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El siguiente material se reproduce con fines estrictamente académicos y es

para uso exclusivo de los estudiantes de MODELOS DE DESARROLLO del


programa de MAESTRÍA EN ADMINISTRACIÓN de la Facultad de Ciencias de
la Administración, de la Universidad del Valle, bajo la responsabilidad de
EDGAR GUILLERMO RODRÍGUEZ GUEVARA de acuerdo con el Artículo 32 de
la Ley 23 de 1982.

ARTÍCULO 32:
“Es permitido utilizar obras literarias o artísticas o parte de ellas, a título de
ilustración en obras destinadas a la enseñanza, por medio de publicaciones,
emisiones o radiodifusiones o grabaciones sonoras o visuales, dentro de los
límites justificados por el fin propuesto o comunicar con propósito de
enseñanza la obra radiodifundida para fines escolares educativos,
universitarios y de formación personal sin fines de lucro, con la obligación de
mencionar el nombre del autor y el título de las así utilizadas”.

DIGITALIZADO EL 6 DE ABRIL DEL 2018 CON FINES ACADÉMICOS


PREFACIO

A veces se escoge mal. Esta es una idea extraña para los economistas or-
todoxos. Acostumbrados a pensar en agentes que siempre optimizan, extra-
polan equivocadamente esta lógica a los países. Pero la interacción política y
la definición de los juegos de poder no siempre llevan a la senda óptima del
desarrollo económico. Con el acicate de las ganancias de corto plazo se pue-
den definir políticas económicas y sociales miopes, políticas que favorecen a
los sectores que comandan el poder del Estado pero que no favorecen al país
en su conjunto. Sin embargo, los economistas ortodoxos, los políticos y los
periodistas mantienen la ilusión de la optimización colectiva con la ideología
de que todo lo que es bueno para los empresarios es bueno para el país; y esta
visión se complementa con la idea de que la senda de desarrollo seguida tal
vez no fue muy buena pero era inevitable. Ni una cosa ni la otra. No siempre
el beneficio de las élites es bueno para el país, y no hay fatalidad absoluta en
el desenvolvimiento social, político y económico de un país. Por tanto, las
élites nacionales no pueden eludir su cuota de responsabilidad histórica en
los logros y fracasos de nuestro sistema económico nacional.

Gran parte del esfuerzo analítico de este libro se llevó a cabo por la ne-
cesidad de mostrar cómo fue que Colombia se equivocó y cayó en lo que
Hirschman ( 1958) denominaba el riesgo del estancamiento estructural, el
riesgo de abandonar el proceso de diversificación productiva y estancarse
en un nivel intermedio del desarrollo. Sobre esto se vuelve recurrentemente.

La transformación industrial, entendida como un proceso sostenido de


diversificación productiva, ha sido el más importante motor del crecimiento
DIVERSIFICACIÓN PROOUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

económico de Colombia desde principios del siglo XX, cuando el país entra
a la modernidad y se industrializa de manera sostenida. De hecho, las dos
grandes etapas de la dinámica económica nacional del siglo pasado -la
aceleración económica de las primeras siete décadas y la desaceleración
económica de las últimas tres décadas- se relacionan directamente con
las dos fases de la transformación industrial del país -la diversificación
productiva de las primeras siete décadas y el posterior congelamiento de la
estructura económica nacional-. Los datos se presentan posteriormente.

Desde una perspectiva estructuralista se ha propuesto y sustentado que la


causalidad de estos procesos va de la transformación industrial a la dinámi-
ca económica. La diversificación productiva de las primeras siete décadas
del siglo XX -la industrialización- aumentó la productividad sistémica,
activó otros motores del crecimiento económico que también potenciaron la
productividad, e indujo la aceleración tendencia! del crecimiento económi-
co nacional en el mismo período. Por otra parte, la posterior parálisis de la
diversificación productiva -la desindustrialización- desactivó el círculo
virtuoso mencionado y1generó la desaceleración tendencia! de las últimas
tres décadas del siglo XX (Ortiz, 2009a; Ortiz, Uribe y Vivas, 2009 y 2013).

