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DIDÁCTICA DE LA LENGUA
Unidad V: Didácticas de la Reflexión acerca de los hechos del Lenguaje

 De GREGORIO de MAC, María Isabel


La gramática: condición necesaria pero no suficiente
En: Temas actuales en Didáctica de la Lengua - Centro de Lingüística Aplicada
Fac. de Humanidades y Artes – Un. Nac. de Rosario - 2000

El estudio del lenguaje despierta interés constante y desde las más dispares disciplinas se trata de
entender su complejidad. En la actualidad se ha instalado firmemente la discusión acerca de la situación
de enseñanza. Los constantes fracasos que se enfrentan, las frustraciones que presenta el verificar que
los alumnos comprenden cada vez menos lo que leen o producen han generado una permanente
reflexión.
Este hecho alerta la necesidad de atender simultáneamente a estos requerimientos y a la
diversidad de teorías y escuelas que presentan soluciones. Son todas hipótesis científicas válidas como
aproximación al estudio de los hechos del lenguaje pero es conveniente formular las correspondientes
reservas antes de aceptar propuestas.
En los estudios del lenguaje se consideró siempre el abordaje formal de la gramática como uno
de los componentes básicos, por eso hay quienes prefieren ampararse en ese ámbito conocido, en la
seguridad de la descripción del sistema, antes que exponerse a la incertidumbre de nuevas teorías cuya
aplicación es incierta todavía.
El estructuralismo fue la gran primera alternativa. Cuando llegó a las escuelas, se instaló
firmemente. Y entonces, fue estudio del código. Codificar - decodificar / transmisión de información -
descripción de productos.
Al enfrentar el complejo hecho comunicativo, resalta con evidencia que la información que el
mensaje conlleva es transmitida por medio del código, conjunto de reglas para combinar los elementos.
Pudiera creerse, entonces, que para el logro de la comunicación solo hace falta que el emisor y receptor
sean competentes en el conocimiento de ese código lingüístico que utilizan. Esta situación no es tan
sencilla ni tan evidente. Todos somos conscientes de la gran diferencia que existe entre los significados
codificados y lo que realmente se quiere decir. Este es un problema interesante, porque sostener que
decodificar es comprender significa creer que las lenguas son solo códigos destinados a la transmisión
de información. Es creer que todos los contenidos expresados son presentados de manera explícita. Y
eso no es así en todos los casos.

Interacción lingüística
La interacción cara a cara, juego en el que intervienen infinidad de variables manifiestas a través
de signos verbales y no verbales, gobernados por el sistema de reglas, es un proceso dinámico e
irreversible mediante el cual se intercambia y se interpreta la información contenida en un mensaje en
un contexto determinado. es un proceso dinámico porque está sometido al movimiento y al cambio que
facilitan el orden y la estabilidad del sistema y es un proceso irreversible en el sentido en que no es
posible retroceder después de a emisión. Basta pensar en la dificultad de eliminar la información ya
transmitida.
Consideremos ciertos ejemplos que, por no aparecer frecuentemente en los textos de lingüística
pierden su eficacia. Ante esta interacción:
A- ¿Vamos al cine esta tarde?
B- Tengo parcial de Lingüística el lunes.
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La propuesta de B, que es una expresión afirmativa, evidentemente implica: No. Para poder
asignar el significado que, tanto emisor como receptor, sin necesidad de ser superdotados, entienden
perfectamente, es necesario que estén insertos en un contexto situacional compartido, en el que tener
que rendir un parcial –prueba de evaluación- supone un tiempo dedicado al estudio que no puede ser
usado simultáneamente para asistir a una función cinematográfica. Desde el enfoque gramatical, el
análisis de ese enunciado no difiere en esta interacción:
A- ¿Cuándo es el próximo parcial?
B- Tengo parcial de Lingüística el lunes.

La dependencia contextual para la asignación de significado es evidente.


Si recordamos las propuestas de GRICE (1975) podemos enfrentar dos posiciones en cuanto a la
existencia de un significado natural (Sdo n) y un significado no natural (Sdo nn). Podemos verificar las
diferencias entre las relaciones lógicas y las que se crean en la mencionada interacción verbal y graficar
así:
Sdo n Sdo nn
Lógica Conversación
Semántica veritativa Pragmática situacional
Verdadero/falso Adecuación
Contexto ideal Contexto situacional

