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La figura de la accesión, tradicionalmente considerada como uno de los medios de

adquisición del dominio, recoge supuestos tan diferentes y con resoluciones


también tan distintas que genera una cierta dificultad conceptual, que obliga a
precisar su alcance.
Concepto y clases de la accesión
Olvidando el aspecto histórico de la cuestión, el concepto moderno de accesión
distingue dos clases:
a) La accesión discreta o por producción, que es la adquisición de los frutos
por el dueño de la cosa madre. Es una consecuencia de la posesión legítima
sobre una cosa que legitima a hacer suyos los frutos o productos de lo poseído.
b) La accesión continua o por incorporación, que es la adquisición por el
dueño de la cosa principal, haciendo suya la accesoria, viniendo a ser un modo
especial de adquisición del dominio; pero no siempre es así, como se verá.
Ante la gran diferencia entre accesión discreta y continua, debe precisarse que la
primera está en la órbita de la facultades del poseedor; por ello su estudio
corresponde a los temas sobre la posesión: puede verse Efectos de la posesión.
Adquisición y pérdida
Se estudia ahora únicamente la accesión propiamente dicha, es decir, la
accesión discontinua o por incorporación, que es aquella situación que se produce
por determinados supuestos de conexión –de muy diversos tipos- entre cosas de
dueños inicialmente distintos y que el legislador intenta solucionar normalmente
atendiendo a criterios económicos, además de la aplicación de principios de
equidad y justicia, con el juego de la buena o mala fe de los intervinientes en la
situación producida.
Esta conexión física entre cosas de dueños distintos es la que regula la accesión.
Obsérvese que en todos los casos de accesión (de mueble a inmueble, entre
muebles o entre inmuebles), hay una conexión física entre dos cosas, que una de
ellas sea más o menos principal y otra que se considere accesoria no será más
que una situación compleja, incluso puede ser subjetiva y que exige una solución
jurídica.
Dentro de ella se debe distinguir:

 La accesión según se refiera sólo a los bienes muebles, a los bienes


inmuebles y la accesión de un bien mueble a un bien inmueble.

 La accesión mediata e inmediata. Es mediata aquella en que la


adquisición es automática, sin intervención del dueño y por tanto a
consecuencia de un hecho; es el caso del aluvión; es inmediata aquella en que
no hay una adquisición automática e instantánea, sino que el dueño de una
cosa tiene una facultad o una opción que, ejercitada conforme a la Ley, dará
lugar a que adquiera el dominio de la cosa que no le pertenecía y que
podemos, de momento, denominar como accesoria.
 La accesión natural, sin intervención humana y la accesión artificial o
industrial cuando hay actuación del hombre, y puede ser voluntaria o no, y ser
de buena o de mala fe.

Fundamento de la accesión
Naturalmente es distinto el fundamento de la accesión discreta y de la discreta.
El fundamento de la accesión discreta se halla en el hecho de que las utilidades
de la cosa deben ser para el dueño de ellas. Es una de las razones para admitir la
propiedad; podría decirse que no es que se tenga derecho a los frutos por ser
propietario, sino que para que se tenga derecho a los frutos se reconoce o
concede la propiedad. Pero no debe olvidarse que hay derechos reales, como el
usufructo que concede a su titular los frutos de la cosa usufructuada; por esto
preferimos hablar que los frutos corresponden al legítimo poseedor.
El fundamento de la accesión propiamente dicha o accesión continua está en
que el legislador considera preferible no destruir la cosa para lograr su separación
y atribuye entonces a una sola persona la propiedad del todo formado por las
cosas unidas.
A veces, se dice que el fundamento de toda accesión está en el principio de que lo
accesorio sigue a lo principal, pero no es necesariamente así:

 en la accesión discreta los frutos no son accesorios de la cosa madre; el


fruto no está al servicio de esta cosa madre, su relación es de generación, no
de subordinación.

 En la accesión continua, la auténtica accesión, existen casos en que se


aplica dicho principio de que lo accesorio sigue a lo principal, pero no tiene
porqué serlo siempre: hay otros criterios de atribución como puede ser el que
una cosa tenga menor valor o menor volumen, etc.

En todo caso, se ha afirmado (DIEZ PICAZO) que en el fondo las normas sobre la
accesión tratan de resolver un conflicto pero, en realidad, esto no es exclusivo de
la accesión; a resolver conflictos también se dirigen otras situaciones, como
la traditio, la ocupación, las adquisiciones a non domino, etc.