La diversificación productiva de las primeras siete décadas del siglo XX


fue comandada por el empresariado nacional con el apoyo del Estado. A
partir de los años cincuenta la inversión extranjera también contribuye de-
cisivamente a la diversificación industrial del país. Desde el Quinquenio
de Rafael Reyes (1904-1909) hasta el gobierno de Carlos Lleras Restrepo
( 1966-1970), con diferencias de énfasis entre los diferentes gobiernos, el
eje de la política económica fue el apoyo a la industrialización nacional.
En consecuencia, el país experimentó una aceleración leve del crecimiento
económico hasta principios de los años setenta: después de la Guerra de
los Mil Días (1898-1902) y de la toma de Panamá (1903), con la economía
al borde del colapso, el país experimenta una aceleración "milagrosa" del
crecimiento económico que fue cortada por la gran Recesión de los años
30; posteriormente, y con base en las cuentas económicas nacionales de la
CEPAL (1957) y del DANE, se estima que la tasa de crecimiento de largo
plazo del PIB pasó de 2, 1% en 1931 a 6,3% en 1971. Estas estimaciones se
presentan posteriormente.

Por otra parte, en las últimas tres décadas del siglo XX la estructura pro-
ductiva del país se congeló e incluso, en algunos casos, retrocedió -después
de la Apertura económica de 1990 muchos sectores, tanto manufactureros

14
PREFACIO,.

como agrícolas, fueron desplazados por la avalancha de importaciones-.


Esta parálisis de la diversificación productiva tiene varias causas internas y
externas que se examinan posteriormente. Una de ellas, la más importante,
es el descuido y luego abandono de la política industrial. Los efectos de
esta reorientación de la política sobre el crecimiento económico de largo
plazo y sobre el bienestar social fueron sumamente dañinos: del gobierno
de Pastrana Borrero (1970-1974) al de Pastrana Arango (1998-2002), la
tasa de crecimiento económico de largo plazo cayó sistemáticamente: pasó
de 6,3% en 1971 a 1,3% en 1999. Estas estimaciones, ya se dijo arriba, se
presentan posteriormente.

Muchas de las lacras sociales que sufre hoy el país -pobreza, exclu-
sión, desigualdad, marginalidad, deterioro del mercado. laboral, migración
económica- se habrían podido aminorar si el país hubiera mantenido la
senda de desarrollo industrialista que tuvo hasta los años 60. Pero las élites
y sus representantes decidieron favorecer desde el Estado los intereses de
los sectores ya establecidos. Abandonaron entonces la promoción pública
de los sectores potenciales y el país en su conjunto perdió.

En este texto también se analiza de forma exploratoria cómo las élites


nacionales ganaron la gobemabilidad requerida para definir el modelo de
desarrollo imperante en función de sus intereses y las condiciones internas
y externas del país. Una revisión somera de la historia económica de Co-
lombia permite postular que las élites han jugado un papel protagónico en
la definición e imposición de las políticas de desarrollo del país. A través
de alianzas, acuerdos y rupturas, que no han excluido el uso de la fuerza
pública y la violencia irregular, las políticas acordadas se han impuesto para
defender los intereses de sus agentes. Lo que se encuentra es que el resul-
tado no sólo beneficia a los directamente interesados. Cuando los intereses
dominantes y las condiciones internas y externas del país lo han permitido,
los gobiernos que han promovido la generación, promoción o mantenimien-
to de activos productivos han impulsado el crecimiento económico y el bien
común. En otras ocasiones las políticas han sido contraproducentes para el
bienestar social; algunos ejemplos son del caso: la política de flexibilización
laboral, pensada para promover la competitividad empresarial en el contex-
to de la Apertura económica, ha incidido significativamente en el deterioro
del mercado laboral y en la incapacidad estructural del sistema económico
para aminorar los problemas de pobreza y marginalidad social; otro ejem-
plo, la drástica apertura comercial de los años noventa ha potenciado las
actividades intensivas en recursos naturales y fuerza de trabajo no calificada

15
ÜrvERSIFICACIÓN PRODUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

(la fuerza de las ventajas comparativas), lo que ha contribuido a la consoli-


dación de las actividades de producción y distribución de drogas ilícitas, con
todas las secuelas conocidas de violencia y desinstitucionalización nacional.

