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ÉTICA

EMPRESARIAL

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ÉTICA EMPRESARIAL

1. Introducción a la Unidad.

¿Es, como se ha dicho cínicamente, un oximorón la expresión “ética empresarial”? ¿Tiene sentido
plantearse el dilema ético en el ámbito empresarial? Estas son las preguntas que inician nuestro re-
corrido de indagación y reflexión compartida, lo peor que podría pasarnos, es abordar estos temas
desde la visión de lo imposible o de lo ideal pero inalcanzable, este tipo de razonamiento paraliza
toda evolución y niega toda posibilidad de cambio, fue una ilusión durante miles de años que pudié-
ramos construir comunidades civilizadas, donde imperase algo más que la fuerza bruta, y con todas
las limitaciones y defectos que podamos atribuir a nuestra actual civilización, la misma sería vista
como un “paraíso”, por cualquier habitante del imperio persa o azteca o maya o por nuestros tátara
abuelos paleolíticos.

En función a lo antedicho, les propongo una reflexión abierta y propositiva y no cínica y resignada,
donde nos planteemos no sólo lo que es, sino lo que puede ser, lo que está por construirse, ser parte,
una vez más, de la evolución humana, no en el campo de lo tecnológico, sino en el campo de lo moral.

2. Definiendo la Ética.

UN ALTO EN EL CAMINO: Para facilitar el abordaje del tema recomiendo que


vean antes de empezar un interesante video de Adela Cortina, quien nos
acompañará en este apartado.

El término ética, proviene del griego “éthos” el cual hacía referencia a la manera de ser al carácter de
una persona y luego evoluciona para referirse a la manera de actuar del hombre para llevar a cabo lo
correcto, lo bueno, piénsese en la expresión “tuvo un comportamiento ético”.

Así establecemos dos elementos claros iniciales: la ética tiene que ver con la acción, con el actuar, o
sea no es un espacio de pensamiento, es un espacio de comportamientos, lo que valida aquello de
que los seres humanos no somos lo que decimos ni lo que pensamos sino lo que hacemos.

Por otra parte la definición nos pone de lleno en el campo de la moral, ya que con claridad hace
referencia al comportamiento correcto o bueno, o sea la ética no es, como algunos antibióticos de
“amplio espectro” , donde puedo poner en ella lo que quiera, la ética hacer referencia y obliga al
comportamiento en un solo sentido, lo correcto. Es decir que lo ético hace referencia a lo que es recto2
para la condición humana, más allá de lo que circunstancialmente pueda estar legislado o asumido
por una sociedad, y definimos como acción recta a aquella que se puede justificar de manera razo-
nable en base a valores, principios y virtudes inherentes a una concepción antropológica del hombre
que nos ve como individuos que aspiramos y tendemos naturalmente al bien.

3. Ética de la Empresa

Para entender la evolución de la ética en el ámbito empresarial, seguiremos la obra de Adela Cortina
en su libro Construir Confianza, Ética de la empresa en la sociedad de la información y las comunica-
ciones, en ella hace un análisis de la evolución de la ética, identificando tres grandes fases que la ac-
tividad empresarial ha vivido a lo largo del tiempo: la edad industrial, la postindustrial y la edad de la
información y las comunicaciones, en la cual nos encontramos. (Agradecemos los aportes generales
del Magister Sergio Gutiérrez en los siguientes puntos.)

3.1. La edad industrial

Vemos como en la edad industrial, obras consideradas clásicas y liminares, como las de Adam
Smith y Max Weber, fortalecen la convicción de que entre empresa y ética existe una conexión
directa y estrecha, de forma tal y tan marcada que, a su juicio, el éxito empresarial exige condi-
ciones, no sólo legales, sino también morales.

Adam Smith en sus orígenes fue profesor de Filosofía y Moral, lo que influyó en sus creencias en
que la economía es una actividad capaz de generar mayor libertad y, por ende, mayor felicidad.
Smith afirmaba “Un sistema económico necesita siempre un respaldo ético y, junto al amor pro-
pio como motor para el intercambio, junto al afán de lucro, existen otros sentimientos y valores
indispensables para comprender la actividad económica en su conjunto.”1

En tal sentido, Amartya Sen, señala que muchos especialistas parecen no conocer ningún otro
párrafo de Smith, más que el célebre texto del carnicero, el cervecero o el panadero, de los que
esperamos que nos proporcionen nuestra comida, no movidos por la benevolencia, sino por su
propio interés: “no nos dirigimos a su humanidad, sino a su amor propio. De donde deducen
tales especialistas que en el mundo económico la ética está de más. Sin embargo, Smith es bien
consciente de que la economía no es sólo intercambio, sino también producción y distribución,
y que en todos estos momentos del proceso es imprescindible una ética que no es sólo la del
amor propio: el hábito de cumplir los contratos, el compromiso con la calidad de los productos,
la fiabilidad de las instituciones, y todo un amplio mundo que incluye en ocasiones motivaciones
distintas al autointerés.

Crear riqueza para la comunidad, mantener el honor de una familia de comerciantes, fomentar
lazos cooperativos son móviles de la acción que no se identifican con el autointerés y, sin embar-
go, son imprescindibles para la actividad económica.”2

1 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 23


2 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 24 3
Por su parte Max Weber, en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, procuró
mostrar cómo el espíritu del capitalismo precedió a su encarnadura económica, cómo un tipo
de ética –la ética protestante en este caso- conformaba ese espíritu que alentó el cuerpo del
capitalismo al nacer, desde su génesis.

Así entonces, ha venido a convertirse en un enfoque reiterado, el atribuir a la marcada influencia


de la ética protestante, de sus creencias y de sus hábitos, el aliciente de la producción, el ahorro
y la inversión que pusieron en marcha el capitalismo. “Cuando el capitalismo tomó carne social
–ha llegado a decir Manuel Castells en La era de la información- su espíritu ya estaba presente
en la ética calvinista.”3

Bajo este análisis Weber se plantea una pregunta determinante en su teoría “¿cómo pudo
convertirse en una vocación en un calling, en el sentido de Benjamín Franklin, una actividad
guiada por el afán de lucro, que era tolerada desde el punto de vista cristiano en el mejor de
los casos?” 4

El creyó encontrar la respuesta en la interpretación luterana de la vocación y en la idea calvinista


de la predestinación. “El empresario, llamado a crear riqueza, está justificado porque responde
a su vocación divina en el mundo, y el éxito en su tarea será signo de salvación.”5 Se justifica así
éticamente, no sólo el trabajo, sino también la acumulación consciente y legal de la riqueza. El
empresario debe responder dedicando su esfuerzo a la producción de bienes, forjándose así un
carácter que ve en la creación de riqueza una tarea que trasciende el interés egoísta.

