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PROGRAMAS PARA EL DE DESARROLLO Y LA MEJORA DE

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL.
Nélida Pérez Pérez

RESUMEN:

Este trabajo pretende exponer de forma generalizada algunos


de los programas que podemos encontrar para trabajar la Inteligencia
Emocional en los centros educativos. Además de trasmitir una serie
de reflexiones interesantes, apoyadas por estudios científicos que
corroboran la intención y resultados de estos programas. Uno de los
objetivos es el de trasladar a los profesionales del campo educativo
una nueva visión en nuestra tarea educativa que incorpore además
de la razón la emoción en su tarea diaria para que contribuya, tanto
en profesores como en estudiantes, a mejorar las habilidades
emocionales y con ellas a rebajar o solucionar algunos de nuestros
problemas en las aulas y favoreciendo otros nuevos adecuados.

El término Inteligencia Emocional surgió por parte de los


autores Mayer y Salovey, tras la publicación de un artículo en una
revista en los años 90. Pero no fue hasta el 95 cuanto a raíz del libro
publicado por Daniel Goleman se hace extensivo a toda la sociedad,
convirtiéndolo así en un término popular. Pero más allá de la parte
divulgativa que invade muchos medios de comunicación como
internet, algunas revistas… existe una tendencia científica importante
que trata de abordar dicho constructo, así como su evaluación y
posterior desarrollo con la implementación de programas cuyo
objetivo principal es la alfabetización emocional de adolescente, niño
o adultos, tanto en el campo educativo, laboral o personal.

Actualmente existen programas que tratan de fomentar,


desarrollar y mejorar la Inteligencia Emocional. La filosofía de estos
programas parte del hecho de que hasta hace poco, en el ámbito
educativo se ha dado un énfasis curricular centrado exclusivamente
en el desarrollo de funciones eminentemente cognoscitivas como la

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memoria, el razonamiento, la percepción, las funciones intelectuales
de ánalisis-síntesis, etc. Sin embargo, ha sido más bien escaso o nulo
el interés por el aspecto emocional de los individuos. Si bien desde
Descartes nuestros estudios desde la psicología cognitiva han sido
consecuentes en la disociación entre “razón y emoción”, parece que
en la actualidad se viene gestando un impulso renovado y locuaz por
el que se apuesta por la unión de estas dos “mentes” que quizás
nunca debieron ser disociadas. Para ello cabe remitirse a los últimos
estudios neurológicos que evidencian y así también lo dicta nuestro
sentido común, que la razón y la emoción caminan juntas en cada
unas de nuestras vivencias. Según LeDoux la corriente conocida
como cognitivismo, “trata de estudiar y comprender cómo llegamos a
conocer el mundo que nos rodea y cómo usamos estos conocimientos
para vivir en él” (p.26). Esta corriente, nacida a mitad del siglo XX, se
ha centrado únicamente en la parte racional, cognitiva, pensante
(intelecto) de la mente, sin tener en cuenta, las emociones. Pero en
realidad, la mente, no puede ser concebida sin emociones. algo que
ha sido tenido en cuenta por numerosos estudiosos y que ha llevado
a desembocar en una serie de estudios a cerca del constructo
Inteligencia Emocional y su evaluación, a partir de los cuales han
surgido programas cuyo objetivo es el de trabajar y mejorar este
aspecto, el emocional.
Pero es importante que el orientador tenga claro a la hora de
implementar un programa basado en este tipo de habilidades, si opta
por programas basados en modelos de habilidad o modelos mixtos.
Cuando un programa solicita tempranamente a los alumnos a
“expresar y dirigir apropiadamente” varias emociones, a “diferenciar
y etiquetar emociones positivas y negativas en uno mismo y en
otros”, o a dirigir a los estudiantes para integrar “sentimientos y
pensamientos con el lenguaje” y a aprender “estrategias para
comunicar, enfrentarse y dirigir fuertes sentimientos” nos estamos
refiriendo a un programa basado en el modelo de habilidad.

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Por otro lado mediante los modelos mixtos o más populares, la
aproximación a la IE se realiza incluyendo distintos objetivos
conductuales o de personalidad.

Los programas más exitosos, son los que ayudan al alumno a


desarrollar la capacidad de tomar decisiones por si mismos en su
propio contexto. Este tipo de educación es la base del conocimiento y
está más encuadrada con un modelo de habilidad de IE. Ello conlleva
enseñar a los estudiantes conocimientos emocionales y razonamiento
emocional, con la esperanza que esta combinación permita a los
estudiantes encontrar su propio camino para tomar buenas
decisiones. La mayoría de los estudiantes necesitarán una guía o
dirección hacia lo bueno. Este objetivo se logrará con mayor eficacia
si los ejemplos y la instrucción proporcionada se hace de modo
indirecto con la aprobación uniforme de valores seleccionados en el
currículum (Cobb y Mayer, 2000).

