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Buenos Aires, Junio del 2520.

"Nos enorgullecemos de poder asegurar que cada quién en Buenos Aires vive
mejor que nunca antes", dice el gobernador Humahuaca, aclamado por las grandes
mayorías. Como era de esperar, se suscitaron no pocas controversias luego de la
efectiva elección del primer mandatario cyborg del país, pero rápidamente los
vecinos comenzamos a notar las mejorías en toda la ciudad. Yo mismo fui escéptico
al comienzo, hasta que logré ver en Humahuaca y su proyecto el potencial real de la
tecnología. El hecho de que el gobernador fuera programado por la Junta
Empresarial Financiera ya estaba desapareciendo de las primeras planas de los
metadiarios, desplazado fugazmente por la noticia de las últimas actualizaciones de
software implementadas en las plazas públicas, el lanzamiento de las nuevas
teletransfers o el anuncio de la ampliación de la red de nanotubos.

Todos en la ciudad nos sentimos más útiles y entretenidos desde que se lanzó
el programa de quehaceres opcionales. El hastío generalizado que provocó la
reglamentación de abolición del trabajo humano comenzaba por fin a cesar. Los
transmisores educativos públicos hacen aprender a la gente más rápido que nunca,
a razón de 40 millones de palabras por minuto. Ya se ha logrado reducir al mínimo
el dolor de cabeza luego de desenchufarse de la máquina y se actualizaron las
bibliotecas, obra de la Secretaría de Cultura y Redacción. El gobierno repartió
Terminales de Memoria portátiles para cada casa, para que no fuera necesario
teletransferirse hasta las del centro, que solían llenarse de gente a la que ya no le
quedaba más espacio. Incluso las autoestaciones de gas respirable, francamente
descuidadas por la gestión anterior, no representan ya un problema para los
porteños, porque se dio prioridad al tema apenas ingresado el nuevo gobernador,
que rápidamente proveyó a todos los barrios con el nitrito potásico necesario para la
elaboración del neoxígeno que todos necesitamos.

Todos en la ciudad somos más felices desde la reapertura de las


macrocomunidades. Es clarísimo para todo el mundo que el ahora vetado Decreto de
Familia Clásica no tiene nada que ver con el "retorno a la tradición porteña del hogar
familiar", como tanto le gustaba decir al ex gobernador Muñiz, sino con su obvia
búsqueda desesperada por recuperar el control de la natalidad de la ciudad. El
propio ministro de Géneros de entonces no se demostraba de acuerdo con el
absurdo decreto, pese a ser reconocido por todos por su conservadurismo férreo.

Ya no hay desigualdad entre los porteños. En los tres macropisos de la ciudad


se puede vivir excelentemente desde la colocación de luz exosolar en cada barrio.
Los problemas de delincuencia en el macropiso inferior son cosa del pasado desde la
implementación de las multiplexoras de alimento estatales. Siguiendo el slogan de
Humahuaca, los porteños gritamos felices que "los días de la angustia quedaron
atrás", cantamos y bailamos en las calles, confiamos en el porvenir y proclamamos a
nuestro mandatario como quien pudo realmente elevar a Buenos Aires como una de
las principales ciudades del país, e incluso del mundo.

Pero, sin dudarlo, todos en Buenos Aires estamos de acuerdo en decir que el mejor
proyecto de Humahuaca fue la implementación del tapiado de las ventanillas de los
muros exteriores. Ver la miseria, la muerte y la mugre que se acumulan en los
barrios de los noaptos, en ocasiones, puede herir algunas sensibilidades. En Buenos
Aires no queremos gente angustiada.

¡Que viva Humahuaca!