Vemos entonces que Max Weber entiende que la ética protestante del siglo XVII, que es la que
él analiza, modela una actitud en relación con el consumo, al condenar el consumo de bienes
suntuarios y favorecer el ahorro y la reinversión con el fin de aumentar la riqueza. “Si la misión
del empresario consiste en crear riqueza para la comunidad, el consumo de bienes suntuarios
dificulta el ahorro y la reinversión, con lo cual quienes consumen satisfacen sus deseos, pero no
contribuyen a crear riqueza social.”6

Por su parte, Colin Campbell, en The Romantic Ethic and the Spirit of Modern Consumerism,
trata de complementar la tesis de Max Weber sobre la influencia del protestantismo en el na-
cimiento del capitalismo, mostrando que el protestantismo fue el iniciador, no sólo del modo
de producción capitalista, sino también de la forma moderna de consumo que hizo posible el
capitalismo. “Sin aumento en el consumo, tampoco aumenta la producción, y el protestantismo
impulsó una y otra.” 7

Si la Revolución industrial fue posible por una ética de la producción, que dio el visto bueno mo-
ral a la producción y acumulación de riqueza, tuvo que haber también alguna ética del consumo
que diera carta de naturaleza moral al consumo.

3 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 24


4 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 24
5 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 25
6 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 26
7 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 26 4
Cabe preguntarse entonces “¿Qué ética constituyó originariamente el espíritu de este consu-
mismo moderno? ¿Cómo pudo la búsqueda del placer, tolerada éticamente en el mejor de los
casos, convertirse en una meta aceptable para los ciudadanos de la sociedad ascética? Si la as-
cética racional –dirá Campbell- promovió la producción, el lado sentimental del pietismo fomen-
tó el consumo: una y otro contribuyeron al desarrollo de la economía moderna, al desarrollo del
capitalismo industrial.” 8

Creencias y convicciones sustentan, entonces, los hábitos que constituyen el humus de la activi-
dad empresarial en sus distintas dimensiones desde sus orígenes.

3.2. La edad postindustrial

Podemos afirmar que en los años setenta del pasado siglo XX, surge en la forma que hoy la con-
cebimos, la ética empresarial. La influencia notoria del positivismo y del marxismo, no habían
favorecido anteriormente la conexión entre ética y empresa, y la marcada cultura del hedonis-
mo acicateaba el consumo compulsivo, mucho más que el fortalecimiento de la producción y el
consumo responsable. Fundamentalmente, cinco razones avalaron el nacimiento de una ética
empresarial renovada:

La primera de ellas, la necesidad de crear capital social, la necesidad de crear redes de confianza.
“Tras escándalos como los del Watergate, la sociedad norteamericana recuerda que la confianza
es un recurso escaso y que, sin embargo, es la argamasa que une a los miembros de una socie-
dad, también desde el punto de vista de la transacción económica.” 9

También el llamado fin de las ideologías, favoreció un nuevo surgimiento de la ética empresa-
rial, y no sólo de ella, sino del conjunto de lo que ha dado en llamarse éticas aplicadas. El fin de
las ideologías trajo consigo el interés por las buenas prácticas en la economía y la empresa, ya
que las grandes construcciones teóricas si no se traducen en hechos concretos, resultan poco
creíbles.

En tercer lugar la concepción de la empresa cambia en puntos como los siguientes:

a) “Cada vez las empresas aprecian más su dimensión cultural, atienden al significado simbó-
lico de muchos aspectos de su vida, y no hablan sólo de resultados, eficacia, eficiencia, sino
también de símbolos, significado o esquemas interpretativos. Contar con una cultura de
empresa es esencial para el éxito, y de ella deben formar parte valores morales.”10

b) “La empresa no se comprende a sí misma como una máquina para obtener el máximo
beneficio, sino como una organización, un grupo humano, que trata de llevar a cabo un
proyecto, normalmente tras la iniciativa activa de un líder.”11

8 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 26


9 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 27
10 Lozano, J. M. Dimensiones y factores del desarrollo organizativo: la perspectiva cultural. Pp. 37-82
11 Morgan, G. Imágenes de la organización. RA-MA, Madrid, 1990. 5
c) El modelo taylorista es sustituido por el postaylorista, y la cultura de la cooperación intenta
sustituir a la del conflicto. El juego empresarial debe ser de no-suma cero: en él deben salir
ganando todos los stakeholders, y no sólo los accionistas o stockholders.

En cuarto lugar la ética se hace imprescindible en la gestión empresarial para responder a un


conjunto de retos cada vez más complejos, como por ejemplo: “la mayor madurez del mercado
exige a las empresas planteamientos largoplacistas, orientados por valores y no por reglas o
normas miopes; el crecimiento de la competencia entre las empresas, debido a la globalización
de la economía, exige fidelizar la clientela a través de actuaciones que generan confianza.”12

Es fácil comprender que cuanto más complejas son las sociedades y más radialmente cambian-
tes los entornos, más ineficaces resultan las soluciones jurídicas y más rentables los mecanis-
mos éticos para resolver los conflictos con justicia y equidad.

“En este contexto se entiende que la ética es rentable para las empresas porque es una nece-
sidad en los sistemas abiertos, aumenta la eficiencia en la configuración de los sistemas directi-
vos, reduce costes de coordinación internos y externos a la empresa, es un factor de innovación
y un elemento diferenciador, que permite proyectar a largo plazo desde los valores.”13

Decir que la ética es “rentable”, es decir que la cohesión en torno a valores éticos, la asunción
de hábitos morales, aumenta la probabilidad de una empresa de ser competitiva; teniendo en
cuenta que “competitiva” significa que mantiene su viabilidad, su capacidad de permanecer en
el mercado, con una buena relación calidad-precio, conquistando nuevos clientes.

Debe recordarse la importancia creciente del término “sostenibilidad”, es decir debemos de-
sarrollar proyectos empresariales que perduren en el tiempo, nadie quiere una empresa que
desaparezca en tres, cuatro o cinco años, por ello la sostenibilidad es un objetivo central de la
empresas.

