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ESTUDIO-VIDA DE

APOCALIPSIS
MENSAJE UNO
INTRODUCCION
Por la gracia del Señor, en el estudio-vida
llegamos al último libro de la Biblia, el libro de
Apocalipsis. El libro de Apocalipsis ha estado
cerrado debido a la sutileza del enemigo de
Dios, y pocos cristianos lo entienden. Son muy
pocos los que han visto allí algo de vida, de la
economía de Dios, y del testimonio de Jesús.
Por consiguiente, hemos sentido la
responsabilidad de parte del Señor de tener un
estudio-vida sobre este libro.

El Apocalipsis es un libro de profecía (1:3;


22:7), pues la revelación que contiene es de
carácter profético. La mayor parte de las
visiones se relaciona con eventos futuros. Aun
las siete epístolas a las siete iglesias que
aparecen a modo de señales en los capítulos
dos y tres, son profecías en cuanto a la iglesia,
las cuales abarcan el período hasta que el
Señor regrese. Aunque este libro es profético,
las profecías no se dan solamente en palabras,
sino también en visiones reveladas al vidente.
A los ojos de Dios, todo lo profetizado en este
libro ya ha ocurrido y todo le fue mostrado al
vidente en forma de visiones sucesivas.
En el libro de Apocalipsis los verbos y los
predicados, en su mayor parte, no están en
tiempo futuro, sino en pasado, lo cual indica
que los eventos narrados ya ocurrieron. En
realidad, el Apocalipsis no consta simplemente
de profecías; es una revelación de eventos que
ya sucedieron. Aunque a nosotros nos parece
que no han ocurrido, a los ojos de Dios, ya
sucedieron. Delante de Dios, todo lo que
consta en este libro, ocurrió hace cerca de dos
mil años. Todos nosotros tenemos que creer
esto. La mayor parte de los cristianos
considera el Apocalipsis como un libro de
predicciones. Muchos de ellos leen el libro por
curiosidad. Nosotros tenemos que decirle al
Señor: “Señor, sálvanos de esto. No queremos
estudiar este libro solamente por curiosidad”.
Recalco una vez más que el Apocalipsis no es
simplemente un libro profético, sino el relato
de eventos ocurridos.

En Apocalipsis han ocurrido dos cosas


principales. La primera es que el testimonio de
Jesús se ha logrado y perdura por la eternidad.
¿Ha visto usted la Nueva Jerusalén? El apóstol
Juan la vio hace cerca de dos mil años. ¿Cree
usted que está en la Nueva Jerusalén? Si
damos la impresión de estar locos al decir esto,
lo estamos según la Biblia. De acuerdo con la
Biblia, la Nueva Jerusalén, es decir, la máxima
consumación de la obra de Dios a través de los
siglos, ha sido completamente edificada, y
nosotros estamos en ella. De acuerdo con los
últimos dos capítulos de Apocalipsis, la
edificación de la Nueva Jerusalén ya se
completó. Lo primero que se revela está en el
lado positivo.

Por otro lado, ocurrió una segunda cosa


principal: Satanás, el enemigo de Dios, ya fue
juzgado. Ante Dios y ante nuestro hermano
Juan, Satanás ya fue lanzado al lago de fuego
(20:10). Satanás, la serpiente, está en el lago
de fuego, y nosotros estamos en la Nueva
Jerusalén. ¿Ha visto usted esto? Si hemos visto
que Satanás está en el lago de fuego, no
debemos rogar a Dios que lo juzgue. Debemos
alabar al Señor porque ya el enemigo fue
juzgado. Cuando Satanás nos aflija, debemos
decirle: “Satanás, estás en el lugar equivocado.
Este no es tu lugar; estás en el lago de fuego,
regresa allá y no vuelvas aquí”. ¿Ha hecho
usted esto en alguna ocasión? Todos nosotros
debemos hacerlo.

La Biblia nunca cambia, incluso en cuanto a


Satanás, el enemigo de Dios. En Génesis 3,
Satanás vino a la humanidad de una manera
muy sutil, presentándose como una serpiente.
En Apocalipsis Satanás es deliberadamente
llamado “la serpiente antigua” (12:9; 20:2). En
el libro de Génesis, la serpiente no era tan
antigua, pero en el Apocalipsis, había
envejecido por lo menos seis mil años. Con una
intención definida, el libro de Apocalipsis lo
llama “la serpiente antigua”. Sin embargo,
cuando se escribió el libro de Apocalipsis,
Satanás no era solamente “la serpiente
antigua” sino que también había llegado a ser
un dragón (12:9; 20:2). De acuerdo con el libro
de Apocalipsis, este dragón es primeramente
lanzado del cielo a la tierra (12:7-9). Y después
de tres años y medio es atado y arrojado al
abismo (20:1-3). En Apocalipsis 20 vemos que,
en cierto modo, continúa siendo útil en las
manos de Dios. El Señor soltará a Satanás de
su prisión, el abismo, al final de los mil años
(20:7). Satanás, después de ser libertado, hará
lo posible por destruir a la humanidad y por
“engañar a las naciones que están en los cuatro
ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de
reunirlos para la batalla” (20:8). Pero después
de un corto tiempo, según 20:10, el diablo será
lanzado en el lago de fuego, el cual es su
destino. El libro de Apocalipsis ha estado
cerrado porque expone a Satanás, y manifiesta
su destino. Pero ahora al final de la era,
creemos que el Señor abrirá este libro,
nuestros corazones, nuestro espíritu y nuestros
ojos para que veamos claramente. ¡Aleluya,
Satanás, la serpiente antigua, está en el lago de
fuego, y nosotros estamos en la Nueva
Jerusalén!

La Nueva Jerusalén es el testimonio de Jesús.


Hoy la iglesia también es el testimonio de
Jesús. Y nosotros los que estamos en las
iglesias somos el testimonio de Jesús. Todos
debemos ver esto en detalle, olvidándonos de
nosotros mismos, de nuestras debilidades, de
los pecados que nos rodean y aun de estar en la
tierra. Cuando alguien le pregunte dónde está
usted, debe responder: “Estoy en la Nueva
Jerusalén”. En la Nueva Jerusalén no hay
insectos, ranas, escorpiones ni serpientes.
Además, en esa ciudad no hay pecado ni
muerte ni mundo. No hay nada allá, excepto
Cristo y los que fueron redimidos y
transformados por Dios. Si vemos esto,
debemos alabar al Señor y exclamar ¡Aleluya!

Apocalipsis 1:1 dice: “La revelación de


Jesucristo, que Dios le dio, para mostrar a Sus
esclavos las cosas que deben suceder pronto; y
la declaró en señales enviándola por medio de
Su ángel a Su esclavo Juan”. La revelación de
dicho libro se compone principalmente de
señales, esto es, símbolos con significado
espiritual, como por ejemplo los siete
candeleros que representan las iglesias, y las
siete estrellas que representan los mensajeros
de las iglesias (1:20). Incluso la Nueva
Jerusalén es un símbolo o una señal, cuyo
significado es la consumación final de la
economía de Dios (caps. 21—22). Este es un
libro de símbolos o señales por medio de los
cuales nos es dada a conocer la revelación. El
evangelio de Juan es un libro de señales que
nos muestran que Cristo vino a ser nuestra
vida para producir la iglesia, Su novia. El
Apocalipsis, escrito también por Juan, es un
libro de símbolos que nos muestran la manera
en que Cristo ahora cuida la iglesia y la manera
en que vendrá para tomar posesión de la tierra
y juzgarla, y para introducir plenamente la
iglesia, Su novia, en la economía de Dios.

I. UN LIBRO DE CONCLUSION
El Apocalipsis es un libro de conclusión. Si el
Apocalipsis fuese quitado de la Biblia, quedaría un
gran vacío, tendríamos el principio sin el final. El
comienzo está en Génesis, pero sin el Apocalipsis
no habría conclusión ni consumación. Después de
tener un buen comienzo y de hacer muchas obras,
es necesario que Dios concluya Su obra. Sin el
Apocalipsis la economía de Dios quedaría
inconclusa. Dios es grande; El obra con un
propósito. Para poder cumplir Su plan, es necesario
que Su economía sea finalizada. Muchos de los que
estudian la Biblia han pasado por alto la economía
de Dios. Si no tuviéramos el Apocalipsis, no
podríamos ver la consumación de la economía de
Dios. De hecho, nos sería difícil entender lo que es
la economía de Dios, porque no veríamos el
resultado de Su economía. Pero en este libro, la
revelación de la economía de Dios está clara
porque contiene la conclusión de la economía de
Dios.

Sin el Apocalipsis, tampoco tendríamos la


conclusión de la redención de Cristo. Cristo vino en
la carne y murió en la cruz para realizar la
redención. Pero, ¿qué produjo Su redención? Decir
que la redención de Cristo solamente salva a los
pecadores y los lleva al cielo, es una conclusión
muy pobre. Esta conclusión no dice mucho. Pero en
el Apocalipsis vemos que Cristo nos redimió y nos
compró con Su sangre, para hacernos un reino de
sacerdotes. Por consiguiente, este libro nos revela
la conclusión de la redención efectuada por Cristo.

Apocalipsis 1:6 dice que Cristo “hizo de nosotros


un reino, sacerdotes para Su Dios y Padre”. Los
creyentes, los redimidos por la sangre de Cristo, no
solamente nacieron de Dios y fueron introducidos
en Su reino (Jn. 3:5), sino que también llegaron a
ser un reino para la economía de Dios, el cual es la
iglesia. (Mt. 16:18-19). Juan, el escritor de
Apocalipsis, estaba en este reino (1:9), y todos los
creyentes, los que fueron redimidos y nacieron de
nuevo, son parte del mismo (Ro. 14:17).

Uno de los aspectos principales de este libro es que


Dios está recobrando Su derecho sobre la tierra
para hacerla Su reino (11:15). Cuando Cristo vino,
el reino de Dios vino con El (Lc. 17:21; Mt. 12:28).
Este reino ha sido incrementado como la iglesia
(Mt. 16:18-19), la cual llevará la consumación del
reino de Dios a toda la tierra. Por un lado, el reino
de Dios está hoy en la iglesia, y por otro, el reino
de Dios viene por medio de los creyentes
vencedores (12:10). Entonces Cristo y los creyentes
vencedores reinarán sobre todas las naciones en el
reino milenario (2:26-27; 12:5; 20:4,6).
La redención por medio de la sangre de Cristo, no
solamente nos ha hecho un reino, sino también
sacerdotes para Dios (1 P. 2:5). El reino trae el
dominio de Dios, mientras que los sacerdotes,
aquellos que expresan Su imagen, expresan a Dios.
Este es el sacerdocio real (1 P. 2:9) que cumple el
propósito original que Dios tenía al crear al hombre
(Gn. 1:26-28). Este sacerdocio real se ejerce hoy en
la vida de la iglesia (5:10), será practicado
intensamente en el reino milenario (20:6), y
finalmente concluirá en la Nueva Jerusalén (22:3,
5).

El libro de Apocalipsis también presenta una


maravillosa consumación de la iglesia. Allí vemos
la economía de Dios, la redención de Cristo y el
testimonio de la iglesia. Sin el Apocalipsis,
podemos leer las epístolas vez tras vez sin
percatarnos de que la iglesia es el testimonio de
Cristo. ¿En cuál de las epístolas vemos a las
iglesias brillando como candeleros en la noche
obscura? Solamente en el libro de Apocalipsis
vemos esto. En Apocalipsis, las iglesias
primeramente son los candeleros que brillan. A la
postre, en la eternidad, la iglesia será la Nueva
Jerusalén, una montaña de oro. Esta es la
maravillosa consumación de la iglesia. La situación
actual es una mentira, y no debemos creerla. No
diga solamente: “Qué pecaminosa es la Iglesia
Católica y qué lamentable es la condición de las
iglesias protestantes”. Nosotros debemos ver el otro
lado, el lado eterno donde vemos la Nueva
Jerusalén. Aun hoy, durante la noche oscura,
tenemos los candeleros iluminando.

Juntamente con la economía de Dios, la redención


de Cristo, y el testimonio de la iglesia, Apocalipsis
revela el destino del enemigo. Si no tuviéramos el
libro de Apocalipsis, no sabríamos cual es el
destino de Satanás, y nadie podría entender por qué
Dios continúa tolerando a Satanás, el insidioso,
maligno y perverso. Pero si leemos detenidamente
dicho libro, veremos la conclusión de la historia de
Satanás, estaremos contentos y nos reiremos de la
serpiente antigua. Por consiguiente, en el
Apocalipsis tenemos la conclusión de cuatro cosas
principales, a saber: la economía de Dios, la
redención de Cristo, el testimonio de la iglesia y el
destino de Satanás.

A. La conclusión de los escritos de


Juan
El libro de Apocalipsis es la conclusión de los
escritos de Juan. Como dijimos en el Estudio-vida
de Juan, los escritos del apóstol están divididos en
tres categorías: el evangelio, las epístolas y el
Apocalipsis. El Evangelio de Juan gira en torno a la
impartición de vida. En Juan 10:10 Jesús dice: “Yo
he venido para que tengan vida, y para que la
tengan en abundancia”, y en Juan 12:24 dice: “De
cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no
cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere,
lleva mucho fruto”. En estos versículos vemos la
impartición de vida, que es la idea central del
Evangelio de Juan. En las epístolas de Juan vemos
la comunión, la cual trae crecimiento en vida.
Aunque la vida ya nos fue impartida, necesita
crecer. La vida crece mediante la comunión. Por
consiguiente, en las epístolas vemos la comunión
para el crecimiento en vida. En la última categoría
de los escritos de Juan, el Apocalipsis, tenemos la
cosecha de la vida. En primer lugar la vida es
impartida, luego crece, y finalmente es cosechada.
Sin el Apocalipsis, tendríamos el impartir de vida y
el crecimiento de vida, pero no habría cosecha de
vida.

B. La conclusión del Nuevo


Testamento
El Apocalipsis también es la conclusión del Nuevo
Testamento, el cual está compuesto de los
evangelios, Hechos, las epístolas y el Apocalipsis.
En los evangelios vemos la siembra de la semilla
de vida porque allí Jesús vino a sembrarse como la
semilla de vida en la humanidad, en un pequeño
grupo de personas, como por ejemplo Pedro y Juan.
En los Hechos tenemos la propagación de la vida.
En las epístolas vemos el crecimiento de la vida. La
idea central de todas las epístolas escritas por
Pablo, Pedro, Juan y los demás es el crecimiento de
la vida. Todos necesitamos crecer en vida. En
Apocalipsis llegamos a la cosecha de la vida. En el
capítulo catorce de Apocalipsis tenemos un campo
maduro y una cosecha. Apocalipsis 14:15 dice: “Y
del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al
que estaba sentado sobre la nube: Mete Tu hoz, y
siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la
mies de la tierra está madura”. En Apocalipsis 14 el
campo es cosechado. Por esto vemos que
Apocalipsis es la conclusión del Nuevo
Testamento.

C. La conclusión de toda la Biblia


El Apocalipsis, el último libro de la Biblia, es la
conclusión, la culminación y la consumación
completa de toda la revelación divina contenida en
la Biblia. La Biblia necesita tal conclusión. Las
semillas de la mayoría de las verdades de la
revelación divina fueron sembradas en Génesis, el
primer libro de la Biblia. El crecimiento de todas
estas semillas se da progresivamente en los libros
que siguen, especialmente en los libros del Nuevo
Testamento, y la cosecha se recoge en Apocalipsis.
Por ejemplo, en Génesis está la semilla de la
serpiente, y en Apocalipsis está la cosecha de la
serpiente. Por consiguiente, la mayoría de las cosas
abarcadas en este libro no son nuevas, pues se
refieren a libros anteriores de la Biblia. En Génesis
está la semilla de la revelación divina, en los
siguientes libros se halla el desarrollo progresivo de
la misma, y en Apocalipsis tenemos la cosecha de
dicha revelación. Por lo tanto, debemos ahondar en
este libro y conocerlo. Si no conocemos este libro,
no podemos entender claramente la revelación de
Dios. Cuando viajamos, con frecuencia nos vemos
indecisos en cuanto al camino o la ruta, hasta que
llegamos a nuestro destino. Después de haber
llegado, recordamos el camino por donde
veníamos, y entonces entendemos claramente. En
Apocalipsis llegamos al destino de la Biblia entera.
Habiendo llegado a este destino, podemos entender
este libro divino.

II. EL CONTENIDO
Ahora entramos en el contenido del Apocalipsis.
No piensen que el contenido de este libro se limita
a las ranas, los escorpiones, las langostas, los
cuernos, las serpientes y los caballos. No debemos
decir que el contenido es simplemente los siete
sellos, las siete trompetas y las siete copas. No, este
libro no trata principalmente de esas cosas. El
Apocalipsis es primeramente un libro acerca de
Cristo; en segundo lugar, es un libro acerca de la
iglesia, y en tercer lugar, un libro acerca de la
economía de Dios.

A. La revelación de Cristo es única y


final
La Biblia en su totalidad revela a Cristo. El
Apocalipsis como conclusión, culminación y
consumación de la Biblia, es especialmente “la
revelación de Jesucristo” (1:1). Aunque este libro
también revela otras cosas, el centro de la
revelación es Cristo. Algunos aspectos de Cristo
nunca fueron revelados de la manera que vemos en
Apocalipsis, como por ejemplo la visión de que El
es el Sumo Sacerdote que está en medio de las
iglesias y las cuida en amor y a la vez en una
actitud de juicio (1:13-16), la visión de que El es el
León-Cordero que está en el trono de Dios y en
medio de los cuatro seres vivientes y en medio de
los veinticuatro ancianos del universo, abriendo los
siete sellos de la administración universal de Dios
(5:1—6:1), y la visión de que Cristo es el Angel
fuerte que viene del cielo para tomar posesión de la
tierra (10:1-8; 18:1). En este libro, la revelación de
Cristo es final y única. En los evangelios, en
Hechos y en las epístolas no vemos que Cristo
tenga siete ojos, pero tal cosa sí se revela en
Apocalipsis (5:6). Cristo, nuestro Salvador, tiene
siete ojos. ¡Qué asombroso! Esta revelación de
Cristo es única. En Lucas 4:22 se nos dice que de la
boca de Cristo salían “palabras de gracia”, pero en
Apocalipsis 1:16 de Su boca sale una afilada
espada de dos filos. En el Evangelio de Juan dice:
“He aquí el Cordero de Dios” (1:29), pero en
Apocalipsis uno de los ancianos dice: “He aquí el
León de la tribu de Judá” (5:5). Así que, la
revelación de Cristo en este libro es única. En
ningún otro libro Cristo es revelado como lo es en
Apocalipsis. Lo primero que se revela en el
Apocalipsis es este Cristo único.

B. El testimonio de Jesús
es específico y consumado
Por un lado, este libro nos revela a Cristo, y
por otro, nos muestra el testimonio de Jesús,
el cual es específico y consumado, (1:2, 9;
12:17; 19:10; 20:4). El testimonio de Jesús es la
iglesia. El Apocalipsis presenta al Cristo
revelado y a la iglesia como Su testimonio. En
este libro tenemos un relato completo y
detallado de la iglesia. En ningún otro libro se
revelan las iglesias como en Apocalipsis. El
testimonio de Jesús consta de: los candeleros,
mencionados en el capítulo uno; la gran
multitud de redimidos, en el capítulo siete; la
mujer vestida del sol con el hijo varón, en el
capítulo doce; la cosecha y las primicias, en el
capítulo catorce; los vencedores de pie sobre el
mar de cristal, en el capítulo quince; la novia
preparada para las bodas, y los ejércitos
celestiales de Cristo, en el capítulo diecinueve;
y la Nueva Jerusalén en los capítulos veintiuno
y veintidós. El testimonio de Jesús es el
espíritu —la substancia, la disposición y la
característica— de la profecía (19:10). Cristo es
el Testigo (1:5), el testimonio, la expresión de
Dios, y la iglesia es el testimonio, la expresión
de Cristo. Como tal, la iglesia es la
reproducción del testimonio, la expresión de
Dios en Cristo. La revelación específica de la
iglesia en este libro es muy crucial, y todos
nosotros tenemos que verla.

C. La economía de Dio
es universal y eterna
El contenido del Apocalipsis también incluye
la economía de Dios. La economía de Dios es
Su administración universal y eterna. En el
libro de Apocalipsis vemos la administración
universal y eterna de Dios, la cual llevará a
cabo Su economía. Desde el punto de vista del
espacio, Su administración es universal, y en
cuanto al tiempo, es eterna.

1. Los siete sellos


En la administración de Dios, el primer grupo
de componentes es los siete sellos. Un sello
indica algo que está cerrado, que es secreto y
que no está abierto al público. Los primeros
cuatro sellos abarcan la historia del mundo
desde la ascensión de Cristo hasta el final de
esta era (6:1-8). Dicha historia es abarcada en
su totalidad, aunque brevemente, en los cuatro
sellos. Con la apertura de estos sellos vemos
cuatro caballos, cada uno de los cuales tiene un
jinete. El jinete del primer caballo es la
predicación del evangelio; el del segundo
caballo es la guerra; el que monta en el tercer
caballo es el hambre, y el cuarto jinete es la
muerte. De manera que en los primeros cuatro
sellos tenemos el evangelio, la guerra, el
hambre y la muerte. Si usted conoce la historia
del mundo, se dará cuenta de que ésta ha sido
la situación reinante en estos veinte siglos.
Desde la ascensión de Cristo, el evangelio ha
sido predicado. A lo largo de los siglos,
juntamente con la predicación del evangelio ha
habido guerra. Desde que el Imperio Romano
envió sus ejércitos a destruir la ciudad de
Jerusalén en el año 70 después de Cristo, la
guerra ha sido intensificada siglo tras siglo. En
el comienzo de este siglo tuvimos la primera
guerra mundial, y después de ésta hubo otra
más intensa, la segunda guerra mundial. La
guerra siempre causa hambre, y el hambre
causa la muerte. Estos cuatro caballos son el
contenido de los primeros cuatro sellos.

El quinto sello consta del clamor de los santos


que murieron como mártires (6:9-11). Esto
ocurrirá al final de esta era y casi al comienzo
de la gran tribulación. A lo largo de los siglos
muchos santos han muerto como mártires
debido a la predicación del evangelio. Casi al
final de esta era esos santos clamarán a Dios
pidiendo venganza.

El sexto sello, que se abrirá justo antes de la


gran tribulación, constituye el gran terremoto
que sacudirá la tierra y el cielo (6:12-17).
Cuando se abra el sexto sello, habrá un gran
terremoto (6:12), el cual será una advertencia
para los moradores de la tierra. Algunos
hombres perversos dicen: “¿Quién es Dios?
¡Nosotros somos Dios!” Aunque ellos digan
que son Dios, cuando el verdadero Dios venga
y sacuda la morada donde habitan, entonces
sabrán quién es Dios. He conocido algunas
personas que han polemizado conmigo
diciendo: “Señor Lee, usted predica sobre
Dios. ¿No sabe usted que nosotros somos
Dios?” Les contesto: “Veamos quién es Dios.
Aunque Dios tiene cierta tolerancia, ésta es
limitada. Un día usted va a agotar la paciencia
de Dios, y El con Su dedo pequeño sacudirá la
tierra. Entonces usted sabrá quién es Dios”.
Antes de que comience la gran tribulación,
Dios va a enviar una advertencia a todos los
moradores de la tierra para que recuerden que
hay un Dios. Cuando se abra el sexto sello,
Dios no solamente conmoverá la tierra sino
también los cielos. En Apocalipsis 6:12, 13
leemos: “Hubo un gran terremoto; y el sol se
puso negro como saco hecho de crin, y la luna
se volvió toda como sangre; y las estrellas del
cielo cayeron sobre la tierra, como la higuera
arroja sus higos verdes cuando es sacudida por
un fuerte viento”. En ese entonces, la tierra ya
no será un lugar reposado donde los hombres
perversos puedan jactarse.

El sello más difícil de entender es el séptimo.


El séptimo sello, el cual se extenderá por la
eternidad, consta de siete trompetas. No
confundan los siete sellos con las siete
trompetas. Los sellos son abiertos en secreto,
pero las trompetas se tocan en público.
Cuando usted sella algo, lo vuelve secreto y
privado, pero cuando toca una trompeta, lo
hace en público.

2. Las siete trompetas,


el contenido del séptimo sello
Las siete trompetas son el contenido del séptimo
sello. En las primeras cuatro trompetas viene juicio
sobre la tierra, el mar, los ríos, el sol, la luna y las
estrellas, (8:7-12). Como resultado de los juicios de
las primeras cuatro trompetas, la tierra dejará de ser
un lugar apropiado para la subsistencia del hombre.
La quinta trompeta, que es el primer ay de juicio
para el hombre, marcará el principio de la gran
tribulación (8:13—9:11). Como veremos, la gran
tribulación será terrible. La sexta trompeta, que es
el segundo ay y que trae más juicio sobre el
hombre, es parte de la gran tribulación (9:12-21).
La séptima trompeta es bastante complicada.
Consta del reino eterno de Cristo, el tercer ay, que
comprende las siete copas, el juicio de los muertos,
la recompensa de los santos y de los que temen a
Dios, y la eliminación de los que destruyen la tierra
(11:14-18). El tercer ay, que es el segundo
componente de la séptima trompeta, será la
conclusión de la gran tribulación. Después de esto,
serán recompensados los profetas, los santos y los
que temen el nombre de Dios. A través de las
generaciones, han surgido estas tres clases de
personas. La mayoría de los profetas proceden del
Antiguo Testamento, la mayoría de los santos
vienen del Nuevo Testamento, y los que temen el
nombre de Dios surgirán durante la gran
tribulación. La séptima trompeta incluye la
recompensa que el Señor dará a estas tres clases de
personas. La séptima trompeta también comprende
el juicio de los muertos y la eliminación de los que
destruyen la tierra. Los que destruyen la tierra son
Satanás, el anticristo, el falso profeta y todos los
que los siguen. Por lo tanto, la séptima trompeta
abarca el período que va desde que termina la
tribulación hasta la eternidad.
3. Las siete copas
Las siete copas, que son parte del contenido
negativo de la séptima trompeta, las plagas de la ira
de Dios derramada sobre los hombres, traerán la
culminación de la gran tribulación (15:1, 6-8; 16:1-
21). Las siete copas, igual que los siete sellos y las
siete trompetas, están compuestas de un grupo de
los primeros cuatro, y de otro que comprende el
quinto, el sexto y el séptimo. Este agrupamiento es
muy significativo. Indudablemente el escritor del
Apocalipsis tiene que haber sido Dios. ¿Quién mas
habría tenido la sabiduría para escribirlo? Si este
libro fue escrito según lo que se imaginó Juan,
entonces Juan tiene que ser Dios. El libro de
Apocalipsis está redactado de una manera
maravillosa.

III. LAS SECCIONES


El libro de Apocalipsis tiene cinco secciones: la
introducción (1:1-8), las cosas que vio Juan (1:9-
20), las cosas actuales (2:1—3:22), las cosas
venideras (4:1—22:5), y la conclusión (22:6-21).
En la introducción tenemos la revelación de Cristo
y el testimonio de Jesús. Aunque el Apocalipsis
incluye la economía de Dios, ésta no es el centro
del libro. Las dos cosas cruciales que constituyen el
centro del libro son Cristo y la iglesia, es decir, la
revelación de Cristo y el testimonio de Jesús.
Después de esta introducción, tenemos las cosas
que vio Juan, o sea, los siete candeleros y el Hijo
del Hombre que tiene las siete estrellas. Luego en
los capítulos dos y tres, tenemos las cosas actuales,
o sea, las siete iglesias locales. La sección
siguiente, que abarca las cosas que están por venir,
tiene dos partes. La primera parte (4:1—11:19)
consta de una vista general de los eventos futuros
que sucederán desde la ascensión de Cristo hasta la
eternidad futura. En la segunda parte (12:1—22:5)
encontramos los detalles de las cosas importantes
mencionadas en la primera parte. Estas dos partes
son similares a los capítulos uno y dos de Génesis.
En Génesis 1 tenemos una crónica general de la
creación; y en Génesis 2 tenemos los detalles de la
manera en que Dios creó al hombre. Según este
mismo principio, en 4:1 y 11:19 tenemos una
visión general de todos los eventos futuros, y desde
12:1 hasta 22:5 tenemos los detalles de las cosas
importantes que están por ocurrir. No considere los
últimos once capítulos como la continuación de los
primeros once, porque la vista general de las cosas
que han de venir concluye al final del capítulo
once. Después de todos los detalles de las cosas que
vendrán y que fueron reveladas en la segunda parte
de esta sección, tenemos en 22:6-21 la conclusión
del libro de Apocalipsis.
ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE DOS
LA REVELACION DE CRISTO
ES UNICA Y CONCLUYENTE
En este mensaje llegamos a la revelación de
Cristo. Pocos cristianos, cuando leen el libro de
Apocalipsis, han puesto atención a la
revelación de Cristo contenida en este libro.
Esta expresión: “la revelación de Jesucristo”,
se encuentra en 1:1, y los estudiantes de la
Biblia han interpretado esto de diferentes
maneras. Algunos dicen que esta expresión
significa que el libro de Apocalipsis ha sido
dado por Cristo como una revelación. Esta
interpretación hace la revelación de Cristo muy
objetiva y no es exacta. Si leemos todo el libro
de Apocalipsis minuciosamente, veremos que
esta expresión indica que el Apocalipsis revela
a Cristo mismo. Este es un cuadro, una
descripción, de la persona de Cristo, y no
simplemente una revelación dada por Cristo.
Tenemos que ver que Cristo es el centro y la
figura predominante en todo el libro de
Apocalipsis. Por consiguiente, debemos
entender la expresión “la revelación de
Jesucristo” de una manera subjetiva. Esta no
es simplemente una revelación que Cristo dio,
sino una revelación que nos presenta a Cristo.

Cristo se revela en profecías y tipos, y también


en palabras explícitas en el Antiguo
Testamento. En cierto aspecto, no necesitamos
el Nuevo Testamento, ya que si leemos el
Antiguo Testamento minuciosamente
concentrando toda nuestra atención en las
profecías, los tipos y las palabras explícitas en
cuanto a Cristo, tendremos una revelación de
El. Por medio de estas revelaciones podremos
visualizar qué clase de Cristo es Jesucristo. Sin
embargo, por más perfectas que sean las
revelaciones del Antiguo Testamento, no están
completas. Por lo tanto, debemos acudir al
Nuevo Testamento, donde está la revelación
completa de Cristo. Si sólo leemos los
evangelios, Hechos y las epístolas, veremos
muchos aspectos de Cristo, pero no los que se
mencionan en Apocalipsis. En este mensaje
veremos aspectos únicos y específicos de la
revelación de Cristo contenida en este libro.
I. CRISTO EN SU ASCENSION
En el libro de Apocalipsis, Cristo es revelado
como el Cristo ascendido (5:3-6, 8-14). En los
cuatro evangelios, vemos a Cristo encarnado,
viviendo en la tierra, crucificado y resucitado.
Sin embargo, no vemos mucho de Cristo en Su
ascensión. Aunque los evangelios, el libro de
Hechos y las epístolas mencionan la ascensión
de Cristo, en ninguno de estos libros
encontramos una exposición clara de la escena
o lo que ocurre en los cielos después de la
ascensión. Si queremos visualizar esta escena,
tenemos que leer el Apocalipsis, donde
encontramos el cuadro de Cristo en los cielos
después de Su ascensión. En este libro
tenemos una exposición completa y clara del
mismo Cristo que ascendió a los cielos.
Además, en esta descripción, vemos la escena,
el panorama y la condición en que están los
cielos después de la ascensión de Cristo.
Solamente cuando visualizamos esta
revelación podremos adorarlo a El de una
manera adecuada.

A. El León-Cordero
El Cristo ascendido es el León-Cordero. (5:5-
6). En el Evangelio de Juan, Juan el Bautista
declaró: “He aquí el Cordero de Dios” (Jn.
1:29). Pero en el escenario celestial después de
la ascensión de Cristo, El es revelado
principalmente como León, no como Cordero.
Mientras Juan lloraba porque “no se había
hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de
mirarlo” (5:4), uno de los ancianos le dijo: “No
llores. He aquí que el León de la tribu de Judá,
la Raíz de David, ha vencido para abrir el libro
y sus siete sellos” (5:5). Es posible que antes de
la crucifixión, era razonable que Juan llorase.
Pero era insensato que se lamentara después
de la ascensión. ¿Esta usted hoy
lamentándose? Si todavía está llorando, esto
indica que no ha recibido la visión del Cristo
ascendido que aparece en el capítulo cinco de
Apocalipsis. Usted necesita ver el León de la
tribu de Judá. Génesis 49:8-9 se refiere a
Cristo como el León de Judá, y solamente en
Apocalipsis se nos dice que Cristo es el León de
la tribu de Judá. El León de la tribu de Judá, la
Raíz de David, ha vencido y es digno de abrir
los sellos de la economía de Dios. Después que
Juan oyó esta declaración de boca de uno de
los ancianos, vio “en medio del trono y de los
cuatro seres vivientes, y en medio de los
ancianos, un Cordero en pie, como recién
inmolado” (5:6). El vio al León como un
Cordero. ¿Es Cristo el León o el Cordero? Es
ambos. Por consiguiente, podemos llamarle el
León-Cordero.

¿Por qué es Cristo tanto el León como el


Cordero? Porque nosotros tenemos dos
problemas principales, a saber, el pecado y
Satanás. Los cristianos en su mayoría
solamente se ocupan del problema del pecado
y se olvidan de Satanás. No piense que su
esposo es una persona difícil de tratar. No lo
censure a él, el culpable es Satanás, quien está
detrás de la situación. De la misma manera,
todas las esposas son buenas. Las cosas malas
que provienen de las esposas, en realidad no
provienen de ellas, sino de Satanás, quien está
detrás. El Cordero es contrario al pecado y
resuelve los problemas del pecado, y el León es
el que hace frente a Satanás. Cristo como
Cordero efectuó la redención, habiéndonos
lavado de nuestros pecados. Como León
derrotó a Satanás. El puede satisfacer nuestras
necesidades y resolver nuestros problemas. Ya
el pecado fue erradicado, Satanás fue
eliminado, y nosotros fuimos redimidos y
rescatados de la mano usurpadora del
enemigo.

B. El es digno
Nuestro Salvador es el Cordero, así como también
el León. Tenemos un Salvador que es un León-
Cordero. El es digno de abrir el libro. Aparte de El,
nadie en el universo es digno de abrir el secreto, el
misterio, de la economía de Dios. Pero el León-
Cordero es digno porque efectuó la redención y
ganó la victoria sobre Satanás. Cuando nosotros los
cristianos decimos que Cristo es digno, nuestro
pensamiento ha sido que El es digno de nuestra
alabanza, gratitud y adoración. Cuando decimos
“Señor Jesús, Tú eres digno”, pocos consideramos
que El fue digno de abrir los sellos del secreto de la
economía de Dios. Tenemos solamente el concepto
de que Cristo fue digno de recibir adoración,
alabanza, y acciones de gracias por nuestra parte,
Sus pequeñas criaturas. Este es un concepto pobre
de cuán digno es el Señor. Muchos himnos que
hablan de cuán digno es el Señor también expresan
este concepto inexacto de Su dignidad y la razón
por la cual es digno. No son muchos los himnos
que alaban a Cristo por ser digno de abrir el secreto
de la economía de Dios. Este aspecto de la
excelencia del Señor es universal e inmensurable.
Sin lugar a dudas, Cristo es digno de nuestras
alabanzas. El merece que le demos hasta nuestras
vidas. Sin embargo, debemos considerar que, según
Apocalipsis 5, la excelencia de Cristo se relaciona
con el hecho de que El es digno de abrir el secreto
de la economía de Dios. El universo es un misterio
que los científicos no han podido esclarecer. Ellos
simplemente no conocen el significado ni el
propósito del universo, porque es un secreto que se
ha mantenido oculto. Pero Cristo es digno de
revelar este secreto porque El es digno de abrir los
sellos de la economía de Dios.

Apocalipsis 5:5 dice que el León es digno de abrir


el libro y los siete sellos. Un libro solía ser un rollo
de papiro u otro material. Debido a que estaba
enrollado, era difícil determinar cuán largo era. El
libro de Apocalipsis 5 es infinitamente largo.
Solamente Cristo es digno de abrir dicho libro. No
piense que usted ha visto todo el contenido de ese
libro. No, necesitamos la eternidad para ver todo lo
que está incluido en él. Cuando estemos en la
Nueva Jerusalén, continuaremos leyendo el libro.
En la eternidad seguiremos diciendo: “Ahora
vemos algo más”. Dios nos va a dar una sorpresa
eterna. La sorpresa de la apertura del libro durará
por la eternidad. Es posible que cuando estemos en
la eternidad digamos: “La sorpresa del Señor es
eterna. Aunque estamos ahora en la eternidad,
seguimos sin poder ver el final”. Cristo es digno de
abrir el libro del misterio de Dios.

C. Adorado por los ángeles


y las demás criaturas
Cristo es digno, y es por eso que aquí en esta
escena celestial es adorado por los ángeles y las
demás criaturas. Los ángeles están representados
por los veinticuatro ancianos, y todas las demás
criaturas están representadas por los cuatro seres
vivientes. Los ángeles tienen ancianos, los
veinticuatro ancianos angélicos que son los
primeros en adorar a Cristo. En esta escena vemos
a los veinticuatro ancianos y a todos los ángeles
que alaban, y a los cuatro seres vivientes y a las
demás criaturas que también alaban. Todos ellos
rinden una alabanza universal a Dios y al Cordero.
El Cristo en el cual creemos es el Cristo universal.

II. CRISTO EN SU
ADMINISTRACION
Ahora veamos a Cristo en Su administración. Hay
una administración en el universo. El universo no
opera absurdamente, sino en conformidad con la
administración de Dios. A pesar de que no vemos
al Administrador, de todos modos, El lleva a cabo
Su administración divina. Todos los terremotos,
como el que hubo recientemente en el norte de
China, son ordenados por Su administración. Cristo
no es solamente el Salvador, el León y el Cordero,
sino también el Administrador del universo.

