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LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

1
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

2
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Enrique Álvarez Carrillo

LIBRO I

EL NACIONALISMO
COMO FILOSOFÍA
POLÍTICA DEL ESTADO
MODERNO

3
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Texto
Enrique Álvarez Carrillo

Portada y maquetación
Carla M. Álvarez Perera

Nacionalismo y Revolución. LIBRO I. El


Nacionalismo como Filosofía Política del Estado
Moderno, se encuentra bajo una licencia de Creative
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© Enrique Álvarez Carrillo
EL NACIONALISMO COMO FILOSOFÍA POLÍTICA
DEL ESTADO MODERNO
ISBN Libro en papel: 978-84-685-4607-0
ISBN eBook en PDF: 978-84-685-4608-7
Impreso en España
Editado por Bubok Publishing S.L

4
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Reseña Biográfica Previa


Enrique Álvarez Carrillo, nace en San Cristóbal de
La Laguna, Tenerife, islas Canarias. Durante años
se ha presentado públicamente bajo el nombre
de Karlos Luckas, a través del blog Conciencia,
Libertad y Revolución Integral, en el que se
recogen las líneas generales de su pensamiento.
Aunque de formación eminentemente
autodidacta, de joven es marino mercante y luego
obtiene la licenciatura en Ciencias Políticas. El
interés por la política y la historia le viene desde
muy joven, por influencia, en primer lugar, de su

5
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

propio padre, hombre de gran cultura e inquietud


política. Luego, la influencia intelectual procedente
de la Universidad de La Laguna, a través de un
hermano, y también de algunos amigos
procedentes de la órbita del PCE, por lo que se
orienta claramente por abrazar la doctrina
marxista leninista. Pasa por toda una etapa
nacionalista marxista revolucionaria entre los años
1976-80, integrándose en el Partido Comunista
Canario, provisional, PCC(p), época coincidente
con la crisis del Sahara y el auge del movimiento
nacionalista independentista canario. Concluye
esta etapa con la salida de ese mundo ideológico
y político, pasando después de un largo periodo
de reflexión, a sostener la doctrina marxista-
leninista-maoísta, en su versión más radical,
manteniendo una militancia de 12 años.
Comparte actividad, colaboración y amistad con
Félix Rodrigo Mora, Prado Esteban y muchos
antiguos militantes y amigos.
La influencia de Félix, desde el inicio, y durante
más de 35 años, ha sido decisiva en la formación

6
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

intelectual, ideológica y política de Karlos, con el


que ha colaborado en el desarrollo estratégico del
proyecto denominado “Espacio de Reflexión sobre
la Revolución Integral”. Ha participado en la
redacción de la Introducción, junto con Félix R.
Mora, de la reedición del libro del que fuera
anarquista Félix Martí Ibáñez, El sentido de la vida,
editado por Potlatch-ediciones.
La necesidad para Enrique Álvarez de escribir este
ensayo viene desde muy lejos, realmente desde el
mismo momento del ascenso de la ideología
nacionalista en Canarias a partir de 1975. Aunque
ya poseía cierta formación marxista antes del
auge del llamado Movimiento Canario de
Liberación Nacional (MLNC), sin embargo, el
impacto de éste fue decisivo, y tratar de
comprender el llamado “hecho nacional” e
integrarlo en una estrategia de revolución
socialista, se convirtió en su prioridad. Por esa
razón, tras su militancia en el PCC(p), y la
comprobación teórico-práctica de la naturaleza
estatista, capitalista y reaccionaria de su

7
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

estrategia, trata de buscar respuestas históricas,


políticas y doctrinales en la variante más radical
del marxismo. Este proceso finaliza a principios de
los años 90, momento en que asume claramente
que el marxismo es, igualmente, una doctrina
estatista, economicista, capitalista y “nacionalista”
de naturaleza antidemocrática. Ello le induce a la
búsqueda en un nuevo paradigma capaz de
comprender la naturaleza del nacionalismo, y la
cuestión del Estado y la revolución. Así, concluye
con este ensayo, en el que vincula directamente al
nacionalismo con el Estado y el capitalismo, como
aquella ideología que le da justificación y
cobertura. Aboga, por tanto, por la
implementación de un modelo de convivencia
social basado en la comunidad, en la democracia
directa, en la liberación de las mujeres y la
ecología radical, en el proceso estratégico de una
revolución integral.
Potlatch-ediciones

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LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Las mentiras resultan a veces mucho


más plausibles, mucho más atractivas a
la razón, que la realidad, dado que el
que miente tiene la gran ventaja de
conocer de antemano lo que su
audiencia desea o espera oír. Ha
preparado su relato para el consumo
público con el cuidado de hacerlo
verosímil mientras que la realidad tiene
la desconcertante costumbre de
enfrentarnos con lo inesperado, con
aquello para lo que no estamos
preparados.

Hannah Arendt
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NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

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LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

ÍNDICE

LIBRO I. EL NACIONALISMO COMO


FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO
MODERNO

1. Superando el viejo paradigma 13


2. Cuestiones previas sobre poder, ética y
revolución 47
3. La construcción de la ideología nacionalista
76
3.1. Por una puesta al día historiográfica 79
3.2. Los paradigmas contemporáneos
dominantes: modernismo/posmodernismo,
primordialismo/perennialismo y
poscolonialismo 83
3.3. Definición genérica de los modelos
explicativos 92
3.3.1. El paradigma modernista 93
3.3.2. Elie Kedourie, las raíces ideológicas del
nacionalismo moderno 94
3.3.3. Nación y Nacionalismo, según E.
Gellner, o el paradigma de la modernidad más
puro 120
3.4. Las tesis posmodernistas. Un desarrollo
complementario de la línea modernista 132
11
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

3.4.1 Hobsbawm, el nacionalismo y la


invención de la tradición 133
3.4.2. Benedict Anderson y Las Comunidades
imaginadas 142
3.5. Las raíces de la “nación”. Las tesis
primordialista/perennialista 152
3.6. La genealogía del pensamiento poscolonial
y decolonial 166
3.6.1. Las tesis poscoloniales 169
3.6.1.1. Edward Saïd. 170
3.6.1.2. Gayatri Spivak 173
3.6.2. Las tesis decoloniales 181
3.6.2.1. Aníbal Quijano 182
3.7. Los fundamentos “teóricos” de la crítica
eurocentrista: Aimé Césaire. Frantz Fanon.
Samir Amin 189
3.7.1. Aimé Césaire, los iniciadores de la
ideología anti-neocolonialista 189
3.7.2. Frantz Fanon, la “propaganda 199
3.7.3. Samir Amin, la puesta al día marxista
sobre la cuestión neocolonial 213
3.8. ¿Está en crisis el Estado nación? 225
3.9. Nacionalismo e Islam 238
4. La génesis filosófica del nacionalismo 262
5. La génesis histórica del nacionalismo 285
6. La génesis político-militar del nacionalismo
297
Esbozo de Programa 319
Apéndices. 330

12
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

LIBRO I
El Nacionalismo como
Filosofía Política del
Estado Moderno

1. SUPERANDO EL VIEJO PARADIGMA

…cuando Aristóteles y Galileo miraron a


piedras oscilantes,
el primero vio una caída forzada y el segundo

13
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

un péndulo…/…
aunque el mundo no cambia con un cambio de
paradigma,
el científico después trabaja en un mundo
diferente

Thomas S. Kuhn

Hay una conclusión aplastante, no es suficiente


el voluntarismo, una épica, una devoción, una
entrega a favor del “pueblo” y “su lucha”, ni
siquiera tener el valor de morir (o matar) por
“éste”. Ni tampoco es suficiente poseer una
doctrina considerada “perfecta” y “completa”.
El nacionalismo revolucionario comparte un
denominador ideológico y gnoseológico con el
liberalismo y el proletarismo, pues ambos
tienen como base el idealismo, mecanicismo,
historicismo, economicismo y eudemonismo,
propios de la ideología y de la política de la
cosmovisión de la modernidad. Líderes
“progresistas” de muchos países con
revoluciones nacional-populares victoriosas no
han tenido otra idea que “salvar a sus pueblos”,
pero entendido erróneamente, mediante un
proceso estratégico dominado por los valores
heredados de la revolución burguesa. Y
también aquellos que aún lo pretenden, que, si
por alguna casualidad histórica “tomaran el

14
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

poder”, declararían una suerte de


“independencia-socialista” en sus países, que
necesariamente estaría condenada a reproducir
los mismos sistemas políticos ya conocidos.
Por tanto, es esencial mandar al trastero de la
historia el conjunto de concepciones que hasta
este momento han dominado en las conciencias
de aquellos que pretendan realmente analizar y
establecer un renovado programa para que las
comunidades y pueblos oprimidos alcancen la
libre determinación.
Este debate ya estaba planteado desde hace más
de 40 años, y cada día, nuevas reflexiones e
interpretaciones de los hechos de la historia no
hacen sino confirmar que la visión liberal-
burguesa o proletarista (igual, en esencia) de la
llamada “cuestión nacional”, -que como parte
de la “cuestión social”-, no es más que una
construcción ideológica vinculada al
surgimiento y expansión del Estado nación
moderno y capitalista.
Esta cuestión es esencial puesto que no tener
claridad sobre el asunto lleva inevitablemente a
la reproducción de un análisis gnoseológico que
se encuentra en la base de la experiencia
histórica de los siglos XIX y XX, de las
estrategias y tácticas inevitablemente erróneas,
reaccionarias y, finalmente, sostenedoras del
vigente sistema de poder, que suponen

15
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

justamente lo contrario de su pretendido


supuesto de partida. Por tanto, en este apartado
se plantean las cuestiones esenciales
epistemológicas que nos van a permitir superar
esa cosmovisión propia de la modernidad sobre
los manidos conceptos de “nación”,
“nacionalidad” “nacionalismo”, ideados por los
“padres intelectuales” del Estado-nación e
incorporados al discurso independentista-
revolucionario de todas las élites.
Cuando la filosofía política y la historia, como
“ciencia” se encontraban muy perdidas en
debates idealistas y empiristas, no solo en el
Estado español, sino en el mundo intelectual
occidental, la teoría del conocimiento de la
filosofía y de la historia vive una auténtica
revolución. Resulta que no fue un filósofo o un
historiador, sino que vino a ser un físico,
Thomas Kuhn, especializado en la Historia de
la Ciencia Natural, el que, tratando de explicar
el caos existente entre los científicos sociales
sobre “los problemas” y los “métodos
científicos”, viene a realizar una enorme
aportación que resulta ser decisiva para la
filosofía epistemológica con la aportación de su
planteamiento paradigmático derivado del
análisis de las revoluciones científicas1. Es a

1
Thomas Kuhn, La estructura de las revoluciones
16
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

partir de este reconocimiento, producto de la


observación de las revoluciones de las ciencias
naturales en la historia, como éste realiza una
aportación sustantiva a la llamada historia
social, echando por tierra, metodológicamente,
la idea historicista sobre la humanidad, basada
en el evolucionismo vulgar, el mecanicismo y
el determinismo economicista, en definitiva, del
“sentido ascendente y positivo del
conocimiento” y, por tanto, de la propia historia
de la humanidad2. La idea de “progreso”3

científicas. Fondo de Cultura Económica. Ed. 2000.


Define el concepto de “paradigma” como aquellas
“realizaciones científicas universalmente
reconocidas que, durante cierto tiempo,
proporcionan modelos de problemas y soluciones a
una comunidad científica”.
2
La idea de progreso hegeliana que culmina en el
Estado, expuesto teóricamente por Marx-Engels, y
en la práctica, por sus seguidores Lenin y Mao, (en
Rusia y China), con los catastróficos resultados que
hoy conocemos.
3
T. Kuhn define esta idea como “El desarrollo
científico se convierte en el proceso gradual
mediante el cual esos conceptos han sido añadidos,
solos y en combinación, al caudal creciente de la
técnica y de los conocimientos científicos, y la
historia de la ciencia se convierte en una disciplina
que relata y registra esos incrementos sucesivos y
los obstáculos que han inhibido su acumulación”.
17
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

recibe, con ello, tanto en el ámbito de la ciencia


natural, como lógicamente la social, una
impugnación básica que abre las conciencias
para pensar nuevas realidades. Constituye una
verdadera revolución, pues aporta el argumento
decisivo para poder superar la cosmovisión de
la modernidad todavía hoy dominante, y dentro
de ella, la llamada “cuestión nacional”. Cierto
que la proyección de una revolución
paradigmática para el ámbito de la denominada
“cuestión social” es infinitamente más compleja
que para el mundo de la ciencia natural, puesto
que en el mundo de los seres humanos no se
piensa en términos experienciales y
mediciones, sino que el objeto de estudio son
las comunidades humanas que actúan y toman
decisiones cada día, y que además están
compuestas por individuos plenamente
diferenciados, con ideas comunes, pero también
con capacidad de pensar y actuar con un grado

Op. Cit. pág.21. Sin embargo, sigue planteando


Kuhn que algunos historiadores de la ciencia han
descubierto que les es cada vez más difícil
desempeñar las funciones que el concepto de
desarrollo por acumulación les asigna. Y que hay
cierto tipo de preguntas que constituyen un
error…/…porque quizás la ciencia no se desarrolla
por medio de acumulaciones de descubrimientos e
inventos individuales.
18
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de libertad potencial presente, todavía hoy.


No se trata de una cuestión concreta, de un
tema, o de una situación; cuando se produce
una revolución en el conjunto de las ideas del
pensamiento dominante, significa que se ponen
en cuestión “todas las leyes” de la visión
anterior, es el “todo” lo que se impugna.
Implica observar el mundo de forma diferente,
donde ya no valen los planteamientos,
esquemas, conceptos “leyes” con las que antes
examinábamos el mundo. Por lo cual, ya no es
posible resolver los nuevos problemas dentro de
la cosmovisión anterior, antes, al contrario, se
deben revaluar las experiencias pasadas, pero
desde una nueva perspectiva, no como “errores
a corregir”, como se empeñó el marxismo
respecto de sus propias experiencias
revolucionarias fracasadas, sino de cambiar y
sustituir los viejos preceptos por nuevas
concepciones, más complejas y reales, basadas
en una forma nueva de observar el mundo. Ello,
además, de forma multicompleja, porque así se
presenta la realidad. No basta con replantearse
una nueva cosmovisión sobre la cuestión
nacional, pues esto determina que ésta ha de
estar imbricada en un replanteamiento de las
concepciones “universalmente reconocidas”, y
que lo abarca todo, desde la función del
lenguaje, la filosofía, el pensamiento, el

19
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

conocimiento, la ética, la moral y la


reelaboración de la cadena de conceptos de la
“ciencia social”, como nación, pero también las
ideas de revolución, sociedad, pueblo,
economía, libertad, identidad, igualdad,
justicia y poder. Todo ello debe ser
conceptualizado conforme a una nueva
cosmovisión que sea superadora de la
dominante actualmente, la de la modernidad
(liberal, proletarista y fascista), y también, la
que hoy está en curso, la posmoderna, que da
lugar a este “modelo social” claramente de tipo
estatista, capitalista, industrialista, ecocida,
individualista, eudemonista, opresor de
mujeres, genocida de comunidades neo-
colonizadas, etc.4

4
Es de interés lo que a este respecto cita Kuhn en la
obra comentada, al referiste al proceso de transición
entre un nuevo paradigma y el viejo e inevitable
resistencia a la misma que no significa más que
ausencia de comprensión de la dimensión real de la
revolución, que no se trata de corregir esta u otra
cuestión concreta, sino de provocar una nueva
visión de todas las cosas y pensamientos, sin lo cual
no es posible pensar y actuar sobre la realidad. Dice:
“La fuente de la resistencia reside en la seguridad
de que el paradigma de mayor antigüedad
finalmente resolverá todos sus problemas, y de que
la naturaleza puede compelerse dentro de los
20
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

En esta trayectoria de “superar el viejo


paradigma”, es necesario reiniciar el camino,
desandar lo andado, y volver a las cuestiones
esenciales que están en la base epistemológica
de aquellos planteamientos históricos, políticos
e ideológicos que han dado sustento a la
cuestión nacional, tal y como hoy es todavía
comprendida. En este capítulo nos referiremos a
una teleología de la modernidad, partiendo de
sus componentes básicos y esenciales, como es
la conceptualización del lenguaje, el
pensamiento, el propio concepto y las ideas
esenciales de la llamada “cuestión social”. Más
adelante, trataremos de reflexionar sobre cómo
el metarrelato5 de la modernidad está presente
ontológicamente en la cuestión nacional. Sin la
superación de éste, se está condenado a repetir
sus históricos efectos perversos.

marcos proporcionados por el paradigma”.


5
Sin pretender entrar en disquisiciones o debates sin
objeto, entiendo el concepto de metarrelato en
términos de Lyotard como discursos totalizantes y
multiabarcadores, en los que se asume la
comprensión de hechos de carácter científico,
histórico, religioso y social de forma absolutista,
pretendiendo dar respuesta y solución a toda
contingencia, conforme a la concepción del
conocimiento sistemática y totalizante de la historia
y del pensamiento de Hegel.
21
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

La formulación de la ideología nacionalista,


como parte de la cosmovisión de la
modernidad, se inicia desde una gnoseología
subjetivista que debe ser discernida desde lo
más esencial, el concepto mismo. Entender esto
en su formulación primigenia nos lleva
necesariamente a comenzar por el propio
lenguaje, creador de las palabras y modulador
de los conceptos, y dentro de éstos, los propios
de la visión del mundo de la modernidad, en
temas como la cuestión social, la nación, la
nacionalidad y el nacionalismo6. El paradigma

6
Las reflexiones más recientes centradas en la
significación real y conceptual del lenguaje vienen a
decir: p.e. Vygotsky (1987) “las palabras dan forma
a ese sistema de signos que llamamos lenguaje, el
cual lejos de ser estático y universal, es dinámico,
cambiante y flexible. En el lenguaje se permite la
codificación y decodificación de significados.
Además, puede considerarse como una herramienta
de reconstrucción del pensamiento”. La Hipótesis
de Edward Sapir y Benjamin Whorf establece que
“la estructura del lenguaje de una cultura influye en
la conducta y hábitos de pensamiento de ella
(Moreno, 1983)”. Esta hipótesis sostiene que “el
lenguaje estructura las percepciones y moldea la
manera de pensar, sentir y actuar de los miembros
de una sociedad y que se forman en un medio
cultural primordialmente lingüístico (Fernández,
1999)”. “La cultura acondiciona y estructura
22
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de la modernidad define el concepto de nación


en diferentes términos a cómo el mundo antiguo
lo entendía, de acuerdo con otra visión de la
realidad, dando a éste un nuevo y diferente
contenido, pero tomando como base un

nuestros procesos perceptuales, influenciando los


estímulos que recibimos y la interpretación que le
damos a éstos (Samovar, Porter y Jaín, 1988)”.
Danis citado por Meyin (1981) indica que “el
lenguaje no sólo sirve de medio de comunicación,
sino también de medio de pensamiento y
conocimiento, y por eso desempeña, además, un
papel activo en la estructuración de la conciencia
humana”. Para una representación del proceso de
identificación, debemos referirnos no solamente a la
acción material o lingüística, en las cuales se define
un individuo respecto a la sociedad, sino también al
lenguaje mismo. El lenguaje, pues, no sólo es medio
de comunicación en el cual se efectúa la formación
de la identidad, “sino a la vez medio que forma la
identidad” …/... “El medio principal por el que una
cultura transmite sus creencias, valores y normas es
el lenguaje”. Este es un sistema aprendido de
símbolos, usado para representar las experiencias de
una comunidad geográfica o cultural, “además es el
principal medio de pensamiento e interacción con
otros miembros de una cultura (Rice, D’ Ambra y
More 1998)”. Edward Sapir y Benjamin Whorf van
más allá y concluyen que “el lenguaje sirve como
una guía a la realidad social”.
23
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

elemento común reconocible por ambos, y


desde sus respectivos paradigmas: nación es
igual a pueblo. Esta nueva concepción,
entendida ahora como comunidad humana, se le
asignan determinados atributos por los cuales
dicho “ente” (el pueblo) tiene identidad propia,
y “diferente” a cualquier otra7.
Ello nos tiene que llevar, además, a incorporar
la refutación de la concepción de la historia de
la modernidad, en forma de una crítica radical
del historicismo, en los términos en que lo
formula, entre otros, Karl Popper. Para este
caso, su refutación del historicismo se basa en
que constituye una herramienta del pensamiento
y formulación de la conciencia básica de la
cosmovisión de la modernidad, incluyendo la

7
No es de interés de esta reflexión plantear el
debate que toma como base la filosofía del lenguaje
iniciado por Wittgenstein, cuyo oponente más eficaz
es Ernest Gellner, sobre todo con su obra Palabras y
Cosas, entre otras. Es mucho más interesante
aprovechar de este debate aquellas reflexiones que
enriquecen la comprensión de una nueva revolución
en la concepción de la formación de la conciencia,
imprescindibles para dar el giro de 180 grados que
resulta necesario para alcanzar una visión
auténticamente revolucionaria de la llamada
cuestión nacional.

24
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

concepción del mundo del liberalismo, como


del materialismo mecanicista. Sin la superación
de la forma de pensar el mundo propio del
historicismo no es posible avanzar en la
superación, a su vez, de la concepción del
mundo de la modernidad, entre otras
cuestiones, en la idea dominante aún sobre la
cuestión nacional, hoy en crisis. Precisamente
en Miseria del historicismo, K. Popper, ya
desde el mismo título de la obra, quiere dejar
constancia de su pretensión de desmontar sin
piedad alguna las bases filosóficas del
historicismo en la obra de Marx La miseria de
la filosofía, que a su vez (recordemos), era
escrita en referencia a la propia de Proudhon,
Filosofía de la miseria. En esta obra, Popper
define el historicismo como “aquel punto de
vista sobre las ciencias sociales que supone que
la predicción histórica es el fin principal de
ésta, y que este fin es alcanzable por medio del
descubrimiento de los “ritmos” o “modelos”, de
las “leyes” o “tendencias” que yacen bajo la
evolución de la historia. La refutación de esta
concepción la sistematiza Popper a partir de las
siguientes conclusiones. 1. El curso de la
historia humana está fuertemente fluido por el
crecimiento de los conocimientos humanos. 2.
No podemos predecir, por métodos racionales o
científicos, el crecimiento futuro de nuestros

25
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

conocimientos científicos. 3. No podemos, por


tanto, predecir el curso futuro de la historia
humana. 4. Esto significa que debemos rechazar
la posibilidad de una historia teórica; es decir,
de una ciencia histórica y social de la misma
naturaleza que la física teórica. No puede haber
una teoría científica del desarrollo histórico que
sirva de base para la predicción histórica. 5. La
meta fundamental de los métodos historicistas
está, por tanto, mal concebida; y el historicismo
cae por su base.
También, en su ensayo filosófico El universo
abierto. Un argumento a favor del
indeterminismo, Popper aporta algunas
reflexiones que son útiles para la superación
gnoseológica del idealismo historicista, en
particular el fundamento filosófico
evolucionista vulgar y mecanicista de la “Idea
de Progreso”. Por ejemplo, la idea de que “no
tenemos teorías que expliquen todos los
acontecimientos…/…No existe un sistema
completo de teorías verdaderas…/…Se ha
demostrado que nadie puede saber hoy lo que
sabrá mañana; pero actuamos en nuestro
entorno de acuerdo, entre otras cosas, a lo que
conocemos; por ende, si no podemos predecir
qué conoceremos mañana, no podemos
predecir cómo será mañana nuestro entorno.
Predecir un sistema desde dentro es imposible.

26
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Lo cual reafirma el anti-historicismo en


filosofía política”. La salida que da Popper a
este “círculo vicioso” es la “teoría de las
propensiones”, por la cual “las probabilidades
miden propensiones, que son magnitudes físicas
tan reales como las fuerzas o los campos”.
Ello es esencial, porque la superación del
paradigma de la modernidad implica su
superación partiendo justamente de la evitación
de la tentación de un nuevo paradigma, pero
basado en la simplicidad. Justamente es su
contrario. Si el resultado de la refutación es
precisamente por la naturaleza subjetivista e
idealista de los componentes esenciales de la
historia social creada por la modernidad, el
nuevo paradigma, como comprensión de la
realidad, y de la propia reflexión de la
experiencia histórica, bajo un nuevo prisma, ha
de contener aquellos elementos de formulación
del pensamiento y de la conciencia que se
encuentren basados en la práctica y en la acción
subsiguientes, pero pensados desde la
multicomplejidad, la observación y la
valoración de la realidad de la forma más
completa y aproximada posible, dentro ya de
una nueva cosmovisión, no como “superación”
de los “errores del pasado”, pues éstos no son
más que consecuencia de una forma de entender
el mundo, ya superada. Habrá entonces que

27
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

renovar la concepción misma del mundo, de


igual manera a como se hizo en la comprensión
de la física cuántica que tuvo que desechar la
física newtoniana para poder comprender el
mundo subatómico.
Desechar la tentación de un paradigma de la
simplicidad, como alternativa al propio de la
modernidad, en profunda crisis, debe considerar
-en el terreno de la epistemología- las
implicaciones del indeterminismo, frente al
determinismo, y del valor de la
multicomplejidad, frente a la simpleza de la
dualidad dialéctica mecanicista hegeliana, y de
la propensión, frene a la idea de certeza. Para
ello, desarrolla Edgar Morin el concepto de “El
paradigma de la complejidad”, que ha de ser
abarcado y comprendido en su enorme
dimensión cuantitativa y cualitativa, en la
totalidad de los conceptos, conocimientos y
experiencias de la realidad actual, desde las
ciencias naturales, a las llamadas “sociales”,
desde el mundo de la filosofía, al conjunto de
conceptos dominantes dados por válidos y
verdaderos. Necesitamos una nueva visión del
mundo y un nuevo lenguaje que forme los
nuevos conceptos para poder entender el mundo
y transformarlo. Edgar Morin8 reflexiona sobre

8
Edgar Morin. Introducción al pensamiento
28
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

el “paradigma de simplificación” (disyuntiva y


reducción) que domina a nuestra cultura hoy,
planteando “El paradigma de la complejidad,
que provendrá del conjunto de renovados
conceptos, visiones, descubrimientos y
reflexiones que van a conectarse y reunirse.
Estamos en una batalla incierta y no sabemos
aún quien la llevará adelante. Pero podemos
decir, desde ya, que si el pensamiento
simplificante se funda sobre la dominación de
dos tipos de operaciones lógicas: disyunción y
reducción, ambas brutalizantes y mutilantes, los
principios del pensamiento complejo entonces
serán necesariamente los principios de
distinción, conjunción e implicación…/…el
principio de la complejidad, de alguna manera,
se fundará sobre la predominancia de la
conjunción compleja. Pero también allí, creo
que es una tarea cultural, histórica, profunda y
múltiple”.
Si bien el mundo que observamos es el mismo,
y los hechos de la historia siguen siendo los
mismos, sin embargo, la crisis profunda de la
concepción del mundo de la modernidad, y con
ella de todas las variantes de proyectos
utopistas salvíficos, hace que hoy necesitemos
ver este mundo y su historia de otra manera,

complejo, Gedisa editorial, 2011.


29
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

como ya lo dijera Kuhn para el mundo de las


ciencias naturales. Sin este requisito no hay
posibilidad de intervenir en el mundo con
alguna posibilidad de efectuar cambios
cualitativos en las formas de ser y de vivir de la
humanidad.
Por estas razones, procede, en el plano de los
propósitos, adelantar algunas reflexiones
importantes en el terreno conceptual que, sin
que ello signifique adscripción alguna a
corrientes concretas o escuelas de pensamiento,
tendencias más o menos teoricistas y
generalmente bastante abstractas, sí que
pretende constituir una aportación de buenas
sugerencias y antídotos frente a las resistencias
habituales que son consecuencia del dominio
aún de las claves del pensamiento modernista.
Debemos comenzar a repensar y reevaluar
aquellos conceptos básicos que han sustentado
hasta hace poco el análisis social9. Tal reflexión

9
En Historia, lenguaje y teoría de la sociedad, del
historiador Miguel Ángel Cabrera, Ed. Cátedra
2001, reflexiona con que “la crisis de la
modernidad ha provocado una especie de
desencantamiento conceptual y de pérdida de la
inocencia teórica que parecen irresistibles, pues
como sentencia agudamente Patrick Joyce, una vez
que se pierde, ya no puede ser recuperada. Es decir,
que una vez que tales preceptos han perdido su
30
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

epistemológica debe empezar por cuestionar


justamente el elemento central de la visión
moderna del mundo: el llamado “Estatuto
científico de la Historia”, la naturaleza del
conocimiento histórico y la concepción
moderna de la historia universal. La crisis de
este “Estatuto científico” arrastra tras de sí las
ideas matrices que están en la base de
determinada concepción de la historia humana,
entendida como proceso continuo, lineal,
ascendente, único y total. Pero, además, como
un proceso “en desarrollo”, que va desde lo
“inferior” a lo “superior”, dotado de “sentido” y
con un destino final en el “bien material y
moral” de la humanidad, como un todo
homogéneo. Esto es el llamado “imaginario
moderno” (Charles Taylor)10.

estatuto representacional y, consiguientemente, su


aura teórica, las nociones capitales del análisis
social como, por ejemplo, las de individuo,
sociedad, clase, nación, revolución o política no
pueden seguir siendo empleadas en el mismo
sentido, con la misma seguridad epistemológica y
con idéntica función analítica que en el pasado”
(pág. 15).
10
Ver al respecto el apartado desarrollado por
Miguel Ángel Cabrera Crisis de la modernidad y
crítica postsocial. En la estela de Kracauer,
incluido en el libro Historia y teoría crítica, lectura
31
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Afrontar con espíritu revolucionario la revisión


de la categoría conceptual e ideológica del
nacionalismo, como parte del imaginario “de lo
social” moderno, hoy en franco y directo
retroceso, requiere huir de la fácil maniobra de
evidenciarlo en lo político. Esa labor la hace ya
cualquier comentarista del propio sistema, haría
falta mucho más, llegar hasta la raíz misma de
su etimología, en el conjunto de la propia
epistemología, hasta su formulación como
categoría de conciencia, su estrategia y su
práctica, en el sentido más amplio posible,
entendiendo su esencia idéntica en la ideología
de “nación oprimida”, y en la de “nación
opresora”, tanto es así, que es igual, como parte
de una cosmovisión global a superar, pero de
forma consecuente, no vinculada meramente a
otra parte “salvable” de una misma
cosmovisión por razones de “prueba-error”. La
conclusión ha de ser: o se cuestiona el todo, -lo
que es la esencia de lo “integral” de nuestro
análisis-, o no se cuestiona “nada”.
En el siglo XXI, cuando ya la reflexión sobre lo
que ha sido la “Historia de la modernidad” está
plagada de muestras de productos elaborados a
base de desechos del pensamiento, idealismo,

de Siegfried Kracauer. Ed. Biblioteca Nueva,


Madrid. 2015.
32
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

subjetivismo, objetivismo, apriorismo,


determinismo, mecanicismo, biologicismo, todo
en interés de unas élites mandantes, según
modelos liberales o sociales que han bebido de
las mismas fuentes, es justamente cuando se
está produciendo un sano desencantamiento del
sentido común teórico de la modernidad11. De
hecho, existe una circunstancia que la
concepción de la historia y del mundo de la
modernidad no es capaz de aclarar: cómo es
posible que si consideramos a la humanidad
como un todo homogéneo, sometida a leyes
objetivas inexorables guiadas por el sentido del
“progreso” (como la teoría economicista más
vulgar que se da en el marxismo: como
concatenación de fenómenos=fuerzas
productivas-relaciones de producción-clases
sociales-revolución proletarista=utopía final),
resulta que en realidad nada funcionó como se
afirmaba. Eso demuestra que era solamente un

11
En los términos en que lo plantea Miguel Ángel
Cabrera en la obra citada, dice, además, en este
mismo sentido, que “la visión moderna de la
historia ha resultado ser tan solo un metarrelato y
si los conceptos de individuo y de sociedad no son
más que componentes de un imaginario, entonces
habrá que reconsiderar la validez de una y de otras
como herramientas de análisis de la realidad
humana”. Ibídem (2015).
33
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

imaginario, una idea, una ilusión, una nueva


religión salvífica materialista que viene
dirigiendo a la humanidad hacia el abismo de su
extinción, como tal humanidad natural. Así, los
“comportamientos” que se supone deberían
tener las “clases sociales”, en función de las
“identidades objetivas”, no se corresponden con
la realidad de la “acción social” de éstas,
siempre atribuido a la “ausencia de conciencia”,
“confusión de las masas”, “manipulación
ideológica”, etc. Por ello, no es posible
comprender desde el mecanicismo de la
modernidad determinados fenómenos, como son
los resultados de opinión de las poblaciones
(p.e. en los sistemas electorales), la presencia
de ideologías teológicas profundamente
inhumanas contrarias radicalmente a la
concepción secular de las sociedades modernas,
como supone el ascenso del islamismo, incluso
en las sociedades “plenamente modernas”. Es
una evidencia que hoy no es posible explicar
los fenómenos sociales actuales con la
concepción del mundo de la modernidad, en
cualquiera de sus variantes. Y de eso, hace
bastantes años, muchos “científicos sociales” se
habían dado cuenta, volviendo a pensar sobre
la historia para explicarla desde otra radical
perspectiva. Justamente ese es el camino que
debemos recorrer con el tema de la “cuestión

34
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacional”, comenzando necesariamente por el


rechazo, sin duda, de la filosofía moderna e
ilustrada de la historia sustentada por el
liberalismo y el materialismo proletarista12.
No es objeto de la presente reflexión entrar a
analizar, y discutir, todos los elementos
integrantes de la llamada “teoría de lo social”
en crisis, como cuerpo gnoseológico o
instrumento de reflexión clave en el
fundamento de las tesis al servicio del
“progreso histórico”. Sin embargo, sí que es
conveniente y necesario dejar planteadas
algunas de sus cuestiones más esenciales para
que se pueda entender mejor el conjunto de la
reflexión y el análisis de la “cuestión nacional”
desde una nueva perspectiva superadora,
necesariamente, de la proyectada por la
concepción del mundo de la modernidad.
La crítica, negación, refutación y superación de
la cosmovisión de la modernidad requerirá todo
un periodo histórico, eso es seguro, pero
debemos empezar desde hoy mismo,

12
Se refiere a ello Miguel Ángel Cabrera, cuando
dice: “Multitud de estudiosos han consagrado gran
parte de su tiempo y de su energía intelectual a
tratar de explicar por qué la gente no se ha
comportado como teóricamente debería haberlo
hecho, en lugar de tratar de explicar por qué se ha
comportado como lo ha hecho”. Ibídem (2015).
35
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

reflexionando de manera revolucionaria y


multicompleja, desde lo conceptual a lo
particular, y viceversa, para no perder la
perspectiva, y su dimensión estratégica. Por
ello, esta reflexión significa más el intento de
plantear una nueva visión, no una renovación,
corrección o rectificación del tradicional
planteamiento sobre la cuestión nacional, sino
que pretende ser una refutación de su raíz
modernista, única manera de comprenderla
como tal realidad ideológica y política, y como
criterio de la necesidad de superar sus bases de
análisis en favor de una comprensión
multicompleja de esa cuestión, hoy en
construcción. Es interesante la aportación que
efectúa Miguel Ángel Cabrera en su recién
publicado texto The Concept of Society. A
Genealogical History, Ed. Springer Briefs
Sociology, (octubre 2017). Este texto realiza
una investigación sobre el origen y proceso de
formación del concepto moderno de sociedad.
Los elementos de reflexión que contiene
ayudan a la comprensión, desde una nueva
perspectiva, de los llamados fenómenos
sociales, y dentro de éstos, aquellos que son
esenciales para analizar la realidad desde una
óptica superadora de los dogmas de la
modernidad. Supone, de hecho, un paso más
hacia adelante, en la profundización de la

36
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

refutación de la cosmovisión de la modernidad


y por ello significa una herramienta de análisis
muy valiosa para los planteamientos
estratégicos inspiradores de una acción de
propensión hacia el horizonte de una renovada
cosmovisión de la revolución, la Integral, tal y
como la ha ido definiendo Félix Rodrigo Mora,
y el valioso colectivo que viene trabajando en
esta idea desde hace algunos años.
Reflexiona Miguel Ángel Cabrera en el citado
texto que el concepto de sociedad es
establecido, no como un descubrimiento
producto o resultado de la observación atenta y
metódica de los fenómenos humanos realizada
en las primeras décadas del siglo XIX, sino
como una herramienta conceptual. Dice: “Lo
que la investigación demuestra es que el
concepto de sociedad no es el fruto de un
descubrimiento científico, sino de una
reconceptualización del mundo humano
provocada -y a la vez, teóricamente acotada-
por la frustración de expectativas con respecto a
los resultados de la puesta en práctica de los
postulados del liberalismo individualista
clásico”. (Op. cit. pág. 6). Es justamente en la
constatación del fracaso de la política del
liberalismo, expresado ello en la frustración de
las expectativas de una visión del mundo que se
suponía estaba basado en los tópicos de la

37
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Revolución Francesa de Libertad e Igualdad,


con lo cual se arrastró al cuestionamiento de
partida de la idea misma de individuo, de su
libertad utópica liberal. Hubo que articular
argumentos que explicaran el fracaso del
individualismo teórico, superando la “idea”
original de la esencia de los seres humanos, ya
no como sujetos naturales y autónomos, sino
que deberían ser contemplados como agentes de
la historia que actúan por la influencia de
factores externos a ellos mismos, que han de ser
ahora contemplados como sujetos sociales, y de
ahí se sigue, en términos prácticos, en que para
realizar el proyecto moderno de emancipación
humana lo que hay que hacer no es adecuar la
organización social a una supuesta naturaleza
humana, sino discernir las leyes del desarrollo
histórico y ajustarse a ellas.
Lo que estas nuevas investigaciones ponen en
cuestión es el fundamento mismo de la forma
de conceptualizar a las comunidades humanas
en la historia, de sus proyectos de emancipación
y, en consecuencia, de sus prácticas políticas,
ideológicas, económicas y filosóficas13. Si lo
13
Es de interés referirnos en este punto a las
reflexiones contenidas en el reciente texto Miguel
Ángel Cabrera. Después del etnocentrismo. Historia
de una crítica teórica. Ed. Postmetrópoli. Madrid.
2020. En este, la critica a la “modernidad teórica” y
38
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

que se pone en cuestión es el concepto mismo


de sociedad, ello arrastra de forma inevitable al
conjunto de conceptos “sociales”: democracia,
economía, feminismo, ecologismo,
antirracismo, el propio Estado (desde el ideal
de bienestar, y su “negación”, el totalitario
(ultraliberal o el fascista) y, por supuesto, el
imaginario de la nación.

El fin del progreso. El futuro nos pertenece.

del “etnocentrismo moderno” …/…” se parte de que


“las categorías y conceptos teóricos modernos no
poseen una validez analítica universal y, por tanto,
cuando son aplicados fuera del mundo moderno se
incurre en un error de etnocentrismo. Dicho error
consiste en hacer extensivos al mundo no moderno
fenómenos, categorías, conceptos y factores
causales de la acción humana que son exclusivos del
mundo moderno, pero que no existen ni operan
fuera de éste”. Este debate, en los ámbitos
esenciales de la ontología y la epistemología, ponen
en cuestión la pretendida validez universal de
conceptos como nación, etnia, cultura, entre tantos
otros, propios de la matriz categorial moderna. Y,
por tanto, desde ésta no es posible comprender la
“cuestión nacional” hoy, ni entender fenómenos
históricos como la Guerra de la Vendée, en el
Estado francés, o las Guerras Carlistas, en el
español.
39
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

La humanidad y el mundo han entrado ya en


una línea de liquidación, cosa que empieza a ser
percibida hasta por la gente común. Los seres
humanos viven hoy con autentico desconcierto,
entre la depresión, el derrotismo y la alienación
completa, donde se roza ya la subhumanidad.
La visión del mundo que viene siendo descrita
por los filósofos “enterradores” de la
modernidad como Walter Benjamin, con la
caracterización del momento histórico según la
visión del cuadro Angelus Novus (Paul Klee,
1920) de su “Tesis IX sobre la filosofía de la
historia”; Guy Debord, con el concepto sobre
la alienación de la conciencia de los hombres en
su ”Sociedad de espectáculo”; H. Marcuse, y su
conocida visión del “Hombre unidimensional”;
o más recientemente, la “sociedad líquida” de
Zygmunt Bauman; o Byung-Chul Han, y la
tesis de la “sociedad del cansancio”,
desustanciado el hombre en su esencia vital,
psicológicamente automatizado por la
“megamáquina” y el “Big Data”; o finalmente,
con lo que plantea Diego Fusaro que, además,
da un paso más allá, pretendiendo salir de
tremendo agujero en que se encuentra la
humanidad en estos momentos, con nuevas
teorías políticas sacadas de remiendos
proletaristas y fascistas a partir de las
recuperaciones de la filosofía de la historia de

40
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Hegel, Marx, Gramsci, Heidegger, auténtica


chatarra superada con creces por los hechos de
la historia; peor aún, pretende además superar
toda una concepción del pensamiento y del
conocimiento heredado de la cultura clásica
greco-romana.
El Ángel de la Historia14 ya no mira hacia el
pasado. La catástrofe que amontona ruina
sobre ruina no solo es lo que hemos visto en el
pasado, es ya el presente, y será peor aún lo que
nos espera (quizás es ya un “botón de muestra”
la crisis sistémica provocada por el covid-19,
del cual solo podemos esperar una renovada y
mejorada versión de 1984). Estamos en una
época histórica en que ya no es posible salir del
caos existente sin reformular las doctrinas del
pasado surgidas del proyecto ilustrado y su
sociedad basada en la modernidad. No estamos
en el Fin de la Historia, estamos en el Fin de
una Historia, la que ha contado el liberalismo,
el proletarismo y el fascismo; hoy, al igual que
le sucedió a la física cuántica de Einstein,
respecto de la de Newton, es imposible
concebir el mundo actual, sin cambiar

14
En referencia a la poética, y profundamente
pesimista, de la descripción del mundo que hace
Walter Benjamin en su descripción del Ángelus
Novus de Paul Klee.
41
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

completamente de paradigma, de la totalidad de


las ideas que han guiado la visión del mundo de
la era moderna. En algo lleva razón la nueva
filosofía de la historia de la posmodernidad: el
mundo, la conciencia, el hombre, el medio
natural, se encuentran en un auténtico agujero
negro. Pero nosotros apuntamos justo en un
sentido inverso. El huracán que ha arruinado al
hombre y al mundo, que han llamado progreso,
y que sigue elevando los escombros hasta el
cielo, tiene un nombre, ese huracán es el Estado
nación moderno capitalista.
El mundo existió antes que el hombre y seguirá
cuando éste se extinga, más tarde o más
temprano. Sin embargo, en nuestro momento
histórico lo decisivo no es el drama de la crisis
ecológica, con su gravedad. En el catastrofismo
ecológico quien insiste es el Estado, cuyo
interés no va más allá de tratar de “meter en
cintura” a las masas asustadas y consumistas.
Es cierto que el sistema biofísico del planeta no
resiste la huella del poder y del Estado (y no
tanto por el efecto de los seres humanos, en sí,
puesto que los mitos de la superpoblación o la
escasez se encuentran en declive), pero lo que
hace el Estado es ver en ello una oportunidad
para hacer más negocios, para mejorar los
sistemas de dominio y alienación, a fin de
perpetuar el control sobre los seres ya

42
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

infrahumanos. Y ahí cabe casi de todo, desde el


control ciber de las conciencias, la
modificación genética, la tecnología nano, los
coches eléctricos sin conductores, e incluso,
voladores, como ya hacen los chinos y la
manipulación de los alimentos, de tal forma que
terminaremos comiendo como cerdos, una
especie de pienso hecho a base de polvo de
insectos. Simplemente hemos llegado al umbral
de 1984 y el Mundo Feliz, en perfecta
combinación. Todos los intelectuales y
filósofos de la historia citados solamente
describen las tendencias de la alienación y la
necesidad de domesticación de los seres
humanos, como ya pronostica Sloterdijk, con
sus visiones neo-nihilistas, post nietzscheanas y
antopotécnicas, Pero ¿y las soluciones? Esa
parte no está escrita, y le corresponde a la gente
común, a los pueblos y comunidades. Si no nos
dotamos de esa perspectiva, nos quedaremos
paralizados en el derrotismo y esperando la
“salvación” por el Estado como animales de
granja que han perdido al granjero. La única
propensión, visión, propuesta e iniciativa
posible para apostar decisivamente, como
posibilidad, es que los pueblos sean capaces,
previamente autoconstruidos, autoconscientes y
autoorganizados, de implementar una forma de
convivencia comunitarista, sin Estado, sin

43
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

nación y sin capitalismo. El proyecto de la


ilustración, y su objetivo centrado en la
modernidad, con su promesa de libertad y
bienestar, sufre un derrumbe que es ya
evidente. Lo que está por decidir es si el camino
a emprender por los humanos en el presente y el
futuro inmediato: o se está a las premoniciones
de la posmodernidad, es decir, en el dominio de
esa visión del mundo donde no solamente
debamos asumir la muerte de Dios, sino lo que
es peor, aceptar también la muerte del carácter
único divino o natural del hombre,
transformado éste en un producto finalmente
técnico. O bien, coger la historia en nuestras
manos directamente, y construir un mundo
convivencial y natural.
Los filósofos y sociólogos de la historia
posmodernos son conscientes que los humanos
actuales no van a soportar ese mundo feliz que
se nos viene encima, por lo que ya están
aconsejando a las élites del poder a que se
concentren en la construcción de un nuevo tipo
de sujeto desustanciado, robotizado, autómata y
atomizado, en definitiva, desnaturalizado, capaz
de vivir en un mundo invivible. Tratarán de
convencernos de que el humanismo y la
dignidad fueron una ilusión del cristianismo y
del proyecto ilustrado, que fueron productos
culturales que obedecieron a otras épocas; en

44
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

conclusión, una mentira. Hoy -dicen- habrá que


reinventar al hombre y sus valores, adaptándolo
al nuevo mundo cibernético (subhumano).
No hay salidas fáciles para problemas tan
complejos. Se debe impugnar toda una
cosmovisión y construir otra nueva, no
solamente del proyecto de la modernidad, sino
también de las previsiones futuras de una visión
posmoderna del mundo directamente irracional
y demencial. El mundo del horror nuclear del
siglo XX, con su real posibilidad de destrucción
del todo (incluso, del propio Estado y del
capitalismo), hizo que los anhelos de dominio
del poder cogieran por “otro camino”, el de la
monstruosidad técnico-científica15 del siglo
XXI, donde no desaparece el poder,
precisamente, sino la esencia concreta humana
y un planeta vivible.

15
Desde la biogenética, el Big Data, la alienación
cibernéticas mediante las redes, la total
deconstrucción de los seres humanos con las
políticas genocidas de género, tráfico de migrantes,
unificación de lenguaje, culturas y etnias y la
asunción interiorizada del sufrimiento humano, que
ya no será “castigo de Dios”, ni siquiera de la
“injusticia social”, o la destrucción del planeta, sino
que debe ser asumido como algo inevitable, como si
de un meteorito se tratara, provocando la sumisión y
el suicidio social de la gente.
45
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Y esa es una de las razones que dan sentido a


los capítulos siguientes. En definitiva, se trata
de enfrentar los dogmas de las ideologías de la
modernidad con los fundamentos reales del
poder y del Estado, y comprender en ese
contexto la necesidad de superar el paradigma
de la nación, definiendo una nueva forma de
pensar y de realizar la libertad de los seres
humanos, de las comunidades y pueblos, pero
sabiendo de antemano que ese trabajo solo será
una parte mínima, porque lo que se tiene que
derrumbar es el edificio entero de la ideología
de la modernidad, en que el nacionalismo es
solo una parte. La concepción del mundo de la
religión trajo consigo el espejismo de una
visión divina del hombre y del mundo; la
muerte de Dios de la modernidad pretendió ser
compensada con el ideal del bienestar y la
felicidad corpórea. Hoy, superadas ya con
creces esas dos visiones, el sistema de poder
(bajo la versión posmoderna) nos acerca
directamente a la necesidad de asumir esa
“idea” de la “realidad”, que aceptemos que el
infierno está en la Tierra, donde lo monstruoso
ha ocupado el lugar de lo divino. Volvemos a
Hobbes.
Finalmente, a modo de conclusión, recordar la
reflexión que cita el historiador Miguel Ángel
Cabrera: Parece que actualmente nos

46
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

encontramos también en uno de esos momentos


en que, como decía Kracauer, ya no basta con
afrontar los problemas tradicionales, sino que
hay que replantearse las cuestiones
fundamentales. Un momento en que lo que nos
debe dar miedo no es lo nuevo y lo
desconocido, sino aquello que, hasta hace
poco, aparecía como finalmente establecido16.

2. CUESTIONES PREVIAS SOBRE


PODER, ÉTICA Y REVOLUCIÓN

El hombre de alma virtuosa no manda ni


obedece.
El poder como peste desoladora, corrompe
todo lo que toca;
…y la obediencia,
veneno de todo genio, virtud, libertad y verdad,
hace a los hombres esclavos,
y del organismo humano un autómata
mecanizado.