El concepto de activo productivo juega un papel central en la argumen-


tación de este libro. Por lo tanto conviene definirlo. Las teorías del cre-
cimiento endógeno y el análisis histórico-económico del capitalismo han
identificado una serie de motores del crecimiento económico que inciden
tanto en la acumulación factorial como en el crecimiento de la producti-
vidad (los componentes del crecimiento económico). A cada uno de estos
motores del crecimiento se le denomina activo público productivo, y a la
carencia total o parcial de alguno de ellos se la denomina restricción del de-
sarrollo. En se orden de ideas las restricciones estructurales del desarrollo se
pueden clasificar en cuatro grandes categorías: 1) restricciones productivas:
son aquellas que se relacionan con la parálisis o desaceleración del proceso
de diversificación industrial (especialmente en la industria manufacturera);
2) restricciones distributivas: son aquellas que concentran el ingreso y las
diferentes formas de riqueza (capital fijo, capital humano, tierra, etc.) en
pocas manos y obstaculizan el desarrollo del mercado interno (e impiden
la explotación de economías de escala); 3) restricciones infraestructurales:
corresponden a la carencia parcial o absoluta de infraestructura fisica (ca-
rreteras, acueductos, ferrocarriles, puertos, etc.) y social (colegios, universi-
dades, hospitales, centros de salud, etc.); 4) restricciones institucionales: la
incapacidad total o parcial del Estado para hacer valer y respetar las vidas y
las propiedades (los derechos de propiedad), para formular políticas eco-
nómicas que incentiven la acumulación de capital fisico y humano, y para
diseñar y construir instituciones cuya misión sea preservar u ofrecer activos
públicos como el acervo de los recursos naturales y ambientales, el cuidado
de los niños, los ancianos, los pobres y desamparados, etc.

El impacto de la diversificación productiva sobre el crecimiento eco-


nómico ha sido modelado por Romer (1987, 1990), Grossman y Helpman
(1991), y Aghion y Howitt (1992). El efecto de la distribución del ingreso y
de la riqueza en la generación del mercado interno, la posibilidad de alcan-
zar economías de escala especialmente en las actividades industriales ma-
nufactureras, su impacto sobre la productividad y el crecimiento económico
ha sido modelado por Murphy, Shleifer y Vishny (1989 a y b). La impor-
tancia para el crecimiento económico del gasto público en infraestructura
y en otros bienes públicos productivos ha sido modelado por Barro (1990).
El respeto a la propiedad y a la vida -la propiedad suprema- no sólo es

16
PREFACIO

una condición del crecimiento económico sino de la existencia de cualquier


economía mercantil; el mismo Marx (1886) en su obra magna, El Capital,
pone de presente que la relación social del intercambio implica necesaria-
mente el mutuo reconocimiento de las partes como dueñas de sus mercan-
cías. La posibilidad de que el gobierno incida con sus políticas económicas
en la acumulación de los factores productivos y la actividad económica ha
sido postulada por la teoría económica desde sus orígenes, pero fue Keynes
( 1936) quien más influyó en la comprensión analítica de esta función guber-
namental. Por último, pero no por eso menos importante, el desarrollo insti-
tucional que se requiere para que el Estado ofrezca, promueva o preserve los
activos productivos, tanto los anteriormente mencionados corno otros -los
recursos naturales y ambientales, el patrimonio público, la administración de
justicia, la preservación del orden público, la protección de los desvalidos,
etc.- , potenciando de esa forma el crecimiento económico, es compatible
con la visión institucionalista del desarrollo económico (North, 1993).

El conjunto de los activos productivos está compuesto por bienes pri-


vados con extemalidades productivas, bienes públicos que inciden en la
productividad, e instituciones que promueven la generación de los bienes
mencionados. Baste decir por el momento que en este trabajo se postula que
el activo productivo más importante del crecimiento económico nacional ha
sido la diversificación de la estructura industrial, con especial énfasis en la
diversificación productiva manufacturera. Se propone que la diversificación
productiva no sólo incide directamente sobre la productividad sistémica y
el crecimiento económico, sino también indirectamente por su capacidad de
activar otros motores del crecimiento económico. Sobre esto se vuelve en el
cuarto capítulo con más detalle.

