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Mona & Clau

Clau Guadalupe_Hyuga
Kath Walezuca Segundo
Lola’ Cjuli2516zc
Alicxi Mimi
Geral Mona
Lvic15

Clau

Nanis

Moreline
De la autora de Bestseller del New York Times, Penelope Ward, llega una nueva novela
independiente.
El comienzo de mi segundo año en la universidad fue un comienzo difícil. El
primer día de orientación, tuve un altercado con un exasperante británico en un baño
del campus. El baño de damas estaba fuera de servicio. Entonces, usé el baño de
hombres. No juzgues.
Llegué a casa más tarde esa noche y me di cuenta de que el estudiante extranjero
al que esperábamos alquilar una habitación en la casa de mis padres era alérgico a
nuestro gato.
Entonces, el cuarto de invitados fue para alguien más: Caleb, el británico del baño
de hombres.
Y así comenzó... mi historia de amor y odio con Caleb Yates. ¿O era odio-amor en
ese orden?
El tipo sabía cómo presionar cada uno de mis botones.
A veces le enviaba un correo electrónico para expresar mi agravio y desdén.
De hecho, reescribía mis propias palabras y me las enviaba de vuelta.
Ese era el tipo de persona exasperante que era Caleb.
Era tan frustrante.
Y...
A veces increíblemente divertido y entrañablemente dulce.
Y sexy.
Con el tiempo se fue haciendo más grande, y Caleb pronto se convirtió en uno de
mis mejores amigos ese año.
Lástima que regresaría pronto a Inglaterra, así que no podía pasar nada entre
nosotros por tantas razones. Definitivamente no podía enamorarme de él, sobre todo
porque todo lo que teníamos era sólo un año.
Teagan
¿A
lguna vez has tenido uno de esos días en los que todo parece ir mal desde
el momento en que te despiertas? ¿Como si alguien de arriba decidiera
que este sería un día de mierda y sin importar a dónde vayas o qué hagas,
parece que no puedes evitar los problemas? Hoy había sido ese tipo de
día para mí. Era el día de orientación de segundo año en Northern
University y todo lo que podía salir mal hoy, lo había hecho.
Primero, me informaron que no entré en la clase de química que quería. La habían
sobrecargado y necesitaban sacar a los últimos inscritos. La habían sobrecargado opado
y necesitaban sacar a los últimos inscritos. En cambio, tuve que sufrir por física, que me
parecía aburrida y fácil, porque era lo único que cabía en mi horario.
Luego me enteré que la petición de Maura de que un estudiante internacional
viviera con nosotros durante el año, había sido aceptada. La universidad tenía escasez
de viviendas y daba estipendios a la gente que vivía cerca y que estaba dispuesta a alojar
a algunos de los estudiantes. Mi madrastra había pedido específicamente un estudiante
internacional porque quería enseñar a mi hermana pequeña sobre una cultura
extranjera. Recibiríamos a un chico de China. Descubrir que estábamos a punto de tener
a un extraño viviendo con nosotros me estropeó la tarde. Realmente no me apetecía
tener que estar "en onda" en mi propia casa.
Pero esa noticia no fue nada comparada con la peor parte de mi día: mi situación
actual mientras corría en busca de un baño. Mi período llegó inesperadamente mientras
recorría uno de los edificios escolares recién construidos. Mientras me alejaba del
laboratorio de ciencias, el sonido de mis zapatos golpeando el suelo resonaba en los
pasillos.
Cuando finalmente encontré un baño de mujeres, un cartel en la puerta decía:
FUERA DE SERVICIO.
¡Claro!
Como no podía permitirme perder el tiempo buscando otro baño, tomé la
precipitada decisión de usar el baño de hombres adyacente. Poniendo mi oreja en la
puerta, no escuché ninguna actividad dentro. Afortunadamente, estaba realmente vacío
cuando entré.
Había dos urinarios en una pared y dos puestos en la otra. El primer puesto en el
que entré parecía que el inodoro estaba a punto de desbordarse, así que abrí el segundo.
El hedor más horrible que había olido en mi vida emanaba de él, pero parecía que al
menos funcionaba. Y ahora no tenía otra opción que usarlo. Sosteniendo mi nariz,
intenté sacar un tampón de mi bolso con la otra mano. Doblándome sin tocar el asiento
del inodoro, me ocupé del asunto tan rápido como pude, pero no antes de que alguien
entrara.
La puerta crujió al abrirse. Genial. Simplemente genial.
—¡Aguanta! —dije desde detrás de la puerta de la caseta mientras me apresuraba
a subirme la ropa interior—. No te quites los pantalones todavía. Voy a salir.
¿No te quitas los pantalones todavía? Me acobardé con mi elección de palabras.
—¿Perdón? —dijo una voz.
Me escapé del puesto.
—El baño de damas está fuera de servicio, y realmente necesitaba usar el baño.
Olfateó.
—Evidentemente.
¡Mierda! Cree que soy responsable del olor.
No lo hagas. Reconocerlo te hará parecer culpable.
Pero no pude evitarlo.
—Sólo quiero que sepas que el olor... no fui yo. Estaba así cuando entré.
Para empeorar las cosas, este tipo tenía un aspecto bastante asombroso, no era la
persona ideal para haberme atrapado en el baño de hombres. ¿Había realmente una
persona ideal?
Mi corazón latía más rápido mientras me lavaba las manos.
—Hmm... curioso, si me preguntas —murmuró en su acento británico.
—¿Curioso? ¿Qué significa eso?
Sonrió con suficiencia.
—Todo esto es curioso. Se supone que no deberías estar aquí. Pareces culpable. Y
huele como si alguien hubiera muerto. Sospechoso. Pero no es asunto mío.
Me sacudí las manos y agarré un pedazo de papel toalla, rasgándolo con fuerza.
—No puedes hablar en serio.
Me miró de arriba a abajo.
—Es sorprendente que una cosita como tú haya podido crear tal hedor.
Mi corazón se aceleró.
—No fui yo.
Sabía que cuanto más lo negaba, peor me hacía ver. Necesitaba salir de aquí.
Se rió.
—Relájate. Estoy bromeando.
¿Lo está? Pasé corriendo junto a él.
—Que tengas un buen día.
—Te huelo luego, amor —me llamó por detrás.
Me dirigí a través de esa puerta y al final del pasillo como un murciélago salido del
infierno.

Mi familia vivía a diez minutos del campus principal de Northern en Boston, en la


ciudad de Brookline. Nuestra casa era una gran y vieja casa victoriana con accesorios
de madera oscura y una escalera de caracol. Vintage era la mejor manera de describirla:
púrpura brillante en el exterior con una puerta roja. Parecía algo que pertenecía a un
libro infantil.
Por muy bonitos que fueran los dormitorios, cuando cumplí dieciocho años el año
pasado, mi padre me permitió mudarme al piso de abajo. El sótano tenía su propio
dormitorio más pequeño y un baño adyacente. En mi cumpleaños, en vez de ir de fiesta
o salir a redimir mi bebida de cortesía de Starbucks, me había pasado todo el día
mudando mis pertenencias. Mi habitación ahora tenía su propia puerta que daba al
patio. Eso facilitaba el escape cuando lo necesitaba. Me gustaba poder ir y venir a mi
antojo sin tener que hablar con mi padre, Maura, o mi media hermana de doce años,
Shelley. No era que odiara estar cerca de ellos; sólo necesitaba mi espacio. Pero no tenía
sentido pagar por alojamiento en la universidad cuando vivíamos tan cerca. Así que el
sótano era mi compromiso.
Como teníamos tanto espacio y vivíamos tan cerca de la universidad, Maura a
menudo ofrecía una de nuestras habitaciones a varias personas que viajaban por la
ciudad o a estudiantes que necesitaban alquilar una habitación. Tener extraños en mi
casa nunca me había molestado cuando era más joven. Pero ahora que iba a ir a la
escuela con este último estudiante internacional, iba a ser raro tenerlo cerca.
—Vuelves tarde —dijo mi madrastra cuando entré en la cocina esa tarde.
—Sí. La orientación fue estresante. Vi una película después de salir de la escuela
para olvidarme de las cosas.
El Teatro Syd, el pequeño cine independiente de mi ciudad, estaba prácticamente
vacío entre semana. Mi madrastra estaba convencida de que la gente equivocada
acechaba allí en los momentos de menor actividad, como la mitad del día, pero era
exactamente cuando me gustaba ir, cuando el lugar estaba solo o casi solo.
Ella frunció el ceño.
—Te dije que dejaras de ir allí.
—Está bien. Nadie me ha molestado nunca. De hecho, yo era la única que estaba
allí hoy. Nadie puede molestarte si estás solo. Aparte de que el suelo es pegajoso, es
inofensivo.
—Dios sabe qué hay en ese piso haciéndolo pegajoso. ¿Y estabas sola? Eso es
exactamente lo que quiero decir. Eres un blanco fácil. Tengo un mal presentimiento
sobre ese lugar.
Cambié de tema porque no necesitaba tener esta tonta discusión de nuevo.
—¿Llegó el estudiante de intercambio?
Golpeando una cuchara de metal contra la olla que estaba revolviendo, dijo:
—Ha habido un cambio de planes. Bo Cheng de China ya no va a vivir con nosotros.
—¿Por qué no?
—Resulta que es muy alérgico a los gatos. Apareció antes con todas sus cosas y no
pudo dejar de estornudar. Volvió a la escuela y pidió una reasignación.
Mis esperanzas estaban activas.
—Entonces, ¿nadie se va a mudar?
—Pudieron encontrar otro estudiante dispuesto a cambiar con Bo. Así que ahora
él viene en su lugar. Se supone que llega esta noche. Supongo que está recogiendo sus
cosas.
Suspiré.
—¿Cuál es su historia?
—No dijeron. Será como desenvolver un regalo —bromeó.
Sintiendo la ansiedad burbujear en mi pecho de nuevo, me dirigí a mi dormitorio
y me acosté en mi cama, mirando al techo, una vez más apreciando el santuario que era
mi propio espacio. La puerta de tela metálica que daba a mi patio dejó entrar una brisa
fresca. Escuchando el crujido de las hojas, me fui a dormir una siesta.

La voz de mi hermana me despertó un rato después.


—¡Sube y conoce a Caleb!
Frotando mis ojos atontados, murmuré:
—¿Quién?
—Caleb. ¡El chico que va a vivir con nosotros!
Ugh.
Se dejó caer en mi cama.
—Es muy agradable. Ya arregló mi bicicleta. Descubrió cómo aflojar el asiento
atascado.
—¿Ha estado aquí por un rato ya?
—Alrededor de una hora y media. Está arriba preparando su habitación, pero
mamá acaba de llamar a todos para la cena. Estamos a punto de empezar a comer. Ella
hizo espaguetis.
Miré el reloj. Dios mío. Eran casi las ocho de la noche.
Después de que mi hermana subiera las escaleras, me obligué a salir de la cama y
me acerqué al espejo. Me até el cabello largo y castaño claro en un nudo. Hacía años que
no me peinaba y el maquillaje no era lo mío. Suficientemente bien. No estaba tratando
de impresionar a nadie de todos modos.
Lentamente, subí las escaleras. Cuando llegué a la cima, un acento británico
comenzó a notarse. Me detuve cerca del comedor y me quedé en la esquina antes de
entrar. ¿Por qué su voz me suena tan familiar?
Incliné la cabeza para echar un vistazo a la habitación.
¡No!
¡Simplemente no!
¿Por qué?
Era la cara cincelada del tipo que me había juzgado hoy en el baño de hombres. Mi
estómago se hundió.
¡No el británico del baño!
Cualquiera menos él.
¿Era nuestro nuevo inquilino?
Mi padre me vio, frustrando mi intento de esconderme a la vuelta de la esquina.
—¡Teagan! Qué bueno que te hayas unido a nosotros.
Di unos pasos de mala gana en el comedor.
Caleb se giró para encontrarse con mis sorprendidos ojos. Su boca se abrió antes
de convertirse en una sonrisa divertida.
Maura nos presentó.
—Teagan, este es Caleb. —Sonrió—. Caleb, esta es nuestra hija, Teagan.
—Encantado de conocerte —me obligué a decir.
Él sonrió.
—En realidad... nos hemos visto antes, ¿no?
Maura miró entre nosotros.
—¿Lo han hecho?
Caleb asintió.
—Coincidimos hoy en la orientación.
Entrecerré mis ojos.
—Oh, es cierto. Ahora te reconozco.
—Fue breve... pero memorable. —Guiñó el ojo—. ¿No fue así?
Quería golpearlo desde el otro lado de la mesa. Pero en vez de eso, me senté,
jurando no decirle nada más.
Durante la cena, jugué con mi pasta y evité hacer contacto visual.
Maura le acercó la bandeja de servicio, animándolo en silencio a que comiera.
—Entonces, Caleb, ¿qué te trae a los Estados Unidos? Sé que estás estudiando en
Northern, pero ¿por qué decidiste hacer ese cambio?
Tomó un trago de agua.
—Bueno, me tomé unos años libres después del instituto. No estaba seguro de qué
quería estudiar. Por eso a los veintidós años, soy un poco mayor para ser un novato. Mi
universidad en Inglaterra tiene una sociedad con Northern. Me dieron la opción de
pasar un año aquí. Así que elegí el primer año. Me pregunté cuándo más en mi vida
tendría esta oportunidad.
—¿Es tu primera vez en los Estados Unidos?
Se limpió la boca y asintió.
—Sí.
—¿Qué piensas hasta ahora? —preguntó.
—Me encanta. Pero definitivamente estoy notando algunas diferencias.
Maura se inclinó.
—¿Oh? Nos encantaría saber más. —Se volvió hacia mi hermana—. Shelley, presta
atención. Es bueno que aprendas esto.
—Bueno, para empezar, el tamaño de las porciones aquí es más adecuado para un
gorila.
Todos menos yo se rieron de eso.
—No es que me esté quejando... —añadió—. Creo que es genial. Simplemente no
nos sirven tanta comida en casa.
Sonriendo, mi padre cruzó los brazos y se inclinó hacia atrás en su silla.
—¿Qué más?
—Bueno, hasta ahora he encontrado que hay dos tipos de personas aquí. Hay
personas extremadamente amigables que empiezan a hablarte sin ninguna razón. Y
luego hay gente que parece no poder aceptar una broma o reírse de las cosas. —Se giró
y me miró directamente—. Siento que los británicos están en algún lugar entre los dos
más neutrales, en realidad.
Maura llenó su vaso con más agua.
—Eso es muy interesante. Así que nuestras personalidades son más extremas.
—Tal vez. —Me sonrió.
Mi madrastra continuó asando a Caleb durante el postre. Parecía más que feliz de
responder a sus preguntas. Mientras tanto, yo anhelaba escapar, pero me quedé porque
no quería parecer más grosera de lo que él aparentemente pensaba.
Después de la cena, Caleb nos ayudó a limpiar, a pesar de que Maura insistió en
que no tenía que hacerlo. Definitivamente tenía buenos modales. Le daría eso.
Era tarde para cuando todo estaba guardado. Para mi alegría, Caleb se retiró a su
habitación.
El alivio me invadió, ya que no tenía que evitar mirarlo. Pude olvidar por un
momento que estaba viviendo en mi casa.

A la mañana siguiente, mientras estaba en la cocina sirviendo café, sentí la


vibración de su voz en mi espalda.
—Buenos días, compañera de cuarto.
Salté y, de espaldas a él, me las arreglé para saludarlo.
—Sabes, si vamos a vivir juntos, deberías aprender a mirarme. Me imagino que es
mucho más difícil evitar el contacto visual. Es como jugar al dodgeball con los ojos.
Eso me hizo reír un poco. Me di la vuelta para enfrentarlo.
—No empezamos exactamente con el pie derecho. Supongo que todavía estoy
tratando de aceptar que estás aquí bajo nuestro techo, dado que fuimos presentados.
—Debes haberte cagado cuando me viste.
Puse los ojos en blanco mientras su boca se extendía en una sonrisa malvada, sus
blancos dientes casi me cegaban. Era dolorosamente guapo, y lo odiaba. Su grueso y
hermoso cabello también era un hermoso desastre por la mañana. Un chico guapo y
cretino.
—Sí. Se suponía que fuera Bo Cheng, no tú —dije.
Sus ojos se entrecerraron.
—¿Bo Cheng?
—El tipo al que reemplazaste. Ese es su nombre.
—Ah. Ese tipo. Lo conocí brevemente cuando me estaba mudando del otro lugar.
Tenía los ojos hinchados.
—Sí. Era alérgico a Catlin Jenner.
—¿Quién?
—Catlin Jenner, la gata.
—Ah, ¿ese es su nombre?
—Sí. Shelley le puso el nombre por el padre de las Kardashians que ahora es una
mujer, Caitlin Jenner. Excepto que la nuestra es Cat-lin Jenner. ¿Lo entiendes?
—Es muy inteligente, tu hermana. Y eso tiene sentido en cuanto a las alergias. A
ese gato ciertamente no le falta pelo.
—Ella es persa.
—Es hermosa. Dormimos juntos anoche, en realidad.
Estaba segura de que no era la primera vez que decía eso.
—Ten cuidado. A veces rasguña.
—Los arañazos no me asustan.
¿Por qué cada palabra que salía de su boca ponía mi mente en la cuneta?
Tomó una taza del armario.
—¿Así que tengo que agradecer a Catlin Jenner por el hecho de que ahora estoy
viviendo en esta increíble casa?
—¿Estás siendo sarcástico?
Caleb cerró el armario un poco demasiado fuerte.
—¿Estás bromeando? Este lugar es brillante. Nunca he comido mejor, he dormido
mejor. Me encanta este lugar. Me siento más en casa que en mi propia casa en Inglaterra.
—Oh. No podría saber si estabas bromeando.
—¿No sientes lo mismo? —preguntó.
—Es diferente cuando algo no es novedoso. Supongo que yo...
—¿Lo das por sentado?
Suspiré.
—Tal vez un poco. Sí.
Miré mis zapatos, cualquier cosa para evitar el contacto con sus ojos verdes.
—Entonces... ¿habrías mirado a Bo Cheng a los ojos?
—Probablemente —dije, aun negándome a levantar la mirada.
—¿Deberíamos traerlo de vuelta, darle algún medicamento para la alergia?
¿Sacarte de tu miseria?
—Eso no es necesario. No nos veremos mucho más allá de las horas de comida de
todos modos.
—Oh, es cierto. Te escondes en el sótano, apenas le prestas atención a tu
hermana...
¿Qué?
¡Cómo se atreve!
—¿Quién dijo eso?
—Shelley parece pensar que la evitas.
¿Ahora se está confabulando contra mí con mi familia?
La ira corrió por mis venas.
—¿Ella te dijo eso? ¡Eso es ridículo! ¿Qué haces hablando con mi hermana sobre
mí?
—No le hablaba de ti. Ella ofreció la información. Le pregunté cómo se llevaban y
me informó de que no parece que tengas mucho tiempo para ella.
Eso dolió. No sabía qué me molestaba más, lo que ella decía o que le hablaba de
ello. O tal vez me molestaba porque era verdad. No evitaba tanto a mi hermana como a
toda mi familia. Podía relacionarme mejor con todos, pero me molestaba que
interfiriera cuando ni siquiera me conocía. Llevaba viviendo en esta casa menos de
veinticuatro horas.
—Siempre estoy aquí si me necesita, y ella lo sabe.
—¿En serio? ¿Cuándo fue la última vez que intentaste pasar el rato con ella, la
ayudaste con sus deberes?
No tenía una respuesta. Y eso me hizo sentir como una mierda. El año pasado, me
retiré mucho a mi propio mundo. Había sido una hermana de mierda. No se podía negar.
No me gustaba que un extraño entrara en mi vida y me lo echara en cara.
Por primera vez, realmente miré a Caleb a los ojos.
—No sé quién te crees que eres, pero mi relación con mi hermana no es asunto
tuyo.
Tomó el último sorbo de su café antes de poner la taza en el lavavajillas.
—Muy bien, entonces. —Asintió—. Salud. Buena charla.
Entonces el bastardo crítico dejó la habitación.
Teagan
Q
ué bríos los suyos.
Las clases aún no habían empezado, así que no tenía nada mejor
que hacer el resto de mi mañana que guisar a Caleb el crítico. No me
conocía ni sabía nada en relación a los problemas que tenía con mi
familia.
Luego, la culpa sobre lo que había dicho comenzó a asentarse.
Maldito seas, Caleb, por meterte en mi cabeza.
Finalmente fui con Maura a la tienda, pero cuando mi amiga Kai vino temprano
esa tarde, pudo ver que todavía estaba molesta por algo.
—¿Qué está pasando? —preguntó.
Kai vivía unas cuantas puertas más abajo. Era un año mayor que yo y se había
trasladado a la Universidad de Suffolk.
—¿Sabes que te dije que vendría a vivir aquí un estudiante de intercambio?
—Sí. El tipo de China...
—No. Ese es Bo Cheng. Ojalá fuera el que vive con nosotros. Tuvo que mudarse
porque es alérgico a Catlin Jenner.
—Oh, qué pena. De acuerdo... entonces... ¿cuál es el problema?
—La universidad envió a otro, un tipo exasperante llamado Caleb Yates de
Inglaterra.
Procedí a contarle la historia del encuentro con Caleb en el baño de hombres.
Se rió mucho.
—Mierda.
Puse los ojos en blanco.
—Sí, literalmente.
—Bien, entonces, ¿cuál es el problema? La vida te jugó una pequeña broma.
Supéralo.
—Puedo superar totalmente la forma en que nos conocimos. De verdad. Ese no es
el problema. Mi problema es que se encargó de abordarme en la cocina esta mañana.
Ella movió sus cejas.
—Suena emocionante.
—No tiene nada de emocionante. Lo siento. Empezó a preguntarme por qué evito
a Shelley. ¿Puedes creerlo? Quiero decir, ¿en serio? ¿Vives en mi casa por unos segundos
y cuestionas mi relación con mi hermana? Como... ¿quién eres?
Profundizó su mirada.
—Evitas a Shelley.
Dejé salir un resoplido de frustración.
—¿También tú, Kai? No se trata de eso.
—Está bien, está bien. Entiendo que ese no es el punto aquí. El punto es que lo que
haces o cómo te comportas no es asunto suyo. ¿Qué le dijiste?
—Le dije que no era asunto suyo.
—¿Qué dijo?
—Se alejó.
Ella asintió.
—Y eso te molestó aún más.
—Bueno, sí, pero ¿alejarse no es lo peor que puedes hacer cuando estás en medio
de una discusión con alguien?
—En realidad, a veces probablemente es lo más inteligente.
Soplando un aliento frustrado, abracé una de mis almohadas. Necesitaba que
fuera una amiga y que estuviera de acuerdo conmigo hoy, aunque no estuviera en lo
correcto. Parte de mí sabía que estaba exagerando. Pero no podía evitar cómo me sentía.
Suspiré.
—No sé por qué dejo que se meta bajo mi piel de esta manera. Realmente no lo sé.
—¿Cómo es este tipo?
Me puse mi cola de caballo. ¿Se lo digo?
Mis palabras salieron rápido.
—Es exasperantemente guapo y huele muy bien. Es molesto.
—¡Ajá! Sabes que has usado la palabra exasperante dos veces para describirlo. —
Se rió—. De todos modos, sabía que tenía que haber algo que alimentara esta reacción.
Es guapo por encima de todo, y eso hace que esto sea aún más raro para ti.
—Mi reacción sería la misma a pesar de todo.
—No, no lo haría. No te importaría tanto si no tuviera otro tipo de efecto sobre ti,
efecto que siempre intentas evitar cuando se trata de chicos.
—No vayas allí, ¿de acuerdo? Estamos hablando de él, no de mí.
—Muy bien, bueno, ¿sabes qué hacer? Envíale algo por escrito, como un correo
electrónico. Corta esto de raíz. Dile que, aunque aprecias su preocupación, no aprecias
que meta las narices donde no le corresponde cuando se trata de tus asuntos
personales.
Levanté la frente.
—¿De verdad crees que eso va a ayudar?
—Los sentimientos escritos son más formales y muestran un cierto nivel de
seriedad. Si te tomas el tiempo para escribirlo, debes hacerlo en serio.

Después de mucha consideración, decidí hacer lo que Kai dijo. Saqué un poco de
papel amarillo y empecé a escribir mis pensamientos. Después de ir y venir y tachar
cosas, finalmente determiné cuál sería mi mensaje para Caleb.
Luego fui a buscar a Maura para ver si tenía la dirección de correo electrónico de
Caleb con la información que había recibido de la universidad. Como era de esperar, me
preguntó por qué le escribiría cuando estaba arriba, pero me lo dio sin entrometerse
demasiado.
Volví a mi habitación y escribí cuidadosamente mi mensaje.

Asunto: Consejo no solicitado

Querido Caleb,

Aunque aprecio tu preocupación por mi falta de interacción con mi


hermana, encuentro el hecho de que te metas en nuestros asuntos muy intrusivo
e impropio de alguien que no me conoce.
No conoces todos los detalles de mi vida o mi historia con mi familia. En
realidad, no me conoces en absoluto.
Así que te agradecería mucho que no ofrecieras consejos no solicitados
sobre asuntos que no entiendes.

Saludos,
Teagan

Lo leí unas cuantas veces y presioné enviar antes de que pudiera cambiar de
opinión. Vaya, eso se sintió bien.
Mantuve mi ordenador abierto mientras doblaba algo de ropa lavada durante los
siguientes minutos.
Luego escuché el sonido de mi notificación de correo electrónico.
Un mensaje en negrita mostraba una respuesta de Caleb.

De: Caleb Yates


Para: Teagan Carroll
RE: Consejos no solicitados

Querida Teagan,

He editado tu correo electrónico. Creo que esto es lo que querías decir:

Querido Caleb,

No me gusta que me saquen en cara mi horrible comportamiento porque me


obliga a pararme y mirarme en el espejo. No me gusta el hecho de que, aunque no
conozcas los detalles de mi vida, fuiste capaz de reconocer algo de mí que no me
gusta de mí misma, por eso la actitud que te di. Quiero cambiar, ser mejor, pero
no sé cómo. Verás, últimamente estoy muy metida en mi propia cabeza.
Si no te hubiera forzado a abandonar nuestra discusión, quizá habría
descubierto que sólo tenías en mente lo mejor para mí y para Shelley. Pero como
tengo la cabeza metida en el culo en este momento, elegí creer que eres un
imbécil y escribirte esta nota en su lugar, aunque estés arriba.

Vete a la mierda,
Teagan

Oh, Dios mío.


Oh... Dios mío. Dios.
Mi sangre hirvió.
¿Me estás tomando el pelo?
Esta vez, empecé a escribir sin pensar primero. Toqué las teclas con ira.

De: Teagan Carroll


Para: Caleb Yates
RE: Consejos no solicitados

Querido Caleb,

¿Hablas en serio ahora mismo?

Enviar.

Diez segundos después, llegó un nuevo correo electrónico. El hecho de que


hubiera estado esperando mi respuesta en el ordenador me molestó aún más.

De: Caleb Yates


Para: Teagan Carroll
RE: Consejos no solicitados

Querida Teagan,

Me preguntaste si hablaba en serio. Voy a asumir que es una pregunta


retórica, y no quieres que te la responda. Hazme saber si me equivoco.

Caleb

De nuevo, escribí sin pensarlo bien.

De: Teagan Carroll


Para: Caleb Yates
RE: Consejos no solicitados

No, no era retórica. Te pregunté si hablabas en serio porque encuentro tu


actitud increíble. Quiero saber por qué crees que está bien analizar a alguien que
ni siquiera conoces. ¡En serio!
Exhalando mi frustración, me dije que este intento infructuoso de comunicación
había terminado, hasta que mi ordenador volvió a sonar.
Hice clic en su respuesta.

De: Caleb Yates


Para: Teagan Carroll
RE: Consejos no solicitados

Suena como si tuvieras un serio problema conmigo y un serio abuso de la


palabra serio.

¿Qué?
Escribí.

De: Teagan Carroll


Para: Caleb Yates
RE: Consejos no solicitados

No tiene sentido continuar este intercambio de correos electrónicos.

Casi inmediatamente, respondió.

De: Caleb Yates


Para: Teagan Carroll
RE: Consejos no solicitados

¡Ding! ¡Ding! ¡Ding! Por fin lo entiendes. Nunca tuvo sentido este
intercambio de correos electrónicos. Nunca debió haber sucedido. ¿Quieres
adivinar por qué?

Golpeé mi teclado mientras respondía.

De: Teagan Carroll


Para: Caleb Yates
RE: Consejos no solicitados

¿De qué estás hablando?

De nuevo, su respuesta fue inmediata.

De: Caleb Yates


Para: Teagan Carroll
RE: Consejos no solicitados

Nunca tuvo sentido este intercambio de correos electrónicos porque...


redoble de tambores... estoy arriba.
Justo arriba, Teagan.
¿Por qué me enviarías un correo electrónico en vez de venir a hablar
conmigo?
(¡En serio!).

Cerré de golpe mi portátil. Ya había terminado. Terminado.


Sin embargo, durante los siguientes minutos, mientras seguía guardando mi ropa,
no hice más que obsesionarme. ¿Por qué dejaba que me afectara? No quería reaccionar
de esta manera. Lo había exagerado todo. El correo electrónico era un intento de hacerle
entender mi punto de vista sin tener que verlo, pero tal vez tendría que enfrentarme a
él después de todo.
Subí las escaleras y me dirigí directamente a mi antigua habitación, su habitación.
Pero cuando llegué a la cima de la escalera, me tragué las palabras que estaba preparada
para soltar. La inesperada visión de Caleb haciendo flexiones me llegó a los ojos. Usaba
una barra pegada a la parte superior de la puerta para levantarse. Llevaba una camiseta
que subía cada vez que se levantaba. Sus duros abdominales estaban ahora mirándome
a la cara, ondas de músculo tallado. Tenía puestas unas muñequeras negras. Había
convertido mi vieja habitación en un gimnasio casero.
Era un bastardo, pero no se podía negar que era hermoso.
Me aclaré la garganta.
—¿MI padre te dio mi permiso para poner esa cosa en la puerta?
La casa se estremeció cuando aterrizó de pie.
—Bueno, hola, Teagan. Es increíble lo fácil que es subir las escaleras, ¿no? —
Agarró una toalla y se limpió el sudor de su frente—. Y sí, de hecho, tu padre me dio
permiso para poner la barra.
Salí con ello.
—Crees que lo sabes todo, ¿no? ¿Quién eres?
Me miró fijamente.
—¿Quién soy? Bueno, es bueno que preguntes, Teagan. —Tiró su toalla en el
escritorio—. No has tenido ningún interés en conocerme desde el momento en que
entré por la puerta. Pero ya que finalmente te has informado... hola, soy Caleb Yates.
Feliz de estar aquí. No tengo ni idea de lo que estoy haciendo con mi vida y tengo una
situación familiar un tanto podrida en Inglaterra. Así que, vine a un país extraño por
primera vez para alejarme un poco. Echo de menos a mi madre, pero la buena noticia
es que me acabo de mudar a una casa donde todo el mundo es cordial, excepto la chica
malhumorada del sótano.
Vaya.
—Eso es un poco duro, ¿no crees?
Se acercó, y el olor de su colonia mezclada con el sudor fue... interesante. No se
puede decir que fuera algo malo, eso es seguro.
—No tenías que escribirme un correo electrónico presumido, Teagan. Puedes
venir a hablar conmigo si hago algo que te haga enojar. Si me escribes emails como ese
cuando estoy arriba, ese es el tipo de respuesta que recibirás, todas y cada una de las
veces.
Tenía razón. Usar el correo electrónico fue un poco cobarde de mi parte. Aun así,
me las arreglé para convencerme de que era una buena idea. Él tenía razón. Cualquier
cosa que necesitara decirle, debería poder decírselo a la cara. Honestamente, el
beneficio de eso también era, su cara, poder mirarla, quiero decir. Resultó que mirarlo
era mucho más divertido que evitar el contacto visual. Gracias a Dios que no podía leer
mi mente en este momento.
El hecho de ver que realmente pareciera enojado en lugar de divertido me hizo
cambiar de idea, y quizás su olor se me subió a la cabeza llevando mi mente hasta la
cuneta.
Extendió su mano.
—Dámelo.
Miré mis manos vacías.
—¿Darte qué?
—El palo que tienes en el culo. Sácalo y dámelo.
Arrugué la frente.
—¿Qué?
Movió sus dedos.
—Vamos. Entrégalo.
Genuinamente curiosa de a dónde iba con esto, hice un gesto con mi mano,
pretendiendo quitar el palo imaginario de mi trasero y lanzárselo.
Él pretendió atraparlo y luego fingió que le pesaba.
—Es más grande de lo que pensaba. —Mirando a su alrededor dijo—: Voy a
encontrarle un espacio. Espera.
Me reí, en contra de mi mejor juicio. Empujó el palo imaginario bajo su cama y se
limpió el polvo falso de sus manos.
—Ahora que eso está fuera del camino, ¿por qué no empezamos de nuevo?
¿Realmente tengo elección? Este tipo iba a vivir con nosotros durante un año. Sería
más fácil seguir adelante que continuar por el camino rocoso que habíamos empezado,
el camino rocoso que yo había tallado. Por muy molesto que fuera Caleb, se las arregló
para encantarme lo suficiente. Decidí tratar de dejar ir mi ira.
—Está bien, Caleb.
Le divirtió mucho mi cambio de actitud.
—Vaya. No creí que fuera tan fácil.
—Bueno, me di cuenta de que no vas a ir a ninguna parte.
—Ah. Así que soy como una enfermedad incurable.
—O una alergia. —Me reí.
—Rápido. Que alguien le diga a ese tipo, Bo Cheng, que se mantenga alejado de mí.
—El bueno de Bo Cheng. No se da cuenta de que esquivó una bala con la chica
malhumorada del sótano —me quebré.
¿Estoy siguiendo la corriente? ¿Qué clase de hechizo me ha puesto este tipo?
—¿Por qué estás en el sótano? —preguntó—. Esta es una casa muy hermosa. Y
viendo que ahora estoy en tu antiguo dormitorio y puedo atestiguar personalmente lo
bonita que es, no puedo imaginarme por qué dejarías este espacio por esa pequeña
habitación de ahí abajo.
Su comentario hizo saltar una alarma en mí.
—¿Has visto mi habitación en el sótano?
—Sí. Lo saqueé cuando estabas fuera. Y lo que encontré explica muchas cosas.
Su risa sofocada lo delató.
—¡No, no lo hiciste!
—Relájate. Tu padre me dio un recorrido apropiado por la propiedad mientras
estabas en la tienda antes. Me llevó al sótano y me mostró dónde está la lavadora.
Resulta que vi tu habitación mientras estaba allí.
—Ya veo.
—Me pareció muy extraño, por cierto.
—¿Mi habitación?
—No. La lavadora en el sótano. En Inglaterra, lavamos la ropa en la cocina.
—Oh, eso es raro. ¿Qué pasa con la secadora?
—No tenemos. Mi madre sólo alinea la ropa afuera.
—No me lo puedo imaginar.
—¿Qué, no puedes imaginarte tus bragas volando en el viento para que todo el
mundo las vea?
Me reí entre dientes.
—Más o menos.
Se rascó la barbilla.
—Eres muy conservadora, ¿verdad?
Probablemente debería haber respondido a su pregunta. En cambio, dejé que mis
ojos viajaran por su pecho, notando la forma en que su camisa se aferraba a los
músculos sudorosos. Me sentía lejos de ser conservadora en este momento.
Sacudí mi cabeza.
—¿Por qué dices eso?
—La forma en que te vistes, siempre te cubres bastante bien de la cabeza a los
pies. También la forma en que reaccionaste cuando nos conocimos en el baño de
hombres de la universidad. Te mortificaba la idea de que yo pensara que eras
responsable de ese olor.
—No saquemos eso a colación, por favor. Lo estamos haciendo muy bien.
Se rió y se dirigió a los estantes, que albergaban docenas de mis libros viejos. No
me había molestado en moverlos abajo porque no tenía tanto espacio.
Arrastrando su dedo índice a lo largo de algunos de los lomos, dijo,
—Bonita colección, por cierto.
Mi frente se arrugó.
—¿Es eso sarcasmo? No puedo decirlo.
—No. Tienes algunos libros interesantes aquí. Eckhart Tolle. Deepak Chopra. Es
como la central de autoayuda. Supongo que eres... ¿ayudada? ¿Totalmente zen? ¿Sin
ningún problema?
—No del todo.
Eligió uno de la alineación.
—Diez secretos. ¿De qué se trata éste?
—Es un libro de autoayuda —dejé salir.
—No me digas.
—Lo esencial es que todos esconden al menos diez secretos que les impiden
progresar en la vida.
—¿Diez? ¿Es cierto eso?
—Sí. A veces ni siquiera somos conscientes de que los estamos suprimiendo.
Miró hacia abajo a la cubierta, y luego hacia mí.
—Tengo al menos uno, pero no estoy seguro de diez. ¿Tú?
—Por supuesto. Todos tenemos secretos, cosas que se pudren.
Revisó el libro.
—Dime uno de los tuyos.
—Si te lo dijera, no sería un secreto.
Señaló las páginas.
—Sí, pero según este libro, tus secretos te están reteniendo.
—Viviré con el riesgo.
Caleb se rió.
—Tengo un secreto que te interesaría saber, uno que te pertenece.
Mi corazón se agitó.
—¿En serio?
—Síp. —Levantó la barbilla—. ¿Quieres saber qué es?
—Sí, quiero, si me concierne.
Caleb volvió a poner el libro en el estante y se frotó las manos.
—Mi secreto es...
Hizo una pausa.
Cuando ya no pude soportarlo más, dije:
—¿Qué pasa?
—Definitivamente vas a querer oír esto —murmuró.
Me reí.
—Bien... entonces dime.
Dio unos pasos hacia mí y se inclinó cerca de mi oreja. Los escalofríos me
recorrieron mientras decía:
—Sé de hecho que no fuiste tú quien generó ese olor en el baño.
Lo miré a los ojos.
—¿Cómo?
—Porque había estado en el baño de hombres temprano esa mañana y olía
exactamente igual.
—¿Por qué no dijiste eso en ese momento?
—Porque fue muy divertido verte retorcerte. —Guiñó el ojo—. Es bueno que esté
viviendo aquí. Tendré muchas más oportunidades de hacerlo.
Teagan
M
ás tarde, ese día, casi me caigo de la silla en la que había estado parada en
la cocina cuando Caleb apareció detrás de mí.
—¿Necesitas ayuda?
Temblé mientras bajaba lentamente. Por alguna razón, asumí que
había salido de la casa.
Era tarde. Mi padre seguía en el trabajo, y Maura y Shelley se habían ido a la
práctica de porristas de mi hermana. Las clases en Northern no empezaban hasta el
lunes siguiente, así que aparentemente Caleb no tenía nada mejor que hacer que
quedarse aquí. Supongo que no debería haberme molestado ya que ahora vivía aquí,
pero lo hizo.
Con Maura fuera de la casa, pensé que era mi oportunidad de asaltar el estante de
los dulces. La vi escondiendo algunas bolsas en lo alto el otro día. Había estado
reprimiendo los hábitos alimenticios de Shelley y mi padre, así que supuse que había
escondido los dulces en el estante más alto de la cocina. Pero como nuestros techos eran
tan altos y nuestros armarios tan elevados, subestimé la capacidad de esta silla para
subir. Caleb había aparecido en medio de mi esfuerzo fallido.
—¿Tratando de alcanzar algo?
—Sí, en realidad. —Podía sentirme sudando.
Empujó la silla hacia la mesa y se rascó la barbilla mientras miraba hacia arriba. A
pesar de lo alto que era Caleb, tampoco podía alcanzar el armario.
Para mi sorpresa, se arrodilló frente al mostrador y señaló sus hombros.
—Súbete.
—¿Qué?
—Te levantaré para que consigas lo que necesitas.
¿Quiere que me suba a sus hombros?
—No importa, así está bien.
Insistió.
—Súbete.
Tragué con fuerza e hice lo que me dijo, sentándome en sus hombros y
envolviendo mis piernas alrededor de su cuello. La sensación de sus duros músculos
presionando mi clítoris era interesante, por decir lo menos. Seguro que era la última
emoción barata. Se levantó lentamente, y cuando llegó a su altura máxima, yo estaba
exactamente donde debía estar para abrir el armario prohibido de arriba.
Aunque era difícil concentrarse en lo que había venido a recuperar. No había luz
en el interior del armario, y hay que reconocer que no estaba prestando mucha
atención. Todo lo que se registró fue el calor de su cuerpo y la sensación de sus fuertes
manos sosteniendo cada una de mis piernas. Y desde aquí arriba, su olor a almizcle se
amplificó. Mi corazón iba a un kilómetro por minuto mientras agarraba cualquier cosa
vieja.
—Lo tengo —dije, asumiendo que había encontrado algún tipo de caramelo agrio
o chocolate.
Cualquier cosa serviría para satisfacer mi antojo dulce. El mayor problema ahora
mismo era el hecho de que mis pezones estaban duros. Necesitaba bajarme de Caleb
porque él podría leer la reacción de mi cuerpo si me quedaba con la parte de atrás de
su cabeza entre mis piernas por más tiempo.
Sólo mi cuerpo necesitado podía asomarse montando la espalda de alguien.
Él se agachó y yo me bajé.
—Gracias.
Sus ojos cayeron en la bolsa de caramelos que tenía en la mano. Entrecerró los
ojos.
—Interesante elección.
—¿Qué...?
Miré el paquete. ¿Qué demonios, Maura?
—Um... esto... ni siquiera sé qué es esto.
Casi resopló.
—¿Tomaste toda esa molestia por un pene de caramelo?
La bolsa estaba llena de caramelos de los colores del arco iris en forma de polla.
Quería matar a mi madrastra. Entonces recordé que había estado planeando una
despedida de soltera para su amiga Darlene. Probablemente había comprado estos
como favores y los había estado escondiendo de Shelley.
—De acuerdo, revelación total: estaba intentando satisfacer un antojo dulce y no
estaba prestando atención a lo que tomaba. Sólo quería algo azucarado. No tenía ni idea
de que Maura estaba escondiendo esto ahí arriba. Estoy bastante segura de que son
para la despedida de soltera que está planeando para su amiga.
Parecía confundido.
—¿Despedida de soltera?
—Sí. Es una fiesta que tienes para una mujer que está a punto de casarse.
—Ah. Como una Hen-do.
—¿Hen?
—Sí. Una fiesta para la novia. Así es como llaman en casa cuando sacan a la chica
antes de la boda.
Asentí.
—Despedida de soltera... sí, algo así.
Sonrió con suficiencia.
—¿Entonces eso es lo que hacen las mujeres en esas cosas? ¿Sentarse a comer
dulces con forma de pene?
—No siempre. —Sacudí la cabeza—. No importa.
Caleb alcanzó la bolsa. Se la entregué y la examinó. Luego agarró una silla para
poder devolver los dulces al armario.
Después de varios segundos ahí arriba, anunció:
—Bueno, está confirmado.
—¿Qué?
—Definitivamente hay una fiesta de pollas en marcha. Piñata de pene masiva
rellena en la parte de atrás aquí.
No pude evitar reírme.
—Mierda.
—Oh, espera. Estoy equivocado. No es sólo una fiesta de penes. Hay algunas
paletas de coños aquí también. —Resopló—. Esa bolsa ya está abierta. ¿Qué significa
eso?
Que estoy mortificada. Sólo mortificada.
—¿Te importaría... bajar, por favor?
—Claro, amor.
Cerró el armario y se bajó de la silla.
Aunque no había bajado con las manos vacías.
—¿Crees que a Maura le importaría saber que le robé un coño de melocotón? Era
un paquete de cien.
Mi cara debe haber estado tan roja ahora mismo.
Sacó el envoltorio y lo lamió de un golpe largo. Eso envió un escalofrío indeseado
por mi columna vertebral que fue directo a mis entrañas. Se lo metió en la boca.
—¿Tu cara ahora mismo? —Se rió mientras la chupaba—. No tiene precio.
Cuando se trataba de este tipo, tenía que estar maldita.
—Sólo quería un caramelo —murmuré.
Se sacó la paleta de la boca y me la dio.
—Bueno, aquí tienes.
Me guiñó un ojo y me apretó el hombro antes de subir las escaleras.
Bajé a mi habitación sintiéndome avergonzada.
Me acosté en mi cama y chupé la paleta del coño, dolorosamente consciente de
que aún estaba húmedo de su boca y disgustada conmigo misma por estar tan excitada
por eso.

Una vez que empezaron las clases, evité a Caleb cada vez que lo veía por el campus.
No estaba del todo segura de por qué me sentía tan incómoda al encontrarme con él allí,
de entre todos los lugares. Él levantaba la mano y saludaba desde el otro lado de la unión
de estudiantes o salía de su camino si nos cruzábamos. Yo, por otro lado, caminaba en
dirección contraria si no me había visto todavía.
Sin embargo, las cosas con él habían mejorado en casa. No más discusiones o
encuentros incómodos de los que hablar. Comía con nosotros unas cuantas veces a la
semana, siempre una adición entretenida a nuestras cenas, y la mayoría de las veces el
centro de nuestras conversaciones. La sorpresa inicial de que él estuviera aquí había
disminuido. En general, tener a Caleb viviendo con nosotros era muy diferente de lo que
había imaginado. No se pasaba las noches burlándose de mí o intentando conocerme
mejor. A medida que pasaban los días, se mantenía más y más reservado.
Y eso estaba bien, ¿verdad? Quiero decir, no necesitaba la complicación de tener
que hacerme amiga de él más todo lo demás que tenía que hacer: adaptarme a mis clases
y empezar mi nueva pasantía en el Acuario de Nueva Inglaterra. Como estudiante de
biología marina, me entusiasmaba ganar experiencia práctica que me ayudaría a
avanzar hacia una carrera como biólogo investigador.
Por lo tanto, dado el ambiente cordial que Caleb y yo habíamos encontrado, no
debería haberme molestado cuando una chica que reconocí de mi clase de biología se
presentó en la casa un sábado. Y, aun así, un indeseado y visceral celo me golpeó como
una tonelada de ladrillos.
Sabía que se llamaba Verónica. Era alta, con cabello largo y castaño y una cara
preciosa. Aún no había tocado, pero la vi acercarse por la ventana de la cocina. Solo
podía asumir que estaba aquí por Caleb.
—Hola. ¿Qué pasa? —dije mientras abría la puerta.
Saltó hacia atrás, sorprendida.
—Oh, lo siento —dijo—. Dijo que bajaría a encontrarse conmigo. No iba a
molestarte. Estoy aquí para ver a Caleb.
Gran sorpresa allí.
Antes de que pudiera decir nada, el sonido de Caleb saltando por los escalones se
registró.
—Hola, Verónica. —Se volvió hacia mí—. Lo siento. No quería que tuvieras que
abrir la puerta, Teagan. Verónica me envió un mensaje de texto diciendo que estaba
aquí.
Me encogí de hombros.
—Oh, no te preocupes. Estaba justo al lado de la puerta de todos modos.
—¿Conoces a mi pseudo-hermana Teagan? —le preguntó.
¿Pseudo-hermana?
—No oficialmente. Aunque... —Entrecerró los ojos—. Creo que estás en biología
conmigo, ¿verdad?
—Sí. Sí, ahora te reconozco.
Mis ojos se posaron en su mano mientras le tocaba la espalda, enviando otra
punzada de celos a través de mí.
Aclaré mi garganta.
—¿A dónde se dirigen?
—En realidad, vamos a ver ese cine a la vuelta de la esquina, el que tu madrastra
mencionó durante la cena. Syd s, ¿verdad? He tenido una curiosidad mórbida sobre
ello.
Me dolió un poco que fueran allí. No estoy segura de por qué.
—Oh. —Asentí—. Bueno, diviértanse.
—Gracias. —Verónica sonrió—. Lo haremos.
Ir al cine en un día sombrío sonaba muy bien. Pero podría haberlo hecho por mi
cuenta, si hubiera querido. Oficialmente me estaba irritando a mí misma. Caleb era un
chico guapo, pero había muchos chicos guapos. ¿Creía que tenía algún tipo de derecho
territorial sobre él porque vivía aquí?
Los vi alejarse. Cualquier duda patética que pudiera tener sobre si tenían algo se
fue por la ventana cuando le vi acercarse a ella en la acera y plantar un largo beso en
sus labios. Mi estómago se revolvió mientras los miraba hasta que finalmente
desaparecieron de mi vista.
Shelley bajó corriendo las escaleras, sacándome de mis pensamientos.
—¿Viste que Caleb tiene novia?
—¿Cómo sabes que es su novia? —pregunté, todavía mirando hacia el exterior.
—Bueno, no lo sé, pero los vi besarse desde la ventana de arriba.
—Deberías ocuparte de tus propios asuntos en lugar de espiar a Caleb.
Estaba a punto de dar la vuelta y bajar las escaleras cuando me detuve. Era típico
de mí tener este tipo de breves interacciones con mi hermana y luego retirarme
inmediatamente a mi habitación. Tanto si quería admitirlo como si no, el que Caleb
notara mi comportamiento hacia Shelley me golpeó donde más le dolía. Y realmente
quería ser mejor, aunque la relación con mi familia siempre había sido difícil.
Forcé las palabras.
—¿Quieres quizás ir a la esquina de Coolidge? ¿Comer algo?
Arrugó la frente.
—Me acabas de decir que me meta en mis asuntos. ¿Ahora quieres invitarme a
salir?
—Lo sé. Siento haber dicho eso. Es natural ser curioso. —Sonreí—. De todos
modos... pensé que tal vez debería pasar más tiempo contigo. ¿Quieres ir?
—¡Diablos, sí, quiero ir! ¿Necesito dinero?
—No. Yo tengo.
A veces tienes que forzarte a hacer lo que es correcto, incluso si no se siente
natural. Tal vez con el tiempo, se haría más fácil. Finge hasta que lo consigas. Necesitaba
trabajar en las cosas con mi hermana y mi familia, para el caso. Pero un paso a la vez.

Shelley y yo terminamos pasándola muy bien esa tarde. Fuimos por comida
japonesa. Shelley optó por el hibachi mientras yo pedía unos cuantos rollos de maki
diferentes. El restaurante era uno de mis favoritos. Tenían la mejor sopa de miso y
shumai. También estaba justo al final de la calle del teatro. No pude evitar preguntarme
qué película habían elegido Caleb y Verónica. También me preguntaba si estaban viendo
la película.
Mientras comíamos las rodajas de naranja que la camarera trajo a nuestra mesa
junto con la cuenta, mi hermana dijo algo que me dejó completamente atónita.
—¿Sabías que la hermana de Caleb murió?
Dejé de masticar.
—¿Qué?
—Sí. Le pregunté si tenía hermanos, y me dijo que tenía una hermana que murió
cuando eran más jóvenes.
La naranja se sintió como si volviera a subir cuando mi corazón se hundió.
—Oh, Dios mío. Eso es terrible. No tenía ni idea. ¿Dijo cómo sucedió?
—No.
En ese momento me di cuenta de por qué se sentía tan obligado a recordarme que
no diera a mi hermana por sentada, ya no tenía la suya.
El resto de ese sábado, mi pecho se sintió pesado. Era imposible pensar en otra
cosa.

La noche siguiente, estaba leyendo abajo en mi habitación cuando Caleb apareció


en la puerta.
—¿Jodida Mensa, Teagan? ¿Cómo pudiste ocultarme esto?
Sintiendo el calor de mis mejillas, cerré mi libro.
—¿Quién te habló de eso?
—Shelley. —Entró y se sentó al borde de mi cama—. ¿Así que es verdad? ¿Eres un
genio?
Sacudí la cabeza.
—No es gran cosa.
—¿No es gran cosa que seas un genio...? ¿Un jodido genio?
Hace unos años, hice un examen que me calificó para esa sociedad de alto
coeficiente intelectual. Aquellos que obtienen una puntuación igual o superior al 98 por
ciento en las pruebas de inteligencia aprobadas por Mensa se les concede la membresía.
—No es nada especial. Sólo significa que puedo pasar un examen.
—Maldita sea. ¿No te das cuenta de lo impresionante que es?
Me encogí de hombros.
—Quiero decir... nunca pienso realmente en ello. Yo…
—Déjame decirte, entonces. Es realmente impresionante.
—Bien. Si tú lo dices...
La sangre parecía correr hacia mi cabeza. No estaba acostumbrada a los
cumplidos, aparentemente.
Se recostó horizontalmente en el fondo de la cama, poniendo las manos detrás de
la cabeza y mirando al techo.
—Sabía que eras más que un simple ratón casero.
—¿Un ratón casero? —pregunté—. ¿Qué es eso?
Se rió.
—Ni siquiera estoy seguro. Es sólo el primer término que se me ocurrió. Tal vez
es como... una criatura que hiberna en el sótano, royendo queso de vez en cuando. Al
menos ahora sé que estás haciendo cosas brillantes aquí abajo. Daría lo que fuera por
ser capaz de hacer pruebas de alto nivel.
—Me parece que eres muy inteligente.
Continuó mirando al techo mientras confesaba,
—Soy listo, no necesariamente inteligente. Tengo el potencial para ser inteligente,
pero me distraigo muy fácilmente. Esa es mi perdición.
Estaba distraída por su cuerpo largo y delgado extendido en mi cama, y por su
aroma embriagador que ahora saturaba el aire de mi habitación y hacía que mis piernas
se sintieran débiles. Mi tranquilo santuario había sido superado por su energía
masculina.
—¿Distraído por qué? —pregunté.
—Todo. El olor del tocino. Una chica bonita. Una mosca en la pared. Canciones en
mi cabeza. Pensamientos al azar. Anuncios de medicamentos a las dos de la mañana.
Imágenes pornográficas. Lo que sea, me distrae.
—Entonces, ¿como el TDA1?
—No es como el TDA. Es TDA. Siempre he luchado con mi atención.
—Oh, está bien.
—Sí. Así que la escuela siempre ha sido un reto para mí. Me llevó unos años reunir
el valor para empezar la universidad. Es parte de la razón por la que llego tarde al juego.
Siento que podría ser oficialmente el estudiante de primer año más viejo de Northern.
Como él era un estudiante de primer año y yo de segundo, a veces olvidaba que
Caleb, a los veintidós años, era tres años mayor que yo.
Lamenté que se esforzara en la escuela. Me resultaba difícil imaginarlo porque los
estudios siempre me habían resultado muy fáciles. Me di cuenta de que era afortunada.
Sugerí algo de lo que esperaba no arrepentirme.
—Bueno, si alguna vez quieres que estudiemos juntos, házmelo saber. Puedo
interrogarte o hacerte cuestionarios, para asegurarme de que no estás haciendo el
tonto.
La cara de Caleb se iluminó mientras se levantaba para sentarse.
—¿Hablas en serio?
Ligeramente insegura de en qué me estaba metiendo, dije:
—No me habría ofrecido si no fuera en serio.
—Lo sé, pero a veces la gente ofrece cosas esperando que la persona no las acepte.
Como cuando ves a alguien que no has visto en un tiempo y dices, Deberíamos
reunirnos alguna vez . La mitad de las veces, sabes que eso no va a pasar, y
probablemente no los vuelvas a ver después de que te vayas. Soy el tipo de persona que,
si me invitas a cenar, te mando un mensaje de texto inmediatamente para fijar una
fecha.
—Eso es un poco molesto. —Me reí.

