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Con la colaboración, entre otros, de

John W a lv o o rd / D w ig h t P enteco st
Paul B e n w a re /Jim m y D eY o u n g

Lo cuenta regresiva
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José Jordán q Tom Davís
R edactores generales
Lo cuenta regresiva
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Charles Rgrie
C o n s u lto r

José Jordán i| Tom Davis


R e d a cto re s g en e rales

EDITORIAL PORTAVOZ
Título del original: Countdown to Armageddon, © 1999 por
Word of Life Fellowship, Inc. y publicado por Harvest
House Publishers, Eugene, Oregon 97402.
Edición en castellano: La cuenta regresiva al Armagedón,
© 2000 por Word of Life Fellowship, Inc. y publicado
por Editorial Portavoz, Grand Rapids, Michigan 49501.
Todos los derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación podrá reproducirse de
cualquier forma sin permiso escrito previo de los editores,
con la excepción de citas breves en revistas o reseñas.
Traducción: Daniel Menezo
EDITORIAL PORTAVOZ
P.O. Box 2607
Grand Rapids, Michigan 49501 USA
Visítenos en: www.portavoz.com
ISBN 0-8254-1639-6
2 3 4 5 edición / año 05 04 03
Impreso en los Estados Unidos de América
Printed in the United States of America
Este libro está dedicado a la memoria de Jack Wyrtzen,
fundador de Word of Life Fellowship,
un hombre que motivó a muchos
a estudiar con diligencia la profecía,
gracias al entusiasmo que él mismo sentía por
los acontecimientos futuros, y a su profundo
compromiso con un análisis correcto de la
Palabra de verdad. Jack demostró, por medio de sus relaciones
(con personas como Harry Ironside, William Pettingill,
Lehman Strauss, Charles Ryrie), sus actividades
(evangelismo y discipulado) y sus aptitudes
(su pasión por una vida santa) que el estudio de la
profecía no solo afecta a nuestro credo, sino también,
y de igual manera, a nuestra conducta.
Indice

Prólogo ...........................................................................................9
1 Cómo aprovechar las profecías .................................................... 13
José Jordán
2 Cómo interpretar la profecía bíblica ........................................... 25
Charles U. Wagner
3 Los tiempos de los gentiles ........................................................... 41
John F. Walvoord
4 El resurgimiento del Imperio Romano .........................................53
Renald E. Showers
5 El rapto previo a la tribulación .................................................. 63
John F. Walvoord
6 Un análisis del punto de vista “el rapto previo a la ira” ........... 79
Thomas D. Ice
7 El tribunal de C risto .................................................................... 91
Mark. L. Bailey
8 La cena de las bodas del Cordero ................................................107
J. Dwight Pentecost
9 Los preparativos para el potentado ............................................. 115
Jimmy DeYoung

7
Í n d ic e

10 Los derechos que tiene Israel sobre Palestina


Thomas N. Davis
11 Venga tu reino: el derecho de Cristo al trono
Thomas O. Figart
12 La religión mundial fu tu r a .......................
David Breese y Thomas N. Davis
13 La tribulación ...........................................
Charles C. Ryrie
14 El abominable anticristo ...........................
Thomas N. Davis
15 La campaña del Armagedón ....................
Charles C. Ryrie
16 El juicio de las naciones ...........................
Paul N. Benware
17 El maravilloso milenio .............................
José Jordán
18 La revuelta final .......................................
Elwood McQuaid
19 El juicio del gran trono blanco ..................
John R. Master
20 El cielo y la eternidad fu tu r a ....................
Charles U. Wagner
21 Las setenta semanas de D an iel ..................
Thomas N. Davis
N o ta s ...........................................................
Esbozos biográficos de los autores
Prólogo

El ha cautivado la mente de las personas durante


in t e r é s p o r e l f u t u r o

siglos. Los profetas del Antiguo Testamento inquirieron diligentemente


acerca del Mesías que había de venir. Justo antes de la ascensión de
nuestro Señor, los discípulos se preguntaban cuándo restauraría el rei­
no de Israel. Los creyentes tesalonicenses querían saber qué les pasaría
a sus seres queridos que murieran antes de la venida del Señor. Los
corintios estaban confusos en relación con determinadas facetas de la
resurrección.
He vivido lo bastante para ver cómo fluctúa en gran manera el inte­
rés y la curiosidad por el futuro. Cuando las cosas van bien, las comodi­
dades y placeres de la vida en este mundo relegan la profecía a las
sombras. ¿Por qué pensar en el mundo venidero cuando el presente es
tan agradable? Sin embargo, cuando estallan guerras, sobre todo en
Medio Oriente, las personas quieren saber la importancia que puedan
tener estas, y si presagian o no el fin del mundo.
Entre los estudiantes de la Biblia hallamos muchos puntos de vista
distintos sobre el fin del mundo. Algunos creen que el mundo seguirá
mejorando gracias a los esfuerzos de la iglesia, tras lo cual el Señor
vendrá a resucitar yjuzgar a los muertos e inaugurar la eternidad. Otros
piensan que el engaño y la maldad caracterizarán los años previos al
regreso de Cristo, quien acabará con este mundo tal y como lo conoce­
mos para dar paso a la eternidad. Y aun hay otros según los cuales la
Biblia enseña que este mundo no irá mejorando, sino empeorando, y
que acabará en un período de siete años de tribulación en la tierra,
10 P ró lo go

antes de que el Señor vuelva a inaugurar su reino en este mundo duran­


te 1000 años, tras los cuales empezará la eternidad.
Estos diversos conceptos giran en torno a la postura que tenga cada
uno sobre cómo deberíamos entender las profecías bíblicas. Los evangé­
licos no cometen errores a la hora de comprender con claridad las pro­
fecías sobre la primera venida de Cristo. Sin embargo, cuando se trata
de predicciones sobre el futuro, se dedican a no tomar las cosas de
forma literal. Dicen que la tribulación ya tuvo lugar en los primeros
siglos de la iglesia, b¿yo el gobierno de los emperadores romanos. Pero,
por horribles que fueran algunos de aquellos momentos, las persecucio­
nes no se produjeron a nivel mundial, ni se concentraron en siete años,
tal y como enseñan claramente las Escrituras. Pero, si usamos una
hermenéutica normal para interpretar la Biblia, ¿cómo es posible defen­
der una incoherencia y una selectividad semejantes?
También he vivido lo bastante como para ver a intérpretes muy litera­
les y bien intencionados, quienes “veían” casi cualquier acontecimiento
cotidiano como un indicio, si no un cumplimiento, de alguna profecía.
En el extremo opuesto se hallan aquellos que parecen ser insensibles a
las señales legítimas de los tiempos. Los escritores de este libro no se
dedican alegremente a fijar fechas, sino que son reflexivos y veteranos
intérpretes de las Escrituras proféticas. Es comprensible que la llegada
del nuevo milenio haya provocado, dentro de algunos círculos, un nue­
vo interés por el futuro. La oportuna verdad contenida en esta obra
promete recompensar a todos los que la lean.
C h arles C . R y r ie
Escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Es­
píritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de
antemano los sufrimientos de Cristo>y las glorias que
vendrían tras ellos.
1 Pedro 1:11

Lamentablemente, debido al espíritu ateniense (el deseo de


escuchar algo nuevo tan solo para satisfacer la curiosidad o el
intelecto carnales), la generación contemporánea ha conside­
rado que el estudio de la profecía es irrelevante para la iglesia
de hoy día. Sin embargo, el estudio de la historia de la iglesia
y de las Escrituras demuestran lo contrario. Si ha habido un
momento en que la iglesia del Señor Jesucristo deba conocer
los propósitos y planes de Dios para nuestro futuro, es ahora.
En una época de tantas inseguridades, el estudio de la profecía
respalda la autoridad de la Palabra de Dios, y nos ofrece la
seguridad y alivio que necesitamos.
C apítulo 1

Cómo aprovechar
los profecías
José Jordán

“Si eres capaz de escudriñar las semillas del tiempo, y decir


qué grano crecerá y cuál no, habla entonces conmigo ” 1

E stas William Shakespeare incluyó en su obra Macbeth,


pa labra s, que

plantean una pregunta relativa a la profecía y el valor que esta tiene


para el ser humano. Por supuesto, Shakespeare no tenía en mente lo
provechoso que es el único tipo de profecía que importa de verdad y es
plenamente confiable, es decir, la profecía bíblica. Sin embargo, la cues­
tión es: ¿de qué manera beneficiará la profecía bíblica a las vidas de
aquellos involucrados en su estudio?
A medida que el apóstol Pablo, ya anciano, se acercaba al final de su
vida, el Espíritu de Dios le guió a dirigir su última carta al joven Timoteo.
En 2 Timoteo 3, tras hablar de los últimos tiempos (el período entre el
momento en que el apóstol escribió su última carta y la venida del Se­
ñor), y de todos sus peligros, indica lo provechosa que es la profecía
bíblica cuando le dice: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil...”
(2 Ti. 3:16).
La palabra útil en este contexto habla de algo práctico, rentable o
ventajoso. Sin duda, podemos decir que la profecía es útil porque aproxi­
madamente una cuarta parte de las Escrituras era profética cuando se
13
14 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

escribió. Es útil, es práctica, es ventajosa. Eliminar el estudio de la profe­


cía supondría olvidar una gran porción de nuestra Biblia, que es útil,
rentable, ventajosa y, por supuesto, muy provechosa.
Lamentablemente, debido al espíritu ateniense (el deseo de escuchar
algo nuevo tan sólo para satisfacer la curiosidad o el intelecto carnales),
la generación contemporánea ha considerado que el estudio de la pro­
fecía es irrelevante para la iglesia de hoy día. Sin embargo, el estudio de
la historia de la iglesia y de las Escrituras demuestran lo contrario. Si ha
habido un momento en que la iglesia del Señor Jesucristo deba conocer
los propósitos y planes de Dios para nuestro futuro, es ahora. Aunque
un estudio correcto de la profecía puede beneficiar a la iglesia de mu­
chas maneras, destacaremos tres áreas clave que son vitales para la vida
del creyente en Cristo.
La primera área examina el problema de ignorar las Escrituras, la
Palabra de Dios. La segunda considera nuestro servicio a Dios (la obra
de Dios) y trata el problema de la inactividad. La tercera se centra en
nuestro Salvador (la adoración a Dios) y aborda el problema de la indi­
ferencia.
Las Escrituras: el problema de la ignorancia
Es imposible que una persona disfrute de una visión panorámica de
las Escrituras y del conocimiento de Dios sin tener una visión completa
de la profecía. Uno de los propósitos esenciales que Dios tiene para la
profecía es el de revelarnos qué pasará antes de que suceda. Por el mero
hecho del espacio que el Espíritu de Dios dedica a la profecía en la
Biblia, es fácil percibir la importancia que concede Dios a esta verdad
vital. Pensando en la profecía, y centrándonos en la segunda venida de
Cristo en las Escrituras, observamos las siguientes estadísticas:
• Aproximadamente una cuarta parte de la Biblia era profética cuan­
do se escribió.
• De las 333 profecías relativas a Cristo, en su primera venida solo se
cumplieron 109, dejando las restantes 224 para que se cumplan en
su segunda venida.
• En el Antiguo Testamento hay un total de 1527 pasajes bíblicos
referentes a la segunda venida.
J o sé J o r d á n : Cóm o a p ro v e c h a r las profecías 15

• En el Nuevo Testamento, 330 versículos se refieren directamente a


la segunda venida de Cristo.
• El propio Señor se refiere a su regreso 21 veces en las Escrituras.
Ignorar un porcentaje tan alto de la Palabra de Dios abre la puerta a
todo tipo de falsas doctrinas y falsas esperanzas. Como escribió el após­
tol Pablo a la iglesia en Tesalónica: “Tampoco queremos, hermanos,
que ignoréis...” (1 Ts. 4:13).
Dado que los creyentes de Tesalónica estaban muy preocupados por
sus seres queridos que habían fallecido antes de la venida del Señor, se
formularon ciertas preguntas. ¿Qué les pasaría a ellos si el Señor regre­
saba? ¿Y a sus seres queridos que ya habían muerto? Esta porción profética
de la epístola del apóstol Pablo a los tesalonicenses iba destinada a pa­
liar su ignorancia relativa al retorno de Cristo, a la resurrección de los
muertos en Cristo y al arrebatamiento o rapto de la iglesia.
El provecho que supuso este conocim iento a los creyentes
tesalonicenses también puede ser nuestro si nos entregamos en corazón
y mente al estudio de la Palabra profética. Las palabras de C. I. Scofield
respaldan esta verdad:
Leemos las páginas de la profecía bíblica, y vemos desfilar ante
nosotros el magnífico panorama del futuro de las naciones.
Nuestro Dios nos desvela lo que está haciendo en el mundo
aquí y ahora; y no solo eso, sino que levanta el velo y nos mues­
tra qué hará en el futuro. Por medio de la Palabra profética, y
únicamente por medio de ella, contemplamos el gran porvenir,
y vemos lo que va a suceder. Vemos un cielo abierto con todos
sus goces y glorias, la meta de nuestros deseos; y también pode­
mos observar un infierno abierto. Todo esto se halla en la Pala­
bra profética de Dios. Los tem as más poderosos, los
pensamientos más sublimes que puedan ocupar nuestra mente,
se hallan en la profecía presente en la Palabra.2
El estudio correcto de la profecía también arroja luz sobre los falsos
profetas y sus enseñanzas heréticas. Hablando de estos falsos profetas,
el apóstol Pedro dijo: “Sabiendo primero esto, que en los postreros días
16 L a c u en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

vendrán burladores, andando según sus propias concupiscencias, y di­


ciendo: ¿Dónde está la promesa de su advenimiento? Porque desde el
día en que los padres durmieron, todas las cosas permanecen así como
desde el principio de la creación” (2 P. 3:3-4).
Comentando este pas¿ye de las Escrituras, E. Schuyler English escribió:
Los últimos días, queridos amigos, ya están aquí, pero no esta­
mos inmersos en la oscuridad, de modo que el día del Señor
nos sorprenda como un ladrón. A través de la lectura de la
Palabra, se nos permite penetrar tras el telón del futuro para
descubrir, antes de hora, cómo comienza y se desarrolla la obra.3
Sin lugar a dudas, una de las grandes venteas de estudiar la profecía
es que nos ayuda a eliminar nuestra ignorancia relativa a las Escrituras,
protegiéndonos de las herejías destructivas. En una época de tantas in­
seguridades, el estudio de la profecía respalda la autoridad de la Palabra
de Dios, y nos ofrece la seguridad y alivio que necesitamos.
La importancia de resolver el problema de la ignorancia queda
demostrada por medio del ministerio del apóstol en Tesalónica, donde
posiblemente permaneció tres o cuatro semanas. Sin embargo, en este
período de tiempo, Pablo les ofreció un amplio estudio sobre la profecía.
Lewis Sperry Chafer se refiere a esto en su introducción a la
escatología:
En el poco tiempo que permaneció en esa ciudad, se enfrentó
al paganismo, pero logró contactar con ciertos individuos y no
solo los llevó a Cristo, sino que les enseñó muchas verdades que
luego incluiría en las dos epístolas a los tesalonicenses, con la
esperanza de que las comprendieran. En su segunda carta hace
referencia al apartarse de la fe, al “hombre de pecado” que se
sentará en el templo judío restaurado declarando ser Dios, y a
la destrucción de ese “hombre de pecado” cuando tenga lugar
la gloriosa aparición de Cristo; Pablo declara: “Recuerden que
cuando aún estaba con ustedes les enseñé estas cosas”. Cierta­
mente, no hacen falta evidencias más claras de que tanto Cristo
como Pablo concedieron un lugar primordial a la comprensión
J o sé J o r d á n : Cóm o a p ro v e c h a r las profecías 17

correcta de la profecía. Aquí ningún maestro podrá hallar licen­


cia para convertirse en un maniático de la verdad profética,
pero tampoco permiso para que las personas ignoren el campo
de la revelación profética.4
El estudio profundo de la profecía va dirigido a paliar el problema
que supone ignorar la Palabra de Dios, y también constituye una barri­
cada contra los ataques de los falsos maestros pertenecientes a las diver­
sas sectas que han invadido la cristiandad hoy día.
Dave Breese dice en su libro The Marks of a Cult (Las señales de una
secta):
El motivo principal del éxito de las sectas es la ingenuidad espi­
ritual que existe en las personas. Hay demasiados cristianos que
se contentan con un conocimiento superficial de la Palabra de
Dios, creyendo que son inteligentes espiritualmente. Nada más
lejos de la verdad. El cristiano debe comprometerse a estudiar
profundamente las Escrituras para comprender la Biblia desde
un punto de vista doctrinal.5
Si pensamos en el enorme provecho de la profecía en relación con las
Escrituras, veremos que las palabras del apóstol Pablo al joven Timoteo
son muy adecuadas: “Procura con diligencia presentarte a Dios aproba­
do, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la
palabra de verdad” (2 Ti. 2:15).
El servicio a Dios: el problema de la inactividad
El segundo beneficio de un estudio correcto de la profecía bíblica es
que aborda el problema de la inactividad dentro de la obra de Dios. A
medida que estudiamos las grandes profecías acerca de la venida de
nuestro Señor Jesucristo, ellas nos incitan a actuar. El estudio de la pro­
fecía no debería producir un espíritu de división o adormecimiento,
sino dinámico, que dé como resultado un servicio al Señor. Algunos de
los movimientos evangelísticos y misioneros más importantes del siglo
pasado nacieron a raíz de grandes conferencias sobre la profecía, que
motivaron a sus participantes a compartir su fe y a examinar el mensaje
18 L a cu en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

sobre la venida de Cristo. La verdad de que el estudio de la profecía no


debería producir inactividad, sino actividad, se halla presente en la seve­
ra amonestación de Pablo en 2 Tesalonicenses 3:6, cuando dice: “Pero
os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no
según la enseñanza que recibisteis de nosotros”.
Algunos miembros de la iglesia en Tesalónica usaron el estudio de la
profecía y la venida de Cristo como una ocasión para no hacer nada,
abandonando sus trabajos y viviendo a costa de la iglesia. Esta actitud
suscitó una fuerte reprensión por parte del apóstol Pablo, diciendo que
los que no trabajaran, que tampoco comiesen. La profecía nunca debe­
ría producir pereza o inactividad, en relación con esta verdad, Warren
Wiersbe escribe:
Las malas interpretaciones y la puesta en práctica incorrecta de
las verdades de la Palabra de Dios pueden causar innumerables
problemas. La historia registra la necedad de las personas que
pusieron fechas, vendieron sus posesiones y se sentaron en la
cima de montes a esperar que el Señor regresase. Cualquier
enseñanza que nos anime a desobedecer cualquier otra ense­
ñanza divina no es una doctrina bíblica.6
Pablo sigue diciendo, en 2 Tesalonicenses 3:11: “Porque oímos que
algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en
nada, sino entremetiéndose en lo ajeno”.
El estudio correcto de la profecía no solamente produce obras para
el servicio a Dios, sino que hacen que sean las adecuadas. Es interesan­
te que en este texto encontremos un juego de palabras, porque el
verbo entretenerse significa estar ocupado, yendo de aquí para allá, ha­
ciendo cosas sin cesar, pero como entrometidos. Es decir, que todos se
dedicaban a muchas actividades, pero sin lograr ningún resultado. Un
im portante beneficio del estudio bíblico es que no produce
metomentodos, sino personas que trabajan dentro del cuerpo de Cris­
to, construyéndolo, nunca obstaculizando sus progresos. Pablo respal­
da esta gran verdad cuando escribe a la iglesia de Roma, diciendo: “Y
esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño;
J o sé J o r d á n : Cóm o a p ro v e c h a r las profecías 19

porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuan­
do creimos” (Ro. 13:11).
La comprensión de la culminación futura de nuestra salvación cuan­
do regrese nuestro Señor Jesucristo debería motivarnos a una vida de
productividad y pureza. Esta era la idea central de Pablo cuando le escri­
bió a Tito, en Tito 2:11-15.
El estudio de la profecía está totalmente relacionado con nuestra
andadura espiritual y nuestro servicio a Cristo, en los tiempos en que
vivimos. Cuando sirvamos a nuestro Salvador, el estudio teórico nunca
debe divorciarse de la práctica. Roy B. Zuck lo expresa muy bien: “Co­
nocer la teoría sin la práctica es como tener un coche sin gasolina, o
tener leña en un día frío sin disponer de cerillas para encender fuego”.7
B. B. Warfield lo expresa de otro modo: “El conocimiento de la Pala­
bra es algo poderoso... como lo es una locomotora, siempre que tenga
dentro un vapor que la impulse”.8
El estudio de la profecía debe producir el vapor de la productividad
en la obra de Dios. No me cabe ninguna duda de que la búsqueda de la
profecía en mi vida me ha convertido en un predicador más apasiona­
do, y en un obrero más productivo en el servicio a mi Salvador. Las
palabras del Señor Jesucristo resuenan en mis oídos: “Me es necesario
hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche
viene, cuando nadie puede trabajar” (Jn. 9:4).
El Salvador y la adoración a Dios:
El problema de la indiferencia
Uno de los mayores provechos o beneficios de nuestro estudio y apli­
cación de la Biblia es que centra nuestras vidas en el Salvador, el precio­
so Hijo de Dios, y produce dentro de nuestras almas lo que A. P. Gibbs
llamaba la más elevada ocupación de los cristianos, que es la adoración.
Esto tiene que ver con el problema de la indiferencia. Alguien ha dicho
que la historia (history) es la historia de Dios, su historia (His story). Cuando
examinamos la historia a la luz de la profecía bíblica, nos centramos en
una Persona, el Señor Jesucristo y, cuando lo hacemos, caemos de rodi­
llas y le adoramos.
Wiersbe fue el primero en introducir la idea de que la adoración
debe ser consecuencia directa de nuestro estudio de la profecía, cuando
20 La cu en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

escribió: “Cuando la adoración y la profecía no van juntas, el resultado


es una mera curiosidad religiosa”.9
El 29 de enero de 1948, Jim Elliott, el que pronto sería un mártir
misionero a manos de los indios aucas, escribió en su diario mientras
estudiaba Génesis 35:
Señor, quisiera volver a centrar mi vida espiritual, como lo hace
Jacob en esta porción. En lugar de en Betel, él centra su expe­
riencia en El-Betel. No en la casa de Dios, sino en el Dios de
aquel lugar. Alabado sea Dios, el Salvador es exaltado en los
cielos, donde recibe el lugar que le corresponde. Como en la
tierra, así también en el cielo. Ven pronto, Señor Jesús.10
Sí, el centro de nuestra adoración es el Dios de la casa de Dios. Lo
que nos motiva a adorar, entonces, no es la profecía, sino la persona
clave a quien esta señala, el propio Señor Jesucristo. Esto queda muy
claro cuando leemos Apocalipsis 19:10: “...porque el testimonio de Jesús
es el espíritu de la profecía”.
En relación a este pasaje, John Walvoord dice: “Esto quiere decir que
la profecía, por su misma esencia, va destinada a develar la belleza y
dignidad de nuestro Señor y Salvador Jesucristo... Cristo no es mera­
mente el tema central de las Escrituras, sino también el de la profecía”.11
Charles Ryrie hace un comentario acerca de la importancia que tiene
el estudio de la profecía y del beneficio que supone la adoración en la
vida del creyente: “Ayudará a hacer que lo invisible sea real, y a crear
dentro de la vida del creyente la misma atmósfera presente en el cielo.
Al leer el Apocalipsis, uno no puede por menos que adorar”.12
Un estudio del libro de Apocalipsis nos llevará a reverenciar al que es
el centro de la revelación, el propio Jesucristo. Comentando esta ver­
dad, Gibbs afirma:
El partimiento del pan y el vino señala hacia un momento en
que el Señor regresará, porque solamente comeremos del pan y
beberemos de la copa hasta que Él vuelva. La gran esperanza de
la iglesia es la venida personal y literal del Señor Jesucristo. Es
un hecho significativo que más o menos una sexta parte del
J o sé J o r d á n : C ó m o a p ro v e c h a r las profecías 21

Nuevo Testamento hable de este gran acontecimiento y sus


consecuencias a largo plazo tanto para la iglesia como para Israel
y el mundo. A lo largo de las vastas y eternas edades, los
redimidos adorarán al Cordero que fue inmolado y que vive
para siempre.13
Esto nos lleva a cantar ese antiguo himno:
Señor de gloria, te adoramos, Cristo de Dios, en lo alto encum­
brado. Corazón y alma inclinamos a ti, glorioso más que los
cielos. A ti te adoramos, a ti te alabamos, excelente en todos tus
caminos. Señor de la vida, una vez a muerte sujeto, bendito,
mas una vez hecho maldito, el objeto del amor de tu Padre, mas
una vez angustiado. A ti contemplamos, a ti clamamos, trayen­
do a tu presencia nuestra angustia. Pronto te vestirás ropajes
reales, coronará tu frente soberana diadema. Cristo de Dios,
nuestra alma te confiesa, Rey y Soberano hoy. A ti reverencia­
mos, a ti obedecemos, a ti, Señor y Cristo, por siempre.14
El objetivo de la profecía se convierte en un futuro canto de adora­
ción que los redimidos entonaremos alrededor de su trono. Estas son
las palabras que lo describen:
...Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú
fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de
todo lin¿ye y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para
nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra...
El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las
riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alaban­
za. (Ap. 5:9, 10, 12)
Wiersbe afirma:
El libro de Apocalipsis se refiere a Jesús como el Cordero en 28
ocasiones. La palabra griega habla de un corderillo, a quien
nadie querría matar por ningún motivo. Todos los temas cen-
22 L a cu en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

trales de Apocalipsis tienen que ver con el Cordero. La ira de


Dios es la ira del Cordero (6:16). Los santos de la tribulación
están cubiertos por la sangre del Cordero (7:14). La historia se
consuma con las bodas del Cordero (19:7), y la Iglesia es la
esposa del Cordero (21:9). El trono celestial es el trono de Dios
y del Cordero (22:1, 3). Si eliminamos al Cordero y a la reden­
ción del libro de Apocalipsis, nos quedará bien poco. Le adora­
mos no solamente por ser quien es, y por estar donde está, sino
también por lo que ha hecho por nosotros. El hecho de que
fuera sacrificado indica que primero adoptó un cuerpo huma­
no, porque Dios, siendo Espíritu, no puede morir. Cuando ado­
ramos al Cordero estamos dando testimonio de la encarnación
tanto como de la expiación.15
Uno de los grandes productos secundarios de la verdadera adoración
a nuestro Señor Jesucristo es que crea en nuestros corazones un fervien­
te deseo de vivir una vida santa para Él. En 2 Pedro 3:11 el apóstol lo
expresa de la siguiente manera: “Puesto que todas estas cosas han de ser
deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera
de vivir...”
Hablando del hecho de que la verdadera adoración produce una con­
ducta santa, Scofield afirmó:
Permítanme decir en este punto que en las Escrituras no existe
ninguna doctrina abstracta. No existe una sola manifestación
de la verdad que el Dios Todopoderoso no haya destinado a
tener una influencia sobre nuestra conducta. Sabemos, cree­
mos y esperamos que seremos como Él cuando aparezca; que le
veremos como Él es, y que toda persona que haya puesto su
esperanza en Él se purifica así como Él es puro.16
Sí, estudiar la profecía puede aportarnos muchos beneficios. Solven­
ta el problema de la ignorancia; aumenta nuestro conocimiento de las
Escrituras, y nos capacita no solamente para tener ideas, sino para en­
tender con claridad el programa de Dios y su plan para la eternidad.
También habla del problema de la inactividad en el servicio y la obra de
J o sé J o r d á n : C ó m o a p ro v e c h a r las profecías 23

Dios. El verdadero estudio de la profecía nos llevará a adorar al persona­


je central de toda profecía, el propio Señor Jesucristo. A medida que
vaya usted avanzando por las páginas de este libro, en su estudio de la
profecía, espero que este le sirva para proyectar luz sobre su Palabra,
alistarlo para su servicio y hacer que le adore, como todos nos inclina­
mos y cantamos a Él con corazones henchidos de amor: “El Cordero
que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría,
la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza”.
Porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía.
Apocalipsis 19:106

Podríamos preguntarnos; ¿por qué es tan importante obtener


la interpretación correcta de la profecía bíblica? En primer lu­
gar, no comprender lo que dijo el Espíritu nos privaría de un
tercio de información contenida en la Biblia. Además, una com­
prensión correcta de la interpretación profética es esencial para
entender otras doctrinas, inclusive la evangelización y las mi­
siones. El punto de partida es un compromiso con la interpre­
tación literal de las Escrituras. Con esto queremos decir un punto
de vista determinado por las afirmaciones textuales, que inclu­
ya las correspondientes referencias históricas determinadas en
el texto, que eran las que pretendía el Escritor divino.
C apítulo 2

Cómo interpretar la
profecía bíblica
Charles U. Wagner

tantas personas sienten curiosidad por el futuro,


En u n a é p o c a en q u e
cuando la gente conversa con las bolas de cristal y las hojas del té, e
incluso consulta tablas espirituales, es importante destacar que la única
voz fiable que habla acerca del futuro es la de Dios, que proviene de la
Biblia.
La profecía bíblica es única porque solo Dios conoce y puede revelar
el futuro. El profeta Isaías escribió: “¿Quién hizo oír esto desde el prin­
cipio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más
Dios que yo” (Is. 45:21).
La profecía, que significa tanto hablar (proclamar) como predecir (el
futuro) es el modo que tiene Dios de revelar el futuro antes de que
acontezca. Es una necedad pensar que la profecía es fruto de la inteli­
gencia o iniciativa humanas, porque las Escrituras afirman claramente
que el autor de la profecía es Dios mismo. El apóstol Pedro lo dejó muy
claro: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de las Escritu­
ras es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída
por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron
siendo inspirados por el Espíritu Santo (2 P. 1:20-21).
Siguiendo esta misma idea, Stephen Olford afirma: “El corpus de la
enseñanza profética presente en la Biblia no es una invención humana.
25
26 L a cu en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

Por el contrario, los santos hombres se sintieron tan inspirados por el


Espíritu Santo que escribieron de un modo sobrenatural e infalible. En
algunos m om entos escribieron incluso superando su propia
experiencia”.1
Es obvio que, al estudiar la profecía bíblica, debe existir una firme
convicción de que Dios ha hablado de verdad, y que todas las partes de
las Escrituras están inspiradas por Dios y nos han sido concedidas como
doctrina, para reprendernos, corregirnos, instruirnos y hacerlo en justi­
cia (2 Ti. 3:16). en relación con esta convicción, Roy Zuck escribe: “Sien­
do como es un libro divino, la Biblia contiene predicciones sobre el
futuro, que solo Dios puede ofrecer. Muchas de las predicciones bíblicas
sobre el futuro se han cumplido, sobre todo en la vida de Cristo. Y hay
muchas otras, algunas de ellas especificadas con gran detalle, que espe­
ran su cumplimiento en el momento de su segunda venida y tras ella”.2
Zuck expresa muy bien la amplitud de semejante estudio:
La gama de profecías bíblicas abiertas a nuestro estudio es am­
plia. Las Escrituras contienen predicciones sobre las naciones
gentiles, la israelita, determinados individuos, el Mesías, el pla­
neta Tierra, la tribulación, el milenio, la vida tras la muerte y la
eternidad. Algunas predicciones tienen que ver con aconteci­
mientos que sucedieron en seguida, mientras que otras señalan
acontecimientos que se cumplieron docenas o incluso cientos
de años después de haber sido profetizados. A veces las prime­
ras se denominan profecías “cercanas”, y las otras “lejanas”. Al­
gunos ejemplos de profecías “cercanas” son: Samuel profetizó
la muerte de Saúl (1 S. 28:16-19); Jeremías profetizó los 70 años
de cautividad en Babilonia (Jer. 25:11); Daniel predijo que el
reino de Belsasar sería conquistado por medos y persas (Dn.
5:25-30); Jesús predijo que Pedro le negaría (Mt. 26:34), y que
Judas le traicionaría (Mt. 26:23-25); Agabo profetizó que Pablo
sería arrestado (Hch. 21:10-11).3
Para poder entender bien las Escrituras, un estudiante debe tener no
solo la firme convicción de que la Biblia es la Palabra de Dios, sino
también de que se ha convertido o nacido de nuevo. Esto es algo que
C h a rles U . W a c n er : C ó m o in terp retar la profecía bíblica 27

afirma claramente el apóstol Pablo: “pero el hombre natural no percibe


las cosas que son del Espíritu de Dios” (1 Co. 2:14a).
Pero la conversión por sí sola no basta, porque la buena comprensión
de la Palabra de Dios solo estará disponible para aquellos que se hayan
hecho siervos del Señor Jesucristo. Es interesante destacar que la pala­
bra esclavo es un término que muchos escritores del Nuevo Testamento
usaron para describirse a sí mismos. Se llamaban siervos o esclavos del
Señor Jesucristo. Estos siervos son personas que han sometido su volun­
tad a la voluntad divina, y que para entender las Escrituras no se apoyan
en su intelecto humano, sino en el ministerio iluminador del Espíritu
Santo, el Autor divino de las Santas Escrituras. En este punto vale la
pena recordar las palabras de Jesucristo: “El que quiera hacer la volun­
tad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi
propia cuenta” (Jn. 7:17).
Por consiguiente, debemos unir al estudio de la profecía bíblica una
convicción firme de que Dios ha hablado de verdad, y el que desee
comprender esta profecía deberá haberse convertido y comprometido a
hacer la voluntad de Dios.
La importancia que tiene la interpretación correcta
El punto de partida para la comprensión e interpretación correctas
de la profecía es el compromiso con la interpretación literal de las Escri­
turas. Por interpretación literal queremos decir aquella que venga deter­
minada por las afirmaciones textuales de la Palabra, y que incluya las
referencias históricas correspondientes tal y como aparecen en el texto,
y como el Escritor divino las planeó.
Esto es lo que explica claramente Elliott Johnson:
Dentro del credo de la tradición de la literalidad hallamos esta
máxima: “El texto bíblico dice lo que quiere decir y quiere decir
lo que dice, uniendo lo que dice el propio texto (centrándonos
en la afirmación verbal) con su significado (centrándonos en la
interpretación comunicativa)”. De acuerdo con esto, no existe
división alguna entre las afirmaciones textuales y los significa­
dos interpretativos. Esta máxima es una advertencia en contra
de interpretar las afirmaciones bíblicas de una forma equívoca,
28 L a c u en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

en el sentido de que un único texto respalde significados múlti­


ples y no relacionados entre sí.4
Johnson afirma también: “La interpretación literal formula un siste­
ma que acepta lo que dice la Biblia de sí misma como el marco necesa­
rio para la interpretación”.5
Podríamos preguntarnos; ¿por qué es tan importante obtener la in­
terpretación correcta de la profecía bíblica? En primer lugar, no com­
prender lo que dijo el Espíritu nos privaría de un tercio de la información
contenida en la Biblia. Además, una comprensión correcta de la inter­
pretación profética es esencial para entender otras doctrinas, inclusive
la evangelización y las misiones.
Feinberg cita a Lehman de la siguiente manera:
En última instancia, estas diferencias (es decir, en procesos de
interpretación) afectan a la evangelización y a las misiones. Los
resultados son, ciertamente, muy amplios, dado que se inmiscu­
yen en todas las facetas del estudio teológico. Se ha dicho que
existe una afinidad entre el premilenarismo y el fundamentalismo,
y que la mayor fuerza del punto de vista liberal radica en que está
respaldado en círculos posmilenaristas y amilenaristas.6
El motivo de esto es evidente. El abandono de la interpretación lite­
ral de la Biblia abre de par en par la puerta que conduce al error. El
rechazo de la comprensión literal de la Palabra de Dios hace que el
significado del texto dependa de la imaginación de cada uno. Por tanto,
entonces es posible caer en la tendencia de adaptar el texto a una opi­
nión preconcebida.
¿Por qué hay tanta confusión?
En la era posterior a los apóstoles, muchos intérpretes se vieron
influenciados por la teoría griega de la inspiración. Por ejemplo, diver­
sas personas hicieron interpretaciones alegóricas de la poesía de Homero.
Este método alegórico influyó en las interpretaciones del Antiguo Tes­
tamento que hicieron los cristianos alejandrinos, tales como Clemente y
Orígenes.
C h arles U . W ag n er: C ó m o in terp retar la profecía bíblica 29

F. F. Bruce escribe:
Según ellos [Clemente y Orígenes], buena parte de la Biblia, que
resultaba intelectualmente increíble o moralmente censurable,
se podía volver inteligible y aceptable si se alegorizaba. Creían
que mediante la alegoría podrían penetrar en la intención del
Espíritu que habló por medio de los profetas. Pero este punto de
vista era, en gran medida, arbitrario, porque la interpretación
aprobada dependía muchísimo de las preferencias personales del
intérprete, y en la práctica violaba la intención original de las
Escrituras y eliminaba, casi por completo, la relación histórica
inherente en la revelación manifiesta en sus páginas.7
Este es un problema que surge cuando el intérprete busca un signifi­
cado más profundo en el texto. Corre el peligro de leer en el texto lo
que él cree que es ese significado, en lugar de intentar comprender
literalmente lo que dice el paszye. Esto sucede sobre todo cuando estu­
diamos la profecía bíblica.
Tres puntos de vista básicos
Aunque podríamos hablar mucho sobre los distintos puntos de vista
influyentes a la hora de interpretar la profecía bíblica, existen tres de
ellos que son básicos y hacen referencia al reinado milenario de Cristo
(el “milenio”), y por tanto hemos de considerarlos en este punto de
nuestro análisis.
El amilenarismo
Aquellos que sostienen este punto de vista no creen que la profecía se
pueda interpretar literalmente, y que por tanto no existirá un milenio
real (amilenarismo significa “ausencia de milenio”). Básicamente,
espiritualizan la profecía. Por ejemplo, el libro de Apocalipsis se con­
vierte en una mera descripción de la iglesia perseguida. El punto de
vista amilenarista nació en la escuela teológica herética de Alejandría,
Egipto, a finales del siglo II. Orígenes afirmaba que la Biblia es una
enorme alegoría que no se puede interpretar literalmente. Tanto Oríge­
nes como Agustín aplicaron el enfoque alegórico a la interpretación de
30 La cu e n ta regresiva a l A rm a c e d ó n

Primera Muerte, Rapto y


venida de resurrección, segunda venida
Cristo ascensión de Cristo

A
v Era actual:
"el milenio" V
Nuevos cielos
y nueva tierra

la profecía, enseñando el amilenarismo, que más tarde sostendrían Lutero


y Calvino. Los primeros padres de la iglesia refutaron enfáticamente la
interpretación alegórica de la Biblia. Lograron restaurar la correcta in­
terpretación de los pasees bíblicos no proféticos, adaptándolos a su
significado literal, natural, gramatical e histórico. Sin embargo, como
los pasajes proféticos esperaban un cumplimiento, resultaba más difícil
probar su realización literal y, lamentablemente, muchos optaron por
una interpretación literal de los paszyes soteriológicos pero por otra, no
literal, de las profecías.
El posmilenarísmo
Daniel Whitby (1638-1725) fue quien desarrolló el punto de vista
posmilenarista. Él propuso que el mundo cada vez iría mejorando, has­
ta que la historia humana alcanzase una edad dorada de 1000 años de
duración, durante la cual el evangelio triunfaría a escala mundial. Afir­
maba que la predicación del evangelio iría mejorando progresivamente
el planeta, hasta que las condiciones de vida fueran tan positivas que se
pudieran considerar “milenarias”. Esta edad dorada alcanzaría su con­
sumación con el regreso de Cristo, que vendría a complementar y re­
compensar a su iglesia triunfante. Lamentablemente, en los siglos XVIII
y XIX muchos teólogos conservadores aceptaron este punto de vista.
Fue una postura que también atrajo mucho a los eruditos liberales, que
veían en el optimismo de esta visión una contrapartida “bíblica” a la
evolución biológica.
Un breve repaso a la historia. Un somero vistazo a la historia de­
muestra cómo acabó el optimismo posmilenarista. La primera guerra
mundial iba a ser “la guerra para terminar con todas las guerras”. Exis­
tía la esperanza de que, por medio de las transformaciones sociales, se
C h a rles U . W a c n er : C ó m o in terp retar la p rofecía bíblica 31

Primera Muerte, Rapto y


venida de resurrección, segunda venida
Cristo ascensión de Cristo

Era i Reino de Nuevos cielos


actual 1 mil años y nueva tierra

llegaría a una utopía perfecta, inaugurándose entonces el reino prome­


tido en las Escrituras. Pero, insistían los abogados de este punto de
vista, todo dependía de los grandes esfuerzos y logros humanos. Wilbur
Smith cita ajames Snowden, un posmilenarista muy popular, ilustrando
los ridículos postulados y esperanzas de los partidarios de esa postura:
El hombre está enganchando todos sus vagones a la grande y
reluciente locomotora del sol... pero ahora esas cadenas se han
roto... El incestuoso desfile del conocimiento moderno es uno
de los caminos por los que [el reino de Dios] entra en este mun­
do... El sentido de la verdad cada vez es más elevado y preciso. La
barbarie ha desaparecido prácticamente de la faz de la tierra, y ya
no hay esclavos oprimidos bzyo ninguna bandera civilizada. El
mundo ha descubierto el valor del hombre, y ahora los derechos
del ser humano se hallan entretejidos en nuestra misma civiliza­
ción... Los derechos de propiedad quedan subordinados a los
derechos humanos... La conciencia se va acercando a su esplén­
dido cénit. La política se halla sujeta a unos estándares éticos más
elevados que hace años, y cada vez es más transparente y honora­
ble. La opinión pública parece ser cada vez más pura y podero­
sa... El mundo está creando un tribunal supremo internacional...
La humanidad empieza a descubrir que todos somos hermanos...
Tras esta guerra, el cristianismo tendrá una labor más fácil, y el
mundo se construirá sobre el fundamento cristiano de la justicia,
la verdad y la paz.8
Los acontecimientos del siglo XX han demostrado que las cosas no
han mejorado, sino que han ido y van empeorando. La justicia, la ver­
32 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

dad y la paz distan mucho de ser valores arraigados en el mundo. Por


consiguiente, este punto de vista queda doblemente desacreditado, tan­
to por medio de la historia reciente como debido a su subjetividad, que
deja al hombre dependiente de su propia ingenuidad, sin ofrecerle un
fundamento firme sobre el que basar la interpretación de la profecía
bíblica.
Tal y como escribe muy bien John Walvoord:
El posmilenarismo se basa en la interpretación figurativa de la
profecía, que permite grandes libertades a la hora de descubrir
el significado de pasajes crípticos... Como sistema teológico
basado en una espiritualización subjetiva de las Escrituras, el
posmilenarismo carece de los principios centrales que son ne­
cesarios para la coherencia. Cada posmilenarista queda a mer­
ced, hasta cierto punto, de su propia ingenuidad, para resolver
el problema de qué hacer con las profecías sobre un milenio en
este mundo... El resultado es que el posmilenarismo carece de
un frente unificado para protegerse de las incursiones de otras
interpretacion es. Como m áxim o, los abogados del
posmilenarismo lo superponen a sistemas teológicos que fue­
ron creados sin su ayuda.9
En los últimos años, el abandonado modelo posmilenarista ha resuci­
tado bajo una nueva forma, llamada “la teología del dominio”. El “domi­
nio” hace referencia al gobierno de los cristianos en la tierra. También
se conoce como “reconstrucción”, que hace referencia a su objetivo de
reformar las instituciones sociales, o también como neoposmilenarismo
teonómico. “Teonómico” significa “perteneciente a la ley divina”; se
refiere al intento de convertir la ley de Moisés en la base de un mundo
cristianizado. “Neo” significa “nuevo”, el nuevo posmilenarismo. Pero,
si este punto de vista tenía tantos errores, ¿por qué ha resurgido? Es
probable que la respuesta se halle en la frustración que sienten los indi­
viduos espirituales frente a la promiscuidad contemporánea y la ausen­
cia de valores espirituales, tan palpable en la vida moderna. El
neoposmilenarismo es una reminiscencia de los puritanos, y del modo
en que estos aplicaban la ley mosaica a la vida civil.
C h a rles U . W a g n er : C ó m o interp retar la profecía bíblica 33

Pero el intento de alcanzar una justicia que legisle a las naciones, y


que altere la conducta humana sin cambiar el corazón del ser humano,
está destinado al fracaso. Lo que necesitamos es una intervención divi­
na, que es exactamente lo que sucederá cuando Cristo venga a juzgar al
mundo y a inaugurar su reino de justicia.
Hablando de este problema, Thomas Ice afirma: “Trabajan para cons­
truir una sociedad que Dios no ha planeado que exista. Corren el peli­
gro de que acaben erróneamente involucrados en el sistema de este
mundo”.10
El punto de vista premilenarista
Esta postura se basa en una interpretación literal de las Escrituras.
Creemos que el punto de vista premilenarista es el correcto, dado que
es el resultado de los principios interpretativos más adecuados. Según
el premilenarismo, las Escrituras proféticas se leen en su sentido literal,
y se enfocan como cualquier otro pasaje no profético. Esta postura enfo­
ca de una forma muy literal la diferencia entre Israel y la iglesia cristia­
na. Un premilenarista dispensacional cree que el próximo acontecimiento
profetizado será el rapto o arrebatamiento de la iglesia, seguido de un
período llamado la tribulación. La mayor parte del libro de Apocalipsis,
cuando se lee literalmente, describe lo que Jeremías llamaba “tiempo de
angustia para Jacob” (Jer. 30:7). Una vez finalizada la tribulación, Cristo
volverá con su iglesia y establecerá un reino literal en este mundo. Hay
una serie de principios que requieren que este punto de vista sea el
correcto.

Muerte,
resurrección,
Primera ascensión
venida de /\ Desciende el Segunda venida
Cristo Z, A Espíritu Santo de Cristo

Tratado de siete
años y tribulación
Confederación de
10 naciones
Nuevos
I
cielos
Era de Reino de
V
3 años * 3 años y nueva
la iglesia y medio I y medio
V mil años tierra
34 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

Los principios de interpretación de la profecía


David Cooper, en su obra The World’s Greatest Library Graphically
Illustrated (La mayor biblioteca ilustrada del mundo), lo expresa muy
bien: “Cuando el significado de un pasaje bíblico apele al sentido co­
mún, no le busquemos otro significado; por tanto, tomemos cada pala­
bra en su sentido primario, ordinario, normal, literal, a menos que los
hechos del contexto inmediato, estudiados a la luz de pasajes relaciona­
dos y verdades axiomáticas y fundamentales, aconsejen claramente lo
contrario”.11
Debemos tener en cuenta que la iglesia primitiva se aferraba a una
interpretación literal de la Santa Biblia. Esto es lo que expone Walvoord:

Desde el primer siglo, los eruditos de la Biblia siempre han


considerado que la segunda venida de Cristo será premilenaria,
es decir, que tras ella vendrán mil años en los que Cristo reina­
rá, literalmente, en este mundo. Este era el punto de vista pre­
dominante en la iglesia primitiva, tal y como testimonian los
primeros padres de la iglesia. Sin embargo, hacia el siglo III, la
escuela teológica alejandrina, que introdujo interpretaciones
generales y alegóricas de las Escrituras, logró desplazar el pun­
to de vista premilenario. Sin embargo, en los últimos siglos, los
estudiosos de la Biblia han revivido el premilenarismo, que aho­
ra sostienen muchas personas que, en otros aspectos, son orto­
doxas. A diferencia del amilenarismo y el posmilenarismo, la
interpretación premilenarista carece de partidarios liberales,
dado que se basa en el concepto de que la Biblia es la Palabra de
Dios, y que las profecías se deben interpretar en su sentido natural y
literal.12

J. Dwight Pentecost, que también respalda la interpretación literal de


las Escrituras, escribe:
Quizá la consideración primaria relativa a la interpretación de
la profecía sea que, igual que sucede con otras áreas de inter­
pretación bíblica, se debe interpretar literalmente. Independien­
C h a rles U . W a g n er : C ó m o in terp retar la profecía bíblica 35

temente del modo en que se transmita la revelación profética,


en ella siempre se manifiesta una verdad literal. El intérprete se
enfrenta entonces al problema de descubrir esa verdad... El
motivo de que se adopte un método interpretativo no literal es,
casi sin excepción, el deseo de evitar la interpretación más ob­
via del pasaje.13

El imperativo bíblico
¿Qué dice la propia Biblia sobre la interpretación de la profecía? Una
vez más, nos vienen a la mente las palabras del apóstol Pedro:
Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual ha­
céis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en
lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la maña­
na salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que
ninguna profecía de las Escrituras es de interpretación privada,
porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino
que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por
el Espíritu Santo (2 P. 1:19-21).
En este pasaje vemos tanto aspectos positivos como negativos. Entre
estos últimos, se nos dice que la profecía no es de interpretación priva­
da. Entre los positivos, leemos que a los hombres santos los impulsaba el
Espíritu Santo. “No a la interpretación privada” significa que no pode­
mos llegar a una conclusión basándonos en un pasaje aislado. Hemos
de ver la imagen completa.
Esto es lo que expresa muy correctamente Charles L. Feinberg:
Existen ciertas leyes bien definidas para interpretar las
profecías. Las propias Escrituras establecen la primera y más
esencial de todas ellas. Pedro nos dice, en su segunda epístola,
que... “ninguna profecía de las Escrituras es de interpretación
privada”. Con esto no quería decir que ningún individuo pueda
interpretar las profecías. Lo que indicaba el apóstol es que
ninguna profecía de la Palabra se debe interpretar con una
36 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

referencia exclusiva a sí misma (idias spiluseos ou ginetai). Es


decir, que hay que tener en cuenta y considerar todas las demás
porciones de la revelación profética. Cada profecía forma parte
del maravilloso esquema de la revelación; para llegar al
verdadero significado de toda profecía, debemos tener en
mente toda la estructura profética, así como la relación entre
las partes que la componen.14

La perspectiva cronológica
Cuando estudiamos las Escrituras, debemos recordar que a menudo
hallamos diversos acontecimientos encuadrados en un solo pasaje. Sin
embargo, a nivel cronológico, pueden existir grandes períodos entre uno
y otro. Esto es así, especialmente, cuando uno estudia los grandes profe­
tas. Pasé buena parte de mi ministerio en el estado de Washington. Allí,
desde la zona del Monte Rainier y en un día claro, se podían divisar
diversas cumbres montañosas. Aunque daba la sensación de que aque­
llos picos estaban muy cercanos, en realidad los separaban cientos de
kilómetros. De la misma manera que existía una perspectiva métrica en
aquel paisaje, con montes separados entre sí muchos kilómetros, tam­
bién existe una perspectiva cronológica entre las “cimas” de las Escritu­
ras. Por eso los profetas fueron “escudriñando qué persona y qué tiempo
indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de
antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras
ellos” (1 P. 1:11). A menudo se colocaban juntas las dos venidas de Cris­
to, cuando en realidad estaban separadas por miles de años. Es impor­
tante tener en cuenta la perspectiva cronológica.
Las profecías ya cumplidas indican el camino
Por último, debemos recordar que hemos de contemplar la verdad
profética y su cumplimiento desde el punto de vista de las profecías que
ya se han cumplido. Feinberg escribe:
Las profecías ya cumplidas deben componer la estructura em­
pleada para interpretar las que aún no se han materializado. La
única manera de saber cómo cumplirá Dios esas profecías en el
C h a rles U . W a g n er : C ó m o in terp retar la profecía bíblica 37

futuro es averiguar cómo lo ha hecho en el pasado. Todas las


profecías del Mesías sufriente se cumplieron literalmente en la
primera venida de Cristo. No tenemos motivos para pensar que las
predicciones acerca de un Mesías glorificado y reinante se cumplan de
alguna otra manera.15
Cuando interpretemos la profecía bíblica, también es importante te­
ner en cuenta el uso del lenguaje simbólico, y ver cómo se emplea este
en las Escrituras. Debemos mantener un equilibrio a la hora de tratar
los símbolos que aparecen en la Biblia. Algunos descartan por completo
todo simbolismo, y otros, dotados de una gran imaginación, ven en las
Escrituras unos símbolos que no están ahí.
En relación a este importante equilibrio, Feinberg escribe:
El lenguaje profético está relativamente exento de simbolismos,
que no lo convierten por tanto en algo incomprensible. Cierta­
mente, hay quien se ha tomado demasiadas libertades con la
verdad profética; si hubieran hecho lo mismo al examinar la
verdad soteriológica, la habrían convertido en algo inane den­
tro de la enseñanza de la Palabra divina. No obstante, no quere­
mos que se nos entienda mal respecto a este punto, porque
creemos que determinadas profecías sí se nos transmiten me­
diante el uso de un lenguaje simbólico. Pero, sea cual fuere el
caso, esos símbolos siempre se nos explican en su contexto in­
mediato, ya sea el pasaje, el libro donde aparecen o cualquier
otro pasaje de la Palabra, sin que quede resquicio alguno para
que la imaginación humana elabore explicaciones.16
Cometeríamos un error si no mencionásemos que toda la historia es
“su historia”, como dijimos antes. Por medio de todas las profecías bíbli­
cas, Dios nos indica que desea que el centro de todas las cosas sea nues­
tro Señor Jesucristo. Quizá el punto fundamental de la profecía bíblica
sea el futuro reino terrenal de Jesucristo, como el Mesías prometido
hace tanto tiempo. Haciendo un comentario sobre esta verdad, Walvoord
escribe:
38 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag e d ó n

Los teólogos han apuntado con frecuencia que Jesucristo cons­


tituye el centro de la teología, dado que todos los grandes pro­
pósitos divinos dependen de Él, de su persona y su obra. Y lo
que es cierto de la teología como un todo, también lo es de la
escatología. Las profecías bíblicas acerca de Jesucristo comienza
en el Génesis, en el huerto del Edén, y concluyen en el último
libro de la Biblia, con su tema central que es “la revelación de
Jesucristo” (Ap. 1:1). De acuerdo con esto, aunque la profecía,
en su revelación más amplia, contempla escenarios tan amplios
como la historia mundial, el programa divino en relación con
Israel y sus planes para la iglesia, también es cierto que el punto
fundamental de todos estos temas es Jesucristo, el Salvador, el
Juez último de todos los hombres, el Vencedor final sobre el
pecado y la muerte. Toda profecía, sea cual fuere su tema, está
relacionada en última instancia con los propósitos de Dios, en y
por medio de Jesucristo.17
Resumamos los principios para interpretar la profecía bíblica. He­
mos considerado la importancia de seguir una interpretación de la Bi­
blia que sea histórica, gramatical y literal; así como la de tomar las palabras
proféticas en su sentido usual y gramatical. Es esencial también admitir
el lugar que ocupa en la profecía el lenguaje figurativo, pero sin abusar
de él; así como la necesidad de centrarnos en el Mesías venidero, y en el
establecimiento de su reino literal en este mundo.
El estudiante sincero de la Biblia, que mantenga una buena relación
con el Señor, tiene el privilegio sin par de leer la verdad profética enten­
diéndola, mientras aplica las estrictas leyes que gobiernan la interpreta­
ción literal, histórica, contextual y gramatical de las Escrituras. Solo
entonces podrá aplicar el estudio a su propia vida. Por medio de un
análisis correcto de la profecía bíblica, el estudiante podrá sentirse con­
fortado y animado gracias a la verdad de que Dios mantiene el control
perfecto de todos los acontecimientos históricos. No tendrá que especu­
lar o sorprenderse de lo que Dios ha dicho, recurriendo a alegorías
subjetivas con miras a hallar el significado de un texto. Cuando las Es­
crituras le digan que “busque esa bendita esperanza”, podrá hacerlo
con una confianza que permita que esta incida en su vida espiritual. Su
C h a rles U . W a g n er : Cóm o interp retar la profecía bíblica 39

ritmo a nivel de evangelización y misiones se acelerará, sabiendo que el


Señor le ordena que le sirva mientras espera que el Hijo descienda de
los cielos (ver 1 Ts. 1:10). Y lo hará con una visión que no será difusa,
una esperanza que no será en vano, y la seguridad de que, cuando Cris­
to regrese, obtendrá la última y definitiva victoria.
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo [oh,
Daniel]... para traer la justicia perdurable...
Daniel 9:24

D esp u és de Asiría y Babilonia, el dominio gentil sobre Israel


continuó gracias a los medopersas, los griegos y los romanos.
Durante los días del dominio romano, Jesucristo pronunció las
siguientes palabras ominosas: "Jerusalén será hollada por los
gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan" (Le.
21:24). Esta afirmación incluía que en el futuro Israel seguiría
sujeto al dominio gentil, incluso después del primer siglo d.C.
C apítulo 3

Los tiempos de los gentiles


John F. Halvoord

La definición de "tiempos de los gentiles"


En los tempranos comienzos de la historia de Israel, Dios ofreció a la
nación dos perspectivas de futuro (Dt. 28—30). Primero, Dios prometió
que bendeciría abundantemente al pueblo si este escuchaba “atentamente
la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus
mandamientos”. Dios pondría a Israel “sobre todas las naciones de la
tierra”, poniéndolo “por cabeza, y no por cola”, como una nación a la que
dijo que “estarás encima solamente, y no estarás debajo” (Dt. 28:1,13). En
otras palabras, a cambio de la obediencia de Israel, Dios la convertiría en
la nación dominante sobre las naciones gentiles de este mundo.
En segundo lugar, Dios también prometió maldecir duramente a Is­
rael si ellos no oían “la voz de Jehová tu Dios, para procurar cumplir
todos sus mandamientos y sus estatutos” (Dt. 28:15). Por ejemplo, Dios
esparciría al pueblo de Israel entre las naciones “desde un extremo de la
tierra hasta el otro extremo” (Dt. 28:64). Durante esa dispersión, ellos
desesperarían incluso de seguir vivos (Dt. 28:63-67). En otras palabras, a
cambio de la desobediencia de Israel, Dios sometería al pueblo a la
dominación de las naciones gentiles de este mundo.
Y en relación con estas dos posibilidades que Israel tenía en su futuro
como nación, Dios dijo: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy
contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendi­
41
42 L a c u en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

ción y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descen­


dencia” (Dt. 30:19).
La tragedia fue que, siglos después de que Dios presentara a Israel
estas dos posibilidades, Israel eligió repetidamente la segunda opción,
la desobediencia. Dios, en su gracia, envió profetas a la nación que le
advirtieron de las graves consecuencias de esa elección, pero la mayoría
del pueblo de Israel no escuchó esos avisos (Jer. 7:21-28). Como resulta­
do, entre los siglos VIII y VI a.C., Dios utilizó a Asiria y Babilonia como
sus instrumentos para conquistar al pueblo de Israel, alejar a la mayoría
de ellos de su tierra, y dispersarlos en cautiverio entre las naciones gen­
tiles (Is. 7:17-20; 8:7, 8; 10:5, 6; Jer. 20:4, 5; 25:8-11; Ez. 23:1-30). Este fue
el comienzo del gobierno gentil sobre el pueblo de Israel.
Después de Asiria y Babilonia, el dominio gentil sobre Israel conti­
nuó gracias a los medopersas, los griegos y los romanos. Durante los
días del dominio romano, Jesucristo pronunció las siguientes palabras
ominosas: “Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos
de los gentiles se cumplan” (Le. 21:24). Esta afirmación incluía que en el
futuro Israel seguiría sujeto al dominio gentil, incluso después del pri­
mer siglo d.C.
A la luz de lo que hemos observado, podemos llegar a la siguiente
conclusión: la expresión “los tiempos de los gentiles” se refieren a ese
extenso período de la historia en que los gentiles constituyen los pode­
res dominantes del mundo, poderes a los que la nación de Israel estaría
sujeta. Siguiendo este argumento, Norval Geldenhuys escribió: “Se re­
fiere a todo ese período en el que en el mundo dominan los poderes
gentiles, hasta que llegue el momento en que los “santos del Altísimo”
posean el reino (cp. Dn. 7:27)”.1
Durante la época en que Babilonia fue el poder dominante, Dios ofre­
ció una importante revelación acerca de “los tiempos de los gentiles”,
parte de la cual aparece en el sueño registrado en Daniel capítulo 2.
El sueño del rey Nabucodonosor

El trasfondo del sueño (Daniel 2:1-30)


En el año 603 a.C., el rey Nabucodonosor, el más importante de los
antiguos reyes babilónicos, tuvo un sueño que le angustió tanto que
J o h n F. W a lv o o r d : Los tiempos de lo s gentiles 43

empezó a padecer de insomnio.2 El rey exigió que sus sabios le revela­


ran tanto el contenido del sueño como su interpretación. Pero los sa­
bios no pudieron contentar al rey (w. 1-13).
Daniel, un profeta hebreo que estaba en Babilonia como resultado
del cautiverio del pueblo de Israel a manos de los babilonios, le pidió a
Dios que le revelase el contenido del sueño del rey, así como su inter­
pretación. Dios concedió a Daniel su petición. Como consecuencia de
ello, Daniel pudo acudir ante el rey para satisfacer su solicitud. Daniel le
dijo al rey que era el Dios del cielo (no los dioses paganos de los
babilonios, que según ellos nacieron de la tierra3) quien le había envia­
do aquel sueño. Daniel también afirmó que el sueño revelaba qué iba a
suceder en el futuro (“en los postreros días”, y “en lo por venir”, versículos
14-30, 45).
El contenido del sueño (Daniel 2:31-35)
Daniel explicó que en el sueño aparecían dos objetos distintos: una
imagen y una piedra. La imagen tenía forma humana, y era terrible de
contemplar, debido a su tamaño y a su brillo deslumbrante. Tenía la
cabeza de oro, los brazos y el pecho de plata, el vientre y los muslos de
bronce, las piernas (desde la rodilla hasta los tobillos) de hierro, y los
pies de hierro mezclado con barro cocido.
La piedra la habían arrancado de la falda de una montaña unas ma­
nos invisibles (cp. versículo 45). Esto indicaba que el agente de su movi­
miento no era humano. La piedra golpeó los pies de la imagen con tal
fuerza que ambos quedaron aplastados, y los elementos de que estaba
hecha la estatua se deshicieron. El viento arrebató los restos de la ima­
gen. Luego, la piedra se convirtió en una gran montaña que llenó toda
la tierra.
La interpretación del sueño (Daniel 2:36-45)
Debemos destacar que la interpretación de Daniel siguió una pauta
vertical, comenzando en la cabeza de la imagen y descendiendo luego
hacia los pies. Este movimiento descendente representaba el paso del
tiempo. Así, las partes superiores de la estatua hablaban de una época
más reciente, y las inferiores se referían a períodos más alejados en la
historia.
44 La c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

