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BLOQUEO
Rafael Spregelburd
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BLOQUEO
de Rafael Spregelburd

SOFI

CÉSAR, técnico de grabación

CHARO, cantante cubana

ABEL, guitarrista cubano

MARIBEL, percusionista cubana

PENE, cantante cubano

DOG, músico cubano

MIGUEL, percusionista

DR. SANTIAGO PERALTA FACIOLI, gastroenterólogo

DR. ANDRÉS SIFFREDI, gastroenterólogo

DR. GAEL LUNA, gastroenterólogo

PIZZERO

Los roles de MIGUEL y PIZZERO pueden ser encarnados por el mismo actor.
Los roles de PENE y DR. LUNA pueden ser encarnados por el mismo actor.
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BLOQUEO

El espacio: un estudio de grabación.


Al frente, una mesa semicircular con consola de controles, palancas, botoncitos. Es el
espacio donde trabaja el técnico, César. Y donde se instala Sofi. También adelante, a
la derecha, en la pared, un portero eléctrico que comunica con la calle. Un anafe, una
estufita, cositas propias de un espacio de trabajo.
A la izquierda, una salida, presumiblemente a una cocina.
Justo detrás de esta mesa y consola está el supuesto vidrio enorme que separa la
cabina del estudio donde se instalan los músicos. Naturalmente, el vidrio no existe,
sino un gran marco de madera con el aspecto de las paredes acustizadas que se usan
en tales estudios. En este estudio hay varias sillas, instrumentos musicales, atriles con
partituras, y no mucho más.
La puerta que comunica el estudio con la cabina no está a la vista de nadie. De hecho,
es una de las mayores incógnitas de este pequeño mundo.
Hacia el fondo, las dimensiones del espacio de los músicos se pierden lentamente en
la oscuridad de la distancia.

Las relaciones entre el espacio de atrás y de adelante del vidrio son –como se verá-
desgraciadamente conflictivas. Tiempo y espacio no siempre siguen las coordenadas
más sencillas, y el texto que surge de esta situación es producto de la exploración de
varios desfasajes justificados por el entorno. Súbitos delays, cortes de comunicación,
sonidos en off que no parecen corresponder con la imagen que se ve, atentados de
todo tipo a la estabilidad del tiempo, hacen de este sencillo espacio –diseñado de esta
manera- una verdadera caja de sorpresas.

A tales efectos, es muy importante el uso extrañado que la obra debe dar a los
micrófonos. La “pecera” de grabación se oye siempre amplificada, y a veces esta
amplificación está pregrabada, lo que permite a los actores actuar el desfasaje, como
un doblaje mal ejecutado. También se procesan las voces y se agregan varios efectos
de sonido. Todo lo que ayude a dividir ambos mundos: el de los músicos cubanos,
detrás, con su acento y sus valores, y el de los técnicos argentinos, delante del
supuesto vidrio.
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Sobre esta obra:


La pesadilla de Hegel

Persigo un objetivo formal poco decoroso: una obra que carezca de introducción y
desenlace, y que se pueda percibir como puro nudo.
Creo que BLOQUEO es lo más cerca que he estado de lograrlo.
En este sentido, yo creo que se trata de una obra de danza. Los actores no bailan,
claro, y cuando les explico que me parece que esta es una obra de danza se ríen
abiertamente. Pero creo que hemos terminado por aceptarlo.

Las connotaciones ideológicas de este procedimiento que busca al nudo como alma,
en detrimento de las causas (introducción) y las consecuencias (desenlace) no
tardaron en aparecer. Pero siempre de manera esquiva, amorfa, y evidentemente
parodiando mi propio sentido común. Al comienzo de la génesis de esta escritura a
ciegas, los músicos ni siquiera eran cubanos. Pero las cosas se me fueron
complicando, y para bien. La obra –como es de esperar- no supone ninguna
afirmación categórica en torno a la situación pasada, presente o futura de Cuba. Pero
tampoco la evade. El cruce entre aquellos temas y este procedimiento es –vaya
novedad- accidental. Mi cuestionable confusión, mi errático instinto, mis viajes en
una y otra dirección y mi agridulce, romántica desazón no pueden confundirse con
desinterés, pero tampoco con sensatez o pacatería. Todo lo contrario. Sabemos que la
verdad que surge en el teatro es lúdica, inmediata, amoral y provisoria. Y sabemos
que los temas importantes –y más si vienen impresos en sus programas de mano- no
le quedan bien al teatro, porque suelen debatirse fuera de él con más eficacia y menor
ambigüedad.

Una obra sin introducción ni desenlace, sí. Puede ser.

Pero también hay algo mucho peor que eso, algo más escabroso: una obra sin
dialéctica.

En la dialéctica (como procedimiento de conocimiento del mundo) hay una máquina


que motoriza al pensamiento: la tesis “dialoga” con su antítesis, y en ese
movimiento desenfrenado de opuestos se arriba a una síntesis. A una instancia
superadora de los términos iniciales de la discusión. Después de todo, para eso se
discute. Desde hace tiempo estoy algo obsesionado –sin querer- con una idea más
pesimista, y en esta obra indago en esa obsesión aterradora: una eterna dialéctica que
no conduzca a síntesis alguna, una intermitencia de elementos que –por no poder
arribar a instancia superadora de ningún tipo- al no poder aparecer conjugados, sólo
se alternan en el uso del espacio y de la praxis.

Rehúyo de la nostalgia sensiblera tan común en este caso, pero al mismo tiempo no
dudo en dedicar esta obra –este ínfimo mecanismo diabólico, este diminuto acto de
amor- a todo el pueblo cubano. A su heroísmo. A su orgullo. A su Revolución.

A su persistencia en el tiempo y el espacio. Dos coordenadas muy poco agradecidas.

El autor
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BLOQUEO
de Rafael Spregelburd

Elenco:

SOFI Karina Firbank


CÉSAR, técnico de grabación Ezequiel de Almeida
CHARO, cantante cubana Ximena Banús
ABEL, guitarrista cubano Javier Drolas
MARIBEL, percusionista cubana Gabriela Calcaterra
DOG, músico cubano Rashed Estefenn
MIGUEL, percusionista / PIZZERO Mauricio Morando
PENE, cantante / DR. GAEL LUNA Santiago Gobernori
DR. SANTIAGO PERALTA FACIOLI Lalo Rotavería
DR. ANDRÉS SIFFREDI, gastroenterólogo Hernán Lara

Música original: Javier Drolas


Santiago Gobernori
Diseño de sonido, ambientes: Nicolás Varchausky
Diseño de escenografía y luces: Matías Sendón
Realización escenográfica: Javier Drolas
Juan Cruz García Gutiérrez
Vestuario: Mónica Raiola
Asistente de dirección: Laura Fernández
Asistente segundo: Gabriel Guz
Producción: Corina Cruciani
Prensa: Walter Duche · Alejandro Zárate

Dirección: Rafael Spregelburd

BLOQUEO se estrenó el 9 de agosto en la Sala Carlos Somigliana del Teatro del


Pueblo, Buenos Aires.

Agradecimientos: Francesc Jiménez Llinás, Teresa Jackiw y Teatro del Pueblo, Nara
Mansur, Éter, Luciana Graciosi, Matías Feldman, Edgardo Castro, Gabriel
Spregelburd y Latingráfica.

El rol de CHARO fue ensayado en un principio por María Inés Sancerni. A ella,
nuestro especial agradecimiento.
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1: En general en estos casos

Buenos Aires. Un estudio de grabación. Delante del vidrio, en la cabina, SOFI y


CÉSAR, sentados a una compleja consola llena de cables y botoncitos. Detrás del
vidrio, un grupo de músicos cubanos, con sus instrumentos: ABEL, MIGUEL, DOG,
PENE y MARIBEL.
En la cabina, la situación es absurdamente tensa, sin que sepamos por qué. CÉSAR
tiene el tubo del portero eléctrico en la mano. SOFI lo observa desde el otro extremo.
Silencio en todas partes. SOFI no se atreve a hablar.
CÉSAR: (Por el portero eléctrico.) No, no. Acá no es. ¿Vos tocaste el timbre que dice
“estudio”? Porque éste es el estudio.
SOFI: (Confundida, a CÉSAR.) ¿Éste es… el estudio?
CÉSAR: (Escucha por el portero.) Pero yo no pedí ninguna pizza. (A SOFI.) ¿Vos
pediste pizza?
SOFI: (Demorando un tiempo enorme en responder.) Decile que éste es el estudio.
CÉSAR: (Por el portero.) Nosotros ahora no vamos a comer.
SOFI: No, no, no, porque por ahí él te hace creer que yo llamé. Si no las pediste, por
lo menos, que te haga descuento. ¿Generalmente cuánto cuesta la pizza?
CÉSAR: (Por el portero.) ¿Generalmente cuánto cuesta la pizza? (A SOFI.) Seis.
SOFI: ¿Y ahora?
CÉSAR: (Por el portero.) ¿Y ahora? (A SOFI.) Seis, también.
SOFI: Pero si no las pedimos. Yo no tengo nada que ver con las empanadas.
CÉSAR: No, no son empanadas. Son dos grandes de muzzarella. (Corta.)
SOFI: Ah, entonces sí. Bueno, hacé lo que hacés en general en estos casos.
CÉSAR: (A los cubanos.) Perdón, es un segundo, nomás.
SOFI: ¿Qué es? ¿Algo que yo dije? ¿Algo te molestó y ahora hablás con otro? Yo no
quiero comer ni quiero compromiso. ¿Quién era?
CÉSAR: El repartidor de pizza. Dice que tiene un pedido para acá.
SOFI: Ah, ¿pizzas? Cuando dijiste pizza en lo primero que pensé fue empanadas.
Porque yo empanadas no como ni loca. ¿Bajo yo?
CÉSAR: Y… estoy trabajando.
SOFI: Pero… él no me conoce… Yo no lo conozco… Es un peligro. Además, ¿cómo sé
yo si es él de verdad?
CÉSAR: Y bueno… Va a tener dos cajas de pizza. Dejá que ahora voy yo. (A los
músicos.) ¿Ustedes están listos?
SOFI: Yo creo que hay que hablar con el tipo y pedirle un flor de descuento por las
pizzas del error.
CÉSAR: Sofi, vos no estás bien. A vos te pasa algo.
SOFI: Sí.
CÉSAR: ¿Es por lo de los asesinatos?
SOFI: O sea, sí, fue una matanza.
CÉSAR: Una carnicería.
SOFI: (SOFI no parece reparar especialmente en la actividad dentro de la cabina.)
Y a nadie le gusta ver cómo descuartizan a tres chicas inocentes en su propia casa.
CÉSAR: Pero es un repartidor de pizza. Es inofensivo. Lo que pasó fue horrible, pero
no podés andar sospechando así porque sí del primero que aparece.
SOFI: Es que el primero que aparece es siempre el más fácil de culpar a la ligera.
¿Vos te creés que no prefiero echarle la culpa de todo al tipo de las empanadas? Yo no
voy a desconfiar de Charly.
CÉSAR: Charly es el principal implicado.
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SOFÍ: No, Charly es el primero que apareció entre las chicas descuartizadas.
CESAR: Sí, y con el arma homicida.
SOFI: Sí. Y a mí me revienta que sólo por eso ahora todos tengamos que suponer que
Charly lo hizo. Charly no es de ésos.
CÉSAR: ¿Cómo sabés?
SOFI: Porque salí con él. (Timbre. Va al portero a negociar el precio de las
“empanadas”.) ¿Hola, Empanadas?
CÉSAR: ¿Saliste con él?
SOFI: (sin responderle, sigue hablando por el portero.) Yo voy a bajar, pero antes
nos gustaría hablar del precio, porque acá es el estudio y no se pidió nada. ¿A ver?
¿Qué es? ¿Qué quieren que me coma? ¿Son caseritas? (A CÉSAR.) No, que parece que
traen dos pizzas. (Nuevamente, en el portero.) Pero, ¿de qué está hecha la fainá?
CÉSAR: (A los cubanos, espectadores atónitos de todo cuanto ha venido
sucediendo, les habla por un micrófono.) ¿Ustedes están listos? (A SOFI.) ¿Saliste
con él?
SOFI: (En el portero.) OK. (Corta. A CÉSAR.) Sí, salí con Charly. Pero bueno, no fue
algo planeado, se dio y punto.
PENE: (Primero la mímica, inmediatamente el sonido.) Falta Charo.
SOFI: Yo estaba en shock, imaginate que yo las conocía, a las chicas Padilla. Bueno,
él también. Las conocía, el asesino las conocía. Por eso pudo entrar sin forzar la
puerta. No digo con esto que el asesino fuera Charly, sino más bien todo lo contrario.
CÉSAR: No, me perdí. ¿Cómo es “todo lo contrario”?
SOFI: Y… usá la lógica, César.
ABEL: (Primero la mímica, inmediatamente el sonido.) Estamos listos, nada más
que falta Charo.
CÉSAR: OK. Busquen a Charo.
Los músicos se miran entre sí, incapaces de entender lo que deben hacer, o lo que
CÉSAR pueda haber querido decir.
SOFI: Y tres, ya alguien hará el trabajo que haya que hacer para determinar quién es
culpable, acá tenemos jueces…
CÉSAR: ¿Y uno, y dos?
SOFI: Tenemos un sistema de pericias, etcétera, todo un aceitado mecanismo que
nos precede, a todos, a los inocentes y a los asesinos, así que de pronto me dije: “no es
asunto mío, ni de Charly, hasta que se demuestre lo contrario, que echen a rodar esta
mecanola, que mientras tanto yo también tengo que vivir”, ¿o no?
CÉSAR: Claro, porque vos y Charly…
SOFI: Sí… Bueno, resulta que me acerco a la casa, a ver si puedo ayudar en algo, me
llego hasta la valla policial, no me dejan pasar, ¡lo bien que hacen!, ¿para qué quiero
ver yo tres cuerpos descuartizados y aún calientes?, y ahí lo veo a Charly llorando,
como loco, desconsolado, rodeado por cinco policías bajitos, morruditos, de
provincia, ¿no?, les faltaba el mate, nomás, que no saben qué hacer. Che, ¿no sentís
olor a gas? ¿Vos estás trabajando?
CÉSAR: Sí. Son cinco minutos… ¿Olor a gas?
MARIBEL: (Primero la mímica, inmediatamente el sonido.) Sí, cómo no. Cinco
minuticos.
SOFI: Lo llamo, le chisto. Lo veo tan alicaído. Me dije: ¿Qué le digo? Porque…
imaginate: novios, novios… no somos…
CÉSAR: Ah, ¿no?
SOFI: Y… no. Él me llamó. Yo no le contesté la llamada… Por ahora, la relación es
más o menos eso. ¿Sabés lo que le dije? “Mirá”, le dije, valla mediante, “Charly, están
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los que ven medio vaso lleno y los que ven medio vaso vacío. Acá podemos ver una
muerte horrorosa…”
CÉSAR: Tres muertes.
SOFI: “Pero también podés pensarlo al revés.”
CÉSAR: ¿Cómo al revés?
SOFI: Lo mismo me preguntó él, se ve que es algo muy masculino, muy de una forma
de pensar de los hombres. (Dudando.) Pará, estaba la valla… ¿Y yo qué le dije, ahí?
(Timbre.) Ay, voy a buscar las cosas para comer. ¿Hay servilletas o abro una resma
A4? (Sale. Desde afuera.) Cada vez que se abre una resma es como un mundo entero
que puja por nacer.
CÉSAR: ¿Y, muchachos? ¿Estamos listos?
PENE: (Primero la mímica, inmediatamente el sonido.) Falta Charo.
TODOS LOS MÚSICOS: Charo. Falta.
CÉSAR: Si, eso ya me lo dijeron.
SOFI: (Desde afuera.) Ah, ¿ya te lo dije?
CÉSAR: Pero miren que el tiempo corre, ¿eh?
Los músicos se miran, desorientados. Optan por interpretar que se trata de un
chiste. Se ríen.
PENE: (Primero el sonido, inmediatamente la mímica.) Que el tiempo corre. Ja, ja.
SOFI: (Entrando.) Ah, sí, le dije: “Si alguien murió en esta casa eso quiere decir que
en este lugar hubo vida. Y la vida es un milagro, en términos biológicos pero también
en términos afectivos. ¿Y vos? ¿Qué medio vaso preferís ver vos?”
ABEL: (Acercándose a la cabina.) Mira, hemos pensado que mejor vamos a buscar a
Charo y empezamos. ¿Ustedes están listos? (Timbre.)
CÉSAR: Ahá.
SOFI: Y me invitó a salir. ¿A dónde vamos a ir? ¿A tomar un helado? ¿A Pérsicco? Si
vos estás preso. Presito.
CÉSAR: ¿Pérsicco?
SOFI: Preso. Presito. Por eso vine.
MIGUEL: (Hablando lento, muy claro, como si hubiera una enorme interferencia
sonora.) Que la vamos a traer a Charito.
CÉSAR: ¿Están listos?
ABEL: (También lento.) Nosotros estamos. Charo no está.
PENE: Mira, para que ganemos tiempo: tú nos hablas, pero nosotros no te estamos
escuchando, si es que nos estás hablas.
CÉSAR: ¿Me escuchan? (No hay respuesta.) ¿Me ven?
MIGUEL: ¿Tú nos ves?
CÉSAR: ¿Ahí me escuchan?
TODOS: Ahí te vemos.
CÉSAR: Hay algún tipo de delay.
ABEL: ¿Qué tú piensas que somos, nosotros? ¡Nosotros somos músicos! Ubícate,
amigo.
MARIBEL: Que no vamos a empezar sin Charo, no importa lo que tú digas.
MIGUEL: Ni cómo lo digas. (Pausa.)
PENE: Oye, Abel. ¿Vamos a traer ya a Charo?
ABEL: Claro, hombre. Que vamos a ir empezando con esto.
Los cubanos, menos MARIBEL, van hacia el fondo. El fondo es difuso, un reino de
sombras. Allí se pierden un rato. Buscan la salida.
SOFI: Bajo a buscar las pizzas. Deseame suerte. Yo cada vez que emprendo un
negocio… (Se va.)
César toca unos botones y se escucha, ahora en la cabina y amplificado, a ABEL.
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ABEL (VOZ GRABADA): Estamos listos, pero falta Charo.