Otra de las necesidades para un buen desarrollo de programas


o trabajo en el aula sobre la inteligencia emociones, es la necesidad
de las competencias afectivas y emocionales en el profesorado.
Mientras que para cualquiera de las materias que se impartan
en los centros se requiera de un dominio de la misma para ello, por
ejemplo en matemáticas o literatura, las habilidades emocionales,
afectivas y sociales que se pretende inculcar al alumnado requieren
de un profesor que domine dichas capacidades. Esta necesidad se
debe a dos razones:
- Por que las aulas son el modelo de aprendizaje socio-
emocional adulto de mayor impacto para los alumnos.
- Porque la investigación demuestra que unos adecuados
niveles de IE ayudan a afrontar con mayor éxito los
contratiempos cotidianos y el estrés laboral al que se
enfrentan los docentes.

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Para que el alumno aprenda habilidades emocionales y
afectivas, necesita de un “educador emocional”.

Los profesores se convierten en modelos para sus alumnos, en


agentes directos para el desarrollo y adquisición de actitudes,
comportamientos y habilidades óptimas y adecuadas que asentarán
las bases de su inteligencia emocional. Es por tanto una tarea difícil,
pero necesaria la que debe asumir el profesor sobre todo en las
primeras edades, en las etapas de infantil y primaria, en las que en
reiteradas ocasiones asume el rol de los padres. De forma casi
inapreciable la práctica docente implica actividades como (Abarca,
Marzo y Sala, 2002; Vallés y Vallés, 2003):
• la estimulación afectiva y la expresión regulada de los
sentimientos positivos y, más difícil aún, de las emociones
negativas (e.g., ira, envidia, celos,...);
• La creación de ambientes (tareas escolares, dinámicas de
trabajo en grupo,...) que desarrollen las capacidades socio-
emocionales y la solución de conflictos interpersonales;
• La exposición a experiencias que puedan resolverse mediante
estrategias emocionales;
• La enseñanza de habilidades empáticas mostrando a los
alumnos cómo prestar atención y saber escuchar y comprender
los puntos de vista de los demás.

Con esto no hay que olvidar la función primaria de la familia,


como primer agente socializador, puesto que la familia es un modelo
emocional básico e insustituible.
Es por ello por lo que la intervención adecuada y eficaz se
centra en los padres y los profesores, conjuntamente, unidos en la
misma tarea de educar emocionalmente a sus hijos o alumnos.
Se requiere pues, un esfuerzo coordinado, así como un estilo
educativo democrático por parte de los padres, que exija el
cumplimiento de acuerdos pero a la vez incentivar en la toma de

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decisiones desde la escucha al niño, aceptando sus preferencias y
gustas. Participando de forma activa en los ratos de juego, de trabajo
y demás. Con esto evidentemente se requiere la presencia activa de
los padres que en muchas de las ocasiones están ausentes.

Las interacciones profesor-alumno son un espacio socio-


emocional ideal para la educación emocional con actividades
cotidianas como:
• contar problemas o intercambiar opiniones y consejos,
• la mediación en la resolución de conflictos interpersonales entre
alumnos,
• las anécdotas que pueda contar el propio profesor sobre cómo
resolvió problemas similares a los que pasan los alumnos, o
• la creación de tareas que permitan vivenciar y aprender sobre
los sentimientos humanos como la proyección de películas, la
lectura de poesía y narraciones, las representaciones teatrales.
El contenido artístico relacionado con la música y la pintura y su
posterior debate en clase desempeñan una función emocional
esencial (para una experiencia docente con la poesía y el
desarrollo emocional ver Doreste, 2002 y también El baúl de las
emociones,
http://www.juntadeandalucia.es/averroes/~cephu3/emociones/

Mediante este tipo de actividades el alumno:


• Descubre los distintos tipos de emocional
• Fomenta su percepción y comprensión de los sentimientos
propios y ajenos
• Observa cómo los sentimientos motivan distintos
comportamientos
• Percibe la transición de un estado emocional a otro (e.g., del
amor al odio), es consciente de la posibilidad de sentir
emociones contrapuestas (e.g., sorpresa e ira, felicidad y
tristeza) y cómo los personajes literarios o de cine resuelven

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sus conflictos o dilemas personales (Mayer y Salovey, 1997;
Mayer y Cobb, 2000; Sanz y Sanz, 1997).

