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TEMA NO.

APROXIMACIÓN A UN SISTEMA CATEGORIAL PARA LA DIRECCIÓN DEL PROCESO DE FORMACIÓN


LABORAL DE LOS ESCOLARES.

Como es sabido, en la escuela cubana se concede especial importancia al proceso de formación


laboral de los alumnos, considerándose la vinculación del estudio con el trabajo como principio
rector del Sistema Nacional de Educación. En virtud de lo anterior, desde el propio triunfo de la
Revolución se han ido aplicando un conjunto de medidas y desarrollado diversas experiencias
tendientes a dar salida a dicho principio y lograr el cumplimiento, fundamentalmente, de sus fines
educativos, sin desconocer el aporte económico que trae aparejado su aplicación.

La mayoría de los estudios e investigaciones realizados en este campo, especialmente en nuestro


país, han hecho importantes contribuciones tanto desde el punto de vista teórico como
metodológico, las cuales se han dedicado fundamentalmente a destacar la importancia de dicho
proceso, sus raíces históricas, sus bases filosóficas, pedagógicas e higiénicas, aportando diferentes
definiciones, principios, invariantes a tener en cuenta para su organización, métodos, vías y otras
alternativas para su desarrollo, entre otros aspectos. Sin embargo, tanto en ellas como en la
literatura especializada se ha abordado muy poco la naturaleza psicológica de dicho proceso,
considerado como un punto de partida fundamental para poder estructurar, desarrollar y
perfeccionar la dirección del mismo.

La dirección sobre bases científicas de la actividad laboral, y muy especialmente la que realizan los
alumnos, requiere tomar en cuenta un conjunto de categorías que regulan y determinan la
actuación consciente de los participantes durante el trabajo. Por consiguiente, resulta esencial su
estudio y dominio por el personal docente y sobre todo por los profesores de Educación Laboral.
Entre dichas categorías se establecen nexos y relaciones esenciales, en tanto constituyen un
sistema.

CATEGORÍAS FUNDAMENTALES A CONSIDERAR DURANTE LA DIRECCIÓN DEL PROCESO DE


FORMACIÓN LABORAL DE LOS ALUMNOS:

 Importancia del trabajo.


 Necesidad del trabajo.
 Motivo del trabajo.
 Actitud ante el trabajo.
 Fruto del trabajo.
 Valoración del trabajo.
 Estímulos del trabajo.
 Significado del trabajo.

La importancia del trabajo se considera como una categoría esencial y se entiende por aquel
juicio o criterio que expresa de antemano el valor, la utilidad, el aporte de la actividad a realizar, lo
que se espera del mismo. La toma de conciencia de la importancia del trabajo adquiere una
significación especial, por cuanto ésta determina el surgimiento de la necesidad del trabajo, sin la
cual este último se desarrolla por obligación, de manera involuntaria, bajo presiones, etc.

La necesidad del trabajo constituye un estado de carencia en el individuo, la expresión de la


ausencia de algo, que lleva a su activación con vista a satisfacerla mediante el trabajo, en
dependencia de las condiciones de su existencia. La definición anterior nos lleva a realizar una
importante distinción desde el punto de vista psicológico. Por una parte, la necesidad como una
condición interna, como una de las premisas imprescindibles de la actividad humana, que impulsa,
activa y moviliza el accionar del sujeto en función de satisfacerla, experimentado a través de
diferentes deseos y tendencias, los cuales expresan el aspecto dinámico, pero no su contenido.

Cada individuo la estructura en distintos niveles jerárquicos, encontrándose entre las más
importantes las necesidades relacionadas con la actividad laboral, con el conocimiento y la
comunicación. A su vez, cada sujeto estructura sus necesidades de acuerdo con su edad, su grado
de madurez, sus valores morales, etc. Por tanto, lo que para una persona tiene un valor, para otra
adquiere uno diferente.

De acuerdo con la naturaleza de su origen las necesidades del trabajo se clasifican en:

 Necesidades de carácter biológico: para poder alimentarse, abrigarse, etc.