A. En medio de las iglesias


Primeramente, Cristo administra el propósito de
Dios en las iglesias, ejerciendo Su cuidado
sacerdotal (1:11-18). En el capítulo uno, Cristo se
revela como el Hijo de Dios, vestido de la túnica de
Sumo Sacerdote. Hoy, en la administración de
Dios, Cristo ejerce Su cuidado sacerdotal en las
iglesias. En las iglesias El viste Su túnica
sacerdotal. Además, está “ceñido por el pecho con
un cinto de oro” (1:13). Es interesante observar que
no está ceñido por la cintura, sino por el pecho.
Esto indica que toda Su obra fue consumada y que
ahora cuida con amor a Sus amadas iglesias. Ahora
Cristo no trabaja; solamente nos cuida. Incluso, nos
reprende y castiga en amor. Él es el Sacerdote
amoroso que cuida Sus iglesias.

B. En los cielos
El Apocalipsis muestra claramente que, por un
lado, Cristo está en medio de las iglesias y que, por
otro, está en los cielos llevando a cabo la economía
de Dios. La prueba más evidente de esto se halla en
5:7, donde, refiriéndose al hecho de que Cristo
recibe el libro, dice: “Y vino, y tomó el libro de la
mano derecha del que estaba sentado en el trono”.
El libro de la economía de Dios fue puesto en las
manos de Cristo; ahora tiene la economía de Dios y
la está llevando a cabo. No vemos esta revelación
en ningún otro libro del Nuevo Testamento.
Mientras Cristo está en los cielos realizando la
economía de Dios, la cual se relaciona
principalmente con el juicio de Dios sobre la tierra,
se encarga de cuidar al pueblo de Dios en la tierra
(7:1-3; 8:3-5). Esto se revela plenamente en los
capítulos siete y ocho. Dios tiene dos pueblos, los
hijos de Israel y los santos redimidos. No importa
cuán intenso sea el juicio de Cristo sobre la tierra
en conformidad con la administración de Dios, El
cuidará del Israel escogido y de la iglesia redimida.
Aleluya, todos estamos bajo el cuidado de Cristo en
Su administración. Creo firmemente que hoy Cristo
cuida a la nación de Israel. No importa lo que las
demás naciones hagan o digan, la nación de Israel
está bajo el cuidado de la administración universal
de Cristo. Los demás países pueden tratar de hacer
ciertas cosas, pero todo será en vano debido al
interés que tiene el Administrador universal en
Israel. Todos debemos adorar a Cristo como el
Administrador, como quien administra en el cielo
todas las cosas para realizar la economía de Dios.

III. CRISTO EN SU VENIDA


A. En secreto como un ladrón
Ninguno de los libros revela la venida de Cristo tan
claramente como lo hace el Apocalipsis, donde se
revela que la venida de Cristo tiene dos aspectos, el
aspecto secreto y el aspecto visible. Esto es posible
porque Cristo es maravilloso. Primeramente, Cristo
vendrá en secreto como un ladrón (3:3b; 16:15). El
ladrón no anuncia de antemano su llegada. Cristo,
al venir secretamente como un ladrón, lo hace para
robar cosas preciosas. Los ladrones no roban cosas
sin valor. Ellos solamente roban objetos costosos.
Cristo nos dice que velemos. “Pues si no velas,
vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré
sobre ti” (3:3b). No se sabe el tiempo de Su venida
secreta. Todos nosotros debemos preguntarnos:
“¿Soy yo de algún valor?” “¿Valgo lo suficiente
como para que Cristo me robe en Su venida
secreta?”

B. Visiblemente en la nube
Al final de la gran tribulación, Cristo vendrá
visiblemente en la nube (1:7; 14:14). Entre los
cristianos hay dos conceptos de la segunda venida
de Cristo; algunos afirman que Cristo viene antes
de la tribulación, y otros alegan que esto ocurre
después de la tribulación. Muchos cristianos no han
visto los dos aspectos, o sea, el aspecto secreto y el
aspecto visible, y por eso han estado en desacuerdo
entre ellos. Tanto la venida que ocurre antes de la
tribulación como la que sucede después, tienen
base en las Escrituras. Pero la mayoría de los
cristianos, por su limitada visión, no ha tenido la
visión completa de la venida de Cristo.
Primeramente Cristo vendrá en secreto, y después
visiblemente. Vendrá secretamente para los santos
vencedores, y visiblemente para toda la tierra. Es
por esto que 1:7 dice: “He aquí que viene con las
nubes, y todo ojo le verá”. Cuando Cristo venga en
la nube toda la tierra le verá. Tenemos que ver
claramente que cuando Cristo venga, primeramente
lo hará en secreto, y después se manifestará
visiblemente.

IV. CRISTO EN SU JUICIO


En un sentido positivo, el libro de Apocalipsis es
un libro de juicio. Cristo, el Administrador de Dios,
juzgará todas las cosas. Primeramente, juzga a la
iglesia, y después juzgará al mundo.

A. Juzga al mundo entero


Cristo juzgará al mundo entero con el sexto sello,
las siete trompetas y las siete copas (6:12-17; 8:1-2,
12; 11:14-15; 15:1, 7-8; 16:1-21). Durante más de
diecinueve siglos, desde la ascensión de Cristo, el
mundo ha sido azotado por calamidades naturales.
Pero desde la apertura del sexto sello, el mundo
será castigado por calamidades sobrenaturales. En
Apocalipsis 6:12-13 dice: “Miré cuando abrió el
sexto sello, y hubo un gran terremoto; y el sol se
puso negro como saco hecho de crin, y la luna se
volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo
cayeron sobre la tierra, como la higuera arroja sus
higos verdes cuando es sacudida por un fuerte
viento”. El oscurecimiento del sol, el cambio de la
luna en sangre, y la caída de las estrellas, son
calamidades sobrenaturales. Las siete trompetas
también serán calamidades sobrenaturales. Las
primeras cuatro trompetas traerán juicio sobre la
tierra, el mar, los ríos, el sol, la luna y las estrellas.
La gran tribulación empezará con la quinta
trompeta, continuará con la sexta, y concluirá con
las siete copas de la séptima trompeta. Todo esto
constituye los juicios ejecutados por Cristo sobre el
mundo.

B. Juzga a la Gran Babilonia


En los capítulos 17 y 18 de Apocalipsis vemos
el juicio de la Gran Babilonia, que es la
cristiandad apóstata. El Señor ejecutará un
juicio especial sobre la cristiandad, la Gran
Babilonia, además del juicio que trae sobre el
mundo entero.

C. Juzga al anticristo, al falso


profeta,
a Satanás y a quienes los siguen
Cristo también juzgará al Anticristo, al falso
profeta, a Satanás y a los que los siguen (19:11
—20:3, 7-10). El anticristo es el hombre de
pecado (2 Ts. 2:3) y el pequeño cuerno (Dn.
7:8); el falso profeta es el que trabaja junto con
el anticristo. El anticristo, el falso profeta y
Satanás constituyen una “trinidad” maligna, y
son una trinidad falsa. El anticristo tendrá
muchos seguidores por ser muy cautivador y
atractivo. Todos los seguidores serán
destruidos junto con el anticristo, el falso
profeta y Satanás. Cristo juzgará al anticristo y
al falso profeta por medio de las calamidades
sobrenaturales: la tierra se abrirá, y ellos
caerán directamente en el lago de fuego. No
morirán ni serán sepultados ni resucitarán ni
comparecerán ante el juicio del gran trono
blanco. En su caso, no habrá necesidad de
cumplir este procedimiento. Ellos caerán en el
lago de fuego sobrenaturalmente.

D. Juzga a los muertos


Finalmente Cristo, como Administrador de
Dios, juzgará a los muertos (20:11-15). No
piense que si usted muere todo va a estar bien.
Quizá usted desee morir, pero el Señor desea
volverlo a la vida. Si no quiere que El lo
vivifique hoy para salvación, al final de la
primera creación lo resucitará para juicio. En
ese día, El no lo resucitará a usted para algo
positivo, sino para algo negativo. En Juan
5:28-29 dice: “Vendrá la hora cuando todos los
que están en los sepulcros oirán Su voz y
saldrán: los que hicieron lo bueno, a
resurrección de vida, y los que practicaron lo
malo, a resurrección de juicio”. Los incrédulos
que murieron no permanecerán en la tumba
por la eternidad. Resucitarán y serán juzgados
y luego serán lanzados en el lago de fuego.
V. CRISTO EN SU POSESION DE LA
TIERRA
Al acabar de juzgar al mundo, Cristo regresará
para tomar completa posesión de la tierra
(10:1-7; 18:1). Toda la tierra le pertenecerá a
El; ninguna parte de ella pertenecerá a nadie
más. Actualmente muchas naciones pelean por
aumentar su territorio, pero pelean en vano,
porque todo lo que obtengan, a la postre,
pertenecerá a Cristo. Cuando Cristo venga a
tomar posesión de la tierra, vendrá como otro
Angel. Varias veces en el libro de Apocalipsis el
título “otro Angel” se usa con respecto a Cristo
(7:2; 8:3; 10:1; 18:1). Este título es usado
refiriéndose a Cristo porque El, como
Administrador de Dios, se conduce semejante
a un ángel. En el Antiguo Testamento, a Cristo
se le llamó el Angel de Jehová (Gn. 22:11-12;
Ex. 3:2-6), quien fue enviado por Dios para
ejecutar Su comisión. Cuando El venga a
tomar posesión de la tierra, vendrá como el
que fue comisionado por Dios con este
propósito. El será “otro Angel” con gran
autoridad y vendrá en Su gloria (18:1). En Su
venida, Cristo pondrá “Su pie derecho sobre el
mar, y el izquierdo sobre la tierra” (10:2). Esto
indica que El pisará el mar y la tierra, lo cual
significa que tomará posesión de ellos (Dt.
11:24; Jos. 1:3). En la Biblia vemos que todo
lugar que pise la planta de nuestro pie es
posesión nuestra. Cristo pondrá Sus pies sobre
el mar y la tierra, y ambos le pertenecerán.
Después de que Cristo tome posesión de la
tierra, concluirá el misterio de Dios (10:7). En
ese entonces, la economía de Dios será
completamente manifestada. Ya no será un
misterio, sino un secreto revelado.

VI. CRISTO REINA EN EL REINO


Después de que Cristo tome posesión de la
tierra, reinará sobre la tierra como el Rey en el
reino, gobernando las naciones junto con Sus
creyentes vencedores (20:4, 6; 2:26-27).
Ninguno de nosotros está contento con los
gobernantes de la tierra. Yo he viajado por
todo el mundo y conozco la situación mundial;
sé que en cuanto a gobierno, toda la tierra es
muy pobre. ¿Dónde están los buenos
gobernantes? Esperamos el día cuando Cristo
venga como Rey para regir la tierra. Cristo
reinará en Su reino, y nosotros seremos Sus
correyes.

VII. CRISTO EN SU CENTRALIDAD


Y UNIVERSALIDAD EN LA
ETERNIDAD
Por último, en el libro de Apocalipsis vemos a
Cristo en Su centralidad y universalidad en la
eternidad. El será el todo por la eternidad. El
será la centralidad y universalidad en la Nueva
Jerusalén (21:9-10, 23) como el árbol de vida
que crece en el río de agua de vida (22:1-2). En
Apocalipsis 21:23 tenemos un panorama claro
de la centralidad y la universalidad de Cristo.
Aquí vemos que Dios es la luz y que Cristo, el
Cordero, es la lámpara. La luz siempre está
contenida en una lámpara. Por consiguiente la
luz y la lámpara nunca deben estar separadas;
deben permanecer como una sola entidad.
Dios es la luz; Cristo es la lámpara, y la Nueva
Jerusalén es el recipiente de dicha lámpara.
Dios brilla en Cristo y por medio de El, y
Cristo, a Su vez, brilla en la Nueva Jerusalén y
por medio de ella. Por esto podemos ver que
Cristo será la centralidad y universalidad en la
eternidad venidera. Dios en Cristo y Cristo en
los redimidos, brillarán por toda la eternidad.
Esta será la escena que se verá en la eternidad,
cuando Cristo será el centro, la circunferencia
y todo lo demás en la Nueva Jerusalén. Este es
nuestro Cristo.

ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE TRES
EL TESTIMONIO DE JESUS
ES ESPECIFICO Y CONSUMADO
El libro de Apocalipsis revela primeramente a
Cristo, y luego el testimonio de Jesús. En otras
palabras, este libro trata de Cristo y la iglesia.
En Apocalipsis Cristo y la iglesia se revelan de
una forma única y específica. En el mensaje
anterior dijimos que en Apocalipsis se revelan
muchos aspectos de Cristo que no se
encuentran en los demás libros de la Biblia. Lo
mismo sucede con la iglesia. El Apocalipsis
presenta la iglesia de una manera muy
específica. En este mensaje presentaremos una
síntesis de los aspectos de la iglesia hallados en
Apocalipsis, y en los siguientes mensajes
abarcaremos los detalles.

I. LOS CANDELEROS
En primer lugar, en Apocalipsis las iglesias son
reveladas como candeleros (1:11-20). En
ningún otro libro del Nuevo Testamento se usa
este término con respecto a la iglesia. En otros
libros se nos dice que la iglesia es la asamblea
de los escogidos de Dios, el cuerpo de Cristo y
también la casa de Dios. Con excepción de
Apocalipsis, no se nos dice que la iglesia es un
candelero. Como candeleros, las iglesias
brillan en la obscuridad. La palabra candelero
nos permite entender mucho sobre la iglesia y
su función. La iglesia no es la lámpara, sino el
candelero, lo que sostiene la lámpara. Sin la
lámpara, el candelero es vano y no tiene
utilidad. El candelero sostiene la lámpara que
resplandece. Como vimos en el mensaje
anterior, Dios es la luz, y el Cordero es la
lámpara (21:23). Por consiguiente, Cristo es la
lámpara, y la iglesia es el candelero que
sostiene la lámpara. Dios está en Cristo, y
Cristo, la lámpara, es sostenido por el
candelero, de modo que emana la gloria de
Dios. Este es el testimonio de la iglesia.

A. Son de oro (el elemento divino)


Los candeleros, las iglesias locales, son de oro,
o sea divinidad, la naturaleza de Dios. Todas
las iglesias locales son divinas en naturaleza;
están constituidas de la naturaleza de Dios.
Decir esto es perfectamente bíblico, pues el
libro de Apocalipsis dice que las iglesias locales
son candeleros de oro (1:20). Estos candeleros
no están hechos de barro, madera u otro
material inferior; están hechos de oro puro.
Esto significa que todas las iglesias locales
deben ser divinas. Sin divinidad, la iglesia no
puede existir. Aunque la iglesia está compuesta
de humanidad y divinidad, la humanidad no
debe ser la naturaleza básica de las iglesias
locales. La naturaleza básica de las iglesias
locales debe ser la divinidad, que es la
naturaleza de Dios. Con estas dos expresiones
—los candeleros y el oro— podemos
comprender muchas cosas sobre la iglesia: que
en la iglesia resplandece Cristo y que ella está
constituida de la naturaleza divina.

B. Resplandecen en las tinieblas


Los candeleros resplandecen en la oscuridad.
Si no hubiera oscuridad, no sería necesario que
alumbrara la luz de la lámpara. El resplandor
de la lámpara es muy particular. Para que la
lámpara brille, debe arder el aceite que
contiene. Si el aceite arde dentro de la
lámpara, la luz brillará y penetrará las
tinieblas. Esta es la función de la iglesia. La
función de la iglesia no es simplemente
predicar o enseñar doctrinas. En la noche
oscura de esta era, la iglesia debe resplandecer
y expresar la gloria de Dios. Este es el
testimonio de la iglesia.

C. Son idénticos
Todos los candeleros son idénticos entre sí.
Muchos cristianos, basándose en un concepto
erróneo, desean ser diferentes de los demás
cristianos. Cuando llegué a este país hace
catorce años, conocí a algunos amados
cristianos que estaban preocupados porque
todas las iglesias locales eran iguales. Dijeron
que harían lo posible por ser diferentes de los
demás. Esto no es correcto. Todas las personas
tienen una cabeza, dos hombros, dos brazos,
dos manos y cinco dedos en cada mano, y
todas las cabezas humanas tienen siete
orificios: dos oídos, dos ojos, dos fosas nasales
y una boca. Es absurdo decir: “No quiero
parecerme a los demás. Para ser diferente,
quisiera tener sólo cinco orificios en mi
cabeza”. ¡Qué absurdo sería esto! Aquellos que
proclaman que cada iglesia local debe ser
única basan sus conceptos en las diferencias de
las Algunos han dicho: “Note que las siete
iglesias son diferentes”. En mis primeros años,
cuando aún era muy joven, fui afectado por
este concepto y enseñaba lo mismo. Pero un
día fui iluminado y vi que todas las diferencias
de las iglesias locales de Apocalipsis dos y tres
eran negativas, y no positivas. Efeso perdió su
primer amor, lo cual es algo negativo; Pérgamo
era una iglesia mundana, lo cual es negativo;
Tiatira era demoníaca, que también es algo
negativo; y Laodicea estaba en tibieza e
indiferencia, lo cual es negativo. Sin embargo,
todas las iglesias locales eran idénticas en lo
positivo, pues vemos que todas ellas son
candeleros de oro. Si pusieran los siete
candeleros sobre una mesa delante de usted,
no podría diferenciarlos, a menos que los
numerara. Los siete candeleros son iguales.

No obstante, desde 1962 algunas personas en


este país han declarado con vehemencia que
ellas nunca se parecerán a la iglesia en Los
Angeles. ¿Dónde están esas personas hoy? Se
han desvanecido, y todos los conceptos
extraños que sostenían fracasaron. No estoy
diciendo que todos deben seguir la iglesia en
Los Angeles. Pero si la iglesia en Los Angeles
tiene siete “orificios”, sería absurdo insistir en
que otros tengan cinco. Por el lado positivo,
todas las iglesias locales deben ser idénticas.
Sin embargo, por el lado negativo, son
diferentes. Si la iglesia en Los Angeles adora
ídolos, debemos rehusar seguirla. En asuntos
de esta índole, debemos ser diferentes. Pero no
es correcto decir que en el aspecto positivo las
iglesias locales deben ser diferentes. No
debemos tratar de hacernos peculiares ni
diferentes, esto es orgullo. Un día el Señor me
mostró que los cuatro lados de la Nueva
Jerusalén son exactamente iguales. Cada lado
del muro es construido del mismo material, de
jaspe. Un lado no está construido de jaspe y
otro de bronce. No, los cuatro lados son
iguales. De la misma manera, universalmente,
todas las iglesias deben ser iguales. No
necesitan ser iguales en organización, pero sí
deben ser idénticas en apariencia. Por ejemplo,
las iglesias de Nueva Zelandia deben ser
iguales a las iglesias de Japón. Todas las
iglesias de la tierra deben ser universalmente
iguales debido a que todos nosotros somos una
sola iglesia. Localmente, somos las iglesias;
universalmente, somos la iglesia. Este es el
testimonio de Jesús.

II. LA GRAN MULTITUD


En Apocalipsis 7:9-17 vemos el testimonio de
Jesús expresado en la gran multitud. Según lo
narrado en el capítulo siete, esta gran multitud
es la colectividad de todos los redimidos, los
cuales fueron rescatados “de toda nación y
tribu y pueblo y lengua” (7:9). Todos ellos han
pasado por tribulación. Esto indica que no ha
existido una iglesia, en ningún lugar, que
nunca haya pasado por tribulación. El mundo
siempre persigue a las iglesias (Jn. 16:33).
Dondequiera que esté la iglesia, siempre habrá
cierto grado de persecución. Apocalipsis 7:14
indica que todos los redimidos pasarán por
tribulación; allí dice: “Estos son los que han
salido de la gran tribulación”. Esta gran
multitud ha salido victoriosa de la tribulación,
pues todos ellos tienen palmas en las manos, lo
cual representa su victoria sobre la tribulación
(7:9). Finalmente, en la eternidad, ellos serán
protegidos por Dios con Su tabernáculo, según
lo indica 7:15: “Y Aquel que está sentado sobre
el trono extenderá Su tabernáculo sobre ellos”.
Este es el destino de los redimidos de Dios.
¡Cuán maravilloso! Además, el Cordero los
pastoreará en los manantiales de agua de vida
por la eternidad (7:17).

Apocalipsis 7:9-17 no nos muestra un grupo


particular de creyentes, sino la condición
general del conjunto de los redimidos de Dios
en la eternidad. En la eternidad ellos
disfrutarán la protección de Dios y el pastoreo
de Cristo. Este es nuestro destino. Este pasaje
revela que mientras Cristo trae el juicio de
Dios sobre la humanidad, cuida de los
redimidos. Finalmente, todos los redimidos de
Dios serán arrebatados al trono de Dios, y allí
disfrutarán la protección de Dios y el pastoreo
del Cordero.
III. LA MUJER CON EL HIJO
VARON
A. La mujer
En 12:1-17 podemos ver otro símbolo de la
iglesia: la mujer con el hijo varón. La iglesia no
es solamente el candelero y la gran multitud
redimida; también es la mayor parte de la
mujer con el hijo varón. La mente humana
jamás concebiría la iglesia de esta manera. La
mujer de este capítulo representa la totalidad
del pueblo de Dios, y el hijo varón representa
la parte fuerte del pueblo de Dios. De la
manera que hay un hijo varón en la mujer,
también en el pueblo de Dios hay una parte
fuerte. Esta mujer, que está vestida del sol, la
luna y doce estrellas (12:1) y que es perseguida
por Satanás, el gran dragón rojo, representa al
pueblo de Dios de todas las generaciones. En
cada generación una porción del pueblo de
Dios ha sido perseguida por Satanás. Sin
embargo, durante los tres años y medio de la
gran tribulación Dios protegerá a Su pueblo
del ataque de la serpiente.

B. El hijo varón
Como vimos, el hijo varón es la parte fuerte del
pueblo de Dios. En el pueblo de Dios, incluso
entre nosotros hoy en el recobro del Señor, hay
una parte fuerte. Esta parte será arrebatada al
trono de Dios antes de la gran tribulación. En
otras palabras, la mujer será dejada en la tierra
y pasará por la tribulación, pero la parte fuerte,
el hijo varón, será arrebatada al trono de Dios
antes de la tribulación. ¿Por qué será
arrebatado el hijo varón antes de la
tribulación? Porque Dios necesita al hijo varón
para que pelee contra Satanás y lo arroje del
cielo. Aunque Dios tiene muchos ángeles que
pelearán, la victoria final sobre el enemigo no
la ganarán los ángeles sino el hijo varón. Dios
necesita al hijo varón. El avergonzará al
enemigo y lo derrotará usando al mismo
hombre que Satanás corrompió. Es como si
Dios dijera: “Satanás, corrompiste al hombre
que Yo creé. Pero de ese hombre corrupto, he
obtenido un hijo varón para que te derrote. El
no te derrotará principalmente en la tierra sino
en el cielo”. El hijo varón, al ascender hasta el
trono, peleará contra Satanás, y lo arrojará del
cielo a la tierra. Esto es parte del testimonio de
Jesús. Aunque Jesús derrotó a Satanás en la
cruz, es menester que la iglesia ejecute esa
victoria sobre el enemigo. Solamente la parte
fuerte del Cuerpo, el hijo varón, ejecutará la
victoria de Cristo sobre Satanás, pues muchos
miembros del Cuerpo fracasaron en esto. El
hijo varón será arrebatado a los cielos para
cumplir este cometido.

El arrebatamiento no tiene el único fin de


bendecirnos. No debemos decir: “¡Qué bueno
para mí ser arrebatado a los cielos!” Tenemos
que entender que Dios necesita arrebatarnos;
debemos ser arrebatados a los cielos para
pelear contra el enemigo. Si al oír esto uno
dice: “No quiero ir y participar en una guerra”,
esto quiere decir que está descalificado para
ser arrebatado antes de la tribulación. Si usted
no va al cielo al encuentro de Satanás para
arrojarlo, él vendrá a la tierra al encuentro
suyo, y usted será derrotado. Debemos ser el
hijo varón. Deseo intensamente ser parte del
hijo varón. No estoy satisfecho con ser parte de
la mujer. Quiero ser incluido en esa parte
fuerte. Esto también es un aspecto del
testimonio de Jesús.

IV. LAS PRIMICIAS Y LA COSECHA


Ahora llegamos a las primicias y la cosecha
(14:1-5, 14-16). La iglesia no es solamente el
candelero que resplandece y el hijo varón que
guerrea, sino también un campo donde crece y
madura una cosecha. Cualquier cosecha que
todavía está verde es demasiado tierna para
ser cosechada. Pero una vez que madura en el
campo, es recogida.

A. Las primicias
La parte de la cosecha que madura primero es
llamada las primicias. Las primicias serán
arrebatadas a Sión en los cielos antes de la
tribulación. Según lo indica 14:4, las primicias
son los que “siguen al Cordero por
dondequiera que va”. Las primicias son
arrebatadas a la casa de Dios en Sión como
ofrenda fresca para el deleite de Dios. Esto trae
satisfacción a Dios. De acuerdo con el tipo del
Antiguo Testamento, las primicias de la
cosecha madura no eran llevadas al granero,
sino al templo de Dios (Ex. 23:19). Esto indica
que los primeros vencedores serán llevados a
la casa de Dios en el cielo para el deleite de El.
No somos arrebatados principalmente para
nuestro deleite, sino para el deleite de Dios. El
objetivo del arrebatamiento es derrotar al
enemigo y satisfacer a Dios. Nosotros no
debemos ser solamente los candeleros de hoy,
sino también el hijo varón que guerrea contra
el enemigo de Dios, y además las primicias que
satisfacen el deseo de Dios.

B. La cosecha
Después de las primicias, mencionadas en el
capítulo catorce, tenemos la cosecha. El
versículo 15 dice: “Y del templo salió otro
ángel, clamando a gran voz al que estaba
sentado sobre la nube: Mete Tu hoz, y siega;
porque la hora de segar ha llegado, pues la
mies de la tierra está madura”. La cosecha será
recogida casi al final de la gran tribulación.
Esta será arrebatada a los aires, donde Cristo
estará en la nube. ¿Por qué será dejada la
cosecha en la gran tribulación? Porque los
campos verdes, que no han madurado,
necesitan un sol fuerte para madurar. En un
sentido, la gran tribulación será el sol intenso
que madurará a todos los santos que no lo
estén en ese entonces. Dicho en palabras
sencillas: si hoy usted no renuncia al mundo ni
vive para Cristo, El lo dejará en la tierra y
permitirá que pase por la gran tribulación. En
ese tiempo, usted sin duda renunciará al
mundo y entenderá que la mejor manera de
vivir es vivir para Cristo. Todos los hijos de
Dios tienen que hacer esto; de no hacerlo,
nunca madurarán. Si no creen lo que les digo
esperen y verán. Es probable que usted piense
que el mundo es demasiado agradable para
renunciar a él. Si es así, tal vez el Señor diga:
“Como amas tanto al mundo, te dejaré con él,
para que compruebes si en verdad el mundo es
agradable”. Entonces el Señor sacudirá el
mundo, y a la postre, usted dirá: “Señor, me
arrepiento”. Sin embargo, para ese entonces
tal vez sea demasiado tarde. No espere hasta
que llegue la gran tribulación para
arrepentirse. ¡Arrepiéntase ahora! Tarde o
temprano todos los cristianos genuinos deben
arrepentirse. Tengo la plena seguridad de que
al final cada uno de los salvos sabrá que el
mundo no es placentero sino venenoso.
Cuanto más ama usted al mundo, más es
envenenado por él. El mundo es enemigo de
Dios, y todos nosotros debemos despreciarlo.
Tarde o temprano el Señor nos mostrará
conocer cuánto aborrece El a este mundo.
Vendrá el día cuando todos nosotros
estaremos maduros. No diga: “No me
preocupa si estoy maduro. En tanto que sea
salvo, todo va a estar bien”. Es probable que
usted pueda argüir conmigo con vehemencia,
pero un día comprenderá que necesita
madurar. Le aconsejo que no espere la siega de
la cosecha. Por la gracia de Dios, avance y sea
parte de las primicias.

V. LOS QUE VENCEN A LA BESTIA


En 15:2-4 vemos a los que vencieron a la
bestia. Dios es soberano. Aun durante la gran
tribulación, habrá algunos vencedores, a
quienes podríamos llamar vencedores tardíos.
Estos pasarán por la gran tribulación, en la
cual el anticristo, la bestia, obligará a la gente a
adorarlo como si él fuera Dios, y a adorar su
imagen en el templo de Dios. Nosotros
esperamos ver la reconstrucción del templo en
Israel, pues esto será una señal de que la
venida del Señor está muy cerca. La Biblia
profetiza que el anticristo erigirá su imagen en
el templo de Dios y obligará a la gente a
adorarla (Mt. 24:15). En ese tiempo, muchos
cristianos vencerán a la bestia y serán muertos.
Le recomiendo que sea un vencedor temprano
y que ame al Señor hoy. No espere ser muerto
durante la gran tribulación para ser vencedor.

Según el capítulo quince, los vencedores


tardíos serán arrebatados y estarán en pie
sobre el “mar de vidrio mezclado con fuego”
(15:2), y alabarán a Dios con el cántico de
Moisés y el cántico del Cordero (15:3). Los que
están sobre el mar de vidrio son los que
“habían salido victoriosos sobre la bestia y su
imagen y el número de su nombre” (15:2).
Estos son los que vencieron a la bestia, su
imagen y la adoración del ídolo del anticristo.
Apocalipsis 20:4 y 20:6 indican que algunos de
los correyes de Cristo serán los vencedores
tardíos. Repito que prefiero ser un vencedor
temprano que uno tardío. Si usted es
descuidado, será dejado y pasará por la gran
tribulación. Debemos acercarnos al Señor y
decirle: “Señor, quiero ser un vencedor
temprano”. Veremos los detalles al respecto
cuando lleguemos a Apocalipsis 15 en este
estudio-vida.

VI. LA NOVIA
En Apocalipsis 19:7-9 vemos la iglesia como la
novia. Efesios 5 revela que la iglesia es la novia
de Cristo, mas no revela la novia de un manera
tan profunda. Pero en Apocalipsis 19 vemos
cuán profunda es la revelación de la iglesia
como la novia. En este pasaje vemos que la
novia vestirá un atavío de justicia pura y
resplandeciente, pues será llamada a la fiesta
de bodas del Cordero (vs. 7-9). Este es un
aspecto muy profundo. Con relación al
enemigo de Dios, debemos ser el hijo varón; en
cuanto a la satisfacción de Dios, debemos ser
las primicias; y con relación a Cristo debemos
ser la novia. Cuando estamos ansiosos por ser
la novia, Cristo recibe satisfacción. No
solamente El será satisfecho, sino que también
nosotros nos alegraremos. Apocalipsis 19:7
dice: “Gocémonos y alegrémonos y demos
gloria”. En principio, una novia es la persona
más agradable y feliz. Hoy como iglesia, como
complemento de Cristo, sufrimos y somos
quebrantados. Pero llegará el día cuando no
habrá más persecución ni sufrimiento. Nunca
he visto una novia que sufra el día de su boda.
Tenemos que ser la novia. Cuando seamos la
novia, todas las dificultades terminarán.

VII. EL EJERCITO
La iglesia también es el ejército (19:14-19;
17:14). La parte de la iglesia que será el hijo
varón y que peleará contra el enemigo en los
cielos, también será el ejército que guerreará
junto a Cristo contra Satanás en la tierra.
Después de completarse todos los
arrebatamientos y de que los creyentes hayan
sido juzgados ante el tribunal de Cristo, todos
los vencedores regresarán a la tierra como
ejército de Cristo y con El para pelear en
contra del anticristo y su ejército. Ambos
tendrán un ejército. Aunque un ejército es
celestial y el otro terrenal, ambos pelearán en
la tierra. En otras palabras, el anticristo
peleará contra Cristo y Su ejército, y Cristo y
Su ejército responderán peleando contra el
anticristo. El falso Cristo tendrá el
atrevimiento de pelear contra el verdadero
Cristo, y éste guerreará contra aquél. En 17:14
vemos que el ejército celestial estará
compuesto de todos los vencedores, los que
han sido llamados y escogidos. Al final de esta
guerra, Cristo derrotará al anticristo.

VIII. LA NUEVA JERUSALEN


Finalmente, el testimonio de Jesús será la
Nueva Jerusalén, (21:1—22:5). Comenzando
con el candelero, y siguiendo con la gran
multitud, el hijo varón, las primicias, los
vencedores tardíos, la novia y el ejército, al
final todos los salvos serán la Nueva Jerusalén,
la cual será una composición viva de todos los
redimidos de Dios, la consumación final del
edificio de Dios constituido de Su pueblo. Por
toda la eternidad, la Nueva Jerusalén
expresará a Dios en el Cordero con el fluir del
Espíritu. En los capítulos veintiuno y
veintidós, veremos un cuadro claro de esta
consumación.
ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE CUATRO
EL DIOS TRIUNO EN EL
APOCALIPSIS
La Biblia en su totalidad es la revelación de Dios.
En el libro de Apocalipsis tenemos la revelación
final y completa de quién es Dios. Dios es triuno.
Todos estamos familiarizados con la expresión el
Dios Triuno. Este es un asunto importante en la
revelación de Dios. Sin embargo, a lo largo de los
siglos, la mayoría de los cristianos no ha captado
completamente el significado del título “el Dios
Triuno”. En el libro de Apocalipsis, el cual revela
aspectos finales, vemos algo más profundo, más
alto, más rico y más dulce en cuanto al Dios
Triuno. Hemos visto que en el Apocalipsis la
revelación de Cristo y el testimonio de Jesús son
finales. En este mensaje necesitamos ver que la
revelación del Dios Triuno también es máxima y
final.

En Apocalipsis 1:4-5 leemos: “Gracia y paz a


vosotros de parte de Aquel que es y que era y que
ha de venir, y de los siete Espíritus que están
delante de Su trono; y de Jesucristo, el Testigo fiel,
el Primogénito de entre los muertos, y el Soberano
de los reyes de la tierra”. “Aquel que es y que era y
que ha de venir”, es Dios, el Padre eterno. Los siete
Espíritus “que están delante de Su trono” son el
Espíritu de Dios en operación, son Dios el Espíritu.
Jesucristo, quien es “el Testigo fiel” para Dios, “el
Primogénito de los muertos” para la iglesia, y “el
Soberano de los reyes de la tierra” para el mundo,
es Dios el Hijo. Este es el Dios Triuno. Como Dios,
el Padre eterno, El era en el pasado, es en el
presente, y vendrá en el futuro. Como Dios el
Espíritu, El es el Espíritu siete veces intensificado
con miras al operar de Dios. Como Dios el Hijo, El
es “el Testigo”, el testimonio, la expresión de Dios;
para la iglesia El es “el Primogénito de los
muertos”, la nueva creación; y para el mundo es “el
Soberano de los reyes de la tierra”. Este Dios
Triuno imparte gracia y paz a las iglesias.

I. EL DIOS TODOPODEROSO
El libro de Apocalipsis nos dice que Dios es el Dios
Todopoderoso (1:8; 19:6, 15). En el lenguaje
hebreo, el título “Dios” significa poderoso, aquel
que es potente. Pero en Apocalipsis vemos que
Dios no es solamente poderoso, sino también
Todopoderoso. El es Poderoso en todos los
aspectos y formas, en todas y cada una de las cosas.
El título “Dios” significa que El es el
Todopoderoso.

A. El Señor
El Dios Todopoderoso es el Señor. Ser el Señor
significa que El es el amo del universo. Podemos
decir que El es el dueño de todo el universo. El es
el Soberano, la autoridad, del universo. Lo que
nosotros u otros digamos no significa nada. Pero lo
que Dios diga tiene todo el peso, porque El es el
Señor. Cuando El dice “Sí”, significa sí, y cuando
dice “No”, significa no. Dios no es solamente el
Señor, el dueño y la autoridad, sino también el
Amo. Todo el universo, incluyendo a los ángeles y
los seres humanos, está bajo Su autoridad. Le
pertenecemos a nuestro Amo. Antes de ser salvo,
yo no sabía a quién pertenecía. Ahora puedo
exclamar: “Dios es mi Amo y mi Dueño. ¡Aleluya
El es mí Señor!”

B. El Alfa y la Omega
Apocalipsis 1:8 dice que el Señor es el Alfa y la
Omega. El Dios eterno y todopoderoso es el Alfa,
el principio de los orígenes, y la Omega, la
culminación y el cumplimiento de Su propósito
eterno. En el libro de Génesis Él fue el Alfa; y
ahora en Apocalipsis Él es la Omega. Cualquier
cosa que El inicie, la completa. En Su gobierno, El
continúa la operación que comenzó en la eternidad
y la culminará en su totalidad (21:6).

C. El que es y que era y que ha de


venir
Dios es también el que es, el que era y el que ha de
venir. Este es el significado del nombre Jehová. En
Hebreo, Jehová significa: “Yo soy el que soy”. Por
ser el Yo soy, El es el que existe desde la eternidad
y hasta la eternidad. Su título “Yo soy” no
solamente indica que El existe sino que, en sentido
positivo, Él lo es todo. Él es vida, luz y todas las
demás cosas positivas. ¿Necesita usted vida? Dios
es vida. ¿Necesitas luz? Dios es luz. ¿Desea
santidad? Dios es santidad. Dios existe desde la
eternidad hasta la eternidad y Él es el todo. Este es
nuestro Dios.

Como ya vimos, nuestro Dios es triuno. El hecho


de que sea triuno significa que El es el Padre, el
Hijo y el Espíritu. A nosotros nos es imposible
entender completamente al Dios Triuno, ya que la
Trinidad Divina está fuera del alcance de nuestra
mentalidad. No procure entender esto con su
mente. Más bien ejercite su espíritu para percibir y
experimentar al Dios Triuno como el Padre, el Hijo
y el Espíritu.