Rudolf Rocker

No olvides que eres mortal17

16
Op. Cit., M.A. Cabrera (2015).
17
Al parecer, según comenta en su libro Barry
Strauss (La guerra de Espartaco). Ed. Ensayo
47
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Antes de pasar a desarrollar en capítulos


posteriores los argumentos históricos y políticos
que impugnan al nacionalismo como ideología
del Estado, conviene dejar patente los puntos
débiles de su perspectiva filosófica.
En primer lugar, parte de una concepción
revolucionaria, que es conforme a lo más
esencial y rancio de la ideología moderna
burguesa. En ésta, domina la idea de la utopía
felicista liberal y proletarista. El origen se
encuentra en el estatismo radical de sus
planteamientos estratégicos, pues parten del
principio de que, sin Estado, no hay proyecto
nacionalista; el Estado, además de sustentar al
capitalismo, se basa, filosófica y éticamente, en
el egoísmo y el individualismo eudemonista. Lo
confunde todo, para dejarlo claro desde el
principio: ni el Estado es “del pueblo”, ni la

histórico. 2010, resulta que los generales romanos,


cuando hacían su entrada triunfal en Roma después
de una gran victoria militar, cuestión que era el
mayor honor que estos podían recibir, y con la
finalidad de combatir la inevitable tendencia a la
vanidad, llevaban en su carruaje a un esclavo, como
representación de la sensatez estoica, que le repetía
al general esa frase de “no olvides que eres mortal”
como contrapunto a los vítores que recibía del
pueblo romano enardecido.
48
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

economía es “propia”, ni “popular”, solo es


puro capitalismo bajo el control y dominio de
ese Estado nación.
Por esta razón, las cuestiones que vamos a
señalar deben plantearse sin ningún espíritu de
conciliación y sin tibiezas, exponiéndose lo más
claro posible, porque la ideología nacionalista
se apropia fácilmente siempre -por su propia
naturaleza oportunista- de los resquicios
emocionales del pueblo, inventando argumentos
desde los que presentarse como revolucionario
y popular ante cualquier proceso de “liberación
nacional”.
Son los sectores más sensibles y
originariamente más revolucionarios del
nacionalismo, esencialmente la mujer y la
juventud, los que deben romper con esta hebra
que ata la verdadera liberación de comunidades
y pueblos oprimidos con el proyecto estatista,
burgués y capitalista de la cosmovisión
moderna de la llamada “cuestión nacional”.
En el capítulo anterior hemos visto como el
concepto de nación, y la ideología que se nutre
de él forma parte de la concepción moderna
burguesa y capitalista de la Historia, como otros
conceptos modernos del tipo: Revolución,
Libertad, Igualdad, Socialismo, Comunismo,
etc. Son ideologías terminadas de fraguar en
Europa en el siglo XIX, pero que a estas alturas

49
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

de los acontecimientos históricos han perdido


su halo revolucionario; y, por tanto, su relación
con proyectos estratégicos que puedan
representar aspiraciones auténticas de
emancipación popular. Lo que vemos en estos
tiempos son meras justificaciones ideológicas
de las élites aspirantes al poder (como en el
procès), ya sin crédito alguno para motivar
luchas y cambios sociales revolucionarios.
Únicamente, como decía Hannah Arendt18, han
sobrevivido a la experiencia histórica de los dos
últimos siglos, como enseñanza, dos cuestiones:
la guerra (como realidad) y la revolución (como
utopía). En definitiva, lo que realmente ha
prevalecido es la guerra en favor del poder, el
uso de la violencia sistemática; y la revolución
solo ha sido el argumento necesario utilizado
para encubrir la conquista del poder. Lo
incuestionable es que el Estado, su
mantenimiento y tendencia a la expansión
permanente, ha sido la realidad de la ideología
de la Liberación, de la Justicia, y la defensa de
la Patria (Nación), al menos en la época

18
Hannah Arendt, Sobre la revolución. Ed. Ciencia
Política. Alianza editorial, 2009. Madrid. Texto
esencial para comprender en términos de una nueva
cosmovisión las bases políticas, ideológicas e
históricas de la concepción moderna del mundo y su
obsolescencia.
50
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

moderna. Los Estados nación cuando no están


en situación de guerra, se preparan para estarlo,
eso es un principio comprobado por la
experiencia histórica; bien frente a los
“enemigos interiores” o “exteriores”, bajo la
excusa de alguna revuelta o revolución, o en
defensa de la patria agredida. Esta es la lección
más importante que debemos tener en cuenta en
el futuro.
Siendo la guerra y la violencia el principio de
todo poder, en particular del Estado nación, lo
que procede, en este momento, es explicar sus
fundamentos éticos, su legitimación. La
ideología nacionalista parte de dos
concepciones erróneas, la primera, que existió
una especie de “pasado ideal” del pueblo
primigenio, que vivía en armonía, y segunda,
que una potencia exterior irrumpe en ese
paraíso explotando y sometiendo a todos sus
habitantes. Esto requiere varias aclaraciones.
Desde las sociedades paleolíticas, hasta el
presente, el uso de la violencia ha sido
consustancial a la condición humana. El “buen
salvaje”, siempre aplicado a “nuestro pueblo”
es un mito del romanticismo y de la
modernidad. Hoy sabemos, por lo que nos
muestra la arqueología, la antropología, la
genética, etc., que la mayor parte de la historia
de la humanidad, como sapiens sapiens, desde

51
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

hace más de cien mil años, hasta hace


aproximadamente 12 mil, en que ya se
evidencia el neolítico, los grupos humanos
vivían en condiciones de supervivencia muy
frágiles, en que los bienes eran escasos y la
propiedad era mínima, puesto que estaban
ligados por una relación consanguínea o de
parentesco en la lucha por la supervivencia,
usando la violencia contra otros grupos
humanos “rivales”. En condiciones de escasez,
las comunidades humanas han utilizado siempre
la violencia para mejorar sus posibilidades de
supervivencia, compitiendo por el acceso a los
medios materiales de vida: agua, caza,
recolección; cuestión que en ocasiones
significaba enfrentamientos físicos con sus
“vecinos”, incluso con actos de exterminación
de tribus rivales. En el conocido texto
Antropología general, de Marvin Harris, Ed.
Alianza Universidad Textos, (1981), un
“clásico” sobre antropología cultural, en el
capítulo El control y el origen del Estado, así
como en el pequeño texto jefes, jefecillos,
abusones, Ed. Alianza Editorial, (1993), se
contiene una explicación antropológica bastante
coherente y correcta sobre la relación existente
entre el origen del poder, su legitimación y el
surgimiento del Estado. Explica Harris en
ambas obras que el momento histórico que da

52
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

origen al Estado, como maquinaria organizada


de la violencia de una élite mandante sobre una
población subordinada, tiene lugar en el
momento en que se produce una conversión de
los pueblos paleolíticos organizados en bandas
y aldeas, en campesinos y pastores
circunscritos, que deben pagar impuestos.
El surgimiento sistemático de la violencia
ejercida por un aparato coercitivo -como es el
Estado-, aparece precisamente en el inicio del
periodo neolítico, durante la vinculación de las
poblaciones a un hábitat más permanente, ya
como campesinos, ganaderos o pescadores
circunscritos19, en tipos de sociedades

19
Según término de Renfrew, 1973, referido por M.
Harris en su Antropología General, entendiendo los
“hábitats circunscritos” como aquellos en que la
población se encuentra concentrada en hábitats
restringidos, como valles fluviales rodeados de
desiertos o valles montañosos rodeados de
escarpadas laderas, y denominados así porque si la
gente intenta emigrar a fin de evitar el pago de
impuestos, no podrá seguir utilizando el mismo
modo de producción y tendrá que sufrir penalidades
o conformarse con un nivel de vida más bajo, de tal
forma que muchas personas y aldeas preferirán el
status político de subordinación permanente a tener
que emigrar a un hábitat poco favorable en el que
se vieran obligados a cambiar todo su modo de
53
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sedentarias, por considerarlas más seguras a las


incertidumbres provocadas por una emigración
permanente y el cambio constante en el modo
de subsistencia a que obligaba la actividad
cazadora-recolectora.
En ese momento surge el Estado. No fue una
conspiración de hombres malvados lo que da
lugar a la estratificación de la población, a la
opresión y al Estado, son complejas
circunstancias sobrevenidas, que no podían sino
terminar con la explotación brutal de unos seres
humanos sobre otros. De los reputados,
valerosos y generosos grandes hombre del
paleolítico, que dice M. Harris, dedicados
básicamente a la provisión de elementos de
subsistencia como cazadores-recolectores, y del
prestigio como “gran proveedor”, se pasa a la
situación de necesidad de incrementar esto con
la reputación del guerrero (matadores de
hombres y cerdos)20; y de ahí, a la constitución

vida.
20
Cita M.H. un cantar de sus valerosos mumis:
Trueno que hace temblar la tierra
Hacedor de muchos festines
¡Qué vacíos de sones de gong quedarán todos los
lugares cuando nos dejes ¡
Guerrero, gallarda flor
Matador de hombres y cerdos
Que traerás renombre a nuestros lugares cuando
54
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de figuras con jerarquía, primero de prestigio y


luego material, con poder de coerción, y de
éstos al “reino”, con derechos de herencia; para
pasar finalmente, cuando las condiciones
históricas lo facilitaron, a la disposición de un
aparato de coerción permanente, el Estado. Pero
la cuestión clave que nos interesa va más allá de
la coacción física mediante el ejército, formas
policiales, judiciales, tributos, etc., hay otro
aspecto a destacar y que está presente desde los
orígenes mismos del Estado, que
posteriormente se aplicará masivamente desde
la perspectiva del Estado-nación: la coacción
ideológica-cultural, la cual es esencial para el
mantenimiento de la subordinación a las élites
de las comunidades sojuzgadas, por medio de la
“persuasión”. Todas las formas de poder
coactivo en la historia han necesitado una
“legitimación”, en el sentido de ofrecer una
“justificación” de ese monopolio de la
violencia, y, en consecuencia, alcanzar su
“aceptación” por parte de las poblaciones
sometidas. Supone un consentimiento, una
especie de “contrato social”, por el cual los
individuos y comunidades transfieren su
“libertad”, en el sentido del derecho a ejercer su
propia defensa física a una entidad superior, en

nos dejes.
55
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

términos de Hobbes, -el Leviatán21-, por dos


tipos de razones: una, la transferencia de la
función de la “seguridad” personal, familiar y
de la propia comunidad, en general, frente a los
elementos transgresores interiores. Dos, al
propio tiempo, la necesidad de disponer de unas
fuerzas militares para hacer frente a las
agresiones externas. El camino recorrido fue,
desde el prestigio, a la divinidad, del “guerrero
proveedor” del paleolítico, al Estado
monárquico de origen “divino”. Y desde
entonces no ha existido ningún Estado, desde la
más remota antigüedad, que no haya intentado
sustentarse mediante una “legitimación”, con
fundamento en una doctrina de filiación divina,
desde las culturas sumerias, incas, aztecas,
antiguos egipcios, a las míticas religiosas

21
A esto se refiere el profesor Fernando Vallespín
en el capítulo Poder, legitimidad y Estado, VVAA,
Ed. Por Manuel Menéndez Alzamora. En Sobre el
Poder. Ed. Tecnos. 2007. Cita Vallespín a Hobbes,
señalando que “los pactos sin espada no son más
que palabras… pero reflexiona en que “hace falta
también el libro, y si se quiere también la religión,
es decir un sistema dirigido a disciplinar al
individuo para hacerlo un ser dócil, para ser así un
ser desprovisto de su capacidad para generar
violencia potencialmente, para discrepar
activamente respecto de un determinado orden”.
56
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

monoteístas, “en el nombre de Dios”.


La necesidad espiritual de “creencias” por parte
de los seres humanos, facilitaron a las élites la
utilización de las religiones para la aceptación
de su propia depauperación, como si de un
“destino sobrenatural” se tratara. Ello
significaba que los individuos, o las
comunidades. se sintieran pequeñas frente al
poder, y se sometieran, por impotencia, a la
arquitectura ritual de los imperios, con enormes
y suntuosos palacios para la vida, y grandes
monumentos funerarios para la muerte. En la
modernidad, con grandes festines populares en
honor de los “héroes”, enormes desfiles
militares, para trasferir ese valor heroico a los
miembros de las comunidades destruidas y
reconvertirlas así en ciudadanía del Estado
Nación. Tal es la zanahoria que ha promovido
y hecho la ideología nacionalista, a lo que se
debe añadir -y esa es la cuestión clave- el palo
del trabajo asalariado, el sostenimiento
tributario del Estado y servir como carne de
cañón como soldados en las guerras
imperialistas y todas las aberraciones
producidas por el capitalismo, el urbanismo y la
industrialización.
Detrás de la ética del poder hay una profunda
psicología vital de necesidad de permanecer, de
sublimar la tragedia humana de su finitud. La

57
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sublimación de la idea de la inevitabilidad de la


muerte, cuestión central para los seres
humanos, únicamente se puede alcanzar por una
ética de la generosidad, de la entrega y del
servicio desinteresado, a que da lugar el “amor
al prójimo”. Solamente hay dos caminos: o
“Sócrates”, y preferir la muerte a la injustica, o
el “Calígula” de Camus, y tratar de imitar a los
dioses, en poder y libertad. Sabemos que esto
último no puede sino conducir a la locura y a la
crueldad sin límites como lo han demostrado
todos los tiranos a lo largo de la historia. Del
“prestigio” por la “generosidad”, al guerrero,
luego al jefecillo, y después al jefe y al monarca
tirano se llega por el mismo sendero. La
ideología nacionalista, desde su fase más
inicial, en el romanticismo dieciochesco, se
inspira en la épica de los héroes greco-romanos,
pero estos mataban, y mucho, por la “grandeza”
de sí mismos y de sus dioses, cuando lo que en
realidad ésta épica significaba era la lucha entre
las diferentes élites imperialistas por el dominio
del llamado Mundo Antiguo. El nacionalismo
ha pretendido unir al “hombre heroico” antiguo
a la “nación heroica” moderna.
Un concepto moderno que requiere aclaración
por “su uso y abuso” por todo tipo de
reaccionarios, es el de “revolución”. En su
origen, los que comienzan a utilizarlo son los

58
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

ideólogos del Estado y del liberalismo burgués,


como Maquiavelo, y luego los vencedores de
los procesos de toma del poder de las nuevas
élites, particularmente en la Francia de 1789,
espejo en el que se mirarían luego todos los
procesos “revolucionarios” a partir de entonces,
y que aún se reclaman de tal naturaleza, como
ha sido en los procesos revolucionarios
proletaristas, antimperialistas y el mismo
nacionalismo de izquierdas del siglo XX22. El
término de “revolución” tiene un origen
astronómico, como señala Hannah A. en el
texto antes citado, para referirse al movimiento
regular sometido a leyes y rotatorio de las
estrellas, como “movimiento recurrente y
cíclico”. Inicialmente no estaba, incluso,
referido a la consecución de un “orden nuevo”,
sino justo, al contrario, a la restauración de una
situación de “derecho” precedente considerada
óptima. Dice Arendt al respecto: “Nada más
apartado del significado original de la palabra
“revolución” que la idea que ha poseído y
obsesionado a todos los actores revolucionarios,

22
Es imprescindible la lectura reflexiva del apartado
“La revolución bolchevique de 1917, copia
empeorada de la revolución francesa”, de Félix
Rodrigo Mora “La democracia y el triunfo del
Estado. Esbozo de una revolución democrática y
civilizadora”. Ed. Manuscritos. Madrid. 2011.
59
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

es decir, que son agentes en un proceso que


significa el fin definitivo de un orden antiguo y
alumbra un mundo nuevo” (Sobre la
revolución. 2009, pág. 56). De hecho, continúa
Arendt, “las revoluciones de los siglos XVII y
XVIII, que concebimos como un nuevo
espíritu, el de la edad Moderna, fueron
proyectadas como restauraciones”. Al parecer,
se debe a Maquiavelo el uso de la expresión en
el sentido moderno de cambio radical del orden
constituido, diferente a la mera rebelión o a la
insurrección, en el sentido que luego ya daría la
revolución francesa, modelo inspirador en todos
los procesos revolucionarios posteriores,
incluyendo los proletaristas de Rusia y China.
Por ello, plantearse la cuestión de la revolución,
entendida como toma del poder, en nuestra
época histórica, con las condiciones actuales de
los sistemas políticos vigentes, ha significado
afrontar inevitablemente la cuestión de la
guerra y la violencia contra el pueblo. Y la
historia de la humanidad nos ha enseñado que
toda lucha por el poder ha conllevado el uso de
la violencia; que ha sido la constante, no la
excepción, luego elevada a su enésima
expresión de crueldad y masividad en las
guerras modernas del siglo XX.
Conviene reflexionar sobre el origen y
condición histórica del concepto revolución,

60
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

como noción fruto de la modernidad, por lo que


es completamente necesaria su reformulación a
fin de que pueda tener un valor auténtico en la
estrategia de transformación radical del orden
existente en los planos axiológicos, estatista,
burgués y capitalista. La experiencia histórica
ha evidenciado, además, que todas las
revoluciones proletaristas conocidas en la
historia moderna han significado un rotundo
fracaso; de hecho, y allí donde han triunfado
con mayor “contenido social” (Rusia, China,
Cuba, Vietnam, Camboya o Corea del Norte)
sus efectos han sido aún más desastrosos que en
aquellos procesos en los que han triunfado
revoluciones burguesas originarias (Inglaterra,
Estados Unidos o Francia). Esa es la
experiencia histórica. Pero es que, además, la
concepción de la revolución promovida por el
nacionalismo izquierdista es idéntica, tanto a la
liberal como a la proletarista. Lo comprobamos
cuando analizamos los programas defendidos
por el nacionalismo de las naciones oprimidas
por el Estado español, (vasco, catalán gallego o
canario). Se sostiene esa idea de “revolución”
que es de plano incompatible como una
auténtica estrategia de liberación de las
comunidades y pueblos oprimidos. Hay que
insistir en que no es una cuestión “teórica”, es
la experiencia histórica. El fundamento de la

61
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

ideología nacionalista de izquierdas es el


mismo que el de la ideología proletarista, la
adhesión a la visión de la historia de la
humanidad como “progreso” y el concepto
politicista y economicista de la revolución. De
la idea ilustrada de “forzar a la humanidad a ser
libre”, en términos de Rousseau, se ha pasado -
en la práctica- a la construcción de un aparato
organizado de la violencia, con una
sofisticación y control social abrumadores
como son los Estados nación modernos.
Así, el nacionalismo izquierdista ha asumido a
pies juntillas la cosmovisión de la “cuestión
social”, tal y como fue planteada a comienzos
del siglo XIX, con la idea de que la “pobreza”
no era una “condición humana”, sino producto
de la “injusticia social”, y más concretamente,
una consecuencia de la “opresión nacional” por
parte de un “Estado externo”. Esta formulación
hizo posible el desembarco masivo de las masas
empobrecidas a los procesos “liberadores” que
finalizaron, en buena lógica, con sistemas
dictatoriales donde lo primero que se sacrificó
fue justamente uno de los elementos más
esenciales de tales revoluciones: la libertad23.

23
A esto se refiere concretamente Hannah Arendt:
“Fue la necesidad, las necesidades perentorias del
pueblo, la que desencadenó el terror y la que llevó
62
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Ninguna revolución, ni proletarista, ni


nacionalista, ha planteado nada más allá de un
utopismo felicista, artilugio ideológico usado
como mecanismo de adoctrinamiento y
manipulación del pueblo. A esto se refiere Félix
Rodrigo Mora extensamente en su texto antes
citado La democracia y el triunfo del Estado, en
el apartado “Hacia la reformulación de la
noción de revolución, en tanto que necesaria
ruptura con lo existente”. En esta
reformulación, apunta Félix, que hoy no
podemos tomar como referencia las
experiencias de las revoluciones de la
modernidad, más bien al contrario, señala la
necesidad de una nueva concepción que se
fundamente en la democracia. Dice: “(La
Revolución Democrática) ha de ser un
acontecimiento político que tenga por
contenido único y meta exclusiva la realización
de la libertad, como libertad equitativa para
todos”…/…, y más adelante continúa
señalando que: “de ahí que la formulación

a su tumba a la Revolución (francesa)…/…la


Revolución había cambiado de dirección; ya no
apuntaba a la libertad; su objetivo se había
transformado en la felicidad del pueblo…/…las
revoluciones se situaron bajo la esfera de influencia
de la Revolución francesa, en general y de la
cuestión social, en particular. (Op. Cit. pág. 80-81).
63
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

“revolución social” no sea admisible, pues el


logro de éstas o aquellas metas reivindicativas
y de justicia redistributiva, por justas e
imprescindibles que puedan ser, no llega a
justificar una conmoción radical, ya que si hay
libertad política ello puede conseguirse por
métodos persuasivos y amigables, y si no la hay
el primer deber de todo individuo con
conciencia cívica es luchar por la libertad, por
lo que la revolución necesaria ya no sería
social sino liberatoria y democratizante” (Op.
cit. pág. 303-304).
Esta idea de libertad, en el marco de la
revolución axiológica y civilizadora, no es
compatible con el concepto de libertad del
nacionalismo pues para éste la libertad se
concreta en la “liberación nacional” como
condición necesaria para la constitución de un
Estado propio, no lo que debe ser para el ser
con conciencia: a la vez, un derecho personal y
un deber de defensa para los demás. Para el
nacionalismo, la libertad es para construcción
de la nación, lo que es igual a la construcción
de un Estado, de un aparato de coerción, con el
monopolio de la violencia para ejercer el poder
sobre una población concreta sometida, con
identidad étnica o sin ella, necesariamente, y en
un ámbito territorial concreto, cuyo límite
estaría frente a otro poder con el que se

64
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

encuentra en un equilibrio de fuerzas. El


Estado, y su condición de maquinaria de
opresión, se legitima así ante la “ciudadanía
nacionalizada” mediante el mecanismo
roussoniano de la libertad condicional
contenida en el “contrato social”, donde se
supone que la “voluntad del Estado” responde
exactamente a los deseos de los ciudadanos24,
siempre que éstos se sometan a las leyes. Con
ello se crea la ficción de que el “ciudadano
medio ideologizado” llega a considerar la Ley
como “propia”, en tanto hemos dado el
“consentimiento”, razón por la cual “nos
someteremos” gustosa y voluntariamente25 a la
coerción del Estado.
Hemos visto al inicio de este apartado cómo
uno de los pilares básicos de la concepción
errónea del nacionalismo, incompatible también
con la visión revolucionaria axiológica e
integral, es precisamente su concepto de la
ética, dominado por el epicureísmo más rancio
y producto de la concepción de la utopía
felicista liberal y proletarista26. Un aspecto

24
Llamado por Kolakowsky el mito de la auto
identidad humana, la identidad entre gobernantes y
gobernados.
25
De ahí la expresión de que el pueblo sin
conciencia llega a ser “su propio policía”.
26
Para profundizar en esta idea, desde una
65
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

esencial de ello se deriva de su idea del Estado


de bienestar, en la formula bienestar de la
nación, entendido como Estado protector y
providencial del “pueblo diferenciado”, y que
se sitúa en el centro mismo del proyecto
estratégico de la liberación nacional, tal es la
pretendida conquista de una economía política
“propia”; aquí hay dos cuestiones que se
sostienen mutuamente: el economicismo y el
epicureísmo. Al igual que la izquierda y el
populismo, el nacionalismo defiende el
programa “anticapitalista” de la estatalización
de la economía, el incremento de los impuestos

perspectiva de una renovada visión de la filosofía


como criterio de la verdad y moral de vida
revolucionaria, se puede consultar:
- Entre otros muchos, los textos de Félix Rodrigo
Mora Crítica de la noción de felicidad y repudio del
hedonismo y El hedonismo puesto en evidencia, que
se pueden encontrar publicados en la Web:
www.felixrodrigomora.org.
- El Sentido de la vida, Félix Martí Ibáñez, Ed.
Potlatch, 2013, con prólogo de Félix Rodrigo Mora
y Karlos Luckas.
-Breve tratado de ética. Heleno Saña. Ed.
Almuzara. 2009.
- Ética y Revolución Integral, VVAA: (Jesús Franco
Sánchez, Félix Rodrigo Mora, Rafael Rodrigo
Navarro y Ricard Vidal Miras). Con Prólogo de
Heleno Saña. Ed. Potlatch, 2018.
66
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

y el fomento del consumo de las “masas


populares”, bajo el criterio completamente
destructivo de lo humano, de considerar al
pueblo como ganado de granja.
No hay cuestionamiento del sistema capitalista
sin la destrucción del Estado, sin combatir el
salariado, sin la recuperación de un medio
ambiente destruido por la sagacidad del
productivismo capitalista, y lo que ello
comporta principalmente como objetivo: la
recuperación de lo humano, de su integridad
física y moral. Lo peor de la defensa del
“felicísmo” como ideología -realmente
consumista- es que se hace desde la filosofía
hedonista y eudemonista27. A este respecto,
dice Félix R. Mora en el texto citado: “La
revolución integral se opone al consumo porque
destruye las sociedades, encanalla al individuo
y degrada el medio ambiente. Por eso preconiza
una riqueza espiritual y relacional máxima con
unos recursos materiales reducidos. No ha
habido ninguna formación social en la historia
que haya podido superar incólume una etapa de
bienestar material, ni ningún ser humano que
27
Un análisis muy acertado de esta cuestión está
planteado por Félix R. Mora en La economía y la
transformación integral. Publicado en:
http://www.felixrodrigomora.org/la-economia-y-la-
transformacion-integral/
67
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

logre mantener su integridad intelectual, física y


moral una vez que se entrega a la riqueza, el
hedonismo, el bienestar y al consumismo…/…
No hay libertad posible, ni de conciencia, ni
civil ni cultural ni tampoco política sin poner
fin a la concentración de la propiedad en pocas
manos.../…la única manera de construir una
sociedad libre, lo será en gran medida por ser
sin capitalismo”.
Desde el nacionalismo jamás se ha planteado
cuestionar ni el capitalismo, ni el Estado, que
son sus columnas vertebrales. En realidad, la
base filosófica del nacionalismo, fundada en
una ética hedonista y consumista, solamente es
una fachada, un ideologicismo para
“entusiasmar” a las masas alienadas y
adoctrinadas a fin de que defiendan
políticamente sus objetivos, que luchen y
mueran por una estrategia que en el fondo es
puro economicismo y estatismo. La razón es
bien simple, el nacionalismo, estratégicamente,
lo que persigue es el desarrollo de un Estado y
un capitalismo propios (quimera, porque
siempre dependerá de la potencia imperialista
de turno). El planteamiento de lucha contra la
dominación exterior de que presume no está
sustentado realmente en el objetivo de alcanzar
una hipotética “liberación nacional” del pueblo,
sino alcanzar un poder que le permita, en su

68
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

ámbito territorial y sobre una población


“nacionalizada”, el desarrollo con total libertad
del ejercicio de ese poder e implementar el
Estado y el capitalismo nacionales.
Finalmente, reafirmar que, si la esencia de la
ideología nacionalista consiste en la
justificación del Estado, y si el Estado es la
“legitimación” de la violencia, entonces vemos
claro que esa ideología tiene un único
cometido: garantizar el acceso al poder (y su
mantenimiento y expansión) de una élite que
viene pugnando por su conquista.
Conclusiones:
1. La cuestión ética. Existe la naturaleza
humana, en ella hay bondad y maldad. Pero la
cuestión se complica, porque también existe el
innato “instinto y deseo de supervivencia”. El
ser humano desea, de forma instintiva, la
conservación de sí mismo, la de sus allegados
por parentesco, y por extensión, la de sus
vecinos. Y la inseguridad, el miedo y la
autoconciencia de la muerte, le conduce a
realizar acciones de lucha competitiva
permanente. En ese proceso de lucha por la
satisfacción de sus necesidades vitales, funde el
instinto del deseo, con el del poder que otorga
la violencia, de tal forma que cree conjurar la
inevitabilidad de la inseguridad o muerte, -suya
y de sus allegados-, a través de lo que le reporta

69
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

el ejercicio de ese poder, usando la violencia


contra aquellas personas o grupos humanos que
entren en conflicto con el concepto de lo que se
tiene que conservar (personal, familiar o tribal).
Así llega el ser humano, sin consciencia, a
aprender a apreciar el poder político, como
ambición y el deseo perpetuo e insaciable de
dominio sobre los demás, que no cesará hasta la
muerte, y que pretenderá conseguir, mantener y
prolongar a través de los ritos mágicos y mitos
religiosos, aún más allá de la misma vida
terrenal. Esta situación fue un hecho desde las
primeras sociedades urbanas agrarias y
ganaderas desarrolladas en el territorio
denominado “Creciente Fértil” en Oriente
Medio hace aproximadamente 9.000 años.
Desde el momento en que existe una estructura
de poder coercitivo permanente capaz de
sojuzgar a su propia población, como a disputar
la hegemonía territorial con fuerzas opositoras
rivales, podemos afirmar que existe el Estado.
Dos son los elementos de conciencia que se
desarrollan a partir de estas condiciones: la
vanidad y la ambición, aliados inseparables del
elemento subjetivo del ejercicio del poder.
Solamente con el desarrollo de la conciencia
moral, que tiene su origen básicamente en la
Grecia Clásica, el ser humano viene siendo
capaz de oponer otros criterios epistemológicos

70
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

y filosóficos capaces de contrarrestar las


tendencias ególatras de aquellos seres humanos
con posibilidades de ejercer el poder.
2. El Estado. Lo que ha conocido la humanidad
desde entonces es un crecimiento de los medios
del ejercicio del poder a disposición de los
individuos que, agrupados en una forma política
de élite monárquica, toman las decisiones. Con
ello se crea una maquinaria de opresión, de
violencia organizada, que alcanza su máximo
nivel de sistematización, crecimiento y
perfección con el Estado nación moderno,
surgido de las revoluciones liberales, aunque lo
cierto es que ya desde el siglo XII al XVIII se
crean las condiciones de la concentración de
poder militar en Europa suficientes, desde la
unificación de las fraccionadas monarquías
hacia las de carácter absoluto. Desde entonces,
el poder ha continuado creciendo a un ritmo
acelerado, extendiendo la guerra a medida que
se expandía el mismo. La revolución francesa,
como la más emblemática de las revoluciones
liberales, inauguró el poder despersonalizado, el
poder del Estado como instrumento infernal y
sin pasión como expresión de la “voluntad
general”28. A partir de ese momento histórico,

28
Jouvenel, Bertrand de. El Poder. Historia natural
de su crecimiento. Editora Nacional. Madrid 1956.
71
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

el poder ejercido por el Estado nación,


capitalista e imperialista, despliega todo su
potencial de opresión; un poder que se disfraza
de democracia, de soberanía popular y nacional,
mediante el engaño de la representación
indirecta de la población, del parlamentarismo y
el sistema de partidos, que esencialmente
contiene aquellos mecanismos de opresión y
control de la población que son cada vez más
amplios y complejos: como el ejército
permanente, policía profesional, medidas
fiscales, educación pública obligatoria, etc.,
haciendo con ello invisible la mano negra del
poder, cuando en el Antiguo Régimen era
evidente el poder del Estado con la presencia
del monarca, en el cual se podía perfectamente
polarizar la responsabilidad de todos los males;
sin embargo, en el Estado nación moderno, la
población se encuentra confundida y
contaminada de democraticismo y
nacionalismo, y por tanto, se muestra dócil a los
designios de los poderosos bajo la consigna
demagógica de la “defensa de las libertades y
de la patria”.
3. El desarrollo del Estado nación. En su actual
configuración mundial de la hegemonía de los

Imprescindible texto para comprender la verdadera


naturaleza del poder.
72
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Estados nación, particularmente después de las


guerras mundiales del siglo XX, con las
superpotencias imperialistas de USA, Rusia,
China, UE, pone en evidencia cómo el poder
real se concentra, más que nunca,
esencialmente, en los Estados mayores de los
grandes ejércitos29 y en sus sistemas de
inteligencia. Es ahí, y no en individuos u
organismos más o menos públicos e
internacionales financieros o políticos, donde
reside la esencia del poder real. Pero no
únicamente ahí, es una trama muy compleja en
que la ignorancia se paga con la unilateralidad e
ingenuidad del análisis. El poder real reside -en
esencia- en el monopolio de la violencia
militar-policial ejercido por parte de los Estados

29
Hay varios textos, ensayos bastante enjundiosos,
que explican en profundidad este conjunto complejo
de relaciones, que es donde se sitúa el poder real:
Einsenhower, Dwight D. Cruzada en Europa.
Inéditas ediciones. Barcelona 2007. Kissinger,
Henry. Orden Mundial. Ed. Debate, Barcelona,
2015. Stonor Saunders, Francés. La CIA y la guerra
fría cultural. Ed. Debate. Madrid 2001. Y, sobre
todo, Carroll, James. La casa de la guerra. El
Pentágono es quien manda. Ed. Crítica. Barcelona.
2006. Morris, George. La CIA y el movimiento
obrero. Ed. Colección 70, Editorial Grijalbo S.A.
México. 1967.
73
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

nación. La élite del poder funciona de una


manera integral y compleja, a través de una red,
mediante la cual, se relacionan todos los
estamentos con poder real. Por ejemplo, el caso
más emblemático, EEUU, primera -hoy
todavía- potencia militar mundial, donde existe
un verdadero Triángulo de Poder formado por
el orden económico, el orden político y el orden
militar, todos constituyen parte de una única
estructura del poder real del Estado, y cada uno
de ellos está constituido por complejos
entramados burocráticos, jerarquizados e
interdependientes, vinculados tales poderes por
mil formas de interrelación y coordinación; y
finalmente, las decisiones ejecutivas y militares
se adoptan teniendo en cuenta el consenso de
ese poder real; es decir, previamente evaluando
cómo tales o cuales medidas o decisiones van a
afectar al statu quo en que se concreta su
soberanía nacional y, a su vez, a un orden
económico mundial imperialista.
4. En definitiva, el poder real sobre los seres
humanos no se encuentra en posesión de
personas concretas, familias, razas,
organizaciones perversas, instituciones
financieras, o en planes globales y siniestros
que resultan estar al final o detrás de cada
acontecimiento histórico destacable. Es más
sencillo, y más complejo a la vez, los señores

74
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de la guerra de hoy son la élite que domina las


grandes instituciones del poder de todos los
Estados nación-moderno y capitalistas, es decir,
los mandos militares de las instituciones
propias del poder militar, los dirigentes
políticos y altos funcionarios de todas las
instituciones del Estado que legitiman el
conjunto del sistema de poder, junto con los
jefes de las grandes empresas imperialistas y
jerarcas del mundo financiero mundial, que
mediante mil vínculos se relacionan con los
instituciones del Estado. Son las élites del
poder. Un texto esencial para comprender esto,
es el ensayo Milles, Wright C. La elite del
poder. Ed. Fondo de Cultura Económica.
México. Ed. (2001). El análisis del marxismo
sobre el Estado, muy insuficiente, por
economicista y determinista, reduce la
estructura de clases a vínculos económicos:
burguesía-proletariado, esto es, en función de la
relación con la propiedad de los medios
productivos. Por esa razón, la afirmación de
Engels de que “el Estado no es otra cosa que
una máquina de opresión de una clase por otra”,
supone claramente una errónea e insuficiente
comprensión sobre la naturaleza del Estado, no
es una máquina de opresión de una clase sobre
otra, sino que se trata de un estrato o capa de
individuos situados en la cúpula de las

75
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

instituciones del poder militar, político y


económico, una élite que se constituye en el
curso del desarrollo del Estado, primero, y del
capitalismo, después.
Desde una perspectiva revolucionaria, el
problema que todo ello plantea es fundamental
porque las tesis conspirativistas, centradas en
situaciones parciales, subjetivas, personalistas,
economicistas, o vagamente anti-autoritarias,
cuando no en fantasías de “ciencia ficción”,
alejan la mirada del verdadero núcleo esencial
del poder, y hace imposible que se pueda
establecer una estrategia correcta que sitúe
como blanco de la revolución a ese duro
entramado de violencia organizada, jerárquica y
burocrática, con máscara democrática, que es el
actual omnipresente Estado nación opresor,
tanto en su versión imperialista, como de
aquellos Estados nación oprimidos que tienen
en sus genes la misma ambición estatista e
imperialista.

3. LA CONSTRUCCIÓN DE LA
IDEOLOGÍA NACIONALISTA

“Ya tenemos Francia;


ahora debemos hacer a los franceses”,
decían los revolucionarios de 1789. Para eso
está el Estado;

76
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

es decir, el ejército nacional y la escuela


pública. 30

Nota Introductoria.

En los textos referenciados en la nota final del


libro, se recogen tres documentos ya publicados
en Internet31 en los que se desarrollan por mi
parte aquellos análisis histórico-políticos de la
“cuestión nacional” desde la perspectiva
estratégico-política que considero se
corresponde con una cosmovisión integrada en
el paradigma de una “revolución integral”.
Advertir que en realidad no se está diciendo
nada que no se haya dicho antes. Muchos
intelectuales del mundo de la filosofía, la
historia, el derecho, y la política, incluyendo
algunas tendencias del pensamiento libertario
de los años 20-30 del siglo XX, venían
impugnando la versión de la modernidad
(liberal, burguesa, capitalista e izquierdista)
sobre la naturaleza de la “nación” y de la
ideología nacionalista en que se sustenta. Es a
partir de los años 60 del siglo XX, tras la huella
30
Citado en Hall A., John. Estado y Nación. Ernest
Gellner y la teoría del nacionalismo (VVAA). Ed.
Cambridge University Press. Madrid, 2000.
31
Webs:https://www.felixrodrigomora.org/
https://karlosluckas.blogspot.com/
77
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

dramática dejada por las dos guerras mundiales,


la guerra fría y las luchas “antiimperialistas” de
los años 60-70 (Sudeste Asiático, África,
Latinoamérica) cuando, de una forma
sistemática, se procede por historiadores,
economistas, filósofos y sociólogos, a
desarrollar lo que puede suponer un nuevo
paradigma sobre la génesis histórico-político-
filosófica de la “cuestión nacional”.
Por tanto, de lo que ahora se trata es de
profundizar en aquellos aspectos, desde una
perspectiva holística multicompleja, de la
cosmovisión moderna que ha dado sustento a la
ideología del Estado-nación; y, por tanto, a las
concepciones que han sido el fundamento
político de la opresión de todos los pueblos del
mundo, responsable de la expansión sin
precedentes del Estado y del domino absoluto
del capitalismo.
La cuestión esencial que en estos momentos se
suscita, es: ¿existe la posibilidad de establecer
una Teoría General del Nacionalismo, desde un
nuevo paradigma verdaderamente
revolucionario? Muchos son los autores que lo
afirman y que proceden de una nueva
cosmovisión, alejada de las tesis dominantes
desde finales del XIX, que culminan con el
“wilsianismo”, entendido como un derecho
formal. Como veremos más adelante con mayor

78
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

profundidad, los analistas más recientes,


agrupados en corrientes diferentes de
pensamiento (juristas, sociólogos, politólogos,
historiadores, etc.), se disputan el fondo de la
cuestión, pero -aunque ello en sí mismo sea
muy esperanzador- aún están muy lejos de
entender la realidad histórica en su total
complejidad: la inherente tendencia de los
Estados-nación a enfrentarse unos contra otros
por el dominio de áreas de poder, y del poder
mismo, sean Estados-nación constituidos e
imperialistas, o Proto-Estados-nación que
luchan aún por ser incluidos en el concierto de
las naciones vigentes (las llamadas “naciones
sin Estado”).
La complejidad de la materia es tal, y la
necesidad de aclarar tantos tópicos y falsedades
históricas vertidas por los ideólogos del
nacionalismo, que se requiere abordar este
capítulo en diferentes apartados.

3.1. Por una puesta al día historiográfica. -

Cuando uno sube o baja por unas escaleras,


siempre puede agarrarse a la barandilla para
no caer; pero hoy hemos perdido ese asidero,
esa barandilla. Así es como me lo explico a mí
misma, y eso es sin duda lo que intento hacer:
pensar sin asideros.

79
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Hannah Arednt32

Lamentablemente, en el plano político aún


domina el viejo paradigma inventado por el
imperialismo norteamericano en su estrategia
de dominio mundial de principios del siglo XX,
la doctrina Wilson, con su adaptación de la tesis
moderna de la libertad del individuo, aplicada a
los pueblos (en realidad, Estados) en la forma
conocida del derecho de autodeterminación de
naciones o pueblos33, de la que el leninismo
hizo bandera34; y digo lamentable porque desde

32
Arednt, Hannah. Pensar sin asideros. Ensayos de
comprensión, 1953-1975. Vol. I. Ed. Página
Indómita. Primera edición 2019. Barcelona.
33 Un estudio que contiene valiosos elementos

documentales sobre el concepto de “derecho de


autodeterminación”, se encuentra en la tesis
doctoral publicada por la Universidad de Oviedo,
Departamento de Ciencias Jurídicas Básicas, El
derecho de autodeterminación de los pueblos,
análisis crítico del Marco constitucional español
desde la filosofía jurídico-política, firmada por
Lucia Payero López.
34
En el Capítulo VI (La izquierda y la cuestión
nacional) estudiaremos una especial referencia a los
antecedentes de “derecho de autodeterminación”
como mecanismo ideológico de gran transcendencia
80
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

principios de dicho siglo XX algunas voces ya


se levantaban contra el concepto estatista-
imperialista de esta consigna, base y
fundamento del “derecho a la nación”. Así
tenemos a Rudolf Rocker, intelectual anarquista
muy reputado, o Ludwing von Mises,
economista, filósofo e historiador, que ya
planteaban que los conceptos de “nación y
nacionalidad”, aunque fuesen de uso común
muy antiguo, un derivado del latín, pasa a las
lenguas modernas a partir de la segunda mitad
del siglo XVIII, adquiriendo el significado que
hoy le damos, desarrollando un componente
abiertamente político y perteneciente por entero
al universo ideal moderno del individualismo
político y filosófico. Dice Von Mises que el
concepto de nación “solo con la democracia
moderna adquieren una importancia práctica”
…/… “el concepto de nación es un concepto
político”35. Por su parte, R. Rocker afirma que
son los “intelectuales” del Estado moderno los
que desarrollan las concepciones filosóficas del
nacionalismo como criterio político para

en la política internacional desde la perspectiva


marxista.
35
Von Mises, Ludwing. Nación, Estado y
economía. Primera edición Viena y Leipzig 1919,
edición consultada, Unión editorial, Madrid 2010.
Cap. I, “Nación y Nacionalidad”.
81
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

facilitar el dominio del Estado, “Crearon una


nueva confesión político-religiosa, que poco a
poco se condensó en la “conciencia nacional”36.
Una cuestión que merece ser resaltada es la que
se refiere a la correcta posición de R. Rocker
respecto del contenido de las doctrinas
nacionalistas que toman como referencia de los
procesos de luchas “emancipatorios” o causa
moral, la identidad étnica, desde la que
fácilmente se deriva hacia el exclusivismo
racial, al fascismo. En su texto recopilatorio El
nacionalismo como fuente de beneficios37, en el

36
Rocker, Rudolf. Nacionalismo y Cultura”.
Ediciones La Piqueta, Madrid 1977, y más
recientemente se ha editado el mismo texto con el
título “La idea de nación a través de la historia”,
por Libros de la Araucaria, Argentina 2010. El
texto original es de 1933, con una primera edición
en castellano en plena Guerra civil, en 1938. Sin
duda alguna, el texto de mayor profundidad y
coherencia histórico-filosófica sobre la cuestión del
Nacionalismo, el Estado y el Poder, aunque sus
carencias son evidentes y lógicas dado su temprana
redacción, pero contiene una lucidez difícilmente
comparable a otros textos especializados sobre la
cuestión nacional, e injustamente tratado por
ideólogos e historiadores que muy rara vez lo citan,
quizás por su orientación claramente revolucionaria.
37
Rocker, Rudolf. El nacionalismo como fuente de
beneficios. Ed. Pepitas de calabazas. Logroño. 2020.
82
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

capítulo “doctrinas de resignación”, dice algo


esencial: la raza no puede equivaler al destino.
Este pensamiento tan simpe, aparentemente,
integra en su amplia perspectiva, el concepto
idealista de tomar como referencia de la
autoridad moral de las luchas emancipatorias,
como así hace efectivamente la ideología
nacionalista, y más aún, el nacionalismo de tipo
étnico, la diferenciación idealista de las
comunidades con fundamento en la identidad
basada en la etnia, lengua y cultura, propias.
Sabemos que ello es más o menos cierto, o lo
que es igual, más o menos falso, y por tanto
fuera de la realidad, son recursos ideológicos de
las élites para manipular los sentimientos de
pueblo sin conciencia de sí, en beneficio de sus
respectivos intereses clasistas.
Estos criterios sustentarán las bases del presente
análisis.

3.2. Los paradigmas contemporáneos


dominantes: modernismo/posmodernismo,
primordialismo/perennialismo y
poscolonialismo.

Por la misma razón que no existe una teoría


general sobre “el pueblo”, tampoco existe algo
que podríamos definir como una teoría general
sobre “la nación”. Se da por hecho, como cosa

83
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

real, que existe la nación y el pueblo, como


equivalentes, cuando son meras creaciones
ideológicas surgidas desde la filosofía política
de la modernidad, al menos en la acepción
moderna de los términos. Esto no es una
novedad, es una reflexión común entre los
intelectuales dedicados al estudio y reflexión
sobre la llamada “cuestión social” y “cuestión
nacional”. Desde los poderes constituidos,
incluso con anterioridad al propio Estado
moderno, es utilizado el concepto de nación,
asimilándolo al de pueblo, y su soberanía
definida tanto popular como nacional. Pero la
historia de los 200 últimos años ha dejado un
rastro tan grande de fuego y muerte que hace
necesario entrar en la valoración de la
“definición” del concepto, en razón a que es
bandera común de los Estados-nación
constituidos, y por aquellas autoproclamadas
“naciones sin Estado”. Por tanto, nacionalismo
opresor y oprimido comparten un mismo
discurso: la disputa de la competencia territorial
y del dominio sobre pueblos y comunidades con
base a la violencia auto justificada moralmente
en el hecho nacional-popular.
Tanto el nacionalismo con Estado, como sin
Estado, tienen como eje central de su clave de
bóveda los conceptos de pueblo o nación. Los
usan como fundamento del “derecho” que les

84
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

asiste a la configuración de un Estado nación, y


esta razón es la que lleva a los pensadores de
todas las disciplinas sociales (historiadores,
sociólogos, antropólogos, filósofos y
politólogos) a “discutir” -a partir de los años
60- sobre la esencia de la “nación”, partiendo
lógicamente del rotundo fracaso de la
experiencia histórica de los diferentes proyectos
de “emancipación nacional” puestos en práctica
a partir de las convenciones políticas de W.
Wilson o J. Stalin38, hasta el presente: dos
guerras mundiales, la “Guerra Fría”; las guerras
de liberación nacional posteriores, hasta nuestra
época histórica, en que podemos comprobar

38
Nos referimos aquí a la consabida definición de
Stalin sobre La Nación y a los 14 puntos que el
presidente de USA, Woodrow Wilson propuso en
1918 para la reconstrucción política europea y
mundial después del desastre de la I GM, sobre el
derecho de autodeterminación de las naciones y
pueblos…, que en poco o nada se diferenciaban,
pues obedecían a idéntico objetivo: la disputa del
nuevo orden mundial con el ascenso de las dos
potencias que resultarían dominantes a partir de la
primera Gran Guerra: USA y URSS, frente a la
agonizante Europa, como mas adelante veremos.
Referencia de los 14 puntos, en:
https://www.dipublico.org/3669/catorce-puntos-del-
presidente-wilson-1918/
85
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

como el imperialismo yanqui y el ruso han


encontrado en esa consigna un verdadero punto
de encuentro en su disputa por la hegemonía
mundial.
Esta reflexión sobre la “esencia de la nación”
ha realizado aportaciones interesantes -aunque
limitadas-, con conclusiones históricas y
filosóficas importantes, pero carentes de una
perspectiva suficientemente multicompleja y
holística, sencillamente porque se hace desde
una supuesta “neutralidad académica”, cuando
realmente solo es posible tener una
comprensión completa de este fenómeno
histórico desde un paradigma nuevo y
revolucionario.
Por tanto, lo que procede ahora es sistematizar
las posiciones de las diferentes corrientes
gnoseológicas, observar sus aportaciones y
debilidades, a fin de poder extraer sus aspectos
positivos y alcanzar una nueva concepción,
basada en los hechos de la historia, que nos
permita avanzar en el desarrollo de un
Programa y Estrategia para la época presente
en la cuestión nacional. Así, con la finalidad de
facilitar la comprensión de los diferentes
paradigmas, los sistematizaremos en función de
dónde ponen el acento, en: modernista,

86
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

posmodernista, primordialista y perennialista39.


En síntesis, todas las corrientes analíticas sobre
el nacionalismo las podemos agrupar en dos
grandes concepciones: una, la que entiende al
nacionalismo como un fenómeno histórico
ligado a las necesidades de la sociedad y Estado
moderno, dando lugar a un modelo de
nacionalismo cívico o político (EEUU, Estados
europeos, Latinoamérica, Canadá, Australia); y
dos, la que comprende al nacionalismo como un
fenómeno natural o pretendidamente étnico y
cultural (pueblos sin estado europeos,
neocolonias, Quebec, etc.). Como veremos a
continuación, ambas posturas contienen
elementos de verdad. Si bien es el nacionalismo
el que origina a las naciones, en el sentido
moderno, también es cierto que lo hace sobre
una base histórica y cultural concreta, sin que
ello signifique necesariamente la existencia de
requisitos étnicos, de lengua, cultura e incluso
territorio. Lo determinante es el interés político

39
Clasificación que se debe a Anthony Smith
(2000). Smith, Anthony D. Nacionalismo y
Modernidad. Colección Fundamentos. Ediciones
Itsmo. Madrid 2000. Este trabajo de Smith es muy
recomendable puesto que realiza una exposición
sistematizada y bastante coherente de las diferentes
corrientes que analizan el llamado fenómeno del
nacionalismo.
87
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

de las élites por constituir un Estado, un poder


militar asentado en un territorio concreto,
utilizando para ello una ideología justificativa
capaz de unir políticamente a una población
concreta. Para lograrlo, el nacionalismo no ha
dudado en utilizar todos los recursos idealistas,
emocionales e historicistas imaginables,
instrumentalizando los naturales lazos de
identidad y cultura de las diferentes
comunidades. En resumen, como veremos, se
crea la identidad sobre la base de la “tradición”,
para hacer efectivo el principio “de cada Estado
una nación, a cada nación un Estado”.
Resulta bastante evidente que la clave de
bóveda a dilucidar entre los teóricos del
nacionalismo contemporáneo es la evaluación
del pasado de las comunidades humanas que se
comprende integran la base poblacional de la
nación, y por tanto objeto de dominio por el
Estado-nación40.

