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Daniela Barbosa Sanguino

Recorridos del arte Colombiano y latinoamericano

Arte de América Latina 1900-1980.

ARTE EN LATINOAMÉRICA.

Marta Traba Taín fue una crítica de arte y escritora argentino-colombiana, conocida por importantes aportes en el estudio del
arte latinoamericano. Desde 1949 a 1950 estudió Historia del Arte en La Sorbona de París y luego en la Universidad de los
Andes y la Universidad Nacional de Colombia, en Bogotá, donde obtuvo la cátedra de Historia del Arte. Sus columnas en la
revista Semana y en el periódico El Tiempo enriquecieron la discusión sobre el devenir artístico de Colombia, participando
en las principales polémicas de la década de los sesenta: el realismo socialista contra el expresionismo abstracto, el
nacionalismo versus el internacionalismo y el arte figurativo contra el arte abstracto. Algunos de los libros que la artista
escribió a lo largo de su carrera fueron, Arte en Colombia (1960), Historia abierta del arte colombiano (1984), Mirar en Bogotá
(1976), Museo de arte moderno (1984).

Uno de los libros más famosos de la artista es “arte de América Latina 1900-1980”, publicado en 1994, 11 años después de
su muerte, por el Banco Interamericano de Desarrollo. A lo largo de 197 páginas la escritora aborda los temas del muralismo
mexicano: acción y consecuencias, la transfusión de las vanguardias, las décadas emergentes y la vanguardia. Este texto sitúa
el arte continental dentro del siglo, no como un mero apéndice de las culturas fuertes, sino como un trabajo conjunto que dé
una imagen propia a una comunidad cuyo mayor empeño, desde fines del siglo pasado, ha sido definir lo peculiar de su cultura.
Para la realización de este libro, Traba toma como base la obra de muchos artistas latinoamericanos para sustentar sus
argumentos, siendo también considerada una investigadora meticulosa del arte para escribir sus obras.

Las críticas que Traba realizaba en diversos diarios de la ciudad de Bogotá fueron siempre muy agudos y severos, sus
argumentos se basaban en que en el ambiente no se había despertado el espíritu de la modernidad, y por lo tanto existía un
retraso fundamental que era intolerante, y todo esto debido a que aún seguían muy arraigadas las tradiciones académicas en
la mitad del siglo XX.

En la introducción Marta traba habla acerca de las coyunturas sociales, económicas y políticas de un país, afirmando que a
partir de las cuales el curso del arte en este puede cambiar completamente, Traba expone ejemplos como la coyuntura
económica en Cuba en el siglo XIX, o la coyuntura política en México con la revolución agraria mexicana, siendo está la
coyuntura política más importante para cambiar el curso del arte moderno en un país del continente. “El muralismo fue,
voluntaria y doctrinalmente, un producto adscrito a la Revolución Mexicana”.

MURALISMO MEXICANO: ACCIÓN Y CONSECUENCIAS

En este primer capítulo Traba habla acerca de las características y los mayores representantes del muralismo mexicano, ellos
son Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, llamados los "tres grandes". La zona natural de influencia
del muralismo mexicano debió ser Centroamérica y el Caribe, no solo por su proximidad geográfica, sino por la sucesión de
dictadura y golpe de estado que tuvieron a esas áreas en las condiciones más desfavorables y, por consiguiente, propicias a
un arte de denuncia. El muralismo logra ganar espacios internacionales como en el Rockefeller Center de Nueva York y New
Workers School de Nueva York con los murales ejecutados por Rivera en (1933) y los 21 paneles movibles sobre la historia
de los Estados Unidos, respectivamente.