Daniel informó al rey de que la cabeza de oro representaba tanto al


Imperio Babilonio como a su gran rey (versículos 38-39a).4 Los orienta­
les consideraban que el rey y el reino eran sinónimos.
Dios representó a Babilonia usando el oro por dos razones.
Primero, porque a Marduk, el dios babilónico principal, se le llamaba
el dios de oro.5 Segundo, porque Babilonia utilizaba mucho el oro en
sus edificios, imágenes y altares. Herodoto, quien visitó Babilonia 90
años después de la era de Nabucodonosor, quedó asombrado por la
cantidad de oro que vio. Incluso los muros y los edificios estaban
recubiertos de oro.6
Después de Babilonia gobernaría otro reino gentil, representado por
los brazos y el pecho de plata de la imagen (versículo 39a). Ese reino
sería el medopersa; los dos brazos que confluían en un mismo pecho
son una buena descripción de ese reino. En el año 550 a.C. se unieron
bajo un mismo rey dos pueblos distintos, el de los medos y el de los
persas, para formar juntos un gran poder.7
La plata era una representación precisa del reino medopersa, porque
en la antigüedad la plata simbolizaba el dinero. La plata era el estándar
de valor y el medio de cambio disponible. Media y Persia se caracteriza­
ban por basar su poderío en el dinero, que se recogía por medio de un
extenso sistema de tributos (Esd. 4.13; Dn. 11.2).8
Daniel afirmó que el reino medopersa sería inferior al babilónico.
No fue inferior a nivel militar, porque conquistó Babilonia. No fue infe­
rior en tamaño, porque el reino medopersa fue mucho más extenso que
el babilónico. Pero sí fue inferior en cierto sentido. Como se trataba de
un gobierno asociado, careció de la perfecta unidad de que disfrutó
Babilonia.9
Esta parte del sueño profético se cumplió cuando Media y Persia
conquistaron Babilonia en el año 539 a.C.10
El imperio medopersa sería sustituido por un tercer reino gentil, re­
presentado por el vientre y los muslos de bronce de la estatua (versículo
39b). Este fue el reino de Grecia, bajo el mando de Alejandro Magno y
sus sucesores. Un vientre subdividido en dos muslos es otra buena defi­
nición, aplicada esta vez al reino griego. Cuando Alejandro hubo unifi­
cado su reino, murió siendo muy joven. Entonces, el reino quedó dividido
entre sus cuatro generales principales. Pero solo dos de esas divisiones
J o h n F. W a lv o o r d : Los tiempos de lo s gentiles 45

jugaron un papel importante en la historia. Sus sedes de gobierno estu­


vieron en Siria y en Egipto.11
Dios representó al reino griego usando el bronce porque sabía que
serían los griegos los que crearían este metal, usándolo con mucha fre­
cuencia en sus instrumentos para la guerra.12
Daniel dijo que Grecia reinaría sobre la tierra, refiriéndose al mundo
que Daniel y sus contemporáneos conocían. El reino de Alejandro go­
bernó más territorios que el de Babilonia o el medopersa. Esta parte del
sueño profético se cumplió cuando Grecia conquistó el reino medopersa
en el año 331 a.C.13
A Grecia la relevaría un cuarto reino gentil, representado por las dos
piernas de hierro, los pies y los dedos de hierro y barro (versículos 40-
43). Este resultó ser el Imperio Romano. Las dos piernas eran un buen
símbolo de Roma, porque el antiguo Imperio Romano gobernó amplios
territorios tanto en el extremo oriental como occidental del mundo
conocido. Como resultado de esa enorme extensión geográfica, en el
año 364 d.C. se dividió en dos grandes unidades políticas: el Imperio
Romano occidental, con capital en Roma, y el oriental, con capital en
Constantinopla.14
El hierro era un símbolo perfecto para definir al antiguo Imperio
Romano por al menos dos motivos. Primero, porque la antigua Roma se
caracterizó por el uso del hierro en sus armas militares.15 Segundo, por­
que, como Daniel señaló, igual que el hierro es capaz de destruir el oro,
la plata y el bronce, debido a su resistencia superior, Roma aplastaría y
destruiría el mundo antiguo (v. 40). La antigua Roma consiguió este
objetivo gracias a su gran poderío militar. Este aspecto del sueño profético
se cumplió en el año 146 a.C., cuando Roma conquistó Grecia.
Como vimos antes, el hecho de que Daniel comenzara por la cabeza
de la imagen y fuera bajando representaba el paso del tiempo. Así, cuan­
do interpretó la última sección de la estatua, los pies y sus dedos, estaba
hablando de la última forma de gobierno mundial por parte de los
gentiles. El lenguaje empleado en el versículo 41 indica que los pies y
dedos formaban parte de la descripción del Imperio Romano. Así, re­
presentaban al Imperio Romano en las últimas fases de su existencia, en
contraposición a su época anterior, simbolizada en las piernas.
Las piernas de este cuarto imperio gentil eran de hierro, pero los
46 La cu en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

pies eran de hierro mezclado con barro cocido. Esta diversidad en su


composición también indicaba que el Imperio Romano experimentaría,
como mínimo, dos etapas distintas en su existencia, una antigua y otra
moderna.
Daniel interpretó la mezcla de hierro y barro de la siguiente manera:
del mismo modo que el hierro es fuerte, en su última fase el Imperio
Romano sería poderoso militarmente. Igual que el barro se caracteriza
por ser quebradizo, en esa época el Imperio Romano se caracterizaría
por la división interna. Diversos grupos de personas se aliarían para
componer el último período del imperio, pero no estarían demasiado
unidos, igual que no se puede conseguir una aleación perfecta entre el
hierro y la arcilla (versículos 41-43).
Por tanto, parece que el último período del Imperio Romano giraría
en torno a una federación de grupos aislados. Estos seguirían aliados
para ostentar el poderío militar, pero no se integrarían hasta el punto
de perder sus identidades étnicas y culturales. Dado que la imagen del
sueño tenía forma humana, la estatua tendría diez dedos. Esto indicaba
que en la última fase el Imperio Romano se compondría de una federa­
ción de diez grupos sociales. De hecho, Daniel 7:23, 24 significa que al
final el imperio de los romanos consistirá en una federación de diez
pueblos, cada uno con su propio gobernante (cp. Ap. 17:12).
¿Cuándo tendría lugar esa fase del Imperio Romano, la de los pies y
sus dedos? Teniendo en cuenta que el Imperio Romano nunca se com­
puso de una federación de diez pueblos, con diez gobernantes que os­
tentaran un poder semejante, la conclusión a la que llegamos es que
esta fase de la existencia de Roma tendrá lugar en el futuro.
En algún punto del futuro se establecerá una forma renovada del
Imperio Romano. Aquel imperio que desapareció en la Europa occiden­
tal en el año 476 d.C. volverá a renacer b¿yo la forma de una federación
de diez reinos. Es posible que la Unión Europea se desarrolle hasta
alcanzar esa renovación del Imperio Romano. Los líderes de los países
miembros de esa federación han estado trabajando en común en busca
de un poder económico e incluso militar conjunto, pero manteniendo
al mismo tiempo las distinciones étnicas y culturales.
Daniel indicó que el Imperio Romano sería sustituido por un quinto
reino representado en el sueño por la piedra (versículos 44, 45). Y sería
J o h n F. W a lv o o r d : Los tiempos de lo s gentiles 47

Dios, no el hombre, quien establecería ese reino. Las características de


ese reino serían las siguientes: nunca sería destruido; tras él ya no habrían
más reinos; acabaría con todos los reinos gentiles representados en la
imagen del sueño, destruyéndolos, y duraría eternamente. Estos rasgos
del reino de Dios contrastarían mucho con los de los reinos gentiles.
La teología babilónica asociaba las montañas con lo sagrado. A su
dios principal, Marduk, lo llamaban “la gran montaña”.17Creían que sus
dioses provenían de la montaña sagrada de la tierra, que ellos llamaban
“la montaña de los territorios”.18 Sus templos, llamados zigurates, imita­
ban la forma de las montañas.19Conociendo esta forma de pensar de los
babilonios, Dios representó a su reino futuro priitiero como una piedra
arrancada de una montaña, y después como una piedra que se conver­
tía en monte (versículo 35). Lo hizo para que Nabucodonosor compren­
diese que el quinto reino del sueño tendría un origen divino, no humano.
Para destacar este origen divino, Dios describió su reino como una roca
cortada de una montaña, pero no por manos humanas. Pero para des­
cartar que el rey llegara a la conclusión de que ese reino lo establecerían
los dioses babilónicos, Daniel dejó claro que sería el Dios de los cielos
quien lo fundaría.
En el sueño, la piedra golpeaba a la enorme imagen en los pies,
logrando así que la estatua se hundiera y desintegrara. Esto indica diversas
cosas. Primero, el advenimiento del reino de Dios tendrá lugar cuando
la última fase de Roma (el Imperio Romano revivido) esté en su apogeo.
Segundo, que cuando el reino de Dios venga, destruirá a ese imperio
renovado. Tercero, que cuando el reino divino destruya a ese imperio
reconstruido, acabará para siempre con el dominio gentil sobre el mundo.
Además, en el sueño, la piedra molía la imagen por completo, tras lo
cual el viento se llevaba sus fragmentos. Los babilonios creían que el
viento era una actividad divina. Llamaban a Marduk “el señor del vien­
to”.20 Esta parte del sueño iba destinada a que Nabucodonosor com­
prendiera que la actividad divina sería la que libraría al mundo del
gobierno gentil.
Una vez hubo desaparecido de la tierra el último vestigio de la ima­
gen, la piedra se convirtió en una gran montaña que llenó todo el mun­
do (versículo 35). Los babilonios representaban el mundo como un gran
monte. Llamaban a la tierra “la casa-montaña”.21 Conocedor de esta
48 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

ideología babilónica, Dios representó a su reino como una gran monta­


ña que llenara la tierra, para dejar clara una cosa: aunque será el Dios
del cielo quien instaure el quinto reino, será un reino de este mundo, tal
y como lo fueron los otros cuatro. En su momento gobernará la tierra
tal y como los reinos judíos dominaron el mundo conocido de sus épo­
cas respectivas.
Como vimos antes, el antiguo Oriente consideraba que rey y reino
eran inseparables. A la luz de esto, la piedra del sueño debía represen­
tar no solamente el reino futuro de Dios, sino también a su rey. Hay
otros pasees proféticos en la Biblia que indican que ese rey será la
persona llamada el Mesías (Sal. 2:2, 6), el Hijo de Dios (Sal. 2:4-12), y el
Hijo del Hombre, que viene con las nubes del cielo (Dn. 7:13, 14). La
Biblia también enseña que esa persona es Jesucristo (Mt. 16:16; 26:63,
64). Por tanto, podemos llegar a la conclusión de que la piedra repre­
sentaba tanto el futuro reino de Dios como a Jesucristo. Es significativo
que en más de una ocasión la Biblia se refiera a Jesús como “la roca”
(Mt. 21:33-45; 1 P. 2:4-8).
Dado que la piedra representa tanto el reino de Dios como a Jesucris­
to, su aparición en el sueño describía la venida de Cristo para establecer
ese reino. El hecho de que la Biblia hable de dos venidas de Cristo
suscita una pregunta importante: ¿cuándo establecería el reino futuro
de Dios, en la primera o en la segunda venida? Algunos han llegado a la
conclusión de que Cristo, en su primera venida, estableció el reino divi­
no del que habla Daniel 2, que se trata de un reino de naturaleza plena­
mente espiritual. Según este punto de vista, el reino consiste o bien en
la iglesia o en el gobierno espiritual de Cristo en los corazones huma­
nos, y el reino gentil que fue aplastado por el reino de Dios fue el
antiguo Imperio Romano, no su forma futura y renovada.
Otros afirman que Cristo, en su primera venida, ya estableció el reino
futuro de Dios predicho en Daniel 2, en un sentido espiritual, pero que
aún no se ha inaugurado en su sentido político. Según este punto de
vista, Cristo no instaurará su reinado político hasta su segunda venida.
Hay diversos factores que contradicen estos dos enfoques. En primer
lugar, de acuerdo con las imágenes y la interpretación que hizo Daniel
del sueño del rey, la piedra no apareció y destruyó la estatua hasta la
fase de los pies y los dedos (el período de la federación de diez reinos)
J o h n F. W a lv o o r d : Los tiempos de lo s gentiles 49

del cuarto reino (Roma). Antes vimos que esta fase del Imperio Roma­
no debe ser futura, porque en el pasado ese imperio nunca consistió en
una confederación de diez miembros. Esto nos lleva a la conclusión de
que la venida de Cristo representada en el sueño debe ser su segunda
venida, y que el sueño indicaba que el reino futuro de Dios no se esta­
blecerá hasta que aquella se produzca.
En segundo lugar, Daniel afirmó que el reino futuro de Dios se inau­
guraría “en los días de estos reyes” (versículo 44). Dado que esta afirma­
ción formaba parte de la interpretación que hizo Daniel del período de
los pies y los dedos del Imperio Romano, “estos reyes” debe ser una
referencia a los monarcas que gobernarán el Imperio Romano resucita­
do, la confederación de los diez reinos (cp. Dn. 7:23, 24; Ap. 17:12, 13).
Así, la afirmación de Daniel significaba que Cristo vendría a establecer
el reino divino cuando el futuro Imperio Romano revivido gobernase
en este mundo, no en el momento en que el Imperio Romano antiguo
era el poder gentil dominante.
En tercer lugar, las imágenes del sueño del rey sugerían que el futuro
Imperio Romano y el reino de Dios no coexistirían. La aparición de la
piedra representaba la venida de Cristo para establecer el reino de Dios.
Cuando la piedra aplastó la imagen, el viento arrebató todos los fragmentos
de esta antes de que la roca se convirtiese en una gran montaña y llenara
toda la tierra (w. 34, 35). Esto indicaba que todo vestigio de gobierno
gentil, inclusive su forma última (el Imperio Romano) desaparecería antes
de que el reino futuro de Dios se estableciera en este mundo.
En contraste con estas imágenes, los dos puntos de vista que sugieren
que el reino futuro de Dios predicho en el sueño de Nabucodonosor se
estableció (al menos en cierto sentido) durante la primera venida de
Cristo, exigirían algunos siglos de coexistencia entre el Imperio Roma­
no y el reino venidero de Dios. Es un hecho histórico que el Imperio
Romano occidental duró más de cuatrocientos años después de la pri­
mera venida de Cristo, y el oriental más de mil cuatrocientos.
En cuarto lugar, las imágenes del sueño se corresponden con la des­
cripción de la segunda venida de Cristo que hizo el apóstol Juan, y con
el gobierno de los mil años. En Apocalipsis 19 y 20, Juan indica que en
su segunda venida Cristo aplastará el poder gentil de este mundo, tras
lo cual gobernará en la tierra durante mil años.
50 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

En quinto lugar, la postura que sostiene que el reino futuro de Dios


predicho en el sueño del rey se estableció (en algún sentido) durante la
primera venida de Cristo enseña que el trono de Dios, sobre el que está
sentado actualmente Cristo junto al Padre en los cielos, es el trono so­
bre el que debía sentarse cuando gobernara el reino de Dios (cp. Is. 9:6,
7; Jer. 23:5; Le. 1:31-33). Como contraste, bastantes décadas tras la pri­
mera venida de Cristo y su ascensión a los cielos, El hizo una distinción
entre el trono de Dios, en el que ahora está sentado con el Padre, y el
trono en el que se sentará en el futuro (Ap. 3:21). Además, durante su
primera venida Cristo indicó que se sentaría en su trono en su momen­
to de gloria, en su segunda venida, cuando abra a los humanos las puer­
tas del reino de Dios (Mt. 25:31, 34).
Conclusión
Por m edio del sueño profético que Dios concedió al rey
Nabucodonosor, reveló que “los tiempos de los gentiles”, que comenza­
ron entre el siglo VIII y VI a.C., continuarían hasta la segunda venida de
Jesucristo a este mundo. Esto quiere decir que los gentiles constituirían
el poder dominante en la tierra, y que el pueblo de Israel estaría sujeto
a ellos durante mucho tiempo. Ese período cronológico lleva vigente
más de dos milenios y medio, y aún perdurará algún tiempo. A pesar
del hecho de que la nación-estado de Israel se volvió a establecer en su
antiguo territorio en 1948, aproximadamente dos tercios de todos los
judíos que viven hoy, a finales del siglo XX, están esparcidos por las
naciones gentiles del mundo y, por tanto, sujetos a la autoridad de las
mismas. Además, aunque el estado de Israel goza de una posición de
independencia política, a menudo se ve presionado para someterse a
los deseos y críticas de los poderes gentiles de este mundo.
La dominación gentil del mundo solo acabará con la segunda venida
de Cristo. Entonces, durante su gobierno mundial en el reino de Dios,
la nación de Israel constituirá el centro espiritual y político de este mun­
do (Is. 2:2-4; 61:6; Mi. 4:1-3; Zac. 8:22, 23; 14:16-19).22
...y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en
gran manera fuerte>la cual tenía unos dientes grandes de
hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba
con sus pies...
Daniel 7:7

L a bestia que representaba al Imperio Romano era tan aterra­


dora y feroz que ningún animal de este mundo podía descri­
birla. Lo que más se recalca sobre esta bestia es su tremendo
poder destructivo. Con sus dientes de hierro, devoraba y des­
truía todo lo que encontraba a su paso, pisoteando las sobras.
Esta es una buena descripción del antiguo Imperio Romano,
que fue capaz de desmenuzar el mundo antiguo de un modo
sin precedentes, debido a su gran poderío militar.
Capítulo 4

El resurgimiento
del Imperio Romano
Renold E. Shoiuers

Una profecía significativa


Hace más de 2500 años, Dios concedió al profeta Daniel una profecía
importante bajo la forma de un sueño o visión, que se halla registrado
en Daniel 7. En esta profecía, Dios revelaba el curso que seguiría en el
futuro la dominación gentil del mundo, desde los tiempos de Daniel
hasta la segunda venida del Mesías. La visión hablaba de cuatro grandes
bestias que surgían del mar, una tras otra.
Dios usó estas imágenes de las bestias para revelar la siguiente
progresión de los poderes gentiles de este mundo: Babilonia (represen­
tada en la visión por un león alado, versículo 4), el gran poder de la
época de Daniel, que sería sustituido por Media Persia (el oso del versí­
culo 5). Tras este imperio vendría el griego (representado por un leo­
pardo con cuatro alas y cuatro cabezas, versículo 6). Y Roma (representada
por una bestia terrible e indescriptible, versículos 7 y 8)1 acabaría con­
quistando a Grecia.
La bestia que representaba al Imperio Romano era tan aterradora y
feroz que ningún animal de este mundo podía describirla. Lo que más
se destaca sobre esta bestia es su tremendo poder destructivo. Con sus
dientes de hierro, devoraba y destruía todo lo que encontraba a su paso,
53
54 L a c u e n ta regresiva a l A rm ag ed ó n

pisoteando las sobras. Esta es una buena descripción del antiguo Impe­
rio Romano, que fue capaz de desmenuzar el mundo antiguo de un
modo sin precedentes, debido a su gran poderío militar.
Esta bestia tan inusual tenía diez cuernos en su cabeza (versículo 7).
Un ángel dijo a Daniel que los diez cuernos representaban a “diez reyes”
(versículo 24). Los orientales consideraban que el rey y su reino eran
sinónimos (véase Dn. 2:38-39, donde Daniel equiparaba al rey
Nabucodonosor a su reino). Así, los diez cuernos representaban a diez
gobernantes y a sus reinos. El hecho de que los diez cuernos estuvieran
en la cabeza de la cuarta bestia y que, por consiguiente, formaran parte
de ella, significaba que los diez gobernantes y sus reinos pertenecerían
al Imperio Romano.
El ángel dijo a Daniel que estos diez reyes (y, por tanto, sus respecti­
vos reinos) nacerían del Imperio Romano (versículo 24). Esta afirma­
ción incluía que el Imperio Romano pasaría, en la historia, por más de
una fase. La primera de ellas sería la de la bestia, o la conquista (el
antiguo Imperio Romano). Una fase más tardía sería la de los diez rei­
nos, o la división en diez partes.
El lenguaje empleado en los versículos 8, 20 y 24 daba a entender que
los diez reyes gobernarían al mismo tiempo. Esto, unido al hecho de
que los diez reyes y sus territorios pertenecerían al Imperio Romano,
indicaba que en ese período tardío el Imperio Romano sería una confe­
deración de diez reinos.
En un sueño profético paralelo que Dios concedió al rey
Nabucodonosor de Babilonia (Daniel 2), se describía esta última fase
del imperio como una mezcla de hierro y barro cocido (versículos 41-
43). Daniel interpretó la aleación de hierro y barro de la siguiente mane­
ra: igual que el hierro es fuerte, el Imperio Romano de esa fase también
lo sería. Y al igual que el hierro y el barro no se pueden alear de forma
natural, este último período del Imperio Romano se caracterizaría por
las divisiones. Habría unos reinos que se unirían para obtener una in­
fluencia común, pero no se integrarían por completo ni se fusionarían
a todos los niveles posibles.
La combinación de las ideas que hallamos en Daniel 2 y 7 sugieren
que esta última fase de la historia del Imperio Romano consistirá en
una confederación de diez reinos con diez gobernantes, que ostentarán
R en ald E. S h o w er s : E l resurgim iento del Imperio R o m a n o 55

el poder al mismo tiempo. Serán diez reinos que se unirán para obtener
el poder sobre este mundo, pero no se integrarán hasta el punto de
perder sus identidades culturales y étnicas particulares.
Debemos tener en cuenta que, en el pasado, el Imperio Romano
jamás se compuso de una federación de diez reinos, con diez gobernan­
tes de igual rango. Eso nos lleva a la conclusión de que esa última fase
del Imperio Romano aún está por venir. En otras palabras, en el futuro
existirá una forma renovada del Imperio Romano.
Un sueño significativo
La parte occidental del Imperio Romano cayó en el año 476 d.C.
Desde ese momento, y a lo largo de los siglos, los líderes de la Europa
occidental se han aferrado constantemente al sueño de intentar revivir
ese imperio perdido. Veamos algunos ejemplos de esto.
Entre los años 768 y 800 d.C., Carlomagno, el rey de los francos,
gobernó sobre una parte de Europa occidental que no había estado
sometida al dominio de una sola persona desde el año 476. Casi parecía
que fuera a restaurar el Imperio Romano. De hecho, el día de Navidad
del año 800 d.C., el Papa coronó a Carlomagno como “emperador de
los romanos”.2 Sin embargo, el reino de Carlomagno se disgregó tras su
muerte, en el año 814 d.C.3
La idea de un Imperio Romano revivió de nuevo en el año 962, cuan­
do un gobernante alemán, Otto el Grande, instauró el Sacro Imperio
Romano. Este imperio permaneció hasta el año 1806, cuando Napoleón
lo subyugó.4
Napoleón ambicionaba la restauración de las formas del imperialis­
mo romano, se consideraba él mismo romano y quería ser emperador.
Pensó que Europa tenía que estar sometida al gobierno de un empera­
dor, que tuviera a reyes bajo su mando.5Trazó planes “para unir Europa
con los lazos de una indisoluble confederación”6, a la que se refería
como “los Estados Unidos de Europa”.7 El 2 de diciembre de 1804,
Napoleón se coronó a sí mismo “emperador”, con una corona de laurel
de oro, al estilo romano.8Más tarde diría: “Soy un emperador romano,
según el mejor linzye de los césares”.9 Pero el imperio de Napoleón se
desintegró tras su derrota en Waterloo, en 1815.
El concepto de un Imperio Romano volvió a cobrar fuerza cuando
56 L a c u en ta regresiva a l A rm ag ed ó n

Bismarck ,el canciller de hierro de Alemania, conquistó Francia en 1870.


En 1871, los alemanes llamaron a su nuevo imperio “el segundo Reich”.
Ellos consideraban que era una continuación del antiguo Sacro Imperio
Romano (962-1806).10 El emperador del segundo Reich, Guillermo I,
recibió el título de “Kaiser” (la forma alemana de “César”). Sin embar­
go, el segundo Reich acabó en 1918, cuando Alemania se rindió ante las
fuerzas aliadas tras la primera guerra mundial.
El 15 de febrero de 1930, Winston Churchill publicó un artículo titulado
“Los Estados Unidos de Europa”, en The Saturday Evening Post. En él
abogaba por una confederación de naciones europeas en el continente.11
Mussolini soñaba con una restauración de la antigua gloria de Roma.12
Cuando sus tropas de “camisas negras” ocuparon Roma en 1921, anun­
ció: “El destino de Roma es el de volver a ocupar su lugar como la
ciudad que dirigirá la civilización de toda la Europa occidental”.13 El 9
de mayo de 1936, Mussolini proclamó “la reaparición del Imperio en las
colinas de Roma, destinadas a recibirlo”.14Hitler declaró que el Imperio
Romano había resucitado gracias a los esfuerzos de Mussolini.15 Pero en
1943, el curso de la segunda guerra mundial había perjudicado tanto a
Italia y a Mussolini, que el 15 de julio fue expulsado de su cargo y encar­
celado por orden del rey V íctor E m m anuel.16 “Así cayó,
ignominiosamente, el moderno César romano”.17
En julio de 1944, los movimientos de resistencia nacional de Europa
emitieron un comunicado conjunto anunciando que “lo único que pue­
de garantizar la preservación de la libertad y de la civilización en el
continente europeo es una unión federal”.18
En 1944, diversos generales alemanes tramaron un complot para de­
rrocar a Hitler y el nazismo. Si tenían éxito, planeaban solicitar un ar­
misticio a los aliados occidentales, y esperaban el establecimiento de
“una “paz constructiva” dentro del marco de unos Estados Unidos de
Europa”.19
El 19 de septiembre de 1946, Winston Churchill dio una conferencia
sobre los males de Europa en la universidad de Zurich, diciendo: “¿Cuál
es el remedio soberano? Recrear la familia europea, o la parte de ella
que nos sea posible, ofreciéndole una estructura bajo la que pueda pro­
gresar en paz, seguridad y libertad. Debemos construir unos Estados
Unidos de Europa”.20
R en ald E. S h o w er s : E l resurgim iento del Imperio R o m a n o 57

Del 7 al 10 de mayo de 1948, 750 delegados de toda la Europa libre se


reunieron en La Haya y crearon el Congreso Europeo, con el propósito
de unificar Europa.21
El 25 de marzo de 1957, estadistas de seis naciones de la Europa
occidental se reunieron en la colina del Capitolio, en Roma, y fundaron
la Comunidad Económica Europea (conocida más popularmente como
el Mercado Común, y más tarde llamada la Unión Europea). Los líderes
europeos occidentales manifestaron la esperanza de que el Mercado
Común se convirtiera en el núcleo central de unos futuros Estados Uni­
dos de Europa.22
Konrad Adenauer, el canciller de la Alemania occidental de posgue­
rra, afirmó: “Deseo seguir vivo solo por un motivo: ver en mi propia
época unos Estados Unidos de Europa”.23 “Hemos de conseguir la inte­
gración de Europa. Estoy convencido de que es la única salvación posi­
ble para el occidente cristiano”.24 “Nuestra necesidad de una unión es
incuestionable, por motivos económicos, políticos y militares”.25
Un observador del movimiento prounión europea declaró que “ha
dotado de un nuevo concepto al ideal histórico de una unidad europea,
actualizándolo; este es un ideal que se remonta a los tiempos de los
romanos”.26
Es interesante darse cuenta del gran número de líderes que, a lo
largo de los años, han soñado con una federación de países europeos
(muy parecida a la revelada en Daniel 2 y 7), y han asociado esta federa­
ción con una continuación o resurgimiento del Imperio Romano (igual
que los capítulos 2 y 7 de Daniel asociaban la confederación con una
fase más tardía de la historia del Imperio Romano ).
Un objetivo significativo
Los progresos realizados dentro de la Unión Europea (UE), cada vez
se encauzan más, como meta primaria, a cumplir tanto la revelación de
Daniel, relativa a un futuro y renovado Imperio Romano, como el sueño
de los líderes de la Europa occidental, que ha perdurado durante siglos.
A finales de los años 80, cuando la UE perseguía activamente el
cumplimiento de un objetivo concreto, la unidad económica, un analista
afirmó que la Unión Europea “es potencialmente el mercado más rico
que haya conocido este mundo”.27 Otro declaró que Europa “por fin
58 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

volverá a ocupar uno de los primeros rangos dentro del poder


económico”.28
Algunos analistas observaron que una economía comunitaria sería la
precursora de un sistema político común. Un escritor afirmó que una
economía común “es la condición previa necesaria para alcanzar, a lar­
go plazo, el sueño europeo: una unión política real que devuelva a Euro­
pa su papel como poder mundial”.29 Y hablando de ciertos líderes
europeos, Caspar Weinberger dijo: “los más ambiciosos de estos planifi­
cadores realmente desean un país nuevo y unido, los Estados Unidos de
Europa”.30
En 1990, un documental televisivo canadiense, titulado “El nacimiento
de un superestado”, ofrecía la siguiente evaluación de la dirección que
seguía la Europa occidental: “Europa está avanzando hacia la meta de
convertirse en el centro político y económico del mundo. También
desarrollará un gran poderío militar. Es posible que una Europa, bajo
una sola bandera, sea el superpoder que desafíe al mundo del siglo
XXI”. También afirmaba que el mercado común “está evolucionando
hacia una federación europea”, y añadía que “el antiguo sueño de una
Europa diversa, pero a la vez poderosa y unida, parece estar cobrando
fuerza en esta nueva era” y suscita “visiones de una nueva edad dorada”.31
En ese documental, Jacques Delors, el presidente de la Comisión de
la Comunidad Europea, que dirige la Unión Europea, afirmaba: “Mi
objetivo antes del fin de esta década es obtener una confederación euro­
pea real”.32
Durante el fin de semana del 15 de diciembre de 1990, diversos líde­
res de las naciones miembros de la Unión Europea se reunieron en
Roma y “alcanzaron un acuerdo sin precedentes que hará que su sueño
de unos “Estados Unidos de Europa” esté más cerca de la realidad que
nunca antes”. Este acuerdo tenía como meta “desarrollar lo antes posi­
ble una única nación europea con una sola moneda, antes de lo que
nadie crea posible”.33 en relación con este acuerdo, Jacques Delors dijo:
“Tenemos una cita con el destino”.34
El documental televisivo ofrecía declaraciones que habían hecho en
diversas entrevistas los líderes más importantes de Europa, hablando de
la dirección que seguía la Europa occidental. Una persona comentaba:
“Se está formando un nuevo imperio”. Otra afirmó: “El mundo no vol­
R en a ld E. S h o w er s : E l resu rgim ien to del Imperio R o m a n o 59

verá a ser el mismo”. Hubo otra que declaró: “Este es un punto crucial
de la historia”. Y una cuarta anunció: “Este es el final de una era y el
principio de otra”. Y aun hubo quien dijo: “Si esto funciona, será uno
de los logros más notables de los seres humanos civilizados”.35
En diciembre de 1991, los líderes de la Unión Europea firmaron el
tratado de Maastricht, que proyectaba tener “un banco central y común
y una sola moneda” para la UE en 1999.36 Siguiendo esta línea, el 1 de
mayo de 1998, 11 de las 15 naciones miembros de la Unión Europea se
comprometieron al establecimiento de “una moneda nueva y única, sin
precedentes históricos”.37 Esta nueva moneda se bautizó como “euro”.
Se decidió que, aunque el euro no sustituiría a las monedas nacionales
hasta el año 2002, el mundo de los negocios y los gobiernos empezarían
a usarlo en sus transacciones a partir del 1 de enero de 1999. Además,
se decidió que este nuevo sistema monetario conllevaría la supervisión
de un Banco Central Europeo.38
El hecho de que la mayoría de las naciones que son miembros de la
UE pudiera implantar una moneda única en tan poco tiempo sorpren­
dió a muchos analistas. De hecho, algunos dudaron que fuera factible
alcanzar semejante hito. A la luz de todo esto, uno de ellos afirmó que
“el logro de los europeos es impresionante”, y que “lo cierto es que el
euro es el mayor experimento financiero que se haya realizado en los
últimos 25 años, y nadie puede prever sus consecuencias”.39
Una de estas puede ser la unión política. Algunos líderes europeos
están convencidos de que una moneda única es esencial para alcanzar
esta unión. Por ejemplo, Helmut Kohl, que era canciller de Alemania
cuando se formuló el compromiso de una moneda única, afirmó: “Sin
una unión económica y monetaria, no podrá existir una unión política”.40
Un gobernante mundial significativo
En el sueño profético de Daniel 7, había un onceavo cuerno que se
abría paso en la cabeza de la cuarta bestia, desarraigando tres de los
diez cuernos que ya estaban en ella (versículo 8). El versículo 24 ofrece
la interpretación de esta imagen. Indica que, en algún punto posterior
al establecimiento de la futura confederación de diez miembros, el Im­
perio Romano revivido, habrá un onceavo gobernante que se hará con
el poder desde dentro, mientras estén gobernando los otros diez líde­
60 La cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

res. Este nuevo líder derrocará a tres de los otros. Esto conlleva que, en
consecuencia, obtendrá la posición de autoridad dominante sobre el
imperio, y, en esencia, se convertirá en su emperador.
Daniel 7 y otros pasajes proféticos indican que este líder (a quien
ahora se denomina comúnmente el anticristo), será un dictador arro­
gante, blasfemo y absolutista, que gobernará siete años antes de la se­
gunda venida de Cristo a este mundo. En mitad de ese período, se
proclamará Dios, viviendo en un nuevo templo de Jerusalén (Dn. 9:27;
11:36, 37; 2 Ts. 2:3, 4); entonces perseguirá duramente a Israel y a aque­
llos que se nieguen a adorarle (Dn. 7:21, 25; 9:27; Ap. 13:4-8; 20:4). Su
objetivo será someter todo el planeta a su gobierno, en beneficio de su
señor, Satanás (Dn. 11:38-45; Ap. 13:1-8; 16:13-16; 19:19).
Si tomamos en consideración este aspecto de la profecía relativa al
Imperio Romano resucitado, debemos tener en cuenta ciertas cosas.
Primero, algunos líderes de la Europa occidental que fueron entrevista­
dos en el documental de la televisión canadiense manifestaron su temor
debido a que la dirección que sigue la Unión Europea dista mucho de
ser la de una democracia. Uno de ellos afirmó que la estructura actual
no es democrática, porque la Comisión de la Comunidad Europea que
guía a la Europa occidental hacia la unión no es responsable ante nadie.
Consiste en un pequeño grupo de líderes que toman decisiones total­
mente aislados de las voces de los cientos de millones de personas que
se verán afectados por ellas. Otro líder comentaba la siguiente ironía:
mientras que las naciones de la Europa del este luchan para sobrevivir a
más de cuatro décadas de opresión dictatorial orientándose hacia la
democracia, la Europa occidental, que ha disfrutado de ella durante ese
mismo período, se aleja cada vez más de ella, en relación con esta ten­
dencia, un tercer líder confesaba: “Estoy sorprendido y asustado”.41
En segundo lugar, en 1994 tres corresponsales en Europa occidental
escribieron un artículo que hablaba de que esta se sentía “desencantada
con la democracia”.42
En tercer lugar, en el documental de la televisión canadiense de 1990,
Jacques Delors declaró: “En Europa debemos tener un ejecutivo políti­
co que pueda definir nuestros intereses comunes y luchar por ellos”.43
En cuarto lugar, Nadji Tehrani, editor de la revista Telemarketing, de­
claró que, debido a las diferencias socioculturales que existen entre las
Renald E. Show ers: El resurgim iento del Imperio R o m a n o 61

naciones miembros de la Unión Europea, “una Europa unida necesitará


un líder, y solamente uno, si quiere funcionar perfectamente”.44
Teniendo en cuenta la profecía de Daniel 7 sobre el ascenso al poder
del anticristo, que surgirá dentro del Imperio Romano renovado, estos
comentarios, junto con la tendencia presente en la Europa occidental
de distanciarse de la democracia, delinean unas ominosas implicaciones
para la Unión Europea. Vale la pena vigilar de cerca la dirección que
sigan sus líderes.
Un número significativo
Por último, la Biblia dice una y otra vez que la versión futura del
Imperio Romano se compondrá de diez reinos (Dn. 7:7, 20, 24; Ap.
13:1; 17:3, 7, 12, 16). Como contraste, la Unión Europea consta de más
de diez países. Ante semejante contraste, ¿cómo es posible que la Unión
sea un elemento a tener en cuenta en el cumplimiento de la revelación
divina relativa a un Imperio Romano restaurado? Esto supone un
problema.
Una posible solución es que en el futuro haya algunos países que
dejen de pertenecer a la Unión Europea. Una segunda sería la que halla­
mos en los siguientes comentarios de un anuncio sobre un banco de la
Europa occidental, publicado en la revista Forbes: “Todos los expertos
están de acuerdo: la Europa del futuro seguirá caracterizándose por los
contrastes y la complejidad. No solo debido a su gran diversidad
lingüística y cultural, sino también porque Europa está a punto de trans­
formarse en un continente dividido más en regiones que en naciones
separadas”.45
A la luz de esto, es posible que el número diez, que aparece en la
Biblia, sea una referencia a diez regiones, no a diez países.
Aguardando la esperanza bienaventurada y la manifesta­
ción gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo . . .
Tito 2:13

I ncluso una lectura superficial de pasajes relativos a la segun­


da venida (Ap. 19:11 -16) evidencia la dramática diferencia que
existe entre ella y el rapto. El rapto, aparentemente, no es una
manifestación pública contemplada por todo el mundo, dado
que tiene lugar de repente y transcurre rápidamente. Por otra
parte, la segunda venida será una desbordante procesión de
Cristo, sus santos y los ángeles, desde el cielo hasta la tierra.
Esta marcha triunfante será presenciada por todos los habitan­
tes de este mundo, y seguramente durará varias horas, porque
Apocalipsis 19:19 indica que los ejércitos de este mundo ten­
drán tiempo de planificar su estrategia mientras ven cómo des­
ciende el Señor. El propósito primario del rapto es el de sacar a
la iglesia de la tierra, para evitarle los horrores de los juicios
propios de la tribulación. Como contraste, el objetivo de la
segunda venida se define claramente como un tiempo de jui­
cio sobre el mundo, y una preparación para el reino milenario.
Capítulo 5

El rapto previo
o lo tribulación
John F. Walvoord

U n a de la s c u e st io n e s teológicas más acuciantes a las que se enfrenta la


iglesia contemporánea es la relación que existe entre la iglesia y la época
de tribulación que precederá a la segunda venida de Cristo. Los
amilenaristas (y, hasta cierto punto, los posmilenaristas) enseñan que la
iglesia pasará por ese tiempo de tribulación, en espera de que cuando
esta acabe, el rapto y la venida de Cristo la librará del tormento. Tanto
amilenaristas como posmilenaristas afirman que, cuando se produzca la
segunda venida, el milenio se acabará. Por tanto, desde su punto de
vista, la resurrección de los muertos en Cristo y el rapto de la iglesia viva
serán acontecimientos que precederán inmediatamente a los juicios fi­
nales (el del trono blanco y el del tribunal de Cristo). A la doctrina del
rapto solamente se le ha dedicado mucha atención dentro de la inter­
pretación premilenaria de la profecía.
Lo que es cierto del premilenarismo, a diferencia del amilenarismo,
también lo es en relación al punto de vista pretribulacionista como con­
traste al mediotribulacionista y al postribulacionista. Es imposible soste­
ner los dos últimos sin introducir, en un grado considerable, los principios
de la espiritualización de las profecías. Resulta interesante darse cuenta
de cómo a menudo los puntos de vista de la semitribulación y la
postribulación ignoran los elementos específicos de la tribulación. Sin
G3
64 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

embargo, debemos destacar que incluso dentro del grupo que sostiene
el rapto previo a la tribulación hay quien no distingue entre los progra­
mas divinos relativos a la iglesia y a Israel. Si bien en relación con la
interpretación de los acontecimientos finales existen enormes diferen­
cias, la tendencia del pensamiento postribulacionista ha sido el de
espiritualizar la tribulación, mientras que el que sostiene el rapto
pretribulación la interpreta literalmente.
Un argumento importante a favor de la postura de la pretribulación
es el hecho de que el rapto se nos presenta en la Biblia como un aconte­
cimiento inminente. En ninguno de los pasajes que predicen el traslado
de los santos vivos y la resurrección de los muertos en Cristo aparecen
otros acontecimientos intermedios que se puedan interpretar como in­
dicativos del rapto inminente. En pasajes clásicos que hablan del rapto,
tales como 1 Tesalonicenses 4:13-18 y 1 Corintios 15:51-58, el rapto se
considera la expectativa inmediata de los que ponen su esperanza y
confianza en Cristo.
Esto queda claro por el hecho de que, la noche anterior a la cruci­
fixión de Jesús, los discípulos se preocuparon mucho cuando El les dijo
que iba a abandonarles. “Le dijo Simón Pedro: Señor, ¿a dónde vas?
Jesús le respondió: A donde yo voy, no me puedes seguir ahora; mas me
seguirás después” (Jn. 13:36). Entonces Cristo dijo a sus discípulos que
no se inquietasen, porque El volvería para llevarles con El al cielo. “No
se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la
casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera
dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os
preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que
donde yo estoy, vosotros también estéis” (Jn. 14:1-3).
Aunque esta promesa la dio Cristo en el Evangelio de Juan, la plena
revelación acerca del rapto de la iglesia la recibió el apóstol Pablo. Cuan­
do meditamos en sus enseñanzas, es evidente que el rapto de la iglesia
es anterior al período de la tribulación.
El rapto en 1 Tesalonicenses 4:13-18:
Una revelación importante
Para determinar el carácter del rapto, es importante observar lo que
revela y no revela acerca del mismo 1 Tesalonicenses 4:13-18. En Juan
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la trib u la c ió n 65

14:1-3, Cristo manifestó por primera vez que volvería para llevarse al
cielo a los creyentes que aún estuviesen vivos. Los discípulos estaban
muy preocupados porque Cristo, tras más de tres años y medio de ense­
ñarles sobre el reino, no iba a inaugurar el reino profetizado que ellos
esperaban. Aún se sintieron más confusos cuando El les anunció que
iba a abandonarles, y que sería traicionado por uno de ellos. En su
forma de pensar no encajaba el hecho de que les abandonase antes de
que el reino estuviera ya establecido en este mundo, tal y como predecía
el Antiguo Testamento. Cristo dijo claramente que El estaría en el cielo
durante cierto período de tiempo, pero que al final regresaría para re­
cogerlos y para que estuviesen con El.
A los discípulos les sorprendió mucho esta revelación, dado que no
era lo que habían anticipado, porque en aquellos momentos ni siquiera
habían comprendido la diferencia entre la primera y la segunda venida
de Cristo. No era el momento más adecuado para que Jesús les explica­
se que el rapto es algo distinto a la segunda venida. En consecuencia, no
fue hasta un momento más tardío cuando Pablo reveló la doctrina so­
bre el rapto tal y como lo hace en 1 Tesalonicenses 4:13-18.
Como trasfondo a esta declaración en la epístola a los tesalonicenses,
hay otros pasajes que dejan claro que, tras la conversión de Pablo, Dios
le llevó al desierto y allí le enseñó algunas doctrinas básicas que necesi­
taba aprender, tales como la de la iglesia como cuerpo de Cristo, com­
puesto tanto de judíos como de gentiles; la doctrina de la salvación por
gracia; y también la certidumbre de que Jesús volvería a buscar a los
creyentes. De acuerdo con esto, Pablo, en sus vi¿yes misioneros, recalcó
dos verdades básicas: una, que Cristo murió por nuestros pecados y
resucitó después, posibilitándonos la salvación; y segunda, que volverá
otra vez a llevarse a los suyos al cielo.
En 1 Tesalonicenses 4:13, empezó su mensaje declarando: “Tampoco
queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que
no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza”. Lo más
significativo es que se dirija a ellos como “hermanos”, porque la doctri­
na del rapto, aunque no es esencial para la salvación, sí es muy impor­
tante. Dios no quiere que los cristianos ignoren la promesa del rapto. El
motivo por el que Dios se la concedió es porque no quería que se lamen­
taran cuando muriera algún cristiano, porque debían tener la plena
66 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

certidumbre de que Cristo volvería en cualquier momento para llevar­


los al cielo consigo.
Pablo afirma la certidumbre de esta expectativa en 1 Tesalonicenses
4:14: “Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá
Dios con Jesús a los que durmieron en él”.
Hubo un tiempo en que la muerte y resurrección del Mesías forma­
ron parte de la profecía veterotestamentaria, pero ahora ya son historia.
Y aunque la profecía y la historia son igualmente ciertas, esto no ha
dejado ninguna duda respecto al hecho de que Cristo murió y resucitó.
Pablo afirma que, si creían esto, también podrían creer con la misma
fuerza en la doctrina de que Cristo volverá a buscar a los cristianos que
han dormido, así como a los que aún vivan. En los versículos siguientes
les explica cómo va a ser ese rapto: primero, en 1 Tesalonicenses 4:15,
Pablo afirma que esto le fue transmitido mediante una revelación espe­
cial: “palabra del Señor”; y luego describe, en los versículos siguientes,
lo que sucederá. Los tesalonicenses se preguntaban qué pasaría con los
creyentes que ya habían muerto. Aparentemente creían que los difuntos
tendrían que esperar a un momento posterior al rapto antes de ser
resucitados.
Pablo despeja sus dudas, indicándoles qué podían esperar. El afirma
lo siguiente:
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor; que nosotros
que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor,
no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo
con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de
Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán
primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos que­
dado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes
para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el
Señor. (1 Ts. 4:15-17)
Antes que nada, indica que los creyentes que ya han dormido, que
han fallecido, resucitarán unos momentos antes de que los cristianos
vivos sean transformados de una forma instantánea. En 1 Corintios 15:51-
53 declara que en el momento de la venida de Cristo, los cristianos,
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la trib u la c ió n 67

tanto vivos como muertos, serán transformados de inmediato recibien­


do un cuerpo de resurrección adecuado para habitar en el cielo. Por
consiguiente, en aquel momento, no tendrán que esperar a ninguna
resurrección futura para reunirse con sus seres queridos que murieron.
Pablo también describe lo que sucederá. Señala que Cristo descende­
rá de los cielos y ordenará a los cristianos muertos que resuciten, y a los
vivos que se transformen. Esto irá acompañado de la voz del arcángel
Miguel, que lleva luchando con las huestes demoníacas desde hace mi­
les de años, y entonces, mientras tenga lugar el rapto de la iglesia, está
garantizada una enorme victoria. También se oirá el sonido de una trom­
peta, que en 1 Corintios 15:52 se describe como “la final trompeta”. No
es la “última” trompeta de la que habla la Biblia, en términos cronológicos,
porque hay otras que sonarán después, como la de Mateo 24:31, y las
siete trompetas de Apocalipsis 8:2-13; 11:15. Sin embargo, esta será la
última trompeta para la iglesia, aquella que señalará su partida de la
tierra al cielo. Se nos dice que los cristianos serán “arrebatados junta­
mente con ellos”. Como resultado de esto, estaremos siempre con el
Señor. Ya sea en el cielo o en la tierra del milenio; en el nuevo cielo y la
nueva tierra o en la nueva Jerusalén; pero estaremos siempre con El.
Sobre esta base, se exhorta a los cristianos diciendo: “Por tanto, alentaos
los unos a los otros con estas palabras” (1 Ts. 4.18).
A veces pasamos por alto un aspecto muy importante de esta revela­
ción: lo que no dice. Aquí, y en otros pasees del Nuevo Testamento, se
presenta el rapto como un acontecimiento que podría suceder en cual­
quier momento. En ninguno de esos pasees se menciona un aconteci­
miento previo e indicativo. Esto también es así en 1 Tesalonicenses 5:1-11
y en 2 Tesalonicenses 2:1-12.
El rapto contrastado con la segunda venida
Incluso una lectura superficial de pasees relativos a la segunda veni­
da (Ap. 19:11-16) evidencia la dramática diferencia que existe entre ella
y el rapto. El rapto, aparentemente, no es una manifestación pública
contemplada por todo el mundo, dado que tiene lugar de repente y
transcurre rápidamente. Por otra parte, la segunda venida será una
desbordante procesión de Cristo, sus santos y los ángeles, desde el cielo
hasta la tierra. Esta marcha triunfante será presenciada por todos los
68 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

habitantes de este mundo, y seguramente durará varias horas, porque


Apocalipsis 19:19 indica que los ejércitos de este mundo tendrán tiem­
po de planificar su estrategia mientras ven cómo desciende el Señor.
Además, en el momento del rapto (a diferencia de la segunda venida)
no se menciona a ningún ángel, con excepción de Miguel, ni se agitan
los cielos. Durante el rapto, el movimiento sigue una dirección de la
tierra al cielo, no al revés. La segunda venida se caracterizará por un
rasgo único: los cielos resplandecerán con la gloria de Dios (Mt. 24:27).
El propósito del rapto
Obviamente, el propósito primario del rapto es el de sacar a la iglesia
de la tierra, para evitarle los horrores de los juicios propios de la tribu­
lación. Como contraste, el objetivo de la segunda venida se define clara­
mente como un tiempo de juicio sobre el mundo, y una preparación
para el reino milenario (Ap. 19:11-16). Resulta significativo que en el
momento de la segunda venida no se produzca un desplazamiento (rap­
to) ni una resurrección de los santos, aunque sí deben resucitar los már­
tires, aparentemente unos días después de la segunda venida, para
cumplir la promesa que se les hace en Apocalipsis 20:4-6.
La segunda venida no conlleva ningún rapto

Solo habrá un rapto al principio de los últimos tiempos


Aunque en el Nuevo Testamento encontramos algunas resurrecciones
(que comienzan con la de Cristo y terminan con la séptima resurrec­
ción, es decir, la de los impíos al final del milenio), el día de la segunda
venida no habrá ninguna resurrección y, ciertamente, ningún traslado
de los cristianos.
La resurrección que seguirá a la segunda venida
Según Apocalipsis 20:4-6, tras la segunda venida de Cristo los márti­
res de la tribulación resucitarán para reinar con Él durante mil años
(Ap. 20:4). Los que fueron asesinados (decapitados) unos pocos años
antes de la segunda venida, por negarse a adorar al anticristo como a
Dios, resucitarán para disfrutar del reino de mil años, gobernando en
él. Aquellos que niegan la existencia de un milenio real tienen proble-
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la trib u la c ió n 69

mas para explicar este pas¿ye. Han adoptado un recurso literario, afir­
mando que la recapitulación de la historia de la iglesia comienza en el
capítulo 20, como si la profecía se remontase a la primera venida de
Cristo. No existe absolutamente ningún respaldo textual para esta supo­
sición, y los hechos revelados en el capítulo 20 no encajan en la era
presente de la iglesia.
Apocalipsis 20:1-3 dice que Satanás estará atado durante 1000 años.
Esto no sucedió en la primera venida de Cristo, porque actualmente
Satanás sigue activo. Siempre ha sido cierto que Satanás está limitado
en sus actividades, pudiendo hacer solamente lo que el Señor le permite
(cp. el libro de Job). Sin embargo, su obra en este mundo se describe
claramente en muchos pasajes del Nuevo Testamento, sobre todo en 1
Pedro 5:8, donde Pedro nos advierte que “vuestro adversario el diablo,
como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar”. Se nos
exhorta a resistirle. No hay ninguna indicación de que esta situación
cambiase con la muerte y resurrección de Cristo, excepto en el sentido
de que ahora Satanás está condenado a una ejecución aplazada. En los
últimos tiempos se producirán muchas resurrecciones. La resurrección
de los dos testigos (Ap. 11:11, 12) tendrá lugar dentro del período de la
tribulación. Los mártires que murieron resucitarán unos días después
de la segunda venida. Es posible que los santos del Antiguo Testamento
resuciten junto a los mártires (Ap. 20:4-6; cp. Dn. 12:2).
La palabra primera aplicada a la resurrección es cualitativa. Se refiere
a la grandeza de este tipo de resurrección: la que lleva a la vida eterna.
A la resurrección de los impíos no se la considera segunda resurrección,
sino que se habla de ella como “la segunda muerte” (Ap. 20:14). Por
consiguiente, el uso del término primera no incluye una resurrección
anterior, sino que simplemente identifica las naturalezas respectivas de
las dos resurrecciones en este passye.
En Mateo 25:31-46 encontramos otra confirmación de que en la se­
gunda venida no habrá rapto alguno; en ese pasaje, vemos a las ovejas y
a los cabritos que siguen estando mezcladas unos días después de la
segunda venida. Si el rapto tuviera lugar durante la segunda venida o
inmediatamente antes de ella, las ovejas ya no estarían en el mundo,
dejando en él a las cabras para recibir el juicio durante la segunda veni­
da. El hecho de que cierto tiempo después de esta ovejas y cabras sigan
70 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

juntas demuestra que en aquellos momentos no se producirá el rapto.


De hecho, esos creyentes de carne y hueso no pueden ser arrebatados,
porque serán ellos los que pueblen la tierra durante el milenio. Esta
continuación natural de la vida biológica humana queda descrita en
Isaías 65, donde vemos a los santos del milenio plantando cereales, cons­
truyendo casas, teniendo hijos, viviendo, muriendo e incluso pecando.
La inminencia del rapto

La ausencia de señales del rapto


La Biblia no da señales que apunten al rapto, pero sí nos exhorta a
que esperemos la venida de Cristo (cp. Tit. 2:11-13). Nunca se nos dice
que intentemos averiguar cuál será el día del Señor. No se nos anima a
imaginar quién será el anticristo o cuándo tendrá lugar cada uno de los
acontecimientos que preceden a la segunda venida. En lugar de esto, se
nos presenta el rapto como el acontecimiento que nos trasladará de la
tierra al cielo. Y, por el contrario, sí existen indicios de la segunda veni­
da, como aquel momento en que el anticristo levante en el templo la
abominación desoladora, tres años y medio antes de la segunda venida
(Mt. 24:15); pero no se asocia ningún rapto con la segunda venida. Hay
señales que apuntan a la segunda venida, pero no al rapto.
En ningún pasaje sobre la segunda venida se habla del rapto
Los defensores del punto de vista postribulacionista suelen apelar a
Mateo 24 como prueba de que al final de la misma habrá un rapto. Un
examen a fondo de Mateo 24 no revela indicación alguna ni de resurrec­
ción ni de rapto, y aunque esta es una idea que se ha extraído del pasaje,
carece de justificación o respaldo textual. Muchos intérpretes dicen con­
fiadamente que los discípulos lo sabían todo acerca del rapto, pero de
esto tampoco hay pruebas. De hecho, los discípulos estaban tan concen­
trados en el establecimiento de un reino físico en este mundo que no
evidenciaron que entendían la diferencia entre el rapto y la segunda
venida, como sería necesario para sostener el punto de vista de la
postribulación.
A veces se apela a Mateo 24:36-42, donde se compara la segunda
venida a los días de Noé, cuando llegó el diluvio y acabó con todos los
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la trib u la c ió n 71

que no estaban en el arca, como si esto fuera una referencia al rapto. Sin
embargo, hacer esto invierte completamente la ilustración del diluvio,
porque durante ese acontecimiento aquellos a los que “se los llevó” el
agua fueron los sometidos ajuicio, los que murieron, tal y como Mateo
25 indica que les sucederá a las cabras. Además, en Lucas 17:34-37, un
pasage paralelo, los discípulos preguntaron al Señor dónde irían a parar
los muertos. Cuando le formularon esta pregunta, El respondió, en el
versículo 37: “Donde estuviere el cuerpo, allí se juntarán también las
águilas”. En otras palabras, los buitres devorarán el cuerpo de aquellos
que mueran. Queda claro que el pasaje de Mateo es una inversión del
rapto, donde los que son arrebatados lo son para salvación, y los que se
quedan lo hacen para sufrir la tribulación. Como contraste, en ese pasa­
je los que son llevados están destinados al juicio, y los que se quedan son
los santos que entrarán en el reino milenario.
El día del Señor
Un estudio más profundo de 1 y 2 Tesalonicenses respalda la idea de
un rapto inminente previo a la tribulación. En 1 Tesalonicenses 5:1 se
habla del desarrollo cronológico del rapto. Dentro de este contexto, se
afirma que el día del Señor solamente llegará después de que la iglesia
haya sido trasladada mediante el rapto. Pablo escribe:
Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis nece­
sidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sa­
béis perfectamente que el día del Señor vendrá así como
ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, en­
tonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los
dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros,
hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sor­
prenda como ladrón. (1 Ts. 5:1-4)
En esta exposición de la doctrina sobre el día del Señor, Pablo afirma
que no tiene por qué escribirles acerca de “los tiempos y las ocasiones”,
es decir, la secuencia general de acontecimientos que conducirán al ad­
venimiento del día del Señor. Esto supone un contraste respecto a 1
Tesalonicenses 4:13, donde el apóstol da a entender que los creyentes
72 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

ignoraban el momento exacto y la naturaleza del rapto. Aquí en 1


Tesalonicenses 5:1-11, les dice que ya conocen los hechos relativos a los
tiempos y a las ocasiones, a saber: (a) que el día del Señor será repentino
(“como ladrón en la noche”, versículo 2), y (b), que el rapto de la iglesia
precederá al día del Señor (versículos 4 y 9).
La expresión “el día del Señor” es muy común en los dos Testamen­
tos. Se refiere a ese período de tiempo en el que el Señor solventará
directamente el pecado humano mediante diversas formas de juicio di­
vino. El Antiguo Testamento suele hablar del día del Señor como de un
momento caracterizado por ser un “día de tinieblas y de oscuridad, día
de nube y de sombra” (Jl. 2:2). Entonces será cuando “tiemblen todos
los moradores de la tierra” (Jl. 2:1), cuando habrá guerras y destrucción
en el planeta (ver Jl. 2:3-9); cuando “delante de él temblará la tierra, se
estremecerán los cielos; el sol y la luna se oscurecerán, y las estrellas
retraerán su resplandor” (Jl. 2:10).
Tal y como explica Joel, el día del Señor es grande “y muy terrible;
¿quién podrá soportarlo?” (Jl. 2:11). Por tanto, se tratará de un período
de juicio divino previo al regreso de Cristo a la tierra. Sin embargo, de
acuerdo con Sofonías 3:14-20, también incluirá un tiempo de regocijo
posterior al día del juicio (Sof. 1:14-18). Partiendo de estos diversos pa­
sajes, llegamos a la conclusión de que el día del Señor no solamente
incluye la tribulación tras el rapto, sino también el reinado milenario de
Cristo en la tierra.
Según el punto de vista de la iglesia tesalonicense, vivían en la época
de la gracia, la dispensación presente, durante la cual Dios está reunien­
do tanto a judíos como a gentiles para formar un solo cuerpo, la iglesia.
Cuando tenga lugar el rapto, esta obra de Dios acabará, y comenzará el
día del Señor. Aunque no todos los acontecimientos principales ocurri­
rán de inmediato, ese período se extenderá desde el rapto hasta el final
del milenio. Esto, a su vez, vendrá seguido del “día de Dios” (2 P. 3:12),
cuando los cielos y la tierra serán destruidos por fuego, y Dios creará
otros nuevos. Esta destrucción, que Pedro predijo como algo que suce­
dería en el día del Señor, consiste en realidad en la transición desde el
día del Señor hasta el día eterno de Dios.
Parece ser que, en la época que medió entre 1 y 2 Tesalonicenses,
unos falsos maestros se inmiscuyeron en la iglesia, diciéndoles que los
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la trib u la c ió n 73

sufrimientos por los que pasaban entonces significaban que ya estaban


en el día del Señor. Esto preocupó mucho a los tesalonicenses, porque
se preguntaban si ya se habrían perdido el rapto. Cuando Pablo se ente­
ró, escribió 2 Tesalonicenses, para refutar el rumor de que ya hubiera
llegado el día del Señor. En 2 Tesalonicenses 2:1-3, Pablo afirma enfáti­
camente que el día del Señor no ha comenzado, y no lo hará hasta que
se revele el impío (el anticristo).
Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo, y
nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os de­
jéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os
conturbéis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como
si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está
cerca. Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá
sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de
pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta
contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto
que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose
pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba todavía
con vosotros, os decía esto? (2 Ts. 2:1-5)
En este punto debemos tener cuidado en distinguir entre la venida
del día del Señor y su comienzo, distinción que muchos intérpretes
pasan por alto. Podemos decir que el día del Señor “viene” con el rapto
de la iglesia, pero no “comienza” hasta que el anticristo firme el tratado
de los siete años con Israel (su “revelación” y el inicio de los juicios
apocalípticos). Por consiguiente, cronológicamente hablando, el día del
Señor comienza después del rapto. El intervalo entre el rapto y el inicio
del día del Señor es un punto indeterminado en las Escrituras, pero
aparentemente se tratará de un espacio de tiempo breve. Sin la presen­
cia moderadora de la iglesia, Satanás no tardará mucho en invadir los
corazones de los seres humanos no salvos. El acontecimiento que seña­
lará el principio del día del Señor será la aparición del hombre de peca­
do, el anticristo (2 Ts. 2:3). Mateo 24:15, 2 Tesalonicenses 2:4 y Apocalipsis
13:15 hablan de su revelación final como de la “abominación desoladora”;
es decir, la imagen del anticristo colocada en el templo a mediados del
74 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

período de siete años de tribulación, mediante la cual el anticristo que­


brantará el pacto de protección con Israel. Sin embargo, un análisis más
profundo revela que en realidad este personaje se manifestará mucho
antes que a mediados de la tribulación. Primero, el transgresor del pac­
to, que ya había sido anunciado, será el que lo firme al principio de los
siete años. Aparte de esto, antes de poder firmar un tratado así, tal
persona debe ostentar el poder político necesario para ello. Daniel 7:7
dice que se alzará con el poder en la zona geográfica del primer Impe­
rio Romano, derrocando a tres reyes y dominando a los siete gobernan­
tes que queden, uniendo diez reinos o regiones en un imperio restaurado.
Esto deberá tener lugar más de siete años antes de la segunda venida, y
le identificará sin lugar a dudas como aquel que gobernará al mundo
durante ese período de tiempo. Según Pablo, este hombre no se podrá
revelar antes de que la iglesia haya sido arrebatada a los cielos (porque
la iglesia, con el poder del Espíritu Santo, limita las actividades de Sata­
nás). Por consiguiente, el rapto debe tener lugar más de siete años antes
de la segunda venida. Esto elimina cualquier punto de vista excepto el
que sostiene el rapto previo a la tribulación.
Aunque esto es algo que muchos niegan enfáticamente, parece ser la
clave para comprender las grandes profecías relativas al rapto como un
acontecimiento inminente.
Pablo añade un segundo motivo para afirmar que los creyentes de
Tesalónica no estaban sufriendo la tribulación; lo hallamos en 2
Tesalonicenses 2:5-12. Pablo dice, en el versículo 6, que ellos ya saben
que lo que está poniendo trabas al pecado es el hecho de que la
pecaminosidad humana se pueda revelar en el momento más adecuado,
“y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido
tiempo se manifieste”. Y añade: “Porque ya está en acción el misterio de
la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su
vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a
quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el
resplandor de su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Sata­
nás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo enga­
ño de iniquidad para los que se pierden” (2 Ts. 2:7-10a). Aunque ha
habido bastantes discrepancias sobre qué puede ser lo que detiene a ese
inicuo, parece que lo único capaz de contener a Satanás es el poder del
Jo h n F. W a lv o o rd : El ra p to previo a la t rib u la c ió n 75

Espíritu Santo. Desde Pentecostés, el Espíritu Santo ha habitado en los


creyentes y en la iglesia de un modo único y poderoso. Esta entidad,
capacitada por el Espíritu, ha sido el instrumento principal de Dios para
contener la marea de la iniquidad.
Pablo afirma que un día esa limitación desaparecerá. Dado que el
Espíritu Santo es omnipresente, como ser espiritual, aquí se debe estar
refiriendo, obviamente, al cuerpo que recibe el poder del Espíritu San­
to. Pero este será “quitado” en el momento en que el cuerpo en el que
habita sea arrebatado de repente durante el rapto, ¡que será exactamen­
te lo inverso de Pentecostés! Antes, Cristo había dicho a los discípulos:
“porque [el Espíritu] mora con vosotros, y estará en vosotros” (Jn. 14:17).
En el período anterior a Pentecostés, el Espíritu Santo ministraba a las
personas como alguien que estaba “con ellas”. Durante Pentecostés, de­
bido a la obra ya completa de Cristo, y como parte del plan divino para
este nuevo organismo que era la iglesia, el Espíritu Santo descendió con
poder y estuvo “en ellos”. Aparentemente, con el rapto de la iglesia, el
ministerio del Espíritu Santo volverá a ser el que tenía antes del día de
Pentecostés, aunque ciertamente obrará con poder por medio de los
dos testigos y de los 144.000 sellados, de manera que habrá millones
salvos gracias a su poder de convicción, incluso en los peores momentos
por los que pase este mundo.
De acuerdo con esto, en 2 Tesalonicenses 2 encontramos dos prue­
bas básicas de que aquellos creyentes no estaban en el día del Señor: (a)
el anticristo no se había manifestado, y (b) aún no había desaparecido el
instrumento de contención que utiliza el Espíritu Santo. Uniendo estos
dos hechos, la perspectiva profética se centra en tres períodos genera­
les: el primero, el tiempo de la gracia, o la era presente; después, el día
del Señor, desde el rapto hasta el fin del milenio; y por último el día de
Dios, la eternidad.
El valor práctico del rapto
Debe quedarnos claro que solamente la naturaleza inminente de la
doctrina del rapto, tal y como la enseña el premilenarismo, permite que
esta sea una fuente de gozo (1 Ts. 4:18), de ánimo (1 Co. 15:58) o de
advertencia, de modo que estemos listos para no ser avergonzados cuan­
do El vuelva (1 Jn. 3:3). La ausencia total de cualquier exhortación a
76 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

escudriñar los acontecimientos futuros, con excepción del rapto, es una


prueba que confirma que, según el plan cronológico de Dios, el aconte­
cimiento futuro primario es el rapto, que precederá a las profecías de
los últimos tiempos de las que hablan las Escrituras. Pero se nos exhorta
a esperar el regreso de Jesucristo, ¡no la llegada del anticristo!
Por tanto>alentaos los unos a los otros con estas palabras.
1 Tesalonicenses 4:18