II. EL PADRE
Primeramente, el Dios Todopoderoso es el
Padre. El Padre no es otro que Dios mismo. El
hecho de que sea el Padre significa que El es el
origen. El Padre también es el Señor, y como lo
explica 1:4, El es el que es, el que era, y el que
ha de venir.

III. EL ESPIRITU
En Apocalipsis, la secuencia del Dios Triuno es
diferente a la de Mateo 28:19, donde dice que
el Dios Triuno es el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. En Apocalipsis 1:4-5 la secuencia es
otra. Los siete Espíritus de Dios se mencionan
en segundo lugar y no en el tercero. Esto revela
la importancia de la función siete veces
intensificada del Espíritu de Dios. Este punto
es confirmado por el marcado énfasis que se
hace en el hablar del Espíritu en Apocalipsis
2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22; 14:13; 22:17. Al
comienzo de las epístolas, sólo se menciona al
Padre y al Hijo, quienes dan gracia y paz. Pero
aquí el Espíritu es incluido, al hablar de
impartir gracia y paz a las iglesias. Esto
también muestra la vital importancia del
Espíritu en el mover de Dios, para impedir la
degradación de la iglesia.

A. Los siete Espíritus de Dios


Veamos ahora por qué en Apocalipsis el
Espíritu ocupa el segundo lugar en la
secuencia de la Trinidad Divina. La razón es
que en este libro la época ha pasado del Hijo al
Espíritu. En el libro de Apocalipsis, la época es
la época de el Espíritu, y en esta época el
Espíritu ha sido intensificado.

El Espíritu es llamado los siete Espíritus en 1:4


porque es el Espíritu intensificado de Dios. Los
siete Espíritus son indudablemente el Espíritu
de Dios porque se mencionan dentro del Dios
Triuno en los versículos 4 y 5. No podemos
entender la Biblia con nuestra mente natural y
limitada. De acuerdo con nuestro concepto, la
expresión “siete Espíritus” denota siete
espíritus individuales, pero ese no es el
verdadero significado. El número siete aquí no
se refiere a siete diferentes espíritus sino a un
Espíritu séptuple.

El siete es el número de consumación en la


obra dispensacional de Dios, mientras que
doce es el número de consumación en la
administración eterna de Dios. Por ejemplo,
Dios creó la tierra en seis días, y uno más, el
día de reposo. Además, hay siete
dispensaciones en la Biblia. Para el mover de
Dios hoy, la iglesia corresponde al número
siete. En el libro de Apocalipsis los siete sellos,
las siete trompetas y las siete copas propenden
por el mover dispensacional de Dios. De
manera que los siete Espíritus son el Espíritu
de Dios siete veces intensificado para Su
mover. El es el Espíritu de Dios, intensificado
siete veces para el mover de Dios.

Los siete Espíritus se relacionan con el mover


de Dios en la tierra puesto que siete es el
número de consumación en la operación de
Dios. El Espíritu de Dios es uno solo en
substancia y en existencia; pero en la función
intensificada y en la obra, la operación, de
Dios, el Espíritu es séptuple. Es semejante al
candelero mencionado en Zacarías 4:2. Existe
como un solo candelero, pero al cumplir su
función es siete lámparas. Cuando se escribió
el Apocalipsis, la iglesia se había degradado y
la época se había cubierto de tinieblas. Por
consiguiente, el Espíritu de Dios siete veces
intensificado era necesario para la obra y el
mover de Dios en la tierra. Todos conocemos
la bombilla eléctrica de tres filamentos, que
puede ser encendida progresivamente en tres
grados de intensidad luminosa. Cuando no
necesitamos mucha luz, accionamos el
interruptor al primer grado, pero si
necesitamos más luz, pasamos al segundo o al
tercer grado de iluminación. De igual manera,
en las siete lámparas del candelero la luz
estaba intensificada siete veces. En los cuatro
evangelios, el Espíritu de Dios solamente tenía
el primer grado de intensidad luminosa porque
no se necesitaba mucha luz. Pero después de la
degradación de la iglesia, la época se volvió
extremadamente obscura; entonces fue
necesario que el Espíritu Santo fuera
intensificado siete veces. De esta manera el
Espíritu de Dios se volvió el Espíritu séptuple.
El Espíritu Santo existe como uno solo, igual
que el candelero que se menciona en Zacarías,
pero en función el Espíritu Santo es siete.

B. Los siete ojos del Cordero


Los siete Espíritus de Dios son los siete ojos
del Cordero (5:6; Zac. 3:9; 4:10). Nuestros ojos
son necesarios para movernos. Si somos
ciegos, nos cuesta mucho movernos. Hoy en el
mover de Dios, Cristo, el Cordero de Dios,
tiene siete ojos. Los siete ojos del Cordero
también sirven para vigilar, observar e
infundir. Cuando miro a alguien, algo de mí es
infundido en él. Frecuentemente hablamos de
amarnos uno a otros; ¿pero como puede uno
saber que alguien lo ama? El amor es
comunicado con los ojos. Si usted me mira con
amor, sus ojos me comunicarán su amor.
Cuando Cristo nos mira con Sus siete ojos, es
posible que nos atemorice al principio. Con el
tiempo, estos siete ojos nos infundirán el
elemento de Cristo.

El Espíritu Santo hoy es los siete ojos de


Cristo. Muchos cristianos afirman que el
Espíritu Santo está separado de Cristo, pero la
Biblia dice que el Espíritu Santo es los ojos de
Cristo. ¿Piensa usted que sus ojos están
separados de usted? Es absurdo decir eso.
Cuando miro sus ojos, lo estoy mirando a
usted, y cuando usted mira mis ojos, me está
mirando a mí. Los ojos de la persona expresan
a la persona. Decir que el Espíritu Santo está
separado de Cristo no corresponde con la
revelación pura de la Palabra santa. ¿Cómo
podemos decir que los ojos de una persona
están separados de la persona misma? No hay
ninguna base para afirmar tal cosa. Ya vimos
que la Biblia dice que el Espíritu de Dios ahora
es los ojos de Cristo. Esto simplemente
significa que el Espíritu es Cristo. Mis ojos son
mi persona. Cuando mis ojos lo miran a usted,
soy yo quien lo mira. Si no tuviera ojos, no
podría mirarlo. Por consiguiente, el Espíritu,
los ojos de Cristo, no está separado de El. El
Espíritu es los ojos de Cristo que nos miran.
Nuestra experiencia demuestra esto. Día tras
día, tenemos el sentir de que alguien nos
observa. Este alguien es el Espíritu, el mismo
Cristo. Si el Espíritu no fuera Cristo,
sentiríamos la mirada de dos personas, el
Espíritu y Cristo. Decir que el Espíritu está
separado de Cristo es arrancarle los ojos a
Cristo y separarlos de El. No es bíblico decir
que el Espíritu esta separado de Cristo y que
Cristo no es el Espíritu. De igual manera que
nosotros y nuestros ojos somos uno solo,
también Cristo y el Espíritu son uno solo.
Nuestro Cristo no es un Cristo ciego. El es el
Cristo que tiene siete ojos. Frecuentemente El
nos infunde Su elemento. Otras veces El nos
observa como un relámpago, y nos dice: “¿Qué
estas haciendo, estás riñendo con tu cónyuge?
¡Detente!” ¿No ha tenido usted esta clase de
experiencia? Día tras día experimentamos esta
vigilancia, observación e infusión de Cristo.
Estas acciones se producen por medio de Sus
ojos. Sus ojos son el Espíritu, y el Espíritu es
simplemente El mismo. Si usted no cree esto,
perderá la bendición.

C. Las siete lámparas de fuego


arden delante del trono de Dios
Los siete ojos también son las siete lámparas de
fuego que arden delante del trono de Dios (4:5;
Zac. 4:2). Esto es difícil de entender. Cristo lleva a
efecto la administración de Dios con el resplandor
de la siete lámparas de fuego. Esto es válido en las
iglesias hoy. Cuando Cristo nos mira penetra en lo
más recóndito de nuestro ser, nos ilumina y lleva a
cabo la administración de Dios. Muchas veces
cuando los ancianos de las iglesias discuten
asuntos, tienen la sensación de que las siete
lámparas de fuego brillan sobre ellos. Este es el
Cristo que lleva a cabo la administración de Dios
mediante el resplandor de las siete lámparas de
fuego.

D. Enviados por toda la tierra


Los siete Espíritus de Dios han sido enviados por
toda la tierra (5:6). Adondequiera que vamos, los
siete ojos nos siguen. De hecho, ellos van antes de
nosotros y nos esperan en nuestro destino. Muchos
santos amados que no están satisfechos con la
iglesia en cierta localidad, se han mudado a otra
localidad, pensando que hallarán una mejor
situación en otro lugar. Pero cuando llegan a la
nueva localidad, descubren que el Espíritu estaba
esperándolos allí. Algunos de nosotros hemos
visitado sitios adonde no debíamos ir, y al llegar
somos recibidos por el Espíritu, quien nos dice:
“Regresa. No te quedes aquí ”. Hoy, el Espíritu ha
sido enviado por toda la tierra. El ahora está en
todos los rincones de la tierra. Este es el
maravilloso Espíritu del Dios Triuno.

IV. EL HIJO
Después de estudiar reiteradamente el libro de
Apocalipsis, he descubierto que éste contiene
veintiséis aspectos de lo que es el Hijo. Podemos
decir que Cristo abarca todas las letras del
abecedario, desde la A hasta la Z. Con El podemos
formar cualquiera palabra. ¿Quiere usted formar la
palabra luz? El es l, u y z. ¿Quiere escribir la
palabra amor? El es a, m, o y r. Con Cristo
podemos escribir cualquiera cosa positiva. Después
de tener las palabras, tenemos las oraciones, los
párrafos y los capítulos; una vez que tenemos los
capítulos, tenemos la Biblia completa. La Biblia en
su totalidad se compone de Cristo. Consideremos
ahora brevemente cada uno de los veintiséis
aspectos de Cristo que hallamos en Apocalipsis.

A. Jesucristo
El Hijo es Jesucristo. Jesús es Jehová el Salvador, y
Cristo es el ungido de Dios que lleva a cabo la
economía de Dios.

B. El Testigo fiel
El Hijo es el Testigo fiel (1:5; 3:14). El es el
Testigo de Dios. Aunque El es Dios, es también el
Testigo de Dios. Sin El, no podemos conocer ni ver
ni ganar a Dios. El da testimonio de Dios.

C. El Primogénito de los muertos


El Hijo es el Primogénito de los muertos (1:5). En
el universo Dios tiene dos creaciones: la creación
que llevó a cabo originalmente y la creación que
hizo en Su segunda obra. Todos conocemos la
primera creación, pero pocos estamos
familiarizados con la segunda creación. La segunda
obra de Dios es la resurrección. En primer lugar,
Dios creó todas las cosas que existen; más adelante,
resucitó algunas de las cosas que ya existían y las
introdujo en otra esfera, otro ámbito, la
resurrección. ¿Estamos nosotros en la primera
creación o en la segunda? Aunque nuestro cuerpo
continúa en la primera creación, nuestro espíritu
está en la segunda creación. Nuestro espíritu fue
regenerado. Esto significa que fue recreado. Por
consiguiente, nuestro espíritu pertenece a la
segunda creación. En ambas creaciones Cristo es el
primero. Colosenses 1:15 dice que Cristo es el
Primogénito de toda la creación, y en Apocalipsis
1:5 se nos dice que El es el Primogénito de los
muertos. El fue el primero en ser resucitado de los
muertos, y nosotros le seguiremos. Aquí la frase “el
Primogénito de los muertos” implica la creación
que Dios hizo en resurrección. Esto implica un
nuevo comienzo. En la primera creación hubo un
comienzo, y en la segunda creación en
resurrección, hubo otro. Cuando somos
regenerados, experimentamos un nuevo comienzo
en la segunda creación.

D. El Soberano de los reyes de la


tierra
El Hijo es el Soberano de los reyes de la tierra
(1:5). Aunque los comunistas están en contra de
Cristo, ellos usan el calendario cristiano sin darse
cuenta. De acuerdo con la historia, el calendario
que usted usa es el calendario de aquel a quien
usted está sujeto. Si alguno usaba el calendario de
cierto rey, estaba bajo el gobierno de dicho rey. De
igual manera, los comunistas están bajo Jesucristo
porque usan el calendario cristiano. Ellos lo llaman
el calendario internacional, pero en realidad es el
calendario cristiano. De esta manera ellos
inconscientemente admiten que El es su Soberano.
En el universo solamente hay un solo Soberano.
Toda la humanidad hoy usa el calendario de Cristo
y está bajo Su gobierno. Toda la gente de la tierra
es Suya, y El es el Soberano de todas las naciones.
Jesús puede decirle a los comunistas: “Ustedes
están oponiéndose a Mí, pero haré que sean Míos.
Haré que ustedes usen Mi calendario, y no tendrán
posibilidad de escoger en cuanto a estar bajo Mi
gobierno. Yo soy el único Soberano de la tierra.

E. El Hijo de Dios
El Hijo es el Hijo de Dios (2:18). Como Hijo de
Dios, El es Dios mismo. El es el Dios verdadero
con divinidad.

F. El Hijo del Hombre


El Hijo también es el Hijo del Hombre (1:13).
Como Hijo del Hombre, El es un hombre
auténtico con el elemento humano. El es el
mismo Dios y el hombre verdadero.
G., H. e I. El primero y el último,
el principio y el fin,
el Alfa y la Omega
El Hijo es el primero y el último (1:17; 2:8;
22:13), el principio y el fin (22:13), el Alfa y la
Omega. Cuando yo era joven, me molestaban
estos términos, pues pensaba que eran una
repetición, que el principio, el primero y el Alfa
eran lo mismo, y que el fin, el último y la
Omega también eran la misma cosa. Pero esto
no es una repetición, sino diferentes aspectos.
Ser el primero no necesariamente significa ser
el último. Ser uno el primero simplemente
significa que llega en primer lugar y que nada
había antes. Pero ser el principio no solamente
significa que uno es el primero, sino también
que ha dado comienzo a algo. ¿Entonces, cuál
es la diferencia entre el Alfa y el principio?
Cierta cosa puede ser el principio, y no tener
necesariamente ni contenido, ni continuación.
Ser el Alfa y la Omega, quiere decir que uno es
el contenido completo y la continuación. El
hecho de que Cristo sea el Alfa y la Omega, la
primera letra y la última del alfabeto griego,
indica que El también es todas y cada una de
las letras del abecedario. El primero y el último
simplemente indica eso, sin dejar implícito un
principio o un fin. Para ser el principio y el fin,
uno tiene que hacer algo. Cristo no es
solamente el primero sino también el
principio, a saber: el principio de la economía
de Dios y de la obra de Dios. La obra de Dios
comenzó y terminará con Cristo. Este Cristo
también es el contenido y la continuación de
dicha obra, porque El no solamente es el
Principio y el Fin, sino también el Alfa y la
Omega. En otras palabras, el Hijo, Jesucristo,
lo es todo. El es el primero y el último, el
principio y el fin de la obra de Dios, el
contenido y la continuación de lo que Dios está
haciendo. Podemos decir que Cristo es cada
una de las letras con las cuales podemos
formar palabras, oraciones, párrafos, capítulos
y libros, puesto que las letras desde el Alfa
hasta la Omega comprenden todos los
caracteres del alfabeto griego. ¡Aleluya, El lo es
todo!

J. El que vive
El Hijo, el todo-inclusivo, es el que vive (1:18).
El murió, y resucitó y ahora vive para siempre.

K. El Santo
Aquel que vive es el Santo (3:7) y el que tiene
la naturaleza de Dios que santifica.

L. El Verdadero
Cristo también es el Verdadero (3:7), el que es
auténtico y genuino en todos los aspectos.

M. El Fiel
En 19:11 vemos que Cristo es el Fiel, el que es
digno de nuestra confianza.

N. El Amén
El Hijo también es el Amén (3:14). El título
“Amén” tiene varios significados: realidad, sí,
así sea. Esto indica más de lo que podemos
decir. Hace trece años, me invitaron a una
reunión en Tyler, Texas. Durante la reunión
estaba un poco cauteloso, y no me atrevía a
decir “Amén” con mucho estrépito. Al final de
algunas de las oraciones, en voz baja dije:
“Amén”. En unos minutos alguien se me
acercó y me dijo: “Hermano Lee,
probablemente usted no conoce las
costumbres de este país. En este tipo de
servicio, tenemos que estar callados”. En lo
profundo de mi corazón dije: “El lugar más
callado es el cementerio. Ustedes
probablemente están tratando de convertir la
reunión de su iglesia en un cementerio”. ¿Qué
hay de malo con que nosotros digamos:
“Amén”? Es equivalente a invocar el nombre
del Señor. Cuando decimos “Amén”, es como si
dijéramos “Oh Señor Jesús”. Aprendamos
todos a decir “¡Amén!”

O. El origen de la creación de Dios


En 3:14 se nos dice que el Hijo es el principio
de la creación de Dios. Este es un concepto
importante. Los traductores han estado
turbados con este versículo. Algunos han dicho
que Cristo es el originador, no el origen. Sin
embargo, el sentido aquí no es de originador
sino de origen. Cristo es el origen de la acción
de Dios de crear al universo.

P. y Q. La raíz y linaje de David


El Hijo es la raíz y linaje de David (5:5; 22:16).
Esto significa que El es ambas cosas. Una vez
más vemos que El es el todo. Como raíz, El es
el primero, el principio y el Alfa, y como linaje,
es el último, el fin y la Omega.

R. y S. El León de la tribu de Judá y


el Cordero
Como dijimos en otro mensaje, Cristo, el Hijo,
es el León de la tribu de Judá (5:5) y el
Cordero (5:6; 21:23; 22:1). El es el León-
Cordero. Para el enemigo, El es el León; para
nosotros los redimidos El es nuestro precioso y
amado Cordero.

T. y U. Rey de reyes y Señor de


señores
El Hijo es Rey de reyes y Señor de señores
(19:16). Rey de reyes se relaciona con Su
autoridad, y Señor de señores con Su posición
como cabeza. El es la autoridad y la cabeza de
todo el universo.
V. El Verbo de Dios
El Hijo es el Verbo de Dios (19:13), la
expresión de Dios. El y la Biblia son uno solo,
puesto que Cristo es el Verbo. No lea la Biblia
sin leerlo a El, y no se acerque a la Biblia sin
acercarse a El. Cuando vamos a la Biblia,
debemos estar conscientes de que El mismo es
el Verbo de Dios.

W. La estrella de la mañana
En 22:16 vemos que el Hijo de Dios es la
estrella resplandeciente de la mañana. En
Malaquías 4:2, El se revela como el sol, pero
aquí se revela como la estrella de la mañana. El
como el sol se relaciona principalmente con la
gente de la tierra, pero como la estrella de la
mañana está relacionado con los creyentes que
vigilan y que lo esperan. A los que esperan y
anhelan la venida del Señor, El les aparecerá
como la estrella de la mañana. Aunque deseo
verlo como el sol, ahora lo espero como la
estrella de la mañana. A todos los que amamos
al Señor como la estrella de la mañana, El se
nos aparecerá de esta manera.

X. La lámpara
En 21:23 Cristo se revela como la lámpara que
contiene a Dios como la luz. La luz es la
esencia de la lámpara, y la lámpara irradia la
luz. Dios es la esencia de Cristo, y Cristo
irradia a Dios.
Y. El Esposo
En 21:2 vemos que la Nueva Jerusalén es la
esposa de Cristo. Esto implica que Cristo es el
Esposo, quien toma por esposa a los redimidos
de Dios.

Z. El otro Angel
Finalmente, Cristo es el otro Angel (7:2; 8:3;
10:1; 18:1) enviado por Dios para llevar a cabo
la comisión de Dios. En el Antiguo Testamento
Cristo apareció muchas veces como el ángel del
Señor (Ex. 3:2-6; Jue. 6:11-24; Zac. 1:11-12;
2:8-11; 3:1-7), que venía para cuidar al pueblo
de Dios con el fin de cumplir el plan de Dios.
En este libro El también es el Angel que Dios
envía para llevar a efecto Su propósito.

Si juntamos estos veintiséis aspectos,


tendremos una visión clara de lo que es el Hijo.
El Padre y el Espíritu son uno con el Hijo. Si el
Hijo no tuviera todos estos aspectos, el Padre
no podría expresarse adecuadamente y el
Espíritu no tendría mucho qué manifestar.
ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE CINCO
CRISTO VIENE OTRA VEZ
La mayoría de los cristianos tiene el concepto
de que Apocalipsis es un libro sobre la segunda
venida de Cristo. Este concepto es
perfectamente correcto, puesto que dicho libro
habla de la segunda venida de Cristo. Sin
embargo, a través de los años, los cristianos no
han tenido un entendimiento claro sobre la
segunda venida del Señor. Por esta razón ha
habido mucha controversia y discusión al
respecto. La revelación de la segunda venida
de Cristo no es algo sencillo; al contrario, es un
tema bastante complicado y tiene muchos
aspectos. Por consiguiente, ha sido difícil para
la mayoría de los cristianos entender
completamente la segunda venida del Señor.

En el último siglo y medio, se han escrito


muchos libros, especialmente por parte de los
Hermanos, sobre la segunda venida de Cristo.
Algunos de los principales maestros entre los
Hermanos sostuvieron diferentes opiniones
sobre la venida del Señor, y la primera división
entre ellos fue el resultado de esas diferencias.
El testimonio de los Hermanos, como algunos
lo llaman, comenzó en 1828 o 1829 bajo el
liderazgo de John Nelson Darby. Darby
enseñaba que Cristo vendría antes de la gran
tribulación, mientras que Benjamín Newton,
otro de los principales maestros, enseñaba que
Cristo vendría después de la gran tribulación.
Debido a que estos dos grandes maestros
tenían diferentes opiniones, hubo muchos
debates sobre este tema. Finalmente, esto
condujo a la primera división entre ellos: los
que estaban bajo la enseñanza de Darby se
separaron de los que seguían a Newton. Yo
estuve vinculado al grupo de Benjamín Newton
por siete años y medio y durante ese tiempo
aprendí todas sus enseñanzas. Ellos tenían un
sólido respaldo cuando enseñaban que la
segunda venida de Cristo ocurriría después de
la gran tribulación. Si usted lee los mejores
escritos de los grandes maestros durante los
últimos ciento cincuenta años, encontrará que
algunos enseñan que la venida del Señor se
producirá antes de la tribulación, y otros
enseñan que ocurriría después de ésta.

En el siglo pasado, el Señor levantó algunos


estudiosos de la Palabra, tales como G. H.
Pember, Robert Govett y D. M. Panton. Estos
hombres descubrieron que la segunda venida
de Cristo no es un evento simple. Ellos vieron
que, por un lado, Cristo vendrá después de la
tribulación, y que, por otro, también vendrá
antes de la tribulación. Estos eruditos de la
Biblia suministraron un sólido argumento que
comprueba la veracidad de este punto de vista.
La venida de Cristo tiene por lo menos dos
aspectos, uno anterior a la tribulación, y el otro
posterior a la misma. Además, estos hombres
también aprendieron que el arrebatamiento de
los santos constará de más de dos categorías.
Esto significa que algunos serán arrebatados
antes de la tribulación y otros después. No
reaccione a estas afirmaciones
apresuradamente. Cuando yo era joven,
reaccioné precipitadamente, pero con el
tiempo fui sometido y convencido. La Biblia no
es tan simple como creen muchos.

En este mensaje consideraremos el tema de la


segunda venida de Cristo. Doy gracias a Dios
por todos los maestros de la Palabra que nos
han precedido. Estamos agradecidos con ellos,
y lo que veamos, lo vemos apoyados sobre sus
hombros. Si deseamos entender la segunda
venida de Cristo, tenemos que estudiar la
Biblia y también leer los libros de estos
grandes maestros. Entonces tendremos una
vista panorámica y completa de dicho tema. Si
hacemos esto, quedaremos completamente
convencidos de que la venida de Cristo tiene
dos aspectos: el aspecto secreto o privado, y el
visible o público.

I. EL ASPECTO SECRETO
A. El viene como ladrón
En Mateo y Apocalipsis vemos el aspecto
secreto de la segunda venida de Cristo.
Apocalipsis 3:3 y 16:15 nos dicen que Cristo
vendrá como ladrón, y que debemos velar. El
ladrón no viene públicamente anunciando su
venida. Como dijimos en otro mensaje, cuando
el Señor venga como ladrón, vendrá a robar los
objetos preciosos. En Mateo 24:40-41, el Señor
habló de Su venida secreta, diciendo:
“Entonces estarán dos en el campo; el uno será
tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres
estarán moliendo en el molino; la una será
tomada, y la otra será dejada”. El Señor Jesús
fue muy sabio al usar el ejemplo de dos
hermanos que están en el campo y de dos
hermanas que están moliendo en el molino.
Aparentemente no hay diferencia alguna entre
los dos hermanos ni entre las dos hermanas.
Pero repentinamente uno de los hermanos es
tomado, e igualmente, una de las hermanas es
tomada. Después de dar este ejemplo, el Señor
dijo: “Velad, pues, porque no sabéis en qué día
viene vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el
dueño de casa supiese en qué vigilia el ladrón
habría de venir, velaría, y no permitiría que
penetrasen en su casa. Por tanto, también
vosotros estad preparados; porque el Hijo del
Hombre vendrá a la hora que no pensáis” (vs.
42-44). Mientras estemos trabajando, sin estar
conscientes de que Cristo va a venir, algunos
de nosotros vamos a ser arrebatados. El viene
como un ladrón y, por eso, tenemos que velar.

B. La fecha nadie la sabe


El tiempo de la venida secreta del Señor nadie
lo sabe (3:3; Mt. 24:36, 42; 25:13). Cuando
Cristo vuelva, vendrá como un enviado. Es por
eso que en Apocalipsis se le llama el Angel,
uno que es enviado por Dios. Cuando Cristo se
manifieste por segunda vez, vendrá como
enviado de Dios, igual que la primera vez. Esta
es la razón por la cual solamente el Padre sabe
el tiempo de la venida secreta de Cristo (Mt.
24:36; Mr. 13:32). El Padre es el que envía, y el
Hijo es el enviado. Sólo el que envía sabe la
hora; ni siquiera el enviado la sabe.

Algunas personas, creyendo saber más que el


Señor Jesús, han predicho el tiempo de la
venida del Señor. En el último siglo y medio,
ha habido muchas predicciones, de las cuales
ninguna se ha cumplido. Algunos predijeron
que el Señor Jesús vendría en cierta fecha y
ordenaron a la gente que se preparara
tomando un baño y vistiéndose de ropa blanca
limpia. Otros subieron a un monte a esperar la
venida del Señor. Después de la primera
guerra mundial, muchos maestros publicaron
libros proféticos, relacionados especialmente
con la venida del Señor. Algunos de esos
escritores predijeron la fecha en que vendría el
Señor. Todas estas predicciones sobre la fecha
de la venida del Señor han sido falsas. Cuídese
de predecir alguna cosa. De acuerdo con la
Biblia, nadie sabe cuándo se producirá la
venida secreta del Señor.

C. El lugar: viene en la nube a los


aires
El lugar de la venida secreta del Señor es los
aires, adonde viene envuelto en la nube (10:1; 1
Ts. 4:17). La nube está relacionada con la
venida del Señor. Cristo fue al cielo en una
nube y vendrá a la tierra de la misma manera
(Hch. 1:9, 11; Mt. 26:64; Ap. 14:14). En Mateo
26:64 el Señor Jesús le dijo al sumo sacerdote:
“Desde ahora veréis al Hijo del Hombre
sentado a la diestra del Poder, y viniendo en
las nubes del cielo”. Aun en la venida del Señor
en la nube existen dos aspectos.
Primeramente, el Señor vendrá envuelto en
una nube. Esto significa que El está escondido
en la nube. En segundo lugar, El vendrá sobre
la nube. Cuando El venga en la nube, no
vendrá a la tierra, sino que se quedará en los
aires. Apocalipsis 10:1 revela que el Señor
vendrá del cielo, vestido de una nube, lo cual
indica que estará envuelto por la nube. No
piense que El va a descender repentinamente
de los cielos a la tierra. Cristo está ahora en el
trono en el tercer cielo. A su debido tiempo, el
Padre lo enviará del trono, en los cielos, a la
nube, en los aires. Como veremos en los
próximos mensajes, antes de que El parta del
trono, de los cielos, algunos vencedores ya
habrán sido arrebatados al trono. Apocalipsis
12 nos muestra que el hijo varón será
arrebatado al trono de Dios, no a los aires.
Esto indica que algunos vencedores serán
arrebatados antes de la venida secreta del
Señor Jesús. En Apocalipsis 14 vemos que las
primicias estarán en el monte de Sión en los
cielos. El monte de Sión celestial es el lugar
donde Dios mora y está en el tercer cielo, no en
los aires. El hecho de que las primicias estén
en el monte de Sión en los cielos, demuestra
que algunos de los primeros vencedores serán
arrebatados al tercer cielo antes de la venida
secreta de Cristo. Después de que estos
vencedores hayan sido arrebatados, Cristo
descenderá secretamente del trono a los aires
en la nube.

Mientras el Señor Jesús esté en los aires, hará


muchas cosas. Principalmente arrebatará a
todos los creyentes que no hayan sido todavía
arrebatados. Después que Cristo venga a los
aires en la nube, muchos santos todavía no
habrán sido arrebatados. Así que mientras está
en los aires, arrebatará a los cristianos que
hayan tenido que pasar por la gran tribulación.
En 1 Tesalonicenses 4:17 dice que los que estén
vivos, los que hayan quedado, serán
arrebatados para encontrarse con el Señor en
los aires. Entonces, Cristo establecerá allí Su
tribunal. En este tribunal no comparecerán los
pecadores sino todos los salvos, y no tendrá
relación con la salvación ni la condenación
sino con la recompensa y el castigo. Después
de que este juicio se haya llevado a efecto,
algunos de los santos serán escogidos y
recibirán una recompensa.

De acuerdo con la Biblia, Dios nos ha escogido


dos veces. Primero nos eligió antes de la
fundación del mundo en la eternidad pasada
(Ef. 1:4); y segundo, después de la venida del
Señor a los aires y del arrebatamiento,
escogerá a algunos de nuevo. Mientras que la
primera elección en la eternidad pasada fue
hecha para salvación, la segunda, que ocurre
en los aires en el tribunal de Cristo, tiene como
fin asignar la recompensa. Todos nosotros
fuimos escogidos para salvación, pero el recibir
la recompensa depende de la segunda elección,
la cual se hará en el tribunal de Cristo. Los
salvos que no pasen este juicio serán puestos
aparte y serán disciplinados. Entonces Cristo
traerá consigo a la tierra como Su ejército a los
que salgan bien en el juicio. En ese tiempo, El
ya no estará en la nube, sino sobre la nube. La
venida del Señor constará de dos pasos por lo
menos. En el primero, Cristo dejará el trono en
los cielos, vendrá a los aires envuelto en la
nube, y permanecerá en la nube por un
tiempo. Luego, desde los aires, dará el segundo
paso: vendrá a la tierra sobre la nube. Este será
el segundo aspecto de Su segunda venida.

D. Como recompensa para los


creyentes que velen
La venida secreta de Cristo será una
recompensa para los creyentes que velan
(2:28; Mt. 24:42-44). Apocalipsis 2:28 dice
que Cristo aparecerá como la estrella de la
mañana, y Malaquías 4:2 revela que aparecerá
como el sol. Hay una gran diferencia entre la
salida de la estrella de la mañana y la salida del
sol. Para ver la estrella de la mañana, uno tiene
que levantarse muy temprano. Si duerme hasta
tarde, no la verá. Pero no importa hasta qué
hora duerma uno, no se pierde el resplandor
del sol. ¿Espera usted encontrarse con Cristo
como la estrella de la mañana o como el sol?
La aparición de la estrella de la mañana es
secreta, pero la aparición del sol es visible. El
Señor nos prometió que si velamos y
esperamos Su segunda venida, El se nos
aparecerá como la estrella de la mañana. Esta
es la promesa de una recompensa. Pero si
somos descuidados, con seguridad no veremos
la estrella de la mañana.
No piense que la venida de Cristo se reduce
simplemente a dejar Su trono y venir
inmediata y directamente a la tierra. El estará
en los aires por un tiempo. Los vencedores
tempranos serán arrebatados antes de que se
abra el sexto sello, el cual será un preámbulo,
una advertencia, de la gran tribulación
venidera que durará tres años y medio. Es
imposible determinar cuándo va a dejar Cristo
Su trono en los cielos para venir a los aires.
Pero sí sabemos que ocurrirá más o menos
antes de la gran tribulación. Habrá un
intervalo entre el descenso de Cristo a los aires
y Su descenso a la tierra. Durante ese
intervalo, El completará el arrebatamiento de
los santos y llevará a cabo Su juicio sobre todos
ellos para elegir a los vencedores, los cuales
serán el ejército con el cual peleará contra el
ejército del anticristo.

II. EL ASPECTO VISIBLE


A. Visto por todas las tribus de la
tierra
Como hemos visto, en el aspecto secreto de la
segunda venida de Cristo, El regresará como
un ladrón. Pero en el aspecto visible, vendrá
con poder y gran gloria, y todas las tribus de la
tierra lo verán (1:7; Mt. 24:27, 30). Apocalipsis
1:7 dice: “He aquí que viene con las nubes, y
todo ojo le verá, aun los que le traspasaron; y
todas las tribus de la tierra harán lamentación
por El. Sí, amén”. El Señor aparecerá como un
relámpago que alumbra desde el oriente hasta
el occidente. Qué diferencia entre esto y Su
venida secreta como ladrón. Apocalipsis 1:7
menciona “todas las tribus de la tierra”.
Después de mucho estudio, he concluido que
en este versículo la palabra griega debe de
referirse a la Tierra Santa, y no a todo el
mundo. En otros versículos puede tener el
sentido de toda la tierra, pero aquí debe de
referirse a la Tierra Santa. Todas las tribus de
la Tierra Santa lo verán. La base para esto está
en Zacarías 12:10-14, donde dice que mirarán a
aquel a quien traspasaron y que la tierra
lamentará por El. Las tribus mencionadas en
1:7 son las tribus de los que lo traspasaron.
Apocalipsis 1:7 indudablemente es una
referencia a Zacarías 12. De acuerdo con el
contenido de Zacarías 12, las tribus no son los
linajes de todas las naciones de la tierra, sino
las doce tribus de la Tierra Santa. Basándonos
en esto, podemos decir que las tribus
mencionadas en 1:7 son las doce tribus de la
Tierra Santa. Cuando el Señor aparezca como
relámpago con poder y gloria será visto por
todos en la Tierra Santa, es decir, las doce
tribus lo contemplarán a El y se lamentarán.

B. La hora: al final de la gran


tribulación
El día y la hora de la segunda venida de Cristo
en el aspecto secreto no se conoce (Mt. 24:36),
mientras que el tiempo de Su venida en el
segundo aspecto es claramente revelado.
Ocurrirá al sonar la última trompeta (la
séptima trompeta), al final de la gran
tribulación (18:1; Mt. 24:15, 21, 27; 1 Ts. 4:16; 1
Co. 15:52; 2 Ts. 2:1-4, 8). Mateo 24:15 dice:
“Por tanto, cuando veáis la abominación
desoladora, anunciada por medio del profeta
Daniel erigida en el lugar santo”. La
“abominación desoladora” es un ídolo, la
imagen del anticristo. De acuerdo con Daniel
9:27, el anticristo hará un convenio con la
nación de Israel que durará siete años. A la
mitad de los siete años, él anulará el convenio
y comenzará a perseguir a los judíos. El
anticristo estará absolutamente en contra de
Dios; se proclamará a sí mismo Dios; erigirá
una imagen de sí en el templo, y obligará a la
gente a adorarla. Ante Dios, esto será la
abominación que causará gran destrucción y se
producirá a la mitad de la última semana de
las setenta mencionadas en Daniel 9. En dicho
capítulo, una semana equivale a siete años. En
Mateo 24:15 el Señor Jesús indica que los
creyentes judíos verán esto. Según lo revela
Mateo 24:21, esto marcará el comienzo de la
gran tribulación: “Habrá entonces gran
tribulación, cual no la ha habido desde el
principio del mundo hasta ahora, ni la habrá
jamás”. Por consiguiente, la gran tribulación
comenzará cuando el anticristo erija su imagen
en el templo y obligue a la gente a adorarla. En
estos versículos podemos ver que la venida
visible del Señor no sucederá antes de la gran
tribulación, sino cierto tiempo después de que
comience. De acuerdo con los versículos de
Apocalipsis, ocurrirá casi al final de la gran
tribulación. Según el Nuevo Testamento, el
Señor Jesús dejará Su trono en los cielos y
descenderá a los aires antes de la gran
tribulación. Desde allí, casi al final de la gran
tribulación, descenderá visiblemente a la
tierra.

Cuando Cristo venga visiblemente desde los


aires a la tierra, el anticristo estará procurando
exterminar la nación de Israel. El anticristo
concentrará su ejército en un lugar llamado
Armagedón con esa finalidad (16:16). Esto
sucederá de acuerdo con el propósito de Dios,
puesto que el plan de Dios es reunir a todos los
ejércitos terrenales en Armagedón para
destruirlos a todos al mismo tiempo y liberar a
la tierra de ellos. La intención del anticristo
será usar su ejército para exterminar la nación
de Israel. Israel será rodeado por este ejército y
no tendrá salida. Entonces, cuando sea
imposible escapar, el Señor aparecerá como el
resplandor de un relámpago y asentará Sus
pies sobre el monte de los Olivos (Zac. 14:4).
Antes de eso, la nación de Israel no creerá en el
Señor Jesús, pero la amenaza del ejército del
anticristo los obligará a arrepentirse. Cuando
el Señor Jesús pose Sus pies sobre el monte de
los Olivos, éste se partirá en dos. Esto proveerá
una vía de escape para los perseguidos judíos,
quienes, entonces, se arrepentirán, se
lamentarán, y confesarán el mal que hicieron
crucificando al Señor.

