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Mi primera Noche de San Juan

Desde muy pequeña asumí que la religión no podía formar parte de mi vida.
No comprendía -aún no comprendo- por qué algunos/as padecemos en la
cotidianidad mientras para otros/as todo es fácil.

Con esta concepción atravesé mi adolescencia y juventud, hasta que, una


amiga me invitó a acompañarla a una conmemoración de la Noche de San
Juan. No sabía qué era o qué hacían pero, no pude ni quise rechazar la
invitación. Llegamos al lugar en el que había una hoguera encendida; personas
que no conocía reían, bebían y hablaban. Me aparté y observé, tratando de
entender el significado de ese momento.

Tan absorta estaba que no vi que alguien situado a mi lado me ofrecía algo
para beber; agradecí y bebí. Era vino tibio suave, rico. Comenzamos a hablar y
me contó que transitábamos la noche más larga del año, una noche mágica, la
noche de la purificación, donde pueden ocurrir cosas maravillosas.

Le manifestaba mi postura respecto a las religiones y él me dijo que esta


celebración se encuentra afuera y a la vez adentro de las ceremonias
religiosas, que me dejara llevar. Me entregó papel y lápiz para que escribiera
mis desos que arrojaríamos luego al fuego.

Continuamos hablando, bebiendo y riendo, escuchando el embriagador sonido


de los tambores.

En determinado momento tomó mi mano y me dijo, "para que todo se cumpla


tenemos que saltar sobre la hoguera". Así que corrimos y saltamos y volvimos
a saltar, de pronto sentí que iba a caer pero, unos brazos fuertes lo evitaron.
Esos mismos brazos continuaron abrazándome, muchos años después de
aquella mágica Noche de San Juan.

Lourdes Rodríguez Peña

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