40
No son objeto de estudio en este apartado el
análisis de las tesis ideológicas, filosóficas y
políticas del nacionalismo clásico liberal, puesto
que constituyen las posiciones típicas del
nacionalismo que vienen fraguándose desde antes
de la propia revolución francesa. Aunque es
evidente que la ideología nacionalista no necesita
“discutir” el fondo de la cuestión nacional, porque
para éste la nación siempre ha estado formando
88
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Los modernistas (como Elie Kedourie, Ernest


Gellner, entre otros), posmodernistas (como
Eric Hobsbawm, Benedict Anderson), los
Primordialistas (como Anthony Smith) y
Perennialistas (como Adrian Hastings),
constituyen las corrientes teóricas más
representativas de la gran cantidad de tipos y
modelos de nacionalismo que se han definido,
distribuidos luego en grupos y subgrupos. Para
todos ellos, el nacionalismo, como ideología y
como fenómeno político y social, va desde la
mera ideología producida en la Europa de la
modernidad, que nace en los siglos XVI y XVII
y culmina en el siglo XVIII, con las
revoluciones francesa y americana, como más
emblemáticas conforme a las necesidades del

parte del orden natural. Otra cuestión -plantean- es


que el pueblo posea una conciencia de ello, razón
que vienen precisamente a justificar, y a promover,
esa conciencia mediante la ideología nacionalista.
Explicarlo para el nacionalismo implica diferenciar
el elemento objetivo de la nación, su existencia real,
que se discute, del elemento subjetivo. Y en ello
sitúan expresamente la función de la ideología
nacionalista: hacer que las comunidades humanas
asuman su identidad nacional, se conviertan en
ciudadanos del Estado y acepten la explotación,
paguen impuestos y maten o mueran en el nombre
de “la nación”.
89
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

desarrollo de los Estados y del capitalismo


(modernistas), hasta el reconocimiento natural
de la nación, el origen de las propias
comunidades, desde siempre, como una fase
más de la evolución social humana: tribu-aldea-
comarca-región-nación (primordialistas), en
realidad sobre una base geneticista.
Es de importancia resaltar el hecho de que todas
estas corrientes de pensamiento que abren un
nuevo paradigma para entender el nacionalismo
solamente podían surgir a partir del momento
en que se comienza a cuestionar toda una época
histórica, conocida genéricamente como la
modernidad y su esencia ideológica-filosófica-
política y económica, cuestión que sucede no
casualmente, sino después de observar, en los
hechos, la catástrofe que ha significado para la
Humanidad el siglo XX (la Gran Guerra del
siglo XX -I GM, II GM y Guerra fría-), y el
comportamiento genocida de todos los Estados-
nación sin excepción, desde los puramente
liberal-capitalistas (EEUU y Europa), social
imperialistas (URSS y satélites), o nazi-
fascistas (Alemania, Italia y Japón)41.
41
No es casual, por tanto, que pensadores de la talla
y clarividencia del politólogo, historiador y
sociólogo Charles Tilly dedicara su tesis a La
Vendée, el primer genocidio de la modernidad
provocado por las fuerzas militares de “la
90
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Lo que es una evidencia común en todas las


diferentes adscripciones teóricas de cada
corriente es el cuestionamiento de la
modernidad como proceso histórico de
progreso, pero desde ópticas diferentes: la
modernista, y variantes, de E. Kedourie, E.
Gellner, E. Hobsbawm, B. Anderson, se
fundamentan más en la concepción estructural
del surgimiento del Estado moderno, y del
desarrollo del capitalismo, pero a su vez, se
diferencian en el lugar en que ponen el acento:
desde la ideológica del primero a las
económico-políticas de los segundos. En cuanto
a las primordialistas y variante perennialista,
como A. Smith o A. Hastings, más sociológica
y antropológica, sitúan a las naciones, y el
nacionalismo, en periodo premoderno por la
existencia de vínculos etno-históricos
(símbolos, mitos étnicos, tradiciones, etc.) que
establecen relaciones de identidad en las
comunidades proto-nacionalistas. Junto a estos
existen corrientes teóricas más histórico-
políticas, que serán analizadas con más atención
en tanto suponen las posiciones que mejor
conjugan todos los aspectos esenciales para

revolución francesa”, siendo leída nada menos que


en el año 1959. Sobre la cuestión, hay una reseña en
el artículo que recoge el Apéndice III de este libro.
91
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

comprender correctamente la cuestión del


nacionalismo y la nación, como Charles Tilly o
Anthony Giddens, que precisamente relacionan
el nacionalismo con el poder y el Estado.
Esta última cuestión es esencial, es más, no es
posible tener una posición mínimamente
coherente sobre nacionalismo y nación si no se
estudian éstos como parte del círculo de hierro:
Poder-Estado-Nación-Capitalismo.

3.3. Definición genérica de los modelos


explicativos. -

Antes de entrar en especificaciones concretas y


valoración de cada uno de los modelos
analíticos, conviene tener una visión general de
los mismos. Como ya se ha mencionado, las
diferentes teorías explicativas sobre el
nacionalismo y la nación se pueden clasificar en
función de variables relativamente
independientes; sobre la base del tiempo
histórico-político de su origen (la modernista /
primordialista / perennialista); las teorías
constructivistas, reificadoras, funcionales, etc.
Y, además, la posición denominada
posmoderna, en que la cuestión de la
temporalidad (como tiempo histórico) ya no es
lo central de la discusión del origen de las
naciones, sino en la temporalidad de los

92
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

“relatos explicativos” del nacionalismo y las


diferencias de épocas históricas entre el
surgimiento del nacionalismo en Europa y el
llamado tercer mundo.

3.3.1. El paradigma modernista. -

El nacionalismo es una doctrina inventada en


Europa al comienzo del siglo XIX. Pretende
suministrar un criterio para determinar la
unidad de población adecuada para disponer
de un gobierno exclusivamente propio, para el
ejercicio legítimo del poder del Estado y para
la organización justa de la Sociedad
Internacional. Dicho en pocas palabras la
doctrina sostiene que la humanidad se
encuentra dividida naturalmente en naciones,
que las naciones se distinguen por ciertas
características que pueden ser determinadas y
que el único tipo de gobierno legítimo es el
autogobierno nacional.

E. Kedourie

En síntesis, lo que distingue al paradigma


modernista42 son los rasgos siguientes: las

42 Siguiendo a Smith, Anthony. Nacionalismo y


Modernidad. Ed. Fundamentos. Madrid 2000. Pág.
93
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

naciones son una construcción ideológico-


política totalmente moderna, que parte como
momento histórico relevante desde la
Revolución Francesa, por tanto, son un
producto de la llamada modernidad,
comprendida ésta como toda una época
histórica y cosmovisión filosófica, política y
económica, conforme a las necesidades del
Estado moderno en gestación. Por ello, definen
como naciones y nacionalismo a las
construcciones sociales y creaciones culturales
de la modernidad pensados para una era de
revoluciones y de movilizaciones de masas y
resultan ser capitales para intentar controlar
estos procesos de cambio rápido.
Los autores más representativos son Elie
Kedourie y Ernest Gellner, de los cuales cabe
destacar las siguientes aportaciones
significativas:

3.3.2. Elie Kedourie, las raíces ideológicas del


nacionalismo moderno.

En E. Kedourie43, encontramos un análisis

60 y ss.
43 El texto de referencia es: Kedourie, Elie.
Nacionalismo. Ed. Centro de Estudios
Constitucionales Madrid (1988). Aunque se le
encuadra ideológicamente en un liberalismo
94
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

correcto de las bases filosóficas que construyen


la ideología nacionalista. Se debe a la
Revolución Francesa de 1789 la introducción
radical del ejercicio del poder político basado
en el principio de la soberanía popular,
entendida como soberanía nacional. De hecho,
se hacía una identificación entre Pueblo y
Nación, de tal forma que se crea un concepto
diferente al comprendido ancestralmente como
nación44, que está constituido por toda aquella
población que es capaz de abarcar el poder
militar coercitivo del Estado nación, previa la
“pacificación interna” y delimitación del poder
territorial con el “enemigo” concretado en la

conservador, sus aportaciones al nuevo paradigma


sobre el nacionalismo son importantes y
precursoras, y de hecho, ha servido de referencia e
inspiración para otros teóricos posteriores que han
continuado el desarrollo de las tesis modernistas
sobre el nacionalismo, como el propio E. Gellner.
Su texto Nacionalismo, primera edición de 1966, se
encuentra entre los primeros en plantear el carácter
histórico-filosófico concreto del nacionalismo como
ideología del Estado moderno.
44
Del latín, Natio: “en el lenguaje ordinario
significaba originalmente un grupo de hombres
formado por quienes compartían un mismo origen,
mayor que una familia, pero menor que un clan o
pueblo” Op. Cit. Anthony Smith (2000), pág. 4
95
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

definición de las fronteras, incluyendo a la


población de las comunidades étnico-culturales
diferentes, previamente desestructuradas o
aniquiladas (p.e., El genocidio de La Vendée).
En la Declaración de Derechos del Hombre y
del Ciudadano no se dice que la soberanía
resida en el pueblo sino, esencialmente, en la
“nación” (y así, lo dicen casi todas las
constituciones liberales), ente difuso al que
debe someterse todo individuo y corporación,
pero que significa realmente el sometimiento de
todas las comunidades subyugadas al poder del
Estado nación, quien lo encarna y le da
consistencia material y jurídica. Con ello,
comprobamos como el nacionalismo, que
supuestamente es el defensor genuino de las
esencias y culturas populares, se convierte en el
verdugo, sin clemencia, de las comunidades con
identidad y cultura propias. La Revolución
Francesa puso en práctica lo que luego ya fue
común: por el “bien general de la Nación” todo
crimen y acción terrorista contra individuos y
comunidades queda justificado y “El terrorismo
se convirtió en sello de la pureza”45.
Según Kedourie, las aportaciones de Kant,
Fitche y más tarde Herder, son esenciales en las
justificaciones filosóficas del nacionalismo, el

45
Op. Cit. Anthony Smith (2000), pág. 8.
96
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

primero con las teorías del “hombre autónomo”,


el segundo con “la exaltación de la idea de la
lucha por la virtud”, y el tercero con el
“descubrimiento de las esencias del pueblo”46.
Kant y su teoría del “hombre autónomo”, como
expresión de la libertad, aportó las herramientas
filosóficas adecuadas para que las élites
“revolucionarias” francesas pudieran actuar con
entera “libertad”, sin remisión a un orden
divino sino a la propia voluntad y concepto de
bien. No podemos olvidar que Kant fue un

46
Dice a este respecto A. Smith, en Nacionalismo y
Modernidad pág. 185, que “Kedourie había
afirmado que el nacionalismo era una doctrina que
había sido inventada en Europa a principios del
siglo XIX, que había saltado a la tradición
filosófica de la Ilustración y había sido
especialmente elaborada por Kant y su idea de que
la buena voluntad sólo puede ser una voluntad
autónoma. El mérito de Fitche y otros románticos
alemanes como Schlegel, Muller, Schleiermacher,
Arndt y Jahn consistió en vincular la doctrina
individualista de Kant al populismo cultural de
Herder, de forma que la autonomía se terminó
afirmando que solo las comunidades lingüísticas
puras eran realmente autónomas, y que los
individuos, si deseaban ser realmente libres, debían
dejarse absorber por ellas…El yo individual sólo
puede realizarse en el ámbito de esa lucha de su
nación en pro de la autodeterminación” (Kedourie).
97
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

entusiasta defensor de la propia Revolución


Francesa y las implicaciones de este criterio,
llevado a la moral y la práctica política
significó un apoyo esencial para el terrorismo
del Estado nación “revolucionario” francés. El
razonamiento era, según Kedourie: si el hombre
bueno es el hombre autónomo (independiente
de la ley divina), para realizar su autonomía
debe ser libre, por lo que el individuo es
convertido en el árbitro y soberano del
universo. Con ello, se transforma el orden
tradicional de pensamiento, ya el hombre no es
una criatura de Dios, sino Dios es la criatura del
hombre. La moralidad ahora reside en la auto
legislación, y los únicos límites legítimos son
límites auto impuestos…los otros no significan
nada para el hombre autónomo. Por esa razón
dice Kedourie que Kant deja en la sombra a
Robespierre, mostrando una euforia y
voluntarismo capaz de “doblegar voluntades y
mover montañas”. En síntesis, se abre la puerta
filosófica para definir un concepto que será
decisivo para la justificación del Estado nación
que hace el nacionalismo: autonomía y
determinación, o lo que es igual:
autodeterminación. Con ello se crea toda una
doctrina que veremos crecer y expandirse como
criterio político en la reivindicación de todos
los proto-Estados en el siglo XX, defendido con

98
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

uñas y dientes tanto por el imperialista y


capitalista W. Wilson, como por los
indiscutidos jefes del socialismo, Lenin y
Stalin. En este concepto, extendido al ámbito
“nacional” como derecho de los
pueblos/naciones a la autodeterminación,
encuentra el nacionalismo la fuerza de su
vitalidad y justificación moral.
Según Kedourie, es Fitche uno de los pro-
estatistas más radicales al “encarnar la
condición de la libertad” en el Estado, idealiza
el Estado como marco inevitable para alcanzar
y asegurar la verdadera libertad de los
individuos: el Estado no es una colección de
individuos para proteger intereses particulares:
el Estado es superior al individuo y está antes
que él (idea que después copiaría Mussolini).
Esta estatolatría le llevó a apoyar las políticas
más extremas de los revolucionarios franceses
y, según Kedourie, a escribir un “curioso libro”
llamado El Estado cerrado nacional (1800) en
el que intenta demostrar que la verdadera
libertad individual solo puede asegurarse en un
Estado que regule hasta el más mínimo detalle
la vida de sus ciudadanos47. Con ello da pasos
de gigante en la confección de lo que será “La
razón de Estado” y la legicracia a que tan

47
Op. Cit. Kedourie, pág. 26.
99
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

aficionados son los teóricos de la izquierda


marxista48.
Según Kedourie, en este proceso de la
configuración de la filosofía del nacionalismo,
Herder asume la filosofía de la historia y del
Estado de Kant y Fitche, de autodeterminación
y lucha y, particularmente, los fundamentos de
la idea de progreso en la humanidad, entendido
como proceso histórico por el cual la
humanidad avanza en un sentido positivo con el
transcurso de los acontecimientos históricos por
la vía inevitable de la lucha y la violencia,
cuestión que Marx heredaría luego bajo el
concepto de “violencia como partera de la

48
B. Mussolini fue sin duda un alumno aventajado
de Fitche cuando planteaba que: Puede considerarse
que el fascismo italiano es un totalitarismo
centrado en el Estado: El pueblo es el cuerpo del
Estado, y el Estado es el espíritu del pueblo. En la
doctrina fascista, el pueblo es el Estado y el Estado
es el pueblo. Todo en el Estado, nada contra el
Estado, nada fuera del Estado. Esta posición refleja
nítidamente el círculo constitutivo del pensamiento
puramente nacionalista, identidad entre Pueblo-
Nación-Estado. Pero no solamente los nazi-
fascistas, sino que iguales proclamas nacionalistas
las encontramos entre los ideólogos de los Estados
fascistas de izquierda más recalcitrantes: Pol Pot,
Kim Il Sung, Fidel o Chávez y sucesores.
100
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

historia”. Esta conceptualización dinámica


imagina una humanidad que va ascendiendo en
la “escala de la cultura”, lógicamente por la
lucha, entendida como la guerra entre Estados,
como una “guerra verdadera y auténtica, una
guerra de sometimiento” (Fitche), cuyo destino
no puede encarnarse más que en el Estado,
idealización que luego veremos en Hegel49.
Herder aporta además esa idea de
Nación/Pueblo como fenómeno de la naturaleza
idealizada a través del Volk, no ya como lo
habían planteado los revolucionarios franceses,
sino como señala Kedourie, “conjunto de
individuos que habían manifestado su voluntad
respecto de la forma de gobierno”, como
entidades naturalmente separadas por Dios y
cuya mejor organización política se consigue
cuando cada nación forma su propio gobierno.
Por tanto, ya tenemos la justificación ideológica

49
Como más adelante veremos, ni Marx, ni Weber
tuvieron una teorización completa y digna sobre el
Estado, el primero, por su determinismo
economicista e historicismo heredado de Hegel, por
el cual éste “se extinguiría” por algún tipo de
“conjura”, del que Lenin, Stalin y Mao nos dan el
ejemplo; ni tampoco Weber que, como alemán y
“nacionalista”, no reunía las condiciones de
conciencia y conocimiento para “comprender” el
vínculo esencial entre Estado-Nación y Capitalismo.
101
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

y filosófica completa del Estado-nación. Con


ello, se va configurando un modelo de
nacionalismo cultural (en función de los
intereses de Alemania) claramente diferenciado
del nacionalismo que algunos autores
denominan cívico, producto de las necesidades
de consolidación y expansión del Estado
moderno en las primeras revoluciones (Países
Bajos, Inglaterra, EEUU y Francia) entre los
siglos XVII y XVIII, en las cuales lo esencial
era la consolidación de los Estados en los
ámbitos territoriales hasta donde el poder
militar del Estado era capaz de garantizar, con
lo cual habría de construirse una sola cultura
por encima de la propia diversidad de
comunidades abarcadas, y donde la educación y
el lenguaje común tenían la función de unificar
políticamente a la población sometida como
exigencia funcional del Estado y del
capitalismo. Luego, desde principios del siglo
XIX, vendría un segundo momento del
nacionalismo, que respondía más que nada a las
necesidades principalmente de Alemania, en su
interés por incorporarse a la comunidad de
Estados imperialistas, a cuya situación ya
llegaba bastante tarde dada su originaria
configuración histórica, producto de un
diseminado marco político y social disperso y
fraccionado en principados, como modelo

102
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

característico de los viejos Estados absolutos.


Así, el descubrimiento de la nación, como
entidad natural, requería una justificación
cultural donde el idioma, la etnia, y los rasgos
culturales identitarios pasarían a jugar el papel
justificativo central. Las conclusiones eran
sencillas, pues obedecían a una lógica, también
sencilla: si la prueba de la existencia de una
nación es el idioma (como aspecto cultural
relevante), de suyo se infiere que a tal nación
correspondería un Estado. Pero como ya
sabemos, la cuestión no es tan sencilla puesto
que este planteamiento se viene a producir en
un momento histórico en que los grandes
Estados ya se habían configurado, con las
consecuencias que se derivan: dos tipos de
nacionalismo, y la lucha entre ellos, esto es, la
colisión entre el Estado-nación cívico, frente al
proto-Estado nación étnico o cultural (naciones
sin Estado), situación que algún autor ha
identificado como el nacionalismo que muerde
frente al nacionalismo que ladra. Y así, todos
los galimatías y controversias se disuelven si
comprendemos que los conflictos de las
naciones sin Estado, derivan de que las élites de
los territorios pretendidos no tuvieron la fuerza
militar suficiente para imponer un Estado
propio, por la sencilla razón de que no estaban
aún históricamente estructurados y con

103
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

capacidad militar suficiente, aunque lo


intentaran50; y por ello, los Estados cívicos los
incluyeron a la fuerza en el ámbito territorial de
sus Estados originarios (p.e., Francia, España,
Inglaterra).
En un sentido, Kedourie se adelanta bastante a
las teorías explicativas, tanto de las
posmodernas de E. Hobsbawm y B. Anderson,
sobre todo en las teorías de las “tradiciones
inventadas” y las “comunidades imaginadas”
desarrolladas por éstos, y que luego veremos.
Sostiene Kedourie que esta teoría del
nacionalismo, inventada filosóficamente por
estas corrientes de pensamiento, básicamente
alemana, responde más a una invención de
hombres que nunca habían ejercido el poder

50 Tenemos en Europa múltiples ejemplos de ello,


en Irlanda, este nacionalismo étnico es capaz de
constituir un Estado propio frente a Inglaterra,
menos en la región del norte de la isla, donde este
no encontró la correlación de fuerzas militares
necesarias para imponerse a los ingleses. En el
Estado español tenemos varios ejemplos de ello, en
Euskadi y Catalunya, seguro, frente a Galiza y
Canarias en que las élites locales, por su propia
debilidad estructural, ni siquiera intentaron
desarrollar iniciativas serias para disputar la
inclusión forzada de estos territorios en el marco del
Estado-nación español.
104
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

político, y que, por tanto, no tenían experiencia


sobre la realidad nacional, como era la
existencia de una gran variedad de
comunidades diversas, con culturas, idiomas,
base étnica, con todos los tonos de gris, en
cuanto a su pureza nacional (Europa Central en
el siglo XIX). De hecho, eran teóricos, en el
peor sentido de la palabra, pues trataban de
solventar, no por el análisis de la realidad
histórica, sino por la especulación filosófica, las
necesidades de las élites alemanas, como era
alcanzar el ansiado Estado-nación de la Gran
Alemania Unificada. Por esta razón, la estrecha
definición de nación, como elemento natural de
base cultural (etnia, lengua, tradiciones,
costumbres), netamente confusa en su
aplicación práctica en todo el mundo (Europa y
colonias después), no pudo sino convertirse en
un auténtico caos, con disputas permanentes
entre los Estados nación, y el desastre que
hemos visto en todo el siglo XIX, el XX, y que
continúa en el XXI, pues se obliga a las élites
con capacidad de disputa territorial, a
configurar un relato cultural imaginado, ya que
se opera en “regiones confusas, a medio camino
entre la fábula y la realidad, en la que estados,
fronteras y pactos son a la vez reales e irreales”,
en que además se complica con la presencia de
la diversidad racial, religiosa y cultural, que han

105
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

de ser unificadas a la fuerza, creando continuas


situaciones de guerra y genocidio como sucede
hoy en el Oriente Medio y África. En Europa ya
se vivieron las especulaciones identitarias de
los nazis que terminaron en estrategias de
exterminio. Esta posición supone un adelanto a
las críticas que le harían los partidarios de la
corriente primordialista, que basan su esencia
en la determinación de una base cultural proto-
nacional antes del surgimiento del Estado-
nación moderno. La posición de Kedourie parte
de que, con independencia de las
especulaciones culturales, de cuánto hay de
idioma, de raza o de cultura en un territorio
para reclamar el Estado-nación51, lo único que
se consigue es promover la idealización de una
humanidad compuesta por naciones separadas
y diferentes que deben constituirse en Estados
soberanos para alcanzar la libertad y la
realización cultural. Pero la realidad que aún no
alcanza a comprender el propio Kedourie es que
no es solamente una cuestión ideológica con
implicaciones políticas, sino que esta ideología
es la que construye a la “nación”, promovida
por las élites pro-Estado-nación, y constituye

51
La evidencia es que constituye una doctrina
basada en argumentos antropológicos y culturales,
en gran parte inventados o idealizados.
106
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

realmente la justificación ideológica que


necesita el Estado para obtener su propia razón
de ser como Estado nación.
El problema esencial del nacionalismo, desde el
momento en que categoriza a un ente ideal, la
nación, como “comunidad humana estable”,
que se supone “comparte cultura, tradiciones y
economía, a la cual correspondería un Estado”,
es que no deja de ser una idealización
difícilmente existente en el mundo real; su
etnocentrismo lo delata, lo que existe, y ha
existido siempre, son las comunidades humanas
más o menos homogéneas culturalmente, en
movilidad constante, y tratar de instalar
fronteras entre ellas, partiendo de elementos de
identificación cultural, es idealista, artificioso y
origen en la historia de prácticamente todas las
guerras, principalmente en toda la etapa
moderna y contemporánea. Siendo importante
la idealización de la nación, aunque no es lo
realmente trascendente, ya que lo relevante es
que tal ideología obedece a los intereses de las
élites para la consolidación y expansión de los
Estados, cosa que ocurre prácticamente desde el
siglo XVI. Por tanto, no es en la especulación
filosófico-cultural, sino en el plano histórico-
político donde debemos encontrar las
explicaciones del surgimiento y necesidad de
las naciones.

107
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

La cuestión de la consigna del derecho a la


autodeterminación de los pueblos/naciones,
entendido como derecho a la separación y
formación de Estados nación independientes,
tiene una relevancia central en la estrategia
política contemporánea. En el siglo XX y lo que
va del XXI aún sigue siendo la consigna clave
para “resolver” la cuestión nacional. Y esto es
decisivo, puesto que dicho principio, incluso
reconocido a nivel de la Sociedad de Naciones,
es alegado hasta la extenuación por el
nacionalismo étnico sin Estado, e
históricamente también por todos los
autoproclamados marxistas y revolucionarios.
La posición al respecto de E. Kedourie es muy
esclarecedora y brillante porque no se detiene
en la formalidad política, en la lógica liberal-
marxista. El argumento nacionalista dice: de la
misma forma que la libertad de los individuos
es un criterio esencial de la democracia, de
igual manera ha de aplicarse a la “suma de
individuos”, los pueblos/naciones. Este
planteamiento se basa en una dicotomía, porque
existen, como una categoría material y natural,
los individuos, los seres humanos, e incluso, el
conjunto de todos los humanos, que se podría
denominar humanidad; y existe además la
agrupación de seres humanos relacionados por
vínculos familiares, y las agrupaciones de

108
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

familias y seres humanos formando


comunidades, y agrupación de comunidades
formando comarcas, e incluso agrupaciones de
comarcas, que comparten una cultura común
(territorio, origen étnico, costumbres, lengua,
economía y psicología), con conciencia de ello,
o no; pero, -y esto es lo importante-, de tal
situación “natural” más allá de ese marco físico,
no se deduce La Nación o el Pueblo como
plantea el nacionalismo, entendido como
totalidad que abarca varios territorios en los
cuales, lógicamente, impera la diversidad -en
diferentes grados- de todos los atributos. Por
supuesto que existirán comunidades humanas,
unas con mayores dimensiones que otras, que
compartirán amplios territorios y una cultura
común, pero ello, no significa en absoluto que
debamos denominarlas Nación, eso es
sencillamente una comunidad, como ente
natural. La Nación, en el sentido moderno, tiene
un componente directamente político, es una
comunidad imaginada que solamente tiene la
finalidad de conseguir la ficción del ciudadano
común (del Estado nación), y alcanzar la
conformidad de la población de los territorios
sometidos, o a someter, por el poder del Estado.
Es una categoría política, no natural.
Las raíces filosóficas del concepto de
autodeterminación de las naciones ya han sido

109
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

explicadas con anterioridad, conforme lo


expresa Kedourie, lo que procede ahora es
comprobar su carácter reaccionario acudiendo
al análisis histórico político. Aunque este
concepto, en su forma literal o implícita, ya
había sido expresada desde la Revolución
Americana, según se recoge en la Declaración
de Independencia del 4 de julio de 1776,
alcanza en los inicios del siglo XX su expresión
contemporánea vinculada directamente a la
cuestión nacional como consecuencia de la I
Guerra Mundial del siglo XX. La posición de
Kedourie al respecto tiene justamente ese valor
al reconocer que el origen de la Primera Gran
Guerra tiene como causa un conflicto de
redistribución de fronteras entre Estados en
Europa ante el temor del Imperio
Austrohúngaro por la acción terrorista del
nacionalismo serbio; es decir, por un problema
nacional, en la forma, porque lo que realmente
se hace es romper el equilibrio de fuerzas entre
las potencias imperialistas, que aprovechan tal
circunstancia para tratar de mejorar sus
posiciones de dominio y fuerza en la
geopolítica del mundo de 1914, razón por la
cual los imperios austrohúngaro y alemán
pretenden una remodelación de zonas de poder
en Europa, y en el mundo. Abierto el conflicto,
este es aprovechado para intentar mejorar las

110
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

posiciones de las potencias imperialistas


occidentales, en primer lugar, EE. UU., y al
menos, no perder influencia por parte de
Inglaterra y Francia, como potencias mundiales
dominantes en el siglo XIX. En realidad, este
conflicto sirvió para definir mejor la
configuración de los Estado-nación
depurándose de entelequias absolutistas aún
persistentes en el corazón de Europa: de ahí
saldría la casi totalidad de la configuración de
los Estados actuales, sobre todo con Alemania y
Austria, diferenciados del resto de integrantes
de los imperios de origen. Es en este contexto
en que el imperialismo norteamericano y
aliados europeos, como vencedores de
conflicto, proponen un nuevo orden
internacional bajo determinados principios,
entre otros, el derecho de autodeterminación,
señalando que “no es posible la paz mundial sin
un reconocimiento del principio de las
nacionalidades”52. Con los famosos 14 puntos

52 En realidad, las bases del Estado-nación ya se


encontraban bien asentadas desde la “Paz de
Westfalia” de 1648, acuerdo suscrito entre todas las
potencias estatales militares y europeas de ese
momento después de la “Guerra de los Treinta
años”; y la “Guerra de los Ochenta años” entre la
monarquía hispana y los Países Bajos; todas ellas,
guerras de disputa de fronteras entre los Estados. Lo
111
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

que presenta W. Wilson en junio de 1918,


EEUU, como potencia imperialista mundial
emergente, lo que pretende es presentarse como
“árbitro” en los conflictos interestatales
nacionales bajo la demagógica bandera del
“principio de justicia para todos los pueblos y
nacionalidades y su derecho a vivir en iguales
términos de libertad y seguridad entre sí, ya
sean poderosos o débiles”53, pero en realidad
solo espera que la promoción de nuevas
fronteras y Estados le sean más favorables a sus
intereses estratégicos, quitándoselos a sus
rivales imperialistas europeos. No es una
cuestión de hacer valer principios democráticos
y liberales, sino de pura estrategia política de
poder. Curiosamente, desde el marxismo,
básicamente Lenin y Stalin, con idénticos fines
estratégicos, apoyan la consigna y la
promocionan en todo el mundo (Europa y

que viene a ocurrir luego con los tratados similares


de Viena, Versalles y Yalta-Potsdam, no son más
que nuevos episodios de redistribución de zonas de
influencia y del poder entre los Estados-nación
imperialistas, y que veremos reproducir igualmente
en el futuro por la actual disputa del poder mundial
entre China y aliados BRICS frente a los bloques
imperialistas decadentes de EE. UU., UE y Rusia.
53
Kedourie. Nacionalismo, Op. Cit. pg. 102.
112
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

colonias) bajo una definición de “nación”54 que


sería asumida por todos los colores políticos en
el mundo, en particular la izquierda y el
nacionalismo, y del consecuente derecho de
autodeterminación de pueblos/naciones,
esperando que, igualmente, y como potencia
social imperialista en ciernes, los movimientos
de liberación nacional acercaran el ascua a su
sardina. Bajo esta concepción, en realidad
aceptada por todas las potencias imperialistas,
se crea un mecanismo permanente que
cuestiona las fronteras, en función de si existe o
no un movimiento de liberación nacional (de
derechas o de izquierdas, da igual)55; y si no
existe, se crea, porque lo real es la adscripción
de tal movimiento a una determinada potencia
imperialista. Así ha sucedido en todo el siglo

54
En el Capítulo VI se trata con mayor detalle el
carácter oportunista de esta definición.
55
En este aspecto, es relevante insistir que el
concepto de nación (y nacionalidad) está
directamente relacionado con las necesidades de
cohesión ideológica de los Estados, en unos
momentos de la historia se apela a la “ciudadanía y
revolución”, y en otros a la nación étnico-cultural.
Tal es así, que incluso Hitler justifica su expansión
imperialista bajo la exigencia del derecho de
autodeterminación, refiriéndose precisamente a la
de los pueblos germánicos dispersos por Europa.
113
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

XX y lo que va del XXI. La prueba de ello es


que, tanto en la declaración de la Sociedad de
Naciones, después de la I GM, y más en
particular en la misma Carta de las Naciones
Unidas luego de la II GM, este principio es
reafirmado56.
La importancia que da Kedourie de poner al
descubierto las raíces filosóficas de la consigna
del derecho de autodeterminación es grande y
correcta. La prueba es que, en el Epílogo de la
primera edición de Nacionalismo, casi veinte
años después, ya por el año 1983, y en plena
polémica con el mismo Ernest Gellner y su
Naciones y Nacionalismo, vuelve sobre ella,
“obligado”, dice, por las críticas recibidas al

56
Artículo 1º de la Carta de las Naciones Unidas
establece el principio de “la libre determinación de
los pueblos”. Con ello se reafirma el principio
soberanista wilsoniano y, paradójicamente, se da un
avance importante a los procesos neocoloniales a
desarrollar después de la II GM, donde un
“principio” de libertad es usado demagógicamente
para la creación de un “rio revuelto” para que las
potencias imperialistas triunfantes y en ascenso
(EEUU y Rusia) procedan a rematar lo iniciado con
la I GM, renovando el “pacto colonial” anterior a
costa de aquellas potencias imperialistas decadentes
(Francia, Inglaterra), o perdedoras (Italia, Japón,
Alemania).
114
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

incluir a Kant en el árbol genealógico del


nacionalismo. Aclara a este respecto Kedourie:
“Lo que defiendo es que la idea de
autodeterminación, que está en el centro de la
teoría ética de Kant, se convirtiera en una
noción fundamental del discurso moral y
político de sus sucesores, especialmente Fichte,
y que esta teoría en manos de Fichte, la
autodeterminación del individuo llegó a
requerir la autodeterminación nacional”57. Muy
correcto.
También se adelanta aquí Kedourie a las
posiciones críticas de la corriente perennialista
posterior en la importancia de los antecedentes
etnicistas de la nación, según expresaba John A.
Armstrong, en Nations after Nationalism,
(1982). Lo que Armstrong hace -dice Kedourie-
es tratar de indagar en la historia de la
humanidad los factores étnico-culturales y la
persistencia de la llamada identidad étnica,
partiendo de su carácter básico, sólido,
duradero, y algo que precede con mucho a la
aparición de la doctrina nacionalista. La
posición de Kedourie, más correcta, es que la
identidad étnica no es algo inerte y estable, pues
a través de los siglos se convierte en algo
plástico y fluido, sometido a cambios y

57
Nacionalismo pág. 114.
115
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

revoluciones de largo alcance. Más adelante


concluye en que en el mundo moderno, con
todos los medios para la difusión de las ideas y
adoctrinamientos de las masas, es a menudo
más cierto afirmar que la identidad nacional es
el producto de una doctrina nacionalista, que la
doctrina nacionalista es la emanación o
expresión de la identidad nacional.
Respecto de la posición que plantea Gellner,
sobre todo en Naciones y Nacionalismo,
Kedourie la califica como “tentación
sociológica”, la inscribe como semejante a la
posición marxista, y con mucho fundamento,
como veremos en el punto siguiente, de hecho,
la caracteriza como una especie de
economicismo, de determinismo economicista
por el cual la economía rige todos los aspectos
de la sociedad58. A este respecto, -dice de la
posición de Gellner- “entiende que el
nacionalismo, como movimiento social, aparece
cuando la sociedad ya se encuentra en plena
industrialización. Para el marxismo el carácter y
contenido del discurso nacionalista carece de
importancia”. Es, en definitiva, entender al
nacionalismo como una consecuencia de lo que
Gellner llama industrialización, que no es más
que el desarrollo del capitalismo moderno, lo

58
Nacionalismo pág. 118.
116
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cual es contrario a lo que muestra la historia: en


Inglaterra o EE. UU. no existió un nacionalismo
de tipo étnico o cultural, y a su vez,
nacionalismos delirantes etnicidas se dieron en
Estados claramente industrializados, como la
Alemania nazi, Italia o Japón. La clave está en
que Gellner desconoce algo esencial, -cosa que
no dice expresamente Kedourie- que ni el
capitalismo, ni siquiera el Estado moderno,
crearon al nacionalismo como ideología, sino
que surge directamente del poder del Estado
desde el principio mismo de la Baja Edad
Media, de igual manera que el propio
capitalismo es una creación o hijuela del propio
Estado. Tanto EE. UU., como Inglaterra, son
ejemplos emblemáticos de Estados, que no
necesitaron crear movimientos nacionalistas
culturales, sino cívicos, basados más en el
“patriotismo” (defensa de la “patria común”),
derivada de un pacto convencional en forma de
“declaración de derechos” civiles y políticos
liberales, todo lo cual contradice las tesis
economicistas de Gellner.
En definitiva, el nacionalismo, como ideología
creada por intelectuales etnocentristas de
Europa -y que luego arraiga en el resto del
mundo- heredó lo que llama Kedourie un
determinado estilo ideológico de la política,
denominado por Heine como “fanatismo de la

117
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

voluntad”59, común a otras ideologías


etnocéntricas europeas modernas, y que
constituyen el nexo más significativo que une la
enseñanza kantiana de la autodeterminación y
el nacionalismo.
Pero el nacionalismo no es solamente una
ideología, es sobre todo una filosofía que se
nutre del idealismo, de la exacerbación de las
emociones y sentimientos más primarios y
subjetivos que podemos encontrar en el
liberalismo. Aunque se ha mencionado en otras
partes, y por muchos autores, la importancia del
romanticismo en la configuración de la filosofía
nacionalista del siglo XIX, sobre todo la del
tipo étnico, de raíz alemana, interesa ahora
profundizar en la correcta clarificación que
hace Kedourie. Nos recuerda que justamente el
nacionalismo “hace una demanda total al
individuo”60 pero que esa “demanda” guarda
relación con una idea “absoluta” de libertad,
como condición de la voluntad, que una vez
alcanzada, “garantiza la auténtica libertad y
felicidad”. Esta concepción nos lleva
directamente al voluntarismo, y en política se
proyecta en una visión “superhumana”, que no
puede sino terminar con el desprecio total de

59
Nacionalismo pág. 115.
60
Nacionalismo pág. 65 y ss.
118
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

otras vidas y culturas consideradas no


merecedoras de tal metafísica (de lo cual los
nazis dieron buen ejemplo). La raíz filosófica
eurocentrista de toda esta concepción, según
argumenta correctamente Kedourie, se
encuentra en las obras literarias de los
románticos, e incluso, en el ejemplo de sus
propias vidas, desarrollando una obsesión
metafísica que “tiende a desdibujar y a veces a
borrar enteramente el límite entre literatura y
vida, entre sueños y realidad”. Pero también, y,
sobre todo, esas tragedias individualistas y
emotivistas que guardaban relación con un
sentimiento de derrotismo y pesimismo en que
se encontraban las élites del poder en Europa
central, con una base de tipo histórico-política:
la humillación de Napoleón a Prusia y Austria.
Así, el romanticismo explota hasta el fondo la
naturaleza humana en cuanto a su capacidad de
provocar tanto horror como placer, amor y odio,
crueldad y ternura, todo ello, al máximo grado
conforme a una “existencia enaltecida
transformada y sobrehumana”. Dice Kedourie,
como conclusión: “el nacionalismo es la
expresión política de este deseo”61. Esta

61
Se refiere aquí Kedourie a una cita del historiador
alemán Meinecke sobre lo que el general Beck dijo
una vez en los años treinta, de Hitler: Este hombre
119
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

advertencia aclara la diferencia entre “la


política ordinaria y el delirio nihilista del
nazismo”. Es, en definitiva, el sentimiento que
el Estado alemán, en ciernes, necesitaba
popularizar para recuperar su capacidad de
acción, consolidación y expansión imperialista,
como se demostró luego en las dos guerras
mundiales del siglo XX.

3.3.3. Nación y Nacionalismo, según E.


Gellner, o el paradigma de la modernidad
más puro.

“El nacionalismo es una doctrina inventada en


Europa al comienzo del siglo XIX. Pretende
suministrar un criterio para determinar la
unidad de población adecuada para disponer
de un gobierno exclusivamente propio, para el
ejercicio legítimo del poder en el Estado y para
la organización justa de la Sociedad
Internacional.
Dicho en pocas palabras la doctrina sostiene
que la humanidad se encuentra dividida
naturalmente en naciones, que las naciones se
distinguen por ciertas características que
pueden ser determinadas y que el único tipo de
gobierno legítimo es el autogobierno

no tiene patria alguna”. (Kedourie, pág. 67).


120
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacional”.

Ernest Gellner

Ya hemos avanzado en el punto anterior la


piedra de toque por la cual es considerada por el
resto de los paradigmas explicativos del hecho
nacional en Gellner como “unilateral y
economicista”. Pero veamos lo que también
interesa, cómo son sus aspectos positivos y
aportaciones a una “teoría general del
nacionalismo”.
Hay una circunstancia relatada en la
introducción de Estado y Nación, incluida en la
recopilación de textos efectuados por John A.
Hall62, responsable de su edición, que pone en
valor las aportaciones de E. Gellner en la
configuración de un nuevo paradigma de
comprensión del nacionalismo. Parece claro
que después de la II GM la intelectualidad de
corte ideológico, político y social se quedó

62
Hall, John A. Estado y Nación. Ernest Gellner y
la teoría del nacionalismo. Cambridge University
Press. Madrid, 2000. Interesante ensayo que supone
una puesta al día de las tesis de Gellner sobre el
nacionalismo, incluyendo artículos de doce
pesadores de corrientes diferentes, como Miroslav
Hroch, Tom Narin, Charles Taylor, Roger Brubaker
y otros.
121
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

bastante colapsada por las implicaciones


“teóricas” de la gran guerra, de tal forma que el
mundo académico se quedó vacío de una
comprensión más ajustada a esa realidad, con el
hundimiento del paradigma dominante sobre el
Estado nación, bandera tanto del liberalismo,
del marxismo -y también del fascismo-; por
cierto, que dejaron sobre la tierra millones de
cadáveres, de militares, pero también, y
abrumadoramente, de civiles. Se “pensaba” en
1919 que otra guerra como la Primera no se
repetiría, dada su crueldad técnica, su
masividad e implicaciones poblacionales,
cuestiones desconocidas en conflagraciones
anteriores. Pero resulta que se repite la “misma”
guerra aún con peores consecuencias, y casi con
los mismos protagonistas. Ciertamente, los
teóricos sociales a la altura de la mitad del siglo
XX tenían muchas razones para estar muy
pesimistas con sus maravillosas teorías y sobre
todo prácticas relativas a la experiencia
histórica del “Fin de la Historia” del Estado
nación. Todas las ideologías dominantes de la
modernidad, fraguadas en los últimos 200 años,
(por liberales, marxistas, nazi-fascistas, y todos
los nacionalistas y estatolatras), se habían
quedado sin sustento, sin justificación,
indicando en realidad, más que el fin de la
historia, que diría Fukuyama, era el fin de la

122
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

modernidad. Se necesitaba entender, o más


bien, repensar el concepto mismo de nación y
su génesis ideológica, el nacionalismo, desde
un nuevo paradigma y que significaba una
profundización en la teoría del Estado y del
capitalismo. Este es el mérito de E. Gellner.
Para Gellner, son las propias condiciones del
capitalismo, para consolidarse y desarrollarse,
mediante el industrialismo (como éste lo define,
en que la época industrial, es entendida como
una Era), las que necesitan de la ideología
nacionalista que, por su carácter
homogeneizador cultural, facilitaría los
requisitos funcionales de unidad y movilidad
interna de la población sobre la base de un
mismo idioma, cultura, educación, bajo la
dirección del Estado moderno. Esta concepción
ha sido criticada, con bastante razón, como
funcionalista o constructivista. Pero en algunos
aspectos lleva toda la razón Gellner, el
desenvolvimiento del capitalismo requiere una
desarticulación de las comunidades naturales,
desde la familia, la comarca, dialectos e
idiomas diferentes, origen étnico e identidades,
por la sencilla razón de que lo que interesa al
capitalismo es homogeneidad, una masa de
esclavos que se puedan incorporar a los
procesos productivos similares a herramientas.
No es posible hacer funcionar una fábrica o un

123
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

aparato burocrático civil o militar, de millones


de personas que poseen identidades diferentes
entre ellas. Por ello, lo primordial que le
corresponde a la ideología nacionalista, es
promocionar y/o crear una cultura homogénea.
Y aquí es donde sitúa Gellner el papel del
Estado nación-moderno, homogeneizador de
conciencias: comenzando con el papel de la
educación, en que los niños y jóvenes entran
diferentes y salen pensando iguales; o el
ejército, donde se nacionaliza brutalmente a
toda la población incorporada al ejército sobre
la base ideológica del Estado nación, en que:
“Entran como campesinos y salen como
franceses”63. Lleva razón Gellner cuando señala

63
Citado en Weber, Eugen. Peasants into
Frechmen. The modernization of rural France
1870-1914. Se dice en la referencia de este texto
que Francia logró la unidad nacional mucho más
tarde de lo que comúnmente se supone. Durante
cien años y más después de la Revolución, millones
de campesinos vivieron como en un mundo sin
tiempo, su existencia es muy diferente a la de las
generaciones anteriores. Dice el autor que Francia
sufrió una verdadera crisis de la civilización en los
primeros años de la República Francesa, cuando
las actitudes y prácticas tradicionales se
derrumbaron bajo las fuerzas de la modernización.
Las carreteras y los ferrocarriles locales fueron los
124
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

el papel del Estado moderno en la promoción


de la ideología nacionalista sobre la base del
monopolio del poder, tiene en sus manos dos
instrumentos muy valiosos: la violencia
legítima y también la educación; pero su visión
es economicista, determinista, de forma idéntica
a como le sucede al marxismo, hace situar al
Estado y al nacionalismo como meras criaturas
del capitalismo, de la Era industrial, dice. Esta
postura constructivista o funcionalista contiene
dos errores importantes: uno, como ya hemos
dicho, el Estado existe antes que el capitalismo,
al que potencia y favorece; y dos, su “modelo”
no termina de encajar en la realidad, puesto que
el binomio Estado/Cultura no deja de ser
“teórico”, por tanto es imposible que se pueda

factores decisivos, que pusieron a las regiones


remotas e inaccesibles hasta ahora en fácil contacto
con los mercados y los principales centros del
mundo moderno. Los productos de la industria
inutilizaron muchas habilidades campesinas, y el
sistema escolar en expansión enseñó no solo el
idioma de la cultura dominante, sino también sus
valores, entre ellos el patriotismo. Concluye en que
Francia, nada menos que a la altura de 1914, es
cuando termina por convertirse finalmente en La
Patrie, lo que demuestra la resistencia campesina a
la política genocida uniformizadora del Estado
nacionalista francés.
125
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

aplicar en prácticamente ninguna realidad


territorial donde la diversidad étnica y cultural
existe sin resolución en todas las experiencias
de constitución de Estados nación conocidas,
incluyendo las cívicas, como EEUU o
Inglaterra, y todo el mundo capitalista-
imperialista occidental. En realidad, sucede lo
contrario, porque justamente lo que se
promueve, como táctica de “homogeneización”,
es la multiculturalidad, la diversidad, como
prueba de que los conflictos persisten y se
agudizan aún más con el tiempo, y con la
presencia de nuevas corrientes que pugnan por
el control ideológico de los Estados, como el
islam.
En lo que si lleva mucha razón Gellner es en la
caracterización de la ideología nacionalista con
su doble rasero: dice promocionar una cultura
genuina, popular, étnica y cultural, pero lo que
realmente hace es destruir las culturas
originarias, las costumbres, las lenguas, todo
rasgo cultural que no encaje perfectamente con
el “modelo” de cultura desarrollada, anónima y
de masas, que promociona e interesa al Estado
nación, como criterio básico de
homogeneidad64.

64
Gellner, Ernest. Naciones y Nacionalismo.
Alianza Editorial. Madrid. 2003. Pág. 161. Gellner
126
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Dos son las condiciones que define Gellner para


comprender su concepción de nación y
nacionalismo: la voluntad y la cultura. Voluntad
o aquiescencia, como factor importante en la
estrategia de formación de grupos, y la
“nación” no es más que una forma cualitativa y
cuantitativamente superior de grupo, del que se
requiere tanto la adhesión voluntaria, la
identificación, la lealtad y la solidaridad, como
el temor, la opresión y la coacción. En la
definición de la nación en términos de cultura,
parte Gellner de una realidad material y es que
las fronteras “unas veces están muy bien
definidas, y otras son muy difusas”. Ello se
debe a que “el mundo agrario no tenía la
posibilidad de ser tan nítido”, al contrario que el
“mundo industrial” que tiende a la
simplicidad65. Lleva razón Gellner al afirmar
que los Estados (o las élites pro-Estado) quieren

pone el ejemplo de Alemania en que en su fase


prenacionalista estaba formada por una
multiplicidad de comunidades auténticas, muchas
de ellas rurales; y la posnacionalista fue una
sociedad de masas y preponderadamente industrial,
concluyendo en que el nacionalismo predica y
defiende la diversidad cultural, pero de hecho
impone la homogeneidad tanto en el interior como,
en menor grado, entre las unidades políticas.
65
Gellner: Naciones y Nacionalismo. Pág. 79
127
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

(como voluntad) llevar sus fronteras hasta los


límites que consideran de “su cultura”. De ahí,
su concepto de que es el nacionalismo el que
engendra a las naciones, y no a la inversa66.