"la pintura mural mexicana -afirma Octavo Paz- es el resultado, tanto del cambio de conciencia social que fue la Revolución
Mexicana, como el cambio de conciencia estética que fue la Revolución artística europea del siglo XX". El arte muralista
trataba los temas del pasado Indígena, los obreros y la crítica a la clase política; también cumplió con el papel social de medio
de información de la clase del pueblo, pues artistas como José Luis posada realizaron sus xilografías, las cuales fueron
publicadas en los periódicos y por medio de estas los pobres tuvieron acceso al arte. Traba muestra dos factores fundamentales
en el trabajo de los muralistas, primero la Revolución Mexicana junto con el descubrimiento del espíritu, el valor y la cultura
del pueblo y segundo las influencias europeas.

Marta traba afirma que, la obra muralista salvo cuando se ve a La retórica simbolista (Orozco con un discurso ontológico y
Siqueiros ideologizarte y panfletario) o al discurso profético funciona como una gigantesca narración, como el "corrido" el
cual cuenta las aventuras y desventuras de los héroes, bandidos y víctimas populares, el cual se transmitía oralmente o a través
de las hojas "de a centavo" logrando dar continuidad y consistencia al muralismo.

Marta traba toca un punto muy importante al hablar del doctor ALT, ella dice que su formación ítalo- francesa no dejó de
influir en su concepto panorámico del espacio que a su vez marcaría a los muralistas, mostrando con esto la influencia europea
en el arte latinoamericano. Traba también expone un panorama acerca de otros países latinoamericanos y la forma como el
muralismo se desarrolló en ellos. Uno de estos países es Colombia, y dice que el gran muralista colombiano fue Pedro Nel
Gómez, cuyos temas tratados eran la historia del trabajo del oro, la familia y la población, la violencia en Colombia y los
mitos relacionados con la aparición de la vida sobre la tierra.

LA TRANSFUSIÓN DE LAS VANGUARDIAS

En esta trasfusión de las vanguardias se da un panorama general del desarrollo de las vanguardias en algunos países
latinoamericanos, exponiendo también algunos de sus máximos exponentes y las características de los movimientos que se
estaban desarrollando. Algunos de estos países son Brasil, Argentina, México, Cuba, Chile, Venezuela y Uruguay.

Se inicia hablando de un evento muy importante para la historia del arte latinoamericano, entre 1915 y 1920 en Brasil se van
fermentando las ideas que desembocarían en la semana de Arte Moderno, la cual se llevó a cabo en Sao Paulo en 1922. La
pintura, escultura y arquitectura brasileñas que se vinculan con la escandalosa y polémica Semana de 1922 están en el origen
de la modernidad del arte en el Brasil. Tarsila do Amaral fue considerada la pintora más importante de la época, pues su obra
constituye la vanguardia más representativa de la doble vertiente, europea y latinoamericana.

El gran objetivo de esta semana fue la recodificación del arte en el Brasil, según las innovaciones de la vanguardia europea,
esta semana abrió espacios para exposiciones artísticas, siendo el primer tiempo modernista lo que permitió que el arte en
Brasil, por su alta conciencia nacional, su flexibilidad para adoptar nuevas poéticas y la naturalidad con que se instaló en el
siglo XX siguiera siempre a la cabeza de las artes nacionales en el Continente.

En Brasil, las vanguardias incidieron sobre la totalidad de la cultura nacional, en cambio en Argentina se replegaron en sí
mismas, constituyéndose en grupos de avanzada, verdaderas guerrillas intelectuales separadas del grueso de la población,
situación característica de las vanguardias en Buenos Aires. El vanguardismo argentino salvó al país de convertirse todo él en
una provincia. Las vanguardias se empiezan a desarrollar en 1924, hasta aproximadamente 1950, siendo este el año en que
las vanguardias logran institucionalizarse.

En la escultura se habla de Pablo Curatella Manes (1891-1962) quien fue el primer escultor argentino que rompió con la
Academia. En el caso de Xul Solar, su obra escultórica, debe ponerse a la cabeza de la vanguardia argentina, pues desplegó
una vitalidad sorprendentemente enérgica; no anota probabilidades, sino que define y afirma fetiches, ruinas, objetos y seres
inventados.