Es importante recalcar que asegurar la viabilidad es imposible, pero lo que sí es permitido es


incrementar el grado de probabilidad, creando las condiciones de posibilidad, buscando la exce-
lencia como factor diferenciador en un mercado darwinista.

Adela Cortina define a las empresas excelentes desde su perspectiva: “empresa excelente es la
que se comprende a sí misma como una organización dotada de una cultura con un nivel ético;
la que plantea su actividad desde unos valores que constituyen la identidad de la empresa y que
son tanto más necesarios cuanto más ocupe escenarios transnacionales, en cada uno de los
cuales se modularán atendiendo a su cultura, aprendiendo de ella; es una empresa pro-activa,
un grupo humano que cobra su cohesión desde unos valores y desde ellos anticipa el futuro;
toma decisiones desde esos valores que prestan solidaridad a sus miembros y por eso genera
un clima ético; apuesta por la forja del carácter al medio y largo plazo, y no por la búsqueda del
máximo beneficio al corto plazo; la calidad en el producto y en las relaciones internas y externas
es el sello de la empresa; amplía la atención de los implicados por la actividad empresarial desde
los accionistas a todos los grupos afectados por ella; toma la responsabilidad social como un
instrumento de gestión de calidad.”14

12 Izquierdo, G. Entre el fragor y el desconcierto. Capítulos 2 y 5.


13 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 29
14 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 30 6
En síntesis, la empresa excelente trata de generar tres tipos de capital, que son los que facilitan
la acción productiva:

a) El capital físico, que lo constituyen los terrenos, edificios, maquinarias, computadores, ve-
hículos etc.

b) El capital humano, compuesto por las técnicas y los conocimientos de los que dispone una
empresa o sociedad, es decir, lo que ha dado en llamarse recursos humanos, que se crea
mediante cambios en la personas, produciendo habilidades y capacidades que les permi-
ten actuar de formas nuevas.

b) El capital social, que se produce por cambios en las relaciones entre las personas, cambios
que facilitan la acción.

La quinta razón para la revitalización de la ética de la empresa fue la necesidad de reformu-


larla desde las exigencias de una ética cívica, configurada por los valores compartidos por las
distintas éticas de máximos. Conviene aclarar que esta ética cívica de mínimos pretende llegar
a acuerdos mínimos que permitan un desarrollo social sostenible y que sean aceptados desde
la perspectiva de cualquier cultura, no así las éticas de máximos, que son aspiraciones que son
más o menos aceptadas según la cultura que se trate.

Con el desarrollo de la tecnología de las comunicaciones se abre la etapa de la sociedad infor-


macional, marcando una nueva era en el desarrollo de la ética empresarial.

3.3. La edad informacional

El gran avance tecnológico que se vine concretando en los últimos veinte años, caracterizado
por la utilización de herramientas de comunicación de avanzada integradas mayoritariamente
a través de Internet y todas las plataformas vinculadas, desde redes sociales hasta la evolución
de la computación “en la nube” o “el internet de las cosas”, ha cambiado radicalmente la forma
de hacer negocios, ha transformado la forma de trabajar de las organizaciones y ha provocado
un retroceso justamente en el concepto físico de organizaciones, ya que hoy podemos trabajar
desde la comodidad de nuestros hogares, sin conocer siquiera a las personas que integran la
organización a la cual, en teoría, pertenecemos.

La búsqueda de la eficiencia y la maximización de los beneficios, traen consigo en muchos casos


la despersonalización de las relaciones, la reducción de necesidades de personal, a través de
mecanismos de outsourcing por ejemplo, y desemboca en una paulatina desintegración o en
una trasformación radical de las organizaciones.

Es en este contexto que surge la pregunta ¿Sigue siendo necesaria una ética de las empresas en
esta nueva época?

Manuel Castells plantea: “las metas por las que surgió el capitalismo informacional resultan
un tanto descorazonadoras para la ética, ya que nació con el afán de profundizar en la lógica
de la búsqueda de beneficios, intensificar la productividad del trabajo y el capital, globalizar la
producción y conseguir apoyo estatal para aumentar la productividad y la competitividad de las7
economías nacionales; todo lo cual iría en detrimento de la protección social y el interés públi-
co.” 15

Adicionalmente a esto, la ética también se enfrenta a problemas que a primera vista parecen
irresolubles:

a) Parece difícil conseguir que la cultura de la red sea la propia de una ética cívica o de míni-
mos, ya que evidentemente los valores no son los mismos dentro del seno de una ciudad,
que los lazos que pueda extender la red hasta puntos recónditos del planeta, desarticulan-
do así, muy posiblemente, el núcleo de valores. Cada uno de los habitantes del ciberespa-
cio tendrá su propia moral individual, pero que pueda ser una moral compartida es el gran
desafío.

b) La imagen de la empresa como organización que persigue un proyecto conjunto desde


valores postayloristas, se quiebra en virtud de la galopante precarización del trabajo, que
pone en entredicho las justas exigencias de un salario digno, no digamos la participación
del trabajador poco o medianamente cualificado y los ideales de corresponsabilidad.16

c) Resulta difícil mantener la idea de liderazgo, cuando se cuenta con directivos que cambian
de empresa cuando lo permite la oportunidad económica o profesional y que adolecen de
compromiso de largo plazo y sentido de trascendencia.

d) La creciente tendencia a tercerizar las actividades no críticas de los negocios, plantea una
nueva definición de organización, donde hay un centro excluyente en el core del negocio.

e) El concepto de stakeholder resulta difícil de aplicar, cuando no sabemos quiénes son los
afectados por las decisiones que hoy tomamos y que tienen repercusión global.

f) La construcción del carácter de las organizaciones, de su ethos, una responsabilidad, con


decisiones que tienen efecto en el mediano y largo plazo, quedan hoy reducidas a la incer-
tidumbre del cortoplacismo, que es el tiempo de la edad informacional.

g) La gama de problemas que hoy nos aquejan se amplía con la capacidad de movilización de
los capitales, que está abriendo un abismo entre la economía real y la especulativa.

h) Las brechas cada vez mayores entre ricos y pobres creadas por las patentes biotecnológi-
cas, donde la manipulación genética, con todas las consideraciones éticas que se puedan
plantear, ya no sólo genera diferencias en términos de calidad de vida, sino de probabili-
dad cierta de mantenerse con vida.

i) La dificultad que significa la construcción de una ética global desde la diversidad de cultu-
ras, no sólo en términos geográficos, sino en cuanto las subculturas emergentes dentro de
los mismos países, como góticos, hipsters, emos, swingers, etc.