66
Dice al respecto: No puede negarse que
aprovecha (el nacionalismo) -si bien de una forma
muy selectiva, y a menudo transformándolas
radicalmente- la multiplicidad de culturas o riqueza
cultural preexistente, heredadas históricamente. Es
posible que haga revivir lenguas muertas, que se
inventen tradiciones y que se restauren esencias
originales completamente ficticias. Pero advierte
Gellner de un aspecto complementario: “Pero este
aspecto culturalmente creativo e imaginario,
positivamente inventivo, del ardor nacionalista no
capacita a nadie para concluir erróneamente que el
nacionalismo es una invención contingente,
artificial, ideológica…” (en referencia a la postura
de Kedourie). Pero aclara: Los retales y parches
culturales que utiliza el nacionalismo a menudo son
invenciones históricas arbitrarias. Cualquier otro
retal con su consiguiente parche habría servido
también. Pero de ello no puede deducirse, de
ninguna manera que el principio del nacionalismo
en así, al revés que los avatares que ha de pasar
hasta su encarnación, sea de algún modo
contingente y accidental.
El nacionalismo no es lo que parece, pero, sobre
todo, no es lo que a él le parece ser…Pese a todo
esto, y a diferencia de cada una de sus formas
128
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Pero también es ahí mismo en que deja su


unilateralidad y economicismo al descubierto,
puesto que no es el “nacionalismo” quien lo
hace, sino el Estado o proto-Estado. El
nacionalismo es una ideología para la
justificación del poder del Estado para un
territorio específico y una población concreta.
El error nacionalista consiste en identificar
como “cultura nacional” a la cultura propia y
específica de una comunidad humana concreta.
En realidad, esa “cultura nacional” es creada
utilizando “retales” e “inventos” del pasado.
Pero, sobre todo, es una decisión de las élites en
pos del Estado moderno, a fin de crear las
condiciones homogeneizadoras del “pueblo”,
entendido éste como el conjunto de los seres
humanos de los diferentes territorios a
nacionalizar (es decir, a incluir por la fuerza en
el ámbito territorial de tal o cual Estado), pero
sin que tales pueblos formen parte
específicamente de una comunidad cultural,
sino justo lo contrario, previamente se les ha
destruido o manipulado culturalmente.

específicas y de los disparates individualmente


diferenciadores que pueda preconizar, el principio
nacionalista en sí está profundamente arraigado en
nuestra condición actual, no es contingente en
absoluto y no se le puede negar fácilmente. Op. Cit.
Pág. 80.
129
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Las funciones que pretende alcanzar el Estado


con el nacionalismo parecen muy claras en
Gellner cuando señala aquellos objetivos
perseguidos en pos del Estado moderno67, tanto
para las élites europeas, como para el resto del
mundo, pues tal paradigma es asumido por las
élites locales de los países coloniales, en su fase
neocolonial. Todos los nacionalismos, y no
importa del color o tendencia política-
ideológica que sea, tienen en su programa
estratégico el paradigma del Estado moderno.
El historicismo y determinismo economicista de
Gellner, como factores limitativos de su
discurso, quedan en evidencia en su crítica al
“ideologicismo” de Kedourie, para el cual el

67
Imposición general de una cultura “moderna” a
una población que, en muchos casos se había
regido por culturas primarias. Difusión
generalizada de un idioma mediatizado por la
escuela y supervisado académicamente, codificado
según las exigencias de una comunicación
burocrática y tecnológica. Y todo ello a favor del
establecimiento de una sociedad anónima e
impersonal, con individuos atomizados
intercambiables…en lugar de una estructura
compleja de grupos locales previa sustentada por
culturas populares que reproducen local e
idiosincrásicamente los propios microgrupos. Op.
Cit. Naciones y Nacionalismo pág. 82.
130
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacionalismo era contingente. Para Gellner, sin


embargo, era un fenómeno histórico inevitable,
producto de las condiciones de “nuestra era
industrial”, como fenómeno, (y no como
doctrina, aclara). Dice: “el nacionalismo es
inherente a cierto conjunto de condiciones
sociales; y estas condiciones, casualmente, son
las de nuestro tiempo”68. En síntesis, el
esquema de los planteamientos de Gellner se
resume en que, por las condiciones del
desarrollo histórico, con advenimiento de la
sociedad industrial (capitalismo), se requiere de
una cultura, inevitablemente desarrollada y
homogénea, alfabetizada, para uniformizar a
una población que ha de ser dúctil al
funcionamiento de la sociedad industrial, y esta
cultura requiere de la protección de un Estado,
de un agente que mantenga el orden
generalizado. Lo que dice, siendo correcto de
forma aislada, se convierte en un discurso
erróneo en cuanto invierte los términos de la
realidad histórica, pues no es el advenimiento -
como necesidad histórica- del capitalismo el
que hace surgir la necesidad del nacionalismo
como ideología, sino es el desarrollo y
expansión del poder de los Estados, y del

68
Op. Cit. Gellner: Naciones y Nacionalismo pág.
162.
131
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

capitalismo, como una consecuencia.

3.4. Las tesis posmodernistas. Un desarrollo


complementario de la línea modernista.

La característica básica de la nación moderna


y de todo lo relacionado con ella es su
modernidad.

Eric J. Hobsbawm69

Es cierto lo que señala Anthony Smith en


cuanto a la cosmovisión posmodernista sobre la
cuestión nacional, en el sentido de que no
pretende establecer una “Teoría General del
Nacionalismo”, sino que se dedica más al
estudio de experiencias históricas concretas,
explicar hechos culturales y políticos
específicos, con independencia de la región de
que se trate. Pero de todo ello, se deducen
situaciones comunes relacionadas con los
enfoques tradicionales sobre la cuestión
nacional, así podemos encontrar la complejidad
de puntos de vista y situaciones que se prestan a
69
Las referencias principales referidas a Hobsbawm
son: Hobsbawm, Eric J, Naciones y Nacionalismo
desde 1780. Ed. Crítica. Barcelona. 2013. Y,
Hobsbawm, Eric J. La invención de la tradición. Ed.
Crítica. Barcelona. 2016.
132
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

estudio: Estados poliétnicos, fragmentación de


la “unidad nacional”, multiculturalismo, género
y construcción nacional, globalización,
supranacionalidad, etc. En general, tal enfoque
no cuestiona las tesis modernistas, sino que las
califican de insuficientes y unilaterales, pero sin
alcanzar los niveles que caracterizan a la
corriente perennialista.

3.4.1. Hobsbawm, el Nacionalismo y la


invención de la tradición.

E. Hobsbawm, como casi todos los intelectuales


de la última generación de pensadores sobre la
cuestión nacional, define sus posiciones sobre
la base de una revisión previa de otros
pensadores contemporáneos, como así hace
también A. Smith, o John Hall, y ello es bueno
porque nos permite ir contrastando todos los
puntos de vista de manera comparativa, y que
nos sirve para entender, como primera
conclusión, que la llamada cuestión nacional,
alcanza una complejidad tal que casi nadie se
atreve a denominar sus tesis como “teoría
general”; lo cierto es que, analizada como
aportaciones complementarias, nos aproximan a
una visión más amplia y compleja, y
relativamente correcta, de esta cuestión, al
menos en el momento presente, y que es de

133
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

gran utilidad a la finalidad de establecer un


marco estratégico de referencia70, superador, sin
lugar a dudas, de las tesis historicistas del
nacionalismo bajo las variables del liberalismo,
del marxismo y del fascismo.
Lleva razón Hobsbawm al mencionar la cita
famosa de Stalin, escrita en 191271 por la cual
se define la nación, pues es la referencia
esencial tomada como bandera por el
nacionalismo del siglo XX, y base del “derecho
de autodeterminación”:
“Una nación es una comunidad estable, fruto de
la evolución histórica, de lengua, territorio, vida
económica y composición psicológica que se

70
El texto de Hobsbawm, Naciones y Nacionalismo
desde 1780, pág. 12, nos aporta una buena relación
de autores y textos de referencia sobre la cuestión
nacional que han sido particularmente estudiados
por este, como Miroslav Hroch (Social
preconditions of matinal revival in Europe);
Benedic Anderson (Imagined communities); J.
Armstrong (Nations before nationalism); J. Breuilly
(John Cole y Eric Wolf (The hidden frontier:
ecology and ethnicity in an Alpine valley); J.
Fishman(Lenguage problems of devoloping
countries); Ernest Gellner (Nations and
Nationalism); y A. Smith (Theories of nationalism).
71
El marxismo y la cuestión nacional. J. Stalin,
1913.
134
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

manifiesta en una comunidad de cultura”.


Lo que explica, y demuestra, Hobsbawm, es
algo muy evidente, que los criterios que se
usan, todos ellos, son borrosos, ambiguos,
cambiantes, y por tanto inútiles. Lo cierto es
que, si aplicáramos estos criterios, incluso con
cierto margen de flexibilidad, nos darían más de
200 “naciones” en Europa con “derecho de
autodeterminación”. El carácter problemático
de la “nación” surge del empeño del
nacionalismo en todas sus versiones (liberal,
marxista y fascista) de buscarle un origen
histórico como fundamento de ese derecho,
cuando, tal y como hemos reiterado, es una
categoría ideológica establecida por el
nacionalismo para justificar al Estado moderno
y al capitalismo. El problema principal es
básico y esencial, lo que falla es el concepto
mismo de “nación”, que se da por ser o
constituir un hecho natural. Por supuesto que
han existido y existen comunidades humanas
que reúnen toda una serie de características
culturales comunes, eso no se discute, lo que se
discute es lo que viene después: la culminación
en el Estado cuando reúnan ciertos requisitos,
que son encorsetados por una definición previa,
con base real o imaginada. El debate real no se
da en las definiciones y demostraciones
históricas al uso, sino en dilucidar a quién

135
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

beneficia una definición tal de nación y con qué


objetivo. Ese es el verdadero debate. Por tanto,
todas las elucubraciones tratando de demostrar
elementos pre-nacionales, étnicos, lingüísticos
o culturales en tal o cual comunidad, no es más
que arena sobre los ojos. Solamente, desde la
teoría del Estado y del poder, se puede
comprender este fenómeno histórico-político-
ideológico del nacionalismo.
De hecho, el concepto de natío, entendido como
pueblo no empieza a adquirir la connotación
moderna hasta el siglo XVI (con el volk alemán,
pueblo=nación). El concepto de “nación”, con
anterioridad a la era moderna, no tenía las
connotaciones que se infieren de la definición
de Stalin, se referían genéricamente a un
territorio de origen, sin más. La ecuación:
nación = pueblo = estado, y especialmente
“pueblo soberano”, vinculado a un territorio,
tiene su origen en las revoluciones liberales
americana y francesa72. Con ello se inaugura la
“era de las naciones”, y a partir de ese momento
es cuando se construyen Estados nación en todo
el mundo, primero en su variante “cívica”; y
luego, principalmente, tras el derrumbe del
mundo colonial en el siglo XX, con los Estados
nación defendidos por el nacionalismo étnico

72
Hobsbawm 2013, Op. Cit. pág. 28.
136
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de los “pueblos sin Estado”, bajo el control y


dirección de las potencias imperialistas
neocolonialistas de turno, pero dejando al
tiempo un reguero de “naciones” sin Estado, en
virtud simplemente del encaje de la geopolítica,
o la redistribución de territorios entre las
potencias imperialistas en alianza con las élites
locales nacionalistas más poderosas. Como ya
hemos dicho, con un nacionalismo que ladra,
de nación oprimida, sufriendo auténticos
genocidios en algunos casos, kurdos y
armenios, y la represión pura y dura como
sucede en Europa con Irlanda del Norte,
Euskadi, Catalunya, Córcega Escocia, etc. Por
tanto, consignas como “el derecho de
autodeterminación” no dejan de ser un brindis
al sol en una situación de reparto de zonas de
influencia mundial en que nuevas “naciones” ya
no se contemplan, ni interesan, a los Estados
vigentes. El nacionalismo étnico que aún resta
por alcanzar un Estado nación en las regiones
neocoloniales, y aquellos que aún persisten
como nacionalismo interior en algunas
potencias imperialistas, como tal existen en
Europa, tienen muy escasas posibilidades de
incorporarse al estatus de los Estados nación,
salvo que se produzca una contienda
interimperialista que vuelva a recomponer el
cuadro de territorios a dominar, como ya hemos

137
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

mencionado, sucedió después de la I y II Guerra


Mundial, o situaciones concretas localizadas en
puntos estratégicos en disputa como ha sido la
extinta Yugoslavia o Ucrania y Crimea.
Es encomiable el análisis de situaciones
particulares que realiza Hobsbawm, pero su
historicismo y confusión respecto de la teoría
del Estado y del poder no le permite valorar
correctamente situaciones como el apoyo de la
izquierda al nacionalismo, en particular en
periodos de lucha antifascista y/o
anticolonialista73. Es cierto lo que dice, de
hecho, es una constatación, una evidencia, en el
sentido de que tal apoyo obedecía a los
intereses de la estrategia de la llamada
“izquierda internacional”; y sus referencias a
las posiciones tácticas de Lenin son ciertas,
desde que descubriera que la liberación de los
pueblos coloniales oprimidos era una
importante ventaja potencial para la revolución
mundial. No obstante, la situación táctica y
estratégica del nacionalismo antiimperialista es
más compleja, es básicamente oportunista, se
alía allí donde puede encontrar una situación
favorable para lograr su independencia. De
hecho, en la II GM muchos líderes
antiimperialistas “vieron en Alemania y Japón

73
Hobsbawm 2013, Op. Cit. pág. 158.
138
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

la manera de librarse de los británicos y los


franceses”74. Pero, de igual forma, a partir de
1945, el movimiento general hacia la
independencia y la descolonización se
asociaron indiscutiblemente con el
“antiimperialismo socialimperialista”. El
nacionalismo se presenta, así como un pastiche
que vale tanto para un cosido como para un
bordado, para todo, con la única condición de
que se le asegure un Estado en que las élites
aspirantes al ejercicio de un poder puedan ver
sus aspiraciones satisfechas. En su esencia, todo
nacionalismo es idéntico en sus formulaciones
ideológicas. La única diferencia es donde se
sitúan, aunque unos muerdan y otros ladren75.
Lo repito: son nacionalismos que muerden,
aquellos que han constituido un Estado y lo
defienden militarmente, y nacionalismos que
ladran, aquellos que pretenden disputar un
territorio a un Estado, para constituir otro
Estado, conforme a los intereses de las élites
locales. El nacionalismo sin Estado (o su
pretensión) no es nada, como un molusco sin
concha. Si tratamos de comprender la esencia
del nacionalismo, tendremos que concluir en
que -realmente- no existe diferencia esencial

74
Hobsbawm 2013, pág. 159
75
En la expresión de Hobsbawm.
139
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

entre el nacionalismo de “nación opresora” con


Estado propio, del nacionalismo de “nación
oprimida”, sin Estado, pues la situación se
revierte inmediatamente en cuanto se den las
condiciones históricas. Ha sucedido así en
Europa, pero más claramente en los Estados
neocolonialistas, un ejemplo emblemático es
Marruecos y Argelia, dos países que “lucharon”
por su independencia de la potencia colonial
europea (Francia), bajo los principios
ideológicos del nacionalismo árabe, o un
nacionalismo “socialista”, pero que
inmediatamente después, ya constituidos como
Estados independientes, han reprimido y
machacado con violencia a las “naciones
interiores”, como es el pueblo amazigh del
Sahara, Atlas marroquí o la Cabilia argelina.
Por ello, con independencia de las “buenas
intenciones revolucionarias”, la consigna
“wilsoniana-leninista” clásica del derecho a la
autodeterminación, en su formulación
estratégica para el nacionalismo, significa una
alianza con la potencia imperialista contraria al
Estado colonialista que las “oprime” para
alcanzar el fin último: el Estado. Pero para el
imperialismo y social imperialismo, tal
consigna es táctica, pues le va a permitir
debilitar a las potencias imperialistas rivales,
desgajándoles parte de los territorios coloniales

140
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

o neocoloniales. Sin comprender esto, no es


posible a su vez entender, por ejemplo, los
procesos de independencia de África en el siglo
XX, sobre todo después de 1950.
Existe otra aportación interesante de
Hobsbawm, básicamente de su texto La
invención de la tradición76. Tradiciones que
tienen que ver con símbolos, representaciones y
costumbres que el “pueblo” homogeneizado
asume como propio después que les son
servidas por las élites, de forma expresa o
casual; luego, el pueblo las memoriza como si
fueran trozos, retales o fragmentos de
costumbres de un pasado incierto, pero que
terminan siendo convertidas en un “todo
coherente” cargado de simbolismo, y en ello

76
Realmente la Invención de la Tradición es un
texto de varios autores, (Hug Trevor-Roper, Prys
Morgan, David Cannadine, Bernard S. Cohen,
Terence Ranger, y el propio Hobsbawm), que
realizan una muy interesante investigación concreta
de varias situaciones de “tradiciones” integradas ya
en la cosmología tradicionalista de determinados
Estados, y que ha resultado ser claramente una
invención, que luego es incorporada al acervo
histórico de la ideología del Estado nación para dar
coherencia cultural a sus señas de identidad
nacionalista, como determinadas vestimentas,
banderas, actos de caza, músicas, etc.
141
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

cabe de todo, desde baladas, costumbres


gastronómicas, leyendas y cuentos heroicos, a
la simbología y la arquitectura. Georges L.
Mosse77 explica con profundidad esta cuestión,
con la denominada creación del volk de los
nazis. Si en un Estado de tradición liberal
democrática muy antigua, como Inglaterra,
estas creaciones de cultura tenían el sentido de
dar coherencia a ritos y acciones culturales que
se orientan hacia la “identidad histórica”
inglesa, en Alemania, en el periodo nazi, esa
cultura etnicista agresiva (ya introducida desde
el siglo XIX), adquiere unas connotaciones
claramente orientadas a la supremacía racial y
cultural del superhombre, del volk alemán. De
hecho, se promueve por los nazis una nueva
estética (monumentalismo, simbología, arte,
pintura, música, desfiles, culturismo, naturismo,
etc.) que favorece la incorporación de millones
de personas, sobre todo a los jóvenes, como
masas homogeneizadas culturalmente,
dispuestas a la aventura de la prevista
expansión imperialista del Estado alemán.

3.4.2. Benedict Anderson y Las


Comunidades imaginadas

77
Mosse, George L. La nacionalización de las
masas. Ed. Marcial Pons Historia. Madrid 2005.
142
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

De hecho, todas las comunidades mayores que


las aldeas primordiales de contacto directo (y
quizá incluso éstas) son imaginadas.

Benedict Anderson78

Un reconocimiento importante a fin de valorar


al nacionalismo, como ideología, es la
constatación que hace B. Anderson en
Comunidades Imaginadas79, a diferencia del
liberalismo con Hobbes, Tocqueville, o el
marxismo -y variantes- con Marx o Weber,
respecto de que el nacionalismo no ha
producido jamás sus propios pensadores. Si lo
analizamos un poco, veremos que tiene una
lógica aplastante, pues, como ya hemos visto, el
nacionalismo es una “creencia” que afecta a
todas las ideologías de la modernidad
esencialmente estatistas. Ello explica que la
definición de “nación” y sus “derechos”, sean

78
Las referencias principales de Benedict Anderson
son sus textos: Comunidades Imaginadas.
Reflexiones sobre el origen y la difusión del
Nacionalismo. Ed. Fondo de Cultura Económica.
México 2000. Y, Bajo Tres Banderas. Anarquismo
e imaginación anticolonial. Ed-. Akal. Madrid
2008.
79
Op. Cit. B. Anderson, pág. 22
143
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sostenidas de forma común por el liberalismo y


el marxismo con la consigna wilsoniana-
leninista del derecho de autodeterminación de
las naciones/pueblos. B. Anderson, haciendo
gala de su corriente posmoderna cree haber
descubierto una nueva definición más exacta,
verdadera, cuando afirma: “nación es una
comunidad política imaginaria, inherentemente
limitada y soberana”80. Esta interpretación, que
es modernista, matiza sus acepciones más
radicales, como las de E. Gellner (de que el
nacionalismo inventa las naciones donde no
existen). En primer lugar, reconoce a la nación,
no como una comunidad natural, sino política,
por tanto, creada, aunque esa “política” esté
caracterizada por sentimientos de
compañerismo profundo y horizontal -o como
dirían los marxistas, interclasista-; luego, aplica
su concepto de “imaginada”, que no es tan
simple como literalmente parece. Para
Anderson el “ser imaginada” no supone su
falsedad o ilegitimidad, sino la forma en que
“es imaginada”, contando con que existe un
lenguaje histórico que la define (en la época
moderna), sobre la base de unas relaciones
previamente existentes (como redes
infinitamente extensas de parentesco y

80
Op. Cit. B. Anderson, pág. 23
144
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

clientela). Luego, también se imagina, “limitada


y soberana”. Esto es, que sus pretensiones
territoriales, sobre la base de esa “nación
imaginada”, ha de tener una frontera limitada y
una soberanía, conforme al concepto
implementado a partir de la Ilustración y de la
época de las revoluciones liberales. Si
contrastamos esta definición de nación81, con la
tradicional wilsoniana-leninista, observamos
como la de B. Anderson se corresponde con una
nueva cosmovisión, claramente fuera del
modelo modernista, mucho más correcta, con
limitaciones, ciertamente, pues sigue teniendo
en cuenta, como fundamento, una perspectiva
basada en un renovado “materialismo
histórico”, y por tanto, sesgado de
economicismo, adoleciendo de un claro
historicismo, aún muy lejos de una posición
más correcta desde el punto de vista histórico-
político, pero superadora, con mucho, de la

81
Conviene ver las dos definiciones, y así poder
contrastar mejor sus diferencias cualitativas: La
leninista de inspiración wilsoniana: “Una nación es
una comunidad estable, fruto de la evolución
histórica, de lengua, territorio, vida económica y
composición psicológica que se manifiesta en una
comunidad de cultura”. En relación con la de B.
Anderson: “nación es una comunidad política
imaginaria, inherentemente limitada y soberana”.
145
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

versión nacionalista-etnicista-economicista del


leninismo.
El determinismo economicista de A. Benedict
se pone en evidencia cuando trata de demostrar
los orígenes de la “conciencia nacional”82,
donde hace recaer los elementos principales en
la confluencia de dos factores: la tecnología
impresa y el capitalismo que la promueve, lo
cual, -dice-, “hizo posible la superación de la
diversidad de lenguajes en los territorios de la
comunidad imaginada, preparando el escenario
de la nación moderna”. Es cierto, pero falla en
este análisis el aspecto histórico-político
esencial, y es que quien empieza por expandir
la ideología nacionalista no obedece
directamente a las necesidades de desarrollo del
capitalismo, sino que es anterior a éste, y
atiende más directamente a las necesidades de
desarrollo del poder del Estado, culminando en
la forma ideológica de Estado nación de los
siglos XVIII y XIX, proceso que se inicia desde
los primeros momentos de la Baja Edad Media.
El análisis de clase del nacionalismo que hace
en los supuestos de Sudamérica y América
Central adolece de economicismo, pues no
existía en esas regiones en el siglo XVIII una
estructura de clases “europea”, porque la

82
Cap. III de Op. Cit. B. Anderson, pág. 63 y ss.
146
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cuestión esencial no consistía en la existencia


previa de un movimiento nacionalista “cultural”
forjado según el modelo europeo, en tanto que
el nacionalismo latinoamericano difícilmente
podría sustentarse en una base étnico-cultural
habida cuenta del inevitable mestizaje entre
europeos, nativos y negros procedentes de la
esclavitud. Lo que si había era una élite
“criolla” (y mestiza también) de ascendencia
básicamente europea, formada en Europa, o con
decisiva influencia ideológica de las
revoluciones francesa y norteamericana, que sí
entendieron perfectamente que la clave para el
desarrollo del poder era la constitución de un
Estado propio sobre la base, no del
nacionalismo étnico-cultural europeo, sino del
patriotismo de la “América para los
americanos” y “Francia para los franceses”. En
lo que lleva razón B. Anderson es en constatar
el hecho de que la idea de “nacionalidad” se
produjo en Latinoamérica antes que en la mayor
parte de Europa83, pero siempre con la
particularidad, o forma, del modelo de la
Revolución Americana de 1776 en que se

83
En un periodo ininterrumpido de 60 años se
produjeron todas las guerras de independencia en
América del sur, desde 1809 en Perú, hasta 1861 en
que se constituye la Confederación Argentina.
147
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

produce la Declaración de Independencia de


las llamadas 13 colonias.
Lo que viene a suceder en el siglo XX es la
implantación definitiva del Estado nación en
todo el planeta, de tal forma que no existe
ningún territorio que no se encuentre bajo el
poder de un Estado nación. Atrás quedaron
definitivamente los imperios de ascendencia
monárquica absolutista de los Habsburgo, los
Hohenzollern, los Romanov y el Imperio
Otomano, todos barridos de la Historia por la
conflagración antiimperialista de la I GM,
haciendo surgir la Sociedad de Naciones.
Proceso que queda rematado con la “marea
independentista” neocolonialista producida
después de la II GM, bajo el marco jurídico
internacional de la ONU, las naciones y el
derecho de autodeterminación, que marcan el
camino definitivo del dominio de este modelo
de Estado84.
El proceso de creación de los Estados nación
obedeció más a la correlación de fuerzas entre
élites locales, y sus respectivas alianzas con las
potencias imperialistas, al proceso de
transformación de las colonias en Estados
nación, con todo lo que ello implica de

84
En los años 70, las últimas colonias portuguesas
alcanzan la independencia.
148
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

establecimiento de un poder estatal, burocracia,


ejército y economía, a ejercer sobre una
población no homogénea culturalmente, en
territorios diferenciados, más que por sus
características étnicas o culturales. Tal
circunstancia histórica no podía por menos que
conducir hacia un caos humanitario, bordando
el genocidio permanente, como así ha sido.
África es el ejemplo emblemático de ello, pero
tal dislate se puede aplicar perfectamente a
otras regiones del planeta, como al “mundo
árabe” y Sudeste Asiático. Dice con entera
razón B. Anderson: “Con cada ensanchamiento
del Estado, crecía la multitud de sus peregrinos
internos”85.
Durante mucho tiempo me pregunté las razones
del por qué, para adquirir una conciencia
política de clase, en la perspectiva de una
revolución socialista, se requería de un cierto
trabajo de reflexión y análisis, al menos en
términos básicos sobre la base del materialismo
histórico y, sin embargo, para conectar con una
ideología nacionalista no hacía falta nada, sino
sentir el agravio de la sangre. Esto lo explica
muy bien B. Anderson86 cuando formula una

85
Op. Cit. B. Anderson, pág. 164.
86
Op. Cit. B. Anderson, pág. 200 y ss, Capítulo
VIII “Patriotismo y Racismo”.
149
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

pregunta que es esencial para forjar la fuerza


motriz de los Estados nación, para utilizar a la
población, y en particular, incorporar a la
juventud a los ejércitos: ¿por qué los individuos
están dispuestos a morir por estas invenciones?
(la nación imaginada). La respuesta está en que
el nacionalismo étnico-cultural, sobre todo, por
su propia naturaleza excluyente, pues se
reafirma como un “nosotros”, frente a un
“ellos”, los “propios de aquí”, ante “los que no
tienen nuestra identidad…y nos disputan
nuestra tierra…”, argumentos que llegan a tener
puntos de contacto en ocasiones con el racismo,
o abiertamente en otros (nazis). Lo cierto es que
las naciones inspiran amor, y a menudo un
amor profundamente abnegado, como dice
Anderson, y lo cierto es que mucha
responsabilidad la tiene la influencia intelectual
del romanticismo con todas las variantes
emocionales derivadas de las artes que
promueve, basadas en el sentimiento y la
identidad, mediante la poesía, la literatura, la
música y toda expresión artística útil87. La
apelación a los sentimientos va mucho más
lejos que al mero paisaje, tradiciones, recuerdos

87
Ya lo observamos antes en la obra de George L.
Mosse sobre la formación de la cultura de masas
nacionalista en la Alemania nazi.
150
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

gloriosos reconstruidos e imaginados, llega


hasta el mismo núcleo de nuestros afectos, a
nuestros padres y a nuestros hijos, como
vínculos naturales del deber y obligación. A la
familia, como núcleo natural básico de los
afectos, del amor desinteresado y la solidaridad.
La lógica es simple: si la nación es un ente
natural, como culminación de la comunidad
humana que comienza en la familia, el pueblo,
la aldea, la comarca…hasta alcanzar a la
nación, entonces le debemos la misma
dedicación, lealtad, solidaridad y entrega
sacrificada a ésta que a aquellas. Precisamente
por eso puede exigir sacrificios, como la vida
misma. Por ello, los nacionalistas y patriotas
pueden morir como héroes, por una Patria, sea
ésta un Estado nación opresor imperialista -y
con grandeza moral-, como dice Anderson, cosa
que no harían simplemente por un partido
político o una asociación. A este razonamiento
la izquierda no ha sido ajena, en todos los
conflictos bélicos en que ha participado (desde
la I Guerra Mundial, Guerra civil española, II
Guerra Mundial, etc.) las apelaciones a la lucha
hasta la muerte se basaban más en la defensa de
la patria, como lugar de supervivencia del
“pueblo”, y de la misma “familia”, que en la

151
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

conquista del comunismo88. Eran


indudablemente nacionalistas.

3.5. Las raíces de la “nación”. Las tesis


Primordialista/Perennialista. –

A pesar de que al paradigma modernista le


hayan salido múltiples detractores con las
corrientes primordialistas y perennialistas, sigue
siendo el análisis histórico político que mejor
comprende al nacionalismo como hecho
histórico político: es un fenómeno de la
modernidad. Los intentos de metanarrativas
alternativas basadas en especulaciones
sociobiológicas, antropológicas, étnicas y

88
Son elocuentes en párrafos de las últimas estrofas
de Último adiós, de Rizal cuando aguardaba su
ejecución…
Mi Patria idolatrada, dolor de mis dolores,
Querida Filipinas, oye el postrer adiós.
Ahí, te dejo todo, mis padres, mis amores.
Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía,
Amigos de la infancia, en el perdido hogar.
En ellos vemos, con gran dramatismo emocional, la
referencia a la familia directa (padres, hermanos,
amores) y los integrantes del “pueblo”, Filipinas,
(los “amigos de la infancia”). Todo ello, junto a “Mi
Patria idolatrada”. Citado por B. Anderson,
Comunidades Imaginadas, pg. 201.
152
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

culturales, han resultado paradigmas


inadecuados, incapaces de explicar -en toda su
compleja dimensión- el “hecho nacional”,
relacionado con el surgimiento del Estado
moderno y del capitalismo. Lo curioso es que
estas corrientes, en realidad, vienen a retornar a
las tesis más “modernas” del nacionalismo
cultural europeo, barnizando los viejos
argumentos de la “nación histórica” del primer
nacionalismo, con “nuevas elucubraciones”
etno-culturales basadas en supuestos análisis
concretos del mundo premoderno, donde tuvo
su origen la “comunidad humana estable” que
llaman “nación”: ¡la tesis wilsoniana-leninista,
al fin! Para muchos analistas de la cuestión
nacional, la corriente teórica del nacionalismo
denominada primordialista/perennialista89 no
solamente es la más reciente, sino que adquiere
relevancia porque se supone que hace una
réplica directa a las tesis de la ortodoxia
actual90. Es precisamente Anthony Smith el que
nos ofrece una relación sistematizada de estas
posiciones91, para la cual la nación no es como

89
A la que se adscriben autores como John
Armstrong y sobre todo Adrian Hastings.
90
Centrada en las obras sobre nacionalismo de
Hobsbawm, Breully, Gellner y Anderson.
91
Son los criterios esenciales señalados por A.
Smith en Nacionalismo y Modernidad pág. 61., para
153
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

alegan las tesis modernistas, una comunidad


cívica, política, sino una comunidad histórica,
que profundiza sus raíces en antecedentes etno-
culturales. Veamos esto con cierto detalle,
partiendo de que el núcleo de las diferencias
reside en determinar la fecha de comienzo,
desde la cual se derivan concepciones
completamente diferentes del hecho nacional.
En realidad, la corriente primordialista, y su
asociado ideológico, el perennialismo, por
mucho que escruten y rebusquen en las raíces
(etnia, cultura, raza, lenguaje, tradiciones), no

los Perennialistas:
- La nación es una comunidad etno-cultural
politizada, una comunidad que comparte ancestros
comunes y que busca el reconocimiento político
sobre esta base.
- La nación es persistente e inmemorial; su historia
abarca siglos, si no milenios.
- La nación hunde sus “raíces” en el tiempo y en el
espacio y se encarna en una patria histórica.
- La nación es una comunidad popular y
democrática, la comunidad del “pueblo” que
refleja sus necesidades y aspiraciones.
- Pertenecer a una nación significa poseer ciertas
cualidades. Es una forma de ser.
- Las naciones son un todo sin fisuras, con una
única voluntad y un solo carácter
- Los principios que subyacen a la nación son los de
los vínculos ancestrales la auténtica cultura.
154
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

son más que elaboradas y “actualizadas”


explicaciones de las tesis tradicionales del
nacionalismo, sobre todo, de su vertiente
étnico-cultural, y que han surgido como
reacción a las tesis modernistas de crítica al
nacionalismo, como ideología. De hecho, si
observamos con detenimiento, la clásica
definición wilsoniana-leninista está cargada de
primordialismo y perennialismo, “comunidad
humana estable…que comparte lenguaje,
cultura y psicología”. Es la denominada por A.
Smith, la teoría orgánica92, ya desarrollada por
la ideología del romanticismo alemán, contraria
en esencia al paradigma moderno, según la cual
el mundo se compone de naciones culturales, y
siempre así ha sido; las naciones son el pilar de
la historia y los protagonistas del drama
histórico; las naciones y sus caracteres son
organismos que pueden reconocerse fácilmente
teniendo en cuenta las diferencias culturales;
los miembros de la nación pueden perder, y a
menudo lo hacen, su conciencia nacional
cuando pierden su independencia; el deber de
los nacionalistas consiste en “despertar” a la
nación orgánica y devolver esa conciencia
nacional y esa independencia. En esta idea de

92
A. Smith en Nacionalismo y Modernidad pg. 262
y ss.
155
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

“nación”, la clásica nacionalista, la orgánica, la


étnico-cultural, la biología (relaciones de
parentesco, raza), y la cultura (lenguaje,
tradiciones, psicología) constituyen las bases
esenciales…/…que permanecen en el tiempo, el
vínculo “primordial” de la nacionalidad.
Sabemos de migraciones, conquistas, mezcla de
grupos étnicos, con mayor o menor intensidad,
en todos los territorios del mundo, por tanto,
esa referencia constante a la pureza identitaria
no es más que un reclamo a una mitología
sacada de retales de la historia, de creencias y
fantasías. Un mito no es una realidad histórico-
biológica. La pregunta que debe hacerse es por
qué se recurre al mito por parte de las élites -e
intelectualidad- partidaria del nacionalismo. El
mito del común origen étnico-cultural, de ese
compartir una historia común, cargada de
heroísmo y emotividad, de referencias a los
ancestros, etc., aporta “unidad de destino” y
“espíritu de sacrificio”, justo lo que necesita el
Estado para consolidarse y efectuar sus
funciones básicas del ejercicio del poder. De
hecho, el nacionalismo, cuando le interesa, no
ha dudado en apuntarse al saldo del “mito
nacional”, las experiencias históricas de guerra
y opresión entre pueblos originarios,
haciéndolos pasar como parte de una única
historia identitaria a reivindicar; el

156
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacionalísimo inglés se asienta en las luchas de


invasiones y poder entre pueblos diferentes
como bretones, anglosajones, daneses,
normandos…; la misma Francia, con luchas a
muerte entre galos y francos. En la Península
Ibérica, en el periodo histórico pre-romano se
disputaban el territorio pueblos totalmente
diferentes en etnia y cultura93. Hoy
consideramos “homogéneas”, como zonas etno-
culturales, las regiones territoriales de Galiza,
Asturias, Cantabria y Euskadi, pero si
profundizamos en algo más de 2000 años, para
el caso solamente de Euskadi (norte y sur, los
93
Familias lingüísticas de la península ibérica antes
de la romanización C1: Galaicos / C2b: Brácaros /
C3: Cántabros / C4: Astures / C5: Vacceos / C6:
Turmogos / C7: Autrigones-Caristios / C8: Várdulos
/ C9: Berones / C10: Pelendones / C11: Belos / C12:
Lusones / C13: Titos / C14: Olcades / C15:
Arévacos / C16: Carpetanos / C17: Vetones / C18-
C19: Célticos / C20: Conios / L1: Lusitanos / I1:
Ceretanos / I2: Ilergetes / I3: Lacetanos / I4:
Indigetes / I5: Layetanos / I6: Ilercavones / I7:
Sedetanos / I8: Edetanos / I9: Contestanos / I10:
Oretanos / I11: Bastetanos / I12: Turdetanos / G21:
Galos / G1: Griegos / P1: Fenicios/Cartagineses /
B1: Bereberes.
Ver más en:
https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Prehispan
ic_languages.gif
157
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

llamados 7 territorios históricos), vemos como


el debate se complejiza hasta el punto de que
aún hoy no existe, ni mucho menos,
unanimidad de criterio respecto a los pueblos
allí asentados, ni en que periodos94, lo cual hace
del todo imposible cualquier intento de
“encontrar” una única identidad étnico-cultural
más allá de elementos de idiomas-dialectos y

94

https://es.wikipedia.org/wiki/Vasconizaci%C3%B3
n_tard%C3%ADa#Tribus_prerromanas:
Según Ptolomeo:
Berones, de filiación celta o celtíbera, y
establecidos entre La Rioja, Álava y Navarra.
Autrigones, establecidos entre el río Asón y el río
Nervión y de filiación discutida, pero
probablemente indoeuropea.
Caristios, establecidos entre el río Nervión y el río
Deva en la actual Vizcaya y de filiación discutida.
Várdulos, que ocupaban la actual Guipúzcoa a
excepción del valle del Deva y del Bidasoa y de
filiación discutida.
Algunos autores defienden que várdulos, caristios y
autrigones eran de filiación vascona, mientras otros
opinan que eran de filiación indoeuropea o celta.
Además, debemos considerar a los Aquetanos
(suroeste de la Francia actual), Iacetanos (Aragón),
que comparten allí población con: vascones,
suessetanos, sedetanos, ilergetes y celtíberos
citeriores.
158
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

costumbres. Intentar, como hacen los


primordialistas, sacar conclusiones que puedan
justificar una unidad natural, y su expresión
política, en forma de un Estado, es meramente
un intento de pasar por verdad lo que es mito.
Hay un “núcleo” de verdad, pero que,
idealizado y exagerado, termina convirtiéndose
en una construcción ideológica justificativa del
Estado nación, y del capitalismo, como poder
político militar, asentado, eso sí, en una
comunidad imaginada.
Respecto del perennialismo, más
específicamente, supone un paso más allá del
nacionalismo étnico moderno, para éste, las
comunidades étnicas han existido desde
siempre, y se diferencia de las “naciones”
modernas en que éstas son “versiones puestas al
día de comunidades étnicas inmemoriales, bien
identidades colectivas que han existido, junto a
las comunidades étnicas, en todas las épocas de
la historia de la humanidad”95. Esta “teoría”
tiene una parte de verdad, pero la que tiene de
idealización del fenómeno étnico-cultural de la
nación, al generalizarlo, la deja totalmente
inservible como análisis teórico a considerar.
¿Cómo conciliar la conciencia nacional étnica
en la formación de los Estados nación cívicos,

95
A. Smith en Nacionalismo y Modernidad pg. 284.
159
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

como EE. UU., Francia o Inglaterra?, ¿qué


conciencia nacionalista tenía la mezcolanza de
inmigrantes europeos, o el campesinado francés
masacrado por la “Revolución”, hasta que no
fueron integrados mediante la “educación
nacional” al menos hasta la I GM96. Nadie
puede poner en duda lo que es un hecho
objetivo e histórico: la existencia de
comunidades humanas diferenciadas por
compartir una base más o menos étnica común,
un territorio, una cultura, un lenguaje, y que
además, deba ser defendido como criterio de
supervivencia de la comunidad, en forma de
libre determinación de su destino, pero de ello
no se deriva que su defensa consista
precisamente en “inventarse” una nueva
categoría de comunidad, “la nación”, y sobre
todo lo que conlleva: la creación de un Estado,
de un poder en manos de determinadas élites
locales, con sus respectivas alianzas
imperialistas y en un contexto económico y
social capitalista. Esa es precisamente la trampa
del lenguaje de la ideología nacionalista, en que
parece que defiende a la comunidad más
auténtica, pero en realidad es un discurso a
modo de “caballo de Troya” a través del cual
consigue manipular los sentimientos nobles y la

96
A. Smith en Nacionalismo y Modernidad pg. 290
160
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cultura del pueblo para ponerlo al servicio de su


proyecto antagónico específicamente moderno:
el Estado nación.
Por más que rebusquemos en la historia, como
tal se entiende hoy, las naciones no han existido
fuera de la época moderna. Los seres humanos
se han agrupado, en la instancia más próxima,
siempre a nivel local, villa, comarca, y más allá
de ello, compartían lo que se ha llamado
“lealtades colectivas”, como comunidades
religiosas, ciudades, imperios y reinos, todos
ellos de naturaleza cívico-política, no natural.
Por otra parte, es imposible que desde
situaciones de evolución étnico-lingüística-
territorial, a las que podamos denominar “pre-
naciones”, se hubiera evolucionado hacia “la
nación” moderna, y ello por la sencilla razón de
que precisamente las élites y los líderes que
elaboran proyectos para construir una nación
tendrían que hacerlo prescindiendo, en contra, y
negando la autonomía, la cultura, la lengua y
costumbres de esas comunidades básicas,
puesto que si por algo se caracteriza la nación
(y el Estado) es por la uniformidad de todas las
comunidades integradas -por la fuerza- en su
ámbito territorial de dominio, al que aculturan y
homogenizan por medio de la fuerza y la
educación ideologizada.
Un texto al que se debe hace especial referencia

161
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

es La construcción de las nacionalidades, de


Adrian Hastings97, por dos razones, una, porque
concreta las posiciones perennialistas más
puras, a las que enfrenta explícitamente a las
tesis modernistas, y dos, porque sus tesis han
venido en ayuda de las posiciones nacionalistas
etnicistas europeas. Sus tesis básicas,
explicitadas por Hastings mismo, son98:
1. La nacionalidad se crea a partir de una o más
etnias y el factor de “una extendida obra escrita
en lengua vernácula”, con independencia -pero
si con alguna relación- con la formación del
Estado, que la define en términos de: “Una
nación puede preceder o seguir a un Estado
propio, pero, ciertamente, éste le permite
adquirir mayor conciencia de sí misma”.
2. Una etnia es un grupo de personas con
identidad cultural y una lengua hablada
comunes. Constituye el mayor elemento de
distinción en todas las sociedades
prenacionales.
3. Una nación es una comunidad mucho más
consciente de sí misma que una etnia.
4. Una nación Estado es un Estado que se

97
Hastings, Adrian. La construcción de las
nacionalidades. Ed. Cambridge University Press.
Madrid 2000.
98
Hastings 2000, págs. 13-14.
162
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

identifica en función de una nación específica,


cuyos ciudadanos no se consideran simples
“súbditos” del soberano sino como una
sociedad con vínculos horizontales a la que en
cierto sentido pertenece el Estado. Hay así un
carácter identificativo entre el Estado y el
pueblo. De alguna manera la soberanía del
Estado es inherente al pueblo y expresa su
identidad histórica.
5. El nacionalismo es fuerte solo desde un
punto de vista particularista, cuando deriva de
la creencia de que su etnicidad o tradición
nacional es específicamente valiosa y necesario
defenderla casi a cualquier precio, mediante la
creación o ampliación de su propio nación
Estado.
6. La religión es un elemento integral de
muchas culturas, de la mayoría de las etnias y
de algunos Estados. La Biblia proporcionó, para
el mundo cristiano al menos, el modelo original
de nación.
Podemos comprender fácilmente las razones del
por qué las tesis esenciales de A. Hastings
tienen tanta aceptación en los ambientes
puramente nacionalistas de tipo etnicista, y es
porque están construidas sobre una tremenda
chatarra ideológica e ignorancia histórica.
Veámoslo de forma esquemática:
1. La nación, en realidad Estado nación, no se

163
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

crea a partir de una etnia, que luego pude dar


lugar a un Estado. Justo lo contrario, una cosa
son las comunidades que comparten elementos
étnicos, lengua y cultura, como comunidad
natural; y otra muy diferente el concepto de
“nación” que es cívico-político y que puede
tomar como justificación ideológica una base
étnica, o no, como realmente sucedió en todas
las primeras revoluciones liberales (Inglaterra,
EEUU y Francia), que si bien apelaban a la
“nación”, la población adquiría la condición de
“ciudadano”, en virtud de pacto o contrato
social. En ninguno de estos Estados nación
existió algo parecido a una étnica común de
base. No es la nación la que permite adquirir
conciencia de la necesidad de Estado, y éste a
su vez, mayor conciencia de nación. Al
contrario: es el Estado el que impone e imagina
la nación para homogeneizar a su población y
someterla al instrumento de poder que es el
Estado nación.
2. El siguiente punto, se refiere a una realidad
desconocida históricamente, las llamadas
“sociedades prenacionales”. Hay sociedades
preestatales, en su caso, pero lo contrario es
simplemente un invento interesado para planear
a posteriori la nación. El proceso histórico es: el
mundo europeo que sucede a la caída del
imperio romano, con la integración del

164
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cristianismo como ideología de poder, crea una


situación, al menos hasta el siglo XI, de poder
triangular, de comunidades con cierto nivel de
autogobierno, de nobleza menor y de nobleza
dominante, cuya característica es la
fragmentación de soberanías y territorialidades.
Esta situación llega, mediante un proceso de
guerras permanentes y concentración de poder
entre las noblezas dominantes, hasta, al menos,
la Paz de Westfalia (1648), cuando se
consagran los principios de soberanía y
territorialidad. De tal situación surgen los
Estados fruto de la acumulación de poder y
recursos por las monarquías que anteceden a
cualquier atisbo de “conciencia nacional”. Lo
que conoce Europa a partir de Westfalia es una
consolidación del poder del Estado, en primer
lugar, hacia el interior de los territorios donde
puede consolidarse. Es en tales condiciones en
que la máquina de Estado se encuentra en
situación de disputar el poder político y militar
al monarca y platearle una revolución de tipo
liberal. Y ese es el momento en que surge la
nación, es decir, con la época moderna.
3. Los puntos siguientes (3, 4 y 5) de la
posición de Hastings son más de lo mismo de lo
que plantean las tesis nacionalistas clásicas, que
tienen a Hegel y a Herder como máximos
exponentes de la justificación del Estado nación

165
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

y la supuesta base étnico-emocional en que se


asienta.
4. En el punto 6, introduce la novedad de la
función de la religión en la construcción de la
“conciencia nacional”99 y el modelo de la
Biblia. Nada relevante, pues Hastings no
comprende para nada la historia, es una
obviedad que todas las religiones míticas, como
tales, además de la pretensión universalista,
parten de la preexistencia de un pueblo elegido,
de la nación elegida, pero que esa idea de natio
no deja de tener más que una significación
simbólica que en nada se parece al concepto
moderno de “nación”, que es más la idea de
“pueblo”, en el sentido premoderno ambiguo y
místico.

3.6. La genealogía del pensamiento


poscolonial y decolonial.

El hecho es que la civilización llamada


“europea”, la civilización “occidental”, tal
como ha sido moldeada por dos siglos de
régimen burgués, es incapaz de resolver los dos
principales problemas que su existencia ha

99
En este punto debe recordarse que Hastings, en
realidad, profesional e ideológicamente fue un
religioso y profesor de teología.
166
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

originado: el problema del proletariado y el


problema colonial. Esta Europa, citada ante el
tribunal de la “razón” y ante el tribunal de la
“conciencia”, no puede justificarse; y se
refugia cada vez más en una hipocresía aún
más odiosa porque tiene cada vez menos
probabilidades de engañar.
Europa es indefendible.

Aimé Césaire100

Este apartado tiene un carácter complementario

100
Césaire, Aimé. Discurso sobre el colonialismo.
Ed. Akal. 2006. Madrid. Aimé Césaire, (1913-
2008). Con una trayectoria como poeta, pero
conocido por su vertiente política, nace en
Martinica, ingresa muy joven y milita en el PC
francés. En 1950 escribe el Discours sur le
Colonialisme, la tesis sobre la negritud, la desarrolla
básicamente, por lo que se entiende como la critica
poscolonial, siendo uno de sus más autorizados
iniciadores, tomado como referencia por reputados
teóricos del poscolonialismo como Samir Amin o
Frantz Fanon, grandes mentores del nacionalismo
anticolonialista -incluso europeo -por esa razón es
importante tener presente sus posiciones-, puestas
en valor ahora también por teóricos del
poscolonialismo como Edward Saïd y Gayatri
Spivak, y del decolonialismo como Aníbal Quijano,
Alejandro Vallega y Walter Mignolo.
167
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

a los anteriores relacionado más con la génesis


ideológica del nacionalismo y la nación, pero
creo imprescindible tratarlo en este texto
porque se le supone una relativa impugnación
del conjunto de “teorías” sobre la “cuestión
nacional”, por su carácter eurocentrista. Al
propio tiempo tiene actualmente una vigencia
en los postulados posmodernos propios de la
ideología de la multiculturalidad, o
directamente la reivindicación de la “mirada del
colonizado”.
Además de una notable influencia en ambientes
de pensadores occidentales, su presencia es hoy
importante entre la intelectualidad que inspira
movimientos políticos, culturales y militares en
Latinoamérica, (p.e. en el EZLN), aunque
también en el África negra, Oriente Medio y
Extremo Oriente. De hecho, se da un tipo de
especialización “teórica” entre aquellos
intelectuales que mejor desarrollan las tesis,
según cada enfoque y parte del mundo
poscolonial en que se especializan. Para centrar
mejor el posicionamiento, veremos las
referencias de la manera siguiente: en primer
lugar, una aproximación a las características
esenciales de las corrientes poscoloniales y
decoloniales, conforme las definen sus autores
más emblemáticos, Edward Saïd (la experiencia
de Oriente Medio) y Gayatri Spivak (la

168
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

experiencia de Extremo Oriente), por las tesis


poscoloniales, y Aníbal Quijano, Alejandro
Vallega y Walter Mignolo (la experiencia de
Latinoamérica), por la corriente decolonialista.
Luego, profundizaremos más en los
antecedentes teóricos fundamentales relevantes
de todas estas tesis: básicamente Aimé Césaire
(África negra), Frantz Fanon (África-Argelia) y
Samir Amin (Oriente Medio-África), que
además coincide en la propia cronología
histórica, a partir de la II Guerra Mundial.

3.6.1. Las tesis poscoloniales.

…lo que he pretendido decir es que “oriente”


es por sí mismo una entidad constituida y que
la noción de que existen espacios geográficos
con habitantes autóctonos radicalmente
diferentes a los que se pude definir a partir de
alguna religión, cultura o esencia racial propia
de ese espacio geográfico es una idea
extremadamente discutible.

Edward Saïd

Sus mentores intelectuales han descrito a las


tesis poscolonialistas como una “herramienta
crítica” capaz de plantearse en una situación
mundial actual de neocolonialismo (o

169
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

poscolonialismo), el dilema de constituir una


identidad nacional al despertar del yugo
colonial, por parte de corrientes de pensamiento
propias del mundo poscolonial, explícitamente
en oposición a la intelectualidad eurocéntrica
occidentalista”. Esta reflexión, que data de los
últimos 25 años, si bien se centran en el análisis
“después de la descolonización”, sitúan su
discurso en el momento mismo de la propia
colonización premoderna europea del siglo
XVI, hasta el siglo XX, básicamente en el
proceso de descolonización mundial, después
de la II GM.