 Necesidades de carácter social: para cumplir su deber con la sociedad, de hacer un aporte
al desarrollo socio - económico del país, el nivel de compromiso con su profesión, etc.
 Necesidades de carácter material: de obtener bienes materiales, tales como: adquirir una
vivienda, un efecto electrodoméstico, etc.
 Necesidades de carácter espiritual: de ser valorado, reconocido, sentirse autorealizado,
obtener la condición de vanguardia, etc.
 Necesidades de carácter económico: cumplir el plan de producción, obtener un salario u
otros beneficios económicos.
Cabe destacar que tal subdivisión tiene un carácter relativo, ya que en la práctica las mismas se
interpenetran y complementan mutuamente, por lo a veces resulta difícil delimitar su verdadero
origen. Así, por ejemplo: un obrero trabaja por un salario, que a su vez emplea en la alimentación
de su familia y en la satisfacción de otras necesidades materiales. Por otra parte desde el punto de
vista jerárquico unas predominan sobre otras y en última instancia, las necesidades de tipo social
determinan las primeras, modelándolas y regulándolas. Por otra parte, el carácter objetal de las
necesidades posibilita explicar además el surgimiento de los motivos de la actividad humana. De
este modo, independientemente de su naturaleza, son los objetos de las necesidades los que
constituyen los motivos de la actividad.

Necesidad y motivo forman una unidad dialéctica, por lo que son dos categorías psicológicas que
se deben ver en su interrelación. Para que el objeto sea reconocido como motivo de la actividad,
es preciso que el mismo satisfaga una determinada necesidad en el sujeto y que este lo interiorice
como tal, desde un primer momento.
El motivo de trabajo se define: como aquel objeto que responde a una u otra necesidad y que,
reflejado bajo una u otra forma por el sujeto, conduce a su actividad. Estos pueden diferenciarse
atendiendo a diferentes criterios:

 Por su contenido, responden a la naturaleza del objeto de la actividad de la


personalidad, entre los cuales se encuentran: los motivos cognoscitivos, laborales,
artísticos, etc.;
 Por su forma de manifestación, motivos pueden presentarse como intereses,
convicciones, aspiraciones, ideales, intenciones, autovaloraciones, etc.;
 Por su nivel de conciencia, los motivos pueden ser conscientes y no conscientes.
En el primer caso, el sujeto percibe lo que provoca su actividad, mientras que los
motivos no conscientes orientan la actividad del sujeto, sin que este se percate de
ello. Esta subdivisión es relativa, ya que en un momento dado un motivo no
consciente se transforma en consciente y viceversa;
 Por su polaridad, pueden ser positivos o negativos. Los primeros provocan una
actuación caracterizada por la atracción o aproximación hacia determinado
objeto, mientras que en los segundos la actuación del sujeto se caracteriza por el
rechazo o evitación del objeto dado;
 Por su estabilidad, pueden ser estables o situacionales. Un motivo estable es aquel
que desempeña su función inductora durante un largo tiempo, mientras que un
motivo situacional tiene una duración más efímera. Dicha estabilidad puede ser
relativa, ya que hay motivos que pueden actuar durante mucho tiempo y
posteriormente atenuarse e incluso hasta desaparecer.
 Por su generalidad o amplitud, pueden clasificarse como motivos generales o
amplios y como motivos particulares o estrechos. Los primeros orientan al sujeto
hacia la realización de actividades diferentes por el contenido de sus acciones y
operaciones, pero que presentan cierto grado de afinidad para el individuo,
mientras los segundos orientan al individuo hacia la ejecución de actividades muy
específicas, en forma sumamente aislada y exclusiva;
 Por su estructura, los motivos pueden diferenciarse, actuando unos como
dominantes o rectores en un momento dado, mientras otros como secundarios o
subordinados. La jerarquización o subordinación de los motivos se expresa en el
nivel de prioridad, que con relativa estabilidad a lo largo de su vida, da el individuo
a determinadas actividades, mientras otras no son tan relevantes para él. No
obstante, dicha estructura jerárquica es relativa, ya que no siempre los motivos se
comportan de forma estable a lo largo del tiempo.;

