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Vías de solución alterna al conflicto en caso de violencia de género

Por: Francisco Pache

En los últimos la violencia de género se ha convertido en un problema de gran


magnitud que ha sido visible gracias a las políticas de igualdad realizadas en la mayoría de
los países desarrollados. Por supuesto que los delitos deben castigarse, pero debemos
contemplar más alternativas y no hacer del derecho penal la única solución al problema de
la violencia de género.

La República Dominicana, cuenta con un Código Penal de siglo XVIII adaptado de


los códigos Napoleónico Franceses, el cual debido a los cambios sociales ocurridos desde
su promulgación hasta la fecha, ha sido objeto de varias modificaciones. En el año 1997 se
produjo la más importante de ellas, desde el punto de vista social y familiar, se trata de la
Ley 24-97 del 27 de enero del año 1997, sobre violencia contra la mujer, violencia de
género, violencia doméstica o intrafamiliar, la agresión sexual, la actividad sexual no
consentida, el incesto. Esta ley reforma varios artículos del Código Penal dominicano del
año (1884) a partir de los artículos 309, 330, 331, 332, 333y 334.

Lo novedoso de la Ley 24-97 es que tipifica claramente los términos usados en


contra de la mujer, como son:

Art. 309-1.- Violencia contra la mujer: “Constituye violencia contra la mujer toda
acción o conducta pública o privada, en razón de su género, que causa daño o sufrimiento o
sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, mediante el empleo de fuerza física o
violencia psicológica, verbal, intimación o persecución”.

Art. 309-2.- Violencia doméstica o intrafamiliar: “Constituye violencia doméstica o


intrafamiliar todo patrón de conducta mediante el empleo de fuerza física, o violencia
psicológica, verbal, intimación o persecución contra uno o varios miembro de la familia o
contra cualquier persona que mantenga una relación de convivencia, contra el conyugue,
ex conyugue, conviviente o ex conviviente o pareja consensual, o contra la persona con
quien haya procreado un hijo o una hija para causarle daño físico o psicológico a su
persona o daño a sus bienes, realizado por el padre, la madre, el tutor, guardián, conyugue,

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ex conyugue, conviviente o pareja consensual o persona bajo cuya autoridad, protección o
cuidado se encuentre la familia”.

La violencia contra la mujer y violencia doméstica o intrafamiliar de acuerdo al


Art.309-3.- Se castigará de uno a cinco años de reclusión a los que sean culpables de
violencia, cuando concurra uno o varios de los hechos siguientes: a, b, c, d, e, f, g, h de 5 a
10 años.

Art. 309-4.- Orden de protección. En todos los casos previstos en los artículos
precedentes, el tribunal dictara orden de protección a favor de la víctima de violencia, no
pudiendo, en ningún caso, acogerse a circunstancias atenuantes en provecho del agresor.

Art. 309-5.- Programas terapéuticos. En todos los casos previsto en el presente


artículo, el tribunal impondrá accesoriamente a los infractores, la asistencia obligatoria a
programas terapéuticos o de orientación familiar por un lapso no menor de seis meses en
una institución pública o privada.

Art. 309-6.- De las condiciones de la orden de protección. La orden de protección


que se establece en el artículo 309-4 es una disposición previa a la instrucción o juicio que
dicta el tribunal de primera instancia, que contiene una o varias sanciones: a, b, c, d, e,
entre otras.

Art.330.- Agresión sexual. Constituye una agresión sexual toda acción sexual
cometida con violencia, constreñimiento, amenaza, sorpresa, engaño.

Art.331.- Violación: Constituye una violación todo acto de penetración sexual, de


cualquier naturaleza que sea, cometido contra una persona mediante violencia,
constreñimiento, amenaza o sorpresa. La violación será castigada con la pena de diez a
quince años de reclusión y multa de cien mil a doscientos mil pesos.

El nuevo Código Procesal Penal dominicano se expresa organizando formas de


solución al conflicto de relevancia penal distintas a las que tradicionalmente se vienen
usando con el juicio. En tal sentido señala el nuevo código en su artículo 2 “solución del
conflicto. Los tribunales procuran resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho

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punible, para contribuir a restaurar la armonía social. En todo caso, al proceso penal se le
reconoce el carácter de medida extrema de la política criminal”.

Por otro lado, se ha indicado que la víctima en lo que generalmente está interesado
es en la reparación y no en la imposición de una pena al imputado. Todo esto, en cierta
forma, no es más que un rechazo o por lo menos una intención para disminuir el uso de la
sanción penal, lo cual a su vez es una exigencia del derecho penal mínimo y del principio
de ultima ratio.

La mediación es una forma de resolver conflictos entre dos o más personas, con la
ayuda de una tercera persona imparcial: el mediador. Los mediadores no son jueces ni
árbitros, no imponen soluciones ni opinan sobre quién tiene la verdad, lo que buscan es
satisfacer las necesidades de las partes en disputa, regulando el proceso de comunicación y
conduciéndolo por medio de unos sencillos pasos en los que, si las partes colaboran, es
posible llegar a una solución en la que todos ganen o, al menos, queden satisfechos.

La mediación en procesos de violencia de género es un medio de justicia


restauradora, que entre en la resolución alterna de conflicto. Ahora bien, conlleva una gran
dificultad su instauración en el sistema penal y por ello en este apartado me quiero centrar
en los posibles resultados positivos de la implantación de la mediación en el ámbito de la
violencia de género:

1. Ofrecer una alternativa a la pena clásica.


2. Ofrecer una respuesta pacificadora e integradora desde la perspectiva de la víctima,
el victimario y la comunidad, otorgando a éstos gran protagonismo en la regulación
de sus propios conflictos.
3. Establecer y favoreces una cultura de paz y de entendimiento que desarrolle en la
sociedad un nuevo modelo de enfrentamiento ante los conflictos.
4. Solicitar y obtener en su caso una adecuada satisfacción a los intereses de la
víctima: psicológicos, sociales, legales y económicos.
5. Ofrecer al autor, en cuyos casos sea aceptable, la posibilidad de reparar a la víctima
del daño producido.
6. Posibilitar la reflexión tanto de la víctima como del autor acerca de la realidad
social en la que se hallan inmersas y donde se han producido los hechos.