3.6.1.1. Edward Saïd

Edward Saïd101 es el represente teórico quizás

101
Edward Saïd. 1935-2003. Fue un intelectual de
mucho renombre e influencia, no solamente en la
teoría poscolonial, sino, sobre todo, en la política de
Palestina. Aunque su vida profesional transcurre en
EE. UU., nace en Jerusalén, en el seno de una
familia árabe cristiana. Su padre adquirió la
nacionalidad estadounidense y su madre era
palestina, descendiente de cristianos-libaneses.
Según el propio Said, su familia se tuvo que
trasladar a un campo de refugiados en 1948 justo
antes de la captura de Jerusalén Occidental por parte
de fuerzas israelíes. Recibió su licenciatura en la
170
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de mayor relevancia de esta corriente, aunque


complementario de Gayatri Spivak; ambos
tienen enfoques similares, aunque estén basados
en experiencias intelectuales y personales
diferentes; el primero, sobre Oriente Medio y la
segunda, sobre la India.
Desde el punto de vista histórico-político, la
obra más importante de Said es sin duda
Orientalismo, publicada por primera vez en
1978. En resumen, lo que plantea Said es que,
en el mundo contemporáneo, con raíces en el
premoderno, con la expansión colonial europea,
domina el pensamiento histórico, político y
filosófico “dos concepciones del mundo”, la
Occidental y la Oriental. Este “hecho” lo
considera como una “invención de Europa”.
Oriente, es, por tanto, lo que no es el mundo

Universidad de Princeton en 1957, y su maestría y


doctorado en literatura inglesa de la Universidad
Harvard en 1960 y 1964 respectivamente. Ingresó a
la Universidad de Columbia como académico en
1963, y ahí dio clases de literatura comparada hasta
su muerte. En 1978 publicó Orientalismo, su obra
más conocida. Además, fue profesor en las
universidades de Harvard, Johns Hopkins y Yale, y
dio conferencias en numerosas universidades de
Norte América, Europa, África y Asia. La edición
consultada es: W. Said, Edward. Orientalismo. Ed.
Debate. Barcelona. 2016.
171
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

europeo-anglosajón; eleva esto además a un


plano epistemológico, es la forma en que
Occidente se define en contra de los valores
catalogados como orientales, pero no solamente
en un sentido “diferente”, sino subalterno,
inferior, incivilizado, ignorante, salvaje, inculto,
etc. Y en esta visión han participado todos los
intelectuales de Occidente, desde liberales a
marxistas, poetas y literatos. En definitiva, el
orientalismo es una cosmovisión que implica la
colonización conforme al estilo occidental que
pretende dominar a Oriente, dirigiendo y
explotando esas sociedades conforme al modelo
que Occidente ha considerado que le pertenece
por la condición inferior del Oriente, frente al
superior de Occidente, imponiendo para su
desarrollo histórico la experiencia europea,
política, económica, y conforme a una relación
desigual que niega la identidad de Oriente.
Pero no es el clásico economicismo al uso de la
explotación neocolonial de Oriente por
Occidente, sino que profundiza en conceptos de
dominación, que luego la versión decolonial lo
ahonda aún más. Se refiere a la “hegemonía
cultural”, como fundamento de durabilidad y
fuerza frente al orientalismo. Ello añade una
vertiente psicológica que ya tenía sus fuentes
principales en F. Fanon, como veremos más
adelante. Esta idea de supremacía cultural

172
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

eurocentrista la define como un concepto de


superioridad en los componentes europeos en
comparación a lo que no es europeo y que causa
que Oriente se vea en un retraso desde esta
perspectiva. El orientalismo se define así como
una forma concreta de opresión y explotación
de Occidente de los pueblos de Oriente. El
concepto neocolonial de opresión lo concreta
Said como un poder económico-militar en la
etapa colonial y un poder político-intelectual en
la poscolonial. “Orientalismo es una realidad
política y cultural”.

3.6.1.2. Gayatri Spivak102.

Adquiere como referencias teóricas lo que se ha

102
Chakravorty Spivak, nace en Calcuta el 24 de
febrero de 1942. Son sus especialidades
intelectuales la filosofía y la crítica literaria y más
conocida por ser la autora de un texto emblemático
de la corriente poscolonialista, ¿Pueden hablar los
subalternos? Además de ello, seguidora del teórico
deconstructivista Jacques Derrida, del cual hace
acopio de herramientas intelectuales en sus
presupuestos teóricos. Y como casi todos estos
intelectuales del “tercer mundo”, imparte como
profesora en la Universidad de Columbia, en
Estados Unidos y, además, una asidua
conferenciante en todo el mundo.
173
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

denominado “el otro Occidente”, es decir, sobre


todo el llamado pensamiento posmoderno. Se
reconoce a sí misma como influida por el
marxismo, el feminismo y la deconstrucción, de
la matriz Derrida. Un trío de ases, desde luego.
Pero desde la perspectiva de este ensayo lo que
interesa es evaluar sus aportaciones a la teoría
del nacionalismo-colonialismo-imperialismo.
Lo que podemos observar en ¿Pueden hablar
los subalternos?103 es, en primer lugar,
metodológicamente, que caracteriza su obra a
partir del concepto de intotalidad, que parte de
una "desconfianza sistemática, política,
estratégica e incluso autobiográfica hacia los
pensamientos y las culturas de la “totalización”,
del “monismo”. Es decir, una metacritica en la
que se incluyen cuestiones relativas a la teoría
literaria marxista, a la deconstrucción, al
psicoanálisis, a la crítica feminista o a la
didáctica de la literatura, en sus propias
palabras, a través de una especie bricoleur, esto
es, posición basada en un relativismo
epistemológico de base empiriocriticista con
gran aportación de la filosofía del lenguaje
como fundamento de la teoría literaria

103
Spivak, Gayatri. ¿Pueden hablar los
subalternos? El Cuenco de Plata Ediciones. Buenos
Aires, (2011).
174
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

poscolonial. Pero no es intención de que esta


definición tenga necesariamente un carácter
descalificatorio. Tiene aspectos positivos que
caben perfectamente en una nueva visión sobre
la cuestión nacional y del imperialismo.
Veamos por partes sus contribuciones
esenciales:
1. Método: Spivak se centra en el llamado
análisis del discurso colonial, partiendo del
supuesto de que, ante todo ha de conocerse
cómo se ha construido la Historia (la de hechos
y datos), pero también la literaria, el llamado
proceso de violencia epistémica, como la
construcción siempre interesada de una
representación, en el sentido político que hace
Edward Said en Orientalismo. Una narración o
un relato, escrito siempre desde un punto de
vista dominante, el occidental, y desde los
prejuicios y premisas de Europa o de las
potencias coloniales104.

104
Un ejemplo de ello lo tenemos en el texto
Nelson, D. Dana. Commons Democracy. Reading
the politics of participation in the early United
States. Ed. Fordham Univesity Press. New York
2016 (Ahora editado en español por Potlatch-
ediciones, con prólogo de Félix R. Mora y Esteban
Vidal). Spivak plantea que tales métodos histórico-
literarios son especialmente aptos para demostrar la
incertidumbre o la indeterminación entre la ficción
175
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Spivak plantea una especie Nueva


Hermenéutica105 para los “sin voz”, los
subalternos -identificados como el colonizado-,
a los que entiende también como elementos de
insurgencia o agentes de cambio. En ello
comparte igualmente ciertos aspectos del
discurso anticolonial de Frantz Fanon sobre la
base de la psicología aplicada al discurso
colonial y sus efectos en las mentes
colonizadas. Dice Spivak, con razón, que "el
imperialismo" es también un modo de contar el
mundo y, por tanto, "ignorar al subalterno", es
"continuar consciente o inconscientemente el

y la verdad, para revelar los entresijos narrativos


del relato histórico. Parte de un hecho manifiesto,
no es posible conocer una historia que no se ha
escrito, puesto que la existente es producto del
imperialismo y de las élites locales, sólo así sería
posible producir una nueva narración o historia
literaria, o, alternativamente, sólo así sería factible
la construcción de contrahistorias.
105
Los pensadores subalternistas pretenden hallar
una nueva manera de narrar la historia, que
prescinda de los grupos dominantes que han
monopolizado tanto el discurso histórico como las
ideas nacionalistas tras la independencia, y que
permita la adopción de un punto de vista diverso,
capaz de conducir la historiografía a un momento de
crisis.
176
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

proyecto imperialista". La cuestión


metodológica es importante para esta corriente
subalternalista, a fin de dar consistencia a la
crítica y a la historia poscolonial, por una razón
de peso: porque los textos y documentos de los
que disponen los investigadores han sido
escritos, conservados y ordenados por los
colonizadores o por las élites locales.
2. La crítica feminista y la posición poscolonial.
Es otro de los aspectos destacables de Spivak.
Sin mantener un análisis teórico y estratégico
correcto del todo, sin embargo, Spivak sostiene
claras diferencias con el feminismo
eurocéntrico. En efecto, Spivak es
extremadamente cautelosa con las tesis del
feminismo occidental y en varios de sus
trabajos manifiesta la sospecha de que algunos
modelos de crítica feminista pueden reproducir
inconscientemente prejuicios imperialistas. La
crítica literaria feminista, sostiene Spivak,
reproduce los axiomas del imperialismo, la
celebración de la literatura femenina europea -
especialmente en el ámbito anglosajón- y la
utilización de un creciente refinamiento teórico
para su análisis, solían ir acompañadas por una
aproximación condescendiente y
exclusivamente bibliométrica a la literatura "del
tercer mundo". Es una imposición cultural,
según el “modelo” de liberación de la mujer

177
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

feminista, sin atender lo peculiar y


extremadamente crítico de la situación de la
mujer en Oriente Medio y Extremo cuya
esencia particular en cada supuesto cultural es
totalmente específica, “subalterno, sin voz”.
Según sostiene Spivak, la aparición de la
"mujer del tercer mundo", en la crítica y en la
historia, reproduce el proceso colonizador y
paternalista, porque esas mujeres están
construidas y percibidas a partir de los patrones
y criterios del feminismo occidental. Para
enmendar esto no bastaría con señalar la
especificidad social e histórica de todos y cada
uno de los contextos que se dan en llamar
"tercer mundo", sino que habría que indagar la
producción y constitución (heterogénea) de la
mujer como sujeto: la posición histórica de la
mujer está determinada por dos formas de
dominación, el patriarcado y el imperio y, por
ello, tiene posiciones complejas, y
contradictorias como sujeto. Sostiene Spivak
que es imposible recuperar a la mujer
subalterna, y sería imposible hacerle hablar
desde el silencio impuesto por la historiografía,
porque el sujeto se constituye como tal en
virtud de las posiciones enunciativas que se le
permiten. El “modelo de liberación femenina”
propuesto por el imperialismo no puede ir más
allá del liberal burgués, y por parte de las élites

178
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

locales dominantes, por esa referencia tóxica al


nacionalismo primitivista, a unas tradiciones
inventadas que aún son más opresivas, basadas
en cuentos y leyendas ultra patriarcales de
origen religioso que las somete a la condición
de esclavas.
3. La fantasía nativista. Spivak llama de esa
forma al recurso cultural del nacionalismo
como arma de oposición al imperialismo, con
sus consignas de liberación estratégicas de la
nación, como la autodeterminación nacional,
que no dejan de ser ideas propias de esa misma
cultura occidental a la que se quiere resistir.
Sostiene que es precisamente “un producto” del
imperialismo, como modelos de resistencia
concebible en términos occidentales.
Así tenemos las características de este
nativismo como las alegorías nacionales, las
autobiografías simbólicas o la recuperación,
mediante la ficción literaria, de la comunidad
perdida o de la historia precolonial. Spivak
sostiene que estas fantasías nativistas no
contestan al imperio, sino que reproducen sus
vicios intelectuales. Un ejemplo de ello es el
concepto mismo de “tercer mundo”, que
adolecería del importante defecto de hacer
homogéneo lo heterogéneo, y de sesgar la
discusión o la reflexión teórica hacia problemas
invariablemente relacionados con el

179
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

nacionalismo o la raza. En este contexto, la


valoración entusiasta de todas las
manifestaciones culturales precoloniales, la
celebración indiscriminada de cualesquiera
prácticas indígenas, ya la denigración, también
vehemente, de todo lo que está asociado al
período de la colonización106.

106
Critica expresamente Spivak la continua
invocación del nativismo o la nostalgia de una
cultura reprimida idealizan un "origen" -siempre
presunto y perdido- y la posibilidad de que pueda
recuperarse en todo su esplendor y plenitud: no
conciben, en cambio, que la idea misma del origen
perdido, del "otro" que el colonizador habría
suprimido, sea una réplica de la visión que el
colonizador tiene de sí mismo. Ese pasado original
y esa cultura purísima constituyen, verdaderamente,
una herencia europea, o, si se prefiere, son una
imagen especular de Europa. Dice Spivak, el
argumento nativista reproduce una fantasía de los
orígenes que es puramente occidental: es decir,
reproduce, proyectada sobre la sociedad "perdida"
del otro, la fantasía europea sobre su propio origen.
A diferencia de lo sostenido por Fanon, que atribuye
a las literaturas postcoloniales esa función simbólica
e identitaria fundamental, Spivak sostiene que la
inversión del etnocentrismo implica la adopción
irreflexiva del principio de que la crítica al
imperialismo, por sí misma, "restaurará la
soberanía y la identidad perdida de las colonias".
180
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

3.6.2. Las tesis decoloniales. -

Podríamos caracterizar a las tesis denominadas


por la decolonialidad (o decolonialismo), como
complementarias a las ya referidas de
poscolonialismo. Pero tiene sus matices
importantes, las tesis poscoloniales tienen su
matriz en Fanon y Aimé, con una orientación
clara en la experiencia histórica del
colonialismo occidental, según el modelo
aplicado a África, Oriente Medio y Extremo
Oriente por las potencias colonialistas
dominantes desde el siglo XVI, España,
Portugal Gran Bretaña y Francia, con mayor o
menor presencia en aquellos territorios, según
cada coyuntura histórica.
Sin embargo, las tesis decolonialistas se centran
básicamente en Latinoamérica y se remontan,
no ya a la expansión de los imperios europeos
de la Baja Edad Media, sino al mismo momento
de la colonización de América en el siglo XVI,
luego del genocidio indígena. Por tanto, su

Nostalgia por el origen perdido no es una


característica propia del nativismo y del
indigenismo en la situación colonial o postcolonial,
o el resultado de la acción imperial: es también un
rasgo propio del ideario nacionalista y de la
literatura nacionalista europea.
181
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

aplicación contextual se da principalmente en


los movimientos emergentes indigenistas
latinoamericanos. En términos académicos, se
define a esta corriente como "opciones
analíticas y prácticas que se enfrentan y se
desvinculan de la [...] matriz colonial del
poder"107; también ha sido referida como una
especie de "pensamiento en la exterioridad
radical"108.

3.6.2.1. Aníbal Quijano109.

107
Mignolo, Walter. The Darker Side of Western
Modernity: Global Futures, Decolonial Options.
Duke University Pres.
108
Vallega, Alejandro Arturo. Latin American
Philosophy from Identity to Radical Exteriority.
Indiana University Press.
109
Quijano, Aníbal (2000). Colonialidad del poder,
eurocentrismo y América Latina. Recogido en la
Colección Aníbal Quijano. Cuestiones y Horizontes.
Antología esencial. De la dependencia histórico-
estructural a la Colonialidad/Decolonialidad del
Poder. Buenos Aires: CLACSO, 2014.
Breve reseña biográfica: nace en Yanama, provincia
de Yungay, Departamento de Áncash, 1930-Lima,
31 de mayo de 2018). Hasta 1995 fue profesor en la
Universidad Nacional Mayor de San Marcos, y
desde 1986 profesor de la Universidad de
Binghamton, Nueva York, Estados Unidos. En 2010
fundó la cátedra “América Latina y la Colonialidad
182
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Es quien más ha desarrollado esta tesis. El


concepto clave es la llamada matriz colonial del
poder. Puede definirse como "la lógica
subyacente de la fundación y despliegue de la
civilización occidental desde el Renacimiento
hasta hoy”. Es decir, por matriz colonial
debemos entender tanto el colonialismo
europeo del siglo XVI, como la situación del
neocolonialismo, una vez alcanzada la
independencia formal, incluyendo la fase del

del Poder”, en la Universidad Ricardo Palma, en


Lima. También fue profesor en la Universidad
Nacional Autónoma de México (UNAM) en el año
1974 durante un exilio. Las notas biográficas lo
definen como sociólogo y teórico político peruano.
Gran parte de su vida intelectual la realiza en la
docencia, aunque tiene una proyección política,
sobre todo en su juventud, de clara orientación
marxista y mariateguista como toda la izquierda
peruana (en referencia a José Carlos Mariátegui, que
nace en La Chira, Moquegua, el 14 de junio de
1894, y muere en Lima, Perú, el 16 de abril de
1930), fue marxista leninista nacionalista, puesto
claramente de manifiesto en su obra clásica 7
ensayos de interpretación de la realidad peruana, y
fuente de inspiración del acervo doctrinal marxista-
leninista-maoísta-nacionalista del Partido
Comunista del Perú, más conocido como Sendero
Luminoso, del histórico dirigente Abimael Guzmán.
183
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

imperialismo y la globalización mundial actual.


Esta matriz produjo y mantiene una
discriminación que puede ser calificada tanto de
nacional, como racial, étnica y antropológica.
Es una confrontación continua y una
desvinculación del eurocentrismo: la idea de
que la historia de la civilización humana ha sido
una trayectoria que se apartó de la naturaleza y
culminó en Europa, y que también las
diferencias entre Europa y fuera de ella se
deben a diferencias biológicas entre razas, no
historias de poder110.
Recoge, en cierto sentido, la inquietud
epistemológica que ya hemos visto en Spivak,
así el concepto de decolonialidad viene a ser un
sinónimo de "pensar y hacer" contra el
eurocentrismo, pero acentuando la lógica de la
llamada civilización occidental, su discurso
civilizacional y su epistemología. De forma
directa ha de entenderse como una relación de
dominación directa, política, social y cultural
establecida por los europeos.
Esto significa que la decolonialidad se refiere a
enfoques analíticos y prácticas
socioeconómicas y políticas opuestas a los
pilares de la civilización occidental: la

110
Quijano, Aníbal (2000). Op. Cit. Colonialidad
del poder, eurocentrismo y América Latina.
184
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

colonialidad y la modernidad. Esto hace que la


decolonialidad sea un proyecto tanto político
como epistémico111. De hecho, lo que se quiere
significar es una ruptura radical con la matriz
eurocéntrica partiendo desde los mismos
conceptos básicos del propio pensamiento, a los
principios, fundamentos, extensión y métodos
del conocimiento humano, como tal se define la
epistemología. Supone la negación de la validez
universal del pensamiento llamado “occidental”
como estrategia de lucha contra la dominación
decolonialista, desvinculándose de la matriz, de
los legados propios de la colonialidad.
Esta corriente, como ya hemos señalado antes,
debe ser importante referirla porque se
encuentra en las bases teóricas y doctrinales de
los movimientos indigenistas latinoamericanos
como la autonomía indígena o el mismo
autogobierno zapatista, y, por tanto, es esencial
tener un punto de vista en la perspectiva de la
revolución mundial integral. Se supone que
desde este nuevo paradigma se puede plantear
la liberación de los pueblos de la colonialidad
alcanzando el objetivo declarado de buscar la
“liberación social de todo el poder organizado
como desigualdad, sin discriminación,

111
Mignolo, Walter. (2007).
185
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

explotación y dominación”112.
Como nota metodológica, es procedente, en
este caos filosófico y del lenguaje, distinguir, en
sus propias determinaciones, los matices que
existen entre las corrientes poscoloniales y
decoloniales, en relación también con los
conceptos de modernidad y posmodernidad. La
visión decolonial va más allá de lo poscolonial,
a la que se califica de “proyecto de
transformación académica dentro de la
academia”113 y su práctica va orientada a los
procesos de oposición de los denominados
“personas de color” (referencia a Aimé
Césaire). Además, existe otro factor histórico
que se destaca: la decolonialidad es anterior,
precede a la poscolonialidad, pues surge en su
matriz en el mismo momento del hecho colonial
de América en el siglo XVI. Y, Además, para la
Decolonialidad, persiste en esencia el
colonialismo, que con la descolonización no
desaparece, solo cambia de forma pues
mantiene sus valores (socioeconómicos,
raciales, y epistemológicos)114.

112
Quijano, Aníbal 2007: Coloniality and
Modernity/Rationality. Cultural Studies.
113
Mignolo, Walter 2007: Delinking. Cultural
Studies.
114
Como referencias actuales a la programática
decolonial podemos relacionar: zapatistas del sur de
186
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

La cosmovisión decolonial parte de una crítica


a la modernidad occidental, para buscar
libertades cada vez mayores desafiando el
razonamiento detrás de la modernidad, ya que
ésta es, de hecho, una faceta de la matriz
colonial de poder. La posmodernidad es
igualmente la falacia europea, pues reproduce
lo esencial de la modernidad, esto es: el
racismo, el sexismo, el ecocidio, el etnocidio y
el genocidio. Por tanto, en lugar de criticar los
terrores de la modernidad, el pensamiento y el
hacer decolonial, critica a ésta, y a la
racionalidad eurocentrista por el "mito
irracional" que ocultan115. De este modo, los
enfoques decoloniales buscan "politizar la
epistemología a partir de las experiencias de
aquellos en la 'frontera', no desarrollar otra

México, movimientos indígenas para la autonomía


en toda América del Sur, incluyendo CONFENIAE
en Ecuador, ONIC en Colombia, el movimiento
TIPNIS en Bolivia y el Movimiento de
Trabajadores Sin Tierra (MST: Movimento dos
Trabalhadores Sem Terra) en Brasil. La reciente
organización transnacional de una coalición de
pueblos indígenas en la forma del movimiento Idle
No More es otro ejemplo más de la programática
decolonial.
115
Mignolo, Walter 2007: Delinking.
187
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

epistemología de la política"116.
En resumen, como dice A. Quijano, la
estructura del poder fue e incluso continúa
siendo organizada en y alrededor del eje
colonial, la descolonización no eliminó la
colonialidad, simplemente transformó su forma
externa. Hay que reconocer en las tesis
decoloniales una gran ambición y radicalidad,
pues se plantean la revolución, tanto en la
esfera de lo político, como en lo
epistemológico, en el discurso global de la
cosmovisión eurocentrista.
Pero es justamente en este punto de sus
posiciones, en palabras del propio A. Quijano
donde encontramos las fallas principales de su
discurso. Dice: “reconocer que la
instrumentalización de la razón por la matriz
colonial del poder produjo paradigmas de
conocimiento distorsionados y echó a perder las
promesas liberadoras de la modernidad y, por
ese reconocimiento, darse cuenta de la
destrucción de la colonialidad global del
poder”.
Si extraemos de este discurso posmoderno su
esencia, viene a decir que “el poder colonial”,

116
Laurie, Timothy Nicholas. «Epistemology as
Politics and the Double-bind of Border Thinking:
Lévi-Strauss, Deleuze and Guattari, Mignolo».
188
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

sin distinción de cada fase histórica, produce


paradigmas distorsionados, que viene a
significar que existe una base correcta, pero un
enfoque confuso, de las llamas promesas
liberadoras de la modernidad. Y la pregunta
es… ¿desde cuándo la modernidad ha
significado “promesas liberadoras?”. En
síntesis: reformismo modernista.

3.7. Los fundamentos “teóricos” de la crítica


eurocentrista: Aimé Césaire. Frantz Fanon.
Samir Amin.

Aún a riesgo de caer en cierto academicismo


pedagógico, es conveniente incluir las
referencias esenciales sobre la obra de los
intelectuales que mayor transcendencia y
reconocimiento han tenido en las tesis
eurocentristas y en los procesos de oposición
política-militar desde los principios de los años
60 del siglo XX, principalmente en el mundo
africano, pero que también tuvieron influencia
en las tesis poscoloniales y decoloniales.

3.7.1. Aimé Césaire, los iniciadores de la


ideología anti-neocolonialista. -

Veo claramente lo que la colonización ha


destruido:

189
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

las admirables civilizaciones de los aztecas y


de los incas…
Europa es responsable frente a la comunidad
humana
de la más alta tasa de cadáveres de la historia.

Aimé Césaire

Existen cuatro pequeños textos de Aimé


Césaire que reflejan nítidamente su
pensamiento, y nos dan la medida de su
influencia en todas las corrientes
poscolonialistas, recogidos todos ellos en el
texto ya citado y son: Discurso sobre el
colonialismo (1950); Cultura y colonización
(1956); Carta a Maurice Thorez (1956); y
Discurso sobre la negritud. Negritud, etnicidad
y culturas afroamericanas (1987). Haremos una
referencia a todas ellas, pero insistiendo en la
primera, sin duda, la más emblemática.
El discurso de Aimé Césaire está narrado en
clave poética, por eso impacta. Antes que un
análisis histórico parece una tremenda bronca, y
su indignación es justa, la acción del
colonialismo europeo iniciado en el siglo XVI
por las monarquías europeas en su expansión
mercantilista e imperialista, continuado en el
siglo XIX, a pesar de la descolonización, y
acentuada en el siglo XX, con el imperialismo

190
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

globalizado, ha producido unos efectos de


opresión y explotación devastadores en los
seres humanos indígenas y al medio natural de
aquel continente, sin duda irreparable. El
genocidio allí no puede negarse, y el total
derecho de los pueblos americanos de rebelarse
y hacer la revolución, se justifica. Pero ese
discurso profundamente agrio y dramático,
heredado luego por el propio Frantz Fanon, no
tiene orientación teórica correcta, ni permite
una estrategia verdaderamente de cambio
revolucionario. Y eso por una cuestión básica:
hace abstracción del poder y del Estado, lo que
es sustituido por una referencia genérica a
“Europa”. Dice, sencillamente: “Europa es
indefendible…Lo grave es que “Europa” es
moral y espiritualmente indefendible”. Al no
distinguir entre los pueblos europeos, que han
sufrido y sufren la zarpa de sus propios Estados,
de las élites que los dirigen y se aprovechan del
poder para efectuar ese proceso histórico de
expansión, aplicando el colonialismo-
neocolonialismo, desde el siglo XVI hasta el
XXI. Es curioso observar como la matriz
modernista abarca todo este pensamiento, igual
que Fanon, tiene un origen doctrinal en el
marxismo y ambos muy deudores del mismo
Lenin, con su tesis aún “en vigor” con las
actualizaciones pertinentes, del “imperialismo,

191
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

fase superior del capitalismo”, que vemos en


continuas referencias en todos los análisis
nacionalistas “revolucionarios” del llamado
“Tercer Mundo”. Ningún texto ha tenido, sin
aún citarse, tanta influencia, desde la Tercera
Internacional, hasta los actuales analistas
políticos, como I. Wallerstein. En definitiva,
economicismo y estatismo, en eso se resumen
sus anhelos, al negar lo esencial y positivo de la
cultura occidental, tanto la culta como la
popular, la cosmovisión del amor, desde
Sócrates a Cristo y la pasión por la libertad. En
realidad, si quitamos de su discurso la crítica
etnicista, solo nos quedamos con el objetivo de
alcanzar para sí, para las élites de las clases
medias “poscoloniales”, que son aquellas a
quienes representan estos intelectuales, el
ansiado Estado independiente propio, moderno
y capitalista, como la práctica ha señalado de
forma reiterada, pero además en su forma
neocolonialista, inevitablemente.
El análisis de la historia es auténtica chatarra
teórica en el mejor estilo marxista: “La
burguesía, como clase, está condenada, lo
quiera o no, a cargar con toda la barbarie de la
historia, con las torturas de la Edad Media y
con la Inquisición, con la razón de Estado y con
el belicismo, con el racismo y con la esclavitud,
en resumen, con todo aquello contra lo cual

192
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

protestó, y en términos inolvidables, en la época


en que, como clase al ataque, ella encarnaba el
progreso humano”. No tiene desperdicio.
Comparte un análisis de “clase” fuera del
tiempo y de la historia, la “burguesía” como
concepto economicista de definición de capa
social se le hace responsable de hechos en que
no tenía condiciones de poder realizar. Las
referencias al racismo y esclavitud son
igualmente retóricas: ni era lo esencial la
esclavitud en la política colonialista europea del
siglo XVI, ni el racismo existía como doctrina
en ese entonces. Son ideologías modernas que
no tenían vigencia en aquella época. El racismo,
derivado del término “raza”, empieza a
conocerse como ideología a partir de los años
30 del siglo XX (en particular, en 1933 en
Alemania) aunque su noción ya venía
considerándose desde mediados del siglo XIX
en el sentido moderno del término. La obsesión
“tercermundista”, profundamente interclasista,
por cierto, de impugnación del eurocentrismo
como “fuente de todos los males”, le lleva a
intentar “cerrar el paso” a ese acervo cultural-
capitalista europeo por la puerta de delante,
pero deja completamente abierta la trasera por
la que se le cuela el verdadero enemigo, el
Estado.
El discurso anticolonialista, en general, ofrece

193
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

una versión unilateral del fenómeno de la


esclavitud que requiere una aclaración. Desde
luego, es un hecho complejo y existente en toda
la historia de la Humanidad. Los seres humanos
han sido utilizados, tanto como mano de obra
barata en tareas productivas, como servicio
doméstico y, además, como fuerzas militares.
Fundamentalmente, procede esta “institución
desde la antigüedad; todos los imperios han
usado esclavos, en Grecia y Roma eran
auténticas instituciones, y los imperialistas
musulmanes en su expansión por Oriente
Medio y Europa los usaban para todo tipo de
fines (económicos y militares), y lo mismo las
monarquías cristianas europeas después del
siglo XV, los Estados americanos de sur, los
Estados nación surgidos en el siglo XIX, de
forma idéntica, en África, Oriente Medio y
Extremo Oriente. Y, a pesar de su formal
extinción, en la actualidad, también (ver el
artículo de Esteba Vidal “El regreso de la
esclavitud”, Portal Libertario, 27-09-19). Pero
lo que más interesa en este punto es destacar el
cinismo de las corrientes anticolonialistas que -
con justicia- denuncian el sistema esclavista de
“Occidente”, pero ocultan la esclavitud
realizada históricamente por los propios
nativos, por los jerarcas de sus propios pueblos,
que son los primeros responsables de la

194
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

expansión de la esclavitud al ser los primeros


elementos de la cadena del comercio de
esclavos, en particular en África negra. Un
texto que aclara mucho todo este asunto es Ser
esclavo en África y en América entre los siglos
XV y XIX117. Las cuestiones claves que aquí se
plantean son:
Los que poseían la “oferta” de la mano de obra
esclava eran los llamados “Estados o reinos
negreros africanos”, pues las sociedades
africanas eran esclavistas, estatizadas y de
régimen duramente patriarcal. Y eran sus élites
las que comerciaban con los colonialistas
europeos, previamente trasladados de forma
inhumana desde el interior a la costa de África.
Por tanto, existían negreros y esclavistas
blancos y negros. No era una cuestión “racista”,
sino un comercio cruel e inhumano, pero un
negocio guiado por la ambición de posesión y
poder de ambos estados negreros, los imperios
europeos que utilizaron esta práctica para la
expansión económica en América, como las
élites del poder de los estados africanos que
incrementaban sus riquezas y hegemonía local
117
C. Coquery-Vidrovitch y E. Mesnard. Ser
esclavo en África y en América entre los siglos XV y
XIX. Ed. Cátara (2015). Existe al respecto una
buena reseña de Félix Rodrigo Mora en el Blog
Esfuerzo y Servicio, de fecha 29 de enero de 2016.
195
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sobre las cabezas de sus propios pueblos.


Fue el expansionismo e imperialismo
musulmán el que primero promovió el tráfico
de esclavos negros a larga distancia. Entre los
europeos son los portugueses quienes inician el
comercio de esclavos, actividad que aprenden
de los musulmanes norteafricanos a partir de
comienzos del siglo XV118.
Esta aclaración es muy pertinente ante el
victimismo interesado de los anticolonialistas
defensores de la negritud, de absoluta
demonización del eurocentrismo, y es hora de
exponer toda la verdad, sin complejos
“políticamente incorrectos”. Un problema
importante de este discurso victimista de crítica
eurocentrista es que deja completamente
desarmados a los pueblos que han sufrido el
colonialismo, y sufren hoy el neocolonialismo,
para enfrentarse a sus propias élites del poder.
De hecho, después de millones de muertos en
luchas antiimperialistas en todo el mundo desde
la II Guerra Mundial, todos, completamente
todos sus Estados se encuentran en una
situación neocolonial con algún tipo de
imperialismo. Por poner solo dos ejemplos muy

Félix Rodrigo Mora. Op. Cit. SER ESCLAVO EN


118

ÁFRICA Y AMÉRICA ENTRE LOS SIGLOS XV Y


XIX.
196
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

al uso del independentismo hispano, Argelia y


Vietnam son hoy dos neocolonias, en el peor
sentido, de sus potencias “vencidas”119.
En Cultura y colonización, Aimé pone al
descubierto la contaminación eurocéntrica,
común en todos estos intelectuales formados en
las universidades europeas bajo paradigmas
liberales y más específicamente marxistas. Por
ello, no pueden por menos que compartir el
concepto moderno de nación, vinculado a la
“cultura” propia, como referencia a un pasado
idealizado. Pero, además, en tanto que el
colonialismo es un fenómeno civilizacional, la
cultura a reivindicar es -o debe ser- igualmente
civilizacional, si bien reconoce que solo existe
una cultura, la nacional, pero su concepto de
enfrentar el imperialismo eurocéntrico le lleva a
ampliar este “campo de visión” hasta un límite
superior: “la gran familia de culturas africanas”,
una “civilización negro-africana”. Esto es,

119
En este artículo La transformación de Vietnam:
éxitos y desafíos de un experimento de "capitalismo
comunista" (Infobae, 7-2-2020) se expresan los
datos característicos de una sociedad y una
economía totalmente dependiente básicamente de
EE. UU., convertido el país en zona de turismo de
masas y fábrica de productos americanos
deslocalizados, después de “haber vencido a
franceses, americanos y chinos).
197
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sencillamente, proyectar la doctrina del


nacionalismo eurocéntrico a las regiones del
planeta sujetas a colonización, aunque
difícilmente pueda arreglar este desaguisado
haciendo referencias guiadas por el
“materialismo histórico”, clasificando también
las civilizaciones occidentales como “feudal”,
“capitalista” o “socialista”.
Cuando manifiesta expresamente su proyecto
estratégico es cuando mejor deja al descubierto
su naturaleza de proto-élite estatalista. El “gran
reproche” a Europa120, realmente solo es
nostalgia de que el proceso de modernización
en el “tercer mundo” no tuviera las formas y
contenidos que se llevó a la práctica en Europa
y mundo occidental. Esto lo sitúa en el marco
paradigmático de la visión “moderna” de la
historia y de las tesis finalmente de Hegel,
también filósofo de gran admiración por su
parte.
De hecho, con su “Carta de Maurice Thorez”,
lejos de romper con la doctrina marxista

120
En el Discurso del colonialismo, pág. 50, dice:
“el gran reproche que estamos autorizados para
hacerle a Europa es haber quebrado en su impulso
a civilizaciones que no habían cumplido todas sus
promesas es no haberles permitido desarrollar y
hacer realidad toda la riqueza de las formas
contenidas en su mente”.
198
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

prosoviética de PC francés, o del marxismo en


general, su ruptura viene más determinada por
la posición de éste en la guerra de liberación
nacional de Argelia, con el apoyo chauvinista a
la potencia colonizadora, Francia. Este
reproche, que extiende al propio Stalin y sus
tesis de “pueblos avanzados” y “pueblos
atrasados”, le indigna, pero solo por su aspecto
imperialista, por su visión de la “superioridad
omnilateral” de Occidente, con lo que significa
de no respetar la civilización propia, por no
permitir que esa “civilización” pueda tener el
“desarrollo histórico” de Occidente. Es decir, le
reclama el derecho a la cosmovisión
modernista, conforme a las condiciones e
identidades culturales del “tercer mundo”; en
esencia, un desarrollo económico-cultural
moderno, pero “propio”, con su Estado y su
poder, en condiciones de igualdad, para uso y
disfrute del poder de la élite que representa.

3.7.2. Frantz Fanon121, la “propaganda

121
Frantz Fanon nace en 1925 en la colonia francesa
de Martinica y fallece en Maryland, Estados Unidos
en 1961. Descendiente de esclavos traídos de África
a las Antillas. De formación profesional médico-
psiquiatra, con influencias intelectuales de Jean
Lacroix y Maurice Merleau-Ponty, con apegos
ideológicos y doctrinales variados, pero claramente
199
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

armada” o el terrorismo “se justifica”.

Compañeros, el juego europeo ha terminado


definitivamente,
hay que encontrar otra cosa.
Podemos hacer cualquier cosa ahora a
condición
de no dejarnos obsesionar por el deseo de
alcanzar a Europa.

Frantz Fanon

Indudablemente nos encontramos con el

“eurocéntricos”, desde Marx y Lenin, filósofos


como Kierkegaard y Nietzsche o Hegel y
políticamente en los representantes del
intelectualidad marxista-revolucionaria francesa de
los años 40-50, el filósofo “existencialista y
humanista” Jean Paul Sartre y la inefable Simon de
Beauvoir. Participa activamente en la guerra de
“liberación nacional” de Argelia contra Francia
(1954-1962), de la que es, sin duda, su más valioso
intelectual. Su texto más relevante, libro de
cabecera de todos los nacionalistas revolucionarios
de los años 60-70 y 80 es sin duda: Fanon, Frantz.
Los condenados de la tierra. Primera edición de
1961. Paris. Varias ediciones en el Estado español.
La más reciente: Ed. Txalaparta (con siete
ediciones), de 2017. Prólogo de J.P. Sartre.
200
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

intelectual, revolucionario y activista más


influyente del nacionalismo anticolonialista de
los años 60 del siglo XX, no solamente
admirado y seguido como guía por los
movimientos de liberación africanos, sino por
los autodenominados Movimientos de Libración
Nacional del nacionalismo étnico europeo de
esos años122.
Lo curioso es que las tesis psico-terroristas
etnicistas de Fanon son apoyadas con
entusiasmo por la intelectualidad progresista
marxista europea de los años 60, como J.P.
Sartre, y su “humanismo”. De hecho, hace un

122
En el Estado español, consta su influencia en
Euskadi y Galiza, pero sobre todo en Canarias, por
su condición de “colonia”. Más aún en el sector de
este movimiento puramente nacionalista étnico, el
más próximo al MPAIAC de A. Cubillo, como
hemos visto ya. Allí se realizaban, a finales de los
años 70, cursillos sobre “Los condenados de la
tierra”, en los que se destacaban, lógicamente, dos
cosas: 1. Por la aplicación de las tesis
“psiquiátricas” de Fanon, se encontraba la
explicación del por qué “el pueblo” no abrazaba
abnegadamente, y con todo el “sacrificio” que
debiera, la causa anticolonialista-independentista. Y
2. Porque Fanon hacía una apología de la violencia
indiscriminada como fórmula mágica radicalmente
inhumana de presión anticolonialista.
201
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

amplio “Prefacio” en la edición de 1961 de Les


damnés de la terre deshaciéndose en halagos,
no solamente a las tesis de Fanon, sino también
a la “perversidad de Occidente” en un ejercicio
de sentimiento de culpa, como si las atrocidades
del colonialismo las hubieran cometido las
comunidades y pueblos europeos y no sus
Estados y élites; o tal vez, lo que hace es
ponerse en la posición del Estado
arrepentido123. Con esta catarsis, auténtica
traición a los pueblos y comunidades europeas
sojuzgadas y oprimidas por los Estados liberal-
socialistas se pone del lado del irracionalismo
más fanático actual, dejando intelectual y

123
Se descuelga con perlas tan animosas al combate
como: “Luchemos: a falta de otras armas, bastará
la paciencia del cuchillo”, o haciendo suyas las
palabras de Fanon: “Europa ha dado un zarpazo a
nuestros continentes; hay que acuchillarle las
garras hasta que se retire”. La pregunta es
¿mantendría J. P. Sartre y su curia estas posiciones
hoy, con la abnegada lucha a cuchillos del ISIS? El
sentimiento de culpa lo remata con expresiones que
buscan el impacto y la conciliación con el
colonizado…” Ustedes saben bien que somos
explotadores. Saben que nos apoderamos del oro y
de los metales y el petróleo de los “continentes
nuevos” para traerlos a las viejas metrópolis”
(Prefacio citado).
202
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

moralmente desarmada a la gente inquieta o


rebelde en sus impulsos de enfrentar esta
terrible opresión ideológica, creyendo en una
especie de “internacionalismo” tercermundista
y civilizacional, como expiación de las culpas
eurocéntricas.
En realidad, como ya se ha visto antes, la
sombra del pensamiento de Fanon se ha
alargado hasta finales del siglo XX, sobre todo
por los estudios de su pensamiento por los
“nuevos” intelectuales del poscolonialismo, la
llamada teoría crítica y el pos-marxismo. Ello
añade un motivo más, quizá el más importante,
para que le dediquemos un análisis a lo esencial
de su pensamiento.
La obra principal del pensamiento de Fanon,
Los condenados de la tierra, más que un tratado
doctrinal o político, es un alegato emocional, un
llamamiento a la lucha contra el colonialismo, y
una defensa intransigente por la independencia
y la constitución de Estados propios en el
“tercer mundo”, y con identidad nacionalista
propia, claro, al margen de las influencias de la
cosmovisión occidentalista y la visión de la
“sociedad moderna”. Todo su análisis se reduce
al “hecho colonial”, toda su estrategia, a la
consecución de la independencia y la formación
de un Estado propio, y toda táctica de lucha, al
principio de que “la violencia se justifica”. Esta

203
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

visión de la política coincide con los intereses


de los estratos sociales de clase media
“ilustrada”, formada intelectualmente por
“occidente” que pugna por un proyecto propio,
al margen de las estrategias “ya fracasadas y
obsoletas que representan las familias
tradicionales de poder de origen noble, y al
propio tiempo, de las correspondientes a la
llamada “burguesía nacional dependiente”, a los
que ataca con especial virulencia.
Con fundamento en esta estrategia, no figura ni
la movilización popular en la guerra de
liberación, como “guerra popular”, ni el
objetivo de transformación radical del sistema
político y económico, conforme a los
interesases del pueblo, o al menos a una
transformación revolucionaria de la sociedad.
Pero, siendo fiel al credo de todo nacionalista:
el principio y el fin es la independencia y el
Estado, “todo lo demás” … aparecerá por
añadidura.
Tres son los pilares de su pensamiento: a) La
violencia, como táctica de combate contra el
colonialismo, pero, además, un tipo de
violencia específica. b) La baja conciencia del
pueblo, en su falta de estímulo para enfrentar la
lucha anticolonialista tiene causas psiquiátricas.
c) La nación se construye. Veámoslo:
La violencia.- Los resultados de esta táctica,

204
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

llevada a puro efecto por el FLN en la Guerra


de Argelia (1954-1962), fueron: bajas, cerca de
un millón de muertos, según el FLN, pero datos
más recientes los sitúan en un mínimo de
347.000 y un máximo de 507.000 argelinos
(entre el pueblo masacrado por la represión
francesa y combatientes independentistas);
25.600 por parte de Francia (militares y
población civil); y la sorprendente cifra de entre
65.000 y 185.000 muertos argelinos de los
llamados “leales” al colonialismo, ajusticiados
con posterioridad a la independencia.
La táctica militar anticolonialista, puesta luego
en práctica por todo movimiento de liberación
nacional que se precie, consistía en combinar la
guerra de guerrillas, con los atentados a
instalaciones estratégicas y, lo más irracional,
en forma de terrorismo contra la población civil
en el mejor estilo yihadista; de hecho, los
guerrilleros independentistas del FLN se
autodenominaban djounoud o muyahidines,
“combatiente musulmán” o “combatiente por el
islam” que “hace el yihad”, como fórmula de
estimular la lucha a muerte en una base social-
popular dominada por la religión musulmana.
Luego, como veremos, esta táctica les supuso
igualmente que sus hijuelas yihadistas de los
años 90 del siglo XX les reclamaran con mucha
sangre su falta de “autenticidad islamista”. Ello

205
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

explica el alto índice de bajas, sobre todo


civiles124. Sin embargo, las élites del FLN en el
poder, partícipes de la teoría estimuladora
irracionalista de Fanon sobre el despertar del
heroísmo por el sufrimiento, quisieron dejar
constancia de todo ello, encargando a
intelectuales precisamente “europeos” una
película que ha sido historia y emblema del
modelo de lucha de liberación nacional, muy
galardonada por la progresía decultural europea
y todo independentista que se precie, La batalla
de Argel (1965), del director italiano Gillo
Pontecorvo125. Parece que la idea parte de un
124
Sostiene Courrière, Yves (1988). La guerre
d'Algérie. Les fils de la Toussaint. Marabout, que el
FLN mató a todo argelino que, según ellos,
colaboraba con los franceses. Hay autores que
dicen que en 1962, la fecha de la independencia
hubo más muertes provocadas por el FLN que en
los años anteriores.
125
No solamente el director, que participó también
como coguionista, sino el afamado Ennio Morricone
en la música, y luego, el aplauso frenético de toda la
progresía europea, otorgando galardones a
mansalva, entre los que destaca el Premio BAFTA
Naciones Unidas 1972 (¿¡), recordemos aquí que la
British Academy of Film and Television Arts, creada
justamente después de la II GM, en 1947,
obviamente tenía un claro fin propagandístico sobre
la ideología de los “vencedores” ya en plena
206
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

antiguo dirigente del FLN, Yacef Saadi; en


1964, el gobierno de Argelia encargó a Saadi
buscar a un director italiano que rodase la que
sería la primera película de ficción argelina.
Inspirada en Octubre de la revolución
bolchevique126, de Serguéi Eisenstein. Es de
agradecer tanta sinceridad, porque en ella
podemos realmente observar el contenido
exacto de la táctica irracional terrorista

arrancadilla de la Guerra Fría, y que,


explícitamente reconocían como uno de sus
principios inspiradores "apoyar, motivar e inspirar a
aquellos que trabajan en el cine, la televisión o el
mundo de los videojuegos, identificando y
premiando su excelencia, y educando a aquellos que
hacen uso de cualquiera de estas formas de arte
visual en movimiento". Mayor hipocresía no cabe
ante tremendo panfleto inmoral, inhumano y
reaccionario representativo del vanguardismo
elitista de las clases medias intelectualizadas con los
aires de la revolución francesa.
126
De hecho, y de forma similar a la realización del
Octubre de S. Eisenstein, en La batalla de Argel
participan personajes reales de la propia lucha, para
dar mayor “realismo” a la acción “heroica”, como el
dirigente, y uno de los actores principales, Yacef
Saadi, caracterizado en la película como Saadi
Kader fue uno de los fundadores del FLN argelino.
De hecho, de los 8 actores principales, 5 fueron
combatientes del FLN.
207
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

propugnada por Fanon y llevada a buen efecto


por el FLN127.
127
Sobre el FLN habría bastante que señalar, porque
fue modelo de organización estratégica y táctica de
muchos nacionalistas llamados revolucionarios
europeos. En Canarias inspira el MPAIAC de A.
Cubillo, acogido, financiado, y luego traicionado,
por los líderes del FLN, pero también en Euskadi se
le presta gran atención por el entramado MLNV con
relaciones de colaboración muy intensas
(negociaciones ETA-Estado español, refugio,
entrenamiento, etc.). Así relata el ex dirigente de
ETA Eugenio Etxebeste Antton la importancia de
Argel: En primer lugar, de Argel cabe destacar que
no fue un mojón en el marco del
enfrentamiento, sino todo un proceso diplomático,
político y militar, que comenzó en 1986 y culminó el
10 de agosto de 1997. Un proceso de diez años
durante los cuales las conversaciones de Argel,
propiamente dichas, abarcaron dos años escasos,
los comprendidos entre los primeros contactos
exploratorios de Txomin en 1987 (Argote,
Sancristóbal y cía) y los subsiguientes de
superación de las vías policiales (Ballesteros) y
seudo-políticas (Elgorriaga) en 1987-88, y que
culminaron en la mesa política de 1989, donde se
sentaron Vera y Eguiagaray de parte hispana,
Maka, Belén y yo mismo de parte de ETA, y
representantes del Gobierno de Argelia como
anfitriones y mediadores. Entrevista a Antton en
Naiz, el 19-11-14.
208
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Este modelo de “Movimiento de liberación


Nacional” que representa el FLN, de gran
influencia en otros movimientos
anticolonialistas, básicamente africanos, pero
igualmente de gran inspiración en toda la
intelectualidad progresista occidental -que se
pasó en bloque al nacionalismo revolucionario-
requiere una breve reseña sobre lo que ha dado
de sí a lo largo de su historia. Después de
participar muchos de sus dirigentes principales
en la II GM, como combatientes antifascistas al
lado de los aliados (Francia), terminan de
formarse intelectualmente en el inicio de la
Guerra Fría, y sobre todo, durante el proceso
descolonizador que se inicia a partir de dicho
periodo en el marco de la recomposición del
imperialismo mundial, con la hegemonía de
EEUU, que los promueven y favorecen a través
de la ONU y sus procesos de “liberación
nacional” en todo el mundo, y con ello, la
transformación de la relación de dependencia
colonial, a la neocolonial, con Estados ya
formalmente independientes, pero vinculados
política, económica y militarmente al bloque
imperialista occidental, en pugna -con idéntico
propósito- con el bloque imperialista
“soviético”.
Bajo el “paraguas” nuclear se hacía imposible
que ese proceso de transición colonial-

209
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

neocolonial, en función de los poderes


imperialistas dominantes, se hiciera mediante
un enfrentamiento directo entre los bloques
imperialistas USA-URSS. Esto obligó a los
movimientos de liberación, inspirados en la
doctrina Fanon, a correr con todo el tributo de
lucha y sangre, con apoyos indirectos de la
potencia imperialista a la que se sirve, pero en
logística, que luego de la independencia se
tendrían que devolver con “intereses”. Ello
requería que los programas de “reconstrucción
nacional”, una vez alcanzada la independencia,
se inspiraran en el modelo de la potencia
imperialista emergente, en este caso, del bloque
soviético, frente a los modelos occidentales en
franco declive (Francia, Inglaterra, Portugal y
España), y de ahí que tales programas en toda
África negra, con los movimientos de liberación
“progresistas”, así como en Oriente Medio,
liderados por las élites nacionalistas,
militaristas, islamistas y formadas en el ámbito
intelectual y/o militar bajo inspiración
soviética128 tuvieran esa orientación

128
En Siria, Háfez al-Ásad. En la Irak baasista
(árabe socialista, por definición), con Sadam
Hussein de formación “intelectual”. En Egipto, con
Gamal Abdel Nasser, militar, nacionalista, islamista
y socialista. En Libia, Muamar Muhamad Abu-
minyar el Gadaf, ejemplo máximo: militar,
210
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

“socialista”. Ese era, ni más ni menos, el perfil


de los líderes del FLN.
El programa estratégico de “construcción
nacional” de todos estos países es similar: en
esencia, la construcción de un fuerte Estado
burocrático-militar, exclusión completa de las
libertades formales, mantenimiento acérrimo de
los dogmas del islam en la población como
mecanismo de control ideológico y
“diferenciador” de occidente. Y en la economía,
un capitalismo de Estado, bajo el control de la
influencia soviética129.

socialista, islamista, antioccidental, y un dictador


fascista al estilo más burdo.
129
Lo que vemos en las llamadas “líneas maestras”
implementadas por Ben Bella a partir de 1963,
continuadas por Huari Bumedian hasta 1976,
fueron: 1) La nacionalización (estatalización) de los
diferentes sectores de la economía. 2) Se decretó la
gestión socialista de las empresas y la Revolución
Agraria. 3) Implementación del Estado moderno
arabizado, con la expansión de la educación y la
sanidad públicas. 4) La estatalización de los bienes,
servicios públicos, propiedades, tierras de los
colonos francés y de todo lo que fuese considerado
estratégico por el Estado nacionalista. 5) Se
priorizaron las llamadas “industrias”, conforme al
modelo soviético de modernización, es decir, la
industria pesada, en detrimento de la agricultura y
de la producción de bienes de consumo, que
211
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

La situación cambia radicalmente, al menos en


sus formas principales de relaciones de poder,
con el declive y derrumbe de la URSS, con la
puntilla de la guerra neocolonialista de agresión
soviética a Afganistán. Es en este momento
histórico cuando se produce un cambio
transcendental que viene a desembocar en la
situación actual, en que el imperialismo
occidental alienta y promociona el
130
“experimento” yihadista del GIA en Argelia
que tan buenos resultados daría luego en
Afganistán, y que tantos quebraderos de cabeza

comportó a la larga la descapitalización de la


agricultura, el retroceso de la producción agraria y
la caída de la productividad industrial, carcomida
por la burocratización, la lentitud administrativa, la
falta de coordinación y de recambios industriales,
el gigantismo empresarial y los “milagros
estadísticos”. En definitiva, el modelo de desarrollo
económico adoptado dio muy pronto alarmantes
síntomas de agotamiento.
130
El Grupo Islámico Armado (en francés, Groupe
Islamique Armé; en árabe, ‫اﻟﺠﻤﺎﻋﺔ اﻹﺳﻼﻣﯿﺔ اﻟﻤﺴﻠّﺤﺔ‬,
abreviatura GIA) es una organización islamista
radical terrorista argelina fundada en 1992 que
agrupaba a los antiguos miembros del MIA (de
Bouyali), descontentos del FIS y jóvenes urbanos
sin ninguna filiación hasta entonces. El número de
muertos que ha causado el GIA, se estima que
ascendieron a más de 100.000.
212
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

supuso luego, como el 11-S, y aún continúa


suponiendo, con el ISIS, a pesar de la pérdida
territorial del Estado Islámico en Oriente
Medio.