Esto conduce al cuestionamiento de ciertas prácticas que valorizan una actividad gramatical
rígida, centrada sólo en categorías gramaticales, sin otro objetivo que el conocimiento de la teoría y no
su proyección.
Acorde con lo que sostiene VAN DIJK ( 1991) el análisis del discurso abarca más que la mera
descripción de las estructuras textuales porque un discurso no es sólo texto sino también una forma de
interacción. El locutor se refiere por el discurso al mundo y al otro que está en ese mundo: “La realidad
no se descubre sino que interpreta, es decir, que se construye, se negocia, y se mantiene a través de las
interacciones en las que participamos”( LOMAS, 1993) El discurso se organiza en la interacción y a partir
de esa instancia se producen implícitos. Los signos, hábilmente combinados y hábilmente
desentrañados, otorgan un valor añadido a la significación puesto que aluden no sólo a la relación
sintáctica sino también a la cooperación interpretativa de los destinatarios.

Comprensión y gramática
¿En qué nos apoyamos para comprender?. En varios niveles. Comenzamos por la estructura
sintáctica y los elementos léxicos empleados, pero las conexiones sustentadas en nuestro conocimiento
del contexto serán factores decisivos en la comprensión. El proceso no se detiene en la decodificación
literal, comprobamos cómo el conocimiento de la estructura gramatical se vuelve insuficiente.

Siete días que cambiaron su vida [Aviso publicitario]


El primer día pidió el préstamo.
El segundo día encontró la casa.
El tercer día llamó al plomero, los pintores y el electricista.
El cuarto día eligió las cortinas y las alfombras.
El quinto día encargó los muebles.
El sexto día arregló con la escribanía.
Y el séptimo día descansó.
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Le otorgaron el préstamo hipotecario del Banco XX.

En este caso se destacan los recursos que se apoyan en la estructura gramatical: por ejemplo la
organización sintáctica y la disposición de los elementos en la reiterada configuración lingüística.
Tenemos un ordenamiento numeral de los días, con marcadores discursivos, que presumimos
corresponden a la semana, por ser siete (lo que no está explicitado). Además la repetición
circunstancial + verbo núcleo + objeto directo establece la cohesión textual necesaria, enfatizada por la
recurrencia del lexema “día” que se manifiesta en las cinco [sic ¿?] primeras oraciones.
La cantidad de información es mínima si se la compara con la cantidad de significación
proveniente del receptor, es decir del evaluador textual, activadas en las pistas o claves
contextualizadoras que el productor ha impreso y que el receptor interpreta. Por ejemplo si faltara el
conocimiento acerca de la creación del mundo en la religión cristiana, no se hubiera podido entender.
La similitud con el relato bíblico contribuye a dar textura y posibilita establecer relaciones: rapidez y
milagro, que son las características que probablemente el publicista quiso destacar. Y digo
probablemente porque nunca el texto del productor es igual al texto del receptor. Por eso hablamos de
diferentes lecturas.
Podemos agregar que el tópico de este texto: eficiencia y agilidad del funcionamiento bancario
está afirmado por los campos semánticos que involucran todo lo necesario para la vivienda.
Pero al pasar quisiera destacar dos recursos que sólo la sintaxis puede aportar: ¿Cuál es el referente de
esta publicidad? ¿Dónde está mencionada esa identidad referencial? Dice su vida, y hacia el final
aparece un conector forma referida libre le, unida a un verbo en tercera persona de sujeto
indeterminado. ¿Qué implica? No se establece el receptor porque es justamente indeterminado, es para
todos.
La gramática es, entonces, condición necesaria para transmitir estas informaciones, pero no es
suficiente para abarcar la complejidad del texto.

Gramática/Uso
Se retomamos el planteo inicial alrededor de la necesidad de optar entre diversas posiciones
teóricas, puede resultar esclarecedor preguntarse acerca de la esencia de la lengua. La respuesta debe ser
que no es posible asilarla de su uso puesto que existe solo por él, ya sea como pensamiento individual, ya
sea como acto de comunicación. Tenemos conciencia de la lengua cuando hacemos uso de ella, para
comunicarnos con otros o con nosotros mismos, al pensar (GARCÍA, 1988).
Y si no es posible disociar la lengua de uso, cabe preguntarnos: ¿en qué consiste saber una lengua?
¿Qué se necesita para comprender una lengua? Se necesita conocer:
Las formas lingüísticas: sus relaciones y sus significados……………… el sistema
La inserción de esas formas en el texto que se está creando………….. la organización
El funcionamiento de ese texto en la interacción…………………………..el uso

Un hablante competente maneja unidades y combinaciones y las utiliza adecuándolas a la situación


de producción. Quien aprende una lengua está en posesión de reglas para la aplicación de un sistema de
signos, está en condiciones de usar esas reglas. La organización del texto no se puede explicar con los
mismos términos con los que se explica la organización de la oración. Las estructuras y el uso del lenguaje
son cosas muy distintas. Se podrían ejemplificar estos conceptos con un breve análisis de una clase de
construcción pasiva. Se trata en este caso de una estructura gramatical en la que el objeto de la oración
activa se convierte en sujeto, éste en complemento agente y el verbo núcleo pasa a auxiliar + verboide
(ser + participio).
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La información fue ocultada.