15 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 31


16 Conill, Jesús. Reconfiguración ética del mundo laboral., en A. Cortina, Rentabilidad de la ética para la em-
presa, cit., pp. 187-228. 8
j) Y con la dificultad de contar con organismos políticos y económicos internacionales, que ar-
ticulen los mecanismos necesarios para abordar las cuestiones planteadas por la actividad
empresarial en el nivel global con altura ética.17

Bajo estas particulares condiciones, es mandatario seguir pensando que la ética es necesaria
para el éxito de la actividad empresarial, pero sobre todo para un adecuado desarrollo de las
personas y por consiguiente de los grupos sociales, no obstante debemos reconocer que se
vuelve un cuestionamiento cada vez más complejo de contestar, ya que no es sólo de afirmar la
necesidad de la ética, sino preguntarse qué tipo de ética es necesaria y aplicable a una sociedad
despersonalizada y sin cohesión. Para intentar responder estas preguntas es importante tomar
en cuenta algunos acontecimientos importantes del siglo XXI.

“El día 11 de septiembre de 2001 pareció iniciarse una nueva época en la historia de la humani-
dad. La nación más poderosa del mundo se vio atacada en su propio territorio, en edificios em-
blemáticos de su poder comercial y político, y la indignación, el estupor, la compasión afloraron,
como es de ley, en distintos rincones del plantea. Esta matanza – se dijo – marca una antes y un
después en el acontecer mundial, a partir de ahora nada será como antes. Sin embargo, todo
siguió siendo igual. Y no sólo porque el 11 de septiembre de 2001 desmintió una vez más los
hermosos versos de Jorge Manrique, referidos al mar que es el morir, allegando son iguales, los
que viven por sus manos, y los ricos, porque las guerras, la violencia organizada, el hambre, la
miseria, los paramilitares y los escuadrones de la muerte quitan la vida a miles de seres huma-
nos en los países pobres, y sin embargo, nadie dice que hay un antes y un después de la muerte
violenta de los pobres.” 18

Lo que irónicamente preocupa a los empresarios, inversionistas, financieros, etc., es si la eco-


nomía tendrá consecuencias, se contraerá, se mantendrá o crecerá. Hemos olvidado que la eco-
nomía se creó para mejorar las condiciones de vida de los seres humanos, no para volver a los seres
humanos instrumento de los modelos económicos.

El modelo económico que hoy abanderamos tiene implícito un fuerte contenido espiritual
(muestra de ello es el billete de un dólar de los Estados Unidos de Norte América, que el texto del
mismo tiene escrita la frase “In God We Trust”), el cual desafortunadamente está privilegiando
sentimientos como la ambición, el poder y el individualismo.

Uno debería pensar que por instinto natural los seres humanos lo ambicionamos todo, pero
también la razón nos debería hacer reflexionar sobre el equilibrio que debemos mantener los
seres humanos con la naturaleza y con nuestros semejantes, y con las generaciones por venir,
el cuidar a otros es cuidarnos a nosotros mismos, ya que hasta el más débil es capaz de quitar
vida y propiedad.

Por prudencia al menos, debiéramos intentar mantener el equilibrio, si bien la economía se


mueve por el consumo, también deben existir consumidores y lo que menos estamos haciendo
es generando bienestar para la gran mayoría, en consecuencia restando la cantidad de consu-
midores potenciales y al mismo tiempo pensar en las generaciones futuras, el mundo no nos
pertenece, sino que lo administramos por un tiempo.

17 Stiglitz, Joseph. El malestar en la globalización. Taurus. Madrid 2002.


18 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 33 9
Pero no sólo el 11 de septiembre ha sido noticia en estos últimos años, ya que rápidamente
se sustituyeron las noticias de los atentados por las quiebras fraudulentas de empresas como
Enron o Worldcom o Parmalat, o más recientemente los bonos basura que en el 2009 pusieron
al mundo al borde de la quiebra, así como por las guerras iniciadas para la apropiación de los
pozos petroleros en Asia.

El caso de Enron en 2002, es comparable con el caso Watergate, ya que puso de nuevo en evi-
dencia la falta de transparencia y la ambición desmedida de unos pocos, que pusieron en riesgo
la estabilidad de muchos.

Particularmente el caso de Enron trajo consigo la pérdida de credibilidad y de confianza en el


sistema, cayeron con la empresa auditores, abogados, directores, empleados, etc., pero también
evidenció el encubrimiento de los actores políticos, y puso en jaque la estructura judicial del
sistema.

Las pérdidas ocasionadas por casos como los de Enron, se registran en dos dimensiones, en
costos económicos y en costos sociales, ya que no sólo se perdió dinero, se perdió confianza en
las instituciones y afectaron los tres niveles identificados por Georges Enderle y en los cuales
una empresa se enfrenta: el micronivel de las decisiones concretas de los empresarios, el me-
sonivel de la empresa en su conjunto, y el macronivel de las instituciones económicas, judiciales
y políticas.

Resulta indispensable e impostergable fomentar la integridad y la transparencia, como factores


sine qua non de la viabilidad empresarial. No es opcional, es mandatario en las actuales circuns-
tancias.

La integridad es un bien público en la vida económica, política y social, “podríamos decir que
consiste en el acuerdo entre lo que una persona, organización o institución hace y los valores
que dice defender, siempre que esos valores sean universalmente defendibles, es decir, fecun-
dos para el florecimiento de la vida humana personal y compartida.”19

La transparencia y la integridad son bienes públicos, tanto en las organizaciones públicas como
en las privadas, porque crean un espacio de confianza en lo que dicen los políticos, empresas,
organizaciones solidarias y otros agentes sociales.

Efectivamente los escándalos empresariales y políticos hacen necesario crear más regulaciones
y reformar las leyes, pero más importante es reformar los hábitos. Las leyes pueden cumplirse
por miedo a la sanción, pero sólo cuando el cumplimiento de la ley justa se convierte en hábito,
cuando la integridad y la transparencia se convierten hasta tal punto en costumbre que ir contra
ellas es ir contra corriente, se han puesto las condiciones para que funcione con bien el juego
de la economía.