A po calip sis 5 describe una escena en los cielos en la que


vemos a Cristo representado como un Cordero sacrificado pero
victorioso. El Cordero es digno de abrir los sellos de un rollo,
acción que hace que se desencadenen los juicios descritos en
los siguientes capítulos. En el capítulo 6, los juicios de los se­
llos se desatan como consecuencia de que el Cordero abre
cada uno de ellos (Ap. 6:1, 3, 5, 7, 9, 12). Teniendo en cuenta
que cada uno de los juicios empieza de la misma manera, no
debería sorprendernos que Apocalipsis 6:16, 17 resuma los
seis juicios como "la ira del Cordero" y "el gran día de su ira".
Capítulo 6

Un análisis del punto de


visto "el rapio previo a la ira”
Tilomas D. Ice

En lo s añ os80, Robert Van Kampen, un hombre de negocios cristiano,


desarrolló un nuevo punto de vista sobre la secuencia cronológica en la
que se encuadraría el rapto. Tras eliminar la perspectiva pretribulacionista
y más tarde la de la postribulacionista,1llegó a la conclusión de que los
cristianos serán arrebatados al cielo cuando hayan transcurrido tres
cuartas partes del período de los siete años de tribulación.2 El Sr. Van
Kampen reclutó a Marvin Rosenthal, y bautizaron a su nuevo enfoque
“la postura del rapto previo a la ira”.3 Dieron a conocer su postura al
público en 1990, por medio del libro de Rosenthal, The Pre-Wrath Rapture
ofthe Church (El rapto de la iglesia previo a la ira),4 seguido en 1992 de
una obra de Van Kampen, The Sign (La señal).5 En este breve capítulo
analizaré algunos de los errores clave, cruciales a la luz de las Escrituras,
que han propiciado el surgimiento de este reciente malentendido acer­
ca de la profecía.
¿Qué es el rapto previo a la ira?
Aunque Van Kampen y Rosenthal ofrecen muchos detalles acerca de
todos los aspectos que tratan en sus libros, la línea argumental de su
postura se centra en el hecho de que la iglesia será arrebatada antes de

73
80 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

que Dios derrame su ira sobre el mundo, unos 21 meses antes de la


segunda venida de Cristo. Rosenthal escribe:
Demostraremos que los sellos de Apocalipsis 6 representan los
actos culminantes de los hombres no regenerados, y que los cre­
yentes no se verán exentos de esos días tan difíciles. Como contras­
te, las trompetas y las copas de la ira tienen su origen en Dios: son
la manifestación última de su ira contra un mundo incrédulo. Los
hijos de Dios sí serán librados de ese día. Esa es la “bendita espe­
ranza”... El objetivo de este libro es el de demostrar que el día del
Señor es el momento de la ira divina. Se podrá detectar que está a
punto de comenzar por medio de las alteraciones cósmicas que se
asocian a la ruptura del sexto sello (Jl. 2:10, 11, 30, 31; Ap. 6:12-17;
cp. Mt. 24:29), y empezará cuando se abra el séptimo sello (Ap.
8:1). El rapto de la iglesia precederá inmediatamente al día del
Señor, que comenzará aproximadamente en la segunda mitad de
la semana número setenta de la que habla Daniel.6
Esta es una postura que, como vimos, Van Kampen y Rosenthal de­
nominan “el rapto previo a la ira”.
Los puntos esenciales de esta nueva enseñanza se podrían resumir de
la siguiente manera:
• La iglesia será raptada antes del momento de la ira de Dios.
• Ese período de la ira de Dios está limitado al día del Señor.
• El día del Señor no consiste en los siete años de la semana setenta
de Daniel, sino solo en la última parte de los mismos (21 meses).
La innovación de Van Kampen y Rosenthal difiere de la postura del
pretribulacionismo en algunos puntos esenciales. Los defensores del
rapto previo a la tribulación están de acuerdo con Van Kampen y
Rosenthal en que la iglesia no pasará por el período de la ira de Dios.
Sin embargo, los abogados de un rapto previo a la tribulación hacen
comenzar el período de la ira de Dios y el día del Señor en esos siete
años de la semana setenta de Daniel. Así, creo que la Biblia respalda la
enseñanza del rapto previo a la tribulación, porque enseña que la iglesia
partirá de este mundo antes de que empiece la semana setenta de Daniel.
T h o m a s D . I c e : Un a n á lisis del p u n to de vista "el ra p to previo a la ira" 81

El rapto previo a la ira


En 1 Tesalonicenses 1:10 se amonesta a la iglesia a “esperar de los
cielos a su Hijo [de Dios] porque Cristo nos libró “de la ira venidera”.
Primera Tesalonicenses 5:9 se hace eco de esta promesa cuando Pablo
dice a la iglesia que “no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar
salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo”. Además, Pablo dice a
la iglesia, en Romanos 5:9, que aparte de estar “ya justificados en su
sangre”, los creyentes “seremos salvos por su vida”. Nuestro Señor, ha­
blando por medio de Juan, promete a la iglesia: “Yo también te guarda­
ré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para
probar a los que moran sobre la tierra” (Ap. 3:10). Van Kampen está de
acuerdo con los que defienden el rapto previo a la tribulación en que la
iglesia no sufrirá el tiempo de la ira de Dios. Tal y como lo expresa él:
La postura pretribulacionista sostenía que la iglesia no vería la
ira de Dios, basándose primariamente en Romanos 5:9, 1
Tesalonicenses 1:10, 5:9 y Apocalipsis 3:10 como textos clave.
Yo no podía por menos que estar de acuerdo con ellos, porque
eso es lo que parecía enseñar claramente la Biblia.7
Aunque está de acuerdo en que la iglesia no padecerá el período de
la ira de Dios, Van Kampen cree que los defensores de la pretribulación
se equivocan al entender que “el momento de la ira de Dios consiste en
el período completo de los siete años de tribulación”.8 Esto ofrece una
base firme para el desacuerdo entre Van Kampen y Rosenthal y los que
abogan por el rapto previo a la tribulación.
La ira de Dios
Van Kampen y Rosenthal dividen los siete años de la semana setenta
de Daniel en una secuencia de períodos que no tienen un respaldo
textual. Dividen esos siete años en las siguientes partes:
• Denominan a la primera “el principio de dolores”.
• La primera mitad de la segunda parte recibe el nombre de “la
gran tribulación”.
• Los últimos 21 meses se etiquetan como “el día del Señor”.9
82 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Para Van Kampen y Rosenthal, únicamente el último período, el día


del Señor, será el momento en que se desencadenará la ira divina. Las
primeras tres cuartas partes las consideran la ira del hombre y la ira de
Satanás. Pero, ¿acaso la Biblia hace semejantes distinciones? Personal­
mente, no creo que las haga.
La ira en Sofonías
Sofonías 1:14-18 presenta diversos términos que caracterizan el día
venidero del Señor. El versículo 14 lo denomina “el día grande de Jehová”,
y también “el día de Jehová”. Luego, los versículos 15-18 describen este
período de la siguiente manera: “Día de ira aquel día, día de angustia y
de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuri­
dad, día de nublado y de entenebrecimiento, día de trompeta y de alga­
zara... Y atribularé a los hombres... en el día de la ira de Jehová”. El
contexto respalda la conclusión de que todos estos términos se aplican
al día del Señor. Este uso bíblico no permite a ningún intérprete dividir
el día del Señor en varias fases, tal y como insisten en hacer Van Kampen
y Rosenthal. El texto dice claramente que el día del Señor será tanto
una época de tribulación como el momento en que se desencadenará la
ira de Jehová. Los diversos sustantivos empleados en esta descripción
nos ofrecen una caracterización del día del Señor que se puede aplicar
al período completo. El pasaje de Sofonías contradice claramente el
fundamento sobre el que Van Kampen y Rosenthal intentan construir
su teoría de tan reciente aparición. Pero Sofonías no es el único que
supone un obstáculo a las especulaciones de Van Kampen y Rosenthal.
La ira en Apocalipsis
Apocalipsis 6:1-17 nos habla de los juicios de los seis sellos, que son
los primeros incluidos en la tribulación. Apocalipsis 6 y los sellos, con
sus juicios, también contradicen las afirmaciones de Van Kampen y
Rosenthal, porque la Biblia describe esos seis juicios como “la ira del
Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado” (Ap. 16c-17a). Apoca­
lipsis 5 revela que solamente el Cordero (Cristo) será digno de abrir los
sellos que iniciarán los juicios propios de la tribulación. Cuando relacio­
namos los puntos de Apocalipsis 5 y 6, carecemos de fundamento para
decir que los acontecimientos de esos juicios de los sellos se encuentran
Thom as D. I c e : Un an á lisis del p u n to de vista "el ra p to previo a la ira " 83

desconectados del modo en que la Biblia caracteriza a la ira de Dios. Las


siguientes observaciones acerca de los juicios de los sellos respaldan
semejante relación:
• El Cordero es el individuo que rompe los sellos, iniciando así los
juicios de los mismos (Ap. 6:1, 3, 5, 7, 9, 12), lo cual indica clara­
mente que Él (Dios) es el origen de los acontecimientos o de la ira.
Estas son referencias explícitas a la ira de Dios, no a la de los
hombres o a la de Satanás, como enseñan Van Kampen y Rosenthal.
• Un cuarto de la población de este mundo morirá (Ap. 6:8).
• Al final de los seis juicios, hallamos la siguiente afirmación: “Caed
sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está senta­
do sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su
ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?” (Ap. 6:16, 17).
“El que está sentado sobre el trono” es Dios Padre, como señalaba
el capítulo 4, y por consiguiente se trata de la ira de Dios. También
es la ira del Cordero (Cristo). El pasaje dice claramente que “el
gran día de su ira ha llegado”, lo cual significa que los seis sellos
del juicio se consideran ira de Dios.
Van Kampen y Rosenthal intentan demostrar que los acontecimien­
tos de los juicios encerrados en los sellos no son en realidad la “ira de
Dios”, sino la ira de los hombres. Rosenthal declara: “La palabra ira
aparece ocho veces en el libro de Apocalipsis. Estas ocho apariciones
son posteriores a la apertura del sexto sello. El término ira nunca se usa
en relación con los cinco primeros sellos”.10 A primera vista pudiera
parecer que el quinto sello (que revela a las almas de los mártires en el
cielo) es un caso claro de la ira del hombre o de Satanás. Sin embargo,
en este caso lo importante no es cómo murieron los mártires, sino el
hecho de que la ira del Cordero vengará su muerte, lo cual constituye el
tema de todo el capítulo.
Rosenthal olvida decir a sus lectores que Apocalipsis 6:16-17 es un
resumen de todos los juicios anteriores. A pesar de que Van Kampen y
Rosenthal afirman seguir la interpretación literal del texto,11 yo creo
que Apocalipsis 6:16-17 está relacionado con todos los juicios, los de los
seis sellos, por los siguientes motivos:
84 L a c u en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

• Apocalipsis 6:15-17 es una descripción de la reacción humana ante


al juicio de Dios. Una evaluación similar es la que hallamos des­
pués de los juicios de las trompetas, en Apocalipsis 9:20-21. En
ambos casos, la humanidad no se arrepiente, de modo que Dios
prosigue con la guerra. Esto nos lleva a asociar esta evaluación con
los juicios de los sellos que encontramos antes.
• El verbo dominante en el versículo 17, “ha llegado” (élthen), “es un
aoristo de indicativo, que se refiere a una llegada previa de la ira,
no a algo que vaya a tener lugar de forma inminente”.12 El contex­
to no respalda el intento de Rosenthal, que sostiene que este verbo
es un aoristo futuro.13 Esta confirmación textual es necesaria para
adoptar ese uso poco frecuente del aoristo de indicativo. Además,
si lo que Juan deseaba era dotar al verbo de un matiz de futuro,
hubiera empleado directamente el tiempo futuro.
• Apocalipsis 5 describe una escena en los cielos, con Cristo represen­
tado como un Cordero sacrificado pero victorioso. El Cordero es
digno de abrir los sellos de un rollo, acción que hace que se desen­
cadenen los juicios descritos en los siguientes capítulos. En el capí­
tulo 6, los juicios de los sellos se desatan como consecuencia de que
el Cordero abre cada uno de ellos (Ap. 6:1, 3, 5, 7, 9, 12). Teniendo
en cuenta que cada uno de los juicios empieza de la misma manera,
no debería sorprendernos que Apocalipsis 6:16, 17 resuma los seis
juicios como “la ira del Cordero” y “el gran día de su ira”.
Esta información nos ofrece una amplia prueba bíblica de que los
seis juicios de los sellos son la ira de Dios (el Cordero). El punto de vista
de Van Kampen y Rosenthal enseña que el primer juicio de los sellos (el
auge del anticristo) comienza en la primera parte de la semana setenta
de Daniel, justo después del inicio del período de siete años.14 Como las
Escrituras designan a los seis juicios como la ira de Dios, la consecuen­
cia es que toda la semana setenta de la que hablaba Daniel se denomina
“la ira de Dios” en Apocalipsis 6. Por tanto, este pasaje no respalda la
interpretación de Van Kampen y Rosenthal. Como a la iglesia se le pro­
mete la liberación de la ira de Dios (Ro. 5:9; 1 Ts. 1:10, 5:9 y Ap. 3:10),
queda claro, a la luz de Apocalipsis 6, que la iglesia será arrebatada a los
cielos antes de que llegue la semana setenta predicha por Daniel.
T h o m a s D . I c e : Un a n á lisis del p u n to de vista "el ra p to previo a la ira" 85

El día del Señor


Otro punto clave es el que menciona Robert Thomas acerca del len­
guaje que usa el texto en Apocalipsis 6:17, que contradice la teoría de
Van Kampen y Rosenthal. Thomas explica lo siguiente:
Resulta difícil captar el verdadero sentido del término griego
en inglés, sin caer en una perífrasis como “el día, aquel gran
día”. “El gran día” es una expresión tomada prestada del Anti­
guo Testamento (Jl. 2:11, 31; Sof. 1:14; Mal. 4:5)... Los pasajes
primarios de los que Juan extrae sus imágenes para la descrip­
ción del sexto sello demuestran que esta frase hace referencia al
día del Señor (Jl. 2:11, 30-31; cp. Is. 2:10, 11, 19-21; 13:9-13; 34:4,
8; Ez. 32:7-8; Os. 10:8).15
Este pasaje relaciona todos los juicios de los sellos con la ira de Dios,
en contraste a lo que dicen Van Kampen y Rosenthal, e incluso los
asocia al día del Señor. Por tanto, estos hechos bíblicos contradicen ese
reciente punto de vista sobre el rapto que han creado Van Kampen y
Rosenthal. Esto también apoyaría la forma de pensar que sostienen los
defensores del rapto previo a la tribulación: que el día del Señor incluye
toda la semana setenta de Daniel, y por tanto se trata de un tiempo
sometido a la ira de Dios, por el que, según la promesa, la iglesia no
pasará.
Charles Ryrie nos ofrece un resumen del día del Señor que es correc­
to desde un punto de vista bíblico:
En la Biblia, el día del Señor siempre conlleva el concepto am­
plio de una intervención divina especial en la historia de los
hombres. Este concepto incluye tres facetas: (1) una histórica,
relativa a la intervención divina en los asuntos de Israel (Jl. 1:15;
Sof. 1:14-18) y en los de las naciones paganas (Is. 13:6; Jer. 46:10;
Ez. 30:3); (2) una faceta ilustrativa, en la cual el incidente histó­
rico de la intervención divina ilustra también su participación
futura (Is. 13:6-13; Jl. 2:1-11); (3) una faceta escatológica acerca
de la intervención divina en la historia humana, que tendrá lu­
gar en el futuro (Is. 2:12-19; 4:1; 19:23-25; Jer. 30:7-9). Esta ter­
86 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

cera faceta es la única que tiene que ver con nuestro análisis del
momento en que se producirá el rapto.16
Rosenthal arriesga mucho al sostener que el día del Señor se halla
limitado a la última parte de la semana setenta de Daniel. “Si los
expositores entienden bien el punto de partida del día del Señor”, escri­
be Rosenthal, “queda claro el orden que ocupará el rapto en la histo­
ria”.17 ¡Y esto es cierto! Pero Rosenthal no es capaz de responder a dos
puntos cruciales que plantea Ryrie sobre el día del Señor y acerca del
orden que ocupará el rapto en los acontecimientos finales.
Primero, ¿cómo es posible que el rapto preceda al Armagedón
y, a la vez, ocurra al mismo tiempo que la segunda venida, que
es la que concluye el período del Armagedón? El Armagedón
no es una única batalla aislada; es una guerra (Ap. 16:14). Si la
iglesia se va a perder el Armagedón, el rapto no puede ser un
acontecimiento único equiparable a la segunda venida... En se­
gundo lugar, si el día del Señor empieza con los juicios al final
de la tribulación, ¿cómo es posible que lo haga con un tiempo
de paz y seguridad (1 Ts. 5:2-3)? Ni siquiera un conocimiento
superficial de la tribulación nos da la impresión de que haya
algún momento de paz y seguridad, excepto, quizás, al princi­
pio; ciertamente, no al final.18
Si desean que su punto de vista funcione en un sentido abstracto,
Van Kampen y Rosenthal deben redefinir la naturaleza y contenido de
expresiones tales como “el día del Señor”. Sin embargo, su idea no
funciona cuando consideramos las Escrituras en general. Además, su
modo incorrecto de entender la terminología bíblica más esencial les
lleva a la conclusión, errónea, de que el rapto tendrá lugar en la última
parte de la semana setenta de Daniel, y no antes.
Una contradicción interna
El punto de vista que sostienen Van Kampen y Rosenthal acerca del
rapto no solo se apoya en una interpretación incorrecta de la Biblia,
como demostramos anteriormente, sino también en unos datos y una
T h o m a s D . I c e : U n a n á lisis del p u n to de vista "el ra p to previo a la ira " 87

lógica que tampoco son de fiar. En 1990, Rosenthal dio rienda suelta,
por primera vez, a la expresión impresa de su postura sobre el rapto. La
lectura del libro reveló muchos problemas, el más importante de los
cuales aparecía en las páginas 103-104. En ellas, Rosenthal hacía la si­
guiente afirmación: “El término griego thlipsis, traducido por tribulación
o aflicción en muchas Biblias inglesas, aparece veinte veces en el Nuevo
Testamento”.19 Como yo había hecho un estudio de la palabra thlipsis la
semana anterior, y aún la tenía fresca en la mente, sabía que la concor­
dancia de mi ordenador demostraba que aparecía 45 veces en 43
versículos neo testamentar ios. ¿Cómo es que Rosenthal no había conta­
do más de la mitad de las referencias del Nuevo Testamento?
La idea que Rosenthal pretendía transmitir cuando cometió semejan­
te error de hecho era que la palabra tribulación nunca se usa para refe­
rirse a la primera mitad de la semana setenta de Daniel.20 No creo que
este sea el caso, porque Mateo 24:9 es un caso en que tribulación (<aflic­
ción en la versión KingJames) se refiere a esa primera mitad de la sema­
na setenta de la que hablaba Daniel. John McLean explica:
Rosenthal no solamente ha exagerado su caso, sino que ha afir­
mado como verdadero un hecho que es claramente falso. Una
lectura rápida de una concordancia griega revela que la palabra
“tribulación” (thlipsis) se usa en los contextos proféticos para
hacer referencia tanto a la primera como a la segunda mitad de
la semana setenta de Daniel. Mateo 24:9, que cronológicamente
está relacionado con la primera mitad de la semana setenta,
como es evidente dado que precede al punto medio de la abo­
minación desoladora (Mt. 24:15-21), dice: “Entonces os entrega­
rán a tribulación , y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las
gentes por causa de mi nombre” (las cursivas son mías). Clara­
mente, el texto bíblico describe la primera mitad de la semana
setenta como un momento de tribulación. La segunda mitad de
la semana setenta se describe también en los mismos términos.
En 2 Tesalonicenses 1:6 se utiliza la palabra griega thlipsin cuan­
do se refiere a la segunda venida de Cristo, que tiene lugar
durante la segunda mitad de la semana setenta de Daniel: “Por­
que es justo delante de Dios pagar con tribulación [thlipsin] a los
88 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

que os atribulan” (cursivas añadidas). Por consiguiente, es co­


rrecto e incluso bíblico referirse a la semana setenta de Daniel,
o describirla, como “la tribulación” o “un tiempo de tribula-
cion ” .91
• '

Lo interesante es que Rosenthal restringe el uso de thlipsin , “tribula­


ción”, a una simple serie de pruebas por las que hay que pasar22, mien­
tras que, al mismo tiempo, sitúa esa tribulación en la primera mitad de
la semana setenta de Daniel.23 Igual que McLean y los que defienden el
rapto previo a la tribulación, Rosenthal identifica Mateo 24:9 con el
juicio del quinto sello, tal y como se afirma en Apocalipsis 6:9-11. Este es
exactamente el modo en que la postura pretribulacionista entiende este
tema. Sin embargo, si Rosenthal admitiera la conclusión, obviamente
lógica, de que la tribulación de Mateo 24:9 es la tribulación, esto supon­
dría otro factor en contradicción con su postura, respaldando la única
postura preira que es verdadera, que armoniza todos los datos bíblicos;
es decir, el punto de vista pretribulacionista. En cambio, Rosenthal pre­
fiere albergar una contradicción interna dentro de su sistema; contra­
dicción que, según parece, espera que sus seguidores pasen por alto.
Conclusión
La tan reciente innovación que supone el punto de vista acerca del
rapto que sostienen Van Kampen y Rosenthal es una prueba contempo­
ránea de lo importante que es fundamentar la postura que adoptemos
sobre la profecía bíblica en un análisis bíblico preciso de elementos
cruciales, tales como lo son la naturaleza y el alcance de la tribulación.
Tal y como demuestran en sus escritos Van Kampen y Rosenthal, si uno
se equivoca en este punto esencial, puede acabar llegando a conclusio­
nes erróneas. Es evidente que Van Kampen y Rosenthal deben recurrir
a caracterizaciones forzadas de cosas como el día del Señor, la tribula­
ción, y el alcance de la ira de Dios, con miras a refutar, primero, el
punto de vista que sostiene un rapto previo a la tribulación, y, segundo,
para respaldar su postura acerca del rapto. Los cristianos que crean la
Biblia deberían seguir extrayendo nuevas fuerzas y esperanza del hecho
de que nuestro Señor puede llevarse consigo a su iglesia en cualquier
momento. Cuando el Señor haga avanzar la historia hasta el punto en
T h o m a s D . I c e : Un a n á lisis del p u n to de vista "el rap to previo a la ira" 89

que comience la semana setenta de la que habla Daniel, no dejará a su


iglesia en este mundo. Esa es nuestra auténtica y bendita esperanza.
¡Maranata!
Y ahora, hijitos, perm aneced en él, para que cuando se
manifieste>tengamos confianza , para que en su venida
no nos alejemos de él avergonzados.
1 Juan 2:28

L a cuestión en el tribunal de Cristo no será si somos o no


creyentes, o si entraremos o no en el cielo. El hecho es que
cualquiera que se presente ante el tribunal de Cristo ya estará
en el cielo. Hemos alcanzado el perdón para siempre, por
medio de la redención, y está garantizada la reconciliación
con un Dios santo. El castigo que todos merecíamos ya recayó
sobre Jesús, cuando vertió su sangre al morir en la cruz. El fue
hecho pecado para que pudiéramos ser justificados con su jus­
ticia (2 Co. 5:21). Por tanto, lo que se juzgará en el tribunal de
Cristo no será el pecado y su relación con la condenación eter­
na. Su propósito es el de determinar la dignidad o indignidad
de las obras del creyente. Se trata, en su sentido más estricto,
de un tribunal que otorga recompensas.
Capítulo 7

El tribunal de Cristo
Marh L. Baileq

Revelación de Jesucristo describe los resultados de la


E l e s c r it o r d e l a
obra del creyente como el vestido de una novia: “Gocémonos y alegré­
monos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su
esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino
fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas
de los santos” (Ap. 19:7-8). Si las obras de los creyentes se representan
como el atuendo de la novia de Cristo cuando esta le acompañe en su
regreso a la tierra después de la gran tribulación, ¿qué llevarán puesto
los santos si no han servido bien al Señor por medio de sus buenas
obras? Presentarse en una ceremonia de boda vestidos con ropa inade­
cuada o insuficiente para la ocasión sería vergonzoso. Si en cierta medi­
da la gloria de Cristo se verá reflejada en la hermosura de su esposa,
¡qué importante es que cada creyente entienda con claridad cómo se
evaluarán y recompensarán sus actos de justicia!
Prácticamente todas las religiones tienen una idea de qué sucederá
inmediatamente tras la muerte. La mayoría de ellas enseñan que habrá
algún tipo de evaluación o juicio basado en la conducta de cada perso­
na. Las diversas religiones difieren acerca del número de juicios y el
fundamento para cada uno de ellos. La Biblia enseña que Dios usará
una serie de juicios para recompensar a cada ser humano conforme a
sus necesidades (Mt. 16:27; Ap. 22:12). A menudo existe confusión acer­
ca de estos juicios, y no se logra distinguir claramente entre la verdad
91
92 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

bíblica relativa a la salvación y las recompensas eternas. Una de las áreas


poco claras tiene que ver con el don de entrada en la vida eterna, y con
la experiencia de la recompensa en el reino para aquellas personas que
lleguen ante la presencia de Cristo. Una es la cuestión de la fe y otra la
de la fidelidad. Aunque la salvación siempre es por gracia, y por medio
de la fe en lo que Dios ha hecho en la persona de Cristo (Ef. 2:8-9), el
juicio se determina en función de las obras que una persona haya hecho
(Mt. 16:27; 25:31-46).
En las Escrituras hallamos un principio general que dice que todos
los miembros de la raza humana tienen que dar cuentas a Dios (Jer.
17:10; 32:19). Tanto creyentes como incrédulos pasarán por un juicio. El
juicio de todos los incrédulos tendrá lugar frente al gran trono blanco
descrito en Apocalipsis 20:15. Este es un juicio que se celebrará después
del reinado de mil años de Cristo, y se describe como el juicio final
antes de la eternidad. Pablo afirma el juicio de todo creyente en 2
Corintios 5:10: “Porque es necesario que todos nosotros comparezca­
mos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que
haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.
El hecho de que todo el mundo sea juzgado justificará a Dios ante
toda criatura. Que alguien sea salvo será la demostración más grande
de la gracia divina que pueda conocer este mundo. El juicio de los mal­
vados confirmará su rechazo de la provisión de salvación divina, por
medio de su Hijo, y dará como resultado la eterna condenación. El
juicio de los justos confirmará su seguridad en Cristo, y decidirá sus
recompensas eternas. El juicio de los malos será más o menos “tolera­
ble” en proporción a sus maldades (Mt. 10:15; 11:23-24; Le. 19:27). El
juicio de los justos dará lugar a una recompensa mayor o menor, en
proporción a su fidelidad (Le. 19:11-27). El tema central de este capítulo
es la naturaleza de ese juicio, por el que pasará todo creyente, llamado
el tribunal de Cristo.
El contexto de la palabra bema
El tribunal del juicio, tal y como lo describe Pablo, se denomina bema
(2 Co. 5:10). Como forma de trasfondo cultural, este bema se podía
referir a un escalón o una plataforma que se usaba tanto en el entorno
político como en el del deporte. Los bemas terrenales eran plataformas
M a rk L. Bailey: El t rib u n a l de C r is t o 93

elevadas sobre las que los gobernantes o jueces se sentaban cuando


hacían un discurso (Hch. 12:21) o emitían veredictos (Hch. 18:12-17). En
los Juegos ístmicos (los precursores de las Olimpiadas) la máxima auto­
ridad los presidía desde lo alto de una plataforma elevada, llamada bema
(el tribunal). Desde allí contemplaba los juegos y recompensaba a los
vencedores. Teniendo en cuenta el número de variadas metáforas que
usa el Nuevo Testamento, “tribunal” es un término adecuado para cap­
tar tanto las imágenes judiciales como atléticas usadas para describir el
juicio que celebrará Cristo.
Un comentario sobre el Juez
Dios ha entregado todo juicio a su Hijo (Jn. 5:27). Esto es lo que hace
que todos sus juicios sean justos. Según las imágenes de Apocalipsis 4-5,
Jesús tiene el derecho de juzgar, porque es tanto el león de la tribu de
Judá como el Cordero de Dios que murió y resucitó. El que fue juzgado
tiene el derecho de juzgar a toda la humanidad, porque es tanto Sobera­
no como Salvador. La Biblia dice que Jesús es “el juez justo”, y que por
tanto todos sus juicios serán justos y definitivos (2 Ti. 4:8). Como es
característico del Padre, Él también juzgará sin hacer “acepción de per­
sonas” (1 P. 1:17). Los atributos de Jesucristo, como Hijo de Dios, garan­
tizan que se tendrá en cuenta toda evidencia, que además se habrá
evaluado meticulosamente.
¿Quiénes serán juzgados ante el bema?
La cuestión en el tribunal de Cristo no será si somos o no creyentes,
o si entraremos o no en el cielo. El hecho es que cualquiera que se
presente ante el tribunal de Cristo ya estará en el cielo. Toda persona
que haya confiado en Jesucristo para ser salvo nunca será condenada
por sus pecados (Ro. 8:1). La justificación por la fe da como resultado la
paz con Dios por medio de Jesucristo (Ro. 5:1). Hemos alcanzado el
perdón para siempre, por medio de la redención, y está garantizada la
reconciliación con un Dios santo. El castigo que todos merecíamos ya
recayó sobre Jesús, cuando vertió su sangre al morir en la cruz. El fue
hecho pecado para que pudiéramos ser justificados con su justicia (2
Co. 5:21). Por tanto, lo que se juzgará en el tribunal de Cristo no será el
pecado y su relación con la condenación eterna.
94 L a c u en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

El mensaje del Nuevo Testamento revela algunas verdades fundamen­


tales relativas a las personas que serán juzgadas ante el tribunal de Cris­
to. Primero, solamente los creyentes serán juzgados. Todos los pasajes que
mencionan directamente o aluden indirectamente al bema asumen que
los que se presentarán ante él serán creyentes. En segundo lugar, todo
creyente se presentará delante del tribunal de Cristo. La Biblia nos dice:
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribu­
nal de Cristo...” (2 Co. 5:10). Por último, este juicio no será optativo,
dado que todo creyente deberá comparecer en él. El juicio es una obliga­
ción, no una elección. Dado que no existe ningún modo de soslayarlo,
seremos muy sabios si nos preparamos para semejante examen.
¿Dónde y cuándo se celebrará ese juicio?
En 1 Corintios 3:13 se habla de un “día” en que se manifestará la
calidad de las obras de cada persona. Algunos pasajes señalan que “el
día del Señor” será un período dilatado de tiempo. Igual que el concep­
to judío del “día”, que se compone tanto de luz como de oscuridad, el
“día del Señor” puede referirse al período completo de tanto el juicio
como las bendiciones que se derramarán sobre el mundo: la tribulación
y el milenio. El día del Señor también puede hacer referencia al día
específico en el que Él regrese al mundo para cambiar la noche en día,
el juicio en bendición; cuando ponga en marcha la transición entre esta
era presente y la venidera. El Padre es el único que sabe el día y la hora
en que el Señor volverá a la tierra (Mt. 24:36).
Las implicaciones derivadas de diversos pasees de las Escrituras pa­
recen indicar que el juicio evaluador del creyente tendrá lugar en el
cielo, entre la resurrección y rapto de la iglesia y el regreso personal de
Cristo desde los cielos, en la segunda venida. Si los ancianos en el cielo
son representativos de la era de la iglesia (cp. Ap. 4:4-10), cuando se les
ve en los cielos ya llevan coronas sobre sus cabezas. Además de esto,
cuando se representa a la iglesia como esposa de Cristo, quien acompa­
ñará al Señor en su segunda venida a este mundo, se la presenta ya
vestida (Ap. 19:7-9). El regreso a la tierra obedece a la celebración del
banquete de bodas. Parece evidente que cuando Cristo regrese enjui­
cio, ya habrán tenido lugar las bodas del Cordero y la recompensa de la
iglesia. Esta recompensa de los creyentes y la boda entre Cristo y su
M a rk L. Bailey : El t rib u n a l de C r is t o 95

esposa son acontecimientos celestiales celebrados ante el trono. Jesús


describe la fiesta de bodas, con todos los invitados, como algo que suce­
de en esta tierra (Mt. 25:1-3). Por consiguiente, las imágenes que presen­
tan el reino terrenal como si fuera un banquete de bodas son totalmente
correctas.
El hecho de que los creyentes no serán juzgados inmediatamente en
el momento de su muerte es evidente si partimos de 1 Corintios 4:5,
que parece enseñar que, antes de que los creyentes puedan ser juzga­
dos, Jesús debe regresar por su iglesia. Por consiguiente, tras el regreso
del Señor en busca de la iglesia y antes de que vuelva a la tierra a gober­
nar y reinar, todos los santos que componen la iglesia deberán haber
pasado ante el bema de Cristo, para recibir el juicio y la recompensa.
¿Qué será juzgado?
El propósito del juicio de los creyentes, en el tribunal de Cristo, es el
de decidir la dignidad o indignidad de sus obras. Y el hecho de que se
tratará de un juicio exclusivo para creyentes lo vemos claramente en
que, incluso aquellos que sean juzgados y sufran pérdida, serán salvos.
Las obras que se evaluarán son aquellas que el cristiano haya hecho en
su vida como tal. Dado que hemos sido salvos para buenas obras que
Dios ha preparado para el creyente (Ef. 2:10), es natural esperar que Él
examine la fidelidad con la que cada uno ha prestado ese servicio. Di­
versos pasajes del Nuevo Testamento afirman la evaluación que se hará
de lo que cada creyente haya hecho con su vida. Esto es evidente si
partimos del hecho de que se nos dice que todos aquellos que son juzga­
dos han edificado sus vidas sobre el fundamento verdadero, el propio
Jesucristo (1 Co. 3:11-12). El Nuevo Testamento afirma que el tribunal
de Cristo evaluará diversos elementos de la vida y obra del creyente. En
la cruz fue juzgado ya todo nuestro pecado. Y Dios ya “no se acordará”
más de él (He. 10:17). La segunda venida no tendrá que ver con el
pecado de los creyentes (He. 9:28). Por tanto, el tribunal de Cristo no es
un juicio para decidir la salvación; es un juicio que valorará las obras de
los que ya fueron salvos. Esta evaluación de las obras del cristiano inclui­
rá las propias obras, la calidad con la que se hicieron y la motivación del
corazón.
96 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Las obras
Lo que hacemos por Dios cuenta mucho. Malaquías 3:16 habla de un
“libro de memoria” en el que Dios registra todo lo que el creyente hace
por Él. Las Escrituras hablan de recompensas distintas para cada obra
específica. Un par de pasees del Nuevo Testamento nos servirán para
indicar que cada obra individual recibirá una recompensa concreta. Pa­
decer los insultos, la persecución y el falso testimonio por amor a Cristo
y la causa de la justicia producirán grandes recompensas en los cielos
(Mt. 5:11-12; cp. Le. 6:21-22). Una respuesta receptiva a los profetas o a
otros siervos justos del Señor garantiza la recompensa que ellos recibi­
rán. Los actos de bondad, ilustrados en la imagen de “un vaso de agua
fría” en nombre del discipulado hará que el agente de estos no quede
sin recompensa (Mt. 10:41-42). Lucas 14:12-14 registra la exhortación de
Jesús a los discípulos para que se ocupen de los desfavorecidos sociales,
tras lo cual les promete que “te será recompensado en la resurrección
de los justos” (Le. 14:14). Aunque en determinados pasajes se destacan
obras concretas, la implicación es que, en el caso de todas las obras que
se evalúan como actos de valor o mérito eternos, existe una recompensa
que sirve como promesa y como motivación de tales actos.
La calidad
También se valorará la motivación con que hagamos las obras por
Cristo. Pablo escribió que en el juicio divino “la obra de cada uno cuál
sea, el fuego la probará” (1 Co. 3:13). Las metáforas del oro, la plata y
las piedras preciosas, en oposición a la madera, el heno y la hojarasca,
revelan que se probará la calidad de las obras. Lo que distingue a unas
de otras es su valor eterno. Las obras que no tengan una importancia
eterna no merecerán un reconocimiento eterno. Según la ilustración de
Pablo, un fundamento adecuado, la calidad de los materiales y los méto­
dos correctos de edificación son los componentes simbólicos necesarios
para hacer obras de calidad para Dios. Ante el tribunal se juzgará si esas
obras fueron buenas o malas (griego: agathos o phaulos).
Las buenas obras. Las buenas obras (agathos) se pueden definir como
aquellas que es evidente que “son hechas en Dios” (Jn. 3:21). También
se las puede definir como “la obra de vuestra fe” (1 Ts. 1:3). Tal y como
lo cataloga Dios, las buenas obras se designan mediante el oro, la plata
M a rk i . Bailey: El trib u n a l de C r is t o 97

y las piedras preciosas, y son fruto de un creyente que camina en comu­


nión con Dios y a quien gobierna el Espíritu Santo. También se denomi­
nan las buenas obras como los “frutos de justicia que son por medio de
Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Fil. 1:11). El poder necesario
para hacer buenas obras proviene directamente de Dios, no de los hom­
bres (cp. Fil. 2:13).
Las malas obras. Las malas obras (phaulos) se refieren a cosas que, a
los ojos de Dios, carecen de valor. Se las podría llamar las obras muertas
o las obras de la carne. El peligro intrínseco a hacer este tipo de obras
de la carne es que son en vano (1 Co. 15:58), vacías (1 Ti. 6:20; 2 Ti.
2:16) y carentes de valor (Gá. 4:9; Tit. 3:9; Stg. 1:26). Las malas obras no
llegan al estándar y, por consiguiente, se describen como madera, heno
y hojarasca, cosas de poco valor o durabilidad. Estas son las obras que
los creyentes hacen por pura energía carnal, sin contar con el poder del
Espíritu. Las obras también se considerarán malas si se hicieron con
una motivación incorrecta.
Las motivaciones
El tribunal de Cristo también determinará el motivo por el que se
hicieron las obras. En aquel día se manifestará la motivación de los
creyentes. Jesús dijo: “Porque nada hay encubierto, que no haya de des­
cubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que ha­
béis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído
en los aposentos, se proclamará en las azoteas” (Le. 12:2-3). Los propó­
sitos son los que forjan la conducta. El propósito o motivación del cora­
zón valida o invalida las acciones de esta vida. Ilustraremos este punto
con un ejemplo del sermón del monte. Jesús dijo algo que se podría
interpretar como una paradoja. Por un lado, exhortó a los creyentes a
conseguir que sus vidas brillasen, para que las vieran otros quienes, a su
vez, glorificarían al Padre en los cielos (Mt. 5:16). Por otra parte, Jesús
enseñó que las actividades tales como la oración, las ofrendas a los po­
bres y el ayuno deberían hacerse en secreto, para que Dios fuera el
único en verlas, y no los demás, no fuera que perdiésemos nuestra re­
compensa en los cielos (Mt. 6:21). Cuando otros ven las buenas obras
que hacemos, la recompensa eterna de las mismas no se pierde; pero sí
se pierde cuando las hacemos para que los demás las vean. Primera
98 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Corintios 4:5 dice que serán expuestos los consejos ocultos del corazón.
Lo que piense Jesús de nuestras obras es más importante que lo que
piensen los demás. Apocalipsis 2:23 nos recuerda que Dios escudriña
las mentes y los corazones para probarnos y concedernos la recompen­
sa justa.
¿Cuáles serán los resultados del juicio?
En el tribunal de Cristo los creyentes obtendrán recompensas o las
perderán. Las obras que perduren tras el fuego del juicio divino serán
recompensadas (1 Co. 3:14). Las obras que no sobrevivan a ese fuego
divino supondrán la pérdida de las recompensas.
La pérdida de las recompensas
Numerosos pasees bíblicos dejan claro que las recompensas se pue­
den perder. Juan escribió acerca de la posibilidad de que algunos cristia­
nos se avergüencen cuando Cristo vuelva (1 Jn. 2:28). La voz pasiva que
hallamos en la gramática de este paszye sugiere la vergüenza que los
propios creyentes sentirán cuando el Señor vuelva, pero al darse cuenta
de sus propios errores, no tanto porque el Señor les vaya a castigar
avergonzándoles. El creyente no será condenado (Ro. 8:1). Juan tam­
bién enseñó que uno podría perder las recompensas por vivir de una
forma infiel (2 Jn. 8). Quería que sus lectores recibieran el “galardón
completo” que tendrían disponible si su servicio había sido fiel. Pablo
también habló de ser “descalificado” por no ser capaz de llevar una vida
de fidelidad (1 Co. 9:24-27). Según la analogía de Pablo, la de la casa que
se quema, las obras se consumen, pero el morador de la casa escapa con
vida. Se pierden las recompensas, pero no la persona. Lo que sí se deja
de recibir son el reconocimiento y la recompensa que se habrían obteni­
do de haber hecho las obras siguiendo las pautas divinas.
La ironía es que un ministerio hecho por motivos erróneos, que dará
como resultado la pérdida de las recompensas, puede tener incluso con­
secuencias eternas (Fil. 1:14-19). La Palabra de Dios no vuelve vacía, y
puede producir su efecto a pesar de la persona que, por el motivo que
sea, estuviera haciendo su obligación pero basándose en sus propias
fuerzas carnales.
M a rk L. Bailey: El t rib u n a l de C r is t o 99

La obtención de los premios


Durante el juicio se procederá a la repartición de los premios. Estos
en ningún caso se concederán para que la persona satisfaga su ego, sino
para alabanza y gloria de Cristo, que capacitó al creyentes para desem­
peñar ese trabajo (cp. Fil. 1:11). Se prometen recompensas por un servi­
cio fiel. Si alguna obra se considera fruto de justicia, la alabanza derivada
de ella debe dirigirse al que, en su gracia, ofreció la oportunidad de que
la obra de Dios se manifestase (cp. Jn. 3:21).
En el Nuevo Testamento se nos habla de una serie de coronas que
constituirían la motivación para una conducta santa. La Biblia habla de
dos tipos de coronas. Una es la “diadema” que recibe la persona que
reina. Otra es la corona de victoria (griego: stefanos), dada como recom­
pensa a los que obtengan grandes éxitos. Esta última expresión es la que
se usa para hablar de esas coronas que se prometen al creyente si sirve
con fidelidad a su Señor. Siguiendo las imágenes de las coronas de ven­
cedor, aquellas que se entregaban en los acontecimientos deportivos y
las ceremonias militares del primer siglo, los escritores del Nuevo Testa­
mento usan la metáfora de la corona para hablar de las felicitaciones
que podrá recibir el cristiano cuando se evalúen sus obras. Las coronas
que recibían los atletas estaban hechas con tallos de parra trenzados, o
bien con cebada salvaje desecada. Como dice Pablo en 1 Corintios 9:25:
“ellos, a la verdad, [luchan] para recibir una corona corruptible, pero
nosotros, una incorruptible”. En las Escrituras se mencionan cuatro de
estas coronas.
La corona de la vida. Esta es la corona que recibirán los que se man­
tengan fieles a lo largo de las pruebas (Stg. 1:2, 3, 12; cp. Ap. 2:10; 3:11).
Dos de los requisitos en estos pasees incluyen una respuesta de gozo, que
se origina al pensar que es el Señor quien envía las pruebas, siendo por
tanto ocasiones de crecer y alcanzar la estabilidad, así como de acrecentar
el amor por el Señor, quien motiva la conducta fiel. Israel fue culpable de
responder equivocadamente a las pruebas del desierto, y fue acusada de
olvidar la poderosa liberación del Señor a lo largo de toda su historia (Sal.
78:11, 42). Su reacción de infidelidad en esas pruebas motivó que duda­
sen, de una forma bastante absurda, de los cuidados de un Dios redentor.
El olvido espiritual arrebatará a los creyentes su gozo, y suscitará que se
cuestionen la sinceridad de su amor por Dios.
100 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

La corona de justicia. Esta corona está reservada para todos aquellos


que esperan ansiosamente el regreso del Señor. En sus últimos años,
Pablo estaba más interesado en presentarse ante el tribunal celestial que
ante el de Roma. Escribió:
Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi parti­
da está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la
carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la
corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel
día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su veni­
da. (2 Ti. 4:6-8)
Amar la venida del Señor conlleva manifestar un estilo de vida obe­
diente. Esta fidelidad nos ofrece un fundamento sobre el que edificar
nuestra confianza, mientras esperamos la pronta venida del Señor.
La corona de gloria. Esta es la corona prometida a todos los que
pastoreen el rebaño de Dios teniendo la motivación correcta (1 P. 5:2-4).
Los pastores santos, dignos de recompensa, son aquellos que sirven vo­
luntariamente en lugar de hacerlo por obligación. En lugar de ordenar
a sus ovejas que sean obedientes, ellos mismos dan ejemplo. Admiten
que su cargo es un ministerio que les ha sido confiado, por el que debe­
rán dar cuentas al Pastor eterno. Por supuesto, Jesús constituye el mode­
lo definitivo del Buen Pastor, que puso su vida por las ovejas (Jn. 10:11),
y se ha convertido en el “Pastor y Obispo” de las almas de los creyentes
(1 P. 2:25). Por medio del ejemplo negativo del fracaso de Israel, Ezequiel
enseñó que la verdadera misión del pastor respecto a las ovejas era la de
alimentarlas, cuidarlas, restaurarlas e ir en busca de las perdidas (Ez.
34:2-4). Tal es la naturaleza del ministerio pastoral (cp. Hch. 20:27-30).
La corona del gozo. Esta corona es la que obtendrá el ganador de
almas. Pablo escribió a los tesalonicenses: “Porque ¿cuál es nuestra espe­
ranza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante
de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?” (1 Ts. 2:19-20). Y en otro
pasaje, dijo a los filipenses: “Así que, hermanos míos amados y desea­
dos, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados” (Fil. 4:1).
La evangelización de los perdidos es un deseo profundo de Dios, y Él ha
prometido recompensar a los que ministren a las almas por amor de su
M a r k L. B a ile y : E l trib u n a l de C r is t o 101

nombre. Este es un principio que Jesús enseñó a fondo en Juan 4. Por


medio de la imagen del segador que recibirá el premio de su esfuerzo
en un momento posterior a la siembra, Jesús dijo que aquellos creyentes
involucrados en el evangelismo activo están recogiendo frutos para la
vida eterna. “Uno es el que siembra, y otro es el que siega” (Jn. 4:37).
Pero Cristo ha planificado tan bien el trabajo en equipo dentro de la
evangelización que permite que “el que siembra goce juntamente con el
que siega” (Jn. 4:36).
La gloria de las coronas
Las coronas con las que se recompensa a los santos se usarán un día
para la alabanza y la adoración del Señor, cuando sean depositadas de­
lante del trono de los cielos (Ap. 4:10). Estas recompensas también con­
llevarán responsabilidades y privilegios futuros. Aunque los santos
echarán sus coronas a los pies de Cristo, Él les podrá devolver parte de
esa gloria bajo la forma de posiciones privilegiadas de las que disfruta­
rán los creyentes fieles, porque la Biblia dice que recibirán responsabili­
dades destinadas a reinar.
¿Cómo es posible que un pecador haga buenas obras?
Las Escrituras nos dicen que, una vez salvos, lo somos “para buenas
obras”. Estas obras complacen a Dios, porque forman parte de su “he­
chura” en cada creyente (Ef. 2:8-10). Jesús es quien hace que esas obras
sean aceptables por el Padre. La Biblia dice que hemos de “ofrecer
sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo” (1 P.
2:5). Romanos 12:1-2 nos enseña que una vida consagrada puede pre­
sentar un servicio santo y aceptable, como un acto de adoración, y pue­
de hacer la perfecta y aceptable voluntad de Dios. Por eso la Biblia
enseña a las personas que, si son fieles, recibirán una recompensa. Y es
muy importante reconocer que el modo en que vivamos hoy tendrá
repercusiones eternas.
¿Son las recompensas una motivación legítima?
Algunos pueden plantearse si el deseo de obtener recompensas pue­
de generar en nosotros una mentalidad mercenaria en nuestro servicio
al Señor. A menudo se escucha la pregunta: “¿No deberíamos servir al
102 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Señor únicamente porque le amamos?” Aunque Dios es digno de adora­


ción y servicio tanto si el adorador recibe un premio como si no, debe­
mos recordar que fue Jesús quien introdujo y desarrolló la idea de una
recompensa eterna. No es malo, que nuestra motivación se base en el
premio, siempre que nos demos cuenta de que la recompensa máxima
es la de recibir la aprobación de Cristo y agradarle. ¡Incluso Jesús estuvo
motivado! ¿Por qué? De Jesús se dice: “El cual por el gozo puesto delan­
te de él sufrió la cruz” (He. 12:2). Otros ejemplos de personajes bíblicos
que se sintieron motivados para obrar debido a las recompensas que les
esperaban incluyen a Abraham, Moisés y Pablo. Abraham “esperaba la
ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”
(He. 11:10). Moisés se sentía motivado porque “tenía la mirada puesta
en el galardón” (He. 11:26). Pablo dijo: “para que en el día de Cristo yo
pueda gloriarme de que no he corrido en vano” (ver Fil. 2:16; 3:12). El
cristiano debería considerar las recompensas como una maravillosa opor­
tunidad de demostrar su amor y fidelidad al Señor.
Dos principios equilibradores que debemos recordar
La parábola de los talentos (Mt. 25:14-30) y la de las minas (Le.
19:11-27) ilustran un conjunto de principios im portantes y
equilibradores dentro del sistema divino de recompensar a los creyen­
tes. Los talentos ilustran que a todo cristiano se le concede una misión
particular, proporcionada a sus capacidades. No todos los creyentes
disfrutan de los mismos talentos naturales, dones espirituales, intelec­
to, oportunidades emocionales u ocasiones que Dios les pone delante
de una forma especial. Sin embargo, su fidelidad puede hacer que
reciban del Señor unas felicitaciones y recompensas equiparables. Por
otra parte, la parábola de las minas ilustra que, en cierto sentido, to­
dos los creyentes reciben del Señor una cualidad idéntica. Todos dis­
ponen de una vida que vivir y entregar a Dios, así como las Escrituras,
una fe común y el menszge del evangelio. En el reino de Dios los diver­
sos cargos de gobierno se repartirán proporcionalmente a los diversos
grados de fidelidad de cada uno. Por consiguiente, tanto la gracia de
Dios como la fidelidad humana son factores que hay que recordar
cuando anticipemos las recompensas.
M a rk L. Bailey: El t rib u n a l de C r is t o 103

Las metáforas del juicio


En la Biblia, el tribunal de Cristo se describe mediante metáforas.
Estas imágenes lingüísticas están destinadas a la meditación y la aplica­
ción. Las ilustraciones bíblicas nos permiten tener en mente las verda­
des básicas, para profundizar cada vez más en el significado de ellas.
Además, las ilustraciones tienen su propio atractivo. Aquello que es ne­
cesario para el buen desarrollo de cada obra, en las diversas metáforas,
nos ayuda a comprender lo que necesitamos para prepararnos para el
juicio venidero.
METAFORA IMAGEN APLICACION PASAJES BIBLICOS
EVALUADORA

Edificación Calidad del Construir bien 1 Corintios 3:12


material
Carrera atlética Corona de Entreno estricto 1 Corintios
victoria Correr con fuerzas 9:24-27
Boda Belleza y pureza Eliminar 2 Corintios 11:2
de la novia imperfecciones
Mantener la pureza
Informe de Registro de Hacer buenas 2 Corintios 5:10
auditoría buenas obras obras
Obras Reembolso Servicio sincero Colosenses 3:24
Granja Cosecha Producir frutos Juan 4:36
Inversión Obtención de Ser Lucas 16:1-14
beneficios administradores
sabios
Favores Devolución Servicio entregado Efesios 6:8
del favor
Batallas en Regreso celebrado Ser victoriosos 2 Corintios
la guerra 2:14-17
Trabajo Sueldo obtenido Trabajar duro Apocalipsis 22:12
Mayordomía Servicio al Señor Ser fieles 1 Corintios 4:2
Combate de boxeo Ganar el combate Derrotar 1 Corintios
al adversario 9:24-27
104 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

¿Cuáles deberían ser nuestras metas, a la luz de su venida?


Si tenemos en mente la venida del Señor, y el juicio futuro, veremos
que las Escrituras están repletas de desafíos para aplicar ambas doctri­
nas. Sugerimos las siguientes como punto de partida:
1. Seamos fieles con nuestra administración, que Dios nos ha conce­
dido (1 Co. 4:2).
2. Que la meta de nuestra vida sea agradar al Señor (2 Co. 5:9).
3. Hagamos todas las cosas como para el Señor (Col. 3:23).
4. Seamos diligentes para que Él nos halle en paz, sin mancha e irre­
prochables (2 P. 3:14).
5. Nunca intentemos juzgar los progresos de otros creyentes (Mt. 7:1-
2; Ro. 4:4).
6. Seamos humildes, dándonos cuenta de que somos indignos siquie­
ra de ser siervos (Le. 10:7-10).
7. Mantengamos el compromiso firme y constante de servir al Señor
(1 Co. 15:58).
8. Evitemos prejuzgar a otros, quienes deben dar cuentas personal­
mente al señor, como su Rey (Ro. 14:10; 1 Co. 4:5).
9. Dejemos de compararnos con los demás (2 Co. 10:12).
10. Limpiémonos de toda impureza espiritual y de los engaños que
nos puedan impedir prepararnos adecuadamente para nuestra boda
con Cristo (2 Co. 11:2).
Un recordatorio: “Me es necesario hacer las obras del que me envió,
entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede traba-
jar” (Jn. 9:4).
Y el ángel me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son
llamados a la cena de las bodas del Cordero.
Apocalipsis 19:9

L a figura de los esponsales aparece en las Escrituras para re­


presentar la realidad de Cristo y su iglesia. Por ejemplo, antes
de que naciéramos, el Padre nos prometió al Hijo. "Bendito
sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendi­
jo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en
Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mun­
do, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él" (Ef.
1:3-4). Cuando examinamos esta enseñanza, vemos que el in­
dividuo que ha aceptado a Cristo como Salvador forma parte
de lo que conocemos como la esposa de Cristo. En los espon­
sales orientales, la novia tenía un papel poco importante. El
que ocupaba el lugar más prominente era el novio. Por tanto,
los invitados se reunían para honrarle a él, no a ella. Y el moti­
vo de que le honraran es porque "han llegado las bodas del
Cordero, y su esposa se ha preparado" (Ap. 19:7). Juan habla­
ba de un acontecimiento que tendrá lugar durante la segunda
venida, el regreso de Cristo a la tierra. Durante la época en
que vivimos, el Espíritu ha estado llamando a la esposa; nos
hemos desposado con Él.
C apítulo 8

La ceno de los
bodos del Cordero
J. DiuightPeníecost

A l o l a r g o d e l Nuevo Testamento hallamos diversas expresiones para


referirse a lo que nosotros llamamos la cena de las bodas del Cordero,
tales como “banquete”, “cena de bodas”, o “fiesta de esponsales”. En los
Evangelios, y sobre todo en las parábolas del Señor, Cristo hace referen­
cia a estos términos para enseñar verdades relativas al programa profético.
También hay otros muchos pasajes neotestamentarios donde se nos
muestra la relación entre Cristo y la iglesia por medio de la imagen de la
novia y el novio (Jn. 3:29; Ro. 7:4; 2 Co. 11:2; Ef. 5:25-33; Ap. 19:7-8). El
momento en que Cristo aparece como novio para llevar consigo a su
novia, la iglesia, se concentra en aquel acontecimiento que conocemos
como el rapto.
Las Escrituras tienen mucho que decir sobre esta boda, consumada
en los cielos. Sin embargo, si intentamos interpretarla a la luz de nues­
tras costumbres occidentales de hoy día, no captaremos la mayor parte
de su significado. Para imaginar correctamente la relación que tendre­
mos con Cristo, debemos abandonar nuestra cultura del siglo XX y
regresar a la época en que vivió Jesús.
En los tiempos de Cristo (y en algunos países orientales incluso en la
actualidad), la ceremonia del matrimonio se dividía en tres partes. La
primera fase se llamaba la promesa. Los matrimonios se hacían por
107
108 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

contrato, y no se celebraba una ceremonia tal y como la vemos en nues­


tra civilización occidental. La mayoría de las veces, los padres de los
novios eran quienes disponían la unión. Había casos en los que los pa­
dres podían interceder a favor de sus hijos ante los padres de la novia,
cuando era el hijo quien lo solicitaba, tras ver a una joven, considerar
que era hermosa e interesarse por ella como futura esposa, como suce­
dió con Sansón Que. 14). Sin embargo, lo más normal era que fueran
los padres quienes realizaran el contrato, mientras los futuros novios
eran aún pequeños. Incluso hay casos registrados de contratos de boda
que se redactaron antes de que los novios nacieran.
Este contrato, el de la promesa o desposorio, era un documento le­
gal, que se firmaba delante de jueces; relacionaba a ambas partes, y solo
podía abrogarse mediante una carta de divorcio. Mateo y Lucas nos
dicen que María y José estaban comprometidos. Aún no se habían casa­
do oficialmente, y no habían consumado su unión, pero ya se les consi­
deraba marido y mujer debido a su promesa. Cuando fue evidente que
María estaba en espera de un hijo que no podía ser de José, él se enfren­
tó a dos opciones. Primero, podía acusarla delante de los jueces y some­
terla al castigo estipulado por la ley, que decía que una persona que
estuviera prometida a otra y le fuese infiel podía morir lapidada. La otra
opción era la de “dejarla secretamente”, es decir, redactar una carta de
divorcio. Estaban desposados el uno con el otro, pero no casados en el
sentido en que entendemos la palabra; sin embargo, ese desposorio
solo se podía romper mediante un divorcio.
El término utilizado para describir la relación legal entre un hombre
y una mujer también se usa para definir nuestra relación con Jesucristo.
El apóstol Pablo, asumiendo la posición de padre espiritual de los
corintios, escribió: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposa­
do con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo” (2
Co. 11:2, cursivas añadidas). La palabra desposado es la que se usa tam­
bién en el resto del Nuevo Testamento. Para Pablo, los creyentes de
Corinto eran sus hijas en la fe, yJesucristo era el novio, el futuro esposo.
Como si fuera un padre, Pablo había sido el intermediario a la hora de
firmar un contracto de desposorio entre sus hijas espirituales y el Señor
Jesucristo. Se había forjado una relación indisoluble, y el apóstol no
quería que los corintios se apartasen de ella debido a las falsas enseñan­
J. D w ig h t P e n te c o st : La cena de la s bodas del C o r d e r o 109

zas. Temía que fuesen infieles a su futuro esposo. Pablo los había despo­
sado con Cristo, y quería que siguieran siendo fieles hasta que el novio
los reclamase.
La figura de los esponsales aparece en las Escrituras para representar
la realidad de Cristo y su iglesia. Por ejemplo, antes de que naciéramos,
el Padre nos prometió al Hijo. “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro
Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los
lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la funda­
ción del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”
(Ef. 1:3-4). En este pasaje, Pablo describe a Dios Padre como alguien
que elige quién se casará con su Hijo. Cuando examinamos esta ense­
ñanza, vemos que el individuo que ha aceptado a Cristo como Salvador
forma parte de lo que conocemos como la esposa de Cristo.
Dios hace participar en una unión viva y vital a todos los creyentes,
dentro de la persona de su Hijo. En este sentido, la iglesia es un organis­
mo. La verdadera iglesia de Jesucristo se compone de todos los indivi­
duos que reciben el don de la vida eterna que Dios ofrece por medio de
su Hijo. Aquellos que son comprados y lavados por la sangre de Cristo
entran en una relación estrecha unos con otros, como organismo al que
llamamos la iglesia, la esposa de Cristo. Y del mismo modo que es nor­
mal que una novia espere con expectación el día de su boda, también lo
es que la iglesia anticipe el día en que su esposo vendrá a llevarla ante su
presencia.
La segunda parte de la ceremonia se denominaba la “presentación”.
Cuando una pareja alcanzaba una edad en que pudieran casarse, el jo­
ven decía: “Padre, has hecho los trámites legales para mi boda. Ahora es
el momento de enviar a buscar a mi prometida, para que el contrato se
cumpla”. Entonces, el padre enviaba a algunos siervos a casa de la novia.
Llevaban consigo los contratos legales, y los entregaban al padre de la
novia, pidiéndole que cumpliese los términos de las disposiciones y en­
viara a la novia a reunirse con su prometido. Los amigos del novio acom­
pañaban a la novia, en procesión, hasta la casa del futuro esposo.
La ceremonia que venía luego se llamaba la “presentación”. El padre
de la novia tomaba la mano de su hija y la depositaba en manos del
padre del novio, dando a entender de este modo que él había cumplido
su parte del contrato: había entregado a su hija al padre del novio.
110 L a c u en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Entonces, el padre del novio ponía la mano de la novia en la de su hijo,


para demostrar el cumplimiento de su parte del trato: había entregado
la novia a su hijo. En aquel momento, la pareja estaba legalmente casa­
da. Inmediatamente después de la ceremonia, que se celebraba meses o
incluso años después de los esponsales, empezaban a vivir juntos como
marido y mujer.
La iglesia, perfeccionada por la gracia de Dios, será tomada de este
mundo y presentada al Novio (el Señor Jesucristo). A menudo nos refe­
rimos a este acontecimiento como el rapto de la iglesia, cuando los
creyentes serán tomados de esta tierra, cuando se abrirán las tumbas de
los creyentes y saldremos de esta esfera mortal para ir a la presencia del
Padre. Pero, cuando hablamos de la presentación de la novia al novio,
nos referimos al momento en que los santos entrarán en la casa del
Padre, donde Él los presentará como su regalo de amor a su Hijo.
Cuando el Padre presente la novia al Hijo, ella no tendrá mancha
alguna (Ef. 5:27). Esto confirma la perfección de la obra de Cristo. Si
nos miramos a nosotros mismos, sabemos que ninguno sería una novia
aceptable para el Hijo de Dios infinito y eterno. Todos padecemos la­
cras morales, y llevamos las señales de la degradación del pecado. Sin
embargo, la obra de Dios es tan grande que, cuando el Padre nos pre­
sente al Hijo, seremos perfectos.
La tercera parte de una boda oriental, al igual que las otras dos, solía
recibir el nombre de “las bodas”. Era lo que nosotros llamaríamos ban­
quete nupcial. Era en esa recepción festiva, o banquete de bodas, cuan­
do el novio reunía a sus amigos y les presentaba a su esposa. La duración
de ese banquete dependía de la condición social y económica del novio.
Podía durar uno o dos días, o incluso una semana.
La Palabra de Dios incluye muchas referencias al banquete de bodas.
En Mateo 22:1-2, leemos: “Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en
parábolas, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un rey que
hizo fiesta de bodas a su hijo”. La palabra bodas se refiere aquí al ban­
quete ceremonial. El rey había dispuesto un festín donde el hijo pudiera
presentar su novia a sus amigos. Sin embargo, no todos los convidados
optaron por asistir. De modo que se amplió la invitación para que la sala
del banquete pudiera llenarse de personas.
En Mateo 25 encontramos una historia parecida, en la parábola de
J. D w ig h t Pentecost: L a cena de la s bodas del C o r d e r o 111

las vírgenes necias y las sabias. “Entonces el reino de los cielos será
semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir
al esposo. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas”.
De las diez vírgenes, solo cinco tenían suficiente aceite para mante­
ner sus lámparas encendidas hasta que viniese el esposo. Las otras cinco
tuvieron que ir a comprar, y mientras estaban fuera llegó el esposo y
abrió la puerta para que entrasen las cinco jóvenes prudentes. Las otras,
que no se habían preparado, fueron excluidas. Esta ilustración de la
fiesta de bodas habla de la consumación futura del programa de Cristo,
durante el milenio. El propósito del banquete de bodas lo hallamos en
Apocalipsis 19:7, que afirma: “Gocémonos y alegrémonos y démosle
gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha
preparado”. Según este pasaje, el propósito de esta fiesta no es el de
felicitar a la novia y decirle lo guapa que está. En los esponsales orienta­
les, la novia tenía un papel poco importante. El que ocupaba el lugar
más prominente era el novio. Por tanto, los invitados se reunían para
honrarle a él, no a ella. Y el motivo de que le honraran es porque “han
llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado”.
Juan hablaba de un acontecimiento que tendrá lugar durante la se­
gunda venida, el regreso de Cristo a la tierra. Durante la época en que
vivimos, el Espíritu ha estado llamando a la esposa; nos hemos desposa­
do con Él. En Apocalipsis 19, el rapto ya ha tenido lugar, y la novia ya ha
sido presentada ante el Esposo. Pero aún falta una parte importante de
la ceremonia: el banquete de bodas, cuando se presente la novia a todo
el mundo.
Tras hablar de la presentación de la novia, Juan pasa al tema de la
fiesta, diciendo que la “esposa se ha preparado. Y a ella se le ha conce­
dido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino
fino es las acciones justas de los santos” (19:7-8). Sabemos que, ante el
tribunal de Cristo, el Señor examinará las obras de todos los creyentes.
Tras ese examen, el Señor eliminará todo aquello que no dé la gloria al
Esposo. Entonces, pedirá a su novia que se vista con las ropas prepara­
das para esa ocasión.
Apocalipsis 19:8 llama a estas ropas “las acciones justas de los san­
tos”. Esto no hace referencia a la justicia de Cristo, de la que siempre
estaremos revestidos, sino de las ropas que nos pondremos después del
112 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

tribunal de Cristo, para dar honor y gloria al Señor. Imaginemos cómo


se sentiría una novia si, después de pasarse años planeando y disponien­
do sus ropas para la boda, descubriera, el último día, que un ratón le ha
roído el traje. Eso sería parecido a lo que sucederá en el tribunal de
Cristo. Nos presentaremos ante Él pensando que tenemos muchas cosas
hermosas que ofrecerle al Señor. Pero, como las habremos hecho con
nuestras propias fuerzas o para gloriarnos, Él no podrá aceptarlas. Mu­
chas de las cosas que pensábamos que glorificarían al Esposo serán des­
truidas.
“Bienaventurados los que son llamado a la cena de las bodas del
Cordero” (Ap. 19:9). “Y los ejércitos celestiales [de los santos], vestidos
de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos” (Ap.
19:14). Cuando unimos estos dos versos, descubrimos que el banquete
de bodas se servirá en este mundo, después de la segunda venida de
Cristo. La fiesta de bodas es el nombre que da Dios o la imagen que Él
ofrece del reinado milenario de Cristo.
En los tiempos bíblicos, un hombre rico podía hacer que el banquete
durase toda una semana. La fiesta de Dios durará mil años. Cristo apa­
recerá como juez, para separar a los salvos de los que no lo sean. Apare­
cerá como rey, para gobernar. Pero durante esos mil años, para la esposa
Él será el Esposo. El Hijo de Dios llevará consigo a su esposa, la iglesia,
cuando regrese a reinar a la tierra, para que por medio de ella pueda ser
honrado, adorado y glorificado. La esposa perfecta demostrará lo que
hace su gracia por los pecadores. Y durante esos mil años, el Hijo hará
lo que hace cualquier novio: adorar a su esposa y ser adorado por ella.
En casi todas las invitaciones de boda hallamos la frase “Rogamos
confirme su asistencia”. Se espera de nosotros que respondamos a una
invitación. El Esposo nos invita a participar en aquella boda celestial.
Que participemos en ella o no dependerá de nuestra respuesta a Él.
Dios nos invita a venir, no por medio del pago de un precio, sino acep­
tando su regalo: su Hijo, el Esposo.
Y a todo lo creado que está en el cielo>y sobre la tierra,
y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que
en ellos hay oí decir: Al que está sentado en el trono>y al
Cordero, sea /a alabanza, la gloria y el poder, por los
siglos de los siglos.
Apocalipsis 5:13

L a evidencia más emocionante de que es posible que el re­


greso del Señor esté muy cerca es la actividad derivada de los
preparativos para reconstruir el templo de Jerusalén. Todos los
proyectos y personalidades involucradas en esa restauración
del templo están documentados... Ezequiel, en los capítulos
del 40 al 46, da unas instrucciones detalladas para levantar el
templo que se alzará en la colina de Jerusalén durante el
milenio. Sin embargo, Daniel 9:27 afirma que durante el pe­
ríodo de la tribulación habrá un templo en Jerusalén, donde ya
no se harán más sacrificios. ¡Y los preparativos para ese tem­
plo ya se han acabado!
Capítulo 9

Los preparativos
para el potentado
Jimmii DeVoung

de una sirena rompió el silencio del apacible cielo


E l e s t r id e n t e s o n id o
nocturno sobre Jerusalén, anunciando un ataque iraquí. Durante los
siguientes tres meses que pasamos en Jerusalén como periodistas ese
sonido, el de una incursión aérea, acabaría resultándonos familiar. Tras
despertarnos de un modo tan abrupto, nos apresuramos a meternos en
nuestra habitación sellada, destinada a nuestra protección en caso de
ataques aéreos por cortesía del “loco de Bagdad”, Saddam Hussein.
Tras entrar en la habitación sellada, empezamos a reunir nuestras
máscaras antigás. Mientras corríamos por el cuarto y yo comenzaba a
dar los últimos toques al sellado de la puerta, sonó el teléfono. Llevába­
mos en Jerusalén solo cuatro días, y no imaginábamos quién podría
tener nuestro número de teléfono, y menos para llamarnos a las dos de
la madrugada. Corrí al teléfono y escuché la voz de mi hija, Jodi, que
llamaba desde Chattanooga, Tennessee.
Me dyo que estaba mirando las noticias del canal de televisión CNN,
donde anunciaron que una escuadrilla iraquí se dirigía a Jerusalén. Mien­
tras las sirenas aullaban por las calles de Israel, le dije que eso era algo
que ya sabía, y que tenía que irme. Colgué el teléfono y entré corriendo
en la habitación sellada.
Sellé la puerta a nuestras espaldas, y durante las cinco horas siguientes
115
116 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Judy y yo nos preguntamos si un misil impactaría en nuestro apartamento.