1 TDA: Trastorno por Déficit de Atención


—Se llama seguimiento. Más gente debería seguir con las cosas de la vida en lugar
de sólo hablar de ellas. Si la vida no fuera más que promesas vacías, ¿dónde estaríamos?
—Oh, eso es tan profundo —bromeé.
—Lo es. —Me echó una mirada—. Así que, de todas formas, si te tomas en serio lo
de estudiar juntos, voy a aceptarlo. Creo que tener a alguien físicamente que también
estudie podría ayudar a mi mente errante.
—Sí, claro. ¿Por qué no? Ya sabes dónde encontrarme.
—Abajo en tu calabozo. —Guiñó un ojo mientras ponía su mano brevemente en
mi brazo.
Ese simple toque envió una corriente eléctrica a través de mí. Mierda, necesitaba
echar un polvo.
Suspiré.
—¿Quieres dejar de hacer que mi necesidad de privacidad suene como una
película de terror?
—Sabes que estoy bromeando, ¿verdad? Me gusta bromear contigo, porque cada
vez que lo hago, tu cara se pone roja. Si no tuvieras ninguna reacción, no sería divertido,
y probablemente no lo haría.
—¿Qué te trajo a mi calabozo esta noche otra vez?
—Me enteré de que eres un genio y tuve que hacértelo saber, ¿recuerdas?
—Oh, es cierto. A mi hermanita le encanta hablar, ¿verdad?
—Es una gran niña. No quiere hacer daño. —Sonrió—. Me dijo que saliste ayer
con ella.
—Sí. Tuvimos un buen almuerzo en el restaurante japonés.
—Significó más para ella de lo que te imaginas.
El hecho de que Caleb hubiera perdido a su hermana aún me preocupaba mucho.
No estaba segura de si debía preguntarle al respecto... Supongo que lo habría
mencionado si quisiera discutirlo.
Pasé a otro tema.
—¿Cómo te fue en la película de ayer... con Verónica?
Se encogió de hombros.
—Estuvo bien. Era italiano con subtítulos. Pero Maura tenía razón sobre ese lugar.
Había algunos personajes dudosos allí, y eso fue un sábado por la tarde con mucha gente
de aspecto normal alrededor.
—¿Alguna vez te has parado a considerar que podría disfrutar de cualquier
persona potencialmente loca que encuentre en el teatro? ¿O que podría ser uno de ellos?
—Es un buen punto. —Guiñó el ojo.
Después de un momento de silencio incómodo, dije:
—Así que... tú y Verónica... están saliendo...
Gracias, capitán Obvio.
Dudó.
—Sí. Es nuevo.
Un ataque de celos me golpeó de nuevo.
—Es muy bonita.
—Sí. De hecho, lo es. —Sonrió—. ¿Qué hay de ti? ¿Estás viendo a alguien?
—No, no por el momento. Mi última relación terminó hace un par de meses.
Salí con un tipo llamado Thad durante unos meses. Aunque era muy dulce, no
quería tener sexo con él, así que lo terminé.
—¿Qué pasó?
—Simplemente no vi el sentido de continuar.
Se rió.
—Supongo que esa puede ser una razón suficiente. ¿No te gustaba tanto?
—Era agradable. Nos llevábamos muy bien. Pero no me atraía tanto físicamente.
Asintió.
—Sí. La atracción física es importante. La gente con la que te llevas bien y por la
que no te sientes atraído físicamente se llaman amigos.
Me reí entre dientes.
—Eso es verdad.
Aplaudió.
—Entonces, ¿cuándo vamos a estudiar juntos?
Supongo que no lo ha olvidado.
—Cuando sea.
—Está bien. Mañana a las ocho de la noche después de la cena también me parece
bien.
Caleb
S
helley metió su cabeza en mi cuarto el lunes por la tarde cuando volví de la
clase. Acababa de empezar una serie de repeticiones de brazo cuando me
interrumpió.
—¿Quieres ver algo divertido, Caleb?
Bajé mis pesas.
—¿Qué pasa?
Me mostró algo de su teléfono.
—¿Qué es eso?
—Es esa aplicación de karaoke donde la gente puede cantar y grabar canciones.
Si lo hacen público, los extraños pueden cantar la misma canción y unirse a su actuación.
Entonces la aplicación lo pone todo junto como un dúo.
Me limpié la frente con una toalla.
—Eso suena malvado. Te gusta eso, ¿eh?
Sacudió la cabeza.
—No. Pero mira quién es. —Shelley se rió cuando me dio el teléfono.
Le di play en el video. Me llevó unos segundos darme cuenta de que estaba
viendo... a Teagan. ¡Teagan cantando! Teagan cantando "Someone Like You" de Adele.
Me quedé boquiabierto. Justo cuando crees que has descubierto a alguien... su voz
no era perfecta en absoluto, pero salir a escena así fue impresionante. Tomé nota
mentalmente de su nombre de usuario: teagirl888.
—Gracias por compartirlo. Pero es mejor no decirle que lo sé. ¿De acuerdo?
Mi teléfono sonó en ese momento, interrumpiendo la conversación.
—Mejor atiendo esto. Es mi madre. —Guiñé el ojo.
Shelley dejó la habitación para darme algo de privacidad.
Respondí a la llamada.
—Hola, mamá.
—¿Cómo está mi bebé?
—Bien. ¿Todo bien en casa? —Abrí una bolsa de Cheetos picantes. Me había vuelto
adicto a ellos desde que llegué aquí.
—Sí. Sólo quería ver cómo estabas. Hace tiempo que no sé nada de ti.
—Lo sé. Lo siento. He estado ocupado. Sin embargo, me las arreglé para conseguir
un trabajo.
—¿Oh?
—Sí, estaré sirviendo mesas en este pub al final de la calle de la escuela.
—Muy bien. ¿Cuándo empiezas?
—Este fin de semana me entrenan. También tendré turnos durante la semana.
—Eso es excelente. ¿Y todavía te gusta la casa en la que vives?
Me metí uno de los Cheetos en la boca.
—Es jodidamente asombroso. Mi habitación es más grande que la mitad de
nuestro piso en casa.
—Brillante. ¿Y la gente?
—Los Carroll son una familia muy agradable. El padre, Lorne, es un hombre de
verdad, ¿sabes? Como papá. Le encanta ver el fútbol americano. Es un profesor. La
madre, Maura, es muy dulce. Y Shelley, su hija de doce años, es súper divertida.
—Dijiste que su hija mayor va a la escuela contigo, ¿verdad?
—Sí... —Suspiré—. Teagan. Al principio era un poco narcisista conmigo, pero
ahora nos llevamos mejor.
Mamá se rió.
—¿Por qué era narcisista?
—No estoy realmente seguro. Creo que me encontró intruso. Aún no la he
descubierto. Ella es parte genio, parte extrovertida de armario, aparentemente. Pero se
supone que vamos a estudiar juntos más tarde. Así que, supongo que la conoceré.
—Eso debería ser... ¿divertido? Parece que es muy diferente a su hermana.
—Teagan no es la hija de Maura, en realidad. Nadie ha mencionado a la madre de
Teagan aparte de Shelley diciendo que ya no está por aquí.
—¿Significa que está muerta?
—No, está viva, creo, pero no en la foto.
—Oh, eso es interesante. Me pregunto cuál es la historia allí. Pobrecita. Una chica,
especialmente de esa edad, necesita a su madre.
—Sí, eso podría explicar por qué es un poco cautelosa. Aunque me agrada. Parece
una buena persona.
—La tía me dijo que vio una foto tuya con una chica de Instagram, dijo que era
bonita.
Genial. Había olvidado que mi tía entrometida me acechaba allí.
—Esa es Verónica.
—¿Te gusta?
—Sólo hemos estado pasando el rato. Es nuevo.
—Bueno, ten cuidado. —La voz de mi madre se volvió severa—. Ya sabes lo que
quiero decir.
Puse los ojos en blanco.
—Sí, mamá, lo sé.
—Bien, de acuerdo entonces. No te retendré.
Antes de que pudiera colgar, la detuve.
—Oye, ¿cómo está papá?
—Está bien. Ocupado como siempre. Ya sabes cómo es.
Suspiré, sintiéndome de repente deprimido.
—Sí.
Siempre era mi madre la que llamaba, nunca mi padre. Ni una sola vez había
hablado conmigo por teléfono desde que me mudé a Estados Unidos.
—Te amo, mi niño. Cuídate.
—También te amo, mamá. Lo haré.

Llamé con un fuerte ritmo a la puerta de Teagan, que estaba medio abierta.
Saltó y puso su mano sobre su pecho.
—Me asustaste.
—No te olvidaste de nuestra cita de estudio, ¿verdad?
Se quitó los auriculares y dijo:
—No, no lo hice.
Di unos pasos hacia adentro.
—No estuviste en la cena, así que pensé que tal vez me estabas ignorando por
completo esta noche. —Me senté frente a ella en la silla junto a su escritorio.
—Sí, mi pasantía en el Acuario se retrasó, así que comí algo de camino a casa.
—¿Cómo va eso?
—Está bien, perfecto para alguien como yo que le agradan más los peces que la
gente. Soy rara en ese sentido.
—Me gusta eso de ti, que eres un poco rara. No eres muy fácil de entender. Te hace
interesante, y mejor pasar el rato con los peces que pretender que te gusta la gente de
forma poco sincera.
Se ruborizó, y eso me hizo reír. Me pregunté si el que se asustara cuando entré era
porque interrumpí una de sus actuaciones en el karaoke.
Teagan se apresuró a abrir su portátil.
—Empecemos a estudiar. De lo contrario, hablar derrota el propósito de por qué
estamos aquí.
Hmm... tan pronto como volviste la atención hacia Teagan, ella trató de pasar a
otra cosa.
—Sí, señora —dije—. Una disciplinaria. Me gusta.
Pasamos la siguiente hora alternando entre el estudio silencioso y Teagan
preguntándome sobre algunos temas de historia. También me ayudó a esbozar un
ensayo que tenía que hacer para mi clase de literatura inglesa. Algunas personas eran
mejores en matemáticas y ciencias mientras que otras sobresalían en escritura. Teagan
parecía inteligente en todo.
Volvimos a estudiar por un tiempo, pero siendo el maestro de la distracción que
era, mi mente comenzó a divagar. Bueno, en realidad mis ojos empezaron a divagar.
Mientras miraba su portátil, me tomé un tiempo para examinar la cara de Teagan sin
que ella lo supiera. Era perfecta, de verdad. Tenía los ojos grandes y los labios llenos.
Unas cuantas pecas salpicaban su pequeña nariz, que tenía un pequeño bulto en el
medio. Su cabello era de un color entre arena y caramelo. Típicamente lo llevaba en un
enorme nudo, pero me imaginé cómo se vería suelto. Y sabía que debajo de las capas de
ropa que llevaba como una armadura, debía haber un hermoso cuerpo también. Pero
trataba de esconderlo todo. Me preguntaba por qué.
De repente, levantó la mirada.
—¿Qué estás haciendo?
Mierda.
—Estudiando...
—No, no lo estás. Me estás mirando.
—Bien. Estaba estudiándote.
Ella volteó la cabeza.
—No hagas eso.
—¿Por qué no?
—Porque no me gusta que la gente me mire. —Sus ojos se dirigieron a un lado,
como si no quisiera lidiar con mi reacción.
—Puedo notarlo. Por eso intentaba hacerlo cuando no estabas prestando
atención.
—Pervertido.
En un intento de no parecer uno, de asegurarle que no la estaba desnudando con
los ojos, añadí:
—Eres como una hermanita a la que me encanta molestar.
Una mirada cruzó su cara que parecía un poco como... decepción. ¿Le molestó que
la llamara hermana?
—Bueno, deja de ser molesto y vuelve a estudiar —exigió—. Tu próximo examen
es en aproximadamente veinte minutos.
—Mierda.
Me echó una mirada y se puso a trabajar. Intenté volver a lo que se suponía que
estaba haciendo.
Después de unos diez minutos de esforzarme en concentrarme, me di cuenta de
que tal vez el hambre era la razón por la que tenía tantos problemas de concentración.
Decidí enviarle un mensaje de texto, a pesar de que estaba justo frente a mí, sólo para
molestarla.

Caleb: ¿Qué haces?


Teagan: Tratando de estudiar, que es lo que TÚ deberías estar haciendo.
Caleb: Siento que ya hemos hecho suficiente por esta noche. ¿Tú no? Me
muero2 por comer algo.
Teagan: ¿Estás muriendo?
Caleb: Sí.
Teagan: ¿Te estás ahogando? LOL
Caleb: No. Significa, que realmente quiero mucho algo.
Teagan: Bueno, aquí significa algo más. Como "Caleb me hace sentir
arcadas".

Me reí mientras escribía.

Caleb: Definitivamente he hecho sentir arcadas a algunas chicas antes.

Sus ojos se abrieron de par en par cuando me miró.

2 En el original gagging que en Inglaterra se usa para referirse a anhelo, mientras que en USA se

refiere a tener arcadas o atragantarse


Resoplé ante su reacción.

Teagan: DIOS MÍO. Eres asqueroso.


Caleb: LOL. Caíste de lleno en eso.
Teagan: Entonces, ¿por qué tipo de aperitivo estás muriendo ?
Caleb: Bueno, no por una paleta de coño o un pene agrio.
Teagan: Gracias a Dios. LOL.
Caleb: ;)
Teagan: Si quieres terminar de estudiar, podemos parar.
Caleb: ¿Qué tal si subo y nos preparo algo? Luego podemos continuar.

Ella cerró su portátil y dijo


—Podría comer. Cené temprano.
—Hay algo que me muero por probar. Nunca había oído hablar de ello antes de
venir aquí.
—¿Qué?
—¿Lo llaman s mores?
Empezó a carcajearse.
—¿Te estás riendo de mí, Teagan?
—Sí. La forma en que lo dijiste... como si no supieras si lo estabas diciendo
correctamente.
—No lo sabía.
—¿No hacen s mores en Inglaterra?
—Si lo hacen, nunca he oído hablar de ello.
—Bueno, dudo que tengamos las cosas para asar malvaviscos ahora mismo.
Me levanté de mi asiento.
—Vamos a la tienda entonces.
—No puedes simplemente hacer s mores. Necesitas encender una fogata. No es
un bocadillo. Es una experiencia.
—Entonces, encendamos una.
—¿Llamas a eso un descanso rápido de estudio? —Se rió—. Eso se llama acampar.
Es demasiado complicado.
—Bueno, entonces, tenemos un problema. Porque una vez que se me antoja algo,
no puedo quitármelo de la cabeza. Literalmente. Así que, ahora tenemos que hacerlo.
Teagan se levantó de su cama y puso su portátil en el escritorio junto al mío antes
de tomar su chaqueta. Me sorprendió que me siguiera la corriente en esto. No la había
considerado espontánea.
Fuimos a una tienda de 24 horas que por suerte tenía todos los ingredientes en
stock: malvaviscos, chocolate y galletas Graham. La fecha de caducidad de las galletas
ya había pasado, pero tenían que servir.
Trajimos todo al patio de los Carrolls y reunimos algunos palos para hacer una
fogata.
Una vez que encendimos las llamas, me pregunté si su hermana querría unirse a
nosotros.
—¿Shelley estará dormida? —pregunté.
—Sí. Tiene escuela mañana. Normalmente se acuesta a las diez los días de semana.
—Me siento un poco culpable por hacer esto sin ella.
—Sí —dijo Teagan—. Estoy segura de que le encantaría.
—Podemos hacerlo de nuevo con ella alguna vez.
En ese momento, Maura salió al patio.
Se ajustó su suéter y se estremeció.
—Oh, no me di cuenta de qué demonios estaban haciendo. Vi llamas desde la
ventana y me asusté.
—Lo siento, Maura —dije—. Probablemente deberíamos haberte dicho que
estábamos haciendo s mores para que no pensaras que había un incendio forestal en
tu patio.
—Nunca ha probado s mores —explicó Teagan.
—No quise interrumpir. —Sonrió, mirando entre nosotros—. Me alegra ver que
ustedes dos se llevan bien.
Levanté mi bastón.
—¿Quieres quedarte y tomar unos s mores con nosotros?
—No, gracias. Diviértanse. Mi libro y un poco de té caliente me esperan dentro
junto a la chimenea.
Después de que volvió a entrar, arrojé más madera a las llamas y me volví hacia
Teagan.
—Maura parece sorprendida de que nos llevemos bien... —Arrugué mi frente—.
¿Alguna razón en particular por la que le sorprenda?
—Puede que haya hablado un poco mal de ti cuando te mudaste.
—Ah.
—Te juzgué, pensando que estabas siendo... prejuicioso —dijo—. Ya no me siento
así, ni creo que tus intenciones fueran malas.
—Me alegro de que puedas ver eso ahora.
Después de que Teagan me informó de los pasos para hacer s mores, abrí la bolsa
de malvaviscos y me metí uno en la boca. Metí un palo en el siguiente y se lo entregué a
ella. Pasamos los siguientes minutos viendo en silencio la transformación de nuestros
malvaviscos de blanco a marrón tostado.
Levanté el mío.
—Parece que está listo, ¿sí?
—Un poco más que eso, y se quemará. Así que, sí, está perfecto.
Coloqué el malvavisco sobre un cuadrado plano de chocolate y lo alisé entre dos
galletas.
Dando un mordisco, suspiré antes de hablar con la boca llena.
—Joder, qué bueno es. —Era la mezcla perfecta de sabores.
Teagan gimió mientras devoraba el suyo. Era el sonido más entusiasta que jamás
había oído salir de ella. Y me excitó un poco. Era la primera vez que mi cuerpo
reaccionaba así ante ella, y me tomó por sorpresa.
Le di el último mordisco.
—Entonces, ¿cuántos de estos se nos permiten?
—Cuantos quieras.
—Seguiré haciéndolos a menos que me detengas, ya sabes.
Ella sonrió.
—Adelante. Es tu primera experiencia con los s mores. Lo entiendo.
Después de haber consumido cinco sándwiches consecutivos, Teagan me miró
desde el otro lado de las llamas.
—No vamos a estudiar más esta noche, ¿verdad?
—Viendo que estoy a punto de convertirme en un malvavisco y quemarme,
probablemente no.
El fuego crepitó mientras nos sentábamos en silencio. Era tan tranquilo y sereno,
que podría haberme quedado dormido aquí fuera. El ligero frío en el aire era el
complemento perfecto para el fuego. Algunas hojas de los árboles que nos rodeaban
cayeron cuando el viento las arrastró. El vecindario de los Carroll era tranquilo por la
noche, definitivamente diferente a lo que estaba acostumbrado en casa.
Mi curiosidad por Teagan aumentaba con cada minuto que pasaba con ella. Decidí
hacer una pregunta que esperaba no la molestara. Sólo quería entenderla.
—¿Qué le pasó a tu madre?
Sus ojos se abrieron de par en par cuando se encontraron con los míos al otro lado
del fuego, pero no dijo nada. Los segundos pasaron mientras las llamas continuaban
crujiendo. Empecé a arrepentirme de la pregunta cuando finalmente empezó a hablar.
—Honestamente no lo sé —dijo—, aparte del hecho de que se fue justo después
de que yo naciera. —Tragó, pareciendo incómoda.
Ahora definitivamente me arrepentía de haber preguntado.
—No tienes que hablar de ello. Sé que no es asunto mío. Sólo tenía mucha
curiosidad. He llegado a sentirme cercano a todos ustedes muy rápidamente. Mi
observación es que Maura, Lorne y Shelley son como una familia feliz, y tú eres una
especie de... atípica, un misterio. Se siente como si hubiera una pieza perdida de un
rompecabezas en algún lugar.
Teagan asintió y parecía como si estuviera reflexionando sobre mis palabras.
Sospeché que podría estar preparándose para abrirse, así que me quedé callado.
—Mi madre era una stripper —anunció de repente—. ¿Esperabas que dijera algo
diferente?
Me reí entre dientes, con los ojos bien abiertos.
—Quizás.
Teagan
N
o sé por qué abrirse a Caleb se sintió natural de repente. Pero sus ojos
permanecieron tan concentrados en mí que decidí que sólo era una
persona genuinamente curiosa, no prejuiciosa como yo pensaba. Tal vez mi
actitud había cambiado por lo que Shelley me había dicho sobre la pérdida
de su hermana. No estaba segura.
—Se siente tan extraño admitir en voz alta lo de stripper, pero es una de las pocas
cosas que sé de ella —dije—. Lo encuentro fascinante, en cierto sentido. Pero la parte
de stripper es sólo el comienzo de una larga y jodida historia, una para la que
probablemente no tengas tiempo.
La luz del fuego hizo que los ojos verdes de Caleb brillaran.
—Mira —dijo—. Me he convertido en fanático del malvavisco. No voy a ir a
ninguna parte por un tiempo. Así que tengo tiempo, si quieres hablar de ello. —Se movió
desde el otro lado del fuego hasta justo a mi lado. Ese simple cambio de posición fue
probablemente la diferencia entre tratar de salir de esta conversación o seguirla. Algo
en su cercanía, esa silenciosa muestra de apoyo, fue suficiente para hacerme apretar el
gatillo.
—En realidad no hablo de ella, pero probablemente debería hacerlo a veces.
—Tengo cosas así en mi vida. Cosas de las que debería hablar, pero no lo hago —
murmuró—. Créeme.
Me preguntaba si se refería a su hermana. Hice una pausa, pensando que podría
explicarlo, pero cuando no lo hizo, empecé a contar mi historia.
—Sabes que mi padre es un profesor, obviamente.
—Sí. Por supuesto.
—Bueno, hace años, cuando empezó, se enamoró de una de sus estudiantes. Se
llamaba Ariadne Mellencamp.
—Bonito nombre. ¿Tu madre?
—Sí.
—Está bien.
—De todas formas, tuvieron una muy prohibida e intensa aventura amorosa.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Espera… ¿aventura? No estaba casado con Maura entonces, ¿verdad?
—Oh, no. Esto fue antes de que conociera a Maura. Mi padre solo llevaba unos
pocos años en su carrera en ese momento. Tenía treinta y pocos años, y Ariadne sólo
tenía unos veinte.
—Bien...
—Como mencioné, era una bailarina exótica. Así es como pagaba la escuela. Mi
padre pensaba que ella era la cosa más hermosa que había visto. Se obsesionó con ella.
Cuando supo dónde trabajaba, fue a verla bailar una noche sin que ella lo supiera. Se
quedó en la esquina donde ella no podía verlo.
Caleb se rió un poco.
—Jesús, ¿Lorne era un acosador?
—Sí. —Me reí entre dientes—. Eventualmente, comenzaron a escabullirse juntos.
Él la trasladó a su casa y la cuidó. Su relación era muy... sexual.
Caleb soltó una exhalación.
—Estoy tan jodidamente intrigado por esta historia, que ni siquiera es divertido.
Continúa.
Nunca le había dicho esto a nadie antes.
Respiré profundamente.
—Bueno, la mejor parte ya ha pasado. Ariadne era manipuladora. Convenció a mi
padre de que dejara su trabajo y viajara con ella, pagando él la cuenta, por supuesto. Así
que viajaron por el mundo durante dos años. Uno de los lugares que visitaron fue
Inglaterra, en realidad.
—Suena como una buena vida.
—Sí, excepto que ella se quedó embarazada de mí, y eso le estropeó su estilo de
vida.
Su expresión se volvió seria.
—Ah... ya veo.
—Mi madre no me quería. Quería abortar. Pero mi padre le rogó que no lo hiciera.
La quería mucho, y el bebé era una extensión de eso. —Jugué con algo de hierba—.
Fueron de aquí para allá durante mucho tiempo, y en algún momento fue demasiado
tarde para abortar. Así que ella sufrió durante esos meses mientras mi padre la cuidaba.
Caleb me miró.
—¿Y después de que naciste?
—Se quedó lo suficiente para darme a luz. Y luego empacó y se fue.
—¿Así de simple?
—Sí —susurré—. Mi padre quedó devastado durante unos años después de eso.
De alguna manera se las arregló para volver a la enseñanza. Encontró una guardería
para mí. Funcionó, pero su corazón estaba roto. Realmente amaba a Ariadne. Y ella era
básicamente egoísta. No quería tener nada que ver con su propio hijo. —Fingí reírme—
. Pero se preocupó lo suficiente como para no abortarme, supongo.
Caleb miró fijamente al fuego.
—Así que después de que ella se fue, tu padre hizo lo mejor que pudo...
—Sí, a medida que pasaba el tiempo, el efecto que ella tenía en su vida disminuyó,
aunque nunca pudo olvidarla realmente.
—¿A dónde fue cuando se fue?
—No lo sabe. Simplemente desapareció. Diecinueve años después, todavía no
sabemos dónde diablos está.
—¿Nunca trataste de encontrarla?
—¿Para qué? —Tiré al suelo los trozos de hierba que había recogido—. Ella no me
quiso. Y verla de nuevo probablemente sólo le haría daño a mi padre. Ella sabe dónde
encontrarlo, a nosotros, y nunca lo ha intentado.
Sus ojos se llenaron de simpatía.
—Me parece justo.
—De todos modos, esos primeros años de criarme solo no fueron fáciles para mi
padre. Un día, se dio cuenta de que sería más económico encontrar una niñera que
viviera en casa que pagar la guardería donde me había puesto. Así que contrató a una
mujer a tiempo completo para que me cuidara.
—¿Cómo funcionó eso?
Sonreí.
—Se llamaba Maura.
—Realmente... wow. Tu madrastra.
—Sí.
—Bien. Tiene sentido, supongo.
—Lo sé.
—Creo que sé a dónde va esta historia ahora —dijo.
—Sí. Así que eso fue todo. Mi padre hizo una vida con Maura. Y aunque es la única
madre que he conocido, todavía no le he dado el respeto que se merece, llamándola
mamá. No sé por qué es tan difícil para mí. Empecé a llamarla Maura cuando tenía
cuatro años, y siempre ha sido Maura. Incluso a esa edad, sabía la diferencia entre
Maura y una madre biológica. Quizás si me hubiera criado desde que era un bebé, las
cosas habrían sido diferentes. Pero puedo recordar la época en la que éramos sólo mi
padre y yo, antes de Maura. Sabía que era mi niñera desde el principio, así que siempre
ha sido difícil verla como mi madre. Entonces cuando Shelley llegó, viendo la relación
madre-hija, lo cercanas que son, es innato. La diferencia es clara para mí. Maura no es
mi madre. Yo no tengo madre.
Caleb parpadeó varias veces.
—¿Es algo innato en Maura y Shelley, o es sólo el hecho de que siempre has puesto
una guardia y no le has permitido ser tu madre?
Me tomé un momento para pensar en eso. Mucho de ello era culpa mía.
—Tal vez sea un poco de ambas.
Asintió.
—¿Y tu padre? ¿Cómo es tu relación con él? No he podido averiguarlo. —Puso su
mano sobre mi rodilla—. Lo siento si esto parece una inquisición. No tienes por qué
meterte en esto.
El breve contacto de su toque se sintió bien.
—Está bien —dije—. Tengo una relación muy extraña con mi padre. Me quiere,
pero siempre tengo miedo de que la vea en mí. Nunca me ha dicho que soy un doloroso
recuerdo de Ariadne, pero supongo que aún me preocupa que todo lo que vea cuando
me mire sea a ella.
—¿Te pareces a ella?
—Me veo exactamente como ella. Una vez me enseñó una foto suya. Cuando tenía
trece años, amenacé con huir si no me decía la verdad sobre mi madre y lo que pasó
entre ellos. Había insistido tanto en no decírmelo hasta ese momento. Toda la
información que tengo hoy en día proviene básicamente de una larga conversación.
—Una y listo.
—Sí. —Me reí entre dientes—. Así que, como me parezco tanto a ella, sé que mi
padre debe ver a Ariadne cada vez que me mira. Y eso me pone triste. No quiero eso.
Caleb miró fijamente al cielo nocturno.
—¿Crees que es por eso que estás algo... distante de tu familia? Es como si quizás
estuvieras tratando de esconderte de alguna manera.
Caleb se daba cuenta de las cosas de una manera que me dejaba atónita.
Esconderse era una buena forma de describir lo que hacía cuando se trataba de mi
familia. En muchos sentidos, me sentía como un extraño.
—Creo que en cierto modo me siento como una extensión de Ariadne, aunque no
la conozco, especialmente porque tengo prácticamente la edad que tenía cuando mi
padre la conoció. Es extraño porque, por mucho que no me quisiera, siento esta extraña
conexión con ella, una conexión con su necesidad de huir. Simplemente no tengo las
pelotas para irme. —Entonces supe que podría haber divulgado más de lo que debería.
Sacudiendo la cabeza, dije—: Te he dicho demasiado.
—Estoy realmente fascinado, Teagan. Gracias por compartir la historia conmigo.
Honestamente, explica mucho.
Sonreí.
—¿Eso cuenta como mi primer secreto de diez?
—El hecho de que te escondas de todo porque te sientes como un reflejo de tu
madre que te abandonó... sí, diría que eso cuenta como un secreto bastante grande.
—Sí —susurré.
Nos sentamos en un cómodo silencio. Entonces Caleb me asustó cuando saltó.
—¡Mierda, Teagan!
—¿Qué?
—Hay un último malvavisco en la bolsa. —Sonrió de oreja a oreja.
Tenía una sonrisa tan hermosa.
—Me asustaste.
—Pensé que los habíamos terminado. Voy a carbonizar a este tonto ahora, ¿a
menos que lo quieras?
—No. Estoy bien.
Después de unos minutos de verlo asar el último malvavisco, me di cuenta de que
mis labios estaban levantados. Y no sabía cuánto tiempo había estado sonriendo. De
alguna manera se las arregló para poner una sonrisa en mi rostro esta noche, aunque
acababa de desatar mi más oscuro secreto.
—Muy bien, Caleb. Tu turno. Ahora tienes que contarme tu primer secreto de diez.
—Ya te he contado mi primer secreto, ¿recuerdas?
Entrecerré los ojos.
—No.
—Claro que sí. Sabes que sé que no fuiste la responsable del olor en el baño.
—Ah. Bueno, eso es una especie de desperdicio de secreto.
—Todavía cuenta. —Miró un poco a las llamas antes de volverse hacia mí, su
mirada más incendiaria que el fuego—. Teagan, tengo secretos, y el mayor de ellos es
algo que me resulta muy difícil de decir en voz alta en el momento oportuno. Pero tal
vez con el tiempo pueda hablar de ello contigo. ¿De acuerdo?
Los escalofríos corrían por mi cuerpo.
—Bien.
Mi mente comenzó a correr. ¿Es sobre su hermana? Ya le había dicho a Shelley que
su hermana había muerto, así que su mayor secreto tenía que ser otra cosa.
En ese momento me di cuenta de que mi feliz e ingenioso "pseudo-hermano" era
mucho más complejo de lo que había pensado. Tal vez ya no era la única en esta casa
con problemas. Ese conocimiento realmente me trajo algo de consuelo.
Después de que Caleb se metiera el malvavisco en la boca, habló con la boca llena.
—Esto fue divertido. Muy, muy divertido. Gracias por seguirme la corriente.
—No quiero que te hagas a la idea de que te voy a dejar hacer el tonto todo el
tiempo cuando deberías estar estudiando —bromeé.
—Entendido.
—Voy a tener que empezar a chasquear el látigo.
Sonrió pícaro.
—Bueno, no sabía que te gustaba el BDSM. Pero bueno...
Incluso en la oscuridad, debe haber notado que mis mejillas se pusieron rojas.
Oh, las imágenes que eso evoca.
Caleb
V
erónica y yo pasamos el campus hacia la plataforma del tranvía para poder
almorzar en Kenmore Square después que nuestras clases hubieran
terminado por el día.
Parecía ansiosa y no tenía mucho que decir, pero finalmente se volvió
hacia mí.
—Entonces, no me mates.
—Eh… —Negué—. No tengo ninguna intención de hacer eso.
—Puede que después de escuchar lo que voy a decir.
Dejé de caminar por un momento.
—¿Qué pasa?
—Mis padres decidieron venir por un par de días. Están aquí. Mi padre realmente
quería ver más de Boston, así que decidieron matar dos pájaros de un tiro: venir a
verme y hacer algunas cosas turísticas.
Continuamos hacia la plataforma.
—Eso es brillante. ¿Qué está mal con eso?
—Cuando lleguemos al restaurante, estarán allí. Nos reuniremos con ellos para
almorzar.
Ugh. Ahora vi a dónde iba esto.
—Oh.
—Sé que es demasiado pronto para conocer a mis padres. Pero vieron mi foto tuya
en Instagram y tienen curiosidad sobre con quién paso mi tiempo.
Nos detuvimos en la plataforma para esperar el tranvía. Esto fue un poco una
emboscada.
Mientras miraba mis vaqueros rotos y mi sudadera con capucha negra, dije:
—Me hubiera vestido bien o algo así si hubiera sabido que hoy me reuniría con
tus padres.
Puso su mano sobre mi pecho.
—Te ves bien. Solo sé tu habitual y encantador yo.
Mi mente se aceleró durante el viaje en tranvía, que fue solo una parada. No tenía
idea de lo que Verónica le había contado a sus padres sobre mí. Tampoco habíamos
discutido la exclusividad, aunque no había salido con nadie más desde que llegué a
Boston. ¿Pensaban que era su novio? ¿Era su novio? ¿Cómo me explico?
Verónica y yo lo habíamos pasado bien, solo follando y pasando el rato. Pero no
estaba cerca del punto de conocer a los padres.
Cuando llegamos al restaurante, Verónica saludó a una pareja mayor, que ya
estaba sentada. Ambos se pusieron de pie al mismo tiempo.
—Mamá y papá, este es Caleb. —Se volvió hacia mí, luciendo casi tan nerviosa
como yo—. Caleb, estos son mis padres, Lawrence y Virginia McCabe.
Extendí mi mano a cada uno de ellos.
—Mucho gusto, señor y señora McCabe.
Su madre sonrió.
—Me encanta tu acento.
Eso fue probablemente lo que más había escuchado desde que me mudé aquí. Se
estaba volviendo un poco molesto.
—Gracias.
Nos sentamos y las cosas se callaron mientras sus padres esperaban a que
leyéramos el menú. Después de que ordenamos, comenzó la inquisición que temía.
El señor McCabe se cruzó de brazos.
—Entonces, Caleb, ¿cuál es tu especialidad?
Tomé un sorbo de mi agua.
—En este momento, estoy en estudios generales. No he descubierto lo que quiero
hacer con mi vida.
Se tomó un momento para dejarse comprender eso.
—Eres reacio a comprometerte.
Aquí vamos.
—Supongo.
—A veces, en la vida, hijo, tienes que tomar una decisión y seguirla.
Me enderecé en mi silla.
—Sí, lo entiendo. La vida se trata de elecciones. Pero ahora estoy reacio a tomar
una decisión sobre mi carrera. Entonces, estoy tratando de encontrar mi pasión para
poder concentrarme realmente en eso en la escuela de posgrado. Sin embargo, espero
que llegue pronto.
—¿Qué te hizo decidir venir a estudiar a los Estados Unidos en lugar de hacerlo
en casa? —preguntó la señora McCabe.
—Bueno, mi universidad tiene una asociación con Northern, así que puedo
estudiar durante un año aquí. Y luego los otros tres años serán en casa.
Ella pareció sorprendida.
—Oh, ¿no estarás aquí durante los cuatro años completos?
—No, señora. El plan es volver a casa después de este año.
Verónica se tensó.
—¿Tienes la opción de quedarte más allá de este año si quisieras?
No estaba seguro de la respuesta a eso, pero deseé que Verónica no me hubiera
puesto en esta situación. No habíamos discutido esto antes, y la primera vez no debería
haber sido delante de sus padres.
—Realmente no he preguntado, pero mi plan siempre ha sido regresar a casa.
Creo que mi madre tendría mi trasero si me quedara más de un año.
La madre de Verónica se dirigió a ella.
—¿Estás preparada para que Caleb se vaya? —Se giró hacia mí—. Porque no
llevarás a nuestra hija a Inglaterra.
Lo dijo en tono de broma, pero sabía que lo decía en serio.
Después de que llegó la comida, hice todo lo posible para enterrar mi cara en mis
fajitas, esperando que el interrogatorio se hubiera detenido. Incluso fantaseé con ir al
baño de hombres y salir por la ventana.
Después de que sus padres se fueron a ver Fenway Park, solté un gran suspiro de
alivio e inmediatamente ordené una cerveza, agradeciendo que era mayor de edad para
hacerlo ahora mismo.
Verónica se encogió.
—Lamento que hayan sido tan duros.
Me tomó alrededor de un minuto responder, mi frustración creció con cada
segundo.
—¿Qué te hizo pensar que era una buena idea traerme aquí para conocerlos?
Seguramente sabías cómo reaccionarían tus padres hacia mí.
—Nunca pensé que sería tan incómodo.
—Tu padre piensa que soy un tonto porque no tengo una carrera profesional, y tu
madre espera que me mude aquí permanentemente si quiero seguir viéndote.
Verónica parecía que estaba a punto de llorar. No tenía la intención de molestarla;
estaba desconcertado por su comportamiento.
Tomé un largo trago de mi cerveza.
—Vamos a olvidarlo, ¿de acuerdo? Lamento haberme enfadado.
Ella se sentó y observó mientras yo continuaba tomando mi bebida. Por mucho
que le había instado a que lo olvidara, todavía estaba hirviendo mientras miraba por la
ventana el ajetreo y el bullicio de Kenmore Square. El señor McCabe me recordó mucho
a mi propio padre, su naturaleza crítica. Tal vez por eso me costaba tanto dejarlo ir.
Permanecí en un estado contemplativo hasta que sonó mi teléfono, señalando que
había recibido un mensaje de texto. Probablemente era lo último que esperaba: un
mensaje de Maura.

Maura: Teagan está bien. Pero hoy fue atacada en el Teatro Syd. Ella detuvo
al tipo antes de que sucediera algo terrible. No puedo creer que mi peor miedo se
haya hecho realidad.

¿Qué?
Me levanté de mi asiento.
—Tengo que irme. Algo ha sucedido en la casa. No hay tiempo para explicar. Te
enviaré un mensaje de texto pronto. —Ni siquiera hice contacto visual completo con
Verónica mientras me alejaba.
Se me aceleró el pulso cuando salí del restaurante y corrí por Beacon Street hacia
Brookline. Me habría subido a un tranvía, pero no se acercaba nada que pudiera ver.
Entonces, en este punto, el camino más rápido a casa era correr.
Cuando llegué a la casa, todos habían rodeado a Teagan en la sala de estar. Aparte
de un hematoma en la cara, parecía estar bien, al menos físicamente.
Jadeé por mi carrera.
—¿Estás bien?
En lugar de responder, Teagan preguntó:
—¿Corriste a casa?
—Sí. Escuché que estabas herida, así que llegué aquí tan rápido como pude.
Maura me sonrió con simpatía. Lorne parecía más enojado que nunca lo había
visto, y Shelley parecía francamente asustada.
Quería preguntarle a Teagan exactamente qué había sucedido, pero no estaba
seguro de que quisiera volver a contarlo. En cambio, me senté a su lado y no dije nada.
Ella debe haber visto las muchas preguntas escritas en mi cara porque comenzó a
hablar.
—Entonces, estaba sentada en mi asiento habitual. Pensé que estaba sola por
mucho tiempo. Pero aparentemente había un hombre en algún lugar del teatro. O me
vio afuera y me siguió dentro, o ya estaba allí. Se acercó a mí y puso su mano sobre mi
boca. Comencé a patear y gritar, pero mi voz estaba apagada. Dijo que tenía un cuchillo,
pero estaba demasiado oscuro para saber si realmente lo tenía. Afortunadamente, tenía
el botón de pánico que siempre llevo conmigo. Hace un sonido fuerte. Pude meter la
mano en mi bolsillo y agarrarlo. Cuando lo activé, un empleado llegó corriendo al teatro
y el hombre me dejó ir.
Mi corazón palpitaba. Teagan y yo no nos conocíamos desde hace mucho tiempo,
pero había empezado a preocuparme por ella y por todos los demás en esta casa. La
idea de que alguien intentara lastimarla me provocó una ira protectora.
—Cuando él se escapó, yo corrí tras él —continuó—. Todo lo que podía pensar era
que, si no lo atrapaba, él estaría por ahí haciéndoles esto a otras personas. —Miró a su
hermana—. Pensé en Shelley.
¿Corrió tras él?
—Entonces corrí lo más rápido que pude, y el empleado del teatro corrió conmigo.
Cuando lo alcanzamos, pudimos derribar al tipo hasta que llegó la policía.
—Mierda, Teagan. ¿Lo atrapaste?
Ella logró una leve sonrisa.
—Me llevaron a la comisaría para interrogarlo. Y ahora está bajo custodia.
Aparentemente es un delincuente sexual registrado.
Teagan había estado tan cerca de ser violada en ese teatro. Y en lugar de huir
cuando tuvo la oportunidad, corrió hacia él. Su coraje me abrumaba. Estaba tan
jodidamente orgulloso de ella.
—Personalmente haré lo que sea necesario para ver que se quede entre rejas —
dijo Lorne.
—Gracias, papá —susurró.
—¿Puedo traerte algo? —le preguntó Maura.
—No. Estoy bien. Tal vez todavía estoy conmocionada. No lo sé.
Shelley abrazó a su hermana. Fue agradable ver que en un momento como este,
Teagan no estaba alejando a su familia. Pero sabía que tenía una tolerancia limitada por
ser asfixiada.
Después de varios minutos de sentarse con todos conmocionados, se excusó a su
habitación.
Me uní al resto de la familia para darle espacio, pero no pude concentrarme en
nada por el resto de la tarde.
Más tarde, Teagan no quería subir a cenar, así que todos comieron en silencio.
Estaba seguro que cada persona en la mesa estaba reviviendo los eventos de la tarde en
sus mentes.
En un intento continuo de dejar que Teagan descansara, regresé a mi habitación
después de la cena. Me sorprendió cuando ella me envió un mensaje de texto.

Teagan: No lo olvides, esta noche es nuestra sesión de estudio a las 8.


¿Qué? ¿Habla en serio?

Caleb: Supuse que no estarías preparada para eso.


Teagan: ¿Cualquier excusa para evitarlo, eh, Yates?
Caleb: Me atrapaste. Siempre el perezoso. Estaré abajo en diez.

No habían pasado diez minutos antes de que bajara las escaleras. Teagan
claramente no me esperaba tan pronto, porque cuando me paré en la puerta, la
encontré secándose las lágrimas de los ojos. Quizás había entrado en el momento en
que lo que había sucedido hoy finalmente la golpeó.
Cuando me vio, volvió a secarse los ojos y sollozó.
—Lo siento.
—Joder, Teagan. No te disculpes. —Me moví para sentarme al borde de su cama,
dejando mi computadora portátil a mi lado. Mi pecho se sentía apretado, y las palabras
correctas no salían.
Ella habló antes de que tuviera la oportunidad de averiguar qué decir.
—¿Sabes por qué estoy más enojada?
—¿Qué?
—El hecho de que Maura tenía razón. ¿Sabes cuánto tiempo defendí ese maldito
lugar, argumentando que era seguro?
—Te dije que pensaba que era de mala muerte, pero tampoco imaginé que algo
así sucedería.
Se quedó mirando su colcha por un rato y luego me miró.
—Me atrapaste llorando… porque dejé que mi mente fuera a ese lugar de: qué
hubiera sucedido si , por un momento, pero no puedo hacer eso. Lo peor no sucedió.
Solo necesito estar agradecida.
—Fuiste inteligente al tener ese botón de pánico en tu bolsillo. Te salvaste a ti
misma.
—Tuve suerte. No importa cuán inteligente seas, cuán rico o pobre, qué aspecto
tengas, si alguien te está atacando, solo eres tan bueno como tu fuerza física: tu voluntad
de arriesgar tu vida para escapar. —Sacudió la cabeza, como para no pensar demasiado
en ello—. Como sea, pongámonos a trabajar.
Estudiar en este momento no se sentía del todo bien.
—¿Estás segura de que quieres estudiar esta noche? —pregunté—. Podemos
hablar o pasar el rato. Has tenido tremendo día.
—De hecho, creo que estudiar me ayudará a dejar de pensar en las cosas.
—Bien. Me parece bien.
Fuimos directamente a nuestra tarea. E hice lo mejor que pude para
concentrarme. Como de costumbre, se detuvo en cierto punto para interrogarme. Esta
vez, me equivoqué, pero no quería admitir que era porque tampoco podía dejar de
preguntarme por los qué hubiera pasado si de hoy, lo mismo que le dije que no hiciera.
—Lo siento. Estoy particularmente mal esta noche, ¿no? —dije finalmente.
—Está bien. Creo que básicamente podemos tirar este día. —Cerró su laptop—.
¿Sabes qué más apesta realmente? Me encantaba ir a ese estúpido teatro. Era mi lugar.
Ahora no creo que pueda regresar sin pensar en lo que sucedió hoy.
El hecho de que ella incluso considerara regresar allí me desconcertó. Pero si
hubiera algún lugar al que me encantara ir, y alguien me lo hubiera quitado, podría
haber sentido lo mismo.
—Tal vez puedas regresar algún día.
Ella exhaló.
—¿Dónde estabas hoy cuando Maura te envió un mensaje de texto sobre mí?
Me reí un poco, recordando mi miserable encuentro con los padres de Verónica.
Era la primera vez que lo pensaba desde que llegué a casa.
Puse los ojos en blanco.
—Oh, esa es una historia para otro día.
—No. Dime.
Suspiré.
—Bueno, Verónica y yo teníamos planes para almorzar en Kenmore Square, solo
que ella no me dijo que incluían conocer a sus padres. Fue una especie de emboscada.
Teagan entrecerró los ojos.
—No me di cuenta de que ustedes eran tan serios.
—No lo somos. Quiero decir, supongo que no estamos viendo a otras personas,
pero en mi opinión, conocer a los padres fue prematuro.
—¿Cómo fueron?
—Como mi mayor pesadilla. Su padre cuestionó mi decisión de especializarme en
estudios generales, y su madre básicamente dijo que ahora bien podría romper con su
hija si planeaba regresar a Inglaterra.
—Ay.
—Síp. Terminaron saliendo para hacer turismo. Así que pedí una cerveza y la bebí
justo antes de recibir el mensaje de Maura sobre ti. Luego me fui y dejé a Verónica
sentada allí.
Sus ojos se abrieron.
—¿Le dijiste lo que pasó? ¿Por qué te fuiste?
—No. Solo que algo sucedió en casa. Le envié un mensaje de texto más tarde para
explicarle y me disculpé por irme de allí.
—¿Corriste desde Kenmore Square?
—Por supuesto. Me estaba volviendo loco, pensando que estabas herida.
Lo que no mencioné fue lo enojada que estaba Verónica después que la dejé en el
restaurante. No entendió mi reacción. No hubiera esperado que lo hiciera, considerando
que ella y yo nunca habíamos discutido mi amistad con Teagan.
Teagan parpadeó.
—Gracias por preocuparte tanto.
—Por supuesto. Ustedes son como una segunda familia para mí. No puedo
imaginar que te pase nada, Teagan.
A eso me refería. Teagan no tenía idea de los problemas que tenía en casa. Estar
aquí con los Carroll era como un soplo de aire fresco.
Ella se quedó mirando a la nada. De nuevo, su mente pareció caer en un lugar
contemplativo. Supuse que cuando experimentabas un evento traumático, la
comprensión llegaba en oleadas.
—Hago todo lo que está en mi poder para ocultar mi sexualidad —dijo
finalmente—. Y, sin embargo, siendo solo una mujer, soy un objetivo. Da mucho miedo.
—Incluso si estuvieras haciendo alarde de tu sexualidad, no habría sido tu culpa.
Nunca es culpa de alguien cuando una persona enferma decide atacarlos.
Nos sentamos en silencio por un momento.
—¿Puedo contarte un secreto? —dije finalmente.
—Este sería tu segundo secreto de los diez, así que asegúrate de que sea bueno.
—Sonrió.
Es bueno verla sonreír.
—Está bien, entonces debería aclarar que no es oficialmente un secreto, porque
ya lo he insinuado antes, sobre todo cuando hablo de tu inteligencia, pero hoy se aplica
más a tu carácter general. No estoy seguro de si alguien te ha dicho esto, pero debes
saberlo.
—¿Qué?
—Eres fuerte, Teagan.
—¿Ese es tu secreto? ¿Que soy fuerte?
—Sí.
Su boca se curvó en otra sonrisa.
—Bueno, gracias.
—Realmente lo eres. Y creo que tenemos que celebrar ese hecho esta noche.
—¿Cómo vamos a hacer eso exactamente?
—Spoiler: no será estudiando.
—Bueno, eso es un hecho.
—Te daré una pista de lo que me gustaría hacer para celebrar tu fortaleza.
Comienza con una M y rima con bizcos.
Se tomó un segundo para reflexionar.
—Quieres celebrar con s mores.
—Pensé que nunca preguntarías.
—¿No acabamos de hacer s mores la otra noche?
—No puedo evitarlo. Creo que soy adicto a los s mores y los Cheetos picantes. Dos
cosas que no tengo en casa. Necesito llenarme mientras estoy aquí.
—Puedes hacer esos s mores en casa.
—Supongo. Aunque no me veo encendiendo un fuego fuera de nuestro piso sin un
patio real. Muy seguro de que no está permitido.
—Sí, eso probablemente no funcionará.
Me levanté de un salto.
—¿Qué dices?
—Yo digo que estás loco. —Se encogió de hombros—. Pero hagámoslo.
Teagan
U
na semana después, estaba en mi habitación cuando noté que me había
perdido una notificación de que alguien se había unido a una de mis
presentaciones en la aplicación de canto. Eso rara vez me pasaba.
La abrí y vi el nombre del usuario: S moresDude.
Mi corazón se aceleró cuando hice clic y vi la cara sonriente de Caleb en la vista
previa.
¡Oh Dios mío!
No, no lo hizo.
¿Cómo se enteró de esto? Tenía que ser Shelley. Ella siempre solía tomar mi
teléfono antes de conseguir uno. ¡La voy a matar!
Después de presionar play, no pude evitar reír como una tonta mientras veía
nuestro dueto, una pantalla dividida de Caleb y yo cantando Someone Like You” de
Adele. Nuestras voces se mezclaban bien, su profundo barítono complementando mi
soprano. Fue genial, en realidad.
La expresión exageradamente seria en su rostro mientras cantaba me hizo reír, y
la voz de Caleb era bastante buena. Yo no era profesional, pero podía llevar una melodía,
y aparentemente él también. Incluso me atrevería a decir que su voz era mejor que la
mía. Siempre lo había hecho por diversión, para soltarme, no porque pensara que tenía
algo que ofrecer en el departamento de canto. Curiosamente, aunque tendía a sentirme
incómoda expresándome con personas que conocía, no tenía problemas para
interactuar con extraños. Nadie me conocía en la aplicación, hasta ahora. Había sido un
lugar donde podía dejar ir mis inhibiciones y no ser juzgado o reconocido. O eso pensé.
Salí de la aplicación e hice clic en mi icono de mensajería.

Teagan: Ni siquiera voy a preguntar cómo te enteraste de la aplicación de


canto.
Los puntos bailaron mientras escribía una respuesta.

Caleb: ¡Te tomó bastante tiempo! He estado muriendo por tu reacción


durante dos días.
Teagan: Estás loco. Y te odio por hacerlo. Pero me hizo reír.
Caleb: Creo que les hacemos competencia a Shawn Mendes y Camila Cabello,
¿no?
Teagan: Todavía no abandonaría tu trabajo, S’moresDude.

Todavía estaba sonriendo de oreja a oreja cuando Kai vino a visitarme un poco
más tarde.
Estábamos pasando el rato en mi habitación. Elegí no contarle a Kai sobre el
ataque en el teatro porque no quería lidiar con su reacción. Esperaba que no hubiera
visto la historia en las noticias, aunque mi nombre no fue mencionado. Entre hablar con
la policía la semana pasada y volver a contarle todo a mi familia, no quería revivirlo
nuevamente. Entonces, estábamos haciendo lo que harían dos chicas sin nada
importante que discutir: revisar nuestros teléfonos e ignorarnos.
—Ayer vi a Caleb besándose con Verónica en Coolidge Corner. La tenía clavada
contra la pared de un edificio de ladrillos. Supongo que todavía están juntos.
Levanté la vista de mi teléfono.
—¿Por qué me estás diciendo esto? —Mi tono era definitivamente defensivo.
—No lo sé. Solo estoy cotilleando, supongo. Normalmente estás bien con eso.
—Sí, bueno, no necesito saber sobre Caleb.
Ella entrecerró los ojos.
—¿Estás… te gusta ahora o algo así?
—Por supuesto que no. ¿Por qué dirías eso? Básicamente es como mi hermano en
este momento —mentí.
No había nada en Caleb que lo hiciera parecer un hermano. Pero fingir era mi
forma de ocultar cualquier sentimiento que pudiera haber tenido por él.
—¿Por qué diría eso? —preguntó—. Porque me gritaste por decirte algo que
comenté.
—Entiendo que fue solo un comentario, pero es algo que no necesito que me
digan.
Kai me miró por unos segundos.
—Porque te gusta.
Mi pulso comenzó a acelerarse.
—No.
—¿Por qué si no te molestaría tanto?
—No me molesta.
—Mira, lo entiendo. Él es súper sexy, y por todo lo que puedo decir, bastante dulce
y agradable. Me dijiste que ustedes se han estado llevando bien últimamente. ¿Por qué
no estarías un poco celosa?
—Simplemente no es noticia. Sé que está con Verónica. Sé que tiene sexo con ella.
El hecho de que se estuvieran besando es… no es nada nuevo.
Kai me miró de reojo y sonrió.
—Entonces, ¿cuánto tiempo has estado enamorada de Caleb?
Sentí sudor formarse en mi frente. Lo limpié instintivamente.
—No estoy enamorada de él. —Al darme cuenta de que mi reacción física podría
estar delatándome, decidí aceptarlo—. Pero estoy empezando a interesarme.
—Define interesarte por él.
Me puse de pie y caminé hacia la ventana para esconder mi rostro de ella.
—No importa. Él tiene novia.
—¿Y si no tuviera?
—Entonces seguiría guardando mis sentimientos para mí porque se va a regresar
a Londres al final del año escolar, y nada bueno podría venir de apegarse. —Me volví
para mirarla—. Pero he aquí por qué realmente no deberíamos tener esta conversación:
a Caleb no le gusto de esa manera. Me llama su pseudo-hermana y, si bien le gusta
estar cerca de mí y ser un poco protector, no estaría interesado en mí.
—Bueno, no haces nada para insinuar que podrías estar abierta a cualquier cosa.
¿Cuándo fue la última vez que te soltaste el cabello o usaste algo femenino?
—Femenino no es mi estilo. Soy una chica tipo vaqueros y camiseta. Tú lo sabes.
—Eres hermosa, Teagan. Y la única razón por la que no estás con alguien en este
momento es porque eliges no estarlo.
—Estuve con Thad durante tres meses.
Inclinó la cabeza.
—¿Y cómo resultó eso?
—Terminé porque no me atraía sexualmente.
—Está bien, pero sabían que no había química sexual antes de que comenzaran a
salir. Creo que eliges intencionalmente a personas que no te atraen sexualmente,
porque no quieres tener que preocuparte por el sexo o por todos los sentimientos que
conlleva.
—He tenido relaciones sexuales.
—Una vez en la escuela secundaria solo para terminar con eso , como t’ lo dices,
realmente no cuenta, Teagan.
—Claro que sí.
—¿Tuviste un orgasmo?
—No.
—El sexo sin orgasmo es como una vela sin fuego. Inútil. Realmente no cuenta.