Es indispensable la convicción moral de que la integridad y la transparencia valen por sí mismas,


es indispensable convertirlas en hábitos de la conducta, en esa segunda naturaleza desde la
que actuamos como si fuera lo obvio, no debemos limitarnos a diagnosticar si existe o no dicha
integridad, debemos trabajar para que exista.

19 Cortina, Adela. Construir confianza. Pp. 36 10


Los acontecimientos ocurridos en los primeros años del siglo XXI demuestran la necesidad de
la ética en la edad informacional, ya que sigue siendo clave en el funcionamiento de la actividad
empresarial y de la vida social y política en su conjunto, o sea debemos asumir no sólo que la
ética sigue siendo necesaria, sino comprender que es más necesaria que nunca.

Recomendamos leer en este punto y pensar luego sobre esta lectura, las pro-
fundas reflexiones sobre Ética Empresarial y Responsabilidades Sociales de la
Empresa, del Dr. Domenec Melé.

4. De las definiciones de ética a los debates sobre la ética en la actualidad.

Habiendo definido la ética, sus orígenes y su evolución en el ámbito empresarial a través del tiempo,
me parece interesante incursionar ahora en el ámbito del debate ético, debate imprescindible y acu-
ciante en función a los niveles de ética empresarial que uno percibe diariamente, debate, por otra
parte que nos llevará directamente a comprender el carácter eminentemente ético de la Responsa-
bilidad Social (RE).

A fin de abrir este apartado, es oportuno hacerlo con unas esclarecedoras


reflexiones de Fernando Savater a través de un video:
Ver video complementario: FERNANDO SAVATER - Ética en el mundo de hoy

(NOTA: Recomendamos ver la Conferencia, la visión de las preguntas y respuestas posteriores a la


misma es opcional.)

Atento a que todo debate supone la existencia mínima de dos interlocutores “enfrentados”, me ha
parecido pedagógicamente interesante armar un debate virtual y asincrónico con el profesor español
José Luis Parada; para poder concretar esto, he tomado una excelente nota técnica elaborada por él
(aprovecho para agradecerle su autorización para utilizarla) y sobre la misma he intercalado mis pro-
pias opiniones o cuestionamientos, que puedan servir de base para sus propios cuestionamientos a
los atentos y reflexivos cursantes de esta materia, por tanto a partir del punto 4.1 que sigue, el texto
completo que leerán está estructurado sobre la mencionada nota técnica del Profesor Parada y mis
opiniones, y/o cuestionamientos aparecerán en letra inclinada.

4.1. Marco de reflexión

Siempre me ha gustado la “sugerencia inquietante” con la que Alasdair MacIntyre comienza su libro
Tras la virtud20. Al inicio de la obra el autor hace partícipe al lector de las dificultades que
encuentran los teóricos de la Ética a la hora de configurar un relato moral sólido en los tiempos que
corren. Para explicarlo, comienza el autor con una historia ficticia:

20 MACINTYRE, A.; Tras la virtud. Crítica, Barcelona, 1987. 11


“en un futuro indeterminado se alcanza una situación de malestar tal en la
sociedad por el eminente desastre ecológico, que los ciudadanos sospechan
de los científicos e inician una revuelta popular contra la ciencia. Esta re-
volución conlleva el ascenso de un movimiento político llamado “Ningún-Sa-
ber” que termina por tomar el poder y procede a la abolición del conocimiento
científico.

Años más tarde, una serie de gente ilustrada reacciona y pretende la recupera-
ción de aquel conocimiento, pero se encuentran con que sólo quedan fragmen-
tos sin un contexto que permita su comprensión. A partir de ese momento se
vuelven a usar algunos de los términos científicos, pero con una inevitable
arbitrariedad que degenera en visiones contradictorias o, al menos, subjetivas
sobre el objeto de la ciencia. De este modo, los intentos de re-estructurar el pen-
samiento científico quedan avocados al fracaso”.

MacIntyre afirma que lo que sucedería con el lenguaje científico en ese mundo imaginario es lo que
sucede con el lenguaje moral en nuestro tiempo. Ciertamente, el relato moral en la actualidad
está desordenado, des-estructurado, fragmentado, lo cual supone un problema teórico y también
práctico pues no hemos de olvidar que la Ética no sólo es especulativa sino también práctica (preten-
de regular la conducta) y normativa (a partir del descubrimiento de una serie de leyes naturales).

Pues bien, en el debate sobre la RS (Responsabilidad Social) ocurre algo similar. En los últimos años
se ha avanzado sensiblemente en lo que se refiere a aspectos formales (códigos de buen gobierno,
informes de sostenibilidad, proyectos de acción social –aunque no sea rigurosamente algo pro-
pio del campo de la RS-, etcétera), pero sin embargo comprobamos una grave ausencia de reflexión
conceptual: no hay una aproximación global a la RS ni una correcta comprensión de los térmi-
nos. De este modo, se confunden ética, deontología, legislación, acción social, voluntariado,
reputación, valor de marca… ¿Es esto culpa de las empresas? Sólo en parte. Ellas reflejan la
incertidumbre moral de la sociedad actual.

Conforme a la Teoría Institucional, las organizaciones son siempre una expresión, mayor o menor,
pero no alejada de ella, de los valores imperantes en una sociedad, por tanto, cuando se cuestiona
tan vivamente el accionar empresarial, no deberíamos olvidar que tanto los empresarios, como los
gerentes que conducen las empresas, son producto de las sociedades que cuestionan luego su com-
portamiento, ¿no les parece un interesante tema de discusión?

La RS es hoy un activo intangible de las empresas y aparece bajo la apariencia de un valor empresa-
rial y social. Sin embargo si no se atiende a la cuestión moral de fondo sobre la que descansan los
conceptos de la RS, ésta quedará sometida a vaivenes interpretativos subjetivos y relativos,
pero no estables ni, por tanto, válidos para la aportación de soluciones eficientes. Por eso, en este
artículo desgranaremos las cuestiones éticas que entendemos
necesarias para intentar avanzar en la consolidación conceptual de la RS.

a. La incertidumbre ética en la sociedad global.

La reflexión ética hoy debe plantearse en clave global, estando como estamos en pleno proceso
de globalización, lo cual, sin duda, complejiza más, si cabe, el discurso sobre la Ética.
12
a.1 ¿Puede existir una ética global?

