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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Índice razonado de los conceptos principales


Lista de entradas:
Clasificación
Código (Eco)
Comunicación
• Definición y especies
• Relaciones
Connotación/ denotación (Hjemslev, Benveniste, Barthes, Eco)
Convencionalidad (Saussure, Eco)
Desambiguación
Funciones comunicativas del lenguaje (Jakobson)
Función poética (Jakobson)
Ideología (Voloshinov, Barthes, Eco)
Información
Interlocución/ interpelación (Goffman, Charaudeau)
Interpretante (Peirce)
• Rhema
• Dicente
• Argumento
Lengua/ Habla(Discurso) (Saussure)
Linealidad (del significante lingüístico) (Saussure)
Mito (Barthes)
• Figuras del mito
Objeto (Peirce)
• Ícono
• Índice
• Símbolo
Paradigma
Razonamiento
• Deduccion
• Induccion
• Abducción
Registro
Relaciones entre los signos (Saussure, Peirce)
• Sintagma/ paradigma.
• Semiosis ilimitada
Representación (Peirce)
Representamen
• Cualisigno
• Sinsigno
• Legisigno
Semiología/ Semiótica
Significación (estructuralismo)
Significado
• Lingüístico
• Referencial
• Pragmático
Significante (Sausure)

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Signo (Saussure, Peirce)


Símbolo (Saussure, Peirce)
Sintagma
Sintaxis, Semántica, Pragmática
Sistema (Valor) (Saussure)
• valor del significado.
• valor del significante.
Tricotomía (Peirce)

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• Abducción: cf. *razonamiento

• Arbitrariedad: cf. *convencionalidad

• Argumento: cf. *interpretante

• Clasificación: clasificar equivale a segmentar un determinado universo o dominio -un conjunto


de cosas que tienen algo en común- en función de unos criterios precisos.
Los restaurantes y los boxeadores, por ejemplo, están en una determinada categoría o clase
-3 y 1/2 estrellas, medio-pesados- según el tipo de servicios que ofrezcan y el peso que
alcancen, respectivamente. Las expresiones “medio-pesado” o “3 y 1/2 estrellas”, por su
parte, sólo son significativas para quien disponga de conceptos tales como “boxeador
profesional” o “servicio de hotelería”.
En la tradición estructuralista, de acuerdo con un principio dicotómico, las unidades de un
sistema semiológico se clasifican como *signos o *símbolos (según se cumpla o no,
respectivamente, el principio de *arbitrariedad) y en lingüísticos y no lingüísticos (según la
naturaleza del significante se conforme o no al principio de la *linealidad, respectivamente).
En la tradición peirciana, los signos se clasifican en tres *tricotomías según (1) la naturaleza
del *representamen, (2) de la relación entre éste y el *objeto y (3) del efecto que determina el
*interpretante en la mente del intérprete.

• Código: En Saussure, el código es igual al repertorio de las correspondencias entre las unidades
del plano significante y las del plano significado (es el conocimiento que cualquier hablante del
castellano tiene de la lengua, que le permite asignarle significado a cada uno de los significantes
de los cuales las palabras de esta oración son realizaciones individuales), y equivale a la
organización de un conjunto de entidades en una sistema de *valores.
Es Eco quien mayor uso hace del principio de codificación. Para ello parte de la definición de
código que plantea la Teoría Matemática de la Comunicación (cf. *información), es decir:
como un conjunto de equivalencias (entre señales e información) institucionalizadas. La
diferencia primordial entre la comunicación de señales entre máquinas (el flotante del tanque de
agua que comunica a la bomba de presión que el nivel de agua exige la interrupción del
suministro o su reanudación) y la comunicación de signos entre personas consiste en que en este
segundo caso, el sentido (que supera la pura *información) está codificado más de una vez. Si
disponemos que un mecanismo de relojería haga sonar una alarma al mediodía, el sonido mismo
de la alarma es la respuesta a nuestras instrucciones, y equivale necesariamente (para nosotros y
para cualquier otra persona que estuviera en conocimiento de la instrucción ingresada en el
mecanismo: no para el mecanismo) al significado 1 “son las 13 hs”; pero, además, puede
determinar en el destinatario el reconocimiento de otras equivalencias institucionalizados, es
decir, de otros significados: sgdo2 “es hora de levantarse”, sgdo3 “es hora de tomar el remedio”,
sgdo4, “hay que apagar la hornalla”, sgdo5 “ya debería haber vuelto mi hijo”, sgdo 6 “hay que ir a
laburar”, sgdo7 “se cumplió el plazo y no recibí ningún llamado”, etc. Está claro que los sgdos

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2-7 son secundarios en relación al sgdo 1; esa jerarquía se justifica porque este último precede a
los demás, que a su vez preceden a significados de tercer orden, del tipo: “situación normal” o
“inesperada”; que, a su vez, pueden suscitar significados de cuarto orden, del tipo “riesgo” o
“resguardo”, y así. Esa precedencia permite trazar una línea entre el primero y todos los demás
significados, que equivale a la separación entre el significado denotado y los significados
connotados. Ambos conjuntos de significados se corresponden con sendos conjuntos de
códigos: existe un único código de *denotación, e innumerables *subcódigos de connotación.

• Comunicación:
A) Definición y especies:
Hay comunicación siempre que mediante un mensaje se transmite *información entre una
fuente-receptor y un receptor-fuente, sobre la base de la reversibilidad (potencial) de roles. En la
comunicación humana (a diferencia de otros tipos: entre animales, células, servidores, aparatos),
los mensajes…
a) … nunca expresan la totalidad de la información transmitida, que -salvo excepciones- queda
parcialmente relegada -o proyectada- al dominio de los sobreentendidos, los presupuestos o los
implícitos (cf. *significado pragmático). Su comprensión, en consecuencia, requiere de parte
del receptor-fuente tanto la realización de una serie de *inferencias lógicas y pragmáticas como
la reposición de marcos de interpretación relacionados con el reconocimiento de los valores y
las creencias de la fuente-receptor. Como esa información de fondo, necesaria para expandir el
enunciado más allá de su sentido literal, a menudo no está homegéneamente repartida ni es
unánimemente aceptada (es decir: como no hay un acuerdo armonioso sobre cuáles son los
principios o esquemas más abstractos en función de los cuales deben completarse o clasificarse
los juicios explícitos en los mensajes), la comunicación está expuesta al fracaso parcial o total
(el ideal de una comunicación transparente es, en efecto, un ideal);
b) … no siempre expresan la verdad (o lo que la fuente/destinatario tiene como verdadero): se
puede optar, en efecto, entre comportamientos sinceros y falaces. El juicio moral sobre esa
decisión no puede ser categórico: se miente por diversas razones, sobre diversos temas, a
distintas personas, en función de obtener diferentes resultados. El rechazo categórico de la
mentira corresponde a una moral abstracta que no resuelve lo central del problema: dado que
nadie es completamente ni constantemente sincero (excepto si sufre de algún tipo de trastorno
de personalidad), el criterio que permite trazar un límite entre mentiras legítimas e ilegítimas es
siempre discutible;
c) … no siempre revelan toda la información que la fuente/destinatario juzga pertinente para la
comprensión cabal de lo que está diciendo por parte del destinatario/fuente. Una segunda
manera de evitar decir (toda) la verdad es reservándosela en todo o en parte, ya sea para sí
mismo ya sea compartiéndola con un grupo reducido de iniciados. Como el que dice una
mentira, quien guarda un secreto se asegura una ventaja (precaria) de poder epistémico sobre su
interlocutor;

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d) … proceden a veces de fuentes desconocidas, conciernen a cuestiones de relevancia pública,


no son validados por los procedimientos de verificación habituales (interesados directos,
instituciones), se propagan por medios oficiosos y se apoyan en las intuiciones y prejuicios de
quienes los consumen y en corpus textuales previos. El rumor prospera cuando hay una
demanda (una necesidad) de información y los canales legítimos no la proporcionan, pero
también es útil a la difamación.
B. Relaciones:
1. La comunicación interesa siempre algún tipo de tecnología, como lo ilustra el detalle de los
útiles de escritura que salva Robinson Crusoe (Defoe, 1719) de los despojos del naufragio:
“Hay que observar que, entre las muchas cosas que rescaté del barco […] traje varias de
poco valor pero no por eso menos útiles, que he omitido en mi narración; a saber: plumas,
tinta y papel [...] que administré con suma prudencia y puedo demostrar que mientras duró
la tinta, apunté las cosas con exactitud. Mas cuando se me acabó, no pude seguir
haciéndolo” (p. 36)
(A su vez, la tecnología condiciona la comunicación de muchas maneras. Por ejemplo, la
posibilidad de comunicarse cada vez con mayor asiduidad (todos los meses, todas las quincenas,
cada semana, cada día, minuto a minuto, en tiempo real) modifica el valor del tiempo de la
respuesta y con ello, las definiciones de cortesía, de (des)atención, de disponibilidad, de
compromiso, etc.)
2. Para que haya comunicación debe haber sociedad. Defoe lo ilustra con la letanía constante de
Robinson, que se condensa en la lista en que deja escrito (”no tanto para dejarlos a los que
acaso vinieran después de mí, […] sino para liberar los pensamientos que a diario me
afligían”) lo “malo” de su situación (p. 37):
1. He sido arrojado a una horrible isla desierta, sin esperanza alguna de salvación.
2. Al parecer, he sido aislado y separado de todo el mundo para llevar una vida
miserable.
3. Estoy separado de la humanidad, completamente aislado, desterrado de la sociedad
humana.
4. No tengo ropa para cubrirme.
5. No tengo defensa alguna ni medios para resistir un ataque de hombre o bestia.
6. No tengo a nadie con quien hablar o que pueda consolarme.
Las quejas 1, 2 y 6 son sólo aspectos parciales de la 3. Por lo demás, la forma de la “sociedad
humana” de la que Robinson ha sido desterrado se revela cuando, una vez que lo ha salvado de
los caníbales, ve en Viernes un confidente y, sobre todo, la oportunidad de remedar aquello a lo
que anhela regresar:
“Luego colocó su cabeza sobre el suelo, a mis pies, y colocó uno de ellos sobre su cabeza,
como lo había hecho antes. Acto seguido, comenzó a hacer todas las señales imaginables
de sumisión y servidumbre, para hacerme entender que estaba dispuesto a obedecerme
mientras viviese. Comprendí mucho de lo que quería decirme y le di a entender que estaba

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muy contento con él. Entonces, comencé a hablarle y a enseñarle a que él también lo
hiciera conmigo. En primer lugar, le hice saber que su nombre sería Viernes, que era el día
en que le había salvado la vida. También le enseñé a decir “Amo”, y le hice saber que ese
sería mi nombre. ” p. 106
De la cita se desprende que las relaciones de comunicación dentro de una sociedad son en
mayor o menor medida conformes a las relaciones de poder entre sus integrantes, y que las
relaciones de poder se pueden describir como expresiones del reparto de los roles en la
producción material y simbólica (Robinson, el “dueño legítimo de la isla”, es también el que
imparte la ley y, por lo tanto, las prerrogativas y obligaciones para contribuir a la producción de
bienes y mensajes: como se trata de una celebración del Imperio Británico, no hay lugar en la
novela para que esas constricciones sean objetadas ni relativizadas). Es el espacio de la
*ideología.
(El Kurtz de Conrad [1899] y de Coppola [1979] es un Robinson devenido en Viernes)
2. Para que haya comunicación, los participantes deben pertenecer a (o ser capaces de
reconocerla, aunque no pertenezcan a ella) una sociedad organizada en referencia a una cultura
común. Así lo ilustra la discusión sobre el verdadero dios entre Robinson y Viernes, que
comienza como sigue:
“Desde que Viernes estaba conmigo y había empezado a hablarme y a entenderme, quise
inculcar en su alma los fundamentos de la religión. Un día le pregunté quién lo había
creado y la pobre criatura no me comprendió en absoluto; pensaba que le preguntaba por
su padre...” (p. 111 y ss.)
Para Robinson (y para Viernes), la búsqueda de una cultura común se interpreta como la
imposición de la eficacia productiva europea (y de los Evangelios) sobre los salvajes caníbales
americanos. En una situación estable (en Londres, antes de embarcar), esos marcos
interpretativos ya estaban dados, más allá de que Robinson se apegara a una vida piadosa o no;
en la isla, han de ser impuestos, y para ello Crusoe debe esperar a que Viernes aprenda la lengua
de la razón: según su política lingüística, cada lengua corresponde a un estado de civilización:
por eso, no intenta aprender la lengua (del) salvaje. La idea de que las lenguas reflejan
diferentes estadios del progreso cultural uniforme o concepciones del mundo está lejos de haber
sucumbido a los eufóricos avances en la descolonización.
4. La comunicación está relacionada con diferentes tipos de necesidades -como se lee en las
citas anteriores- y es, ella misma, una necesidad. Así lo ilustra la siguiente reflexión de
Robinson:
“Este fue el año más agradable de todos los que pasé en este lugar. Viernes comenzó a
hablar bastante bien y a entender los nombres de casi todas las cosas que le pedía y de los
lugares a donde le ordenaba ir y llegó a ser capaz de conversar conmigo. De este modo, en
poco tiempo, recuperé mi lengua, que durante mucho tiempo no tuve oportunidad de usar,
me refiero al lenguaje. Aparte del placer que me provocaba hablar con él, sentía una
particular simpatía por el chico.” p. 110

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Luego está el hecho de que la comunicación provoca -además de satisfacerlas- necesidades: por
ejemplo, una promesa cualquiera (que es una acción comunicativa) condiciona una respuesta
que tiene la forma de una necesidad (la expectativa del destinatario respecto del cumplimiento
del acto prometido). La comunicación, entonces, satisface necesidades, es una necesidad y crea
necesidades. La discusión sobre la legitimidad de las necesidades que engendra/ satisface la
comunicación es anterior a la eclosión de las tecnologías de difusión y relación masivas, pero la
encarnizada querella acerca de si el consumo de los públicos son causa o consecuencia de las
formas y contenidos de sus productos típicos deriva directamente de ella.