Al día siguiente, cuando salía del campus, Caleb llegó corriendo por el césped.
—Teagan, espera. —Estaba un poco sin aliento cuando llegó a mí—. ¡Hola!
Sonreí.
—Hola.
Mostró una amplia sonrisa cuando se puso a mi lado.
—¿Regresas a la casa?
—Síp.
—Yo también.
—Pensé que trabajabas los miércoles después de clase —le dije.
—Cambié con un amigo mío esta noche. En cambio, trabajaré en el turno tarde.
—Acabo de ver a Verónica subirse al auto.
—Sí —dijo—. Ella va de compras a Newbury Street con algunos amigos.
—Oh. Lujoso.
—A ella le gusta gastar dinero.
—Su familia tiene dinero, ¿no?
—Sus padres son ricos, sí. Así que, naturalmente, les encanta el hecho de que está
perdiendo el tiempo saliendo con un vagabundo que se va del país en menos de un año.
Odiaba que dijera eso. Personalmente, sentía que Verónica era la chica más
afortunada del campus, tal vez en el mundo, por estar con Caleb.
—Ella podría elegir a casi cualquier hombre aquí —le dije—. Pero te eligió a ti.
Eres carismático e interesante en comparación con las opciones de los tipos perfectos
típicos. Entonces, obviamente, ella no está de acuerdo en que estar contigo es una
pérdida de tiempo.
—¿Estás tratando de hacerme sentir mejor conmigo mismo, Teagan? Se supone
que debes desinflar mi ego, no hacerlo más grande. —Guiñó un ojo.
—Tan agradable como puede ser lanzarte insultos, también tengo que ser
honesta, a veces.
Él empujó su hombro contra el mío.
—Bueno, gracias por ese cumplido. Verdaderamente.
Sintiéndome sonrojada, cambié de tema, recordando una historia que quería
contarle.
—Oh Dios mío. Nunca vas a creer con quién me encontré hoy.
—Mark Wahlberg.
—¿Qué? —Me reí—. ¡No! ¿Por qué lo dices?
—Porque escuché que estaba en el área filmando una película.
—¿De verdad? Maldición. No me importaría encontrarme con él, pero no.
—Te gusta Marky Mark, ¿eh?
—Sí, así es. Pero desafortunadamente no fue con él con quien me encontré. Fue
con Bo Cheng.
—Ah, el buen Bo Cheng. ¿Cómo está mi compañero?
—Escucha esto, estaba parado frente a este tipo en la fila de la comida para llevar
en la cafetería de estudiantes. Y comenzó a estornudar repetidamente. ¿Sabes cómo
cuando alguien estornuda, dices salud ?
—Sí.
—Bueno, tuve que seguir diciéndolo una y otra vez, hasta que fue tonto continuar
porque estaba estornudando mucho. Luego lo llamaron para recoger su orden. Era Bo.
Y me di cuenta de que era EL Bo Cheng.
—¡El mito, la leyenda!
—Sí. ¡No solo eso, sino que me di cuenta de que la razón por la que estornudaba
era yo!
Caleb se rio a carcajadas.
—Eres un alérgeno andante, Teagan. Jodidamente gracioso. ¿Le dijiste quién eras?
—Nah. No tiene sentido. Pero debo tener gérmenes de gato en toda mi camisa, lo
cual tiene sentido ya que me acurruqué con Catlin Jenner esta mañana.
Prácticamente llorando, se secó los ojos.
—Esa es una buena mierda.
Había estado esperando contarle esto a Caleb desde que sucedió. Su reacción fue
incluso mejor de lo que había previsto.
Caleb se alzó sobre mí mientras caminábamos por Beacon Street. No estaba
segura de haberme dado cuenta de lo mucho más alto que era. Era raro caminar con él
así. Normalmente estábamos sentados uno frente al otro.
Estábamos a punto de pasar por el teatro, mi viejo terreno prohibido ahora. Y
maldita sea, estaban pasando una película que realmente quería ver. Caleb
probablemente asumió que, la expresión de mi rostro cuando vi la señal, se debía al
ataque. Pero no era así.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Sí. Simplemente me molesta. Quiero ver esa película.
Dejó de caminar.
—¿De verdad? A la mierda, entonces. Vamos a verla. No creo que debas entrar allí
sola, pero estaré contigo.
Dudé.
—No quiero hacerte ver eso solo para protegerme.
—¿Estás bromeando? Me encantan las películas sobre… —Hizo una pausa y miró
el cartel—. Amor en Praga.
—Esa no es la que quiero ver. La del asesino.
—Es lo mismo. —Él sonrió e hizo un gesto con la cabeza—. Vamos.
Un sentimiento de inquietud me invadió cuando seguí a Caleb al teatro. Pero con
cada segundo que pasaba, ese sentimiento fue reemplazado por el empoderamiento.
Me instalé en el asiento junto a él, y me sentí bien de regreso y teniendo a mi amigo
conmigo. Era lo mejor de ambos mundos: poder disfrutar de la película y también
sentirse segura. Las posibilidades de ser atacada dos veces aquí probablemente eran
bastante escasas, pero no había forma de que me hubiera arriesgado.
Tampoco me importó la oportunidad de sentarme con Caleb durante un par de
horas. Cuando estudiábamos juntos, nunca estuvimos tan cerca. Pero él siempre olía tan
bien, y cuanto más cerca estaba, mejor lo respiraba. Pensé en entrar sigilosamente a su
habitación cuando no estaba en casa para ver qué colonia usaba. Podía comprarla y aun
así poder olerlo después que se mudara a Inglaterra. Nunca lo admitiría ante nadie, por
supuesto. Me odiaba incluso por pensar así. Nada iba a salir de mi atracción por Caleb.
Incluso si no se fuera, estaba completamente fuera de mi alcance. Solo necesitaba
agradecer que fuera lo suficientemente dulce como para acompañarme aquí hoy.
La película se puso en marcha y él pareció interesarse.
Sin embargo, a mediados de la película, noté que el lenguaje corporal de Caleb
había cambiado. Durante una escena donde la heroína fue secuestrada y metida en la
cajuela de un automóvil, Caleb comenzó a inquietarse, y su mano, que había estado
descansando sobre el brazo de la silla, se sacudió un poco. Su respiración se volvió
irregular cuando el personaje de la película comenzó a gritar por su vida.
—Tengo que irme —dijo de repente.
¿Qué está pasando?
Sin cuestionarlo, lo seguí fuera del teatro.
Caleb jadeó mientras salíamos a la acera. Tomó asiento en el suelo y no dijo nada
mientras me sentaba a su lado.
Esa escena aparentemente había desencadenado esta horrible reacción, y no pude
comenzar a entender por qué. Sospeché que tenía algo que ver con el gran secreto que
había dicho que algún día podría contarme. ¿Habían abusado de Caleb? ¿Alguna vez
alguien intentó secuestrarlo y meterlo en un baúl?
—No voy a hacerte hablar sobre lo que pasó allí. Pero si quieres, estoy aquí. No te
estoy dejando. Sea lo que sea, estás bien. Todo va a estar bien.
Soltó el aliento y asintió, aun tratando de recuperar la compostura.
Luego tomó mi mano y entrelazó sus dedos con los míos. No fue un gesto
romántico; lo sabía. Me había tomado como apoyo, porque estaba allí. Pero también
porque confiaba en mí, como yo lo hice.
Nos quedamos allí en la acera por un período de tiempo indeterminado, Caleb
descansando su cabeza contra la pared de ladrillo del teatro y yo alternando entre
mirarlo y mirar mal a los transeúntes que nos miraron mal por sentarnos en el suelo.
Estaba segura de que algunos asumieron que estábamos a punto de pedirles monedas.
Caleb finalmente se volvió hacia mí.
—Creo que este jodido teatro está maldito.
Se las arregló para reír, así que lo imité. Todavía estábamos tomados de la mano
cuando se puso de pie y me jaló junto con él. Solo entonces me soltó. A pesar de lo
horrible que había sido, ciertamente había disfrutado su toque.
—Vamos a casa —dijo.
Asentí.
Caminamos juntos en silencio mientras las hojas de otoño crujían bajo nuestros
pies en la acera.
Una vez de vuelta en la casa, Caleb fue directamente a su habitación, y pasé el resto
de la tarde en mi propia habitación, incapaz de dejar de pensar en su enloquecimiento.
Me dolía saber que algo lo había traumatizado.

Caleb no estuvo en la cena esa noche, lo que no me sorprendió, ya que me había


dicho que tenía que trabajar hasta el cierre en el restaurante.
Más tarde, pasadas las once de la noche, apareció en la puerta exterior que
conectaba con mi habitación. En lugar de entrar a la casa desde el frente con su llave,
había elegido pasar por el patio. Nunca había entrado por esa puerta antes.
Me levanté para dejarlo entrar.
—¿Te desperté? —preguntó.
Volviendo a la cama, dije:
—No, en absoluto. Estaba viendo un programa en mi computadora.
Él procedió a acostarse justo a mi lado en la cama, otra primera vez. Apoyó la
cabeza contra la cabecera y cerró los ojos.
Después de un minuto, se volvió hacia mí.
—Lamento mucho lo de hoy, Teagan. Era todo lo que podía pensar esta noche en
el trabajo. Se suponía que debía apoyarte, y lo jodí por completo.
Me moví para enfrentarlo.
—¿Estás bromeando? No me debes una disculpa. Claramente, la película activó un
recuerdo para ti. Entiendo eso. No pudiste evitarlo.
—Se suponía que eras la traumatizada en ese teatro, no yo. Me siento un poco
avergonzado por cómo actué. Lo siento mucho.
—Caleb, en serio. Por favor, deja de disculparte. No tienes de qué avergonzarte.
—Pero lo hago, Teagan. Realmente lo hago, y ni siquiera sabes la mitad.
Cuando me miró de nuevo, el dolor en sus ojos era tan palpable que prácticamente
podía sentirlo apretando mi pecho.
—Hice algo terrible —dijo.
Mi corazón se hundió, pero por alguna razón, nada de esto me alarmó. Sabía por
la expresión de dolor en su rostro que no podía haber hecho nada terrible
intencionalmente. Fuera lo que fuese, claramente lo llenaba de pena y arrepentimiento.
—Me puedes decir. Prometo que no te juzgaré. No me importa lo que sea. —
Cuando permaneció en silencio, dije—: También he hecho algunas cosas terribles.
Me miró mientras yo procedía a vomitar lo primero que se me ocurrió.
—Una vez, cuando Maura estaba comiendo una alita de pollo, deseé que se
hubiera ahogado con el hueso. Realmente no lo dije en serio. Pero tuve la idea, sin
embargo.
Esbozó una leve sonrisa, y eso solo hizo que mi ridícula confesión valiera la pena.
Sin embargo, ese breve alivio de su dolor no hizo nada para prepararme para lo que dijo
a continuación. Nada podría haberlo hecho.
—Teagan… —Hizo una pausa—. Maté a mi hermana.
Caleb
N
unca había pronunciado esas palabras en voz alta. No había planeado
admitirlo nunca ante nadie aquí, y menos aún con Teagan. Pero después de
lo que sucedió hoy, sentí que le debía una explicación. Una parte de mí
quería decirle, no solo para explicarle las cosas, sino porque su propia
honestidad me había inspirado a querer abrirme a ella también. Simplemente no
sucedió tan orgánicamente como esperaba. Lo que sucedió en el teatro me había robado
esa oportunidad, sin dejarme otra opción que forzarla.
—Está bien —dijo después de un momento—. Todavía no voy a juzgarte, por
cierto. Solo para que sepas.
La amaba por decir eso, porque me dio el coraje de seguir hablando.
—Me cuesta hablar porque hablar me obliga a tener que pensar en ello. Y cuando
lo pienso, colapso.
—Está bien si eso sucede —dijo—. No hay prisa.
Respiré hondo y exhalé hasta que no me quedó más aire.
—El nombre de mi hermana pequeña era Emma. Ella y yo, éramos demasiado
unidos. Nos llevábamos solo un año de diferencia. Aunque apenas la recuerdo, recuerdo
un poco, lo suficiente como para saber que ella realmente estaba allí y que realmente la
amaba. —A pesar de la opresión en mi pecho, continué—. Mis padres nos dejaron con
una niñera una tarde. Teníamos cuatro y tres años en ese momento. Los dos éramos
típicamente niños fáciles de cuidar. Nos teníamos el uno al otro, así que solo jugábamos
juntos.
Teagan se aferró a cada palabra, una mirada de temerosa anticipación en su
rostro. Asintió en silencio.
—Teníamos este baúl de juguetes, una gran caja de madera que mi madre había
heredado de su abuela. —Cerré mis ojos brevemente—. Pensé que sería divertido si
vaciara todos los juguetes y mi hermana entrara mientras cerraba la tapa. Entonces
podría saltar como un gato de la caja. Y nos reiríamos de eso. Teníamos tantos juguetes
adentro que el baúl siempre permanecía abierto.
Teagan parpadeó más rápido cuando pareció entender a dónde podría estar
yendo esto.
—Supuse que podría abrirlo y dejarla salir después de unos segundos. —
Tragué—. Pero una vez que entró, el pesado baúl se cerró y no pude abrirlo.
Teagan me agarró del brazo cuando cerré los ojos. No había vuelta atrás ahora.
Tenía que decirle al resto.
Mi voz se quebró.
—Mi hermana estaba pateando y gritando, y no había nada que pudiera hacer
porque estaba… bloqueado.
Teagan me apretó el brazo.
—Entré en pánico, corrí a buscar a la niñera. Como se suponía que íbamos a tomar
una siesta, la niñera había salido a fumar un cigarro. Grité y grité hasta que finalmente
me escuchó y volvió a entrar. —Me detuve—. Corrimos escaleras arriba, y ella tampoco
pudo abrir el ba’l. Para entonces, mi hermana se había detenido… —Mis palabras se
fueron apagando.
Me apretó el brazo otra vez.
—No tienes que decirlo.
Sintiéndome exhausto, asentí, aceptando su permiso para no continuar.
Nos quedamos en silencio un momento hasta que dije:
—No hay forma de predecir cuándo algo activará el recuerdo. Esa escena en la
película obviamente lo hizo. Pero he visto cosas similares antes y no he tenido ningún
problema. Por alguna razón, no pude controlar mi reacción hoy.
—Lo entiendo completamente ahora.
—Me esfuerzo tanto por bloquearlo y no pensar en ello. Incluso después de años
de terapia, no es algo que pueda superar.
Teagan me miró a los ojos.
—Sé que en cierto nivel sabes esto… pero no fue tu culpa.
Había escuchado eso antes, pero nunca pude aceptarlo.
—Cerré la tapa. Le dije que entrara. Aunque no tenía la intención de que muriera,
lo causé. Fue idea mía, y por eso fue culpa mía, Teagan. No fue mi intención, pero siempre
será mi culpa.
Parecía perdida. ¿Cómo podría alguien discutir? No podía culparlos por intentarlo,
pero el hecho de haber causado la muerte de mi hermana no estaba en discusión.
—Durante mucho tiempo cuando era niño, no pude ver fotos de Emma —le dije—
. Parte de mi terapia fue aprender a tolerarlo. Me sentaba allí y lloraba y sufría cada
segundo agonizante de tener que mirar su hermosa sonrisa, dándome cuenta que había
causado el final de ella. Nunca pude manejarlo fuera de la oficina del terapeuta.
Finalmente, mi madre cedió y retiró la mayoría de las fotos. Solo espero que donde sea
que Emma esté ahora, pueda perdonarme.
—¿Detuviste la terapia?
—Fui desde que tenía cinco años hasta las doce. Tiene que ser demasiado caro.
Pero estoy empezando a pensar que regresar podría hacerme algo bueno.
—No es realmente algo que superes, me imagino. Es algo con lo que aprendes a
vivir —dijo.
Asentí.
—No es solo la pérdida de la persona, ¿sabes? Sino los efectos duraderos en los
que quedan atrás. Mi padre me odia, se dé cuenta o no. Siempre me ha tratado
terriblemente, y creo que es porque en algún nivel no puede perdonarme. Él sabe que
no era mi intención lastimar a mi hermana, pero no puede ver más allá de lo que hice.
Si no hubiera tomado esa estúpida decisión, ella todavía estaría viva. Y él no puede
dejarlo ir. Yo tampoco.
—Lamento escuchar eso de tu papá.
—He pasado toda mi vida tratando de compensarlo, pero nunca es lo
suficientemente bueno, porque nada de lo que hago puede traer de vuelta a mi hermana.
Principalmente me evita, se distancia de mi madre y de mí, en general.
—¿Son tu madre y tú cercanos?
—Sí. Mi madre es genial.
—Ella debe extrañarte.
—Lo hace. Pero me llama mucho. Venir aquí se trataba tanto de escapar de la
situación con papá como de experimentar un nuevo lugar. Aquí me siento querido. Por
mucho que mi madre me quiera, no me siento querido en casa por mi padre.
Teagan continuó mirándome, absorbiendo todo esto. Bendícela por ser tan buena
oyente y lidiar con esta basura esta noche.
Forcé una sonrisa.
—¿Ves? Pensaste que eras la única con problemas, Teagan. Estabas tan
equivocada
—No creo que haya ninguna comparación…
—Exactamente. Estoy mucho más jodido que tú.
Ella sacudió su cabeza.
—Eso no es lo que quise decir, solo que estamos jodidos de diferentes maneras.
—Bienvenido al club jodido por los padres. Toma asiento. Quédate un rato. —
Sonreí y la miré a los ojos—. Gracias por escuchar.
—Por supuesto. Estuve súper preocupada por ti todo el día. Me alegra que hayas
venido a hablar conmigo.
Definitivamente me sentí mejor ahora que lo había dejado salir.
—Yo también.
Vaciló.
—¿Verónica lo sabe?
—No. Le dije que mi hermana murió en un accidente, pero no le dije las
circunstancias. Realmente no quería ir a este lugar frente a ella. No estoy seguro de
porqué. Supongo que me siento más cómodo de alguna manera a tu alrededor. No siento
que seas crítica.
Asintió.
—Soy más defensiva que crítica.
Alcé la ceja.
—Quizás.
—Pero en serio, Caleb, nunca tendrás que preocuparte de que te juzgue por esto.
Nunca. ¿De acuerdo?
No merecía su aceptación, pero lo acepté.
—Gracias, Teagan.
Miré en ese momento. Era tarde. Sin embargo, no tenía ganas de moverme de este
lugar. Pero teniendo en cuenta que me había acomodado en la cama de Teagan, no era
genial para mí quedarme aquí indefinidamente.
Forzándome, dije:
—De todos modos, te dejaré dormir.
—No tienes que irte —respondió ella.
No quiero irme. Pero necesito hacerlo.
—Será mejor. Ya es tarde.
Ella también se levantó de la cama.
—Bueno…
Nos miramos el uno al otro por más de unos segundos, y tuve la repentina
urgencia de abrazarla. Se sintió como algo natural después de que ella me dejara
derramar mi alma.
Así que lo hice.
En el momento en que me incliné, ella cayó dentro de mí, dándome la bienvenida.
Sus pechos suaves presionados contra mi torso. La falta de juicio de la que habló se
manifestó a través de su toque. En sus brazos, me sentí verdaderamente aceptado. Se
sintió bien. Demasiado bueno. Demasiado bueno como en la clase de bueno que dice
más que un amigo . Más que un amigo genial, de hecho. Por lo tanto, peligroso.
Su corazón latía contra mí, y estaba seguro de que ella también podía sentir el mío
latir. La parte superior de su cabeza estaba justo contra mi pecho. Tomé un largo
suspiro de su cabello y me obligué a retroceder.
Nos miramos unos segundos más antes de despedirme y salir de la habitación.
Mientras subía las escaleras, mi corazón continuó acelerado.
Teagan
I
ncluso después de unos días, no pude sacar de mi mente la admisión de Caleb.
Probablemente era la cosa más desgarradora que podría haber imaginado.
Entonces mi mente vagaría por el abrazo que me había dado. Aunque
era inocente, el calor de su pecho presionado contra el mío había encendido
un fuego dentro de mí, uno que todavía parecía estar hirviendo. Una cosa tan simple, y
mi cuerpo lo había tomado completamente fuera de contexto. Me preguntaba si había
notado la forma en que mi corazón latía fuera de control. Mi reacción fue
completamente inapropiada dadas las tristes circunstancias, pero no pude evitar lo
atraída que estaba por él. A pesar de que no quería enamorarme de Caleb, eso parecía
ser exactamente lo que estaba sucediendo.
Había estado esperando encontrarme con él, pero no había estado tan cerca
últimamente. Subí las escaleras para ver qué podía averiguar.
—¿Está Caleb en casa? —le pregunté a Maura.
Sacudió su cabeza.
—Lo vi cuando se iba a casa de Verónica. Dijo que pasaría la noche allí. Quería
decirme para que no me preocupara. Es muy considerado.
Mi estómago se hundió mientras trataba de parecer indiferente.
—Oh. Bueno. Normalmente no hace eso, pasar la noche allí.
—Lo sé. Las cosas deben ponerse serias entre ellos. —Maura ladeó la cabeza—.
¿Cómo te sientes sobre eso?
—¿Cómo se supone que debo sentirme? —respondí a la defensiva—. ¿Por qué iba
a sentir algo al respecto?
—T’ y él parecen llevarse muy bien. Me preguntaba si tal vez t’…
Cuando dudó, terminé su oración.
—¿Si tengo sentimientos por él?
—Bueno, sí. Quiero decir, obviamente es un chico muy guapo. Y no lo sé… desde
esa noche, cuando salí y los encontré haciendo s mores, pensé que podría haber… algo
allí.
Mi boca se cerró. Estaba segura de que no quería admitirle a Maura que sentía
algo por Caleb. Pero temía negarlo y que de alguna manera lo hiciera más obvio.
Entonces no dije nada. Era realmente buena en eso.
—Siempre te has resistido a abrirte a mí —dijo—. No hay mucho que pueda hacer
para cambiar eso porque cuanto más lo intento, más te retiras. Pero quiero recordarte
nuevamente que estoy de tu lado. Puedes decirme cualquier cosa y te escucharé,
Teagan. No mencioné a Caleb para avergonzarte. Simplemente siento algo entre ustedes
y pensé que tal vez querrías hablar al respecto. Sé que no es asunto mío. Ahora tienes
diecinueve, eres una adulta. Por lo menos, si no me dejas ser tu madre, déjame ser tu
amiga.
No había ninguna razón por la que tuviera que seguir excluyendo a Maura.
Simplemente no sabía cómo dejarla entrar.
—Lo siento, Maura. Soy yo, no tú.
—He estado preocupada por ti —admitió.
¿Por Caleb?
—¿Por qué?
—Siento que podrías estar albergando tus emociones desde el ataque. ¿Estás
segura de que no quieres que te encuentre un terapeuta?
Oh.
—Si fuera a ir a un terapeuta, probablemente debería haber ido hace mucho
tiempo por razones distintas a las que sucedieron en el teatro. Realmente estoy bien.
No entendía por qué no había estado más traumatizada por el ataque. Tuve un
buen llanto esa noche, la noche en que Caleb entró y me vio llorando, pero no había
experimentado algo así desde entonces. Últimamente había estado pensando en Caleb,
preguntándome si estaba bien, porque parecía que me estaba evitando desde la noche
en que me habló de su hermana. Había cancelado nuestra última sesión de estudio sin
ninguna razón real. Extrañaba estar con él, pero también reconocí que mis sentimientos
eran peligrosos.
Necesitaba terminar esta conversación.
—Gracias por estar siempre ahí, Maura. Sé que tienes buenas intenciones. Y lo
siento si me encuentro poco apreciativa.
—Solo quiero que seas feliz, Teagan. Estás en una edad difícil. Siempre que sepas
que puedes venir a mí sobre cualquier cosa…
—Lo sé. Gracias.
Más tarde esa noche, Caleb envió un mensaje de texto, lo cual era extraño
considerando que estaba durmiendo en casa de Verónica.

Caleb: Entonces, cuando imaginaste a Maura asfixiándose con un hueso de


pollo, ¿fue un muslo o tal vez un ala picante?

Oh Dios mío.

Teagan: Esperaba que no recordaras esa admisión.


Caleb: Lo recuerdo todo. Así que no tienes suerte.
Teagan: Genial.
Caleb: ¿Entonces fue un ala? ¿Tal vez un poco de queso azul a un lado?
Teagan: Teriyaki. LOL

Unos segundos después respondió.

Caleb: Lo siento, no he estado para estudiar últimamente.


Teagan: Excusas. Excusas
Caleb: Volveré la próxima semana.

Mi estómago se hundió un poco ante la perspectiva.

Teagan: ¿Qué estás haciendo ahora?


Caleb: Verónica está durmiendo y estoy aburrido. Pensé en molestarte un
poco.
Teagan: ¿Por qué no duermes?
Caleb: ¿Por qué TÚ no duermes?
Teagan: Tomé dos tazas de café después de la cena.
Caleb: Solo estoy inquieto por ninguna razón.
Volvió a enviar mensajes de texto antes de que tuviera la oportunidad de
responder.

Caleb: También quería agradecerte por escuchar la otra noche.


Teagan: Me preocupaba que tal vez me estuvieras evitando porque te
sentías avergonzado o algo así.
Caleb: No es eso. Supongo que solo necesitaba algo de tiempo. Sé que en el
momento en que te mire, comenzaré a sentir algunas de esas emociones
nuevamente. Porque ahora lo sabes, y no puedo esconder eso. Es complicado,
supongo. Necesitaba unos días.

La confirmación de que se había alejado intencionalmente me puso un poco triste,


pero lo entendí.

Teagan: Lo entiendo.
Caleb: He extrañado estudiar contigo.

Quería abofetearme la cara por sentir un hormigueo. Me gustó escuchar eso. Una
vez más, prueba de que no podía controlar mis sentimientos, sobre un chico que me
veía como una hermana. Entonces comencé a analizar demasiado. Me di cuenta que tal
vez le caía bien porque le recordaba cómo habría sido si su hermana estuviera viva. Ella
era más joven que él. Yo también.
Desearía poder verlo como un hermano. Haría las cosas mucho menos
complicadas. Odiaba sentir celos porque durmiera en casa de Verónica. Pero no pude
evitarlo.

Caleb: ¿Cómo va la pasantía?


Teagan: Tengo una nueva tarea en el Acuario, pero estoy reacia a decírtelo.
Caleb: ¿Por qué?
Teagan: Porque te reirás de mí.
Caleb: Prometo que no lo haré. Dime.

Solo escribir las palabras me hizo reír.

Teagan: Tengo que disfrazarme de delfín y dar boletos para el espectáculo


de delfines.
No respondió de inmediato. Entonces escribí de nuevo.

Teagan: Deja de reír. Dijiste que no lo harías.

Los pequeños puntos bailaron alrededor mientras esperaba su respuesta.

Caleb: Resulta que la risa es involuntaria.


Teagan: Suspiro.
Caleb: Debo ir a ver eso.
Teagan: Por favor no lo hagas.
Caleb: Eres una buena empleada.
Teagan: ¡No tengo otra opción!
Caleb: Podrías haber luchado contra eso. Pero estoy seguro de que seguiste
la corriente.

Me acusaban de ocultar mi feminidad. Pero ahora sabía que nada te hace sentir
menos femenina que un traje de delfín peludo. Definitivamente no tenía que
preocuparme porque me coquetearan en el trabajo ahora.
Decidí enviarle una foto que mi compañero de trabajo me había tomado con el
disfraz.

Teagan: Pensé que te ahorraría el viaje.

Aproximadamente un minuto pasó. Entonces él respondió.

Caleb: Creo que casi desperté a Verónica. Eso es hilarante.


Teagan: Me alegra haberte hecho sonreír.
Caleb: Siempre me haces sonreír, incluso cuando no estás vestida con un
ridículo disfraz.

Quería estrangular mi corazón por latir tan rápido. Mi propia opinión sobre mí
misma no coincidía con eso.

Teagan: ¿Por qué te hago sonreír? En general, soy una persona bastante
miserable.
Esperé una eternidad por su respuesta.

Caleb: No creo eso. Te gusta mantenerte sola, pero eso no te hace miserable.
Cuando sonríes, es genuino. Una sonrisa genuina vale más que mil falsas. No eres
capaz de ser falsa.

Claramente vio algo en mí que yo no.

Teagan: ¿Y tú? ¿Con qué frecuencia son reales tus sonrisas? ¿Con qué
frecuencia finges?
Caleb: He fingido menos desde que llegué aquí.
Caleb: Y nunca he fingido a tu alrededor.

Mi corazón se aceleró.

Teagan: Me alegro.
Caleb: No estoy seguro de querer irme a casa, pero sé que tengo que hacerlo.
Mi mente no deambula tanto por lugares oscuros aquí.

Solo había estado aquí unos meses, pero la idea de que Caleb se fuera ya me ponía
ansiosa. Me hacía sentir menos sola, como si finalmente hubiera alguien en esta casa
que me entendiera un poco.

Teagan: Mi mente también vaga por lugares oscuros.

Después de varios segundos de nada, respondió de nuevo.

Caleb: Dime tu pensamiento más oscuro y te diré el mío. Las aguas turbias
son menos aterradoras para navegar cuando no estás solo.

No tuve que pensarlo. Mi pensamiento más oscuro era recurrente.

Teagan: Mi pensamiento más oscuro es que mi madre tuviera razón… que


no debería haberme tenido. Cada vez que me siento fuera de lugar o desconectada
de todo lo que me rodea, creo que tal vez es porque no se supone que debo estar
aquí.
Pude ver que estaba escribiendo algo.

Caleb: Nuestros pensamientos más oscuros tienen un tema similar. El mío


es que deseo con todo mi corazón y alma haber sido yo quien se metiera en ese
baúl en lugar de Emma. Entonces, tú y yo somos dos personas que se preguntan
si pertenecemos aquí. Tenemos eso en común.

Vaya. Supongo que sí.

Teagan: Definitivamente me siento menos sola desde que llegaste.

No tenía la intención de ser tan sincera. Deseaba poder retractarme hasta su


respuesta.

Caleb: No eres la única, Teagan.


Caleb
E
ran como las siete de la noche, justo antes de la cena. Había estado esperando
pasar mi primera noche de regreso en la casa en unos días y reanudar mis
sesiones de estudio con Teagan esta noche.
Sonó el timbre y Maura fue a contestar. Entonces escuché mi nombre
pronunciado por alguien con acento británico. Bajé las escaleras para revisar las cosas,
y la vista de mi amigo del Reino Unido parado en la puerta casi me deja sin aliento.
¿Qué demonios está haciendo aquí?
Archie me vio en la parte superior de la escalera y extendió las manos.
—¡Sorpresa!
Corrí escaleras abajo.
—¿Qué está pasando? ¿Por qué estás aquí?
—También es bueno verte, amigo.
Maura sonrió ampliamente, probablemente pensando que era una sorpresa
agradable. Realmente no lo era. Esto era raro.
—Estoy sorprendido. No me dijiste que ibas a venir.
—Lo sé. Se suponía que era una sorpresa. Tu madre me dio la dirección. Solicité
una asignación de trabajo de tres meses aquí en los Estados Unidos y no estaba seguro
si iba a obtenerla. Finalmente recibí confirmación hace un par de semanas. Y aquí estoy.
—¿Quién es este simpático joven, Caleb? —preguntó Maura.
Él respondió antes de que tuviera la oportunidad.
—Soy el mejor amigo de Caleb, Archie.
¿Mejor amigo? Eso fue un poco exagerado. Archie y yo nos conocíamos desde la
infancia, sí. Pero nunca me había referido a él como mi mejor amigo. Tenía un amigo en
casa llamado Charlie a quien siempre se le había dado esa distinción. Archie era más
una persona que siempre estaba muy cerca, una de la que no podía deshacerme… como
una verruga.
—Debes quedarte a cenar —dijo Maura.
Archie miró entre Maura y yo.
—¿Estás segura? No quiero entrometerme.
Claro que no.

Todos se reunieron en la mesa para comer los famosos espaguetis y albóndigas de


Maura.
Acababa de entrar al comedor con Archie después de mostrarle mi habitación y el
resto de la casa.
—Encantada de conocerte, Archie —dijo Shelley antes de que tuviera la
oportunidad de presentarle a alguien.
—¿Quién es esta encantadora dama? —preguntó.
—Esta es mi pseudo-hermana, Shelley —dije antes de mirar a Teagan, que ya
estaba sentada—. Y esta es… Teagan. —No sabía lo que Teagan era para mí en este
momento, solo que significaba mucho más que cuando me mudé por primera vez.
Teagan asintió y sonrió, pero no se molestó en levantarse o extender su mano.
Típico de Teagan: cautelosa y distante, tal como había llegado a gustarme.
Especialmente ahora. Estaba perfectamente bien con ella manteniendo la guardia cerca
de este chico. No quería a Archie cerca de ella.
Una vez que nos sentamos en nuestros asientos, Maura comenzó a hacerle
preguntas. La amable inquisición me recordó un poco a mi primera noche aquí.
—Cuéntame qué te trae a Boston, Archie.
—Me gradué de la universidad el año pasado y conseguí un trabajo en una
empresa biomédica. Tenemos un cliente aquí en Boston. Es una tarea de tres meses para
ayudarlos con el diseño de un nuevo producto. —Él me miró—. Realmente esperaba
obtenerlo ya que sabía que mi compañero estaba aquí.
Lorne habló con un bocado de pasta.
—¿Dónde te estás quedando?
—Bueno, mi compañía me dio un estipendio, pero todavía estoy tratando de
resolverlo. No es fácil encontrar algo por solo unos meses. Había arreglado alquilar una
habitación a una chica en Dorchester, pero está teniendo problemas para sacar a su
anterior ocupante.
Maura sacudió la cabeza.
—Disparates. Tenemos una habitación extra arriba. Se está usando como mi
cuarto de costura. Puedes quedarte de forma gratuita y mantener el estipendio.
Amaba a Maura, pero en este momento quería matarla, tal vez con un hueso de
pollo.
Archie parecía un niño la mañana de Navidad.
—¿Estás segura?
—Eres amigo de Caleb, así que vienes pre-aprobado, ¿verdad?
Se giró hacia mí.
—¿Te parece bien, Caleb?
¿Qué se supone que debo decir?
—Sí, por supuesto —le ofrecí a regañadientes.
Volvió a mirar a Maura.
—Esto es increíble. No puedo agradecerles lo suficiente.
Suspire internamente. Estar en los Estados Unidos era mi escape de casa y de
todas las personas allí. Archie había volado aquí como una tormenta no deseada. Él
había robado un poco de paz que nunca podría volver.
—Entonces, ¿cuánto tiempo han sido amigos? —preguntó Shelley.
—Crecimos en la misma calle —respondió Archie—. Vivimos cerca el uno del otro
durante toda nuestra vida.
Por eso precisamente no necesitaba vivir con él ahora. Tomé una respiración
profunda. No era que percibiera a Archie como un enemigo. Pero él siempre fue
competitivo, constantemente tratando de eclipsarme. Si mi madre me inscribiera en un
deporte, haría que su madre lo inscribiera en el mismo equipo, y luego me superaría.
Parecía que a donde fuera, no podía escapar de él. Y la situación actual no era diferente.
—Así que apuesto a que podrías contarnos algunas historias divertidas sobre
nuestro chico Caleb. —Maura le guiñó un ojo.
—Tengo algunas fotos de nuestra infancia con las que podría chantajear a Caleb,
particularmente nuestros días de bailar tap.
Excelente. Aquí vamos.
Teagan esbozó una sonrisa. Supuse que se iluminaría con eso.
Sentí la necesidad de explicar.
—La madre de Archie era instructora de baile. Siempre se quejaba de que no había
suficientes niños inscritos en las clases de tap. Le preguntó a mi madre si me
interesarían las clases de forma gratuita. Mi madre pensó que era una idea brillante, por
lo que me registró. La madre de Archie también lo inscribió. Eso fue todo.
Los ojos de Shelley casi se salen de su cabeza.
—¿Bailabas tap? Tengo que ver esto.
Archie le guiñó un ojo.
—Eso se puede organizar.
Teagan, aunque todavía callada, parecía más divertida que nunca.
Archie notó que se ablandaba y lo tomó como su señal para comenzar a hablar con
ella.
—Teagan, ¿a dónde vas a la escuela?
—Voy a Northern con Caleb.
—Ah. Bueno. Así que, obviamente, elegiste no ir demasiado lejos para la
universidad.
—Pensé en mudarme a la escuela, pero al final, Boston tiene muchas opciones
geniales y no tenía que preocuparme por pagar la vivienda… esta situación tiene más
sentido.
Los ojos de Archie se movieron hacia su pecho, y mi pulso se aceleró. Teagan
llevaba una camisa a cuadros abierta con una camiseta sin mangas negra debajo. Una
pequeña cantidad de escote se asomaba por la parte superior. Un lunar que se
encontraba justo entre sus senos entró en mi conciencia por primera vez. De todas las
noches para que ella muestre la mayor cantidad de piel que he visto, ¿tenía que ser esta
noche?
—Me encantaría que me mostraras la ciudad alg’n día… dado que creciste aquí
—dijo Archie—. Probablemente sepas dónde es mejor la acción que mi compañero aquí.
Sentí que me subía la presión arterial. Ciertamente no estaba perdiendo el tiempo
tratando de meterse en los pantalones de Teagan.
Hizo una pausa, parecía insegura si estaba de acuerdo. Luego se encogió de
hombros.
—Seguro.
Archie miró a Maura.
—Una vez más, no puedo agradecerles lo suficiente por la oferta de quedarme
aquí.
—A mi madre le encanta alquilar habitaciones a extraños —dijo Shelley.
—No malinterpretes eso —dijo Maura con una sonrisa—. Tienen que venir
cuidadosamente examinados. Pero si tenemos el espacio, ¿por qué no? Esta ciudad está
llena de estudiantes internacionales y personas de paso que necesitan un lugar para
quedarse. —Sonrió—. De todos modos, no eres un extraño como algunas de las
personas que han alquilado una habitación aquí.
—Solían ser gatos callejeros. Ahora se trata de personas extraviadas —gruñó
Lorne.
Archie sonrió.
—¿Miau?
Todos se rieron excepto yo.
El nivel de comodidad que había encontrado aquí, la sensación de que de alguna
manera había entrado en un oasis lejos de Inglaterra, había terminado. Pero mis manos
estaban atadas. ¿Qué se suponía que debía decirle a Maura? ¿Que retirara su oferta,
porque a pesar de que Archie y yo éramos amigos, me molestaba? No podía ponerla en
esa posición. Ella ya le había ofrecido una habitación. Él ya había aceptado. Así que
ahora mi trabajo era asegurarme de que no pusiera una mano sobre Teagan.

Esa noche, cuando fui a la habitación de Teagan para nuestra sesión de estudio,
ella inmediatamente preguntó:
—Entonces, ¿cuál es el asunto contigo y Archie?
—¿Qué quieres decir? —pregunté mientras tomaba asiento en su silla.
—Pareces incómodo con él quedándose aquí.
Aquí estaba pensando que había hecho un buen trabajo ocultándolo. No quería
tirar a Archie debajo del autobús, así que lo hice más por mí que por él.
—Simplemente me tomó por sorpresa. He estado disfrutando el descanso de casa,
y todas las cosas que lo acompañan.
—Y sientes como si tu casa cruzara esta noche nuestra puerta.
—Sí. —Me recosté en mi asiento y subí mis piernas al final de su cama.
—Eso también me enojaría.
Fue un alivio que entendiera de dónde venía todo esto. Supongo que, si alguien
pudiera relacionarse con la necesidad de espacio, era Teagan.
—¿Dónde está ahora? —preguntó.
—Fue a reunirse con algunos de sus colegas para tomar una copa en el centro. —
Abrí mi laptop—. De todos modos, suficiente sobre él. Estamos atrasados en nuestros
estudios, gracias a mí.
—Eso es porque pasas más noches con Verónica últimamente.
Su voz tenía un toque de desdén. O tal vez fue mi imaginación.
—¿Eso te molesta? —pregunté.
—No. ¿Por qué me molestaría? Ella es tu novia. Solo lo estaba señalando. Si estás
allí, no puedes estar aquí, por lo tanto, la falta de estudio.
A pesar de su reclamo, su rostro se puso rojo.
—Por supuesto —le dije.
Teagan se levantó poco después y abrió la ventana de su habitación, aunque
estaba helando. Encontré esto un poco extraño y me pregunté si me estaba mintiendo.
Afortunadamente, después de unos minutos incómodos volvimos a la normalidad.
Teagan me hizo preguntas sobre historia y las cosas parecían tan cómodas como
siempre. Sin embargo, en el fondo todavía estaba obsesionado con lo roja que se había
vuelto antes. ¿Teagan tenía sentimientos por mí que iban más allá de nuestra amistad?
Sentí una excitación incómoda. Sabía que nada podría salir de eso, pero la idea de estar
con alguien inalcanzable era excitante a su manera prohibida.
Logramos mantener nuestras narices en nuestros libros por un tiempo. Luego di
respuestas incorrectas a casi la mitad de las preguntas en la segunda ronda de
cuestionarios.
—Estás fuera de tu juego esta noche, Yates.
—Lo siento. Lo haré mejor la próxima vez. Este día me ha sacado de curso.
—Bueno, tu examen es mañana, y desafortunadamente no le importa qué tipo de
día tuviste.
—¿Me prestas tu cerebro? —pregunté—. Prometo que lo cuidaré bien.
—Mmmm. No sé si quiere pasar todo el día en tu cabeza. Podría terminar
divirtiéndose demasiado y meterme en problemas por ser demasiado sarcástico o algo
así.
—Muy graciosa, Delfina. —Arrugué un trozo de papel y se lo tiré.
—Oh, ¿ese es mi nombre?
—Lo es ahora, sí. De hecho, creo que podría tener un impulso incontrolable de ir
al espectáculo de delfines este viernes para poder verte en ese atuendo. Ese es el día
que repartes los boletos, ¿verdad?
—Sí. Los entrego a personas que de verdad quieren ver el espectáculo, no a amigos
molestos que quieren burlarse de mí con mi disfraz.
—¿Cuánto dinero tendré que pagar para que me dejes llevarte a cenar al North
End vestida con tu traje de delfín?
Se rio.
—¿En serio? Me pueden comprar.
Levanté la barbilla.
—¿Cuánto?
Se rascó la cabeza.
—Mil dólares.
—¿De verdad?
Teagan se mordió el labio inferior y sonrió.
—Sí.
—Eso es algo factible, al menos.
—No hablas en serio, ¿verdad?
—No lo sé. Podría ser.
Sacudió la cabeza y volvió su atención a la pantalla de la computadora.
—Estás loco.
Si ella supiera todas las formas en que estaba planeando conseguir ese dinero.
Teagan
N
o tenía la intención de pasar el sábado por la tarde con Archie.
Cuando me desperté esta mañana, me di cuenta de que Caleb había
vuelto a pasar la noche del viernes en casa de Verónica. Archie había estado
desayunando solo en la cocina cuando entré. Me había preguntado si me
apetecía enseñarle la ciudad. Sin estar segura de cómo librarme de esto, acepté.
Lo llevé a todos los lugares típicos: El Jardín Público, el Museo de Bellas Artes, la
Plaza Copley. Mientras hablaba con él, me di cuenta de que era tan carismático como
Caleb. Tal vez hubiera algo en el agua donde crecieron que los hacía así. Archie me hizo
reír mucho. Sin mencionar que él y Caleb eran igual de guapos: Archie de una forma un
poco más oscura y misteriosa.
La única diferencia, supongo, es que no confiaba tanto en Archie como en Caleb.
Quiero decir, claro, acabábamos de conocernos, pero era más que eso. No podía saber
por qué. A veces es sólo un sentimiento que tienes. Extrañamente, pasar todo el día con
su amigo me hizo extrañar a Caleb.
Cuando volvimos a la casa, ya era tarde.
—Gracias por aceptar ser mi guía turística —dijo Archie.
—No hay problema. Cuando quieras.
Pasó una mano por su gruesa melena negra.
—¿Sí? Me encantaría volver a salir alguna vez.
¿Me está invitando a salir?
Sin saber qué decir, le respondí:
—Tal vez, sí. —Me di la vuelta para alejarme—. Bueno, será mejor que vaya a ver
mi... habitación.
¿Mi habitación? ¿Acabo de decir mi habitación?
—Ah, sí. La habitación puede estar muy necesitada. —Sonrió.
Sonreí y bajé las escaleras, sintiéndome como una completa imbécil.
A la mañana siguiente, supe que mi padre, Maura, y Shelley habían ido a una misa
temprana. Mi familia no era particularmente religiosa, pero hace unos años Maura
había empezado a ser voluntaria en una iglesia congregacional liberal y comenzó a
asistir a los servicios allí también. Mi padre y Shelley la acompañaron.
Por lo tanto, los domingos eran típicamente tranquilos por las mañanas. Estaba a
punto de subir a desayunar cuando escuché dos voces en la cocina, dos voces británicas.
Caleb debía haber llegado de casa de Verónica anoche o esta mañana temprano.
—No esperaba verte esta mañana... —Escuché a Archie decir.
El tono de Caleb era amargo.
—¿Por qué? Vivo aquí.
—Has pasado las últimas dos noches en la casa de la novia. No creí que vinieras a
casa anoche.
—Sí, bueno, lo hice. Era tarde.
—Debo haber estado dormido. Estaba cansado después de un largo día de
turismo.
—¿Turismo con quién?
—Teagan me mostró los alrededores de Boston.
Me preparé para su respuesta, pero no llegó inmediatamente.
—¿Te llevó a...? —dijo finalmente Caleb.
—Sí. Me llevó a algunos de los lugares turísticos. Fue un momento muy agradable.
Es una gran chica.
Caleb no dijo nada al respecto y, sin verle la cara, era difícil suponer si estaba
enfadado o no.
—¿Cómo es que no he conocido a tu novia? —preguntó Archie—. ¿La estás
escondiendo de mí o algo así?
—No. Simplemente no la traigo a la casa. No invito a amigos aquí.
No estoy segura si Archie entendió que era una pulla, pero yo ciertamente sí.
—Deberíamos salir alguna vez —dijo Archie—. Me encantaría conocerla.
—Ah, ¿sí? ¿Te gusta ser el tercero en discordia? —se burló Caleb.
—No. Le preguntaré a Teagan si quiere venir.
Otra vez, otra pausa.
—No estoy seguro de que sea una buena idea —dijo Caleb.
¿Oh?
—¿Te importaría decirme por qué?
—Teagan no es tu tipo.
¿Qué diablos significa eso?
—¿No es mi tipo?
—Así es.
—Es hermosa y dulce. ¿Por qué no es mi tipo? —preguntó Archie.
Antes de que Caleb pudiera responder, escuché el sonido de voces adicionales. Mi
familia había vuelto de la iglesia, interrumpiendo la conversación.
¡Maldita sea!
¿Por qué no era el tipo de Archie? ¿No era lo suficientemente bonita... lo
suficientemente sexy? ¿Por qué no era una posible cita?

Toda esa tarde me obsesioné con la respuesta a la pregunta de Archie. No podía


preguntarle a Caleb qué quería decir cuando se suponía que no debía haber escuchado
su conversación.
Pero estaba herida. Me dolía que hubiera disuadido a su amigo de invitarme a
salir, no porque quisiera salir con Archie, sino porque me importaba lo que Caleb sentía
por mí. Y, si no era el tipo de persona con la que merecía la pena salir, ¿qué tipo era? ¿El
tipo de persona con la que haces amistad pero que no codicias, no respetas, no amas?
¿Qué quiso decir?
Kai llamó a la puerta de mi habitación justo cuando casi me había tragado mi
propia ansiedad.
Frunció el ceño cuando abrí la puerta.
—¿Qué demonios está pasando, Teagan?
Después de que le contara la historia de lo que había escuchado, parecía firme en
que sólo había un paso siguiente.
—Si Archie te invita a salir, vas.
—Pero no me gusta de esa manera. Es guapo, pero...
—No importa si realmente te gusta o no. Tienes que demostrar que Caleb se
equivoca. Eres el tipo de persona con la que Archie querría salir.
Cuanto más hablaba, más nerviosa me ponía. Nunca me había preocupado mucho
por lo que la gente pensaba de mí. Pero, por alguna razón, me importaba lo que Caleb
pensara. ¿Realmente me veía como alguien con la que no quiere salir nadie?
—¿Y quién es exactamente el tipo de persona con la que Archie querría salir? —
pregunté.
Kai movió su largo cabello negro.
—Oh, no lo sé. Tal vez alguien que se suelta el cabello de vez en cuando, alguien
que no esconde su cuerpo. ¿Alguien con atractivo sexual?
Agité la mano con desdén.
—Sabes que no soy yo. No soy así.
—Soy muy consciente de ello. Pero esto no se trata de tu norma. Se trata de salir
de tu zona de confort y probar algo al mismo tiempo. Cualquier chico sería afortunado
de salir contigo. Cualquiera que diga lo contrario es un maldito tonto.

