Está en la página 1de 111

1

2
Créditos

Moderadora y Traductora

Nelly Vanessa

3
Corrección y Revisión final

Nanis

Diseño:
Lectora
Índice
Sinopsis
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5 4

Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Epilogo
Próximo Libro Sobre La Autora
Sinopsis

D
espués de una vida de presionantes juegos de billar y de vivir en el
lado equivocado de la ley, Ruby Elliott está viviendo con el correcto
y serio detective de la policía de Nueva York sexy-como-el-infierno,
Troy Bennett. Ahora el único problema que Ruby tiene con la ley es del tipo
travieso, de ser clavada contra la pared por el cuerpo magro y espectacularmente
duro de Troy. Obedeciendo a cada una de sus órdenes. Ambos se pierden en una
lujuria que raya la obsesión…
Pero entonces su padre regresa con una oferta que no puede rechazar: Un
último juego a cambio de información. Información que moriría por tener.
Mientras las piezas y los jugadores del juego se revelan, Troy siente los bordes 5
finos de su control deslizarse, y no puede jalar de ellos sin perjudicar a Ruby. Las
apuestas son altas, y el riesgo más alto. Debido a que perder este juego final podría
costarle más que el corazón de Ruby… podría costarle su vida.
Capítulo 1

R
uby Elliott se inclinó sobre la mesa de billar, alineando su tiro en la
bola seis. Podía sentir el familiar, nivel de mirada ardiente sobre su
espalda, parte inferior y muslos. Familiar, sí. Pero debido a esa noche
hace meses en que había conocido a su novio, Troy Bennett, el poder de esa mirada
sólo la fortalecía, por lo que era condenadamente difícil concentrarse en lo que
estaba haciendo. ¿Qué juego estaba jugando?Él había entrado en Hildebrand’s, la
sala de billar local de su antiguo barrio de Brooklyn, hace veinte minutos, pero en
lugar de su saludo con un beso, como de costumbre, se había sentado en la barra y
pedido una cerveza. Había estado observándola desde ahí, bebiendo de manera
constante de la botella como si formulara un plan. La anticipación temblaba en su
vientre, caliente y líquida. Lo que había planeado, necesitaba que se diera prisa con
ello. 6

Desde el primer día, su relación nunca había sido nada menos que
emocionante. Explosiva. A menudo volátil. ¿Se podía esperar menos entre una
estafadora que jugaba al billar, y que era terca y un detective de policía de Nueva
York que prosperaba en el ejercicio del control?
Su primera semana juntos los había encontrado en lados opuestos de la ley.
Troy había estado investigando a un mafioso local de Brooklyn, un hombre que
resultó ser el padre de su mejor amigo de la infancia.Sabiendo el nivel de violencia
que este hombre era capaz de hacer, ella había desertado al lado de Troy en un
esfuerzo por mantenerlo con vida y casi había terminado con una bala en su
imprudente trasero. Troy la había salvado, sin embargo. En más de un sentido. No
sólo había dejado de ponerse en peligro a sí misma ganando dinero al desplumar
fulanos de su dinero en efectivo en el fieltro, sino que había abierto su propia
fábrica por encargo de billar de referencia, y el negocio había despegado.
Por último, finalmente, estaba exactamente donde quería estar.
Después de meter la bola ocho, Ruby dejó el taco a un lado en el rack. Justo
cuando terminaba la familiar tarea, sintió a Troy moverse detrás de ella, rozándola
ligeramente al pasar. La electricidad corrió por su piel, cada terminación nerviosa
de su cuerpo despertando y poniendo atención.
―¿Buscando un juego? ―murmuró él cerca de su oído.
Ruby se encogió de hombros, tratando de no parecer afectada, aun sabiendo
que sus mejillas rojas probablemente la delataban. Su cuerpo nunca dejaba de
traicionarla con este hombre.
―¿Puedes permitirte el lujo de jugar conmigo?
Él apoyó las manos a cada lado de ella en la mesa, llevando su pecho contra
su espalda.En lo profundo de su garganta se hizo un zumbido cuando su regazo se
acomodó cómodamente contra su trasero. Ruby apenas contuvo las ganas de
mover su cuerpo, para tentarlo más.
―No creo que puedas permitirte no hacerlo ―dijo―. ¿Cu{l es tu nombre,
pequeña estafadora?
Así que este era su juego. ¿Pretender que no se conocían? Podía jugar. Troy
nunca hacía nada sin un propósito. Y su propósito era siempre su placer.
―Ruby. ―Movió su cuello a un lado, sintiendo que su mirada se movía m{s
abajo hasta donde sus pechos se tensaban contra su camiseta―. ¿Por qué no pones
tu dinero donde está tu boca, entonces? 7
Su pecho retumbó con un gruñido, su alerta al hecho de que ahora estaba
jugando con fuego. El fuego de Troy era peligroso. Sus muslos se apretaron por
propia voluntad.
―Yo me preocuparía de tu propia boca si fuera tú. Antes de que te metas en
problemas.
―Tal vez me gustan los problemas ―susurró ella.
―Bueno, definitivamente los encontraste. ―Una mano viajó a su cadera,
dedos se hundieron, apenas lo suficiente para hacerla jadear―. Mi marco de
problemas es tan bueno que duele. ¿Quieres sentir un poco de dolor esta noche,
nena?
Una explosión de deseo rebotó a través de su sistema. Se sentía despojada,
inadecuada para un lugar público.Las conversaciones estridentes que tenían lugar
en el bar se habían desvanecido a ruido de fondo, Hildebrand’s habíadejado de
existir a su alrededor. Troy con frecuencia tenía ese efecto en su mente y en su
cuerpo, dejándola luchando por contener la compostura.
―La única cosa que va a dolerte es tu ego cuando te gane.
Su risa contra su cuello estaba llena de promesas oscuras.
―Creo que sabemos quién va a ganar al final.
Ella tragó.
―Eres muy confiado.
―Sí. Lo soy. ¿Sabes por qué? ―Troy presionó sus caderas m{s cerca. Podía
sentir su sustancial erección, gruesa contra su trasero―. Tengo lo que te hace
gemir. Lo que va a abrir esos muslos. Lo tengo aquí y estás jodidamente
muriéndote por él. ―Retrocedió y un quejido se escapó de Ruby antes de que
pudiera detenerlo―. Tu descanso, estafadora.
―¿Qué obtengo si gano? ―preguntó Ruby con indiferencia forzada, mientras
su pulso se ponía a toda marcha. Mirar a Troy jugar billar siempre la excitaba a un
grado impresionante. Él nunca había dejado ver hasta recientemente cuán jugador
consumado era. Eso era lo que la ponía tan caliente. No necesitaba presumir, ni
tampoco alardear como la mayoría de los hombres inevitablemente hacía cuando
ella ganaba, que pasaba a ser la mayoría de las veces.
No. Troy llevaba sus victorias a otros lugares.
Ruby inició, pero despojada de su concentración, ninguna de las bolas entró. 8
Ella estrechó los ojos a la sonrisa de Troy mientras se acercaba a la mesa.
Él se detuvo frente a ella, notando su señal lentamente. Cuando dejó a un
lado el cubo azul, su tormentosamirada azul encontró la de ella, bajando la voz a
un susurro.
―Si ganas, voy a detenerme esta noche cuando me ruegues.
Ruby inhaló temblorosamente, resistiendo la tentación de presionar una
mano en su vientre apretado.
―¿Y si tú ganas?
Troy se rió por lo bajo.
―No me detendré. Iremos por otra ronda. M{s fuerte. Tan jodidamente m{s
dura que la primera. ―Se inclinó y pasó los labios por el lado de su cuello,
raspando sus dientes contra su carne caliente en el camino de vuelta―. ¿Cómo
suena eso?
Ruby se vio obligada a inclinar su peso sobre el taco de billar en su mano
cuando sus piernas ya no la apoyaron.
―Necesito saber exactamente lo que implica más duro antes de aceptar la
apuesta. ―La tentación de escuchar m{s demostraba demasiado. Ruby sospechaba
que cuanto más presionara, más tiempo la haría esperar por su satisfacción, pero la
curiosidad siempre había sido su perdición―. Yo me encargaré de los detalles.
―No me gusta ser interrogado ―murmuró Troy en su oído―. Pero voy a
hacer una excepción ya que estamos conociéndonos el uno al otro. ―Se movió para
bloquear su visión de la barra. Agarrando el frente de la cintura de sus vaqueros,
retorció con fuerza su puño. La mezclilla, ya ajustada contra su centro, se apretó
alrededor de esa parte muy sensible hasta que se quedó sin aliento. De repente, la
liberación se alzó tan cerca, que sabía que si movía sus caderas en cualquier
dirección, se vendría justo donde estaba, en un bar lleno de gente. Una sonrisa
sabedora y sensual jugó en sus labios―. ¿Quieres detalles? Bien. Voy a penetrarte
en la ducha. Los vecinos no podrán oírte gritar fuerte ahí. Voy a clavarte, una y
otra vez contra la pared. Hasta que no puedas pensar. O estar de pie. O hablar.
―Giró la mezclilla aún m{s apretado y Ruby gimió en su hombro―. Entonces voy
a ir abajo, y a lamer el punto que acabo de satisfacer, te levantaré, y lo haré todo
de nuevo.
Troy soltó su cintura y Ruby se desplomó contra el taburete a su lado.
Mantuvo los ojos en contacto con ella cuando se inclinó sobre la mesa y hundió
9
una bola sólida en el bolsillo lateral. Mientras miraba, su pulso saltó en sus oídos,
Troy limpió la mesa de todas las bolas a excepción de la de ella, antes de tocar la
ocho.
―Ve por tu chaqueta.

Ruby arrojó su chaqueta sobre la mesa de la cocina, observando con cautela


mientras Troy hacía lo mismo. En el viaje desde Brooklyn de regreso a Manhattan,
no había hablado con ella ni una vez, en su lugar se comunicó con ella a través de
sus toques en algún lugar discreto y miradas ocultas en el asiento trasero de la
cabina. Una mano acarició sus pechos, un suave gruñido al lado de su oreja. El aire
entre ellos prácticamente vibró, el zumbido eléctrico igualaba su propia ansiedad.
Sin embargo, la parte de su cerebro que lograba pensar con claridad que estaba
cargada sexualmente de Troy había decidido que no iba a ganar el juego tan
fácilmente.
―Un bonito lugar el que tienes aquí ―comentó Ruby casualmente, captando
la leve contracción de sus labios. Pasó los dedos por las velas rojas cuadradas
dispuestas en el centro de la mesa―. Diría que necesita un toque femenino, pero
parece que alguien se me adelantó.
Con un destello de diversión, Troy rodeó la mesa, jalándola en su contra.
―Hablando de toque femenino… ―Tomó su mano y la apretó contra su dura
bragueta―. Terminé de esperar el tuyo.
Mientras se inclinaba para besarla, Ruby retrocedió rápidamente. Su sonido
bajo de frustración hizo que los músculos de su estómago se apretaran. Jugar con
el hambre de Troy era como hacer malabarismos con un cartucho de dinamita
encendida. Lástima que estaba a punto de darle una pista con el hecho de que su
plan para fingir que no se conocían había fracasado.
―Sólo un minuto, chico grande. No me acuesto con hombres que acabo de
conocer. ―Se inclinó sobre la mesa, dejando a su camiseta exponer su vientre―.
Voy a necesitar un poco de convencimiento.
Un músculo saltó en su mandíbula.
―Convencimiento.
Ruby se mordió el labio y asintió. 10

―Necesito saber qué tipo de hombre me permití traer a casa.


La mirada de Troy cayó a su vientre desnudo.
―Debes tener cuidado con lo que deseas. ―Se apoyó con las manos a ambos
lados de sus caderas, y luego se inclinó para dejar su cálido aliento salir a través de
su vientre. Una acción simple, sin embargo, los labios de Ruby se separaron en un
suspiro tembloroso, sus muslos se apretaron en la parte superior de la mesa. Antes
de que pudiera adivinar su intención, él enseñó los dientes y abrió el botón de sus
vaqueros.La golpeó con su mirada, conteniéndola mientras bajaba su cremallera,
muy lento, con los dientes. Sus estremecidas respiraciones resonaron en la cocina
mientras Troy se erguía en toda su estatura una vez más.
―¿Quieres saber qué tipo de hombre soy, Ruby?
―Sí ―susurró.
Tan rápido que no tuvo tiempo de reaccionar, su gran mano desapareció
dentro de la apertura de sus vaqueros,empujando sus bragas a un lado para
empalarla en su dedo medio. Cuando Ruby gimió de forma automática y movió la
cabeza, sus piernas se abrieron en una súplica silenciosa, Troy contuvo el aliento.
―Soy el tipo de hombre que te pone tan malditamente húmeda antes de que
incluso te haya tocado. ―Retiró la mano y se volvió hacia el cuarto de baño,
tirando de su camiseta por su cabeza a su paso. Al ver su amplia,
pecaminosamente definida espalda revelada, el pulso de Ruby se aceleró aún
m{s―. Cuando estés lista para dejar de jugar, ven y entra en la ducha.
Ruby se quitó lo último de su ropa, dejándola en una pila fuera de la puerta
del baño. Podía oír a Troy al otro lado, tirando de la puerta de la ducha y caminar
bajo el chorro de la ducha, interrumpiendo su flujo. Ansiosa por ver el derrame de
agua caliente por su espalda, empapando su cuerpo, empujó la puerta con la punta
del pie. Su respiración se volvió superficial por la anticipación, el calor se mezclaba
con la impaciencia en su vientre. Había esperado lo suficiente. No podía esperar
más para ser tomada por él.
Dio un paso hacia el baño y se detuvo, preocupación desplazando cualquier
otra emoción. Troy estaba desnudo bajo el agua corriendo, con las manos apoyadas
arriba contra la pared de azulejos. Sus hombros y espalda, tan perfectamente
esculpidos que le dolía mirarlos, estaban inusualmente duros. Rígido por la
tensión. Él inclinó la cabeza un poco hacia adelante, pero Ruby podía ver que sus
11
ojos estaban cerrados. Su mandíbula apretada.
―¿Troy?
Inmediatamente, se enderezó. Como si no esperara que entrara en el cuarto
de baño detrás de él con tanta rapidez. Como si pudiera esperar. Cuando se volvió
hacia ella, el pecho de Ruby se apretó. Ansiedad. Pavor. Amor.Las tres emociones
libraban una batalla en su rostro. Luego con la misma rapidez, su expresión se
quedó en blanco. Estiró la mano hacia ella, su mirada recorrió su cuerpo desnudo
lentamente. Caliente. Planeando.
―Ven ac{.
Deslizó su palma sobre la de Troy, dejando que la ayudara a pasar por
encima del borde de la bañera. Acercándola contra su duro cuerpo.
Usando sus caderas, la empujó de nuevo en la resbaladiza pared, moviendo
los labios sobre su cuello.
―Ayúdame a alejar el dolor, nena. Ya sabes lo mal que se pone cuando no te
penetro en la mañana.
Ruby deseaba tanto olvidar la mirada que había visto en su rostro. El temor
que había presenciado.Pero su amor por este hombre no le permitía dejarlo
sufriendo por alguna razón no identificada. Distraerla con su única debilidad. Él
mismo. Cuando se inclinó para besarla, ella puso una mano en su pecho para
retenerlo.
―Algo est{ mal. ―Su susurro casi fue tragado por el ruido del agua―.
Háblame, primero.
Sus ojos se cerraron, después se abrieron lentamente, conteniendo un brillo
depredador. No pudo evitar sentir laintuición de que le estaba ocultando algo,
pero cuando la golpeaba con toda la fuerza de su magnetismo, suspensamientos
tendían a dispersarse. Y él también lo sabía.
―¿Hablarte? ―Sus manos moldearon su trasero y lalevantó, acomod{ndola
encima de su resbaladiza erección, haciendo palanca contra la pared usando sus
caderas. Ruby gimió, sus tobillos en automático fueron detrás de su espalda―.
¿Qué te gustaría escuchar? ¿Qué mi novia se ha convertido en mi obsesión? ¿Qué
no puedo pensar más allá de estar dentro de ella? Cada. Maldita. Hora.
―Puntuaba cada palabra con un empuje devastador, después la besó con fuerza,
su lengua moviéndose sobre la de ella, reclamándola. Ella sintió que su estado de
ánimo cambiaba rápidamente a medida que penetraba su boca. De seductor a 12
desesperado. Envió señales de advertencia a su cerebro―. No voy a dejarte ir. No
voy a dejarte ir para que vuelvas a eso ―dijo con voz áspera. El beso se profundizó
brevemente, con fiereza―. Tienes que mantenerte a salvo.
De alguna manera sus palabras rompieron el banco de niebla de lujuria,
arrastrando a Ruby de vuelta a donde podía respirar.
―¿Dejarme ir, Troy? ¿Volver a dónde?
Él enterró la cara contra su cuello, su pecho subiendo y bajando con
respiraciones rápidas. Ella envolvió sus brazos alrededor de él y lo abrazó,
tratando de ahogar su alarma y fallando.
Su torturada mirada finalmente encontró la de ella.
―Tu padre está de vuelta en la ciudad.
Capítulo 2

T
roy sintió a Ruby quedarse completamente inmóvil contra él. Dónde
segundos antes había estado húmeda y flexible, su cuerpo se había
vuelto rígido, su expresión cautelosa. Con reminiscencias de cómo se
había visto la primera vez que se habían conocido, cuando ella hacía trampa para
ganarse la vida. Cuando había desconfiado de todo y de todos.Especialmente de
un policía como él. Esa desconfianza casi la había alejado de él. Después de su
trabajo y de su pasado criminal en conjunto le había causado que sangrara,
literalmente, él se comprometió a dejar que nunca nada la perjudicara otra vez.
Aquí estaba, sin embargo. Demasiado pronto. Justo en su puerta.
En un movimiento que sólo aumentó su inquietud, sus piernas se aflojaron,
pasando de alrededor de su cintura a sus caderas retorciéndose para desbloquear
13
sus cuerpos. Lo alarmó, este escudo automático que levantaba. Como si necesitara
otra razón de estar jodidamente ansioso o preocupado por su seguridad. La
seguridad que había trabajado tan condenadamente duro para conseguir.Después
de dejar que el dolor de perder a su mejor amigo y socio en Chicago, su miedo a la
pérdida había sido cuestionada por una estafadora de billar que nunca vio antes de
que ella saltara. Ruby finalmente se había reunido con él a mitad de camino
después de meses de compromiso, y con una sola frase, sentía que escapaba. Si no
creyera que fuera a asustarla, ya habría dado un puñetazo en la pared del baño.
La impotencia era un ser vivo dentro de él. En pocas palabras esta tarde,
había considerado no decirle a Rubysobre el regreso de Jim Elliott. Un vistazo a su
hoja de antecedentes penales le dijo a Troy que fácilmente podría detener a su
padre por algún delito menor de mierda. Tenía órdenes de arresto pendientes en
varios estados, y había violado su libertad condicional por salir de Nueva York en
primer lugar. Troy podría haber utilizado la amenaza de encarcelamiento para
empacar a Jim. Fuera de Brooklyn. Lejos de su hija, por fin había logrado conseguir
tener su vida juntos a pesar de las habilidades parentales atroces de su padre.
Ruby nunca había sido más sabia.
Él había tomado el teléfono varias veces para hacer la llamada, pero al final
no pudo hacerlo. Si alguna vez ella lo descubría, podrían no recuperarse de la
traición. La confianza era todo entre ellos, y Troy no la violaría, sin importar lo
mucho que odiara ver a la persona más fuerte que conocía encogerse ante él
cuando le presentó su mayor debilidad.
Su amor por un hombre que la había abandonado, que la había puesto en
peligro, y luego la abandonó.
―¿Qué… qué es lo que quiere? ―preguntó Ruby aturdida.
Troy dudó un instante y ella se puso tensa, tratando de moverse más lejos.
Visiblemente enojada con él incluso teniendo en cuenta que sostenía su espalda. La
agarró por los brazos y la mantuvo inmóvil.
―Quiere verte. ―Las palabras se sentían como si lo estuvieran
estrangulando―. Él… suena como si tuviera algún tipo de proposición.
“Dile que tengo una oferta que querr{ oír”, específicamente.
―Oh.
Mirando hacia abajo a su expresión conmocionada, quería sentir rabia por la
injusticia. Desde que se graduó de la escuela de negocios, Ruby había encontrado
un inversor para conseguir que su negocio de billar personalizado aterrizara. Lo 14
había puesto de la noche a la mañana, su habilidad perfeccionada por su propia
experiencia jugando y las conexiones que había hecho con jugadores de billar a
través de los años. Después de que uno de sus diseños apareció en una revista de
billar el mes pasado, un artículo que había enmarcado y colgado en su dormitorio,
había estado enterrada con peticiones de sus diseños personalizados únicos. Troy
estaba tan condenadamente orgulloso de ella, de todo lo que había hecho a pesar
de las desventajas de su crianza. Ella finalmente se había levantado por su
cuenta.Ahora esta noticia había oscilado como una bola de demolición,
amenazando con desmantelarlo todo.
Troy sabía por experiencia que tenía que manejar la situación con mucho
cuidado. Conociendo a Ruby, su mente ya estaba corriendo detrás de sus aturdidas
facciones. Sopesando las opciones. Haciendo planes. Su primer instinto sería
mantenerlo fuera de todo lo que su padre quería que hiciera. Por encima de mi frío,
cuerpo sin vida. Su primer obstáculo sería su deseo obstinado de mantenerlo
separado de su pasado. Ella era su pasado. Élla había formado, moldeado, la hizo
callejera demasiado joven. Debido a que quería cada parte de ella, mantenerlo
fuera de él no sucedería.
Su segundo obstáculo sería asegurarse que ella no se dejara atrapar de nuevo
por su antigua vida. Mientras sabía que Ruby era demasiado lista para reanudar
las actividades ilegales que había trabajado tan duro para dejar atrás, la familia
podría ser una cosa poderosa. Ruby siempre había sido demasiado leal para su
propio bien.
La aprehensión se revolvió en su estómago. Algo en el aire era arrogante en
Jim Elliott, su sonrisa casual, le decía a Troy que tenía un as bajo la manga. Por
ahora, tenía que empujar sus oscuros temores a un lado y centrarse enRuby. Un
obstáculo a la vez. Era la forma en que se acercaba a cada problema que venía
junto con un policíay una estafadora en una relación comprometida. Compromiso
cuidadoso.
Él tomó su cara, moviéndosela hacia arriba. Ojos desenfocados miraron a
través de él, hasta que puso sus frentes juntas.
―Oye. Todo va a estar bien. Vamos a hablar de esto, pero necesitas mirarme.
En realidad mírame. ―Ella parpadeó una vez, asintiendo. Poco a poco, la
conciencia se deslizó volviendo sobre sus facciones y el pánico de Troy disminuyó
ligeramente―. No voy a tratar de convencerte de reunirte con él. 15
Una ceja se arqueó. Él tenía su atención ahora.
―En serio.
―Sí. Los dos sabemos que ya lo decidiste, de todos modos. ―Su mirada se
apartó y Troy reprimió un suspiro―. Mi única condición es que no me dejes fuera.
Iré contigo. Tú y yo lidiaremos con todo lo que te diga juntos.
Una batalla se libró dentro de Ruby. Podía verlo en cada línea tensa de su
cuerpo. Ella cerró los ojos, sacudiendo la cabeza.
―No ―soltó entrecortado―. No, Troy. Tienes que dejar que me ocupe de
esto. Es mi padre. Nada de lo que diga va a convencerme de volver. Vas a tener
que confiar en mí en eso.
Habías esperado eso, se recordó Troy. No hay necesidad de sentir este dolor
sobre ella tratando de sacarlo. Su necesidad de protegerla, de proteger a las
personas que le importaban, era a la vez su mayor fuerza y debilidad. Había
previsto eso. Lo había vivido una vez antes. Y su recuerdo de casi haberla perdido
la primera vez permanecía demasiado fresco. Así que había venido dispuesto a
jugar duro.
―Me mantendr{s involucrado, Ruby, o lo alejaré. ―Hizo caso omiso de la
traición sorprendida que irradió de ella―. Confío en que puedas tomar la decisión
correcta, pero no confío en él. Voy a encontrar una manera de mantenerte a salvo.
Cómo logre eso depende de ti.
Quería estar enojada con él, podía decirlo. Pero no se quedaría. No cuando
había dejado que sus paredes cayeran, dejando entrever el miedo en su rostro. No
escondía nada. Era la única forma de llegar a ella. Dejarla ver su determinación de
protegerla. Lo mucho que la amaba. Su postura rígida se suavizó gradualmente a
medida que se miraban con fuerza uno al otro. Un suspiro salió de entre sus labios.
―Maldita sea. Esto se siente muy familiar. No estaremos de vuelta en ese
lugar, ¿no?
Su agarre en sus brazos se apretó.
―No. No iremos allí. Estamos aquí. Somos m{s fuertes. ―Deslizó una mano
por su cabello, hablando contra su sien―. Separados seremos m{s débiles. No
dejes que nos separen.
―Troy…
16
La interrumpió con su boca. Tal vez estaba mal, pero estaba tan cerca de
ganar su aceptación que utilizó la última y más poderosa arma en su arsenal. No
pudo evitarlo. Estaba desesperado. Por su promesa y su cuerpo. Profundizando el
beso hasta que ella gimió en su garganta, Troy apoyó las manos a ambos lados de
su cabeza. Metió sus rodillas y arrastró su cuerpo mojado contra Ruby, tentándola
con la sensación de su pene dispuesto entre sus piernas, deslizándolo hasta su
vientre. La apretó desde su pecho hasta los muslos. Somos uno, nena.Somos más
fuertes juntos. Cuando Troy dobló las manos por debajo de sus rodillas con la
intención de apalancarse contra la pared de azulejos, una vez más, ella se separó.
Respirando pesadamente, con los labios hinchados, se veía demasiado
malditamente hermosa para ponerlo en palabras. Mi mujer.
―Espera. Sólo quiero decir… Sé que no fue f{cil para ti decirme esto. Pera no
trates de convencerme sobre la cita. Gracias. ―Su boca se movió sobre él,
rob{ndole su claridad―. Est{s en lo correcto. Esto no es nada como la última vez.
Estamos mejor. ―Oír esas palabras saliendo de Ruby se sentía como un b{lsamo
para su alma. Confortaba las inseguridades que todavía albergaba al sostenerla.
Debió haberlo demostrado, porque sus ojos se ablandaron. Él se apoyó en su mano
mientras acariciaba el lado de su cara―. ¿Te sentiste fuera de control hoy, Troy?
Con la mandíbula apretada, él asintió, pero no respondió. No habría podido
responder. Ella había clavado su asunto de lleno en su cabeza. No era un secreto
entre ellos que él ansiaba el control. Por lo general, lo tomaba en el dormitorio,
pero a menudo lo tenía en otros aspectos de su vida en común. Algo en lo que
había estado trabajando. No había sido fácil para él hoy, renunciar a la necesidad
de manejar su problema sin preocuparla por un segundo. Se las había arreglado
para ser completamente abierto con ella, sabiendo que tenía razón. Pero no
pretendía que reconocer y apreciar su difícil posición no lo llenaba de orgullo
masculino.
Ágiles dedos jugaron en su pecho, acariciando su abdomen. Su respiración se
aceleró, haciéndose eco a través de la ducha. Su boca siguió el camino de sus
dedos, lamiendo las gotas de agua, hasta que cayó de rodillas delante de él. Desde
su posición de rodillas, lo miró con completa confianza, mezclada con necesidad.
―Recupera el control, Troy.
Él gimió en voz alta, finalmente cediendo a la tentación de conectar el puño
contra la pared. Sabía lo que necesitaba, le estaba dando la espalda a su poder.
Joder, la amaba. Esa noche en Hildebrand´s, había luchado para equilibrarse a sí 17
mismo. Encontrarse con el padre de Ruby, sabiendo instintivamente que su regreso
podría aplastar su relación, había jugado un partido con Ruby. Lo había puesto en
el asiento del conductor durante un tiempo más largo. Debería haber sabido que
no era necesario. Que ella vería a través de él.
Ella arrastró sus uñas hasta sus muslos, besando su tembloroso estómago,
esperando que la dirigiera.Su belleza nunca dejaba de hipnotizarlo, pero su fuerza
interior maltrataba su corazón. Como siempre, renunciar a ese poder se disparaba
directamente en su cabeza. La lujuria, ya embriagadora y gruesa, lo quemó más
brillante hasta que no existió nada, excepto los dos, rodeados de vapor de agua en
su ducha. El cambio se extendió por él. La transformación que ella le había
enseñado le dio la bienvenida en lugar del temor. Con mano firme, envolvió su
grueso cabello negro en su puño y le levantó la cara.
―Boca abierta. Ojos en mí.
Esos hermosos labios rojos se entreabrieron sin dudarlo. Sólo una vez su
mirada dejó la suya, cayendo a su pesada erección. Mirándolo con un hambre
flagrante que chisporroteaba a través de sus terminaciones nerviosas. Cuando ella
gimió un poco y movió sus caderas como si estuviera impaciente, su agarre se
apretó en su cabello hasta que ella se quedó sin aliento.Uso la otra mano,
guiándose a sí mismo a su boca, pero se detuvo a dos centímetros.
―Dime lo mucho que lo deseas.
Sus párpados revolotearon.
―Mucho.
Arrastrando la cabeza de su pene por sus labios entreabiertos, el movimiento
deliberadamente lento, habló en una voz más profunda, más de mando que sólo
momentos antes.
―Te dije que pensaras en chuparme hoy mientras trabajabas. ¿Hiciste lo que
te pedí?
Ella asintió, gimiendo de placer cuando se resbaló a sí mismo parcialmente en
su boca, dejando que sus labioschuparan a su alrededor, y luego se retiró a pesar
de su sonido de protesta. La mayoría de los hombres encontrarían esa anticipación
como una tortura, pero él lo anhelaba como una droga. Cuanto más tiempo
esperara por su liberación, más duro se mecería contra él. Si no torturaba a su
mujer en el proceso, se quedaría de pie allí y jugaría con su boca durante horas, 18
negándose a sí mismo. Negándose a ella. Era otra de las razones por las que había
iniciado el juego esta noche, para retrasar la gratificación, para hacer crecer la
necesidad. Ahora, sin embargo, no podía aguantar. Había estado perdido en el mar
hoy y el placer no esperaría mucho más.
―¿Cu{ndo pensaste en tenerme en tu boca, querías tocarte a ti misma?
Su aliento se atoró e hizo que sus ojos se estrecharan. Necesitando escuchar
su respuesta, se retiró de sus labios, su pulso golpeando con fuerza en sus oídos.
Tan dolorosamente excitado que sus piernas se sentían fuertes e inestables al
mismo tiempo.
―¿Te tocaste a ti misma, Ruby?
―Sí. Estaba sola en el taller… cuando pensé en ti, no pude parar. Tuve que
hacerlo.
Su erección se hizo más dura y exigente con cada palabra susurrada, la
necesidad de la liberación estuvo a punto de ponerlo de rodillas. Imágenes de
Ruby tocándose nadaron en su cabeza, cada una más erótica que la anterior. Sabía
por experiencia que cuando se llevaba a sí misma al orgasmo con su propia mano,
sus ojos se cegaban y todo su cuerpo se estremecía. No tan ferozmente como
cuando llegaba a su clímax en torno a su pene, pero increíblemente excitante de
presenciar e imposible de olvidar.
Muriéndose por sólo un segundo de alivio, recuperándose de su confesión,
Troy se empujó más allá de sus labios hinchados y se hundió profundamente,
hasta el punto que sabía que ella podía tomar.
―¿Cómo sabe, nena?
Ella tarareó en su garganta, su boca trabajándolo en chupadas largas. Cuando
lo tomó profundo, más profundo en su garganta de lo que nunca había hecho
antes, él gimió al techo y se retiró. Un poco más y se habría venido. Un placer que
no se permitiría a sí mismo hasta que hubiera atendido sus necesidades. Sin
embargo, le permitió lamer la punta mientras él satisfacía su curiosidad.
―Cuando te viniste hoy, ¿en qué estabas pensando? ¿Yo estaba llenando tu
boca?
Ella hizo una pausa en sus cuidados, pareciendo elegir sus palabras.
―Sí. Al principio.
Su fascinación creció. 19