3.7.3. Samir Amin131, la puesta al día


marxista sobre la cuestión neocolonial.

Europa -o más exactamente, esa parte de la


Europa atlántica en la que se sitúa el
nacimiento del mundo moderno- jamás ha
dejado de creer en la “superioridad” de su
civilización132.
131
Samir Amin. Nace en El Cairo en 1931 y fallece
en París en 2018. Su formación académica fue la de
economista, pero desarrolló ampliamente sus
iniciativas intelectuales en análisis de ciencia
geopolítica. En cuanto a su identidad doctrinal, se
alinea con el marxismo en su versión renovada o
neomarxismo. En Francia se une el PCF, luego
critica la línea prosoviética y abraza el maoísmo. La
base de sus posiciones se deriva de su tesis doctoral
Los orígenes del subdesarrollo -la acumulación
capitalista a escala mundial; siendo su obra más
emblemática, de obligado estudio por todos los
nacionalistas anticolonialistas: El desarrollo
desigual, ensayo sobre las formaciones sociales del
capitalismo periférico, Ed. Libros de confrontación,
Barcelona, 1974.
132
S. Amin, en De la crítica del racialismo a la
213
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Samir Amin

Samir Amin representa, sin duda, el modelo de


intelectual teórico del nacionalismo de
ideología marxista, y por esa razón fue la
referencia de todos aquellos que defendían la
opción nacionalista anticolonialista desde una
perspectiva marxista en los años 70-80 del siglo
XX. Sus referencias a las experiencias
históricas de “liberación nacional” de China,
Corea, Vietnam, Cuba o Argelia, suponía la
validez de un modelo que habría que exportar y
experimentar en toda Asia y África. Su visión
estrecha nacionalista “tercermundista” queda en
evidencia cuando explica su crítica al
euroccidentalismo como una forma de cultura
“pretendidamente holística” que, teniendo
origen en la modernidad europea, impone toda
su cosmovisión al resto del mundo. No
solamente nace con la modernidad una forma
de “cultura” dominante y opresiva para el
Tercer Mundo, sino también el capitalismo, y
sobre todo el Estado-nación, cuestión que

crítica del euroccidentalismo culturalista. Artículo


incluido en el libro Discurso sobre el colonialismo,
vemos como Samir Amin representa, sin duda, el
modelo de teórico nacionalista de ideología
marxista.
214
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

desatiende totalmente Samir Amin. Su crítica


de la modernidad está basada, a su vez, en la
crítica al proyecto liberal burgués, tomado de la
Ilustración y la Revolución Francesa, pero
desde una perspectiva marxista, cuestión que lo
lleva de plano al economicismo y al
igualitarismo marxista, y lo conduce
inexorablemente a la defensa de la experiencia
histórica del marxismo, a Rusia, China, Cuba,
Vietnam, y a ese modelo de proyecto
estratégico-social que ejemplifica el capitalismo
más salvaje y el dominio absoluto del Estado
sobre las poblaciones sometidas. Y, por tanto,
al Estado-nación moderno y capitalista, eso sí,
culturalmente diferenciado de la herencia
cultural occidental. Y explica, además, las
razones de que tanto Aimé como Samir sean
tomados como bases referenciales por el
poscolonialismo y el decolonialismo.
El análisis histórico e ideológico que sostiene
Amin es unilateral, correcto en algunas facetas,
pero claramente insuficiente en otras. A la
crítica de la naturaleza agresiva e imperialista
de los EE. UU., como principal “eje del mal” en
el momento presente, lo combina con un
silencio sospechoso sobre los otros
imperialismos, curiosamente de origen
“socialista”, como Rusia y China. Respecto de
la situación en Oriente Medio, detecta

215
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

claramente los intereses occidentales


neocolonialistas y sus estrategias de poder, pero
silencia la presencia -cada vez mayor- de los
imperialismos de Rusia, China y Europa.
Como buen “marxista”, su discurso se centra en
descubrir y destacar las injusticias del sistema
capitalista, desde una óptica unilateral y
claramente economicista, donde la
contradicción esencial a superar es la
“desigualdad” entre países y entre “ricos y
pobres”. Su texto más emblemático lo recalca
continuamente (El Eurocentrismo. Crítica de
una ideología)133. Un discurso que se olvida
133
Amin, Samir. El Eurocentrismo. Crítica de una
ideología. 1ª edición en castellano, Siglo XXI.
1989.
A título de ejemplo, dice: “la primera de estas
características es la desigualdad a escala mundial,
caracterizada por las diferencias de ingresos de un
país al otro. En líneas generales, esta relación es
del orden de 15 para los países capitalistas
desarrollados a 1 para los países del Tercer
Mundo. La segunda característica es que la
desigualdad en el reparto interno -nacional- del
ingreso es considerablemente más marcada en las
sociedades de la periferia que en las del centro.
Desde este punto de vista, el 25% de la población
dispone del 10% del ingreso en el centro y 5% en la
periferia; 50% de la población dispone de 25% del
ingreso en el centro y 10% en la periferia; 75% de
216
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

totalmente del ser humano, de sus condiciones


reales para alcanzar la libertad, como valor
supremo, y, además, desconoce completamente
la función del Estado, no solamente en el
Occidente capitalista e imperialista, sino en las
“patrias del socialismo”, como Rusia, China,
Vietnam, Corea, Cuba o Venezuela. Por tanto,
la tesis de la “desigualdad”, siendo real, en tal
contexto teórico es el argumento preciso para
las élites de las clases medias que pugnan por el
poder del Estado en las neocolonias, como
efectivamente ha sido. De hecho, sostiene las
tesis básicas del Estado-nación que propugna el
nacionalismo clásico de los países del llamado
Tercer Mundo, conforme a la tesis estalinista
del abstracto “derecho de autodeterminación de
las naciones”.
Su estratégica básica para los países del Tercer
Mundo es “Desconectarse o ajustarse”134, es
decir, “salirse” del sistema imperialista
occidental o adaptarse a él, (lógicamente
propone la “desconexión”), que implica
necesariamente una alianza con el imperialismo
“socialista”, cuestión que, por otras parte, ya ha
sido claramente puesta en práctica en la historia

la población dispone de 50% del ingreso en el


centro y 33% en la periferia”.
134
Ver S. Amin (1989) pg. 213.
217
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

a finales del siglo XX, básicamente en Oriente


Medio (Argelia, Libia, Egipto, Afganistán,
Siria, Irak, etc.) con los desastrosos resultados
que hoy todos conocemos.
En realidad, lo que viene a proponer Samir
Amin no es más que el proyecto “nacional-
popular” ya teorizado por Mao Tse Tung, con la
tesis estratégica de la “Nueva Democracia”, y
puesto en práctica en China, como “alianza de
clase entre el proletariado, el campesinado, la
pequeña burguesía y la burguesía nacional”,
con la cual conquista el poder en China…para
convertirla hoy en la primera potencia
económica mundial, imperialista. Esa estrategia
requiere de una “teorización” que haga
compatible el marxismo-economicismo, con la
construcción de un Estado-nación, dirigido por
las clases medias nacionalistas. Para ello se
esfuerza notablemente en el texto citado, en el
capitulo La desconexión y el Estado Nacional
Popular135.

135
Por su importancia, merece la referencia: En S.
Amin (1989) pg. 225 y ss, dice: “La experiencia del
movimiento de liberación nacional plantea las
mismas cuestiones, porque no es de una naturaleza
diferente del que condujo a las revoluciones
socialistas. No difiere más que en grado, pero no en
su naturaleza. Uno y otro son respuestas al desafío
de la expansión capitalista, la expresión del rechazo
218
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de la periferización que implica. El movimiento


radical de liberación nacional es igualmente la
expresión de una vasta alianza social, que ha
involucrado a las clases populares. Si bien en
algunos casos la dirección burguesa parece
evidente, en los otros lo es menos, pues la burguesía
con frecuencia se ha encontrado en el campo del
compromiso precoz con el imperialismo. En los
movimientos radicales de liberación nacional
encontramos igualmente el elemento inteliguentsista
cumpliendo las funciones de catalizador de las
fuerzas populares, cuyo papel ha sido más decisivo
que el de la pequeña burguesía a la cual se considera
con demasiada frecuencia, y equivocadamente, el
actor principal. Se podría entonces decir que las
revoluciones socialistas son revoluciones nacionales
populares que han logrado su objetivo por medio de
una desconexión basada en un poder no burgués,
mientras que los movimientos de liberación
nacional, dado que han quedado bajo la dirección de
la burguesía, no han realizado todavía su objetivo.
Por ello, las nuevas revoluciones nacionales
populares están a la orden del día de las exigencias
objetivas en el Tercer Mundo contemporáneo. Sin
duda estas revoluciones que vendrán no serán más
socialistas que las precedentes, sino sólo nacional-
populares. Sin duda también tendrán sus
especificidades que gobiernen a la vez las
condiciones internas y los factores externos en
aquello que tendrán de nuevo. A su vez estas
revoluciones nacional-populares modularán las
219
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Lo que constituye un hecho es que, tanto Samir


Amin, como todos los líderes anticolonialistas
de fines del siglo XX, como hemos visto en
Fanon, Césaire, Castro, Ho Chi Minh y el
mismo Pol Pot136, incluso Kim Il Sun, antes que
marxistas, eran nacionalistas. Ocurrió en todos
los países que culminaron revoluciones
anticolonialistas, pero también en todos los
países dónde hubo luchas y no “victorias”.
En el Estado español, todos los MLN estaban
dirigidos por elementos de la misma naturaleza
ideológica, compartiendo las mismas
referencias, con algunos matices entre pro-
soviéticos o pro-chinos, pero todos, aportando
desde la izquierda marxista al movimiento
nacionalista los elementos de estrategia y
táctica necesarios para desenvolver sus
respectivos proyectos de “liberación nacional”.
En definitiva, el marxismo -como lo hizo en

relaciones futuras Norte-Sur y constituirán en el


futuro, como lo han constituido desde hace 70 años,
el elemento dinámico fundamental en la evolución
global de nuestro mundo”.
136
Saloth Sar, conocido como Pol Pot, con orígenes
de clase media-alta, se hace marxista en La
Sorbona, Francia. Lo mismo le ocurre a Nguyễn
Sinh Cung, con el nombre de guerra de Ho Chi
Minh, que con 22 años ya está en París estudiando y
adoctrinándose en el marxismo más ortodoxo.
220
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

todo el siglo XX- se puso al servicio del


nacionalismo, cuestión que, en teoría, iba en
directa contradicción con sus propias bases
teóricas sustentadas en el principio de que “los
proletarios no tienen patria”, ya claramente
“superado” por el estalinismo desde los años 20
del siglo XX, y su estrategia de la “construcción
del socialismo en un solo país”.
Conclusiones: Este discurso anticolonial,
postcolonial, decolonial o como quieran
llamarlo ahora, desde sus orígenes en los años
60 hasta hoy mismo, contiene, y mucho, de
liberalismo radicalizado con matices
137
indigenistas , pero que en realidad no deja de
ser sino una justificación de las aspiraciones de
poder de las clases medias nacionalistas
apoyadas en argumentos aportados por la
izquierda pseudo intelectual.
Estas corrientes, al igual que las precedentes,
carecen de un análisis mínimamente correcto
sobre la cuestión del poder y del Estado, esa es
la clave. Y ello hay que verlo con la necesaria
perspectiva histórica, partiendo desde la Alta

137
Cuando utilizamos el concepto de indigenista es
para hacer referencia a ese recurso nacionalista de
encontrar las señas de identidad perdida en
elementos relativos a un pasado que otorga la
autenticidad al discurso reivindicativo y el recurso
de la oposición.
221
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Edad Media, en la Baja Edad Media, en la


Modernidad y en la actualidad (cuestiones que
veremos en profundidad en los apartados
siguientes), dejando constancia de estos errores
básicos:
1. Tanto las tesis poscolonialistas como
decolonialistas, se caracterizan por la crítica del
dominio colonial, con variantes en función de
cada corriente, y que sucede en lo económico,
político y cultural, promovidos por el
colonialismo e imperialismo occidental desde el
siglo XVI hasta el presente, basado en una
cosmovisión eurocentrista que incorpora
igualmente un relato, una visión de la historia y
una epistemología igualmente eurocéntrica.
2. Al no diferenciar en cada época histórica el
sistema de estado que ejerce la opresión-
explotación, da por hecho que lo realmente
existente es un continuum de un mismo sistema
de poder y Estado y, además, con la misma base
cultural étnico-racista europeo-occidental. Lo
cual es un error ahistórico etno-cultural. La
huída del eurocentrismo lleva a estas posiciones
a caer en brazos de un tipo de nacionalismo
étnico-cultural-indigenista, igualmente erróneo
que el que se pretende impugnar.
3. Todo Estado, antiguo, medieval, premoderno
o moderno, es una maquinaria de violencia que
se organiza sobre una población determinada,

222
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

no limitada, por su tendencia inexorable a la


expansión. Pero sus características varían
cualitativamente en cada periodo histórico,
cuya tendencia, a partir de la modernidad, es a
la expansión y al control exhaustivo de la
población que alcanza a dominar.
4. Esta Maquinaria no se conduce sola o a
través de algún mecanismo conspirativo en
manos de una mente tenebrosa y malvada.
Siempre hay dirigentes que ejercen los resortes
principales del poder, pero que se juntan en la
punta de una pirámide o red que compone la
esencia del poder, una élite que, en una época
histórica se basa en pactos entre nobles, con
alianzas con tramas religiosas y/o comerciales,
y una pequeña burocracia; y en otras, en unos
aparatos complejos del ejercicio del poder,
como el actual sistema, en que la alianza se da
entre los más altos funcionarios de las
instituciones y las élites representativas del
poder burocrático y militar, y a su vez, con las
de tipo económico-capitalista.
5. En el siglo XVI, época de la colonización de
América, el modelo de Estado colonial de las
élites nobles, en alianza con la inicial burguesía
mercantil europea, poseía un aparato militar aún
rudimentario, pero suficiente para someter a las
civilizaciones premodernas de América,
mediante el genocidio y la sobreexplotación

223
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

económica, y por supuesto acompañado del


genocidio cultural, pero se ejercía desde un
estrato social o de élite europea, minoritaria,
que igualmente explotaba y oprimía a las
comunidades sometidas en la propia Europa.
Por tanto, generalizar con la determinación del
eurocentrismo definido como una categoría
general, sin esta distinción, es igualar a
opresores, explotadores y genocidas con las
propias comunidades y pueblos de Europa que
se encontraban igualmente en una situación de
colonialismo interior, oprimidos y explotados
por un mismo enemigo
6. Esta circunstancia es esencial para
determinar el carácter liberal-marxistas, y por
tanto reaccionario, de las tesis eurocentristas del
poscolonialismo y decolonialismo. Lo
importante es que sobre dichas posiciones no es
posible levantar una alternativa auténticamente
revolucionaria puesto que dichas estrategias,
como condición inevitable de su carácter
nacionalista, conducen al final hacia la
continuación de ese mundo de opresión y
explotación, mediante un Estado, una
maquinaria de violencia, eso sí, decorada con
colores indígenas.
7. La culpabilización de “Occidente” como
fuente de todos los males, con la negación de lo
esencial de la experiencia positiva de la cultura

224
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

occidental que tiene a la libertad del ser


humano como eje central, y de la cosmovisión
del amor como su criterio moral por excelencia,
deja a los pueblos y culturas a los que dice
defender en una situación de total precariedad y
abandono, a la suerte de las decisiones de los
poderes de las religiones políticas, del
nacionalismo, del fanatismo vengativo, de
economicismo estrecho y sobre todo se oculta
que en el fondo lo que se detesta de occidente
es lo que se desea de éste, de su peor herencia:
el Estado de la modernidad, hoy bajo el
dominio del sistema mundial global-
imperialista de doctrina liberal-marxista, bajo la
égida mirada del BRICS.

3.8. ¿Está en crisis el Estado nación? El


Neonacionalismo.

Todas las formas existentes de organización


mundial en la actualidad se muestran
impotentes ante el monopolio de la violencia en
manos de los estados nacionales.

Anthony Guiddens138

138
Guiddens, Anthony. Estados nacionales y
violencia. Revista Académica de Relaciones
Internacionales, número 5. noviembre de 2006.
225
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Hasta el momento solamente hemos analizado


las corrientes “anticolonialistas” de factura
tercermundista asociadas esencialmente a la
reivindicación de la “liberación nacional” del
imperialismo principalmente occidental,
reivindicación que se asocia con el paradigma
de la “teoría social”, o para decirlo claramente,
por la posición genérica de la “izquierda”. Sin
embargo, desde hace unos diez años asistimos a
una nueva situación internacional que está
determinando el surgimiento de nuevas
políticas económicas e ideológicas de reacción,
sobre todo a partir de la nueva situación
internacional como consecuencia del derrumbe
en gran parte del sistema especulativo
financiero mundial en 2008139, y con ello, la
irrupción de potencias que vienen disputando la
hegemonía al imperialismos occidental140 como

Conferencia pronunciada en la Facultad de


Económicas de Valencia en 1985.
139
La caída del banco estadounidense Lehman
Brothers en agosto de 2007, fue el inicio de la crisis,
ya plena en 2008.
140
Con la denominación de “occidental”, nos
estamos refiriendo al bloque imperialista
capitaneado por EE. UU., la UE, y el resto de los
países imperialistas incluidos en este ámbito de
poder (Canadá, Australia, p.e.), aún con las
226
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

es el caso de la R.P. China que ya ha alcanzado


la hegemonía imperialista en el terreno
económico, la Rusia post-Unión Soviética que
se va recuperando de su estancamiento del 89
(y ya viene mostrando su faceta más militarista
-Oriente Medio-), y la función competitiva de
las potencias imperialistas emergentes como
Brasil, Sudáfrica, e India141.
Lo peculiar de este neonacionalismo, por darle
un nombre diferenciado142, es su carácter
táctico, pues supone la reacción de
determinados Estados nación (unos opresores y
otros oprimidos) frente a los cambios en la
situación mundial de modificación de la
relación de fuerzas entre las potencias
imperialistas que provoca situaciones de
“crisis” interna en tales Estados, que la actual

contradicciones que existen entre ellos.


141
Una explicación de esta situación se encuentra en
el texto de Karlos Luckas “La situación actual y
nuestras tareas: una aproximación al análisis de la
situación internacional desde la perspectiva de una
Revolución Social Integral.” (I Encuentro de
reflexión sobre Revolución Integral, mayo de 2015,
publicado por Potlatch-ediciones.
142
En realidad, es idéntico al nacionalismo
moderno-contemporáneo, solo que es en estos
momentos de crisis cuando se manifiesta de forma
evidente.
227
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

crisis mundial por la pandemia del covid 19 no


hara sino acentuar. Desde la crisis económica
mundial del sistema imperialista occidental,
desde 2008, se puso en duda la supuesta “pax
perpetua” de lo que pudiéramos denominar
como “ultra-imperialismo”, o la eufemística
globalización (o mejor, el creciente dominio
generalizado de los diferentes Estados
imperialistas) con la creación (con muchos
matices) del “sistema mundo” de factura
Wallerstein.
Esta situación, lejos de significar una crisis-
disolución de los Estados nación, ha provocado
una reacción de “reafirmación” de éstos, en sus
características ideológicas más tradicionales
como es la apelación al nacionalismo. Lo
vemos en temas políticos-económicos y
sociológicos como: la victoria de Trump en
USA, el Brexit en Inglaterra y los fenómenos de
la crisis demográfica, particularmente en
determinadas potencias imperialistas, como la
UE y los acontecimientos asociados como la
política neo-esclavista de inmigración, o
situaciones como la musulmanización de
Europa, y la instrumentalización de ese
islamismo por parte de los Estados imperialistas
occidentales143. Comprender este fenómeno con

143
Potenciando con ello sus funciones de control
228
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cierta rigurosidad requiere varias explicaciones:


Primera.- Por encima de las diferencias
políticas entre partidos y organizaciones, con la
proyección en una pretendida polarización
ideológica izquierda-derecha, existen los
intereses reales de los Estados, ya sean
imperialistas en crisis (EEUU, UE, o aquellos
que ostentan esa condición como Alemania,
Inglaterra, Francia, Italia, España…), o países
del “segundo mundo” (opresores y explotados,
a la vez, de la UE o de su entorno de influencia,
como Grecia, Turquía y la mayoría de la
Europa del Este). Por tanto, es en función de los
intereses políticos concretos, como los Estados
potencian e instrumentalizan las corrientes
político-ideológicas. Tenemos un cajón de
sastre en que todo cabe, porque en realidad no
existe diferencia alguna en el orden estratégico.
Syriza en Grecia, Podemos y Vox en el Estado
español, Movimiento 5 estrellas en Italia, junto

policial-militar de las respectivas poblaciones con la


excusa de “su protección” ante el fenómeno
yihadista, que en realidad es creado inicialmente por
éste y luego escapado de su propio control desde el
11-S, provocando igualmente su orientación
antagonista con “Occidente” por la política de
confrontación y rivalidad entre las potencias
imperialistas (EE. UU., UE, Rusia) en Oriente
Medio en Afganistán-Irak-Siria.
229
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

a Liga Norte (ambos en alianza de gobierno, o


sea, un supuesto partido de extrema izquierda
junto a otro de extrema derecha), en Francia la
Agrupación Nacional de extrema derecha de
Marie Le Pen (24% de votos en este momento),
Alternativa para Alemania de extrema derecha
como 4º partido en representación. Es a través
de todo el espectro ideológico (desde liberales,
socialdemócratas, populistas de izquierdas o de
derechas) como va el Estado gestionando sus
crisis, potenciando en cada caso el tipo de
corriente en función del estado de ánimo de la
opinión pública de las masas adoctrinadas144.
144
Podríamos considerar ejemplos de promoción y
práctica de alguna modalidad de neonacionalismo
hoy en el mundo en: Brasil, China, Egipto, Hong
Kong, Hungría, India, Israel, Italia, Japón, México,
Filipinas, Colombia, Rusia, Arabia Saudita,
Emiratos Árabes, Reino Unido y por supuesto EE.
UU. De hecho, según el estudio realizado por
Yascha Mounk y Jordan Kyle, en este momento las
cuatro democracias más pobladas del mundo están
gobernadas por populistas: Narendra Modi en India,
Donald Trump en Estados Unidos, Joko Widodo en
Indonesia y Bolsonaro en Brasil (publicado en
theatalntics.com “What Populists Do to
Democracies. According to our research, populist
governments have deepened corruption, eroded
individual rights, and inflicted serious damage on
democratic institutions. DEC 26, 2018. Yascha
230
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Segunda. - Profundizando en conceptos, una


crisis del Estado nación implicaría una
desestabilización, a su vez, de los elementos
esenciales de éste: el poder soberano
(coercitivo) sobre una población determinada
(pueblo) en un territorio concreto (delimitación
de fronteras). En el ámbito de la llamada
“ciencia política” hay una posición que sostiene
que se ha dado ya el paso desde la denominada
“soberanía moderna”, a la “soberanía
posmoderna”, por la cual la dominación

Mounk, Associate professor at Johns Hopkins


University. Jordan Kyle, Senior fellow at the Tony
Blair Institute for Global Change”). En este estudio
identificaron a 46 líderes o partidos políticos
populistas que han estado en el poder en 33 países
democráticos entre 1990 y hoy. El planteamiento en
sí mismo del “populismo” no deja de ser artificioso
e inútil puesto que tal definición se hace en relación
con grupos políticos o líderes que no concuerdan
exactamente con los modelos tradicionales de
“izquierda o derecha”, cuando esa dicotomía es, por
sí, artificial. El llamado populismo no es más que
una política de emergencia que utilizan las élites del
Estado, y que se fundamentan en la apelación a
determinados sentimientos de agravio de las masas.
Pero como se dice en el estudio de referencia, lejos
de drenar el pantano, la mayoría de los populistas,
simplemente han reemplazado a los caimanes de la
corriente principal por otros incluso más letales.
231
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

imperialista y su masiva internacionalización


(globalizadora) ha destruido los elementos
esenciales del Estado nación conforme al
modelo ideal hegeliano145 (identidades básicas

145
En la teoría de la soberanía de Hegel dos son las
cuestiones esenciales del Estado moderno: la
soberanía y la representación. La pregunta es ¿el
imperio-mundo cuestiona la “autonomía” interna y
externa de los Estados nación? La respuesta está en
que, en primer lugar, la soberanía no reside en el
“pueblo”, sino en las instituciones del Estado
nación, y en particular, en su ejército e instituciones
coercitivas; y segundo, el “contrato social” como
forma de legitimación del Estado se concreta en la
“unidad Poder-Pueblo” que expresan las normas
esenciales, sobre todo la “Constitución”, como
norma de normas; con ello tenemos los dos
elementos característicos del sistema de Estado
moderno, el poder real y la falacia del poder en sus
instituciones de representación. Por tanto, la
relación que existe entre soberanía y representación
“internas” y “externas”, nunca es estática, siempre
es dinámica y dependerá en cada momento de la
situación de la correlación de fuerzas existente entre
los Estados nación permanentemente enfrentados
entre sí por la hegemonía. De hecho, desde el siglo
XIX se han creado y modificado decenas de Estados
nación conforme a las guerras imperialistas de
redistribución de territorios en función de las
fuerzas militares en liza.
232
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

como lenguaje, cultura, economía, simbología),


para pasar a una forma posmoderna de
dominación, la cual ya no es por el clásico
Estado nación, sino por el “imperio-mundo”.
Son las consecuencias de esta “nueva
situación”, la pérdida de soberanía económica
(pactos y acuerdos que limitan la soberanía
económica de los Estado, como la UE), militar
(pactos y alianzas militares dominadas por las
potencias imperialistas hegemónicas), cultural
(dominio de la formación-información a través
del control de las redes sociales de internet). En
realidad, lo que sucede es más complejo, no hay
una línea divisoria entre “modernidad-
posmodernidad” respecto del Estado nación,
pues se dan las dos posiciones, pero no es
suficiente esto, ya que se debe establecer qué es
determinante. Todo Estado, -en su esencia- ha
de garantizar su “legitimación” interior,
mediante el sistema político de poder que
corresponda, con las instituciones de ese poder
que cada circunstancia histórica haya
determinado, y al mismo tiempo, porque ello es
inherente a su condición, tiende a su expansión,
a la agresión, a la conquista por vía económica,
política o militar, en su caso; por tanto, ni el
dominio del imperialismo es absoluto, ni está
exento de contradicciones y desarrollo desigual,
todo lo contrario, su forma normal de existencia

233
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

es la crisis y por ella se renuevan


sistemáticamente unas potencias a expensas de
otras. Ni tampoco los seres humanos se dejan
dominar sin oponer resistencia. En definitiva,
ningún Estado o bloque imperialista podrá
“sustituir” al Estado nación porque siempre
necesitará la legitimación de su poder, y para
ello la ideología nacionalista-patriótica es
esencial, porque a partir de ésta obtiene la
anuencia de las masas adoctrinadas (que llaman
Pueblo).
Esto significa que no es esencial alguna nueva
fórmula ideológico-política de “nacionalismo”
pues tal sello lo llevan todas las formas
políticas de la modernidad (desde la derecha a
la izquierda y de un extremo a otro). Lo
esencial es el poder del Estado nación, y esto,
sin duda no se va a poner en cuestión por algún
tipo de coyuntura internacional de crisis, por
tanto, solo estamos asistiendo a un cambio de
denominación de la ideología nacionalista
adecuada al momento político. Y no es
precisamente un cambio “denominación” lo que
modifique al Estado nación, sino una
revolución verdadera que sea capaz de
destruirlo sea este imperialista o
tercermundista.
Tercera. - Profundizando aún más en el terreno
de la política y de la historia, debemos

234
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

diferenciar conceptos que con carácter general


se confunden, y que son determinantes para
comprender la situación actual: la diferencia
entre Nacionalismo, Nación y Estado. El
nacionalismo es una ideología surgida en la
modernidad, esencial para la justificación del
Estado moderno, y se fundamenta en la
construcción de una “tradición”146. Es por tanto
un fenómeno ideológico de naturaleza
psicológica, se trata de la instrumentalización
del sentimiento de pertenencia que todo ser
humano posee respecto de su entorno local-
cultural. Sin embargo, la nación es considerada
como un hecho histórico objetivo, sobre la base
de un “consenso” de requisitos, como la
conocida definición de Stalin147. Y el Estado
moderno, que consiste en el conjunto de
instituciones de poder, principalmente las de

146
Lo define Anthony Giddens como “la existencia
de símbolos y creencias, que, o son propagados por
grupos de élite, o son mantenidos por una mayoría
de miembros de categorías regionales, étnicas,
lingüísticas, y que implican la existencia de vínculos
comunitarios entre ellos”.
147
“Una comunidad humana estable,
históricamente formada y surgida sobre la base de
la comunidad de idioma, de territorio, de vida
económica y de psicología, manifestada ésta en la
comunidad de cultura”.
235
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

carácter coercitivo, sustentador del sistema


capitalista y fundamentado en la “existencia”
previa de una nación, que le da justificación.
Hoy, constatamos que el Estado nación se ha
convertido en un fenómeno mundial desde hace
dos siglos. En cuanto a su esencia, antes y hoy,
se definen dos paradigmas: la marxista y la
liberal, y ambas coinciden en idéntico
planteamiento, su concreción y evolución
histórica depende de los “desarrollos
económicos”. Desde el momento en que ambos
argumentos coinciden, procedería analizar el
tema tomando como referencia las tesis “de
izquierdas” por tener más pretensión de
veracidad y mayor influencia en la lucha
política de masas. Por tanto, es importante
esclarecer analíticamente la repercusión real del
sistema mundo, según la versión de
Wallerstein148. Lo esencial del debate está en
que la impugnación de las tesis economicistas
se caracteriza siempre porque subordinan a lo

148
Wallerstein hace una referencia de la situación
mundial muy economicista, prácticamente copiada
de la llamada “Teoría de los Tres Mundos” de Mao,
es decir, la “zona capitalista explotadora” (EE. UU.,
Europa y Japón), la “zona semi-periférica”
(explotadora y explotada) y la “zona periférica”
(dominada por la coerción en búsqueda de la fuerza
de trabajo barata).
236
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

económico, lo político-militar, que es donde


reside el poder real, muy recurrente en la
doctrina marxista, y en general en los criterios
derivados de la “Teoría social”. En este sentido
lleva toda la razón Anthony Giddens cuando
señala que “No sólo vivimos en una economía
capitalista mundial, sino también en un orden
político-militar mundial de estados nacionales
anárquicamente organizados”149. Como
herederos y deudores del marxismo, su visión
de la situación internacional y a su vez, de las
perspectivas vitales del Estado nación, se
encuentran claramente distorsionadas por
unilateralidad, y con ello, ponen de manifiesto
lo que ya es una evidencia, que la doctrina de
Marx no entendió nunca, suficientemente, ni la
cuestión del Estado, y, sobre todo, el tipo de
sociedad futura deseable, impregnadas sus
posiciones de una ingenuidad casi infantil150

149
Guiddens, Anthony (2006).
150
Marx-Engels escribieron poco y mal sobre todo
ello, dejando algunas pinceladas de su concepción
utopista y hedonista en el texto: “Crítica al
Programa de Gotha”, apostando el futuro de la
sociedad comunista a una “evolución” mecánica del
sistema capitalista mundial (justo como le ha
quedado en la mente de Wallerstein), que por sus
“contradicciones inherentes”, económicas, por
supuesto, entre las “fuerzas productivistas y las
237
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

3.9. Nacionalismo e Islam.

Dado su salvajismo, los árabes, de entre todos


los pueblos, son los que menos desean
subordinarse unos a otros, siendo como son,
rudos, incultos, ambiciosos, y ansiosos de
poseer el mando. Rara vez coinciden en sus
aspiraciones individuales, pero si llega a ellos
la religión a través de la profesión de la
santidad, frenan un tanto su impulso y
abandonan su característica altivez y envidia.
Le resulta entonces fácil subordinarse y unirse
como organización social. Esto se ha
conseguido por medio de la religión que ahora
comparten.

Ibn Jaldún151

relaciones de producción”, de suyo, amanecería, un


día, el Mundo Feliz y Comunista. La realidad es que
Lenin, pero sobre todo Stalin y Mao, bastante más
prácticos, tuvieron que recurrir a una forma brutal
de dictadura de partido en una “etapa de transición”
al comunismo que no dejó de ser algo más que un
aberrante proyecto de neocapitalismo burocrático de
emergencia.
151
Citado en Kritzeck, James y M. E. Venier: islam
y nacionalismo árabe. Ed. Estudios Orientales.
México, 1969. Nota biográfica de Ibn Jaldún: Ibn
238
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Un análisis de la relación entre el islam y el


nacionalismo requiere necesariamente un
estudio previo sobre las características de las
principales religiones monoteístas y de las

Jaldún. Túnez (nace el 27 de mayo de 1332-muere


en El Cairo, el 19 de marzo de 1406). Es
considerado como uno de los fundadores de la
moderna historiografía, sociología, filosofía de la
historia, economía, demografía y las ciencias
sociales del mundo árabe, más exactamente del
Magreb. Arnold J. Toynbee y Ernest Gellner, entre
otros muchos intelectuales, lo han considerado en
gran estima por sus aportaciones eruditas
(históricas, políticas, filosóficas y sociológicas)
sobre el mundo musulmán, y en particular, sobre la
civilización amazigh (bereber). Un texto
representativo es Introducción a la Historia
Universal. Ed. Fondo de Cultura Económica.
México, 2008, extenso volumen de más de 1500
páginas, que contiene seis libros, cada uno de los
cuales estudia y describe la sociedad humana del
entorno musulmán (en la acepción más amplia,
desde Egipto a Mauritania y norte de Malí
(Amazighia), y también del mundo árabe y
musulmán más general), la civilización de los
nómadas, de las ciudades y aldeas, la organización y
clasificación de la nobleza, la economía, las artes y
la ciencia, todo ello bajo la égida de la ideología
musulmana.
239
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

similitudes y diferencias que existen entre ellas


para comprender las razones de por qué, en
pleno moderno siglo XXI, una religión adquiera
las características de una ideología política
moderna, como es el islamismo.
Una posición aproximadamente correcta sobre
ello es la que establece Samir Amin en
Modernidad e interpretaciones de las
religiones152. Lleva razón cuando señala que “la
modernización (fenómeno inicialmente
europeo), el laicismo y la democracia no son
productos de una evolución (o revolución) de
las interpretaciones religiosas, sino a la inversa:
éstas se han ajustado, con más o menos fortuna,
a las exigencias de aquellas”.
Esta es la clave de la cuestión que diferencia
radicalmente al cristianismo (en mayor o menor
grado en función de sus propias variantes entre
catolicismo/protestantismo) del judaísmo y el
islamismo; el primero conoce un proceso de
secularización, las otras dos religiones, no. A
pesar de los motivos de las similitudes
originales y sucesivas diferenciaciones entre las
tres religiones del Libro, lo cierto es que, por
152
Incluida como apartado en el capítulo al que ya
se hizo referencia “De la crítica del racialismo a la
crítica del euroccidentalismo culturalista”, del texto
“Discurso sobre el colonialismo”, A. Césaire
(2006).
240
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

las razones expuestas al comienzo, no


solamente el cristianismo se diferencia de sus
“hermanas” monoteístas del judaísmo e
islamismo, sino que, a su vez, deja en evidencia
las similitudes entre estas dos últimas
religiones, sobre todo, porque comparten la
misma concepción de la relación
religión/sociedad. Desde el punto de vista
dogmato-religioso las diferencias se establecían
desde el relato del origen del Ser Supremo,
mientras que, para el cristianismo, el Mesías era
Jesús, el Hijo de Dios, para los judíos, el último
reconocido era el rey judío de la Biblia, David,
y el próximo estaría por venir, y para los
islamistas éste era Mahoma, pero solamente
como Profeta. El proceso de secularización de
Europa153, con la “división de poderes”, y la
separación civil entre Iglesia y Estado resuelve
la cuestión de la religión en el Estado moderno.
Esta circunstancia marca un paralelismo muy
acentuado entre el judaísmo y el islamismo
donde el conjunto de reglas y prácticas que
afectan a los derechos individuales y a la
sociedad, se remiten al dogma religioso. No

153
En el ámbito ético o político, se utiliza este
término para significar la pérdida de los
tradicionales modelos de valor y autoridad
inherentes a la concepción religiosa del mundo.
241
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

existe en tal caso el derecho público,


alumbrando una especie de teocracia y
autocracia, pues la referencia “legal” será
siempre “en el nombre de Dios”. Lo más
importante que aportó la Reforma protestante
en Europa fue facilitar la constitución de los
Estados nación, puesto que se establecen
igualmente las “iglesias nacionales”, en
beneficio de la configuración territorial de los
Estados, favoreciendo además el surgimiento de
nuevas élites procedentes de las burguesías
emergentes. Por tanto, el judaísmo y el
islamismo no pueden ser hoy sino religiones
políticas, y sus Estados, hebreos y musulmanes,
de confesión judía e islamista.
Lleva toda la razón S. Amin cuando define al
islam moderno como islam político154, y es que
el “renacimiento” árabe o Nahda, del siglo
XIX, no tiene que ver con el Renacimiento
europeo, pues en este último se recupera la
cultura clásica, dejando de lado al cristianismo,
lo cual conllevó la posibilidad de desarrollar el
laicismo, abandonando la tradición religiosa. En
el mundo árabe no sucede lo mismo, allí, con la
Nahda, lo que se produce es una “reacción”
cultural frente a “Occidente”, una imitación en
las formas literarias, pero ese “renacimiento” no

154
A. Césaire (2006), pág. 138.
242
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

toma como referencia una cultura anterior al


islam, sino que se fundamenta en el propio
islam, es un renacimiento árabe. Como
consecuencia de ello, no se capta lo esencial del
laicismo y no se produce la separación entre
religión y política. Al no romper con la
“Tradición” de la religión islámica, únicamente
“acepta” las características técnicas de la
modernidad, pero no su esencia, que permite el
desarrollo de una sociedad y derechos civiles y
las mismas libertades formales, conservan la
esencia de la relación entre política y religión
propias del islam y sus tradiciones: valores,
relaciones de opresión hombre-mujer, sistema
penal, etc. Se puede afirmar que las sociedades
regidas por la ideología musulmana “no han
entrado aún en la modernidad”, y, es más, en su
esencia, si se es fiel a los ritos de la religión
musulmana, no existe la pretendida diferencia
entre “radicales” y “moderados”, pues se
adhieren a los mismos principios. No hay
posibilidad de reinterpretación del islam, se
podrá discutir su “herencia” (entre sunitas y
chiitas), pero no su esencia. En realidad, las
únicas fuentes de referencia ideológicas
admitidas son el Corán y luego la Sunna, que
no son más que principios constitutivos de la
moralidad musulmana, con aplicación general y
en vigor en la propia modernidad Nahda. Es tan

243
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

autocrático el Estado de la “Casa de los Saúd”


en Arabia, como el Califato del ISIS del iraquí
Al Bagdadi155, o el régimen de los Ayatollah
iraníes.
Analizada la naturaleza del islam moderno,
como islam político, procede ahora avanzar
hacia el análisis del islam como ideología que,
en gran medida, puede jugar en el mundo
contemporáneo la función de la ideología

155
Se refiere S. Amin a que el islam político en
realidad fue inventado por los orientalistas al
servicio del poder colonial británico en la India,
retomado literalmente por pakistaníes como
Mawdudi. En la construcción de los Estados nación
procedentes de las colonias inglesas en el sur de
China significó, con la aplicación de la doctrina de
Al Mawdudi, por la cual los musulmanes deben
residir en un Estado Musulmán, la creación de -
inicialmente- dos Estados Pakistán e India, pero al
estar relativamente mezcladas las etnias y las
afinidades religiosas, se produjeron movilizaciones
de seres humanos masivamente para “asentarlas” en
sus Estados de preferencia religiosa. Un auténtico
holocausto, donde millones de habitantes eran
desplazados de sus lugares de nacimiento, p.e. en
1951 se censaron más de 7 millones de desplazados
de India a Pakistán, generándose un conflicto bélico
entre ambos Estados que aún perdura y se agrava,
puesto que las dos son potencias nucleares.
244
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacionalista. Como señala E. Gellner156, hay


una excepción “muy real y dramática” en el
Islam en cuanto a conocer el proceso moderno
de la secularización, y las diferentes corrientes
o sismas sectarios como sunitas, chiitas o la
minoritaria jariyita no cuestionan la esencia de
esta doctrina ideológica, únicamente les
diferencia la naturaleza de la “fidelidad” a la
Sunna, el corpus de la revelación y la
elaboración erudita (y los privilegios políticos
de los miembros de la “Casa del Profeta”),
como ya señalamos con anterioridad, o los
chiitas que veneran a los “líderes divinos”
(vivos o muertos), pero en definitiva son meras
diferencias formales entre ellos, que llevan en
situación de antagonismo mutuo durante siglos
y que marcan el más grave e ininterrumpido
enfrentamiento entre dichas corrientes.
Otra característica, aportada igualmente por E.
Gellner, pero que sin duda viene de la
inspiración socio histórica de Ibn Jaldún, y el
propio Engels, señala que debe distinguirse
entre un islam alto o culto y un islam bajo o
popular. Mientras que el primero se caracteriza

156
Gellner, Ernest. Posmoderismo, razón y religión.
Ed. Paidós. Barcelona 1994. Aunque tiene bastantes
detractores, este texto es imprescindible para
comprender el islam político de nuestra época.
245
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

por su fundamentalismo y es practicado por las


élites urbanas y burguesas, el popular, tiene su
base social en las comunidades ganaderas,
campesinas y tribales, y en el culto a los santos
como la actividad dogmático-ideológica
principal. Lo que ha venido sucediendo es un
desequilibrio entre la influencia de ambas
corrientes, a favor del llamado “alto islam”, el
urbano y fundamentalista. Por tanto, en la
especie de “revolución cultural” que se produce
en el mundo del islam en el siglo XIX, termina
por consolidar al islam alto y sunita
(mayoritario en el mundo islámico) frente al
islam popular que se ve erosionado por los
efectos del avance del mundo moderno
(colonialismo y neocolonialismo) en las
regiones rurales de los países musulmanes. El
islam alto “reformado”, actualizado a las
exigencias técnicas del nuevo mundo
poscolonial, ofrece algo que es esencial para la
construcción de los Estados, una identidad
nacional, que es instrumentalizada como
ideología para el enfrentamiento con el
colonialismo, como afirma E. Gellner. “La
nación musulmana moderna a menudo es
sencillamente el total de los musulmanes en un
territorio dado”157.

157
E. Gellner (1994), pág. 29.
246
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Argumenta el islam alto que las razones del


atraso respecto de Occidente se deben
justamente a la persistencia del islam popular
en su seno, basado en la indisciplina, desafía la
tesis de la secularización oponiendo un regreso
a un fundamento islámico que se define como
“puritano, igualitario y escrituario”, dando
lugar, en oposición al chiismo, más próximo al
islam popular, al citado antagonismo esencial
en el mundo del islam. De hecho, según Gellner
el Islam alto, puritano y auto-reformado se
combina con un nacionalismo reactivo que es
“sumamente difícil separar”.
En buena lógica, existe una competencia
ideológica entre el nacionalismo y la religión,
en este caso, el islam. La cuestión ahora es
justamente, determinar su relación peculiar y
especificidades respecto al nacionalismo
conforme al modelo occidental. Como ya
hemos señalado, el fenómeno del nacionalismo
moderno surge a partir de una tradición
intelectual y de las condiciones concretas de
Europa entre los siglos XVI y XIX,
acompañado de la secularización de las
sociedades. También hemos visto cómo
precisamente el Islam es incapaz de superar esa
dualidad entre religión y política, con lo cual, el
tipo de nacionalismo posible debía ser peculiar,
asumía su fondo y sentido, pero no su forma, de

247
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

manera que la “tradición” no se podría sustentar


en una “comunidad humana estable” con
características étnicas, territoriales, lingüísticas
comunes, sino en una “tradición histórica” de
naturaleza religiosa, el islamismo, aunque la
predominancia árabe es evidente, ya que “ser
árabe” se asimila a la cosmovisión del islam.
La característica esencial, por tanto, del
nacionalismo árabe, (comprendido éste como
islamismo)158, es su carácter universal (como
todas las religiones monoteístas), por lo que “su
mensaje” es dirigido a toda la humanidad, y no
solamente a una comunidad “étnica-lingüística-
territorial” concreta. Ello no puede ser más que
una condición de la existencia del islam
político, su discurso nacionalista debía
necesariamente apoyarse en el legado árabe-
islámico como esencia y fuente de su poder,
como acertadamente señala Kritzeck159 cuando

158
Lo que conocemos como el “mundo árabe” es
mucho más que el territorio de Arabia Saudita,
lógicamente, pues abarca decenas de países, la
mayoría en Oriente Medio, y además de decenas de
etnias y comunidades diferenciadas de las
propiamente árabes. Existe una asimilación
lingüística pues el que se considera árabe “se
comprende” que es, de suyo, musulmán.
159
Kritzeck, James. Islam y nacionalismo árabe,
Ed. Estudios Orientales 4:1, 1969. Este texto explica
248
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

dice: “Del islam surgió una nación, un estado,


una historia nacional y una civilización”.
Aunque no existe unanimidad respecto a los
orígenes del nacionalismo árabe, parece seguro
que, al menos, nace a finales del siglo XIX160.
En cuanto al contenido ideológico,
mayoritariamente fiel a la tradición suní, define
el contenido ideológico “patriótico” del deber
nacional, como “la simple obligación de
defender y seguir la sharía (como Ley
islámica), “porque Dios nos eligió para que
levantáramos nuestra nación (la ummah)”161.

con bastante rigurosidad histórica los diferentes


acontecimientos y circunstancias, en el marco de las
luchas de poder imperialistas occidentales y la
renovada configuración moderna de las élites
musulmanas, que culminarán en el actual islam
político, con sus elementos comunes y diferencias
antagónicas.
160
Según cita Kritzeck en el documento antes
citado, sucede a partir de una reunión de la
“Sociedad Científica Siria, cuyos miembros eran
musulmanes y drusos, a fines de siglo, y en gran
parte como consecuencia de la reacción musulmana
frente a la educación europea, el liderazgo del
nacionalismo árabe pasó “de manos cristianas a
las de los musulmanes”.
161
La cita completa es: “Dios nos eligió para que
levantáramos nuestra nación (ummah), para que
frenáramos a los injustos, a los heréticos, de
249
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

No se apela al derecho de autodeterminación,


sino a la doctrina islámica que obliga al
gobernante a hacer cumplir la sharía y el
derecho implícito a rebelarse contra el
gobernante que la viole. Otro aspecto diferente
a la teoría eurocéntrica del nacionalismo, en la
línea del pensamiento de Husayn, es no atribuir
una significación social o política al sentir
étnico, y a la de “nación”, se refiere más que
nada al sello islámico, fervor, bravura, hombría
y orgullo árabe. Por eso, el término de nación,
para Husayn, significa, no etnia cultural, sino
árabe, donde ummah significa la comunidad de
los creyentes verdaderos del islam, pero
también usa las de wataniyyah “patriota” y
qadwmiyyah, como “nacional”. Lo que ha
hecho el Islam político desde mediados del
siglo XIX, en que las élites locales islamistas se
plantean su incorporación a un mundo que
empieza a ser dominado por los Estados nación
modernos, es ocultar su verdadera vocación de
dominio sobre la base del Islam bajo fórmulas
más o menos “laicas” de nacionalismo árabe,
como un método para homologar su

nuestra tierra y de entre los verdaderos creyentes,


pidiendo de ellos lo que pedimos de nosotros, es
decir, el deseo de seguir la enseñanza de Mahoma,
y de librar del mal a nuestras tribus y nuestras
comunidades árabes”.
250
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

modernidad, y facilitar con ello su integración


en un nuevo sistema mundial del que
inevitablemente ha de formar parte en el futuro.
De esta peculiar concepción se derivan ciertas
características del nacionalismo islamista, en su
versión más “fundamental”:
- El Estado de la “nación árabe” ideal es ante
todo un Estado musulmán, un Califato que
abarcaría todos los territorios en los que se
encuentre la comunidad de creyentes162.
- En ese Estado de la “nación árabe” prevalece,
sobre toda ideología, las enseñanzas del Corán
y de la Sunnah.
- El deber esencial de la “nación árabe” es
luchar por restablecer la grandeza y los
derechos del Califato.
Como podemos observar, estos criterios son
justamente aquellos que ha tratado de aplicar el
llamado Estado Islámico, pero que no es nuevo
ni diferente con el que soñaban los primeros
nacionalistas-islamistas Husayn y Abdullaha a
principios del siglo XX163.

