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UNIVERSIDAD NACIONAL AUTONOMA EN EL

VALLE DE SULA
Trabajo Comparativo del Informe PNUD, Honduras y
Latinoamérica e
Investigación sobre la Psicología Comunitaria en
Honduras
Catedrática: Lic. Jessica Rendon
Asignatura: Psicología Comunitaria
Presenta: Edwin Iván Espinoza García

Número de cuenta: 20122003931

San Pedro Sula, 29 de Enero 2014


Plan de Desarrollo Humano en Honduras y América Latina

1. Erradicación de la Pobreza Extrema

El rápido crecimiento de las economías en desarrollo y los importantes logros del


desarrollo humano han generado un dinamismo notable. La innovación
tecnológica está revolucionando el comercio y la interacción humana. Las
personas tienen muchos más canales para hacer oír sus voces y mayores
expectativas de ser escuchadas. El acceso universal a los servicios básicos es
posible, para que todos obtengan al menos un nivel mínimo de bienestar. Más
aún, se dispone de conocimientos y experiencia suficientes para tratar de alcanzar
un crecimiento económico rápido, defendiendo al mismo tiempo la justica social y
cuidando el medio ambiente. También se acepta a nivel mundial que esta es, en
términos generales, la senda correcta (UNDP, 2013). No obstante, las nuevas
posibilidades de progreso entrañan brechas y riesgos preocupantes. Aun en medio
de la prosperidad de algunos, persisten grandes desigualdades, generando
descontento. El crecimiento económico por sí solo no ha beneficiado a un número
suficiente de pobres. Muchas de las personas que han dejado la pobreza atrás
siguen siendo vulnerables a recaer en ella rápidamente cuando se enfrentan con
un revés importante de salud, patrimonio o perspectivas de empleo. La
marginación de larga data ha excluido sistemáticamente a algunos grupos, como
las mujeres y los jóvenes, de las aspiraciones a una vida mejor y más digna. Los
conflictos, los desastres naturales, el cambio climático y las crisis ambientales
pueden borrar decenios de logros del desarrollo, a veces en un solo
instante catastrófico. Por ser uno de los organismos multilaterales de desarrollo
más importantes del mundo, presente en más de 170 países y territorios, el PNUD
está a la vanguardia de la previsión, la comprensión y la acción sobre las
oportunidades y los riesgos actuales.

2. Seguridad Ciudadana

La seguridad ciudadana es una condición necesaria para el desarrollo humano; y


viceversa, el desarrollo humano condiciona la seguridad ciudadana. En efecto, sin
seguridad ciudadana, que protege un núcleo básico de derechos, las personas no
pueden desarrollar plenamente sus capacidades ni contribuir con todo su potencial
a mejorar a sus familias, sus comunidades y las instituciones. Además, las
amenazas a la seguridad ciudadana pueden impactar también a las personas no
directamente afectadas e incluso a las generaciones futuras. Más aún, algunas
formas de violencia no son hechos aislados, sino que se presentan de manera
recurrente en la vida de las personas, lo que tiene un efecto sostenido de
socavamiento de libertades y capacidades La violencia intrafamiliar, por ejemplo,
constituye una amenaza a la seguridad ciudadana en tanto limita y vulnera las
posibilidades de desarrollo humano de las personas que la sufren. Un niño que
sufre violencia en el hogar tendrá menos oportunidades de expandir libremente
sus capacidades de aprendizaje y disfrute. Asimismo, una mujer víctima de
violencia por parte de su pareja o por parte de algún familiar verá gravemente
afectadas sus opciones de desarrollo y su capacidad de decidir sobre lo que
quiere “hacer” y “ser” (Bott et al. 2012). Los impactos de la inseguridad pueden
analizarse a partir de tres dimensiones vinculadas al desarrollo humano: la
dimensión individual, la dimensión social y la dimensión institucional. Como lo
ilustra la figura 1.1, los impactos que ocurren en una dimensión pueden afectar
otros ámbitos, tanto individuales como colectivos. Dicho de otra forma, los hechos
de violencia y delito que impactan a nivel individual las libertades y garantías de
las personas pueden tener repercusiones en la confianza interpersonal, en el
tejido social y en la percepción de las personas sobre la capacidad de las
instituciones democráticas de proveer seguridad ciudadana. Si bien las amenazas
a la seguridad ciudadana impactan negativamente en todas las personas, no
impactan a todas por igual: el impacto varía de acuerdo con el género, la etnia, la
identidad sexual, la edad, la raza, la clase social e incluso el lugar de residencia.
Esto, a su vez, obedece a las distintas capacidades y oportunidades reales que
tienen las personas y a sus distintos grados de vulnerabilidad y riesgo.
3. Énfasis en Tres Grandes Factores