• Connotacion/ denotación: Es una de las oposiciones más extendida y más próspera del campo.
El mínimo común entre todas las versiones es la discriminación al interior del significado
completo del signo entre un sentido primero (explícito, literal, constante o propio) y unos
sentidos adicionales (implícitos, agregados, subjetivos, erráticos, figurados, flotantes etc.) Para
Hjemslev, es el resultado de que una unidad completa de un sistema semiológico (es decir: a la
relación R entre un elemento del plano de la expresión E -o significante- y otro del plano del
contenido C -o significado-) funcione como expresión de un segundo concepto. La primera
relación (ERC) ocurre en el plano de la denotación y la segunda ([ERC]RC), en el de la
connotación; a la inversa, si el segundo sistema tiene como significado un elemento completo
del primero, funciona respecto de éste como un metalenguaje: ER(ERC). Los esquemas clásicos
son:

Para Benveniste (1963), es el significado irrepetible y dependiente del contexto de un enunciado


(que él llama su sentido), por oposición al significado constante y definido por el código de la
lengua para la oración subyacente (en su caso, respectivamente, significancias semántica y
semiótica: estos nombres no coinciden con las definiciones de Morris). Para “el primer” Barthes
(Mitologías:1 1957), es el plano de los significados de la *ideología (el de los significantes lo
constituye la retórica); la comunicación de masas es un dispostivo de institución permanente de
connotaciones o *mitos, cuya nota común es la despolitización y la naturalización de los
privilegios de la burguesía (el mitólogo tiene como tarea desmitificar esa naturalización); para
el “segundo” Barthes (S/Z: 1977), es la posibilidad misma de preservar la “pluralidad” del texto
(es decir: su polisemia, su apertura invariable al sentido, su desclasificación).

1 Barthes no usa el término “connotación” porque lo confunde con el de “metalenguaje” (cf. el apartado “El mito
como sistema semiológico”). Se corrige de ese error en sus “Elementos de Semiología” (1964), de donde proceden
los cuadros que se reproducen en más arriba.

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Para Eco, es el resultado de que un signo convencional y comunicacional (cuyo modelo es la


palabra hablada) sea objeto de una recodificación como unidad cultural. Dado un *signo
lingüístico, por ejemplo, su significado denotado es la acepción más extendida (la más
“común”, la que permanece invariable de enunciado en enunciado, porque está codificada en el
diccionario más extendido) de todas, es decir: la que depende del *código más compartido por
la comunidad de usuarios del término; y la connotación es -en cambio- el conjunto
indeterminado de las acepciones (lingüísticas o no) que resultan de un trabajo de recodificación
permanente dentro de la cultura (el resultado de esa recodificación incesante no tributa al
diccionario sino a la enciclopedia). Algunos de los tipos de connotación que enumera Eco son:
(1) el desplazamiento de un rasgo gramatical no pertinente denotativamente (la “feminidad”
connotada por el sustantivo común “luna”); (2) las connotaciones *ideológicas (el binarismo
organicista de la oposición “celeste”/ “rosa” y los prejuicios coextensivos: potencia/ paciencia;
razón/ pasión; exterior/ interior; etc.); (3) las connotaciones emocionales (el efecto emotivo
sobre los intérpretes del signo, cuando éste ha sido previamente codificado por la cultura: la
figura del correlato objetivo -o “falacia patética”- en las descripciones literarias; la música
“gastronómica” que acompaña situaciones eufóricas, melancólicas, extásicas, tensas, etc. en la
ficción audiovisual); (4) las connotaciones por asociación paradigmática o sintagmática, entre
elementos del mismo “campo asociativo” (“rosa” connota “flor”, y viceversa); (5) las
connotaciones basadas en la traducción a otro sistema semiótico (a otras lenguas: “rose”/ a un
sistema icónico: el dibujo de una rosa); (6) las basadas en un artificio retórico (las metáforas:
“quiero morder el tallo de tu rosa”, las enumeraciones: “a rose, is a rose, is a rose”); (7) las
axiológicas (cf. *ideología), es decir: las relacionadas con la (des)aprobación del referente por
parte del sujeto de la enunciación; pueden estar intersectadas con las ideológicas: para un Nazi,
el apelativo “Judío” puede ser un insulto; cuando, en 2013, el CABJ sacó una versión de su
camiseta rosa, se sucedieron una enorme cantidad de “memes” homofóbicos y misóginos:

• Convencionalidad: Principio de la semiología general, según Saussure. Describe el tipo de


vínculo entre el significado y el significante. Se opone a motivación relativa (ver *símbolo),
que también es parcialmente convencional y -por lo tanto- tema de la semiología (por el

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contrario, la motivación absoluta, del tipo de la que hay entre las señales naturales y sus causas
-como los índices en la segunda tricotomía peirciana: relámpago-trueno; humo-fuego; dolor de
muelas-proceso infeccioso- no es considerada por Saussure objeto de la semiología).
En Peirce, modo de la relación entre *representamen y *objeto en los *símbolos.
• Cualisigno: cf. *representamen
• Deducción: cf. *razonamiento
• Desambiguación: A menudo, el participante de una comunicación enfrenta la necesidad de
decidir cuál es la más relevante de entre 2 ó mas interpretaciones posibles de un mismo
enunciado que le ha sido dirigido (cf. *significado pragmático). El proceso de esa decisión (de
la que no siempre es consciente) requiere que el receptor registre que, al dirigírsele, el hablante
ha manifestado (o implicado) su intención en el enunciado. Sólo si el receptor reconoce la
intención comunicativa del emisor del enunciado, éste es relevante. La relevancia, entonces, es
un criterio situado: un enunciado es o no relevante según el contexto en el que se manifieste;
además, es un criterio gradual, y cubre todas las posiciones intermedias entre enunciados
totalmente relevantes y nada relevantes): para el receptor, el grado de relevancia de un
enunciado depende de la ratio entre el esfuerzo de procesamiento inferencial que exija de su
parte y el efecto cognitivo (es decir, la cantidad de *información pertinente que obtenga) que
produzca en su favor.
Muchos chistes se fundan en proponer intercambios conversacionales que explotan las
condiciones de la comunicación. Por ejemplo:
Pez1: ¿Qué hace tu papá en el trabajo?
Pez2: Nada.
La respuesta pone al que hizo la pregunta en el trance de tener que decidir si el padre del
segundo pez está desempleado, si es un ludista o si su trabajo consiste en nadar (en el nivel
lingüístico, debe decidir si el enunciado de Pez2 es una instancia del pronombre indefinido
(como en “[mi padre] no hace nada de nada”) o del verbo intr. “nadar” en 3a pna del sg. del pte.
del ind. (como en “[mi padre] nada mucho y muy bien”). El chiste funciona porque no tenemos
información de contexto (y no se nos cuenta que Pez2 tampoco la tenga) que nos permita
decidir cuál de ambas formas homónimas es más relevante. La desambiguación, por lo tanto, es
imposible.
En “Ladrones de Galletitas” (“Small Time Crooks”: W. Allen, 2000) se suscita el siguiente
díalogo entre los personajes de Allen (Ray) y de Jon Lovitz (Benny):

Ray: -¿Por qué me mirás así? ¿Desconfiás de mí? Soy yo: Ray. ¿No te acordás
de cuál era mi sobrenombre en la cárcel?
Benny: -[tras un breve silencio incómodo] ¿”El Cerebro”?
Ray: -Exacto: “El Cerebro”. Así me decían los muchachos. Yo te pue…
Benny: -Pero, Ray… eso era sarcástico.
Ray: -¡No era sarcástico, era en serio!
J: - No, de veras: era sarcástico.
Ray: -¡No había nada de sarcástico!

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Benny: -Sí, había. Lo lamento.


Ray: -Era en serio. Yo era “El Cerebro”
Benny: -No: era sarcástico.
Ray: -No era sarcástico.
Benny: -¡Por dios, por dios: era sarcástico!

En la serie Friends, los personajes de Lisa Kudrow (Phoebe Buffay) y de Matt LeBlanc (Joey)
cometen sistemáticamente errores de desambigüación de cuanto se dice a su alrededor.
En el episodio piloto de Seinfeld (The Seinfeld Chronicles: 05-07-1989) el argumento principal
es la incertidumbre de Jerry para decidir cómo interpretar el pedido de una conocida para
quedarse en su departamente durante una visita a la ciudad. Ninguna señal de las que recibe
(lingüísticas y no lingüísticas) es suficientemente ostensiva como para inferir si detrás del
pedido de alojamiento existe o no la intención de una insinuación romántica.
El principio de “incerteza” es también explotado por el uso poético del lenguaje, más
decididamente por las vanguardias. Eco (cf. *ideología, *información) cifra en esa
característica el potencial creativo y subversivo del mensaje poético. Por ejemplo, César Vallejo
en Trilce xxiii (1922) escribe:

999 calorías
Rumbbb...Trrrapprrr rrach...chaz
Serpentínica u del dizcochero
engirafada al tímpano.

Quién como los hielos. Pero no.


Quién como lo que va ni más ni menos.
Quién como el justo medio.

1,000 calorías.
Azulea y ríe su gran cachaza
el firmamento gringo. Baja
el sol empavado y le alborota los cascos
al más frío.

Remeda al cuco: Roooooooeeeis...


tierno autocarril, móvil de sed,
que corre hasta la playa.

Aire, aire! Hielo!


Si al menos el calor (__________ Mejor
no digo nada.

Y hasta la misma pluma

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con que escribo por último se troncha.

Treinta y tres trillones trescientos treinta


y tres calorías.

• Dicente: cf. *interpretante

• Funciones comunicativas del lenguaje: De acuerdo con Jakobson, en todo acto de


comunicación verbal pueden reconocerse seis factores intervinientes: un DESTINADOR que le
envía un MENSAJE a un DESTINATARIO, referido a un CONTEXTO de referencia (mediato o
inmediato), construido sobre un CÓDIGO (en mayor o menor medida) compartido y en virtud de
la existencia de un CONTACTO (un canal físico y psicológico entre los sujetos). A cada uno de
esos factores se asocia una función del lenguaje. La función que predomine (es decir: aquella
hacia la cual “tienda” o “se oriente” el mensaje) determinará la estructura verbal del mensaje,
esto es: las demás funciones le estarán subordinadas.
Cuando el mensaje está orientado prioritariamente hacia al CONTEXTO, predomina la función
REFERENCIAL; Son ejemplo, típicamente, las oraciones declarativas sujetas a condiciones de
verificación. Si el mensaje se orienta hacia la actitud del DESTINADOR hacia aquello de lo que
está hablando, se privilegia la función EMOTIVA (o expresiva); las interjecciones son típicamente
emotivas: difieren del lenguaje referencial tanto por su sistema fónico como por su función
sintáctica e informan la actitud -de asco, de reticencia, de sorpresa, de entusiasmo…- del
destinador. Si el mensaje se orienta al DESTINATARIO, predomina la función CONATIVA, cuyas
marcas lingüísticas propias son los vocativos y el modo imperativo. La orientación hacia el
CONTACTO de los mensajes que tienen como objetivo establecer, prolongar, mantener vigente o
clausurar la comunicación se dirige al CANAL y es llamada función FÁTICA. Cuando el
destinador o el destinatario quieren confirmar la compatibilidad de sus representaciones del
código común, producen un mensaje en el cual predomina la función metalingüística (además
de en contextos de desacuerdo o ambigüedad, es muy importante en el proceso de adquisición
de la lengua). Finalmente, cuando el mensaje está orientado hacia el mensaje mismo, predomina
la *función poética.