Tal y como lo veíamos entonces, nuestro bloque era el punto más cercano
entre los lanzadores de misiles iraquíes y la ciudad de Jerusalén.
Ese ataque aéreo nos obligó a pasar varias horas de tensión en espera
de que se produjese una tragedia potencial. Pasamos esas horas muy
angustiados, intentando comunicarnos a través de nuestras máscaras
antigás. También pasamos mucho tiempo orando. Tuvimos mucho tiem­
po para meditar en lo que sucedía.
Mi esposa y yo nos mudamos a Jerusalén para estar en la ciudad en la
que sabemos que se está desarrollando la profecía bíblica, prácticamen­
te a cada momento de cada día que pasa. La profecía bíblica se cumple
en Jerusalén de un modo que carece de precedentes históricos. Como
periodistas y estudiosos de la profecía, hemos disfrutado de la ventaja
de estar en primera línea, donde se celebrará el último acto de esta gran
obra.
Desde que vivimos en Jerusalén hemos sido testigos de lo que consi­
deramos que son los cuatro mayores procesos proféticos que señalan el
regreso inminente de Jesucristo: (a) una inmigración masiva, o aliya , de
los judíos a Jerusalén; (b) una coalición de países contra Israel; ( c) una
anticipación de la paz entre las naciones del Medio Oriente; y (d) los
preparativos para la construcción del próximo templo de Jerusalén.
La aliya de los judíos
El término aliya (“subir a”) es la expresión hebrea que usan los israe­
litas para describir la inmigración judía a Jerusalén, su hogar. En el libro
de Deuteronomio, Dios habló por medio de Moisés para advertir al
pueblo de que, si no cumplían los mandamientos de Dios, Él los disper­
saría por toda la tierra. En el año 70 d.C., el general Tito y el ejército
romano conquistaron Jerusalén, destruyeron el templo y devastaron la
ciudad, y luego dispersaron al pueblo judío por todos los países del
mundo. Sin embargo, Dios también prometió, en Deuteronomio 30:1-
10, que un día Él los devolvería a su tierra natal. Desde enero de 1989,
más de 800.000judíos han “hecho aliya ”, inmigrando desde la ex Unión
Soviética a Israel. Este es el punto culminante de una serie de inmigra­
ciones que empezaron hace cien años, desde países como Etiopía, Irán,
Irak, los Estados Unidos y muchas otras naciones de Europa.
J im m y D e Y o u n g : Lo s preparativos para el poten tad o 117

Siendo como soy un periodista que vive en Israel, escucho siempre la


BBC (British Broadcasting Corporation), que emite desde Londres, Ingla­
terra. Un viernes por la tarde estaba escuchando las noticias, cuando
escuché el comentario de que ya había empezado la “operación Salomón”.
Yo nunca había oído hablar de esta operación, y por eso sentí un vivo
interés por saber de qué se trataba.
Todo había comenzado unos años antes, cuando las agencias judías
de los Estados Unidos habían recogido dinero para paliar el hambre de
los judíos que vivían en Etiopía. Los otros etíopes sintieron celos de esos
judíos, y amenazaron con matarlos. Era prioritario salvarlos de la muer­
te, de modo que Israel se ofreció a ayudar a los judíos etíopes.
La tarde del viernes 24 de mayo de 1991, despegaron 42 aviones del
aeropuerto Ben Gurion, a las afueras de Tel Aviv, Israel. Este vuelo fue
algo único y extraordinario, porque el sabbath empieza cuando se pone
el sol el viernes, y se cierran todos los vuelos hasta la puesta de sol del
sábado. Sin embargo, ese viernes en concreto, esos aviones despegaron
en dirección a Addis Ababa, en Etiopía; cruzaron Israel, el Mar Rojo y
luego siguieron ruta en dirección a esa localidad.
Cuando los 747 aterrizaron en Etiopía, los residentes judíos subieron
en seguida a los aviones. A uno de ellos le habían quitado todos los
asientos, de modo que cupiese el mayor número de pasteros posible.
En ese avión lograron entrar 1087 pasajeros, y mientras volaban en di­
rección a Israel, nacieron siete niños. Al día siguiente, sábado, llegaron
a Israel, donde se repartieron en diferentes centros de acogida en Jeru­
salén y Tel Aviv, centros donde ayudarían a los nuevos inmigrantes a
asimilarse en la sociedad israelita. Cuando llegaron al centro de acogida
de Jerusalén, vimos a muchos de aquellos inmigrantes que iban descal­
zos, y vestidos con sus ropas típicas etíopes. Había madres jóvenes con
sus bebés colgados a la espalda. Cuando llegó la hora de comer, segui­
mos a los inmigrantes a la cafetería. Les dieron de comer un plato típico
de la cocina israelí, a base de yogur, tomate, pepino, olivas, un huevo
cocido y pepinillos. Aquellos etíopes estaban acostumbrados a comer
solo “gachas” y pan de pita, de manera que ni siquiera sabían cómo
comerse aquellos alimentos que tenían delante.
Me acerqué a un anciano, descascarillé su huevo duro y le enseñé
cómo comérselo. Luego pasé a otra mesa donde una joven estaba con
118 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

su bebé. Les abrí el yogur y empecé a dar de comer al pequeño. Mien­


tras iba mesa por mesa, ayudando a aquella gente hambrienta, las lágri­
mas se deslizaban por mi rostro. Aquellos judíos etíopes habían vuelto
“a casa” al cabo de casi dos mil años.
El profeta Sofonías dijo que, en los últimos tiempos, acompañando a
la segunda venida de Cristo, habría una aliya desde Etiopía. “De la re­
gión más allá de los ríos de Etiopía me suplicarán; la hija de mis esparci­
dos traerá mi ofrenda” (Sof. 3:10).
La palabra suplicantes, derivada de “suplicar”. La profecía afirma que
los hijos de los que padecieron la diáspora regresarían a Jerusalén como
un ejército de adoradores. Serían devueltos a Israel como una ofrenda a
Dios.
Isaías 66:20 nos dice que los etíopes volverían a Israel a lomos de
caballos y de muchas otras maneras. Dice que los etíopes serían una
ofrenda hecha al Señor. Y hasta el día de hoy siguen cumpliéndose en
Israel las profecías relativas a la inmigración de los judíos.
La coalición de las naciones
Otro acontecimiento propio de los últimos tiempos, y que hemos
apreciado desde nuestra ventrosa posición en Jerusalén, es la forma­
ción de una coalición de países contra Israel. Durante la Guerra del
Golfo, en 1991, hubo cierto número de países que pretendían unirse
con Irak para destruir Israel, pero la coalición de países encabezada por
los norteamericanos se lo impidió. El libro de Jeremías profetiza que, a
lo largo de la historia, las naciones se unirán contra el pueblo de Israel.
Ezequiel 38:1-12 y Daniel 11:40-45 explican que, en los últimos tiempos,
se formará una gran coalición de países que intentará derrotar a Israel.
Esta alianza entre naciones, según las Escrituras proféticas, estará com­
puesta de países como Egipto, Siria, Irak, Etiopía, Libia, Rusia, Turquía
e Irán. Cualquier observador de los acontecimientos de hoy día podrá
atestiguar cómo ya se está formando la coalición “de los últimos tiem­
pos”, la de aquellos países dispuestos a luchar contra Israel.
Dios creó las naciones del mundo tras el incidente de la torre de
Babel, cuando Nimrod intentó construir una gran ciudad que demos­
trase la grandeza del hombre. Muchos de los países creados entonces
siguen existiendo hoy, y todavía albergan desprecio por el programa de
J im m y D e Y o u n g : Lo s preparativos para el p o ten tad o 119

Dios y por su pueblo elegido; por tanto, están ansiosos de librar al mun­
do de la presencia judía.
Es interesante contemplar a los líderes mundiales maniobrando por
el “escenario” del mundo en espera de que se abra el telón para el
último acto de la obra. A veces, es como si esos líderes hubieran leído la
historia escrita, y se apresurasen para ocupar sus lugares en espera de
que comience el espectáculo.
Las esperanzas de paz
En octubre de 1994, tuvimos la oportunidad de reunirnos con cientos
de otros periodistas internacionales cerca del Mar Rojo, al sur de Israel,
para presenciar la firma del acuerdo de paz entre Israel yJordania. Millo­
nes de personas fueron testigos de ese acontecimiento histórico, porque
los medios de comunicación de todo el mundo enviaron sus imágenes y
comentarios a sus respectivos países, desde aquel lugar reseco y desértico.
Junto con los periodistas estaban los líderes políticos de Israel, Jordania
y los Estados Unidos, inclusive al que entonces era el Secretario de Esta­
do, Warren Christopher, y al presidente Bill Clinton y su camarilla polí­
tica. Habían acudido a aquel remoto punto desértico para firmar aquel
acuerdo de paz, que era uno dentro de una serie de supuestos “tratados
de paz” entre Israel y sus vecinos árabes.
Hace muchos años que se habla de paz en Medio Oriente. De hecho,
las esperanzas de paz se han extendido a todo el mundo a partir de ese
enclave geográfico. Constituyen un punto fundamental en las agendas
de la política exterior de muchos países; la esperanza de paz es un tema
que vale la pena seguir de cerca.
En 1979, el presidente Jimmy Cárter, junto con el presidente Anwar
Sadat y el primer ministro Menachem Begin, se reunieron en Maryland,
en la finca del presidente. Pusieron a ese primer acuerdo de paz el
nombre que llevaba aquel lugar donde el presidente norteamericano
iba a descansar, llamándole “el acuerdo de Camp David”. Fue el primer
tratado de paz que firmaron los israelitas con uno de sus vecinos árabes.
El acuerdo de Camp David vino seguido, en 1993, del acuerdo de
Oslo, un tratado de paz entre los israelitas y los palestinos. Este acuerdo
era solo un proyecto general, que enfrentaba a ambas partes mientras
se esforzaban por delinear los detalles finales del mismo.
120 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

El hecho es que ninguno de esos acuerdos de paz funciona hoy día tal
y como fue diseñado. En realidad, en Israel ha habido más judíos muer­
tos desde que se firmaron los pactos que desde la fundación de la na­
ción en 1948, antes de llegar a esos acuerdos.
El fracaso de esos pactos ha preparado el camino para alguien que
haga que comiencen a funcionar como deben hacerlo. Lo más curioso
de esos acuerdos de paz, que ya están sobre la mesa aunque no funcio­
nan, es que encajan con el escenario bíblico descrito en Daniel 9:27.
El profeta Daniel escribió que el anticristo, el “gobernante mundial”,
confirmará uno de los tratados de paz con el pueblo judío, pero no
firmará ninguno. La palabra hebrea que significa “confirmar”, gabar, y
que se emplea en la Biblia, no es el mismo término que se traduce como
“firmar”. Gabar también significa “fortalecer”. Para fortalecer o confir­
mar algo, es necesario que ya esté dispuesto; y es precisamente en esa
fase del proceso donde se encuentran esos tres “tratados de paz “.
Los preparativos para el templo futuro
La evidencia más emocionante de que es posible que el regreso del
Señor esté muy cerca es la actividad derivada de los preparativos para
reconstruir el templo de Jerusalén. Todos los proyectos y personalida­
des involucradas en esa restauración del templo están documentados
en un vídeo que produje hace años, titulado Ready to Rebutid (Listos
para reedificar).
Ezequiel, en los capítulos del 40 al 46, da unas instrucciones detalla­
das para levantar el templo que se alzará en la colina de Jerusalén du­
rante el milenio. Sin embargo, Daniel 9:27 afirma que durante el período
de la tribulación habrá un templo en Jerusalén, donde ya no se harán
más sacrificios. ¡Y los preparativos para ese templo ya se han acabado!
Existen evidencias de que ya están disponibles todos los materiales
necesarios para construir un nuevo templo y para realizar sacrificios en
él; también se dispone de los recursos humanos pertinentes. Los hom­
bres más cualificados para ser sacerdotes en el templo futuro ya están
en Jerusalén, estudiando las labores sacerdotales. Incluso se han confec­
cionado ya las ropas que llevarán, que están almacenadas hasta el mo­
mento preciso.
Ya se han elaborado los instrumentos necesarios para las actividades
J im m y D e Y o u n g : Lo s preparativos para el poten tad o 121

de los sacrificios en el templo, y los de la adoración. Estos incluyen las


arpas que se tocarán en el templo cuando esté plenamente activo. Ya se
ha aprobado una ternera para purificar tanto a los sacerdotes como a
los instrumentos necesarios para el funcionamiento del templo.
Sin embargo, hay un problema: el lugar donde debe erigirse el tem­
plo en Jerusalén. Ese terreno ya está ocupado por esa sinagoga del te­
cho dorado, la Cúpula de la Roca. Los que se preparan para reconstruir
el templo dicen que el Señor se ocupará de ese problema cuando llegue
el momento.
Unos acontecimientos que hay que observar
Estos cuatro acontecimientos ya los mencionaron los antiguos profe­
tas judíos, hace 2500 años. Estas son las señales que los profetas y Jesús
advirtieron a los judíos que debían observar en los últimos tiempos, el
momento de la segunda venida de Jesucristo.
Cuando hablamos de “la preparación para el potentado”, estas cua­
tro señales evidencian a nuestro mundo de hoy día que habrá una se­
gunda venida. Pero recordemos que estas cosas apuntan a la “segunda
venida”, no al “rapto”, que tendrá lugar al menos siete años antes de
esta. Por tanto, si estas señales dan fe de lo cerca que está la segunda
venida, ¿cuán cerca estará el rapto?
La aliya del pueblo judío, la coalición de países, las esperanzas de paz
y los preparativos para el templo; estas son las cuatro señales que debe­
mos vigilar de cerca, sobre todo en estos días tan emocionantes que nos
ha tocado vivir.
Y Jehová dijo a Abraham, después que Lot se apartó de
él: Alza ahora tus ojos, y mira desde el lugar donde estás
hacia el norte y el sur, y al oriente y al occidente. Porque
toda la tierra que ves, la daré a ti y a tu descendencia
para siempre.
Génesis 13:14-15

E n 2 Tesalonicenses 2 se anticipa la existencia de un templo


judío por el que lucharán el anticristo y Cristo. Y lo que es más
destacable: en el año 95 d.C., cuando el viejo templo llevaba
25 años en ruinas y la revelación paulina del nuevo aspecto
del programa divino (la iglesia), desvelado en la epístola a los
efesios, llevaba circulando ya 34 años, Juan anticipó un tem­
plo por el que lucharán Satanás y Dios, y en el que Cristo
entrará en victoria. Apocalipsis refleja el momento más ade­
cuado de la historia para que Juan abandonase el concepto de
un reino físico para Israel, pero sin embargo no lo hizo. Mien­
tras la iglesia crecía rápidamente para convertirse en una enti­
dad gentil, Juan seguía promoviendo el programa divino para
la formación de la nación de Israel.
C a p í t u l o 10

Los derechos que tiene


Israel sobre Palestino
Thomas H. Davis

Una visión panorámica del tema


En este capítulo pretendemos considerar los derechos de índole bí­
blica, teológica, legal y práctica que tiene Israel sobre el territorio geo­
gráfico denominado Palestina. No cabe duda de que se trata de un
asunto controvertido y complejo. Es controvertido porque determina­
dos individuos, como los teólogos liberales, reconocen la existencia de
Israel en ese territorio en la antigüedad, pero niegan sus derechos ac­
tuales y futuros sobre él. Otros, como los musulmanes, llegan al punto
de negar cualquier derecho antiguo de Israel sobre ese territorio, y se
oponen intensamente a los trabajos arqueológicos israelitas que podrían
demostrar lo contrario. Un tercer grupo, que incluye a algunos judíos
ultraortodoxos, atesora su herencia antigua y espera la futura era
mesiánica, pero considera que el estado moderno de Israel es ilegítimo,
debido a su carnalidad secular.
La cuestión se complica más debido a los diversos periodos de tiem­
po pasados, presentes y futuros. También se complica debido al
triunfalismo y la teología de la sustitución, presentes dentro de ciertos
grupos cristianos; estos consideran que los cristianos somos el nuevo
pueblo elegido, que sustituye a la Israel no arrepentida y hereda todas
123
124 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

sus bendiciones, bajo una forma espiritual. Esta postura adolece de la


tendencia histórica hacia el antisemitismo. En realidad, las mayores divi­
siones dentro de la teología evangélica, desde la Reforma protestante,
se distinguen gracias a sus respuestas a dos preguntas clave: (a) ¿Por qué
eligió Dios a los judíos?, y (b) ¿Por qué eligió Dios a Saulo de Tarso?
La forma de responder a la primera pregunta define las funciones
pasadas, presentes y futuras de Israel dentro del programa que Dios
previo para la historia humana. La respuesta a la segunda define la
naturaleza de la iglesia en relación con Israel; se podría formular como:
“La iglesia, ¿incorpora a la Israel del pasado y sustituye a la del presente,
o existen un pasado y un futuro distintivos para la nación de Israel?” La
relación que mantuvo el apóstol Pablo con esa cuestión teológica no se
nota a simple vista, pero pensemos en la inusual transición del ministe­
rio de Cristo, con doce discípulos, al ministerio divino con Saulo/Pa-
blo. Si Dios solo tenía un programa, la iglesia, entonces, ¿por qué pasarse
tres años y medio con aquellos doce hombres, y luego, de repente, ele­
gir a un forastero para convertirlo en “el apóstol de los gentiles”? Res­
puesta: aquellos doce estaban centrados básicamente en el reino
mesiánico y, debido a la demora de este, contribuyeron a fundar la
iglesia. El apóstol Pablo fue formado, primariamente, como el teólogo
de “las cosas nuevas” (el “misterio”), y por consiguiente, domina las
epístolas enviadas a las iglesias.
La última complicación radica en el propio nombre de “Palestina”.
Bien mirado, es un término pobre para definir al territorio prometido a
Israel, dado que se deriva del nombre “filisteo”; lo acuñaron los roma­
nos en el año 135 d.C., para arrebatar al territorio israelita sus connota­
ciones judías. Esto explica la popularidad que disfruta entre los
musulmanes el nombre de la organización Frente de Liberación Palestino
(FLP), dirigida actualmente por el terrorista Yasser Arafat. El llega hasta
tal punto en su revisión de la historia, que afirma que Jesús de Nazaret
y Pablo de Tarso eran “palestinos”. La expresión “Tierra Santa” resulta
muy emotiva para los cristianos, pero a los israelitas modernos no les
gusta debido precisamente a sus connotaciones cristianas. De hecho,
esta expresión de “Tierra Santa” solo aparece una vez en las Escrituras
(Zac. 2:12). El nombre familiar de esta tierra, dentro de la literatura
rabínica, es “la tierra de la gacela”, debido a esos pequeños animales
Thomas N. D avis : Los derech os que tiene Israe l sobre P ale stin a 125

que pastan en el territorio. Otro de los nombres hebreos es simplemen­


te Ha Aretz (“la tierra”), o Eretz Yisrael (“la tierra de Israel”). En nuestro
análisis, emplearemos “Israel” para referirnos tanto al pueblo elegido
como a la Tierra Prometida.
Los derechos bíblicos sobre el territorio
En un punto tan temprano como Génesis 9:27, las Escrituras predi­
cen el lugar tan especial que ocuparían los judíos en el programa divino
para la historia humana. Tras el diluvio, Dios anuncia por medio de Noé
que “Él” (y no el antecedente inmediato en la frase, que es “Jafet”, me­
nos probable) moraría en las tiendas de Sem.1 Y es de Sem de donde
obtenemos la palabra semitas, de la cual la familia de los judíos solo es
una rama. En Génesis 12 hallamos el famoso pacto con Abraham, que
prometía una bendición (tanto física como espiritual), una semilla (la
posteridad en general y el Mesías en concreto), y un territorio (el lugar
que Dios mostraría a Abraham; desde entonces, la “Tierra Prometida”).
Esta promesa de un territorio se le reitera a Abraham en Génesis 13, 15,
17 y 22. Queda confirmada con Isaac (Gn. 26), Jacob (Gn. 28), y asumi­
da en las predicciones concedidas a los doce hijos (tribus) en Génesis
49. Uno de esos doce hijos, José, estaba tan cautivado por esta promesa
que, cuando veía acercarse su muerte en Egipto, decretó que traslada­
sen su cuerpo a la tierra para enterrarlo en ella.
Los 400 años que los judíos pasaron fuera de la tierra se consideran
un trágico exilio de aquella zona que Dios había prometido a Abraham,
Isaac y Jacob. Cada año, desde hace más de 3400, los judíos han celebra­
do la liberación de Egipto y el retorno a su tierra, mediante la fiesta
anual de la Pascua; esto hace que sea la festividad más longeva de todas
en la historia humana. Éxodo, Levítico y Deuteronomio relatan el viaje
de vuelta a casa, y el nuevo asentamiento de la presencia judía en aquel
territorio. En Génesis 15 se establecen las fronteras del norte y del sur
para la Tierra Prometida. Pero no es hasta Números 34 y Deuteronomio
28—30, en el momento en que Moisés entrega el bastón de mando a
Josué, cuando se describen esas fronteras con mayor detalle, y se forma­
lizan por medio de lo que se ha dado en llamar “el pacto palestino” (Dt.
30:1-10). Se mencionan unas fronteras parecidas en Abdías 19-21 y en
Ezequiel 47. Por lo general, se le prometió a Israel un territorio com­
126 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

prendido entre el Mediterráneo, en el oeste, y el río Jordán, en el este;


y desde el “río de Egipto” en el sur (no es la misma palabra que define
al Nilo en hebreo, de modo que se trata de su afluente oriental o el
arroyo que aparece esporádicamente cerca de Egipto, llamado el Wadi
el-Arish) hasta el río Éufrates, en el norte.
El pacto davídico (2 S. 7:4-17; 1 Cr. 17:4-15) prometía que un descen­
diente de David se sentaría en el trono eternamente. Esto asume, por
supuesto, que junto con el rey físico y su soberanía (el derecho a reinar),
habría un reino físico sobre el que gobernar. El nuevo pacto (Jer. 31)
destaca las bendiciones espirituales de la era mesiánica, pero concluye,
sorprendentemente, con la evidencia física del cumplimiento último:
mientras el sol se levante por la mañana y salgan las estrellas por la
noche, y mientras el mundo gire sobre su eje, Dios cumplirá las prome­
sas hechas a Abraham.
Ni siquiera los fracasos espirituales de Israel interfieren con las pro­
mesas incondicionales de Dios. En Génesis 15, Dios anticipó y anunció
a Abraham el primer fracaso de la nación, que daría como resultado su
esclavitud en Egipto durante 400 años. En Deuteronomio 28—30, justo
en el punto medio de la afirmación de la promesa hecha a Abraham,
Moisés anticipa otro exilio (¡y el consiguiente regreso!), que tuvo lugar
bajo el dominio de los asióos (Israel del norte, 720 a.C.) y de los babilonios
(Israel del sur, 586 a.C.). Dios aseguró ajeremías que el exilio en Babilonia
solo duraría 70 años (Jer. 25:11; 2 Cr. 36:21). Daniel tomó nota de esto,
contó los años a partir de su deportación personal en el año 605 a.C., y
en 539 a.C. preguntó al Señor cuándo tendría lugar el retorno a la tierra
(Dn. 9). Daniel, el único héroe de la Biblia definido como “aquel a
quien el Señor ama mucho”, recibió la promesa de un futuro para los
judíos en aquella tierra.
Malaquías, el último profeta que escribió antes del nacimiento de
Cristo, predijo que los predecesores del Mesías fueron Elias (el gran
profeta reformador) y Moisés (el gran dador de leyes). Juan el Bautista
supuso un cumplimiento profético lo bastante considerable como para
que aquella generación fuera responsable de dar cuentas sobre si acep­
tarían o no a Jesús de Nazaret como el Mesías prometido. La aparición
directa de Elias y Moisés en el monte de la transfiguración confirma la
predicción de Malaquías, apuntando hacia el cumplimiento final b¿yo la
T ho m as N . D avis : Lo s d erech os que tiene Israe l sobre P ale stin a 127

forma de los dos testigos de Apocalipsis 11, que representan al Mesías


en la capital de su reino, Jerusalén.
Por último, no podemos pasar por alto algunos de los supuestos que
hallamos sobre todo en el Nuevo Testamento, relativos a la naturaleza
física de la era mesiánica. En Mateo 24, Cristo imaginó un aconteci­
miento de índole militar que acabaría cuando Él comenzase a gobernar
desde su trono en Jerusalén. Los doce discípulos recibieron la promesa
de que se sentarían en doce tronos para gobernar a las tribus de Israel.
En 2 Tesalonicenses 2 se anticipa la existencia de un templo judío por el
que lucharán el anticristo y Cristo. Y lo que es más destacable: en el año
95 d.C., cuando el viejo templo llevaba 25 años en ruinas y la revelación
paulina del nuevo aspecto del programa divino (la iglesia), desvelado en
la epístola a los efesios, llevaba circulando ya 34 años, Juan anticipó un
templo por el que lucharán Satanás y Dios, y en el que Cristo entrará en
victoria. Apocalipsis refleja el momento más adecuado de la historia
para que Juan abandonase el concepto de un reino físico para Israel,
pero sin embargo no lo hizo. Mientras la iglesia crecía rápidamente
para convertirse en una entidad gentil, Juan seguía promoviendo el pro­
grama divino para la formación de la nación de Israel.
Los derechos teológicos sobre la Tierra Prometida
Es evidente que la reivindicación israelita del territorio por el que
luchan los judíos depende, al menos en el futuro, de la naturaleza de la
promesa hecha a Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David y Daniel. Si la
promesa es incondicional, no cabe ninguna duda. Sin embargo, si el
pacto es condicional, tal y como sostienen los de la teología de la susti­
tución, como máximo los judíos disfrutarán de su tierra como miem­
bros de la iglesia, pero solo durante el reinado milenario de Cristo. Por
supuesto, hay quien propone que nadie disfrutará de un reino físico;
interpretan todas las promesas como una especie de bendición espiri­
tual, o las aplican a las calles de oro en el cielo.
Comenzaremos nuestro argumento a favor de la naturaleza incondi­
cional de los pactos señalando que cuando Dios ratificó el pacto con
Abraham en Génesis 15, Abraham no participó físicamente en él, por­
que estaba sumido en un profundo sueño. Fue Dios quien realizó el
ritual, prometiendo su cumplimiento, que dependía tan solo de su inte­
128 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

gridad. Un segundo argumento se basa en la repetición de los elemen­


tos clave del pacto todo a lo largo del Antiguo Testamento, a pesar de
los constantes fracasos por parte de Israel. Un tercer argumento, espe­
cialmente contundente, radica en la enseñanza de Pablo en Romanos
9—11, según la cual concluye que la iglesia no ha sustituido a Israel en el
programa divino: “porque irrevocables son los dones y el llamamiento
de Dios” (Ro. 11:29).
Podemos hallar más testimonios en el Nuevo Testamento, en las refe­
rencias a Israel como un pueblo separado de “la iglesia de los santos”.
Gálatas 6:16 dice: “Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y
misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios”. La conjunción y aparece
tres veces en este versículo tan breve. Decir que la tercera aparición de
y debe eliminarse, dando a entender por tanto que todos los santos de
la iglesia son “el verdadero Israel” contradice el contexto, por no men­
cionar el uso gramatical normal del término griego traducido como y.
Pablo no fusiona categorías, diciendo que ahora la iglesia es Israel. He­
breos 12:23 también reconoce la diferencia entre los santos de la iglesia
y los del Antiguo Testamento: “a la congregación de los primogénitos
que están inscritos en los cielos, a Dios el Juez de todos, a los espíritus
de los justos hechos perfectos”. Apocalipsis 22 cierra el Nuevo Testa­
mento con esta misma nota, enseñando que, incluso en ese estado eter­
no, se tendrá en cuenta la diferencia entre la Israel del Antiguo
Testamento (los nombres de las doce tribus inscritos en las puertas de la
ciudad) y la iglesia del Nuevo (los nombres de los doce apóstoles graba­
dos en los cimientos de la ciudad).
Pero insistir en la naturaleza incondicional de la promesa a Israel no
contradice las duras advertencias que encontramos en Deuteronomio
28—30. Allí Moisés advirtió a la nueva generación que estaba lista para
entrar en la Tierra Prometida que Dios la expulsaría de ella si le desobe­
decía. Existe una constante interacción entre la promesa y esta adver­
tencia. Cualquier individuo de Israel, o generación de ellos, que espere
beneficiarse de la promesa, debe obedecer a Dios. La naturaleza contin­
gente del cumplimiento de la promesa incondicional se aprecia muy
bien en Zacarías 6:15, un pasaje escrito tras la cautividad en Babilonia y
500 años antes del nacimiento de Cristo: “Y los que están lejos vendrán
y ayudarán a edificar el templo de Jehová, y conoceréis que Jehová de
Thomas N . D avis: Los d erech os que tiene Israe l sobre P ale stin a 129

los ejércitos me ha enviado a vosotros. Y esto sucederá si oyereis obe­


dientes la voz de Jehová vuestro Dios”.
Podría argüirse que Dios no fue justo con los fieles si les prometió un
reino físico que, por causa de la desobediencia de otros israelitas, no
llegó durante la vida de aquellos. Debería ser evidente que Dios es capaz
de rectificar esas “injusticias” en la vida venidera. Lo que es innegable,
aunque a veces resulte difícil de entender, es que en relación con el
cumplimiento de esa promesa, Dios considera al “pueblo escogido” como
a un todo. Podemos denominar a esto “solidaridad colectiva”. No es
importante que un judío fiel que viviera en el 783 a.C. tuviera o no el
privilegio de asistir a la venida del Mesías. Lo esencial es que, un día,
una generación de justos tendrán esa experiencia. Consideremos Zacarías
14:5, escrito unos 500 años antes de Cristo: “Y huiréis al valle de los
montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la
manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de
Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos”. Ninguna de las
personas que escucharon a Zacarías pronunciando esta profecía estaban
vivas más de 200 años después, cuando tuvo lugar aquel terremoto du­
rante el reinado de Uzías, y sin embargo Dios les habla y les considera
como a un solo pueblo.
Dios escogió para su propósito a los descendientes de Abraham hace
unos 4000 años. Es posible que Ogden Nash se diga: “¡Qué curioso es
que Dios eligiese a los judíos!” También lo es que los cómicos judíos
provoquen risas cuando exclaman: “¡Por favor, elijan a otros!” Pero la
elección de los judíos sigue siendo un hecho histórico. Fueron escogi­
dos para ser representantes, sacerdotes, de Dios ante las naciones genti­
les (Éx. 19:6; Dt. 32:8; Ez. 5:5; Zac. 8:23). Fueron elegidos para formar la
línea genealógica del Mesías. Fueron elegidos para ser los portadores de
su revelación inspirada a la humanidad. Con la discutible excepción de
Lucas, todos los libros de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el
Nuevo Testamento, fueron escritos por judíos (y probablemente Lucas
era un judío que había crecido en medio de una cultura gentil). A pesar
de estos privilegios, ninguna de las generaciones de Israel se acercó
siquiera a servir a Dios como debían, y por tanto, aún no se ha cumpli­
do la promesa sobre la tierra que Dios hizo a Abraham. Sin embargo,
llegará una generación a la que la electiva gracia de Dios guiará al cum­
130 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

plimiento correcto de su voluntad para ellos. Durante el periodo de


siete años de la tribulación, Dios se encargará de que cada uno de los
descendientes de Abraham o bien se arrepienta y crea en Jesucristo
(Zac. 12:10) o muera en medio de los horrores de la tribulación (Zac.
13.8). Los miembros de esa generación, la generación final, serán dig­
nos del territorio, y lo recibirán.
Los derechos legales sobre la tierra hoy día
El estado contemporáneo de Israel está sumido en un cúmulo de
problemas. Ese torbellino de controversias no muestra visos de amainar.
Existen literalmente cientos de libros y de artículos, escritos por autores
tanto judíos como cristianos, que han documentado el sorprendente
regreso de los judíos a su tierra ancestral, durante los últimos cientos de
años, así como el resurgimiento de su nación; y, lo que es igual de cho­
cante, el renacer del hebreo como lengua hablada (un hito que carece
de precedentes en toda la historia humana). Todos esos libros docu­
mentan los pasos que se han dado hacia el establecimiento de Israel
como nación.2 Independientemente de los detalles relativos al proceso
(p. ej., la compra de una zona pantanosa a los administradores turcos,
las decisiones oficiales de los cuerpos gubernativos, los tratados interna­
cionales, etc.), siempre habrá simpatizantes árabes que proclamarán con
vehemencia la “ilegalidad” de la presencia judía en Israel.3 (Deberíamos
destacar que, en Israel y los países que la rodean, los que se oponen a la
presencia judía son principalmente árabes de dos religiones, la cristiana
y la musulmana. En países más lejanos, como Irán, los opositores son
musulmanes pero no necesariamente de la etnia árabe. A escala global,
no se trata de un conflicto entre árabes e israelíes, sino entre el Islam e
Israel).
Los cristianos evangélicos siempre han sido grandes defensores de
Israel. Esto supone un contraste radical frente a los cristianos liberales,
que se han puesto de parte de los árabes. Los cristianos liberales acusan
a los evangélicos de egoísmo, dando a entender que si estos ayudan a
Israel es para apresurar el regreso del Señor, debido a su forma de
entender las profecías. También hay algunos judíos que se muestran
escépticos frente al respaldo de los evangélicos, porque consideran que
este “filosemitismo” (“amor por los semitas”) enmascara su verdadero
T ho m as N . D avis : Lo s derech os que tiene Israe l sobre P ale stin a 131

motivo, el de hacer proselitismo. Hay otros israelitas a quienes no les


interesan las cuestiones religiosas, pero sí se plantean por qué reciben
ese apoyo extranjero. Tal y como me dijo una vez un soldado israelí: “Lo
último que Israel necesita es un grupo de cristianos evangélicos ¡dis­
puestos a luchar hasta la última gota de sangre israelita!”
Un problema paralelo es el fracaso de algunos evangélicos, que debi­
do a su entusiasmo por Israel, no son capaces de detectar una conducta
falta de ética o inmoral cuando esta se manifiesta. Debemos recordar
que aunque, en general, estamos sometidos al mandato bíblico de apo­
yar a Israel, los líderes israelitas no son seguidores de Jesús de Nazaret,
y que si toleran las actividades evangélicas en Israel se debe a la conve­
niencia, no necesariamente a la convicción. Quizá el problema más
preocupante, y el tema legal más pertinente, sea la mala aplicación del
pacto con Abraham como si fuera un título de derecho legal sobre la
tierra de Israel. En cierto sentido, este pacto con Abraham es válido
porque es históricamente legítimo y, de hecho, un día Dios lo aplicará.
Sin embargo, por el momento, las maldiciones de Deuteronomio 28—30
dan a entender que los judíos solo “merecerán” su territorio cuando
mantengan una relación correcta con su Dios. Esto no contradice el
hecho de que fue el segmento irreligioso y socialista de la sociedad judía
el que fue el pionero del estado moderno. Pero lo que motivó a esos
pioneros no fueron las convicciones religiosas, sino la huida de la perse­
cución racial, la teoría socialista y el nacionalismo. De hecho, los líderes
religiosos condenaron el intento de formar un estado, considerándolo
una violación de la prerrogativa del Mesías. Gradualmente, con el paso
de los años, la sociedad israelita ha ido desarrollando un sector religio­
so cada vez más amplio.
En el sentido secular legal, Israel disfruta de las bendiciones de la
comunidad internacional para poseer al menos una parte de su antiguo
territorio. Podríamos argumentar que esa decisión es errónea, pero esa
ha sido la postura legal de los organismos internacionales desde el man­
dato británico de 1922 (que incluía el derecho al nacionalismo judío y
fue aprobado por la Liga de Naciones) y hasta el 29 de noviembre de
1947, cuando las Naciones Unidas escindieron Palestina.4A pesar de sus
solicitudes de que se devuelvan los territorios capturados en las guerras
de 1967 y 1973, las Naciones Unidas, e incluso el reciente acuerdo con la
132 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

OLP, exigen que todas las partes reconozcan el derecho que tiene Israel
de existir como nación. Sin embargo, en un sentido legal y bíblico, el
estado de Israel contemporáneo no deriva su poder divino del pacto
con Abraham. Podemos decir, con seguridad, que esto forma parte del
plan de Dios para hacer que los judíos regresen a su tierra siendo incré­
dulos, igual que Ezequiel vio los huesos de aquel valle que luego compu­
sieron cuerpos vivos, y solo entonces sopló el hálito divino sobre ellos
para que resucitaran y se pusieran de pie (Ez. 37). Hoy día Israel es
análoga a Ester y Mardoqueo en la corte persa. Existe en la nación poca
evidencia de una vida espiritual, ¡pero una tremenda evidencia de la
mano de Dios que obra entre ellos!
Algunas consideraciones prácticas
La crisis de los refugiados palestinos ha sido el centro de los objetivos
televisivos desde la Guerra de la Independencia, en 1948. Obviemos el
hecho de que en este siglo ha habido más judíos que han sido desposeí­
dos de sus casas y tierras en territorio árabe que en cualquier otro siglo.
Pasemos por alto el hecho de que Israel absorbió rápidamente a 60.000
judíos durante los años posteriores a 1948, mientras que los países ára­
bes, que tienen billones de dólares gracias a su petróleo, mantienen
hasta hoy día a los palestinos en penosos campos de refugiados.5 El
corazón se angustia al observar la humillación de los palestinos árabes.
Sin embargo, la compasión no debería distorsionar la realidad. Los da­
tos objetivos revelan que (a) Israel es la única democracia en medio de
un mar de gobiernos despóticos y de tendencias socialistas; (b) la misma
libertad de expresión que permite a los periodistas entrar en Israel e
incluso criticarla, es algo inexistente en la mayoría de los países vecinos,
y la propia OLP la prohíbe: (c ) Israel, con gran diferencia, vota con los
Estados Unidos dentro de las Naciones Unidas en un porcentaje muy
superior al de cualquier país árabe; y (d) si exigiéramos que se devolvie­
ran todas las tierras obtenidas como botín de guerra a sus respectivos
propietarios, entonces los Estados Unidos dejarían de existir.6
Una elección: Jerusalén y Antioquía o Alejandría y Roma
La obra apologética de C. S. Lewis popularizó la concisa expresión:
“Lunático, embustero o Señor de todo”, como las tres únicas opciones
Thomas N . D avis: Los d erech os que tiene Israe l sobre P ale stin a 133

de que disponen las personas cuando se enfrentan a la cuestión de la


identidad de Jesús. En el caso de los derechos israelitas sobre Palestina
podemos hacer una reducción parecida. La elección divina de Israel es
o bien un cuento de hadas, una invención, o el determinante definitivo
del destino mundial. Alejandría (donde se desarrolló la interpretación
alegórica de las Escrituras) y Roma (donde reside el poder temporal de
la iglesia) no deberían reemplazar a la elección que hizo Dios de Israel
(la capital espiritual y física del mundo) y de Antioquía (la iglesia natal
de Pablo y la sede de la interpretación literal de la enseñanza bíblica).
Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante
de tu rostro>y tu trono será estable eternamente... Así
habló Natán a David.
2 Samuel 7:16-1 7

C u a n d o nuestro Señor enseñó a sus discípulos a orar "Venga


tu reino", no estaba pensando que este mundo iría cada vez
mejorando hasta acabar siendo un reino de amor y de luz; no,
se estaba presentando a sí mismo como el rey de ellos, quien
establecería su reino terrenal, dispuesto en el propósito eterno
de Dios, prometido en los pactos eternos de Dios, y demostra­
do en el Hijo eterno de Dios.
C a p í t u l o 11

Vengo tu reino: El derecho


de Cristo ol trono
Thomas 0. Fígarr

en el reino de Dios y el reino de los cielos


M u c h a s p e r so n a s p ie n s a n
como si fueran conceptos estrictamente espirituales, que tienen su
cumplimiento en la iglesia cristiana. Parte de los motivos para soste­
ner esta postura es que, según su teología, los judíos rechazaron a
Cristo como Mesías, y por tanto han dejado de ser el pueblo escogido
por Dios. Todas sus bendiciones prometidas se concentran ahora en
las vidas de aquellos que han aceptado a Cristo, de modo que el reino
de Dios es aquí y ahora. Otro de los motivos radica en los himnos de la
iglesia. Uno de los himnos misioneros más queridos dice que la oscuri­
dad se convertirá en luz del alba, el alba en un mediodía radiante, y
entones el gran reino de Cristo descenderá a la tierra: ¡el reino del
amor y de la luz!
Cuando nuestro Señor enseñó a sus discípulos a orar “Venga tu rei­
no”, no estaba pensando que este mundo iría cada vez mejorando hasta
acabar siendo un reino de amor y de luz; no, se estaba presentando a sí
mismo como el rey de ellos, quien establecería su reino terrenal, dis­
puesto en el propósito eterno de Dios, prometido en los pactos eternos
de Dios, y demostrado en el Hijo eterno de Dios.
136 La cu en ta regresiva a l A rm a ce d ó n

El trono y el reino dispuestos según


el propósito eterno de Dios
Si partimos de Isaías 46:10, es evidente que Jehová ha declarado el
fin desde el principio, inclusive el hecho de que Él pondrá “salvación en
Sion, y mi gloria en Israel” (v. 13); según el Salmo 33:11, está claro que
“El consejo de Jehová permanecerá para siempre”; y si leemos Efesios
1:11, veremos que Él “hace todas las cosas según el designio de su volun­
tad”. Pero es en Mateo 25: 31, 34 donde Cristo dio instrucciones especí­
ficas acerca del momento en que se sentaría en el trono: “Cuando el
Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él,
entonces se sentará en su trono de gloria... Entonces el Rey dirá a los de
su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado
para vosotros desde la fundación del mundo”.
Esta es la promesa que recibieron los gentiles dentro del contexto del
discurso en el Monte de los Olivos, después de que Cristo hubiera dado
las mismas garantías a los elegidos de entre Israel sobre el momento de
su regreso a este mundo “con poder y gran gloria” (Mt. 24:30). Lo que
esto demuestra es que Cristo establecerá un reino mundial y un trono,
y que no será por casualidad; fueron preparados por el Padre al principio ,
del mismo modo que Cristo, el Cordero, fue “destinado desde antes de
la fundación del mundo” (1 P. 1:20) para alcanzar nuestra salvación, ser
glorificado (1 P. 1:21) y cumplir el propósito de Dios relativo al reino.
El trono y el reino prometidos
en los pactos eternos de Dios
Por curioso que pueda parecer, los llamados teólogos del pacto nun­
ca resuelven adecuadamente los pactos bíblicos que Dios hizo con Is­
rael. En lugar de ello, han formulado el “pacto de las obras” y el “pacto
de la gracia”, que no forman parte de la Palabra de Dios. En realidad, el
verdadero teólogo del pacto es el dispensacionalista que reconoce que
cuatro de los cinco pactos hechos con Israel se definen como “eternos”,
o “para siempre”, inclusive el de Abraham, el de David, el palestino y el
nuevo pacto. Solo hay un pacto, el mosaico, la ley, que se ha cumplido
plenamente en Cristo (Mt. 5:17-18; Jn. 1:17; Gá. 3:13-14). Entonces, ¿qué
revelan estos pactos eternos sobre el trono y el reino?
T ho m as O . F ig art : V e n g a tu reino: E l d e re ch o de C r is t o a l t r o n o 137

El pacto con Abraham: Génesis 12:1-3


Hay una serie de elementos básicos para la formación de un reino: el
territorio que ocupa, las generaciones de “semilla” (seres humanos) y los
“reyes” (gobernantes) que deben administrarlo. En el pacto con Abraham
se cumplieron todos estos requisitos, que aparece por primera vez en
Génesis 12:1-3 y que Dios reiteró y confirmó en diversas ocasiones tanto
a Abraham como a su descendencia.
Por tanto, en primer lugar, tenemos el territorio: “Pero Jehová había
dicho a Abraham: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu
padre, a la tierra que te mostraré” (Gn. 12:1, cursivas añadidas). Esta
promesa sobre la tierra fue la que Dios reiteró a Isaac en Génesis 26:3 y
ajacob en Génesis 35:12.
Una segunda promesa fue la de la provisión de “semilla ” humana
necesaria para formar la nación. Esto se menciona específicamente en
cinco de los pasees que ya hemos citado, además de la promesa original
que hallamos en Génesis 12:2, de que Dios haría de Abraham “una gran
nación ’ (cursivas mías). En esos pasajes, en dos ocasiones, la tierra se
define como “suya para siempre, como una posesión eterna”.
La tercera parte de estas promesas radicó en que “reyes saldrán de tus
lomos” (Gn. 35:11, cursivas mías). Justo antes de que Jacob muriese, dio
su bendición a las doce tribus de Israel. La línea genealógica de los reyes
no procedería de Rubén, el primogénito, como hubiera sido de esperar,
porque Rubén mancilló el lecho de su padre debido a que “durmió con
Bilha la concubina de su padre” (Gn. 35:22). Ni siquiera José, el amado,
quien les sustentó en Egipto, sería el progenitor de los reyes del sur; uno
de sus hijos, Efraín, fue el padre de los reyes del reino del norte. Pero
los auténticos reyes provendrían de Judá (Gn. 49:8-12). En ese pasaje se
hace mención de que “no será quitado el cetro de Judá, ni el legislador
de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pue­
blos” (v. 10).
Históricamente hablando, los reyes del reino del sur provinieron de
Judá, por medio de la familia de David, el ancestro de Jesucristo. La
palabra Siloh se ha interpretado como una referencia al Mesías desde
dos puntos de vista. Primero, puede estar gramaticalmente relacionada
con shalom (paz), y por tanto con el Mesías, como el “Príncipe de paz”
(Is. 9:6); o también puede significar “aquel que tiene el derecho”, como
138 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

relación con Ezequiel 21:27, donde la corona del verdadero príncipe de


Israel será concedida cuando “venga aquel cuyo es el derecho, y yo se lo
entregaré”.1
En resumen, el pacto con Abraham prometía la tierra, la nación y el
trono, todo lo cual se reuniría en la persona de Jesucristo, que tiene el
derecho de sentarse en el trono de David, su padre, y gobernar sobre la
casa de Israel: “Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has
hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y
darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será
llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su
padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no
tendrá fin” (Le. 1:30-33).
El pacto palestino: Deuteronomio 28—30
Este es el pacto que hizo Jehová con Israel cuando estaban en la tierra
de Moab, dispuestos para poseer la tierra de Palestina: “Estas son las
palabras del pacto que Jehová mandó a Moisés que celebrase con los hijos
de Israel en la tierra de Moab, además del pacto que concertó con ellos
en Horeb” (Dt. 29:1). No podemos confundir este pacto con el mosaico
(la Ley), o con el de Abraham, pues estos dos son anteriores. En este
pacto palestino, se quitaron a Sehón y a Og las tierras de Hesbón y Basán,
y se dieron “por heredad a Rubén y a Gad y a la media tribu de Manasés”
(Dt. 29:8). Después, el Señor haría entrar a las otras diez tribus en
tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplica­
rá más que a tus padres” (Dt. 30:5, cursivas mías). Esto incluía “toda la
tierra de Canaán en heredad perpetua ” (Gn. 17:8, cursivas añadidas).
El pacto palestino, relativo a la posesión eterna del territorio, ¿cómo
contribuye a demostrar los derechos que tiene Cristo sobre el trono?
Las profecías de las tres dispersiones de Israel, la primera a Egipto (Gn.
15:13), luego a Babilonia (Jer. 25:11) y por último a todas las naciones
(Le. 21:20-34), se han cumplido literalmente. También se han cumplido
históricamente las profecías relativas a los dos primeros regresos a su
tierra. Por tanto, las relativas al tercer regreso también se cumplirán
literalmente. Desde que Israel fue declarada nación, en 1948, los judíos
han regresado a Israel desde todos los puntos del mundo, y su plena
restauración cumplirá, al fin, promesas como las de Isaías 11.1-12, Jeremías
T ho m as O . F ig art : V e n g a tu reino: E l d e re ch o de C r is t o a l t r o n o 139

31:31-34 (cuando la tierra florecerá y prosperará bzgo la mano del Mesías)


y Amos 9:11, 12, 15, cuando Dios dice: “En aquel día yo levantaré el
tabernáculo caído de David, y cerraré sus portillos y levantaré sus rui­
nas, y lo edificaré como en el tiempo pasado, para que aquellos sobre
los cuales es invocado mi nombre posean el resto de Edom, y a todas las
naciones, dice Jehová que hace esto... Pues los plantaré sobre su tierra, y
nunca más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová
Dios tuyo” (cursivas añadidas). Esto sucederá cuando “volverán los hijos
de Israel, y buscarán a Jehová su Dios, y a David su rey; y temerán a
Jehová y a su bondad en el fin de los días” (Os. 3:5). Dentro del contexto
de Hechos 15, cuando Santiago demuestra que la salvación que ofrece
Jesucristo no es solo para judíos, sino también para gentiles, la relaciona
con este mismo pas¿ye de Amos 9:11-15, como prueba (Hch. 15:15-18).
El pacto con David: 2 Samuel 7:8-17
Tal y como es evidente a partir de la cita de Lucas 1:30-33, el pacto
davídico también está involucrado en el proceso de establecer las prue­
bas de que Cristo tiene derecho a ser el rey venidero. En el pacto con
David, debemos destacar siete aspectos diferentes: “y te he dado nombre
grande” (v. 9); “yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que
habite en su lugar y nunca más sea removido” (v. 10); “Jehová te hace
saber que él te hará casa” (v. 11); “yo levantaré después de ti a uno de tu
linaje ” (v. 12); “y afirmaré su reino” (v. 12); “y yo afirmaré para siempre el
trono de su reino” (v. 13); y. en el versículo 16: “Y será afirmada tu casa
y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eterna­
mente” (2 S. 7:9-10-13, 16, cursivas añadidas).
El salmo 89 es el salmo del pacto davídico por excelencia, y deja claro
que, aunque la desobediencia de David le acarrearía un castigo a él o a
su descendencia, el pacto seguirá siendo firme eternamente: “Hice pac­
to con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: para siempre con­
firmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones.
(Selah)... Si dejaren sus hijos mi ley, y no anduvieren en mis juicios...
Entonces castigaré con vara su rebelión, y con azotes sus iniquidades.
Mas no quitaré de él misericordia, ni falsearé mi verdad. No olvidaré mi
pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios” (Sal. 89:3-4, 30-34,
cursivas añadidas).
140 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

En resumen, todas las promesas del pacto con Abraham se duplican


en el davídico, con la garantía añadida de que el error humano no pue­
de conseguir que Jehová cambie de idea o altere las promesas que hizo a
David y a su descendencia. El profeta Jeremías vivió en la época de la
destrucción del reino de David a manos de los babilonios; sin embargo,
incluso en aquellos momentos profetizó un reino davídico restaurado,
con un rey al frente: “He aquí que vienen días, dice Jehová, en que
levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey , el cual será dichoso,
y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel
habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ,
JUSTICIA NUESTRA” (Jer. 23:5-6, cursivas añadidas). Entonces Jeremías
añadió que el pueblo dirá: “Vive Jehová que hizo subir y tr¿yo a la des­
cendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras
adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra ” (23:8, cursivas
añadidas). Esto quiere decir que las Escrituras no respaldan ningún in­
tento de transferir las bendiciones de Israel a la iglesia, motivado por la
desobediencia de la nación judía, o de cualquiera de sus miembros, ¡y
por tanto no debería formar parte de la teología cristiana! Tampoco
debemos confundir el trono de David con aquel sobre el que se sienta
Cristo a la diestra del Padre en los cielos (He. 1:3, 13; 8:1; 10:12; 12:2). Si
el trono de David debe ser eterno, entonces las afirmaciones que hacen
las Escrituras acerca de que Cristo se sentará en el trono de Israel, que
ocupará una tierra propia, y que reinará sobre la casa de Israel, se de­
ben cumplir literalmente, porque si no este lenguaje no significa nada.
El nuevo pacto: Jeremías 31:31-34
Del mismo modo que el profeta Jeremías dio la promesa de Jehová
sobre un reino davídico restaurado, también registró la promesa divina
del “nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá” (Jer. 31:31).
Este pacto constituiría un contraste con el mosaico (31:32). Vendría en
el futuro, “después de aquellos días” (v. 33) de tribulación, cuando la
nación, como un todo, servirá a Dios y le conocerá, y cuando el Señor
dice que “no me acordaré más de su pecado” (v. 34). La promesa dice
que la nación permanecerá “eternamente” (v. 36), y que se reconstruirá
la ciudad de Jerusalén, que “no será arrancada ni destruida más para
siempre” (v. 40).
T ho m as O . F ig art : V e n g a tu reino: E l d erech o de C r is t o a l t r o n o 141

¿Qué relación tiene Jesucristo, el Mesías, con este nuevo pacto? Jesús
es esencial para su existencia, porque es “el Mediador del nuevo pacto”
(He. 12:24, cursivas añadidas), porque fue hecho en su sangre: “Porque
esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para
remisión de los pecados” (Mt. 26:28, cursivas añadidas).
Todas estas promesas contenidas en los pactos eternos culminarán
en la declaración de los “millones de millones, que decían a gran voz: El
Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la
sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Ap. 5:11-12).
El trono y el reino manifestados en el Hijo eterno de Dios
Demostrados en su genealogía: Mateo 1:1-17; Lucas 3:23-28
En el Evangelio de Juan el título “hijo de David ” no aparece ni siquiera
una sola vez, y la expresión “el linaje de David”, refiriéndose al Mesías,
solo se usa una vez, en Juan 7:42, donde es el pueblo el que razona de esta
manera: “¿No dice la Escritura que del linzye de David, y de la aldea de
Belén, de donde era David, ha de venir el Cristo?” Es en el Evangelio de
Mateo donde hallamos el título “hijo de David ” nueve veces, aplicado a
Cristo. Y no es de extrañar que así sea, porque Mateo pone énfasis en
Cristo como rey. Si Cristo es el legítimo heredero del trono de David,
como el ángel Gabriel le reveló a María antes de que concibiese a Jesús
(Le. 1:31-33), entonces era de esperar que su genealogía reflejara este
hecho directamente, ¡y lo hace!
Mateo 1:1 comienza diciendo: “Libro de la genealogía de Jesucristo,
hijo de David, hijo de Abraham...”, lo cual lo relaciona inmediatamente
con los pactos de Abraham y de David; Mateo menciona primero a
David porque pondrá el énfasis sobre él. Por medio del hijo de David,
Salomón (v.6), se traza la genealogía de Cristo, que le otorga el derecho
legal al trono de David. En el versículo 16 se añade una prueba más,
mediante los términos específicos “Jesús, llamado el Cristo”.Jesús (Joshua)
era un nombre común, de modo que en este caso esta identificación le
distingue como a “Jesús, aquel a quien llamaban el Mesías”. Por consi­
guiente, se presenta como el hijo legal de José, heredero al trono de
David. Sin embargo, aunque esto ayuda a resolver un problema, crea
otro. Según Jeremías 22:24-30, Dios maldijo a Conías (Jeconías), de modo
que ninguno de sus descendientes pudiera sentarse en el trono de Da­
142 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

vid; por tanto, el Mesías no podía nacer de la familia de Salomón, del


cual era descendiente Jeconías.
Así, en Mateo 1:16, cuando se traza el linzge de Cristo siguiendo el de
José, se le llama “marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el
Cristo”. La frase “de la cual” es femenina, de modo que la importancia
recae en la madre de Jesús, no en José. McNeile aclaró este punto cuan­
do escribió: “La naturaleza de esta genealogía demuestra que egennesen
denota una descendencia legal, no necesariamente física: no es hasta
que se menciona a la madre del Señor cuando se altera esta fórmula,
introduciendo egennethe, que indica un nacimiento físico”.2
Dicho de otra manera, toda esta lista utiliza la palabra “engendró”
(<egennesen, aoristo activo), que significa simplemente eso, “engendrar”;
no denota necesariamente una paternidad inmediata, sino meramente
una descendencia directa. Sin embargo, cuando habló del nacimiento
de Cristo por medio de María, Mateo usó el aoristo pasivo (egennethe),
demostrando un nacimiento directo, inmediato.
La genealogía de Lucas (Le. 3:23-88), comienza con “Jesús mismo” (v.
23), y va trazando la línea familiar hasta David, pasando por Natán en
lugar de hacerlo por Salomón (Le. 3:31). Natán también fue hijo de
David y Betsabé (1 Cr. 3:5). Esta lista omite la maldición sobre Jeconías,
y por tanto debe tratarse de la genealogía de Cristo por medio de su
madre, María. Godet ha expuesto un análisis excelente y muy amplio
sobre esta genealogía, para aclarar una serie de puntos muy relevantes.3
Los comentarios de Godet se centran en Lucas 3:23: “Jesús mismo al
comenzar su ministerio era como de treinta años, hijo, según se creía,
de José, hijo de Eli”. El griego transliterado es: “on (hos enomidzeto) huios
Ioseph, tou Heli”. Traducido literalmente, esto dice: “siendo (como se supo­
nía) hijo de José, del Elf. Godet observó que el artículo definido “el” se
omitía “...antes del nombre de José. Este término se encuentra delante
de todos los nombres comprendidos en las listas genealógicas... Esta
falta de artículo hace que el nombre de José quede fuera de esas listas,
hablando en términos estrictos... Si Lucas hubiera pretendido que el
nombre José constituyera el fundamento de toda la serie genealógica,
ese nombre hubiera quedado fijado y determinado por el artículo defi­
nido, con mucho más motivo que los nombres que vienen después. Por
tanto, el genitivo tou Heli (de Eli) depende no de José, sino más bien de
Thomas O . F ig a rt: V e n g a tu reino: El d e re ch o de C r is t o a l t r o n o 143

la palabra hijo... Según esta lectura, lo único que nos falta es hacer que
tou Heli dependa del participio on: “Jesús... siendo... [nacido] de Eli”.
Podemos encontrar una antítesis entre el hecho real (on, “siendo”) y el
aparente (enomidzeto, “como se creía”): “siendo, como se creía, un hijo de
José, nacido [en realidad] de El픓.4
Partiendo de todo esto, Godet llegó a dos conclusiones. Primero, que
la genealogía de Lucas es la de Eli, padre de María y abuelo de Jesús; y
segundo, que esto se opone a su filiación por parte de José, pero no
puede ser otra cosa que la genealogía de Jesús por línea materna, la de
María. Esto es porque las madres no solían aparecer en las listas
genealógicas: “Solo había una manera de salvar el vacío que representa­
ba la ausencia del padre entre abuelo y padre, a saber, introducir el
nombre del padre supuesto, comentando al mismo tiempo la falsedad de
esa creencia”.5
En su completo análisis sobre el Evangelio de Lucas, Darrell Bock
hace una lista de seis teorías relativas a las genealogías, pero encuentra
discrepancias en cada una de ellas. Y concluye diciendo: “No obstante,
el objetivo de la genealogía es obvio. Jesús tiene derecho al trono por
medio de David, y está relacionado con el resto de la humanidad por
medio de Adán”.6 Sin embargo, el punto de vista que presenta Godet
resuelve muchas de las dificultades y satisface los requisitos principales,
a saber: que el Evangelio de Mateo da la genealogía de José, mantenien­
do así el derecho legal de Cristo al trono de David. Y el Evangelio de
Lucas presenta la genealogía de Cristo por medio del padre de María,
Eli, afirmando así el derecho natural de Cristo al trono de David.
La demostración de los cuatro testigos: Juan 5:33-39
En la primera parte de Juan 5, Jesús sanó a un hombre paralítico
junto al estanque de Betesda, en Jerusalén. Poco después, los judíos le
acusaron de transgredir el sabbath. Cuando Jesús respondió: “Mi Padre
hasta ahora trabaja, y yo trab¿yo” (Jn. 5:17), los judíos pretendieron
matarle, porque no solo no había respetado el día de reposo, sino que
había dicho que Dios era su padre, haciéndose igual a Dios. Aquellos
judíos entendieron correctamente dos cosas que Jesús había afirmado:
que Dios era su propio Padre (idios, su verdadero Padre, en un sentido
en que nadie más podía afirmarlo), y que se hacía igual a Dios (isos, igual
144 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

en persona). Inmediatamente después de este episodio, Jesús dio un


amplio testimonio de su relación con el Padre (Jn. 5:19-31), y tras este
hizo una lista de cuatro testigos que daban fe de su persona y obra.
Cada uno de los tres primeros testigos se puede relacionar directamen­
te con el cuarto, las Escrituras. Juan el bautista es el primero, y luego
tenemos las obras de Jesús, el Padre y, por último, las Escrituras.
El testimonio de Juan el bautista: Juan 1:15-34; cp. Isaías 40:1-5. En
este pasaje se menciona cuatro veces ajuan el bautista como “testigo” de
Jesús, y el propósito del ministerio de Juan es el de que Él “fuese mani­
festado a Israel” (Jn. 1:31). Juan afirmaba que él era el menssyero profe­
tizado en Isaías 40:3, un pasaje que cita como prueba. Si hubiera citado
el versículo 5, hubiese llegado al momento en que “se manifestará la
gloria de Jehová, y toda carne juntamente la verá”. Por consiguiente,
Juan no solo da testimonio de Jesús como Cordero de Dios y el unigénito
del Padre, sino como aquel que un día enderezará los caminos torcidos
y allanará los lugares escabrosos, ¡cuando revele la gloria de Jehová a
toda la tierra! ¡Y esto solo será posible en un reino mesiánico terrenal!
El testimonio de sus milagros: Juan 7:31; cp. Isaías 35:5-6. “Y mu­
chos de la multitud creyeron en él, y decían: El Cristo, cuando venga,
¿hará más señales de las que éste hace?” (Jn. 7:31). Aparentemente, los
judíos esperaban a un Mesías que hiciera milagros, partiendo de profe­
cías como la de Isaías 35:5-6, que especifica que “entonces los ojos de
los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán. Entonces
el cojo saltará como un ciervo, y cantará la lengua del mudo”. Sin em­
bargo, Cristo había hecho cosas superiores a estas: había multiplicado los
panes y los peces, caminado sobre el agua, calmado el mar agitado de
Galilea, ¡y había resucitado a muertos! Esto motivó al apóstol Juan a
escribir: “Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus
discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han
escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que
creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn. 20:30-31). ¿Qué más testimo­
nio es necesario de que Jesús ha demostrado (por medio de sus obras)
su derecho a gobernar como el Hijo de David, el Mesías, el Hijo de
Dios?
El testimonio de su Padre: Salmos 2, 45, 102, 110. Cuando Jesús
dijo: “También el Padre que me envió ha dado testimonio de mí” (Jn.
T hom as O . F ig art : V e n g a tu reino: E l d e re ch o de C r is t o a l t r o n o 145