Parece evidente que si nos encontramos en un escenario global, donde se inserta


el mercado global, debemos considerar la posibilidad de establecer unas normas
también globales, aceptadas y asumidas por todos. Sin embargo, ¿es esto posible
considerando las tensiones existentes entre las diferentes culturas, como se plantea
Peter Ullrich21? No estamos abriendo el debate sobre el choque de civilizaciones de
Huntington, quien entiende que las diferentes escalas de valores de las distintas civili-
zaciones conducen a las culturas al choque antes que al encuentro22, sino que planteo
la cuestión desde una posición más bien filosófica: ¿existen valores universales?
O mejor dicho, ¿se comprenden los valores de la misma manera en todo el planeta?

Sociológicamente, podríamos considerar que en tanto en cuanto existe la Declaración Uni-


versal de los Derechos Humanos, firmada por los países que configuran las Naciones
Unidas, esta pregunta se responde afirmativamente. Sin embargo, somos todos cons-
cientes de que los DDHH no se respetan plenamente en prácticamente ningún país,
con algunos casos extremadamente graves a lo largo y ancho del planeta. Hay, pues,
una cuestión pendiente en lo que se refiere a los valores, derechos, deberes y libertades
fundamentales y tal vez, no es solamente por un problema de voluntad política (que
es, sin duda, un gran problema) sino también por una cuestión de conceptualización, esto
es, de comprensión de elementos fundamentales tales como la dignidad humana, el
principio de justicia o la naturaleza de lo social.

¿No será acaso, que creemos más en las declaraciones que en los hechos? El problema
principal es que estamos generando una sociedad esquizofrénica, que mantiene un “dis-
curso” ético y moral y que luego, en el día a día procede al margen de dicho discurso, cabe
preguntarse entonces ¿es posible que estemos como resignados a que haya una brecha
profunda entre el “deber ser” y lo que realmente es?

a.2. ¿Valores universales o valores relativos?

La defensa de los DDHH se enfrenta en ocasiones a un problema en torno a los


diferentes valores culturales: lo que en una cultura se considera malo, es bueno
en otra. Pero antes de caer en la condescendencia, hay que afirmar, junto a Stuart
Hampshire, algo tan obvio como que no hay nada cultural en las grandes maldades de la
experiencia humana23.

¿Qué hacer? ¿Es momento de dialogar, de imponer o de callar? Pongamos el ejemplo de la


infibulación: ¿es cultura o es tortura? Y si consideramos que es un mal, ¿cómo actuamos?
Como afirma G. Robertson, la cultura no constituye un eximente para la barbarie, pero no
es sencillo solventar las contradicciones culturales24.

21 ULRICH, P.; “Ética mundial y economía mundial. Una perspectiva ético-económica” en KÜNG, H. y KUSCHEL,
K.-J. (eds.); Ciencia y ética mundial, Trotta, Madrid, 2006.
22 HUNTINGTON, S.P.; “¿Choque de civilizaciones?” en Revista Foreign Affairs, 1993.
23 HAMPSHIRE, S.; Innocence and Experience, Harvard University Press, 1989.
24 ROBERTSON, G.; Crímenes contra la humanidad, Siglo XXI de España, Madrid, 2008. 13
En 1993, Hans Küng organizó el Encuentro Mundial de Religiones del Mundo en Chi-
cago, para buscar una escala de valores comunes compartidos por todas las culturas, algo
así como un mínimo común denominador. El resultado fue el descubrimiento de cuatro
mandamientos que se repiten en todas las religiones: no matar, no mentir, no robar y no
fornicar.

Considerando que la reflexión sobre los valores no puede circunscribirse solamente al ám-
bito de lo teológico, se propuso abrir la reflexión al mundo secular, a la sociedad civil en su
conjunto, con el fin de alcanzar una perspectiva universal. En este sentido, juristas, científi-
cos, economistas, humanistas, etcétera, participaron en la construcción intelectual
de lo que hoy es la Fundación por una Ética Mundial, en el seno de la UNESCO.

Si bien el objetivo es loable, creo que hay varias cuestiones que deben considerarse
con rigor y serenidad. Por ejemplo: ¿Es cierto que todas las religiones comparten unos
mandamientos idénticos? Quizá lo hagan de manera nominal, pero si analiza-
mos los conceptos, el significado real de sus ideas, el acuerdo quizá no sea tan evidente y
podríamos decir, parafraseando a Edward Said, que quizá hay un choque de definiciones25.

Por otra parte, además de las diferencias culturales y las distintas tradiciones teológicas,
debemos plantearnos las diferencias generacionales, ¿o acaso un “Baby Boomers” actúa
como un “milenium” o un “x”, piensa como un “z?.

No sólo Küng, sino otros muchos autores como Jonas, Bauman, Sloterdijk, Žižek, Apel, Dus-
sel, Senghaas o Ulrich, han estudiado los retos que aparecen a la hora de hablar de una
ética global. Estimamos que el reto es doble: por un lado, las civilizaciones tienen
diferentes formas de comprender la realidad (“El Este es el Este y el Oeste es el Oeste”26,
lo cual no es una simple tautología, sino una manifestación real de que los modos de com-
prensión son realmente diferentes entre unas culturas y otras); y por otro, que nuestra
misma cultura occidental atraviesa una época de relativismo que dificulta el discurso sobre
los valores universales.

¿No será el relativismo moral el causante de una parte significativa de nuestros proble-
mas? ¿Se puede construir una sociedad humana en la cual no haya ninguna pauta moral
que cumplir? La condición básica de la vida en sociedad, es la existencia de reglas genera-
les, lo contrario es anarquía, una sociedad sin reglas morales de cumplimiento obligatorio
es, en si mismo un oxímoron, lo que se complica más aún cuando vemos que estamos en
presencia de una sociedad globalizad en lo económico y en lo técnico, pero que carece de
un ética global.

25 SAID, E.; Reflexiones sobre el exilio, Debate, Barcelona, 2005.


26 COPLESTON, F.C. (1984); Filosofía y culturas, México: Fondo de Cultura Económica, México, 1984,p.18. 14
b. La incertidumbre ética en la sociedad occidental.

b.1.El “enemigo” en casa: el pensamiento posmoderno en Occidente.