• Función poética: Jakobson propone un criterio lingüístico empírico para definir la función
poética, y lo funda en los modos de *relación entre los signos tal como los había definido
Saussure: las relaciones sintagmáticas (o de combinación, que se basan en la contigüidad de los
términos presentes en el enunciado) y las paradigmáticas (o de selección, que se producen sobre
la base de la equivalencia, la semejanza y la desemejanza, la sinonimia y la antonimia entre
términos ausentes del enunciado). La función poética “proyecta el principio de la equivalencia
del eje de la selección sobre el eje de la combinación. La equivalencia pasa a ser un principio
constitutivo de la secuencia”.
En el lenguaje no poético, la selección de un término para integrarlo en una secuencia oracional

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clausura el paradigma de asociaciones interesado ni bien se ha hecho la opción; en el lenguaje


poético, en cambio, el destinador guarda memoria de las selecciones que va realizando y de los
paradigmas (de sinónimos, antónimos, parónimos, homófonos…) donde las ha realizado, así
como de las combinaciones de fonemas y las estructuras sintácticas utilizadas. La proyección de
esos paradigmas (selección) sobre la construcción de la secuencia (combinación) convierte a
esta última en un espacio privilegiado de recurrencias fonológicas, gramaticales, sintácticas o
semánticas. Según Jakobson, el principio de la recurrencia (principio constructivo dominante de
la función poética, también llamado paralelismo) produce un efecto eficaz en la medida en que
satisface un deseo innato de regularidad y simetría:
Los trabalenguas, la versificación medida y rimada, los slogans publicitarios, las reglas
mnemotécnias, entre otros tipos discursivos, se componen según el principio de explotar
las posibilidades de la recurrencia. Por ejemplo:
Nosotros no somos como los Orozco,
Yo los conozco, son ocho los monos:
Pocho, Toto, Cholo, Tom, Moncho, Rodolfo, Otto, Pololo.
Yo pongo los votos solo por Rodolfo.
Los otros son locos. Yo los conozco.
No los soporto, Stop. Stop (…)
“Ojo con los Orozco”, León Gieco (1997)
Desde otro punto de vista, las recurrencias funcionan como índices ostensivos
(*desambiguación) de la pretenencia (no excluyente) del mensaje al conjunto de los mensajes
poéticos.
• Ícono: cf. *objeto
• Ideología
1. Signo ideológico. El primero en señalar el vacío de la dimensión ideológica en un modelo
semiológico fue V. Voloshinov, que -en l929- señaló que el modelo saussuriano, fundado en un
“objetivismo abstracto” (es decir: en una impugnación injustificada de la subjetividad) produce
una ruptura entre la lengua y su capacidad ideológica. Voloshinov afirma que en la práctica
discursiva (i.e.: en el *habla saussuriana), los hablantes no conciben la lengua como un sistema
objetivo de formas incuestionables y normativamente idénticas (es decir: como a “un sistema de
*valores puros”). Esto impacta en la crítica a la estructura de la unidad del sistema: el
*significado del *signo no puede ser descripto como una entidad estable en la sociedad (contra
el carácter social e inmutable de la relación sgdo/ sgte, de acuerdo con la cual cada plano del
signo está totalmente definido por las relaciones opositivas que contrae dentro del sistema de la
lengua -cf. *valor-) por una razón principal: una palabra tiene tantas acepciones (luego usará el
término “acentos” o “acentuaciones” ideológicas) como contextos de uso. Tales contextos son
ideológicos no en la acepción metafísica o psicológica (como una emanación del ser o de la
conciencia), sino en la medida en que constituyen la manifestación de la interacción social
organizada en acciones, gestos y palabras. La razón última de tal organización, por su parte, no

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puede sino ser económica; de tal modo, las relaciones de producción (y la formación político-
social condicionada directamente por aquellas) determinan todos los posibles contactos entre
los hombres, incluyendo las formas y modos de su comunicación verbal que, a su vez,
determinan tanto las formas como los temas de las manifestaciones discursivas. Por cierto, las
valoraciones de un tema ideológico interesan también a la conciencia del individuo (por ello
mismo, concebible como ideológica), que al absorverlos y hacerlos propios los transmuta en
una suerte de acentos individuales. No obstante ello, el acento valorativo es siempre
interindividual.
Luego, se sigue que el tema (toda realidad que llega a formar parte del horizonte social de una
época por las relaciones que guarda con sus presupuestos socio-económicos: el aborto, la
estatización, la flexibilización, la pena de muerte, la corrupción, la inmigración, la reforma
agraria, ...) de un signo ideológico (de un enunciado) está siempre afectado por una acentuación
valorativa axiológica (de aprobación/ desaprobación) de carácter ideológico y de rango
sociológico. Como las clases sociales en pugna comparten una misma lengua, en cada signo
ideológico se cruzan tantos acentos como intereses sociales existen. El signo ideológico es, dice
Voloshinov, multiacentuado, y llega, por eso, a ser “la arena de la lucha de clases”, es decir: el
lugar donde la fractura social se manifiesta más claramente. Esto último se verifica en la
eficacia distorsionadora con la que la ideología de la clase dominante pretende desconocer el
carácter dialéctico de la semiótica verbal, negando la lucha ideológica entre las diversas
acentuaciones de un signo con la intención de imponer como dada (como natural) la
acentuación específica que es funcional a sus propios intereses de clase (sobre la naturalización
de la historia, cf. *Mito).
Pese a esa ubicuidad, el signo ideológico no pierde su unidad social ni se desintegra en los
contextos correspondiente a su uso. Esa unidad no se asegura, desde luego, tan sólo por la
unidad de su composición fonética (del *significante), sino también por el factor de unidad
propio de (común a) todas las significaciones (lo que Eco entiende por la *denotación del
signo). Voloshinov señala entonces que el problema principal de la significación es resolver
dialécticamente (en vez de soslayarla, como hace el estructuralismo saussuriano) la conciliación
entre la polisemia fundamental de la palabra con su unidad necesaria a la comunicación. A
menudo, los contextos de uso de una misma palabra están ideológicamente contraorientados; un
caso obvio de tal contraposición son las réplicas de una discusión, cuando una misma palabra
figura en dos contextos, opuestos y en colisión; pero en la medida en que la discusión sigue, no
obstante ello, siendo posible, la palabra se revela como integración (parcial) de sus múltiples
acentuaciones (de su *connotación, según Eco). En la realidad del uso lingüístico, todo
enunciado concreto en una u otra forma, y en diferentes grados, expresa una conformidad con
algo o una negación de algo.

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Entre las siguientes ocurrencias de la palabra radical hay un umbral de identidad


–o de unidad-, luego del cual sólo quedan diferencias –acentos en contradicción-:
"Los pasos firmes, radicales,
Adelante han de marchar
Porque el pueblo pide a gritos
Un gran triunfo radical.” (“Marcha del triunfo” de la U.C.R, última estrofa.)
“Junto a la cama un orinal,
un libro de Mao en la repisa
y en la cabeza una divisa:
nunca votar a un radical” (Alejandro Rubio)

En la película de Héctor Olivera (sobre la novela de Osvaldo Soriano) No habrá más penas ni
olvido (1983), el Petiso -un agente de la Triple A (afiliada con “el intendente”, representante
de la derecha peronista)- está a punto de asesinar a Cerviño -un fumigador que simpatiza con
“el delegado” (representante de la izquierda peronista). Antes de los disparos, ambos -primero
la víctima, y en seguida el asesino- profieren la misma frase: “Viva Perón!”
Considérense lo que ocurre con el conjunto de términos que denotan la adhesión a los diferentes
partidos del sistema político nacional: peronista/mo, comunista/mo, radical/ismo,
liberal/ismo,... ¿Cuál es el acento ideológico valorativo de cada una de esas palabras?
Ciertamente, dependerá de si aparece en el contexto de un(os) enunciado(s) cuya orientación
general adscribe, es indiferente o está en las antípodas de la formación ideológica en cuestión:
La comunidad organizada, el diario Clarín, un té canasta de las Damas de Sociedad de Pilar,
una asamblea estudiantil, un congreso de la Cuarta Internacional, un discurso de campaña de
Macri, la tesis de un estudiante norteamericano especializado en Historia Argentina, etcétera.
Para atestiguar la polisemia derivada de la (en potencia, infinita) pluriacentualidad de la palabra,
es de particular interés el caso en el que la injuria es convertida en término de identificación con
valoración afectuosa (hacia la víctima): tal lo que sucede cuando Evita comienza a llamar a las
bases que asisten a los actos oficiales “mis grasitas/ cabecitas/ descamisados”. Asimismo, hacia
fines de la década del ochenta se volvió corriente que las hinchadas de fútbol (la de River en
primer lugar) comenzaran a identificarse como colectivo utilizando (invirtiendo y, por lo tanto,
neutralizando en su intención hiriente) los vocativos que hasta entonces habían sido patrimonio
exclusivo de las demás hinchadas: Soy bostero.../ gallina.../ leproso.../ cuervo… Esto se hizo
luego extensivo a toda una serie de prácticas semióticas alentadas por la industria del cotillón
futbolístico: gorros con forma de cabeza de chancho, con forma de gallina, llaveros con forma
de cuervo, etc. No es un caso raro: en Estado Unidos, los movimientos por los derechos civiles
en los sesenta propugnaron el reemplazo de “black” o “african” por “nigger” o “colored”; sin
embargo, luego de la aparición de los movimientos racialistas -como Black Power o Black
Panther, cuya consigna más célebre es, precisamente, “black is beatiful”-, las formas “black” y
“african” fueron asumidas –primero por los grupos militantes- como términos de identificación
positiva. Del mismo modo, los movimientos de género se apropiaron de la forma 'gay'. En el

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

capítulo quince de la octava temporada de Los Simpson (“Homerofobia”, estr. el 16/2/1997),


Homero confronta a Javier, el dueño de un negocio de antigüedades kitsch y pareja de Smithers,
en los siguientes términos:

Javier: Homero, ¿qué tenés contra los gays?


Homero: Ya sabés: no es, eh... normal. Si hubiera una ley, seguro lo prohibiría.
Marge: Homero, por favor, te estás poniendo en ridículo
Homero: ¡No, Marge, no es cierto! ¡Ellos me ponen en ridículo a mí! ¡Ellos cubrieron de
completamente de ridículo a los Estados Unidos! ¡Ellos hicieron de la Marina una broma
flotante! ¡Ellos arruinaron nuestros mejores nombre, como Bruce, y Lance y Julian! Eran los
nombres más rudos que teníamos y ahora son nombres de, ehhhh, de…
Javier: ¿De maricones [queer]?
Homero: ¡Sí! Y esa es otra cosa: ustedes no tiene por qué usar esa palabra. Esa es nuestra palabra
para reírnos de ustedes. La necesitamos. ¡Bien: voy a recuperar nuestra palabra! ¡Y voy a
recuperar a mi hijo!

Las letras de la “cumbia villera” suelen operar una inversión axiológica entre el mundo del
delito y la legalidad.
2. La comunicación de masas: connotación e ideología. En 1964, continuando -y corrigiendo-
su definición de *mito (1957) R. Barthes asimila la retórica con los significantes ideológicos y
la connotación con sus significados. Un significado ideológico es, por ejemplo, la imposición de
la definición del signo “Estado” como “estructura mediadora en los conflictos entre las partes”
(propia del liberalismo económico) como si se tratase de una definición neutra u objetiva. La
retórica que la singifica es el conjunto de operaciones argumentativas que Barthes había
llamado “figuras del mito” (la igualación entre los opuestos, la relativización de las razones
encontradas, la privación de la historia, el recurso al refranero popular como un lugar de
fundamentación ético-política, etc.): el conjunto de esas figuras es el significante de la ideología
dominante, que es la de la clase dominante, es decir: la burguesía. La intervención de los
intelectuales (de los “semioclastas” o “mitólogos”) debe estar concentrada en la desmitificación
de esas versiones sesgadas sobre las relaciones sociales que naturalizan condiciones resultantes
de un modo particular (histórico, debatible, imperfecto) de producción, allí donde más
conspicua es su circulación: en os medios de comunicación masiva.
El esquema de la *connotación, según la cual una unidad completa (sgdo/sgte) del nivel
inferior funciona como significante del nivel connotado, sirve de modelo al proceso de
mistificación ideológica (el “trabajo ideológico” permanece inadvertido porque la retórica
“naturaliza” la relación entre significados de distinto nivel). El esquema final propuesto por
Barthes, en el que contempla la posibilidad de que la connotación opere también sobre el
esquema del metalenguaje (1969: 65), puede aplicarse a la siguiente nota sobre “Joker” (el
subrrayado de los términos econométricos es nuestro; las negritas son origniales; original disp.
en: https://www.espinof.com/otros/joker-supera-1-000-millones-recaudacion-se-convierte-
primera-pelicula-calificada-r-conseguirlo ):

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Joker’ supera los 1.000 millones de recaudación y se convierte en la primera


película calificada “R” en conseguirlo
Se han escrito ríos de tinta sobre la descomunal 'Joker' de Todd Phillips y Joaquin Phoenix. Que
si era un peligro para el orden público y podía generar caos, violencia y destrucción, que si la
narrativa del filme podría no ser lo que parece en primera instancia, que si está siendo
terriblemente sobrevalorada…

Batiendo récords
Pero a Warner Bros. y DC, dejando a un lado el hecho de que todas estas polémicas les han
servido como un altavoz promocional gratuito de lo más oportuno, lo que les importa en última
instancia es hacer caja y arrasar en las taquillas de medio mundo. ¡Y vaya si lo han
conseguido!

Y es que ya podemos anunciar a bombo y platillo, y de forma oficial, que 'Joker' ha conseguido
superar la barrera de los 1.000 millones de dólares de recaudación a nivel mundial. Algo aún
más espectacular si cabe si tenemos en cuenta que el largometraje no se ha estrenado en China, uno
de los principales objetivos de mercado para las grandes productoras a día de hoy.

Este dato sitúa a esta suerte de 'Elseworld' de la editorial Detective Comics como la primera
película calificada "R" de la historia en superar la barrera de los mil millones; todo ello
partiendo de un presupuesto "irrisorio" —tratándose de una producción de un gran estudio basada
en una licencia de cómic—, próximo a los 62 millones de dólares.

El récord hace aún más posible que el Joker de Phoenix vuelva a la carga en una segunda parte
más pronto que tarde. Tanto el intérprete como Todd Phillips ya han manifestado que estarían
dispuestos a un segundo asalto bajo las circunstancias correctas, así que sólo queda esperar al
retorno del Príncipe Payaso del crimen más oscuro de la gran pantalla.

