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h abía que verla andar, como quien

se sabe vigilada por la luz de un


reflector, y comprender aquello que
los entendidos en el estilo llaman
actitud. Parece desfilar, no caminar.
Sus desplazamientos largos los com-
bina con pasos cortos, y sólo porque
tal vez no está sobre una pasarela se ol-
vida de girar sobre sí misma. Luce poseída
por el espíritu de exposición, así que regala sonrisas
a quienes la observan. Sin embargo, neutraliza proxi-
midades con el gesto permanente de las cejas frunci-
das. “Soy tan modelo como Patricia Velásquez”, dice
de sí mientras su ropaje holgado va moviéndose con
disimulada premeditación . “La única diferencia es
que Patricia es de una talla y yo soy de otra”, aniquila
Una vez sentada, enmudece para observar
fotografías de modelos pegadas en las paredes, y
entonces introduce otro tema en la conversación:
“Me llegaron unos zapatos así”, señala a un maniquí
que muestra un calzado Prada de última generación.
“Los míos también son como los de las ‘dragas’
—celebra con una risa— ¡Me matan! Son altísimos!”.

Sin embargo, altura le sobra a este mujerón de


un metro 80 centímetros y de 140 kilos de peso. “De
un hombre (ha tenido tres novios, todos extranjeros)
sólo espero que sea más alto que yo. No podría salir
contigo porque me sentiría tu mamá y, obviamente,
no por la edad sino por el tema de la estatura. Es una
cuestión de seguridad personal, ¡sabes!”. Jennifer
se ve exhortada a no seguir detallando sus criterios
así una posible confrontación de puntos de vista. de selección. Y vuelve a aparecer su risa.

Ciertamente, la modelo plus Jennifer Barreto- “Cuando nací (12 de diciembre de


Leyva rompe el paradigma conocido. Por decirlo 1978) pesé cuatro kilos y medio, y medí
de una forma, ha ampliado la manera de escrutar 58 centímetros. Mi mamá se preocupaba para
la belleza. A sus volúmenes le ha agregado un pro- que asumiera un régimen de ejercicios y atendiera
pósito: “Promover que la gente celebre ser único”. mi salud. Yo estoy bien, mis valores están en pará-
metro, sólo un problemita por ahí de hiperinsulinis-
Asumir una cruzada genera otra coincidencia mo, porque absorbo hasta cuatro veces lo que
con la top wayúu. Claro, mientras la zuliana intenta consumo. Nada grave”.
reivindicar a los indígenas, Jennifer lo hace por los
de talla grande, a fin de que éstos sean considerados Lo que resulta evidente es que su dimensión no
parte de una diversidad. “Me parece triste el que convencional le ha permitido ir contracorriente,
tengamos que parecernos a alguien distinto”. enfrentando a aquellos que insisten: “Tienes que
rebajar para que te parezcas a”, “sólo si rebajas
El secreto de su seguridad —especifica— se llama consigues marido”, “si pierdes kilos te verás más
Lola. Aunque, valga la aclaratoria, Lola no existe. Es bonita”. Pero, en la filosofía de Jen, la aceptación a
un alter ego, el suyo, que lo ha creado para regalarse sí misma constituye la mejor muestra de ser bonita.
audacia cuando se cree avasallada. Por ejemplo,
se siente Lola cuando debe convencer a los demás Por eso, ríe cuando recuerda que a los 15 años,
de que no sólo las delgadas son el prototipo. edad del debut social, fue llevada por segunda vez
a una nutricionista, y ésta trató de persuadirla con
Confesado el origen de su confianza personal, Jen una sentencia: “Tienes que rebajar porque los
—como también la mencionan— sostiene que para gordos no tienen credibilidad”. Obviamente,
esta cita, ha dejado a Lola en la avenida Urdaneta, el sermón no tuvo efecto.
donde ambas se reencontrarán cuando salga de la
entrevista con Estampas. Acá, la también abogada
ha llegado para confesarse: “No quiero evadir mi
realidad: soy obesa, y digo obesa porque el término
gordo se ha usado para dañar. No es igual referirse
a alguien como ‘una persona con discapacidad’
que decirle ‘mocho’. Hay palabras peyorativas”.

Estampas 26 SEPTIEMBRE 2010 ?

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