La información fue ocultada por el gobierno.

La presencia de todos o la ausencia de alguno de los elementos mencionados no modifica la


construcción pasiva que, desde el nivel gramatical, sigue respondiendo al mismo contenido. El
planteamiento desde una perspectiva de la comprensión es radicalmente distinto. Se encaran otras
posibilidades porque la inclusión de una construcción pasiva en la organización discursiva genera
inferencias que potencial la resignificación.
Por una parte, provoca el enfrentamiento entre: ¿qué es una pasiva? Con ¿para qué, cómo, cuándo
y por qué utilizamos la pasiva?, es decir un enfrentamiento entre gramática (análisis del sistema) y
variaciones del uso. Se vuelve necesario introducir un factor de variabilidad que ha de conjugarse con la
explicación, es decir, en el campo gramatical se puede explicar la formación de la pasiva en términos
puramente morfosintácticas, sin atender a su uso, de manera que ante la sucesión
Suj (ag) + Vtr + obj
se construye automáticamente la pasiva correspondiente
Suj (obj) + ser Vdo + Circst (ag)
mientras que en un análisis textual, además de describir esa construcción hay que proporcionar, al mismo
tiempo, una explicación que justifique la selección de formas en el uso real del lenguaje. Por otra parte,
hay que proponer respuestas a interrogantes tales como:
a) El agente como circunstancial no es frecuente en español ¿por qué? ¿en qué circunstancias se usa y en
cuáles no? ¿qué impacto de significado deviene si se introduce el agente cuando normalmente no se
esperaba? Esto no es una cuestión estilística, sino que está estrechamente ligado a la asignación de
significados.
b) ¿Cuándo suele usarse la pasiva en español? Aquí la explicación debería incluir, por ejemplo, el papel del
tema (o tópico) del objeto/paciente frente al carácter irrelevante, secundario o fácilmente recuperable
del agente; las razones para un quiebre sintáctico, etc.

Estas son interpretaciones que no encuentran explicación posible en una gramática oracional tradicional
ni está en sus objetivos el proporcionarlas.En todos estos casos, utilizar solamente las reglas de la
gramática para la producción lingüística no es operativo.

Reglas/estrategias
Una regla responde a una correspondencia entre dos símbolos. Atiende a la formalización y no a los
contenidos. Las reglas hacen explícitas las regularidades. En la interacción la aplicación de reglas no es
productiva. Los enunciados están insertos siempre en un contexto. Sus condiciones operativas no son
siempre iguales. No bastará con reglas automatizadas sino que será imprescindible contar con otros
procedimientos que permitan:
 evaluar las condiciones de cada contexto
 establecer las vías más adecuadas para alcanzar los objetivos
 apelar al conocimiento almacenado en memoria.