Un camino de modernización de arte argentino lo diseñó la aparición, en 1944, de la revista Arturo, cuyo único número
consiguió aglutinar varios artistas dispuestos a terminar con el arte figurativo, cuyos fundadores fueron el uruguayo Carmelo
Arden Quin, Edgard Bayley y el checo húngaro Gyula Kosice. Luego se formaron diferentes movimientos como el
Movimiento Arte Concreto-Invención, organizado por Tomás Maldonado y el Movimiento de Arte Madí, dirigido por Gyula
Kosice. Toda la generación nacida alrededor de 1923 se benefició de la apertura de los movimientos mencionados, y es difícil
imaginar las posibilidades pictóricas de grandes artistas como Alfredo Hlito o Kenneth Kemble sin tales aperturas. Las obras
del grupo Madí (que se prolongará hasta fines del 50) y Lucio Fontana, planteadas a fines de la década del 40, facilitan el
ingreso de Argentina al arte geométrico-constructivista internacional.

Desde 1920 a 1950 en México se empezó a organizar una vanguardia organizada, con el movimiento llamado surrealismo
mexicano, convirtiéndose en una confrontación con la ruta única del muralismo político. Los artistas más representativos de
este movimiento fueron los mexicanos Rufino Tamayo, Cordelia Urueta, Frida Kahlo y dos extranjeras que se incorporan: la
inglesa Leonora Carrington y la española Remedios Varo. La obra de Rufino Tamayo se caracteriza por el color, la vivacidad,
la fantasía, el humor negro, el sentido de la muerte en el arte popular mexicano; a diferencia de Frida Kahlo la obra de Tamayo
no establece códigos de lectura. El factor más importante del surrealismo mexicano, parte de los elementos de la vida popular.

Algunos artistas como los cubanos Wifredo Lam y Amelia Peláez el chileno Roberto Matta; el venezolano Armando Reverón;
y el uruguayo Joaquín Torres-García, se vieron en la necesidad de defender el arte latinoamericano como un proyecto diferente
al europeo o norteamericano, incitando a la crítica, con buenas razones estéticas, a formar con dichos artistas un boom que
precedió en 10 años al boom de la literatura latinoamericana a principios de los años 70. Este boom se concentró
excesivamente en las figuras claves y dejó de lado artistas quizá menos sistemáticos en su representación, pero autores de
obras importantes. Esta búsqueda de identidad se volvió un sistema excluyente acogiendo a algunos artistas, pero dejando por
fuera otros, igual que el europeo y estadounidense cuando llamaban el arte latinoamericano exótico, el cual era no era
considerado en el mundo académico y sus realizaciones eran subvaloradas.

LAS DECADAS EMERGENTES.

En el periodo de la década del 50 se llevan a cabo numerosas exposiciones interamericanas que van a permitir el contacto, la
asociación y el conocimiento mutuo de artistas y obras. También se da lugar a la Bienal siendo el primer lugar importante de
confrontación que tendrán los artistas latinoamericanos en una pantalla internacional. En Brasil se iniciaron a desarrollar dos
corrientes importantes la abstracción expresionista-tachista y el neoconcretismo, el cual facilitó la recolocación del arte
continental en un nivel de franca modernización, ya iniciada por los Madí argentinos en la década del 40.

En algunos países se empiezan a crear grupos como El Grupo de los Once, en La Habana, que data de 1953. El Movimiento
Arte Nuevo, del Paraguay, el cual es promulgado en 1954. En 1963 se forma el grupo Praxis en Nicaragua. Todo esto significa
que las capitales del arte, particularmente Buenos Aires, Rio de Janeiro y Sao Paulo en el sur, y ciudad de México en el norte,
ya no detentarán la hegemonía de las nuevas formas.

