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Bukowski por J.R.

Ribeyro

Diario de 1978

24 de setiembre

Escritura de cartas (Loayza, mi hermano), lecturas deshilvanadas (Historia de la Música, Melville, el


Expresionismo, un homenaje al historiador Georges Duby, etcétera), pero de trabajo creador nada.
Este año será uno de los más estériles de mi vida. Entre mis lecturas un autor interesante,
Bukowski, la actual coqueluche de los norteamericanos… Lo vi además en la TV. Me hizo recordar
a mi querido Alfredo Castellanos, su “geule”, su barba, su alcoholismo, su humor, sus réplicas… De
haber nacido Alfredo en USA hubiera sido un Bukowski. En el Perú no pasó de un marginal, con
frecuencia insoportable. Los libros de Bukowski me inspiran reflexiones interesantes que una
invencible pereza me hace abandonar para otro día.

26 de setiembre

Volviendo a Bukowski, ¿por qué en un país como el nuestro no surgen o son excepcionales los
escritores de ese tipo? Quiero decir, un escritor que escriba con “sus tripas”, lo que le pasa por la
mente, en la forma más directa, brutal y vulgar, sin ninguna censura (decir que Nixon es una
mierda, Bernard Shaw un cretino, Genet una mujercilla, Shakespeare un pesado, etc.), sin ninguna
pretensión de hombre de letras o de pensador sutil y sin aceptar ninguna convención (literaria,
moral, cívica, etc.). El hecho es aparentemente inexplicable. Puede explicarse que en Francia, por
ejemplo, sea difícil que se dé un escritor de ese temple, porque es un país con una tradición
literaria muy acendrada, donde el que se dedica a escribir tiene ya en la cabeza todos sus modelos
y le han metido la retórica a golpes desde la escuela primaria y ha recibido además una lengua
mascada o afinada en siglos de trabajo colectivo y con la cual es difícil hacer algo nuevo. Lo que no
es el caso del Perú, donde es posible teóricamente llegar a la literatura (a escribir) por vías no
establecidas o trilladas, que permitirían formas de escribir bukowskianas. Las razones de este
fenómeno son complejas. Me vienen a la mente algunas: la literatura en el Perú está reservada a
las elites, en consecuencia a gente que ha pasado por la universidad, con todo lo que esto implica.
Quien no ha hecho su universidad o al menos su colegio no escribe, sencillamente porque no ha
aprendido a escribir ni a leer. USA en cambio permite la asimilación de una idea de la literatura y
un aprendizaje de la cultura que se da al margen de la escolaridad. Aparte de ello hay otro
elemento: el desarraigo. Por subdesarrollado que sea el Perú, su población está más instalada en
la sociedad, a través de la miseria, la mediocridad, la bonanza o la riqueza. No existe entre
nosotros esa masa demográfica de inmigrantes o hijos de inmigrantes aún no integrados, que
culturalmente buscan una raíz, y al no poder reivindicar ninguna, son más libres. Todo esto está
pésimamente explicado. Pero yo me entiendo y eso es lo que me importa ahora. En nuestro medio
una literatura tipo Bukowski no tiene pase, pues antes de lanzarse a escribir es necesario haber
aprendido muchas cosas, entre otras las “bellas letras” y otras majaderías. Quienes se sitúan al
margen de estos patrones no tienen cabida ni audiencia. Todo el mundo entre nosotros quiere
“escribir bien”, demostrar, probar que se hacen las cosas igual o mejor que en otros lugares.
Dependencia, imitación, performance. El escritor debe ser culto, hábil, saberlas todas, ser un
cunda. Se escribe par rapport a otras literaturas o a cierta idea de la literatura comúnmente
aceptada en ciertos polos de opinión, no par rapport a sí mismo. Y otras cosas más…
Con lo que aquí digo no estoy defendiendo la literatura de Bukowski, ni mucho menos. Me parece
muy bien que se escriba así, pero también de otra manera. En todo caso yo —que nunca alcanzaré
ni la milésima parte de la audiencia de B.— nunca escribiré así. Por las razones que ya he explicado
y por otras. Lo que escribe Bukowski es impresionante, pero se agota con su lectura. No hay más
de lo que se dice. Su discurso se superpone geométricamente a su significado. No hay esas fisuras,
eso no dicho, lo callado o reprimido, lo simplemente insinuado, que para mí le dan a lo escrito su
dimensión o su sobresignificación. Luego, ninguna voluntad de trascendencia, de elevarse por
encima del instinto, lo inmediato, lo animal, ordinario. El bistec en plena cara y se acabó. Todos
sabemos que el hombre es una bestia, como decía Pascal, pero decía que también es un ángel. El
ángel de B. tiene alas de papel y juega al béisbol. Yo no creo en ángeles con alas de papel, carne o
aluminio, pero sí creo en la necesidad de planear, al escribir, sobre lo vulgar y buscar otra cosa que
el recuento hiperrealista de nuestras archisabidas miserias.

26 de octubre

La bestia de Bukowski ha dejado en mí su pútrida semilla y así no puedo ver a una mujer, por bella
joven y aseada que parezca, sin que de inmediato me venga a la mente una de sus expresiones
corrientes: “Tu as seurement une chatte qui pue” *. Lo que me inspira repugnancia y mata en mí
toda atracción o deseo. Tendré que esperar aún mucho tiempo para que el fantasma de este
crápula no se interponga entre la realidad femenina y mis apetitos. Lo que es una prueba del
poder de su obra, que está dirigida en este sentido al desmantelamiento, a la demolición de todo
romanticismo sexual.

* “Seguro tienes un coño que apesta”.

Tomado de La tentación del fracaso (Ed. Conmemorativa, 2019), Julio Ramón Ribeyro.