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Créditos
Moderadora de Traducción
NaomiiMora

Traducción
3lik@
Anamiletg
Ezven
Gerald
Grisy Taty
Mais
Mary Rhysand
NaomiiMora
Rimed
Rose_Poison1324
Taywong
Vanemm08
Yavana E.
YoshiB

Recopilación y Revisión
Mais

Diseño
Evani
Índice
Sinopsis Capítulo 20

Capítulo 1 Capítulo 21

Capítulo 2 Capítulo 22

Capítulo 3 Capítulo 23

Capítulo 4 Capítulo 24

Capítulo 5 Capítulo 25

Capítulo 6 Capítulo 26

Capítulo 7 Capítulo 27

Capítulo 8 Capítulo 28

Capítulo 9 Capítulo 29

Capítulo 10 Capítulo 30

Capítulo 11 Capítulo 31

Capítulo 12 Capítulo 32

Capítulo 13 Capítulo 33

Capítulo 14 Capítulo 34

Capítulo 15 Capítulo 35

Capítulo 16 Capítulo 36

Capítulo 17 Epílogo

Capítulo 18 Agradecimientos de la autora

Capítulo 19
Sinopsis
Incluso una caza-fantasmas como Rosie Herpin no podría haber
predicho que el fatal encuentro entre dos afligidos la hubiera acercado
tan íntimamente al notorio y seductor Devlin De Vincent. Todos en Nueva
Orleans saben que es el heredero de una oscura maldición familiar que
tanto asusta como entusiasma. Para los locales, Devlin es el diablo. Para
Rosie, es un hombre que está acosando sus fantasías más salvajes.
Cuando un ataque brutal a su amiga está entrelazado con los De Vincent,
él se vuelve un misterio y ella podría estar arriesgando su vida al tratar
de resolverlo.

Devlin sabe lo que quiere de esta sexy y aventurera mujer. ¿Qué


quiere Rosie de él? Es una pregunta que se vuelve más insistente, y más
peligrosa cuando sospecha de ella husmeando en las sombras de su
pasado.

Ahora, las leyendas que rodean a los De Vincent pueden no ser mitos
para nada. Pero si va a descubrir la verdad, debe seguirlos directamente
hacia los brazos del hombre al que no puede resistirse, el mismísimo
apuesto diablo.

Moonlight Scandals - De Vincent #3


Para ti, lector.
Capítulo 1
Traducido por Taywong

Descansando sobre sus rodillas, Rosie Herpin respiró profunda y


tranquilamente mientras ignoraba las piedras afiladas que se clavaban
en su piel. Se inclinó hacia delante, aplanando su palma contra la cálida
piedra blanqueada por el sol. Arrodillarse no era exactamente cómodo
con un vestido de abrigo, pero hoy no iba a usar vaqueros o polainas.

Cerró los ojos, deslizando su mano hacia abajo y hacia la derecha,


trazando las pequeñas hendiduras cuidadosamente talladas en la
desgastada piedra. No necesitaba ver para saber que había alcanzado el
nombre... su nombre.

Ian Samuel Herpin.

Pasando sus dedos por encima de cada letra, las articuló en silencio,
y cuando terminó, llegando a la N del apellido, se detuvo. Rosie no
necesitaba seguir leyendo para saber qué fechas se leían debajo. Ian tenía
veintitrés años. Y no necesitaba abrir los ojos para leer la única línea
grabada en la piedra, porque esa línea había sido tallada en su cerebro.

QUE ENCUENTRE LA PAZ QUE SE LE HA ESCAPADO EN VIDA.

Rosie retiró los dedos de la piedra, pero no abrió los ojos cuando se
llevó la mano al pecho, justo encima del corazón. Odiaba esas
palabras. Sus padres, benditos sean, habían elegido eso, y ella no había
tenido ni el corazón ni la mente en ese momento para estar en
desacuerdo. Ahora desearía haberlo hecho.

La paz no había evitado a Ian. La paz había estado allí, esperándole,


rodeándole. La paz simplemente... no pudo alcanzarlo.

Eso era diferente.

Al menos para Rosie lo era.


Habían pasado diez años desde sus planes para el futuro, planes que
incluían títulos universitarios, la casa con un hermoso patio, bebés, y tal
vez, sí Dios quiere, nietos para pasar sus días en la jubilación, arruinados
con un arma que Rosie ni siquiera sabía que tenía su esposo.

Diez años de repetir el tiempo que pasaron juntos, una y otra vez,
buscando las señales de que todo lo que habían sido y en lo que se
suponía que se habían convertido era una fachada, porque estaban
viviendo dos vidas diferentes. Rosie creía que las cosas eran perfectas. Sí,
tenían problemas como todo el mundo, pero no pasaba nada importante.
¿Pero para Ian? Su vida no había sido perfecta en absoluto. Las cosas
habían sido una lucha. No una constante. No algo a lo que se haya
enfrentado todos los días. Lo que se había aprovechado de sus
pensamientos y emociones había sido bien escondido. Su depresión
había sido un asesino silencioso. No había habido una sola persona, ni
su familia, ni sus amigos, ni siquiera Rosie, que lo hubiera visto venir.

No fue sino hasta muchos, muchos años después, después de un


infierno de examen de conciencia, que Rosie se dio cuenta de que su vida
no había sido una mentira total. Había luchado a través de todas las
etapas de la pena antes de llegar a ese punto. Algo de eso había sido
verdad. Ian la había amado. Ella sabía que era verdad. La amaba con
todo lo que llevaba dentro.

Novios de secundaria.

Eso es lo que habían sido.

Se habían casado el verano siguiente a su graduación y ambos


trabajaron duro para hacer una vida, quizás demasiado dura, y eso se
había sumado a lo que le había preocupado. Había pasado largos días en
la refinería de azúcar mientras Rosie asistía a Tulane, trabajando para
obtener un título en educación. Hablaron de esos planes: un futuro, uno
que ahora sabía que Ian había deseado desesperadamente más que nada.

Ella tenía veintitrés años, casi terminaba su carrera, y habían estado


buscando su primer hogar cuando Rosie recibió la llamada de la policía
mientras estaba en la panadería de sus padres en la ciudad y se le dijo
que no fuera a casa.

Le faltaba un mes para graduarse cuando Ian llamó a la policía y les


dijo lo que estaba a punto de hacer. Apenas estaban comenzando el
estresante proceso de solicitar una hipoteca cuando se enteró de que su
esposo de casi cinco años no había querido que ella fuera la que volviera
a casa y lo descubriera. Había pasado una semana antes de su
cumpleaños cuando su caminar, vivir y respirar el sueño americano se
convirtió en una tragedia americana.

Durante muchos años, nunca entendió por qué él hizo lo que hizo.
Tantos años de estar tan enfadada y sintiéndose culpable, sintiendo que
debería haber visto algo, podría haber hecho algo. No fue hasta que fue a
la Universidad de Alabama y se inscribió en el programa de psicología
que comenzó a aceptar que había habido señales de advertencia,
banderas rojas que la mayoría de la gente nunca habría detectado.

Aprendió a través de las clases y de su propia experiencia que la


depresión no se parecía en nada a lo que la gente pensaba, sino a lo que
ella había pensado.

Ian sonrió y vivió, pero lo hizo por Rosie. Lo había hecho por su familia
y amigos. Sonreía, reía y se levantaba cada día y se iba a trabajar, hacía
planes y tenía domingos perezosos con ella para que no se preocupara
por él ni se sintiera mal. No quería que ella sintiera lo mismo que él.

Y siguió haciéndolo hasta que ya no pudo más.

La culpa finalmente se convirtió en arrepentimiento, y el


arrepentimiento disminuyó hasta que fue un núcleo de emoción que
siempre, sin importar lo que ocurriera, estaría ahí cuando ella realmente
se dejó pensar en dónde estarían, quiénes estarían, si las cosas hubieran
sido diferentes. Y eso era, bueno, era la vida.

Se había ido más tiempo del que ella lo conocía, y aunque cada mes,
cada año, se hacía más fácil, todavía la mataba un poco decir su nombre.

Rosie no creía que pudieras seguir de perder a alguien que realmente


amabas, alguien que no solo era tu mejor amigo, sino también tu otra
mitad. No recuperabas esa parte de ti que le diste irrevocablemente a otra
persona. Cuando se iban, esa parte desaparecía para siempre con ellos.
Pero Rosie creía que se podía llegar a aceptar que ya no estaban allí y
seguir viviendo y disfrutando de la vida.

No había nada de lo que estuviera más orgullosa que el hecho de que


lo hiciera. Nadie, ni una sola maldita persona podría decir que era débil,
que no sacudió el polvo de su trasero y se levantó, porque nunca podrías
empezar a entender el turbulento y siempre cambiante torbellino de
emociones totalmente violentas que venían con la pérdida de alguien que
apreciabas más que nada en este mundo por su propia mano.

Nadie.
Ella no obtuvo uno o dos grados, sino tres de ellos. Salió y se divirtió,
la loca diversión que a veces parecía que estaba a punto de convertirse
en el tipo de diversión que terminaba con la aparición de la policía. Tomó
lo que solía ser una curiosidad por todas las cosas paranormales, un
interés que compartía con Ian, y lo convirtió en una carrera lateral
legítima en la que había conocido a algunas de las mejores personas del
mundo. Rosie también salía con alguien. A menudo. Demonios, acababa
de salir con un tipo al principio de la semana que conoció mientras
trabajaba en la panadería de sus padres. Y nunca se contuvo. Nunca. La
vida era demasiado corta para hacer eso.

Eso había aprendido por las malas.

Pero hoy, en el décimo aniversario de la muerte de Ian, fue difícil no


sentir que había ocurrido ayer. Era casi imposible no estar envuelta en
una tristeza sofocante.

Alargando la mano alrededor de su cuello, tiró de la cadena de oro


que siempre llevaba puesta. La sacó de debajo del cuello de su vestido,
curvando sus dedos alrededor de la banda dorada. El anillo de su marido.
Se lo llevó a los labios y besó el metal caliente.

Un día guardaría este anillo en un lugar seguro. Lo sabía, pero ese


día aún no había llegado.

Abriendo los ojos, parpadeó las lágrimas mientras bajaba la mirada


hacia el ramo de flores frescas que descansaban en el suelo. Peonías.
Favoritas de ella, porque Ian no tenía una flor favorita. Eran peonías
mignon a medio florecer, de un blanco pristino con centros rosados que
con el tiempo se volverían blancos. Recogiendo los tallos húmedos, inhaló
la rica fragancia de las rosas.

Rosie necesitaba irse. Había prometido ayudar a su amiga Nikki a


mudarse hoy, así que era hora de volver a su apartamento, cambiarse y
ser una buena amiga para el día. Se inclinó…

Una suave y rápida maldición tiró de su cabeza. Normalmente, no


escuchaba una tonelada de maldiciones en un cementerio. Normalmente
las cosas estaban bastante tranquilas. Una leve sonrisa apareció en sus
labios. Las maldiciones y los cementerios típicamente no iban de la mano.
Escudriñó el estrecho camino a su derecha y no vio nada. Inclinándose
hacia atrás, miró a su izquierda y encontró la fuente.

Un hombre se arrodillaba sobre una rodilla con la espalda hacia ella


mientras recogía flores que habían caído en un charco dejado por la
reciente tormenta. Incluso desde donde estaba sentada, podía ver que el
delicado ramo que llevaba estaba arruinado.

Poniendo una mano sobre sus ojos, entrecerró los ojos a la luz del sol
mientras veía al hombre levantarse. Estaba vestido como si hubiera
venido directamente del trabajo. Pantalón oscuro combinado con una
camisa de vestir blanca entallada. Las mangas estaban enrolladas hasta
los codos, revelando unos antebrazos bronceados. Era finales de
septiembre y Nueva Orleans todavía estaba en el séptimo nivel de calor,
actualmente tan húmedo como las bolas de Satanás por la tarde, así que
pensó que si estaba a punto de morir con su vestido negro, él tenía que
estar a unos minutos de quitarse la camisa.

Aún de pie, de espaldas a ella, bajó la mirada hacia las flores en


ruinas. Sus hombros estaban tensos mientras se giraba en la otra
dirección. Su paso fue rápido y llevó las flores a un viejo roble adornado
con musgo español. Allí había un pequeño cubo de basura, uno de los
pocos en todo el cementerio. Tiró las flores y luego giró, desapareciendo
rápidamente por una de las numerosas calles.

Oh hombre, eso apestaba.

Sintiéndolo por el tipo, se puso en acción. Con cuidado, soltó la mitad


de los tallos y luego se inclinó hacia adelante, colocando el resto en el
jarrón frente a la tumba de Herpin. Recogió sus llaves y, al levantarse, se
puso sus lentes de sol con montura de color púrpura. Apresurándose por
el camino desgastado con el césped en parches, se desvió por el carril por
el que había visto irse el tipo. La suerte estaba de su lado, porque lo vio
cerca de la tumba de la pirámide. Se detuvo un poco allí, y sintiéndose
un poco como una acosadora, lo siguió.

Por supuesto, podía gritarle y darle la otra mitad de las peonías, pero
gritarle a un extraño en un cementerio parecía estar mal. Gritar en un
cementerio era como si su madre la mirara de reojo.

Y nadie miraba de reojo como su madre.

El hombre dio otro giro y luego se alejó de su línea de visión. Aferrada


a las flores, pasó junto a una tumba con una gran cruz y luego sus pasos
se ralentizaron.

Lo encontró.

Estaba de pie ante un enorme mausoleo, uno custodiado por dos


ángeles llorones bellamente erguidos, y él estaba allí parado, tan quieto
como esos ángeles, con los brazos rígidos a los costados y las manos
cerradas. Ella dio un paso adelante mientras su mirada se dirigía hacia
el nombre del mausoleo.

De Vincent.

Sus ojos se abrieron de par en par y espetó:

—Santa bebé llama.

El hombre se giró sobre su cintura, y de repente Rosie estaba de pie


a pocos pies del Diablo.

Así lo llamaban las revistas de chismes.

Así lo llamaba la mayoría de su familia.

A Rosie le gustaba referirse a él como en sus sueños más salvajes.

Todos en Nueva Orleans, el estado de Luisiana, y probablemente más


de la mitad del país sabían quién era Devlin De Vincent. Además de todas
las fotos de él y su prometida que se publicaban constantemente en la
sección Vivir y Ocio del periódico, era el mayor de los tres hermanos que
quedaban De Vincent, los herederos del tipo de fortuna que Rosie, junto
con la mayor parte del mundo, ni siquiera podían empezar a envolver sus
cabezas.

Qué mundo tan pequeño.

Eso era todo lo que podía pensar mientras lo miraba fijamente. Su


amiga Nikki trabajaba para los De Vincent. Bueno, trabajó
temporalmente para ellos y actualmente tenía algo con el hermano
mediano. Toda esa situación era un absoluto desastre en ese momento,
y Gabriel De Vincent estaba actualmente en la lista de los Novios que
Necesitaban Arreglar Su Mierda.

Pero la notoria fama De Vincent o la relación de su amiga con Gabe


no eran las únicas razones por las que sabía más sobre ellos que el oso
común.

Era por su hogar, su tierra.

La finca De Vincent era uno de los lugares más embrujados de todo


el estado de Luisiana. Rosie lo sabía porque había estado un poco
obsesionada con todas las leyendas que rodeaban la tierra y la familia,
una que incluía una maldición. Sí. La familia y la tierra estaban
supuestamente malditas. ¿Qué tan genial era eso? De acuerdo,
probablemente no estaba bien para los involucrados, pero Rosie estaba
fascinada con todo esto.
De la investigación que Rosie había hecho hace eones, todo provenía
de la tierra misma. Nueva Orleans había sido plagada con muchos brotes
virulentos a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Viruela. Gripe
española. Fiebre amarilla. Incluso la peste bubónica. Miles de personas
murieron y muchas más fueron puestas en cuarentena. A menudo, los
muertos y los moribundos eran enviados al mismo lugar, dejados para
que se pudrieran. El terreno en el que se encontraba la casa De Vincent
era una de las áreas de uso popular en muchos de los brotes. Incluso
una vez que la casa fue construida originalmente, las tierras cercanas a
la propiedad todavía se utilizaban en los brotes posteriores. Toda esa
enfermedad y muerte, mezcladas con la angustia y la desesperanza, iban
a dejar atrás algunas malas vibras.

Y la tierra De Vincent tenía malas vibras.

La casa misma se había incendiado varias veces. Los incendios


podrían explicarse fácilmente, pero, ¿todas las muertes extrañas?
Estaban las cosas que su amiga Nikki le había dicho. Luego estaba la
maldición De Vincent, y ¿aún más loco?

Líneas Ley.

Las líneas Ley eran básicamente líneas rectas de energía que viajaban
por toda la tierra y se creía que tenían conexiones espirituales. La misma
línea que se extendía desde Stonehenge, cruzaba el Atlántico y pasaba
por ciudades como Nueva York, Washington, D.C. y Nueva Orleans. Y,
según su investigación, directamente a través de la propiedad De Vincent.

Rosie haría cosas malas y terribles para entrar en esa casa e


investigar. Pero era improbable que eso ocurra. Cuando Rosie se lo
mencionó a Nikki, fue derribada más rápido que corriendo tras unos
buñuelos recién horneados.

Nunca había conocido a un De Vincent antes y definitivamente


no al Devlin De Vincent, pero había visto suficientes fotos de él para
saber que Devlin solo... bueno, era suficiente para ella.

Esa cosa indefinible que hacía que sus hormonas se aceleraran como
un Impala de 1967. De hombros anchos y estrecho a la cintura, el
hombre era alto, de más de 1,80 metros. Su cabello oscuro estaba
peinado y corto. Tenía el tipo de rostro que era universalmente guapo.
Pómulos altos y anchos y una nariz recta y aguileña emparejada con un
conjunto de labios llenos que venían con un arco perfecto de Cupido.
Tenía una mandíbula cuadrada y dura y un mentón con una ligera
hendidura.
El hombre era asombroso, pero había algo frío en él, casi desapegado
y un poco cruel en cuanto a la forma en que estaba unido. Para cualquier
otro, eso podría haber disminuido su atractivo, ¿pero para Rosie? Eso
solo lo hacía aún más hermoso.

Oh Dios, Rosie recordó algo en ese momento. ¿Cómo pudo haberlo


olvidado? No estaba segura, pero su padre había muerto recientemente.
Lorenzo De Vicent había muerto de la misma manera que la madre De
Vicent, de la misma manera que Ian.

Por su propia mano.

Lawrence De Vincent no había usado un arma. Se había ahorcado. O


eso era lo que la sección de chismes del periódico decía.

Su corazón casi se rompió por él, por todos los hermanos en ese
momento. ¿Haber experimentado lo que hicieron no una sino dos veces?
Buen Dios…

Devlin no se había girado completamente en su dirección, pero la


miraba y ella miraba a él, y así no era como esperaba que fuera su viaje
al cementerio.

—¿Puedo ayudarte? —preguntó él, y su voz era tan profunda como la


de un océano.

—Te vi allá atrás, cuando tus flores cayeron en el charco —dijo,


acercándose más a él—. Tengo de sobra. Pensé que te vendrían bien.

La luz del sol salió de sus pómulos mientras inclinaba la cabeza hacia
un lado. No respondió.

Entonces, extendió sus brazos, sosteniendo las peonías.

—¿Las quieres?

Devlin aún no respondía.

Ella chupó su labio inferior entre los dientes y decidió que si ya


estamos en el baile, bailemos1. Dando un rodeo por el bordillo de piedra,
se acercó a Devlin. Juro, que el hombre era alto, y tuvo que inclinar la
cabeza hacia atrás para encontrar su mirada.

Esos ojos.

1
N.T. Es una frase que quiere decir que si ya te involucraste en algo, termínalo.
Pestañas gruesas, negras y pesadas, enmarcadas en el color del golfo,
un impresionante azul verdoso.

Sus ojos no se encontraron con los de ella. No, él parecía estar…


mirándola fijamente a la boca.

Una ráfaga de calor cayó en cascada sobre ella. Tiene una prometida.
O al menos pensaba que la tenía. Eso es lo que se dijo a sí misma, unas
tres veces diferentes, cuando dejó de preocuparse por su labio inferior y
trató de conversar de nuevo con él.

—Las peonías son mis favoritas —explicó ella, porque, ¿por qué no?—
. Las que tienen un olor, eso es. No todas lo tienen, ¿lo sabías?

Su cabeza se enderezó y finalmente levantó su mirada hacia la de ella.


Casi deseó que no lo hubiera hecho, porque nunca antes había visto unos
ojos tan intensos y serios. Ojos que no insinuaban humor. Una mirada
que definitivamente estaba perturbada.

Por otra parte, ¿por qué estaba sorprendida? Su padre había muerto
y ella había jurado que había habido algo más recientemente en los
periódicos sobre su familia que era todo tipo de drama, pero de todos
modos, él estaba de pie en un cementerio, antes de la tumba de su
familia, así que sí, probablemente estaba afligido.

¿No estaba ella también afligida?

—No lo sabía —contestó él.

Una tímida sonrisa se agarró a sus labios.

—Bueno, ahora lo sabes.

Se quedó callado por un momento antes de decir:

—¿A qué huelen?

—En realidad, huelen a rosas, y supongo que podrías conseguir rosas


si te gusta ese olor, pero siempre he pensado que las peonías son más
bonitas.

Su mirada se inclinó hacia donde ella las sostenía.

—Lo son.

La sonrisa de Rosie aumentó un poco.

—Son tuyas si las quieres.


Pasó un momento y luego se acercó a recoger las flores. Sus dedos
rozaron los de ella mientras se curvaban alrededor del manojo de tallos.
Su mirada se dirigió a su rostro. Había una ligera inclinación en la
comisura de sus labios. El toque fue breve, pero pensó...

Ugh. Era algo inusual, pero Rosie pensó que era a propósito.

—No me imagino que la gente haga esto a menudo —dijo, mirando


las peonías y luego volviendo a ella.

—¿Hacer qué? —Ella bajó la mano.

—Buscar a alguien en un cementerio para reemplazar las flores que


dejaron caer descuidadamente —explicó, levantando la mirada al
zumbido de un avión que volaba sobre él y se dirigía hacia el aeropuerto.
Entonces esa pálida mirada se volvió a centrar en la suya con la misma
intensidad que antes—. Me imagino que la mayoría de la gente no le
habría dedicado otro pensamiento.

Rosie levantó un hombro.

—Espero que no sea así.

—Lo es. —Lo dijo como si no tuviera ni un ápice de duda en su


mente—. Gracias.

—De nada.

Asintió y luego se giró hacia la cripta. Rosie se tomó un momento para


reconocer la locura de la situación. Estaba aquí de pie, conversando con
Devlin De Vincent, y no le molestaba por su propiedad embrujada.

Se merecía un montón de buñuelos por resistirse al impulso y


demostrar que, de hecho, tenía la decencia común de respetar el hecho
de que se encontraban en un cementerio y que éste no era ni el momento
ni el lugar para tales temas.

Pensó que era hora de que lo dejara, ya que realmente necesitaba


llegar a casa de Nikki y a él se le debía su privacidad, pero sintió que
tenía que decir algo.

—Siento lo de tu padre.

Y eso fue todo lo que dijo, porque sabía que cuando la gente perdía a
alguien como Devlin, nadie lo procesaba de la misma manera. Algunos
querían, necesitaban, el reconocimiento y querían hablar de ello. Otros
no estaban en ese momento todavía, y el suicidio de su padre fue reciente.
Devlin se enfrentó a ella una vez más. Su cabeza se inclinó hacia un
lado cuando una mirada irónica se asentó en sus llamativos rasgos.

—¿Sabes quién soy?

Rosie rio suavemente.

—Estoy bastante segura de que todo el mundo sabe quién eres.

—Cierto —murmuró, y eso hizo que Rosie quisiera volver a reír. No


había razón para negarlo—. ¿Sabías quién era yo cuando se me cayeron
las flores?

Rio de nuevo entonces.

—No. Tu espalda estaba hacia mí y estabas demasiado lejos. Todo lo


que sabía era que eras un hombre.

La forma en que la estudió la hizo preguntarse si él creía eso o no,


pero realmente no había nada que pudiera decir para cambiarlo si ese
era el caso. Una nube pasó por encima, y Rosie empujó sus lentes de sol
hacia arriba. Había alisado sus rizos en un moño esta mañana. Si no lo
hubiera hecho, estaba segura de que su cabello sería un lío de rizos en
la humedad.

Algo... raro pasó por su rostro mientras la miraba. No tenía ni idea de


lo que era mientras giraba el llavero en su dedo índice.

—Bueno, ya te he quitado bastante tiempo… —dijo ella.

—Estas no son para Lawrence —respondió, y pensó que era extraño


que Devlin lo llamara así en lugar de Padre. Se adelantó, cruzando la
piedra—. Me tienes en desventaja.

—¿En serio?

Lo vio arrodillarse, y fue entonces cuando vio el nombre.

Marjorie De Vincent. ¿Era su madre?

Devlin puso las peonías en el jarrón.

—Me conoces, pero yo no te conozco.

—Oh.

Rosie casi dijo quién era. Estaba en la punta de su lengua, pero Rosie
había emparejado a Nikki con una amiga en común que había estado
intentando investigar a los De Vincent para el periódico local, sin que
Rosie lo supiera. No sabía si Devlin sabía algo al respecto, pero no tenía
sentido correr ese riesgo.

—No importa.

Él se giró hacia ella, sus cejas juntas frunciendo un poco el ceño.

—¿No?

—No. —Sonrió mientras su mirada parpadeaba de él hacia donde vio


el nombre del padre grabado en piedra—. Sabes, estoy segura de que has
oído esto antes, pero es verdad. Tal vez nunca entiendas por qué tu padre
hizo lo que hizo, pero es más fácil de… tratar.

Los labios de Devlin se abrieron mientras la miraba fijamente.

Sintió sus mejillas calientes, porque por supuesto que él lo sabía. Ya


tenía experiencia con esto, con su madre, y aquí estaba ella, dando
consejos innecesarios como una idiota.

Se acercó a ella, pasando por encima de la piedra.

—¿Cómo te llamas?

Antes de que pudiera contestar, sonó un teléfono. Por un momento


pensó que no iba a contestar, pero luego hurgó en el bolsillo y lo sacó.

—Lo siento —dijo—. Tengo que responder a esto.

—Está bien.

Devlin se dio la vuelta, poniendo su mano sobre su cintura mientras


hablaba por teléfono. Esta era su oportunidad de hacer una salida limpia.
Tomando solo un segundo más para sumergirse en la línea de su
mandíbula y la anchura de sus hombros, deslizó sus lentes de sol hacia
abajo mientras retrocedía.

Dándose vuelta con una sonrisa suave en los labios, se alejó de Devlin
De Vincent, sabiendo que era muy improbable que lo viera de nuevo.
Capítulo 2
Traducido por Taywong

Princesa Silvermoon era su nombre comercial, pero Rosie


simplemente la conocía como Sarah LePen. Princesa Silvermoon era, sin
duda, un nombre realmente absurdo, pero en la línea de trabajo de
Sarah, tenía que destacar. Especialmente en una ciudad donde no podías
tirar una piedra y no golpear a un lector de cartas del tarot o a un
psíquico, y llamarte princesa atraía mucho la atención.

Pero Sarah era la verdadera Holyfield2.

Era una médium psíquica cuyos sentimientos eran casi siempre


premoniciones, y no solo eso, sino que era capaz de comunicarse con
espíritus honestos y bondadosos. Rosie sabía que era más que Sarah
confiando en una intuición finamente afinada o en ser capaz de leer el
lenguaje corporal de las personas de manera experta. Había visto a Sarah
en acción muchas veces para saber que se estaba conectando con
alguien, capaz de responder preguntas casi imposibles e impartir
información sorprendentemente precisa a aquellos que le hacían hacer
lecturas.

Rosie había conocido a Sarah a través de su amiga Jillian hace varios


años. Jilly fue la creadora y copropietaria de EPNO, el equipo de
Exploración Paranormal de Nueva Orleans, y en opinión de Rosie, uno de
los mejores equipos de investigación paranormal que existen. Jilly trajo
a Sarah mientras EPNO investigaba una casa en Covington. Tenían una
dueña anterior de la casa que no se había mudado y se estaba
convirtiendo en una molestia en la casa, dando vueltas alrededor,
robando cosas y colocándolas en lugares extraños para asustar a los
niños. Sarah había logrado que la anciana cruzara al otro lado, para
deleite de la familia. Y por lo que Rosie sabía, aún vivían en esa casa.
Pero a veces los espíritus pueden ser tercos. Hubo momentos en los que
Sarah no pudo hacer que cruzaran, y luego los dueños tuvieron que
intentar quitarles los espíritus a la fuerza o aprender a vivir con ellos.

2
N.T. Boxeador norteamericano.
Sarah había estado comprometida hasta hace unos cuatro meses,
cuando un sentimiento la llevó a volver a casa más temprano de lo
normal, atrapando a su prometido con, como un cliché del demonio, su
secretaria.

Así que recientemente se había mudado a un apartamento en


Ursulines, que no estaba muy lejos de Rosie, y donde actualmente estaba
pidiendo perdón.

—Siento llegar tarde —le dijo a Sarah mientras dejaba caer su bolso
en el sofá—. Hoy ha sido... ha sido por todas partes. Tuve que ayudar a
mi amiga Nikki a mudarse y tuve que ayudar a Jilly con uno de los tours
de fantasmas. Ya sabes cómo son esas cosas.

—¿Un desastre y siempre corriendo? —Sarah rio mientras salía de la


cocina.

Su cabello rubio estaba levantado en un nudo desordenado que


parecía listo para Instagram. Era una mujer preciosa que le recordaba a
Rosie una versión más antigua de la actriz Jennifer Lawrence. Cuando
Sarah estaba trabajando oficialmente, llevaba vestidos y brazaletes que
sonaban como campanas de viento cada vez que sonaban juntas. Cuando
estaba fuera, como ahora, llevaba polainas negras y una túnica del
mismo color.

—No tienes por qué disculparte. No hay problema. No tengo nada más
planeado para esta noche. Nunca hago nada en esta noche.

—Pero es viernes...

—Y tenemos una cita fija cada año, en esta fecha, así que está bien.
—Llevaba dos pequeñas velas de pilar y las colocó en la mesa de café.

Sarah tenía razón.

Durante los últimos seis años, Sarah había intentado comunicarse


con Ian en el aniversario de su muerte. Como Houdini y su esposa, Rosie
e Ian tenían una palabra clave. Una palabra que solo ellos sabrían. Era
algo que se les ocurrió una noche, después de beber un galón de vino y
ver una maratón de The Dead Files en uno de sus perezosos domingos.
Como él había estado tan metido en lo paranormal como ella, no era tan
obvio, sino que se le ocurrió una palabra que probaría que un médium
se estaba comunicando realmente con uno u otro.

Le había tomado cuatro años a Rosie llegar al punto de que estaba


remotamente preparada para algo así. No tenía ninguna pregunta para
Ian. Solo quería saber si él estaba... bien. Eso es todo.
Y durante los últimos seis años, Sarah nunca había podido llegar a
él. Rosie no sabía lo que eso significaba. Sarah siempre le había dicho
que eso no significaba que no estuviera cerca de ella. Simplemente no iba
a pasar. Tal vez no estaba listo para hablar. Tal vez no estaba allí,
dondequiera que fuera eso.

De cualquier manera, Rosie estaba asombrada de Sarah, y tal vez


también tenía un pequeño enamoramiento. El hecho de que pudiera
hablar con los que habían fallecido fascinaba a Rosie. Sarah había sido
más que abierta sobre cómo lucía y cómo era cuando era niña, pero Rosie
realmente no podía entender o incluso empezar a saber lo que era
escuchar voces que otros no podían, sentir lo que otros no podían.

Sarah y aquellos como ella, que eran verdaderamente dotados, eran


héroes en el libro de Rosie.

—¿Cómo estuvo el tour? —preguntó Sarah.

—Nada mal. —Al estar familiarizada con el ejercicio, Rosie entró en la


cocina y agarró las otras dos velas. Las llevó a la sala de estar,
colocándolas en el centro de la mesa de café—. Es solo que mucha gente
tenía preguntas, que no me importa, pero salimos cerca de la casa del
sultán.

Sarah puso los ojos en blanco mientras apagaba las luces de arriba.
La habitación estaba hecha de sombras suaves y parpadeantes. Las
persianas ya estaban cerradas, apagando las brillantes luces de la
ciudad. Ya había encendido la música. Bueno, técnicamente no era
música. Era el bajo sonido de las olas del océano, el ruido de fondo que
ayudaba a Sarah a concentrarse y a ahogar los sonidos del exterior.

Volviendo a Rosie, Sarah se arrodilló sobre un grueso y brillante cojín


azul.

—¿Te refieres a la casa donde no hay ninguna evidencia de que un


sultán o su hermano vivan allí? ¿O alguna evidencia de una sangrienta y
horrible masacre?

Riendo entre dientes, Rosie cayó sobre su cojín. También era


brillante, pero rosa.

—Uno de los turistas quería saber por qué no los llevábamos a la Casa
Gardette-LaPrete, y traté de explicarles que nunca ha habido evidencia
histórica de que tal masacre haya tenido lugar allí, y aunque el lugar es
hermoso, no incluimos historias en las que no haya algún nivel de
evidencia histórica. Él argumentó, enumeró todos estos hechos, que no
son hechos, y cualquiera con un título en Google podría haberlo
averiguado.

—Explicación masculina, ¿verdad?

—Sip. —Cruzó las piernas—. Le dije a ese tipo que nadie decía que la
casa no estuviera embrujada. Solo que no había nada que apoyara la
leyenda. Ni un solo reportaje en ningún periódico sobre los asesinatos, y
con algo tan malo como esto supuestamente fue, habría salido en un
periódico.

Sarah estiró el cuello hacia la izquierda y luego hacia la derecha


mientras la llama de la vela bailaba sobre su rostro.

—El lugar emite extrañas vibraciones y no viviría en uno de esos


apartamentos, pero ya sabes...

—Sip. O crees que los asesinatos de la Casa Gardette-LaPrete son


reales o no. No hay un término medio. De todos modos, el debate nos hizo
correr. Entonces, ¿pasó la noche discutiendo sobre un asesinato en masa
que tal vez nunca tuvo lugar?

Ella rio suavemente.

—No. Ojalá lo hubiera hecho. Hice una lectura privada con esta
pareja que acababa de perder a su hijo.

—Oh no.

Los hombros de Rosie se desplomaron. Esas lecturas tenían que ser


las peores, y Rosie no estaba segura de cómo se las arreglaba Sarah para
lidiar con ellas, la afligida familia y amigos que estaban tan desesperados
por hablar con sus seres queridos solo una vez más. Pero por más
angustiados que estuvieran, Sarah no les mentiría. No les diría cosas
vagas como lo harían algunos médiums para hacerlos sentir mejor. Sarah
siempre era honesta, incluso cuando dolía.

—¿Hablaste con el niño?

Sarah se quitó un mechón de cabello suelto de la mejilla.

—No... los niños son... siempre es difícil con ellos, especialmente


cuando el fallecimiento es reciente. Intenté explicarlo, pero querían
intentarlo de todos modos. Quieren volver a intentarlo, pero pude
convencerlos de que le dieran un par de meses. —Sonrió, pero fue triste
cuando puso sus manos sobre la mesa de café—. Por cierto, sigues
planeando ir a la mascarada conmigo la semana que viene, ¿verdad?
Rosie asintió con entusiasmo.

—¡Claro que sí! Me alegro de que sigas en ello, pero gracias de nuevo
por llevarme como tu acompañante. Siempre quise asistir.

La Mascarada anual de caridad era donde los más ricos y poderosos


de Nueva Orleans se codeaban y Dios sabía qué más, así que Rosie nunca
tuvo una oportunidad de asistir. No se codeaba con el público de alto
nivel.

Sarah normalmente asistía con su ex, quien obtuvo los boletos


exclusivos porque trabajaba en la oficina del fiscal de distrito. Por lo que
sabían, su ex no iba a estar allí. Rosie esperaba que lo fuera, porque sus
disfraces eran muy sexys, y quería que Sarah pudiera restregarle en el
rostro todo lo que él dejó ir.

—Solo estás emocionada porque la casa está embrujada. —Sarah


sonrió.

—Culpable de los cargos.

El dormitorio de arriba, el último a la izquierda que daba al patio de


atrás, era uno de los lugares más embrujados de la ciudad. La leyenda
decía que una mujer que había sido asesinada por un ex-amante celoso
la noche antes de su boda, rondaba la habitación, una especie de
aparición con mucho cuerpo, y Rosie iba a comprobarlo.

Sarah negó con la cabeza.

—Veamos si podemos llegar a Ian. ¿De acuerdo?

Rosie asintió. A veces Sarah necesitaba efectos personales, pero al


principio trataba de hacer contacto sin ellos. Rosie no estaba esperando
que esta noche fuera a ser diferente a todos los intentos anteriores.

Pero iba a intentarlo, porque esa era la promesa que se había hecho
el uno al otro. Y tal vez era una promesa tonta, una que Ian no había
tomado en serio, pero Rosie sí.

—Cierra los ojos e imagina a Ian —dijo Sarah, su voz suave en la


oscuridad—. Te avisaré si llega.

En otras palabras, eso significaba que Rosie necesitaba callarse y


dejar que Sarah se concentrara. Así que lo hizo, porque Rosie sabía que
Sarah no quería que hablara hasta que le hiciera una pregunta. Después
de todo, Rosie podía accidentalmente darle información a Sarah, y como
eran amigas y Sarah sabía mucho sobre Ian, era un error. Ya de por sí
difícil para Sarah no recurrir a lo que ya sabía.

Cerrando los ojos, se imaginó a Ian. O lo intentó. Era... Dios, apestaba


reconocer esto, pero cada vez era más difícil juntar sus rasgos. Tuvo que
esforzarse mucho para que los detalles no fueran borrosos y eso requirió
mucho esfuerzo. Rosie sabía que era común, pero aun así le quemaba un
agujero en el pecho.

Ian era guapo.

Había sido alto y delgado. El tipo de persona que podía comer alitas
de pollo fritas bañadas en todas las salsas conocidas por el hombre y las
hamburguesas a diario y que nunca ganaba un gramo. Rosie miraba una
cesta de alitas de pollo y engordaba, pero no Ian. Tenía el cabello castaño
oscuro que estaba cortado cerca del cráneo. A Rosie le gustaba el cabello
más largo en los hombres, pero el corto siempre funcionaba para Ian ya
que mostraba sus pómulos altos. Su piel había sido un poco más oscura
que la de ella, cortesía de su padre, y sus ojos habían sido de un color
marrón intenso y profundo. Rosie tenía la imagen de él en su mente, una
imagen sonriendo, porque dios mío, tenía una hermosa sonrisa. Una
sonrisa que era tan contagiosa que no podías evitar sonreír en repuesta.
¿Y su risa? Oh, hombre, había sido solo como...

—Alguien está aquí —anunció Sarah, haciendo que el estómago de


Rosie se tambalee—. La voz es débil. Muy lejos. —Hubo otra pausa—. Es
una voz femenina.

Sacudiendo sus pensamientos, sus ojos se abrieron. Sarah se sentó


frente a ella, con los ojos cerrados.

Sus pálidas cejas se unieron mientras sus dedos se doblaban contra


la mesa de café.

—Rosalynn...

Nadie la llamaba Rosalynn excepto sus padres o su hermana cuando


querían ser molestos. Pero su abuela siempre la llamaba así.

La cabeza de Sarah se movió ligeramente hacia la izquierda.

—Siempre… odiaste ese nombre.

Una sonrisa irónica tiró de sus labios. Todos los que conocían a Rosie
sabían que no le gustaba su nombre completo. Rosalynn June Pradine
había sido su nombre completo antes de casarse. Después de la muerte
de Ian, no lo había vuelto a cambiar. No le veía el sentido, pero de todos
modos, el nombre de su hermana era peor. Sus padres tenían que ser
extra en todo y llamaron a la pobre chica Belladonna, lo que significaba
que fue nombrada en honor a una planta extremadamente venenosa
también conocida como belladona.

Lo del nombre raro era desafortunadamente una tradición familiar


por parte de su madre. Su madre era Juniper May Pradine. Bella era
Belladonna February Pradine. Sí, había una tendencia allí. Sus segundos
nombres eran los meses en que sus padres juraron que fueron
concebidas. Aparentemente esa extraña tradición comenzó con su
abuela.

Y su abuela sabía que no le gustaba que la llamaran así.

Obviamente no era Ian, pero si era su abuela, Rosie no podía


quejarse. Había venido antes y le dijo a Rosie donde su madre podría
encontrar un collar de la Abue que su madre había estado buscando por
siempre.

Exhalando lentamente, Rosie vio a Sarah levantar su mano hacia el


espacio detrás de su oído izquierdo. Eso es lo que hacía cuando
escuchaba a alguien. Se metía con esa oreja, tirando o frotando sus dedos
detrás de ella, o inclinando su cabeza en la dirección opuesta.

—Vaya. Espera. —La cabeza de Sarah se sacudió—. Hay otra voz. Es


más fuerte. Muy fuerte y está entrando.

Rosie levantó las cejas. Eso... eso nunca había sucedido antes. Se
inclinó hacia delante y luego se detuvo mientras las llamas de las velas
parpadeaban rápidamente. Mientras fruncía el ceño, su mirada rebotó
entre las velas. Las llamas se habían movido como si hubiera viento, pero
ni siquiera había un ventilador de techo en funcionamiento.

Un escalofrío bajó por la columna vertebral de Rosie mientras


levantaba la mirada hacia Sarah cuando un sexto sentido entró en
acción. No era el tipo de sentido que tenía Sarah, nada tan fino como eso,
pero era el mismo sentimiento que tenía en las investigaciones, justo
antes de que sucediera algo extraño.

Sarah estaba frotando la parte de atrás de la oreja.

—Es una voz masculina... y dice... y cree que es un nombre bonito...


—Sacudió la cabeza—. Él también habla de tu nombre, pero...

Rosie ordenó que la hinchazón de la esperanza en su pecho se


calmara. El hecho de que fuera un hombre y supiera que a ella no le
gustaba su nombre completo no significa que fuera Ian. Su abuelo había
venido una vez, igual que su abuela, hace tres años, y también tenía un
primo.

Aunque, nunca antes habían mencionado su nombre. Así que eso


era... extraño.

Los labios de Sarah se fruncieron mientras su nariz se arrugaba.

—Quién... no lo sé. No lo sé. Sigo oyendo la palabra... ¿Peonías? Sí.


Algo que ver con las peonías. —Abrió los ojos—. ¿Qué pasa con las
peonías?

Sus labios se abrieron al inhalar.

—Las peonías son mi flor favorita.

Asintiendo, Sarah volvió a cerrar los ojos.

—Bien. Pero es algo sobre... algo sobre las peonías de hoy...

—¿Hoy? Yo no... espera. Sí. —Sus ojos se abrieron de par en par.


Santa mierda…—. Llevé peonías al cementerio. Siempre lo hago. Todos
los años.

Inclinó la cabeza hacia un lado.

—Hiciste algo con esas flores, ¿verdad? Está diciendo despacio —


Sarah ordenó en voz baja—. Sí. Está bien. ¿Le diste esas flores a alguien?

La boca de Rosie cayó abierta. Un escalofrío bailó sobre su piel. El


hecho de que estuviera mucho tiempo rodeada de lo sobrenatural, no
significaba que no se asustara.

Y estaba un poco asustada.

No había forma de que Sarah lo supiera. Ni siquiera le había dicho a


Nikki que se había encontrado con Devlin en el cementerio y había
hablado con él.

—Sí —dijo Rosie, con las manos juntas en su regazo—. Le di las flores
a alguien...

—La mitad de ellas —corrigió Sarah.

El corazón de Rosie dio un vuelco.

—Él está diciendo que fue muy amable de tu parte —continuó Sarah,
sus ojos abiertos ahora. No miraba a Rosie, sino a una de las llamas—.
Él es... lo siento mucho. Está por todas partes, y la mitad de lo que dice
no tiene sentido.

Ahora su corazón se había acelerado. ¿Sarah finalmente había


conectado con Ian?

—Puede oírme, ¿verdad? —Cuando Sara asintió distraídamente,


respiró superficialmente—. ¿Cuál es nuestra palabra?

La mirada de Sarah voló hacia la suya.

—Este no es Ian.

—¿Qué?

—Este no es él —repitió—. Yo no... ni siquiera creo que este espíritu


te conozca.

De acuerdo. Ahora estaba más que un poco asustada.

—¿Qué?

—Esto pasa a veces. —Se estremeció al volver a concentrarse en la


llama. Entonces sus ojos se abrieron de par en par—. Te vio en el
cementerio. Eso es correcto.

Rosie se inclinó otra vez hacia delante.

—¿Qué está diciendo?

—Sigue diciendo que no pertenece allí. Que no debería haber estado


allí. —Enroscó sus dedos alrededor del lóbulo de su oreja—. Creo que
quiere decir... no debería estar muerto.

Bueno, eso no era del todo sorprendente. Mucha gente muerta no


creía que debiera estar muerta.

—Está enfadado. Muy enfadado. —Su cabeza volvió a temblar—.


¿Qué hay de las peonías...? Oh. —Volvió a mirar a Rosie—. Está diciendo
que no deberías haberle dado las flores a él.

Su estómago se retorció. Bien. Otro detalle que Sarah no sabía. Rosie


nunca mencionó a un tipo. ¿Estaba este espíritu hablando de Devlin?

—¿Por qué no debería haberlo hecho?

Sarah se quedó callada.

—Ingrato —murmuró, sus labios apretándose—. Error. Cometió un


error. Eso es lo que sigue diciendo.
—¿Quién?

—No lo sé. No puedo hacer que se calme. Él es… Dios. —Puso su


mano sobre su cabeza, empujando los mechones más cortos hacia
atrás—. Está furioso. Sigue gritando que no pertenece allí. —Su pecho se
levantó con una profunda respiración—. Muerte.

Rosie inclinó la cabeza.

—Muerte —repitió Sarah, haciendo un repentino sonido de asfixia—.


Está diciendo... algo sobre su muerte. No se suponía que pasara.

—¿De verdad? —Rosie suspiró.

—Espera. —Sarah se tocó el cuello—. Está diciendo... oh Dios mío. —


Sus ojos se abrieron de par en par—. No. Ya he terminado. No puedo…
he terminado. Estoy cerrando esta conexión.

—De acuerdo. —Rosie asintió. —Ciérrala. Ciérrala...

Sarah de repente se sacudió de la mesa de café cuando sus manos


salieron delante de ella. Sus ojos estaban muy abiertos.

—Él está aquí.

—Um, no te sigo.

—Él. Está. Aquí, Rosie. —La mirada de Sarah se fijó en la suya—. No


en el sentido metafísico. No...

Un fuerte ruido sordo vino de arriba, como una mano gigante


golpeada contra el techo. Ambas fueron sacudidas.

Las velas se apagaron, cada una de ellas.

—Santa mierda —susurró Sarah, y Rosie la oyó ponerse de pie.

La piel de gallina se elevó sobre los brazos desnudos de Rosie


mientras miraba fijamente a la oscuridad y su corazón latía con fuerza.
Se esforzó por ver u oír algo, pero todo lo que oyó fue a Sarah corriendo
hacia la puerta. Un segundo después, la sala de estar se inundó de luz y
Rosie estaba mirando las coloridas almohadas a lo largo del sofá de
Sarah. Lentamente, giró sobre su cintura, hasta donde estaba Sarah.

Sarah la miró fijamente.

—Rosie…
—Eso pasó. —Sus ojos parecían que se iban a salir de su cabeza—.
Eso pasó de verdad.

Tomando respiraciones profundas y rápidas, Sarah asintió.

—No paraba de decir...

—¿Qué?

—No paraba de decir... Dios, ni siquiera quiero decir esto en voz alta,
pero lo necesito. —Visiblemente pálida, se alejó de la pared—. No paraba
de decir… el diablo está viniendo.
Capítulo 3
Traducido por Taywong

Los únicos dos diablos que Rosie conocía eran los buñuelos
perfectamente azucarados a los que debía culpar por sus caderas
redondeadas y un De Vincent.

Pero, ¿podría este espíritu estar hablando de un De Vincent? ¿O era


un De Vincent? Eso solo sonaba fuera de este mundo, pero...

Agarrando la botella de vino, Sarah se sentó junto a Rosie en el sofá.


Todas las luces estaban encendidas en su apartamento, y Sarah había
finalizado cualquier intento que Rosie quisiera hacer para comunicarse
con quienquiera que fuera el infierno que había pasado. Sarah dijo que
el espíritu ya se había ido, pero mientras Rosie bebía de su copa de vino
y Sarah bebía directamente de la botella, no estaba segura de que le
creyera.

—¿Ha pasado eso antes? —preguntó Rosie mientras subía su pierna


al sofá.

Sarah miró fijamente hacia adelante, sus ojos azules enfocados en un


tapiz de pared de estilo bohemio, de color rosa y azul, colgado detrás del
televisor.

—Sí. No a menudo, pero a veces un espíritu más o menos… cabalga


otro espíritu a través de la conexión. He hecho lecturas donde completos
extraños aparecieron y querían hablar. Quiero decir, a veces el espíritu
conoce a la persona, y la persona no se da cuenta de eso, pero ha habido
casos en los que fue un espíritu al azar haciendo autostop. —Se giró hacia
Rosie mientras se llevaba la mano al cuello. Empezó a frotarlo de nuevo—
. Creo que... creo que estaba intentando saltarme encima.

Rosie inhaló profundamente.

—¿Hablas en serio?

Asintió.

—Eso es... eso no es bueno.


Y no lo era. Saltar no era lo mismo que la posesión total, pero aun así
podía causar estragos en la mente, cuerpo y medio ambiente de una
persona. Ocurría cuando un espíritu saltaba al cuerpo de una persona
para comunicarse a través de él. La gente podría encontrarse diciendo
cosas que normalmente no harían, teniendo acentos extraños y
manierismos que no se parecían a ellos. Cuando una persona era
atacada, era posible que experimentara cómo había muerto el espíritu, y
eso podía afectar la cabeza de alguien.

Y por su propia experiencia con las investigaciones, Rosie sabía que


solo un espíritu muy fuerte o uno muy decidido podía saltar sobre un
humano vivo.

—Sabes, he dejado entrar a los espíritus muchas veces durante las


lecturas, cuando esperan el permiso, pero este tipo... no estaba
esperándolo. Quería entrar y estaba furioso.

Sintiéndose culpable, Rosie tocó el brazo de Sarah e hizo una mueca


cuando la mujer saltó un poco.

—Lo siento. Yo…

—Esto no es culpa tuya. No necesitas disculparte, pero necesito


decirte esto, y no solo porque eres mi amiga. —Todavía aferrándose a la
botella de vino, dejó caer la mano y se giró hacia Rosie—. Estoy bastante
segura de que este espíritu no te conocía personalmente, pero tengo la
sensación de que él... fue a dar un paseo contigo y no con otro espíritu y
no fue un error.

Las cejas de Rosie se levantaron mientras mordisqueaba su labio


inferior. Eso era algo que nadie quería oír. Ni siquiera ella.

—¿Tienes idea de quién pudo haber sido? —preguntó Sarah y luego


tomó otro sorbo grande y saludable de vino.

Rosie podría fácilmente ser un faro espiritual, especialmente


considerando todas las investigaciones en las que había participado con
EPNO a lo largo de los años, pero no creía que provinieran de ninguno de
esos casos. Miró hacia otro lado, sin saber si sus sospechas estaban
claras o no.

—¿Qué es lo que no me estás diciendo? —demandó Sarah.

Inspirando profundamente, Rosie se inclinó hacia adelante y colocó


su copa de vino sobre la mesa de café. No se había dado tiempo para
pensar en su breve encuentro con Devlin, porque en realidad no tenía
sentido, pero no podía evitar sentir que habían tenido un momento... un
momento, ¿no es cierto? Esa conexión indefinible que incluso los
extraños podrían hacer en un corto período.

—Está bien, esto va a sonar más loco que lo que acaba de pasar, pero
cuando estuve en el cementerio hoy, vi a este tipo dejó caer sus flores en
un charco —le dijo a Sarah—. Estaban arruinadas y él las había tirado,
y yo tenía más que suficientes flores. Dividí las peonías y encontré al tipo
para dárselas, porque eso tenía que apestar, ¿sabes?

Sarah asintió lentamente mientras tomaba otro trago.

—Juro que no tenía idea de quién era hasta que lo encontré y estaba
parado frente al mausoleo De Vincent. Era Devlin De Vincent.

—El Diablo... —Sarah soltó una risa dura y corta—. Eso me hace
sentir mejor que haya podido referirse a un apodo y no al verdadero
diablo.

Rosie resopló.

—Sabes, literalmente todo el mundo parece conocer su apodo, pero


nadie sabe por qué lo llaman así o cómo empezó.

Ella levantó un hombro.

—No lo sé. Supongo que los apodos de todos los hermanos empezaron
cuando estaban en la universidad en el norte, pero sí, me encantaría
saber por qué lo llaman así.

—Ídem —murmuró Sarah—. ¿Qué pasó cuando le diste las flores?

—Charlamos un par de minutos y luego me fui. Pensé que estaba allí


por su padre. Ya sabes, falleció hace poco.

Ella palideció mientras bajaba la mirada.

—¿Él... ?

—Sí, se suicidó. Le dije que lo sentía mucho por la muerte de su


padre, y me corrigió, dijo que las flores eran para su madre —continuó
Rosie—. Pensé que ni siquiera estaba listo para reconocer la muerte de
su padre, y lo entiendo perfectamente. De todos modos, de ahí es de
donde viene todo eso de la peonía. Ni siquiera se lo conté a Nikki cuando
la vi esta noche y sabes que trabaja en la casa De Vincent. ¿Crees que el
espíritu era él? ¿Lawrence De Vincent?
—Dios. —Sarah se recostó contra el cojín y bajó la botella hasta el
estómago—. Sabes, es posible. Podría haber estado merodeando a Devlin
o al cementerio, haberte visto y haberse pegado a ti.

—¿Pero por qué? No lo conocía y no conozco a Devlin. Fue la primera


vez que lo veía en persona.

—A veces la razón por la que un espíritu se adhiere a alguien nunca


es conocida.

Los labios de Rosie se fruncieron.

—Bueno, eso no está bien.

Sarah deslizó con una mirada seca hacia ella.

—La mayoría de la gente estaría más asustada por esa posibilidad.

—La mayoría de la gente no caza fantasmas. —Rosie se encogió de


hombros, pero estaba un poco perturbada. Especialmente si este
fantasma era uno enfadado. No se ocupaba de ese tipo de vida—. Quiero
decir, oye, si voy a ser perseguida por un fantasma, me imagino que un
De Vincent es como el nivel oro.

Sarah soltó una risita y luego golpeó la mano en su boca.

—Eso no es gracioso.

—Sí. —Rosie sonrió—. En cierto modo lo es.

Sarah dejó caer su cabeza contra el sofá.

—Pero en serio, no sé si era Lawrence o alguien más, pero sí sé que


estaba enojado y... creo que... creo que dijo algo más, justo antes de que
cerrara la comunicación. —Exhaló bruscamente—. No sé si lo oí bien.
Intentaba brincar sobre mí y no necesito eso, así que le corté el paso,
pero si era Lawrence...

—¿Qué? ¿Qué crees que dijo?

Giró la cabeza hacia Rosie.

—Creo que dijo que fue asesinado...

No era de extrañar que Rosie hubiera tenido un infierno durmiendo


esa noche.
De vuelta en su apartamento y en su cama, miró fijamente el brillo
de las estrellas oscuras pegadas a su techo. No brillaban de verde. Eran
de un blanco suave y luminoso, pero sí, seguían siendo pegajosos.

A Rosie le encantaban.

Le recordaban el espacio infinito, y aunque eso podía ser algo extraño


para recordar, le pareció reconfortante que en el gran esquema de las
cosas, ella era solo una pequeña mancha de carne y hueso en una roca
gigante arrojada alrededor del sol.

Las estrellas también la ayudaban a quedarse dormida.


Normalmente. Pero no esta noche. Esta noche solo podía pensar en la
lectura con Sarah y en la pregunta que su amiga le había hecho antes de
irse.

—¿Vas a decir algo?

Rosie rio roncamente en el relativamente oscuro dormitorio. ¿Iba a


decir algo? ¿A quién? ¿Devlin? Sí, eso no iba a pasar. Su renuencia no
tenía nada que ver con que Rosie no le creyera a Sarah. Le creía
totalmente. Sarah se había conectado con alguien que estaba muy
enojado y muy posiblemente podría haber sido asesinado, pero —y era
un gran pero— ¿quién diablos le creería a Rosie si se acercara a ellos y
les dijera algo así?

Una cosa era que ella creyera fácilmente lo que Sarah le dijo, porque
Rosie había visto alguna mierda extraña, pero alguien que probablemente
no creía en lo sobrenatural, incluso si su casa parecía estar embrujada,
probablemente no estaría abierto a un extraño virtual que se les acercara
y lanzara ese tipo de bomba.

Porque, de hecho, sonaría como si se hubiera puesto sus pantalones


de loca.

Gruñendo, Rosie rodó sobre su costado y su mirada viajó a través de


la habitación, hasta la ventana, muy cubierta de cortinas. Era la única
ventana de la habitación. Estaba agradecida por haber invertido en esas
cortinas negras, porque ninguna de las luces brillantes y centelleantes
del Barrio Francés se filtraba a través de esa ella.

Rosie suspiró.

No había forma de que pudiera decir nada sobre lo que pasó esta
noche. No conocía a los De Vincent lo suficientemente bien como para
acercarse a ellos, pero podía decírselo a Nikki. Aunque su amiga creía en
lo sobrenatural, no creía seriamente que Nikki se sentiría ni remotamente
cómoda contándole a ninguno de los De Vincent lo que Rosie había oído,
porque una vez más, sonaría un poco loco.

Además de todo eso, y todo eso era suficiente para que Rosie
mantuviera la boca cerrada, Sarah y ella no podían estar seguras de que
fue Lawrence quien había venido brevemente. No era como si el espíritu
hubiera entrado con una etiqueta con su nombre. Sí, parecía que era él.
Tenía sentido, después de todo. Rosie había estado en el cementerio y le
había dado peonías a Devlin. Tan espeluznante como parecía, Lawrence
pudo haber estado merodeando a su hijo o en el cementerio y por alguna
extraña razón se fue a dar una vuelta con Rosie.

Volviendo a ponerse de espaldas, cerró los ojos y soltó una respiración


irregular.

Todo era posible, lo que significaba que el espíritu podría haber sido
realmente Lawrence y también significaba que podría haber sido alguien
totalmente ajeno a los De Vincent, y era solo una extraña coincidencia o
podría haber sido otro De Vincent que no fuera Lawrence. Durante
décadas, esa familia había estado plagada de muertes y todo tipo de
dramas. ¡Estaban malditos! Muchos de los miembros de su familia
habían muerto, muchos de ellos de maneras raras y extrañas.

Pero, ¿qué… qué si hubiera sido Lawrence? ¿Y si hubiera pasado por


la lectura y quisiera que se supiera que no se había suicidado? ¿Que
había sido asesinado? Eso era un gran problema. ¿No querrían saber
eso?

Si fuera su pellejo el involucrado, querría saberlo. Pensó que tenía


una perspectiva única de las cosas, pero no se trataba de ella.

—Ugh —gimió, rodando sobre su estómago y poniendo su rostro en


la almohada.

—El diablo está viniendo.

Sus pensamientos seguían girando, pero finalmente, después de una


eternidad, y después de haberse quitado la mitad de las mantas, se quedó
dormida. No tenía idea de cuántas horas pasaron antes de que el
estridente sonido de su teléfono la sacara de sus sueños sobre el sorbete
de limón.

Gruñendo, golpeó al final de su mesita, buscando a ciegas su teléfono.


Su mano golpeó un vaso de plástico vacío y lo tiró al suelo.

—Maldita sea —murmuró, levantando el rostro de la almohada.


Soplando un rizo grueso de su rostro, se estiró y agarró su teléfono.
Entrecerrando los ojos, vio el rostro sonriente de Nikki en la pantalla. Era
un tiempo horrible por la mañana; el tipo de tiempo que ni siquiera era
realmente por la mañana en la opinión de Rosie.

Contestó mientras dejaba caer la cabeza sobre la almohada.

—¿Hola? —dijo con voz ronca, y luego hizo una mueca de dolor.
Sonaba como si hubiera inhalado cincuenta paquetes de cigarrillos.

—¿Rosie? Es Nikki. Sé que es temprano y lo siento —dijo Nikki, e


incluso medio despierta, Rosie pensó que su voz sonaba rara, como si
sus palabras fueran sensibleras—. Pero necesito tu ayuda. Estoy en el
hospital.

Nunca en su vida Rosie se había despertado tan rápido. En el


momento en que colgó se lanzó fuera de la cama. El miedo había retorcido
su estómago al encontrar un par de polainas negras que parecían algo
limpias. Se las puso, junto con su camisa de gran tamaño marca Got
Ghosts! Su cabello estaba demasiado desordenado para empezar a hacer
algo con él, así que agarró una bufanda y alejó los rizos de su rostro.

Gracias a Dios y a todas las deidades que se le ocurrieron que


guardara un alijo de esos cepillos de dientes desechables en su Corolla.
Se lavó los dientes de camino al hospital y cuando vio por primera vez el
rostro magullado y maltratado de Nikki mientras esperaba afuera
mientras el sol coronaba el cielo, el corazón de Rosie se rompió de par en
par.

No podía creer lo que veía cuando metió a Nikki en el auto o lo que


había aprendido, y no fue hasta que finalmente consiguió que Nikki se
instalara en su habitación que se sentó y realmente trató de procesar lo
que había pasado.

Nadie debería tener que pasar por lo que había pasado Nikki Besson.

—Dios —susurró, mirando su taza de café sin tocar. Frotando las


manos en el rostro, exhaló bruscamente.

Nikki pudo haber muerto, casi la matan.

Con las manos temblando, las bajó hasta las rodillas y miró por
encima de su hombro, hasta la cortina de perlas que separaba el
dormitorio de la sala de estar. Anoche, mientras Rosie estaba haciendo
un tour de fantasmas en el barrio, una de sus amigas más cercanas y
simpáticas de todo el universo había estado luchando por su vida.

Y en el proceso de luchar por la supervivencia, había matado al


hombre que la atacó.

Rosie se estremeció.

Poco a poco, su mirada se dirigió hacia la laptop abierta que estaba


sentada en la mesa de café que una vez había sido un tablero de ajedrez.
Lo que había sucedido ya era una noticia de última hora en el sitio web
de noticias locales. Afortunadamente, el nombre de Nikki no había sido
mencionado, gracias a Dios, pero eso no podía durar mucho.

—Parker Harrington...

Rosie negó con la cabeza en incredulidad. No conocía a Parker


personalmente, pero sabía de él. Los Harrington eran como los De
Vincent. Extremadamente ricos con una larga línea de sangre arraigada
en Nueva Orleans y Luisiana. Los Harrington se parecían tanto a los De
Vincent que la hermana mayor de Parker estaba comprometida con
Devlin De Vincent.

El hombre que conoció hace menos de 24 horas en el cementerio.

El hombre cuyo padre pudo haber pasado por Sarah y decirles que
fue asesinado.

Y ahora el hermano de su prometida había intentado matar a Nikki…


Nikki, que posiblemente era la persona más dulce y amable, que pasaba
los fines de semana trabajando como voluntaria en el refugio local de
animales sin matar.

Nikki se había defendido con un… cincel de madera.

Otro escalofrío pasó a través de Rosie mientras se inclinaba hacia


adelante y levantaba su taza. Por lo que Nikki sabía, no podía volver a su
apartamento por algún tiempo. Era la escena de un crimen, y si Rosie
sabía algo, era que la policía simplemente se iría. Se llevarían el cuerpo,
pero no harían ninguna limpieza. Nikki se quedaría con eso. Al igual que
Rosie había tenido que lidiar con eso después de que Ian se quitó la vida.

No había forma de que dejara que Nikki se encargara de eso. De


ninguna manera.
La culpa se agitó mientras miraba su café marrón claro. Le gustaba
dulce con mucha azúcar y crema. En realidad, era básicamente azúcar
con un toque de café. Pero ahora mismo, el café aún sabía amargo. Rosie
había estado en el apartamento de Nikki durante horas más temprano en
el día, y por lo que pudo deducir de Nikki, Parker había aparecido una
hora más tarde. Si Rosie no se hubiera ido…

Ser perseguida por todos los que pudieron, hubieron, debieron, era
peor que un fantasma.

Tomó un sorbo de su café y estaba a punto de dejar la taza cuando


hubo un golpe fuerte en su puerta. Respiró profundamente.

Llámalo un sexto sentido o lo que sea, pero Rosie tenía una buena
idea de quién estaba del otro lado.

Gabriel De Vincent.

Nikki le había dicho que había estado en el hospital y que ella se había
escapado. A partir de ese momento, Rosie pensó que Gabe iba a descubrir
dónde estaba Nikki y dónde vivía Rosie. De pie, dio un paso alrededor de
la mesa de café y cruzó la corta distancia hasta su puerta. Tirando el
cerrojo, abrió la puerta.

Y tenía razón.

Allí estaba Gabe, en toda su gloria De Vincent, de cabello largo y sexy.


Su mirada se desvió sobre su hombro y su corazón saltó en su garganta
al mismo tiempo que su estómago caía. Gabe no estaba solo.

Devlin estaba con él.


Capítulo 4
Traducido por Taywong

Dios mío, había estado esperando a Gabe, pero no a él, no a su


hermano. Por un momento, se quedó tan sorprendida que todo lo que
pudo hacer fue echarles miradas. Abrió la boca, pero él se quitó un par
de aviadores plateados, las metió el brazo en el cuello de su camisa, y
entonces esos impresionantes ojos verde mar se encontraron con los
suyos.

Él iba a tener tantas preguntas y ¿cómo podría ella responderlas?


Definitivamente iba a querer saber por qué no le dijo quién era ayer
cuando era obvio que tenía algún tipo de vínculo con su familia. ¿Creería
que ella honestamente nunca pensó que volvería a verle? Porque
honestamente lo creía.

Devlin la miró desde detrás de Gabe y... la miró, miró justo a


través de ella, su rostro sorprendentemente guapo, sin emoción e incluso
con un parpadeo de reconocimiento. Pero tenía que recordarla. Ayer se
conocieron, por el amor de Dios, hace menos de veinticuatro horas, y
pensó que habían compartido un momento.

—Imaginé que encontrarías el camino hasta aquí —le dijo a Gabe, y


luego volvió a mirar a Devlin, esperando a que dijera algo. Nada. La miró
impasible—. Me sorprende ver eso aquí.

Devlin salió a un lado.

—¿Disculpa?

Entonces se dio cuenta de que no la reconocía. Guau. Fue una


llamada de atención bastante brutal de que no había dejado
absolutamente ninguna impresión en el hombre.

Más herida de lo que debería, se concentró en Gabe.

—¿Estás aquí por Nikki?

—Sí —contestó—. ¿Me vas a dejar entrar?


Bloqueó la puerta. Una parte de ella quería dejarle entrar, pero la otra
sabía que él y Nikki habían tenido una mala racha recientemente. Casi
todos en su libro merecían segundas oportunidades, pero estaba
bastante segura de que Gabe estaba en la tercera.

—Depende —dijo finalmente—. ¿Finalmente vas a hacer lo correcto


por mi amiga?

—¿Quién es esta mujer? —demandó Devlin.

Rosie aspiró un aliento agudo cuando su mirada se lanzó hacia él. Él,
por el amor de Dios, no se acordaba de ella. Tal vez era porque no había
dormido mucho. Tal vez fue porque su mejor amiga casi había muerto y
había sido golpeada a un centímetro de su vida. Tal vez todo eso mezclado
con el hecho de que un hombre que la había visto hace menos de
veinticuatro horas no reconocía nada de ella. Rosie no era una persona
mala. La mayor parte del tiempo, le gustaba considerarse bastante
tranquila. Es cierto que podía convertirse en una perra poseída cuando
se trataba de proteger a los que le importaba, pero sabía que la vida era
demasiado corta para ser un imbécil y tomarse las cosas demasiado en
serio.

Pero la perra-tigresa salió con toda su fuerza en ese momento.

—Nombre de pila Noes, apellido Tu Asunto —espetó, su mirada sin


apartarse del rostro de Gabe.

Los labios de Gabe temblaron como si estuviera luchando con una


sonrisa.

—Voy a intentarlo.

—Intentarlo no es suficiente, amigo. Ya no —respondió Rosie y vio los


ojos llenos de sorpresa idénticos a los de Devlin—. Tú tratando es como
yo tratando de no comer la última magdalena del refrigerador. No tiene
mucho éxito.

—De acuerdo —dijo—. Voy a hacer lo correcto por ella. Por eso estoy
aquí. ¿Vas a dejarme entrar?

Esperando no estar cometiendo un error, dio un paso atrás y abrió la


puerta.

—Está en el dormitorio.

Gabe entró entonces, asintiendo en su dirección.

—Gracias.
—No hagas que me arrepienta de esto —dijo, manteniendo la voz
baja—. Porque no te gustará si me arrepiento de esto.

Gabe sonrió, y Rosie tuvo que admitir que era una bonita sonrisa.

—No lo haré.

—Bien.

Se deslizó junto a ella justo cuando Devlin entró en su apartamento.


Apostaba a que también tenía una linda sonrisa. El hombre que había
hablado con ella durante diez minutos el día anterior ni siquiera la miró.
Estaba mirando fijamente hacia adelante, más allá de su hermano.

—¿Es eso realmente una cortina de perlas?

Su tono unió sus cejas. Sonaba como... como si acabara de ver a un


anciano desnudo sacudiendo sus pelotas. Devlin no había hablado así el
día anterior. Claro, no habían tenido una conversación épica, pero esa...
esa fría repulsión no había estado allí.

Confundida por su tono e irritada por su aparente falsificación,


respondió:

—¿Tienes algún problema con eso? ¿No son de tu gusto o clase?

—Estoy bastante seguro de que la mayoría de la gente que tiene más


de doce años los encuentra insípidos.

—Compórtate —le dijo Gabe a Devlin mientras separaba las perlas,


desapareciendo en el dormitorio.

Tragando fuerte, ella se giró hacia Devlin. Si pensara que las cortinas
de perlas eran infantiles, qué bueno que nunca vería las estrellas que
brillaban en la oscuridad en su techo. Abrió la boca, pero no sabía qué
decir.

Él no se paró ni un pie dentro de su apartamento, rígido como barras


de hierro. Parado como si no pudiera dar un paso más mientras miraba
la cortina de perlas.

Por un momento, Rosie se permitió ser idiotizada; sabes, cuando eres


hipnotizada por lo atractivo que es alguien o eres hipnotizada por su
pene, lo que por lo tanto le permitió mirar más allá de los rasgos
desagradables acerca de la persona. Eso era lo que estaba haciendo en
ese momento. Se permitía ignorar, por unos segundos, el hecho de que
el hombre la había olvidado absolutamente y que en ese momento miraba
sus cortinas de perlas como si fueran un crimen contra el hombre, e iba
a disfrutar de su atractivo inequívoco.

Devlin estaba vestido como si lo hubiera estado el día anterior, con


una camisa de vestir blanca abotonada y bien metida en un par de
pantalones de color gris brezo. Sus zapatos estaban tan pulidos que Rosie
probablemente podría ver su reflejo en ellos. Los De Vincent tenían un
buen ADN, y realmente se notaba cuando se trataba de Devlin. Desde la
altura de sus pómulos hasta la fuerte curva de su mandíbula, tenía el
tipo de rostro que ella deseaba que tuviera el talento para dibujar, solo
para capturar los ángulos y planos.

Su cabello estaba perfectamente peinado y Rosie tenía la necesidad


salvaje de meter los dedos en su cabello y estropearlo.
Desafortunadamente, a pesar de todo el atractivo e incluso de lo que
parecía ser una conexión unilateral, Devlin se estaba convirtiendo en un
imbécil del más alto nivel, el orden reservado para los ricos y privilegiados
que trataban al mundo como si fuera su ostra.

Ella cruzó los brazos sobre el pecho.

—Realmente tienes un problema con las cortinas de perlas, ¿no?

No la miró y respondió:

—¿Quién no lo haría? Son cortinas de perlas.

Nunca en los treinta y tres años de vida de Rosie en este planeta había
conocido a alguien que estuviera tan ofendido por las cortinas de perlas.
Y había visto muchas cosas raras en su vida. Una vez, había visto un
libro volar de un estante por sí solo. Había visto a una persona muerta
levantar su brazo, un espasmo post-mortem, pero aun así, eso había sido
muy extraño y un poco traumático. Dos veces había visto una aparición
con mucho cuerpo, que hasta el día de hoy estaba entre las cinco cosas
más asombrosas que había presenciado. Ayer por la noche, una completa
extraña vino a través de su lectura psíquica... un extraño que podría ser
el padre de este hombre. Y había visto un montón de cosas extrañas en
las calles estrechas y llenas de gente del Barrio Francés todos los días, a
menudo cada hora.

¿Pero alguien ofendido por cortinas de perlas?

Era la primera vez.

Dios mío, esta mañana —las últimas veinticuatro horas— no había


sido normal en absoluto.
—¿Están hechos de madera de verdad? —preguntó.

Suspirando, arqueó ella la ceja.

—Sí. Están hechos de tablero de partículas y sí, los compré en el


Walmart local.

Devlin no giró la cabeza hacia ella, pero su mirada se deslizó en su


dirección.

—El tablero de partículas no es madera de verdad.

—¿No está hecho con astillas de madera, y la última vez que lo


comprobé, las astillas son de madera.

—También está hecho con aserrín y resina sintética —respondió él.

—¿Y?

—No es madera de verdad.

—Lo que sea.

—¿Lo que sea?

—Sí, lo que sea —repitió ella.

Ahora él se giró hacia donde ella estaba junto a su mesa de café.

—No puedes dejar de lado el hecho de que los tableros de partículas


no son de madera de verdad.

Rosie dejó salir una risa suave.

—No puedo creer que sigas hablando de tableros de partículas.

Una mirada de sorpresa apareció en su rostro de Devlin.

—Y no puedo creer que pienses que los tableros de partículas son de


madera de verdad.

Otra risita salió chillando de ella mientras se daba la vuelta y se


dirigía a su sofá.

—Sigues hablando de tableros de partículas.

—No lo estoy.

—Sí, lo estás. —Se acostó en su cómodo sofá, probablemente la única


cosa en su apartamento que costaba dinero de verdad. Recogió su taza,
esperando que el café no se hubiera enfriado—. Y esas cortinas de perlas
son increíbles, con o sin tablero de partículas. Así que, no hables mal de
mis cortinas de perlas súper frías.

—Son cortinas de perlas —dijo él, sonando como si estuviera


señalando un una enorme cucaracha en su pared.

Este hombre estaba poniendo a prueba su bondad y paciencia como


ningún otro.

—¿Te hicieron daño las cortinas de perlas cuando eras niño? —


Levantó las piernas sobre la mesa de café y cruzó los tobillos—. ¿No
querían ser tus amigos o algo así?

La mirada de él se agudizó. Demonios, toda su rostro pareció


agudizarse.

—Además del hecho de que las cortinas de perlas son objetos


inanimados incapaces de dañar a una persona o de ser amigos de una,
una puerta sería suficiente, ¿no?

Sonriendo, ella tomó un sorbo de su café.

—¿Suficiente? Fantástico.

Las fosas nasales de Devlin se ensancharon.

—Mira, yo no soy el que parece estar personalmente ofendido por las


cortinas de perlas, así que discúlpame por hacer una pregunta genuina.
Quiero decir, ¿has sido golpeado por una cortina de perlas? Esas cosas
pueden picar.

—Estoy seguro de que tu pregunta era genuina.

—Totalmente —murmuró ella.

Él se acercó a ella en un paso lento y medido.

—¿Con qué frecuencia te abofetean las cortinas de perlas?

Resopló.

—Más a menudo de lo que puedo admitir.

Hubo una extraña luz en sus ojos verde mar, como si eso le
interesara.

—¿Por qué no consigues una puerta? Ofrecería más privacidad.

—¿Por qué no sales de la que está detrás de ti? —respondió.


Esa extraña mirada se intensificó.

—¿Acabas de decirme que me vaya?

—Suena como si lo hubiera hecho.

La miró fijamente, y pasó un largo momento.

—Sabes, la mayoría de la gente ofrecería a sus invitados un trago.

Su agarre se apretó en su taza.

—La última vez que lo comprobé, no eras un invitado.

—¿Y cómo ves eso?

—Bueno, principalmente porque no te invité a mi apartamento para


insultar mi cortina de perlas.

—Si mal no recuerdo, y lo recuerdo, abriste la puerta y me dejaste


entrar.

Sostuvo su mirada.

—Tu recuerdo es erróneo. Dejé entrar a tu hermano. Te invitaste solo,


caminando detrás de él y luego procediste a insultar mi diseño interior.

Devlin rio: una risa profunda y ronca que pareció sorprenderlo,


porque inmediatamente cerró la boca. La risa no la sorprendió.
Irritantemente, causó un pequeño giro caliente en la parte baja de su
vientre. Le gustaba su risa, aunque parecía dura.

—¿Diseño de interiores? —se burló, y Rosie se puso rígida—. Parece


que un niño de 12 años obsesionado con los Expedientes X y las películas
de terror de grado B decoró tu apartamento.

—Bien, yo pongo el límite contigo insultando a Scully y a Mulder. —


Se sentó con su taza en la mesita de noche—. En serio.

¿Y qué tenían de malo las películas de terror de grado B? Pasar una


tarde de domingo viendo películas de zombis horriblemente planeadas
era uno de sus pasatiempos favoritos.

Se giró hacia ella, mirando los estantes de la pared a ambos lados de


su televisor.

—¿Es una enciclopedia de fantasmas?

—¿No es ese el título claramente visible?


Mirando por encima de su hombro, la inmovilizó con lo que solo
podría describirse como una mirada graciosa.

—¿Cómo podría haber una enciclopedia de fantasmas?

Por un momento, no estuvo segura de cómo responder a su pregunta.


Parte de ella quería describir exactamente cómo era posible. Resistió el
impulso inútil.

—Eres un De Vincent.

—Sí. —Se enfrentó a ella una vez más—. Gracias por recordármelo.

Ignoró ese comentario.

—Vives en una casa de la que se rumorea...

—Está embrujada y la tierra y la familia maldecidas —la


interrumpió—. Sí, lo sé. Vivo allí y soy un De Vincent.

—Entonces, ¿está embrujada tu casa? —preguntó, sabiendo ya la


respuesta a esa pregunta.

Los labios de Devlin se apretaron.

Incapaz de evitarlo, ella juntó sus manos.

—Sabes, soy parte de un equipo de investigación paranormal.

—¿Por qué no me sorprende? —contestó él secamente, dando un paso


alrededor de la mesa de café. Ahora estaba en el otro extremo del sofá—.
¿Cómo se llama? ¿“Investigaciones Lunáticas?”

Ahora su boca se estaba apretando.

—Buena suposición, pero no. Se llama Exploración Paranormal


Nueva Orleans.

—Exploración Paranormal... espera. —Sus oscuras cejas se


levantaron—. ¿Se llama EPNO?

—Sí. Pegajoso, ¿no?

La burla que nublaba su rostro le dijo que creía que era lo más
estúpido sin tener que abrir la boca.

—Estás bromeando, ¿verdad?

—No, no lo estoy.
—¿Realmente perteneces a uno de esos equipos de investigación de
broma?

Rosie sintió que la tigresa malvada interior levantaba una vez más su
cabeza de perra. Está bien, ahora sí que había ido demasiado lejos.

—No hay nada de gracioso en lo que hacemos. Ser un no creyente.


Bien. Pero no te quedes en mi casa, justo enfrente de mí, y me insultes.

—¿No creyente? —murmuró.

La ira se apoderó de su sistema mientras lo fulminaba con la mirada.


Si quedaba una sola duda en ella que decía que debía contarle lo que
pasó anoche con Sarah, ya no estaba allí. Si alguien vivía en una casa
como la suya y todavía no creía, no iba a creer que posiblemente
conversaba con su padre muerto. Y eso apestaba, porque si ese espíritu
era Lawrence y si lo que dijo era verdad, Devlin debería saberlo, su familia
debería saberlo.

Pero no iba a salir de su boca.

—¿Por qué estás aquí? ¿Necesitaba Gabe un chaperón?

Finalmente él se volvió a mover, dando otro paso en silencio hacia


donde ella estaba sentada.

—Por qué estoy aquí no es asunto tuyo.

Rosie lanzó hacia arriba las manos.

—Estás en mi casa, así que sí, es asunto mío.

—Esta no es tu casa.

—¿Qué?

—Es tu apartamento...

—¿Hablas en serio? —Soltó una risa corta, mirando hacia otro lado.
¿Por qué tantos chicos guapos tenían que ser tan idiotas?

—Hombre, eres otra cosa.

—Eso es lo que soy.

—Eso no fue un cumplido.

—¿Estás segura de eso?

—Uh, sí. Lo estoy.


—Hmm. —Parecía totalmente desdeñoso.

Tuvo que forzar sus manos para que se soltaran.

—Creo que eres la persona más tensa que conozco.

—No sabes nada de mí.

—Sé lo suficiente para saber que necesitas un hobby o un


pasatiempo. Tal vez un régimen de ejercicios diferente al de des-
estresarse o necesitas acostarte con alguien. Algo para relajarte un poco.

Sus labios se abrieron mientras la miraba fijamente.


Parecía ofendido. Como si tuviera perlas, las estaría agarrando.

—¿En serio me dijiste que necesitaba acostarme con alguien?

Rosie puso los ojos en blanco.

—¿En serio acabas de probar lo que dije? —Pasó un momento.

—¿Eres voluntaria?

Su boca se abrió tan rápido que estaba segura de que estaba


atrapando moscas. Estaba casi segura de que estaba comprometido para
casarse con Sabrina Harrington. Pero como el hermano de Sabrina era
Parker, que acababa de intentar matar a Nikki, tal vez ese compromiso
se había cancelado.

Un repentino sonido vino de su dormitorio, llamando su atención.


Sonaba como un sollozo. La preocupación se agudizó cuando levantó los
pies de la mesa y empezó a ponerse de pie.

—No.

Su cabeza giró hacia Devlin.

—¿Disculpa?

—No te entrometas con ellos.

Rosie se puso de pie y se enderezó, lo que la puso a nivel del pecho


sobre Devlin. Esa pequeña observación disparó una vibración a través de
su sistema. Los hombres altos eran... simplemente deliciosos.
Desafortunadamente, la personalidad de este hombre era todo menos
deliciosa.

—Por favor, dime que hay algo mal en mi oído y que no me acabas de
decir qué hacer.
—Mi hermano está de vuelta con Nikki. Ella lo necesita y tiene que
estar ahí para ella —dijo con voz baja—. La ama.

Rosie se cerró la boca y luego preguntó:

—¿Gabe la ama?

La expresión de Devlin fue solo asentir.

—Guau. Pareces tan emocionada por eso.

Cruzó los brazos, y los ojos de ella se entrecerraron en finas rendijas.

—¿Qué? —preguntó, imitando sus movimientos y cruzando los


brazos sobre su pecho—. ¿No apruebas su relación con Nikki? No crees
que sea lo suficientemente buena...

—No apruebo virtualmente ninguna relación —dijo,


interrumpiéndola—. La diferencia de edad es un poco preocupante, pero
si insinúas que no lo apruebo porque es hija de nuestro personal, es tu
error, no el mío.

—Espera, ¿no apruebas ninguna relación? ¿No estás comprometido?

—Ya no.

Bueno, eso aclaró sus sospechas anteriores.

—Pero estabas comprometido.

—¿Qué tiene que ver eso con esta conversación?

Rosie lo miró fijamente durante un minuto antes de que pudiera


encontrar las palabras correctas.

—¿No estabas en una relación mientras estabas comprometido? ¿No


amabas...?

—No necesitas amar a alguien para estar en una relación o estar


comprometido con ellos —dijo, y los ojos de Rosie se abrieron de par en
par.

—Vaya —murmuró, volviendo a sentarse—. ¿Por qué te harías eso a


ti mismo?

—¿Hacer qué? —La confusión nubló sus rasgos.

—¿Casarte con alguien a quien no amas? ¿Por qué te harías algo así?
—preguntó, sinceramente curiosa—. ¿Poner a otra persona a través de
eso?
Una sombra oscura cruzó sus rasgos, y Rosie supo casi
instantáneamente que había cruzado alguna línea tácita con este
hombre. Pero de nuevo, pensó que tenía que cruzar el valor de toda una
ciudad.

El rostro de Devlin se convirtió en granito cuando la miró fijamente.

—Me parece irónico que te sientes ahí a juzgar mi


compromiso terminado, como si fueras una fuente de conocimiento sobre
esos temas, cuando obviamente no estás casada o comprometida,
viviendo sola en un apartamento con cortinas de perlas y libros sobre
fantasmas.

Rosie respiró profundamente y quemó la parte posterior de su


garganta. Puede haber cruzado de puntillas una línea con él, pero él
acaba de bombardear una con ella.

—Estuve casada, maldito imbécil, y para que lo sepas, no teníamos


mucho, pero amaba a mi esposo y él me amaba a mí. —Alargando la
mano alrededor de su cuello, tiró de la cadena de oro y la sacó de debajo
de su camisa—. Así que, aunque él ya no camine por esta tierra,
yo sigo sentada aquí en mi fuente de conocimiento, sabiendo
exactamente lo que es casarse por amor y luego perderlo.

Un parpadeo de arrepentimiento abrió los ojos de él y la línea de su


mandíbula se suavizó un poco.

—Yo...

—No te disculpes. No me importa —espetó, arrebatando su taza.

Café tibio se derramó sobre el borde, sobre sus dedos.

Devlin la miró fijamente un momento y luego se giró. La conversación


se detuvo en ese mismo instante. Devlin se retiró a la puerta del balcón
que daba a la calle Chartres y miró su teléfono. Rosie encendió el
televisor, y sí, a propósito abrió su DVR y puso un episodio de The Dead
Files.

El fuerte suspiro de Devlin una vez que se dio cuenta de lo que ella
había encendido la hizo sentir mejor acerca de lo desastrosa que podía
ser la vida.

Cuando los minutos pasaron a ser una hora, Rosie fue a ver a su
amiga apartando la cortina en silencio cuando fue a poner su taza en el
fregadero. La habitación estaba oscura, pero podía ver las formas de
Nikki y Gabe. La estaba sosteniendo tan cerca que apenas podía ver
dónde empezaba uno de ellos y dónde terminaba el otro.