Se empiezan a realizar exposiciones en Estados Unidos, en las cuales algunos artistas latinoamericanos pueden participar, e
incluso se dieron premiaciones en las cuales obtuvieron un reconocimiento, artistas como el colombiano Alejandro Obregón
ganó el primer premio con el cuadro Ganado ahogándose en el río Magdalena. La primera exposición se dio en 1956, llamada
la Exposición del Caribe, en Houston, Texas; a esta le siguieron la Exposición Internacional de Pittsburgh en la cual se invita
por vez primera a un amplio grupo de latinoamericanos. En 1959, se realizó la Exposición de Arte Sudamericano de Hoy, en
Dallas, Texas, esta se convierte en una verdadera declaración de principios de la pintura latinoamericana. En 1965 Jean
Clarence Lambert, director de Opus International, había presentado en Paris la primera gran colectiva moderna en Europa, el
Arte Latinoamericano en Paris, que represento bastante correctamente las tendencias abstractas, los relieves (collages) y la
pluralidad del arte cinético. En 1966 se inaugura la exposición Arte Latinoamericano desde la Independencia en New Haven,
Connecticut. Organizada por el crítico Stanton L. Catlin, es sin duda la muestra de conjunto más significativa realizada hasta
esa fecha. Entre tanto, en 1962 había abierto la Primera Bienal Kaiser, en Córdoba, Argentina.

El expresionismo abstracto nace en América latina con el deseo de expresar libremente emociones y sensaciones, justificando
así con la fuerza espiritual el espacio vacío, la mancha o la pincelada suelta. Algunos expresionistas fuertes fueron Lilia
Carrillo, Manuel Felguerez, Alfredo Sinclair.

Muchos artistas realizaron un arte abstracto porque su preocupación era mas formal que narrativa, pues muchas de las obras
de sus antecesores se basaban en la narración de una historia o demostrar una posición política. El abstraccionismo también
permitió aligerar la carga de significados de una obra. Otro punto clave que llevo al desarrollo estos movimientos, fueron las
dictaduras que estaban enfrentando muchos países latinoamericanos, pues estas limitaban el tema de la creación, así que los
artistas encontraron en la abstracción una forma de expresión libre de todas estas ataduras.

La investigación de la geometría y el cientismo se dio a partir de la revista Arturo, en 1944, llegando a ser la tendencia
brasileña la más importante del continente, un verdadero precursor fue Abraao Palatnik con sus "aparatos cinecromáticos" de
1949. Algunos grupos o movimientos que se dieron fueron El movimiento Ruptura, dirigido por Waldemar Cordeiro y Luis
Sacilotto, el cual data de 1952 y El grupo Frente, animado por Lygia Pape y Decio Vieira, opera entre 1953 y 1955.

LA VANGUARDIA

Las vanguardias se iniciaron a desarrollar desde el 1960, comenzando en Europa para luego llegar a América latina. Las
vanguardias buscaban liberar el arte de todas las convenciones y principios tradicionales, estas tuvieron una capacidad
promocional muy sorprendente. En ellas se dio la reconquista del dibujo y del grabado como formas modestas y a la vez
múltiples de expresión, en contraposición al arte promovido desde los centros de experimentación y tecnología
norteamericanos, europeos y japoneses. El dibujo contó con un significado profundo, proclamando lo visual contra la invasión
de lo táctil y permitió la lectura descomplicada y sin claves. Su función educadora y comunicativa se ahondó en el grabado,
cuya reproducción múltiple terminó con el privilegio de la pieza única. Sin embargo, la modalidad de los "múltiples" no lo
resolvió todo, ya que el costo de éstos también resultó muy elevado para el público corriente.