Kai me había irritado. Nunca había admitido la verdadera razón para ocultar mi
sexualidad. No sabía lo profundamente arraigados que estaban mis problemas y lo
mucho que siempre había tratado de no parecerme a la madre biológica que me
abandonó.
No era que no quisiera experimentar con mi sexualidad. Aunque no había nada
entre Caleb y yo, el hecho de tenerlo cerca me hacía sentir más conectada a mi lado
femenino, el lado sexual. Su presencia significaba que había una energía sexual en mi
vida, me gustara o no. Y me gustaba. Está bien, me encantaba... cuando no estaba
enfadada con él por haberme insultado, potencialmente.
Mirándome en el espejo, me pregunté si tal vez podría jugar un poco. Me solté el
cabello y me lo cepillé. Era muy grueso, largo y liso, castaño claro con reflejos rubios
naturales. Probablemente pudiera contar con mis manos el número de veces que lo he
llevado suelto desde los quince años.
Y no había nada en mi armario que pudiera considerarse sexy o revelador. Eso era
intencional, aunque algunos artículos eran más atractivos que otros. Mi vestimenta
típica consistía en camisetas amplias, vaqueros y botas. Agarré una de las pocas camisas
ajustadas que tenía antes de quitarme la camiseta y cambiarme. Los amplios pechos que
tanto me esforzaba por esconder estaban ahora completamente delineados por el fino
y pegajoso tejido. Quitándome los vaqueros, los cambié por unos leggins negros que
abrazaban las curvas. Quitándome las zapatillas, me puse un par de zapatos de ballet
negros que Maura me había comprado una Navidad, probablemente esperando que
captara la indirecta. Pero, por desgracia, la caja nunca había sido abierta hasta ahora.
Mirándome en el espejo, ladeé la cabeza.
—Bueno, ¿quién sabría? Es linda cuando se arregla.
Recordando que tenía algo de maquillaje viejo en mi baño, entré y abrí el cajón,
sintiéndome despistada. Qué hacer. Qué hacer. Después de un momento me di cuenta
de que no sabía cómo aplicar delineador. Entonces puse uno de esos tutoriales de
YouTube y vi a una chica que tenía más de dos millones de visitas aplicarse maquillaje
de ojos hasta que me sentí lo suficientemente confiada como para probar su técnica. Me
llevó unos veinte minutos y algo de ensayo y error, pero mis ojos se encontraban ahora
completamente alineados y mis labios rellenos con un color malva. El toque final fue un
poco de colorete en mis mejillas. Inicialmente me puse demasiado y tuve que limpiarme
un poco. Para cuando terminé, había logrado lo que siempre había tratado de evitar: me
parecía aún más a Ariadne.
Pensándolo bien, dudé antes de subir a cenar el domingo. Pero no iba a ser más
fácil, así que me di un empujón mental y subí las escaleras.
Cuando entré en el comedor, todas las cabezas se volvieron en mi dirección. El
tiempo pareció detenerse mientras me observaban. ¿Fue tan drástico?
Mi padre parecía aturdido, probablemente por ver a la viva imagen de la mujer
que le había roto el corazón. Maura parecía casi orgullosa, como diciéndose por fin para
sí misma. Shelley parecía envidiosa, y supuse que estaría saqueando mi habitación lo
antes posible, buscando el maquillaje. ¿Y Archie y Caleb? Bueno, digamos que, si hubiera
una competición por la caída de la mandíbula, no estoy segura de cuál de los dos habría
ganado.
Caleb
C
risto.
¿Qué se hizo?
Sus ojos, sus labios, sus pechos... todo estaba magnificado. Se veía
diferente, pero absolutamente hermosa. Siempre reconocí la belleza
natural de Teagan, incluso cuando se esforzaba por ocultarla. Pero ahora estaba
haciendo alarde de ello. Y no sabía qué pensar al respecto, excepto que sospechaba que
tenía algo que ver con Archie. Eso me enfureció por muchas razones.
Los ojos de Shelley estaban muy abiertos.
—Te ves hermosa, hermana.
—Gracias. —Teagan batió sus pestañas y miró sus pies.
Con la lengua atada, no podía dejar de mirarla.
—¿Qué te hizo arreglarte? —preguntó Maura.
—Me sentí de humor como para un cambio.
Podías ver el orgullo en la expresión de Lorne.
—Estás preciosa, cariño.
—Lo secundo —dijo Archie.
Por supuesto que lo haces.
Yo era el único que no había dicho nada, principalmente porque estaba sin
palabras. Las mejillas de Teagan se pusieron más rojas, y no fue por el maquillaje.
Claramente no estaba acostumbrada a que la bombardearan con tantos cumplidos a la
vez.
Dios, realmente se veía hermosa. Era como si hubiera bajado a su habitación una
chica y subido una mujer. Tampoco me había dado cuenta de cuánto cabello tenía.
Normalmente lo mantenía atado en una cola de caballo o en un nudo. El maquillaje que
usaba resaltaba el verde de sus ojos. Y era difícil no notar su amplio pecho en esa camisa
ajustada.
Durante las últimas semanas, había empezado a verla de forma sexual, por mucho
que intentara no hacerlo. Siempre se escondía detrás de su ropa, pero ver el esfuerzo
que hizo esta noche me asustó. Necesitaba preocuparme por ella y por Archie, y eso no
le sentó bien a mi estómago. Ahora podía ver lo complicados que eran mis sentimientos
por Teagan. No sabía qué hacer con esa comprensión.
Finalmente se sentó, y la atención de todos pasó de ella a la comida delante de
ellos. Dejando a un lado que continuaba robándole miradas, la cena siguió como
siempre hasta que Archie habló.
—Teagan, esta puede ser una pregunta tonta, pero ¿tienes un toque de queda?
Mis puños se apretaron.
—Tengo diecinueve años. El toque de queda terminó cuando cumplí dieciocho.
—Ah. Muy bien. ¿Recuerdas el boliche del que me hablaste ayer, el que abre hasta
tarde?
—¿Sí?
Ladeó la cabeza.
—¿Querrías ir esta noche?
Un palito de pan que había estado sosteniendo se rompió en mi mano.
—Claro. Eso suena divertido —dijo.
Aclarando mi garganta, pregunté:
—¿Qué es este lugar?
—Wonder Bowl —respondió—. Permanece abierto hasta muy tarde. Después de
las diez de la noche, cobran la mitad por jugar a los bolos. Y tienen jarras de cerveza de
seis dólares. —Miró a su padre—. Para los que son legales, por supuesto.
—Cuando me estaba mostrando la ciudad, Teagan dijo que se sentía como una
especie de idiota por su gusto por los bolos —explicó Archie—. Le dije que estuve en
una liga en casa por un tiempo.
Puse los ojos en blanco. Claro que sí.
De ninguna manera iba a dejarla salir sola con él esta noche.
Lo miré con desprecio.
—Suena divertido. Le preguntaré a Verónica si quiere unirse a nosotros. Podemos
ir todos.
Archie forzó una sonrisa.
—Brillante, entonces.
Definitivamente estaba detrás de mí. Pero no me importaba. Cuidar de Teagan era
mi prioridad.
Tomamos prestado el auto de Lorne para ir al boliche.
Verónica no estaba emocionada. Aparentemente nunca había jugado a los bolos
en su vida y no tenía interés en venir. Pero hice que sonara como si realmente quisiera
ir, y finalmente, ella cedió y aceptó.
Mientras esperábamos en la fila por esos desagradables zapatos de bolos,
Verónica tuvo una pequeña charla con Teagan. Parecía forzada. Sospeché que Verónica
aún me guardaba rencor por haberla dejado en el restaurante para ver cómo estaba
Teagan el día del ataque.
Verónica la miró de arriba a abajo.
—Casi no te reconocí cuando te vi por primera vez esta noche.
Teagan miró a sus pies.
—Sólo estaba jugando con mi cabello y el maquillaje.
—Te ves bonita.
Sonrió tímidamente.
—Gracias.
Llegamos a nuestro carril y nos instalamos para jugar a los bolos. Cada vez que
Teagan se inclinaba para lanzar su bola de bolos, los ojos de Archie se posaban en su
trasero. Lo miraba tanto que no podía concentrarme en el maldito juego cuando era mi
turno.
Mi puntuación era patética. Seguí lanzando la bola al canal lateral una vez tras
otra, lo que nunca me había pasado antes. Naturalmente, Archie me superó, como solía
hacer en situaciones competitivas.
Verónica hizo bastante obvio que nunca antes había jugado a los bolos. Cada vez
que se acercaba a la cancha, sostenía la pelota con dos manos, la bajaba y la pasaba entre
sus piernas. Me costó todo lo que tenía para no perderlo completamente en risas cada
vez. Teagan me miraba a los ojos cada vez que Verónica se levantaba, y sabía que estaba
pensando lo mismo que yo: que la técnica de bolos de Verónica era absolutamente
ridícula.
En un momento dado, Teagan se inclinó y susurró:
—Bonito lanzamiento de abuelita.
Al sentir su aliento, supe que mi atracción por ella era mucho más que mental.
Entonces llegó la parte de la noche que realmente me puso a prueba. Teagan lanzó
un Strike, y Archie corrió y la levantó, envolviendo las piernas de ella alrededor de su
cintura mientras sus manos caían sobre su trasero. La hizo girar, y sentí como si mi
cabeza girara al mismo tiempo.
—Hacen una linda pareja, ¿eh? —dijo Verónica—. Ella definitivamente ha
cambiado por él.
—¿Cambiado? ¿Qué quieres decir con eso?
—Mírala. Típicamente se viste como un hombre. Casi no la reconocí esta noche.
Está trabajando duro para impresionarlo.
Tragué con fuerza.
—Sí, supongo.
Era mi turno de jugar a los bolos, y esta vez le di buen uso a mi estrés.
Aparentemente, todo lo que tenía que hacer era imaginar que la bola era la cabeza de
Archie. Hice tres strikes seguidos.
Lo que más me molestó de mi reacción de esta noche fue que no tenía terreno
donde pararme. No había ninguna razón por la que Archie y Teagan no pudieran o no
debieran salir juntos. Mis sentimientos eran mi propio problema, y tendría que lidiar
con ellos.
Eventualmente los cuatro dejamos de jugar por un tiempo y nos sentamos. Archie
trajo una pizza y una jarra de cerveza a la mesa.
—¿A qué hora cierra este lugar? —preguntó Verónica.
—Medianoche —respondió Archie.
Teagan sopló en su porción de pizza.
—Es tan genial que se mantenga abierto. No puedo recordar la última vez que
estuve fuera tan tarde, lo cual es bastante patético. —Se rió—. Tal vez no debería
admitir eso.
—Bueno, eso es inaceptable —dijo Archie—. Necesitamos sacarte más a menudo,
Teagan. Me ofrezco como voluntario como homenaje.
Cuando empezó a verter cerveza en la copa de Teagan, le tendí la mano.
—Espera. ¿Qué estás haciendo?
Archie dejó de servir momentáneamente.
—¿Qué quieres decir?
—No puede beber. Es menor de edad —regañé.
—Estás bromeando, ¿verdad? ¿No bebimos desde que teníamos como quince
años?
—Eso no importa. Si alguien viene y la identifica, podría tener problemas.
Teagan se encogió de hombros.
—Está bien. No soy un gran bebedor de todos modos. —Ella deslizó la copa hacia
él.
Archie me miró incrédulo.
Verónica me dio una palmada en la pierna.
—¿Desde cuándo te has vuelto tan disciplinado, Caleb? No pestañeas cuando bebo
y soy menor de edad. Incluso me lo compras.
Mierda. Ella tiene razón. Soy un hipócrita.
La verdad es que no quería que Teagan bebiera porque sabía que eso le quitaría
sus inhibiciones. Se suponía que yo pasaría la noche en casa de Verónica, mientras
Teagan regresaba a casa con Archie. Sabía que intentaría escabullirse hasta su
habitación. Aun así, necesitaba encontrar una respuesta para mi comportamiento que
Verónica encontrara adecuada.
—Me siento responsable de ella porque sus padres han sido muy buenos conmigo.
Puede hacer lo que quiera, pero es estúpido darle alcohol a un menor en un lugar
público.
—Para eso son las identificaciones falsas. —Verónica guiñó el ojo—. Entonces
nunca tendrás que preocuparte por ello.
—Es desconcertante en lo que te has convertido, Caleb. —Archie se rio—. Podría
contarte tantas historias sobre los problemas en los que Caleb nos metió.
Verónica sonrió.
—Me encantaría escuchar algunas. Sólo puedo ver su lado de chico malo en la
cama.
Podría haber sido mi imaginación, pero Teagan de repente parecía un poco
incómoda. Toda esta salida fue muy incómoda para mí también.
—¿Vas a ir a casa para Navidad? —me preguntó Archie de repente—. Estoy seguro
de que tu madre te echa de menos.
La Navidad se acercaba en un par de semanas, y no tenía planes de dejar Boston.
Sacudí la cabeza.
—No.
—¿Por qué no?
—Los fondos están un poco apretados ahora mismo.
Aunque el dinero era un problema parcial, no era la razón por la que no iba a casa.
Esta sería la primera Navidad que pasaría lejos de mis padres, y eso estaba bien para
mí. La Navidad era probablemente la época más dolorosa del año. Mi madre siempre
colgaba la media de Emma en la chimenea junto a la mía. Mi padre se retraía en sí mismo
más de lo habitual. Y mi madre siempre insistía en envolver un regalo para mi hermana
muerta, uno que hubiera sido apropiado para su edad si todavía estuviera viva.
Entonces, una vez que lo abría, lo donaba a la caridad.
La Navidad no sólo era triste, era insoportable. Y este año era la primera
oportunidad de renunciar a ese dolor.
—Te prestaré el dinero para comprar tu boleto si quieres ir a casa —dijo Archie.
Por supuesto que aprovecharía esta oportunidad para parecer un mártir, para
hacer alarde del hecho de que tenía un trabajo a tiempo completo y tenía algo de dinero.
—Gracias. Pero en realidad estoy deseando experimentar la Navidad aquí en
Boston. Será mi única oportunidad para hacerlo.
Verónica pareció decepcionada.
—Pensé que habías dicho que pensarías en venir a casa conmigo a Minnesota.
Lo último que quería era otra inquisición de sus padres, esta vez de una semana o
más.
—Creo que es mejor que pases tiempo con tu familia a solas —dije.
Cuando no dijo nada más, supe que esto volvería a surgir más tarde y se
convertiría en una discusión sobre cómo creía que planeaba abandonarla. Nunca le dije
a Verónica de una forma u otra cuáles serían mis planes para nosotros cuando
terminara el año escolar. ¿Pero no era obvio? Volver a Inglaterra, por supuesto,
implicaba que nos separaríamos. Sin embargo, parecía que seguía tratando las cosas
como si fuéramos en serio. Por ejemplo, quería que fuera con ella a Minnesota para
Navidad. Al final, supuse que planeaba abandonarla. Pero parecía decidida a hacerme
cambiar de idea sobre la partida o que podríamos hacer que funcionara a distancia.
—El lugar va a cerrar en quince minutos —dijo Teagan—. Será mejor que nos
vayamos.
Teagan condujo el auto de Lorne de vuelta. Sabía que todos en la casa
probablemente estarían dormidos, y Archie y Teagan estarían solos cuando llegaran.
La primera parada sería el dormitorio de Verónica. Después de dirigir a Teagan
allí, mi instinto me llevó a tomar una decisión en una fracción de segundo.
Cuando Verónica estaba a punto de salir del auto, en lugar de seguirla dije:
—Creo que voy a volver a casa esta noche.
Hizo pucheros.
—Dijiste que pasarías la noche conmigo...
—Sí, lo sé. Pero me acordé que le dije a Shelley que arreglaría su bicicleta de nuevo
para que pudiera llevarla a la escuela mañana. Es el mismo problema que sigue
ocurriendo, y soy el único que sabe cómo arreglarla. Lo olvidé por completo.
Esto no era una completa mentira. Le dije a Shelley que arreglaría su bicicleta "en
algún momento de la semana". Eso cambió a esta noche ahora porque realmente quería
vigilar a Archie. Me había dado la impresión de que no estaba ni cerca de terminar con
Teagan esta noche.
—De acuerdo, lo que sea —resopló Verónica mientras se alejaba.
Pagaría por esto mañana, pero no podría dormir si dejaba que Teagan volviera a
casa sola con Archie.
Al mismo tiempo, esto era un poco loco. Estaría aquí durante tres meses. ¿Sería
capaz de interceptar cada oportunidad que tuviera de estar a solas con Teagan?
Probablemente no. Si a ella le gustaba, tendría que aceptarlo. Pero yo lo conocía. A
Archie le gustaba usar a las chicas para el sexo y seguir adelante cuando se aburría. Y
que me condenen si hacía de Teagan otra muesca en su cinturón. Malditamente
condenado.
Las cosas estuvieron tranquilas durante el resto del viaje a casa. La tensión
definitivamente se mantuvo en el aire, estaba mi ligeramente volátil adiós con Verónica,
y también estaba seguro de que Archie estaba empezando a captar mis sentimientos
sobre esta situación.
Se esforzaría aún más por ganarse a Teagan si sintiera que estaba en una especie
de competencia conmigo. Tenía que andar con cuidado, vigilarla sin que él pensara que
yo también sentía algo por ella. Tendría que volver a usar la tarjeta de pseudo-hermana.
Intentaba evitar que ella fuera herida por él. Mis complicados sentimientos eran sólo
una parte extra que tenía que esconder.
Cuando los tres entramos en la casa por la puerta principal, mis sospechas se
confirmaron.
—¿Te importaría seguir pasando el rato, Teagan? —preguntó Archie.
Me puse rígido.
Antes de que pudiera abrir la boca para responder, dije:
—Genial. ¿Qué hacemos?
Los ojos de Archie se dirigieron a los míos.
—Estaba pensando... sólo Teagan y yo, en realidad.
—Eso no va a suceder.
Entrecerró los ojos.
—¿Cuál es tu problema?
Lo había dicho en voz alta, y temí que despertara a la familia.
—Baja la voz —le pedí.
—Entonces salgamos.
Teagan parecía enojada y nos siguió hasta la puerta.
Archie y yo nos enfrentamos en el jardín delantero.
—Ahora que estamos aquí, dime cuál es tu problema, Caleb.
—Mi problema es que has estado aquí por un minuto, y ya estás a la altura de tus
juegos.
—¿Juegos? ¿De qué demonios estás hablando?
Teagan interrumpió:
—Disculpa. ¿No tengo voz en esto?
Los dos nos volvimos hacia ella.
Ella cruzó sus brazos y me miró directamente.
—Si quiero pasar el rato con Archie, si quiero invitarlo a mi habitación, es mi
elección. No la tuya.
Tenía razón, pero incluso oírla mencionarlo en su habitación me hizo mal al
estómago. Asentí lentamente mientras Archie sonreía.
—¿Pero sabes qué? —añadió—. Estoy cansada y me voy a la cama. Así que no voy
a pasar el rato con nadie esta noche. Sugiero que ambos hagan lo mismo, especialmente
tú, Caleb, porque tienes clase por la mañana, y la bicicleta de mi hermana que arreglar,
por si lo has olvidado. —Se volvió hacia Archie—. Buenas noches. Gracias por un gran
momento. Fue muy divertido.
No dijimos nada cuando Teagan entró en la casa. Entonces sólo quedamos
nosotros en la hierba helada.
Archie sacudió la cabeza.
—¿De dónde viene esto? —El aire frío salía de su boca—. ¿Tienes algo con ella o
algo así? Porque si lo haces, eso es realmente desafortunado para tu novia.
Me miré los pies.
—Soy protector con ella. No tengo que tener algo con ella como para preocuparme
y no quiero que se convierta en otra de tus conquistas.
—Tú también has tenido muchas conquistas. Eso no significa que vaya por ahí
advirtiendo a tu nueva chica que no confíe en ti. La gente cambia. Madura. Quiere cosas
diferentes a las que podría haber querido hace un par de años.
—¿Intentas convencerme de que no tienes la vista malditamente puesta en
Teagan mientras estás aquí?
—Me gusta de verdad. Es tan dulce e inteligente como atractiva.
Esa admisión me molestó tanto como la idea de que intentara acostarse con ella.
—Te vas en tres meses, así que, ¿por qué molestarse?
—Bueno, podría preguntarte lo mismo sobre Verónica. ¿Cómo es eso diferente?
Me pasé la mano por el cabello. Me había metido en esa y no tenía respuesta,
porque no había ninguna. No era diferente. Pasaba el tiempo con Verónica sin un plan
de futuro a largo plazo, lo admitiera o no. Pero en mi mente, Teagan era diferente.
Verónica me superaría en poco tiempo, y pasaría a otra persona. ¿Pero Teagan? Era
vulnerable, especial, y merecía estar con alguien que se quedara. Tal vez Archie había
madurado en los últimos años, pero no podía confiar en que no iba a hacerle daño.
Caminando hacia la puerta, murmuré:
—Ha sido un día muy largo. Terminemos con esto.
—Me imagino que no tienes ninguna respuesta para mí.
Giré la cabeza.
—No te debo ninguna respuesta.
—Lindo. Muy lindo. Buena discusión, Caleb. —Sacudió la cabeza—. ¿Qué
demonios te pasa?
Esperé en la cocina hasta que Archie finalmente subió a su habitación. No confiaba
en que no se desviara hacia el sótano. Pero cuando volví a mi habitación, no pude
conciliar el sueño ni por mi vida,

Cuando me desperté por la mañana, revisé mi teléfono para encontrar un correo


electrónico de Teagan. Lo había escrito unos minutos antes. Hacía tiempo que no me
enviaba un correo electrónico. Esto probablemente no era bueno.

De: Teagan Carroll


Para: Caleb Yates
Sujeto: Tienes mucho brío.

Caleb,

Cuanto más pienso en ello, menos puedo aguantar esto. Estoy muy
confundida en cuanto a por qué actúas como lo haces. No tienes ningún derecho
a dictar con quién puedo o no puedo pasar el tiempo. Si quería salir con Archie
anoche, era mi elección y no tu lugar para intervenir. ¿Quién te crees que eres?

No era la primera vez que me hacía esa pregunta. Ahora mismo, era un bastardo
celoso.
Debería haberme disculpado, pero en vez de eso hice lo contrario.
Teagan
U
nos pocos minutos después de que envié el correo electrónico a Caleb, que
sabía era su medio de comunicación menos favorito, revisé mi teléfono para
ver si había respondido.
Eso fue rápido.
Mi corazón latía rápidamente mientras hacía clic en su mensaje.

De: Caleb Yates.


Para: Teagan Carroll
RE: Tienes mucho brío.

Querida Teagan,
Dado que claramente malentendiste mis intenciones de anoche, con gusto
voy a reescribir tu mensaje.

Querido Caleb,

Cuanto más pienso en ello, más me he dado cuenta de que tus acciones de
anoche fueron para mi propio bien. Al principio, estaba confundida en cuanto a
por qué actuaste como lo hiciste. Pensé que quizás sentiste que tenías el derecho
de dictar con quién puedo o no puedo pasar el tiempo. Pero entonces decidí que,
si estabas actuando de forma tan agresiva hacia tu propio amigo, debes saber algo
que yo no. Debes haberlo hecho para protegerme. Debes tener una
MALDITAMENTE BUENA razón. Originalmente, iba a preguntar ¿Quién te crees
que eres? Pero sé quién eres: un buen amigo, que solo está cuidando de mí.

Mi presión arterial se elevó. ¿Regresó a esto de nuevo?


Quería con tantas ganas responderle, pero no tenía suficiente tiempo para crear
la respuesta correcta dado que ya iba tarde para clases. Así que en cambio tomé mi
mochila y me dirigí hacia la puerta, obsesionándome todo el camino hacia la escuela.

Antes de nuestro malhumorado intercambio de correos electrónicos de esta


mañana, Caleb y yo teníamos una sesión de estudio programada para esta noche. Dada
la situación con Archie, no estaba segura si ahora nuestros planes todavía estaban en
pie.
Ni Archie ni Caleb estuvieron en la cena. Archie aparentemente tenía una cena de
negocios con algunos colegas y Caleb le había contado a Maura que había tomado un
turno en el restaurante.
Dado eso, me sorprendió cuando apareció en la puerta de mi dormitorio a las ocho
de la noche en punto.
Mi corazón latió más fuerte.
—No te estaba esperando esta noche.
Entró y se sentó en su lugar habitual en el escritorio frente a mi cama.
—¿Por qué no? Tenemos que estudiar. —Su tono era un poco molesto.
—Sí, pero dada nuestra pelea de esta mañana, simplemente pensé que...
—No fue una pelea. Fue una aclaración.
—Bueno, entonces, déjame aclararte algo. No aprecio cuando distorsionas mis
palabras y me las envías de regreso.
Su rostro se volvió enojado.
—¿Recuerdas lo que te dije cuando me mudé aquí acerca de escribirme en lugar
de hablar conmigo cuando estoy en casa?
—Era temprano. No estaba segura si ya estabas levantado y no quería despertarte.
Necesitaba sacarlo de mi pecho.
Cuando dije pecho, sus ojos cayeron brevemente hacia mis pechos. Me puse una
camiseta similar a la que había vestido para los bolos, una que abrazaba mis curvas.
También seguía llevando mi cabello suelto y tenía aplicado poco maquillaje, aunque no
tanto como esa noche. Mi necesidad de poner celoso a Caleb le había ganado a mi miedo
de lucir como Ariadne, al parecer. Y estaba volviendo a pensar en ese miedo de todas
formas, dado que a mi papá no parecía molestarle mi nueva apariencia. Solo había sido
positivo y comprensivo. Así que tal vez mis preocupaciones sobre detonar malos
recuerdos para él habían sido solo eso; mis preocupaciones.
—Teagan, con suerte esta es la última vez que tengo que recordarte que, si tienes
algo que decirme, lo digas, así podemos hablar al respecto. No me gusta el juego del
correo electrónico.
Bien. Lo diré.
—¿Por qué le dijiste a Archie que no era su tipo? —dije rápidamente.
La frente de Caleb se frunció con confusión.
—¿De qué estás hablando?
—Los escuché hablando en la cocina el día después de que lo llevé a hacer turismo.
Expresó interés en pedirme salir con él. No le advertiste que no se metiera conmigo. En
cambio, dijiste que no era su tipo. Nunca clarificaste que significaba eso. Y me quedé
preguntándomelo.
El labio de Caleb se frunció. Finalmente dejó salir un largo suspiro.
—No sabía que estabas escuchando.
—Claramente. —Resoplé.
—¿Honestamente? Ni siquiera sé que quise decir con eso, Teagan. Hubiera dicho
cualquier cosa en ese punto para disuadirlo de perseguirte. Decir que no eras su tipo
fue mi manera de evitar tener decirle que no creía que mereciera salir contigo. No era
una indirecta contra ti, si eso es lo que pensaste. Era justo lo contario.
Lo miré por un momento, todavía desconcertada. Incluso si estuviera intentado
protegerme, no tenía el derecho de intervenir.
—¿Qué si yo quería que me persiguiera?
El rostro de Caleb se enrojeció.
—No puedo detenerte de que hagas cualquier cosa. Él es mi amigo, pero trata a
las mujeres como absoluta basura.
—Parece pensar que eras de la misma forma cuando vivían en Inglaterra.
—Lo era —dijo sin vacilación
—¿Y ahora no lo eres?
—Soy un poco más viejo y más sabio.
—¿Entonces por qué no puedes decir lo mismo sobre Archie?
—Solo estoy me arriesgando a hacer mi mejor estimación, basada en experiencia
pasada, que Archie no es el correcto para ti. ¿Te quieres involucrar con alguien que se
va a ir en menos de tres meses?
—Tú no estarás aquí mucho más tiempo que eso. ¿Por qué te estás molestando
con Verónica?
Caleb inclinó su cabeza hacia atrás y exhaló.
—Archie me preguntó lo mismo anoche y no tuve una respuesta para él. Todavía
no la tengo.
—Porque estás siendo hipócrita. Esa es la respuesta.
—Tal vez. Pero no me importa, si eso significa protegerte. —Frotó sus sienes—.
Mira... simplemente no quiero que salgas lastimada. A eso se resume todo. Si quieres
salir con Archie, no puedo detenerte. Te he advertido. Eso es todo lo que puedo hacer.
Ya no interferiré más.
No tenía intención de salir con Archie. No valía la pena, no solo porque Archie
fuera a irse pronto, sino porque sabía que eso molestaría a Caleb. Él era mi amigo y
nunca haría algo que pudiera lastimarlo. Ahora, ¿hacer que se alterara un poco? Tal vez.
Pero era momento de hablar claro.
—Cuando dijiste que no era su tipo, me hizo enojar. Me pregunté si lo que quisiste
decir es que no era... lo suficientemente sexy, lo suficientemente deseable. Ahí fue
cuando comencé a jugar con el cabello y el maquillaje. Me siento estúpida siquiera
admitiéndote eso.
Los ojos de Caleb se ampliaron.
—Asumí que lo estabas haciendo para impresionarlo. Nunca me imaginé que
tuviera algo que ver con algo que dije. —Cerró sus ojos por un momento—. Mierda,
Teagan. No necesitas esa plasta en tu rostro. Te ves diez veces más hermosa en este
momento de lo que lo hacías anoche.
Inmediatamente apartó la mirada. Me pregunté si se arrepentía de decirlo. Pero
era demasiado tarde. Esas palabras se quedarían felizmente grabadas en mi memoria
para siempre.
—Estoy de acuerdo con el maquillaje. —Sonreí—. Pero me gusta mi cabello suelto.
Puede que me quede con eso.
—Tienes un cabello hermoso —susurró, casi como si no quisiera que lo escuchara.
Sentí mis entrañas calentarse.
—Gracias.
¿Qué estaba sucediendo entre nosotros en este momento? Honestamente no lo
sabía. Nada había cambiado. Caleb todavía tenía una novia. Yo todavía era la chica
extraña del sótano. Aun así, la vibra de alguna manera se sentía diferente a como lo había
hecho antes.
—Teagan —dijo él—. No todos admitirían lo que acabas de decir: que te hice
sentir insegura. Me encanta cuán honesta eres. Hay pocas personas en este mundo con
quienes puedo contar con que sean honestas. Es por eso que me enojé tanto cuando me
enviaste el correo electrónico cuando estabas molesta. Sé que eres capaz de mucho más.
Ambos lo somos, —Levantó la mirada hacia el techo—. Ya he llegado a valorarte como
a una amiga. Y mi comportamiento durante los últimos días tiene todo que ver con ello.
No quiero que resultes lastimada. Eso es todo. —Sus ojos se encontraron con los míos—
. He llegado a preocuparme mucho por ti.
Lucía confundido.
No sabía qué decir. Mi cuerpo vibraba con una energía excitada, como alimentado
por una extraña esperanza de que sus sentimientos por mí pudieran ir más allá de la
amistad.
Tanto como acabábamos de abrirnos el uno con el otro, no sentía cierre. Él estaba
siendo más honesto que yo. Mis sentimientos por él habían evolucionado más allá de
un punto inocente. Pero no veía qué bien haría admitir eso. Además del hecho de que él
tenía una novia, yo no tenía idea de si sus sentimientos por mí eran simplemente
platónicos o no. ¿Se preocupaba por mí como de una hermana o estaba comenzando a
sentir más? Estaba aterrorizada de preguntar directamente. No estaba preparada para
la respuesta, sin importa cuál fuera.
Decidí cambiar de tema de inmediato.
—¿Así que te vas a quedar para Navidad?
—Sí. Espero que eso esté bien.
—Estuve feliz por escuchar eso, aunque pienso que tu madre podría estar enojada.
¿Realmente tus padres no pueden permitirse llevarte a casa o simplemente no quieres
ir?
Su mandíbula se tensó.
—No quería hablar de ello en los bolos, pero hay más en eso que el costo. La
Navidad es un tiempo difícil en el año para mi familia. Mi hermana murió cerca de
Navidad, así que el hecho de que se haya ido simplemente se magnifica. Me estoy dando
un descaso de eso este año.
Asentí, sin estar sorprendida por su explicación.
—Bueno, espero que tengas un buen tiempo aquí. Maura hace un gran trabajo en
poner todo muy festivo. Tenemos una fiesta en víspera de Navidad e invita a todo el
vecindario. La casa es tan fría porque la puerta se abre y se cierra constantemente con
gente entrando y saliendo.
—¿Habrá una piñata en forma de pene?
—Afortunadamente no. —Me reí.
Caleb sonrió.
—No puedo esperar.
—Mi situación no es nada comparada con la tuya, pero también me deprimo
mucho cerca de las festividades. Es chistoso cómo funciona eso. Se supone que sea un
tiempo tan alegre y, aun así, para mucha gente, es lo contrario. Es una sensación extraña.
—Bueno, podemos sentirnos extraños juntos este año. —Guiña un ojo.
Sonrió ampliamente. La idea de tenerlo aquí para Navidad me puso tan feliz,
incluso embelesada, La antítesis total de cómo me sentía normalmente cuando las
festividades se acercaban. Caleb había cambiado mi perspectiva de la vida. El hecho de
que hubiera enfrentado tanto dolor y, aun así, tuviera la habilidad de reír, de encantar
a la gente, de destinar carisma, me hizo darme cuenta de que aun cuando algunas veces
te sientas muerto por dentro, puedes vivir. Puedes fingirlo hasta que se haga realidad.
No tienes que vivir como si estuvieras muerta.
No quería pensar en cómo me sentiría cuando llegara el momento de que Caleb se
fuera. Solo sabía que este año con él sería algo que nunca olvidaría.
Caleb
L
a tarde siguiente, Archie rodó una maleta a la cocina mientras me preparaba
un aperitivo.
—¿Puedo hablar contigo un momento, compañero?
Miré su equipaje
—¿Qué está pasando?
Estacionó su maleta en el rincón.
—Mira, he sentido que no me quieres aquí desde el momento en que entré por la
puerta. Al principio pensé que mi repentina aparición te había tomado por sorpresa,
pero luego me di cuenta que había algo más.
Cerré los ojos un instante.
—Tienes razón. Pero es mi problema más que nada. Lamento si…
—No te preocupes por explicarte. Un verdadero amigo no se quedaría alrededor
si eso te hace sentir incómodo, independientemente de la razón. Nuestra amistad puede
no ser perfecta, pero la valoro demasiado como para joderla por una habitación gratis.
Claramente necesitas tu espacio. Y me quieres lejos de Teagan. Cualquiera que sea la
razón, tengo que respetarla.
Esta debería ser la parte en la que le decía que estaba equivocado, que lo
lamentaba y le pedía que se quedara. Pero no lo hice. Me sentí aliviado.
Esquivando específicamente la parte de Teagan, pregunté:
—¿Dónde vas a quedarte?
Su boca se curvó en una sonrisa
—Esa chica en Dorchester finalmente logró sacar a su inquilino. Hoy fui a revisar
la habitación y es fabulosa. —Guiñó un ojo—. Y resulta que ella también.
Ah. Bueno, definitivamente no le tomó mucho seguir adelante.
—¿Te vas porque la chica en Dorchester te funciona?
Se rio.
—No es la única razón. Alteré tu paz aquí. Y no quise hacerlo. —Se encogió de
hombros—. Simplemente funciona que la habitación esté disponible al mismo tiempo
que me percaté de ello. Todavía estaré en la ciudad. Todavía podemos encontrarnos por
la ciudad, solo que no estaré justo debajo de tu nariz.
—¿Le dijiste a Maura?
—Sí. Le agradecí efusivamente por su hospitalidad. Es una gran señora. Te
ganaste la lotería con este lugar.
Dejé salir una larga exhalación.
—Lamento la manera en que actué.
—¿Puedo darte un pequeño consejo? —preguntó.
—Por supuesto. ¿Cuál es?
—Ahórrate el problema de más adelante. Termina con tu chica. Eso no va para
ninguna parta. Ella no hace que tu rostro se ilumine como lo hace Teagan. Me di cuenta
de eso cuando nos separamos la otra noche, lo que está pasando realmente, lo mucho
que te gusta. Sí te das cuenta de que es a Teagan a quien quieres ¿verdad? Porque si no
lo ves ahora, lo harás llegado el momento. —Sonrió—. Te llamaré pronto.
Mientras no tenía nada que decir, él me apretó el hombro, rodó su maleta y salió
por la puerta.

Unos días después, mi estómago se sentía en nudos mientras veía a Verónica


empacar para su viaje a Minnesota por las fiestas navideñas.
Si había algún beneficio de la reciente estancia de Archie en la casa, era que me
había empujado a hacer algo que sabía que tenía que hacer. Estaba a punto de terminar
las cosas con Verónica, no para poder empezar algo con Teagan, sino porque no quería
seguir engañándola. Estar con Teagan no era una opción. Todavía me iría a fin de año,
y no era prudente para mí involucrarme con nadie en este momento, y menos con
Teagan, sin importar los innegables sentimientos que pudiera tener.
Verónica cerró la cremallera de su bolso de mano.
—Te voy a extrañar.
Esa fue mi señal para arrancar la tirita. Saber lo que estaba a punto de suceder
mientras ella parecía no tener ni idea, era insoportable. Mi corazón latía con fuerza. Me
preocupaba por ella. Sólo que no me estaba enamorando de ella y no creía que lo haría
nunca. Ella merecía algo mejor.
Frotando mis palmas sudorosas, dije:
—Tenemos que hablar, Verónica.
Acababa de abrir un cajón cuando se congeló y me miró.
—No me gusta cómo suena eso. Tampoco me gusta la expresión en tu rostro.
Escúpelo.
—No quiero hacerte daño. Has sido muy buena conmigo. Y estar contigo ha sido
un punto culminante en mi vida. Pero tengo que ser honesto, y no veo que esto pueda
funcionar a largo plazo.
Se puso una mano en el pecho.
—Oh, Dios mío. ¿Qué está diciendo? ¡Sabía que me ibas a hacer esto!
Su reacción sólo hizo las cosas más difíciles.
—Voy a volver a Londres al final del año escolar, y no va a funcionar entre
nosotros. Creo que es mejor si terminamos las cosas ahora. Sólo va a doler más cuanto
más tiempo estemos juntos.
—¿Así que eso es todo? ¿Estás rompiendo conmigo justo antes de Navidad? ¿Todo
el tiempo supiste que este era nuestro destino?
—No es así. Hace poco me di cuenta de que esto tenía que pasar. Mi intención no
es arruinar tu Navidad. Me imaginé que este era el mejor momento para separarnos.
Tendrás a tu familia alrededor como distracción, y cuando vuelvas, el nuevo semestre
será como un nuevo comienzo.
—Qué atento de tu parte —dijo en tono jocoso—. Así que te divertiste conmigo
este semestre, me follaste repetidamente, ¿y este es mi regalo de Navidad?
A veces, necesitabas saber cuándo callarte. Esa pregunta no estaba destinada a ser
contestada. No podía culparla por estar disgustada.
—Sé que esto apesta. Lo siento, Verónica.
—Sí, yo también. —Empezó a tirar un montón de su ropa en la maleta—. Vete.
Sólo vete. No hay nada más que decir aquí.
No iba a darle una línea de mierda, como si debiéramos mantenernos en contacto
o seguir siendo amigos. Lo sabía. Eso no nos beneficiaría a ninguno de los dos.
—Cuídate —dije antes de irme.
A pesar de sentirme como una mierda por haberla herido, volví a casa desde su
dormitorio con una sensación de libertad que no había experimentado desde que
aterricé en Boston.
Alivio.
Verónica y yo habíamos empezado a salir casi tan pronto como llegué. Aunque
siempre recordaría con cariño el tiempo que pasé con ella, había sido demasiado
pronto.
Respirando el frío aire del invierno, me sentí eufórico por primera vez en mucho
tiempo, completamente inseguro del futuro y perfectamente de acuerdo con eso.
Archie podía haber dejado la residencia Carroll, pero no se fue en silencio.
Idiota.
Cuando volví a la casa después de dejar a Verónica, en la puerta de mi habitación
había una foto de Archie y mía tomada cuando teníamos unos diez años. Llevábamos
trajes de marineros a juego y zapatos de tap. Nuestras manos sobresalían en la misma
postura.
Shelley se rio detrás de mí.
Arranqué la foto de la puerta.
—¿Pusiste esto aquí?
—Archie me la dio antes de irse. Dijo que podía hacer lo que quisiera con ella.
Ustedes eran tan lindos.
Teagan habló desde el fondo de las escaleras.
—¿Qué es tan gracioso?
Genial.
—Nada —grité.
Shelley gritó.
—¡Tienes que ver esto, Teagan!
Teagan se apresuró y vio la foto en mi mano.
—Oh, Dios mío. ¿Son tú y Archie?
—Me temo que sí.
—Eras adorable. Ambos lo eran.
—Supongo que ahora tengo que quedármela, ¿no? Yo era bastante bueno, en
realidad. El tap probablemente era la única cosa en la que superaba a Archie, aunque
técnicamente no era una competencia.
Teagan arqueó su frente.
—Entonces, si saliera hoy y te comprara un par de zapatos de tap ¿podrías
bailarlo? ¿Como Fred Astaire?
Mi frente se arrugó.
—¿Es eso un reto, señorita Carroll?
Shelley aplaudió y saltó.
—¡Hazlo! ¡Hazlo!
Una idea brillante me vino en ese momento.
—Te diré qué. Estaría dispuesto a mostrar mis habilidades de tap públicamente
por las calles de Boston si renunciaras a tu requisito de mil dólares y cenaras conmigo
vestida con tu disfraz de delfín.
La boca de Teagan se abrió completamente.
Pensé que nunca lo aceptaría, pero luego dijo,
—Oh... esto es tentador.
—Piénsalo.
—En realidad, no tengo que hacerlo. Siempre que me dejen traerme el disfraz a
casa este viernes, tienes un trato para la cena del sábado por la noche. ¿A menos que
tengas planes?
—Nada es más importante que verte caminar por la ciudad como un delfín. —
Sonreí—. Será mejor que encuentres zapatos de tap en talla doce de hombre antes de
eso.
Shelley sacó su labio inferior en un mohín.
—¿Puedo ir?
—Por supuesto —dije—. Cuanto más grande sea el público, mejor.

Fue más divertido de lo esperado. Teagan lucía absolutamente ridícula mientras


caminábamos por Hanover Street. Se suponía que fuera un delfín, pero bien que podía
pasar por una gigantesca banana azul.
Se giró hacia mí.
—Dime de nuevo, ¿por qué es que estoy haciendo esto?
Me encantaba cuando se giraba y me miraba, porque tenía que girar su cuerpo
entero. Era hilarante. El rostro de Teagan era la única parte de ella que no estaba
completamente cubierta de pelo azul. Ella se asomaba perpetuamente a través de un
agujero.
Los niños nos paraban de vez en cuando para tomar fotos, y yo también tenía mi
cámara preparada.
Todo era una locura, pero tal vez la mejor parte fue ver a Teagan y Shelley
uniéndose por el ridículo. Nunca las había visto reírse juntas tanto como hoy. Ese simple
hecho hizo que valiera la pena.
Habíamos decidido que iríamos al restaurante más exclusivo de todo el North End.
La cena iba por mi cuenta, por supuesto. Una comida de doscientos dólares era mucho
más barata que los mil dólares que esta experiencia me iba a costar originalmente.
Mis zapatos de tap, que pude alquilar en una escuela de baile local, estaban en una
bolsa negra que llevaba colgada sobre mi hombro. Nuestro plan era cenar y luego visitar
uno de los famosos lugares de pastelería italiana para el postre antes de que rematara
la noche con una rutina de tap en algún lugar de las calles de Boston. No había bailado
tap en más de una década, así que no podía estar seguro de si los pasos me volverían.
Barajar, cambiar la pelota. Eso era todo lo que podía recordar.
Cuando llegamos al restaurante, la anfitriona no parecía muy divertida.
Le dio un vistazo a Teagan.
—¿Puedo ayudarlos?
—Tengo una reserva —dije en mi tono más serio.
—¿A nombre de quién?
—Dolphina.
Teagan se rio.
La anfitriona buscó nuestro nombre en el ordenador.
—Um... no estoy seguro de que ella pueda entrar aquí de esa manera.
—¿Por qué no?
—¿No es obvio?
Tuve que evitar reírme.
—¿Estás discriminándola? Los delfines son mamíferos. Todos somos mamíferos.
¿Cuál es el problema?
Teagan resopló, y Shelley estaba prácticamente llorando.
La siempre tan educada anfitriona sin sentido del humor puso los ojos en blanco
y tomó con vacilación algunos menús.
—Síganme.
Una vez sentados, la camarera fue mucho más amable que la anfitriona,
pareciendo entender el humor de todo.
Después de explicarle que había hecho que Teagan vistiera así allí como parte de
una apuesta, la camarera dijo:
—Yo también podría hacer cualquier cosa que me pidieras. —Guiñó el ojo.
De acuerdo. No esperaba eso, ni el maldito ojo que lo acompañó.
La sucia mirada que Teagan le echó no tenía precio, aunque la camarera no lo
hubiera notado. La carita de Teagan asomándose por la abertura era diez veces más
linda cuando fruncía el ceño.
Terminé pidiendo el bistec, mientras Shelley pidió una hamburguesa cargada.
Teagan insistió en atenerse a lo que comen los delfines, así que pidió caballa. También
pedí una cerveza, esperando que me ayudara a relajarme un poco antes de mi actuación
de baile más tarde.
Nos divertimos riéndonos de todas las miradas extrañas que Teagan recibió, y
cuando la comida llegó, fue fenomenal. Sabía que hasta el último bocado de mi plato
sería demolido adecuadamente.
Un poco más tarde, la camarera volvió y puso otra cerveza delante de mí.
Levanté la mirada.
—Oh, no pedí otra.
—Lo sé. —Sonrió coqueta—. La casa invita.
Parecía esperar que le diera al menos una gran propina, posiblemente más.
Incluso Shelley se dio cuenta.
—Creo que le gustas. Lástima que tengas novia.
Ese comentario me hizo reflexionar. Aún no había anunciado que había terminado
las cosas con Verónica. Ahora ella me había dado una buena oportunidad para sacarlo
a relucir.
Me aclaré la garganta.
—En realidad, ya no. —Mis ojos se dirigieron inmediatamente a Teagan, a quien
encontré mirando su caballa.
Ella levantó la cabeza. Su boca estaba llena.
—¿Qué?
—Sí... terminamos.
—¿Rompió contigo? —preguntó Shelley.
Tal vez fue un error sacar el tema. No quería entrar en detalles delante de Shelley.
Pero los ojos de Teagan estaban fijos en los míos ahora, esperando mi respuesta, así que
tuve que explicarme más.
—En realidad fui yo quien terminó las cosas.
Shelley parecía casi triste.
—¿Le rompiste el corazón?
¿Cómo se supone responda a eso?
—Espero que no esté totalmente roto. Pero fue la decisión correcta,
considerándolo todo.
—Vaya. No me esperaba eso —dijo Teagan, la mirada en su rostro contradecía la
tontería de su atuendo—. ¿Estás bien?
—Sí. Lo estoy.
Volvimos a cenar, pero en el transcurso de los siguientes minutos, la cara de
Teagan se puso más roja de lo que nunca había visto.
—¿Estás bien? —pregunté.
—Honestamente, creo que necesito salir de este pelaje. Me estoy quemando.
—Bueno, has pagado con creces tus deudas. Deberías haber dicho algo antes. Sal
de esa cosa.
Se levantó de su asiento.
—Vuelvo enseguida.
Shelley y yo tuvimos una pequeña charla, pero mi mente estaba preocupada. Seguí
mirando hacia los baños; Teagan se estaba tomando un tiempo inusualmente largo.
Comenzó a preocuparme un poco, así que le dije a Shelley que volvería enseguida, que
iba a ver cómo estaba su hermana.
Llamé a la puerta del baño de damas.
—Teagan, ¿estás bien?
—Sí.
Por alguna razón, no confiaba en eso.
—¿Estás sola? —pregunté.
—Sí.
Abrí y entré al baño, donde ella estaba en el lavabo, salpicándose la cara con agua.
—No puedes estar aquí —dijo.
—Está vacío. Además, ¿te olvidas de cómo nos conocimos?
Su respiración era pesada.
—Buen punto.
Había colgado el disfraz en el gancho de un puesto abierto.
—Dame esa cosa. Lo llevaré de vuelta a la mesa.
Me lo dio antes de abrir el grifo de nuevo y salpicarse más agua en la cara. Se miró
en el espejo durante unos segundos antes de darse la vuelta para mirarme.
—¿Cómo es que nunca me dijiste que habías roto con Verónica?
—Sólo pasó hace un par de días. Tú y yo no habíamos salido hasta hoy. Iba a
decírtelo.
Todavía parecía sonrojada. Me adelanté y puse mi mano en su frente.
—Parece que estás ardiendo. ¿Seguro que estás bien?
—Sí. Sólo tengo la piel acalorada. Estaré bien.
Examiné su cara por unos segundos y decidí darle espacio.
—Bien. Volveré con Shelley entonces. Sólo quería asegurarme de que estabas
bien.
—Gracias.
Volví a nuestra mesa, pero aún me preguntaba si había más en la reacción de
Teagan que el calor del disfraz.
Teagan
P
ensarías que las noticias de Caleb me habrían aliviado, en vez de hacerme
entrar en pánico. Pero supongo que su relación con Verónica había
significado que no tenía que enfrentarme a mis sentimientos por él o
preguntarme qué sentía por mí. La perspectiva de que fuera libre de salir con
quien quisiera, era un poco aterradora. En lugar de una chica, podría haber muchas. Por
más celosa que me hubiera puesto su relación con Verónica, había una cierta estabilidad
y seguridad en ella, y eso ya no existía.
¿Qué pasaría ahora? Supongo que estaba a punto de averiguarlo. Después de
salpicarme un poco de agua en la cara, volví al comedor y me senté en mi asiento.
Una mirada de preocupación cruzó la cara de Caleb. Había metido mi gigantesco
disfraz en el cuarto asiento de nuestra mesa.
—¿Te sientes más fresca?
—Sí. —Espiré—. Estoy bien. —Bajé el vaso de agua delante de mí, que la camarera
debe haber rellenado mientras estaba en el baño, probablemente otra excusa para
volver y comerse a Caleb con los ojos.
Afortunadamente, pude terminar mi cena sin incidentes, y una vez que dejamos
el restaurante y salimos al aire libre, me sentí diez veces mejor. Tal vez el calor del
disfraz se me había subido a la cabeza, afectando mi reacción a la noticia de Caleb.
Fuimos a Mike's Pastry por sus famosos cannoli, con Caleb llevando mi enorme
disfraz. Entré y esperé en la larga fila, luego les llevé los pasteles a Caleb y Shelley. Los
devoramos fuera de la tienda antes de ir a buscar un lugar apropiado para la actuación
de tap de Caleb. El vértigo me invadió ante la perspectiva de verlo bailar.
Finalmente, nos encontramos con un hombre con rastas largas; se sentó en la
acera, tocando una guitarra eléctrica y cantando "No Woman, No Cry" de Bob Marley.
La canción y el estilo de la música eran completamente inapropiados para el tap.
Sin embargo, Caleb se detuvo junto al tipo y procedió a ponerse sus brillantes zapatos
negros.
Después de que el músico callejero terminara de interpretar la canción, Caleb le
susurró algo al oído y le dio algo de dinero. El tipo asintió.
El hombre empezó a tocar una canción de reggae que no reconocí, y Caleb empezó
a hacer tap a su lado. Los golpecitos de sus zapatos se alejaron en la acera mientras los
transeúntes confundidos se paraban a mirar. El ritmo de los golpecitos era demasiado
rápido y no coincidía con el de la canción.
La parte más divertida fue la sonrisa tonta en la cara de Caleb. El músico siguió
tocando y cantando, pareciendo ignorar las payasadas de Caleb. Todo era extraño.
Shelley y yo nos moríamos de risa.
Caleb era bastante bueno, sólo que un poco descoordinado y definitivamente
digno de actuar en, digamos, un recital de baile de la escuela media. El tap y el reggae
no iban juntos, pero eso era precisamente lo que lo hacía tan entretenido.
Pasamos por tantos días en nuestras vidas que no recordaremos. Pero este día
sabía que se quedaría conmigo. No sólo había conectado con Caleb, sino también con mi
hermana. Y eso, para mí, era el punto en esto.