Al ver eso, Gabe estuvo un paso más cerca de estar fuera de la lista
de Los Novios Que Necesitaban Arreglar Su Mierda.

Cuando se dio la vuelta, Devlin seguía de pie junto a las puertas del
balcón. Su mirada se dirigió a su pequeña cocina y sintió que era el
momento de una limpieza de rabia. Estaba detrás del fregadero,
alcanzando la puerta de abajo para agarrar algunos artículos de limpieza,
cuando Devlin habló por primera vez en más de una hora.

—Me mentiste.

Su cabeza se sacudió.

—¿Qué?

Todavía estaba de espaldas a ella.

—Ayer. Cuando dijiste que no sabías quién era yo, obviamente lo


sabías.

La boca de Rosie cayó abierta mientras se enderezaba.

—Así que sí me recuerdas.

Se quedó callado por un momento.

—¿Cómo podría olvidarlo?

Sus cejas se juntaron.

—Parecía como si lo hubieras hecho cuando me viste.

—Estaba sorprendido de ver a la mujer que me trajo flores en un


cementerio que ahora está en el mismo lugar donde estaba uno de mis
empleados —contestó, y las manos vacías de Rosie se aplastaron sobre
el mostrador—. La misma mujer que decía que no sabía quién era yo, al
principio.

Intentó contar hasta diez, pero solo llegó hasta cinco.

—Sé que parece difícil de creer, pero en serio no sabía quién eras
cuando te vi tirar las flores.

—¿Entonces por qué no me dijiste quién eras una vez que te diste
cuenta?
Esa era una buena pregunta. Una para la que no tenía una respuesta
increíble, así que fue con la verdad.

—Porque pensé que no volvería a verte nunca más. Quién era yo no


importaba.

—Pero lo hace. —Devlin se giró para enfrentarla y casi deseó que no


lo hubiera hecho. Su intensa mirada la desconcertó—. Porque sé
exactamente quién eres ahora, Rosie Herpin.
Capítulo 5
Traducido por Taywong

El estómago de Rosie dios vueltas mientras un fino escalofrío


patinaba sobre sus omóplatos.

—Sí. Creo que acabamos de establecerlo. Soy la mujer que fue muy
amable contigo ayer y te trajo peonías.

Él dio un paso adelante.

—También eres la mujer que presentó a Nikki a Ross Haid.

¡Mierda! Eso era cierto.

Maldita sea, si y cuando volviera a ver a Ross Haid, iba a golpear al


hombre en la garganta.

Conoció a Ross hace dos años, cuando hacía un reportaje sobre las
giras de los fantasmas del Barrio Francés. Él la había buscado para hacer
una entrevista, y se habían llevado bien porque ella apreciaba su agudeza
rápida y él la encontraba graciosa. Ni en un millón de años pensó que
usaría su amistad de la forma en que lo hizo.

—Un hombre que resulta ser un periodista empeñado en destruir a


mi familia. —De alguna manera, Devlin estaba aún más cerca sin que
ella se diera cuenta—. Así que, si te preguntas si por un segundo creo
que no sabías quién era ayer, estarías equivocada.

Rosie sintió que el calor inundaba su rostro mientras luchaba por


mantener su voz baja para que no fueran escuchados por casualidad.

—Está bien, vamos a aclarar algunas cosas. No sabía que Ross quería
conocer a Nikki porque trabajaba para su familia o porque estaba
involucrada con Gabe. Nunca le haría eso a mi amiga.

Él no dijo nada mientras inclinaba la cabeza.

—Ross también sabe que no debe acercarse a mí ahora, porque


estaba furiosa cuando me enteré de que me usó para llegar a Nikki y que
no quieres verme furiosa —dijo, acercándose a él—. Y, por última vez, no
supe quién eras hasta que te vi parado frente a la tumba De Vincent.

Devlin estaba ahora tan cerca que captó el olor de su colonia. Era un
aroma cítrico fresco mezclado con el aroma a madera de la teca. En otras
palabras, olía muy, muy bien y si no fuera tan imbécil, sus partes
femeninas habrían apreciado la colonia.

Hubo una ligera curva a un lado de sus labios. Una sonrisa con
suficiencia.

—Hay algo que necesitas saber sobre mí.

—No creo que haya nada que necesite saber sobre ti. —Rosie desdobló
sus brazos.

Él emitió un sonido seco y sarcástico que no llegó a ser una risa.

—Bueno, tienes que saber que lo sé todo y si me encuentro con algo


que no es así, lo averiguo. Así que, por supuesto, me enteré de que Ross
intentó pasar por Nikki para llegar a mi familia. No se necesitó nada para
descubrir que una tal Rosie Herpin era la conexión entre ellos. Solo me
dieron tu nombre.

De acuerdo. Eso era oficialmente espeluznante. La necesidad de


señalar que su ego era del tamaño del Lago Pontchartrain se desvaneció.

—¿Dado por quién?

Él ignoró esa pregunta cuando bajó la barbilla una fracción de


pulgada.

—Debí asegurarme de saber cómo eras. Ese fue mi error, pero ahora
lo sé.

—¿Quién te dio mi nombre? —demandó.

Devlin le sonrió entonces, y fue una sonrisa tensa y fría.

—Si vuelves a hacer algo que ponga en peligro a mi familia, y eso


incluye a Nikki, no solo te arrepentirás. ¿Me entiendes?

Esa sonrisa y esas palabras estaban cubiertas de hielo y deberían


haberla asustado, pero todo lo que hicieron fue enojarla.

—¿De verdad estás en mi casa y me estás amenazando?

Su barbilla bajó aún más, alineando sus bocas como si fueran


amantes.
—Creo que ya hemos establecido que esto no es una casa sino un
apartamento.

Rosie no estaba muy segura de qué fue lo que la llevó al límite,


dejando atrás el modo de perra tigresa y pasando directamente al modo
de abofetear a una perra. Pudo haber sido la insinuación de que de
alguna manera pondría a Nikki en peligro o pudo haber sido el hecho de
que tuvo el descaro de amenazarla. Demonios, pudo haber sido su mera
presencia en este momento la que lo hizo.

De cualquier manera, Rosie levantó su mano sin pensar. No iba a


golpearlo, a pesar de que eso le daría suficiente satisfacción como para
que los terapeutas de todo el país se preocuparan. Levantó su mano para
empujarlo hacia atrás.

Pero eso no sucedió.

Devlin tenía los reflejos de un maldito gato, que agarró la muñeca


antes de tener la alegría de hacer contacto. Ella jadeó sorprendida y los
ojos de él se entrecerraron en finas rendijas.

—¿Ibas a pegarme?

—No —siseó, deseando que sus ojos pudieran disparar los rayos de
la muerte.

—Eso no es lo que me parece —dijo, su voz mortalmente suave.

—Bueno, tengo la sensación de que muchas cosas no parecen ser


como realmente son para ti —respondió, tirando de su brazo, pero él no
la soltó—. Iba a empujarte, ya que estás en mi espacio personal.

—Yo no soy el que entró en tu espacio. —Un músculo se flexionó a lo


largo de su mandíbula—. Tú te metiste en el mío.

De acuerdo, eso era algo cierto.

—Hay algo más que necesitas saber. —Tiró de su brazo, y antes de


que Rosie pudiera reaccionar, su pecho estaba repentinamente alineado
con el de él. El contacto fue sacudido, enviando una gran cantidad de
sensaciones a través de ella—. Yo no hago amenazas. Hago promesas.

Ella respiró profundo e inmediatamente se arrepintió, porque empujó


su pecho contra el de él aún más, y... Dios, su estómago estaba cayendo
y retorciéndose en formas que no eran desagradables. Sintió que sus
pezones se endurecían, y comenzó a rezar para que él no pudiera
sentirlos a través de la camisa increíblemente delgada y desgastada que
llevaba y el encaje, casi inexistente bralette con el que había dormido.

Pero no se echó atrás.

—No creo que sepas usar las palabras correctamente, porque eso,
una vez más, sonó como una amenaza.

—¿Ah, sí? —preguntó, y su voz parecía más grave, más áspera. Sus
ojos se volvieron sorpresivos y entrecerrados—. Si era una amenaza, no
parece estar funcionando.

—¿Por qué?

Devlin se movió un poquito, y la siguiente vez que Rosie respiró se


alojó en su garganta. Lo sintió contra su estómago, grueso y duro, y a
menos que tuviera algo raro en la parte delantera de sus pantalones,
estaba totalmente excitado.

Ella también lo estaba.

Y ambos eran aparentemente fenómenos, porque ella acababa de


tratar de empujarlo y él acababa de amenazarla, pero aquí estaban,
completamente excitados, y había una gran posibilidad de que ella
necesitara encontrar un terapeuta inmediatamente.

Esas gruesas pestañas se alzaron y sus ojos perforaron los de ella.


Era como si esperara a que ella dijera algo o se alejara, pero no hizo nada
más que mantener su mirada como una lamida de calor curvada en su
estómago.

La mirada de Devlin bajó y esos labios llenos se abrieron.

—Creo que está haciendo algo completamente diferente.

Lo estaba. Por una multitud de razones equivocadas, lo estaba, y


Rosie se mordió el labio inferior mientras sus caderas se movían por sí
solas.

—¿Vamos a fingir que no me sientes? —preguntó él con calma.

—Sí —espetó.

—¿Cómo te está yendo con eso?

—Simplemente genial. —En el momento en que esas palabras


salieron de su boca, se dio cuenta de lo ridículas que sonaban.

Los labios de Devlin se retorcieron, y ella solo quería que él…


Pisadas sonaron desde su habitación, y ambos reaccionaron al mismo
tiempo. Devlin soltó la muñeca como si su piel le quemara, y Rosie se
convirtió en un canguro, porque saltó un buen pie hacia atrás.

Las cortinas se abrieron, temblando mientras las perlas chocaban


unas contra otras. Esperaba que se viera algo normal cuando Gabe y
Nikki entraron en la habitación y no como si hubiera estado a solo unos
segundos de frotar a Devlin como un gato que no solo estaba en celo, sino
que también tenía rabia.

Gabe tenía el brazo apretado sobre los hombros de Nikki y no parecía


en absoluto sorprendido de que Devlin siguiera allí, pero en el momento
en que vio a Nikki, no pensó en lo que había pasado entre ella y Devlin.
Un poco de vergüenza se levantó en Rosie. Mientras había estado aquí
discutiendo con Devlin, Nikki había estado allí, sufriendo y viviendo una
pesadilla que había cobrado vida.

Rosie se encogió. De alguna manera los moretones se veían peor


ahora. Se apresuró desde donde estaba.

—Hola, cariño. ¿Cómo te sientes?

Nikki intentó sonreír, pero fue más bien una mueca.

—Mejor. Me siento mejor.

—Eso es bueno. —Miró a Gabe mientras sentía que Devlin se


acercaba a ellos.

—Voy a casa de Gabe —dijo Nikki, y si su rostro no estuviera tan


descuidado en ese momento, Rosie sabía que vería un rubor.

—Está bien. ¿Hay algo que pueda hacer?

—Ya has hecho suficiente —contestó Nikki.

—Gracias por traer a Nikki esta mañana —dijo Gabe.

—No he hecho lo suficiente, así que no hay necesidad de


agradecerme. —Rosie se inclinó, besando cuidadosamente el único punto
sin marcas en la mejilla de Nikki—. Envíame un mensaje más tarde, ¿de
acuerdo? ¿Cuando te sientas con fuerzas?

—Lo haré.

Rosie luego se giró hacia Gabe y se encontró con su mirada.

—Cuida a mi chica.
—Siempre. —Fue la respuesta de Gabe.

Rosie mantuvo su mirada durante un momento, el tiempo suficiente


para que entendiera que ella, sin duda, encontraría una sacerdotisa vudú
que le hechizara si volvía a hacer mal a Nikki.

Una lenta y pequeña sonrisa apareció en los labios de Gabe y luego


se giró, guiando a Nikki hasta la puerta. Devlin ya estaba allí, abriéndola
para ellos. Rosie se quedó atrás.

Devlin salió al pasillo mientras Rosie agarraba el lado de la puerta. Él


se giró y la miró, abriendo la boca.

—Todas las revistas de chismes están equivocadas —dijo,


encontrándose con sus ojos azules y verdes—. Te llaman el Diablo, pero
deberían llamarte el Gilipollas.

Y con eso, cerró la puerta en la cara de Devlin De Vincent.

—¿Vivo o muerto? —Hubo una pausa—. ¿O prefieres que el tema


simplemente desaparezca?

Sentado en la cabina privada del Red Stallion el domingo por la tarde,


Devlin De Vincent estaba actualmente decidiendo si alguien vivía, moría
o simplemente desaparecía... o, como Archie Carr había dicho
sucintamente, simplemente desaparecido.

Francamente, quería al sujeto muerto y borrado.

Eso lo haría sonreír, pero mientras arrastraba su dedo por el borde


del pesado cristal, sabía que no podía dejar que sus sentimientos
personales que involucraban a esta persona se interpusieran en el
camino. Tenía preguntas y necesitaba respuestas.

—Vivo —contestó.

—Eso costará más.

Era extraño cómo quitar una vida costaría menos, pero, de nuevo,
mantener a alguien vivo representaba un riesgo. Dev lo entendía.

—Me lo imaginaba.

—Mucho más.
Lentamente, Dev levantó la mirada hacia el hombre que estaba
sentado frente a él. Archie tenía su edad, pero la vida en los ejércitos
militares privados había resistido y endurecido al hombre, envejeciéndolo
mucho más allá de los treinta y ocho años. Sin embargo, el hombre
estaba finamente sintonizado con la muerte, y Dev imaginó que algunos
de esos profundos surcos en la piel pálida alrededor de los ojos oscuros
de Archie eran el resultado de las acciones que llevaba a cabo a cambio
de una ganancia monetaria.

La gente mentía cuando decía que el dinero no podía comprarte todo.

El dinero podía asegurar cualquier cosa. La vida. Muerte. Amor.


Seguridad. Protección. Absolución. Felicidad, o al menos, una copia de
alegría. Según la experiencia de Dev, todo puede ser comprado o
intercambiado. Solo los ingenuos y los emocionales creían lo contrario, y
Dev nunca había conocido a una persona que no pudiera ser comprada
de una forma u otra.

—Me lo imaginaba —repitió Dev.

Archie lo estudió un momento y luego asintió.

—¿Qué tienes para mí?

Usando su dedo índice, deslizó el archivo cerrado hacia Archie.

—Todo lo que necesitas está ahí.

El pelirrojo tomó el archivo y lo abrió. Una áspera y baja risa sonó de


él.

—Interesante. ¿Esto está relacionado con lo que ha salido en las


noticias este fin de semana?

Dev no dijo nada, lo que fue respuesta suficiente. La noticia estaba


dominada por las intenciones asesinas de Parker Harrington y su
posterior muerte. Era solo cuestión de tiempo que la hermana de Parker,
su ex-novia, fuera denunciada como desaparecida por su familia. Sabrina
estaba ahí fuera. En algún lugar. E iba a encontrarla antes que nadie.

Archie cerró el archivo.

—¿Y una vez que haya localizado al sujeto?

—Conoces el lugar, en Bywater.

—¿El mismo código?

Asintió.
—Mientras tanto, tienes un arma, ¿verdad? Solo en caso de que esa
loca venga a ti —dijo Archie.

—Por supuesto. Hay algo más que quiero que hagas por mí.

—Soy todo oídos. —Archie lanzó su brazo por la parte de atrás de la


cabina.

—Quiero que investigues algo que involucre a mi tío.

Archie levantó las cejas, arrugando su frente.

—El senador.

—Es el único tío que queda, ¿no? —Los dedos de Dev se enroscaron
alrededor de su vaso—. Quiero que encuentres todo lo que puedas sobre
esa interna suya.

El interés despertó en sus ojos.

—¿La que desapareció? ¿Andrea Joan?

—Sí.

Pareció reflexionar sobre eso.

—¿Crees que está muerta?

Dev no respondió por un largo momento.

—Espero que lo esté. Por su bien.

—Jesús —murmuró Archie. Era una de las pocas personas que


entendían lo que Dev quería decir, porque sabía acerca de una décima
parte de lo que Dev sabía, y Dev estaba imaginando que era suficiente
para mantener al hombre despierto por la noche—. Estoy en ello.

—Perfecto.

—Hablando del senador. ¿Recibiste mi información sobre lo que


sospechabas?

—¿El Ritz-Carlton mientras estaba fuera de la ciudad? —preguntó


Dev.

Archie asintió.

—Y muchas, muchas veces antes de eso por lo que mis contactos me


han aconsejado.
—Sí. —Tomando un trago, dio la bienvenida a la quemadura mientras
el líquido color ámbar corría por su garganta—. Esperaré a tener tus
noticias.

Asintiendo, Archie se dirigió al final de la cabina y luego se detuvo.


Encontró la mirada de Dev.

—He visto algo de mierda. Miraba al mal en la cara para saber que el
verdadero mal tiene cara. Y ha habido veces que me ha aterrorizado lo
que he visto y a quién he conocido. ¿Tú? Nunca te he visto sonreír. Me
asustas un poco.

Dev levantó una ceja.

Archie sonrió.

—Estaré en contacto.

Viendo a Archie deslizarse fuera de la cabina y desaparecer entre las


sombras, Dev terminó su vaso de bourbon mientras pensaba en lo que
Archie había admitido.

Me asustas un poco.

Hasta sus hermanos le tenían miedo. No tenían razón de ser, pero


entendía por qué. Después de todo, estaba dispuesto a ir allí para
proteger a sus hermanos, hacer lo impensable. Pero ellos no sabían lo
que él sabía, y así seguiría siendo.

Él era su escudo y eso nunca cambiaría.

—¿Otro vaso?

La mirada de Dev se dirigió a Justin, uno de los servidores que había


estado en el Red Stallion durante años.

—Sí. Gracias.

Inclinándose, Justin rellenó el vaso y desapareció. Dev echó un


vistazo a su teléfono y empezó a alcanzarlo, pero se detuvo. Su hermano
tenía las manos ocupadas en ese momento. Los dos, en realidad. Dejando
que su cabeza descansara contra la cabina alta, exhaló un aliento largo
y constante y, por alguna maldita razón, una imagen vino a él.

No es solo una imagen.

Una persona.

Una persona que conoció por primera vez el viernes.


Una persona que lo buscó en un cementerio para llevarle flores. Una
persona que le dijo que la muerte de su padre sería más fácil de tratar, y
lo dijo como si tuviera experiencia personal en el tema. Una persona que
resultó estar conectada con ese molesto periodista hijo de puta. Y era
definitivamente alguien que no le tenía miedo. Ni siquiera remotamente.
No había sentido miedo cuando la había presionado contra él.

Y definitivamente él había estado sintiendo... algo.

Rosie Herpin.

Un apellido criollo a juego con la tez color leonado.

Otro vaso de bourbon apareció delante de él, pero no lo tomó.


¿Cortinas de perlas?

La mujer tenía las cortinas de perlas más horteras de su


apartamento. ¿Qué adulto maduro, incluso con un valor de sabor del
tamaño de una uña de pulgar, tendría cortinas de perlas baratas en su
casa? No eran los años sesenta o setenta, y Rosie no era una niña
divertida por las cosas que hacían ruido.

Un día después de que su hermano jugara con la rutina de la


armadura del caballero blanco y recuperara a su ama de llaves temporal
de lo que Dev suponía que era el apartamento de su mejor amiga, esto
era lo que quedaba en el borde de sus pensamientos.

Malditas cortinas de perlas.

Dev no tenía ni idea de por qué estaba pensando en la mujer.

En realidad, eso no era del todo cierto. Si iba a ser honesto consigo
mismo por una vez en su vida, era porque Rosie... lo intrigaba en varios
niveles. Una de las razones era el hecho de que lo había mirado como si
su mera presencia en su apartamento manchara todo lo que había en él,
incluyendo las cortinas de perlas.

Nadie, aparte de sus hermanos, lo miraba así o se atrevía a mirarlo


fijamente.

Eso... le interesaba. Y solo necesitaba pasar un puñado de minutos


con Rosie para saber que ella no era nada de esa intrigante…

Cortó esos pensamientos. Cerrados de una vez.

Dev pensó en dónde vivía Rosie. No muy lejos de Jackson Square.


Cómo demonios vivía allí, con todo el ruido, estaba más allá de él. Su
mirada se desplazó hacia el vaso de bourbon.
Había dos tipos de gente de Nueva Orleans. Aquellos que prosperaban
con los sonidos, los olores, las vistas y el ambiente del Barrio Francés. Y
estaban los que evitaban el barrio a toda costa.

Estaba adivinando que Rosie era la primera.

Él era el último.

Dev no sabía mucho de ella. Podría cambiar eso en segundos si


quisiera. Una llamada y podía averiguar todo lo que quería saber. Edad.
Lugar de nacimiento. Familia. Hermanos. Educación. Lugar de
trabajo. Lo que sea. Incluso podía averiguar exactamente cómo había
muerto su marido.

Maldita sea.

Había sido un imbécil por eso, ¿no?

Su mirada se dirigió de nuevo a su teléfono. La cosa más extraña


había sucedido cuando se paró en el apartamento de Rosie esa mañana,
esperando a su hermano y discutiendo con ella sobre lo que constituía
madera de verdad. Dejó… de pensar.

Pensar en todo.

Dev ni siquiera podía recordar la última vez que eso había ocurrido,
y bueno, había sido un buen descanso.

Devlin no creía en las coincidencias, así que no había ni una sola


duda en su mente de que ella sabía exactamente quién era él cuando lo
encontró en el cementerio. ¿Ross lo había estado siguiendo y la había
enviado? Bastante posible, ya que era el pasatiempo favorito del
reportero. Su aparente relación cercana con Nikki y su asociación con
Ross hacían peligrosa a Rosie.

Así que, por supuesto, se había vuelto duro como una roca
discutiendo con ella.

Ni siquiera quería saber lo que eso decía de él, pero sabía que todo el
tiempo que había estado con Sabrina, y que habían pasado años, nunca
se había excitado tanto, tan fácilmente.

Por eso el sexo, y no había sido a menudo, con Sabrina había sido
una tarea, un medio para un fin que nunca se cumplió. Y no había
manera de que Sabrina no hubiera sentido su impasibilidad cuando se
trataba de ella. También era un medio para acabar con ella.
Diablos, no quería pensar en Sabrina. Prefería pensar en la mujer que
lo miró como si quisiera matarlo con una sola mirada.

¿Cómo lo había llamado? Ah, sí. Un Gilipollas.

Sus hombros se elevaron en una silenciosa risita mientras agarraba


su vaso de bourbon. Una mujer que tenía cortinas de perlas le
interesaba. Una mujer con ojos color avellana, ojos que cambiaban de
marrón a verde dependiendo de cuán enojada estuviera.

Maldita sea. Ojos color avellana.

Eso le hizo pensar en cuando era un joven. Su madre tenía un amigo


que venía de visita todos los sábados. Esto fue antes de que nacieran sus
hermanos y su hermana, cuando eran solo él y su madre y... sábados.
La Sra. Windham siempre traía a su hija con ella. La chica tenía la edad
de Dev, más o menos. Todo lo que podía recordar era que tenía el cabello
rubio y los ojos color avellana. ¿Cómo se llamaba?

Pearl.

Solían jugar en las muchas habitaciones de la mansión, porque


Lawrence nunca estaba en casa los sábados, y Dev podía serlo. Un día,
corría de dormitorio en dormitorio, buscando a Pearl. Habían estado
jugando al escondite o a algún juego tonto como ese. No podía recordarlo
exactamente, pero sí recordó haber encontrado a Pearl. También
encontró a Lawrence con la Sra. Windham en una de esas habitaciones.

El amigo de su madre no volvió después de esa tarde. Dev nunca


volvió a ver a Pearl, y los sábados cambiaron. Todo empezó a cambiar ese
sábado por la tarde, y no fue hasta años después, cuando Dev era mayor,
que empezó a entender por qué.

¿Cuándo fue la última vez que pensó en Pearl? Diablos. Habían


pasado años.

Su mente volvió a Lawrence. El hombre era un virus que infectaba


todo lo que tocaba, eso era cierto. Demasiadas personas que tenían tratos
comerciales con Lawrence, desde su abogado, Edmond Oakes, hasta
varios altos funcionarios de la ciudad, se habían vuelto corruptos y
retorcidos, ya sea implicados o cómplices de lo que Dev sospechaba de
Lawrence.

Diablos, Lawrence era más que un virus. Había sido un maldito


cáncer.
Una sombra cayó sobre la mesa, arrastrando su mirada. Justin se
paró allí una vez más, sosteniendo un sobre de manila.

—Siento molestarle, Sr. de Vincent, pero esto se lo dejaron en la


puerta.

—¿Dejado? —Agarró el sobre, quitándoselo al hombre—. ¿Por quién?

—Parece que ha sido colocado en el buzón de correo hace unos


momentos. Nadie vio quién lo había dejado allí.

Interesante.

—Gracias, Justin.

El hombre asintió y luego salió corriendo mientras Dev miraba el


sobre. Su nombre estaba escrito en el centro del sobre. Dándolo vuelta,
rompió la parte superior y la abrió. Al principio pensó que no había nada
en él, pero al entrar, sintió algo suave. Dev sacó una fotografía de ocho
por once.

¿Qué diablos...?

Una fotografía de él y de Lawrence De Vincent, su padre. Fue tomada


en la última función de caridad a la que Lawrence había asistido con Dev
antes de la muerte de Lawrence... y solo unos meses después de que las
sospechas de Dev sobre Lawrence hubieran sido confirmadas de una
manera que nunca hubiera imaginado.

Ninguno de ellos estaba sonriendo mientras estaban uno al lado del


otro. Ninguno de los dos parecía querer estar allí. Y ninguno de ellos
estaba haciendo un buen trabajo escondiendo su inmensa aversión y
desconfianza mutua.

Dev recordó la noche del Baile de Ulises. Fue esa noche, en el auto
del evento, el hombre que había criado a Dev y lo había convertido en lo
que era hoy, le había dicho despreciativamente que él y Gabriel no eran
sus hijos. Solo Lucian y su hermana, Madeline, lo eran.

Demonios, Dev nunca había sentido alivio como lo había sentido en


ese momento. Algunos podrían creer que Dev era un monstruo, pero si
supieran lo que hizo con Lawrence, sabrían que lo que Archie había dicho
antes era cierto.

El verdadero mal siempre tenía una cara.

Sus hermanos no sabían que Dev sabía la verdad antes que ellos. Sus
hermanos apenas sabían nada.
Ni siquiera lo que Dev había aprendido antes de la noche del Baile de
Ulises. Un secreto que cambió tanto la vida que, hasta el día de hoy, no
tenía ni idea de cómo decírselo a sus hermanos.

Incluso cómo lidiar con ello él mismo.

Si pudiera ahorrar a sus hermanos el conocimiento de cuán malo,


cuán rencoroso era el hombre que los crió, lo haría. Maldición, si no
estaba tratando de ir a la tumba con lo que sabía. Sería... mejor de esa
manera.

Pero no fue la fotografía lo que causó que la mandíbula de Dev se


apretara. Ni siquiera era lo que simbolizaba la fotografía. Era el mensaje
rayado en la fotografía por lo que parecía ser una aguja u otro
instrumento delgado y afilado.

Sé la verdad.
Capítulo 6
Traducido por Rimed & NaomiiMora & Yavana E.

Rosie pasó la mayor parte del fin de semana alternando entre


reproducir los puñetazos verbales que había intercambiado con Gilipollas
De Vincent, estar furiosa con ella misma por el momentáneo lapso de
cordura cuando había estado bastante malditamente excitada por el
Gilipollas y preocupándose por Nikki.

Lo que significaba que estaba ansiosa e incapaz de sentarse por más


de un minuto a la vez. Esto la dejaba con una sola opción.

Limpieza iracunda.

Atacó cada centímetro de su departamento. La sala de estar y la


cocina estaban prácticamente relucientes y para cuando terminó el baño
que estaba junto a su cuarto, sintió que un individuo
inmunocomprometido podría comer con seguridad del piso allí.

El baño era el segundo lugar favorito de Rosie en el departamento,


luego del balcón. El balcón solo ocupaba el primer lugar por sus cómodas
sillas y la vista. Luego de pasar de pie todo el día, ya sea trabajando en
la caja registradora o en la cocina de la pastelería de sus padres, mientras
sus padres, con la mejor de sus intenciones, periódicamente exigían
saber cuándo exactamente Rosie iba a utilizar uno de sus tres títulos
universitarios, era genial sentarse allí y observar a la gente.

Esa escena especial, la reservada solo para personas listas para


casarse y tener bebés.

Rosie ya la había tenido, al menos la parte de casarse, y no estaba


segura de tenerlo otra vez o si lo quería.

Para el final de aquellos días donde sus padres y su hermana Bella


estaban sobre ella, Rosie no quería nada más que ponerse de pie y beber
vino en el balcón, bajo los agitados ventiladores, haciendo nada más que
observar y escuchar a la gente.
La bañera con patas y el balcón fueron lo que vendieron el
departamento. Se había tropezado con él hace dos años. Entrar en el
departamento le había tomado algo de paciencia ya que el inquilino había
dejado un montón de sus pertenencias detrás.

Pero había valido la espera.

Su departamento era bastante pequeño, pero el baño era enorme en


comparación. Era como si el departamento hubiese sido construido
alrededor del baño. Al menos eso es lo que le gustaba pensar. En realidad,
el baño probablemente había sido originalmente un dormitorio o algo,
pero era simplemente increíble.

Un tocador con lavabo doble y un largo espejo ofrecían más que


suficiente espacio para todo su maquillaje y cosas de cabello, lo que era
bastante impresionante considerando que tenía una seria adicción al
maquillaje. Estaba constantemente buscando la base perfecta. Su tono
de piel no lo hacía fácil. Las bases solían verse increíbles en la suave luz
del baño, pero una vez que se posaba bajo el sol, o parecía terriblemente
enferma o como si se hubiese horneado. Así que los estantes estaban
llenos con muestras y frascos a medio usar de los que no se había
separado, porque tal vez un día, mágicamente, la base funcionaría. No
solo el baño tenía ese increíble tocador con espacio debajo para una silla,
tenía una hermosa tina de porcelana que probablemente había estado en
ese departamento desde el principio de los tiempos.

También había una ducha de tamaño decente separada con azulejos


clásicos. Podía acostarse en el baño, estirar sus brazos y piernas y hacer
ángeles de baño sin tocar nada. Perfecto. Y si hiciera eso justo ahora,
sabría que estaría fresca y limpia dando que había fregado el piso de
baldosas por aproximadamente una hora.

La limpieza iracunda era muy parecida a la limpieza depresiva, la cual


realizaba cuando se permitía sentarse y pensar sobre Ian. No era una
gran sorpresa que él permaneciera en el fondo de su mente ya que era el
aniversario de su muerte, pero realmente no había un día que hubiese
pasado en los últimos diez años en que Rosie no se acordara de él.

Demonios, casi cada vez que entraba en los Bombones de Pradine, la


pastelería administrada por su familia desde su creación, pensaba en
como Ian solía venir aquí luego de la escuela y estudiar en uno de los
pequeños puestos en el frente de la tienda.

A veces, cuando estaba en la pastelería, detrás de la máquina


registradora, y si se esforzaba lo suficiente, podía verlo allí sentado,
mordisqueando la tapa de su lápiz mientras estaba absorto en su tarea.
Esos eran los recuerdos a los que se aferraba.

¿Y Devlin pensaba que ella no sabía nada sobre el matrimonio y el


amor? Que imbécil.

Irritada de nuevo, salió a la cocina y fue directo a la botella de moscato


en el refrigerador. Se sirvió un vaso y caminó hacia su portátil que estaba
abierta sobre la mesa de café.

Necesitaba una distracción y tenía la perfecta. El video que le habían


enviado estaba mañana estaba pausado en su portátil. Ya lo había visto
cerca de dos docenas de veces y estaba preparada para verlo otras dos
docenas más.

Y ni siquiera era un video de cachorros tropezando y siendo


jodidamente adorables tampoco. Era mejor que eso.

Dejándose caer en su sofá, balanceó la computadora sobre sus


rodillas y puso iniciar.

EPNO había captado algo en película.

No era una aparición de cuerpo completo, pero la sombra atravesando


el pasillo definitivamente no era un conejo flotante de polvo.

Dejando su copa de vino a un lado, tomó sus lentes de marco rojo y


luego se acercó la pantalla tan cerca cómo pudo a su rostro. Volvió a darle
al botón de inicio en la pixeleada imagen. En el momento en que la
sombra apareció al final del pasillo, frente a la habitación del bebé,
presionó pausa. Entrecerrando los ojos, intentó realizar cualquier tipo de
definición para la mancha.

Parecía una mancha en la cámara o una bolsa de supermercado


voladora, pero sabía que no era eso. Presionó iniciar y luego disminuyó
la velocidad de la película. Aún parecía una bolsa-mancha cuando
desaparecía en la pared opuesta. Lo que seguía solo podía ser descrito
como el sonido de un mazo golpeando el piso.

Rosie sabía que el sonido vendría, después de todo, pero aun así
causaba que saltara y que su corazón diera un salto. Lo que sea que
estaba detrás de ese sonido era físico. Causaba que la cámara se
sacudiera, y segundos después, pudo oír al bebé llorando dentro de su
cuarto.

—Maldición —susurró. Una lenta sonrisa apareció en su rostro.


No era una aparición a cuerpo completo, pero definitivamente había
algo en esa casa.

Lo que fue captado en la cámara podía no parecer mucho para ojos


inexpertos, pero era algún tipo de evidencia, y le daba esperanzas de que
encontrarían más, porque recién habían instalado las cámaras en el
hogar de los Mendez en el distrito Garden el viernes. Capturar cualquier
cosa así de rápido era una buena señal, para Rosie y su equipo.

No para la pobre familia Mendez.

Ellos habían contactado a EPNO hace poco más de un mes. Maureen


y Preston Mendez habían comprado la recientemente construida casa en
la calle Tres hace unos años. No habían tenido problemas hasta que su
hijo apareció. Según lo que la familia Mendez había repostado, había
empezado como pasos y otros sonidos incorpóreos, como golpes y ruidos
sordos. Luego comenzaron a percibir movimientos por el rabillo del ojo y
objetos comenzaron a desaparecer y aparecer al azar en lugares extraños.
Cosas que fácilmente podrían ignorarse o atribuirse a las instalaciones
de la casa o a uno de ellos siendo olvidadizo, pero el comportamiento de
estos había ido en un aumento constante a lo largo de las semanas y
meses. Tanto la esposa como el esposo habían afirmado ver una figura
oscura en el pasillo de arriba, cerca del cuarto de su hijo Steve. Los
inexplicables ruidos comenzaron a hacerse más fuertes, sacudiendo
eventualmente a toda la casa, como el capturado por la cámara.
Sentimientos de estar siendo observados y seguidos por la casa habían
escalado a portazos y según la pareja, el santo grial de los espectros.

Aparición. De. Cuerpo. Completo.

Preston afirmaba que había visto lo que parecía ser un hombre mayor
en el cuarto del bebé Steve, de pie junto a la cuna. Había descrito la
aparición como sólida alrededor de la cabeza, hombros y pecho, mientras
la parte inferior era más transparente. Preston había sido tomado tan
desprevenido por la aparición que no había notado la época de la ropa o
ningún otro detalle salvo el cuarto sintiéndose más frío de lo normal. La
aparición había desaparecido justo frente a sus ojos.

Temerosos por la seguridad de su hijo, especialmente porque la


Aparición de Cuerpo Completo había sido vista en el cuarto de Steve, y
más que un poco asustados, la familia llamó a EPNO. La mayoría de los
fantasmas no solían causar daño alguno. Si eran espectros activos versus
residuales, en general solo tenían curiosidad. Sin embargo, en ocasiones
lo que la gente tenía en sus casas no eran fantasmas.

A veces era algo completamente distinto.


Rosie bajó la computadora y marcó el segmento de video. Guardando
el video, envió el archivo a Lance Page, quien tenía la tecnología para
aislar las imágenes y ampliarlas sin perder calidad. Estirándose para
alcanzar el cojín junto a ella, tomó su teléfono y envió rápidamente un
mensaje a Lance dejándole saber que el video iba en camino. Antes que
dejara su teléfono de lado, se desplazó por sus mensajes hasta que
encontró el último mensaje de texto de su amiga Nikki.

La cara duele como el infierno, pero estoy bien.

Rosie lo miró por lo que se sintió como una hora, pero fueron solo
unos instantes. Sabía que Nikki estaba bien físicamente, ¿pero
emocionalmente? ¿Mentalmente? Eso era una historia distinta y Rosie no
necesitaba su tercer título universitario sin usar, este en sicología, para
saber eso.

Dejando caer su teléfono en el sofá, se inclinó hacia adelante y volvió


a colocar su portátil en la mesa de café. Se quitó sus lentes y los dejó
sobre la computadora.

Echó un vistazo a las puertas cerradas del balcón. La noche había


caído, pero el zumbido del tráfico y las voces seguía siendo tan fuerte
como siempre. Cuando cerró los ojos, apareció la imagen más molesta.
Inmediatamente vio a Devlin parado frente a esas puertas.

Dios, ese hombre era guapo, pero también era un idiota certificado,
un atractivo idiota certificado.

Un imbécil arrogante, estrecho, exigente, desagradable, imbécil, tan


cálido y amable como una casa embrujada.

Un imbécil que parecía estar muy, muy bien dotado. Dios. No


necesitaba pensar en eso. Ni siquiera necesitaba pensar en él en general,
pero pensaba en él tanto si le gustaba o no.

Al abrir los ojos, frunció los labios. Sábado por la mañana y ese
hombre estaba vestido como si asistiera a una reunión de negocios, con
pantalones grises y un botón blanco. Sin embargo, se veía increíble, tal
como lo había hecho en el cementerio, pero dudaba que tuviera un par
de jeans.

Recordando la expresión de su rostro cuando lo llamó gilipollas, se


rió. Desearía haber tenido la previsión de haber tenido su teléfono en la
mano, porque esa explosión de sorpresa hubiera sido increíble de
capturar en la cámara. Habría cambiado su foto de perfil de Facebook a
esa imagen solo por ser un imbécil.
Se le escapó otra risita mientras miraba el reloj en forma de llama que
su amiga Bree le había regalado. Solo Dios sabía dónde encontró un reloj
con forma de llama, pero Rosie no se quejaba. La cosa era increíble, y
tenía una debilidad por esas criaturas adorablemente extrañas.

Eran cerca de las diez, y debería estar cansada, habiéndose


despertado tan temprano ayer y lo mismo hoy como para hacer un turno
en Pradine y para prepararse para la multitud de la iglesia, pero estaba
completamente despierta y ansiosa.

Y solo había una cosa que curaba la inquietud. Rosquillas de Du


Monde.

Lamentablemente, eso significaba que iba a tener que cambiarse.


Aunque era de noche en el barrio y había todo tipo de personas
caminando por las calles, Rosie no iba a salir con nada más que una
camiseta sin mangas, calzoncillos y medias gruesas hasta la rodilla.

Sin embargo, las rosquillas valían la pena.

Poniéndose de pie, había comenzado a girar cuando sonó su teléfono.


Una sonrisa apareció cuando vio el nombre de Lance y la imagen tonta
de él con una diadema con pequeños fantasmas de plástico unidos a los
resortes.

—Hola, amigo —respondió mientras recogía su vino—. ¿Creía que


estabas en turno esta noche?

—Nop. Salí temprano —respondió. Lance era un Técnico Médico en


Emergencias, y chico, su trabajo nunca tenía un momento aburrido—. Vi
el vídeo. No he podido echar un vistazo más de cerca, pero no puedo creer
que hayamos atrapado algo.

—Lo sé. —Tomó un sorbo de su vino—. Está alucinante.

—Tenemos que volver a esa casa y pasar otra noche.

—Sí, pero la familia aún no ha aceptado eso. —Querían su ayuda,


pero EPNO solo había podido realizar un puñado de horas de
investigación—. Y si no lo hacen. . .

Lance suspiró.

—Si no lo hacen, entonces sospecho que estamos siendo timados.

—Yo también. —Terminando el vino, llevó su copa a la cocina. EPNO


desacreditaba y descubría estafas más de lo que encontraron evidencia
real, pero esa era la naturaleza del negocio—. Jilly dijo que llamaría a la
familia mañana con una actualización. ¿Habrás mejorado el video para
entonces?

—Por supuesto. —Hubo una pausa cuando Rosie colocó su vaso en


el fregadero—. ¿Haciendo algo esta noche?

—Nada, excepto que estaba pensando en caminar hacia Du Monde.

—¿Quieres compañía?

Rosie sonrió. Lance vivía en Canal, y eso era un poco como una
caminata para Du Monde, pero, como ella, Lance era un ave nocturna y
estaba dispuesta a todo.

—Si estás seguro de que quieres unirte a mí.

—Bebé, siempre quiero —respondió.

Su sonrisa vaciló cuando se apartó de la mesa de la cocina. Había


algo burlón en cómo dijo eso, pero también había algo… más. La
ansiedad cobró vida. Lance era lindo y era un gran tipo, pero era uno de
sus amigos más cercanos. Sabía que no debía cruzar esas líneas, por fácil
que fuera. ¿Y últimamente? Lance le había estado lanzando señales que
podían leerse como si estuviera interesado en más. Invitaciones para
cenar. Apareciendo inesperadamente en Pradine con su bebida favorita,
caramelo moca salado, o sorprendiéndola con su refrigerio favorito, esas
cositas Graze en caja que tenían mucho ajo y eran deliciosas
y nada fáciles de conseguir. O simplemente podría ser un amigo increíble
y estaba pensando demasiado sobre eso.

Probablemente el último.

—¿Estás ahí, Rosie? —preguntó.

—Sí. —Se aclaró la garganta—. Lo siento. Me perdí en mis


pensamientos. Fin de semana extraño.

—Entonces aún hay más razones para cerrar el fin de semana con
rosquillas.

Relajándose, puso los ojos en blanco—. Nunca se han dicho palabras


más verdaderas. Solo necesito unos quince minutos para cambiarme.
¿De acuerdo?

—Perfecto. Te veo allí.

Colgando, dejó su teléfono en la cocina mientras se apresuraba a su


habitación, sonriendo cuando las cortinas se sacudieron
desagradablemente detrás de ella. Sacó un par de polainas estampadas
de la cómoda, se quitó los calcetines y estuvo a punto de caerse en el
proceso.

Trató de imaginarse a Devlin espontáneamente yendo a comer


rosquillas a las diez de la noche, y se echó a reír. Con las polainas a medio
camino alrededor de las rodillas, cayó hacia atrás, su trasero golpeó la
cama.

Rosie apostaba a que Devlin De Vincent era tan espontáneo como una
cita con el dentista.

A Dev no le gustaban las sorpresas.

Especialmente cuando esa sorpresa llegó en la forma de su tío, Stefan


De Vincent, esperándolo en su oficina el lunes por la mañana.

—Lo siento. El senador insistió en que no podía esperar —explicó


Richard Besson mientras Dev bajaba por el pasillo del segundo piso.

El administrador de la casa mayor era una parte tan importante de


este edificio como lo era un De Vincent, que había dirigido la casa junto
con su esposa, desde que Dev era un niño. Livie estaba fuera por razones
de salud por el momento, y su hija, Nikki, había intervenido. Sin
embargo, Nikki ya no era un reemplazo adecuado, ni siquiera
temporalmente, por una multitud de razones.

Dev se preguntó brevemente qué pensaría Besson de la relación de


su hija con Gabe. A pesar de que Gabe era, con mucho, el más…
agradable de los hermanos, todavía era un De Vincent, y Besson había
visto mucho en su tiempo trabajando aquí.

Besson también sabía mucho.

La tenue curiosidad desapareció cuando su mirada se centró en las


puertas con paneles que conducían a su oficina. Un músculo se contrajo
a lo largo de su mandíbula.

—Está bien. —Dev ajustó los puños de su camisa—. ¿Puedes traer


una cafetera cuando tengas la oportunidad?

—Por supuesto. —Besson comenzó a girarse.


Dev se detuvo cuando Besson comenzó a girar. Bajando los brazos,
se sacudió las mangas.

—¿Richard?

Un destello de sorpresa cruzó la cara del hombre mayor.

—¿Sí?

Abrió la boca y luego la cerró. Pasó un momento mientras


consideraba lo que quería decir. Dio un paso hacia el hombre mayor,
manteniendo la voz baja mientras decía:

—Siento lo que le pasó a tu hija. Me aseguraré de que nada de eso


vuelva a suceder.

Besson lo miró por un momento y luego se aclaró la garganta.

—No tengo dudas de que lo harás… asegurarte de que mi hija esté a


salvo. Gracias.

Dev asintió con la cabeza.

—Necesitamos tener una discusión más tarde sobre un reemplazo


temporal para Livie. Nikki ya no es adecuada para el trabajo.

Su padre abrió la boca.

—Está en una relación con mi hermano —dijo Dev, captando los ojos
oscuros del hombre—. No creo que quieras que sea responsable de
servirle la comida y limpiar después de él también.

Una leve sonrisa cruzó el rostro de Besson.

—No. No lo quiero.

—Bien.

La sonrisa permaneció.

—Le tendré una taza de café recién hecho en su oficina en un


momento.

Dando al hombre un breve asentimiento, Dev giró y se acercó a las


puertas de su oficina. Puso sus manos sobre los paneles y empujó.

Su oficina era luminosa y ventilada por el sol que entraba por las
ventanas del este, pero había una nube oscura sentada de espaldas a las
puertas.
Lawrence De Vincent había sido puro malvado. Su gemelo, Stefan,
era solo un jodido idiota en comparación. Peligroso a su manera, pero
nada tan malo como Lawrence.

—Es amable de tu parte que finalmente te unas a mí —dijo Stefan.

Los labios de Dev se curvaron cuando cerró las puertas detrás de él.
Odiaba el sonido de la voz de Stefan, porque sonaba como la de Lawrence.

—Es amable de su parte aparecer sin previo aviso después de no


haber devuelto mis llamadas en todo el fin de semana.

—Estaba en DC, Dev, y bastante ocupado.

—¿Tan ocupado que no podrías usar un teléfono?

Dev se paseó por la oficina y, al pasar junto a su tío, percibió el leve


aroma de los cigarros cubanos. Los ricos y dulces que también Lawrence
solían fumar. Dio un paso detrás del escritorio y solo entonces se permitió
mirar a su tío.

Con los característicos ojos azul verdosos y el cabello oscuro con solo
un tinte plateado en las sienes del hombre, cada centímetro de él se veía
como un De Vincent. Líneas tenues aparecían en las comisuras de sus
ojos y labios. Ya sea por la mano de un médico experto o por una buena
genética, el hombre estaba envejeciendo bien.

Stefan se parecía a Lawrence. Después de todo, eran gemelos


idénticos, así que cada vez que Dev tenía que mirar a Stefan, era como
mirar lo único que realmente odiaba.

Su tío probablemente llegaba en un segundo lugar si Dev tenía que


enumerar a los que odiaba, y su tío merecía cada gramo, pero si tenía
que comparar a los dos hombres, Lawrence era peor.

Lawrence siempre sería peor.

—Estaba ocupado representando este buen estado. Dirigir el país


lleva bastante tiempo. —Stefan sonrió cuando Dev se sentó, jugando con
la banda dorada del Rolex envuelta alrededor de su muñeca izquierda—.
Pero pensé que me estarías llamando por lo que sucedió el viernes por la
noche, y estoy aquí ahora.

—Entonces, ¿has visto las noticias?

Stefan resopló.
—¿Cómo podría no hacerlo? Está por todo el maldito lugar. ¿El
hermano de una prometida de De Vincent asesinado mientras intentaba
asesinar a alguien? Los malditos se están comiendo esto.

—¿Malditos?

—La prensa. —Stefan se golpeó la muñeca—. No hay nada que les


guste más que un escándalo De Vincent. Especialmente a ese maldito
reportero de Advocate. ¿Ross Haid? Mientras venía hacia aquí, recibí una
llamada de mi oficina diciendo que ya estaba allí, haciendo preguntas.

Dev sonrió con suficiencia. La mera mención del nombre de Ross Haid
en cualquier otro día le habría molestado mucho. Escuchar que el
reportero estaba molestando a Stefan lo divirtió.

—Bueno, tienes mucha experiencia con los reporteros escarbando en


tu negocio, ¿no?

Los labios de Stefan se apretaron.

—Tengo mucha experiencia con la prensa haciendo una montaña de


un grano de arena.

—¿Un interno desaparecido y presuntamente muerto es hace una


montaña de un grano de arena?

—Lo es para mí. —Stefan levantó un hombro casualmente—. ¿Qué


hizo Parker exactamente?

—¿No lo sabes?

—Sé que la prensa cree que fue una especie de situación doméstica.
El nombre de la víctima ha sido ocultado, pero creen que atacó a alguien
y fue asesinado en el proceso —respondió Stefan—. Me parece extraño,
ya que no sabía que Parker estaba en una relación de tipo doméstico.

Ni por un segundo Dev creyó que eso era todo lo que sabía.

—Parker atacó a Nikki.

—¿Nicolette Besson? —Stefan dejó escapar una risa—. ¿La hija del
ama de llaves?

Dev mantuvo su expresión en blanco.

—¿Te refieres a la novia de Gabe?

—¿Qué? —Otra risa mientras Stefan se sentaba en la silla—. Jesús.


Está follando a esa pequeña pieza...
—Cuidado —advirtió Dev en voz baja—. Dudo que te guste lo que
pasaría si Gabe te escuchara hablar así.

—Como si te importara cómo hablo de ella. —Stefan resopló poniendo


los ojos en blanco. Pasó un momento—. Esa chica siempre tuvo algo con
él, ¿no? Supongo que es un hombre afortunado.

La tensión se deslizó en los hombros de Dev. Esa era una declaración


interesante para su tío. Nikki prácticamente creció en su casa cuando
era más joven, pasando muchos de los veranos aquí mientras sus padres
trabajaban. Por supuesto, Stefan había estado en la casa de vez en
cuando a lo largo de los años, pero Dev no creía que su tío fuera tan
observador cuando se trataba de lo que solía ser la colegiala Nikki, un
enamoramiento no correspondido de su hermano.

Obviamente, Dev había subestimado las habilidades de observación


de su tío. Pensó en la fotografía que recibió el domingo.

—¿Parker fue tras ella? —preguntó Stefan—. ¿Y realmente no lo


sabías?

—Por supuesto que no —exclamó Stefan—. ¿Cómo lo haría?

Llamaron a la puerta y Dev levantó la mano, silenciando a Stefan.

—Adelante.

Besson entró y el aroma del café recién hecho borró el de los cigarros.
El hombre fue rápido como una bala, sirviendo el café y luego se fue. Dev
pensó que Besson no era exactamente un fanático del senador aunque
era demasiado profesional para demostrarlo.

Por eso le gustaba Besson.

Stefan esperó hasta que la puerta se cerró.

—No crees que Sabrina tuvo algo que ver con su hermano…

—Sé que Sabrina tuvo todo que ver con lo que Parker intentó hacerle
a Nikki. También sé que ella ha estado acechando a Gabe desde la
universidad —dijo, y cuando la mirada de su tío voló hacia él, levantó
una ceja—. Y también sé que ella y Parker fueron responsables del
accidente de Emma.

—¿Emma Rothchild? —Stefan se quedó inmóvil con el café a medio


camino de su boca—, ¿La mujer con la que Gabe solía estar involucrado
hace años?
La expresión de Dev se suavizó mientras estudiaba a su tío. Cuando
salió la noticia de que Sabrina había estado involucrada en la muerte de
Emma, había sorprendido a Dev, quien pensó que había sabido todo lo
que Sabrina era capaz de hacer. Había juzgado mal cuán... psicótica era
esa mujer al final del día. Era un error con el que Dev tendría que vivir.

—Jesús. No estás bromeando.

—¿Por qué bromearía sobre algo así? — preguntó Dev.

Stefan tomó un sorbo de su café.

—¿Por qué mentirías sobre cómo murió mi hermano?

—Stefan, sabes que Lawrence se ahorcó —respondió Dev, recogiendo


su café. Era negro. Sin azúcar. Sin crema. Un sabor tan amargo como
una noche de invierno—. No vayamos por ese camino otra vez.

—Nunca me voy a salir de ese camino, Devlin. —Stefan levantó su


taza—. Sé que mi hermano no se suicidó.

—Hmm. Dime algo, Stefan. —Dev se sentó, cruzando una rodilla


sobre la otra. Esperó hasta que Stefan tomó un trago—. ¿Crees que no sé
que te has estado follando a Sabrina?

El hombre escupió, ahogándose con el café. El líquido salpicó la parte


delantera de su traje. Sus labios se retiraron, dejando al descubierto sus
dientes.

—¿Qué demonios?

Dev quería reírse, pero no lo hizo.

—¿Sabes dónde está Sabrina? Su familia no la ha visto desde el


viernes por la mañana.

—No tengo ni idea de dónde está esa mujer.

—¿Así que estás diciendo que no tienes ni idea de dónde está?

—¡Sí! —Stefan golpeó la taza de café contra el escritorio con suficiente


fuerza para romper la vajilla. Dev suspiró—. Y estás loco si crees que me
he estado acostando con Sabrina.

—Oh, estoy bastante seguro de que has estado con Sabrina, y sé que
la semana pasada no fue la primera vez.
—Tienes que estar bromeando —dijo Stefan con una risa forzada—.
Si realmente pensabas que tu prometida se acostaba conmigo, ¿por qué
diablos seguías comprometido con ella? ¿Qué dice eso de ti?

Dev tomó un trago a pesar de que su estómago se revolvió con una


mezcla de asco y aversión.

—Tengo mis razones, razones, debo añadir, que ya no son necesarias.

—Siempre tienes tus razones, ¿verdad, Devlin? —La mandíbula del


senador se endureció—. ¿Crees que no sé lo que intentas conseguir con
una acusación tan escandalosa? Tácticas de distracción. Yo saco a relucir
a mi hermano y tú siempre encuentras la manera de no hablar de él.

—Entonces, ¿no estuviste con ella en el Ritz mientras yo estaba fuera


de la ciudad el fin de semana pasado? — preguntó Dev.

Los ojos de Stefan se entrecerraron.

—¿Tienes a alguien siguiéndome?

—Responde a la pregunta, Stefan.

Las fosas nasales de su tío se abrieron.

—Vino a verme mientras yo estaba entreteniendo a los invitados allí.


Estaba preocupada por su compromiso, bastante molesta, debo añadir.
Asumo que el compromiso está cancelado.

—Lo está. —Dev sabía que esa excusa era una mierda—. Debe haber
sido un gran entretenimiento para sus invitados. También puede asumir
con seguridad que cualquier donación que los Harrington hayan
planeado hacer para su próxima campaña de reelección no va a suceder.

—¿Sabes cuál es tu defecto fatal? —se burló Stefan.

—No tengo muchos, pero ilumíname.

La expresión desdeñosa se convirtió en una sonrisa cuando se inclinó


hacia delante, agarrando los brazos de la silla cuando empezó a
levantarse.

—Crees que lo sabes todo.

Dev levantó una ceja mientras mantenía la mirada de su tío.

—Y la verdad es que no sabes nada. —Stefan se puso de pie, y Dev


no estaba muy impresionado por esa declaración de despedida. Pensó
que Stefan podría hacerlo mejor que eso—. Buenos días, Devlin.
Esperó hasta que su tío llegó a las puertas y entonces dijo:

—¿Stefan?

Su tío se detuvo y se volvió hacia él.

—¿Qué?

Pensó en el arma que guardaba en el cajón de arriba. Sus hermanos


sabían dónde estaba. Stefan no lo sabía. Parte de él quería sacarla y
acabar con Stefan allí mismo, pero no era un asesino. No de esa manera.

—Si descubro que estás escondiendo a Sabrina o si sabes dónde está


y no me lo has dicho, no sólo te lo quitaré todo. —Dev sonrió entonces,
una ligera curva de sus labios—. Te destruiré.
Capítulo 7
Traducido por Vanemm08

Risa salió de la cocina, deteniendo a Dev el lunes por la tarde,


mientras se encogía de hombros en su chaqueta deportiva Cucinelli.
Estaba cerca de la entrada trasera a la cocina, a la que se accedía por el
largo y estrecho vestíbulo que llevaba a las escaleras traseras y a la
terraza.

El sonido era tan extraño para él que no se movió durante varios


segundos. Salvaje, risa feliz sin trabas no era algo que se escuchara a
menudo en esta casa.

Sus hermanos estaban allí, con sus mujeres. Dev pensó que estaban
haciendo la cena desde que le había dicho a Besson hoy que las
responsabilidades de la tarde serían suspendidas hasta nuevo aviso. El
hombre necesitaba estar en casa con su esposa enferma, y Dev confiaba
en que el hogar no colapsaría porque no había nadie aquí por la tarde.

—No estoy segura de que sea sea cómo se supone que funcione —
oyó decir a Julia, y arqueó una ceja.

Lucian y Julia habían comprado una vieja casa victoriana en el


Distrito Garden que actualmente estaba en remodelación. Pronto, se
imaginó que la casa estaría lista para ellos, y Lucian se habría... ido.

Dev no podría estar más feliz por él.

Se imaginó que Gabe no estaría demasiado lejos de Lucian, ya que


había visto una residencia de medio tiempo en Baton Rouge para estar
más cerca de su hijo. Y luego sería solo Dev.

Irónico cómo las cosas siempre completaban el círculo.

Se arregló el cuello de la chaqueta y comenzó a caminar. Avanzó un


par de pasos cuando sintió un beso de aire frío a lo largo de la nuca. Su
paso se detuvo y miró por encima de su hombro.

Algo oscuro se movió al final del largo y estrecho vestíbulo.


No estaba seguro de qué demonios era, porque había captado el
rápido movimiento por el rabillo del ojo solo un segundo antes de que
desapareciera. Con el ceño fruncido, se dio la vuelta y examinó el extremo
del vestíbulo. La puerta de la escalera estaba cerrada, y si alguien estaba
allí abajo, no había a dónde ir o dónde esconderse.

Entonces, ¿tu casa está embrujada?

La pregunta de Rosie entró en sus pensamientos, y una leve media


sonrisa tiró de su boca. EPNO. Era el acrónimo de su equipo de
investigación paranormal. Que… satírico.

—¿Dev?

Se giró hacia el sonido de la voz de Lucian. El más joven De Vincent


estaba de pie frente a las puertas que conducían a la despensa y la
cocina. Sostenía una botella de vino tinto sin abrir en su mano. Con la
excepción de los ojos azul verdosos, Lucian no se parecía en nada a Gabe
ni a él. Rubio de piel y cabello, Lucian lo tomó después de su madre, y
no era de extrañar que todos hubiesen sospechado que Lawrence no era
el padre de Lucian y su hermana gemela. Todos habían pensado que era
un hombre desconocido, alguien que probablemente fue más amable con
su madre que Lawrence.

Obviamente, fue un shock cuando se reveló que Lawrence era de


hecho el padre biológico de los gemelos y Gabe y Dev no eran sus hijos.
Eso no había sido el único choque devastador en los últimos meses.
También todo el lío con su hermana, Madeline, y la verdad sobre lo que
le había ocurrido a su madre.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó Lucian.

—Pensando —respondió.

Sus cejas se alzaron.

—¿De verdad? ¿Estás de pie en el vestíbulo pensando?

—Parece ser el caso.

Lucian le dirigió una mirada irónica.

—Eso no es raro ni nada. —Sonrió mientras se hizo a un lado—.


Escuché que el senador estuvo aquí esta mañana.

—Lo estaba, pero dudo que vuelva por un tiempo.


—¿Es así? —Lucian comenzó a caminar hacia la cocina, obviamente
esperando que Dev lo siguiera. Dev suspiró—. ¿Él no sabe nada acerca
del paradero de Sabrina?

—Afirma que no.

—¿Le crees? —preguntó Lucian cuando pasaron por la despensa.

—Ni por un segundo —respondió Dev—. Sin embargo, no importa.


Tengo a alguien buscándola.

Lucian asintió y pasó un momento cuando se encontró con la mirada


de Dev.

—Odio todo de lo que Sabrina ha sido parte, y conoces mi intenso


disgusto por la mujer y siempre será igual, pero me alegro de que estés
por fin libre de ella.

Inclinó la cabeza hacia un lado.

—Había elegido estar con ella.

Eso era en parte cierto. La idea de su compromiso había sido


presentada por Lawrence y no había mayor partidario de la fusión de los
imperios De Vincent y Harrington que Lawrence, pero Dev lo había
aceptado. Sin embargo, no por esas razones.

—No era como si fuera en contra de mi voluntad.

—Sí, lo hiciste, y sí, he oído que tenías tus razones, las cuales nunca
voy a entender, pero al final del día, ella no va a ser tu esposa, así que
aleluya, mi hermano, ese es un motivo de celebración. —Levantó la
botella de vino—. Ahora puedes encontrar a alguien que no sea una perra
de grado A.

Dev miró a su hermano con suavidad.

—Actualmente no estoy en el mercado para encontrar a alguien.

—¿Y no es cuando se hace normalmente? —Lucian se volvió antes de


que pudiera ver el ceño fruncido de Dev y abrió la puerta de la cocina—.
Miren a quién encontré merodeando en el vestíbulo, pensando en cosas
profundas De Vincent.

Dejando escapar un suspiro audible, Dev atrapó la puerta antes de


que volviera y lo golpeara en la cara. Realmente debería haber seguido
caminando.
La cocina era la combinación de lo que solían ser dos habitaciones,
y había sido renovada con los años. Su madre hubiera disfrutado esta
corriente reencarnación, con los gabinetes blancos y amplias encimeras
de mármol gris. En el centro había una isla lo suficientemente grande
como para albergar a medio equipo de fútbol. Ella hubiera amado eso.

Sentadas en los taburetes estaban Julia y Nikki. Ambas mujeres se


volvieron hacia él. Julia sonrió en su dirección. Nikki no giró
completamente ya que sus movimientos todavía eran rígidos y parecía
que sonreír le dolía, así que movió los dedos. A ninguna de ellas realmente
le caía bien y probablemente no estaban encantadas de que él estuviera
en la cocina con ellos. Dev lo sabía y realmente no podía culparlas. A
decir verdad, no estaba seguro de si le importaba eso o no. Sabía que
debía, después de todo, sus hermanos las cuidaban profundamente, pero
él era más bien… ambivalente.

En la mayor parte.

Al otro lado de la isla estaba Gabe frente a una especie de olla de


acero inoxidable y una gran variedad de verduras picadas.

—Lucian está cocinando la cena —anunció Gabe cuando el joven De


Vincent se unió a él, colocando la botella de vino en la isla—. O
intentando hacerlo.

—Oye. Sé lo que estoy haciendo. —Lucian cruzó la isla y tiró del


extremo de la cola de caballo de Julia—. ¿No?

—Espero que lo hagas, porque nos estamos muriendo de hambre —


respondió ella.

—¿No tienes fe en mis habilidades culinarias? —Los ojos de Lucian


se abrieron como platos mientras se enderezaba—. ¿Qué hay de ti, Nikki?

—Extrañamente estoy aliviada de que solo puedo comer líquidos en


este momento —respondió ella.

Dev sonrió mientras Gabe se reía por lo bajo.

—Eso es grosero. —Lucian recogió un paquete de carne de res—.


Todos ustedes van a estar comiéndose sus palabras en sentido figurativo
y literal.

Un ceño fruncido tiró de las cejas de Julia.

—No creo que puedas comerte tus palabras literalmente.

—Oh, sí puedes.
Julia abrió la boca, pero la cerró y sacudió la cabeza. Sin embargo,
había una mirada cariñosa en sus ojos mientras miraba a Lucian. La
mujer estaba enamorada de Lucian, eso estaba claro. Uno tendría que
estarlo para soportar al más joven De Vincent.

—¿Por qué no te unes a nosotros? —ofreció Gabe mientras caminaba


hacia donde estaba Nikki. Él no la tocó mientras se apoyaba contra la
isla, pero era evidente para Dev que quería—. No puedo prometer que
esta cosa con la Olla Instantánea vaya a funcionar…

—Va a funcionar. —Lucian se volvió hacia Gabe—. Realmente no es


tan complicado. Pones la carne en la olla y presionas algunos botones.

—¿Qué es una Olla Instantánea? —preguntó Dev, su mirada


moviéndose hacia el artilugio en el mostrador.

—Cocina comida. —Lucian hizo una pausa dramática—.


Instantáneamente.

Algo no sonaba bien al respecto.

—Es como una olla de barro, pero es más una olla a presión — explicó
Nikki, hablando despacio. Sus palabras también eran un poco turbias,
debido al labio roto y mandíbula magullada—. Supuestamente puedes
asar carne en unos treinta minutos.

Eso realmente no sonaba bien.

—Lo compré hoy —dijo Lucian con orgullo—. En una tienda.

—¿En serio? — respondió Dev secamente—. ¿Todo por ti mismo?

—Yo estuve con él —intervino Julia.

Lucian asintió con la cabeza.

—Eso es verdad.

—Cena con nosotros —intervino Gabe de nuevo—. Sería justo si todos


nos envenenáramos al mismo tiempo.

—Bueno, si bien esa oferta es atractiva, tendré que rechazarla. Tengo


planes para cenar. —Planes que incluían un filete medio raro y nada de
estas... cosas de familia. Ya era hora de irse—. Que tengan una buena
noche y disfruten de su... Olla Instantánea.

Los ojos de Lucian se entrecerraron, pero Dev se giró y se fue antes


que cualquiera de sus hermanos dijera una palabra. Llegó al vestíbulo y
a la puerta exterior cuando escuchó que gritaron su nombre. Tan cerca,
pensó. Incluso tenía las llaves de su auto en su mano. Se dio la vuelta.

Nikki estaba en el vestíbulo, su pequeño cuerpo casi tragado por lo


que supuso que era una de las viejas sudaderas con capucha de Harvard
de Gabe.

—No te entretendré, porque sé que estás ocupado.

Dev esperó, sin tener idea de por qué Nikki quería hablar con él, ya
que generalmente salía de su camino para evitarlo.

Se arrastró hacia adelante y luego se detuvo.

—Solo quería agradecerte por asegurarte de que mi padre no esté


trabajando demasiado ahora, cubriendo tanto el día como turnos de
noche.

No tenía idea de qué decir, así que solo la miró.

—Sé que es un inconveniente. Quiero decir, tienes a Lucian allí


tratando de cocinar la cena con una Olla Instantánea. —En el lado de su
boca que no parecía magullado como el infierno apareció una pequeña
sonrisa—. Así que, sí, solo quería decir gracias.

¿Por qué demonios Nikki le estaba agradeciendo? Si hubiera tenido


a Sabrina bajo control, como había pensado que lo hacía, ella no estaría
parada allí viéndose como si hubiera tenido una pelea dedo a dedo en
una jaula y hubiera perdido. Realmente no tenía palabras.

La mirada de Nikki se alzó hacia la suya, y luego se tambaleó hacia


él. Dev se quedó inmóvil mientras ella envolvía sus brazos alrededor de
él. No fue un abrazo fuerte. La lastimaría demasiado hacer eso, pero fue
un abrazo, y Dev no podía recordar la última vez que había sido abrazado.
¿Posiblemente por su madre, Livie, después de la muerte de su madre?
Eso fue hace más de una década.

Nikki se echó hacia atrás y murmuró:

—Gracias.

Aún como una maldita estatua, se quedó allí y observó a Nikki


arrastrarse hacia la cocina. Un segundo después, vio a Gabe parado en
la puerta. El hijo de perra sonrió.

Dev necesitaba salir de esta casa, y lo hizo sin un segundo más


de vacilación.
Oliendo como si se hubiera bañado en azúcar moreno y extracto de
vainilla, Rosie miró el espacio en el pasillo, el área donde había estado la
alfombra, ahora cubierta con una lona azul con tachuelas.

Se estremeció como si alguien hubiera caminado sobre su tumba.


Mordiéndose el labio, miró al hombre que estaba a su lado. También la
estaba mirando y se imaginó que él estaba igual de afectado, si no más,
por eso.

Ahí fue donde Parker Harrington había muerto.

Podría haber sido donde Nikki habría muerto.

—Gracias —dijo Gabe, su voz áspera cuando su cabeza giró en su


dirección—. Por venir y hacer esto. Nic necesita algo de ropa, pero no
quiero elegir las cosas equivocadas.

—Está bien. Me alegro de poder ayudar.

Rosie se volvió hacia el pasillo. Gabe había llegado a Bombones de


Pradine esta mañana y le preguntó si podía ayudarlo a conseguir algo de
ropa para Nikki, así que, por supuesto, había aceptado. Sólo tuvo que
detenerse en la costurera que había estado trabajando en su disfraz para
la Mascarada y recoger su vestido primero, lo que había hecho, y ahora
estaba estirado en el asiento trasero de su auto protegido en una bolsa
de ropa.

—¿Se me permite caminar sobre la lona?

—Sí. La alfombra está levantada debajo, pero es seguro caminar.

Respirando hondo, avanzó con la vieja bolsa de fin de semana Vera


Bradley e intentó no pensar en el hecho de que probablemente estaba
caminando sobre sangre que se había secado hasta los subsuelos. Uno
pensaría que desde que investigaba fantasmas espeluznantes esto no la
asustaría.

Pero lo hacía.

—Trata de no pensar en eso —aconsejó Gabe, y Rosie se dio cuenta


de que el factor espeluznante debe haber estado escrito en toda su cara.

—Lo estoy intentando —dijo mientras caminaba de puntillas sobre la


lona—. Realmente no está funcionando.

Se apresuró a cruzar la lona y atravesó el corto pasillo. La puerta del


dormitorio quedó abierta, y cuando Rosie entró, se dio cuenta de que la
habitación seguía como Nikki la había dejado.
Las toallas estaban esparcidas por el suelo y la cama, y sabía por lo
que Nikki le había dicho que los había estado doblando cuando
apareció Parker. Una lámpara rota fue colocada en el tocador, la pantalla
arruinada.

—Estuve aquí, ¿sabes? —Rosie colocó la bolsa en la cama y la abrió.


Dirigiéndose a la cómoda, donde pensó que Nikki guardaba la mayor
parte de su ropa cómoda, se quitó un rizo de la cara—. ¿El viernes
pasado? La estaba ayudando a desempacar, y me hubiera quedado más
tarde, pero tenía esta cosa que tenía que hacer.

Gabe estaba callado desde donde esperaba en la puerta.

Caminando hacia la cómoda, se arrodilló y comenzó a abrir los


cajones. La suerte estaba de su lado, porque de inmediato encontró un
alijo de pantalones de chándal y polainas.

—Si me hubiera quedado, habría estado aquí. Podría haberlo, no sé…


—Agarró unos pantalones—. Tal vez si hubiera estado aquí, él no habría
tratado de lastimarla.

—No deberías ir por ese camino. —Gabe se apoyó contra el marco de


la puerta.

Al encontrar algunas camisas ligeras, las recogió.

—Es difícil no hacerlo.

—Si te hubieras quedado, él podría haberte atacado o algo peor.

Eso era cierto, pero en realidad no disminuyó la culpa. Llevó sus


hallazgos a la cama, colocándolos en la espaciosa bolsa.

—Debería haber estado aquí —dijo Gabe después de unos


momentos—. Si no hubiera hecho un lío con las cosas con Nic, habría
estado aquí. Nada de esto hubiera sucedido.

Rosie lo miró. Estaba mirando hacia adelante, pero se dio cuenta de


que no estaba viéndola. Estaba viendo lo que había sucedido aquí.

—Me dijiste que no fuera por ese camino, pero obviamente tú también
lo estás haciendo.

Su mirada se dirigió a ella.

—Es difícil no hacerlo.

Una leve sonrisa tiró de sus labios.


—Solo espero que pueda volver aquí y disfrutar esto. Ella estaba tan
emocionada por este lugar. No quiero que eso se arruine para ella.

—Yo tampoco.

—Entonces creo que nos aseguraremos de que no lo haga.

Gabe sonrió y asintió.

—Suena como un plan.

Pensando en lo que Devlin había dicho sobre lo que Gabe sentía por
Nikki, se preguntó si esto era algo de lo que Nikki no estaba al tanto
todavía. Probablemente no. Conociendo a Nikki, sería la última en
descubrirlo.

Rosie rápidamente recogió suficiente ropa para que le durara a Nikki


durante casi dos semanas, incluyendo ropa interior. Para cuando cerró
la bolsa, la cosa estaba estallando en las costuras y tenía que pesar una
tonelada.

—Lo tengo. —Gabe apareció a su lado cuando fue a levantar la bolsa.


Tomó la correa, enganchándola sobre su hombro como si no pesara nada.

Quitándose un rizo perdido de la cara, se apartó de la cama y se


enfrentó a Gabe.

—Me gustaría ver a Nikki. Sé que está en tu casa, y lo que sea, pero
realmente me gustaría poder visitarla.

—Creo que le gustaría verte. —Gabe se volvió hacia la puerta—. Eres


más que bienvenida a venir.

La sorpresa la atravesó. Esperaba tener una discusión masiva entre


manos, donde tendría que rogar y suplicar. Los De Vincent eran
notoriamente privados.

—¿De verdad?

—Sí. Creo que sería una agradable sorpresa para ella. —Él miró sobre
su hombro hacia ella—. Te ves sorprendida. ¿Creías que diría que no?

Rosie parpadeó lentamente.

—Lo siento. Supongo que sí.

Él levantó las cejas.

—¿Y por qué es eso?


—Bueno, tu hermano.... —Se quedó callada.

La comprensión cruzó por su rostro.

—¿Dev? No te preocupes por él. Es poco probable que esté allí.

Un extraño sentimiento giró en su interior, una mezcla de alivio y,


curiosamente, decepción. Nunca volver a ver a Devlin sería lo mejor, así
que no entendió la decepción en absoluto.

¿Pero a quién le importaba? Debido a los pasteles de la luna sagrada,


iba a ver a Nikki e iba a poner un pie en la mansión De Vincent, uno de
los lugares más embrujados.
Capítulo 8
Traducido por Vanemm08

Incluso si Rosie no estaba siguiendo a Gabe, habría sabido cómo


llegar a la finca De Vincent debido a toda la investigación que había
hecho. Mantuvo ese pedazo de conocimiento para sí misma ya que la
hacía sonar como una acosadora espeluznante y dudaba que Gabe
apreciara saber eso.

Ya se sentía como una acosadora, una barata, detrás del elegante


Porsche de Gabe en su Corolla. No tenía idea de qué tipo de Porsche
conducía el hombre, pero imaginó que le costaría más de lo que estaría
dispuesta a pagar por un auto.

Lance la llamó justo cuando desaceleraba y avanzaba hacia el camino


de acceso privado. Dejó que la llamada se enviara al correo de voz
mientras conducía por la sinuosa carretera llena de altos robles. El
pesado musgo español se aferró a los árboles, creando un dosel que casi
bloqueaba el sol de otoño. Era realmente hermoso y misterioso, y
sabiendo que estos árboles y el musgo habían estado aquí mucho antes
de que el hombre reclamara esta tierra tenía un efecto humillante.

Los árboles se despejaron y aparecieron colinas verdes. El camino


siguió por al menos otra milla. Finalmente se encontró con más árboles
bordeando la carretera. Rosie sintió que estaba conduciendo a otro
estado en ese momento, pero finalmente, una gran puerta adjunta a un
pequeño edificio que le recordaba a un puesto de control apareció a la
vista.

Cuando pasó por la puerta, finalmente vio la casa.

—Santa María, madre de Dios y bebé Jesús en todas partes —


susurró, agarrando el volante mientras se inclinaba hacia adelante en su
asiento.

No había fotos de la casa de los De Vincent en ninguna parte de


Internet, ni siquiera vistas aéreas, que parecían imposibles hoy en día,
pero era la verdad. Entonces, esta era la primera vez que veía el lugar.
¡Parecía tan grande como la Casa Blanca!

La parte central de la estructura tenía tres pisos de altura y cada lado


estaba flanqueado por adiciones más pequeñas que parecían ser dos
historias. Cada parte del compuesto estaba conectado por balcones y
pasarelas en cada nivel. Y mientras se acercaba, pudo ver a los fanáticos
agitándose desde los múltiples techos del balcón.

Gruesas columnas rodeaban el frente de la casa y continuaban a lo


largo de la estructura completa. Las persianas eran negras y grandes,
helechos espesos colgaban de las barandillas de hierro forjado en los
niveles superiores, y toda la casa estaba cubierta de viñas.

Eso no era normal, por decir lo menos.

Algunas de las casas más antiguas en el área tenían problemas con


las enredaderas agresivas y hiedra, ¿pero una casa como esta y cubierta
por completo? ¿Donde los dueños tenían los medios para mantener la
estructura clara?

Rosie necesitaba dejar de mirar la casa y prestar atención, porque


Gabe estaba dirigiéndose hacia el ala izquierda e iba a terminar
conduciendo derecho a través de la puerta principal.

Lo siguió hasta una estructura separada que rápidamente se dio


cuenta de que era un garaje: un garaje lo suficientemente grande como
para almacenar al menos diez autos. ¿Cuántos vehículos tenían estas
personas?

Gabe no se detuvo en una de las bahías, sino que se estacionó


enfrente, así que Rosie hizo lo mismo, deteniéndose a su lado. Cogió su
teléfono y lo metió en el bolsillo de sus jeans y su bolso del asiento
delantero, y luego salió.

Gabe ya la estaba esperando en el maletero de su Corolla, el fin de


semana bolso en mano y lentes de sol plateados protegiendo sus ojos. Él
se había echado el pelo hacia atrás los mechones oscuros asegurados en
la nuca.

—Sígueme.

Rosie se apresuró a alcanzarlo.

—¿Qué pasa con toda la hiedra?

—Sabes, esa es una buena pregunta. —Él atravesó el camino de


entrada y luego pisó la veranda al costado de la casa—. Viene de la rosa
jardín atrás y acaba de extenderse fuera de control. Lawrence, ¿nuestro
padre? Solía tener las viñas derribadas anualmente, pero siempre volvían
y rápidamente también. Extraño, ¿eh?

—Sí —dijo mientras miraba la vid verde que se arrastraba sobre las
paredes exteriores—. Eso es notablemente extraño.

Gabe sonrió cuando comenzó a subir las cubiertas escaleras


exteriores.

—A veces me pregunto si las viñas están tratando de asfixiar la casa.

Las cejas de Rosie se alzaron. Había ejemplos de anormalidades


vegetativas extrañas en sitios con alta actividad paranormal. El bosque
de Hoia Baciu vino a la mente, que presentaba un círculo inexplicable
donde no crecía ningún ser vivo y un montón de relatos de primera mano
de lo paranormal, pero nunca había visto algo así.

—Esta es mi entrada privada —explicó Gabe mientras rodeaba el


segundo piso aterrizaje—. Lucian ha terminado en el ala derecha por
ahora, pero se va a mudar, y Dev está allí arriba. —Levantó la barbilla.

Su estómago se hundió por alguna tonta razón ante la mención del


nombre de Devlin. Salieron al amplio porche del segundo piso. Lo siguió
alrededor de la esquina y luego vio cómodas sillas alineadas. Había un
libro cerrado, uno que parecía ser un viejo romance histórico basado en
el hermoso vestido del modelo de la portada. El libro descansaba sobre
una mesa auxiliar de mimbre. La hiedra había llegado a este nivel,
extendiéndose a lo largo de las paredes e incluso rizándose alrededor de
las patas de las sillas. Cuando miró por encima de la barandilla, no se
sorprendió al ver la hiedra cubriendo eso también. Abajo, había una
enorme piscina en forma de frijol y una...

—¿Es eso un avión? —preguntó ella.

Gabe se rió entre dientes cuando abrió la puerta.

—Es de Dev.

—¿Tiene un avión? —Se volvió hacia él—. ¿Por qué necesitaría un


avión?

—Viaja mucho por la empresa. Supongo que para él es más fácil tener
su propio jet —respondió—. Es útil cuando quieres ir a algún lado corto
plazo.

—Me imagino que sí.


En realidad, era una mentira. Rosie no podía imaginarse despertando
un día y decidir al azar ir a París o al Caribe, caminar afuera, y subir a
un jet privado. Su cerebro rechazó formalmente la noción y era una
persona bastante espontánea.

Pero no era una persona espontánea súper rica.

—¿Rosie? —La voz de Nikki flotó desde algún lugar en los recovecos
de la casa—. ¿Eres tú?

Gabe se hizo a un lado, permitiendo que Rosie entrara en lo que


definitivamente no era un dormitorio ordinario en una casa. Era un
departamento.

Un apartamento del triple del de ella.

Sintiéndose fuera de su elemento, su mirada se dirigió a Nikki.

—¿Sorpresa?

—¿Qué estás haciendo aquí? —Nikki se arrastró hacia ella.

—Ayudé a Gabe a conseguir algo de ropa para ti. —Rosie dejó caer su
bolso sobre una silla cerca de la puerta. Encontró a Nikki a medio
camino, juntando sus frías manos con las suyas—. Quise verte y él dijo
que podía venir.

—¿En serio? —Nikki abrió ampliamente su ojo bueno hacia Gabe.

—No vi ningún problema con eso —respondió él—. Voy a llevar esto a
la habitación.

Ella lo miró por un momento y luego se centró en Rosie.

—Me alegra verte. Solo estoy sorprendida. A ellos no les gusta mucho
tener gente aquí.

—¿Te sorprendiste? —Rosie soltó una risita—. Estaba preparada para


rogar y suplicar venir a verte, incluso mantener tu ropa como rehén, pero
no tuve que discutir en absoluto.

—Eso es... Guau. Está bien. —Miró en la dirección en que Gabe


desapareció—. ¿Siéntate? —No esperó a que Rosie respondiera,
llevándola a un sofá—. Solo desperté de una siesta, así que este fue el
momento perfecto.

—Te ves mucho mejor.

—Eres una mentirosa, pero gracias.


Eso no era del todo falso. Algo de la hinchazón había disminuido y su
ojo derecho estaba un poco abierto, pero sí, todavía se veía bastante
terrible.

—¿Cómo te sientes?

—Mucho mejor. Estoy adolorida, pero estoy viva.

Rosie miró hacia el pasillo y cuando habló, mantuvo la voz baja:

—¿Cómo va todo con Gabe?

—Bien, supongo. —Nikki se recostó en los gruesos cojines—. Quiero


decir, nosotros no hemos hablado de nada, pero él...

—¿Él te ha establecido aquí, en el complejo De Vincent, me buscó


para asegurarse de tener las cosas correctas para ti y que incluso me
permitiera visitarte? —susurró Rosie, recordando lo que Devlin le había
dicho—. Y su her...

—¿Quieres algo de beber? —gritó Gabe desde el pasillo.

Los hombros de Rosie se desplomaron.

—Te diré después.

Nikki la estudió.

—Bueno.

Justo en ese momento, apareció Gabe y luego decidió que ambos


necesitaban un vaso de té dulce. Era extraño, estar sentada en la casa
De Vincent, que le sirvan té helado dulce por un De Vincent. Era tan
surrealista que ni siquiera había pensado en sacar la grabadora de Voz
Electrónica de Fenómenos que siempre llevaba consigo.

Nikki debe haber estado leyendo su mente, porque dijo:

—Me sorprende que no tengas uno de esos medidores electrónicos y


estés tomando lecturas.

—¿Un qué? —preguntó Gabe, sentándose en un taburete que daba a


isla de la cocina.

—Un medidor MEF. Detecta objetos cargados eléctricamente, como


líneas eléctricas y fantasmas.

—¿Fantasmas? —repitió él.


—Sip. Mira, se cree que cuando hay espíritus alrededor, emiten carga
en el aire, y un medidor MEF lo detectará.

Nikki asintió con la cabeza.

—De hecho, la he visto usar uno y estalló en medio de la nada, donde


no había líneas eléctricas o electricidad cerca.

Estaba hablando de ese viejo cementerio cerca de Tuscaloosa, donde


había conocido a Nikki en la Universidad de Alabama.

—No tengo un medidor MEF conmigo, pero tengo la grabadora VEF.

El interés llenó la expresión de Gabe mientras enganchaba sus pies


en el peldaño inferior del taburete. Entonces se dio cuenta de que se
había quitado los zapatos.

—¿Y qué hace eso?

Sonriendo, miró a Nikki y vio que su expresión se había suavizado


mientras miraba a través de la habitación a Gabe.

—Entonces, VEF significa voz electrónica de fenómenos. La grabadora


puede captar voces intencionales, voces que escuchas con tus propios
dos oídos, y capta voces que no puedes escuchar. A menudo levanta solo
palabras o frases cortas, pero si tienes un lugar con muchos VEF,
entonces quieres traer una caja de espíritus.

Gabe bajó su vaso de té.

—¿Como una tabla Ouija?

—Diablos, no, no me meto con esa mierda. —Rosie se adelantó—. Los


espíritus a veces necesitan energía para comunicarse y hay evidencia de
que el ruido blanco en las frecuencias de radio puede proporcionar la
energía necesaria. Una caja de espíritus provee esa energía.

—¿Por qué no usas una tabla Ouija? —preguntó Gabe, y no había


una onza de juicio en su tono. Solo honesta curiosidad—. Supuse que los
cazadores de fantasmas estarían en todo en eso.

—Solo los cazadores de fantasmas a quienes no les importa qué


puerta puedan estar abriendo o quién pueden estar contactando —dijo
Rosie, pensando en lo que sucedió con Sarah. A veces ser un médium era
como ser un tablero de Quija vivo y que respiraba—. Y sin mencionar que
mi madre me golpearía la próxima semana si sabía que estaba jugando
con esas cosas—. Hizo una pausa, mirando a Nikki. —Podría sacar la
grabadora VEF y ver si atrapamos...
—No. De ninguna manera. —Gabe levantó una mano—. No quiero
saber qué fantasmas pueden o no pueden estar hablando. Prefiero
simplemente fingir que todo sobre esta casa es completamente normal.

—Gabe y sus hermanos tienen esta notable habilidad para explicar


todo lo que ven o escuchan aquí —intervino Nikki.

—¿Como tú no? —Gabe se rió mientras Nikki resoplaba.

La emoción llenó a Rosie. Gabe parecía más abierto a las cosas


sobrenaturales. Tal vez podía contarle sobre la posibilidad de que su
padre había aparecido. Al menos lo sacaría de su conciencia.

—Y qué…

—Uh-oh —murmuró Nikki, su rostro se volvió hacia las puertas de


cristal del balcón.