5:37), es posible que se refiriera a la voz de su Padre, que se dejó oír en


su bautismo (Mt. 3:17) y en su transfiguración (Mt. 17:5); o también es
posible que estuviese inclusive en esa afirmación el testimonio de su
Padre contenido en el Antiguo Testamento, como queda ejemplificado
en los salmos 2, 45, 102 y 110.
1. Salmos 2:6-9; cp. Hechos 13:33; Hebreos 1:5. El segundo salmo
contiene profecías sobre las dos venidas del Mesías. Con respecto a la
primera, el salmo 2:1-4 predice el antagonismo de los reyes y gobernan­
tes contra el Señor y su Mesías. El cumplimiento de esta profecía tuvo
lugar durante la crucifixión de Cristo, como registró Pedro en Hechos
4:25-27. En el salmo 2:6-9, lo que se tiene en mente es la segunda venida
del Mesías cuando, como Jehová da testimonio: “Pero yo he puesto mi
rey sobre Sion, mi santo monte” (v. 6). En el versículo 8, Jehová declara:
“Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como posesión tuya los
confines de la tierra”. En Hechos 13:33, Pablo citaba el salmo 2:7 para
referirse a la resurrección de Cristo, demostrando así que la crucifixión
durante la primera venida quedó superada por su resurrección victorio­
sa, capacitándole para cumplir las profecías de la segunda venida, cuan­
do volverá a gobernar como rey sobre los confines de la tierra. Hebreos
1:5 usa el salmo 2:7 para demostrar que Jesús es superior a los ángeles,
porque Dios nunca le dijo a un ángel: “Mi hijo eres tú, yo te he engen­
drado hoy”. Jesús no solo era el hijo eternamente engendrado de Dios,
¡sino que también fue el primogénito de entre los muertos!
2. Salmo 45:6-7; cp. Hebreos 1:8-9. Este salmo habla del trono del
Mesías, del cetro de su reino, de su justicia y del hecho que “Dios le ha
ungido ” por encima de los ángeles. En Hebreos 1:8-9 se profetiza que
esto lo cumplirá el Hijo de Dios. Resulta significativo que el texto griego
sea muy enfático, dado que dice: “Mas del Hijo dice [es decir, en con­
traste con los ángeles, que solo son ministros de Dios]: Tu trono, oh el
Dios [Ho thronos sou, Ho Theos], por el siglo del siglo” (v. 8, cursivas
añadidas). Así, hay otro testimonio directo del Padre, que incluye dos
hechos: que Cristo tendrá su propio trono, y que ¡Dios mismo le procla­
ma como “el Dios”\
3. Salmo 102:24-27; cp. Hebreos 1:10-12. Aquí el Padre consuela al
Mesías agonizante, quien dice: “Dios mío, no me cortes en la mitad de
mis días”, diciéndole que los años del Mesías “por generación de gene­
146 L a c u en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

raciones no se acabarán”, y que ese Mesías, que creó los cielos y la


tierra, ¡sobrevivirá a la antigua creación y cambiará esos cielos y esa
tierra! ¿Cómo sabemos que se refiere al Mesías? Una vez más, el libro de
Hebreos (1:10-12) lo deja claro citando estos versículos, que son un tes­
timonio oral y directo del Padre, como una prueba de superioridad del
Hijo de Dios por encima de los ángeles.
4. Salmo 11:1-12; cp. Hebreos 1:13. Esta cuarta profecía que da testi­
monio de parte del Padre se cita en diversas ocasiones en el Nuevo
Testamento. Por ejemplo, en Mateo 22:15-40, Cristo respondió pacien­
temente todas las preguntas de los herodianos, los saduceos, los fariseos
y los escribas. Después de esto, les preguntó: “¿Qué pensáis del Cristo?
¿De quién es hijo? Le dijeron: De David. El les dijo: ¿Pues cómo David
en el Espíritu [es decir, en el Espíritu Santo; cp. Mr. 12:36] le llama
Señor, diciendo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta
que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? Pues si David le llama
Señor, ¿cómo es su hijo?” (Mt. 22:42-45).
Esta pregunta no tenía respuesta. Al llamar la atención de ellos sobre
su reino, Jesús demostró tres cosas: primero, que Cristo el Mesías es hijo
de David; segundo, que Cristo el Mesías es Hijo de Dios; y tercero, que
Cristo el Mesías se sentará a la diestra de Jehová hasta que Dios le envíe
a gobernar sobre sus enemigos. El libro de Hebreos también usó este
pasaje para demostrar que Cristo, el Mesías, es superior a los ángeles
(He. 1:13); y, además, que, “habiendo ofrecido una vez para siempre un
solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí
en adelante esperando que sus enemigos sean puestos por estrado de
sus pies” (He. 10:12-13).
En resumen, estos cuatro salmos, que se citan tanto en Hebreos como
en otros pasajes, evidencian claramente que es el Padre el que pronun­
cia estas palabras de testimonio sobre el derecho que tiene Cristo a
ocupar el trono.
El testimonio de las Escrituras: Juan 5:39. Ya hemos visto que las
Escrituras respaldan el testimonio de Juan el bautista, el de las obras
milagrosas de Cristo y el del testimonio del Padre. En el Antiguo Testa­
mento hay muchas otras profecías relativas a su nacimiento (Is. 7:14; 9:6;
Mi. 5:2; cp. Mt. 1—2); su muerte (Sal. 22:1-21; cp. Mt. 27); su resurrec­
ción (Sal. 16:10; Is. 53:10b); su ascensión (Is. 52:13); su regreso (Sal.
T h o m as O . F ig art : V e n g a tu reino: E l d e re ch o de C r is t o a l t r o n o 147

24:7-10), y su reinado terrenal sobre el trono de David (Sal. 72:2-8; 89:3-


4, 29-37).
Conclusión
El mejor resumen que podemos encontrar sobre el derecho que tie­
ne Cristo al trono se condensa en su respuesta a la pregunta de los dos
discípulos en el camino de Emaús, cuando ellos le dijeron: “Pero noso­
tros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora,
además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido”.
Entonces Él les dijo: “¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer
todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo
padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Y comenzando desde
Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras
lo que de él decían ’ (Le. 24:21, 25-27, cursivas añadidas).
Vi a la mujer ebria de sangre de los santos, y de la sangre
de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombra­
do con gran asombro.
Apocalipsis 17:6

C a d a vez hay un número mayor de personas "racionales",


inclusive a psiquiatras de famosas universidades, que hablan
de abducciones extraterrestres. Se nos informa regularmente
de Ovnis. Cada año se invierten millones de dólares en la bús­
queda de vida inteligente en el universo. Los creyentes de la
Nueva Era proclaman que los terrestres debemos abrir el cora­
zón y la mente para recibir a esos tan evolucionados
extraterrestres, de modo que estos puedan ofrecernos la máxi­
ma ayuda posible cuando vengan. ¿Es demasiado exagerado
decir que esta puede ser la manera en que Satanás prepara a la
humanidad para la invasión de las hordas demoníacas durante
el último conflicto de este planeta?
C a p í t u l o 12

Lo religión mundial futuro


David Breese i| Thomas N. Davis
dominantes en las Escrituras es el de la rebelión de Sata­
U n o de lo s tem as
nás contra Dios. Dios planea gobernar a la humanidad por medio de una
“teocracia” (“gobierno de Dios”). Satanás, desde el principio de la historia
de este mundo, ha intentado establecer una “satanocracia” (“gobierno de
Satanás”). Isaías 14:12-14 y Ezequiel 28:1-19 critican a los reyes de Babilonia
y de Tiro, respectivamente, pero es evidente que nos llaman la atención
sobre el espíritu maligno que les ayudó en sus maldades, con lo cual nos
ofrecen algunas pistas sobre el origen de Satanás y cómo cayó de su estado
de gracia.1 El orgullo se identifica como el pecado que motivó la caída de
Satanás, y desde aquel momento este ha sido un engañador y un asesino,
intentando destruir el programa divino para la historia humana (Jn. 8:44).
Dado que el engaño es su principal modus operandi, no debería sor­
prendernos que Pablo, Pedro, Juan y Judas advirtiesen, ya al principio
de la era de la iglesia, sobre el peligro que suponían los falsos profetas y
la apostasía. Mateo y Revelación indican que el distintivo de la observan­
cia religiosa durante la tribulación será el judaismo y el cristianismo
influido por los demonios (Mt. 12, 24; Ap. 9, 13, 16). Otra advertencia
sutil pero igualmente importante es que los falsos maestros se jactarán
de tener poder sobre Satanás, afirmando que serán capaces de manipu­
larlo a él y a sus acólitos demoníacos (Jud. 8-23; 2 P. 2.10-22). En 1
Timoteo 4:1 se nos ofrece una sucinta advertencia: “Pero el Espíritu
dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la
fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios”.
149
150 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

La apostasía
La palabra apostasía es un compuesto de dos términos griegos, apo
(“lejos de”) y istimi (“permanecer”). Significa estar lejos de donde uno
solía estar. Según el uso bíblico se refiere a un distanciamiento doctrinal
de las enseñanzas bíblicas que un día se admitieron. A partir de
Colosenses y de Gálatas es evidente que las dos doctrinas clave amena­
zadas por la apostasía son la persona de Jesucristo y su obra (su deidad
y su expiación cruenta y sustituta). Resulta significativo que todas las
distorsiones principales del cristianismo bíblico manifiesten un malen­
tendido de una de estas doctrinas o de las dos. Esto incluye al catolicis­
mo romano, que enseña un plan de la salvación basado en las obras; las
sectas, tales como las de los Testigos de Jehová y los Mormones, que
niegan la deidad de Cristo y la salvación solo por fe; y también el libera­
lismo clásico, que creen insostenible tanto la deidad de Jesús como la
expiación por su sangre.
En la historia reciente de la iglesia (1870-1900 d.C.), las filosofías
europeas, sobre todo la alemana, se introdujeron en las universidades y
seminarios del mundo occidental, socavando la creencia en lo sobrena­
tural. A medida que crecía la confianza del ser humano en su capacidad
de entender la ciencia, también aumentaba la tendencia a explicar to­
dos los fenómenos por medio de causas meramente naturales. Estas
filosofías se caracterizan por los términos naturalismo, materialismo, evo­
lución y humanismo. Su aplicación a la teología resultó devastadora para
el cristianismo tradicional.
La teología ortodoxa frente a la liberal
SOBRENATURALISMO NATURALISMO
(CENTRADO EN DIOS): (CENTRADO EN EL HOMBRE):
Nacimiento virginal Cristo humano en quien habitaba Dios
Expiación vicaria Su muerte solo fue un ejemplo
Resurrección corporal No hay resurrección
Escrituras infalibles Libro humano sujeto a errores
Creación divina Evolución
Humanidad depravada El hombre puede perfeccionarse
D avid B reese y T hom as N . D avis : La r e lig ió n m u n d ial f u t u r a 151

Esos pensadores “liberados” querían modernizar la teología cristiana


apelando al intelecto y a la intuición. Pretendían sustituir la autoridad
de la Biblia por el intelecto humano. Argumentaban que “la mente del
hombre es capaz de pensar igual que Dios” y que “toda verdad es verdad
divina”. Querían aplicar la teoría de la evolución a la religión, dando a
entender de este modo que “el hombre va mejorando progresivamente”.
En lo relativo a las evidentes tendencias pecaminosas del ser humano,
decían que, antes de que un niño aprenda a correr, debe gatear, dar los
primeros pasos, caerse y luego andar. Al final, el ser humano aprenderá
a superar su maldad por medio de una evolución social y psicológica.
Como resultado de esto, la “teología” del cristianismo liberal ha caí­
do en la apostasía aceptando los siguientes dogmas:
1. Bibliología: La Biblia no está inspirada por Dios, sino que es más
bien producto de momentos de intuición humana, que han penetrado
en el reino de lo espiritual (“un pensamiento exaltado”, como el que
manifestaba Shakespeare).
2. El pecado: No existe el pecado original. El hombre no está total­
mente depravado. El ser humano evolucionará hasta la perfección. El
pecado es relativo, de modo que tenemos que tener en cuenta la “ética
circunstancial”, de Joseph Fletcher. Debemos recalcar la “dignidad y
valor del ser humano”, tener en cuenta el “ascenso del hombre” y con­
solar a los que parecen quedarse cortos, usando la máxima: “los buenos
jugadores no pierden los partidos; lo único que sucede es que se les
acaba el tiempo antes de ganar”.
3. Cristo: No era divino. Su muerte fue un ejemplo de amor, no una
expiación (el “concepto del gran héroe”).
4. La salvación: Los cristianos deberían seguir el ejemplo de buenas
obras que dio Cristo, y luchar por la reforma social. Los cristianos se
enfrentan al reto de “curar las llagas abiertas de la sociedad [los barrios
bajos]”, y al de “cristianizar la sociedad”, porque “el entorno social de­
termina el carácter de la persona”.2 Se predica el famoso “evangelio
social” basándose en la idea equivocada de que la nutrición es más fuer­
te que la naturaleza. Saquemos al hombre de su barrio marginal y se
convertirá en un miembro productivo de la sociedad, elevándose aun­
que sea tirando del cordón de sus propias botas.3
5. Los acontecimientos futuros (escatología): Los teólogos liberales
152 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

dan pocos detalles sobre este punto. Afirman que al final “el bien” ven­
cerá al “mal”. El universalismo resulta muy atractivo, con su idea de que
al final incluso Judas Iscariote y Lucifer harán las paces con Dios.
6. El evangelismo (las misiones): Los misioneros deberían intentar
educar, no convertir. Lo único que hay que hacer es informar a las per­
sonas de que ya son aceptables para el Creador. Todas las religiones son
beneficiosas. El objetivo de las personas de fe debería ser el de alcanzar
la armonía ecuménica.
7. Conclusión: Usando las palabras del teólogo liberal H. Richard
Niebuhr: “Un Dios sin ira que llevó a los hombres sin pecado a un reino
sin juicio, por medio del ministerio de un Cristo sin cruz”.
El Nuevo Testamento también usa el término apostasía en un sentido
técnico. En 2 Tesalonicenses 2:3, Pablo dice: “Nadie os engañe en nin­
guna manera; porque no vendrá [aquel día] sin que antes venga la apos­
tasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición”. La
versión King James de la Biblia traduce la expresión griega “apostasía”
de este versículo como “el distanciamiento”. No se trata de una antigua
apostasía, sino de la apostasía [definitiva], cuando el mundo abandona­
rá sus religiones originales, abriendo el camino a la nueva religión del
anticristo, que dará como resultado que al final todos los moradores de
la tierra adoren su imagen (2 Ts. 2:4), y reciban su marca “por fe”,
creyendo en la mentira [definitiva] (según el texto griego de 2 Ts. 2:11).
La meta será la de unir a todo el mundo bajo un sistema religioso co­
mún. Al principio, a la cabeza del mismo estará una organización
ecuménica establecida: la “gran ramera” de Apocalipsis 17 (“la Babilonia
eclesiástica”). Al final la ramera será destruida, y el anticristo exigirá
una adoración directa. Por consiguiente, los llamamientos y movimien­
tos tendentes a la unidad eclesiástica tienen una gran importancia, a
medida que vemos cómo Satanás monta el escenario para su gran juego
final en el planeta Tierra.
Obviamente, para poder alcanzar el consenso, se debe llegar al míni­
mo común denominador. Actualmente, el tema central de esa organiza­
ción ecuménica, el Consejo Mundial de Iglesias, es: “La paternidad de
Dios y la hermandad entre los hombres”. Por supuesto, debido a ese
poderoso movimiento hacia el uso de un lenguaje carente de connota­
ciones sexistas, habrá que alterar este dogma convirtiéndolo en: “La
D avid Breese y Thomas N. D avis: L a re lig ió n m u n d ial f u tu r a 153

paternidad de Dios y la hermandad de hombres y mujeres”. Desde los


años 50, apenas pasa un año sin que se anuncien de una forma dramá­
tica conferencias y compromisos ecuménicos entre las diversas denomi­
naciones y divisiones dentro del cristianismo. Incluso el Papa actual ha
hecho comentarios favorables sobre la salvación eterna y la dignidad de
otras religiones, a pesar de los dogmas bastante exclusivistas del catoli­
cismo romano. Deberíamos darnos cuenta de que en todos esos debates
ecuménicos la tendencia es la de “regresar a Roma”, dado que, por lo
general, si alguien se compromete a algo en los concilios ecuménicos,
son los protestantes. También resulta tremendamente significativo que
en la controversia actual sobre la posición legal que ocupa Jerusalén, el
Papa haya sugerido algo que los israelitas han estado considerando: que
Jerusalén se convierta en una ciudad internacional bajo el cuidado de
Roma. Resulta difícil imaginarse a Israel desprendiéndose de su capital,
pero parece que, al menos para algunos, la internacionalización de Is­
rael sería preferible a su división (la Jerusalén oriental sería devuelta a
los palestinos).
El así llamado movimiento de la Nueva Era
Otro de los asuntos más vividos dentro del desarrollo religioso mun­
dial es el movimiento de la Nueva Era. Sus practicantes afirman estar en
contacto con “extraterrestres muy evolucionados”, “maestros ascendi­
dos” que sacarán a la humanidad del páramo de la desesperación guián­
dola a la Era de Acuario. La actriz Shirley MacLaine y su libro Out on a
Limb (Lo que sé de mí) ilustran dramáticamente la inusual popularidad
de una creencia tan estrafalaria. Como suele pasar, muchos de los
canalizadores de la Nueva Era, cuyo nombre se deriva de que funcionan
como “canales” de esas formas de vida tan altamente evolucionadas (léa­
se “demonios”) están amasando verdaderas fortunas, manipulando a los
crédulos y los desesperados. Ellos afirman que el punto culminante de
la historia humana se acerca. Incluso tienen una excusa que se han in­
ventado para justificar el rapto de la iglesia, diciendo que aquellos que
tienen “un mal karma” tendrán que marcharse de este mundo ¡para que
pueda llegar la edad de oro! De hecho, algunos admiten francamente
que esta “partida” pueda conllevar derramamiento de sangre, pero que
sería aceptable dado que aquellas pobres almas descarriadas se volve­
154 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

rían a reencarnar y tendrían otra oportunidad de unirse a “los ilumina­


dos” en ese gran salto evolutivo que llevará a la Era de Acuario.
El movimiento de la Nueva Era no tiene una sede central, ni un por­
tavoz, ni un libro sagrado. Por consiguiente, es mejor considerarlo una
asociación dispersa de creencias místicas que extrae muchos de sus dog­
mas de las enseñanzas metafísicas de las religiones orientales. Recuerda
a las “filosofías niño-flor” de los años 60. Las características generales
de esta filosofía se pueden reconocer en muchos de los nuevos sistemas
religiosos como el Nuevo Orientalismo, el Humanismo Cósmico, la
Conciencia Cósmica y el Movimiento del Potencial Humano.
Veamos algunas de las frases y palabras clave asociadas con la Nueva
Era: “despertar”, “centrado”, “energía cósmica”, “la fuerza”, “la aldea
global”, “la visión planetaria”, “yoga”, “meditación trascendental”, “es­
pacio interior”, “el tercer ojo”, “la convergencia armónica”, “la concien­
cia alterada” y la “canalización”. Algunos de los símbolos más apreciados
por los seguidores de la Nueva Era son el arco iris, las pirámides, un ojo
dentro de un triángulo, el unicornio, el Pegaso, el círculo ying-yang y la
cabeza de una cabra dentro de un pentagrama. Sienten fascinación por
las antiguas culturas y costumbres, e intentan volver a descubrir los re­
medios curativos de las hierbas, la espiritualidad y la armonía con la
naturaleza, cosas que supuestamente eran patrimonio de los indios abo­
rígenes de los diversos continentes. El supuesto poder de los cristales e
incluso las investigaciones sobre la “magia blanca” suponen poderosas
atracciones, porque intentan “hacer descender a la luna” y controlar la
energía que discurre por este universo. Quizá el elemento más reciente
introducido en este sistema sea “la hipótesis de Gaia” (Gaia era la diosa
griega de la tierra, la Madre Tierra). La hipótesis de Gaia afirma que la
tierra es un ser racional, y que se vengará de aquellos que se atrevan a
contaminar el medio ambiente.
Si bien el movimiento de la Nueva Era es solo una nueva formulación
del antiguo paganismo satánico, podemos trazar el auge moderno de su
permutación contemporánea hasta los escritos de Helena Petrova
Blavatsky. Esta mujer era una mística rusa y cofundadora de la teosofía.
Escribió Isis Unveiled (Isis desvelada) en 1877, y The Secret Doctrines (Las
doctrinas secretas) en 1888. Otros pensadores influyentes incluyen a
Alice A. Bailey (que murió en 1949), David Spangler y Benjamín Creme.
D avid Breese y Thomas N. D avis: L a re lig ió n m u n d ial f u t u r a 155

David Spangler sostiene que sus revelaciones son tan importantes como
las de Jesucristo. En 1976 publicó Revelation: The Birth of a New Age
(Revelación: El nacimiento de una Nueva Era). La editorial que publicó
su obra es la L u c í s Publishing Company (¡una abreviatura de Lucifer!).
Benjamin Creme se considera a sí mismo el Juan el Bautista del Cristo
de la Nueva Era. Afirma recibir menszyes telepáticos de ese “Cristo”;
atrae la atención internacional poniendo anuncios de una página ente­
ra en los periódicos más importantes, anunciando la pronta aparición
de ese individuo exaltado.4 En 1980 publicó Messages from Maitreya the
Christ (Mensajes de Maitreya, el Cristo).
Las enseñanzas de los sacerdotes y sacerdotisas de la Nueva Era son
eclécticas y muy amplias. La mayoría argumenta que la revelación es
constante, y que no acaba en la Biblia. Se considera a Dios una fuerza
panteísta e impersonal. Jesús fue un gran hombre sobre el que descen­
dió el poder de “el Cristo”, como lo hizo en muchos de otros héroes,
como Hércules, Khrisna, Buda y Mahoma. El hombre es, básicamente,
un ser espiritual (una “fuerza energética subatómica”). La materia no es
importante. El hombre es esencialmente bueno; de hecho, es un ser
divino. El objetivo de toda expresión religiosa (la adoración) es el de
entrar en contacto con nosotros mismos y, por consiguiente, “tener una
sola mente” con Dios (una perversión del significado bíblico de “expia­
ción”). El “mal” es únicamente un desequilibrio, una falta de armonía
en la vida, y por tanto no existe la necesidad de la salvación, en su
sentido teológico. La meditación proporciona tranquilidad, que a su vez
abre la puerta hacia la armonía. La reencarnación es el proceso
purificador que conduce al Nirvana (el “apagamiento”, la idea hinduista
y budista de la paz última, que consiste en ser absorbidos por el Alma
única). Lucifer aporta plenitud a la vida receptiva a él. No se le ha de
considerar un enemigo de Cristo, sino más bien su opuesto necesario,
igual que la electricidad requiere un polo negativo y otro positivo para
circular.5
Lucifer, como Cristo, se halla a la puerta de la conciencia huma­
na y llama. Si el hombre le dice: “Vete porque no me gusta lo
que representas, porque te tengo miedo”, Lucifer se portará
mal con esa persona. Si el hombre le dice: “Entra, y te daré mi
156 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

amor y mi comprensión, y te elevaré a la luz en la presencia del


Cristo que nace de mí”, Lucifer se convertirá en otra cosa: en el
individuo portador de ese gran tesoro, el tesoro último, que es
la luz de la sabiduría.6
Maitreya (“el Cristo”) vendrá a inaugurar una nueva era de paz, de
prosperidad sin antecedentes y de felicidad. Maitreya ya está en este
mundo, en espera del momento oportuno para revelarse a sí mismo y
su programa. Según Benjamín Creme, Maitreya descendió en julio de
1977 de su antiguo refugio en los Himalayas, pasando a residir en la
comunidad indopaquistaní de Londres. Ha estado viviendo y trabajan­
do allí, aparentemente como un hombre normal. Entre otras cosas, ese
nuevo orden mundial necesitará un nuevo gobierno, b¿go el mandato
de Maitreya. Se nos dice de él:
Todas las religiones principales llevan esperándole desde hace
generaciones. Los cristianos le conocen como el Cristo, y espe­
ran su regreso inminente. Los judíos le esperan como el Mesías;
los hindúes esperan el regreso de Khrisna; los budistas, de
Maitreya Buda; y los musulmanes aguardan al Imam Mahdi o
Mesías. Como prefiere que solo le conozcan como Maestro,
Maitreya no ha venido como líder religioso, o para fundar una
nueva religión, sino como maestro y guía para las personas de
cualquier religión, o las que no tienen. En esta era de crisis
política, económica y social, Maitreya inspirará a la humanidad
para que todos nos consideremos una familia, y creará una civi­
lización basada en compartir los bienes, la justicia económica y
social y la cooperación global. Lanzará una gran campaña para
salvar a los millones de personas que cada día mueren de ham­
bre en un mundo repleto de alimentos. Entre otros elementos
en la agenda de Maitreya, se cuenta un cambio en las priorida­
des sociales, de modo que la comida abundante, la casa, el ves­
tido, la enseñanza y el cuidado médico se conviertan en derechos
universales... Usando su influencia en secreto, el derramamien­
to de su extraordinaria energía ha sido el acicate de muchos y
dramáticos cambios en diversos campos, inclusive la caída del
D avid Breese y Thomas N. D avis: L a re lig ió n m u n d ial f u tu r a 157

comunismo en la Unión Soviética; el hundimiento del apartheid


en Sudáfrica; el acercamiento entre oriente y occidente; el cre­
ciente poder de la voz del pueblo y la tremenda atención que se
dedica en el mundo a la conservación del medio ambiente... El
Día de la Declaración, las redes universales de televisión se uni­
rán, e invitarán a Maitreya a que hable al mundo. Veremos su
rostro en la televisión, pero cada uno de nosotros escuchará sus
palabras por telepatía, en nuestro propio idioma, dado que
Maitreya influirá simultáneamente en las mentes de toda la
humanidad. Incluso los que no estén viendo la televisión ten­
drán esta experiencia. Al mismo tiempo, en todo el mundo ha­
brá cientos de miles de sanidades espontáneas. De este modo
sabremos que ese hombre es realmente el Maestro Universal de
la humanidad.7
Una evaluación del movimiento de la Nueva Era
Alguien puede preguntarse qué sucede cuando un canalizador recibe
un mensaje proveniente del mundo invisible. En muchos casos es evi­
dente que ese médium es un fraude. Los lingüistas han realizado estu­
dios sobre cierto número de esos hombres-medicina actuales. Sus
“entidades” afirman haber vivido en un determinado período de la his­
toria humana, pero sin embargo, su acento, vocabulario y conocimien­
tos prácticos de esa época son tremendamente incorrectos.8 Si fueran
“auténticos”, o incluso demonios, ese lenguaje y esos conocimientos
serían precisos.
Las Escrituras enseñan que los demonios son capaces de hacerse pa­
sar por humanos. De hecho, la expresión veterotestamentaria “espíritu
familiar” se basa en la idea de que a los demonios se les ordena “familia­
rizarse” con una persona para imitarla después de la muerte, para enga­
ñar a los vivos. Esta era la práctica de la bruja de Endor en 1 Samuel 28.
Observando lo que enseñan estas diversas entidades, debería quedar
claro su origen demoníaco. Un periodista escribe: “No existe la muerte;
el hombre es Dios; en el conocimiento de uno mismo radica la salvación
y el poder”.9
Es interesante percibir el impacto que ha tenido la teoría de la evolu­
ción sobre el pensamiento del siglo XX. Ha destruido el sobrenaturaiismo,
158 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

enviando al ser humano al cosmos sin tener a un guía divino que le


acompañe. Ahora que el hombre lleva más de medio siglo sin Dios, y
que el mundo se ha convertido en un lugar muy peligroso (¡gracias a los
progresos científicos del hombre!), de repente la gente siente una pro­
funda necesidad de entrar en contacto con el mundo espiritual. Por
definición, se ha excluido a Dios de la existencia, de modo que, ¿qué
puede ofrecernos la evolución? Puede sugerir que existen otros mundos
cuyos habitantes han evolucionado más que nosotros. Han superado
sus problemas, y están en camino hacia nuestro planeta, para ayudarnos
a evitar la devastación de un holocausto nuclear. De hecho, algunos ya
nos han visitado, como exploradores que han venido a observar el terre­
no. Cada vez hay un número mayor de personas “racionales”, inclusive
psiquiatras de famosas universidades, que hablan de abducciones
extraterrestres;10 se nos informa regularmente de ovnis,11 y cada año se
invierten millones de dólares en la búsqueda de vida inteligente en el
universo. Los creyentes de la Nueva Era proclaman que los terrestres
debemos abrir el corazón y la mente para recibir a esos extraterrestres
tan evolucionados , de modo que estos puedan ofrecernos la máxima
ayuda posible cuando vengan. ¿Es demasiado exagerado decir que esta
puede ser la manera en que Satanás prepara a la humanidad para la
invasión de las hordas demoníacas durante el último conflicto de este
planeta?
En caso de que argumentemos que en este mundo siempre ha habi­
do “gente rara”, recordemos la gran popularidad de las enseñanzas de
la Nueva Era, tal y como evidencia la aparición constante de estos temas
en las producciones televisivas y cinematográficas, en los vídeo juegos y
en la página impresa. Entre en cualquier cadena de librerías y dese cuenta
del tamaño de la sección dedicada a la Nueva Era. Y lo que es más
tremendo: dese cuenta de la cantidad de libros publicados para uso
escolar, libros que promueven estas creencias. Dentro de un catálogo de
libros empleados en una escuela, había una lista de volúmenes dedica­
dos a la novela de misterio, de unas 100 páginas cada uno. De los 42
títulos en esa serie, al menos 15 hablaban de temas propios de la Nueva
Era, tales como: la reencarnación, los chamanes, Stonehenge, los unicornios,
la sanidad alternativa , la astrología , la percepción extrasensorial y los
poltergeist. 12 Hay educadores que incitan a sus alumnos a meditar,
D avid Breese y Thomas N. D avis: La re lig ió n m u n d ial f u tu r a 159

visualizar, invitar a guías espirituales, abrirse a la posibilidad de estilos


de vida alternativos y relacionarse con la fuerza vital presente en los
animales y en la naturaleza. Resulta de lo más curioso que la Biblia ya no
se use en nuestras escuelas, iy sin embargo se investiguen abiertamente
sistemas religiosos no cristianos y, en ocasiones, incluso se fomente su
estudio!
La religión ecuménica del anticrísto
Apocalipsis 13:1-8 contiene unos comentarios impresionantes sobre
el sistema religioso que surgirá al final de los tiempos. Identifica siete
características de esta religión universal. Primero, que será una religión
satánica: “Y adoraron al dragón...” (Ap. 13:4). El dragón es Satanás.
Podemos entristecemos a la vez que alarmarnos de que sea capaz de
hacer que todo el mundo le adore, por medio del magnetismo espiritual
perverso y la coerción externa. Satanás ya es el dios de este mundo (2
Co. 4:4), de modo que hasta el hecho de que el mundo le adore por
millones hay solo un paso. En segundo lugar, la religión satánicas será
humanista: “...y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y
quién podrá luchar contra ella?” (Ap. 13:4). ¿Quién es esa bestia? La
bestia será un hombre de tremendas pero perversas capacidades. Se le
conoce por muchos nombres, pero el más frecuente es el de anticristo.
En tercer lugar, la religión satánica será universal. No permitirá que
exista ninguna otra: “Y la adoraron todos los moradores de la tierra
cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero
que fue inmolado desde el principio del mundo” (Ap. 13:8). En cuarto
lugar, será una religión ecuménica. Los organizadores de esta religión
universal se inventarán un mero credo doctrinal al que se pueda afiliar
todo el mundo: “Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos
cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y
ejerce toda autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace
que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya
herida mortal fue sanada” (Ap. 13:11-12). La adoración siempre conlle­
va una metodología para llevarla a cabo, y podemos estar seguros de
que el anticristo dispondrá de una muy atractiva.
En quinto lugar, esta religión satánica se centrará en los milagros:
“También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender
160 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

fuego del cielo a la tierra delante de los hombres” (Ap. 13:13). Podemos
estar seguros de que cualquier persona con estas habilidades atraerá de
inmediato la atención del mundo. Muchos creerán en él como si fuese
Dios, gracias a lo que le verán hacer. En sexto lugar, esta religión
demoníaca será esencialmente pagana. La bestia autorizará que erijan
una estatua que le represente, y exigirá que el mundo adore esa imagen:
“Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha
permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores
de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene herida de espada,
y vivió” (Ap. 13:14). En séptimo lugar, la religión del anticristo será
tremendamente cruel: “Y se le permitió infundir aliento a la imagen de
la bestia, para que la imagen hablase e hiciese matar a todo el que no la
adorase” (Ap. 13:15).
En lugar de ofrecer la paz, el amor y la seguridad que proclaman hoy
las religiones del mundo, esta forma última de expresión religiosa será
el sistema más opresivo de toda la historia humana. ¡No es de extrañar
que a Satanás se le llame el padre de toda mentira!
...Escondednos del rostro de aquel que está sentado so­
bre el trono>y de la ira del Cordero; porque el gran día
de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?
Apocalipsis 6:16-17

S i imaginamos que la población del mundo en el momento


del rapto será de cinco billones, y si un diez por ciento de ella
son creyentes y, por tanto, son raptados (es posible que ese
porcentaje sea demasiado amplio o demasiado bajo, no lo sé),
el rapto hará que 500 millones de personas se vayan de este
mundo, quedando en él cuatro billones y medio. Si la mitad
de este número muere a causa de dos juicios, quedarán dos
billones y cuarto. Pero hay que restar a ese número a muchos
otros que morirán a causa de los demás juicios.
Podríamos pensar que a la vista de todos estos juicios la
gente apelaría a Dios en busca de ayuda, pero no será así. En
lugar de ello, seguirán adorando a los demonios y los ídolos,
rehusando arrepentirse de sus asesinatos, mal uso de las dro­
gas, fornicaciones y hurtos (Ap. 9:20-21). Esos terribles juicios
solo aumentarán la dureza de los corazones humanos.
C a p í t u l o 13

Lo tribulación
Charles C. Rtirie

La unicidad de la tribulación
Único.
Así es como nuestro Señor describió el período venidero de la
tribulación.
A pesar de que podríamos modificar único diciendo “casi único” o
“muy único”, esto resulta innecesario, porque este término significa
“aquello que es solo en su especie, lo inigualable”.
“Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la habido desde el
principio del mundo hasta ahora, ni la habrá” (Mt. 24:21).
Único.
¿Qué es lo que hará que ese periodo sea único? Como mínimo, dos
cosas.
Primero, que la tribulación será universal, no limitada. Vendrá “sobre el
mundo entero” (Ap. 3:10). Ha habido, y todavía hay, áreas de este mundo
donde el pueblo de Dios padece una tremenda persecución. Ha habido y
hay zonas del mundo donde las hambrunas y las guerras siguen haciendo
estragos. Pero la tribulación descrita por el Señor será universal.
En segundo lugar, cuando llegue la tribulación la gente actuará como
si el mundo se estuviera acabando (Ap. 6:15-17). “Actuar como si” no es
lo mismo que “hablar como si”. En momentos determinados e intermi­
tentes de la historia, las personas hablan del Armagedón y el fin del
163
164 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

mundo, sobre todo cuando estalla una nueva guerra o se inventa una
nueva arma letal y alguien amenaza con usarla; pero esas personas no
actúan como si realmente creyeran que el Armagedón estuviera a un
paso. Siguen comprando y vendiendo posesiones, acumulando ahorros
y haciendo planes de pensiones, y pensando en el futuro. Pero cuando
llegue la tribulación, todas las clases sociales actuarán como si fuese el
fin del mundo, y preferirán morir a soportar esos días tan trágicos.
Entonces el futuro carecerá de atractivo para las personas. La unicidad
de la tribulación radica en que será universal y en lo terrible de su
naturaleza, que hará que las personas prefieran morir a seguir viviendo.
El comienzo de la tribulación
La tribulación no tiene por qué empezar necesariamente el día en
que la iglesia sea arrebatada para reunirse con el Señor, el día del rapto.
Las Escrituras no dicen si pasará mucho o poco tiempo entre el rapto y
el inicio de la tribulación. Personalmente, creo que será poco tiempo.
Pero en realidad la tribulación empezará con la firma de un tratado de
paz entre el líder occidental, el anticristo, y el pueblo judío. Esto señala­
rá el comienzo de los acontecimientos propios de las setenta semanas
que predijo Daniel (Dn. 9:27). “Y [el príncipe que vendrá (v. 26)] por
otra semana confirmará el pacto con muchos”. Este tratado garantizará
la protección de Israel, de modo que el pueblo judío pueda volver a
restablecer, con toda seguridad, el culto judaico, y reconstruir el templo
en Jerusalén, Sabemos esto porque Daniel 9:27 sigue diciendo que, a
mediados de la semana setenta, el anticristo romperá el pacto o tratado,
y se sentará en el templo exigiendo que le adoren (2 Ts. 2:4). Por tanto,
es evidente que habrá algún templo en Jerusalén, edificado durante la
primera mitad de la tribulación.
Los juicios de la tribulación
Apocalipsis 6—9 describe con gran detalle el periodo de la tribula­
ción, y lo culmina con la segunda venida de Cristo (19:11-16). Dentro de
esta sección hallamos tres series de juicios: juicios descritos como los
sellos de un rollo que se abren (cap. 6), otros anunciados cuando sue­
nan unas trompetas (caps. 8, 9), y otros que se desencadenan como
líquido vertido de unos recipientes (cap. 16).
C h a rle s C . Ryrie: L a trib u la c ió n 165

Los intérpretes discrepan sobre la relación existente entre estas tres


series de juicios. Algunos enseñan que son recapitulaciones de los mis­
mos acontecimientos.1Es decir, que las trompetas hacen un repaso de lo
que ya describieron antes los sellos, y que las copas describen los mis­
mos acontecimientos pero con mayor severidad. Otros, entre los cuales
me incluyo, consideran que las tres series son consecutivas, y por tanto
diferentes, y que siguen una secuencia cronológica determinada. Es de­
cir, que las trompetas proceden de la apertura del séptimo sello, y si­
guen a esa primera serie. Por ejemplo, en las otras dos series no existen
juicios correspondientes para los sellos número uno (la falsa sensación
de paz), tres (la hambruna) y cinco (los mártires). Además, tampoco hay
juicios equiparables a los de las copas uno (llagas) y seis (la desecación
del río Éufrates). A pesar de que estos juicios tienen lugar en secuencia,
esto no quiere decir que estén equitativamente repartidos en los siete
años, porque parece ser que los juicios de las copas ocurren muy rápida­
mente uno tras otro, hacia el final de la tribulación. Estas tres series
componen una estructura cronológica de la semana setenta de la profe­
cía de Daniel, el periodo de la tribulación.
Los juicios de los sellos
Los juicios de los sellos tendrán lugar durante la primera semana de
la tribulación. Hay otros dos pasees que respaldan esta conclusión. En
1 Tesalonicenses 5:2-3, Pablo escribió que el día del Señor (el momento
del juicio) “vendrá así como ladrón en la noche... que cuando digan: Paz
y seguridad...”. El primer sello acarreará una conquista sin guerra pre­
via, porque este mundo tendrá paz hasta que se abra el segundo sello
(Ap. 6:2, 4).
En la conversación que tuvo nuestro Señor en el monte de los Olivos
también hallamos una secuencia cronológica (Mt. 24, 25). Esta secuen­
cia gira en torno a Mateo 24:15, que describe cómo el anticristo se
asienta en el templo y exige que le adoren. Sabemos que esto sucederá
a mediados de la tribulación. Los versículos que siguen al 15 describen
los acontecimientos de la segunda mitad de la tribulación, y su culmina­
ción es la segunda venida de Cristo (Mt. 24:16-31). Así, los versículos
anteriores deben describir la primera mitad de la tribulación. En reali­
dad, los resultados de los seis juicios hallan una correspondencia en
166 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Mateo 24:6-11, que menciona específicamente guerras, hambrunas, te­


rremotos, mártires y falsa religión, todo lo cual se corresponde con los
juicios de los sellos.
El primer sello revela a un caballo blanco y a su jinete (Ap. 6:1-2).
Este es el anticristo, no Cristo. Él conquistará ciertos países no identifi­
cados, o determinados territorios, pero no quebrantará la paz mundial.
Esa pérdida de paz tendrá lugar cuando se abra el segundo sello. Hoy
llamaríamos a esa primera fase la “guerra fría”.
El segundo sello revela a un jinete sobre un caballo rojo, lo cual sugie­
re derramamiento de sangre, pero no traerá guerra a este mundo (Ap.
6:3-4). El hecho de que se le entregase una “gran espada” sugiere que
Dios controlará todos esos acontecimientos.
El tercer sello traerá una gran hambruna entre los habitantes del
mundo (Ap. 6:5-6). La balanza sugiere el racionamiento de los alimen­
tos. Por lo general, en tiempos de Jesús, un denario era lo que cobraba
al día un trabzyador del campo (Mt. 20:2), y compraba diez cuartos de
trigo y treinta de cebada. En ese momento de la tribulación, la cantidad
de alimentos en el mundo quedará reducida en un 90 por ciento. Dado
que dos libras de trigo era la ración diaria de un soldado, es decir, una
sola persona, ¿qué harán las familias en las que solo uno de sus miem­
bros gane un sueldo?
Los juicios del cuarto sello acabarán con una cuarta parte de la po­
blación mundial (Ap. 6:7-8). Los medios para conseguirlo serán la espa­
da (guerra), el hambre, la muerte (las plagas letales que suelen acompañar
a las guerras) y las bestias salvajes, que aparentemente gozarán de liber­
tad para ir por el mundo matando gente.
El quinto sello revela una escena celestial, en la que los mártires pi­
den al Señor venganza sobre los que los mataron (Ap. 6:9-11). Obvia­
mente, antes de ese momento habían vivido en la tierra, porque se
salvaron después de que tuviera lugar el rapto. Fueron asesinados debi­
do a su testimonio (v. 9). En cuanto murieron, fueron llevados al cielo y
se les dijo que esperasen hasta que fueran vengados, cuando el Señor
decidiera que era el mejor momento.
El sexto sello traerá un caos absoluto sobre el mundo (Ap. 6:12-17).
Habrá un gran terremoto (en Ap. 8:5, 11:13, 16:18-19 hallamos predic­
ciones de otros terremotos durante la tribulación); el sol y la luna se
C harles C . R yríe : La t rib u la c ió n 167

verán afectados; habrá una gran lluvia de meteoros que caerán sobre la
tierra, y los montes y las islas se trasladarán de lugar. La reacción de la
gente será la de buscar la muerte, pidiendo a las rocas y las montañas
que los aplasten. Porque en ese momento habrá llegado el gran día de la
ira de Dios (Ap. 6:17). El tiempo del verbo indica que esa ira empezará
a derramarse en cuanto se abra el sello. El erudito en griego Henry
Alford afirma que “en este caso no puede cuestionarse el tiempo del
aoristo eithen (ha llegado), que es casi perfecto”?
Aparte de estos juicios, habrá dos poderosos testigos que estarán
activos durante la primera parte de la tribulación (Ap. 11:3-12). Ten­
drán el poder de matar a sus enemigos con el fuego que salga de sus
bocas. Serán capaces de convertir el agua en sangre y traer plagas “cuan­
tas veces quieran” (v. 6). Cuando por fin el anticristo los mate a media­
dos de la tribulación, sus cadáveres yacerán en una calle de Jerusalén
para que todos los vean, pero tres días y medio después de su muerte,
Dios los levantará de los muertos para llevarlos al cielo. Entonces Jeru­
salén padecerá un terremoto, que destruirá una décima parte de la ciu­
dad y matará a 7.000 personas (Ap. 11:13).
Además de esto, al principio de la tribulación Dios sellará a 144.000
personas del pueblo judío para que desempeñen determinado servicio
en su nombre (Ap. 7:1-8). No se nos dice exactamente en qué consistirá
ese servicio, aunque su descripción viene seguida inmediatamente de
una escena en la que vemos a una gran multitud en los cielos, que habrá
sido salva durante la tribulación (7:9-17). Es probable que la salvación de
algunas de esas personas se deba al testimonio de los 144.000.
El punto central de la tribulación
En este momento central de la tribulación tendrán lugar ciertos acon­
tecimientos muy significativos.
1. El anticristo romperá su pacto con el pueblo judío, interrumpien­
do su adoración y sentándose en el templo para que le adoren a él
(Dn. 9:27b).
2. El anticristo matará a los dos testigos (Ap. 11:7).
3. El anticristo destruirá el falso sistema religioso mundial que habrá
florecido durante la primera parte de la tribulación (Ap. 17:16).
168 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Estos tres acontecimientos eliminarán, por sí solos, cualquier opo­


sición al anticristo.
4. Satanás y sus ángeles serán expulsados del cielo (Ap. 12:7-8), y
Satanás intentará destruir a los judíos. Sin embargo, Dios protege­
rá a aquellos que huyan en busca de asilo (12:13-16), pero aquellos
que no lo hagan padecerán mucho (12:14-17).
5. El anticristo empezará a obligar a las personas a llevar su marca en
su frente o en la mano derecha para poder comprar o vender (Ap.
13:16-17). También matará a todos los que pueda de entre los que
se nieguen a adorarle, a él o a su imagen (13:15).
6. Aunque hay discrepancias sobre el momento preciso de la batalla
de Gog y Magog (Ez. 38, 39), muchos creen que tendrá lugar en
este punto central de la tribulación.
7. Probablemente los juicios de las trompetas comenzarán en este
momento, y continuarán durante un periodo de la segunda mitad
de la tribulación.
Los juicios de las trompetas
Cuando se abra el séptimo sello (Ap. 8:1), siete trompetas se dispon­
drán a anunciar nuevos juicios sobre el mundo.
La primera trompeta hará que caiga del cielo granizo mezclado con
fuego y sangre, de modo que una tercera parte de la tierra (una expre­
sión que no figura en la versión King James de la Biblia pero sí en
otras) y una tercera parte de los árboles arderá, junto con toda hierba
verde (8:7).
La segunda trompeta hará que la tercera parte del mar se convierta
en sangre, haciendo que muera un tercio de todos sus habitantes, y
acarreará la destrucción de un tercio de los barcos (8:8-9). Las conse­
cuencias que tendrá este cataclismo para la navegación, el comercio y el
transporte de alimentos por mar serán tremendas.
La tercera trompeta atacará a una tercera parte de las reservas de
agua dulce, de modo que estas se conviertan en aguas amargas y, apa­
rentemente, se vuelvan letales, porque muchos morirán por haberlas
bebido (8:10-11).
El cuarto juicio afectará a un tercio del sol, la luna y las estrellas, así
como a la uniformidad del ciclo día-noche. Esto puede significar que el
C h a r le s C . R yr ie : La trib u la c ió n 169

ciclo de 24 horas que conocemos se convertirá en otro de 16 horas, o


bien que la potencia de esos cuerpos celestiales se verá reducida en un
tercio. En cualquier caso, esto dará como resultado un descenso drásti­
co de la temperatura (aunque esto es lo contrario a lo que sucede en el
cuarto juicio de las copas, en Ap. 16:8-9).
La quinta trompeta, o primer juicio de los “ayes”, liberará a langostas
demoníacas sobre la tierra (Ap. 9:1-11). No serán langostas ordinarias,
porque proceden del abismo (literalmente, “el pozo del abismo”, v.2).
La picadura de estos insectos será como la de un escorpión, y a diferen­
cia de las langostas normales, no se alimentarán de vegetación sino de
personas; con excepción de los 144.000, que se verán exentos de su
tormento (w. 3-4; comparar con 7:3-4). Durante cinco meses torturarán
a las personas, que intentarán suicidarse pero sin éxito (w. 5-6). No
sabemos cómo será posible evitar que las personas se suiciden, pero así
será. Los venenos, píldoras, balas, cuchillos y demás métodos de suici­
dio que la gente suele usar para acabar con su vida no funcionarán. Para
describir a esas langostas, Juan tiene que recurrir al adverbio como una y
otra vez, debido a lo horribles que serán esos seres (w. 7-10).
La sexta trompeta o segundo “ay” también parece ser que incluirá
actividad demoníaca (Ap. 9:13-21). Juan vio a un ejército de doscientos
millones de jinetes de cuyas bocas salía fuego, humo y azufre (w. 16-17).
Algunos identifican a este ejército con la coalición de los reyes del este,
mencionada en Apocalipsis 16:12. Otros los consideran demonios, o
personas poseídas por ellos. Pero el hecho de que los demonios tienen
algo que ver se refuerza por la presencia de sus armas de fuego, humo y
azufre, los elementos del infierno. El hecho de que maten a una tercera
parte de la población significa que este juicio, unido al cuarto juicio del
sello (6:8), que también aniquilará a muchas personas, acabará con la
mitad de la población mundial. Añadamos a esto el gran número de
personas que morirán víctimas de las hambrunas, las plagas, las guerras
y las catástrofes naturales, y veremos que el mundo, durante la última
parte de esos siete años, estará cubierto de cadáveres.
Si imaginamos que la población del mundo en el momento del rapto
será de cinco billones, y si un diez por ciento de ella son creyentes y, por
tanto, son raptados (es posible que ese porcentaje sea demasiado am­
plio o demasiado bsyo, no lo sé), el rapto hará que 500 millones de
170 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

personas se vayan de este mundo, quedando en él cuatro billones y


medio.
Si la mitad de este número muere a causa de dos juicios, quedarán
dos billones y cuarto. Pero hay que restar a ese número a muchos otros
que morirán a causa de los demás juicios. Digamos que, en el momento
en que suene la sexta trompeta, habrá dos billones de personas en el
mundo, y doscientos millones de demonios que camparán a sus anchas
por el planeta. Esto supone ¡un demonio por cada diez humanos!
Podríamos pensar que a la vista de todos estos juicios la gente apela­
ría a Dios en busca de ayuda, pero no será así. En lugar de ello, seguirán
adorando a los demonios y los ídolos, rehusando arrepentirse de sus
asesinatos, el uso de las drogas (“hechicerías”, literalmente “mal uso de
drogas”), fornicaciones y hurtos (Ap. 9:20-21). Esos terribles juicios solo
aumentarán la dureza de los corazones humanos.
Cuando suene la séptima trompeta (el tercer “ay”) llegará el anuncio
de que el fin se acerca, a pesar de que aún habrán de derramarse sobre
el mundo las copas de la ira. Pero estas últimas series tienen lugar una
tras otra, y tan cerca del final de la tribulación, que el anuncio del final
se hará prácticamente en el momento en que suene la séptima trompeta.
Los juicios de las copas
Se ordena a los siete ángeles que tienen las copas que las viertan simul­
táneamente, para derramar los juicios, lo cual hacen en rápida sucesión
durante los últimos meses de la tribulación. Al mismo tiempo, el anticristo
forzará a las personas a ponerse su marca, y muchos lo harán.
La primera copa da como resultado “una úlcera maligna y pestilente”
sobre las personas que lleven la marca de la bestia (Ap. 16:2), y el
anticristo, al que adorarán, será incapaz de ayudarles, porque incluso
cuando se haya derramado la quinta copa, se nos dice que seguirán
atormentándoles las úlceras (v. 11).
La segunda copa dará como resultado que el agua se convierta en
sangre, de modo que todos los seres vivos del mar morirán (16:3). Los
mares, literalmente, se llenarán de su sangre. Tras la segunda trompeta,
se verá afectado un tercio del mar (8:9), pero la destrucción no será
total. Imaginemos el hedor y las enfermedades que provocará todo esto,
sobre todo en las costas de todo el mundo.
C h a r le s C . R y r ie : La trib u la c ió n 171

La tercera copa, como la tercera trompeta, convertirá el agua potable


en sangre (16:4-7). Aparentemente, este agua sanguinolenta no será
nociva, porque la gente la beberá. Será una retribución severa y justa,
porque aquellos que derramaron la sangre de los santos y los profetas se
verán obligados a beber sangre.
La cuarta copa aumentará la fuerza del sol, que abrasará a las perso­
nas con su intenso calor (16:8-9). Las consecuencias de este juicio, por sí
solo, exceden a nuestra imaginación. Henry Morris detalla algunos de
estos efectos:
La intensa radiación solar hará que se evaporen enormes canti­
dades de agua de los océanos y otras superficies líquidas, ha­
ciendo que el nivel de los mares y los depósitos acuosos
descienda... Así, cada vez habrá más agua en la atmósfera...
Cuando la lluvia y el granizo alcancen la superficie [de la tie­
rra], lo harán probablemente bajo la forma de violentas tor­
mentas de truenos y tornados, contribuyendo a las desgracias
del planeta... [Para compensar] las grandes placas de hielo de
Groenlandia y del continente antártico se derretirán [debido al
intenso calor]. Se calcula que en esas grandes reservas hay hielo
suficiente como para que, una vez fundido, aumente el nivel del
mar unos 60 metros...3
La quinta copa hará que la capital mundial del anticristo y su reino
queden en tinieblas (16:10-11). Probablemente, esto hará que refrene un
tanto sus esfuerzos para conseguir la adoración del mundo.
La sexta copa secará el río Éufrates, que forma la frontera nororiental
de la Tierra Prometida (Gn. 15:18), y que antes se habrá convertido en
sangre (Ap. 16:12-16). Esto facilitará el paso por ese río a los ejércitos de
los reyes del este mientras avanzan hacia la batalla del Armagedón (ver
Dn. 11:44).
La séptima y última trompeta descargará una destrucción global so­
bre la tierra maltrecha (Ap. 16:17-21). Un gran terremoto, sin preceden­
tes, dividirá Jerusalén en tres partes, y hará que otras ciudades se
derrumben; las islas y las montañas desaparecerán; y una gran tormen­
ta de granizo (cuyas piedras pesarán más de treinta kilos) aplastará la
172 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

superficie del mundo. ¿Y la reacción de sus habitantes? Blasfemar antes


que adorar a Dios.
Babilonia
Babilonia, que desde siempre ha tenido una historia larga y poco
honrosa, será destruida durante la tribulación. El anticristo destruirá, a
mediados de la tribulación, las facetas políticas y religiosas de Babilonia,
el sistema religioso ecuménico que surgirá y que será muy poderoso, a
nivel político, durante la primera parte de ese periodo (Ap. 17:16). Dios
destruirá, en un solo día, los aspectos comerciales de Babilonia (18:3, 7,
9, 11-13, 19), al final de la tribulación (18:8). A pesar de las dificultades
de continuar con las actividades comerciales durante la tribulación, de­
bido a los problemas de transporte marítimo y terrestre originados por
los juicios, el comercio seguirá funcionando hasta el fin (18:11-19). La
destrucción de Babilonia, triste, oscura y silenciosa, constituirá un vivi­
do recordatorio de la justa venganza de Dios.
La campaña del Armagedón
Durante la última parte de la tribulación, se librará una serie de bata­
llas que culminarán en el Armagedón. También estas acabarán con
muchas vidas, y culminarán con la gloriosa segunda venida de nuestro
Señor Jesucristo (Ap. 19:11-16). Los detalles de estas batallas se hallan
en los capítulos 15 y 16 de este libro. Cuando Cristo regrese, la terrible
tribulación llegará a su fin.
“Ven, Señor Jesús, ven pronto”.
El cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama
Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el tem­
plo de Dios com o Dios , haciéndose pasar por Dios.
2 Tesalonicenses 2:4

E l anticristo procurará la unidad mediante un sistema religio­


so y económico mundiales, así como por medio de un gobier­
no universal. En un esfuerzo para someter al mundo al dominio
satánico, el anticristo manipulará a los hombres por medio de
la religión, la economía y el gobierno. Su meta será "la paz a
cualquier precio" (1 Ts. 5:3: "que cuando digan: Paz y seguri­
dad..."). Resulta fascinante darse cuenta de la desesperación
de los hombres del siglo XX, ya desde los años 50: en octubre
de 1957, Paul Henri Spaak, secretario general de la OTAN,
dijo en París: "No necesitamos otro comité, ya tenemos dema­
siados; lo que necesitamos es un hombre que tenga la fuerza
suficiente como para ganarse la fidelidad de todo el mundo, y
para sacarnos del pantano de la economía, en el que nos esta­
mos hundiendo. Envíennos a un hombre así y, sea dios o dia­
blo, le recibiremos".
C a p í t u l o 14

El abominable anficrislo
Thomas N. Davis

Sus nombres en las Escrituras


“Anticristo” es el término con el que familiarmente designamos al
individuo que intentará controlar el mundo y oponerse a Cristo duran­
te la tribulación. Juan se refiere a los “anticristos” en plural, hablando
de cualquier persona que se oponga al programa divino, pero también
es consciente de la encarnación última de la rebelión satánica, el
anticristo. “Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que
el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto
conocemos que es el último tiempo” (1 J. 2:18). La palabra anticristo
significa bien “opuesto a Cristo” o “sustituto de Cristo”. Esto deja abier­
ta la posibilidad de que este individuo no solo se oponga al programa
de Dios, sino que también se presente como el tan esperado Mesías de
Israel, la frase “la abominación desoladora” (o “abominación de la deso­
lación”) es, en realidad, una referencia a la imagen del anticristo levan­
tada en el templo por orden de su mano derecha, el falso profeta,
destinada a que todo el mundo la adore (Dn, 9; Mt. 24; Ap. 13).
El nombre de “pequeño cuerno” (Dn. 7:7-8) es un símbolo del insig­
nificante comienzo del anticristo, que en seguida se convertirá en un
rápido ascenso al poder. “Después de esto miraba yo en las visiones de
la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran mane­
ra fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y des­
175
176 L a cu e n ta regresiva a l A rm a g e d ó n

menuzaba, y las sobras hollaba con los pies, y era muy diferente de
todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos. Mientras yo
contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre
ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y
he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que
hablaba grandes cosas”. También hemos de tener en cuenta que el rey
griego que gobernaba el territorio de Siria en torno al año 170 a.C., un
hombre llamado Antíoco Epífanes, también persiguió a los judíos y pro­
fanó el templo de Jerusalén (tal y como hará algún día el anticristo).
Algunos de los títulos proféticos de Antíoco en Daniel 7 se aplican por
extensión al anticristo (como “un rey altivo de rostro” en Dn. 8:23).
También debemos considerar que las frases paralelas de otras traduc­
ciones (p. ej., la New American Standard Bible) se han añadido a nuestro
vocabulario teológico; por ejemplo, “aquel hombre sin ley” se ha susti­
tuido por “aquel inicuo” o malvado (2 Ts. 2:8).
La frase descriptiva “un príncipe que ha de venir” (Dn. 9:26) hace
referencia a la nacionalidad del anticristo (romano): “y el pueblo de un
príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario”. El título “el
rey soberbio” habla de su testarudez: “Y el rey hará su voluntad, y se
ensoberbecerá, y se engrandecerá sobre todo dios; y contra el Dios de
los dioses hablará maravillas, y prosperará, hasta que sea consumada la
ira; porque lo determinado se cumplirá” (Dn. 11:36). En 2 Tesalonicenses
2, Pablo lo describe como “el hombre de pecado”, “el hijo de perdi­
ción”, y “el inicuo”.
En Apocalipsis 13 hallamos el famoso símbolo de su naturaleza per­
sonal, “la bestia”, y su número, el “seiscientos sesenta y seis”, “la señal o
el nombre de la bestia”. Se ha especulado mucho sobre el significado
del número 666. Queda claro, partiendo del libro de Apocalipsis, que
aquellos que estén vivos durante la tribulación comprenderán el signifi­
cado del número. Por ahora, lo único que podemos decir con seguridad
es que el 6 es una cantidad inferior al número de Dios, el número per­
fecto, el 7. Se podría designar a la deidad como 777. Satanás (“el pa­
dre”), el anticristo (“el hijo”) y el falso profeta (“el espíritu inmundo”)
serían, por tanto, 666. Esta cifra (o cualquier sistema numérico basado
en el 6) será el que se tatúe en la mano o la frente de todo el mundo,
para controlar a la humanidad económicamente.
Th om a s N . D a v is: El abom inable a n tic ris to 1 77