Al fondo, CHARO duerme despatarrada sobre unos parlantes. La cargan con
dificultad y la traen para adelante, donde está su micrófono ya preparado. Todo
esto se realiza sin sonido alguno. MARIBEL mira hacia delante con enorme
desazón.
CÉSAR: ¿Y? ¿Bajaste?
SOFI: Ahora te cuento. No te quiero interrumpir.
CÉSAR: Los escucho mal.
SOFI: Lo de las pizzas no sé si va a poder ser.
CÉSAR: ¿Por qué?
SOFI: Mirá, es complicado. Se complicó, allá abajo. Ya está. (Volviendo al tema de
Charly.) Asunto es que, siempre valla mediante, se me ocurre inventar una hipótesis,
así, de la manga, una versión que lo deje a Charly como un supuesto inocente. Encaro
a los dos más conversadores. “Miren, señores policías, ustedes vieron lo difícil que es
encontrar pareja. Ustedes ven a Charly y ven un asesino. Pero, ¿saben quién es un
asesino silencioso? El monóxido de carbono. ¿Y si las mató una estufa?
CÉSAR: ¿De catorce puñaladas?
SOFI: A lo mejor una de las chicas estaba por cortarse una rebanadita de jamón
serrano, bajó con el cuchillo eléctrico, se mareó, y cayó encima de la cama de Julieta,
la menor. Eso explicaría al menos la primera víctima. Y eso se puede investigar, en
vez de culpar. ¿Hay un jamón en la casa? ¿Hay paleta? ¿Vos para qué me trajiste acá?
Porque ahora pienso… ¿Lo de las empanadas no lo habrás hecho vos?
CÉSAR: Bueno, para ver si después íbamos a tomar algo. Pero como llegaste antes y
yo todavía estoy trabajando…
SOFI: ¡Y yo qué sé qué hora es!
CÉSAR: No sé qué me estás diciendo. Yo te invito a salir. Vos venís. Y no hacés más
que hablarme de tus aventuras con un asesino serial.
SOFI: Primero: no simplifiques. No simplifiques nada. Y segundo: ¿y vos, no?
(Timbre.) ¿Vos no podrías ser un asesino?
CÉSAR: No, claro que no. (Recomponiendo el sonido de la sala de grabación.)
Los músicos miran desorientados, como si oyeran algo, pero este algo viene de otra
parte.
SOFI: ¿A vos no te podría dar un ataque de furia, tocando botones (toca unos
botones mientras lo dice, como ejemplo), o mientras te lustrás los zapatos, y
acuchillar a Lucía cuarenta veces en la espalda?
CHARO intenta hablar. Su voz sale entrecortada por los botones que toca SOFI.
CHARO: ¡…orque / …ce / más d… / …tamos / …ando!
CÉSAR: ¡No! ¡No! No salgo más con Lucía.
SOFI se alegra con la noticia. Pausa larga. CHARO sigue quejándose frente al
vidrio, no la oímos nada. Se calma. Les hace señas para que presionen el “talkback”.
CÉSAR lo hace.
CHARO: ¡¿…mo quieren que me sienta?! ¿Tú me escuchas?
CÉSAR: Sí.
Los cubanos celebran.
SOFI: ¿Sabés qué? Éste del timbre debe ser el de las empanadas.
MARIBEL: ¿Tú nos ves?
SOFI: Mirá, ya te dije, no es asunto mío dirimir esa cuestión, la de la inocencia de
alguien. Vamos a comer todo frío. (Sale.) ¿Qué soy, yo? ¿Dios? ¿Un dios moderno,
contemporáneo, lleno de atributos de acá?
CÉSAR: Pueden empezar, señores.
MIGUEL: Dice que le demos a la musiquita.
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CHARO: Sabor.
PENE: ¡Ponle azuquítar!
MARIBEL: ¡Y candor moreno!
ABEL: (A CÉSAR, sin motivo). Tú me gustas, César. Vamos.
Empiezan a sonar en playback. Un bolero: El ron sabe a sal. CHARO es la cantante
estrella. SOFI vuelve. No entiende por qué hay música sonando. CÉSAR intenta
ajustar controles, toca botones, algo no está saliendo bien. CÉSAR baja la música
para poder escuchar a SOFI. En un momento, dejamos de escucharlos, y sólo
podemos oír la letanía inagotable de SOFI.
CÉSAR: ¿Y las empanadas?
SOFI: ¿Qué empanadas?
CÉSAR: Las pizzas.
SOFI: No. Yo pensé una cosa. Y no hay forma de sacármela de la cabeza. Mirá, yo
estoy saliendo con alguien. Con Charly, ponele. Vos te enterás de que está preso, no
viene al caso si con justa razón o no. Me invitás a tomar algo. Me entero, de mentira a
verdad, de que no salís más con Lucía. Vos no me sos indiferente. ¿Qué hago?
(Pausa.) Nos estamos viendo poco, igual. A mí me parece que tiene otra. Y eso me da
miedo a mí. No que tenga otra en si, eso cada uno es dueño de atenderlo como mejor
pueda. Lo que me da miedo es que tenga otra y no saber, ¿entendés? Me da miedo no
saber. La ignorancia, me da miedo. La falta de educación, de medios… Lo que la gente
no sabe, me da miedo. Y este es un sistema que mantiene a la gente en la ignorancia,
por eso ando con miedo por la calle. Pero por Charly, para nada. Más miedo me da la
actitud de tu supuesto pizzero, su insistencia. Ah, y no le pude abrir porque no me
diste la llave.