Unos días después de nuestra salida al North End, fue Nochebuena. Maura tenía
toda la casa engalanada para nuestra fiesta de puertas abiertas del vecindario. Se había
pasado la semana preparando los cojines en los sofás de la sala de estar, las guirnaldas
en las ventanas y, por supuesto, el árbol completamente vestido e iluminado. La
chimenea estaba a tope porque hacía mucho frío, y se rumoraba que podríamos tener
algunos copos de nieve esta noche.
Como de costumbre, Maura y mi padre habían invitado a todos los vecinos a venir
esta noche. Lo único que Maura pidió fue que trajeran una comida o bebida para
compartir. Siempre terminábamos con más de lo que sabíamos qué hacer.
Normalmente comíamos las sobras durante una semana o incluso más.
Mientras que mucha gente esperaba hasta la mañana de Navidad para abrir los
regalos, mi familia abría los nuestros en Nochebuena. Así que eso siempre era algo que
esperar después de que los invitados se fueran, aunque Shelley a menudo empezaba a
abrir los suyos más temprano en la noche.
Caleb parecía muy feliz de estar aquí. Se había pasado todo el día colgando luces
dentro y fuera de la casa y ayudando a decorar. Dijo que sus padres nunca se molestaron
con demasiadas decoraciones navideñas, así que era una nueva experiencia para él. Se
veía aún más guapo con líneas de luces navideñas sobre su cuerpo.
Ese es un árbol de Navidad al que no me importaría subir.
Caleb me encontró en la cocina poco antes de que la gente empezara a llegar.
Había estado removiendo sidra de manzana caliente para la estación de bebidas cuando
lo vi observándome.
Vaya.
Tenía buen aspecto y olía bien también. Y se había hecho algo diferente en el
cabello. Estaba partido a un lado, pareciendo más formal, tal vez. Un suéter granate con
una raya verde en el pecho abrazaba sus músculos y me hizo querer acurrucarme en él.
De repente olvidé lo que se suponía que debía hacer. Dejé de agitar la sidra.
—Te ves bien —dije.
Él sonrió.
—Tú también.
Tuve que bajar la mirada para recordar lo que llevaba puesto: mallas negras, una
camisa roja ajustada, y esos confiables zapatos negros que Maura me había comprado.
Una vez más, llevaba el cabello suelto.
Caleb se asomó a la vasija de la sidra
—¿Puedo ayudar?
Volví a agitarme.
—No, ya lo tengo.
Cuando me sonrió de nuevo, sentí que mi pulso reaccionó. Esta era la mejor
Navidad que podía recordar en mucho tiempo.
Sin embargo, una vez que los invitados empezaron a llegar, consideré tragarme
esas palabras. Por un tiempo me mantuve ocupada en la cocina, ayudando a Maura a
cortar las verduras para el plato de verduras y queso. Cuando finalmente volví a la sala,
vi a Caleb hablando con Bethany Grillo, una de las hijas de nuestro vecino, que había
estado en la universidad. Era muy atractiva, y su lenguaje corporal era coqueto.
Me quedé en un rincón mirándolos. Todo lo que podía pensar era: está sucediendo.
Eso no tomó mucho tiempo. Terminaría teniendo una aventura con ella durante las
vacaciones, lo que marcaría el comienzo oficial de su nueva era de libertad.
Mi padre interrumpió mis pensamientos cuando se acercó por detrás de mí.
—Hola, cariño.
Forcé mis ojos lejos de Caleb y Bethany.
—Hola, papá.
—¿Por qué estás parada aquí en la esquina, sola?
Bueno, no voy a admitir que acosé la conversación de Caleb.
—Solo me estoy relajando un poco.
Sonrió.
—Te ves hermosa esta noche.
—Gracias.
Su cumplido me dio sentimientos encontrados. Nunca había discutido con él mi
obsesión por parecerme a Ariadne. Pero tal vez ahora era el momento.
—Sabes, siempre solía pensar que, si llevaba el cabello suelto o me vestía de cierta
manera, te molestaría.
Papá asintió y parecía saber exactamente lo que quería decir.
—¿Porque te pareces a ella?
—Sí.
Suspiró.
—El parecido es asombroso. Ella era hermosa, al igual que tú. Pero mirarte a ti
nunca podría hacerme enojar. Tú no eres ella. Tienes un buen corazón y un espíritu
puro. Me alegro de que Ariadne te haya dado una buena cualidad: su apariencia. Pero
aparte de eso, no te pareces a ella en nada.
Escuchar eso me reconfortó, aunque todavía no me sentía totalmente segura de
no ser como ella.
—Estoy bastante segura de que la mayoría de mis otras partes buenas vinieron
de ti —dije.
—No voy a discutir con eso. —Guiñó el ojo.
Sonreí y miré en dirección a Caleb. Unos segundos después, sus ojos se
encontraron con los míos. En lugar de continuar la conversación con Bethany, se excusó
inmediatamente y se acercó. De repente, todo volvió a estar bien en el mundo.
—Ahí estás. Me preguntaba qué te había pasado —dijo.
Mi padre puso su mano sobre mi hombro.
—Voy a ver si Maura necesita algo.
Cuando mi padre se fue, me volví hacia Caleb.
—No tenías que dejar tu conversación.
—Eh. —Se encogió de hombros—. Estaba buscando una excusa.
El alivio me invadió.
—Me sorprende.
Ladeó la cabeza.
—¿Por qué?
—Es muy bonita. Pensé que tal vez te gustaba.
—No. No es mi tipo. Aunque es una buena chica. Parece muy inteligente. Pero no
tan inteligente como alguien que conozco. —Guiñó el ojo.
Miré su vaso rojo de Solo.
—¿Qué estás bebiendo?
—Ponche de huevo con alcohol. ¿Quieres un poco?
—Pensé que estabas en contra de que los menores bebieran.
Se inclinó y su aliento cálido rozó mi mejilla.
—No estamos en público esta noche.
Sentí un cosquilleo en la espalda.
—Lo sé. Sólo estoy bromeando. En realidad, a Maura y a mi padre no les importa
si me tomo unas copas, mientras esté en casa donde puedan vigilarme.
—Tus padres son realmente geniales —dijo—. Espero que lo sepas. Tienes suerte
de tenerlos.
—Eso sí lo sé. —Sonreí—. Hablando de padres, ¿llamaste a tu mamá esta noche?
Miró en su vaso.
—Sí... ya es tarde allí. Así que la llamé antes de que empezara la fiesta. Les deseé a
ambos una feliz Navidad. Incluso hablé un poco con mi padre por primera vez en mucho
tiempo.
—¿Cómo estuvo?
—La habitual charla tensa. Obligatoria, en su mayoría.
Eso me puso triste.
—Lo siento.
Su humor siempre cambiaba cuando mencionaba a su padre.
Cambié de tema.
—Por cierto, ¿le pasa algo a tu teléfono?
—¿Por qué lo preguntas?
—Antes, cuando saliste y me enviaste un mensaje de texto, preguntando si
necesitaba algo de la tienda, me envió tu misma pregunta como veinticinco veces. No se
detuvo.
Entrecerró los ojos.
—Mierda. Eso no es bueno. Tendré que apagarlo. —Metió la mano en su bolsillo
para buscar su teléfono y presionó el botón de apagado—. Ahí. Veamos si eso ayuda.
—Sí, fue algo gracioso. Hasta que no lo fue.
—Eso podría ser molesto.
Nuestra atención se centró en Shelley, que había empezado a abrir algunos de sus
regalos. Todavía tenía toneladas de regalos, y Maura los marcó todos de "Santa" aunque
Shelley había descubierto la verdad hace unos años.
Cuando abrió su último paquete, dentro había una tarjeta de regalo de Target y
una foto enmarcada. Corrió hacia Caleb y le dio un gran abrazo. Luego me enseñó la
foto.
—Mira, Teagan.
Me dio el marco y examiné la imagen. Éramos nosotros tres, tomada cuando me
puse mi disfraz de delfín la otra noche. Realmente era una foto fantástica. Caleb se había
convertido en una parte de nuestra familia. Honestamente, desde su llegada, yo
también. Nunca había pasado más tiempo con mi hermana, o incluso con Maura y mi
padre. Debido a su propia pérdida, Caleb apreciaba las cosas que yo siempre había dado
por sentadas. Y me enseñó a apreciar más a mi familia. Su estancia aquí dejaría una
huella en mi vida.
Después de que Shelley regresara a su lugar en el sofá, Caleb parecía
extrañamente nervioso.
—¿Puedo darte tu regalo? —preguntó.
—No tenías que regalarme nada —le dije—. Tengo tu regalo abajo. He envuelto
todos mis regalos, pero aún no he tenido la oportunidad de subirlos.
—Me gustaría darte el tuyo en privado —dijo—. Sólo porque quiero explicártelo
sin que nadie me escuche.
Ahora me tenía intrigada.
—Podemos bajar —le sugerí.
—Déjame ir a buscarlo y nos encontraremos allí abajo —dijo.
Mientras me aventuraba a mi habitación, sentí que mis nervios se estremecían.
Unos minutos después, Caleb bajó las escaleras con una pequeña bolsa de regalo
roja y verde.
—Para ti. —Sonrió mientras me lo entregaba.
Después de levantar el papel de seda y ponerlo a un lado, saqué un pequeño delfín
de peluche. Sonreí. Tan lindo y atento. Entonces noté una cadena de plata colgando de
él. Pegada al final había un amuleto.
Al examinarlo más de cerca, me di cuenta de que era un pequeño caracol que salía
de su caparazón.
Lo miré.
—Esto es tan lindo.
—Probablemente te estés preguntando... ¿por qué un caracol? —Se rio—. Vi esto
y quise comprártelo, porque desde que te conozco has salido de tu caparazón como un
caracol. Me recordó a ti. Espero que cuando te lo pongas, después de que me vaya, te
recuerde a mí.
Dudaba que necesitara un recordatorio de él después de que se fuera.
—No sé qué decir. Esta es la cosa más significativa que alguien me ha dado.
—Me alegro de que te guste.
Se puso nervioso. Caleb parecía casi... tímido sobre todo el asunto.
—¿Estabas nervioso por darme esto?
—Un poco. Ni siquiera estoy seguro de por qué.
Mirándolo, sonreí.
—Me encanta de verdad. Gracias.
—De nada.
—Mi regalo para ti no es tan bueno —advertí.
Caminando hacia mi escritorio, tomé el regalo de Caleb del montón.
Con una enorme sonrisa en su cara, abrió el papel. Su sonrisa solo creció cuando
se dio cuenta de lo que era.
—¿Estás bromeando? ¡Es brillante! Ni siquiera sabía que tal cosa existía.
Le había comprado a Caleb un fabricante de s mores de acero inoxidable. Tenía
un calentador eléctrico sin llama para los malvaviscos en el centro y una bandeja para
las galletas y otros acompañamientos.
—Me imaginé que podrías usarlo cuando vuelvas a casa. Mencionaste que no
podías encender fogatas donde vives. De esta manera puedes hacer s mores cuando
quieras. Aunque podría ser un dolor en el trasero empacarlo.
—Encontraré la manera de llevarlo, no te preocupes. Esto es lo mejor que podrías
haberme conseguido. —Me miró—. Gracias.
—De nada.
Examinó mi rostro.
—¿Qué estás pensando ahora mismo? Pareces triste.
Decidí ser honesta.
—Estoy un poco triste. Este año escolar ya lleva más de la mitad. Antes de que te
des cuenta, estarás empacando y regresando a casa. Me he acostumbrado a tenerte
cerca. Y simplemente... te voy a extrañar.
Sacudió la cabeza.
—Realmente no soporto pensar en irme. Esto se siente como mi hogar ahora. El
tiempo aquí pasa demasiado rápido.
Miré hacia otro lado, pero sentí la mano de Caleb en mi barbilla, levantándola para
que lo mirara a los ojos antes de soltarla. Mi cuerpo se agitó.
—¿Con quién voy a estudiar? —preguntó—. ¿De quién me voy a burlar?
Mi respiración se aceleró.
—Estoy segura de que encontrarás a alguien.
—No será lo mismo —susurró.
—No hay posibilidad de que te quedes, ¿verdad? ¿Ni siquiera un año más?
Inmediatamente quise abofetearme por preguntar.
Respiró hondo.
—No lo creo. No he preguntado, pero se supone que el programa de intercambio
es sólo por un año. Pero, aunque me dejaran quedarme, me sentiría un poco culpable
por dejar a mi madre. La situación con mi padre no es buena. Le prometí que volvería.
—Sí. Lo siento. Fue una tontería preguntar.
—No, no lo fue. Se me ha pasado por la cabeza muchas veces. —Su tono era
insistente—. Y no es que no quiera. Daría cualquier cosa por quedarme.
Tomando en mis manos el collar que me había dado, le pregunté:
—¿Me lo pondrías?
Sonrió.
—Por supuesto.
Me levanté el cabello y le di la espalda. El calor de sus manos mientras me ponía
el collar hizo que mi cuerpo se estremeciera con una emoción que intenté no sentir.
Me volví hacia él y froté mis dedos sobre el amuleto.
—Te queda bien —dijo.
—Gracias de nuevo.
—Gracias de nuevo por mi fábrica de s mores. No te sorprendas si lo traigo a la
sesión de estudio.
—Oh Dios. ¿Qué he empezado?
Los dos nos reímos cuando Maura asomó su cabeza a mi puerta medio abierta. Por
alguna razón, salté al verla, como si nos hubiera atrapado haciendo algo malo.
Definitivamente sentí que nos estábamos escondiendo de todos aquí abajo.
—Oh, ahí están. —Hizo una pausa—. Tenemos... algunos regalos para que abran
arriba.
Caleb asintió.
—Lo siento, Maura. Sólo vinimos aquí para intercambiar nuestros regalos. —Se
dirigió hacia las escaleras y se fue sin decir una palabra más.
Los ojos de Maura se posaron en los míos, una mezcla de sospecha y diversión en
sus profundidades. Ella podría haber sido la única en esta casa que era realmente
consiente de mis sentimientos por Caleb.
Caleb
E
l mes que siguió a la Navidad pasó volando. Las cosas estaban más ocupadas
que nunca. Había hecho horas extras atendiendo mesas en el restaurante, y
el nuevo semestre me estaba pateando el trasero.
Como resultado, estaba seguro de que el resto de mi tiempo aquí se iba
a evaporar antes de que me diera cuenta. Había tanto que quería hacer y ver en Boston,
que apenas sabía qué hacer. No podía soportar pensar en ello.
Pero la idea de dejar a los Carroll me ponía aún más ansioso. No estaba listo para
que este indulto de la vida real terminara. Era realmente asombroso ser mirado con
amabilidad y respeto en lugar de resentimiento.
Pero lo que más me preocupaba eran mis sentimientos por Teagan, que habían
evolucionado a fuego lento y no podía averiguar cómo extinguirlos. Desde que rompí
con Verónica, no había salido con nadie más. Juré que no cometería el mismo error:
engañar a alguien, sólo para tener que dar la noticia de que no podíamos continuar
porque me iba.
Entre el trabajo y la escuela, cualquier tiempo libre que tenía lo pasaba estudiando
con Teagan u ocasionalmente pasando el tiempo con Archie, cuya compañía podía
disfrutar ahora que no vivía bajo nuestro techo. Había empezado a salir con Angela, la
chica con la que vivía en Dorchester. Él también pasaba mucho tiempo preguntándose
qué pasaría cuando se le acabara el tiempo en los Estados Unidos. Pero Archie tenía más
libertad que yo para reubicarse potencialmente. Había terminado la escuela y no tenía
una madre que dependiera de él para su bienestar mental.
No le había dado a Teagan ningún indicio de que mis sentimientos por ella habían
cruzado la línea más allá de la amistad, pero eso no me impedía pensar en ella cuando
me acostaba en la cama por la noche o cuando estaba en la ducha. Eso no me impedía
desearla. Básicamente, cada vez que tenía un momento para respirar, mi mente vagaba
hacia pensamientos prohibidos con Teagan, y lo que sería tenerla sólo una vez.
Mi pequeño problema se hizo imposible de ignorar una noche cuando Teagan se
saltó la cena. Eso no era tan inusual. No siempre estaba en las comidas familiares, y yo
tampoco. Pero en esta noche en particular, la razón de su ausencia me llamó la atención.
—Teagan está en una cita —anunció Shelley.
Dejé de masticar mi pollo y tal vez con demasiada urgencia, pregunté:
—¿Cómo lo sabes?
—La vi preparándose para salir. No me dijo a dónde iba, así que sospeché. Miré
por la ventana y la vi subirse a un auto con un tipo.
¿Un tipo?
—Interesante —dijo Maura.
—Sí, interesante —murmuré.
Lorne suspiró.
—Bueno, Teagan no tiene que contarnos todo. Sólo espero que no se meta en
autos con la gente equivocada.
Maura me miró con un poco de simpatía. Sospechaba que había captado mis
sentimientos por su hijastra hacía tiempo.
Que yo supiera, Teagan no había tenido una cita en todo el tiempo desde que la
conocí, aparte de la noche de bolos con Archie, si es que eso cuenta. No debería haberme
sorprendido que saliera. Ya sabes, lo de salir de su concha y todo eso. Eso ciertamente
había sido contraproducente, ¿no? De todos modos, necesitaba superarlo.
Mi silla patinó contra el piso de madera cuando me levanté.
—La cena estuvo deliciosa. Gracias, Maura —dije antes de excusarme.
En mi habitación, hice varias repeticiones de dominadas para tratar de gastar mi
energía nerviosa, cualquier cosa en vez de tener que lidiar con mis sentimientos.
Mi teléfono sonó, interrumpiendo mi entrenamiento. Era mi madre.
Me limpié el sudor de la frente con una toalla mientras respondía el teléfono.
—Hola, mamá. Es tarde allí. ¿Todo bien?
Hubo un ligero retraso en su respuesta.
Empecé a entrar en pánico.
—¿Mamá?
—Hola, cariño —dijo finalmente.
—¿Qué está pasando?
Después de otro momento, dijo.
—Tu padre ha estado bebiendo de nuevo.
Mi estómago se sintió como si hubiera sido golpeado. Mi padre había estado
sobrio durante los últimos diez años más o menos. Empezó a beber después de la
muerte de Emma, y el problema fue empeorando progresivamente hasta que mi madre
y sus hermanos organizaron una intervención. Todos en la familia habían ahorrado
dinero para enviarlo a rehabilitación, y por algún milagro, después de esos meses fuera,
parecía haber dejado la bebida atrás todos estos años.
—¿Cómo te enteraste?
—Ha estado fuera mucho más de lo habitual, y esta noche llegó a casa oliendo a
cerveza y arrastrando las palabras. Fue la primera vez que lo noté, pero estoy segura de
que ha estado sucediendo desde hace algún tiempo.
Sentado en mi cama, apoyé mi cabeza en mi mano.
—Lo siento mucho, mamá. ¿Qué puedo hacer? ¿Necesitas que vuelva a casa?
—No te atrevas. Yo me encargo a partir de aquí. No te digo esto para interrumpir
nada. Volverás a casa antes de que te des cuenta. Sólo necesitaba hacértelo saber.
—Si las cosas se salen de control, tienes que decírmelo. Necesito que me
mantengas informado.
—Bueno, ahora mismo, está dormido. Así que nada está fuera de control todavía.
Pero me imagino que tendré que encontrar la manera de volver a meterlo en un
programa.
—Te enviaré dinero.
—No —insistió—. Veré si tus tíos pueden ayudar.
Cuando el problema de la bebida de papá surgió por primera vez, obviamente era
demasiado joven para ganarme la vida. Pero recuerdo haberme sentido impotente,
porque creía que todo era culpa mía. Si Emma no hubiera muerto, mi padre no habría
empezado a beber. Ahora que era mayor, tenía que encontrar una forma de ayudar a
pagarla.
—No me importa lo que digas, mamá. Voy a pedir más horas o conseguir otro
trabajo para poder enviarte algo.
—Tienes que pagar la escuela. Tus préstamos ya son lo suficientemente grandes.
Lo resolveremos.
No sabía qué más decir, excepto:
—Lo siento.
Sabía que mi disculpa tenía más de un significado.
—Caleb, no quiero que esto te desvíe del camino. No es por eso que te lo digo. Por
favor, mantente concentrado en la escuela. Así es como puedes ayudar, manteniéndote
concentrado para que no me preocupe por mis dos chicos a la vez. ¿De acuerdo?
—Bien —dije a regañadientes.
Después de colgar con mi madre, no pude librarme de la terrible sensación que
sus noticias me trajeron. Deseaba que Teagan estuviera en casa. Pero por supuesto, ella
estaba en una cita, donde no debería haber estado. Las emociones corrían a través de
mí: celos, culpa por mi padre. Por el momento, no quería sentir nada. Pero recurrir al
alcohol no era una opción. Mi madre no necesitaba que yo también desarrollara un
problema con la bebida.
Finalmente me duché para calmar mis nervios, y luego me aventuré a bajar a la
habitación de Teagan para ver si por casualidad había regresado de su cita. No lo había
hecho. Respirando hondo, me acosté en su cama y me quité los zapatos. Anhelaba su
compañía. Sabía que ella habría dicho algo para hacerme sentir mejor, al menos por un
momento.
Agarrando su almohada, respiré profundamente su aroma, una mezcla de lluvia y
algo propio.
Me quedé allí tumbado durante varios minutos, suspirando por una chica que
nunca podría tener.
Patético, Caleb.
Alcancé mi teléfono y bajé hasta el número de una de mis compañeras de trabajo,
una camarera llamada Simone. Era mayor, de veintitantos años, y me había dejado claro
una noche después de mi turno que estaba interesada. Le dije que no buscaba
involucrarme con nadie mientras estuviera aquí en los Estados Unidos, y ella insistió en
que involucrarse tampoco era algo que ella quería. Básicamente, quería follarme, y me
había invitado a su casa. En ese momento, me había encogido de hombros ante su
propuesta, haciendo una especie de broma, aunque sabía que iba muy en serio.
Entonces se encargó de introducir su número en mi teléfono. Hasta este momento, no
había considerado usarlo.
Le envié un mensaje.

Caleb: Me pregunto si estás libre esta noche.

Ella respondió casi inmediatamente, unos segundos después.

Simone: Qué sorpresa. Y, para ti, sí.


Caleb: ¿Estás en casa?
Simone: Sí. ¿Quieres venir?

Aunque no se sentía bien, escribí las palabras de todos modos.

Caleb: Sí. Envíame tu dirección.


Teagan
M
e sentí aliviada de estar en casa. Jacob me había llevado a comer sushi y a
ver una película, no del tipo espeluznante y desolada que normalmente
disfrutaba, sino la que se comercializa en masa, la que llena el cine. Fue una
noche agradable, pero no sentí nada más que amistad por Jacob. Ésa era
probablemente la razón por la que acepté salir con él. Como Kai había señalado, ese era
mi modus operandi. Estaba a salvo y no requería ningún trabajo emocional o sexual,
para el caso.
Tenía tantas ganas de sacarme a Caleb de la cabeza. Cuanto antes lo hiciera, mejor.
Así que tenía que hacer un esfuerzo para ponerme en marcha. No se sentía natural, pero
lo intenté. Aun así, no podía dejar de pensar en Caleb. Tal vez necesitaba estar fuera
para que eso sucediera. Odiaba el hecho de que salir con Jacob sólo me había hecho
centrarme más en Caleb. Estaba en camino de ser aplastada cuando volviera a
Inglaterra.
Me quité los zapatos, me acosté en la cama y me acurruqué en la almohada. Mi
corazón se aceleró cuando me di cuenta de que estaba respirando su aroma, fuerte y
masculino. Tan Caleb.
Espera.
¿Caleb?
¿Caleb había estado en mi cama?
Acababa de cambiar mis sábanas la noche anterior. Así que no había forma de que
esto fuera un residuo de una de nuestras sesiones de estudio. Abrazando la almohada
más fuerte, continué enterrando mi nariz en ella, abrumada por el anhelo y la confusión.
¿Qué hacía en mi cama? ¿Había bajado aquí para buscarme?
Alcancé mi teléfono y le envié un mensaje.

Teagan: ¿Estás en casa?


Pasaron varios minutos y no hubo respuesta. Decidí subir a ver si estaba en su
habitación.
Maura estaba en la sala de estar, viendo uno de sus programas en Bravo.
Me atrapó antes de que tuviera la oportunidad de subir las escaleras.
—¡Hola! ¿Cómo estuvo tu cita?
Me detuve justo antes del primer paso.
—¿Cómo supiste que estaba en una cita?
Bajó el volumen del televisor.
—Supongo que no lo hice. Sólo tomé la palabra de Shelley. Mencionó haberte visto
entrar en un auto con un tipo.
Suspiré.
—Se llama Jacob. Trabaja en el Acuario conmigo. Sólo fuimos a comer sushi y a
ver una película. Estuvo bien. Nada memorable. —Eché un vistazo a las escaleras y
luego a ella—. ¿Has visto a Caleb?
—No está aquí. Lo vi salir hace un rato.
Mi corazón se hundió.
—¿Dijo a dónde iba?
—No. En realidad, se fue corriendo de aquí.
—Maldición —murmuré.
Una mirada de preocupación cruzó su rostro.
—¿Está todo bien?
—Sí. Sólo necesitaba preguntarle algo.
Se detuvo un momento.
—Deberías saber que Caleb estaba en la mesa cuando Shelley anunció que salías
con un chico. No estaba segura si le habías ocultado eso intencionadamente o no. No
parecía saberlo.
Mierda.
No es que planeara mentirle a Caleb si me hubiera preguntado a dónde iba esta
noche. Simplemente había elegido no anunciarlo. Sabía que estaría celosa si los papeles
estuvieran invertidos.
Le deseé a Maura buenas noches y volví a mi habitación.
Aún no había respuesta de Caleb, y sospeché que debía haber salido con una chica.
Eso me dio un malestar estomacal.
Un poco más tarde, revisé mi teléfono de nuevo. Ya había pasado una hora desde
que le envié un mensaje. No era propio de él no responder en absoluto. Estaba
desesperada por saber dónde estaba, por preguntarle por qué había estado en mi cama,
pero enviarle otro mensaje hubiera sido insistente. Sabía que no le debía una
explicación de mi paradero. Pero normalmente nos decíamos nuestros planes si uno de
nosotros no iba a estar en casa por la noche.
A medida que pasaba el tiempo, me di cuenta de que Caleb podría no volver a casa
en absoluto. Estaba a punto de apagar las luces y resignarme a quedarme dormida
cuando llamaron a la puerta de mi dormitorio.
Salté.
—¿Quién es?
Su voz era baja.
—Caleb.
Cuando abrí la puerta, parecía cansado, y su cabello estaba un poco despeinado.
Todavía se veía guapo como siempre, sólo un poco agotado.
—¿Estás bien?
Sacudió la cabeza.
—En realidad no.
Seguí mi instinto y le di un abrazo. Me agarró con fuerza, casi como si se aferrara
a mí por su vida. Estar en sus brazos así, ser sostenida así, era tan diferente de los
abrazos casuales que habíamos tenido en el pasado. Su corazón latía tan rápido contra
mi mejilla. El calor de sus duros músculos me consumía, y no quería nada más que
quedarme así toda la noche.
Aunque tenía miedo, pregunté.
—¿Dónde estabas?
Se alejó de mí para mirarme a la cara.
—¿Cómo fue tu cita? —Había una pizca de desdén en su tono.
—Estuvo bien. —tragué.
—Normalmente me cuentas tus planes si no vas a estar en casa. —Sus ojos se
posaron en los míos por unos segundos—. Pero entiendo por qué no lo hiciste esta vez.
¿Lo hace?
—¿Lo haces?
Después de un largo silencio, dijo.
—Nuestra relación es complicada, ¿no es así, Teagan?
Suspiré.
—¿Por qué estabas en mi cama esta noche?
Elevó sus cejas.
—¿Cómo supiste que estuve en tu cama?
—Pude olerte en mis sábanas.
En lugar de responder, Caleb se subió a mi cama y puso su cabeza en la almohada.
Era demasiado tentador no ir tras él. Nos acostamos sobre las sábanas, uno frente al
otro. Apoyó la cabeza en su mano mientras continuaba mirándome.
—Estaba preocupada por ti esta noche —dije—. ¿Cómo es que no respondiste a
mi mensaje?
—No lo vi inmediatamente. Entonces, para cuando lo hice, pensé que simplemente
volvería a casa. —Dejó salir un aliento que sentí en mis mejillas—. Me preguntaste por
qué estaba en tu cama. Necesitaba hablar contigo, y bajé para ver si por casualidad
habías llegado a casa temprano. Sabía que era una posibilidad remota. Cuando me di
cuenta de que aún no habías vuelto, me recosté un rato.
—¿De qué necesitabas hablarme?
—Estaba disgustado después de hablar con mi madre —exhaló—. Creo que nunca
te lo dije, pero mi padre es un alcohólico en recuperación. No había bebido en más de
una década. —Caleb suspiró—. Pero ha tenido una recaída.
Le apreté la mano.
—Oh no. Siento mucho no haber estado aquí.
—No es tu responsabilidad estar a mi disposición. Sólo necesitaba hablar. Fue un
momento, y pasó.
—¿Tu madre está bien?
—Suena como si pensara que puede manejarlo. Pero no estoy tan seguro. Ella va
a necesitar a los hermanos de mi padre para que la apoyen. Si estuviera en casa, sería
diferente, aunque ella insiste en que mi regreso temprano no ayudará.
El dolor en sus ojos era transparente. Caleb se culpaba por todo esto, y eso me
mataba. Todo se remontaba a lo que había sucedido con su hermana.
Jugó con alguna pelusa en mi edredón.
—De todos modos... no quiero entrar en eso ahora. Ya he pensado mucho en ello
esta noche, y mi necesidad de hablar ha pasado. Pero es por eso que estaba en tu cama.
—Bueno, aunque no deba disculparme, siento mucho no haber estado aquí.
Preferiría haber estado aquí esta noche.
Mis emociones burbujearon dentro de mí, y sentí que mis ojos empezaban a
lagrimear. Eso no era bueno. Simplemente sentía mucho por él en ese momento. No sólo
por su dolor, sino porque el hecho de salir con Jacob esta noche había sido tan distinto
de estar con Caleb. Eso me asustaba.
—¿Quién era este tipo y a dónde te llevó? —preguntó Caleb.
—Se llama Jacob. Lo conocí en el Acuario. Trabaja en la tienda de regalos. Me llevó
a comer sushi y a ver una película. Fue agradable... pero no había nada allí. Estoy
bastante segura de que lo sabía antes de aceptar la cita. Pero fui de todos modos, porque
realmente quería... evadirme.
Mis palabras me habían golpeado contra un muro. Estaba dividida entre querer
decirle a Caleb lo que sentía por él y querer guardármelo dentro.
Ladeó la cabeza.
—¿Evadirte de qué?
Me tomé un momento para buscar las palabras.
—Siento que puedo hablarte de cualquier cosa... excepto de mis sentimientos por
ti. Me siento estúpida por haber dejado que llegara a este punto.
Eso fue demasiado. Ahora me miraba como si no supiera cómo responder, hasta
que lo hizo. Y sus palabras me sacudieron completamente.
—Me preguntaste dónde estaba esta noche, y la razón por la que dudé en decírtelo
es porque para explicarlo correctamente, tengo que hablar de mis sentimientos por ti.
Y como tú, no es fácil para mí hacer eso... porque no quiero hacer o decir nada que pueda
cambiar lo que tenemos, este raro tipo de amistad.
Mis palmas de las manos se pusieron sudorosas mientras él continuaba.
—Cuando Shelley me dijo que estabas en una cita, me puse muy celoso y un poco
enfadado. Me doy cuenta de que eso es ridículo. Sin embargo, es difícil controlar mis
emociones. Al principio, subí a mi habitación y me ejercité para gastar algo de esa
energía negativa. Pero nada me servía. Entonces mi madre llamó y me dio la noticia de
la recaída de mi padre. Fue entonces cuando bajé para ver si estabas en casa.
Oír que había estado celoso hizo que mi corazón cantara, no pude apreciarlo del
todo porque tenía miedo de lo que iba a decir a continuación.
Me preparé.
—¿Y luego? ¿A dónde fuiste?
—No quería estar solo, así que... le envié un mensaje a la chica con la que trabajo.
Ella había dejado claro que quería follarme, sin condiciones.
Sus palabras me atravesaron, y retrocedí un poco.
¿Había follado con alguien esta noche?
—Teagan, lo único que me importaba esta noche era olvidarlo todo: mis celos
irrazonables por ti, la recaída de mi padre y la culpa que me echo a mí mismo... todo. Así
que me acerqué al piso de esa chica... con la esperanza de... olvidar.
—No tienes que contarme el resto. Realmente…
—Sí, lo sé —dijo. Respiró profundamente—. Una cosa llevó a la otra. Esta chica
prácticamente me estaba atacando, arrancándome la ropa, clavándome las uñas, y en
vez de sentirme excitado, sentía lo contrario. Me sentía mal. Ni siquiera podía ponerme
duro. Fue casi la experiencia sexual más extraña de mi vida.
¿Casi?
—¿No te acostaste con ella?
Sacudió la cabeza.
—No. Sólo quería volver a casa. Y eso es lo que hice. Vi tu mensaje cuando venía
de regreso y decidí que, en lugar de responderte, necesitaba verte. Así que aquí estoy.
Extendí mi mano y pasé mis dedos por su sedoso cabello. Era la primera vez que
lo tocaba, y era aún más suave y grueso de lo que había imaginado. Ver cómo cambiaba
su respiración mientras lo hacía me dio una sensación de poder. Este simple
movimiento podría haber sido la cosa más descarada que había hecho en mi vida.
Caleb cerró los ojos y seguí masajeándole el cabello hasta que se quedó dormido
en mi cama. Y ahí es donde se quedó.
Caleb
L
a atmósfera entre Teagan y yo cambió definitivamente después de la noche
que pasé en su cama. Y no sabía muy bien cómo manejarlo.
No habíamos estado solos desde entonces, pero la única vez que ambos
estuvimos en la cena, Teagan me sorprendió mirándola fijamente. En lugar
de mirar a otro lado, mantuvo sus ojos en los míos y sonrió. Le devolví la sonrisa e
interiormente me maldije por ser tan condenadamente transparente. Había estado
fantaseando con el sabor de sus labios durante toda la comida.
Se había sentido bien dormir a su lado, aunque nunca habíamos hablado de ello.
A la mañana siguiente, todavía estaba durmiendo cuando me levanté de la cama.
Esta noche sería nuestra primera sesión de estudio desde entonces. Por mucho
que deseara repetirlo —acostarme a su lado otra vez— planeaba repetir mi mantra en
su lugar: protegerla era más importante que cualquier deseo egoísta que tuviera.
Buena suerte con eso.

Más tarde, todo parecía normal abajo en la habitación de Teagan, al menos al


principio. No se mencionó nuestra noche juntos, ni se discutió lo que significaba o si lo
haríamos de nuevo. En vez de eso, nos metimos de lleno en nuestros deberes. Escribí
algunas fórmulas matemáticas mientras Teagan estudiaba para su examen de fisiología.
En un momento dado, levanté la vista para echarle un vistazo. Y la encontré
mirándome. Debemos dejar de encontrarnos así, Teagan. Me pregunté cuánto tiempo
habían estado sus ojos sobre mí y no sobre su ordenador.
—¿Te sientes atraído por mí? —preguntó.
Lo dijo tan bajo, que apenas se notó.
¿Escuché bien? Tragué e intenté ganar algo de tiempo.
—¿Hmm?
Cerró los ojos, sacudiendo la cabeza.
—No importa. —Volvió a enterrar su rostro en su computadora, con las mejillas
enrojecidas.
Joder. ¿Cómo podría ignorar esa pregunta? Necesitaba admitir que la había oído
la primera vez.
—Me preguntaste si me sentía atraído por ti...
Levantó la cabeza.
—Así que sí me escuchaste.
—Sólo tomó un momento para procesarlo.
—O tenías que pensar en cómo decepcionarme fácilmente.
¿Está bromeando? No he podido concentrarme en nada más que en mi atracción
por ella últimamente.
—Joder, no, Teagan. Te equivocas.
Su cara se volvió aún más roja.
—Olvida que pregunté. Por favor. Fue un error.
Dejé mi cuaderno a un lado y me acerqué a su cama, sentado en el borde, pero lo
suficientemente lejos como para estar a salvo fuera de su alcance. Tenía las piernas
cruzadas y se lamía los labios nerviosamente. Mi pene se movió. Joder. Era una causa
perdida.
La verdad era peligrosa. Pero estaba cansado de negar las cosas. Había sido un
maldito trabajo durante demasiado tiempo.
—Seamos realistas por unos minutos —dije—. Te diré mis pensamientos y tú me
dirás los tuyos. Sé brutalmente honesta. ¿De acuerdo?
Le costaba respirar.
—Bien...
—Me siento extremadamente atraído por ti, Teagan —dije en voz baja—. Esa es
la verdad. —Dejé salir un aliento tembloroso—. No fue instantáneamente tan fuerte
como lo es ahora. Cuando nos conocimos, definitivamente te miré más platónicamente.
Pero algo cambió en el camino. Y ahora sueño constantemente con lo que sería estar
contigo.
Se lamió los labios de nuevo, y mi pene se endureció aún más.
—Pero sabes por qué no he hecho nada al respecto, ¿verdad? Sólo hay una razón,
y es que no quiero hacerte daño cuando me vaya.
—Lo entiendo. —Se movió en la cama—. Últimamente te he sorprendido
mirándome fijamente. Tampoco puedo evitar mirarte. Siempre he estado atraída por ti,
pero últimamente tampoco he podido dejar de pensar en cómo sería.
Agarré la hoja de papel con frustración. Ella había dejado clara su posición, pero
aún necesitaba confirmar exactamente lo que quería decir.
—¿Quieres decir que no puedes dejar de pensar en cómo sería estar conmigo...
sexualmente?
Se mordió el labio y asintió. Estaba a punto de perder el control.
Teagan parecía afligida.
—No me gusta sentirme así; muy fuera de control —dijo—. Siempre que estás
cerca de mí, mi cuerpo reacciona. A veces siento que voy a explotar si no me tocas. —
Cerró los ojos—. Oh, Dios mío. No puedo creer que haya dicho eso.
Mi corazón se aceleró, y me costó todo lo que tenía para no saltar y tomar sus
labios. Aun así, conseguí la suficiente fuerza de voluntad para detenerme. Quería saber
algo que no podía entender sin preguntarle directamente.
—¿Puedo hacerte una pregunta personal? Y siéntete libre de decirme que me vaya
a la mierda.
—Sí... está bien.
—¿Has tenido sexo antes?
Ella asintió.
Por alguna razón, pensé que podría ser virgen. Ahora que sabía que no lo era, me
dio mucha curiosidad por las circunstancias.
—Sólo una vez —aclaró—. Tuve sexo en la noche de mi baile de graduación.
Básicamente había planeado perder mi virginidad para terminar con esto. Fue una
estupidez, y ni siquiera... lo disfruté.
Disfrutar.
—No llegaste...
Sacudió la cabeza.
—No. Me dolió. Y fue rápido y terminó antes de que me diera cuenta. Básicamente
me rompió el himen, y eso fue todo.
Su terminología me hizo reír.
—¿Tenía nombre el rompedor de himen?
—Zach.
—Zach está loco. Un tonto de segunda clase.
Se rio.
—No estoy segura de que haya contado de verdad.
—No lo hizo —insistí.
—¿Con cuántas chicas te has acostado?
Soplando un aliento exasperado, cerré los ojos, tratando genuinamente de
recordar.
—No te rías. Pero esta es mi mejor estimación.
—Bien...
—Quince.
Sus ojos se abrieron.
—Vaya.
—Aproximadamente dos por año desde el instituto. Algunas eran novias. Aunque
la mayoría eran sólo relaciones de una noche. Y usé un condón cada vez, incluso con mis
novias, porque no confío en nadie.
—Es bueno saberlo. —Ella sonrió—. Supongo que tengo que ponerme al día.
—No, no, no, no, no lo haces. —La idea de que ella "se pusiera al día" me
enfermó—. Pero tengo curiosidad por saber por qué nunca hubo nadie más después de
la ruptura del himen.
Teagan se quedó mirando.
—He tenido la tendencia de elegir a una persona por la que sé que no perderé la
cabeza. Eso asegura que nunca me haga daño de verdad. Pero a su vez, nadie me atrae
lo suficiente como para acostarme con él. Es un resultado jodido de mi pasado, de no
querer ser como mi madre, o peor, terminar herida como mi padre. He jodido todas las
relaciones medio normales que he tenido porque no me sentía atraída por la persona.
Y siempre he evitado a la gente que me atrae sexualmente. —Parpadeó unas cuantas
veces—. Chicos como tú.
Mierda. Traté aligerar el tema, aunque me estaba volviendo loco por dentro.
—Hago que sea difícil evitarme.
—Esa es la diferencia. No quiero evitarte. Me haces sentir segura, Caleb; como si
pudiera dejarme llevar contigo, como si no me juzgaras si me arriesgara y lo arruinara
todo. —Teagan movió los ojos hacia el techo—. No puedo creer que esté admitiendo
todo esto.
Sus secretos eran como una droga. Me había dado algo, y quería más. Necesitaba
más.
Mi voz era áspera.
—No tengas miedo de decirme lo que estás pensando. Quiero saberlo todo,
aunque no pueda hacer nada al respecto. —Me incliné más cerca de ella en la cama—.
Me encanta cuando te abres a mí, me dices cosas que no le dices a nadie más. Nos hemos
contado algunos secretos importantes. Y creo que nuestra mutua atracción puede ser
el mayor secreto que nos hemos guardado.
Ella asintió.
—Me estoy volviendo un poco loca cuando se trata de ti, Caleb. Esa es la verdad.
Me haces sentir todas las cosas que intento no sentir. Cosas emocionales. Cosas
sexuales. Es que siento tanto. Eso es algo que siempre he trabajado duro para evitar.
Dejé que mis pensamientos se me escaparan.
—Yo también lo siento, Teagan. Cada maldita cosa.
—¿Y ahora qué? —preguntó—. ¿Qué hacemos con esto?
Esa es la cuestión.
—No lo sé.
La tristeza recorrió su rostro y miró hacia otro lado.
—Mírame —insistí—. Déjame explicarte. —Hice una pausa—. Contigo... es mucho
más que una atracción sexual. Te admiro y tengo tanto jodido respeto por ti. Sé lo raro
que es que te abras a alguien, que le des tu corazón. No puedo imaginarme dejar que me
des ninguna parte de ti porque me voy en unos meses, ni tu corazón o tu cuerpo. No es
justo. Así que he sentido que necesitaba resistir lo que está pasando entre nosotros con
todas mis fuerzas. —Mi control se estaba escapando—. La cosa es que no sé si eso es
realista. Porque tan rápido como pasan tres meses, es también una eternidad cuando
cada segundo en el que no puedo besarte se siente como una tortura.
Su pecho se elevó y cayó. Lo siguiente que supe, es que se había inclinado y sus
labios estaban en los míos, labios húmedos, gordos y hermosos que sabían más dulce
que el azúcar, labios con los que había fantaseado durante tanto tiempo. Y ahora sus
manos estaban atravesando mi cabello.
Gruñendo dentro de su boca, me solté, inhalando cada pedazo de su sabor, sin
importarme nada más que este momento. Por otra parte, me habría dicho cualquier
cosa para poder continuar. Mientras no te la folles, Caleb, todo estará bien. ¿Qué daño
hará besarla? Besar nunca ha matado a nadie. ¿Qué peligro hay en tocarla, en probarla?
Me estaba mintiendo a mí mismo, pero no me importaba una mierda ahora mismo. Ni
un poquito, ahora que sabía lo que se sentía.
Empujando mi lengua más profundamente en su boca, no podía tener suficiente.
Necesitaba probar cada centímetro de ella. Ese pensamiento me hizo preocupar que su
familia pudiera entrar aquí. Pero eso no fue razón suficiente para echarme atrás.
Pasando mis manos por su cabello, me di cuenta de primera mano de cuánto tenía.
Quería enterrar mi cara en él. Quería enterrar mi cara en muchos lugares ahora mismo.
Cada vez que disminuía el ritmo de nuestro beso, Teagan gemía y lo aceleraba, como si
me dijera que era mejor no parar. Así que la besaba más rápido y empujaba mi lengua
con más fuerza. Hice con mi boca lo que deseaba hacer con mi cuerpo. Esto tendría que
ser el límite.
Tan pronto como tuve ese pensamiento, me encontré encima de ella, sujetándola
debajo de mí mientras nuestro beso se hacía más profundo, más intenso. Mi pene estaba
tan duro que parecía que se iba a partir por la mitad. Los gemidos de placer de Teagan
me estaban haciendo perder la cabeza.
Entonces su pierna golpeó accidentalmente la mesa del fondo. El ruido me asustó
muchísimo, porque por un segundo, pensé que alguien había entrado. Eso fue suficiente
para obligarme a cerrar la puerta. No estoy seguro de cómo explicaríamos que la puerta
se cerrara con llave si alguien bajara, pero era mejor que ser atrapado.
Cuando volví a la cama, mi pene se clavó directamente en mis pantalones grises,
aún más duro que una jodida roca. Los ojos de Teagan se fijaron firmemente en mi
entrepierna, y eso ciertamente no ayudaba a la situación. Fuera lo que fuera que
estuviéramos haciendo, estaba decidido a mantener mi pene en mis pantalones: donde
pertenecía hasta que volviera a Inglaterra.
Teagan jadeaba, parecía hambrienta de mí. Por mucho que quisiera seguir
devorando sus labios, o pasar a otras cosas, esa casi pérdida fue una llamada de
atención. ¿Y si hubiera sido Maura? Ella y su marido habían sido tan buenos conmigo,
abriendo su casa y haciéndome sentir como parte de su familia. ¿Y así era como les daba
las gracias? ¿Jugando con su hija? Necesitaba dar un paso atrás.
Volví a la cama, recostado contra el cabecero antes de volverme hacia ella.
—Hemos cruzado una línea peligrosa.
La expresión de Teagan sangraba decepción.
—Soy una chica grande. Puedo manejarlo.
Pasando mis manos por mi cabello, dije
—Sí. Bueno, no estoy seguro de poder hacerlo.
Sus ojos se llenaron de confusión.
—¿Qué estás diciendo?
—Sólo que tenemos que ser cuidadosos. —Me tiré del cabello—. Ni siquiera sé lo
que eso significa. No quiero arruinarlo todo llevando las cosas demasiado lejos.
Parecía que iba a llorar. Estaba haciendo un trabajo horrible explicando esto.
—Teagan, eres la mejor jodida amiga que he tenido. Nunca te lo he dicho, pero
ahora lo sabes. Y está a punto de haber un océano entre nosotros. No puedo complicarte
la vida y luego irme. No te haré eso. Significas mucho para mí.
Esa fue la declaración más ridícula que jamás he pronunciado, porque esto ya era
complicado.
Su cara se arrugó por el tormento.
—¿Qué hacemos con el tiempo que nos queda?
—No lo sé. Estoy muy confundido. Sólo tenemos que ser cuidadosos.
—¿Qué significa eso? —repitió.
Joder si lo sé.
—Tal vez estudiar arriba en vez de aquí abajo —dije, aunque me mató. Nuestras
sesiones de estudio eran mi parte favorita de la semana.
Incluso mientras lo decía, mi mano se acercó para tocar su cabello. Pasé mis
manos por los mechones mientras ella cerraba los ojos. Me recordó lo que había hecho
la noche que dormí en su cama. Me quedé dormido mientras me masajeaba el cabello.
Quería tirar de ella hacia mí y reclamar su boca de nuevo, pero en vez de eso me
incliné y le di un solo beso en la frente antes de forzarme a salir de su cama. Puede que
fuera la decisión más madura que jamás haya tomado.
—Debería ir arriba.
No me miró cuando dijo:
—Está bien.
Teagan parecía completamente destruida, y no había nadie a quien culpar por eso,
excepto a mí. La besé, la animé y le dije que no había ninguna oportunidad para
nosotros.
Buen trabajo, imbécil.
Teagan
S
upuse que lo único bueno de evitar estar a solas con Caleb era que nos
propusimos pasar más tiempo juntos fuera de la casa. Se reunía conmigo en
el Acuario después de mis pasantías y caminábamos por el centro, mirando
las tiendas o buscando algo para comer.
En cuanto a nuestras sesiones de estudio, las trasladábamos arriba, a la sala de
estar, un espacio que nadie usaba porque no había televisión. Finalmente tenía un uso,
evitar el sexo.
Caleb también había estado haciendo horas extras en el restaurante. No dijo por
qué, pero sospechaba que era para enviar dinero a su madre. Sabía que sentía que
necesitaba ayudar con los gastos de rehabilitación de su padre. Por lo que me dijo, su
madre había tenido problemas para convencer a su padre para que buscara ayuda esta
vez, así que aún no había entrado en el programa.
Un sábado por la tarde pensé que Caleb estaba en el trabajo, pero en vez de eso
vino a buscarme abajo. Se quedó en el espacio seguro de la puerta mientras preguntaba:
—¿Tienes algún interés en ir a Harvard Square esta tarde? Tengo el día libre.
Archie y Angela quieren reunirse allí.
No tuve que pensar en ello. Con los días que faltan para la partida de Caleb
disminuyendo, aprovecharía cualquier oportunidad para pasar el rato con él,
especialmente fuera de la casa donde las cosas eran "seguras".
—Sí. Eso suena genial. No he estado allí en un tiempo.
—Genial. ¿Vamos a las tres, entonces?
—Suena bien.
Una emoción vertiginosa me invadió cuando supe que pasaría tiempo con él.
Aunque habíamos hablado de establecer un límite claro entre nosotros, salir juntos
siempre parecía como una cita, sin el contacto físico.
Sin embargo, últimamente me encontré siendo muy pasivo-agresiva. Llevaba ropa
que se pegaba a mi cuerpo, me ponía un poco de maquillaje en los ojos y me peinaba
para que mi cabello fuera largo y liso. Jugaba con mi sexualidad, porque por mucho que
supiera que se iba, todavía quería que me deseara, y todavía tenía la esperanza de que
me besara de nuevo. Era una forma inmadura y egoísta de pensar, pero no podía
evitarlo. Estaba completamente enamorada. Estuve tentada de decirle que lo deseaba
de todas formas, incluso si se iba. ¿Me haría parecer vulgar admitir tal cosa? Tal vez me
engañaba pensando que sería capaz de sobrevivir al resultado de eso.
Los ojos de Caleb se abrieron de par en par cuando entró en el vestíbulo donde yo
estaba esperando a las tres de la tarde.
—Estás realmente hermosa —dijo.
Escalofríos corrieron por mi columna vertebral.
—Gracias.
Su mirada calurosa bajó por mi cuerpo, luego volvió a subir y se quedó en mis ojos.
—¿Nos vamos?
—Sí.
Incluso caminar junto a él hacía que mi cuerpo reaccionara. Durante todo el
camino hasta el tranvía tuve la necesidad de agarrar su mano. Pero no lo hice.
Independientemente de cómo me sintiera, nunca volvería a hacer el primer
movimiento. Después de todo, fui yo quien lo besó esa noche. Técnicamente, él nunca
había iniciado nada.
Hacía más frío de lo que esperaba. Se preveía que las temperaturas fueran más
cálidas, pero no tanto como para estar sin chaqueta. No me había puesto una porque no
quería arruinar el aspecto que tanto me había costado conseguir, el aspecto que
estúpidamente esperaba que hiciera que Caleb perdiera el control. Mientras
esperábamos en la plataforma del tranvía, se quitó la sudadera y la colocó alrededor de
mis hombros.
—No tienes que hacer eso.
—Estás temblando. Claro que sí.
—Pero ahora tú también tendrás frío.
—Compraré algo en uno de esos puestos en Cambridge. Tal vez una sudadera que
diga Harvard para que la gente piense que soy de la Ivy League.
¿Debería decírselo?
—Entré en Harvard.
Sacudió la cabeza con una sonrisa.
—Eso no me sorprende ni un poco. Eres un genio. ¿Por qué no fuiste?
—El programa de biología marina en Northern era más adecuado para mí.
Además, no recibí ninguna ayuda financiera y habría tenido que vivir allí. Era
demasiado caro. Al final, tomé la decisión más práctica.
—Todavía es muy impresionante poder decir que has entrado. —Tiró de los
cordones de la sudadera con capucha que yo llevaba ahora—. Una de las cosas que
admiro de ti es que sabes lo que quieres, y no tomas decisiones sólo porque parecen
correctas sobre el papel. Sigues tu instinto y tu pasión. Siempre has sabido que querías
ser bióloga marina, aunque no fuera una elección común. Envidio eso.
Sigues tu instinto. Sus palabras eran irónicas porque me recordaban a lo que sentía
por él. Se iba a ir, y no era el adecuado para mí en el papel, pero cada momento que
pasaba con él me sentía bien, a pesar de las probabilidades en nuestra contra.
—Ya verás lo que quieres hacer —le dije—. Mucha gente cambia de opinión
después de la universidad, y muchos terminan no usando sus títulos para la carrera que
eligieron.
Se rio.
—Siempre tienes una manera de hacerme sentir mejor cuando me siento como
un desastre. ¿Cómo lo haces?
Sacudí la cabeza.
—No eres un desastre. Antes de que vinieras yo apenas salía de mi habitación. Me
hiciste querer salir y vivir. Diría que eres una muy buena influencia.
—No puedo decir que me hayan llamado buena influencia antes. Normalmente es
lo contrario. —Me miró fijamente mucho tiempo—. Necesito más tiempo aquí —
susurró—. Pero si lo tuviera sólo sería más difícil irme.
Lo entendía con cada célula en mí.
El tranvía llegó, interrumpiendo nuestra conversación. No había asientos y estaba
bastante lleno, lo que tenía sentido ya que era un día soleado. Eso significaba que más
gente viajaría a la ciudad para disfrutar del buen tiempo.
Juntos en una esquina del vagón, recordé otra vez mi plan de comprar su colonia
después de que se fuera y rociarla en mis sábanas. En un momento dado el tranvía se
detuvo en seco, enviándome directamente contra su pecho. Me sostuvo allí un
momento, poniendo su mano firmemente en mi espalda, justo sobre la tira de mi sostén.
Esos segundos en sus brazos se sintieron increíbles. Levanté la mirada para mirarlo, y
él me miró a mí. La tensión sexual entre nosotros era particularmente fuerte hoy.
Por favor, bésame.
Pero no lo hizo.
Después de que me soltara, aunque el momento había pasado, el dolor de la
nostalgia permaneció en mi pecho.

Una vez que llegamos a Harvard Square, Caleb hizo lo que prometió, comprando
una sudadera de Harvard, aunque aparentemente no era para él, sino para mí.
—Tú eres la que debería llevar esto con orgullo. La chica que rechazó Harvard.
Genial.
Aunque apreciaba el gesto, no quería desprenderme de mi actual sudadera con
olor a Caleb. Pero cuando me la dio, me puse la nueva, blanca y burdeos, con el logo de
Harvard.
Me subió la cremallera, con sus largos y hermosos dedos rozando mi pecho como
si fueran descargas eléctricas.
—Te queda bien —dijo.
Nos encontramos con Archie y Angela en un restaurante chino en Harvard Square.
Sabía que Archie estaba llegando al final de su estancia de tres meses en Boston y, dado
mi interés en estos asuntos, tenía curiosidad por saber qué podría significar para ellos
su partida.
Archie y Caleb compartieron un tazón de Escorpión, y yo tomé una Coca-Cola.
Angela tomó un vaso de vino blanco.
Mientras esperábamos nuestra comida, finalmente reuní el valor para
preguntarle.
—Bueno, sé que Archie se va a ir pronto. ¿Qué van a hacer ustedes dos?
Angela se apartó su largo cabello negro y pareció encogerse de hombros.
—Haremos lo que se pueda. No sabemos si funcionará a larga distancia, pero me
gustaría intentarlo. —Miró a Caleb y me devolvió la mirada—. ¿Qué pasa con ustedes
dos?
Me sentí sonrojada.
—Oh... no estamos juntos. —Miré a Caleb con nerviosismo.
—¿Estás bromeando? —Se volvió hacia Archie—. Creí que habías dicho que
estaban saliendo.
—No, dije que Caleb la quería.
Juré que escuché un disco chirriando.
Ella hizo una mueca.
—Lo siento. Ustedes son muy lindos juntos. Y la forma en que se miran… asumí…
No estaba segura si era el alcohol que se le subió a la cabeza o qué, pero en lugar
de ignorar su comentario Caleb decidió abordarlo de frente.
—Tienes razón, Angela. No he ocultado mis sentimientos hacia Teagan. Cada
momento que estamos juntos me esfuerzo por no quererla. Pero tomé la decisión de no
hacer nada al respecto, porque me voy pronto. Es consciente de eso.
Estaba formulando mi respuesta cuando añadió:
—Pero muchos días, especialmente hoy, me provoca mandar todo a la mierda,
porque... —Se giró para encontrarse con mi mirada—. Bueno, mírala.
Mi cuerpo entero se llenó de calor mientras lo miraba a los ojos, deseándolo.
Ella suspiró.
—Vaya. Los sentimientos reprimidos son sexys. Apostaría porque pierdas la
batalla, Caleb.
Deslicé mi mano bajo la mesa y encontré la suya. Él entrelazó los dedos con los
míos y los apretó. Nos tomamos de la mano durante el resto del tiempo que estuvimos
en el restaurante.
No sabía si la admisión de Caleb cambiaba algo, pero, mientras caminábamos por
Harvard Square esa noche, estaba algo aturdida, y todavía pensaba en lo que había
dicho en el restaurante.
Eran casi las once cuando Caleb y yo tomamos el tren y nos trasladamos al tranvía
que nos llevaría a casa.
Había muchos asientos, pero Caleb eligió estar de pie en la esquina, así que me
quedé de pie frente a él en lugar de sentarme. Nos miramos más descaradamente que
de costumbre. Sus ojos parecían casi dolidos, mostrando el conflicto que se
arremolinaba en su mente.
—Tengo muchas ganas de besarte ahora mismo —susurró finalmente.
Agarré su camisa mientras nos balanceábamos por el movimiento del tren.
Mientras lo miraba, le rogué en silencio que cediera a su necesidad. Se inclinó y dejó
salir un aliento frustrado antes de tomar mi boca con la suya. Agarrándome a su camisa
para equilibrarme, sentí que mis piernas se debilitaban al sucumbir a sus labios.
Nuestras lenguas chocaron y nuestros cuerpos se presionaron. Sus manos se
encontraban enterradas en mi cabello, lo que probablemente fue lo único que evitó que
me desplomara como una pila de papilla en el suelo del vagón.
Sus manos dejaron mi cabello y se deslizaron por mi espalda, aterrizando en mi
trasero. Los músculos entre mis piernas palpitaron al sentir su erección presionada
contra mí a través de sus vaqueros. Nunca había estado más excitada en mi vida. Mis
bragas ya estaban mojadas. La forma en que movió la boca con su lengua me hizo
preguntarme qué más podía hacer con ella. Y eso sólo me puso más mojada.
—Me estás volviendo loco, Teagan —dijo contra mis labios.
Empujé mi boca contra la suya, deseosa de saborear aún más de él, si fuera posible.
El calor de su aliento, la sensación de su cuerpo contra el mío, era casi demasiado para
soportar.
Debió pasar media hora antes de que nos diéramos cuenta de que habíamos
perdido nuestra parada. Terminamos al final de la línea del tranvía justo cuando el
conductor anunció que era el último viaje de la noche. Así que ni siquiera podíamos
volver en sentido contrario.
—He llevado las cosas demasiado lejos en más de un sentido esta noche —dijo
Caleb con una risa.
Después de que nos bajáramos del tranvía, ni siquiera estaba segura de dónde
estábamos. Nos sentamos juntos en un banco cercano del parque y nos tomamos de la
mano, mirando las estrellas.
Maura me envió un mensaje para asegurarse de que estuviera bien, y le dije que
estaba a salvo con Caleb. No me preguntó nada más que eso.
Caleb se dio cuenta de que miraba mi teléfono.
—¿Era Maura?
—Sí. Le dije que estaba contigo y a salvo.
Sacudió la cabeza en el cielo nocturno.
—Me va a odiar.
—No es cierto. Te ama. —Yo también podría amarte.
Me moví para sentarme a horcajadas sobre él en el banco, y ajustó las piernas para
no presionarse contra mí. Pero todavía podía sentir lo duro que estaba entre mis
piernas.
Enterró su cara en mi cuello y me susurró contra la piel:
—Nunca me he sentido así por nadie, Teagan.
Sus palabras tocaron mi corazón.
—Yo tampoco. —Jadeé, besándole el cuello.
Me empujó un poco hacia atrás para poder mirarme.
—Estoy aterrorizado por estas próximas semanas. He intentado con todas mis
fuerzas no enamorarme de ti. Pero, cuanto más intento evitarlo, peor es.
Me alejé de él, optando por sentarme a su lado, y puse mi cabeza en su hombro.
—Extraño estar a solas contigo —dije—. Estudiar contigo en mi habitación, las
charlas nocturnas... todo porque evitas la posibilidad de que nos pasemos de la raya.
Pero mientras tanto estamos perdiendo valioso tiempo juntos antes de que te vayas. —
Me volví hacia él y puse mis manos alrededor de su cara, acercando sus ojos a los míos—
. No me voy a quebrar, sabes. Incluso si perdemos el control, estaré bien.
Puso sus manos sobre las mías, bajándolas hasta su regazo.
—¿Cómo puedes decir eso? ¿Realmente eres tan fuerte? Porque sé que yo no voy
a estar bien, Teagan.
Me sentí mal.
—En este punto, ya me va a aplastar cuando te vayas. Me he enamorado de ti
durante mucho tiempo, incluso cuando estabas con Verónica.
—¿Sí? —Sonrió, pareciendo un poco sorprendido.
—Sí.
—Nunca consideré quedarme por ella. Pero por ti, quiero quedarme para siempre.
Antes de que mi madre me contara la recaída de mi padre, fui a la escuela para ver si
había alguna forma de extender mi estancia. Pero me dijeron que no era posible, que el
programa sólo era para un año. Me confirmaron que tengo que volver.
—No sabía que hiciste eso.
—Bueno, aunque me hubieran dicho que podía quedarme, probablemente tendría
que volver ahora. No puedo dejar que mi madre se ocupe de eso sola. —Respiró
hondo—. Simplemente es un asco.
Apoyando mi cabeza en su hombro otra vez, dije:
—Sí, lo es.
—Quiero quedarme aquí. Por favor, entiéndelo.
—Lo sé —susurré.
—No quiero alejarme más de ti. Pero no podemos acostarnos. ¿De acuerdo? Tengo
que trazar una línea en algún lugar. Pero ya he terminado de evitarte. Quiero pasar todo
el tiempo libre que me queda contigo. Y quiero besarte cada vez que pueda.
Lo miré y sonreí.
—Es un trato.
Caímos en otro beso en ese banco del parque y nos quedamos allí por lo menos
una hora. Finalmente llamamos a un Uber para que nos llevara a casa.
No entendí completamente la diferencia que marcaría si tuviéramos sexo en este
momento. Mi corazón ya estaba tan metido que se estaba rompiendo. No importaba si
Caleb estaba físicamente dentro de mí. Ya estaba dentro de mi corazón y mi alma.
Caleb
C
ada día me sentía más apegado a Teagan y aun cuando estábamos pasando
cada momento que podíamos encontrar, besándonos y tocándonos, no me
había atrevido a aventurarme más abajo de la cintura. De todas formas,
había solo algunas cosas que podíamos hacer en su habitación con su
familia justo arriba. En consecuencia, mi pene estaba tan duro la mayor parte del tiempo
que estaba seguro de que iba a explotar súbitamente. Yo era la resistencia y me seguía
convenciendo de que estaba haciendo lo correcto, pero con cada momento que
pasábamos juntos, detenerse se sentía cada vez menos natural.
Había tomado más horas en el restaurante, pero hoy tenía libre una extraña noche
de viernes. Y realmente quería pasarla con Teagan.
Normalmente regresaba de su pasantía cerca de las cinco y media, en las noches
de viernes. Eran las cinco cuarenta y cinco, así que bajé hacia su habitación. Estaba
vacía, así que me acosté en su cama y la llamé por teléfono.
—Hola —respondió.
—¿Dónde estás?
—Tengo que quedarme tarde esta noche, hasta las siete. Sin embargo, me toca
ayudar a limpiar algunos de los tanques.
—Solo tú estarías emocionada por limpiar mierda de pez.
—Nunca dije que me emocionaba, pero me conoces muy bien.
—De hecho, lo hago. —Suspiré, imaginando la forma en que probablemente
estaba sonriendo en este momento—. ¿Entonces regresarás alrededor de las siete y
media? Extraño ver tu rostro.
—Sí, otro par de horas más o menos.
—Mierda. Está bien. Supongo que puedo esperarte en tu cama.
—¿Estás en mi habitación?
—Sí. Es como supe que no estabas aquí.
—No vayas a buscar en mis cajones o algo así.
—Bueno, ahora que lo has dicho, has provocado mi curiosidad. Por favor, dime
que tienes un vibrador o porno aquí por algún lugar.
—¿De qué otra manera crees que me encargo de mi constante frustración sexual
contenida? Tiene que ser liberada de alguna manera.
Cristo. No había estado hablando en serio, pero ahora podría caminar por todos
lados estando duro durante toda la noche.
—Tengo que irme —dijo ella.
—No puedes simplemente decir algo así y colgarme. —Me reí.
—Adiós, Caleb.