Cuando hablamos de Postmodernidad, nos referimos al desencanto de los hombres posteriores


a 1945, que pierden la esperanza en la omnipotencia de la Razón. Si no queda lugar para la es-
peranza racional, pero tampoco para la esperanza trascendente (a Dios se le dejó de lado
hace mucho tiempo atrás), ¿qué queda? No convencen el racionalismo ni el cientificismo (se
desconfía de la capacidad del hombre para conocer), ni el historicismo (niegan que la historia
sea más que una sucesión de elementos inconexos), ni el progresismo (por sus fatales
efectos ambientales).

“Hablamos de posmoderno porque consideramos que, en alguno de sus aspectos esenciales,


la modernidad ha concluido (…). La modernidad concluye cuando deja de ser posible hablar de la
historia como algo unitario”27. Nada más. El hombre posmoderno no pretende nada: no pre-
tende conocer ninguna verdad universal, no pretende imponer ningún pensamiento, no pretende
dogmatizar respecto de nada…

Lo único que queda es el escepticismo, que conduce al relativismo (no existen verdades ab-
solutas) y el hedonismo (el criterio de bien es el placer, bien concreto del que tenemos experiencia:
“Entiendo por moral la idea de que hay que ser feliz y que no está dicho cómo […] ¡Vive feliz! es el
único imperativo categórico”28).

¿Es dable construir una sociedad sobre este paradigma? Podemos pensar en construir un mundo mejor
para nosotros y nuestra posteridad bajo una visión puramente hedonista de la vida?

No son válidos los relatos que pretendan dar una visión omnicomprensiva del mundo, no es permisi-
ble ningún tipo de dogma, especialmente de corte tradicional (que será tachado de dogmatismo con
ferocidad), lo religioso sólo pertenece al ámbito privado, se valora el multiculturalismo (en realidad,
relativismo cultural) y el eclecticismo en política (en una suerte de falta de compromiso real), se
tiende al humorismo como fuente principal de entretenimiento (lo que esconde la idea de no
tomarse ninguna cosa “muy en serio”), el hombre se encuentra entre el individualismo (nadie
debe decirle a uno lo que debe hacer) y el comunitarismo (la sociedad civil –el Estado, a fin de cuen-
tas- debe imponer normas sociales a los individuos)…

En fin, una amalgama de ideas que señala que es el pensamiento posmoderno un nihilismo,
pero no trágico. Si bien fue trágico, o, al menos, convulso, para Heidegger y Sartre o para la Escuela
de Frankfurt, los posmodernos no se angustian, sino que relativizan. El pensamiento posmo-
derno es el pensamiento débil, expresado por Vattimo y Rovatti:

“Frente a una lógica férrea y unívoca, necesidad de dar libre curso a la interpretación; frente a una
política monolítica y vertical del partido, necesidad de apoyar a los movimientos sociales trasversa-
les; frente a la soberbia de la vanguardia artística, recuperación de un arte popular y plural; frente
a una Europa etnocéntrica, una visión mundial de las culturas”29 .

27 VATTIMO, G.; “Posmoderno, ¿Una sociedad transparente?” en La sociedad transparente, Paidós, Barcelona, 1990,
p.75.
28 SÁBADA, J.; Saber vivir, Librerías Libertarias, Madrid, 1985, p. 140.

29 VATTIMO, G. y ROVATTI, P.; El pensamiento débil, Cátedra, Madrid, 1988, p. 23. 15


b.2. Una moral posmoderna fruto de la mentalidad posmoderna.

Como el pensamiento posmoderno ha abandonado la idea de la objetividad difícilmente


puede establecerse un sistema conciso de valores y normas. Aunque algunos autores han
tratado de solventar el problema a través de ideas comunitaristas o tratando de formular
algún tipo de imperativo categórico moral, estas soluciones tienen el riesgo de ser difusas, inefi-
cientes e inútiles.

Esto es lo que expresa K.O. Apel, quien identifica en el pensamiento occidental una paradoja30:
al mismo tiempo que existe una nueva situación global-técnica que exige una macro-ética, la ética
en Occidente se circunscribe al ámbito subjetivo de los individuos, sin validez general, frente a la
aceptación de la razón científica. Existe al mismo tiempo una racionalidad instrumental y una privati-
zación de la moralidad, lo que conduce al escepticismo moral.

No es posible hablar del Bien (un bien objetivo, universal, absoluto) en una mentalidad es-
céptica (si no se puede conocer una verdad absoluta, tampoco habrá una naturaleza humana
cognoscible ni, por tanto, criterios morales objetivos que indiquen qué está bien y qué está
mal respecto, por ejemplo, a la dignidad de la persona). La Ética, en fin, se ha hecho problemática
en su justificación final31.

Este escepticismo dominante ha llevado a algunos pensadores posmodernos a rechazar toda


idea de una moral objetiva. Sin embargo, defender la imposibilidad de la universalidad de la Ética
tiene un grave riesgo: es negar la posibilidad de la filosofía misma, y la imposibilidad de cual-
quier tipo de verdad (lo que abre las puertas al consecuencialismo, el utilitarismo, el consensua-
lismo, etc., que puede tener efectos perversos).

¿Es posible la vida en sociedad sin una moral que la contenga, podemos los individuos interactuar sin
reglas claras que establezcan lo correcto o lo incorrecto? ¿Es acaso el individuo un ser amoral?

c. Intentos de regenerar un relato moral sólido: la recuperación del sujeto como punto
de partida.

Algunos autores posmodernos, siendo conscientes de los riesgos morales a los que puede
conducir el escepticismo gnoseológico y el subsiguiente relativismo moral, pretenden des-
cubrir algunas verdades universales que puedan servir como centro a partir del cual solventar
las ambigüedades:

30 APEL, K.-O. y DUSSEL, E.; “La ética del discurso como ética de la responsabilidad: una transformación
post-metafísica de la ética de Kant” en Ética del discurso. Ética de la liberación, Trotta, Madrid, 2004
31 APEL, K.-O. y DUSSEL, E.; “La ética del discurso como ética de la responsabilidad: una transformación post-metafísica
de la ética de Kant” en Ética del discurso. Ética de la liberación, Trotta, Madrid, 2004. 16
- Karl Otto Apel propondrá un punto de partida al más puro estilo cartesiano: llegar a un
fundamentum inconcussum a partir de la consideración de que todo escepticismo moral
es ya una consideración moral. La argumentación sobre la moralidad partirá de dos pre-
supuestos morales básicos: la renuncia a la violencia y la aceptación de una igualdad
de derechos32. Sin embargo, siendo esta propuesta bienintencionada, ¿dónde descansa
la justificación universal de la renuncia a la violencia y la aceptación de la igualdad?