El objetivo es que lleguen a trasladar a la práctica diaria estas


formas de tratar y manejar las emociones a su vida cotidiana,
aprendiendo a reconocer y comprender los sentimientos de los otros
alumnos o profesores, empatizando con las emociones de los demás
compañeros de clase, regulando su propio estrés y/o malestar,
optando por resolver y hacer frente a los problemas sin recurrir a la
violencia. En definitiva, enseñando a los alumnos a prevenir
comportamientos violentos, desajustados emocionalmente, tanto
fuera como dentro del aula. Una serie de actividades para padres y
profesores encaminadas a potenciar la percepción, comprensión y
regulación emocional propia y también la de sus hijos/alumnos
(Fernández-Berrocal y Ramos, 2004).

Otra de las razonas por las que es importante y casi necesaria


la inteligencia emocional en los profesores es que ayuda a evitar o a
aminorar los estados de estrés, depresión, ira y el conocido síndrome
de estar quemado o burnout. (Durán, Extremera y Rey, 2001).
En la actualidad, los profesores han de afrontar aspectos como
la falta de disciplina del alumnado, problemas de comportamiento, el
excesivo número de alumnos, la falta de motivación por aprender, la
apatía estudiantil por realizar las tareas escolares encomendadas y el
bajo rendimiento se han convertido en importantes fuentes de estrés
para el profesorado que afectan a su rendimiento laboral, lo cual se
convierte en un desafío adicional para el profesor que debe ajustar el
estilo de enseñanza y el curriculum a las nuevas necesidades
convirtiéndose en un nuevo factor de estrés (Tatar y Horenczyk,
2003).

La investigación científica sugiere positivamente que existe un


componente genético en la inteligencia emocional. Las

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investigaciones psicológicas y la práctica claramente demuestran que
la inteligencia emocional puede aprenderse, además de que se
incrementa con la edad. Es esta, la posibilidad de desarrollarla, la
que ha movido a muchos profesionales a crear programas con dicha
finalidad.

Desde años atrás se vienen realizando intervenciones y trabajos


cuya finalidad es la de mejorar la educación emocional de los niños,
adolescentes, jóvenes y adultos. Podemos encontrar que desde el
año 1994, coordinada por el departamento de psicología de la
Universidad de Illinois y Chicago, se creó una organización llamada
CASEL (Collaborative for the Advancement of Social and Emotional
Learning) que lidera el movimiento crítico. Esta asociación reúne 21
universidades norteamericanas que desarrollan programas de
habilidades sociales y emocionales. Todos estos programas tienen un
factor común: la búsqueda de conocimientos significativos para los
individuos en el contexto de su crecimiento personal y de
autoaprendizaje.

A continuación se van a enumerar algunos de los programas


que podemos encontrar para trabajar la Inteligencia Emocional.
o Desconócete a ti mismo: Programa de
Alfabetización Emocional, de Guell Barcelo, Manuel (Paidós
Ibéricas, 1999) está organizado en 10 grandes temas con los
siguientes objetivos: aumentar la autoestima, facilitar el
autoconocimiento, mejorar las habilidades comunicativas,
incrementar el autocontrol emocional, ayudar a superar las
situaciones estresantes, evitar conductas agresivas y pasivas,
contribuir a tomar decisiones, descubrir capacidades creativas y
iniciar una correcta expresión emocional.
El programa está planteado como un curso de una duración de
70 horas. Las actividades están dirigidas a alumnos de segundo ciclo
de ESO y de Bachillerato. El curso está diseñado para que pueda ser
impartido por cualquier profesor de secundaria, sin necesidad de

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estar especializado en psicología o pedagogía, ni tener conocimientos
previos sobre la materia.