Los nombres del anticristo


PASAJE VERSIÓN REINA-VALERA NUEVA VERSIÓN
INTERNACIONAL
Daniel 7:8 el cuerno pequeño el cuerno pequeño
Daniel 8:23 un rey altivo de rostro un rey de rostro adusto
Daniel 11:36 el rey que hará su voluntad el rey que hará
lo que mejor le parezca
2 Tesalonicenses 2:3 el hombre de pecado el hombre de maldad
2 Tesalonicenses 2:3 el hijo de perdición el destructor por naturaleza
2 Tesalonicenses 2:8 el inicuo aquel malvado
Apocalipsis 13 la bestia la bestia

Su contrapartida histórica
En numerosas ocasiones, a lo largo de la historia judía, han aparecido
perseguidores gentiles que han afligido al pueblo elegido por Dios. Existe
una historia apócrifa de un judío al que sorprendieron riéndose de
Hitler cuando este ascendió al poder de Alemania. Le preguntaron por
qué estaba tan contento frente al creciente antisemitismo nazi, y aquel
anciano judío dijo: “Cuando Faraón se nos opuso en tiempos de Moisés,
Dios nos liberó y nos concedió la maravillosa fiesta de la Pascua. Cuan­
do Amán se nos opuso en tiempos de Ester, Dios nos liberó y nos legó
los postres maravillosos de la celebración del Purim. Cuando Antíoco
Epífanes se nos opuso en tiempos de Judas Macabeo, Dios nos liberó y
nos dio los deliciosos dulces de Hannuká. Me pregunto, Herr Hitler,
qué comida maravillosa disfrutaremos cuando Dios nos libre de sus
manos”.
La Hannuká (“dedicación”) o “el festival de las luces” no se menciona
en el Antiguo Testamento, aunque constituye una auténtica festividad
judía. No se menciona porque su origen es posterior al Antiguo Testa­
mento. Sí que se menciona en Juan 10:22: “Celebrábase en Jerusalén la
fiesta de la dedicación. Era invierno”. Se trata de una celebración que
dura ocho días, donde se conmemora la victoria judía sobre Antíoco
Epífanes, el rey sirio (de herencia griega), que profanó el templo de
Jerusalén en el año 167 a.C.; lo hizo sacrificando un cerdo sobre el altar,
178 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

y erigiendo un ídolo que tenía su propio rostro, para que los judíos lo
adorasen. Esto fomentó una revuelta, que en el 164 a.C. condujo a los
judíos al primer momento de independencia de que disfrutaron desde
la cautividad en Babilonia, en el año 605 a.C. Luego procedieron a lim­
piar y “dedicar” (hannuká) el templo. Debido a la leyenda de la provi­
sión milagrosa de aceite que se usó para encender el candelero (menoráh)
durante los ocho días necesarios para elaborar más aceite, ese es el
número de días que dura la celebración, en la que cada día se encien­
den velas.
Daniel 11 predice muchos de los acontecimientos de ese periodo, y
Antíoco Epífanes se convierte en el “tipo”(ejemplo) último de lo que
será el anticristo. Algunas de las similitudes clave son: (a) la ira; (b) la
violencia; (c ) el desprecio hacia Jehová; (d) la profanación del templo;
(e) la presencia de un ídolo en el templo; (f) una severa persecución de
los judíos; (g) pretensiones de ser Dios, y (h) la derrota última a manos
de los santos.1
Su carácter y misión
El anticristo será como Satanás encarnado. Será el “segundo miem­
bro” de la “trinidad impía”. Será un hombre en quien habite Satanás,
como el rey de Babilonia en Isaías 14 y el rey de Tiro en Ezequiel 28. En
estos dos pasees, al principio a quien se tiene en mente es al rey huma­
no, pero al final se concentran en una descripción de la fuerza malévola
que da poder al rey terrenal, es decir, Satanás. Satanás no es omnisciente,
pero ciertamente conoce mejor los planes de Dios que nosotros. Si con­
templamos el panorama de la historia humana, es probable que Satanás
haya “entrenado” a un hombre para desempeñar el papel del anticristo:
“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad” (2 Ts. 2:7). Por eso
es, seguramente, por lo que hombres como Hitler y Mussolini actuaron
como las Escrituras señalan que se comportará el anticristo. Hitler llegó
a practicar el ocultismo, y se apropió indebidamente del concepto bíbli­
co del milenio para aplicarlo a su Tercer Reich. Juan nos avisa de que en
este mundo ya hay muchos “anticristos”, refiriéndose principalmente al
falso sistema de creencias de Satanás.
El anticristo procurará la unidad mediante un sistema religioso y eco­
nómico mundiales, así como por medio de un gobierno universal. En
T h o m a s N . D a v is : E l abom inable a n tic ris to 179

un esfuerzo para someter al mundo al dominio satánico, el anticristo


manipulará a los hombres por medio de la religión, la economía y el
gobierno. Su meta será “la paz a cualquier precio” (1 Ts. 5:3: “que cuan­
do digan: Paz y seguridad...”). Resulta fascinante darse cuenta de la
desesperación de los hombres del siglo XX, ya desde los años 50: en
octubre de 1957, Paul Henri Spaak, secretario general de la OTAN, dijo
en París: “No necesitamos otro comité, ya tenemos demasiados; lo que
necesitamos es un hombre que tenga la fuerza suficiente como para
ganarse la fidelidad de todo el mundo, y para sacarnos del pantano de
la economía, en el que nos estamos hundiendo. Envíennos a un hombre
así y, sea dios o diablo, le recibiremos”.
También es interesante darse cuenta del papel que jugó Babilonia en
la historia y profecía bíblicas. Herodoto, el historiador griego que escri­
bió en torno al año 450 a.C., afirmó que Babilonia era el origen de
todas las religiones del mundo. Babilonia fue fundada por Nimrod, cuyo
nombre significa “rebelde”, y a quien se describe en Génesis 10:9 como:
“vigoroso cazador delante de Jehová”, y que también se puede traducir
como “vigoroso cazador en contra de Jehová”. Es posible que fuera un
hábil cazador de almas humanas. La tradición judía dice que empleó la
tiranía para forzar a los hombres a aceptar una nueva religión, y que
llevó a las personas a rebelarse contra Dios. Supuestamente, su esposa
fue Semíramis, y su hijo Tammuz. Semíramis, tras la muerte de Nimrod,
lo proclamó “dios” (el dios sol, que al final se convertiría en el “Baal” de
la cultura cananea). Ella le dio un hijo, Tammuz, ique, según afirmaba
ella, fue engendrado por Nimrod, tras su muerte, y que era su
reencarnación! La familia fomentó la adoración de los ídolos, y sobre
todo el de la diosa-madre, que al final sería el ejemplo para la teología
católico romana del culto a María y al Cristo niño. Dentro del panteón
romano, esta era Venus, y su hijo, Júpiter. Resulta significativo que la
primera “abominación desoladora” que se levantó en el templo de Jeru­
salén fuera, en el año 167 a.C., una imagen de Júpiter que puso en él
Antíoco IV (que se llamaba a sí mismo “Epífanes”, el “Dios manifiesto”).
En la ciudad de Éfeso, la diosa-madre era Diana. También es interesante
que en esa misma ciudad, en el año 432 d.C., el concilio eclesial de
Éfeso aprobase la veneración de María, madre de Jesús. De hecho, la
palabra “madonna” proviene del latín “mea domina” (“mi señora”), que
180 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

también era el título que recibía en la cultura fenicia la esposa de Baal


(“Baalti”). La palabra inglesa Easter se deriva de la diosa babilónica
“Ishtar”, “la diosa del sol y de la primavera”. Según la cultura babilónica,
el huevo era un símbolo de la fertilidad. Los babilonios rogaban a Ishtar
durante cuarenta días, pidiendo la resurrección de Tammuz, el dios de
la agricultura. Esta práctica se menciona en Ezequiel 8:14.3
Babilonia fue también la primera ciudad en rebelarse contra Dios
(Gn. 11, la torre de Babel). Fue el único gobierno en tiempos del Anti­
guo Testamento que destruyó el templo de Jerusalén y acabó con el
reinado davídico (bajo el gobierno de Nabucodonosor). Resurge en
Apocalipsis como la representante de la rebelión humana contra Dios, a
través de la iglesia universal (Ap. 17), y de un sistema económico tam­
bién único (Ap. 18). Actualmente, Saddam Hussein de Irak proclama
con orgullo su herencia “babilónica”. Incluso ha im itado a
Nabucodonosor, reconstruyendo parte de la antigua ciudad de Babilonia
usando ladrillos que llevan grabados su nombre.
Su identidad
En términos geográficos y políticos, Daniel 9 indica que el anticristo se
alzará al poder partiendo de las cenizas del antiguo Imperio Romano, lo
cual significa que procederá de la cuenca del Mediterráneo; dominará Eu­
ropa y probablemente los países que descienden de Europa, como todo el
hemisferio occidental. A nivel social, los judíos le recibirán como a un salva­
dor. Será como Saúl, alguien que cumplirá los deseos del pueblo; afortuna­
damente, tras él vino David, que cumplía la voluntad de Dios. O será como
Herodes el Grande: el rey que ata, frente ajesús, el rey que libera; Herodes,
el rey por la fuerza, frente ajesús, el rey por derecho; Herodes, el rey que
tomó, frente ajesús, el rey que dio; Herodes, el que vino a esclavizar al
mundo, frente ajesús, ¡el rey que vino a abrir todas las tumbas!4
A nivel espiritual, el anticristo se hará famoso por llevar la paz a
Israel, el Medio Oriente y todo el mundo. Ese es el acontecimiento
definitivo que “revelará” (“apocalipsis”, 2 Ts. 2:4) quién será ese perso­
naje, y que iniciará la cuenta regresiva de siete años hacia el Armagedón
(Dn. 9). De hecho, el anticristo también tendrá una “venida” (2 Ts. 2:9),
imitando la “venida” de Cristo. Se predice de él que será antirreligioso,
adorando únicamente al dios de la guerra (Dn. 11).
T h o m a s N . D a v is : E l abom inable a n tic ris to 181

Su carrera
El anticristo alcanzará cierta posición de gobierno dentro del área
que ocupaba el antiguo Imperio Romano. Firmará un tratado de pro­
tección con Israel, probablemente permitiendo también que el pueblo
judío reconstruya su templo (incluso hay una epístola a la iglesia, 2
Tesalonicenses, que predice que profanará el templo de la tribulación).
Los primeros tres años y medio de ese tratado de siete años serán rela­
tivamente tranquilos, porque irá consolidando su poder en occidente,
mediante la religión, las intrigas políticas y la guerra. Obtendrá una
serie de victorias en rápida sucesión a mediados del período de la tribu­
lación, lo cual le dará una tremenda confianza en sus fuerzas. Estas
victorias es posible que incluyan: (a) la derrota de Gog y Magog (Ez. 38;
Dn. 11:40-45); (b) la recuperación de una gran derrota, ya sea en el
campo de batalla o debida a un ataque directo y letal contra su persona
(Ap. 13); (c ) el asesinato de los dos testigos y “el intercambio satánico”
de Apocalipsis 11; (d) la presencia de Satanás en el mundo, tras ser
expulsado del cielo (Ap. 12); (e) la destrucción de la iglesia universal
(Ap. 17); (f) la construcción de la imagen en el templo, para que el
mundo la adore, y (g) la dura persecución de los auténticos creyentes y
de todos los judíos, lo cual llevará a un segundo holocausto (Zac. 13:8).
Su carrera llegará a un final repentino en el valle de Meguido, cuando
Cristo regrese y le arroje vivo al lago de fuego (Ap. 19).
Seamos prudentes
La especulación ha sido un gran problema de la cristiandad durante
veinte siglos. No olvidemos que, al menos dos de las más recientes per­
versiones del cristianismo ortodoxo comenzaron al intentar poner fe­
cha al retorno de Cristo: (a) los Testigos de Jehová y (b) los Adventistas
del Séptimo Día. Las especulaciones sobre la identidad y el comporta­
miento del anticristo también ha generado cierto número de “enseñan­
zas” preocupantes. Una de ellas es la sugerencia de que tendrá que ser
judío, porque “del Dios de sus padres no hará caso”, sino que “honrará
en su lugar al dios de las fortalezas”, y no deseará “del amor de las
mujeres” (Dn. 11:37-39). A este argumento se añade el hecho de que
Dan no aparece en la lista de las doce tribus en Apocalipsis 7, lo cual
induce a pensar que el anticristo provendrá de esa tribu. Aunque resulte
182 La c u en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

atractivo pensar que el anticristo intentará imitar en todos los aspectos


posibles al Mesías real, ninguno de estos argumentos es concluyente. Es
posible que la tribu de Dan no figure porque había caído en el paganismo
aun antes de las cautividades de la historia veterotestamentaria (Dan era
la tribu que estaba más al norte). Las frases de Daniel 11 se podrían
aplicar también a un gentil y, de hecho, como Antíoco era gentil y el
Imperio Romano forma parte de “los tiempos de los gentiles”, esta ex­
presión final de la opresión gentil es probable que también provenga de
ellos (a menos que Dios disponga un híbrido, como en el caso de Herodes
el Grande, que era gentil y prosélito del judaismo, pero que representa­
ba al gobierno romano y no favorecía a sus “compatriotas” judíos).
Una segunda área de especulaciones infructuosas es la que se centra
en el número 666. Usando la gematría (es decir, la extracción de un
significado místico derivado de asignar a las letras valores numéricos),
casi cualquier combinación de letras en cualquier idioma puede produ­
cir un 666. La “r” es la decimoctava letra del alfabeto inglés (¡6 x 3= 18!).
Pero, ¿de verdad necesitamos una teoría que sugiera que un persomye
de fama mundial cuyo nombre empiece por “r” es un buen candidato
para ser el anticristo? Solo las personas que estén vivas cuando esté
activo el anticristo comprenderán el significado del 666, y entonces todo
el mundo lo tendrá muy claro.
Una tercera área de especulaciones inútiles tiene que ver con “la he­
rida en la cabeza” que se menciona en Apocalipsis 13. Dado que hay
muchas personas que han muerto, y morirán, debido a una herida en la
cabeza, resulta inútil sugerir su resurrección como anticristo. Judas,
Nerón, Adolfo Hitler... todos ellos serían “buenos” anticristos, pero es
mucho más razonable pensar que el anticristo recibirá esa herida duran­
te los acontecimientos del periodo de la tribulación. No tiene por qué
tratarse necesariamente de una herida personal, sino que se puede refe­
rir a un fracaso dramático, ya sea militar o política, de la que el anticristo
se recuperará, y como consecuencia de ello alcanzará rápidamente una
posición de poder mundial, como alguien aparentemente invencible.
Una cuarta sugerencia, que apenas merece la pena refutar, es que el
anticristo debe ser “un hombre sin alma”, en quien pueda habitar Sata­
nás. Se sugiere el concepto moderno de la clonación como el medio
para crear a un hombre así. Esta teoría pasa por alto el hecho de que
Th om a s N . D a v is: El abom inable a n tic ris to 183

unos gemelos idénticos son, básicamente, un prototipo y su clon, que


evidentemente contienen un “alma” humana.
Por último, aunque el anticristo será un hombre perverso, no es ade­
cuado sugerir que será homosexual solo porque no anhelará “el amor
de las mujeres”. Esta extraña frase que hallamos en Daniel 11:37 no
tiene nada que ver con las preferencias sentimentales, sino que se refie­
re al deseo que sienten las mujeres judías por el Mesías venidero, un
deseo que aquel hombre no poseerá.
Conclusión
En 2 Tesalonicenses 2:11 se da a entender que “los que moran sobre
la tierra” (Ap. 3:10), quienes recibirán la marca de la bestia, recibirán de
hecho al anticristo como a un salvador, “por fe”, igual que los creyentes
en Cristo le reciben por fe. “Por esto Dios les envía un poder engañoso,
para que crean la mentira”. Esto nos recuerda esa poderosa observa­
ción de William Cowper: “Escuchen la ley justa, el juicio de los cielos:
aquel que odia la verdad debe ser el juguete de las mentiras. Y aquel que
quiera ser engañado hasta el final, será atado por mentiras tan fuertes
como el infierno”. El estudio del anticristo puede resultar deprimente,
pero como se nos enseña en las Escrituras inspiradas, no podemos igno­
rarlo. Y lo que es más importante, hemos de recordar que se exhorta a
los santos de la iglesia a esperar la “revelación” y la “venida” de Jesucris­
to, ¡no las del anticristo!
Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.
Apocalipsis 16:16

Juan describe el Armagedón como "la batalla de aquel gran


día del Dios Todopoderoso" (Ap. 16:14). En lugar de traducir
potemos como "batalla", algunas versiones usan la palabra
"guerra". El término "batalla" se centra en una lucha más o
menos breve, mientras que "guerra" incluye diversas batallas,
una campaña militar. Pero la batalla final será entre el occi­
dente (bajo gobierno del anticristo) y el oriente (bajo los reyes
orientales), y abarcará todo lo que es Tierra Santa. También
incluirá a otras naciones que no hayan sido destruidas (¿las
más cercanas de África?) porque los tres demonios incitarán a
los reyes de todo el mundo a participar en la guerra (v. 14).
Satanás conoce la Biblia, de modo que sabe que la segunda
venida está cerca, y que Cristo volverá a la tierra en el mismo
punto desde el que ascendió. De modo que Satanás, el prínci­
pe de este mundo, hará un último e inútil intento de obstaculi­
zar el plan de Dios de glorificar a su Hijo y colocarle como el
gobernante legítimo de este mundo.
C a p í t u l o 15

La campana del Armagedón


Charles C. Riirie

¿Qué es el Armagedón?
Una misma palabra evoca imágenes distintas en las mentes de las
personas. Cuando se descubrieron por primera vez las armas atómicas,
muchos líderes políticos y militares anunciaron que el Armagedón esta­
ba cerca. Esto quería decir que se acercaba el fin del mundo, debido al
tremendo poder destructivo de esas armas. Cada vez que estalla una
guerra en el mundo, se nos advierte que, si no se puede contener o
detener, podría llevarnos al Armagedón. Muchos entienden el concepto
de Armagedón de este modo: “una referencia geográfica no específica,
que hay que entender como un símbolo de la derrota final del mal a
manos de Dios”.1 Pero el Armagedón, independientemente de cómo lo
imaginemos, tiene connotaciones de algo que hemos de temer en gran
manera y esperar que no tenga lugar mientras estemos en este mundo.2
A pesar de todo, el Armagedón llegará algún día, y no será una bata­
lla entre ciertos países de este mundo ni un conflicto general entre el
bien y el mal, sino la batalla decisiva entre nuestro Señor Jesucristo con
sus huestes celestiales y los ejércitos de este mundo.
La campaña del Armagedón
Juan describe el Armagedón como “la batalla de aquel gran día del
Dios Todopoderoso” (Ap. 16:14). En lugar de traducir polemos como
186 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

“batalla”, algunas versiones usan la palabra “guerra”. El término “bata­


lla” se centra en una lucha más o menos breve, mientras que “guerra”
incluye diversas batallas, una campaña militar. Es probable que ambos
énfasis sean válidos, porque tendrán lugar varias batallas que abarcarán
más territorio que el área de Meguido, y que precederán a la batalla
final y climática en ese lugar. Hallamos la idea de una batalla única en
Apocalipsis 12:7 (Satanás, Miguel y sus ángeles respectivos: ver Le. 14:31),
aunque es en Apocalipsis 12:17 donde hallamos el concepto de una
campaña militar o una guerra; vemos que Satanás organizará un ataque
prolongado contra Israel.
Las diversas batallas en la guerra del Armagedón
No todo el mundo está de acuerdo sobre la fecha de la batalla de Gog
y Magog, profetizada en Ezequiel 38—39. Yo me inclino a pensar que
tendrá lugar después del punto medio de la tribulación, en la segunda
mitad de ese período de siete años. A mediados de la tribulación, el
anticristo romperá su pacto con el pueblo judío, que, entre otras cosas,
garantizará su protección para que los judíos puedan adorar en un tem­
plo levantado en Jerusalén durante la primera parte de la tribulación;
entonces se instalará en ese templo exigiendo que le adoren (Dn. 9:27;
Mt. 24:1, 5; 2 Ts. 2:4). La batalla de Gog y Magog involucrará al anticristo
enfrentado a una coalición de países del norte de Israel. Egipto, el rey
del sur, también se unirá al ataque contra Israel en una especie de mo­
vimiento de tenaza, que hará que el anticristo divida sus fuerzas y se
enfrente a los dos adversarios al mismo tiempo, o bien intente derrotar
primero al enemigo más débil. Parece ser que optará por hacer esto
último, y primero concentrará su atención en derrotar a Egipto. Con­
quistará ese país y, aparentemente al mismo tiempo, someterá a Libia y
a Sudán del norte, que formarán parte de la coalición del norte (Dn.
11:42-43; Ez. 38:5). Pero mientras tanto, en Egipto, el anticristo se en­
frentará a amenazas desde el este y el norte (Dn. 11:44). Parece ser que
entonces dedicará su atención a la coalición de Israel del norte, que a
estas alturas ya habrá entrado en Israel. Si esta coalición norteña es la
del rey del norte de quien habla Daniel 11:40 (lo cual es probable),
entonces esas naciones puede que empiecen a desplazarse hacia Israel
poco después del punto medio de la tribulación. Pero no llegarán al
C h a r le s C . R yr ie : La cam paña del A m ra g e d ó n 187

territorio con todas sus fuerzas hasta pasados unos meses, debido a las
grandes distancias y a lo penoso del desplazamiento. El rey del sur ten­
drá que esforzarse si quiere atacar a Israel.
Los países de esa coalición del norte se hallan en la lista de Ezequiel
38:2-6; incluyen el territorio de Magog, que será gobernado por Gog, y
que Josefo identificó como la tierra de los escitas, la región al norte y
nordeste del Mar Negro y al este del Mar Caspio. Hoy día estos países
forman parte de la Comunidad de Estados Independientes, inclusive a
Rusia, Ucrania y Kaz¿ystán, y quizá algunos de los estados más pequeños
de la comunidad. Mesec y Tubal incluyen el área de la Turquía moder­
na. Persia es el Irán contemporáneo; Etiopía, Sudán del norte; Put, Libia;
Gomer, probablemente el este de Turquía, cerca de la frontera con Siria.
Hoy día muchas de esas naciones, pero no todas, tienen una elevada
población de musulmanes.
Cuando el anticristo regrese de Egipto a Israel, no encontrará nin­
gún ejército que se le oponga. Dios destruirá a ese ejército del norte
enviándoles “pestilencia y con sangre... impetuosa lluvia, y piedras de
granizo, fuego y azufre” (Ez. 38:22). Como resultado, Dios dice a ese
poderoso ejército: “Sobre los montes de Israel caerás tú y todas tus
tropas, y los pueblos que fueren contigo; a aves de rapiña de toda espe­
cie, y a las fieras del campo, te he dado por comida. Y enviaré fuego
sobre Magog... Yo daré a Gog lugar para sepultura allí en Israel... pues
allí enterrarán a Gog y a toda su multitud” (Ez. 39:4, 6, 11).
Una vez Egipto esté sometido y Dios haya destruido a Gog, Magog y
sus aliados, el único enemigo que le quedará al anticristo (que será el
líder occidental de los países que compondrán el Imperio Romano
revivido) vendrá desde el oriente. Esta coalición de “los reyes del oriente”
(Ap. 16:12) descubrirá, para su gran sorpresa, que el río Éufrates, que
deberían cruzar para entrar en la Tierra Prometida, estará seco,
facilitándoles el paso. El río Eufrates es el más largo del Asia oriental;
tiene su origen en las montañas de Armenia, en la moderna Turquía, y
desemboca en el Golfo Pérsico, tras un recorrido de 2.864 kilómetros.
Su caudal alcanza el punto más bajo en septiembre, pero en mayo, tras
el deshielo de las nieves invernales, aumenta dos metros y medio.
Los reyes del oriente, ¿son los mismos doscientos millones que ma­
tan a un tercio de la humanidad durante el juicio de la sexta trompeta
188 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

(Ap. 9:13-21)? Los desatarán cuatro ángeles que, hasta ese momento,
estaban atados en el río Eufrates. Algunos intérpretes identifican a es­
tos dos grupos, otros no. El tiempo transcurrido entre la sexta trompeta
y la sexta copa de ira será breve, lo cual contribuye a identificarlos como
un mismo grupo. Por otra parte, los reyes del oriente parecen ser huma­
nos, mientras que los doscientos millones de jinetes parecen ser o bien
demonios o bien humanos poseídos por demonios. Esto nos indicaría
que no se tratan del mismo grupo.
La batalla final será entre el occidente (bajo gobierno del anticristo)
y el oriente (b¿yo los reyes orientales), y abarcará todo lo que es Tierra
Santa. También incluirá a otras naciones que no hayan sido destruidas
(¿las más cercanas de África?) porque los tres demonios incitarán a los
reyes de todo el mundo a participar en la guerra (v. 14). Satanás conoce
la Biblia, de modo que sabe que la segunda venida está cerca, y que
Cristo volverá a la tierra en el mismo punto desde el que ascendió. De
modo que Satanás, el príncipe de este mundo, hará un último e inútil
intento de obstaculizar el plan de Dios de glorificar a su Hijo y colocarle
como el gobernante legítimo de este mundo.
La derrota y destrucción de los ejércitos mundiales
Las Escrituras parecen indicar tres focos de destrucción de los ejérci­
tos del mundo cuando tenga lugar la segunda venida de Cristo. Una
tiene que ver con Jerusalén, otra con Meguido, al norte de Israel, y la
tercera con Edom, al sur y este de Israel (lo que es hoy día Jordania).
Jerusalén
Porque yo reuniré a todas las naciones para combatir contra Is­
rael; y la ciudad será tomada, y serán saqueadas las casas, y viola­
das las mujeres; y la mitad de la ciudad irá en cautiverio, mas el
resto del pueblo no será cortado de la ciudad... Y se afirmarán
sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en
frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá
por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un
valle muy grande; y la mitad del norte se apartará hacia el norte,
y la otra mitad hacia el sur. Y huiréis al valle de los montes... Y
vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos. (Zac. 14:2-5)
C h a r le s C . R yr ie : La cam paña del A m ra g e d ó n 189

Según este pasaje, al final de la tribulación, los ejércitos que se opon­


drán al Señor intentarán capturar Jerusalén luchando casa por casa, y
durante un tiempo tendrán éxito. Pero el Señor dará poder a los habi­
tantes de Jerusalén, para que luchen como el poderoso rey David (Zac.
12:8). Además, Él enviará una “plaga con que herirá Jehová a todos los
pueblos que pelearon contra Jerusalén: la carne de ellos se corromperá
estando ellos sobre sus pies, y se consumirán en las cuencas sus ojos, y la
lengua se les deshará en su boca” (Zac. 14:12). Y el Señor vendrá y se
colocará en el monte de los Olivos, desde el que ascendió (Hch. 1:11-
12). El monte de los Olivos se partirá, abriendo un valle por el que
puedan huir los supervivientes, y dice Cristo que: “procuraré destruir a
todas las naciones que vinieren contra Jerusalén” (Zac. 12:9). Durante
su segunda venida, Israel reconocerá ajesús como su Mesías, admitien­
do con gran contrición que era Aquel a quien sus padres traspasaron
(Zac. 12:10). La tierra será sanada y transformada, y el Señor será el rey
de todo el mundo (Zac. 14:9-10).
Jerusalén será un foco de intensas luchas justo antes y después de la
segunda venida de Cristo.
Meguido
Como hemos comentado, Dios enviará a un ángel que derrame su
ira, secando la frontera fluvial del este de Tierra Santa, el río Éufrates,
para facilitar el paso de los reyes del oriente. Satanás, el anticristo y su
falso profeta enviarán a tres demonios para convencer a los líderes mun­
diales de que envíen sus tropas a Meguido. Para dotar de autenticidad a
su mensaje, esos demonios tendrán el poder de hacer milagros, lo cual
convencerá a las naciones de que se movilicen para la batalla del
Armagedón. En ella tomarán parte Dios, Satanás, el anticristo y, sin
duda, los cuerpos gubernativos mundiales, que ratificarán las decisio­
nes de sus líderes; todos ellos jugarán un papel en la batalla culminante
de Meguido.
El resultado de la lucha en Meguido es seguro: Cristo y sus ejércitos
celestiales vencerán, y además definitivamente.
El conflicto que se centrará en Jerusalén, ¿tendrá lugar antes o des­
pués de Meguido? Es difícil saberlo. Si Meguido viene tras la lucha en
Jerusalén, quizá sea porque, habiendo sido expulsados de Jerusalén, los
190 La cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

ejércitos retrocederán al norte de Meguido para reagruparse, montar el


campamento y prepararse para lo que, según asumirán, será el siguien­
te ataque que reciban. Entonces la venida de Cristo destruirá por com­
pleto a aquellos ejércitos. La matanza será tan grande que un ángel
llamará a las aves para que se coman la carne de todas las víctimas (Ap.
19:17-18). Entonces el anticristo, el falso profeta y sus seguidores, aque­
llos que recibieron su marca y le adoraron, serán arrojados vivos al lago
de fuego y azufre para siempre.
Si el conflicto de Jerusalén es posterior al de Meguido, significará
que algunas de las tropas estarán luchando en Jerusalén mientras otras
combaten en Meguido. En otras palabras, que el combate será simultá­
neo en Jerusalén y en Meguido. Pero si la guerra de Jerusalén es poste­
rior a la de Meguido, entonces es que nuestro Señor destruirá primero
a los ejércitos reunidos en Meguido (aunque no necesariamente descen­
diendo sobre la tierra), y luego pasará a Jerusalén, descenderá sobre el
monte de los Olivos y acabará con la lucha en aquel punto.
Sea cual fuere el curso de los acontecimientos, toda la tierra se verá
envuelta en guerras, que solo acabarán cuando nuestro Señor Jesucristo
regrese victorioso a este mundo.
Edom
Isaías predijo el centro geográfico del conflicto, como leemos en
Isaías 63:1-6. Se nos dice que el Señor vendrá de Edom (una nación que
a menudo se enfrentó a Israel, y que por tanto estaba bzyo la ira de Dios,
Mal. 1:4), y de Bosra en Edom, que está a unos 32 kilómetros al sudeste
del extremo sur del Mar Muerto. Allí Jesús pisará el lagar de su ira y
destruirá a sus enemigos (ver Ap. 14:17-20).
Quizá fuera mejor que, en lugar de pensar en estos puntos geográfi­
cos (Jerusalén, Meguido y Edom) siguiendo cierta secuencia, en lo que a
batallas se refiere, pensásemos en ellos como una forma de darnos una
imagen global de las batallas, prácticamente simultáneas, de aquella
guerra del gran día de Jehová Todopoderoso (Ap. 16:14). En otras pala­
bras, la guerra abarcará todo el territorio comprendido entre Meguido
en el norte, Jerusalén en el centro y Edom en el sudeste. Esto supone
una distancia de unos 225 kilómetros. Es en Apocalipsis 14:20 donde
hallamos la pista de que quizá sea mejor considerar esta la mejor mane­
C h a r le s C . R y r ie : La cam paña del A m ra g e d ó n 191

ra de imaginar la guerra y la inclusión de estos tres lugares; este pasaje


describe un río de sangre de 290 kilómetros, y de una profundidad de
hasta casi un metro y medio. Esto incluiría el área desde Meguido a
Edom, con algunos kilómetros a ambos extremos de las mismas.
La identificación del lugar del Armagedón
Posiblemente, la interpretación más frecuente sea la de identificar el
Armagedón con Meguido. Sin embargo, a lo largo de la historia, ha
habido debates sobre cuál sería el lugar exacto. La identificación más
antigua es la que sugirió Hipólito (que murió cerca del 236 d.C.), que
entendía que se trataba del valle de Josafat, mencionado en Joel 3:2
como el lugar del juicio de las naciones.
También se ha relacionado con el área al oeste del río Éufrates, que
atravesarán los reyes del oriente. No obstante, se dice que como la coli­
na de Meguido probablemente solo medía unos 21 metros en tiempos
de Juan, esa altura no basta como para definirla como monte (que es el
significado de har en harmagedon). Como respuesta a este argumento, se
dice que Meguido se encuentra cerca de la cadena montañosa del
Carmelo, lo cual sí justifica el uso de la palabra monte.
Otro factor que complica las cosas es el hecho de que la pronuncia­
ción de Meguido es diferente a la de Armagedón. El texto griego de
Apocalipsis 16:16 (harmagedon) solo tiene una “d”, mientras que algunos
manuscritos escriben Meguido con dos (inclusive la Septuaginta). La
“n” final, que aparece en Armagedón pero no en Meguido, también
supone un problema.3
Por otra parte, el valle de Meguido ha sido un centro importante a lo
largo de la historia, así como el lugar donde se han sostenido diversas
batallas. Hacia el año 1482 a.C., Tutmosis III, uno de los mayores con­
quistadores egipcios, lanzó una exitosa campaña para someter a sus
vasallos palestinos, entre los cuales se contaba el rey de Meguido. En
tiempos de Débora y Barac (1195-1155 a.C.), tuvo lugar en Taanac una
batalla contra los cananeos, bajo gobierno de Jabín; se dice que ocurrió
“junto a las aguas de Meguido” Que. 5:19). Salomón hizo de Meguido
una de las bases de su ejército permanente. Tras ser ungido como rey
de Israel el año 841 a.C., Jehú fue ajezreel y mató ajoram , que enton­
ces era el rey. Ocozías, rey de Judá, huyó de Jehú hasta llegar a Meguido,
192 La cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

donde murió (2 R. 9:27). El rey Josías, intentando interceptar al faraón


Necao en Meguido el año 609 a.C., murió en esa localidad (2 R. 23:29).
Sin embargo, ninguno de estos acontecimientos puede compararse con
la batalla culminante durante la segunda venida de Cristo, y no existe
ningún motivo poderoso para localizarla en Meguido, al principio del
valle de Jezreel (o Esdraelón).
¿Por qué será necesario el Armagedón?
Como vivimos en los tiempos de la paciencia tolerante y la gracia
divinas, a veces a los creyentes nos resulta difícil pensar siquiera que
Dios pueda actuar de otro modo. Y cuando a esto añadimos las innume­
rables manifestaciones de su gracia durante cientos de años, aún resulta
más difícil de imaginar. Incluso los juicios con que afligió a Israel, junto
a aquellos que el mundo ha padecido desde la primera venida de Cristo,
son un pálido atisbo de los terribles juicios de la tribulación, de las
guerras de aquella época, y sobre todo de la matanza que conducirá al
Armagedón.
¿Por qué actuará así Dios? De entrada, debe proteger a su pueblo,
Israel. Les hizo promesas desde tiempos de Abraham, algunas de las
cuales no se han cumplido. Si los gentiles, que durante la tribulación
odiarán a Israel, fueran capaces de exterminar a los judíos (Mt. 24:9), o
si Satanás, que mostrará su feroz ira contra Israel durante aquella épo­
ca, tuviera éxito en su empeño de borrarlo de la faz de la tierra (Ap.
12:13-17), ya no quedarían judíos para que se cumplieran en ellos las
promesas divinas pendientes. Dios prometió a los descendientes físicos
de Abraham la tierra desde el río de Egipto hasta el Éufrates (Gn. 15:18-
21). Esto es algo que jamás se ha cumplido literalmente, una de las
promesas que Dios hizo al rey David no se podría cumplir si Él no pro­
tegiese y preservase a Israel: “Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel
y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido...”
(2 S. 7:10). O también: “Pero Judá será habitada para siempre, y Jerusa­
lén por generación y generación” (Jl. 3:20). Y también: “Y traeré del
cautiverio a mi pueblo Israel... Pues los plantaré sobre su tierra, y nunca
más serán arrancados de su tierra que yo les di, ha dicho Jehová Dios
tuyo” (Am. 9:14, 15). Y otra: “vosotros... también os sentaréis sobre doce
tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel” (Mt. 19:28). Y otra: “De
C h a r le s C . R yr ie : La cam paña del A m ra g e d ó n 193

cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto [los
juicios de la tribulación descritos en los versículos anteriores] acontez­
ca” (Mt. 24:34). Si Dios no evitara que el pueblo judío fuera aniquilado
durante la tribulación (o en cualquier otra época), estas promesas o
bien quedarían sin cumplimiento o se cumplirían en los gentiles que
forman la iglesia; pero esto contradice por completo las palabras de
estos textos, que clara y específicamente dicen que Israel las cumplirá.
Pero Él protegerá a Israel, y muchos de los supervivientes de la tribula­
ción se volverán a Dios arrepentidos, en busca de salvación (Zac. 12:10).
Pero hay otro motivo por el que el Todopoderoso debe castigar la
maldad de las naciones del mundo, sofocando todas las rebeliones con­
tra Él, el Dios vivo y verdadero. Desde que Adán y Eva pecaron por
primera vez, la mayor parte de la humanidad ha manifestado una serie
ininterrumpida de rebeliones en contra de Dios. Esto ha sido así a pesar
de todas las evidencias que Él ha ofrecido al mundo que nos rodea, en
su modo de tratar a Israel en el Antiguo Testamento, y, de la forma más
vivida posible, en la venida de Jesucristo y la proclamación universal de
las buenas noticias, de que todo aquel que crea puede reconciliarse con
Dios y tener vida eterna. Pero el mundo ha rechazado sus ofrecimientos
y se ha centrado en sus propios caminos perversos. Durante la tribula­
ción, la maldad y la rebelión quedarán desenmascaradas, para revelar la
dureza del corazón humano (Ap. 9:20-21; 16:9, 11). La paciencia divina
tiene el propósito de dar tiempo a las personas para que acudan a Él (2
P. 3:9). Pero esto acabará en el momento de la segunda venida. En el
Armagedón, Él herirá a las naciones, y “las regirá con vara de hierro”
(Ap. 19:15). En aquel momento Él dice que: “procuraré destruir a todas
las naciones que vinieren contra Jerusalén” (Zac. 12:9). Y Él dice, ha­
blando del Armagedón, que: “Y con mi ira hollé los pueblos, y los em­
briagué en mi furor, y derramé en tierra su sangre” (Is. 63:6).
Y estas serán las cosas que marcarán el inicio del glorioso reino
milenario de nuestro Señor Jesucristo: los enemigos derrotados, Israel
exaltado, la tierra renovada, el Rey de reyes y Señor de señores reinan­
do en su absoluta justicia, y, gracia sobre gracia, nosotros los creyentes
reinando con Él.
Y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apar­
tará los unos de los otros, com o aparta el pastor las ove­
jas de los cabritos.
Mateo 25:32

E l juicio de las naciones tendrá lugar antes del inicio del rei­
nado milenario. Esto deberá ser así porque los resultados de
ese juicio determinarán la participación en el reino milenario.
Como resultado de este juicio, algunos formarán parte del rei­
no, mientras que otros quedarán excluidos. Daniel 12:11-12
sugiere que habrá un periodo de 75 días entre la segunda veni­
da y el verdadero comienzo del reinado milenario. En esos
versículos, Daniel declaró que aquel que consiguiese llegar al
día 1.335 recibiría una maravillosa bendición. Entendemos que
esta bendición es una referencia al privilegio de entrar en el
reino del Mesías, que comenzará en ese punto.
C a p í t u l o 16

El juicio de los nociones


Paul N.B enmare

con la muerte, el juicio no es un tema agradable de


I g u a l q u e su c e d e
conversación. No suele ser el tema central de fiestas o reuniones socia­
les, a menos, por supuesto, que tenga algo que ver con alguna película
reciente de Hollywood. El tema del juicio hace que muchas personas se
sientan incómodas, porque sienten, instintivamente, que si existe algo
así como un juicio, es posible que ellas no salgan bien paradas en esa
ocasión. De modo que, ¿por qué molestarse en hablar del tema? Pero
igual que la muerte, el juicio es una de las realidades últimas a la que
todo ser creado debe enfrentarse algún día. Todas las criaturas, ya sean
ángeles u hombres, son responsables de dar cuentas al que las creó. Tal
y como lo expresa sucintamente el escritor de Hebreos: “Y de la manera
que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y des­
pués de esto el juicio...” (He. 9:27). La Biblia declara insistentemente
que llegará un tiempo de juicio. Sin embargo, no habla en términos de
un único juicio global, sino de una serie de juicios distintos, que ten­
drán lugar en momentos diferentes e incluirán a personas distintas. El
tema de este estudio concreto es “el juicio de las naciones”. No se trata
de un juicio general, sino que tiene que ver con un determinado grupo
de personas, en un momento específico dentro del calendario profético
de Dios. Joel 3:1-3 y Mateo 25:31-46 son las dos fuentes primarias de
información acerca de este juicio venidero de las naciones.

195
196 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

El tiempo del juicio


Las dos porciones de las Escrituras que hemos mencionado, junto
con Daniel 12, nos ayudan a establecer el momento en que tendrá lugar
este juicio. El juicio de las naciones se celebrará dentro de la misma
escala cronológica de los demás juicios que se comentan en este libro.
La relación con la segunda venida
Según el profeta Joel, este juicio de las naciones tendrá lugar en rela­
ción con “el día grande y espantoso de Jehová”, lo cual deja claro que
Joel sitúa este juicio hacia el final de la tribulación y el reino (Jl. 2:31).
Pero, más concretamente, Joel dice que el juicio se celebrará cuando
Dios haga “volver la cautividad” de Judá y de Jerusalén (Jl. 3:1-2). La
restauración de Israel suele usarse como referencia al reino milenario,
que se establecerá una vez que el Señor Jesucristo regrese a esta tierra
con poder y gran gloria (p. ej., Ez. 39:25 y Am. 9:14-15).1 Esto sitúa el
juicio después de la segunda venida, porque será solo tras ese aconteci­
miento cuando Israel reciba las bendiciones de las que se hablan aquí.
En su discurso profético en el monte de los Olivos, el Señor Jesús
también relacionó este acontecimiento con su segunda venida. Dijo que
el momento en que las naciones se junten para ser juzgadas será poste­
rior a su regreso en gloria con sus santos ángeles, y al instante en que se
siente en su trono (Mt. 25:31-32). Por consiguiente, será tras su segunda
venida cuando El juzgue a las naciones.
La relación con el reino milenario
El juicio de las naciones tendrá lugar antes del inicio del reinado
milenario. Esto deberá ser así porque los resultados de ese juicio deter­
minarán la participación en el reino milenario. Como resultado de este
juicio, algunos formarán parte del reino, mientras que otros quedarán
excluidos de él. Daniel 12:11-12 sugiere que habrá un periodo de 75 días
entre la segunda venida y el verdadero comienzo del reinado milenario.
En esos versículos, Daniel declaró que aquel que consiguiese llegar al
día 1335 recibiría una maravillosa bendición. Entendemos que esta ben­
dición es una referencia al privilegio de entrar en el reino del Mesías,
que comenzará en ese punto. Llegar al día 1335 significa entrar en el
reino mesiánico. Esos 1335 días comenzarán a mediados de la tribuía-
P a u l N . B e n w a r e : E l ju ic io de la s nacion es 197

ción, y 1260 de ellos abarcarán la última sección de la misma. Por su­


puesto, la tribulación acabará con el regreso de Cristo a la tierra. El
periodo restante, de 75 días, parece ser el intervalo que existe entre el
final de la tribulación (la segunda venida) y el inicio del reinado milenario
del Mesías. Es durante ese intervalo cuando parece ser que tendrá lugar
el juicio de las naciones.
Dado que este juicio tiene lugar antes del reino milenario, no se debe
confundir con el juicio “del gran trono blanco”, que se celebrará una
vez concluido el reinado milenario de Cristo (Ap. 20:11-15). Lamenta­
blemente, a menudo se considera que estos dos juicios son el mismo.
Debemos recordar que entre ellos hay una distancia de mil años, y ade­
más existen ciertas diferencias significativas entre uno y otro.
El lugar del juicio
Podríamos asumir que, dado que el juicio de las naciones tendrá
lugar después de la segunda venida, se celebrará en este mundo, que es
adonde vendrá Cristo. Y el Señor Jesús sí que indicó dónde sería el
juicio tras su regreso a la tierra (Mt. 24:27-31; 25.31-32). El profeta Joel
afirmó específicamente que las naciones se reunirían para ser juzgadas
en “el valle de Josafat” (Jl. 3:2, 12). Algunos han identificado este valle
con el de Cedrón, junto a Jerusalén, mientras que otros lo consideran el
lugar donde Dios libró de la muerte al rey Josafat, derrotando a una
coalición de enemigos que venían en su contra (2 Cr. 20). Pero es difícil
precisar con exactitud el lugar geográfico, porque su nombre no se
encuentra históricamente relacionado con ningún punto geográfico con­
creto. Lo más probable es que el nombre (que significa “Jehová juzga”)
sea simbólico. Ese será el lugar en Israel donde el Señor Jesús, que
acabará de regresar al mundo, reunirá a las naciones para juzgarlas. Es
probable que se refiera a un lugar futuro, que existirá como consecuen­
cia de los cambios topográficos que tendrán lugar en Israel durante la
segunda venida (Zac. 14:4). Es muy probable que esté situado cerca de la
ciudad de Jerusalén, la ciudad del Rey Jesús.2
Los participantes en el juicio
El Juez
El juez que emite todos los veredictos en los últimos tiempos es el
198 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Señor Jesucristo. Según el propio Señor, el Padre ha entregado en sus


manos todo juicio. Juzgará con justicia, de acuerdo con la voluntad del
Padre (cp. Jn. 5:21-23, 27). Durante su ministerio terrenal, a Jesús no le
impresionaron ni le influyeron la riqueza, el poder o la posición social
de nadie. Y esto también será así en sus juicios futuros (cp. Is. 11:4-5).
Cuando las naciones se reúnan ante Él, podrán estar seguras de hacerlo
delante del que lo ve y lo sabe todo, a quien no se puede engañar o
sobornar (Ap. 1:14; 2:18; 3:7). Él no cometerá errores, y no violará la
justicia cuando invite a algunos a entrar en su reino y a otros no.
Los reos
Los dos pasajes centrales de las Escrituras que tienen que ver con
este juicio afirman que las “naciones” se reunirán delante del Señor. La
palabra traducida como “naciones” también significa “gentiles”, y así es
como se traduce la mayoría de las veces en el Nuevo Testamento.3Se usa
sobre todo en referencia a una categoría de personas que no pertene­
cen al pueblo elegido de Israel. De modo que posiblemente sea más
fácil hablar de este episodio como del “juicio de los gentiles”, porque en
los dos textos antes mencionados estos se presentan como contraste al
pueblo del pacto, Israel.
Sin embargo, este juicio no incluye a todos los gentiles que hayan
vivido en la historia, sino solo a aquellos que estén vivos cuando Cristo
vuelva en su segunda venida. La palabra gentil no se usa en referencia a
los que están muertos, sino a personas vivas. En los pasees que hablan
de este juicio no se menciona a los muertos, ni tampoco una resurrec­
ción. Los que sean llevados ante el Señor para recibir su veredicto pro­
vendrán de todos los puntos de la tierra, y serán aquellas naciones de las
que haya salido también el remanente de Israel (Jl. 3:2). Y aparte de
esto, los gentiles serán juzgados por los actos que hayan realizado justo
antes del regreso de Cristo (cp. Jl. 3:2-3; Mt. 25:35-40). Por tanto, este
juicio tendrá como reos a los gentiles que estén físicamente vivos en el
momento de la segunda venida.
Un examen minucioso de las Escrituras revela que literalmente billo­
nes de gentiles morirán durante los espantosos días de la tribulación
(cp. Ap. 6, 8, 9, 16). Muchos morirán como consecuencia de que la ira
de Dios se derramará sobre la tierra (en las tres series de juicios y en la
P a u l N . B en w a r e : E l ju ic io de la s nacion es 199

campaña del Armagedón); muchos otros perecerán debido a las activi­


dades de Satanás y del anticristo. De hecho, es posible que sea correcto
pensar que la inmensa mayoría de los gentiles que pasen por el tiempo
de la tribulación no sobrevivirá a los siete años que dure esta. Pero
cuando Jesucristo vuelva, habrá millones de ellos que seguirán vivos,
que serán quienes se presenten ante Él durante el “juicio de las nacio­
nes (gentiles)”.
También hemos de observar que se tratará de un juicio de gentiles
individuales. Dado que se ha hecho referencia a este episodio como el
“juicio de las naciones”, algunos han pensado que entonces se juzgará a
una serie de países, a nivel global. Pero eso no sería preciso. Se tratará
de un juicio de gentiles individuales, que estén vivos en el momento de
la segunda venida.
Si este fuera un juicio de entidades nacionales, es obvio que
habría algunos que no serían salvos pero quedarían incluidos
en una nación salva; por otra parte, algunos salvos podrían que­
dar excluidos solo por pertenecer a un país condenado. Por
consiguiente, debemos concluir que este será un juicio de indi­
viduos, no de naciones.4
Los fundamentos del juicio
Cuando una persona se coloca delante del Señor Jesús, no es para
decidir el destino eterno de la misma. El momento en que se decide si
esa persona estará presente o ausente en el reino de Dios es durante la
vida terrenal de esta, no en el juicio celebrado en la presencia del Señor
Jesucristo. Jesús le dijo claramente a Nicodemo que la entrada en el
reino se obtiene mediante el nuevo nacimiento (Jn. 3:5). La entrada en
el reino (la salvación) nunca se gana haciendo buenas obras (Tit. 3:5; Ef.
2:8-9), sino tan solo por la fe en Cristo (Ro. 3:20-30; Jn. 3:16; Gá. 2:16).
La salvación siempre se considera un regalo de Dios, que se recibe me­
diante la fe que la persona pone en Cristo.
Durante los siete años de la tribulación, todos los habitantes de este
mundo oirán la verdad del evangelio de Cristo (Mt. 24:14). Aunque
probablemente los mayores difusores del mens¿ye del evangelio serán
los 144.000, habrá millones de creyentes que darán testimonio de su fe
200 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

en Jesucristo (Ap. 7:4-17). De manera que, cuando los gentiles vivos


aparezcan delante del Señor Jesús en el momento de ese juicio, pode­
mos decir confiadamente que ya habrán escuchado la oferta de la salva­
ción, aceptándola o rechazándola.
Si esto es así, ¿cómo entender el énfasis sobre las obras que hayan
hecho esos gentiles como, aparentemente, un requisito previo para en­
trar en el reino mesiánico (Mt. 25:35ss.; Jl. 3:2-3)? La posición cronológica
de los terribles días de la gran tribulación es la clave para comprender
este juicio. Durante los últimos tres años y medio del periodo de la
tribulación, por la tierra se extenderá un antisemitismo muy activo y
potenciado por Satanás (Ap. 12:13-16). El anticristo, capacitado por el
diablo, intentará torcer los planes y propósitos de Dios, mediante la
aniquilación del pueblo del pacto, Israel. “Durante la tribulación, los
judíos se convertirán en la línea divisoria entre los creyentes y los incré­
dulos”.5 La condición interna y espiritual de los gentiles se revelará ex­
ternamente por el modo en que traten a Israel durante la gran tribulación.
Esta es la prueba válida de la verdadera justicia, debido a la intensa
persecución que Israel soportará durante la segunda parte del periodo
de la tribulación. Los judíos, obligados a huir de la muerte y la destruc­
ción, no tendrán medios de cuidar de sí mismos. Los gentiles justos (las
ovejas), corriendo un gran riesgo, ofrecerán comida y refugio al pueblo
del pacto, y les ayudarán también en otros muchos sentidos.
Bajo el tan extendido antisemitismo que prevalecerá durante la
gran tribulación, cualquiera que ayude a un judío que tenga
problemas se revelará como una persona que ha confiado en la
Biblia y en Jesucristo. En consecuencia, si bien sus obras no
serán lo que les salve, sí serán el fundamento para distinguirlos
de los incrédulos...6
El juez Jesús se refiere a estos gentiles como “justos” (Mt. 25:37). Las
buenas obras hechas para Jesús hacen que este adjetivo sea correcto. Sin
embargo, estos gentiles justos (las “ovejas”) se sentirán confusas al no
recordar qué han hecho por Jesús. Pero el Señor les dirá que cuando
ayudaron a “estos mis hermanos” estaban ayudando al propio Jesús (Mt.
25:40). Los “hermanos” de Jesús no son una referencia a la humanidad
P a u l N . B e n w a r e : E l ju ic io de la s naciones 201

en general, sino más bien a los judíos que siendo verdaderos creyentes
serán sometidos a una persecución inspirada por Satanás. Jesús se refi­
rió así a sus seguidores durante su ministerio terrenal (cp. Mt. 12:46-50).
En este caso habla de los judíos creyentes que vivirán durante la época
de la persecución, en la gran tribulación. Pudiera ser que se esté refi­
riendo específicamente a los 144.000 evangelistas de la tribulación, que
serán los objetivos especiales del anticristo y de Satanás. El Rey dará la
bienvenida a su reino a esos gentiles justos. Y serán justos por haber
sido salvos por gracia, pero la manifestación de su justicia será palpable
en su ayuda a los “hermanos” de Jesús durante aquellos espantosos días.
De igual manera, los actos de los injustos (los “cabritos”) revelará su
verdadera condición espiritual. Su antisemitismo será la señal de que no
han creído el mensaje del evangelio.
Los pecados contra Israel incluidos en esta acusación (Jl. 3:2b-
3) son: primero, la dispersión de los judíos (a mediados de la
tribulación); segundo, la división del territorio...; y tercero, la
venta de los judíos como esclavos... Cada gentil que viva en
aquella época será juzgado según su participación en estos ac­
tos o su renuncia a tomar parte en ellos.7
Jesús también les acusará por negarse a ayudar y confortar a sus
“hermanos” durante la gran tribulación (Mt. 25:45). Su trato negativo
de los “hermanos” de Jesús será una prueba clara de que no son justos
y, por consiguiente, deberán quedar excluidos de la entrada en el reino
milenario.
Los propósitos del juicio
Demostrar el carácter de Dios
Es esencial que el hombre entienda y admita que Dios es Dios. Los
juicios que hallamos en las Escrituras evidencian que al final toda criatu­
ra doblará sus rodillas y aceptará el lugar de sumisión ante su Creador,
el que siempre debió ocupar (Fil. 2:9-11; Jn. 5:22-23). Cuando se hayan
completado los juicios, ninguna criatura podrá desafiar o hablar en con­
tra del carácter del único Dios. El juicio de los gentiles contribuirá a
alcanzar ese objetivo tan significativo.
202 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

También es importante que el ser humano entienda que lo que Dios


ha dicho es cierto, y que siempre hará lo que ha dicho que piensa hacer.
Los juicios sobre los gentiles, con su énfasis en el modo en que estos
han tratado a Israel, nos recuerda las antiguas palabras de Dios a Abraham
en Génesis 12:3, palabras que aún tienen validez. En esa primera
formulación del pacto con Abraham, Dios dijo que bendeciría a aque­
llos que bendijeran a los descendientes de Abraham, pero maldeciría a
quienes les maldijeran. Esto ha sido así durante varios milenios, dado
que Dios habló a Abraham unos 2000 años antes de Cristo. Y el juicio
de los gentiles es la aplicación más clara e inmediata de esta verdad que
podamos hallar en la Biblia o en la historia. La Palabra de Dios es verda­
dera y digna de confianza.
Garantizar la entrada en el reino de los justos
Jesús, el Mesías, dará la bienvenida a los gentiles justos a su reino,
cuando les diga “heredad el reino” (Mt. 25:34). Esos gentiles salvos en­
trarán con gozo en el reino del Mesías. Algunos han dicho que esta
“herencia del reino” no es una referencia a la mera entrada en el reino
milenario, sino que conlleva la repartición de recompensas a aquellos
gentiles fieles.8 Se argumenta que “heredar el reino” en las Escrituras
está condicionado por las buenas obras que hagan los individuos. En
otras palabras, que “heredar el reino” siempre está condicionado a las
buenas obras que uno haya hecho tras la conversión, y se centra en la
distribución de las recompensas. “Entrar en el reino” se refiere, enton­
ces, a nuestra justificación por la fe, y por consiguiente es una expresión
equivalente a “heredar el reino”. De modo que cuando el Rey Jesús
habla a los gentiles de “heredar el reino”, se refiere a sus recompensas y
bendiciones en ese reino. Desde luego, es indudable que el Rey honrará
(recompensará) a esos gentiles justos. Pero el énfasis en las buenas obras
realizadas en beneficio de los “hermanos” de Jesús apuntaría probable­
mente a algo más que la “justificación por la fe”, aunque también es
cierto que la presencia de las buenas obras validará una fe que sea ge-
nuina. También se dice que esos gentiles regenerados entrarán en la
vida eterna en ese instante (Mt. 25:46). Pero, ¿cómo es posible que unas
personas que ya tenían vida eterna desde que pusieron su fe en Cristo
entren entonces en la vida eterna? Una parte de la respuesta estriba en
P a u l N . B e n w a re: E l ju ic io de la s nacion es 203

recordar que existe un aspecto futuro de la vida eterna. Independiente­


mente de si se cree o no que la vida eterna se consigue por obras,
siempre es algo que se describe como una adquisición futura (p. ej., Mt.
19:28-30; Gá. 6:8; Ro. 2:5-13). “El cristiano que persevera en hacer bue­
nas obras puede obtener la recompensa de la vida eterna, una experien­
cia enriquecedora de esa vida que se le concede gratuitamente solo por
medio de la justificación por la fe”.9 Por tanto, esta entrada en la vida
eterna hace referencia a las ricas recompensas garantizadas para los
gentiles justos y fieles.
Sin embargo, si bien es posible detectar, en este caso, el tema de la
recompensa, el énfasis doctrinal que pone el Señor en este pasaje pare­
ce centrarse en la entrada en el reino milenario. El tema central del
paszye es el de las ovejas que entrarán en ese reino, y en las cabras que
no podrán entrar a él. No se menciona ningún grado de recompensa en
el caso de las “ovejas”, como sería típico de un pas¿ye donde se habla de
premios, ni tampoco una escala aplicada al castigo de los “cabritos”.
Tampoco se habla en absoluto de ovejas que pudieran ser infieles, lo
cual sería de esperar si el énfasis de este pas¿ye recayera en la recompen­
sa de los justos. Pero debemos decir que el pasaje parece adquirir una
mayor claridad cuando incluimos el elemento de la recompensa, a pesar
de que este no sea el centro de la exposición que hace el Señor.
Juzgar a los impíos
Igual que sucede con las “ovejas” justas, los actos de los “cabritos”
impíos revela su verdadera condición espiritual (Mt. 25:41-46; Jl. 3:2-3).
Se les prohíbe la entrada en el glorioso reino del Mesías y se les envía a
recibir su castigo eterno. Estos padecerán un castigo de duración eter­
na, al que se alude como el fuego eterno preparado para Satanás y sus
ángeles (Mt. 25:41). Deberíamos tener en cuenta que se usa la misma
expresión para hablar de la “vida eterna” y para referirse al “castigo
eterno”. Si “vida eterna” se aplica al estado futuro de eterna bendición
que disfrutarán los creyentes, la consecuencia lógica es que los malva­
dos se enfrentarán a un castigo que tendrá esa misma duración eterna.
Los “cabritos” revelarán su rechazo del mensaje del evangelio me­
diante su negación a ayudar y consolar a los “hermanos” de Jesús duran­
te la gran tribulación. Joel destaca el hecho de que no se mantendrán
204 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

pasivos en su trato con el pueblo de Israel (Jl. 3:2-3). Serán responsables


de causar grandes padecimientos a los judíos, expulsándolos de su terri­
torio, repartiendo este y esclavizando a sus habitantes. Esos gentiles
impíos cometerán el terrible delito de quedarse para sí la porción del
Señor. “Las naciones tendrán que dar cuentas directamente a Dios por
haber tratado a su posesión personal, “la niña de sus ojos”, con tanta
ligereza”.10Estos gentiles impíos tendrán que doblar la rodilla ante Aquel
al que rechazaron y despreciaron.
Algunos pensamientos finales
Los seres humanos son responsables ante el Señor Dios de lo que
hagan con su verdad y con su pueblo. Y si bien algunos parecen pensar
que Dios no los está mirando, las Escrituras revelan que Dios sabe todo
lo que el hombre hace y dice. El hombre será recompensado o castigado
de acuerdo con el estándar de la verdad divina. Esto es cierto también
en el caso de los gentiles que vivan en los tiempos de la gran tribulación.
Se presentarán ante el Rey tras su segunda venida, y entonces entrarán
o serán excluidos eternamente del reino mesiánico.
No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; por­
que la tierra será llena del conocimiento de Jehová , com o
las aguas cubren el mar.
Isaías 11:9

T o d a s las expectativas del Antiguo Testamento tienen que ver


con un reino terrenal, la gloria de Israel y el Mesías prometido
sentado en el trono de David en Jerusalén. Cuando aplicamos
tales cosas a la iglesia, como suele hacerse con demasiada
frecuencia, no existe entre ellas ni siquiera una similitud acci­
dental sobre la que fundamentar esa aplicación. La posición
premilenarista no solo queda respaldada por una interpreta­
ción literal de las Escrituras y de abundantes profecías
veterotestamentarias, sino que también constituyó la postura
dominante de la iglesia primitiva. Sin embargo, el punto fun­
damental del milenio no es Satanás, sino el Salvador, el Señor
Jesucristo. Es el momento de su manifestación, de su revela­
ción. Entonces Cristo, en toda su gloria, instituirá su reino de
justicia y de paz. Durante el milenio, la gloria desvelada de
Cristo brillará con toda su fuerza.
C a p i t u l o 17

El maravilloso milenio
José Jordán

La cuenta regresiva al Armagedón nos lleva ahora a considerar el tema del


“maravilloso milenio”. Para algunos, el tema del milenio es un punto
que suscita enormes controversias; para otros, es un problema que in­
duce a la confusión. Pero todos aquellos que esperamos el pronto regre­
so de nuestro Señor, sentimos la sosegada convicción de que el milenio
juega un papel fundamental en el desarrollo del plan divino para las
edades de la historia. La palabra milenio viene del latín mille, que signifi­
ca mil, y de annum , que significa año. El término griego, chilias, que
también significa mil, aparece en el texto griego en el capítulo 20 del
libro de Apocalipsis; en él define la duración del reino de Cristo antes
de la destrucción de los viejos cielos y tierra.
Hablando de ese estado futuro, Charles Ryrie afirma:
El milenio es el periodo de mil años del reino visible y terrenal
del Señor Jesucristo, quien tras su regreso del cielo cumplirá,
durante ese tiempo, las promesas contenidas en los pactos de
Abraham, David y los nuevos pactos con Israel, haciendo que
todo el mundo tenga conocimiento de Dios, y acabando con la
maldición que pesa sobre toda la creación.1
Por consiguiente, el milenio se refiere a los mil años del reinado
futuro de Cristo en este mundo, que precederá a la eternidad. Es impor­
207
208 L a cu e n ta regresiva a l A rm a g e d ó n

tante tener en cuenta que el milenio trata de un orden temporal y espa­


cial, referente al reinado de Cristo.
Las posturas acerca del milenio
La interpretación de esta doctrina se ha expresado en tres escuelas
de pensamiento: el amilenarismo, el posmilenarismo y el premilenarismo.
Amilenarismo significa que no habrá milenio, es decir, que no existirá
un reino literal. Los defensores de esta idea argumentan que no se pue­
den considerar literalmente las profecías sobre el milenio, de modo que
tendrán que cumplirse de un modo no literal. El posmilenarismo afir­
ma que el regreso de Cristo tendrá lugar después del milenio. Esta es
una postura que se puso de moda en el siglo XIX, porque sugería que el
milenio tendría lugar durante los 1000 últimos años de la era actual,
cuando todo el mundo se hubiera convertido a Cristo. Así, el milenio
sería una edad de oro que duraría mil años. Con la llegada de las gran­
des guerras mundiales, la interpretación posmilenarista salió muy mal­
parada. Hoy día, hay un movimiento llamado reconstructivismo cristiano
que está volviendo a defender esta postura (también se le llama “la teo­
logía del dominio” o “teonomía”).
La interpretación premilenarista sostiene que el reino seguirá a la
segunda venida de Cristo, y será un reinado literal de 1000 años en este
mundo. Esta interpretación no solo se basa en el cumplimiento literal
de las profecías del libro de Apocalipsis, sino también en numerosas
profecías mesiánicas del Antiguo Testamento. Algunos de los que se
oponen al premilenarismo argumentan que esa postura, considerada
globalmente, se basa en unos pocos versículos de Apocalipsis 20, pero
eso no es cierto. En referencia a esta crítica, Lewis Sperry Chafer dice:
Los adversarios del quilianismo (premilenarismo) han adoptado
la práctica de decir que esta postura se basa en Apocalipsis 20:4-
6, y que si se pudiera interpretar este pas¿ye de modo que se lo
asigne al pasado o se considere ya cumplido, toda la estructura
del premilenarismo se vendría abzyo.2
Chafer prosigue diciendo:
J o sé J o r d á n : El m a ra v illo s o m ilenio 209