Si juntamos estos versículos, veremos que la


venida visible del Señor probablemente
ocurrirá casi al final de la gran tribulación.
Mientras que el templo de Jerusalén no sea
construido, el Señor Jesús no podrá venir
visiblemente. Aunque tenemos cierta idea
sobre el tiempo de Su manifestación, no
sabemos cuándo vendrá en secreto. La Biblia
dice que nadie lo sabe. Sin embargo, el Nuevo
Testamento revela claramente que Cristo no
vendrá visiblemente antes de la gran
tribulación, es decir, antes de que el anticristo
obligue a la gente a adorar su imagen. Pero
nosotros no esperamos la manifestación visible
del Señor, sino Su venida secreta. Al respecto
el Señor es muy sabio, pues sabe que esto hará
que velemos.

C. El lugar: viene en una nube a la


tierra
El lugar del aspecto visible de la venida del
Señor es claramente revelado: El viene en una
nube a la tierra (1:7; 14:14; Mt. 24:30; Zac.
14:4; Hch. 1:11-12). Según Hechos 1:11-12, el
Señor vendrá de la misma manera que se fue al
cielo. Puesto que El ascendió desde el monte
de los Olivos, regresará al monte de los Olivos.
Zacarías 14:4 dice: “Y se afirmarán Sus pies en
aquel día sobre el monte de los Olivos, que está
en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de
los Olivos se partirá por en medio, hacia el
oriente y hacia el occidente”. Como lo indica
claramente este versículo, el monte de los
Olivos está fuera del muro de Jerusalén, cerca
de la ciudad. El Señor descenderá al mismo
lugar desde donde ascendió. Sin embargo,
nosotros no estamos esperando verlo en el
monte de los Olivos; queremos encontrarnos
con El en el trono, en el tercer cielo, y luego
regresar con El al monte de los Olivos. El ya
ascendió a los cielos, y nosotros estamos
esperando ser arrebatados a los cielos. No
estamos esperando morir para luego ir al cielo.
Esto es religioso. Estamos esperando que todo
nuestro ser sea arrebatado al tercer cielo, al
trono de Dios, y regresar con Cristo,
primeramente a los aires y después a la tierra.
Esta es la manera en que debemos visitar a
Jerusalén. Nosotros vamos a ir allí después de
pasar por el trono en el tercer cielo. Pero si
usted es derrotado, perderá esta visita a
Jerusalén.

D. Con los santos vencedores para


pelear
contra el anticristo y su ejército en
Armagedón
Cuando el Señor Jesús venga visiblemente, lo
hará con los santos vencedores para pelear
contra el anticristo y su ejército en Armagedón
(19:11-21; 17:13-14; 16:12-16; Zac. 14:3, 5; 2 Ts.
2:8). Y pisará el lagar del vino de la ira de Dios
(19:15; 14:18-20). En Armagedón se
concentrarán todos los ejércitos de la tierra;
algunos vendrán del Lejano Oriente, otros del
norte, y otros de Europa. Esta concentración
de todos los ejércitos de la tierra estará en
concordia con la sabiduría de Dios.
Finalmente, las riquezas del mundo se
concentrarán en el Medio Oriente, y todas las
naciones tratarán insaciablemente de
apoderarse de ellas. Mientras los ejércitos de la
tierra se juntan en Armagedón, el Señor estará
sentado en los aires observando y diciendo:
“¿Están listos?” Cuando lleguemos al capítulo
catorce, veremos que la concentración de los
ejércitos será la vendimia de la viña de la
tierra, y las uvas serán echadas en el gran
lagar. A los ojos de Dios, los ejércitos de la
tierra son como uvas, y Armagedón será el
gran lagar. Al juntar los reyes, los generales y
los líderes todos los ejércitos en Armagedón,
ellos serán como uvas echadas en el gran lagar.
Entonces el Señor descenderá a pisar las uvas
en el lagar de Dios, y brotará de allí un gran río
de sangre. ¡Muchos hombres malvados
morirán en esa ocasión! Esto ocurrirá cuando
el Señor venga visiblemente a la tierra. El
propósito de la manifestación del Señor será
exterminar los ejércitos del mundo. Después
de esto, la guerra cesará en la tierra.
III. UNA ADVERTENCIA
Y UNA AMOROSA RESPUESTA
En Apocalipsis 22:12 y 20 el Señor Jesús nos
hace una advertencia, diciendo: “He aquí Yo
vengo pronto”. Nuestra amorosa repuesta debe
ser: “Amén. ¡Ven, Señor Jesús!” (22:20; 2 Ti.
4:8). Nuestro interés en estos mensajes no es
simplemente enseñar la doctrina en cuanto a
lo que llaman el segundo advenimiento; antes
bien, estamos estudiando el deseo que Dios
tiene en Su corazón, el cual consiste en obtener
un grupo de vencedores que velen y esperen Su
segunda venida.

ESTUDIO-VIDA DEL
APOCALIPSIS
MENSAJE SEIS
COPARTICIPES EN LA
TRIBULACION,
EN EL REINO Y EN LA
PERSEVERANCIA EN JESUS
En este mensaje necesitamos considerar 1:9
donde dice: “Yo Juan, vuestro hermano, y
copartícipe vuestro en la tribulación, en el
reino y en la perseverancia en Jesús, estaba en
la isla llamada Patmos, por causa de la palabra
de Dios y el testimonio de Jesús”. El libro de
Apocalipsis está escrito en una forma
maravillosa. Es muy significativo que este
versículo figure después de mencionarse la
venida del Señor en 1:7. Esto indica que si
deseamos ser los que velan y esperan la
segunda venida del Señor, tenemos que ser
copartícipes en la tribulación, en reino y en la
perseverancia en Jesús, y no en las
bendiciones externas.

I. COPARTICIPES EN LA
TRIBULACION EN JESUS
La frase “en Jesús” gobierna las palabras
tribulación, reino y perseverancia, y debemos
prestar atención especial a esto. Esta expresión
ocurre muy raras veces en el Nuevo
Testamento, mientras que “en Cristo” o “en
Cristo Jesús”, se usa muchas veces. En el
Nuevo Testamento, la verdad está
principalmente en Cristo, pero aquí se emplea
la expresión “en Jesús”. Esto nos dice que si
estamos esperando al Señor en Su venida,
tenemos que ser copartícipes en la tribulación,
el reino y la perseverancia “en Jesús”. Cuando
hablamos de la salvación, la gracia, el disfrute
y las demás cosas buenas, decimos que
estamos “en Cristo”, puesto que esta expresión
se refiere a todo lo que está en el lado positivo
de la salvación. Pero decir que somos
copartícipes en la tribulación, el reino y la
perseverancia en Jesús, significa que estamos
sufriendo. Cuando Jesús vivió en la tierra
como hombre, El sufrió constantemente.
Según los hechos de la vida de Jesús, Su
nombre denota un hombre sufrido, un varón
de dolores, experimentado en aflicción (Is.
53:3). Por consiguiente, cuando decimos que
estamos en Cristo, esto significa que somos
salvos, disfrutamos la gracia de Dios, tenemos
paz con Dios y estamos bajo Su bendición.
Pero cuando decimos que somos copartícipes
en la tribulación, el reino y la perseverancia
“en Jesús”, significa que estamos sufriendo y
siendo perseguidos por seguir a Jesús de
Nazaret. En el libro de Apocalipsis, no se usa la
expresión “en Cristo”. Por el contrario, en
Efesios “en Cristo” o “en El” se usa
reiteradamente, y se halla en todos los
capítulos de esa epístola. El libro de
Apocalipsis está dirigido a aquellos que
experimentan la tribulación “en Jesús”. Esto
significa que los que están esperando la venida
del Señor Jesús tienen que ser personas que
sufren tribulación “en Jesús”. En otras
palabras, los que están esperando la venida del
Señor son los que sufren. A los ojos de Dios,
nosotros somos los seguidores de Cristo, pero
ante la gente, especialmente ante los
religiosos, somos los seguidores de Jesús.
A. Jesús sufrió persecución
cuando estuvo en la tierra
Mientras Jesús estuvo en la tierra, fue
perseguido por la religión judía (Jn. 5:16;
15:20). El no fue perseguido por ninguna
religión pagana, sino por la religión típica,
establecida según los oráculos de Dios. La
religión es utilizada muchísimo por el enemigo
de Dios. La religión es contraria a Cristo, y
Cristo es contrario a la religión. Juan 5:16
revela que los judíos perseguían a Jesús
porque El no guardaba el día de reposo. Los
religiosos no toleran el hecho de que se
quebranten sus preceptos. Cualquier violación
de sus preceptos religiosos traerá como
consecuencia persecución contra los
transgresores. La religión judía fue establecida
sobre tres columnas, una de las cuales era el
sábado, el día de reposo; las otras dos eran la
circuncisión y las regulaciones dietéticas.
Cuando Cristo quebrantó el día de reposo,
derribó una de las tres columnas de la religión
judía. Por consiguiente, los judíos lo
persiguieron, y procuraron matarlo. A la
postre, los religiosos tuvieron éxito y mataron
al Señor Jesús, al sentenciarlo a muerte según
sus propias Escrituras. Sin embargo, por la
soberanía de Dios, los judíos de aquel tiempo
no tenían derecho a ejecutar dicha sentencia.
Por lo tanto, entregaron a Jesús al gobierno
romano, el cual, usando sus métodos para
ejecutar criminales, crucificó al Señor Jesús.
De la manera que la religión persiguió a Jesús,
también perseguirá a los seguidores de Jesús.
Vemos en el libro de Hechos que los judíos
desde las sinagogas de cada ciudad incitaban la
oposición contra los apóstoles, y Pablo sufrió
mucho este tipo de persecución. Juan, el
escritor de Apocalipsis, también sufrió dicha
persecución. Cuando Juan recibió la revelación
de este libro, estaba exiliado en la isla de
Patmos, “por causa de la palabra de Dios y el
testimonio de Jesús”. Al escribir este libro,
alentaba a los santos a que esperaran la venida
del Señor, diciéndoles que él, Juan, era su
hermano y copartícipe de ellos en el
sufrimiento y aflicción en Jesús, no en la
gracia, la vida ni la luz.

Como vimos, cuando Jesús estaba en la tierra,


sufrió a manos de la religión. El Imperio
Romano no le prestó la más mínima atención.
La religión judía le exigió al gobierno romano
que dictara sentencia sobre El. Por
consiguiente, la persecución contra El no se
originó en el mundo secular sino en el mundo
religioso. En Hechos vemos que lo mismo
sucedió a los apóstoles. La oposición no vino
principalmente de los gentiles, sino de los
judíos religiosos. Estos seguían a Pablo por
todas partes y probablemente perturbaban sus
actividades. Del mismo modo, muchos
mártires sufrieron persecución por parte de la
Iglesia Católica Romana. Como Foxe afirma en
su libro Historia de los mártires, la Iglesia
Católica Romana mató más santos que los que
mató el Imperio Romano. ¿Quién encarceló a
Madama Guyón? La Iglesia Católica Romana.
¿Quién encarceló a Juan Bunyan? La Iglesia de
Inglaterra. La religión siempre persigue a los
verdaderos seguidores de Jesús.

Ahora es nuestro turno de sufrir esta


persecución. Durante los años que estuve con
el hermano Nee en China, vi cuánto fue
perseguido por la religión. Los rumores, la
oposición y la censura no venían de los
gentiles, sino del cristianismo, incluso de
algunos misioneros. El diablo es insidioso. El
mundo secular no se opone tanto a nosotros
como lo hace la gente religiosa. Muchos
cristianos consideran la religión como algo
bueno, pero en realidad es algo usado por el
diablo. Si usted lee el libro de Gálatas, verá
cuán intensamente Pablo perseguía la iglesia
cuando él estaba en la religión judía. El
capítulo uno de Gálatas revela que la religión
está en contra de Cristo y que Cristo es
contrario a la religión. Si cooperamos con la
religión, habrá cierto tipo de paz. ¿Pero cómo
podríamos cooperar con la religión? La
religión es falsa y engañosa; es una
falsificación de la economía de Dios.
Cualquiera que vea que la religión es una
falsificación de la economía de Dios, la
condenará.
B. Jesús sufre persecución
ahora junto con Sus seguidores
La religión nos persigue porque no
cooperamos con ella. La persecución que
sufrimos hoy es la persecución en Jesús. El
sufre persecución ahora junto con Sus
seguidores (Hch. 9:4-5). Como nosotros
sufrimos hoy, El sufre en nosotros y con
nosotros. Cuando Saulo de Tarso iba rumbo a
Damasco con la intención de arrestar a todos
los que invocaban el nombre de Jesús, el Señor
Jesús lo derribó y le dijo: “Saulo, Saulo, ¿por
qué me persigues?” (Hch. 9:4). Cuando Saulo
dijo: “¿Quién eres, Señor?” Jesús le dijo: “Yo
soy Jesús, a quien tú persigues” (Hch. 9:5).
Saulo nunca pensó que estaba persiguiendo al
Señor Jesús. El creía que Jesús estaba en la
tumba y que él estaba persiguiendo a Esteban
y a los demás seguidores de Jesús. Pero para el
Señor Jesús, Saulo lo estaba persiguiendo a El,
porque en ese momento Jesús estaba en
Esteban, en Pedro, en Juan y en todos los
demás miembros del Cuerpo y era uno con
ellos. Lo mismo es cierto hoy. Cuando los
religiosos nos persiguen, en realidad persiguen
a Jesús, porque Jesús está en nosotros y es uno
con nosotros. Debemos consolarnos al saber
que el sufrimiento que estamos
experimentando es la persecución en Jesús.
Somos copartícipes de la tribulación en Jesús.
C. Sus seguidores también son
perseguidos
en esta era, y llevan Su vituperio
Los seguidores de Jesús también son
perseguidos en esta era y llevan Su vituperio
(2:10; Jn. 16:2, 33; Hch. 14:22; He. 13:13).
Hebreos 13:13 dice: “Salgamos, pues, a El,
fuera del campamento, llevando Su vituperio”.
Cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra,
sufrió el vituperio de la religión. Ahora
nosotros Sus seguidores tenemos que llevar Su
vituperio, y sufrir injurias de parte de la
religión. Esto es ser copartícipes de la
tribulación en Jesús.

Sin embargo, algunos sufrimientos pueden ser


causados no por seguir a Jesús, sino por
nuestra propia insensatez. Este sufrimiento no
puede llamarse propiamente el sufrimiento en
Jesús. Ninguno de nosotros debe causar
problemas por su necedad. Debemos ser
honestos y fieles al testimonio del Señor. Si
nuestra honestidad y fidelidad nos traen
sufrimientos y persecuciones, eso es la
persecución en Jesús, y también Jesús sufre
con nosotros.

Es imposible evitar la persecución de la


religión. No podemos escapar de ella, porque
el enemigo la utiliza ahora más que nunca.
Nada estorba más la economía de Dios que la
religión. Nada ciega, cubre y vela al hombre
más que la religión, la cual le impide ver la
economía de Dios. Millones de personas han
sido cegadas por la religión. En todo el mundo
la religión ciega y venda los ojos de la gente
para que no vea la economía de Dios. Por esta
razón se está librando una guerra. En esta
guerra debemos sonar la trompeta diciendo:
“Salid de la religión, quitaos los velos que
cubren vuestros ojos, y abandonad los
conceptos religiosos”. Cuando hacemos esto,
surge la oposición. Algunos amigos
bienintencionados han venido a mí a
aconsejarme que transija un poquito. Nosotros
nunca transigiremos. Los que esperan la
venida del Señor Jesús tienen que participar
de Sus sufrimientos. No diga simplemente:
“Señor Jesús te amo, Ven pronto”. Si usted
dice esto, el Señor contestará: “Quiero que
sufras por Mí y conmigo”. No trate de evitar la
persecución. Si usamos nuestra destreza para
evitar la persecución, entonces no estaremos
esperando debidamente la venida del Señor. Si
usted en verdad espera la venida del Señor,
surgirá la persecución religiosa en contra de
usted. Pero no debemos provocar persecución
actuando insensatamente. En este sentido,
tenemos que ser prudentes como serpientes y
sencillos como palomas (Mt. 10:16).

II. COPARTICIPES EN EL REINO


EN JESUS
Si somos copartícipes en la tribulación en
Jesús, somos copartícipes en el reino.
Participar de la persecución en Jesús, es
participar del reino. Si usted no sabe lo que es
la persecución, tampoco sabe lo que es el
reino.

A. El reino estaba con Jesús


cuando El estaba en la tierra
Muchos cristianos tienen un concepto
equivocado del reino. Algunos dicen que el
reino ya vino, pero que fue rechazado y
suspendido. Los que tienen este concepto
dicen que el reino vendrá en el futuro. Según
esta enseñanza, cuando el Señor Jesús regrese,
traerá consigo el reino que había sido
pospuesto. Esto no es más que vana doctrina.
El reino estaba con Jesús cuando El estuvo en
la tierra. El Señor Jesús les dijo a los fariseos:
“El reino de Dios no vendrá de modo que
pueda observarse, ni dirán: Helo aquí, o helo
allí; porque he aquí el reino de Dios está entre
vosotros” (Lc. 17:20-21). En este pasaje vemos
que el reino estaba dondequiera que Cristo
estuviese. En Mateo 12:28 el Señor dijo: “Si Yo
por el Espíritu de Dios echo fuera los
demonios, entonces ha llegado a vosotros el
reino de Dios”. Esto significa que el reino
estaba con el Señor mientras El estaba en la
tierra.

B. Los creyentes nacen en el reino


Los creyentes de Jesús nacieron en el reino.
Juan 3:5 demuestra esto. En este versículo,
Jesús dijo a Nicodemo: “De cierto, de cierto te
digo: El que no nace de agua y del Espíritu, no
puede entrar en el reino de Dios”. Nosotros
fuimos regenerados y puestos en el reino.
¿Cómo habríamos podido entrar al reino
mediante la regeneración si el reino hubiese
sido suspendido? ¿Entonces, dónde nacimos
cuando nacimos de nuevo? Dice Juan 3
claramente que renacimos en el reino.

C. La vida de la iglesia hoy es el


reino
En Mateo 16:18-19 el Señor le dijo a Pedro: “Y
Yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre
esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del
Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te
daré las llaves del reino de los cielos”. Esto
enseña que en un sentido, la iglesia es el reino.
Romanos 14:17 también indica que los que
estamos en la iglesia estamos en el reino. La
vida apropiada de iglesia es la vida del reino.

¿Qué es el reino? Es el gobierno celestial en la


naturaleza divina. Todos nosotros fuimos
regenerados con la vida divina. En dicha vida
está la naturaleza divina, y en la naturaleza
divina hay un dominio, un reinado y un
gobierno. Este gobierno es divino y celestial.
Nosotros, los regenerados, estamos hoy en el
reino; estamos bajo este gobierno y control.
Necesitamos ejercitar esta regulación que
tenemos sobre nosotros. Si usted necesita que
alguien lo gobierne, esto significa que usted es
una persona caída. Tenemos que estar bajo el
gobierno celestial en todo lo que hagamos. En
otro mensaje hablamos de ser el ejército de
Cristo, pero si uno no está bajo la regulación
de la vida divina, nunca puede ser elegido para
estar en el ejército de Cristo. Ser escogidos
para estar en este ejército depende de nuestra
obediencia en la naturaleza divina al gobierno
celestial. La vida divina nos introduce en el
reino divino. El reino en el cual nacimos de
nuevo según Juan 3:5 es el mismo reino que
Juan menciona en Apocalipsis 1:9. ¿Cómo
podríamos ser copartícipes en el reino si no
hemos nacido en él? Después de renacer en el
reino, debemos permanecer allí. Si uno
continúa discutiendo con su cónyuge, esto
significa que es un fugitivo del reino. Si uno
permanece en el reino y vive como ciudadano
del reino, nunca altercará con su cónyuge ni
con ninguna otra persona. Aunque el enemigo
puede tentarle a que pelee, la regulación del
reino celestial lo restringirá.

D. Los creyentes sufren


persecución
por causa del reino
Estar en el reino en Jesús hoy no es una gloria.
Cuando el reino de Jesús llegue a ser el reino
de Cristo, entonces vendrá el tiempo de gloria.
Pero hoy el reino de Jesús es un reino de
sufrimiento. En Mateo 5:10-12 el Señor dice
que Sus creyentes sufrirían persecución por
causa del reino. Si sufrimos por causa de la
justicia, entonces estamos en el reino. Hay
ciertas cosas que no podemos hacer porque
son injustas. Toda la humanidad de hoy es
injusta. Si aceptamos la injusticia, seremos
recibidos. Pero si nos mantenemos firmes en la
justicia, se opondrán a nosotros y nos
perseguirán. Sufrir persecución por el reino
hoy, demuestra que estamos en el reino de
Dios. No piense que es glorioso estar en el
reino en esta hora. No, estar en el reino ahora
es sufrir vergüenza y persecución. Cuanto más
vivimos en el reino, más persecución y
sufrimiento afrontamos. Pero alabado sea el
Señor, porque este sufrimiento es una evidente
señal de que estamos en el reino.

Estar en el reino hoy, es un asunto de estar en


el sufrimiento de Jesús. Aunque somos
copartícipes en el reino en Jesús, no somos
todavía correyes en Cristo. Cuando El regrese,
seremos Sus correyes en Su reino. En ese
tiempo, ya no sufriremos. No les diga a los
demás: “Debes respetarme. Soy un copartícipe
del reino celestial y un día seré un correy con
Cristo en el reino”. Cuanto más diga eso, más
perseguido será. Hoy no es el tiempo de reinar,
sino de sufrir. Ahora no estamos en el reino
donde se rige, sino en el reino donde se sufre.
Esta es la razón por la cual Pablo dice que
debemos entrar en el reino de Dios a través de
mucha tribulación (Hch. 14:22). La manera de
entrar en el gobierno del reino es el
sufrimiento. La tribulación a que Pablo se
refería en Hechos 14:22 era principalmente la
persecución que sufrió a manos de los judíos
religiosos. Los creyentes en Cristo sufren esta
clase de persecución. Pablo parece estar
diciendo: “Vosotros los cristianos, los
creyentes de Jesús, tenéis que sufrir
persecución de parte de la religión judía”. El
principio se sigue aplicando hoy. Si no hubiera
hoy religión en el mundo, no sufriríamos tanta
persecución. Como ya hemos hecho notar, la
mayoría de los problemas, las persecuciones,
los rumores y la oposición tienen un solo
origen, la religión. Mientras sufrimos hoy,
estamos en el reino ejercitándonos,
entrenándonos, preparándonos y
capacitándonos para estar en el ejército de
Cristo y reinar en Su reino como Sus correyes.

III. COPARTICIPES EN LA
PERSEVERANCIA EN JESUS
En Apocalipsis 1:9 Juan también dice que él
fue copartícipe en la perseverancia en Jesús.
Tanto en la tribulación como en el reino
necesitamos perseverar. Muchos santos que
están en el recobro del Señor carecen de
perseverancia. Algunos han sufrido
persecución de sus parientes, sus amigos y sus
vecinos, pero con el tiempo se les agota la
provisión de perseverancia. Aunque pudieron
resistir la persecución por cierto tiempo, les
faltó perseverancia para sobrellevarla más
tiempo. Cuando el Señor Jesús estuvo en la
tierra, sufrió persecución (He. 12:2-3), y sigue
sufriendo hoy la oposición y el vituperio de los
hombres. Considere cómo todavía hoy, la
gente se opone y se burla del Señor Jesús. Por
un lado, El está sentado en los cielos; y por
otro, sigue sufriendo burla, oposición y
persecución. Tal vez muchos de nosotros
esperamos que el Señor les diga a los que se
burlan de El: “Arrepiéntase o mandaré un
terremoto para destruirlos”. El Señor Jesús ha
sufrido burla por casi veinte siglos, pero El no
se venga, sino que sigue sufriendo
continuamente esos ataques. Es posible que
algunos digan: “Jesús te aborrezco”, pero El no
responde. Esta es la perseverancia de Jesús.

Pocos hemos oído de la perseverancia de


Jesús. Hemos oído del poder de Jesús, de Su
amor, Su santidad y Su justicia, pero no de Su
perseverancia. Sin embargo, puesto que
permanecemos en Cristo, no solamente
participamos de Su vida y santidad, sino
también de Su perseverancia. Cuando
permanecemos en Cristo, participamos de Su
perseverancia y podemos sobrellevar el
sufrimiento y la oposición. La palabra del
Señor también es llamada la palabra de Su
perseverancia (3:10). Hoy el mundo entero se
opone a El y lo rechaza, pero El no se defiende.
El simplemente lo sufre todo. Ahora al tener
comunión con El y al permanecer en El,
participamos de Su perseverancia. Como
seguidores Suyos, debemos seguirlo por la
misma senda con perseverancia (He. 12:1). En
esta senda nosotros también podemos sufrir
persecución, rumores, rechazo y oposición.
Esta es un prueba evidente de que esperamos
el regreso del Señor. Mientras esperamos Su
regreso al ser copartícipes en Su tribulación,
reino y perseverancia somos disciplinados,
entrenados, preparados y hechos aptos para
ser Su ejército. ¿Está usted esperando el
regreso del Señor Jesús? Si lo espera, entonces
tiene que ser copartícipe en Su tribulación, Su
reino y Su perseverancia.
ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE SIETE
LAS IGLESIAS LOCALES
El libro de Apocalipsis está muy bien
redactado. Aparentemente, los diferentes
puntos incluidos en el capítulo uno no tienen
relación entre sí. Pero si los leemos desde el
punto de vista de nuestra experiencia,
podremos ver que uno va después del otro en
una secuencia ordenada. En los últimos dos
mensajes hablamos de los aspectos de la
segunda venida del Señor Jesús y de que
nosotros le esperamos siendo copartícipes de
Su tribulación, Su reino y Su perseverancia. En
este mensaje veremos las iglesias locales. Tal
vez parezca que este mensaje acerca de las
iglesias locales no esté relacionado con los dos
mensajes anteriores, pero en nuestra
experiencia sabemos que estos tres mensajes
están interrelacionados. La segunda venida del
Señor Jesús requiere que algunos sean
copartícipes de la tribulación, el reino y la
perseverancia en Jesús. La mejor manera de
hacer esto es estar en las iglesias locales. Fuera
de la iglesia, es difícil participar de estas tres
cosas.
I. LA PROGRESION DE LA
REVELACION DIVINA
EN LAS ESCRITURAS
Debemos abordar el tema de las iglesias
locales considerando la secuencia progresiva
de la revelación divina en las Escrituras. La
revelación divina comienza en la Biblia con
Dios y finaliza con las iglesias locales. Los
primeros dos capítulos de Génesis y todo el
Antiguo Testamento, son una revelación de
Dios mismo, y los cuatro evangelios son una
revelación de Cristo. Esto revela la secuencia
progresiva de la revelación divina desde Dios
hasta Cristo. Después de los cuatro evangelios,
tenemos el libro de Hechos y las epístolas, que
revelan principalmente a Cristo como el
Espíritu. Por consiguiente, la revelación del
Espíritu es una continuación de la revelación
divina contenida en la Biblia. Después de esto
se revela la iglesia. Así que, hay cuatro
secciones principales de la revelación divina de
la Biblia: la sección de Dios, la sección de
Cristo, la sección del Espíritu y la sección de la
iglesia.

Los judíos tienen solamente la primera sección


de esta revelación, ya que los treinta y nueve
libros del Antiguo Testamento abarcan
solamente la revelación de Dios. La mayoría de
los cristianos tiene más que esto; tiene el
Antiguo Testamento y los cuatro evangelios.
Aunque ellos tienen la Biblia completa, en
realidad sólo usan el Antiguo Testamento y los
evangelios. Es posible que conozcan a Dios de
la manera que es revelado en el Antiguo
Testamento, y que conozcan las narraciones de
los evangelios sobre Cristo, pero no saben
nada sobre el Espíritu de vida ni sobre la
iglesia. Para muchos cristianos, la iglesia es un
edificio físico. Los domingos en la mañana,
muchos padres dicen a sus hijos: “Vamos a la
iglesia”. De acuerdo con su concepto, la iglesia
es una capilla o una catedral con una torre alta.
Saben muy poco de la iglesia que se revela en
la Palabra santa.

Gracias a Dios que en estos últimos dos siglos


algunos cristianos han progresado en su
conocimiento de la Biblia, y no sólo tienen el
Antiguo Testamento y los evangelios sino
también las epístolas. Estos cristianos conocen
a Dios, a Cristo y al Espíritu. Sin embargo, no
saben mucho sobre el Espíritu de vida. Ellos
conocen el Espíritu principalmente como el
Espíritu de poder, necesario para el bautismo.
Saben muy poco del Espíritu que mora dentro
del creyente. Aunque estos cristianos tal vez
sepan algo acerca de la iglesia, solamente ven
la iglesia universal, no las iglesias locales. Sin
embargo, los primeros tres capítulos de
Apocalipsis no tratan de la iglesia universal; se
refieren claramente a las iglesias locales.

Hoy día quienes estamos en el recobro del


Señor tenemos la Biblia completa: el Antiguo
Testamento, los evangelios, los Hechos, las
epístolas y el Apocalipsis. Yo estuve en la
Asamblea de los Hermanos por siete años y
medio. Durante ese tiempo, dedicamos
considerable atención a los libros de Daniel y
Apocalipsis. Sin embargo, la mayor parte de lo
que oí acerca del Apocalipsis se relacionaba
con la bestia y los diez cuernos. No tenía idea
de que en el libro de Apocalipsis había iglesias
locales. Inclusive, oí muy poco de la Nueva
Jerusalén. Solamente se me dijo que era una
ciudad celestial con mansiones celestiales, que
tenía una calle de oro y puertas de perlas.
¡Alabado sea el Señor porque hoy el libro de
Apocalipsis no es así! En el Apocalipsis están
las iglesias locales, y el Hijo del Hombre está
en medio de ellas, y también está la Nueva
Jerusalén con Cristo como su centralidad y
universalidad.

A. En cuanto a Dios
Consideremos ahora detalladamente la
progresión de la revelación divina en las
Escrituras. Primeramente Dios mismo se
revela a nosotros (Gn. 1:1). En Génesis 1:26
Dios se revela como Elohim, una palabra
hebrea que significa el Todopoderoso. Después
de esto, en Génesis 2:7, Dios se nos revela
como Jehová, que significa “Yo soy el que soy”.
Dios es el gran Yo soy, el Eterno, la realidad de
todas las cosas positivas. El nombre Jehová
denota la relación de Dios con el hombre. En
cuanto a la creación, Dios se revela
como Elohim; en cuanto a Su relación con el
hombre, se revela como Jehová. El nombre de
Jehová se usa en el Antiguo Testamento en
lugar de Jesús, y el nombre de Jesús se usa en
el Nuevo Testamento en lugar de Jehová. En
otras palabras, en el Antiguo Testamento Jesús
es llamado Jehová, y en el Nuevo Testamento
Jehová es llamado Jesús. El Antiguo
Testamento completo, que consta de treinta y
nueve libros, es primordialmente una
revelación de los dos títulos
divinos: Elohim y Jehová.

B. En cuanto a Cristo
El segundo paso en la secuencia de la
revelación divina, es la revelación tocante a
Cristo (Mt. 1:1). En cierto momento, Dios se
encarnó, se hizo el hombre Jesucristo. Después
del Antiguo Testamento, tenemos los cuatro
evangelios, los cuales revelan la persona
maravillosa llamada Jesucristo. El nombre
Jesús, principalmente significa Salvador (Mt.
1:21), y el título “Cristo” principalmente
significa ungido (Mt. 16:16). Jesús no sólo es
nuestro Salvador, sino también el ungido de
Dios o, usando un término contemporáneo, el
Designado de Dios. Dios lo designó para que
cumpliera Su economía eterna. El no es
solamente el Jesús que nos salva, sino también
el Cristo que lleva a cabo el plan eterno de
Dios.
Cristo necesita la iglesia para poder ejecutar el
plan eterno de Dios, y para producir la iglesia
necesita dos cosas: efectuar redención e
impartir vida. Después de redimir al hombre
creado y caído, Cristo tiene que impartir vida a
los redimidos. Esta es la razón por la cual se
necesita el Espíritu de vida, el Espíritu
vivificante. Por consiguiente, después de los
cuatro evangelios, tenemos la redención y la
impartición de vida en el libro de Hechos y en
las epístolas. En dichos libros, se menciona
frecuentemente la sangre de Cristo. Además de
la sangre tenemos el Espíritu. La sangre trae
redención, y el Espíritu imparte la vida.
Después de ser redimidos y regenerados,
llegamos a ser miembros vivos del Cuerpo de
Cristo, la iglesia. El Cuerpo, la iglesia, es el
medio por el cual Cristo realiza la economía
eterna de Dios. En la economía de Dios, la
iglesia es muy crucial. Sin la iglesia, Cristo no
puede cumplir nada. El necesita la iglesia para
poder llevar a cabo el plan eterno de Dios.

C. En cuanto al Espíritu
Dios se revela como Elohim y como Jehová, y
Cristo se revela como Jesús y como Cristo. Sin
embargo, la revelación en cuanto al Espíritu,
no es simple (Mt. 28:19); al contrario, es un
misterio. Pocos cristianos discuten en cuanto a
la revelación de Dios y de Cristo. Pero cuando
llegamos al asunto del Espíritu, hay mucho
debate debido a que la revelación del Espíritu
es un misterio. El Espíritu es misterioso
porque está relacionado con la vida. La
revelación del Espíritu se compone de muchos
aspectos: el Espíritu de verdad o realidad, (Jn.
14:16-17), el Espíritu de vida (Ro. 8:2), el
Espíritu de poder (Lc. 24:49), el Espíritu de
Dios (Ro. 8:9), el Espíritu de Cristo (Ro. 8:9),
el Espíritu de Jesús (Hch. 16:7), el Espíritu de
Jesucristo (Fil. 1:19), el Espíritu Santo (Hch.
5:32) y los siete Espíritus (Ap. 1:4; 4:5; 5:6).

¿Conoce usted la diferencia entre el Espíritu de


vida y el Espíritu de poder? Aquellos que están
en el movimiento pentecostal o carismático
hablan del Espíritu de poder. Solamente el
Señor sabe si ellos tienen el verdadero poder o
no. He oído mucho del hablar en lenguas, pero
no he visto poder en la obra de los que hablan
en lenguas. El bautismo del Espíritu Santo da
poder al hombre. Pero muchos de los que
hablan en lenguas, carecen de poder del
mismo modo que los que no hablan en
lenguas. Tal vez tengan el poder de balbucear
incoherencias, pero no tienen el poder de
salvar almas. Aunque algunos nunca han
hablado en “lenguas”, su predicación ha sido el
medio para la salvación de miles de personas.
Ese es verdadero poder. No solamente no hay
verdadero poder en el movimiento
carismático, sino que tampoco hay vida.
Después de haber hablado en lenguas, muchos
proceden a pelear con su cónyuge o fumar
cigarrillos. ¿Es esto vida? ¡No! La vida
transforma a las personas. Necesitamos tanto
el Espíritu de poder como el Espíritu de vida.

Estamos aquí para ser el testimonio de Jesús.


Este testimonio no es un término ni un
formalismo; esto es una vida. Cuánto
necesitamos abrirnos a El, para que El nos
imparta más vida. Si verdaderamente tenemos
a Cristo como nuestra vida, debemos andar,
vivir y comportarnos en Cristo. Ahora
podemos entender la razón por la cual las
epístolas hablan reiteradamente del Espíritu.
Como ya vimos, el libro de Apocalipsis habla
de los siete Espíritus de Dios. La vida de la
iglesia requiere el Espíritu intensificado. La
verdadera iglesia se origina en este Espíritu.
Aunque no me opongo a ninguno de los dones
pentecostales genuinos, puedo testificar que en
el pasado no he visto ni una sola iglesia
edificada apropiadamente por el movimiento
pentecostal. Considere el movimiento
carismático católico. Está saturado de la
adoración a María. Si este movimiento es
correcto, ¿cómo puede tolerar la adoración de
ídolos? El hecho de que tolere la idolatría
demuestra que no es correcto. Se le puede
añadir mugre a una bola de nieve, pero no a un
diamante. El movimiento carismático es
semejante a una bola de nieve, a la que se le
pueden agregar cosas sucias. Necesitamos que
nuestros ojos sean abiertos para ver que Dios
hoy desea iglesias locales verdaderas, vivientes
y prácticas.
D. En cuanto a la iglesia
Llegamos a la última sección de la revelación
divina, la revelación en cuanto a la iglesia. Es
difícil conocer la iglesia debido a que Satanás,
el enemigo sutil, no quiere que los cristianos
vean lo que es la verdadera iglesia.

1. La iglesia universal
La iglesia como Cuerpo de Cristo (1 Co. 12:12-
13) es universalmente una (Ef. 1:22-23; 4:4-6).
Cristo como la única Cabeza tiene un solo
Cuerpo, el cual está constituido de todos los
creyentes genuinos.