El argumento central del artículo es resumible a lo siguiente: “Hay una polémica sobre el valor
de “Joker”, pero todas las posiciones son enmendadas y puestas en su lugar por la tasa de
ganancia (la ratio entre inversión/ recaudación) extraordinaria”. Lo “descomunal” y lo
“espectacular” de la película de Todd Phillips se argumenta no en los intangibles valores
estéticos, sino en los asientos contables de sus accionistas. Es otro ejemplo de lo que Barthes
llamaba “cuantificación de la calidad” (*mito).
El caso permite ver bien la relación compleja entre los desfasajes por metalenguaje (operación
propia de la ciencia, en la que la unidad completa de un sistema el significado de otro sistema) y
*connotación (estructura ideológica, en la que la unidad completa de un sistema funciona como
signficante de otro sistema). Pero ambas recodificaciones no son excluyentes: cuando un
discurso tiene como significado denotado un sistema de objetos significante, se convierte en
una operación metalingüística (i.e.: científica); pero, a su vez, ese metalenguaje puede ser
incorporado en un proceso de connotación (i.e.: ideológico). El esquema que propone Barthes

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

es el siguiente:

En el caso de la nota sobre Joker, cada casillero se llena así:


3. Connotación:
Significante (retórico):

Ste (significante metalingüístico): “[pero] 'Joker' ha conseguido superar la


barrera de los 1.000 millones de dólares de recaudación a nivel mundial [...]
partiendo de un presupuesto irrisorio”

Sdo (significado metalingüístico):


[Sa: “Se ha escrito un río de tinta sobre […] sobrevalorada...”//
Se: No hay acuerdo entre la crítica sobre el valor estético de Joker]

Significado (ideológico):
Joker está más allá de cualquier discusión sobre lo que cuenta y cómo lo hace,
por su eficacia como mercancía. La rentabilidad es un valor en sí mismo, que
desplaza la discusión sobre la forma y el contenido al análisis sobre las prácticas
de consumo, porque el mercado es el gran organizador de todos los ámbitos de la
vida social (incluido el arte).
2. Denotación (metalenguaje):

Significante (metalingüístico):
“[pero] 'Joker' ha conseguido superar la barrera de los 1.000 millones de
dólares de recaudación a nivel mundial [...] partiendo de un presupuesto
irrisorio”
Significado (metalingüístico):

[Significante 1o: “Se ha escrito un río de tinta sobre […] sobrevalorada...”//


Significado 1o: No hay acuerdo entre la crítica sobre el valor estético de Joker]

1. “Sistema real” (discurso-objeto):


Significante 1o: “Se ha escrito un río de tinta sobre […] sobrevalorada...”//
Significado 1o : No hay acuerdo entre la crítica sobre el valor estético de Joker

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

NB: Como el tema de esta nota no es Joker sino las críticas de Joker, y como la crítica
es un sistema propiamente metalingüístico, hay que reponer un nivel anterior (sistema
“real” para las críticas, respecto de las cuales éstas son un metalenguaje). Pese a que no
afecta el ejemplo del nivel donde Barthes ubica la ideología, debería consignárselo así:
0. (Discurso objeto):
Sa (significante): La banda de imágenes y sonido de Joker/
Se (significado): La diégesis de Joker, el referente social, el imaginario del género, etc.

Eco [1968] retoma el esquema propuesto por Barthes (la retórica es la forma de los significantes
de la ideología y la connotación es la forma de los significados), pero lo inscribe dentro de
descripción de los *códigos que reportan a un sistema semántico global. En ese sistema, la
*denotación de un término es constantemente interpretada (cf. *semiosis ilimitada) por
incesantes procesos de recodificación, que corresponden a la lógica de la *connotación.
Cuando una de esas connotaciones cumple con dos condiciones, a saber: (a) porta una
connnotación axiológica (es decir: una evaluación de lo denotado en términos de bueno/ malo,
deseable/ peligroso, lindo/ feo, útil/ inútil, etc.); y (b) oculta todas las demás connotaciones
axiológicas sobre el mismo denotado (es decir: niega la posibilidad de criticar la evaluación
axiológica), el resultado es un mensaje que, en la medida en que obtura todas las relaciones
alternativas, se ha convertido en un instrumento ideológico (donde “ideológico” equivale a
“mistificador de la conciencia”), en tanto oculta aquello que debería expresar: las condiciones
materiales de existencia, que sólo se manifiestan si se consiente que un significante puede tener
diversos significados de acuerdo con diferentes subcódigos. Las ideología se manifiesta como
una necrosis del lenguaje, como una máquina de producir fórmulas retóricas de comunicación
fijada. El espacio discursivo donde más se verifica esa necrosis es, desde el s. xx, el de los
medios masivos de comunicación, y más específicamente en la publicidad comercial, que es el
género inherente a la estructura de propiedad privada de los medios de producción y
distribución de sentido (nuevamente, sigue aquí a Barthes, que también había señalado a los
medios como los principales productores y propagadores de *mitos). Eco opone a esa función
mistificadora de la cultura de masas la potencia cuestionadora de los mensajes estéticos (y, a su
interior, de la vanguardia), que -en el extremo opuesto- ponen continuamente en crisis los
procesos de asignación de sentido y emplazan al lector en el lugar de tomar decisiones sobre la
elección entre códigos equiprobables.

• Índice: cf. *objeto

• Inducción: cf. *razonamiento

• Inferencia: cf. *razonamiento, *desambiguación

• Información: Para la teoría matemática de la comunicación (Shannon-Weaver), la información

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

es un valor estadísitico relacionado con la probabilidad de aparición de una señal en el mensaje


que la fuente envía al receptor. Por ejemplo, si alguien mezcla una baraja española de 40 naipes,
mira la carta que ha quedado debajo y me dice que se trata del 1 de espadas me está dando más
información que si mira la última carta de un mazo nuevo que acaba de abrir por primera vez y
me dice que se trata del doce o del uno de cualquiera de los cuatro palos y menos información
que si se tratase de un mazo de 50 cartas (que incluyera los 8, los 9 y los comodines). En efecto,
en el primer caso, la posibilidad de que me diese esa información era de 1/40, mientras que en el
segundo caso es solamente de 1/8 (porque cuando se envasa un mazo para su comercialización,
se lo ordena primero) y en el tercero, 1/52. Como se ve, la diferencia tiene que ver con la
cantidad de opciones equiprobables de disponibles en la fuente en cada momento de la
comunicación. Cuanto más numeroso y menos ordenado sea el repertorio de señales de la
fuente, más informativo será cada uno de los mensajes que emita; a la inversa, cuanto menor sea
el número de señales y mayores las limitaciones para combinarlas (estas limitaciones son el
resultado de la codificación: cf. *código), menor será el número de mensajes posibles . Esa
reducción implica, en la mayoría de los casos, no una pérdida sino la posibilidad misma de la
comunicación: una fuente con demasiada entropía sólo podría mandar mensajes enormemente
informativos, a costas de un esfuerzo de interpretación altísimo por parte del receptor.
La desorganización del sistema (que es gradual) se conoce como “entropía”. Un sistema con
muy poca o nula entropía (un semáforo, por ejemplo) es muy confiable pero muy poco
informativo (es decir: sólo puede enviar -muy eficientemente- tres o cuatro mensajes); a la
inversa, un sistema con mucha entropía es muy informativo pero produce grados de
incertidumbre que pueden poner en riesgo las condiciones mismas para la comunicación.
Cuando un mago baraja el mazo para fingir que desorganiza el sistema y, luego, finge que es
capaz de encontrar una carta (que desconoce) en el caos del desorden, trabaja sobre la
“representación” de una entropía máxima (para el público) que -en realidad-es mínima (para él):
lo que para unos es desorden, para el otro es orden; lo que para unos es una revelación
inexplicable, para el otro es la repetición de un mecanismo totalmente explicable: cualquiera
que haya aprendido a hacer un truco con cartas entiende esa diferencia, y el desencanto que ese
aprendizaje conlleva. Otra manera de reducir la entropía del sistema es organizándolo mediante
una codificación, que -en este sentido- puede entenderse de manera negativa como una
reducción de la entropía (negentropía) por imposición de restricciones sintácticas: un *código,
en efecto, proscribe y prescribe relaciones lícitas entre las señales de la fuente. Cuando más
fuerte sea el código (en los lenguajes formales, por ejemplo, es más fuerte que en las lenguas
naturales; y entre los códigos dicursivos, el instruccional es más fuerte que el poético), menor
será la entropía del sistema. Los chistes basados en la polisemia de una palabra (ejemplo de
desorganización del código) explotan la amenaza de los fracasos en la comunicación
produciendo ambigüedad; en una comunicación eficiente, en cambio, el esfuerzo de la fuente
está orientado a restringir lo más posible la indiscernibilidad del mensaje (es decir: a
proporcionar todas las condiciones para la *desambiguación de los términos equívocos). Una
tercera manera de reducir la pérdida de información es la redundancia, que consiste en la
repetición de una señal o de señales con el mismo significado (cada uno de los timbres de
llamada de un teléfono tiene la misma información que los demás: su repetición sólo se explica

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

como una manera de anular el ruido físico sobre la señal -debido a las dificultades de
transmisión física de la señal, o a la desconexión/ desatención del receptor-; la acumulación
didáctica espiralada en un discurso explicativo tiene la función de garantizar el intercambio de
información, anulando los ruidos semánticos -debidos a las dificultades de comprensión de la
señal por parte del receptor-: en este mismo apunte, cuando dos o más ejemplos ilustran un
mismo concepto, intentan reducir la pérdida de información, codificándola de maneras
alternativas; el índice es redundante respecto de la lista de entradas; etc.)
Por último, hay diferentes grados de libertad de elección dentro de un sistema de de
probabilidades determinado: si una persona tiene que dar información sobre sí misma, un primer
nivel restricciones se decide en la opción entre los sistemas a) gráfico (un autorretrato, una foto
de perfil); b) gestual (haciendo mímica); c) verbal. La opción (c) exige elegir una lengua
(castellano/ guaraní/…) y una variedad de lengua (formal/ escrita/…). El siguiente nivel de
restricciones se ejemplifica mediante la comparación del grado de libertad de opciones entre
quien debe llenar un formulario antes de donar sangre en un dispensario, quien compone un CV
para aplicar a una beca, quien es invitado a “hablar de sí mismo” durante una entrevista con la
gente de RRHH de una empresa, quien asiste a una primera sesión con el psicoanalista, quien se
dispone a escribir sus memorias para las futuras generaciones, etc. Compárese cualquier
autobiografía con la siguiente declaración exigida a los donantes de sangre:

El documento para la autoexclusión (aludido en el formulario anterior, y disponible en:


http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/70000-74999/70877/norma.htm) detalla -entre

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

otras- las siguientes causas:


“25) ¿Usó o usa drogas inyectables u otras, o tuvo relaciones sexuales con alguien que las usaba, en
los últimos 12 meses?; 26) Para hombres: ¿en los últimos 12 meses, tuvo Ud. relaciones sexuales
con otro hombre?; 27) Para mujeres: en los últimos 12 meses, ¿tuvo Ud. relaciones con un hombre
que a su vez tuvo relaciones con otro hombre?; 28) En los últimos 12 meses, ¿tuvo Ud. relaciones
sexuales con otra persona que no sea su pareja estable?; 29) En los últimos 12 meses, ¿tuvo Ud.
conocimiento de que su pareja estable ha estado en situaciones de riesgo?; 30) ¿Tiene Ud. SIDA o
un análisis positivo de VIH?; 31) ¿Tuvo relaciones sexuales, en los últimos 12 meses, con alguien
que tenía SIDA, o análisis positivos de VIH, Hepatitis B y C?”.

• Interlocución/ interpelación: Para el enfoque interaccional de la comunicación (que tiene


como unidad de análisis la interacción misma, de la que se desprenden las figuras de sus
participantes, típicamente: locutor -es decir: “yo”- e interlocutor -es decir: “vos/usted”), la
identidad de los sujetos no es sino la imagen co-construida que resulta de la misma interacción.
Esta hipótesis, por lo tanto, reacciona contra las teorías que se dan un sujeto trascendente (el
estructuralismo, el generativismo) y se aproxima a las perspectivas que conciben la subjetividad
como un dato situado o contexto-dependiente.

La metáfora dramática (Goffman) ha sido útil para ilustrar esa artificiosidad interlocutiva. De
acuerdo con ella, en cada interacción los sujetos se comportan como actores: construyen y
proyectan unas identidades idealizadas (es decir: mendaces, en cierto sentido) en función de sus
mutuas expectativas sobre sus roles recíprocos y sobre el marco de referencia común. En
consecuencia, todos tenemos tantas identidades sociales (o rostros) como escenas sociales de las
que participamos. En una interacción cooperativa, es decir: aquella en la todos los participantes
colaboran en el mantenimiento del marco comunicativo, cada uno de ellos - constreñido por
convenciones sobre la prudencia, la “buena educación” o el tacto social- encarna (y cuenta con
que los demás lo hagan) la mejor presentación posible de sí mismo (y de su interlocutor). Es así
que las experiencias repetidas del
aburrimiento, la incomodidad, la
inseguridad, el desinterés, el desagrado, el
desacuerdo, el enojo, la suspicacia, la
desconfianza o la decepción son disimuladas
mediante el recurso a exagerar, a improvisar,
a felicitar, a congratularse, a pasar por alto
gaffes sociales, a -en fin- impostar la
empatía con el interlocutor. La función de
esas precauciones es proteger la propia
imagen (práctica defensiva) y la imagen
proyectada por el interlocutor (práctica
protectiva o tacto) de diferentes
disrupciones: gestos impensados (como un
ataque de risa), intrusiones (la manifestación

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

inadvertida de un aspecto que la persona había pretendido preservar), pasos en falso (o


“meteduras de pata”) y escenas (como en: “hizo una tremenda escena”, que exigirá redefinir la
situación); además, permiten disimular los “estigmas” del cuerpo, del carácter o tribales. Todo
ello tributa a la función general de construir un contexto de “normalidad” -esto es: en el que sus
contribuciones sean previsibles, aun a costa de ocultar opiniones, sentimientos o impresiones
espontáneas- dentro del cual la actuación de los participantes se vuelva significativa.