―¿Que pasó al final?


Sus ojos se encontraron con los suyos, oscuros.
―Siempre termina contigo dentro de mí.
―Eso est{ jodidamente bien ―soltó―. ¿Y en medio?
Después de una ligera vacilación, ella se estiró junto a él y regresó
sosteniendo el largo mango del estropajo. Sus dientes se estaban hundiendo en su
labio inferior, pasó un solo dedo por el lado liso del objeto, luego lo miró, la
vulnerabilidad y la anticipación en guerra en su cara. Los músculos del estómago
de Troy se apretaron con tanta rapidez, que gimió, casi culminando en ese
momento, ella lo había sorprendido y le agradó a fondo. Tomó el estropajo de su
mano. Con su respiración acelerada, sabía que su expresión le decía todo lo que
necesitaba saber. Que sólo lo había enviado allá del punto de la obsesión.
―Gírate. Ponte de rodillas y apóyate contra la pared con las manos.
Visiblemente temblando, ella hizo lo que le dijo. Troy se tomó un largo
momento para saborear la imagen que era, su espalda suave y precioso trasero
presentados a él como un maldito regalo. Con su puño en su erección y
exprimiéndolo, supo que cuando finalmente consiguiera estar dentro de ella,
después de darle lo que con tanta audacia había solicitado, estaría frenético. Como
si hubiera estado alguna vez cualquier cosa menos que frenético por penetrar a
Ruby. En cada oportunidad que tuviera.
Trazó la línea de su espalda, la curva de su trasero con la esponja suave,
dejando que mojara sus muslos por un momento. Ella gimió con voz ronca, pero él
interrumpió el hermoso sonido con el golpe húmedo del estropajo mojado en su
carne igualmente mojada. Esperó un latido por su reacción, para medir la cantidad
de fuerza que podría poner detrás de los golpes sin quitar el placer y dejando sólo
el dolor. Ella gritó y arqueó su espalda, su cuerpo pidiendo más. Troy se apoderó
del estropajo más duro y lo bajó de nuevo, con más fuerza, gimiendo a la marca
rosada que dejó atrás. Que él había dejado atrás.
―¿Soñando despierta con el castigo, estafadora? ―Golpe―. ¿No te he pegado
bastante últimamente?
―Tú has… y-yo solo…
―¿Tengo que empezar a hacer viajes regulares a tu taller para pegarte y
penetrarte? Si lo quieres en carne viva tres veces al día, Ruby, sólo di la palabra. Te
lo daré todas las veces que lo necesites. 20

―Sí. M{s. Más.


―Eso est{ hecho ―gruñó Troy.
Vio que sus dedos se estiraban y doblaban contra la pared con cada golpe, sus
gemidos cada vez mayores en volumen hasta que no estuvo tan seguro acerca de si
los vecinos podrían escucharlos. Troy se dio cuenta entonces que sus propios gritos
de placer se habían unido a los de ella. Apenas podía soportarlo debido a la
necesidad abrumadora de estar dentro de su mujer.
Troy arrojó el estropajo al piso del baño y cayó de rodillas detrás de Ruby.
Ella lo miró sobre su hombro y su cabeza se precipitó cuando vio la excitación en
su cara. Con los ojos medio abiertos, los labios amoratados de mordérselos con los
dientes, con el cabello húmedo pegado a su cuello y frente. Si no hubiera estado ya
de rodillas, lo habría puesto allí con esa sola mirada.
En un rápido movimiento, se situó dentro de ella, saboreando su grito.
Apretando los dientes, le dio un momento para adaptarse a él, algo que todavía
requería cada vez que hacían el amor en esa posición. La que le permitía estar tan
malditamente profundo. Le encantaba. Los pocos momentos de obligarse a esperar
a esa primera estocada perfecta. Meses atrás, cuando ambos la habían probado y
Ruby había estado tomando la píldora, ese cuidadoso control lo había eludido
durante semanas, pero finalmente lo había recuperado. Incluso si la experiencia de
amarla sin una delgada barrera sin embargo, todavía lo sacudía hasta la médula
cadavez.
Una de sus manos salió de la pared para hundir sus uñas en la piel de su
muslo, una súplica silenciosa para que se moviera. Sabía que ninguno de ellos iba a
durar mucho tiempo después de la acumulación de la noche, lo que habían hecho,
lo que le había revelado. Así que echó la cabeza hacia atrás y movió sus caderas en
círculos todavía exigentes pero lentos, sintiendo que ella comenzaba a cerrarse en
su pene.
―Buena niña. Ven a disfrutar de tu hombre. No me hagas esperar.
La parte de atrás de sus muslos empezaron a temblar; sus hombros los
siguieron. Joder, estaba colgado tan apretado después de los acontecimientos del
día, no podía contenerse. Llevó su palma hacia abajo a su trasero con un golpe
fuerte y la envió por encima del borde. Troy la siguió casi inmediatamente,
conduciéndose en ella una última vez antes de ahogarse en la felicidad de ella.
Sintiéndose agotado y satisfecho al mismo tiempo, Troy la levantó, con su espalda 21
contra su pecho, y la sostuvo con fuerza.
La besó en el cuello, cerrando los ojos cuando ella se apretó más. Empapados
y de rodillas en la ducha, sentía como si se trataran de dos sobrevivientes de una
tormenta. Pero en el fondo, sabía que la tormenta solamente estaba comenzando.
―Te amo, Ruby. Vamos a estar bien.
No dejaría que fuera de otra manera.
Capítulo 3

R
uby empujó sus gafas en su frente y apagó el torno de madera cuando
Mya Hicks le hizo señas desde el otro lado del taller. Levantó una ceja
formulando una pregunta a la mujer que, en un espacio corto de
tiempo, había pasado de inversora inesperada a amiga, a socia comercial, y a
compañera de trabajo.
―Estoy pidiendo el almuerzo. ¿Quieres algo?
Pretendió considerarlo un momento.
―Ensalada de pollo con trigo. Pepinillos adicionales. Coca Cola dietética.
―Leíste mi mente.
Ruby sacudió la cabeza. Ordenaba lo mismo para el almuerzo todos los días. 22
Pedir se había convertido en unamera formalidad. Se puso sus gafas de nuevo y
reanudó su trabajo en un taco que debía estar en Dallas a finales de semana. El
cliente solicitó a una mujer desnuda grabada en el mango. Incluso le había enviado
una foto de su novia para hacerlo. Los supersticiosos jugadores de billar eran a
menudo excéntricos, por lo que se había acostumbrado a las peticiones extrañas.
No era su lugar preguntar. Con la cantidad de dinero que pagaban, podrían
pedirle tallar un Santa Claus desnudo y no se habría inmutado. De hecho, lo había
hecho ayer.
Levantó la vista de su trabajo el tiempo suficiente para ver a Mya colgar el
teléfono y reanudar el trabajo en suescritorio, catalogando las órdenes de encargo,
llenando facturas, y ordenando los suministros necesarios para crear los diseños
de Ruby. No por primera vez, reconoció cuán fuera de lugar parecía Mya detrás de
un escritoriocompletando el papeleo. Con una mata rosa corriendo a través de su
azaroso cabello oscuro, y un tatuaje entrelazado en su brazo derecho, se parecía
más a una artista. O a una motorista. Básicamente, lo más alejado deuna secretaria
que se pudiera conseguir. En sus cuarenta y tantos años, Mya había llegado a Ruby
como un espíritu libre en el primer vistazo. A pesar de que parecía joven para su
edad y actuaba aún más joven, había un conocimiento en sus ojos que podría estar
relacionados con Ruby. Mientras Mya sin duda era una mujer hermosa, su aspecto
no parecía ser cómodo para ella. Como si fuera a arrojarlo en un latido si fuera
posible.
Cuando su profesor de la universidad se acercó a ella y afirmó que conocía a
una inversora dispuesta a tomar la oportunidad de su idea de negocio en ciernes,
había sido natural desconfiar. La tinta en su diploma de escuela de negocios ni
siquiera se había secado. Parecía demasiado bueno para ser verdad. Cuando
habían sido presentadas, su curiosidad sólo había crecido. La palabra “inversor”
connotaba a un hombre con un maletín. No a una estrella de rock con un gorro
Korn en vaqueros rotos. Sin embargo, habían conectado inmediatamente. A
medida que se conocieron y expusieron su modelo de negocio y estrategia, Ruby
había detenido su espera de que el otro zapato cayera. Mya era notablemente
distante de su pasado, pero también lo era Ruby. Nadie quería invertir su dinero
en una estafadora exjugadora de billar, ¿verdad? Y, obviamente, Mya tenía sus
propios demonios en su cola. Así que a través de un acuerdo tácito, dejó el pasado
fuera de la mesa.
Lo que significaba que no había manera en el infierno que le dijera a Mya que
su padre había regresado. O lo que eso significaba. Afortunadamente, había tenido
23
la precaución de poner el nombre de Mya en el contrato de arrendamiento del
taller, así que no importaba los recursos que tuviera a su disposición, no podrían
seguir su rastro hasta allí.
Empujando la incesante preocupación a un lado, Ruby terminó su tarea y
ajustó el taco casi terminado en un estante justo a tiempo para cuando el almuerzo
llegó. Arrojó sus gafas en un banco de trabajo y fue a reunirse con Mya en su
escritorio.
―¿Algún nuevo pedido llegó esta tarde?
Mya tomó un largo trago de su Coca Cola Light.
―Cuatro.
―Mierda. Voy a tener que empezar a trabajar los fines de semana.
―O a contratar m{s personas.
Ruby miró el taller mediano que tan cuidadosamente había arreglado y
decorado. Su orgullo y su alegría. Espacio que sólo alguna vez había soñado poder
pagar.
―No sé si estoy lista para compartirlo todavía. Lo pensaré.
―Hazlo. ―Mya apoyó la bota en su rodilla, bocadillo en mano―. Aunque no
estoy segura si Troy agradecería la falta de acción más de lo que ya lo hace.
―¿Oh? ¿Qué te hace pensar eso? ―cuestionó Ruby con sarcasmo. Mya había
visto a Troy en varias ocasiones. La mayoría de ellas incluyeron a él observando el
trabajo de Ruby durante una hora, cada vez más impaciente cuando se negó a
tomar un descanso, luego cargándola por el taller por encima del hombro.
―Simplemente una corazonada.
―Correcto.
Mya se rió y palmeó el bolsillo de sus vaqueros, en busca de cigarrillos que ya
no estaban allí debido a que los había dejado recientemente.
―La próxima vez que lo vea, voy a pedirle que me acomode con un buen
poli, gordito. Alguien un poco agradecido, ¿sabes? Diablos, me quedaría con uno
de los parquímetros. No soy una mujer orgullosa.
Ruby resopló.
―Mentirosa.
24
―Eso es justo. ―Mordió su s{ndwich con gusto―. Pero puedo poner mi
orgullo a un lado para pasar la noche. Cuéntaselo a Troy, entre más redondo
mejor. Sólo un gran trozo de viejo hombre, llamado Ruben. O Hank.
―Espera. Permíteme escribir eso ―bromeó Ruby―. Podr{s decírselo tú
misma. Él, eh… mencionó que trataría de pasar por la tienda m{s a menudo.
―¿Por qué eso te hace sonrojar?
―No me estoy sonrojando. ―Ruby agarró su bebida y se empujó lejos de la
mesa―. Revisa tus ojos.
―Pareces mejor.
Gafas en mano, se volvió con una expresión confundida.
―¿Mejor?
Mya se aclaró la garganta, viéndose un poco incómoda. Se inclinó sobre su
escritorio, de repente absorta en algo en la pantalla de la computadora.
―Esta mañana, cuando entraste. Estabas tan callada. Tuve a Slipknot tocando
durante una hora y no me gritaste que lo apagara.
Ruby sacudió la cabeza y puso en marcha el torno, ignorando el sentimiento
de que Mya todavía estaba observándola curiosamente. Lanzó una sonrisa por
encima del hombro.
―Tal vez sólo estaba siguiéndote la corriente por una vez. Nunca he estado
mejor.
Al parecer, no había logrado evitar que su aprensión se mostrara. Después de
su noche con Troy, donde la había tranquilizado una y otra vez de que todo iba a
estar bien, se sintió un poco mejor.Nada, sin embargo, podía aliviar el temor en su
estómago. Había accedido a dejar que Troy entrara en contacto con su padre para
concertar una cita para mañana por la noche. Hasta que la reunión terminara, nada
sacudiría la oscura nube de miedo a su alrededor. A pesar de las palabras
tranquilizadoras de Troy, conocía a su padre mejor que nadie en el mundo. Habían
pasado años juntos en el camino, estafándole a la gente su dinero en la mesa de
billar. Había sido necesario conocer todos los aspectos de la personalidad del otro.
Leerse uno al otro. Con el fin de tener éxito, habían sido obligados a conocer el
movimiento del otro antes de que incluso lo hiciera. Si quería que Ruby hiciera
algo por él, no habría venido sin preparación. Muy en el fondo, sabía que de
25
alguna manera había encontrado una debilidad. Una manera de cubrir su espalda.
Era la forma en que operaba.
En el bolsillo trasero de Ruby, su celular vibró. Lo sacó y miró la pantalla.
Hablé con Jim. Mañana por la noche a las ocho. En Quincy’s. Estaré ahí
contigo. Con amor, Troy.
Con una mano temblorosa, guardó su teléfono. Él estaría allí con ella para
rechazar la solicitud de su padre. Le creía a ese respecto.
¿Qué haría si ella estaba de acuerdo?

Troy mantuvo la puerta abierta de Quincy’s de modo que Ruby le precediera.


La tensión irradiaba de las líneas duras de su cuerpo mientras buscaba en la barra.
Llegaban diez minutos tarde para encontrarse con su padre, un movimiento de
energía que había hecho a propósito. Al no llegar a tiempo, esperaba que le
comunicara que no iba a saltar cuando se lo pidiera. En segundo lugar, llegar tarde
a una reunión de esta naturaleza siempre ponía la llamada en espera en el borde.
Mientras Ruby buscaba en Quincy’s la desgarbada figura de su padre y el cabello
negro y grueso sin encontrarlo, se dio cuenta de que había jugado el mismo juego.
Después de todo, ¿no era el que se lo había enseñado?
Con una maldición ahogada, se obligó a relajarse y entró en el bar, sintiendo a
Troy cerca atrás. Había estado callado en el camino, probablemente pensando que
el silencio le impediría descomponerse y que ella hablara de la reunión. Apreciaba
el que se frenara, así como que le diera tiempo para pensar. Aunque sospechaba
que ninguna cantidad de tiempo podría prepararla para lo que Jim le tenía
guardado.
Su paso vaciló cuando dos figuras familiares le llamaron la atención. Para el
ojo inexperto, Daniel Chase y Brent Mason, los compañeros oficiales de Troy,
serían difíciles de perder debido a su buena y única apariencia y más grande
presencia de vida. Para el modo ex-estafador de Ruby de ver su entorno, sin
embargo, simplemente gritaban que eran policías.
―¿Qué hiciste? ―le susurró Ruby a Troy por la comisura de su boca.
Con su mano en la parte baja de la espalda, él suspiró contra su oído.
―Por favor, no te enfades. Les importasy…
26
―Y querías darme un recordatorio visible de mi nueva vida. En caso de que
se me olvidara.
Él negó una vez.
―No voy a negar que eso fue parte.
Ruby echó la cabeza hacia atrás como si encontrara paciencia en el techo.
―Troy, odio que sepa acerca de ti. Lo odio. No quiero que conozca a nuestros
amigos, también. No deberías haberlos inmiscuido.
―Ellos no se involucrar{n. ―La atrajo hacia sí―. No jodas con tu seguridad.
Puede ser tu padre, pero es un criminal. Daniel y Brent son los mejores policías que
conozco, junto conmigo. Les pedí que estuvieran aquí porque quiero estar
preparados para cualquier cosa.
Brent los vio entonces y le dio a Troy un movimiento de cabeza apenas
perceptible. Al darse cuenta de la ligera acción de su amigo, la cerveza de Daniel se
congeló a medio camino de su boca, y luego continuó su viaje sin reconocer a Ruby
y a Troy.
―Vaya. Est{ claro que han sido advertidos. Eso podría ser lo m{s tranquilo
que he visto de Brent.
La boca de Troy tembló, pero el humor no llegó a sus ojos.
―No se sabe cu{nto tiempo va a durar.
―Es de esperar que acabe lo suficientemente r{pido para que no vayamos a
tener que averiguarlo. Vamos a sentarnos. ―Ruby soltó una respiración y se
dirigió hacia una mesa de cuatro asientos vacíos situada en una sección callada de
la barra―. Dios, sólo quiero estar en casa.
―Pronto, nena.
Por el rabillo del ojo, Ruby vio a Bowen Driscol sentado en la esquina con la
espalda apoyada contra la pared de ladrillo. La gorra de béisbol estaba hacia abajo
sobre su frente, bebía poco a poco una botella de cerveza. Mantuvo la cabeza baja,
su postura casual, pero Ruby lo conocía muy bien. Su mejor amigo desde la
infancia se mantenía listo para atacar en cualquier momento. Cuatro años mayor
que ella, Bowen había estado a su lado en esos peligrosos años que había pasado
presionando a hombres del doble de su edad por su dinero. Incontables veces, se
había puesto entre ella y las lesiones graves. Tomando y dando golpes para que
ella no tuviera que hacerlo. Y una vez más a principios de este año cuando había
sido sorprendido tratando de ayudar a incriminar a Lenny, su padre que era jefe 27
del crimen, todavía permaneció firmemente leal a ella. Padres que valoraban el
dinero sobre la seguridad de sus hijos era algo que tenían en común.
Troy había llamado a sus nuevos amigos por apoyo moral y refuerzo. Ella
había llamado a Bowen. Ruby dijo una rápida oración, con la esperanza de que
Troy no lo detectara. Nunca había entendido la naturaleza de su relación.No le
creía que a pesar de la buena apariencia, del encanto de Bowen, y de su actitud
sobre protectora hacia ella, su relación siempre había permanecido platónica.
Siempre había sospechado que el disgusto de Bowen por Troy derivaba en
culpabilidad irracional por no estar alrededor de Ruby aquellos primeros años, y
nada de lo que decíaparecía disuadirlo de sus celos.
Dejó caer la bolsa de mensajero en el respaldo de su silla y se sentó. Troy
tomó la silla a su lado, creando un frente unido. Estirándose para tomar su mano,
trató de no mirar la puerta.
―¿Creías que no lo vería?
Ruby no pretendió malinterpretarlo.
―Por favor, no leas nada en eso.
Él continuó como si no hubiera hablado.
―Lo que no puedo decidir es si careces de fe en mí, o…
―No. ―Con los ojos más abiertos, buscó su expresión cerrada―. No tiene
nada que ver con la fe. Confío en ti m{s que en nadie, Troy. ―Se devanó los sesos
buscando una manera de explicarse―. Querías recordarme mi nueva vida. Tal vez
necesitaba un recordatorio de la antigua. Sin embargo, nuestros objetivos son los
mismos.
―Si él es tu pasado ―enunció Troy―, ¿por qué no se va?
―No quiero que se vaya. No voy a perder cada parte de mí misma para
hacerte sentir cómodo.
―¿Crees que me importa estar a gusto? ―Desconcertada por su repentina
expresión feroz, no respondió―. No quiero cambiar una sola maldita cosa sobre ti.
Sólo te quiero para mí.
―Me tienes. Soy tuya. No vuelvas a cuestionar eso.
Su atención osciló mientras él se acercaba su cara.
―Mantente mirando hacia mí. Tu padre acaba de entrar. ―Puso su boca en la
de ella―. No dejes que te vea preocupada, nena. 28

Su argumento se desvaneció de inmediato a un segundo plano, eclipsado por


su repentina oleada de agradecimiento por la presencia de Troy. Él estaba tan
alterado como ella por su próximo encuentro, y nunca podría poner en palabras lo
agradecida que se sentía de tenerlo allí. La inundaba de confianza y le recordaba
que no importaba la forma en que se enfrentaran, siempre terminarían con amor.
Una silla se movió hacia atrás en su mesa y oyó la voz engañosamente suave
de su padre por primera vez en años.
―Odio interrumpir esta conmovedora escena, pero estoy en una crisis de
tiempo.
Acomodando sus facciones, Ruby se enfrentó a su padre lentamente.
―No, no lo est{s.
Jim Elliott echó hacia atrás la cabeza y rió. No había envejecido ni un solo día.
Ni una sola hebra gris interrumpía su rígido, cabello peinado hacia atrás. Sus ojos
castaños estaban llenos de humor, pero podía ver el destello de peligro que se
ocultaba bajo la superficie. Ocultando que la personalidad letal era uno de sus
rasgos más valorados. Su padre tenía una extraña habilidad para convertirse en tu
mejor amigo mientras caminabas por un precipicio.
Jim pasó un brazo sobre el respaldo de la silla y se enfrentó a ellos en ángulo.
Manteniéndose de espalda a la entrada, lo sabía. La acción atrajo su atención al
yeso blanco en su muñeca. Para Jim, las lesiones de manera visible gritaban
debilidad, sin embargo, no la estaba ocultando. Su curiosidad aumentó.
―Puedes sacar a la chica de Brooklyn… ―murmuró mientras le hacía señas a
la camarera por una bebida.
―Ponlo en nuestra cuenta ―le indicó Troy a la camarera cuando tomó su
orden. Bourbon, solo.
―Oh, un policía generoso. Vaya cosa, Ru.
Su sonrisa vaciló con el uso de su apodo de la infancia. Ella deslizó su mano
del fuerte apretón de Troy.
―Es una captura, gracias. Si viniste aquí sólo para insultarnos, tenemos cosas
mucho mejores que hacer.
Los dedos de Jim se flexionaron sobre la mesa mientras los consideraba.
―¿Qué diablos está haciendo Driscol aquí?
29
Eso le dio un comienzo a Ruby. Hasta ahora, su padre no había mostrado
ninguna señal de que había divisado el acecho de Bowen en la esquina. Por otra
parte, no entendía la hostilidad de Jim hacia su amigo. No tenía ninguna razón
para no gustarle tan intensamente.
―Ha estado vigil{ndome desde que te fuiste. ―Se encogió de hombros―.
Supongo que los viejos hábitos tardan en morir.
―Cuidando de ti, ¿eh? ―Jim le hizo un guiño a Troy―. Apuesto a que
putamente te encanta eso.
Troy mostró cero reacción.
―Di lo que viniste a decir, Elliott. Estoy perdiendo la paciencia.
―Ustedes los jóvenes tienen tal prisa hoy día. ―Le sonrió a la camarera
mientras dejaba su bebida, evidentemente revisando su trasero cuando se dio la
vuelta―. No saben nada sobre el arte de la anticipación.
Ruby casi se rió ante la ironía de ese comentario, pero se mordió la lengua.
―Si necesitas que me dé prisa por ti, olvídalo. Seguiré adelante.
Él la miró por encima de su bebida y su confianza cayó.
―No has oído lo que est{ en juego todavía.
―Ninguna cantidad de dinero vale enredarme de nuevo en tus mentiras.
No podía decir si el destello de dolor en su rostro era fabricado o auténtico,
pero las palabras ya se habían dicho y no podían ser tomadas de vuelta.
―Tienes la extraña habilidad de tu madre para poner a un hombre de
rodillas. ―Jim asintió hacia Troy―. Apuesto que pone tu vida en equilibrio entre
el cielo y el infierno. Igual que su madre hizo conmigo. ¿Estoy en lo cierto?
―Basta. ―Ruby saltó antes de que Troy pudiera responder, con el
comentario anterior de su padre resonando en su cabeza―. ¿Mi madre? Nunca
hablas de mi madre.
―Un descuido, tal vez. ―Levantó su hombro y lo dejó caer―. Esta noche
podría ser un buen momento paraempezar a hablar sobre la escurridiza Pamela.
Ella sintió a Troy tensarse a su lado, haciendo coincidir su propia postura
rígida.
―¿Qué demonios es esto?
Jim sacó una libreta del bolsillo de su chaqueta y la consultó. Ruby sabía que
estaba ganando tiempo.Aumentando la anticipación, como había dicho. Todo un 30
acto. Nunca olvidaba ni un solo detalle. Lo que quiso decir mencionando a Pamela,
su madre, no había sido accidental. El miedo brotó en su estómago. Había sido una
mera niña cuando su madre se marchó, dejándola con su padre, un hombre
completamente mal equipado para criarla. Durante años, habían viajado mientras
Jim manejaba y ella dormía en el asiento trasero de su auto o en una sucia
habitación de motel. Hasta que aprendió a tirar de su propio peso en la mesa de
billar. Ni una sola vez, durante todos esos años, hablaron sobre su madre.
Ruby miró a Troy, comunicándole silenciosamente lo que pasaba entre ellos.
Anticipaba algo grande en el horizonte, también. Podía ver la ansiedad en su
rostro, aunque trataba valientemente de ocultarlo.
De pronto, Jim tiró el bloc de notas en la mesa, al parecer, todavía tratando de
mantener su equilibrio.Maldita sea, siempre sería mejor en el juego que ella. Estaba
funcionando.
―El partido se llevar{ a cabo el martes por la noche. Entre tú, si est{s de
acuerdo, y un hombre llamado Robert Bell. Todavía estamos decidiendo la
ubicación.
Ella frunció el ceño ante el nombre poco familiar.
―No tiene importancia. No voy a estar allí.
―Creo que estar{s. ―Se bebió su bourbon―. Robert Bell es el hermano de tu
madre. Estaremos jugando para obtener información sobre su paradero. Él la tiene.
Si ganas, te entrega su ubicación. Jugaría el partido yo mismo, pero… ―Levantó su
muñeca derecha lesionada.
El tiempo se congeló. Nada podría haberla preparado para esto. Las palabras
de su padre la golpearon como un rugiente tren subterráneo, cortando su paso.
Nunca se había permitido preguntarse acerca de la mujer que los había
abandonado. Nunca había habido un punto. La gente no se quedaba en su mundo.
En su viejo mundo, de todos modos. Sin embargo, ahora, la oportunidad de
encontrar a su madre brillaba como oro delante de sus ojos.¿Siempre habría sido su
deseo subconsciente que había logrado sofocar?
Troy le apretó la mano con fuerza suficiente para regresarla al presente. Ella
sintió que quería arrastrarla en su regazo y moverla adelante y atrás, pero no le
permitiría perder la cara delante de su padre.Cuando habló, su voz fue
mortalmente baja.
―¿Cu{l es el interés de Robert Bell en esto? ¿Qué es lo que obtiene si gana? 31

Jim se rió como si la pregunta hubiera sido absurda.


