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LA SIMPLICIDAD DIVINA

1. Demostración

Summa theologiae I, q. 3, a. 2, c.

“[…] la materia es aquello que está en potencia. Ahora bien, se ha mostrado que Dios es
acto puro, sin nada de potencialidad. Por lo cual es imposible que Dios está compuesto de
materia y forma. Segundo, porque todo compuesto de materia y forma es perfecto y bueno por
su forma, por lo cual conviene que sea bueno por participación, según que la material participa
de la forma. Ahora bien, lo primero que es bueno y óptimo, como es Dios, no es bueno por
participación, porque lo bueno por esencia es anterior a lo bueno por participación. Por lo cual
es imposible que Dios está compuesto de materia y forma. En tercer lugar, porque todo agente
obra en virtud de su forma […]. Por consiguiente, aquello que es primero y agente por sí,
conviene que sea primero y por sí forma. Ahora bien, Dios es el primer agente, dado que es la
primera causa agente, como se ha mostrado. Por consiguiente, es por esencia su propia forma, y
no está compuesto de materia y forma”.

Summa theologiae I, q. 3, a. 3, c.

“[…] debe decirse que Dios es idéntico con su esencia o naturaleza. Para entender esto
debe saberse que en las cosas compuestas de materia y forma es necesario que sean diferentes la
naturaleza o esencia y el supuesto. Porque la esencia o naturaleza comprehende en sí sólo
aquellas cosas que caen en la definición de la especie, como la humanidad comprende en sí
aquellas cosas que caen bajo la definición de hombre […]. Pero la materia individual, con todos
los accidentes que la individúan, no cae en la definición de la especie, pues no caen en la
definición de hombre estas carnes y estos huesos, o la blancura o negrura, o cosas por el estilo.
[…]. Y sin embargo, se incluyen en aquello que es hombre, por lo cual aquello que es hombre
tiene en sí algo que la humanidad no tiene. Y a causa de esto no es totalmente lo mismo el
hombre que la humanidad, sino que la humanidad significa la parte formal del hombre; porque
los principios que definen se relacionan formalmente con la materia que individúa. Por
consiguiente, en aquellas cosas que no están compuestas de materia y forma, en las cuales la
individuación no se produce por la materia individual, es decir, por esta materia, sino que las
mismas formas se individúan por sí mismas, conviene que las formas mismas sean sujetos
subsistentes. Y así, dado que Dios no está compuesto de materia y forma, como se ha mostrado,
conviene que Dios sea su propia deidad, su vida y cualquier otra cosa que se predique de Dios
de este modo”.

Summa theologiae I, q. 3, a. 5, c.

“[…] debe decirse que Dios no sólo es su propia esencia, como se ha mostrado, sino
también su propio ser. Lo cual se puede mostrar de muchos modos. En primer lugar, porque
cualquier cosa que hay en alguno y que está fuera de su esencia, conviene que sea causado o
bien por los principios de la esencia –como los accidentes propios consiguientes a la especie,
como el ser risible es consiguiente al hombre y es causado por los principios esenciales de la
especie–, o bien por algo exterior, como el calor en el agua es causado por el fuego. Por
consiguiente, si el ser mismo de una cosa es distinto de su esencia, es necesario que el ser de
aquella cosa o bien sea causado por algo exterior, o bien por los principios esenciales de la cosa.
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Ahora bien, es imposible que el ser sea causado sólo por los principios esenciales de la cosa,
porque ninguna cosa es causa suficiente de su propio ser si tiene el ser causado. Por
consiguiente, conviene que aquello cuyo ser es distinto de su propia esencia, tenga el ser
causado por otro. Ahora bien, esto no puede decirse de Dios, porque hemos dicho que Dios es la
primera causa eficiente. Por consiguiente, es imposible que en Dios la esencia sea distinta del
ser. Segundo, porque el ser es la actualidad de toda forma o naturaleza, pues no se significa la
bondad o la humanidad en acto, a no ser en cuanto significamos que ella es. Por consiguiente,
conviene que el ser mismo se compare a la esencia que es distinta de él mismo como el acto a la
potencia. Dado, pues, que en Dios nada hay potencial, como se ha mostrado más arriba, se sigue
que en Él la esencia no es algo distinto de su propio ser. Por consiguiente, su esencia es su
propio ser. Tercero, porque así como aquello que tiene fuego y no es de fuego, está encendido
por participación, así aquello que tiene ser y no es ser, es ente por participación. Ahora bien,
Dios es su misma esencia, como se ha mostrado. Por tanto, si no fuera su propio ser, sería ente
por participación, y no por esencia. Por consiguiente, no sería el primer ente, lo cual es absurdo.
Por consiguiente, Dios es su mismo ser, y no sólo su esencia”.