2: Un problema regional

CÉSAR le da unas llaves, pero al mismo tiempo se ve obligado a interrumpir la


grabación por los problemas que está teniendo con el audio.
CÉSAR: (A los cubanos.) A ver, un segundito. Paren. Paren todo. (No lo oyen. Toca
cables.) Paren, paren. No estoy grabando.
Ante estas palabras, los músicos se detienen. Lo miran con enorme desazón. De
pronto son como cinco animalitos tristes detrás de los barrotes de una jaula.
CÉSAR: ¡Hola, hola! ¿Me oyeron? ¡Hola, hola!
PENE: No nos saludes.
CÉSAR: No, no, no.
ABEL: Que ya te hemos oído. Que no estás grabando esto.
CHARO: (Categórica.) Y que para qué hemos venido de tan lejos, si puede saberse.
¿Eh?
CÉSAR: Es un problema técnico. Del rack.
Silencio. Los cubanos no oyen eso y aguardan una respuesta.
CHARO: ¿Eh? Contesta.
MIGUEL: Ahora se queda tan callado. Perdón.
CÉSAR: ¡Hola, hola! ¿Me oyen?
SOFI: (Aportando lo suyo.) A lo mejor es que no son tan buenos. Por eso no suenan
bien.
CÉSAR: No es que no suenen bien, no hablo de calidad, hay un desfasaje… Un delay.
(SOFI no le entiende.) Un delay.
SOFI: Mirá: en general no te entiendo.
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CÉSAR: Que hay demora. Mirá, haceles una pregunta cualquiera, y vas a ver que te
contestan después.
SOFI: (Está dispuesta a intentarlo. Luego recula.) Obvio. ¿Qué querés? ¿Que me
contesten antes?
CHARO: (Ya que escuchan todo con cierto retraso.) ¿Problema técnico? ¿Del rack?
¿Qué tú sabes lo que es un problema técnico? ¿Qué tú crees, a ver, Cesarito? ¿Que no
hemos pasado por problemas técnicos para salir de Cuba?
CÉSAR: Hay discordancias entre lo que se ve y lo que se escucha.
SOFI: ¡Ah!
CHARO: Nosotros no hicimos las reglas de este mundo, Cesarito, gracias. Tú me
dirás.
CÉSAR: Claro. Nosotros te vemos mover la boca, pero el sonido nos llega antes.
Pausa. La noticia es tristísima.
CHARO: Yo dije que hiciéramos el disco en Guatemala. Ahí tienen. Ahora abro la
boca y parece que les llega antes.
ABEL: Tú te quedas tranquila, Charo. Que no es contigo. Perdón.
CHARO: No es conmigo, pero las malas noticias aquí vuelan, y me llegan todas a mí.
Y Maribel, tú tan campante. Perdón. ¿Que no ves que tenemos un problema gordo?
Maribel intenta hablar.
CHARO: No la empieces, Maribel.
PENE: ¡César! ¡Eh, César! (Probando micrófono.) Sí, sí, eh, César, sí, sí, eh, sí,
César, sí. Perdón. ¿Tú me escuchas? Gracias.
CÉSAR: Escucho.
PENE: (A los demás.) Escucha.
CHARO: Bueno, a seguir, entonces. Perdón. Vamos a probar de nuevo. Perdón.
Gracias.
MIGUEL: Gracias.
PENE: Perdón.
ABEL: Muchas gracias. Y a empezar de nuevo.
MARIBEL: Gracias.
CHARO: Perdón. Muchas gracias. Qué bueno que se solucionó.
Vuelven a cantar. Es en playback. SOFI y CÉSAR miran. Algo sigue mal. Luego
CÉSAR oprime algunos botones, la grabación se detiene.
CÉSAR: (A SOFI.) No sé qué pasa. Hay delay y además hay algo que no está
sonando.
SOFI: A veces la gente se pone así, como loca. Les decís que hay un problema, pero
prefieren negarlo, cerrarse a las soluciones. También tiene un componente cultural,
eso. Y lo confunden con cortesía. Dejame a mí. (Interrumpe la grabación.) Hola, ey,
cubanos, paren todo. Un momento. Gracias.
Los cubanos mueven las cabezas, profundamente apenados. Miran hacia el
parlante.
ABEL: Perdón.
SOFI: Gracias.
CHARO: Perdona tú, cariño.
SOFI: Perdón.
MIGUEL: No hay de qué. Gracias.
SOFI: Bueno. Divino. Eh… Vamos a hablar un poquitín de lo que nos pasa.
¿Quieren?
Pausa.
ABEL: ¿Tú quieres, Charo?
CHARO: ¡Ay, pero por favor! Gracias. (No queda claro si es un sí o un no.)
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ABEL: (A SOFI.) Mira, vamos a hablar un poquitín de lo que nos pasa. Y lo vamos a
solucionar entre todos.
PENE: ¿Qué es lo que pasa? Por favor. Gracias.
SOFI: Lo que pasa es que… no están sonando bien.
Pausa.
PENE: Mira que a lo mejor lo que ustedes escuchan es producto de un estilo que no
están acostumbrados a escuchar. Por favor.
CÉSAR: No, no es de estilo. Es un problema técnico. Perdón. Un problema de cables
o de conexiones. Gracias, muchas gracias.
Pausa. Se miran entre sí.
ABEL: ¿En qué te podemos ayudar, amigo?
MIGUEL: ¿Tú quién eres?
CÉSAR: César.
ABEL: Ahá. Pero aún no me respondes. Por favor, ¿en qué te podemos ayudar?
CÉSAR: Al contrario. A mí me encantaría ayudarlos.
SOFI: Estamos acá para eso. Para eso le pagan.
PENE: Dicen que nos quieren ayudar.
Los cubanos se alegran.
ABEL: Perdón. Pero nosotros no podemos aceptar su ayuda. Gracias.
MIGUEL: Sí, gracias.
TODOS: Perdón. Gracias.
ABEL: Nosotros tenemos dignidad. Y estamos orgullosos.
DOG: Y vamos a hacer lo que sabemos hacer.
PENE: Que para eso estamos aquí. Gracias.
CÉSAR: Bueno, pero hay un instrumento que no suena. No está sonando.
PENE: ¿A cuál tú te refieres?
ABEL: ¿A mi guitarra? Gracias.
CÉSAR: No, no sé. Hay uno que no me está entrando.
Se ríen como quien acepta una grosería sin comentar nada.
ABEL: Mira, Cesarito. Tú me gustas. Por favor. Ahora, a ver si nos escuchas bien.
¿Qué tú quieres decir?
CÉSAR: Hay un instrumento que no está sonando.
ABEL: Eso es imposible. Un instrumento está hecho para sonar. (A DOG, que toca
alguito en su marimba.) Muéstrale. Como un hombre está hecho para amar, para ir a
la playa. Así como las escuelas están hechas para estudiar…
CHARO: (Enojada.) ¿Ustedes quiénes son?
CÉSAR: Yo soy el operador. Y ustedes son los músicos, ¿no?
TODOS LOS MÚSICOS: Cubanos.
DOG: ¿Y quién es ella?
SOFI: Bueno. Miren. Ahora que eso está claro, vamos para adelante. Un paso por
vez, así no nos caemos.
Ninguna reacción.
CÉSAR: Vamos a hacer una cosa. Les voy a pedir que se presenten y que nombren el
instrumento que tocan, y que mientras lo hacen nos lo muestren, para ver cuál es el
del problema. A ver si coinciden con los canales.
CHARO: (Larga pausa. La instrucción es endemoniada. Timbre del portero, debe
ser el señor de las pizzas. Luego, súbitamente, interpretando el timbre como una
instrucción, CHARO habla hacia el micrófono que está en el techo.) Aquí, Charo, la
reina del conjunto. Y me he presentado con dignidad. Quiero saber quiénes son
ustedes para hablar con dignidad, como en Cuba. Yo soy Charo y mi instrumento es
mi propia voz. Y canto el interior cubano.
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PENE: Nosotros bromeamos a veces con que Charo toca las cuerdas… vocales.
Timbre. CÉSAR va a atender el portero. MARIBEL, en cambio, interpreta el timbre
como su turno para hablar.
MARIBEL: Yo soy Maribel. Y toco este instrumento. Cubano. En Cuba, en el oriente,
se tocan los instrumentos de caña. En el occidente, los instrumentos que se usan son
de caña. Y en el centro, también. Yo toco este. Del centro. Perdón. Gracias. Es poco lo
que la gente sabe de Cuba. Y de sus regiones. Gracias.
MIGUEL: Yo soy Miguel. (PENE y ABEL hacen callar a MIGUEL: el timbre no
había sonado. Timbre, otra vez, mientras CÉSAR intenta ver qué pasa con lo de las
pizzas. MIGUEL continúa tras el timbrazo.) Toco la caja.
PENE: A veces prestamos bromas con que Miguel toca la caja. (Todos se sonríen. La
broma no se entiende. Pausa. No hay timbre. PENE espera, y luego hace su propio
timbre.) ¡Riiiin! Este instrumento que toco viene del oriente, de la caña, de los
amigos.
ABEL: Yo soy Abel.
PENE: Ah, perdón. He hablado de mi instrumento y no he hablado de mí. Me dicen
Pene.
ABEL: Y mi guitarra es del occidente, de la zona de la caña. Abel, es mi nombre.
MIGUEL: Del occidente. Cajita occidental. Miguel. Perdón.
PENE: Mira, yo sé que yo ya he hablado de lo mío, pero también debo aclarar que
hago las canciones, y que toco este palo de lluvia. De la región del centro.
MARIBEL: De la caña.
CÉSAR: Ah, pero si necesitan lluvia, la podemos mandar desde acá.
Pausa.
PENE: Pero, y nosotros… ¿para qué vinimos?
Pausa. Los músicos no pueden responder la pregunta.
ABEL: A grabar nuestro disco. En Cuba estamos prohibidos.
CÉSAR: Lo siento mucho, perdón.
DOG: Gracias.
CÉSAR: Íbamos bien.
MARIBEL: Perdón.
CÉSAR: Tengo las guitarras…
DOG: Del centro.
CÉSAR: Identificadas. La caja. Pacheo el palo de lluvia, a Charo…
CHARO: Mira tú, rico, ¿me oyes? Que para pachearte a Charo te falta mucho a ti
todavía, ¿eh? Gracias. Eres un fresco.
ABEL: Déjalo que trabaje, Charo. Que no terminamos más con esto. Dime tú, César,
¿en qué te podemos ayudar?
CÉSAR: Necesito que se presenten cada uno con su instrumento.
CHARO: ¡Que ya lo hicimos! ¿Dónde estabas, cabecita? ¿Y qué es eso de las
empanadas?
CÉSAR: Vamos por orden, por favor. Les voy a pedir que se numeren.
CHARO: Yo soy la uno. Repártanse lo que queda y vamos a empezar.
MARIBEL: Yo soy dos.
CHARO: ¿Qué tú dices, Maribel? Deja el dos para alguno que al menos salga en la
tapa del disco.
MARIBEL: ¿Cómo?
MIGUEL: ¡Dos!
PENE: Mira, Abel, ¿qué tú piensas si nos repartimos el tres y el cuatro, y yo soy el
tres y tú el cuatro?
ABEL: Está bien. Tiene rumba.
15

CHARO: Listo, y tú eres cinco, Maribel.


MARIBEL: Yo soy dos.
ABEL: ¡Qué manía tienes, Maribel, de enrollar las cosas!
DOG: ¡Listo, César! ¡Ya estamos enumerados! ¿Y ahora, qué?
CÉSAR: Ahora vamos a ir por números de orden y yo pruebo si suenan.
CHARO: ¡Uno! ¿Sueno?
CÉSAR: Sí.
MIGUEL y MARIBEL: ¡Dos!
MARIBEL: ¡Todos instrumentos cubanos, de caña, buenos!
CÉSAR: Listo. Caja.
PENE: ¡Pene, riiin, tres!
CÉSAR: Listo.
ABEL: ¡Cuatro! ¡Guitarra!
CÉSAR: Listo, tres y cuatro. Falta uno.
Se miran desorientados. Todos miran a DOG. DOG los mira. Luego sigue tocando
su marimba, pero carece de número, y además no dice nada.
ABEL: Mira, César. Que yo no creo que haya una solución humanamente posible
para esto que tú nos traes. Perdón. Gracias.
CÉSAR: Prueben uno por uno, por favor.
PENE: Gracias. Ya lo hicimos.
CÉSAR: ¿Pueden hacerlo otra vez?
CHARO: ¡Uno!
ABEL: Mira, Cesarito. Argentina y Cuba han sido siempre países hermanos, ¿sabes?
Con mucho gusto vamos a hacer lo que nos pides. Gracias.
CHARO: ¡Uno!
MARIBEL y MIGUEL: ¡Dos!
ABEL: ¡Guitarra!
CÉSAR: Ahí, ahí está. Es ese instrumento. El que tiene ella. ¿Cómo se llama?
CHARO: ¿Charo?
PENE: Nosotros prestamos la broma y decimos que Charo toca las cuerdas…
CÉSAR: No, ella.
Se miran desorientados.
SOFI: Maribel. Levantá la mano, Maribel.
MARIBEL: ¿Qué pasa conmigo?
ABEL: ¿Qué pasa con Maribelita?
CÉSAR: ¿Cómo se llama tu instrumento?
MARIBEL: Mira, mira, mira, en Cuba tenemos distintas regiones. Cada región tiene
a su vez una identidad musical. Que no se percibe a primera vista, ¿tú me entiendes?
Estos instrumentos que nosotros tocamos son cubanos…
MIGUEL: Todos.
PENE: Cubanos.
MARIBEL: Y representan cada una de estas regiones de Cuba, y traen una partecita
de su mundo. Pues como te iba diciendo. Yo interpreto este instrumento, de la zona
de la caña, de la zona centro de Cuba. Pero hay otras zonas más, y esos instrumentos
suenan diferentes, no sé si ahora te ha quedado claro. Igual, de esos otros
instrumentos no te puedo hablar, porque no sé mucho.
CÉSAR: ¿Y cómo se llama?
MARIBEL: Maribel. ¿Y tú?
CÉSAR: ¿Cómo se llama el instrumento?
16

MARIBEL: (Harta de que su explicación no se entienda. A los demás.) Hermanos.


Cubanos. ¿Nadie trajo un mapa de Cuba, a ver si se lo hacemos entender con
imágenes?
ABEL: Mira, César. Tú vives en un país. ¿Verdad?
CÉSAR: Si.
ABEL: Gracias. Bienvenido. Nosotros vivimos en otro.
CHARO: ¡En Cuba!
ABEL: Eso es. Y nuestro país se divide en regiones. Mira, a ver, dime tú primero en
qué regiones se divide tu país, para que veas a qué nos referimos nosotros aquí.
CÉSAR: No, me parece que no me entienden. Yo eso lo entiendo.
ABEL: Dime tus regiones, que ya lo vas a entender.
SOFI: Dejá que yo te ayudo. Acá hay: Patagonia, Litoral, Pampa, Cuyo, la región de
los Glaciares…
ABEL: Uy, uy, uy, para, para, detente. Son un montón de regiones. Detente. No nos
compliquemos. Suponte que tu país tuviera tres regiones
PENE: Bien definidas.
ABEL: ¿Sí? Pues ahora suponte que esas regiones se llamaran: región occidental,
región oriental, y región del centro.
DOG: De la caña.
ABEL: ¿Tú me estás siguiendo?
SOFI y CÉSAR: Sí. Pero…
ABEL: Muy bien. Ya estás entendiendo cómo se divide Cuba, geopolíticamente. De
acuerdo a las precipitaciones. Por eso tú tienes: azúcar, en las tres zonas.
MIGUEL: Y caña.
PENE: No lo compliques.
ABEL: Sh. Ahora bien. Cada zona es diferente. Y produce sus instrumentos
musicales. Ya que el hombre, desde que camina en sus dos paticas, hace música con
las cosas que encuentra a su paso. Ahora bien: el hombre de una zona determinada,
pongo por caso ahora la del centro, camina y se encuentra con la caña. Y se hace su
instrumento. Lo hace con caña. Y lo toca, muy contento. (Pausa.) Listo. ¿Cuál es tu
pregunta?
CÉSAR: ¿Cómo se llama lo que toca Maribel?
Pausa. Nadie quiere responder. CHARO toma la decisión.
CHARO: Maribel, que es contigo el problema. ¿Cómo se llama tu instrumento,
botarate?
MARIBEL: ¿Este? Maraca.
CÉSAR: ¡El otro!
MARIBEL: ¿Este? La otra maraca.
CÉSAR y SOFI: ¡El otro! ¡El otro!
MARIBEL: ¿El de caña?
CÉSAR: Sí, el otro.
MARIBEL: ¿El de la zona del centro?
CÉSAR: Sí.
MARIBEL: ¿Del centro de Cuba?
CÉSAR: Sí.
MARIBEL: Ah, no. Éste no tiene nombre.
Pausa.
SOFI: ¿Cómo que no tiene nombre?
TODOS: No. No tiene, perdón. Gracias. No tiene nombre.
DOG: Nunca ha tenido.
17