La Accesión es un modo de adquirir la propiedad y un derecho real (derecho de


accesión), que se atribuye al propietario del suelo, y le permite hacer suyo todo
aquello que quede unido y crezca a dicho suelo, ya sea en forma natural o
artificial. En el caso de los bienes muebles el principio “accessorium sequitur
principali” permite que la inseparabilidad de dos o más bienes determine la
adquisición del resultante en favor del dueño del bien calificable como principal.
Todo lo que se une o se incorpore a una cosa, lo edificado, plantado y sembrado,
y lo reparado o mejorado en terreno o finca de propiedad ajena, pertenece al
dueño del terreno o finca.

Por medio de la accesión, el propietario adquiere:


I. Los frutos naturales (las producciones espontáneas de la tierra, las crías y
demás productos de los animales);

II. Los frutos industriales (los que producen las heredades o fincas de cualquiera
especie, mediante el cultivo o trabajo); y

III. Los frutos civiles (los alquileres de los bienes muebles, las rentas de los
inmuebles, los réditos de los capitales y todos aquellos que no siendo producidos
por la misma cosa directamente, vienen de ella por contrato, por última voluntad o
por la ley).

El que percibe los frutos de lo producido por tercera persona de buena fe en finca
propia, tiene la obligación de indemnizar al tercero, además de abonar los gastos
hechos por el tercero para su producción, recolección y conservación.
El que siembre, plante o edifique en finca propia, con semillas, plantas o
materiales ajenos, adquiere la propiedad de unas y otros, pero con la obligación
de pagarlos en todo caso y de resarcir daños y perjuicios si ha procedido de mala
fe.

El que edifica, planta o siembra de mala fe en terreno ajeno, pierde lo edificado,


plantado o sembrado, sin que tenga derecho de reclamar indemnización alguna
del dueño del suelo, ni de retener la cosa.

CLASES DE ACCESIÓN.
Accesión discreta o de frutos: Por ella el dueño del suelo pasa a ser dueño de
aquello que brota del mismo en forma natural, o como consecuencia del cultivo de
este.
Accesión continua: Es por la que se adquiere la propiedad sobre lo que se une o
incorpora, natural o artificialmente a una cosa, en calidad de accesoria y de modo
inseparable.
Se distinguen tres categorías de accesión:
Accesión Inmobiliaria: en términos generales, esta accesión tiene lugar en los
casos de edificación, plantación y siembra ejecutadas en un inmueble cuando los
materiales, plantas o semillas pertenecen a una persona distinta del dueño del
inmueble.
Accesión de mueble a inmueble o mixta: se entiende como las cosas puestas que
se adhieren a un bien inmueble pasan a ser cosas inmuebles por la naturaleza
que los crea, por ejemplo: las herramientas de trabajo en una hacienda.
Accesión mobiliaria: tiene lugar cuando dos bienes muebles de distintos dueños se
unen.
En el caso de la accesión mobiliaria, es decir, tratándose de dos cosas muebles
que pertenecen a dos dueños distintos, y estas se unen de tal manera que vienen
a formar una sola, sin que intervenga la mala fe, el propietario de la principal
adquiere la accesoria, pagando su valor. Se reputa principal, entre dos bienes
muebles incorporados, el de mayor valor.