―¿Qué m{s? Efectivo. Por no hablar, de que su aversión por su hermana
rivaliza con la mía.
Troy, obviamente, no se lo compró.
―¿Cu{l es el truco, Elliott?
―¿Truco?
―Buena pregunta. ―Ruby finalmente se aclaró la herrumbre de su
garganta―. ¿Por qué ahora? ¿Por qué te importa dónde est{?
Jim de repente no se encontró con sus ojos, siguiendo con los dedos los
patrones de humedad sobre la mesa.
―Mira, sé que no he sido el mejor padre para ti, Ru. Est{s fuera del juego. Lo
entiendo. ―Su nuez se movió en su garganta―. Estaba equivocado. No te dije
nada acerca de ella. Mereces saber. Permíteme darte eso. Puedes considerarlo un
regalo de despedida si quieres.
Ella percibió a Bowen de pie detrás, pero no se volvió. Su atención estaba fija
únicamente en su padre. Se veía… contrito. Sincero. Una rareza en Jim Elliott. Que
Dios la ayudara, estaba afectada por eso.Este era su padre, después de todo.
Habían estado juntos en los buenos y en los terribles momentos. Compartiendo
patatas fritas en el capó de su auto en un estacionamiento fuera de Pittsburgh.
Colándose en un juego de los Red Sox en Boston, el dulce Jim, hablando en los
asientos a lo largo de la línea de primera base. Corriendo a través de la lluvia para
escapar de un dueño de bar enojado por presionar a sus clientes. Habían
sobrevivido a todo juntos. ¿Podría creerle en esto? Quería hacerlo
desesperadamente, maldición. Averiguar quién era su madre, la posibilidad de
tener sus preguntas contestadas, finalmente podría ser el sello de cierre sobre su
pasado.
Bowen finalmente habló, la violencia apenas contenida en su voz familiar
hacia ella.
―Enviarla a una maldita guarida de león y llamarlo un regalo. Clásico de Jim
Elliott.
―Cuidado, Driscol. ―Su padre movió su dedo y de alguna manera lo hizo
parecer amenazante―.Recuerda, tengo tu número. No me jodas.
Una vez más, Ruby fue sorprendida por la fricción entre Bowen y Jim. Los 32
tres no habían pasado mucho tiempo juntos en el pasado, Bowen debió intervenir
como su protector cuando Jim se fue de la ciudad, pero no entendía el antagonismo
allí. Abrió la boca, lista para ponerlo en duda, cuando el puño de Troy bajó con
fuerza sobre la mesa. Slam. Por el rabillo del ojo, Ruby vio a Brent y a Daniel
levantarse de sus sillas, tratando de parecer casuales, mientras observaban de cerca
la situación.
―Si ustedes dos quieren tener un concurso de meadas, h{ganlo en el tiempo
de otra persona ―ordenó Troy, d{ndoles a ambos hombres una mirada, antes de
dirigirse a su padre solamente―. ¿Esperas que creamos que est{s haciendo esto
desde la bondad de tu corazón? ¿Crees que no es lo suficientemente inteligente
como para ver a través de ti?
―No lo sé. Pregúntaselo. ―Desafió a Ruby con una mirada que recordaba
demasiado bien―. O tal vez deja que su gran novio poli malo hable por ella ahora.
Troy maldijo. Bowen resopló. Ruby los ignoró a ambos, sintiéndose un poco
resentida porque estuvieran tratando de cuidar de ella. Podía cuidar de sí misma.
Lo había hecho durante años. No, esta era su decisión y por la forma en que lo veía,
en realidad no tenía opción en absoluto. Era muy probable que Jim tuviera otro
enfoque y no estuviera siendo honesto. Podía levantarse y alejarse. Renunciar a la
oportunidad, peligrosa o no, de averiguar acerca de su madre. O, podía hacer lo
que mejor sabía. Hacerlo primero, preguntar después.En este caso, ¿la recompensa
no justificaba el riesgo?Dios odia a los cobardes, Ruby.
Se preparó.
―¿Cu{ndo sabr{s la ubicación?
Jim no se vio triunfante en lo más mínimo, como si hubiera estado esperando
su acuerdo.
―Pronto.
―Ruby, no puedes hablar en serio. ―Troy se volvió en su asiento, con los
ojos azules ardiendo―. Es obvio que est{ mintiéndote. No hagas esto.
―El policía est{ en lo correcto, Cubo de Rubik ―losecundó Bowen con
seriedad―. Sabes que no lo admitiría tan f{cilmente.
―C{llate, Driscol.
Jim se echó hacia atrás en su silla, cruzando las manos detrás de la cabeza.
―Bien, bien. Ahora, ¿quién est{ teniendo el concurso de meadas? ―Su rostro 33
se endureció―. Ella tomó su decisión. Vivan con ella, chicos.
Ruby movió la silla hacia atrás y se levantó, así que Jim se vio obligado a
mirar hacia ella. Entrecerró los ojos por la estrategia de poder.
―Vamos a dejar una cosa clara, Jim. Sé que hay algo que no me est{s
diciendo. Eres un estafador y dudo que alguna vez me veas como algo más que un
boleto de comida. Estoy de acuerdo porque tengo curiosidad. Esa es la única razón.
No porque crea tu triste historia sobre algún extraño sentido de culpa. Buen
intento, sin embargo, padre.
Troy se puso detrás de ella, poniendo una mano en la parte baja de su
espalda mientras salían de Quincy’s, con Bowen unos pasos m{s atr{s. Todavía
estaban apoyándola, aunque probablemente acababa de decepcionarlos a ambos.
Pasó una mano por el brazo de Troy, diciéndole que apreciaba que se hubiera
mantenido bajo control. Aunque Ruby sabía, sin duda alguna, que le importaría un
comino salvar su cara una vez que llegaran a casa.
Capítulo 4

T
roy hizo un esfuerzo concertado para no romper algo, a pesar de que
en su actual estado de ánimo, cada objeto inanimado en su
apartamento parecía un blanco perfecto para su puño. Maldita sea, se
sentía indefenso. Era una sensación poco familiar para él y no la manejaba bien.
Sabía que entrar en esa relación con Ruby sería el comodín. Su inclinación por la
dificultad y falta de voluntad para ver los desastres en su camino eran rasgos que
había tenido que aceptar con el fin de mantenerla. Troy no se arrepentía de su
decisión ni por un momento, y nunca lo haría. Su amor por Ruby se intensificaba
día a día. Ella lo consumía.Era su vida. Y cuando dijo meses atrás que no cedería,
putamente lo decía en serio.Pero en este momento, cuando ese profundo temor a
perder a alguien que amaba volvió con fuerza a la superficie, se preguntó por su
propia cordura. 34

El año pasado, después de perder a su pareja en un enfrentamiento armado,


conocer a Ruby había sido un cruel giro del destino. Su voto de jugar a lo seguro
había sido enterrado por su calor, clamando su necesidad de tenerla. Nunca tuvo
la oportunidad.Tampoco esa necesidad siquiera remotamente se había
desvanecido.
Pensó que se había llegado a un lugar donde el compromiso se había vuelto
natural. Que por lo menos, se considerarían entre sí antes de poner su cabeza en
peligro. Sin embargo, una vez más, ella se había puesto en una situación
potencialmente peligrosa, sin dar un pensamiento a la forma en que lo afectaba.
Sólo la imagen de estar en alguna sala de billar de mala muerte, rodeada por una
docena de aspirantes a Soprano con su forma de vida, con toda probabilidad
portando armas, lo hacía sudar frío. Sin vacilar, la protegería con su vida. Pero no
le gustaban las variables. Sólo se ocupaba de las certezas cuando se trataba de
Ruby.
Troy observó mientras ella se quitaba el abrigo y lo colgaba en el respaldo de
una silla. Sus movimientos eran lentos, resignados, como si se hubiera reconciliado
con la siguiente discusión. Eso le molestó aún más, su aparente creencia de que
podía predecirlo tan bien. Ya veremos, nena. Esperaba un regaño. ¿Pensó que iba a
pedirle el derecho a protegerla? A. La. Mierda. Eso. Ya se había ganado el
derecho. Ninguna discusión era requerida.
Tiró las llaves en la mesa de comedor en su camino al pasillo, quitándose la
camisa por la cabeza a su paso.
―Estoy dentro.
Ella se dirigió a su dormitorio un momento después, cuando se estaba
quitando los zapatos.
―¿Troy?
Algo afilado se movió en su pecho con la pequeñez de su voz. Con
determinación, bloqueó la necesidad de abrazarla.
―Sí.
―¿Est{s bien?
―No. No estoy bien, Ruby. ¿Creías que iba a estarlo?
Ella sacudió la cabeza, su cabello oscuro en abanico sobre sus hombros.
―¿Por qué no dices nada? ¿Por qué no me est{s diciendo cu{n imprudente 35
estoy siendo?
―Nunca me hace ningún bien.
―Deja de ser tan frío ―exigió―. No me gusta. Este no eres tú.
―No te gusta… ―se interrumpió con una risa. ¿Acababa de cortar el tenue
hilo de fe que había aferrado a ella y esperaba que fuera su habitual apoyo?
Imposible. Era una caída libre de pánico a gran escala. Ruby en peligro. De nuevo―.
No me gusta que vayas a Quincy’s y veas a Driscol allí, sin saber qué diablos
significa para ti. No me gusta estar allí escuchando a tu padre trazar tu próxima
aventura mortal y mantener la boca cerrada. Estar tan absolutamente seguro que
puedo confiar en ti para tomar la decisión correcta. Y estar equivocado.
Ella se echó hacia atrás un poco, por lo que deseo por una fracción de
segundo no haber sido tan duro.
―Tú no entiendes.
―En realidad, creo que por fin estoy empezando a entender. Que no has
perdido ese estilo de vida, después de todo. ―Se desabrochó los vaqueros,
quit{ndoselos―. Es como una mala película. Sólo una última puntuación. Sólo que
nunca es la última vez. Nunca lo será.
Sus ojos castaños se iluminaron con ira entonces, su temperamento sólo la
hacía más bella. Troy la observó con temor, la presión crecía en su pecho. Dios, la
amo. Feliz. Furiosa. De todas maneras y en todos sentidos.
―Mírate en tu puto gran caballo, Troy Bennett. ¿Crees que estoy haciendo
esto por algún tipo de emoción barata? ―Pisoteó hacia él y se empujó contra su
pecho desnudo. Él presionó sus manos en su cuerpo, como siempre, ansiando
cualquier tipo de contacto con ella―. Tienes a tu gran familia feliz, a tu madre
gallina. Creciste en un barrio perfecto, acostado en una cama con sábanas limpias.
¿Qué
diablos sabes acerca de ser abandonado? ¿Acerca de preguntarte si hiciste algo mal
para alejarlos?
La ira de Troy, junto con su corazón, se hundió como plomo en su estómago.
Jesús, no. ¿Había cometido un gran error aquí? Después de salir de Quincy’s, había
estado tan atrapado en su propio estado de enojo mental, en su propia
preocupación, que había pasado por alto por completo la bomba que había caído
sobre ella esta noche. Idiota de mierda. Cuando iba a empujarlo en el pecho de
nuevo, la agarró por las muñecas y trató de jalarla cerca, pero ella se resistió.
36
―Cariño, lo siento…
―Demasiado tarde. ―Jalo sus manos―. Toda esta preocupación por algo
que me pasa, es todo porque tienes tanto maldito miedo de sentir una pizca de
algo negativo. Bueno, eso es todo lo que sentí por años. Así que lidia con ello, Troy.
¿Está bien? La vida no es siempre sol y rosas.
―Por supuesto que me preocupo como la mierda. ―Su voz se elevó para que
coincidiera con la de ella―. No puedo cortar esa parte de mí mismo m{s de lo que
puedo dejar de amarte…
―Pero lo harías si pudieras ―lo interrumpió, su voz de repente sonó
entumecida―. Podrías dejar de amarme en un latido si fuera posible. Sólo para
salvarte a ti mismo de cualquier dolor o pérdida potencial. ―Su risa cayó en sus
oídos como piedras―. Mi padre tenía razón, ¿verdad? Soy tu cielo e infierno.
Troy ya no pudo detener la creciente ola de pánico. No había ni una pizca de
su Ruby detrás de esos ojos. Esta conversación, toda la noche, se le había salido de
control de una manera que nunca había pensado posible. ¿En realidad la había
obligado a cuestionar sus sentimientos? ¿Cómo era posible tal cosa, cuando la
necesitaba para sobrevivir? Ella era su vida. Pensó que no había dejado lugar a
duda de eso con ella. Con manos firmes, la agarró por los antebrazos. Esta vez ella
no protestó, pero lo miró desafiante.
―Escúchame. No dejes que esto, no dejes que él, se interponga entre
nosotros. ―La sacudió suavemente―. No he dejado de amarte, Ruby, si eso
significa el final de todo lo demás que conozco, el amor, o preocuparme por este
mundo. Como siempre y mientras te tenga, estoy bien.
Una lágrima rodó por su mejilla, él se sintió devastado.
―Dios, yo… no puedo pensar alrededor de ti. Tengo mucho que procesar,
mucho que pensar, y tú me quitas todo el aire. ―Arrastró una respiración
dificultosa―. Iré con Hayden. Sólo necesito una noche lejos.
Un cuchillo se hundió en su pecho.
―No.
―No me puedes decir que no.
La mano de Troy fue al borde de su camiseta y se deslizó debajo, como si no
tuviera ningún control sobre ello. Su último recurso era asumir el control, tratar de
mantenerla a su lado a toda costa. Su piel se sentía como seda caliente bajo sus 37
dedos a medida que jugaba con su vientre, bajando.
―Quédate. Deja que te deguste aquí, nena. No tengo lugar sin ti… sólo
quiero traerte de vuelta. ―Sus caderas se juntaron y después hizo rodar su cuerpo
contra el de ella―. Déjame ir tan profundo que nos olvidemos de todo. Ya sabes
que estoy duro. Siempre estoy duro.
―Detente ―gimió―. Así no.
Tratando de ignorar el dolor de sus palabras y lo mucho que lo afectaban, él
inclinó la cabeza hacia un lado para poder aspirar en su cuello.
―¿Qué ocurre nena? ¿Quieres estar en la cima? ―Hundió sus dientes en la
carne debajo de su oreja―. Sabes que me vuelvo putamente loco cuando me
montas. Me encanta verte estar a cargo cuando los dos sabemos que podría tenerte
debajo de mí, gritando por Dios en un maldito movimiento.
Las piernas de Ruby se apretaron y gimió, diciéndole que la tenía. Podía
apalancarla contra la pared y penetrarla durante una hora completa, ambos
disfrutando cada minuto trepidante.Pero el sonido se movió a tristeza. A
decepción. ¿De él? ¿De sí misma? No, no tomaría el daño que le había hecho esta
noche y lo haría peor. Incluso si la deseaba con una desesperación que lo sacudía
hasta el alma. Con increíble dificultad, se apartó. Ella cayó un poco, con sus
rodillas doblándose, pero él la sostuvo en posición vertical con su agarre en sus
brazos.
―Troy… te deseo, pero me duele ―jadeó, frotando su mano en su pecho―.
No debe doler.
―Vete. ―Su voz sonaba ronca―. Vete antes de que cambie de opinión.
Ella lo estudió por un momento.
―Es sólo esta noche. Necesito un poco de espacio. No sobre pienses esto.
Troy asintió en silencio, observando en un estado de ensueño, que la chica
que amaba lo abandonaba.

Brent abrió la puerta de entrada a la casa que compartía con su esposa,


Hayden, antes de que incluso Ruby tocara la campana. Ella tuvo que estirar el
cuello para mirar hacia él, el experto en explosivos de la policía de Nueva York era
tan condenadamente alto.Sabiendo que probablemente se veía muy mal, ya que 38
estaba pisando los restos emocionales de las pasadas pocas horas, Ruby frotó la
manga de su chaqueta debajo de sus ojos y se rió incómodamente.
―Lo siento. Ni siquiera es Halloween y tienes algo de miedo en tu puerta.
―Hizo un gesto a sus mejillas manchadas de rímel―. No adecuada para compañía
masculina, tipo grande.
Brent le dio una sonrisa simpática y unas palmaditas en la espalda.
―Oye, tengo una hermana, una cuñada, dos sobrinas, niñas gemelas, y una
mujer de alto mantenimiento. Mientras no esté dirigido a mí, puedes llorar un río,
cariño.
Hayden apareció detrás de él poniendo los ojos en blanco, obviamente,
después de haber oído el comentario de su marido para su comodidad, pero Ruby
vio la afección subyacente allí.
―Por lo general se dirige a él. Adelante,Ruby. Story está en camino de nuevo
con sangría.
―Y esa es mi señal para dirigirme a la casa de la ciudad ―dijo Brent, en
referencia a la ex elegante residencia de Hayden, en la que había vivido antes de
que se casaran, pero que aun así mantenían por conveniencia. Tomó la bolsa de
lona del suelo del vestíbulo―. Tengo serias dudas de que Daniel y Troy aprecien
que sea el único gallo en esta fiesta de gallinas.
Hayden se puso de puntillas para darle un beso a Brent.
―Nos vemos, Flo.
―Buenas noches, Duquesa. ―Le guiñó un ojo―. Si ustedes, señoritas
queman sus sostenes, quiero pruebas fotográficas. ―Su atención se transfirió a
Ruby―. Oye, lo qué pasó esta noche, sé que fue difícil. Pero tú y Troy son más
duros. ¿Capiche?
―Capiche ―dijo Ruby entre dientes, intercambiando su lugar con él en la
puerta. Entró en la casa hacia la sala de estar de Hayden, con la esperanza de darle
a la pareja un minuto más juntos. Una parte de ella se sentía como mierda por
interrumpir su noche juntos, otra vez, ya que Brent ya había estado en Quincy’s en
su nombre, pero sobre todo, estaba demasiado drenada para procesar su
culpabilidad. Dejó su bolso en el sofá y se dejó caer en él, observando el interior
recientemente decorado con ojos cansados.
Juguetes de bebé, sillas hinchables, colchas de color rosa. A pesar de que
39
estaba lejos de ser la primera vez que había estado en la casa llena de cosas de bebé
de Hayden y Brent, después de los acontecimientos de la noche y con su pasado
colgando frente a su cara, se sentía aún más fuera de lugar que de costumbre. Al
encontrarse con Hayden hace meses, había estado segura que la división de clases
eliminaría la posibilidad de la amistad. ¿Qué tenían en común una chica que vivía
de compras en Brooklyn y una debutante de Upper West Side?
Sorprendentemente, sus diferencias nunca habían entrado en la ecuación.
Mientras Hayden irradiaba confianza, cuanto más tiempo pasaba Ruby con ella, se
hacía evidente que no siempre sabía dónde encajaba entre sus compañeros,
tampoco. Se habían conectado a ese nivel, y las dudas de Ruby sobre buscar un
terreno común con una chica rica se habían hundido. Ahora, sin embargo, mirando
la recién descubierta dicha matrimonial de su amiga y la paternidad con sus ojos,
nunca se había sentido más alejada de conectarse con cualquiera.Con cualquier
cosa. ¿Había tenido un solo juguete de bebé o un edredón? Ni siquiera podía
recordarlo.
Hayden entró en la sala de estar entonces, sus pasos ligeros y eficientes.
Señaló con el pulgar por encima de su hombro.
―Mira lo que encontré afuera.
Story, la esposa de Daniel Chase, la seguía de cerca, con sus chanclas
golpeando el suelo de madera, con una jarra de sangría en alto.
―Vengo trayendo regalos de gran honor.
Ruby sonrió.
―¿Dónde est{n los otros dos sabios?
―Sus camellos est{n en la tienda.
―Sosteniendo una jarra de cristal de alcohol y usando chanclas en este clima
frío. ―Hayden sacudió la cabeza con tristeza―. ¿Cómo diablos conseguiste que un
taxi se parara por ti?
Story se encogió de hombros.
―Le ofrecí una rica sangría al chofer.
Hayden intercambió una mirada con Ruby.
―Oferta de alcohol para conducir. Hay tantas cosas mal con eso, que no sé ni
por dónde empezar. ―Vertió el líquido rojo en tres vasos que obtuvo en la
cocina―. Pero mis bebés finalmente est{n durmiendo, así que vamos a beber. 40
―Amén―estuvo de acuerdo Ruby―. Gracias por esto, chicas. Sé que es
tarde.
―Bah.
―Meh.
―Sé que se est{n preguntando qué sucedió. Iré a ello. ―Ruby tomó un largo
sorbo de su bebida―. ¿Les importaría hablar de otra cosa durante un tiempo
primero?
―Por supuesto. Vamos. ―Story se arrodilló delante de la mesa de café,
inclin{ndose hacia delante en sus codos―. Mi madre est{ en la ciudad, pasando
tiempo con Daniel Junior. ―Sus ojos brillaron ante la mención de su hijo recién
nacido―. Cenamos con mi padre. A Daniel le encanta sacar la mierda de cada uno,
como de costumbre. ―Sus ojos se cerraron―. Pero después, estoy bastante segura
que mi madre y mi padre… creo que…
―¿Cogieron?
―¡Hayden! Oh, Dios mío. ―Story se tomó su vaso de sangría de un solo
trago―. No est{ bien.
Ruby se mordió el labio para no reírse.
―¿Qué te avisó? Sin juego de palabras.
―Al diablo ustedes dos. ―Story se re compuso―. A la mañana siguiente, nos
reunimos en el parque. Estábamospensando en registrar la exhibición en el
MOMA. Ya saben cuál. ¿Con esa actriz que está durmiendo en la caja de vidrio
durante una semana?
Hayden asintió una vez.
―Sí. Arte.
―Correcto. Creo. ―Story sacudió la cabeza como para aclararla―. De todos
modos, los vi salir de un taxi juntos. Jack podría haber… bueno, pellizcado el
trasero de mi madre. Jesús, voy a vomitar.
Sin perder el ritmo, Ruby descargó un cubo de bloques de juguete en la
alfombra y le dio a Story el envase.
―¡Oye! ―protestó Hayden―. Mis hijos juegan con eso, oh, mierda. Hay
vómito en todas partes. ―Se unió a Story en la alfombra―. Así que tus padres
llevaron al pequeño a un paseo por los recuerdos. ¿Cuál es el problema?
Story se quejó. 41

―Eso es lo que dijo Daniel.


