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Análisis estilístico o descripción de las obras Tangos, de Juan José Castro, y Obertura para una comedia

infantil, de Luis Gianneo.

Comenzando por la obra “Tangos” de Juan José Castro, cabe señalar que sus piezas se tocan de
corrido, ya que guardan relación una con otra, no se tocan por separado; mejor dicho con términos
musicales; es un ciclo, ya que recopila piezas breves, como menciona Corrado sobre las
características de esta etapa neoclásica (2.Técnicas, traducciones y ausencias del texto
“neoclasicismo y objetividad en la música argentina desde la década de 1930”); claramente aquí
encontraremos varias de estas particularidades de dicho período. También teniendo en cuenta el
audio de la clase cabe destacar que la técnica aplicada en estas composiciones es la de la
intertextualidad. Lo que el compositor hace en este caso, es tomar algunos tangos destacables como,
por ejemplo: En la “Evocación” de su obra “Tangos”, un fragmento o pasaje de la Cumparcita de
Matos Rodríguez, con intención de homenajear a algunos músicos de la guarda vieja que todavía
estaban vivos al comienzo de los años 40’. Esta evocación es una introducción, donde no sólo toma
dichos fragmentos del motivo principal de la Cumparcita sino que muestra ciertas características del
tango con una interpretación lenta y “rubateada”, algo típico de este género, donde claramente se
escucha esa “sensación” de tiempo libre, acelerando y desacelerando ligeramente aunque se
mantenga lento. A su vez, esta evocación que introduce la obra, es enlazada en un orden,
comenzando por el número uno: “Llorón” y con una previa sensación de tensión y un gran calderón
de silencio donde sin mirar la partitura y escuchando sólo la ejecución, se percibe claramente en su
comienzo un cambio en el tempo e inclusive en el carácter que prepara a este primer número; al
observar la partitura se confirma esa percepción ya que el pulso pasó de negra 45 (Evocación) a
negra 60 (Llorón); notemos también que ese contraste entre la introducción y el primer número se da,
cuando ésta termina con un registro muy amplio, con una dinámica suave, pianísima, con notas
extremadamente agudas en la voz superior, para preparar de algún modo al “Llorón” que comienza
con un cambio de registro amplio en la misma y además, las células rítmicas comienzan a ser más
repetitivas, con elementos rítmicos muy típicos del tango como es el stacatto, generando esa
sensación de marcato. Afirmando la identidad de la obra, del estilo, en fin, del título de la misma
(Tangos), con elementos que nos ayuden a recordar la guardia vieja con un carácter más vanguardista
que genera este género del tango académico. Comienza con un motivo que se va desarrollando con
variaciones en el acompañamiento, luego pasando a una segunda sección se produce una modulación
con un carácter más energético o explosivo, con una dinámica más forte y con más disonancias que
ayudan a diferenciarla de la anterior mechando entre frases más ligadas y con stacatto, además
cuando se desarrolla esta sección se genera una independencia entre las voces (como esas fusas que
van a un registro muy agudo con el acompañamiento que contiene una melodía, con sensación de
contracanto), lo cual me transmite una sensación de “libertad” en el intérprete: como un
“divertimento”; también en este número, sobre todo esta sección B, hace hincapié en ciertos adornos
que nos recuerda un poco al período clásico pero… con aire de tango (aquí notamos esta
modernidad, el neoclasicismo); hasta podría imaginármelo bailando. Sin embargo, y según también
la clase grabada por Silvina, tiene unos desplazamientos acentuales muy marcados; es decir, que el
compás de tango (2/4) sigue siendo el mismo, pero en los toques stacattos y secos, hay momentos en
donde la acentuación parece llegar a un 3/4 (aunque la métrica siga en 2); debe ser por tal motivo que
al escuchar este número, puedo imaginarme una pareja bailando pero es verdad que a veces se aleja
un poco, dándome una sensación de un tango más… contemporáneo… Finalmente, regresa a la
tonalidad de origen variándola un poco para luego concluir con una coda final. El segundo número:
“El compadrón”, según la ejecución del audio, lo interpreto como una pieza más oscura y
contundente, la misma sensación que me genera la mayoría de los tangos modernos; enfatizando más
el marcato; con un stacatto prácticamente constante, así como también disonancias y contratiempos.