En el caso del PNUD en Honduras, reconocer esto ha constituido la base de del


nuevo enfoque de las formas en se ayuda a los países, que está contenido en el
Plan Estratégico. Este incluye el compromiso de erradicar la pobreza y reducir las
desigualdades adoptando medidas en tres frentes. Primero, el PNUD alienta un
cambio hacia la sostenibilidad, en el que el crecimiento económico beneficie a los
pobres y los grupos marginados y evite daños irreversibles al medio ambiente.
Segundo, apoyamos los sistemas democráticos para que se conviertan en
incluyentes, rindan cuentas y puedan satisfacer las expectativas en materia de
participación, servicios y seguridad. Y tercero, respaldamos las iniciativas
encaminadas a identificar y prevenir sistemáticamente los riesgos para el
desarrollo cuando ello sea posible y, cuando no lo sea, ayudar a los países y las
comunidades a recuperarse rápidamente y a adquirir una mayor resiliencia a los
reveses. Las medidas fuertemente interconectadas en estos tres frentes llevarán a
un desarrollo sostenible, incluyente y resiliente. El PNUD tiene casi 50 años de
experiencia como organismo principal de las Naciones Unidas para el desarrollo,
lo cual nos ha dado valiosos conocimientos especializados teóricos y prácticos y
un legado de confianza y asociación. Para seguir avanzando, nos basamos en
este valorado patrimonio.
Historia de la Psicología Comunitaria en Honduras

Reseña Histórica de la Psicología


La Psicología en Honduras, como disciplina formal, empezó como una asignatura
en el plan de estudios de la carrera de magisterio en las Escuelas Normales. Ya
para el año de 1943 aparecía una “psicología del niño” como materia especifica en
la formación de los maestros primarios. Al mismo tiempo en la clase de Filosofía
aparecía la psicología como parte de ella.

A finales de 1945 o principios de 1946, el entonces presidente de Chile, Don Juan


Antonio Ríos, a su regreso de los Estados Unidos hizo escala en Tegucigalpa, en
visita oficial, entre otras cosas, el presidente Ríos ofreció al gobierno de Honduras
cuatro becas para estudiar en Chile: dos para maestros primarios ya graduados y
dos para estudiantes que hubieran aprobado el primer año de magisterio. En
ambos casos debía ser una mujer y un varón.

A principio de 1947 se iniciaron dos nuevas carreras en la Universidad de Chile:


Pedagogía y Psicología. Resulto que en el internado ya estaban dos
guatemaltecos, becarios del gobierno de su país, Herminio García y Eugenio
Aragón. Seis años después, o sea finales de 1952, se estaban graduando los
centroamericanos como los tres primeros psicólogos egresados de la Universidad
de Chile. Víctor Donaire como el primer hondureño en conseguir ese título.

Psicología Social Comunitaria


Cuando se menciona la historia de la Psicología Social Comunitaria se suelen
mezclar historias diversas e identificar la psicología comunitaria, que surgió en los
EEUU en condiciones sociales, políticas y académicas bien definidas, con la
psicología social comunitaria, que si bien puede estar relacionada de alguna
forma, se debe considerar como algo específicamente derivado de la psicología
social latinoamericana en sus varias vertientes. Se las equipara al usar los
términos indistintamente y al decir en el mismo renglón, psicología comunitaria o
psicología social comunitaria, como en la reseña introductoria del libro de Sánchez
y Wiesenfeld (1995). En las compilaciones sobre el tema suelen igualmente
aparecer trabajos que tienen orígenes muy diversos, pero presentados como si
formaran parte de lo mismo y sumados dieran una psicología social comunitaria
latinoamericana. Una autora que establece algunas diferencias, con base en el
conocido esquema de la antropología en o de la ciudad, es Freitas (1996), quien
dice que la psicología en la comunidad recibe dicha identidad de la comunidad
misma y se relaciona con el intento de deselitizar la psicología y vincularla a la
realidad brasilera en los años 60 y 70. La psicología de la comunidad se ubica en
las dos décadas siguientes como el esfuerzo de llevar los servicios de salud a la
comunidad con instrumentos derivados de la vertientes clí- nicas y educativas.
Mientras que la psicología social comunitaria se encuadra en la psicología social,
redefinida en función del trabajo con grupos para la formación de la conciencia
crítica y la construcción de una identidad social basada en una ética humanista.
En 1981, el ya difunto sociólogo mexicano Francisco Gomezjara, señalaba como
un hecho curioso el que en cada ciclo de crisis económica aparezcan programas
de desarrollo comunitario con un cariz académico, humanista y con pretensiones
técnico–científicas: cuando el movimiento campesino se insurrecciona, cuando los
países desarrollados tienen un superávit de capital y mercancías para negociarlas
bajo la forma de ayuda a los países del tercer mundo, cuando la migración
campesina aumenta por la industrialización agrícola y por el hambre, cuando las
comunidades exigen servicios y se autoorganizan. La autoorganización solía ser la
señal que anunciaba la llegada eventual de programas de desarrollo comunitario
desde los años 60. Como bien lo explica Statman (1974), los movimientos
populares primero son reprimidos por la fuerza y luego sepultados en un diluvio de
programas comunitarios, dichos programas no suelen resolver casi nada pero
tranquilizan a la gente por un rato con las promesas del cambio. La sumisión se
logra por medios no coercitivos y para ello resultan útiles los psiquiatras,
psicólogos, educadores, trabajadores sociales, estudiantes universitarios en
prácticas obligatorias y otros agentes de cambio social planificado y por lo general
bien intencionado desde diversas instituciones externas a la comunidad. En
tiempos globalizados, muchos de estos esfuerzos se ahorran porque la
dualización invisibiliza los problemas y las comunidades y dichos programas solo
aparecen en tiempos preelectorales como una teatralización cuyo escenario se
recoge poco después de la función porque lo prioritario sigue siendo la
macroeconomía y las ilusiones vanas de la inversión extranjera.