―Tiene razón. Un poco de algo sucio por los viejos tiempos. No hay nada
mal en ello.
―Hablando de padres ―soltó Ruby―. Mi padre arregló un partido de billar
para mí. En contra de mi tío, al que nunca he conocido, pero estoy bastante segura
que es un criminal. Si gano, me dirán dónde está mi madre. Ella me dejó cuando
estaba en pañales. Ni siquiera puedo recordar su cara. ―Tomó una respiración
profunda―. Dije que sí. Troy est{ molesto como el infierno por haber aceptado el
partido. Por no hablar, de que Bowen estaba allí esta noche. ―Su cabeza comenzó
a latir con fuerza―. Adem{s, acabo de dejarlo, mientras estaba tratando de
seducirme.
Levantó la vista de su incoherente discurso para encontrar a sus amigas con
los ojos abiertos, con los vasos de sangría congelados a medio camino a sus bocas.
Story se aclaró la garganta.
―Est{ bien, así que mis padres se acuestan. No es gran cosa.
Hayden dejó la bebida con cuidado y miró a Ruby.
―Muy bien, vamos a tomar esto pieza por pieza. En primer lugar, ¿te
importa si pregunto por Bowen…?
―Nada ahí. Nunca. Es mi mejor amigo. ―Se masajeó la frente―. Por lo
menos, lo era antes de Troy. Ahora todo es tan condenadamente confuso.
―¿Cu{l es la motivación de tu padre de hacer esto?
Ruby notó que Story, por lo general sin preocupaciones y llena de risa fácil,
se había vuelto seria. Sabía por conversaciones anteriores que Story había
estudiado negociación de rehenes cuando niña para sentirse más cerca de su padre,
el legendario negociador Jack Brooks. Por lo tanto, la cuestión técnica parecía tan
fuera de lugar viniendo de la soleada rubia.
―Ese es el asunto. Jim nunca ha hecho nada en su vida, a menos que se
beneficie en el otro lado. Troy piensa que hay m{s en la historia. ―Su garganta se
sentía apretada con tan sólo decir su nombre. ¿Qué estaría haciendo ahora?―. No
estoy en desacuerdo con él, pero no puedo alejarme sin intentarlo. Es mi madre.
He tomado riesgos más grandes por mucho menos recompensa.
―Entiendo. Quieres encontrar a tu madre. ―Hayden vio a lo lejos por un
42
momento―. Troy también lo har{. Es probable que sólo necesite un poco de
tiempo.
―Va a encontrar una manera para que sea seguro ―agregó Story.
―Correcto. Seguro. ―Ruby dejó escapar un suspiro―. Mientras que est{ tan
ocupado arriesgando su cuello para mantenerme protegida, ¿quién va a cuidarlo a
él?
Capítulo 5

T
roy no levantó la vista cuando tres sombras oscurecieron su escritorio
a la mañana siguiente.
―Cabezas arriba, Bennett. Tus príncipes han llegado. ―Brent.
―¿Est{ ignor{ndonos? ―Daniel.
―Se ve de esa manera. ―Y diablos, habían traído a Matt. Conocido entre
ellos como la Relación Susurro. El francotirador ex militar rara vez hablaba, pero
cuando decidía agraciarlos con sus pacientes observaciones filosóficas, tendían a
derribar a un hombre sobre su trasero. La verdad podría hacer eso. Como si no
hubiera sido Yoda antes, desde que se había casado con la hermana menor de
Brent, Lucy, su inclinación para decir la verdad sólo se había multiplicado por
diez. Troy había sido sometido a más que suficiente verdad en un período de 43
veinticuatro horas, por lo cual alzó su dedo medio con la esperanza de que todos
captaran la indirecta y lo dejaran solo como el demonio.
―Quiz{s m{s tarde. Si Hayden dice que est{ bien ―respondió Brent
jovialmente a su silencioso váyanse al diablo.
Daniel suspiró, disparándole una mirada a Brent.
―Empieza a hablar, Troy, o vamos a echarte a Matt encima.
Troy apretó una serie de códigos en su computadora para meterlos en la base
de datos del departamento.
―Matt, ¿qué te prometieron a cambio de sentarte y discutir esto?
―Dos días libres de sus sobre-compartidas esposas. Y una pausa indefinida
de escuchar cada uno de los detalles de los horarios de sueño y alimentación de sus
hijos.
Igual que él y Ruby, Matt y Lucy no estaban tan listos para sumergirse en el
deber de los pañales como sus amigos.Parecían más que felices de tomar el sol en
su estado de recién casados por el momento.
―Mira, tendré la historia de mi esposa, tarde o temprano ―intentó Daniel de
nuevo, ignorando la explicación sin expresión de Matt―. Ella no es delicada.
Matt tomó un sorbo de su taza de café.
―Y encima vacía.
Troy se inclinó hacia atrás en su silla, masajeando el puente de su nariz.
―El padre de Ruby quiere que juegue un último partido contra su tío en los
bajos fondos. Si gana, su tío manos fáciles le dirá el paradero de su madre perdida
desde hace mucho tiempo.
Los ojos de Daniel se estrecharon.
―¿Cu{l es el truco?
―Exactamente. Jura que es un regalo de despedida. Una disculpa por no ser
el padre del año.
―Estupideces ―dijo Brent.
Matt dejó la taza con cuidado.
―Pero est{s molesto, así que estoy asumiendo que Ruby aceptó el juego. 44
Troy se lo confirmó con un movimiento de cabeza.
―Mierda ―dijeron los tres hombres a la vez.
Un momento de silencio pasó, roto por Daniel aclarándose la garganta.
―Mira, no estoy diciendo que debería haber aceptado el riesgo, pero lo
entiendo. Quiere saber de su madre y de dónde viene.
Troy absorbió eso, pero puesto que ya había pasado la noche reprendiéndose
a sí mismo mentalmente por no comprender la decisión de Ruby, los cambios
fueron mínimos. Daniel había sido un hijo de crianza, así que por supuesto tuvo
sentido de inmediato para él, demostrando que sus palabras de anoche eran
correctas. Gracias a su ideal de crianza, no podía comprender plenamente su
decisión.
Matt se concentró en Daniel, recogiendo la más sutil de las corrientes
subterráneas como de costumbre.
―La forma en que dijiste… ¿tú buscaste a tus padres biológicos?
Daniel no parecía sorprendido por la pregunta de Matt. Nunca más se
sorprendería cuando captara algo que pensaba tenía bien escondido.
―Sí. Es decir, sólo cosas preliminares. Presentación de papeles… avanzar,
supongo que dirías.
―¿Story lo sabe? ―preguntó Troy.
―Todavía no ―respondió Daniel, viéndose contrito―. No quiero que tenga
sus esperanzas por mí. Sabes cómo es. ―Se encogió de hombros―. Nunca antes
importó… quiénes eran mis padres. Pero quiero saber todo ahora. Su historial
médico, especialmente. Tenemos nuestro hijo para pensar ahora. Tal vez otro hijo o
hija en algún lugar del camino. ―Daniel se aclaró la garganta―. Bien, ahora.
Básicamente no puedo conseguir embarazar a Story lo suficientemente rápido.
Brent lo miró con aire satisfecho.
―Alguien est{ celoso de mis gemelos.
―Ninguno de ustedes le dir{ absolutamente nada a ella ―les advirtió Daniel
d{ndole a Brent una mirada de {guila―. Acabo de comprarle un cachorro para
aliviar su idea de más niños.
―¿Qué tipo de cachorro conseguiste? ―Brent cruzó los brazos sobre el pecho
tamaño barril―. Ser{ mejor que no sea uno de esos chihuahuas de mierda, 45
hermano. Voy a perder todo el respeto por ti.
―Oh, ¿realmente tuve tu respeto en algún momento?
La ruidosa exhalación de Matt calló al par.
―¿Podemos volver al problema que nos ocupa? No es que este desvío
interno no haya sido fascinante.
―Ya les expliqué el problema. ―Troy arrancó un puñado de papeles de la
impresora, dej{ndolos sobre el escritorio―. Y he estado trabajando en la solución.
Ruby no tiene su certificado de nacimiento. Pero anoche Jim mencionó al tío,
Robert Bell. Estoy trabajando en reducir la lista para encontrarlo, después buscaré
a sus hermanos. El problema es que el nombre de Robert Bell es tan
condenadamente común.
―Est{s tratando de encontrar a su madre antes del juego ―dedujo Matt―.
Por lo tanto, no será necesario.
―Correcto.
Daniel tomó una de las impresiones.
―Jesús. Cientos en Nueva York y Nueva Jersey solamente. Vamos a dividir
esto en tres. Tomaremos turnos para poner vigilancia sobre Jim Elliott. Podría
terminar llevándonos a las puertas del tipo.
―No. No pediré su ayuda. ―Troy sacudió la cabeza con determinación―.
Esta no es una investigación oficial y no los arrastré a ella. Tienen su propia mierda
pasando.
―Es cierto. ―Brent tomó su propia lista―. Pero nada que nos impedir{
mantener a Ruby segura. Si recuerdo, ella puso su trasero en la línea por nosotros
una vez ―les recordó, en referencia al imprudente movimiento que había hecho
para proteger a Troy, poniéndose en riesgo al localizar el paradero de sus
sospechosos. Una situación inquietante similar a las pasadas veinticuatro horas―.
Me gustaría devolverle el favor.
―No vuelvas a hablar de su trasero de nuevo. O de devolverle el favor.
Brent hizo un guiño.
―Mensaje recibido, Sr. Sensible.
Cuando Brent y Daniel se alejaron, todavía discutiendo sobre razas de perros, 46
Matt dio un vistazo a la lista restante en dirección a Troy.
―Voy a tomar el primer turno con Elliott. Deberías ir a ver a Ruby y aclarar
tu cabeza. No es la decisión más acertada ir en busca de su padre cuando los dos
discutieron. Podrías terminar haciendo algo de lo que te arrepientas.
―Ella se fue. ―Troy fingió estar absorto en algo en su pantalla de
computadora―. No lo había hecho desde nuestra primera semana juntos.
―Est{ asustada. Las personas que est{n acostumbradas a temer… a veces
existen dentro de ese miedo sin el beneficio de la comodidad. Es un lugar familiar
y les da una excusa para alejar a las personas más cercanas a ellas. Confiando
únicamente en ellos mismos. ―Miró al otro lado de la bulliciosa estación―.
Probablemente se siente peor por haberse ido. Ve a verla.
―Lo haré. ―Pensó en sus ojos con pesadas l{grimas mientras dejaba su
apartamento anoche. Presionarla demasiado pronto podría apartarla―. Cuando
llegue el momento.
Ruby dejó el taller mientras el sol comenzaba a ponerse, comenzando su
caminata de veinte minutos a través de la ciudad para ir a casa. Algo la detuvo en
la entrada del metro, cuando normalmente debería haber caminado pasándola. Los
dedos se cerraron alrededor de la correa de su bolso de mensajero, se quedó
mirando a los pasajeros en la hora punta bajando las escaleras que llevaban bajo
tierra, en su camino hacia Brooklyn. No estaba lista para ir a casa con Troy en
Upper East Side por el momento. Su argumento de anoche todavía se sentía fresco,
y, francamente, había estado demasiado ocupada hoy para ordenar sus emociones.
O tal vez había estado evitándolas simplemente. De cualquier manera, necesitaba
más tiempo.
Sin darse la oportunidad de reconsiderarlo, se unió a la masa en movimiento
de personas, pasando su MetroCard, y abordando el tren hacia su antiguo barrio.
La rutina se sentía tan familiar, sin embargo, increíblemente diferente. Mirando su
reflejo en las puertas correderas, se dio cuenta de lo mucho que había cambiado.
No había un palo de billar atado a su espalda. La expresión beligerante de marca
que la había definido parecía haberse desvanecido, también. Había cambiado para
mejor, pero sospechaba que si la carga emocional fuera un rasgo visible, todavía se
sentaría en ángulo recto sobre sus hombros. 47

Cuando el tren se detuvo en la parada Grand Army Plaza, pasó por debajo de
los brazos de los pasajeros aferrándose a la barra de arriba para mantener el
equilibrio y entró en la bulliciosa estación. Unos pocos minutos cortos más tarde,
se encontró en la calle de su antiguo apartamento por encima de la tienda de
fideos. Debió haber ido inconscientemente hacia allí, pero no podía decidir porqué.
Tal vez necesitaba un recordatorio de lo que ahora había conseguido, recordarse a
sí misma qué estaba en juego. Tal vez sólo necesitaba estar en un lugar familiar,
aterrizarse a sí misma ahora que todo estaba fuera de control otra vez.
―Debes estar perdida. ―Otra voz familiar―. Upper East Side est{ en esa
dirección. Sólo tienes que seguir el rastro de los instructores de Pilates y de las
agujas de bótox.
Rió por primera vez en el día.
―¿Qué haces aquí, Bowen?
―Algunos de nosotros todavía vivimos aquí, Rhubarb Pie.
―Correcto. ―En ese preciso momento, ambos estaban apoyados en las pilas
de periódicos fuera de la bodega. Ruby miró al otro lado de la calle a su primer
hogar permanente, pero podía sentir los ojos de Bowen en ella―. ¿Qué?
Él se quitó la gorra de béisbol, se pasó una mano por su melena de cabello
rubio oscuro, y caminó.
―¿Troy sabe que est{ aquí?
―No quiero hablar de él en este momento.
―Ese es un no.
Ruby suspiró. Hubo un tiempo cuando le decía todo a Bowen, pero no se
sentía bien hablando con él de Troy. Se sentiría como una traición a su confianza,
especialmente cuando Troy nunca se había sentido cómodo con que pasaran
tiempo juntos.
―¿Así que vas a darme mierda sobre haber aceptado el juego, también? No
es por eso que vine aquí.
―¿Por qué viniste aquí?
―No tengo idea. ―Se rieron quedamente hasta que Ruby se puso seria una
vez m{s―. Sabes cómo es… crecer sin madre. ¿No saltarías con la oportunidad de
descubrirlo?
48
Bowen se movió y miró hacia otro lado.
―No lo sé. De donde venimos, algunas cosas son mejores si permanecen en
secreto.
―¿La curiosidad mató al gato?
Él asintió con la garganta.
―Mira, sé que est{s recibiendo cosas de todos lados, así que sólo voy a
decírtelo esta vez. ―Su mano c{lida, los nudillos cubiertos de moretones,
quedaron sobre la suya―. No lo hagas. Si estuviste de acuerdo sólo para ser terca,
para mostrarle a tu padre que no tienes miedo, trágate tu orgullo y da marcha
atrás.
Ella arrancó la mano de debajo.
―¿Crees que me conoces tan condenadamente bien? ―A pesar de que le hizo
la pregunta, sabía que era absurdo. La conocía mejor que casi todos.
Un parpadeo de inseguridad cruzó sus facciones.
―Tal vez ya no. Pero sé todo acerca de cuán inútil es tratar de impresionar a
un padre. Están entumecidos, Ruby. No sienten absolutamente nada.
Sus palabras se sintieron como un golpe.
―Eso no es de lo que se trata.
―Est{ bien. ―Sacó un paquete de cigarrillos del bolsillo y golpeó uno en una
mano―. Tema cerrado.
Ruby se esforzó para apagar su destello de culpa, pero no quería hacer
hincapié en el tema. Su decisión estaba tomada.
―¿Cómo van las cosas por aquí? Con tu padre lejos.
Se tomó su tiempo para encender el cigarrillo, y luego la miró a los ojos,
espirales de humo salieron de alrededor de sus labios.
―Mal.
Un pozo se formó en su estómago.
―¿Est{s… manejando las cosas ahora? ―Bowen no le respondió,
simplemente continuó soplando chorros de humo en el aire fresco de la noche,
todo confirmó su sospecha. Sus acciones del año pasado habían ayudado a la
policía de Nueva York a poner a Lenny Driscol, el padre de Bowen y notorio jefe
de la mafia del sur de Brooklyn, tras las rejas por numerosos cargos, entre ellos su
propio intento de asesinato. 49

Obviamente, Bowen había sido víctima de las secuelas. Oh, Dios, no.
―Yo…¿hay algo que pueda hacer para ayudar?
Bowen movió la cabeza.
―Simplemente no puedes mantenerte fuera de problemas, ¿verdad? ―Pasó
un brazo alrededor de sus hombros, atrayéndola hacia su lado―. No sé por qué
nos preocupamos el uno del otro en absoluto ―dijo en una exhalación―. Somos
sobrevivientes. Vamos a seguir regresando por más.
Ruby comenzó a presionar, para decirle por enésima vez que si trabajaban
juntos, podrían sacarlo de su forma de vida, pero algo le llamó la atención. Un auto
de policía se detuvo al otro lado de la calle.No era un hecho inusual en este barrio,
pero reconocería la silueta del chofer en cualquier sitio. Sin pensar, se apartó de
Bowen, mientras Troy salía del vehículo y cerraba la puerta detrás de él.
Incluso en la oscuridad casi total, podía ver que sus rasgos estaban tensos,
con los puños a los costados cerrados mientras cruzaba la calle. En piloto
automático, se levantó y se colocó delante de Bowen.
―Ni siquiera pienses en pelear con él ―le advirtió sobre su hombro.
―Si me reta, Ruby, no hay nada que pueda hacer al respecto.
Ella maldijo.
―Troy…
―Ap{rtate del camino.
Ruby llevó una mano a su duro pecho, sintiendo un escalofrío de alarma por
la expresión fría en su cara.
―Tienes que parar y escuchar.
Troy la ignoró completamente.
―Vamos, Driscol. A menos que estés pensando en esconderte detr{s de ella
toda la noche.
Bowen caminó inmediatamente delante de ella, quitándose la chaqueta.
―Lo siento, Ruby. Lo intenté lo mejor posible. ¿Es zurdo o derecho?
Cristo, el imbécil sonaba casi animado.
―Detén esto, ahora. ―Manteniendo su asimiento en Troy, intentó empujar a
Bowen hacia atr{s―. Troy, sólo est{bamos hablando. Est{s siendo…
―¿Estoy siendo qué? ―Su atención se centró en ella. Las palabras le fallaron 50
al encarar su ira―. ¿Celoso? Nunca he pretendido lo contrario. Nunca he estado ni
remotamente de acuerdo con esto y los encontré pegados en la esquina de la calle.
―Negó―. Tenías que saber que esto era inevitable.
―Tiene razón ―elevó la voz Bowen detr{s de ella―. Deja que consiga su tiro
en mí. Me he estado preguntando si puede protegerte, así como afirma. ―Tiró su
gorra de béisbol en el pavimento―. Es tiempo de averiguarlo.
Mostrando los dientes, Troy arrancó la mano de su pecho y tiró de ella a su
espalda.
―No interfieras.
Ruby levantó las manos y las dejó caer.
―¿Saben qué? Vayan y golpéense mutuamente hasta ser una sangrienta
pulpa. Tal vez saque sus cabezas de sus traseros.
No había forma de detenerlo, se dio cuenta con una mirada. En el momento
en que Troy alcanzó a su mejor amigo, se echó hacia atrás con un gancho de
derecha y le dio a Bowen en la mandíbula. Bowen, viéndose momentáneamente
aturdido, se tambaleó hacia atrás, luego se lanzó hacia adelante para enfrentar a
Troy hasta la acera donde siguieron una serie de golpes. Intercambiaron ventaja en
varias ocasiones mientras las personas se reunían en la acera para ver la pelea, un
par de defensores de vida del barrio, incluso asintieron como si estuvieran
impresionados. Ruby no había visto nunca pelear a Troy, pero Bowen, un luchador
de la calle desde su adolescencia, había encontrado claramente a su igual. Troy era
implacable, sin detenerse en su asalto, así como Bowen peleaba. Cuando vio la
sangre goteando en el ojo de Bowen de un feo corte, se obligó a ir entre ellos. Con
su visión oscurecida, ya no sería justo y estaba cansada de la gente siendo
lastimada por su culpa. Empujó con todas sus fuerzas para separarlos. Ambos
retrocedieron un poco, probablemente con miedo de golpearla accidentalmente.
―Es suficiente, Troy. Hiciste tu punto.
Bowen pasó una mano por su boca y se rió cuando vio la sangre.
―Nadie me había hecho sangrar en un tiempo. No est{ mal. Todavía eres un
idiota.
Troy se lamió el labio partido.
―Te dejaré peor si alguna vez la tocas de nuevo.
El temperamento de Ruby, finalmente, se fue a las nubes. En ese momento, 51
sentía como si hubiera perdido su independencia. Estos dos hombres, a los que
quería de verdad de maneras muy diferentes, pensaban que podían controlar sus
acciones. Pensaban que necesitaba protección de sí misma, de todo. Y ya había
tenido suficiente. Estaba cansada de que su juicio fuera cuestionado.
―Bueno, me alegro que los dos idiotas se sientan mejor. ―Se apartó de ellos
lentamente―. Pero yo, por mi parte, he terminado aquí.
La expresión de Troy se volvió cautelosa.
―¿Qué significa eso?
―No lo sé. No puedo mirarte en este momento.
―Ruby, escucha…
―¿Debería escuchar ahora? ―Su voz era incrédula―. ¿Después de que me
ignoraste por completo y fuiste directamente a la garganta de mi mejor amigo?
―De repente no le importaba que la escuchara, las palabras se desbordaban de su
boca en un susurro ahogado―. Estás tomando el control que te doy en la cama
y dejando que se extienda demasiado. Frénalo o terminamos.
―Es mucho m{s de lo que necesitaba escuchar ―se quejó Bowen detr{s de
ella.
Las cejas de Troy se habían levantado ante sus palabras.
―¿Qué? ―Su garganta se sentía apretada, las lágrimas ardían en sus ojos.
Ella interpretó la sorpresa en su cara como una sola cosa. No confiaba en ella
alrededor de Bowen. Posiblemente nunca lo había hecho―. ¿Te sorprende que
mencione nuestra vida sexual frente a Bowen? ¿Por qué?
Él dio un paso hacia ella, con los ojos entrecerrados, como si tratara de
discernir su punto.
―Vamos a casa y hablemos. No creo que estemos en la misma página.
Su risa sonó un poco histérica.
―No iré a ninguna parte contigo.
Una llamarada de alarma cruzó sus rasgos.
―Dijiste una noche. Una.
―Bueno, cambié mi maldita opinión. ―Dio una mirada entre ellos―. Puedo
hacer eso. Se me permite. También se me permite decirte que retrocedas. Gracias
por tu preocupación, pero no necesito protección en cada momento de cada día.
52
Me haces un flaco favor al actuar de otra manera.
Bowen se movió sobre sus pies.
―Jesús, Ruby…
―¿Por qué estabas realmente aquí, Bowen? Vives a dos paradas. ―Soltó
antes de que comprendiera completamente―. ¿Me estabas siguiendo?
Él se quedó en silencio un momento.
―Mira, lo siento. Con Jim alrededor…
―¿Y tú? ―Sin esperar a que terminara, movió su irritación a Troy―. ¿Sólo
estabas en el barrio?
Troy no dijo nada, pero vio la respuesta en sus ojos. Igual que siempre, había
tomado el asunto en sus propias manos sin consultarla. Lo había visto venir, pero
todavía le dolía. Sin más palabras, giró sobre sus talones y se dirigió hacia el metro
a un ritmo rápido. Antes de que pudiera bajar por la escalera, Troy agarró su
brazo, frenándola.
―Me sacaste. No tuve opción.
―Yo tampoco, al parecer. ―Zafó su brazo―. No voy a vivir mi vida bajo
vigilancia.
Él la miró con fuerza, el conflicto estaba escrito por toda su cara.
―No puedo correr el riesgo.
―¿Incluso si eso significa perderme?
―No digas eso ―ralló, su voz temblaba con intensidad.
Troy trató de tirar de ella hacia sí, pero lo evitó.
―Respóndeme. ¿Va a insistir en tratarme como si fuera fr{gil incluso si eso
significa perderme?
Su cabeza cayó hacia adelante con un suspiro de cansancio.
―Si se trata de elegir entre tu seguridad, tu vida, y mantenerte como mi
novia, te mantendré a salvo en todo momento. Lo siento. Es la forma en que estoy
hecho, Ruby.
Ruby se limpió la lágrima rodando por su mejilla.
―¿Qué hay acerca de cómo estoy hecha yo? ―No esperó a que contestara,
sino que se volvió y descendió a la estación, sintiendo la mirada dura de Troy
sobre su espalda hasta que desapareció de la vista. 53
Capítulo 6

T
roy estaba de pie en la acera fuera del taller de Ruby, preguntándose
por la recepción que iba a recibir dentro. Habían pasado dos días
desde su pelea con Bowen en Brooklyn y su posterior confrontación.
Dos miserables días en los que había mantenido tanta distancia como pudo.
Dejando a los dos enfriarse. Había pasado el tiempo trabajando durante todo el
día, localizando a su tío, Robert Bell, en Nueva Jersey. A partir de ese punto, había
pensado que iría viento en popa. Encontraría a la hermana de Bell, también
conocida como la madre de Ruby, y evitaría el siguiente juego.
Desafortunadamente, Pamela Bell había desaparecido prácticamente de la faz de la
tierra hace más de dos décadas. Había buscado a Pamela Elliott, también, en caso
de que se hubiera casado con Jim en algún momento y Ruby no hubiera sido
informada de la unión. Nada. 54

Con el reloj marcando los segundos y nada de su trabajo dando resultados,


finalmente había dejado su escritorio. Necesitaba aclarar su cabeza, encontrar un
ángulo diferente de trabajo. Antes de darse cuenta, se había encontrado aquí.Saber
que ella estaba en el otro lado de la puerta estaba volviéndolo loco. No habían
pasado una sola noche separados desde su primera semana juntos, y estaba
empezando a hacer mella en él. Tanto si llevaba a unadiscusión o a algo
beneficioso, necesitaba verla. Dios mediante, dejaría que la tocara. Necesitaba su
conexión. Su relación trascendía de lo físico, pero no podía negar que el sexo con
Ruby lo aterrizaba. En este momento, cuando se sentía frustrado, impotente de
reparar cualquiera de los problemas en su plato, la necesitaba con sorprendente
intensidad.
Sin embargo, tanto como deseaba a Ruby, no pondría un dedo sobre ella a
menos que ella lo iniciara. La primera noche que se había ido, pidiendo espacio, él
había tratado de usar su atracción mutua contra ella. Inexcusable. Entonces había
hecho la situación infinitamente peor yendo a la pelea con Driscol en medio de una
calle. No lamentaba la pelea. No, se había sentido demasiado bien. Pero después,
oír el dolor en la voz de Ruby cuando cuestionó su confianza… había sido
insoportable.
Ahora que había conseguido una cierta distancia, podía ver fácilmente cómo
había llegado a la falsa conclusión de que no confiaba en ella, cuando lo hacía con
todo su corazón. Era la persona más leal que conocía, por un kilómetro. Eso no
quería decir que podía soportar ver a otro hombre consolándola, la noche después
de haber fallado en hacer precisamente eso. Había reaccionado con disgusto y con
todos sus celos. Dos días sin la oportunidad de pedirle disculpas o de explicarle
había sido su castigo.
Si se hubiera detenido para explicarle su posición antes, este argumento se
podría haber evitado.Cuando amas a alguien tanto como amaba a Ruby, era
imposible imaginar que alguien, a saber, llamado Bowen, pudiera pasar cinco
minutos en su presencia y no sentirse de la misma manera. Era por eso que nunca
había podido aceptar su amistad. No completamente.
Sin darse a sí mismo la oportunidad de cuestionar aún más su decisión de
venir, Troy entró en el taller de Ruby, el olor del aserrín y el aceite de la madera de
teca impregnaban el aire. Le encantaba venir aquí, verla en sus proyectos actuales.
Verla hablar por teléfono con tanta confianza y autoridad. Hoy, sin embargo, no
sabía qué esperar. Bolsas blancas de papel se equilibraban en su mano, Troy se
55
detuvo delante del escritorio de Mya. Ella saltó un poco con su presencia, el death
metal a todo volumen debió haber ahogado sus pasos acercándose.
―Troy. Jesús, ahí van diez años de mi vida y disminuyendo r{pidamente.
―Lo siento, Mya. ―Le entrego una de las bolsas―. Te traje una rebanada de
pizza.
―Todo perdonado.
―¿Ella est{ aquí?
La mirada de Mya parpadeó.
―S-sí. ―Vaciló.
Troy miró más allá de ella al almacén.
―Pero no est{s segura que quiera verme.
―Realmente no ha sido ella misma esta semana. ―Mya encogió un
hombro―. Me di cuenta que los dos deben haberse metido en alg…
―Mya, ¿hay alguien aquí? ―Ruby salió del almacén entonces.
Y Troy se volvió.
En un vestido negro corto, ajustado, parecía sexo prohibido con dos piernas.
El cómodo dobladillo le llegaba solo a devastadores centímetros por encima del
punto medio de sus muslos, dejando al descubierto la piel que solía mantenerse
oculta en los vaqueros. Jesús, si estuviera de pie frente a él, sólo habría tenido que
empujar sus bragas a un lado, mover sus caderas, y estaría dentro de ella en un
empuje fuerte. Botas negras de ante completaban el atuendo, convirtiendo el
vestido de sexy a francamente malo. Sus pechos, altos y redondos, sin sujetador
estaban listos para rebotar en sus manos tan pronto como tirara hacia abajo de la
tela para
revelarlos. Sus pequeños pezones carnosos se esbozaron detrás de la delgada tela,
haciendo que sus palmas picaran por tocarlos. La boca se le hizo agua, hambrienta
de una probada.
Cualquier otro día, no dudaría en hacerla retroceder al almacén y tocar su
puta campana. A ella le habría encantado también. A Ruby le encantaba que no
pudiera controlarse, porque era tan raro. El control lo definía. Las fantasías que
jugaban en su cabeza comenzaron a causar molestias físicas entonces, porque había
tomado la decisión de no tocarla. No, a menos que ella lo deseara. Había tratado de
utilizar su intensa relación sexual en su contra la otra noche. Lo ponía enfermo que 56
hubiera tomado algo tan puro y lo hubiera contaminado. Por mucho que lo matara,
tenía que alejarse ahora. No podía tenerla, sin importar lo mucho que necesitara
hundirse profundamente dentro y asegurarse que no importaba qué diferencias
hubiera entre ellos, lo anhelaba tanto como él la deseaba. No. Si la tomaba ahora,
cuando corría el riesgo de perder el control, ella podría alejarse aún más de su
alcance. Cuando inevitablemente tratara de controlarla, lo tomaría como una señal
de que todavía no entendía su necesidad de independencia.
―Te traje el almuerzo. ―Dejó la bolsa sobre el escritorio de Mya―. Te ves
hermosa hoy, nena.
Maldiciendo una vez en voz baja, se volvió para salir por la puerta, aún
viendo su imagen en su mente. Saber que estaba haciendo lo correcto no hacía
nada para aliviar su excitación teniendo ampollas.
―Troy. ―La voz de Ruby detr{s de él hizo que su columna se tensara. Miró
hacia atrás por encima del hombro para encontrarla viéndolo, con una mezcla de
confusión y anhelo en su cara, desarmándolo por completo. Permanecieron así
durante un largo rato antes de que Mya se aclarara la garganta en el repentino
silencio.
―Voy a ir por algo de comer. ―Rodeó el escritorio, haciendo sonar sus
tacones en el suelo―. Volveréen una hora.
―Est{ bien, Mya.
Cuando la puerta se cerró, ninguno de los dos se movió. Troy podría decir
que estaba esperando que dijera alguna cosa. Que explicara su extraño
comportamiento.
―Vine aquí para hablar, pero ahora… ―Negó―. Es imposible estar tan cerca
y no tenerte.
Ella dio unos pasos vacilantes en su dirección. Un poco más cerca y podía
llegar a ella.
―Tal vez quiero que me abraces.