Pasando al campo de la acción política se propone que los gobiernos


que generan consensos suficientemente sólidos como para generar activos
productivos, incluso en el marco de una política funcional a los intereses de
las élites económicas, inciden positivamente en el crecimiento económico
nacional de largo plazo. Una rápida revisión sobre los pactos de gober-
nabilidad más importantes del último siglo viene al caso. En medio de la
herencia desastrosa de la Guerra de los Mil Días ( 1899-1902), los efec-
tos desmoralizantes de la pérdida/venta/usurpación de Panamá (1903), la
desinstitucionalización nacional y la polarización política, el general Ra-
fael Reyes (1904-1909) comienza su Quinquenio comandando una alian-
za funcional entre liberales y conservadores. Ello le permitió adelantar un
proyecto de desarrollo industrial e infraestructura} para sacar al país de la

17
DIVERSIFICACIÓN PRODUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

crisis. Posteriormente, con la consolidación del capitalismo industrial y el


crecimienJo de las grandes urbes, se da una recomposición de las fuerzas
sociales -aparecen con fuerza en la liza política el proletariado y el cam-
pesinado con sus reivindicaciones sociales y laborales-. El choque con las
estructuras de poder establecidas genera la Violencia de finales de los años
40 y los años 50. La revuelta popular es reprimida militarmente. Pero luego
el "salvador" del régimen, la figura bonapartista del general Gustavo Rojas
Pinilla, deja de ser funcional a los intereses de las élites cuando pretende
erigirse en alternativa de poder. Aprovechando el vacío que deja la izquier-
da liberal, antaño comandada por Jorge Eliecer Gaitán, y la incapacidad de
la izquierda para capitalizar tal vacío, el general forja desde su gobierno un
movimiento político de carácter conservador que expresa las aspiraciones
y las reivindicaciones de clases medias, sectores populares y del ejército.
Después de una revuelta civil, liderada por las élites y atizada por los abusos
del régimen, el general es depuesto y se impone un nuevo pacto de gobema-
bilidad entre las élites que tiene varios propósitos: contener el movimiento
popular, apaciguar la violencia, y sacar adelante el proyecto de desarrollo
industrialista e institucional. Es en este contexto socioeconómico donde
surge la propuesta bipartidista excluyente del Frente Nacional (1958-1974).
Durante los primeros 12 años del Frente Nácional el proyecto de desarrollo
funciona bien porque se basa en la política de industrialización adelantada
enérgicamente por los presidentes Alberto Lleras Camargo (1958-1962) y
Carlos Lleras Restrepo ( 1966-1970). Luego, con el cambio de las condi-
ciones externas -se da el auge del comercio internacional apoyado en los
cambios tecnológicos de la época y la estabilidad que brindan los organis-
mos multilaterales que se crean después de la segunda guerra mundial-,
se redefine nuevamente el pacto político entre las élites para promover los
sectores ya establecidos, proveerse de maquinaria e insumos y materias
primas industriales por medio del mercado mundial, y cesar la política de
apoyo a la diversificación productiva interna. Este cambio comienza con el
último gobierno frentenacionalista, el de Misael Pastrana Barrero ( 1970-
1974). Se da entonces lo que se ha caracterizado como un "intercambio de
regalos" entre las élites (Ortiz, Uribe y Vivas, 2009). El acuerdo emblemá-
tico de la nueva alianza es el Pacto de Chicoral (enero de 1972). Con éste se
desmonta definitivamente el programa liberal de la reforma agraria. Ganan
los terratenientes que además mantienen como prebendas las siguientes:
altos aranceles para la protección de los productos agrícolas, financiación
crediticia subsidiada del Banco de la República, promoción cambiaría, tri-
butaria y crediticia de las exportaciones (devaluación lenta pero sosteni-
da, certificado de abono tributario -CAT---:--, y apoyo institucional a las

