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Un detalle fundamental de los catalizadores es que la cantidad necesaria de los mismos

suele ser muy inferior al volumen de los reactivos; sólo unos pocos gramos de un
catalizador pueden ser suficientes para llevar a cabo la conversión de toneladas de los
productos de partida. Aunque teóricamente el catalizador no se gastaría nunca (es un
simple intermediario) pudiendo ser recuperado una vez terminada la reacción, en la
práctica no ocurre exactamente así, ya que siempre se produce cierto nivel de pérdidas,
aunque el resto sí es reutilizable.

Los catalizadores se caracterizan con arreglo a las dos variables principales que los
definen: la fase activa y la selectividad. La actividad y la selectividad, e incluso la vida
misma del catalizador, depende directamente de la fase activa utilizada, por lo que se
distinguen dos grandes subgrupos: los elementos y compuestos con propiedades de
conductores electrónicos y los compuestos que carecen de electrones libres y son, por lo
tanto, aislantes o dieléctricos. La mayoría de los catalizadores sólidos son los metales o los
óxidos, sulfuros y haloideos de elementos metálicos y de semimetálicos como los
elementos boro aluminio, y silicio. Los catalizadores gaseosos y líquidos se usan
usualmente en su forma pura o en la combinación con solventes o transportadores
apropiados; los catalizadores sólidos se dispersan usualmente en otras sustancias
conocidas como apoyos de catalizador.

Un catalizador en disolución con los reactivos, o en la misma fase que ellos, se llama
catalizador homogéneo. El catalizador se combina con uno de los reactivos formando un
compuesto intermedio que reacciona con el otro más fácilmente. Sin embargo, el
catalizador no influye en el equilibrio de la reacción, porque la descomposición de los
productos en los reactivos es acelerada en un grado similar. Un ejemplo de catálisis
homogénea es la formación de trióxido de azufre haciendo reaccionar dióxido de azufre
con oxígeno, y utilizando óxido nítrico como catalizador. La reacción forma
momentáneamente el compuesto intermedio dióxido de nitrógeno, que luego reacciona
con el oxígeno formando óxido de azufre. Tanto al principio como al final de la reacción
existe la misma cantidad de óxido nítrico.

Un catalizador que está en una fase distinta de los reactivos se denomina catalizador
heterogéneo o de contacto. Los catalizadores de contacto son materiales capaces de
adsorber moléculas de gases o líquidos en sus superficies. Un ejemplo de catalizador
heterogéneo es el platino finamente dividido que cataliza la reacción de monóxido de
carbono con oxígeno para formar dióxido de carbono. Esta reacción se utiliza en
catalizadores acoplados a los automóviles para eliminar el monóxido de carbono de los
gases de escape.

Existen ciertas sustancias llamadas promotoras, que no tienen capacidad catalítica en sí,
pero aumentan la eficacia de los catalizadores. Por ejemplo, al añadir alúmina a hierro
finamente dividido, ésta aumenta la capacidad del hierro para catalizar la obtención de
amoníaco a partir de una mezcla de nitrógeno e hidrógeno. Por otra parte, los materiales
que reducen la eficacia de un catalizador se denominan venenos. Los compuestos de
plomo reducen la capacidad del platino para actuar como catalizador; por tanto, un
automóvil equipado con un catalizador para controlar la emisión de gases necesita
gasolina sin plomo.

Uso Biológico

Las enzimas, que se encuentran entre los catalizadores más importantes, tienen una
función esencial en los organismos vivos donde aceleran reacciones que de otra forma
requerirían temperaturas que podrían destruir la mayoría de la materia orgánica. Las
enzimas son sumamente reactivas y poseen una extrema especificidad, cada proceso
bioquímico tiene su enzima específica propia. Los procesos bioquímicos inducidos por
enzimas caen en clasificaciones anchas, tal como hidrólisis, la descomposición, síntesis,
hidrogenacion-deshidrogenacion; como con catalizadores en general, las enzimas son
activadas para reacciones directas e inversas. Las enzimas frecuentemente tienen
coenzimas, Adenosina trifosfato, ATP, es una importante coenzima que participa en la
energía y los procesos productores a través de membranas de la célula. Como con los
catalizadores hay muchas sustancias que inhiben, o veneno, enzimas. El ion de cianuro es
un inhibidor potente en muchos procesos enzimáticos. Los biotecnólogos buscan formas
de ampliar estos recursos y de desarrollar enzimas semisintéticas para tareas muy
específicas.