―¿Tal vez?
El pulso de Ruby golpeó con fuerza en sus oídos. Absorbió con avidez la
57
imagen de Troy, recorriendo las líneas generales de sus hombros, los músculos
claramente definidos debajo de la camisa de su uniforme.Las dos mañanas
pasadas, se había despertado con un potente dolor dentro de ella, el que Troy por
lo general estaba muy deseoso de satisfacer. Su enfado con él todavía existía en
abundancia, pero no hacía nada para aliviar lainsistente, necesidad que la
consumía. Se había mantenido a raya hasta ahora. Al verlo aquí, mirándose tan
tortuoso yfrustrado… era como observarse en un espejo. Su cuerpo rogaba por
alivio. Rogando por el alivio de él, también. Ensus oídos, el eco de su propia
respiración superficial sonaba rítmica, erótica.
―El hecho de que estemos en un mal lugar, no significa que deje de desearte.
―Yo también te deseo. ―Su voz sonó m{s dura que momentos antes―. Pero
no voy a empeorar esto. No importa lo difícil que sea estar de pie en este momento.
El corazón de Ruby dio un tirón doloroso por su honestidad. Debían hablar.
Enderezar el desorden entre ellos. Alguna parte de su obstinada cabeza no estaba
dispuesta a hacer eso, sin embargo. Así que en vez de eso, cerró la distancia entre
ellos en una caminata lenta y sensual que provocó un gruñido profundo de su
garganta. Sentía sus muslos debilitarse con cada paso y observó los ojos de Troy
quedarse allí, elevándose hasta sus caderas meciéndose suavemente. Sus puños se
abrían y cerraban a sus costados, como si estuviera desesperado por tocarla. Bien.
Estaba desesperada porque la tocara.
Cuando por fin lo alcanzó, deslizó sus manos sobre su duro pecho.
―¿Cómo podría hacer las cosas peor cuando nos vamos a sentir mucho mejor
después?
Él la agarró por las caderas y gimió.
―No est{s jugando limpio, estafadora.
Ruby se puso de puntillas para besar su cuello, sonriendo para sí cuando él
inclinó la cabeza para hacer sitio para su boca.
―¿Vamos a jugar, Troy? ―Arrastró sus curvas sobre el músculo rígido de su
estómago y puso su boca sobre la de él, rozándola ligeramente, tentándolo a
profundizar el beso. Con un sonido de hambre cruda, él fusionó sus bocas. El
contacto de inmediato se volvió loco, frenético. Sus lenguas se encontraron,
moviéndose una contra la otra, entonces se enredaron con ferocidad. Ella enterró
sus dedos en su cabello, utilizando su agarre para acercarlo más. La gruesa
erección pegó contra su vientre, demostrando que estaba listo para dar y recibir 58
placer. Manos ásperas cayeron a su trasero, alisando sus redondas nalgas, y
apretando. Un gruñido surgió de su garganta, mezclándose con su gemido de
sorpresa. Ruby sintió la tela ser movida hacia arriba, hacia su cintura, dejando al
descubierto su parte inferior por sus manos amasando.
―Cristo, nena, necesito…
―Hazlo. ―Gritó cuando el aguijón de la palma de su mano contra su piel
desnuda reverberó a través de todo su cuerpo, creando una sensación de pesadez
entre sus muslos―. Troy, te necesito. Ahora.
Él apartó la boca de su cuello.
―No puedo estar lejos de ti mucho m{s tiempo. Si para llevarte a casa
significa que te dé espacio, lo haré. ―Su boca se movió sobre ella en un beso
caliente, provocativo―.Mataría por penetrarte ahora mismo, pero no si nos deja a
un lado.
Ruby le tomó la cara entre las manos, centrando su mirada con la de él. Sus
pupilas estaban dilatadas, sus pómulos enrojecidos.
―La única forma en que lo haría peor es si no me llevas de nuevo al almacén.
Vamos a tomar lo que tanto necesitamos. ―Trazó su labio inferior con la lengua―.
¿No quieres sentir lo mojada que estoy?
Un ruido áspero se le escapó.
―No necesito tocar tu vagina para saber que est{ goteando por mí. Pero
diablos, quiero hacerlo. Quiero lamerlo.
―Necesito eso, también ―gimió en su oído.
―Me necesitas.
―Sí.
Antes de que la palabra escapara completamente de su boca, él envolvió su
mano alrededor de su muñeca y estaban caminando a un ritmo rápido de vuelta al
almacén. Cerró la puerta con llave detrás de ellos.Inmediatamente, se desabotonó
la camisa y se la quitó, a la vez que la observaba con intención erótica, como si
trazara exactamente cómo la tomaría. Ella comenzó a quitarse el vestido, pero la
detuvo con una orden áspera.
―Déjatelo. ―La camiseta blanca de Troy salió entonces, revelando su pared 59
rígida de músculo. Un pecho amplio, estrechándose hacia caderas estrechas, un
camino negro de vello desaparecía en su pantalón. El hombre sabía cómo la
afectaba su cuerpo, y su confianza sólo aumentó su deseo por él.
Todavía tenía su placa y esposas enganchadas en el cinturón de su uniforme,
pero cuando empezó a quitárselas después de que había puesto a un lado su arma,
lo detuvo con un susurro sin aliento.
―Déjatelas.
Ella observó sus ojos oscurecerse segundos antes de que le diera la vuelta.
―Ahora veo lo que quieres. ¿Un poco de juego de roles para justificar
dejarme tenerte mientras est{s enojada? ―Apretó la boca contra su oído, su voz
cruda―. No vas a hacer esto impersonal. No te dejaré.
―Haz lo que tienes que hacer. ―Puntuó su desafío girando la cabeza y
mordiendo su labio con los dientes―.Estoy demasiado lejos de obligarte.
―Bien. No retrocedas.
Él dio un paso atrás.
―Ve debajo de tu vestido y quítate las bragas ―gruñó―. B{jalas hasta el
piso. No dobles las piernas o conseguirás el mejor uso de mi mano.
Su tono de autoridad envió a sus sentidos a tambalearse. Era perfecto,
exactamente lo que necesitaba. Se alejó de ella por un tiempo breve.
―Sí, oficial. ―Ruby deslizó sus pulgares debajo de los lados de su tanga de
encaje y la deslizó lentamente por sus caderas y muslos. Sabía en qué momento se
mostró su parte inferior desnuda porque lo oyó maldecir, seguido por el sonido de
su cinturón siendo abierto.
―Ve a sentarte en el borde del escritorio ―dijo con voz {spera―. Abre las
piernas.
Ella siguió sus instrucciones, pero no pudo evitar deslizar sus manos por su
caja torácica a sus pechos. Sus puntas se arrugaron, pidiendo contacto. El escritorio
frío y suave se sentía ilícito contra su carne sin el beneficio de su ropa para servir
como una barrera. Cuando Troy se movió entre sus muslos, sus ojos se cerraron y
ella echó la cara hacia arriba, desesperada por su boca. En su lugar, sus manos
fueron llevadas a su espalda y unidas entre sí con un clic de las esposas. La
respiración de Ruby escapó en un subidón excitado.
―¿Quieres que juegue con tus pechos? ―Él trazó su escote bajo y metió una
mano en el interior para tomarlos―. Va a costar algo del tiempo que habría pasado 60
entre tus piernas, adorando tu delicioso pequeño clítoris. ―Se lamió el labio
superior, el movimiento causó que su vientre se apretara―. ¿Qué escoges? Tengo
una dolorosa erección por ti y estoy impaciente por penetrarte.
Ella gimió.
―Ambos. Quiero ambos.
Con sus manos detrás de su espalda, naturalmente su espalda se arqueó,
pero cuando Troy tiró de ella de arriba a abajo, Ruby no pudo evitar inclinar aún
más su columna y presentarle sus pechos, permitiéndoles llegar a su boca. Cuando
su lengua se arrastró sobre su pezón derecho, la lujuria al rojo vivo se disparó
directamente a su núcleo. Probó su otro seno de la misma manera, poco a poco,
jugando, hasta que rogó incoherentemente por más. Finalmente, tomó un pezón en
su boca y lo chupó largo y duro. El tirón de su vientre se sintió como un asalto a su
cordura. Con las piernas abiertas sobre el escritorio, su parte inferior moviéndose
en círculo tentándolo a acercarse más, pero él no lo hizo. Con las manos esposadas,
no podía usar sus manos para tirar de sus caderas contra las de ella.
―Sí, nena. ―Un largo tirón a su pezón―. Sé lo que quieres. Deseas mover tu
vagina mojada sobre todo mi regazo y volverme loco. Qué mal. Lo siguiente que
sentirás entre tus piernas será mi lengua.
―Por favor… sólo hazlo ahora.
Él movió su lengua, doblándose alrededor de su pico rígido.
―¿Qué pasa con las chicas impacientes que intentan decirle a su hombre lo
que tiene que hacer en la cama?
Ella ahogó un sollozo de placer.
―Tienen que esperar m{s tiempo.
―Correcto. ―Se dejó caer de rodillas delante del escritorio. Sus labios fueron
al interior de sus muslos, Troy puso sus piernas sobre sus hombros. Jadeando de
anticipación, Ruby gimió cuando él mordió el interior de su rodilla suavemente,
llevándola más alto con su boca húmeda, entonces la mordió de nuevo. Transfirió
su atención de ida y vuelta entre la suave piel de sus muslos internos,
mordiéndola, hasta que su boca llegó a su centro.
Ella se mordió el labio con fuerza para abstenerse de rogar y fue
recompensada con una lamida de su lengua rígida directamente sobre su clítoris.
―¡Troy! ―Su cuerpo se estremeció violentamente―. Por favor, más. Por
favor. 61

Su contestación de gruñido vibró a través de su sistema.


―Cristo. ¿Cu{nto tiempo ha pasado desde que te tuve abajo? ¿Tres días?
¿Cuatro? Eso es un puto pecado. ―Movió sus manos debajo de su trasero y llevó
sus caderas hacia su boca―. Déjame arreglarlo, nena.
La succión de su boca le robó el pensamiento racional. Con un gemido
ahogado, ella volvió a caer en sus restringidas manos, sus piernas abriéndose como
si no tuvieran huesos. Su boca se movió sobre ella expertamente como si fuera la
primera vez. No podía acercarse lo suficiente, ni siquiera levantó su trasero del
escritorio para conseguir un mejor ángulo para realizar su feliz tortura. Cada vez
que sentía el orgasmo apretando su vientre, hormigueando en sus extremidades, él
la llevaba más alto. La retenía. Y cada vez su liberación se alzaba más brillante,
más intensa, hasta que finalmente tuvo piedad de ella. La punta de su lengua
colocó una presión firme sobre su clítoris, frotando de atrás hacia adelante
rápidamente, facilitando y fortaleciendo hasta que su mundo se derrumbó a su
alrededor. A lo lejos, se oyó gritar a sí misma, pero la exquisita compresión de su
sexo subyugó todo lo demás.
Troy chocó contra ella mientras estaba todavía a mitad de su orgasmo,
enviando sus sentidos a devanarse. La repentina plenitud dentro de su centro
apretado la empujó sobre el borde de nuevo inmediatamente. Ella levantó las
caderas del escritorio, con el apoyo de un fuerte antebrazo de Troy mientras la
llevaba con fuerza sobre su erección, una y otra vez. Cuando sus bocas se
fundieron en un beso, el contacto con ampollas cortó sus gritos que incluso no
había sido consciente que había emitido. El único sonido que quedaba era húmedo,
de carne golpeando y de los fuertes gruñidos de placer de Troy.
Él se alejó con una maldición y movió sus caderas más rápido.
―Caliente, chica resbaladiza. ―Su trasero golpeó el escritorio, Troy puso más
peso. En un {ngulo, se condujo profundo, d{ndole un golpe r{pido, preciso―.
¿Necesitas que el oficial Bennett venga y te dé un duro viaje agradable? ―Sin
detenerse en su asalto, abrió m{s sus muslos―. ¿Y bien? ¿Cómo diablos estoy
haciéndolo?
Ruby se estremeció cuando sus palabras tentaron otro lanzamiento en ella.
―Malditamente increíble. Perfecto. No te detengas, no pares, no te detengas.
―Vamos, nena. Aprieta y vente de nuevo. ―Presionó sus frentes juntas,
dejando su mirada en la de ella―. Tan pronto como lo hagas, voy a hundirme
62
hasta el fondo, a la parte posterior de tu vagina. Voy a hacer lo que sólo yo tengo el
privilegio de hacer. Y vas a tomar mi semilla y a amarlo.
Los ojos de Ruby se quedaron ciegos; su cabeza cayó hacia atrás. Vertiginoso
calor y alivio corrieron por sus venas mientras Troy seguía su promesa. Sus gritos
roncos contra su cuello solamente prolongaron el momento mientras bajaba del
pico más alto que había conocido jamás.
De repente, los sentimientos fueron demasiado difíciles de soportar. Sus
emociones se sentían maltratadas. Se estaba ahogando en ellas y necesitaba algo
para mantenerse en esto, para aterrizarse a sí misma, pero sus manos estaban
esposadas detrás de su espalda. Inútilmente, tiró de las restricciones, el metal
sonando ruidosamente sobre el escritorio. Un fuerte sollozo frustrado se acumuló
en su pecho.
Troy se retiró, con horror naciente en su rostro.
―Ruby. Nena, qué sucede… yo te…
―Quítame las esposas ―le dijo con voz ronca.
Rápidamente, él sacó las llaves del bolsillo de su pantalón. Cuando sus
muñecas se liberaron, ella contuvo el alivio de su respiración, pero la soltó en un
grito inestable. Los acontecimientos de la semana pasada se estrellaron como una
marea. Su padre regresando, su pelea con Troy, lidiar con las emociones
profundamente enterradas en relación con su madre. Las había estado
manteniendo firmemente escondidas debajo de la superficie, pero la presa
finalmente había reventado. Lágrimas que no pudo controlar se derramaron por
sus mejillas.
Troy se colocó delante de ella, tomando su cara entre las manos. Viéndose
torturado, destrozado por su inexplicable dolor.
―H{blame. Estoy muriéndome aquí. ―Ella miró los ojos del hombre que
amaba más allá de la razón y supo, sin sombra de duda, que él era su ancla. Sin
importar quésucediera, sin importar la forma en que se enfrentaran, estaría allí, de
pie firmemente en su rincón. Sin darse a sí misma la oportunidad de que lo
adivinara, echó los brazos alrededor de Troy y lo atrajo hacia ella. Con una
exhalación inestable, la abrazó con fuerza contra su pecho, meciéndose adelante y
atrás.
―Te amo ―susurró―. No importa lo que pase.
―Nada va a pasar ―respondió él con fuerza.
63
Ella tragó.
―El juego es mañana por la noche.
Troy se tensó ligeramente, diciéndole que no lo sabía. Su padre debió sentir la
temporal debilidad en su vínculo la otra noche y lo cortó del circuito.
―¿Vas a dejar que vaya contigo o tendré que…?
―¿Ir detr{s a mis espaldas? ―Troy no respondió y Ruby suspiró―. Ven
conmigo. Te presentarás de cualquier manera.
―Tienes toda la razón.
Ella se apartó para mirarlo a los ojos.
―Lo que est{ pasando entre nosotros… no dejaré que te lastime. No debido a
mí. Recuerda eso.
Parecía que quería discutir, pero sabiamente no se refirió a su críptico
comentario.
―Mañana por la noche. Te recogeré. Llegaremos juntos.
Ella asintió, preguntándose si saldrían en la misma dirección.
Capítulo 7

T
roy se colocó entre Ruby y el grupo de cuatro hombres escrutándolos
desde el otro lado del tenue salón de billar. Su primera reacción al ver
el lugar donde se llevaría a cabo el juego había sido romper el límite de
la velocidad de conducción de vuelta a Manhattan. Situado en una sección de la
ciudad de Jersey que aún no había visto larevitalización como las áreas vecinas,
Mancuso’s ni siquiera tenía una señal de entrada adecuada.Alrededor de la parte
trasera de una tienda de muebles afuera del negocio, Mancuso’s estaba pintado
descuidadamente sobre una abollada puerta de metal que daba a un callejón,
donde Troy había estacionado su auto. El pasillo al billar era de verdad una
descripción floja para lo que en realidad era, un sótano directamente debajo de la
antigua tienda de muebles. Ninguna de las mesas de billar era igual, y la barra de
64
madera se veía tan claramente fuera de lugar, que Troy tenía el presentimiento que
había sido “prestada” de otro lugar.
Miró el teléfono de nuevo, en un intento de distraerse del hecho de que Ruby
parecía completamente imperturbable por su entorno sombrío, recordándole que
había estado en esta situación demasiadas veces para contarlas. Al entrar, había
mirado a los hombres, uno de ellos un hombre que no conocía, dándoles una
mirada desinteresada antes de armar su palo de billar, apoyarlo en la pared y
rápidamente verse tan aburrida como era posible. A una parte de él putamente le
encantaba eso. Sin embargo, sabiendo que era un acto, el resto de él sólo quería
echarla por encima del hombro y sacarla de ahí, y al diablo las consecuencias.
Viendo que sus amigos aún no lo habían llamado con ninguna noticia, Troy
contuvo una maldición y empujó suteléfono de nuevo en su bolsillo. Mierda. Se les
estaba acabando el tiempo. Se recordó que Daniel, Brent, y Matt se estaban
reventando el trasero tratando de localizar a la madre de Ruby antes de que
comenzara este juego, pero mientras pasaba el tiempo, esa posibilidad parecía cada
vez menos probable. La mujer había sido malditamente imposible de localizar,
pero desde esta tarde, habían estado acercándose a ella. Había tenido que irse de la
estación para recoger a Ruby, dejando a sus tres amigos para poner las últimas
piezas juntas. Afortunadamente, no creía que pudiera encontrar a tres policías más
dedicados o capaces de tomar el relevo en su ausencia.
Troy esperaba que Jim nunca apareciera. O por lo menos les diera un poco
más de tiempo para recuperar la información que hiciera a este peligroso juego,
innecesario. Empezó a revisar su teléfono por enésima vez desde que había
entrado en la habitación, pero la puerta de metal se abrió y se cerró de golpe, con lo
que su cabeza se movió hacia arriba.
Su cuerpo se tensó y dio un paso más cerca de Ruby, pero en lugar de Jim
caminando a través de la entrada, Bowen se pavoneó. Tomó todo el lugar con una
mirada, a través de un ojo que Troy había ennegrecido hace menos de cuarenta y
ocho horas.
―Siempre tiene que hacer una maldita entrada ―murmuró Ruby.
Obviamente la amorosa atención de todos fue sobre él, Bowen se estremeció
dramáticamente.
―Hace m{s frío que una suegra aquí. ―No esperó una respuesta, sino que se
dirigió hacia su lado de la habitación y se sentó a poca distancia de él y de Ruby.
65
Troy se volvió a mirarla y ella le dio una pequeña sacudida de cabeza, diciéndole
que no se había perdido la entrada de Bowen. Notando que la tensión se había
deslizado de los hombros de Ruby en el segundo que Bowen entró, Troy tomó una
decisión. Ya tenía suficiente presión sobre ella sin su antagonismo añadiéndose, y
no permitiría que el elefante en la habitación reposara entre ellos un segundo más.
Troy se aclaró la garganta y saludó con la barbilla a Bowen, mirándolo. Con
cautela, Bowen se levantó y los miró, con los brazos cruzados sobre el pecho.
―¿Sí?
―Escucha, Driscol. Te debo una disculpa. ―La doble idéntica mirada de
Ruby y de Bowen fueron cómicas. O lo habrían sido, si los tres no estuvieran de pie
en un decrépito sótano en Nueva Jersey, a la espera de un juego de billar apostado
de forma única contra unos criminales. Las cosas que se hacen por amor―. En lugar
de pelear contra ti por estar en su vida… debería haber estado d{ndote las gracias.
Porque la cuidaste cuando yo no pude. ¿Está bien? Así que gracias.
Después de un momento en el que Troy supuso Bowen estaba tratando de
evaluar su sinceridad, asintióincómodamente.
―Est{ bien hombre. No es gran cosa.
Viendo la actitud de tipo duro de Bowen levantarse momentáneamente, Troy
sintió una punzada de culpabilidad. Bowen sólo estaba tan perdido como Ruby
había estado una vez, pero no tenía a nadie que tirara de él hacia la luz. Nadie,
excepto Ruby. Y había estado tratando de quitarle eso.
―No, es un gran problema. Te lo debo.
―Bien. Est{… bien. ―Bowen dio un tirón del cuello de su chaqueta―. Jesús.
¿Qué tiene que hacer un hombre para conseguir una bebida por aquí?
Troy reprimió una sonrisa, y luego miró a Ruby. Su respiración se detuvo al
ver la expresión de su cara. Una feroz y bella emoción brillaba en sus ojos,
diciéndole que finalmente había hecho algo bien. Ya era tiempo, Troy.Y no en un
momento demasiado pronto.
―Te amo ―articuló ella.
Él le guiñó un ojo. Más tarde, Troy trató de comunicarse con sus ojos. Más
tarde le diría lo mucho que la amaba. Entonces se lo mostraría de forma continua,
hasta que sus cuerpos estuvieran fuera. Una ola de impaciencia pasó sobre él.
Quería que esto terminara, para poder llevar a Ruby de vuelta a casa, donde estaría
66
a salvo. Como si suspensamientos hubieran conjurado al padre de Ruby, la
oxidada puerta principal se abrió y Jim Elliott entró.
Su atención se abrió al grupo colocado en la barra y a Ruby.
―Oh Dios. Estaba preocupado porque el juego comenzara sin mí.
Uno de los hombres dio un paso adelante en la escasa luz, su rostro una
máscara de irritación. El tío de Ruby, Robert Bell, supuso Troy, en base a su color y
posición dentro del grupo.
―No es bueno que me hagas esperar, Elliott.
―¿No? Supongo que es cuestión de opinión.
El grupo de hombres se movió con irritación.
―Mi opinión es la única que importa aquí.
Troy prácticamente podía sentir la oleada de energía rodar a través de Ruby.
Supo entonces, que había una parte de su chica que siempre se nutría de la
perspectiva del peligro. Ese rasgo era parte de ella, algo con lo que había nacido, y
era el momento de aceptarlo plenamente. Infiernos, debía estar agradecido por
ello. Dios sabía que su relación física requería una apreciación sana del peligro. Por
no hablar, que su trabajo era infinitamente más arriesgado. Sin embargo, ella
nunca le había pedido que cambiara. Ni una sola vez.
Dios, tengo que sacarla de aquí. Necesito decírselo.
―Pongámonos de acuerdo por el bien de la conveniencia. ―Jim le sonrió al
hombre enojado mientras se quitaba el saco―. ¿Golpeamos algunas bolas?

Ruby trató de no examinar a su tío perdido hace mucho tiempo demasiado de


cerca mientras alineaba un tiro a la bola siete.La suya no había sido una llorosa
reunión estilo Oprah. Oh, no. Después de que habían volteado una moneda para
determinar quién rompería primero, había habido cero interacción entre ellos. Con
el fin de ganar, necesitaba ser mejor que él en al menos tres de cinco juegos. Hasta
el momento, habían ganado dos cada uno, haciendo de este el último juego para
decidir al ganador.
Algo sobre su juego estaba decididamente fuera. Lo sabía, y en base a las
expresiones tensas de Bowen y de su padre, se habían dado cuenta, también. Esos
67
dos juegos perdidos deberían haber sido suyos, no había duda. Su tío tenía una
técnica decente, pero no tenía corazón. No tenía instinto. Había vencido a
jugadores mejores que él antes con muy poco esfuerzo. No pudo evitar sentirse
distraída, sin embargo. Su tío… algo sobre él la llenaba de una sensación de temor,
pero no podía nombrar la causa. Ruby nunca olvidaba una cara, por lo que sabía
que nunca lo había conocido antes, pero parecía tan malditamente familiar. No
tenía ningún sentido.
La bola siete cayó en el bolsillo lateral y oyó a su padre silbar detrás de ella.
Bowen frunció el ceño en la mesa, viéndose confundido. No era de extrañar. Ese no
había sido un tiro difícil. Batallando para evitar el pánico en su cara, Ruby se
apoyó contra la pared y se centró en Troy. Él le sonrió, sin visible preocupación en
su cara, su confianza en ella era inquebrantable. Con un nudo en la garganta, el
arrepentimiento la recorrió. De repente deseó no haber estado de acuerdo con esto.
Mira lo que hiciste. Pusiste a Troy, y a Bowen en peligro, todo por una mujer que no quiso
tener nada que ver contigo.
En ese momento, quería estar en casa, tendida junto a Troy en su cama, su
pecho dolió tanto con ese deseo. Como si sintiera sus lamentables pensamientos,
Troy asintió con calma, milagrosamente estabilizándola lo suficiente como para
jalar una respiración profunda y concentrarse. Una extraña mirada cruzó la cara de
Troy entonces, mientras sacaba su teléfono del bolsillo. Ruby no tuvo tiempo para
especular sobre a quién estaría llamando o los mensajes de texto que estaría
enviado ahora, porque su tío perdió un tiro para hundir la bola once, enviándola
de regreso a la mesa.
Concéntrate, Ruby. Tres disparos y estarás fuera. Pon el siete al lado como deberías
haber hecho antes. Usa un poco de mano-inglesa para enviar la bola hacia el extremo
opuesto de la mesa, haz un tiro de esquina a la tres. El ocho era un tiro complicado antes,
contra la barandilla, pero él sólo te hizo un favor al quitarlo. Has logrado juegos más
complicados que este. Sal de tu cabeza ahora y gánale a este hijo de puta.
Se inclinó sobre la mesa, lista para tomar su tiro. Uno de los hombres de
Robert hizo un fuerte y repugnante ruido. Ella apretó los dientes en el borde, pero
en última instancia, lo ignoró. Había lidiado con peores en el pasado. Troy, sin
embargo, no parecía capaz de dejarlo pasar.
―Ruby. ―La profunda voz de Troy detr{s de ella la hizo enderezarse y girar.
A su vez, la ya gruesa tensión en la habitación se volvió triple. Él dio un paso hacia
ella―. V{monos. Nos iremos de aquí.
―¿Q-qué? Yo… 68

Con la cara roja, su padre saltó de su taburete.