Inquieto y pensando en nada más que en Teagan masturbándose, no tuve ganas


de esperar a que regresaran a casa. Así que tomé el tren hacia el Acuario para
sorprenderla. Me imaginé que tal vez podríamos buscar algo para comer en el centro
después de su turno.
Cuando entré en el edificio, me sorprendió verla de pie en el mostrador de la
tienda de regalos. Un tipo que asumí era ese tipo Jacob que salió con ella una vez, estaba
inclinado hacia ella, acercándose demasiado para mi gusto.
Una descarga de adrenalina fluyó por mis venas, aunque solo estaba hablando con
él. En un destello vi el futuro donde no estaría cerca de Teagan, un futuro donde ella
saldría con otros tipos, se enamoraría y tendría mucho sexo, no conmigo. No podía
controlar nada de ello a un océano de distancia.
Ella todavía no me había visto. Tal vez simplemente debería darme le vuelta e irme
a casa. Pero eso no se sentía bien. Lo que sí se sentía bien era interrumpir.
—¿Ya saliste? —pregunté mientras mi acercaba.
Teagan se giró ante el sonido de mi voz.
—Caleb.
La sonrisa en su rostro quitó mucha de mi incomodidad. Parecía feliz de verme.
—Hola —dije, moviéndome para fulminar con la mirada a Jacob.
—Jacob, este es Caleb.
—Hola —dijo él, luciendo como si hubiera arruinado su desfile.
Tal vez sí lo había hecho. De cualquier forma, era un placer para mí.
—Hola —murmuré antes de girarme de nuevo hacia ella—. ¿Has terminado?
—Sí. Pude terminar temprano. Déjame ir por mis cosas.
Mientras esperaba, Jacob y yo nos dirigimos miradas asesinas. Eso avivó las
flamas de mis celos.
Cuando Teagan se reunió conmigo, tomé su mano y le mostré a Jacob una mirada
engreída antes de irnos. No fue mi momento más maduro, pero no estaba pensando
claramente.
Esperé hasta que estuvimos afuera para hacer lo que realmente quería hacer.
Llevé a Teagan contra la pared del edificio y devoré su boca, metiendo mi lengua no tan
gentilmente, más como posesivamente. Aunque ella no lo cuestionó. En cambio, abrió
sin vacilación y me dejó tenerla a mi manera. Jaló me cabello y gimió en mi boca. Y ahora,
finalmente, tenía lo que necesitaba para tranquilizar mis malditos nervios.
Después de unos minutos, me aparté de mala gana.
Ella cubrió su boca.
—¿Por qué fue eso?
Apreté mis dientes.
—Eso fui yo malditamente celoso.
—Sabes que no me gusta Jacob.
—Realmente no es él lo que me está molestando, más bien la idea de él, los chicos
futuros de los que no seré capaz de protegerte porque no estaré ahí. —Cerré mis ojos
en un intento por recuperar mi cordura—. Te mereces al mundo, Teagan. Alguien quien
aprecie cuán maravillosamente lista, divertida ocurrente y cariñosa eres. Algún día vas
a hacer feliz a alguien.
No había esperado decir eso y no me gustó el sabor amargo que esas palabras
dejaron en mí. No era natural decirlas, porque no quería que ella estuviera con alguien
más. La quería conmigo.
Sus ojos brillaron con lágrimas, haciendo eco exacto de lo que había estado
sintiendo por dentro.
—No quiero a nadie más. Te quiero a ti.
¿Qué se suponía que dijera ante eso? ¿Lo siento? ¿No puedes tenerme?
La deseaba con tantas ganas en este momento, de todas las formas posibles.
—Simplemente desearía que pudiéramos ir a algún lugar justo ahora —dijo ella.
Aparté un cabello de su rostro.
—¿Algún lugar?
—Algún lugar lejos de todos. Algún lugar donde podamos estar a solas.
Mi corazón latió más fuerte en el momento porque sabía que estaba listo para
darle lo que quería.
—Si estamos totalmente a solas, eso sería muy malo. Lo sabes, ¿cierto?
—Sí, lo sé —respondió inmediatamente.
La cruda hambre sexual en sus ojos muy seguramente igualaba a la mía. Algunas
veces trataba a Teagan como una chica inocente cuando era una gran mujer, al menos,
este momento parecía serlo. Me necesitaba tanto como la necesitaba yo a ella.
Jalándola gentilmente del cabello para llevarla hacia mí, gruñí por encima de sus
labios.
—Eso quieres, ¿cierto? Quieres que pierda el control.
Los sonidos de la ciudad se desvanecieron.
—Sí. Mucho. —Teagan temblaba.
Froté sus brazos con mis manos.
—Jesús. Estás temblando.
—Has estado tan asustado de tocarme, Caleb. Tengo miedo de nunca saber cómo
se siente estar contigo, de que siempre me lo preguntaré. Nos estamos quedando sin
tiempo y no puedo concentrarme en nada más. Siento que voy a enloquecer.
Tomando su rostro en mis manos, traje su boca hacia la mía de nuevo, mientras
mi corazón golpeteaba fuertemente contra mi pecho. Mientras nuestras lenguas se
encontraban, supe que finalmente había llegado a mi punto de quiebre. Por primera vez
desde que había desarrollado sentimientos por ella, dejarse ir se sentía como la única
opción.
Cuando liberé sus labios, tomé su mano.
—Ven.
—¿A dónde vamos?
—Ya lo verás —dije.
Me siguió por la calle, nuestro paso acelerado. Era solo una corta caminata hacia
el Hotel Marriott Long Wharf.
Cuando llegamos, pasé a través de las puertas giratorias en una confusión. Mi
corazón latía casi saliéndose de mi pecho mientras nos acercábamos a la recepción. Mis
oídos latían junto con él.
—¿Tiene una habitación disponible?
Ahora estaba en manos del destino. Si no tenían una habitación, eso sería una
señal del universo en cuanto a que todo esto era un error.
El encargado presionó algunas teclas.
—¿Solo una noche?
Golpe.
Golpe.
Golpe.
¿Eso era mi cabeza o mis oídos?
Aclaré mi garganta.
—Sí. Una noche.
—¿Una o dos camas?
Miré a Teagan.
—Una.
Cuando me sonrió, me tranquilicé un poco.
Él golpeteó en la computadora un poco más y luego levantó la mirada.
—Tarjeta e identificación, por favor.
Esto está sucediendo.
Apreté la mano de Teagan, todavía siendo incapaz de creer cuán imprudentes
estábamos siendo en este momento. ¿Qué es esta vida? En un minuto estaba recogiendo
a Teagan para tal vez una cena rápida o una película y en el siguiente estábamos a punto
de subir a una habitación de hotel y follar. Se sentía terriblemente incorrecto, pero
extrañamente correcto al mismo tiempo. Ya no había manera de retroceder en este
momento.
—Aquí tiene, señor. —Me entregó una tarjeta y me explicó cosas sobre la
contraseña del Wifi y otras cosas que entraron por una oreja y salieron por la otra.
¿Quién podría concentrarse en información irrelevante en un momento como este?
—Gracias —dije mientras nos alejamos.
La sangre vibraba en mi cuerpo. Pensarías que estaba a punto de realizar un
clavado desde la plataforma en la Olimpiadas.
Jesús. ¿Por qué estaba tan nervioso? Había tenido sexo muchas veces. Pero nunca
había importado de la forma en que ahora importaba. Nunca había importado en
absoluto.
Teagan me siguió hasta el elevador, que estaba vacío. Cuando las puertas se
cerraron y estuvimos a solas, susurré en su oreja:
—¿Estás segura de que quieres hacer esto?
Tan nervioso como estaba, en silencio rogué porque dijera que sí.
Me miró directo a los ojos.
—Estoy segura, Caleb.
Apreté su mano.
Bueno, parece que finalmente hemos perdido el control.
Pero al menos lo hemos perdido juntos.
Siempre llevaba dos condones en mi cartera. Nunca había tenido que utilizarlos
tan inesperadamente, pero le di gracias a Dios por tenerlos conmigo en este momento.
Cuando las puertas del elevador sonaron y se abrieron en nuestro piso, Teagan
tomó mi mano mientras recorríamos el pasillo. Un par de niños envueltos en toallas
pasaron junto a nosotros, regresando de la piscina. La alfombra naranja brillante con
diseños azules lucía casi psicodélica en mi neblina prolongada. Quizás el que todos mis
sentidos estuvieran magnificados ocasionaba una distorsión.
Presioné la llave contra la puerta y la empuje para abrirla. Teagan estaba tan
cerca, prácticamente pegada a mi espalda cuando entramos. La pesada puerta de hotel
se cerró de golpe detrás de nosotros. Entonces, todo pasó en una rápida sucesión.
Caímos juntos en la cama, un caos de hormonas desviándose por todos lados.
Nunca había estado tan excitado en mi vida, estaba tan duro que pensé que podría
explotar en mis vaqueros.
—Haz lo que quieras conmigo... —dijo sobre mis labios—. Solo no te detengas.
La cruda necesidad en su voz me llevo incluso más profundo en un frenesí. Teagan
estaba sobre mí mientras trabajaba para pasar su camiseta por encima de su cabeza, no
siendo algo fácil cuando dos personas se niegan a romper su beso incluso por un
milisegundo. Mi lengua estaba tan profundamente en su garganta, que esperé no estarla
asfixiando.
Teagan estaba moviendo su coño encima de mi polla con tanta fuerza que me
preocupé de venirme simplemente por la fricción. Necesitaba estar dentro de ella antes
de que eso sucediera.
Quitándome mi camiseta, no quería nada más que sentir a sus hermosos pechos
presionados contra mi piel desnuda. Sus ojos cayeron hacia mi torso y me encantó la
forma en que me miró, como si quisiera devorarme.
Desabrochando su sostén, lo lancé hacia el otro lado de la habitación. Luego
desabotoné sus pantalones. Utilicé mis pies para deslizarlos hacia abajo antes de
arrancarle las bragas. Estaban empapadas.
—Estás tan mojada —dije con voz áspera—. No puedo esperar para sentir ese
hermoso coño alrededor de mi pene.
Necesitaba ponerme el condón antes de estar tentado a deslizarme dentro de ella
sin nada.
Estirándome hacia mi bolsillo trasero, saqué los empaques de condones antes de
abrir mi cinturón y lanzarlo hacia un lado. Me quité los pantalones y bajé mi ropa
interior. Mi pene rebotó hacia adelante y lo próximo que supe fue que pude sentir su
mojado coño sobre mi pulsante falo. Abrí el empaque del condón con mis dientes.
Comencé a rodarlo sobre mi pene, pero Teagan terminó el trabajo, deslizando sus
pequeños dedos por mi eje. Era irreal sentirla tocándome.
—Te necesito, Teagan.
—Por favor. —Jadeó antes de montarse a horcajadas sobre mí.
A alguien le gusta estar arriba.
En segundos, me empujé profundo dentro de ella, su coño estaba caliente y
húmedo, acogedor. Se inclinó para besarme y permanecimos pegados de la boca
mientras comenzábamos a follar. No había querido ser tan agresivo, pero no podía
controlar mi paso cuando se sentía tan bien. Y a ella no pareció importarle.
Alguien despiérteme de este sueño donde Teagan está sobre mí mientras estoy
metido hasta el fondo dentro de ella. Luego ella rompió el beso, moviéndose a una
posición más enderezada. Comenzó a montarme. Teagan está montándome. Me
montaba como si no hubiera un mañana mientras sus hermosos y redondos pechos
rebotaban. Podría haber muerto en este momento y hubiera estado perfectamente bien.
Estaba completamente desinhibida, lo contrario a lo que había esperado basado
en su falta de experiencia. Levanté mi mirada hacia ella mientras empujaba sus caderas
y fue casi imposible evitar venirme. Por algún milagro, fui capaz de controlarlo.
—Eres tan hermosa —murmuré, mirándola con asombro. Me malditamente
encantaba que ella estuviera a cargo. De hecho, probablemente, era lo mejor que podía
haberme sucedido.
No, definitivamente era lo mejor que me había sucedido en la vida.
Aceleró sus movimientos y casi lo perdí.
—Mierda, Teagan. Tranquila, nena.
Mis manos fueron a cada costado de ella, intentando ralentizar el paso así no me
vendría antes que ella. Luego sucedió lo más increíble. Los ojos de Teagan comenzaron
a ponerse en blanco casi al mismo tiempo en que pude sentir a los músculos entre sus
piernas apretarse alrededor de mi pene. Pude sentir su orgasmo en mí. Fue tan intenso
que no hubo duda de lo que estaba sucediendo. Y simultáneamente me dejé ir,
corriéndome tan fuerte en el condón que me pregunté si sería capaz de albergarlo todo.
Cuando Teagan colapsó sobre mí, su respiración era errática. Ambos estábamos
completamente sin aliento.
—No puedo creer que eso acabe de suceder —dijo contra mi cuello.
La jalé contra mí.
—Te ves tan malditamente hermosa cuando te vienes, Teagan.
—Nunca me había venido así. Se sintió maravilloso.
Escuchar eso me emocionaba absolutamente.
Apreté su trasero con forma de manzana de manera posesiva.
—Para alguien que evitaba el sexo, definitivamente parece que sabes lo que estás
haciendo, amor.
—Eres la primera persona que alguna vez me hecho desear dejarme ir de esa
manera.
Acuné su rostro.
—Gracias por confiar en mí lo suficiente para dejarte ir.
Después de salir de ella cuidadosamente, me levanté para descartar el condón. Me
tomé un momento para contemplar a su hermoso cuerpo desnudo extendido en la
manta mientras me esperaba a que regresara. Su largo cabello prácticamente cubría la
mitad de ella. Lucía como una obra de arte exhibida en el museo más fino:
hermosamente curvilínea y elegante.
—Eres asombrosamente hermosa desnuda.
Sus ojos vagaron por mi cuerpo, haciendo inmediatamente me pusiera duro de
nuevo.
—Eres tan sexy, Caleb. Siempre te he deseado. He soñado con ese cuerpo. Me
siento tan intoxicada en este momento.
Y con eso, mi pene estuvo oficialmente listo otra vez.
Me arrastré sobre ella y besé sus labios.
—¿Ahora qué? Dime lo que deseas.
—Te deseo a ti de nuevo —dijo, sonrojándose.
—Esta vez te quiero debajo de mí. —Sobre mis cuatro extremidades, la fijé debajo
de mí mientras acomodaba mi erección.
Follamos varias veces más en esa habitación de hotel. En un punto tuve que bajar
rápidamente al escritorio del conserje, que por fortuna vendía condones. Ordenamos
servicio a la habitación y hablamos toda la noche: sobre nuestros miedos y sueños,
mezclado con un poco de tonterías. Siempre me había sentido cercano a Teagan, pero
ahora se había infiltrado en mi alma de una forma que era irreversible.
Teagan
E
ra el peor momento posible para que me enviara un mensaje.

Caleb: Quiero comerte el coño otra vez.


Caleb: Quiero comerte el coño otra vez.
Caleb: Quiero comerte el coño otra vez.

Los mensajes no dejaban de llegar. ¿La parte horrible? Estaba en la iglesia con mis
padres y Shelley. Era Pascua, la única vez que iba con ellos. El teléfono de Caleb hacía
eso de enviar el mismo mensaje una y otra vez, aunque solo lo había enviado una vez.
Gracias a Dios que protegí la pantalla cuando lo comprobé la primera vez. Dada la
posición en la que estaba, sentí que debería haber ardido en llamas o algo así.
Después de nuestra noche en el hotel de la ciudad, Caleb y yo habíamos
continuado teniendo sexo, aunque más tranquilamente por la necesidad de
escabullirnos en mi habitación. Ya habían pasado un par de semanas. Ambos habíamos
decidido que era mejor disfrutar del tiempo que nos quedaba, en lugar de alejarnos el
uno del otro a la fuerza. Y éramos adictos. Sabía que las posibilidades de salir herida
eran mucho mayores de esta forma, pero lo disfrutaba demasiado como para detenerlo.
Disfrutábamos el uno del otro. Era lo más feliz que había sido en mi vida.
Caleb se colaba en mi habitación casi todas las noches y volvía a su habitación
antes de que alguien se despertara por la mañana. Había una posibilidad de que nos
atraparan, pero no estaba segura de que a mis padres les importara que conocieran a
Caleb mejor que a alguien que no conocían y en quien no confiaban. No es que no tuviera
sexo si viviera en los dormitorios.
Pero esto era mucho más que sexo.
Caleb se salió lentamente de mí.
En el momento en que ya no lo sentí, una frialdad me invadió. De repente sentí las
últimas dos semanas estrellándose contra nosotros mientras estábamos en mi cama esa
noche.
Debió ver que salía de mi neblina. Me empujó hacia él y me susurró en los labios.
—Háblame, Teagan.
Mirándolo a los ojos, negué con la cabeza.
—Es solo que... no sé qué estamos haciendo.
Asintió, como si esto no le sorprendiera.
—Estás empezando a arrepentirte.
—Arrepentimiento no es la palabra correcta.
Caleb negó con la cabeza.
—Sabía que esto pasaría. No era suficiente para impedir que estuviéramos juntos,
pero sabía que la realidad se establecería. Era inevitable.
—Te queda poco más de un mes. Pensé que podría hacer esto contigo hasta el
final, pero siento que me estoy metiendo demasiado. Podría ser el momento de parar.
Parecía dolido.
—No quiero dejarte, Teagan. Espero que te des cuenta de eso.
—Sé que no lo haces. —Consideré una última propuesta que sabía que me
arrepentiría. Salió antes de que pudiera cambiar de opinión sobre la propuesta—.
Todavía no hay forma de que te puedas quedar, ¿verdad?
Caleb enterró su rostro en el pliegue de mi cuello y habló sobre mi piel.
—Quiero... tanto... sólo me preocupo por mi madre. Supongo que podría dejarlo y
encontrar la manera de conseguir un visado de trabajo o algo así... o tal vez intentar
inscribirme en otro programa en otro lugar. No estoy completamente seguro de poder
hacerlo, o de que pueda hacerlo a tiempo.
El hecho de que incluso considerara quedarse me llenó de lo que probablemente
era una falsa esperanza.
—¿Tenemos alguna otra opción?
—Debería tener la respuesta, pero no la tengo —dijo.
—No puedo imaginarme no volver a verte nunca más —lloré.
—A veces siento que necesito hacer algo drástico para no tener que separarnos,
pero... —Sus palabras se fueron apagando.
Mi corazón latía más rápido mientras continuaba su declaración por él.
—¿Pero?
—Cuanto más lo pienso, más inseguro estoy de que... estar conmigo sea la mejor
decisión para ti en este momento.
Mi estómago se llenó de terror.
—¿La decisión correcta para mí?
Puso su mano en mi lado y apretó.
—Eres tan joven, Teagan. Ambos lo somos. ¿Qué pasa si ponemos nuestras vidas
patas arriba para que el otro descubra que fue un error?
¿En qué estaba pensando?
Me arrepentí de proponerle que se quedara. Que Caleb no volviera a Inglaterra
era una fantasía. Tenía demasiadas responsabilidades en casa, y ambos necesitábamos
terminar la escuela. Eso siempre había estado claro para mí. Se había nublado por mis
sentimientos crecientes.
—Esto no tiene que ser el final para nosotros, Teagan. Necesitamos tomarlo un
día a la vez. Tal vez puedas hacer un viaje a Inglaterra, o puedo volver y visitarte.
¿Visitar?
La idea de verlo sólo para visitas cortas sonaba miserable. Ya era bastante difícil
cuando simplemente llegaba tarde a casa desde el restaurante. En el fondo sabía que
nunca podría manejar una relación a larga distancia. No quería poner esa carga en
ninguno de los dos. Esto simplemente apestaba.
—Si dos personas están destinadas a hacerlo, encontrarán la manera de estar
juntos —dijo—. Incluso si no es inmediatamente. Pero no creo que sea prudente para
ninguno de los dos hacer ninguna promesa.
Sentí que se me rompía el corazón. No parecía confiado en que alguna vez
saldríamos adelante. Sabía que tenía que tomar una decisión madura antes de que me
hicieran daño.
—Tal vez necesitamos bajar el tono de esto ahora, entonces.
Tragó.
—¿Quieres decir que dejemos de dormir juntos?
—Todo.
Mientras parecía decepcionado, Caleb asintió.
—Si crees que eso es lo mejor.
—No es lo que quiero, Caleb. Pero estamos llegando a la línea ahora. Si sabes que
no hay ninguna posibilidad de que te quedes, deberíamos empezar a destetarnos el uno
del otro.
—Mierda. —Giró para mirar al techo—. Eso suena doloroso. Pero lo entiendo. No
quiero hacerte daño nunca, y me temo que ya lo he hecho. Así que, si puedo evitar hacer
más daño, eso es lo que necesito hacer.
Giré su rostro hacia el mío.
—No quiero que pienses que me arrepentiré de haber vivido todo eso contigo. No
lo haré en absoluto. Me habría perseguido si no tuviéramos este tiempo juntos.
—Necesitaba escuchar eso. —Se inclinó para besarme la nuca—. Este último mes
va a ser difícil.
—Vamos a tomarlo día a día, ¿de acuerdo? Intentemos superarlo sin lastimarnos
mutuamente.
Su voz era tensa.
—No quiero hacerte daño nunca.
Forcé una sonrisa patética.
—Lo sé.
La ceja de Caleb se levantó.
—Supongo que esto significa que voy a subir a mi habitación.
Asentí con tristeza.
—Sí. Creo que es mejor que lo hagas.
Caleb robó un último y casto beso antes de levantarse de la cama. A pesar de que
mi corazón estaba roto, sabía que esto era lo correcto.
Después de que se fue, no pude dormir.
Estaba devastada.

Maura me encontró en la cocina después de que subiera a desayunar a la mañana


siguiente.
—¿Tienes un segundo?
Abriendo la nevera, dije:
—Claro. ¿Qué pasa?
—Estaba pensando en planear algo para la despedida de Caleb. ¿Tal vez una fiesta
o una cena fuera? ¿Qué te parece?
Hice una pausa en mi camino hacia el cartón de leche. Algo acerca de la palabra
despedida me golpeó fuerte. Sabía que se marchaba, por supuesto, pero al oír esa
palabra me hizo estallar en lágrimas.
Sólo desearía que no hubiera ocurrido delante de Maura. Ella ya estaba encima de
mí, y ahora no se podía negar lo que estaba pasando.
Me limpié los ojos.
—Lo que sea.
—Teagan, sé que has estado durmiendo con él.
Cerré los ojos y continué limpiándome el rostro.
—Le he escuchado subir de tu habitación por la mañana temprano cuando cree
que estamos durmiendo.
No estoy segura de por qué sentía que tenía que ser sincera de repente. Tal vez
porque no tenía sentido negar algo tan obvio. Pero también necesitaba decírselo a
alguien.
—No vamos a... hacer eso nunca más. Decidimos parar, para que ninguno de los
dos salga herido más de lo necesario cuando se vaya.
—Se preocupan el uno por el otro. —Sonrió con simpatía—. Siempre lo he sabido.
—Sí me preocupo por él. Mucho. Pero estamos tratando de ser maduros. Tiene
que volver a Inglaterra. Ese es el final de la historia.
Se sentó e hizo un gesto hacia la silla que tenía delante. Por mucho que no quisiera,
me senté.
—Sé que no quiere regresar —dijo.
—No quiere, pero eso no va a cambiar nada. Tiene que hacerlo. Las cosas no están
bien en casa. Su madre lo necesita, y él tiene razones para sentirse responsable.
De ninguna manera iba a violar la confianza de Caleb contándole su vida familiar.
Pero quería que lo entendiera.
—Siempre sospeché que había algo en su casa que no estaba bien.
—De todos modos, no quiero arruinar tu idea de una fiesta de despedida. Es sólo
que no sé si puedo manejarlo.
Ella miró fijamente a la mesa.
—Tal vez papá y yo lo llevemos a una buena cena. De esa manera puede ser de
bajo perfil, y tú puedes decidir si quieres venir. Sin una gran fiesta de despedida.
Estaba esa palabra otra vez. Despedida. Corta como un cuchillo.
Asentí, pero dudaba que pudiera asistir a cualquier evento que celebrara su
partida.
—Ya sabes... —dijo—. Cuando tenía tu edad, antes de conocer a tu padre, tuve un
novio que tuvo que mudarse al extranjero por un trabajo. Se llamaba Alvin.
—Nombre interesante.
—Sí. También era un tipo interesante. —Sonrió—. De todas formas, intentamos
que funcionara, pero al final se hizo demasiado difícil. Fue difícil perderlo. Recuerdo
que sentí que había elegido el trabajo en vez de a mí, y al final ese resentimiento fue lo
que nos hizo entrar en razón. —Suspiró—. Fue mi primer amor, así que puedo
relacionarme con lo que debes estar sintiendo.
Quería irritarme con Maura ahora mismo por entrometerse, pero sus palabras
tuvieron un efecto calmante. Su relación con este tipo había terminado, y
eventualmente conoció a mi padre, del que sabía que estaba locamente enamorada. No
tiene por qué ser el fin del mundo cuando una relación termina.
—Gracias por compartir eso conmigo.
Aun así, me negué a abrirme más. Mis sentimientos eran tan crudos. Me había
enamorado de Caleb y no podía evitar sentir que su partida era un abandono, aunque
eso no era justo y lo sabía.

Caleb: Este acuerdo de mantenerse alejado es jodidamente duro. (Y yo


también).

Caleb y yo habíamos estado haciendo un gran trabajo distanciándonos el uno del


otro. Así que no estaba segura de cómo responder a su mensaje sin decirle lo triste que
estaba. Elegí no responder en absoluto.
Entonces volvió a enviar un mensaje de texto.

Caleb: Jodidamente te extraño, Teagan. Ni siquiera respondas, ¿de acuerdo?


Sé que esto no está ayudando. Pero me siento muy débil ahora mismo, porque estoy
arriba y no puedo verte, tocarte, besarte, estar dentro de ti. Así que como no puedo
hacer esas cosas, aquí estoy enviándote un mensaje de texto. Lo cual ODIO. Porque
no puedo dejar de pensar en ti. Si le quitas algo a nuestro tiempo juntos, quiero que
sepas esto: Tú, Teagan Carroll, eres la persona más inteligente, divertida y única
que he conocido. Las semanas en las que dejamos ir nuestros miedos y nos
permitimos experimentar al otro al máximo fueron las mejores semanas de mi
vida. Quiero que sepas lo mucho que significa que te entregues a mí. Siento tener
que irme. No tienes ni idea de cuánto.

Su mensaje me dolió el corazón. Porque por muy hermosas que fueran sus
palabras, no cambiaron el hecho de que se fuera. Cuantos más minutos pasaban, más
antinatural era no devolverle sus sentimientos, así que cedí.
Dejé ir todo. Las compuertas se abrieron.
Teagan: ¿Esta es la parte en la que me enojo contigo por escribir tus
sentimientos en vez de hablarme cuando estoy abajo? ¿No me dijiste que nunca
hiciera eso? (Bromeo). Me alegro de que no hayas bajado aquí, porque no sería
capaz de controlarme. Y sabemos cómo habría terminado eso. No sé qué decir a tus
amables palabras, excepto que el placer de conocerte y experimentar estar contigo
fue todo mío. No me arrepiento de nada, Caleb. De nada.

Unos minutos después, envió un mensaje más.

Caleb: <3 <3 <3


Caleb
M
is últimos días pasaron en un borrón. Demasiado rápido. Con sólo tres
noches más, se suponía que los Carroll me llevarían a cenar. Sabía que
Teagan trabajaba hasta tarde en el Acuario y no planeaba unirse a
nosotros. Y me pareció bien. O al menos me dije que lo estaba. Porque sabía
que sería difícil para ella.
Una hora antes de que saliéramos para el restaurante, Maura me atrapó mirando
fijamente por la ventana del salón.
Se acercó por detrás de mí.
—¿Cómo lo llevas?
Me di la vuelta y forcé una sonrisa, seguro que podía ver a través de mí. Entonces
admití la verdad.
—Nada bien.
Maura puso su mano en mi brazo.
—Lo siento. Lo sé. Tu partida va a ser difícil para todos nosotros. Realmente me
gustaría que hubiera una manera de que pudieras quedarte.
Lorne había corrido a la tienda con Shelley, y siempre había estado tentado de
abrirme a Maura sobre mi pasado. Parecía que estábamos solos en casa en ese
momento, así que quizás ahora era un buen momento para hacerlo. Probablemente
sería mi última oportunidad.
Preparándome para las emociones que sabía que vendrían, dije:
—No hablo de ello muy a menudo, y asumo que Teagan nunca te dijo cómo murió
mi hermana.
—No —respondió, su rostro amable—. Nunca diría nada si le dijeras que no lo
mencionara. Es muy protectora contigo.
Nos acercamos al sofá y nos sentamos frente a frente. Con la cabeza en las manos
la mitad del tiempo, pasé los siguientes minutos contándole a Maura lo que había
pasado con mi hermana y cómo se relacionaba con mi relación con mi padre.
—Esto explica muchas cosas —dijo, poniendo su mano en mi rodilla—. Ahora
entiendo mejor por qué no quieres volver a casa, pero también por qué sientes que lo
necesitas.
—Toda mi vida me he sentido en deuda con mi familia por lo que hice.
Los ojos de Maura estaban húmedos.
—Lo siento mucho, Caleb. Es devastador escuchar esto.
Dejé salir un aliento exasperado.
—De todas formas, solo... supongo que te lo digo porque necesito que sepas lo
mucho que significa sentirse amado y respetado aquí.
Maura se limpió los ojos.
—Nada de lo que me dijiste cambia lo que siento por ti, ni siquiera en lo más
mínimo.
—Suenas como Teagan.
—Bueno, ella se preocupa mucho por ti. Y tú también te preocupas por ella, ¿no?
—La amo.
Esas palabras salieron tan fácilmente, sin siquiera tener que pensar en ellas. Había
sentido esas palabras tratando de salir de mí durante mucho tiempo.
Maura parecía aturdida. Pero era la verdad. Me había enamorado de Teagan.
—Por favor, no le digas que dije eso —añadí—. Sólo empeorará mi partida. No le
he dicho esas palabras porque por mucho que sean verdaderas, no siento que sea la
persona adecuada para ella en este momento. Tengo muchos problemas que necesito
resolver dentro de mí y de mi familia. Es sólo que tengo demasiado equipaje en este
momento.
—Estoy seguro de que ella siente lo mismo por ti. Una cosa a tener en cuenta,
cuando alguien te ama se llevará cada parte de ti, equipaje y todo.
Me costó aceptar su declaración.
—Pero también siento que a veces una persona necesita respetar a la que le
importa lo suficiente como para dejarla ir, para no meterla en su sufrimiento. Necesito
trabajar mucho antes de poder ser la persona que Teagan se merece. —Me quedé
mirando por la ventana—. Es tan increíblemente inteligente y especial y única en todos
los sentidos. Teagan necesita a alguien con su mierda junta. Y yo no soy esa persona
todavía, Maura.
—Espero que las cosas te sorprendan cuando llegues a casa —dijo después de un
momento.
Lo sabía mejor. Las cosas en casa estarían tan mal como siempre, tal vez incluso
peor.
—Gracias por escucharme —dije.
—En cualquier momento. Y espero que vuelvas a visitarnos. Siempre habrá un
lugar para ti en esta familia.
Un poco más tarde, Lorne, Maura, Shelley y yo nos apilamos en el Subaru y fuimos
a cenar. El Restaurante Harborside del centro era lo más elegante que se podía
conseguir. Había peceras por todas partes, y apestaba a marisco fresco, pero, sin
embargo, era mordaz. El restaurante tenía vistas al puerto de Boston.
Llevaba los únicos pantalones bonitos que tenía y, aun así, me sentía mal vestido.
Pedí la langosta porque, bueno, cuando en Roma...
Shelley, que no era un gran amante de los mariscos, pidió un filete mientras Lorne
y Maura pedían el fletan.
La comida aún no había llegado, y estaba untando con mantequilla un trozo de
pan cuando miré y la vi allí de pie. Se veía sonrojada, pero hermosa. Absolutamente
hermosa.
Teagan.
—¡Viniste! —gritó Shelley.
Teagan dio una sonrisa temblorosa.
—Sí, no podía perdérmelo.
Nos miramos a los ojos, y sentí mi corazón apretarse. Su aparición, aunque sabía
que era dolorosa para ella, significaba mucho para mí. Tal vez no me di cuenta de cuánto
hasta que sucedió.
Teagan tomó la silla a mi lado. Era como si la hubiéramos guardado para ella,
aunque estaba claro por las miradas de todos que nadie esperaba que apareciera.
—Me alegro de que hayas podido venir, cariño —dijo Lorne.
Me miró.
—He traído una muda de ropa al Acuario por si podía salir a tiempo.
Maura señaló a la camarera para que le trajera a Teagan un menú. Al igual que
cuando fuimos a cenar al North End, pidió pescado, lo que me pareció histérico, porque
una vez más eso era lo que comían los delfines.
—Mi Dolphina —dije.
Sonrió y se metió debajo de la mesa para tomar mi mano. Uní mis dedos con los
de ella. Me sentí tan increíblemente bien al tocarla de nuevo después de varios días de
distancia, doloroso, pero bien.
Cuando llegó la comida, nos vimos obligados a soltarnos. Supuse que habría sido
difícil separar una langosta con una mano, pero estaba dispuesto a intentarlo.
Durante la comida, todos comieron en silencio.
Entonces, mientras esperábamos el postre, Lorne preguntó:
—Entonces, ¿podría haber una pequeña parte de ti que esté feliz de volver a casa,
Caleb?
Me encogí de hombros.
—He extrañado a mi madre. Será agradable verla. Y sé que está deseando tenerme
de vuelta. Pero no he extrañado mi casa y no tengo ganas de volver.
—¿Cuál ha sido tu parte favorita de Boston? —preguntó Shelley.
Um, eso sería tu hermana.
—Esa es una pregunta difícil, porque ha habido muchas cosas. Pero
definitivamente ustedes han sido la mejor parte de mi tiempo aquí. Sus cenas familiares,
su hospitalidad en general... no olvidaré nada de eso.
Para mi sorpresa, Shelley empezó a llorar. Me levanté de mi asiento y le di un
abrazo. Era una chica tan dulce, y la amaba de verdad. Aparentemente, ella también me
amaba.
Teagan parecía que estaba conteniendo las lágrimas.
Afortunadamente, el postre llegó justo en ese momento.
Después de salir del restaurante, todos dimos un paseo por el río Charles. Apenas
podía creer que estaba a pocos días de dejar atrás a mi nueva familia.

La noche siguiente, cuando quedaban dos noches, decidí asegurarme de que había
empacado todo. No pensé que tendría la energía mental para organizar a último
momento mi último día, así que tenía que guardarlo todo antes de eso.
Quería un recuerdo que me recordara a Teagan, así que tomé su libro de Diez
Secretos y lo metí en mi maleta. No había traído mucho conmigo, pero regresaba con
una maleta extra llena de cosas que había comprado aquí. La fábrica de s ´mores que
Teagan me había comprado para Navidad también estaba bien guardada.
Sabía que Teagan estaba en casa esta noche, y no quería nada más que pasar el
rato con ella, pero estaba aterrorizado de lo que pasaría si lo hacíamos, que
desharíamos cualquier progreso que pudiéramos haber hecho al evitarnos el uno al
otro recientemente.
Entonces se me ocurrió la idea perfecta, una forma de que pudiéramos estar
juntos en un ambiente menos íntimo.
Media hora más tarde, después de volver de la tienda, me aventuré a bajar a la
habitación de Teagan, deteniéndome antes de entrar.
Había estado leyendo un libro y lo cerró cuando me notó.
Levanté la bolsa de papel que sostenía.
—Es mi penúltima noche, y no hay forma de que me vaya sin hacer más s mores
contigo.
No esperaba que se pusiera a llorar. Se las arregló para mantener la compostura
delante de mí, al menos hasta este momento. Mi corazón se sentía pesado. Dejé la bolsa
y la rodeé con mis brazos.
La sostuve y le susurré:
—Te voy extrañar mucho.
Después de unos segundos, se alejó y se limpió los ojos.
—Hagámoslo.
—¿Sí?
—Sí. —Forzó una sonrisa—. Vamos a asar la mierda de esos malvaviscos.

Queriendo que cada segundo de esta noche durara, me tomé mi tiempo para hacer
el fuego en el patio. Teagan estaba callada mientras encendía la madera y preparaba los
palos. Una vez que el fuego se encendió, mayormente nos robamos miradas entre las
llamas mientras asábamos los malvaviscos.
Ella fue la primera en hablar.
—Parece que fue ayer cuando estuvimos aquí haciendo esto por primera vez.
Le di uno de los palitos de malvavisco.
—Esa fue la primera noche que te abriste a mí. Mucho ha cambiado desde
entonces. Nunca me imaginé que te convertirías en una parte tan importante de mi vida.
Se desvió un poco.
—¿Qué es lo primero que harás cuando llegues a casa?
Miré fijamente al fuego y sonreí.
—Abrazar a mi madre. Dependiendo de lo cansado que esté, podría llevarla a
cenar o a desayunar, y ponerla al día de todas las cosas increíbles que experimenté en
Boston. Luego iré a mi habitación y me quedaré dormido mientras, sin duda, pienso en
ti y deseo volver a estar aquí.
—Quiero mantener el contacto, ¿está bien? Sé que no estaremos juntos, pero
siempre me preocuparé por ti. Siempre querré saber que estás bien, incluso si es difícil.
No creo que lo haya dejado claro.
Sonreí, aunque una parte de mí se sintió triste.
—No puedo imaginar un mundo en el que no vuelva a hablarte, Teagan. También
necesito saber que estás bien. ¿Bien? Puede ser doloroso hablar todo el tiempo, pero
juremos que nunca perderemos el contacto.
Con ese compromiso vendría la inevitabilidad de verla seguir adelante sin mí. No
podría pensar en eso ahora mismo.
A pesar de hacer el primer s ´more y devorarlo, no tenía apetito por más. Cuando
empecé a preparar otro, se me agrió el estómago al pensar en mi inminente partida.
Simple y llanamente, estar aquí era para pasar mis últimos momentos con Teagan; no
se trataba de los malditos malvaviscos.
Dejando mi palito, me moví para envolverla con mis brazos mientras apoyaba su
espalda contra mi pecho. Le besé la parte superior de la cabeza y la inspiré. Me pregunté
si alguna vez sentiría esta paz con alguien más y me pregunté si por algún milagro
Teagan y yo podríamos encontrar nuestro camino de regreso al otro algún día.
Teagan
L
a noche antes de la partida de Caleb se sintió como una pesadilla.
Quería pasar su última noche con él, pero ¿sería perjudicial ir a ese
lugar arriesgado, sabiendo que se iría mañana? A pesar de todo, seguía
deseando que bajara a mi habitación. Nunca lo hizo. Al mismo tiempo, podría
haber subido fácilmente. Pero no lo hice.
Habíamos hecho un trabajo increíble al no cruzar la línea. Anoche, mientras
hacíamos s mores, me abrazó. Luego fuimos a nuestras habitaciones separadas. Pero el
hecho es que sólo tenía esta noche. Puede que no volviera a ver a Caleb Yates después
de mañana. ¿Estaba perdiendo la oportunidad de experimentar un momento más con
él? ¿Debería arriesgarme a hacerme más daño para estar con él una vez más?
Cuanto más tiempo me sentaba en la cama, más urgencia crecía en mi pecho. Al
final, supe que no iba a desaparecer a menos que fuera con él. Era más de la una de la
madrugada, y no tenía ni idea de si estaba despierto.
Agarrando una bata, subí de puntillas las escaleras, dispuesta a guardar silencio
para no alertar a mi familia. Mi corazón casi se detuvo cuando me asomé a la cocina.
Una sombra se movió, pero volví a mirar y me di cuenta de que era Caleb. Nos
encontramos en lo alto de las escaleras. Aparentemente, había venido a verme justo
cuando me había roto y decidí ir a verlo.
Chocamos el uno con el otro simultáneamente. No había palabras, sólo una oleada
de emociones que podía sentir emanando de él: anhelo, pena. Nuestros sentimientos se
derramaron de cada uno de nosotros hacia el otro.
Caleb puso sus manos alrededor de mi rostro y tomó mi boca en la suya. Nuestras
respiraciones eran frenéticas, desesperadas. No se sentía como cualquier otro beso que
hubiera experimentado con él. De repente, me levantó de mis pies y me acunó en sus
brazos. Luego, me llevó de vuelta por las escaleras a mi dormitorio.
Mientras me colocaba en la cama, se cernió sobre mí.
—Realmente traté de mantenerme alejado, Teagan.
Prácticamente incapaz de hablar, asentí.
—De verdad te necesito esta noche.
Enterró su boca en mi cuello, besándome tan fuerte que sabía que habría marcas
mañana. Mis dedos pasaron sobre su musculosa espalda. Devoró mi cuello antes de
arrancarme el camisón y chupar con fuerza cada uno de mis pechos hasta que me
dolieron los pezones.
Desesperada por tenerlo dentro de mí, moví mi cuerpo por el calor de su pene
hinchado.
Su respiración se volvió errática antes de que me agarrara los pantalones cortos
y los bajara. Trabajé para deslizarlos completamente de mis piernas. Me arrancó las
bragas tan fuerte, que pensé que se podían haber desgarrado. Me las quitó antes de
introducir dos de sus dedos profundamente dentro de mí.
Caleb me mordió el labio inferior. Estaba tan excitada que casi me olvido de lo
miserable que se suponía que era. Era más rudo que de costumbre, pero me deleitaba
con su necesidad de reclamar mi cuerpo. Me hizo sentir dolorosamente triste que esta
pudiera ser nuestra última vez. Eso significaba que esta noche tenía que importar.
—Por favor, Caleb —supliqué.
Me miró, con los ojos llenos de lujuria.
—Necesito follarte fuerte, Teagan. ¿Eso está bien?
Agarrándole su trasero, lo empujé contra mí.
—Sí. Por favor.
Se bajó los pantalones y en segundos sentí su pene caliente y resbaladizo contra
mi pierna. Estaba mojado en la punta, y mis piernas temblaban con la necesidad de
sentirlo dentro de mí.
—¿Una vez mencionaste que tomabas la píldora, aunque usamos protección? —
susurró.
Jadeé.
—Sí.
—¿Puedo tenerte sin condón esta noche?
El calor me atravesó y asentí, abriendo las piernas mientras entraba en mí casi
inmediatamente. El contacto piel a piel me quitó el aliento mientras me llenaba.
—Teagan... tú... esto se siente tan increíble. Cristo. Estar dentro de ti de esta
manera... es la sensación más increíble de la historia.
Tragando sus palabras con mi beso, gemí sobre su boca mientras entraba y salía
de mí. Sabía que hacíamos demasiado ruido. Afortunadamente mi cama no tronaba
mucho, pero alguien podía oírnos fácilmente si bajaba a la cocina. Tendría que esperar
que eso no ocurriera. Estar con él esta noche valía la pena el riesgo de ser atrapada.
—No quiero olvidar nunca lo que se siente —exhalé.
Su voz era temblorosa.
—¿Por qué carajo no lo hicimos así antes?
Doblé las caderas, para enfrentarme a sus empujones.
—¿Porque somos estúpidos?
Nos reímos en los labios del otro y me golpeó más fuerte, como para castigarnos
por perder cualquier oportunidad de tener un sexo increíble como este.
—Joder, Teagan... me estoy volviendo loco —gimió.
Asentí vigorosamente, haciéndole saber que yo también estaba lista. Casi
inmediatamente, sentí su cuerpo temblar y el calor de su semen llenándome. Nuestros
cuerpos se mecían juntos hasta que bajamos de lo alto.
Aún dentro de mí, Caleb me bañó el cuello y los pechos con besos. Nunca me había
sentido más amada por nadie en mi vida, aunque sabía que el amor no podía ser lo que
era. Me atontaba en el momento.
Cuando finalmente se retiró, le apreté mi agarre en su cintura.
—Por favor, no me dejes esta noche.
—No lo haré, nena. Lo prometo. Estaré aquí toda la noche.
Tirando de su cabello, empecé a besarlo de nuevo, y durante los siguientes
minutos, pude sentir su erección creciendo por una segunda ronda. Los músculos entre
mis piernas se contrajeron, deseándolo de nuevo inmediatamente.
Y así hicimos el amor toda la noche. Era casi de mañana cuando nos quedamos
dormidos.

Cuando la luz entró por mi ventana al día siguiente, se sintió intrusa. Hoy era el
día en que perdería a Caleb, y el sol era una visión muy desagradable.
Caleb se agitó y giró hacia mí. Me besó apasionadamente antes de preguntarme:
—¿Estás bien?
—No —dije.
—Yo tampoco. Y esa fue la pregunta más tonta de la historia, ¿no? —Suspiró—.
¿Podemos quedarnos en este lugar para siempre?
Mi pecho se estrechó.
—Ojalá.
Estuvimos juntos hasta que el reloj nos forzó a levantarnos.
Para mi sorpresa, cuando nos aventuramos a subir a la cocina, estaba vacía.
Sospeché que Maura sabía que podríamos necesitar algo de privacidad y había
arreglado que todos salieran de la casa por un tiempo. Mis sospechas se confirmaron
cuando me envió un mensaje de texto.

Maura: Para tu información, fuimos a la ciudad al mercado de granjeros. No


volveremos hasta al menos las diez. Te quiero.

—¿Alguien envió un mensaje de texto? —preguntó Caleb.


—Maura. Dijo que no volverán hasta las diez.
Parecía sorprendido.
—De verdad...
—Sí.
Unos minutos más tarde, mientras untaba un trozo de tostada en el mostrador,
sentí que Caleb se acercaba por detrás de mí. Me besó el cuello suavemente, y los vellos
en mi piel se levantaron por la atención.
Su erección se presionó en mi trasero, y volví a sentir su necesidad entre mis
piernas.
Lo siguiente que supe fue que me había levantado la camisa y movido mi ropa
interior a un lado. Entró en mí con un movimiento brusco. Jadeé al sentirlo dentro de
mí, y con ambas manos agarrando el mostrador, cerré los ojos en éxtasis mientras Caleb
me tomaba por detrás. Aprovechamos estos últimos minutos juntos. En vez de
revolcarnos, salíamos con una explosión.

Por supuesto, todas las cosas buenas deben llegar a su fin, y la nuestra había
llegado.
Las cosas estuvieron tranquilas y sombrías el resto de la mañana cuando mi
familia reapareció y Caleb recogió las últimas cosas que le quedaban y las empacó en el
Subaru de mi padre. Toda la familia llevaría a Caleb al aeropuerto Logan. Aunque no
quería despedirme delante de ellos, también pensé que sería menos doloroso si no
perdía totalmente mis cosas. Así que sería mejor que estuvieran allí. Tendría que
mantenerme bajo control.
El viaje se sentía surrealista. Caleb y yo probablemente nunca nos habíamos dicho
menos, pero simplemente no había palabras para describir cómo nos sentíamos.
Cuando llegamos al aeropuerto, Maura dijo:
—¿Por qué no nos despedimos todos de Caleb en la acera? Y luego, Teagan, puedes
acompañarle dentro.
Hasta allí llegó lo de usar a mi familia como un amortiguador.
Salí del auto y vi que Maura abrazaba fuertemente a Caleb. Las lágrimas corrían
por sus mejillas. Mi padre le dio una palmadita a Caleb en la espalda. Caleb parecía casi
entumecido, como si estuviera haciendo los movimientos de despedirse de ellos. La
última fue Shelley, que empezó a llorar cuando la tomó en sus brazos y la levantó. Sentí
mi primera lágrima caer. Los ojos de Caleb se cerraron con fuerza, pero no lloró.
Lo seguí hasta la estación exterior donde registró su equipaje, y luego entramos
por las puertas corredizas de vidrio al aeropuerto. Mano a mano, caminamos hasta que
llegamos al punto en que ya no pude acompañarlo.
Nos paramos frente a frente mientras me quitaba el cabello del rostro.
Tragó.
—Este es uno de los momentos más duros de mi vida.
Cerré los ojos y empecé a llorar.
Él limpió mis lágrimas con sus pulgares.
—Teagan, mírame un momento. Necesito que sepas algo.
Mis lágrimas nublaron mi visión mientras lo miraba.
—Nunca creas que no eres digna. Eres, sin excepción, el ser humano más
asombroso que he conocido. Necesito que entiendas que mi partida no tiene nada que
ver con que no seas suficiente para mantenerme aquí. Todo lo contrario. No soy
suficiente para ti ahora mismo. Tengo tantos pedazos rotos. Por favor, nunca dudes de
si fuiste suficiente para hacerme quedar. ¿De acuerdo?
Asentí a través de mis lágrimas.
—Sé que tu vida en casa es complicada. Entiendo por qué tienes que irte. Sólo
espero que sepas que puedes contar conmigo si alguna vez me necesitas. Te extrañaré
todos los días, y nunca olvidaré todas las cosas que hiciste por mí, enseñándome la
importancia de apreciar a mi familia, haciéndome sentir hermosa, ayudándome a salir
de mi caparazón. He crecido tanto sólo por estar cerca de ti, Caleb. Puedes pensar que
estás roto, pero me ayudaste a volver a estar unida.
Y ahí estaba. La primera lágrima cayó de sus ojos, prueba de lo difícil que era para
él irse y quizás mi mayor prueba, aunque demasiado tarde, de lo mucho que se
preocupaba por mí.
Limpiándose la mejilla, habló con una voz tensa.
—Cuídate, Teagan. —Me dio otro largo, duro y tortuoso beso en los labios antes
de alejarse y dirigirse a la escalera mecánica.
Me quedé en el mismo lugar observándolo hasta que llegó a la cima. Giró una vez
más y me saludó con un beso. Luego se fue.
Teagan
Tres meses después

A
unque todavía se sentía cálido y veraniego en Boston, el nuevo año escolar
había comenzado, y era extraño no tener más mi pasantía en el Acuario.
Actualmente estaba solicitando una nueva para el próximo semestre. Había
oído hablar de una vacante con un proyecto de investigación que
involucraba la gestión de una base de datos ambientales y la creación de un catálogo de
fotos para varios tipos de ballenas y otras especies marinas, no era el trabajo más
emocionante, pero sería algo para agregar a mi currículum.
Estaba pasando una tarde típica en mi habitación después de clase cuando Kai
vino a pasar el rato, como solía hacer cuando llegaba a casa de la escuela.
—¿Has tenido noticias de Caleb?
¿Por qué tiene que mencionarlo?
—No.
—¿De verdad?
—No. No hemos hablado mucho.
Mi ira estalló. ¿No se daba cuenta de que este era un tema delicado? Se suponía
que Caleb y yo tendríamos contacto regular entre nosotros. Ese nunca fue el plan. Se
suponía que no debíamos perder el contacto y llamarnos de vez en cuando.
—¿No crees que es extraño? —preguntó.
—Realmente no. No estamos juntos —dije a la defensiva—. Decidimos que sería
mejor no sufrir a través de una relación a larga distancia. Creo que, si estuviéramos
hablando todos los días y esas cosas, sería extraño.
Ella no parecía comprar eso.
—¿Así que eso es todo? ¿Solo se fue de tu vida?
Suspiré. Si bien sabía que las cosas tenían que ser así si Caleb y yo íbamos a seguir
adelante con nuestras vidas, cada día que no tenía noticias de él, dolía. Y odiaba
sentirme así. Pero lo entendía. Comprendía por qué me estaba dando espacio, y por qué
yo también tenía que darle espacio. Aparte de las primeras dos semanas después de que
dejó Boston, solo había hablado con él un puñado de veces. Siempre sonaba un poco
deprimido cuando hablábamos, como si eso lo pusiera triste o algo así. Así que dejé de
intentar iniciarlo.
—Es lo mejor —dije.
Ella inclinó la cabeza y me estudió.
—¿Estás solo diciendo eso o lo dices en serio?
—¿Que importa? Así es como tiene que ser. ¿Dolió su partida? Sí. Pero se ha ido.
No hay nada que pueda hacer al respecto. Así que tengo que tratar de encontrar una
manera de seguir adelante.
Una sonrisa traviesa se extendió por su rostro.
—Creo que podría tener lo necesario, en realidad.
—Uh oh. ¿Qué?
—El hermano de Luke está de vuelta viviendo en casa. Se graduó el año pasado y
se quedará con sus padres por un tiempo hasta que pueda encontrar su propio lugar. Él
es realmente lindo y soltero.
Luke era un chico con el que Kai había estado saliendo durante unos meses. Esta
era la primera vez que escuchaba que tenía un hermano.
—¿Cuál es su nombre?
—Ethan.
—Bien. Bonito nombre —dije, aún sin interés.
—¿Por qué no salimos los cuatro este fin de semana?
Sabía que eso probablemente sería bueno para mí, pero dudé.
—No estoy segura.
—¿Qué te detiene?
—No estoy segura de estar lista para comenzar a ver a alguien.
—Está bien, pero estás perdiendo el tiempo.
—No quiero apresurarme a nada.
—Solo eres joven una vez. No puedes estar colgada de un tipo que se fue a
Inglaterra y nunca volverá.
—Nunca dije que estaba colgada de Caleb. ¿Qué te hace pensar eso?
—Son tus ojos. No lo ves, pero cada vez que lo menciono, cambian. No puedo
explicarlo, excepto para decir que puedo ver tu tristeza.
Soltando un largo suspiro, me di cuenta de que podría haber sido más
transparente de lo que pensaba. El nombre de Caleb se sentía como un cuchillo en mi
corazón, un recordatorio de que estaba en algún lugar, que ya no era parte de mi vida,
y que tal vez nunca lo volvería a ver. Después de que se fue, me di cuenta aún más de lo
mucho que me importaba.
Ella saltó de su asiento.
—Tengo que correr. Voy tarde para el trabajo. Pero piensa en este fin de semana,
¿de acuerdo? Te enviaré un enlace del perfil de Ethan para que puedas ver sus fotos y
decirme lo que piensas.
De ninguna manera.
Puse los ojos en blanco y fingí seguirle la corriente.
—Bien.