2. Las iglesias locales


La iglesia universal como Cuerpo de Cristo se
expresa mediante las iglesias locales. Las
iglesias locales, como expresión del Cuerpo de
Cristo (Ap. 1:12, 20), son localmente una (Hch.
8:1; 13:1; Ro. 16:1; 1 Co. 1:2). Apocalipsis 1:4
dice: “Juan, a las siete iglesias que están en
Asia”. Asia era una provincia del antiguo
Imperio Romano en la cual estaban las siete
iglesias mencionadas en 1:11. Las siete iglesias
estaban en esas siete ciudades
respectivamente, no todas en una ciudad. Este
libro no trata de la iglesia universal, sino de las
iglesias locales en muchas ciudades. La iglesia
se revela primeramente como iglesia universal
en Mateo 16:18; luego, en Mateo 18:17, se
revela la iglesia local. En el libro de Hechos la
iglesia era practicada en iglesias locales, como
por ejemplo, la iglesia en Jerusalén (8:1), la
iglesia en Antioquía (13:1), la iglesia en Efeso
(20:17), y las iglesias en las provincias de Siria
y Cilicia (15:41). Con excepción de algunas
cartas escritas a individuos, todas las epístolas
fueron escritas a iglesias locales. Ninguna se
escribió a la iglesia universal. Sin las iglesias
locales no hay una expresión práctica y válida
de la iglesia universal. La iglesia universal se
hace real en las iglesias locales. El
conocimiento de la iglesia universal halla su
consumación en el conocimiento de las iglesias
locales. Es un gran adelanto para nosotros
conocer y practicar las iglesias locales. El libro
de Apocalipsis está en un estado avanzado
acerca de la iglesia, pues fue dirigido a iglesias
locales. Si queremos conocer este libro,
tenemos que avanzar del entendimiento de la
iglesia universal a la realidad y la práctica de
las iglesias locales. Solamente aquellos que
están en las iglesias locales están en el ángulo o
perspectiva apropiada y en la posición correcta
para recibir las visiones de este libro.

En Apocalipsis 1:11 la voz le dijo a Juan:


“Escribe en un libro lo que ves, y envíalo a las
siete iglesias: a Efeso, a Esmirna, a Pérgamo, a
Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea”.
Este versículo está redactado de una manera
muy cuidadosa. En este versículo vemos que
enviar este libro a las “siete iglesias” equivale a
enviarlo a las siete ciudades. Esto muestra
claramente que la práctica de la vida de la
iglesia en su comienzo consistía en que había
una iglesia para cada ciudad, es decir en una
ciudad había una sola iglesia. En ninguna
ciudad había más de una iglesia. Esta es la
iglesia local. Local se refiere a cada ciudad, no
a cada calle. La jurisdicción de una iglesia local
debe abarcar toda la ciudad donde está la
iglesia; no debe ser más grande ni más
pequeña que los límites de la ciudad. Todos los
creyentes que estén dentro de esos límites
deben constituir la única iglesia local que hay
en los límites de esa ciudad. Por consiguiente,
una iglesia equivale a una ciudad, y una ciudad
equivale a una iglesia. Esto es lo que nosotros
llamamos las iglesias locales.

Apocalipsis 1:4 habla de “las siete iglesias”. El


siete es el número de cumplimiento en la obra
de Dios, como vemos en los siete días de la
creación (Gn. 1:31—2:3), siete sellos (5:5), siete
trompetas (8:2) y siete copas (15:7) que tienen
como fin el mover de Dios en la tierra. Por lo
tanto, las siete iglesias llevan a cabo el mover
de Dios.

La iglesia necesita tener una expresión. Si


hablamos de la iglesia sin tener la expresión de
la misma, nuestras palabras sólo son teoría; no
son prácticas. Se necesitan las iglesias locales
para que la iglesia sea real y práctica. Si uno no
tiene las iglesias locales, no tiene la iglesia.
Igualmente, si no hay miembros, no existe el
Cuerpo. Si no está la iglesia local, no puede
existir la iglesia universal, pues la iglesia
universal está compuesta de todas las iglesias
locales, de igual modo que el cuerpo humano
está compuesto de muchos miembros. Tener
solamente la iglesia universal, es estar en una
feria de vanidades. Pero nosotros tenemos las
iglesias locales en la práctica. Si nos preguntan
dónde está la iglesia, mostramos las iglesias en
Anaheim, San Francisco, Chicago, Nueva York
y en muchos otros lugares.

Algunos amigos cristianos han argüido


conmigo así: “¿Por qué dice que ustedes son la
iglesia y que nosotros no lo somos?” Algunas
veces he replicado: “Si usted dice que ustedes
son la iglesia, por favor muéstreme la iglesia.
Muéstreme dónde está”. Algunos alegan que
han enviado muchos misioneros al extranjero.
En lo más recóndito de su ser saben que no
son la iglesia. Los hechos son los hechos. ¿Si
ustedes son la iglesia, por qué no se llaman la
iglesia? Ustedes saben si son la iglesia o no. No
pretenda ni presuma ser lo que no es. Si soy un
hombre debo designarme como tal. ¿Qué más
podría hacer? En 1963 fui invitado a hablar en
cierto lugar en Missouri. Al final de la reunión,
alguien me preguntó amigablemente y con
humildad: “Hermano Lee, por favor dígame,
¿por qué ustedes se llaman la iglesia en Los
Angeles?” A lo cual contesté: “Hermano, si
nosotros no nos llamamos la iglesia, entonces
¿cómo nos podríamos llamar? Nosotros
sencillamente somos la iglesia. Esto no es
solamente la verdad sino también el hecho”.
Nosotros somos lo que somos. Aunque
pretendamos ser otra cosa, eso no es lo que
verdaderamente somos. Antes de que el
recobro del Señor viniera a los Estados Unidos,
ningún grupo de cristianos afirmó ser la iglesia
en Los Angeles. Por consiguiente, cuando
nosotros llegamos a Los Angeles, tuvimos que
llamarnos la iglesia en Los Angeles.

En Apocalipsis 1:20 leemos: “El misterio de las


siete estrellas que has visto en Mi diestra, y de
los siete candeleros de oro: las siete estrellas
son los mensajeros de las siete iglesias, y los
siete candeleros son las siete iglesias”. Cuando
Juan vio las siete estrellas en la mano derecha
de Cristo y los siete candeleros de oro en
medio de los cuales estaba Cristo, no pudo
comprender la escena, era un misterio para él.
No podía entender el significado de las siete
estrellas celestiales y los siete candeleros de
oro. De modo que el Señor le reveló el misterio
diciendo: “Las siete estrellas son los
mensajeros de las siete iglesias, y los siete
candeleros son las siete iglesias”. El significado
no fue un misterio solamente para Juan, sino
también para los creyentes de hoy. Todos los
creyentes necesitan la revelación de este
misterio para ver las iglesias y sus mensajeros.

Las iglesias, representadas por los siete


candeleros de oro, son “el testimonio de Jesús”
(1:2, 9), tienen la naturaleza divina, y
resplandecen en la noche obscura localmente y
también colectivamente. La naturaleza de las
iglesias debe ser divina (que es lo que
representa el oro). Ellas deben ser los
candeleros, es decir las lámparas, que
contienen el aceite (el cual es Cristo como el
Espíritu vivificante), y que brillan en la
obscuridad individual y colectivamente. Ellas
son lámparas individuales localmente, y al
mismo tiempo son un grupo, una colectividad,
de candeleros universalmente. No sólo brillan
localmente, sino que también llevan el mismo
testimonio tanto a las localidades como al
universo. Tienen la misma naturaleza y forma;
tienen la misma lámpara con el mismo
propósito, y están plenamente identificadas
entre sí, sin tener ninguna distinción
individual. Las diferencias entre las iglesias
locales que se mencionan en los capítulos dos y
tres son de carácter negativo, no positivo. En el
aspecto negativo, son diferentes y separadas
entre sí en sus fracasos; pero en el lado
positivo, en naturaleza, forma y propósito, son
absolutamente idénticas y están conectadas. A
los creyentes les es fácil ver la iglesia universal,
pero les es difícil ver las iglesias. La revelación
de las iglesias locales es la máxima revelación
del Señor en cuanto a la iglesia. Esta revelación
consta en el libro de Apocalipsis, el último
libro de la Palabra divina. Para conocer la
iglesia en plenitud, los creyentes deben seguir
al Señor desde los evangelios, pasando por las
epístolas, hasta llegar al libro de Apocalipsis y
ver las iglesias locales según se revelan aquí.
En Apocalipsis la primera visión se relaciona
con las iglesias. Las iglesias, con Cristo como
su centro, son el punto central en la
administración divina para el cumplimiento
del propósito eterno de Dios.

Si no hubiera iglesias locales, yo no podría


seguir viviendo; preferiría morir. Supongamos
que no hay iglesias locales. ¿Qué haríamos? No
tendríamos meta ni objetivo ni propósito;
nuestra vida cristiana no tendría sentido. Las
iglesias locales son la meta, el blanco y el
significado de nuestra vida cristiana. Tal vez
usted no aprecie mucho la vida de la iglesia
local cuando la disfruta. Si las iglesias fueran
quitadas, usted se daría cuenta de que todas
las bendiciones también son quitadas. No
podemos vivir sin la vida de la iglesia, pues
perdemos la razón y la meta de ser cristianos.

Espero que todos nosotros, especialmente los


jóvenes, veamos que el destino de la revelación
de Dios son las iglesias locales. La revelación
de Dios avanzó progresivamente hasta llegar a
las iglesias locales. Las iglesias locales son el
destino que Dios ha trazado. Dios trajo Su
revelación a las iglesias locales. Esta es la
razón por la cual las iglesias están llenas de
revelación, luz y verdad. Fuera de las iglesias
hay escasez de luz, revelación y alimento. Pero
las iglesias están llenas de revelación porque
ellas son el destino de la revelación de Dios.
Por consiguiente, todas las riquezas de la
revelación divina están aquí.

Si usted ve esto, comprenderá que nosotros no


estamos exagerando nuestro celo por la iglesia.
Nuestro espíritu da testimonio de esto. Cuando
no testificamos de las iglesias locales, nuestro
espíritu es debilitado. Siempre que tratamos
de ser prudentes para no provocar oposición,
evitando hablar en cuanto a la iglesia, nos
sentimos amortecidos en nuestro interior. Pero
cuando hablamos confiadamente de la iglesia
local, somos animados, nuestro espíritu es
avivado y enardecido, y sentimos deseos de
gritar, llorar y exclamar. Reconozco que es
mejor no ofender a la gente; sin embargo,
cuando trato de no ofender a la gente, ofendo
al Señor. Cuando le digo claramente a la gente
que las iglesias locales son el destino que Dios
ha dispuesto, siento al Señor conmigo. De
acuerdo con la Biblia, el Hijo del Hombre,
Cristo, anda en medio de las iglesias locales. Si
usted busca a Cristo, tiene que venir a las
iglesias locales. El Hijo del Hombre se mueve
entre las iglesias, y las cuida. Si usted desea ser
partícipe de este cuidado, debe estar en las
iglesias locales. La carga que tenemos hoy es
conducir al pueblo de Dios a la meta que El ha
establecido, y nuestro propósito es ayudar a los
santos a llegar a esta meta.
Antes de venir a las iglesias locales, éramos
vagabundos. Nunca tuvimos el sentir de haber
llegado a nuestro hogar o de haber llegado a
nuestro destino. Pero el día que llegamos a las
iglesias locales, tuvimos la certeza de haber
llegado a nuestro hogar. Después de vagar por
años, supimos que finalmente habíamos
arribado a nuestro destino. Cuando llegamos a
la vida de la iglesia local, algo profundo dentro
de nosotros dijo: “Este es el lugar”, y supimos
que estábamos en nuestro hogar. No tenemos
que vagar más porque hemos llegado a nuestro
destino. Hoy día muchos cristianos que buscan
a Dios con seriedad son viajeros; viajan de una
denominación o grupo a otro. Pero el día que
llegamos a la vida de la iglesia, nuestro vagar
cesó. Las iglesias locales son lo que Dios desea
hoy. Esta es la última estación de Su
revelación. Nosotros necesitamos simplemente
vivir la vida de la iglesia local. Nuestro
testimonio es que no somos una organización,
sino la expresión local del Cuerpo de Cristo.

II. LA PROGRESION DE LA
MANIFESTACION DE DIOS
Dios está corporificado en Cristo y es
expresado en El (Jn. 1:1, 14; 1 Ti. 3:16; Col.
2:9), y Cristo es real para nosotros y le
experimentamos como el Espíritu (Jn. 14:16-
17; 1 Co. 15:45; 2 Co. 3:17; Ro. 8:10; Fil. 1:19).
El Espíritu es el constituyente esencial de la
iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, Su
plenitud (Ef. 1:22-23; 1 Co. 12:12). Ahora el
Cuerpo de Cristo es expresado en las iglesias
locales, las cuales son las expresiones de la
iglesia universal (1:11-12). Las iglesias locales
son la expresión del Cuerpo, el Cuerpo es la
realidad de Cristo como el Espíritu vivificante,
y Cristo es la corporificación de Dios. Por
consiguiente, en las iglesias locales tenemos a
Dios, a Cristo, al Espíritu y a la iglesia. Es por
esto que las iglesias locales son tan ricas.
¿Dónde puede uno encontrar a Dios y Su
propósito? En las iglesias locales. ¿Dónde
puede ganar a Cristo con todas Sus riquezas?
En las iglesias locales. ¿Dónde puede
participar del Espíritu vivificante
intensificado? En las iglesias locales. ¿Dónde
puede ser parte del Cuerpo en la práctica? En
las iglesias locales. ¡Las iglesias locales son
muy importantes para nosotros! ¡Aleluya,
Amén! Ya no somos vagabundos; ¡estamos en
las iglesias locales! Hemos llegado a nuestro
destino, a nuestro hogar. Estamos en nuestro
hogar eterno. Aquí en las iglesias tenemos a
Dios con Su propósito, a Cristo con Sus
riquezas, al Espíritu vivificante intensificado, y
la vida apropiada de iglesia. Aquí la Biblia no
sólo es comprensible sino también real.
¡Aleluya por las iglesias locales! Realmente
tenemos algo por lo cual podemos estar
animados.

La revelación de Dios comienza en El mismo y


continúa con Cristo y el Espíritu hasta llegar a
la meta en las iglesias locales. Sin las iglesias
locales, no tenemos la meta de la revelación
divina. Es evidente el vacío que hay entre los
judíos, entre muchos cristianos y entre muchas
de las que llamamos personas espirituales. Los
judíos tienen a Dios; la mayoría de los
cristianos tiene a Dios y a Cristo, y los
cristianos destacados también tienen el
Espíritu, pero muy pocos cristianos tienen la
vida apropiada de iglesia en las iglesias locales.
Hoy en la iglesias locales, tenemos a Dios, a
Cristo, al Espíritu y a la iglesia.

El resultado de la manifestación progresiva de


Dios es la iglesia. Dios está corporificado en
Cristo; Cristo se hace manifiesto y se
experimenta como el Espíritu vivificante, y el
Espíritu produce las iglesias. Cuando Cristo se
hace real a nosotros y lo experimentamos
como el Espíritu vivificante, se produce la vida
de la iglesia. La iglesia es el Cuerpo de Cristo,
Su plenitud. La progresión de la revelación es
Dios, Cristo, el Espíritu, la iglesia y las iglesias
locales. Esta es la revelación de Dios en Su
Palabra santa. Así que podemos ver cómo Dios
se hace real para nosotros y cómo es expresado
y manifestado en la realidad.

Primeramente Dios se encarnó cuando tomó


cuerpo en Cristo. Si usted quiere conocer a
Dios, tiene que conocer a Cristo. ¿Quiere ir a
Dios? Entonces tiene que ir a Cristo. Fuera de
Cristo es imposible tocar a Dios. Dios se
corporificó de una manera práctica y real en el
hombre llamado Jesucristo. Cuando usted lo
conoce a El, conoce a Dios; cuando lo toca a El,
toca a Dios; cuando lo obtiene a El, obtiene a
Dios; cuando lo recibe a El, recibe a Dios,
porque El es la corporificación de Dios mismo.
Este Cristo es real para nosotros y le
experimentamos como el Espíritu vivificante.
El no es solamente nuestro Salvador,
Redentor, Señor, santidad y justicia, sino
también el Espíritu vivificante. Ser el Salvador,
el Redentor y el Señor equivale a ser el Espíritu
vivificante. A quien tenemos hoy en la realidad
y en la práctica, es al Espíritu vivificante. La
mayoría de los cristianos no percibe este punto
crucial, debido a que el enemigo sutil ha hecho
lo que ha podido por esconder este aspecto. En
años recientes, hemos dado muchos mensajes,
y hemos escrito gran cantidad de libros en
cuanto a Cristo como el Espíritu vivificante,
pero algunos cristianos ni siquiera ven este
aspecto, y además se oponen. Esto muestra la
sutileza del enemigo.

Si Cristo fuera solamente nuestro Salvador,


Redentor y Señor, ¿cómo podría ser producida
la iglesia en la práctica? El Salvador no
produce la iglesia directamente, y tampoco lo
hace el Señor directamente. Para que la iglesia
sea producida, es necesario que Cristo sea el
Espíritu vivificante. Para conocer a Cristo
como el Espíritu vivificante, no debemos
depender de nuestra mente, pues ésta es muy
limitada. Aunque no entendamos esto
completamente, podemos experimentarlo.
Compruébelo en su experiencia. Su
experiencia diaria da testimonio de que el
Cristo que usted disfruta es el Espíritu
vivificante que mora en usted. No solamente
Cristo mismo es maravilloso, misterioso,
ilimitado e inescrutable; aun el alimento que
disfrutamos cada día sobrepasa nuestro
entendimiento. Aunque no podemos conocer
los alimentos usando nuestra mente, podemos
determinar su sabor en nuestra experiencia.
Por medio de nuestra experiencia podemos
saber qué es el alimento. No preste atención a
conversaciones teológicas. Aquellos que se
empeñan en esta clase de conversación son
atrapados por el ejercicio exagerado de su
intelecto. A nosotros sólo nos interesa la
Palabra pura que hallamos en la revelación
divina y nuestra experiencia práctica y
personal. Nuestra experiencia testifica que el
mismo Cristo que disfrutamos cada día es el
Espíritu vivificante. ¿No tiene usted la realidad
del Cristo vivo dentro de usted? Este es el
mismo Cristo que disfrutamos y
experimentamos y del cual participamos en
nuestro espíritu. Este es el Espíritu vivificante
que es Cristo mismo. Por consiguiente, Dios
está corporificado en Cristo, y Cristo es hecho
real y experimentado por nosotros como el
Espíritu vivificante.
Esta experiencia produce la iglesia. Cuanto
más experimentemos a Cristo de esta manera,
más anhelaremos la iglesia. Esta experiencia
crea en nosotros hambre y sed. Al principio,
cuando no estábamos en las iglesias locales, no
podíamos determinar de qué teníamos hambre
y sed. Pero después de venir a la iglesia, nos
dimos cuenta de que al experimentar a Cristo
surgió hambre y sed por la vida de iglesia.
Cuando llegamos a la vida de la iglesia, nuestra
hambre y sed fueron satisfechas. Esta
satisfacción crea en nosotros un aprecio más
profundo para con Cristo, y nos conduce a
disfrutarle cada vez más. Cuanto más
disfrutamos a Cristo, más anhelamos la vida de
la iglesia, y cuanto más anhelamos la vida de la
iglesia, más ahondamos en la iglesia y más
valoramos y disfrutamos a Cristo. Este es un
ciclo glorioso, y podemos testificar que
estamos en dicho ciclo.

El propósito de este ministerio no es


suministrar conocimiento a los santos, sino
ayudarlos a que abran sus ojos, su mente, su
corazón y su espíritu para que vean la
revelación de Dios. Todo lo que predicamos
concuerda con nuestra experiencia. Hoy día
estamos aquí para dar testimonio de Jesús, lo
cual proviene de la experiencia genuina que
tenemos de Cristo como el Espíritu vivificante.
Repito una vez más que Dios está
corporificado en Cristo, que Cristo es hecho
real y experimentado como el Espíritu
vivificante, y que experimentar a Cristo así,
produce la vida de la iglesia. La iglesia es el
Cuerpo de Cristo, Su expresión y Su plenitud.
Como tal, debe tener sus expresiones locales.
La iglesia universal es el Cuerpo de Cristo, Su
plenitud, y las iglesias locales son la expresión
de la iglesia universal. Nosotros estamos hoy
en esa expresión. ¡Aleluya!

III. LA MANERA DE VER LA


REVELACION
Y DE CONOCER LA
MANIFESTACION DE DIOS
A. Separarse para Dios
Para ver la revelación de Dios y para que Su
manifestación sea real para nosotros,
necesitamos separarnos para Dios. El apóstol
Juan estaba completamente separado para
Dios en la isla de Patmos (1:9). El también fue
conducido a la puerta del cielo (4:1) y a un
monte alto y grande (21:10), de esta manera
vio la revelación de Dios y conoció la
manifestación de Dios. Hoy día muchos
cristianos que hablan de la iglesia no ven las
iglesias locales; esto se debe principalmente a
que no están separados para Dios.
B. Estar en el espíritu humano
En Apocalipsis 1:10 dice: “Yo estaba en el
espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí
una gran voz como de trompeta”. El libro de
Apocalipsis no solamente hace énfasis en el
Espíritu de Dios como el Espíritu siete veces
intensificado que lleva a cabo el mover siete
veces intensificado de Dios, sino también en
nuestro espíritu humano como el órgano con el
cual podemos estar conscientes del mover de
Dios y responder al mismo. Sólo nuestro
espíritu humano puede responder al Espíritu
de Dios. El libro de Apocalipsis está compuesto
de cuatro revelaciones principales: la visión de
las iglesias (caps. 1—3); la visión del destino
del mundo (caps. 4—16); la visión de la gran
Babilonia (caps. 17—20; y la visión de la Nueva
Jerusalén (caps. 21—22). Para recibir estas
cuatro visiones, Juan estaba en su espíritu
(1:10; 4:2; 17:3; 21:10), como se menciona en
Efesios 3:5, para recibir la revelación del
misterio de Cristo. Nosotros también
necesitamos estar en nuestro espíritu para
recibir las visiones de este libro. Esto no es
simplemente un asunto de entendimiento
intelectual, sino que es una realidad espiritual.
En la primera visión de este libro, la visión de
las iglesias, Cristo y los mensajeros de las
iglesias se revelan como nunca antes, en una
forma muy particular. Para entender esto, los
creyentes necesitan una visión particular en su
espíritu.
El día del Señor en este versículo debe de ser el
primer día de la semana, el día de la
resurrección del Señor (Jn. 20:1). La iglesia
primitiva se reunía este día (Hch. 20:7; 1 Co.
16:2). Fue en este día cuando Juan, estando en
el espíritu, tuvo las visiones de la economía de
Dios. Para ver la revelación de las iglesias
locales, necesitamos volvernos de nuestra
mente analítica a nuestro espíritu vidente. Si
permanecemos en nuestro intelecto
confundimos la visión de las iglesias.

C. Oír la voz del Señor


Si los cristianos solamente entienden la
doctrina relacionada con las iglesias locales, es
posible que no reciban la visión. Todos los
cristianos necesitan oír la voz, las palabras
actuales y vivas del Señor. La voz del Señor nos
conduce a la visión de las iglesias locales.

D. Volvernos a la voz del Señor


En Apocalipsis 1:12 leemos: “Y me volví para
ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi
siete candeleros de oro”. Para ver cualquier
cosa es necesario tener la posición y ángulo
correctos. El apóstol Juan primero oyó la voz
(v. 10), y cuando se volvió “para ver la voz”, vio
los siete candeleros. El estaba en el lugar
correcto, pero también necesitaba el ángulo
apropiado para tener la visión en cuanto a las
iglesias; por esta razón se volvió. El caso es el
mismo hoy con nosotros. Muchos cristianos
necesitan ser ajustados en su posición y
volverse para poder recibir la visión de las
iglesias.

I. EL CANDELERO EN LA
EDIFICACION
DEL TABERNACULO (EL TEMPLO)
Vimos que el candelero es necesario para el
edificio de Dios. El candelero de Exodo 25 tiene
como fin la edificación del tabernáculo; el fin del
candelero de Zacarías 4 era la restauración del
edificio de Dios, y los candeleros de Apocalipsis 1
tienen como fin la edificación de la iglesia. Esto
indica que el objetivo del Dios Triuno es obtener
Su edificio. Aunque los cristianos hablan mucho
sobre la Trinidad, muy pocos han visto que el fin
del Dios Triuno es Su edificio. El candelero
mencionado en Exodo 25 tipifica a Cristo como la
expresión de Dios, quien brilla en las siete
lámparas, los siete Espíritus de Dios.

La manera en que la Biblia presenta los candeleros


es muy interesante. Primeramente, la Biblia revela
que para la edificación del tabernáculo era
necesario que estuviera el candelero. Este también
fue necesario para poder llevar a cabo el servicio
del tabernáculo. El tabernáculo no tenía ventanas, y
su entrada estaba completamente cubierta por una
cortina. La luz de afuera no podía penetrar en su
interior. Sin la luz del candelero dentro del
tabernáculo, nadie habría podido llevar a cabo su
oficio allí. Por consiguiente, el candelero no sólo
era necesario en la edificación del tabernáculo sino
también en su funcionamiento.

De igual manera, sin el candelero, no se puede


edificar la iglesia, ni se puede funcionar en ella. El
funcionamiento de la iglesia depende de la luz del
candelero. Quienes estamos en la iglesia
necesitamos el resplandor del candelero.
Frecuentemente, cuando uno considera qué hacer o
cómo hacerlo, se halla confuso. Cuanto más piensa,
más densa se vuelve la obscuridad. Pero cuando
uno viene a la reunión de la iglesia o a la comunión
con los santos, es iluminado inmediatamente y
dice: “Ahora veo el camino”. Nadie le dio a uno un
mensaje diciendo qué hacer. Uno es esclarecido por
la luz del candelero en la iglesia. El candelero nos
ilumina en la iglesia.

El candelero no solamente tiene como fin el


edificio de Dios, sino que también permite que se
funcione en el edificio. Para poder funcionar
necesitamos la luz. La luz brillante del candelero
está en la iglesia. Por eso no podemos permitirnos
el lujo de ausentarnos de la iglesia. No diga: “Si leo
la Biblia y oro en mi casa, todo va a ser igual”. Si
hace la prueba, regresará muy pronto a la iglesia.
Por esta razón no nos gusta tomar vacaciones, a no
ser que vayamos a un lugar donde haya una iglesia.
La iglesia no solamente tiene el candelero, sino que
también es el candelero.
II. EL CANDELERO EN LA
EDIFICACION
DEL TEMPLO RECOBRADO
El candelero es aún más necesario para el recobro
del edificio de Dios. Zacarías 4 revela que el
candelero que representa el Espíritu, tiene como fin
recobrar el edificio de Dios. En la actualidad el
candelero es más necesario porque no estamos
solamente en el edificio de Dios, sino también en el
recobro de Su edificio. Necesitamos la luz del
candelero sobre nosotros para ser fortalecidos.

A. Representa el mover del Espíritu


de Dios
Para el recobro del templo de Dios, El le dio una
visión a Zacarías por medio de la cual éste pudo
fortalecer a Zorobabel. En esta visión, Zacarías vio
un candelero con siete lámparas que eran
abastecidas por el aceite que brotaba de dos olivos.
Entonces el ángel dijo a Zacarías: “Esta es palabra
de Jehová a Zorobabel, que dice: No con poder, ni
con fuerza, sino con Mi Espíritu, ha dicho Jehová
de los ejércitos” (Zac. 4:6). Esto indica que el
Espíritu de Dios lleva a cabo el mover de Dios en
la tierra.

B. Las siete lámparas son los siete


ojos
Las siete lámparas del candelero mencionado en
Zacarías son los siete ojos. En primer lugar, estos
siete ojos son los ojos de Cristo, la piedra con la
cual se construye el edificio de Dios (Zac. 4:2, 10;
3:9). Apocalipsis 5:6 también habla de los siete
ojos de Cristo, el Cordero, diciendo que son “los
siete Espíritus de Dios enviados por toda la tierra”.
Los siete Espíritus son los siete ojos de Cristo. En
Zacarías 3 y 4 Cristo es la piedra con la cual se
construye el edificio de Dios, y en Apocalipsis 5 El
es el Cordero que nos redime. Esto indica que
Cristo el Redentor es la piedra de edificación. El
Cordero y la piedra tienen los siete ojos que son los
siete Espíritus de Dios. En Zacarías los siete ojos
son los ojos de la piedra, mientras que en
Apocalipsis son los ojos del Cordero.

Las siete lámparas, las cuales son los siete ojos de


Cristo, también son los ojos de Dios, con los cuales
se lleva a cabo Su mover (Zac. 4:10). Cristo tiene
los siete ojos, los siete Espíritus de Dios, que llevan
adelante el mover de Dios. Primeramente Cristo es
el Cordero Redentor, y al final El es la piedra de
edificación. Esto tiene como fin que, por medio de
la redención, el mover de Dios en la tierra avance
hacia la meta, la edificación. Hoy disfrutamos la
redención para participar en la edificación.
Disfrutamos a Cristo no solamente como el
Cordero Redentor, sino también como la piedra con
la cual edificamos. La redención se efectuó con el
fin de producir la edificación. En Cristo somos
redimidos, y en El somos edificados. El cumple
esto por medio de los siete Espíritus de Dios, con
los cuales el mover de Dios avanza hoy.
C. Las lámparas iluminan
y los ojos inspiran al mirar
Las lámparas iluminan, y los ojos infunden
algo cuando miran. Estos ojos no solamente
escudriñan, observan y juzgan, sino que,
principalmente, infunden algo. Siempre que
Cristo nos mira con Sus siete ojos,
espontáneamente nos infunde algo. Si somos
juzgados, iluminados, escudriñados o
quemados, El nos infunde todo lo que El es.
Siempre que Cristo nos alumbra, ilumina
nuestro ser, infundiendo todo lo que El es para
transformarnos en piedras preciosas con la
cuales se hace el edificio de Dios.

III. LOS CANDELEROS TIENEN


COMO FIN
LA EDIFICACION DE LAS
IGLESIAS LOCALES
A. Representan las iglesias locales
como testimonio de Jesús
Los candeleros que aparecen en Apocalipsis
son símbolos de las iglesias locales. Cada
iglesia local es un candelero que brilla con el
testimonio de Jesús, con el Espíritu de Dios
siete veces intensificado en la localidad.

B. Tienen la naturaleza divina


Los candeleros son de oro. Como vimos, el oro
representa la naturaleza de Dios. Por lo tanto,
esto significa que las iglesias están constituidas
de la naturaleza divina, la naturaleza de Dios.
Tenemos la vida y naturaleza del Padre (2 P.
1:4), el oro del Padre, y poseemos Su
naturaleza divina. Qué maravilloso que
tenemos la substancia divina.

C. Alumbran con los siete Espíritus


de Dios en la era de tinieblas
Es posible que sólo prestemos atención a los
candeleros y descuidemos las lámparas; pero
los candeleros no son hechos para sí mismos
sino para sostener las lámparas. Si los
candeleros no tuvieran lámparas, no tendrían
significado. Por lo tanto, debemos notar lo que
representan las lámparas. Vemos las lámparas
en el capítulo cuatro: ellas son los siete
Espíritus de Dios que arden frente al trono
(4:5). Por consiguiente, los siete Espíritus de
Dios son las siete lámparas que arden. Algunos
han dicho que las lámparas son Cristo y que la
iglesia es la base que sostiene a Cristo como
lámpara. Esto es aceptable, pero Apocalipsis
no dice que la lámpara sea Cristo
principalmente. Sin duda, cuando lleguemos,
al capítulo veintiuno, veremos que Cristo es la
lámpara de la Nueva Jerusalén. Sin embargo,
Apocalipsis no dice que hoy Cristo sea las siete
lámparas, sino que los siete Espíritus de Dios
son las siete lámparas.
Debemos valorar profundamente lo que
significan los siete Espíritus para nosotros. Si
somos las iglesias, los candeleros, ¿qué
debemos sostener? Decir que tenemos a Cristo
es demasiado doctrinal. ¿Quién es Cristo y
dónde está hoy? En nuestra experiencia con
relación a la vida de la iglesia, Cristo no es
simplemente Cristo, sino también el Espíritu
(2 Co. 3:17). El Espíritu, quien es el Espíritu
vivificante, se ha intensificado en el libro de
Apocalipsis como los siete Espíritus, los cuales
son los siete Espíritus de Dios. Esos Espíritus
no solamente son los siete ojos de Dios sino
también del Cordero. La vida de la iglesia
depende por completo de esos siete Espíritus.
No es un asunto de conocer a Cristo
doctrinalmente, sino de experimentar los siete
Espíritus. Tenemos que experimentar el
Espíritu. Necesitamos al Espíritu en nuestro
trabajo, en la vida diaria, en las reuniones, en
el servicio y en los testimonios. Si carecemos
del Espíritu, estamos vacíos y no somos nada.
Los candeleros tienen que sostener las
lámparas, las cuales son los siete Espíritus.

Los siete Espíritus son la expresión de Cristo.


Esto está claramente indicado por el candelero
de Exodo 25. Este candelero, que estaba hecho
de una sola pieza sólida de oro, la cual pesaba
un talento, se expresaba en las siete lámparas.
Esta pieza sólida de oro puro representa a Dios
el Padre como la substancia que nos
constituye. Pero si solamente tenemos a Dios
el Padre, no tendríamos la forma; tendríamos
el oro, sin la base. Tener solamente al Padre
sin el Hijo es tener la substancia sin la
corporificación. Solamente cuando el oro es
forjado a martillo hasta constituir una base,
tenemos la corporificación. Aunque la base es
la corporificación de la substancia, sin las siete
lámparas, ésta corporificación no tiene
expresión. De modo que, la substancia es el
Padre, la corporificación es el Hijo, y la
expresión es el Espíritu que expresa a Dios el
Padre en el Hijo. Todo lo que Dios el Padre es
en el Hijo es expresado en las siete lámparas;
es por eso que la Biblia nos dice que las siete
lámparas son los siete Espíritus. Por
consiguiente, el Espíritu es la expresión del
Dios Triuno. Finalmente, en el libro de
Apocalipsis, vemos que esta expresión es la
expresión de Cristo, porque los siete Espíritus
primeramente eran los siete Espíritus de Dios
en Zacarías 4:10, y han venido a ser los siete
ojos del Cordero en Apocalipsis 5:6. Estos son
la expresión de Cristo. En la actualidad el
Espíritu Santo, el cual es el Espíritu vivificante
y también los siete Espíritus, es la expresión de
Cristo. ¿Donde está esa expresión hoy? Está en
las iglesias, pues los siete Espíritus son las
siete lámparas sostenidas por las iglesias como
candeleros.

Muchos cristianos hoy no conocen al Espíritu


vivificante ni al Espíritu siete veces
intensificado, y tampoco a los siete Espíritus
como expresión de Cristo que exhiben las
iglesias como candeleros. Para conocer a este
Espíritu, usted tiene que estar en las iglesias.
Si usted desea tocar, disfrutar y experimentar
este Espíritu, tiene que ser parte de la iglesia,
porque son las iglesias como candeleros las
que tienen los siete Espíritus de Cristo, los
cuales son la expresión de Cristo. Del mismo
modo que sus ojos no están separados de
usted, así este Espíritu no está separado de
Cristo. Los ojos son la expresión de la persona,
y por ende no pueden ser separados de la
misma. De igual manera, los siete Espíritus,
que son la expresión de Cristo, no pueden ser
separados de Cristo. Las iglesias son los
candeleros, y las lámparas son el Espíritu de
Dios siete veces intensificado como expresión
de Cristo. Esta luz brilla cada día más, y la
visión se hace cada vez más clara.

Las iglesias locales como candeleros de oro


brillan con el Espíritu en esta edad obscura. En
esta era de tinieblas, la iglesia realmente
necesita que el Espíritu de Dios siete veces
intensificado brille para expresar el testimonio
de Jesús.

D. La iglesia es la corporificación de
Cristo
y la reproducción del Espíritu
La iglesia es la corporificación de Cristo y la
reproducción del Espíritu. El Espíritu es la
realidad de Cristo (Jn. 14:17-20; 16:13-15), y la
iglesia es la reproducción del Espíritu (Ap.
22:17a). La iglesia, junto con el Espíritu, es la
corporificación de Cristo, el testimonio de
Jesús (Ap. 1:2, 9; 19:10). Por lo tanto, cuanto
más Espíritu haya, más iglesia y más
testimonio de Jesús tendremos.

IV. LOS DOS CANDELEROS


EXPRESAN
EL TESTIMONIO DE DIOS
EN LA GRAN TRIBULACION
En Apocalipsis 11:4 vemos los dos candeleros,
los dos testigos, que expresan el testimonio de
Dios durante la gran tribulación. Los
vencedores serán arrebatados antes de la
tribulación, mientras que los débiles, los que
estén verdes y tiernos, serán dejados en la
tierra donde pasarán por la tribulación.
Debido a esto será necesario fortalecer el
testimonio de Dios. Para satisfacer esta
necesidad, Dios enviará a la tierra a Elías y a
Moisés. Hoy día el testimonio de la iglesia
depende principalmente de los fuertes, los que
tienen más experiencia. Cuando los más
experimentados hayan sido arrebatados, los
débiles necesitarán ser fortalecidos. Aunque
será bueno ser fortalecidos por Elías y Moisés,
yo prefiero irme de la tierra antes que ellos
regresen. En principio, los dos testigos del
capítulo once también son candeleros. La
Biblia los describe como los dos olivos que
proveen de aceite a los débiles (Zac. 4:3, 12).
De acuerdo con la parábola de las diez vírgenes
hallada en Mateo 25, las cinco vírgenes
insensatas tendrán que comprar aceite. En
cierta ocasión el hermano Nee dijo que
probablemente estas vírgenes irán a los dos
olivos para comprar la porción adicional del
Espíritu a un alto costo. Estos dos olivos
también son llamados los dos hijos de aceite,
porque están llenos del Espíritu y traen el
testimonio de Dios (Zac. 4:14) y están
preparados para abastecer a los santos débiles.
Durante la gran tribulación, muchos de los que
no hayan madurado serán fortalecidos y
madurados mediante el ministerio de ellos.

ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE NUEVE
EL HIJO DEL HOMBRE EN MEDIO
DE LAS IGLESIAS
En el capítulo uno de Apocalipsis hay ocho
puntos cruciales: la revelación de Cristo, el
testimonio de Jesús, el Dios Triuno, la segunda
venida de Cristo, los copartícipes en la
tribulación, el reino y la perseverancia en
Jesús, las iglesias locales, los candeleros y el
Hijo del Hombre. Después de abarcar los
primeros siete puntos, en este mensaje
pasamos al octavo asunto: el Hijo del Hombre
que está en medio de las iglesias (1:12-20). En
este libro Cristo se revela primeramente como
el Hijo del Hombre. Siempre que El se
menciona en relación con la iglesia, es
revelado en Su naturaleza humana porque la
iglesia está compuesta de seres humanos. La
Cabeza de la iglesia no es solamente el Hijo de
Dios sino también el Hijo del Hombre. El
Señor continúa siendo el Hijo del Hombre
después de Su ascensión, lo cual indica que El
no se despojó de Su naturaleza humana
después de resucitar y que El se relaciona con
nosotros basándose en Su humanidad. El
triunfó como hombre en ser el testimonio de
Dios. Por lo tanto, los que estamos en las
iglesias hoy, como hermanos que somos,
también podemos ser el testimonio de Dios. El
Señor obtuvo la victoria como hombre, y
nosotros también podemos obtenerla.

Hoy Cristo está “en medio” de las iglesias. Por


un lado, El como Sumo Sacerdote intercede en
los cielos por las iglesias (He. 9:24; 7:25-26;
Ro. 8:34), y por otro, se mueve entre las
iglesias cuidándolas. Si deseamos participar de
Su mover y disfrutar de Su cuidado, tenemos
que estar en las iglesias.

I. EN SU HUMANIDAD
El versículo 13 dice: “Y en medio de los
candeleros, a uno semejante al Hijo del
Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta
los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de
oro”. Cristo no solamente es presentado aquí
como el Sumo Sacerdote por Su vestidura, sino
también como uno “semejante al Hijo del
Hombre”. El sigue siendo divino y humano. El
como nuestro Sumo Sacerdote cuida de las
iglesias en Su humanidad.

A lo largo de los siglos algunos que se


denominan cristianos han enseñado que Cristo
no es el Hijo de Dios. Incluso hoy, algunos de
los que se llaman cristianos no creen que
Cristo sea el Hijo de Dios. Negar que Cristo es
el Hijo de Dios es una herejía. Tal enseñanza
es maligna y proviene del Hades, y nosotros
tenemos que mantenernos en contra de ella sin
transigir. Por otro lado, algunos cristianos no
creen que Cristo siga siendo el Hijo del
Hombre. Ellos dicen que Cristo se hizo hombre
en la encarnación, pero que al resucitar se
despojó de Su humanidad. Algunos de estos
cristianos piensan que Cristo es solamente el
Hijo de Dios, y que ha dejado de ser el Hijo del
Hombre. Durante los últimos quince años he
peleado en contra de esta concepto, y algunos
se opusieron a mí diciendo que estaba
equivocado al enseñar que Cristo continúa
siendo el Hijo del Hombre. Algunos cristianos
no creen que Cristo es el Hijo del hombre, pero
nosotros sí lo creemos. De acuerdo con la
Palabra pura, el Señor Jesús sigue siendo tanto
el Hijo de Dios como el Hijo del Hombre. No
podemos explicar esto adecuadamente debido
a que la mente humana es muy limitada. Sin
embargo, creemos y aceptamos el hecho de
que nuestro Cristo es el Hijo de Dios, es decir,
tiene divinidad, y que también es el Hijo del
Hombre, es decir, tiene humanidad. En El
tenemos la verdadera divinidad y la
humanidad apropiada.

Durante los últimos diecinueve siglos,


especialmente durante los primeros seis, la
cristología fue un tema bastante controvertido
entre los cristianos. En cuanto a la persona de
Cristo ha habido diferentes opiniones, y los
cristianos han peleado entre sí por causa de
esas opiniones. Tenemos que hacer a un lado
todas esas escuelas teológicas. De acuerdo con
la Biblia, creemos que nuestro Cristo es
verdaderamente el Hijo de Dios y el Hijo del
Hombre. El tiene dos naturalezas, a saber, la
divina y la humana.

Cuando Cristo viene a relacionarse con


nosotros en las iglesias, lo hace no solamente
en Su divinidad, sino también en Su
humanidad. Es posible que usted se excuse,
pensando que el Señor prevaleció por ser el
Hijo de Dios, pero como usted es humano, el
Señor tiene que comprenderlo. El Señor como
Hijo de Dios es bastante competente, pero
usted, un simple hijo de hombre, está en un
estado lastimoso, y por ende el Señor no le
debe exigir mucho. Pero cuando El viene a
usted como Hijo del Hombre, usted no tiene
excusa. El también fue un hombre y prevaleció
como hombre, no como Hijo de Dios. Usted no
puede excusarse. Si usted es derrotado y falla
en la vida de iglesia, no se tenga compasión y
no diga que tiene excusa por ser un simple ser
humano. Los seres humanos son el material
adecuado para la vida de iglesia. Por
consiguiente, Cristo anda en medio de las
iglesias como Hijo del Hombre. En Daniel 3 se
nos dice que el Hijo de Dios se paseaba en el
fuego, pero en Apocalipsis 1 vemos que es el
Hijo del Hombre quien anda en medio de las
iglesias. Todos debemos adorarle como el Hijo
del Hombre. El es muy maravilloso porque El
es tanto humano como divino. Esta es la razón
por la cual El conoce el cielo y la tierra, a Dios
y al hombre. En El tenemos divinidad y
humanidad. En El estamos en los cielos y en la
tierra. Hoy el Señor está en los cielos y en la
tierra andando en Su humanidad en medio de
las iglesias locales.

II. COMO SACERDOTE


El versículo 13 nos dice que Cristo está “vestido de
una ropa que llegaba hasta los pies”. Esta ropa es la
túnica sacerdotal (Ex. 28:33-35), que representa la
consumación de las virtudes divinas y los atributos
humanos de Cristo (cfr. Is. 6:1, 3). Aunque la
palabra sacerdote no se menciona aquí, sabemos
por Su vestidura que Cristo es presentado aquí
como Sumo Sacerdote. Hoy el Hijo del Hombre,
Jesucristo, quien anda en medio de las iglesias, es
el Sacerdote. Entre las tres funciones de sacerdote,
profeta y rey, la más amada, íntima, preciosa y
hermosa es la de sacerdote. El sacerdote es muy
amado y apreciado porque él cuida a las personas.
Cristo cuida a las iglesias al andar entre ellas.

III. NO LABORAR POR FUERZA,


SINO CUIDAR LAS IGLESIAS EN
AMOR
El versículo 13 también dice que Cristo, el Hijo del
Hombre, estaba “ceñido por el pecho con un cinto
de oro”. ¿Ha visto usted alguna vez a alguien
ceñido por el pecho con un cinto? Esto es muy
significativo. Los sacerdotes del Antiguo
Testamento se ceñían por los lomos para ministrar
(Ex. 28:4). En Daniel 10:5 Cristo también se ciñe
Sus lomos con oro fino. Pero aquí Cristo como
nuestro Sumo Sacerdote está “ceñido por el pecho”.
El pecho representa el amor. Estar ceñido por los
lomos equivale a estar fortalecido para trabajar,
mientras que estar “ceñido por el pecho” significa
cuidar con amor. El trabajo de Cristo de producir
las iglesias ya se cumplió. Ya no necesita ceñirse
por los lomos para laborar. Lo que El hace ahora en
medio de las iglesias es cuidarlas en amor. Esto
requiere que El esté “ceñido por el pecho con un
cinto de oro”. Este “cinto de oro” representa el
poder divino. ¡Qué gran amor muestra El para con
las iglesias al cuidarlas!
IV. EXISTE DESDE TIEMPOS
INMEMORIALES
El versículo 14 dice que “Su cabeza y Sus cabellos
eran blancos como blanca lana, como nieve”. El
cabello blanco indica edad avanzada (Job 15:10).
El cabello negro con el cual el Señor es descrito en
el Cantar de los Cantares 5:11 denota Su fortaleza
inmarcesible y eterna; pero el cabello blanco con el
cual se le describe aquí denota que El existe desde
tiempos inmemoriales.

Aunque Cristo existe desde tiempos inmemoriales,


El no es viejo. En este capítulo vemos que Su
cabeza y Su cabello eran blancos como blanca lana
y como nieve. La blanca lana es un producto
natural de la vida, y la nieve desciende del cielo. La
lana no es emblanquecida; es blanca desde que
sale, y su blancura viene de su naturaleza. El
blanco es el color de la naturaleza de Cristo. Su
antigüedad procede de Su naturaleza. La nieve es
blanca porque viene del cielo y no contiene
suciedad ni mancha terrenal. Por consiguiente, la
lana blanca, mencionada aquí y en Daniel 7:9,
indica que la antigüedad de Cristo proviene de Su
naturaleza, y no de Su vejez, mientras que la nieve
indica que Su antigüedad es celestial, y no terrenal.

V. SUS OJOS MIRAN, OBSERVAN,


ESCUDRIÑAN, JUZGAN E
INFUNDEN ALGO
En el versículo 14 vemos que Sus ojos son como
llamas de fuego. En el Cantar de los Cantares 5:12
los ojos de Cristo son como palomas, es decir,
expresan Su amor. Aquí “Sus ojos” son “como
llama de fuego”, y con ellos observa y escudriña al
juzgar con su luz. En este libro El no tiene dos ojos
sino siete (5:6). El siete indica cumplimiento en el
mover de Dios. Por consiguiente, Sus ojos en este
libro tienen como fin la obra de Dios. Estos siete
ojos Suyos son las “siete lámparas de fuego” que
arden delante del trono, “las cuales son los siete
Espíritus de Dios” (4:5; cfr. Dn. 10:6). El “fuego
ardiente” equivale a la “llama de fuego” y su
función es observar y escudriñar. Los siete
Espíritus de Dios enviados por toda la tierra
también tienen como fin el mover de Dios en la
tierra. Por lo tanto, los ojos de Cristo mencionados
en este libro son los siete Espíritus de Dios que
fomentan el mover y la obra de Dios en la tierra
hoy.

Los ojos de Cristo miran, observan, escudriñan,


juzgan al iluminar, e infunden algo. Tenemos que
experimentar todos estos aspectos de Sus ojos,
especialmente el aspecto de que nos infunden algo.
Sus ojos nos infunden todo lo que El es. Estos ojos
son una llama de fuego que arde continuamente.
Esto lo podemos comprobar en nuestra propia
experiencia. No ejercite su mente para entender
esto; más bien compruébelo en su experiencia
personal. Desde el día que fuimos salvos, los ojos
de Cristo han sido como un fuego ardiente que nos
alumbra y nos infunde lo que El es. Sus ojos
también nos estimulan a ser fervientes. Después de
que Cristo nos mira, jamás podemos volver a ser
fríos como lo éramos antes. Al mirarnos nos
encienden y nos estimulan en el Señor. Muchas
veces el Señor viene a nosotros con Sus ojos
penetrantes. Tal vez cuando tratamos de ocultar
algo de nuestra esposa, el Señor viene con siete
ojos brillantes que penetran nuestro ser y exponen
nuestra verdadera condición. He tenido esta clase
de experiencia centenares de veces. Cuando he
estado discutiendo con otros, especialmente con los
que me rodean, los ojos brillantes de Cristo han
estado sobre mí, y no he podido seguir hablando.
Su luz cerró mi boca.

El Apocalipsis es un libro que se caracteriza por el


juicio. El fuego es usado en el juicio divino (1 Co.
3:13; He. 6:8; 10:27). “Nuestro Dios es fuego
consumidor” (He. 12:29); Su trono es como llama
de fuego y las ruedas del mismo son fuego ardiente,
y un río de fuego procede de delante de El (Dn.
7:9-10). Todo esto tiene como fin el juicio. Los
ojos del Señor son como llama de fuego y su fin
primordial es juzgar (2:18-23; 19:11-12). Cuando
El venga a tomar posesión de la tierra trayendo
juicio sobre ella, hasta Sus pies serán como
columnas de fuego (10:1).

VI. SUS PIES HAN SIDO


PROBADOS Y RESPLANDECEN
El versículo 15 nos dice: “Y Sus pies semejantes al
bronce bruñido, fundido en un horno”. Los pies
denotan el andar. En tipología, el bronce representa
el juicio divino (Ex. 27:1-6). Cuando Cristo estuvo
en la tierra, Su andar diario fue probado. El fue
hallado brillante puesto que Su caminar fue
probado. Ahora los pies de Cristo son semejantes al
bronce bruñido, como se menciona en Ezequiel 1:7
y Daniel 10:6, lo cual significa que Su andar
perfecto y brillante lo califica para ejercer el juicio
divino. Ser “fundido en un horno” significa ser
probado por fuego. El andar de Cristo fue probado
por Sus sufrimientos, y por Su muerte en la cruz.
Por consiguiente, Su andar es brillante como el
bronce bruñido, lo cual le califica para juzgar al
injusto. Como ya hemos dicho, cuando El venga a
poseer la tierra al juzgarla, Sus pies serán como
columnas de fuego (10:1).

VII. CON UNA VOZ SERIA Y


SOLEMNE
El versículo 15 también nos dice que “Su voz” es
“como el estruendo de muchas aguas”. El sonido de
la voz del Dios Todopoderoso es semejante al
estruendo de muchas aguas, un sonido
ensordecedor (Ez. 1:24; 43:2). Esto indica la
seriedad y solemnidad de Dios al hablar aquí (cfr.
10:3). Algunas veces la voz del Señor es suave y
apacible, pero en algunas ocasiones Su voz nos
llega como trueno. Cuando somos descuidados o
adormecidos, la voz del Señor nos despierta. Su
voz, que es la del Dios Todopoderoso, nos previene
y nos despierta.

VIII. TIENE EN SU MANO LOS


MENSAJEROS
DE LAS IGLESIAS
El versículo 16 nos dice: “Tenía en Su diestra siete
estrellas”. El versículo 20 aclara: “Las siete
estrellas son los mensajeros de las siete iglesias”.
Los mensajeros son las personas espirituales de las
iglesias, que se responsabilizan del testimonio de
Jesús. Estos, como estrellas, deben tener la
naturaleza celestial y estar en una posición
celestial. En Hechos y en las epístolas los ancianos
eran los que tomaban la iniciativa en la obra de las
iglesias locales (Hch. 14:23; 20:17; Tit. 1:5). El
cargo de anciano es, en cierta medida, oficial y,
como ya vimos, cuando este libro fue escrito, los
cargos que existían en las iglesias se habían
deteriorado por la degradación de la iglesia. En este
libro el Señor llama nuestra atención a la realidad
espiritual. Es por eso que destaca a los mensajeros
de las iglesias y no a los ancianos. El oficio de los
ancianos se puede ver fácilmente, pero necesitamos
ver la importancia de la realidad espiritual y
celestial que tienen los mensajeros para que la vida
apropiada de iglesia lleve el testimonio de Jesús en
medio de la oscuridad de la degradación de la
iglesia.
Los candeleros y las estrellas brillan en la noche.
Un candelero, que representa una iglesia local, es
una unidad colectiva, mientras que una estrella, que
representa un mensajero de una iglesia local, es un
individuo. En la noche oscura de la degradación de
la iglesia, es necesario el resplandor de las iglesias
colectivamente y de los mensajeros
individualmente. Al andar Cristo entre las iglesias,
sostiene en Su diestra a los que presiden. ¡Qué
alentador es esto! Los que conducen al pueblo
tienen que alabarle porque están en Sus manos y El
los sostiene. Los líderes no deben retraerse ni ser
débiles ni confundirse, puesto que están en Sus
manos. Cristo verdaderamente es el responsable de
Su testimonio.

En el libro de Apocalipsis no hay ancianos en las


iglesias; solamente hay mensajeros. Cuando este
libro se escribió, la iglesia se había degradado. Por
consiguiente, en Apocalipsis el Señor repudia todas
las formalidades. Ser un anciano puede que sea
algo legalista o formal. No aspire a ser un anciano;
desee ser una estrella brillante. No procure alcanzar
una posición; más bien sea una estrella que
resplandece. Tanto el candelero como las estrellas
brillan en la noche. Tanto la iglesia como los
líderes de la iglesia deben brillar. Todos los que
toman la iniciativa deben ser estrellas.

IX. DE SU BOCA PROCEDE


LA PALABRA DE JUICIO
En el versículo 16 se nos dice que “de Su boca salía
una espada aguda de dos filos”. En el Cantar de los
Cantares 5:16 leemos: “Su paladar dulcísimo”, y en
los evangelios dice que “palabras de gracia ...
salían de Su boca” (Lc. 4:22); pero aquí “de Su
boca salía una espada aguda de dos filos”. Este es
Su discernimiento, Su juicio y Su “palabra
cortante” (He. 4:12; Ef. 6:17). Las “palabras de
gracia” suministran gracia a quienes han hallado
favor delante de El, mientras que “la espada aguda
de dos filos” confronta las cosas y las personas
negativas. Frecuentemente decimos que el Espíritu
habla a las iglesias. Recuerde que cuando el
Espíritu habla, es Cristo quien habla con una
espada de dos filos. Sus palabras traen juicio, y
todos lo hemos experimentado. Todos necesitamos
cierta medida de juicio por causa de la degradación
de la iglesia. Hoy día todos los cristianos necesitan
el juicio que el Señor trae por medio de Su palabra.
Muchas veces hemos experimentado este juicio por
haber errado y por habernos desviado del Señor. Si
nos hemos alejado, El viene y nos juzga. Su palabra
hoy trae principalmente una especie de juicio.
Puedo testificar, que si el Señor le habla a usted
hoy, la mayoría de Sus palabras serán palabras de
juicio. Cuando El habla, juzga. Cada palabra que El
dice a las iglesias hoy, es como un cuchillo afilado
que nos juzga. Las palabras que salen de la boca
del Señor son cortantes y al penetrar en nuestro ser
dividen nuestra alma y nuestro espíritu, y
disciernen las intenciones de nuestro corazón. Ese
es el Cristo que experimentamos hoy en la vida de
la iglesia.

En el cristianismo hay numerosas opiniones, las


cuales causan frecuentes debates y conflictos. He
visto esto; conozco el caso de algunos cristianos
que estaban en el comité directivo de su grupo. En
una ocasión cuando se reunieron, discutían y
debatían entre sí; finalmente el debate se convirtió
en una pelea, a tal grado que uno de los directores
lanzó una Biblia contra otro miembro del comité.
En el recobro del Señor hoy tenemos a alguien que
anda en nuestro medio. El nos vigila con Sus siete
ojos flameantes, y de Su boca sale una espada
aguda de dos filos. Esta espada ha dado muerte a
todos nuestros diferentes conceptos. Es por eso que
casi no hay debates en las iglesias.

Recientemente en Anaheim terminamos nuestro


local de reuniones. Podemos testificar que durante
los meses de construcción nunca peleamos entre
nosotros. Uno de los inspectores municipales nos
dijo que en sus años de experiencia siempre que se
construye un edificio para una iglesia, la comisión
encargada de la construcción termina peleando
entre sí. Pudimos darle testimonio a este inspector
de que nosotros no peleábamos entre nosotros
debido a la espada cortante. Esto no quiere decir
que no tengamos opiniones y conceptos. Somos
humanos y tenemos muchas opiniones. Pero todos
podemos testificar que cada vez que surge una
opinión, la espada la corta en pedazos. Cuanto más
piensa usted en su opinión, más es cortado. Esto no
es doctrina, es nuestra experiencia. Siempre que
hay dos hermanos a punto de pelear, aparece un
tercero, el más fuerte, con la espada afilada y corta
las opiniones de los dos bandos. Mientras
construíamos nuestro salón de reunión, la espada
afilada ponía fin a los conflictos. Este tercero que
acudía era Cristo mismo, el Hijo del Hombre,
quien, como Sumo Sacerdote, anda entre las
iglesias y las cuida en amor. En el Antiguo
Testamento, los sacerdotes eran necesarios para
despabilar las lámparas. Hoy nuestro Sacerdote, el
Hijo del Hombre, sabe exactamente cuándo
recortarnos. Esta es la razón por la cual tenemos
tanta paz entre nosotros. Esta es una de las claves
de la vida de iglesia que los demás no entienden,
pues ellos no tienen al Sacerdote que limpia y cuida
las lámparas del candelero. Ahora el Sacerdote
anda entre las iglesias cuidando y despabilando las
lámparas.

X. CON UN ROSTRO
RESPLANDECIENTE
En el versículo 16 se nos dice que “Su rostro
era como el sol cuando resplandece en su
fuerza”. En el Cantar de los Cantares 5:10, 13,
Su rostro aparece amoroso a fin de que Su
seguidora lo aprecie, y en las epístolas Su cara
refleja la gloria de Dios (2 Co. 4:6) e imparte
vida a los creyentes. Sin embargo, aquí “Su
rostro” es “como el sol cuando resplandece en
su fuerza”, igual que en Daniel 10:6, donde la
luz y el juicio traen el reino. Cuando el Señor
se transfiguró y Su faz brilló como el sol, esa
fue Su venida en el reino (Mt. 16:28—17:2).
Cuando El venga a tomar posesión de la tierra
y establecer el reino, Su cara será como el sol
(10:1).

XI. ES EL PRINCIPIO Y EL FIN,


EL PRIMERO Y EL ULTIMO
En el versículo 17 leemos: “Cuando le vi, caí
como muerto a Sus pies. Y El puso Su diestra
sobre mí, diciéndome: No temas; Yo soy el
Primero y el Ultimo”. Cristo no es solamente el
primero y el último, sino también el principio y
el fin. Esto nos asegura que, como El dio inicio
a la vida de la iglesia, sin duda la terminará. El
nunca deja inconcluso su trabajo. Todas las
iglesias locales deben creer que el Señor Jesús
es el principio y el fin. El terminará lo que
comenzó en Su recobro.

XII. EL ES EL VIVIENTE
En el versículo 18 vemos que el Señor es el
Viviente; estuvo muerto; mas he aquí que vive
por los siglos de los siglos. El mismo Cristo que
anda en medio de las iglesias, quien es la
Cabeza de las iglesias y a quien ellas
pertenecen, es el Viviente, o sea que está lleno
de vida. Por consiguiente, las iglesias como Su
Cuerpo deben ser vivientes y estar llenas de
vida. ¡Aleluya, tenemos un Cristo viviente, el
cual venció la muerte! Nuestro Cristo, el Cristo
resucitado, vive en nosotros y entre nosotros.
El vive por los siglos de los siglos. ¡Qué Cristo
tan lleno de vida tenemos en el recobro! En el
recobro, todas las iglesias deben estar llenas de
vida como Cristo, y vencer la muerte.

XIII. TIENE AUTORIDAD


SOBRE LA MUERTE Y EL HADES
En el versículo 18 también dice: “Tengo las
llaves de la muerte y del Hades”. Por haber
caído y pecado el hombre, vino la muerte y
opera en la tierra recogiendo a todos los
pecadores. La muerte se asemeja a un
recogedor usado al barrer el polvo, y el Hades
es como el recipiente de la basura. Todo lo que
el recogedor recibe es echado en el recipiente
de la basura. Por consiguiente, la muerte es un
recolector y el Hades es el lugar donde se
almacena. En la vida de la iglesia, ¿estamos
nosotros sujetos a la muerte y al Hades? ¡No!
Cristo abolió la muerte en la cruz y venció el
Hades en Su resurrección. Aunque el Hades
trató de retenerlo, no pudo hacerlo (Hch.
2:24). Con relación a El, la muerte no tiene
aguijón y el Hades no tiene poder. Pero ¿qué
diremos de nosotros? El caso tiene que ser el
mismo. En la vida de la Iglesia, las llaves de la
muerte y el Hades están en las manos de
Cristo. Es imposible que nosotros venzamos la
muerte; simplemente no tenemos la facultad
de hacerlo. Siempre que llega la muerte, afecta
a muchos. Pero siempre que le demos al Señor
Jesús la oportunidad y la libertad para obrar y
actuar entre nosotros, la muerte y el Hades
estarán bajo Su control. Sin embargo, cuando
al Señor Jesús no se le da oportunidad en la
iglesia, la muerte prevalece, y el Hades se
fortalece y retiene a los muertos. Alabamos al
Señor porque Cristo tiene las llaves de la
muerte y del Hades. La muerte está sujeta a El
y el Hades está bajo Su control. ¡Aleluya!

ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE DIEZ
LA IGLESIA EN EFESO:
AMOR, VIDA Y LUZ
El libro de Apocalipsis está muy bien escrito.
Después del primer capítulo, los dos capítulos
siguientes nos presentan una vista práctica y
clara de las siete iglesias. Las siete iglesias son
un excelente ejemplo que revela las iglesias
locales, no en doctrina, sino en la práctica. Al
considerar estas siete iglesias podemos ver
claramente lo que es una iglesia local y lo que
debería de ser.
Las siete epístolas que aparecen en los
capítulos dos y tres presentan la crónica de la
situación que existía entre las siete iglesias del
tiempo en que fueron escritas. Sin embargo,
puesto que este libro se caracteriza por señales
proféticas, las situaciones de las siete iglesias
también son señales y tienen un significado
profético del progreso de la iglesia en siete
etapas. La primera epístola, dirigida a la iglesia
en Efeso, presenta un cuadro de la iglesia de
finales de la primera etapa, durante la última
parte del siglo primero. La segunda epístola,
escrita a la iglesia en Esmirna, es figura de la
iglesia que sufrió bajo la persecución del
Imperio Romano, etapa que va desde la última
parte del siglo primero hasta la primera parte
del siglo cuarto, cuando Constantino el
Grande, el césar del Imperio Romano, atribuyó
a la iglesia el favor imperial. La tercera
epístola, a la iglesia en Pérgamo, representa la
iglesia mundana, la iglesia que se une con el
mundo; esta etapa abarca desde el día en que
Constantino acogió el cristianismo hasta
cuando el sistema papal fue establecido
durante la última parte del siglo sexto. La
epístola a la iglesia en Tiatira muestra
proféticamente la iglesia apóstata, que es la
etapa abarcada desde el establecimiento del
sistema papal, a fines del siglo sexto, hasta el
fin de esta era, cuando Cristo venga. La quinta
epístola, a la iglesia en Sardis, representa la
iglesia protestante, desde la Reforma, en la
primera parte del siglo dieciséis, hasta que
Cristo venga. La sexta epístola, a la iglesia en
Filadelfia, predice la iglesia del amor fraternal,
el recobro de la vida apropiada de iglesia, que
existió desde principios del siglo diecinueve,
cuando surgieron los Hermanos en Inglaterra
y sacaron la práctica de la vida de iglesia del
sistema divisivo de las denominaciones, y
estará hasta la segunda venida del Señor. La
séptima epístola, a la iglesia en Laodicea, es
una sombra de la decadencia de la iglesia de
los Hermanos en el siglo diecinueve; abarca
desde la última parte de ese siglo hasta que el
Señor regrese. En este mensaje y en los
siguientes seis, trataremos de cada una de
estas iglesias.

En este mensaje veremos la iglesia en Efeso


(2:1-7). Las palabras cruciales de este mensaje
son amor, vida y luz. El requisito básico para la
vida de la iglesia es nuestro amor hacia el
Señor. Obviamente no hay ningún problema
con el amor del Señor hacia nosotros. El nos
ha amado y nos sigue amando. El problema
está en nuestro amor hacia El. Aunque lo
hayamos amado en el pasado, y lo sigamos
amando en la actualidad, existe el peligro de
que nuestro amor por el Señor se desvanezca.
La epístola a la iglesia en Efeso nos previene al
respecto. Esta carta también nos revela
claramente el origen de la degradación de la
vida de iglesia: el desvanecimiento del primer
amor. Como veremos, el amor nos da la
posición, la base, el derecho y el privilegio de
comer del árbol de la vida. El amor nos
suministra la vida. Si amamos al Señor,
tenemos pleno derecho a disfrutarlo como el
árbol de la vida, como nuestro suministro de
vida. La luz siempre acompaña a la vida, y es
producida por el abundante suministro de
vida. La vida nos da luz. En el tabernáculo el
candelero viene después de la mesa del pan de
la proposición, lo cual indica que cuando
disfrutamos a Cristo como nuestro suministro
de vida, recibimos la luz de la vida. Es de vital
importancia que amemos al Señor. Si tenemos
amor, tendremos la vida, simbolizada por el
árbol de la vida, y la luz, simbolizada por el
candelero.

En síntesis, el problema de la iglesia en Efeso


consistía en que el primer amor hacia el Señor
se había desvanecido. Por esta razón el Señor
tuvo que juzgar a esta iglesia, y le advirtió que
si no se arrepentía, su candelero sería quitado.
Todo aquel que se arrepintiera en medio de
ellos y regresara al primer amor, sería un
vencedor delante del Señor. El Señor prometió
a los vencedores el derecho a disfrutarle a El
como el árbol de la vida. Por supuesto, el
candelero siempre permanecerá entre aquellos
que han vencido. Sin embargo, si no nos
arrepentimos de haber dejado nuestro primer
amor hacia el Señor, perderemos el derecho de
comer del árbol de la vida, y nuestro candelero
será quitado. Si éste es el caso, estaremos sin
amor y sin luz. ¡Que condición tan lastimosa
sería!

I. EL QUE HABLA
Apocalipsis 2:1 nos dice: “Escribe al mensajero
de la iglesia en Efeso: El que tiene las siete
estrellas en Su diestra, el que anda en medio
de los siete candeleros de oro”. Cada una de
estas epístolas comienza con una descripción
del que habla. Antes de dirigirse a las iglesias,
el Señor declara quién es El. En la primera
epístola El declara que El tiene las siete
estrellas en Su diestra y que camina en medio
de los siete candeleros de oro. Estas dos cosas
demuestran que el Señor es normal, genuino y
correcto. El cuida las iglesias sosteniendo en
Su diestra a los que toman la iniciativa y
caminando en medio de todas las iglesias. Los
mensajeros de las iglesias, las personas
espirituales, representados por las estrellas
brillantes, que son los que se responsabilizan
del testimonio de Jesús, están sostenidos por
la diestra del Señor, y el Señor anda en medio
de las iglesias, representadas por los siete
candeleros de oro. ¡Que escena tan
maravillosa! Mientras el Señor como nuestro
Sumo Sacerdote intercede por nosotros, las
iglesias, a la diestra de Dios (He. 7:25),
sostiene a los mensajeros de las iglesias y anda
en medio de ellas y las cuida.

II. LAS VIRTUDES DE LA IGLESIA


La palabra Efeso en griego significa deseable.
Esto indica que la iglesia primitiva, en sus
postrimerías, era deseable al Señor; el Señor
seguía esperando mucho de ella.

A. Las obras
Consideremos ahora las virtudes de la iglesia
en Efeso. Primeramente, ella hacía muchas
cosas para el Señor. La iglesia en Efeso no era
ociosa ni descuidada; laboraba mucho para el
Señor.

B. Los trabajos
Esta iglesia no solamente hacía obras para el
Señor sino que también trabajaba para El (vs.
2-3). Debemos diferenciar entre obras y
trabajos. Trabajar es más elevado que hacer
obras. Hacer obras es común, mientras que
laborar es algo especial. Los que sirvieron a
tiempo completo durante la construcción del
local de reunión en Anaheim, no solamente
estuvieron activos, sino que trabajaron. Si
hubiéramos contratado una compañía y
hubiéramos empleado oficiales de
construcción, ellos habrían hecho la obra sin
laborar.

C. La perseverancia
La iglesia en Efeso también tenía la virtud de
perseverar. Esto indica que la iglesia estaba
bajo aflicción y perseveró en el sufrimiento.
D. No soporta a los malos
El Señor dice a la iglesia en Efeso: “No puedes
soportar a los malos” (v. 2). Creo que las
palabras que el Señor usa aquí se refieren a
dos cosas: hombres malos y cosas malas. La
iglesia en Efeso no toleraba ninguna cosa mala
ni ningún hombre malo. Indudablemente era
una buena iglesia.

E. Prueba a los falsos apóstoles


El Señor también dijo: “Has probado a los que
se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has
hallado mentirosos” (v. 2). Esta iglesia tenía
mucho discernimiento, y probaba a los falsos
apóstoles y los rechazaba. Ella discernía que
los que se decían ser apóstoles eran
mentirosos. A lo largo de las generaciones,
siempre ha habido falsos apóstoles. Incluso
hoy sigue ocurriendo lo mismo.

F. Aborrece las obras de los


nicolaítas
En Apocalipsis 2:6 el Señor dice: “Pero tienes
esto, que aborreces las obras de los nicolaítas,
las cuales Yo también aborrezco”. La iglesia en
Efeso aborrece lo que aborrece el Señor: las
obras de los nicolaítas. En cuanto a las
virtudes, esta iglesia era buena, pura, justa y
normal.
El Señor aborrece las obras de los nicolaítas. Si
usted desea saber cuáles son las obras de los
nicolaítas, lea el libro del hermano Nee
titulado La ortodoxia de la iglesia. Las obras
de los nicolaítas están relacionadas con la
jerarquía entre los santos en la cual algunos se
convierten en gobernantes de los demás. Esto
trae como consecuencia el clero y el laicado.
En la iglesia de Efeso no estaba presente la
doctrina o la enseñanza de los nicolaítas. Esta
se desarrolló más tarde. Pero sí existían sus
obras y actividades, o sea, cierto tipo de
jerarquía constituida de clérigos y laicos. La
palabra nicolaítas es una latinización de la voz
griega nicolaitai, cuya raíz es nicolaos, que a
su vez se compone de dos palabras
griegas: nico y laos. Nico significa conquistar o
estar sobre otros. Laos quiere decir gente
común, seglares o laicos. Nicolaos, pues,
significa conquistador de gente común,
persona que está sobre los laicos. La palabra
nicolaítas se debe de referir a un grupo de
personas que se consideran superiores a los
creyentes comunes. Indudablemente esto
constituye la jerarquía establecida y
perpetuada por el catolicismo y el
protestantismo. El Señor aborrece las obras y
el proceder de los nicolaítas, y nosotros
debemos aborrecer lo que el Señor aborrece.

Dios, en Su economía, tiene la intención de


que todos los Suyos sean sacerdotes y le sirvan
directamente. En Exodo 19:6 El les mandó a
los hijos de Israel que fueran “un reino de
sacerdotes”. Esto significa que Dios deseaba
que todos fueran sacerdotes. Sin embargo,
debido a que los israelitas adoraron al becerro
de oro (Ex. 32:1-6), perdieron el sacerdocio, y
solamente la tribu de Leví, debido a su
fidelidad hacia Dios, fue escogida para
reemplazar a toda la nación de Israel en el
oficio de sacerdotes de Dios (Ex. 32:25-29; Dt.
33:8-10). Por consiguiente, hubo una clase
mediadora entre Dios y los hijos de Israel. Esto
se convirtió en un firme sistema dentro del
judaísmo. En el Nuevo Testamento Dios ha
vuelto a Su intención original de acuerdo con
Su economía, y ha hecho sacerdotes a todos los
que creen en Cristo (1:6; 5:10; 1 P. 2:5, 9). Pero
durante la era de la iglesia primitiva, desde el
siglo primero, surgieron los nicolaítas como
una clase mediadora, lo cual corrompió la
economía de Dios. De acuerdo con la historia
de la iglesia, esto llegó a ser el sistema
adoptado por la Iglesia Católica Romana y fue
preservado por las iglesias protestantes. Hoy
en la Iglesia Católica Romana está el sistema
sacerdotal; en las iglesias estatales, el sistema
clerical, y en las iglesias independientes, el
sistema pastoral. Todos éstos son sistemas que
tienen una clase mediadora, lo cual destruye el
sacerdocio universal de los creyentes. De
manera que tenemos dos clases distintas: el
clero y el laicado. Pero en la vida apropiada de
iglesia no debe haber ni clero ni laicado; todos
los creyentes deben ser sacerdotes de Dios. La
clase mediadora destruye al sacerdocio
universal de la economía de Dios; es por eso
que el Señor la aborrece. En Hechos 6:5 entre
los siete que servían había uno llamado
Nicolás. No hay indicio alguno en la historia de
la iglesia de que éste haya sido el primer
nicolaíta.

III. EL ORIGEN DE LA
DEGRADACION DE LA IGLESIA
Aunque la iglesia en Efeso tenía tantas
virtudes, estaba degradada porque había
perdido su primer amor. En el versículo 4 el
Señor dijo: “Pero tengo contra ti que has
dejado tu primer amor”. La palabra griega
traducida primer es la misma que se
traduce mejor en Lc. 15:22. Nuestro primer
amor hacia el Señor debe ser nuestro mejor
amor a El. La iglesia en Efeso había dejado este
amor por el Señor.

La iglesia como Cuerpo de Cristo (Ef. 1:23)


está relacionada con la vida; como nuevo
hombre (Ef. 2:15), está relacionada con la
persona de Cristo; y como novia de Cristo (Jn.
3:29) está relacionada con el amor. La Epístola
[de Pablo] a los Efesios nos dice que para
permanecer en la vida de la iglesia necesitamos
ser fortalecidos en nuestro hombre interior
para que Cristo haga Su hogar en nuestros
corazones, a fin de que, arraigados y
cimentados en amor, podamos conocer el
amor de Cristo que sobrepasa a todo
entendimiento, para que seamos llenos hasta
la medida de todas las riquezas de Dios (Ef.
3:16-19); y el objetivo de lo anterior es la vida
de la iglesia a fin de que la gracia sea con todos
los que aman al Señor Jesús (Ef. 6:24). Esta
epístola dirigida a los efesios [en Apocalipsis
2], revela que la degradación de la iglesia
comienza cuando dejamos nuestro primer
amor hacia el Señor. Lo único que nos puede
mantener en una relación apropiada con el
Señor es nuestro amor por El. La iglesia en
Efeso tenía buenas obras, trabajaba para el
Señor, soportaba los sufrimientos y ponía a
prueba a los falsos apóstoles, pero dejó su
primer amor hacia el Señor. Dejar el primer
amor fue la raíz de toda la degradación que
hubo en las siguientes etapas de la iglesia.