ABEL: Mira, has dado con un instrumento, bien propio de la zona del centro
nuestro, que no tiene nombre.
CÉSAR: Bueno, ahí está el problema. No tiene canal.
Pausa.
ABEL: ¿Qué tú dices?
CÉSAR: Que no tengo puesto ningún canal para ese instrumento.
ABEL: (Mira a los demás.) Ustedes no se preocupen. (A CÉSAR) César, ¿me lo
podrías decir más claritico, más despacio?
CÉSAR: (Forzando cada sílaba, muy nervioso.) No… puesto… No tengo…
instrumento para… la caña… el canal de… de… la… región… del centro.
TODOS: ¡Ah!
ABEL: Claro, ahora, mira tú: las regiones que te he explicado son distintas de las
regiones de tu país. Yo te lo he dicho como un ejemplo. ¿En qué te podemos ayudar
ahora?
PENE: Claro, que si podemos ayudarte, lo hacemos.
DOG: La gente de las tres regiones de Cuba somos solidarios.
CHARO: Que somos cubanos, caramba, chico.
MIGUEL: Todos.
DOG: Solidarios.
CHARO: Y alegres.
MIGUEL: Y Cuba y Argentina son países hermanos.
ABEL: Y aquí estamos, Cesarito, para lo que gustes mandar.
CÉSAR: Genial. Miren. Voy a ser claro. Acá también tenemos regiones.
CHARO: Eso es, César. Háblanos de tu país, de tu gente. Y entendámonos de una
vez, carajo.
CÉSAR: Bien.
SOFI: Dejame a mí. Hola. Miren, estamos en la región centro.
TODOS: Perfecto.
SOFI: Región Pampeana. De la papa. Del bife. Y vamos poniendo cada instrumento
en un canal. Para traer el sonido de cada instrumento de las tres regiones a una sola
consola.
MIGUEL: Tiene sentido.
DOG: Habla con razón.
SOFI: Genial. Gracias. Perdón. Y cuando vemos una guitarra, le ponemos acá al
canal una etiquetita, es como una cinta adhesiva…
TODOS: ¡Una cinta adhesiva, caramba!
PENE: ¡No se andan con problemas de gasto, los hermanos argentinos!
SOFI: Sí, como una etiquetita que se pega, y ahí le escribimos el nombre de cada
instrumento. Sin importar la región. Lo que importa es el nombre.
ABEL: Allá tú. Pero sigue. A ver.
SOFI: Y pasa que tenemos guitarra, caja, palo de lluvia…
PENE: Del centro…
SOFI: Charo, Maraca uno, Maraca dos… y ahí tenemos un problema. Porque no
tenemos cómo llamar al instrumento equis de Maribel.
CHARO: Es que Maribel es una dejada. Una pocilga de persona.
MARIBEL: Mira, que en Cuba mi instrumento no tiene nombre y jamás tuvimos
ningún problema.
DOG: Bueno, nos han prohibido…
SOFI: No sé, a lo mejor porque allá todos saben que no tiene nombre. Nosotros no lo
sabemos. Y nos cuesta adjudicarle un canal. ¿Qué quieren que hagamos, que lo
dejemos vacío?
18

ABEL: Mira, reinita. Por lo que tú nos has estado contando, tenemos que volver a
una cuestión muy simple. Nosotros somos cubanos. Y ustedes no. Nosotros hacemos
las cosas de una manera. Y ustedes de otra. Nosotros queremos grabar nuestro disco,
que le lleva la alegría cubana a todo el mundo, y tú no me puedes decir que el
instrumento que no tiene nombre no va a sonar por un problema burocrático de un
sistema que ustedes eligen, aplauden y soportan una y otra vez, que validan en
elecciones una y otra vez. ¿Quieres que te diga una cosa? Haz las cosas de otro modo.
Hazlas bien. Y punto. No hay imposibles.
MIGUEL: No, no hay.
ABEL: Y deja que te diga otra cosa más. Nosotros no vamos a cambiar nuestra forma
de hacer las cosas y de ver el mundo. Porque tenemos dignidad. Y ustedes son, con el
mayor de los respetos, unos comemierdas.
MIGUEL: Eso.
ABEL: Ahora, si tú quieres que le pongamos un nombre a este instrumento sólo para
que tú puedas ponerte una cinta adhesiva donde mejor te quepa, yo te digo lo que va
a pasar: eso no va a pasar. Y te vamos a explicar por qué.
CHARO: Con dignidad.
ABEL: Pene, diles el por qué.
PENE: Este instrumento, de la zona del centro, no ha tenido nunca nombre.
DOG: Hace doscientos años que no tiene nombre.
ABEL: Ahí está la cosa. Ese instrumento lleva doscientos años sin nombre. Lo
importante no es cómo se llama; lo importante es que suene. Pero ustedes tienen
otras prioridades, claro.
PENE: Mira, comemierda, perdón, gracias. Te vamos a explicar lo que pasa aquí.
Para ti es importante la marca que llevas en tu camiseta. Para nosotros, es importante
que cada niño cubano tenga un plato de arroz y frijoles en la mesa. Ahora, tú quieres
que nosotros le pongamos nombre a este instrumento, y te vamos a decir lo que
vamos a hacer, para que veas cómo funciona esto. Vamos a decidirlo entre todos.
DOG: ¿Yo también?
MIGUEL: Todos.
PENE: Porque en Cuba se hace lo que es bueno para el pueblo. ¿Y cómo se sabe lo
que es bueno? Se discute. Con el pueblo. Tú sales a la calle con tu camiseta, y te crees
que eso es bueno, pero eso es porque eres un comemierda. Abel, vamos a marcar a
Cuba, a preguntar qué hacemos.
MARIBEL: (Acercándose al vidrio, confidente, inoperante.) La región del centro
aporta a la economía de mi país el doble de las otras dos regiones juntas.
PENE: (Hablando por teléfono.) ¡Hola, Barbito! Es Barbito. ¿Cómo tú estás? No, no,
estamos aún en Argentina. Te llamamos de aquí. Por un teléfono.
CÉSAR: Díganle que me dé un nombre cualquiera para ponerlo en el canal de
grabación.
ABEL: ¿No ves que eres comemierda, que esto se tiene que decidir de acuerdo a lo
que sea bueno para el pueblo cubano?
PENE: (Por teléfono.) ¿A qué tipo de problema tú te refieres con la gráfica del disco?
(Pausa.) ¿Cómo que yo no voy a aparecer en la tapa? ¿Es el deseo del pueblo cubano?
CHARO: ¡Ay, claro, Pene!
PENE: ¿Y Maribel, tampoco?
MARIBEL: ¿Qué?

PENE: Mira, lo de Maribel se CÉSAR: ¡No usen esa línea! Están


entiende, desde el alma que te lo llamando a larga distancia.
entiendo. Pero yo… yo compongo las SOFI: Deciles que no la usen.
19

canciones. Que lo reconsidere. Que el CÉSAR: No me hacen caso.


pueblo cubano lo piense bien. Y hagan SOFI: Bueno, entrá y paralos. Y
lo que hay que hacer. Ah, mira, ponele un canal al instrumento que no
hablando de Maribel. ¿Sabes lo que le suena, y acá nos hacemos los giles y le
pasó a Maribel? Que se patinó en el ponemos cualquier nombre.
lobby del hotel. Y le prestamos la
broma… sí, sí, la de siempre: “¿Qué CÉSAR ingresa a la cabina.
pasa, Maribel, que ya estás haciendo Una vez dentro, se desplaza en
lobby otra vez?” Ja, ja. Sí. Y ahora – cámara lenta. PENE sigue en ritmo
escucha bien esto- ahora le pasa que… normal. Trata de cortar la llamada
¿viste su instrumento…? Sí. Ese. El telefónica. Busca un cable para llevar
que toca ella. De la región de… sí. hasta el instrumento en cuestión. No
¿Cómo tú le dices? Pero, ¿qué nombre lo oímos.
tú le das? (Silencio del otro lado. Deja
la conversación. Corta.) SOFI:
Dice que no tiene nombre. Y que ¿César?
Maribel no sale en la tapa del disco. ¿Me oís?
MARIBEL: Eso es injusto. Yo me
deslomo por hacer sonar mis Hola, hola.
instrumentos, por representar a mi
región. ¿Qué pizzas?
MIGUEL: Si tú eres de La Habana,
Maribel. César, ¿qué pasa?
MARIBEL: Y represento a distintas
regiones, que todas son regiones Sí, es acá. Que las suba, que las suba
buenas, y todas son cubanas. que está abierto. Creo.
ABEL: Bien dicho, Maribel, ahora
vamos a tocar. Mira, César, tú ponle el Cubanos, ¿me hacen un favor?
nombre que quieras, que a nosotros,
cubanos, tus problemas nos la tienen ¿Lo ven a César?
muy floja. ¡Hola!
MIGUEL: Ya, déjanos tocar.
PENE: Que Cuba y Argentina siempre ¿Me oyen?
fueron hermanos. A tocar. César, está el señor de las pizzas.

SOFI: ¿Me oyen? ¿Ustedes pidieron pizza?


CHARO: ¿Y cómo no te vamos a oír, primor, reinita? Yo sabía que esto de las
empanadas era complicado.
SOFI: ¿Lo ven a César, ahí?
Miran para la cabina.
CHARO: Lo vemos. Allí.
SOFI: ¿Le pueden decir que salga, por favor? Gracias.
Pausa. Se miran.
MIGUEL: Mira, qué tal si se lo dices tú, que lo tienes sentado al lado tuyo.
SOFI: ¿Acá? No, acá no está. (Por la campera de CÉSAR, que ha quedado sobre la
silla, y podría parecerse a él sentado allí.) Ah, ¿es esto? ¿Por esto, decís? No, está
ahí, poniendo un canal para Maribel.
MIGUEL: Maribel, ¿tú has pedido un canal?
MARIBEL: Yo he pedido probar la Coca Cola, pero no me han traído más que unos
maníes, y sigo sin saber a qué sabe la mierda esa.
20

MIGUEL: Aquí estamos bien. Dile a César que podemos arrancar.


SOFI: (Dudando.) Miren. César no está acá. Salió. Entró. Tuvo que salir.
PENE: Nosotros lo vemos sentado a tu lado. ¿Qué tú tomas para los nervios?
SOFI: Yo tomo de todo, pero esa no es la cuestión. Tenemos problemitas con los
tiempos…
CHARO: Es que lo demoras todo, y nosotros el estudio de grabación te lo estamos
pagando.
SOFI: Sí, sí, eso no es problema. Cobrar, se los vamos a cobrar igual…
CHARO: Pues me alegro, no me quedo con lo ajeno, y soy cubana, y sé lo que vale el
trabajo. Así que, ¡a empezar!

3: Métete en líos, Maribel

Los músicos tocan en vivo “Me vuelvo loco al besarte”, un bolero de confección
original. Cantan PENE y ABEL. CHARO lo intenta, pero no sabe la letra.
CÉSAR vuelve a la cabina. SOFI corta el sonido de adentro.
SOFI: ¿No me oías?
CÉSAR: ¿Vos no me oías?
SOFI: No, recién.
CÉSAR: ¿Cuándo?
SOFI: ¿Me oís ahora? (Como si probara un micrófono, inexistente, claro.) Sí, sí. ¿Me
oís?
CÉSAR: Sí.
SOFI: A ver, ¿qué dije?
CÉSAR: Me contaste lo de Charly.
SOFI: ¡Viste qué increíble, lo de este Charly! Yo tengo que bajar mi ansiedad, nada
más. Y él, si es que mata gente, tendría que dejar y concentrarse en esto que estamos
empezando. ¿Qué pasa ahí adentro?
CÉSAR: No sé. ¿Por qué? Puse un canal para Maribel. ¿Lo subo?
SOFI: A lo mejor no son totalmente profesionales. Por eso.
CÉSAR: ¿Ves? Subo el canal que no tiene nombre, y no suena nada.
SOFI: A lo mejor tenés que esperar a que lo sacuda.
CÉSAR: ¿A qué?
SOFI: A eso, al instrumento de la zona del centro. A lo mejor no está sonando ahora,
pero suena después. Ya pasó antes, ¿eh? Dejale el canal abierto. Y que se pudran
todos en una bola de graves, me tienen harta.
CÉSAR: No, no suena. Lo sacude y acá no suena nada. (A los músicos.) A ver,
tenemos un problema, paremos un poquito. (Por el DR. SIFFREDI, quien acaba de
entrar al estudio y permanece un rato detrás de los músicos, lleva dos cajas en la
mano.) ¿Quién es el de blanco?
CHARO: Yo también tengo un problema, bendito sea dios que has parado.
PENE: ¿Qué pasa ahora?
CÉSAR: ¿Se acuerdan de ese instrumento que no tiene nombre?
ABEL: ¿Cuál? ¿Este? Es una guitarra.
CÉSAR: No, no…
MIGUEL: ¿Este? Es la caja. De occidente.
CÉSAR: No, el de ella.
ABEL: ¿El de Maribel?
CÉSAR: ¡Sí!
21

ABEL: ¿El pallín?


CÉSAR: ¿Qué?
ABEL: ¿Tú dices el pallín que está tocando Maribel?
CÉSAR: A ver, paren un poquito, ¿cómo se escribe?
ABEL: (Riéndose con delicadeza.) Ay, perdona, Cesarito, pero es que no sabía que
aquí eran analfabetos.
CHARO: En Cuba todo mundo escribe. Desde pequeño.
ABEL: No queremos comparar ni ponernos odiosos, pero mira que si no sabes
escribir, eso es algo que te va a traer problemas, y además vas a tener que ir a
reclamarle también a tu sistema. Vételo pensando para la próxima vez que te toque ir
a votar, Cesarito.
Todos hacen bromas con la cuestión de ir a votar, hacen mímicas de meter sobres
en urnas, gestos de la “V” de la victoria, etc.
CÉSAR: Miren, listo, no importa. El pallín de Maribel. No está sonando.
CHARO: Para tú un poco ahora. ¿Qué tú dices, que Maribel no está sonando?
MARIBEL: ¿Por qué a mí? Yo esto no lo soporto mucho más tiempo, ¿eh?
ABEL: Mira, perdona, gracias, te estamos muy agradecidos por el consejo, pero
Maribel es parte del conjunto…
MIGUEL: …cubano…
ABEL: …y aquí nos gusta sonar como un verdadero conjunto.
CHARO: Nadie va delante de nadie, ¿te lo explico más claro?
ABEL: Así que te pedimos que te tomes tu tiempo, y que arregles tu problema con
Maribel. Con respeto. Con dignidad.
PENE: Porque esto es un conjunto…
MIGUEL: …cubano…
PENE: Y Maribel es parte de este conjunto.
MARIBEL: Yo toco con ellos. Y aquí me quedo. Hasta que lo soluciones.
ABEL: Maribel creció prácticamente dentro de este conjunto…
MIGUEL: …cubano…
ABEL: …la pobrecita, y la vamos a defender a como dé lugar…
DOG: …que un cubano no abandona a otro en la barca sólo porque sea un retardado.
MIGUEL: Y fíjate tú cuáles son tus prioridades en tu país. Que en Cuba así son las
cosas. Y que la come bola es parte del conjunto, y si el conjunto necesita de la come
bola, ahí se queda ella con su pallín, tan mamerta.
PENE: Que no la vas a mover de aquí tan fácil.
ABEL: Mira: te digo más. ¿Tú sabes quién es nuestro país vecino? ¿Eh?
DOG: ¿El del águila?
ABEL: ¿Tú sabes por si acaso si el país vecino nos ha movido a nosotros de nuestro
lugar?
CHARO: Que somos cubanos. Y que así las cosas.
MARIBEL: Sí. Yo toco aquí.
CÉSAR: Pero no suena.
Pausa.
PENE: Maribel, es un problema con el visado.
MARIBEL: ¿Qué tú dices de mi visado?
PENE: Que no te lo dieron. Y que ahora empezamos a pagar todos las consecuencias.
MARIBEL: Mira, César. Por raro que te pueda parecer, yo vengo con ellos.
MIGUEL: Y no te dejes confundir por su roña, que debajo de todo, ella es tan cubana
como nosotros o Fidel.
MARIBEL: Yo y ellos hacemos un conjunto. Cubano. Formado por cubanos.
DOG: Cubanos de todas las tres regiones de Cuba.
22

MARIBEL: Y da la casualidad que hacemos música.