Habrá que tener en cuenta el conocimiento de las estructuras del lenguaje y de las condiciones
contextuales en las que puede y no puede utilizarse cada estructura. Esto depende de una diferenciación
importante entre reglas y estrategias.
Según VAN DIJK (1978), a diferencia de una regla, una estrategia puede operar sobre información
estructural incompleta, recibe información de varios niveles al mismo tiempo (sintáctico, semántico,
pragmático, contextual o cognitivo). Una estrategia está dirigida hacia un objetivo y depende de los
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intereses personales de los hablantes, por lo tanto, su propiedad más importante es ser lo más eficaz
posible. El aprendizaje de la lengua puede entenderse como aprendizaje de estrategias y procedimientos.
El problema de las frontera entre la oración y el uso no se ha planteado en la gramática hasta muy
recientemente. Se daba por supuesto que la oración era la unidad máxima de la gramática y su límite
superior (HALLIDAY, 1978). Dentro de los límites oracionales, un elemento viene determinado por el
anterior y por el cotexto, pero ese determinismo no está en absoluto claro en el plano textual. En cuanto
salimos de la oración nos encontramos con un mundo complejizado. En lugar de operar con objetos
simples más o menos abstractos como las oraciones, enfrentamos objetos complejos, prácticamente
individualizados, en los que la asignación de significados obedece a su inserción en contextos concretos.
Podemos afirmar que existe un salto cualitativo fundamental de la oración al texto.
Entre las distintas propuestas teóricas que abordan estas cuestiones, la pragmática se perfila como
una opción válida para estudiar los problemas de comprensión y producción textual con el aporte de sus
dos grandes dominios: la teoría de los actos de habla y el contexto.
En cuanto a los actos y el significado, sostiene LEVINSON (1989) que esta cuestión ha sido muy
estudiada desde el pasado; preguntarse qué significa un enunciado, se complica ahora con una posición
distinta en la que se pregunta, además, cuál es la fuerza de dicho enunciado (DE GREGORIO Y MARTÍNEZ,
1995). Además de la vieja doctrina acerca de los significados, necesitamos una nueva doctrina acerca de
todas las fuerzas posibles de los enunciados (AUSTIN, 1982). Resulta muy ilustrativo un ejemplo tomado
de LAKOFF (1972) quien se pregunta: ¿qué tipo de enunciados concretos se harán posibles a partir de una
frase abstracta? Digamos: “Si tú abres la puerta, te doy el látigo”. Puede que tengamos una idea clara de
lo que significa, pero cuando contextualizamos, la influencia cultural modificará totalmente el significado.
En lo evidente, para nosotros, que no gustamos del látigo, este enunciado se constituye en una amenaza.
Es una convención admitida: el látigo hace mal. Si cambiamos la convención y nos situamos en otro
sistema institucional en el que el látigo produce placer, el enunciado deviene entonces en promesa. La
asignación de sentido depende de su inserción contextual.
La idea de que con el lenguaje se llevan a cabo actos complejos en situaciones concretas produciendo
textos organizados según una gramática es el fundamento de la pragmática lingüística (BANGE, 1976). La
pragmática no se contrapone a la gramática, como se ha venido sosteniendo. Es más, la gramática es una
condición necesaria aunque no suficiente. Para explicar las estructuras que subyacen en el discurso claro
está que se necesita una gramática de las estructuras. Pero para poder asignar significación, la pragmática
concentrará en las marcas del discurso las explicaciones una gramática de la oración no puede
proporcionar. Insistimos en la necesidad de estudiar el lenguaje como acción, como una acción entre
interlocutores en distintos contextos comunicativos. Esto supone que comunicarse es hacer cosas con
determinadas intenciones en situaciones concretas y con la incidencia de los saberes de los intervinientes.
Es decir, que lenguaje, acción y conocimiento son inseparables (STUBBS, 1987).

Gramática/Pragmática
Gramática y pragmática son dominios complementarios. Se ocupan del sistema (ESCANDELL, 1996),
de su descripción, se diferencian en el tratamiento que hacen para justificar e interpretar los productos
resultantes del uso. Enfrentan el mismo objeto desde puntos de vista diferentes: la gramática desde un
“enfoque formal” y la pragmática desde una “perspectiva integral”. Para el logro de una comprensión más
ajustada se necesitará ciertamente de la sintaxis y la semántica, pero también y básicamente de la
pragmática entendida como teoría contextual. Desde esta perspectiva se considera a los hablantes
operando con discursos como unidades comunicativas contextualizadas y se ofrece un marco conceptual
apto para la descripción, explicación e interpretación de los múltiples fenómenos del lenguaje. Esta no es
una tarea asilada, sino interdisciplinar.
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De todos modos es posible señalar diferencias entre gramática y pragmática. Cada ciencia crea su
objeto, la pragmática aparece como buscando su objeto, sobre todo un objeto fijo, homogéneo. La
gramática, lo tiene. Su objeto es la oración bien formada, allí es posible estudiar las reglas.
La pragmática no ha creado ese tipo de unidad. Su unidad es el discurso, pero el discurso en contexto.
Entonces no puede asilarlo para proceder a su descripción, sino más bien suma otra dificultad: la
inestabilidad de los significados concebidos fuera de contexto. Este objeto que se utilizan cuando se
interpreta un acto de lenguaje. Estas operaciones, que relacionan las estructuras mentales con las
estructuras lingüísticas, son su objeto de estudio. Intenta explicar los mecanismos de producción y
comprensión que ponen en acción esquemas almacenados en la memoria que posibilitan establecer
inferencias.
En este punto, la competencia comunicativa se vale de la gramática como entidad para el
conocimiento de un código que, en la mayoría de los casos, busca su realización plena en el plano
comunicativo social.
La competencia gramatical es una condición necesaria sin la cual es muy difícil trascender los límites
para atender al uso porque se impone el conocimiento de recursos que organicen la comunicación
lingüística. La pragmática, con su consideración del discurso como unidad de uso contextualizada, se
constituye en un componente de importancia.