El Código Civil de Nicaragua tiene un apartado especial referente al derecho de


Accesión
Artículo 621 La propiedad de los bienes da derecho por accesión a todo lo que
ellos producen, o se les une o incorpora, natural o artificialmente.
Artículo 622 Pertenecen al propietario:
1°. Los frutos naturales.
2°. Los frutos industriales.
3°. Los frutos civiles.
Artículo 623 Son frutos naturales las producciones espontáneas de la tierra y las
crías y demás productos de los animales.
Son frutos industriales los que producen los predios de cualquier especie a
beneficio del cultivo o del trabajo.
Son frutos civiles el alquiler de los edificios, el precio del arrendamiento de tierras,
los intereses de capitales exigibles, rentas vitalicias u otras análogas.
Artículo 624 El que percibe los frutos tiene la obligación de abonar los gastos
hechos por un tercero para su producción, recolección y conservación.
Los frutos que caigan de un árbol o arbusto sobre una finca vecina, se
considerarán como frutos de ésta.
Esta disposición no se aplicará cuando el predio vecino esté destinado al uso
público, o cuando siendo de dominio particular no esté cerrado o acotado.
Artículo 626 No se reputan frutos naturales o industriales, sino los que están
manifiestos o nacidos.
Respecto a los animales, basta que estén en el vientre de su madre, aunque no
hayan nacido.
Los animales sin marca ajena, que se encuentren en las tierras o propiedades, se
presumen propios del dueño de éstas, mientras no se pruebe lo contrario.
Capítulo III
Del derecho de accesión respecto a los bienes inmuebles
Artículo 627 Lo edificado, plantado o sembrado en predios ajenos y las mejoras o
reparaciones hechas en ellos, pertenece al dueño de los mismos con sujeción a lo
que se dispone en los artículos siguientes.
Artículo 628 Todas las obras, siembras y plantaciones, se presumen hechas por el
propietario y a su costa, mientras no se pruebe lo contrario.
Artículo 629 El propietario del suelo que hiciere en él por sí o por otro,
plantaciones u obras con materiales ajenos, debe abonar su valor; y si hubiere
obrado de mala fe, estará además obligado al resarcimiento de daños y perjuicios.
El dueño de los materiales tendrá derecho a retirarlos solo en el caso de que
pueda hacerlo sin menoscabo de la obra construida, o sin que por ello perezcan
las plantaciones, construcciones u obras ejecutadas.
Artículo 630 El dueño del terreno en que se edificare, sembrare o plantare de
buena fe, tendrá derecho a hacer suya la obra, siembra o plantación, previa la
indemnización establecida en los artículos 629 y 635, o a obligar al que fabricó o
plantó, a pagarle el precio del terreno, y al que sembró, la renta correspondiente.
Artículo 631 Si en la construcción de un edificio se ocupare de buena fe, una parte
del fundo contiguo, y la construcción ha sido hecha con conocimiento y sin
oposición del vecino, el edificio y el área ocupados podrán ser declarados
propiedad del constructor, quien, en todo caso, quedará obligado a pagar al
propietario del suelo, el duplo del valor de la superficie ocupada, y además los
daños y perjuicios.
Artículo 632 El que edifica, planta o siembra de mala fe en terreno ajeno, pierde lo
edificado, plantado o sembrado, sin derecho a indemnización.
Artículo 633 El dueño del terreno en que se haya edificado, plantado o sembrado
con mala fe, puede exigir la demolición de la obra o que se arranque la plantación
y siembra, reponiendo los bienes a su estado primitivo a costa del que edificó,
plantó o sembró.
Artículo 634 Cuando haya habido mala fe, no solo por parte del que edifica,
siembra o planta en terreno ajeno,
sino también por parte del dueño de éste, los derechos de uno y otro serán los
mismos que tendrían si
hubieran procedido ambos de buena fe.
Se entiende haber mala fe por parte del dueño, siempre que el hecho se hubiere
ejecutado con su conocimiento y tolerancia, sin oponerse.
Si los materiales, plantas o semillas pertenecen a un tercero que no ha procedido
de mala fe, el dueño
del terreno deberá responder de su valor subsidiariamente, en el solo caso de que
el que los empleó no
tenga bienes con que pagar.
No tendrá lugar esta disposición si el propietario usa del derecho que le concede
el artículo 633.
Artículo 636 Cuando la semilla o los materiales no están aún aplicados a su
objeto, ni confundidos con otros, pueden reivindicarse por el dueño.
Artículo 637 Se entiende que hay mala fe de parte del edificador, plantador o
sembrador, cuando hace la edificación, plantación o siembra, en terreno que sabe
que es ajeno, no pidiendo previamente al dueño su consentimiento por escrito.
Artículo 638 Pertenece a los dueños de las heredades confinantes con las riberas
de los ríos, el acrecimiento que aquellas reciben paulatinamente por efecto de la
corriente de las aguas.
Los dueños de las heredades confinantes con estanques o lagunas, no adquieren
el terreno descubierto por la disminución natural de las aguas, ni pierden el que
éstas inundan en las crecidas extraordinarias.
Artículo 639 Cuando la corriente de un río, arroyo o torrente, segrega de una