Rosie siguió su mirada y su estómago saltó a su garganta. Cada célula


en su cuerpo pareció congelarse mientras veía a Devlin De Vincent abrir
la puerta del balcón y entrar en la sala de estar de Gabe.

Contra su voluntad, su mirada vagó por él. Pantalón oscuro ajustado.


Camisa blanca a medida que mostraba sus hombros y su amplio pecho.
Su cabello oscuro estaba perfectamente peinado como antes, ni un solo
hilo fuera de lugar, y no había incluso una sombra de rastrojo en su
suave mandíbula.

Eso no parecía posible.

—Alguien no sabe tocar —murmuró Gabe.

Devlin no pareció escuchar a su hermano ni se dio cuenta de que


había alguien más en la habitación, porque esos deslumbrantes y claros
ojos verde mar estaban clavados en ella. Se detuvo justo dentro de la sala,
dejando la puerta abierta detrás de él.

—¿Que está haciendo ella aquí?

La columna vertebral de Rosie se puso rígida como si se vertiera acero


caliente sobre ella y dejó de mirarlo en ese mismo momento. Él dijo ella
como si fuera una especie de enfermedad venérea, y eso fue, bueno,
malditamente insultante.

—Estoy aquí para romper la mierda y levantar un infierno sagrado.

Nikki se atragantó con lo que sonó como una risa.

Devlin la miró con su hermoso rostro frío y soso.


—Estoy visitando a mi amiga. —Rosie puso los ojos en blanco—. Eso
es todo.

—¿En serio? —comentó él.

—Uh. ¿Sí? —respondió ella.

—Hola, Dev. —Gabe levantó su vaso en su dirección—. No sabes esto,


Rosie, pero Dev tiene una habilidad sobrenatural de saber cuándo
alguien que no es la familia está en la casa. —Hizo una pausa—. Es un
poco extraño.

—Aunque tener una habilidad sobrenatural suena interesante, no es


así como supe que había alguien aquí. —Devlin no quitó los ojos de ella—
. Su auto estaba estacionado en mi espacio.

—¿Tienes estacionamiento asignado? —Rosie sintió una risa


burbujeando en su garganta—. ¿En tu propia casa?

Los ojos de él se estrecharon ligeramente.

—Le gusta que las cosas estén organizadas —respondió Gabe—. Para
todo, incluso su auto, tener un lugar, su lugar.

—Puedo responder por mí mismo —dijo Devlin secamente, y


finalmente se centró en su hermano, y ella sintió que podía respirar por
completo—. Pero gracias por hablar por mí.

—De nada. —Gabe tomó un trago.

Dev miró a su hermano y luego esa mirada profana e intensa volvió a


Rosie.

—Pero no estás estacionado en mi lugar. En realidad estás


bloqueando el acceso a mi lugar en mi garaje.

Ella lo miró fijamente, atrapada por un momento, preguntándose si


realmente estaba hablando en serio.

—¿Quieres que mueva mi auto?

—Hubiera sido amable de tu parte sugerirlo cuando mencioné por


primera vez que tu auto estaba en mi lugar —dijo, con tono aburrido.

Nikki se puso rígida a su lado mientras Gabe suspiró.

—No tienes que mover tu auto —dijo—. Dev está bien.


La mirada de Devlin todavía sostenía la suya y había un desafío en
esa mirada.

Tragando un bocado de palabras que probablemente la echarían de


la casa para siempre, se puso de pie.

—¿Sabes qué? Voy a mover mi auto.

—Rosie —comenzó a decir Nikki.

—No, está bien. —Rosie le sonrió a su amiga y luego se giró hacia


Devlin, manteniendo dicha sonrisa súper grande plasmada en su rostro
mientras miraba furiosamente él—. Estoy más que feliz de sacar mi auto
del camino para él. Después de todo, no querría que él se estrese por eso.

—No estoy estresado por eso. —Un ligero ceño frunció sus labios
cuando se volvió, viéndola caminar hacia su bolso.

—Oh, discrepo. —Buscando en su bolso, sacó sus llaves—. Parece


que vas a tener un paro cardiaco por un problema con tu espacio de
estacionamiento y no quisiera ser la causa de eso.

Hubo otro sonido ahogado, pero esta vez sonó como si viniera de
Gabe. Con las llaves en la mano, se volvió hacia ellos.

—Ya vuelvo.

—Está bien —murmuró Nikki.

Moviéndose hacia las puertas —las puertas que Devlin bloqueaba—


se detuvo y alzo la mirada hacia él.

—¿Con permiso?

Él se quedó quieto por un momento y luego, lenta y decididamente,


se hizo a un lado.

—Gracias, amigo.

Pasando junto a él, le dio unas palmaditas en el brazo y luego acechó


a la derecha por las puertas. Las nubes se habían movido y el aroma de
la lluvia estaba en el aire. Una tormenta venía, tanto literal como
figurativamente.

Porque, por supuesto, Devlin estaba justo detrás de ella. Ella lo miró
por encima del hombro.

—¿Me estás siguiendo para asegurarte de que mueva mi auto?


Él arqueó una ceja.

—No te estoy siguiendo.

—Seguro que parece que estás haciendo eso. —Mirando hacia otro
lado, siguió caminando—. ¿O te preocupa que pueda dañar tu propiedad?

—¿Debería estar preocupado? —Él la alcanzó a su lado,


manteniéndose fácilmente con su rápido ritmo que estaba cerca de
dejarla sin aliento.

Rosie volvió a poner los ojos en blanco cuando llegó a la escalera y


comenzó a bajar por la escalera.

—Sí. Muy preocupado. Soy una mala ma... —Llegó al final del balcón
y pudo ver el enorme garaje de abajo, y el vehículo que no había estado
allí cuando llegó. Su boca se abrió—. ¿Una camioneta?

Devlin se detuvo a su lado.

—Eso es lo que parece ser.

Algo atónita, todo lo que pudo hacer fue mirar. Estacionado al otro
lado de su Corolla había una... camioneta. Solo una camioneta ordinaria.
Parecía un Ford. No particularmente uno más nuevo tampoco. Era negra
y tenía lodo seco y salpicado a lo largo de las ruedas. No era un Porsche.
O un jaguar. O un Benz. O cualquier otra cantidad de autos de lujo que
costaba el precio de una casa.

Este hombre era dueño de un jet privado, ¿pero manejaba una


camioneta?

—¿Hay algo malo con una camioneta? —preguntó él.

Ella parpadeó y negó con la cabeza. No tenía nada de malo, pero fue
inesperado. Lo que sea. Su elección, no importaba cuán sorprendente
era, no importaba. Se volvió y caminó hacia la escalera.

—No te estoy siguiendo, por cierto —dijo él—. Después de que muevas
tu auto, tendré que mover el mío.

Oh bueno, eso tenía sentido…

Jadeó cuando Dev de repente se movió. Un segundo estaba a su lado,


y luego, estaba bloqueando las escaleras que seguían. Ella se aferró a la
barandilla cubierta de enredaderas.

—¿Cómo se supone que mueva mi auto si estás bloqueando la


escalera? ¿O esperas que pasee por tu casa para bajar?
A pesar de que él estaba dos pasos enteros debajo de ella, estaba a la
altura de ella.

—¿Sueles recorrer casas?

—Diario. Así es como hago mi entrenamiento.

—Eso debe ser interesante de ver.

—Definitivamente lo es.

Él se inclinó de repente y Rosie contuvo el aliento sin estar preparada


para él estando tan cerca de ella. Inmediatamente pensó en el sábado por
la mañana. Él. Ella. Sus cuerpos presionados uno contra el otro. ¿Estaba
pensando él en eso también?

Las pestañas oscuras de Devlin se alzaron.

—Hueles a…

—Si dices algo ignorante, te voy a empujar por estas escaleras.

El azul de sus ojos pareció profundizarse.

—Eso no sería muy agradable, Rosie.

Se le cortó la respiración, porque estaba bastante segura de que fue


la primera vez que dijo su nombre, y con esa voz profunda y ligeramente
acentuada de la suya, envió una emoción no deseada a través de ella.

—Pero lo que iba a decir antes de ser tan groseramente interrumpido


—continuó Devlin—, hueles a vainilla y… —Se quedó callado como si no
pudiera ubicar cómo olía ella.

Rosie suspiró.

—Azúcar. Azúcar morena para ser exactos. Trabajo en Bombones de


Pradine y fui directamente desde allí a la casa de Nikki para conseguirle
ropa nueva. Probablemente nunca has oído hablar del lugar...

—Lo he hecho. Tienen bombones increíbles. —Inclinó la cabeza hacia


un lado—. No sabía que trabajabas allí.

—Es propiedad de familia desde el principio y mis padres ahora lo


dirigen —dijo, notando el parpadeo de sorpresa en sus ojos—. No puedo
imaginarte comiendo bombones.

—¿No puedes? —Una ceja se levantó.


—Sí, te imagino comiendo verduras crudas, un montón de filete
cortado con grasa, y remolachas.

—¿Remolachas?

Ella asintió.

—¿No es eso lo que las personas comen cuando están en un estado


permanente de estreñimiento?

Sus ojos se abrieron y su boca se relajó.

—¿Acabas de sugerir que estaba estreñido?

—Eso explicaría la actitud, ¿no?

—Entonces, ¿qué explicaría la tuya?

—La mía no tiene nada que ver con lo que como, pero está afectada
por quién está a mí alrededor, Dev.

Él subió un escalón y la acechó mientras la miraba fijamente.

—Nadie más que mis hermanos me llaman Dev.

—¿Oh, lo siento? ¿Necesito permiso para llamarte una versión


abreviada de tu nombre?

—Deberías. Después de todo, eso es lo apropiado.

Rosie no pudo evitarlo. Puso los ojos en blanco tan atrás que
probablemente se hubieran quedado atascados.

—¿Cuánto te gustaría si te llamara Rose?

—Ese es en realidad un apodo bonito y no me importaría —respondió


ella—. Rosa tendría más sentido ya que mi primer nombre es Rosalynn.

—¿Rosalynn? Tan sureño —murmuró de una manera que la irritó.

—Está bien, no te llamaré Dev, Dev.

—Lo acabas de hacer —dijo secamente.

—¿Qué tal si te llamo Gilipollas, entonces? Eso suena apropiado.

—Ya hiciste eso.

—Entonces es perfecto. Yo solo... —Su teléfono de repente sonó en su


bolsillo. Lo sacó y vio que Lance volvía a llamar—. Disculpa. —Sostuvo
en alto su mano, silenciando a Dev mientras contestaba su teléfono—.
¿Hola?

Dev la miró fijamente, no… la miró boquiabierto.

Ella sonrió con suficiencia cuando Lance le dijo al oído:

—Te he estado llamando toda la tarde. ¿Qué demonios has estado


haciendo? Tengo noticias sobre el caso Mendez.

—Lo siento. Lo sé. He estado muy ocupada hoy y no es un buen


momento.

—¿Pasa algo malo? —preguntó Lance, preocupación en su tono.

—Si no es un buen momento, ¿por qué contestaste el teléfono? —


preguntó Devlin.

—¿Es esa la voz de un hombre? —preguntó Lance mientras Rosie


hacía callar a Devlin.

—¿Me acabas de callar? —exigieron ambos al mismo tiempo.

Rosie apretó su teléfono.

—No te hice callar, Lance. Nunca te callaría. Mira, ¿puedo llamarte


en un momento? Estoy en medio de una discusión muy importante con
Devlin De Vincent sobre si puedo llamarlo Gilipollas en lugar de Dev.

La boca de Devlin se abrió, y por un momento pensó que iba a caerse


hacia atrás. La conmoción que se derramó en su expresión fue la primera
reacción real que vio de él.

—Devlin De Vincent… ¿el Devlin De Vincent? —Lance sonaba como


si pudiera caerse también.

—Sí. —Se encontró con la mirada atónita de Devlin—. El Devlin De


Vincent. ¿Así que puedo por favor devolverte la llamada? Como imagino
la mayoría de las cosas con él, no creo que esto vaya a tomar mucho
tiempo.

Devlin cerró la boca de golpe.

—Oh, sí. Llámame tan pronto como puedas —murmuró Lance,


sonando confundido.

—Gracias, cariño. —Rosie terminó la llamada y deslizó el teléfono en


su bolsillo—. ¿Todavía estás aquí? Esperaba que siguieras y bajaras.
—¿Quién era ese? —demandó él.

—El Papa. ¿Por favor, puedes alejarte del camino para que pueda
mover mi auto antes de que tu preciosa camioneta reciba una gota de
lluvia, aunque parece que podría usar un baño?

—No —dijo.

—¿No?

—No —repitió, y luego se acercó.

No estaban tan cerca como lo habían estado el sábado, pero ella


podía ver las motas de verde en sus ojos azules. Lo suficientemente cerca
que si respirara lo suficiente, su pecho rozaría el suyo, y sabía que sería
malo, porque tan terrible como era, su cuerpo quería esa cercanía. Su
cerebro, sin embargo, no estaba a bordo con su cuerpo. Su cerebro estaba
considerando seriamente las consecuencias de empujarlo ligeramente por
las escaleras.

—Quiero que escuches todo lo que digo, porque nunca lo repetiré —


dijo él, su voz tan baja, tan suave que apenas podía escucharlo—. No
debería tener que explicar lo increíblemente grosero que es contestar el
teléfono en medio de una conversación, una en la que insultas a la otra
persona, pero entonces, ¿callarme? Incluso cuando era niño, no me
callaron.

Su ritmo cardíaco se triplicó.

—¿Supongo que hay un primero para todo?

—No estás escuchando. Si lo estuvieras, no estarías hablando.

Rosie entrecerró los ojos.

—Estoy escuchando.

—Bien. El silencio debe ser algo nuevo para ti —continuó él, y


cuando ella abrió su boca, él colocó su dedo sobre sus labios. Tan
sorprendida por el contacto, fue efectivamente silenciada—. No he
terminado, Rosalynn.

Oh Dios.

Su pulgar se curvó debajo de su barbilla y su toque fue extrañamente


gentil en comparación con la línea dura de su mandíbula. Luego bajó la
cabeza, trayendo su boca a una pulgada de la suya.

Dios mío, ¿iba a besarla?


Eso sería un giro brusco en los eventos, tan fuerte que se quedó allí
parada mientras el rubor se extendió y una pesadez aguda se instaló en
sus senos y fluyó hacia abajo a su estómago y más bajo, mucho más
bajo.

Espera. Malo Rosie Malo. Malo. Malo.

No quería que él la besara. ¡Era un gilipollas imbécil de la orden más


alta!

Pero sip, sus pezones estaban duros, y sip, algo estaba mal con ella,
y no, él no la besó.

—Ser callado fue lo primero para mí y será lo último —dijo,


definitivamente no besándola—. ¿Pero lo más importante? ¿La
insinuación que hiciste por teléfono sobre la mayoría de las cosas que no
duran mucho conmigo? Te puedo asegurar que ese no es el caso. —Su
dedo se deslizó sobre sus labios, provocando un jadeo—. Eso lleva más
tiempo de lo que apuesto a que puedes durar tú y me estarías rogando
que pare mientras me suplicas que siga todo el tiempo. Te puedo asegurar
que nadie jamás te follaría más tiempo o más duro.

Oh.

Dios.

Mío.

Rosie estaba realmente sin palabras. Totalmente conmocionada con


un silencio real y honesto mientras su cuerpo y mente entablaban una
guerra entre ellos. Su mente le decía que se ofendiera, como patearlo en
las bolas ofendido, y su cuerpo se había licuado cuando la lava fundida
barrió sus venas, dando vida a un fuego, una necesidad que nunca antes
había experimentado, ni siquiera con Ian.

Devlin arrastró su dedo sobre su labio inferior, tirando de él antes


bajando la mano.

—Pero eso, querida, es algo que nunca tendrás el honor de


experimentar conmigo, porque la mera idea de mí incluso pensando en
follarte es ridículo.

Sus palabras fueron como tener un cubo de agua fría sobre su


cabeza. El fuego se apagó en un instante. Lo que dijo... eso fue, guau…
nunca en su vida alguien le había hablado así alguna vez. Nunca. Un
horrible nudo desordenado de emoción se apretó en su garganta. Sus
palabras picaron más de lo que deberían, probablemente porque se
estaba acercando a esa época del mes y estaba demasiado emocional.

Sosteniendo su mirada con los ojos muy abiertos, él se volvió y se


hizo a un lado.

—Ahora puedes ir a mover tu auto.

Mil réplicas se elevaron hasta la punta de su lengua. Podría


ensombrecerlo hasta el punto de eclipsarlo por la sombra que podría
arrojar en su dirección, pero él… no valía la pena. No valía ni un segundo
de su sarcasmo o su tiempo.

No valía nada para ella.

Pero eso no significaba que no se lo iba a devolver, porque no era el


tipo de mujer que dejaba a un hombre quedarse allí y hablarle así.

Empujando el nudo en su garganta, sostuvo su mirada a pesar de


que sus ojos quemaban.

—Creo que hablaste mal. Creo que quisiste decir que follarme es un
honor que sabes que nunca serías digno y es por eso que nunca pasará,
Dev.

Algo parpadeó en su rostro que se pareció mucho al respeto… respeto


reacio, pero no le importaba una jodida voladora chupacabra lo que
Devlin De Vincent pensó o sintió.

Pasando junto a él, bajó las escaleras sin mirar atrás y sin decir otra
palabra.

Ella era muchas cosas. Un poco por ahí. Definitivamente rara. A


veces irresponsable y probablemente bebía demasiado vino y comía
demasiados dulces, pero nunca había sido un felpudo para que ningún
hombre se limpiara los pies, y seguro como el infierno no iba a ser uno
ahora.
Capítulo 9
Traducido por Vanemm08

—¿Qué demonios estabas haciendo con un De Vincent? —Esa fue la


primera pregunta que hizo Lance cuando Rosie se encontró con él en casa
de Jilly. Había estado sentado en el porche, esperándola.

Lance era un par de años más joven, y con la cabeza llena de cabello
castaño rojizo y grandes ojos marrones, tenía una cara perpetua de bebé.
El hombre probablemente se vería como si tuviera veintitantos años,
incluso cuando estuviera en sus cuarenta y realmente era un buen tipo.

Un buen hombre que había tenido una mala racha después de


regresar a casa de una gira en Afganistán. No era un tema del que
hablaba a menudo, pero Rosie sabía que había hecho algo similar a la
medicina de emergencia cuando estuvo en el ejército. Conociendo eso,
pensó que el hombre había visto cosas que ningún humano debería ser
testigo.

Al parecer, su novia de varios años se había involucrado con alguien


más sin decirle. No había sido exactamente fácil para él adaptarse a la
vida de los civiles y encontrar un trabajo había sido aún más difícil.
Combinado con todo lo que había experimentado en el extranjero y la
vida que parecía haber avanzado sin él una vez que regresó a casa, al
principio tuvo dificultades para hacer las cosas.

Pero Lance era la prueba de la resistencia humana. Fue derribado


varias veces, pero se levantó y estaba allí.

Rosie cambió la correa de su bolso mientras subía lentamente los


escalones.

—Recuerdas a Nikki, ¿verdad? ¿Mi amiga de la universidad de


Alabama? Está saliendo con uno de los hermanos, Gabriel. Estaba en su
casa y yo la estaba visitando —dijo, dejando de lado la mayoría de los
detalles ya que no se sabía ampliamente que Nikki había estado
involucrada en lo que pasó con Parker. No es que no confiara en Lance.
Lo que sucedió no era su historia para contar—. Y Devlin estaba allí. Él
es un poco… gilipollas, así que estaba discutiendo con él.
Las cejas marrón rojizas de Lance se alzaron.

—Bueno. Primero, no puedo creer que estuvieras en la casa De


Vincent y, en segundo lugar, discutías con Devlin De Vincent.

Rosie se encogió de hombros como si no le importara, pero se sintió


forzada. Tan estúpido como sonaba porque Devlin era un extraño virtual
para ella, pero le importaba, porque no podría entender cómo o por qué
alguien sería tan imbécil sin una buena razón. Claro, no fue
particularmente amable con él cuando vino a su apartamento, pero había
actuado como si no hubiera sabido quién era y había sido grosero en el
momento en que entró por su puerta. El hombre que había conocido en
el cementerio, mientras distante, había sido educado. Ese no era el Devlin
que ahora había visto dos veces.

Era como si el hombre quisiera que la gente lo odiara.

—Créelo —dijo, dejando a un lado los pensamientos de Devlin


mientras la correa de su bolso comenzó a deslizarse por su brazo otra
vez.

—¿Cómo era la casa? —preguntó él, y Rosie sabía por qué estaba
preguntando. Al igual que ella, Lance sabía todo sobre las leyendas y los
rumores que rodeaban la casa De Vincent.

—No pude ver mucho de eso, pero había algo muy extraño. —Le contó
sobre la hiedra que crecía en todas partes—. Nunca he visto algo así en
mi vida.

—¿Por todo lado? —El interés llenó sus ojos marrones.

—En todo el exterior —confirmó.

—Diablos, eso es una locura. —Lance se rascó los dedos a través de


su desordenado y rizado cabello—. Entonces, ¿crees que puedes darnos
acceso a la casa? ¿O Nikki podría?

Rosie soltó una breve carcajada.

—Sí, eso no va a suceder.

—¿Por qué no? —Él frunció el ceño.

Cogió el bolso antes de que se le escapara del brazo. Jesús, odiaba


este bolso con sus tirantes cortos, pero maldita sea, la tela de retazos era
tan linda.
—Además del hecho de que los De Vincent son notoriamente
privados, estoy bastante segura de que Devlin me detesta.

—¿Te detesta? ¿Cómo diablos alguien podría odiarte? —Se levantó


cuando ella llegó al escalón superior y le pasó el brazo por los hombros—
. Eres jodidamente increíble.

Rosie se rio suavemente.

—Lo sé. —No quería pasar otro momento pensando en Devlin—.


Entonces, ¿cuál es la actualización con la familia Mendez?

Deslizando su brazo sobre sus hombros, él le abrió la puerta.

—Dejaré que Jilly te dé los detalles.

Jilly estaba en la estrecha sala de estar, hablando por teléfono con su


novia por el sonido del silencioso argumento unilateral y su rápido paseo
frente a la torre inclinada de libros. Esas dos discutían sobre todo, desde
lo que iban a cenar hasta si un encantamiento residual contaba como un
verdadero encantamiento o no, y lo único en lo que ambas estaban de
acuerdo era en el hecho de que no había nadie más para ellas. Eran
completamente opuestas, por la forma en que se veían y vestían, todo
hasta Jilly siendo vegetariana y Liz considerándose una conocedora de
carne.

Pero Rosie dudaba que conociera a dos personas que se amaran más
que ellas.

Se dejó caer en el viejo sillón cuando Jilly se volvió, levantando su


mano libre.

—Sabes que te amo, cariño, pero tengo que colgar el teléfono. Rosie y
Lance están aquí… sí. —Jilly puso los ojos en blanco—. Liz dice hola.

—Hola —respondió Rosie, sonriendo a Lance—. ¿Está trabajando?

—Sí. Estará aquí pronto. ¿Qué? —Jilly se dio la vuelta y levantó la


copa de vino—. Liz estará aquí en cuarenta minutos. Estoy colgando. —
Hubo una pausa, y su rostro se suavizó—. Sabes que te extraño. Siempre
te extraño, ahora cállate y vuelve al trabajo para que puedas salir a
tiempo por una vez. ¿Quieren algo de beber? ¿No? Perfecto. —Jilly arrojó
su teléfono en el sofá, donde rebotó en un suave tiro de felpa—. Me alegro
de ver que sigues viva, Rosie.

Rosie arqueó una ceja.

—¿Pierdo algunas llamadas telefónicas y suponen que estoy muerta?


—Es Nueva Orleans. —Se colocó hebras cortas y oscuras detrás de la
oreja—. Cualquier cosa es posible.

—Eso es un poco exagerado —comentó Rosie.

—Voy a tener que estar de acuerdo con Rosie en eso. —Lance se sentó
en el brazo de su silla.

—Por supuesto que sí. La amas. —Jilly sonrió dulcemente.

Rosie se puso rígida mientras Lance le mostraba el dedo medio en


forma vulgar.

Jilly lo ignoró.

—De todos modos, hablé con Preston Mendez, y como nos pidió,
todavía no le he mostrado a su esposa lo que capturamos en la cámara.

Preston había querido examinar todo lo que captamos en la película


antes de que se lo mostrara su esposa y su equipo habían respetado eso
a pesar de que Rosie sentía que Maureen debería saber. Entendió que no
quería molestar a su esposa, pero eventualmente tendría que ver la
película.

—No hace falta decir que estaba bastante perturbado por lo que se
vio en la película el sábado en la noche —continuó, tomando un trago de
su vino—. No escuchó el golpe, pero se despertó cuando el bebé comenzó
a llorar.

—¿Nos va a dejar pasar la noche allí? —preguntó Lance.

Jilly sacudió la cabeza.

—Todavía lo está hablando con su esposa, pero creo que nos van a
dejar. Solo le he explicado cien millones de veces por qué podríamos
obtener más evidencia si pudiéramos pasar una noche.

—Mientras tanto, al menos debería dejarnos instalar un par de


grabadoras VEF en la casa —sugirió Rosie.

—Estoy de acuerdo. Pero las personas son raras cuando se trata de


saber que hay algo en su casa grabando sus conversaciones. Lo sabes.
—Jilly se sentó en el sofá—. Pero chicos, es hora de que les diga algo
realmente extraño. Algo que he descubierto mientras hablaba con
Preston antes, y es una extraña coincidencia o es el destino.

Rosie miró a Lance.

—¿Tienes alguna idea de lo que está hablando?


—Realmente no.

—Él no lo sabe, pero cuando vino antes, me dijo que cuando habló
conmigo por teléfono, tú estabas con un De Vincent. ¿Es eso cierto? —
Jilly estaba prácticamente temblando de emoción o había bebido una de
esas bebidas energéticas de cinco horas otra vez.

Las cejas de Rosie se fruncieron mientras exhalaba pesadamente. La


última persona de la que quería pensar o hablar era un De Vincent.

—Sí, lo estaba, ¿pero qué tiene que ver eso con cualquier cosa?

Jilly se echó a reír.

—Aquí es donde las cosas se vuelven súper coincidentes o se ponen


realmente extrañas. Como saben, los Mendez no tuvieron ninguna
actividad en su hogar hasta que trajeron al bebé a casa. Por supuesto,
asumimos que esa era la causa de la actividad.

Rosie asintió lentamente.

—Sí…

—Pero acabo de descubrir, que al mismo tiempo que presentaron al


bebé a su casa, la casa de al lado, que había estado vacía, fue vendida a
una encantadora pareja joven.

Rosie realmente no tenía idea de a dónde iba Jilly con esto, y se


preguntó si había fumado algo de marihuana antes de que vinieran.

—La casa de al lado finalmente fue objeto de una amplia renovación


que ha durado meses y todavía se está renovando actualmente —explicó
Jilly, inclinándoles su copa de vino antes de colocarla en la mesa de
café—. ¿Y cuál es la cosa número uno que despierta fantasmas?

—¿Renovaciones? —respondió Lance.

Jilly aplaudió.

—¡Correcto!

Sentada hacia adelante, Rosie cruzó una pierna sobre la otra.

—Bueno. Ha habido casos de renovaciones en una casa que


estimulan la actividad en otra casa. Y si ese es el caso, entonces esas son
buenas noticias para la familia. Por lo general, la actividad hierve a fuego
lento una vez que las renovaciones están hechas.

—O el espíritu regresará a la casa de donde se originó —agregó Lance.


—De cualquier manera, ¿qué tiene esto que ver con los De Vincent?
—preguntó Rosie.

—Porque, ¿quién crees que compró la casa de al lado de la familia


Mendez? —Jilly se mordió el labio mientras miraba a los dos—. Lucian
De Vincent.

La mandíbula de Rosie cayó abierta.

—¿Qué? —Lance se puso rígido.

Jilly asintió con la cabeza.

—Sip. Preston lo conoció el fin de semana. Sucede que estaba afuera


en el patio mientras Lucian y su novia estaban allí revisando las
renovaciones. Ahora, dime, ¿es solo una bizarra coincidencia que alguien
quien simplemente vive en una de las más frecuentadas casas
embrujadas en todos los Estados Unidos se mudara a la casa de al lado
de la familia que informó de una extraña actividad en su casa más o
menos al mismo tiempo?

Rosie no tenía palabras.

—Los fantasmas a veces pueden seguir a las personas, ya sabes, la


persona en sí está embrujada frente a la casa o propiedad, pero... —Lance
arrastró su mano por su cabello—. Pero hombre, qué mundo tan
pequeño.

Jilly sonrió mientras levantaba las cejas hacia Rosie.

—Entonces, ya que aparentemente ahora eres la mejor amiga por


siempre con un De Vincent —dijo Jilly, y Rosie abrió boca para corregir
esa suposición horriblemente equivocada, pero ella siguió hablando—,
necesitas llevarnos a la casa de al lado de los Mendez.

Rosie salió de su estupor.

—Sí, eso no va a suceder.

Frente a ella, Jilly encontró su mirada y su sonrisa se volvió


francamente demoníaca.

—Estoy dispuesta a apostar todo mi set de primera edición firmado


de la serie Crepúsculo que sucederá.
—Eres un imbécil, ¿lo sabes?

Dev levantó la mirada del brillo de su computadora hacia donde


estaba parado Gabe. Era tarde, malditamente cerca de la medianoche, y
las columnas de números —depósitos de bancos en China, Rusia y
Uzbekistán— le estaban causando un dolor de cabeza. Depósitos de
bancos en países donde Dev sabía muy bien que no hicieron los negocios
suficientes para garantizar depósitos de siete cifras.

A los contadores forenses les había llevado meses eliminar capas


falsas de cuentas y números de transferencia y toda la información falsa
proporcionada por algunos de los abogados y asesores financieros de
Lawrence, luego averiguar dónde se habían originado los depósitos, y
estos bancos estaban confirmando las peores sospechas de Dev.

Entonces, en este momento, realmente no tenía paciencia para lo que


sea que Gabe quería hablar.

—No estoy muy seguro de a qué te refieres, pero no estoy exactamente


de humor para esta conversación. —Dev minimizó las hojas de cálculo
antes de sentarse en su silla.

—Nunca estás de humor para nada, al menos nada bueno. —Gabe se


paseó en la oficina y plantó sus manos en el respaldo de las dos sillas
puestas en frente al escritorio de Dev—. Pero te daré un repaso.

—Por supuesto.

La mandíbula de Gabe se endureció.

—¿Cómo hablaste con la amiga de Nikki hoy? Eso fue inaceptable.

La tensión se deslizó en el cuello de Dev.

—¿Inaceptable para quién?

—Para cualquier maldito ser humano decente —respondió Gabe—.


La hiciste ir a mover su auto, ¿para qué? Normalmente no te importan
dos mierdas sobre tu camioneta estando estacionada afuera del garaje.

Eso no era exactamente falso, y para ser honesto, Dev no estaba


seguro de por qué había exigido que Rosie moviera su auto. La solicitud
fue... inmadura y asinina. Incluso podía admitir eso ante sí mismo. Lo
había hecho porque lo sabía... sabía que tendría una reacción de parte
de ella y, por alguna razón, quería eso.

—¿Esperaste hasta la medianoche para tener esta conversación?


—Esperé hasta que Nikki se durmiera y no tuviera una maldita
pesadilla para venir a hablar contigo. —Gabe se apartó de las sillas—. En
este momento Nikki necesita estar rodeada de sus amigos, familiares y
personas a quienes les importa. ¡Y si eso significa que Rosie va a estar
aquí para visitarla, tú tienes que superar eso!

—No me importa si Rosie viene a visitarla —respondió Dev.

—¿En serio? ¿No te importa? Claro que no parece que sea así. En el
momento en que supiste que alguien estaba aquí, la hiciste sentir tan
bienvenida como un gato en una habitación llena de perros.

Al contrario de lo que creían sus hermanos, no tenía un sentido


sobrenatural que le dijera cuando había gente en la casa, y no perdía el
tiempo preocupándose sobre lo que estaban haciendo cuando estaban
allí. Mientras los invitados de sus hermanos no deambularan y se
mantuvieran fuera de su línea de visión, no podía importarle menos.

Su mirada bajó al vaso de bourbon en su escritorio. Gabe no tenía


idea de qué tan idiota había sido con Rosie. Mierda. Incluso Dev tenía un
sentimiento de... culpa. Sin embargo, la mujer apretó cada uno de sus
botones… botones que ni siquiera sabía que tenía, pero había sido
irracional y grosero hacia Rosie. ¿Lo que le había dicho a ella...?

No solo había sido completamente innecesario, sino que también


había sido una mentira.

No fue la parte en la que dijo que le rogaría que se detuviera y


suplicara que siguiera. O la parte donde prometió que nadie la follaría
más duro o por más tiempo. Esa era la verdad. Diciendo que la mera idea
de que él alguna vez la follara era ridículo.

No había nada gracioso en eso, y lo había pensado mucho desde el


sábado por la mañana. Era suficiente con que ya estaba convencido de
que ella...

Exhalando bruscamente, Dev tomó el vaso de bourbon y tomó un


trago. Rosie no sería como ninguna otra. Ya lo sabía.

—¿Es todo lo que querías hablar conmigo? —preguntó, levantando su


mirada hacia Gabe.

Su hermano guardó silencio y luego preguntó:

—¿Qué demonios te hizo ese hombre?

Cada músculo se apretó. Dev ni siquiera movió un dedo.


—¿Qué hombre?

—No juegues conmigo. Sabes que estoy hablando de Lawrence. ¿Qué


demonios te hizo para hacerte tan miserable?

Por un momento no podía creer que su hermano le hubiera hecho esa


pregunta, pero entonces recordó que Gabe no lo sabía. Tampoco Lucian.
Le devolvió la mirada a su hermano, deseando que volviera con Nikki. No
porque quisiera que Gabe estuviera fuera de su vista. Si no porque no
quería que su hermano desenterrara esqueletos.

—¿Qué hizo, Dev? —Gabe no se iría. Aún no—. Necesito saber, porque
con cada día que pasa, te estás volviendo más como él, y eso jodidamente
me aterroriza.

La mandíbula de Dev se cerró cuando su mano derecha se apretó


sobre el cristal. Ni siquiera pudo hablar.

Gabe lo miró por un largo momento y luego soltó una risa áspera y
corta mientras sacudía la cabeza.

—Lo que sea. Buenas noches, Dev.

Se sentó allí y vio a su hermano salir de su oficina, cerrando la puerta


detrás de él. El vaso pesaba en su mano mientras las palabras de Gabe
se repetían una y otra vez.

Te estás volviendo más como él.

Dev nunca se convertiría en Lawrence. Nunca.

El cuerpo de Dev reaccionó sin pensar.

De pie, echó el brazo hacia atrás y arrojó el vaso al otro lado de la


habitación. Se estrelló contra la puerta cerrada, rompiéndose con el
impacto. Licor y vidrio rociaron los pisos de madera. Permaneció allí,
quieto, por varios momentos y luego tomó una respiración profunda y
lenta. Se arregló los puños de la camisa y volvió a sentarse, girando su
atención de nuevo a la evidencia de en lo que Lawrence De Vincent había
estado envuelto.
Capítulo 10
Traducido por Vanemm08

La tarde siguiente, Dev se paró frente a las ventanas del piso al techo
y miraba hacia la ciudad, su mente corriendo en lo que se sentía como
un millar de diferentes direcciones a pesar de que estaba quieto y sólido
como el edificio en el que se encontraba.

Acababa de terminar una reunión con los funcionarios de


planificación de la ciudad sobre los planes para iniciar la financiación del
proyecto Industria De Vincent. Lo que había comenzado como una nueva
oficina ahora se había transformado en todo un maldito complejo médico,
pero las instalaciones de última generación significaron que el Dr. Flores
se mantendría discreto cada vez que su familia necesitaba asistencia
médica, y para eso, no había precio.

Después de todo, si no hubiera sido por el silencio del Dr. Flores,


habría sido fácil para el mundo descubrir que su hermana, Madeline,
había estado viva durante los últimos diez años, y si ese conocimiento
alguna vez salía a la luz, habría muchas preguntas. Unas que Dev y su
familia preferirían no responder, debido a dónde conducirían esas
preguntas.

El mundo no necesitaba saber que su hermana no solo había


desaparecido a propósito, sino que se había ido con su primo y que
también era una asesina.

Suponía que eso corría en la familia.

Su teléfono sonó y se volvió, caminando rápidamente de regreso a su


escritorio. Golpeó el botón de intercomunicador.

—¿Sí?

La voz de Derek Frain, su asistente, llegó a través del altavoz:

—Ross Haid está aquí para verle. —Hubo una pausa y la molestia en
el tono de Derek fue claro en dos palabras—. Otra vez.
La mandíbula de Dev se apretó mientras miraba el teléfono. El
hombre los había perseguido cuando llegó a la familia De Vincent,
confiando en que estaban involucrados en alguna gran conspiración y
fechorías.

Irónicamente, Ross tenía razón, pero le estaba ladrando al árbol


equivocado. Como siempre.

Pero Dev sabía que lo que alimentaba a Ross era mucho más personal
que la necesidad de escribir una lectura obligada sobre la familia De
Vincent, pero a diferencia de su tío y el resto de su familia, no evitaba
estas reuniones, que se estaban convirtiendo en un reloj, con Ross

—Envíalo —ordenó Dev.

—Sí señor.

Tan pronto como Dev se sentó detrás de su escritorio, su asistente


abrió la puerta y entró el reportero del Advocate. Derek ni siquiera
necesitaba preguntar si necesitaba cualquier cosa. Simplemente cerró la
puerta detrás de él, dejando a Dev solo con el reportero.

Ross sonrió, mostrando dientes rectos y ultra blancos.

—No te ves muy feliz ahora mismo.

—¿Alguna vez me veo feliz cuando me visitas? —preguntó.

Completamente impávido, el joven dio un paso adelante.

—Pensé que habrías querido dar una declaración sobre la


desaparición prematura y bastante escandalosa de Parker Harrington.

Dev se recostó en su silla.

—Ya hemos dado una declaración, como estoy seguro de que estás
consciente.

—Ah, sí, pero pensé que habría más que los pensamientos y oraciones
habituales de mierda, especialmente teniendo en cuenta que el hermano
de la mujer con la que estás comprometido intentó matar a alguien y
Sabrina fue reportada como desaparecida.

Ross se sentó en la silla frente al escritorio.

—Entonces pensaste mal —respondió Dev suavemente—. Y Sabrina


ya no es mi prometida.

El interés se encendió en los ojos oscuros de Ross.


—Eso es interesante.

—Realmente no. El compromiso terminó hace más de un mes. —La


mentira salió de su lengua tan suave como la verdad, pero siempre tuvo
la lengua de un demonio, ¿no? Esa es una cosa que Lawrence le enseñó—
. ¿No sabías eso? Esperaba que un periodista con tu talento lo hubiera
sabido.

Su mandíbula se endureció.

—¿Sabes lo que encuentro aún más interesante? Es esa falta total de


información sobre la víctima de Parker. Es como si esta mujer no existiera
o estuviera conectada con alguien o alguna familia lo suficientemente
poderosa como para mantener su información completamente fuera del
ojo público, y ¿sabes en quién me hace pensar? Los De Vincent.

—O debería hacerte pensar que quienquiera que sea tu persona


interna en el departamento de policía está haciendo su trabajo por una
vez y manteniendo la identidad de la víctima en privado.

Ross sonrió con suficiencia.

—Estoy seguro de que ese es el caso y no tiene nada que ver con que
el nuevo jefe de policía teme morir de la misma manera que el anterior.

Él levantó una ceja.

—¿Morir de una enfermedad del corazón? Espero que no.

—Sí. —Ross sonrió con fuerza—. Estoy seguro de que murió por
causas naturales, al igual que estoy seguro que tu padre se ahorcó.

Dev sonrió de lado.

—Tienes una imaginación tan fantasiosa, Ross.

—¿Imaginación? Estoy carente en el departamento.

Mirándolo, cruzó una pierna sobre la otra y cruzó los dedos


ociosamente juntos.

—Sabes, me alegro de que me hayas visitado hoy.

—¿En serio? —La respuesta de Ross fue seca.

—¿Qué está pasando con Rosie Herpin?

Las cejas de Ross se fruncieron.

—Rosie? ¿Que hay con ella?


—¿Tú de todas las personas vas a jugar de tímido? —Dev encontró su
mirada—. ¿Cuál es tu relación con ella?

—¿Mi relación? —Ross soltó una carcajada—. Es curioso de tu parte


preguntarlo.

—Teniendo en cuenta que no tienes problemas en meterte en mis


asuntos, entonces tampoco deberías tener ningún problema en que yo
haga preguntas —respondió Dev—. ¿Qué es ella para ti?

Ross no respondió por un largo momento.

—¿Por qué estarías haciendo ese tipo de pregunta?

—¿Crees que no sé que Rosie es quién te presentó a Nikki? —Dev


levantó una ceja—. Tu amistad con Rosie es bastante conveniente.

—Conozco a Rosie desde hace unos dos años. —Un músculo se


flexionó a lo largo de la mandíbula de Ross—. Antes incluso de saber
quién era Nicolette Besson.

—¿En serio? —La mirada de Dev parpadeó sobre su rostro—. Si la


estás usando para información, como trataste de hacer con Nikki, la estás
poniendo en una muy mala situación. Espero que no le hagas eso a una
persona inocente. Es decir, si es inocente cuando se trata de lo que sea
que estés haciendo.

Las fosas nasales del periodista se dilataron y pasó un largo


momento.

—Haré cualquier cosa para llegar a la verdad.

—¿Lo hará Rosie? —preguntó Dev—. ¿Está dispuesta?

Ross sonrió mientras agarraba los brazos de su silla.

—Puedo ver que no estoy llegando en ninguna parte con esta


conversación. Me iré.

—Espera. —Dev sonrió levemente cuando el periodista se quedó


quieto—. Tengo otra pregunta para ti. Algo por lo que he tenido
curiosidad.

Ross levantó las cejas.

—Soy todo oídos.

—¿Crees que no sé quién era tu novia? —preguntó Dev—. O lo es.


Dado que todavía se le considera desaparecida.
Un cambio vino sobre el hombre. Su mirada se agudizó al igual que
sus rasgos. La tensión lo llenó, instalándose en cada línea y sombra en
su rostro.

—Sé por qué sigues viniendo. Sé lo que piensas y lo que crees de mi


familia y su participación —continuó Dev—. Incluso entiendo por qué no
lo dejarás pasar.

Los nudillos del hombre se estaban poniendo blancos.

—¿Entiendes, Devlin?

—Sí. —Y lo hacía. Entendía de una manera que esperaba que Ross


nunca tuviera la desgracia de saber.

—Entonces tienes que saber que nunca me rendiré hasta que sepa
la verdad de qué le sucedió a ella —ladró Ross—. Y no te atrevas a
sentarte frente a mí y decirme que ninguno de ustedes tuvo nada que ver
con su desaparición.

Dev no dijo nada mientras miraba al hombre. Los labios de Ross se


despegaron en un gruñido.

—En todo este tiempo, nunca me has dicho que sabías. ¿Por qué
mencionarlo ahora, Devlin? ¿Me estoy acercando demasiado a la verdad?

—Nunca has estado más lejos de la verdad —dijo Dev—. Y si


continúas por este camino, nunca la vas a encontrar.

—¿Es una amenaza? —Una oleada de ira se deslizó por las mejillas
de Ross.

Dev sacudió la cabeza.

—Es un consejo. Gratis. ¿Y otro consejo? No me envíes otra fotografía


con las palabras Sé la verdad grabadas. Esta no es una novela de
misterio.

—¿Y cómo sabes que fui yo?

—Porque no soy estúpido, Ross.

—Jódete. —Ross se puso de pie—. No tienes idea de lo que sé. No


tienes idea de lo cerca que estoy de exponer a cada uno de ustedes, hijos
de puta.

—¿Exponiéndonos como qué? —preguntó, un poco curioso.

—Por lo que todos ustedes son —dijo Ross—. Asesinos.


Capítulo 11
Traducido por Rimed

El disfraz era… era simplemente guau.

Rosie se giró por la cintura mientras estaba de pie frente al espejo de


cuerpo entero colgado en la puerta de su baño. El tiempo se había
escapado y no se había probado el vestido para asegurarse que
funcionara antes del baile. Así que, aquí estaba, el viernes, la noche de
la Mascarada y acababa de ponérselo.

Gracias a los bebés chupacabras en todos lados, funcionaba… el


vestido definitivamente funcionaba.

Rosie había encontrado el antiguo vestido de novia en una tienda de


segunda mano, y cuando lo compró en toda su gloria de crema y marfil,
no estaba segura de qué podría hacer con él para convertirlo en un disfraz
adecuado, pero ahora no se parecía en nada al vestido de novia que había
encontrado.

Una lenta sonrisa tiró de sus labios. El vestido estaba hecho de seda
con un forro de nylon, lo que permitió a la costurera hacer su magia.
Estaba teñido de un rojo carmesí y el detalle de cuentas del corpiño había
sido removido, teñido de negro y usado como encaje alrededor del cuello
del vestido, los bordes libres de las mangas y el dobladillo de la falda. Sin
el corsé negro, el corpiño le quedaría suelto, pero con él, sus pechos
nunca se habían visto mejor y su cintura nunca se había visto tan
pequeña y ni siquiera lo llevaba tan ceñido como podría.

Sabía que algunas mujeres seguramente llevarían enaguas o una


falda de tafetán para recrear el típico volumen del período que
representaba la Mascarada, pero ella estaba optando por no llevar la ropa
interior pesada y engorrosa. Le gustaba el modo en que el vestido se
movía contra sus muslos y caderas. ¿Por qué arruinar eso con una
enorme falda?

Si Devlin la viera en este vestido, se comería sus palabras y luego las


vomitaría. Rosie sonrió ante su reflejo. Pero, por desgracia, era muy
improbable que la viera. No es que ella lo quisiera, pero no pensaba ni
por un segundo que Devlin estaría en la Mascarada. Los disfraces eran
un requerimiento, sin excepción, y no había modo en que ella pudiera
imaginarlo llevando siquiera una máscara. Él probablemente tiraría una
tonelada de dinero al evento y lo daría por terminado.

Rosie se volteó, revisó la parte de atrás y luego se dio una vuelta. Su


sonrisa creció mientras se enderezaba el corsé.

Las cuentas se sacudieron repentinamente.

—Luces hermosa, bebé.

Rosie levantó su mirada y vio a su madre sonriéndole en el reflejo. Su


madre había venido después del trabajo para ayudarla a ponerse el
vestido y el corsé. Rosie no se parecía en nada a su madre o a su
hermana. Bella compartía los mismos hermosos ojos y piel oscuros, junto
con la figura elegante y parecida a un sauce que le recordaba a Rosie una
grácil bailarina de ballet.

“Como sauce” y “grácil” eran dos palabras que nadie en su sano juicio
usaría jamás para describirla. Si no algo más como “robusta” y “torpe”.

Un primo mayor solía molestarla sin piedad cuando eran niños,


diciendo que había sido encontrada en el pantano y como era joven y
tonta, corría directo a su madre, llorando histéricamente, porque estaba
convencida de que había sido una bebé de pantano indeseada y/o
robada.

Esa fue probablemente la primera y definitivamente no la última vez


que sus padres se preguntaron cuán crédula era ella, pero los niños,
incluso de la familia, podían ser tan malditamente crueles.

No fue hasta que Rosie comenzó a hacerse mayor que comenzó a


parecerse a su padre. Pero las tres mujeres Pradine tenían el cabello de
su bisabuela. Grandes y gruesos rizos que eran una mezcla de pardo y
castaño, con Rosie con unas rayas más castaño y las pecas de su padre.
Eran tenues y no tan notables cuando llevaba maquillaje, pero estaban
allí, probando que la genética era extraña.

—Gracias, mamá.

Su madre miró el vestido mientras se sentaba en la vieja y grande


silla de estilo victoriano con cojines de terciopelo verde esmeralda que
Rosie había puesto en la esquina, junto a las puertas del balcón.

—No puedo creer que ese era un vestido de novia.


—Lo sé, ¿verdad? —Rosie le dio la espalda al espejo y caminó hacia
el vestidor. Levantó la máscara—. ¿No crees que es demasiado simple,
no?

—Cariño, con ese vestido, podrías simplemente pintarte una


máscara.

Rosie se rio. La máscara era una barata que había cogido de una
tienda turística. Era roja con cintas negras alrededor de los bordes,
simple comparada con aquellas adornadas con plumas y joyas.

—¿Me has visto intentar dibujar una figura de palitos? No hay forma
en que pinte una máscara.

Su madre cruzó sus largas piernas. Había pasado después de salir de


la pastelería, pero no tenía ni una pizca de harina encima. Cuando Rosie
salía de la pastelería, lucía como si hubiese rodado en ella.

—¿Te dejarás el pelo suelto?

Rosie asintió. Había dejado que su cabello se partiera por la mitad y


en este momento, mientras la humedad se mantuviera a raya, los rizos
no se verían como una bola gigante de estática.

—Sé que todas probablemente llevarán el pelo amarrado, pero sin


importar lo que haga, se verá genial cuando salga de aquí y luego luzca
como si un puercoespín hubiese muerto sobre mi cabeza en quince
minutos como máximo.

—Eso suena como una exageración —respondió su madre—. Sin


embargo, me gusta suelto. Te hace ver sexy.

Ella arrugó su nariz hacia su madre.

—Moriré como una mujer feliz si nunca vuelves a referirte a mi como


sexy, mamá.

Mamá puso los ojos en blanco.

—¿Sarah vendrá aquí o…?

—Me encontraré con ella en la casa.

Hubo una pausa y luego:

—Entonces, ¿tienes otros planes para el fin de semana además del


baile?

Dejando su máscara en el tocador, sacudió su cabeza.


—No realmente.

Eso podía cambiar si Jilly tuviera algún éxito logrando que la familia
Mendez les permitiera hacer una investigación más larga. No había
habido más actividad registrada en la grabación y justo ahora, Jilly
estaba también intentando convencerlos de que permitieran que EPNO
llevara a Sarah para ver si se podía comunicar, pero estaban vacilantes
con aquello, lo que tanto ella como Lance encontraron extraño, pero la
gente era extraña, incluso las personas normales que pensaban que su
casa estaba embrujada.

Por supuesto, ahora Jilly estaba convencida de que la actividad venía


de la casa que Lucian había comprado y, en la opinión de Jilly, eso
explicaba por qué había grandes intervalos en la actividad. Seguía
acosando a Rosie respecto a tener acceso a la casa, tan solo hoy, le había
dejado un mensaje tan largo que el correo de voz la cortó cuando llegó a
la décima razón del porqué Rosie necesitaba preguntarle a uno de los De
Vincent o a Nikki sobre la casa.

—Eso es perfecto, entonces —dijo mama.

Sus ojos se estrecharon sobre su madre mientras enderezaba el corsé.

—¿Por qué eso es perfecto?

Su madre sonrió y fue esa sonrisa que Rosie conocía demasiado bien.
Era demasiado ansiosa, servicial y tenía un brillo en sus ojos marrones,
Rosie se preparó.

—Bueno, hay un encantador amigo hombre que creo que estarías


encantada de conocer.

La boca de Rosie se abrió mientras sus dedos se quedaron quietos en


la parte baja del corsé.

—Es amigo de Adrian —continuó su madre. Adrian era el esposo de


su hermana—. Es un terapeuta respiratorio, divorciado hace ya un
tiempo. Según Bella, él es muy…

—Mamá —la interrumpió.

—¿Qué? —Puso una perfecta mirada de inocencia en su rostro—. Solo


te estoy dejando saber que hay un chico que estoy bastante segura de
que está disponible este fin de semana y que amaría conocerte.

Rosie bajó sus brazos.

—Por favor, dime que no me enredaste otra vez.


—Nunca haría tal cosa. —Su jadeo de indignación no fue efectivo
considerando que su madre no la había comprometido no a una, si no
tres veces a una cita sin que ella lo supiera—. Encontrarte una cita no es
enredarte.

—Bueno, es casi la misma cosa —respondió ella, devolviendo el


corsé—. No es como si no me gustara salir.

—Usar Tinder no es salir.

—Mamá. —Rosie arrugó su nariz—. Como si supieras lo que es


Tinder.

—Oh, sé perfectamente lo que es y honestamente, estoy celosa de que


no hubiese algo así cuando estaba soltera. Amo a tu padre con todo mi
corazón, pero habría sido agradable tener esta pequeña y hábil aplicación
de citas en mi teléfono.

Sacudiendo su cabeza, tomó aire y sus costillas se expandieron


contra el hueso del corsé. Estas cosas eran lo peor, pero eran sexy como
el infierno.

—Estarías deslizando hacia la derecha sin parar.

Su madre rio.

—Pero en serio, Erick, su nombre es Erick, amaría conocerte. Te


enviaré su número.

Rosie cerró sus ojos y dijo una pequeña oración, no era una buena
plegaria. Comenzaba con Niño Jesús, por favor ayúdame, así que dudaba
que fuese respondida, pero valía la pena intentarlo.

—¿Tienes el número de este chico?

—Para ti. No para mí.

—Bueno, sí, obviamente. —Rosie hizo una pausa—. O al menos eso


espero.

—No acordé que saldrías con él, pero espero que le escribas. —Se
levantó de la silla y caminó hacia donde Rosie estaba de pie. Los ojos de
su madre buscaron los suyos—. Solo quiero que seas feliz, bebé.

—Soy feliz. ¿No parezco feliz? Porque lo soy. Finalmente podré ir a la


Mascarada así que de hecho estoy realmente emocionada.

—Lo sé, pero eso no es lo que quería decir. —Pasó su pulgar por la
mejilla de Rosie—. Quiero que encuentres la felicidad que tenías con Ian.
Rosie contuvo su aliento.

—Mamá…

—Lo sé, bebé. Sé que han pasado diez años y que has seguido
adelante, lo sé, pero yo… me preocupo por ti. Eres mi hija y me preocupa
que no vayas a dejarte encontrar ese tipo de amor de nuevo, y realmente,
¿cuál es el punto de todo esto, de la vida, cuando no tienes a alguien con
quien compartirla?

La parte posterior de su garganta quemaba.

—Tengo gente con quien compartirla. Tú. Papá. Bella. Mis amigos.

—Ese no es el tipo de compartir del que estoy hablando.

Respirando hondo, Rosie se alejó del alcance de su madre y


retrocedió.

—Quizás… quizás no voy a encontrar ese tipo de amor de nuevo —


dijo ella, levantando su mirada hacia la de su madre—. Quizás él lo fue
para mí. Quizás fue el único y yo no soy alguien que vaya a tener
múltiples “únicos”. Y estoy bien con eso.

Sus ojos se volvieron tristes.

—¿En serio lo estás, Rosie?

¿Realmente importaba si lo estaba? Porque si Ian era el único e


indicado para ella, no importaba si estaba de acuerdo o no con ello. La
vida real no siempre estaba llena de finales felices y un montón de gente
nunca llegaba a experimentar eso. A menudo era exactamente lo
contrario de felices para siempre.

Y quizás eso era todo para Rosie. Sus felices para siempre no sería
encontrado en un hombre o una mujer. Iba a tener que ser encontrado
dentro de ella misma.

Había pensado que aquello ya era verdad para ella, pero luego de
momentos como este, no estaba tan segura.
Capítulo 12
Traducido por Vanemm08

—Tengo un extraño presentimiento sobre esta noche.

Agarrando la larga falda de su vestido para no irse de cara en la acera


fuera de la casa privada en St. Charles, Rosie se detuvo a medio paso y
se volteó para mirar a Sarah. A Rosie la habían dejado y había encontrado
a Sarah esperando por ella cerca de la esquina de la calle.

Sarah se veía increíble con el traje similar. Siendo que era una buena
cabeza más alta que Rosie, tenía la tez de durazno y crema por excelencia,
y una masa de cabello rubio que se apilaba sobre su cabeza en un
elegante peinado.

Estaba vestida como Rosie, con la máscara roja con cordones negros
y el mismo vestido largo, negro y rojo con las mangas sueltas y un corpiño
de encaje tan extremadamente bajo que había una posibilidad de que el
mundo fuera a ver a las chicas de Sarah en algún momento esta noche.

No es que Rosie tuviera espacio para hablar. Si se inclinaba, había


una alta probabilidad de que se derramaran, y tal vez incluso se
desmayara, porque lo primero que hizo Sarah cuando vio a Rosie fue
apretarle el corsé de tal manera que se sorprendió de que sus costillas no
se hubieran roto.

Pero cuando Sarah dijo que tenía un sentimiento extraño, Rosie


escuchó.

—¿Como un extraño sentimiento de “vamos a casa ahora mismo”? ¿O


simplemente un sentimiento extraño en general?

Ignorando las miradas molestas de otros en trajes de época que


tenían que caminar a su alrededor, Sarah cerró los ojos azules y se acercó
a Rosie.

—Es un sentimiento bastante fuerte.

Rosie esperó por más explicaciones, sintiendo un


estremecimiento alrededor de su nuca. El aire de la tarde era fresco, pero
sabía que era algo más que solo las temperaturas lo que la hacían
temblar.

—Estoy empezando a sentir que no debería haber aceptado tu


invitación.

Riéndose de eso, Sarah inclinó la barbilla hacia un lado y Rosie se


sorprendió de que no se volcara con todo ese pelo recogido en la parte
superior de su cabeza.

—Si te dijera que ibas a perder un dedo esta noche, todavía estarías
aquí. Has querido asistir a la Mascarada durante años.

—Cierto.

Un hombre que pasaba por delante de ellas vestido como, asumió


Rosie, el vampiro Lestat, la distrajo momentáneamente. Era un disfraz
bastante auténtico. Se concentró en Sarah.

—Pero tienes un sentimiento extraño.

—No es un mal presentimiento. Es solo que escuché esta voz.

Una farola parpadeó encendiéndose, proyectando un tenue


resplandor amarillo en la cerca de maíz que cubría el frente de la
mansión. Sarah se volvió y levantó los dos sobres de marfil para
abanicarse. Por supuesto la Mascarada no hizo boletos o invitaciones en
línea. Eran de la vieja escuela, papel por completo.

—Fue más como un susurro.

—¿Un susurro? —Rosie estaba acostumbrada a esto cuando se


trataba de Sarah, susurros y sentimientos al azar—. ¿Sabes lo que dijo
el susurro?

Sarah asintió y un mechón de cabello se deslizó hacia adelante,


cepillando la máscara.

—Si no hay riesgo, no hay recompensa.

—¿En serio? —respondió Rosie secamente—. ¿Un fantasma susurró


un discurso motivador en tu oído?

—Gracioso, ¿verdad? —Levantó un hombro—. ¿Alguna vez le dijiste


a alguno de los De Vincent qué pasó durante nuestra lectura?

Rosie también estaba acostumbrada al rápido cambio de tema de


Sarah.
—No. No pienso que me creerían, y bueno, tienen sus manos llenas
de muchas cosas —explicó, pensando en Nikk—. No es lo más fácil de
mencionar en un conversación con un extraño.

La sorpresa ensanchó los ojos de Sarah.

—Estoy un poco sorprendida de que no encontraras a unos de ellos


inmediatamente y les dijeras.

Rosie apretó los labios. Era difícil explicar por qué no había dicho
cualquier cosa. Por supuesto, la mayoría de la gente entendería por qué,
porque sonaba como una locura y le molestó a Rosie que no hubiera
compartido esa información, pero requeriría que hable con un De Vincent
y posiblemente llame la atención de Devlin.

Lo que probablemente era inevitable ya que planeaba visitar a Nikki


nuevamente pronto.

Sarah la estudió un momento y luego asintió.

—Deberíamos ir entrando.

Y luego con eso, Sarah estaba caminando hacia la multitud constante


de personas entrando por la estrecha abertura en la valla. Era bueno que
a Rosie le gustara lo raro, porque maldita sea, Sarah podría ser realmente
rara a veces.

Aferrándose a su vestido, alcanzó a Sarah y echó un vistazo a la


impresionante mansión de renacimiento griego que se encontraba cerca
de la Universidad Loyola. Rosie la había visto lo que parecía cien mil
veces, pero nunca así. Nunca en la noche de la legendaria Mascarada,
donde los más poderosos y los más ricos de Nueva Orleans se frotaban
los codos y el dulce Señor sabía qué más. Pero Rosie realmente no estaba
interesada en ninguno de ellos.

Arrastró su mano sobre el pequeño bolso de cuentas, sintiendo la


pequeña grabadora de voz cuadrada. Rosie sonrió. Su único objetivo esta
noche era atrapar la voz del fantasma de la novia asesinada.

Lo más probable es que no volviera a tener la oportunidad, así que tal


vez lo que la voz que Sarah había escuchado había transmitido era un
mensaje muy importante, sino un mensaje increíblemente cursi. No
había recompensa sin riesgo.

Un equipo de guardias de seguridad estaba en la puerta, por eso


estaba tomando tanto tiempo entrar, pero Sarah mostró sus invitaciones
y pronto terminaron, sus pasos más lentos al entrar a la propiedad. Había
encaje blanco y negro en todas partes, un mar de tafetán y máscaras de
plumas y elaboradas pelucas. Señoras pintadas con lunares falsos, caras
blancas como tortas de arroz y cuellos con polvo brillando con lo que
parecían verdaderas esmeraldas y zafiros.

El olor empalagoso de perfume y colonia mezclado con lo cerca que


estaban todos dejó a Rosie un poco mareada. Bueno, el corsé
probablemente tenía algo que ver con eso, pero lo ignoró. Había vino
adentro, con suerte el verdadero vino caro que nunca compraría, porque
no tenía dinero.

—Es realmente hermoso, ¿no? —Sarah enroscó su brazo alrededor


del de Rosie.

Realmente lo era. La mansión se veía desde la calle, y parecía que


cada luz interior estaba encendida. El gran patio delantero estaba
iluminado con suaves luces de hada blancas y linternas de papel
colgando de postes. La amplia pasarela conducía a un set de escalones
que eran tan largos como el ancho de la casa.

—Gracias por invitarme —dijo Rosie, apretando su brazo—. Sé que


ya te agradecí, pero vale la pena repetirlo. Esta es una experiencia
increíble.

Sarah se inclinó hacia ella y bajó la voz cuando llegaron a los


escalones.

—¿Una experiencia increíble para subir sigilosamente a esa


habitación?

Dirigiéndole una mirada tímida, fingió un jadeo ofendido.

—Cómo te atreves sugerir tales cosas.

—Ajá. —Sarah se rió mientras subían las escaleras—. Si te atrapan,


no te conozco.

Rosie sonrió.

—Me aseguraré de gritar el nombre de tu ex prometido desde las vigas


para que todos lo escuchen.

—Esa es mi chica.

Un aire más frío picó sobre su piel caliente mientras cruzaban el


amplio vestíbulo ovalado. La magia vudú tenía que ser la razón por la que
pudieron enfriar el interior cuando todos los cuerpos se apiñaban y las
puertas se dejaban abiertas, pero estaba muy agradecida por eso. Había
esperado que el lugar se sintiera como una sauna, pero era bastante
aireado.

Era difícil tener una idea del espacio, con la risa, el zumbido de las
conversaciones y gente en todas partes. Había mucho que escuchar y ver,
estaba un poco abrumada, y le recordó a tratar de navegar por las calles
durante el carnaval. Escudriñó las caras ocultas y los cuerpos
disfrazados. Sí había alguien aquí que conocía —lo cual era poco probable
porque no se molestaba con las grandes multitudes— no los
reconocería… sus ojos se agrandaron. Santas llamas bebés, los hombres
llevaban puesto...

—Calzones —susurró Rosie, una lenta sonrisa tirando de sus labios


mientras su mirada giró sobre un lote que estaba en exhibición de
calzones gruesos, súper-ajustados, grises, tostados y negros. Muchas de
esas piernas se combinaron con un aspecto bastante auténtico con botas
de correr. Por alguna razón no se había dado cuenta de eso afuera—.
Están usando calzones.

—Claro que sí.

Rosie no pudo mirar hacia otro lado.

—¿Crees que lleven una bragueta debajo de sus calzones?

Sarah resopló.

—¿Sabes, para que sean históricamente precisos? —susurró Rosie—


. Porque algunos de esos... paquetes no parecen reales.

—Realmente espero que lo que estoy viendo no sea el resultado


de una bragueta —respondió ella y luego agregó—: Sin embargo, hay
algunos culos bastante agradables en el grupo.

Una mujer frente a ellas miró por encima del hombro, sus brillantes
labios rojos inclinándose en una leve sonrisa mientras las miraba
descaradamente, su mirada deteniéndose debajo de sus barbillas.

—Hay mucha belleza... aquí esta noche —respondió la mujer y luego


guiñó un ojo antes de darse la vuelta.

Sarah y Rosie intercambiaron una larga mirada.

—Necesitamos encontrar algo para beber. —Sarah mantuvo su brazo


alrededor de Rosie—. Debería estar a la izquierda, en la gran sala.

Rosie dejó que Sarah guiara el camino y cuando se separaron de la


multitud, pudo ver más de la gran casa. Observó las paredes de roble y
la impresionante gran escalera de ciprés. Las habitaciones estaban
adornadas con medallones de yeso y las molduras elaboradas que pensó
eran originales.

Sarah tenía razón. No solo había una barra libre en la gran sala, la
multitud también era mucho más ligera, lo cual era sorprendente ya que
allí era donde estaba el licor. Había un pequeño grupo de mujeres junto
a la ventana grande, mirando a los hombres que estaban en el bar.

—Pongamos un poco de dulce, dulce moscato en ti. —Sarah sonrió—


. Y consigamos un caro como el infierno whisky en mí.

—Suena como un plan maravilloso —dijo Rosie mientras se


acercaban al bar.

—Disculpen, caballeros —dijo Sarah con una voz que goteaba acento
sureño—. ¿Podemos entrar?

Dos de los hombres más cercanos se volvieron y maldita sea si sus


miradas no eran tan descaradas como la mujer en el vestíbulo.

—Por supuesto —murmuró uno de los hombres.

Él dio un paso a un lado, así como lo hizo el otro. Ambos tenían


cabello rubio y ojos marrones, mandíbulas fuertes y agradables sonrisas.
Con la mitad de sus rostros oscurecidos, eso era todo lo que podía hacer
con sus características. Eran guapos, decidió mientras les sonreía,
porque la mayoría de los hombres eran guapos cuando usaban una
máscara.

—Gracias —dijo ella.

—¿Qué están bebiendo? —preguntó Sarah, y mientras respondían,


Rosie llamó la atención del cantinero. O sus senos lo hicieron. Lo que sea
funcionó. Ordenó sus bebidas y luego se volvió hacia los dos hombres,
apoyando su cadera contra el bar.

Quiero que encuentres esa felicidad que tenías con Ian.

Las palabras de su madre se deslizaron en sus pensamientos, no


deseadas, pero allí estaban y molestamente ruidosas, también. ¿Quería
eso otra vez? Sí, lo hacía, pero no... Al darse cuenta de que uno de los
hombres le estaba hablando, se retiró de sus pensamientos.

—¿Disculpa?

—Está bien. —Su sonrisa era cálida—. Estaba diciendo que mi


nombre es Theo. ¿Y el tuyo?
—Rosie —respondió ella, aceptando su copa de vino rosado y
espumoso.

—Me gusta. ¿Eres de aquí, Rosie?

Tomando un sorbo de vino, miró a Sarah. Su amiga estaba en camino


a olvidar a su ex.

—Nacida y criada. ¿Qué hay de ti?

—De Baton Rouge, pero me gusta pensar que fui adoptado por Nueva
Orleans —dijo—. He estado aquí por cuatro años.

—Bueno, ¿sabes lo que dicen de Nueva Orleans? O te acepta con los


brazos abiertos o te escupe de inmediato.

—Nunca se han dicho palabras más verdaderas. —Theo brindó por


eso.

Rosie estaba a punto de preguntar qué lo trajo a Nueva Orleans


cuando sucedió… la sensación de dedos cálidos viajando por su columna
vertebral. Vino de la nada, y antes de darse cuenta de lo que estaba
haciendo, miró por encima de su hombro. Su mirada había aterrizado
sobre él con una precisión desconcertante.

El hombre se apoyaba contra la barra, con las piernas cruzadas por


los tobillos y el brazo descansando en la parte superior de la barra.
Estaba bebiendo una especie de licor de color ámbar de un vaso corto y
la miraba fijamente. Sus miradas se encontraron, y la conciencia más
extraña azotó a Rosie, causando que la piel de gallina se extendiera a
través de su carne a pesar de las largas mangas.

Espera un segundo...

Incluso con una máscara negra y estando demasiado lejos para ver el
color de sus ojos, reconoció el cabello negro perfectamente alisado y la
mandíbula de granito.

¡Maldición, qué mala suerte!, era Devlin De Vincent.

No podía creerlo. En ningún momento realmente creyó que estaría


aquí. Nada en él indicaba que estaría en una Mascarada y usando una
máscara, pero ese era él y se veía...

Su mirada cayó. Llevaba pantalones negros y se veía… Un escalofrío


se abrió paso a través de ella, pero éste era febril, como si estuviera de
pie demasiado cerca de una llama.
Oh querido Señor, ¿por qué Dios era tan cruel? Con gran esfuerzo,
levantó la mirada. Con esa máscara y esos pantalones, parecía algo
sacado de una fantasía.

Un lado de los labios de Devlin se torció en una sonrisa mientras


levantaba su vaso en su dirección.

Por el amor de Dios, tenía la peor de las suertes. Realmente no quería


verlo, especialmente después de lo que le había dicho en su casa.

Antes de voltearse, levantó su copa de vino y extendió su dedo medio


a lo largo del cristal, enseñándole el dedo medio en forma vulgar.

Rosie volvió a centrarse en... demonios, ¿cómo se llamaba? No podía


recordar, y ahora él la estaba mirando de una manera que decía que
había estado hablando de nuevo y no había estado escuchando ¿Cómo
podía? Incluso de espaldas a Devlin, podía sentirlo, mirándola.

Ella no podía estar en esta habitación y, además, no había venido


para coquetear con hombres guapos cuyos nombres no podía recordar o
que le perforaran agujeros en la espalda.

Murmurando una disculpa al hombre que tenía delante, llamó la


atención de Sarah. Con una mirada, ella supo a dónde se iba Rosie.
Ignorando la presencia de Devlin al final del bar, salió de la habitación lo
más despacio posible, esperando que su culo se balanceara de una
manera atractiva y no como si tuviera una cojera.

Lo único bueno de verlo esta noche fue que él la vio. Ella y el increíble
vestido que hacía que sus senos se vieran absolutamente divinos, así que
al menos allí estaba eso.

Decidida a no pasar ni un momento estresada por la inesperada


apariencia de Devlin, entró en el vestíbulo todavía lleno. Algo estaba
pasando en la parte de atrás de la casa, donde tocaba una banda. Se
deslizó más allá de un grupo parado cerca de la gran escalera. Con su
copa de vino en la mano, caminó tal como su madre le había enseñado a
hacer.

Caminó como si tuviera todas las razones para estar donde estaba, y
como siempre, funcionó. Nadie la detuvo. Nadie gritó mientras arrastraba
una mano por la hermosa madera. Llegó al segundo piso con una sonrisa
engreída.

Totalmente podría ser una espía.

O una ninja.
Mejor aún, una ninja-espía.

Girando a la derecha, su pie se enganchó en el borde de un corredor.


Tropezó, tirando su mano libre para recuperarse. Se produjo un milagro
y no derramó su bebida.

De acuerdo, definitivamente no podría ser una espía o una ninja.

Sacudiendo la cabeza, se dirigió por el pasillo que conducía a la parte


de atrás de la casa. Por favor que esté desbloqueado. Por favor que esté
desbloqueado. Alcanzó el mango del último dormitorio a la izquierda. La
puerta se abrió y suspiró con alivio.

Encendió la luz y echó un vistazo a la habitación mientras entraba,


dejando la puerta entreabierta. Era bastante pequeño y escasamente
decorado. Solo había una cama y una mesita de noche contra una pared,
una cómoda cerca de la puerta. Un espejo de pie estaba al lado de una
ventana con cortinas. Todo era nuevo, así que por alguna razón, no se
sintió tan mal cuando colocó su copa de vino en la mesita de noche.

Lo que estaba haciendo en la habitación sin permiso era poco ético,


pero nadie en su posición hubiera dejado pasar la oportunidad. Tanto
Lance como Jilly lo habían hecho varias veces y ambos habían sido
atrapados muchas veces.

Abriendo su bolso, buscó dentro la grabadora de voz.

—Rosie —vino una voz profunda y muy familiar—. Qué sorpresa.


Capítulo 13
Traducido por Taywong

Dev la había reconocido en el momento en que ella entró en la gran


sala con la rubia alta, antes de que se diera cuenta de su presencia.
¿Cómo podría no hacerlo? Todas las mujeres del baile estaban vestidas
para atraer o impresionar, pero ninguna —ni una sola mujer aquí— lo
llevaba tan bien como Rosie. Era una tentación andante y los ojos la
seguían.

Ese vestido...

Dios. A diferencia de la mayoría de las mujeres de aquí, no llevaba la


ridícula ropa interior que aumentaba el volumen de la falda. Su vestido
era más bien una funda de rojo y negro, que se aferraba a sus caderas y
muslos redondos a cada paso, y estaba cortado bajo y ceñido a la cintura
por un corsé. Ese vestido...

Mierda.

Quería encontrar un saco de yute y cubrirla con él.

También quería arrancarle el vestido con los dientes.

El bourbon que bebió había quemado su garganta mientras su


mirada se detenía en el voluptuoso oleaje sobre el delicado encaje negro.
Solo había visto a Rosie con camisas sueltas, pero en los breves
momentos en que sus cuerpos habían sido apretados, había sentido lo
suficiente como para saber que sus pechos eran gordos y abundantes. Al
verla con ese vestido le resultaba casi imposible ignorar lo hermoso que
debía ser su cuerpo, con todas esas curvas ocultas y suaves.

No había ayudado cuando finalmente pudo arrastrar su mirada a su


rostro. Sus labios carnosos estaban pintados de un suave rojo y esos ojos
llamaban la atención tras la sencilla máscara roja y negra. Ella iba en
contra de la tendencia en muchos sentidos. Su cabello estaba suelto en
vez de recogido con un estilo complicado. Esos gruesos rizos rozaban su
rostro en forma de corazón y caían por encima de sus hombros, más de
lo que esperaba. Rosie no llevaba ninguna joya excepto la cadena de oro
—la cadena que sujetaba el anillo de su difunto marido— y eso la hacía
más elegante que aquellas de miles de dólares en diamantes que
adornaban sus cuellos y orejas.

Rosie estaba simplemente impresionante.

No es que no se hubiera dado cuenta de eso antes, incluso cuando


llevaba ropa suelta y tenía el cabello recogido. Desde el momento en que
la vio en su apartamento, pensó que era hermosa, pero ahora reconocía
lo absolutamente impresionante que era. Y había conocido a muchas
mujeres hermosas, las que nacieron de esa manera y las que lo lograron
a través de las manos de un cirujano talentoso. Ninguna de ellas podría
compararse con Rosie, porque ella era un fuego.

Sus sentidos se avivaron y su cuerpo ardió con solo verla, y sabía que
eso no tenía nada que ver con sus conversaciones, a menudo volátiles, ni
con lo que sospechaba de ella.

Dev simplemente reaccionaba a todo lo que era ella, y maldición, eso


era raro y no le gustaba. En absoluto.

Que se sorprendiera de que estuviera en la Mascarada sería un


eufemismo, por decir algo, pero estaba aprendiendo que Rosie tenía el
hábito de aparecer inesperadamente.

Pensó en lo que Gabe le había dicho y le surgió un sentimiento de


culpa, pero Dev dudaba de que sus apariciones fueran tan aleatorias.
Posiblemente más bien extremadamente calculadas, porque ¿cómo podía
no pensar que él estaría aquí?

Cuando salió de la habitación, él la siguió aunque sabía que no debía


hacerlo. No tenía ni idea de lo que Rosie estaba tramando, pero estaba
seguro de que involucraba a ese maldito periodista y que eso significaba
que tenía que mantenerse alejado de ella, pero la curiosidad se había
apoderado rápidamente cuando subió la escalera de ciprés y se dirigió a
un dormitorio más pequeño en la parte trasera de la casa. ¿Qué estaba
tramando? Nada bueno si juzgaba la mirada amplia que ahora se
encontraba con la suya. Parecía que la habían atrapado tratando de robar
las joyas de la reina.

—¿Qué haces aquí arriba? —demandó ella, alejando la mano de la


cartera.

—Tengo una pregunta mejor. —Agarrado la copa de bourbon, se


apoyó en la puerta que cerró detrás de él—. ¿Qué estás haciendo en la
Mascarada?
—Intentando tener una agradable y encantadora velada sin ningún
tipo de drama —replicó, y ese pecho encantador y bastante distraído se
hinchó cuando tomó un profundo aliento—. Pero aparentemente eso no
va a suceder.

Él sonrió con suficiencia.

—Eso no es lo que quise decir con la pregunta, y lo sabes. —Hizo una


pausa—. Nunca has estado en este evento antes. Me habría dado cuenta.

—Oh, ¿en serio? —Cerró la cartera.

Dev asintió.

—Hay cientos de personas ahí abajo. ¿Cómo sabes si he estado en


este evento antes y no te has dado cuenta?

—No hay manera de que no te hubiera notado. No si estuvieras


vestida así.

Estuvo callada mientras parecía descifrar lo que él quería decir.

—No estoy segura de que eso fuera un cumplido, pero conociéndote,


probablemente fue un insulto.

—No fue un insulto —respondió él—. Te ves hermosa. Impresionante,


de verdad. Si hubieras estado en este evento antes y te hubieras visto así,
te habría notado de inmediato.

Los labios de Rosie se separaron, llamando su atención. Nunca había


sido un gran besador. Diablos, nunca besó a Sabrina ni una sola vez,
principalmente porque no quería que la boca de esa mujer se acercara a
la suya, pero nunca quiso saber más de lo que sabía y sentía la boca de
una mujer que en ese momento.

—¿Estás borracho? —preguntó ella.

Él arqueó una ceja.

—Ojalá.

Ella miró por la habitación antes de que su mirada volviese a la suya.


Pasó un momento y luego dijo:

—Mi amiga tenía una entrada adicional y sabía que siempre he


querido asistir a la Mascarada, así que me invitó.

Interesante.
—¿La rubia con la que entraste?

Rosie lo miró mientras asentía.

—Pero eso no responde a por qué estás en esta habitación en vez de


con tu amiga y disfrutando de la fiesta.

—Estoy disfrutando de la fiesta.

—¿Sola? ¿En un dormitorio arriba donde estoy seguro que no se


espera que los invitados vengan? —inquirió.

Esos tentadores labios se apretaron.

—¿Pensaste que tal vez te vi y estaba intentando esconderme?

—No creo ni por un segundo que puedas huir de mí.

Rosie puso los ojos en blanco.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Estoy midiendo el espacio de la puerta para las cortinas de perlas.


¿Qué estás haciendo tú?

Una sorpresiva risa brotó de él, el sonido desconocido incluso para


sus propios oídos.

—Estoy seguro de que los propietarios apreciarán la decoración


adicional, pero dudo en serio que eso sea lo que estás haciendo, o al
menos espero que no.

Los ojos de ella se entrecerraron.

—No respondiste a mi pregunta. ¿Por qué estás aquí arriba?

—Te seguí —admitió.

Ella parpadeó.

—Bueno, no solo es espeluznante, también es molesto.

—¿Por qué? —Tomó un sorbo del bourbon, mirándola a través de los


ojos medio abiertos.

—Porque estoy segura de que me has seguido solo para insultarme,


y no voy a darte ese lujo. —Tomó su copa de vino y se acercó hacia
adelante, levantando su barbilla—. Entonces, ¿podrías alejarte de la
puerta?
—No te seguí para poder insultarte. Estoy bastante seguro de que ya
lo hemos establecido cuando dije que te veías hermosa.

—¿En serio? —Fue su respuesta seca—. Considerando que cada


conversación que he tenido contigo, con la excepción del día en el
cementerio, ha terminado contigo insultándome. ¿Por qué esta noche
sería diferente?

Esta noche era diferente. No sabía por qué lo sabía. Tal vez fue
instinto, pero sabía que esta noche no era como ninguna otra anterior.

—¿Siempre eres tan argumentativa?

—¿Siempre eres tan idiota como una despreciable canoa? —


respondió—. Oh, espera. No respondas a eso. Ya lo sé. Lo eres.

—¿Despreciable canoa? No he oído esa palabra desde que tenía...


trece años.

—¿Y qué?

—¿Quién sigue diciendo eso?

—Yo. —Sonrió entonces, y fue directo a su pene, endureciéndolo—.


Lo estoy trayendo con estilo.

Él sonrió débilmente ante eso.

—Pensaste que era un gilipollas.

—Eres ambas cosas. Un gilipollas y una despreciable canoa.

—Eso es bastante impresionante.

—En realidad no. —Tomó un trago de su vino.

Él la vio pasar el dedo por el tallo de la copa de vino y se encontró


extrañamente celoso de la copa. Quería que lo tocara así, pero
considerando el hecho de que probablemente lo odiaba, eso no iba a
suceder... entonces otra vez, lo había sentido la mañana en su
apartamento, y juraría que vio excitación en sus ojos y en sus
respiraciones superficiales y cortas.

—Creo que... creo que debería disculparme contigo —dijo, levantando


su mirada hacia la de ella.

—¿Por qué? —preguntó Rosie, tomando otro sorbo de su vino.


Sintió cómo su pene se endurecía cuando la lengua de ella salió
disparada, atrapando una gota de vino en su labio inferior.

—Vas a hacer que lo diga, ¿verdad?

—¿Es el cielo azul? Sí. —Sonrió con fuerza—. Porque cuando dijiste
disculpa, sonó como si te estuvieras ahogando.

—No lo hice.

—Ahogándote en tu arrogancia —añadió.

—Bien. Actué como un idiota.

—¿En qué momento? ¿En mi apartamento cuando insultaste mi


diseño interior o cuando sugeriste que tenía motivos ocultos para darte
flores en el cementerio?

Él abrió la boca, pero no tuvo la oportunidad de decir nada, porque


aparentemente Rosie no había terminado.

—¿O cuando insinuaste que estaba fuera para hacer algo nefasto a
tu familia solo porque le presenté a mi amiga un tipo? —Se acercó a él,
bajando su copa, y por un segundo pensó que podría tirarle el
contenido—. ¿O te estás disculpando por hacerme mover mi auto y
sentirme completamente inoportuna mientras visito a mi amiga? Espera.
Hay más. ¿Te estás disculpando por decir que la mera idea de tener sexo
conmigo era risible?

Estaba aprendiendo que Rosie tenía una memoria extraordinaria.

—Sí. Me disculpo por todo eso. Lo... siento.

Ella inclinó la cabeza.

—No podrías sonar menos genuino si lo intentaras.

—Fue genuino. —Y eso era... bueno, era verdad. ¿Tal vez había
malinterpretado a Rosie? ¿Tal vez la estaba haciendo sentir culpable por
asociación? No estaba seguro, pero sí... se sentía culpable, y no se sentía
culpable por muchas cosas—. Fui un idiota contigo.

—Sí, lo fuiste, pero no puedes des-idiotizarte.

Parpadeó.

—¿Des-idiotizarme?
Una risita se le escapó a ella, y ni siquiera se resistió. No dudó. Él
sonrió en respuesta al sonido, sorprendiéndose a sí mismo.

—Sí, des-idiotizarte. —Terminó su vino y luego levantó un hombro


encogiéndose de hombros—. No creo que sea posible.

—Todo es posible cuando me esfuerzo en ello.

Ella resopló.

Devlin inclinó la cabeza hacia atrás contra la puerta.

—¿Así que no aceptas mis disculpas?

—En realidad no. Las palabras no tienen sentido. Las acciones lo son
todo.

—Con eso estaré de acuerdo. —Levantó su copa y la terminó, dando


la bienvenida al bocado de bourbon—. Eres un misterio para mí, y eso
es... diferente —admitió, poniendo su copa en la cómoda—. Podría
averiguar todo lo que siempre quise saber de ti con una sola llamada, y
sin embargo, no lo he hecho. Solo eso es un misterio.

Ella abrió la boca, la cerró y dijo:

—Está bien. No sé ni por dónde empezar con todo eso, así que voy a
decir guau, eso sería una gran violación de la privacidad.

—Lo sería.

Rosie lo miró fijamente por un momento.

—¿Y eso es todo lo que tienes que decir al respecto?

—Así es —respondió, enderezándose y alejándose de la puerta—. Pero


no lo he hecho.

—¿Crees que te mereces una estrella dorada con tu nombre por no


ser un acosador?

Sucedió de nuevo. La sonrisa que no pudo detener y ni siquiera lo


intentó.

—Creo que sí.

—Guau. —Rosie rio, y no sonó amargo ni frío—. Tú eres... otra cosa.

—Me lo tomaré como un cumplido.


—Por supuesto que lo harías. —Levantó un hombro—. Bueno, si
hiciste esa espeluznante llamada telefónica, no vas a encontrar nada
interesante. He vivido una vida bastante aburrida.

—Eso es mentira —murmuró, dando un paso hacia ella—. Dudo que


haya una sola cosa en ti que sea aburrida.

Su mirada se encontró con la de él y pasó un largo momento antes de


que dijera:

—¿De verdad quieres saber qué estaba haciendo aquí arriba?

Su interés fue más que despertado.

—Sí.

Rosie lo miró durante un segundo más y luego se giró, caminando de


vuelta a la mesa de noche para colocar su copa allí. Su mirada se dirigió
a ella, permaneciendo en el movimiento de sus labios.

Cristo.

¿Se le estaba haciendo agua la boca? Porque se sentía así.

Rosie se enfrentó a él. Estaba abriendo la manija.

—Esta habitación está embrujada.

Dev abrió la boca y luego la cerró.

—La leyenda dice que una novia fue asesinada por un amante celoso
en esta habitación, la noche antes de su boda —continuó, sacando un
delgado objeto rectangular negro—. Supuestamente, se pueden captar
los VEF de su voz. Por eso vine aquí.

No debería haberse sorprendido, pero lo hizo.

—¿VEF?

—Sí.

Se acercó a donde ella estaba al lado de la cama.

—¿Encontraste algo?

No respondió inmediatamente.

—No. Me interrumpiste. ¿Pero sabes lo que es un VEF?

Asintió mientras extendía la mano.