Esa perspectiva es consistente con la tradición del análisis del discuros (Pêcheux, Charadeau),
que analiza las identidades como co-construidas (en virtud de ciertas estrategias y movidas
argumentativas) por ambos participantes de la estructura conversacional, que se alternan en los
roles complementarios del “yo” y el “vos”, de lo que resulta un “sujeto (múltiple) de la
interlocución” (evidentemente, cada locutor define su identidad interlocutiva en la
interlocución, es decir, en el vínculo que contrae con el interlocutor). Pero la relación no es, en
realidad, entre dos posiciones, sino entre cuatro: existen, del lado del locutor, un Yo (Je) real y
un yo (moi) discursivo, que el Yo proyecta estratégicamente como la imagen más favorable de
sí mismo en virtud del tipo de relación que quiera contraer y mantener con su contraparte. Por
su parte, en el alocutario también conviven un Vos real y un vos discursivo, que es el tipo de
destinatario a quién el Yo/yo dirige su alocución. Lo “positivo” de la imagen se construye en
función de una articulación con los valores sociales prestigiosos en cada contexto particular (la
honestidad, la solidaridad, la lealtad, la inteligencia, la sensibilidad social/artística, la
intransigencia, la transparencia, la probidad, etc.) que se suponen gozan de mayor aceptación
por parte del sujeto de la interlocución. Por supuesto, las partes “reales” de la interlocución
pueden no coincidir con las partes “discursivas” (se trataría, entonces, de una impostura); pero,
además, las imágenes discursivas proyectadas por cada uno como locutor pueden no coincidir
con la imagen que sobre él tiene su contraparte (se trataría, entonces, de un malentendido). Hay
una cantidad de rituales destinados a convenir las identidades recíprocas en función de volverlas
favorables a la viabilidad comunicacional. Entre ellos, juega un rol predominante la
interpelación -esto es: el espacio discursivo estrictamente destinado a manifestar la construcción
discursiva de sí mismo y del interlocutor-, cuyos significantes prototípicos son los vocativos
locutivos (“Yo, como responsable de esta situación, digo que...”, “Este director viene hoy aquí a
decirles que...”) y alocutivos (“vos/usted”, “hijo/ mamá/ tío”, “caballero/ señora/ don/
muchacho/ estachica/ amigo/ chabón/...”, “agente/ doctor/ diputada”).

• Interpretante: En el modelo peirciano, corresponde al efecto que el *signo produce en la


mente del intérprete (con el que no se confunde), en función del cual el *representamen entra
en relación con un *objeto. El interpretante no es necesariamente verbal, pero puede ser
verbalizado mediante un término simple, una proposición o un *razonamiento: de acuerdo con
ello, Peirce propone una tercera tricotomía (o clasificación triádica) de los signos.
Rhema: Si la relación entre el representamen y el objeto se deja interpretar por un término
aislado o simple: 1) “lluvia” (u “otoño”, “tristeza”, etc.), por ejemplo, es un interpretante
para la expresión “la gota de agua resbaló en su mejilla” del relato “El milagro secreto”; 2)
“roja” (o “expulsión”, o “justicia”, o “desmesura”) es el rhema que interpreta mediante una

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

cualidad simple (única) la acción en la cual un árbitro le muestra una libreta forrada de ese
color a un jugador de fútbol
Dicente: Si la relación entre el representamen y el objeto se deja interpretar por una
proposición completa (es decir: por la relación entre una expresión referencial y una
expresión predicativa, como en “(p)A”). Por ejemplo: 1) “El tiempo objetivo, que se había
detenido, volvió a ponerse en movimiento” es un dicente del mismo pasaje; 2) “lo expulsó”
interpreta la misma situación poniendo en relación dos referentes (el referee y el jugador)
mediante una expresión predicativa (la acción de expulsar)
Argumento: Si la relación entre el representamen y el objeto se deja interpretar por un
*razonamiento (deductivo, inductivo o abductivo). Por ejemplo: 1) la misma frase se deja
interpretar por el razonamiento: “el tiempo objetivo, al detenerse, detuvo el recorrido de una
gota que corría por la mejilla de Hladík// de pronto, la gota vuelve a escurrir por la mejilla//
por lo tanto, el tiempo objetivo ha vuelto a ponerse en marcha [y -en consecuencia- Hladík
va a recibir la descarga mortal]”; 2) “la expulsión de un jugador tiende a perjudicar al
equipo en el que juega// pero un jugador ha sido expulsado por el árbitro// por lo tanto, su
equipo ha sido perjudicado (ya por la conducta del jugador; ya por la del árbitro)” es un
argumento que interpreta la misma situación desde el punto de una regularidad estadístico-
inductiva.

• Legisigno: cf. *representamen

• Lengua/ Habla (discurso): (estructuralismo) Para precisar la ubicación de la lengua dentro del
dominio heterogéneo (es decir: asistemático) del lenguaje, Saussure plantea la tesis de la
distinción entre ésta y el habla mediante una operación que inaugura un método crucial para el
resto del Curso (y de la *semiología estructuralista): la definición a partir de oposiciones
binarias. La primera gran dicotomía del Curso, pues, permite definir la lengua no por sus
propiedades intrínsecas, sino por aquello respecto de lo cual guarda diferencias. Insistiendo en
el supuesto de la lengua como herramienta para la comunicación, Saussure parte de la
consideración de un acto individual de lenguaje (por lo demás, ya bastante esquematizado):
dados A y B, participantes de un diálogo,

el punto de partida es un hecho psíquico: en el cerebro de uno de ellos –digamos, de A-,


los hechos de conciencia –los significados- se encuentran organizadamente asociados a
unas instancias expresivas -los significantes- y un significado (el deseo de {saludar a
B}) desencadena un significante (la secuencia /óla/); esto tiene como consecuencia

un hecho fisiológico: el cerebro de A transmite un impulso correspondiente al


significante /óla/ a los órganos fonatorios, que lo articulan; esto tiene como
consecuencia

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

un hecho físico: las ondas sonoras, que se propagan desde la boca de A hasta el oído de
B; esto conlleva

un segundo hecho fisiológico: la transmisión desde el oído hasta el cerebro de B de la


señal asociada al significante /óla/; lo cual, a su vez, provoca

un segundo hecho psíquico: la asociación –recíproca a la ocurrida en el origen del


diálogo- entre el significante /óla/ y el significado {saludar a B} (por intervención de la
facultad receptiva).

Resta decidir la descripción de cuál(es) de tales instancias es incumbencia de la lingüística.


Separar lo que es propio de cada experiencia particular (lo que es idiosincrático) de lo que es
idéntico para todas ellas (lo que es categórico) permitirá avanzar en la discriminación entre lo
accesorio (aquello cuyas propiedades dependen de variables circunstanciales, que atañen al
individuo) y lo esencial (aquello que sea constitutivo del tipo comunicacional analizado, propio
del hecho social):

La lengua es social: está completa en la conciencia de todos los integrantes de una comunidad
lingüística. El habla, en cambio, es individual.

La lengua es esencial a la comunicación: la asociación ordenada entre las unidades significantes


y significadas es insustituible. El habla, en cambio, es accesoria (o bien: comprende aspectos
facultativos, que pueden ser reemplazados).

La lengua es pasiva: se encuentra en estado de reposo en la conciencia de los sujetos que, cuando
la incorporan como sistema o cuando reciben un enunciado que se les dirige, no pueden
interponer ninguna resistencia más que asimilarla o aplicarla a la recepción/decodificación,
respectivamente. El habla, en cambio, es activa: un enunciado proferido pro un hablante es el
resultado (individual) de un acto (individual) de voluntad.

La lengua es homogénea (está completa en el dominio psíquico); el habla es heterogénea (a


caballo de los dominios psíquico, fisiológico y físico). Esa homogeneidad es la que permite que
la lengua sea pasible de una descripción consistente desde un punto de vista invariable.

Lengua y habla son ambas de naturaleza concreta, pero –a diferencia de ésta- la lengua puede
describirse sistemáticamente: nada se sabe con certeza sobre los modos de articulación (ni sobre
las demás propiedades del lenguaje) del latín clásico o del griego demótico, pero un diccionario
y una gramática bastan para representarlas en tanto que códigos.

La distinción entre lengua/ habla tiene un carácter eminentemente dialéctico: ninguna existe
como hecho independientemente de la otra, y ambas se presuponen mutuamente. Su separación
es el resultado de una operación teórica de la que Saussure es bien consciente: mientras otra
ciencias operan con objetos dados de antemano, en el caso de la lingüística, lejos de preceder el
objeto al punto de vista, es el punto de vista el que crea el objeto.
El objeto de la lingüística (aquello que ésta debe proponerse aprehender y conocer), la lengua,

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

es un sistema de formas (o de significantes) relacionadas con ideas (o con significados), y en tal


sentido es comparable a los demás sistemas que consituyen el objeto de la *semiología.
Para el generativismo transformacional norteamericano, en cambio, la Lengua es un conjunto
finito de reglas, propias y exclusivas de la mente humana, diseñadas para la producción/
interpretación de infinita variedad de estructuras sintácticas bien formadas.

• Linealidad: (estruct.) propiedad distintiva de los *significantes lingüísticos.

• Mito: En Barthes (1957), forma ideológica del discurso, cuyo significado es la ideología y cuyo
significante es la retórica. Figuras (retóricas) del…: modos recurrentes de habla o discurso
[parole] (como opuesto a lengua [langue]) codificados que -en una sociedad organizada
materialmente sobre la base de la economía de mercado- tienen como función (ideológica) la de
naturalizar los procesos históricos, es decir: investir los intereses de la burguesía de un carácter
pre-ideológico y, en consecuencia, identificar sus privilegios de clase particulares y
contingentes con los intereses generales y eternos de la humanidad. En ese proceso, el mito
simplifica lo real-social de dos maneras: lo esencializa (es lo contrario a la indagación dialéctica
y a la perspectiva histórica) y lo procesa mediante un conjunto de operaciones de equivalencia
(que es lo contrario de la discriminación crítica y de la perspectiva materialista de la cultura).
Las formas retóricas del mito burgués -es decir: de la derecha política- son siete (como Barthes
deduce la figuras de las mitologías que había escrito antes del ensayo teórico, señalamos en
cada caso una mitología en la que puede encontrarse su aplicación al análisis de algún
fenómeno de la cultura masiva):
◦ 1. la vacuna (que inocula en la sociedad una dosis atenuada de los males accidentales
del capitalismo para prevenir la subversión generalizada que traería aparejada la toma
de conciencia sobre el mal principal, es decir: la misma estructura clasista. Todos
argumento que se base en la demanda de “un capitalismo con rostro humano” cabe
dentro de esta categoría);
(cf. las Mitología “La operación Astra” o “Un obrero simpático”)
◦ 2. la deshistorización (que borra la inscripción histórica del fenómeno): hablar, por
ejemplo, de la “tragedia” de la desnutrición infantil, del “humor” de los mercado, del
“destino exitoso” al que está condenada la Argentina o de la “maldición” de las
corridas financieras es desconocer las condiciones que las originan y los sectores que
se benefician en cada caso.
(cf. la Mitología “El usuario y la huelga”)
◦ 3. la identificación (el aniquilamiento de la otredad -que para la pequeña burguesía
es inconcebible-): es un recurso que reduce la diferencia -social, racial, sexual,
religiosa, etc.- con los otros mediante los recurso al exotismo y a la definición
positiva excluyente, que enmascara la descalificación: “Es una peruana buenísima”,
“Es un travesti comiquísimo”, “Es negro de piel, no de alma”. Esa condescendencia
se apoya, siempre, en un supuesto sobre lo normal, que coincide con el fenotipo y la

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

subjetividad promedio del pequeño burgués.


(cf. la Mitología “Continente perdido”)
◦ 4. la tautología (es decir: definir A como A: “así son las cosas”, “Los argentinos
somos así”, “Es muy amigo de sus amigos”, “Esto es Boca”, “Yo soy el que soy
-Elohim-” “Yo soy lo que soy -Sandra Mihanovich-”, etc.), mediante la cual se elude
el compromiso de proponer definiciones analíticas, históricamente situadas y -por lo
tanto- explícitamente sostenidas en una axiología, una moral y una valoración
política.
(cf. la Mitología “Racine es Racine”)
◦ 5. el “ninismo” (equiparación de los contrarios, a partir de un atributo común, para
su rechazo o para el rechazo de su crítica). Por ejemplo: “los grupos anti-legalización
y los grupos pro-legalización en realidad buscan cada uno su propio provecho, sin
permitirse considerar cada uno las razones de la otra parte”; o bien: “Los obreros
toman la fábrica y los patrones despiden sin causa: cada uno, a su manera, es
violento, y de ese modo todos se perjudican.” El resultado es negar la legitimidad del
conflicto y eludir la toma de posición, cuando lo que está en juego es la correlación
de fuerzas entre sectores sociales en puja.
(Cf. la Mitología “La crítica ni-ni”)
◦ 6. la cuantificación de la calidad (proyección de una evaluación mensurable como
justificación de un juicio de valor): el elogio de una película, por ejemplo, en
términos del costo, de la recaudación alcanzada -a veces: del tiempo de recuperación
de la inversión-, del cachet de los protagonistas, de los premios acumulados, de las
semanas en cartel, de la cantidad de salas en la que se proyecta, de la cantidad de
espectadores en el mundo, etc. Es, más todavía que los demás, un mito solildario del
rechazo al intelectualismo, que la burguesía siempre denuncia como “lujoso”,
“rebuscado” o “estéril”)
(cf. la Mitología “El Cerebro de Einstein”)
◦ 7. la verificación (el dictamen sentencioso2), que consiste en invocar el “saber
común” para proponer la aceptación taxativa de una versión sobre el estado dado de
cosas (como si fuese, en realidad, la única versión posible) y evitar la explicación
articulada. Toda discusión que se quiera resolver mediante un aforismo burgués, por
ejemplo: “Si les va mal a los ricos, les va mal a los pobres”, “Acá ganamos todos o
perdemos todos”, “Cada uno sabrá dónde le aprieta el zapato”, trabaja sobre esta
figura.
(cf. la Mitología “La gran familia de los hombres”)
La lista no pretende ser exhaustiva, y al mismo tiempo las figuras no son -ni mucho menos-
2 En el texto original, la séptima figura es “le constat”. La traducción canónica las Mitologías -la de Schmucler para
Siglo xxi- es “verificación”: proponemos aquí “dictamen sentencioso”, que nos parece más consistente con la
definición.