DOG: Y aquí estamos.
MARIBEL: Así que ya está.
DOG: Vamos a tocar.
Retoman la canción. CHARO no sabe por qué no la dejan cantar.
CHARO: Ésta no me la sé. La han compuesto a mis espaldas. (Gritando) ¡¿Somos un
conjunto o no?!
ABEL: (bajito) Claro que somos un conjunto.
MARIBEL: Somos un conjunto.
CHARO: Ahora que lo mencionas, Maribel…
Todos miran a Maribel. No les sirve lo que hace. La van a echar.
MARIBEL: ¿Qué hay conmigo ahora?
ABEL: Vete, Maribel.
MIGUEL: Vete, Maribel.
PENE: Vete, Maribel, vete.
SOFI: Ahí saltó el problema, ¿viste?
MIGUEL: Ya vete, Maribel.
DOG: Maribel, ya vete.
CHARO: Vete, Maribel.
ABEL: Vete, Maribel. Vete de una vez.
MARIBEL: ¿Por qué? ¿Qué hice?
CÉSAR: ¡Vete, Maribel!
MARIBEL: Pero, ¿cómo me voy a ir?
ABEL: Métete en líos, Maribel. Métete en líos y que te deporten.
CHARO: Que te vaya bonito, Maribel.
MARIBEL: Es que no sé nada.
CHARO: Es que nunca has probado, Maribel.
PENE: ¿Te crees que es fácil para nosotros dejarte en la calle?
ABEL: En Cuba todos tenemos la posibilidad de estudiar, pero Maribel no la
aprovechó.
MARIBEL: Es que no sé por qué me botan, ni siquiera sé dónde está la puerta para
mostrar mi dignidad.
PENE: ¿Acaso tú crees que nosotros sabemos dónde está la puerta, Maribel?
ABEL: ¿Que estaríamos aún aquí si lo supiéramos? ¿Que tú pensabas del viaje? ¿Que
iba a ser fácil?
DOG: Tarde te acuerdas de lo que es la dignidad, Maribelita.
MARIBEL: Yo soy parte del conjunto.
CHARO: ¿Qué pruebas tienes?
MARIBEL: Yo represento una parte de Cuba.
ABEL: Una parte que no queremos mostrar. Tú representas lo anodino, lo ominoso.
Y ni siquiera sabes qué significan esas palabras. Si tú nos quisieras la mitad de lo que
te queremos, te irías. Esto es como mojito sin hierba buena.
SOFI: Qué cagada el laburo, ¿no? El laburo, laburar. Es una cagada.
MIGUEL: Ya vete, Maribel, que nos avergüenzas.
PENE: Vete que duele, Maribel.
SOFI: Mirá, Maribel, andate.
MARIBEL: Un momento, un momento. Yo soy parte de este conjunto, y yo he
invertido en este conjunto, y en la música de Cuba, mis mejores años…
CHARO: …perdidos, Maribel, vete…
MARIBEL: Y dinero. He puesto dinero, he comprado maracas…
DOG: Vete a hacer.
23

MARIBEL: He afinado este pallín de mierda. Si me van a botar como a un perro,


quiero mi dinero, como se lo gana un perro.
ABEL: ¿Lo ves?
MIGUEL: ¡Puerca!
CHARO: Has estado con nosotros por dinero, ¿así que éramos tu inversión? ¿Y tú,
qué? ¿La socia capitalista?
ABEL: Mira, Maribel, tú no entiendes de estas cosas porque eres analfabeta. Porque
no has aprendido nada de las miles de oportunidades que la vida y Cuba te han dado.
Sólo un ignorante da la espalda al socialismo. Y en la ignorancia nace una idea, que es
precisamente tu idea: una idea capitalista. ¿Sabes lo que es tu pallín? Tu capital. ¿Y
sabes lo que planeas hacer con él?
MARIBEL: Tocar música representativa del centro de Cuba… si me dejan.
ABEL: Error. Lo que pretendes es extraernos plusvalía.
CHARO: Mira tú, Maribel, que tú no puedes aparecerte aquí un día diciendo “miren,
aquí traigo MI violín”, y luego ponernos a trabajar a todos, cantando como unas
mulas, para que después tú te lleves tu tajada.
PENE: Somos un conjunto. Y ese pallín no es tuyo, le pertenece al conjunto.
DOG: Y además, está desafinado.
PENE: Y ahora, vete por favor, ¡gracias!
MARIBEL: Lo que yo entiendo es que me están timando. Quédense con el pallín, y
métanselo donde les quepa, pero quiero mi dinero.
ABEL: Ya está. Listo. Si es lo que quieres. Hermanos cubanos, démosle a la hermana
cubana su dinero. (Juntan monedas y billetes arrugados, hacen una vaca en el
centro de la sala.)
DOG: Aquí está. Pesos, convertibles, y moneditas.
PENE: Y vete de una buena vez.
MIGUEL: Vete a comprar camisetas, Maribel.
ABEL: ¡Métete en líos!
CHARO: Que te la suden bien gorda.
PENE: Que te dejen bien liso el capote. Vete.
MIGUEL: A aprender a lijar la raya, Maribelita.
DOG: Que te estrujen el pavo, corazón.
ABEL: Ponle cañita a esta pena, y ya vete.
MARIBEL: (Juntando el dinero.) Ya van a ver cuando vuelvan a Cuba.
ABEL: ¿Y encima nos amenazas?
PENE: Me parece que te estás buscando una buena.
CHARO: Vete, Maribel, estás divina, pero vete, choclito, bestezuela.
MIGUEL: Y que te aproveche tu dinero.
MARIBEL: ¡Ay, no!
La golpean salvajemente, todos la patean repetidas veces mientras cae al suelo. Y le
gritan: “Vete, Maribel.”
SOFI: (Apagando el volumen de la sala de grabación; a César:) ¿Ves? A mí me dan
miedo las situaciones como ésta. De ignorancia, de no me voy y me quiero ir, pero me
quedo. ¿Grabamos, chicos?

4: Charo a la distancia

Durante la golpiza a MARIBEL, CHARO sale de la pecera de grabación, y se acerca


a SOFI.
24

CHARO: Tuve que salir un momento, qué allá la cosa no daba más de sí.
SOFI: Hola.
CHARO: Hola, soy Charo.
SOFI: Sí, te estuvimos viendo.
CHARO: ¿Qué? ¿Siguen mi carrera?
SOFI: Bueno, más o menos. Te estuvimos viendo cantar recién.
CHARO: Ah, ¿sabes tú que no te entiendo lo que me dices, pero que me caes bien
igual, reinita?
SOFI: Claro, lo que pasa es que acá pronunciamos la ye. Ye. Aunque se escriba con
“elle” suena todo igual. Ye, ye. ¿Ves?
CHARO: Mmm. ¿Y quién es tu amigo?
SOFI: César. César es el que los va a grabar. Estamos un chiquitín preocupados por
el olor a gas. Estamos comiendo juntos, parece una cita, pero no lo es. Es algo que se
dio. Yo tengo un novio que no controla los celos. Él los va a grabar.
CHARO: Qué bueno es eso, César, corazón. Porque justamente hemos venido de
Cuba a grabar un disco. Somos un conjunto. Cubano. Y lo que necesitamos ahora
justamente es un técnico de grabación y dos o tres buenas ideas para arreglos.
CÉSAR: Perfecto. Acá estamos listos. Así que cuando ustedes me digan, yo largo. Si
ya solucionaron el problema con Maribel…
CHARO: Mira el consejito que te doy, que es gratis. No te metas tú en ese asunto,
que es un problema regional. Dime dónde presiono para hablar con mi conjunto.
CÉSAR: Acá, mantené esto apretado y hablá por acá.
CHARO: Gracias. Perdón. Por favor. ¿Abel? Abelito. A ver si me contestas o te tengo
que hacer también señales con humo de caña.
ABEL: ¿Charo? ¿Dónde estás?
CHARO: Aquí, ¿dónde tú quieres que esté?
PENE: Nosotros estamos bien, estamos aquí.
CHARO: Qué bueno oírte, Pene. ¿Cómo va la grabación?
PENE: Va bien, Charito.
MIGUEL: Dile que se venga a pasar unos días.
PENE: Aquí Miguel te quiere hablar.
MIGUEL: Charito, hola, soy Miguel.
CHARO: Hola, Miguel. ¿Cómo tú estás?
MIGUEL: ¿Hola? ¿Me escuchas, Charito?
CHARO: ¿Hola? ¿Hola? Mira, que hay un poco de demorita, habla primero y
quédate calladito después. A ver si nos entendemos.
Los dos se callan.

MIGUEL: ¿Y qué? ¿Cómo está allá el CHARO: Esto es frío, compañeros.


clima?
¿Y cómo es eso? ¡Hola! ¡Perdón! ¿Qué? ¿Qué?

CHARO: Mira, que hace frío, y que eso es lo que te puedo decir por el momento.
¿Cómo está el nuevo, cómo está Dog?
MIGUEL: ¿Cómo es? ¿Cómo es el frío?
CHARO: (A SOFI.) Me parece que me están preguntando algo y no me doy cuenta
qué es. Gracias. Perdón. Todo bien, Miguelito. Que voy abrigada.
SOFI: Preguntales por las comidas cubanas.
CHARO: No, eso no se los voy a preguntar porque eso lo sé yo. Mira, Abel, hay algo
que hace ya tiempo que quiero decirte.
25

ABEL: (A los músicos.) Charito nos quiere hablar de algo que le oprime el pecho.
CHARO: (A SOFI.) A ver si solucionamos esto de una buena vez. (A ABEL.) Presta
atención. Vamos a hablar tú y yo.
ABEL: No toquemos ese tema, Charo.
CHARO: Que sí. Que es preciso, si queremos que la música del conjunto suene como
un verdadero conjunto. Ya sabes lo que yo pienso.
ABEL: Ya lo sé.
CHARO: La burra de Maribel tiene que irse.
ABEL: Ya se fue. Le dijimos que se fuera.
CHARO: Que se va ella, o me voy yo.
ABEL: Ya se fue.
CHARO: Que no me faltan ofertas de trabajo, Abelito, y que las voy a coger, porque
lo que yo busco es calidad. Y calidez.
ABEL: Ya se fue, Charo.
DOG: Maribel ya se fue.
CHARO: ¿Maribel está cantando por mí en este momento? Dime la verdad, Abel.
Porque si es así, la quiero escuchar.
ABEL: Se fue.
DOG: La echamos.
ABEL: La botamos como a un saco viejo.
CHARO: ¿Se fue la perra?
ABEL: (A los músicos.) No sé qué le esté pasando a Charo. La escucho muy sufriente.
CHARO: ¿Se fue? ¿Pero por qué no me lo dices antes, Abel? Espérame que ahí voy.
(Corta.)
ABEL: Charo se vuelve. Se vuelve al conjunto.
CHARO: (Antes de entrar.) Miren, amigos, todo muy lindo, pero yo me vuelvo con
mi conjunto cubano. Que me necesitan. Y súbeme un poco el agudo, Cesarito, que me
oigo como en el fondo de un bote de frijoles. Hola, hola a todos.
TODOS: ¡Hola, Charo!
CHARO: ¿Cómo tú has estado, Miguel? Que nadie me dice nada de ti desde hace no
sé cuánto tiempo.
MIGUEL: Estás espléndida, Charo.
CHARO: (Entra a la pecera.) Gracias, Miguelito, tú también, con esos ojazos de
potrillo que tienes. Uy, miren cómo la dejaron a Maribel. Vete, Maribel. Que tú te lo
buscaste bien buscado. Escuchen todos. Ya detectamos el problema. Esa canción en la
que yo no canto, no se hace. El tema no se hace. Y tú, Maribel, no tienes talento.
MIGUEL: Eres un médano con ojos, Maribel.
CHARO: ¿Dónde está ahora tu capital, eh? Que no lo veo por aquí ni por allá.
MARIBEL: (Casi inaudible.) Ya está lista la comida.
ABEL: Cesarito, a ver si nos puedes subir un poco a Maribel que no la escuchamos
nada.
PENE: Nada de nada.
CÉSAR: Dice que se les enfría la comida.
ABEL: ¡A comer, compañeros! Si serás ladina, Maribel.
DOG: Ven, párate que te llevo.
MIGUEL: ¡Morito con cristiano!
PENE: Vamos a comer algo y seguimos después.
Arrastran a MARIBEL al fondo, se van a comer. La pecera queda vacía unos
instantes.
CÉSAR: No, no, esperen. No se pueden ir.
SOFI: Por ahí no se sale. Esperen.
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CÉSAR: Se van.
SOFI: ¿Te digo una cosa? Por un lado me pongo un poco triste y por otro lado si me
decís que los pisó un tren me parece que no se me mueve un pelo.