—¿Puedo?

Dudó por un momento y luego lo entregó. Sus dedos se rozaron


mientras recogía la simple grabadora negra. Dándole la vuelta, comprobó
si estaba apagada. Lo estaba, pero eso no significaba que no hubiera
estado encendida todo este tiempo.

Dios, hasta él sabía que sonaba paranoico.

Dev sacudió el pensamiento de su cabeza mientras le devolvía la


grabadora a Rosie. Cuando la puso de nuevo en su bolsillo, preguntó:

—¿No vas a tratar de... investigar la habitación ahora?

Ella lo inmovilizó con una mirada graciosa.

—¿Contigo en la habitación? Sí, preferiría hacerme una lobotomía.

—Eso es excesivo.

Cerrando la cartera, la colocó en la cama, y eso le gustó, porque


significaba no estaba planeando irse en ese momento. No debería gustarle
eso, porque tenía que estar abajo en algún momento, cuando empezaran
la subasta.

—No crees en fantasmas —dijo ella, mirando fijamente a la derecha


de ellos. Su reflejo estaba en el espejo de pie—. Así que, tenerte aquí haría
que todo el esfuerzo no solo fuera inútil sino también doloroso.

Dev no sabía por qué dijo lo que dijo a continuación, dando voz a
palabras que nunca dijo ni siquiera a sus hermanos, pero esta noche...
sí, esta noche era diferente.

—Nunca dije que no creyera en fantasmas.

Los ojos de ella se abrieron de par en par detrás de la máscara.

—Estoy bastante segura de que lo hiciste.

Negó con la cabeza mientras la miraba fijamente.

—No creo en mucho de lo que hacen los cazadores de fantasmas o los


psíquicos y ese tipo de cosas. Creo que la mayoría son estafadores o
delirantes, pero nunca dije que no creyera. Hay mucha basura y muy
poca verdad cuando se trata de ese tipo de cosas.

Al principio Rosie parecía no saber qué decir y luego hizo una


pregunta que ya había hecho antes.
—¿Está tu casa embrujada, Devlin?

Él arrastró los dientes por su labio, considerando cómo podría


responder a la pregunta.

—Las cosas... las cosas tienen una forma de suceder allí. Cosas que
no pueden ser fácilmente explicadas.

La emoción se despertó en esos ojos encantadores de ella.

—¿Cómo qué tipo de cosas?

—Ruidos inexplicables. Las cosas se mueven sin que nadie interactúe


con ellas. —Se sentó en la cama alta y estiró las piernas—. He visto...

Ella se sentó a su lado, con la postura rígida por el corsé.

—¿Visto qué?

Su mirada se deslizó hacia la de ella.

—He visto sombras. Movimiento por el rabillo del ojo cuando no hay
nadie más en la habitación o en los pasillos.

Rosie se inclinó hacia él, colocando una mano en la cama junto a su


muslo. Inhaló profundamente, captando el olor a... coco.

—Entonces, ¿crees que tu casa está embrujada? ¿Entonces por qué


esa actitud cuando te pregunté por primera vez?

Él volvió a mirar su boca y tuvo que abrir sus muslos.

—¿Porque soy un gilipollas?

Una pequeña sonrisa apareció.

—Suena más o menos correcto.

—Solo puedo creer lo que he visto y lo que he experimentado —dijo.

—Pero si has visto y oído cosas en tu casa, ¿cómo puedes ser tan
indiferente a los cazadores de fantasmas y a las experiencias de otras
personas?

—Porque como dije, creo que la mayoría de ellos son estafadores o


delirantes.

La sonrisa de Rosie se desvaneció.

—¿Piensas eso de mí?


No sabía lo que pensaba de ella.

—Creo que crees en lo que estás haciendo.

Los ojos de Rosie se entrecerraron.

—Buena elección de palabras.

Él levantó un hombro.

—No lo entiendo —dijo ella después de un momento—. ¿Has


experimentado actividad sobrenatural y sin embargo dudas
universalmente de las afirmaciones de los demás? No lo entiendo.

Dev se inclinó hacia atrás, apoyándose en su brazo mientras


inclinaba su cuerpo hacia el de ella.

—Vi algo justo esta semana. —Sintió que un lado de sus labios se
curvaba—. Una sombra negra en el otro extremo del vestíbulo. Pensé en
ti cuando lo vi.

—Estoy segura de que eso te llenó de pensamientos felices.

—Yo no diría exactamente feliz —murmuró, dirigiendo su mirada al


espejo—. ¿Alguna vez has visto algo, con tus propios ojos?

—Sí —dijo rápidamente—. He visto fantasmas y los he escuchado.

Por alguna razón pensó en aquel sábado por la tarde cuando era un
niño, la última vez que el amigo de su madre trajo a Pearl a la casa.

—Entonces, ¿crees en la vida después de la muerte?

Rosie bajó su barbilla y varios rizos cayeron sobre sus hombros,


rozando la parte superior de sus pechos.

—Hay algo después de la muerte. Si no lo hubiera, no habría


espíritus. Y si no los hubiera, entonces ¿cuál sería el sentido de todo esto?
¿Todas las alegrías y las tristezas, todos los fracasos y los éxitos?
¿Pasamos por toda esta vida y luego nos morimos y ya está? No quiero
creer eso. —Hubo una pausa en la que apretó sus labios gordos—. No
puedo.

Dev sintió que su pecho se apretaba mientras ella levantaba la mirada


hacia la suya. Al igual que antes, las palabras se formaron en la punta
de su lengua. Palabras que nunca había dicho en voz alta a otro ser
humano.
Tal vez era porque era una extraña para él, pero al mismo tiempo no
lo era. Tal vez fue porque sabía tan poco de él y él sabía tan poco de ella.
Y tal vez fue porque ella no estaba impresionada por él. No estaba
cautivada o no estaba tratando de atraerlo. Sabía que había una buena
posibilidad de que pudiera estar trabajando con Ross, pero lo que sí sabía
con seguridad era que no le tenía ni remotamente miedo.
Así que tal vez sabía por qué dijo lo que salió de su boca a continuación.

—Morí una vez.

—¿Qué? —Ella levantó la mano y sus dedos se dirigieron al fino


cordón que sujetaba la máscara en su lugar.

—No lo hagas. —Devlin le agarró la muñeca—. Es... más fácil de esta


manera.

Rosie lo miró fijamente y luego su mirada se dirigió hacia donde él


llevó su mano a la cama. Pasó un largo momento.

—¿Moriste?

—Probablemente debería haber explicado. —Una sonrisa irónica se


dibujó en su boca—. Cuando era joven, un niño, en realidad fui... fui
herido gravemente. Morí, pero fui revivido.

—Oh, Dios mío. —Su cuerpo se balanceó hacia delante mientras


ponía ambas manos en la cama junto a su muslo—. Nunca he
experimentado nada como eso. Quiero decir, he hablado con gente que lo
ha hecho, pero... ¿qué te pasó?

Sus hermanos no habían nacido todavía y ni siquiera sabían de esto.


Las únicas personas vivas además de él que sabían lo que pasó esa noche
después de que encontrara a la madre de Pearl en la habitación con su
padre eran Besson y su esposa, Livie, y así iba a seguir siendo.

—Era un niño, jugando. Me hice daño.

Ella lo miró fijamente durante un momento mientras alargaba su


mano libre, jugando con la cadena alrededor de su cuello.

—¿Recuerdas lo que pasó cuando...?

—¿Morí? —Los dedos de Dev parecían moverse por sí mismos,


encontrando su camino bajo la manga de su vestido—. Fue hace muchos
años y algunos de los recuerdos han perdido su claridad, pero recuerdo
trozos y piezas. Por muy cliché que suene, había una luz blanca. No había
ningún túnel. Pero había una luz brillante. Era todo lo que podía ver y...
Sus dedos se quedaron quietos alrededor del collar.

—¿Y qué?

Una parte de él todavía no podía creer que estuviera diciendo algo de


esto y ni siquiera podía culpar al bourbon.

—Escuché la voz de mi abuela.

Incluso con la máscara todavía en su lugar, podía ver cómo el rostro


de ella se suavizaba mientras arrastraba su dedo por la parte interior de
su muñeca.

—Eso tuvo que ser muy especial, ¿no? Quiero decir, estoy segura de
que de joven estabas asustado y confundido, pero escuchar a un ser
querido que ha fallecido... eso... —Respiró hondo y cuando habló, su tono
era melancólico—. Eso tuvo que ser increíble.

De repente, había algo que él quería saber... no, necesitaba saber.

—¿Cómo murió tu marido?

Rosie tiró y él la soltó. Se enderezó mientras dejaba caer sus manos


en su regazo.

—No nos conocemos así para ese tipo de conversación.

—Acabo de decirte que morí y escuché la voz de mi abuela. ¿Cuánto


más necesitamos conocernos antes de que me digas eso?

Ella se quedó callada y luego rio.

—Ese es un buen punto y odio incluso admitirlo ante ti.

—Siempre tengo buenos puntos.

Rosie arrugó su nariz.

—Eso está por verse. —Se miró los dedos y luego lo miró a él—.
Tengo... —Se mordió el labio y miró hacia otro lado.

—¿Qué?

Rosie sacudió sus hombros.

—Tengo que pedirte un favor. Probablemente dirás que no, pero


acabas de decirme que tu casa está embrujada y...

—No investigarás mi casa —respondió secamente—. Y no has


respondido a mi pregunta.
—No pido que se investigue tu casa. En realidad no. —Entrecerró los
ojos.

—Tu hermano está renovando una casa en el Distrito Garden. Quiero


entrar en esa casa, junto con mi equipo.

Devlin inclinó la cabeza hacia atrás.

—¿Para hacer qué?

—Tenemos un cliente que vive en la casa de al lado y que ha estado


experimentando un embrujo bastante dramático. Creemos que se debe a
la casa que Lucian está renovando —explicó—. ¿Puedes hablar con
Lucian y hacer que nos deje revisar su casa?

—Déjame ver si entiendo. ¿Quieres que mi hermano te deje entrar en


su casa para ver si está embrujada?

Asintió.

Dev, Dios mío, no tenía ni idea de cómo responder a eso, pero luego
la vio chuparse el labio inferior entre los dientes. Aunque era una mierda,
se dio cuenta de que tenía poder de negociación, y que había algo que
quería. Muchas cosas que quería, en realidad.

—Te meteré en la casa.

—¿Qué? —La sorpresa determinó su tono—. ¿Es en serio?

Una media sonrisa se dibujó en los labios de Dev.

—Con una condición.

—¿Qué condición?

Él se sentó e inclinó lo suficiente como para oírla inhalar. El olor a


coco le volvió a molestar.

—Es una condición bastante grande.

—¿De acuerdo? ¿Qué es?

Lo que estaba a punto de decir no estaba planeado. No estaba


calculado de la manera que quería que fuera y a lo que estaba
acostumbrado. Su condición era... simplemente algo que deseaba.

—Bésame —dijo, en voz baja—. Esa es mi condición. Bésame.


Capítulo 14
Traducido por NaomiiMora & YoshiB

Rosie estaba casi segura de que no lo había escuchado


correctamente.

—Voy a necesitar que digas eso otra vez.

Esas pestañas gruesas bajaron.

—La condición es un beso.

De acuerdo.

Lo había escuchado correctamente.

—¿Quieres besarme? —repitió ella, sintiéndose tonta por hacer esa


pregunta y por el aleteo que se agolpó en su estómago.

Esa pequeña sonrisa apareció de nuevo.

—Sí. —Hizo una pausa—. Mucho.

El aleteo ahora se movió hacia su pecho y sintió como si un nido de


mariposas fuera a salir.

—Es el vestido, ¿no? —dijo ella, medio bromeando.

—Lo es.

Él levantó una mano y colocó solo la punta de su dedo sobre el encaje


negro que descansaba sobre su hombro. El ligero toque hizo que los
músculos de su estómago se apretaran mucho más.

—Y es mucho más que eso.

—¿De verdad? ¿Cómo así?

Lentamente, muy lentamente, él arrastró el dedo por el cuello.

—¿Realmente necesito explicar por qué quiero besarte?

—Teniendo en cuenta que hace unos días dijiste que la idea...


—Sé lo que dije —interrumpió, y su dedo llegó a la hinchazón de sus
pechos. Todo su cuerpo se sacudió cuando un dulce y embriagador rubor
invadió su sistema—. Eso fue una mentira.

Le resultaba difícil conseguir suficiente aire en sus pulmones, y


estaba culpando totalmente al corsé por eso.

—Entonces, ¿qué piensas? —Arrastró su dedo hacia el centro de su


corpiño, hacia donde se encontraban sus senos. Un dolor la llenó, potente
y rápido cuando curvó su dedo sobre el centro de su vestido, tirando
ligeramente de éste. Sus pestañas se levantaron y esos notables ojos
atravesaron los de ella—. ¿Sobre mi condición?

Nunca en un millón de años Rosie pensó que estaría en esta


situación. Ni siquiera en sus fantasías más imposibles podría haber
soñado este momento con Devlin De Vincent.

Y tenía algunas fantasías bastante lejanas. Una involucraba un traje


de Papá Noel, pero no iba a enfocarse en eso en este momento.

Desde el momento en que entró en esta habitación, todo se había


vuelto surrealista. El hecho de que no estuvieran en la garganta del otro
y que hubiera compartido algo tan personal con ella era un testimonio de
lo extraña que estaba resultando esta noche, así que ¿por qué estaba tan
sorprendida de que quisiera besarla?

Esta noche era... Era simplemente diferente.

La mirada de Rosie vagó por su rostro. Tal vez eran las máscaras. Tan
estúpido como sonaba, la hacía sentir que no eran realmente ellos. No
estaba segura de por qué, pero lo único que sabía era que, a pesar de
todas las cosas que se habían dicho, quería besarlo.

Y Rosie había aprendido hace mucho tiempo a hacer lo que querías


antes de que no tuvieras la oportunidad de hacerlo nuevamente.

—Está bien —susurró—. Estoy de acuerdo con tu condición.

Devlin se quedó muy quieto, su aliento bailando sobre sus labios.

—Entonces hazlo.

Su estómago se revolvió como si estuviera en una montaña rusa a


punto de caer en picado por una colina empinada. Colocando su mano
sobre la cama, ella se inclinó e inclinó la cabeza. Un tembloroso segundo
después, sus labios tocaron los de él. Fue solo el roce más ligero de sus
labios contra los suyos, pero él hizo ese sonido que la hizo estremecerse
salvajemente. Provenía del fondo de su garganta, un gemido profundo
que le curvó los dedos de los pies dentro de los talones. Sus labios eran
suaves y firmes, y cuando tocó la punta de su lengua con la comisura de
su boca, él la abrió.

Rosie se estremeció cuando su lengua tocó la suya. Sabía a bourbon,


y aunque no era una chica de whisky, descubrió que sabía delicioso.
Pecaminoso. Malvado. Lentamente, levantó su mano y la colocó contra
su duro pecho. Juró que podía sentir su corazón latiendo bajo su palma.
En el momento en que lo tocó, todo cambió en el beso.

Rosie podría haber comenzado el beso, pero Devlin ahora tenía el


control completo y absoluto.

Él profundizó el beso, saboreándola como ella lo había hecho. Una


mano se deslizó bajo el peso de su cabello, envolviéndose alrededor de la
nuca, y esos besos profundos, lentos y que freían los nervios cambiaron.
Había un hambre apenas contenida en cómo movía su boca sobre la de
ella, como si apenas se estuviera conteniendo.

Otro estremecimiento la atravesó mientras el calor hervía lentamente


en su estómago. Mareada y sin aliento, gimió contra su boca mientras
sus dedos se curvaban alrededor de la parte delantera de su camisa. La
besó como si no pudiera permitirse dejar una sola parte de ella sin
explorar.

La forma en que la besó la destrozó.

Entonces la mano que estaba contra el centro de sus senos se movió,


arrastrándose sobre la elevación de sus senos. Su cuerpo reaccionó,
presionó su palma, de repente, desesperadamente queriendo más.

Él volvió a hacer ese sonido y rompió el beso.

—Rosie —suspiró contra su boca—. ¿Que eres?

Ella no entendió esa pregunta, pero no importó, porque la estaba


besando y besando hasta que el latido en su núcleo se extendió y todo su
cuerpo vibró.

Los dedos de Devlin rozaron la punta de su pecho y la espalda de


Rosie se arqueó. Hizo lo que quería hacer desde que lo vio en su
departamento. Levantó la mano y le pasó los dedos por el pelo. Los
cabellos eran suaves, nada rígidos y más largos de lo esperado. Cómo
lograba que se quedaran peinados hacia atrás sin algún tipo de producto
estaba más allá de ella, pero estaba agradecida por eso, arrastrando sus
dedos por el cabello, tirando de los extremos mientras alcanzaba la parte
posterior de su cabeza.

Se estaba ahogando en sus besos, cayendo tan lejos, y podía sentirlo


caer detrás de ella. Los besos se estaban volviendo frenéticos, más
profundos y más duros. Tiró de su cabello nuevamente.

Devlin gimió, mostrando los dientes mientras se retiraba. La máscara


que llevaba puesta todavía estaba en su lugar, y esos pálidos ojos ardían.

—No creo que mi condición sea suficiente.

Balanceándose ligeramente, ella se sostuvo contra él mientras su


dedo se movía hacia adelante y hacia atrás sobre su pecho.

—¿No lo será?

—No. —La única palabra fue dura, gutural. Le envió un escalofrío por
la espalda—. Quiero hacer un arreglo a la condición.

Con los ojos entornados, ella lo miró y habló con una voz que sonaba
ronca:

—¿Qué tipo de arreglo?

—Necesito más que un beso.

Su ritmo cardíaco se triplicó cuando deslizó su mano fuera de su


cabello, vagamente complacida de verlo despeinado.

—¿Tienes alguna idea de lo que necesitarás?

Él le quitó la mano de sus pechos.

—Tengo muchas ideas.

Esto rápidamente estaba fuera de control. Rosie lo sabía y también


sabía que había varias razones por las que debía frenar, o al menos tratar,
pero si se trataba de un automóvil, estaba a punto de pisar el acelerador
y empujarlos a ambos por un precipicio.

Su mirada se encontró con la de él.

—Entonces, ¿por qué no me lo muestras?

Un brillo voraz y depredador llenó los ojos de Devlin. Sin decir una
palabra, tomó su mano y se levantó, acercándola. Esperaba que la
atrajera hacia sus brazos, pero eso no fue lo que hizo. La giró, de modo
que su espalda estuviera frente a él. Soltó su mano y colocó la suya sobre
sus hombros.

—¿Nos ves? —preguntó él.

Al principio no entendió lo que quería decir, pero cuando su mirada


recorrió la habitación, los vio en el espejo de pie.

Respiró hondo.

—Lo hago.

—Quiero saber.

Una mano se deslizó por su brazo, sobre su cintura, hasta su cadera.


La otro vagó y esos largos y elegantes dedos suyos se enroscaron
alrededor de su pecho. Le gustaba eso, le gustaba demasiado, Rosie se
mordió el labio.

—¿En qué estás pensando cuando nos ves en el espejo?

¿En qué estaba pensando? Sacudió un poco la cabeza. Su reflejo era


nada menos que pecado decadente. Él elevándose detrás de ella, una
mano en su cadera, la otra abriéndose y cerrándose alrededor de su
pecho. Sus máscaras en su lugar y sus labios separados.

—Estoy pensando que yo… Quiero saber cuál es tu arreglo —dijo.

—Estás impaciente, ¿verdad?

—Siempre.

Devlin emitió un sonido que le recordó a una risa áspera, inusitada,


y luego se acercó a ella y, usando la mano en su cadera y su pecho, la
empujó hacia atrás contra su frente.

Lo sintió, toda su fuerza revestida de hierro. Era mucho más alto,


pero de alguna manera alineó sus cuerpos, presionando sus caderas
contra su trasero, y lo sintió allí, duro y grueso.

—Dime, Rosie, ¿vas a fingir de nuevo? —Su aliento flotó sobre su


sien—. ¿Pretender que no sientes cuánto te deseo?

En lugar de usar palabras, ella empujó sus caderas hacia atrás y las
rodó. El profundo gemido de Devlin se convirtió en un gruñido y su mano
se apretó sobre su cadera mientras giraba sus caderas contra su trasero.

—Está bien —exhaló él—. No estás fingiendo.


—Nop. —Dejó caer la cabeza hacia atrás contra su pecho—. ¿Tú estás
fingiendo?

Él pareció estremecerse contra ella.

—No. Sí. ¿Ambos?

—Eso suena confuso.

—Y complicado, Rosie. Muy complicado. —Sus dientes atraparon el


lóbulo de su oreja, mordisqueando la piel sensible. Ella jadeó y se
estremeció—. Quiero que nos veas.

Rosie apenas podía recuperar el aliento.

—Estoy viendo.

—Bien —murmuró él, besando su cuello mientras agarraba en un


puño la falda de su vestido—. No quiero que te pierdas ni un momento
de esto.

Ella tampoco, así que lo vio levantar la falda de su vestido, centímetro


a centímetro. Revelando primero su pantorrilla y luego su rodilla, hasta
que su muslo apareció en el reflejo y sus piernas se debilitaron. Se
detuvo.

Devlin besó el espacio detrás de su oreja y luego presionó su mejilla


contra la de ella. Podía verlo observando en el reflejo mientras levantaba
la falda hasta su cintura, tirando el material a un lado, desnudándola.

—Mierda —gruñó él.

A ella le gustó la forma en que dijo eso, por lo que sus caderas se
movieron un poco en respuesta.

—¿Sin bragas?

—No quería que se me marcaran —explicó, sintiendo que su rostro


comenzaba a calentarse—. Y odio las tangas.

—Mmmm. —Sus caderas empujaron contra su trasero y sintió que se


tensaba contra ella—. Traviesa.

Ella se soltó el labio inferior y sonrió.

—¿No lo apruebas, Devlin?

Él apretó su seno, provocando un gemido de ella cuando el malvado


mordisco de dolor fue seguido inmediatamente por un torrente de placer.
—Nunca he aprobado nada más en mi vida. —Entonces giró la cabeza
y le pasó los labios por la mejilla mientras todavía la miraba—. Hermosa.
Simplemente hermosa. Levanta la pierna.

Una fuerte exhalación la dejó. Apoyando su mano sobre su brazo,


justo arriba de donde sostenía su vestido, ella se equilibró mientras
levantaba la pierna, colocando el pie en el borde de la cama.

Estaba desnuda y abierta a sus ojos, y, oh Dios, su mirada era


codiciosa y devoradora, y quería ser devorada. Consumada. Tomada.

—Eres… —La besó en la mandíbula y luego enderezó la barbilla para


mirar de nuevo el reflejo—. Eres exquisita. Absolutamente deliciosa.
Mírate.

Estaba mirando.

—Eres... Complicada.

Esa palabra otra vez.

—Complicada.

Sintió eso en su núcleo. Sí. Lo sintió mientras sus muslos temblaban,


mientras todo su cuerpo temblaba. Se quedó muy quieta, dejando que un
hombre que la llenaba de ira y lujuria irracionales a partes iguales la
mirara, dejando que un hombre que era un extraño con la capacidad de
cortar con palabras y hacerla perder la cabeza con besos. Complicada. Y
no era una mujer tímida. Le gustaba pensar que era bastante aventurera
cuando se trataba de momentos sexys y divertidos, pero esto era diferente
y nuevo para ella. La dejaba sintiéndose vulnerable, en carne viva y muy
tensa. Nunca se había sentido así, no con nadie. Entonces, sí, esto era
complicado.

—Sostén tu vestido —ordenó suavemente.

Rosie hizo lo que le pidió sin preguntar. Sostuvo su vestido para


permanecer expuesta a él, a ellos.

Ahora con su mano libre, se movió hacia su muslo desnudo. Su


corazón estaba tratando de salir de su pecho. Lo notó de inmediato. No
cómo su piel era más oscura que la de él o qué tan grande era su mano
contra su muslo, sino cómo se sentía su palma. Qué rudas eran sus
manos. Le recordaron a Ian. Las manos de alguien que las usaba, y eso
la sorprendió, porque no creía que tuviera las palmas y las almohadillas
callosas. Había pensado que sus manos serían suaves y mimadas.
Protegido.
Se echó hacia atrás contra su erección y él gruñó:

—Más amplio.

Se abrió lo más lejos que pudo sin perder el equilibrio. Esa mano en
su muslo no se movió por mucho tiempo. Se sintió como una eternidad
cuando el aire frío bañó su carne caliente.

—Recuerdo algo más. —Deslizó su palma por la parte interna de su


muslo. Acercándose más y más a donde le dolía y latía—. ¿De la noche
en que morí? No había un túnel —dijo, y ella tembló cuando su dedo
recorrió el pliegue de su muslo y luego, su palma se alisó sobre su muslo
exterior—. Pero hacía muchísimo frío. Nunca sentí ese tipo de frío antes.
Era profundo, interminable y más allá de lo físico. ¿Entiendes? No era mi
piel o huesos los que estaban fríos. Era yo. Siento esa frialdad desde
entonces.

Ella tragó, y tal vez en diferentes circunstancias podría recordar si


otras personas que habían tenido experiencias cercanas a la muerte
sintieron lo mismo, pero no podía por el momento. Solo había una cosa
que quería saber.

—¿Tienes frío ahora?

—No. —Su mano se deslizó debajo de su muslo y cuidadosamente


movió su pie, cerrando sus piernas hasta que solo un indicio de su lugar
más vulnerable fue visible para sus ojos—. Estoy en llamas ahora.

—Bien —susurró—. No quiero que tengas frío.

Se detuvo detrás de ella, su mano debajo de su pierna. Pasó un largo


y breve momento y luego dijo:

—Me dejarías entrar en este momento, ¿no?

Ella tembló, no avergonzada de admitir la verdad, pero un poco


asustada de hacerlo cuando él le pasó los dedos por el hueso de la cadera.

—Te dejaría hacer casi cualquier cosa en este momento.

—Lo sé. —Besó su sien, y por alguna razón, eso hizo que su corazón
se apretara, su pecho se contrajera—. Eso hace que esto sea peligroso.

—¿Por qué?

Sus dedos bailaron sobre la delicada piel sensible de su montículo.

—Porque quiero inclinarte y hundirme tan profundamente dentro de


ti, que me sentirás por días.
Un rayo de pura lujuria la sacudió.

—¿Cómo es eso peligroso?

Devlin no respondió a eso, pero levantó la cabeza para poder ver su


reflejo nuevamente. Sus ojos se encontraron en el espejo, y luego la tocó
ligeramente, justo en el centro, dibujando sus dedos a lo largo de sus
pliegues. Se le cortó la respiración cuando sus caderas se retorcieron.
Ese dedo perezoso suyo se arrastró sobre su clítoris, extendiendo su
humedad. Luego se deslizó en ella, solo la punta de su dedo, y sintió que
se enroscaba profundamente dentro de ella, el endurecimiento de los
músculos era tan agudo, tan rápido que pensó que podría venirse en ese
momento.

Devlin hizo este sonido irregular y lo sintió tensarse detrás de ella.


Esperó a que metiera sus dedos, que la follara así de duro y rápido.
Esperó, su aliento salió breve y poco profundo. Esperó...

De repente, Devlin retiró la mano de ella.

—Alguien viene.

El hombre debe haber tenido una audición increíble, porque todo lo


que ella podía escuchar era un golpe de sangre y las súplicas que estaban
a punto de salir de su boca.

—¿Qué? —jadeó.

—Momento terrible. —Quitó su pierna de la cama y, como todavía ella


estaba inmóvil, liberó su mano, dejando que su vestido cayera, arrugado,
en su lugar—. No quiero que nadie más vea eso.

Una risita salvaje subió por su garganta cuando la apartó de la cama,


aun manteniendo su frente apretado contra su espalda.

—¿Dev? —Una voz masculina llamó desde el pasillo—. ¿Estás aquí


arriba? Se te necesita abajo, en el escenario, y todos los que son
importantes se están poniendo ansiosos.

Maldijo rápidamente por lo bajo mientras le rodeaba la cintura con


un fuerte brazo.

—Sí —gritó sobre su cabeza—. Saldré en un momento.

—Muy bien —llegó la respuesta goteando de curiosidad—. Estaré


esperando. Aquí afuera. —Hubo una pausa—. En el pasillo. Solo.

Los labios de Rosie se fruncieron.


—Por supuesto —murmuró Devlin cuando su erección se presionó
contra ella.

Rosie colocó su mano sobre su boca y sofocó la risita que finalmente


se liberó.

—¿Crees que esto es divertido? —preguntó él, dándole la vuelta para


que ella lo mirara. Había una suavidad en sus ojos que nunca había visto
en ellos antes—. Apenas puedo caminar y me necesitan en el escenario
donde estaré parado frente a cientos de personas.

—Lo siento —dijo ella, reprimiendo otra risa mientras colocaba sus
manos sobre su pecho—. ¿Quieres que me ocupe de eso? Soy bastante
rápida y buena en eso. O eso me han dicho.

La suavidad se desvaneció, reemplazada por un hambre absoluta.

—Dios. —Ahuecó su mandíbula—. Esa sugerencia no está ayudando.

—Pero podría —bromeó, comenzando a deslizar su mano por su


estómago.

Él atrapó su muñeca.

—Eres un… problema.

—Ese es mi segundo nombre. Bueno, mi segundo nombre es June.


Problema es mi apodo. Eso suena mejor.

—¿Rosalynn June? —Inclinó la cabeza.

—Sí —tiró de su voz.

La miró un momento.

—Bueno, Rosalynn June, aunque me encantaría tener tu boca


alrededor de mi pene, tengo la sensación de que empeorará las cosas.

—Oh, no, hará que esto sea mucho, mucho mejor. Soy pro…

—Me estoy aburriendo de esperar —llegó la voz de nuevo, desde


afuera—. Voy a entrar.

Devlin se apartó de ella.

—Si entras aquí, lo juro por Dios…

La puerta se abrió, y había un rubio alto parado en la puerta, con


una máscara de plumas que parecía que hubieran utilizado una máquina
para hacerla.
Devlin dio un paso y se paró frente a ella, bloqueándola a medias.

—Bueno, ¿qué demonios estás haciendo aquí, Dev? —preguntó el


hombre, una mueca lenta apareciendo en sus labios y extendiéndose en
una amplia sonrisa—. Con… —Se inclinó hacia un lado, tratando de ver
más allá de Devlin—. ¿Quién es esa?

—Si no sales de esta habitación, te eliminaré física y dolorosamente


—respondió Devlin, y los ojos de Rosie se ampliaron.

El hombre no parecía en absoluto preocupado.

—Pero tengo curiosidad, Dev. Y sabes lo que sucede cuando tengo


curiosidad.

Algo hizo clic en su lugar. ¿Qué dijo Devlin sobre las personas que lo
llamaban Dev? ¿Eran solo sus hermanos?

—Vete —respondió Devlin.

El hombre suspiró bastante fuerte.

—Bien. —Miró a Rosie, y ella pensó que tal vez sus ojos eran como
los de Devlin—. Adiós, misteriosa dama, espero que nos volvamos a ver.

Devlin exhaló bruscamente por la nariz cuando el hombre salió de la


habitación y cerró la puerta detrás de él. Después de un momento, se
volvió hacia ella.

La mirada de Rosie cayó.

—Todavía estás duro, solo para tu información.

Sus labios se torcieron.

—Sí, soy consciente de eso, gracias.

Incapaz de evitarlo, ella le sonrió.

—La oferta sigue en pie.

Él gimió mientras miraba la puerta cerrada.

—Problemas —repitió por lo bajo—. Putos problemas.

—¿Lo siento?

Su mirada se deslizó hacia ella.

—No, no lo sientes.
—No. —Levantó la vista hacia su cabello desordenado—. Aquí.
Déjame arreglar esto, al menos.

Devlin se quedó quieto mientras ella se estiraba sobre las puntas de


los dedos de los pies y alisaba los mechones de su cabello hacia atrás.
Mientras le arreglaba el pelo lo mejor que podía, él la miró como si no
entendiera lo que estaba haciendo.

—Ahí. —Se acomodó sobre sus pies—. No es perfecto, pero no pareces


como…

—¿Que estaba a segundos de tener mis dedos en un coño mojado?

Santa mierda, realmente acababa de decir eso.

No era una persona que se avergonzara fácilmente, pero ella estaba


segura de que sentía que su cuerpo comenzaba a arder con una mezcla
de eso y anhelo.

—Bueno, todavía estás duro, así que sí, te ves así, pero espero que
puedas resolverlo antes de subir al escenario.

Devlin soltó una risa baja y breve.

—Necesito irme.

—Lo sé. —Dio un paso atrás.

Él no se movió por un largo momento.

—No quiero.

El aliento de Rosie hizo esa tontería, atrapándose en su garganta de


nuevo. Algunas personas no pensaban que eso fuera real. El aliento.
Rosie sabía que era real, y algo entre ellos cambió en ese momento. Es
extraño que no fuera cuando estaba coqueteando con ella o cuando la
estaba besando o incluso cuando la estaba tocando. Era ahora, cuando
estaba de pie delante de ella, abierto y… y humano. No fríamente remota
y distante, y se dio cuenta de que… le gustaba este Devlin.

Le gustaba este Devlin, el que admitió que su casa estaba embrujada


y le dijo que había muerto una vez. Le gustaba este Devlin, el que llevaba
una máscara y besaba… Dios, besaba como un hombre que bien podría
llevar a cabo todo lo que había dicho ese día sobre la marcha. Le gustaba
este Devlin, el que apenas la tocaba y casi la llevaba al borde de la
liberación, que la miraba como un hombre muerto de hambre.
La culpa emergió, reviviendo. Porque le gustaba este Devlin, quería
contarle sobre su padre… sobre lo que sucedió durante la lectura con
Sarah. Parecía tan injusto que no se lo había dicho, porque si estuviera
en sus zapatos, querría saberlo.

Pero ahora no era el momento.

—Lo sé —repitió ella finalmente.

Devlin la miró un momento más y luego asintió antes de alejarse. Se


detuvo en la puerta y la miró.

—¿Mi condición con respecto a la casa de Lucian? Acabas de conocer


a Lucian, por cierto. —Había una media sonrisa malvada en su rostro—.
Todo lo que necesitabas hacer era preguntarle. Te hubiera dejado entrar.
Su novia está aterrorizada por los fantasmas y definitivamente querría
saber si su nuevo lugar está embrujado. No tenías que pasar por mí.

Su boca se abrió cuando la risa más fuerte que soltó estalló de ella.

—Idiota.

Capturando su mirada, él le guiñó un ojo y luego hizo una reverencia.

—Estaré en contacto.
Capítulo 15
Traducido por NaomiiMora & YoshiB

Lucian lo estaba esperando en el pasillo, con aspecto aburrido


mientras se apoyaba contra la pared, junto a una de sus pinturas. Era
una pintura del pantano, capturada al anochecer y representada de
manera tan realista, que parecía una fotografía en lugar de una pintura.

El hermano menor de Dev era molesto, pero también era un pintor


extremadamente talentoso.

—Realmente no necesitabas esperarme aquí —dijo, pasando a su


hermano.

—¿Quién era ella? —preguntó.

Dev llegó a la mitad del pasillo antes de darse cuenta de que Lucian
no se había movido. Se detuvo y se dio la vuelta.

—¿Qué estás haciendo?

—Esperando. —Un brillo travieso llenó sus ojos—. ¿Quién es ella,


Dev?

La ira pinchó sobre su piel, picándole. No estaba seguro de qué lo


enojaba más. Estar tan cerca de sentir lo que sabía seguramente era el
jodido cielo o el hecho de que sabía que su hermano podía ser como un
perro rabioso con un juguete cuando quería serlo. También era lo
suficientemente consciente de sí mismo como para admitir que había
permitido que el deseo anulara el sentido común, algo que nunca antes
había permitido. No se arrepentía de lo que pasó. Simplemente no sabía
cómo... procesarlo, especialmente porque sabía que lo que había
compartido con Rosie era algo de lo que no hablaba con nadie ¿y si ella
de alguna manera estaba trabajando con Ross?

Demasiado tarde para cuestionar eso ahora.

—¿Dónde está Julia? —preguntó.


—Abajo, haciendo amigos. — Lucian sonrió—. No ese tipo de amigos
que creo que justo estabas haciendo en esa habitación. Realmente
lamento haber interrumpido.

La mandíbula de Dev se endureció.

—Esa sería la primera vez.

—Lo sé, ¿verdad?

La mirada de su hermano volvió a la habitación de la que Dev acababa


de salir. Sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que Rosie se
fuera, y si Lucian todavía estaba allí, bombardearía a la mujer con
preguntas. Lucian a menudo no tenía filtro y no veía la necesidad de
desarrollar uno.

—Vamos —llamó a Lucian—. Tengo que estar abajo y supongo que


quieres volver con Julia.

Su hermano dudó y luego se apartó de la pared. Rápidamente se puso


a su lado.

—¿Me vas a contar sobre ella?

Dev realmente no quería, pero pensó que Lucian la reconocería si


investigaba su casa. Decir que estaba sorprendido de haber aceptado eso
todavía lo ponía nervioso. No había mentido cuando le dijo que todo lo
que tenía que hacer era ir con Lucian, pero su relación con Ross, fuera
lo que fuera, hacía que decirle algo fuera un riesgo, pero de nuevo, ya era
demasiado tarde para eso y siempre existía la posibilidad de que Rosie
no hubiera mentido cuando decía que no sabía de las intenciones de
Ross.

—Es amiga de Nikki. En realidad estábamos hablando de ti —dijo


cuando llegaron a la cima de las escaleras.

Lucian lo miró.

—Bueno. No sospechaba eso.

Lo que le estaba diciendo a su hermano no era necesariamente una


mentira. Simplemente estaba omitiendo una gran cantidad de otros
eventos que habían tenido lugar en esa habitación.

—Te contaré lo demás después de la subasta.

Su hermano guardó silencio mientras bajaban las escaleras y un mar


de gente disfrazada los saludó. El silencio, sin embargo, no duró.
—Entonces, ella es amiga de Nikki y ustedes estaban hablando de mí;
esto último es interesante, pero hay algo que quiero saber. ¿Quién es ella
para ti?

Dev se detuvo al final y luego, como si se sintiera hechizado, miró por


encima del hombro y luego arriba de las escaleras. Algo se agitó
profundamente dentro de él cuando la vio esperando fuera de la vista. No
sabía qué era ese algo, y a la mierda con ello, quería averiguarlo, y eso…
eso no era algo típico de él. Querer descubrir algo sobre Rosie no era
inteligente, no ahora. Jamás.

—¿Dev? —dijo Lucian su nombre en voz baja, y sin mirarlo, supo que
su hermano lo estaba observando de cerca.

—No sé —dijo Dev finalmente, y esa era la maldita verdad—.


Realmente no sé.

—¿Estás segura de que estás bien si me voy con Theo? —preguntó


Sarah, quitándose la máscara.

—Por supuesto.

Rosie tenía muchas preguntas, sobre cómo terminó hablando con


Theo, el chico que había estado hablando con Rosie antes de que saliera
corriendo de la gran sala, pero eso tendría que esperar ya que Theo estaba
esperando al pie de las escaleras.

Sarah y ella ahora se destacaban en el amplio porche, debajo de uno


de los ventiladores de techo que giraban lentamente. La Mascarada
estaba llegando a su fin, y la mitad de los asistentes ya se habían ido o
estaban borrachos por el suministro interminable de champán y whisky.

La mirada de Sarah buscó la de ella.

—¿Y por qué te vas? Conociste a alguien.

—En realidad no —respondió, y eso no era exactamente una mentira


teniendo en cuenta que se había encontrado con Devlin antes.

Su amiga inclinó la cabeza.

—Sabes, sé que conociste a alguien. Como mi araña psíquica...

—Detente —rió Rosie—. Ponte en marcha y no te portes bien esta


noche.
—No estaba planeando hacerlo —respondió Sarah astutamente,
sonriendo mientras miraba sobre su hombro a donde Theo la esperaba—
. ¿Tienes a alguien que te lleve?

Rosie asintió con la cabeza cuando una pareja mayor bajó los
escalones. Planeaba ir a casa en un Uber.

—Que te diviertas.

Sarah sonrió mientras avanzaba hacia la parte superior de los


escalones. Se detuvo y se volvió hacia Rosie.

—Recuerda lo que dicen sobre bailar con el diablo, Rosie.

Su boca se abrió mientras miraba a su amiga. El diablo. Rosie solo


podía pensar en Devlin.

—Pero lo que no dicen es que a veces necesitas quemarte. —Sarah


guiñó un ojo—. Que tengas una buena noche, Rosie.

Honestamente no tenía respuesta mientras veía a Sarah literalmente


saltar los escalones. Realmente no había tenido tiempo ni la oportunidad
de contarle a Sarah lo que había pasado en la habitación de arriba con
Devlin. O que estaba allí esperándolo, porque lo estaba.

Guardar secretos de amigos psíquicos era difícil a veces.

Respiró hondo y retrocedió hacia las sombras. Apoyada contra la


barandilla, no se permitió pensar demasiado en lo que estaba haciendo,
porque incluso a pesar de ser tan lanzada y a menudo atrevida como era,
podría desahogarse. A diferencia de lo que Sarah estaba a punto de
involucrarse, no estaba esperando continuar con lo que ella y Devlin
habían comenzado arriba.

Aunque, no estaría en contra de eso.

Pero la razón por la que estaba aquí esperando era finalmente


contarle a Devlin lo que había sucedido cuando hizo su lectura con
Sarah. Su estómago se revolvió un poco ante la idea, retorcida por la
energía nerviosa. Desde que Devlin había admitido que su casa estaba
embrujada, pensó que no pensaría que estaba completamente loca por
sacar a colación una lectura psíquica, pero no estaba segura de cómo
respondería. Todo lo que sabía era que no podía esperar más.

Y no tenía que hacerlo.

Tres de ellos salieron de la casa al mismo tiempo. En el frente había


una morena alta y curvilínea que llevaba un vestido similar al suyo. Su
cabello estaba rizado y recogido. Todavía llevaba su máscara mientras
miraba al hombre cuyo brazo estaba enrollado alrededor de su cintura.
Un hombre que ahora reconocía. Era Lucian. Se había levantado la
máscara, haciendo que mechones de cabello rubio sobresalieran en
cualquier dirección. Le estaba diciendo algo a la mujer, haciéndola reír.
Detrás de ellos estaba Devlin, la máscara todavía impecablemente en su
lugar.

Respirando hondo, ella comenzó a salir de las sombras, pero antes de


que pudiera moverse, Devlin se volvió y la miró directamente.

Su corazón dio un vuelco al igual que Sarah cuando bajó las


escaleras. ¿Cómo demonios sabía que estaba parada allí? Un
estremecimiento caliente y apretado se enroscó en su estómago,
enredándose con los nervios.

—Discúlpame —dijo a su hermano, alejándose de ellos, hacia ella.

Lucian se volvió y tuvo la clara sensación de que podía verla


claramente.

—Preguntas, Dev. Tengo muchas, muchas preguntas.

—Vamos. —La mujer junto a Lucian le pasó su brazo sobre el suyo—


. Me prometiste rosquillas y mocha a altas horas de la noche.

—Lo hice. —Lucian todavía miraba donde estaba Rosie—. ¿Y qué me


prometiste a cambio?

—¡Lucian! —La mujer se echó a reír mientras golpeaba su brazo con


fuerza—. Vámonos.

Riéndose, Lucian finalmente miró hacia otro lado mientras dejaba


que la mujer lo arrastrara por las escaleras. Agradecida de que estaba
oscuro donde estaba parada, sintió que su rostro se calentaba mientras
Devlin avanzaba lentamente hacia ella.

—Lo siento —comenzó a decir cuando él se acercó lo suficiente como


para escucharla—. Sé que es tarde y juro que tengo una razón bastante
válida para esperarte. Bueno, es una razón extraña, y no estoy segura de
si la encontrarás válida o no, pero te puedo asegurar, no estoy aquí
esperándote como una acosadora de etapa cinco. Soy…

—Ven conmigo. —Devlin la tomó de la mano y luego no le dio muchas


opciones.
La condujo lejos de la barandilla, alrededor del porche que envolvía
la casa. No tenía idea de a dónde la llevaba cuando la condujo por un
corto tramo de escaleras y hacia el patio oscuro y vacío en la parte de
atrás, un área que había sido vaciada hace más de una hora.

Ella miró a su alrededor. Había cálidas luces solares amarillas


espaciadas por todas partes, proyectando luz sobre los árboles, pero eso
era todo lo que podía ver.

—No creo que se suponga que debemos estar de vuelta aquí.

—Soy el De Vincent —respondió, deteniéndose cuando se volvió hacia


ella—. Puedo volver aquí.

Rosie abrió la boca para señalar cuán arrogante sonaba eso. También
para señalar que estaba tan oscuro aquí atrás que no había forma de que
alguien supiera si era el De Vincent o no.

Pero nunca tuvo la oportunidad.

Enrollando un brazo alrededor de su cintura, Devlin la levantó. Se le


escapó un grito de sorpresa cuando la atrajo hacia él y la empujó contra
lo que parecía un árbol al mismo tiempo.

La repentina e inesperada sensación de estar atrapada entre la dura


longitud de su pecho y la corteza áspera e inflexible de un árbol abrumó
sus sentidos. Agarró sus hombros, con respiraciones cortas y
superficiales.

Antes de que tuviera la oportunidad de procesar eso, su boca cayó


sobre la de ella en un brutal y crudo beso que tomó esos sentidos
dispersos y los hizo volar. Sus labios se separaron, y Devlin profundizó
ese beso, deslizando su lengua sobre la de ella, robándole el aliento y casi
todo su sentido común.

Porque besaba como si estuviera hambriento por ella, solo por ella, y
como antes, se deleitaba sabiendo que nunca antes había sido besada
así. Besada bruscamente, como si supiera de forma innata que ella podría
tomarlo y, al tomarlo, querría más.

Y maldición, si no quería más.

Quería envolver sus piernas alrededor de sus caderas para poder


sentir ese grosor presionando contra su vientre en un lugar mucho más
interesante, pero el vestido le había atrapado sus piernas contra las de
él.
Devlin rompió el beso y presionó su frente contra la de ella cuando su
brazo se apretó alrededor de su cintura.

—No me importa por qué estabas afuera esperándome.

Un estremecimiento de cuerpo completo la golpeó, y contuvo un


gemido cuando él le besó la mandíbula y luego más abajó. Su cabeza era
un desastre y su pulso latía como un taladro en sus venas. El deseo al
rojo vivo estaba surgiendo de una manera que casi nubló todo.

—Estoy jodidamente agradecido de que estés aquí —dijo contra su


cuello, donde su pulso latía salvajemente—. ¿Sabes lo loco que es eso?

De una manera extraña, lo hacía. Su agarre se apretó sobre su camisa


mientras él levantaba la cabeza. La luz de la luna cortaba la máscara
negra y la curva alta de su pómulo.

—Tengo algo aún más loco que decirte.

—¿Puedes decirme más tarde? —Sus labios rozaron los de ella,


provocándole un fino temblor.

—Estoy de acuerdo en que puedes contarme más tarde, en mi casa.

Rosie quería reír, porque de nuevo, este era el Devlin que le gustaba.
Cuando lo había esperado afuera, no tenía idea de cómo respondería. Si
se arrepentiría de lo que hicieron en esa habitación o si fingiría que no la
conocía.

Había pensado que se había preparado para cualquier cosa, pero


estaba equivocada.

No se había preparado para esto.

Sarah tenía razón, sin embargo. Estaba bailando con el diablo y


quería quemarse. Mucho.

—Rosalynn —murmuró su nombre de una manera que realmente


hizo que le gustara como sonaba.

Rosie cerró los ojos.

—Está bien —susurró—. Pero necesito decirte algo primero, ¿de


acuerdo?

Devlin hizo este sonido que era sexy como el infierno y luego le
mordisqueó el labio inferior.
—¿Tienes que decirme que soy un gilipollas? Porque ya lo hemos
establecido.

No pudo detener la sonrisa.

—No.

—¿Quieres decirme que las cortinas de perlas en tu casa están


hechas de madera? —preguntó, moviendo la lengua por la costura de su
boca—. Porque, querida Rosie, el aglomerado no es madera de verdad.

Eso provocó una risa de ella, una que provenía de lo más profundo y
parecía tener un efecto extraño en Devlin, porque volvió a hacer ese
sonido y luego dejó caer la frente al espacio entre el cuello y el hombro.
Se quedó quieto por un momento y luego levantó la cabeza.

—¿Qué eres?

Esa era la segunda vez que le hacia esa pregunta y la segunda vez
que no tenía idea de lo que quería decir con eso.

—No entiendo.

—Yo tampoco. —Hubo una pausa rápida y luego la levantó aún más
alto y esta vez, cuando rodó sus caderas contra ella, su erección encontró
el lugar que más le dolía—. ¿Qué tienes que decirme?

Sus manos se contrajeron en sus hombros mientras el dolor entre


sus muslos latía.

—Realmente va a sonar descabellado, así que tienes que prometer


que me escucharás.

—Todo sobre ti está descabellado. —Movió las caderas de nuevo—. Y


lo digo como un cumplido.

Realmente pensó que lo hizo.

—Mi amiga es una vid…

Devlin se rio profundamente.

—¿Por qué no estoy sorprendido?

Contuvo una risita que se perdió en un jadeo cuando él atrapó su


oreja entre sus dientes.

—Es realmente difícil concentrarse y seguir hablando cuando estás


haciendo… todas esas cosas.
Él rodó sus caderas nuevamente.

—Estoy seguro de que puedes realizar múltiples tareas. —Sus labios


rozaron su sien—. ¿Qué hay con tu amiga vidente?

Tuvo que tomarse un momento para ordenar sus pensamientos.

—¿Recuerdas el viernes que nos conocimos en el cementerio? ¿Antes


de insultar mis cortinas de perlas?

—Lo recuerdo. —Deslizó su mano sobre la curva de su cintura, hasta


su pecho. Su cabeza cayó hacia atrás contra el árbol—. Tuve una lectura
con ella esa noche. Me dijo algo que realmente va a sonar...

—¿Increíble? —Su boca estaba bajando por su mandíbula


nuevamente mientras su pulgar se movía hacia adelante y hacia atrás
sobre su pecho—. ¿Va a sonar descabellado?

—Lo hará. —Abrió los ojos y miró hacia arriba, hacia las tenues
estrellas centelleantes que cubrían el cielo. Una gran parte de ella no
quería seguir hablando. Los dedos en su pecho la estaban distrayendo y
si bajaba la barbilla, su boca estaría en la de ella otra vez—. Durante la
lectura, algo… extraño sucedió. Alguien que no conocía apareció. Yo creo
que… —La ansiedad atravesó su estómago, amortiguando la lujuria
alimentando cada latido de su corazón—. Creo que fue tu padre.

Devlin no solo se quedó quieto. Podía sentir los músculos debajo de


sus palmas tensos. Sentía que todo su cuerpo se volvía duro como una
roca. Lentamente levantó la cabeza.

—¿Cómo dices?

Rosie bajó la barbilla y deseó que la máscara se hubiera ido y pudiera


ver su expresión.

—Creo que tu padre vino y me habló.

Pasó un largo momento y luego Devlin preguntó:

—¿Y qué dijo?

La llanura en su tono le recordó el día en su departamento. Se


humedeció los labios.

—Siguió diciendo que no… no se suponía que fuera él, y estaba


enojado, muy enojado.

—¿De veras?
Tragó.

—Dijo que fue asesinado, Devlin.

Su reacción fue rápida.

Devlin la soltó y, sin previo aviso, sus pies tocaron el suelo y cayó al
costado. La atrapó antes de que se cayera, agarrándola por los hombros
el tiempo suficiente para enderezarla y luego la soltó.

La soltó, pero no dio un paso atrás.

—¿Qué dijiste?

—Creo que fue tu padre quien apareció —repitió, y luego le contó


brevemente sobre las peonías—. Dijo que fue asesinado, Devlin. Y si yo
fuera tú, me gustaría saber.

—Entonces, ¿me estás diciendo que una vidente te dijo esto? ¿Quién
es la vidente?

—Eso no importa. —De ninguna manera iba a arrojar el nombre de


Sarah por ahí. No hasta que supiera cómo Devlin iba a proceder con esta
información—. Solo pensé que deberías saberlo.

—¿O pensaste que debería saber qué crees que mi padre fue
asesinado? —desafió.

—¿Qué? —Rosie frunció el ceño—. Ni siquiera entiendo lo que eso


significa.

—¿No lo haces? —ladró, su agarre firme sobre sus hombros—. ¿En


serio esperas que crea que un vidente te dijo esto y no, oh no sé, tu amigo
Ross Haid?

—¿Qué? —Tirando de su agarre, dio un paso atrás—. Esto no tiene


nada que ver con Ross. No he hablado con él en semanas y ¿por qué
pensaría eso?

—Esa es una buena pregunta, Rosie. —El aire ártico pareció explotar
a través del jardín—. Tal vez puedas ponerme al corriente.

—Oh, Dios mío, Devlin, no tengo idea de por qué pensaría eso, pero
tal vez él sabe algo. ¡Tal vez deberías escucharlo!

Devlin dio un paso hacia ella y vio el brillo de sus ojos pálidos a la luz
de la luna.
—Increíble —gruñó, y no de modo Santo guacamole, sino de un modo
que estaba enojado—. Jodidamente increíble.

Rosie no podría estar tan sorprendida por su respuesta. Aunque, el


que trajera a Ross fue inesperado.

—Sé que suena...

—¿Como algo que diría un lunático?

El aire siseó entre sus dientes mientras respiraba hondo.

—¿Disculpa?

Devlin dejó escapar una risa seca y ronca que carecía de humor.

—Debes pensar que soy un idiota si voy a caer en esta mierda


psíquica.

Su boca se abrió.

—¿Dónde más crees que habría escuchado esto?

—¿En serio? —Su tono goteaba burla—. ¿De eso se trataba esta
noche? Sabías que te seguiría. ¿Finges ser lo que sea que estés fingiendo
ser, para hacerme hablar de mi padre?

—¿Fingiendo? ¿Cómo demonios estaba fingiendo? —Rosie levantó las


manos—. Necesitas controlarte, amigo. Me seguiste arriba anteriormente.
No quería que hicieras eso.

—Claro.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Parecía remotamente feliz de que estuvieras allí?

—Parecías realmente feliz cuando tenía mis dedos entre tus muslos
—respondió—. Y sorpresa, sorpresa, seguro como el infierno, que no tomó
mucha persuasión para llegar a ese punto tampoco.

Eso fue todo.

Justo ahí.

—Eres un imbécil. —Sus manos se apretaron en puños—. Dios. Eres


un imbécil y lo sabes. No hay forma de que no lo sepas.

—Podría ser un imbécil, pero al menos no soy un mentiroso


intrigante.
—¿Me estás llamando mentirosa intrigante porque pensé que
querrías saber que existía la posibilidad de que tu padre no se suicidara?
—El fondo de su garganta picaba con las palabras devastadoras dentro
de su boca—. En serio, eres un gilipollas.

—Seguro que ya está establecido.

Lo fulminó con la mirada y él ni siquiera podía verlo, pero la hizo


sentir mejor.

—Olvida que te dije algo sobre esto.

—Ya lo hice.

Su piel casi se incendió cuando la ira la inundó como una tormenta


furiosa. Este no era el Devlin que le gustaba.

—Este es el verdadero tú ¿cierto? No el Devlin que estaba arriba o el


que estaba bromeando. Éste es quién eres.

Devlin no dijo nada al respecto, y la gran decepción que se apoderó


de ella fue como una manta áspera y gruesa. Dio un paso atrás y comenzó
a alejarse.

—Supongo que volver a mi casa está fuera de lugar ahora —dijo, y


por la forma en que lo dijo, podía sentir la sonrisa que no podía ver.

Girándose, Rosie irrumpió hacia él y se aseguró de que cuando


levantara la mano y extendiera el dedo medio, él lo viera.

—Púdrete.

Él suspiró profundamente.

—Suena bien.

Agregó otro dedo medio solo por satisfacción.

—Elegante, Rosie.

—Puede que tengas más dinero que pecado, pero no sabes lo que es
tener clase aunque te golpeara en la cara —respondió ella.

—Sí —resaltó la palabra—. Déjame aclarar una cosa. No quieres


andar diciéndole a la gente que Lawrence fue asesinado. No quieres
cometer ese error.

Ella levantó las manos.

—¿A quién le diría además de ti? Y obviamente eso fue un error.


—Estoy hablando en serio, Rosie.

—Yo también. —Comenzó a retroceder, no solo furiosa, sino tan


malditamente decepcionada—. No tienes idea. Esta noche fue…

—¿Fue qué? ¿Un acto? ¿Un truco para empezar a revelar secretos
familiares para que puedas llevarlos de vuelta a Ross?

Resoplando, sacudió la cabeza. Esta noche no había sido un acto o


una obra de teatro. Esta noche había sido hermosa.

—Estás tan equivocado acerca de todo que no tienes idea. Adiós. Dev.
No me contactes. Nunca.
Capítulo 16
Traducido por Gerald & YoshiB

—Gabe me dijo que me amaba —anunció Nikki en el teléfono el


sábado en la mañana y Rosie dejó salir un chillido, dejando caer los
vaqueros que estaba doblando.

Nikki se rio, sonando un millón de veces mejor que la última vez que
Rosie había charlado con ella.

—Puedo decir que estás feliz.

—¡Lo estoy! —Rosie estaba de rodillas frente a su estrecho armario,


habiendo despertado temprano con la casual necesidad de organizar—.
Está bien, así que, ¿recuerdas lo que estaba intentando decirte cuando
me visitaste, pero Gabe entró?

—¿Sí?

Moviendo el teléfono hacia su hombro, levantó los vaqueros que dejó


caer y comenzó a doblarlos.

—Estaba intentando decirte que Gabe estaba oficialmente fuera de la


lista de Novios que Necesitan Poner su Mierda en Orden.

—Creo que definitivamente está fuera de esa lista —acordó Nikki—.


Pero ¿por qué pensaste eso? Estoy bastante segura de que querías
golpearlo.

—Oh, todavía quiero golpearlo por todos sus errores del pasado.

También había otro De Vincent que quería golpear con fuerza, pero
se negaba a siquiera pensar en su nombre en este momento. Se estiró
dentro del armario, tomando otra pila de vaqueros que no se había
puesto, en alrededor de un año, pero que todavía no estaba lista para
deshacerse de ellos. Limpió el suelo.

—Pero será un golpe amistoso.

Ella se rio en el oído de Rosie.


—Debo de estar de regreso en mi apartamento la próxima semana.
Gabe quiere que espere, pero necesito hacerlo ahora.

—Lo entiendo totalmente. Mientras más tiempo esperes...

Se quedó en silencio cuando vio algo que nunca había notado antes.
Había un pequeño hueco en la parte trasera del armario, donde
conectaba con la pared. ¿La sección se estaba derrumbando? Eso
significaba una llamada para el casero.

—Lo sé. Mientras más espere, más difícil va a ser —terminó Nikki,
reclamando su atención—. Pero Gabe va a estar ahí y eso va a hacerlo
más fácil.

Sonriendo, Rosie se dejó caer sobre su trasero y se estiró hacia la


próxima pila de vaqueros que no se había puesto en un rato.

—Nikki, estoy tan feliz por ti que podría llorar.

—¿Qué? ¡No llores!

—No puedo hacer promesas, porque me estoy sintiendo bastante


hormonal en este momento, pero cariño, tienes una segunda oportunidad
con un hombre que ha estado enamorado de ti por años —dijo Rosie,
suspirando felizmente mientras comenzaba a doblar los vaqueros—.
¿Sabes cuán imposible es eso? Eres como un unicornio.

Nikki se rio de nuevo y cada risa sonó más ligera que la anterior.

—Me siento como un unicornio. En serio. Como sea, ¿terminaste


yendo a la Mascarada anoche?

Tomando un par de vaqueros, los bajó hacia su regazo mientras


enderezaba su cabeza y tomaba con la mano el teléfono.

—Sí. Sí fui.

—¿Te divertiste? —preguntó Nikki—. No suena como que te hayas


divertido.

Rosie no estaba segura de cómo responder a la pregunta, porque si


se había divertido, mucho y luego ya no. Realmente estaba intentando no
pensar en él, porque cuando lo hacía, quería comenzar a lanzar cosas.

U organizarlas.

Que era la razón por la que estaba destrozando su armario al


amanecer.
La peor parte, cuando había despertado, el enojo de anoche todavía
no había regresado. Oh no, despertó sintiendo algo completamente
diferente, tanto como odiara al mundo por ello. Su mente
inmediatamente reprodujo la noche anterior, la parte en el dormitorio y
en el árbol, la parte antes de que todo se fuera a la mierda, lo que la dejó
caliente y necesitada y buscando en su mesita de noche por el encantador
juguete conocido como Consolador.

Pero ahora que estaba levantada y moviéndose por todos lados, lo que
sentía cuando pensaba en él no era lujuria y deseo. Más como una
considerable dosis de rabia hacia él y ella misma, porque debió haberlo
sabido mejor. Un idiota era un idiota incluso si había momentos de no
idiotez.

—¿Rosie? ¿Estás ahí? —preguntó Nikki.

Ella parpadeó.

—Lo siento. Me desconecté. Sí, me divertí mucho. También Sarah.


Creo que anoche conoció a un chico.

—¿En serio? Eso es nuevo.

Rosie también pensaba que era bueno para ella. No que Sarah
estuviera pensando en algo a largo plazo en ese momento, pero estuvo
feliz de ver a su amiga disfrutando después de experimentar una ruptura
tan desagradable.

—¿Qué hay de ti? —preguntó ella y los ojos de Rosie se agrandaron.

No había manera de que Nikki supiera sobre Devlin, porque era más
probable que renunciara a comer rosquillas antes de que Devlin le
contara a alguien lo que sucedió entre ellos. No que pensara que Devlin
pudiera ocultar lo que sucedió por razones malvadas y no le iba a dar el
crédito donde no se lo merecía, sino que tenía la sensación de que Devlin
rara vez compartir algo con alguien.

Motivo por el que estuvo tan sorprendida porque hubiera hablado


abiertamente con ella, ella de entre todas las personas. Y por lo que había
sentido como que podía contarle sobre lo que sucedió con Sarah durante
su lectura.

Rayos, había estado equivocada.

—Simplemente pasé un momento realmente bueno —dijo Rosie


finalmente.
Quería contarle a alguien —demonios, a cualquiera— sobre lo que
había sucedido con Devlin, pero se sentía demasiado cercano a los de
Vincent como para hablarlo con Nikki.

—La casa estaba absolutamente hermosa. Estoy segura de que


podrás ir el próximo año.

—Tal vez —dijo ella y entonces hubo una aguda y audible inhalación
que hizo que el rostro de Rosie se frunciera. Un segundo más tarde, hubo
una risa y escuchó a Nikki diciendo:

—Gabe, estoy al teléfono.

—Oh, cariño —murmuró Rosie, sonriendo—. Te dejaré irte.

—Está bien. Puedo charlar... —Hubo otro jadeo que sonó muy
parecido a un gemido y los ojos de Rosie se agrandaron.

—Solo llámame más tarde —interrumpió Rosie, riéndose dado que


realmente no quería escuchar lo que fuera que estuviera pasando—.
Enfócate en hacer algo dulce y amoroso con tu hombre.

La risa de Nikki a manera de respuesta se interrumpió cuando Rosie


colgó. Lanzó su teléfono hacia la pila de vaqueros y luego se dejó caer de
nuevo sobre la alfombra peluda y gris. Cerrando sus ojos, dejó sus brazos
caer a sus costados.

Anoche parecía como un sueño raro, parecido a una pesadilla.


Todavía no podía determinar cómo habían pasado de pelearse a gritos...
a las manos de él entre los muslos de ella, y ella diciéndole que le dejaría
hacer lo que quisiera... a ella terminando la noche dándole no otra cosa
más que sus dos dedos medios.

Seguro que todo escaló rápidamente.

—Dios —susurró ella.

De hecho, sabía exactamente cómo sucedió eso. Todo comenzó con


un beso, pero rayos, oh, rayos, ese hombre podía besar. Rosie era fanática
de un buen besador. Eso era cierto.

Si no le hubiera contado sobre la lectura de Sara y simplemente se


hubieran ido de la Mascarada, quién sabía lo que podría haber resultado
de lo que sucedió en la habitación. No era tonta como para pensar que
una relación podría haber surgido. Antes de que se lo encontrara afuera,
lo había visto en la habitación principal de la casa, donde se llevó a cabo
la subasta. Había sido completamente tragado por las mujeres en
elegantes vestidos y hombres en máscaras.

Parada en el fondo, observándolo con gente como él, en otras


palabras, observándolo con gente que era rica, que eran dueños de como
seis casas y tenían niñeras, amas de casa y asistentes personales. Esa
fue una experiencia que sirvió para abrir los ojos bastante bien. Él se
mezclaba correctamente con ellos y ella no. Su familia no era pobre. Eran
gente trabajadora de clase media que pasaban cada día ganándose lo que
tenían. Ella no asumía que nadie de la gente rica que estaba en la gala
se hubiera ganado su dinero. Sabía que muchos la había hecho, pero
Devlin vivía y respiraba en un mundo que era increíblemente extraño
para ella que no parecía real.

Y si se hubiera ido de la gala en ese momento, entonces anoche podría


simplemente haber sido un momento realmente bueno. Anoche hubiera
sido algo que simplemente sucedió, porque no era tonta o ingenua. No
era el comienzo de algo. Solo eran dos personas que realmente no se
llevaban bien, llevándose realmente bien por unos cuantos momentos,
reaccionando al hecho de que obviamente estaban atraídos el uno por el
otro. Y así es como anoche debería haber terminado, pero tenía que hacer
lo que pensaba que era lo correcto. Ugh. No se arrepentía de contarle lo
que había sucedido con Sarah. Si algo, se arrepentía de haber sido lo
suficientemente tonta como para pensar que Devlin vistiendo la máscara
era realmente diferente del Devlin arrogante, sarcástico y sentencioso con
el que estaba demasiado familiarizada.

Aunque, ¿la decepción? Era real. No había manera de sacudirse eso,


porque... porque Rosie no se había sentido como anoche con Devlin
desde... desde Ian, y eso había sido algo tan hermoso que se había
convertido en algo tan feo. Casi le había confesado a Devlin eso anoche y
estaba tan malditamente agradecida por haber mantenido oculta esa
pequeña parte de sí misma.

Rosie abrió sus ojos. Se sentían extrañamente húmedos.

¿Qué decía siempre su abuela? Llorar no hacía nada más que


arruinar tu maquillaje. Una pequeña sonrisa cansada tiró de sus labios.
Su abuela sí que amaba su máscara de pestañas.

Era momento de que levantara su trasero y lo superara, porque


realmente no había nada que superar. Le había dicho a su mamá que le
ayudaría esta tarde en la panadería y Jilly y Lance quería juntarse en la
noche para discutir el caso Mendez.
Y gracias a las palabras de despedida de Devlin, ahora sabía que ni
siquiera podía apoyarse en él para ganar acceso a la nueva casa de
Lucian. Simplemente necesitaría hablar con Lucian y probablemente
debería haberle pedido a Nikki que le diera a él su número de teléfono.

Enderezándose, se estiró para tomar su teléfono y escribió un


mensaje no tan rápido para Nikki, pidiéndole que le diera su número a
Lucian y le explicara que era algo relacionado con su nueva casa. Su texto
sonaba un poco bizarro, pero le había enviado mensajes aún más
extraños a Nikki. No esperaba una respuesta rápida considerando cómo
Nikki había terminado la llamada, así que regresó a organizar su armario,
orgullosa de ser la Rosie lista y realista y haber evitado por completo a
Devlin.

Y hacer eso significaba que muy seguramente no lo vería de nuevo,


especialmente dado que Nikki pronto estaría mudándose de vuelta a su
apartamento y no era como si ella y Devlin pasaran el rato en los mismos
lugares.

Perfecto.

Después de todo, ¿no había dicho su madre que tenía a alguien que
quería que conociera? ¿Un amigo del esposo de su hermana? Parecía que
ahora era el momento más oportuno para explorar esa conexión.

El sudor corría por el pecho desnudo de Dev al tiempo que la nota


fuerte de Freak on a Leash brotaba de los auriculares mientras sus pies
golpeaban la cinta de correr. Había estado en eso durante
aproximadamente una hora y los músculos de sus pantorrillas y muslos
gritaron, pero se esforzó. Empujó hasta el punto en que su cuerpo estaba
a punto de romperse y entonces, solo entonces, retrocedió.

Aún no había llegado a ese punto. Estaba cerca pero no allí.

Si se detenía ahora, era solo cuestión de tiempo antes de que se


encontrara con su mano envuelta alrededor de su pene, enojado con el
mundo mientras se masturbaba, ¿y no era esa una combinación
problemática?

Sin embargo, la verdad era que había tenido una maldita erección
desde la noche anterior, incluso la tuvo cuando se quedó allí y escuchó a
Rosie decir esa mierda sobre Lawrence, e incluso sabiendo que lo
engañaron como a un maldito tonto, no le tomó casi nada ponerse tan
duro como una roca.

Ya había tomado el asunto en sus propias manos, literalmente, tres


veces desde entonces. Una vez cuando regresó aquí, luego en medio de la
noche, y una vez más cuando se despertó esta mañana, y aun así, si se
permitía siquiera pensar en cómo se sentía ella bajo sus manos o cómo
sabía su boca, inmediatamente…

—Mierda —gruñó, sintiendo que sucedía en ese momento, incluso


mientras corría, incluso cuando estaba tan enojado. La excitación le bajó
por la columna vertebral hasta la ingle.

Golpeando con el pulgar los controles, aumentó la velocidad hasta


que toda la maldita cinta de correr se sacudió.

La mandíbula de Dev se apretó mientras trataba de apartar de su


mente los pensamientos sobre Rosie y toda esa dulzura sin explotar, y
falló, falló jodidamente espectacular.

¿Qué demonios había estado pensando? Vigilarla no implicaba su


lengua y sus dedos.

Maldito sea.

Se había equivocado anoche, cometiendo errores que realmente no


podía permitirse, y él no cometía errores. Jamás. Pero maldición si no
hubiera… ¿no hubiera qué?

¿Besado? ¿Tocado? ¿Abierto hacia ella? ¿Todo ello y más?

Le había dicho una mierda que nunca debería haber hecho, cosas de
las que ni siquiera hablaba con sus hermanos, y aún más extraño era el
hecho de que había querido llevarla de regreso a su casa. No este lugar,
la mansión De Vincent, sino el lugar que tenía que sus hermanos ni
siquiera sabían, y ella había estado jugando con él.

Obviamente, Ross la puso a prueba.

¿O fue él? Una voz realmente molesta susurró en la parte posterior


de su cabeza. Rosie parecía genuinamente enojada y molesta cuando
sacó a colación a Ross, pero, por lo que sabía, podía ser una muy buena
actriz. Eso podría haber sido todo un acto.

Todos excepto sus gemidos y la forma en que su cuerpo respondió a


él. Eso no había sido un acto.
Pero eso no significaba nada al final del día, ¿verdad?

Una persona podría odiarte y quererte todo al mismo tiempo. Mira a


Sabrina. Dev confiaba en que la mujer lo despreciaba. Demonios, había
estado obsesionada con su hermano Gabe desde la universidad y, sin
embargo, había deseado a Dev. Bueno, quería follarlo y follar con él, y con
mucha frecuencia, también. Y no solo había sido ella haciendo lo que
podía hacer para obtener el apellido De Vincent.

Parpadeando el sudor de sus ojos, maldijo en voz baja. Tal vez por eso
estaba sacudiendo lo que parecía una erección permanente. No había
estado con Sabrina desde que todo se vino abajo. En realidad, un buen
mes más o menos antes de eso.

Demonios, no había estado con nadie.

Quería que esa fuera la razón, pero nunca se había mentido a sí


mismo antes, y estaba seguro de que no iba a comenzar ahora.

Fue por ella, por Rosie, y estaba bajo el dominio de Ross. Esa fue la
única explicación lógica, porque la idea de que Lawrence viniera a través
de una lectura psíquica para decirle a ella, una completa desconocida,
que fue asesinado era la definición de absurdo.

Podía reconocer que había una mierda extraña en su casa, que él


mismo había experimentado esa mierda extraña, pero ¿el espíritu de
Lawrence les decía a personas al azar que por casualidad tenían una
conexión con Ross Haid que fue asesinado?

Jodidamente absurdo.

La presión se cerró sobre el pecho de Dev, luchando con el aumento


constante del ardor.

Ross estaba jugando un juego peligroso y estaba involucrando a Rosie


en él.

Esa presión sobre su pecho se duplicó. Dios, no quería pensar en eso.


De cualquier forma, esto no iba a terminar bien para Ross.

No iba a terminar bien para Rosie.

Pero, ¿y si ella no…?

Cortó ese pensamiento. No importaba. Pronto lo descubriría, cuando


y si Ross volvía a esconderse, de repente sabiendo de la experiencia
cercana a la muerte de Dev. No había forma de que el periodista no lo
mencionara.
Y si, por improbable que fuera, estaba diciendo la verdad, entonces…

¿No sería eso aún peor?

Entonces, una mejor pregunta… ¿era Rosie una amenaza?

A Dev no le gustó esa idea y seguro que no le gustó que tuviera un


problema con esa idea. La mujer no debería significar nada para él… ella
no significaba nada. Sus manos se cerraron en puños mientras corría.
Nadie más que su familia importaba. Así había sido. Ese era la forma...

Su teléfono sonó de repente, cortando el pesado golpe en los


tímpanos. Una rápida mirada y supo que era Archie. Deteniendo la cinta
de correr, respondió a la llamada.

—¿Qué tienes para mí? —preguntó, montando la cinta de correr hasta


el borde y luego hacia el suelo.

—Se equivocó —vino la respuesta áspera—. Usó una tarjeta de crédito


en Texas el martes. Reservó un hotel en Houston. Sabrina se fue ayer. No
es mucho, pero sé en qué auto está. Aparentemente no le dio propina al
valet, así que estaba más que dispuesto a hablar mierda. Está en un auto
Mercedes negro. Tengo el número de placa por el hotel.

—¿Mercedes negro? —Dev frunció el ceño mientras tomaba una toalla


y la arrastraba sobre su pecho—. Sabrina no conducía un Mercedes.

—Y tampoco Parker ni nadie de su familia inmediata, de acuerdo con


los vehículos que han registrado. —El tipo de datos a los que Archie podía
acceder le valía la cantidad de dinero que cobraba—. Sin embargo, las
placas son falsas.

Arrojando la toalla en la ropa, se volvió hacia la puerta.

—¿Cómo estás tan seguro?

—Eran de treinta días temporales que no volvieron a ningún


distribuidor —respondió Archie.

—Mierda. —Se pasó la mano por el cabello húmedo—. ¿Entonces es


un callejón sin salida?

—No necesariamente. —Había una sonrisa en la voz áspera de


Archie—. La suerte estuvo de nuestro lado por una vez. El valet es un
poco cleptómano y había estado hurgando en su guantera. Vio su tarjeta
de seguro. Tengo el nombre de la empresa y estoy seguro de que puedo
obtener la información necesaria, como el registro y el número de placa
real. Debería tomar unos días, si acaso. Mientras tanto, tengo algunos
amigos que trabajan para la Policía del Estado de Texas, y la están
buscando.

—Perfecto. —Apoyado contra la pared, estiró sus doloridas


pantorrillas—. ¿Algo sobre el interno?

—Nada que la mitad del mundo no haya escuchado ya y lo que aún


no sabes, pero todavía estoy hurgando.

—Bien. —Se apartó de la pared—. Llámame tan pronto como tengas


una actualización.

—Por supuesto.

La llamada se desconectó y Dev deslizó su teléfono en su bolsillo. Algo


de la tensión desapareció de sus hombros. Puede que lo haya arruinado
anoche, pero al menos estaban llegando a algún lado cuando se trataba
de Sabrina. Y había buenas noticias enterradas en todo eso. Sabrina
parecía estar lo suficientemente lejos de aquí, lo cual era una buena
noticia para su hermano y su sobrino. Sabía que Gabe estaba estresado
por el paradero de Sabrina. No podría culparlo por eso.

Pero Sabrina no sería un problema por mucho más tiempo. ¿Y anoche


con Rosie?

No iba a cometer ese tipo de error otra vez.

Necesitando una ducha, cruzó la habitación y abrió la puerta. Se


detuvo en seco.

Gabe estaba frente a él, el cabello recogido fuera de su cara con un


moño, pero no estaba vestido como si estuviera a punto de hacer ejercicio.
A menos que estuviera preparado para correr en sus jeans.

Y descalzo.

—Te estaba buscando —dijo Gabe, bloqueando la puerta.

—¿Puede esperar?

—Claro, pero estoy pensando que querrías escuchar lo que tengo que
decir ahora. —Había una sonrisa en la cara de su hermano que hizo que
Dev entrecerrara los ojos—. Estaba sentado en el jardín, disfrutando esta
mañana bastante fresca con Lucian, Julia y Nic. Ya sabes, haciendo esa
cosa familiar en el que nunca participas.

—Bueno. Gracias por compartir.


—De nada —respondió Gabe—. La conversación más extraña surgió.
Veras, Nic estaba hablando con Rosie esta mañana.

Al no tener idea de a dónde iba su hermano con esto y sabiendo que


podría conducir a cualquier parte, Dev mantuvo su expresión en blanco.
Había una posibilidad de que Rosie pudiera haberle contado a Nikki lo
que había sucedido entre ellos. Eran amigas. Hablaban de cosas así.

—Bueno saberlo.

—Y, bueno, después de que colgaron el teléfono, Rosie le envió un


mensaje de texto. Le tomó un poco a Nic ver el texto, pero Rosie tuvo la
más extraña petición… y la historia más extraña. —Gabe plantó sus
manos en el marco de la puerta y se inclinó—. Rosie quería el número de
Lucian.

Hijo de puta.

Una extraña sensación de emoción se estrelló contra él. En lugar de


ser lo que pensó que era un chisme normal con su amiga sobre lo que
habían hecho, terminando con sus hermanos acosándolo por eso, ese no
era el caso. Rosie no era normal. En lugar de sentir alivio, estaba
irritado… y sorprendido.

—Porque, aparentemente, ¿cree que el nuevo hogar de Lucian y Julia


está embrujado y quiere investigar? Por supuesto, estoy seguro de que
sabes cómo reaccionó Julia a eso. Esa era su única condición cuando
buscaban una casa nueva. Sin fantasmas. —Una luz impía llenó los ojos
de Gabe—. Lucian estaba más que feliz de darle su número a Nic,
especialmente después de que Nic mencionó que Rosie estuvo en esa gala
anoche. Curiosamente, Lucian nunca conoció a Rosie.

Dev respiró profundamente, respiraciones calmantes que hizo una


mierda para calmarlo. Rosie había conseguido el número de Lucian.
Increíble.

—Pero entonces Lucian se puso a hablar y sabes cómo va eso. Él trajo


a esta… mujer con la que te vio anoche.

Por supuesto que lo hizo.

¿Por qué Dev tendría que preocuparse de que Rosie dijera algo cuando
Lucian probablemente ya había escrito una historia corta sobre lo que
vio y la publicó?
—Vamos a averiguarlo, Lucian conoció a Rosie. —Gabe hizo una
pausa dramática de la que su hermano menor estaría orgulloso—.
Anoche. Todos ustedes estaban en plan… oye. Perdóneme.

Empujando a su hermano, avanzó hacia la escalera trasera. Escuchó


a Gabe gritar su nombre, pero no se detuvo.

¿Rosie realmente creía que podía pasar por encima de él directamente


con Lucian? ¿Que Dev permitiría que eso sucediera? Le había dicho que
podría haberle preguntado a Lucian directamente, pero no había hablado
en serio.

Bueno, esto era... totalmente inaceptable.


Capítulo 17
Traducido por NaomiiMora

Dev observó a Lucian salir al pasillo y cerrar la puerta de su


departamento privado detrás de él. La camisa blanca que llevaba estaba
cubierta de manchas de carbón grisáceo.

Su hermano debía de haber estado trabajando.

—¿Qué sucede? —preguntó Lucian.

La mirada de Dev se movió hacia la puerta cerrada. Supuso que Julia


estaba allí, y le pareció interesante, que su hermano pudiera trabajar en
sus pinturas y bocetos con Julia allí. Pensaba que pintar era un esfuerzo
solitario.

—Sé que Rosie quiere tu número —dijo Dev, directo al grano—. No


quiero que te pongas en contacto con ella.

Lucian se apoyó contra la puerta y arqueó una ceja.

—No sabía que estabas en condiciones de dictar lo que puedo y no


puedo hacer, Dev.

—He pasado toda tu vida tratando de decirte qué hacer,


principalmente para tu beneficio, pero esta vez, te pido que no la llames.

—¿Pidiendo? —Lucian se echó a reír—. Eso seguro como el infierno


no sonó como una solicitud al principio.

Dev lo miró fijamente.

—Es la mujer con la que estabas anoche —dijo Lucian después de un


momento—. ¿No es así? La amiga de Nikki. Rosie.

—Ya sabes la respuesta a eso.

—Sí, pero por alguna razón, quiero oírte admitirlo.

Dev frunció el ceño.

—¿Por qué?
—Porque me divertiría.

—Bueno, ya que vivo para divertirte, sí, ella era la mujer con la que
me viste anoche, y sí, estaba planeando contarte sobre lo que estábamos
hablando.

Su hermano se pasó las manos por los jeans.

—Entonces, ¿la mierda sobre la nueva casa siendo embrujada es


verdad?

—Tan cierto como cualquier equipo paranormal clamaría —murmuró


Dev.

—Mierda, Dev. Julia lo sabe ahora. Está dispuesta a que un equipo


entre y elimine todo lo que hay en esa casa. No hay forma de que me salga
de eso —dijo Lucian—. Eso es lo único que Julia tenía en su lista de
deseos. No es una mejora en la cocina o una bañera grande en un baño
principal. Específicamente pidió que no hubiera fantasmas.

—Lo más probable es que tu casa no esté embrujada —dijo Dev,


pensando que solo en Nueva Orleans estaría eso en la lista de alguien—.
Rosie es... No sé si podemos confiar en sus motivos.

—¿Qué? —Sus cejas bajaron.

—Mira, es amiga de ese periodista...

—¿El maldito Ross Haid?

—Sí.

—Mierda. —Levantando una mano, se la pasó por el pelo, dejando


atrás manchas de carboncillo—. ¿De verdad? Pero es amiga de Nikki y...

—Enganchó a Nikki en una cita con Ross antes de que ella y Gabe se
juntaran. Ross quería usar a Nikki para obtener información sobre
nosotros.

—¿Sabía Rosie que por eso Ross estaba interesado en Nikki?

Pregunta válida.

—No creo en las coincidencias.

—Son una cosa real, amigo.

—Mira, todo lo que te pido es que no tengas contacto con ella. No


sabemos cuáles son sus motivos.
—Después de verlos a ustedes dos anoche, bastante seguro de que
puedo decirles cuales eran sus intenciones. —Lucian agregó una
sonrisa—. Y las tuyas.

—No sabes lo que viste anoche —respondió—. Puedes hacer que


alguien eche un vistazo a tu casa. Cazadores de fantasmas. Psíquicos. No
me importa. Solo que no Rosie. Eso es lo que te estoy pidiendo.

Lucian echó la barbilla hacia atrás. Pasó un largo momento.

—Bueno. Porque en realidad lo estás pidiendo, no voy a contactarla.

Por un momento, Dev pensó que podría estar teniendo una


alucinación inducida por la fiebre, porque ¿finalmente su hermano
menor estaba de acuerdo con algo que le pedía? Lo miró fijamente y vio
que no estaba jugando con él.

A los cerdos les acababan de salir alas y volaron.

—Gracias —dijo Dev, y dijo esto sabiendo que rara vez le decía eso a
alguien, especialmente a su hermano menor.

Lucian asintió con la cabeza.

—Te dejaré volver al trabajo. —Comenzó a darse la vuelta.

—¿Dev?"

Él se enfrentó a Lucian.

—¿Sí?

—¿Le preguntaste a Rosie si estaba trabajando con Ross?

—Sí, lo hice.

—¿Y qué dijo?

—Dijo que no, pero no espero que lo admita —respondió.

—Hmm. —Lucian se apartó de la puerta.

El ceño volvió a la cara de Dev.

—¿Qué?

—Nada. —Lucian levantó un hombro—. ¿Me preguntaba si alguna


vez se te ocurrió que podría estar diciendo la verdad?

Sí, se le había ocurrido.


Casi todas las malditas veces que pensaba en ella y Ross y en esa
mierda que le contó anoche. Se le ocurría que podría estar diciendo la
verdad.

Pero eso no la hacía menos peligrosa.

No la hacía menos inteligente.

Lo que sí sabía era que no había forma de que pudiera permitir que
Lucian pasara tiempo con Rosie. Su hermano era demasiado hablador y
Dev no podía arriesgarse a que Lucian soltara solo Dios sabía qué con
Rosie.

Estaba haciendo esto por sus hermanos, como siempre.

Al menos eso era lo que se decía a sí mismo.

La urgencia del sábado por la noche aún no había llegado, y Rosie


estaba lista para presionar el botón de rebobinado en todo el fin de
semana.

Nada iba bien. Comenzó unos cinco minutos después de que terminó
de organizar su armario y su madre llamó, preguntándole si podía venir
temprano. Uno de sus clientes habituales estaba enfermo.

No era gran cosa, excepto que Jilly llamó un momento después,


queriendo una actualización de la casa de Lucian. Rosie había tratado de
explicar que estaba trabajando en ello, pero Jilly parecía pensar que
Rosie podía chasquear los dedos y una llave de la casa aparecería en su
mano. Rosie estaba bastante segura de que Nikki le daría el número de
Lucian o simplemente le daría el suyo a Lucian. Todos solo tenían que
ser pacientes, porque no iba a hacer que Devlin mantuviera su parte
del trato. Preferiría arrancarse cada mechón de cabello de su cuerpo con
unas pinzas oxidadas antes de decir el nombre de Devlin nuevamente.

Devlin De Vincent estaba ahora en la lista de No Hablar En Su


Presencia.

Era una nueva lista.


El café también estaba en la lista ya que quería un poco de cafeína
por la tarde y su maldita cafetera decidió descomponerse. El día seguía
empeorando constantemente.

Rosie había decidido caminar hasta Pradine, y casi murió en el


camino cuando un taxi subió a la acera y casi la arrolló, causando que
dejara caer el café que había recogido en el camino, el café que había
costado una cantidad ridícula de dinero considerando que solo era un
maldito café

A una cuadra de Pradine, la suela de sus botines se despegó.


