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La Dramaturgia

Desnudarse en la palabra escrita


Apuntes de Greymar Hernández

Jersey Grotowski consideraba que para que existiera el hecho teatral, sólo era necesario un actor y
un espectador.

Y sí, es cierto que, más allá del intercambio actor-espectador, todo lo demás, que constituye la
composición escénica, suma, pero no es imprescindible.

Sin embargo, el discurso estructurado, la palabra escrita, la existencia de un texto que sostenga ese
“algo que decir”, es lo que ha convertido al teatro en un acontecimiento que se ha mantenido por
siglos y que continúa transcendiendo y evolucionando. Y esto es, precisamente porque el texto nos
cuenta. El texto teatral sustenta lo que hemos sido y lo que somos. Y es de eso que hablamos,
cuando sentimos la necesidad de expresarnos.

Así, nosotros, ciudadanos del mundo moderno, interesados en el estudio del teatro, no podemos
obviar la pluma de los grandes dramaturgos que han tejido los hilos de lo que hoy para nosotros es
la plataforma sobre la cual transitamos para convertirnos en creadores.

La palabra texto, antes que significar un texto hablado o escrito, manuscrito o impreso, significa
“tejido”. En este sentido no hay espectáculo sin “texto”.
Lo que concierne al “texto” (el tejido) del espectáculo, puede ser definido como “dramaturgia”; es
decir drama-ergon, trabajo, obra de las acciones. La manera como trabajan las acciones, es la trama.

William Shakespeare, Lope de Vega, Tennessee Williams, Pedro Calderón de la Barca, Miguel de
Cervantes, Arthur Miller, Tirso de Molina, Federico García Lorca, Johann Wolfgang von Goethe,
Jean Baptiste Moliere, Harold Pinter, Eugene O´Neill, Bertol Brecht, Samuel Beckett, Anton
Chejov, Henrik Ibsen, Eugene Ionesco, Luigi Pirandello, Victor Hugo, Oscar Wilde, Darío Fo,
Albert Camus, entre tantos y tantos otros, han abonado el terreno de la creación dramatúrgica.

Pero, más allá de lo que ha sido la historia de la dramaturgia sobre la cual nos sustentamos, lo
fundamental es saber para qué nos sirve y esta pregunta tiene varias respuestas importantes:

La dramaturgia no es más que un viaje emocional. Permite cumplir el objetivo fundamental del
hecho teatral que es, tener algo que decir y decirlo. Les da un destino a los personajes. Construye una
especie de memoria oral de lo que hemos sido y una ventana de lo que seremos. Todo esto, es
entendido desde el punto de vista del actor que encarna al personaje, del director que dibuja la escena
y del espectador que digiere el discurso. Pero, ¿para qué necesita la dramaturgia el dramaturgo? Para
saberse útil, vivo y vigente.
“El teatro es un verbo encarnado. Es un género activo” Jorge Amado.

La dramaturgia permite a todo aquel que se interese en decir algo, desnudarse en la palabra escrita.

¿Y cómo se hace?

Hay tres pasos a seguir para todo dramaturgo:

- Leer teatro
- Ver teatro
- Escribir teatro

Se aprende a escribir, escribiendo.

Un dramaturgo debe descubrir lo teatral en el día a día. En el acontecimiento.

La dramaturgia habla acerca del día en el que cambiaron las cosas.

Cuando asistimos al teatro, vemos historias en las que algo pasa, algo cambia. Ninguna pieza teatral
cuenta la historia de un grupo de personas a las que todo les sale bien.

El dramaturgo debe desarrollar la capacidad de percepción, para descubrir dónde está la historia y
cuál es el punto de quiebre.

Los escritores deben ser muy indiscretos.

Los personajes reclaman cosas.

El dramaturgo debe ser recolector de gestos y de sensaciones.

El momento perfecto para sentarnos a escribir, es cuando ya no podemos contener más la historia
dentro de nosotros.

No existe una fórmula matemática para hacer dramaturgia, pero existen algunas herramientas que
permiten pulir el discurso, con el único fin de que llegue al espectador, de una manera efectiva y
directa.

1. Escribir un diálogo.
2. Hacer historias humanas.
3. Inmediatez.
4. Importancia capital de los personajes.
5. Los personajes llenos de contradicciones.
6. Los personajes pueden mentir.
7. Las cosas no siempre son lo que parecen.
8. Lo sugerido es más atrayente.

La magia de los personajes ausentes.

Ningún dramaturgo puede ser complaciente. La mala dramaturgia es complaciente.

“No estamos para ganarnos al público, sino para comunicarnos con él”.
No se escribe sobre las cosas, sino sobre los personajes. Otelo no es una obra sobre celos. Es la
historia de un hombre celoso.

La estructura puede ser determinante para lo que queremos contar.

Algunos ejemplos:

Construcción contemporánea
Base
Historias paralelas
Hilación
Elemento externo de irracionalidad

Estructura circular de encuentros


La Ronda. De Arthur Schnitzler. Dramaturgo austríaco.

Estructura en cadena
Traición. Harold Pinter. Dramaturgo inglés.

Estructura cruzada
Las Horas. David Hare. Dramaturgo inglés.

Estructura paralela
Morir. Sergi Berbel. Dramaturgo español.

¡Te lo ruego, termina tu obra!

“El camino de la escritura está lleno de dudas”

“Escribir es una forma de supervivencia”

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