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AYUNAMOS PARA REFLEJAR EL AMOR DE CRISTO A TODOS

Evitar a las personas difíciles no es reflejar el amor de Cristo

PREMISA: Nuestro Dios Trino es un Dios relacional.

Si esto no fuere así, cómo podría ser UN DIOS eternamente en tres personas: Padre, Hijo y
Espíritu Santo, siendo cada persona plenamente Dios.

Tener comunidad con otros, aunque se convierta en un arte perdido, es una piedra angular de
la vida cristiana y debe manejarse con mucho cuidado.

“La vida es demasiado corta como para pasar tiempo con personas que te quitan la
felicidad”, dice la niña, fotografiada en blanco y negro, mirando hacia el horizonte.
Compartido miles de veces en redes sociales, este meme está destinado a empoderarte al
decirte que mereces sentirte bien todo el tiempo, así que hazlo realidad.

Cualquier persona con un amigo, vecino, o compañero de trabajo difícil ha enfrentado esta
tentación a romper los lazos. Como atractivo adicional, si lo hacemos, nos llamarán “valientes”
por deshacernos de personas difíciles.

Pero… Si las personas a quienes debemos sacar de nuestras vidas son solo aquellos que nos
han decepcionado, bueno, ¿no hemos fallado a menudo también? Si un amigo realmente está
tratando de confrontarnos sobre nuestro pecado, pero nos hace sentir incómodos o
avergonzados, ¿es ese el tipo de relación que no debemos tener?

Para los cristianos, el tema es especialmente complicado. El cuerpo de Cristo en la tierra está
hecho de humanos. Es inevitable que, en nuestros grupos pequeños o en las sillas de la iglesia,
nos encontremos con personas molestas, o deprimentes, o extrañas, francamente
desagradables. Entonces, ¿cuál es nuestra receta? ¿Tomamos el camino del meme? La Biblia,
como siempre, ofrece una mejor manera.

La Biblia nos enseña:

1.- Amarnos unos a otros

Cuando se trata de amigos creyentes, las instrucciones de Dios nos llevan a tolerar, no a huir.
“Sopórtense unos a otros con amor”, Pablo dice a los efesios (4:2). Y les envía un mensaje
similar a los filipenses: “No buscando cada uno sus intereses sino los intereses de los demás”
(2:4).

Pablo también le escribió a los corintios sobre el amor. Les describe el amor de una manera
que destruye el interés propio: “El amor todo lo soporta” (13:7). El amor se queda con esa
amiga que llora continuamente, con la mamá con una enfermedad crónica, o con una
compañera de trabajo pesimista. Es paciente con el que repite la ofensa, el deprimido, el
perezoso.

El verdadero amor, a diferencia del meme, es escandaloso.

También nos cuesta. A lo largo de Isaías, Dios anima a su pueblo a que se dedique a otros: “Y si
te ofreces ayudar al hambriento, y sacias el deseo del afligido, entonces surgirá tu luz en las
tinieblas, y tu oscuridad será como el mediodía” (Is. 58:10).

Gástense, dice Dios. No rechaces a los que te cansan.


2.- Perdonarnos unos a otros

Pecamos, y el pecado tiene serias consecuencias. “Los cristianos nunca pueden pecar a un bajo
costo”, escribió Carlos Spurgeon. Nuestros corazones y nuestras relaciones pagan un precio
alto por cada palabra cruel y acción sin pensar. Afortunadamente, nuestro Dios sabio nos dice
qué hacer. Él nos dice una y otra vez que debemos perdonar. Eso implica una premisa obvia:
no debemos apartarnos automáticamente de alguien que nos lastima.

El mandato de Jesús a perdonar es asombroso. En Mateo 18, Pedro le pregunta al Señor


cuántas veces debe perdonar a alguien que lo maltrata. La respuesta de Jesús es radical, no
deja lugar para guardar rencor: debe perdonar a su hermano muchas, muchas más veces de lo
que piensa (18:22).

Aunque esto es difícil de escuchar para quienes han recibido un mal, esto es motivo de gran
celebración para los malhechores: Dios nos perdona muchas, muchas más veces de las que
merecemos. Deberíamos hacer lo mismo los unos por los otros.

También, en Mateo 18, Jesús ofrece un plan para los creyentes que entran en conflicto.
Comienza con la confrontación (incómodo), se intensifica al involucrar a otros (especialmente
incómodo), y culmina en involucrar a toda la iglesia (casi insoportable).

Dios nos perdona muchas, muchas más veces de las que merecemos. Deberíamos hacer lo
mismo el uno por el otro.

Este estresante mandato es una prueba de que rechazar como si nada una relación difícil, sin
trabajar primero por la paz, simplemente no es una opción para los creyentes.

3.- Recibirnos unos a otros

Esta filosofía cultural de evitar a las personas difíciles tiene una cosmovisión subyacente que
debería alarmar a cualquier cristiano. Memes así nos sugieren que debemos mantener nuestro
círculo de relaciones hasta que solo queden los que nos hacen felices todo el tiempo. Esto no
es ni realista ni bíblico.

Porque antes de que podamos amar o perdonar a otros, primero tenemos que darles la
bienvenida a nuestras esferas, sabiendo muy bien que nos decepcionarán en algún momento,
y nosotros a ellos.

Dios no nos ordena que llamemos a todos amigos íntimos, o que les demos influencia sobre
nosotros a todas las personas con quienes tenemos relación. Sin embargo, Él ordena que nos
acerquemos a todos con amor:

“Porque si amas a los que te aman, ¿qué recompensa tienes? […]. Y si saludas solo a tus
hermanos, ¿qué estás haciendo que sea más de lo que hacen los demás?”, Mateo 5:46–47.

En otras palabras: apártate de mí, meme.

Preguntas a considerar

Existen circunstancias claras que requieren evitar, distanciarse, o incluso separarse


permanentemente de una relación: casos de abuso, por ejemplo. Y las Escrituras que hemos
visto aquí no son exhaustivas: también hay muchos mandamientos que nos ordenan evitar el
“camino de los malvados” para no caminar con ellos. Proverbios 4. 14 “No te juntes con gente
malvada ni sigas su mal ejemplo.”
Entonces, ¿qué es lo correcto? Estamos tentados a apelar a los Proverbios cuando preferimos
huir y a 1 Corintios 13 cuando queremos quedarnos. Pero no es tan simple. Decidir cuándo
debemos “deshacernos de alguien” es importante. Requiere reflexión antes de actuar.

Deberíamos preguntarnos:

• ¿Soy lo suficientemente consciente de mí misma para tomar esta decisión? ¿Podría ser
responsable de algunas de las dificultades que estoy sintiendo en esta relación?

• ¿Me incita esta persona a pecar de una manera que no puedo hablar de ello
sanamente si permanezco cerca de ella?

• ¿Hay alguna manera de mantener esta relación para ministrar a esta persona y al
mismo tiempo proteger mi espacio personal?

• ¿Estoy usando esta relación para recibir bendición en lugar de preguntarme cómo
puedo ser yo primero de bendición?