Luego parecería pasar por momentos a un carácter más liviano, alegre y pícaro con ciertas tensiones.
Se mantiene en un ritmo constante que parecerían los pasos de una persona. Es una especie de
homenaje también al tango “Compadrón” (de Visca y Cadícamo). Observando la partitura aparecen
estos elementos claramente asi como también la indicación de un tempo más rápido (negra 76 – 80)
y además aclara que el tempo es “de tango” un poco más movido (Tempo di tango, poco mosso);
tiene una característica especial que repite un adorno de semicorcheas en la primera sección y su
reexposición. Su tercer número “Milonguero” ejecutado a negra 80, tiene un comienzo un poco
tajante, claro, con carácter (de la misma manera termina) y es notable la continuidad de estas
piezas… Aquí claramente se luce el contrapunto que podría recordarnos a una invención a dos
partes, donde se oye constantemente el cambio de melodía y acompañamiento en las dos voces, su
imitación, el contrapunto al motivo principal y esa independencia en las voces que también se genera
en un momento como un divertimento y, finalmente el último número de esta maravillosa obra de
Juan José Castro, es “Nostálgico”, que por el contrario anterior, comienza de una manera más lenta,
como así, también lo indica la partitura, “lento y melancólico”, a una negra (48 – 56), casi con el
mismo tempo de la “Evocación”, para dar cierre a esta gran obra; sin embargo mantiene esa
sensación de oscuridad, generando ese color gracias a la armonía y la manera pasional en que está
ejecutada; a su vez pasa por varios estados, sobre todo en la segunda sección, a veces más alegres;
como es el tango, con esa sensación de “bipolaridad”, inclusive retoma algunas ideas de la
Cumparcita.
Respecto a la obra de Luis Giannio sobre la “Obertura para una comedia musical infantil”, según lo
escuchado en clase, esta composición se desprende de las cuerdas por todas esas reminsencias
románticas, para tener un gesto neoclásico reuniendo varios de los elementos que Corrado destaca en
el texto: “Neoclasicismo y objetividad en la música argentina desde la década de 1930”, por lo que
dicha obra está compuesta por instrumentos de vientos (maderas y metales) y percusión. Esta se
caracteriza por ser alegre, generando sensación de felicidad, adrenalina, ganas de bailar, reírse,
divertirse y jugar; recordándome a la vez a series de dibujos animados, justamente para niños. Se
presenta con una tonalidad mayor como la gran mayoría de las músicas infantiles, pero en este caso,
luego aparece como bitonal en algunos momentos; describiendo tal vez diferentes personajes con los
instrumentos, como el piccolo que por su timbre, podría simular a unos pájaros volando o unos niños
felices en un bosque. Sus melodías son repetitivas, de una manera pegadiza como toda música
infantil, para que sea fácil de recordar, entretenida y divertida. Se mantiene en un mismo carácter de
felicidad y a la vez con toques de dulzura, que se genera no sólo por sus melodías sino también por
un un ritmo muy característico, efusivo y motórico, muy presente durante toda la obertura. Esta
homorritmia es producida por las corcheas y stacattos que se mantienen muy presentes también del
principio al fin, aunque hay un momento en que se desarrolla con varios instrumentos, generando
una independencia en todas las voces y también una imitación en el motivo principal que no deja de
sonar. A su vez definen el carácter infantil de la obra el uso de dichos instrumentos con sus stacattos
y timbres crudos con vientos y percusión; con acentuaciones que afianzan la música contemporánea.

Conclusión:

Para finalizar, todos los elementos analizados y que aparecen en éstas obras seleccionadas
pertenecen al neoclasicismo que en nuestro país asumió un valor de progreso: su modernidad
paradójica basada en las necesidades de renovación de los compositores (por eso se denominó
Grupo Renovación), en los años 30 más que nada. En la producción musical local, fue uno de los
modos predominantes en que se expresó la modernidad. Reflejado en el mundo de la composición se
observa falseamientos provocados por disonancias, distribuciones instrumentales, desfasajes
rítmicos; una sensación y una búsqueda de libertad a la hora de interpretar, de independencia,
autonomía; evitando de algún modo la rigidez que se daba en otras épocas o en la música europea y
buscando a su vez, esa identidad argentina, pasional, rebelde sin destruir nada, sólo transformando,
tomando los elementos del pasado en un nuevo contexto social y cultural.