Literalmente se levantó hacia atrás como si un abrelatas invisible se
apoderara de su pie. Y eran sus botas para caminar favoritas, gamuza
desgastada con un tacón pequeño. Muy bonitas.

Ugh.

Así que, usaba zapatos bajos abiertos a pesar de que un otoño frío
estaba en pleno apogeo y sus dedos de los pies se congelaban mientras
las botas estaban arrumbadas en la oficina de sus padres en la
panadería, porque su madre juró que podía arreglarlas, pero Rosie sabía
que solo iba a untar Goma Líquida en el maldito zapato y darlo por
terminado.

Peor aún, su madre había levantado el rollo adhesivo debajo del


mostrador, el que su padre había instalado hace eones, hasta el punto
de que necesitarían un título en científicos de cohetes para desenredar la
maldita cosa.

Las rodillas de Rosie empezaban a dolerle; había estado sobre ellas


tanto tiempo tratando de arreglar la estupidez mientras su madre estaba
parada a su lado, con las manos plantadas en sus caderas. Rosie arrastró
su uña a lo que esperaba que fuera el final del rollo mientras su hermana
menor, Bella, trabajaba en la caja registradora.

—Ese rollo de envoltura de plástico me está poniendo a prueba. —Su


madre se inclinó sobre ella y cerró la puerta de vidrio de las magdalenas
de chocolate recién horneadas.

Deteniéndose, Rosie dirigió su mirada a su madre.

—¿Cómo te está probando? Tú lo arruinaste todo.

—Y estoy supervisando mientras lo arreglas, como lo haría un buen


dueño y una madre —respondió, guiñando un ojo cuando Rosie frunció
los labios.
Desde algún lugar más allá de su madre, escuchó a Bella resoplar.

—¿Qué le hiciste a esta cosa? —murmuró Rosie, girando el rollo de


nuevo, porque lo que pensó que era el final de la envoltura no lo era—.
No me pagan lo suficiente como para meterme con esto.

—Tienes suerte de que te paguen —respondió su madre.

—Es solo una envoltura de plástico —intervino Bella—. No puede ser


tan difícil de manejar.

—¿Solo envoltura de plástico? ¿Alguna vez has tratado de encontrar


el borde enredado y levantado en una bola de plástico de un metro? —
Rosie respiró hondo—. Dar a luz tiene que ser más fácil que esto.

—¿Estás loca? Dar a luz no es más fácil —respondió Bella—. Lo sé,


porque…

—Tienes dos hermosos bebés y yo no tengo hijos ni alegría y voy a


morir fría, sola con quince gatos que van a darse un festín con mi cadáver
muerto —terminó Rosie por ella, exasperada—. Entonces, ¿por qué no
vienes aquí y arreglas esto con la magia del parto?

—Pero estás haciendo un buen trabajo —respondió su hermana—.


Por cierto, mamá mencionó que te interesaría conocer al amigo de Adrian.

Rosie cerró los ojos.

—No le dije eso a mamá. También…

—No es así como recuerdo la conversación —interrumpió su madre.

—Satanás es un mentiroso —murmuró Rosie por lo bajo mientras


abría los ojos. Esta mañana, cuando pensó en aceptar la oferta de su
madre y su hermana para encontrarse con el amigo de Adrian, se sintió
como toda una vida después de la tarde que había tenido.

—¿Qué dijiste? —preguntó su madre.

—Nada —suspiró Rosie—. No quiero que me presenten a nadie en


este momento. —Y esa era la verdad a pesar de que lo había considerado
brevemente esta mañana.

Sin embargo, se había animado, dándose cuenta de que querer


conocer a alguien nuevo porque estaba molesta por otra persona no era
exactamente la idea más brillante.

En algún lugar entre su cafetera rompiéndose y casi muriendo por el


taxista, había decidido renunciar a todos los hombres.
Al menos para el próximo mes más o menos.

—Oh mi... —Su madre se arrodilló en su espalda, haciéndola gruñir—


. Esa es una gran brisa de aire fresco caminando por la calle.

—Mamá —murmuró, lanzándole una mirada desde donde estaba


escondida. Sin embargo, no tenía sentido, ya que su madre estaba
mirando al frente, con una sonrisa notablemente espeluznante en su
rostro.

—¿Y puedo añadir al hecho de que es una hermosa brisa de aire


fresco? —continuó, y Rosie puso los ojos en blanco—. Está caminando
como un hombre que sabe cómo mantenerte despierta toda la noche.

—Parece que sabe cómo hacerlo y está orgulloso de ello —dijo Bella,
y Rosie arrugó la nariz—. Si no estuviera casada…

—Lo mismo, mi dulce niña, lo mismo.

Rosie tenía esta teoría de que una vez que tenías hijos, de repente
podías discutir abiertamente el cómo sería dormir con el mismo chico que
tu madre. Era como una especie de vínculo extraño entre una madre y
su hija. Su teoría podría ser muy incorrecta, pero la evidencia empírica
sugería que podría estar en algo.

—Si papá te escucha hablar así —murmuró Rosie, finalmente


despegando el rollo de envoltura de plástico. Esa fue una amenaza inútil.
Su padre se reiría de ella o intentaría restarle importancia al hombre del
que hablaba.

—Espera —susurró Bella de una manera que Rosie estaba segura de


que algunos de los clientes la escucharon—. Viene aquí y mira…. Dios
mío, sé quién es.

Probablemente era el chico de la calle que se vestía como Ronald


McDonald.

El timbre sonó y luego Rosie escuchó a su madre hablar, de repente


sonó como si fuera un extra en Lo que el viento se llevó.

—Bueno, hola, cariño. ¿Cómo puedo ayudarte?

La cabeza de Rosie cayó hacia un lado mientras apretaba los ojos con
fuerza. Su madre era un desastre.

—Hola —llegó una voz profunda y familiar—. Espero que pueda


ayudarme.
Los ojos de Rosie se abrieron de golpe. Esa voz…

—¿Estoy buscando a alguien que creo que trabaja aquí? —Hubo una
pausa—. Su nombre es Rosie.

No.

De ninguna manera.

Lentamente, Rosie levantó la cabeza y miró a su madre mientras ella


la miraba.

—Hay una Rosie que trabaja aquí. —Su madre entrecerró los ojos—.
Y sé exactamente dónde está mi encantadora y soltera hija.

¡Oh Dios mío!

Rosie fue a ponerse de pie, pero perdió el equilibrio y aterrizó sobre


su trasero justo cuando una sombra cruzó el mostrador. Apareció una
cara demasiado familiar, y Rosie estaba segura de que estaba alucinando.

—La encontré —dijo, y a menos que también tuviera alucinaciones


auditivas, realmente era él, parado en la tienda de su familia, mirándola,
sonriendo.

Devlin.
Capítulo 18
Traducido por Rimed & YoshiB

—¿Qué estás haciendo aquí? —espetó Rosie.

Devlin bajó su vista hacia ella con una pizca de curiosidad


asentándose en las frías y bellas líneas de su rostro. Sus manos estaban
en el mostrador, sus largos dedos extendidos y no fue hasta ese momento
que ella se dio cuenta cuando grandes eran esas manos. Era una cosa
extraña de notar, especialmente considerando que ella había estado
personalmente cerca de esas manos y dedos, pero era un día extraño…
un extraño par de días.

—¿Qué haces sentada en el suelo? —preguntó él, sonando como si no


pudiese entender que hubiese una razón para que estuviera sentada en
el suelo.

—Estoy meditando —dijo con irritación.

Él inclinó su cabeza hacia un lado.

—Parece un lugar extraño para hacer eso.

—Bueno, te está mintiendo. De hecho, se cayó —aclaró su madre, de


modo muy servicial—. Es un poco torpe, pero mi niña está bien educada.
¿Sabías que tiene tres títulos?

—No —Un destello de sorpresa se abrió paso en el rostro de Devlin—


. No lo sabía.

—Pero estoy segura de que sabe que es increíblemente hermosa.

Rosie giró lentamente su cabeza hacia su madre, su


próximamente muerta madre.

Su madre sonrió, mostrando sus dientes blancos.

—Bien educada y bonita como un pastel de duraznos, pero es casi


tan torpe como un caimán con tres patas.
La boca de Rosie cayó abierta. ¿Un caimán con tres patas? Primero,
no era torpe, y segundo, ¿un caimán con tres patas?

—Ella es hermosa —respondió Devlin y lo hizo con la misma voz


monótona que había usado las primeras veces que se habían encontrado.

Rosie sintió una extraña y completamente innecesaria sacudida en


su pecho. No había necesidad de ello, porque no le gustaba este hombre.
En absoluto, y ya era hora de que Devlin se fuera.

Vio el rostro de su madre suavizarse, la vio cambiar su mirada desde


donde Rosie estaba todavía sentada en el piso hacia donde estaba de pie
Devlin.

Su madre estaba escuchando una banda sonora y sin duda ya se


imaginaba sacudiendo pañuelos y girando sombrillas.

Era oficial.

Obviamente Devlin había salido de las entrañas del infierno para


torturarla, porque aparentemente ella había acumulado mal karma o
algo.

—¿Tienes un momento para hablar? —preguntó Devlin, y su mirada


volvió hacia la de él—. Es decir, ¿si es que ya has terminado de meditar?

—Ella tiene tiempo —respondió su madre por ella.

—Demasiado tiempo —soltó Bella.

¡Dios mío, iba a lastimar a ambas!

—De hecho, no tengo tiempo. Estoy muy ocupada…

—¿Sentada en el piso? —Una sola ceja oscura se levantó.

—Sí —espetó ella—. Tengo cosas que hacer aquí abajo.

—¿Cómo qué? —preguntó él.

—Cosas. —Se cruzó de brazos—. Cosas importantes.

Bella apareció repentinamente a su lado.

—Solo está siendo graciosa. No tiene nada que hacer.

—Bella —soltó Rosie, extendiendo sus brazos y apoyando sus manos


en el suelo—. Como puedes ver, soy muy…
—Talentosa arreglando la envoltura de plástico —interrumpió Bella
mientras sus zapatillas se acercaban peligrosamente a romper los dedos
de Rosie—. Que es en lo que ha estado trabajando toda la tarde, pero
¿adivina qué?

—¿Hmm? —murmuró Devlin.

—¡Es su descanso para comer! —anunció Bella como si Rosie acabara


de ser nominada para un premio Nobel y era ridículo. Todo esto era
ridículo.

Rosie y Bella ni siquiera tenían asignados descansos para comer o


cenar.

—Perfecto —dijo Devlin.

Su madre se puso sobre ella y tenía era mirada que solía tener cuando
la versión adolescente de Rosie no quería salir de la cama. La mirada que
decía que sacaría su trasero de esa cama y lo patearía todo el camino
hasta la escuela.

No dudó ni por un segundo que su madre no la levantaría del piso y


la arrojaría a los brazos de Devlin.

Rosie se puso de pie e inmediatamente se dio cuenta de que había


una especie de audiencia del otro lado del mostrador. Detrás de Devlin
había tres clientes habituales, clientes que venían tan regularmente a
Pradine que prácticamente podrían trabajar allí. Cindy y su esposo,
Benny, con sus cabellos grises y caras arrugadas a juego, miraban de
Devlin a ellas como si miraran un partido de tenis. De pie junto a ellos
estaba Laurie, una tranquila joven que pasaba buena parte de sus tardes
estudiando en una de las pequeñas mesas cerca de la ventana. Ella iba
a la universidad en Loyola.

Rosie les sonrió.

Laurie sonrió mientras agachaba su mentón, dejando que su grueso


cabello negro cayera hacia adelante y ocultara su rostro.

—Buenas tardes, cariño. —Cindy movió sus cejas en dirección a


Devlin mientras enredaba su brazo con el de su esposo—. Qué hermoso
cambio de escenario hoy.

Su esposo resopló.

—La decoración siempre es encantadora para mí. —Benny guiñó un


ojo en su dirección.
—Ese es mi chico —respondió mamá con una gran sonrisa—. Lo que
quieras, por cuenta de la casa.

—No lo sé. —Cindy miró a Devlin de arriba abajo como si estuviera a


la venta—. Ustedes trajeron un De Vincent aquí. Siento como si
necesitara pagarles solo por eso.

Bella rio.

Devlin miró a la pareja por encima de su hombro y luego volvió a


mirar a Rosie. Se veía tan completamente confundido y fuera de su
elemento que Rosie necesitó todo de sí para no reírse.

¿Nunca había socializado con gente común?

Ese pensamiento le hizo aún más difícil no reírse, porque, de cierto


modo, los De Vincent eran realeza americana.

Excepto que Devlin era definitivamente un sapo y no un príncipe.

Pero entonces ocurrió la peor cosa posible. Rosie escuchó la profunda


voz de su padre resonando por los rincones de la cocina.

—¿Qué diablos está ocurriendo allí afuera? —demandó, y mientras


hablaba, su voz se hizo más cercana—. ¿Hay una fiesta a la que no fui
invitado?

Los ojos de Rosie se abrieron. No había modo en que dejara que su


padre saliera y viera a Devlin. Tendría preguntas. Muchas de ellas.
Incómodas. Ella voló a la acción, saliendo de detrás del mostrador.

—Quieres hablar, lo haremos afuera.

—¿Por qué? —gritó Bella—. Hay mucho espacio aquí.

Rosie le frunció el ceño a su hermana y se volteó hacia Devlin. Él la


miraba como si hubiera hablado en código, pero asintió a los que estaban
reunidos junto al mostrador y la siguió hacia afuera, a un nublado y
cargado cielo. Iba a ser otro día lluvioso.

Deteniéndose bajo el toldo con rayas negras y doradas, cruzó sus


brazos, echó su cabeza hacia atrás y lo miró con rayos mortales. Abrió su
boca.

Devlin se le adelantó:

—¿Siempre hablas con la gente como si les ladraras?

—¿Ladrar? ¿Me estás llamando perro?


La cabeza de él se inclinó a un costado.

—Eso no es lo que estoy diciendo, pero me recuerdas a uno de esos


perros pequeños. Los esponjosos que muerden los tobillos de la gente
cuando quieren atención.

Rosie no podía creerle. Ella en serio no le creía.

—¿En serio acabas de decir que te recuerdo a un Pomerania?

—No estaba pensando en un Pomerania, pero ahora que lo


mencionas…

—¿Viniste hasta aquí solo para insultarme más? —demandó ella,


manteniendo su voz baja mientras la gente pasaba por su lado por la
calle—. ¿Como si me hubieras buscado usando algún método vil solo
para decirme que soy un pequeño y alegre perro?

La barbilla de él se hundió y sus labios se torcieron como si quisiera


sonreír.

—No tuve que usar métodos viles para encontrarte.

—Oh, ¿en serio? ¿Entonces cómo supiste que estaba aquí?

—Tú de hecho me contaste que trabajabas aquí.

Ella abrió su boca y luego la cerró de golpe. Estaba en lo correcto.


Ella lo había mencionado.

Devlin sonrió con suficiencia.

—Como sea. ¿No te sacaste todos tus insultos de encima anoche?


Estoy bastante segura de que dejé dolorosamente claro que nunca más
quiero volver a verte o hablar contigo.

—Lo dejaste claro, pero parece que nuestros caminos están


simplemente destinados a seguir cruzándose —respondió él
suavemente.

—No. Absolutamente no. Nuestros caminos van en dos muy


diferentes direcciones. Tú eres este. Yo soy oeste. Así que, hazte a un
lado…

—Desearía que ese fuera el caso.

Sus labios se apretaron.


—Te das cuenta de que estás de pie frente a mí, en la pastelería de
mis padres, luego de acusarme de ser una calculadora mentirosa y
básicamente una lunática, ¿Y que acabas de volver a insultarme?

—¿Cómo volví a insultarte?

—Acabas de decir que desearías que nuestros caminos no se crucen.

Un lado de sus labios se elevó.

—Dije eso, ¿pero te das cuenta de que me has estado insultando


desde que abriste la boca?

—Sí, pero estoy autorizada, porque eres un enorme…

—Gilipollas —terminó él por ella.

—Sí. Y si recuerdas correctamente, estás oficialmente más allá de


des-idiotizarte tú mismo. Adiós…

—Estoy aquí por nuestro trato.

Los ojos de Rosie se estrecharon.

—Tienes que estar bromeando.

Esas gruesas y oscuras pestañas se levantaron y esa intensa y pálida


mirada encontró la suya.

—¿Parece que estoy bromeando?

—Parece que necesitas un pie en tu trasero.

Él rio, sonando sorprendido. Sin embargo, su expresión se suavizó


tan rápidamente que se preguntó si había escuchado o no la risa.

—Pediste el número de Lucian.

—Lo hice.

—Para poder entrar en su casa.

—Suena correcto. —Ella miró a una mujer guiando a una pequeña


niña dentro de la pastelería—. Entonces, sigo confundida respecto a
porqué estás aquí.

—Estoy aquí, porque no vas a involucrar a mi hermano…

—No estoy involucrando a tu hermano en nada —lo interrumpió


ella—. Y juro que si sugieres que de algún modo estoy intentando alguna
otra cosa que lo te dije sobre la casa de Lucian, voy a perder la cabeza
justo aquí y no seré responsable de mis acciones.

—No quisiera que eso pasara —dijo en tono seco.

—No. —Ella sostuvo su mirada—. No te gustaría.

Algo cambió en sus rasgos.

—Pensándolo bien, creo que sé lo que pasa cuando… pierdes un poco


tu cabeza. Tal vez estaría interesado en que eso ocurriera, Rosie.

Allí estaba de nuevo, un escalofrío no deseado que acompañaba la


forma en que decía eso y su nombre. ¿Cómo diablos podía un hombre,
un hombre que no le gustaba, causar tal reacción?

—Perder la cabeza aquí no sería nada comparado a como perdí la


cabeza anoche —replicó—. Pedí el número de teléfono de tu hermano
para ver si dejaba que mi equipo entrara a su casa. Lo sabes.

—Lo que iba a decir antes de que me interrumpieran tan


groseramente... —Se acercó a ella, tan cerca que los costados de lo que
tenían que ser mocasines ridículamente caros rozaron sus chanclas
baratas de Old Navy—, no quiero que involucres a Lucian en algún tipo
de investigación paranormal.

—¿Y por qué no?

—Si conocieras a mi hermano, no tendrías que hacer esa pregunta —


dijo con la voz seca—. Hice un trato contigo. Planeo llevarlo a cabo. Te
llevaré a la casa de Lucian.

Ella inhaló bruscamente por la nariz.

—Prefiero nadar en el lago Pontchartrain y luego bañarme en el río


Mississippi que incluso estar aquí y hablar contigo. Te das cuenta de eso,
¿verdad?

La miró y luego ladró:

—Mierda.

Rosie sintió que su rostro se sonrojaba con calidez. Dijo mierda de la


misma manera que él dijo su nombre. Profundo. Fornido. Caliente. Y
odiaba eso, la reacción puramente física a una palabra, a esa palabra. A
él.

—Estás haciendo esto tan difícil —dijo él.


Ella obligó a sus palabras a salir firmes y no afectadas:

—Diría que lo siento, pero no lo haré. Nada de esto tiene que ser
difícil, porque no hay razón para que estés aquí y no hay una razón real
por la que Lucian no pueda dejar que el equipo entre en su casa.

—Creo que entendiste mal lo que dije acerca de ti haciendo esto difícil.
No es el hecho de que estoy aquí, hablando contigo sobre la casa de
Lucian. —El calor estalló en esos ojos azul verdoso, y cuando él sostuvo
su mirada, ella comenzó a sentir que estaba demasiado cerca del sol, a
unos minutos de distancia, de ser quemada—. Estás haciendo esto difícil
porque yo en realidad... me gustas.

—Bueno. Debes tener problemas para salir del exceso de culos...

Movimiento por el rabillo del ojo llamó su atención y se volvió hacia


la panadería. Su madre y su hermana estaban de pie junto a la ventana,
con los rostros plantados en el cristal.

Madre mía, eran ridículas.

Rosie agarró el brazo de Devlin y lo alejó de la ventana, fuera del


camino de miradas indiscretas, mientras trataba de ignorar cuán sólido
y cálido era su brazo debajo de la delgada camisa blanca. Su mano se
deslizó por su brazo cuando él se resistió, pero siguió tirando hasta que
la siguió. Deteniéndose en la esquina de la calle, se volvió para decirle
algo a Devlin, pero lo que estaba a punto de decir murió en su lengua.

Miró hacia donde lo había agarrado. El corazón de Rosie dio un


vuelco. De alguna manera, había tomado su mano. ¡Estaba sosteniendo
su mano! ¿Qué tipo de magia vudú la había poseído para hacer eso?
Porque en serio, no tenía idea de que había tomado su mano. Ninguna.
Así que, ella no era responsable de eso. En lo absoluto.

Rosie comenzó a apartar su mano, pero él la detuvo, cruzando sus


dedos con los de ella.

Lentamente, él levantó la mirada de su mano a sus ojos.

—Lo siento por… cómo terminaron las cosas anoche entre nosotros y
me gustaría compensarte.

—¿Cómo dices?

Hubo una ligera curva de sus labios. No era realmente una sonrisa.
Ni siquiera una media sonrisa, y nada como las sonrisas que permitió
mientras usaba su máscara.
—Me gustaría compensarte.

Rosie miró a su alrededor, casi esperando que alguien saltara de uno


de los autos estacionados en la calle con una cámara. No podía ser real,
pero cuando lo miró, vio la verdad en su mirada. Estaba siendo real.

¿Quería hacer las paces con ella?

—Hemos pasado ese punto. —Trató de liberar su mano, pero él se


aferró—. Como mucho más allá de ese punto en el que me compensabas.

—Ni siquiera has escuchado cómo planeo compensarte.

—Realmente no me importa.

—Oh, creo que lo harás. —Hubo un ligero calentamiento en esos ojos


pálidos—. Estoy haciendo otra enmienda a nuestra condición.

Su boca se abrió de nuevo, y estaba segura de que parecía un pez


fuera del agua.

—No habrá más enmiendas. ¿Por qué? Porque anoche no sucedió.


Fue producto de nuestra imaginación.

Las cejas de Devlin se fruncieron.

—¿Crees que voy a olvidar lo que pasó anoche?

—Yo lo hice. —Mentira.

Y Devlin lo hizo evidente:

—Ahora, sé que eso es mentira. —Su voz bajó—. No hay forma de que
hayas olvidado lo que se siente tener mi mano entre tus piernas.

Rosie jadeó. Estaba lejos de ser una mojigata, ¡pero estaban parados
al lado de la calle! Por otra parte, la gente en Nueva Orleans
probablemente había escuchado conversaciones más extrañas que esta.

—Y estoy seguro de que no has olvidado que dijiste que me dejarías


hacer cualquier cosa —continuó, y para su horror, ese escalofrío fuerte y
caliente regresó y él lo vio—. Ahí está. No has olvidado nada, Rosie.

Dios, odiaba a este hombre.

—¿Tengo que recordarte cuán idiota fuiste? No creo que lo haga, pero
si quieres que enumere las formas, puedo hacerlo.

—No —suspiró—. Eso no será necesario.


—Bien. Entonces, ¿podemos pasar todo esto? Lucian puede dejar
entrar al equipo en su casa, y tú y yo nunca tendremos que volver a
cruzarnos. Eso suena…

—La enmienda —interrumpió, la esquina de sus labios se contrajeron


cuando ella entrecerró los ojos—. Creo que disfrutarás de esta enmienda.

—Devlin…

—Te llevaré a la casa, solo a ti. Sin un equipo de personas. Sin


extraños. Esa es la casa de mi hermano. No quiero gente al azar rondando
por ahí.

Ella abrió la boca.

—Dudo que encuentres algo…

—¿Al igual que no encontraría nada en tu casa? —espetó—. ¿O


olvidaste que admitiste que tu casa estaba embrujada?

—No lo olvidé, pero eso no significa que creo que por un segundo hay
un fantasma que usa la casa de mi hermano como tiempo compartido.

Bueno, cuando lo decía de esa manera, sonaba tonto.

—¿Puedes soltar mi mano?

—No.

—¿No?

—Me temo que huirás de mí si lo hago.

—Me gustaría —respondió.

—Y es por eso que no lo dejo ir. —Su pulgar se movió en el centro de


la palma de su mano en un barrido lento e inactivo—. Cuando hayas
terminado de investigar la casa, eso es todo. No tendrás que preocuparte
de que nuestros caminos se crucen de nuevo y no tendré que
preocuparme de que contactes a mi hermano —dijo—. Y no tendrás que
preocuparte por volver a verme.

—¿Esa es tu nueva enmienda?

Él asintió.

—Te llevaré a la casa esta noche.

—¿Esta noche? —chilló.


—Esta noche o nunca. Esas son tus opciones.

Ella lo miró boquiabierta.

—Tengo planes para esta noche.

—¿Cómo qué?

—¿Qué quieres decir con cómo qué? Dices que no es posible para mí
tener planes. —Aparte de reunirse con Jilly y Lance, realmente no tenía
planes, pero él no necesitaba saber eso.

—Si de verdad quieres entrar a la casa de Lucian, cambiarías tus


planes.

Tiró de su mano otra vez, y él no la soltó.

—¿Qué pasa si mis planes son inalterable?

Él la miró un momento.

—Entonces supongo que no quieres investigar lo suficiente la casa de


Lucian.

Rosie apretó la mandíbula con tanta fuerza que fue un milagro que
no se rompiera un molar. Había una parte de ella que quería decirle que
lo olvidara, pero Jilly la estrangularía legítimamente si dejaba pasar esta
oportunidad.

—Bien —dijo—. Tomaré uno por el equipo.

—¿Tomar uno por el equipo? —Devlin sonrió—. Querías entrar a esta


casa, Rosie. Hicimos un trato y voy a mantenerlo.

—Quería entrar a esta casa sin ti —corrigió—. Y no habría tenido


ningún problema con que honraras el trato si no hubieras...

—Sido un idiota. Entendido. Nos vemos en la casa esta noche a las


nueve. —Le soltó la mano—. Y no llegues tarde.

Rosie resistió el impulso de decirle que tenía un problema con el


tiempo.

—No llegues tarde.

Devlin comenzó a retroceder.

—Nunca llego tarde, Rosie. Te veo esta noche.


Mientras giraba y se alejaba, ella murmuró por lo bajo, Nunca llego
tarde. Bla. Bla, imbécil.

Encadenando una impresionante combinación de maldiciones,


regresó a la panadería.

Su madre y su hermana la esperaban frente al mostrador. Eso era un


problema, porque Cindy y Benny todavía estaban esperando que les
sirvieran, y también Laurie.

Y también estaban parados allí, mirándola como lo estaban su madre


y su hermana.

—¿Hola? —Rosie hizo un gesto hacia los clientes.

Su hermana ignoró eso y marchó directamente hacia donde estaba


Rosie, y apretó sus mejillas con sus cálidas manos con olor a azúcar.

—Está bien, necesitas derramar todo ahora.

—No sé de qué estás hablando.

Los ojos de Bella se abrieron.

—Oh no. No. No. Vas a decirme exactamente por qué Devlin De
Vincent acaba de venir a buscarte y por qué parecía que ustedes dos
estaban a segundos de besarse o golpearse el uno al otro.

Alejándose de su hermana, Rosie se dirigió al mostrador.

—No se veía así.

—Se veía así —intervino su madre.

Bella lo siguió:

—Quiero todos los detalles. Todos los detalles, Rosie.

—No hay nada que decir. Solo hablábamos. Eso es todo.

—Cariño, no solo hablas con un hombre que se ve así. —Cindy


levantó las cejas canosas—. Créeme lo sé. Bennie y yo raramente
hablábamos cuando nos conocimos.

—Cierto —murmuró Bennie mientras se inclinaba sobre el


mostrador.

Rosie los miró y luego sacudió la cabeza.


—Estábamos hablando, así que, ¿podemos volver a trabajar y dejar
esto?

—Mmm-hmm.

Su madre vino detrás del mostrador. Se concentró en la pareja, pero


Rosie sabía lo que significaba mmm-hmm en el discurso de Juniper
Pradine. Lo mismo hizo Laurie, basándose en la mirada comprensiva que
estaba disparando en su dirección. Todos los que acudían regularmente
a Pradine sabían lo que significaba.

Mamá podría estar abandonando la conversación, pero estaba segura


de que no la iba a dejar ir.
Capítulo 19
Traducido por Taywong

—Esto es jodidamente increíble. —Los ojos de Jilly estaban muy


abiertos.

Liz movió su cabeza rubia.

—Totalmente.

—¿Estás seguro de que ninguno de nosotros puede ir contigo? —


Lance se paró en la esquina de Jilly y Liz, sus brazos cruzados sobre su
pecho. Había venido directamente del trabajo, todavía vestido con el
uniforme azul marino de técnico de emergencia médica—. No me gusta
la idea de que hagas esto sola, por la noche con un tipo.

—No es un tipo cualquiera —respondió Jilly antes que Rosie—. Es


Devlin De Vincent.

—Eso no significa que esté a salvo con él. —Lance frunció el ceño—.
Probablemente menos seguro considerando quién es. —Su mirada se
entrecerró hacia ella—. No pensé que se gustaran mutuamente.

—No lo hacemos, pero estoy a salvo con él. —Por muy loco que
sonara, Rosie creía eso. Podría ser un gilipollas, pero no le daba malas
vibraciones en ese sentido—. Es... quisquilloso, pero no es peligroso.

Lance no parecía convencido.

Cuando ella se despertó esta mañana, realmente no había previsto


cómo iba a jugar hoy. Lo que realmente quería hacer era arrastrarse a la
cama con una botella de moscato y una bolsa de patatas fritas, crema
agria y cebolla para ser exactos. No es que no estuviera entusiasmada
con la investigación de esta casa, pero después de lidiar con su madre y
el incesante interrogatorio de Bella toda la noche, no estaba segura de
tener la fortaleza mental para tratar con Devlin.

Al subir la cremallera de la mochila llena de equipo, Jilly alejó


inconsciente su flequillo negro de su rostro.
—Si podemos capturar evidencia que apoye que el embrujo viene de
la casa de al lado, sería un gran alivio para Preston y su esposa.

—Creo que solo sería un alivio si la cacería se detuviera o los


fantasmas se quedaran en la casa de al lado —musitó Liz.

Jilly miró a su novia.

—Sí, pero al menos si no se origina de su casa, hay cosas más fáciles


que podemos sugerirles para que hagan para poner fin a la cacería.

Liz se dejó caer en el sofá.

—Siento que cualquier cosa que digamos, no van a hacerlo de todos


modos.

—¿No podemos tener esta conversación de nuevo? —Jilly colocó la


mochila sobre la mesa de café.

—Vamos a tener esta conversación bde nuevo. —Liz sonrió mientras


se retorcía el largo el cabello en una liga—. Miren, todavía mantengo lo
que dije cuando vimos la aparición en la película. Necesitábamos esperar
a decírselo a la familia hasta que supiéramos más. Ahora casi nos han
dejado fuera por completo. Es demasiado para ellos.

Jilly se enderezó.

—¿Cómo es demasiado cuando nos llamaron en primer lugar?

Rosie deslizó una mirada discreta en dirección a Lance. Una sonrisa


reacia tiró de sus labios.

—Este no es tu primer rodeo. —Liz soltó su cabello y lentamente


comenzó a desenvolverlo—. Sabes que la gente reacciona de manera
diferente a los ataques una vez que hay una acérrima prueba.

Eso era cierto.

Algunas personas se sentían aliviadas, incluso emocionadas al saber


que no estaban viendo o escuchando cosas. Otros esperaban que el
equipo encontrara una solución lógica, no razón sobrenatural para su
embrujo. A veces este último, cuando se enfrentaba con pruebas
sobrenaturales, decidía que ignorarlo y fingir que no estaba sucediendo
era la mejor ruta a seguir.

Eso no significaba que el embrujo desapareciera.

Rosie recogió la pesada bolsa, poniéndola sobre su hombro.


—Este es el trato, sin embargo. Si capturo pruebas esta noche, tengo
la sensación de que el dueño, Lucian, querrá hacer algo al respecto, pero
no estoy segura de que sea nuestro equipo quien se encargará de ello.

Frunciendo el ceño, Jilly la miró.

—¿Y por qué no? Somos el mejor maldito equipo en esta ciudad.

—Devlin y yo no nos llevamos bien. —Cuando Liz abrió la boca para


preguntarle un millón de preguntas, Rosie se precipitó—: Es una larga y
enrevesada historia que realmente ni siquiera tiene sentido del todo, pero
si hay algo en esa casa, prepárense para que nos dejen fuera.

Jilly se puso las manos en las caderas.

—Eso es una tontería. Si encuentras un espíritu, es nuestro espíritu.

—No estoy segura de que eso funcione así —dijo Rosie, bajando la
mirada hacia su teléfono.

Su chofer del Uber estaba a unos minutos de distancia.

—Está en Territorio Jilly, población Jilly. —Liz se mordió el labio, no


pudiendo esconder su sonrisa cuando su novia la miró—. ¿Qué? Es
verdad.

—¿Por qué no cruzamos ese puente cuando lleguemos allí? —sugirió


Lance, alguna vez el mediador. Su mirada encontró la de Rosie otra vez—
. Realmente no me gusta la idea de que vayas allí sola con él. No es
inteligente.

Nada de lo que involucraba a Devlin se sentía inteligente, y tenía la


sensación de que esta noche iba a ser un gran desastre. Pero a veces los
espíritus reaccionaban a lo que estaba a su alrededor, y el buen Dios
sabía que ella y Devlin podían crear un ambiente cargado.

—Todo estará bien. —Le sonrió a Lance, esperando tranquilizarlo—.


Lo único que está en riesgo es mi paciencia.

Liz resopló.

—¿Lo tienes todo?

—Creo que sí. —Hizo una pausa—. ¿Empacaste una botella de vino
en esta bolsa?

Eso hizo reír a las chicas, pero Lance gruñó algo sobre nadie
escuchándolo. Enrollando su mano alrededor de la correa de su bolso, se
dirigió afuera con el equipo acompañándola.
—¿Cuánto tiempo crees que vas a estar en esto? —preguntó Jilly.

La mente de Rosie saltó directamente a la cuneta, porque cuando


pensó estando con Devlin, se formó una imagen de ellos en ese espejo.
Su cuerpo se ruborizó con el calor.

Esto era una mala idea.

—¿Rosie? —preguntó Lance.

Parpadeó.

—Lo siento. No lo sé. Un par de horas, ¿si tengo suerte? No tengo idea
de cómo va a ir esto. Él no es exactamente un creyente. —Que todavía
encontraba extraño pero lo que sea. Los faros aparecieron en la calle,
disminuyendo la velocidad—. Creo que mi auto está aquí.

Liz se adelantó, abrazando a Rosie.

—Haznos sentir orgullosos.

Se retiró, arrugando su nariz.

—Lo intentaré.

La siguieron por las escaleras y la acera estrecha hasta donde el auto


se detuvo en la acera.

—Llámanos cuando termines —dijo Jilly—. No importa cuán tarde


sea.

—No lo olvides —advirtió Lance—. Porque iré a tu casa y me aseguraré


que aún estés viva.

—Vaya. —Rosie rio, abriendo la puerta trasera—. Deséenme suerte.


Voy a necesitarla.

—Estarás bien —dijo Jilly.

Liz asintió.

—Nos enorgullecerás tanto que te haremos una fiesta.

—Parece que necesitas un adulto —murmuró Lance.

Rosie estaba tarde.


Dev miró su reloj. Diez minutos y contando para ser exactos. No que
estuviera completamente sorprendido. Ni por un segundo penaba que
llegaría a tiempo. Conociéndola, llegaba tarde a propósito.

Se paró en el porche de la casa de Lucian, cruzando sus brazos sobre


su pecho mientras miraba a la casa de al lado. Los árboles bloqueaban
la mayor parte de la casa, así que podía ver solo la parte superior de una
torreta de estilo victoriano. Tenía un poco de curiosidad sobre las
personas que vivían en esa casa. Si estaban cuerdos era probablemente
lo más urgente pregunta.

Su mirada se dirigió a la calle cuando pasó un auto. Había un montón


de cosas que podría estar haciendo con su tiempo, pero aquí estaba, de
pie en un porche de noche, esperando a una investigadora paranormal
que podría estar trabajando con un reportero que estaba decidido a
derribar a su familia.

Extrañamente, estaba como que deseando hacerlo.

No porque estuviera deseando verla, sino porque esto era una buena
oportunidad para determinar cuánta amenaza era ella. ¿Realmente creía
que el espíritu de Lawrence la había visitado o estaba mintiendo?

Eso es lo que se dijo a sí mismo cuando un auto frenó y luego se


detuvo. Bajó las escaleras y fue a la puerta. Bajo el suave resplandor de
las luces de la calle, la vio mientras sacaba una gran mochila del asiento
trasero. Su cabello estaba sujeto en un lío de rizos, pero había algo
elegante en el aspecto y lo largo de su cuello. Dev abrió la puerta cuando
ella se giró hacia él.

Incluso en la oscuridad podía leer la escritura de su camisa negra.

LAS CHICAS HACEN MIERDA MEJOR. MIERDA estaba grisada,


haciendo parecer como si dijera que LAS CHICAS LO HACEN MEJOR.

Despidiéndose del conductor, ella se dirigió lentamente a la puerta.


Así que lentamente, Dev estaba seguro de que una tortuga caminaría más
rápido.

—Llegas tarde —dijo él, abriendo la puerta para ella.

—¿Lo hago?

La miró mientras pasaba. Ni por un segundo creyó que no se diera


cuenta de eso. La bolsa que llevaba parecía que pesaba la mitad de su
cuerpo.
—Espera.

Al detenerse, se giró hacia él. Estaba oscuro en el camino de entrada,


así que no pudo ver sus rasgos mientras caminaba hacia ella y alcanzaba
la mochila. Al momento que sus dedos se curvaron alrededor de la correa,
ella dio una pequeña sacudida. Él levantó la bolsa.

—Dios. ¿Qué tienes en esta bolsa?

—Un niño pequeño —respondió—. Gracias.

Se sentía como si tuviera un niño pequeño ahí dentro. Extendiendo


un brazo, Devlin dijo:

—Vamos a terminar con esto.

—Suenas tan emocionado por esto. Sabes, no... —Se tropezó con algo
en el suelo. Él alcanzó su brazo agitándose, atrapándola mientras ella
dejaba salir una risa fuerte—. Ups.

—Entonces, ¿eres tan torpe como un caimán de tres patas?

Rosie resopló.

—Solo cuando está oscuro y no tengo ni idea de dónde estoy


caminando. —Hizo una pausa—. Ya puedes soltarme el brazo.

¿Todavía le estaba sujetando el brazo? Sip. Definitivamente estaba su


piel suave debajo la palma de su mano.

—¿Estás segura? Lo último que necesitamos es que te rompas una


pierna...

—¿Y luego demandar a un De Vincent por daños y perjuicios?

Sus labios se retorcieron.

—No harías algo así, ahora, ¿verdad?

—Depende de lo mucho que me molestes esta noche. —Empezó a


caminar hacia las escaleras.

Había una ligereza en su voz que él... disfrutaba, y se dio cuenta de


que incluso cuando estaba irritada con él o cuando se excitaba con él, no
había timidez en su tono o un trasfondo oculto y mordaz. Claro, tenía un
infierno de una boca en ella, pero había algo real en ello. A diferencia de
Sabrina, donde todo lo que había salido de la boca de esa mujer había
estado bien practicado y también llevaba una agenda oculta.
Rosie lo esperó en lo alto de las escaleras.

—La puerta está abierta. Puedes entrar.

Abrió la puerta principal y entró en el vestíbulo iluminado. Ya había


estado dentro, encendiendo algunas de las luces de abajo.
Inmediatamente, su mirada cayó donde los gastados y descoloridos
vaqueros abrazaban su encantador trasero. En forma de corazón.

Perfecto. Ya podía imaginar lo que se sentiría al ser ahuecado...

Detuvo ese pensamiento de tren descarrilado. Si dejara que su mente


vagara por ese camino no habría forma de que se mantuviera ni
remotamente objetivo o alerta. La situación de anoche se había
convertido rápidamente en algo que no esperaba.

Dev no lo repitiría esta noche.

—Guau —exclamó ella suavemente.

Uniéndose a ella, cerró la puerta tras ellos.

—¿Qué? ¿Ya sientes la presencia de un espíritu?

Rosie lo miró por encima del hombro.

—No soy médium.

Él lo sabía.

—Bueno, eso es decepcionante.

—Ajá —murmuró, dando la vuelta mientras caminaba a la derecha,


en la gran sala de estar y la cocina—. Estaba diciendo guau, porque esta
casa es realmente hermosa, incluso en este estado de renovación.

Dev miró a su alrededor. Todo lo que vio fueron herramientas


dispersas, bancos de trabajo y lona cubriendo los gabinetes y
mostradores de la cocina que se habían instalado.

—Lucian dijo que terminarán pronto. No estoy seguro de que ese sea
el caso.

Una pequeña sonrisa apareció en ella mientras caminaba por una


isla.

—¿Está listo el piso de arriba?

—Por lo que pude ver, todo lo estaba menos el baño principal.


Rosie levantó un hombro.

—Entonces supongo que no pueden estar tan lejos de terminarlo.

Se acercó a él, y no pudo evitar notar que su rostro estaba casi libre
de maquillaje. Había un brillo rosa en sus labios que hacía que su boca
se viera dulce. Eso parecía ser todo. Todo lo que estaba brillando a través
de ella era ella. No artificial. Físicamente, al menos, hasta donde podía
decir. ¿Todo lo demás? No podría responder. O no quería hacerlo.

Rosie extendió una mano.

—¿Me das la bolsa?

—¿Dónde quieres que lo ponga? —preguntó él en su lugar, pensando


que la cosa era demasiado pesada para que ella la cargue.

—Um. —Se giró—. Supongo que ese mostrador está bien.

Llevó la bolsa a la isla y la bajó.

—¿Qué tienes aquí?

—Equipo. —Ella se puso de pie a su lado y abrió la bolsa. Él atrapó


su débil olor. Coco—. Todo lo que necesito investigar.

—Esto debería ser interesante. —Inclinando su cuerpo hacia ella, se


apoyó en la isla.

—Te sorprenderás y te asombrarás. —Al llegar al interior, sacó un


pequeño dispositivo—. Ya has visto esto antes. Es una grabadora VEF.

—Ah, sí. La más alta tecnología de herramientas para atrapar


fantasmas.

Rosie rio a carcajadas.

—Te sorprenderías de lo que puedes atrapar con esto. —Girándose


hacia él, levantó la mirada. Esos ojos eran más marrones hoy que verde—
. Esto es todo lo que necesito ahora mismo.

—¿Y qué necesitas de mí? —En el momento en que esa pregunta salió
de su boca se dio cuenta de cómo sonaba eso.

Dev no fue el único.

Hubo una suave inhalación de Rosie mientras su mirada volaba hacia


la de él. Sus labios se separaron y cuando ella mojó sus labios, Devlin
sintió un rayo de pura lujuria al rojo vivo dispararse por su columna
vertebral.

Maldición.

Esto no era bueno.

Aclarando su garganta, Rosie desvió su atención de él hacia la casi


terminada cocina.

—Solo necesito que te mantengas fuera de mi camino.

Su mirada parpadeó sobre su perfil. ¿Cómo no se dio cuenta de lo


gruesas que eran sus pestañas anoche?

—No estoy seguro de que eso sea posible —admitió él.

—Necesitas hacerlo posible —respondió ella, alejándose de él.

Dev dudó un momento y luego se alejó de la isla. La casa olía a


madera y pintura cruda mientras se aventuraban en el área del estudio.

—Mi equipo investigó esta casa. Nada que no sea ya registro público
—añadió—. Se construyó en 1859 y los anteriores propietarios se
quedaron en la casa por un tiempo bastante largo. Esta es la primera
gran renovación. Lo apuesto. Así que son buenas noticias.

—¿Lo son?

Rosie miró al techo.

—Sip. Mira, si una casa tiene un grave problema de embrujo,


entonces a menudo verías a una propiedad cambiar de dueño varias
veces en más bien períodos cortos. A menos que los dueños sean De
Vincent.

Él arqueó una ceja ante eso.

Saliendo del estudio, ella entró en una zona de descanso que


conducía a un solario.

—Las renovaciones pueden levantar el ánimo, porque los alrededores


están cambiando. A veces la actividad se asienta una vez que las
renovaciones están completas y a veces la actividad empeora.

—O a veces la casa deja de asentarse.

Ella rio de eso.


—Las casas dejan de asentarse poco después de ser construidas. Si
una casa está haciendo ruidos de “asentamiento” décadas más tarde —
dijo, y sí, usó comillas—, entonces tienes un problema de fundamentos.
De todas formas, estamos pensando que esta renovación despertó
algunos fantasmas o...

—¿O? —Se detuvo en la entrada del solario. Esta área de la casa era
oscura, ya que ninguno de los interruptores de la luz había sido puesto
todavía.

—O un fantasma siguió a Lucian desde tu casa.

Estaba empezando a arrepentirse de haber admitido que la mansión


estaba embrujada.

—¿Es eso posible?

—Oh sí. Los espíritus pueden formar un vínculo e ir a donde sea que
la persona a la que esté apegado vaya. De casa en casa... —Se enfrentó a
él—. De los cementerios a hogares.

Los ojos de Dev se entrecerraron.

—¿De los cementerios a las lecturas psíquicas?

—Sí. —Ella sostuvo su mirada—. Y si resulta que estás con una


médium, no necesitarán uno de estos para escuchar lo que están
diciendo. —Agitó la grabadora—. Deshacerse de esos embrujos puede ser
difícil, así que esperemos que no sea así.

Un músculo se flexionó en su mandíbula mientras ella lo rozaba. El


ligero toque fue una sacudida a su sistema. Giró y de repente necesitaba
saber.

—¿Por qué?

—¿Por qué, qué? —Lanzó sobre su hombro.

—¿Por qué estás tan metida en estas cosas? —preguntó.

Lentamente, se giró hacia él mientras estaba de pie en el arco entre


las tenues luces de la sala de estar y la sala de estar.

—Me desperté un día y pensé que quería cazar fantasmas.

—Era una pregunta seria, Rosie.

Sacudiendo un poco su cabeza para que un grueso rizo cayera sobre


su frente, suspiró pesadamente al levantar un hombro.
—Así que, ¿realmente quieres saber?

—Estoy preguntando, ¿no?

—Sí, bueno, no puedo imaginar por qué querrías saber algo sobre mí.

Bajó la mirada a la grabadora, así que no vio la forma en que su


mandíbula se apretaba.

—Eso no era nada genial como con Jilly o Liz, mis amigas que en
realidad empezaron EPNO. Vieron fantasmas de niños e inspiró una
obsesión de toda la vida. ¿Yo? Solo… siempre me ha interesado, desde la
adolescencia, y supongo que es porque los espíritus son la prueba de que
hay algo después de la muerte. Que simplemente no morimos y dejamos
de existir. Odiaba la idea de eso, así que eso fue lo que me hizo empezar
a investigar las cosas como los encantamientos y las reencarnaciones.
Incluso lo oculto.

—¿Lo oculto?

—Sí. Como Wicca 3 . Pasé por una etapa de adolescente en la que


quería estudiar Wicca, pero rápidamente me di por vencida en eso,
porque soy perezosa y eso requiere un mucho trabajo.

Nada de Rosie parecía perezoso.

—Tu madre dijo que tenías tres títulos. ¿Eso es verdad?

—Sí.

—No hay nada de pereza en tres títulos —señaló, un poco asombrado


de que la mujer que estaba delante de él con una grabadora VEF tenía
tres títulos universitarios.

—Cierto, pero obviamente no tienes ni idea de todo el trabajo que se


hace en la práctica a la manera wiccana. —Había una sonrisa en su voz
que él no pudo ver—. De todas formas, eso es lo que empezó esto para
mí. Esta necesidad de probarme a mí misma que toda esta vida y el amor
y el dolor y la muerte y el odio... todo ello tenía un propósito. Supongo
que podría haber encontrado a Jesús o algo así. Eso parece más...
aceptable, pero es más probable para captar la voz de un soldado de la
Guerra Civil en esta grabadora que la voz de Dios, así que...

Una sonrisa de reticencia se dibujó en los labios de él.

—¿Crees en Dios?

3
N.T. Denominado también brujería pagana.
—Sí, lo hago. Puede que no vaya a la iglesia todos los domingos, pero
soy un creyente. —Hizo una pausa—. ¿Y tú?

—Sí —dijo después de un largo momento—. Si hay un cielo...

—Hay un infierno —terminó ella.

Él ya sabía dónde probablemente terminaría al morir.

—De todos modos, como dije, nada interesante. —Rosie retrocedió un


paso y luego se giró—. Necesitamos apagar las luces.

—He visto... cosas en mi casa a plena luz del día.

Ella se detuvo de nuevo.

—Bueno, ¿no eres especial?

—Muy.

—Ajá. —Inclinó la cabeza—. Sabes, los espíritus aparecen en


cualquier momento durante el día. La evidencia sugiere que los espíritus
realmente no pueden decir la hora.

—Eso debe ser molesto.

—Siempre tarde a las citas, ¿eh? —respondió, y desde donde él estaba


parado en la oscuridad, una sonrisa irónica tiró de sus labios—. La razón
por la que hacemos mucho de nuestras investigaciones nocturnas es
porque somos más abiertos y susceptibles a la actividad.

—En otras palabras, vemos y oímos cosas cuando está oscuro y


tranquilo.

El suspiro de Rosie resonó en la habitación vacía.

—Voy a empezar.

Descubrió que no estaba preparado para que ella hiciera eso. Parte
de la razón por la que decidió dejarla entrar aquí fue para que él la leyera.

—¿Qué títulos tienes? —preguntó, y sabía muy bien que esa pregunta
tenía nada que ver con su asociación con Ross.

Caminando por el estudio, dijo:

—Tengo una licenciatura en inglés con un certificado de enseñanza.


Nunca lo he usado. Volví y obtuve un título en negocios, y eso me aburrió
mucho, pero pensé que era útil. Entonces fui a la Universidad de Alabama
y me especialicé en psicología.
—Eso es...

—¿Atolondrado? —rio cuando entró en la cocina y él la siguió. Al


encontrar la luz, la apagó.

—No. Iba a decir impresionante.

—Vaya. —Rosie se giró hacia él de repente—. ¿Acabas de hacerme un


cumplido? —Al avanzar, le dio una palmada en el pecho rápidamente y
luego saltó hacia atrás—. Estoy sorprendida.

—Yo no me entusiasmaría tanto. —Su tono era seco, pero tenía una
sonrisa.

—Estoy tan emocionada. —Ella giró, hacia arriba delante de él. Era
tan buena en eso, se preguntaba si había tomado baile—. Mi vida está
completa. ¡Devlin De Vincent piensa que soy impresionante!

—Todo eso realmente no es necesario.

—¡Pero es así! —Salió de la cocina, atravesó la sala de estar—. ¿Quién


necesita encontrar un fantasma esta noche? ¡Mi vida está completa!

De pie en la cocina, levantó la mirada al techo y Devlin... sonrió.

Parecía que le estiraba la piel de la boca, ¿y no estaba tan jodido?


Estaba confiado de que se estaba burlando de él, pero estaba... divertido.

Porque Rosie era... Dios, podría ser igual de mala para él, para su
familia, como Sabrina, pero era tan... ella... Ni siquiera remotamente
impresionada por él en... lo más mínimo.

Negó con la cabeza y luego la encontró en el vestíbulo justo cuando


estaba apagando la luz.

—Estoy batiendo récord —advirtió ella.

Devlin inclinó la cabeza.

Rosie lo estudió un momento y luego se giró mientras su pulgar se


movía sobre el lado del pequeño dispositivo. Caminando hacia el centro
de lo que se convertiría en la sala de estar, miró al techo.

—Hola —dijo, aclarando su garganta—. ¿Hay alguien aquí con


nosotros?

Dev arqueó una ceja.


—¿Alguien que desee hablar con nosotros? —Estuvo callada por unos
momentos mientras caminó lentamente por la habitación—. Me llamo
Rosie. ¿Puedes decirme tu nombre? —Hubo otra ruptura de silencio
cuando entró en el vestíbulo—. ¿Por qué estás aquí?

Esa era la pregunta de la noche, ¿no?

Rosie se detuvo en las escaleras.

—¿Estás solo?

—Obviamente no —murmuró Dev—. Estamos aquí.

Se giró hacia él.

—¿En serio?

—¿Qué? Parece una pregunta tonta. Obviamente no está solo.


Estamos aquí.

—Eso no es lo que quise decir cuando hice la pregunta —explicó—.


Estoy preguntando si hay más de un espíritu aquí.

—¿Cómo sabes que hay un espíritu aquí?

Rosie lo miró fijamente.

—Y tu pregunta no fue muy clara —continuó, siguiéndola hasta el


vestíbulo abierto—. ¿Y si responde que sí, pero habla de que estamos aquí
y no otro fantasma?

—Bien —dijo, sonando exasperada mientras se movía—. ¿Hay


otro espíritu contigo?

Dev sonrió a su espalda mientras metía las manos en sus bolsillos.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó.

Sabiendo que ella no le hablaba, pero incapaz de evitarlo, dijo:

—No tengo ni idea.

Los hombros se desplomaron mientras respiraba profundamente,


muy audible, se giró hacia a él.

—No te hablo a ti, Devlin.

—Oh —murmuró—. Mi error.

Sus ojos se entrecerraron, y después de un momento, se reenfocó.


—¿Cuántos años tienes?

—Tengo una pregunta.

La cabeza de Rosie cayó hacia atrás.

—Por supuesto que sí.

—Cuando preguntas la edad del espíritu, ¿te refieres a su edad


cuando murió o... cuánto tiempo han estado atrapados en esta fría y
estéril existencia?

Ella levantó la cabeza.

—¿Te das cuenta de que estamos siendo grabados ahora mismo,


verdad?

Él sonrió con suficiencia.

—¿Y eso significa que alguien más puede estar escuchando esta
grabación además de mí?

La sonrisa se desvaneció. Sus ojos se entrecerraron. No había


aceptado eso.

Sonriendo, se alejó de él.

—¿Puedes decirme si estás molesto por lo que le están haciendo a


esta casa?

Dev resopló.

Disparándole una mirada entrecerrada sobre su hombro, ella miró


hacia otro lado.

—¿Cuántos de nosotros estamos aquí?

¿No había hecho ya esa pregunta?

Rosie entró en lo que se convertiría en un comedor. Los rieles de la


silla estaban en su lugar y la moldura de la corona se apoyaba en la
esquina. Él se apoyó en el marco de la puerta.

—¿Tienes algo que quieras decir...?

Un fuerte golpe la interrumpió. El sonido fue un choque para el


silencio y para el momento en que sonó como si viniera de todas las
direcciones y luego lo escuchó.

El sonido de pisadas, justo encima de ellos.


Capítulo 20
Traducido por NaomiiMora

La mirada de Dev voló hacia donde estaba Rosie. En la oscuridad con


solo la luz plateada de la luna entrando por las ventanas, no pudo
distinguir su expresión.

Pero la escuchó.

—Creo que vino desde arriba —susurró—. ¿Es posible que alguien
esté allí?

—No. —Alejándose de la puerta, regresó al vestíbulo y miró hacia las


escaleras. Había estado arriba antes de que Rosie llegara—. A menos que
alguien subiera al balcón.

Rosie se movió en silencio, uniéndose a él en el vestíbulo.

—Tenemos que investigarlo.

Él ya estaba subiendo las escaleras.

—Quédate aquí abajo.

—¿Qué? —protestó ella en voz baja.

Parándose a la mitad, Devlin miró por encima del hombro.

—En caso de que sea una persona empeñada en asesinar a uno de


nosotros, ¿puedes quedarte aquí abajo?

—No es un asesino en serie —susurró mientras subía los escalones


detrás de él—. Acabas de decir que nadie podría estar aquí.

—También dije que alguien podría haber entrado por el balcón.

—¿Saltando del patio como un canguro o un superhéroe? —La


emoción era clara en su voz—. Sabes que no hay una persona aquí arriba.

Dev no podía estar seguro. Era mucho más probable que fuera un
asesino con hachas que un espíritu, por lo que realmente no quería que
Rosie subiera las escaleras, hacia Dios sabía qué.
—No me quedaré abajo —dijo—. No es por eso que vine aquí, para
acobardarme siempre que haya un ruido.

Irritado, Dev se dio cuenta de que solo tenía dos opciones. Amarrarla
a algo para mantenerla abajo, y eso sonó mucho más divertido de lo que
debería, o dejarla subir.

Suspirando, se dio la vuelta y comenzó a subir las escaleras


nuevamente.

—Al menos quédate detrás de mí.

—Sí señor.

Apretó la mandíbula cuando alcanzó la parte superior de los


escalones y encendió las luces del pasillo. El pasillo se dividía en dos
direcciones. Ambas estaban vacías, pero el ruido parecía provenir del
comedor, que sería el dormitorio principal o la habitación de invitados al
lado. Se podía acceder a ambos desde el balcón. Comenzó en esa
dirección con Rosie prácticamente encima de su espalda. Abrió la
habitación de invitados, pero no había luces para encender en esa
habitación. Cruzando la habitación hacia las puertas del balcón, las
encontró cerradas. Cuando se volvió, vio a Rosie dirigiéndose hacia la
habitación principal.

—Maldita sea —gruñó, saliendo de la habitación. La alcanzó en el


pasillo—. ¿No dije que te quedaras atrás de mí?

—Lo estoy —insistió ella.

—No. No, no lo estás. —Caminando alrededor de ella, se acercó a las


puertas dobles que conducían a la habitación principal. Empujó la puerta
y examinó la gran sala mientras sus ojos se acostumbraban a la
habitación iluminada por la luna—. Hmm. —Observando algo en el suelo,
entró en la habitación y se inclinó para recogerlo—. Creo que encontré la
fuente del ruido.

Rosie se acercó a él, la luz verde en la grabadora aún brillaba.

—¿El casco de un trabajador?

—Sí. —Se volvió hacia el banco de trabajo que estaba en la esquina—


. Debe haberse caído y rodado por el suelo.

Ella se paró en el centro de la habitación, mirándolo mientras la


pálida luz de la luna se asomaba por la curva de su mejilla.

—¿Te suena un casco rodante como pisadas?


Bueno, no exactamente.

—Lo que escuchamos en una casa oscura y tranquila que crees que
podría estar embrujada sonó como pasos. Eso no significa que fueran
pasos.

—Y de ninguna manera lo que escuchamos fue un casco rodando por


el piso —argumentó—. Y por cierto, ¿cómo se cayó del banco y rodó por
el piso? ¿Viento invisible?

Él comenzó a sonreír, pero se detuvo.

—Probablemente se colocó en el borde del banco y nosotros


caminando lo perturbamos. Y, por cierto, todo el viento es invisible.

—Eso no es lo que quise decir. Lo que sea. Voy a por el medidor MEF.

—MEF qué...

Rosie ya se había ido de la habitación.

Sacudiendo la cabeza, volvió a colocar el casco en el banco de trabajo


y decidió revisar las otras habitaciones, lo cual hizo. Nada estaba fuera
de lugar y no había ningún fantasma escondido en un armario. No tenía
idea de lo que habían escuchado, si era el casco o espíritu, y dudaba que
cualquier cosa que Rosie estuviera haciendo lo demostraría de cualquier
manera.

Rosie estaba caminando de una habitación a otra con algún tipo de


lector magnético electrónico mientras hacía las mismas malditas
preguntas que había hecho abajo.

Mientras él la seguía tranquilamente, prácticamente podía imaginar


las caras de Gabe y Lucian si lo veían en este momento. Lucian se había
divertido cuando le había dado las llaves antes, pero se imaginó que se
sorprenderían o se desmayarían de la risa.

El detector MEF no detectó ninguna lectura extraña según Rosie, pero


eso no la había disuadido. Se sintió como una eternidad ahí arriba,
pasando de hacer preguntas vagas y abiertas a preguntas más
detalladas. ¿Estaba el espíritu durante la Guerra Civil? ¿Era su muerte
reciente? Mientras regresaban a lo que se convertiría en el dormitorio
principal de Lucian y Julia y en el baño, esperaba varios segundos, a
veces incluso minutos, antes de hacer otra pregunta.

Dev estaba aprendiendo que esta cosa de caza de fantasmas requería


mucha paciencia.
Había una buena posibilidad de que si estuviera con alguien más, se
aburriría malditamente demasiado. Por otra parte, no estaría haciendo
esto con nadie más, pero encontraba todo el asunto con Rosie bastante...
entretenido. Rosie hablaba muy en serio sobre esto. Permaneció alerta
cuando los minutos se convirtieron en horas. Si hubiera tanto como un
tablón del piso crujiendo en algún lugar de la casa, se quedaría muy
quieta y silenciosa y escucharía durante unos cinco minutos, y si él hacía
un ruido durante ese tiempo, como si respirara demasiado fuerte, lo
callaría.

No encontró el que lo callara tan molesto como la primera vez que lo


hizo.

Pero a pesar de lo entretenido que era simplemente pararse y mirar a


Rosie, cuando llegaron a la planta baja, casi gritó de alivio cuando apagó
la grabadora.

—¿Terminamos?

Ella se rió mientras recogía la mochila y la colocaba en la mesa


cubierta de la cocina.

—No exactamente.

Por alguna razón, no estaba seguro si estaba aliviado de escuchar eso


o decepcionado.

—Literalmente has hecho todas las preguntas conocidas por el


hombre. ¿Que más puedes hacer?

—Un montón. Necesito tomar fotos.

—¿Fotografías?

Asintió mientras sacaba una pequeña cámara.

—A veces puedes atrapar un espíritu o una esfera...

—¿O una partícula de polvo? —sugirió.

Rosie le envió una mirada graciosa.

—A veces puedes atrapar espíritus en la película. Usamos una


cámara que produce imágenes de alta resolución —explicó—. A menudo,
una vez que las revelas, encontrarás cosas en las imágenes que no
podrías ver con sus propios ojos.

—¿Es necesario?
—Sí. —Lo miró—. Siempre puedes irte y volver cuando haya
terminado. Nadie te obliga a estar aquí.

Eso era verdad.

Pero no se fue.

En cambio, la siguió una vez más, yendo de habitación en habitación


mientras tomaba fotos.

—Escuché que Nikki se mudará pronto a su apartamento —dijo ella


mientras caminaban por la sala de estar.

—Eso es lo que he escuchado.

—Supongo que eso te hace feliz.

Devlin levantó un hombro.

—Ella creció en esa casa. Estoy acostumbrado a verla por ahí.

Rosie tomó una foto y el destello fue casi cegador.

—Me imagino que no pasará mucho tiempo antes de que Gabe y Nikki
vivan juntos. Con Lucian mudándose, vas a estar… —Hizo una pausa y
luego cantó—. Soooooolo. Vas a estar, soooooooooooolo.

Lentamente se giró hacia ella.

—Por favor, no vuelvas a hacer eso.

Soltó una risita mientras se giraba, tomando otra foto en,


literalmente, una esquina.

—Es una casa increíble para vivir sin nadie más allí.

—Lo es. —Dev no estaba seguro de cuánto planeaba estar allí una vez
que todos se hubieran ido.

Rosie se dirigió hacia las escaleras y luego se detuvo, volviéndose


hacia él.

—Quiero hacerte una pregunta que solo es curiosa y que sería normal
hacerle a cualquier otra persona.

—Entonces, ¿por qué no sería normal preguntarme?

Ella bajó la cámara.

—Porque probablemente pensarás que la estoy preguntando por


algunas razones nefastas.
—Posiblemente —admitió él—. Supongo que no sabrás si no
preguntas.

Rosie se rió de eso y comenzó a subir las escaleras una vez más.

—Supongo que no.

Esperó a que continuara mientras la seguía.

—Entonces, ¿no vas a preguntar?

—Todavía no lo he decidido.

Dev frunció el ceño.

—Pregunta, Rosie.

Ella llegó a la parte superior de los escalones, deteniéndose para


tomar una foto.

—¿Qué pasó contigo y tu prometida?

Esa no era una pregunta que esperaba, y las sospechas florecieron.

—¿A que te refieres?

Tomando una foto del otro lado del pasillo, comenzó a caminar de
nuevo.

—Entiendo por qué ustedes dos no están juntos. Quiero decir, lo que
su hermano intentó hacer.... —Hizo una pausa—. Supongo que si
realmente te preocuparas por alguien, superarías eso, incluso por loco
que sea.

—Supongo que sí —murmuró.

Frente a él, inclinó la cabeza hacia un lado. Pasó un momento antes


de decir:

—Lo olvidé

—¿Olvidaste qué?

—Que dijiste que no la amabas, bueno, no dijiste eso exactamente,


pero así es como sonó. —Rosie se volvió y entró en el armario del
dormitorio—. ¿Por qué estarías comprometido para casarte con alguien
que no amabas?

Dev no estaba seguro de cómo podría responder a su pregunta. Tenía


que tener cuidado. Si ella estaba trabajando con Ross, él podría usar esta
información para avergonzar a su familia o mantenerla sobre su cabeza
para obtener la información que Ross pensó que Dev podía proporcionar.

Rosie tomó otra foto.

—No tienes que responder mi pregunta.

—Lo sé. —Esperó en el pasillo mientras ella se movía por la


habitación, tomando una foto de la pared. Abrió la boca, la cerró y luego
volvió a intentarlo—. Los Harrington eran amigos de Lawrence y fuimos
a las mismas escuelas y universidades. Lawrence siempre tuvo un ojo en
sus negocios y creo... le gustó la idea de que nuestras dos familias se
unieran.

Inclinó su cuerpo hacia él.

—¿Básicamente tuviste un matrimonio arreglado financieramente?

Él sacó una risa seca.

—Supongo que podrías mirarlo de esa manera. Quería que uno de


nosotros se casara con uno de los Harrington, pero...

—¿Pero qué?

Se apartó del camino cuando ella salió de la habitación.

—Pero no funcionó.

—Bueno, supongo que es una bendición a la larga. —Se dirigió hacia


la otra puerta—. No te quedarás atrapado con alguien que no amas. Es
mejor estar que eso.

Dev no tuvo una respuesta para eso. Nunca amó a alguien más que
a la familia.

—Has oído que ella está desaparecida, ¿verdad? —preguntó para ver
cuál sería su respuesta—. ¿Sabrina?

—Eso es lo que he escuchado. —Rosie entró en el dormitorio


principal—. Eso es un poco loco. Hace que te preguntes si tuvo algo que
ver con lo que intentó Parker.

Frunció el ceño mientras miraba su espalda. Sabrina estaba detrás


de lo que Parker había intentado hacer. O Nikki no se lo había dicho a
Rosie o estaba jugando con él.
—Esperemos que alguien la encuentre —continuó, tomando una
foto—. Por el bien de Nikki al menos, porque sé que la asusta incluso si
realmente no ha dicho nada. A mí me asustaría.

Dev la vio tomar varias fotos en la habitación principal.

—¿Amabas a tu marido?

—Con cada respiración que tomo. —Salió de la habitación—. Ya


terminé aquí.

Él asintió mientras comenzaban a bajar las escaleras.

—Dijiste con cada respiro que tomas. En tiempo presente.

—Sí —dijo, sonando confundida—. El hecho de que ya no esté aquí,


no significa que dejaré de amarlo. Una parte de mí siempre lo hará.

Dev comenzó a preguntarle qué le había pasado, pero se detuvo. Ese


conocimiento no le decía nada acerca de que ella era un riesgo y era...
Era muy personal. No necesitaba saberlo.

Volviendo a la bolsa en la cocina, colocó la cámara en el mostrador y


sacó algo que le recordaba a una vieja radio AM/FM.

—Antes de que preguntes, aún no hemos terminado. Necesito usar la


caja de espíritus.

—¿Una caja de espíritus?

Una sonrisa preocupante apareció cuando ella asintió.

—Oh, vas a odiar esto.

Rosie tenía mucha razón.

Desde el momento en que encendió la caja de espíritus y comenzó a


pasar rápidamente por los canales de radio, escaneando las frecuencias
de radio a un ritmo alarmante, Devlin parecía que quería levantarlo y
tirarlo por una ventana.

O tirarse por la ventana.

Tuvo que luchar para no reírse por todo el asunto. No había ninguna
voz viniendo a través de las frecuencias, por lo que le hizo un favor a
Devlin y no usó eso por mucho tiempo.
En el momento en que apagó la cosa, Dev se frotó el centro de su
frente.

—Esa fue la cosa más desagradable que he escuchado. Estoy


convencido de que podría usarse como un dispositivo de tortura efectivo.

Rosie se rió mientras volvía a encender las luces de la cocina. Fue


muy malo.

—Todo lo que necesito hacer es configurar algunas cámaras y luego


habremos terminado.

—¿Cámaras?

—Solo dos pequeñas. Una arriba en el dormitorio principal, donde el


casco cruzó el suelo. —Sonrió cuando sus ojos se estrecharon—. Y luego
probablemente una aquí abajo... —Se giró mientras sacaba una cámara
de su bolso—. Creo que aquí está bien. Te da una vista decente.

Devlin se ofreció a ayudar, pero ella lo rechazó. Le tomaría más tiempo


explicar cómo configurarlo que a ella sola hacerlo. Para cuando volvió
abajo, Devlin estaba apoyado contra la isla, viendo su teléfono. Era tarde,
cerca de las dos de la mañana, y el hombre parecía tan prístino y fresco
como cuando apareció.

Ella, por otro lado, sentía que estaba empezando a sudar azúcar.

Regresando a su bolso, lo miró y no pudo evitar preguntarse qué haría


después. ¿Iría directamente a su casa a la cama o tenía a alguien, en
algún lugar, esperándolo? Después de anoche, se imaginó que tenía una
legión de mujeres a las que podía llamar, sin importar la hora, y estar
preparado para él.

Mientras mantuviera la boca cerrada.

Se mordió el labio mientras volvía a colocar la grabadora y el medidor


MEF en la bolsa, junto con la caja de espíritus. Devlin no había
mantenido la boca cerrada esta noche y lo había sido... agradable hablar
con él. Incluso había sido molesto con las preguntas mientras la lectura
con el VEF, ella se había... divertido.

Con Devlin De Vincent.

Divertirse con él no era algo que pensara exactamente que era posible.
Bueno, diversión fuera de besarse con él. Eso ciertamente había sido
divertido.

Lo que vino después no lo había sido.


Bostezando, cerró la bolsa. Era hora de llevar su trasero a casa.

—¿Sabes si alguien estará aquí mañana?

Devlin la observó desde donde estaba parado justo dentro de la


cocina.

—Puedo arreglarlo.

—Solo necesitamos que alguien entre en algún momento y saque las


cámaras. Dejaré las cajas junto a ellas —explicó—. Alguien puede
dejarlas en el porche.

—Te las puedo llevar.

Hubo un pequeño cosquilleo molesto en el pecho de Rosie.

—Eso no será necesario.

Él arqueó una ceja.

—¿Por qué no?

—Simplemente no.

La mirada de Devlin se volvió astuta.

—Me aseguraré de que estén en el porche mañana por la tarde.

—Perfecto. Entonces, lo que sucederá después es que vamos a revisar


las cintas. A ver si encontramos algo. Si lo hacemos…

—Si lo haces, entonces contáctame.

Ella se inclinó hacia delante, cruzando los brazos.

—No tengo tu número y probablemente no quieras dármelo.

—Creo que puedo confiar en ti con mi número.

—No puedes saberlo. Podría publicar tu número en línea.

—O escribirlo en un baño público. ¿Llamar para pasar un buen rato?

—Más bien llamar si quieres molestarte, pero sí —respondió ella.

Devlin se rio suavemente.

—¿Tienes tu celular contigo? Te daré mi número.


—Sip. —Lo sacó del bolsillo delantero de la bolsa y después de que
Dev le dio su número, abrió Uber—. Bueno, eso es todo lo que voy a hacer
esta noche. Gracias por hacer esto y no…

Las dos cejas de Devlin se alzaron.

—¿Y no qué?

—Y no hacerme... querer arrojarme por las escaleras. —Sonrió


mientras recogía su bolso del mostrador—. Así que gracias por eso.

Devlin dio un paso adelante y, sin decir una palabra, le quitó el bolso.
Estaban callados mientras caminaban afuera. Cuando cerró, ella miró
para ver si había un Uber cerca. Afortunadamente, uno estaba a menos
de cinco minutos.

—Bueno, voy a llamar a un Uber —dijo cuándo se volvió hacia ella—.


Gracias…

—Puedo llevarte a casa.

Sorprendida, no estaba segura de qué decir al principio.

—Solo llamaré…

Devlin la inmovilizó con una mirada.

—Sube a la camioneta, Rosie.

Era un poco estúpido rechazar la oferta, ¿cierto? Miró su teléfono y


luego se decidió.

—¿Puedes decir por favor?

Al llegar al lado del pasajero, él abrió la puerta.

—¿Puedes por favor subir a la maldita camioneta?

Rosie esbozó una sonrisa.

—Ya que preguntaste tan amablemente y dijiste por favor, sí, aceptaré
tu oferta.

—Honrado —murmuró mientras se subía. Devlin se inclinó y colocó


la bolsa junto a sus pies.

Relajándose, ella se echó hacia atrás y cerró los ojos cuando él abrió
la puerta. Esta noche no había sido mala en absoluto. Había obtenido
varias horas de grabación y, con suerte, la grabadora había captado el
ruido que escuchaban. Ni por un segundo pensó que era el casco, así que
tal vez las grabaciones captarían una voz o algo así.

Dev se movió en reversa para sacar la camioneta, pero tuvo que


detenerse nuevamente para cerrar la puerta. Una vez que regresó, ella
abrió los ojos.

Él la estaba mirando de esa manera intensa.

—¿Tienes frío?

—Un poco.

Encendiendo la calefacción, arrojó su brazo sobre el asiento y


comenzó a avanzar calle abajo. Su mirada vagó por el interior. Esta
camioneta no era nueva, pero se había mantenido bien. Agradable y
ordenada.

La curiosidad la llenó.

—Bueno. Tengo que preguntar. ¿Por qué esta camioneta?

—¿Por qué no?

Ella lo miró.

—Es una camioneta bastante vieja.

—¿Y qué? —Su mirada se centró en la carretera.

—¿Entonces? Mira, no estoy hablando de eso. Mi auto es bastante


viejo, pero ¿no vales eso? ¿Un billón de dólares? ¿Y conduces una
camioneta vieja y anticuada?

—No valgo mil millones de dólares —respondió, y ella puso los ojos
en blanco mientras se meneaba en el cómodo asiento—. Me gusta la
camioneta. —La miró—. ¿Por qué? ¿Hay algo malo en eso?

—No —se rió—. ¿Por qué crees que lo habría?

—¿Por qué estás preguntando al respecto? —señaló—. Es por eso.

—Estoy sorprendida. Supuse que manejarías en un Porsche o, un


Ferrari o algo así.

Devlin se enfocó en el camino.

—Tengo un Porsche.

—Por supuesto —objetó.


—No tengo un Ferrari.

—Demonios. ¿Qué piensa el club de eso?

—¿Club?

—Asumo que las personas ricas pertenecen a algún tipo de club


privado y secreto de personas ricas —explicó—. Me imagino que este club
de gente rica tiene reglas. Como qué tipo de automóvil debes conducir.

—Eres...

—¿Qué?

—Inusual.

Rosie dejó escapar una risa cansada.

—Entonces, ¿no hay un club de gente rica?

Hubo un instante de silencio.

—Hay clubes.

—¡Lo sabía!

Él apretó los labios.

—No pertenezco a ellos.

—Oh. Bien. Eso es aburrido. —Suspiró dramáticamente—. Esperaba


que pudieras contarme sobre sus reglas y decirme que mi teoría es
correcta.

—¿Qué teoría?

—Que los Illuminati4 son reales.

La risa que salió de él fue profunda, pero corta. Demasiado corta.

—Inusual —repitió—. Eres inusual.

—Ya sabes —dijo, dejando que su cabeza descansara contra el


asiento mientras lo miraba—. Se te permite reír y sonreír.

Su mirada se disparó hacia la de ella.

—Lo sé.

4
N.T. Gente que dice que posee especial iluminación o conocimiento de algo.
—¿En serio?

En el semáforo, la miró por unos momentos y luego se volvió hacia la


carretera.

Oh no.

Aparentemente, ella había ido demasiado lejos, porque él no habló


durante varios minutos. Pero luego lo hizo.

—Sabrina odiaba esta camioneta. Creo que se subió aquí una vez.

Bueno. No estaba esperando esa declaración.

—Sabrina suena como una perra.

Él resopló cuando giró hacia la carretera.

—Tengo curiosidad por algo yo mismo.

—Pregunta. Soy un libro abierto.

—No eres un libro abierto —respondió, dejando caer una mano sobre
su regazo—. ¿Cómo conociste a Ross?

—En un club secreto para conspiradores y mentirosos intrigantes.

—Eso es lo que pensé.

Ella sonrió mientras cerraba los ojos.

—Nos conocimos hace unos dos años. Él estaba haciendo esta obra
en tours de fantasmas en el Barrio.

—¿Hace dos años?

—Sip. Ni siquiera lo conozco desde hace tanto tiempo. —Cubrió un


bostezo—. Éramos amigos. Quiero decir, nunca realmente personal ni
nada, pero hemos compartido bebidas y siempre hablamos cuando nos
vemos. No recientemente —agregó antes de que él se aferrara a eso—.
Cuando mostró interés en Nikki, honestamente pensé que era legítimo.

Cuando no respondió, ella abrió los ojos. Estaba concentrado en el


camino. Le tomó un momento ver que estaban cerca de la Calle Canal.
Lo miró de nuevo.

—Ni siquiera pareces cansado.

—No soy de dormir mucho —respondió—. Por lo general, ni siquiera


estoy en la cama en este momento.
—Guau. —Parpadeó—. Yo podría dormir doce horas si no tuviera
nada que hacer.

—Eso debe ser agradable.

—¿Por qué no duermes tanto?

—Nunca lo he hecho. —La camioneta disminuyó la velocidad a


medida que el tráfico se detenía. Siempre había gente afuera,
especialmente los fines de semana—. No desde que era joven.

Rosie reflexionó sobre eso y pensó que había descubierto lo que eso
significaba.

—No desde que tuviste el accidente, ¿en el que tuviste una


experiencia cercana a la muerte?

—No desde entonces.

Eso fue lo último que dijo Devlin. El resto del corto viaje a su
departamento fue en silencio, y no estaba segura de si fue porque dijo
algo o si él no tenía nada más que decir.

Devlin se detuvo en la acera y comenzó a alcanzar las llaves.

—Puedo acompañarte.

—No es necesario —respondió, desabrochándose el cinturón de


seguridad y alcanzando la bolsa—. Gracias por el viaje, Devlin.

Ella estiró su mano para alcanzar la puerta, pero luego lo miró. Sus
miradas chocaron y se sostuvieron. Una sensación cálida y no deseada
se curvó en la parte inferior de su estómago.

—Nosotros... nos llevamos bien esta noche.

—Lo hicimos. —Sus pestañas gruesas bajaron—. Lo que


probablemente significa que deberíamos terminar esto ahora antes de
que eso cambie.

Entonces apartó la vista, pero sus ojos se dirigieron al lugar más


estúpido imaginable. Su boca. No había que olvidar la forma en que sus
labios se sentían contra los de ella. El calor en su estómago se extendió
y había una pequeña parte imprudente y completamente tonta de ella
que quería invitarlo a entrar.

Pero el sentido común ganó.

—Buenas noches, Devlin.


Devlin respiró hondo y Rosie vio lo fuerte que estaba agarrando el
volante. Sus nudillos estaban casi blancos.

—Buenas noches, Rosie.


Capítulo 21
Traducido por Rose_Poison1324

Jilly levantó las cámaras mientras se registraba con la familia Mendez


el domingo por la tarde. Estaban acomodados y esperándola, y Rosie
sabía que había sido Devlin quien había ido allí, bajó las cámaras y las
colocó en el porche.

Liz y Jilly iban a revisar las cintas, y Rosie planeaba tener el audio
limpio para esta noche, lunes a más tardar, y eso significaba que sus
oídos tenían que estar pegados a sus auriculares, pero eso no era lo que
estaba haciendo.

En cambio, todavía estaba en la cama, acostada de lado, y acosando


por internet a Devlin De Vincent.

No era exactamente uno de sus momentos más orgullosos.

Pero aquí estaba, por los últimos... Señor, ¿cuántas horas había
estado en esto? Demasiadas horas, pero había muchas cosas en Internet
sobre Devlin, desde que era niño hasta las últimas semanas, donde se
discutieron las noticias de su compromiso roto con la heredera
desaparecida de Harrington.

Había artículos sobre su madre y algunos de ellos parecían deleitarse


con la forma en que su vida había llegado a un final discordante,
entrando en detalles grotescos sobre cómo había saltado del techo de su
casa. Todos estos artículos viejos y archivados mencionaron algo que
Rosie había olvidado.

La hermana había desaparecido la misma noche que su madre se


había suicidado.

Madeline De Vincent.

Nadie hablaba de ella ahora, ¿verdad? En las noticias, al menos. No


estaba segura si los hermanos lo hacían. Si se preguntaban qué le había
pasado a su hermana. Se imaginó que debía haber sido lo más difícil para
Lucian ya que él y Madeline eran gemelos fraternos.
Había varias piezas sobre la muerte de su padre, que Rosie pensó
acerca de cómo nunca llamó al hombre padre o papá. Siempre fue
Lawrence. Y eso era… peculiar.

Y había encontrado una gran cantidad de fotos de Devlin y su ex


prometida. Rosie tenía un vago recuerdo de cómo era la mujer, después
de haber visto brevemente sus fotos en los periódicos a lo largo de los
años, pero había olvidado lo hermosa que era.

Había una foto de ellos que se encontró mirando durante un tiempo


espeluznante, pero no podía apartar la mirada de ella. Estaban parados
uno al lado del otro, ambos vestidos como si estuvieran en algún tipo de
gala. Devlin se veía... Divino, parecía un dios vestido con un esmoquin
negro y Sabrina parecía una diosa. Su cabello rubio estaba peinado en
un recogido elegante y chic, su piel pálida tan perfecta como su brillante
sonrisa roja. Llevaba un hermoso vestido negro sin tirantes que se
apretaba a ella hasta las rodillas y luego caía en ondas.

Si Rosie usara un vestido como ese, se vería cinco pulgadas más corta
y aproximadamente cincuenta libras más pesada, pero alguien tan alta y
delgada como Sabrina, parecía una modelo parisina.

Eran completamente hermosos juntos.

Y no había ni una onza de calidez entre ellos en la foto.

En cualquiera de las fotos de ellos.

Pero era tan evidente en este caso, que fue doloroso incluso mirarlo.
Su pose y postura eran rígidas como una tabla. La sonrisa de Sabrina
era perfecta, pero el leve estrechamiento de sus ojos mostraba molestia.
Devlin, por otro lado, parecía frío y distante de pie junto a ella. Lo poco
que sabía sobre su relación era evidente en las imágenes de ellos.

Estas dos personas no se amaban. Rosie no estaba segura de sí


incluso se gustaban. ¿Por qué valdría la pena quedarse con dos fortunas,
aunque solo fuera por su nombre, para alguien a quien no podrías
soportar? Tenía que haber más que eso.

Al menos eso esperaba Rosie, porque ¿qué decía eso de que Devlin
hubiera estado de acuerdo con los deseos de su padre durante tanto
tiempo?

Cerrando la computadora portátil, rodó sobre su espalda. Hubo cosas


mencionadas en los artículos más escandalosos, historias sobre cuántas
muertes y enfermedades misteriosas plagaron a la familia De Vincent
durante décadas. La maldición fue mencionada. Eran historias que Rosie
ya había conocido, porque alimentaban toda la mitología de la maldición
De Vincent.

Pero estas muertes y desapariciones fueron muy reales. Estos una


vez fueron personas que vivían y respiraban. Familia. No eran mitos e
historias entretenidas sobre las que se podía cotillear. Si esta fuera su
familia, probablemente se sentiría igual que Devlin cuando se tratara de
proteger a su familia. Realmente no era de extrañar que fuera tan...
paranoico.

Un núcleo de culpa floreció en su estómago cuando pensó en cómo


había investigado la maldición y la caza. Lo había hecho sin considerar
realmente el hecho de que se trataba de personas reales. Estaba tan
separada de todo hasta ahora.

Se pasó los dientes por el labio inferior mientras sus pensamientos


volvían a la única cosa que había notado; lo único que no podía dejar de
ver.

No es que lo que decía sobre Devlin debería importarle, pero no había


una sola foto de él sonriendo y estas fotos que encontró en Internet
abarcaron años. No estaba sonriendo en las que tomaban con sus
hermanos o su padre. Ni siquiera las más viejas cuando era un
adolescente y con su madre, quien era tan rubia y hermosa como Lucian.
Siempre estaba tan increíblemente… quieto en las fotos. Si sus ojos
estuvieran cerrados, parecería estar dormido de pie o… muerto.

Dios, así es como se veía, como si estuviera muerto.

Rosie no sabía mucho sobre las experiencias cercanas a la muerte


más allá de unos pocos casos que había leído en Internet o las
explicaciones psicológicas y biológicas de lo que la gente experimentaba
cuando la muerte estaba a segundos de distancia. Pero había leído sobre
esas experiencias cambiando a alguien.

Se preguntó si Sarah tenía alguna idea sobre eso que fuera más allá
de la ciencia de todo, porque buscar en Google sería como una
madriguera a la que realmente no necesitaba caer.

¿Cómo era Devlin antes de su accidente? Había sido joven, así que
incluso si era un niño feliz y despreocupado, eso no significaba
necesariamente que fuera igual de adulto. La personalidad no estaba
para firme como piedra a esa edad, pero ¿y si... y si la muerte lo hubiera
cambiado?
—Demasiado lejos —murmuró Rosie mientras se colocaba un rizo
detrás de la oreja—. Estoy yendo demasiado lejos.

No conocía a Devlin lo suficientemente bien como para comenzar a


adivinar si su experiencia cercana a la muerte tuvo algún impacto en él.

Y no importaba si lo hizo.

Si no hubiera nada que encontrar en la casa de Lucian, no habría


ninguna razón para estar en contacto con él nuevamente. ¿Y si
encontraran algo? Rosie sabía lo que necesitaba hacer.

Se retiraría del caso.

Esa era la única opción inteligente. Ella y Devlin podrían haberse


llevado bien durante varias horas y podría haber visto un lado diferente
de él, uno que incluía sonrisas y risas, pero el hombre era complicado.