No sé qué me hizo revisar el Instagram de Archie esa noche. El amigo de Caleb


también había vuelto a vivir en Inglaterra ahora. Había llegado a la conclusión que su
relación con Angela de Boston, no había llegado a ninguna parte. Simplemente habían
cortado los lazos, aparentemente.
Bien, sé por qué revisé el Instagram de Archie.
El hecho de que Kai mencionara a Caleb antes había abierto una especie de herida
emocional. Había pasado el resto del día pensando en él, más de lo habitual. Sabía que
Caleb nunca publicaba mucho en sus propias cuentas, aparte de los estúpidos memes.
Sería más probable que viera algo sobre Caleb a través de la página de Archie. Había
revisado allí antes, y la mayoría de las veces, solo había fotos de Archie en la ciudad o
varias comidas que había disfrutado. Pero cuando revisé esta noche, golpeé la mina de
oro.
Comencé a temblar mientras miraba la foto más reciente que había publicado. Mi
corazón. Dios, mi corazón. Se sentía como si fuera a salir de mi pecho. O tal vez se estaba
rompiendo. Mis ojos picaron con lágrimas. Los limpié para poder examinar la foto. Al
lado de mi Caleb había una hermosa morena con su brazo alrededor de él. Ella besaba
su mejilla mientras él mostraba una sonrisa maliciosa. No había nada vacilante o
arrepentido en su expresión. No parecía que le importara el mundo. Archie lo había
etiquetado: al menos alguien está recibiendo algo esta noche.
Los celos mezclados con el dolor mezclado con el odio se agitaron dentro de mí.
De acuerdo, no era exactamente odio, porque ¿puedes odiar a alguien si aún lo amas?
Tres meses. ¿Un verano era suficiente para llorar nuestra relación? Sentí que todo se
alzaba dentro de mí, y apenas llegué al baño a tiempo para vomitar lo que se sentía
como toda mi alma.
Después de tomar aire, noté que mi teléfono todavía estaba abierto en la foto.
Saliendo de Instagram lo más rápido que pude, tiré mi teléfono por la habitación. Me
temblaban las manos. Era una extraña sensación de desesperación, porque en el fondo
de mi mente, también sabía que no tenía derecho a enojarme. Caleb y yo nunca
habíamos acordado mantener nuestra relación. Él era cien por ciento libre de perseguir
a quien quisiera, hacer lo que quisiera o hacérselo a la que quisiera, y, sin embargo,
esperaba que suspirara por mí un poco más. Ciertamente yo seguía suspirando por él.
Pero eso se acabó ahora, tanto si quería hacerlo como si no.
Teagan
Dos meses después

—¿E
stás bien, bebé?
Ethan y yo habíamos estado jugando en mi cama. Aún no
habíamos tenido sexo, pero habíamos hecho todo lo demás. A
diferencia de otros tipos con los que había salido antes que Caleb,
en realidad encontré a Ethan atractivo. Habíamos estado pasando un tiempo increíble
juntos, en su mayor parte. Ethan trabajaba como programador de computadoras en
Cambridge. Se había mudado de la casa de sus padres a su propio departamento cerca
del trabajo, pero a menudo venía a Brookline para pasar el rato conmigo cuando tenía
que levantarme temprano y no tenía ganas de aventurarme a su lado de la ciudad. No
solo era encantador y divertido, sino súper paciente. Tenía su mierda junta, y realmente
me gustaba.
Sin embargo, una vez más, tuve que explicarle por qué me había cerrado en el
punto en que me habría parecido natural tener sexo.
—Lo siento. No sé por qué... pero simplemente no estoy lista.
Parecía preocupado.
—Sabes que nunca te presionaré, ¿verdad?
—Esa es una de las cosas que aprecio de ti. —Suspiré—. Quiero que sepas que no
eres tú, ¿de acuerdo? La última relación que tuve me lastimó bastante, así que siento
que tengo que ir despacio esta vez.
Le había contado a Ethan todo sobre Caleb, por lo que sabía exactamente a quién
me refería. A pesar de que Caleb había seguido adelante, yo todavía no podía. Ethan
probablemente deseaba poder estrangular a Caleb.
Sin embargo, tenía que dárselo. Ethan siempre fue muy bueno para superar mis
torpes rechazos.
Cambió de tema.
—Oye, quería hablarte sobre algo. Luke y yo estábamos pensando en ir de
campamento a New Hampshire. ¿Qué piensas? Solo Luke, Kai, tú y yo.
—¿Como en carpas o en una caravana?
—La caravana de mi papá. Es vieja, pero tiene una habitación en la parte de atrás,
y los cuatro podemos pelear por ella. Sin embargo, hay mucho espacio para dormir en
el área principal. ¿Qué dices?
No se me ocurrió una razón para decir que no.
—Eso suena súper divertido. Sí. Vamos a hacerlo.
—Genial. —Sonrió—. Conseguiré un montón de alcohol y podremos comprar
cosas para hacer s mores junto al fuego.
Tan pronto como dijo s mores, perdí totalmente mi hilo de pensamiento. La cara
de Caleb sonriendo a través de las llamas mientras hacíamos s mores en mi patio
nadaba ante mis ojos.
Malditos sean Caleb, y su hermosa sonrisa que todavía me persigue.
Jesús. Sentí que podría llorar. ¿Qué me pasaba?
—Ya vuelvo —dije mientras escapaba a mi baño, cerrando la puerta y
recostándome contra ella. Me permití tener un buen llanto cuando los sentimientos que
había estado reprimiendo salieron a la luz por un momento. Tomé mi teléfono del
lavabo e hice algo que sabía que lamentaría. Busqué el Instagram de Caleb. Pero cuando
escribí su nombre de perfil, no apareció nada. El pánico comenzó. ¿Caleb había
eliminado su cuenta de Instagram? ¿O me había bloqueado de alguna manera? ¿Por
qué?
También revisé Facebook, la única otra cuenta de redes sociales que tenía. Esa
página también se había ido por completo. ¿Qué está pasando? ¿Por qué eliminaría sus
cuentas de redes sociales?
Si no salía pronto del baño, Ethan pensaría que algo andaba mal. Así que regresé
a la cama y me acosté a su lado. Cuando se durmió, me di vuelta, obsesionada con la
desaparición de Caleb y sintiendo que me estaba volviendo loca.

Al día siguiente, tenía que asegurarme de que Caleb estaba bien. Así que marqué
su número. Cuando no hubo respuesta, dejé un mensaje.
—Hola... eh... soy Teagan. Cuánto tiempo sin hablar, ¿verdad? Llámame loca, pero
necesito saber que estás bien. Estaba en Insta y noté que tu cuenta se había ido. Tu
Facebook también. Solo quería asegurarme de que todo estuviera bien. ¿Puedes
llamarme o enviarme un mensaje de texto para avisarme? De todos modos, espero que
todo esté bien. Adiós.
Mi estómago se revolvió mientras hablaba, pero después de colgar, me sentí
mucho mejor. Al menos había iniciado el contacto.

Cuando pasaron dos días y Caleb no me había devuelto la llamada, me sentí un


poco desesperada. También intenté enviarle un correo electrónico, pero la única cuenta
que tenía era su correo electrónico de la universidad, y es posible que no lo hubiese
revisado. No quería contactar a Archie, pero de todos modos le envié un DM en
Instagram.

¡Hola, Archie! Soy Teagan de Boston. Pregunta rápida: me preguntaba si


todo está bien con Caleb. Él no contesta su teléfono y noté que eliminó sus cuentas
de redes sociales. Solo quería saber si has tenido noticias suyas. ¡Gracias! ¡Espero
que todo esté bien!

Después de unos días, mi mensaje a Archie permaneció sin leer. No estaba segura
si él revisaba sus mensajes, y me di cuenta de que ni siquiera sabía su apellido, por lo
que no podía buscarlo en ningún otro lugar para comunicarme con él.
Había llegado al punto en que no podía comer ni dormir. Como último esfuerzo,
busqué en Google el nombre de la madre de Caleb y la dirección que tenía para él en
Inglaterra.
Sabía que el nombre de su madre era Poppy y su padre era Lionel. Encontré una
Poppy Yates en la dirección que Caleb me había dado antes de irse.
Eso es.
Mi corazón latía con fuerza mientras marcaba. En el tercer timbre, respondió un
hombre con un profundo acento inglés.
—¿Hola?
Mi cuerpo se enderezó y mi corazón comenzó a acelerarse.
—Hola... ¿es el señor Yates? ¿Lionel?
—Sí. ¿Quién es?
Me aclaré la garganta.
—Soy Teagan Carroll. Soy una amiga de Caleb. Se quedó con nuestra familia
cuando estuvo en los Estados Unidos. Me preguntaba si podría decirme cómo
contactarme con él.
—Caleb no está aquí. Está fuera el fin de semana.
Una mezcla de alivio y confusión se apoderó de mí.
Bueno. Está vivo. Él está bien. Eso es todo lo que necesitaba saber.
—Ah, ya veo. ¿Sabe si tiene un nuevo número de teléfono?
—No. Tiene el mismo teléfono, que yo sepa.
El padre de Caleb no era muy comunicativo. Según como Caleb lo había descrito,
esto no fue una sorpresa.
—Ya veo. —Sintiéndome impotente, me tiré el cabello—. Está bien... bueno, ¿le
importaría decirle que Teagan llamó? ¿Pedirle que me llame cuando tenga la
oportunidad?
—Está bien —dijo después de una pausa.
—Está bien... bueno... gracias. Espero que tenga un buen día.
Cuando él no dijo nada más, colgué. No era la persona más amigable, pero al
menos sabía que Caleb estaba vivo y respirando. Eso era lo más importante, ¿verdad? Y
no había cambiado su número de teléfono, así que eso significaba... ¿que había elegido
no responderme?

Kai abrió una cerveza mientras Ethan trabajaba para encender un fuego.
Era una hermosa noche de otoño y perfecta para acampar. Habíamos pasado una
buena parte del día mirando las hojas; era temporada alta para eso en New Hampshire.
Afortunadamente, nuestra caravana tenía calefacción e incluso tenía Wifi, por lo que
definitivamente estábamos haciendo glamping3. Esa era la forma de hacerlo, si me
preguntabas.
—Entonces, ¿quién conseguirá el dormitorio? —preguntó Kai.
—Digo que arrojemos una moneda —respondió Luke.
—Yo digo que Teagan y yo lo tengamos, teniendo en cuenta que soy yo quien los
llevará a casa mañana. Eso significa que necesito dormir mejor por la noche.
—De alguna manera no creo que dormir sea lo que tienes en mente —se quejó
Luke.
Las mejillas de Ethan en realidad se pusieron un poco rojas. Me di cuenta de que
podría no haberle dicho a Luke que todavía no habíamos tenido sexo. Probablemente
no era bueno para su ego admitir que su novia había pospuesto dormir con él. Sin
embargo, Kai conocía el trato y rápidamente cambió el tema a la boda de su hermana

3 Glamping forma glamorosa de acampar, con todas las comodidades no propias de un

campamento.
Andrea, que era en un par de semanas. Estaría ayudando en la ceremonia. Ethan iría
como mi cita.
Después de que Ethan encendió la fogata, me sentí muy orgullosa de mí misma
por mantenerme tranquila mientras construía mi s more. Había aceptado que Caleb
estaba eligiendo no responderme y, por lo tanto, había decidido no verlo con el
sentimentalismo que una vez tuve. En cualquier caso, estaba feliz de disfrutar los s
mores en lugar de llorar. Pequeñas victorias.

Al final, Ethan y yo ganamos el dormitorio en la caravana esa noche. Terminé


dándole un trabajo manual y haciéndolo venir antes de que pudiera intentar tener sexo
conmigo. Me sentí terrible por todo el asunto. Estaba empezando a odiarme por tratarlo
de esta manera. Un hombre solo podía soportar cierta cantidad. Pero la pregunta más
importante era: ¿por qué? ¿Por qué no estaba lista? Me había dado más que suficiente
tiempo. Pero no podía hacerlo realidad. Solo esperaba no haber perdido a un gran tipo
mientras tanto.
Teagan
A
pesar de haberme sentido más cómoda expresando mi lado femenino,
todavía odiaba tener que maquillarme por completo. Pero Kai me había
pedido específicamente que lo usara para las fotos en la boda de su
hermana Andrea. Andrea me había pedido que repartiera programas, lo
que significaba que tendría que sonreír y asentir mucho. Esta noche entera iba a estar
fuera de mi zona de confort. No solo permití que Kai me peinara en rizos grandes y
sueltos que no eran mi estilo, sino que me puse uno de los súper elegantes vestidos de
Maura. No podía recordar la última vez que me había arreglado de verdad.
Abrí el cajón donde guardaba mi viejo maquillaje, y mi corazón casi se detuvo.
Había un sobre amarillo en medio del desorden de lápices labiales y otros trastos. En el
frente decía: Dolphina.
¿Cuánto tiempo había estado aquí? Nunca abría mi cajón de maquillaje. Mantenía
algunos brillos labiales y un delineador encima del lavabo, pero supuse que no había
ido por algo más allá de eso desde que Caleb se fue.
Mi corazón latía con fuerza mientras abría cuidadosamente el sobre y leía lo que
había dentro.

Mi hermosa Teagan,

En primer lugar, hola de nuevo. Probablemente te estés preguntando por qué dejé
esto en tu cajón de maquillaje, que nunca abres. Supongo que supuse que pasaría
suficiente tiempo antes de que descubrieras esta nota. Tal vez ya pudiste superar mi
partida, y es por eso que este es el momento adecuado para recordarte que no importa
dónde esté, no importa cuántos días, meses o años hayan pasado, puedo asegurarte que
no te olvidé. También te puedo asegurar que todavía pienso en ti todo el tiempo.
Si he hecho algo para hacerte pensar lo contrario, quítate eso de la cabeza. Espero
que cuando leas esto, te hayas alejado de mí, de la tristeza que te causó mi partida. Pero
si por alguna razón no lo ha hecho, toma esta carta y colócala cerca de su corazón. Cierra
los ojos y siénteme contigo. Quiero que sepas que mientras escribo esto, siento mucho en
mi corazón por ti. Y no me atrevo a decir esa palabra de cuatro letras, solo porque no es
justo. Eso no significa que no lo siento.
Estoy seguro de que no importa dónde esté o cuántos meses o años pasen, lo que
siento por ti no cambiará. Nuestras vidas pueden cambiar, pero siempre llevaré estos
sentimientos en mi corazón. Si has abierto este cajón por tu maquillaje, tal vez vayas a un
lugar especial o salgas a pasar una noche en la ciudad. Sea lo que sea, por favor haz una
cosa por mí: nunca te conformes, Teagan. Nunca te conformes. Te mereces el mundo.
Espero que mientras lees esto, no hayas llegado a odiarme, por irme o no. Espero que me
recuerdes de manera positiva. Pero cualquiera que sea el caso, quiero que sepas que donde
quiera que esté, una parte de ti está conmigo.

Con cariño,
Caleb

P.D. Realmente no necesitas el maquillaje para nada.

Apreté la carta contra mi pecho, una vez más sintiendo lo que me había dicho que
sintiera. Él. ESTO, así era como se suponía que debía sentirse. Caleb me dijo que no me
conformara. Había estado tratando de entender por qué no podía dormir con Ethan.
Claro y simple, estar con Caleb, sabiendo lo que se siente al dar no solo tu cuerpo sino
también tu corazón y tu alma a alguien, me había hecho imposible aceptar algo menos.
Incluso si no pudiera estar con Caleb, esta carta me recordó lo que debería ser
realmente querer a alguien en todos los sentidos. Solo leer sus palabras había hecho
que mi alma cobrara vida.
No era correcto seguir atando a Ethan. Si no estaba lo suficientemente interesada
en él o si todavía amaba a Caleb, no podía determinarlo. Pero, en cualquier caso, Caleb
tenía razón. No debería conformarme. No era justo para mí ni para Ethan.

Obviamente no lo mencioné en la boda de la hermana de Kai, y luego, en los días


que siguieron, dejé de abordar mis sentimientos hacia mi novio. Hice casi todo lo
posible para distraerme de tener que lidiar con lo inevitable. No me preguntes por qué
una de esas distracciones incluía Googlear a mi madre biológica. Nunca había
considerado buscarla, y ciertamente no me importaba conocerla. Pero de repente, sentí
curiosidad. No había duda de que, desde que Caleb se fue, me había sentido muy
perdida. ¿Quizás buscar información sobre ella era un intento de orientarme? No estaba
segura, pero escribí Ariadne Mellencamp en la barra de b’squeda.
Mi padre había dicho que me apoyaría si alguna vez decidía encontrar a Ariadne.
Sin embargo, no estaba buscando conocerla, solo obtener más detalles sobre su vida.
Pero, ¿qué haría con esa información? Si supiera que estaba viva o dónde vivía, ¿cómo
cambiaría eso mi vida? No estaba segura, pero presioné el botón de búsqueda de todos
modos.
Surgieron una gran cantidad de direcciones asociadas con Ariadne: Miami,
Florida; Los Ángeles, California; Londres, Inglaterra. Solo parecía haber una lista para
su nombre: la misma persona, solo diferentes lugares. Ella era única, de acuerdo, y no
lo digo en el buen sentido.
Una búsqueda de imágenes sacó una foto de ella de hace seis años. Aparentemente
era parte de una compañía de baile para adultos en Los Ángeles. Parecía más demacrada
de lo que hubiera pensado para alguien de treinta y tantos años en ese momento. Tenía
algunas arrugas alrededor de los ojos. Tal vez era solo una foto poco favorecedora, o tal
vez no se cuidaba mejor a sí misma que a su hija abandonada. Mi papá también había
mencionado que le encantaba fumar. En cualquier caso, verla todavía era como
mirarme en el futuro.
Pensé que ver su rostro después de todos estos años podría haber provocado
cierta emoción en mí. Pero todo lo que vi cuando vi su foto fue una persona egocéntrica
que parecía muerta por dentro. Quizás ella vivía con mucho pesar. O tal vez la idea de
que tuviera un corazón real era solo una fantasía que había creado.
El único sentimiento que surgió al mirar esta foto fue amor, no por la mujer de la
foto, sino por la mujer que había recogido todas las piezas que Ariadne había
destrozado y dejado atrás.
Cerrando mi laptop, corrí escaleras arriba en busca de ella. Maura estaba sentada
en la sala de estar, escribiendo algunas facturas en la mesa de la esquina. Me detuve
frente a ella y ella levantó la vista.
—¿Qué pasa, Teagan?
Sin decir una palabra, me incliné y la empujé al abrazo más fuerte.
—Oh, mi... —dijo, claramente sorprendida con la guardia baja.
—Lo siento mucho, Maura.
—¿Por qué?
—Por ser una imbécil los últimos quince años.
Ella me agarró más fuerte.
—Oh, cariño. Nunca pensé eso.
—Simplemente me golpeó.
—¿Qué lo hizo?
La miré a los ojos.
—Que eres mi madre. Has sido mi madre todo el tiempo. Me resistí porque estaba
demasiado ocupada sintiendo pena por mí misma como para apreciar el hecho de que
cuando mi madre biológica se fue, Dios me envió a alguien mejor.
Su boca cayó.
—Teagan —dijo—. Te amo mucho.
Respondí de la única manera que finalmente se sintió natural.
—Yo también te amo, mamá.
Caleb
M
i habitación estaba completamente oscura y la ventana abierta, dejando
entrar una brisa fresca. Había arruinado una tarde perfectamente tranquila
abriendo una lata de gusanos que probablemente nunca podría cerrar.
¿Por qué había decidido buscarla? Fue el error más grande que pude haber
cometido esta noche.
Había pasado tanto tiempo desde que habíamos hablado. Necesitaba explicarle
cosas a Teagan. Pero antes de llegar a ella otra vez, quería entender el terreno. Tenía la
esperanza de ver una sonrisa, un poco de tranquilidad de que estaba bien, que estaba
feliz. Obtuve mucho más de lo que esperaba.
Seguí mirando la foto. Teagan había sido etiquetada por su amiga Kai en una serie
de instantáneas tomadas en algún tipo de campamento. Estaba sentada entre las
piernas de un tipo alto, a quien consideraría guapo, pero no lo suficientemente bueno
para ella. Ella estaba sonriendo y parecía bastante contenta, recostándose en su pecho.
Para agregar sal a mi herida, en una de las tomas, estaban haciendo malditos s mores.
Vaya.
Tan difícil como fue mirar estas fotos, una pequeña parte de mí se sintió aliviada
de que Teagan hubiera seguido adelante. Desafortunadamente, una parte más grande
se sacudió al ver la prueba. Es precisamente por eso que nunca debería haberme
conectado a Internet. Pensarías que después de no tener redes sociales durante dos
meses, me habría dado cuenta de que no había ningún beneficio. Mi vida había sido
mucho mejor sin ellas. Y sin duda hubiera estado mejor si nunca hubiera vuelto.
Seguí mirando el hermoso rostro de Teagan en la oscuridad hasta que mi madre
interrumpió mis pensamientos desde la puerta.
—Hice sopa de papa y puerro. ¿Te gustaría unirte a mí por un poco?
Sus palabras apenas se registraron.
—¿Caleb? —dijo después de un momento—. ¿Está todo bien?
Con mi cabeza todavía básicamente en mi trasero, murmuré,
—¿Hmm?
—¿Por qué estás sentado en la oscuridad?
Cerrando la laptop, miré las farolas.
—Tenía la intención de encender la luz. Pero me distraje un poco, así que me
quedé en la oscuridad.
Se acercó al pie de mi cama.
—¿Todo bien?
Levanté la mirada hacia ella.
—Realmente no.
—¿Quieres hablar de eso?
Soltando un largo suspiro, me debatí. Nunca le había dicho a mi madre lo cercanos
que Teagan y yo nos habíamos convertido. No había querido que mamá se sintiera
culpable por tener que dejar los Estados Unidos. Por el momento, sin embargo, los
sentimientos que golpeaban mi pecho necesitaban salir de alguna manera.
—¿Recuerdas a la niña mayor de la familia con la que vivía en Boston?
—Claro. —Mamá parpadeó—. Teagan era su nombre, ¿verdad?
—Sí.
—¿Todo está bien con ella?
—Ella está muy bien, aparentemente. —Suspiré—. Soy yo quien no está tan bien
ahora.
—¿Pasó algo entre tú y ella mientras estabas allí?
Asentí.
—Nosotros... fuimos bastante serios hacia el final.
Incluso en la oscuridad, pude ver la sorpresa en la cara de mi madre.
—Nunca lo mencionaste. ¿Por qué?
—¿Cuál era el punto de decirte? No quería que te preocuparas o sintieras que me
molestaba tener que volver a casa.
—Recuerdo que dijiste que tú y ella no se llevaban muy bien la primera vez que te
mudaste allí. Es curioso cómo pueden cambiar las cosas. —Sonrió.
—Nos hicimos muy unidos. Por primera vez en mi vida tuve una conexión con
alguien que corría mucho más profundo que el físico. Ella y yo sentíamos lo mismo
acerca de nuestro lugar en el mundo. Pudimos ayudarnos mutuamente a través de las
cosas. —Me recosté contra mi cabecera y crucé los brazos—. Le confié sobre Emma.
—¿De verdad? —Los ojos de mi madre se abrieron—. Bueno, ahora sé que
confiabas en ella. Eso no es algo sobre lo que te abres muy fácilmente.
Asentí.
—Sí.
—Bueno, no tenía idea, Caleb. Lamento que hayas tenido que terminar con alguien
que te importaba. ¿No pudo venir a Inglaterra, ni siquiera para una visita?
A menudo me preguntaba qué habría dicho Teagan si le hubiera pedido que
viniera al Reino Unido. Pero en última instancia, sabía por qué no lo había hecho.
Sacudí mi cabeza.
—Sabes el espacio mental en el que estaba cuando llegué a casa. Pedirle que dejara
su vida atrás para venir aquí conmigo cuando era un desastre, no hubiera sido justo.
—¿Justo para quién? Apuesto a que ella habría ido a cualquier lugar que le
hubieses pedido que fuera si le hubieras dicho que estabas enamorado de ella. —Inclinó
la cabeza—. ¿Es eso lo que entiendo? ¿Qué te enamoraste?
En silencio, asentí.
—Oh, Caleb. —Suspiró—. ¿Qué encontraste en línea esta noche?
Exhalé un largo suspiro.
—Vi algunas fotos de Teagan luciendo feliz con un chico. Parece que ella siguió
adelante. Es lo que esperaba que sucediera y esperaba que nunca sucediera al mismo
tiempo.
—Si estás molesto, ¿por qué no la llamas?
Me reí casi con rabia.
—No me atreveré a hacer eso ahora. La dejé en ruinas. Ella merece ser feliz.
—Solo está con él porque te fuiste.
—Exactamente. Me fui. En sus ojos, elegí dejarla. Eso no es algo que ella deba
olvidar nunca.
—Han pasado muchas cosas en los meses transcurridos desde que has estado en
casa, hijo. Deberías decírselo.
—Decirle eso no me hará más atractivo para ella, todo lo contrario.
—Pero explicará por qué perdiste el contacto, por qué no ha tenido noticias tuyas.
¿De verdad crees que eres tan reemplazable? Probablemente asuma que la falta de
comunicación significa que no te importó, cuando ese no es el caso en absoluto.
—¿Qué sentido tiene? No es que podamos estar juntos. Es probable que ya no
pueda obtener la aprobación para ir a los EE. UU. Tendría que dejar a este nuevo chico
y dejar todo lo que sabe para seguirme, un tipo que ya la abandonó, al otro lado del
charco. ¿Cómo eso tiene sentido?
Mi madre puso su mano sobre mi brazo.
—El amor no tiene sentido, mi niño. La gente ha hecho cosas más locas por amor
que cruzar un océano.
La presión se acumuló en mi pecho. Por un lado, sabía que ella tenía razón, y
necesitaba pelear. Pero las semillas de la duda, del odio a sí mismo, estaban creciendo.
—La extraño.
—¿La amas?
Cerré los ojos y asentí.
—Sí.
—¿Nunca le dijiste?
—No en esas palabras, no.
Mi madre parecía afligida.
—Has pasado una buena parte de tu vida tratando de castigarte por lo que pasó
con Emma. Es hora de que dejes de sabotearte. Si estás enamorado de Teagan, debes
decirle y dejar que tome la decisión de si le gustaría intentar que las cosas funcionen.
Es probable que ella nunca haya sugerido venir a Inglaterra porque nunca le diste la
opción, ¿estoy en lo cierto?
—Tendrías razón.
—¿Por qué una chica se ofrecería a mudarse por alguien que nunca le dijo que la
ama?
No tuve una respuesta. Siempre me dije que encontraría el camino de regreso a
Teagan. Pero verla feliz con alguien más me hizo dudar de todo. Independientemente
de lo que quería o de lo que mi madre creía, sabía que contactar a Teagan ahora e
interrumpir su felicidad no era la decisión correcta.
Así que no lo haría.
Teagan
M
ientras miraba las luces del árbol apenas podía creer que hubiera pasado
un año desde la última Navidad. Parecía que fue ayer cuando Caleb y yo
estábamos intercambiando regalos en mi habitación. Jugando con el collar
de caracol alrededor de mi cuello, me pregunté qué estaba haciendo esta
noche. Donde fuera que Caleb estuviera, esperaba que fuera feliz.
Sabía que la Navidad era dura para él. Había estado más tentada esta noche que
nunca a contactarlo de nuevo, especialmente ya que sus redes sociales habían vuelto.
Lo que fuera que había causado que las eliminara, seguía siendo un misterio. Toda la
cosa parecía bizarra, pero había tomado la decisión de cortar lazos, y tenía que confiar
en que tuvo una buena razón.
Desde que terminé mi relación con Ethan, no había salido con nadie más. Sabía
ahora que realmente no debería conformarme. Tan duro como era dejar a un chico
decente, sabía que era la mejor decisión para mí y también para él. Ethan se merecía
una novia que pudiera darle todo de sí misma, algo que yo no había estado dispuesta a
hacer.
Mi padre se sentó a mi lado en el sofá mientras esperábamos a que llegaran los
vecinos para nuestra fiesta anual de la víspera de Navidad.
Con un ponche de huevo en la mano, preguntó:
—¿Cómo está mi chica?
—Hola, papá.
Inclinó la cabeza.
—Te ves deprimida.
—Estoy bien. Solo pensando en cosas.
—¿Podría ser que cosas tenga un alter ego llamado Caleb Yates?
Mi padre era definitivamente más astuto de lo que le daba crédito.
—Ha cruzado mi mente esta noche, sí.
—Maura me dijo que no has sabido de él en mucho tiempo.
—Sí. Al principio pensé que podría haber algo mal, pero llamé a su casa. Su padre
dijo que se había ido por el fin de semana. Entonces, todas las redes sociales que había
eliminado, reaparecieron. Todavía no se ha molestado en contactarme, así que estoy
suponiendo que sintió que lo mejor era cortar lazos.
—Es difícil cuando alguien que te importa hace eso.
Ah, sí. Mi padre podía sentirse identificado con ese sentimiento.
—Sé que entiendes cómo es.
—Sí. —Suspiró—. Pero, sabes, una cosa maravillosa salió de la desaparición de
Ariadne. No solo me dejó con el más hermoso regalo, tú, sino que me dejó la puerta
abierta para poder conocer al verdadero amor de mi vida.
Sonreí.
—Eso es verdad, ¿no es así?
—Y, por supuesto, Shelley se convirtió en otro maravilloso resultado de esa
situación.
—Es difícil imaginar la vida sin esa mocosa. —Me reí.
—Síp. —Sonrió—. Las cosas se resolverán de la manera en que se supone que lo
hagan. Tienes que confiar en eso.
Realmente quería creerlo.
—Gracias, papá. Lo intentaré.
Por mucho que supiera que lo correcto era quedarme arriba y mezclarme con
todos los invitados, me encontré yendo a mi habitación por un tiempo, aunque me dije
que me uniría de nuevo más tarde.
Tumbada en mi cama, cerré los ojos e intenté despejar mi mente, la cual estuvo
enfocada en Caleb toda la noche. Toqueteando el collar de caracol, terminé dormitando.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había estado dormida cuando mi teléfono sonó,
despertándome.
El número en la pantalla era uno que no reconocí. Normalmente, no habría
contestado, excepto que este número era único: era un número de Reino Unido. Cuando
lo asimilé, mi corazón empezó a casi saltarse un latido mientras respondía.
—¿Hola?
Su voz era baja y áspera.
—Teagan…
Tomó unos pocos segundos para registrarlo. Solo había pronunciado mi nombre,
pero fue el más hermoso sonido.
—¿Caleb? —Salió en un susurro. Mi voz era débil, mi cuerpo estaba débil… todo
se sentía débil.
—Sí, soy yo.
—Oh, Dios mío. Es tan bueno oír tu voz.
—Es bueno oír la tuya también. Feliz Navidad.
—Feliz Navidad. —Puse mi mano sobre mi corazón—. ¿Estoy soñando? ¿Eres
realmente tú? He estado tan preocupada.
—¿Sí?
—Sí, por supuesto. ¿Cómo no podría? Desapareciste, excepto que no lo hiciste.
Sabía que estabas bien, así que solo imaginé que no querías hablar conmigo. Pero aun
así me preocupé. Incluso llamé a tu casa y…
—¿Llamaste a mi casa?
—Sí.
—¿Cuándo? —Su voz adquirió un filo.
—Hace varias semanas.
—¿Qué sucedió cuando llamaste?
—Tu padre respondió. Dijo que te habías ido por el fin de semana.
Caleb dejó escapar un largo aliento.
—Joder. Lo siento. Hay tanto que tengo que contarte, Teagan.
Mi voz se rompió.
—¿Por qué no devolviste mi llamada a tu celular? Esa fue la razón por la que llamé
a casa de tus padres.
—No recibí tu llamada, amor.
—¿No?
—No. Mi teléfono se perdió después de una noche de borrachera. Nunca lo
recuperé. Nunca supe que llamaste, y mi padre nunca me dijo que llamaste a la casa. —
Podía sentir su frustración a través de la línea—. Teagan, lo siento muchísimo por
haberte preocupado. ¿Tienes un poco de tiempo para hablar? Sé que tu fiesta debe estar
sucediendo.
Era risible pensar que abandonaría esta llamada telefónica por la fiesta, o
cualquier otra cosa en el mundo.
—Caleb, no hay nada más importante ahora mismo que hablar contigo. Por favor,
dime qué sucedió.
—De acuerdo. —Hizo una pausa—. Cuando llegué a Reino Unido al principio,
estaba en un mal lugar. No solo te extrañaba, sino que el alcoholismo de mi padre se
salió de control. Peleábamos constantemente. Lo manejé yéndome de la casa, saliendo
cada noche, emborrachándome e intentando olvidar lo que estaba sucediendo en casa.
Mi estómago se hundió.
—Oh, no.
—Fue la peor cosa que podría haber hecho, y muy irresponsable.
En silencio, lo dejé continuar.
—Una de esas noches, volví a casa y encontré a mi padre poniéndose físico con mi
madre. Perdí la cabeza e intervine. Los vecinos llamaron a la policía, y mi padre me
acusó de asalto. Mi madre se negó a decirle a la policía que mi padre había estado
atacándola porque no quería que fuera a la cárcel. Así que les dijo que él y yo habíamos
discutido, que era un asunto familiar.
—Mierda.
—Las cosas solo empeoraron después de eso. No podía vivir bajo el mismo techo
que él. Era un desastre, y mi propio alcoholismo se salió de control, me avergüenza
decir. Terminé metiéndome en una pelea con alguien en uno de los clubs aquí. Fui
arrestado y retenido por unos días hasta que mi madre pudo pagar la fianza. Ese fue el
punto más bajo. Me di cuenta entonces de que necesitaba ayuda… no solo por mi
alcoholismo, sino por todos los problemas que me llevaron a ello.
—Espera. ¿Fuiste arrestado?
—Sí. Pero en lugar de ir a la cárcel por asalto, fui sentenciado a servicio
comunitario y una temporada en rehabilitación. Pasé dos meses en una instalación que
no solo trata el abuso de sustancias, sino también los problemas subyacentes. Cuando
llegas allí, toman tu teléfono. Acababa de reemplazar el viejo cuando me quitaron el
nuevo. No quieren que tengas distracciones externas. Y desactivé mis cuentas en las
redes sociales para hacerlo más fácil durante ese tiempo. Todo sucedió tan rápido. No
quería preocuparte, así que elegí no contarte nada de lo que estaba sucediendo. Pero
pasé por alto considerar que podrías notar que mis cuentas habían desaparecido. No
sabía que estuvieras alarmada. Lo siento mucho, Teagan.
Puta mierda. Tenía razón en que habría estado preocupada, pero aquí estaba
pensando que había estado teniendo el momento de su vida y había escogido no
contactarme.
—Oh, Dios mío, Caleb. Esto lo explica todo. Todo tiene sentido ahora. Pensé que
no querías contactarme porque habías seguido adelante. Vi una foto de ti en la página
de Archie. Una chica estaba besándote, y solo pensé…
—¿Qué? Mierda. Teagan, eso no significó nada. Esa fue solo alguna chica en el pub.
Ni siquiera sé quién fue. Lo juro, nada sucedió. Estábamos fuera y ella se colgó de mí.
Archie debió haber tomado una foto. Estaba borracho, pero no demasiado borracho
para darme cuenta de dónde estaba y qué estaba haciendo. No he estado con nadie
sexualmente desde ti, nunca llevé las cosas tan lejos.
¿No se ha acostado con nadie?
Se sintió como si hubiera soltado un aliento que había estado conteniendo desde
que nuestra conversación empezó. Podía sentir lágrimas formándose en mis ojos, una
mezcla de alivio y completa tristeza por todo lo que había pasado.
—Vaya.
—Es tan bueno oír tu voz, Teagan.
Quería saltar a través del teléfono. Mi piel se erizó con una intensa necesidad de
verlo.
—¿Estás mejor ahora? ¿El programa ayudó? —pregunté.
—Estoy sobrio, sí. Y los terapeutas allí indagaron en mi pasado un montón, en mis
problemas con mi padre. No diría que estoy arreglado, pero hablar con un profesional
con frecuencia definitivamente ayudó. Todavía tengo trabajo que hacer, sin embargo.
—Estoy tan orgullosa de ti.
—En fin… mi terapia está un poco relacionada con la razón por la que estoy
llamando.
Mi corazón se aceleró.
—Necesitaba trabajar en mí mismo antes de poder empezar a verdaderamente
entregarme a alguien. Parte de la razón por la que no luché más duro por nosotros antes
de que me fuera, fue porque no sentía que mereciera ser feliz, o que te mereciera. —Lo
oí respirar hondo—. ¿Eres feliz, Teagan? Sé honesta, sé que estás con alguien.
¿Con alguien?
—No estoy… con nadie. ¿Qué te hizo decir eso?
—¿No lo estás?
—No.
—Pero lo estuviste. Vi una foto en línea.
—Por un par de meses, sí. Pero rompí con él después de encontrar tu carta en el
cajón de maquillaje, y me recordó que nunca debería conformarme. Fue mi novio por
un tiempo, pero nunca tuvimos sexo —añadí.
—Vaya. Solo asumí… —Caleb suspiró—. Entonces, déjame aclarar esto… el chico
en las fotos que Kai publicó del campamento… ¿ya no estás con él?
—Rompí con él.
—Estás soltera.
—Sí.
—Aguarda un segundo.
Hubo algún alboroto, y entonces oí a Caleb gritar lejos del teléfono.
—¡Sí! —Pareció hacer eco. Lo hizo de nuevo—. ¡Joder, sí!
—Oh, Dios mío. ¿Acabas de gritar fuera? Oí eco.
—Maldición, absolutamente, Teagan. Si hubieras dicho que eras feliz con algún
otro tipo, podría no haberte dicho lo que estoy a punto de decir. Podría habérmelo
guardado dentro para siempre. Y eso podría haberme matado. Pero la verdad es que
ahora puedo decirlo… y tengo mucho que decir.
Aspiré.
—Dilo, Caleb. Por favor, dilo.
—He estado evitando contactarte porque cuando volví a conectarme a mis
cuentas y te vi etiquetada en esas fotos, creí que eras feliz. No quería perturbar tu vida,
porque eso no hubiera sido justo. Así que evité llamarte. Pero no contactarte ha estado
comiéndome vivo lentamente. Le pedí al universo que me diera una señal de que
debería correr el riesgo. Nunca pensé que la recibiría, pero finalmente lo hice.
—¿Qué pasó?
—Bueno, debería retroceder un poco. Mi padre se fue. Era algo que se esperaba
desde hace tiempo. Está viviendo con uno de sus hermanos ahora, pero esa es una
historia para otro día. En fin, le confesé a mi madre recientemente cuán miserable había
sido siempre en Navidad. Este año, solo somos nosotros dos, y decidimos hacer algo que
nunca hemos hecho: ir a Nottingham y quedarnos en otra parte, tal vez tomar comida
para llevar y disfrutar de la compañía del otro lejos de casa y de todos los malos
recuerdos allí. Te estoy llamando desde Nottingham en realidad.
Eso me hizo sonreír.
—¿Tu madre está contigo?
—Está arriba en la habitación. Estoy fuera del hotel en este momento. Salí aquí
para llamarte. En fin, todo el día he estado pensando en las pasadas Navidades, en cuán
increíble fue pasarlas con tu familia y contigo. Todo el día he querido llamarte. Pero
todavía dudaba.
—¿Qué te hizo hacerlo finalmente?
—Mi madre y yo empezamos a mirar el listado del hotel de restaurantes cercanos,
y un montón no estaban abiertos esta noche, pero había un lugar chino que era: Bo
Cheng s. ¡Bo jodido Cheng s, Teagan! Lo juro.
—Oh, Dios mío. —Me reí histéricamente—. ¡Oh, Dios mío! ¿Cómo es eso posible?
—En ese momento, supe que había recibido la señal que necesitaba, y tenía que
llamarte, incluso si significaba perturbar tu felicidad. Porque hay tanto que necesito
decir. —Exhaló—. Primero, te amo. Te amo muchísimo. Nunca lo dije porque estaba
asustado, pero te he amado por un muy largo tiempo.
Cerré los ojos y me permití asimilarlo. Mi voz se rompió.
—También te amo.
—Escucha, probablemente esté atascado aquí en Inglaterra por mi arresto. Ahora
va a ser muy difícil conseguir un visado para ir a Estados Unidos. Así que, tengo que
hacerte una pregunta.
—De acuerdo…
—¿Estarías dispuesta a venir aquí? Ya sea después del año escolar, después de
que te gradúes o cuando sea que puedas, suponiendo que no pueda ir allí, no me
importa. Encontraré una manera de pagar por tu billete.
Las emociones me inundaron, pero no tenía duda de mi respuesta.
—¡Sí! Sí, lo haré. Por supuesto.
—¿Lo dices en serio?
—Sí. Todo lo que tenías que hacer era preguntar. Ni siquiera tengo que pensarlo.
Pensaremos en algo.
Íbamos a estar juntos de nuevo. Y ahí estaba: el mejor maldito regalo de Navidad
que podría haber recibido.

Ahora que sabía que Caleb me quería en Inglaterra, no podía llegar allí lo bastante
rápido. El día después de nuestra llamada, les conté a Maura y papá sobre todo lo que
Caleb me había dicho y mis planes para viajar a Londres al final del año escolar.
Entonces, la semana siguiente, fui a la oficina de servicios estudiantiles para
preguntar sobre transferirme en mi último año a su universidad asociada en Londres.
Definitivamente tendría que terminar mi primer año aquí, pero dijeron que lo
evaluarían por mí. Básicamente, sería lo opuesto a lo que Caleb había hecho. Si no era
posible, me tomaría tiempo libre o pensaría en otra cosa. No importaba, siempre y
cuando pudiéramos estar juntos. No había nada que quisiera más que estar con Caleb.
Caleb quería pagar por mí para que fuera, pero él y su madre habían agotado sus
fondos pagando la rehabilitación. No quería que tuviera que vender su alma por mi
billete. De todos modos, no necesitaba solo el dinero del viaje, sino recursos para
quedarme en Inglaterra. Y estaba determinada a conseguir ambos. Por lo pronto, podía
quedarme en Reino Unido durante seis meses sin ningún tipo de visado especial.
Tendríamos que ver las cosas más allá de eso. Tenía algunos ahorros, pero ni siquiera
cubrían el coste de mi billete de avión. Había empezado a pasar mi tiempo libre
buscando posibilidades laborales en Reino Unido en línea.
Maura vino a encontrarme en mi dormitorio después de que hubiera regresado
de la escuela.
—Hola. Vine a ponerme al día —dijo—. ¿Tuviste suerte hablando con Northern
sobre transferirte el próximo año?
—Dijeron que tenían que hablar con alguna gente en la universidad de Inglaterra
para ver si sería una posibilidad. Así que tengo que esperar.
—¿Crees que irás incluso si no puedes transferirte?
—Sí. Lo sé con seguridad. Solo me queda un año, y siempre podría volver y
terminar más tarde o pensar en otra cosa. No puedo aguantar otro año lejos de él ahora
que sé que me quiere allí.
—Eso es muy romántico. —Maura sonrió—. Y hay algo que me gustaría darte,
Teagan, para hacerlo más fácil.
Me senté a su lado.
—De acuerdo…
—Había planeado esperar hasta que fueras un poco mayor, pero siento que este
es el momento correcto.
Maura sacó una pequeña caja del bolsillo de su suéter.
—Antes de enseñártelo, debería introducirlo diciendo que creo que tu padre
estaba completamente loco cuando compró esto. Pero todo funciona por una razón.
—¿Qué es?
Maura abrió la caja, revelando un enorme diamante cuadrado que parecía hecho
para una reina. Tenía diamantes más pequeños alrededor de la piedra del centro. Era
impresionante.
—¿Compró mi padre eso para ti?
Negó y rió.
—No.
—¿No? —Mi frente se arrugó con confusión.
—Lo compró para Ariadne.
Mi mandíbula cayó.
—¿Qué?
—Sí. Fue un esfuerzo desesperado por lograr que se quedara. Lo llevó por un
tiempo, pero se lo devolvió antes de irse. Al menos tuvo la decencia de hacer eso. A este
día, todavía me sorprende que no se lo quedara.
Mi boca cayó.
—¿Quieres dármelo? No estoy segura de poder aceptarlo.
—Oh, sí, puedes. —Bajó la mirada al anillo—. Escucha, después de que tu padre y
yo nos enamoráramos, me enseñó este anillo y me dijo que lo vendería y compraría otra
cosa. En ese momento, acabábamos de recuperarnos financieramente, así que no tenía
sentido gastar dinero en mí misma. Aun así, tampoco se sentía bien intercambiarlo por
dinero. Así que le pregunté si estaría bien que lo guardara, ya fuera para ti o para cuando
hiciera falta si la familia lo necesitaba.
—¿Le pareció bien?
—Conoces a tu padre. Siempre y cuando estuviera feliz… me dejó guardarlo.
Siempre supe en mi corazón que te lo daría porque fue la última cosa que Ariadne te
dejó, la única cosa que dejó. Este anillo nunca se sintió mío. En mi mente, siempre fue
tuyo.
Miré fijamente el diamante resplandeciente.
Sonrió.
—Entonces, lo que me gustaría que hicieras es venderlo y usar el dinero para
pagar tu billete a Inglaterra y gastos básicos por tanto tiempo como dure el dinero. Un
anillo como este debería representar amor. Vendiéndolo, serás capaz de estar con aquel
que amas y tener dinero para respaldarte por un tiempo.
Muy abrumada con emoción, apenas pude hablar.
—¿Estás segura?
—No hay nada de lo que jamás haya estado más segura.
Tomé el diamante y lo sostuve entre mi pulgar e índice. Las luces se reflejaron en
la piedra. Era hermoso. Pero iba a desaparecer. A jodidamente desaparecer. Necesitaba
ese dinero, y no iba a pelear. Le debía mucho a Maura.
La rodeé con mis brazos.
—Nunca seré capaz de pagarte por esto.
—No hay necesidad. Como dije, esto siempre ha sido tuyo de todos modos. Saber
que conseguirás estar con Caleb me hace muy feliz. Eso vale más de lo que este anillo
jamás podría.
Teagan
A
unque Caleb y yo hablábamos por teléfono casi todos los días, no era lo
mismo que estar con él. El resto del año escolar progresó lenta y
dolorosamente. Lo que nos ayudó fue saber que cada día que pasaba nos
acercaba más a estar juntos. Pero finalmente se había acabado.
No había podido entrar en un programa de intercambio con la Universidad, así
que decidí tomarme el siguiente año libre para resolver mi vida. Eso empezaba con el
primer avión al Reino Unido una vez que las clases terminaron.
—¿Puedes llevarme en tu maleta? —preguntó Shelley.
Faltaban dos días antes de que saliera para Inglaterra, y tenía un largo camino que
recorrer con mi equipaje.
Sonreí.
—Sabes, nunca pensé que diría esto, pero realmente desearía poder hacerlo.
A veces no aprecias algo hasta que estás a punto de perderlo. Mi hermana y yo nos
habíamos hecho mucho más cercanas el último año. Ella venía a mi habitación para
hablar de los chicos que le gustaban. Yo la ayudaba con sus deberes. A veces, ella y yo
hablábamos de cosas al azar. Pero éramos parte de la vida de la otra. Y ahora, después
de que finalmente encontramos un ritmo, me mudaba a Inglaterra por lo menos por seis
meses.
—Te voy extrañar. —Shelley intentó colar algo en mi equipaje de mano.
—¿Qué es eso que acabas de poner dentro de mi bolso? —le pregunté.
—Se suponía que era una sorpresa. —Lo sacó y me lo entregó.
Era un brazalete de plata que decía hermana y tenía dos corazones entrelazados
en el colgante. Mi corazón se hinchó.
—Sabes, debería ser yo quien te diera un regalo, no al revés. A menudo has sido
mejor hermana que yo —le dije—. Te debo mucho tiempo perdido, y ahora me voy.
Me abrazó.
—Está bien, Teagan. Sólo envíame fotos y dulces especiales que no podemos
conseguir aquí o algo así.
La apreté y me reí.
—¿Se supone que eso compensa los años de ser una hermana mayor de mierda?
Se encogió de hombros.
—¿Vas a volver?
—Espero que sí. Pero no sé qué me depara la vida en este momento. Sólo voy a
ver qué pasa.

Mi vuelo era el último de la noche, así que se acercaba la hora de acostarse de


todos cuando nos subimos al auto para ir al aeropuerto. Mis padres me habían apoyado
mucho, así que me sorprendió que mi papá pareciera nervioso en el camino.
—No puedo creer que esté apoyando a mi hija al abandonar la universidad —
dijo—. Debo estar loco.
Maura puso su mano en su rodilla mientras conducía.
—No. No estás loco, sólo eres un viejo romántico.
—Prometo terminar la escuela, papá —dije desde el asiento trasero—. Sólo
necesito hacer esto ahora mismo.
—¿Prometes que, si las cosas no van bien allí, volverás enseguida? —preguntó.
—Sí. Por supuesto. No me voy a quedar en ningún sitio donde sea infeliz.
No tenía ni idea de cómo iban a ir las cosas en el territorio de Caleb. Mis padres
me proporcionaban un ambiente seguro y cariñoso sin estrés. En Londres, viviría con
Caleb y su madre. No tenía ni idea de si le gustaría; sólo había hablado brevemente con
Poppy Yates por teléfono. Había tantas incógnitas. Pero este viaje nos haría o rompería
a Caleb y a mí.
Cuando llegamos al aeropuerto, mis padres y mi hermana salieron del auto para
despedirme en la zona de embarque.
—Dale a Caleb un gran abrazo de nuestra parte, ¿de acuerdo? —dijo Maura con
lágrimas en los ojos.
—Lo haré. Gracias por todo, mamá. Te amo.
Me apretó con fuerza.
—Yo también te amo.
Luego mi padre me tomó en sus brazos.
—Cariño, recuerda que estoy a una llamada de distancia. Sube al siguiente avión
a casa si no estás nada más que en la luna allí. ¿De acuerdo?
—Bien, papá. Prometo que no dudaré en volver.
Shelley estaba completamente llorando cuando nos abrazamos.
—Te amo, Teagan.
—Yo también te amo, Shell Belle.
Durante nuestro abrazo, metí la mano en mi bolsillo y saqué algo que le había
comprado. Era el mismo brazalete que me había dado, excepto que, en su metal favorito,
el oro.
—Ahora tenemos los mismos brazaletes para mirarlos y pensar en la otra.
Se lo colocó alrededor de la muñeca.
—Gracias, Teagan. Quise comprarme uno cuando conseguí el tuyo, pero no podía
permitírmelo.
Hice sonar el dije de mi pulsera a juego.
—Gracias por el mío. Lo usaré todo el tiempo.
—Yo también —dijo mientras nos abrazábamos de nuevo.
Le di un último beso a mi familia antes de atravesar las puertas de cristal. Mientras
subía la escalera mecánica hacia la puerta, las mariposas se arremolinaban en mi
vientre. Ahora sólo estaba yo.
Wow. Realmente estoy haciendo esto.

Después de pasar la aduana en Heathrow, busqué frenéticamente señales de


Caleb.
Cuando finalmente lo encontré, tenía un ramo de... no estaba segura. ¿Qué es eso?
Nos precipitamos hacia delante como en una carrera para llegar al otro.
Caleb me rodeó con sus brazos antes de que pudiera averiguar lo que sostenía. No
es que eso importara. Quería estar envuelta en él así para siempre. Su olor familiar me
envolvió, y me apretó tan fuerte, que pensé que podría quebrarme. Se sentía tan bien
estar en sus brazos de nuevo.
—Siento como si hubiera estado conteniendo la respiración durante un año —dijo
contra mi oreja.
Cuando finalmente me dejó ir, vi lo que estaba sosteniendo.
Me cubrí la boca.
—Oh, Dios mío. ¿Qué has hecho?
—Es un ramo de s mores. —Mostró una sonrisa torcida.
Había envuelto una cinta púrpura alrededor de un montón de malvaviscos
tostados en palitos.
—Eso tiene que ser la cosa más creativa que he visto en mucho tiempo.
—Sólo lo mejor para ti, mi amor.
Me dio el ramo antes de tirar de mí para un beso profundo. Estuvimos de pie por
un tiempo indeterminado en medio del aeropuerto lleno de gente, besándonos,
completamente ajenos a la multitud de gente que nos rodeaba.
—¿Puedo decirte algo? —susurró.
—¿Sí?
—Estoy tan jodidamente nervioso.
—¿Por qué?
—Porque quiero que las cosas sean absolutamente perfectas para ti aquí, y sé que
no lo serán.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero que estés cómoda. Nuestro apartamento es pequeño, Teagan. No se
parece en nada a tu hogar.
—Por favor, no te preocupes por eso. Sabes que no me importa.
—Lo sé. No estoy seguro de que te des cuenta de lo diferentes que van a ser las
cosas.
Sin saber cómo podría convencerlo, hablé más fuerte.
—No me importa eso, Caleb. Vine aquí por ti, no por el techo sobre mi cabeza o
cualquier otra cosa. No quiero nada más que a ti.
Dejó escapar un largo suspiro antes de acercarse para darme un beso más en los
labios. Pensé que nunca más estaría con él de esta manera. Eso parecía imposible de
entender ahora.

