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La obra de Ken Wilber se puede dividir en cinco fases:

Fase 1 (1977-1979), que él mismo caracteriza como su fase "romántico-jungiana". Como


muchos filósofos románticos y psicólogos junguianos, él ve el crecimiento espiritual como un
retorno (completo o parcial) a una condición que existió en el pasado, pero que se ha perdido
durante el proceso de crecimiento, la historia cultural.
Fase 2 (1980-1982), en la que pasa a la psicología del desarrollo como un contexto más amplio
para integrar la psicología oriental y occidental. El crecimiento espiritual ahora lo ve como algo
que viene después de madurar. En otras palabras, no hemos perdido a Dios, crecemos en Él,
por un proceso gradual de desarrollo.
Fase 3 (1983-1987), en la que refina su modelo de desarrollo a lo largo de los años. El
desarrollo ya no se entiende como un proceso homogéneo, en el que el yo pasa por varias
etapas, respectivamente, sino como un proceso complejo, que consta de varias líneas de
desarrollo (cognitivo, emocional, social, espiritual, etc.) y el yo ha de buscar alguna manera
para mantener el delicado equilibrio entre estas líneas.
En los años 1987-1995 no publica mucho, debido a circunstancias personales, principalmente
porque su esposa se enferma y muere en 1989. Este período publica en el libro Gracia y Coraje
en 1991.
Fase 4 (1995-2001), en la que agrega una dimensión sociocultural a su modelo de desarrollo
individual y pone más atención a los procesos neurológicos que están involucrados en la
conciencia. Con su imagen de los cuatro cuadrantes demuestra la interdependencia de estas
dimensiones y la parcialidad de los puntos de vista que se basan en un solo cuadrante y que
dudan de la validez de los demás.
Fase 5 (2001-presente), llamada "post-metafísica", en la que Wilber cambia su enfoque desde
una filosofía de fondo metafísico (involución/evolución, niveles de ser) a una visión evolutiva
basada en la noción de Sheldrake de la "Presencia del Pasado" en los cuatro cuadrantes.
Mantiene algunos principios básicos de la filosofía perenne (el Uno, algunos datos involutivos),
pero se alía con los puntos de vista ‘mundanos’ de la evolución humana, como se ejemplifica
en Dinámica Espiral.
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