Algunas enzimas, como la pepsina y la tripsina, que intervienen en la digestión de las


proteínas de la carne, controlan muchas reacciones diferentes, mientras que otras como la
ureasa, son muy específicas y sólo pueden acelerar una reacción. Otras liberan energía
para la contracción cardiaca y la expansión y contracción de los pulmones. Muchas
facilitan la conversión de azúcar y alimentos en distintas sustancias que el organismo
precisa para la construcción de tejidos, la reposición de células sanguíneas y la liberación
de energía química para mover los músculos. Además, la pepsina, la tripsina y otras
enzimas poseen la propiedad peculiar denominada autocatálisis que les permite originar
su propia formación a partir de un precursor inerte denominado zimógeno. Como
consecuencia, estas enzimas se pueden reproducir en un tubo de ensayo.

USO INDUSTRIAL

El uso de catalizadores en la industria química está tan extendido que prácticamente


participan en el 90% de los procesos químicos. El desarrollo de la química industrial se
debe en gran medida a la catálisis, pero también encontramos catalizadores en la vida
cotidiana: en estufas catalíticas, en los automóviles y, sobre todo, en nosotros mismos. Los
seres vivos somos la más compleja industria química, en la que se producen millones de
reacciones a la vez; la vida sería imposible sin la presencia de los catalizadores biológicos:
las enzimas. La catálisis es la aceleración de una reacción química con una pequeña
cantidad de sustancia, que permanece esencialmente intacto.

Nunca permite una reacción que sea termodinámicamente imposible, sino que crea un
camino alternativo, una forma de interactuar los reactivos mucho más eficiente. Así, si
nitrógeno e hidrógeno fluyen en un tubo a alta presión y temperatura no reaccionan para
dar amoniaco, aunque el equilibrio químico sea favorable. Pero si se añaden partículas de
hierro ambos compuestos reaccionan a gran velocidad. Por otro lado, si en un proceso
existen reacciones paralelas o laterales, los catalizadores pueden favorecerlas para
proporcionar el producto deseado.
Todo esto hace que, gracias a su empleo, se consiga el abaratamiento de costes,
simplificación de instalaciones, condiciones menos severas de presión y temperatura,
reactores y aparatos más pequeños, además de la obtención de productos de mayor
calidad.

Los primeros logros importantes de la aplicación de la catálisis a la industria fueron la


mejora sustancial de los procesos de conversión de amoniaco a ácido nítrico, la
hidrogenación y la síntesis de amoniaco.

Uno de los mayores éxitos del uso de los catalizadores fue el del craqueo (ruptura)
catalítico de las fracciones pesadas de petróleo que ha llegado a ser muy importante en las
refinerías de petróleo como un medio de aumentar la producción de gasolina a expensas
de productos más pesados y menos valiosos, como el queroseno y el petróleo combustible
permitiendo la obtención de gasolina de mayor octanaje y calidad.

La polimerización de etileno con catalizadores tipo Ziegler-Natta (en honor a sus


descubridores) para la obtención de polietileno, un polímero ampliamente utilizado en
botellas, recipientes, bolsas, moldes, etc., y también la oxidación de naftaleno y buteno a
anhídrido ftálico y an hídrido maleico, sustancias precursoras en la obtención de cauchos,
lonas y otros materiales plásticos.

Los catalizadores para los coches, la transformación de glucosa a fructosa, la obtención


de gasolina desde metanol, el metacrilato o la producción de la vitamina K 4, son algunos
de estos avances

En la actualidad, la mayoría de la producción de numerosos intermediarios orgánicos


sintéticos usados para hacer plásticos, fibras, elastómeros, colorantes, pesticidas, resinas,
pigmentos, medicamentos, etc. involucran etapas de catálisis.

Los catalizadores tienen una enorme importancia en la industria química, ya que si no


fuera por ellos muchos procesos industriales no podrían ser llevados a cabo, y como es
fácil de imaginar, la introducción de un nuevo catalizador que permita incrementar a
producción de una sustancia determinada puede reducir drásticamente su coste de
fabricación. Pero sus aplicaciones se extienden también a otros campos. Un ejemplo
conocido son los catalizadores con los que, desde hace algún tiempo, se equipan los tubos
escape de los coches, cuya misión es la de oxidar el monóxido de carbono, que es un gas
tóxico, convirtiéndolo en dióxido de carbono, mucho más inocuo.