Gramática/comunicación. Oración/texto
Si consideramos que el discurso es una unidad comunicativa y la oración no lo es, esta diferencia
deberá reflejarse en su abordaje teórico. ¿O es que será posible subir desde las unidades menores, con
una metodología formal hasta el texto, sin que se produzca una catástrofe, es decir, un cambio radical, un
cambio metodológico?
La teoría de Catástrofes es uno de esos métodos que define diversos tipos de procesos “suaves” o
con cambios bruscos, “catástrofes”, y proporciona una visión bastante detallada de su transcurso.
En suma, si el pasaje de la oración al texto corresponde a lo que se define como catástrofe, que
surge como respuesta repentina de un sistema a un cambio en las condiciones externas, habrá que pensar
en las condiciones contextuales. Se trata de pasar de un estado de equilibrio a otro, que en el caso del
texto, está presionado por variables internas y externas.
El contexto, en este enfoque, comprende un componente cognitivo que incluye la experiencia
almacenada en la memoria, un componente sociolingüístico que permite reconocer las situaciones,
distinguirlas, seleccionar las variedades apropiadas y un componente cultural que abarca el mundo
compartido por los participantes en la interacción. Todos estos conocimientos están al servicio de la
planificación de qué, cómo y cuándo se debe aprender para comprender lo dicho y para potenciar el uso.
Ya en la década del 70, BARRENECHEA afirmaba que, al pasar de la oración al discurso, de la sintaxis
a la semántica y la pragmática; de las constantes a las variables y de los constatativos a los preformativos,
se iniciaba definitivamente una nueva etapa. La pragmática, con su consideración del discurso como
unidad de uso contextualizada, se perfila como ese componente de importancia decisiva, instalado allí con
derecho propio, en esa nueva etapa. Esta perspectiva posibilita la asignación de sentido textual, ya que
todo texto surge de la negociación entre una mitad codificable y otra mitad inferible. La gramática
proporciona la mitad codificable y la contextualización, la mitad inferible.
Los hablantes intentan encontrar el equilibrio óptimo entre la reducción del esfuerzo en los
procesos del productor y los del receptor para alcanzar una comprensión adecuada del mensaje con el
mínimo esfuerzo (BERNÁRDEZ, 1995). Y esto puede ser así pues ambos cuentan con la capacidad
inferencial que, a partir de lo contextual, es posible que incorporen al texto.
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Valorizar una actividad gramatical rígida es cuestionable. Solo nos dará la cara codificable de la
emisión. Por supuesto que en el plano de las opciones que del sistema hace el productor del texto,
estarán presentes ciertas pistas que el receptor podrá seguir o no, según sus posibilidades o intereses,
pero al mismo tiempo está toda la tarea del receptor que completa, con la reasignación de sentido, toda
la complejidad que supone la comprensión, la individualidad que permite las múltiples lecturas de un
texto. Como dice Borges “el tiempo de la escritura es finito mientras que el de la lectura es infinito”.

Conclusión
En resumen: ¿cuál es la posición de la gramática?, ¿es posible abordar la problemática de la
compresión y la producción comunicativa con lo específicamente gramatical?
“Para que la reflexión gramatical sea efectivamente un componente del aprendizaje del uso de la
lengua es necesario que trascienda los límites de la oración y se proyecte sobre la unidad de comunicación
objeto de aprendizaje: el texto” (Lomas, 1993:123).
Esto indica un peligro y hay que advertirlo. El cambio hacia lo discursivo, que implica situarse en un
nuevo paradigma lingüístico, puede llevar a abandonar la gramática que aún resulta útil y necesaria
(BERNÁRDEZ, 1995). Es un problema aún en estado de discusión, a pesar de que se admite que existe una
relación entre las formas lingüísticas y la función que cumplen los actos comunicativos. Es decir, que las
condiciones de uso determinan las estructuras mismas. La gramática interesada en la descripción de
formas y estructuras difiere de la pragmática que pretende descubrir los procesos y la dinámica de la
comunicación.

Es necesario conocer el sistema lingüístico para poder usarlo. Este conocimiento se proyectará en la
enseñanza de estrategias lingüísticas pero sin descuidar la enseñanza formal de la gramática. La gramática
debe ocupar un plano de igualdad, no de primacía.

El discursos solo puede existir en el uso mientras que es posible imaginar oraciones independientes
de él. Si bien es importante rescatar la importancia del estudio del sistema es preciso reconocer que ese
conocimiento gramatical es una condición necesaria pero no suficiente para la interacción comunicativa.
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