Todas las expectativas del Antiguo Testamento tienen que ver


con un reino terrenal, la gloria de Israel, y el Mesías prometido
sentado en el trono de David en Jerusalén. Cuando se aplican
tales cosas a la iglesia, como suele hacerse con demasiada fre­
cuencia, no existe entre ellas ni siquiera una similitud acciden­
tal sobre la que fundamentar esa aplicación.3
La posición premilenarista no solo queda respaldada por una inter­
pretación literal de las Escrituras y de abundantes profecías
veterotestamentarias, sino que también constituyó la postura dominan­
te de la iglesia primitiva. Respaldando esta idea, David Larsen escribe:
Fuera de toda duda, la comprensión premilenarista o quilianista
del final de la historia fue algo dominante en la iglesia primiti­
va, como contraste al amilenarismo, que espiritualiza el reinado
milenario de Cristo, convirtiéndolo en la experiencia actual de
la iglesia, o al posmilenarismo, que es demasiado optimista,
considerando que la iglesia es la que triunfa en la historia e
introduce el nuevo reino...4
Un campeón del pensamiento premilenarista, Ryrie, escribe:
Los premilenaristas creen que ellos poseen la fe histórica de la
iglesia. Aferrándose a una interpretación literal de las Escritu­
ras, creen que las promesas hechas a Abraham y a David son
incondicionales, y han tenido y tendrán un cumplimiento lite­
ral. La iglesia no ha abrogado o cumplido en ningún sentido
estas promesas hechas a Israel; la iglesia es una entidad distinta
propia de esta era, con unas promesas y un destino diferentes a
los de Israel. Los premilenaristas creen que al final de esta era,
Cristo volverá por su iglesia, reuniéndose con ella en los cielos,
y que este acontecimiento, conocido como el rapto o el
arrebatamiento, introducirá un período de siete años de tribu­
lación en este mundo. Tras esto, el Señor volverá a este mundo
a establecer su reino durante mil años, y será en ese tiempo
cuando se cumplan las promesas hechas a Israel.5
210 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Las promesas de Dios acerca del cumplimiento de sus pactos con Israel
se cumplirán cuando Jesucristo, un Hijo de David, venga y se siente en el
trono de David, gobierne sobre la casa de David y habite en su ciudad,
Jerusalén. En aquel momento, se cumplirán literalmente tres pactos: el
pacto de Abraham, con sus promesas acerca de la tierra y de la semilla
(Gn. 13:14-17,15:5,18-21; Is. 10:21-22; Jer. 30:22; Ez. 34:24; Mi. 7:19-20); el
pacto con David, con sus promesas relativas a la casa o semilla de David,
su trono y su reino (2 S. 7:16-19; Is. 11:1-2; Jer. 23:5-8; Os. 3:5); y el nuevo
pacto, con sus promesas sobre un nuevo corazón para la ley de Dios, el
perdón de pecados y la morada del Espíritu en medio de una nación
convertida al Señor (Jer. 31:31-34; Ez. 11:18-20, 36:24-28; Ro. 11:26-29). El
cumplimiento de estas promesas y pactos en el reino milenario de Cristo
hará que Dios ponga en práctica su propósito para el hombre en este
mundo. Esto es lo que afirma claramente J. Dwight Pentecost:
El propósito de Dios para este mundo es el de sujetar todas las
cosas al hombre (Gn. 1:26-27), y hacer que todas ellas estén
sujetas a Él por medio del hombre. Esto es lo que se cumplirá
cuando el Hijo del Hombre sujete todas las cosas a sí mismo y,
por medio de sí, a la autoridad de su Padre. El establecimiento
del reino del Hijo de David como soberano sobre este mundo
demuestra que el reino de Satanás es un reino falso. Satanás es
un rey falso; Dios es el único Dios, y es el único que tiene el
poder de reinar. Tiene el poder y la autoridad de someter todas
las cosas a su voluntad. Separados del reino de Cristo como
reino davídico, aquí en este mundo, las promesas y pactos de
Dios hubieran fracasado, y exento de esta regla, el propósito
divino para el hombre no se podría poner en práctica. El pro­
pósito que tiene Dios para este mundo no se llevaría a cabo, y el
problema generado por la rebelión de Satanás no se resolvería.
De este modo, el reino físico y literal de Cristo sobre la tierra es
una necesidad teológica y bíblica; si no, Satanás obtendría la
victoria sobre Dios.6
Sin el reino milenario de Cristo, no se cumplirían estos pactos de una
forma última y completa.
Jo sé J o rd á n : El m a ra v illo s o m ilenio 211

Otra evidencia de que el reino milenario de Cristo es un aconteci­


miento futuro la vemos en el encadenamiento de Satanás. Apocalipsis
20:2 dice: “Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y
Satanás, y lo ató por mil años”.
Cuando pensamos en la verdad de este texto, es casi imposible pen­
sar que alguien pueda decir que ya estamos en el milenio.
Un vistazo a Apocalipsis 20:1-3 demuestra que el propósito de atar a
Satanás será el de evitar que engañe a las naciones. Este pasaje enseña
que durante el milenio Satanás no solo estará limitado, sino completa­
mente inactivo. Esto supone un tremendo contraste con su actividad en
la era presente, tal y como nos lo recuerda el apóstol Pedro: “Sed so­
brios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente,
anda alrededor buscando a quien devorar” (1 P. 5:8).
Aunque Satanás no está atado en esta era presente, se halla bajo el
gobierno soberano de Dios. Esto es evidente cuando consideramos las
negociaciones que hizo Satanás con Dios en el caso de Job (Job 1:6-22).
El encadenamiento de Satanás durante la era milenaria cumple un pro­
pósito divino. La vertiente divina de este propósito es la de manifestar
su justicia perfecta, y la humana es la de conceder al hombre un estado
ideal en el que pueda vivir y adorar al Mesías. Esto es lo que expresa
muy bien Pentecost:
La era milenaria será la era en la que se manifieste la justicia
divina (Is. 11:5; 32:1; Jer. 23:6; Dn. 9:24). También constituirá la
última prueba a la que Dios someterá a la humanidad, en me­
dio de unas circunstancias ideales. No existirá ninguna fuente
externa de tentación, de modo que el ser humano se verá apar­
tado de la influencia satánica. Para que pueda existir una mani­
festación plena de la justicia divina y una prueba de la
humanidad, exenta de tentaciones externas, Satanás debe ser
apartado de esta esfera.7
El personaje central del milenio
Sin embargo, el punto fundamental del milenio no es Satanás, sino el
Salvador, el Señor Jesucristo. Es el momento de su manifestación, de su
revelación. Entonces Cristo, en toda su gloria, instituirá su reino de
212 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

justicia y de paz. Durante el milenio, la gloria desvelada de Cristo brilla­


rá con toda su fuerza. Pentecost afirma:
Habrá una manifestación de la gloria de Cristo asociada a su
humanidad. Existirá la gloria de un magnífico gobierno, en el
que Cristo, en virtud de su obediencia hasta la muerte, recibirá
el control universal del mundo, para reemplazar el que perdió
Adán. Seremos testigos de la gloria de un gobierno magnífico,
en el que Cristo, como Hijo de David, recibirá un poder absolu­
to para reinar (Is. 9:6; Sal. 45:4; Is. 11:4; Sal. 72:4; Sal. 2:9).8
Echar un vistazo a este segundo salmo nos revela el propósito divino
de que Jesucristo, su Hijo, reine sobre la tierra a pesar del odio de las
naciones y de su rebelión contra Dios. Su propósito soberano será pues­
to por obra. El salmo 2:6-9 dice:
Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte. Yo publi­
caré el decreto; Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; yo te en­
gendré hoy. Pídeme, y te daré por herencia las naciones, y como
posesión tuya los confines de la tierra. Los quebrantarás con
vara de hierro; como vasija de alfarero los desmenuzarás.
Daniel, el profeta, también hablaba de este acontecimiento cuando
afirmó, en Daniel 7:13-14:
Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del
cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el
Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue
dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, nacio­
nes y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que
nunca pasará, y su reino uno que no será destruido.
Las condiciones y características principales del milenio
Se han escrito muchas cosas acerca de las características y condicio­
nes presentes en el milenio. Es importante tener en cuenta que la Biblia
enseña que será una época de gobierno tanto político como espiritual.
J o sé J o r d á n : El m a ra v illo s o m ilenio 213

Desde el punto de vista político, será universal (Dn. 2:35), autoritario


(Is. 11:4), caracterizado por la justicia, sobre todo en relación con los
pobres (Is. 11:3-5), y por las amonestaciones y juicios contra los que
violen las normas del Mesías (Sal. 2:10-12).
Este reino terrenal y literal de Cristo tendrá también características
espirituales. Algunos piensan que este reino no podrá tener un carácter
espiritual y, al mismo tiempo, ser un reino terrenal, pero ambas cosas
son compatibles, y no existe contradicción entre ellas. Antes que nada,
será un reino de justicia, donde Cristo será el Rey, que gobierne con
una justicia perfecta (Is. 32:1). También será una época en que se mani­
festarán la plenitud del Espíritu y la santidad de Dios (Is. 11:2-5). “En
aquel día estará grabado sobre las campanillas de los caballos: SANTI­
DAD A JEHOVÁ;... Y toda olla en Jerusalén yjudá será consagrada a
Jehová de los ejércitos” (Zac. 14:20, 21).
¡Qué maravilla, vivir en una época en que todo, desde el trabajo a la
adoración, será santo! El pecado será castigado (Sal. 72:1-4; Zac. 14:16-
21), de una forma definitiva, abierta y justa. La edad de oro se caracte­
rizará también por ser un reinado de paz (Is. 2:4; 11:5-9; 65:25; Mi. 4:3).
El reino de justicia y paz del Mesías tendrá muchas condiciones perfec­
tas. Un estudio del futuro reino de Cristo en las profecías de Isaías
revela muchas de ellas. Incluyen las siguientes, aunque no están limita­
das a ellas:
• Gozo: Isaías 9:3-4
• Gloria: Isaías 24:23
• Justicia: Isaías 9:7
• Pleno conocimiento: Isaías 11:1-2
• Instrucción y aprendizaje: Isaías 2:2-3
• La eliminación de la maldición sobre la tierra, así como la de toda
enfermedad: Isaías 11:6-9, 33:24
• Longevidad de la vida humana: Isaías 65:20
• Prosperidad en el trabajo: Isaías 4:1; 35:1-2; 62:8-9
• La naturaleza de los animales cambiará: Isaías 11:6-9, 65:25
También sabemos, leyendo Sofonías 3:9 e Isaías 45:13, que existirá
un lengu¿ye y una adoración puros. El concepto de adoración pura será
214 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

posible debido a la imponente presencia de Dios (Ez. 37:27-28). La pre­


sencia física del Mesías garantizará estas bendiciones. Comentando la
presencia de Dios en el milenio, Walvoord escribe: “La gloriosa presen­
cia de Cristo en el escenario milenario constituye, por supuesto, el cen­
tro de la adoración y la espiritualidad”.9
¡Qué maravilla, vivir b¿yo un gobierno de justicia perfecta y de paz
absoluta!
El lugar que ocupará Jerusalén en el milenio
Si bien el reino del Mesías será universal, el centro de su gobierno
estará en Jerusalén, porque leemos: “Porque de Sion saldrá la ley, y de
Jerusalén la palabra de Jehová” (Is. 2:3). Cuando meditamos en Isaías
2:2-3 vemos que, sin duda alguna, Jerusalén será el centro del reino
milenario. Isaías afirma:
Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado
el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será
exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones. Y
vendrán muchos pueblos, y dirán: Venid, y subamos al monte
de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará sus cami­
nos, y caminaremos por sus sendas. Porque de Sion saldrá la
ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.
Es interesante constatar que Jerusalén, la ciudad de David, volverá a
ser testigo de la presencia de David, esta vez con un cuerpo de resurrec­
ción, que actuará como príncipe o regente bajo mandato de Cristo, y
que administrará el reino milenario en lo tocante a Israel. Según Ezequiel,
David actuará como pastor de su pueblo. Ezequiel 34:23, 24 dice: “Y
levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará..., y él les será por
pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio
de ellos. Yo Jehová he hablado”.
¡Cuán glorioso será cuando Cristo, el hijo de David, le conceda a este
un cargo importante en el gobierno de su capital, en lo tocante al pue­
blo de Israel! Esta idea de un David que gobernará b¿yo las órdenes de
Cristo la vemos también en Jeremías 30:9; 33:15-17; Ezequiel 37:24-25;
Oseas 3:5.
J o s é J o r d á n : E l m a ra v illo s o m ilenio 215

Cuando pensamos en Jerusalén como centro de gobierno del Mesías,


y consideramos el tamaño del templo milenario, es evidente que debe­
rán tener lugar ciertos cambios topográficos. Esto sucederá cuando Cristo
asiente sus pies en el monte de los Olivos.
Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Oli­
vos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los
Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occi­
dente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se
apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur. (Zac. 14:4)
Hablando de estos cambios físicos en torno ajerusalén, Larsen escribe:
Cuando Cristo regrese en gloria para establecer su reino, ten­
drán lugar algunos cambios geográficos y topográficos impor­
tantes. Un gran terremoto partirá en dos el monte de los Olivos
(Zac. 14:3-4), y el monte del Señor tendrá el tamaño suficiente
como para erigir el templo del milenio, descrito en Ezequiel 40—
48. Desde su cumbre fluirá el arroyo de agua de vida del que
habla Ezequiel 47:1-2, que llegará hasta el Mar Muerto,
imbuyéndole su cualidad regeneradora. Entonces será cuando
de verdad Jerusalén sea enaltecida, manteniendo su lugar, para
que se cumpla la promesa. Y volverá a estar habitada. Nunca más
será destruida. Jerusalén será un lugar seguro (Zac. 14:10-11).10
Los participantes en el milenio
Dejaremos de concentrarnos en el personaje, el propio Señor Jesu­
cristo, y en el lugar, Jerusalén, y pasaremos a hablar de los participantes
en el reino. Las personas relacionadas con el reino milenario de Cristo
serán los santos del Antiguo Testamento (Dn. 12:1-2, 6, 13), los de la
tribulación (judíos y gentiles, tanto los vivos como los resucitados), y la
iglesia del Señor Jesucristo. Ryrie escribe al respecto:
Habrá tres grupos de personas relacionadas con el gobierno
milenario. Israel, cuya población habrá vuelto a reunirse y se
habrá vuelto al Señor, será exaltada, bendecida y favorecida
216 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

durante todo ese tiempo. Las naciones estarán sujetas al Rey


durante el milenio. “Todos los reyes se postrarán delante de él;
todas las naciones le servirán” (Sal. 72:11; Dn. 7:13-14; Mi. 4:2;
Zac. 8:22). Además, la iglesia reinará con Cristo, no como un
súbdito del Rey, sino como alguien que compartirá legítima­
mente ese gobierno (2 Ti. 2:12; Ap. 1:6; 5:10; 20:6).11
Así, los participantes en el reino del Mesías serán los santos del Anti­
guo Testamento, los de la tribulación, tanto judíos como gentiles, y la
iglesia de nuestro Señor Jesucristo. Los santos de la tribulación no solo
serán aquellos que vivan en el momento del regreso de nuestro Señor,
sino también los santos resucitados, tal y como evidencia Apocalipsis
20:4:
Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron la facul­
tad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del
testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían
adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca
en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo
mil años.
El sacerdocio, el Cordero de la
Pascua y la adoración durante el milenio
Aunque en el reino del Mesías solo entrarán los redimidos, los santos
que estén vivos en la tribulación entrarán en ese reino con sus cuerpos
naturales, con capacidad de procrear. Aquellos que nazcan durante el
milenio necesitarán ser salvos, y esa salvación les será dispensada me­
diante Israel. Comentando acerca de la salvación durante este período,
Pentecost dice:
Durante el reino milenario de Cristo, Israel, como nación, cum­
plirá la función para la que en un principio Dios la había esco­
gido. Se convertirán en un reino de sacerdotes (Éx. 19:6),
intermediarios entre los que necesiten de la salvación y el Rey
que se la ofrece. Serán lo que Dios les ordenó que fueran, la luz
del mundo. Aquellos que nazcan durante el milenio, necesita­
Jo sé J o rd á n : El m a ra v illo s o m ilenio 217

dos de salvación, se acercarán al Salvador por medio de Israel


(Zac. 8:20-23). En esos tiempos, la salvación se alcanzará gracias
a los beneficios de la muerte del Cordero pascual. Es por eso
que durante la época milenaria se celebrará la Pascua como un
recordatorio de la muerte de Cristo (Ez. 45:21); por eso se ofre­
cerán sacrificios cruentos en el templo milenario, como memo­
riales de esa muerte (Ez. 43:19-27).12
Algunos han objetado a los sacrificios de animales en el templo du­
rante el milenio, diciendo que es una regresión en el programa divino.
Basan sus argumentos en Hebreos 9 y 10, que enseñan que los sacrifi­
cios llegaron a su fin con la muerte de Cristo. Hablando de este proble­
ma, Ralph Alexander dice:
Todo lo que se dice en los pasajes sobre el templo, en Ezequiel,
gira en torno a la restauración de Israel en los últimos tiempos.
Pero, ¿acaso el regreso al sacrificio literal de animales no es un
retroceso? Además es, ciertamente, contrario al mensaje de
Hebreos en el Nuevo Testamento (He. 10:1-8, 14, 18). El hecho
de que la obra consumada de Jesucristo en la cruz, por los peca­
dos del mundo, ya se haya realizado, y que ya no haya necesidad
o posibilidad de hacer más sacrificios no elimina la perpetua­
ción del simbolismo o del testimonio sacramental.13
Horatius Bonar, que también respalda la idea de los sacrificios de
animales durante el milenio, escribe:
El templo, la adoración, los ritos y los sacrificios están centra­
dos en el Cordero que fue inmolado. Apuntan a Él, y hablan de
Él. ¿Por qué no deberían seguir haciéndolo durante la era
milenaria, si ese es el propósito del Padre? Son conmemorati­
vos, no típicos. Serán una retrospectiva, pero no, como antaño,
indicativos del sacrifico futuro.14
En relación con la reacción emocional de los creyentes judíos frente
a ese simbolismo, John Mitchell escribe lo siguiente:
218 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Es cierto que esos sacrificios serán tipos y símbolos de su fe en


la muerte de Cristo, pero eso no hará que sean menos reales. Al
celebrar esos sacrificios, posiblemente las personas sentirán una
mezcla de alegría y tristeza, al recordar cómo sus antepasados
rehusaron aceptar a ese Cristo como Mesías, y darse cuenta del
privilegio que tendrán ellos de verlo con tamaña claridad.15
También observamos que los sacrificios durante el milenio serán algo
más que un memorial. Dentro de una teocracia (donde la ley del gobier­
no es la de Dios, igual que en el caso de Israel bajo la ley mosaica),
transgredir la ley teocrática acarrea un juicio temporal (Zac. 14:16-19):
sequía, hambrunas, enfermedades o muerte. Para escapar a ese juicio
temporal, se ofrece el sacrificio de un animal como pena por haber
transgredido la ley teocrática. Este será el caso durante el milenio, mo­
mento en que todo el planeta estará sometido a una teocracia.
El problema de Satanás y su última rebelión
Cuando el reinado mesiánico de 1000 años llegue a su fin, Satanás
será liberado durante un tiempo. Tal y como leemos en Apocalipsis
20:3: “Y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo”.
La pregunta es: ¿por qué será liberado Satanás? ¿Por qué no dejarlo
en su pozo sin fondo para siempre? Comentando este punto, Larsen
escribe:
Las fases sucesivas de la relación entre Dios y la humanidad po­
nen a prueba diversas hipótesis y teorías. La conciencia o el go­
bierno humanos no pueden dar una respuesta exhaustiva a todos
nuestros problemas; la ley no puede ofrecer salvación, y el endu­
recido corazón humano a menudo se resiste al evangelio de la
gracia de Dios. Pero hay un concepto que subyace en los corazo­
nes humanos, y que se manifiesta en muchos tratados sobre la
condición humana: la idea de que si los seres humanos fuéramos
autosuficientes a nivel económico; si nos viésemos libres de los
sobornos, la falta de honradez y los prejuicios de los oficiales
públicos; si no tuviéramos que enfrentarnos a la incertidumbre
de las amenazas hostiles y la guerra, todo nos iría bien.16
J o sé J o r d á n : El m a ra v illo s o m ilenio 219

El fin del milenio revelará cómo los corazones no regenerados segui­


rán abiertos a escuchar las mentiras del diablo, siguiéndole en su última
revuelta contra Dios. Una vez más será evidente que sin la redención
por medio de la gracia salvadora de Dios, no existe respuesta para el
pecado. Durante mil años no habrá ninguna actividad satánica o
demoníaca, ni gobiernos corruptos, ni guerras, enfermedades o mal
tiempo, y sin embargo la gente seguirá rebelándose. Aprendemos así
que toda rebelión, durante el milenio, tendrá su origen no en las cir­
cunstancias externas del hombre, sino en su propia naturaleza interna y
corrupta. La liberación de Satanás demostrará que no hay en el mundo
ningún tipo de ordenam iento social o entorno que cambie la
pecaminosidad del corazón degenerado del hombre.
Así, solo mediante una relación personal con el Mesías, por medio de
la redención, puede una persona resistir no solo a su propio corazón
humano y malvado, sino también al propio Satanás.
Tras esta última rebelión, Satanás y sus seguidores serán arrojados al
lago de fuego (Ap. 20:10), tras lo cual llegará la resurrección y el juicio
ante el gran trono blanco de todos los muertos que no hayan sido salvos
durante todas las edades de la historia, con el resultado de que serán
arrojados también al lago de fuego (Ap. 20:12-15). Tras esto vendrán los
nuevos cielos y la nueva tierra, con su estado eterno (Ap. 21:1). ¡Qué
momento más glorioso será este!
La transición del milenio al estado eterno
Nos acercamos a la conclusión de este capítulo, pero debemos consi­
derar un pas¿ye muy importante, dado que tiene que ver con el milenio
y el estado eterno. El pasaje es 1 Corintios 15:24-28:
Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando
haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Por­
que preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus
enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será
destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debzyo
de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujeta­
das a él, claramente se exceptúa aquel que sujeto a él todas las
cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces
220 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las


cosas, pasa que Dios sea todo en todos.
Este pasaje, ¿enseña que Cristo, al final de su reinado de 1000 años,
dejará de reinar, o que el estado eterno o reino de Dios debería equipa­
rarse al milenio? Pentecost comenta lo siguiente:
El propósito original de Dios era el de manifestar su autoridad
absoluta, y este es un objetivo que se cumplirá cuando Cristo
reúna la teocracia terrenal con el reino eterno de Dios. Así, si
bien el reinado terrenal y teocrático de Cristo está limitado a
1000 años, lo cual es suficiente para manifestar la perfecta teo­
cracia divina en este mundo, su reinado es eterno.17
Y en relación con la cuestión del traspaso de autoridad del Hijo al
Padre, Chafer escribe:
La entrega a Dios de un reino perfecto no conlleva el cese de
la autoridad del Hijo. La verdad que se afirma en 1 Corintios
15:27-28 es que, al final, el reino quedará completamente res­
taurado, y le será devuelto a Dios, a quien pertenece. La dis­
tinción que hemos de establecer se centra en la presentación
ante el Padre de una autoridad restaurada y la supuesta abro­
gación del trono por parte del Hijo. El texto no exige esto
último, ni siquiera lo sugiere. La imagen que vemos en Apoca­
lipsis 22:3 es la de una nueva Jerusalén en los cielos, en un
estado eterno, sobre la que se declara que “el trono de Dios y
del Cordero estará en ella”.18
El reino milenario de Cristo servirá de introducción para la mani­
festación eterna de la gloria del Cordero de Dios. Sin la doctrina
bíblica del milenio, careceríamos de nexo entre la historia y el orden
eterno de Dios. Esta edad dorada no solo será el modo en que Dios
haga esta transición histórica, sino también la concesión al ser huma­
no, por medio del Dios-hombre, Jesucristo, del dominio que perdió
tras la caída.
J o sé J o r d á n : El m a ra v illo s o m ilenio 221

Sí, el milenio será maravilloso porque el Mesías será enaltecido como


Hijo de David, que se sentará en el trono de David para reinar sobre la
casa de David, en la ciudad de este rey, que es Jerusalén.
Y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro
ángulos de la tierra, a Gog y a Magog , a fin de reunirlos
para la batalla; el número de los cuales es com o la arena
del mar.
Apocalipsis 20:8

I lace algunas décadas, los teólogos liberales estaban ena­


morados del concepto de la bondad intrínseca del ser huma­
no. Lo cierto es que su punto de vista era más freudiano que
teológico. Sin embargo, ellos estaban convencidos de que, dado
el entorno adecuado, la naturaleza bondadosa de la humani­
dad produciría una especie de revolución utópica que abriría
la posibilidad de conducir al planeta a una era edénica. Sería
una época en la que nadie sería acusado de ser inicuo, porque
todos serían víctimas de su entorno. El hecho de que la revuel­
ta final será una realidad histórica acabará para siempre con
semejante falacia.
C a p í t u l o 18

Lo revuelto final
Eliuood McQuoid

A m e n u d o l a s per so n a s se refieren a la batalla culminante del Armagedón,


que tendrá lugar al final del periodo de la tribulación, como la “última
batalla” entre Dios y su archienemigo, Satanás. Pero no lo será. Habrá
otra confrontación posterior que, en cierto sentido, superará a la bata­
lla del Armagedón. Y lo hará en relación con su alcance, a la completa
irrevocabilidad del resultado y, ciertamente, por lo que revelará sobre la
humanidad y la condición humana.
Este es el conflicto que hallamos descrito en Apocalipsis 20:7-9:
Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su pri­
sión, y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro
ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la
batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. Y
subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campa­
mento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió
fuego del cielo, y los consumió.
El trasfondo y el momento preciso de esta batalla
Es importante comprender el escenario profético de este conflicto,
para entender plenamente la importancia de los temas que se abordan
en el pas¿ye que vamos a considerar. La confrontación entre los elemen­
tos humanos llamados “Gog y Magog” y el Señor tendrá lugar al final
223
224 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

del milenio. Durante la era milenaria, Cristo habrá regresado, habrá


sometido a Satanás y juzgado a las naciones. Su reinado de 1000 años
sobre el trono de David en Jerusalén se habrá extendido sobre todos los
creyentes supervivientes a la tribulación. Es esencial darse cuenta de
que solo las personas que sean salvas tomarán parte en la era del reino.
Los creyentes que serán arrebatados al menos siete años antes de este
acontecimiento, volverán a la tierra junto con Cristo y, según las Escritu­
ras, “reinarán con él mil años” (Ap. 20:6). Por consiguiente, los creyen­
tes que reinen con Cristo no serán susceptibles a la mentira que hará
que millones de incrédulos tomen parte en la última revuelta.
Algunos han identificado, erróneamente, la última gran batalla con
la de Gog y Magog de la que se habla en Ezequiel 38. Pero este no puede
ser el caso por diversos motivos.
1. La invasión descrita en Ezequiel 38 vendrá del norte. Se nos des­
cribe a Rusia y a sus aliados islámicos como los principales partici­
pantes en el conflicto. En la última batalla, Satanás engañará “a las
naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra” (Ap. 20:8).
2. Las Escrituras nos dicen que habrá unas pocas naciones que se
aliarán con los invasores “de los confines del norte” (Ez. 38:4-6).
En Apocalipsis 20 se nos habla de un gran conjunto de países que
habrá existido durante la época milenaria.
3. Los ejércitos invasores de Ezequiel 38 serán exterminados en las
colinas al norte de Israel, sobre todo por medio de elementos na­
turales (Ez. 38:22; 39:4). En Apocalipsis 20, todo el ejército será
consumido por “fuego del cielo” enviado por Dios (Ap. 20:9).
4. Tras la invasión procedente del norte, harán falta siete años para
enterrar a los muertos y despejar los escombros de la batalla (Ez.
39:9-11). Apocalipsis 20 describe un fuego celestial que los “consu­
mió” (v. 9).
La lección central que debemos extraer de este conflicto
J. Dwight Pentecost, en su libro Things to Come (Las cosas por venir),
establece una idea muy importante:
[La última revuelta] será necesaria para ofrecer una prueba fi­
nal a la humanidad caída. El hombre vivirá en medio de unas
E l w o o d M c Q u a i d : L a revuelta fin a l 225

circunstancias ideales. Se habrán eliminado todas las fuentes


externas de tentación, Satanás estará atado y todas las necesida­
des estarán cubiertas, de modo que nadie pueda desear lo que
no tiene; sin embargo, aquellos que nazcan durante el milenio
demostrarán, con su naturaleza caída y pecaminosa, que el hom­
bre es corrupto y digno de juicio. A pesar de la presencia visible
del Rey, y de todas las bendiciones que de Él procedan, los
hombres demostrarán que su corazón es corrupto, y lo harán
por medio de una rebelión a finales del milenio (Ap. 20:7-9).1
La identidad de Gog y Magog
Como indicamos anteriormente, la identidad de Gog y Magog en
Apocalipsis 20 no está definida claramente. No se nos dan detalles acer­
ca de tales persomyes; lo único que sabemos es que vendrán de “los
cuatro ángulos de la tierra” (Ap. 20:8). Es posible que existan ciertas
similitudes con episodios anteriores del juicio de Dios sobre la humani­
dad, en momentos determinados de la historia. Por ejemplo, nos viene
a la mente su juicio contra Rusia y las naciones que se enfrentarán a
Israel. En este conflicto, el propio Señor tomará la iniciativa de vengar­
se de aquellos que se opongan a su pueblo elegido y a la ciudad de
Jerusalén.
También podemos comparar sus actos con aquellos que descargó
sobre los habitantes de Sodoma en Génesis 19, cuando hizo llover “fue­
go y azufre” sobre una ciudad cuyos habitantes estaban entregados ple­
namente a las perversiones más aberrantes (Gn. 19:15-29).
Otro ejemplo lo hallamos en la ira de Dios derramada sobre los pro­
fetas de Baal en aquel famoso enfrentamiento entre ellos y Elias, en el
monte Carmelo (1 R. 18:20-40). En aquel caso no se juzgaba la perver­
sión, sino la idolatría. El fuego del Señor cayó sobre el altar que había
erigido Elias, para demostrar la ira divina contra los emisarios de la
adoración a los ídolos, y para aclarar la necesidad de servir al Dios de
Israel, invisible pero soberano (1 R. 18:38-39). El objetivo era el de hacer
volver el corazón del pueblo a su Dios una vez más.
Y en lo tocante a la aniquilación definitiva del sistema babilónico que
será destruido en el enfrentamiento de la gran tribulación, se nos dice
que Babilonia “será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el
226 La cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

Señor, que la juzga” (Ap. 18:8). Quizá la consecuencia que podemos


extraer de estos acontecimientos es que los Gog y Magog de Apocalipsis
20 serán un representante colectivo de la ira de Dios derramada contra
el libertinaje de la humanidad en pleno.
La depravación de la humanidad
Hace algunas décadas, los teólogos liberales estaban enamorados del
concepto de la bondad intrínseca del ser humano. Lo cierto es que su
punto de vista era más freudiano que teológico. Sin embargo, ellos esta­
ban convencidos de que, dado el entorno adecuado, la naturaleza bon­
dadosa de la humanidad produciría una especie de revolución utópica
que abriría la posibilidad de conducir al planeta a una era edénica. Sería
una época en la que nadie sería acusado de ser inicuo, porque todos
serían víctimas de su entorno. El hecho de que la revuelta final será una
realidad histórica acabará para siempre con semejante falacia.
En ese escenario final, Satanás será expulsado de este mundo:
Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y
una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente
antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años. (Ap.
20:1-2)

De este modo, Satanás estará encarcelado durante el milenio. Por con­


siguiente, las personas no podrán justificarse recurriendo a esa excusa de
“el diablo me hizo hacerlo”. Todo el mal que se manifieste en aquella
época nacerá de la propia naturaleza caída del hombre, no de influencias
externas, tales como la voz del diablo. Esta verdad, que es extremadamen­
te importante, ilustra, de una vez y para siempre, que todas las personas
nacidas en este mundo (excepto una, el Señor Jesús) nacen con una natu­
raleza pecaminosa, heredada de Adán. En aquel análisis final, las perso­
nas harán lo que hagan debido a su esencia, que en este caso es el pecado,
por naturaleza. David lo expresó sucintamente: “He aquí, en maldad he
sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Sal. 51:5).
Pensemos también en que, durante el milenio, esa maldición ya no
existirá; el Rey hará que se imparta una justicia perfecta. Será ese estado
de paz que el mundo lleva anhelando durante siglos y milenios. Las
E lw o o d M c Q u a id : La revuelta fin a l 227

personas tendrán lo que deseen y cuando lo deseen, no pasarán penu­


rias ni tendrán que temer represión alguna. En otras palabras, que la
humanidad poseerá todo aquello que ha dicho que le satisfaría y haría
sentirse bien. Pero, ¿será bastante?
La respuesta es un rotundo No.
Las oportunidades de ver la luz
Los rebeldes de aquella última revuelta serán los más privilegiados
de todas las generaciones desde que Adán y Eva vivieron en el huerto
del Edén. Esto se deberá, sobre todo, al testimonio de la gracia divina
que emanará de la ciudad de Jerusalén. La ciudad santa no solo será el
lugar donde se asiente el trono del Mesías, sino también el centro de
toda adoración durante al menos mil años.
Zacarías 14 también nos ofrece un maravilloso esbozo de la fusión
entre las antiguas fiestas israelitas y la adoración propia de la era
milenaria.
Y todos los que sobrevivieren de las naciones que vinieron con­
tra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, ajehová
de los ejércitos, y a celebrar la fiesta de los tabernáculos. Y
acontecerá que los de las familias de la tierra que no subieren a
Jerusalén para adorar al Rey, Jehová de los ejércitos, no vendrá
sobre ellos lluvia. (Zac. 14:16-17)
Desde mi punto de vista, ese sistema de sacrificios tan debatido, cen­
trado en el templo del milenio y que se describe en Ezequiel 40—44,
tendrá dos aspectos esenciales. El primero será recordatorio, de un modo
similar a como, hoy día, nos acercamos a la mesa de la Cena del Señor
para recordar su sacrificio por nosotros. Pero debemos recordar que
millones de las personas que acudan a Jerusalén a adorar durante el
milenio no serán salvas. Por este motivo, tenemos razones para pensar
que la adoración en el templo tendrá un valor testimonial, y será tam­
bién una ocasión para adorar al Rey, recordando todos los aspectos de
su persona y obra. Para los que sigan perdidos, el templo y sus sacrifi­
cios supondrán una lección testimonial importante acerca de la obra
redentora del Salvador.
228 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Aquellos que abrazarán la oscuridad


Inexplicablemente, aun teniendo todo lo que cualquier persona pu­
diera necesitar o desear, habrá millones de habitantes de este mundo
que se unirán a la rebelión final.
“Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión”
(Ap. 20:7).
Lo sorprendente es que millones de personas, en todo el mundo, le
tributarán una tumultuosa bienvenida. Las Escrituras nos dicen que él
saldrá por el mundo “a fin de reunirlos para la batalla; el número de los
cuales es como la arena del mar” (Ap. 20:8).
Todas esas personas serán descendientes de aquellos que entraron
en el milenio siendo salvos. Sin embargo, aun en medio de unas circuns­
tancias perfectas que les ofrecerá el Creador y Sustentador de toda la
tierra, optarán por unirse a Satanás en su gran ofensiva para destronar
a Dios y a su Cristo. No somos capaces de responder a la inevitable
pregunta: ¿Por qué?
Sin embargo, lo que sí podemos es hacer algunas observaciones basa­
das en la evidencia histórica. En primer lugar (y, en cierto modo, en un
sentido primordial), hemos de decir que la afluencia de bienes nunca
ha contribuido a acercar a la humanidad a Dios. Más bien al contrario:
parece ser que, cuanto mejores son las circunstancias, más tienden las
personas a alejarse de Él. Este hecho ha quedado ilustrado, de una for­
ma muy elocuente, en la historia de la nación de Israel. En los mejores
momentos de su historia fue cuando tendieron a apartarse más del Se­
ñor. Parece ser que la mayoría de las personas no son capaces de encajar
bien la prosperidad constante.
Por consiguiente, cuando Satanás vuelva a entrar en escena tras pa­
sar mil años en “el abismo”, el mundo le recibirá con los brazos abier­
tos, aclamándole como el liberador; esto será así hasta tal punto que
será él quien dirija una confederación militar universal, “el número de
los cuales es como la arena del mar” (Ap. 20:8).
Llamemos a las cosas por su nombre
Oímos con frecuencia la expresión “...y el resto de la historia”. En
Apocalipsis 20, el Señor nos presenta ese asombroso “resto de la histo­
ria”. En realidad, se trata de una historia antigua. Igual que Satanás y
E lw o o d M c Q u a id : La revuelta fin a l 229

sus secuaces se rebelaron contra un Dios benevolente en el pasado, la


humanidad caerá en el mismo pozo de iniquidad durante el reino
milenario. Esto nos resulta incomprensible. Actualmente, no podemos
evitar estar expuestos a la iniquidad. Es una historia que debemos con­
tar en su totalidad. Sin Apocalipsis 20, no habría un capítulo final del
relato. Podríamos preguntarnos qué sucedería si la humanidad no reci­
biera esa oportunidad por la que no deja de clamar: una sociedad con
justicia, paz, prosperidad y la evidencia visible de la existencia de Dios.
¿Seguiría siendo este un mundo de rebeldes? En resumen: las personas,
¿son buenas por naturaleza?
Esta idea queda definitivamente aniquilada cuando conocemos las
severas realidades que hallamos en Apocalipsis 20. Las personas no son
buenas por naturaleza. Esta naturaleza es la que les inclina hacia el mal.
Cuando se les ofrece la oportunidad, la mayoría (como en el caso de ese
ejército numeroso “como la arena del mar”) elige hacer el mal antes que
el bien.
Pero en lugar de entristecernos al meditar en estos hechos sombríos,
deberíamos considerarlos una confirmación. Este último acto de rebe­
lión contra Dios supondrá un signo de exclamación definitivo. El milenio
supondrá el último acto en el drama de la redención. Dios habrá proba­
do a la humanidad bajo todas las condiciones imaginables; por citar
unas pocas, la inocencia, el gobierno humano, la ley, la gracia y, por
último, el reino mesiánico. La humanidad ha fracasado en el examen de
todas las dispensaciones concebibles. Por tanto, nadie podrá decir que,
en medio de las condiciones adecuadas, la bondad intrínseca de la hu­
manidad saldrá a flote como la crema de una botella de leche. No. Dios
tenía razón. La humanidad es plenamente corrupta.
Por esto, el libro sobre la historia de la naturaleza humana se cierra
con una nota amarga:
“Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento
de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y
los consumió” (Ap. 20:9).
Las buenas noticias
Aunque este pueda parecer el último capítulo de la historia de la
rebelión humana contra Cristo, no es el último del Libro. De una forma
230 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

casi telegráfica, las Escrituras hablan de la derrota definitiva de Satanás


(Ap. 20:10), el juicio del gran trono blanco (Ap. 20:11-15), y la creación
de un nuevo cielo y una nueva tierra (Ap. 21—22).
Y, por encima de todos estos acontecimientos monumentales, resue­
na la gran campana de la redención. Se habrá evidenciado de un modo
enfático la necesidad de un nuevo nacimiento. Si en la historia de la
completa depravación de la raza humana hay cosas que nos parecen un
tanto incomprensibles, no podemos decir lo mismo del plan de reden­
ción divina. Si leemos todo el relato, desde el Edén hasta la última rebe­
lión del Apocalipsis, solo podemos llegar a una conclusión: necesitamos
desesperadamente a un Salvador que, afortunadamente, ya ha venido a
este mundo.
Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres
en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.
Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se
confiesa para salvación. (Ro. 10:9-10)
Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él
de delante del cual huyeron la tierra y el cielo > y ningún
lugar se encontró para ellos.
Apocalipsis 20:11

E n otras palabras, al gran trono blanco se le aplicará el prin­


cipio de que, cuanto mayor sea el grado de la luz rechazada,
más severo será el castigo. Dado que el destino eterno de to­
dos aquellos que han rechazado el don de la gracia divina en
Cristo es la separación eterna de Él, el juicio ante el gran trono
blanco, que depende de sus obras, será simplemente el mo­
mento en que se anuncien los distintos grados del juicio. La
expresión "el castigo se adecúa al delito" es una buena des­
cripción de lo que tendrá lugar cuando los muertos se presen­
ten ante el trono, para recibir el veredicto que dependerá de
sus obras.
C a p í t u l o 19

El juicio del
gran [fono blanco
John R. fiaster

Los patrones para el juicio


“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn. 1:1). Los dos
primeros capítulos del libro de Génesis nos hablan de la gran actividad
creadora de Dios, que alcanzó su punto culminante con la creación de
Adán y Eva, y su colocación en el huerto del Edén. Dios había creado un
estado paradisíaco en el que puso a vivir a la humanidad. Sin embargo,
a pesar de la perfección de la creación divina, Adán y Eva sucumbieron
a la tentación de la serpiente. Pecaron y desobedecieron a la Palabra de
Dios y, como consecuencia de su pecado, padecieron el juicio que Dios
había anunciado que sobrevendría si el hombre pecaba contra Él (Gn.
2:17). Tal y como Dios había dicho, murieron.
La muerte conlleva una separación. Adán y Eva, debido a su pecado,
se apartaron de Dios, tal y como demuestra el hecho de que, cuando
Dios descendió en el frescor del alba a pasear y tener comunión con
ellos, ambos se escondieron de Él en el jardín (Gn. 3:8). La separación
espiritual de Dios queda ilustrada mediante la muerte física, que en sí
misma es una separación de nuestro estado existencial presente. La
muerte no es sinónimo de aniquilación o de cesación de todas las cosas.
En el ámbito espiritual, la muerte supone la separación de Dios y, en el
233
234 L a c u en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

físico, la separación de nuestra existencia terrenal actual. Lucas 16 ilus­


tra claramente que uno no deja de existir cuando muere. En ese pasaje,
vemos que tanto los justos como los pecadores seguirán existiendo como
genuinos seres humanos. La muerte los habrá aislado de su existencia
terrenal, pero no dejaron de existir.
El libro de Apocalipsis nos revela los últimos actos de Dios en la
historia humana, destinados a alcanzar una restauración de la raza hu­
mana, llevándola a un estado superior al que experimentaron Adán y
Eva en aquel huerto. En Apocalipsis 21 y 22, Juan describe la nueva
Jerusalén, en la que existirá una perfecta comunión con Dios. La huma­
nidad será devuelta a su lugar de preeminencia original, para que Dios
gobierne sobre la creación a través de ella (Gn. 1:26; Ap. 22:5); en ese
estado ya no existirá la posibilidad de pecar, que desgraciadamente fue
una realidad para Adán y Eva. Por su gracia, Dios transformará hasta tal
punto la raza humana que, a diferencia de Adán y Eva, los que pertene­
cen a Dios le obedecerán de un modo perfecto, disfrutando de una
íntima comunión con Él para siempre.
En el huerto del Edén, cuando Adán y Eva pecaron, Dios maldijo a la
serpiente, a Eva y a la tierra. Desde el primer momento, la Biblia desta­
ca la realidad de que el pecado debe ser y será juzgado por Dios. Este es
un principio que encontramos en Génesis 2:17, y que se pone tristemen­
te en práctica en Génesis 3. Toda la historia del Antiguo Testamento es
el relato de esta realidad: el pecado conduce al juicio. Si el pecado no se
castigase, violaría el carácter de Dios, así como aquello que exige su
justicia y su santidad.
La Biblia comienza con el primer pecado, relacionado con el engaño
de Eva a manos de Satanás (1 Ti. 2:14), y que provocó el juicio de la
muerte. La Biblia concluye con el último pecado de la humanidad, pro­
vocado una vez más por los engaños del demonio (Ap. 20:8), y con el
juicio final sobre el pecado (Ap. 20:11-15). Al final del milenio, Satanás
reunirá a todos los que quieran unírsele en el último intento de destruir
el plan y los propósitos de Dios. En lugar de conseguir su objetivo de
destruir al pueblo de Dios y a su ciudad amada, Satanás será derrotado.
Dios enviará fuego del cielo que destruirá a todos los que participen en
ese acto final de rebelión. Este pecado se convertirá entonces en el telón
de fondo para el juicio final de Dios, sentado en el gran trono blanco.
J o h n R. M a ste r: El ju ic io del g r a n t r o n o b la n c o 235

Del mismo modo que el primer pecado de la humanidad conllevó el


primer juicio, esta rebelión final provocará el juicio definitivo.
El trasfondo del juicio
“Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante
del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para
ellos” (Ap. 20:11). La imagen de un trono “blanco” probablemente está
relacionada con las descripciones del Juez que hallamos en Daniel 7:9-
10, el Anciano de días, cuyo “vestido era blanco como la nieve, y el pelo
de su cabeza como lana limpia... y los libros fueron abiertos”. Esta mis­
ma imagen es la que se asocia con Jesús en Apocalipsis 1:14, donde se le
describe como alguien que tiene una cabeza y unos cabellos “como blanca
lana, como nieve”. A lo largo del libro de Apocalipsis, la palabra blanco
se asocia con la deidad, y con aquellos que tienen una buena relación
con Dios. Solo hay una excepción, Apocalipsis 6:2, donde el caballo
blanco sugiere la naturaleza engañosa del caballo y del jinete, que se
anuncian como emisarios de Dios cuando, en realidad, son agentes del
diablo (cp. 2 Co. 11:14). Por consiguiente, la aplicación del adjetivo “blan­
co” al trono indica la santidad y pureza del que se sienta sobre él para
juzgar.
Esta visión del gran trono blanco viene inmediatamente después de
la afirmación: “Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de
fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán ator­
mentados día y noche por los siglos de los siglos” (Ap. 20:10). Por fin,
los líderes de la rebelión en contra de nuestro Señor serán juzgados. Y
su juicio consistirá en ser “atormentados día y noche” eternamente, una
de las afirmaciones más duras que se podrían hacer acerca del sufri­
miento eterno de Satanás, el anticristo y el falso profeta. El juicio de los
líderes de aquellos que rechacen a Dios establecerá el patrón para el
juicio de todos aquellos miembros de la raza humana que hayan pecado
contra Él y seguido las mentiras del diablo. Este sistema, en el que se
juzgará primero a los más responsables, ya lo hallamos en Génesis 3,
donde Satanás es el primero al que maldice Dios.
En este juicio final de la raza humana, es difícil estar completamente
seguros de la identidad del que se sentará a juzgar sobre el gran trono
blanco. ¿Será Dios Padre o Dios Hijo? Muchos dirían, basándose en
236 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

pasees como Juan 5:22-23, que el juez será el Hijo, nuestro Señor Jesu­
cristo. Sin embargo, dado que el texto no identifica específicamente a
aquel sentado en el trono como a nuestro Señor, quizá sea mejor no ser
dogmático al respecto, o decir más de lo que expresa el propio texto. En
cualquier caso, se tratará de un juicio divino.
La presencia de Dios, sentado en su gran trono blanco, será tan im­
presionante, que la tierra y los cielos huirán de Él. Cada vez que se usa
este verbo, huir, en el Nuevo Testamento, lleva implícita la idea de huir
de alguien o algo que se considera peligroso. Incluso los cielos y la
tierra, es decir, la creación de Dios, contaminada por el pecado, recono­
ce que no puede estar en la presencia de un Dios santo y justo. Otros
pasajes, como Isaías 51:6 y 2 Pedro 3:10-12, enseñan que los cielos y la
tierra actuales serán destruidos por fuego. Serán juzgados a causa del
efecto que tiene el pecado sobre la propia creación. El que se sentará en
el trono será alguien cuya santidad y justicia no permitirán que nada
que esté contaminado por el pecado acuda a su presencia. La creación
deberá ser restaurada a un estado “muy bueno” (cp. Gn. 1:31).
Las personas sometidas al juicio
Su posición
Después de ver el gran trono blanco y que le fuera revelada la santi­
dad de Dios, Juan vio a todos los muertos, “grandes y pequeños”, de pie
delante del trono. La expresión “grandes y pequeños” se usa como una
figura retórica, para dejar claro que todos los muertos se verán inclui­
dos en el proceso. Esto nos indica que el gran trono blanco será el juicio
final de Dios contra el pecado humano. No quedarán cabos sueltos.
El hecho de que todos estén de pie ante el trono puede sugerirnos la
imagen de masas ingentes de personas presentándose como delincuen­
tes delante del Juez. Por otra parte, esa posición, de pie, puede sugerir
también que esas personas seguirán rehusando inclinarse y aceptar a
Jesús como Señor, lo cual se añadirá a su condena como seres malvados,
en rebelión contra Él.
Aparentemente, las personas de pie delante del trono dispondrán de
unos cuerpos de resurrección (cp. Dn. 12:2; Jn. 5:29; Hch. 24:15; Ap.
20:5). La naturaleza eterna de los cuerpos de resurrección es una indi­
cación de la naturaleza eterna del juicio a punto de celebrarse. Los
J o h n R. M a s t e r : El ju ic io del g r a n t r o n o b la n c o 237

seguidores de Satanás, de la bestia y del falso profeta, recibirán el casti­


go eterno igual que ellos (cp. Mt. 25:46; 2 Ts. 1:9).
El fundamento del juicio
Juan ve algunos libros abiertos. Estos libros se asocian con el juicio
divino (cp. Dn. 7:10). Los muertos resucitados, presentes delante del
trono, fueron juzgados “por las cosas que estaban escritas en los libros,
según sus obras” (Ap. 20:12). (Es decir, sobre la base de lo que hubiesen
hecho con sus vidas.) Semejante juicio garantizará, antes que nada, su
condenación, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la glo­
ria de Dios” (Ro. 3:23).
La expresión “según sus obras” también sugiere que el juicio de los
impíos ante el gran trono blanco determinará ciertos grados de juicio
basados en las obras individuales. Parece que esta misma verdad es la
que enseñó Jesús en Mateo 11:20-24, donde afirma que “en el día del
juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para
ti” (v. 24). En otras palabras, al gran trono blanco se le aplicará el prin­
cipio de que, cuanto mayor sea el grado de la luz rechazada, más severo
será el castigo. Dado que el destino eterno de todos aquellos que han
rechazado el don de la gracia divina en Cristo es la separación eterna de
El, el juicio ante el gran trono blanco, que depende de sus obras, será
simplemente el momento en que se anuncien los distintos grados del
juicio. La expresión “el castigo se adecúa al delito” es una buena des­
cripción de lo que tendrá lugar cuando los muertos se presenten ante el
trono, para recibir el veredicto que dependerá de sus obras.
El alcance del juicio
Del mismo modo que la expresión “los grandes y los pequeños” in­
cluye a todos los muertos impíos, Apocalipsis 20:13 refuerza la realidad
de que cada individuo será juzgado de acuerdo con lo que haya hecho.
“Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades
entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno
según sus obras”.
El hecho de que “la muerte y el Hades” entregasen sus muertos vuel­
ve a sugerir la naturaleza inclusiva del juicio. Según el Antiguo Testa­
mento, aquellos que murieron habrán estado en el Seol, llamado “Hades”
238 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

en la traducción griega. Lucas 16:23 nos indica que el Hades es el lugar


donde los muertos que no fueron salvos esperan su resurrección y jui­
cio final. Ese pasaje nos habla del rico que padecía el tormento en el
Hades, en contraste a Lázaro, que gozaba de la comodidad en el seno
de Abraham. Apocalipsis 1:18 menciona a Jesús como aquel que tiene
“las llaves de la muerte y del Hades”, indicando su autoridad sobre to­
dos los muertos. En Apocalipsis 6:8, se muestra al “Hades” siguiendo al
jinete llamado “muerte”. Este cuarto jinete aniquila a una gran parte de
la población mundial; en estos textos del Nuevo Testamento, el Hades
parece ser el destino de los muertos que no hayan sido salvos.
La mención del hecho de que “el mar entregó sus muertos” sugiere
la amplitud de este último juicio. El uso de esta imagen es posible que se
fundamente en Isaías 27:1, donde el leviatán, la serpiente veloz, se aso­
cia con el mar. La denuncia que hizo el profeta contra el leviatán posi­
blemente fue un ataque contra las religiones falsas de su tiempo, y
proclamaba la autoridad y el juicio de Jehová sobre todo mal, incluso
sobre el leviatán de la mitología pagana. Job 3:8 también menciona al
leviatán desde un punto de vista negativo (cp. Job 41:1). Por consiguien­
te, la mención de que el mar entregará sus muertos indica que Dios al
final conquistará incluso un lugar asociado a menudo con el mal y la
potestad del mal, sometiéndolo a su dominio. Esta asociación queda
respaldada por el hecho de que la bestia que sale del mar (Ap. 13:1) es el
anticristo. Sin embargo, Apocalipsis 5:13 afirma que “todo lo creado
que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y
a todas las cosas que en ellos hay” alabarán al Señor. Apocalipsis 7:1-3
usa los términos “tierra” y “mar” para referirse a la totalidad de la super­
ficie terráquea, que estará protegida hasta el momento adecuado. No
hay excepciones; Dios tiene el control de todas las cosas. Ni siquiera sus
poderosas fortalezas podrán proteger a los muertos malvados del juicio
del gran trono blanco.
Tras este juicio final de los malos, la muerte y el Hades serán arroja­
das al lago de fuego, donde ya habrán sido expulsados el diablo, la
bestia y el falso profeta, para ser atormentados durante toda la eterni­
dad. Todos los muertos impíos irán a reunirse con aquellos que se ha­
bían unido a la rebelión contra Dios. Allí cumplirían la pena por rechazar
al Dios que los creó, quien les amó y quien, a pesar del pecado y rebe­
J o h n R. M a ste r: El ju ic io del g r a n t r o n o b la n c o 239

lión del ser humano, quería salvarlos de su pecado. Su juicio será eterno
(Dn. 12:2; Is. 66:24; Mt. 3:12; 25:46; 2 Ts. 1.9). De hecho, Daniel 12:2 usa
el mismo término para describir la vida eterna de los justos y la desgra­
cia y tormento eternos de los malos.
La enormidad del pecado que supone rechazar a Dios es lo que con­
duce a la enormidad del juicio final y eterno. Contentarse con algo
menos que el juicio eterno descrito en las Escrituras minimizaría la im­
portancia que tiene pecar contra el Dios de la Biblia. Pecar contra el
Dios infinito y amante exige un castigo eterno. Este castigo consiste en
la exclusión de la presencia de Dios y la inmersión en el lago de fuego,
junto a todos aquellos que hayan rechazado, de igual manera, el amor
infinito del Dios infinito.
El libro de la vida
Apocalipsis 20:15 afirma: “Y el que no se halló inscrito en el libro de
la vida fue lanzado al lago de fuego”. Este versículo respalda, sin duda,
la idea de que los muertos malvados serán arrojados al lago de fuego,
porque en las Escrituras el libro de la vida parece estar asociado solo a
los creyentes. En el libro de la vida no figurarán los nombres de ningu­
no de esos muertos impíos. Pero, si Juan ya había dicho que los muertos
no salvos ya habían sido juzgados mediante los libros, ¿por qué incluir
de nuevo esta afirmación adicional?
Aunque por lo general asumimos que el libro de la vida registra los
nombres de todas las personas salvas a lo largo de la historia, sería me­
jor considerarlo como un archivo de todos aquellos que serán salvos en
este mundo durante un periodo de tiempo específico. Esta interpreta­
ción ayudaría a explicar Éxodo 32:32-35. Dentro de ese contexto, aque­
llos que pecaron habrían sido juzgados mediante la muerte física, no
mediante la pérdida de su salvación, y Moisés le pediría a Dios que
tomase su vida si ya no quería acompañar a su pueblo. Una vez más, en
Apocalipsis 3:5, leemos que había algunos en la iglesia de Sardis que
corrían el peligro de ver sus nombres borrados del libro de la vida.
Relacionar esto a un juicio temporal, en lugar de asociarlo a la pérdida
de la salvación, encaja bien con las enseñanzas de otros pasajes, tales
como el de 1 Corintios 11:30.
Dado que el gran trono blanco aparece como el último juicio men­
240 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

cionado en las Escrituras, la presencia del libro de la vida puede sugerir


que los justos que hayan vivido durante el milenio y hayan resistido los
ataques del enemigo se presentarán delante del Señor, como el resto de
los creyentes que fueron antes que ellos, para ser juzgados de acuerdo
con sus obras (Ro. 14:10; 2 Co. 5:10). Ciertamente, los creyentes que
vivan durante el periodo del milenio tendrán que recibir sus cuerpos de
resurrección para poder participar de las bendiciones de los nuevos
cielos y la nueva tierra, así como para disfrutar de una comunión per­
fecta y eterna con el Señor y, como otros creyentes, dar cuenta cada uno
de “lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo” (2 Co. 5:10).
La aplicación del juicio
Por tanto, este juicio final de Apocalipsis 20:11-15 pondrá punto final
a la existencia pecaminosa humana que conocemos. Establecerá la san­
tidad de Dios y destacará la realidad de los horrores del pecado y la
enormidad de la tragedia de rechazar a Cristo. Semejante realidad debe­
ría sensibilizarnos mucho más ante la importancia de transmitir las bue­
nas noticias del evangelio y de la gracia de Dios.
La relación entre la persona y Cristo es un asunto de gran importan­
cia. Solo aquellos que han experimentado la gracia de Dios entrarán en
una eternidad de perfecta comunión con el que los creó y los amó hasta
el punto de entregar a su propio Hijo para pagar el precio de su pecado.
Aquellos que rechacen las buenas noticias de la gracia de Dios experi­
mentarán la separación eterna del Dios que les ama, y pasarán la eterni­
dad con aquel que ha intentado destruirles, y con aquellos que han
rechazado el amor divino. La humanidad tiene dos opciones: o pasar la
eternidad con nuestro amante Creador, Dios, o pasarla con alguien que
odia a Dios y a la mayor de las creaciones divinas: la humanidad.
Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer
cielo y la primera tierra pasaron , y el mar ya no existía
más.
Apocalipsis 21:1

H ay algo que deben tener claro en sus mentes: el cielo es un


lugar. Yo solía pensar en él como en un estado de existencia
incorpórea (quizá en este mundo), y cuando era niño tembla­
ba cuando pensaba que podría convertirme en un fantasma, y
pensaba qué frío, trágico e incómodo sería ese proceso. Cuan­
do le confesé esto a alguien, me dijo que podía ser un ángel, si
me portaba bien y tenía alas y un arpa. Saquémonos de la
cabeza estas ideas que no proceden de las Escrituras. El cielo
es un lugar, un lugar "preparado", lo cual conlleva que será un
lugar adecuado para nosotros. Creo que el hombre siente nos­
talgia del cielo. Perdónenme por recordarles que la palabra
nostalgia proviene de dos términos griegos: nostos, que signifi­
ca "regreso al hogar", y a/os, que significa "dolor". En un prin­
cipio, significaba nostalgia del hogar como una enfermedad
incurable; incurable excepto, claro está, si uno volvía a su hogar.
—C. I. Scofield
C apítulo 20

El cielo i| lo eternidad futuro


Charles II. Nagner

No c a be d u d a d e q u e , de todos los temas que aparecen en las profecías,


el cielo es uno de los más apreciados. Todo lo que sabemos sobre el
cielo lo hallamos en la Palabra revelada de Dios, la Biblia. Lo que lee­
mos y aprendemos en ella nos anima y consuela. Cristo y los apóstoles
predicaron y enseñaron acerca del cielo como un lugar real: la residen­
cia final de todos aquellos que acepten a Cristo como su Salvador.
Haciéndose eco de este pensamiento, D. L. Moody escribió:
Me gustaría poder localizar el cielo, y descubrir todo lo que
pueda sobre él. Espero pasar en él toda la eternidad. Si preten­
diera vivir en algún lugar de este país, si fuera a convertirlo en
mi hogar, me gustaría informarme sobre el lugar, sobre su cli­
ma, sobre el tipo de vecinos que tendría, sobre las escuelas para
mis hijos; en realidad, intentaría enterarme de todo lo que pu­
diera sobre ese lugar.1
Al llegar al último capítulo de La cuenta regresiva al Armagedón, nos
resuenan en los oídos las palabras de Moody, que arden en nuestro
corazón, motivándonos a escudriñar lo que nos dice la Biblia sobre el
cielo, nuestro hogar futuro. En nuestro breve estudio, incluiremos el
cielo tal y como es hoy día, lo que llamaremos “el cielo de hoy”, y ade­
más los nuevos cielos y la nueva tierra, lo que definiremos como “el
243
244 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

cielo venidero, la eternidad futura”. La mera mención del cielo nos trae
a la mente muchos conceptos erróneos que muchos creyentes han acep­
tado como si se tratase de verdades bíblicas.
J. Dwight Pentecost escribe acerca de estos errores:
La mayoría de los creyentes tienen una idea muy difusa del
cielo. Ninguno de nosotros ha estado allí. Las personas no van
allí de vacaciones y vuelven con diapositivas para mostrarlas a
sus amigos. Buena parte de nuestro concepto del cielo se debe
a los escritores de himnos y a los artistas gráficos. Los escritores
de himnos definen el cielo como un lugar donde los creyentes
se sientan a la sombra, mientras disfrutan de una brisa fresca y
se relajan día tras día. Esto resulta más bien monótono. Los
dibujantes presentan a los santos sentados en el borde de una
nube, con los pies colgando en la nada, a punto de deslizarse al
espacio.2
El cielo de hoy
El cielo es un lugar
Cuando nos centramos en la Palabra inspirada de Dios, en lugar de
en la imaginación humana, es muy evidente que el cielo es un lugar. Hay
unas cuantas referencias que ratifican esta verdad. Las Escrituras son
muy claras respecto al hecho de que Dios creó el cielo (Hch. 4:24). El
cielo pertenece a Dios (Sal. 115:16). Es el lugar donde habita Dios (Mt.
6:9). Cristo prometió un lugar divino y celestial, y dijo: “Voy, pues, a
preparar lugar para vosotros” (Jn. 14:2, cursivas añadidas). Se nos dice
claramente que Cristo está sentado en el cielo a la diestra de Dios (He.
1:3; Ef. 1:20). Pedro afirma que el cielo es un lugar real, donde se guar­
da cuidadosamente la herencia preparada para los hijos de Dios (1 P.
1:4). También leemos que Dios creará un nuevo cielo y una nueva tierra
(Is. 65:17).
La enseñanza bíblica que dice que el cielo es un lugar transforma
nuestro concepto del futuro. El gran maestro de la Biblia C. I. Scofield,
en su Biblia de referencias Scofield, escribió algo sobre ese lugar:
C h a r le s U . W a g n e r: El c ie lo y la eternidad f u tu r a 245