Demasiado complicado.

Y a pesar de todo eso, había despertado un interés en ella que


necesitaba ser aplastado. Puede que no supiera todo sobre Devlin, pero
sabía lo suficiente para que su interés solo creciera, especialmente si el
Devlin de la noche anterior era el verdadero, y ese interés se mezclaba
con la atracción que sentía incluso cuando estaba enojada con él…
Estaba segura de que eso solo significaba una cosa.

No terminaría bien para ella.

Rosie finalmente sacó su trasero de la cama y revisó las grabaciones


del VEF. De acuerdo, eso no era exactamente cierto. Revisó las
grabaciones de VEF mientras estaba acostada en la cama. Una vez que
terminó, cuando eran casi las siete de la tarde, se dirigió a la casa de Liz
y Jilly.

—Hola. —Liz la condujo a la sala de estar, donde Jilly estaba viendo


el video de la casa de Lucian—. Entonces, ¿cómo estuvo anoche?

—Fue realmente bueno. No nos matamos unos a otros.

Pulsando pausa en la computadora portátil, Jilly se quitó los


auriculares.

—Escuché eso. Buenas noticias.


Rosie sonrió mientras se sentaba en la silla plegable que tenían
debajo de una de esas plantas de araña colgantes.

—Sí, así que por eso estoy aquí.

—Pensé que nos habías extrañado. —Liz hizo un puchero mientras


se sentaba junto a Jilly.

—Lo hice. Lo juro. —Jilly sonrió de lado.

—No, no lo hiciste. Entonces, ¿hay algo en el VEF?

—Trabajo. Trabajo. —Liz se inclinó, besando la mejilla de Jilly—. Qué


bueno que te amo.

—Qué bueno que te interesen las mismas cosas —señaló Rosie—. Así
que, terminé las grabaciones del VEF. ¿El estruendo y el sonido de los
pasos que escribí cuando llegué a casa esta mañana? Fue recogido en la
grabadora. Suena bastante apagado, pero se puede mejorar.

—Estupendo —Jilly colocó los auriculares en la mesa de café.

—Y había un par de cosas que marqué para Lance —continuó Rosie,


deslizándose en la silla acolchada y gruesa—. Hubo un par de cosas más
que la grabadora recogió. Juro que uno de ellos sonaba como un nombre,
cuando estábamos arriba en una de las habitaciones, pero no pude
distinguirlo.

El interés despertó en los ojos de Liz.

—No estoy segura de qué o si hemos atrapado algo que sea


concluyente, pero creo que vamos a necesitar traer a Sarah, por si acaso.
Hacer que haga un recorrido.

—De acuerdo. —Jilly dejó que sus brazos descansaran sobre sus
rodillas—. Puedes hacer la caminata…

—Entonces, volviendo a la otra razón por la que estoy aquí —Rosie


tomo una respiración profunda. Después de acosar a Devlin por Internet
y darse cuenta de que cuanto más tiempo pasaba con él, más se enredaba
en él, sabía lo que tenía que hacer—. Voy a retirarme de este…

—¿Cuento? —Liz sugirió amablemente.

Rosie se rio.

—Más o menos. Voy a alejarme de esta investigación.

Jilly la miró fijamente.


—¿Vamos de nuevo? No puedes hablar enserio. Has estado
obsesionada con toda la maldición y caza De Vincent desde que te
conozco. Sé que esta no es la mansión De Vincent, pero esta es una de
sus casas. Sé que parece que no te llevas bien con Devlin, pero no puedo
creer que no quieras involucrarte en esto.

—¿Las cosas no salieron bien anoche? —La preocupación llenó la


mirada de Liz.

—No, las cosas fueron realmente geniales. Quiero decir, él estaba un


poco distraído durante la grabación del VEF. —Hizo una pausa,
sonriendo—. En realidad, fue un poco gracioso, pero con mi amigo
involucrado con Gabriel, se siente raro.

Ambas la miraron fijamente.

—Y aunque no lo maté anoche, realmente no nos hemos llevado


bien… —Se detuvo, pensando en lo bien que se habían llevado el viernes
por la noche antes de contarle sobre la lectura—. De todos modos, creo
que es mejor que ustedes se hagan cargo de esto.

—Guau —murmuró Jilly, todavía mirándola.

Liz se inclinó hacia delante.

—¿Pasó algo entre ustedes dos?

—¿Qué? —Su estómago se hundió—. ¿Por qué preguntarías eso?

—Porque nunca he sabido que no quieras trabajar en un caso —


respondió Jilly, mirando a Liz antes de volver a centrarse en Rosie—. Y
prácticamente gritaste “¿qué?

—No lo hice. —Sus cejas bajaron.

Liz sonrió.

—Lo hiciste.

—Entonces, voy a decir que algo sucedió entre ustedes.

Deslizándose aún más en la silla de la luna, suspiró profundamente.

—Yo… Está bien, algo sucedió entre nosotros, y no estoy tratando de


ocultarlo ni nada de eso, pero se siente extraño ser parte de esta
investigación ahora. Así que sí.

Jilly cerró su computadora portátil.


—Vamos a necesitar un poco más de detalle que eso.

Rosie levantó las manos.

—Nos besamos el viernes por la noche en la Mascarada. No es la gran


cosa…

—Um. Eso es un gran problema —dijo Liz—. ¿No está comprometido?

—Se separaron —explicó—. Nos besamos y fue genial. El hombre


puede besar y… cosas, y nos llevamos bien anoche, pero realmente no
nos gustamos.

—Siempre me beso con personas que no me gustan —dijo Liz


suavemente—. Por eso estoy con Jilly.

Jilly resopló.

—Siento que hay mucho más que no nos estás diciendo.

Todo lo que Rosie hizo fue levantar las cejas y las manos otra vez.

Lo había. Había muchas cosas que no les estaba diciendo y que no


iba a hacer, porque pensó que suficientes personas, incluida ella, habían
susurrado y chismorreado sobre los De Vincent. E incluso si no fuera un
De Vincent, Rosie no era del tipo "beso y discusión con las chicas". No
tenía problemas para escuchar a otras personas hablar sobre su vida
amorosa, pero para ella, era algo privado. Mantenía en privado sus
asuntos.

Ambas chicas sabían esto.

Liz gimió.

—Bueno. Está bien. Trataré de olvidar que mi amiga estuvo muy


cercana y personal con el Diablo, pero te felicito por eso. Básicamente te
besaste con una celebridad.

Ella sonrió, pero realmente no quería pensar en el hecho de que se


besó con él, porque la hizo querer hacerlo de nuevo, y también sabía que
inevitablemente él la molestaría de nuevo.

—Voy a enviarle un mensaje de texto con sus números, ya que estoy


segura de que enloquecerá si lo delato. Entonces, solo te aviso si recibes
una llamada o texto aleatorio de un número desconocido.

—Genial. —Jilly se inclinó hacia Liz—. Lo tomaremos desde aquí.


Estoy segura de que Devlin estará encantado de trabajar con nosotras.
Una sonrisa lenta atrajo los labios de Rosie mientras un poco de
decepción parpadeaba en su pecho.

—Sí, estoy segura de que lo estará.


Capítulo 22
Traducido por Gerald

Dev estaba sentado en su oficina en la ciudad el lunes en la tarde,


mirando fijamente a su teléfono. Su mandíbula se tensó mientras leía el
mensaje de texto por vigésima vez.

Sin importar cuántas veces lo leyera, el mensaje de Rosie no parecía


cambiar mágicamente. Y era un mensaje bastante largo. Un párrafo
realmente. ¿Quién enviaba mensajes de texto tan grandes y los terminaba
con un... emoji de cabeza de pollo?

No tenía idea de qué representaba la cabeza de pollo, pero el resto del


mensaje era bastante claro.

Estaba deshaciéndose de él por una amiga llamada Jilly y no estaba


en posición de deshacerse de él dado que, en su opinión, no había nada
sobre esta situación que garantizara un movimiento así.

Luego ella escribió: Gracias por confirmar lo que ya sabía. Que la gente
rica sí tiene clubes secretos. Una pequeña sonrisa apreció la primera vez
que leyó eso. Y entonces: Realmente espero que Lucian no tengo un
problema de bebida, pero de ser así, Jilly se encargará de ello.

Y ese era el final.

Este mensaje era un despido. Lo que imaginaba que la gente recibía


después de que una cita salía bien, pero una persona ya no quería ver a
la otra. Nunca en su vida había estado en el extremo receptor de una
despedida.

A Dev no le gustaba eso. En absoluto.

¿Qué demonios?

Se estiró para tomar su teléfono y se detuvo justo antes de levantarlo.


¿Iba a llamarle? Sí, eso era exactamente lo que había estado a segundos
de hacer. Pero, ¿por qué? No había razón para contactarla.
Dev levantó el teléfono de cualquier manera. A la mierda ser
despedido. Él haría que...

El teléfono sonó repentinamente, tomándolo por sorpresa. Reconoció


el número.

Archie.

Iba a tener que lidiar con Rosie más tarde.

—¿Qué tienes para mí? —preguntó Dev mientras se levantaba de su


escritorio y se giraba hacia la pared de vidrio detrás de él. El diseño le
daba una maravillosa vista de la ciudad, especialmente de noche.

—Algo bastante jodido, hombre. Conseguí que la compañía de


seguros me diera el número de identificación de vehículo —explicó él y
Dev tuvo un poco de curiosidad por saber cómo había logrado eso—. Lo
que me llevó hacia la persona bajo la que estaba registrado el vehículo.
Nunca vas a adivinar el resultado de esa búsqueda.

—¿Quién?

—Un Lawrence De Vincent —respondió.

—¿Qué? —Su mano se apretó en el teléfono mientras se giraba de la


ventana—. Lawrence no tenía un auto Mercedes. El hombre solo
conducía Porsche. Pensarías que le estaban dando alguna comisión
basado en su lealtad hacia ellos.

—Pudiera ser, pero eso es lo que muestran los registros. —Hubo una
pausa—. Estaré en contacto cuando sepa más.

Un músculo se flexionó en la mandíbula de Dev cuando la llamada se


desconectó. ¿Por qué demonios Sabrina estaba en posesión de un auto
registrado bajo el nombre de Lawrence, un auto que Dev no tenía idea
que el hombre poseía? ¿Y cómo diablos el abogado de bienes de su padre
olvidó este auto cuando se resolvió la dispuesta de la propiedad?

Dev dudaba que lo hubiera hecho.

Lo que significaba que ese bastardo había ocultado el auto y quién


sabía que más. Eso era inaceptable.

Caminando de regreso a su escritorio, tomó sus llaves y salió


rápidamente de la oficina. Derek se levantó cuando pasó junto a él.

—Cancela todas mis reuniones de la tarde.


Su asistente sabía que era mejor no cuestionar nunca sus órdenes.
Asintió mientras se sentaba, con una mano moviéndose hacia el teclado
y la otra hacia los auriculares conectados a su teléfono.

Demasiado impaciente para esperar por el elevador, tomó las


escaleras para bajar los diez pisos, para después salir por la puerta
principal. El abogado de Lawrence tenía una oficina a menos de diez
calles de la suya y estaba a punto de recibir a una visita inesperada.
Entrando en el nivel principal, asintió hacia la recepcionista y cruzó el
vestíbulo, caminando debajo de los murales art deco en el techo que
habían sido diseñados para combinar con el Edificio Empire State.
Atravesó las puertas dobles del vestíbulo y luego salió hacia el día
nublado y el aire que contenía un sorpresivo frescor en él.

Dio un maldito paso hacia la derecha cuando escuchó su voz e


inmediatamente reconoció la voz.

—Devlin, qué sorpresa tan conveniente. Iba a ir a verte.

Su mandíbula se tensó tan fuerte que fue un milagro que no se


rompiera alguna muela, luego lentamente se giró. Su tío estaba saliendo
de una limusina negra, ajustándose la chaqueta de su traje gris.

—Stefan. —Dev esperó junto a las puertas giratorias—. Me sorprende


verte aquí.

Una media sonrisa apreció mientras se acercaba hacia él.

—Ahora, ¿por qué?

—Me imaginé que después de nuestra última conversación, no te


acercarías a nosotros durante un rato.

—Eso te imaginarías. —La diversión que se mostraba en la expresión


de Stefan le recordó a Dev mucho a Lawrence, quiso derribar a Stefan
sobre la acera—. Necesito hablar contigo. ¿Podemos subir a tu oficina?

—No tengo tiempo en este momento —respondió Dev—. Si quieres


hablar, entonces tendrás que hacer aquí y que sea rápido.

La divertida expresión desapareció de su rostro como si fuera una


máscara. Se acercó a Dev, alejándose del portero.

—Ni siquiera me darás la más mínima cantidad de respecto, ¿cierto?

Dev era unos cinco centímetros más alto que Stefan, así que casi
estaban al mismo nivel cuando encontró la mirada de Stefan.
—No.

Su mandíbula se tensó.

—Uno de estos días, te arrepentirás de esta... actitud que tienes hacia


mí.

—Dudoso —suspiró Dev—. ¿Sobre qué tenías que hablar conmigo?

Stefan pasó sus dedos a lo largo de la banda de su reloj.

—Me topé con un viejo amigo hace unos días en esta cena y me dijo
lo más extraño.

—¿Ah sí? —La indiferencia se filtró en su tono.

—Sí. Sorpresivamente el tema de la conversación se movió de la


muerte de Lawrence hacía ti. —El músculo a lo largo de su mandíbula se
estaba sobre-esforzando—. Lo que fue bastante interesante, ¿no lo crees?

La impaciencia se movió lentamente a través de Dev como el reloj de


una bomba.

—¿Puedes llegar al punto de lo que sea que tengas que decir?

—Este amigo mío vive en Nebraska. —Stefan se detuvo cuando un


auto sonó su bocina—. Me dijo las cosas más extrañas. Ahora, vive en
Omaha, pero se topó con un pareja de alguna aldea pequeña en la mitad
de la anda. Estaban muy emocionados. Había escuchado que un De
Vincent había venido a su pueblo unas semanas atrás. El heredero para
ser exactos.

Dev se tensó, pero mantuvo su expresión en blanco.

—¿Y?

—Y tengo curiosidad. —Stefan sonrió entonces—. ¿Qué diablos


estarías haciendo en Nebraska de entre todos los lugares?

Mirando a su tío fijamente, no pudo descifrar si Stefan sabía por qué


Devlin estaría ahí o si Stefan sabía qué había en Nebraska. No había
evidencia de que lo hiciera, pero Devlin sabía que era mejor no
subestimarlo por completo.

—Estaba investigando una propiedad. —Eso no era exactamente una


mentira—. Pensando en expandir nuestro portafolio del resort.

—¿En Nebraska? —respondió suavemente, demasiado suavemente—


. ¿Quién viajaría ahí para vacacionar?
—Un montón de gente, Stefan. —Inclinó su cabeza—. Las personas
que preferirían estar rodeadas por la naturaleza en lugar de las playas o
más gente. Personas que quisieran... perderse por un rato.

—Interesante.

Sonrió con suficiencia.

—No necesariamente. Tengo que irme.

—Estoy seguro de que tienes que hacerlo. —Stefan retrocedió hacia


el auto en espera—. Oh, por cierto, un pequeño consejo de alguien que
conoce al respecto. —Guiñó un ojo—. Deberías ser más cuidadoso con
tus... indiscreciones.

Los ojos de Dev se estrecharon.

—¿Disculpa?

Una ligera sonrisa conocedora curvó los labios del anciano.

—Tener un encuentro amoroso con una mujer en la gala tan pronto


después de la desaparición de Sabrina es, bueno, bastante escandaloso,
Devlin.

El fino vello a lo largo de su nuca se levantó.

—No te vi en la Mascarada.

—Llegué tarde. —Stefan levantó un hombro—. Hubiera esperado que


tú de entre todas las personas fuera más cuidadoso. Honestamente,
estuve bastante sorprendido de ver que llevaras a la mujer hacia el patio,
un patio oscurecido. Por suerte fue el único que te vio y te reconoció.

A Dev no le importaba si alguien lo vio yéndose con Rosie. Lo que le


importaba era si Stefan había escuchado su conversación. El enojo lo
recorrió.

—¿Nos seguiste?

—A diferencia de algunos, no me rebajaría a ese vulgar


comportamiento. —Miró hacia si reloj mientras decía ese insulto bastante
patético—. Tengo que irme. —Comenzó a girarse, pero se detuvo, mirando
a Dev una vez más—. Por lo que pude ver, es una mujer... muy hermosa.
Para nada como Sabrina, estoy seguro. —Esos ojos, casi idénticos a los
de Dev, se levantaron para encontrar su mirada—. Estoy seguro de que
debe ser algo... único para haber captado tu atención.
Dev no dijo nada mientras mantenía su expresión completamente en
blanco, pero en el interior, un lento infierno se estaba convirtiendo en
una rabia cegadora. Sabía que era mejor no dejar que se notara, sin
importar lo mucho que quisiera advertirle a Stefan que ni siquiera se
atreviera a pensar en Rosie. Si lo hacía, simplemente atraería más la
atención hacia ella.

Y ese no era el tipo de atención que quería que Rosie tuviera, sin
importar lo que pudiera saber sobre él o en lo que pudiera estar
involucrada.

—Eso la hace... interesante. —Stefan le mostró una sonrisa que no


alcanzó sus ojos—. Muy interesante, de hecho.

—Lo siento, pero el señor Oakes está muy ocupado. —La cansada
recepcionista rodeó el escritorio, corriendo detrás de Dev mientras él
caminaba por el pasillo—. Le diré que pasó por aquí.

Dev la ignoró. Después de toparse con Stefan y tener que esperar para
asegurarse de que no estuviera siendo seguido, tenía prácticamente nada
de paciencia.

—Señor De Vincent, por favor. No puede ir...

Demasiado tarde.

Colocando sus manos en las puertas con los paneles de madera —


puertas que su hermano había hecho— las empujó para abrirlas.

Una maldición que sonó estrangulada salió desde detrás del


escritorio, proveniente de Edmond Oakes, para ser exactos. Quien
actualmente tenía sus manos llenas y probablemente también su boca.
Había una mujer en su regazo, una mujer mucho más joven y rubia que
su esposa de veintitantos años.

—Lo siento mucho, señor Oakes. Intenté detenerlo —jadeó la


recepcionista—. No me escuchó.

—Jesus, Devlin —dijo Edmond desde algún lugar detrás de la mujer—


. Podrías al menos haber tocado la puerta.

—Podría.
Se movió hacia adelante y se dejó caer en una silla. Arqueó una ceja
mientras la mujer se revolvía para bajarse del regazo del hombre,
juntando los bordes de su blusa para cerrarla, revelando al abogado de
bienes de su padre.

Edmond Oakes era un hombre entrado en años, un hombre que


estaba cerca de que un vaso más de bourbon lo llevara a una falla
hepática, si su complexión amarillenta servía como indicación alguna. El
frente de su camisa de vestir estaba desabrochado, revelando una
camiseta interior blanca que se estiraba en su pecho y parecía que
estuviera a pocos momentos de estallar. Su cabello castaño teñido era un
desorden y Dev supo cuando se estiró hacia debajo de su escritorio, que
estaba abrochándose sus pantalones.

Dev no tenía idea de por qué Lawrence utilizaba a este hombre para
sus propiedades. No era particularmente notable o con buenas
referencias. Su mirada se movió hacia donde la ágil mujer estaba
abotonando su blusa, con su espalda hacia ellos. La mujer miró por
encima de su hombro hacia Dev. Era joven. Tan joven como Nikki,
probablemente a principios o mitad de sus veintes.

Se volvió a enfocar en Edmond. Bueno, había algo que el avejentado


abogado tenía en común con Lawrence. Obviamente.

Justo ahora, sus ojos rojizos estaban haciendo su mejor esfuerzo para
perforar un agujero a través de Dev.

—Lo siento, señorita Davis, tendremos que continuar con esto más
tarde.

La señorita Davis sonrió mientras asentía.

—Por supuesto. —Mientras se contoneaba para pasar junto a Dev,


guiñó un ojo—. Hola, señor De Vincent.

Él asintió y esperó hasta que escuchó que la puerta se cerraba detrás


de ellos.

—¿Cuántos años tiene ella, Edmond?

El abogado de Lawrence resopló mientras se levantaba de su silla.


Tanto la camisa de vestir como la interior estaban fajadas.

—Lo suficientemente mayor. La señorita Davis es mi nueva asistente.


—Se paseó tranquilamente hacia el gabinete del licor que ocupaba más
espacio en la pared que los libros de leyes—. Ella es mi planificadora
personal.
—¿Planificadora personal? ¿Así es como se les dice en estos días?

Él resopló.

—¿Quieres beber algo?

—No, pero por favor, sirve para ti.

Edmond hizo justo eso, sirviéndose un vaso con whiskey.

—¿Qué puedo hacer por ti hoy, Devlin? Asumo que es algo bastante
importante dado que ni siquiera hiciste el intento de concertar una cita.

—Lo es. —Dev apoyó su mejilla en su mano cerrada y observó al


abogado moverse de regreso hacia su escritorio y sentarse—. Quiero
saber por qué no estaba enterado sobre un auto Mercedes negro
propiedad de Lawrence.

El hombre se detuvo con el vaso a medio camino de su boca.

—¿Disculpa?

—Lawrence tenía un auto Mercedes negro. No tenía conocimiento de


ello dado que no estaba incluido en los papeles de propiedades que
revisaste conmigo —dijo él, observando un tinte rojo extenderse por el
rostro del hombre, seguido por ligeras venas de araña—. Ahora, me
imagino que un abogado con tus muchos, pero muchos años de
experiencia habría descubierto propiedades no declaradas y no las habría
dejado fuera de la declaración. O si estaba en la declaración, pero fue una
parte que se me ocultó.

Edmond inclinó el vaso, tomándose el contenido en un impresionante


trago. Mostrando sus dientes, sacudió su cabeza mientras colocaba el
vaso vacío sobre el escritorio.

—Ahora, Devlin, sabes que cuando una persona solicita que los
contenidos de su declaración de propiedades sea privado...

—¿Te parece que remotamente me importa las leyes de privacidad


cuando se trata de las propiedades de Lawrence?

—Devlin...

—Estoy seguro que parece que me importa por qué había un auto
Mercedes en las propiedades del que no sabía y por qué Sabrina
Harrington está en posesión de ese Mercedes.

La mirada de Edmond se movió rápidamente hacia la suya mientras


apartaba su mano del vaso.
—Vas a tener que hacerle esa pregunta a la señorita Harrington.

—Y estoy seguro de que has escuchado que Sabrina está


desaparecida —respondió Dev—. Así que preguntarle va a ser difícil.

Él tosió una risa seca.

—Estoy seguro de que con todo el... poder en la punta de tus dedos,
puedes encontrar a la señorita Harrington y hacerle esa pregunta.

Dev sonrió levemente cuando la mano de Edmond se sacudió.

El hombre tragó mientras el silencio se estiró entre ellos.

—Devlin, tienes que entender que por ley, no puedo compartir los
detalles que mi cliente me confió para que las mantuviera en privado.

—Eso está bien. —Devlin levantó sus pies sobre el escritorio del
hombre, cruzando sus piernas a la altura de los tobillos—. Entonces
tienes que entender que te he dado esta oportunidad para prevenir lo que
está a punto de suceder.

Edmond se quedó inmóvil, incluso su mano.

—¿Qué está a punto de suceder?

—Bueno, estás a una llamada de distancia de perderlo todo.

—¿Disculpa?

Dev levantó sus cejas.

—¿No entendiste lo que dije? Puedo repetirlo. Se te ha dado una


oportunidad para preservar tu forma de vida. Puedo cambiar eso con una
simple llamada y lo que sucederá después de esa llamada probablemente
será justamente merecido.

—¿Me estás amenazando? —Su voz fue gutural mientras miraba


boquiabierto a Dev.

—Tengo una pregunta para ti. ¿Qué crees que haría tu esposa si
descubriera que estás follándote a tu planificadora personal? ¿Se
divorciaría de ti? ¿Se llevaría la mitad de todo? Eso sería terrible, pero
eso ni siquiera sería lo peor que puedo hacerte. —Dev sonrió de nuevo,
una pequeña sonrisa helada—. Sé que proveíste de información falsa en
nombre de Lawrence, información que se relaciona con bancos en países
como Rusia y China. También sé para qué fueron utilizados esos bancos.
Dime, Edmond, ¿sabes para qué eran utilizados esos bancos?
La sangre se drenó tan rápidamente del rostro de Edmond, Devlin
pensó que el hombre podría tener un ataque cardiaco. Sus dos manos se
azotaron fuertemente contra el escritorio y se inclinó hacia adelante.

—Devlin, te juro que no tengo nada que ver con ese dinero. Solo hice
lo que tu padre me pidió que hiciera. Es un De Vincent, al igual que tú.
Nadie se le niega a un De Vincent.

—Supongo que puedes decirle eso a los federales, pero estoy seguro
de que utilizarán palabras con las que estás familiarizado —dijo Devlin—
. Cómplice. Accesorio.

Edmond apartó la mirada, su pecho sacudiéndose con respiraciones


cortas y profundas. Tal vez estaba teniendo un ataque al corazón. Dev
esperaba que le diera la información antes de que eso sucediera.

—Bueno... —Dev quitó sus piernas del escritorio, dejándolas caer al


suelo—. Veo que has tomado tu decisión...

—Espera —dijo Edmond con voz enronquecida mientras su cabeza se


movía hacia Dev—. Solo necesito un momento.

—Tómate tanto tiempo como necesites. —Dev hizo una pausa—. Pero
no te tomes demasiado. Soy un hombre ocupado.

Edmond se estiró para tomar su teléfono y apretó un botón. La


recepcionista respondió inmediatamente.

—¿Sí, señor Oakes?

—Tráeme el archivo De Vincent. El que tiene la etiqueta roja —dijo,


su voz ronca—. Lo necesito ahora.

—Por supuesto.

Desconectando la llamada, la mirada de Edmond se movió hacia Dev.

—Lo traerá para ti en unos momentos.

—Perfecto.

Por suerte para Edmond, la recepcionista se apuró a entrar en la


oficina con el archivo. Lo colocó sobre el escritorio y luego rápidamente
se excusó.

Edmond lo levantó y lo abrió. Pareciendo satisfecho con los


documentos, lo cerró y movió la carpeta hacia el otro lado del escritorio.

—Hay algo que necesitas entender.


Dev dudó de eso mientras levantaba el archivo.

—He escuchado sobre cuán… despiadado podía ser Lawrence. Estoy


seguro de que todos en la ciudad sabían eso, así que nunca fue mi
objetivo trabajar para el hombre. —Edmond colapsó contra su silla y Dev
supuso que él no tenía idea de que hoy sucedería de esta manera cuando
tenía a la rubia en su regazo—. Pero al igual que tú, Lawrence tenía una
manera de hacer que las personas hicieran lo que él quería. Descubrió
que yo tenía un pequeño problema de apuestas y... y aquí estamos ahora.

—Sí, aquí estamos ahora. —Dev levantó la carpeta.

—Le dije a Lawrence que te enterarías. —Arrastró su mano por su


rostro—. Obtuviste por lo que venías. Ahora vete de mi oficina.
Capítulo 23
Traducido por Rose_Poison1324

—Jesucristo —murmuró Dev, mirando los papeles del estado.

Lawrence no solo había sido dueño del auto Mercedes y se lo había


dejado a Sabrina cuando falleció, Dev había descubierto que Lawrence
era dueño de una propiedad en el Barrio Francés, un edificio que
aparentemente albergaba un negocio y un departamento. Algo sobre la
dirección le era familiar.

Calle Chartres.

Ante el estado, la propiedad figuraba como propiedad de Propiedades


De Vincent, pero no era un bien en su portafolio, por lo que quedaba la
pregunta de quién la administraba y por qué se mantenía separada.

Mejor aún, ¿Lawrence realmente pensó que eventualmente no


descubriría este lugar? El auto Mercedes era una cosa —una cosa
realmente jodida—, pero ¿una propiedad entera? Eventualmente, algo
surgiría al respecto. Impuestos. Un reclamo. Algo.

Dev se recostó, sacudiendo lentamente la cabeza. Sabía que Sabrina


tenía una relación íntima con Stefan, pero no con Lawrence. Entonces,
¿por qué demonios dejaría Lawrence un auto para ella?

Por otra parte, tal vez Sabrina tuvo una relación con Lawrence.

Dios.

El asco se arremolinó como una tormenta de viento. Nunca supo qué


había conectado a Sabrina con Stefan. ¿Fue solo sexo? La mujer tenía
un... apetito único por los hombres con poder, incluso si solo se percibía
que ejercían ese poder. Pero, ¿Lawrence? ¿El hombre que Sabrina creía
que era su padre? Pero si no tenía problemas para acostarse con su tío,
él podría estar dándole demasiado crédito pensando que ella tendría
problema para hacerlo con su padre.

Dev simplemente no lo entendía.


Era una de las preguntas que necesitaba que Sabrina respondiera.
¿Por qué quería casarse con él, cuando había quedado loca por su
enamoramiento con Gabe, durmiendo con Stefan, posiblemente
Lawrence? Tenía que haber más, y con ella teniendo un vehículo que
Lawrence le había dejado, sabía que probablemente significaba que
estaba envuelta en lo que Lawrence estaba involucrado.

Lawrence era una enfermedad y Dev tenía la sensación de que solo


había arañado la superficie de cuán infeccioso había sido realmente,
cuántas personas había involucrado.

Pero realmente no podía culpar a Lawrence de todas las acciones de


Sabrina, ¿verdad? Esa mujer no era estable. Dev lo sabía... lo sabía desde
hace mucho tiempo. Era por eso que se había involucrado con ella,
¿porque y si no lo hubiera hecho? Pensó en Gabe, y su estómago se
retorció. El problema con su plan cuando se trataba de Sabrina era el
hecho de que pensaba que podía controlarla.

Había estado completamente equivocado en eso.

Sentándose hacia adelante, abrió Google y rápidamente escribió la


dirección de la propiedad. El mapa apareció y a la izquierda de la página
estaba la imagen de la propiedad.

—Santa mierda —susurró, retrocediendo desde su computadora—.


De ninguna manera.

Inmediatamente reconoció la casa criolla de dos pisos de ladrillo y


negro. Era uno de muchos en el Barrio, pero había estado en este.
Recientemente. No había que olvidar la tienda de vudú en el primer piso
o el departamento en el segundo nivel.

O la mujer que vivía en el departamento.

Lawrence era dueño del edificio en el que vivía Rosie Herpin.

Dev lanzó una corta y áspera risa mientras miraba la imagen en la


página web. Incluso si creyera en las coincidencias, esto sería demasiado.
Rosie estaba demasiado conectada. Amigos con Nikki. Conectada a Ross
Haid. Afirmó que el espíritu de Lawrence le había dicho que había sido
asesinado, y que ahora ella vivía en una propiedad de Propiedades De
Vincent y escondida por Lawrence.

Infiernos…
Levantó los papeles otra vez, su mano libre se cerró en un puño
mientras la ira lo inundaba. Había varias propiedades de ellos en todo el
estado de Luisiana, entonces, ¿por qué esta estaría oculta?

Dev necesitaba averiguarlo, y eso significaba que necesitaba


descubrir no solo quién administraba el edificio, sino también qué podría
haber en ese edificio que Lawrence había estado ocultando. Y alguien con
hermosos ojos color avellana y una actitud feroz que fue directamente a
su pene tenía muchas explicaciones que hacer, comenzando...

Golpe.

Dev se quedó inmóvil.

Golpe.

¿Qué demonios? Bajando los papeles a su escritorio, levantó la


cabeza.

Golpe.

Allí estaba de nuevo, un golpe distintivo contra... contra el suelo,


desde la habitación de abajo.

La oficina de Lawrence estaba directamente debajo de la suya.

Ahora, eso no tenía sentido, porque a nadie se le permitía estar en la


habitación. Ni siquiera Besson.

Cerró el archivo y luego buscó en su escritorio, agarrando la llave de


la oficina de abajo. Tomó la entrada exterior ya que era más rápida,
entrando a través de la puerta trasera en el piso principal. Recorrió el
pasillo vacío, llegando a las puertas cerradas de la oficina de Lawrence.
Giró la manija.

La puerta estaba cerrada.

—¿Qué rayos? —Sus ojos se entrecerraron cuando escuchó el sonido


de nuevo. Golpe. Definitivamente venía de la oficina.

Metió la llave en la cerradura y abrió la puerta. El aire frío salió


cuando entró en la habitación. La tenue luz del sol se filtraba bajo las
persianas y se arrastraba por los pisos de madera. Se había quitado la
alfombra oriental, pero aparte de eso, la oficina se veía como Lawrence la
había dejado.

Su mirada se alzó hacia el ventilador de techo. Giró lentamente y de


ninguna manera fue la fuente del sonido, pero sabía que ese ventilador
se habría apagado. Besson no lo habría dejado encendido cuando cerró
la habitación.

Pensó en lo que dijo Stefan sobre Nebraska. Eso era algo que iba a
necesitar verificar. Simplemente no en este momento.

Los bordes de la llave se clavaron en su palma mientras miraba hacia


el techo. No le costó mucho ver a Lawrence colgando de ese ventilador. El
labio superior de Dev se curvó. Lo que ese hombre…

Una corriente de helado de aire le sopló a lo largo de la nuca. Dev giró


sobre su cintura, pero nadie estaba de pie detrás de él.

Nadie que pudiera ver, al menos.

Se pasó los dientes por el labio inferior mientras escudriñaba la


oficina. No había nada que pudiera haber estado haciendo ese sonido o
haber causado la explosión de aire helado.

Al salir de la oficina, cerró y puso llave a la puerta. Dio un paso antes


de volver a escuchar el ruido. Un golpe distintivo proveniente de la
oficina.

Con los ojos pegados a la pantalla del portátil, Rosie alcanzó a ciegas
su copa de vino. Sabía que si miraba hacia otro lado por un segundo,
podría perderse algo en el video de la casa de los Mendez.

Los fantasmas no vagaban por ahí exactamente.

Hasta ahora no había habido nada más que unos conejitos de polvo
flotando. Supuso que los fantasmas también jugaban discreto los
domingos.

Soltando un suspiro largo y bajo, mantuvo la mirada centrada en la


pantalla. Jilly y Liz habían revisado las cintas del lugar de Lucian y le
habían dado una actualización esta tarde. No había nada notable en la
grabación, pero había lo que pensaban que podrían ser esferas. Se lo
enviaron a Lance para que lo revisara y esperaban a que Devlin se
comunicara con ellos.

Por lo que sabía, él no lo había hecho desde que ella le mandó el


mensaje de texto.
Sus dedos rozaron el costado de su vaso y lo agarró antes de que se
cayera. Tomando un sorbo, movió sus dedos de los pies cubiertos en
calcetines mientras se deslizaba más abajo en el sofá.

La familia Mendez todavía no les había dado permiso para realizar


más investigaciones extensas, especialmente después de que la actividad
parecía haber disminuido, pero habían permitido que las cámaras se
instalaran nuevamente y siguieran funcionando. Por ahora. Rosie tenía
la sensación de que eso cambiaría si la actividad continuaba
disminuyendo.

Y eso no era raro. A veces había una explosión de actividad y luego


nada durante meses o incluso años.

Se enderezó los lentes mientras miraba el pasillo en la pantalla. El


tiempo de la película en la parte inferior derecha decía 2:34 A.M. y Rosie
dejó escapar un suspiro. Esta era la única parte que apestaba cuando se
trataba de investigaciones. Había muchas hamburguesas de nada para
llegar a la Big Mac, y eso era si alguna vez atrapabas algo.

Y había personas como Devlin que no tenían idea de cuánto trabajo


se dedicaba a algo como esto. No era un pasatiempo. Era como un trabajo
—uno por el que no te pagaban—, pero supuso que después del sábado
por la noche, él tenía una comprensión completamente nueva de lo que
se necesitaba.

Dios, estaba tan distraída.

Hizo una pausa en la película y bebió el resto de su vino en un trago


del que Sarah estaría orgullosa. Dejando su vaso a un lado, dejó caer la
cabeza hacia atrás.

Había terminado con él, pero la parte de su cerebro que quería saber
el momento exacto en que Ian había decidido terminar con su vida era la
misma parte que la había llevado a estudiar psicología en la Universidad
de Alabama. Le gustaba entender a la gente.

¿Y Devlin? El hombre le daba latigazos. Creía en los fantasmas, pero


aparentemente solo en los que atormentaban su casa. Tuvo una
experiencia cercana a la muerte, pero creía que los psíquicos eran una
locura. Obviamente no confiaba en nadie, pero había compartido algo tan
increíblemente personal con ella y apenas la conocía. La acusó de
participar en una conspiración importante para derribar a su familia,
pero también quería llevarla de regreso a su casa para algunos trucos
traviesos. Irritaba la mierda de ella, pero también podría llevarla a las
alturas del placer con un beso y un roce de sus dedos.
Podría haber hecho una tesis de posgrado sobre este hombre.

Mirando hacia el techo, apretó los labios. ¿Por qué estaba pensando
en él? Había habido hombres con los que había tenido relaciones con
quienes pensaba menos, lo cual era increíblemente ridículo, porque
había...

Un golpe en la puerta de su casa la sacó de sus pensamientos.


Sentándose, cerró la computadora portátil antes de que se deslizara de
sus piernas desnudas. Echó un vistazo a la hora. Eran cerca de las nueve
de la noche y, aunque no era tan tarde, no esperaba a nadie.

Por otra parte, desde que su casa estaba en el barrio, a menudo


aparecían amigos al azar sin previo aviso para secarse antes de intentar
regresar a su casa.

Colocando la computadora portátil sobre la mesa de café, se levantó


y caminó hacia la puerta principal mientras tiraba de los extremos de su
largo suéter gris hasta el muslo. Solo llevaba una camisa de tirantes
debajo y pantalones cortos para dormir, por lo que no estaba exactamente
vestida para la compañía.

Abrió el cerrojo y abrió la puerta lo suficiente como para ver quién


estaba afuera, y fue suficiente para que su corazón explotara de su pecho.
Quedó sorprendida en un estado congelado de silencio mientras su
mirada se arrastraba sobre el cabello negro suavemente peinado, ojos
azul aguamarina enmarcados por pestañas imposiblemente gruesas y
una mandíbula lo suficientemente fuerte como para cortar el granito.

Devlin De Vincent estaba en su departamento.

De nuevo.
Capítulo 24
Traducido por Rose_Poison1324 & Rimed

Como si estuviera bajo algún tipo de hechizo de malas decisiones de


vida, terminó por abrir la puerta, obteniendo una vista completa de
Devlin. El primer pensamiento tonto que entró en su cabeza, lo expresó
en voz alta:

—Son más de las nueve de la noche y llevas pantalones y una camisa


de vestir. Igual que el sábado. —Sacudió la cabeza, un poco atónita—.
Increíble.

Las cejas de él se juntaron.

—¿Disculpa?

—¿Tienes jeans? ¿Pantalones deportivos? ¿Pantalones de pijama? —


preguntó ella—. ¿Duermes con pantalones de vestir negros?

—Por supuesto que no.

—No te creo —susurró.

Devlin la miró por un momento y luego la analizó. Su mirada la


recorrió.

—Jesús.

Ella se puso rígida.

—¿Qué?

—¿Qué llevas puesto? —Su mirada era tan intensa mientras se


deslizó sobre sus piernas, se sintió como un toque real. Su cabeza se
inclinó cuando llegó a sus muslos—. ¿Hay tacos en tus pantalones
cortos?

—Sí señor. El martes de tacos es feriado nacional.


Él se mordió el regordete labio inferior, y ella odiaba sentir esa
picadura en la boca del estómago, un pequeño y cálido temblor que la
ponía nerviosa.

Dios, ¿qué estaba haciendo él aquí?

—Es lunes, Rosie.

Otra oleada de calor se curvó en su estómago, y estaba


completamente molesta por eso, por todo esto.

—Me estoy preparando para el martes de Tacos, muchas gracias.

—Hmm. —Su mirada se levantó y se mordió el maldito labio de nuevo.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que los lados de su cárdigan


se habían separado, y no tuvo que mirar hacia abajo para saber que
probablemente él podría ver cuán afectada estaba a su lado.

Lo que significaba que esta conversación había excedido sus límites.

—Deja de comerme con los ojos —exigió—. Y dime por qué estás aquí.
Te envié un mensaje de texto y te dije que contactaras con...

—Sé lo que me enviaste. —Dev lentamente acercó su mirada a la de


ella y había una calidez en su mirada que reconoció de la noche de la
Mascarada—. No estoy aquí por el mensaje, y es realmente difícil no
comerte con los ojos.

—Entonces debes esforzarte más, en realidad, eso no importa. —


Comenzó a cerrar la puerta—. Voy a fingir que no estás parado aquí,
cerraré la puerta y volveré a lo que estaba haciendo.

Devlin atrapó la puerta antes de que pudiera cerrarla.

—Necesito entrar a tu apartamento.

—Y yo necesito un millón de dólares, pero no me ves llamando a tu


puerta.

Él arqueó una ceja.

—Bueno, sería la puerta correcta para llamar si lo necesitaras.

—Genial. —Rosie puso los ojos en blanco—. Sinceramente, no sé por


qué estás aquí si no tiene que ver con el mensaje de texto que envié sobre
Lucian... espera. —Preocupación floreció en la boca de su estómago y se
extendió como fuego salvaje—. ¿Nikki está bien? ¿Sucedió algo?
—Nikki está bien —dijo—. Hasta donde sé, mi hermano todavía la
está esperando de pies y manos.

—Como debe ser. —El alivio se filtró en ella. Durante un horrible


segundo, pensó que algo había sucedido, por lo que se alegró de saber
que no era así. Solo quedaba una pregunta—. ¿Estás borracho?

—¿Qué?

—¿Estás borracho? —repitió ella.

Él la miró como si le hubiera pedido que hiciera matemáticas


complicadas en su cabeza.

—No estoy borracho.

—Entonces, ¿por qué estás aquí, Devlin? Estoy bastante segura o al


menos tengo la esperanza de que entendiste que mi mensaje era...

—¿Un rechazo? —Su expresión era tan suave como la pintura


blanca—. Sí. Comprendí exactamente que me estabas rechazando, Rosie.
Pero, de nuevo, no estoy aquí por eso.

Bueno, escucharlo así hizo que todo fuera incómodo. Peor aún, ella
estaba, oh Dios, decepcionada de que no estuviera allí porque ella estaba
tratando de cortar el contacto con él y disminuir las posibilidades de que
estuvieran cerca el uno del otro, y eso, bueno, eso no tenía sentido. Pero
eso fue lo que sintió en su pecho, la sensación de un globo desinflándose.

Y eso estaba completamente arruinado.

Ella cambió su peso de un pie al siguiente.

—¿Entonces, por qué estás aquí?

—Lawrence era dueño de este edificio.

Ahora, no esperaba que él dijera eso.

—¿Cómo dices?

Su mirada se agudizó mientras la miraba.

—Acabo de descubrir que todo este edificio pertenece a Propiedades


De Vincent. La tienda de abajo y este apartamento.

Rosie abrió la boca, pero le llevó un momento descubrir qué decir a


eso. Estaba en shock. Honestamente con Dios, no tenía idea de quién era
el dueño o los dueños de este edificio. Solo trató con el administrador de
la propiedad, pero si los De Vincent realmente eran dueños de este
edificio, eso era...

Guau. Esto se parecía mucho a lo que Devlin había dicho el sábado


fuera de la panadería. Sus caminos realmente estaban... destinados a
cruzarse. Por tonto que pareciera, un estremecimiento le recorrió la
columna vertebral.

Esto era...demasiado surrealista.

Primero estaba su obsesión con la mansión De Vincent y la leyenda


que la rodeaba. Luego fue su amistad con Nikki lo que la conectó con los
De Vincent. Había estado en el cementerio exactamente al mismo tiempo
que él y no había que olvidar el espíritu que había llegado a través de su
lectura, el espíritu que bien podría ser su padre. ¿Y ahora esto? ¿Dónde
vivía era propiedad de los De Vincent?

Eran demasiadas coincidencias, tanto que incluso las personas que


no eran supersticiosas empezarían a pensar que había algún tipo de
poder superior involucrado, un poder superior con un sentido del humor
enfermo.

Pero algo... Algo estaba pasando aquí. Algo realmente raro.

Un poco aturdida, se hizo a un lado. La mirada de Devlin se elevó a


la suya una vez más y hubo un brillo inquisitivo en ellos.

—Puedes entrar. —Su voz sonó ronca a sus propios oídos—. No sabía
que tu familia era dueña de este edificio.

Devlin entró y ella cerró la puerta detrás de él, arrojando el cerrojo.

—¿En serio? —preguntó él.

—Sí. De verdad. —Ella se cruzó de brazos, sintiéndose fría y


demasiado caliente al mismo tiempo—. No entiendo. Quiero decir, no
tengo idea de quién es el dueño de este edificio. Solo traté con el
administrador de la propiedad.

Dev no la estaba mirando. Estaba escaneando la sala de estar y la


cocina como si estuviera buscando algo.

—¿Quién es el administrador de tu propiedad?

—Espera un segundo —dijo ella, algo atónita—. ¿Realmente


descubriste que eres el dueño de este edificio? ¿Hoy?

Devlin avanzó hacia la zona de la cocina.


—Sí.

—¿Cómo es eso posible?

Dev se movió detrás de su mostrador.

—Esa es una buena pregunta. Conocía cada propiedad que se


mantiene en nuestro portafolio, todas excepto esta. Esta propiedad
figuraba en el patrimonio de Lawrence. —Se detuvo y la miró—. ¿Y tú no
tenías idea de que este edificio era nuestro?

—Uh. No. Como dije. Solo trato con el administrador de la propiedad.


Supuse que era el dueño del edificio. —Se acercó a la nevera y sacó una
tarjeta de presentación que tenía la información del administrador de la
propiedad debajo de un imán. Ya tenía su número guardado en su
teléfono. Colocando la tarjeta en el mostrador, se la acercó—. Puedes
preguntarle tú mismo. Se llama Carl Tassi. Tengo su número de teléfono.

—Gracias —dijo, recogiendo la tarjeta. Se la metió en el bolsillo y


luego se arrodilló, desapareciendo de su vista.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella, y luego oyó que se abría la


puerta del armario—. ¿Qué demonios? —Dando la vuelta alrededor del
mostrador, se detuvo—. ¿Por qué demonios estás revisando mis
gabinetes?

Él se inclinó.

—Tiene que haber una razón por la cual esta propiedad estaba oculta.

—Si hay una razón, seguro que no la vas a encontrar con los artículos
de limpieza.

Devlin le dirigió una mirada cuando cerró las puertas y se dirigió al


siguiente armario.

¡Oh Dios mío!

—¡Amigo, no puedes irrumpir en mi casa y comenzar a revisar mis


cosas!

Él miró dentro del armario que albergaba su millón de tazones para


mezclar.

—Ya hemos tenido esta discusión, Rosie. Es un departamento. No es


una casa.

—¡Oh, Dios mío! —Lo dijo en voz alta esta vez mientras levantaba las
manos—. Esto realmente no está sucediendo.
Devlin se levantó y pasó junto a ella, pasando a la otra fila de
gabinetes agitadores.

—Aparentemente bebí demasiado vino, me puse de pie, me caí y me


golpeé la cabeza —continuó mientras se volvía hacia él—. Esa es la única
explicación para esto.

—¿Eso sucede a menudo? —preguntó mientras hurgaba en sus


gabinetes como un panda de basura en un vertedero.

—Sí, al menos dos veces por semana. Soy una bebedora de vino
barato. No —espetó—. ¿Qué estás buscando?

—No lo sé. —Cerró la puerta del último gabinete y luego se giró,


caminando hacia la sala de estar.

—¿Estás buscando algo en mi departamento y ni siquiera sabes qué


es ese algo? ¿Comiste sales de baño hoy? ¿Debo llamar a alguien? ¿Un
adulto? ¿Cuidador?

Devlin le lanzó una mirada cómica por encima del hombro.

—¿Saben tus seres queridos dónde estás?

Él suspiró, ¡suspiró como si estuviera exasperado con ella cuando


estaba en su casa, sin ser invitado, revisando sus cosas! Esto era pura
locura.

Ella lo siguió hasta su estantería, donde él comenzó a mirar detrás


del estante.

—Bueno. En serio. Esto ya se excedió, y viniendo de mí, es bastante


malo.

Al apartarse de la estantería, se volvió hacia ella. Sus miradas


chocaron cuando él dio un paso hacia ella.

—Quiero creerte. Por inexplicable que sea, quiero creer que no tienes
nada que ver con Ross, nada que ver con Lawrence. Quiero hacerlo, pero
no creo en las coincidencias.

Su boca se abrió.

—Te dije cómo conocí a Ross. Y sabes que nunca conocí a tu padre.
Nunca.

—¿Pensaste que conociste a Lawrence durante tu lectura psíquica?


—preguntó.
—¿Pensaste que creía que era un montón de mierda?

Devlin resopló.

—¿Tienes un armario?

—Uh. Sí. —Sus cejas se juntaron—. Duh.

Devlin se giró hacia las cortinas de perlas y su labio se curvó. Rosie


puso los ojos en blanco, pero luego comenzó a avanzar hacia esas
cortinas.

—¡No te atrevas! —Ella se disparó hacia adelante.

—Tanto Lawrence como mi madre tenían la costumbre de guardar


cosas en los armarios. Si algo estaba escondido aquí, algo que no quería
que supiera, podría estar allí.

Separó las perlas como Moisés antes del Mar Rojo. Juró a Dios y al
Espíritu Santo que él ni siquiera tocó las malditas cosas. Dio un paso en
su habitación oscura y se detuvo tan rápido que ella se estrelló contra su
espalda.

—¿Qué demonios?

—¿Qué? —Ella lo empujó para pasar, pensando que debía haber una
aparición con cuerpo en su habitación.

Ningún fantasma.

Devlin estaba mirando su techo.

—Son esas… ¿estrellas que brillan en la oscuridad?

—Si haces un comentario sarcástico sobre ellos, te daré una patada


giratoria por una ventana. —Pisoteando hacia el interruptor de la luz, lo
encendió—. Lo juro.

Lentamente, él bajó la barbilla y la miró.

—¿Sabes cómo dar una patada giratoria a alguien?

—No, pero aprendo muy rápido.

Él la miró por un momento y luego su mirada se dirigió a la cama.


Afortunadamente estaba hecha, pero miró la cama tanto tiempo que
comenzó a hacerla sentir un poco incómoda. No de una mala manera,
sino de una manera que le hizo darse cuenta de que sus hormonas
estaban completamente fuera de control. Como si estuviera
experimentando una crisis de mediana edad o algo así.

Él la miró y ella sintió esa mirada de nuevo, un intenso barrido de su


mirada antes de que él se alejara de ella.

—¿Ese es el clóset?

—Ese es el baño.

Como si no le creyera, abrió la puerta.

—Eso es una sorpresa.

—¿Qué? ¿Qué no mentí? Alerta de spoiler. No te he estado mintiendo.


En absoluto.

—No esperaba que tu baño fuera tan grande, es lo que quise decir. —
Levantó un hombro y luego cerró la puerta. Un segundo después, estaba
en la puerta del clóset—. Sorprendido de que aquí no haya una cortina
de perlas.

—Oh, ve a ahogarte con un…

—¿Este es el único clóset? —Lo abrió antes de que ella pudiera decir
una palabra.

—Sí, algunos de nosotros no tenemos clósets del tamaño de una


pequeña casa. —Se apresuró hacia él y logró pasar bajo su brazo
extendido, interponiéndose entre él y el clóset—. No vas a meterte con mi
clóset. Pasé toda la mañana del sábado organizando con ira esa cosa.

Él bajo su mirada hacia ella, su expresión confusa.

—¿Organizando con ira?

—Sí, es algo que los humanos hacen cuando están molestos con
personas o situaciones —explicó ella—. Pero obviamente no sabrías lo
que es ya que no parecer experimentar emociones humanas.

Las cejas de él bajaron.

—Experimento emociones humanas.

—Sigue diciéndote eso, amigo. Tal vez algún día también serás un
niño de verdad.

Los labios de Devlin se estrecharon.


—¡Ah! Espera. Estoy equivocada. Hay una emoción. Irritación. Ira —
dijo ella, mirándolo. Enojada con él. Con ella. Con cómo el destino
realmente los seguía juntando—. Así que deberías comprender la
limpieza iracunda. Tal vez deberías probarla. Darle a tu personal un día
libre.

Sus ojos se abrieron un poco.

—Nadie me habla como tú.

—Voy a arriesgarme y sugerir que más personas necesitan decirte


cómo realmente se sienten. —Plantó sus manos en sus caderas.

Él bajó su barbilla.

—¿Y cómo te sientes realmente?

—Bastante segura de que es obvio —respondió ella—, no me gustas.

Una lenta media sonrisa apareció.

—Pensaba que no eras una mentirosa.

—No lo soy —dijo, enfurecida.

—Pero estás mintiendo ahora, Rosie.

—No lo estoy.

—Oh, pero lo estás. Estás diciendo que no te gusto, pero ambos


sabemos que eso no es cierto.

Rosie rio, se rio en su cara mientras se ponía en puntillas.

—Estás delirando si crees que ese es el caso solo porque una de cada
cinco veces nos llevamos bien. Y, como recordarás, lo sabría,
considerando que tengo una licenciatura en psicología.

Él sonrió con suficiencia.

—Bueno, ¿qué dice la licenciada en psicología sobre que me dijeras


que me dejarías hacerte cualquier cosa mientras presionabas mi pene
hace unas pocas noches?

Ella contuvo el aliento y por lo que pareció una eternidad no tuvo


respuesta. Él la tenía allí.

—Diría que tuve demencia temporal.

La cabeza de él bajó aún más mientras susurraba:


—Estás mintiendo de nuevo, Rosie, y ya no confiaba en ti, así que no
te estás ayudando.

—No me podría importar menos que confíes en mí. No estoy aquí por
tus problemas. —Ira y algo más cálido y brillante quemó a través de ella—
. Lo que pasó entre nosotros en la Mascarada fue algo de una sola vez.

—¿Lo fue?

—Sip. Podrías besarme justo ahora y sería tan emocionante como


besar una pieza de sushi.

Las manos de él cayeron sobre el marco de la puerta, justo sobre la


cabeza de Rosie.

—¿Eso es un desafío?

Ella rio.

—No, es solo la verdad. Puedes ser una cara bonita y un buen cuerpo,
pero estoy tan excitada como un…

Devlin se movió tan rápido que ella no tuvo oportunidad de


reaccionar. Su mano se curvó alrededor de su nuca un segundo antes de
que la boca de él cayera sobre la de ella.

No había nada suave o dubitativo en ese beso. Era duro y áspero, y


era como encender un fósforo en una piscina de gasolina. No había lugar
para pensar o para el sentido común. El cuerpo de Rosie explotó entero
en reacción y no estaba segura cómo sucedió lo que sucedió después,
pero la estaba besando como si quisiera devorar cada aliento y ella le
estaba devolviendo el beso, agarrándose de la parte delantera de la
camisa de él, arrugando al fresco y prístino bastardo.

Un brazo se dobló alrededor de su cintura mientras él le quitaba de


la puerta del clóset y la empujaba contra la pared. Se presionó contra ella
y deslizó su mano desde su nuca hacia su mandíbula. Ella lo sintió contra
su estómago, grueso y duro, y lava fundida corrió por sus venas.

Esto estaba mal, tan mal, y ella no podría detenerse ni aunque


quisiera. Su pierna se movió por sí misma, alzándose por sobre la de él.
Devlin parecía saber lo que ella quería, porque la levantó y se presionó
nuevamente, pero esta vez, oh, esta vez la parte más dura de él fue
presionada contra la parte más suave de ella.

Y él no se rindió.
Su boca se movió sobre la de ella y pudo saborear su deseo en el beso,
sentirlo cuando su lengua se movió entre sus dientes y su lengua, y en el
modo en que sus caderas se movían contra ella mientras la mano que él
tenía en su mandíbula se deslizaba hacia abajo. Su abrigo se deslizó de
sus hombros mientras se retorcía contra él, sujetándose de los hombros
de él cuando su mano acarició su seno y luego fue debajo de su camisa.

Se estaba ahogando en él y no podía respirar, y no le importaba. Su


corazón palpitaba con fuerza y su pulso latía por todo su cuerpo.

—Está bien. Está bien —jadeó, tomando aire cuando él rompió el


beso—. Has probado tu punto.

—¿Lo hice? —La mano debajo de su camisa se cerró sobre su pecho.


El contacto de su palma contra su seno le robó el aliento que acababa de
tomar—. No estoy seguro de si he demostrado mi punto aún.

Rosie gimió, su espalda se arqueó mientras esos ágiles dedos tiraban


de su tenso pezón.

—¿Pero ese sonido que acabas de hacer? —La besó mientras el brazo
alrededor de su cintura se apretaba y luego dejó caer su boca sobre su
cuello—. Creo que voy bien encaminado a probar mi punto.

—Imbécil —gimió ella, su piel roja y su cuerpo adolorido.

Él rio contra su piel.

—Eso no es agradable.

Ella deslizó su mano por el cabello de él y tiró, levantando su boca de


su cuello. Los ojos de él se abrieron.

—Puede no ser agradable, pero es verdad.

Esos pálidos ojos verde azulados estaban ardiendo.

—¿Quieres que me detenga?

Rosie apretó sus labios mientras lo miraba. Necesitaba decir que sí


antes de que esto se descontrolara aún más y ya estaba bastante fuera
de control.

Él deslizó su mano de debajo de su camisa y le apretó la cadera.

—¿Rosie? ¿Quieres que me detenga?

¿Lo quería?
—No —susurró.

Un profundo gruñido escapó de él.

—Jodidas gracias.

Devlin la apartó de la pared y la posó sobre sus pies. Luego la soltó y


dio un paso atrás.

Ella lo miró, observando su pecho elevarse y caer pesadamente y


podía ver lo excitado que estaba. Su erección estaba tensa en el frente de
sus pantalones grises.

—¿Te estás deteniendo? —preguntó ella.

—Diablos no —dijo él con voz ronca—. Solo estoy… saboreando el


momento.

Rosie se sintió sonrojar aún más.

—¿Por qué?

Su mirada de alzó hacia la de ella.

—Porque eres un hermoso peligro.

Su corazón se apretó.

—No soy un peligro.

—¿Entonces qué eres? —Él tomó un gran paso y estaba justo frente
a ella.

Ella cerró sus ojos mientras sentía las manos de él en sus caderas.

—Solo soy… Rosie.

—No eres solo cualquier cosa. —Su cálido aliento recorría su frente
mientras él enganchaba sus dedos por el dobladillo de su camisa—. Esa
es la mayor mentira que has dicho hasta ahora.

Rosie abrió su boca, pero él le levantó la camisa, tomando material


con sus manos y empujándolo bajo sus brazos, exponiendo su pecho.

Los labios de él se separaron.

—Dios.

Parecía imposible, pero la sensación se intensificó en sus pechos


hasta el punto de casi ser dolorosa.
—¿Te gusta? —preguntó ella, manteniendo sus brazos a sus
costados.

—Sí.

Se sintió mareada mientras el aire frío de la habitación provocaba la


punta de sus senos.

—¿Mucho?

—Sí.

—Eso… eso es genial. —Ella se mordió el labio—. Pero aún no me


gustas, Devlin. Nada de esto significa que me gustas.

Los labios de él se levantaron a un lado.

—No me importa.

—Bien.

—Porque sé la verdad.

Luego se hundió, bajando su cálida y húmeda boca a su pecho. Rosie


gritó mientras él la lamía y mordisqueaba, atrayendo su pezón
profundamente en su boca y luego dejando salir la arrugada piel. Se
movió a su otro pecho y con cada tirón, cada pequeño mordisco de sus
dientes, enviaba un pulso directamente a su centro.

—¿Qué… qué verdad? —preguntó ella, con su cabeza colgando hacia


atrás mientras él deslizaba una mano por el centro de su estómago.

—Puede que no te guste. —Él dejó un camino de besos a través de


sus senos—. Pero te gusta esto.

Gimió cuando su mano se deslizó en sus pantalones, ahuecándola.


Sus caderas se movieron y retorcieron mientras él mantenía su mano
presionada contra su calor.

—Te gusta mucho esto —dijo él, su dedo arrastrándose por su


húmedo y pulsante centro—. ¿No?

Rosie cerró con fuerza su boca, pero sus caderas se inclinaron ante
su toque.

—Me gusta. Me gustó el viernes por la noche. —Su boca se movió


hacia su cuello, hacia su oreja—. Me gustó tanto que follé mi propia mano
más veces de las que puedo contar desde entonces. Todo lo que tenía que
hacer era pensar en cuan suave eras, cuan húmeda. Luego recordaba
cómo sabía tu boca e imaginaba que metías mi pene en tu boca. Jamás
me vine más rápido en mi vida.

Oh Dios, ¿quién habría imaginado que Devlin tenía este tipo de boca?

Todo su cuerpo se derritió.

—Yo…

—¿Qué? —Su dedo seguía moviéndose de un lado a otro ociosamente.


Sin deslizarse nunca dentro de ella—. ¿Qué, Rosie?

—También me gustó. —Ella movió su cabeza hacia adelante,


dejándola caer sobre el pecho de él—. También lo hice.

El dedo de él se detuvo contra ella.

—¿Hiciste qué?

—Pensé en ti. —Los dedos de ella se curvaron en el frente de su


camisa—. Pensé en ti cuando me toqué.

Devlin se quedó inmóvil y luego gruñó:

—Mierda.

—Me vine… pensando en lo que hiciste —susurró—. A pesar de que


no me gustas.

—Igual. —Él sacó su mano de sus pantalones y luego los bajó,


dejándolos más debajo de sus muslos. Se deslizaron el resto del camino,
cayendo a sus pies. Usando su muslo, le separó las piernas,
abriéndolas—. Nos voy a dar a ambos nuevo material.

Y lo hizo.

Devlin De Vincent se puso de rodillas frente a ella. Sus grandes


manos sujetaron sus muslos y luego su boca estuvo en ella.

Todo el cuerpo de Rosie se sacudió y sus ojos se abrieron de golpe. El


aliento que tomaba se entrecortaba mientras la lengua de él recorría su
longitud y luego se deslizaba dentro.

—Mierda —jadeó ella, su mano fue a la cabeza de él, a su cabello—.


Devlin.

Él gruñó contra su carne mientras llevaba su lengua al sensible


manojo de nervios. Su boca se cerró sobre ella y ella casi se dobla.
—Oh Dios. —Sus caderas se sacudían mientras la mano de él rodeaba
su muslo y lo levantaba, y luego estaba empujando un dedo
profundamente dentro de ella.

Y entonces él… se dio un festín con ella.

Todo su cuerpo se estremecía. Fuertes bocanadas de aire y suaves


gemidos. Sus piernas comenzaron a temblar cuando los músculos
profundos dentro de ella se apretaban cada vez más, y sus caderas se
movían descaradamente, montando su boca y sus dedos.

Las pestañas gruesas se elevaron y él la miró mientras introducía otro


dedo dentro de ella.

Eso fue todo.

Su liberación ocurrió de una vez, chocando contra ella como una ola
que destrozó cada parte de ella. Se vino y sus piernas casi ceden. Sin
tener idea cómo se las arregló para mantenerse de pie mientras él quitaba
cada pequeño temblor, estaba jadeando para cuando él levantó su
cabeza.

Rosie tembló por completo cuando lo miró y lo vio pasar su lengua


por su boca. La mera visión de eso envió otra onda de placer a través de
ella.

—Sí —dijo él—. Eso es definitivamente nuevo material.

Realmente lo era, pensó mientras él se levantaba frente a ella, su


cuerpo apretado y vibrando con un deseo sin liberar. Devlin curvó su
mano alrededor de su nuca y llevó su boca a la de ella.

El beso…

El sabor de él y el de ella mezclados en sus lenguas le hizo algo. Era


como estar ebria. Era como caer bajo el agua y aguantar hasta que los
pulmones quemaran y comenzaras a ver puntos. Era como ser
consumido por una lujuria cegadora y no había sentido, voluntad, ni fin.

—¿Aun no te gusto? —preguntó él contra su boca.

—No. —Las manos de ella se deslizaron por su pecho, hacia su


cinturón.

Los labios de él se curvaron en una sonrisa contra ella mientras


apretaba su agarre en la parte posterior de su cuello.

—Entonces pruébalo.
Capítulo 25
Traducido por Grisy Taty

No había venido aquí esta noche por ese motivo. ¿Para qué había
venido… qué sospechaba sobre ella? Nada de eso importaba. Todo en la
cabeza de Dev se había apagado en el momento que sus labios tocaron
los de ella y estuvo perdido desde allí en adelante.

Era como si Rosie tuviera alguna clase de súper-poder, silenciando la


constante agitación de sus pensamientos.

Y todo lo que importaba justo ahora era que Rosie sabía lo que él
quería y que ella también lo quería.

Sus ojos se cerraron mientras ella sacaba su camisa de sus


pantalones y luego atacaba su cinturón. Lo soltó y luego hizo un trabajo
rápido del botón y el cierre. Todavía podía saborearla en su boca cuando
empujó sus calzoncillos, liberándolo.

—Esto no significa que me gustes. —Su voz era ronca y trajo una leve
sonrisa a sus labios—. Todavía creo que eres un imbécil.

—Lo sé.

Rosie lo tomó en su mano, y la sonrisa se desvaneció de sus labios a


medida que gemía. Sus ojos se abrieron y su barbilla se inclinó. Ella lo
estaba observando, mirándolo fijamente mientras arrastraba su mano a
lo largo de su longitud, desde la base a la punta. Siguió observándolo
cuando alisó su pulgar sobre la cabeza de su pene.

—Demonios —gruñó él.

Ella se inclinó, besando el centro de su pecho, a través de su camisa,


y demonios si eso no provocó que esta extraña opresión se apoderara de
él.

Fue inesperado.

Potente.
Confuso como la mierda.

Pero luego ella estaba haciendo su camino hacia abajo, sobre sus
rodillas, justo como él había estado ante ella. Sintió sus músculos
apretarse a medida que su cálido aliento danzaba sobre su pene.

Incapaz de apartar la mirada, la observó mientras movía su mano


hacia la masa de rizos. Era la imagen del pecado. El suéter había caído a
sus codos y la camisa debajo seguía sobre sus brazos. Esos apetitosos
pechos y sus rellenos pezones se asomaron por debajo de la camisa. La
cadena y anillo de oro que siempre usaba estaban allí, el anillo
descansando entre sus pechos, y del resto estaba desnuda, todo el
camino hacia abajo y entre esos lindos muslos.

Dev supo que podía venirse con solo mirarla así, sus pechos fuera y
todo ese paraíso entre sus pechos resplandeciendo.

Ella se inclinó y esa malvada y afilada lengua suya, reemplazó sus


dedos.

Un ciclón de sensaciones se estrelló contra él, sacudiéndolo hasta la


médula. Observándola saborear y lamer cada pulgada suya, sintiendo
esa caliente lengua húmeda sobre su piel sensible, fue malditamente
cercano a una experiencia religiosa.

—¿Realmente no te agrado, verdad?

Una pequeña sonrisa apareció sobre sus exuberantes labios


inflamados.

—Para nada.

—Se nota. —Empujó su cabeza hacia atrás, solo ligeramente —.


¿Rosie?

Los ojos de ella estaban entrecerrados.

—¿Si?

—Muéstrame qué tanto me odias.

Esa sonrisa se expandió mientras lo apretaba con su mano.

—Si cerraras la puta boca por cinco segundos, lo haría.

Una áspera risa trepó fuera de él, pero terminó en un gruñido cuando
ella envolvió esa boca alrededor de la cabeza de su pene y lo succionó
profundamente.
Rosie… maldición, sabía lo que estaba haciendo. Pero también, el
calor de su boca había explotado los sentidos de su cabeza, por lo que no
estaba muy seguro si era solo ella o su talento.

Mierda.

Era solo ella.

Pero lo trabajó con su boca y lengua, y su mano. Ambos. Una acunó


su saco y explotó su mente de nuevo.

No tomó nada de tiempo para que se empezara a mover dentro y fuera


de su boca, e intentó mantenerlo trivial, se ordenó controlarse y
retenerse.

Rosie gimió alrededor de su pene, diciéndole que estaba disfrutando


esto tanto como él, y cualquier atisbo del maldito control se quebró.

Él empujó dentro de su boca mientras sostenía la parte trasera de su


cabeza, total y completamente perdido mientras la liberación bajaba por
su columna vertebral y subía por la parte posterior de sus piernas.

La cosa más extraña sucedió. La luz del techo, la que se encontraba


puesta en un ventilador, parpadeó rápidamente. Se apagó una vez y luego
se volvió a encender, la luz ardiendo intensamente antes de acomodarse.
Tenía que ser una falla de energía, pero entonces sintió el primer latido
golpear su pene e hizo algo que nunca había hecho con una mujer antes.

—Rosie —gritó su nombre, y el sonido marcó su piel e hizo eco en su


cabeza y lo golpeó directamente en el pecho. Nunca había dicho el nombre
de una amante. Jamás.

Ella no intentó apartarse y lo tomó, todo en él se había desgastado,


su cuerpo entero temblando a medida que montaba la liberación, y siguió
hasta que no hubo nada más de él. Nada.

Solo entonces le retiró la cabeza, y ella lo miró fijamente con ojos


vidriosos. Era… Dios, luchó para encontrar las palabras correctas para
describirla en ese momento. Era tan hermosa, como un ángel cubierto en
pecado, y quería…

Rosie empezó a levantarse.

—No.

Sus ojos se aclararon antes de responder:

—¿No?
—No —repitió—. No he terminado contigo.

Estaban lado a lado sobre el suelo, ambos tomando largas y


profundas respiraciones. Rosie no estaba segura de poder moverse.
Demonios, no estaba segura exactamente cómo habían acabado allí
abajo, yaciendo sobre la mullida área de la alfombra. Lo que ocurrió luego
de que Devlin le dijera que no había terminado con ella fue un borrón de
profundos besos demoledores y manos codiciosas que terminó en un
segundo orgasmo que fue justo tan poderoso como el primero, esta vez
con sus manos. Ni siquiera habían tenido sexo sexo y ya había
experimentado más placer del que había tenido en los diez años desde
que Ian falleció.

Y eso fue… Dios, ni siquiera sabía qué pensar sobre eso.

Pero el calor y el fulgor de toda esa desesperada pasión se estaban


desvaneciendo y mientras Rosie yacía allí, mirando fijamente al techo, se
preguntó cómo dos personas podían ir de discutir así a estar medio
desnudos sobre el suelo. Esta era la segunda vez que esto había ocurrido.
Sus ojos se cerraron a medida que tomaba una respiración superficial.

Nuestros caminos están destinados a seguir cruzándose.

Rosie se estremeció.

¿Qué habían acabado de hacer? No estaba arrepentida. Buen señor,


no había una célula en su cuerpo que pudiera lamentarlo, pero esto…
¿qué significaba esto?

—Nada —susurró ella.

—¿Qué?

Rosie abrió sus ojos.

—Sigues sin agradarme.

Él volteó su cabeza hacía ella.

—Hiciste esa afirmación, y acabo de demostrar que no es cierto.

—Lo que acabamos de hacer no significa que me agrades.

Rosie no estaba segura si estaba mintiendo o no, y eso la incomodaba.


Ese hombre podía ser difícil, en más de una forma, pero había momentos,
muy breves momentos, en los que veía destellos de lo que pensaba que
podía ser si se lo permitiera. Se levantó y buscó sus bragas. Estaban
junto a las cortinas con perlas. ¿Cómo diablos llegaron hasta allá? Su
mirada aterrizó sobre él. Su camisa seguía arrugada, exponiendo los
bordes tensos de sus abdominales. Sus pantalones todavía estaba abierta
y su pene estaba medio expuesto, brillando y semiduro. Se sonrojó y
apartó la mirada.

El hombre era complicado.

El hombre estaba, pensó, un poco roto.

El hombre era absolutamente deslumbrante.

Y eso era el trío para salir huyendo, pero ella no estaba huyendo,
¿verdad? ¿A menos que mamársela contara como huir tan rápido como
pudiera? Poco probable. También era poco probable de que lo que
acababan de compartir cambiara algo significante entre ellos.

—Lo que acabamos de hacer no significa nada —dijo y deseó que


fuera cierto, quiso que fuera cierto por un sinfín de razones—. Digo, no
creo que significara algo para ti tampoco, ¿cierto? Fue divertido y… sí,
fue divertido.

Devlin no respondió a eso a medida que ella se levantaba sobre sus


temblorosas piernas. Acomodó su camisa y cerró su cardigán mientras
pasaba sobre él. No llegó muy lejos. La mano de él serpenteó y se envolvió
alrededor de su pantorrilla, deteniéndola.

—¿Crees que soy un monstruo, no es verdad?

Su respiración se cortó cuando bajó la mirada hacia él.

—Yo… No sé lo que creo, pero un monstruo es una cosa bastante…


severa que pensar sobre otra persona.

—Sí. —Dejó ir su pantorrilla. Un momento pasó mientras hacía su


camino hacia donde yacían sus pantaloncillos—. Estrellas que brillan en
la oscuridad y cortinas de perlas.

Levantando sus pantaloncillos, ella le echó un vistazo sobre su


hombro. Todavía estaba allí, mirando fijamente su techo. Había una
expresión relajada en él que no había visto antes, una suavidad de su
mandíbula y expresión. Lucía… humano. Eso sería una cosa extraña que
pensar sobre cualquiera excepto para Devlin, así que era muy
importante. Naturalmente, supo que muy pocas personas lo veían así,
relajado y… libre.
Y eso lo hacía… ¿Qué? ¿Qué lo hacía eso para ella? Rosie sacudió su
cabeza a medida que se colocaba sus bragas.

—Suena como una vieja canción country, ¿no? —Sus manos


descansaban sobre su estómago mientras dejaba salir una profunda
respiración.

—De cierto modo. —Vestida y decente una vez más, se giró hacia él—
. Suena como una canción country que odiarías.

Una pequeña curva de sus labios apareció. No una sonrisa completa,


pero una sonrisa al fin y al cabo.

—Hay algo mal con tus luces, por cierto.

Sus cejas se elevaron.

—¿A qué te refieres?

—Estaban titilando más temprano. Se apagaron y encendieron.

—Eso es extraño. Nunca ocurrió antes. —Se dirigió hacia la cama y


se sentó en el borde. Otro tramo de silencio pasó entre ellos—. Esto…
esto no es sano, ¿lo sabes, verdad? ¿Discutir y luego besarnos?

—Confiado de que hicimos más de lo que la mayoría consideraría


besarse.

—Tienes razón, pero eso no cambia que no es exactamente la cosa


más sana.

Levantando sus manos, las arrastró hacia su rostro y a través de su


cabello.

—¿No es prácticamente todo lo que se siente bien poco saludable?

Una corta risa escapó de ella mientras curvaba sus dedos alrededor
de sus rodillas. Se concentró en el armario a medida que él bajaba sus
manos a su cintura. Sabía lo que estaba haciendo, guardándoselo y
cerrando sus pantalones.

—¿Puedo preguntarte algo?

Él no respondió mientras se sentaba. Entonces, tomó eso como un sí.

—¿Realmente sigues sin confiar en mí, no?


—¿En serio quieres que responda esa pregunta? —Se recostó y su
cuerpo era tan largo, que era capaz de apoyarse contra la cama, junto a
sus piernas.

—Sí.

Estuvo en silencio por un largo rato.

—No lo hago.

Ella inhaló una suave respiración y no estaba exactamente


sorprendida por eso, pero estaba… Rosie no estaba cómo se sentía sobre
eso.

—Sé que hay cosas sobre mí que te hacen desconfiar, pero no he


hecho nada para ganarme tu desconfianza —dijo—. Ser llamado una
mentirosa maquinadora no está exactamente en la lista principal de
cosas que la gente quiere piensen de ellos, especialmente cuando no han
sido nada más que honestos.

—No debí haberte dicho esas cosas —dijo luego de un momento—. No


es que eso sea una excusa, pero en mi defensa, estaba un poco
sorprendido por toda la cosa de la lectura psíquica.

—Entiendo eso. Quiero decir, es por lo que no dije nada al respecto el


primer día y por lo que no saqué el tema el sábado en la noche, pero hay
una distancia del tamaño de un campo de fútbol entre estar sorprendido
y ser un imbécil.

—Lo sé. —Tomó una respiración profunda—. Hay historia mala entre
Ross y… mi familia. Estas conectada a él y me tomó desprevenido, así
que … salté a una conclusión que espero sea incorrecta.

—¿Esperas que sea incorrecta? —Rosie suspiró—. Es incorrecta,


Devlin. No estaba mintiendo cuando dije que no he hablado con Ross en
semanas. Lo que te dije sobre la lectura que hice también fue la verdad,
sin importar qué tan loco suena.

Él jaló el labio inferior de Rosie entre sus dientes. Un momento pasó.

—La gente acosa a mi familia, Rosie. Lo han hecho por años. La gente
intenta usarnos. Las personas intentan hacer dinero y sus carreras con
nuestras tragedias. No puedo ser demasiado cuidadoso. Ninguno de
nosotros puede.

Rosie podía entender todo eso. Realmente lo hacía, porque sabía lo


bizarro que sonaba la cosa con Lawrence y entendió que había un montón
de personas ahí afuera que querría de alguna manera manipular a los De
Vincent. Después de todo, era capaz de encontrar lo que lucía como la
vida de él en imágenes de Internet. Entendió todo eso, pero eso no
justificaba su comportamiento.

—Mira, entiendo que tengas tus razones para asumir siempre lo peor
sobre alguien, pero has sido un imbécil conmigo más de lo que has sido
amable, y aunque lo que hicimos fue fantástico y asombroso, no
compensa lo que vino antes de eso, ¿sabes? No voy a ser el saco de boxeo
verbal de nadie.

Él se quedó en silencio de nuevo. Ella lo estudió.

—No creo que sea solo yo. Creo que es prácticamente en todo el
mundo del que desconfías.

—Confío en mis hermanos.

Bueno, al menos estaba eso.

—¿Por qué tienes tantas dificultades confiando en la gente? Debe ser


más que extraños intentando usarte. Tiene que ser más profundo que
eso.

Devlin resopló.

—Mucha gente son simplemente indignas de confianza, Rosie.

Sus cejas se elevaron por eso.

—¿Pero cómo sabes quién lo es cuando ni siquiera les das una


oportunidad?

No respondió.

—Tengo otra pregunta.

—Por supuesto que la tienes.

—¿Por qué... llamas a tu padre Lawrence y no, ya sabes, papá?

Sus hombros se tensaron tanto que ella podía verlo y no respondió


por tanto tiempo que se imaginó que no iba a hacerlo, pero entonces lo
hizo.

—Él no era un buen hombre, Rosie.

Ella se tensó.

—No… no sabía eso.


—La verdad sobre la mayoría de personas malvadas es que son
extremadamente habilidosos haciéndoles creer a las personas que son
buenos —le dijo—. Y Lawrence era bastante talentoso en eso, también
era malvado. No solo era malo u odioso. Creo que Ross sabe algo sobre
eso. Mis hermanos saben algo sobre eso, pero no lo saben todo. No saben
de lo que era realmente capaz.

Rosie mordió su labio inferior. Quería decir que estaba compartiendo


algo con ella para lo que tendría que confiar en alguien para compartirlo,
pero sabía bien. Se quedó en silencio. Quizá fueron las clases de
psicología y entrenamiento en el colegio, pero supo que si abría la boca y
recalcaba eso, se cerraría, y no quería que lo hiciera.

—Era como… una enfermedad, infectando a todos los que entraban


en contacto con él —continuó, su tono distante—. Algunas veces ni
siquiera lo sabían.

—Lo… lo siento —dijo ella, deseando que hubiera algo más que
pudiera decir.

—El hombre está muerto. —Devlin inclinó su cabeza hacia atrás y vio
sus ojos cerrarse—. Y el mundo es un lugar mejor debido a ello.

Rosie se sobresaltó. Eso era una cosa bastante ruda que decir sobre
tu padre, sin importar qué, pero de nuevo, no conocía a su padre. Si su
padre fuera un asesino serial, por ejemplo, probablemente se sentiría de
la misma forma que Devlin, y eso tenía que dejar tu cabeza un poco
jodida, ¿no? Odiar tu propia carne y sangre, incluso si ese odio estaba
justificado.

Devlin torció su cuello a un lado y luego al otro, como si estuviera


aliviando una tortícolis.

—Lawrence estaba involucrado en cosas que no eran exactamente


honestas, así que no hace falta mucha imaginación para que piense que
había una razón para que ocultara este lugar.

—¿Sabía que tú sabías lo que estaba haciendo?

—No pensé que lo hiciera. —Devlin hizo una pausa—. Pero estoy
empezando a pensar que estaba equivocado sobre mi suposición.

Rosie jugó con el dobladillo de su suéter. Quería preguntarle si era


posible que en lo que sea que Lawrence estaba involucrada había
ocasionado su muerte, suicidio o asesinato.

—¿Y dices que Ross sabe algo de este asunto?


—Algo. Sí.

Entonces las golpeó.

—Por eso me estás diciendo esto, porque no es exactamente nada que


él no sepa y no es muy detallado.

Devlin no respondió, pero sus ojos se abrieron.

—Ya sea que creas que estoy diciendo la verdad o no, depende de ti.
No de mí. Y no creo que haya nada que pueda hacer para cambiar eso.

Devlin levantó una pierna.

—¿Y no crees que es extraño que estés viviendo en el apartamento de


un edificio que le pertenecía a Lawrence pero que mantuvo oculto de mí?

—Creo que es malditamente extraño, para ser honesta. También es


un poco espeluznante, pero me gustan las cosas espeluznantes.

Él hizo un sonido que sonó como una risa.

—Obviamente.

—Tal vez es… destino. Dices que nuestros caminos estaban


destinados a cruzarse y quizá es cierto. No lo sé, pero sí sé que hay cosas
que suceden que nadie puede explicar jamás. ¿Entonces, tal vez hay una
razón? Alguna fuerza superior detrás de esto —dijo ella, sintiéndose un
poco vulnerable por admitirlo en voz alta.

Luego esperó a que él se riera o sugiriera que eso sonaba absurdo. Y


entonces se sintió muchísimo más vulnerable.

Porque, ¿y si había alguna clase de extraño futuro? ¿Y si era el


destino? Eso podía sonar trillado y estúpido, pero también lo hacían los
espíritus y maldiciones. También los ángeles y demonios. Había un
montón de cosas allí afuera que las personas nunca habían visto con sus
propios ojos pero en lo que creían. Había un montón de cosas ahí afuera
que nadie podía explicar.

Así que Rosie lo dejó ir.

Dejó ir todo lo que se trataba de ellos: el mensaje que envió, la


decisión de levantar un muro. Obviamente había algo ahí entre ellos,
abrumadora química ardiente y quizás… quizás incluso algo más. No se
podía negar eso, y podrían descubrirlo si solo dejara caer los muros que
él construyó.
Ella tomó una respiración, purificadora respiración y compuso su
mente.

—Estoy mintiendo cuando digo que no me gustas. Me gustas. Estás


empezando a… realmente gustarme. Ni siquiera estoy segura por qué. —
Dejó salir una risa temblorosa—. Pero lo haces. Por eso me aparté de toda
la investigación de Lucian. Solo… no lo sé. Estoy divagando. —Dejó salir
un suspiro nervioso—. Puedes confiar en mí, Devlin.

El silencio la recibió.

Rosie cuadró sus hombros e intentó de nuevo.

—Podríamos solo empezar de nuevo. Hola. —Inclinándose, extendió


su mano—. Soy Rosie Herpin. Extraordinaria cazadora de fantasmas.

Él no dijo una palabra. No por varios minutos, y en ese tiempo, hubo


un cambio en él. Casi como si pudiera verlo cubrir cualquier hoyo o grieta
que se habían formado en esos muros. Fueron inmediatamente
pavimentados.

—Las personas no pueden empezar de nuevo, Rosie. —Devlin se


levantó—. Debería irme.

Fue como si una ráfaga de aire ártico entrara en la habitación.


Debería irme. Esas palabras giraron una y otra vez. Herida, retrocedió y
por un momento se quedó inmóvil. Guau. Eso era todo en lo que podía
pensar. Guau. Solo se quedó ahí sentada, vellos erizados y la parte
posterior de su garganta de repente ardiendo mientras lo observaba
caminar hacia las cortinas con perlas.

—Saldré yo solo. —Devlin abrió las cortinas, y el suave ruido resonó—


. Adiós, Rosie.

Ella no abrió la boca. No dijo nada. Y Devlin no miró atrás. Ni una vez
a medida que salía de su apartamento.
Capítulo 26
Traducido por 3lik@

Era un imbécil.

También un imbécil ineficaz.

Sonriendo ante eso, Dev se bebió el resto del bourbon mientras


caminaba por la sala de su casa, hacia la cocina. No la sala de estar de
la mansión De Vincent. No quería volver allí esta noche. Simplemente no
pudo. Por lo que se fue a su casa en el Puerto.

El espacioso apartamento con ventanales con vistas al Mississippi


desde la sala de estar y la ciudad desde el dormitorio, estaba amueblado
con todo lo necesario, pero actualmente parecía una casa en venta. No
venía seguido. A veces pasaban semanas antes de que volviera. A veces
les decía a sus hermanos que iba a salir de la ciudad, pero en realidad
venía aquí y simplemente holgazaneaba.

Pero este era su lugar del que ni siquiera Gabe y Lucian sabían.

Supuso en este momento que se parecía más a Lawrence de lo que


quería admitir. ¿No guardaba tantos secretos? Grandes. Secretos que
arruinan vidas.

Poniendo el vaso en la isla, agarró la botella de bourbon. Esta noche


no había salido según lo planeado. Mierda. Ni siquiera había revisado su
departamento por completo, pero ¿por eso que realmente fue allí?
¿Realmente esperaba encontrar algo de información?

¿A quién quería engañar?

Dev había visto la oportunidad de buscar a Rosie y la había


aprovechado, sin importar cuán ilógico fuera su razonamiento después
del hecho.

La verdad era que había querido verla. Quería la tranquilidad que la


acompañaba a ella. Había querido perderse por un rato.
Y eso fue increíblemente imprudente, ¿no? Ir tras lo que realmente
quería. ¿Ser egoísta, aunque solo sea por un rato? No había tenido ese
lujo desde que era un niño.

Puedes confiar en mí, Devlin.