Perspectiva en Honduras
La Constitución de la República de Honduras establece que el fin supremo de la
sociedad y del Estado es la persona humana, y que todos los esfuerzos de la
Nación deben encaminarse a promover su plena realización. En este sentido, el
concepto de desarrollo humano incorpora todos los aspectos del bienestar de los
individuos, desde el estado de salud hasta la libertad política y económica: el
desarrollo humano es, entonces, el fin, y el crecimiento económico es un medio
para alcanzarlo. La Constitución de la República establece también, en el Capítulo
VII de la Salud, que es responsabilidad de la Secretaría de Salud la elaboración e
implementación de un Plan Nacional de Salud, cuya finalidad sea alcanzar el
completo bienestar físico y psicosocial de la población. Si se concibe la salud
como un derecho y un deber de todos, en el marco de la ejecución de las
decisiones orientadas a proveer servicios de salud a toda la población hondureña
– en especial a la que no tiene acceso a servicios esenciales de salud – podemos
reafirmar que los retos de la salud pública, en el contexto de las reformas del
sector y de las metas que el país ha asumido para cumplir con los Objetivos de
Desarrollo del Milenio (ODM) y con la Estrategia para la Reducción de la Pobreza
(ERP), se encuentran influidos por dos aspectos interrelacionados: las
necesidades infinitas de la población y la escasez de recursos financieros para
atenderlas. Alrededor de esos dos aspectos surge la necesidad de desarrollar
marcos teórico-metodológicos de referencia, así como planes de acción
estratégica y evaluación tanto de la teoría como de la práctica. Pero, sobre todo,
surge la necesidad de generar cambios importantes en las estrategias de
atención, que permitan tomar decisiones con la mayor racionalidad para
implementar las intervenciones más apropiadas conducentes a disminuir los
efectos de la falta de equidad, eficiencia y calidad en la prestación de los servicios
de salud.

Honduras desde 1975, con la creación de un ámbito específico en la Secretaría de


Salud para la Salud Mental, ha venido dando pasos para poder mejorar la atención
en Salud Mental. El país se comprometió con la Declaración de Caracas de 1990
en los principios de la psiquiatría comunitaria y desde entonces ha venido dando
pasos en esa línea. En 1993 fueron creadas las Consejerías de Familia para
abordar el problema de la violencia intrafamiliar y en 1994 se creó el postgrado de
psiquiatría. Todos estos avances se han visto reforzados con el lanzamiento de la
“Política Nacional de Salud Mental 2004-2021” que impulsa la línea de la salud
mental comunitaria y las áreas estratégicas que deben ser implementadas.
Honduras se ha comprometido con descentralizar la atención en salud mental e
integrarla en el sistema sanitario general.

La red de atención en salud mental no funciona en parte debido al escaso


financiamiento para salud mental y a la primacía de los hospitales psiquiátricos
que concentran los recursos humanos y financieros e insumos. Esto es en
detrimento de la atención primaria y de la igualdad de oportunidad de acceso a los
servicios. Los trabajadores de salud mental se concentran en la capital ante la
ausencia de estrategias que posibiliten la descentralización hacia los
departamentos.

Está muy descuidado el tema de los derechos humanos del paciente en todos los
aspectos: legales, laborales, calidad de la atención etc. así como la capacitación y
actualización en atención psicosocial y participación de usuarios y familiares en los
planes de salud mental. El Programa Nacional de Salud Mental necesita ser
fortalecido ya que adolece de algunas deficiencias. Está completamente
descuidado el desarrollo de servicios de salud mental comunitarios, la atención
diferenciada para niños y adolescentes y la capacitación del recurso humano de
atención primaria, en temas de salud mental.

El sistema cuenta con algunas fortalezas que no se están aprovechando


debidamente, tales como la existencia de una Política de Salud Mental que
amerita ser implementada, y la existencia de normas estandarizadas de
información de la atención en salud mental. El sistema cuenta con un cuadro
básico de medicamentos psicótropos y con el apoyo de algunas instituciones para
la implementación de algunas estrategias.