5: Gastroenterólogos

Entran el DR. SANTIAGO PERALTA FACIOLI y el DR. LUNA. Hablan mirando


hacia arriba, por un supuesto micrófono que pende del techo.

SOFI: ¿Charo? ¿Abel?


DR. SANTIAGO PERALTA FACIOLI: ¿Mecha?
DR. GAEL LUNA: ¿Por qué llamás a Mecha? Te dije que era Florencia. ¡Florencia!
PERALTA: (Mirando en todas direcciones.) Permitime estar nervioso, Gael. La
ciencia avanza a los saltos, y hoy damos juntos uno de esos saltos.
Entra el DR. SIFFREDI.
PERALTA: Ah, Andrés, por acá, vení, ponete cómodo.
LUNA: Vos no te preocupes por nada, Siffredi, que esto va a salir bien.
PERALTA: (Al supuesto micrófono.) ¿Mecha? ¿Lara? ¿Abril?
SOFI: ¡Hola! ¿No están Abel y Charo, allí?
LUNA: ¿Flor? ¿Me oís?
SOFI: Sí, ¿no me oyen?
PERALTA: ¿Me ves?
SOFI: Los veo. Sí.
PERALTA: ¿Anahí?
LUNA: Ya te dije que hablé con Florencia.
PERALTA: Mirá, Anahí, para evitar problemas, ¿no te molesta si te llamamos Flor?
SOFI: Soy Sofi.
PERALTA: Aceptó. (A SIFFREDI.) No hemos ganado la guerra, pero sí una batalla.
Ponete contento, Andrés: las cosas no hacen más que mejorar.
DR. ANDRÉS SIFFREDI: Yo… igual…
PERALTA: Flor, ¿nos ves?
SOFI: Sí. ¿Qué quieren? César, ¿quiénes son estos?
CÉSAR: Es trabajo. Pensalo como trabajo, porque si le das más vueltas no llegás a
nada.
LOS GASTROENTERÓLOGOS: ¡Trabajo! ¡Trabajo! ¡Somos trabajo!
SOFI: ¿Me ven?
Ahora los gastroenterólogos miran hacia delante, pero para el lado incorrecto,
donde creerán haber localizado la cabina.
LUNA: Te oímos, Flor. Esperá, no hables, y escuchanos vos a nosotros. ¿Me oís?
SOFI se queda callada.
LUNA: ¿Hola?
SOFI: (A CÉSAR.) ¿Les contesto? Me dijeron que no hable.
CÉSAR: Sí, los oímos.
PERALTA: Esa no es Flor.
LUNA: ¿Estás con alguien, chiquita?
SOFI: (A los médicos.) ¿Ahora? Sí, bueno, yo estoy con alguien. Pero está en la
cárcel. Por un crimen que no cometió. (A CÉSAR.) Yo ahora puedo estar con vos. Pero
si puedo estar con él cuando salga, eso sería ideal. Porque ahora vos podés elegir,
¿no?
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CÉSAR: Sí.
SOFI: Y supongo que me invitaste a esta velada… ¿no?
CÉSAR: Sí.
SOFI: Porque… no sé… porque me elegiste a mí, ¿no?
CÉSAR: Sí.
SOFI: Bueno, a mí me gustaría poder elegir después, ¿sabés? ¿Para qué me trajiste
acá?
PERALTA: ¿Flor? ¿Estás bien?
SOFI: ¡Sí! (A CÉSAR.) Si me preguntan a mí, lo de los cubanos era mejor. Cerraba.
Por lo menos había un tejido más político. (Al micrófono.) Hola, chicos, vamos a
empezar de nuevo. Estoy bien. Les habla Flor. ¿Ustedes necesitan algo de nosotros?
Estoy con Riqui. (A CÉSAR.) Qué sé yo. Deciles que sos Riqui, a ver si esto avanza.
CÉSAR: ¿Qué Riqui?
SOFI: Fue lo primero que se me ocurrió. Cubrime.
CÉSAR: Hola, ¿me oyen?
SIFFREDI: ¿Quién sos?
CÉSAR: (Reticente.) Riqui.
SIFFREDI: (que parece ser el único que escucha, es al que le “llegan” los mensajes)
Dicen que se llama Ricardo. Yo no conozco a ningún Ricardo.
LUNA: ¿Te hablaron, Siffredi?
SIFFREDI: Me están hablando.
PERALTA: Ahora, yo hago una pregunta. ¿Qué servicio nos dan, acá? ¿Nuestra plata
no es buena? ¿Me escuchás, Flor?
SOFI: Sí. ¿Me ven, acá adelante?
PERALTA: Sí, sí. Ahora te veo. Pero no se oye. ¿Estás hablando? Si estás hablando
mové las manos. Hacé la ola.
SOFI: Hagamos la ola, César.
Lo hacen. Los gastroenterólogos los miran, muy serios. No dicen nada. Se miran
entre sí.
PERALTA: Ah, ah, bien. Bueno. Vamos a empezar, Gael.
LUNA: Queremos empezar, estamos haciéndonos de un ratito, le estamos robando
tiempo y paciencia a la guardia, así que vamos a agradecer que dejemos todos de lado
un poco las presentaciones, las mariconadas, y nos pongamos a trabajar. ¿Tenés las
imágenes, Riqui?
CÉSAR: No. No sé.
LUNA: ¿Y entonces?
CÉSAR: No sé. ¿Ustedes qué es lo que van a hacer?
LUNA: No, nosotros no vamos a hacer nada, y no te pongas prepotente. Acá el que
va a hacer lo suyo es el Doctor Andrés Siffredi. Vos tranquilo, Andrés, que no es con
vos.
SIFFREDI: ¿Por qué no lo dejamos para otro momento?
PERALTA: ¿Otro momento? ¿Vos pensás que Luis Pasteur tuvo “otro momento”?
¿Que madame Curie lo dejó “para otro momento”?
LUNA: Venimos a hacer la ponencia.
PERALTA: Vamos a defender el paper aunque se nos vaya la vida en esto, ¿me
entendés, Flor?
CÉSAR: ¿Y quieren probar el sonido?
PERALTA: No. Pretendemos calidad. Y punto. ¿Cuál es mi trabajo?
SIFFREDI: Curar…
PERALTA: En efecto.
SIFFREDI: Investigar cómo se cura…
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PERALTA: ¿Y cuál es el de ustedes, Flor, Riqui? ¿Mh?


LUNA: Probar sonido. Ejecutar. Técnicamente. Para que esto sea posible… (pierde el
hilo.), acá, entre todos. Así que cada uno a lo suyo. Lo mío es importante. Lo vuestro
no lo es tanto, en condiciones habituales, pero justamente ahora ocurre que es
importante, o quedamos todos varados acá. (Cambia de actitud.) ¿Por qué no están
las imágenes?
SOFI: ¿Quiénes son ustedes?
PERALTA: Ah, ahora sí nos entendemos. Qué bien. Si las imágenes no están, ¿las
podrán editar luego, atrás de Siffredi? Vos te las sabés de memoria, ¿no, Andrés? Y
sos flaquito…
CÉSAR: Miren, caballeros, a lo mejor…
PERALTA: (Dirigiéndose equivocado a la silla vacía de SOFI.) ¡No me llame
caballero! ¡Tengo ocho años de carrera, y tres de ejercicio! ¡Son doce años para que
usted venga a decirme caballero, Riqui!
LUNA: Vamos a empezar. ¿Hiciste pis, Siffredi?
SIFFREDI: No.
LUNA: ¿Querés ir? ¿Querés agüita? ¿Cacona?
SIFFREDI: No, no. A lo mejor tendríamos que preparar un poco mejor los casos
testigo antes de saltar a conclusiones que…
PERALTA: Vamos a necesitar el DVD.
LUNA: Necesitamos las imágenes. Soy irreductible en mi postura.
PERALTA: Una imagen vale más que mil palabras. Y la sonrisa de un niño que
supera la histerectomía múltiple duodenal vale más que todo esto por lo que tenemos
que pasar, vos, yo, y nosotros cuatro.
LUNA: Dame imágenes, o aceptá tus limitaciones con responsabilidad.
SOFI: Bueno, después te las mandamos. Imaginátelas, por ahora. Después las
mechamos en la edición.
LUNA: (Desestimando su postura anterior.) Ah, está bien.
PERALTA festeja levantando y bajando los brazos rápidamente.
SOFI: ¿Esto no va con música de fondo?
Los gastroenterólogos se entusiasman. Ahora miran hacia el lado correcto.
PERALTA: ¿Qué tenés?
SOFI: Tracy Chapman.
PERALTA: ¡Ah, el negro!
SOFI: (A CÉSAR.) Che, ¿quedó algo de los cubanos?
CÉSAR: ¿Qué cubanos?
SOFI: ¿Está en crudo?
LUNA: ¿Te parece que puede andar bien con algo de Shakira?
Muchas risas. Silencio repentino. Gravedad.
PERALTA: ¿Vos fuiste alguna vez al Ramos Mejía?
SOFI: ¿El hospital o la localidad?
PERALTA: El hospital.
SOFI: Fui a Haedo. A bailar a Pinar de Rocha. Con Charly.
PERALTA: Si te contáramos... A ver, Flor, si tuvieras que calificar a la guardia del
Ramos Mejía entre uno y diez, ¿qué le ponés?
SOFI: No sé. Fui a Haedo.
PERALTA: Sirve igual. Calificá Haedo.
SOFI: Y… no sé, entre cuatro y siete.
PERALTA: Perfecto. Ahora suponé que tenés la mitad de esos médicos. Y que no
tenés bomba de succión, y que los estetoscopios están tapados con óxido. ¿Qué le
ponés?
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SOFI: Y… la bajo a dos…


PERALTA: (Muy deprimido.) Ah… ¿La bajás?
LUNA: O sea que para vos… el trabajo médico… de los que quedan… haciendo lo que
pueden, en vez de valer más puntos… ¿vale menos?
SOFI: No. No quise decir eso. Pero si mi salud está en juego…
PERATA: ¿Tu salud está en juego?
LUNA: ¿O lo decís por decir?
PERALTA: Otra. Si llegás a una sala de internación, ¿qué es lo primero que te llama
la atención? ¿La atención, el decorado, la higiene o la técnica?
SOFI: (Sin dudar.) La técnica.
Los tres médicos se deprimen. El DR. LUNA intenta salir de este momento tan triste.
LUNA: ¿Empezamos, Andrés?
SIFFREDI: A lo mejor tanta demora es como… un signo… de que conviene esperar a
ver si otros equipos de trabajo… llegan a las mismas conclusiones… que nosotros…
LUNA: Pamplinas. Sanata.
PERALTA: ¿Y que te roben tu buen nombre, tu fama? Vos delirás, Andrés. Acá
estamos, y de acá no nos mueve nadie. Y si esto logramos que después se televise,
mucho mejor. Empezá.
SIFFREDI: (empieza con el discurso. Hace gestos hacia atrás, como si señalara
cosas en una pantalla.) Bueno. Hola. Bienvenidos. La gente es –por naturaleza-
tragona. Sí. En otra sociedades distantes, como la zulú, o la maori, dos sociedades
que… que… podríamos hablar de otras patologías socioculturales. Sin embargo, en
occidente, al parecer, los instintos de supervivencia, conservación, posesión y
engolfamiento van ligados a una oralidad exacerbada, en distintas etapas adultas del
paciente. Nos basamos en estadísticas probadas. (Por momentos se quiebra, e
interpela sutilmente a los colegas, que lo obligan discretamente a seguir:) ¿Ustedes
aclararon que esto es experimental? (Prosigue.) Desde niño, el occidental tiende a
tragarse cositas, muy pequeñas en algunos casos, como son las bolitas hechas de
abrojo de frazada, o extremitos de hisopos, y ya más grandes a medida que el niño
occidental (muestra una supuesta imagen detrás de él, a editar en un mundo
ideal)–“el niño voraz”– aumenta su voracidad y su relación con el medio: bolitas o
canicas, tapitas de gaseosas, alfileres, monedas. (Se quiebra. A los colegas:) Sin las
imágenes del niño voraz va a parecer que yo esto me lo invento, pero no… (Sigue.
Mueve las manos; gesticula artificialmente. Sonríe para las cámaras.) Todos nos
preguntamos, en este punto. (Nuevo quiebre.) ¿Estoy saliendo al aire? ¿Es un
hospital la estructura edilicia y sociológica más adecuada para atender
gastroenterológicamente tanta avidez oral? ¿Podemos los profesionales recuperar
estos objetos peligrosos, tragados involuntariamente por los pacientes con ansiedad?
¿Sabemos cómo reparar el daño esofágico de una aguja mal ubicada en su descenso
hacia el estómago? ¿Existe una magia medicinal que pueda recuperar una pila
Duracell de las cavidades gástricas sin intervención del maldito bisturí? Porque, ¡la
puta!, digámoslo: la misma gente que se traga cosas, le tiene una marcada aversión a
ser intervenido, cortado, anestesiado. Dense una vuelta por el Ramos Mejía y vean in
situ. Es lícito que nos preguntemos, entonces, con una mano en el corazón: ¿Tenemos
anestesistas en cantidad suficiente? ¿Es razonable el dolor por el que pasa el paciente
occidental al operarse? (A SOFI.) Si no sabés no lo mires a él. ¿Tenemos bombas de
succión? La respuesta a cada uno de estos interrogantes que he venido formulando,
es “no”. (Le soplan algo.) Sí, ya voy. ¿Qué se traga la gente? Bolitas, gomas de
borrar… (PERALTA y LUNA le soplan, discretamente, haciendo gestos, cosas que
SIFFREDI trata de adivinar.) capuchones, blisters de aspirinas, acrílico puro,
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cordones de zapatos… (SIFFREDI acepta algunas de ellas y otras las descarta.