Tomó un trago directamente de la botella mientras entraba a la


habitación. De pie junto a las ventanas, contempló las luces centelleantes
de la ciudad. Su agarre se afianzó sobre la botella cuando cerró los ojos
y presionó su frente contra el cálido cristal.

Sintió la presencia antes de escuchar el clic de una puerta


abriéndose. No era la puerta principal. No. Vino de una de las otras
habitaciones. Probablemente debería haber revisado las habitaciones
antes de abrir una botella de bourbon. Al apartarse de la ventana, Dev
esperó y no tuvo que esperar mucho.

Una sombra en el pasillo se acercó a las tenues luces de la habitación.


La figura se detuvo en la puerta.

Dev tomó un trago de la botella.

—Pensé que te dije que no era seguro aquí.

El silencio le dio la bienvenida y luego se escuchó:

—No creo que hayas usado la palabra seguro. Más bien no es fácil
para mí estar aquí.

—La misma cosa. —Levantando un hombro, Dev se volvió hacia la


ventana—. Cuando vienes aquí, debes tener cuidado. Ya te han visto una
vez y nadie puede verte.

—Lo sé. —Hubo una pausa—. Obviamente.

Dev tomó otro trago.

—¿Por qué estás aquí?

—Esto va a sonar extraño.

Una sonrisa irónica torció los labios de Dev mientras pensaba en


Rosie.

—Me estoy acostumbrando a lo extraño.

—Bien. —Hubo un suspiro profundo—. Porque tuve una extraña


sensación. Sabes, como si algo fuera a suceder, pero no podía recordar
qué. Como si me perdiera una cita. Tuve esa sensación dentro y fuera de
toda mi vida. Al menos ahora sé por qué.

La sonrisa desapareció de su rostro mientras tomaba otro trago. Este


tuvo un ligero picor que le quemaba la garganta.

—¿Estás bien, Devlin?

Dev cerró los ojos mientras bajaba la botella y decía una mentira que
cada vez era más difícil de decir, una mentira que no se creería en este
momento.

—Estoy bien.

Quedarse dormida no fue problema. Rosie se había encerrado luego


que Devlin se marchara, acurrucada de costado y apretando sus ojos
cansados. No recordaba haberse quedado dormida. Sabía que se había
despertado y que el sol aún no había alcanzado su punto en el cielo y que
las estrellas brillaban de un blanco luminoso desde el techo.

Le dolía el pecho mientras miraba hacia el techo. Le dolía el pecho


estando completamente despierta y sabía por qué. Devlin. Ella había
bajado la guardia solo un momento, y él le había cerrado la puerta en la
cara.

Sabía que era mejor admitirle que le gustaba. Lo peor, ya lo había


admitido para sí misma, lo cual era mucho más perjudicial que estar
avergonzada. Y sí, estaba avergonzada. ¿Quién no lo estaría después de
admitir que te gustaba alguien y decirle que podía confiar en ti, y luego
literalmente salir por la puerta después de que dijeras esas palabras?

Pero ni siquiera fue la vergüenza lo que la hizo estar completamente


despierta en las primeras horas de la mañana.

¿Qué demonios le pasaba?

Gimiendo, se frotó las palmas en los ojos hasta que juró que podía
ver deslumbrantes luces blancas.

No había nada malo con ella. Simplemente estaba interesada en un


chico que realmente no la merecía; un chico que no podía, por su vida,
ni siquiera comenzar a descubrir.
Pero había una parte de ella que quería hacerlo. Una gran parte, y él
no era más que un rompecabezas que ella quería armar.

Dejando caer los brazos a los costados, se tumbó de espaldas. Todas


las relaciones que había tenido desde que su esposo falleciera y ninguna
de ellas la habían despertado en medio de la noche para bien o para mal.
Ahora, había pasado muchas noches con Ian donde se despertaba así, y
había habido buenas y malas razones para eso.

Solo hubo dos hombres en su vida que tuvieron ese tipo de impacto
en ella. Uno de ellos pensó que lo conocía como la palma de su mano y
no fue así. ¿Y el otro? Ni siquiera podía comenzar a conocerlo o entender.

Era la centésima vez que se decía que era lo mejor. Lo último que
necesitaba era que alguien como Devlin irrumpiera al azar en su
departamento, en busca de Dios sabe…

Un momento.

Rosie se sentó. ¿Qué estaba buscando Devlin? Ella no lo sabía,


tampoco él, pero él creía que había algo aquí, algo oculto, que sonaba
extraño. Sin embargo, una vez más, había muchas cosas extrañas que
existían en el mundo.

Se quitó las mantas y sacó las piernas de la cama. Él había ido a su


armario como si pensara que algo estaría escondido allí.

Se quedó sin aliento al recordar haber visto el trozo de la pared en el


fondo del armario. Parecía que se estaba desmoronando, probablemente
el resultado de una mala remodelación, pero...

Quizás había algo aquí.

Sonaba enteramente ridículo, pero salió de la cama y corrió hacia el


interruptor de la luz. Lo encendió, haciendo una mueca cuando la
arrojaron de la oscuridad a la luz brillante. Al abrir la puerta del armario,
vaciló y realmente pensó en lo que estaba a punto de hacer.

—¿Realmente estoy buscando en mi armario a las cuatro de la


mañana? —le preguntó a nadie en particular—. Sip. Sí, lo estoy.

Se quitó el cabello de la cara, se arrodilló y recogió cuidadosamente


la pila de jeans que nunca usaba y los colocó fuera del armario.
Entrecerrando los ojos, se inclinó y apartó la ropa colgante. Estaba muy
oscuro. Levantándose, tomó su teléfono de la cama y encendió la linterna.
De vuelta al armario. Con la luz brillante, vio una unión entre las paredes.
—Bien —dijo—. O allí no hay nada y haré que todo el armario se
derrumbe sobre mí o... peor aún, expongo un nido de arañas o...
encuentro algo como un... esqueleto. —Arrugó la nariz—. Eso está
oscuro.

Apoyando su teléfono contra la pared, deslizó los dedos por la grieta


y tiró de ella. La pared cedió una pulgada más o menos. Rezando para
que no descubriera huesos, arañas o derribara todo el edificio sobre sí
misma, apretó los labios y luego tiró con fuerza. La mitad de la sección
de la pared cedió como si no estuviera conectada a nada, pero se
enganchó en otra sección.

El trozo de paneles de yeso se agrietó y luego cedió también. Yeso fue


arrojado por los aires. Cubriendo su cara con su brazo, se echó hacia
atrás, sus dedos agarraron una sección de la pared.

Rosie abrió un ojo y gimió.

—Ugh.

Polvo blanco cubría varias de las camisas colgantes. Probablemente


debería haber quitado la ropa. Demasiado tarde para eso. Suspirando
mientras se imaginaba la gran cantidad de ropa que volvería a lavar, dio
la vuelta al pedazo de pared. Había bisagras oxidadas, pero en esta
sección no era solo un pedazo de pared. Era una especie de puerta.

Que había roto.

—¿Qué demonios? —Rosie cogió su teléfono y se inclinó, iluminando


el agujero que había creado.

Al principio, todo lo que vio fueron vigas de madera —vigas de madera


estables— y luego inclinó el teléfono hacia abajo. Algo... definitivamente
había algo ahí dentro. Cuadrado y grueso. Había varias cosas allí, en
realidad.

Su corazón comenzó a latir cuando un escalofrío le recorrió la


columna vertebral. Un parte de ella no podía creer que realmente hubiera
encontrado algo.

Pensando que esto era demasiado surrealista, metió la mano dentro,


tomó el primer artículo y lo sacó.

Un álbum de fotos cubierto de polvo.


Rosie se apartó de su armario y arrastró los dedos sobre el álbum,
quitando la suciedad antes de dejarlo a un lado. Inclinándose de nuevo
en su armario, metió la mano y cogió algo frio y suave.

—Un... ¿iPad? —Al darle la vuelta, vio que definitivamente era un iPad
polvoriento—. Bien, esto es... esto es genial.

Sin tener idea de si quedaba algo más allí, cogió el teléfono y se


inclinó, iluminando la luz hacia lo que parecía ser un casillero. Algo más
estaba allí. Una caja delgada y rectangular. Lo cogió y reconoció el
terciopelo bajo sus dedos.

Un estuche de joyas.

Con el corazón aun latiendo fuertemente en el pecho, se recostó sobre


las rodillas y abrió la caja.

—Vaya —susurró, con los ojos muy abiertos mientras miraba un


brazalete de tenis de diamantes. Una pulsera hermosa y bien cuidada.

Increíble.

Su mirada se alzó hacia el armario mientras sostenía la joya. Devlin


vino aquí pensando que encontraría algo escondido y allí estaba: a la
pelota, había un brazalete de diamantes, un iPad de todas las cosas y a...
álbum de fotos.

Rosie miró el álbum mientras colocaba el estuche en el suelo. Con un


nudo en el estómago cogió el álbum. Curvando sus dedos alrededor de
los bordes polvorientos, dudó antes de abrirlo. No sabía por qué vacilaba,
pero ese escalofrío le recorrió de nuevo la espalda y parecía haber una
vocecita en su cabeza que le decía que no lo hiciera.

Volver a poner el brazalete, el iPad y el álbum en la pared, solo porque


aunque Dios no puso estos artículos allí, alguien lo hizo por alguna razón.

Rosie abrió el álbum.

Había dos fotos en la primera página: una de palmeras y la segunda


de una playa reluciente y agua cristalina del océano. Pasó la página y vio
una foto de un hombre acostado en un sillón de patio, sin camisa y con
bañador rojo y azul. Un par de lentes de sol y una gorra de béisbol le
cubrían la cara. La imagen de abajo era de una mujer más joven con
cabello castaño rubio, probablemente unos años mayor que Nikki.
También llevaba lentes de sol, sonriendo ampliamente a la cámara
mientras sostenía dos grandes bebidas de aspecto tropical.
Rosie dio vuelta la página y jadeó mientras miraba la siguiente foto:
la foto de una pareja en la noche, de pie frente a unas antorchas tiki
encendidas. Sin lentes de sol. Sin sombreros. Ambos llevaban guirnaldas
hawaianas de un azul y rosa pastel. La chica era muy bonita y le
resultaba familiar, como que la hubiera visto antes, pero no fue la mujer
la que la dejó sin aliento. Era el hombre de pie junto a ella, con el brazo
sobre sus hombros mientras le sonreía a la mujer.

Lo conocía.

—Oh Dios.

Era Ross Haid.


Capítulo 27
Traducido por Grisy Taty

—Aquí tienes.

Rosie se sacudió su aturdimiento cuando el mesero de camisa blanca


colocó su cerveza artesanal sobre la mesa frente a ella.

—Gracias.

El joven sonrió.

—¿Necesita algo más?

—No. Estoy esperando a alguien. —Levantó su vaso mientras el


mesero asentía y retrocedía para ocuparse de sus otras mesas.

Levantando su mirada desde donde estaba sentada en su cabina,


escondida junto a la llamativa y asombrosa escalera en espiral que
conducía al piso de arriba, vio a Ross Haid abriendo la puerta del Palace
Café.

Hubo varios momentos en la vida de Rosie en los que quiso golpearse


en la garganta.

Esta era una de esas.

Pero luego de lo que encontró su apartamento, necesitaba hablar con


Ross y esta no era una conversación que uno pudiera tener por teléfono,
porque en serio, ¿qué demonios? ¿Por qué había fotos de Ross, un
reportero que estaba detrás de los De Vincent, escondidas en su
apartamento? Un apartamento que le pertenecía a los De Vincent. Si
Devlin hubiera descubierto esto…

Dios.

Ella no sería capaz de culpar a Devlin por pensar que estaba de


alguna manera envuelta en la locura que estaba ocurriendo, porque
esto…. esto era certificable.
Rosie jugó con la servilleta mientras observaba a Ross pasar entre la
mayoría de mesas vacías. El restaurante no estaba extremadamente
abarrotado dado que todavía era temprano, pero dale una hora, y todas
las mesas afuera y adentro estarían llenas, incluso si parecía como si
estuviera a segundos de desbordarse.

Una vacilante sonrisa apareció en su apuesto rostro a medida que se


deslizaba en la cabina frente a ella.

—Tengo que decir, Rosie, sigo sorprendido de que me llamaras esta


mañana y quisieras reunirte.

No tan sorprendido como lo estaba ella, considerando que la última


vez que había hablado con él, básicamente lo había amenazado con daño
físico si lo veía otra vez.

—No planeo tener una larga conversación contigo, Ross. Realmente


sigues disgustándome. —Y había un mundo de diferencia en su tono
cuando se trataba de cómo se lo decía a Devlin y cómo se lo decía a Ross.

Ross supo que era cierto. La sonrisa se desvaneció de su rostro


mientras se recostaba y arrastraba una mano a través de su cabello
rubio.

—Merezco tu ira. Debí haber sido sincero contigo.

—Si hubieras sido sincero conmigo, nunca te habría organizado una


cita con Nikki. —Sacó el papel de su pajita—. Por eso no fuiste sincero.

—Estaba interesado en Nikki y no solo…

—No quiero escucharlo. —Levantó una mano, silenciándolo—. Porque


estoy así de cerca de patearte en las bolas bajo la mesa y no es por eso
que estoy aquí.

Un músculo se flexionó en su mandíbula mientras apartaba la


mirada.

—¿Entonces por qué estamos aquí?

—Tengo algo que creo que podrías encontrar interesante. —Rosie


tomó un sorbo de la bebida, amando el sabor de la raíz de azafrán.
Alcanzó su bolso y sacó la foto—. Aquí.

Sus cejas se unieron mientras la miraba fijamente por un momento y


luego bajó la mirada. La sangre se drenó de su rostro tan rápido, que
lucía mareado. Su mano se disparó y le arrebató la foto.
—¿Dónde… dónde encontraste esto?

—En el armario de mi apartamento —explicó—. Había un álbum de


fotos llenos de fotos vacacionales. Parecía como Hawaii.

Ross no respondió a medida que miraba fijamente la foto de él y la


mujer misteriosa.

—Entonces, quiero saber por qué hay una foto de ti y una mujer
escondida en mi armario.

Él le dio una pequeña sacudida de su cabeza cuando un temblor


corrió a través de su mano, sacudiendo la foto.

—¿Encontraste esto en tu armario?

—Sip. —Cruzó una pierna sobre la otra—. ¿Eso es bizarro, cierto?

—Yo… —Su mirada voló a la de ella—. ¿Encontraste algo más?

—No —mintió suavemente—. Solo el álbum.

—¿Trajiste el álbum contigo?

Rosie sacudió su cabeza.

—Solo esta foto. Quiero saber por qué esto estaba en mi armario.

Tragando duro, él posó la foto boca abajo sobre la mesa y luego colocó
su palma encima.

—¿No sabes quién es ella?

—No. ¿Debería?

—Dios —murmuró, cerrando sus ojos—. Qué rápido olvida la gente.

Rosie no tenía idea de lo que se refería con eso.

—Te vi el viernes pasado… en la Mascarada.

Sorprendida, Rosie se sobresaltó.

—¿Discúlpame?

Sus ojos se abrieron y esa mirada marrón se deslizó de regreso a la


de Rosie.

—Te reconocí inmediatamente, incluso con la máscara. Sorprendido


como el infierno de verte allí. Te fuiste y te dirigiste a la planta de arriba
—continuó—, y Devlin De Vincent siguió poco después.
Ella mordió un lado de su labio. ¿Había sido tan obvio? ¿Los otros lo
notaron? Una mejor pregunta se formó.

—¿Nos seguiste?

Un momento pasó.

—Solo lo suficiente para saber que estabas en una habitación con él.
Eso es todo.

Rosie inhaló una afilada respiración a medida que la mano en su


regazo se envolvía en un apretado puño. ¿Los había escuchado?
Repulsión se agitó en su estómago. No estaba segura si podía confiar en
que él estaba siendo honesto sobre no merodear y escuchar, porque la
verdad era, no conocía al hombre sentado frente a ella. Había pensado
que lo hacía una vez, pero ya no más.

—¿Nos… nos escuchaste?

Él vaciló, y Rosie lo supo. Malditamente supo que había escuchado


algo, y eso era suficiente, pero antes de que él pudiera continuar o de que
ella pudiera responder, un mesero en camisa blanca apareció.

—¿Les gustaría ordenar algo? —preguntó el mesero, su mirada


moviéndose de ida y vuelta entre ellos.

Mientras Ross sacudía su cabeza, ella forzó su mano a relajarse. Sus


uñas se habían enterrado en su palma, dejando pequeñas líneas.

—No vamos a ordenar nada —dijo ella.

El mesero levantó una ceja pero sabiamente retrocedió, yéndose a


revisar las otras mesas mientras Rosie se concentró en tomar
respiraciones lentas y profundas.

Ross cerró brevemente sus ojos.

—Rosie…

—Cállate —siseó—. No estoy aquí para escuchar sobre tus pervertidas


y espeluznantes tendencias acosadoras. ¿Por qué estaba esta foto…?

—Los De Vincent asesinaron a mi novia.

Cada músculo en su cuerpo se contrajo mientras miraba fijamente a


Ross, su cuerpo reaccionando a lo que había dicho antes de que su mente
se pusiera al día.

Ross se inclinó hacia adelante, sosteniendo su amplia mirada.


—¿Quieres saber acerca de esta foto? —Golpeó su palma sobre la foto,
sacudiendo los vasos y los cubiertos—. Ellos mataron a mi novia y lo
encubrieron. Sé que lo hicieron. Solo no puedo probarlo. Aún no.

Ella todavía se aferraba a la cinta de su bolso.

—¿De qué estás hablando?

Las líneas de su rostro se tensaron.

—¿Recuerdas a una mujer llamada Andrea Joan?

Rosie dio una pequeña sacudida de su cabeza a medida que buscaba


el nombre.

—Es familiar.

—Era una interna para Stefan De Vincent —replicó él, su voz baja.

La interna, la interna desaparecida. Santas bolas de mierda. Los ojos


de Rosie se ampliaron incluso más. Ahora recordaba el nombre. Había
dominado las noticias por meses antes de que todo el mundo solo… dejó
de hablar de ella, dejó de discutir lo que le pudo haber ocurrido y si estaba
viva o muerta.

—Veo que recuerdas ahora —dijo Ross con una sonrisa seca, rota—.
¿Esa mujer en la foto conmigo? Esa es Andrea.

—Santa mierda —susurró, su mente corriendo en miles de


direcciones diferentes mientras tomaba una respiración superficial—.
Pensé que estaba desaparecida…

—¿Desaparecida? —Sus labios se curvaron mientras dejaba salir otra


risa rota y seca—. Eso es lo que quieren que todos piensen. Después de
todo, lo hicieron lucir así. Para el mundo parece como que solo se levantó
y se fue, dejando todo atrás, pero no creo que eso fue lo que le ocurrió.

Ella se sintió fría cuando miró a través de la mesa.

—No sé qué decir, pero eso no responde cómo una foto de ustedes dos
está escondida en mi armario.

Ross tomó un trago de agua y aclaró su garganta.

—Nos conocimos en Tulane. Nunca creí en el amor a primera vista.


Pensaba que era una estupidez hasta que la vi sentada en mi clase de
comunicación de primer año. Pensé que era la mujer más hermosa que
había visto alguna vez y la primera vez que discutió conmigo, cuando me
dijo que los tres anillos elfos no fueron forjados por Sauron, me enamoré
de ella.

Sus cejas se elevaron.

—¿El Señor de los Anillos?

—Grandes fans. —Una rápida sonrisa apareció y luego se


desvaneció—. Cuando le ofrecieron las pasantías con el senador, una
práctica pagada, pensó que esta era su oportunidad. Era una gran cosa.
Andrea había estado tan emocionada, y antes de que… ella
desapareciera, yo… —Se detuvo y luego tomó otro trago de su agua—. Le
iba a proponer. Ella… se desvaneció hace poco más de dos años y la gente
ya ha olvidado que incluso existió.

Tristeza se filtró en ella mientras lo miraba curvar sus dedos sobre la


foto. Seguía enojada con él, pero esto… Dios, esto era triste.

—Antes de que desapareciera, empezó a actuar extraño. —Deslizó sus


manos fuera de la mesa y dejó la foto encima—. Trabajando hasta tarde
y se volvió distante y despegada. Estaba… no sé cómo más describirlo
más que paranoica. Convencida de que alguien estaba siguiéndola. No
pude conseguir que abriera a mí, que me dijera qué estaba ocurriendo.
Siempre me decía que no quería involucrarme, porque me conocía…
sabía todo sobre mí, y sabía que, definitivamente, me involucraría.

Se detuvo, echando un vistazo al restaurante prácticamente vacío.

—Algo estaba ocurriendo con el senador, con los De Vincent. Esa gran
parte la supe, porque yo… empecé a seguirla. Una semana antes de que
desapareciera, se reunió con Lawrence De Vincent en el hotel Ritz.

Manteniendo su expresión en blanco, no pudo evitar a dónde fue su


mente con esta información. Para ella, sonaba como que Andrea podía
haber estado teniendo una aventura.

—¿Cómo sabes que era Lawrence y no Stefan? Eran gemelos


idénticos, ¿cierto?

—Cierto. Pero me acerqué lo suficiente a él para diferenciarlo. Hice


mi tarea, Rosie. Stefan siempre llevaba un reloj Rolex dorado en su
muñeca derecha. Lawrence llevaba el suyo en la izquierda —explicó—.
Además, Stefan estaba en algún evento en Baton Rouge esa noche. Ella
se reunió con Lawrence.

Tanto como probablemente no debía seguir con esta conversación, no


pudo detener que la curiosidad creciera.
—¿Pero eso qué significa? ¿Por qué iría con Lawrence?

—Creo que fue con Lawrence por lo que sea que sabía sobre en lo que
Stefan estaba involucrado. No sé por qué habría confiado en él, pero
supongo que eso no importa ahora. —Su mandíbula se flexionó—. Porque
Lawrence está muerto.

—Lawrence cometió…

—No. No, no lo hizo, Rosie. —Ross presionó sus manos sobre la mesa
otra vez—. Eso es completa basura. La policía lo sabía ¿Ese jefe? ¿El que
murió?

—¿El que tuvo un ataque al corazón mientras conducía?

—El hombre estaba en sus cuarentas sin ningún problema cardiaco


conocido, ¿pero tuvo un masivo ataque al corazón que ocasionó que
perdiera el control de su vehículo y chocara? —Resopló—. Vamos.

Muchas personas no sabían que tenían condiciones cardiacas hasta


que se despertaban muertas de un ataque al corazón.

—Ross…

—Sé que suena extraño, pero escúchame. Los De Vincent están


envueltos en una mierda mala y tienen dinero ilimitado y recursos detrás
de ellos para cubrirla —dijo, manteniendo su voz baja—. Mira lo que
ocurrió con los Harrington. Parker está muerto. ¿La desaparición de
Sabrina?

Rosie se tensó. El reportero no tenía idea de que Nikki estaba envuelta


en la muerte de Parker, y seguro como el infiero que ella no se lo diría.

—Está bien. ¿Qué si el senador estaba haciendo algo turbio en lo que


tu novia se mezcló? ¿Eso qué tiene que ver con Devlin y eso qué tiene que
ver con tu foto estando en mi armario?

Bajando su barbilla, levantó su mirada a la de ella.

—Creo que Devlin asesinó a su padre.

Su boca se abrió, y por un largo rato no pudo pensar en nada, pero


luego la noche con Sarah se apresuró de vuelta a ella.

Asesinato.

Eso fue lo que Sarah creyó que había dicho el espíritu, ¿y si habían
estado en lo cierto asumiendo que el espíritu era Lawrence?
¿Pero sugerir que Devlin era un asesino? Rosie sacudió su cabeza.

—¿Por qué piensas eso? —preguntó.

—¿Aparte del hecho de que el hombre tiene la mirada fría y muerta


de un sociópata? —preguntó él.

Rosie se sobresaltó.

—No la tiene.

—¿En serio? —Ross se inclinó—. ¿Estás enredada con él, verdad?


Rosie, Dios, necesitas…

—Lo que soy o no de Devlin no es de tu incumbencia —dijo,


interrumpiéndolo—. Pero lo que es de mi incumbencia es por qué estaba
esto en mi apartamento.

Ross retrocedió, labios curvados. Varios segundos pasaron.

—Tu casa solía ser la de Andrea.

Su estómago cayó. Las palabras la dejaron completamente. Santa…


un estremecimiento corrió a través de ella. Se había mudado a su
apartamento hacía dos años. Andrea había desaparecido hacía poco más
de dos años, y había habido un retraso en mudarse, porque el inquilino
anterior había dejado… sus pertenencias atrás.

—Oh Dios —susurró. ¿Estaba viviendo en el mismo apartamento que


el de la pasante desaparecida? ¿El apartamento que le pertenecía a los
De Vincent? ¿Ross sabía eso? ¿Él…?—. Espera. —Su mirada se enfocó
en Ross—. Espera un segundo.

—¿Qué?

—Tú… viniste a mí para hacer esa pieza sobre guías de fantasmas en


el Barrio. Fue como un mes después de que me mudara al apartamento.
Nunca te vi antes de eso.

Ross se inclinó hacia delante de nuevo, agarrando un lado de la mesa.

—Rosie…

—¿Sabías que me mudé a su apartamento cuando me buscaste? —


demandó, sus ojos ampliándose—. ¿Es por eso que me buscaste?

—No entiendes —dijo—. Empecé a investigar a los De Vincent y a su


equipo. Entraste en mi radar cuando vi que estabas de regreso de
Alabama y eras amiga de Nikki, la hija del jefe de servicio de la casa.
Atónita, se recostó.

—¿Santo Dios, Ross, me buscaste porque era amiga de Nikki y estaba


viviendo en el antiguo apartamento de tu novia?

—Escucha, todavía no entiendes. Estabas conectada de una forma


con los De Vincent y te mudaste al lugar de mi novia desaparecida. —
explicó—. Eso es sospechoso como la mierda.

Todo… todo era sospechoso como la mierda en este punto.

—No sabía sobre la cosa escondida en el armario —dijo Ross—. Es


realmente extraño que hubiese ocultado un álbum allí ¿Y estás segura de
que eso es lo único que estaba allí, Rosie? Es realmente importante. Su
había algo más, podría ser realmente importante. ¿Estás segura?

—Sí. —Rosie elevó su mirada a la de él—. Estoy segura.


Capítulo 28
Traducido por Gerald & NaomiiMora

Por la segunda vez en un día, Rosie estaba a punto de hacer algo que
hacía que quisiera golpearse a sí misma.

Y todavía ni siquiera era el mediodía.

Con los dedos apretándose alrededor del tirante de su pesada bolsa,


levantó su otra mano para tocar, pero antes de que pudiera hacer
contacto, la puerta se abrió.

Richard Besson estaba de pie frente a ella, las líneas en su frente


creciendo a medida que sus cejas se levantaban.

—¡Rosie! Qué sorpresa.

—Hola. —Sonrió mientras el hombre se adelantaba, dándole un


rápido y cálido abrazo.

—¿Estás aquí para ver a Nikki? —preguntó él, tomándola de los


hombros—. Está en las habitaciones de Gabe. Puedo llevarte ahí...

—No estoy aquí para ver a Nikki. Estoy aquí para ver a Devlin.

La sorpresa que llenó el rostro del hombre fue tangible.

—¿Estás aquí para ver a Devlin?

—Sí. —Fijó en su rostro lo que esperaba no fuera una sonrisa


extraña—. Sé que eso suena extraño, pero realmente necesito verlo. ¿Está
aquí?

La expresión del padre de Nikki se suavizó y por un momento ella


temió que fuera a decirle que no y la echara de ahí.

—Está aquí, de hecho. Todavía no ha salido de su oficina. —Richard


retrocedió, sosteniendo la puerta para ella—. Puedo ver si está disponible.
—Eso sería maravilloso. Gracias. —Lo siguió al interior, deteniéndose
en un cuantioso y enorme vestíbulo que estuvo segura de que era del
tamaño de todo su apartamento.

Richard cerró la puerta detrás de ellos.

—Ven. Te pondré a esperarlo en la sala de estar.

Los amplios ojos de ella se movieron del brillante candelabro hacia la


enorme escalera hasta, finalmente, la espalda de Richard. La estaba
llevando hacia la derecha, a través de un arco que conectaba hacia un
largo pasillo. A todos lados hacia donde miraba, había algo que
contemplar.

—El trabajo de madera es maravilloso. Te doy mi palabra —dijo ella,


mirando hacia la moldura que tenía lo que parecían ser vides grabadas
en ella.

—Sí. ¿Verdad que lo es? —Richard los llevó por delante de varias
puertas cerradas antes de detenerse frente a una que lucía las demás que
había pasado—. Gabriel hizo todo el trabajo en madera que ves aquí y la
mayoría del mobiliario.

—Vaya. —Nikki había mencionado el negocio alterno de Gabe, pero


Rosie realmente no se había dado cuenta de cuán talentoso era hasta ese
momento.

—Por qué no te sientas aquí e iré a ver si Devlin está disponible. ¿Está
bien? —Cuando Rosie asintió, Richard le sonrió—. ¿Te gustaría algo?
¿Una bebida?

Rosie sacudió su cabeza mientras miraba alrededor de la sala de


estar, una habitación que tenía el tipo de sillones y sofás elegantes que
parecía como si la gente no se sentara en ellos.

—Estoy bien.

Richard asintió y luego se movió hacia la puerta. Se detuvo y se giró


hacia ella.

—No tuve la oportunidad de agradecerte por estar ahí para mi hija.

—Oh. —Sintió que su rostro se calentaba—. No hay problema. Es lo


que hacen los amigos.

—Es lo que haces los verdaderos amigos, Rosie. Hay una diferencia.
Richard se fue antes de que ella tuviera oportunidad de responder.
Observándolo cerrar la puerta, ella cerró sus ojos y dejó que su cabeza
cayera hacia atrás.

Había dejado a Ross sentado en Café y se había ido directo a su


apartamento y tomado el resto de... las pertenencias de Andrea. La
paranoia de Devlin debía estársele pegando, porque esperó para
asegurarse de que Ross no la hubiera seguido antes de entrar en su auto
y conducir hacia la propiedad De Vincent.

Parte de ella no había estado pensando, porque podría haber llamado


a Devlin, pero esto era algo que él necesitaba ver y no escucharlo a través
del teléfono. Rosie exhaló audiblemente mientras se acercaba al sofá
cubierto en terciopelo. Venir aquí podría ser un error, pero por alguna
razón y tal vez fue por instinto, no creía lo que Ross le había contado.
Que Dev había matado a su padre. Pero eso no significaba que la familia,
posiblemente el senador, no tuvieron algo que ver con la desaparición de
esa pobre mujer o la muerte de Lawrence.

Rosie realmente no tenía idea de qué demonios estaba sucediendo,


pero no confiaba en Ross. No después de lo que se había enterado, y sabía
que Devlin no tenía idea de que el apartamento de ella era propiedad del
padre de él hasta este fin de semana. Seguro que no había sabido lo que
estaba oculto en ese armario.

Lo que sea que estuviera sucediendo, necesitaba saber al respecto.

Mordiendo su labio, se giró en un círculo lento y revisó la habitación.


Era hermosa. Impresionante conjunto de muebles alrededor de una gran
chimenea. Interesantes obras de arte adoraban las paredes. Colocando
su bolso sobre el sofá, se acercó hacia una de las pinturas. Parecía ser
de un cementerio, las tumbas de tonos grisáceos. Por el amor de Dios. La
obra de arte estaba tan bien hecha, que casi parecía como una fotografía.
Solo después de una inspección más detallada podías ver las pinceladas.
Su mirada cayó hacia la esquina derecha, a las iniciales LDV.

La cabeza de Rosie se inclinó hacia el costado.

—¿LDV...?

—Son por Lucian De Vincent.

Dejando salir un pequeño grito, Rosie se giró y descubrió que no


estaba sola.

—Oh, Dios mío. —Presionó su palma contra su pecho—. Ni siquiera


te escuché entrar.
El De Vicent rubio sonrió.

—Puedo ser muy silencioso cuando quiero serlo, lo que no es muy a


menudo. —Sonrió mientras se inclinaba contra el marco de la
chimenea—. No hemos tenido la oportunidad de conocernos...
oficialmente, ¿cierto?

—No. —Se apartó de la pintura—. Soy...

—Rosie —respondió él mientras su sonrisa se convirtió en un tipo de


sonrisa que todavía no había visto en el rostro de su hermano—. Sé quién
eres y tengo tantas preguntas para ti.

Dev estaba sintiendo los efectos de demasiado burbon y muy poco


sueño mientras se bajaba de la caminadora y tomaba una toalla limpia.

Estaba sudando licor, Jesús.

Probablemente hubiera sido sabio de su parte tomarse el día, pero


correr apagaba su cabeza. Siempre lo hacía. El momento en que sus
zapatillas tocaban la banda o el pavimento, no pensaba en nada. Su
cabeza estaba callada y se dio cuenta esta tarde que el silencio que
experimentó cuando estaba corriendo era diferente al silencio que sentía
alrededor de Rosie. Había confundido esa vez con que era el mismo tipo
de silencio, pero no lo era. Cuando estaba con ella, no pensaba en
Lawrence o en sus hermanos, en Sabrina o lo que estaba en Nebraska y
actualmente ahora en su apartamento. Pero todavía seguía pensando. No
como cuando estaba corriendo, pero su mente solo estaba enfocada en
ella cuando estaba con ella y maldita sea, si eso no era tan bueno como
el silencio que conseguía cuando estuviera corriendo.

Puedes confiar en mí.

Mierda.

Esas palabras iban a perseguirlo.

Limpiando su rostro, se quitó sus auriculares mientras caminaba


hacia el cesto de la ropa sucia. Lanzó la toalla dentro y luego abrió la
puerta. Caminó casi un metro cuando Besson rodeó la esquina.

—Te he estado buscando. —Las largas zancadas de Besson eran las


de un hombre mucho más joven—. Tienes una visita.
—Por favor, dime que no es Stefan —remarcó, deteniéndose.

El hombre era demasiado profesional como para mostrar una


respuesta.

—No. Es Rosie Herpin.

Dev parpadeó.

—¿Disculpa?

—Es Rosie Herpin —repitió Besson, juntando sus manos detrás de


su espalda—. Ella es amiga de...

—Sé quién es. —No podía creer que estuviera aquí—. ¿Dónde está?

—Está en la sala de estar formal.

Dándose la vuelta, comenzó a recorrer el pasillo, su corazón latiendo


más pesado de lo que lo hizo mientras estaba corriendo.

—Devlin —llamó Besson—. ¿Un momento, por favor?

Se detuvo y miró por encima de su hombro, impaciente.

—¿Sí?

Una mirada de confusión se asentó en la expresión de Besson.

—¿Te gustaría tomarte un momento para... alistarte?

Por un segundo, Dev no estuvo seguro de a lo que se refería Besson


y entonces el hombre miró de manera directa hacia el torso desnudo de
Dev.

—Puedo hacer que Nikki le haga compañía mientras ella espera —


ofreció Besson.

Eso sería lo apropiado por hacerse. Su camiseta y su cuerpo estaban


empapados con sudor.

—Eso no será necesario.

Hubo un destello de sorpresa que reemplazó la confusión en su rostro


y no podía culpar al anciano por esa mirada, pero no iba a desperdiciar
tiempo en bañarse y cambiarse. Se movió rápidamente hasta el final del
pasillo y giró a la derecha. Dentro de pocos minutos estuvo cerca de la
sala de estar y sus pasos se ralentizaron cuando escuchó risas saliendo
de la habitación.
¿Qué demonios?

Sus pasos se aceleraron y maldijo por lo bajo cuando se estiró para


tomar la manija. Escuchó a la risa de Lucian uniéndose con la de Rosie.
Mierda. Rosie a solas con Lucian no iba a terminar bien para él. Abriendo
la puerta rápidamente, su mirada inmediatamente encontró a Rosie.
Extraño como era, pero el primer lugar en que miró fue hacia donde
estaba ella, sentada en el sofá. En ese momento, se olvidó por completo
de que no estaba sola. Como si solo estuviera ella.

La mirada de ella voló hacia él y esos ojos avellana se agrandaron.


Esos rizos salvajes y gruesos estaban sueltos, cayendo por sus hombros
y enmarcando su rostro con forma de corazón. Estaba vestida
casualmente, portando una camiseta de manga larga que se deslizó,
exponiendo la tentadora piel de un hombro. ¿Quién sabía que un hombro
podría ser tan... seductor?

Dev había visto a Rosie hacía menos de veinticuatro horas y todavía


estaba alterado por eso, todavía se sentía tomado por sorpresa por... por
todo acerca de ella. Se quedó inmóvil por ello, absolutamente
embelesado. Había algo mal con eso, estaba seguro.

Una garganta se aclaró y con gran esfuerzo, apartó su mirada de ella,


moviéndola hacia donde estaba Lucian extendido en un sillón.

—¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó él.

La sonrisa de Lucian era una advertencia de travesura.

—Estaba haciéndole compañía a Rosie mientras esperaba por ti. Le


dije que podría tomar algo de tiempo dado que te estabas ejercitando,
pero obviamente subestimé cuán ansioso estabas por unirte a ella. —Su
mirada recorrió a Dev—. Simplemente le estaba contando sobre la vez
que fuiste suspendido del internado por romper el toque de queda.

Las cejas de Dev se fruncieron.

—¿De qué estás hablando?

—Está jugando al reservado. No dejes que te engañe —dijo Lucian,


guiñándole a Rosie—. Dev es mucho más salvaje de lo que deja ver. Es
todo un rebelde.

—¿Lo es? —murmuró Rosie, sus labios frunciéndose como si


estuviera esforzándose para no reírse.
—Sé de lo que estás hablando. Sin embargo, creo que no estás
contando la historia completa —remarcó secamente—. Fui atrapado
rompiendo el toque de queda porque Gabe y Lucian decidieron que iban
a escabullirse atando sábanas juntas para salirse por la ventana. Estaba
ahí para evitar que los dos rompieran sus cuellos.

—Siempre estás ahí para evitar que hagamos algo estúpido —


respondió Lucian con sarcasmo.

—La mayoría de las veces, pero definitivamente no siempre. —La


mirada de Dev regresó a Rosie—. ¿Si nos disculpas, Lucian?

—Por supuesto. —Lucian se levantó, girándose hacia Rosie—. Haz


que los miembros de tu equipo me contacten directamente acerca de la
casa.

Rosie asintió con la cabeza.

—Lo haré.

Dev abrió la boca.

—Perfecto. Manejaré esto desde aquí —continuó Lucian


suavemente—. No olvides mi oferta. Espero que te unas a nosotros, Rosie.

—¿Unirse a ti para qué? —exigió Dev, su mirada volviendo a su


hermano.

Lucian solo le sonrió y luego pasó junto a él cuando salió de la sala


de estar, cerrando la puerta detrás de él. Volviéndose a Rosie, preguntó:

—¿Unirse a él para qué?

—Vaya —dijo ella, mirándolo fijamente—. Tienes algo más que


pantalones. Estoy en shock.

Él inclinó la cabeza hacia un lado.

—Lucian me invitó a cenar con él y su novia a fin de mes —


respondió—. Y con Gabe y Nikki. Hay algún tipo de fiesta que tendrán.

—¿Lo hizo? —La fiesta de la que ella hablaba era donde Lucian
planeaba proponerle matrimonio a Julia. Por qué invitaría a Rosie, una
mujer que ninguno de ellos conocía, significaba que seguramente estaba
planeando algo—. Entonces, ¿serías la tercera rueda?

Sus labios se curvaron hacia un lado.


—En realidad, sería la quinta rueda si fuera la única otra persona
que asistiera, pero tengo la impresión de que es una fiesta y no es una
cita para cenar, y también supongo que tú también estarías allí.

Dev lo estaría.

—¿Es por eso que irías? ¿Porque asumes que estaría en esta fiesta?

Pasó un largo momento y luego ella exhaló pesadamente mientras


presionaba las manos sobre las rodillas.

—No planeo unirme a ellos. Por lo tanto, no tienes que preocuparte


de que esté allí.

La decepción parpadeó a través de él, pero lo ignoró.

—¿Por qué estás aquí, Rosie?

Rosie apartó la vista de él, hacia el bolso a su lado.

—Encontré algo que pensé que deberías ver. En realidad, también


aprendí algo, pensé que deberías saberlo. —Lo miró y frunció el ceño—.
¿Crees que podrías encontrar una camisa que no esté pegada a tu piel?

Él levantó una ceja.

—¿Por qué? ¿Te hace sentir incómoda?

—Sí.

Dev dio un paso hacia ella.

—Has visto... y sentido mucho más que mi pecho.

—Lo sé. —Se movió en el sofá y lo miró de tal manera que le hizo
preguntarse si deseaba tocarlo. A su pene le gustaba la idea de eso—.
Debes... hacer mucho ejercicio.

—Corro a diario. Entonces, no es que te incomode —aclaró—. Te


distrae.

Lentamente, su mirada se alzó hacia la de él.

—Si dijera que sí, ¿encontrarías una camisa diferente?

—No.

Una sonrisa rápida apareció y luego desapareció mientras sacudía la


cabeza.

—Entonces tendré que arreglármelas.


—Sí. Lo harás.

Rosie tomó su bolso.

—Lo que sea. He visto suficientes cuerpos bonitos en mi vida. El tuyo


es agradable, pero no especial.

Las cejas de él se alzaron, pero antes de que pudiera hacer que diera
más detalles sobre esa declaración, continuó:

—Después de que te fuiste anoche, recordé algo. El otro día, cuando


estaba furiosa limpiando mi armario...

—¿Algo que aparentemente solo hacen las personas con emociones


humanas con las que no estoy familiarizado?

—Sí. Esa cosa. De todos modos, cuando estaba organizando mi


armario, vi que había algo levantado en la pared del fondo, pero lo olvidé
hasta después de que te fuiste.

Su curiosidad se despertó oficialmente.

—¿Qué quieres decir con… levantado?

—Era como si el muro se hubiera desmoronado, pero no se había


desmoronado. Debe haber sido una puerta oculta o algo así —dijo—. Lo
separé y había algo allí atrás. En realidad, había tres cosas allá atrás.

El sudor se enfrió en su piel.

—¿Qué encontraste, Rosie?

Se humedeció el labio inferior y luego recogió su bolso.

—Realmente espero tomar la decisión correcta al hacerle llegar esto y


no termino como el último inquilino de mi departamento.

—¿Qué quieres decir con el último inquilino?

—¿No lo sabes? Me mudé a mi casa hace unos dos años y ¿sabes


quién desapareció por esa época? —Agarró la parte superior de su bolso—
. Andrea Joan. La interna de tu tío.

Se sentía como si el piso se moviera bajo sus pies.

—¿Andrea Joan vivió en tu apartamento?

—Aparentemente. No solo eso, era la novia de Ross Haid. —Soltó una


risa nerviosa—. Algo que acabo de descubrir esta mañana. —Metiendo la
mano dentro de la bolsa, sacó un álbum de fotos granate y lo dejó sobre
la mesa de café—. Esto estaba allá atrás. Es solo un montón de fotos de
unas vacaciones. Ross está en ellos. ¿Sabías que era su novia?

Dev tomó el álbum y lo abrió.

—Lo sabía.

—Por supuesto —murmuró Rosie—. ¿Sabías que la única razón por


la que me buscó en primer lugar fue porque me mudé a ese departamento
y sabía que era amiga de Nikki?

Su mirada voló hacia la de ella cuando su espalda se tensó.

—Sospeché que se hizo amigo tuyo por tu relación con Nikki, pero no
sabía que había vivido allí. Esa no era la dirección que había registrado.

—Ross confirmó que era su casa —dijo—. Me reuní con él esta


mañana, porque vi el álbum de fotos y no sabía quién era ella al principio.

Dev se tensó cuando cerró el álbum de fotos.

—¿En serio?

—Sí. Me preguntó si ese álbum era lo único que encontré y le dije que
sí, pero esa no es la verdad. Encontré otras dos cosas. —Metió la mano
en la bolsa y sacó un delgado joyero—. Es una pulsera de diamantes. Es
raro que alguien lo oculte con un álbum de fotos, ¿verdad?

—Correcto. —Tomó la caja y la abrió. Su mandíbula se apretó


mientras miraba el brazalete.

—Pero eso no es lo más extraño. También había un iPad allí. —Lo


sacó y Dev casi se le escapó una maldición—. No tiene batería, pero creo
que solo necesita cargarse y… un hombre con tu talento y dinero
probablemente pueda encontrar a alguien para desbloquearla. —
Inclinándose, la colocó sobre la mesa de café—. No tengo idea de qué vivió
allí o que algo de esto estaba allí. Y no tengo idea de qué hay en ese iPad,
porque tiene que haber algo, ¿verdad? Porque, ¿por qué esconderías eso?

Mierda.

Dev colocó la caja sobre la mesa mientras miraba el iPad. Dios solo
sabía lo que había en ese dispositivo, pero Rosie tenía razón. Tenía los
medios para averiguarlo. Parte de él ya podía arriesgarse a adivinar. Lo
que sea que estaba en esa tableta era probablemente por qué Andrea
desapareció.
—Eso no es todo —dijo Rosie, mirando a la puerta cerrada—. Es lo
que también dijo Ross, y tal vez ya lo sepas…

—¿Cree que tenemos algo que ver con la desaparición de Andrea? Lo


dejó muy claro en el pasado.

Rosie volvió a colocar su bolso en el sofá.

—Eso no es todo lo que piensa.

—Solo puedo imaginarlo —respondió secamente.

—Me dijo que... que cree que tú asesinaste a tu padre.

Un músculo vibró a lo largo de su mandíbula mientras recordaba la


fotografía que había recibido en el Red Stallion.

—¿Dijo por qué creía eso?

—Realmente no.

—¿Y qué piensas, Rosie?

—¿Honestamente? No sé lo que pienso. Quiero decir, creo que Andrea


podría haber tenido una aventura con tu tío. ¿Por qué si no escondería
un brazalete? Y por la forma en que Ross habló, parecía que estaba
teniendo una aventura, pero tal vez... tal vez lo que sea que estaba
pasando con Andrea tiene que ver con tu padre —dijo—. Ross dijo que
Andrea estaba actuando paranoica y que también se reunió con Lawrence
una semana antes de desaparecer. Tal vez sabía algo y se lo contó, le
contó lo que sabía y…

—¿Fue asesinada por eso?

Se pasó las manos por los muslos y luego se levantó.

—¿Tal vez? Mira, no tengo idea de lo que está pasando aquí, pero
viniste a mi departamento porque descubriste que tu padre era el dueño.
Y luego descubro que el lugar fue alquilado por esta mujer que estaba
atada a su tío y luego desapareció. Algo está sucediendo aquí. No sé qué,
pero es extraño. —Comenzó a caminar frente al sofá—. Solo pensé que
necesitabas saberlo.

Dev no estaba seguro de cómo procesar esto, el que ella le hubiera


traído estos artículos.

—¿Y no creías que Ross necesitaba saberlo?


—Ross es un mentiroso —respondió Rosie—. No es que no entienda
su necesidad de averiguar qué le sucedió a su novia, pero nunca ha sido
sincero conmigo. Es un mentiroso.

Moviéndose sin pensar, Dev se paró frente a Rosie. Se detuvo y echó


la cabeza hacia atrás. Tan cerca como estaban, podía ver las manchas
verdes en sus ojos. Sus pestañas bajaron y supo que ella estaba mirando
su pecho definido por el sudor. Retrocedió y le costó todo en él resistir el
impulso de seguirla.

Rosie tomó una respiración visiblemente profunda.

—¿Te has puesto en contacto con el administrador de la propiedad?

—Dejé un mensaje a primera hora de esta mañana.

—Bueno. ¿Me puedes avisar...? —Su nariz se arrugó de una manera


bastante adorable—. Espera. No creo que quiera saber si descubres algo.

Un movimiento giratorio se extendió desde su estómago hasta su


pecho. Si este fuera un plan elaborado por Ross, ¿no le gustaría saberlo?

Mierda.

Dev se sintió casi desmayado mientras estaba allí. ¿Sería posible que
no hubiera estado mintiendo todo este tiempo? ¿Que la pequeña voz que
susurraba eso una y otra vez podría estar diciendo la verdad?

—De todos modos, es por eso que vine aquí y espero... Espero haber
tomado la decisión correcta. —Se apartó de él y tomó su bolso, deslizando
la correa por su brazo—. No sé qué está pasando con tu familia. Parece
demasiado... simplemente demasiado, y rezo para que no termine
afectando a Nikki más de lo que ya lo ha hecho…

—No lo hará. —Su mirada se hundió en ese hombro desnudo—. Eso


te lo puedo prometer.

Se quedó quieta cuando esos ojos se clavaron en los de él otra vez.

—Yo... te creo.

Se sintió como si todo su cuerpo se sacudiera, pero solo era su


corazón. La conmoción lo recorrió.

—¿Por qué confiarías en mí? —preguntó, realmente confundido—. Si


lo que Ross sospecha es cierto y Andrea desapareció porque encontró algo
que implicaba a Stefan, ¿por qué vendrías a mí? Lo mismo podría pasarte
a ti.
—Esa es una buena pregunta, especialmente teniendo en cuenta
cuánto no confías en mí, pero lo que sí sé es que Ross me ha mentido
desde el principio —dijo, sosteniendo su mirada—. Y que yo sepa, tú no
me has mentido. Es por eso.

Dev miró hacia otro lado y, por primera vez en mucho, mucho tiempo,
quiso decir la verdad. Que no era más que un mentiroso, peor de lo que
Ross había sido.
Capítulo 29
Traducido por AnamiletG & Mary Rhysand

Dev no llegó lejos antes de encontrarse con Lucian. Su hermano echó


un vistazo a lo que Dev sostenía en sus manos y frunció el ceño.

—¿Quiero saber por qué llevas un álbum de fotos, un brazalete y un


iPad? —preguntó.

—No. No quieres saber.

—Parece que estás haciendo un poco de mierda MacGyver allí mismo.


—Lucian se puso a su lado. Pasaron varios momentos de sorprendente
silencio—. Ella me gusta.

Dev se detuvo y miró a Lucian.

—Estoy hablando de Rosie, por si te lo preguntas.

—¿Hablaste con ella por cuánto tiempo y ya sabes que te gusta?

—Hablé con ella lo suficiente como para saber que no se parece en


nada a Sabrina.

—Eso no dice mucho, lo sabes, ¿verdad?

Lucian se echó a reír.

—No lo hace y lo hace.

Miró a su hermano y luego preguntó:

—¿Qué piensas de ella?

—¿Me preguntas eso como algo serio?

—Sí.

Lucian parpadeó una vez y luego dos veces.

—Nunca pides mi opinión ni te importa lo que yo piense…


—Me importa lo que pienses —interrumpió Dev, y esperó hasta que
su hermano lo miró. Odiaba la expresión de sorpresa que vio en los ojos
de su hermano—. Lo hago.

—Eso no es... lo que normalmente me dices.

Esa era la verdad y Dev no estaba seguro de cómo responder a eso.

—Me refiero a lo que acabo de decir.

—Y yo… Te creo. —Lucian parecía que una pluma podía golpearlo en


el trasero—. Nikki no tiene más que cosas buenas que decir sobre ella.
Es ingeniosa y divertida como el infierno. Hermosa también.

Dev respiró hondo, pero no fue muy lejos.

—Ella es… muy hermosa, pero…

—Le presentó a Nikki a Ross. ¿Y qué? ¿Qué más ha hecho?

Realmente no podía responder eso. Dios, no podía. Todo lo demás era


sospechoso, pero estas no eran cosas que ella había hecho.

Puedes confiar en mí.

No había confiado en ella, pero ella confiaba en él, confiaba lo


suficiente como para traerle la evidencia que en las manos de Ross podría
derribar a toda la familia, a pesar de que sus hermanos no sabían lo que
había estado sucediendo.

—He hecho cosas más locas y menos confiables en mi vida, como


sabes.

La esquina de los labios de Dev se retorció.

—Dios, nunca lo hago.

—Me gusta —repitió—. Sobre todo, me gusta cómo eres cuando estás
con ella.

—¿Qué? —Dev frunció el ceño—. No has…

—Olvidas que te vi con ella en la Mascarada. Te vi pisar delante de


ella para bloquearla de mí. Te vi alejarme de la puerta para que pudiera
salir —dijo Lucian, sonriendo cuando los ojos de Dev se estrecharon—. Y
acabo de verte entrar en una habitación en la que ella estaba sin
detenerte a ducharte y ponerte la ropa adecuada. Tú, Devlin De Vincent,
quien siempre es la definición de organización, fuiste decididamente…
desaliñado.
—¿Desaliñado?

—Sudoroso. Semidesnudo. Eso es descuidado. Nunca te había visto


así. Ni siquiera cuando éramos niños —señaló Lucian—. Y nunca te había
visto así con una mujer. Nunca. Entonces sí, me gusta y me gusta cómo
eres con ella.

Y con eso, Lucian le dio una palmada en el hombro y dijo:

—No dejes que lo que hizo Sabrina o Lawrence te arruinen más de lo


que ya lo han hecho. Ahora, tengo una mujer para molestar como la
mierda. Sin embargo, le gusta cuando hago eso.

Dev vio a Lucian irse, una vez más recordó que su hermano menor
era mucho más observador que nadie, incluido él mismo, por lo que le
daba crédito.

Rosie estaba en la cocina de la panadería a la mañana siguiente,


colocando las hojas de praliné en los mostradores para que se enfriaran,
actualmente haciendo todo lo posible para no pensar en lo que había
encontrado en su armario, lo que Ross había dicho o cómo Devlin había
respondido a eso.

No estaba pensando en nada de eso.

En cambio, estaba concentrada en lo que iba a hacer desde aquí. La


inquietud había invadido sus sentidos nuevamente, y eso generalmente
terminaba con su inscripción en la universidad una vez más, pero en
serio, ya debía suficiente ayuda financiera para pagar esa basura hasta
su jubilación.

Así que no más universidad para ella. Duh.

Lo que significaba que necesitaba poner uno de esos títulos para usar
de alguna manera o… O tal vez era hora de mudarse. Arrojando a un lado
las manoplas del horno, levantó la vista hacia el frente de la panadería.
Odiaba la idea de dejar a su familia, pero Bella iba a heredar esta
panadería, como debería ser. Había puesto el tiempo y el esfuerzo en ello,
y además, Rosie no iría lejos. Tal vez...

Todo su cuerpo se inmovilizó.

¿A quién estaba engañando? No quería irse de Nueva Orleans. Esta


ciudad extraña, loca y culta era su hogar, su único hogar. ¿Pero esta
inquietud? Era una picazón que venía cada tantos años. No se había
sentido así antes de Ian, pero había sido joven entonces y...

Su hermana apareció en la puerta y su camisa negra de Pradine no


tenía ni una sola gota de harina. Cualquier habilidad mágica que tuviera
su madre que la hiciera resistente a la harina había pasado a Bella.

Rosie estaba cubierta de eso.

Probablemente incluso resopló accidentalmente.

—Hola —dijo ella.

—¿Estas ocupada? — preguntó Bella.

—Nop. Solo necesitan refrescarse. —Rosie retrocedió del mostrador—


. ¿Necesitas ayuda por adelantado?

—No exactamente. —Una sonrisa apareció—. Tienes un visitante. El


momento perfecto también, ya que mamá y papá vendrán más tarde hoy
y no están aquí ahora.

Ella levantó las cejas.

—¿Por qué lo…?

Se quedó callada cuando alguien se unió a Bella en la puerta de la


cocina. Se quedó sin aliento cuando vio a Devlin rodear a su hermana.

—Muy bien. Entiendo por qué dirías eso.

Bella sonrió y luego le echó una mirada que decía, una vez más, que
Rosie tenía muchas explicaciones que dar.

En ese momento, Rosie sintió que Dios tenía muchas explicaciones


que dar.

Devlin asintió con la cabeza hacia Bella cuando salía de la cocina y


luego esa intensa mirada cayó sobre ella. Estaba vestido como
normalmente lo veía, como si estuviera saliendo de una importante
reunión de negocios, pero todo lo que vio fue la camisa blanca que se
había aferrado a sus músculos, dejando poco a la imaginación.

Nunca podría olvidar eso. Nop. No, mientras viviera.

—¿Haces bombones? —preguntó Devlin, mirando hacia el mostrador.


Su presencia era tan extraña en la cocina y parecía que ocupaba todo el
espacio.
—Sip. —Cogió una toalla húmeda, se limpió las manos y luego arrojó
la toalla sobre el mostrador. Pensó que él estaba aquí por lo que le había
traído ayer—. ¿Quieres ir atrás? Es más privado.

Él la miró extrañamente y luego asintió una vez más.

Preguntándose por qué su corazón estaba acelerado, se volvió para


guiarlo por la estrecha puerta trasera y hacia un pequeño patio donde
sus padres habían colocado una mesa y sillas de plástico para los
trabajadores durante los descansos. Las altas paredes de ladrillo
cubiertas de hiedra brindaban un nivel de privacidad desde el callejón en
la parte trasera y cuando los rosales estaban floreciendo, era bastante
hermoso aquí.

Sentada en una de las viejas sillas, juntó las manos.

—¿Qué puedo hacer por ti? — preguntó ella.

Devlin no se sentó, sino que se paró frente a ella, y cuando ella hizo
esa pregunta, él ladeó la cabeza.

—Esa es una pregunta cargada, Rosie.

Una pizca de calor se enroscó en su estómago.

—Realmente no.

—Hmm —murmuró, apartándose de ella.

Ella respiró hondo.

—¿Por qué estás aquí? Supongo que tiene algo que ver con lo que te
traje ayer.

—No lo hace. —Devlin levantó la silla de plástico blanco con una


mano—. Realmente no.

—Está bien. —Bajó la voz mientras lo veía llevarlo a donde estaba


sentada.

Colocó la silla frente a ella y se sentó.

—Necesitamos hablar.

Pensó que se veía bastante extraño sentado en la vieja silla de


plástico, vestido como estaba. Su mirada se alzó hacia su rostro.

—¿Sobre qué, Devlin?


—Sobre muchas cosas. —Se inclinó hacia ella y apoyó los brazos
sobre las rodillas—. He estado pensando.

—Felicidades.

Un lado de sus labios se levantó.

—He estado pensando en nosotros.

—¿Nosotros? —chilló Rosie—. No hay un nosotros.

—Definitivamente hay un nosotros.

Atónita, todo lo que pudo hacer fue mirarlo por varios momentos.

—¿De qué hay que hablar cuando se trata de nosotros?

—Mucho.

Su expresión se apretó mientras lo miraba.

—Bueno. Tendrás que ser mucho más detallado que eso, porque
intenté hablar contigo, Devlin. ¿No entendiste eso? Cuando viniste a mi
departamento y después de lo que hicimos, intenté hablar contigo. ¿Te
das cuenta de eso?

Las pestañas gruesas bajaron, protegiéndole los ojos.

—Sí. Lo hago.

—No creo que lo hagas. —Se inclinó hacia delante, manteniendo la


voz baja—. Y realmente no hay nada de qué hablar. No confías en mí. No
confías en nadie, y ni siquiera sé cómo alguien puede construir una
amistad a partir de eso.

—¿Qué crees que estamos construyendo aquí, Rosie? —Su voz ahora
era tan baja como la de ella.

Ella contuvo el aliento.

—Nada, no estamos construyendo nada.

—Eso no es cierto. Hemos estado avanzando hacia algo desde que me


trajiste peonías en el cementerio. —Se movió ligeramente, empujando
una pierna hacia afuera para que su rodilla presionase contra la de ella—
. No estamos trabajando en una amistad.

Los ojos de Rosie se abrieron.


—Vaya, Devlin. Podrías enviarme un mensaje de texto o guardarlo
para ti.

—No entiendes lo que digo. —Una pequeña sonrisa apareció. No una


grande. Solo un pequeño indicio de emoción—. Mira, no soy bueno en
esto, en…

—¿Hablando? — sugirió ella—. ¿Actuando como un humano?

Sus labios se apretaron.

—Supongo que ambos.

—Me alegra que estemos en la misma página. —Colocando sus manos


sobre los brazos de la silla, comenzó a levantarse—. Necesito volver al
trabajo.

—Estaba equivocado acerca de ti.

Rosie se detuvo.

Ojos del color del mar en invierno centrados en los de ella.

—Y te juzgué injustamente. Pensé lo peor de ti, porque yo… —Se


sentó derecho y miró hacia otro lado—. He visto lo peor en la gente. Eso
no es una excusa. De ningún modo. Pero sé que te juzgué mal a ti y a
mí… Quiero compensarte eso.

—¿Compensarme? —repitió tontamente—. ¿Qué? ¿Quieres


comprarme un auto nuevo? ¿Arreglar mi armario para mí? Porque
realmente necesito arreglar eso.

Esa pequeña sonrisa torcida apareció de nuevo.

—Quise decir algo más en la línea de la cena en Firestones.

—Firestones —susurró—. ¿Los Firestones?

—Solo hay uno de ellos.

—Pero... —Rosie se fue callando.

Nunca había comido en Firestones, porque era tan caro que sentías
que tenías que darles dinero cuando pasabas por el restaurante. Todos
en la ciudad sabían de su comida. Eran legendarios, con filete derretido
en la boca y mariscos frescos y sabrosos de los que nunca tuvo que
preocuparse por quitarse una bacteria carnívora. Normalmente, le daría
a su brazo izquierdo la oportunidad de ir a Firestones, pero no podía
imaginar cenar con Devlin en cualquier sitio.
—¿Me estás pidiendo que vaya a cenar contigo? ¿En Firestones?

Extendió la mano entre ellos y atrapó el rizo que había caído sobre su
mejilla.

—Sí.

—Ni siquiera nos gustamos.

—No creo que eso sea necesariamente cierto. Te he dado muchas


razones para no querer que me gustes, pero puedo cambiar eso —dijo,
metiendo el rizo detrás de su oreja, haciendo que su brazo se sacudiera—
. Me gustas, Rosie.

—Tienes una forma realmente terrible de mostrarle a alguien que te


gusta.

—Estoy tratando de arreglar eso —respondió frunciendo su frente.


Pasó un momento—. Quiero arreglar eso.

Ella se rió, pero el sonido murió entre los rosales mientras su mirada
buscaba en su rostro.

—Estás hablando en serio, ¿verdad?

—Sí.

Todo lo que pudo hacer fue mirar a Devlin. No esperaba esto. No


después de que la había abandonado cuando le dijo que podía confiar en
ella, cuando trató de comenzar las cosas entre ellos. Presiona rebobinar.
Devlin lo había dejado muy claro, pero allí estaba él, sentado frente a ella,
preguntándole…

—¿Es una cita? —preguntó ella, y su corazón dio un pequeño salto


tonto—. ¿Como una cita cita?

—Tengo la impresión de que solo hay un tipo de cita.

—No. No es verdad. Hay todo tipo de citas. Hay citas de amigos. Citas
para conocer. Citas en las que sacas a alguien solo porque quieres
conectarte. Hay citas…

—Es una cita, Rosie. Entre dos personas que sin lugar a dudas están
interesadas en ser algo más que amigos —interrumpió—. Ese es el tipo
de cita de la que estoy hablando.

Abrió su boca, la cerró, y luego intentó de nuevo sin éxito. No tenía


palabras. Hubiera estado menos asombrada si una aparición de cuerpo
entero estuviera frente a ella.
—Sé que he sido… difícil…

Rosie se rió. No pudo contenerla.

—¿Disculpa? ¿Has sido difícil? Esa no es la palabra que usaría.

—Probablemente tienes un montón de palabras que usar y las


merezco, pero… —Soltó un suspiro—. Pero no debería estar si quiera
interesado en la idea de nosotros. Si tuvieras una idea de lo que está
pasando en mi vida, entenderías por qué he sido tan inseguro de empezar
algo.

—Creo que conozco algo de ello, obviamente, pero no me has dicho


nada de tu vida, Devlin. Nada.

—Eso no es exactamente cierto. Te he dicho cosas que no le he dicho


a nadie.

—Me has dado escasas cosas, Devlin. Decirme que crees que tu casa
está embrujada no es exactamente compartir tu vida conmigo. Me dijiste
que tuviste una experiencia cercana a la muerte, pero no me diste detalles
de cómo pasó. Me dijiste que tu padre fue un hombre horrible, pero eso
no pasaba desapercibido para los demás. Has compartido cosas, pero te
has reservado cosas en todo lo que has compartido.

—Y quiero cambiar eso. Por primera vez en mi vida, quiero cambiar


eso, porque yo… no puedo dejar de pensar en ti. —Sus mejillas se
sonrojaron, pero no apartó la mirada—. Lo he intentado. Dios, lo he
hecho, pero no puedo, y nunca he experimentado esto. No así.

Rosie contuvo la respiración. ¿Estaba siendo sincero? Todo sobre él


gritaba que lo era, pero Devlin… era hermoso y era complicado y estaba…
un poquito roto. Ya se había dado cuenta de todo eso sobre él, y eso era
mucho. Él era mucho.

Un torrente de emociones fluyó a través de ella. Era una mezcla de


anticipación con duda. Rabia mezclándose con confusión. Esperanza
nublada con furia. Rosie quería a Devlin. Obviamente. Y eso iba más allá
de lo físico. Quería que le gustara, y una gran parte de ella lo hacía, pero
Rosie no podía sino retenerse.

—Devlin, quiero decir que sí, pero…

—Pero eso no es un sí.

—No —susurró, sintiendo un ardor subir por su garganta—. No


confías en mí.
—Estuve mal sobre eso. Debí haber confiado en ti desde el principio.
Lo sé ahora.

Una sonrisa triste se apoderó de sus labios mientras sacudía su


cabeza, apartando la mirada dijo:

—Pero yo no confió en ti, Devlin.

—Me compraste esa cosa ayer. Debes confiar en mí.

—¿Con esa cosa? Seguro. Pero no con lo que realmente importa —


admitió, apartando en rizo que había caído en su cara, suspiró mientras
mirada alrededor del patio—. Me preguntaste la noche de la Mascarada
cómo murió mi esposo y no respondí. Ni siquiera sé por qué. Supongo
que era algo de lo que no quería hablar en aquel entonces.

Se inclinó hacia ella nuevamente.

—¿Y es algo de lo que puedes hablar ahora?

Rosie respiró profundo tomando el collar y colocándolo sobre su


camisa. Sus dedos se cerraron alrededor del anillo.

—Ian y yo éramos los enamorados de la secundaria. Nos casamos tan


pronto nos graduamos. Cliché, ¿no? pero era real. Nos amábamos. Él
trabajó duramente mientras yo iba a la universidad. Me apoyaba y yo no
quería otra cosa que ser la mejor maldita esposa siempre. A él le
encantaba mi rareza y a mí su… quietud. No era perfecto. Peleábamos y
discutíamos por estupideces, pero nunca fuimos a la cama molestos con
el otro. Pensé que estaríamos juntos por siempre. —Se rió suavemente
ante eso mientras envolvía sus dedos alrededor del anillo—. Y pensé que
conocía todo sobre él. Estaba equivocada.

—¿En qué estabas equivocada?

Sus dedos se detuvieron, pero no apartó la mirada del anillo.

—Mi esposo, quien era mi mejor amigo, usó una pistola que ni
siquiera sabía que tenía y se disparó en el baño.

Devlin maldijo suavemente entre sus dientes y cuando habló, su voz


era suave.

—Rosie…

No lo miró. No podía.

—Llamó a la policía antes de hacerlo, así no lo encontraría al llegar


de clases. Además lo hizo en el baño… para que fuera más fácil de
limpiarlo. Sabes, habíamos empezado a buscar por nuestro primer hogar,
y no tenía idea de que estaba sufriendo así. Al mirar atrás, ¿hubo
señales? Sí. Pero las escondió bien. Y creo que lo hizo porque no quería
molestarme. —Alzó un hombro mientras se mordía el labio inferior—.
Han pasado diez años y hasta el final de mis días, nunca entenderé qué
lo llevó a eso y nunca dejaré de sentirme un poco culpable, como que
hubo cosas que pude haber hecho o visto. Incluso sabiendo que lo que
hizo no fue mi culpa no cambiar cómo funciona la mente humana. Así
que, sé lo que es vivir con alguien que creía conocer. Sé lo que es perder
a alguien que era tu mundo entero. Y sé lo que es estar tan enojada con
alguien y al mismo tiempo extrañarlo y quererlo. No puedo decirte
cuántas veces he deseado que hubiera compartido como se sentía,
conmigo, pero todos esos deseos no van a cambiar lo que pasó.

Soltando el anillo, respiró profundo nuevamente.

—Te estoy diciendo esto porque no me conoces, Devlin. No sabes lo


que he vivido. Al igual que yo no sé lo que tú has vivido y estás viviendo
y usas tu pasado para juzgar a quien sea que entra en tu vida. Si hiciera
eso, nunca me abriría a alguien de nuevo. No querría si quiera amigos
que pasaran por lo que yo pasé. Pero esa no soy yo. Esa no ha sido mi
elección. Esa es tu elección.

»Y supongo que te estoy diciendo esto porque yo… quiero gustarte. —


Rosie lo miró entonces, y se dio cuenta que él la observaba—. Creo que
debajo de todo eso, hay algo realmente bueno aquí, pero creí conocer a
mi esposo y no era así. Y ni siquiera sé que pensar o sentir cuando pienso
en ti. Me haces reír un minuto, sin ni siquiera intentarlo, y al siguiente
me haces querer patearte la cara. Si alguien me hubiera dicho que
vendrías aquí hoy queriendo llevarme a una cita y probar que hay un
nosotros, me hubiese reído en su cara. Demonios, me reí en tu cara.
Nunca en mi vida he conocido a alguien tan exasperante y confuso como
tú, y yo… solo no sé, Devlin. Quieres confiar en alguien y estás diciendo
que quieres intentar eso conmigo, ¿pero en serio estás dispuesto a hacer
eso? ¿Realmente?

Devlin apartó la mirada y un músculo se apretó en su mandíbula.

—Demonios, en serio tienes un diploma en psicología, ¿no?

Ella sonrió ante eso.

—Lo tengo. —Su sonrisa se desvaneció—. Y tengo que estar dispuesta


a tomar ese riesgo contigo. Porque sería un gran riesgo.

Su mirada regresó a la de ella.


—Realmente podrías gustarme, Devlin. Y sé que nada en la vida está
garantizado, pero creí conocer a mi esposo y no fue así. ¿Contigo? Ya sé
que no conozco al verdadero tú. No sé qué te molesta. Cuales secretos no
has compartido aún o por qué eres de la forma en que eres.

Estuvo callado por un momento.

—No sé qué otra cosa decir aparte de, lo siento. Nadie merece
experimentar eso. No puedo si quiera imaginar por lo que pasaste.

—Pero lo haces —susurró.

—Ninguno de nosotros creé que Lawrence se suicidara —admitió


quedamente, y decir esas palabras en voz alta parecía tener algún efecto
en él. Sus hombros parecieron relajarse—. Ni Gabe y definitivamente
menos Lucian.

La declaración la sorprendió.

—¿Entonces, crees que fue asesinado?

—Todo lo que sé es que lo sea que le pasó, él mismo se lo buscó.

Rosie no sabía que pensar de ello. Lo que había dicho de su padre era
suficiente para saber que no era un buen hombre, ¿pero cómo su hijo,
no le importaría buscar justicia? ¿Igualmente a los hermanos? ¿O
Lawrence era tan malo?

—¿Pero tu madre?

—Ella no se suicidó, Rosie.

Al principio, pensó no haberlo escuchado bien.

—¿Qué?

Él no apartó la mirada.

—Mis hermanos y yo creíamos que se había suicidado, por lo que


entiendo un poco por lo que pasaste, pero no es lo mismo. No creo que
ambas pérdidas sean iguales, pero lo que siempre creímos sobre la
muerte de mi madre no fue cierto.

Los pensamientos de Rosie se precipitaron mientras lo miraba de


vuelta.

—¿A qué te refieres?


—¿Recuerdas a mi hermana? ¿Madeline? —Cuando ella asintió, soltó
un suspiró que alivió sus hombros—. Esto es algo que solo mis hermanos,
Julia, y los padres de Nikki saben. Nikki podría saberlo si Gabe lo
compartió con ello, pero muy pocas personas saben la verdad. Si alguna
vez sale a la luz, sería un circulo mediático. —No estaba hablando lo
suficientemente alto como para que alguien escuchara lo que dijo a
continuación—: Nuestra hermana desapareció la misma noche que
nuestra madre murió. Lucian siempre pensó que Madeline había
encontrado a mamá y había enloquecido. Gabe y yo… bueno, no éramos
tan cercanos a Madeline como Lucian. No teníamos idea por qué
desapareció esa noche. No al principio. Entonces, siempre creímos que
vio a nuestra madre y no pudo manejarlo. Madeline siempre fue… un
poco inestable. Era la prueba de que la maldición de los De Vincent podía
ser muy cierta.

—¿Todo el asunto sobre las mujeres De Vincent muriendo


misteriosamente o no siendo exactamente las personas más sanas en la
habitación?

—Exactamente. —Bajó la cabeza, mirando a sus manos—. Como sea,


descubrimos que nuestra hermana había huido con nuestro primo Daniel
y llevaba todo este tiempo viviendo con él. Permaneciendo escondida.

—Madre Santa —susurró Rosie—. ¿En serio?

—En serio. Lindo, ¿cierto? Primos. Ella apareció esta primavera. La


encontramos en la piscina, boca abajo y sin moverse. Lucian pensó que
había sido mantenida cautiva por alguien contra su voluntad y se había
escapado. La verdad fue que, ella y Daniel se quedaron sin dinero y
planearon asesinar a Lawrence. Fue un plan terrible.

—Espera. —Rosie se movió inquieta—. ¿Ella…?

—Hizo un montón de cosas, Rosie. Un montón. Daniel, quien nunca


fue la herramienta más afilada en su cama, reveló su tapadera y puso en
peligro a Julia, quien había sido contratada para cuidar de Madeline.
Hubo una pelea terrible esa noche. Daniel trató de dispararme, y murió
en el proceso, y Madeline cayó del techo. Murió esta vez, con seguridad.
—Tragó, y Rosie estaba completamente impactada—. Descubrimos que
nuestra madre la encontró con Daniel. Pelearon por eso y Madeline…
empujó a nuestra madre, causando que cayera. Ahí fue cuando huyó esa
noche.

—Oh Dios mío… —Rosie se abrazó a sí misma. Si su hermana había


matado a su madre, entonces era bastante posible que hubiera asesinado
a Lawrence, con la ayuda de su primo, y Devlin solo no quería decirlo—.
Buen Dios, Devlin…

—Lo mantuvimos en silencio. No hay razón para que alguien sepa lo


que en realidad pasó. ¿Qué justicia vendría de todo eso? Madeline había
estado perdida por una década, y definitivamente ahora está muerta. La
enterramos un una ceremonia privada en nuestra tumba y… y esos
esqueletos regresaron al closet. —Una sonrisa forzada apareció—. Para
nunca hablar de ello de nuevo.

Estaba asombrada de que le estuviera diciendo esto. Mi Dios, podía


hacer una fortuna si vendía esta historia a los tabloides ya que era más
dramático que una ópera. No es que fuera a hacer eso, pero estaba
sorprendida que Devlin compartiera esto con ella sin forzarla a firmar
una acuerdo de sangre.

—Algunas veces nos hemos preguntado si esa maldición es verdad.


Es decir, sabes las historias sobre las muertes accidentales y las formas
locas en que las personas han muerto en nuestra propiedad. Pero hay
otra parte de la maldición. No es una parte mala, pero las personas solo
se enfocan en lo malo.

—Sé todo lo que se dice sobre esa maldición. Nunca escuché que
hubiera otra parte.

Alzó su mirada a la de ella.

—Haré un trato contigo. Te diré cuál es la otra parte si vas a cenar


conmigo.

Su estúpido corazón dio un salto. Se sentía menos estúpido ahora sin


embargo. Incluso a pesar de la importancia de lo que había compartido
con ella, eso no significaba que él fuera a compartirlo todo.

—Devlin…

—Dame una oportunidad, Rosie. Solo una.

—No lo sé. Acabas de compartir algo importante y completamente


escandaloso. —Se rió secamente, aun procesando lo que acababa de
compartir—. Así que, sí, estás tratando, pero…

—Una oportunidad, Rosie —repitió—. Una noche. Cena. Hoy.

Su estómago se hundió como si estuviera en una montaña rusa.

—No puedo hoy.


—Entonces mañana en la noche.

Abrió su boca, pero Devlin se inclinó hacia delante de repente,


tomando su barbilla. El contacto era como tocar un cable eléctrico.

—Solo cena, Rosie. Por favor.

Por favor.

Rosie tenía la sensación de que él no imploraba mucho, y esa sola


palabra, dicha suavemente, abrió un agujero del tamaño de un camión
en la pared que estaba desesperadamente tratando de construir entre
ellos.

—Bien.

—¿Bien? —Sus ojos se expandieron.

—Bien.

—Estaba preparado para poner de rodillas y rogar.

Sonrió.

—Puedes hacerlo si quieres.

Se rió suavemente.

—Lo haría, pero tengo un presentimiento de que si me pongo de


rodillas, terminaría haciendo algo que tu hermana no querría ver cuándo
entre.

Oh Dios.

Su cuerpo entero se sonrojó.

—Probablemente vas a lamentar esta cena.

—Hay un par de cosas que lamento. Esta definitivamente no será una


de ellas.

—Ya veremos —murmuró.

—Tienes razón. Ya veremos. Te recogeré a las siete el sábado. Usa


algo formal.

Le tocó el labio inferior, sorprendiéndola. Su respiración se aceleró.


El toque era tan suave como terciopelo y ligero como el aire, apenas allí,
pero lo sintió por todo su cuerpo. Una emoción se formó en su estómago
mientras su corazón se apretaba.
—Tienes unos ojos hermosos, Rosie. —Le frotó nuevamente el labio
inferior y luego apartó la mano—. Mañana en la noche.

—Mañana en la noche —repitió, y tenía el sentimiento distante de que


había hecho un pacto con el Diablo.
Capítulo 30
Traducido por NaomiiMora

—Sabrina está muerta. —La voz ronca de Archie estaba apretada con
frustración mientras Dev miraba el iPad.

—¿Qué? —Dev no estaba seguro si lo había escuchado


correctamente.

—El auto Mercedes fue encontrado abandonado en un pequeño


pueblo cerca de la frontera y ella estaba allí. Estoy pensando que iba a
escapar a México.

—¿Qué pasó?

—Disparo en la parte posterior de la cabeza, estilo ejecución.

—Jesús. —Dev se recostó en la silla.

—No soy una bola de cristal mágica, pero si estaba involucrada en lo


que Lawrence estaba haciendo, podría haber contactado a la persona
equivocada y la consideraron un riesgo —respondió Archie—. Eso
significa que debes tener cuidado.

Un músculo se flexionó a lo largo de la mandíbula de Dev mientras


levantaba el iPad.

—Siempre tengo cuidado.

—Necesitas ser más cuidadoso. No sabes si habló antes de que la


sacaran —señaló—. No hay nada más que pueda hacer en este momento.
Voy a regresar.

—Entendido.

—También estoy enviando por correo electrónico información que he


descubierto que tiene que ver con Stefan y Lawrence. Varios contactos
dentro y fuera de los Estados Unidos. —Archie hizo una pausa—. ¿Qué
vas a hacer con esta información?

Dev sonrió de lado.


—Quemar sus mundos por completo.

—Bueno. Llama si me necesitas. —Archie desconectó la llamada.

Dev esperaba no volver a necesitar a Archie, pero tenía la clara


sensación de que lo haría.

—Mierda —dijo, cerrando los ojos.

Sabrina estaba muerta y no estaba seguro de cómo debería sentirse


al respecto. No la había querido muerta. Al menos no hasta que
respondiera algunas preguntas para él, y sabía que sonaba frío como el
infierno, pero la mujer era un ser humano miserable. Abrió los ojos,
inseguro de cómo procesar la noticia de su asesinato. Todo le dejaba un
mal sabor de boca, pero por terrible que pareciera, eran buenas noticias,
una gran noticia para Gabe y la familia que estaba tratando de construir,
porque mientras Sabrina estuviera allí, no estarían seguros.

Lo que Archie sospechaba era probablemente cierto. Sabrina había


pedido ayuda a la persona equivocada y, en el proceso, la consideraron
demasiado arriesgada.

Su mirada volvió al iPad. Una vez que se había cargado, había sido
sorprendentemente fácil piratear y desbloquear el iPad. Después de solo
unos momentos de tener acceso, Dev sabía por qué Andrea había
escondido el iPad.

Andrea tenía capturas de pantalla de archivos de donaciones y


actividades sospechosas de campaña. El mismo tipo de depósitos que Dev
había descubierto, y ahora se confirmó la sospecha de Dev de la
participación de Stefan, aunque limitada en comparación con Lawrence.

Lo que también estaba en el iPad demostró que las sospechas de


Rosie eran correctas. Andrea había tenido una aventura con Stefan.
Había copias de recibos de hotel, notas detalladas sobre el tiempo que
pasó con Stefan, algunas bastante gráficas.

Había... fotos íntimas de Stefan.

Unas que Dev podría haber pasado toda su vida sin haberlo visto
nunca. O Andrea estaba planeando exponer a Stefan o chantajearlo, y
por un giro horrible del destino y la confianza equivocada, había ido con
Lawrence. Andrea había aprendido que un De Vincent no podía ser
chantajeado.

O de confianza.
La verdad es que si hubiera ido con su novio, lo que probablemente
le habría pasado a ella también le habría pasado a Ross.

Lawrence y Stefan harían cualquier cosa para librarse de sus


crímenes.

Asqueado, colocó el iPad en el último cajón de su escritorio y lo cerró.


Había que hacer algo con respecto a Stefan, al igual que con Lawrence,
Dev sabía que el hombre tenía la misma cantidad de conexiones. Sería
difícil hacer que se impusieran cargos y mucho menos que salieran a la
luz para el escrutinio público.

El público en general realmente no tenía idea de cuánto podía


realmente comprar el dinero.

Toda la información que estaba recolectando sería entregada. La


mayoría, si no toda la participación De Vincent, sería eliminada, pero
incluso si se revelara o si los demás implicados con Stefan o Laurence
que le había mandado por email a Archie, era un riesgo que Dev estaba
dispuesto a correr si eso significaba cerrar al menos una extensión de un
problema internacional.

Levantándose de detrás de su escritorio, dejó de lado el tema de


Stefan para más tarde. Había algo más que debía hacer. Al salir de la
oficina, fue en busca de Gabe y lo encontró en la cocina, afortunadamente
solo.

Gabe estaba en la isla, observando... hervir agua. Levantó la vista


cuando Dev entró en la cocina.

—Hola.

Devlin se detuvo en la isla y frunció el ceño.

—¿Qué estás haciendo?

—Voy a hacer unos huevos duros. —Señaló un tazón pequeño y Dev


vio media docena de huevos apilados en ellos—. Solo estoy esperando que
la estúpida agua hierva. —Se enderezó—. De todos modos, aprendí algo
interesante.

—¿Del agua hirviendo?

Gabe resopló.

—Se supone que no debo decir nada, pero tengo que hacerlo. Estoy
orgulloso de ti. Bueno, espero tener razón por estar orgulloso de ti.
Sus cejas se alzaron.

—¿Sobre qué?

Una pequeña sonrisa apareció en la cara de su hermano cuando Dev


tomó una barra de chocolate que estaba en la mesa.

—¿Sabes dónde está Nic actualmente?

—¿Asumo que está arriba o en su propia casa? —Retiró la envoltura.

—Asumirías mal. —Gabe sonrió—. Nic está en la casa de Rosie,


porque Rosie se está preparando para una cita, una cita contigo.

Dev se tensó. Estaba haciendo todo lo posible para no pensar en Rosie


en este momento. No porque no quisiera, sino que después de lidiar con
lo que había estado viendo esta mañana, no quería pensar en ella en
ninguna parte cerca de esa mierda.

Cuando no respondió, los ojos de Gabe se entrecerraron.

—Tienes una cita con Rosie esta noche, ¿verdad?

Rompiendo un trozo de chocolate, se lo metió en la boca.

—La tengo.

El agua comenzaba a burbujear.

—¿Y por qué vas a salir en la cita?

Masticó pensativamente.

—¿Por qué la mayoría de la gente sale en citas, Gabe?

—Hay muchas razones, pero no eres la mayoría de la gente. —Usando


pinzas, levantó los huevos y comenzó a colocarlos en el agua—. Entonces,
cuando escuché que invitaste a salir a Rosie, me sorprendí, pero luego
recordé a Lucian diciendo que te vio con ella la noche de la Mascarada.

Rompió otro trozo de chocolate.

—Lo hizo.

Gabe lo miró fijamente.

—Y eso es todo lo que tienes que decir.

—Sí. —Se comió el otro trozo de chocolate.

Su hermano suspiró.
—¿Te gusta Rosie, Dev? ¿O es algo extraño que terminará cabreando
a Nic, que luego me cabreará?

Lanzando la barra de chocolate de vuelta a la mesa, se acercó a la


nevera y agarró una botella de agua.

—Esto no es algo extraño. Estoy... Estoy con Rosie. Me gusta. Mucho.

Cuando Dev se dio la vuelta, Gabe estaba de pie allí, mirándolo con
un huevo entre las pinzas.

—¿Qué?

—Yo... Creo que es la primera vez en ni siquiera sé cuánto tiempo que


has respondido una pregunta directamente —respondió Gabe—. Estoy
conmocionado. Creo que estoy a punto de sufrir un ataque al corazón. O
tal vez el infierno se congeló. O…

—No es tan impactante. —Dev regresó a la mesa—. Rosie es... —Se


detuvo, inseguro de cómo describirla—. Hay algo en ella que me gusta y
eso es todo lo que tengo que decir al respecto.

Gabe seguía mirándolo.

—Tú estás… estás sonriendo.

¿Lo estaba? Le llevó un momento darse cuenta de que estaba


sonriendo.

—Ya no lo estás —añadió Gabe secamente.

Dev parpadeó y sacudió la cabeza.

—En realidad te estaba buscando y no para hablar de Rosie o mis


expresiones faciales.

Gabe se echó a reír cuando los huevos golpearon el interior de la olla.

—Soy todo oídos.

Dev sabía que no se reiría por mucho tiempo.

—Como sabes, he tenido a alguien buscando a Sabrina.

Todo sobre Gabe cambió en un instante. Su mandíbula se endureció.

—¿Alguna actualización?

—Sí. La encontraron cerca de la frontera —dijo Dev—. Está muerta.


—¿Qué? —Gabe plantó sus manos en la mesa mientras su pecho se
elevaba con una respiración profunda—. ¿De verdad?