Nosotros los que estamos hoy en las iglesias


locales debemos estar conscientes de que
podemos perder nuestro primer amor por el
Señor. Es posible que hagamos obras y
trabajemos para el Señor y tal vez seamos
puros doctrinalmente y rectos espiritualmente,
y aun así no tener el primer amor por el Señor.
Es probable que en los años venideros no
amemos al Señor tanto como ahora. Debemos
estar alerta en cuanto a esto. Es mejor perder
algo de nuestras obras que perder nuestro
amor por el Señor. Nuestro amor por El debe
ser nuestro primer amor. Todos debemos
decir: “Señor, te amo. No amo lo que hago por
Ti, ni aprecio mi labor. Señor te amo a Ti. Si
laborar por Ti estorba mi amor por Ti, cesaré
de hacer obras”. No permita que nada le separe
del amor del Señor. Debemos cuidar el primer
amor y constantemente amar al Señor.

Nunca olvidaré un párrafo corto que alguien


escribió con respecto a John Nelson Darby.
Dicho párrafo revela que cuando Darby era
muy viejo, mientras viajaba, una noche se
hospedó en un hotel. Cuando estaba
preparándose para acostarse, oró de una
manera simple: “Señor Jesús, te sigo amando”.
Es admirable que un santo de edad avanzada
diga esto. John Nelson Darby empezó a amar
al Señor desde su juventud. Después de más de
sesenta años, seguía amándolo. Todos
debemos decirle diariamente al Señor: “Señor
Jesús, te sigo amando. Tal vez yo cambie en
todo lo demás, pero nunca dejaré de amarte.
Quiero que mi amor por ti crezca siempre”. Leí
ese párrafo sobre Darby hace más de veinte
años, y no puedo describir la ayuda que me ha
sido todo este tiempo.

Debemos decir constantemente: “Señor Jesús,


te sigo amando”. Una vez que dejamos nuestro
primer amor, nuestra degradación ha
comenzado. Tal vez sigamos siendo los mismos
en todo lo demás, en nuestras obras y
actividades, pero nos hemos degradado porque
hemos dejado nuestro primer amor. Con el
tiempo, la iglesia en Efeso llegó a tener más
obras y menos amor. Hoy nosotros debemos
decir que deseamos más amor y menos obras.
Cualquier cosa que hagamos, debemos hacerla
por amor al Señor. El amor debe ser lo que nos
motive a hacer obras para el Señor. Si el amor
al Señor nos impide hacer cierta cosa, entonces
no debemos hacerla. Debemos actuar así; de lo
contrario no vamos a ser preservados en Su
presencia.

IV. EL RESULTADO DE
LA DEGRADACION DE LA IGLESIA
En el versículo 5 vemos las consecuencias de la
degradación de la iglesia: “Recuerda, por
tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz
las primeras obras; pues si no, vendré pronto a
ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te
has arrepentido”. El resultado de la
degradación de la iglesia es que ella pierde su
testimonio. Perder el testimonio simplemente
significa que el candelero es quitado. Si
perdemos nuestro primer amor hacia el Señor
y no nos arrepentimos, perderemos el
testimonio del Señor y nos será quitado el
candelero. Hace años el testimonio que tenían
los Hermanos resplandecía, pero ése no es el
caso hoy. No hay duda de que el candelero ha
sido quitado de la mayoría de las asambleas de
los Hermanos. Cuando usted entra en una de
sus asambleas, no ve ningún brillo allí. No hay
luz ni testimonio. Debemos tener cuidado y
estar alerta constantemente para evitar que
esto nos suceda. No piense que por el hecho de
ser las iglesias locales, los candeleros y el
testimonio de Jesús, no podemos perder
nuestro testimonio. El día que perdamos
nuestro primer amor hacia el Señor, será el día
que perderemos el testimonio. En ese día el
candelero será quitado.

V. LO QUE EL ESPIRITU DICE


La primera parte de 2:7 dice: “El que tiene
oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias”.
Al comienzo de cada una de las siete epístolas
que constan en los capítulos dos y tres, quien
habla es el Señor (2:1, 8, 12, 18; 3:1, 7, 14); pero
al final es el Espíritu el que habla a las iglesias
(2:7, 11, 17, 29; 3:6, 13, 22). Esto demuestra
una vez más que el Cristo que habla es el
Espíritu. Cualquier cosa que Cristo diga
equivale a lo que dice el Espíritu. Nadie puede
refutar esto. ¿Quién estaba hablando a la
iglesia en Efeso? Cristo, el Hijo del Hombre, el
que tiene los mensajeros en Su diestra y anda
entre las iglesias. Como lo indica el versículo 7,
el que habla al fin y al cabo es el Espíritu. Esto
muestra que Cristo es el Espíritu que habla.
Esto no solamente indica que el Espíritu es el
Señor y que el Señor es el Espíritu; también
recalca que cuando la iglesia está en la
oscuridad de la degradación, el Espíritu es de
vital importancia, como lo indica la mención
del Espíritu siete veces intensificado en 1:4. El
mismo énfasis se ve en 14:13 y 22:17. Es una
insensatez decir que hoy Cristo no es el
Espíritu que nos habla, y no es correcto
separar a Cristo del Espíritu que nos habla. Los
dos son uno solo.

Si el que habla fuera Cristo solo y no fuera el


Espíritu, no podría impartir Sus palabras en
nuestro espíritu, y éstas no serían subjetivas ni
nos afectarían. Pero, testificamos por
experiencia, si abrimos nuestro espíritu al leer
estas epístolas, el Espíritu inmediatamente nos
imparte algo de Cristo al hablarnos. Debido a
que el que nos habla no es el Cristo objetivo,
sino el Espíritu subjetivo, El no solamente
habla en la letra de la Biblia, sino que también
habla a nuestro espíritu. Una vez que oímos Su
hablar, algo indeleble es forjado en nosotros, y
nada lo puede quitar. Nuestro Cristo hoy es el
Espíritu que nos habla. Me regocijo por este
hecho y lo proclamo con confianza.

A. A las iglesias
Por un lado, cada una de las siete epístolas
constituye lo que el Señor dice a cada iglesia en
particular, pero por otro, constituye lo que el
Espíritu dice a todas las iglesias. Cada iglesia
debe prestar atención no sólo a la epístola que
le es dirigida en particular, sino también a
todas las epístolas dirigidas a las demás
iglesias. Esto implica que todas las iglesias,
como testimonio del Señor en el Espíritu,
deberían ser idénticas. Puesto que hoy el
Espíritu habla a las iglesias, debemos estar en
las iglesias a fin de tener la posición correcta
para escuchar lo que el Espíritu dice. De otra
manera, ¿cómo podríamos escuchar?

El Espíritu habla a las iglesias, no a una


religión, ni a una denominación, ni a un grupo
de cristianos sinceros. Es por eso que pocos
cristianos pueden oír lo que el Espíritu dice. El
Espíritu ni siquiera le habla a una sola iglesia,
sino a las iglesias. Aunque algunas “iglesias”
quieren ser únicas, nosotros no debemos ser
una iglesia única y particular. Si lo somos,
perderemos el hablar del Espíritu, porque Sus
palabras están dirigidas a las iglesias. En
ninguna parte de las siete epístolas el Espíritu
habla a una iglesia particular. Todas las
iglesias deben ser comunes, no exclusivas. En
los últimos años, he oído a muchos decir que
cada iglesia debe distinguirse de las demás.
Los que afirman esto dicen que cada iglesia
debe tener su característica local. Aunque este
concepto puede parecer atractivo, de hecho es
repulsivo. Si ustedes hacen de la iglesia en su
localidad algo único, se están separando de las
demás iglesias. Si ustedes hacen esto, no
podrán participar de lo que el Espíritu dice.
¿Qué es mejor, ser único o ser común? Aunque
usted diga que es mejor ser común, en realidad
a todos les gusta ser únicos. En lo más
recóndito usted desea que la iglesia de su
localidad sea única. Pero en las iglesias locales
no traten de ser únicos. Todos debemos ser
comunes y corrientes, porque el Espíritu habla
a las iglesias, no a una iglesia en particular.
Cuando estamos en la iglesia y entre las
iglesias, tenemos la perspectiva y la posición
correctas para oír lo que dice el Espíritu.

B. Se requiere un oído agudo


para poder oír
En las cosas espirituales, la vista depende del
oído. El escritor de este libro primero oyó la
voz (1:10) y luego recibió la visión (1:12). Si
nuestros oídos están cerrados y no oyen, no
podemos ver (Is. 6:9-10). Los judíos no
atendían la palabra del Señor, y por eso no
podían ver lo que el Señor estaba haciendo
(Mt. 13:15; He. 28:27). El Señor siempre
quiere abrir nuestros oídos para que oigamos
Su voz (Job 33:14-16; Is. 50:4-5; Ex. 21:6) a fin
de que veamos las cosas de acuerdo con Su
economía. Los oídos pesados tienen que ser
circuncidados (Jer. 6:10; Hch. 7:51). Los oídos
de los pecadores necesitan ser limpiados con la
sangre redentora y ungidos con el Espíritu (Lv.
14:14, 17, 28). Para servir al Señor como
sacerdotes también necesitamos que nuestros
oídos sean limpiados con la sangre redentora
(Ex. 29:20; Lv. 8:23-24). En este libro a
medida que el Espíritu habla a las iglesias,
todos nosotros debemos abrir los oídos,
circuncidarlos, lavarlos y ungirlos para oír lo
que dice el Espíritu.
Aunque nuestra perspectiva y posición sea
correcta, puede ser que no tengamos el oído
apropiado para oír. El capítulo uno subraya el
asunto de ver, y los capítulos dos y tres
recalcan el oír. Necesitamos tanto oír como
ver. ¿Cuál de nuestros sentidos es más
importante, ver u oír? Supongamos que usted
puede elegir entre oír y ver, ¿cuál elegiría? Tal
vez digamos que ver es más importante que
oír, pero oír es más profundo que ver. Por
consiguiente, tenemos que decirle al Señor:
“Señor, necesito tanto oír como ver. Ten
misericordia de mí, Señor, y concédeme que
mis oídos oigan y mis ojos vean”. Quizá
tengamos que luchar con el Señor para pedirle
que nos haga oír y ver.

Oír es más íntimo que ver. Nuestros amigos


más cercanos nos hablan íntimamente. Si
usted pierde la facultad de oír, no puede
disfrutar de dicha intimidad. En el capítulo
uno Juan vio; en los capítulos dos y tres, él
oyó. Necesitamos ver la vida de iglesia y
necesitamos oír el contenido íntimo de la vida
de iglesia. Ver la iglesia es un cosa, pero oír lo
que contiene la vida de iglesia íntimamente, es
otra. Aunque muchos de nosotros hemos visto
la iglesia, pocos hemos oído el contenido
íntimo de la vida de la iglesia. Por
consiguiente, necesitamos un oído que oiga.
“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a
las iglesias”.
VI. LA PROMESA A LOS
VENCEDORES:
COMER DEL ARBOL DE LA VIDA
Ahora llegamos a la promesa hecha a los
vencedores: “Al que venza, le daré a comer del
árbol de la vida, el cual está en el Paraíso de
Dios” (v. 7). En las siete epístolas, vencer se
refiere a vencer la situación degradada de las
iglesias. En esta epístola en particular, vencer
se refiere a recobrar nuestro primer amor
hacia el Señor y aborrecer las obras de los
nicolaítas, la jerarquía, la cual el Señor
aborrece.

En Apocalipsis 2:7 el Señor dijo que al que


venciera le daría a comer del árbol de la vida.
La religión siempre enseña, pero el Señor da
de comer (Jn. 6:35). El apóstol Pablo hacía lo
mismo; alimentaba a los creyentes (1 Co. 3:2).
Para tener una vida adecuada de iglesia y para
recobrar la vida de iglesia, es decir, para crecer
como es debido en la vida cristiana, lo que
necesitamos no es simplemente comprender
con la mente las enseñanzas, sino comer al
Señor como nuestro pan de vida en nuestro
espíritu (Jn. 6:57). Incluso las palabras de las
Escrituras no deben ser consideradas sólo
como doctrinas que educan nuestra mente,
sino como alimento que nutre nuestro espíritu
(Mt. 4:4; He. 5:12-14). En esta epístola el
Señor promete darle a comer del árbol de la
vida al que venza. Esto se remonta a Génesis
2:8-9, 16, donde Dios da un mandato al
hombre en cuanto al asunto de comer. En la
epístola dirigida a la iglesia en Pérgamo, el
Señor les promete a los vencedores que
comerían “del maná escondido” (2:17), como
los hijos de Israel comieron el maná en el
desierto (Ex. 16:14-16, 31). Y en la epístola a la
iglesia en Laodicea, el Señor promete cenar
con el que le abra la puerta (3:20). Aquí cenar
no se refiere simplemente a comer algo, sino a
comer de la abundancia de un banquete. Esto
tal vez se refiera a los hijos de Israel cuando
comían del rico producto de la buena tierra de
Canaán (Jos. 5:10-12), lo cual indica que el
Señor desea que Su pueblo vuelva a comer del
alimento que Dios había provisto, el cual es
tipificado por el árbol de la vida, el maná, y el
producto de la buena tierra, que son tipos de
los varios aspectos de Cristo como alimento
para nosotros. La degradación de la iglesia
hace que el pueblo de Dios deje de comer a
Cristo como su alimento y recurra a las
enseñanzas doctrinales para adquirir
conocimiento. En la degradación de la iglesia
se encuentran las enseñanzas de Balaam
(2:14), la enseñanza de los Nicolaítas (2:15), la
enseñanza de Jezabel (2:20), y la enseñanza de
las profundidades de Satanás (2:24). Ahora en
estas epístolas el Señor desea que de nuevo
comamos de El como nuestra provisión
nutritiva. Debemos comerle no solamente
como el árbol de la vida y el maná escondido,
sino también como un banquete lleno de Sus
riquezas.

En el griego la palabra que aquí se traduce


árbol, como en 1 Pedro 2:24, significa madero;
no es la palabra que normalmente se traduce
árbol. En la Biblia el árbol de la vida siempre
representa a Cristo como corporificación de
todas las riquezas de Dios (Col. 2:9) para
nuestro alimento (Gn. 2:9; 3:22, 24; Ap. 22:2,
14, 19). Aquí representa al Cristo crucificado
(implícito en el árbol como madero, 1 P. 2:24)
y resucitado (implícito en la vida de
Dios zoe, Jn. 11:25), quien ahora está en la
iglesia, la consumación de la cual será la Nueva
Jerusalén, donde el Cristo crucificado y
resucitado será el árbol de la vida para los
redimidos de Dios, a fin de que se alimenten
de él por la eternidad (22:2, 14).

La intención original de Dios era que el


hombre comiera del árbol de la vida (Gn. 2:9,
16). A causa de la caída, el camino al árbol de
la vida le fue cerrado al hombre (Gn. 3:22-24).
Mediante la redención efectuada por Cristo, el
camino por el cual el hombre puede llegar al
árbol de la vida, que es Dios mismo en Cristo
como vida para el hombre, fue abierto de
nuevo (He. 10:19-20). Pero en la degradación
de la iglesia, la religión se infiltró con su
conocimiento para impedir que los creyentes
comieran a Cristo, el árbol de la vida. Así que,
el Señor les prometió a los vencedores que
como recompensa les daría a comer de Sí
mismo, el árbol de la vida, en el Paraíso de
Dios. Esto les motiva a abandonar la religión y
su conocimiento y a disfrutarle nuevamente.
Esta promesa del Señor restaura la iglesia a la
intención original de Dios conforme a Su
economía. Lo que el Señor quiere que hagan
los vencedores es lo que toda la iglesia debería
hacer en la economía de Dios. Por causa de la
degradación de la iglesia, el Señor llamó a los
vencedores para reemplazar a la iglesia en el
cumplimiento de la economía de Dios

Comer del árbol de la vida no sólo constituía la


intención original de Dios en cuanto al
hombre, sino que también será el resultado
eterno de la obra redentora de Dios. Todos los
redimidos de Dios disfrutarán del árbol de la
vida, el cual es Cristo con todas las riquezas
divinas como la porción eterna de los
redimidos, por la eternidad (22:2, 14, 19).
Debido a la distracción causada por la religión
y a la degradación de la iglesia, el Señor en Su
sabiduría ofreció a Sus creyentes la
recompensa de disfrutarlo a El en el reino
venidero, con el fin de animarlos a vencer el
conocimiento absorbente de la religión,
impartido en forma de enseñanzas, y a
regresar a disfrutarle a El mismo como
suministro de vida en la vida de la iglesia hoy
en día, a fin de que la economía de Dios sea
cumplida.
A. En el paraíso de Dios
Como ya vimos, a los vencedores que estaban
en la iglesia en Efeso se les prometió que
comerían del árbol de la vida. El árbol de la
vida está en el paraíso de Dios. Si conocemos
bien la Biblia, comprenderemos que el paraíso
que se menciona en 2:7 no es el huerto de
Edén, sino la Nueva Jerusalén venidera. El
Paraíso mencionado en Lucas 23:43 es el lugar
placentero y tranquilo donde están Abraham y
todos los santos que ya murieron (Lc. 16:23-
26). Como dijimos “el paraíso de Dios” que
aparece en este versículo es la Nueva Jerusalén
(3:12; 21:2, 10; 22:1-2, 14, 19) de la cual la
iglesia es un anticipo hoy. Adán estuvo en el
huerto de Edén, y Abraham y los demás santos
que murieron están en el Paraíso. Nosotros
estamos esperando entrar en otro paraíso, el
paraíso de Dios que está en la Nueva
Jerusalén. Mientras esperamos esto, tenemos
una miniatura de la Nueva Jerusalén: la vida
de iglesia. En la iglesia disfrutamos al Señor
Jesús como el árbol de la vida. Ahora en la
iglesia disfrutamos como anticipo al Cristo
crucificado y resucitado, quien es el árbol de la
vida, la provisión nutritiva para nuestro
espíritu. Disfrutar, pues, del anticipo nos
llevará a disfrutar de manera cabal al Cristo
crucificado y resucitado, quien es el árbol de la
vida, nuestro alimento de vida, en la Nueva
Jerusalén por la eternidad. La promesa de
comer del árbol de la vida hecha a los
vencedores que había en Efeso, indica que
ellos comerán a Cristo en la vida de iglesia hoy
y en la Nueva Jerusalén por la eternidad. Esto
lo podemos verificar con nuestra experiencia.

En realidad, “comer del árbol de la vida ... en el


Paraíso de Dios” se refiere a un disfrute
especial de Cristo como nuestro suministro de
vida en la Nueva Jerusalén en el reino
milenario venidero, debido a que ésta es una
recompensa que el Señor prometió a los
vencedores. Disfrutar a Cristo como el árbol de
la vida en la Nueva Jerusalén en el cielo nuevo
y en la tierra nueva será la porción común de
todos los redimidos de Dios, mientras que
disfrutarle de manera especial a El como el
árbol de la vida en la Nueva Jerusalén durante
el reino milenario venidero, es una
recompensa dada solamente a los creyentes
vencedores. Si vencemos todas las
distracciones en la iglesia degradada y
disfrutamos a Cristo como el árbol de la vida
en la iglesia hoy día, recibiremos esta
recompensa. De otro modo, perderemos este
disfrute especial del reino venidero, aunque de
todos modos disfrutaremos a Cristo como el
árbol de la vida en la Nueva Jerusalén en el
cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad.
Las promesas del Señor con respecto a la
recompensa, y Sus predicciones con respecto a
la pérdida, expresadas al final de cada una de
las siete epístolas, se refieren a lo que El hará
con Sus creyentes durante el reino milenario
venidero. No tienen ninguna relación con el
destino eterno de los creyentes, a saber, la
salvación eterna o la perdición eterna.

B. Volvamos al principio
Este asunto de comer del árbol de la vida nos
regresa al principio (Gn. 2:9, 16) debido a que
al comienzo estaba el árbol de la vida. El árbol
de la vida siempre nos vuelve al principio
cuando sólo estaba Dios. No había obras ni
labores ni sufrimiento ni ninguna otra cosa,
salvo Dios mismo. En la vida de la iglesia
debemos volvernos al comienzo, a disfrutar a
Dios como el árbol de la vida, olvidándonos de
todo lo demás.

C. Disfrutamos a Cristo
como el suministro de vida
Cuando regresamos al principio, al árbol de la
vida, disfrutamos a Cristo como el suministro
de vida. Comer del árbol de la vida, es decir,
disfrutar a Cristo como el suministro de vida,
debe ser lo primordial en la vida de la iglesia.
El contenido de la vida de la iglesia depende de
cuánto disfrutemos a Cristo. Cuanto más le
disfrutemos, más rico será el contenido. Para
disfrutar a Cristo es menester que El sea
nuestro primer amor. Si dejamos nuestro
primer amor hacia el Señor, perderemos el
disfrute y el testimonio de Jesús, y en
consecuencia, nuestro candelero nos será
quitado. Amar al Señor, disfrutarle y ser Su
testimonio van juntos.

Si deseamos regresar al principio, debemos


olvidarnos de todo y simplemente disfrutar a
Cristo como el suministro de vida. Es por eso
que debemos amarle sobre todas las cosas,
sobre las obras que hacemos para El, y sobre
todo lo que poseemos. Si sencillamente le
amamos, volveremos al principio, donde sólo
nos interesa Dios mismo como nuestro
suministro de vida en el árbol de la vida. Esta
es la manera apropiada de mantener la vida de
la iglesia y de ser guardados en la vida de
iglesia. En la iglesia tenemos el amor más
grande, el árbol de la vida como nuestro
suministro de vida y el candelero con su luz
brillante. ¡Que maravilloso! Cuanto más
amamos al Señor, más derecho tenemos de
comerlo y disfrutarlo como el árbol de la vida.
Entonces, como resultado, la luz de Su
testimonio brillará en todo su esplendor.

ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE ONCE
LA IGLESIA EN ESMIRNA:
LA VIDA DE RESURRECCION
Y LA CORONA DE LA VIDA
El Señor ejerció Su soberanía al escoger a las
iglesias para cumplir Su propósito. El escogió
siete ciudades en Asia Menor: Efeso, Esmirna,
Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea.
De acuerdo con el griego el nombre de cada
ciudad tiene mucho significado, y concuerda
exactamente con su significado espiritual.
Como ya dijimos, Efeso significa deseable, lo
cual indica que la iglesia en Efeso era preciosa
para el Señor y deseable a Sus ojos. En griego
Esmirna significa mirra. La mirra es una
especia aromática dulce y representa el
sufrimiento. En la tipología, representa el
fragante sufrimiento de Cristo. Por
consiguiente, la iglesia en Esmirna era una
iglesia sufrida, una prefigura de la iglesia que
sufriría bajo la persecución del Imperio
Romano a finales del siglo primero y hasta la
primera parte del siglo cuarto. La iglesia
perseguida sufrió en la fragancia de Cristo. En
otras palabras, esta iglesia estaba en la
tribulación de Cristo y en la comunión de Sus
padecimientos. La iglesia en Esmirna sufrió
como Cristo y llegó a ser la continuación de
Sus padecimientos. En Colosenses 1:24 Pablo
dijo que él completaba “lo que falta de las
aflicciones de Cristo por Su cuerpo, que es la
iglesia”. Pablo completaba los sufrimientos de
Cristo. Aunque nadie puede continuar la obra
redentora de Cristo, Sus sufrimientos tienen
que ser completados por todos Sus seguidores,
tanto individual como colectivamente. En la
iglesia en Esmirna vemos la continuación
colectiva de los sufrimientos de Cristo. Debido
a que esta iglesia era la continuación de los
sufrimientos de Jesús, verdaderamente
constituía el testimonio de Jesús.

I. EL QUE HABLA
A. El Primero y el Ultimo
Consideremos ahora al que habla a la iglesia en
Esmirna. En el versículo 8 el Señor dice: “Y
escribe al mensajero de la iglesia en Esmirna:
El Primero y el Ultimo, el que estuvo muerto y
revivió”. El Señor le dijo a esta iglesia sufrida
que El era el Primero y el Ultimo. Esto
significa que no importa cuán grandes fueran
los sufrimientos por los que El pasó, esos
sufrimientos no pudieron terminarlo ni
dañarlo. El fue el Primero y también el Ultimo.
Al sufrir la iglesia, debe saber que el Señor es
el Primero y el Ultimo, que es eterno e
inmutable. Cualquiera que sea la
circunstancia, El permanece inmutable. Nada
puede ser primero que El, ni nada puede
existir después de El. Todas las cosas están
dentro del límite de Su control.

Cuando el Señor le dijo a la iglesia en Esmirna


que El era el Primero y el Ultimo, indicaba con
ello que la iglesia tiene que ser victoriosa. La
iglesia no debe detenerse ante ningún tipo de
sufrimiento. Debe pasar por todos los
sufrimientos y llegar al final, porque el Señor,
quien es la vida y la Cabeza de la iglesia, es el
Primero y el Ultimo.

B. El que estuvo muerto y revivió


En este versículo el Señor también dijo que El
“estuvo muerto y revivió”. Revivir significa
resucitar. El Señor sufrió la muerte y volvió a
vivir. El pasó por la muerte, pero ésta no pudo
retenerlo (Hch. 2:24) porque El es la
resurrección (Jn. 11:25). La iglesia sufrida
también necesita conocerlo a El como
resurrección para poder pasar por todo tipo de
sufrimiento. No importa cuán severa sea la
persecución, la iglesia continuará viviendo,
porque la vida de resurrección de Cristo dentro
de ella puede soportar la muerte. Cuando
mucho el sufrimiento o la persecución sólo
pueden matarnos. Después de la muerte que
experimentamos por la persecución, viene la
resurrección. De manera que es como si el
Señor dijese a la iglesia sufrida: “Debes
comprender que Yo fui perseguido hasta la
muerte. Pero la muerte no fue el fin, fue la
entrada a la resurrección. Cuando entré en la
muerte, llegué al umbral de la resurrección. No
tengas temor de la persecución, ni de la
posibilidad de ser muerto. Debes recibir la
muerte y estar contento, porque una vez que
hayas pasado por la muerte también tú estarás
a las puertas de la resurrección. Recuerda, que
Yo soy el que estuve muerto y reviví ”. Sólo
necesitamos al Señor. Lo que El es
corresponde exactamente a nuestras
necesidades. Para la iglesia sufrida, el Señor no
es solamente el Primero y el principio sino
también el Ultimo y el fin. Cuando usted esté
pasando por persecución, debe alzar la cabeza
y declarar: “Aleluya, voy hacia el fin, hacia el
final. Estoy entrando en la resurrección”.

II. EL SUFRIMIENTO DE LA
IGLESIA
A. La tribulación
En el versículo 9 el Señor le dice a la iglesia en
Esmirna: “Yo conozco tu tribulación”. El contenido
de esta epístola está lleno de tribulación,
sufrimiento y persecución. Para la iglesia la
tribulación es una prueba de la vida. Sólo la
tribulación puede manifestar la medida en que la
iglesia ha experimentado y disfrutado la vida de
resurrección de Cristo. Además, la tribulación trae
las riquezas de la vida de resurrección de Cristo. El
propósito del Señor al permitir que la iglesia sufra
tribulación, no es solamente atestiguar que Su vida
de resurrección vence la muerte, sino también
capacitar a la iglesia para que entre en las riquezas
de Su vida. Por consiguiente, la tribulación es muy
valiosa para la iglesia.

B. Su pobreza (aunque es rica)


El Señor dijo: “Yo conozco tú tribulación, y
pobreza (pero tú eres rico)”. El Señor valoró a la
iglesia sufrida. La iglesia sufrida era pobre en
bienes materiales, pero rica el Señor y en las
riquezas de Su vida. Por consiguiente, el Señor
parece estar diciendo: “Aunque estás sufriendo
tribulación y pobreza, eres rica. Eres pobre en lo
material, pero rica en lo espiritual. Eres pobre en lo
terrenal, pero rica en lo celestial”. Las
persecuciones son el medio que nos conduce a las
riquezas de Cristo. Cuanto más perseguidos somos
y más pobreza sufrimos, más ricos somos en Cristo.

C. Calumnias de los judíos


incrédulos,
la sinagoga de Satanás
En el versículo 9 el Señor también dice que El
conoce “las calumnias de los que se dicen ser
judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás”. De
acuerdo con esta epístola, la persecución viene de
la religión, de los judíos incrédulos, que son
sinagoga de Satanás. Las calumnias de los
judaizantes era la crítica maliciosa contra la iglesia
sufrida. Los judaizantes eran judíos en la carne,
pero no en el espíritu (Ro. 2:28-29). Simplemente
ser del linaje carnal de Abraham no los constituye
verdaderos judíos. “No los que son hijos según la
carne son los hijos de Dios” (Ro. 9:7-8). Por
consiguiente, el Señor dijo que ellos “se dicen ser
judíos, y no lo son”. Estos judaizantes
obstinadamente insistían en preservar su sistema
judío, que constaba del sacerdocio Levítico, los
sacrificios y el templo físico, todos los cuales eran
tipos que Cristo cumplió y reemplazó. Puesto que
la iglesia bajo el nuevo pacto en la economía de
Dios no participaba en las prácticas religiosas, los
judaizantes la calumniaban. En principio, el caso es
el mismo hoy, los religiosos calumnian a las
iglesias del recobro del Señor, las cuales buscan al
Señor y le siguen en espíritu y en vida y no les
interesa ningún sistema ni ninguna práctica
religiosa.

El Señor dice que los que se dicen ser judíos, y no


lo son, son “sinagoga de Satanás”. Esta expresión
es un calificativo terrible. La sinagoga era el lugar
donde los judíos adoraban a Dios principalmente
estudiando sus escrituras, o sea, el Antiguo
Testamento. Sin embargo, a causa de su necedad al
aferrarse a sus conceptos religiosos y tradicionales,
vinieron a ser uno con Satanás en la oposición al
camino de vida de Dios, mediante el cual Dios
cumple Su propósito. Bajo la manipulación y las
estratagemas de Satanás, pues él estaba detrás de
las sinagogas en aquel tiempo, éstas perseguían al
Señor Jesús (Mt. 12:9-14; Lc. 4:28-29; Jn. 9:22), a
los apóstoles (Hch. 6:9; 13:43, 45, 46, 50; 14:1-2,
19; 17:1, 5-6) y a las iglesias (Ap. 3:9). Fue por eso
que el Señor las llamó “sinagoga de Satanás”.
Incluso cuando estuvo en la tierra, El consideró que
las sinagogas eran de Satanás, como queda
implícito en Mateo 12:25-29 y Juan 8:44. Los que
asistían a la sinagoga aparentemente adoraban a
Dios, pero en realidad se estaban oponiendo a El.
Aunque ellos perseguían y mataban a los
verdaderos adoradores de Dios, consideraban que
ofrecían un servicio a Dios (Jn. 16:2). Cuando el
Señor estaba en la tierra, los judíos no podían darle
muerte directamente, porque en aquel tiempo ellos
no tenían el derecho de matar al Señor Jesús
apedreándolo. Entonces utilizaron al gobierno
romano para sentenciarlo y crucificarlo. Del mismo
modo, las sinagogas judías incitaron al gobierno
romano a perseguir a la iglesia sufrida. Desde
entonces, y a través de los siglos, los religiosos han
seguido esos mismos pasos, persiguiendo a los que
genuinamente buscan y siguen al Señor en espíritu
y en vida, pensando que están defendiendo los
intereses de Dios. La religión siempre utiliza la
política para destruir la iglesia. La religión no tiene
poder para causar daño físico a los que aman al
Señor, pero usan la política y al gobierno para
destruir la iglesia. El catolicismo romano, el
protestantismo y el judaísmo caen en esta categoría,
pues se han convertido en una organización de
Satanás, un instrumento suyo para estorbar la
economía de Dios.

D. Encarcelados por el diablo


En el versículo 10 el Señor nos dice: “No temas
lo que vas a padecer. He aquí, el diablo va a
echar a algunos de vosotros en la cárcel, para
que seáis probados”. El versículo 9 menciona a
Satanás y el 10 al diablo. En el griego Satanás
significa adversario. El no es solamente el
enemigo de Dios que opera desde afuera, sino
también el adversario que se opone desde
adentro. La palabra
griega diabolos, traducida diablo, significa
acusador, calumniador (12:9-10). El diablo,
quien es Satanás, el adversario de Dios, nos
acusa ante Dios y nos calumnia ante el
hombre. La persecución que la iglesia sufrió,
comenzó en la sinagoga, la reunión religiosa de
los judíos, y fue instigada por Satanás, el
adversario. Fue consumada por el gobierno
romano usado por el diablo, el calumniador,
para encarcelar a los santos. El
encarcelamiento de la iglesia sufrida fue la
obra conjunta de la política diabólica y la
religión satánica.

E. Una tribulación intensa pero


breve
En el versículo 10 el Señor también les dice
que ellos tendrán tribulación diez días. El
número diez significa plenitud; por ejemplo,
los Diez Mandamientos expresan plenamente
las exigencias de Dios, y los diezmos de las
ofrendas, lo cual muestra que diez partes
constituyen una ofrenda completa. Diez días
en la Biblia representan un período completo,
aunque breve (Gn. 24:55; Jer. 42:7; Dn. 1:12-
13). Por tanto, significa que la aflicción de la
iglesia sufriente fue completa, aunque de corta
duración. Aunque la persecución nos parezca
larga, a los ojos de Dios es corta. No dura mil
días, ni cien, solamente diez. ¡Alabado sea el
Señor! Este sufrimiento es un sufrimiento
temporal.
Como señal, estos diez días denotan
proféticamente los diez períodos de
persecución que la iglesia sufrió a manos de los
emperadores romanos, desde César Nerón en
la segunda mitad del siglo primero hasta
Constantino el Grande en la primera parte del
siglo cuarto. Pese a que fueron muy severas las
persecuciones instigadas por el diablo,
Satanás, a través de los césares romanos,
quienes hicieron todo lo posible por destruir y
eliminar a la iglesia, no pudieron subyugarla ni
darle fin. La historia demuestra que la iglesia
del Cristo viviente, quien murió y vivió de
nuevo, resistió las persecuciones
victoriosamente y se multiplicó grandemente
mediante la indestructible vida de
resurrección.

III. LA VIDA DE RESURRECCION


PUEDE PERSEVERAR HASTA LA
MUERTE
En el versículo 10 el Señor nos dice: “Sé fiel
hasta la muerte, y Yo te daré la corona de la
vida”. En esta epístola se nos indica que la vida
de resurrección está en la iglesia. Cuando el
Señor reveló lo que El es, en el versículo 8,
diciendo que estuvo muerto y revivió, daba a
entender que Su vida de resurrección está en la
iglesia. Es como si el Señor dijese: “Yo soy la
resurrección y vivo en ti. No hay razón ni
excusa para fracasar, puesto que tienes la vida
de resurrección. No debes ser derrotado por la
persecución. Al contrario, debes sufrir la
persecución victoriosamente por medio de Mi
vida de resurrección”. Mediante la vida de
resurrección, la iglesia puede pasar por la
tribulación e ir hasta la muerte. La iglesia
siempre está calificada para ser una mártir
maravillosa, victoriosa y gloriosa. Todos
nosotros estamos calificados para ser mártires
victoriosos porque tenemos la vida de
resurrección.

IV. LO QUE EL ESPIRITU DICE


Aun lo que el Señor dice en la epístola a la
iglesia sufrida es lo que el Espíritu dice a todas
las iglesias. Esto indica que todas las iglesias
pueden experimentar el mismo sufrimiento.
En realidad, en todas las iglesias ha habido
algunos santos que han pasado por la misma
clase de persecución. Todos ellos han tenido
que escuchar lo que el Espíritu dice a esta
iglesia sufrida. Mediante el hablar constante
del Espíritu, la palabra del Señor en esta
epístola se ha extendido a todos los santos que
han sufrido persecución por la causa del Señor
a través de las generaciones.

V. LA PROMESA A LOS
VENCEDORES
A. La corona de la vida
En el versículo 10 se promete al que venza que
recibirá la corona de la vida. Al final la vida
llegará a ser una corona, y será la gloria de los
mártires victoriosos. Según el Nuevo
Testamento, una corona siempre denota un
premio dado además de la salvación (3:11; Jac.
1:12; 2 Ti. 4:8; 1 P. 5:4; 1 Co. 9:25). La corona
de la vida es un premio concedido a los que
son fieles hasta la muerte al vencer la
persecución, y denota la fuerza vencedora que
es el poder de la vida de resurrección (Fil.
3:10); también denota que estos vencedores
han obtenido la superresurrección de entre los
muertos (Fil. 3:11), la resurrección
sobresaliente.

B. No sufren daño de la segunda


muerte
En el versículo 11 el Señor dice: “El que venza no
sufrirá daño de la segunda muerte”. Vencer en esta
epístola se refiere a vencer la persecución siendo
fiel hasta la muerte. La promesa hecha a los
vencedores en esta epístola tiene dos aspectos: por
un lado, reciben la corona de la vida, y por otro, no
sufrirán daño de la segunda muerte.

El versículo 11 ha sido un gran problema para los


expositores del libro de Apocalipsis. El hombre
debe morir una sola vez (He. 9:27) puesto que cayó
y el pecado entró en él. Sin embargo, esta primera
muerte no es la sentencia final. Todos los muertos,
excepto los que mediante la fe en el Señor Jesús
han sido inscritos en el libro de la vida, serán
resucitados y pasarán por el juicio del gran trono
blanco al final del milenio, es decir, en la
conclusión del primer cielo y la primera tierra.
Como resultado de este juicio, todos ellos serán
echados en el lago de fuego, lo cual es la segunda
muerte, la sentencia final (Ap. 20:11-15). La
segunda muerte es el juicio que Dios trae sobre el
hombre después de la muerte y la resurrección de
éste. Puesto que los vencedores habrán vencido la
muerte por haber sido fieles hasta la muerte bajo la
persecución y no requerirán ser juzgados por Dios
después de resucitar, recibirán la corona de la vida
y nunca más los tocará la muerte; es decir, no
sufrirán el daño de la segunda muerte.