162
Con una definición de “creyente” que supera el
estrecho concepto de árabe=creyente, pues abarcaba
a todos los seguidores del islam.
163
Husayn ibn-Alí, jerife de la Meca, líder de la
rebelión árabe de 1916, y Abdullah (o Abd Allah),
hijo y emir. Nota histórica: se denomina La
Rebelión árabe o La Gran Revuelta Árabe, fue una
251
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Pero lo realmente importante a destacar es que


el nacionalismo árabe, desde sus inicios, se
presenta como un “aliado” estratégico del
colonialismo europeo dominante en Oriente
Medio (Inglaterra y Francia). Lo que
comprobamos en la biografía de Husayn es que
procede de la élite musulmana, linaje de los
hachemíes, ostentando el cargo de “jerife” de
La Meca, institución que procede desde el siglo
X, cuyos intereses estratégicos (que éste
representa) entran en contradicción con la
política expansionista del imperio otomano. Lo
cierto es que, en una coyuntura internacional de

sublevación dirigida precisamente por el llamado


jerife de La Meca (Husayn) contra el Imperio
otomano, pudiendo considerarse una especie de
“revolución moderna”, con objetivos “modernos” de
constitución de “Estados nación”, pues se propone
precisamente el objeto de crear en Palestina un
Estado árabe unificado que abarcaría desde Alepo
en Siria hasta Adén en el Yemen. La rebelión
comenzó el 5 de junio de 1916, y duró dos años, de
1916 a 1918, dando lugar a un efímero reino árabe
que pronto fue sustituido por la división colonial
que da lugar al actual mapa de Oriente Medio. (nota
extraída de:

https://es.wikipedia.org/wiki/Husayn_ibn_Ali_(jerif
e_de_La_Meca).
252
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

graves conflictos entre las potencias


imperialistas europeas por una “nueva”
redistribución” de las zonas de influencia
colonialista, tanto en Europa, como en el resto
del mundo, y en particular en Oriente Medio,
los intereses estratégicos de los árabes,
dirigidos por Husayn, se enfrentan
antagónicamente a la política expansionista del
imperio otomano164 que ha tomado partido por
las fuerzas beligerantes centro-europeas en
vísperas de la I Guerra Mundial, y procede a
una alianza estratégica con los colonialistas
ingleses bajo la promesa de la construcción de
un Estado nación, árabe165. Esta situación
preparó a la rebelión árabe contra los otomanos,
que debía coordinarse con británicos a cambio
del reconocimiento aliado de un Estado árabe
independiente en los territorios árabes de Asia

164
Este enfrentamiento estratégico entre Husayn y
la política expansionista del imperio otomano le
lleva a una reclusión de 18 años en Estambul.
165
Mensaje de Henry McMahon, alto comisionado
británico en El Cairo, que hizo llegar al jerife
Husayn por el que se le invitaba a aliarse con los
británicos en la I GM. “Si la nación árabe se coloca
a su lado en esta guerra, Inglaterra le garantizará
contra toda intervención exterior en Arabia y dará
a los árabes toda la ayuda necesaria contra una
agresión extranjera”.
253
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

una vez liberados del dominio turco, esto es,


desde la actual Siria hasta el Yemen. Ese era el
“principio de acuerdo”, sin embargo, sabemos
que la realidad no fue así, pues los Estados
colonialistas-imperialistas europeos (a través
del Acuerdo de “Sikes-Picot” de mayo de
1916), los incumplieron totalmente; luego, en
1920, tropas francesas y británicas hicieron
efectiva la distribución de los territorios entre
ambos, coronando a los dirigentes títeres como
Faysal y Abd Allah, en Irak y de Transjordania,
de hecho, dos Estados creados artificialmente
por el Reino Unido, de acuerdo a sus intereses
de división territorial neocolonialista.
Los enfrentamientos militares y a su vez las
alianzas tácticas entre las potencias, primero
colonialistas, y luego neocolonialistas e
imperialistas occidentales, con las élites
“locales” en disputa por el poder territorial en
Oriente Medio, ha sido la constante en los
últimos 100 años, hasta hoy, en una compleja
realidad de unidad y lucha tanto entre las
potencias colonialistas como entre las fuerzas
hegemonistas locales. De estas contradicciones
y luchas entre fuerzas hegemonistas islamistas
todas ellas, surgen los actuales conflictos en
Oriente Medio entre el fundamentalismo
wahhabistas de la Casa de los Saúd, respecto de
las élites dirigentes de Turquía, Siria, Irán, etc.

254
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Las contradicciones antagónicas sobre la


esencia del islam entre las corrientes suní y chií
no son más que la expresión de la peculiar
configuración histórica de las élites en cada
territorio, que han ido construyendo y
adaptando diferentes formas ideológicas
islamistas (con la adscripción a las corrientes
distintas de “fidelidades”) para favorecer las
estrategias de dominación, según sus
específicas particularidades históricas166.
Ya hemos visto anteriormente como el
nacionalismo es una ideología de la modernidad
que recurre básicamente al sentimiento de
“pertenencia”, pensamiento que es utilizado por
las élites que pretenden el poder del Estado. En
este sentido, el nacionalismo árabe, basado en
el islam político, conforme suceden los
acontecimientos históricos, adapta y modifica
las características políticas, sin perder su
esencia. Configurado estratégicamente según el
modelo del Estado nación después de la I
Guerra Mundial, hacia el cual enfoca todas sus
tácticas, va evolucionando en sus corrientes
ideológicas conforme cambia la correlación de
166
Con ello, se quiere significar las características
de la comunidad concreta organizada, lo cual va
unido a una determinada filosofía de vida basada en
las costumbres, una historia común, experiencias,
pensamientos, lenguaje, etc.
255
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

las fuerzas imperialistas mundiales en lucha por


la hegemonía, adaptando sus políticas en
función de aquellas luchas y alianzas que mejor
las beneficien.
Veamos: una consecuencia de la I GM es la
derrota de los turcos y la liquidación del
antiguo imperio otomano, con lo cual, se abrió
la posibilidad de que las élites de los territorios
de Oriente Medio, en conflicto de competencia
con los turcos, se planteara abiertamente la
constitución de Estados nación, en unas
regiones con una complejidad abrumadora
(diferentes etnias, lenguas, religiones y
culturas) aunque dominadas por el islam167. En

167
Así queda reflejado en los acuerdos alcanzados
entre las potencias colonialistas occidentales y los
promotores de los nuevos Estados árabes: los
secretos Acuerdos Sykes-Picot de 1916 dividen toda
la región entre Francia y el Reino Unido de Gran
Bretaña e Irlanda, y además el inicio del conflicto
árabe-israelí con la Declaración Balfour de 1917,
que muestra el apoyo británico a la creación de un
“hogar nacional judío” en Palestina. El emir Fáysal,
jefe de la dinastía hachemita de Irak y dirigente de
la Rebelión Árabe (con asesoría británica -Sir
Lawrence de Arabia-) dirige en julio de 1919 el
Congreso Nacional Árabe reunido en Damasco para
proclamar la soberanía árabe sobre Siria (que
incorporaba a los actuales Estados de Siria, Líbano,
256
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

todo caso, quien apoya a las élites que luego


dominarán los Estados, serán las propias
potencias imperialistas, a favor del islamismo
suní, y en detrimento de chiitas, cristianos o
kurdos.
Después de la II GM se produce una nueva
redistribución de zonas de influencia y reparto
del mundo neocolonial entre las potencias
vencedoras y, a su vez, una polarización entre
el imperialismo norteamericano y sus aliados,
respecto de la URSS y los suyos. En esta
situación surge la idea política del panarabismo,
a partir del cual el nacionalismo árabe se
propone una estrategia de creación del Estado
árabe global, incorporando a “todos los pueblos
árabes” de todo el mundo, con ciertas
influencias laicas, es decir, tomar como
referencia preferente la base “étnica” árabe,
antes que el propio islam, pretendiendo con ello
abarcar aún más territorio y población posible,
como proyecto ultra-imperialista que era. Este
intento nacionalista-popular encuentra
lógicamente apoyo en la política social-

Jordania e Israel-Palestina). Pero los intereses


estratégicos del neocolonialismo en ciernes, sobre
todo Francia e Inglaterra, quisieron reservarse el
mayor control sobre las zonas territoriales limítrofes
con el Mediterráneo, creando Estados artificiales en
El Líbano y Palestina.
257
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

imperialista de la URSS en su disputa con EE.


UU. y aliados. Surgen posiciones político-
ideológicas como el nasserismo, baazismo que
implicarían sistemas de poder análogos en
Egipto, Irak, Siria, Libia, y que
demagógicamente defendían un programa
político “progresista”, incluyendo terminología
“socialista” del tipo: a) Reivindicación de la
unificación del mundo árabe en un único
Estado. b) Nacionalización de las empresas
extranjeras y reforma agraria. c) Desarrollo de
servicios públicos (sanidad y educación
principalmente) de calidad al alcance de todo el
pueblo, búsqueda de la eliminación de la
miseria.
Las consecuencias de estos factores son
determinantes para comprender el momento
presente en la situación geopolítica de Oriente
Medio, y en particular, en las diferencias
conceptuales del nacionalismo árabe islamista.
De hecho, lo que sucede entre 1990 y 1992 es la
irrupción del yihadismo radical sunita y su
creciente presencia en el mundo árabe,
alcanzando su punto álgido con el ISIS en Irak-
Siria, y la “experiencia práctica del llamado
Estado Islámico, o intento de establecer el
Califato contemporáneo (2014) de Abu Bakr
al-Baghdadi, según la tradición originaria del
año 662 con el Primer Califato de Medina. Por

258
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

tanto, se ha pasado de un panarabismo,


ecléctico y vinculado al proyecto estratégico de
la URSS, a un panislamismo, instrumentalizado
por el bloque imperialista occidental para
erosionar el poder de la URSS y disputar el
control territorial de aquella parte del Oriente
Medio aún por dominar: principalmente Irak,
Siria e Irán. Desde el 11-S hasta la guerra de
Siria sabemos que el panislamismo tiene
intereses propios, y que no son “meros”
mercenarios, como repetidamente los ha
calificado la izquierda pro-Rusia.
De hecho, todas las guerras creadas en Oriente
Medio de los últimos 30 años han tenido un
marcado sesgo: el intento del imperialismo
occidental por recuperar sus posiciones
estratégicas cuestionadas en el Sudeste asiático
(Vietnam, Laos, Camboya) en la década
anterior. A tal fin, aprovechando la debilidad de
la URSS-Rusia, desarrollan una estrategia
militar en esta zona de África, de vital
importancia política, económica, y por tanto
militar, en disputa con los intereses propios del
imperialismo ruso y los propios de las
oligarquías de las élites locales en esta zona del
mundo aún no controlada. Por tanto, tenemos
los conflictos de Afganistán (1978-1992),

259
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Argelia168 (1991-2004), Guerra Irak-Irán (1980-


1988), Guerra del Golfo (1990-1991), Guerra-
invasión de Irak (2003-2011). Y luego, la
llamada eufemísticamente Primavera Árabe
(2010-2013), proceso por el cual se incentiva la
desestabilización de todo el Oriente Medio no
sujeto suficientemente al mandato imperialista
occidental, incorporando al conflicto, con
mejores o peores resultados, a más de 18
Estados, que de una forma más o menos
violenta, conocen procesos de agitación social,
revueltas y directamente golpes de Estado y
cambios de gobierno, entre ellos, Estados de
gran importancia como Egipto, Siria y Libia,

168
El GIA (Grupo Islamista Armado), fundado en
1992, y liquidado en 2004, vinculado con Al Qaeda
en 1997, según observadores internacionales, fue
incentivada su creación por el imperialismo
occidental, tomando como referencia la experiencia
de Afganistán, y después del ascenso político del
FIS (Frente Islámico de Salvación), que nace de
organizaciones juveniles radicalizadas enfrentadas
al FLN, que es fundado en 1989 y llega a ganar las
elecciones en Argelia en 1990-91, obteniendo nada
menos que un 65% de los votos en las elecciones
municipales, y el 24% en las generales de 1991,
provocando un autogolpe por el presidente Chadli
Benyedid para evitar la segunda vuelta de estas
elecciones.
260
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

con los resultados que ya son ampliamente


conocidos, pero con la característica de que
quienes inician, o al menos, terminan siendo los
que toman la iniciativa, son los partidarios del
islamismo yihadista sunita favorecidos
descaradamente por el imperialismo de
occidente. También sabemos que los resultados
finales son muy diversos, en Egipto se
consolida la opción militarista del Estado
panarabista tradicional frente a los islamistas;
en Libia se deja el control en manos de las
bandas islamistas en un Estado fallido; en
Túnez, queda la situación “abierta”169; y en
Siria, que es donde peor parado salen los
neocolonialistas occidentales a favor de sus
rivales estratégicos, en primer lugar de Rusia,
luego Irán, siguiendo con la crisis del “aliado”
turco; y por supuesto, la operación fallida
contra el régimen de los Ásad en Siria, que al
final lo que consigue es sostenerlo en el poder,

169
Desde las revueltas de 2010, hasta la
proclamación de una nueva Constitución en 2014,
se sucede el enfrentamiento y la rivalidad entre
militares e islamistas, de forma similar a Egipto,
aunque hoy por hoy forma parte de los regímenes
más afines a los EE. UU.
(ver en
http://www.cronica.com.mx/notas/2011/557174.htm
l)
261
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

pero como aliado indiscutible de Rusia. Aunque


es cierto que en este conflicto han entrado
nuevas fuerzas políticas, sociales, y militares,
básicamente las dirigidas estratégicamente por
el PKK, en la parte norte, fronteriza con
Turquía, que han creado nuevas experiencias de
liberación popular que serán objeto de análisis
más adelante.
Desde el punto de vista que interesa en este
apartado, con independencia de la terminología
utilizada, de la fidelidad mayor o menor a los
elementos constitutivos del Estado nación
moderno occidental, el islamismo,
(panislamismo) adquiere todas las
características de la ideología nacionalista, es la
misma apelación a los sentimientos de
pertenencia, pero dirigidos hacia una creencia,
(el islam), a un pueblo (originariamente, el
árabe, como el pueblo elegido por Dios). Los
conceptos de nación, pueblo o patria, se pueden
entender, independientemente, por la expresión
umaah (comunidad de los verdaderos creyentes
del islam). Y a su vez, la Qawmiyyah, como
sentimiento de pertenencia a una comunidad de
características comunes de lugar, cultura y
creencia.

4. LA GÉNESIS FILOSÓFICA DEL


NACIONALISMO

262
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Echar raíces quizá sea la necesidad más


importante e ignorada del alma humana. Es
una de las más difíciles de definir. Un ser
humano tiene una raíz en virtud de su
participación real, activa y natural en la
existencia de una colectividad que conserva
vivos ciertos tesoros del pasado y ciertos
presentimientos de futuro. Participación
natural, esto es, inducida automáticamente por
el lugar, el nacimiento, la profesión, el entorno.
El ser humano tiene necesidad de echar
múltiples raíces, de recibir la totalidad de su
vida moral, intelectual y espiritual en los
medios de que forma parte naturalmente.

Simone Weil170

170
Weil, Simone. Echar raíces. Ed. Trotta. Madrid.
1996. Simone Weil (1909-1943), admirada por su
“ética de la autenticidad y la rara combinación de
lucidez, honestidad intelectual y desnudez espiritual
de su escritura”, lo cierto es que siendo una de las
mentes más lúcidas del siglo XX, sobre la cuestión
nacional adopta una postura confusa, puesto que su
crítica únicamente se centra en la función de
acaparar la “nación” por el Estado, lo cual es
cierto, pero no por la perversidad del Estado y
“bondad de la nación”, aceptando con ello el
concepto moderno de “nación” como realidad
263
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

histórica, es decir: “conjunto de territorios y de


pueblos reunidos por unos acontecimientos
históricos en que el azar desempeña un papel
importante…la nación es un hecho, y un hecho no
es un absoluto” (pg. 111, del capítulo “Desarraigo y
nación”). Los efectos devastadores de la invasión
nazi de Francia que le tocó vivir la hacen adoptar
una posición chauvinista sobre la defensa de la
patria, producto de su confusión sobre el concepto
de “nación”, al que identifica como “pueblo” (llega
a decir: “cuando ésta se halla en peligro de
desaparición las obligaciones implicadas por la
fidelidad a todos esos medios convergen en la
obligación única de socorrer a la patria”). Cierto
es, que luego, Sylvia María Valls, del Instituto
Simone Weil lo “matiza” (Consideraciones en pro
de una ventajosa y pacífica de la nación-estado:
Ciudadanía Ecológica. 21-23 marzo, 2014),
interpretando en favor de Simone que “El
nacionalismo ha aparecido cada vez más como una
especie de religión laica que exige sacrificios.
Siguiendo de nuevo a Simone Weil, observamos el
contraste entre un patriotismo sano y un
patriotismo enfermizo cuyo estímulo no sería sino el
de la fuerza, el poder y el orgullo: una soberbia
aliada a la idea más o menos perniciosa de la
“soberanía”. Ella señala la necesidad de
contrarrestar semejante patriotismo malsano
poniendo en juego un universalismo proyectado a
partir de lugares concretos, alimentados por la
propia memoria entrañable del lugar, proveedores
264
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

de esos” puentes” (metaxu) que nos permiten


“comunicar con el universo”, trascender, pero
siempre a partir de aquello que nos es REAL y no a
partir de una borrosa abstracción lejana producto
de esa religión defectuosa en que termina el
proyecto nación-estado”. Esa diferencia, o matiz,
entre “patriotismo sano” y “patriotismo enfermizo”,
tratando de diferenciar el “amor por lo cercano, lo
local, de la patria chica”, respecto del patriotismo
nacionalista del Estado nación, es lógica formal. S.
Weil, por su juventud, por sus posiciones en lo
filosófico y político, tiene un valor universal, pero
no tenía condiciones para entender, en su total
complejidad, la cuestión del Estado nación, y su
posición es, en ello, débil. Lo mismo sucede a la
propia Sylvia M. Valls, en el documento citado trata
de “estirar” los argumentos, para que las posiciones
de Weil resulten aceptables, desde la critica al
Estado nación y la defensa de “lo local”, pero
resulta que sus propias posiciones están bastante
limitadas por su insuficiente comprensión de tales
temas. Hay un loable intento de comprender la
complejidad del tema, pero, igual que le sucede a S.
Weil, sus posiciones respecto de los fundamentos
históricos, filosóficos e ideológicos del Estado
nación, son insuficientes, aunque cite a M.
Bookchin o a Félix R. Mora. Pero en su favor, parte
de una disposición revolucionaria, comprende que
el mundo de hoy no puede pensarse con la
cosmovisión de ayer. Dice algo muy emblemático
de ello: La experimentación es la orden del día,
265
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Nota introductoria.

Ya se han analizado con cierto detalle las


características ideológicas del nacionalismo,
desde sus orígenes hasta el momento presente,
evaluando las diferentes corrientes de
interpretación, en relación con la propia
historia. Pero comprender con mayor
profundidad sus características y esencia
requerirá dejar sentado, primero, desde qué
posiciones filosóficas se concibe el
nacionalismo moderno; segundo, el contexto
histórico en que éste se establece, y tercero, y
más importante, las razones realmente políticas
en que se sustenta el nacionalismo.
Lleva razón Simone Weil en esta cita, sobre la
importancia vital que tiene el carácter
psíquicamente emotivo del sentimiento de
pertenencia. Es una condición que tiene
connotaciones incluso biológicas, relacionadas
con el instinto de supervivencia para los seres
sociales, como los humanos. Lo que realmente
hace el Estado, a través de sus filósofos e
intelectuales, es dar un sentido “histórico”,
debidamente “documentado” a ese sentimiento,
convirtiéndolo en doctrina ideológica y política.

junto al valor de disponernos a pensar fuera del


cajón.
266
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Pero ello requiere previamente de una


justificación mediante una Filosofía de la
Historia concreta, como hacen Herder y Hegel
respecto de la fundamentación filosófico-
política del nacionalismo moderno entre los
siglos XVIII y XIX, como parte del
argumentario básico del propio Estado
moderno.
Como fundamento de tal Filosofía de la
Historia, la definición de conceptos
supuestamente históricos como pueblo y
nación, debidamente incorporados al lenguaje y
al discurso, terminan siendo esenciales para que
el objeto final del poder pueda justificarse, el
Estado nación moderno.
La democracia moderna, como pilar central del
discurso de la filosofía política a partir de la
revolución francesa, es el pensamiento que
mejor permite asegurar la dominación del
pueblo “con su consentimiento”. No se trata de
que el pueblo “obedezca”, simplemente, por
algún tipo de sumisión a una “autoridad” civil,
militar o religiosa, como ha sucedido en el
pasado, sino que acepte su propio dominio a
partir de la ficción de que el poder se ejerce en
su nombre. Por esa razón, la identidad
“pueblo/nación” es tan importante para que el
“mito del poder” -que reside en el “pueblo”- se
asocie a la identidad, a la “Nación”. En Francia

267
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

nace el nacionalismo en abril de 1793171 a partir


de la consideración de que lo importante no era
la libertad, en general, sino la del pueblo
francés, uniendo pueblo a origen identitario:
dos mitos unidos. Pueblo y Nación.
Ya vimos anteriormente las características
filosóficas de conceptos esenciales del
nacionalismo, como es el “derecho de
autodeterminación” o “nación”, pero una
profundización en el análisis desde la
perspectiva de la filosofía política requiere que
comprendamos el auténtico contexto en el que
surgen, no solamente la idea de “nación”, y por
tanto, la ideología nacionalista, sino también los
conceptos modernos de “libertad”, “igualdad”,
y las más complejas de “democracia”,
“pueblo”, “estado” y “revolución”, sin los
cuales hubiera sido imposible que el fenómeno
nacionalista pudiera alcanzar la consistencia
histórica que ha tenido (y aún tiene), y es que
todos ellos se integran en la concepción
moderna del poder. Un análisis bastante
acertado sobre esta cuestión la tiene el filósofo
político Gérard Mairet172, que comienza el
171
El 24 de junio de 1793, fecha de la primera
Constitución republicana francesa, redactada por la
Convención Nacional.
172
Mairet, Gérard. Historia de las ideologías. De
los faraones a Mao. Ed. Akal. Madrid, 2008. Nace
268
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

desarrollo de sus planteamientos sobre la


cuestión con una cita que resume todo un
análisis histórico complejo, que, por su
importancia, se detalla:
El poder del Estado contemporáneo se afirmó,
desarrolló y consolidó confundiéndose
“pueblo” con “nación”, según unas
modalidades que habremos de especificar. Pero
en este par de cuestiones, el pueblo es el
dominante hasta el punto de que no se podría
alimentar seriamente, hoy como ayer, una
visión política para sí mismo o para todos si no
se tuviese en cuenta que el pueblo es soberano.
En este sentido, este pueblo surge como la
referencia obligatoria, la fuente y la norma de
toda la política desde que resonaron en Europa
y en el mundo los “ideales” de la gloriosa
revolución francesa.
Y es que no podemos olvidar que los vocablos
modernos de libertad, igualdad, democracia,
nación, pueblo y revolución están tan
integrados en todos los discursos del
nacionalismo, (opresor, oprimido, del “centro”
y de la “periferia”), que actúan como

el 12 de junio de 1943, y es profesor de filosofía en


el Departamento de Ciencia Política de la
Universidad de París VIII. Le dedica al estudio de
esta cuestión los capítulos “Pueblo y Nación”,
“libertad, Igualdad”, pág. 450 y ss. del texto citado.
269
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

verdaderos dogmas de la modernidad, dogmas


que debemos circunscribir históricamente en su
contexto real, el poder del Estado, única forma
de evaluar un paradigma diferente y superador
en la perspectiva de un nuevo tipo de cambio
social (o revolución).
La filosofía política inmediatamente anterior a
1789, Rousseau, por ejemplo, ideó el concepto
de “pueblo” vinculándolo al de “soberanía”, en
oposición al poder del “monarca soberano”.
Con ello -y la propia revolución francesa se
encargó de ponerlo en práctica- se designa al
pueblo como detentador de la soberanía, y se
crea con esta idea la ficción de que la verdadera
sustancia del Estado es el pueblo, que toma
forma con la ideológica nacionalista. Es a partir
de este planteamiento como surge la otra
ficción, la “democracia”, o gobierno del pueblo
(pero sin el pueblo, pues son las élites del
Estado las que realmente mandan). Desde el
momento en que la gente considera que es el
pueblo el que detenta el poder, dará su
consentimiento para que el Estado cumpla sus
funciones sin apenas oposición. Frente a la
monarquía, ahora se instituye la república, pero
lo realmente importante es comprobar cómo el
poder del Estado no varía, solamente cambia de
titularidad, mejorando notablemente su eficacia
y capacidad de opresión, principalmente el

270
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

plano militar y económico. Se trataba


simplemente de “cambiar” el concepto del
“príncipe” por el del “pueblo”, acompañado de
una revolución nacional depuradora de los
viejos ropajes del Estado, ¡y la transición al
Estado moderno, hecha! Debemos recordar que
el Estado, como institución de poder, en
esencia, ya viene siendo instaurado en Europa
desde el siglo XIV, teorizado luego por
Maquiavelo, Hobbes y Bodino. Lo que
consigue la revolución francesa, como ejemplo,
es renovar el modelo estatal a partir de la
conjunción de cuatro conceptos: pueblo
soberano, equivalente a la nación soberana,
sustentada en la soberanía popular
(democracia), justificado todo ello en un pacto
institucional, la Constitución.
El uso de la violencia organizada como
revolución, tanto en los procesos de “liberación
nacional” como aquellos de naturaleza
directamente “social”, al igual que el Estado, no
surgen de la Revolución Francesa173, pues como

173
Utilizamos aquí un genérico de Revolución
Francesa, o 1789, para significar un modelo de
proceso por el cual se modifica sustancialmente el
sistema de poder de un Estado por medio de la
violencia, y con ello debemos entender al tiempo
todos los procesos revolucionarios de liberación
nacional y social desde las revoluciones holandesa,
271
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sabemos, con el desarrollo del Estado desde el


siglo XIV, la guerra en todas sus formas fue un
rasgo común hasta la aparición de aquellas de
“nuevo tipo”, en el inicio de la modernidad,
desde el siglo XVII. No había entonces ni
burguesía ni burocracia, sino “magistrados
piadosos”, que ya teorizaban y practicaban el
concepto de “violencia justa”, de “guerra justa”,
a nivel interno, contra súbditos impíos, como
contra Estados “extranjeros”, donde ostentaban
el poder “soberanos herejes”174. Desde el
momento en que es asumido por las élites
intelectuales procedentes del protestantismo la
existencia de la “causa justa”, y con ello, el uso
“legítimo” de la violencia ya es posible la
“cruzada”, y luego, la “revolución”, solamente
habría que sustituir el lema de por Dios, la
patria y el rey, por el de Liberté, égalité,
fraternité, de los ciudadanos detentadores de la
soberanía nacional. Así pues, sucede algo
decisivo, de la “guerra justa” medieval, se llega
a la -también- “guerra justa” contra la tiranía
del monarca (en 1789); y luego, en todos los
procesos de conformación de Estados nación
modernos, con la idea y práctica de la
“revolución”. La violencia contra los

inglesa, americana y propiamente la francesa.


174
Mairet, G. (2008).
272
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

adversarios, y la guerra, forman parte implícita


de la política, tanto en los conflictos de
competencia entre los Estados de monarquía
absoluta, como en los procesos revolucionarios
contra ellas por parte de las revoluciones
liberales. La apelación a la “virtud” de
Robespierre para justificar un régimen de terror
es la prueba evidente de la interna conexión que
existe entre las apelaciones ideológicas de la
élite revolucionaria protestante fundamentada
en la religión, y los revolucionarios de 1789,
sustentados en la ideología de la democracia y
la soberanía nacional175.
Una de las razones que explica el tremendo
éxito de la ideología nacionalista, sustentadora
del Estado nación, desde hace más de 200 años,
profesada por opresores tanto como oprimidos,
liberales, izquierdistas, fascistas y víctimas del
colonialismo, es que se da por cierto lo que el

175
Decía Robespierre: “Si la virtud es competencia
del gobierno popular en la paz, en estado de
revolución son competencia del gobierno popular, a
la vez, el terror y la virtud…/…El terror no es otra
cosa que la justicia rápida, severa, inflexible, es,
pues, una emanación de la virtud; es menos un
principio particular que una consecuencia del
principio general de la democracia aplicada a las
más acuciantes necesidades de la patria”. Mairet,
G. (2008), pág. 471.
273
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

propio nacionalismo piensa de sí mismo. Es, sin


duda, la ideología de mayor éxito universal en
todo el periodo de la modernidad, una auténtica
religión política, sustituta de la propia religión.
Antes, se moría y se mataba por Dios; luego,
será por la Nación y la Patria. Se podrá
“discrepar” en que exista, o no, tal o cual
población con la categoría de “nación”, pero el
concepto mismo no es cuestionado por nadie. Y
eso ha requerido un largo proceso de
“teorización” filosófica, antropológica y
política del concepto durante gran parte del
siglo XVIII y XIX. Se parte, como cuestión
cierta, que la “nación” es un “hecho natural” y
no es cierto, realmente es una construcción
ideológica. Para que el nacionalismo tuviera tal
influencia y apariencia de veracidad ha tenido
que penetrar en la mente de la gente común a
través de concepciones psicológicas que todo el
mundo pueda entender, y más aún, sentir como
una emoción. Y este sentimiento no puede ser
otro que el de pertenencia, como necesidad del
alma, como nos decía Simón Weil. Así, cuando
esa misma gente confunde el amor natural por
sus orígenes, vinculado a criterios de
supervivencia (familia, lengua, cultura), como
integrante, en definitiva, de una comunidad
humana específica determinada y determinante,
verificable objetivamente, con la “pertenencia

274
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

natural a una nación”, tenemos ya, no un


sentimiento, sino una ideología, una doctrina
política, un conjunto de ideas sobre el hombre,
la sociedad, las propias ideas que sustentan al
Estado nación. Mientras que la comunidad es
una realidad concreta, la “nación” es abstracta,
y de ello se deduce la multiplicidad de
concepciones sobre la misma, y el origen de la
conflictividad que le es propia. De ahí surgen
preguntas dicotómicas sin respuesta: ¿son
naciones Estado Gran Bretaña, Francia o
España, o son nación de naciones?, y si es esto
último, ¿cuáles son y qué hacer con esas
naciones sin Estado de las naciones de
naciones…? una entelequia absurda, un juego
de palabras para salvar situaciones de crisis
evidente del Estado nación, en realidad todos
son Estados opresores de comunidades
humanas concretas y reales.
Herder y la Filosofía de la Historia del
nacionalismo.
Se tiene a Herder como uno de los inspiradores
esenciales de la ideología nacionalista176. Lo
primero que observamos en Herder es un
176
Johannes G. Herder, (Alemania, 1744-1803).
Teólogo, seguidor de Kant y colaborador de Goethe.
Es uno de los precursores del romanticismo, y ello
se deja notar en su filosofía de la historia, y por
tanto en la construcción del “ideal” de la nación.
275
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

historicismo ingenuo, pero completo. En su


Filosofía de la Historia177 habla de la
“inimitable individualidad de las formaciones
históricas y su constante regeneración” y “un
proceso evolutivo de la Humanidad que las
abarca a todas, las sustenta y, al mismo tiempo,
las enlaza a una superior unidad” … a través de
un proceso…que solo conoce Dios178 en una
especie de “plan divino de la Historia”. Análisis
que veremos perfeccionado en Hegel. Pero se
diferencia del optimismo de Condorcet con su
progresismo ilustrado, así como del pesimismo
escéptico de Voltaire. Ni es un “progreso
continuo hacia una mayor virtud y felicidad”, ni
el “combate entre la civilización y la barbarie,
donde la razón y la verdad pueden desaparecer
violentamente…”. Para Herder, la Historia es
inescrutable, existe un “plan divino” …cuya
“Razón de Progreso” solamente puede estar al
alcance de Dios. En este “plan de Dios”, a
diferencia de la Filosofía de la Historia ilustrada
que deduce que cada etapa histórica anterior es
preparatoria de una siguiente, más perfecta y

177
Un análisis muy completo, riguroso y profundo,
se encuentra en: Contreras Pelaéz, Francisco J. La
filosofía de la Historia de Johannes G. Herder. Ed.
Universidad de Sevilla. 2004.
178
Referencia en Op. Cit. Contreras P. (2004), pág.
18.
276
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

necesaria, en Herder, se produce una


“democratización” de las épocas y culturas, y
en ello no hay “edades de oro”, ni “edades
oscuras”, “pueblos próceres”, ni “pueblos
atrasados”, de tal forma que cada
acontecimiento histórico es “sagrado”179. En
este sentido, conceptos como “pueblos” y
“civilizaciones” adquieren el carácter de
“individualidad colectiva”, “señas de identidad
cultural”, las bases de inspiración de la idea de
“nación”, y, por tanto, del nacionalismo. Lleva
razón Herder al considerar que para ser
plenamente humano, se debe pertenecer a un
lugar concreto “a algún arroyo de la historia”, y
que la persona pertenece al lugar de dónde es;
que la gente tiene raíces, aquellas de los lugares
donde fueron criados (I. Berlin 2000), pero de
ello lo que deduce la ideología nacionalista es
que “ese lugar a dónde se pertenece” puede
extenderse a un conjunto de comunidades y
territorios “afines” que vendrán a constituir la
“comunidad imaginada”, o la base para la
constitución de tal o cual Estado nación, sin
percibirse que, desde el momento en que se
normaliza la inclusión de comunidades
diferentes en un ámbito artificioso superior,
realmente lo que se consigue es la destrucción

179
Op. Cit. Contreras P. (2004), pág. 61.
277
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

de las comunidades de origen “agrupadas” bajo


el paraguas de un Estado con una “cultura”
inventada, con el sometimiento de las
comunidades originarias a sangre y fuego, en
muchas ocasiones, como lo hemos comprobado
sobradamente en la historia, por ejemplo, en las
guerras de la Vendée (desde 1789 a 1796) en
que la gloriosa revolución francesa efectúa el
primer genocidio de la modernidad sobre las
comunidades rurales de la Vandea (o
Vendée)180.
Lo relevante de la Filosofía de la Historia de
Herder no está tanto en que pueda considerarse
como “nacionalista”, que no lo era, para él ésta
consistía en una valoración cultural de la
comunidad, de las raíces locales, en el sentido
que da el comunitarismo actual (Robert Bellah,
Charles Taylor, Michael Walzer, Alasdair
MacIntyr). La cuestión está más en la
utilización de los argumentos culturales y
lingüísticos basados en “las raíces” de Herder,
calificados por muchos como “nacionalismo

180
Ver: Morales Sánchez, Jorge. La Revolución
rural francesa. Libertad, igualdad y comunidad
(1789-1793). Ed. Biblioteca Nueva. 2017. Madrid.
A este respecto, hay una amplia referencia en La
nación contra la comunidad, el Estado contra el
pueblo, que se incorpora como apéndice a este
texto.
278
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cultural”, como hacen los nacionalistas de todo


tipo.
El nacionalismo, como ideología que sustenta la
razón de ser del Estado moderno, parte de una
confusión interesada entre “nación”, “pueblo” y
“comunidad”, identificando a todas ellas como
una misma “cosa”. Cierto es que tal confusión
ha sido común en la historia, designándose a
“pueblos” étnicos-lingüísticos específicos como
“naciones”, con lo cual, damos esa
categorización a aquellas poblaciones que se
propone el nacionalismo incorporar a un Estado
concreto., En realidad, tal concepto de “nación”
o “pueblo” es equivalente al de “comunidad”,
solamente en tales circunstancias. Ahí reside la
“trampa” del lenguaje que lleva a la gente
común a interpretar equivocadamente la
relación entre “nación” y “pueblo”, con
“comunidad”. La comunidad es una realidad
material, un conjunto de seres humanos unidos
por condiciones de identidad cultural, étnica,
lenguaje, territorio y costumbres. Al contrario,
la “nación” es una comunidad imaginada que
trata de dar identidad a una población que se
pretende incorporar a un Estado. Desde el
momento en que surge el concepto de “nación”,
ya se establece un nexo político: la reclamación
del “derecho de autodeterminación”, que luego,
inevitablemente, se encuentra vinculado al

279
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

proyecto estratégico de la constitución de un


Estado.

Hegel, y la idealización del Estado nación.


Otro pensador cuyas posiciones han sido
decisivas en la configuración de la ideología
nacionalista como fundamento del Estado fue
Hegel (1770-1813). Si por algo se podría
caracterizar el pensamiento de Hegel es por su
pretenciosidad, nada menos que se proponía
reconstruir el pensamiento moderno, y dentro
de él, la reformulación de la filosofía alemana
con la “dialéctica”, y la idealización del poder
del Estado, y su ideología matricial, el
nacionalismo181, pero además, no solamente por
la decisiva influencia de su pensamiento en la
configuración del Estado moderno, sino en la
gestación de la Filosofía de la Historia de la
doctrina marxista, a pesar de Marx.
Es el pensador más decisivo de la modernidad,
y desde luego no le faltaban razones para
exhibir una prepotencia intelectual. Hegel viene
a resolver los problemas generados por los
efectos devastadores de la Revolución Francesa
181
Esta cuestión se encuentra ampliamente
desarrollada por Sabine, George H. Historia de la
Teoría Política, ed. Fondo de Cultura económica,
edición de Madrid, 2000. Capítulo: “Hegel:
dialéctica y nacionalismo”.
280
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

que, después de despertar el interés


revolucionario de las élites europeas, las hunde
en la desilusión con una práctica terrorista e
imperialista que sufre toda Europa a manos de
Napoleón. Hegel viene a resolver las
limitaciones de Rousseau, Hume y Kant en
cuanto a la relación entre Razón y Religión,
entre ciencia y moral. Lo que hace Hegel es
sistematizar una “nueva lógica”, nada lógica, la
dialéctica, como método de pensamiento capaz
de comprender la relación entre los hechos y los
valores, una Filosofía de la Historia y una
Filosofía Moral. Todo ello para dar encaje a lo
esencial de su pensamiento: esto es,
fundamentación intelectual a la necesidad
histórica del Estado como arquitectura del
hecho “nacional”. Con ello surge la estatolatría
nacionalista más brutal, pues para Hegel, por
encima de la libertad del individuo, debe existir
la libertad de la nación. Cierto es que el genio
y el espíritu de la nación actúa a través de los
individuos, pero al final, lo que importa
realmente es la nación, como sujeto creador de
cultura (arte, derecho, moral y religión), y el
progreso de la civilización mundial no es más
que el progreso de las naciones en un sentido
cíclico ascendente, alemán primero, y europeo,
después. Y es justamente en el Estado donde la
nación alcanza su expresión autoconsciente y

281
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

racional. Su lógica dialéctica, antihistórica, lo


lleva a la conclusión de que la fuerza impulsora
de la Historia es la nación y su culminación, el
Estado nación.
Con ello, se sientan las bases del historicismo,
que se ve potenciado abrumadoramente, no
solamente por la herencia de la “idea general
del progreso humano” fruto de la Ilustración,
sino por la influencia en las “ciencias sociales”
del evolucionismo biologicista vulgar derivado
de las especulaciones cientificistas de Darwin, y
del positivismo del siglo XIX, o el
“descubrimiento de las leyes para todo”. Su
influencia real ha sido tal, que incluso quienes
se proponían superarlo radicalmente, Marx, el
alumno aventajado de Hegel, únicamente hace
una readaptación de la filosofía de Hegel, pero
en un sentido “revolucionario”, dejando intacto
-a su pesar- la teoría del Estado nación de Hegel
(…antes de su extinción, la necesidad histórica
de un largo periodo de tiempo en que habrá de
existir una forma de Estado en términos de
dictadura del proletariado, como etapa previa al
advenimiento del “Comunismo”). Gracias a
Lenin, Stalin y Mao (en su expresión práctica
de Rusia y China hoy), sabemos a qué
horizontes conduce esa pretensión de la “teoría
del todo” (Historia y Pensamiento) de la lógica
dialéctica, frente a la constatación física

282
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

elemental de la causación empírica. Sobre una


base puramente especulativa, como es la
dialéctica (de la Historia y del Pensamiento),
montaron, tanto Hegel como Marx, un discurso
totalmente mediatizado por las corrientes
intelectuales del XIX; el primero, desde la
fundamentación liberal burguesa del Estado
nación; y Marx, desde la especulación
materialista vulgar y economicista determinista,
compartiendo ambos una idéntica Filosofía de
la Historia, en el sentido de una causa de
necesidad que mueve la Historia de lo inferior a
lo superior. Así, el principio dialéctico de que
“todo lo racional, es, o será, real”, tanto en
Hegel como en Marx, incluye un imperativo
moral, “es, o será”, o sea, tendrá que suceder, sí
o sí. Y ¿qué es lo que tiene que suceder? Pues,
para empezar, la culminación de la Historia de
la Humanidad en forma de Estado (nación), o
su finalización en el Comunismo, pero éste solo
existe en la cabeza de Marx-Engels182.

182
Dice a este respecto muy acertadamente Sabine
Op. cit. (2000), que: “Como una exposición de la
filosofía política de Hegel no puede seguir el orden
ni la manera en que sus ideas fueron desarrolladas
en la Filosofía del Derecho, convendría liberarnos
totalmente de ese esquema y exponer sus
argumentos y sus conclusiones de la manera más
sencilla posible. Una comprensión y una valoración
283
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Así vemos como la dialéctica está viciada de


determinismo, pues aplicada a la Historia
significa que la voluntad de los hombres, en
realidad, poco puede hacer frente a las “fuerzas
sociales impersonales que yacen bajo la
superficie de la Historia”. Aunque salvando,
claro está, a los “sabios” de la élite dirigente
como el Dios de los estoicos, la historia guía al

críticas de su filosofía gira en torno a dos puntos.


Primero, exige una decisión acerca de la pretensión
de que la dialéctica es un nuevo método que revela
dependencia y relaciones en la sociedad y la
historia imposibles de discernir de otra manera.
Esta decisión es importante porque la dialéctica fue
adoptada por Carlos Marx, con considerables
cambios, ciertamente, en sus supuestas
implicaciones metafísicas, pero sin ningún cambio
importante en la concepción de esta como un
método lógico. Se convirtió así en una parte
inherente del socialismo marxista y del comunismo
y en la base para sostener su superioridad
científica, afirmada siempre por el marxismo.
Segundo, la filosofía política de Hegel fue la
declaración clásica del nacionalismo en una forma
que había descartado al individualismo y al
cosmopolitismo implícito en los derechos del
hombre. Daba al concepto del citado Estado una
especial connotación que siguió siendo
característica de la teoría política alemana a través
del siglo XIX.”
284
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

sabio y lleva a remolque al tonto (Sabine 2000).


Como se ha dicho, Herder, Hegel, y los neo-
hegelianos marxistas, han sido decisivos para
dar cobertura intelectual y doctrinal a toda la
cosmovisión estatolátrica nacionalista desde el
siglo XIX hasta hoy, con la idealización
necesaria del Estado nación, y su puesta en
práctica por todas las ideologías: desde las nazi-
fascistas, a las comunistas-estalinistas, pasando
por las liberal burguesas y nacionalistas
etnicistas.

5. LA GÉNESIS HISTÓRICA DEL


NACIONALISMO

El nacionalismo es y ha sido uno de los


fenómenos fundamentales de la historia
contemporánea pues es consustancial a la
misma evolución del Estado moderno.
El conflicto nacionalista nace allí donde dos o
más de dos Estados compiten por el dominio de
un mismo territorio o de un área territorial
determinada.