Summa theologiae I, q. 3, a. 6, c.

“[…] debe decirse que, según lo precedente, es evidente que en Dio no puede haber
accidentes. En primer lugar, ciertamente, porque el sujeto se compara al accidente como la
potencia al acto, pues en virtud del accidente el sujeto está en acto de algún modo. Ahora bien,
el ser en potencia se niega por completo de Dios, como es evidente por lo dicho antes. En
segundo lugar, porque Dios es su mismo ser, y, como dice Boecio en el libro De hebdomadibus,
aunque aquello que es puede tener algo distinto añadido, sin embargo el ser mismo no puede
tener nada distinto añadido, así como lo que es cálido puede tener algo distinto de lo cálido,
como la blancura, pero el calor mismo no puede tener nada más allá del calor. En tercer lugar,
porque todo lo que es por sí es anterior a aquello que es por accidente. Por lo cual, dado que
Dios es absolutamente el primer ente, en Él no puede haber nada por accidente. Tampoco puede
haber en él accidentes por sí, como lo risible es accidente por sí del hombre. Porque tales
accidentes son causados por los principios del sujeto, pero en Dios nada puede ser causado, pues
es la causa primera. Por lo cual sólo queda que en Dios no haya ningún accidente”.

Summa theologiae I, q. 3, a. 7, c.

“Respondo que debe decirse que Dios es absolutamente simple, es evidente por múltiples
razones. En primer lugar, por las cosas antedichas. Pues dado que en Dios no hay composición
ni de partes cuantitativas, pues no es un cuerpo, ni composición de forma y materia, ni son
distintos en Él la naturaleza y el supuesto, ni es distinta la esencia del ser, ni hay en Él
composición de género y diferencia, ni de sujeto y accidente, es evidente que Dios no está
compuesto de ningún modo, sino que es completamente simple. En segundo lugar, porque todo
compuesto es posterior a sus componentes, y es dependiente de ellos. Ahora bien, Dios es el
primer ente, como se ha mostrado más arriba. Tercero, porque todo lo compuesto tiene causa,
pues las cosas que son diversas no se unifican en algo uno a no ser en virtud de una causa que
las unifique. Ahora bien, Dios no tiene causa, como se ha mostrado más arriba, pues es la
primera causa eficiente. Cuarto, porque en todo lo compuesto conviene que haya potencia y
acto, o bien porque una de las partes es acto respecto de la otra, o bien, en cambio, porque todas

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las partes están en potencia con respecto al todo, lo cual no se da en Dios. Quinto, porque todo
compuesto es algo que no conviene con alguna de sus partes. Ciertamente, esto es evidente en
los todos cuyas partes son desemejantes, pues ninguna parte del hombre es hombre, y tampoco
ninguna de las partes del pie es pie. En cambio, en los todos cuyas partes son semejantes,
aunque algo que se predica del todo se predique de la parte, como una parte del aire es aire y una
parte del aire es aire, sin embargo se predica del todo algo que no convienen a alguna de las
partes, pues si toda el agua mide dos codos, no sucede esto con sus partes. Por consiguiente, en
todo compuesto hay algo que no es él mismo. Ahora bien, aunque esto pueda decirse de el que
tiene forma, a saber, que tiene algo que no es él mismo (por ejemplo, en lo blanco hay algo que
no pertenece a la naturaleza de lo blanco), sin embargo en la forma misma no hay nada que sea
ajeno. Por consiguiente, dado que Dios es [su] misma forma, o mejor, es el mismo ser, no puede
ser compuesto de ningún modo. Y esta razón propone Hilario en el libro VII del De Trinitate
donde dice Dios, que es virtud, no está limitado por la debilidad, y tampoco el que es luz está
constreñido por la obscuridad”.