- Comte-Sponville pensador ateo e ilustrado contemporáneo, afirma que deben man-


tenerse como válidos los principios y valores cristianos, por su valor cultural y social,
pero renunciando a su trasfondo teológico.33 La idea es interesante pero, ¿cómo man-
tener unos principios eliminando sus fundamentos?

- Hans Küng expone dos principios racionales: a) toda persona tiene la obligación de tratar
humanamente a todos los seres humanos, y b) lo que no quieras que te hagan a ti, no lo
hagas tampoco tú a ningún otro. Sobre estas bases se construyen cuatro obligaciones:

1. Una cultura de la no violencia y de respeto por la vida: “Respeta la vida” (“No mata-
rás”);

2. Una cultura de la tolerancia y de la vida en la veracidad: “Habla y actúa con ve-


racidad” (“No mentirás”);

3. Una cultura de la solidaridad y de un orden económico justo: “Actúa con honradez


y equidad” (“No robarás”);

4. Una cultura de igualdad y coparticipación entre hombre y mujer: “Respetaos y amaos


los unos a los otros” (“No fornicarás”).

Afirma Küng que estos principios no aspiran a una codificación jurídica sino a una au-
to-obligación voluntaria34. Pero entonces… ¿se propone que la gente “se convierta” volun-
tariamente? ¿Por qué? ¿Es una especie de principio de fe? ¿Dónde radica su universalidad
y su justificación racional?

Merlau-Ponty, declarándose anti-fundacionalista y anti-esencialista, no renuncia a la


tradicional aspiración de la filosofía por la universalidad. Para ello, busca reconfigurar
la universalidad a través de la transversalidad, lo que denomina ética de la reciprocidad
(algo así como no hacer a otro lo que no quieras que te hagan a ti35). Esto consis-
te, siguiendo a Ricouer, en comprender al otro como él mismo y no como una extensión

32 APEL, K.-O. y DUSSEL, E.; “La ética del discurso como ética de la responsabilidad: una transformación
post-metafísica de la ética de Kant” en Ética del discurso. Ética de la liberación, Trotta, Madrid, 2004.
33 COMTE-SPONVILLE, A.; La feliz desesperanza, El Arco de Ulises, Barcelona, 2008.
34 KÜNG, H.; “El mercado global requiere una ética global” en KÜNG, H. y KUSCHEL, K.-J. (eds.); Ciencia
y ética mundial. Trotta, Madrid, 2006.
35 MERLAU-PONTY, M.; Signs, Northwestern University Press, 1964. 17
de mí mismo, como una proyección narcisista. Se trata de “retornar al sujeto”36, de
entender el yo como un yo relacional, y la relación entre el yo y el tú como una re-
conocimiento mutuo (la trans-subjetividad de Frankl37 o la inter-subjetividad de Ricouer).

Sólo de esa manera, hablando claro, como diría Warnock, retornando al sujeto, conociendo en pro-
fundidad su naturaleza, podrá recuperarse un relato sólido sobre los derechos humanos, el
sentido de la sociedad, la función de sus instituciones, el significado auténtico del Bien Común y, por
tanto, la correcta comprensión de la Responsabilidad Social.

¿En que medida el planteo debe ser racional y en que medida teológico?, si pensamos en esas dos
grandes formas de abordar la vida: el ateísmo y la fe, y en el medio el agnosticismo, ¿cómo generar
una ética común aceptable desde todas las posturas? Más aún, ¿es posible generar una ética compar-
tida por todos los tipos de creyentes y al mismo tiempo por los no creyentes?

d. ¿Cuál es el relato moral (ético) que necesita la RS?

La RS se presenta en nuestros días como uno de los más importantes valores del mundo empresarial.
Pero somos conscientes de que la empresa está inmersa en la misma incertidumbre axiológica que el
resto de las instituciones sociales. En su caso forma parte de un sistema economicista que restringe
sus acciones a criterios de rentabilidad.

Para que la RS tenga verdadero sentido (y sea, por tanto, “responsable socialmente”, o sea, que
participe del progreso social creando riqueza social y promoviendo el Bien Común) debe antes
regenerarse un modelo ético empresarial en el que:

a) Se supere el modelo economicista y cortoplacista de la empresa, a favor de una


renovada comprensión de la función social de la actividad empresarial. Sin duda, eso preci-
sa de un cambio de paradigma socio-económico en el cual el juego de suma cero se
invierta por el de la espiral virtuosa del crecimiento. Sólo desde una correcta comprensión
de la persona y del Bien Común será esto posible.

b) Se desarrollen nuevas formas de relación entre el sujeto y la estructura


empresarial. Hemos de recuperar al sujeto como protagonista de la empresa y evitar
la corrosión del carácter38 que generan los actuales modelos productivos y de trabajo. Para
ello, son necesarias unas políticas de Recursos Humanos que estén concebidas desde la
reflexión ética primera, sobre la misión y valores de la empresa.

Hace falta, pues, un nuevo relato frente al modelo economicista actual (que entiende a la persona
como homo economicus, las relaciones como simple intercambio de bienes, el intercambio económi-
co como pura equivalencia y el Bien Común como simple suma de bienes individuales), donde ni la
economía, ni la política sustituyan a la ética, ni la ética sucumba al relativismo moral.

36 WARNOCK, M.; An intelligent person´s guide to Ethics, Duckworth, London, 2000, p.14.
37 FRANKL, V. (2002), Psicoanálisis y Existencialismo, México: Fondo de Cultura Económica, México, 2002, III.
38 SENNET, R.; La corrosión del carácter, Anagrama, Barcelona, 2010. 18
Para reflexionar: los invito a leer un artículo, que nos obliga a pensar sobre la
actual sociedad globalizada en términos de ética real y aplicada: “El desafío
ético de la globalización” del Dr. Zygmunt Bauman.

Se necesita una RS que se desburocratice, recupere valores como la honestidad y la trasparencia e


implemente prácticas virtuosas que hagan de la empresa un actor social que lidere los cambios ne-
cesarios en nuestras sociedades.

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