El vecindario de Caleb en Stratford era muy lindo. Era un barrio de mercado con
más de ochocientos años de historia y resultó ser el lugar donde nació William
Shakespeare. Aparentemente era fácil ir y venir de Londres desde donde vivía. El
inconveniente era que no era la zona más segura por la noche. Caleb dejó claro que no
confiaría en que yo caminara sola después del anochecer. Quería decirle que sus
preocupaciones probablemente no estaban justificadas, pero no había escuchado a
Maura cuando me advirtió sobre el Teatro Syd y mira lo que pasó.
El apartamento de Caleb y Poppy en el segundo piso estaba dentro de una estrecha
casa de ladrillos. Mi corazón latía con fuerza mientras Caleb me ayudaba a subir las
escaleras para ir a su casa.
Tan pronto como la puerta se abrió, la madre de Caleb vino corriendo hacia
nosotros.
—Dios mío, has vuelto más rápido de lo que pensaba. Quería ponerme algo de
maquillaje. —Se acercó a mí—. Teagan, bienvenida.
Mientras nos abrazábamos, dije:
—Es tan asombroso conocerla finalmente, señora Yates.
—Por favor, llámame Poppy —dijo.
Caleb parecía un poco nervioso mientras estaba de pie con las manos en los
bolsillos, observando mi interacción con su madre.
Hubo unos momentos de silencio incómodo cuando su madre me recibió. No
podía saber lo que estaba pensando.
¿Estúpida chica americana?
Chico, pensaría que mi hijo podría hacerlo mejor...
Entonces, ¿esta es la chica que quería robar a mi hijo y mantenerlo en los EE.UU.?
Entonces ella finalmente dijo:
—Puedo ver por qué mi hijo está tan enamorado de ti. Eres absolutamente
encantadora.
Caleb me sonrió. No sabía qué decir, pero el alivio me inundó.
—El sentimiento es mutuo —dije—. Y tú también eres encantadora.
—Hice algo de comida, si tienes hambre —dijo.
La única cosa de la que tenía hambre en este momento era Caleb. Pero dado que
ahora estábamos en casa con su madre, no tenía ni idea de cuándo podríamos
"reunirnos" adecuadamente. Pero sabía que debía comer, y no había forma de rechazar
su oferta.
—El almuerzo suena maravilloso.
Seguí a Caleb y a su madre a la pequeña cocina. Una gran olla de algo estaba
hirviendo en la estufa. A través de una ventana que daba a una escalera de incendios
pude ver una línea de ropa con varios pantalones cortos y camisas que soplaban en el
viento. Junto al fregadero estaba la lavadora.
—Ahí está la famosa lavadora en la cocina de la que tanto he oído hablar.
Su madre parecía confundida.
—¿Qué es eso?
—Mamá, ¿crees que en Estados Unidos tienen una habitación designada para la
lavandería? Es brillante.
Se rió.
—Espero que estar aquí no sea un duro despertar para ti, Teagan.
—Su lugar es acogedor e íntimo. Paso la mayor parte del tiempo en el sótano de
mi casa de todos modos, así que esta es mi manera de hacerlo.
Caleb parecía incapaz de dejar de mirarme. Yo, por supuesto, me di cuenta de esto
porque no podía dejar de mirarlo.
Cuando su madre se giró para atender la sopa, él moduló:
—Te deseo.
Parecía listo para devorarme, lo que causó un revuelo en mi cuerpo.
—Yo también te deseo —susurré, segura de que mi cara debe haberse vuelto
cincuenta tonos de rojo con su madre allí mismo.
Interrumpió nuestro coqueteo cuando se acercó a la mesa sosteniendo dos
tazones humeantes.
—Huele delicioso.
—Es la famosa sopa de patatas y puerros de mi mamá.
—No puedo esperar a probarla.
Después de terminar la maravillosa sopa, la madre de Caleb hirvió un poco de té
y puso galletas. Hacía todo lo que estaba a su alcance para que me sintiera cómoda, lo
cual agradecí.
Sin embargo, el tema de conversación se volvió serio durante nuestro té.
—Has recorrido un camino muy largo, Teagan; arrancado de raíz tu vida. Eso es
un testimonio de lo mucho que te preocupas por mi hijo.
—No hay ningún lugar en el que preferiría estar —le dije—. Caleb causó una gran
impresión en mi vida en poco tiempo. No sólo enseñándome a apreciar lo que tengo,
sino en la forma en que ha perseverado a través de muchas cosas difíciles, siempre con
una sonrisa cuando sé que no siempre es fácil para él.
Su madre asintió.
—Ha sido un año difícil en esta casa. Mi marido y yo nos hemos distanciado por
primera vez en años, y el que Caleb fuera a rehabilitación no fue algo que viéramos
venir. Ha sido muy duro. Pero ver la mirada en su cara cuando se enteró de que venías
a Inglaterra es algo que nunca olvidaré.
Alcancé la mano de Caleb bajo la mesa.
—Gracias por compartir eso. Solo me solidifica que estar aquí es lo correcto. Todo
lo que tenía que hacer era pedirlo, honestamente.
No esperaba sentirme tan a gusto aquí, y debo haber estado más relajada de lo
que creía cuando un enorme bostezo me alcanzó.
—Debes estar cansada por el viaje —señaló Poppy.
—Sí, definitivamente lo estoy.
No tenía ni idea de dónde iba a dormir. Caleb y yo no lo habíamos discutido. El
apartamento era pequeño, así que no había muchas opciones.
Decidí morder la bala.
—¿Dónde voy a dormir?
Caleb miró a su madre y me devolvió la mirada.
—Conmigo.
—No tenemos mucho espacio —añadió Poppy—. Y no nací ayer como para pensar
que hacer que Caleb duerma en el sofá cambiará cualquier cosa que pase cuando yo no
esté aquí. —Sonrió—. Sólo tengan cuidado y sostén a mi hijo por la noche si tiene una
pesadilla.
Wow.
—Prometo que lo haré.
Cuando empecé a limpiar, Poppy me echó.
—Ve a descansar. Yo me encargo de esto. Tendrás mucho tiempo para ayudar en
los próximos seis meses. —Guiñó el ojo.
Caleb me tomó de la mano y me llevó a su habitación, que por suerte estaba en el
lado opuesto de la casa del dormitorio de su madre. Eso haría las cosas un poco menos
incómodas.
La decoración de la habitación de Caleb era sencilla, y estaba limpia. Como en su
habitación en Boston, tenía un equipo de entrenamiento tirado por ahí. La ventana que
daba a la calle estaba abierta. La cama era grande con una manta gris encima, y una
alfombra burdeos en el suelo.
Caleb se sentó en su cama y me hizo un gesto para que me acercara a él. Enterró
su cara en mi abdomen, besando suavemente sobre mi camisa antes de quitármela y
devolver su boca a la piel desnuda de mi estómago.
—He extrañado tanto este cuerpo. —La sensación de sus palabras vibrando
contra mi piel me hizo sentir una gran emoción.
Mirando el enorme bulto que se tensaba en sus vaqueros, sentí que los músculos
entre mis piernas se movían con anticipación. No podía esperar a sentirlo dentro de mí
otra vez.
Caleb continuó desnudándome lentamente, tomándose su tiempo tanto como yo
quería que se diera prisa.
—Tenemos que estar muy callados —susurró.
Lo último que quería era que su madre nos oyera teniendo sexo. Ya era bastante
malo que ella supiera muy bien lo que estaba pasando aquí. Pero nada podría haberme
detenido de necesitar tenerlo ahora mismo.
Cuando Caleb me bajó los pantalones, se fijó en mi ropa interior de encaje. Nunca
me había visto con algo así, pero los había comprado por si acababa en esta misma
situación al llegar.
—Joder, Teagan. ¿Intentas matarme aquí y ahora con estas bragas?
Se sentó en el borde de la cama y se desabrochó los pantalones antes de
quitárselos, junto con su ropa interior. Su hermoso y duro pene se liberó. Brillaba en la
punta, tan listo. Tuve el impulso de lamerlo, así que me arrodillé y me lo llevé a la boca.
Caleb emitió el sonido de la hambruna satisfecha, un bajo y sexy gemido.
—Mieeeerda —añadió después de un momento—. Tienes que dejar de hacer eso.
Sabía que, si continuaba, él se vendría, así que lo dejé ir, porque realmente lo
necesitaba dentro de mí.
Me maravilló su cuerpo perfecto, que estaba aún más esculpido que antes. Todavía
no podía creer que fuera mío. Cuando conocí a Caleb, parecía tan fuera de mi alcance, la
idea de estar con él como un sueño.
Me dio la vuelta y apoyó su peso sobre mí. Habíamos tenido sexo de varias
maneras diferentes en el pasado, pero a Caleb parecía gustarle ser dominante, lo que
hizo que esa fuera mi posición favorita también.
Me abrió las piernas y empujó dentro de mí lentamente hasta quedar totalmente
hundido.
El sonido que hice debe haber sido demasiado fuerte, porque puso su boca sobre
la mía.
—Shhh, nena. Shhh.
—Lo siento —susurré.
Caleb comenzó a moverse lentamente. Era intenso, y pude ver que quería moverse
más rápido y más fuerte, pero la cama definitivamente habría hecho demasiado ruido.
Tener que contenerse era insoportable. Con cada empujón que me daba, lo quería más
y más, con más y más fuerza. Después de que empecé a mover las caderas de cierta
manera, Caleb perdió el control.
—Mierda —gimió, y sentí su cálida corrida derramarse dentro de mí—. Cristo. Te
amo, Teagan. Te amo tanto.
—Yo también te amo —dije mientras un orgasmo se desgarraba a través de mí.
Fue la primera vez que me dijo que me amaba en persona, y con eso, supe que
estaba exactamente donde necesitaba estar.
Caleb
D
espertarme con la visión de Teagan en mi cama fue definitivamente extraño,
pero en el buen sentido. Estaba absolutamente agotada anoche, así que me
levanté en silencio sin despertarla para dejarla dormir.
Mi madre estaba en la cocina, sorbiendo té mientras yo entraba.
—Buenos días, mamá. —Me rasqué el rastrojo de la barbilla.
Dejó su taza.
—¿Cómo están las cosas? —Su expresión tenía un poco de sonrisa.
Fue definitivamente incómodo que ella supiera que Teagan y yo habíamos estado
follando allí anoche. Pero supongo que cuanto antes nos acostumbremos a este arreglo,
mejor.
Aun así, no pude hacer contacto visual.
—Las cosas están bien.
—Ella es muy dulce. Espero conocerla mejor, sin agobiarla. No te preocupes.
Recuerdo lo que dijiste sobre que necesitaba su espacio. Dios sabe que no tenemos
mucho. Dejaré que venga a mí.
—Gracias —dije—. Te lo agradezco.
Sentado, tomé una de las galletas para el desayuno que mi madre había horneado
y vertí un poco de té de la tetera sobre la mesa.
Aunque estaba feliz de que Teagan estuviera aquí, teníamos mucho que resolver.
Me iba a inscribir en las clases este otoño, y ella necesitaba encontrar trabajo, o al menos
algo que la mantuviera ocupada mientras estuviera aquí.
Uno de mis tíos tenía una floristería y había prometido un trabajo para ella. Eso
estaba lejos de ser emocionante, pero al menos sería algo. Recé para que no le molestara
el hecho de que yo volviera a la escuela mientras que ella no podía ahora. Esencialmente
había pausado su vida por un tiempo para estar conmigo, y esperaba que no se
arrepintiera.
También había algo más que me molestaba, algo que le había estado ocultando.
No sabía cuándo sería el momento adecuado para divulgarlo. Ahora era demasiado
pronto. Ni siquiera se había aclimatado a estar aquí todavía. Al mismo tiempo, no podía
esperar demasiado.
—¿Estás estresado? —preguntó mi madre—. Tómalo un día a la vez. Ella vino por
ti, no por ninguna otra razón.
—Todavía me cuesta a veces, mamá sintiendo que no merezco ser feliz.
Ella asintió.
—Es difícil romper con el hábito del pensamiento destructivo. Tal vez necesitas
dejar de preocuparte por si mereces algo y aceptarlo como un regalo.
—¿Y si me equivoco otra vez?
—¿Te refieres a empezar a beber?
—Cualquier cosa que la aleje, empiece a beber de nuevo, sólo que lo estropee de
alguna manera. Ella vino hasta aquí. No quiero arruinarlo todo.
—Te das cuenta de que las preguntas que empiezan con "qué pasa si" son inútiles,
¿no?
Jadeé.
—Sí.
Mi madre me había apoyado mucho. Sabía que no era fácil para ella vivir lejos de
mi padre después de todos estos años, y me preguntaba si era sólo cuestión de tiempo
antes de que terminara de nuevo en casa. Eso definitivamente no era algo que quisiera
mientras Teagan viviera con nosotros.
—¿Crees que tú y papá arreglarán las cosas?
Mi madre miró hacia otro lado.
—En los últimos meses, he aprendido que es posible amar a alguien y no poder
tenerlo en tu vida. Las cosas fueron tóxicas durante mucho tiempo, y simplemente lo
acepté. En el fondo, tu padre tiene un buen corazón, pero no sabe cómo tratar con su
propio hijo. Y para ser sincera, tú eres más importante para mí que él. —Suspiró—. Hay
muchas otras cosas que hicieron imposible vivir con él, como la forma en que me trató.
Así que ahora mismo, creo que es mejor que las cosas sigan como están.
La felicidad de mi madre me importaba más que la mía, más que nada. Si ella era
más feliz con mi padre sin vivir aquí, necesitaba aceptarlo y quizás estar agradecido por
ello.
—Es una nueva era para nosotros, Caleb. —Mi madre me tomó de la mano al otro
lado de la mesa—. Sabes que está bien si no eres perfecto, ¿verdad? Aunque manejes
mal las cosas de vez en cuando, mientras trates a la gente que amas con respeto, la
mayoría de las veces no se irán si te quieren de vuelta. Tu padre dejó de respetarme. Y
por eso tuve que dejarlo.
Asentí.
—Entendido.
Me enorgulleció que mi madre hubiera tenido el valor de enfrentarse a él.
Después de beber mi té, volví a mi habitación para ver si Teagan seguía
durmiendo. Para mi sorpresa, estaba de pie en medio del pasillo, envuelta en una toalla
después de haber salido aparentemente de la ducha. Las gotas de agua corrían por sus
brazos, y su cabello estaba húmedo. Quise arrancarle la toalla, pero no hubiera sido
prudente.
Estaba parada frente a una foto de Emma y mía tomada cuando éramos niños. Mi
madre había quitado la mayoría de las fotos de Emma a lo largo de los años para no
molestarme. Pero como parte de mi más reciente terapia, nos aconsejaron que
pusiéramos algunas de nuevo.
Teagan mantuvo su toalla cerrada sobre sus pechos mientras continuaba mirando
la foto.
—Nunca la había visto antes.
Puse mis manos sobre sus hombros mientras me paraba detrás de ella.
Expulsando una larga respiración, dije:
—Esa es mi hermosa hermana, Emma Louise.
Ella se acercó para tocar mi mano.
Mi madre bajó por el pasillo para llegar a su habitación y nos vio allí de pie.
—Has conocido a mi Emma —dijo mamá—. Ella es nuestro pequeño ángel,
siempre guiándonos.
Teagan se volvió hacia mi madre.
—Era tan hermosa.
Tragué, sintiendo el dolor subir por la garganta para ahogarme. Hice todo lo
posible para mantenerme fuerte.
—Caleb normalmente se niega a mirar cualquier foto de ella. Creo que el hecho de
que estés aquí le da fuerza, Teagan.
Mi madre me dio una palmadita en la espalda antes de continuar hacia su
habitación.
Tomando la mano de Teagan, la llevé a nuestra habitación. Nuestra habitación. Eso
todavía sonaba extraño.
Cerrando la puerta, la incité a acostarse a mi lado. Aún envuelta en su toalla, se
acurrucó en mis brazos.
—Durante años, no pudimos sacar las fotos de Emma. Era demasiado para mí.
Pero hace poco las volvimos a poner, y he estado lidiando con ello, pero no he mirado
su cara hasta ahora. —Le besé la parte superior de la cabeza—. Mi madre tiene razón.
Tenerte aquí es muy bueno para mí. Es lo más feliz que he sido en mucho tiempo.
Apoyó su cabeza en mi pecho.
—Se siente tan surrealista estar en Inglaterra contigo. Siempre había tenido esta
idea en mi cabeza sobre cómo era aquí, la dinámica entre tú y tu madre. Sé que las cosas
son muy diferentes ahora que tu padre está lejos, pero hay una serenidad que no
esperaba. Hay mucho amor aquí también, y mucho dolor que perdura. Puedo sentirlo
todo, todo lo que hay dentro de estas paredes. Estoy tan feliz de estar aquí, de tener la
oportunidad de experimentar una nueva vida, nuevas aventuras. Pero en realidad, no
importaría dónde estoy mientras pueda estar contigo.
Esta chica, esta hermosa mujer, me daba vida cada segundo que estábamos juntos.
Necesitaba encontrar una forma de que nos mantuviéramos juntos más allá de estos
seis meses. La necesitaba para siempre.

Una semana después de la llegada de Teagan, la información que le había estado


ocultando se volvió difícil de contener.
En los meses anteriores a la mudanza de Teagan, habíamos pasado mucho tiempo
al teléfono. Me dijo que había decidido buscar en Google a su madre biológica, Ariadne.
Me explicó cómo eso la llevó a darse cuenta de lo importante que era Maura en su vida.
Me encantó oír que finalmente le había dado a Maura el crédito que se merecía.
También me dijo que, según las direcciones indicadas, Ariadne había vivido un
tiempo aquí en el Reino Unido. Eso no fue una sorpresa, ya que Teagan siempre había
descrito a su madre biológica como una errante viajera del mundo. La recordé
diciéndome que Ariadne había convencido a Lorne para que dejara su trabajo por un
tiempo y viajara con ella todos esos años.
No había pensado mucho en la conexión entre Ariadne y el Reino Unido hasta que
una noche visité a mi tío. Frederick es policía, y sabía que tenía acceso a cierta
información más allá de lo que una búsqueda general en Google proporcionaría. Para
pasar el rato, le había dado el nombre de Ariadne Mellencamp y le pregunté qué podría
averiguar sobre su tiempo aquí en Inglaterra.
Había aparecido una lista en Brighton. Eso estaba a poco menos de tres horas de
aquí. Más notable era la información que venía con él: los nombres de otras personas
en esa residencia. ¿También estaban conectados con Teagan? Inmediatamente me
arrepentí de buscar esa información porque ahora tenía que compartirla con Teagan.
Teagan
U
na semana después de mi nuevo trabajo en la floristería del tío de Caleb,
sentí que me estaba adaptando. Me había llevado un tiempo averiguar la
diferencia entre los geranios y los claveles y otras flores, pero una vez que
había establecido un sistema de etiquetado, empecé a agarrarle el truco.
Trabajando bajo la tutela de la tía Noreen de Caleb, me tomaba mi tiempo para hacer
los diferentes arreglos. Era un trabajo tranquilo, en general; no muy apresurado y
perfecto para alguien que todavía estaba aprendiendo el oficio.
La tienda no estaba muy lejos de donde vivíamos. Mi parte favorita del día era
cuando Caleb venía a acompañarme a casa después de sus clases de verano.
Definitivamente me daba envidia, pero había decidido concentrarme en otros tipos de
aprendizaje durante este tiempo. Sabía que Caleb y el mundo que nos rodeaba tenían
mucho que enseñarme.
La campana sonó cuando entró en la tienda. Noreen me había dejado sola durante
la última media hora de mi turno.
—Hola, nena. —Corrí desde detrás del mostrador para envolver mis brazos
alrededor del cuello de Caleb—. ¿Cómo fue tu día?
—Bien. —Su sonrisa parecía forzada y un poco... apagada.
Mi corazón latía con fuerza.
—¿Está todo bien?
—Sí. Pero hay algo de lo que quiero hablarte. Mamá está trabajando hasta tarde,
así que podemos estar solos un rato. Vamos a casa, ¿de acuerdo?
Una ráfaga de adrenalina me golpeó.
—¿Es algo malo?
—No. Por favor, no te preocupes. Es sólo algo de lo que necesito hablar contigo.
La caminata a casa fue extraña, por decir lo menos. Caleb miró a la acera todo el
tiempo, y yo sentí náuseas. Las cosas habían ido tan bien aquí. Debería haber sabido que
podía pasar algo malo.
Una vez dentro del apartamento, Caleb se sentó en el sofá y yo me planté a su lado.
Sus piernas se movían de arriba a abajo.
—¿Qué? —insistí, no pude soportarlo más.
—Hice una cosa estúpida.
Los nervios me secaron la garganta.
—Bien... ¿qué?
—Mi curiosidad sacó lo mejor de mí, e investigué algo a lo que no tenía derecho.
—Después de una larga pausa, continuó—: Cuando me dijiste que tu madre biológica
había vivido aquí en algún momento, hice que mi tío, que es policía, lo investigara más
a fondo. Encontró la dirección donde ella vivía y alguna otra información.
Sentí que mis ojos se abrían.
—Sé que fue una estupidez por mi parte. Nunca pensé que nada saldría de ello.
Respiré profundamente.
—¿Qué pasó? ¿Qué encontraste?
—Un hombre llamado Stuart Erickson y una chica llamada Emma Erickson
figuraban en la misma dirección que Ariadne. Por supuesto, eso naturalmente me dio
escalofríos porque Emma era el nombre de mi hermana. Stuart figuraba como de
cuarenta y cuatro años y Emma como de diez.
La sorpresa me consumió cuando no dije nada.
—No necesitamos hacer nada con esta información, Teagan. Buscar su nombre
fue una estupidez. Y ahora he descubierto algo que no tiene por qué significar nada, si
no quieres que lo haga.
¿Qué se suponía que debía decir? Tomé otro respiro.
—Estoy de acuerdo en que no era necesario que investigaras su nombre.
—Por supuesto. Ya lo sé. Sólo fue una curiosidad tonta. Nunca quise hacerte daño.
Por favor, dime que no me odias por ello.
Por supuesto que no podría odiarlo por eso. Había buscado impulsivamente su
nombre y había encontrado información inesperada que no tenía por qué ser hiriente.
Pero ahora que lo sabía, no era algo que pudiera borrar, ni sabía cómo manejarlo.
Exhalé.
—No te odio. Sólo estoy un poco perpleja... e insegura de qué hacer con esto.
—No tenemos que hacer nada con eso. —Me examinó la cara—. O, si quieres,
puedo tomar el auto de mamá cuando llegue a casa, y podemos dar una vuelta por ahí,
para ver qué pasa. Brighton está a sólo unas horas de aquí.
Ahora mi curiosidad también comenzó a despertarse. ¿Quiénes eran Stuart y
Emma? ¿Ariadne seguía viviendo en Inglaterra? Basada en el número de direcciones
que encontré listadas para ella a lo largo de los años, mi instinto me dijo que se había
ido hace mucho tiempo. Pero yo era tan impulsiva como lo había sido Caleb.
Cuando llegamos a la dirección en Brighton y llamamos a la puerta, no había nadie
en casa. Era una pequeña casa de piedra e imposible de ver dentro porque las persianas
estaban cerradas.
—No parece que haya nadie aquí —dijo Caleb—. Vámonos. No estaba destinado a
ser. —Me di cuenta de que se sentía culpable por arrastrarme a esto.
Justo cuando regresamos a nuestro auto, unas luces se acercaron en la distancia.
Nos congelamos, esperando a ver qué pasaría.
Mi pulso se aceleró mientras veía a un hombre y a una chica salir del auto que se
había estacionado en la entrada justo delante de nosotros. Al ver su rostro, me di cuenta
de que no sólo se parecía a Ariadne, sino también a mí.
Inmediatamente, lo supe.
Me volví hacia Caleb.
—Es mi hermana.

Eran casi las ocho de la noche, y Caleb y yo seguíamos estacionados fuera de la


casa, sin saber qué hacer.
—Mírame —dijo finalmente—. Tenemos que tomar una decisión. No tienes que
entrar. Pero si lo haces, estaré aquí a tu lado. Esta es tu elección. No tienes que hacer
nada que no quieras hacer.
—Estoy bastante segura de que, si me doy la vuelta y me voy ahora, me perseguirá.
Tengo que confirmarlo.
—Entonces tienes tu respuesta. Deberíamos entrar.
Con una respiración temblorosa, abrí la puerta del lado del pasajero. Caleb me
siguió, y nos dirigimos a la pequeña escalera que lleva a la puerta principal. Con una
mano temblorosa, toqué el timbre.
El hombre abrió.
—¿Puedo ayudarle? —Tenía el cabello castaño con canas a los lados.
—Hola... eh... estoy buscando a Ariadne Mellencamp.
Su expresión cambió, y sus ojos se estrecharon lentamente.
—¿Quién es usted?
—Me llamo Teagan Carroll. Estoy de visita desde los Estados Unidos. Ariadne es
mi madre biológica, aunque nunca la he conocido. Tengo entendido que podría vivir en
esta dirección.
Sabía que no estaba aquí. Si lo estuviera, probablemente no habría llegado a la
puerta. Esta visita no era sobre Ariadne. Era sobre la pequeña niña.
Le llevó unos segundos responder.
—¿Cuántos años tienes?
—Veinte.
Caleb me agarró la mano y la apretó.
El hombre se apartó del camino para dejarnos pasar.
—Pasen.
El olor de algo tostado se registró. Normalmente, eso me habría dado hambre,
pero estaba demasiado nerviosa.
La chica apareció detrás de él.
—¿Quién es usted?
Sus ojos verdes eran iguales a los míos. Su cabello grueso, castaño claro, también
como el mío, estaba recogido en una cola de caballo lateral.
—Mi nombre es Teagan. Encantada de conocerte.
—Es un bonito nombre.
—¿Cómo te llamas? —pregunté.
—Emma.
Tragué.
—Hola, Emma.
Su padre se volvió hacia ella.
—Emma, ¿puedes ir a tu habitación un momento?
Ella protestó.
—¿Por qué?
—Necesito discutir algo con nuestros invitados.
—Pero...
—Emma, sólo haz lo que te pedí. Por favor.
Después de que ella desapareciera de mala gana en su habitación, Stuart nos llevó
al sofá de la sala de estar. Caleb se sentó a mi lado y me tomó de la mano mientras el
hombre se sentaba frente a nosotros.
—¿Has estado buscando a Ariadne? —preguntó.
—En realidad no —le dije—. Accidentalmente me tropecé con esta dirección
como una de sus residencias anteriores. Cuando vi que había una niña viviendo aquí,
me dio curiosidad y vine a verla. No tengo ningún interés en conocer a Ariadne.
Asintió.
—Ariadne no ha vivido aquí desde hace mucho tiempo. No la hemos visto en años.
Esta historia me sonaba familiar. Un sentimiento de temor creció en mi pecho.
Cuando parecía dudar en continuar, decidí contarle mi historia.
—Mi padre fue el profesor de la universidad de Ariadne hace dos décadas. Se
enamoró de ella. Lo convenció de que viajara por el mundo con ella, pagando por todo.
Quedó embarazada de mí y quiso interrumpirlo, pero mi padre la convenció de que se
quedara lo suficiente para tener el bebé. Se fue poco después de que yo naciera, y nunca
la conocí. Ni me importa.
Stuart me miró fijamente un momento.
—Te pareces a ella.
—Lo sé. También me parezco a Emma. ¿Ella es...?
—Sí. Ariadne es su madre.
Mi corazón se hinchó en mi pecho. Emma era mi hermana. Mi hermana. Tenía otra
hermana, y no tenía ni idea todo este tiempo.
Me abracé a mí misma.
—¿Qué pasó?
Sacudió la cabeza y se rio un poco.
—Bueno, como a tu padre, me atrajo su encanto, su misterio, su belleza. Ariadne
viajaba sola cuando la conocí en un banco del parque. Esa noche, la llevé a casa conmigo,
y vivimos juntos durante dos años. Abrimos una cafetería que vendía té orgánico, café
y bocadillos en la carretera. Fuimos felices hasta que se quedó embarazada. Ella admitió
en ese momento que no estaba lista para sentar cabeza. Y como tu padre,
aparentemente, hice todo lo que pude para convencerla de que se quedara con el bebé,
de que se quedara y lo criara conmigo.
Sintiendo una mezcla de asco y tristeza, dije:
—Sé adónde va esta historia.
—Sí que sabes. Porque lo has vivido, querida.
—¿Se fue después de que naciera Emma?
—Poco después, sí. Me desperté una mañana para encontrar una nota de ella. Se
disculpó por tener que irse, diciendo que Emma estaría mejor sin ella en nuestras vidas.
—¿Fue la última vez que la vio?
Asintió.
—No me molesté en perseguirla. Sabía dónde encontrarnos si cambiaba de
opinión, pero nunca volvió.
El horror se apoderó de mí al pensar en otra niña que experimentaba el mismo
abandono que yo, a manos de la misma persona.
—¿Qué sabe Emma sobre su madre? —preguntó Caleb.
—Nunca he tenido el corazón para decirle que su madre eligió irse.
—Mi padre sintió lo mismo durante mucho tiempo. Nunca quiso hacerme daño —
dije—. ¿Cómo se lo explicaste?
—Le dije que Ariadne estaba enferma y que tenía que irse para mejorar.
Técnicamente, esa es la verdad. Creo que esa mujer está mentalmente enferma de
alguna manera.
—¿Le contarás la historia completa algún día? —pregunté.
Se veía en conflicto.
—Sí. Creo que sí. He estado esperando el momento adecuado. Pero nunca se siente
bien contarle eso.
—Entiendo. Mi padre eligió decirme la verdad cuando era un poco mayor que
Emma. Definitivamente aprecié su honestidad, y ayudó a explicar muchas cosas.
Aunque tuve suerte de tener una madrastra que me apoyó mucho.
—Eso es lo único que definitivamente nos falta aquí. He tenido mujeres yendo y
viniendo, pero ninguna dispuesta a asumir la responsabilidad de ser madre de mi hija.
—Suspiró—. La partida de Ariadne también nos dejó en un caos financiero. Sin ella para
ayudar con el café, inevitablemente se cerró. Tuve que encontrar otro trabajo y cuidado
de niños para Emma. Han sido diez años difíciles, pero no me arrepiento ni un segundo.
Mi hija es lo mejor que me ha pasado en la vida.
No pude evitar sonreír ante eso.
—Suenas como mi padre.
—Él y yo seguramente tenemos más en común de lo que sabemos. Y tengo que
decir que no te conozco muy bien, pero está claro que él y tu madrastra hicieron un
trabajo maravilloso.
—Gracias. —Sonreí con orgullo.
Se volvió hacia Caleb.
—Lo siento. Te hemos estado ignorando.
—No hay necesidad de disculparse. Estoy feliz de que hayamos tenido la
oportunidad de conocerte. Mi chica ha vivido demasiado tiempo sintiendo que estaba
sola en su situación. Creo que estábamos destinados a encontrarte. Es curioso como las
cosas funcionan a veces. —Caleb se giró para mirarme—. Pensé que la llegada de
Teagan al Reino Unido era sólo para beneficiarme, pero ahora veo que es más grande
que eso. El destino tenía otros planes.
Stuart se frotó la mano en la cara.
—Me encantaría que conocieras a Emma, pero aún no estoy seguro de lo que
quiero decir sobre quién eres. ¿Quizás podríamos improvisar un poco hasta que lo
averigüe? Me gustaría decirle la verdad sobre su madre antes de explicarle tu relación
con ella, si te parece bien.
Sonreí, esperando que supiera que no había resentimientos por esa decisión.
—Por supuesto. No hay ninguna prisa. Mientras que ella pueda averiguar la
verdad en algún momento, estoy bien con eso.
—¿Cuánto tiempo estarás aquí en Inglaterra?
Esa pregunta me dio ansiedad. Pero respondí con lo que sabía.
—Llevo aquí unas semanas. Mi plan es quedarme los seis meses que se me
permiten y luego resolverlo desde allí. Vine para estar con Caleb. Me queda un año más
de escuela que tengo que terminar, pero estar con él por ahora es más importante.
—El amor joven es definitivamente poderoso. —Sonrió.
—Tal vez podríamos venir aquí los fines de semana, o cualquier otro, si lo
permites —sugirió Caleb—. Podríamos llevar a Emma a tomar un helado, o los cuatro
podríamos pasar el rato de vez en cuando.
Una voz vino desde atrás de nosotros.
—¿Puedo salir ahora?
Stuart la miró.
—Claro, mi amor.
Señaló a Caleb.
—Sé que es Teagan, pero ¿cómo te llamas?
—Caleb. Encantado de conocerte, encanto.
—¿Quiénes son ustedes?
Caleb se rio.
—Somos nuevos amigos de tu padre.
—Teagan puede ser alguien que pueda cuidarte cuando yo tenga asuntos que
atender de vez en cuando —añadió Stuart—. ¿Cómo te sentirías al respecto?
Sus ojos se abrieron mucho.
—¿Como una nueva niñera?
—Sí. Ocasionalmente.
En lugar de responder, Emma se acercó y me envolvió las manos en las mejillas.
—Eres tan bonita.
Pensé que podría perder el control. No tenía ni idea de quién era yo, pero según
como me miraba, tal vez había algún tipo de conexión innata. Era como mirarse en el
espejo, no sólo por nuestra mirada, sino por nuestras experiencias compartidas.
Finalmente encontré las palabras.
—Tú también eres muy bonita.
En ese momento, supe que se me había dado otro propósito en la vida: asegurarme
de que Emma se sintiera menos sola, amada, para que entendiera que la partida de su
madre no era su culpa.
Al crecer, siempre había deseado una hermana mayor. El Señor sabe que hice un
trabajo de mierda con la hermana pequeña que tuve durante tantos años. Pero había
cambiado. Esta era mi oportunidad de ser la hermana mayor que siempre había
deseado. Nunca más dejaría de dar importancia a la familia, a ninguna de ellas.
Teagan
E
ran las nueve de la mañana cuando sonó el teléfono. Caleb y yo teníamos el
día libre de las clases y el trabajo, así que nos quedamos dormidos. Asustada
por el timbre, lo levanté.
—¿Hola?
—Hola... ¿Teagan? Soy Stuart.
El padre de Emma no me había contactado desde nuestra visita hace más de una
semana. Mi familia se quedó atónita cuando les hablé de Emma. Mi padre estaba
particularmente emocionado de que la historia se repitiera, con Ariadne abandonando
a otro niño. Pero en general, parecían felices de que hubiera encontrado a mi hermana
perdida. No estaba segura si celebrar el descubrimiento, ya que Stuart no había dejado
claro cuándo planeaba decirle la verdad a Emma. Por lo que sabía, eso podría estar a
años de distancia.
Me senté contra la cabecera.
—Oh, hola. ¿Cómo están las cosas?
—Bien, bien. Yo, uh, quería hacerte saber que hablé con Emma.
—¿Habló con ella? ¿Se refiere a Ariadne?
—Sí. Tuve cuidado de no decirle que su madre la abandonó per se, pero le expliqué
que recientemente me enteré de que su madre tenía una hija hace veinte años. Así que
sabe que tiene una hermana.
Agarré las sábanas.
—¿Cuál fue su reacción?
—Ella lloró, en realidad. Dijo que nunca soñó que tendría una hermana.
Cerré los ojos. Luego los abrí.
—Espere... ¿le dijo que era yo? ¿La chica que conoció la semana pasada?
—¡Oh, sí! Le dije que eras tú. Ella lo sabe, Teagan. Esa comprensión la hizo aún
más feliz.
El calor me invadió.
—Estoy tan feliz de que se sintiera así.
—¿Cuándo puedes venir otra vez?
—Cuando quieran —respondí.
—¿Este fin de semana?
Caleb comenzó a moverse a mi lado.
—Espera un segundo —le susurré—: Caleb... ¿alguna razón por la que no
podamos ir a Brighton este fin de semana?
Parpadeó sus ojos abriéndolos.
—No se me ocurre ninguna razón.
Me volví hacia el teléfono.
—¡Podemos ir!
—Brillante, entonces. Nos vemos pronto.

Emma estaba sentada en su cama leyendo un libro cuando Caleb y yo nos


acercamos a su habitación el fin de semana siguiente.
Llamé a la puerta.
—Hola, Emma.
Dejó el libro y miró hacia arriba.
—¿Eres realmente mi hermana?
Asintiendo, me senté al borde de su cama.
—Lo soy.
Caleb sonrió y se sentó en el suelo en la esquina de la habitación para darnos un
poco de espacio.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —preguntó Emma.
—Porque pensamos que sería mejor que me conocieras primero, y luego hablaras
con tu padre. Espero que esté bien.
Se encogió de hombros.
—Así es. —Entonces una sonrisa iluminó su rostro, y todo se sintió bien en el
mundo. Esta chica era esencialmente yo, hace una década. Pero no tenía una figura
materna como yo. Eso me hizo estar agradecida por Maura de nuevo.
Recogiendo alguna pelusa de su colcha, le pregunté:
—¿Tienes alguna pregunta para mí?
—¿Caleb es tu novio?
Lo miré y me reí.
—Sí, lo es. Por eso estoy aquí en Inglaterra. Lo estoy visitando.
Su expresión se atenuó.
—¿Te vas?
—Puede que tenga que hacerlo por un tiempo, pero volveré.
Algo en su cara me dijo que no tenía mucha confianza en eso. Después de todo,
como yo, era una chica que había sido entrenada por Ariadne para esperar el abandono.
—¿Cómo sé que volverás? —preguntó—. Mi madre se fue y nunca volvió.
Le apreté la mano, sin saber qué decir.
Cuando Caleb se dio cuenta de mi lucha por responder, se puso a trabajar.
—Teagan es una mujer de palabra, Emma. Me dijo que vendría a visitarme, y lo ha
hecho. Nunca diría nada que no fuera en serio. No es tu madre. Es tu hermana. Y ella
entiende más que nadie en este mundo lo que se siente al no tener a tu madre cerca.
Puedes confiar en ella, ¿bien?
Le sonrió a él y luego a mí.
—Está bien.
La atraje en un abrazo.
—Ven aquí.
A lo largo de los años, nunca había sido una abrazadora. Podía contar con mis
dedos el número de veces que había iniciado ese contacto con mi familia. Pero cuando
se trataba de esta pequeña niña, se sentía bien.
—No puedo creer que tenga una hermana mayor. —Cuando la liberé, me
preguntó—: ¿Tienes otras hermanas y hermanos?
—Tengo una hermana. Es la hija de mi padre con mi madrastra. Es realmente
genial, y querrá reclamarte como suya. Creo que te convertirás en su nueva favorita.
—¿Cómo se llama?
—Shelley.
Su siguiente pregunta me tomó por sorpresa.
—¿Sabes por qué se fue nuestra madre?
Sacudí la cabeza con tristeza.
—No, cariño, no lo sé.
—Papá dice que está enferma, pero no sé si lo dice por decir.
—Hay todo tipo de enfermedades, Emma. Siento que nuestra madre está enferma
de la cabeza. Y por eso se fue. He aprendido a lo largo de los años a no tomarlo como
algo personal. Pero es difícil. Lo sé. Sé exactamente por lo que estás pasando.
Caleb se paró y se acercó a la cama. Se sentó a mi lado.
—Sabes, Emma, cuando conocí a tu hermana, ella luchaba con muchos de los
mismos pensamientos y sentimientos que tú. Ambas son muy afortunadas de tenerse la
una a la otra ahora. Porque una experiencia compartida siempre es más fácil que pasar
por ella sola. No importa dónde esté Teagan, nunca más tendrás que sentirte sola.
Emma sonrió tímidamente.
—Estoy tan feliz de que me haya encontrado.
—En realidad... —la corregí—. Caleb te encontró.
Sus ojos se abrieron de par en par cuando se volvió hacia él.
—¿Lo hiciste?
—Sí. —Me miró y sonrió.
—¿Cómo?
—El mágico Internet, encanto. Estoy tan feliz de que haya funcionado.
—Gracias, Caleb, por encontrarme.
Parecía un poco sorprendida.
—Por supuesto.
Tomé su mano.
—También tienes mucha suerte de tener un buen padre, Emma. Al igual que yo.
Las dos somos afortunadas.
—¿Cómo se llama tu padre? —preguntó.
—Lorne.
—Ese es un nombre gracioso. También lo es un poco Teagan, aunque me gusta.
—Bueno, Emma es un nombre hermoso.
Miré a Caleb.
—Mi hermana se llamaba Emma —le dijo—. Murió cuando éramos pequeños.
—¿En serio? Eso es muy triste.
—Sí. La extraño mucho. —Respiró hondo y dijo—: Tú y tu hermana son muy
afortunadas de tenerse la una a la otra.
—Puedo ser tu nueva hermana Emma, si quieres.
Mi corazón se derritió, y Caleb sonrió de oreja a oreja.
—Me encantaría eso. —Me miró—. Los tres podemos ser como una familia.
Incluyendo a tu padre, por supuesto.
—No eres como una familia. Eres mi familia —dijo, extendiendo su mano hacia mí.
Me aferré a ella durante mucho tiempo.
—¿Sabes qué más, Emma? Algún día conocerás a alguien, como yo lo hice con
Caleb, y el hecho de que nuestra madre no estuviera cerca significará aún menos.
Porque esa persona te querrá lo suficiente como para compensarlo todo. Mientras
tanto, nos tendrás a nosotros para compensarlo, ¿de acuerdo? No más pasar por esto
sola. Ahora somos un equipo.
—¿Te gustan los s mores? —preguntó Caleb.
Emma arrugó su nariz.
—¿Qué son los s mores?
—Oh, lo olvidé... eres inglesa como yo —dijo con una risa.
—Los s mores son un dulce increíble —le expliqué—. La gente enciende una
fogata afuera y los hace.
Caleb nunca desperdiciaba una oportunidad.
—¿Por qué no voy a la tienda y compro las cosas para hacerlos ahora mismo?
Primero consultaré con tu padre para ver si nos permite encender una fogata.
Y así, esa noche le presentamos a mi hermana pequeña los s mores. Fue el
comienzo de lo que sabía que se convertiría en una tradición familiar, y el comienzo de
un futuro completamente nuevo que nunca podría haber anticipado.
Teagan
M
e estaba acercando a la mitad de mi estancia en Inglaterra. Ahora que el
verano había terminado, la realidad de que mis días aquí estaban contados
había empezado a aparecer. El comienzo del semestre de otoño significaba
que el horario de clases de Caleb era más pesado, así que estaba menos
presente. Eso sólo me dio más tiempo para preocuparme por el futuro.
Caleb tenía que quedarse en el Reino Unido para terminar la escuela, pero yo tenía
un par de opciones que tomar. Podía regresar a los Estados Unidos y terminar mi último
año de escuela allí, o podía encontrar la manera de regresar aquí antes. De cualquier
manera, el consenso parecía ser que regresaría a los Estados Unidos, al menos por un
tiempo, después de que este viaje terminara. Lamentablemente, aunque extrañaba a
mis padres y a Shelley, esto no era para nada lo que quería.
Me encantaba pasar tiempo con Emma, e incluso el trabajo en la floristería me
estaba empezando a gustar. Arreglar ramos de flores tenía un efecto meditativo que no
había previsto. Iba a echarlo de menos.
Pero, sobre todo, estaba profundamente enamorada de Caleb y no podía
imaginarme tener que separarme de él. Me sentía en casa aquí con él y Poppy. Su madre
se había convertido en una de mis personas favoritas. Caleb a menudo necesitaba
estudiar, así que su madre y yo nos sentábamos en la cocina y hablábamos o nos
aventurábamos a ir de compras juntas. Me había enseñado a cocinar algunas cosas que
a Caleb le encantaban. Por mucho que odiara estar lejos de mi propia familia, Caleb y
Poppy también se habían convertido en mi familia. La idea de dejarlos, y especialmente
ahora a Emma, me hizo entrar en pánico.
Pero Caleb y yo estábamos manejando las incógnitas de mi inminente partida
como lo habíamos hecho durante un tiempo antes de que él se fuera de los Estados
Unidos. Teníamos mucho sexo y no hablábamos de nada molesto, como si lo inevitable
no se avecinara. Aunque eso nos ayudó a disfrutar cada momento, no nos preparó para
la angustia de otra separación.
Un día, Caleb me sorprendió con un viaje a Nottingham, un lugar que siempre
había dicho que quería mostrarme antes de que me fuera.
Pasamos el día caminando por el castillo de Nottingham y la gran catedral.
También visitamos la Ciudad de las Cuevas, una especie de submundo histórico bajo la
ciudad.
Luego Caleb se detuvo frente a Bo Cheng, el restaurante por el que me había
llamado la Navidad pasada, el que le había sido la señal para que finalmente me
contactara de nuevo.
—Me olvidé por completo de este lugar —dije mientras salíamos del auto para ir
a almorzar.
—No podíamos venir a Nottingham sin ir a Bo Cheng, amor.
Caleb y yo entramos y disfrutamos de la más deliciosa y lujosa comida china que
he comido en mucho tiempo.
Mientras pagábamos la cuenta, anunció:
—Tengo una sorpresa para ti.
Me animé.
—¿Qué?
Me tomó las manos al otro lado de la mesa.
—No iremos a casa esta noche.
—¿No lo haremos?
—Nos reservé una noche en una casa de campo local. Conseguí un buen trato.
—Oh Dios mío. ¿En serio? —Estaríamos solos por la noche por primera vez desde
mi llegada—. ¡Podemos follar tan fuerte como queramos!
Frunció las cejas.
—Claro que sí, maldita sea.
Llegamos a la casa de campo veinte minutos después. Estaba a poca distancia del
centro de la ciudad y superó totalmente mis expectativas. La pequeña estructura
victoriana tenía un encanto del viejo mundo en el exterior y tenía un hermoso patio en
la parte de atrás, pero era más moderna en el interior. El salón era luminoso y acogedor
con paredes amarillas y muebles acogedores.
Caleb no perdió tiempo en encender un fuego en la chimenea, y la casa pronto fue
cálida e íntima. Se sentía como un sueño permanecer en este oasis con él durante la
noche. Aparte de nuestra noche en ese hotel en Boston, nunca habíamos estado
totalmente solos.
Nos plantamos en el suelo frente a las llamas.
Apoyando mi cabeza contra el pecho de Caleb, dejé salir los pensamientos que
habían estado en mi mente todo el día.
—Tengo tanto miedo de dejarte.
Me di la vuelta para medir su reacción.
Se veía muy... tenso, como si tuviera algo en mente.
Le tomó casi un minuto completo para responder.
—Yo... creo que deberíamos casarnos.
—¿Qué?
—Creo que deberíamos casarnos pronto. Entonces podemos empezar el papeleo
para cambiar tu estatus a un visado de cónyuge. Es la única manera de garantizar que
será fácil para nosotros. —Me rodeó con sus piernas mientras me miraba a los ojos—.
Pero esta es la cuestión, querría casarme contigo, aunque la distancia no nos separara.
Porque no hay nadie más con quien preferiría pasar mi vida. Tú lo eres todo para mí.
No quiero perderte por culpa de estúpidas reglas y reglamentos. La vida es demasiado
corta. Quédate conmigo. Cásate conmigo, Teagan.
Mi corazón latía tan fuerte. No tenía ni idea de que había rezado para que llegara
a esta conclusión. En mi cabeza, parecía una posibilidad extrema. Pero en mi corazón,
sabía que era la única manera de tener una oportunidad de estar juntos sin
complicaciones. Nunca pensé que lo aceptaría tan pronto. Pero no había ninguna parte
de mí que no se sintiera preparada para comprometerse con él.
—Absolutamente me casaré contigo.
Él resplandecía.
—¿Sí?
—Puedo decir que estabas nervioso por preguntarme, pero esperaba que lo
hicieras.
Metió la mano en el bolsillo trasero y sacó una caja de anillos. Su propuesta parecía
tan impulsiva, pero aparentemente había planeado esto.
—Tenía miedo de sacar esto. Sentí que necesitaba tantear primero, para
confirmar que no pensabas que mi sugerencia era demasiado loca. Pero ahora que sé
que estamos en la misma página, este soy yo arrodillándome.
Técnicamente, como estábamos en el suelo, se puso sobre una rodilla. Me senté y
puse mi mano sobre mi corazón.
—Teagan, has hecho mi vida más brillante desde el momento en que me gritaste
a través de tu teclado. Y sólo ha sido mejor desde ahí. Eres la mejor amiga y amante que
alguien podría pedir. —Abrió la caja y miró el brillante diamante redondo engastado en
una banda de oro—. Este anillo era de mi abuela. Se lo dio a mi madre hace unos años y
le pidió que me lo diera sólo cuando mamá estuviera segura de que la había encontrado.
Mi madre no dudó en dármelo cuando se dio cuenta de lo preocupado que estaba
porque te fueras de Inglaterra. Me ayudó a llegar a la conclusión de que debía
arriesgarme a pedirte que te casaras conmigo, que lo peor que podía pasar era que
dijeras que no. —Me miró—. Teagan, mi amor, una vez más, ¿serás mi esposa?
—¡Sí!
Caímos en un largo beso, rodando por la alfombra por la felicidad.
—¿Cuándo estará sucediendo eso? —pregunté.
—Cuanto antes mejor. Podemos concertar una cita en el Ministerio del Interior
mañana para ver lo que tenemos que hacer. Si todo va bien, podemos arreglar todo
antes de que se cumplan los seis meses.
La esperanza me llenó.
—¿Y entonces nunca tendré que irme?
—Esa es la idea.
Mi mente comenzó a girar.
—¡Tenemos una pequeña boda que planear!
—Será divertido. Emma puede ser tu dama de honor, lo que sea. Lo
mantendremos pequeño. Algún día tendremos una de verdad en Boston con toda tu
familia y amigos. Tal vez mamá también vuele.
Mi corazón saltó de alegría.
—Eso suena como un plan. No necesito una gran boda. Prefiero usar el dinero para
nuestra futura casa, donde sea que esté. Y como que quiero que esté aquí. Quiero estar
aquí para Emma, viviendo aquí.
Caleb sonrió ampliamente.
—Eso me hace increíblemente feliz. Sabes que no quiero dejar a mi madre. Pero
quiero dejar algo muy claro. Si no quieres quedarte aquí para siempre, tú eres lo
primero. Iría absolutamente a cualquier lugar que quisieras porque no puedo vivir sin
ti.

A la mañana siguiente, durante el desayuno y el té en la adorable cocina de la casa,


Caleb tuvo una brillante idea.
—Me pregunto si podría llamar a Bo Cheng.
Me reí en voz baja.
—¿Por qué querrías hacer eso?
—Quiero darle las gracias. Si no hubiera renunciado a su habitación en tu casa, no
estaría feliz ahora mismo. Dios sabe dónde estaría sin ti, Teagan. —Caleb me abrazó y
me besó detrás de la oreja—. ¿Todavía tienes acceso al directorio de estudiantes de
Northern?
—Sí, ya que mi asistencia está en espera, todavía me consideran activa.
Entré en el portal de estudiantes desde mi teléfono y busqué el nombre de Bo
Cheng. Apareció enseguida, y recité el número a Caleb cuando lo introdujo en su
teléfono. Puso la llamada en el altavoz.
Alguien respondió.
—¿Hola?
—¿Bo?
—Sí.
—¿Bo Cheng?
—Sí. —Sonaba como si lo hubiéramos despertado de una siesta.
—No me conoces. Me llamo Caleb Yates, pero te debo un enorme agradecimiento
por... bueno, por tus alergias.
Cubriéndome la boca, me quebré mientras él continuaba.
—Si no hubieras sido muy alérgico a Catlin Jenner, nunca habría conocido a mi
chica, Teagan. No estaríamos en Inglaterra ahora mismo planeando un futuro juntos.
Ella no habría encontrado a su hermana perdida, y yo nunca habría probado s mores o
Cheetos picantes en mi vida. Tú, Bo Cheng, y tus alergias son mágicas, amigo mío. Has
cambiado nuestro mundo.
Lo siguiente que oímos fue... un clic.
Me quedé boquiabierta.
—¿Acaba de colgarnos Bo Cheng?
Caleb resopló.
—Parece que lo hizo.
Caleb
L
os Carroll se reunieron alrededor de la pantalla del ordenador mientras
Shelley hablaba con Emma por Skype.
—Estoy intentando que mis padres viajen a Inglaterra el próximo
verano. Así podremos finalmente conocerte.
Maura se inclinó sobre su hombro y se acercó.
—No es definitivo todavía. Pero es muy probable, cariño. No podemos esperar a
conocerte.
Emma saltó de arriba a abajo en su asiento.
—¡Sí! ¡Estoy tan emocionada!
Stuart se asomó por detrás de Emma en el fondo.
—Me encantaría verlos a todos aquí.
No sólo la hermana pequeña de mi esposa había ganado un hermano mayor, sino
que parecía que toda la familia Carroll había aceptado a Emma como una de las suyas.
A menudo hablaban por Skype con ella, incluso cuando no estaban hablando por Skype
con nosotros. Y Emma parecía muy contenta de tener una familia americana adoptada.
Emma también pasaba bastante tiempo en casa con nosotros en Stratford cuando
Stuart tenía planes. Mi madre se había encariñado con ella. Dado que tenía el nombre
de mi hermana, sabía que pasar tiempo con Emma también era curativo para mamá.
Todo era muy cósmico. Siempre supe que Teagan y yo estábamos destinados a estar
juntos, pero encontrar a Emma hizo que pareciera mucho más grande que eso —más
grande que nosotros— como si todo esto estuviera destinado a suceder exactamente
de la manera en que sucedió.
Teagan y yo estábamos en medio de nuestra primera visita a Boston juntos desde
que nos casamos hace casi un año. Un par de semanas después de nuestro compromiso
en la casa de campo de Nottingham, Teagan y yo tuvimos una pequeña ceremonia civil
con sólo mi madre, Stuart, y Emma presentes. Teagan llevaba una sola flor en su largo
cabello suelto y un sencillo vestido blanco. Yo había pedido prestado un traje a mi tío,
que por casualidad me quedaba bien. No era el más extravagante de los asuntos, pero
no tenía por qué serlo. Stuart había conectado a los Carroll en vivo a través de su
computadora para que pudieran ver todo el asunto desde los Estados Unidos.
Pasamos las semanas posteriores a la boda lidiando con el papeleo que permitiría
a Teagan quedarse en el Reino Unido como mi esposa. Entre encontrar a Emma y
casarse, el año pasado había sido un torbellino de la mejor manera posible.
Las cosas estaban mejor que nunca, pero ciertamente no eran perfectas. La
relación con mi padre seguía siendo distante, aunque cuando llevé a Teagan a conocerlo
a la casa de mi tío después de casarnos, él había sido al menos cordial con ella. Mamá se
había mantenido fuerte y no había recuperado a mi padre. Parecía que por el momento
su forma de beber estaba bajo control, pero sin vivir bajo el mismo techo con él, no
podíamos estar completamente seguros.
Había estado bien desde mis días en rehabilitación, pero reconocí mi necesidad
de continuar la terapia. Así que volví a ver a alguien cada dos semanas. De hecho, tener
esa salida consistente y ver todo lo bueno que era posible gracias a ella me ayudó a
decidirme por una carrera. Había cambiado mi especialidad a la psicología y esperaba
convertirme en consejero.
Teagan finalmente comenzaría su último año de escuela una vez que
regresáramos a Inglaterra. Su plan era seguir trabajando en la floristería mientras
terminaba su licenciatura en biología marina en mi universidad. Aunque ayudaba un
poco a mamá con el alquiler, no había tenido que gastar todo el dinero del anillo que le
dio Maura, así que ponía el resto en el banco para usarlo en la escuela. Con suerte,
después de la graduación encontraría un trabajo adecuado razonablemente cerca de
casa. Sí, todavía vivíamos con mi madre, pero estábamos ahorrando para nuestra propia
casa. Como Teagan había propuesto originalmente, habíamos optado por renunciar a la
gran boda en Boston para usar ese dinero en nuestra futura casa. Estábamos pensando
en instalarnos más cerca de Brighton, cerca de Emma y Stuart. Tantas decisiones que
tomar, pero las tomaríamos juntos.
Por muy bonito que fuera volver a la casa de los Carroll en Brookline, recibimos
tanta atención aquí que perdí mi tiempo a solas con Teagan. Su familia la había
extrañado tanto que querían pasar cada minuto con nosotros. De vuelta a casa, mi
madre mantuvo su distancia, incluso en nuestra pequeña casa.
Después de que colgamos de la llamada familiar por Skype con Emma, Maura
anunció:
—La cena es en diez minutos, chicos.
Le susurré al oído a Teagan:
—¿En realidad tenemos diez minutos a solas? Escapemos. —Tirando de su mano,
la llevé al sótano, donde habíamos estado durmiendo.
—Diez minutos no es mucho tiempo —dijo.
—Te aseguro que diez minutos es todo lo que necesito. —Le guiñé el ojo—. Tal
vez cinco.
Cada vez que Teagan y yo estábamos solos abajo, me sentía nostálgico. Nuestras
vidas habían cambiado mucho desde los días en que estudiábamos juntos en esta
habitación. Si me hubieras preguntado entonces si alguna vez creí que Teagan viviría
en Inglaterra conmigo, habría pensado que estabas loca. Pero si me hubieras
preguntado si pensaba que acabaríamos juntos algún día, de alguna manera la
respuesta habría sido sí. No sabía cómo iba a suceder, pero cuando me fui de Boston,
sabía en mi corazón que no era el final.
Y estaba a punto de demostrárselo.
—Si te dijera que siempre supe que terminaríamos juntos, ¿me creerías?
—¿Quieres decir desde que me conociste? —Teagan rozó su mano a lo largo de
los vellos de mi brazo mientras nos acostábamos en la cama.
—No tanto tiempo. Pero cuando me fui de Boston para volver a casa, supe que
volveríamos a estar juntos. En ese momento, no sabía cómo hacer que sucediera.
Enlazó sus dedos con los míos y miró fijamente nuestros anillos de boda.
—No creo que tuviera tanta fe como tú. Pero definitivamente estaba enamorada
de ti cuando te fuiste, y eso no iba a cambiar.
—Dijiste que encontraste la carta que te dejé en el cajón de maquillaje. Asumo que
nunca encontraste la otra.
Sus ojos se abrieron mucho.
—¿Había otra?
—Sí. Pero no estabas destinada a encontrarla.
Me paré y me dirigí a la esquina de la habitación. Moví la alfombra y levanté una
de las tablas del suelo. Ahí estaba, la carta que había escondido el día antes de dejar
Boston. Teagan se había duchado cuando coloqué la carta en su escondite, pero había
pasado la semana anterior registrando la habitación en busca de un lugar secreto.
Cuando me encontré con la tabla suelta, pensé que era mi mejor opción.
Agité el sobre en el aire.
—Oh, Dios mío. ¿Eso ha estado ahí todo el tiempo? ¿Bajo el piso?
—Sí. Supongo que elegí un buen lugar para ello, ¿eh?
Ella saltó y corrió hacia mí.
—¿Qué dice?
Abrí el sobre y desplegué el papel antes de leerle lo que había escrito.

Querida Teagan,

Si estás leyendo esto, una de dos cosas ha sucedido. O estamos juntos de nuevo, y yo
personalmente entrego esta carta (que es mi esperanza), o por algún giro del destino la
encontraste antes de que yo llegara a ti. Si es lo último, lo siento. Significa que no he
encontrado el camino de vuelta a ti. Esa no era mi intención.
Por supuesto que siempre existe la posibilidad de que mi plan se haya frustrado, tal
vez me pasó algo y alguien la encontrará años después, después de que te hayas mudado.
Eso sería desafortunado. Si estás leyendo esto y no eres Teagan Carroll, por favor,
asegúrate de que lo reciba, dondequiera que esté. Necesita saber que siempre la he amado
y que nunca pretendí que nos separáramos para siempre.
En el caso de que tenga la suerte de estar contigo en este momento, Teagan, espero
que puedas ver esta carta como una prueba de que incluso cuando me preparaba para
romperte el corazón y volver a Inglaterra, de alguna manera sabía que estaríamos juntos
de nuevo. Sólo necesitaba arreglar mis partes estropeadas antes de poder darte todo,
porque te mereces cada parte de mí.
Espero que veas esta carta como una prueba de que siempre he creído en nosotros.
Y nunca me detendré.
Mientras escribo esto, puede que esté a punto de aventurarme a "casa". Pero desde
el momento en que me tomaste la mano mientras me asustaba en ese teatro, supe que
casa siempre estaría donde tú estuvieras.

Con amor, Caleb

P.D. No está mal para una historia de amor que comenzó en el baño.
Penelope Ward
Penelope Ward es una autora de
bestsellers del New York Times, USA
Today y del Wall Street Journal.
Creció en Boston con cinco
hermanos mayores y pasó la mayor
parte de sus veinte años como
presentadora de noticias de televisión.
Penélope reside en Rhode Island con su
esposo, hijo y su hermosa hija con
autismo.
Con más de dos millones de libros
vendidos, ha estado en la lista de los
más vendidos del New York Times en
veintiún ocasiones y es autora de más
de veinte novelas.
Los libros de Penélope han sido
traducidos a más de una docena de
idiomas y se pueden encontrar en
librerías de todo el mundo.