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

mutuamente excluyentes (ver, por ejemplo, la mitología “La gran familia de los hombres”).

• Objeto: En el modelo de signo saussuriano, el referente, lo denotado por el signo, que forma
parte de la realidad pero no del sistema semiológico.
En el modelo peirciano, aquello representado por el *representamen (que Peirce a veces llama
“signo”). La relación entre el representamen y su objeto puede basarse en una cualidad, en una
experiencia concreta o una convención: de acuerdo con ello, Peirce propone una segunda
tricotomía (o *clasificación triádica) de los signos en:
Íconos: un dibujo figurativo como éste, por ejemplo, representa al cuerpo humano porque
evoca (parcialmente) algunas de sus características morfológicas (disposición de tronco-
miembros-cabeza, proporciones, postura erguida, etc.). Es decir: hay una semejanza (o
analogía) entre las cualidades de uno y otro. Representamen y objeto son, ambos, generales.
Índices: la huella dactilar de cada ser humano (no su dibujo: la huella misma impresa por el
sujeto), por ejemplo, lo representa porque ha estado en relación de coexistencia real con su
objeto en el pasado. Es decir: hay/ hubo o habrá una conexión dinámica entre el
representamen (la huella) y su objeto (el individuo). Representamen y objeto son, ambos,
individuos particulares.
Símbolos: la señal de la izquierda está en lugar de (es decir: representa) la prohibición
general de avanzar en virtud de que existe una convención que así lo ha establecido (pero si
esta fuese una señal real, impuesta a los automovilistas en una calle de única mano,
funcionaría también como índice). Es decir que la relación entre ambos depende de la
existencia de un interpretante convencional. Representamen y objeto son, ambos, generales.
[Nota: hay casos híbridos: un símbolo particular puede funcionar como un índice -es el caso de
la señal de contramano en particular (que indica la prohibición específica de transitar en cierta
dirección) o de los deícticos pronominales cada vez que son usados-; un ícono también puede
indicar un individuo particular, como es el caso de la señal de tránsito que incluya una
representación figurativa: prohibida la tracción a sangre; un índice puede tener una motivación
icónica -la huella dactilar se parece a los plieges en la piel que la imprimió tanto como un retrato
fotográfico se parece al rostro que posó ante el objetivo de la cámara en el momento de la
captura, pero ambos (piel y rostro) determinan la estructura del representamen de modo
necesario, es decir: por afectación directa; la convención de un símbolo puede obedecer a una
motivación por semejanza, como en el caso de las metáforas (“ocaso” = “vejez”)]

• Paradigma: *relaciones entre los signos

• Razonamiento: Mecanismo inferencial que permite el incremento cognoscitivo. En la


semiótica peirciana, que usa el término “argumento” la tercera clase de la tercera tricotomía de
los signos. Según Peirce, un argumento (cf. interpretante) puede asumir tres modos:
deducción, inducción y abducción (o hipótesis). Sobre la base del silogismo, en cada caso
cambia la relación entre la Regla general, el caso y el resultado:

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Deducción (se parte de una regla general, que -aplicada a un caso particular- arroja una
conclusión necesaria. Si las premisas son verdaderas, la conclusión necesariamente
también lo es; si no, puede ser verdadera o falsa):
Todos los triángulos son carnívoros
Roberto es un triángulo
(por lo tanto,) Roberto es carnívoro

Inducción (las premisas son experiencia particulares o valores estadísticos; la


conclusión es más robusta cuanto mayor sea la colección de casos de apoyo, pero nunca
está a salvo de su refutación):
El Presidente Alfonsín era abogado
El presidente Menem era abogado
El presidente De la Rúa era abogado
El presidente Kirchner era abogado
La presidente Fernández era abogada
Por lo tanto: todos los presidentes son abogados

Abducción (ante un caso particular, y ante la imposibilidad de aplicar los mecanismos


de la deducción e inducción, se postula -como hipótesis- la posiblidad de que el hecho en
cuestión sea el resultado de una premisa que lo vuelva plausible. Es el tipo más débil de
inferencia y -también- el más frecuente en la experiencia cotidiana, que procede por
estimaciones provisorias, sujetas a corroboraciones o refutaciones eventuales: Eco, por
ejemplo, funda toda su semiótica pragmática en su funcionamiento):
Esa persona que acaba de entrar al aula mira en todas las direcciones y parece
indecisa entre quedarse o irse.
La mejor explicación para ello es que esté desorientada (y, quizás, necesita ayuda).
Por lo tanto, esa persona está desorientada (y, quizás, necesita ayuda).

• Registro: Categoría de análisis del discurso, es decir: de la lengua en uso (o nivel pragmático).
Para la sociolingüística, dentro de la lengua general hay repertorios de rasgos fonológicos
(“comerse” las eses; pronunciar la “d” final en “libertad”; usar un tono de voz contenido o
estertóreo), paradigmas léxicos (optar entre “improperio” y “puteada”), tipos sintácticos (optar
entre oraciones largas -con cláusulas coordinadas y subordinadas- y oraciones cortas; entre la
transposición y la linealidad del orden S-P y Núcleo-modificadores) y campos
semántico/temátcio (optar entre abordar o no -en términos del “tacto” social- ciertos temas) que

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

se organizan en distintas variedades lingüísticas: las que dependen de las características del
locutor (lectos: los modos de hablar según la edad, la procedencia geográfica, la procedencia
social, la especialidad profesional) y las que dependen de la adecuación situacional (registros:
modos correspondientes al canal -lengua hablada/ lengua escrita-, al grado de formalidad de la
relación entre los interlocutores -lengua coloquial/ lengua informal- y al tema y las
circunstancias concretas en as que se da la comunicación).
Dentro del conocimiento que un Hablante tiene de su lengua materna pueden distinguirse: el
tipo de competencia que le permite generar oraciones bien formadas y emitir juicios de
gramaticalidad (es decir: distinguir entre oraciones bien y mal formadas desde el punto de vista
de las reglas de generación y transformación) y el tipo de competencia que le permite proferir
enunciados adecuados a la situación comunicativa y emitir juicios de adecuabilidad (es decir:
distinguir entre enunciados adecuados e inadecuados en una determinada situación
comunicativa y social). Son competencias heterogéneas: la primera es interna -es decir: puede
estudiarse completa dentro de la mente-cerebro del Hablante- y la segunda es externa -es decir:
puede estudiarse solamente considerando la situación en le mundo del Hablante-; además, su
adquisición es diferida: la primera se desarrolla más tempranamente y de modo inconsciente, en
virtud de una disposición innata del sujeto para incorporar las reglas de cualquier lengua natural,
y la segunda se aprende conscientemente, en virtud del intento de los mayores de inculcarle
reglas de comportamiento específicas según con quién, dónde y cuándo se esté comunicando; la
primera está más homogéneamente distribuida en la población que la segunda. Una oración
perfectamente gramatical puede ser inadecuada, y viceversa.
La oración exclamativa “¡Pero qué pedazo de hijo de puta!” es gramatical por su
estructura interna (por las relaciones de subordinación y de localización de sus
constituyentes inmediatos); el enunciado “¡Pero qué pedazo de hijo de puta!” es
adecuado o no lo es según el contexto en el que sea proferido, es decir: según la
identidad social de los interlocutores, según su historia conversacional previa, según el
tema del cual estén hablando, según las circunstancias inmediatas de la conversación,
según los valores que (no) compartan, etc. De hecho, la lengua alcanza para saber que se
trata de una evaluación del referente por parte del locutor (de cualquier locutor), pero no
si se trata de una evaluación positiva o negativa: para ello, es necesario tomarla como
enunciado. (cf. significado*) Las opciones (los sinónimos denotativos) para la acepción
aprobatoria son, entre otras: “¡Pero qué magnífico/ estupendo/ sublime/ excelso/…!”:
como en el caso anterior, la adecuación de estas opciones está sujeta al contexto en el
que ocurran, y dependerá, por ejemplo, de si se trata de compartir la devoción por el
zaguero central de Temperley durante un partido con Los Andes a cancha llena o por la
soprano de coloratura que encarna a Dorinda en una puesta del Orlando de Handel en el
Colón.
Cuando no son controladas, las rupturas al registro exigido por la situación se tipifican como
furcios sociales, y son objeto de diversos tipos de censura (en términos de Bourdieu: el Hablante
pierde parte de su capital lingüístico y -por lo tanto- se desacredita en el mercado en el que esté
llevándose a cabo la comunicación). Puede verse esa presión en los casos en los que la conducta

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

es menos espontánea y el Hablante, por lo tanto, ejerce una especie de autocensura para
conformarse a las expectativas de su auditorio legítimo: un alumno al dar examen (pero no al
explicarle al mismo tema a un compañero, fuera de clases), un persona que resume su
experiencia laboral en una entrevista (pero no cuando le cuenta lo mismo a sus parientes o a un
desconocido en una reunió social), un vecino que cuenta ante las cámaras de televisión un hecho
del que ha sido protagonista o testigo (pero no cuando repite el relato para el resto de sus
vecinos). Tomemos el último caso: es común que los declarantes espontáneos, ante el pedido del
cronista, adecuen sus opciones lingüísticas a un ideal estilístico que hibrida los hábitos de la
comunicación de masas y de la comunicación institucional-policíaca:
● “-Efectivamente, Santo, los malvivientes ingresaron por la puerta del fondo y se
dieron a la fuga por el techo cuando oyeron la sirenas del móvil. Comentan que estaban
muy alterados”
● “-Sí, loco: los chorros entraron por atrás y, cuando oyeron que venía la lancha de la
yuta, ganaron los techos. Parece que estaban re-locos”
La diferencia de registro entre ambos enunciados (que dan la misma información,
aproximadamente) sólo puede medirse en función de la situación en la que sean proferidos.
Hay, por último, un uso frecuente del cambio de registro como mecanismo del humor. Es una
forma particular del caso general en que lo cómico proviene de la incongruencia, que en este
caso se produce entre dos registros contradictorios en el transcurso de una misma escena
comunicacional. Niní Marshall, Les Luthiers (“Sólo... sólo unos pocos elegidos pertenecen de
verdad al gran mundo. Sólo unos pocos elegidos en el mundo lucen la hora exacta en su
muñeca. Relojes "Chaque heure, pour la minorie: ¡flor de "relós"!), Tangalanga (en la
transición del trato obsequioso al improperio y la provocación) y Leo Maslíah -entre muchos
más- han aprovechado sus posibilidades. Aquí, citaremos la creación de Capusotto/ Saborido
“Luis Almirante Brown”, un músico y poeta en el que se conjugan (sucesivamente) los hábitos
líricos (y armónico-melódicos) de Luis Alberto Spinetta con los hábitos líricos (y armónico-
melódicos) de lo que el imaginario de los autores relaciona con los consumos culturales de los
hinchas caracterizados de Almirante Brown, el club de Isidro Casanova (nótese que el salto de
registro se da también en el grado de sofisticación -i.e.: de dificultad- de los acordes: habría, por lo
tanto, un criterio de registro que puede extenderse de lo lingüístico a toda otra materia significante:
la indumentaria, la proxémica, la temporémica, la comunicación no verbal -háptica, sobre todo-
etc.):

Sin título
Gsus4(maj6-9)___________ Asus4(maj6-9)
___Se ahoga el alma y es un respiro
Gsus4(maj6-9)________ Asus4(maj6-9)
___Vacíos que llenan la nada
Cmaj7/G____________ Bm7

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Ausencia azul de toda materia


______Bbm7
Balbuceos de huecos
____Am____________Am(maj7)
Cavidades con ecos de angustia sin fin
__ ___Am7_____________________ _Am6
Estoy viendo tu pena, estoy viendo tu escollo

ESTRIBILLO
_____E________________Am
Estoy viendo que tenés un lindo hoyo
_____E________________Am
Estoy viendo que tenés un lindo hoyo
__________E_________Am
Hay que rellenarlo a ese lindo hoyo ___________
__________E______________Am
Tengo este matambre que lo traigo en rollo
__________E_________Cmaj7/G
Y es para llenarte ese lindo hoyo

• Relaciones entre los signos:


(semiología saussuriana) Los *valores de una lengua son engendrados por las relaciones
opositivo-diferenciales entre las entidades significadas y significantes. Esas relaciones son de
dos órdenes:

Relaciones coordinativas o sintagmáticas. Por un lado, en el discurso los signos constituyen –


en virtud del carácter lineal del significante- combinaciones sintagmáticas, compuestas de dos o
más unidades consecutivas (como en contra-atacar, a capa y espada, si está lindo, vamos,
etc.) Son sintagmas las palabras compuestas (motivadas semántica o gramaticalmente), los giros
idiomáticos (provistos por la tradición) y las frases (en la medida en que se forman sobre tipos
sintagmáticos lingüísticos y no son, en tal sentido, el resultado de un acto de voluntad
individual). En un sintagma, un término adquiere su valor por las oposiciones con los términos
que lo preceden, con los que lo suceden o con ambos. Todos los términos de este tipo de
relaciones se hallan presentes en el discurso (o bien: la relación es in praesentia), su número es
finito y su orden, necesario.

Relaciones asociativas o paradigmáticas: Por otro lado, en la memoria (es decir: fuera del
discurso), todos los signos que tienen algo en común conforman grupos asociativos o
paradigmas en cuyo seno reinan relaciones diversas (educación se relaciona, por el plano del
significado, con aprendizaje, enseñanza, etc.; por el plano del significante, con edulcorante,
televisión, etc.; por ambos, con enseñaremos, educando, etc.; gramaticalmente, con
conmoción, destrucción, etc.). Los términos de una asociación constituyen una serie

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

mnemónica virtual (o bien: se encuentran in absentia respecto del discurso), su número es


indefinido (salvo para los paradigmas asociativos gramaticales, como las declinaciones
verbales) y no se organizan en ningún orden necesario.