De potentia, q. 7 a. 1 c.

“Respondo. Hay que sostener que Dios es simple de todos los modos. Esto puede
probarse aquí mediante tres razones. La primera es esta: se ha mostrado en otra disputación que
todos los entes son a partir de un primer ente, al cual primer ente ciertamente llamamos Dios.
Ahora bien, aún cuando en una misma cosa que algunas veces se encuentra en acto y algunas
veces se encuentra en potencia la potencia sea temporalmente anterior al acto y naturalmente
posterior, sin embargo en términos absolutos conviene que el acto sea anterior a la potencia, no
sólo según su naturaleza, sino también temporalmente, dado que todo ente en potencia es
reducido al acto por algún ente en acto. Por consiguiente, aquél ente que ha hecho que todos los
entes sean en acto, y él mismo no proviene de ningún otro, conviene que sea lo primero en acto,
sin mezcla de potencia alguna. Pues si fuese de algún modo en potencia, convendría que hubiese
otro ente anterior que lo hiciera ser en acto. Ahora bien, en todo lo compuesto con cualquier tipo
de composición, conviene que la potencia se mezcle con el acto. Pues en las cosas compuestas o
bien uno de los [principios] a partir de los cuales se da la composición es en potencia del otro,
como la materia respecto de la forma, el sujeto respecto del accidente, o el género respecto de la
diferencia, o, por el contrario, todas las partes están en potencia en relación al todo. Pues las
partes se reducen a la materia, el todo, en cambio, a la forma, como está claro en el libro II de la
Física, y así ninguna cosa compuesta puede ser lo primero en acto. Ahora bien, el primer ente,
que es Dios, conviene que sea acto puro, como se ha mostrado. Por consiguiente, es imposible
que Dios sea compuesto, y por lo tanto, es totalmente simple. La segunda razón es que, dado que
lo compuesto existe a partir de cosas diversas, las cosas diversas requieren para unirse de un
agente que las una. Pues las cosas diversas, en cuanto tales, no están unidas. Ahora bien, todo lo
compuesto tiene ser en la medida en que se unen aquellas cosas a partir de las cuales se
compone. Por consiguiente, conviene que todo lo que es compuesto dependa de algún agente
anterior. Por consiguiente, el primer ente, que es Dios, a partir del cual todas las cosas son, no
puede ser compuesto. La tercera razón es que conviene que el primer ente, que es Dios, sea
sumamente perfecto, y por consiguiente, óptimo, porque los principios de las cosas no son
imperfectos, como Pitágoras y Leucipo juzgaron. Ahora bien, es óptimo aquello en lo cual no
falta ninguna bondad, así como es sumamente blanco aquello en lo que no hay ninguna mezcla

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de negrura. Ahora bien, esto no es posible en ninguna cosa compuesta. Pues aquel bien que
resulta de la composición de las partes, en virtud del cual el todo es bueno, no es inherente a
alguna de las partes. Por lo cual las partes no son buenas con aquella bondad que es propia del
todo. Por consiguiente, conviene que aquél que es óptimo sea sumamente simple, y carezca de
toda composición. Y esta es la razón que propone el filósofo, e Hilario, donde dice que Dios,
dado que es luz, no está coartado por la oscuridad, y, dado que es virtud, no está limitado por la
debilidad”.