En este tiempo las bienales tuvieron gran importancia, también todas las exposiciones, algunas de ellas fueron la Bienal
Americana de Grabado, en 1963, en el Museo de Arte Contemporáneo de la Universidad de Chile, dirigido en ese momento
por el pintor Nemesio Antúnez, la Exposición Latinoamericana de Dibujo y Grabado, en 1967, en la Universidad Central de
Venezuela, la Primera Bienal de Grabado Latinoamericano, organizada por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, que se llevó
a cabo en San Juan en 1970 y presentó hasta el presente cinco ediciones; en 1970 se convocó la Exposición Panamericana de
Artes Gráficas en Cali, Colombia, embrión de la Primera Bienal Americana de Artes Gráficas, que reunió dibujo, grabado y
diseño gráfico, abrió en 1971 bajo la responsabilidad del Museo La Tertulia, de Cali, y que continúa hasta ahora. En los años
70 se sumaron nuevos certámenes, estos fueron la Bienal de Grabado de América, en Maracaibo, Venezuela, que tuvo
ediciones de 1977 a 1981; y la convocatoria de Benson & Hedges para Nuevo Grabado y Dibujo en Argentina, en 1978.

El grabado fue una de las técnicas que más tomo fuerza en esos tiempos, el realizado en Brasil fue considerado como el más
desarrollado del Continente, tanto en el aspecto técnico como por la amplitud de su registro temático. El auge del grabado
rearticuló una actividad comunal, de taller colectivo, importante para sostener a los artistas en un momento de duda y crisis
internacional.

En las vanguardias hubo muchos artistas que abandonaron las técnicas más utilizadas con anterioridad como la pintura y
escultura para desarrollar su obra en el grabado, un claro ejemplo de esto es el colombiano Juan Antonio Roda, quien después
de alcanzar el mejor nivel de la pintura colombiana, se dedicó exclusivamente al grabado. El dibujo y la ilustración volvieron
con sus fueros con la misma fuerza social y política que había revestido a fines del siglo XIX, con esto los artistas no solo
confirmaban la fuerza de los medios tradicionales, sino que justificaban el rechazo a convertir el arte en espectáculo.

En 1970 los objetos recaen sobre un tema común del pop continental, la imagen pop consiste en tomar como partida la
estampación popular y no el producto de consumo. En la obra del artista brasileño Jonás Dos Santos se pueden ver claramente
el objeto cargado de sentido. En México surge masivamente el tejido, para la realización de estas obras, los artistas utilizaban
materiales ecológicos y poco utilizados como las fibras, alambres, cuerdas, cáñamo, hilos, madera, oro y plata. Algunos
representantes fueron, Helga Freund, Tomás González e Ismael Guardado.

Las vanguardias fueron un movimiento que se desarrolló desde las humanidades, con una ideología y una estética propia, una
de sus características fue su autorreferencia, pues los artistas realizaban obras con objetos cotidianos y desde su cosmovisión.
Los artistas buscaban exteriorizarse, pero no como una crítica social. Muchas de las personas que estaban interesadas en el
estudio de las artes, pudieron utilizar los avances tecnológicos en sus obras.

Al final del libro Traba afirma lo siguiente “América Latina, como África, es un bloque. Compartimentado, pero bloque al
fin. Por ello, pese a todas las controversias al respecto, es lícito hablar de arte latinoamericano o producido en América Latina,
contribuyendo así a definir una cultura que no puede ni quiere confundirse con las demás”. En mi propia crítica el arte no
debe ser definido por el lugar donde se produce. Hoy en día hay un lazo invisible que los une a todos, se está viviendo un
tiempo en donde el internet gobierna y gracias a este se puede acceder con gran facilidad a obras que se encuentren al otro
lado del mundo, y por este medio lograr que ellos generen una influencia o influir en ellos. Buscar una identidad trajo como
consecuencia que Latinoamérica se llenara de orgullo y empezaran a distanciarse unos de otros, llenos de orgullo folclórico
establecieron unas fronteras muy marcadas; Pues el anhelo de tener un arte moderno nacional más definido que el del país
vecino rompió con la continuidad de un pasado próximo relativamente común. Pero se debe entender que no importa de dónde
se proceda, pues solo existen “artistas del mundo”.