18
,
PREFA.c 1Ü ;-

exportaciones), y tributación nula o insignificante para el sector rural. y


ganan los sectores industriales y financieros que comandan en adelante la
política económica a su favor : devaluación gradual, promoción tributaria de
las exportaciones, altos aranceles para sus productos, licencias globales de
importación y relajamiento de las condiciones de importación, financiación
subsidiada del Banco de la República, y liberalización y desregulación del
sector financiero. Desde Pastrana Borrero se proponen las políticas de pro-
moción de exportaciones y de expansión de la construcción de vivienda y
de otras obras públicas como motores del crecimiento. Sin embargo, ni la
actividad constructora ni las exportaciones pueden sustituir el liderazgo tec-
nológico del sector industrial manufacturero (Ortiz, Uribe y Vivas, 2009).
En consecuencia, la economía nacional comienza una rápida deriva hacia
la desaceleración económica que llega a su sima con la recesión de 1999
(se mencionó arriba). Mientras tanto se han fortalecido todos los actores
armados ilegales con base en la extorsión y el narcotráfico -las guerrillas,
el paramilitarismo las bandas narcotraficantes y la delincuencia común-.
El pacto político con Estados Unidos para lanzar el Plan Colombia de 1999
permite el fortalecimiento de las fuerzas armadas de Colombia y la dismi-
nución de los índices de violencia en la siguiente década.

¿Cómo se dio el cambio de la etapa de desarrollo industrialista a la etapa


de desarrollo aperturista? No hay mayor misterio en esta pregunta. El viraje
se relaciona con el cambio del modelo de desarrollo económico. Hasta los
años sesenta el país tuvo un modelo de desarrollo industrialista apoyado por
el Estado; posteriormente se le da paso a un modelo de desarrollo crecien-
temente aperturista que se concentra en la promoción de los sectores econó-
micos ya establecidos, abandona la política de diversificación productiva, e
impulsa la devaluación de la moneda y la flexibilización laboral como prin-
cipales mecanismos de búsqueda de la competitividad empresarial (nótese
que estos mecanismos se dirigen a disminuir los costos salariales de cara al
mercado mundial). En la etapa aperturista se intenta infructuosamente susti-
tuir el liderazgo dinámico de la industria manufacturera por la construcción
de vivienda y la demanda externa (exportaciones).

Conviene mencionar que en este trabajo también se estudia la recupe-


ración económica de la primera década del siglo XXI. El modelo de desa-
rrollo aperturista y sin promoción industrial no sólo no cambia sino que se
profundiza. La economía nacional se recupera -sin llegar a los niveles de
crecimiento de largo plazo de principios de los años setenta- por la coyun-
tura favorable de auge de la economía mundial ( con excepción de los años de

19
ÜIVERSIF!CACIÓN PRODUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

la crisis financiera internacional: 2008-2009), términos de intercambio favo-


rables para los minerales y algunos producto agrícolas (comandados por la
demanda internacional, los minerales y otras materias primas experimen-
tan precios crecientes), flujos de inversión extranjera, y pacificación interna
(Plan Colombia y "Seguridad Democrática" del gobierno Uribe Vélez).

Aunque la promoción de exportaciones se impulsó desde 1967, durante


el gobierno de Carlos Lleras Restrepo, con el famoso decreto 444 de control
de cambios, la devaluación gradual ("gota a gota" o crawling peg) y el apo-
yo tributario a las exportaciones (CAT), el tránsito hacia el nuevo modelo
de desarrollo se dio en los gobiernos sucesivos de Misael Pastrana Borrero
(1970-1974), Alfonso López Michelsen (1974-1978) y Julio César Turbay
Ayala (1978-1982). Son estos gobiernos los que abandonaron la política de
impulso a la diversificación industrial. El modelo aperturista se profundi-
zó con la Apertura comercial y financiera de César Gaviria Trujillo (1990-
1994). Y se siguió profundizando en los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez
(2002-2006-2010) y Juan Manuel Santos (2010-2014) con una mayor des-
gravación arancelaria, subsidios a los exportadores, la firma de una serie de
tratados bilaterales de libre comercial, profundización de la flexibilización
laboral, desregulación del sector financiero y otras medidas dirigidas a am-
pliar el libre desenvolvimiento de los mercados y a privatizar las activida-
des productivas en diferentes sectores económicos (la salud, la educación,
la banca, la infraestructura, la energía eléctrica, las comunicaciones y otros
servicios públicos, etc.).

