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Quinta palabra “Tengo sed”

Esta es la quinta palabra pronunciada por Jesús: “Tengo sed” ¿Qué quería Jesús en realidad
decir con esto? Es natural pesar que debido a los suplicios por los que había pasado, su
cuerpo ya estaba deshidratado y por ese motivo pide algo de beber; más no podemos limitar
la riqueza de esta palabra solo a su sentido biológico, pues Jesús es aquel quien Pedro dice
“solo tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68).

Jesús es aquel sediento que pide algo de tomar y es a la vez fuente de agua de la que todo
aquel que bebe no vuelve a tener sed. Es Jesús mismo quien hoy día se dirige a cada uno de
nosotros con esas mismas palabras “Tengo sed” ¿ante esta petición de Jesús, que respuesta
le estamos dando?

A Jesús le es ofrecida una bebida. Algunos han visto en esta bebida un anestésico para
calmar el dolor; y otros, una muestra de compasión.

Jesús no se refugió en esta bebida para desahogarse, sino que vive este momento con toda
conciencia unido a su padre en Fe, Esperanza y Caridad.

¿Porque entonces en algunos de nosotros, quienes seguimos los pasos de Jesús,


encontramos conciencias dormidas, a los problemas intrafamiliares, apegados a los vicios, a
la bebida, a la sexualidad desordenada, corazones refugiados en el egoísmo, en la soberbia,
en el chisme y cuantas cosas más. Todo para perder el sentido real que hizo Cristo por
nuestra salvación, al entregar su vida por amor en esa cruz.

Jesús tiene sed de que no sea inútil la redención. Sed de manifestarnos a su Padre. De que
creamos en su amor. Que vivíamos una profunda relación con Él. Porque todo está aquí: en
la relación que tenemos con Dios. Sed que trae el fuego del Espíritu Santo que llene a todos.
Sed de hogares, donde los esposos se quieran de verdad, y sean verdaderos compañeros
que se ayudan a vivir la santidad en esa indisoluble unión. Sed de jóvenes que junto a Él
seamos ejemplo a seguir. Sed de jóvenes que no seamos del montón. Que estemos
dispuestos a ir contracorriente. Jóvenes de oración y de coraje.

Nosotros, los cristianos, necesitamos tener sed de una vida espiritual intensa. En este mundo
de hoy sólo se puede ser cristiano, si se tiene una profunda vida espiritual. Si se está bien
alimentado interiormente, enraizado en Dios, con la Eucaristía. Debemos aprender a amarla,
pues en ella se refleja el gran amor que Dios nos tiene. A veces vamos a fuentes
equivocadas y saciamos la sed de nuestra alma con amigos, bebidas, drogas, comidas,
fiestas; son bebidas de efecto temporal, he allí la razón por la que a veces no tenemos sed
de Dios, nos la pasamos tomando de todo y quedando más secos, pero Jesús dice: “vengan
a mí, los que tengan sed, y serán saciados”.
Jesús no desea que sigamos respondiendo con crueldad, indiferencia o desprecios. Él
también, nos pide que le atendamos en el más pequeño en el consideramos pecador, en el
que muestra productivismo excluyente de la vida cotidiana; en la voz de nuestra iglesia,
tantas veces burlada y maltratada; en los sacramentos que Jesús mismo nos ha regalado, en
nuestro proyecto de mejorar nuestra renovación, pues Jesús quiere que su reino de amor,
justicia y verdad sea, cada vez más, una realidad en nuestro mundo, en nuestras familias,
nuestras comunidades en todo el sentida de la vida.

¿Somos agradecidos? ¿Ya hemos leído y meditado lo que Él hizo por nosotros, que vamos
hacer por amor a Jesús?

La vida sin Dios, sin amor no vale nada. Ama, porque la vida sin amor no vale nada.
Amemos, porque al atardecer de nuestra vida se nos juzgará del amor. Santa María del amor
hermoso, enséñanos sentirnos amados por Dios y ser capaces de alimentar nuestra sed con
amor.

Responsable: Juan Carlos Estepa