Los motivos rectores o dominantes condicionan las tendencias orientadoras fundamentales de la


vida del sujeto, variando de una persona a otra. Sobre la base de lo antes abordado, se define el
motivo del trabajo como aquel resorte material y/o espiritual que impulsa y encamina la actividad
del individuo en función de satisfacer una necesidad, un objetivo concreto mediante el trabajo.
La presencia y formación de adecuados motivos para la actividad laboral garantiza que el sujeto la
realice de forma sistemática y placentera. De esta forma el individuo ejecuta el trabajo de modo
consciente, se siente atraído por éste y comprometido con él, llegando a sentir amor por la labor
que realiza. La interiorización de la necesidad del trabajo engendra los motivos que rigen la
actuación del individuo, así como el desarrollo de intereses hacia su actividad fundamental, lo que
determina la actitud que éste muestra durante el trabajo propiciando la ejecución de una labor
consciente, comprometida, entusiasta, abnegada, que busca las vías y los medios para vencer las
dificultades, para dar solución a los problemas que afronta.

La actitud ante el trabajo, es la postura que adopta el individuo ante este, que expresa el grado de
disposición que tiene al emprender y durante la ejecución de la tarea. De acuerdo con su
tendencia, dicha disposición puede ser positiva o negativa y de ella depende los frutos que se
obtiene el individuo.

El fruto del trabajo, es el resultado material apreciable que se obtiene del trabajo, el producto de
este. Toda actividad laboral presupone la ejecución de un conjunto de acciones encaminadas al
logro de un resultado, que en el contexto escolar a su vez se constituye en un factor pedagógico
fundamental que contribuye a despertar en los alumnos el interés hacia el trabajo. Con el dominio
de las habilidades se logra una ejecución más rápida del trabajo y surge en el sujeto, no sólo el
interés por el proceso, sino también por el propio resultado de su trabajo.
El fruto del trabajo puede apreciarse siempre y cuando:
 Desde el primer momento y durante todo el proceso, constituye un objetivo a alcanzar, una
meta y se trabaja en función de lograrlo.
 Se comparan los resultados del trabajo, haciendo énfasis en los logros y lo no logrado.
 Se conoce el aporte económico realizado y su valor monetario.
 Se sabe lo que se ahorra por concepto de utilizar mano de obra no asalariada.
 Se hace énfasis en este aspecto en la emulación.
 Los estímulos del trabajo se corresponden con el volumen y la calidad de lo realizado.
Entre las posibles vías a emplear para que los alumnos aprecien el fruto del trabajo se encuentran
las siguientes: ƒ
 Logrando que los alumnos trabajen de principio a fin en la consecución de una meta
productiva. ƒ
 Comparando sistemáticamente sus propios trabajos, con los realizados por los demás
alumnos. ƒ
 Destacando sistemáticamente los mejores trabajos, la laboriosidad, entre otros aspectos y
actitudes positivas. ƒ
 Estimulando la calidad, la productividad, el sobrecumplimiento del plan de producción,
entre otros. ƒ
 Mostrar en exposiciones permanentes los mejores artículos producidos. En tal sentido, se
recomienda que en el taller docente, en un área determinada de la escuela o de la propia
comunidad se monte una exposición, donde de manera sistemática se muestren tales
trabajos, identificados con los datos personales de los alumnos implicados en su
construcción. ƒ
 Desarrollar concursos de habilidades y/o competencias productivas.
 Entrega de lo producido, por parte de los propios alumnos, a sus beneficiarios directos,
digamos a los niños de un Círculo Infantil, donde estos últimos y los directivos de dicha
entidad den muestra de gratitud y alegría por lo recibido. A tales efectos, se recomienda
organizar actos solemnes en función de garantizar, en toda su magnitud, el componente
emotivo de la actividad, de modo que la producción resulte significativa para los alumnos.
 Divulgando sistemáticamente cifras productivas asociadas con el trabajo de los alumnos.