El viraje de un modelo de desarrollo a otro cambió fundamentalmente la


política económica de los gobiernos, en especial la intervención guberna-
mental en la promoción industrial. En el período industrialista se privilegió
la creación de nuevos sectores, y durante el periodo aperturista se ha privi-
legiado la promoción de los sectores ya existentes. Se le apostó al pasado
contra el futuro y, por tanto, perdimos: mientras el período intervencionista
(e industrialista) se caracterizó por la industrialización y la aceleración del
crecimiento económico, el período aperturista se ha caracterizado por la
desindustrialización y la desaceleración del crecimiento económico.

Conviene definir de una vez que por industrialización se entiende en este


libro el proceso sostenido de diversificación productiva del sector manufac-
turero. Y por desindustrialización se entiende lo contrario: una parálisis (o
retroceso) del proceso de diversificación productiva. Actuando como loco-
motora de la economía en el período industrialista, el sector industrial ma-

20
PREFACIO

nufacturero creció más rápidamente que el resto de la economía y aumentó


por tanto su participación en la generación del PIB . En el período aperturis-
ta ningún otro sector sustituyó al sector manufacturero en su rol de lideraz-
go tecnológico -a pesar del intento, la construcción y las exportaciones no
lideraron el crecimiento económico de largo plazo (Alonso y Patiño, 2007;
Ortiz, Uribe y Vivas, 2009)-, el sector industrial disminuyó su dinámica y
perdió participación en la generación del PIB. Por tanto, la evolución de la
participación industrial manufacturera en la generación del PIB se conside-
ra una medida adecuada del proceso de transformación productiva del país.

Una advertencia. No es el propósito de este libro hacer un fetiche del


sector industrial manufacturero. Conviene aclarar, por tanto, que la diver-
sificación del sector industrial manufacturero ha jalonado el crecimiento
económico en Colombia y en el mundo porque históricamente este sector ha
sido intensivo en tecnología (y en inteligencia). A partir de esta característi-
ca se entiende por qué la diversificación del sector industrial manufacturero
activa otros importantes motores del crecimiento económico. La diversifi-
cación productiva en si misma potencia la productividad y el crecimiento
económico (como en la fábrica de alfileres de Adam Srnith, la especiali-
zación potencia la productividad), también activa la expansión del cono-
cimiento tecnológico (la ciencia aplicada a la industria ha sido la fuerza
productiva más importante del desarrollo capitalista), el crecimiento del ca-
pital humano: educación, aprendizaje en la práctica, salud y salubridad (los
sectores intensivos en tecnología requieren fuerza de trabajo calificada que
genera extemalidades en la productividad), el gasto público productivo (el
desarrollo industrial y productivo en general requiere el desarrollo de activi-
dades infraestructurales complementarias), y la explotación de economías a
escala (la mayor escala permite alcanzar mayores niveles de productividad
en diferentes sectores económicos que se apoyan mutuamente a través de
extemalidades pecuniarias y pueden inducir procesos virtuosos de creci-
miento autosostenido ). Aunque históricamente, por su naturaleza intrínseca
de transformador de materias primas, el sector industrial manufacturero ha
concentrado en sí el conocimiento científico y tecnológico, este monopolio
del sector manufacturero se ha diluido considerablemente; como lo reve-
lan los recientes desarrollos científicos y tecnológicos en otras actividades
económicas -informática, computación, telecomunicaciones, animales
y plantas transgénicas, genética, biotecnología, robótica, nanotecnología,
creación de nuevos materiales, investigación científica y tecnológica, etc.-.
Además, los desarrollos recientes en la teoría del crecimiento económico
han replanteado la visión tradicional, y hoy se acepta, especialmente entre

21
ÜlVERSIFICAC IÓN P ROD IJCTIVA Y C REC IMIENTO ECONÓ ~UCO

los teóricos del crecimiento endógeno y los teóricos estructuralistas, que es


el desarrollo de nuevas actividades intensivas en tecnología (manufactureras
o no) lo que potencia la productividad sistémica y el crecimiento económico
(Rodrik, 2007; United Nations, 2007).