LUNA señala las imágenes ausentes.) ¿Qué hacés?
LUNA: Después te mechan las imágenes.
SIFFREDI: (Continuando.) Corchos de sidra, cospeles, llavecitas de candados… No,
eso no. ¡Estoy hablando de estadísticas! (Vuelve.) En definitiva, una situación
desesperada para el médico tratante.
PERALTA: ¡Listo! ¡Andá a las conclusiones!
SIFFREDI: (Se ordena; hará un gran anuncio.) Sí. Listo. Nuestro estudio tiende a
demostrar que lo ideal sería que no se hubiera tragado nada. (Pausa. PERALTA y
LUNA, muy satisfechos.) Seamos realistas, ¿no? ¿Algo más? ¿Va a haber ronda de
preguntas?
LUNA: Flor, ¿va a haber ronda de preguntas?
SOFI: Y… se puede armar…
CÉSAR: ¿Qué quieren preguntar?
SOFI: ¿Quieren empezar?
LUNA: ¿Esa es la primera pregunta?
SOFI: (a CÉSAR) ¿Es nuestra primera pregunta? ¿La querés formular vos o la
pregunto yo?
CÉSAR: ¿Quiénes son?
PERALTA: Medio servicio entero de Gastroenterología del Ramos Mejía. El doctor
Peralta Facioli.
LUNA: El doctor Gael Luna, gastroenterología clínica.
PERALTA: Y el doctor Andrés Siffredi, el ponente.
SIFFREDI: (Por lo bajo.) ¡Uy, dijiste los nombres!
PERALTA: ¿Qué más? ¿Más preguntas?
SOFI: A ver… Qué fiaca.
LUNA: Mirá, estamos haciendo esperar a un montón de chicos que se tragaron
cosas. Así que si va a haber preguntas, que sean buenas.
SOFI: Para ustedes es fácil decirlo, porque son médicos, y seguro que cualquier cosa
que pregunten está buena. Porque saben. ¿Pero nosotros? ¿Eh? ¿Qué sabemos? Una
incertidumbre tras otra. ¿Debo yo, doctor, darle una chance al destino con Charly,
aunque esto pueda significar que me la juego, que me juego el pellejo?
LUNA: ¿Ves que podías? Ésa pregunta es buena. (Buscando opiniones expertas en
sus colegas.) Doctor… ¿Alguien quiere responderle a Flor?
SOFI: ¡Es que no soy Flor, basta! ¡Devuélvannos a los cubanos!
PERALTA: ¿Abril?
LUNA: (A SIFFREDI.) ¿Qué hiciste? ¿Qué tocaste?
PERALTA: ¿Mecha?
LUNA: ¿Qué tenés ahí?
PERALTA: ¿Anahí?
SIFFREDI: Nada.
LUNA: ¿Qué tenés? ¿Dónde lo tenés?
SIFFREDI: Nada. No tengo nada. No me toqué. (Lo revisan. Le abren el
guardapolvos, le revisan los bolsillos.) Si ustedes me trajeron… No tengo micrófonos,
ni paper, ni nada.
PERALTA: ¿Sofi?
SOFI: ¡Sí! ¿Quieren retomar las preguntas?
PERALTA: ¡Sí! ¡Sí!
SIFFREDI: Tratá de que sean preguntas gastroenterológicas… o mínimamente de
clínica médica… o de opinión general… pero no personales, porque nosotros no…
no… sabríamos qué contestarte. Y es un papelón.
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6: Una queja

Súbitamente, reingresan CHARO, DOG y ABEL. Ellos y los médicos no se ven entre
sí. SOFI y CÉSAR se alegran ante cierta vuelta a lo conocido, si bien pesadillesco.
Así es la gente.

CHARO: Que hemos vuelto.


PERALTA: Callate, Andrés. Retomá
las preguntas.
ABEL: Porque aquí todos tenemos un
trabajo que hacer.
CHARO: Y no lo va a parar ninguna
Maribelita,
SIFFREDI: (retoma las preguntas
iniciales.) ¿Tenemos camillas
suficientes?
por más cabreada que esté,
¿Contamos con sistemas de
bioseguridad?
la muy rumbona.
La respuesta a cada una de estas
preguntas es –una vez más- “no”.

SOFI: Perdón. ¿Ustedes se están quejando o quieren grabar?


CHARO: Queremos grabar, morenita. Creo que ya hemos sido claros.
SOFI: No, no es con ustedes.
CHARO: Dice que no es con nosotros, Abelito.
ABEL: ¿¡Y con quién es!? ¡Maribel! ¡Que ya está bien, chucha!
SOFI: ¿Hola? ¿Me escuchan?
ABEL y PERALTA: ¿Me ves?
SOFI: Les pregunto si se están quejando.
LUNA: Ah, ¿podemos dejar una queja?
SOFI: No sé... Si quieren... ¿A vos te jode, César?
CÉSAR: Yo hace rato que no estoy siguiendo.
PERALTA: ¿Vos qué nos aconsejás?
SOFI: Ay, no sé.
CHARO: Que estamos esperando, primor.
LUNA: A ver, vos en un caso de guardia, ¿qué harías?
CÉSAR: (a SOFI) No les contestes. No te metas en política.
SOFI: Bueno, tocando botones no les estoy sirviendo de mucho. Por ahí, si me
comprometo…
CÉSAR: Vos llamás compromiso al suicidio. Está todo mezclado. Te dejás seducir
por Charly. ¡No vayas con él a Interama!
ABEL: Mira, Charito. Que vamos a empezar.
CÉSAR: ¡Ni loca! Hoy por hoy es un descampado.
PERALTA: ¡Iujuuu!
(ABEL toca la guitarra, CHARO empieza a canturrear algo.)
PERALTA: ¿Qué harías, Sofi?
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SOFI: ¡No sé! ¡No sé!


PERALTA: Ponele que la guardia es tuya. ¿Qué harías, corazón?
SOFI: No sé, yo ya les dije que conocí Haedo, periféricamente, y punto. Bailé como
loca. Porque un día de vida es vida, entre tanta mierda.
LUNA: (A CÉSAR.) Y vos, querido, ¿qué pensás?
CÉSAR: Mirá, no sé... Yo soy técnico de sonido.
LUNA: A nosotros nos haría bien saber tu punto de vista. Nos daría más
información. ¿La gente se informa?
CÉSAR: ¿En qué?
LUNA: Y bueno, hay que informarse. ¿Vos qué harías en una guardia?
SOFI: No sé. ¿Por qué me preguntan a mí?
LUNA: Y si no es a vos, ¿a quién vamos a preguntarle?
Lo toquetea al DR. SIFFREDI.
PERALTA: Mirá, nosotros veníamos a defender un paper. Pero con esta
predisposición tuya... No lo puedo creer...
LUNA: ¿Sabés por lo que pasan hoy los médicos en Argentina? ¿Querés un vivo
ejemplo? Parate, Siffredi. No, que te vean. Que te vean bien.
Empieza una discusión muy agresiva. CÉSAR entra al estudio.
SOFI: No te vayas.
SIFFREDI: Muchachos, me parece que estamos yendo demasiado lejos.
LUNA: No, que graben en sus retinas y que después vengan a hacerse atender de
urgencia, si quieren.
SOFI: ¡César! Médicos, ¿ustedes lo ven a César?
PERALTA: No.
SOFI: ¿Y a Riqui?
LUNA: ¿No está más al lado tuyo? ¿Y no te preguntás por qué?
SOFI: ¿César? ¿Me oís? ¿Me ves?
CÉSAR y los MÉDICOS, y a su vez, los CUBANOS, pese a estar en el mismo sitio, no
se ven entre sí. CÉSAR no hace nada. Mira en dirección a donde antes miraban los
MÉDICOS, luego mira a SOFI. Pero no hace nada. CHARO canturrea.
LUNA: ¿No te preguntás si entre tu actitud de mierda y la súbita partida de Riqui no
habrá una relación de causa efecto, una relación en la que tu actitud es la causa y su
partida, el efecto?
SIFFREDI: No te embarulles, Gael.
LUNA: Te sentás inmediatamente ahí y defendés tu paper.
SIFFREDI: No me agredas.
LUNA: Esto no es agresión. La agresión de verdad todavía no empieza, Andrés.
SIFFREDI: No peleemos. ¿Se está grabando esto?
PERALTA: Sí, sí, pero está bien. Que se sepa. Porque acá, sin querer, entre mate y
mate, se abrió la caja de Pandora de la medicina pública.
LUNA: (A SOFI.) Yo te quiero ver el día que te tragues un botón… una bolita… Y ya
no te hablo de Haedo…
SIFFREDI: Bueno, lo discutimos en otro momento…
LUNA: ¿En otro momento? ¿Qué? ¿Ahora todo el mundo quiere disponer de mi
tiempo? (Sopapea a SIFFREDI.) ¿De qué lado estás, eh? Estás con la ciencia o estás
en su contra, Andrés.
SOFI: ¿Me ven? ¿Hola?
LUNA: (A SIFFREDI.) ¿Me ves?
SIFFREDI: ¿Por qué me preguntás si te veo? ¿Yo qué hice?
LUNA: Defendete. ¡Defendete, Siffredi! ¡En guardia! ¡Pegame!
33

SIFFREDI: No, no. Vámonos. ¡Vámonos! (Finalmente, reacciona. Trata de golpear


a LUNA, como puede. Es una pelea con puños entre gastroenterólogos enojados.
CÉSAR sale de la cabina.)
LUNA: Eso, pegá, maricón. Pegá. (Ambos se reponen. Respiran.) Perdoná. Es como
para enloquecer a cualquiera, Andrés.
SOFI: (Cortando el audio del estudio.) Mirá, César. Esto te lo grabé. Fue tremendo.
CÉSAR: Miren, chicos, la verdad es que nosotros todavía tenemos mucho trabajo
que hacer, y el tiempo es dinero…
Se vuelve a escuchar el estudio.
PERALTA: ...único que faltaba.
CHARO: ¿Cómo ha salido?
PERALTA: Todavía nos queda un ratito.
CÉSAR: Es que se extendieron un poco, se ve, y se produjo una superposición.
LUNA: No me hables así, porque vos no tenés idea de lo que es una verdadera
superposición.
SOFI: Lo que pasa es que alguna idea estamos teniendo. Porque antes había un
poquito de delay, pero ahora estamos teniendo una… ¿cómo se dice esto en música?...
¿un canon? ¿Un desdoble en el tiempo?
LUNA: Yo querría ser claro, acá. (A SOFI.) ¿Sabés lo que voy a hacer con mi tiempo,
Flor? Me lo voy a coger a Peralta. (Lo agarra al DR. PERALTA) ¿Ves? ¿Ves lo que
lográs con tus boludeces? Esta hora es mía y yo hago lo que quiero con ella. (Se lo
coge.)
PERALTA: (en cuatro patas, el Dr. LUNA lo sodomiza, un verdadero salvaje.
PERALTA sufre estoicamente.) Vos te lo buscaste, Sofi. Él hace con su tiempo lo que
quiere. Nosotros pagamos por estar acá. Si queremos hacerlo acá, lo hacemos acá. No
hay una mierda que la plata no pueda comprar.
SIFFREDI ha quedado tirado en un rincón. Llora quedamente. LUNA y PERALTA
terminan. LUNA se sube los pantalones. La canción de CHARO es hermosa.
LUNA: (Con mucha calma.) ¿Tenés un pucho, Peralta? (A SOFI.) ¿Te pagamos,
chiquita?
SOFI: Dejá la plata en una cajita que hay ahí. En ese pallín.
Miran al pallín. Luego hacia SOFI. Todos dentro de la cabina se congelan.

7: Congelados

SOFI: Uy, ¿qué toqué?


CÉSAR: No sé. ¿Qué tocaste?
SOFI: Se congeló la imagen.
CÉSAR: No es imagen. Es gente. Pará un cachito que llamo a Ale.
SOFI: ¡Cubanos! ¡Médicos! Ya lo vamos a solucionar.
CÉSAR: (Al teléfono.) ¿Ale? ¿Qué decís? (…) Sí, todavía estoy acá. (…) No, no sé.
Pasó lo mismo de aquella vez, ¿te acordás? (…) Sí, cuando grabamos el tributo a
Marilina. (…) Sí, ¿cómo lo destrabamos? (…) Ah, ¿entonces no lo destrabamos? (…)
Restarteo, sí.
SOFI: No, bueno, si te lo tomás a la tremenda, es tremendo. Pero si lo ves con
humor, está bueno.
CÉSAR: ¿Estás seguro de que no pierdo lo que ya grabé, no?
SOFI: ¿Vos no podés hacerme una copia de esto? No te digo hoy, que estoy mareada,
pero a lo mejor otro día me dan ganas de verlo de nuevo.
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CÉSAR: Nada. Le pedí si no quería venir a… (…) No, no comimos nada. (Escucha. Le
pasa el teléfono a SOFI.) Quiere hablar con vos.
SOFI: No. ¿Quién es?
CÉSAR: Ale.
SOFI: Yo no lo conozco.
CÉSAR: Sí, lo conocés.
SOFI: No.
CÉSAR: Bueno. Hablale.
SOFI: Dame, vas a ver que no lo conozco. (Al teléfono.) Hola, Ale. Habla Sofi. (…)
Pero entonces… (…) Está bien, pero entonces… (…) Pará un cachito. (A CÉSAR.) ¿Vos
no tendrás una estufita prendida?
CÉSAR: Sí.
SOFI: ¿Te fijaste si la llama está azul?
CÉSAR: (Corrobora.) Y… azul, azul no está… Está más bien… añil.
SOFI: (Al teléfono.) No, mirá, Ale, acá no nos parece… Más bien es algo que tiene
que ver con los cables… o… (…) Ahá. (…) Ahá. (…) Ahá. (…) Ale, ¿yo te conozco a vos?
¿Qué sos? ¿Papá de alguno de los chicos de sala de cinco? (Escucha en silencio.
Luego, siempre muda, le pasa el teléfono a CÉSAR, que escucha atentamente).
CÉSAR: ¿Las imágenes? ¿Qué imágenes?
SOFI: Las del niño voraz, seguro. Ese pobre niño occidental que les prometimos.

PERALTA: Es una mierda, la ciencia.