2. Objeción basada en la no identidad de Dios y sus propiedades

“Hay dos dificultades, una substancial y otra verdaderamente monumental. En primer


lugar, si Dios es idéntico con cada una de sus propiedades, entonces cada una de sus
propiedades es idéntica con cada una de sus propiedades, de tal manera que Dios no tiene más
que una propiedad. Esto parece ser claramente incompatible con el hecho obvio de que Dios
tiene muchas propiedades; él tiene no sólo poder, sino, por ejemplo, también misericordia, y
ninguna de ambas [propiedades] es idéntica con la otra. En segundo lugar, si Dios es idéntico
con cada una de sus propiedades, entonces, dado que cada una de las propiedades es una
propiedad, Él es una propiedad –una propiedad auto-ejemplificada. Consecuentemente, Dios
tiene una única propiedad: él mismo. Esta visión está sujeta a una dificultad tan obvia como
apabullante. Ninguna propiedad podría haber creado el mundo; ninguna propiedad podría ser
omnisciente, o, de hecho, conocer nada en absoluto. Si Dios es una propiedad, entonces él no es
una persona sino un objeto meramente abstracto; no tiene conocimiento, consciencia, poder,
amor o vida. Tomada de este modo, la doctrina de la simplicidad parece un completo error”.
Alvin Plantinga, Does God Have a Nature?, Marquette University Press, Milwaukee, 1980, p.
47.

Summa theologiae I, q. 13, a. 4

“Parece que estos nombres, dichos de Dios, son sinónimos. Pues se llaman sinónimos los
nombres que significan lo mismo. Ahora bien, estos nombres, predicados de Dios, significan
completamente lo mismo en Dios, pues la bondad de Dios es su misma esencia, y lo mismo su
sabiduría”.

Summa theologiae I, q. 13, a. 1, obj. 2

“Además, todo nombre se predica o bien en abstracto o bien en concreto. Pero los
nombres que significan en concreto no competen a Dios, pues simple. Y tampoco los nombres
que significan en abstracto, porque no significan algo perfecto subsistente. Por consiguiente,
ningún nombre puede predicarse de Dios”.

3. Respuesta

Summa theologiae I, q. 13, a. 12, c.

“Ahora bien, Dios, en sí considerado, es completamente uno y simple: sin embargo,


nuestro intelecto lo conoce según diversas concepciones, dado que no lo puede ver tal como él

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es en sí mismo. Sin embargo, aunque lo entienda bajo diversas concepciones, conoce que a
todas sus concepciones corresponde una única e idéntica realidad”.

Summa theologiae I, q. 13, a. 5, c.

“Suma teológica I, c. 13, a. 5, c.

“Se debe decir que es imposible que algo se predique unívocamente de Dios y de las
criaturas. Porque todo efecto que no se adecua a la virtud de la causa agente, recibe una
semejanza del agente no según la misma razón, sino de modo deficiente, de tal modo que se
encuentra en los efectos de modo separado y múltiple, en la causa existe de modo simple e
idéntico, como el sol según una única virtud produce formas variadas y multiformes en las cosas
inferiores. Del mismo modo, como queda dicho más arriba, las perfecciones de todas las cosas,
que en las criaturas existen de modo separado y múltiple, preexisten en Dios de modo unido. Por
lo tanto, cuando el nombre que pertenece a una perfección se dice de una criatura, significa
aquella perfección como distinta de otras según la razón de su definición, así como cuando el
nombre ‘sabio’ dicho del hombre significa alguna perfección distinta de la esencia del hombre,
de su potencia, de su ser y de todas las otras cosas. Pero cuando decimos este nombre de Dios,
no intentamos significar algo distinto de su esencia, de su potencia o de su mismo ser. Y así,
cuando este nombre ‘sabio’ se dice del hombre, de algún modo circunscribe y comprende a la
cosa significada. Pero esto no sucede cuando se dice de Dios, sino que deja a la cosa significada
como incomprendida, y excediendo la significación del nombre”.