Casi todos los maestros cristianos se ven en


aprietos al llegar a este versículo, pues piensan que
después de que los creyentes hayan resucitado no
se dictará más sentencia sobre ellos. Permítanme
preguntarles: si usted muere hoy, ¿podría decir que
no tiene nada que el Señor no deba juzgar?
Probablemente no puede afirmar tal cosa. Esto
quiere decir que si usted muere hoy, todavía le
queda algo pendiente con el Señor. Esto no
significa que usted no sea salvo. Pero de todos
modos, este juicio adicional no será algo positivo;
sin duda será negativo. Todo lo negativo proviene
de la muerte. Por consiguiente, si usted tiene que
ser juzgado, significa que todavía sigue siendo
afectado por la muerte. Esto no quiere decir que
usted perecerá, pero sí indica que ha de sufrir algo.
Tenemos que prestar atención a la palabra del
Señor. Si vencemos la persecución, recibiremos la
corona de la vida y no sufriremos el daño de la
segunda muerte.

Todos debemos ser vencedores. Si usted no es un


vencedor en esta era, sufrirá el daño de la segunda
muerte en la próxima edad. Es difícil determinar
claramente qué significa sufrir daño de la segunda
muerte. Pero una cosa es cierta: si usted no vence la
persecución, sufrirá daño. Repito que esto no
significa que usted perecerá. No, todo aquel que es
salvo, lo es por la eternidad. Juan 10:28 y 29
muestra que ninguno de los salvos perecerá. Sin
embargo, después de la resurrección, tenemos que
sufrir alguna clase de castigo de parte del Señor.
No se apegue a la tradición teológica que enseña
que después de la resurrección todo va a estar bien.
Después de que los incrédulos resuciten, Dios los
juzgará en cuanto a su destino eterno. Según esto,
después de que nosotros resucitemos, el Señor
tendrá que disciplinarnos en cierta medida. Todo
depende de la manera en que vivamos y andemos
hoy. Si vivimos y andamos como vencedores,
venceremos la muerte y nada quedará pendiente
ante el Señor.

Debemos aceptar la palabra clara del Señor. No


reciba la enseñanza que afirma que si usted fracasa
después de haber sido salvo, estará perdido otra vez
y perecerá. Esto no es cierto. En el otro extremo,
tenemos la enseñanza que asevera que después de
que uno es salvo, ya no tiene problemas con el
Señor. Sin embargo, una persona que ha sido
eternamente salva, puede todavía necesitar ser
juzgada por el Señor. Este es el evangelio
completo. El evangelio completo es el Nuevo
Testamento en su totalidad, no solamente Juan
3:16. Aquí en Apocalipsis 2:11 hay una porción del
evangelio completo, la cual afirma que debemos
vencer toda persecución. Si usted no vence, no
recibirá la corona de la vida, sino que sufrirá daño
de la segunda muerte. Si vence la persecución y la
tribulación mediante la vida de resurrección que
está en usted, recibirá la corona de vida y no sufrirá
el daño de la segunda muerte. Esta es la clara
promesa que el Señor hace en Su palabra, y todos
debemos recibirla. Debemos aceptarla sea que la
entendamos o no. Si usted cree Juan 3:16, entonces
debe creer Apocalipsis 2:11. Ambos pasajes son la
palabra del Señor. Repito que éste es el evangelio
completo.

Este asunto ha estado velado por largo tiempo, y


pocos cristianos se atreven a mencionarlo. Como
hasta ahora no lo han podido entender, entonces
dejan este asunto a un lado. Pero el Señor nunca
hace a un lado Su palabra. El llevará a cabo todo lo
que ha dicho. Sepan, pues, que debemos vencer la
tribulación, los sufrimientos y la persecución para
recibir la corona de la vida y no sufrir el daño de la
segunda muerte. Si vencemos en esta área, no
quedará nada que el Señor tenga que juzgar en el
futuro.
ESTUDIO-VIDA DE
APOCALIPSIS
MENSAJE DOCE
LA IGLESIA EN PERGAMO:
DEBE COMER
PARA SER TRANSFORMADA
En este mensaje llegamos a la tercera iglesia, la
iglesia en Pérgamo (2:12-17). Como ya dijimos, el
nombre de cada una de las siete ciudades es muy
significativo. Pérgamo en el griego significa
“matrimonio”, lo cual implica “unión” y “torre
fortificada”. La iglesia en Pérgamo prefigura a la
iglesia que estableció una unión matrimonial con el
mundo y llegó a ser una torre alta y fortificada,
equivalente al gran árbol profetizado por el Señor
en la parábola de la semilla de mostaza (Mt. 13:31-
32). Cuando Satanás fracasó en su intento de
destruir a la iglesia por medio de la persecución del
Imperio Romano en los primeros tres siglos,
cambió de estrategia. Esta vez procuró corromperla
mediante la aceptación del cristianismo como
religión estatal por parte de Constantino, lo cual
aconteció en la primera parte del siglo cuatro. Bajo
el auspicio y la influencia política de Constantino,
multitudes de incrédulos fueron bautizados en “la
iglesia”, y ésta vino a ser enormemente grande.
Dado que la iglesia es una casta novia desposada
con Cristo, a los ojos de Dios su unión con el
mundo se considera fornicación espiritual.
I. EL QUE HABLA:
EL QUE TIENE LA ESPADA AGUDA
DE DOS FILOS
El versículo 12 dice: “El que tiene la espada aguda
de dos filos dice esto”. En esta epístola, el Señor es
el Espíritu que nos habla, declarando que El tiene la
espada aguda de dos filos. La iglesia mundana
merece recibir el juicio que el Señor trae con Su
palabra penetrante.

II. LA UNION DE LA IGLESIA


CON EL MUNDO
En la epístola a la primera iglesia, Efeso, el Señor
le aconseja que se arrepienta y vuelva a su primer
amor. Creemos que esta iglesia obedeció el consejo
del Señor, puesto que la segunda iglesia, la iglesia
en Esmirna, verdaderamente amó al Señor y
padeció persecución, y vino a ser la iglesia sufrida.
Según la historia, durante los primeros tres siglos,
la iglesia sufrió mucho debido a que el gobierno
romano hizo lo posible por destruirla. Con el
tiempo el enemigo, Satanás, comprendió que la
persecución no producía mucho resultado. De
manera que cambió sutilmente su estrategia: en vez
de perseguir a la iglesia, la aceptó. En la primera
parte del siglo cuarto, Constantino el Grande
acogió el cristianismo y lo hizo la religión estatal.
De ahí en adelante, el cristianismo se convirtió en
cierto tipo de iglesia del estado romano. Esta
aceptación de la iglesia por parte del Imperio
Romano la arruinó, ya que la volvió mundana.
Todos sabemos que la iglesia es llamada a salir del
mundo y a apartarse para Dios. Sin embargo, al ser
recibida por el Imperio Romano, regresó al mundo,
y a los ojos de Dios, estableció una unión
matrimonial con el mundo. Dios considera este tipo
de unión como fornicación espiritual.

La iglesia perdió su pureza y se hizo mundana por


causa de esta unión matrimonial. Debido a esta
unión muchas cosas mundanas se infiltraron en la
iglesia. Las cosas mundanas siempre están
relacionadas con la adoración de ídolos, pues la
mundanalidad siempre está asociada con la
idolatría. La iglesia en Pérgamo primero se hizo
mundana y luego idólatra. Satanás la saturó del
mundo y de ídolos. Como resultado, la iglesia se
convirtió en algo completamente diferente de lo
que Dios había planeado. Dios desea que la iglesia
esté fuera del mundo y no tenga relación alguna
con éste. La iglesia tiene que ser un candelero de
oro, la expresión pura del Dios Triuno, y no debe
tener ningún compañerismo con el mundo. Pero
después que el Imperio Romano convirtió la iglesia
en una religión mundana, ella se hizo
absolutamente impura, mundana e idólatra.

A. Donde mora Satanás


En el versículo 13 el Señor le dice a la iglesia en
Pérgamo: “Yo conozco dónde moras, donde está el
trono de Satanás”. La morada de Satanás es el
mundo. Desde que la iglesia entró en unión con el
mundo, se hizo mundana, y ahora habita donde
mora Satanás, en el mundo.

B. Donde está el trono de Satanás


La iglesia en Pérgamo mora donde está el trono de
Satanás. Esto también se refiere al mundo. El
mundo no es solamente la morada de Satanás, sino
también la esfera donde éste rige. Ahora la iglesia
no solamente está unida con el mundo, sino
también con Satanás. ¡Esto es terrible! El
cristianismo mundano de hoy continúa en unión
con el mundo y sigue siendo saturado de las ideas,
los conceptos, las teorías e incluso las prácticas de
Satanás. Tenemos que ver cuán serio es esto.

El enemigo, Satanás, es insidioso. Su favor es más


peligroso que su persecución. Primeramente
Satanás suscita la persecución, y si esto falla,
cambia su táctica y se pone de nuestro lado. Hemos
visto suceder esto en el pasado. Primeramente la
religión nos persiguió, y luego cambió de
estrategia, y trató de que nos uniéramos con ella.
Esta es la obra engañosa de Satanás. Si caemos en
la trampa, con el tiempo nos volveremos mundanos
y no solamente estaremos en unión con Satanás,
sino que seremos uno con él. El Señor ha incluido
las siete epístolas en el libro de Apocalipsis para
que veamos la verdadera condición del cristianismo
y también para que vemos lo que la iglesia debe ser
y la posición que debe asumir. La iglesia debe ser
un candelero de oro puro y permanecer fuera del
mundo. No debe tener relación alguna con el
mundo y no debe ceder ni un solo centímetro a la
saturación maligna y sutil de Satanás. La iglesia
debe oponerse constantemente a esto.

Los dos significados de la palabra Pérgamo, unión


matrimonial y torre fortificada, corresponden a los
significados de dos de las parábolas de Mateo 13, la
parábola del árbol grande (Mt. 13:31-32) y la
parábola de la levadura (Mt. 13:33). En la primera
parábola, una pequeña semilla de mostaza llegó a
ser un árbol grande. Indudablemente esto
representa el cristianismo desproporcionadamente
grande, el cristianismo se ha hecho un árbol grande.
En la parábola de la levadura, leemos de una mujer
que escondió levadura en tres medidas de harina
fina. La levadura representa todo lo pecaminoso,
mundano, maligno, satánico, demoníaco y
diabólico. Todas estas cosas malignas fueron
añadidas a la harina fina. En la Biblia, la harina fina
usada como ofrenda a Jehová representa a Cristo
como alimento para el pueblo de Dios. El árbol
grande equivale a la torre alta, y la mujer con la
levadura equivale a la iglesia apóstata que se unió
con el mundo. Debemos entender claramente el
significado bíblico de este asunto. A los ojos de
Dios la cristiandad es una gran ramera, una mujer
maligna que mezcló cosas mundanas, demoníacas,
satánicas y diabólicas con las cosas de Cristo
produciendo así una mezcla infernal.
Irrevocablemente debemos abandonar este gran
árbol, escapar de esta torre alta, salirnos de este
sistema maligno y apartarnos para Dios, regresando
a Su intención original, que la iglesia sea un
candelero de oro puro sin ninguna relación con el
mundo, la idolatría, ni la saturación de Satanás. No
estamos donde mora Satanás, donde Satanás se
sienta en su trono. No, en la iglesia no hay lugar
para Satanás. Aquí no hay terreno en el cual
Satanás pueda obrar.

En las primeras tres epístolas vemos tres iglesias: la


iglesia deseable, la iglesia perseguida y la iglesia
mundana. Nosotros ciertamente deseamos ser la
iglesia deseable y la iglesia perseguida, pero
debemos rehusarnos a ser la iglesia mundana.
Debemos rechazar todo lo que sea mundano.
¡Tenga cuidado! Después que el enemigo lo ha
perseguido, su estrategia puede cambiar. En vez de
persecución, quizá haya apoyo. No considere este
apoyo como algo bueno. Al contrario, debe temer
más al recibimiento que a la ponzoña de un
escorpión. Nos viene bien sufrir persecución,
oposición y ataques. Pero cuando la gente nos
extienda una calurosa bienvenida, es cuando
estamos en más peligro. Cuando usted sea atacado
y perseguido, no se desaliente, porque ésa es una
clara señal de que va por buen camino, y que no ha
dejado de seguir los pasos del Señor. Pero esté
alerta frente a las calurosas bienvenidas. Es mejor
sufrir persecución que recibir una calurosa
bienvenida. La epístola a la iglesia en Pérgamo nos
enseña que no debemos unirnos con el mundo en
ningún aspecto. No debemos tener relación alguna
ni trato alguno con el mundo. Durante los últimos
cincuenta años, se nos ha extendido una calurosa
bienvenida, pero gracias a Dios la hemos
rechazado. Como resultado, a través de los años
hemos sido preservados por la persecución que
hemos experimentado. Nunca hemos tenido buena
fama, porque Satanás no permitirá que la tengamos,
a menos que nos unamos con él. Esa es la razón por
la cual en el recobro del Señor estamos
constantemente en una batalla siendo atacados
continuamente. Estamos constantemente en estado
de guerra. El recobro del Señor no realiza una obra
cristiana común. No, este testimonio es una guerra.

III. EL TESTIMONIO DE ANTIPAS


Este testimonio estaba en Antipas. En el
versículo 13 el Señor dice: “Yo conozco dónde
moras, donde está el trono de Satanás; pero
retienes Mi nombre, y no has negado Mi fe, ni
aun en los días de Antipas Mi testigo, Mi siervo
fiel, que fue muerto entre vosotros, donde
mora Satanás”. En el griego Antipas significa
“en contra de todo”. Antipas, un testigo fiel del
Señor, estuvo en contra de todo lo que la
iglesia mundana había traído y practicado. Por
lo tanto, llegó a ser un mártir del Señor. En el
griego la palabra mártir también significa
testigo. Antipas, como un testigo en contra de
la degradación, sostuvo un testimonio en
contra de todo lo que se desviara del
testimonio de Jesús. Ha de haber sido
mediante su testimonio en contra de la
degradación que en sus días la iglesia en
Pérgamo retuvo el nombre del Señor y no negó
la fe cristiana apropiada. Antipas tomó la
iniciativa de luchar contra la iglesia mundana,
constituyendo así un ejemplo para que
nosotros luchemos hoy contra la iglesia
mundana. Antipas se opuso a todo lo que la
iglesia era, tenía y hacía.

A. Retiene el nombre del Señor


En el versículo 13 el Señor dice: “Retienes Mi
nombre”. El nombre del Señor denota Su
persona; la persona es la realidad del nombre.
La iglesia en Pérgamo retenía fielmente el
nombre del Señor, la realidad de Su persona.
La tendencia a desviarse que tiene la iglesia
mundana es la inclinación a no retener la
realidad de la persona del Señor. En el recobro
del Señor debemos pelear contra eso, para que
la iglesia retenga fielmente el nombre del
Señor, la realidad de Su persona, por la
eternidad.

B. No niega la fe del Señor


El Señor también dijo: “No has negado Mi fe”.
La fe del Señor denota todo lo que debemos
creer de Su persona y obra. No se refiere a la fe
subjetiva que hay en nosotros, sino a la fe
objetiva, aquello en lo que creemos. La iglesia
comenzó a abandonar el nombre del Señor y a
negar la fe cristiana apropiada por unirse con
el mundo.
C. Fiel hasta la muerte
Antipas fue fiel hasta la muerte en su
testimonio en contra de la degradación. Y fue
por ese testimonio en contra de la
mundanalidad de la iglesia, que él fue muerto
y vino a ser un mártir. Para testificar contra la
iglesia mundana necesitamos un espíritu de
mártir. Nosotros debemos ser fieles hasta la
muerte al testimonio del Señor contra la
mundanalidad de la iglesia.

Hemos visto que Antipas fue un testigo en


contra de todo. Nosotros hoy, en el recobro del
Señor también somos un testimonio en contra
de la degradación. Desde que el cristianismo
protestante llegó a China en 1830, ha sido
mundano, con algunas excepciones. Desde
1922 el Señor estableció el testimonio de las
iglesias locales. Este testimonio hizo una obra
excelente para el recobro del Señor. Aunque
muchos cristianos se oponían al recobro, de
todos modos fueron afectados positivamente y,
como resultado, cambiaron en muchas cosas.
No siguieron el camino del recobro del Señor,
pero sí fueron influidos, y adoptaron muchas
de nuestras enseñanzas. Si usted pregunta a
los misioneros que estuvieron en China entre
los años de 1922 y 1936, ellos le dirán que el
recobro del Señor ejerció una gran influencia
en el cristianismo. Yo nací y fui criado en el
cristianismo, pero nunca oí la palabra
comunión. Debido a la influencia del recobro
del Señor, casi todas las denominaciones
comenzaron a usar esta palabra. Al principio,
en sus anuncios ellos usaban la expresión
“tiempo de adoración”. Pero debido a nuestra
influencia empezaron a usar la expresión
“tiempo de reunión”. Hay una gran diferencia
entre “tiempo de adoración” y “tiempo de
reunión”. Por causa de la influencia del
recobro del Señor, durante los últimos
cuarenta años, el cristianismo del Lejano
Oriente se ha hecho más ortodoxo y ha
regresado a la Biblia. Hasta usan nuestros
libros como base en muchas de sus sesiones de
enseñanza y en sus predicaciones. Sin
embargo, algunos de ellos no se atreven a decir
que han aprendido de nosotros. Aceptan las
enseñanzas pero se oponen al recobro del
Señor y critican nuestro testimonio. Sin
embargo, el Señor ha ganado algo. Se me ha
dicho que en Taipéi las personas ajenas al
recobro siempre compran grandes cantidades
de libros en nuestra librería.

Cierto misionero estaba dando un informe


sobre Taiwán. Cuando le preguntaron sobre
nuestra obra en la isla, dijo que excepto por
una mosca en la leche, era una buena obra.
¿Saben ustedes cuál era “la mosca”? El terreno
de la iglesia. En la opinión de este misionero,
si abandonáramos el terreno de la iglesia,
nuestra leche sería purificada. Pero él no
comprende que abandonar el terreno de la
iglesia significaría abandonar nuestra vida.
Hace tres años, durante un visita a Taipéi,
conocí a un cristiano de la clase alta. El dijo
que un predicador le había dicho que no podía
entender por qué siempre hay tanta luz nueva
en las iglesias. La razón es que el Espíritu
habla a las iglesias. La luz no está en la calle ni
en el atrio; está en el Lugar Santo, o sea, en la
iglesia. Esta es la razón por la cual siempre
tenemos algo fresco del Señor.

Nosotros respaldamos a todos los cristianos.


Hace trece años tuve una conversación con
algunos hermanos en Los Angeles acerca del
espíritu humano, la vida práctica de la iglesia,
y la mezcla del Espíritu con nuestro espíritu.
Les dije: “Hermanos, esperen un tiempo y
verán que los de afuera comenzarán a usar
estos términos”. Esto es exactamente lo que ha
pasado. Algunas de las cosas que hemos estado
predicando y enseñando han sido adoptadas
por otros. Por un lado, se oponen a nosotros, y
por otro, usan nuestro material secretamente.
Conozco cierto predicador que abiertamente se
opone a mí, y aún así, enseña usando el
libro La economía de Dios.

Durante mi visita a Tyler, Texas, di una serie


de mensajes sobre la transformación. Una de
las personas que asistieron a las reuniones
tomó notas de cada uno de los mensajes, era
un predicador notable en Sudamérica. Al final
de las conferencias él pidió permiso para usar
algunos escritos de nuestra revista The
Stream. Yo le dije que estaba bien. Después de
algunos meses cuando regresé a Tyler, me
saludó un hermano y me mostró un libro
diciendo: “He aquí un libro de Witness Lee”.
Cuando miré al libro, no vi el nombre Witness
Lee, sino el nombre del predicador que había
estado en nuestras conferencias y había
tomado notas de todos los mensajes. El había
ido a otro lugar y había dado los mensajes y los
había publicado en forma de libro, bajo su
nombre. ¿Qué podemos decir al respecto?
Siempre que el pueblo del Señor reciba ayuda,
no nos preocupamos por estas cosas. Sin
embargo, no estamos aquí para brindar ese
tipo de ayuda; nuestra misión es expresar el
testimonio de Jesús. Nosotros debemos ser los
Antipas de hoy.

IV. LA ENSEÑANZA DE BALAAM


En el versículo 14 el Señor nos dice: “Pero tengo
unas pocas cosas contra ti: que tienes ahí a algunos
que retienen la enseñanza de Balaam, que enseñaba
a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a
comer de cosas sacrificadas a los ídolos, y a
cometer fornicación”. En estas epístolas, el Señor
desea, según Su economía, que nosotros le
comamos a El como el árbol de la vida (2:7), el
maná escondido (2:17), y el rico producto de la
buena tierra (3:20). Pero la iglesia mundana se
apartó de la vida y se volvió a simples enseñanzas;
por consiguiente, los creyentes dejaron de disfrutar
a Cristo como la provisión de vida necesaria para el
cumplimiento del propósito de Dios. Cuando
disfrutamos a Cristo edificamos la iglesia, pero si
nos quedamos en simples enseñanzas, producimos
una religión.

Este versículo menciona “la enseñanza de Balaam”.


Balaam era un profeta gentil que hizo tropezar al
pueblo de Dios. Por un salario (2 P. 2:15; Jud. 11),
él incitó al pueblo de Dios a cometer fornicación e
idolatría (Nm. 25:1-3; 31:16). En la iglesia
mundana algunos comenzaron a enseñar estas
cosas. Esta misma enseñanza prevalece hoy tanto
en el protestantismo como en el catolicismo. La
idolatría siempre trae fornicación (Nm. 35:1-3;
Hch. 15:29). Cuando la iglesia mundana hizo a un
lado el nombre, la persona, del Señor, se entregó a
la idolatría, la cual trajo fornicación.

En la cristiandad muchos de los predicadores


asalariados no enseñan al pueblo a tomar a Cristo
como su provisión de vida, sino que enseñan
sutilmente al pueblo a comer de lo sacrificado a los
ídolos, es decir, a recibir cosas malignas, diabólicas
y demoníacas. Estas enseñanzas hacen que el
pueblo se desvíe de la persona de Cristo, y sea
conducido a la fornicación espiritual. Cristo debe
ser el único esposo de la iglesia, el único novio de
todos los santos. Pero hay muchas y diversas
enseñanzas en la cristiandad de hoy que conducen
al pueblo a asimilar cosas demoníacas y a
relacionarse con lo que no es Cristo. Esto, sin lugar
a dudas, es comer de lo sacrificado a los ídolos y
cometer fornicación.

¿Qué significa negar el nombre del Señor y la fe en


el Señor? Como ya vimos, la fe aquí no denota la fe
subjetiva, la facultad de creer, sino la fe objetiva,
aquello en lo que creemos. La fe del Señor incluye
lo que El hizo por nosotros en Su obra redentora,
Su muerte y resurrección y todo aquello en que
debemos creer para ser salvos. Estas cosas
constituyen nuestra fe. El nombre denota la persona
del Señor. No debemos negar el nombre ni la fe del
Señor. Tenemos que estar siempre asidos a Su
nombre y creer en El.

Cuando yo era joven, fui bautizado en una iglesia


presbiteriana china donde habían algunos Balaams.
Cierto domingo por la mañana, uno de ellos dio una
conferencia sobre reglas de higiene, donde nos
habló específicamente de la manera de matar
moscas. Más adelante, alguien propuso que
pusieran cierto objeto en el edificio de reunión y
todos los miembros de la congregación se
inclinaran ante él. Cuando algunos de nosotros nos
opusimos a esto, aquel Balaam dijo: “Si Jesucristo
se levantara del sepulcro y me dijera que no me
inclinara ante este objeto, lo haría de todas
maneras”. Con esta simple observación dejó ver
que él no creía en la resurrección del Señor Jesús.
Esto es un ejemplo de negar la persona del Señor, y
de negar nuestra fe en El. Si usted lee la historia y
estudia el cristianismo de hoy, descubrirá muchas
cosas similares a ésta. En muchas de las que se
denominan iglesias prevalece el modernismo. Los
modernistas no creen que Jesucristo sea Dios, que
haya nacido de una virgen ni que haya muerto en la
cruz para redimirnos. Ellos solamente creen que El
fue sacrificado como mártir; no creen que
Jesucristo resucitó. Las enseñanzas de Balaam
siempre hacen que la gente entre en unión con las
cosas mundanas. Esto es comer de lo sacrificado a
los ídolos y cometer fornicación espiritual.

V. LA ENSEÑANZA DE LOS
NICOLAITAS
En el versículo 15 el Señor dice: “Tienes a los que
retienen la enseñanza de los nicolaítas”. La iglesia
degradada y mundana tiene no solamente la
enseñanza de Balaam, sino también la enseñanza de
los nicolaítas. La enseñanza de Balaam distrae a los
creyentes de la persona de Cristo y los conduce a la
idolatría, y de disfrutar a Cristo llevándolos a la
fornicación espiritual; mientras que la enseñanza de
los nicolaítas destruye la función de los creyentes
como miembros del Cuerpo de Cristo, y de esta
manera anula Su expresión en el Cuerpo de Cristo.
La primera enseñanza hace caso omiso de la
Cabeza, y la segunda destruye al Cuerpo. Esta es la
obra sutil del enemigo, la cual vemos en todas las
enseñanzas religiosas.

En la iglesia en Efeso solamente estaban las obras


de los nicolaítas (2:6), mientras que en la iglesia en
Pérgamo sus obras ya se habían convertido en una
enseñanza. Primeramente, ellos practicaron la
jerarquía en la iglesia primitiva; luego
la enseñaban en la iglesia degradada. En la
actualidad tanto en el catolicismo como en el
protestantismo prevalece la jerarquía nicolaíta,
tanto en la práctica como en la enseñanza. El Señor
aborrece la jerarquía nicolaíta porque ésta mata la
función de los miembros del Cuerpo y crea una
organización, no un organismo. Considere la
situación del cristianismo actual: no es un
organismo, sino una sólida organización. Esta
jerarquía es maligna y satánica, y el Señor la
aborrece. Al coordinar el servicio de la iglesia,
tenemos que tener cuidado de no establecer una
organización. Si deseamos tener la vida de iglesia
apropiada, debemos desarrollar la función de todos
los miembros animándolos a funcionar de acuerdo
a la vida en una manera viviente para que el Cuerpo
sea edificado como un organismo. Esta visión debe
gobernar la vida de la iglesia, y nunca debemos de
apartarnos de ella. Sin embargo, si somos
negligentes, aunque sea un poco, no edificaremos
el organismo sino una organización. Estén siempre
alerta en contra de la formación de cualquier
organización. Tenemos que estar conscientes de
que somos un organismo, para que todos los
miembros del cuerpo tengan la oportunidad de
funcionar.

VI. EL SEÑOR VIENE Y COMBATE


En el versículo 16 el Señor dice: “Por tanto,
arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y
combatiré contra ellos con la espada de Mi boca”.
Aquí el Señor dice que vendrá pronto y con la
espada de Su boca peleará contra los que están en
la iglesia mundana. Esto no se refiere a la segunda
venida del Señor, sino que viene a combatir, con la
palabra que sale de Su boca y que mata, contra los
maestros nicolaítas de la iglesia degradada. La
iglesia mundana representada por la iglesia en
Pérgamo, llegó a ser la Iglesia Católica Romana,
representada a su vez por la iglesia en Tiatira, y la
mundanalidad y maldad que trajo la iglesia
degradada continuará en la Iglesia Católica
Romana hasta que el Señor regrese y ejecute Su
juicio en plenitud.

VII. LO QUE EL ESPIRITU DICE


La iglesia mundana y degradada tiene una gran
necesidad de las palabras del Espíritu. Tiene la
Biblia como letra muerta, y carece del hablar del
Espíritu. El simple conocimiento de la Biblia sin el
Espíritu no puede suministrar lo que se necesita
para el cristianismo amortecido. Su estado de
muerte y degradación tiene que ser juzgado por la
espada aguda que sale de la boca del Señor. La
iglesia mundana necesita la palabra cortante y viva
del Señor Espíritu.

VIII. LA PROMESA AL QUE VENZA


En el versículo 17 el Señor dice: “Al que venza,
daré a comer del maná escondido, y le daré una
piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un
nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel
que lo recibe”. Vencer así significa específicamente
vencer la unión de la iglesia con el mundo, la
enseñanza de la idolatría y la fornicación, y la
enseñanza de la jerarquía.

A. Comer del maná escondido


El Señor promete al que venza que le dará del maná
escondido. La promesa hecha a la primera iglesia
estaba relacionada con comer del árbol de la vida, y
la promesa a esta iglesia con el maná escondido.
Cuanto más mundana se vuelve la iglesia, más
necesita que algunos se opongan, testifiquen y
mantengan una íntima comunión con el Señor.
Estos tendrán el privilegio de disfrutar al Señor
como el maná escondido. El maná es un tipo de
Cristo como el alimento celestial, el cual capacita
al pueblo de Dios para seguir Su camino. Una
porción de ese maná se preservó en una vasija de
oro que fue escondida en el arca (Ex. 16:32-34; He.
9:4). El maná que caía visiblemente lo podía
disfrutar el pueblo de Dios públicamente; el maná
escondido, que representa al Cristo escondido, es
una porción especial reservada para los vencedores
que le buscan, los cuales tienen victoria sobre la
degradación de la iglesia mundana. Mientras la
iglesia sigue el camino del mundo, estos
vencedores se atreven a vivir en la presencia de
Dios, en el Lugar Santísimo, donde disfrutan al
Cristo escondido, quien es la porción especial que
les es dada como provisión diaria. Esta promesa se
cumple hoy en la vida apropiada de iglesia, y se
cumplirá en plenitud en el reino venidero. Si
buscamos al Señor, vencemos la degradación de la
iglesia mundana, y disfrutamos hoy una porción
especial del Señor, entonces El como el maná
escondido, será una recompensa para nosotros en el
reino venidero. Si le perdemos a El como nuestra
porción especial en la vida de la iglesia hoy, no le
podremos disfrutar como recompensa en el reino
venidero.

El maná escondido fue depositado en una urna de


oro. El oro representa la naturaleza divina. Por
consiguiente, depositar el maná escondido en una
vasija de oro significa que el Cristo escondido está
dentro de la naturaleza divina. El maná físico caía
para todo el pueblo de Dios, pero el maná
escondido es dado a los que están en una íntima
relación con Dios, los que han abandonado al
mundo y todo lo que los separaba de Dios. Han
entrado en la intimidad de la presencia de Dios, y
en esa intimidad divina disfrutan el maná que está
escondido en la naturaleza de Dios. Esto es
profundo. No es algo externo; está en lo más
recóndito. Esto es tan profundo que aquellos que
comen del maná escondido están de hecho en la
naturaleza divina disfrutando al Cristo escondido.

¿Cómo podemos comer del maná escondido? Esto


es algo que está totalmente fuera del mundo.
Mientras que la iglesia mundana va cuesta abajo en
su unión con el mundo, nosotros estamos saliendo
de Egipto rumbo al desierto, luego del desierto a la
buena tierra, de la buena tierra al tabernáculo, del
atrio al Lugar Santo, y del Lugar Santo al Lugar
Santísimo. Después de entrar en el Lugar
Santísimo, tenemos que entrar en el arca, tocar la
vasija de oro, y disfrutar a Cristo como el maná que
está escondido dentro de la vasija. Cuanto más
mundana se hace la iglesia, más necesitamos entrar
en el Lugar Santísimo y comer del maná escondido.
El maná está dentro de la urna de oro, la cual está
dentro del arca, y el arca está en el Lugar
Santísimo. Podemos ver cuán escondido está esto.
Si lo disfrutamos, tenemos que habitar en la
profunda intimidad de la presencia de Dios.
Tenemos que estar en Su naturaleza divina donde
no hay nada mundano que nos distraiga y donde
tenemos una íntima comunión con Dios. Aquí
disfrutamos a Cristo como el maná escondido.
Algunos de nosotros hemos experimentado al
Cristo escondido. Hemos dicho: “Señor, no me
interesa el mundo. Solamente me interesas Tú; no
me interesa ninguna amistad ni ninguna relación
humana. Señor, estoy dispuesto a poner fin a las
ataduras. Señor, ahora estoy completamente libre, y
te amo desde lo más profundo de mi ser. Te amo
sin ninguna barrera”. Cuando decimos esto al
Señor, entramos inmediatamente en la urna de oro,
en la intimidad de la naturaleza divina, donde
participamos del Cristo escondido. Debemos comer
a este Cristo.

La promesa de que podemos comer del maná


escondido también es una profecía. En el milenio
algunos vencedores tendrán una porción especial de
Cristo que podrán disfrutar. Esa porción especial
fue prometida como el maná escondido. Sin
embargo, en principio, en la actualidad podemos
disfrutar a Cristo de una manera muy íntima y
secreta. Nosotros disfrutamos a Cristo de una
manera tal, que los que solamente le disfrutan
públicamente no pueden entender.

B. Una piedra blanca


con un nuevo nombre inscrito
El Señor también prometió al que venza, diciendo:
“Le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita
escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce
sino aquel que lo recibe”. Disfrutar a Cristo como
el maná escondido produce transformación. ¿Cómo
podemos decir esto? Porque el Señor después de
referirse al maná escondido, habla de una piedra
blanca. Una piedra en la Biblia representa el
material para el edificio de Dios. El hombre no fue
hecho de piedra sino del polvo (Gn. 2:7). En un
sentido, el hombre no es más que barro, y Romanos
9 revela que el hombre es simplemente un vaso de
barro. Sin embargo, cuando el Señor conoció a
Simón Pedro, inmediatamente le cambió el nombre
por Cefas, que significa “una piedra” (Jn. 1:42). En
Génesis 28 cuando Jacob despertó de su sueño,
tomó la piedra que había usado de almohada y la
llamó casa de Dios. En 1 Corintios 3 Pablo indica
que las piedras preciosas son usadas para la
edificación de la iglesia, y en Apocalipsis 21 vemos
que las piedras preciosas son materiales con los
cuales se edifica la Nueva Jerusalén. Al juntar
todos estos versículos, vemos que una piedra
representa una persona transformada. No podemos
entender un pasaje como 2:17 aisladamente;
tenemos que considerarlo en el contexto de la
Biblia entera. El Señor le promete al que venza,
darle del maná escondido y darle una piedra blanca.
Esto indica que si comemos del maná escondido,
seremos transformados en piedras preciosas.

En nuestro ser natural no somos piedras sino barro.


Podemos ser transformados en piedras preciosas al
disfrutar a Cristo como nuestro suministro de vida,
porque recibimos la vida divina y la naturaleza
divina por medio de la regeneración (2 Co. 3:18).
Si comemos a Jesús como el maná escondido,
seremos transformados en piedras blancas para el
edificio de Dios. Si no seguimos a la iglesia
mundana, sino que disfrutamos al Señor en la vida
apropiada de iglesia, seremos transformados en
piedras con las cuales se edifica el edificio de Dios.
El Señor justificará y aprobará estas piedras, como
lo indica el color blanco, pero rechazará y
condenará a la iglesia mundana. En el libro de
Apocalipsis el color blanco indica aprobación.
Cuando el Señor nos haya transformado en piedras,
entonces nos aprobará. Esto lo alegrará mucho. La
piedra blanca es necesaria para la edificación. El
edificio de Dios, es decir, la iglesia, depende de
nuestra transformación, y ésta, a su vez, es fruto del
deleite que tengamos de Cristo como nuestro
suministro de vida.
El Señor dice que en la piedra habrá “escrito un
nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel
que lo recibe”. El nombre designa a la persona, y
este nuevo nombre denota una persona
transformada. Todo creyente que haya sido
transformado es una “piedra blanca” y tiene “un
nombre nuevo, el cual ninguno conoce, sino el que
lo recibe”. Este nombre nuevo es la interpretación
de la experiencia del que ha sido transformado. Por
consiguiente, solamente él conoce el significado de
ese nombre. Es posible que cierto hermano no sea
más que barro. Sin embargo, ama al Señor, ha
dejado el mundo y se ha librado de todas las
ataduras. Por consiguiente, el Señor le dirá: “Te
daré a comer del maná escondido”. Cuanto más
coma este hermano del maná escondido, más será
transformado en una piedra blanca. A medida que
este hermano coma al Señor Jesús, quien es el
maná escondido, tendrá ciertas experiencias, y el
Señor escribirá en él un nombre nuevo. Este nuevo
nombre es simplemente la nueva designación de lo
que dicho hermano es. De manera que este nuevo
nombre se basa en lo que el hermano es, en
conformidad con sus propias experiencias, y otros
no podrán saber lo que significa este nombre.

Apocalipsis 2:17 es lo que el Señor nos dice. No


reciba estas palabras de manera objetiva, sino como
su propia biografía. Considérela una palabra
dirigida a usted. En un sentido vivimos en la época
de Pérgamo, debido a que la “iglesia” se ha hecho
mundana. Pero por ser testigos en contra de todo
ello, estamos aquí luchando por el recobro del
Señor. Por consiguiente, el Señor nos dirige lo
dicho en el versículo 17, y todos nosotros debemos
entenderlo y decir: “Amén, Señor, gracias por esta
promesa. Puedo comer de Ti como el maná
escondido, y esto me transformará en una piedra
que te agradará, que Tú aprobarás y usarás para
edificar Tu morada. Señor, recibo Tu promesa. A
partir de hoy, te comeré de una manera secreta para
ser transformado en una piedra blanca útil para Tu
edificio”. ¿No es esta una maravillosa promesa del
Señor? Es posible que la iglesia se haya vuelto
mundana, pero el Señor ha prometido que podemos
ser transformados en una piedra blanca con la cual
se puede edificar la morada de Dios.

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