heredad de su ribera una porción conocida de terreno y la trasporta a otra
heredad, el dueño de la finca a que pertenecía la parte segregada, conserva la
propiedad de ésta.
Artículo 640 Los árboles arrancados y trasportados por la corriente de las aguas
pertenecen al propietario del terreno a donde vengan a parar, si no los reclaman
dentro de un mes los antiguos dueños. Si éstos los reclaman, deberán abonar los
gastos ocasionados en recogerlos, o ponerlos en lugar seguro.
Artículo 641 Los cauces de los ríos que quedan abandonados por variar
naturalmente el curso de las aguas, pertenecen a los dueños de los terrenos
ribereños en toda la longitud respectiva a cada uno. Si el cauce abandonado
separaba heredades de distintos dueños la nueva línea divisoria correrá
equidistante de unas y otras.
Artículo 642 Las islas que se forman en los mares adyacentes a las costas de
Nicaragua y en los ríos, pertenecen al Estado.
Artículo 643 Cuando en un río, variando naturalmente de dirección se abre un
nuevo cauce en heredad privada, este cauce entrará en el dominio público. El
dueño de la heredad lo recobrará siempre que las aguas vuelvan a dejarlo en
seco, ya naturalmente, ya por trabajos legalmente autorizados al efecto.
Artículo 644 Inaplicable.
Artículo 645 Cuando se divide en brazos la corriente del río, dejando aislada una
heredad o parte de ella, el dueño de la misma conserva su propiedad. Igualmente
la conserva si queda separada de la heredad por la corriente una porción de
terreno.
Del derecho de accesión respecto a los bienes muebles
Artículo 646 Cuando dos bienes muebles pertenecientes a distintos dueños, se
unen de tal manera que vienen a formar uno solo, sin que intervenga mala fe, el
propietario de la principal adquiere la accesoria, indemnizando su valor al anterior
dueño.
Artículo 647 Se reputa principal entre dos bienes incorporados, aquel a que se ha
unido otro por adorno, o para su uso o perfección.
Artículo 648 Si no puede determinarse por la regla del artículo anterior cuál de los
dos bienes incorporados es el principal, se reputará tal el objeto de más valor, y
entre dos objetos de igual valor, el de mayor volumen.
En la pintura y escultura, en los escritos, impresos, grabados y litografiados, se
considerará accesoria la tabla, el metal, la piedra, el lienzo, el papel o el
pergamino.
Artículo 649 Cuando los bienes unidos puedan separarse sin detrimento, los
dueños respectivos pueden exigir la separación.
Sin embargo, cuando el bien unido para el uso, embellecimiento o perfección de
otro, es mucho más precioso que el principal, el dueño de aquel puede exigir su
separación, aunque sufra algún detrimento el otro a que se incorporó.
Artículo 650 Cuando el dueño del bien accesorio ha hecho su incorporación de
mala fe, pierde el bien incorporado y tiene la obligación de indemnizar al
propietario del principal los perjuicios que haya sufrido.
Si el que ha procedido de mala fe es el dueño del bien principal, el que lo sea de la
accesoria tendrá derecho a optar, entre que aquel le pague su valor, o que el bien
de su pertenencia se separe, aunque para ello haya que destruir el principal; y en
ambos casos, además, habrá lugar a la indemnización de daños y perjuicios.
Si cualquiera de los dueños ha hecho la incorporación con su conocimiento y sin
oposición del otro, se determinarán los derechos respectivos, en la forma
dispuesta para el caso de haber obrado de buena fe.
Artículo 651 Siempre que el dueño de la materia empleada sin su consentimiento
tenga derecho a indemnización, puede exigir que ésta consista en la entrega de
un bien igual en especie y valor y en todas sus circunstancias, al empleado, o
bien, en el precio de él, según tasación pericial.
Artículo 652 Si por voluntad de sus dueños se mezclan dos bienes de igual o
diferente especie, o si la mezcla se verifica por casualidad, y en este último caso
no son separables sin detrimento, cada propietario adquirirá un derecho
proporcional a la parte que le corresponda, atendido el valor de los bienes
mezclados o confundidos.
Artículo 653 Si por voluntad de uno solo, pero con buena fe, se mezclan o
confunden dos bienes de igual o diferente especie, los derechos de los
propietarios se determinarán por lo dispuesto en el artículo anterior.
Si el que hizo la mezcla o confusión obra de mala fe, pierde el bien de su
pertenencia mezclado o confundido, además de quedar obligado a la
indemnización de los perjuicios causados al dueño del bien con que hizo la
mezcla.
Artículo 654 El que de buena fe empleó materia ajena en todo o en parte para
formar una obra de nueva especie, hará suya la obra, indemnizando el valor de la
materia al dueño de ésta.
Si ésta es más preciosa que la obra en que se empleó, o superior en valor el
dueño de ella tendrá la elección de quedarse con la nueva especie, previa
indemnización del valor de la obra, o de pedir indemnización de la materia.
Si en la formación de la nueva especie intervino mala fe, el dueño de la materia
tiene el derecho de quedarse con la obra sin pagar nada al autor, o de exigir de
éste, que le indemnice el valor de la materia y los perjuicios que se le hayan
seguido.