Summa theologiae I, q. 13, a. 5, c.

“[…] según se ha dicho, tales nombres significan la substancia divina, aunque


imperfectamente, también es evidente, según lo antes dicho, que tienen definiciones [rationes]
diversas. Pues la definición [ratio] que significa el nombre es la concepción intelectual acerca de
la cosa significada por el nombre. Ahora bien, nuestro intelecto, dado que conoce a Dios a partir
de la criaturas, para entender a Dios forma concepciones proporcionadas a las perfecciones que
proceden de Dios hacia las criaturas. Ciertamente estas perfecciones preexisten en Dios de
forma unificada y absoluta, pero en las criaturas son recibidas de modo dividido y múltiple. Por
consiguiente, así como a las diversas perfecciones de las criaturas corresponde un único
principio simple, representado por diversas perfecciones de las criaturas de modo variado y
múltiple, así también a las variadas y múltiples concepciones de nuestro intelecto corresponde
algo uno y completamente simple, entendido imperfectamente según esas concepciones. Y por
eso los nombres atribuidos a Dios, aunque signifiquen una única realidad, sin embargo, dado
que lo significan bajo razones múltiples y diversas, no son sinónimos”.

Summa theologiae I, q. 13, a. 1 resp. a 2

“A lo segundo debe decirse que, dado que llegamos al conocimiento de Dios a partir de
las criaturas, y a partir de ellas lo nombramos, los nombres que atribuimos a Dios significan
según el modo que compete a las criaturas materiales, cuyo conocimiento nos es connatural,
como se ha dicho más arriba. Y dado que entre esas criaturas son perfectas y subsistentes
aquellas que son compuestas –pues en ellas la forma no es algo completo subsistente, sino más
bien aquello en virtud de lo cual es algo–, por esa razón todos los nombres que imponemos para
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significar algo completo subsistente significan en concreto, como compete a las cosas
compuestas. En cambio, los que se imponen para significar las formas simples, no significan
algo como subsistente, sino como aquello en virtud de lo cual algo es, como la blancura
significa aquello en virtud de lo cual algo es blanco. Por consiguiente, dado que Dios es simple
y es subsistente, le atribuimos tanto los nombres abstractos, para significar su simplicidad, como
los nombres concretos, para significar su subsistencia y su perfección, aunque ambas clases de
nombres estén por debajo del modo propio de Él, dado que nuestro intelecto en esta vida no lo
conoce tal como Él”.

4. Objeción basada en el carácter libre del acto creador

“En esencia, Tomás de Aquino (tal como yo me lo represento) rechaza la afirmación de


que Dios tiene propiedades accidentales al negar que cosas como haber creado a Adán o saber
que Adán ha pecado sean propiedades. No veo que esto sea de ayuda; porque incluso si haber
creado a Adán no es una propiedad, es en cualquier caso algo que caracteriza a Dios, y es algo
que, al caracterizarlo, lo hace ser diferente de lo que habría sido si no lo hubiese caracterizado.
Parece completamente errado decir que la proposición Dios ha creado a Adán caracteriza a
Adán pero no a Dios, o que dice algo acerca del primero pero no acerca del último. Si yo sé que
Dios ha creado a Adán, entonces sé algo tanto acerca de Dios como acerca de Adán. El que
llamemos a esta característica ‘propiedad’ o no, no hace realmente ninguna diferencia; si no es
una propiedad, es en todo caso algo que se parece mucho a una propiedad. Así, entre las
características de Dios, encontraremos algunas de las que Él no podría haber carecido y algunas
(haber creado a Adán, por ejemplo), de las que podría haber carecido. No necesitamos llamar a
esto composición de esencia y accidentes, pero la distinción permanece: algunas de las
características de Dios lo caracterizan en todo mundo posible, y otras no”. Alvin Plantinga,
Does God Have a Nature?, Marquette University Press, Milwaukee, 1980, p. 42-43.