CÉSAR: Ale, a lo mejor, no quieren
moverse y listo.
Para el que la mira de afuera todo es
genial, aséptico, guardapolvitos, cositas
descartables.
SOFI: No sé. ¿Vos querés que me vaya?
Porque me parece que no es un buen
momento para irme. Fijate. No sé.
Decidilo ya.
Pero hay que vivirla, por dentro, ¿eh? La
ciencia, la ciencia.
Mirá, César, ya está volviendo.

En la pecera, reingresa MARIBEL. Está espléndida, vestida con gran clase, anteojos
negros.
MARIBEL: Que ya volví.
El movimiento se recupera progresivamente. Reingresan los músicos, excepto
Miguel.
ABEL: Maribelita, mira cómo te has puesto.
CÉSAR: Ah, pará, Ale, me parece que ya está. (…) No, no sé si voy a salir con ella.
SOFI: ¿Vos lo estás usando a Ale de pantalla para hacerme preguntas indirectas en
vez de preguntas directas? ¿Querés que salgamos, o no?
CÉSAR: Yo te aviso. (Corta.)
MARIBEL: ¿Cómo va todo por aquí?
PENE: Maribel, ¿te crees que debajo de esos anteojos puedes esconder a la figura de
la persona que botamos?
Timbre.
SOFI: Dejame a mí. (En el portero.) Ya bajo. (Sale sin decir nada.)
35

PENE: No nos engañas, Maribel. Te fuiste, pero estás de vuelta. Es evidente.


MARIBEL: Voy a lanzar mi carrera solista.
ABEL: Eso es imposible.
CHARO: Eso no es un conjunto.
MARIBEL: No. Es un conjunto solista. Las voces las hago yo misma. César, ¿tú
puedes grabarme varias veces y luego hacer que parezca un conjunto?
CÉSAR: Sí, de hecho es más fácil. Y es más prolijo. Queda más limpio.
Pausa. Los cubanos –exceptuando a Maribelita- se observan entre sí, entristecidos.
CHARO: ¿Me has visto sucia, César?
ABEL: ¿Has estado pensando todo el tiempo que estábamos sucios?
PENE: Cuando dijiste “rack”, ¿te referías a eso?
ABEL: ¿Y lo callabas por delicadeza?
PENE: César, eh, César. ¿Tú crees que Maribel puede triunfar?
CÉSAR: Sí.
PENE: (Con pudor.) Entonces, ¿puedo escribirte las canciones, Maribel? Mira, me
llamo Pablo Nicolás. Pero me dicen P.N. Pene. Y toco el palo de lluvia. Y, además,
estoy alfabetizado…
MARIBEL: Ah, qué bien.
ABEL: Yo conservo un buen recuerdo de ti, Maribel. De antes de que te echáramos.
MARIBEL: César, ¿crees tú que podría tener el cincuenta y uno por ciento de todo y
ser la socia mayoritaria de mi conjunto solista, y a veces incluir una guitarrica? ¿Me
cierran los números, César?
CÉSAR: Sí.
ABEL: Entonces, yo me subo a la balsa.
PENE: Qué bien, Abel. Vas a ver tú las ventajas de un conjunto solista.
ABEL: No puedo esperar pa’ verlas.
PENE: Sí. (Igual que al comienzo.) Falta Charo.
CHARO: Consígueme la visa, Cesarito. Fragüemos un matrimonio. Que es todo
provisorio. Tómate así la vida, que si no ella te va a tomar peor.
CÉSAR: ¿Y Miguel? ¿Dónde está?
LOS CUBANOS: ¿Qué Miguel?
CÉSAR: El de la caja.
ABEL: ¿Qué tú dices, Cesarito? Que la música cubana no tiene caja. Nunca ha
tenido.
LOS CUBANOS: No, nunca. Nunca ha tenido.
CÉSAR: Esto ya pasó.
CHARO: Pues si ya pasó, aprende del error y muévete con rumba pa’lante.
CÉSAR: No me engañan. Falta uno. Miguel. Caja. De occidente.
PENE: Mira: con la caña puedes hacer cualquier instrumento, cualquiera. Menos
una caja.
DOG: La caña es redonditica.
PENE: Y la caja está llena de ángulos de noventa.
ABEL: Aquí nunca ha habido caja.
CÉSAR: Sí, claro. ¿Y por qué yo tengo acá una cintita en un canal que dice “caja”?
LOS CUBANOS: ¡Una cintita!
ABEL: Mira si serás comemierda.
PENE: Se te dice: no hay Miguel, no hubo Miguel…
CHARO: …y tú con tu jodida cintita.
DOG: ¡Qué comemierda!
ABEL: Tienes gracia, Cesarito. Tú me gustas.
CHARO: Nos gustas a todos.
36

CÉSAR: ¿Qué es? ¿Una forma de escaparse de Cuba? Vienen todos juntos, hacen
como que graban un disco, ni siquiera saben tocar, crean confusión con el número y
se van yendo de a uno por los conductos de ventilación…
(Pausa.)
DOG: ¿A qué tú llamas conjuntos de ventilación?
PENE: ¿Y por qué querría un cubano irse de Cuba?
MARIBEL: Para grabar un disco.
ABEL: Y aquí estamos.
DOG: Para grabar un disco.
PENE: Y luego nos volvemos todos junticos.
MARIBEL: Y este es mi conjunto, y yo canto con estas cuerdas.
CHARO: Y yo toco este instrumento. Que no tiene nombre. Fíjate tú, Cesarito, qué
curiosa es la Revolución.

8: Haz de mi caso un talk-show

Entran SOFI y el PIZZERO al estudio. SOFI le habla a CÉSAR por el micrófono.


SOFI: Bueno, tenemos que hablar. Por ahí es doloroso. No sé. Como vos tampoco me
decís nada. Yo bajé y me encontré al pizzero.
PIZZERO: Hola.
SOFI: Es él. Es inofensivo. Y tuvimos una charla. Y onda.
CÉSAR: (En el portero.) ¡Hola, hola! ¿Sos el pizzero?
PIZZERO: Sí, soy yo.
CÉSAR: ¿Estás ahí?
PIZZERO: (siempre en la pecera de grabación.) Sí, sí, acá estoy.
SOFI: Él es Bruno. Recién lo conozco, pero se dio enseguida. Con vos, Riqui, viene
complicado. No sé… Si querés, podemos hablarlo los tres. O, si no, cualquier cosa te
llamo y te explico lo que sé. (Al Pizzero.) ¿Querés hablar vos con Riqui?
PIZZERO: Yo llegué acá por un error. No fue una decisión mía. Es más decisión de
ella que mía.
SOFI: O del azar.
PIZZERO: O llamalo equis.
MARIBEL: Claro, Cesarito, te conviene llamarlo equis.
PIZZERO: Yo igual, si querés, las pizzas te las dejo.
CÉSAR: Ay, sí, me hacés un favor. A lo mejor si como algo me empieza a importar
todo tres carajos.
SOFI: Mirá, Bruno: a mí, al principio, me pareció que tenía que pagar el pizzero, y no
los que iban a comer. Por eso vos me decías: “Traigo unas pizzas para el estudio” y yo
te decía “Del estudio no se pidió ninguna empanada”. (Pausa.) Bueno, es un poco la
reconstrucción que yo hago de lo que pasó. ¿No hay imágenes? (Pausa.) Este es el
estudio, ¿no? (Pausa.) Riqui, yo te agradezco que me hayas dado la posibilidad de
grabar.
Las cosas han derivado naturalmente en un panel de talk show.
CHARO: Mira, rica, a ti no te importa si te graban o no, lo que te tiene que importar,
es que si te está pasando algo, lo tienes que sacar para afuera.
SOFI: Sí. Porque con vos, Riqui, no me estaba pasando.
CHARO: Ay, reinita, qué cruel eres.
DOG: Y qué mal vistes.
PENE: Para mí, Riqui, esto estaba todo armado.
37

ABEL: Yo creo que todo esto es una cosa hermosa para hacer una canción. De
desamor, de despecho, pero con un fondo bien político.
PENE: Todo armado. Invitan a una con un caso polémico, hacen que te involucres,
pero ella ya lo conoce a él de antes, y hacen toda esta parafernalia para llenar el
espacio de la televisión.
DOG: Para llenarlo de falso melodrama.
SOFI: No, no es verdad. Yo a él no lo conocía.
PENE: Vamos, vamos. Que esta es la treta más vieja del espacio de aire.
PIZZERO: No estaba armado.
SIFFREDI: Siempre está armado.
SOFI: Es tu actitud, Riqui. Yo hice todo lo posible por llamar tu atención. Te hablé de
Charly para activar un piso de celos, y nada.
ABEL: ¿Has aprendido algo de todo esto, Riqui?
CÉSAR: Sofi, ¿cómo decís que se llama el pizzero? ¿“Bruno” decís que se llama?
SOFI: Sí, Bruno. (Al PIZZERO.) ¿Vos sos Bruno?
CÉSAR: ¡¿Bruno?! ¡“Miguel” se llama! ¡Miguel! Además, hace quince minutos que le
estás hablando a una campera. ¿Sabés qué? Vos, Sofi, cuanto antes desaparezcas,
mejor.
SOFI: ¿Cómo?
La voz de CÉSAR llega al estudio por un parlante ubicado en el techo.
CÉSAR: Mirá, si alguna vez se me ocurrió la peregrina idea de invitarte a tomar un
café, olvidate. No te lo digo de mala onda, ¿eh? Pero antes esto no pasaba. Yo venía,
grababa, y me iba a casa.
CHARO: Si serás hijoeputa, ¿qué culpa tiene la reinita, Cesarito si tu vida es un
molde de yeso? ¡Y ya me han hecho calentar! ¡Vete con el pizzero, Reinita! ¡Llévatelo
a casa, cómetelo a besos!
DOG: (Conteniéndola a CHARO.) ¡No vale la pena! ¡Que parece que es una
chaquetica, no más!
ABEL: Mira, César: he aquí un cubano, un amigo, que te va a dar un consejito. Todo
esto que te pasa es publicidad. Ya verás tú cómo ahora éstos dos, tan frescos, se hacen
a un lado y te tratan de vender un carro polarizado que corre más rápido, o un jabón
que te quita las manchas de la guayaba jugosa, lo que quieras. Un producto que, en el
mejor de los casos, tiene un precio equis. Ahora bien: para venderte ese producto, te
montan este culebrón. Te ponen a una rubia, la cruzan con el chico del delivery, les
pagan sueldos, les ponen ropa, los hacen signo, y ¿adivina qué? ¿Ya lo estás
adivinando? ¿A qué no sabes cuánto cuesta ahora ese carro polarizado, ese jaboncico
en polvo? Pues te voy a decir cuánto vale. No vale equis. Vale equis más “y”, más
“zeta”. Súmale tú el costo de la rubia, súmale la ropa que tiene puesta, súmale el papel
en el que un escritor mediocre ha bocetado las tontas líneas que ella dice.
CHARO: Ahora ve y cómprate el carro, si quieres. Pero no te confundas: tú pagas la
diferencia entre equis y esto que te venden ahora.
ABEL: Tú me das una pena, Riqui.
MARIBEL: A todos.
LOS CUBANOS: Sí, a todos, nos das pena. Pobrecito.
PERALTA: Yo no lo había pensado así. Pero esto que a ti te pasa es desesperante,
Riqui.
LOS CUBANOS: Qué pena contigo, Riqui.
ABEL: ¿Tú sabes todo lo que hacemos en Cuba con un huevo? ¿Y tú sabes acaso si
hay publicidad de ese huevo en el televisor?
PENE: No hay.
CHARO: No. En el televisor hay “Mesa redonda”.
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PENE: Donde se debate.


DOG: Y la serie de Paola Krum, que está bien buena.
TODOS: Sí, Paola Krum.
MARIBEL: Y Gustavo Bermúdez. “Alas”.
CHARO: Que nos llegan un poquitico tarde, pero nos llegan todas como pescado
fresco.
PENE: Y las vemos con espíritu crítico. Perdón.
CHARO: Que una isla como Cuba no desaparece así como así. De nada.
PERALTA: ¿Nos vamos, Andrés?
SIFFREDI: Sí, ya vamos.
SOFI: (Al PIZZERO.) Vamos. Si él no lo entiende… qué sé yo.
PIZZERO: Sí, ya vamos. (A CÉSAR.) Perdoná. Son doce pesos.
DOG: (A CÉSAR.) Y mira tú otra cosita que te quería comentar desde que llegué. Yo
ya me formé una opinión sobre todo esto. Yo ya tengo una opinión formada. Tienes
que ser más desconfiado, Cesarito. Cuando mires una cosa, mírala bien. Mírala de
varios lados a la vez. Porque si la miras primero de un lado, y recién después del otro,
te van a confundir. Míralo todo. Mira las cosas antes de que se te vayan de los ojos.
Las cosas no se están quietecitas. Ya lo quisieras tú. No, César. Las cosas se mueven.
Los cubanos comentan: “¿Y este quién es?” “¿Este es del conjunto?” “¡Bien, Miguel!”
Un ruido blanco empieza a tapar el texto. DOG sigue hablando pese a esto. Algunos
se tapan los oídos. Otros no, levantan la mano para participar, pero es en vano.
Una bola de ruido, residuos sonoros de la conferencia de Siffredi, de discursos, de
grabaciones truncas de músicos, de cosas que se han dicho, en fin, ruido y acoples
que empiezan a descontrolarse. CÉSAR trata de controlar la consola.
DOG: (Prácticamente inaudible.) La Revolución es movimiento. Y a no confundir
movimiento con adaptación. Tú no te adaptes. Tú desconfía. Y júntate con otros que
desconfíen también. Que ya verás tú lo que pasa entonces. Que no hay mentira que
dure mil años. Que no hay verdad que no salga a flote. Que el tiempo, cuando se
equivoca en todas partes, deja algunas islas como ejemplo. Y modelo. Perdón.
Gracias. Bienvenido, Cesarito.
CÉSAR ha probado todo, y el ruido no cesa. Decide levantarse, va hacia la pared, y
no es sino hasta que baja un enorme interruptor que se hacen el silencio y la
oscuridad.

Rafael Spregelburd
Entre agosto de 2006 y agosto de 2007