(semiótica peirciana) En la tradicción semiótica, los signos se relacionan en un proceso de


mutua interpretación que Peirce llamó “semiosis ilimitada”. Todo interpretante es, a su vez,
intepretado por otro signo, lo cual abre la posibilidad de una cadena ilimitada de relevos
semióticos (o semiosis ilimitada). Un diccionario de la lengua puede describirse como una
estructura semiótica de signos que están, cada uno, en condición de interpretante de y de
interpretado por otros del mismo sistema. El lema “ballena” (que es un representamen), por
ejemplo, podría estar definido como “(s) Enorme cetáceo marino” (la definición es un
interpretante del representamen), que funciona como una instrucción para la identificación del
referente (es decir, para el objeto del signo); a su vez, cada término de la definición (del
interpretante) es susceptible de ser interpretado por otros signos del mismo diccionario
(“cetáceo” = mamífero; “mamífero” = clase de los vertebrados; “clase” = grupo de elementos,
etc…), ellos mismos interpretables por otros signos del mismo diccionario y así, ad infinitum. );
si ello no sucede de hecho, es porque una parte de ese efecto (que Peirce llama interpretante
lógico o final) depende del hábito o del contexto regular (o del “universo del discurso”, según
Eco) en el que el signo ocurre, que introducen un principio de pertinencia para el
esclarecimiento suficiente del signo considerado bajo determinadas circunstancias (el
interpretante del término “ballena” en Mundo Marino, en el Libro de Jonás, en el Leviatán de
Hobbes, en Moby Dick, en el “desafío de la ballena azul”, en la expresión “está hecha una
ballena”, etc).

• Rhema: cf. *interpretante

• Representación: En la tradición peirciana, la relación triádica entre un *representamen, el


*objeto representado y el *interpretante interviniente.

• Representamen: En el modelo peirciano, todo aquello que esté en lugar de otra cosa, a la
que represente. Puede ser una cualidad, un objeto existente o una convención: de acuerdo con
ello, Peirce propone una primera tricotomía (o clasificación triádica) de los signos en:
Cualisignos: La cualidad cromática “rojo” que, por ejemplo, representa, en la bandera
de todo balneario, la prohibición de bañarse. Pero la cualidad general de “rojo” es
independiente de (o anterior a) tal *representación.
Sinsignos: La huella dactilar que, por ejemplo, representa, en la escena de un crimen, la
presencia de un sospechoso. La huella es un singular, que actualiza ciertas cualidades en
una ocurrencia única, y por lo tanto depende de la representación.
Legisignos: La secuencia “H2O” que, por ejemplo, representa, en todo libro de química,
una molécula de agua en su generalidad. Esa secuencia general sólo existe como
resultado de una convención (no es una simple cualidad ni un existente bruto).

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

• Semiología/ Semiótica: Saussure enuncia la necesidad de una ciencia que asuma como objeto a
todos los sistemas de *signos convencionales compartidos por un sociedad con fines
comunicativos, y le impone el nombre de “semiología” (que formaría parte de la psicología
social y, consecuentemente, de la psicología general). La relación inmediata entre lingüística y
semiología es de inclusión: como la *lengua es sólo uno de los varios sistemas de signos
empleados por la sociedad para comunicarse, las leyes que postule (que “descubra”) la
semiología deberán serle aplicables a la lingüística. La relación mediata, en cambio, invierte ese
predominio, en base al siguiente argumento: la lengua no es solamente uno más de los sistemas
de significación y comunicación: es, también, el más complejo y el más extenso de todos; por lo
tanto, si la lingüística lograra su descripción y explicación, podrá servir como modelo para la
descripción y explicación de los sistemas más sencillos y menos extendidos, como la escritura,
el alfabeto gestual de los sordo-mudos, los ritos simbólicos, las reglas de cortesía, las insignias
militares, las costumbres, el juego del ajedrez, las señales marítimas, el mito, la moda, el cine,
los menúes gastronómicos, etc.
De acuerdo con Ch. S. Peirce, la semiótica es una ciencia, cuyo objeto es la descripción de los
procesos mentales involucrados en el conocimiento humano; y como sólo es posible conocer
mediante el pensamiento, y sólo se puede pensar mediante signos, la semiótica es la ciencia de
los *signos (indiferentemente de que estén o no inscriptos en procesos comunicacionales e
independientemente de que su estructura haya sido convenida socialmente como una
institución). El proceso de la semiosis se concibe como un proceso de representación: un signo
es todo lo que está (o puede llegar a estar) para alguien en lugar de otra cosa en virtud de que
determina (como un efecto) en su mente un tercer término, que establece/ reconoce/ prueba esa
relación (los *índices y los procesos inferenciales -por ejemplo, los *argumentos- son
estructuras semióticas, porque en todos los casos algo -el *representamen, las premisas- están
en lugar de otra cosa -el *objeto, la conclusión- en virtud de una idea en la mente del intérprete
que así lo concibe). Peirce reconoce tres ramas de la semiótica: la gramática semiótica, la
lógica crítica y la retórica universal, que corresponden respectivamente a lo que Morris
llamaría, más adelante, *sintaxis, semántica, pragmática.
U. Eco, que prefiere el término “semiótica”, propone una síntesis de ambas tradiciones: de
Saussure, retiene la restricción a los fenómenos comunicativos y la idea de que los significados
(denotados y connotados) están organizados según el modelo del *valor lingüístico; de Peirce
adopta las nociones de *interpretante y *semiosis ilimitada, que le permite explicar la
dinámica de la significación social y el rol del intérprete en el proceso semiósico.

• Semiosis ilimitada: cf. *relaciones entre los signos

• Significación: En la tradición estructuralista, la relación biunívoca entre una unidad del plano
de los *significantes y una unidad del plano de los *significados.

• Significado: Las teorías sobre el significado se basan en los modelos lingüísticos, que son tres:

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

a) El modelo estructuralista (de inspiración saussuriana) lo concibe como un concepto, una


idea clara que no se confunde con las demás del mismo *sistema, con las que contrae relaciones
de oposición diferencial. Por ejemplo, {perro} es diferente de {gato}, {perra}, {lobo}, etc, en
tanto comparten el rasgo semántico ´animal´ y no comparte alguno(s) de los rasgos semánticos
subcategorizantes:

´animal´ ´vertebrado´ ´placentado´ ´canino´ ´doméstico´ ´hembra´


{perro} + + + + + +/-
{gato} + + + - + +/-
{perra} + + + + + +
{lobo} + + + + - +/-
{anguila} + + - - - +/-
{pulga} + - - - - +/-

b) Hay, luego, modelos denotacionales para los que el significado son los referentes (o las
relaciones entre los referentes) de las palabras (o de las oraciones). La decisión, por
ejemplo, sobre si una cláusula como “El presidente de Argentina es millonario” es verdadera o
falsa depende de si se puede, efectivamente, emparejar cada uno de sus expresiones
referenciales (“presidente de Argentina”) y predicativas (“es”, “millonario”) con la realidad que
describen: si no hubiera un país llamado Argentina, o si lo hubiese, pero tuviese un gobierno
monárquico, si se diesen ambas condiciones pero no la de “millonariedad” la frase carecería de
referencia y -por lo tanto- de sentido. En términos lingüísticos, los deícticos (yo, ahora, acá) no
se deja definir plenamente sino como signos denotacionales (porque su significado conceptual
es una indicación sobre las condiciones de su uso real: quién habla con quién, cuándo y dónde).

c) Hay, por último, modelos que toman en cuenta la posición y la intervención del hablante
y del oyente en los procesos de producción/ extracción de sentido. (cf. *desambiguación,
*información)Según éstos, la descripción del significado debe inscribirse en el uso de los
signos por parte de los participantes de la comunicación. Enunciados como “Macri es
millonario” pueden expresar -además de la descricpión de un estado objetivo de cosas- la
evaluación positiva o negativa del referente “Macri” por parte del hablante: si esa descripción
aparece en una editorial de La Nación o de Prensa Obrera, el significado de “millonario”
conllevará -respectivamente- la aprobación o la censura del Hablante sobre el referente; si fuese
la respuesta a una pregunta como: “¿Te tengo que pagar mi parte?” funcionaría como la
exigencia de que el Oyente pague su parte de una comida; en algún contexto podría funcionar
como un comentario metalingüístico (si el Hablante juzga que lo que acaba de decir su
interlocutor es una obviedad, tal como “las epidemias son un bajón”, por ejemplo, el
eununciado equivaldría a algo así como: “lo que acabás de decir no agrega ninguna
*información relevante”); etcétera.
Aunque a veces está explicitado (“Te pido que...”), el significado intencional del hablante debe

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

a menudo ser *inferido según su relación con las circunstancias y con un conjunto de reglas
que rigen la conducta comunicativa (mantener el tema de conversación, decir la verdad, dar
toda la información pertinente que se espera de nosotros, expresarnos con la mayor claridad).
Por ejemplo:
A: -¡Viste lo que hizo Fulano el otro día?
B (viendo que Fulano se acerca por atrás de A, sin que este lo haya advertido): -Tenés
razón, pero Macri es millonario.
De donde A puede inferir que B no mantiene la tópica intencionalmente, para insinuar la
proximidad de Fulano (o de cualquier otra amenaza).

• Significante: (estructur.) en Saussure, contraparte del *significado. Su estructura interna


permite distinguir entre unidades lingüísticas y no lingüísticas, porque las primeras son
sintagmas (es decir: cadenas lineales, ordenadas, orientadas y finitas de fonemas) mientras que
los significantes no lingüísticos, en cambio, tienen una extensión en el espacio y no pueden
segmentarse en unidades irreductibles.
Compárense las estructuras de los significantes : hoja, /'o.-x-a/ y

• Signo: Hay dos tradiciones fuertes en la definición semiológica de signo (que U. Eco (1984) ha
emparentado, respectivamente, con las estructuras
a) de la equivalencia (a = b) y
b) de la *inferencia (a ⇒ b))

a) Según la primera de ellas (cf. Saussure, 1916), el signo es una entidad de dos planos -*significado y
*significante-, ambos mentales, unidos en una relación de *significación en virtud de una convención
social *arbitraria expuesta a cambios o desplazamientos en el transcurso del tiempo.
El modelo es el signo lingüístico: “perro”, por ejemplo, se describe como la relación (de
*significación) entre el *significante (la cadena de fonemas) /pėřo/ y el *significado (el
concepto) {canino-doméstico}. A partir de ello, pueden describirse otros dispositivos: el
semáforo (Benveniste: 1969), por ejemplo, es un *sistema de unidades significantes (/rojo/,
/amarillo/, /verde/) arbitrariamente unidas por una mera convención a sus significados
({prohibido avanzar}/ {precaución}/ {permitido avanzar}.

Esta definición, extendida (por Hemslev, Greimas, Metz, Barthes, Benveniste en la definición de
significancia semiótica y Prieto, entre otros) más allá de la lengua hasta lo que se definen como
“sistemas [es decir: *códigos] semiológicos no-lingüísticos” (la señalética, la mímica, la moda, los
sistemas de parentesco, la narración, etc.), está en la base de lo que se conoce como corriente
semiológica o estructuralista (cf: *semiología/ semiótica).

La más venturosa de esas extensiones es la propuesta por Barthes (1964) y recogida por Eco
(1968). Todo objeto o comportamiento social significa, al mismo tiempo, el uso o la función
específica para los que la sociedad lo ha concebido y producido (esta es su *denotación) y -al
mismo tiempo- un conjunto potencial de valores, más o menos estabilizados, asociados con la

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

condiciones sociales de ese uso (esta es su *conotación). Barthes denomina función-signo a ese
tipo de signo cuya materia significante (a diferencia de la lingüística) satisface una primera
necesidad social diferente de la comunicativa (los autos sirven -primero- a la necesidad de
desplazarse en el espacio y sólo en segundo término, son signficantes de status, confort, poder,
virilidad, etc; los cuadros, las esculturas, los himnos, en cambio, cumplen una función
principalmente comunicativa).

Cualquier prenda de indumentaria, por ejemplo, *denota su función específica (proteger el


cuerpo de la intemperie/ de la mirada ajena) y -al mismo tiempo- *connota una función
subsidiaria (investir al mismo cuerpo con los atributos de la sensualidad, la profesionalidad, la
desfachatez, la lubricidad, la desenvoltura, etc.). La denotación es siempre motivada y la
connotación, relativamente arbitraria. En condiciones ambientales extremas, la función
denotativa de una prenda de vestir prima sobre la connotativa; en condiciones de socialización
extremas, la relación se invierte. El margen para decisiones “lujosas” (desde el punto de vista
del sentido: decisiones estilísticas) en el diseño y la confección de los trajes para el personal
técnico de una base antártica está en el extremo opuesto de los de la alta costura. En 2010,
durante la entrega de los premios MTV, Lady Gaga se presentó ataviada con un vestido
diseñado por Franc Fernández y confeccionado con carne cruda (25 kilos de falda de ternera).
La performer declararía luego: “... tiene muchas interpretaciones. Para mí -esta noche- es: si no
defendemos lo que creemos y si no luchamos por nuestros derechos, muy pronto vamos a tener
tantos derechos como la carne en nuestros propios huesos. Y no soy un pedazo de carne”. El
traje de un astronauta, de un bombero o de un trabajador del petróleo no tiene “muchas
interpretaciones” (otra cosa son los parches -con marcas comerciales, enseñas nacionales,
símbolos políticos, etc.- que puedan adherírseles: hay una famosa foto del casco de un soldado
norteamericano en VietNam, que le había pintado el símbolo de la paz sobre el camuflado
selvático).

b) Según la otra (que se remonta a Peirce, 1935), el signo es un dispositivo de tres términos: el
*representamen (que algunos emparentan al significante saussuriano), el *objeto (aproximadamente:
el referente -que puede ser tanto una entidad existente como una unidad cultural-) y el *interpretante.
Este último (asimilado frecuentemente al significado, al que -sin embargo- desborda) es un efecto
complejo que desencadena el signo en la mente del intérprete y que es, él mismo, susceptible de ser
interpretado (es decir, de comportarse como representamen de otra representación). Es complejo porque
lo constituyen aspectos convencionales y otros específicos de la experiencia semiótica; es susceptible
de ser interpretado porque es él mismo un signo.