La valoración del trabajo, aquel juicio que encierra el criterio de evaluación, el efecto, la
estimación que hace el propio individuo y/o aquellos que le rodean de la labor desarrollada por él.
Esta contribuye a formar en cada sujeto juicios de valor acerca de los logros y deficiencias de la
actividad que desplegó en un momento dado, a partir del establecimiento de diversas
comparaciones. Es indiscutible la notable la influencia educativa que ejerce una adecuada
evaluación de los resultados del trabajo de cada alumno y del grupo en su conjunto. La
comparación de los resultados del trabajo realizado por los alumnos tiene grandes implicaciones
pedagógicas, en tanto los obliga a reflexionar en las causas del éxito alcanzado, pudiéndose
escuchar frases muy frecuentes como: “él se esforzó”, “él si aprendió”, “ella pudo hacerlo”, “¡qué
trabajadora es!”, entre otras. Sin embargo, al evaluar adecuadamente un mal trabajo se escuchan
frases como estas: “verdad que no se esforzó”, “no aprendió nada”, “¡qué derrochador es!”, entre
otras. Es aquel juicio que encierra el criterio de evaluación, el efecto, la estimación que hace el
propio individuo y/o aquellos que le rodean de la labor desarrollada por él. Queda demostrado
que para alcanzar el mejor efecto educativo es preciso implicar a los alumnos en la valoración y
debe ser dirigida preferentemente por el jefe de brigada y de manera indirecta por el (la)
profesor(a) a cargo del grupo, de ser preciso. Lamentablemente con mucha frecuencia los
resultados del trabajo no son valorados al finalizar cada actividad y que en otros casos no se hace
una valoración justa, tendiéndose a generalizaciones muy nocivas tales como: “la brigada no
cumplió”, “todos trabajaron bien”, entre otras. Tal tratamiento, hace que los alumnos pierdan el
interés hacia el trabajo y no se esfuercen en lo sucesivo por hacerlo de la mejor forma. Lo anterior
enfatiza la importancia de realizar una adecuada valoración del trabajo y un uso correcto de los
estímulos.

Por consiguiente, resulta esencial que al finalizar cada actividad laboral se valoren los resultados
del trabajo, haciendo énfasis en la importancia de la labor realizada, la calidad del trabajo, el
aporte individual y colectivo, los alumnos más destacados, el destino final de lo producido, entre
otros.

Los estímulos del trabajo, son aquellos recursos materiales y/o espirituales que son utilizados para
recompensar, tanto la actitud desplegada por el sujeto durante la actividad laboral, como los
propios resultados obtenidos de ésta, incitándolo a continuar trabajando del mismo modo o de
forma superior. El estímulo del jefe de brigada o del profesor resulta un componente educativo
esencial, en tanto constituye el complemento indispensable para reforzar y multiplicar las mejores
actitudes. El ejemplo de compañeros y el uso adecuado del estímulo se convierten en un incentivo
importante que incita el deseo de hacer algo por sí mismo, de trabajar mejor y más rápidamente,
de laborar con entusiasmo y dedicación hasta el final, en función del logro de la meta planteada.
Cuando estos utilizan de manera inadecuada y se estimula a alumnos con una poca participación
en el trabajo, o a aquellos que lo realizaron de mala gana sin poner el debido empeño, y lo que es
más nocivo aun cuando se deja de reconocer la labor destacada de algún alumno, se reducen las
posibilidades educativas de la actividad laboral, perjudicando la formación de una adecuada
actitud ante el trabajo.

El significado del trabajo, es aquel indicador que expresa el sentido que tiene la obra realizada,
que se da a partir de la apreciación personal del fruto del trabajo y de la valoración que se hace del
mismo.

Ejercicio final y conclusivo del tema:

 A manera de resumen, ilustra las interrelaciones que se establecen entre las categorías
antes abordadas, a través de un esquema.