Así, pues, la clave del desarrollo económico en la visión estructuralista se


encuentra en la diversificación de las actividades productivas intensivas en
tecnología. Por esa razón, este libro está compuesto de cuatro capítulos sobre
los efectos dinámicos en la economía de la diversificación productiva con
especial énfasis en la experiencia del crecimiento económico de Colombia
desde principios del siglo XX a la actualidad.

El primer capítulo es este prefacio. El segundo capítulo es una versión


revisada y ampliada de las notas de clase del autor para sus cursos de creci-
miento económico de la Universidad del Valle. En este segundo capítulo se
presentan las bases analíticas de las teorías del crecimiento endógeno y se
construye un modelo de crecimiento endógeno que muestra cómo la diversi-
ficación productiva liderada por la actividad innovadora del sector empresa-
rial en un contexto no competitivo puede generar externalidades productivas
e inducir un crecimiento económico sostenido. El modelo mencionado es
de carácter schumpeteriano -la creación de nuevos productos y sectores
económicos se endogeniza como parte del quehacer empresarial-. El mo-
delo se basa en los aportes analíticos de Romer (1987, 1990) y Grossman y
Helpman (1991). Por tanto, no tiene pretensiones de originalidad teórica. No
obstante, por su diseño, el modelo aquí desarrollado genera una tecnología
agregada de la economía que revela cómo la potencia de las externalidades
asociadas a la diversificación de los insumos manufactureros incide en la
productividad sistémica de la economía. De hecho, se muestra que si las
externalidades mencionadas son lo suficientemente fuertes pueden contra-
rrestar la tendencia decreciente de la productividad del capital. En ese caso,
la tecnología agregada de la economía se caracteriza por rendimientos cons-
tantes o crecientes en el capital (fisico y humano), y se induce un proceso
de crecimiento sostenido; de otra forma, si el impacto de las extemalidades
de la diversificación productiva no alcanza a contrarrestar la tendencia men-
cionada, la economía converge, como en el modelo de crecimiento exógeno
de Solow (1956) y el de Ramsey-Cass-Koopmans (1928, 1956, 1956), a un
estado estacionario caracterizado por un producto per cápita constante (el
producto per cápita cesa su crecimiento).

22
PREFACl ~ 4'

En el segundo capítulo se plantea que el enfoque analítico schumpete-


riano es siempre relevante para explicar el liderazgo del sector empresarial
en el desarrollo tecnológico y la diversificación productiva de la economía.
Para el caso del desarrollo económico colombiano el enfoque de innovación
empresarial es especialmente importante para entender por qué a principios
del siglo XX en un contexto de economía cerrada se dio un proceso de despe-
gue económico virtuoso. En ese período, que cubre por lo menos la primera
mitad del siglo XX, los empresarios nacionales lideraron de forma autóno-
ma el proceso de industrialización y generaron un proceso de crecimiento
económico acelerado que fue apoyado por los gobiernos con incentivos a
la acumulación y con inversión pública tanto en la acumulación de capital
como en la construcción de una infraestructura complementaria. Como en
todo proceso de desarrollo industrial tardío, la diversificación productiva y
la acumulación de capital en Colombia no se basaron en la innovación tec-
nológica autóctona --como sucede en los países desarrollados que lideran el
cambio tecnológico- sino en la adopción y adaptación de tecnologías forá-
neas. La transferencia tecnológica se llevó a cabo principalmente a través de
la importación de maquinaria y equipo en un contexto de mercados internos
relativamente protegidos tanto de forma natural (costos de transporte) como
política (barreras comerciales arancelarias y para-arancelarias). Sólo de esta
forma se puede entender que los empresarios nacionales hayan diversificado
las actividades productivas y hayan asumido los costos de copia, adopción
y adaptación de las tecnologías foráneas : en condiciones de protección los
precios internos pueden elevarse sobre los precios internacionales.