Las principales diferencias con el otro modelo se encuentran en el papel que juega la mediación
inferencial y en la inclusión del objeto en el proceso semiótico. Todo aquello que pueda estar en lugar
de (es decir: representar) otra cosa (i.e.: su objeto) en virtud de la mediación de un interpretante es un
signo. Es difícil (según Peirce, es imposible) encontrar excepciones:

El signo lingüístico “perro”, pero también un perro en particular, o la fotografía de un perro,


o su dibujo, o unas huellas -o unas heces- en el asfalto, o su aroma, o un solo pelo de su

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

manto, etc. son sendos representamenta de todos y cada uno de los objetos que puedan
llegar a evocar (el concepto de perro/ de cuadrúpedo/ de mamífero placentado/ de fidelidad/
de traición/ de herejía/ de servidumbre/ de domesticidad/ ...; las sensaciones de amenaza/ de
alivio/ de indiferencia/ de felicidad/...; las hipótesis acerca de la ubicación de una presa/ de
la viabilidad de un escape/ de una intrusión/ de la cercanía de un lugar o de una persona/ …)
en un intérprete , en virtud de haber suscitado en su mente un interpretante, es decir: la idea
(la sensación, la experiencia, la inferencia) que relaciona a uno(s) con otro(s).

La inclusión del *objeto justifica que se distinga este modelo del anterior como un modelo de la
representación; la diferencia entre la relación *representamen/ *interpretante (abierta a la deriva
intepretativa y no necesariamente validada por la convención social codificada) y
*significante/*significado (constreñida por el código), como un modelo inferencial. Esta definición
(extendida por Parret, por Benveniste en su definición de la deíxis y del significancia semántica, por
Morris y por Eco) está en la base de lo que se conoce como corriente semiótica.

• Símbolo: Semiología estructuralista: articulación significativa cuyo significante es


relativamente motivado por el significado (la motivación puede ser fonética: /guau-guau/ =
{ladrido}; semántica: /trabalenguas/ = {enunciado difícil de articular}; o sintáctica: las
derivaciones por regularidad). Por oposición al signo, cuyas partes significada y significante
entran en una relación arbitraria (i.e.: puramente convencional).
Semiótica peirciana: una de las clases de la segunda tricotomía (ver *objeto) que, en la
terminología Saussuriana, equivaldría a los signos (arbitrario-convencionales)

• Sinsigno: cf. *representamen

• Sintagma: *relaciones entre los signos

• Sintaxis/ semántica/ pragmática: Morris (1935) propuso -a partir de la progresión peirciana de


los tres modos de la experiencia: primeridad, segundidad y terceridad- una clasificación para los
modos de relaciones entre los signos.
a) sintaxis: refiere exclusivamente a las relaciones entre los signos (independientemente de
sus referencias y de sus condiciones de uso).
Las gramáticas de las lenguas naturales (como el castellano, el guaraní, el klingom o el
rosarigasino) o artificales (como la notación lógica, o los lenguajes de programación), las reglas
de composición musical o plástica, los principios de aliteración, rima o ritmo en prosa o poesía,
la oposición entre cada una de las serigrafías de Marilyn en las composiciones de Warhol, la
relación entre las cartas de una baraja española, las cartillas con las señales de tránsito para
rendir el examen de manejo, los códigos para saber la relación entre repulgue/ relleno de las
empanadas o sueño/ número ganador en la quiniela son sendos ejemplos de catálogos

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

sintácticos. En cuanto se los “usa”, se los pasa a considerar en términos no (exclusivamente)


sintácticos.
Cualquier sistema semiológico “puro” -esto es: la de que sus unidades se definan en términos de
valor a partir de relaciones de oposición diferencial (cf. *sistema (valor))- puede ser descripto
en términos perfectamente sintácticos. Para ello, es preciso razonar las diferencias entre los
singificantes, por un lado, y entre los significados, por el otro. El carácter estrictamente
sintáctico de tales relaciones se desprende de las condiciones necesarias para resolver la
siguiente consigna:
• “Dado un sistema cualquiera (una lengua natural, las señales de tránsito, el código
morse, las señas del truco, los repulgues de empanadas), agregar un significante o un
significado (sin aclarar cuál sería su contraparte)”
Las constricciones para no agregar un elemento cualquiera (digamos: un significante) están
dadas fundamentalmente por el hecho de que el agregado debe ser no-redundante con los
elementos preexistentes (el conjunto de los significantes). Como se ve, eso excluye toda
relación del elemento con su contraparte (su eventual significado) y con los sujetos que
eventualmente lo pronunciasen o escribiesen en circunstancias específicas (los hablantes/
oyentes de una comunidad de habla específica)
Es el tipo de relaciones que, además, permiten distinguir entre estructuras bien y mal formadas,
independientemente de su significado:
• La oración “la convexión discreta fuma esporas divergentes que cambian de ruido” está
bien formada (sintácticamente), aunque carezca de significado.
• La oración “Los convexión discreto fumo espora divergente ruidos cambiar de que” está
mal formada (y carece de significado)
• La oración “poco hace tiempo que esperando te en esquina esta estoy. Problema ningún
te hagas no” está mal formada, aunque tiene significado. 3
• La oración “no te hagas ningún problema: hace poco tiempo que te estoy esperando en
esta esquina” está bien formada y tiene significado.
El criterio de buena/ mala formación es sintáctico; el criterio de significatividad, en cambio, es
semántico:

b) semántica: refiere a las relaciones entre los signos y su significado (conceptual o


denotacional).
La relación /significante/={significado} (/guiño de ojo/={ancho de basto}; /naipe/={carta};
/repulgue continuo/={relleno de carne suave}; etc) es de orden semántica.
Es lo que permite discriminar entre oraciones significativas y no significativas, y -en el segundo
caso- entre verdaderas y falsas:
• La oración “Hoy es viernes” es significativa y es falsa seis días por semana y verdadera
el restante.
• La oración “hoy es cuaderno” no es significativa (y no es verdadera ni falsa)

3 Así, el maestro Yoda puede hablar con Luke sin problemas.

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

Hay oraciones necesariamente verdaderas (las tautologías) y falsas (las contradicciones), en


función de su estructura interna. En tales casos, la verdad depende de la estructura sintáctica
(esto es: de la relación entre los signos), y no de su contenido semántico:
• “cuando llueve, llueve” es formalmente (sintácticamente) verdadera, porque realiza la
implicación “si p, entonces p”
• “llueve y no llueve” es formalmente (sintácticamente) falsa, como cualquiera que realice
la conjunción “p y no p”
Por otro lado, existen condiciones (pero no son condiciones semánticas) en las que ciertas
tautologías (y contradicciones) pueden volverse significativas: “la guerra es la guerra”, “los
hombres son así”, etc. En su caso, es necesario considerarlas en uso, es decir, desde su aspecto
pragmático:

c) pragmática: refiere a la relación entre los signos y sus usuarios. La retórica, la teoría de la
enunciación, la teoría de los actos de habla, la teoría de la relevancia, la teoría de las
presuposiciones, etc. son -todas ellas- contribuciones pragmáticas. Todas tienen en común
relacionar el significado de los signos (de los enunciados /actos de habla) con el modo como el
oyente reconoce (o infiere) las intenciones que el hablante hace más o menos ostensibles, que a
menudo sobrepasan el significado literal de su enunciado:
“Hace frío” puede querer significar “no tengo ganas de salir hoy”, “cerrá la puerta”,
“prefiero comida caliente”, “poné otra frazada”, “no voy a rechazar un abrazo”, etc.
Durante una partida de truco de 4, el guiño de un ojo puede significar, efectivamente,
que el emisor tiene en su poder el ancho de basto, o bien que no lo tiene pero intenta que
sus adversarios crean que sí lo tiene, o bien que sufre algún tipo de contracción
involuntaria, o bien que tiene un 7 bravo y ha confundido (como habitualmente) las
señas, o bien que está “ciego” pero su otro párpado no se contrae correctamente, etc.
En los hechos, a menudo es difícil discriminar entre significado semántico y pragmático.

• Sistema (Valor): Para Saussure, la lengua no es una nomenclatura (un catálogo de nombres
que se le adjudican a ideas preexistentes) sino un sistema valores puros, o sea: determinados
todos ellos solamente por el estado momentáneo de las relaciones entre los términos del
sistema.
Fuera de su organización por parte de la lengua, pues, no es posible distinguir unidades ni en el
plano material de los conceptos (porque el pensamiento prelingüístico –el caos de las
idealizaciones, de las percepciones, etc.- es lingüísticamente amorfo), ni en el plano material de
los sonidos (porque la masa de los sonidos es igualmente indeterminada fuera de la lengua).
Entre ambas masas amorfas (que son, respectivamente, objeto de estudio de la psicología pura y
de la fonética) la lengua opera una serie de deslindamientos recíprocos de significados
(correspondientes a porciones del pensamiento) que se articulan con significantes
(correspondientes a porciones de materia fónica). Saussure compara esa operación con los
cortes que se hacen sobre una hoja de papel: así como no es posible recortar (y, por lo tanto,

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

darle forma a) una cara sin la otra, la masa conceptual no puede ordenarse sino en
correspondencia con la organización de la masa fonética, y ninguna de las organizaciones
resultantes de ambas caras precede a la otra. “La lingüística trabaja sobre el terreno limítrofe
donde los elementos de ambos órdenes se combinan; esta combinación produce una forma, no
una sustancia.” Se trata, claro está, de la forma del sistema. El signo lingüístico es definido un
elemento (resultante) del sistema.

a) Valor del significado: Según su posición en el sistema, el significado (tanto como el


significante) adquiere un valor. Ese valor es el resultado de las relaciones opositivo-
diferenciales que un elemento del sistema contrae con otros significados del mismo sistema.

Por ejemplo: fish será traducido al castellano ya como pez, ya como pescado. La
diferencia entre el signo del inglés y los signos del castellano no es de significación, sino
de valor: mientras que en castellano los términos se limitan entre sí (sobre la precisión
de si el animal está vivo/ muerto o libre/ en cautiverio), en la lengua inglesa no existe tal
oposición, por lo cual fish cubre ambas significaciones. Otro tanto sucede con to be y
[ser/estar], o con you y [vos/ usted/ ustedes] (o bien: [tú/ usted/ vosotros/ ustedes]).

Los valores definen también las entidades gramaticales de la lengua: en el castellano, el valor
del presente del indicativo (que se limita con el subjuntivo) no es el mismo que el del presente
inglés, ni el género masculino (que sólo se opone al femenino) es el mismo que el del
masculino alemán (donde se limita por oposición con el femenino y el neutro), ni el plural (que
sólo se opone al singular) es el mismo que el del griego (donde se opone al singular y al dual).
El significado del futuro del subjuntivo (ocurriere), de uso rarísimo en el castellano rioplatense
actual, ha sido absorbido por el imperfecto (ocurriera, -ese), cuyo valor –por lo tanto- ha
mutado.

Al interior de una misma lengua, todos los signos con significados vecinos se limitan
recíprocamente. En efecto, el principio de definición que propone Saussure consiste en
encontrar las diferencias como término de un conjunto previo de equivalencias (o identidades),
y es esa dialéctica entre identidad y diferencia (entre elementos constantes y variables, ente lo
igual y lo diferente) donde radica el principio general de la metodología Saussuriana: lo que
define a cualquier elemento de un sistema (en la legua: desde los fonemas hasta las formas de
sintagmas regulares) es la relación entre lo que comparte con los demás elementos próximos en
el sistema -identidad- y lo que lo distingue de ellos -diferencia- Por este motivo, Saussure niega
la existencia de sinónimos absolutos.
“En todos esos casos, pues, sorprendemos, en lugar de ideas dadas de antemano, valores
que emanan del sistema. Cuando se dice que los valores corresponden a conceptos, se
sobreentiende que son puramente diferenciales, definidos no positivamente por su
contenido, sino negativamente por sus relaciones con otros términos del sistema. Su más
exacta característica es ser lo que los otros no son”.
b) Valor del significante: En el castellano, la oposición /l/, /ɾ/ y /r/ es sistemática, porque su

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UNLZ - Semiología (y análisis del Discurso)

conmutación (en contextos idénticos) conlleva una diferencia de sentido: “cero”, “cerro” y
“celo”. Sin embargo, no es la diferencia en sí misma la que convierte a los sonidos en fonemas:
en efecto, la misma diferencia fonética no produce diferencias de significado en el chino, para
cuyos hablantes [l], [ɾ] y [r] serán variables alofónicas de un único fonema.

• Tricotomía: Toda *clasificación en tres categorías. En Peirce, cada una de las tres
formas en que puede darse lo que existe y, por lo tanto, lo que es pasible de ser conocido, a
saber: la cualidad, la materia, la relación (que corresponden a lo que Peirce llama,
respectivamente, órdenes de la primeridad, segundidad y terceridad, según la cantidad de
elementos intervinientes en cada caso). Por extensión, el criterio en el que se fundan todas las
demás clasificaciones, entre ellas las 3 tricotomías de los signos (cf. *representamen, *objeto
e *interpretante)

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