Miquel Caminal183

183
El análisis histórico que hace Miquel Caminal i
Badía (Barcelona, 1952 - 2014) es esencialmente
correcto en su vertiente descriptiva y definitoria,
285
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Situar correctamente en la Historia la génesis


del nacionalismo (o la idea de nación) es tarea
ardua y complicada, sobre todo porque tal
concepto, en sí mismo, está sujeto a
interpretaciones diferentes según épocas y
autores distintos, por tanto, se requiere
necesariamente de la evaluación de aquellos
factores previos y de contexto que terminan por
definir al modelo de “nacionalista” que se
consolida en el siglo XIX, en Europa. Este
nacionalismo moderno, más bien hablaremos de
“nacionalismos”, porque realmente se termina

fundamentalmente se remite a constatar hechos


históricos desde una perspectiva muy ajustada a la
realidad, lo que le hace ser una excepción laudable
en el panorama intelectual académico del Estado
español, al menos, en el aspecto histórico, no así en
el político, con una trayectoria inicialmente
vinculada al PSUC; y luego, en el ámbito político de
la defensa de un modelo, desde la política del
Estado nación español, capaz de integrar al
catalanismo mediante el “federalismo asimétrico”.
Pero sus tesis esenciales sobre el nacionalismo
recogidas en Ideologías y movimientos políticos
contemporáneos (Capítulo VII, Nacionalismo y
Federalismo; y el Manual de ciencia política
(Capítulo V. El Nacionalismo), ambos publicados
por la editorial Tecnos, son esencialmente correctos,
desde un punto de vista histórico.
286
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

configurando una serie de modelos en función


de las circunstancias históricas concretas de
cada Estado: del nacionalismo cívico, como el
resultante de las revoluciones liberales
burguesas de Inglaterra, EEUU y Francia
culminadas en los siglos XVII y XVIII, sobre
una base convencional en que la población
sometida al nuevo Estado “acepta” la
protección de éste a cambio de un estatus de
ciudadano portador de una serie de “derechos y
libertades”. El nacionalismo étnico o cultural,
cuyo ejemplo más claro es Alemania, y
posteriormente las llamadas “naciones sin
Estado”, en que el derecho de
autodeterminación viene de la condición previa
de la existencia de una “comunidad cultural”
específica que no dispone de un aparato de
Estado centralizado para el ejercicio del poder.
Pero es en el siglo XIX cuando se dan las
condiciones políticas e ideológicas para que
surgiera y consolidara el modelo de
nacionalismo más propio de los Estados nación
que hoy conocemos. Son dos los factores
determinantes en la definición de las
características de este modelo: la influencia de
la corriente cultural romántica, y, en segundo
lugar, la situación creada en Europa como

287
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

consecuencia de los efectos e influencias de la


Revolución Francesa184, tal y como lo estudia
George L. Mosse185. En primer lugar, la “idea”
o mejor, “conciencia de nación” o “nacional”
no surge con la Revolución Francesa, al igual
que ocurre con el Estado, pues ya está presente
en las sociedades de la Baja Edad Media, pues
el Estado absoluto necesita de ese instrumento
ideológico por el cual se llega a identificar a
determinada población concreta con un poder,
en su caso, el Monarca absoluto, o el Príncipe
en los Estados más pequeños. Ya por entonces
se requería de una “lealtad nacional” por la cual
luchar y morir en toda una época de guerras
sucesivas de configuración de los Estados.
Incluso más, desde el siglo XVII se venía
trabajando en la creación de las condiciones
ideológicas y educativas para unificar a las
poblaciones sometidas, con bastante antelación

184
Este proceso está ampliamente estudiado en
Mosse, George L. La cultura europea del siglo XIX.
Ed. Ariel Historia. 1997, Barcelona.
185
George Lachmann Mosse, historiador riguroso y
muy documentado, y sus análisis sobre simbolismo
político-cultural, nacionalismo y nazi-fascismo son
de un gran valor, como grande es también el
conocimiento en los ambientes intelectuales.
(Berlín, 20 de septiembre de 1918 - Madison, 22 de
enero de 1999).
288
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

a las prácticas enteramente modernas de la


educación obligatoria adoctrinadora que luego
ponen en marcha los “revolucionarios”
franceses186.
Respecto de la influencia del romanticismo en
el nacionalismo es de crucial importancia,
porque esta corriente, que se basa en
determinadas claves emocionales, sirve
directamente a los fundamentos del propio
nacionalismo identitario étnico-cultural. La
base ideológica se sustenta en dos claves: las
emociones y la imaginación, que son dos
elementos esenciales para desarrollar la
cosmovisión del nacionalismo. Aunque es un
movimiento ideológico-cultural que se
consolida a finales del siglo XVIII muchas de
sus bases ya se encontraban en intelectuales de
la Ilustración, sobre todo en Rousseau y su
cierta apelación primitivista al “hombre
natural”. Es evidente que el romanticismo es
una reacción contra la experiencia racionalista
de la Ilustración y su peculiar deshumanización.
Pero es que además servía expresamente a
ciertas tendencias ideológicas, sobre todo en

186
La Academia Francesa, institución encargada de
regular y perfeccionar el idioma francés, fue
fundada en 1635 por el cardenal Richelieu durante
el reinado de Luis XIII.
289
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Alemania, aunque se extiende luego por


Inglaterra y Francia, pues tales concepciones las
necesitaban las élites del poder para definir y
consolidar objetivos políticos concretos como
era, en primer término, la unificación alemana,
y luego, la configuración de los Estados
modernos europeos en plena carrera por la
hegemonía mundial. La literatura, poesía, arte
romántico, novela histórica, etc., venían a
resaltar las epopeyas de los héroes, los factores
emocionales del honor, la valentía, la
sensibilidad, todo aquello que iba a tener un
papel importante en la movilización de
individuos y pueblos hacia el objetivo de la
“identidad nacional”, tan esencial para el
Estado.
Lógicamente, ya a principios del siglo XIX, el
romanticismo traspasa el área de la cultura para
influir notablemente en las cuestiones políticas
y religiosas, influencia que sería determinante
en la configuración de aquellas corrientes
políticas que se basaban en la identidad, desde
las simplemente patrióticas liberales, a las
corrientes racistas y fascistas que florecerían
dramáticamente en el siglo XX, y en general, a
todas aquellas que tomaban como base de su
política la identidad nacional.
El otro factor sobre el que debemos incidir para
entender el nacionalismo moderno en su

290
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

conjunto es el que se refiere a la influencia de la


Revolución Francesa en Europa, sobre todo
Alemania. Ésta fue compleja y contradictoria
por dos razones, la primera es que,
indudablemente en la visión romántica del
mundo, el valor del individuo, de la tradición, la
figura de la “libertad”, tan aireada por los
revolucionarios franceses, era enormemente
atractiva pero, a su vez, lo que trajo al resto de
Europa fueron guerras imperialistas promovidas
por los “hijos de la revolución”, con todo el
periodo histórico de las guerras napoleónicas187,
o guerras de “coalición”, cuestión que en
realidad consistió en una serie de guerras
imperialistas por el control territorial de Europa
en el que participaron, tanto de un lado como
del otro beligerante, un conjunto de Estados que
pretendían, no solamente la derrota de los
invasores franceses, sino mejorar sus posiciones
de poder en el escenario territorial europeo. En
definitiva, lo que hacen los filósofos políticos,
como Fichte (1762-1814), es conciliar la
necesidad de una autoconciencia nacional, en
términos románticos, con los principios
revolucionarios de “libertad”, tal y como lo

187
En conjunto, el casi continuado período de
guerras comprendido entre el 20 de abril de 1792,
hasta el 20 de noviembre de 1815.
291
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

hace en Discursos a la nación alemana, en el


que plantea abiertamente las claves ideológicas
del nacionalismo moderno, al señalar que “la
unidad de pensamiento y acción solo podía
alcanzarse dentro de una nación que fuese una
comunidad histórica válida” (Mosse 1997). Y la
“libertad” dentro de la “nación” no puede ser
otra que aquella cuyo sujeto es el “pueblo” con
identidad, definido previamente mediante la
literatura, que habría que convertir en Volk, a
través de la educación nacional, o, mejor dicho,
el adoctrinamiento del Estado nación. En esta
“apelación” sentimental no hay sitio para los
estamentos, tipos o clases, pues en realidad se
integran todas ellas en ese concepto abstracto
de “pueblo”, fácilmente manejable, a fin de
instrumentalizarlo como sujeto político. La base
irracionalista del romanticismo, como
fundamento del ser del nacionalismo, unido a la
pretensión del “pueblo elegido” que hace todo
nacionalismo, conduce al supremacismo, al
“destino en lo universal” y en definitiva a la
idea de la superioridad moral de un pueblo
frente a otros pueblos y civilizaciones, cuyo
destino no podrá ser otro que su sometimiento a
esa “civilización superior”, con el mejor
ejemplo en el nacionalsocialismo. Las mismas
claves se encuentran en las bases ideológicas de
todas las potencias imperialistas de cualquier

292
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

“color”.
En definitiva, en el surgimiento histórico del
nacionalismo moderno, íntimamente ligado a la
esencia del propio Estado moderno, que se
configura definitivamente en Europa en el siglo
XIX, tiene mayor relevancia las guerras
napoleónicas que el “entusiasmo” por el
paradigma de “libertad e igualdad” de la
Revolución Francesa. Enfrentar las pretensiones
imperialistas de Napoleón significaba una
mejora de la capacidad bélica de los Estados
europeos, y de una implicación de la población
en las tareas logísticas y militares, solo
alcanzable a través de una ideología como la
nacionalista. Las élites del poder
definitivamente comprendieron que el Estado es
el instrumento ideal para el ejercicio del poder,
tanto para enfrentar las pretensiones de los
“enemigos externos”, como de los propios del
orden interno.

Conclusiones:

El nacionalismo es un fenómeno histórico de la


época de la modernidad, cuyo rasgo
característico es su naturaleza ideológica basada
y sustentada en la defensa de la “nación” como
fachada exterior de sus intenciones. Pero como
todo hecho, no puede ser comprendido sino en

293
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

su verdadero contexto histórico concreto y


relevante, su inevitable vínculo al definitivo
surgimiento e implantación del Estado
moderno, al que sirve. Cualquier otro tipo de
análisis específico del fenómeno nacionalista,
sin tener en cuenta su estrecho vínculo con el
Estado, como cara y cruz de una misma
moneda, es errónea, unilateral y completamente
contrario a una comprensión veraz y real del
fenómeno histórico del Estado nación, y, por
tanto, interesadamente contrarrevolucionario.
Por este motivo vamos a definir sus hitos
principales:
Como ideología, pretende nada menos que
identificar como “única” a toda la población
procedente de comunidades humanas diferentes
sometidas a un poder, con una idea
“imaginada” de “nación”, y por tanto reclama,
mediante la consigna del “derecho de
autodeterminación” la adhesión al Estado
nación, al que supone la organización
burocrático-político-militar que ostenta la
defensa y representación de esta.
El nacionalismo surge como necesidad de
“justificación” del Estado moderno y sustancia
la implementación y el desarrollo del sistema
capitalista, concretando sus elementos
esenciales: una población con “identidad” a la
que integrar en el Estado; un territorio, sin el

294
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

cual no es posible la actuación inicial del


Estado, y un poder militar, con el cual el Estado
“resuelve” sus contradicciones internas
(pacificación de las revueltas internas) y
externas (tendencia inercial de todo Estado a la
expansión).
El Estado nace allí donde un poder militar es
capaz de imponer su dominación frente a las
pretensiones de otros Estados, sobre un mismo
territorio y una misma población. Bien como
fenómeno “interno” (revoluciones inglesa y
francesa), “externo” (como en EE. UU.), o
“mixto” (como Alemania).
Todas las guerras de agresión entre Estados o
proto-Estados nación en los últimos 200 años
han tenido como justificación la “defensa de la
nación-patria”. El siglo XX, decisivo en su
actual configuración de Estados nación, ha
conocido dos guerras mundiales por el reparto
del mundo entre las potencias imperialistas
(conocida ya como “la guerra de los 30 años”
del siglo XX), en que se ha consolidado el
criterio hipócrita del “derecho a la
autodeterminación nacional” defendido por
éstos como “arma arrojadiza” de un
imperialismo frente a otro en sus luchas por la
hegemonía mundial.
De igual forma, los procesos de “liberación
nacional” posteriores a la II Guerra Mundial no

295
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

han tenido otro objeto que el de constituir


Estados bajo el criterio chauvinista de la
defensa de la patria, especialmente por la
izquierda marxista (sobre todo después de
Stalin), que muy rápidamente olvidó que los
proletarios “no tienen patria”.
El nacionalismo es de Estado, o no es
nacionalismo, he aquí su esencia. Primero se
impone el Estado nación, o mejor, nacionalista,
y luego se enfrentan los “problemas”
colaterales pendientes de “encaje” en dicho
marco, producto de existencia de diferentes
comunidades étnicas o culturalmente no
“integrables”. Nación de “naciones”, o Estado
de “Estados”, lo mismo da, Confederalismo o
Federalismo solidario, o toda la palabrería que
se desee inventar para conciliar lo que es la más
evidente realidad: que el Estado nación es el
que destruye realmente a las comunidades con
identidad.
El nacionalismo del Estado constituido es
idéntico al nacionalismo de la proto-nación; es
decir, que el nacionalismo del Estado nacional
opresor y el nacionalismo de la “nación
oprimida”, ambos se definen por la misma
ideología “imaginada” y ambos se guían por los
mismos principios inventados por el
imperialismo en el siglo XX: “A cada nación
un Estado, de cada Estado, una nación”.

296
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

El nacionalismo es la ideología transversal del


Estado moderno, y asumido plenamente por
todas las doctrinas ideológicas de la
modernidad: liberales, marxistas, nazis fascistas
y por supuesto, por todas las ideologías
antiimperialistas de las colonias y neocolonias.

6. LA GÉNESIS POLÍTICO-MILITAR
DEL NACIONALISMO

Originariamente, toda organización del Estado


era de tipo militar,
es decir, una organización para la guerra.

Otto Hintze188

188
Hintze, Otto. Organización militar y
Organización del Estado. Conferencia dictada el 17
de febrero de 1906 en Dresde, Alemania. Otto
Hintze (27 de agosto de 1861-25 de abril de 1940).
Aunque bastante desconocido, es un politólogo muy
clarividente y riguroso en cuanto a la Teoría del
Estado. Fue claramente un percusor de las tesis tan
acertadas de Charles Tilly o Anthony Giddens.
Aunque se le cita más como historiador sobre
administración y organización del Estado, en
realidad su especialidad es la historia política,
materia de la que fue profesor en la Universidad de
Berlín. Contrario al régimen nazi, tiene que huir de
Alemania en 1939, apenas sobrevivió un año más, y
297
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Ya hemos explicado en varias ocasiones lo que


se considera esencial de la historia del
nacionalismo moderno: su íntima conexión con
el Estado, como instrumento ideológico del
mismo. A su vez, cómo precisamente en la
evolución de la organización de la violencia que
es el Estado, a lo largo de la historia, es su
propia dinámica interna la que lo lleva a su
inevitable función opresiva y explotadora,
cuando las luchas de poder de las élites tienen
en cada momento la posibilidad de disputar el
cetro de mando de la fuerza militar existente.
Es decir, que el nacionalismo, como el mismo
capitalismo, son una consecuencia del Estado, y
éste, a su vez -lo cual también es muy
importante considerar- lo es de la guerra, del
deseo irrefrenable del ser humano de dominar a
sus semejantes por la violencia que supone el
ejercicio del poder189.

su esposa, también reputada historiadora, se suicida


en 1942 ante la perspectiva de deportación a un
campo de exterminio nazi. Su obra es recuperada a
partir de los años 60 del siglo XX, y hoy es
considerado en Alemania como uno de los
historiadores de mayor prestigio y rigurosidad de la
historia de Alemania.
189
Con independencia de numerosos textos de
historia política, muchos de los cuales han sido
298
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Efectivamente, como señala O. Hintze,


originariamente toda organización del Estado
era de tipo militar. Es decir, una organización
para la guerra. Las preguntas que nos sugiere
ese pensamiento profundamente analítico son:
1. ¿existió en algún momento de la historia de
la humanidad (desde el paleolítico, por poner

citados ya, se consideran imprescindibles para una


amplia y correcta comprensión de este fenómeno
histórico, los textos siguientes correspondientes a
trabajos y ensayos publicados:
- Historia de las formas políticas. Otto
Hintze. Biblioteca de política y sociología.
Revista de Occidente Madrid. 1968.
- Organización militar y Organización del
Estado. Otto Hintze (1ª edición en 1906).
- Estados nacionales y violencia. Anthony
Giddens (2006).
- Nacionalismo y Cultura. Rudolf Rocker (1ª
edición de 1936).
- El Poder. Historia natural de su
crecimiento. Bertrand de Jouvenel.
(terminado en 1943, fue publicado en 1945)
- Coerción, capital y los Estados europeos
990-1990. Charles Tilly. (1ª edición de
1990).
- Las revoluciones europeas 1492-1992.
Charles Tilly. (1ª edición 1996).
- Auge y caída de las grandes potencias. Paul
Kennedy. (1ª edición 1987).
299
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

un inicio,), un estado de naturaleza tal que la


existencia de los humanos pudiera darse en
plena armonía entre ellos y la naturaleza, según
el modelo del “buen salvaje”, con ausencia de
violencia de unos seres humanos sobre otros?
La respuesta es contundente, no. Gracias a la
antropología y a la arqueología más reciente
sabemos que entre las diferentes comunidades
humanas agrupadas inicialmente en familias,
tribus y confederaciones de tribus, desde el
paleolítico al neolítico, se enfrentaban en lucha
los cazadores recolectores en disputa por
territorios dónde centrar la actividad proveedora
del sustento y útiles; y entre cazadores y
agricultores, en una fase ya más avanzada, en
una competencia igual de concreta, pero más
localizada190. Este debate ya lo planteó toda la

190
El uso de la violencia por los humanos más
antiguos en disputa por zonas de competencia
económica y vital no solamente era común en
nuestra especie, sino en toda la familia homínida,
y por supuesto, entre cualquier especie animal
que deba competir por un medio físico de
subsistencia. La llamada “guerra de los 4 años”
entre varias familias de chimpancés sucedida en
1974 en el Parque Nacional de Gombe, en
Tanzania, ahora estudiada y documentada, fue
definida como “el conflicto bélico que dividió a
una comunidad de chimpancés en Gombe y
300
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

filosofía política desde la Ilustración para


“ofrecer” los diferentes modelos de

desató una ola de asesinatos y violencia como


nunca más se volvió a registrar” (BBC News, 4-
4-18), y pone en evidencia un hecho que fue
común en circunstancias concretas de
competencia vital para la supervivencia de
cualquier grupo de la familia homínida. No
podemos olvidar que el homo sapiens es una
especie del orden de los primates perteneciente a
la familia de los homínidos y que compartimos
con el chimpancé nada menos que el 98-99 % del
genoma. Nuestra gran diferencia es el grado de
inteligencia, no la ausencia de crueldad.
Es un hecho, arqueológicamente demostrado que
desde al menos hace 14 mil años, en pleno
paleolítico superior, se producían guerras
prehistóricas, como lo testifica el yacimiento de
Nataruk (Turkana, actual Kenia), de una
antigüedad de 10.000 años, evidencia la
existencia de conflictos inter-grupales entre
cazadores-recolectores nómadas («Inter-group
violence among early Holocene hunter-gatherers
of West Turkana, Kenya». Nature 529), al igual
que el yacimiento mesolítico de Jebel ahaba
localizado en el Nilo cerca de la frontera Egipto-
Sudán en el que se han encontrado “un gran
número de cuerpos con signos de violencia,
muchos con puntas de flecha incrustadas”
(nota extraída de Wikipedia).
301
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

justificación del “Estado” y de la “Religión”,


como respuesta pertinente a la cuestión del uso
y monopolio de la violencia contra los seres
humanos, o sea, la guerra y la lucha por el
poder.
2. Si ello fue efectivamente así, tuvo que haber
un momento en que se pasara de la simple
escaramuza cuando dos comunidades
coincidían en una fuente de medios de
supervivencia, a la sistemática planificación y
organización de una fuerza militar capaz de
disputar, por un tiempo prolongado, un
territorio, aniquilando a sus contrarios
competidores, e incluso de forma masiva.
¿Podemos afirmar que en tales condiciones ya
tenemos Estado?, cierto, pues era tal una
organización político-militar, jerarquizada, que
monopoliza el uso de la violencia y tiene una
doble proyección, hacia el interior de la
comunidad, creando alianzas y clanes de poder,
y hacia el exterior, dirigiendo las guerras de
“competencia” con otros “proto-estados”
vecinos en beneficio del propio poder de las
élites mandantes191.
191
El tipo de comunidad, al menos en la etapa
paleolítica superior, sin estratificación social, con
una división del trabajo natural y elemental
determinada entre los sexos con fundamento
únicamente en la naturaleza creadora y sostenedora
302
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Dice el Manifiesto Comunista que “Toda la

de la vida por parte de las mujeres, trae la


consecuencia de que, mayoritariamente, fuesen los
hombres los encargados de procurar el alimento a
través de la caza, y lo que supone de familiarización
con la realidad necesaria de la violencia y de la
muerte, del uso cotidiano de utensilios de la caza,
como lanzas, mazas, hachas, cuchillos y luego arcos
y flechas. En consecuencia, en los procesos
defensivos y ofensivos de esas comunidades con
base en el parentesco, son necesariamente todos los
hombres, en la condición de “guerreros”, los
asignados a las tareas militares, conjuntamente a las
propias de la caza y la pesca. En ese momento
“ejército” y “estado” son lo mismo. Todos los
hombres en condiciones de luchar constituyen la
asamblea de guerreros, y a su vez la asamblea
política, y el jefe de la tribu (comunidad o
“pueblo”), es el comandante supremo militar y, por
tanto, el “jefe del estado”. Solamente después del
desarrollo de varios y esenciales factores (como
fueron la expansión de la agricultura, aumento de la
población, avance de las comunicaciones, de la
tecnología, del comercio), en definitiva, del poder
económico y militar, se diferencia aparentemente la
actividad militar del Estado de la actividad política,
económica y burocrática (Hintze 1906). Es a partir
de entonces en que las fuerzas armadas se
constituyen en el aspecto esencial, el más
determinante, de la organización del Estado, del
poder.
303
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

historia de la sociedad humana, hasta la


actualidad, es una historia de luchas de
clases”. Lógicamente, tal afirmación no es
válida para el largo periodo paleolítico y
neolítico, pero es que además es sesgado y
exagerado incluso en el periodo histórico, y por
tanto falso, como dice Hintze. Lo cierto es que
siempre lo que ha sido determinante y constante
-antes que la lucha entre las clases-, es la lucha
entre las organizaciones militares de los
diferentes Estados entre sí, y por decirlo en sus
propios términos, entre las diferentes
“naciones”. Éste sí que es un hecho que se
puede extender, sin duda, a toda la historia de la
humanidad, y abrumadoramente desde el siglo
XV en Europa, y a partir del siglo XVIII, por
todo el mundo, en que surgen las naciones de la
modernidad, con el Estado nación.
Estado y ejército son instituciones idénticas en
los albores de la humanidad, y luego, en la
época histórica, comparten una misma esencia:
el ejército será la columna vertebral de los
Estados. De forma correcta, Hintze distingue
tres grandes épocas en la relación
Estado/Ejército, en los periodos en que la
humanidad se organiza en tribus y clanes,
donde no existe diferencia entre la organización
civil y la militar. Las tribus y clanes iban a la
guerra como tales y la motivación y solidaridad

304
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

entre guerreros tenía una base de sangre y


vecindad, que otorgaba un sentimiento de
comunidad (contrato natural), en una unidad
político-militar. En un segundo periodo, que
coincide con el de la Edad Media, es la que
desde sus inicios se comienza a diferenciar, y a
tomar cada vez más relevancia, el elemento
autoritario, sobre el elemento asociativo. Esto
viene a significar la consolidación de los
sistemas de monarquía a partir de la
transformación del líder militar de la
comunidad, como dirigente del grupo de
guerreros ligados por su personalidad y por
vínculos de lealtad, que terminan por desplazar
a los lazos basados en vínculos de parentesco
de la comunidad. De la lealtad se pasa al
servicio al señor mediante el juramento.
Finalmente tenemos el militarismo de la época
moderna que comienza con el Estado absoluto y
termina en el Estado nación.
Pero para alcanzar la “perfección” del
Estado nación entre finales del siglo XVIII y
principios del XIX, tuvieron que producirse
significativos cambios -cualitativos y
cuantitativos- en las comunidades político-
militares europeas. Hasta al menos el siglo XV
no se daban las características propias del
Estado en términos modernos de concentración
del poder, delimitación clara del territorio y

305
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

fragmentación de las élites en multitud de


unidades político-militares asentadas en
unidades de economía “natural” (agricultura,
ganadería y comercio), sin apenas desarrollo de
las comunicaciones. Solamente ciertos
territorios europeos como Inglaterra, Francia y
España (y algunos Estados de Alemania e
Italia) habían alcanzado un cierto nivel de
consolidación interna que apuntarían
claramente hacia la constitución de Estados
absolutos. Se tuvieron que producir grandes
transformaciones en el terreno de la
organización militar y burocrática del Estado
para afrontar una dinámica transversal: la
guerra192. Son las necesidades que exige la
guerra lo que hace que se desarrollen los

192
Dice O. Hintze en Historia de las ideas y formas
políticas, pág. 17, del capítulo “La configuración de
los Estados”, dice: La configuración de los Estados
se efectúa a través de la guerra y la colonización,
de la conquista y del asentamiento pacífico, de la
fusión y de la segregación de fragmentos, todo ello
bajo el cruzamiento y aislamiento alternativos de
razas y culturas, de tribus y lenguas entre sí. En un
proceso se ha formado paulatinamente la
nacionalidad de los pueblos de cultura europea; no
es un hecho originalmente natural, sino en cierto
modo un producto de la configuración de los
Estados.
306
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Estados, en primer lugar, sus ejércitos que cada


vez más pasan a ser permanentes y
dependientes del monarca, frente a la
fragmentación del poder militar anterior en
manos de los señores locales. Sus burocracias
se complejizan aumentando el control censual
sobre la población y mejorando el sistema
fiscal, ambos con la finalidad de aportar
soldados al matadero de las continuas guerras
(mercenarios o de leva), y las grandes
necesidades de financiación del aparato bélico
en armamentos e infraestructuras logísticas, con
un impulso imponente a la industria, la técnica,
las comunicaciones y de un incipiente
capitalismo, primero comercial y luego
industrial, ya a partir del siglo XVII. Lo que se
produce realmente es un enorme proceso de
concentración y expansión del poder del
Estado, y sobre todo de los ejércitos, entre los
siglos XV y XIX, hasta culminar en el Estado
nación actual, en que se pasa de la llamada
“anarquía feudal europea”, con la
fragmentación de reinos y enfrentamiento
constante entre ellos, hasta dar lugar, en ese
proceso de “selección”, de las dinastías que
luego producirán los Estados más centralizados,
y finalmente, al propio de la modernidad,
después de la Revolución Francesa, donde el
modelo del nuevo Estado, su centralización,

307
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

burocratización administrativa y jerarquización


es fiel reflejo de la organización militar193. Es
más, el modelo de organización político-
administrativa de los Estados nación europeos
inspirados por la Revolución Francesa, toman
directamente como referencia al comisariado de
guerra, dirigente, coordinador y organizador
del poder, luego a los comisariados
territoriales, como núcleo básico del poder
“civil” de los gobernadores territoriales.
En síntesis, el Estado nación moderno burgués
o burocrático y capitalista, nace de la guerra, de
las necesidades de los ejércitos, impulsando con
ello todas las infraestructuras y “medios de
producción”, tanto las flotas de guerra, las
industrias de armamentos, los sistemas
tributarios, la administración burocrática y

193
Dice O. Hintze, en el texto citado, capítulo El
comisario en la historia de la Administración, que:
El cargo de gobernador civil en Prusia, todavía
durante el siglo XIX, nos proporciona un ejemplo
significativo de cómo el comisario se convirtió en
un funcionario ordinario; los gobernadores civiles
salieron, como es sabido, de los comisarios civiles,
que en la época de la ocupación francesa, después
de la paz de Tilsit, cooperaron en provincias o en
complejos de provincias con los jefes de las tropas
extranjeras, para negociar y en general para llevar
con ellos la Administración del país.
308
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

fiscal. Además, junto a una “razón de Estado”,


la defensa y engrandecimiento de la ficción del
Pueblo194. Pero previo a esta situación se debió
alcanzar la convicción de que el Pueblo no es el
conjunto de individualidades de las
comunidades locales fraccionadas, sino un solo
colectivo de “hermanos”, bajo la consigna de
“¡Queremos ser un pueblo único de
hermanos!”195.
El militarismo, vinculado a la expansión del
Estado, comienza a alcanzar los niveles
globales y gigantescos que hemos conocido a
partir del siglo XX en Europa, partiendo del

194
Dice O. Hintze. Op. Cit, pg. 309, “Lo que podría
denominarse la comunidad natural del pueblo y que
desde el comienzo sirve de base al Estado moderno
es un sentimiento ingenuo de pertenencia común
sobre la base del supuesto o la presunción de una
ascendencia común, pero ante todo sobre la base de
una comunidad fáctica lingüística y cultural y de
vivencias y recuerdos históricos comunes. Pero esta
comunidad popular indeterminada, dentro de la
cual se crece de una manera inconsciente e
involuntaria, no es todavía de por sí un “factor de
integración” política suficientemente vigorosa para
conducir a la creación del Estado nacional en
sentido propio.
195
Juramento de Rütli a sus confederados suizos.
(citado por O. Hintze Op. Cit. Pág 310).
309
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

siglo XIV. Y es justamente esa lucha por el


poder -militar y económico en Europa- lo que
explica en última instancia la prevalencia de
este continente respecto del resto del mundo en
la gestación del Estado nación capitalista196.
Las conclusiones a las que llega P. Kennedy
(2013) son correctas inapelables en cuanto a la
relación directa entre la guerra, el Estado, la
nación y el capitalismo, justo en ese orden. De
tal forma es así, que después de 1450 la guerra
estuvo íntimamente relacionada con el
surgimiento del Estado moderno y la nación, o
del Estado nación. El primer factor para tener
en cuenta en este periodo fue constatar cómo
las necesidades impuestas por la guerra hicieron
que la centralización político-militar,
acompañado de las mejoras en la política fiscal
y la burocratización del Estado, respecto del
caos reinante en la etapa anterior, significaran
unas ventajas determinantes para alcanzar
mejor eficacia en la guerra y, en definitiva,
alcanzar el ansiado poder por parte de las élites.
Lógicamente existieron una serie de factores
históricos que favorecieron la configuración de
196
Este proceso es estudiado concienzudamente por
Paul Kennedy, en Auge y caída de las grandes
potencias. Debolsillo ediciones. Barcelona 2013 (1ª
edición de 1987). Capítulo II La puja por el dominio
de los Habsburgo, 1519-1659, pg. 69 y ss.
310
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

los Estado nación, como los cambios


económicos en el viejo orden, la Reforma, los
conflictos entre la autoridad civil y religiosa
con la extensión del laicismo sobre base
nacional, los cambios en la lengua con la
decadencia del latín y el ascenso de lenguas
“nacionales”, la mejora en los medios de
comunicación e intercambio, la imprenta y el
descubrimiento de América, con toda su
potencialidad económica. Circunstancias todas
que mejoraron la configuración del poder de las
élites en marcos territoriales “homogéneos”, y,
por tanto, con la definición de ideas y filosofías
que consideraban a la “nación” como el marco
“histórico” adecuado para el óptimo “desarrollo
social”, es decir, para la expansión del poder
del Estado y su tendencia a la hegemonía. Pero
con todo ello, lo esencial fue la guerra. Lo dice
expresamente Paul Kennedy (2013), “Pero más
que aquellas consideraciones filosóficas y las
tendencias sociales de lenta evolución, lo que
ejerció una más continua y apremiante opresión
a favor de la “construcción de la Nación” fue la
guerra y sus consecuencias…/… factores
militares -o mejor dicho, factores
geoestratégicos- contribuyeron a establecer las
fronteras territoriales de estas Naciones-Estado,
mientras que las frecuentes guerras fomentaron
la conciencia nacional, al menos de una manera

311
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

negativa, al aprender los ingleses a odiar a los


españoles, los suecos a odiar a los daneses y los
rebeldes holandeses a odiar a sus antiguos
señores Habsburgo”. Pero el círculo vicioso que
nace en la guerra y termina en la expansión del
Estado ya está cerrado. Las crecientes
necesidades de la guerra, aumentadas por las
costosas innovaciones técnicas militares en
infantería, marina, intendencia y burocracia
(básicamente), no pueden sufragarse si no es
mediante un aumento considerable de las cargas
fiscales e impuestos y la mejora de todo el
sistema burocrático-legal. De hecho, como
decía Napoleón “un ejército marchaba sobre su
estómago”197. En tales circunstancias, todos los
Estados, en fase de construcción del Estado
nación moderno, se encontraron en una
constante sangría de recursos que motivaron
dos crisis permanentes complementarias: la
necesidad de la expansión territorial y la
victoria militar, con el “botín” que ello
supusiera, y las implicaciones negativas que
traería en forma de rebeliones en el interior de
los Estados por el aumento de impuestos y la
consiguiente depauperización de las masas
populares.
En definitiva, es el desarrollo del militarismo

197
Citado por P. Kennedy (1987), pg. 130.
312
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

(preparación para la guerra, y la guerra misma)


en Europa, que pasa de las guerras dinásticas de
finales de la Alta Edad Media, a las guerras
imperiales a partir del siglo XVI, la base sobre
la que se constituyen los modernos Estados
nación de los siglos XIX y XX, también en
guerra permanente entre todos ellos. Toda la
teoría política sobre el Estado nación capitalista
moderno se resume en este punto198.
Es tan claro, documentado, contundente y muy
cercano a la realidad el análisis de Tilly (2009),
y a su vez, tan alejado de las disquisiciones
filosófico-ideológico-politicistas de las varias
“teorías” sobre el nacionalismo y el Estado de
la modernidad, tanto liberal burguesas o
marxistas burocráticas, que hemos ya analizado
en apartados anteriores, que requiere una
extensa explicación de sus tesis esenciales.
Charles Tilly analiza todo este proceso, por el
cual se produce la consolidación de los Estados
nación, en primer lugar, en Europa, y lo hace en
el apartado “Consolidación, nacionalismo y
revolución”, pg. 70 y ss. Op. Cit., que dice: “allí
donde se crearon grandes ejércitos permanentes

198
Tilly, Charles. Las revoluciones europeas, 1492-
1992. Ed. Crítica. Barcelona 2009. Y además
Coerción, capital y los Estados europeos 990-1900.
Alianza Universidad. Madrid. 1992.
313
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

cuyo material humano era aportado por la


población nacional, el Estado vio como se
expandía aceleradamente su alcance y
dimensión. Los gobernantes suscribieron sus
territorios nacionales y forzaron la utilización
de los recursos en el interior de las fronteras,
controlando las existencias y los flujos del
capital, la mano de obra, las mercancías y el
dinero. En cooperación con aquellas clases que
también estaban interesadas en la identidad
nacional, los gobernantes intentaron
homogeneizar las poblaciones imponiendo una
lengua común, creando sistemas nacionales de
educación y dando forma y difusión a una
herencia cultural común” …/…
Así, ni más ni menos, surge el Estado nación
moderno capitalista.
Ante una realidad de tanta complejidad, como
es la de explicar el proceso por el cual se
forman los Estados modernos de carácter
nacionalista, que dura 500 años, el valor de la
tesis de Tilly consiste en su gran
sistematización y visión estratégica. Por ese
motivo, merece la pena relacionar
resumidamente los diferentes hitos de este
proceso, según estudia Tilly.
Mediante la construcción cultural del mito de
la nación, se crea y sustenta el Estado, que
coexiste con otros Estados a través de los

314
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

procesos de pactos internacionales que se


suceden entre cada conflicto bélico, a partir de
los cuales se delimitan las fronteras.
Los gastos militares requieren una
“implicación” de la población, para lo cual se
formulan ideologías “participativas”, como la
idea de “ciudadano”, al tiempo que el Estado
asume cada vez más actividades interpersonales
que con anterioridad se resolvían sin mediación
del Estado. Surge la legicracia y la profunda
intromisión del Estado en los asuntos civiles y
privados.
La lucha a favor del Estado nación conoce dos
vertientes: el nacionalismo dirigido
directamente por el Estado, y el nacionalismo
“en busca de un Estado”. El primero, con
Estado, se dirige hacia la conservación de su
poder y a su expansión. El segundo,
nacionalismo sin Estado, lucha por su
aspiración a conseguir un Estado propio.
Aunque la idea de nación ya existía antes del
siglo XVIII, es a partir de las revoluciones
liberal-burguesas cuando ésta se expresa
plenamente, con el sentido que hoy conocemos.
Precisamente, es a partir de las revoluciones
burguesas de los siglos XVII y XVIII (Holanda,
Inglaterra, Estados Unidos y Francia), cuando
cada vez más se une doctrinalmente el concepto
político de Ciudadano con el de Nación, y, por

315
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

tanto, con el de Estado. Se “identifica” la


soberanía popular con soberanía nacional. O lo
que es igual: uniformidad cultural frente a
destrucción de las identidades (cultural y
físicamente) de las comunidades rurales.
El nacionalismo surge como ideología del
Estado, cuando éste entiende lo ventajoso que
le reporta la homogeneización y el compromiso
de las poblaciones sometidas a su poder, sobre
todo porque facilita la aportación de todo tipo
de recursos (económicos y humanos) a las
contiendas bélicas por la hegemonía y la
expansión del Estado.
Inevitablemente, este proceso de
homogeneización cultural de las poblaciones
sometidas realizado por el Estado, con
fundamento en una dominación previa militar-
cultural, significó la asimilación forzosa de las
minorías, provocando movilizaciones y
resistencias, con una fuerza dependiente de la
composición de clases, grado de urbanización,
amplitud y multiplicidad de las diferencias
culturales y la virulencia de los intentos de
asimilación (Tilly 2013).
Las revoluciones dinásticas y comunales que
habían predominado entre los siglos XVI y
XVII fueron sustituidas por revoluciones
nacionalistas estatistas, tanto las de tipo
imperialista dirigidas por el Estado, como las

316
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

nacionalistas en pos de un Estado propio.


A la hora de las conclusiones, no podemos por
menos que reconocer que la llamada tercera
etapa en el desarrollo del militarismo, que se
inicia en el siglo XX, ha significado la mayor
expansión del Estado nación, del ejército, del
capitalismo y de los conflictos interestatales de
toda su historia. Nuestra época no es la de la
“revolución proletaria” como prometían las
tesis marxistas, pues en el siglo XX, frente a
dos procesos revolucionarios “genuinos”
guiados por la doctrina marxista (Rusia y
China, consideradas hoy día como revoluciones
capitalistas nacionalistas de “nueva burguesía”),
lo que realmente ha proliferado son las guerras
entre Estados nación capitalistas, hasta el punto
de poner en peligro real la existencia de la
propia especie humana. Si en 260 años, segunda
fase del militarismo, desde 1618 (Guerra de los
30 años) y 1778 (Guerra ruso-turca), las
víctimas mortales alcanzaron la cifra de 9
millones de muertos; en el siglo XX, hasta los
años 50, con la I y II GM, Guerra de Corea y
Guerra Chino-japonesa, el número de muertos,
en solamente 50 años, fue de 22 millones. Es
decir, 2,4 veces más en un tiempo 5 veces
menor199. Esta es la prueba exacta de que si la

199
Tilly, Charles. Coerción, capital y los Estados
317
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

guerra entre Estados nación ha alcanzado tales


niveles superiores en el siglo XX ha sido por el
descomunal desarrollo del militarismo, de las
tecnologías aplicadas primeramente a la
industria militar, por la expansión en flecha
ascendente del Estado en todos los terrenos de
la vida colectiva (ideológica y políticamente),
por el dominio global del sistema capitalista de
producción. En consecuencia, ello nos lleva a
una única conclusión: no es posible la
superación de tal sistema de poder, desde
mecanismos del propio poder, como son los
sistemas actuales de democracia indirecta
partitocrática y parlamentarista, ni tampoco
cualquier otro sistema aún peor basado en
dictaduras partitocráticas (modelo ruso, chino),
sostenidos todos ellos en la ideología del Estado
nación moderno capitalista. Únicamente es
posible, como proyecto estratégico, superar tal
estado de cosas mediante la resolución efectiva
del origen del conflicto: el Estado nación
mismo.

europeos 990-1900. Alianza Universidad. Madrid.


1992. Pg. 245.
318
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Esbozo de Programa
para la Libre
Determinación de las
Comunidades y
Pueblos Oprimidos
por los Estados Nación
Modernos Capitalistas.

319
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre


Dionisio Inca Yupanqui

Introducción.

Tanto en el documento, Los 25 Puntos del


Sistema de Convicciones para una Revolución
Integral, como en las Tesis sobre la Liberación
de los Pueblos Oprimidos, ambos publicados en
la Web de Félix Rodrigo Mora, se expresan las
líneas generales del Programa para la
liberación de las comunidades y pueblos
oprimidos por los Estados nación, desde la
cosmovisión de un nuevo paradigma de la
“cuestión nacional” conforme al sistema de
convicciones para una Revolución Integral, por
tanto, no se trata de decir nada nuevo, sino de
concretar un Esbozo de Programa que refleje,
al menos en estos momentos, el nivel de
conclusiones que se deducen de los análisis
realizados, tanto en este libro Nacionalismo y
Revolución.

DEFINICIONES PREVIAS
Aclaraciones Estratégicas y Tácticas

1) ¿Qué es una nación? Etimológicamente, la


palabra nación proviene del latín nātio

320
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

(derivado de denāscor), que significa lugar de


nacimiento, o “pueblo” (en sentido étnico). Esta
acepción es idéntica a la de comunidad humana
con identidad cultural específica. Pero desde el
punto de vista del paradigma de la modernidad
(histórico, ideológico, político y sociológico),
una nación, es una comunidad humana
imaginada, con ciertas características culturales
que a menudo comparte un mismo territorio y
Estado, y que se encuentra vinculada por la
categoría de ciudadano, entendido como
persona sujeta a “derechos” y deberes bajo la
organización del poder de un Estado. Por tanto,
la nación, hoy, no puede ser entendida como
una comunidad humana real, es una
determinación ideológica y política, entendida
como el sujeto en el que reside la soberanía de
un Estado, conforme lo establece la filosofía
política de la modernidad. El moderno concepto
de nación nace a finales del siglo XVIII cuando
comenzó la Edad contemporánea, que es
cuando se empezaron a elaborar las primeras
formulaciones sobre qué es una nación, según
las posiciones que están relacionadas e influidas
filosófica y políticamente por el período de la
Ilustración y, más precisamente, por la
experiencia de la Revolución Americana, y
luego Francesa.

321
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

2) ¿Qué es la comunidad? Constituye una


realidad material, tal y como está constituida,
desde hace cientos y miles de años, nuestra
subespecie homo sapiens. Los seres humanos
nacen y viven en determinadas localizaciones
geográficas, y siempre en el seno de
comunidades. Esto es una característica natural
esencial que nos hace humanos. Por tanto, la
nación natural es equivalente al término
Comunidad. Y ésta es un concepto socio-
histórico que significa “nacido en…una
determinada comunidad humana estable,
constituida además en un contexto cultural, que
se refleja en una identidad, con el uso
necesario de una especifica lengua o dialecto
para expresarse y pensar, y con unos hábitos
igualmente comunes que determinan
costumbres y formas de realización de la vida
social, construida a lo largo de la evolución
histórica”. .

3) ¿Cuál ha de ser el concepto que defina un


proyecto transformador? Todo proyecto
revolucionario-transformador auténtico,
requiere de una nueva visión estratégica que
permita pensar en los elementos esenciales
desde los que partir, y hacia donde se debe ir,
entendido, no como un dogma, sino como una
propensión o hipótesis, sujeta al cambio, en

322
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

función de la realidad concreta. Si por algún


concepto podemos identificar ese proyecto
estratégico de Revolución Integral, es aquel que
parte de las esenciales enseñanzas de Rudolf
Rocker, Simone Weil, Murray Bookchin,
Abdullah Öcalan o Félix Rodrigo Mora, por
citar solamente los más significativos
pensadores revolucionarios de esta nueva
cosmovisión, y que ha de reunir el requisito
previo de superar a las doctrinas modernas
proletaristas fracasadas. Y esta denominación
estratégica no puede ser otra que la de
Revolución Comunitarista.

El Comunitarismo, como proyecto


transformador estratégico, ha de basarse en:

a) Un poder popular que tome como base a la


comunidad, localmente determinada,
asentado en el ejercicio de la democracia
directa ejercida mediante un sistema de
asambleas populares de base del tipo
concejo abierto. La defensa de tal poder ha
de ser autosostenida y autodefendida
mediante alguna forma de armamento
general del pueblo, del tipo organización
que existió en la sociedad alto medieval en
forma de milicias concejiles.

323
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

b) Un sistema de régimen convivencial en


que los seres humanos sean lo decisivo,
fundamentado en su autoconciencia y en la
generalización de los sistemas de apoyo y
ayuda mutua, basados en el afecto a la
comunidad, y los seres humanos, entre sí.
c) Tratamiento integral de la relación entre
los seres humanos y la naturaleza, de la
cual formamos parte esencial e
interdependiente. Ello implicaría una
modificación sustancial de los tipos de vida
social actual, asentados en la urbanización,
en el industrialismo y el consumismo,
destructivos de todo lo que signifique la
esencia concreta humana a que nos ha
obligado la modernidad, mediante una línea
de acción revolucionaria medioambiental
basada en la ecología social.
d) Una consideración específica a la
integración de las mujeres y de la juventud
en las tareas revolucionarias en funciones
de vanguardia de todo tipo. Sin contar con
las mujeres y la juventud, ninguna
transformación real de nuestro mundo
humano y físico será imposible.
e) El desenvolvimiento de las relaciones
económicas de las comunidades han de
basarse en criterios de auto sostenimiento
y autogestión, mediante prácticas creativas

324
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

del común, según la experiencia del


comunal. Una economía que tenga como
eje principal el desarrollo integral de los
seres humanos, en perfecta armonía con la
naturaleza, de la que formamos parte.

ESBOZO DE PROGRAMA
(Cuestiones de principio)

Concepto general de libre determinación de


comunidades y pueblos

Es el derecho de todas las comunidades y


pueblos, autoconstruidos y autoconscientes, a
determinar sus destinos, sin que nadie (ni
Estado, ni otra comunidad) tenga derecho a
inmiscuirse en la vida de cada comunidad, ni
atentar contra su cultura, sus hábitos y
costumbres, a poner trabas a su idioma, o a
restringir sus derechos individuales y civiles.
Los vínculos entre comunidades, en beneficio
de la fraternidad, convivencialidad, moralidad,
condiciones de vida y equilibro del medio
ambiente natural, se establecen bajo el
principio del beneficio mutuo, con respeto
escrupuloso de la soberanía de cada
comunidad, en todo momento.

325
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

Primero. - La libre determinación de las


comunidades y los pueblos oprimidos por los
Estados nación modernos capitalistas o por
Estados-multinacionales federales o
confederales, no podrá alcanzarse de la mano
de las instituciones de poder de los Estados o de
instancias de carácter internacional,
apadrinados por éstas, y a través de
instrumentos democraticistas como el derecho
de autodeterminación, apadrinado por la ONU.

Segundo. – La historia del siglo XX ha


demostrado sobradamente que no podrá
conseguirse una verdadera libre determinación
de comunidades y pueblos oprimidos a través
de hipotéticos procesos «democráticos»
estatistas, provenientes de las instituciones
representativas de los Estados, ni mediante
ejercicios democraticistas por medio de
referéndums, a través de hipotéticos o reales
procesos armados de liberación nacional
propugnados por el nacionalismo, o la
izquierda, igualmente nacionalista.

Tercero. - La libre determinación de las


comunidades y pueblos oprimidos será parte del
proceso de Transformación Integral o
Revolución Integral, de nuevo tipo. Esta justa
reivindicación forma parte del Programa

326
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

Estratégico de ese proceso de Transformación


Integral, y ha de plantearse de forma conjunta e
integrada en el total de transformaciones
revolucionarias a efectuar.

Cuarto. - No es posible plantear la liberación


de los pueblos o comunidades como “cuestión
previa”, ni marginal al proceso transformador
revolucionario, mediante pactos o acuerdos, al
contrario, debe formar parte del conjunto de
tareas transformadoras esenciales a acometer.

Quinto. - El proceso de libre determinación de


comunidades y pueblos será parte de la
revolución política necesaria, pero también
parte sustancial de las transformaciones a
realizar en la conciencia, en la construcción
política de un sujeto capaz de sostener una
sociedad convivencial, igualitaria, defensora de
los valores propios de una moral de esfuerzo y
servicio orientada hacia el bien común, con
respeto de las culturas, con libertad de
conciencia, libertad política y civil para todos y
todas. Dentro de esta esencial transformación
política, debe contemplarse, como requisito
liberador del ser humano, la eliminación del
trabajo asalariado y servil de cualquier forma,
con la incorporación -en condiciones de
igualdad- de la mujer a las tareas centrales de la

327
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

sociedad, y sin discriminación alguna, en razón


a la etnia, sexo o cualquier otra orientación
personal o social que deberá quedar en el
ámbito estricto del conjunto de libertades
políticas y civiles.

Sexto. - La libre determinación de las


comunidades y pueblos oprimidos por los
Estados-nación modernos capitalistas, por su
propia esencia, respetará las identidades de los
distintos pueblos y de las comunidades con los
cuales se relaciona. La forma de relación entre
los diferentes pueblos y comunidades entre sí
será igualitaria, alcanzándose entre éstos
aquellos acuerdos de convivencia, cooperación
y colaboración que las comunidades estimen
oportuno para el beneficio de sus respectivos
pueblos, que podrán revestir aquellas formas
confederadas que superen las actuales fronteras
políticas entre Estados-nación modernos
capitalistas.

Séptimo. - Las diferencias religiosas, étnicas o


civiles no podrán constituir elementos de
diferenciación en el seno de los integrantes de
las comunidades, puesto que la democracia
omnisoberana implicará la más completa
libertad de conciencia, civil y de libre expresión
de las ideas para todos sus miembros. Las

328
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

comunidades «sin historia», artificiosamente


surgidas a partir de la creación y expansión del
Estado nación moderno imperialista, deberán
considerar, como base de las relaciones de
identidad, los elementos culturales comunes
que les van definiendo, con respeto escrupuloso
de la libertad de conciencia y de los derechos
civiles de todos los integrantes de cada
comunidad concreta.

Octavo.- Los procesos de desarrollo


estratégico de la libre determinación de
comunidades y pueblos de los Estados nación
modernos capitalistas, deberán tener en cuenta
las circunstancias históricas, las costumbres y
las experiencias de cada pueblo y/o comunidad
a la hora de establecer los mecanismos
imprescindibles de determinación de objetivos,
acumulación de fuerzas, mediante aquellos
sistemas de democracia directa que les sean
propios, incluyendo necesariamente la previsión
de la autodefensa de las comunidades con
aquellas milicias populares que en cada caso se
constituyan.

Noveno. - En nuestra época histórica, el nuevo


paradigma en el ámbito de la táctica, deberá
estar basado, teniendo como objetivo final la
consecución de un tipo de sociedad

329
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

convivencial humana basada en los principios


de la auténtica libertad (de conciencia, personal,
civil y política), democracia directa,
autosostenibilidad, apoyo mutuo y la
fraternidad universal. Debe, por tanto, en
apoyar, crear y fomentar los procesos de
autoorganización directa de las comunidades y
pueblos, donde quiera y como quiera que éstas
se encuentren, y mediante el uso creativo de
todos los mecanismos políticos que permitan la
acumulación de fuerzas en la perspectiva
estratégica.

Décimo. - La defensa de la identidad cultural de


comunidades y pueblos no ha de servir para
dividir o enfrentar a sus integrantes, sino para
complementar y enriquecer su natural variedad,
partiendo de que la necesidad de las “raíces”
son inseparables de las propias del cuerpo y el
alma, y, por tanto, de la esencia concreta
humana.

Apéndices:
I.- TESIS SOBRE LA LIBERACIÓN DE LOS
PUEBLOS OPRIMIDOS.
https://es.scribd.com/document/118942662/TE
SIS-SOBRE-LA-LIBERACION-18-11-12

330
LA FILOSOFÍA POLÍTICA DEL ESTADO MODERNO

II.- ELEMENTOS PARA LA DEFINICIÓN


DE UNA ESTRATEGIA
REVOLUCIONARIA PARA LA
LIBERACIÓN DE LOS PUEBLOS
OPRIMIDOS EN EL ESTADO ESPAÑOL.
https://es.scribd.com/document/207293552/Por-
Una-Estrategia-4

III.- LA NACIÓN CONTRA LA


COMUNIDAD, EL ESTADO CONTRA EL
PUEBLO.
https://es.scribd.com/doc/310281834/La-
Nacion-contra-la-Comunidad-El-Estado-contra-
el-Pueblo
IV. SEMBLANZAS DE UNA MUJER.
http://prdlibre.blogspot.com/2014/04/semblanza
s-de-una-mujer-autentica.html

Análisis estratégicos relacionados con la


“Cuestión Nacional”:
I.- EL IMPERIALISMO SE CARGA DE
“RAZONES”: UNA APROXIMACION A LA
SITUACION EN EL MAGREB-SAHEL.
https://es.scribd.com/document/260725559/Una
-Aproximacion-a-La-Situacion-en-El-Magreb

II.- REBELIÓN EN EL RIF, CRÓNICA DE


UNA ESTRATEGIA “CRÓNICA”.
https://es.scribd.com/document/354089029/Reb

331
NACIONALISMO Y REVOLUCIÓN

elion-en-El-Rif

III.- ACLARANDO CONCEPTOS


PRETENDIDAMENTE NOVEDOSOS: EL
ESTADO “PLURINACIONAL” Y LA
“NACIÓN DE NACIONES”.
https://karlosluckas.blogspot.com/2017/06/aclar
ando-conceptos-
pretendidamente.html?view=timeslide

IV.- REFERÉNDUM EN CATALUNYA, “UN


INCENDIO EN EL PAJERO” O, ALGUNAS
CLAVES PARA SITUAR V.- UNA
POSICIÓN REVOLUCIONARIA EN EL
CONFLICTO CATALÁN.
https://karlosluckas.blogspot.com/2017/09/refer
endum-en-catalunya-un-incendio-en.html

TODOS LOS TEXTOS EN: Dirección


Academia.edu_juan gonzalez
https://juangonzalezhernandez.academia.
edu/research

332

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