―No ocurrir{. No puedes simplemente interrumpir un maldito juego.
―Puedo hacer lo que se me dé la gana. También Ruby. ―Su voz sonó como
un l{tigo―. Y sabe que no tiene que aguantar esta mierda. Ya no.
Bowen se movió entre Troy y su padre.
―Vamos a tomarlo con calma.
―Cierra la boca, Driscol. ―Jim señaló con un dedo tembloroso a Ruby, quien
todavía estaba tratando de sacarla cabeza del hecho de que Bowen estaba jugando
a mantener la paz una vez m{s―. Termina el partido.
Ella se volvió de nuevo a Troy, quien le dio una mirada tranquila,
significativa. Algo justo debajo de su irritación rogaba por su cooperación.
―No termines el juego. ―Confía en mí, añadieron sus ojos.
La confianza no tenía nada que ver con esto. Detener un partido antes de su
conclusión era el equivalente a traición dentro de este grupo. Dejar a un lado su
taco y alejarse sería un movimiento audaz. Troy, siendo inteligente y bien
informado de su mundo para ahora, lo sabía. Así que tenía que tener una muy
buena razón para decirle que se detuviera. Tenía que creer en él. Poco a poco, Ruby
bajó el taco al piso.
Robert habló.
―Se trata de una transacción comercial. Nadie se va hasta que se acaba.
En su visión periférica, Ruby vio a algunos de los hombres de su tío dar un
paso hacia adelante, hacia Troy, cuya mano se deslizó a su chaqueta.
Sorprendentemente, Bowen se movió para estar junto a él, ambos claramente
dispuestos a pelear hasta sacarla de allí sin terminar el juego. Rápidamente, repasó
los números en su cabeza. Cinco contra dos. Troy tenía su arma del departamento
con él, pero estaba dispuesta a apostar que los hombres de su tío estaban armados,
también. El pensamiento de disparos explotando en la habitación le heló la
sangre.No, no podía permitir que se lastimaran en su nombre. No cuando tres
bolas de billar eran la única cosa que se interponía entre ellos y salir por la puerta
ilesos.
―Todo el mundo deténgase ―exigió Ruby―. Voy a terminar el juego.
―Ruby…
69
―Tomar{ un minuto m{s ―dijo en voz baja, pidiéndole a Troy con los ojos
que entendiera―. Entonces nos iremos a casa.
Su tío resopló.
―¿Est{s tan confiada?
―Siempre soy confiada. ―Sacudió con fuerza su barbilla hacia la mesa―. Te
arruinaste a ti mismo al pegarla bola ocho contra la barandilla. Fue el único tiro
que me tenía preocupada. Mira y aprende, tío.
Ignoró la risa orgullosa de su padre, poniendo su concentración únicamente
en ganar el juego y conseguir salir de forma segura por la puerta. En este punto, la
información sobre su madre era secundaria. Tomó un profundo aliento y entonces
se inclinó para poner la bola siete en el bolsillo lateral. Luego la tres. Rodeó la mesa
rápidamente, haciendo un gesto con su taco hacia el bolsillo donde tenía la
intención de hundir la ocho. Su tío reconoció su tino en la bolsa con un gruñido
bajo. Ruby trató de suprimir el zumbido en sus venas, la clara sensación que venía
de estar en la zona. Había estado distraída todo el partido, pero ahora lo sentía,
veía el túnel y borró todo excepto la mesa.Sin darse la oportunidad de distraerse,
Ruby alineó su tiro y hundió la bola ocho.
Antes de que se enderezara completamente de la mesa, Ruby sintió a Troy
moverse detrás de ella, una mano descansando en su cadera. Bajo el pretexto de
besar su cuello, le susurró al oído.
―No importa qué pase, mantén la calma.
Manteniendo su practicada cara de póquer, asintió con aire ausente y
comenzó a desarmar el taco.
―Te venció con todas las de la ley, Robert. ―Jim apoyó una cadera contra la
mesa de billar―. Dame por lo que vine.
Ruby entrecerró los ojos.
―No quieres decir, ¿por lo que vinimos?
Una sombra cruzó la cara de Jim mientras se encogía.
―Por supuesto.
Había sabido todo el tiempo, que su padre tenía un motivo ulterior, pero
después de haberlo confirmado se sentía como una bofetada en la cara.
Rápidamente, agachó la cabeza para ocultar las embarazosas lágrimas que
70
brotaron de sus ojos, agradecida por la presencia reconfortante de Troy en su
espalda.
Robert aún no le había respondido a Jim, por lo que lo urgió de nuevo.
―Entonces dime. ¿Dónde puedo encontrar a miinfame exnovia, Pamela Bell?
Una carpeta manila golpeó el centro de la mesa de billar, presumiblemente
con el paradero de su madre en el interior. Los ojos de Ruby se abrieron más
cuando algunos de los documentos se derramaron fuera, incluyendo una vieja,
fotografía granulada. Jim tomó los papeles de inmediato, pero no antes de que
viera la sonrisa
en la foto de su madre devolverle la mirada. La negación la golpeó rápidamente.
Lo que había visto tenía que haber sido un error. Pero en los talones de su negativa
llegó el recordatorio contundente que nada, nada es unacoincidencia.
Mya Hicks. Su compañera de trabajo, inversora, amiga… ¿era su madre?
Momentáneamente, su ensordecedor latido ahogó la ruidosa conversación
que tenía lugar alrededor de ella,pero la mano firme de Troy apretando su cadera
la trajo de vuelta a la tierra. Él necesitaba estabilizarla, Ruby se apoyó en su pecho
duro para mantener el equilibrio. Deslizando un posesivo brazo alrededor de su
cintura, le dio algo del apoyo que tanto necesitaba. Pase lo que pase, mantén la calma,
le había dicho. Ruby tomó una respiración profunda y deslizó su taco en su
estuche de cuero.
―Por lo tanto, Jim. ¿Vas a compartir información de mi madre conmigo o
estoy perdiendo mi aliento?
Al otro lado de la mesa, Robert se rió con incredulidad, al parecer
recuperándose de su pérdida.
―¿Es eso lo que te dijo? ¿Qué la compartiría? ―Negó―. No, Jim tiene una
cuenta pendiente con mi loca hermana. Si piensas que va a dejar que algo se
interponga en el camino de eso, no conoces muy bien a tu padre.
Al oír que Mya estaba en problemas, Ruby se esforzó por mantener sus
facciones controladas. Necesitaban salir de ahí y advertirle de inmediato. Podría
ordenar sus sentimientos y averiguar el resto más tarde. ¿Primer paso? No ser obvia.
―No, diría que lo conozco mejor que nadie ―dijo en voz baja, lanzando el
taco de billar por encima del hombro―. ¿Qué te hizo?
Jim dio un golpecito en el archivo en su muslo, a través de una máscara
ilegible. 71
―¿Adem{s de acostarse con mi mejor amigo un tiempo e irse con cien mil
dólares ganados con mi esfuerzo? ―Encogió los anchos hombros―. Sin entrar en
detalles, vio algo que no se suponía que debía ver. Puedes utilizar tu imaginación.
Siendo el hombre agradable que soy, le dije que se fuera de la ciudad y nunca
apareciera por aquí de nuevo o tendríamos un problema. Es curioso, nunca
mencioné que podía limpiar mi cuenta bancaria como un regalo de buen viaje.
Ruby absorbió eso con la mayor calma posible, pero su mente se quedó
atrapada en un confuso detalle. Frunció el ceño.
―Sin embargo, tu mejor amigo…
―Vamos a salir de aquí ―dijo Bowen bruscamente, acercándose al lado de
ella y de Troy.
Troy tomó su mano.
―Mis pensamientos exactamente.
Capítulo 8
Manteniendo a Ruby entre ellos, Troy y Bowen la alejaron de Mancuso. Troy
mantuvo una vista constante en el grupo de amigos de Robert, mientras pasaban,
enseñando los dientes cuando uno de ellos miró el trasero de Ruby y gimió
teatralmente. Durante todo el tiempo que había estado jugando el partido,
infiernos, desde el momento en que llegaron, no quiso nada más que limpiar las
expresiones lascivas de sus caras. El revelador bulto de sus armas ocultas lo habían
obligado a mantener la cabeza fría, no era fácil en lo que a Ruby y los hombres se
refería, pero el pensamiento de ella en cualquier lugar cerca de los disparos lo
habían forzado a permanecer en calma.
Hasta que había recibido el mensaje de texto de Daniel, y se había visto
obligado a utilizar su obsceno comportamiento como una manera de sacar a Ruby
72
del bar. No es que hubiera funcionado.
Tan pronto como salieron, quedando los tres solos en el callejón, Ruby trató
de apartarse de él, obviamente, con la intención de correr a su auto.
―Tenemos que apresurarnos. Ella es… es Mya. Sé dónde est{. Sé…
Troy agarró su muñeca y la detuvo.
―Yo también. Est{ en nuestro apartamento.
―¿Qué? ―preguntaron ella y Bowen al mismo tiempo.
Él dividió una mirada entre ellos.
―Como siempre, tu fe en mi trabajo de policía es humillante. ―El indeciso
alivio de Ruby se transformó en una mirada preocupada, la tensión de su cuerpo
menguó a medida que hablaba―.Hemos estado trabajando en localizarla durante
días. Justo antes de que hicieras esos últimos tres tiros, Daniel me envió un
mensaje diciendo que la había encontrado. Le explicó todo y fue llevada a nuestra
casa. Está fuera del alcance de Jim. Por ahora. Tendremos que…
Ruby se arrojó a sus brazos.
―Gracias ―le susurró al oído.
Él la apretó con fuerza.
―No hay nada que no haría por ti, Ruby. Lo sabes.
―Lo sé. Te amo. ―Su r{pida exhalación abanicó su cuello―. No puedo creer
que Mya sea mi madre.
Inhalando su aroma con avidez, Troy asintió.
―Nena, realmente necesitamos salir de este oscuro callejón en Nueva Jersey
antes de que tenga insuficiencia cardíaca.
Una risa temblorosa se le escapó.
―Est{ bien, vamos.
De mala gana, se separaron, ambos buscando en la oscuridad con confusión.
―¿Dónde est{ Bowen? ―preguntó Troy, d{ndose cuenta que estaban solos
en el callejón, Bowen no estaba por ningún lado.
Después de un latido, Ruby suspiró y se dirigió hacia el auto.
―Aparecer{ de nuevo cuando esté listo.
Cuarenta y cinco minutos más tarde, se encontraban fuera de la puerta de su 73
apartamento. En el otro lado, podía escuchar pasos, por encima del ruido de la
televisión. En el camino, comprobó dos veces para asegurarse que era Brent el que
estaba estacionado fuera en su auto patrulla, como se lo había prometido.
Conociendo a Jim podría estar ya en camino al apartamento de Mya, listo para
romper y entrar, si era necesario, Troy le había pedido a Daniel eliminar cualquier
rastro de los lazos profesionales de Mya con Ruby del apartamento de la mujer.
Pero Jim Elliott era un hombre inteligente. Haría la conexión antes o después. Mya
no podría permanecer en su apartamento siempre. Hasta esta noche, no había sido
consciente de que la madre de Ruby era una testigo potencial contra Jim, haciendo
su proximidad con Ruby más peligrosa. Cuanto más tiempo se quedara, más
riesgo representaría para Ruby.Troy impediría eso a toda costa.
Antes de girar la llave en la cerradura, Troy se detuvo.
―¿Est{s lista?
―Sí. ―Ruby sacudió la cabeza como para aclar{rsela―. Esto es estúpido.
Paso todos los días con ella. Es sólo Mya allí.
Él pasó su pulgar sobre su mandíbula.
―Es diferente ahora.
―Sí. ―Dejó escapar un suspiro―. Nunca me permití pensar demasiado en
mi madre, pero ahora tengo miles de preguntas. Ni siquiera sé por dónde empezar.
Troy comenzó a responder, pero la puerta se abrió, revelando a Mya.
Recortada por la luz, su cara estaba oscurecida por las sombras, pero su alivio al
ver a Ruby ilesa fue inconfundible. Se estabilizó con una mano en la jamba de la
puerta mientras la disminución de la tensión la desinflaba.
―¿No sabes que nunca debes ir a Nueva Jersey en los días que terminan en
O?
Ruby se cruzó de brazos, subiendo un poco la barbilla.
―¿Qué, eres mi madre o algo así?
Un momento de silencio pasó, antes de que sus bocas mostraran una
vacilante sonrisa. Mya dio un paso para dejarlos entrar en el apartamento.
―Me lo merezco.
―¿Eso crees?
Mya movió vigorosamente sus brazos y cabeza hacia la sala de estar.
74
―¿Podemos hablar? ¿A solas?
Queriendo darles su privacidad para discutir a fondo las cosas, Troy asintió
alentadoramente a Ruby y se dirigió a la habitación, pero ella tomó su mano antes
de que hubiera dado dos pasos.
―Quiero hablar. Pero Troy se quedar{. No tenemos ningún secreto. ―Lo
miró de manera significativa―. Nunca m{s.
Cristo, si no tuvieran audiencia en ese momento, la habría besado hasta
dejarla a un centímetro de su vida. Dejó que el sentimiento de felicidad
reemplazara el temor que había estado experimentando durante varios días, lo que
le permitió simplemente estar agradecido con ella. Por lo que tenían.
Sólo por un momento, Troy quería dejar de reproducir mentalmente la forma
en que casi la había perdido, todo lo que tenía que hacer era mantenerla, e
imaginar cómo sería su vida sin ella. En su lugar, la atrajo hacia su regazo en el
sofá y disfrutó de su familiar peso. Su mano, tan confiada, en la suya. Su chica
necesitaba su apoyo y estaba más que listo para proporcionárselo, durante el
tiempo que lo quisiera.
Ruby se quedó mirando a Mya y trató de conciliar a su ex empleada salvaje
con la mujer que inconscientemente había creado para llenar los vacíos de su
infancia. Tenía mucho sentido ahora. El vínculo inmediato que había sentido con
Mya desde el primer día. Siempre se había preguntado sobre ello, pero al final
había decidido contar lo afortunada que era en lugar de pensar demasiado
profundamente en ello. Ese vínculo femenino había estado ausente en su vida, y la
repentina aparición de eso había sido lo suficientemente incómodo para empujarla
a un lado. Sin inspeccionarlo por defectos o inconsistencias.
Ahora que sabía qué buscar, su relación volvía a saltar a la vista. Ruby no
sabía si estaba proyectando el parecido que de repente ansiaba como el aire, pero
lo veía, no obstante.Debajo de sus perforaciones y grueso delineador, su madre se
volvió para mirarla.
―¿Vas a mirarme toda la noche?
Síp. Sin duda, es mi madre. Basada en el gruñido de Troy detrás de ella, él había
tenido el mismo pensamiento. Ella suavemente le dio un codazo en las costillas,
pero él sólo apretó su agarre.Ruby se sentó un poco más tiesa en el regazo de Troy,
tomándose un momento para reconocer lo correcto de tenerlo, ahí para esta 75
conversación cambia-vida.
―Entonces, ¿supongo que no sólo tenías un interés insaciable en el negocio
de tacos de billar por encargo?
Los labios de Mya se torcieron.
―Est{ creciendo en mí.
―Mi profesor, ¿cu{ndo dijo que tenía una amiga que estaba interesada en
invertir…?
―Est{bamos acost{ndonos.
Ruby arrugó la nariz.
―Est{ bien. Vamos a tener que establecer un nuevo nivel de límites ahora
que sé que eres mi madre.
―Los límites son aburridos. ―Cuando Ruby se obligó a continuar en
silencio, Mya suspiró―. Pregunté alrededor del viejo barrio y averigüé a dónde
ibas a la escuela. Puede que haya… conocido a tu profesor a propósito. Hurgado
alrededor un poco. ―Levantó un hombro y lo dejó caer―. Vi la oportunidad de
conocerte sin ningún tipo de la inevitable presión de un reencuentro. Y lo
aproveché.
Ruby no se dejó engañar por la aparente indiferencia de su madre. Reconoció
la actitud indiferente que Mya utilizaba para camuflar sus verdaderos
sentimientos. Debajo de todo eso había vulnerabilidad. Miedo al rechazo. Si no se
hubiera preocupado por la reacción de Ruby a su repentina reaparición,
simplemente se habría acercado a ella, sin ninguna de las falsas pretensiones.
Como si hubiera leído sus pensamientos, Mya apartó la mirada.
―¿Por qué ahora?
Mya miró hacia el techo como si estuviera buscando una respuesta.
―Me fui porque quería ver el mundo fuera de Brooklyn. En algún momento,
dejó de ser el descubrimiento de mí misma y fue más sobre evitar. Corté la mierda
y regresé. ―Su garganta se movió―. Pensé en ti todo el tiempo. Pensé en venir y
ver lo que estabas haciendo.
―Deberías haberme dicho quién eras. No me gusta que jueguen conmigo,
Mya.
―Pamela. ―Su madre levantó una mano―. Y tienes razón. Yo estaría
enojada, también. ―Echó un vistazo al apartamento―. Es sólo que… mira lo bien
76
que estás sola. Dirigiendo tu propio negocio. Viviendo en Upper East Side con tu
atractivo novio.
―En serio.
Pamela alzó una ceja.
―Sólo digo lo obvio.
―Es menos que eso. ―Ruby le dio un codazo a Troy de nuevo cuando la risa
retumbó en su pecho.
―Bien ―cedió ella con una pequeña sonrisa―. De todos modos, no se sentía
bien interrumpir en tu vida feliz.
―Es feliz ahora. ―Ruby tragó, sorprendida al sentir las l{grimas en sus ojos
junt{ndose por segunda vez en la noche―. No siempre ha sido así. Lejos de ahí.
Finalmente, el cuidadoso control de Pamela se deslizó, un destello de
angustia cruzó su rostro.
―Lo sé. Lo siento.
Ruby asintió, de repente queriendo huir de la sala de estar y de toda la escena
emocionalmente agotadora.Se aplacó a sí misma, cambiando el tema. Algún día
entrarían en esos años de su infancia donde había pasado la vida en sucias
habitaciones de motel o agachándose en el asiento trasero del auto de Jim cuando
había un tiroteo. No esta noche, sin embargo. Era demasiado pronto. Otra cosa
pesaba en su mente en ese momento.
―¿Así que debo asumir que el dinero que invertiste en mi negocio fue
robado de mi padre?
Pamela cayó contra su silla con un tembloroso suspiro.
―Sólo una parte. La mayor parte era mía, sin embargo. Te sorprenderías de
lo que ahorras en alquiler cuando trabajas como roadie nueve meses al año.
Roadie. Por supuesto que había sido roadie.
―Si se me hubiera dado opción, nunca habría tocado un centavo del dinero
de Jim.
Su madre la observó de cerca.
―Todavía tengo la mayor parte del dinero. Tal vez en el fondo, no quería
tocarlo, tampoco.
Ruby no respondió a eso. No había tenido tiempo suficiente para procesar lo
77
que quería hacer con el negocio que estaba construyendo, ni siquiera parcialmente,
sobre una base de dinero ilegal.
―Todo lo que viste debió haber sido bastante malo si quiere matarte por
simplemente mostrar tu cara de nuevo aquí. Qué…
Troy se puso rígido detrás de ella, y Pamela sacudió la cabeza
inflexiblemente.
―Es m{s seguro si no lo sabes.
El cuerpo de su novio se desinfló y una vez más se sintió tocada por su
protectora actitud.
―Sabes, si no fuera por Troy, hay una fuerte posibilidad de que Jim ya
hubiera podido haber llegado a ti.
Pamela se mordió el labio y asintió hacia Troy.
―Me di cuenta de eso. Gracias, Troy.
Troy reconoció su agradecimiento con un gesto que hizo golpear su barbilla
en el hombro de Ruby. Una repentina oleada de amor por él casi la derribó. Supo
que también lo sintió, cuando le apretó la mano y la llevó a su boca.
―También sé que lo hiciste por mi hija. Por ninguna otra razón.
―Es a la única que necesitaré siempre ―respondió él de manera constante.
Pamela se rió para sí misma.
―Buen Señor, desearía haber tenido tu gusto de hombres cuando era lo
suficientemente joven para importarme.
El comentario de su madre trajo a su memoria las palabras de vuelta de su
padre. ¿Además de acostarse con mi mejor amigo en ese tiempo e irse con cien mil dólares
de mi muy duro dinero ganado? Obviamente sólo había conseguido la mitad de la
historia, pero mañana sería lo suficientemente pronto para saber el resto. Había
averiguado más que suficiente ya esta noche, y francamente, no estaba lista para
abrir una discusión con su madre de su padre. En este momento, no quería nada
más que meterse en la cama con Troy y dejar que se calmara la traición de su
padre, de su madre mintiéndole acerca de su identidad durante meses… de todo.
―Sé lo afortunada que soy. ―Ruby se puso de pie y tiró de Troy para que se
parara, reprimiendo un escalofrío cuando desde su altura completa miró hacia ella,
desde un buen metro ochenta y cinco por encima. Con dificultad, volvió a mirar a
su madre―. ¿Podemos hablar m{s por la mañana?
78
Pamela le dio una media sonrisa.
―No es como si pudiera ir a alguna parte.
Ruby asintió rígidamente, ni remotamente lista para dejar que su madre se
saliera del gancho intercambiando una broma, después de que condujo a Troy
fuera de la habitación. Al final del pasillo, tiró de él a su habitación y cerró la
puerta.Cuando la miró a través de sus preocupados ojos azules, cada pensamiento
huyó de su mente, excepto él. Había rechazado su ayuda esta semana, lo rechazó a
él, y sin embargo, aquí estaba, de pie lo suficientemente fuerte por los dos.Había
mantenido la promesa que había hecho hace tantos meses. No iré a ninguna parte.
Nunca estaré más allá de una cuadra de distancia.
Sus noches alejados de repente se sentían como un pecado imperdonable.
¿Cómo había sobrevivido incluso una noche sin sus brazos envueltos alrededor de
ella, su respiración uniforme y segura contra su cuello? Su cuerpo duro
moviéndose sobre ella por las mañanas, caliente y exigente. Manos ásperas
empujando para abrir sus piernas. Su boca gruñendo palabras sucias en su oído
mientras bombeaba sus caderas cada vez más rápido.
Viendo los ojos de Troy oscurecerse con la conciencia extraña tan
perfectamente en sintonía con su cuerpo, el pulso de Ruby se agitó violentamente,
el aire en sus pulmones salió.
―Tenemos que estar en silencio.
―Lo que sea para estar dentro de ti, estafadora.
Su hambre por él se disparó más allá del punto de lo insoportable. Con una
audacia que no pudo reprimir, Ruby enganchó la mano en su cintura y tiró de él
hacia ella. Obviamente detectando su necesidad de iniciar, Troy simplemente se
humedeció los labios mientras la miraba desabrocharle el cinturón y abrir sus
bragueta, sus manos cerradas a los costados.
―¿Tengo algo caliente y húmedo esperando por mí dentro de esas bragas,
nena?
Ella gimió en su garganta.
―¿No est{n siempre húmedas y listas para ti, Troy?
Su mandíbula se tensó cuando su mano se cerró alrededor de su rígida
erección, jugando con él con un movimiento ligero. 79

―¿Vas a hablar sucio para mí esta noche, para variar? ―Su cabeza se movió
hacia atrás cuando Ruby asintió, exponiendo su garganta tensa―. Mierda. ¿Tenías
que elegir la noche que tenemos que estar callados para devolverme el guión?
Resolviendo no hacer hipótesis sobre ninguno de sus impulsos, Ruby se lanzó
hacia delante y mordió el costado de su cuello.
―Has tenido problemas para mantenerme callada desde que comenzaste a
montarme a pelo. ―Ella arremolinó su lengua sobre la roja marca de
mordedura―. ¿Voy a necesitar reducir la velocidad sólo para no gemir demasiado
alto?
Él se sacó la camiseta por la cabeza, dejando al descubierto músculos duros
como roca que ondularon sensualmente con cada uno de sus movimientos.
―Los dos sabemos que una vez que te muevas en mi pene, no habr{
desaceleración.
Sintiendo mareo bajo el ataque de ansiedad y necesidad, Ruby lo empujó
sobre la cama para que se sentara en el borde. Esperando con impaciencia darle
placer, con un aire similar a la realeza.
Un rey. Su rey. Se merecía ser tratado como tal.
Sin retirar la mirada de la suya caliente, se despojó de sus vaqueros y bragas
con rapidez, después utilizando sus amplios hombros como apoyo, se subió a
horcajadas sobre él. Al ver que no se empalaba a sí misma inmediatamente, Troy
gruñó peligrosamente, con sus manos agarrando la carne suave de su trasero en
señal de advertencia.
―Ruby, est{s subestimando profundamente lo mucho que necesito
penetrarte. ―Tomó su boca en un beso apasionado, forzando su boca y d{ndole
suficiente tratamiento erótico de su lengua para abandonar su apego a él. Se apartó
para dejarla tomar aire, pellizcando su barbilla y cuello.
Ruby luchó por tranquilizarse, dispuesta a pasar por debajo de su hechizo
fácilmente esta vez. Estaba alentando el feroz deseo de recompensa siendo firme,
negándose a dejar que su fundamento se derrumbara en su momento de debilidad.
Troy siempre tomaba el control en la cama, alabando cada uno de sus
movimientos, haciendo sonidos, reaccionando. Gran parte de esa era la forma en
que hablaba con ella. Que la entrenaba. ¿Podría hacer eso por él? Ella deslizó sus
dedos en su cabello e inclinó la cabeza hacia un lado, pasando sus labios sobre su
oreja.
80
―Siempre quieres penetrarme. Es el tipo de hombre que eres. Potente,
insaciable. Sucio.
Él trazó un camino por su pecho y chupó su pezón derecho con su boca.
―Te encanta que sea sucio, niña.
―Tienes toda la razón ―jadeó Ruby, estirándose para envolver sus
codiciosos dedos alrededor de su grueso eje.Con la lengua, lamió a lo largo de la
apertura de sus labios, al mismo tiempo, arrastró la cabeza de su rolliza erección a
través de la humedad entre sus muslos―.Me encanta todo lo que me haces. Tanto
si me penetras rápido, o te deslizas dentro y fuera hasta que me agito, sé que vas a
hacer que me corra. Lo haces todo el tiempo, ¿verdad?
―Sí ―dijo entre dientes contra sus labios, con el pecho tembloroso donde se
presionaba a sus pechos―. Déjame decirte por qué. Porque soy un puto adicto y
satisfacerte es como drogarme. ―Sus caderas se elevaron de la cama―. Ahora deja
de ser una provocadora de pene y permíteme entrar.
Ruby no necesitó otra palabra de empuje. Apretando los dientes sobre su
labio inferior para contener el gemido, guió a Troy a su entrada y se dejó caer
centímetro a centímetro. Su cabeza cayó hacia atrás cuando la llenó por completo,
un gruñido que se escapó en un suspiro. Ambos se tomaron un momento para
saborear la sensación antes de que Troy comenzara a rodar sus caderas debajo de
ella.
―Muévete, nena. ―Con una mano, la agarró duro del trasero,
posesivamente―. Ya sabes como me gusta.
Ruby se levantó sobre sus pies, apoyándolos a cada lado de sus caderas en la
cama. Usando sus hombros para equilibrarse, se levantó hasta que la punta de su
erección se mantuvo dentro de ella, entonces se bajó duro sobre sus caderas. Lo
hizo una y otra vez, cada vez más rápido hasta que rebotó arriba y abajo en su
regazo. Los músculos de su estómago se tensaban y aflojaban, la carne entre sus
piernas empezó a temblar. La mirada de calor en bruto en su cara no hizo más que
aumentar cada sensación hasta que se sintió a segundos de explotar.Queriendo
prolongar la experiencia, aminoró el ritmo, arrastrando su boca húmeda sobre
Troy.
―¿Te gusta eso?
―Sabes que me encanta. ―Tomó su cabello en su puño, arrastr{ndola hacia
delante para un beso húmedo―. Y si paras para hacer otra pregunta, no daré una
mierda de quién está en la habitación de al lado. Tu trasero va a sentir ambos lados 81
de mi mano. ―Lo que vio en su cara hizo que sus p{rpados se cerraran―. Te
encanta sólo hablar de ello, ¿verdad? Dime cuánto te encanta, nena.
Perdiéndose en el momento, sus caderas comenzaron a bombear sin pensar.
―Me encanta cuando me das palmadas. Cuando duele…
―¿Te vienes m{s duro? ―Él tapó su boca con la mano, capturando su
gemido cuando inclinó sus caderas, el nuevo ángulo disparándola hacia el
precipicio―. ¿No crees que lo sé?
―Troy. Oh Dios.
Con ambas manos en su parte inferior, él comenzó a levantarla de arriba a
abajo en un ritmo delicioso. Cada vez que se deslizaba hacia abajo sobre su gruesa
carne, su orgasmo se aproximaba. Troy presionó sus frentes juntas, forzándola a
abrir los ojos y a mirarlo.
―Dime que gobierno tu mundo, Ruby.
―Gobiernas mi mundo. Sabes qué hacer.
―Dime que me amas.
―Te amo. Te amo ―coreó Ruby, incapaz de contener el torrente de
sensaciones por más tiempo. Con sus piernas apretadas con fuerza alrededor de su
cintura, montó su clímax sin descanso, sus caderas bombearon en un borrón
mientras Troy se partía debajo de ella. Él se disparó hacia adelante para capturar
sus quejidos con su boca, tragando sus gemidos guturales. Ruby podía sentir lo
mucho que quería levantar la mano y dar una palmada en su trasero, y conseguir
su dura contención de alguna manera hizo su orgasmo más poderoso.
Cuando terminó de sacudirse, Ruby se dejó caer en su acogedor abrazo y
enterró su cara contra su cuello. Él le besó el cabello una, dos veces, susurrando
alabanzas y amor, palabras que le hicieron hinchar el corazón de una manera
enorme en su pecho. Finalmente, Troy los colocó sobre el colchón, todavía
envueltos alrededor uno del otro.
Los ojos azules le rogaron a los de ella.
―Por favor, no pases la noche lejos de mí.
Ella trazó un patrón sobre su pecho sudoroso.
―No lo haré. Lo prometo.
82
Su larga liberación de su aliento agitó su cabello.
―Duerme ahora. Nos ocuparemos de todo en la mañana.
Ruby asintió a través de un bostezo. Mañana sería lo suficientemente pronto
para preocuparse por su padre viniendo tras de su madre. Mañana.
Justo antes de que sumiera en el sueño, una pequeña voz en la parte posterior
de su cabeza le advirtió que mañana sería demasiado tarde.
Capítulo 9