Hay algo que deben tener claro en sus mentes: el cielo es un


lugar. Yo solía pensar en él como en un estado de existencia
incorpórea (quizá en este mundo), y cuando era niño temblaba
cuando pensaba que podría convertirme en un fantasma, y pen­
saba qué frío, trágico e incómodo sería ese proceso. Cuando le
confesé esto a alguien, me dijo que podía ser un ángel, si me
portaba bien y tenía alas y un arpa. Saquémonos de la cabeza
estas ideas que no proceden de las Escrituras. El cielo es un
lugar, un lugar “preparado”, lo cual conlleva que será un lugar
adecuado para nosotros. “No se turbe vuestro corazón; creéis
en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas
moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a
preparar lugar para vosotros” (Jn. 14:1-2). Estas palabras nos
transmiten imágenes de una localización concreta, de una enti­
dad sustancial. El cielo es esto, como mínimo, por mucho que
decida usted espiritualizarlo. Por otra parte, no podemos pen­
sar que el cielo es un lugar lleno de casas de ladrillo o piedra.
Esa sería una imagen demasiado cruda y mundanal del cielo.
No sé cómo será la arquitectura celestial, pero sé que el Cristo
que ha sembrado de flores este mundo, quien hizo alzarse los
montes majestuosos, quien dispuso los continentes en medio
de mares procelosos y pobló el cielo de nubes videras, es el
mismo Cristo cuya mano está disponiendo el Hogar de amor
eterno para su esposa. A mí me basta saber que Voy a preparar
lugar para vosotros?
Es importante ser conscientes de que, en realidad, existen tres cielos.
El cielo “atmosférico”, que incluye el espacio que rodea el planeta. Las
Escrituras hablan muchas veces de este cielo (Is. 55:9-11). En segundo
lugar, tenemos “los cielos”, que incluyen el sol, la luna, los planetas y las
estrellas (Gn 1:14). Y por último, tenemos ¡”la morada de Dios”! “Por­
que así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre
es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y
humilde de espíritu...” (Is. 57:15). En las Escrituras hallamos muchas
veces el título “Señor de los cielos” o “Dios de los cielos” (2 Cr. 36:23;
Neh. 1:5; Dn. 2:37). Es interesante constatar que existen siete palabras
246 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

que se usan tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, y que se


refieren al cielo como un lugar, una morada, un espacio habitable. El
apóstol Pablo también habló de su experiencia, de cuando fue arrebata­
do al tercer cielo, el lugar donde mora Dios (2 Co. 12:2-4)
Una vez más, con la expresión “el cielo de hoy” nos referimos sola­
mente a ese lugar que ya existe, la residencia de Dios y el lugar donde
están o moran aquellos que han muerto “en Cristo”. Cuando un creyen­
te muere, va directamente a este cielo. No es cierta la idea de que un
creyente muere y duerme hasta que venga el Señor, entrando solo en­
tonces en el cielo. Hay diversos pasees que demuestran que no es así.
Pablo dijo a los filipenses: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir
es ganancia... Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de
partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor” (Fil. 1:21, 23,
cursivas añadidas). Y otra vez: “Así que vivimos confiados siempre, y
sabiendo que entre tanto que estamos en el cuerpo, estamos ausentes
del Señor (porque por fe andamos, no por vista); pero confiamos, y más
quisiéramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Señor” (2 Co. 5:6-8,
cursivas añadidas). Cuando un creyente muere, es llevado inmediata­
mente a la presencia del Señor. ¡Qué maravilla y consuelo para aquellos
que han perdido a algún ser querido! Porque no lo perdieron: entró en
el cielo, ¡a estar con Cristo!
¿Cómo es el cielo hoy?
Aunque existen muchas preguntas que no tienen respuesta, relativas
al estado actual de los creyentes en el cielo, la Biblia nos permite echar
un vistazo a lo que Lewis Sperry Chafer denominó “el estado interme­
dio”. en relación con este estado, Chafer escribió:
De acuerdo con su uso teológico, la expresión estado intermedio
se refiere al modo de existencia del alma y espíritu humanos en
el intervalo entre la muerte y la resurrección. Pero en lo tocante
al traslado de algunos de los santos, la muerte y la resurrección
son universales; y, dado que la muerte nunca se representa como
una condición de inconsciencia, las almas y espíritus de todos
los seres humanos, dado que permanecen conscientes, están
sujetos tanto a un lugar como a unas condiciones.4
C h a r le s U . W a g n e r: El c ie lo y la eternidad f u tu r a 247

Nos anima saber que nuestros seres queridos que fueron salvos están
“con Cristo”. Y que esto es “muchísimo mejor” que todo lo que poda­
mos experimentar en esta vida. Judson Palmer escribió:
En el momento de su muerte, el hijo de Dios estará con Cristo
en el cielo. Cristo Jesús ascendió a los cielos y se sentó a la
diestra del Padre en las alturas, en su cuerpo de resurrección,
un cuerpo físico de carne y hueso (Le. 24:39), el Hombre en la
gloria. Y allí le han visto, desde que ascendió, tres hombres de
este mundo, y en tres ocasiones distintas. Allí es donde está en
estos momentos, con el mismo cuerpo con el que ascendió des­
de el Monte de los Olivos.5
Las Escrituras también parecen revelarnos que los creyentes tendrán
cierto tipo de cuerpo intermedio mientras habiten en el cielo con el
Señor. Chafer escribe:
En 2 Corintios 5:1-5 se afirma que, si se disolviera “este
tabernáculo” terrenal, “tenemos de Dios un edificio, una casa
no hecha de manos, eterna, en los cielos”, y que el espíritu
humano anhela ardientemente no ser desvestido o perder su
cuerpo, sino ser vestido; y con este propósito, al creyente que
muere le espera un cuerpo “celestial”, eterno (en lo relativo a
sus cualidades, así es como debe ser cualquier cuerpo celes­
tial). Así, el creyente no carecerá de cuerpo o de vestido entre
el momento de la muerte y la resurrección de aquel cuerpo
original depositado en la tumba. El cuerpo “celestial” no po­
dría ser el cuerpo que quedó en el sepulcro, que tampoco
serviría como cuerpo intermedio antes de la resurrección. Si
no fuera por la provisión divina de un cuerpo intermedio, el
deseo del creyente de no quedar desvestido o sin cuerpo no se
vería satisfecho.6
Muchos creyentes se han consolado con estos pasees de las Escritu­
ras. Sabemos que los creyentes que partieron están en la presencia de
Cristo, así como de aquellos otros que se fueron antes, y que son felices.
248 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

“Bienaventurados [felices] de aquí en adelante los muertos que mueren


en el Señor” (Ap. 14:13).
Cuando pensamos en el privilegio de estar con Cristo en los cielos,
sentimos cierta nostalgia. Un importante pastor del Westminster Cen­
tral Hall de Londres, Inglaterra, William E. Sangster, escribió:
Creo que el hombre siente nostalgia del cielo. Perdónenme por
recordarles que la palabra nostalgia proviene de dos términos
griegos: nostos, que significa “regreso al hogar”, y alos, que signi­
fica “dolor”. En un principio, significaba nostalgia del hogar
como una enfermedad incurable; incurable excepto, claro está,
si uno volvía a su hogar. Y yo creo que, aunque esté oculta, igno­
rada, ahogada o incluso negada, en el hombre existe nostalgia
del cielo. Wordsworth, en su famosa oda “Indicios de la inmor­
talidad en mis recuerdos de la primera infancia”, hablaba con
claridad de esta reminiscencia secreta del alma. Decía: “Nuestro
nacimiento es solo un sueño y un olvido: el alma que nace en
nosotros, la estrella de la vida, se pondrá en otro lugar, y de
lejos viene; no del olvido completo, ni desnuda está del todo;
venimos arrastrando un manto de gloria de Dios, nuestro ho­
gar. De Dios, \quien es nuestro hogarV
Y ahora, ¿qué?
El siguiente acontecimiento en la cronología divina, según la Palabra
de Dios, es el rapto de la iglesia. Las Escrituras son claras al respecto.
Cuando un creyente muere, su alma y espíritu van a morar con Cristo.
El cuerpo va a la tumba. Pero esta situación es solo temporal. Leemos:
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel,
y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en
Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los
que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con
ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estare­
mos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los
otros con estas palabras. (1 Ts. 4:16-18, cursivas añadidas)
C h a r le s U . W a g n e r: El c ie lo y la eternidad f u tu r a 249

En este momento, recibiremos cuerpos permanentes, que serán nues­


tros por toda la eternidad. Tendremos cuerpos como el cuerpo de glo­
ria del Señor. El apóstol Pablo dice que nuestro cuerpo de humillación
será transformado para ser semejante “al cuerpo de la gloria suya” (Fil.
3:21). La resurrección de Cristo constituye las primicias que anticipan la
resurrección venidera de aquel que cree en Jesús. “Pero cada uno en su
debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su
venida” (1 Co. 15:23). Los creyentes se presentarán en el cielo, ante el
tribunal de Cristo, para recibir su recompensa, tras lo cual volverán a la
tierra junto al Señor para establecer su reino (1 Co. 3:12-14; 2 Co. 5:10;
Ap. 19:11-16).
El cielo venidero
Al hablar del “cielo del mañana o venidero” nos referimos a la época
tras el milenio. Tras el “tiempo de la angustia de Jacob”, la tribulación
(que durará siete años), el Señor establecerá su reino. Después de ese
periodo de 1000 años, tendremos “un cielo nuevo y una tierra nueva”
(Ap. 21:1). Recuerden que habremos reinado con Cristo durante los
1000 años. Entonces tendrá lugar el juicio del gran trono blanco, que
será el juicio de los impíos (Ap. 20:11), y las Escrituras nos dicen que
llegará un día en que este cielo ya no existirá (Job 14:12; Is. 51:6). Se nos
dice que “todo el ejército de los cielos se disolverá, y se enrollarán los
cielos como un libro” (Is. 34:4). Tras esto se inaugurará el estado eter­
no. Ese estado, el de “los nuevos cielos y la nueva tierra”, se describe
vividamente en el libro de Apocalipsis. (En este libro se menciona el
cielo 22 veces.) Hay 36 referencias al “trono” en los cielos. John Walvoord
afirma:
...Habiendo ya revelado la destrucción de la antigua tierra y el
cielo, Juan escribió que veía lo que tomaría su lugar: un nuevo
cielo, una nueva tierra y una nueva Jerusalén... La revelación de
las Escrituras nos ofrece muy poca información sobre el nuevo
cielo y la nueva tierra; lo único que sugiere es que serán muy
diferentes a lo que estamos acostumbrados. La única caracterís­
tica importante que se menciona es que ya no habrá mar, como
contraste a nuestra situación actual, en la que la mayor parte de
250 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

la tierra está cubierta de agua. A medida que avanza el relato, es


evidente que la nueva tierra será redonda, porque se nos habla
del norte, el sur, el este y el oeste (Ap. 21:13), pero no se nos
indica si la nueva tierra será mayor o menor que aquella en la
que vivimos hoy. 8
¿Cómo será el cielo?
Supongamos que pudiéramos retroceder en el tiempo y explicar a
nuestros antepasados cómo es la vida en nuestra época. Imagínese cómo
le explicaría a Jorge Washington algo tan sencillo como es un ascensor.
Describiría un compartimiento cerrado, con una cuerda en su parte
superior, que hace que ese cubículo ascienda al tercer piso, mediante
los beneficios que proporciona la electricidad. A él le costaría bastante
entenderlo. Y, ¿cómo lo haría para explicarle la tecnología de su
computadora, con su relación al Internet? Solo menciono esto para de­
jar claro que, si supiéramos todo lo que Dios nos ha preparado en los
cielos, probablemente no lograríamos entenderlo. No es de extrañar
que sepamos más sobre lo que no habrá en el cielo que sobre lo que sí
habrá en él. Así, leemos: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de
ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor;
porque las primeras cosas pasaron” (Ap. 21:4). Una niña pequeña, al
escuchar este versículo, le dijo a su madre: “Mami, creo que el cielo será
el lugar de los ‘nunca más’”.
Lo cierto es que así será.
Un lugar literal. Una vez más, es importante que recalquemos que
estamos hablando de un lugar específico. Algunos estudiosos preten­
den espiritualizar el lugar llamado cielo y entenderlo de una forma no
literal. En Apocalipsis 21 se nos describe el cielo de una forma muy
hermosa, como una ciudad tridimensional que desciende de los cielos,
y que incluso tiene muros. Walvoord afirma:
Empezando en Apocalipsis 21:9, Juan describe la nueva Jerusalén
como
“la desposada, la esposa del Cordero”. Como dijimos antes, aun­
que se han producido diversos debates entre los eruditos res­
pecto a este punto, es preferible considerar la descripción de la
C h a r le s U . W a g n e r: El c ie lo y la eternidad f u t u r a 251

ciudad como indicativa de una ciudad literal, adornada con tan­


ta hermosura como una novia, antes que intentar sugerir el
simbolismo de una desposada representada por medio de una
ciudad.9
Pentecost añade:
Será una ciudad espaciosa, de planta cuadrangular, con una
longitud idéntica a su anchura. La medida de la ciudad será de
12000 codos, es decir, aproximadamente unos 2400 kilómetros.
Algunos la imaginan como un cubo de cuatro dimensiones.
Otros, como una pirámide tridimensional. Sea cual fuere su
espacio, será grande. Hoy, 2400 kilómetros no son demasiado,
pero en tiempos de Juan sí lo eran. Cristo nació en Nazaret, a
unos 48 kilómetros del Mar Mediterráneo, pero las Escrituras
no nos dicen que alguna vez en su vida viese el mar. Recorrió
145 kilómetros desde Galilea a Jerusalén para asistir a las festivi­
dades religiosas. Cuando Juan hablaba de una ciudad de 2400
kilómetros en las tres dimensiones, hablaba de algo que escapa­
ba a su comprensión. Juan intentaba transmitirnos lo espaciosa
que sería la ciudad, no necesariamente sus dimensiones físicas.
La ciudad será lo bastante grande como para acomodar a todos
los redimidos de Dios en la presencia del Padre.10

Las glorías y bendiciones de un lugar llamado cielo


La presencia de Cristo. El cielo “venidero”, el nuevo cielo, tendrá
algo en común con el cielo de hoy día. Allí estaremos en la presencia del
Señor. Leemos: “...y Dios mismo estará con ellos como su Dios” (Ap.
21:3). La presencia del Señor caracteriza al cielo, tal y como es y como
será. “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos
cara a cara” (1 Co. 13:12, cursivas añadidas). ¿Acaso no dijo Cristo: “Ven­
dré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros
también estéis” (Jn. 14:3, cursivas añadidas)?
¿Qué es lo que hace que el cielo sea el cielo? La presencia de nuestro
Señor Jesucristo. Pentecost lo expresa muy bien:
252 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

El cielo, antes que nada, es la presencia de Dios. Esto no quiere


decir que el cielo no sea un lugar, porque lo es; pero es más que
eso. Deberíamos considerarlo, antes que nada, como el lugar
en que se revela la presencia de Dios, donde Él manifiesta su
gloria. Juan escribió lo siguiente acerca de los redimidos: “y
verán su rostro” (Ap. 22:4).11
El descanso de nuestro trabajo. “Oí una voz que desde el cielo me
decía: Escribe: Bienaventurados de aquí en adelante los muertos que
mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos,
porque sus obras con ellos siguen” (Ap. 14:13).
El servicio eterno al Señor. No entendamos mal el descanso. Esto no
es una “mecedora” en el “porche delantero” del cielo. “Y no habrá más
maldición; y el trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos
le servirán” (Ap. 22:3). Pensemos que serviremos al Señor, que Él nos
utilizará, eternamente. No es de extrañar que hoy día pensemos que
servir al Señor es “un trocito de cielo”. El servicio pleno será, cierta­
mente, una bendición.
La adoración al Rey. ¡Qué maravillosa combinación, el servicio y la
adoración! “Después de esto oí una gran voz de gran multitud en el
cielo, que decía: ¡Aleluya! Salvación y honra y gloria y poder son del
Señor Dios nuestro” (Ap. 19:1).
La gloria. Una vida de gloria es la descripción de cómo será nuestra
vida en el cielo con Él. “Porque esta leve tribulación momentánea pro­
duce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria” (2
Co. 4:17). Y otra vez: “Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, enton­
ces vosotros también seréis manifestados con él en gloria” (Col. 3:4).
Pentecost ha escrito:
La gloria de nuestra esperanza es que seremos transformados a su
semejanza, sin pecado, sin muerte, experimentando la perfección de la
creación humana.
¡Oh, Cristo! ¡Él es la fuente,
el pozo profundo y dulce del amor!
He gustado los ríos del mundo,
mas allá en lo alto beberé con ansia;
C h a r le s U . W a g n e r : E l c ie lo y la eternidad f u tu r a 253

allí, cual océano abundante,


es su misericordia,
y la gloria, la gloria habita
en el país del Emmanuel.
Existe el peligro de que el redimido se ocupe tanto de la antici­
pación de su propia experiencia que pierda de vista la suprema
glorificación de la deidad. Nuestra ocupación, en aquel estado
eterno, no tendrá que ver con nuestra posición en la gloria,
sino con Dios mismo. Juan escribe: “le veremos tal como él es”
(1 J. 3:2). Estaremos centrados en Aquel “que nos amó, y nos
lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacer­
dotes para Dios, su Padre” (Ap. 1:5-6); entonces proclamare­
mos: “al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la
alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los
siglos” (Ap. 5:13).12
Gozo y abundancia. Ciertamente, el servicio al Señor es fuente de
gozo, pero, ¿podemos imaginarnos cómo será en la gloria? “Enjugará
Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá
más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Ap.
21:4). “Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua
de la vida” (Ap. 21:6).
Walvoord, hablando de esta bendición, escribe:
La maravilla de ser salvos por gracia y beber de la fuente del
agua de vida forman parte de la magnífica provisión que Dios
ha reservado para aquellos que confían en Él. Esto hace refe­
rencia a lo abundante que será nuestra nueva vida en Cristo, tal
y como se indica en la invitación de Isaías 55:1, y en la que hizo
Cristo en Juan 4:10, 13, 14. La promesa de que aquellos que se
mantengan firmes en la fe heredarán todas las cosas, y que Dios
será su Dios, y serán llamados sus hijos, ilustra la abundante
gracia de que disfrutan en Cristo los cristianos, y lo maravillosa
que es nuestra herencia (cp. Mt. 5:5; 19:29; 25:34; 1 Co. 6:9-10;
He. 1:14; 9:15; 1 P. 1:4; 2:19; 1J. 5:5).13
254 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

La comunión con otros. No cabe duda de que nuestra mayor comu­


nión la tendremos con Cristo. Pero también tendremos comunión con
otras personas. Paul Rood escribe:
Los santos de Dios estarán en el cielo, iQué estupendo será
encontrarse con Enoc, quien “caminó con Dios, y no vio muer­
te, pues Dios lo llevó consigo”! ¡Qué maravilla, tener comunión
con Noé, el predicador de la justicia, que fue fiel a su Señor en
una época de apostasía! Y será interesante caminar por aquellas
calles de oro junto ajonás, que hizo un curso de posgrado en
anatomía ictiológica, y con Isaías, que mojó su pluma en todos
los colores del arco iris para reflejar las glorias del reino milenario
y venidero de Cristo. ¿Y qué diremos de Juan, el discípulo al
que amaba Jesús, y de Pablo, el gran apóstol de los gentiles?
¿Escucharemos a Juan hablando de sus obras, y a Pablo, expli­
cando las cosas que no entendimos en su momento? Martín
Lutero, el gran reformador, y John Wesley, el gran organizador,
y Charles Finney, el gran evangelista, y Dwight L. Moody, el
gran ganador de almas... todos estarán en el cielo. Y allí estarán
también todos nuestros amigos que se fueron...14
La mayoría de nosotros hemos amado a personas que ya están en la
gloria. Su partida fue un momento difícil. Pero, ¡qué gozo sentimos al
saber que un día estaremos con ellos, y compartiremos con ellos la eter­
nidad en gloria!
Y cuando pensamos en esta maravillosa comunión con otras perso­
nas en nuestro futuro hogar, el cielo, nos planteamos una pregunta:
¿quién vivirá en el cielo? Comentando esta pregunta, Pentecost escribe:
“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del
Dios vivo, Jerusalén la celestial...” (He. 12:22). El énfasis vuelve
a recaer sobre la ciudad. Dentro de esa Jerusalén celestial, po­
demos identificar a diversos grupos. Primero, menciona a una
“compañía de muchos millares de ángeles” (v. 22). Esto hace
referencia a todos los ángeles que no cayeron, y que han servido
fielmente a Dios desde el momento de su creación, resistiéndo­
C h a r le s U . W a g n e r: E l c ie lo y la eternidad f u tu r a 255

se a las tentaciones de Lucifer, que intentó poner de su lado a


todos los ángeles. Esta ciudad celestial estará habitada por los
ángeles fieles. En segundo lugar, se menciona “a la congrega­
ción de los primogénitos” (v. 23). Creo que esto se refiere a la
iglesia de esta era, la iglesia que es el cuerpo de Cristo, que se
inició en Pentecostés y continuará hasta el rapto. El segundo
grupo identificable de habitantes es la iglesia de esta era. El
tercer grupo es el de “los espíritus de los justos hechos perfec­
tos” (v. 23). Evidentemente, esto hace referencia a los santos del
Antiguo Testamento, desde tiempos de Adán hasta el nacimien­
to de la iglesia, así como a los de la tribulación, desde el rapto
hasta la segunda venida. También incluye a los santos del milenio,
aquellos nacidos y redimidos en la era milenaria. Este es un
tercer grupo identificable. La iglesia y los espíritus de los justos
(los santos del Antiguo y del Nuevo Testamento) compondrán
el grupo de los redimidos. Todos estarán allí por fe, por medio
de la gracia, basada en la muerte de Cristo; pero tendrán una
relación distinta con Él. La iglesia estará allí como su esposa.
Los santos del Antiguo Testamento estarán allí como los ami­
gos de la esposa. Todos estarán relacionados con Cristo. Todos
formarán parte del grupo de los redimidos. Dios, el Juez univer­
sal, morará en esa ciudad (He. 12:23), así como “Jesús el Media­
dor del nuevo pacto” (v. 24). Así, junto con los ángeles que
permanecieron fieles, los santos del Antiguo Testamento, y los
de la iglesia, estarán presentes el Padre y el Hijo. Los redimidos
que ocuparán esa ciudad celestial estarán todos juntos en la
presencia de Dios.15
Cuando meditamos en estas grandes bendiciones, estas palabras de
Wiersbe nos incitan a tener profundos pensamientos:
La historia humana comienza en un jardín y acaba en una ciu­
dad que es como un huerto paradisíaco. En tiempos del apóstol
Juan, Roma era la ciudad más admirada; sin embargo, Dios la
comparó a una prostituta: “porque lo que los hombres tienen
por sublime, delante de Dios es abominación” (Le. 16:15). La
256 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

ciudad eterna de Dios se compara con una hermosa esposa (Ap.


21:9), porque será el hogar eterno del pueblo amado de Dios.16
Por último, es importante comprender que el cielo es un lugar prepa­
rado para un pueblo específico. Cristo afirmó claramente que confiar
en Él es el único camino al cielo. Tras hablar del cielo, declaró: “Yo soy
el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Jn.
14:6). Si usted aún no ha confiado en Cristo, le animamos a que lo haga
hoy. Cristo es el camino al cielo; confiar en Él garantiza nuestro destino,
mientras esperamos La cuenta regresiva al Armagedón.
Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y
sobre tu santa ciu d a dp a ra terminar la prevaricación, y
poner fin al pecado, y expiar la iniquidadpara traer la
justicia perdurable , y sellar la visión y la profecía, y ungir
al Santo de los santos. Sabe, pues, y entiende, que desde
la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén
hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas; y sesenta
y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en
tiempos angustiosos. Y después de las sesenta y dos se­
manas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el
pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciu­
dad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta
el fin de la guerra durarán las devastaciones. Y por otra
semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de
la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después
con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el
desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está
determinado se derrame sobre el desolador.
Daniel 9:24-27
C a p í t u l o 21

Resumen de la cronología proféNco de Dios

Los setenio semonos de Doniel


Condensado por Tilomas NJavis

? 2000 a.C. 444 a.C. 32 d.C. 7 años 1000 años


Dios obra con Dios obra Dios obra con Dios obra Eternidad
la humanidad con Israel la iglesia con Israel

A. Las Escrituras no especifican la fecha de la creación. Sobre el año


3760 a.C. Dios se relaciona con los descendientes de Adán, pero la
maldad humana conduce al diluvio de Noé.
B. Abraham fue llamado de entre los gentiles hacia el año 2000 a.C.
Dios ahora obra principalmente por medio de sus descendientes,
los judíos/Israel.
C. 605 a.C. Nabucodonosor de Babilonia ataca Jerusalén por prime­
ra vez, llevándose cautivo a Daniel.
D. 597 a.C. Segundo ataque babilónico.
ZS9
260 La cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

E. 586 a.C. Tercer ataque babilónico, en el que se destruyó el templo


de Salomón, que había estado de pie 375 años. Ezequiel contem­
pla cómo la gloria de Dios abandona el templo (Ez. 10—12).
F. 536 a.C. Los persas permiten a Zorobabel y a 49.897 judíos que
regresen a Jerusalén para repoblarla. Han pasado 70 años desde
que Daniel fue llevado a Babilonia. Daniel es consciente de que
Jeremías 25:11 debe cumplirse.
G. 516 a.C. Se completa y dedica el segundo templo. Han pasado 70
años desde que fue destruido el primer templo.
H. 444 a.C. Los persas decretan que Nehemías puede reconstruir los
muros de Jerusalén. Según Daniel 9, este es el punto en que co­
mienzan las “setenta semanas de Daniel”.
I. 395 a.C. En esta época, los muros de Jerusalén ya están acabados,
y la ciudad está segura, cumpliendo las primeras “siete semanas”
(49 años) de Daniel 9.
J. 32 d.C. Tras las siguientes “62 semanas” (434 años), de un total de
483 años desde el 444 a.C., el príncipe Mesías es cortado (ejecuta­
do) y el pueblo (romano) del príncipe que ha de venir (el anticristo)
destruye Jerusalén (70 d.C., Dn. 9). La fecha se basa en el calenda­
rio judío, que era lunar, y tenía 360 días anuales.
K. Tras el regreso de Cristo a los cielos, una vez rechazado por su
pueblo Israel, Dios obra por medio de la iglesia, fundada en He­
chos 2 y definida en el libro de Efesios. Pablo, que no se contaba
entre los discípulos a los que Cristo preparó durante su ministerio
para predicar su reino, es elegido para promover y definir esta
nueva obra de Dios entre los hombres.
L. El rapto de la iglesia de este mundo tendrá lugar en un momento
inesperado, y no se puede fechar, porque nadie sabe el día ni la
hora en que Cristo regresará (Mr. 13:32; Jn. 14:3). Se acepta un
rapto pretribulacionista , porque se promete a la iglesia la libera­
ción de ese periodo en que la ira de Dios se derramará sobre la
tierra (1 Ts. 1:10; 5.9; Ap. 3:10), y porque ese tiempo constituye la
“semana setenta”“ de Daniel (7 años), destinada al pueblo de Da­
niel (Israel, Dn. 9:24). Tras el rapto, los creyentes recibirán sus
recompensas ante “el tribunal de Cristo” (1 Co. 3; 2 Co. 5:10); tras
esto, disfrutarán de “las bodas del Cordero” (Ap. 19), y esperarán
T h o m a s N . D a v is : Las setenta semanas de D a n ie l 261

“el banquete de las bodas”, que inaugurará el reino de Cristo en


este mundo.
M. El periodo de la tribulación, de siete años, se dividirá en dos par­
tes en Daniel 9, Mateo 24 y Apocalipsis 11. Se usan diversas des­
cripciones, como 1260 días, 42 meses o “un tiempo, tiempos y
medio tiempo”.
N. La primera mitad será “relativamente tranquila”, mientras el
anticristo comience a consolidar el centro de su poder en Europa
(el territorio del antiguo Imperio Romano). Los “siete años” co­
menzarán con un tratado de protección con Israel, que aparente­
mente permitirá a los judíos construir el tercer templo (2 Ts. 2).
En el punto central de este periodo sucederán diversos aconteci­
mientos, que alterarán radicalmente la naturaleza de la tribula­
ción durante su segunda mitad: (a) el arcángel Miguel expulsará
del cielo a Satanás (Ap. 12); (b) el anticristo se recuperará de un
fracaso militar, quizá de una herida mortal en su propio cuerpo, y
ascenderá desde el abismo (Ap. 13) para afligir a Israel y al mun­
do, recibiendo el mérito de haber derrotado a Gog (Ez. 38, 39;
Dn. 11:40-45); (c ) se permitirá al anticristo matar a los “dos testi­
gos” que hayan estado bajo protección y realizado milagros duran­
te la primera mitad (Ap. 11); (d) la “iglesia universal”, que habrá
manipulado el anticristo, quedará olvidada (Ap. 17); y (e) el
anticristo se erigirá como dios para que todos los hombres le ado­
ren (la “abominación desoladora” de Mateo 24), haciendo que to­
dos ellos reciban su marca en la frente o la mano, para poder
comprar o vender (Ap. 13).
O. La batalla del Armagedón, donde será derrotado el anticristo.
P. Daniel 12 habla de otros 75 días adicionales que se añadirán al
final de los siete años, aparentemente para celebrar el juicio de las
ovejas y las cabras (Mt. 25), destinado a demostrar que solo los
creyentes entrarán en el reino, y a preparar la inauguración de
este.
Q. Apocalipsis 20 indica seis veces que la fase inicial del reino eterno
de Dios incluirá el gobierno de Cristo en este mundo durante mil
años. Será un regreso al huerto del Edén, para demostrar que la
vida física sobre este planeta puede ser “buena”. La vida de las
personas se ampliará hasta mil años, que parece ser el ideail origi­
nal de la creación. Será un periodo caracterizado por las bendicio­
nes divinas, aunque no desaparecerá la naturaleza pecaminosa del
hombre y, por consiguiente, el Mesías tendrá que castigar dura­
mente a los rebeldes (Is. 65).
R. Tras cumplir las bendiciones terrenales prometidas a Israel (Gn.
12), y demostrar que, incluso en medio de unas circunstancias
ideales, el hombre tiende a la rebelión (Ap. 20), Dios destruirá los
cielos y la tierra actuales y creará “nuevos cielos y nueva tierra”,
que serán la morada eterna de los creyentes que hayan vivido en
cualquier época de la historia humana (Ap. 21, 22).
Notos
Capítulo 1 - Cómo aprovechar las profecías
1. Shakespeare, Macbeth, acto I, escena III.
2. C. I. Scofield, Prophecy Made Plain (Londres, Inglaterra: Pickering
& Inglis), p. 14.
3. Charles L. Feinberg, editor, Prophetic Truths Unfolding Today. E.
Schuyler English, The Church on Earth (Westwood, NJ: Fleming H.
Revell Company, 1968), p. 22.
4. Lewis Sperry Chafer, Systematic Theology, Volunte TV, Introduction to
Eschatology (Dallas, TX: Dallas Seminary Press, 1948), p. 257.
5. David Breese, The Marks of a Cult (Eugene, OR: Harvest House
Publishers, 1998), p. 165.
6. Warren W. Wiersbe, Be Real (Wheaton, IL: Victor Books, 1979), p.
164.
7. Roy B. Zuck, “Balancing the Academic and the Spiritual in
Seminary”, Editado por Stanley D. Toussaint y Charles H. Dyer,
Essays in Honor of J. Dwight Pentecost (Chicago, IL: Moody Press,
1986), p. 22.
8. Benjamin Breckenridge Warfield, Spiritual Culture in the Theological
Seminary, Princeton Theological Review, enero de 1904, p. 70.
9. Warren W. Wiersbe, Real Worship (Nashville, TN: Thomas Nelson
Publishers, 1986), p. 81.
10. Elisabeth Elliot, TheJournals ofjim Elliot (Oíd Tappan, NJ: Fleming
H. Revell Company, 1978), p. 18.
11. John F. Walvoord, The Revelation ofJesús Christ (Chicago, IL: Moody
Press, 1966), p. 273.
2G3
264 L a cu en ta regresiva a l A rm a g e d ó n

12. Charles Caldwell Ryrie, The Basis of the Premillenial Faith (Neptune,
NJ: Loizeaux Brothers, 1953), p. 15.
13. Alfred R Gibbs, Worship, the Christiarís Highest Occupation (Kansas,
KS: Walterick Publishers, s.f.), pp. 173-174.
14. Autor desconocido.
15. Wiersbe, Real Worship, p. 56.
16. Scofield, p. 19.
Capítulo 2 - Cómo interpretar la profecía bíblica
1. Stephen F. Olford, editor, Charles L. Feinberg, Prophetic Truth
Unfolding the Prophetic Word (Oíd Tappan, NJ: Fleming H. Revell
Company, 1968), p. 127.
2. Roy B. Zuck, Basic Bible Interpretation (Colorado Springs, CO: Victor
Books, 1991), p. 228.
3. I b í d pp. 228-33.
4. Elliot E. Johnson, Essays in Honor off. Dwight Pentecost, Apocalyptic
Genre in Literal Interpretation, editado por Stanley D. Toussaint y
Charles H. Dyer (Chicago, IL: Moody Bible Institute, 1986), p. 197.
5. Elliot E. Johnson, When the Trumpet Sounds, Literal Interpretation: A
Plea for Consensus (Eugene, OR: Harvest House Publishers), p. 212.
6. Charles L. Feinberg, Premillenialism or Amillenialism? (Wheaton, IL:
Van Kampen Press, 1954), pp. 207, 220.
7. F. F. Bruce, Interpretation of the Bible; Evangelical Dictionary ofTheology,
Walter A. Wells, editor (Grand Rapids, MI: Baker), p. 566.
8. Wilbur M. Smith, World Crisis and the Prophetic Scripture (Chicago,
IL: Moody Press, 1951), p. 55.
9. John F. Walvoord, The Millenial Kingdom (Grand Rapids, MI:
Zondervan Publishing House), 1959, pp. 33-34.
10. Thomas D. Ice, An Evaluation of Theonomic Neopostmillenialism
(Bibliotheca Sacra, Dallas Theological Seminary V. 145julio), 88.300.
11. David L. Cooper, The World s Greatest Library Graphically Illustrated
(Los Ángeles: Biblical Research Society, 1970), p. 11.
12. John F. Walvoord, The Prophecy Knowledge Handbook (Wheaton, IL:
Victory Books, 1990), p. 17.
13. J. Dwight Pentecost, Things to Come (Findlay, OH: Dunham
Publishing Company, 1958), p. 60.
N o ta s 265

14. Charles L. Feinberg, Premillenialism or Amillenialism? (Wheaton, IL:


Van Kampen Press, 1954), p. 17.
15. Ibíd., p. 18.
16. Ibíd., p. 17.
17. John F. Walvoord, Prophecy: 14 Essential Keys to Understanding the
Final Drama (Nashville, TN: Thomas Nelson Publishers, 1993), p.
20 .

Capítulo 3 - Los tiempos de los gentiles


1. Norval Geldenhuys, “Commentary on the Gospel of Luke”, en
The New International Commentary of the New Testament (Grand
Rapids: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1975), p. 536.
2. Charles Boutflower, In and Around the Book of Daniel (Grand Rapids:
Zondervan Publishing House, 1963), p. xu.
3. Ibíd., p. 47.
4. Edward J. Young, The Prophecy of Daniel (Grand Rapids: Wm. B.
Eerdmans Publishing Company, 1970), p. 74.
5. Boutflower, In and Around the Book of Daniel, p. 34.
6. Ibíd., pp. 25-26.
7. H. C. Leupold, Exposition of Daniel (Grand Rapids: Baker Book
House, 1949), p. 117.
8. Boutflower, In and Around the Book of Daniel, pp. 26-28.
9. C. F. Keil, Biblical Commentary on the Book of Daniel (Grand Rapids:
Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1959), p. 106.
10. Boutflower, In and Around the Book of Daniel, p. xvi.
11. Leupold, Exposition of Daniel, p. 118.
12. Boutflower, In and Around the Book of Daniel, pp. 29-30.
13. Samuel J. Schultz, The Oíd Testament Speaks (Nueva York: Harper &
Brothers, Publishers, 1960), p. 248.
14. John F. Walvoord, Daniel (Chicago: Moody Press, 1971), p. 73.
15. Boutflower, In and Around the Book of Daniel, pp. 31-32.
16. Ibíd., p. 45.
17. Ibíd.
18. Ibíd., p. 46.
19. Ibíd., pp. 47-48.
20. Ibíd., pp. 46-47.
266 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

21. Ibíd., p. 25.


22. Se ha tomado prestada buena parte del material en este capítulo,
con el permiso del autor, de la siguiente fuente: Renald E. Showers,
The Most High God (Rellmawr, NJ: The Friends of Israel Gospel
Ministry, Inc., 1982), pp. 12-25.
Capítulo 4 - El resurgimiento del Imperio Romano
1. Para hallar un estudio profundo sobre la identificación de estos
poderes y el cumplimiento de esta profecía, véase: Renald E.
Showers, The Most High God (Bellmawr, NJ: The Friends of Israel
Gospel Ministry, 1982).
2. Earle E. Cairas, Christianity Through the Centuries (Grand Rapids:
Zondervan Publishing House, 1981), p. 185.
3. Ibíd.
4. Ibíd., p. 187.
5. Emil Ludwig, Napoleon (Nueva York: Boni and Liveright, 1926),
pp. 85, 211, 238, 245-46.
6. Ibíd., p. 667.
7. Ibíd., p. 514.
8. Ibíd., pp. 227-28.
9. Ibíd., p. 566.
10. William L. Shirer, The Rise and Fall of the Third Reich (Nueva York:
Fawcett Publications, Inc., 1962), p. 133.
11. Arnold J. Zurcher, The Struggle to Unite Europe, 1940-1958 (Nueva
York: New York University Press, 1958), p. 6.
12. Laura Fermi, Mussolini (Chicago: The University of Chicago Press,
1961), p. 216.
13. Benito Mussolini, My Autobiography (Nueva York: Charles Scribner’s
Sons, 1928), p. 130.
14. Roy MacGregor-Hastie, The Day of the Lion (Nueva York: Coward-
McCann, Inc., 1963), p. 237.
15. Fermi, Mussolini, p. 361.
16. Shirer, The Third Reich, p. 1295.
17. Ibíd., p. 1296.
18. Zurcher, Unite Europe, p. 21.
19. Shirer, The Third Reich, p. 1340.
N o ta s 267

20. Zurcher, Unite Europe, p. 21.


21. Ibíd., pp. 22-24.
22. John Gunther, Inside Europe Today (Nueva York: Harper and
Brothers, Publishers, 1961), pp. 263-64, y el editorial, “Birth of
Unity for Europe”, Life, 8 de abril de 1957, p. 36.
23. Gunther, Inside Europe Today, p. 18.
24. Konrad Adenauer, World Indivisible, with Liberty and Justice for All
(Nueva York: Harper and Brothers, Publishers, 1955), pp. 49-50.
25. Ibíd., p. 53.
26. Zurcher, Unite Europe, p. 172.
27. Scott Sullivan, “The Czar of Brussels”, Newsweek, 6 de febrero de
1989, p. 32.
28. Andrew Phillips, “A European Revolution”, Maclean’s, 5 de diciem­
bre de 1988, p. 43.
29. Scott Sullivan, “Who’s Afraid of 1992?” Newsweek, 31 de octubre de
1988, p. 34.
30. Caspar W. Weinberger, “1992 Is Closer Than We Think”, Forbes, 17
de abril de 1989, p. 33.
31. Robin Christmas, Productor, “Birth of a Superstate”, documental
de la televisión canadiense, junio de 1990.
32. Ibíd.
33. David Israelson, “European Leaders Take ‘Historie’ Step to Unity”,
Toronto Star, 15 de diciembre de 1990.
34. Ibíd.
35. “Birth of a Superstate”.
36. Sally Jacobsen, “Europe Finally to be United, but Federation os a
Loose One”, The Arizona Republic, 13 de octubre de 1993.
37. James K. Glassman, “New Coin of the Realm”, U.S. News & World
Report, 11 de mayo de 1998, p. 50.
38. Ibíd.
39. Ibíd.
40. Ibíd.
41. “Birth of a Superstate”.
42. Robin Knight, Fred Coleman y John Marks, “Summer of
Discontent”, U.S. News & World Report, 6 de junio de 1994, p. 48.
43. “Birth of a Superstate”.
268 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

44. Nadji Tehrani, “Publisher’s Outlook -Europe 1992- An Opportunity


or Real Pitfall?” Telemarketing, abril, 1989.
45. Dresdner Bank, “What’s Uncommon About the Common Market?”
Forbes, 21 de octubre de 1991, p. 154.
Capítulo 6 - Un análisis del punto de vista
"el rapto previo a la ira"
1. Robert Van Kampen, The Rapture Question Answered (Grand Rapids:
Revell, 1997), pp. 41-44.
2. Ibíd., p. 39.
3. Ibíd., p. 40.
4. Marvin Rosenthal, The Pre-Wrath Rapture of the Church (Nashville:
Thomas Nelson Publishers, 1990).
5. Robert Van Kampen, The Sign (Wheaton, IL: Crossway Books, 1992).
6. Rosenthal, Pre-Wrath, pp. 34-35.
7. Van Kampen, Rapture Question, p. 42.
8. Ibíd.
9. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 111.
10. Ibíd., p. 176.
11. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 176; Van Kampen, Rapture Question, pp. 3-24.
12. Robert L. Thomas, Revelation 1-7: An Exegetical Commentary
(Chicago: Moody, 1992), p. 457.
13. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 166-67.
14. Chart en Ibíd., p. 149.
15. Thomas, Revelation, p. 458.
16. Charles C. Ryrie, Come Quickly, Lord Jesús (Eugene, OR: Harvest
House Publishers, 1996), p. 106.
17. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 117.
18. Ryrie, Come Quickly, pp. 106-107.
19. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 103.
20. Ibíd., pp. 103-108.
21. McLean, “Chronology and Sequential Structure of Jo h n ’s
Revelation”, en Thomas Ice y Timothy Demy, eds., When the Trumpet
Sounds (Eugene, OR: Harvest House Publishers, 1995), p. 341.
22. Rosenthal, Pre-Wrath, p. 37.
23. Ibíd., p. 152.
N o ta s 269

Capítulo 10 - Los derechos que tiene Israel sobre Palestina


1. Walter Kaiser, Toward an Oíd Testament Theology (Grand Rapids,
MI: Zondervan, 1978), p. 82.
2. David Larsen, Jews, Gentiles & the Church (Grand Rapids, MI:
Discovery House Publishers, 1995).
3. Louis Goldberg, Turbulence over the Middle East (Neptune, NJ:
Loizeaux Brothers, 1982), p. 55.
4. Elwood McQuaid, It Is No Dream (Bellmawr, NJ: The Friends of
Israel Gospel Ministry, Inc., 1993), p. 93.
5. Martin Gilbert, The Arab-Israeli Conflict: Its History in Maps (Lon­
dres: Weidenfeld and Nicolson, 1976), pp. 56, 57, 109.
6. George Will, “Israel has a right to its military”. The Glens falls Post-
Star. 7 de mayo de 1998, p. A4.
Capítulo 11 - Venga tu reino: el derecho de Cristo al trono
1. Véase el excelente análisis en Keil y Delitzsch, The Pentateuch, Vol.
1 (Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans, Publishing Company,
1959), pp. 392-402.
2. Alan H. McNeile, The Gospel According to St. Matthew (Grand Rapids,
MI: Baker Book House, 1980), p. 4.
3. Para un análisis completo véase Frederick Godet, A Commentary on
the Gospel ofLuke (Nueva York: Funk and Wagnalls Company, 1887),
pp. 126-133.
4. Ibíd., pp. 128-129.
5. Ibíd., pp. 129-130.
6. Darrell Bock, Luke (Grand Rapids, MI: Baker Books, 1994), p. 923.
Capítulo 12 - La religión mundial futura
1. Esto resulta especialmente evidente en Ezequiel 28:2, donde Dios
se dirige al “príncipe” (en hebreo, nasi) de Tiro, pero en el versícu­
lo 132 este título ha pasado a ser el de “rey” (en hebreo, melek) de
Tiro.
2. Walter Rauschenbusch (1861-1918) fue profesor en el Rochester
Seminary. Su propósito era el de sanear los suburbios de Nueva
York. Su libro, The Theology of the Social Gospel, fue un manifiesto
destinado a renovar la sociedad y convertirla en “el reino de Dios”.
270 L a cu e n ta regresiva a l A rm a ge d ó n

3. Al evangelista Jack Wyrtzen le gustaba decir: “Antes de sacar al


hombre de su suburbio, ¡hay que sacar al suburbio del hombre!”
4. Tara Center, “The Christ Is in the World”, USA Today (12 de enero
de 1987), p. 7A.
5. Norman L. Geisler, “The New Age Movement”, Bibliotheca Sacra
(enero de 1987), pp. 79-103.
6. David Spangler, Reflections on the Christ, p. 39.
7. En el Internet: <http://www.shareintl,org/maitreya.html>.
8. Marjory Roberts, “A Linguistic ‘Nay’ to Channeling”, Psychology
Today (octubre de 1989), pp. 64-65.
9. Brooks Alexander, “Theology from the Twilight Zone”, Christianity
Today (18 de septiembre de 1987), p. 25.
10. En junio de 1992, el psiquiatra John E. Mack, de Harvard, médico, y
el doctor en Física David E. Pritchard, del M.I. T. (Instituto Tecnoló­
gico de Massachussetts), celebraron la Conferencia de Estudios so­
bre la Abducción en el M.I.T. Los investigadores de esa serie de
estudios, de cinco días de duración, incluían al historiador David
Jacobs, doctor de la Temple University; al físico californiano John G.
Miller; al doctor en Psicología de Sacramento Richard J. Boyland; y
a Budd Hopkins, que afirma haber investigado más de 1200 casos
de abducción, y quien ha escrito dos libros sobre el tema.
11. Yankelovich Monitor, American Demographics (agosto de 1998), p.
61. Entre 1976 y 1997, el porcentaje de norteamericanos que creen
en el espiritualismo pasó de un 12 a un 52 por ciento; en la fe
curativa: del 10 al 45 por ciento; en la astrología: del 17 al 37 por
ciento; en los ovnis: del 24 al 30 por ciento; en la reencarnación:
del 9 al 25 por ciento; y en la videncia: del 4 al 14 por ciento.
12. Greenhaven Press, Inc., San Diego, CA.
Capítulo 13 - La tribulación
1. J. B. Smith, A Revelation ofJesús Christ (Scottdale, PA: Herald Press,
1961), p. 136.
2. Henry Alford, The Greek New Testament (Londres: Rivingtons, 1875),
4:622.
3. Henry M. Morris, The Revelation Record (San Diego: Creation-Life,
1983), pp. 303-304.
N o ta s 271

Capítulo 14 - El abominable anticristo


1. Walter K. Price, The Corning Antichrist (Chicago: Moody Press, 1974),
pp. 100-131.
2. David Larsen, Jews, Gentiles & the Church (Grand Rapids, MI:
Discovery House Publishers, 1995).
3. Alexander Hislop, The Two Babylons (Nueva York: Loizeaux
Brothers, 1943).
4. Paráfrasis de una comparación que hizo James Fleming, Biblical
Resources, Jerusalén.
5. D. Edmont Hiebert, The Thessalonian Epistles (Chicago: Moody Press,
1971), p. 125.
Capítulo 15 - La campaña del Armagedón
1. La NIV Study Bible (Grand Rapids: Zondervan, 1985), p. 1944 (la
nota sobre Apocalipsis 16:14).
2. Mientras escribía esto, en verano de 1998, vi un anuncio de una
película titulada Armagedón. El anuncio explicaba que los actores
principales “practicarían un agujero en un asteroide que avanzaba
a toda velocidad hacia la tierra, instalando en él un artefacto nu­
clear para desviarlo de su rumbo”.
3. E. Nestle, “Har-magedon”, A Dictionary of the Bible, James Hastings,
editor (Edimburgo; y T. Clark, 1910), 1:304, 5.
Capítulo 16 -El juicio de las naciones
1. Thomas J. Finley, The Wycliffe Exegetical Commentary: Joel, Amos,
Obadiah (Chicago: Moody Press, 1990), p. 84.
2.J. Dwight Pentecost, Things to Come (Grand Rapids: Dunham
Publishing Co., 1964), p. 417.
3. Geoffrey Bromiley, Theological Dictionary ofthe New Testament, editado
por Kittel y Friedrich (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1992), p. 201.
4. J. Dwight Pentecost, The Words and Works of Jesús Christ (Grand
Rapids, MI: Zondervan, 1981), p. 409.
5. Arnold G. Fruchtenbaum, The Footsteps ofthe Messiah (Austin, TX:
Ariel Ministries Press, 1993), p. 260.
6. John F. Walvoord, Major Bible Prophecies (Grand Rapids, MI:
Zondervan, 1991), p. 386.
272 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

7. Fruchtenbaum, p. 259.
8. Joseph Dillow, The Reign of the Servant Kings (Hayesville, NC:
Schoettle Publishing Co., 1993), pp. 73-82.
9. Ibíd., pp. 140-43.
10. Finley, p. 87.
Capítulo 17 - El maravilloso milenio
1. Charles Ryrie, The Basis of the Premillenial Faith (Neptune, NJ:
Loizeaux Brothers, 1953), pp. 145, 146.
2. Lewis Sperry Chafer, Systematic Theology, Volume IV, Eschatology
(Dallas, TX: Dallas Seminary Press, 1948), p. 265.
3. Ibíd., p. 265.
4. David L. Larsen, Jews, Gentiles & the Church (Grand Rapids, MI:
Discovery House Publishers, 1995), p. 307.
5. Ryrie, The Basis of Premillenial Faith, p. 12.
6. J. Dwight Pentecost, Thy Kingdom Come (Wheaton, IL: Victor Books,
1990), p. 316.
7. J. Dwight Pentecost, Things to Come, A Study in Biblical Eschatology
(Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1958), p. 477.
8. Ibíd., p. 480.
9. John F. Walvoord, The Millenial Kingdom (Grand Rapids, MI:
Zondervan Publishing House, 1959), p. 307.
10. Larsen, Jews, Gentiles & the Church, p. 314.
11. Ryrie, The Basis of the Premillenial Faith, pp. 149, 150.
12. Pentecost, Thy Kingdom Come, pp. 316, 317.
13. Ralph H. Alexander, Ezekiel, The Expositor’s Bible Commentary (Grand
Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1986), pp. 950, 951.
14. Horatius Bonar, The Corning and Kingdom of the Lord Jesús Christ
(Londres: J. Nisbet & Co., 1889), pp. 222, 223.
15. John L. Mitchell, Animal Sacrifices in the Millenium, tesis inédita
(Dallas, TX: Dallas Theological Seminary, 1947), p. 42.
16. Larsen, Jews, Gentiles & the Church, p. 320.
17. Pentecost, Things to Come, pp. 492, 493.
18. Lewis Sperry Chafer, Systematic Theology, Volume V (Dallas, TX: Dallas
Seminary Press, 1948), pp. 373, 374.
N o ta s 273

Capítulo 18 - La revuelta final


1. J. Dwight Pentecost, Things to Come (Grand Rapids, MI: Dunham
Publishing Company, 1958), p. 475.
Capítulo 19 - El juicio del gran trono blanco
1. Warren Wiersbe, Classic Sermons on Heaven and Hell (Grand Rapids,
MI: Kregel Publications, 1994), p. 10.
2. J. Dwight Pentecost, Prophecyfor Today (Grand Rapids, MI: Discovery
House Publishers, edición revisada de 1989), p. 192.
3. C. I. Scofield, Prophecy Made Plain (Londres, Inglaterra: Pickering
8c Inglis, fecha desconocida), pp. 165-166.
4. L. S. Chafer, Systematic Theology, volumen 4 (Dallas, TX: Dallas Press,
1948), p. 413.
5. Judson B. Palmer, In the Meantime... What Happens Between Death
and The Rapture? (Schroon Lake, NY: Word of Life Fellowships,
Inc., 1984), p. 4.
6. Chafer, Systematic Theology, pp. 414-415.
7. Wiersbe, p. 50.
8. John F. Walvoord, The Prophecy Knowledge Handbook (Wheaton, IL:
Victor Books), p. 632.
9. John F. Walvoord, Prophecy: 14 Essential Keys to Understanding the
Final Drama (Nashville, TN: Thomas Nelson Publishers, 1993), p.
171.
10. Pentecost, Prophecy for Today, pp. 208-209.
11. Ibíd., pp. 202-203.
12. J. Dwight Pentecost, Things to Come (Findlay, OH: Dunham
Publishing House, 1958), p. 582.
13. Walvoord, The Prophecy Knowledge Handbook, pp. 634, 635.
14. Paul W. Rood, The Heavenly Home (Grand Rapids, MI: Zondervan
Publishing House), p. 14.
15. Pentecost, Prophecy for Today, pp. 205-206.
16. Warren W. Wiersbe, Be Victorious (Wheaton, IL: Victor Books, 1985),
p. 145.
Esbozos biográficos
de los aurores
Dr. Paul N. Benware
Escritor, pastor y antiguo catedrático de Biblia y Teología en el Moody
Bible Institute. El Dr. Benware se graduó en el Los Angeles Baptist College
y tiene una maestría en Teología del Dallas Theological Seminary y un
doctorado en Teología del Grace Theological Seminary. Ha servido como
pastor en iglesias de California, Indiana e Illinois. Su ministerio de ense­
ñanza incluye pasar varios meses en el Lutsk Regional Bible Institute y en
el Odessa Theological Seminary, en Ucrania. Él y su esposa, Anne, tienen
cuatro hijos.
Dr. Mark L. Bailey
El Dr. Bailey es vicepresidente de asuntos académicos y decano del Dallas
Theological Seminary, donde ha impartido clases desde 1985. Se graduó
en el Southwestern College y obtuvo una maestría en divinidades y otra en
teología en el Western Conservative Baptist Seminary. Posee un doctorado
del Dallas Theological Seminary. Ha sido pastor de diversas iglesias, ha
servido como guía en numerosos grupos turísticos en Israel, y es escri­
tor. En la actualidad también es pastor de la Faith Bible Church, en DeSoto,
Texas. Él y su esposa, Barbara, tienen dos hijos.

27S
276 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

Dr. David Breese


Graduado en elJudson College y en el Northern Seminary. El Dr. Bresse ha
sido profesor de filosofía, apologética e historia de la iglesia. Es el presi­
dente de Christian Destiny, y editor de Destiny Newsletter, una publicación
periódica que expone el punto de vista cristiano acerca de los diversos
acontecimientos mundiales. También es productor de una emisora de
radio y comentarista televisivo en el programa Dave Breese Reports. Ha
escrito varios libros, folletos, artículos para revistas, y está activo en el
ministerio de la enseñanza entre alumnos universitarios.
Dr. Thomas N. Davis
El Dr. Davis se graduó en el Word of Life Bible Institute, en el Lancaster
Bible College y en el Grace Theological Seminary. Completó un año de
posgrado en el Jerusalem University College. Tiene un doctorado en edu­
cación con énfasis en informática y tecnología de la información por la
Nova Southeastern University. Fue pastor en iglesias de Pennsylvania e
Indiana antes de unirse al personal del Word of Life Bible Institute en
1978, donde es decano académico y catedrático. Él y su esposa, Susie,
tienen cinco hijas y un hijo.
Dr. James “Jimmy” DeYoung, hijo.
Desde 1991, el Dr. DeYoung ha residido en Jerusalén como periodista.
Aparece regularmente en el programa de televisión Day of Discovery, así
como en la radio, ofreciendo informes sobre política, Biblia y profecía,
así como comentarios acerca de estos temas que se emiten a través de
diversas redes radiofónicas. Ha realizado diversas producciones de audio
y vídeo, y publica la revista Until. El Dr. DeYoung también trabajó con
Word of Life Fellowship durante 12 años, y por otros cinco fue el director
general de una emisora de radio cristiana en Nueva York. Él y su esposa,
Judy, tienen cuatro hijos y tres nietos.
Dr. Thomas O. Figart
Se graduó en el Philadelphia College ofBible, y en laJohns Hopkins University.
El Dr. Figart tiene una maestría en Teología por el Dallas Theological
Seminary, y un doctorado en teología por el Grace Theological Seminary.
Trabajó como profesor de Biblia en la Baltimore School ofthe Bible, antes
E b o z o s b io g r á f ic o s de lo s a u t o r es 277

de entrar en el Lancaster Bible College como decano académico; actual­


mente es considerado distinguido profesor. El Dr. Figart es autor de
diversos libros y artículos, y durante años fue profesor invitado en el
Word ofLife Bible Institute. Él y su esposa llevan 53 años de matrimonio;
tienen cuatro hijos, nueve nietos y un bisnieto.
Dr. Thomas D. Ice
El Dr. Ice es director ejecutivo del The Pre-Trib Research Center, fundado
en 1994 con el propósito de investigar, enseñar y defender el rapto
pretribulacionista, y las doctrinas bíblicas relacionadas con él. Ha sido
coautor de diversos libros y artículos en revistas. Ha servido como pas­
tor durante 15 años. Se graduó en la Howard Payne University y tiene un
doctorado en Teología del Dallas Theological Seminary, y un doctorado
del Tyndale Theological Seminary. Él y su esposa, Janice, tienen tres hijos.
Dr. Elwood McQuaid
Mientras seguía estudios universitarios, el Dr. McQuaid aceptó en 1953
una invitación para ser el pastor de una iglesia en Virginia. Durante los
siguientes 24 años pastoreó tres iglesias y fundó una escuela cristiana.
En 1977, se unió al ministerio The Friends of Israel, y más tarde trabzyó en
el Moody Bible Institute, antes de volver a hacerlo en The Friends of Israel,
donde en 1989 ocupó el cargo de director ejecutivo. Es autor de varios
libros, y actualmente es editor de la revista Israel My Glory, y locutor en
el programa radiofónico diario Friends of Israel Today.
Dr. José Jordán
Tras aceptar a Cristo siendo un adolescente, en Word of Life Island, el
Dr. Jordán se graduó en la Tennessee Temple University, con una licen­
ciatura en Biblia y Teología. También asistió al Philadelphia College of
Bible y al Lynchburg College. Posee un doctorado en Teología de la
Tennessee Temple University. En 1969 fundó y dirigió el ministerio de
Word ofLife en Argentina durante los siguientes 20 años. El ministerio
se expandió progresivamente a todos los países de habla hispana de
Latinoamérica y a otras partes del mundo. El Dr. Jordán es el director
ejecutivo de Word of Life Fellowship que ahora alcanza a más de 52
países. Es bien conocido por su programa radial “Palabra de Vida”
278 L a cu en ta regresiva a l A rm a ge d ó n

que se trasmite en más de 250 estaciones de radio. Él y su esposa,


Melva, tienen tres hijos y una nieta.
Dr. John R. Master
El Dr. Master es presidente y profesor en la división de educación bíbli­
ca del Philadelphia College of Bible. Antes de unirse al equipo de la facul­
tad en 1987, fue decano académico en el Baptist Bible College, y fue profesor
en el Baptist Bible Theological Seminary y en el Word of Life Bible Institute.
Ha escrito para las lecciones de la Escuela Dominical publicadas por
Union Gospel Press y Regular Baptist Press. Se graduó en el Houghton College
y posee una maestría y un doctorado en Teología del Dallas Theological
Seminary. Él y su esposa, Janet, tienen tres hyos.

Dr. J. Dwight Pentecost


El Dr. Pentecost es considerado distinguido profesor de exposición bí­
blica en el Dallas Theological Seminary, institución en la que ha impartido
clases desde 1955. Se graduó en el Hampden-Sydney College, y posee una
maestría y un doctorado en Teología del Dallas Theological Seminary.
Siendo como es un orador muy competente, su ministerio docente ha
influenciado a creyentes de más de 25 países de todo el mundo. Ha sido
autor de diversos libros, y apareció en la serie de vídeo The Words and
Works of Jesús Christ. Él y su esposa, Doro thy, tienen dos hijos y dos
nietos.
Dr. Charles C. Ryrie
El Dr. Ryrie obtuvo su licenciatura en el Harverford College. Tiene una
maestría y un doctorado en Teología del Dallas Theological Seminary.
También posee un doctorado de la Universidad de Edimburgo y un
doctorado en Literatura del Liberty Baptists Theological Seminary. Ha sido
profesor en Westmont College, ha sido presidente del Philadelphia College
of Bible, y también profesor de Teología sistemática del Dallas Theological
Seminary. Ha escrito numerosos libros, folletos, artículos de revistas, así
como autor de la Biblia de Estudio Ryrie publicada por Editorial Porta­
voz. Es profesor adjunto del Philadelphia College of Bible, y profesor invi­
tado en el Word of Life Bible Institute.
E b o z o s b io g r á f ic o s de lo s a u t o r e s 279

Dr. Renald E. Showers


Recibió su licenciatura del Philadelphia College of Bible y Wheaton College.
El Dr. Showers posee una maestría en Historia de la iglesia del Dallas
Theological Seminary, y un doctorado en Teología del Grace Theological
Seminary. Ha servido como pastor, como miembro de las facultades del
Lancaster Bible College, el Moody Bible Institute y el Philadelphia College of
Bible. Ha sido profesor invitado en el Word of Life Bible Institute, el Calvary
Bible College y el Baptist Bible Seminary. En la actualidad forma parte del
personal de la Church Ministries División de The Friends of Israel, y enseña
en el ministerio del Institute ofBiblical Studies. Es autor de varios libros y
de numerosos artículos de revistas. Él y su esposa, Ellie, tienen dos hijas.
Dr. Charles U. Wagner
Tras haber sido pastor en diversas iglesias de Michigan, Nueva Jersey y
Washington, en la actualidad es pastor de la Calvary Baptist Church en
Covington, Kentucky. Es licenciado del Detroit Bible College y posee un
doctorado en Teología de Los Angeles Baptist Seminary. Ha sido presiden­
te del Northwest Baptist Seminary y del Grand Rapids Baptist College and
Seminary. Es profesor adjunto en diversos institutos y seminarios, y pro­
fesor invitado en el Word of Life Bible Institute. Ha escrito varios libros. Él
y su esposa, Ruth, tienen dos hijos y siete nietos.
Dr. John F. Walvoord
El Dr. Walvoord, teólogo, pastor y escritor, se licenció en el Wheaton
College y posee la licenciatura, la maestría y el doctorado en Teología del
Dallas Theological Seminary, así como un doctorado en Literatura del
Liberty Baptist Seminary. Se unió al personal del Dallas Theological Seminary
en 1936, convirtiéndose en su presidente en 1953 y en su rector en
1986. Es uno de los teólogos dispensacionalistas más influyentes del
siglo veinte. El Dr. Walvoord se destaca como conferenciante en semina­
rios sobre profecía al abogar por el rapto pretribulacionista, el milenio
literal y la distinción entre Israel y la Iglesia.
"El testimonio de Jesús es el
espíritu de la profecía"
— A P O C A L I P S I S 1 9 : 1 0

H
partir de una sólida cimentación para entender la profecía
bíblica, un grupo de expertos en la Biblia que gozan de prestigio
internacional, entre los cuales se encuentran John Walvoord,
Thomas Ice y J. Dwight Pentecost, le ofrece un viaje emocionante
desde los tiempos del Antiguo Testamento hasta la segunda venida,
además de considerar al milenio y a la celebración de la eternidad.
Por medio de un estudio profundo de los pasajes bíblicos, usted
descubrirá:
• señales y tendencias actuales que presagian
la ira y la redención venideras
• estrategias fundamentales para interpretar la profecía
• los preparativos a escala mundial para el surgimiento del anticristo
• el triunfo final y jubiloso de Jesucristo
• cómo el estudio de la profecía fortalece su
andar diario con Cristo
Al revelar el cumplimiento asombroso de las profecías bíblicas y al
explorar de manera minuciosa las profecías para el futuro, La cuenta
regresiva al Armagedón lo hace partícipe del plan de Dios para el
futuro y lo ayuda a estar preparado para los tiempos tumultuosos, pero
también emocionantes, que están por venir.

Word o f Life Fellowship es un ministerio mundial comprometido a


alcanzar a todas las personas con el evangelio de Cristo por medio
del evangelismo y el discipulado.

~ ' José Jordán es su director


•.It, ejecutivo y el ministerio se
* extiende hoy por cincuenta
| y dos países y en más de
doscientos cincuenta Profecía
mw I emisoras de radio. ■ ■ ■ ■ ■ ■ ■

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