o “La educación emocional a través del lenguaje


dramático” de Luis Núñez Cubero, Universidad de Sevilla. Llevando
a cabo una experiencia de Educación Emocional teniendo en cuenta
la efectividad de algunas de las estrategias que se utilizan en la
formación teatral. Concluye que el empleo del “lenguaje escénico” y,
en particular, el lenguaje dramático-corporal resulta más efectivo
para incidir en algunas áreas de intervención en Educación
Emocional.
o El programa DIE (desarrollando la inteligencia
emocional) programa para el desarrollo de la inteligencia emocional,
de Antonio Vallés Arándiga y Consol Vallés Tortosa, editado en EOS,
Madrid (1999), está dirigidos a las etapas de Primaria, E.S.O y
Bachillerato.
Los Objetivos generales en los que está basado son:
- Lograr una autoconciencia emocional
- Conseguir un adecuado control de las emociones
- Desarrollar la empatía como comprensión de las emociones de los
demás
- Mejorar las relaciones interpersonales

o El Programa de Inteligencia Emocional: Sentir y


pensar de SM, es un programa para ayudar a profesores y profesoras
a educar las emociones desde las primeras edades. Cuentos,
dinámicas, actividades y fotocopiables para que niños y niñas
desarrollen sus capacidades personales y sociales.
o Educación emocional. Programas de actividades para
ESO: Vicent Pascual Ferris y Monserrat Cuadrado Bonilla (2001).
o Desarrollando la inteligencia emocional. Programa para el
desarrollo de la Inteligencia Emocional (D.I.E.). Antonio Vallés
Arándiga y Consol Vallés Tortosa (1998).

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o Programa S.I.C.L.E. (Siendo Inteligentes Con Las
Emociones). Vallés Arándiga (1999).
o Emocion/ate Con Inteligencia. Antonio Vallés Arándiga
(2003). Editorial Promolibro. Valencia.
o El programa Filosofía para Niños coordinado por Félix
García (2002) basado en la estimulación de la inteligencia racional y
emocional; ha sido evaluado con resultados positivos al observarse un
cierto incremento del rendimiento académico que ha perdurado a
más largo plazo, aunque haya tenido un reducido impacto a la hora
de estimular la inteligencia a corto plazo.
o Resolving Conflicts Creatively Program (RCCP) Aber,
JOnes, Brown, Chaudry y Samples, 1998. Cuyos objetivos fueron:
Reducir la violencia de los jóvenes ayudándoles a controlar su ira:
identificar sus emociones negativas en situaciones conflictivas;
Adquirir habilidades sociales para relacionarse satisfactoriamente con
los demás; Empatía: sentir “con” el otro.
o Promoting alternative thinking strategies (PATHS)
Greenberg, Kusche, Cook y Quamma, 1995. Objetivos: Desarrollar la
capacidad de comprender, expresar y regular las emociones; Ponerse
en el lugar del otro y la resolución de conflictos.
o Social decision making y problem solving program. Claby
y Elias, 1999. Objetivos: Reconocimiento de emociones; Conocimiento
de los propios sentimientos; Autocontrol: regulación del estrés y de la
ira; Habilidades sociales; Resolución de conflictos

De entre los beneficios que podemos conseguir con la


incorporación de programas en los que se trabaje la Inteligencia
Emocional están los siguientes:
 Aumento de las HHSS y relaciones interpersonales
satisfactorias.
 Disminución de pensamientos autodestructivos
 Mejora de la autoestima
 Disminución del índice de violencia y agresiones

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 Menor conducta antisocial
 Menor número de expulsiones de clase
 Mejora del rendimiento académico
 Disminución de la iniciación de consumo de alcohol, tabaco,
drogas
 Mejor adaptación escolar, social y familiar
 Disminución de la tristeza y la sintomatología depresiva
 Disminución de la ansiedad y el estrés
 Disminución de desórdenes relacionados con la comida

Hay centros en los que ya se están llevando a cabo un


asesoramiento sobre educación emocional en todas las etapas
educativas

En la Universidad de Illinois en Chicago, el


Collaborative for Social and Emotional Learning informa que,
en la actualidad, miles de escuelas estadounidenses están
utilizando más de 150 programas para la preparación
emocional. Y en todas partes del mundo (Asia, Europa,
Oriente Medio, América del Norte, América del Sur, Australia)
van surgiendo programas similares.

El enfoque más visionario es, quizá, el de la coalición de


avanzada entre gobiernos locales, escuelas y empresas, que
apunta a reforzar el nivel colectivo de inteligencia emocional en
la comunidad. El Estado de Rhode Island, por ejemplo, ha
iniciado un movimiento para fomentar la inteligencia emocional
en sitios tan variados como escuelas, cárceles, hospitales,
clínicas de salud mental y programas de reinserción laboral.

Por estas y otras razones, parece que el ideal de escuela,


además de una transmisión y educación en conocimientos, incluye la
educación en emociones, aunque como se ha visto muchos son
escépticos de que esta labor la puedan desarrollar eficazmente

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aquellos que no la poseen, es por esto por lo que la preparación del
profesorado es tan vital.

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