T
roy cerró la puerta de su vehículo de la policía y se dirigió a la estación
a un ritmo rápido. Se había despertado temprano y se dirigía a
Brooklyn con la intención de localizar a Jim, pero no había tenido
suerte. En verdad, en realidad no había esperado que el padre de Ruby se
apareciera en su antiguo barrio. Sorprendentemente, no se había presentado en el
apartamento de Pamela ayer por la noche, como había esperado. Daniel había
estado esperando con refuerzos para detenerlo por allanamiento de morada, una
solución a corto plazo para mantenerlo fuera de las calles hasta que pudieran
averiguar dónde poner a Pamela. Ahora Troy comenzaba a preocuparse de que
Jim hubiera visto ya sea a la policía al acecho, o que de alguna manera le hubieran
dado el pitazo ayer en Mancuso’s.
83
Fuera lo que fuese, no le gustaba. Algo no se sentía bien. Hasta hoy, había
podido predecir los movimientos de Jim con precisión, pero desde esta mañana,
había empezado a sentirse como si hubiera subestimado al hombre. Todo el
camino de vuelta desde Brooklyn, había estado devanándose los sesos por algo
que hubiera fallado ver. Ayer por la noche, en Mancuso’s el entusiasmo de Jim por
enfrentar a Pamela había sido palpable. Tenía que haber una razón por la que
había olvidado ir directamente a su apartamento.
Tuvo una visión repentina de lo hermosa que Ruby se había visto, acurrucada
junto a él en su cama esta mañana, bañada por la luz del amanecer. Su cabello
había sido una maraña en la almohada, cortesía de él despertándola a mitad de la
noche para un rapidito, para una sesión de sexo. Cristo, tan pronto como se había
estirado encima de ella, ella había estado frenética por él, como si no hubieran
hecho el amor sólo unas horas antes. Se había visto obligado a sujetarla y a cubrir
su boca para mantenerla en silencio. Y vaya, le había encantado cada frenético
segundo sudoroso de eso.
Ella contaba con él. La entrega de su confianza anoche había sido una cosa
tangible y pesaba en gran medida en sus hombros. No podía permitirse
decepcionarla.
Troy llegó a un punto muerto cuando oyó amartillar el arma detrás de él. Ni
siquiera tuvo que girarse para saber quién la sostenía.
―¿Sosteniendo un arma hacia mí fuera de la estación de policía? ―Troy se
volvió lentamente, su mano le picaba por tomar su propia arma―. O est{s
desesperado o eres estúpido.
Jim se encogió de hombros.
―Cualquiera de esas opciones te har{n un muerto si tocas la pistola.
Troy silbó por lo bajo.
―Sabes, toda esta cosa de conocer-al-papá-de-tu-novia está resultando
realmente ser un dolor en el trasero.
―Sabes, en otras circunstancias, tal vez me hubieras gustado. ―Apuntó con
la pistola a la cintura de Troy―. Pero probablemente no. Pon tu arma, celular, y
toda la demás basura de policía que tengas en el suelo y deslízala hacia mí.
―Vete a la mierda. ―Tan seguro como sonaba, Troy sabía que estaba en
desventaja. Tan temprano por la mañana, sólo un puñado de policías estaban en el
interior de la estación y la mayoría estaban agotados del turno de la noche. Había 84
cámaras por todo el estacionamiento, pero sólo había una remota posibilidad de
que alguien estuviera dentro dándoles seguimiento. Las imágenes sólo eran
accesibles si se producía un incidente, pero eso sucedería después del hecho. Su
única oportunidad era detenerlo y esperar que otro policía llegara para distraer a
Jim el tiempo suficiente para que sacara su arma. Por encima de todo, la
posibilidad de tener que herir o matar al padre de Ruby lo ponía enfermo.
Jim rió sin humor.
―Tienes pelotas, te concedo eso. Supongo que no debería sorprenderme. No
puedo imaginar a mi hija saliendo con una presa fácil.
―Tienes toda la razón.
Su tono se volvió casi coloquial, pero la diversión se ocultaba en sus ojos.
―Debes odiarme como al diablo, conociendo las situaciones en las que la
puse. ¿Alguna vez te dijo sobre la vez que perdimos ese partido en Duluth,
Minnesota? La dejé como garantía hasta que pude empeñar mi anillo de oro para
pagar. ―Cuando las manos de Troy se cerraron en puños, Jim rió―. Rel{jate, fue
sólo por alrededor de una hora.
―Estaba en conflicto acerca de matarte antes. Ya no.
―No vas a tener la oportunidad.
La mandíbula de Troy se apretó dolorosamente.
―¿Qué demonios quieres?
―Voy a tener lo que quiero suficientemente pronto. ―Jim levantó el arma
ligeramente―. ¿Por ahora, sin embargo? Tengo que atar algunos cabos sueltos. Es
decir tú. ―Hizo un gesto con la barbilla hacia un Impala azul en la acera a unos
treinta metros de distancia, a las afueras de la propiedad de la comisaría―.
Vendrás conmigo.
Una risa de incredulidad se le escapó.
―Sigue soñando.
―Tenía la sensación que dirías eso. Es por eso que pasé por tu apartamento
esta mañana para darle a mi hija y a su puta madre una visita. Dieron una gran
pelea. ―Su sonrisa se amplió con malicia―. Si vienes conmigo, podría estar
dispuesto a dejar a Ruby con una advertencia. Tú, por el contrario, no recibirás
una.
La sangre de Troy se convirtió en hielo. Su corazón se alojó en su garganta, 85
estrangulando su aire, pero trató desesperadamente de no dejar que su enfermizo
miedo se mostrara. No, no, no.
―¿Su madre? Est{s perdiendo el toque, Jim. Ruby no la ha visto desde que
era una niña.
―Debes pensar que soy un idiota.
Troy simplemente levantó una ceja en respuesta, a pesar de que quería
envolver sus manos alrededor de la garganta del hombre mayor.
Jim se movió con impaciencia, obviamente, habiendo esperado que se
hubieran ido para ahora.
―Mira, sabía que estaba haciendo correr el reloj esta semana. Eres un maldito
policía. Sabía que tratarías de encontrar a la madre de Ruby antes que yo. Pero
cuando le permitiste entrar anoche en Mancuso’s, eso me dijo que no la habías
encontrado todavía. Entonces recibiste esa llamada y todo cambió. ―Se burló―.
No soy un hombre ciego. Te tirarías enfrente de un tren por mi chica, sin embargo,
¿ni siquiera trataste de quitarme el archivo? ¿Solo caminaste silbando Dixie sin ella
consiguiendo lo que había ido a buscar? No, entonces supe que la habías
encontrado.
Maldición, había asumido que la avaricia de Jim lo cegaría a todo excepto no
conseguir lo que quería. Había sido una gran subestimación de su parte, y era
demasiado tarde para hacer algo al respecto. Jesús, podría tener a Ruby atada en
algún lugar y no había manera de que pudiera recoger su celular y llamar a Brent
para que fuera a verificarlo, tampoco. Sabiendo que no podía seguir únicamente
con la palabra de un criminal, Troy sacudió la cabeza.
―No las tienes. Est{s alardeando. Nunca habrías ido m{s all{ de los hombres
que están afuera.
―¿Est{s dispuesto a apostar sobre eso? Mi profesión me ha enseñado la
importancia de ser invisible.
Troy entendió el significado anterior de la críptica declaración de Jim. Si se
iba con Jim ahora, podría permitir que Ruby fuera liberada. Troy no se alejaría
vivo, pero al menos Ruby tendría una oportunidad. No podía jugar con la
esperanza de que Jim no estuviera más que alardeando. Si se negaba a ir, existía la
posibilidad de que Jim lo pudiera tomar aquí y ahora, dispuesto a pasar por alto la
posibilidad de que Pamela le había confiado el pasado criminal de Jim, mientras
estaba en su apartamento. Si iba de buena gana, permitiéndole a Jim atar su 86
extremo suelto, al menos podría intercambiarse sí mismo para salvar a Ruby.
No había otra opción.
―Si la lastimas…
―Rel{jate, sólo est{ un poco magullada.
La impotencia rabió a través de Troy, la necesidad de llegar a Ruby casi lo
puso de rodillas.De mala gana, se quitó la pistola y le dio una patada al otro lado
de la acera.
―Llévame a ella.

Ruby le frunció el ceño a su celular mientras esperaba el café.


Pamela entró en la cocina detrás de ella, todavía con los mismos vaqueros
rotos y camiseta blanca de anoche.
―¿Esa es tu cara pre-café o algo está mal?
No del todo lista para enfrentar a su madre sin embargo, Ruby se ocupó
sacando dos tazas del armario. De todos modos, no sabía si podría poner el
sentimiento de ansiedad en palabras. Se sentaba en su vientre como un peso de
metal.
―No es nada.
Después de una pausa, Pamela suspiró.
―Vamos. Soy la misma persona a la que le has estado disparando mierda
durante meses en el taller. ¿Podemos ir a ese lugar por un tiempo hasta que
estemos listas para la oscuridad y lo retorcido?
Ruby sonrió a su pesar, pero rápidamente se desvaneció. Una vez más, sus
ojos se posaron en su celular.
―Todos los días desde que estamos juntos, Troy me ha enviado mensajes de
texto cuando se sienta en su escritorio. Es como… nuestra cosa. Nunca lo olvida.
―No explicó la razón de Troy para crear el ritual, que era como otra manera de
recordarle a diario que no iría a ninguna parte. Había llegado a esperar los
mensajes de texto, ya fueran dulces o sexuales. Te extraño o voy a lamer lo que es mío
después. Se habían convertido en una constante, igual que Troy. Ni siquiera se
había olvidado de enviarlos mientras estaban en medio de su pelea, por lo que
87
Troy olvidándolos la mañana después de una noche increíble juntos… parecía
extraño, por decir lo menos.
―Probablemente sólo est{ ocupado haciendo cosas de poli ―dijo Pamela,
pero Ruby escuchó una nota de incertidumbre en su voz, diciéndole que no creía
en las casualidades, tampoco. Mientras Jim permaneciera en la ciudad, cada
anomalía conectaría de nuevo a él.
―Voy a darle cinco minutos m{s, después lo llamaré ―decidió Ruby,
vertiendo para cada una, una taza de café―. Mientras tanto, tal vez sólo voy a
hacerle a mi amigo Bowen una llamada. Ver si no ha escuchado de Jim estando en
algún lugar de mi antiguo barrio anoche o esta mañana.
La taza de café de Pamela se detuvo a medio camino a su boca.
―¿Bowen?
―Sí. Bowen Driscol. ―Ruby observó a su madre de cerca, curiosa sobre su
reacción. Nunca deliberadamente había hablado de Bowen antes en el taller,
queriendo mantener su pasado separado de su vida profesional. Mientras siempre
contaría a Bowen como su mejor amigo, no podía negar sus antecedentes penales.
O presentes, para el caso. No había parecido un acierto divulgar demasiada
información con la mujer que había invertido tanto en su nueva compañía.
Como si hubiera empujado las palabras no deseadas de su padre
directamente a su subconsciente durante la noche, de repente llegaron
arrastrándose de nuevo, agitando una bandera roja. Él había afirmado que Pamela
se había acostado con su mejor amigo en ese tiempo… pero antes de que su madre
se hubiera ido, su mejor amigo había sido…
Poco a poco, Ruby se sentó en una silla.
―¿Lo engañaste con Lenny? ¿Con el padre… de Bowen?
Al principio, su madre se sobresaltó, pero la resignación llegó a sus facciones.
―No siempre fui el dechado de virtudes que ves ante ti hoy.
―Por favor, no estoy de humor para bromas.
Pamela se dejó caer en la silla frente a Ruby.
―Lenny y yo tuvimos una cosa… mucho antes de que me enganchara con
Jim. Era joven y era emocionante verlos pelear por mí. Hasta ese momento de mi
vida, nadie había dado una mierda por mí.
Ruby tomó un sorbo de café.
88
―Lo entiendo.
El arrepentimiento inundó las facciones de Pamela.
―Lo haces.
Dejando que la nueva información se hundiera que había sido antes de que
hubiera nacido, Ruby frunció el ceño.
―¿Lenny no estaba casado entonces?
―No, ella se había ido. Lo abandonó tal vez tres años antes.
Ruby tragó, tratando de ignorar el zumbido en sus oídos.
―Pero… tenía que haber dado a luz a Bowen, ¿verdad? Él es cuatro años
mayor que yo. Si ya se había ido…
Pamela no la veía, manteniendo su mirada firmemente pegada a un punto
más allá del hombro de Ruby. Eso le dijo todo lo que necesitaba saber.
―Bowen es mi…
―Hermano ―la interrumpió Pamela en voz baja―. Medio, de todos modos.
Todo volvió a ella en una carrera cegadora. La constante, intensa necesidad
de Bowen de protegerla al principio. La inexplicable hostilidad de su padre hacia
él. Y, peor aún, la forma en que Bowen había retrocedido de eso, cuando nunca se
retractaba de nada en su vida.
―¿Por c-cuánto tiempo lo ha sabido Bowen?
Su madre pareció sospechosamente cerca de las lágrimas.
―Desde que eran niños. Por siempre. Empecé a ver a tu padre poco después
de tener a Bowen. Durante un tiempo, estuve viviendo con tu padre, criándolos a
los dos. Entonces un día, Lenny vino y se lo llevó. No pude detenerlo, y tu padre
sabía que no debía cruzarse con Lenny. ―Se levantó y se acercó a la ventana de la
cocina―. Cuando tuvo edad suficiente para comprender, Lenny le dijo a Bowen
que mantuviera la boca cerrada. No quería ningún recuerdo de mí en su casa. Yo…
creo que pudo incluso haber amenazado su seguridad si hablaba.
Cuando la humedad cayó sobre el brazo de Ruby, se dio cuenta que había
empezado a llorar. Todos estos años, él había cuidado de ella, con un sentido del
deber que nunca le había permitido hablar. Con la misma rapidez, su tristeza se
convirtió en rabia. Ira hacia los adultos que habían jugado con la vida de sus hijos
sin un pensamiento por nadie más que por sí mismos o a quién afectarían.
89
Abrió la boca para vocalizar el sentimiento cuando su celular sonó. El alivio
eclipsó su cólera momentáneamente, mientras se ponía de pie con piernas
temblorosas para llegar a su teléfono. Pero no era el número de Troy en la pantalla.
Un número bloqueado se mostró en su lugar.
Su cuerpo se sintió entumecido mientras respondía.
―¿Hola?
―¡Ruby! ¿Disfrutaste del reencuentro con tu madre?
Se agarró al mostrador, sus piernas no podían apoyarla. No, Jim no podría
haberla encontrado con tanta rapidez. Sólo estaba tratando de confundirla. Por
favor, que así sea.
―¿De qué est{s hablando?
La risa de su padre se hizo eco a través del teléfono.
―Mira, esto es por lo que solía hacer toda la pl{tica y tú mantenías la boca
cerrada y jugabas billar.
―Es una pena que por lo general tu pl{tica nos metiera en m{s problemas.
Ruby prácticamente pudo ver su engreído encogimiento de hombros a través
del teléfono.
―M{s problemas pueden a veces ser m{s dinero.
Dios, en ese momento, lo odiaba. Lo estúpida que había sido, permitiéndose
esperar que le importara o sintiera una pizca de remordimiento por aquellos años
en la carretera.
―Bueno, al menos tienes tus prioridades en orden. Esta conversación ya no
me pertenece.
―Cuelga y no voy a dejar que le digas adiós a tu novio. ―Esta vez, ni
siquiera trató de agarrar el mostrador como apoyo puesto que sus piernas se
doblaron debajo de ella. El dolor de sus rodillas en su aterrizaje forzoso en el piso
de linóleo apenas se registró―. ¿Tengo tu atención ahora?
―No te creo ―susurró, todo su ser gritaba en negación. Sin embargo, otra
parte de ella, conocía a su padre mejor que nadie, oyó la nota rara de verdad en su
voz. También sabía lo que significaba y apenas pudo respirar por el debilitante
temor.
―¿Te gustaría hablar con él?
Ruby se desinfló bajo el peso de la confirmación de que tenía a Troy. 90
―Sí ―logró decir.
En el fondo, oyó movimiento y unas pocas palabras amortiguadas fueron
intercambiadas antes de que la voz de Troy alcanzara el teléfono.
―Ruby, permanece donde est{ y llama a la policía ―le ordenó de prisa―. No
vengas aquí.
―¿Ir a dónde? ―gimió mientras un golpe seco, seguido de un gruñido,
asaltaba su oído―. ¿Dónde est{s?
Un momento más tarde, su padre regresó a la línea, sonando sumamente
irritado.
―En serio te recomendaría no escucharlo.
―No le hagas daño, por favor. Por favor. ―Ruby se ordenó a sí misma
sentarse y concentrarse, a pesar de que quería acurrucarse en el suelo y nunca
moverse de nuevo―. ¿Qué deseas? Sólo dímelo.
―Te enviaré una dirección por mensaje de texto. Llévame a tu ladrona madre
y voy a dejar que te vayas con tu novio.
Ruby sacudió la cabeza rápidamente, olvidando, en su miedo que él no podía
verla. Que nunca sucedería.
Nunca las dejaría alejarse a ambas.
―No debería incluso ser una opción, la verdad. ¿Qué hizo tu madre por ti?
Es tu novio o tu madre, Ruby. Toma la decisión correcta. Vamos a estar aquí
esperando. Tienes una hora. ― Pensó que había colgado, y le dio una frase de
despedida final antes de que la línea se cortara―. Y si llamas a la policía, o alertas
al que está sentado fuera protegiendo tu edificio, Troy estará muerto mucho antes
de que me atrapen.
Su cuerpo entero se sacudió cuando el teléfono cayó de sus dedos sin vida
sobre el mostrador. Sólo entonces recordó que su madre estaba de pie junto a ella.
―Él me quiere ―supuso Pamela―. Quiere el dinero de vuelta.
Ruby asintió en silencio.
―No voy a hacerlo. ¿Cómo puede pedirme que…? ―Se encogió cuando la
señal del mensaje de texto se encendió en su teléfono. Con la dirección
permanentemente grabada en su cerebro, Ruby se volvió y fue a la habitación,
quitándose la bata y la camiseta de dormir mientras se iba. No podía pensar,
nopodía pensar, mientras se ponía vaqueros y tiraba de una sudadera con capucha
91
sobre su cabeza. Hasta que vio la gorra de béisbol de los Chicago Cubs de Troy en
su tocador, se las arregló para mantenerse controlada, pero ahora no pudo evitar el
grito que desgarró su garganta.
Es tu culpa. Esto es tu culpa. Si le hubieras hecho caso a Troy y rechazado la
oferta de tu padre la primera noche en Quincy’s, su vida no estaría en peligro. Le
había hecho esto a él. A ellos.
Tenía que arreglar su error a toda costa.
Ruby metió sus pies en unos viejos Converse y corrió desde el dormitorio.
―Muy bien, aquí est{ lo que vamos a hacer. ―Una habitación vacía la
saludó―. ¿Pamela?
El silencio era ensordecedor. Su mirada se disparó al mostrador donde su
celular había estado, el mensaje de texto de su padre iluminaba la pantalla. Ella se
había ido. En su lugar había una nota:
Esta es mi oportunidad de hacer las cosas bien. Sé feliz.
Mamá
Capítulo 10
A través de su ojo derecho hinchado, Troy estaba en la puerta de la
habitación de un motel, pidiéndole a Ruby no venir. Una parte de él sabía que era
inútil esperar. Ya podía verla entrar como un ángel vengador, exigiendo tomar su
lugar. El lugar de su madre. Siempre había sido lo suficientemente testaruda como
para creer que podía arreglar el mundo. Era sólo una de las mil y tantas razones
por las que la amaba.
Cuando habían conducido pasando el aeropuerto JFK y llegaron a la
habitación de un motel, había estado a la vez aliviado y sorprendido al descubrir
que estaba vacía. Había sospechado que Jim había mentido sobre haber tomado a
Ruby y Pamela, pero se había negado a meter una estaca en la vida de Ruby por
una corazonada. Ahora estaba sentado en el suelo con la espalda contra la pared,
92
con las manos detrás de su espalda aseguradas con sus propias esposas. Jim había
esperado hasta que Troy estuviera sin el uso de sus manos delante de él antes de
pegarle en la cabeza con la culata de su arma. El pago por la advertencia a Ruby
por teléfono. Dios, había sonado tan malditamente asustada. Nunca la había oído
sonar de esa manera, y el recuerdo rebotaba en su cerebro, haciéndolo incluso más
mareado.
Troy distraídamente registró la sensación de la sangre corriendo por un lado
de su cara mientras miraba al reloj junto a la cama. Habían pasado cuarenta
minutos desde que Jim hizo la llamada. En un espacio de veinte minutos, podría
estar muerto, dejando a Ruby a merced de su padre.
La posibilidad de dejarla para valerse por sí misma lo volvía loco.
Cuando llamaron a la puerta, Troy se apoyó en la pared, listo para moverse.
No sabía lo que sucedería cuando Ruby entrara, pero tenía que estar preparado
para cualquier cosa.
Jim se levantó de la silla en la que había estado sentado, tomando notas de
una carrera de caballos. Sólo antes de abrir la puerta, se volvió y le hizo un guiño a
Troy.
―Es tiempo de la función.
Las ataduras de sus muñecas se volvieron insoportables.
―Eres un bastardo.
Jim se encogió de hombros.
―Me han llamado mucho peores cosas.
Abrió la puerta con broche de oro para revelar a Pamela. Troy se esforzó por
ver más allá de ella, en busca de Ruby, pero no la vio. Su mente corrió, saliendo
con dos posibilidades. O Ruby y Pamela estaban simplemente fingiendo estar de
acuerdo con los deseos de Jim, o Pamela había abandonado a Ruby para
sacrificarse. Jesús, por favor, que esté en un lugar seguro, a un millón de kilómetros de
aquí.
―Pamela. Ha pasado tiempo.
La madre de Ruby pasó junto a Jim y entró en la habitación del motel,
cargando una mochila de cuero.Al verla de pie de manera arrogante idéntica a
Ruby, Troy se preguntó cómo se le había escapado su evidenterelación durante
tanto tiempo. Estaba allí mismo, en sus ademanes, en la forma en que se
presentaba como si estuviera lista para asumir el mundo. 93
―¿Por qué no nos saltamos la charla, Jimbo?
Un músculo palpitó en su mandíbula.
―No me llames así.
―Est{ bien. ―Tiró la mochila sobre la cama―. “Estúpido” tiene un mejor
sonido de todos modos.
Jim sonrió forzadamente.
―No olvidemos quién est{ sosteniendo el arma.
―Siempre has sido una persona de estar en la parte superior. ―Su mirada
conectó con Troy, pero no pudo interpretar nada por su expresión―. Ahora, ¿es
esa la manera de tratar a tu futuro yerno?
―Es sólo un medio para un fin para mí. ―Jim se volvió a mirar a la puerta
aún parcialmente abierta―. ¿Dónde est{ nuestra hija?
―No va a venir ―dijo r{pidamente. Muy r{pido. Le dijo a Troy que había
abandonado a Ruby en un intento de hacer lo correcto. Una pequeña parte de él
sufría por ella, sabiendo que ningún sacrificio en su nombre devastaría a Ruby,
pero su alivio eclipsó el dolor―. Tenías razón. Nunca he hecho absolutamente
nada por ella. Me imagino que era lo menos que podía hacer. ―Señaló la bolsa en
la cama―. La mitad de tu dinero est{ ahí. Deja a Troy irse a casa con Ruby y te
llevo la otra mitad.
Una de las cejas de Jim se levantó.
―¿Esperas que crea que lograste conservarlo todo, sin gastar un centavo?
Pamela levantó un hombro y lo dejó caer.
―Vivo de forma ahorrativa. Incluso tengo una membresía en Costco.
Aún en medio de esta jodida situación, Troy tuvo que reconocer el hecho de
que Ruby claramente había recibido el gen listillo de su madre.
Jim golpeó el arma contra su muslo, considerando a Pamela con ojos
entrecerrados.
―Vamos, soy un hombre de juego. Y eso es exactamente lo que estaría
haciendo caminando fuera de esta habitación con nada más que tu palabra,
d{ndote m{s tiempo para correr a la policía y decirles lo que viste. ―Inclinó la
cabeza―. Qué mal que tu palabra no signifique un trasero de rata para mí. Sin
mencionar, que tendría que ser un idiota de primera clase para dejar que un policía
bueno saliera de aquí después de que le di una leve conmoción cerebral y puse en 94
peligro su vida, así como la de su novia.
―No mentiría acerca de eso. He hecho una buena carrera, pero no voy a
hacer pagar por mis errores a Ruby ya. Por nuestros errores.
―Qué noble de tu parte tomar esa decisión por nosotros.
Ella se movió sobre sus pies, dejando que sus nervios se mostraran por
primera vez.
―Vamos, Jim. Deja ir a Troy de aquí y vamos a conseguir tus cincuenta
grandes.
Jim rió.
―No los conseguir{s. Realmente no esperaba obtener este dinero, Pamela.
Esto es acerca mucho más que dinero. ―Apuntó el arma hacia ella―. No, voy a
tomar mis cincuenta grandes y a cortar mis pérdidas. Y finalmente vas a conseguir
por lo que viniste.

