendo,
uno tras otro diferentes problemas, la situación es distinta si en lugar de una, te persiguen
tres personas. Las respuestas dependerán de la experiencia previa y del éxito presentes en
situaciones similares. Aún así, el jugador inventa una y otra vez respuestas nuevas a nuevas
situaciones, improvisa y evalúa el éxito o fracaso de sus decisiones. Desarrolla así la capacidad
de tomar decisiones, a veces muy diferentes de las habituales, lo cual es fundamental para una
transferencia a otras situaciones de la vida.