El tercer capítulo es la versión ampliada y traducida al español del artí-


culo de Ortiz (2013 ). Se incluyen aquí secciones, anexos y apéndices que
no se publicaron en la revista referenciada. En este capítulo se construye un
modelo de crecimiento endógeno con diversificación de los insumos manu-
factureros. En una primera parte se examina el comportamiento dinámico
de la economía en un contexto de autarquía y, luego, se analiza su com-
portamiento bajo un régimen de apertura comercial y competencia interna-
cional. Con este modelo se analiza cómo las extemalidades productivas y
pecuniarias derivadas de la diversificación productiva ameritan el apoyo del
Estado a la acumulación de capital que implica la creación de nuevos secto-
res productivos. El modelo arroja los siguientes resultados. En primer lugar,
los niveles de ingreso y el bienestar social se relacionan directamente con la
diversificación de los insumos manufactureros (DIM). En segundo lugar, la
tasa de crecimiento económico también aumenta con la DIM; esta relación,
sin embargo, no es lineal ya que la economía debe sobrepasar un umbral de-

23
ÜTYERSIF!CACIÓ N PRODUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO

terminado de diversificación productiva antes de que la tasa de crecimiento


económico reaccione positivamente. Y en tercer lugar, la transformación
estructural (el cambio de la distribución del capital de la actividad agrícola a
la actividad manufacturera) se relaciona directamente con la DIM. Los dos
primeros resultados han sido sometidos a prueba estadística en otras partes
(Ortiz y Castro, 2008; Ortiz, Castro y Badillo, 2009). El tercer resultado se
analiza estadísticamente en este capítulo.

El cuarto capítulo se centra en el desarrollo socioeconómico de Colom-


bia desde principios del siglo XX. Se identifican los activos productivos
que más han incidido en el crecimiento económico de largo plazo:
1. La diversificación productiva en general y la manufacturera en
particular.
2. El desarrollo de la infraestructura en general y en especial la del siste-
ma multimodal de transporte.
3. El respeto a la propiedad en general y a la vida en particular.
4. Las políticas económicas que promueven la acumulación de capital.
5. El desarrollo institucional que promueve, preserva u ofrece los activos
productivos con especial énfasis en los anteriormente mencionados.

En este capítulo se muestra que la diversificación productiva, en espe-


cial la diversificación del sector industrial manufacturero, ha sido el activo
productivo que más impacto ha tenido sobre la dinámica económica nacio-
nal. Éste impacto no sólo se explica por su propia capacidad de potenciar la
productividad sistémica de la economía sino también por su capacidad de
inducir o activar otros activos productivos que también actúan como motores
del crecimiento económico (la apropiación del conocimiento tecnológico,
la educación tecnológica, el aprendizaje en la práctica, la inversión pública
en infraestructura productiva, y la ampliación de la escala de producción
industrial y el aprovechamiento de economías de escala a través del efecto
virtuoso de la ampliación del mercado y de la demanda agregada). También
se examina de forma breve la evolución histórica de la correlación de fuerzas
entre las élites nacionales y el resto de la sociedad civil -análisis que se si-
túa en el campo de la política y en el correspondiente diseño de las políticas
económicas-. Con base en el desarrollo político y económico del país en su
contexto nacional e internacional se explica la adopción de los modelos de
desarrollo económico y sus efectos en el crecimiento económico de largo y
mediano plazo. Especial cuidado se le presta a la relación entre estas políti-
cas y el apoyo gubernamental a los activos productivos arriba mencionados_.

24
PREFACIO

Dada la gran complejidad de las relaciones entre política y desarrollo


económico es evidente que el análisis aquí presentado es apenas introducto-
rio. Aunque se basa en desarrollos de la historia económica de Colombia y
otros análisis socioeconómicos y políticos -algunos de los cuales se citan
en las referencias bibliográficas-, requiere complementarse y desarrollarse
con el concurso de los analistas sociales del país.

Finalmente el texto cierra en el capítulo quinto con una recomendación


de política económica para el desarrollo: los gobiernos nacionales deben
mantener al país en la senda de la diversificación productiva con una incor-
poración creciente de tecnologías de punta.

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