Ruby le arrojó un puñado de dinero al taxista y corrió desde el vehículo que


detuvo por un segundo su movimiento. Sin saber en qué dirección ir, vio la señal
postal incrustada en la pared de estuco del motel y corrió a la izquierda a través
del desierto estacionamiento a la habitación 225. El corazón le dio un vuelco en los
oídos, tenía el estómago hueco de la preocupación de haber llegado demasiado
tarde.
Cuando vio que la puerta estaba ligeramente entreabierta, redujo la marcha,
aterrada por lo que encontraría al otro lado. La enfadada voz de su padre la
alcanzó entonces, diciéndole al menos que alguien todavía estaba vivo allí con él.
No se dio tiempo para sentir alivio o preocuparse sobre qué persona permanecería
viva, su novio o su madre. Permitir que sus pensamientos se dieran un festín no
haría sino debilitarla, y el reloj estaba corriendo.
Respiró hondo y abrió la puerta, dándole a toda la escena una mirada de ojos
abiertos. Pamela estaba de espaldas, con los brazos levantados mientras su padre
apuntaba el arma hacia su cabeza. Troy, atado y sangriento contra la pared. Por un
breve, horrible minuto, pensó que la sangre que le corría por la cara provenía de
una herida de bala, pero entonces él la vio y se tensó.
Deduciendo rápidamente que su madre estaba en mayor peligro, Ruby se
lanzó hacia delante y se metió a sí misma entre Pamela y la pistola, haciendo caso 95
omiso de la ahogada orden de Troy para que se detuviera. Inmediatamente, Jim
bajó el arma, traicionándose a sí mismo. A pesar de todo lo que había hecho para
lograr hacer de su vida un infierno, al menos a una pequeña parte de él le
importaba. Suficiente para no querer disparar contra ella, por lo menos. Tenía que
usar eso.
―Por favor, baja el arma.
Por el rabillo del ojo, vio a Troy luchar para ponerse de pie.
―Ruby, date la vuelta y sal de aquí. Ahora.
Ella dio un pequeño movimiento de cabeza, porque no quería perder de vista
a su padre y la pistola.
―No puedo. Sabes que no puedo.
Jim hizo un gesto con la barbilla en dirección a Troy.
―Escúchalo. Te daré diez segundos, o todas las apuestas ser{n pagadas. ―Su
garganta se movió con una rara emoción―. Prefiero no hacer eso enfrente de ti.
―No lo hagas en absoluto ―le suplicó―. Por favor. No me los quites.
―Esto estaba en marcha mucho antes de que nacieras. Ella sabía que no debía
volver a Nueva York. La salvé una vez. No puedo hacerlo de nuevo. Tu novio es
sólo un desafortunado espectador. ―Sus ojos se cerraronbrevemente―. Muévete
del camino, Ruby.
Ella tragó.
―No.
Jim dejó escapar un suspiro. Luego apuntó el arma hacia Troy.
La visión de Ruby se volvió negra alrededor de los bordes.
―No. No.
―Hay dos, Ruby, y sólo eres una. No puedes hacer nada para detenerlo.
La mirada de pánico de Ruby conectó con la de Troy. Cuando él la vio y notó
la renuncia en su rostro, un agudo sonido de dolor escapó de sus labios. Él asintió,
como si estuviera tratando de tranquilizarla.
―Est{ bien nena. Estar{ bien. ―Ella se echó hacia atr{s para encontrar el
dedo de su padre apretando el gatillo. Ruby no pensó.
96
Se movió, arrojándose a través del cuarto delante de Troy, protegiéndolo de
la inevitable bala. En el último segundo, vio una chispa en sus ojos. Él había
previsto su movimiento, sabiendo exactamente lo que ella iba a hacer antes incluso
de que lo procesara. Haciendo uso de su cuerpo, le dio la vuelta y la inmovilizó
con fuerza contra la pared, su estructura muscular se sacudió por el impacto de los
disparos.Su gritada negación fue ahogada por la sangre corriendo en sus oídos.
Troy inhaló temblorosamente cerca de su frente y luego se dejó caer de rodillas.
Ella envolvió sus brazos alrededor de su cintura para mantenerlo en posición
vertical, pero no pudo soportar su peso. Cuando ambos descendieron al suelo,
Ruby pudo sentir la humedad corriendo sobre sus manos. Sangre.
―Oh Dios. No. Troy, no.
Los ojos azules se apagaron con dolor, habló.
―No hiciste esto, ¿de acuerdo? No pierdas tiempo… culp{ndote a ti misma.
―Hizo una mueca―. Mierda. Te amo. Lo sabes, ¿verdad?
―Te amo, también. ―L{grimas corrieron por sus mejillas, le arrancó la
camisa y apretó su herida. Troy estaba mal.
Ella había hecho esto. Desde el momento en que se conocieron, había estado
condenado a esto simplemente al asociarse con ella. No, no, por favor no lo dejes
morir por mi causa. Comenzó a rezar bajo, prometiéndole a quien quiera que
estuviera escuchando que si Troy atravesaba esto vivo, lo dejaría solo, exactamente
igual que debería haber hecho desde el principio. Una vez que estuviera sin ella,
estaría a salvo. Lejos de su pasado en el que no pudieran extender la mano y
lastimarlo.
―Vas a estar bien. Tienes que estarlo. Por favor, Troy.
Por encima del hombro de Troy, vio en cámara lenta que su madre se
aprovechaba de la momentánea distracción de Jim para precipitarse a sí misma a
toda velocidad y golpeando la pistola zafándola de él. Aterrizó a centímetros de la
alfombra y de la pierna de Ruby, disparando un tiro salvaje en la pared justo
detrás de ella, enviando el yeso a volar a todos lados. Pamela luchó con Jim para
evitar que alcanzara el arma, estimulando a Ruby a ponerse en acción. Recogió el
arma y le apuntó a Jim desde su posición en el suelo, manteniendo la presión en la
herida de Troy con su otra mano. Su padre se quedó inmóvil, levantando las
manos hacia el techo. Basada en su cautelosa expresión, Ruby sabía que su cara
traicionaba la angustia loca golpeando su interior.
―Llama a la policía ―medio sollozó, medio le gritó a Pamela―. Diles que 97
envíen una ambulancia. Ahora. Diles que Troy es oficial de policía. ―Cualquier
cosa para que llegaran hasta allí más rápido. Tenía que salvarlo.
Mantuvo el arma apuntando hacia Jim mientras Pamela corría para realizar la
llamada, su pulso saltó en alarma cuando Troy se desplomó, viéndose en el borde
de la inconsciencia. Su garganta estaba en llamas, un nudozumbando se instaló en
su cráneo. Esto no podía estar pasando. Cuando Pamela colgó, un tenso silencio
flotó en el ambiente.
Jim dio un paso adelante.
―Ruby…
―¿Por qué? ―Ladeó la pistola con el pulgar―. ¿Por qué tuviste qué volver?
Cualquiera de ustedes.
Ambos la miraron en silencio.
―¿No hicieron suficiente daño antes? ¿Tenían que volver y acabar conmigo?
―Su voz había subido a un grito agudo, pero no le importaba. El amor de su vida
estaba muriendo a su lado en el suelo. En cierto nivel, sabía que iba a morir junto
con él―. Yo era feliz. Éramos felices. ¿Por qué no pudieron dejarme en paz?
―Lo siento ―susurró Pamela. Jim miró hacia otro lado. Por una fracción de
segundo, Ruby incluso vio pesar sobre sus facciones, pero se endureció a sí misma
en contra de él.
Sirenas sonaron en el aire. Ruby juzgó que estaban a cerca de un kilómetro de
distancia. Vengan. De prisa.
―Ruby, no iré a la c{rcel. ―Su padre se volvió lentamente y tomó la mochila
de cuero―. Saldré por esa puerta. Puedes dispararme o dejar que me vaya.
La mano le temblaba bajo el peso de la pistola, por lo que añadió la otra mano
para apoyarse.
―Dame una razón por la que no debería apretar el gatillo.
Jim comenzó a hablar, pero su mirada fue atraída por la mano de Troy en su
brazo.
―No lo hagas ―jadeó―. Eres mejor que él, Ruby.
Un sollozo se arrancó de su garganta cuando vio que su tez se había vuelto
gris.
98
―Si soy mejor, es sólo debido a ti.
Troy negó, luego lentamente, sus párpados cayeron mientras perdía el
conocimiento. Ruby gritó una maldición inteligible al techo, salvada de la locura
completa por las sirenas acercándose. Se volvió de nuevo a su padre a tiempo para
ver su sorpresa, al parecer sin reconocerla por estar tan perturbada. Como si no se
hubiera dado cuenta de lo profundos de sus sentimientos hacia Troy.
No tienes ni idea. No sabes cómo sentirte.
La parte racional de ella sabía que Troy estaba en lo cierto, pero se sentía
cualquier cosa menos racional en ese momento. Mientras su padre retrocedía hacia
la puerta, quiso apretar el gatillo. Desesperadamente. Sólo para acabar con eso.
Para asegurarse que no pudiera causar más dolor. Pero algo la detuvo.
―Si muere ―dijo―, te encontraré.
Algo sin nombre pero punzante pasó entre ellos.
Jim asintió una vez, poniendo la mochila en su hombro. Luego desapareció.
Capítulo 11

L
a voz de Ruby hacía eco en la cabeza de Troy, fervientes oraciones
dadas en frenéticos susurros, suplicantes.Su cuerpo se sentía como si
estuviera flotando, sus sentidos embotados. Nada parecía funcionar
además de su memoria, que no lo dejaba en paz. ¿O Ruby estaba diciendo esas
palabras en el presente y simplemente no podía abrir los ojos para verla? Con
voluntad de hierro, levantó la mano, alcanzándola, pero sólo aterrizó en una
sábana fría. Entonces, el pitido se entrometió. Voces apagadas. La irritación llenó
su pecho. Quería gritarle a todo el mundo que se quedara en silencio para poder
escuchar lo que Ruby estaba tratando de decirle.
Por favor, por favor, no lo dejen morir. Voy a dejarlo solo. Juro que me mantendré
alejada de él. Sólo por favor, que viva. Haré lo que sea.
99
Sus ojos se abrieron, aunque se sentían terriblemente pesados y en carne viva.
Buscó a Ruby en la oscura habitación, pero no podía verla por ninguna parte.
¿Dejarme solo?
El pánico se apoderó de él, llevando otro recuerdo en su estela. Su madre de
pie a los pies de su cama, tratando de consolar a una Ruby emocional antes de que
se disculpara con nauseabunda fatalidad y saliera corriendo de la habitación. La
niebla pegajosa se levantó de su posición alrededor de su cerebro, mientras el
pitido aceleraba y se difuminaba.
Ella lo había dejado.
Troy no podía pensar más allá de eso. No importaba que hubiera prometido
mantenerse alejada de él en el calor del momento. O que este fuera su equivocado
intento de hacer lo correcto. Troy no podía moverse más allá de la idea de no
tenerla.
Caras entraron en su línea de visión. Algunas desconocidas, algunas que
reconoció, pero no quería escuchar o reconocer sus órdenes de que permaneciera
inmóvil. Necesitaba llegar a ella. Si pensaba que podía alejarse, no haría más que
informarle de lo contrario hasta que lo entendiera. Mientras luchaba más allá del
mar de brazos y voces asustadas para ponerse de pie, tirones en sus brazos y
espalda obstaculizaron su progreso. Apretó los dientes y tiró de los obstáculos. El
dolor intenso que lo siguió fue secundario al de su corazón.
―Oficial Bennett, est{ en el hospital. Recibió un disparo. ―Palabras
irrelevantes que no tenía medio para asociar con una cara―. Debe acostarse o se
abrirá los puntos de sutura.
―¿Dónde est{ ella?
―¿Quien?
―Ruby. ―La voz de su madre interrumpió con impaciencia―. Est{ pidiendo
por su novia.
Su novia. Su mundo. Su aliento.
―Ruby.
Como si la hubiera conjurado con una sola palabra, oyó un portazo y luego
todo entró en enfoque. La vio venir hacia él, con una sola mano extendida. Troy
alargó la mano y la agarró como si fuera un salvavidas, tirando de ella hacia la
cama. Hacia él. Sus ropas estaban cubiertas de sangre y su cabeza dio vueltas con
un miedo terrible antes de recordar que era la suya propia. Entonces ella estuvo en 100
sus brazos y no pudo pensar en otra cosa. Ni en el dolor en su espalda o el
zumbido en su cabeza. Sólo en ella.
―Oficial Bennett. ―El médico interrumpió con tres enfermeras
precipit{ndose en la habitación―. Se abrió los puntos de sutura. Voy a
administrarle un analgésico y un sedante ahora para que podamos reparar el daño.
Aquí va.
―Troy. ―La voz de Ruby se estremeció―. Deja que se ocupen de ti. Por
favor.
Tenía la boca seca mientras todo a su alrededor desaceleraba. Ya no tenía la
fuerza para tener sus brazosalrededor de Ruby, y odiaba soltarla.
―Te necesito aquí cuando me despierte.
―No iré a ninguna parte.
Su mundo se volvió negro una vez más.

Con un movimiento, se despertó de nuevo en la oscuridad, pero sintió un


confort inmediato cuando registró el inconfundible peso de la mano de Ruby
dentro de la suya propia. No se fue. Está aquí. Gracias a Dios.Se había quedado
dormida frente a él, su cabello extendido en su cama de hospital. Una suave luz
verde era emitida por las máquinas, iluminándola lo suficiente para que Troy
pudiera ver lo agotada que estaba. Apretó su mano e hizo el intento de una sonrisa
mientras sus ojos se abrían lentamente y se centraban en él.
―Hola. ―Ella apartó la maraña de cabello de su agotada cara―. ¿C-cómo te
sientes?
Él trató de leer su expresión y falló. Sus promesas anteriores lo agredieron,
una vez más, sólo que ahora eran dos veces más nítidas y claras. Lo dejaré solo.
―No voy a mentir, me he sentido mejor. ―Cuando la culpabilidad cruzó sus
facciones, le levantó la barbilla con la mano―.Por favor, háblame.
Ella lanzó una mirada acuosa hacia el techo.
―No puedo evitar sentir la bala que te dio. Ver tus ojos… verte caer…
Él tomó su mejilla en su mano.
―Lo atravesamos vivos y juntos. Vamos a centrarnos en eso. ―Un sonido
roto escapó de su garganta, y envió una oleada de miedo directamente a su 101
estómago. La posibilidad de una pérdida mayor que su vida le robó el aliento―.
Ruby, no me dejes.
Durante un largo doloroso momento, ella simplemente se le quedó mirando.
-―Bien. Porque no podría hacerlo. ―Una l{grima cayó por su mejilla―.
Traté de hacer lo correcto, pero soy demasiado egoísta.
―Maldita sea ―comenzó Troy, con marcado alivio embotando su pulso,
mientras eso llegaba a sus oídos―. No me gusta oír que trataste de dejarme.
―Debería irme. ―Su respiración se estremeció―. M{s que eso, deberías
querer que lo haga.
―No. Nunca.
Ella alargó la mano para pasar su pulgar por su labio inferior.
―No llegué ni a una cuadra, Troy. Ni a una sola.
Al escuchar las mismas palabras que había hablado con ella hace todos esos
meses, su corazón golpeó en sus costillas, sintiendo como si pudiera estallar.
―Bien ―logró decir temblorosamente―. Eso es bueno.
―Nunca he estado tan asustada en mi vida ―susurró―. Y eso es mucho
decir.
Sus miradas se encontraron durante un largo momento antes de que la
levantara.
―Súbete aquí. He pasado demasiadas noches sin ti últimamente.
―Troy, tus padres est{n en el pasillo ―se burló, sacudiendo la cabeza―. Y ni
siquiera has conocido a la enfermera todavía. Creo que no tomara mierda de nadie.
Con el ceño fruncido, él levantó la sábana sobre su lado bueno.
―Vamos.
Ruby suspiro a través de su sonrisa, luego se subió a la cama del hospital con
tanta cautela que lo hizo reír.Cuando puso su cabeza sobre su hombro, un sentido
de rectitud lo inundó. Escenas de la habitación de un motelsubieron
espontáneamente a su mente.
―¿Qué pasó con Jim? Después de que…
Su cuerpo se tensó, por lo que frotó círculos en su espalda.
102
―Yo… lo dejé ir. Simplemente no pude hacerlo.
Troy se sintió agradecido.
―Hiciste lo correcto, nena.
―¿Lo hice? ―Trazó un patrón en su pecho―. Cuando te miro aquí tendido
unido a un grupo de máquinas, no estoy tan segura.
―Lo hiciste ―respondió Troy con firmeza―. Nunca pongas eso en duda.
Ella se apoyó en un codo y lo besó suavemente.
―Troy, recibiste una bala por mí. No sé si estar enojada como un demonio o
más profundamente enamorada de ti.
―Me quedo con la segunda opción.
―Bien. ―Su voz resonó con sinceridad―. Porque soy tuya hasta el final,
Troy Bennett.
El amor ardió en su pecho, rozó sus labios sobre los de ella.
―Entonces espero que el final nunca llegue.
Epílogo

R
uby cerró la puerta detrás de su madre y se apoyó en ella por un
momento. Con una pequeña sonrisa, dio la vuelta y comenzó a quitar
los platos de la mesa. La cena había salido bien. En las tres semanas
transcurridas desde que Troy había recibido el disparo, habían hecho progresos
significativos. Habían hablado sobre el pasado de forma fragmentada, aunque una
de ellas por lo general cambiaba de tema antes de que la conversación se volviera
demasiado pesada. Su relación nunca sería ni remotamente convencional. Gracias
a Dios.
Por las pasadas tres semanas, cuidar de Troy había sido la prioridad número
uno de Ruby, por no mencionar, su placer. Había estado trabajando en casa tanto
como podía, sólo corriendo al taller para recoger suministros, o para hablar con
103
Pamela y dejar nuevas órdenes de trabajo. Antes de que su padre regresara,
pensaba que su relación con Troy era fuerte, su vínculo irrompible. Ahora, sin
embargo, su fuerza como pareja se había multiplicado por diez. Incluso habían
comenzado a comunicarse en formas nuevas y más sutiles, a través de toques y de
la simple intuición. El terror de casi perderlo, ese vacío que había sentido en el
viaje en ambulancia al hospital cuando había estado lleno de sangre e inconsciente,
la había obligado a reconocer sentimientos que nunca había notado que existían.
Troy era parte de ella. Tenían el corazón del otro en sus manos. Expuestos, y sin
embargo, completamente seguros.
Nunca más, ni por un solo segundo, daría ese tipo de amor por sentado.
En el momento en que le había dicho a Troy que Bowen era su medio
hermano, sus celos se habían convertido en una mera idea tardía. Algo irrelevante
y de su pasado. Incluso la había tratado de ayudar a localizar a Bowen, para darle
las gracias o incluso sólo para hablar, pero su díscolo hermano no estaba listo para
ser detectado por el momento. No lo habían visto desde aquella noche en el
callejón detr{s de Mancuso’s.
No le había dicho a Troy sobre la mirada que había compartido con Bowen.
No era una que pudiera interpretar o poner en palabras, ni que entendiera, de
todos modos. Pero llegó a tener la certeza de que, a menos que peleara y empujara,
su relación con su medio hermano había terminado en ese callejón.
Así que algún día muy pronto, pelearía. Cómo le habían enseñado. Como el
infierno.
Ruby puso el plato final en la rejilla de secado mientras los brazos de Troy se
deslizaban alrededor de su cintura. Completa.Se sentía tan completa. Sus dedos
temblaron al pensar en lo cerca que había estado de no estar nunca en poder de él
de nuevo. Sin nunca encontrar su olor, su voz, su forma sólida. Cada vez que
cerraba los ojos en las pasadas tres semanas, comenzaban los y sí. ¿Volverían a
detenerse?
―¿Est{s bien, nena? Est{s fría.
―Estoy bien, Solo…
Un fuerte golpe contra la puerta de su departamento envió una sacudida en
zigzag como un rayo a través de su cintura. No sabía por qué un sonido tan inocuo
la alarmaba a tal grado, pero lo hacía. Eso agudizó sus instintos como dos cuchillas
golpeando una contra la otra. El cuerpo de Troy se tensó detrás de ella diciéndole a
104
Ruby que compartía su preocupación.
Sin hacer ruido, Troy se estiró alrededor de su cadera para abrir un cajón de
la cocina, sacando su Glock que le dio el departamento y quitándole el seguro.
Puso un suave beso en su frente.
―Todo va a estar bien.
Con un movimiento acartonado de cabeza, se alejó de Troy y lo siguió
lentamente hacia la puerta principal,haciendo caso omiso de la imagen de pesadilla
de que al abrirse, algún peligro no identificado entraría corriendo. Ver a Troy salir
lastimado otra vez, cuando finalmente estaba tan sólido y tranquilo ante ella. Con
un dedo presionado en sus labios, recordándole que se quedara en silencio, Troy
vio a través de la mirilla al pasillo de su edificio, sus ojos azules no mostraron
señales de haber visto nada que acechara al otro lado. Después de haberse
colocado a sí mismo enfrente de ella, giró el cerrojo y abrió la puerta.
En el suelo cerca de sus pies estaba la mochila de cuero con la que su padre
había huido de la habitación del motel tres semanas antes.
Ella arrastró la pesada bolsa al interior, y Troy cerró la puerta detrás de ellos.
La abrió como si tuviera que quitar un curita, mostrando su contenido. Dinero.
Mucho dinero. Hizo un balance rápido de las pilas ordenadas. Cincuenta mil
dólares. Su padre había regresado, por su propio riesgo… ¿para d{rselo? Un
mensaje. ¿Pero de qué tipo? ¿Esta era su forma de disculparse? La niña pequeña
dentro de ella quería llorar, agradecida de que hubiera pensado en ella. Se
preguntó si el gesto significaba que la quería, aunque fuera un poco.
La mujer dentro de ella quería quemarlo.
―¿Qué quieres hacer?
Mantener el dinero ni siquiera pasó por su cabeza.
―¿Crees que podríamos encontrar a alguien que necesite eso? Tal vez a
través de la policía…
―Por supuesto que podemos. Mañana. ―La tomó de la mano, el orgullo
brillaba en sus ojos. Lo dejó tirar de ellaa su costado y llevarla lejos de la puerta.
Siempre protegiéndola. Colocándose entre ella y el peligro. A mitad de camino a la
cocina, Troy tiró de ella contra su pecho―. ¿Qué pensaste antes? En la cocina.
Sin secretos.
―Casi te perdí ―susurró―. El miedo. Nunca va a desaparecer.
105
Él hizo un sonido áspero.
―Estoy aquí. ―Su aliento c{lido hizo que un escalofrío vibrara a través de su
vientre―. Te voy a mostrar lo mucho que estoy aquí.
Automáticamente, inclinó la cabeza hacia un lado de modo que sus labios
pudieran correr por el lado de su cuello. Cuando una cálida mano se presionó
contra su abdomen, su trasero fue de nuevo a su regazo, y Ruby gimió.
―Sabes que no podemos, Troy. Falta una semana hasta que el médico te dé
de alta.
Él la ignoró, abriendo el botón de sus vaqueros.
―Estoy muy consciente de cu{nto tiempo m{s podr{sestar jugando a mi
enfermera, nena. Estoy disfrutando cada segundo de ello. ―Sus dedos se
deslizaron por debajo de lacintura de sus bragas, un dedo fue profundamente a su
interior―. Pero también he tenido demasiado tiempo parafantasear teniendo sexo
con mi mandona enfermera cuyo uniforme se compone de malditas bragas y una
camiseta. No puedo esperar otra semana para jugar. No puedo.
Su respiración se atoró cuando usó la humedad que había reunido para darle
masajes a su clítoris. Tres semanas era más tiempo del que habían pasado uno sin
el otro, desde que se habían conocido. Dios, lo necesitaba, también. Tan
terriblemente.Tan pronto como su color había vuelto a la normalidad y había
podido caminar sin estar encorvado, ella había empezado a sentirse sin aliento
cada vez que estaban en la misma habitación. Habían pasado alrededor de una
semana de persistente toques y de irse a la cama frustrada sexualmente. Troy no
había hecho las cosas más fáciles, insistiendo en que se ocuparía de cualquier
cantidad de dolor que estuviera dentro de ella, llenando su oído con promesas
sensuales mientras yacían en la cama. Me duele, Ruby.Súbete y arréglame.
Ella había sido la única voz de la razón en la casa. Pero su paciencia se había
comenzado a volver peligrosamente delgada.
―¿Est{s s-seguro? ―le preguntó ahora.
Con un gruñido de triunfo, él abrió la cremallera de sus vaqueros y les dio un
tirón hacia abajo de sus caderas. Unos pocos segundos más tarde, oyó sus propios
vaqueros caer al suelo, el ruido metálico de su caída envió escalofríos a correr por
su piel.
―¿Si estoy seguro, Ruby? ―Entonces caminó hacia delante y los volteó para
llegar a la mesa de la cocina. Él cayó en una de las sillas y la llevó hacia abajo a su
regazo. En un movimiento áspero, se hundió profundamente en su interior. Sus 106
gemidos simultáneos rebotaron a través de la cocina―. ¿Me siento lo
suficientemente seguro para ti?
―Oh Dios, sí.
Ruby se quitó los vaqueros el resto del camino para poder poner sus piernas
sobre sus muslos, empujándose más profundo, hasta la empuñadura. Luego apoyó
las manos en sus rodillas y comenzó a mover su cuerpo arriba y abajo de su rígida
erección.
Ya podía sentir sus músculos del estómago apretarse. Se sentía enorme
dentro de ella, tocándola en todas partes, estimulando todos sus sentidos.
―¿Eso… se siente bien?
Él pasó las desesperadas manos al interior de sus muslos.
―Nunca se siente nada menos que perfecto, pero infiernos, tres semanas sin
esto no me han hecho bien, estafadora. Se siente como si tuviera a una virgen
putamente montándome.
Con un grito de alivio, ella se dirigió a toda velocidad hacia un agitado
clímax. Sus caderas se tensaron mientras lo atravesaba, sacando hasta la última
gota de sensación de su dolorido cuerpo. Cuando pasó, sus huesos se sentían
licuados, pero todavía podía sentir a Troy duro dentro de ella. Con las manos en
sus hombros, atrajo su espalda con rapidez contra su pecho jadeante.
―No te atreves a parar. ―Su camiseta fue arrancada por su cabeza y arrojada
al suelo. Cuando sus manos moldearon sus pechos, otra ola de calor se precipitó a
través de ella―. No reduzcas la velocidad. No descanses por un maldito segundo.
No hasta que hayas satisfecho a tu paciente.
―Sí, Troy. ―Ella plantó los pies en el suelo y aumentó el ritmo de sus
caderas, dejando que él se resbalara hasta que sólo su gruesa punta se mantuvo
dentro de ella, y luego se hundió hacia abajo con un toque de su malvado cuerpo.
Una y otra vez hasta que oyó sus gemidos de placer volverse desiguales detrás de
ella. Las yemas de sus dedos se hundieron ásperamente en la carne de su muslo,
diciéndole a Ruby lo cerca que estaba de su liberación. Ella gritó su nombre cuando
él utilizó la otra mano para acariciar el punto sensible entre sus piernas, una vez
más, enviándola hacia un endiablado clímax.
―Joder, casi me vengo. ―Él envolvió su cabello en su puño y volvió su
cabeza hacia un lado―. Sabes lo que quiero oír mientras me vengo. Dilo.
Ella se humedeció los labios entreabiertos. 107

―Te amo. Tanto. Yo… ah.


Su orgasmo la hizo volar de nuevo, de alguna manera más intenso porque
podía ver sus ojos vidriosos, mientras la alcanzaba. Lo vio tirar la cabeza hacia
atrás y gritar su nombre al techo con tal intensidad, que su pecho se sintió lleno de
emoción.
La voz de Troy sonó en su oreja.
―Yo también te amo. Hasta el final.
Ella se dio la vuelta y besó sus labios.
―Hasta el final.

Fin
Próximamente:

Risking it All
(Crossing the Line #1)

108

L
a detective de NY Seraphia Newsom vengará la muerte de su hermano
a cualquier precio. Incluso si ella misma se tiene que insinuar a un
áspero, callejero de Brooklyn y yendo tan lejos como para trabajar
encubierta, no está segura de que pueda salir. Cada minuto que pasa en medio de
ellos significa el tictac del reloj sobre su vida, sobre todo cuando oye por
casualidad algo que podría conseguir que la maten.
Bowen Driscoll es el heredero de una empresa del crimen. Nunca pidió el
trabajo, pero con su padre tras las rejas, no tiene más remedio que intervenir y
mantener la operación funcionando. Pero cuando la policía de Nueva York lo
chantajea con una pieza de información concluyente a cambio de ayudar a un
policía encubierto, se encuentra en el otro lado de la ley por primera vez en su
vida.
Bowen sabe el peligro en el que está Sera, y mantenerla segura triunfa sobre
salvar su propio trasero. ¿El problema? Ella no puede saber que está de su lado. Y
está el asunto del serio calor y las inconvenientes chispas entre los que está
quemándose su resistencia.
Pero Sera sólo ve el pasado de Bowen, y hombres como él son la razón de que
su hermano esté muerto. Si van a salir con vida, él tendrá que correr el riesgo de
exponer al hombre debajo, y esperar como el infierno no arruinar toda la
operación en el proceso.

109
Tessa Bailey
Tessa Bailey vive en Brooklyn, Nueva York, con su
marido y su hija pequeña. Cuando no está escribiendo o
leyendo romance, disfruta de un buen argumento y recetas de
treinta minutos.
www.tessabailey.com

110
111

También podría gustarte