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CARTA ABIERTA AL SR.

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA,
A LOS SRES. SENADORES Y DIPUTADOS Y A LAS AUTORIDADES DE
LOS MINISTERIOS DE EDUCACIÓN Y DE TRABAJO Y SEGURIDAD
SOCIAL, DEL BPS Y A LA POBLACIÓN EN GENERAL
9 de noviembre de 2007

Es el interés de quienes suscriben, denunciar la situación a la que se verán


enfrentados el próximo 29 de febrero unos 1500 docentes quienes, al cumplir 35 años de
trabajo serán cesados en forma compulsiva y condenados a recibir jubilaciones que van
a reducir en el 50% aproximadamente, su ya menguado salario. La razón es que
comienzan a darse los efectos de la Ley 17.613 votada en 1996.
Es de conocimiento de todos y muy especialmente de los señores que integran la
“clase política” que el salario de los docentes es una vergüenza nacional. Los que van
a ser cesados han escuchado desde el momento en que se recibieron, promesas
electorales de aumento de rubros para la educación en los presupuestos y,
concomitantemente en los sueldos, que se quedan en eso: promesas cumplidas a medias
o ignoradas. Los salarios se han devaluado en sus dos terceras partes si los comparamos
con los que se recibían 35 años atrás. No escapa esta administración de las generales de
la ley puesto que está muy lejos de cumplir con lo prometido a tres años de haber
asumido el gobierno.
En este marco se da la situación de cese de los primeros docentes que les hubiere
correspondido jubilarse por el régimen de transición que, dado lo poco beneficioso del
mismo no pudieron, en su mayoría, hacer uso del mismo y han quedado sujetos a la
vigencia plena de la ley, tanto o más nefasta que el régimen que les hubiere
correspondido .El mantenerse por un tiempo excesivo en el ejercicio de la docencia, una
de las profesiones consideradas de mayor riesgo por el estrés que produce, significa
perjuicios para sí mismos en cuanto al fuerte desgaste al que se ven expuestos, para la
calidad de su desempeño que repercute en los aprendizajes de los niños y para el
organismo que no puede hacer un recambio que antes se producía naturalmente.
Es necesario aclarar que, dado las exigencias que conlleva la docencia, quienes la
ejercen han tenido medidas de excepcionalidad que posibilitan un retiro anticipado,
derecho que se ha ido acotando en sucesivas leyes y que la nueva ley ha desvirtuado
totalmente.
Antes de la dictadura un docente se retiraba a los 25 años de trabajo con el 100%
del sueldo, más un premio por reconocimiento a su dedicación y por un sistema llamado
de “escala móvil” su jubilación aumentaba en la misma proporción que el salario en
actividad. Con el Acto 9 de la dictadura se retiraba a los 28 años de trabajo con el 75 %
del promedio de los 3 últimos años y se perdió la correlación con el salario del activo.
Cuando un docente era cesado aumentaba el porcentaje en un 5% Ahora le
corresponde, a los 35 años de trabajo una jubilación que, en el mejor de los casos
llega al 50% de su último salario nominal y no existe compensación alguna por
cese compulsivo pese a que equivaldría en los hechos, si no en la norma, a un despido.
El retiro anticipado compulsivo a los 35 años impide llegar a más, pese a las
bonificaciones que se conceden (cómputo de 4 años por 3). Cabe aclarar que los
docentes no están en contra del retiro a los 35 años, es más: se considera que, por su
propia conveniencia y sobre todo por las de los niños, debería ser antes, como estaba
posibilitado en leyes anteriores. El problema está en irse en el momento adecuado y
con una jubilación digna, lo cual esta ley imposibilita.
Por dos años se han entrevistado a autoridades del Poder Ejecutivo y Legislativo
para pedir soluciones antes de que se diera el cese compulsivo de los primeros docentes
en esta situación, pero hasta el presente no hay ninguna señal concreta de haber sido
oídos, más allá de buenas intenciones de algunos legisladores, de nuevas promesas y de
la presentación de un proyecto que no convence y que está “durmiendo” en la Cámara
de Diputados y de una propuesta de retiro incentivado que no conviene por ser una
solución para lo inmediato sin proyección de futuro que además no contempla a quienes
ya tienen el cese pendiente.
Dado los antecedentes expuestos corresponde hacer varias consideraciones:
1- De persistir la insensibilidad de las autoridades se dará la paradoja de
que, bajo un gobierno progresista los docentes se jubilan peor que en la
dictadura. Sería interesante que los Sres. Senadores y Diputados, miembros del
Poder Ejecutivo y del BPS contestaran si es cierta o no esta afirmación y de ser
cierta, qué les parece. A los que fueron maestros y/o sindicalistas y los que se
manifestaron contrarios al régimen jubilatorio que nos rige o dieron su voto
negativo les preguntamos: ¿ahora, es bueno? Y si no lo es ¿por qué no lo mejoran
ya que tienen el poder para hacerlo?
2- Una nueva paradoja es que al mismo tiempo que se pretende sacar de la
pobreza a una franja de la población en aras de la equidad, se condena a los docentes
que son profesionales de carrera a ser parte de los nuevos pobres de esta sociedad,
más pobres aún en los hechos, en algunos casos, que aquellos a quienes se pretende
apoyar.
3- El gobierno y sus representantes tienen una deuda con los docentes a los
que se los ha condenado por décadas a sueldos y condiciones de trabajo indignas,
pero muy especialmente tiene una deuda con los docentes de la generación que va a
ser más perjudicada con esta ley porque son aquellos que en la época más oscura en
que vivió el país resistieron silenciosamente para impedir que los déspotas
destrozaran la educación pública. ¿Está dispuesta a hacerse cargo?
4- Las dos únicas respuestas públicas hasta el presente han sido más que
lamentables. Por un lado el CODICEN frente a la demanda de no cese compulsivo a
los docentes a los 35 años sin soluciones previas sobre una jubilación digna ha
contestado con una reglamentación que permite el reintegro inmediato del cesado, al
grado más bajo del escalafón. Por otro el Sr. Presidente del BPS, el maestro Ernesto
Murro, asevera que los docentes somos privilegiados porque el promedio de sus
jubilaciones es de $ 13 000.
Ante el primer caso, consideramos esta resolución un insulto a la inteligencia y
una burla porque un docente que por haber cumplido 35 ya no estaría en
condiciones por su desgaste y su edad de solicitar prórroga y es cesado, sí puede
volver a trabajar en peores condiciones. Y además. ¿dónde están los cargos para
tantos? Ante lo segundo, o el Sr. Murro no sabe hacer cálculos o desconoce la
realidad sobre la cual toma decisiones porque la grandísima mayoría de las nuevas
jubilaciones docentes van a ser cercanas a los $5000 o $6000.
Cansados de tantos años de sueldos bajísimos y conscientes de que la madurez
y vejez que los espera merecen ser vividas dignamente y no a expensas de la caridad
en un asilo público o de la familia, los docente uruguayos exigen que en este
gobierno les sean devueltos los derechos adquiridos antes de la dictadura con
respecto a su jubilación y que se haga antes de que comiencen a ser cesados
compulsivamente.
Se apela al apoyo y a la comprensión de la población y a la ética y coherencia de
los gobernantes para que de una buena vez podamos decir que vivimos en un país en
serio, que honra a quienes han dado lo mejor de su esfuerzo, aún a expensas de su
bienestar personal y de sus intereses: los docentes uruguayos.