—Sí. Parece que fue asesinada —dijo—. Eso es todo lo que sé. Estoy
seguro de que llegará a las noticias lo suficientemente pronto. —Respiró
hondo—. La única buena noticia es que ya no tienes que preocuparte por
ella. No con Nikki o tu hijo.

Gabe lo miró y pasaron varios momentos.

—Tienes razón. Estoy... Estoy aliviado y yo... Es una mierda sentirse


aliviado por ello, ¿no?

—No. —Dev se apresuró a corregirlo—. Esa mujer era peligrosa, Gabe,


y tal vez hubiéramos tenido suerte y hubiera dejado el condado o tal vez
hubiera regresado. No lo sabemos, pero al menos con ella, se acabó.

—Lo es. —Gabe seguía mirándolo—. ¿Lo hiciste?

—¿Qué? —Dev se apartó.

—¿La mataste? —preguntó sin tapujos.

—No. —Dev sostuvo su mirada, ni siquiera sorprendido de que su


hermano hubiera pensado eso de él. Lo cual era, en particular, jodido—.
Estoy seguro que no. Eso no es mentira, Gabe. Te lo juro.

—Bueno... —Gabe apagó la estufa. Pasaron varios momentos—.


Tengo que preguntar, Dev. Tengo que preguntar esto de nuevo. ¿Por qué
estabas con esa mujer?

Dev levantó su mirada hacia la de su hermano y, por primera vez,


quiso decirle a su hermano por qué, pero no pudo, porque Gabe era la
razón y no quería poner eso en los hombros de su hermano.

Entonces, todo lo que dijo fue:

—Es complicado.

—Todavía estoy en estado de shock —dijo Nikki desde donde estaba


sentada en la cama de Rosie. Nikki finalmente se parecía a la mujer que
Rosie conocía, los moretones habían desaparecido y su rostro estaba
brillante—. Quiero decir, creo que esto es un sueño.

Rosie se apartó de su armario, con un vestido en cada mano.


—Sí, bueno, no estás tan sorprendida como yo que Devlin quiera salir
en una cita.

—En Firestones, nada menos. —Sarah entró en la habitación, con


una botella de vino en una mano y una copa en la otra. Bree estaba detrás
de ella, tirando una bolsa de ropa.

Como Rosie nunca había estado en Firestones ni había tenido una


cita con Devlin De Vincent, se trataba de una situación de cinco alarmas
y código rojo.

Ya se había duchado, afeitado casi todo, se enjuagó, escogió el


sujetador y las bragas más sexys que tenía en caso de que la cita fuera
muy, muy bien, y había hecho la mayor parte de su maquillaje. El
problema ahora era que no tenía vestido. Corrección. Tenía muchos
vestidos, pero ninguno que quisiera usar.

—No, ustedes no entienden. —Bree dejó la bolsa de ropa sobre la


cama—. Nikki y yo conocemos a los De Vincent.

—Y conocemos a Devlin, así que querer ir a una cita es una noticia


de última hora. —Nikki intervino cuando Bree se sentó a su lado.

—El hombre estaba comprometido —dijo Sarah, sirviendo una copa


de vino—. Estoy segura de que ha tenido muchas citas.

Rosie intercambió una mirada con Nikki, pensando que


probablemente sabía que la relación entre Sabrina y Devlin no estaba
llena de citas, flores y besos felices.

—¿Que piensas de este vestido? —Rosie levantó la de la izquierda.

Bree levantó una ceja oscura.

—Si estabas leyendo cartas del tarot en Jackson Square, entonces


seguro.

—Oye, ¿qué hay de malo en eso? —Sarah dejó la copa de vino en la


mesita de noche.

—Nada. —Bree levantó las manos—. Pero Rosie irá a Firestones, no a


Woodstock.

Nikki se rio.

—Sí, no ese vestido.

Suspirando, colgó ese respaldo.


—¿Y éste?

—¿Vas a ir de fiesta? —Sarah preguntó, sentándose en la silla en la


esquina con la botella de vino—. Porque ese pequeño vestido negro te
dejará el culo y los senos fuera.

Rosie miró el vestido.

—Nuh-uh.

—En realidad, usaste eso en un club de Alabama y tenías que seguir


tirando de él —señaló Nikki.

—Oh si…

Dándose la vuelta, colgó eso y luego fue a su copa de vino. Su


estómago revoloteó de una manera que no lo había hecho en muchos
años cuando pensó en su próxima cita. No pensó que estaba cometiendo
un error al aceptar su oferta. Si lo hubiera hecho, no habría dicho que sí,
pero estaba nerviosa porque sí... porque le gustaba y, bueno, quería que
esto fuera el comienzo de algo.

—Cariño —ordenó Sarah desde la esquina—. Parece que necesitas un


trago.

Lo hacía.

Levantando su vaso, tomó un sorbo mientras miraba la bolsa de ropa


negra detrás de Bree.

—Espero que haya un vestido mágico allí que no parezca que voy a
un club o Woodstock.

—Ahí está. —Bree sonrió brillantemente y luego buscó detrás de ella,


recogiendo la bolsa. Enganchándolo a la puerta del armario, lo abrió—.
Sabía que no ibas a poder elegir un vestido, así que traje este. Solo lo usé
una vez desde que no he tenido una buena razón para usarlo dos veces,
pero como somos del mismo tamaño, creo que puedes trabajar con esto.

Sarah bajó la botella de vino.

—Oh vaya.

El material verde cazador profundo se asomó entre los pliegues de la


bolsa de ropa, y cuando Bree tiró de la bolsa por completo, Rosie
realmente pensó que su corazón se había detenido.

—Ahora, ese es un vestido hermoso —anunció Nikki, con los ojos muy
abiertos.
Rosie juntó las manos mientras miraba el impresionante vestido.
Hermoso y un color favorecedor. Punto uno. Tenía mangas de un cuarto
de longitud que estaban fuera del hombro, pero parecía que todavía podía
usar un sujetador y no uno sin tirantes. Punto dos: El escote era de corte
bajo, pero no parecía que ella se saldría. Punto tres: La cintura estaba
muy alta y el vestido se ajustaba sobre las caderas y los muslos. Punto
cuatro: No parecía ser demasiado corto o demasiado largo, y ese era el
punto cinco. Si encajaba, sería una explosión puntual.

—Pruébatelo —ordenó Nikki—. Tengo que ver esto en ti.

Sonriendo, Rosie lo sacó de la percha y rápidamente lo abrió. El


vestido le quedaba perfectamente.

—Quiero pedir prestado ese vestido —dijo Nikki.

Bree sonrió.

—Puedes pedirlo prestado la próxima vez.

—¿Y yo? — preguntó Sarah.

—Igualmente.

Girándose frente al espejo, la agitación en su estómago aumentó. El


color resaltaba el verde en sus ojos y realmente funcionaba con su tez.

—Eso es hermoso —dijo Nikki.

—Y tu trasero se ve increíble —agregó Sarah.

Se giró hacia un lado, mirando hacia atrás. Era corte bajo, y su


trasero se veía muy bien.

Este… Este era definitivamente el vestido.

—¿Todavía tienes esos botines negros de tacón de aguja? —preguntó


Bree, mirando a su alrededor—. Se verían perfectos con ese vestido.
Guau. —Bree se detuvo en seco—. ¿Qué demonios le pasó a tu armario?

Oh mierda, había olvidado que el desastre era visible.

—Oh. Um, sí, hubo un problema con el panel de yeso. Se está


arreglando. —Pasando a Bree, encontró los zapatos en cuestión—. ¿Son
estos de los que estabas hablando?

—Sip. —Bree se apartó del armario—. Ah, mira la hora. Va a estar


aquí pronto, y probablemente deberíamos irnos… Sarah, ¿te bebiste todo
ese vino?
Sarah levantó la botella.

—Uh no. Quedan al menos dos vasos.

—¿En serio? —Bree suspiró—. Me debes bebidas esta noche.

—¿Van a salir? —Rosie plantó su mano en la pared mientras


deslizaba su pie en el zapato.

—Sip. Ella es mi cita. —Sarah sonrió—. Espero que no sea cara.

—Chica, siempre soy cara.

Después de prometerles proporcionarles una actualización sobre la


cita tan pronto como pudiera, se despidió e intentó ignorar la forma en
que las mariposas en su estómago y pecho se habían convertido en
carnívoras, empeñadas en masticar para salir de ella.

¿Por qué demonios estaba tan nerviosa?

Todos se habían ido excepto Nikki. Se quedó atrás mientras Rosie


hacia los toques finales de maquillaje. En otras palabras, estaba a un
abrigo más de hacer que sus pestañas parecieran patas de araña.

Nikki se apoyó contra el marco de la puerta, con los brazos cruzados


sobre su pecho.

—¿Qué estás pensando, Rosie?

—¿Honestamente? No lo sé. —Bajó la mirada hacia el tubo de rímel—


. ¿Puedo hacerte una pregunta? ¿Crees que todo esto es absurdo? ¿Yo
saliendo con Devlin? ¿Yo?

—Creo que está bastante arriba en la lista de cosas que nunca esperé
que sucedieran. Eso no tiene nada que ver contigo, pero principalmente
Devlin. Me cuesta imaginarlo saliendo en una cita con un recorte de
cartón de alguien.

Le lanzó una mirada a Nikki.

—Sabes, él no es tan malo.

Nikki levantó las cejas.

—Está bien. —Rosie sonrió un poco mientras volvía a su reflejo—.


Puede ser difícil, pero está lejos de ser aburrido y él es… bueno, es
simplemente diferente.

—Ciertamente —respondió Nikki secamente.


Rosie se echó a reír mientras levantaba la varita.

—Es raro, Nikki. Quiero decir, no nos llevamos bien, pero hay algo
allí entre nosotros. De todos modos, ¿algún consejo?

—Por lo general tú me estás dando consejos —dijo mientras Rosie


pasaba la máscara sobre sus pestañas—. Cómo están cambiando los
tiempos.

Rosie resopló.

—Lo sé.

—El único consejo que puedo darte es que estos hermanos, estos
hombres, no han tenido exactamente la vida más fácil incluso con toda
la riqueza y el poder —dijo—. Todos son complicados, y tengo la
sensación de que Devlin es el más complicado de todos.

Rosie bajó la varita y la volvió a meter en el tubo, pensando que Nikki,


que creció a la sombra de los hermanos De Vincent, no sabía exactamente
lo complicado que era Devlin.
Capítulo 31
Traducido por Candy27

Desde el momento en el que Dev vio a Rosie en ese despampanante


vestido que recogía esas manchas verdes de sus ojos, hasta este mismo
momento en que estaba recorriendo el menú de postres, estaba absoluta
e irrevocablemente fascinado.

Y nunca se había sentido de esa manera acerca de nadie ni nada. A


diferencia de sus hermanos e incluso su hermana, no tenía ningún
talento especial escondido. No era bueno pintando o trabajando con
madera, y a pesar de que Gabe aseguraba que Dev podía cantar, no era
algo que hiciera a menudo y ni siquiera podía recordar la última vez que
lo había hecho. Pero en este momento, se encontró deseando tener el
talento de Lucian. Sus dedos picaban por capturar las impresionantes
líneas de su cara y la llenura de su boca. Se preguntaba qué colores tenía
que mezclar para replicar la sombra de sus ojos y su piel.

Dev estaba seducido por la manera en la que la luz de la vela


parpadeaba sobre la curva de su mejilla y cómo arrastraba sus dientes a
lo largo de su labio inferior cuando estaba pensando con fuerza en algo.
Jugaba con su pelo un montón, peinando su pequeño rizo rebelde que
continuaba terminando en su cara sin importar lo que hiciera. Sentía un
nerviosismo en ella que encontró… adorable, lo cual era una palabra que
no usaba en su vocabulario normal, pero nunca había visto a Rosie
nerviosa antes. La había visto irritada y enfadada. La había visto
burlándose y relajada. La había visto excitada y satisfecha, pero nunca
nerviosa.

Rosie era una mujer hermosa, confiada y fuerte de la que creía


incapaz del nerviosismo. Pero lo era, y eso no la hacía parecer débil o
delicada. La hacía… adorable.

No podía recordar nunca haber estado tan absorto en alguien antes


y realmente disfrutando de estar sentado y escuchando hablar. Durante
el curso de la cena de pasteles de cangrejo y pan frito de gambas Cajun,
aprendió un montón acerca de ella.
Cómo conoció a Nikki. Por qué decidió ir a la Universidad de Alabama,
lo que resultó en el efecto secundario de su pasión por los viajes y
encontró inspiradora su habilidad de tomar una decisión como esa e irse,
especialmente cuando a menudo él se había sentido… atrapado aquí, con
su nombre y su legado. Descubrió acerca de la primera vez que vio una
aparición de cuerpo entero, y estaba fascinado por la manera en que se
inclinó hacia delante cuando habló de eso y de la manera en que sus ojos
se iluminaron con interés y afán. La excitación en su mirada y tono le
hizo las cosas más inapropiadas.

Sentándose en Firestones, se puso duro, tan duro que extendió las


piernas tanto como pudo. Esa reacción física hizo la cena bastante
incómoda, pero no hubiera cambiado una maldita cosa.

Y ni una vez durante esto estuvo aburrido o distraído por algo que
estuviera pasando en su vida o con su familia. Esa parte de él que tenía
que… hacer cosas para asegurar la seguridad de su familia no existía
cuando estaba con ella, pero extrañamente, quería que ella viera esa
parte de él también.

Colocando el menú de postres en la mesa, ella miró hacia arriba y su


mirada se movió lejos de él por medio segundo y volvió.

—La gente está mirando de nuevo.

Él cogió su vaso de agua mientras miraba alrededor del restaurante.


Había unas cuantas miradas, principalmente de aquellos que eran
familiares con él.

—Creo que solo están curiosos.

—¿Porque que tú vengas aquí y comas es algo de lo que estar curioso?


—preguntó.

Dev sonrió.

—Que yo venga aquí con alguien tan hermoso como tú es algo de lo


que estar curioso.

—Oh, eso ha sido suave. —Rosie rio suavemente mientras alcanzaba


su copa de vino.

Devlin levantó una ceja.

—Lo fue, ¿verdad?

—Sí, pero sé cómo se ve Sabrina. Ella es preciosa.


—Supongo que puedes decir eso. —Elevó un hombro—. Pero
cualquier belleza que esa mujer posee es solo superficial. Ella…

—¿Qué? —preguntó Rosie.

Dev tomó una respiración poco profunda mientras dejaba su agua.


Estaban en una de las cabinas más privadas, donde su conversación no
sería escuchada.

Los dientes de ella se movieron sobre su labio inferior de nuevo.

—No tienes que responder a eso. Lo siento…

—Estaba enamorada de Gabe —respondió—. Bueno, obsesionada con


él. Incluso desde la universidad.

Los ojos de Rosie se ampliaron.

—¿En serio?

—¿No sabías eso? —preguntó, curioso—. Estoy sorprendido que Nikki


no te lo dijera.

—Nikki no habla de ese tipo de cosas. —Rosie golpeó el rizo fuera de


su cara—. Tengo que preguntar. Si sabias que estaba detrás de Gabe,
entonces, ¿por qué diablos te quedaste con ella?

Y ahí estaba la pregunta del millón. Su mirada cayó a la luz de vela.

—Es una larga historia.

—Tenemos tiempo, ¿verdad?

Una sonrisa apenas visible curvó sus labios.

—Lo tenemos. —Hubo una pausa rápida—. ¿Cuánto te dijo Nikki


acerca del pasado de Gabe?

—¿Estás hablando de su hijo y de la madre de su hijo? ¿Creo que


murió en un accidente de auto hace algunos meses? No puedo recordar
su nombre, pero sí, sé acerca de eso.

—Su nombre era Emma. Ellos tenían esta relación que iba y venía
que era bastante intensa. Algo le sucedió en la universidad. Fue agredida
sexualmente.

—No —susurró ella, colocando sus manos sobre su regazo.

Dev asintió.
—Gabe tuvo una reacción bastante fuerte a ello; hacia el tipo que
hirió a Emma. No terminó bien.

Hizo una pausa, levantando su mirada hacia la de Rosie. Esperó a


ver si ella tenía una respuesta a eso. Rosie era una mujer inteligente.
Sabía a lo que Dev estaba aludiendo, y más allá de la reacción inicial a
las noticias, no estaba tirando su servilleta y saliendo a la carrera del
restaurante.

—Emma debió de compartirlo con Sabrina.

—¿Por qué haría eso? ¿No sabía cómo se sentía Sabrina acerca de
Gabe?

—Emma era un alma muy buena, el tipo de persona que creía lo mejor
de las personas, y desafortunadamente eso no siempre funcionaba a su
favor. Su confianza en Sabrina le dio la ventaja. Sabía cosas acerca de
Gabe que podían ser un problema, y Lawrence estaba presionando por
que un Harrington se casara con un De Vincent, incluso entonces.
Sabrina quería a Gabe y hubiera usado lo que sabía para forzarlo. Estaría
atascado con ella, y eso era… inaceptable para mí.

Las cejas de Rosie se juntaron.

—Espera un segundo. ¿Tú…? —Puso sus manos sobre la mesa—.


¿Accediste a estar con ella así dejaría de ir detrás de Gabe?

Incómodo, se movió en su asiento.

—Estaba con ella porque creía que la unión de nuestros negocios con
los de su familia sería un esfuerzo inteligente.

—¿Y porque alejaría su atención de Gabe? —insistió.

—Bueno, pensé que lo haría, pero realmente no lo hizo al final.


Sabrina seguía obsesionada con Gabe. Sabes lo que pasó entre Nikki y
Parker. —Cogió su agua—. Y es peor que eso.

—¿Cómo puede ser algo peor que Parker atacando a Nikki? —


susurró.

—Parker le dijo algo a Nikki durante el ataque que nos deja con la
impresión de que ellos tuvieron algo que ver con el accidente de Emma.

Rosie puso la mano sobre su boca.

—Querido Dios…
—Por suerte, Parker ya no está y… no creo que Sabrina vaya a seguir
siendo un problema.

—¿Fueron todos a la policía con esa información? —preguntó e


inmediatamente después puso los ojos en blanco—. Cierto. Los De
Vincent no van a la policía.

—No normalmente. Aparte, ninguno de nosotros quería a Nikki más


envuelta de lo necesario y Parker está muerto y Sabrina…

—¿Está en algún lugar fuera de aquí? —Levantó su vaso de vino—.


Ella no debería estar ahí fuera, esperando para convertirse en la pesadilla
de otra persona.

—Estoy de acuerdo, pero justo acabo de enterarme que Sabrina está


muerta. Las noticias todavía no han salido, pero estoy seguro de que lo
harán pronto.

—¿Qué? —Sus ojos se ampliaron.

Dev le contó una versión de alguna manera editada de lo que sabía.

—No sé lo que le sucedió —dijo, e incluso aunque era parte la verdad,


había un sentimiento de culpa. Algo que nunca había sentido antes.

—No sé qué decir. Lo siento por la familia de ella y Parker, pero no


puedo… No puedo encontrar ninguna simpatía en mí por ella o por su
hermano. Ambos suenan como unos seres humanos terribles. —Tomó un
sorbo—. ¿Gabe sabe esto? ¿Por qué estabas realmente con ella?

—Como dije, estaba…

—Lo que dijiste es una mierda, Devlin. A lo mejor parte de la razón


era por la compañía de su familia, pero estabas intentando salvar a tu
hermano de un futuro terrible… sacrificando el tuyo propio. Eso es
bastante… impresionante.

Sintiendo su cara caliente, miró hacia otro lado.

—No soy un caballero blanco, Rosie. O alguna clase de ser humano


altruista.

—Lo sé. —Lo estudió por un momento—. Hay todavía algo que no
entiendo. Si Sabrina estaba obsesionada con Gabe, ¿por qué estaría
contigo? Quiero decir, sin ofender, pero…

—No me ofende. —Dev tuvo que pensar realmente cómo responder a


una pregunta de la que no estaba muy seguro—. Creo… Creo que Sabrina
pensó que casándose conmigo estaría más cerca de Gabe. Que la
proximidad trabajaría eventualmente a su favor. Suena completamente
ridículo.

—Lo hace. —Rosie asintió.

—Pero obviamente no veía las cosas de la manera en la que eran


realmente. Sabrina estaba echada a perder por sus padres. Igual que
Parker. Supongo que pensó que eventualmente conseguiría lo que quería.
—Levantó un hombro—. ¿Además de eso? Honestamente no lo sé.

Rosie le miró fijamente durante un largo momento y después susurró:

—Todos ustedes… todos ustedes, gente rica, son simplemente raros.


Legítimamente raros.

Sucedió.

Solo una pequeña curvatura de sus labios, pero rápidamente se volvió


una pequeña sonrisa que se convirtió en una gran sonrisa. Dev rio. Echó
su cabeza hacia atrás y rio sonoramente y no le importó quien le vio o le
escuchó.

Ella estaba sonriendo hacia él cuando la miró de nuevo.

—Tienes una buena risa —dijo ella—. Deberías hacerlo más a


menudo.

—Sí, debería —dijo, siendo consciente de las miradas en ellos de


nuevo—. Así que, ¿lo que te he dicho no te molesta?

Rosie no respondió inmediatamente.

—Siento que es una pregunta malintencionada.

—Lo es.

El rizo cayó de vuelta a su mejilla.

—Intento no juzgar a las personas, especialmente cuando involucra


cosas malas que le pasas a gente mala. A lo mejor eso me hace una mala
persona, pero no puedo estar demasiado destrozada cuando un violador
se encuentra con un final desagradable.

Sorpresa parpadeó sobre él.

—¿En serio?

Ella levantó un hombro.


—Tengo esta rara opinión en este tipo de cosas con las que un montón
de gente está en desacuerdo. Quiero decir, creo que hay algunas personas
que han perdido su derecho a vivir una vez que toman otra vida o hacen
algo atroz que va más allá de la decencia humana, pero al mismo tiempo,
me pregunto si cualquier humano tiene el derecho de decidir tomar otra
vida. Voy hacia atrás y hacia delante en esto. Creo… Creo que a veces es
entendible que cuando alguien a quien quieres es herido horriblemente
esa persona tiene una ruptura, se rompen. La psicosis es una cosa real
y las buenas personas la experimentan bajo extrema angustia. Y la gente
es rara.

Eso parecía quedarse corto.

—Algunos de los libros, películas y programas de televisión más


populares presentan justicieros, ya sea una persona corriente de al lado
o un superhéroe. La gente ama ese tipo de cosas, donde los chicos malos
consiguen ser derribados por la violencia o por el sistema legal. Y si, es
ficción o inventado, pero lo que la gente disfruta habla de sus deseos
básicos y fantasías. Cuando tienes un padre que va tras un acosador, ese
padre es vitoreado. Quiero decir, mira el Antiguo Testamento. Ojo por ojo
y todo eso. Eso no significa que ir por ahí fuera matando gente está bien,
pero no se… como dije, a veces puedes entender porqué algunas personas
han hecho eso. La gente es rara y son complicados. —Rosie le miró—. Un
montón de cosas existen en un área gris. Algunas personas simplemente
no quieren reconocer eso.

Dev no estaba seguro de qué decir.

—De todas maneras, los postres aquí se ven alucinantes, pero estoy
llena. —Sus labios se torcieron cuando sonrió—. Ese fue un cambio de
tema bizarro, ¿verdad?

Él ladró una risa corta.

—Aunque funcionó. Por cierto, el chocolate es mi debilidad.

Rosie levantó una ceja.

—¿En serio?

Los labios de Devlin se torcieron.

—Sí. Intento comer saludable, pero pon una tableta de chocolate


delante de mí, y me la comeré entera.

Rosie sonrió.
—Sigo sin hacerme la imagen de ti comiendo bombones o teniendo
un alijo secreto de chocolate en tu gaveta.

—Estarías sorprendida.

Su mirada se encontró de nuevo y se mantuvo.

—Así que, ¿postre?

Dev sabía qué tipo de postre quería y no era nada que ofrecieran en
el menú.

—No quiero postre —dijo.

Rosie no apartó la mirada.

—¿Qué es lo que quieres?

—Quiero que vengas a casa conmigo.

No hubo ningún momento de duda cuando dijo:

—Sí.

Rosie nunca había visto la mansión De Vincent por la noche. De


hecho, solo había visto la sección en la que vivía Gabe y la parte que
Richard la había llevado cuando trajo los artículos que encontró en el
armario a Devlin.

Ella preguntó acerca de estas cosas en el viaje a su casa, si había


encontrado algo acerca de ellos. Él le dijo que había sido capaz de cargar
el iPad y desbloquearlo, pero no elaboró más allá de eso. Rosie no sintió
que se estaba conteniendo por desconfianza, sino más bien que era algo
de lo que no quería hablar en ese momento, y por eso, no podía culparlo.
Su conversación ya se había vuelto bastante oscura durante la cena, y
ahora no quería que más oscuridad se colara en la noche.

Y a pesar de que no había amor perdido entre Devlin y Sabrina,


sospechaba que todavía estaba procesando las noticias de su muerte.

Cuando salió del garaje y esperó a que Devlin se uniera a ella, no


pudo sobreponerse de lo silencioso que estaba allí.

—Esto es un poco loco.


—¿El qué? —Devlin se unió a ella.

Escudriñó las luces del suelo. Se había encendido un foco cuando se


acercaron al garaje y había iluminación paisajística salpicando la
propiedad. Había luces exteriores colocadas entre las ventanas de todas
las plantas, lanzando un suave resplandor apagado que daba justo lo
suficiente para encontrar tu camino. Incluso ahora, podía ver toda la
hiedra escalando por la casa.

—Simplemente es tan silencioso.

—Un circo sería silencioso comparado con lo que debes escuchar


cada noche donde vives.

Rosie rio mientras le echaba una mirada. Estaba de pie con su


espalda en las sombras y era como si casi pudiera filtrarse dentro de
ellas, desapareciendo.

—Cierto, pero escucha. Ni siquiera escucho insectos o animales.

Devlin estuvo en silencio por un momento.

—Ja. Estás en lo cierto. Nunca había notado eso antes.

—¿En serio? —Rosie pensó que eso era algo que notarias de
inmediato—. ¿Cómo no puedes notar eso?

—Crecí aquí —le recordó—. Esto es normal para mí.

Ese era un buen punto, pero Rosie no pudo suprimir el escalofrío que
bailó sobre su piel. Era común que los animales y los insectos evitaran
lugares con un montón de actividad espiritual.

Sin decir una palabra, Devlin tomó su mano y la dirigió a la escalera


exterior de atrás. Su mano era fría contra la de ella, su agarre firme, y
por alguna razón, se encontró sonriendo como si tuviera dieciséis de
nuevo solo porque él estaba sosteniendo su mano.

—La cena estuvo bien —dijo ella mientras subía los amplios
escalones.

—¿Solo bien?

—Bueno. Ha estado más que bien.

Él apretó su mano y ella sintió eso en su pecho.

—Estoy esperando.
Lo miró cuando llegaron al tercer tramo de escaleras.

—¿A qué?

—A que admitas que estabas equivocada.

—¿Con qué exactamente estaba equivocada?

Casi había un tono burlón en su voz mientras decía:

—Pensaste que ibas a arrepentirte de la cena y que iba a ser un


absoluto fracaso.

Ella hundió su barbilla, sonriendo.

—No pensé que sería un absoluto fracaso.

Alcanzando el tercer el nivel, Devlin dejó ir su mano mientras


presionaba su dedo en algún tipo de aparato bajo la cerradura. Hubo un
movimiento de chasquido y la puerta estaba desbloqueada. Súper alta
tecnología, ahí.

—Sigo esperando —dijo él mientras abría la puerta y caminaba


dentro, encendiendo la luz.

—Bien, estabas en lo cierto. —Rosie rio mientras lo seguía—. ¿Feliz


ahora?

—Sí. —Lanzó las llaves del coche en una mesa de entrada estrecha y
de madera oscura—. ¿Quieres algo de beber?

—Estoy bien —dijo, mirando alrededor mientras colocaba su bolso


con perlas en la mesa al lado de sus llaves.

Su salón era del mismo tamaño que la de Gabe y seguía el mismo


diseño minimalista. Había un sofá y una gran televisión montada sobre
la pared. Con la excepción de la mesa de la entrada y la mesa auxiliar,
no había nada más. Sin pinturas. Sin asientos adicionales.

—No tienes muchos invitados, ¿verdad?

—No. —Una pequeña sonrisa apareció mientas hacía su camino hacia


una cocina equipada con las típicas cosas de las cocinas. Había un bar
completamente abastecido, y cogió una botella de lo que parecía
bourbon—. ¿Te importa si me sirvo una bebida?

—Por supuesto que no.

Se volvió hacia el bar.


—¿Es obvio que no tengo muchos invitados?

—Bueno, solo tienes un sofá y un taburete en el bar, así que… sí, es


obvio. —Rio.

—No hay muchas personas que quiera en mi espacio personal. —Se


sirvió una bebida y después dejó la botella—. Aunque te quiero aquí.

Se quedó sin aliento mientras él se giraba para mirarla.

—¿Por qué?

—Me gustas, Rosie. —Vino rodeando el bar—. Y no me gusta mucha


gente.

Ella resopló mientras ponía un rizo de vuelta detrás de su oreja.

—Nunca lo hubiera adivinado.

Devlin se rio entre dientes.

—¿Quieres ver el resto?

Rosie asintió.

Sorbiendo de su vaso, se volvió hacia su izquierda y empezó a ir por


un pasillo estrecho. Las paredes estaban también vacías.

—¿Sabes qué fue lo primero que me gustó de ti?

—¿Mi brillante personalidad?

—Sorprendentemente no —respondió, y ella sonrió a su espalda—.


Fueron las peonias.

—Ah.

Abrió la puerta al final del pasillo.

—Fue amable de tu parte hacer eso. Fuiste amable.

—Así que, ¿ahora crees que no sabía dónde estabas?

—Te debería haber creído entonces —dijo, haciéndose a un lado—.


Esto es, obviamente, un dormitorio.

Eso es lo que era, y lo supo solo por la gran cama tamaño King en
medio de la habitación. Pero como el salón, no había nada personal
acerca de las mesillas o del escritorio largo y estrecho. Sin fotos o
pinturas. Ni siquiera había un libro en la mesilla o una pieza de ropa
descansando en la cama.
—¿Realmente vives aquí? —preguntó, volviéndose hacia él.

—¿Qué?

—¿Vives aquí? —repitió, haciendo un gesto a la habitación con un


gran barrido con su brazo—. Quiero decir, es una hermosa habitación,
pero está vacía. No hay nada… íntimo acerca de ésta.

Devlin la miró fijamente por un momento y después dijo:

—Esa es la segunda cosa que me gusta de ti.

Las cejas de Rosie se elevaron.

—Dices lo que piensas. —Caminó hacia la cama y se sentó—. No


tienes miedo de decime nada. Incluso si sabes que no me gustará o si es
incómodo de oír, dices lo que piensas.

—A la mayoría de la gente no le gusta eso.

—La mayoría de las personas son idiotas.

Una risa estalló en ella.

—Vaya.

—Es la verdad. —Levantó un hombro y bebió—. Te alzas contra mí.


Te pones en mi cara. Me dices lo que no quiero escuchar, pero a lo mejor
necesito hacerlo. Eso es… único en mi experiencia.

Rosie echó un vistazo a las puertas francesas con cortinas que


dejaban salir al balcón y después su mirada cayó de vuelta hacia él.

—Estás empezando a hacerme sentir especial.

Devlin levantó su mirada hacia la de ella.

—Eres especial.

Sintiendo las mejillas cálidas, se acercó lentamente a él.

—Gracias.

Devlin no miró hacia otro lado mientras daba otro sorbo.

—Probablemente lo más especial de ti es que a pesar de cómo me he


portado contigo, sigues estando aquí. Te he dado muy pocas razones para
estar aquí, ahora mismo, conmigo.
—Eso no es verdad. —Soltando una respiración superficial, caminó
hacia él y paró delante de él—. Sí, hubo un montón de veces que no me
gustaste. Para nada.

Él se quedó en silencio silencioso mientras la miraba fijamente.

—Pero yo… siempre sentí que había más en ti que simplemente ser
un arrogante idiota.

Una sonrisa tiró de sus labios.

—Ahí. Esa pequeña sonrisa. —Sacó su vaso de su mano y lo colocó


en la mesilla de noche—. La primera vez que sonreíste delante de mí, la
primera vez que reíste, pude decir que no es algo que hagas a menudo.

—Eres muy observadora.

—Lo soy. —Colocó las manos sobre sus hombros y después se sentó
en su regazo, a horcajadas sobre él. Él hizo este gruñido bajo mientras
sus manos fueron a su cadera—. No nos llevábamos bien, pero hubo
momentos cuando lo hicimos, y durante esos momentos, yo... me
gustabas. Mucho.

—¿En serio?

—Sí. —Levantó las manos a su cara y arrastró las puntas de sus


dedos a lo largo de su mandíbula—. Todavía me gustas un montón y sé…
sé que me gustes no va a ser siempre fácil, pero quiero…

Sus manos se apretaron sobre sus caderas.

—¿Quieres que?

—Eres un montón de cosas. —Ahuecó la parte de atrás de su


cabeza—. Y te deseo. Todo de ti.

—Me tienes.

Pasó su pulgar por su suave mejilla, trazando el hueso. Su toque era


ligero como una pluma, pero ella se agitó inquieta en su regazo. La lujuria
pinchó su piel. Movió las puntas de sus dedos bajando por su garganta,
sobre su hombro. Un pequeño suspiro se escapó de ella.

Lentamente, movió su mano hacia el escote de su vestido, su palma


presionando contra el aumento de su pecho.

—Tienes todo de mí —dijo.


Rosie colocó su mano a su lado, moviéndolo hacia su espalda,
amasando las cuerdas del grupo de músculos. Él cogió sus muñecas y
las recolocó en su pecho. Antes de que pudiera registrarlo por completo,
dejó caer sus manos a su cadera y tiró de ella hacia abajo y contra él.
Todas suaves curvas presionadas contra líneas duras. Su erección,
estirada contra sus pantalones, presionada contra su núcleo, y cuando
la movió contra él en un lento y ondulante molienda, ella jadeó y se puso
rígida.

—Te deseo. —Sacudió su cadera de nuevo. Sus siguientes palabras


salieron como un bajo y duro gruñido—: Te deseo toda tú esta noche.

Sus caderas rodaron de nuevo, y bajó su cabeza, moviendo sus labios


a través de la mejilla que había acariciado un momento antes.

—Entonces tómame.

Su mano restante se deslizó hacia arriba por donde se ensanchaba la


cadera hacia su estómago. Paró justo debajo de sus pechos, su pulgar
acariciando sobre la hinchazón. Su respiración se contuvo mientras sus
besos alcanzaban la esquina de su boca. Volvió su cabeza lentamente.
Sus labios se rozaron.

—¿Y si quiero mantenerte?

Sus dedos se curvaron en su camiseta mientras se sacudía contra él.

—Tendré que tener eso en consideración.

—¿O solo necesito trabajar más duro en convencerte?

Hundió su cabeza en el espacio entre su cuello y hombro. Bajando


sus manos a sus caderas, hociqueó su cuello. Dejó que sus manos
divagaran más arriba, casi alcanzando la cima de sus pechos, y después
sus manos se cerraron sobre sus pechos, el calor de su piel abrasándola
a través del fino material de su vestido y sujetador.

Su espalda se arqueó, presionando sus pechos contra su agarre. Él


respondió, empujando el material a un lado, exponiendo su sujetador.
Pasó su pulgar sobre el tenso pezón.

Sus ojos continuaron fijados con los de ella mientras se burlaba de


su pezón a través de la ropa. Movió su otra mano bajando por su pecho,
y los músculos de su estómago se tensaron.

—Necesito verte, tocarte… saborearte.

Sus palabras lanzaron un oscuro temblor a través de ella.


—Sí.

Moviendo sus manos hacia abajo, las deslizó bajo su vestido y


después levantó el material. Levantó sus brazos, y en segundos, el vestido
estaba descansando en el suelo. Su afilada inhalación se perdió cuando
encontró el enganche en la espalda de su sujetador y lo desabrochó. Eso,
también, se unió al vestido en el suelo.

—Eres tan hermosa. —Bajó su cabeza, moviendo su lengua


rápidamente sobre un fino pezón.

Ella gimió mientras ambas manos ahora se aferraban a los laterales.


Y entonces estaba tirando se su camiseta hacia arriba. Se rio entre
dientes mientras se separaba de su pecho dolorido y la ayudó a quitarse
la camisa. Sus ojos devoraron cada pulgada de su piel expuesta. Él
estaba desgarrado, satén estirada sobre músculos duros como rocas. Sus
manos se aplanaron contra su bajo estómago, y sus músculos se
apretaron.

Rosie levantó su mirada cuando sus dedos trazaron cada onda dura.

—Eres perfecta.

—Estoy lejos de perfecta. —Él movió su mano hacia su otro pecho.


Su lengua rotó sobre su pezón—. Eso es algo que necesitas saber.

Su cabeza volvió mientras su aliento salía en cortos jadeos.

—La perfección no es un estado constante.

Atrajo el pico rosado dentro de su boca mientras capturaba el otro


pezón entre el pulgar y el índice.

—Dios —gimió Rosie, rodando sus caderas contra él—. Ves, esto es
perfecto.

Deseo se arremolinó dentro de ella, dejándola fuera de control y


aturdida. ¿Por qué se sentía así? ¿Era más que lujuria? Pero luego su
boca tiró de su pecho y su lengua raspó sobre su pezón, y dejó de pensar.
Se trataba de sentir y las sensaciones crudas y exquisitas que le llegaban
hasta la médula, la calentaban y la humedecían. Todo lo que sabía era
que quería cada parte de él, los bordes lisos y cincelados junto con todos
los extremos ásperos y deshilachados.

Sus manos se deslizaron sobre abdominales duros como rocas que se


bajaron y se ondularon. Perfección masculina. Sus caderas se sacudieron
contra la gruesa longitud contra su núcleo. Dios, era enorme.
La levantó repentinamente y la giró, colocándola en el centro de la
cama. Su corazón se aceleró mientras se levantaba sobre sus codos y le
miraba quitarse sus pantalones y sus apretados calzoncillos cortos. En
un momento, estaba desnudo y ella…. llevaba sus tacones. Empezó a
sentarse, pero Devlin la cogió del tobillo.

—Mantenlos puestos —ordenó con voz ahumada y gruesa.

Su estómago se retorció.

Devlin alcanzó la mesilla de noche. Un cajón se abrió y un condón


aterrizó en la cama a su lado. Escaló sobre ella y entonces se bajó a sí
mismo a su lado.

Alcanzándolo, ella jadeó cuando cogió sus manos y las fijó a la cama.
Se movió sobre ella y después dejó ir sus muñecas, dejando que sus
manos hicieran un camino bajando por sus brazos y sobre sus pechos
mientras trabajaba su camino hacia abajo. Cuando capturó su pezón
entre los dientes, soltó un sollozo de nuevo, rodando sus caderas
deliberadamente contra su dureza. La tensión entre sus piernas se
construía rápidamente, robándole el aliento, sacudiéndola. Nunca había
ido por este camino antes, pero oh, oh dulce Jesús, la espiral se apretó
dentro de su vientre. Sus movimientos se volvieron casi frenéticos. Su
gruñido de aprobación quemó su piel, encendiendo el fuego mientras
levantaba su cabeza para mirarla fijamente.

Ella le alcanzó de nuevo, pero esta vez pasó sus dedos a lo largo de
su suave línea de la mandíbula. Sus ojos se encontraron, y su garganta
se tensó con una emoción inesperada.

Él hundió su cabeza mientas sus manos se deslizaron bajando por su


estómago, descansando justo debajo de su ombligo.

—Me haces desear… tanto, Rosie. No tienes ni idea.

Ella levantó la cabeza, rozando sus labios contra los de él.

—Enséñamelo.

Su gran y poderoso cuerpo tembló a su lado, y dardos calientes y


dulces de fuego corrieron por su sangre. Sus pestañas bajaron y se quedó
sin aliento mientras sus manos se deslizaban más abajo, tocándola
gentilmente.

—Solo hay un problema.


La besó y después se retiró. Su lengua de deslizó sobre sus labios,
luego dentro, haciendo coincidir el lento y lánguido empuje con sus
dedos. Los temblores comenzaron en su estómago. Los músculos se
estremecían.

—¿Qué problema? —jadeó.

—Cuando deseo algo, no lo dejo ir.

La atormentó hasta que movió sus caderas contra su mano, pero en


cualquier momento que intentaba conseguir más, tomaba el control,
mordisqueando su labio, su garganta.

—Nunca.

Esa única palabra despertó tantas emociones crudas que por un


momento se perdió. Un pequeño gemido agudo se le escapó cuando su
liberación salió de la nada. Devlin la atrajo hacia él, abrazándola mientras
su cuerpo se estremecía. El sudor cubría su piel, los músculos tensos y
rígidos por contenerse. Y luego él la giró, colocándola de lado. Usó su
muslo para separar el de ella. Ella arqueó la espalda, apretando su
trasero contra la longitud de su erección.

—¿Qué pasa si no tengo un problema con tu problema?

—No hagas una promesa que no mantendrás. —Su cálido aliento


bailó sobre su mejilla. Ahuecó su pecho, pasando su pulgar sobre el
pezón duro.

Su respiración estaba acelerada.

—No hago promesas que no planeo mantener.

Devlin se deslizó lentamente dentro de ella, pulgada por pulgada.


Había pasado un tiempo, así que le tomó unos momentos estirarla, pero
cuando lo hizo, se sintió tan increíblemente llena. Se estaba moviendo
tan profundo que se sintió como si se hubiera deshecho en una lluvia de
chispas. La fricción constante puso su cuerpo en llamas. Los golpes
lentos y constantes pronto no fueron suficientes. Más, quería más. Movió
sus caderas, y su bajo gruñido hizo que su presión sanguínea se
disparara.

—Más fuerte —susurró—. Por favor.

Las cosas que susurró en su oído mientras la ponía de rodillas y se


empujó dentro de ella desde detrás, cada empuje más fuerte y más rápido
que el anterior, probablemente podría ser clasificado como depravado,
pero estos la excitaban. Y cuando empezó a tener espasmos alrededor de
su pene, la cogió de la barbilla y forzó su cabeza hacia atrás y al lado,
reclamando su boca con la suya mientras se vaciaba a sí mismo.

—Dios, eso fue… —Devlin dejó caer su frente contra su hombro y


tembló de nuevo—. Eso fue malditamente impresionante.

—Oye —murmuró mientras envolvía sus brazos alrededor de él—.


Acordamos en algo de nuevo.

Devlin rio silenciosamente contra su hombro y luego levantó la


cabeza, besándola en la mejilla.

—Ya vuelvo.

Hizo un puchero cuando se apartó de ella y se levantó de la cama. Sin


perder la excelente oportunidad de verlo en toda su gloriosa desnudez,
rodó sobre su espalda. Lo primero que vio fue ese culo increíblemente
firme que le rogó que lo mordiera, pero luego levantó la mirada.

—Dios mío —jadeó ella, saltando para ponerse en pie.

Devlin se detuvo, mirando sobre su hombro hacia ella. La


comprensión amaneció en su oscura expresión. Se dio la vuelta, pero era
demasiado tarde. Ya lo había visto.

—Tu espalda —dijo ella, yendo rápidamente al borde de la cama. Su


espalda era un desastre de cicatrices, viejas cicatrices descoloridas que
se entrecruzaban unas sobre otras, formando un mapa perturbador de
lo que podría ser solo una cosa—. Querido Dios, Devlin, ¿qué te ha
pasado?
Capítulo 32
Traducido por Candy27

Devlin no se podía mover. No podía respirar mientras miraba


fijamente a Rosie. Se había olvidado. Mierda, había estado tan perdido en
Rosie que había recordado no dejarla tocar su espalda, pero se había
olvidado cuando se marchó.

Inmediatamente se giró, caminando hacia la puerta. A donde iba en


pelotas, no tenía ni idea, pero tenía que salir de aquí. Tenía que escapar
del horror que se estaba construyendo en los ojos de ella.

—No. No. —Saltó de la cama, completamente desnuda, y se disparó


delante de él. Sorprendido, no supo qué hacer cuando ella puso las
manos en su pecho—. Te acabo de decir que quiero todo de ti y lo que
esto sea, es una parte de ti. No puedes huir de mí ahora.

Otra ola de sorpresa hizo su camino a través de él. Abrió la boca, pero
no supo qué decir. Esto era algo que nadie veía. Esto era algo de lo que
no hablaba.

Su mirada buscó la de él mientras presionaba ligeramente su pecho.

—¿Qué te pasó?

Dev no pudo encontrar las palabras mientras su cerebro corría a


través de los años. Dio un paso atrás de Rosie y se mantuvo caminando
como si estuviera aturdido. Se sentó en la cama, su mirada siguió el
vestido que descansaba en los suelos de madera. Había sido tan
malditamente estúpido. ¿Cómo se había olvidado de su espalda? Nadie
la había visto. Nadie la había tocado. Nadie. Y ahora esta mujer hermosa,
fuerte y confiada había visto justo cuan débil había sido una vez.

—Por favor —dijo Rosie mientras se inclinaba y cogía su camisa de


vestir descartada. Deslizándose en ella, la cerró—. Por favor habla
conmigo.

A lo mejor era la manera en la que le preguntó o a lo mejor era solo


porque era ella preguntando. De igual manera, encontró una voz —su
propia voz— y expresó algo para lo que nunca antes había tenido
palabras.

—Lawrence —murmuró con voz gruesa.

—¿Tu padre? —Se sentó a su lado—. ¿Tu padre te hizo esto?

Él continuó mirando fijamente el vestido en el suelo, pero realmente


no lo veía. Veía la primera vez que Lawrence le había golpeado. Podría no
ser la primera vez. Era solo el primer recuerdo. Fue antes del incidente.
Dev había estado corriendo fuera. Lawrence se había enojado y le había
dado un revés.

—No es… Lawrence no es mi padre, Rosie.

—¿Qué? —susurró.

Era como si una especie de sello dentro de él hubiera sido partido en


dos y todo —todo— lo que había estado conteniendo fluyera a la
superficie.

—Era el padre biológico de Lucian y Madeline, pero no el de Gabe y


el mío. Obviamente eso no era algo ampliamente conocido. Infiernos,
nosotros ni siquiera lo supimos hasta el año pasado, pero ese hombre…
no era mi padre.

—¿Sabes quién era tu padre? —preguntó después de un tenso


segundo.

Dev finalmente levantó su mirada y miró a Rosie. Otra verdad de la


que no había hablado se levantó hacia la punta de su lengua.

—Creo que se quién es y ni siquiera sé si Gabe lo piensa o no. No es


algo de lo que hablemos, pero creo… creo que nuestro padre es Stefan.

Los ojos de Rosie se ampliaron.

—Retorcido, ¿no es así? —Ladró una risa corta y sin humor—. Es la


única cosa que tiene sentido para mí. Ambos Gabe y yo nos vemos muy
parecidos a Lawrence y Stefan. Infiernos, soy prácticamente la viva
imagen de ellos cuando eran más jóvenes. Lucian y Madeline obviamente
salieron a nuestra madre y sé que mi teoría no es exactamente científica,
pero si estoy en lo correcto, es Stefan.

Lentamente Rosie sacudió su cabeza.

—¿Hay alguna otra prueba experta?


—No. Podríamos encontrarla, pero… si hay algún registro de quién
era el hijo de quién, eso podría afectar a un montón de cosas. Lucian
podría acabar con la compañía, y no quiere eso. Se la he ofrecido, pero
no quiere ese tipo de vida.

—Aunque eso fue… eso es enorme por tu parte ofrecérselo.

Dev presionó sus labios juntos. ¿Realmente era así? No lo creía, no


cuando había días que no desea nada más que dejar toda esta mierda
detrás.

—Ahora tiene sentido. El porqué nunca te he escuchado llamarlo


Padre o Papá —dijo y después agregó—: ¿Qué te hizo Lawrence?

—¿Qué no hizo? —Otra risa corta y dura—. Siempre supo que no


éramos sus niños y creo que nos odiaba por ello, y por alguna razón,
odiaba a Lucian y a Madeline incluso más por ser sus niños. El hombre
era un sociópata. —Inclinando su cabeza hacia atrás, cerró los ojos—.
Perdía su temperamento bastante fácilmente y si estaba cerca, no
terminaba bien. ¿El día que casi muero o morí? Me golpeó y perdí el
equilibrio, golpeándome la cabeza con el borde de su escritorio. Besson,
el padre de Nikki, me había encontrado y me proveyó de resucitación
cardiopulmonar.

—Espera. ¿Estás diciendo que Lawrence causó eso y ni siquiera llamó


por ayuda? ¿No intentó ayudarte?

—Nop. Aparentemente salió de la oficina y Besson estaba justo


pasando cuando me vio. —Dev arrastró una mano a través de su pelo—.
Él no sabía exactamente lo que había pasado y yo no dije nada cuando
me llevó al hospital. Todo el mundo simplemente asumió que me había
caído como los niños hacen a menudo y golpeé mi cabeza.

—Pero… pero no paró ahí, ¿no? No pudo haberlo sido.

—Sabes, la cosa rara es que de hecho paró… hasta que Lucian y


Madeline nacieron, y luego… sí. —Bajó su mano—. A medida que yo
crecía, sabía cómo él era, así que me quedé cerca, porque era… era el
mayor. Las cicatrices son de la noche que me metí en problemas en la
escuela, cuando Gabe y Lucian intentaban escabullirse. Lawrence estaba
furioso. Yo era el mayor, el que tenía que dar ejemplo, y cualquier mierda
que vomitara cuando lo descubriera. ¿Quién sabía que un cinturón
podría dejar tantas cicatrices?

—Dios, Devlin, lo siento tanto…

—No. No quiero tu compasión o pena.


—Tienes mi compasión.

—Era mi trabajo protegerles…

—No era tu trabajo, Devlin. Ese no es el trabajo de un niño.

Su mirada se disparó hacia la de ella. No era como si no se diera


cuenta de ello ahora, pero todavía era duro sacudirse el papel.

—Si no hubiera sido el que se llevara la peor parte de ello, él lo


hubiera hecho peor para ellos. Lo sé.

La mirada de Rosie se movió sobre su cara.

—¿Cómo diablos los padres de Nikki no vieron esto? ¿No supieron


que esto estaba pasando?

—Lawrence era muy bueno escondiendo lo que hacía, Rosie. Ellos no


tienen la culpa. Nunca he hablado. Era demasiado débil y estaba
demasiado asustado para decir una maldita cosa. Podría haberlo parado.
Podría…

—Querido Dios, Devlin, no eras débil. Eras un niño. —Ahuecó su


mandíbula, forzándole a mirarla cuando empezó a echarse hacia atrás—
. No pongas esto sobre ti. Está todo en el maldito monstruo quien estoy
contenta de que esté muerto.

Sus labios se torcieron.

—Eres un poco sanguinaria.

—No tienes ni idea. —Suavizó con su pulgar su mandíbula—. Hay


unas cuantas cosas en la vida que me enfurecen. Abusadores.
Acosadores sexuales. Esos que toman ventaja de otros. —Hizo una
pausa, arrugando la nariz—. Y dueños de mascotas irresponsables. Más
o menos en ese orden en la escala de ira.

Dev dobló su mano alrededor de su muñeca.

—Nadie ha visto estas cicatrices.

—¿Ni siquiera tus hermanos?

Sacudió su cabeza.

—Nunca he estado sin camisa alrededor de ellos. —Llevó su mano a


la boca. Besó su palma—. Las veces que he estado con Sabrina o con
cualquier otro, nunca he estado completamente desvestido. Siempre he
sido cuidadoso.
—Estoy contenta de que no lo fueras esta vez —susurró—. No puedes
ocultarlas para siempre, Devlin. Te comerá vivo.

¿No le había comido vivo ya?

Cerrando los ojos, él besó las puntas de sus dedos.

—Lo que Lawrence me hizo ni siquiera era lo peor, Rosie. Estaba


envuelto en algunas cosas horribles. Te lo he dicho antes, pero no tienes
ni idea.

Tragó mientras se inclinaba hacia él.

—Entonces dímelo.

Dev abrió los ojos mientras bajaba su mano a su muslo.

—Mis hermanos no saben nada acerca de esto y quiero que siga de


esa manera. No quiero que sepan en lo que estaba envuelto, porque se
está manejando. Me he asegurado de ello.

—No diré nada y no traicionaré tu confianza así.

Le creyó. Por primera vez, le creyó sin vacilación.

—Lawrence, uno de los hombres más ricos del mundo, estaba


envuelto en tráfico de personas.

—Dios. —Rosie levantó su otra mano hacia su boca mientras sus ojos
se llenaban con horror—. Oh Dios.

—Antes de que muriera, empecé a sospechar que estaba envuelto en


algo. Había viajes extraños que tomaba y depósitos que parecían raros
para mí. Tomó meses de un contable forense filtrar a través de la mierda.
Creo que eso es lo que Andrea Joan había descubierto.

—Así que, ¿Stefan está involucrado también?

—Ya sea que lo esté o era consciente, y Andrea confió en la persona


equivocada. Eso es lo que había en su iPad. Evidencias —dijo—. Fue a
Lawrence, ¿cierto? Eso es lo que Ross declara. Si es así, caminó
directamente hacia la víbora.

—Eso es terrible. —Sus ojos brillaron—. Querido Dios, ni siquiera sé


qué decir. Yo…

—¿Qué puedes decir? Es… es jodido. La peor parte es que tantas


personas están envueltas, ya sea activamente o cubriéndolo. —Dev pensó
en el viejo jefe de policía quien había encontrado un… destino
inoportuno—. La evidencia que Andrea había recogido implica a un
montón de gente y esa evidencia está siendo dada a las personas
apropiadas. No va a pararlo, pero…

—Pero va a hacer caer a un montón de gente mala y eso es importante


—insistió—. Esto es enorme, Devlin, y tú vas a ser la razón. Tú y Andrea
y cualquier otro que esté intentando hacer lo correcto.

Pero Dev no había hecho siempre lo correcto. A lo mejor hizo lo que


consideraba necesario, ¿pero lo correcto? Eso era debatible.

—No lo sabes todo, Rosie.

—Entonces dímelo todo. Mira, si podemos hablar de esto mientras


estás completamente desnudo y yo estoy vistiendo tu camisa, podemos
muy bien hablar de cualquier cosa.

Eso trajo una sonrisa a su cara.

—Buen punto.

—Siempre tengo buenos puntos. —Inclinándose, le besó y fue


demasiado rápido—. Devlin, puedo manejar lo que sea que tengas que
decir.

¿Podría? No estaba seguro.

—No te merezco.

—¿Qué? —Intentó tirar de su mano, pero él la mantuvo—. No digas


eso.

Dev había terminado con las mentiras —todas ellas— y sabía que, si
compartía esto, había una buena posibilidad de que esta verdad pudiera
causar que pierda a Rosie antes incluso de realmente tenerla. Tomó una
profunda respiración, sabiendo que tenía que decírselo si había cualquier
esperanza de un futuro.

Elevó su mirada a la de ella.

—No fui yo en el cementerio ese día.

La confusión nubló la cara de Rosie mientras le miraba de vuelta.

—¿Qué?

—No era yo. Ese era mi gemelo.


Capítulo 33
Traducido por Mais

El cerebro de Rosie se apagó durante varios segundos. Así se sentía


mientras lo miraba.

Él dijo su nombre y cuando ella no respondió, preocupación se


visualizó en su rostro.

—Di algo. Me estás preocupando.

Ella parpadeó.

—¿Tienes un gemelo?

Él asintió.

—Sí.

Rosie abrió la boca y luego la cerró. Varios segundos pasaron.

—No lo entiendo.

Esto no tenía sentido para ella. De todas las cosas que había
compartido con ella, esta era la única cosa que no podía entender. Lo que
acababa de descubrir sobre su padre era sorprendente. Lo que pensaba
mientras Devlin le contaba era incluso más desconcertante, porque
mientras Devlin hablaba, pensó… Dios, pensó que realmente podría
haber sido él.

Que Devlin había matado a Lawrence.

Y seguía allí sentada, no horrorizada por sus sospechas sino por cómo
no la había molestado. Cómo no estaba mirando a alguien que podría
haber matado a otra persona y sentir nada más que horror. Cómo sentía
simpatía por todo lo que Devlin había sufrido y había lidiado para
proteger a sus hermanos. Mientras le contaba en lo que Lawrence había
estado metido, había una gran parte de ella que había entendido porqué
hizo lo que hizo.

¿Qué decía eso de ella?


Su entrenamiento y educación sugerían que podría tener problemas,
¿pero cómo podía odiar o temer a un hombre que había detenido a
alguien inexplicablemente malvado? ¿Cómo podía estar bien con eso?
Que alguien hubiera sido malo, no justificaba ser igual, pero a veces… a
veces sí lo hacía.

Como había dicho durante su conversación de la cena, la vida


usualmente existía en un área gris para gente como los De Vincent.

Pero era esto lo que la había movilizado por completo. ¿Tenía un


gemelo? ¿Y no había sido él en el cementerio? Sintiéndose entumecida,
se apartó y esta vez, Devlin la dejó. Necesitando tiempo para pensar, se
levantó de la cama, aferrándose a los bordes de su camisa.

—Voy a necesitar una detallada y profunda explicación de esto —dijo,


caminando de un lado a otro mientras sostenía la camisa—. Porque estoy
confundida. Acabas de decir que las peonias eran una de tus cosas
favoritas…

—Lo son. —Se levantó y recogió sus pantalones, colocándoselos, pero


dejándolos sin abrochar—. Solo que no me las diste a mí. Ni siquiera
estaba en la ciudad todavía. No volví hasta esa tarde. Ni siquiera sabía
que él estaba aquí, pero fue al cementerio a ver la tumba de nuestra
madre. Me dijo que se encontró con alguien. Lo entendí cuando te vi al
día siguiente.

Ella dejó que su mente entendiera eso.

—Por eso no me reconociste primero.

—La mañana en tu departamento fue la primera vez que te vi, Rosie.

Un pensamiento horrible se le ocurrió y su estómago dio vueltas.

—¿Hay otras veces donde pensé que estaba lidiando contigo y no fue
así?

—No. Absolutamente no. En cualquier otro momento, fui yo. Cien por
ciento.

Quería creer eso.

—¿Y cómo siquiera sé que es cierto?

—No tengo razón para mentirte ahora —dijo, sentándose de vuelta—


. Te lo dije porque quiero… quiero un futuro contigo Rosie, y para tener
eso, necesito contarte todo.
Dios, quería eso también. Realmente lo hacía, pero necesitaba más
información de esto. Necesitaba entender cómo Devlin pudo haber
escondido algo como esto.

—¿Tus hermanos no lo saben?

—No. Lo descubrí apenas en la primavera. Mi hermano… su nombre


es Payton. El hombre que lo adoptó le contó la verdad. Descubrí que la
mujer que lo crió murió hace unos años atrás, y luego su padre enfermó.
Le dijo antes que muriera que había sido adoptado y que tenía hermanos.
Payton me encontró, y al principio, no le creía, pero me envió una foto.
Somos casi idénticos, Rosie. Creo que si estuviéramos lado a lado,
podrías notar la diferencia, pero…

El corazón de Rosie estaba golpeando en su pecho.

—¿Cómo terminó siendo adoptado?

—Ni siquiera sabía que tenía un gemelo. Ninguno de nosotros lo


sabía. Mi madre nunca lo mencionó. Lawrence sin duda nunca lo supo,
y los Besson, los padres de Nikki, solo comenzaron a trabajar para
nuestra familia poco después que yo nací. No tengo idea cómo Payton
terminó siendo adoptado, pero sé sin duda que fue Lawrence quién lo
hizo. Quizás fue porque sabía que no éramos sus hijos. Tal vez solo era
un imbécil psicótico que lo hizo solo porque podía. No lo sé y nunca lo
sabré. Tampoco Payton. —Enojo endureció su tono—. Pero Lawrnce tomó
eso de ambos. Éramos gemelos, Rosie, y yo siempre sentí… siempre sentí
como que me faltaba algo, ¿sabes? Crecí pensando que era porque casi
morí. Que quizás volví errado o algo, pero creo… creo que es porque tenía
a esta persona ahí afuera que era parte de mí, de alguna forma.

Querido Dios.

Rosie se giró, tragando con fuerza. Obviamente no sabía lo que


significaba tener un gemelo, pero tenía una hermana y si hubiera
descubierto sobre Bella después de todos estos años, estaría
desconsolada, especialmente si no hubiera razón para la separación.
¿Pero estar separada de un gemelo? Sabía que había un vínculo intenso
forjado en el útero y había visto muchos estudios de gemelos separados.
Muchos habían pasado su vida entera sintiéndose como si les faltara una
parte de ellos mismos.

—Payton explicó eso cuando su padre murió, le contaron sobre


nosotros. Hubo una clase de relación entre Lawrence y la familia que
adoptó a Payton. Qué, no sabemos, pero vivió en esta pequeña ciudad en
Nebraska. Creció allí. No escuchó de nosotros hasta que su padre se lo
contó. —Devlin tomó aire, afligido—. No les conté a mis hermanos porque
Payton me pidió que no lo hiciera, no hasta que estuviera listo. Tenía
que… tenía que honrar eso.

Rosie lo enfrentó mientras una presión se aferró a su pecho y retorcía


sus entrañas. Esta familia era… era un desastre. No, se corrigió a sí
misma. Un hombre era un desastre y casi arruina a la familia completa,
y ese hombre no era Devlin.

Él aspiró profundamente.

—Él de hecho está en la ciudad, quedándose en mi casa en Port. Mis


hermanos ni siquiera saben que tengo una casa allí. Es simplemente un
sitio al que voy cuando quiero escapar. No sabía que Payton vendría de
nuevo. Se hubiera ido después que lo viste en el cementerio, pero dijo…
—Se calló, sacudiendo la cabeza.

—¿Qué? —preguntó ella—. ¿Qué dijo?

—Dijo que tenía un mal presentimiento. Que necesitaba estar aquí.

Ella consideró eso.

—Hay un montón de investigación que dice que los gemelos


comparten este vínculo que les ayuda a saber cuándo el otro está
pasando por algo. Tal vez es eso.

—Tal vez —murmuró él.

Rosie se quedó en silencio mientras trataba de procesar todo lo que


él le había dicho.

—No sé qué decir o qué pensar. Pero tus hermanos van a estar
enojados, Devlin.

—Lo sé. —Suavizó sus manos a través de sus rodillas—. Y tendré que
lidiar con eso.

Mirándolo un poco más, apartó la mirada.

—La primera vez que te conocí ni siquiera eras tú. Fue una mentira.

—Todo después de eso no lo fue. Viste lo peor de mí. Viste lo mejor de


mí, y has visto partes de mí que nadie más ha hecho. —Se levantó,
dejando que sus manos caigan a sus costados—. Y sé que esto va a sonar
por ahí, y este no es el momento indicado, pero creo… no, sé que lo que
siento…
—¿Dev? ¿Estás allí? —Golpes sonaron en una puerta cercana,
ocasionando que Rosie salte y se gire—. Necesitas salir aquí. Ahora.

Devlin maldijo mientras su mirada giraba de Rosie hacia la sala de


estar.

—Lo siento. Es…

—Está bien. —Rosie retrocedió.

Él dudó por un momento y luego salió de la habitación como un león


enjaulado. Ella se dio vuelta para mirarlo. Sus ojos se ampliaron.

—Espera.

Deteniéndose, él se giró.

—Tu espalda. Estás sin camisa. —Apresurándose hacia él, se quitó


la camisa y se la entregó—. Toma.

El rostro de Devlin empalideció, pero luego su mirada bajó y todo


sobre él se calentó.

—Dios —gruñó, yendo hacia adelante. Envolviendo una mano


alrededor de su nuca, la besó con fuerza, profundamente—. Lo siento.

Ella se quedó un poco mareada cuando él la dejó ir y retrocedió,


enterrando sus brazos en su camisa.

—Gracias —dijo él, y luego se dio vuelta, haciendo su camino por el


pasillo.

Rosie lo observó durante unos segundos más y luego se giró.


Rápidamente encontró su sujetador y sus bragas, se los colocó y luego se
puso su vestido. Por suerte, no estaba muy arrugado. Recogiendo sus
zapatos, empezó a salir de la habitación, realmente sin tener idea de lo
que iba a hacer. ¿Llamar a un Uber? ¿Quedarse y esperar? Necesitaba
tiempo para realmente procesar todo lo que acababa de descubrir, pero…

—¿Qué quieres decir con que Stefan está aquí? —Devlin sonaba
furioso—. ¿Cómo diablos entró a la casa?

—No tengo idea. —Ese era Lucian—. Pero estaba en tu oficina. Gabe
apenas se estaba yendo donde Nikki cuando lo vio.

—¿Qué diablos? —explotó Devlin mientras Rosie entraba a la sala de


estar.
Lucian estaba de pie en la puerta y no podía verse más sorprendido
que si un fantasma se hubiera acercado detrás de Devlin. Mágicamente,
él logró no comentar en su apariencia desordenada.

No es que tuviera oportunidad.

Devlin estaba fuera de la puerta y Lucian justo detrás de él. Rosie se


quedó allí durante un rato, insegura de qué hacer, pero instinto accionó.
Algo que no podía explicar. Dejó caer sus zapatos en el suelo y los siguió,
alcanzándolos en el largo pasillo.

Ninguno de ellos dijo algo, pero Lucian se volteó a mirarla. Supuso


que si no querían que los siguiera, dirían algo.

El pasillo superior era una nube de puertas cerradas y el segundo


piso estaba igual, solo menos de éstas. Más arriba, vio las puertas dobles
abiertas y escuchó voces viniendo del interior de la habitación.

—Necesitas salir de aquí —estaba diciendo Gabe—. Esto es


inaceptable.

—Soy familia. ¿No se me permite estar aquí?

—¿De noche, cuando no has sido invitado? —respondió Gabe—.


Infiernos, no.

El estómago de Rosie se apretó mientras Devlin entró de golpe a la


oficina.

—¿Cómo entraste aquí? —demandó Devlin, entrando de golpe a su


oficina—. No tienes las llaves de esta casa, y menos de mi oficina.

—Por supuesto que tengo llaves —respondió Stefan, y cuando ella se


acercó a la puerta abierta, vio al hombre alto caminar hacia un pequeño
sofá. En la mesa de enfrente había una botella de bourbon y dos vasos.

En cualquier otro momento hubiera revisado la oficina de Devlin, pero


estaba con curiosidad sobre lo que sucedía abajo.

—¿Cómo conseguiste las llaves Stefan? —preguntó Devlin de nuevo.

El senador se sirvió un vaso mientras Lucian caminaba hacia la mesa


de Devlin y se sentaba, colocando sus piernas en lo alto como si ésta
fuera una noche normal de un martes.

Stefan arqueó una ceja cuando su mirada pasó a Devlin hacia donde
estaba Rosie.

—Supuse que estarías muy ocupado, Devlin. Algo decepcionado de ti.


Ella jadeó mientras Devlin se acercaba hacia Stefan.

—No le hables o la mires. Necesitar decirme… ¿por qué diablos


estabas en mi oficina?

—Quería pasar tiempo contigo. —Buscó el vaso que se había


servido—. Estabas ocupado. Entendible. Escuché que ambos fueron a
Firestones esta noche. Qué sorprendente, considerando que nunca…

—Responde mi maldita pregunta —interrumpió Devlin.

Rosie se quedó ahí mientras Gabe pasaba más allá de ella,


sacudiendo su cabeza. Dijo algo a ella sobre alejarse, pero estaba rígida.
Algo la estaba molestando mientras observaba a Stefan recostarse y
levantar el vaso de bourbon con su mano izquierda. La luz brilló fuera de
su reloj de oro, atrapando su mirada.

De pronto, pensó sobre su lectura con Sarah. ¿Qué había dicho ese
espíritu?

Él no debería de estar muerto.

Su mirada se quedó atrapada en la mano de Stefan mientras los


hermanos y él discutían. Entonces, lo entendió, movilizándola hasta la
médula.

No había sido el espíritu de Lawrence tratando de venir a través de


Sarah esa noche.

—Oh Dios mío —susurró Rosie, levantando su mirada hacia el rostro


del hombre. Gemelos idénticos. Al igual que Devlin y su hermano—. Ese
no es Stefan.

Devlin se giró hacia ella.

—¿Qué?

—Ese es Lawrence. Mira su reloj. —Horror amenazaba con ahogarla—


. Stefan usa su reloj en la otra muñeca. Eso es lo que Ross me dijo. Así
es cómo era capaz de distinguirlos. Este es Lawrence.
Capítulo 34
Traducido por AnamiletG & Ezven

Dev se volvió hacia Stefan, con la mirada clavada en su muñeca. Rosie


tenía razón. El reloj estaba en la muñeca equivocada, pero eso solo no
podía significar…

Dev levantó su mirada hacia la cara de Stefan. Todo en él se rebeló


ante la idea de que este hombre frente a él era Lawrence.

El aludido arqueó una ceja a Devlin por su pereza y arrogancia en el


sofá.

—¿Qué? —Lucian se echó a reír—. Este es definitivamente Stefan, el


torpe senador.

Gabe sonrió con suficiencia mientras se recostaba en su silla,


cruzando los brazos.

—Devlin —susurró Rosie, arraigada a donde estaba junto a la


ventana.

No había manera. Su corazón dio un vuelco en su pecho mientras


miraba al hombre. Este no podría ser Lawrence, porque si lo fuera,
entonces eso significaría...

De repente pensó en lo que Rosie le había dicho sobre el espíritu que


supuestamente le llegó. Que había afirmado haber sido asesinado, pero
no solo eso, había dicho que el espíritu había dicho que no se suponía
que fuera él.

Mierda, ¿era posible que el espíritu de Stefan hubiera aparecido? ¿Y


realmente estaba empezando a creer en un médium psíquico?

—Te ves como si un fantasma hubiera caminado sobre tu tumba —


señaló Stefan, inclinando la cabeza—. ¿Necesitas sentarte, Devlin?

Su ritmo cardíaco se aceleró cuando una sensación de temor lo llenó.


Sus pensamientos corrieron, y terminaron el día que Nikki les trajo té.
¿Qué le había dicho Stefan?
Veo que algunas cosas nunca cambian. Stefan había dicho eso y más.
Todavía eres incapaz de no hacer ruido.

Hormigueos agudos bailaron a lo largo de la nuca. Stefan nunca le


había prestado atención a Nikki cuando era niña. Lawrence, por otro
lado, no podía soportar cuánto ruido hacía incluso cuando la niña apenas
emitía un sonido. Y Lawrence… siempre había estado observando a Nikki,
prestando demasiada atención a la joven.

—Quiero ver tu reloj —exigió Dev—. Ahora.

Stefan se rió mientras se inclinaba hacia adelante, colocando su


bourbon sobre la mesa.

—¿Por qué quieres ver eso?

Gabe se giró en su asiento hacia Dev.

—¿Tú no eres…?

—Déjame ver tu reloj —repitió Dev—. Ahora.

La risa y la sonrisa se desvanecieron de su rostro cuando se echó


hacia atrás.

—Ya sabes lo que vas a encontrar.

Conmoción atravesó a Dev, congelándolo por un momento.

—¿Qué vas a encontrar? —demandó Gabe, volviéndose hacia el sofá.


Comenzó a levantarse.

—Las iniciales. —Stefan desenganchó los cierres de su reloj y lo


atrapó mientras se deslizaba. Le arrojó el reloj a Lucian, quien lo atrapó
con facilidad—. Quiere saber cuáles son las iniciales.

Con las cejas juntas, Lucian le dio la vuelta al Rolex en la mano. La


sonrisa desapareció de su rostro.

—Rosie —dijo Dev suavemente—. Necesitas irte.

—No, creo que necesita quedarse. —El bastardo del sofá levantó las
cejas.

—¿Lucian? —Gabe se había vuelto hacia su hermano—. ¿Qué dicen


las iniciales?

Lucian lentamente retiró las piernas del escritorio y dejó caer los pies
al suelo.
—LDV…

Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Dev cuando se volvió


hacia Rosie.

—Por favor. Necesitas…

—Ella no va a ninguna parte.

La voz de Rosie salió como un susurro:

—Devlin…

—¿Qué demonios? —explotó Gabe y Dev se dio la vuelta.

La furia se vertió en él cuando vio que el hombre que creía que era
Stefan tenía un arma.

—Lawrence De Vincent. —Lucian dejó caer el reloj como si le quemara


la piel y levantó la vista. El horror llenó su expresión.

—Tonto de mi parte, ¿verdad? Pero era un Rolex hecho a medida.


Simplemente no podría separarme de eso. —La lenta sonrisa que se
extendió por su rostro era cien por ciento Lawrence.

Querido Dios, ¿cómo sucedió esto? ¿Cómo ninguno lo vio? ¿Cómo no


había notado el reloj cuando Ross sí?

Gabe retrocedió un paso y tropezó con la mesa. Palideció.

—Jesús…

—Sí, no creo que te vaya a ayudar ahora. —Lawrence sonrió de lado—


. Los crié a todos ustedes. Les guste o no, ustedes tres son mis hijos, ¿y
no tenían idea de que fui yo todo este tiempo? No sé si debería estar
impresionado por mi capacidad de asumir el lugar de Stefan o por la
estupidez de ustedes tres. Por otra parte, esta no es la primera vez que
Stefan y yo cambiamos de lugar. Ese era nuestro pasatiempo favorito,
después de todo.

Dev entrecerró los ojos, sin apartar la vista de Lawrence. Esperaba


que Lucian recordara el arma que tenía en su escritorio. Si pudiera
mantener la atención de Lawrence sobre él, Lucian podría captarlo.

—¿Pero ninguno de ustedes sabía que era yo todo este tiempo? ¿De
verdad? ¿Ella lo resuelve? —Lawrence se rio a carcajadas—. ¿Una jodida
niña criolla con un dulce trasero y qué, unos cientos de dólares a su
nombre?
Rosie echó la cabeza hacia atrás.

—Jódete.

Lawrence sonrió de lado.

—Estaría deprimido por eso, pero no creo que tengamos tiempo.

La furia estalló en ira cuando las manos de Dev se cerraron en puños.

—Voy a matarte.

—¿Pero no lo intentaste ya? — respondió Lawrence suavemente—.


¿En la misma habitación debajo de esta? ¿Una noche de primavera
tardía?

La mandíbula de Dev se cerró cuando pudo sentir los ojos de sus


hermanos y Rosie aterrizar sobre él.

—¿Ya no hiciste eso, Devlin? —insistió Lawrence mientras se


levantaba, todavía sosteniendo el arma—. Oh, es cierto. Asesinaste a
Stefan, en cambio.

—Dios —susurró Gabe.

—Oh sí. —Lawrence se rio entre dientes—. Mató a Stefan, porque


pensó que me estaba matando a mí.

—¿Es verdad? —exigió Gabe.

—Oh sí, es verdad. —Lawrence se rio una vez más—. Mató a Stefan
pensando que era yo y lo organizó como un suicidio.

Devlin podía sentir a Rosie mirándolo, pero no podía soportar ver la


condena que sabía tenía que estar en su mirada.

—No te pregunté —espetó bruscamente Gabe al hombre que los había


criado—. Dev, ¿lo hiciste?

—No quiere decirlo, pero te lo diré yo. Devlin pensó que lo tenía todo
resuelto. Y te daré crédito. —Lawrence le guiñó un ojo a Dev—.
Descubriste lo que estaba haciendo, pero ¿eso importó al final?

—¿Cómo? —exigió Dev con voz ronca—. ¿Cómo terminó siendo


Stefan? Estaba usando tu traje. Él estaba…

—Cuando me confrontaste por mis… enredos de negocios...


—Enredos de negocios —jadeó Rosie, llamando la atención de
Lawrence—. Estabas traficando seres humanos. ¡Eso no es un negocio,
enfermo!

Lawrence chasqueó la lengua.

—Cariño, ese es el negocio más antiguo del mundo y el más rentable.

—¿Por qué? —exigió Rosie, sorprendiendo a Dev y sus hermanos. No


mostró miedo mientras miraba a Lawrence—. ¿Por qué harías eso? Tienes
todo el dinero del mundo.

—Nunca se trató del dinero. Se trataba del poder —dijo, tono


condescendiente, como si no pudiera creer que tuviera que explicar
esto—. Cuando tienes la vida de alguien en tus manos, eres su dios.

—Eso es repulsivo —respondió ella, temblando.

Lawrence levantó un hombro en un encogimiento de hombros a


medias.

—¿No crees que el asesinato es repulsivo? —preguntó.

Rosie no respondió, pero Dev pensó que ya sabía la respuesta a eso.

—Pero volvamos al punto de trama más grande de todos. Devlin me


enfrentó y, a partir de ese momento, lo supe. —Lawrence dio un paso
alrededor de la mesa, pistola en mano—. Lo vi en tus ojos, muchacho.
Tal como lo vi en tus ojos el día que volviste. Tenías solo cinco años, pero
sí, lo vi. Vi tu odio. Entonces me querías muerto y me querías muerto la
noche que me confrontaste.

—¿Volvió de qué? —exigió Gabe.

Lawrence sonrió de lado.

—El castigo se volvió un poco duro cuando Devlin era más joven. El
niño necesitaba una mano firme.

—¿Golpearme para caerme y abrirme la cabeza es una mano firme?


—escupió Dev de vuelta. Escuchó a sus hermanos maldecir—. Si Besson
no me hubiera encontrado, habría muerto.

—No, Devlin, te habrías quedado muerto.

—¿Cómo no supimos sobre eso? —demandó Gabe—. ¿Cómo diablos


nosotros…?
—Porque Devlin también es un mentiroso. ¿Por qué no dices la verdad
ahora? —incitó Lawrence—. Diles lo que hiciste.

Dev levantó la barbilla.

—Hice lo que era necesario. Tenías que detener lo que estabas


haciendo, y sabía que la policía no iba a poder hacerlo. Te saldrías con la
tuya, como lo hacías con todo lo demás.

—¿No me hubiera detenido a menos que me mataras? Tienes razón.


No lo hubiera hecho. Pero no me mataste. Cambié de lugar con Stefan.
Me lo debía. Le dije que tenía una reunión esa noche. Hacíamos eso a
menudo, por cierto, muy a menudo. Y no lograste matarme, pero lograste
matar a tu verdadero padre.

El jadeo de Rosie se perdió en la explosión de Gabe, pero fue como si


Dev perdiera la audición durante varios minutos, y cuando volvió,
Lawrence estaba hablando. Sus labios se movían y Dev lo escuchaba,
pero el mundo se inclinaba a su alrededor.

—Tu madre no lo sabía. No hasta que Lucian y Madeline nacieron. —


Lawrence sonrió en dirección a Lucian—. Entonces le dije que tú y tu
hermana eran mis hijos reales. La mirada en su rostro… —Un lado de
sus labios se levantó—. Solo entre nosotros, creo que ella siempre lo supo.

—Dios —murmuró Dev.

—Oh, no dejes que te desgarre demasiado —dijo Lawrence—. Stefan


fue un completo idiota.

—¿Por qué viniste aquí esta noche? —preguntó Gabe.

—¿Por qué? Escuché a través de la vid que alguien había estado


husmeando —dijo Lawrence, y Dev inmediatamente pensó en Archie—.
Sabía que eso significaba que Devlin tenía algo en sus manos. Vine aquí
para encontrarlo. Supuse que tenía que ver con Stefan. Estaba en todo.
¿Conoces a ese jodido reportero? ¿Ross? Si Stefan hubiera mantenido su
pene en sus pantalones y su boca cerrada, nunca tendríamos que
preocuparnos por él. Pero no. El tonto hijo de puta se enamoró de la
interna, jodidamente derramó sus tripas con pesar o algo así.

—Andrea —susurró Rosie.

—Ella vino a mí, pensando que la ayudaría a exponerlo. Y no fue eso


¿torpe? —La maldita mierda se rio—. Debido a que comenzó a sentirse
mal, lo derribó todo. Ahora está muerto, por tus manos, y esa pobre
interna está… bueno, está en el fondo del océano.
Rosie se cubrió la boca.

—Y déjame adivinar, mataste a Sabrina, ¿no? Era un riesgo, porque


ella lo sabía. Sabía que eras tú todo el tiempo, ¿verdad? —exigió Dev.

—Sabrina era una mujer encantadora que debería haberse casado


con uno de ustedes, pero… bueno, sabemos que tenía ciertos problemas,
y ya no podíamos confiar en ella. Tanto Stefan como Sabrina provocaron
esto.

—No fueron ni Stefan ni Sabrina, pedazo de imbécil. —Dev dio un


paso hacia Lawrence—. Fue tu avaricia la que te traicionó. Fue tu culpa.
Tú mismo causaste esto.

—¿Solamente mi avaricia? Dime, Devlin. ¿Nebraska? No estabas


buscando una propiedad ahí, ¿o sí?

Dev se tensó.

—No.

—¿Por cuánto tiempo lo supiste? —preguntó Lawrence.

—El suficiente —respondió Dev.

—Hmm. —Lawrence miró a los hermanos—. Entonces, ¿el pasado


tocó a tu puerta y todas las piezas comenzaron a encajar una detrás de
la otra?

Dev sonrió con suficiencia.

—Como dije, eres un maldito imbécil.

—¿Lo saben ellos? Supongo que no —dijo el hombre con sorna.

—Quiero saber de qué diablos están hablando. —Gabe parecía estar


a punto de volverse loco.

—Ya era lo suficientemente malo tener que lidiar con uno de los
bastardos de Stefan, ¿pero con dos? Te sorprendería lo que hace la gente
por un poco de dinero. Le pagué a la gente del hospital. Le dije a esa zorra
que uno de ellos había muerto. Y no sirvió de nada, ¿o sí? Terminó
apareciendo este otro. —Hizo un gesto en dirección a Gabe con una
mano—. Lo hice porque quería saber cómo era vender un niño.

—Dios mío —jadeó Gabe.

—No era hijo mío. —Lawrence se encogió de hombros.


—Eres un maldito enfermo —dijo Dev, sacudiendo la cabeza.

—Espera un segundo. ¿Tenemos… tenemos otro hermano? —El tono


de Lucian hizo eco al desastre de emociones que se arremolinaban allí
dentro—. ¿Sabías que tenemos otro hermano?

—¿Qué diablos? —jadeó Lucian, y por el rabillo del ojo, Dev vio que
Lucian había abierto el cajón superior.

—Dev tenía un gemelo —explicó Lawrence—. Bueno, aparentemente,


lo sigue teniendo.

—¿Es… Dios mío, es cierto? —preguntó Gabe, con el rostro pálido.

Dev asintió.

—No lo supe hasta…

—Lo supo por el tiempo suficiente —lo cortó Lawrence—. Al igual que
supo que Sabrina estaba involucrada en la muerte de la madre de tu hijo.

—No sabía eso con certeza —se defendió Dev, desviando la mirada de
Lawrence—. Tenía mis sospechas, pero no estaba seguro.

Gabe lo miró con la boca abierta.

Volviendo a poner su atención en Lawrence, sintió cómo la rabia se


abría paso por su cuerpo.

—¿Qué crees que sucederá ahora? ¿Planeabas hacerte pasar por


Stefan por el resto de tu vida?

—¿Por qué no? Estaba funcionando bastante bien, y va a seguir


haciéndolo —dijo Lawrence—. Ya ves, vas a dejarme salir de aquí. Y me
iré. Tengo el dinero y los medios, y ninguno de ustedes tendrá que
preocuparse por volver a verme la cara.

—Eso no va a pasar —dijo Lucian, y la mirada de Dev se movió


directamente a él. Sostuvo la pistola mientras rodeaba el escritorio.

—No te irás —estuvo de acuerdo Dev.

La carcajada que soltó Lawrence estaba totalmente desprovista de


humor.

—¿Cómo lo harás, Devlin? ¿Vas a ahorcarme como a tu padre?

Dev se encogió ante las palabras.

—Cállate —bramó Lucian—. Cierra la maldita boca.


—¿Qué? ¿Lo harás tú? ¿Dispararme? ¿A tu padre?

—No me tientes.

Lawrence esbozó una pequeña sonrisa mientras sacudía


despreocupadamente la muñeca de la mano con la que sostenía el arma.

—Como si alguna vez hubieras acabado con algo en tu vida, Lucian.


No me preocupas.

El insulto dio en el blanco, y el brazo de Lucian comenzó a temblar.


Gabe, siempre el mediador, dio un paso adelante, alzando las manos.

—No tiene que suceder así.

—Sí, sí que tiene —interrumpió Dev—. Y lo sabe, porque la única otra


opción es que vaya a prisión.

—Y tú también —contraatacó Lawrence—. ¿Crees que si me hundo,


no te arrastraré conmigo? Mataste a Stefan. ¿Crees que no voy a tirarte
bajo el autobús y pasarte por encima? Porque estás completamente loco
si lo crees.

Los hombros de Dev se tensaron, y le echó una rápida mirada a Rosie.


Dios, habría dado lo que fuera por que no estuviera allí para ver todo
esto. Su reputación. Su dinero. Su vida. Lo que fuera, para que no viera
lo que estaba a punto de suceder.

—No —dijo Gabe—. Nadie va a creerte, Lawrence. No con todo lo que


has hecho. Irás a prisión, maldito enfermo.

—La gente va a creerme. Especialmente cuando desentierren el


cuerpo de Stefan y hagan que otro forense, uno que no haya sido
sobornado, examine el cuerpo. —La mirada helada de Lawrence se desvió
hacia Rosie—. ¿Cómo se siente follar con un asesino?

Rosie se sobresaltó.

—No la mires —advirtió Dev, acercándose a Lawrence—. Lo juro por


Dios, si siquiera la miras una vez más…

—¿Qué? —Lawrence volvió a reírse—. ¿Me matarás?

—Eso es lo que quiere —razonó Gabe—. No vamos a dárselo.

—¿Cómo se siente? —volvió a preguntar Lawrence—. ¿Saber que has


estado follándote a un hombre que mató a su propio padre a sangre fría?
Dev se lanzó hacia adelante, listo para atacar, pero Gabe estiró un
brazo, deteniéndolo.

—No —ordenó su hermano, con la voz grave—. No le des lo que quiere.

—Le tendiste una trampa —exclamó Rosie, y la cabeza de Dev giró en


su dirección. Estaba… ¿estaba defendiéndolo?—. Sabías que iba a ir a
buscarte y le tendiste una trampa a tu propio hermano. ¿Cómo se siente
ser un sociópata?

—Se siente increíble, de hecho. Deberías probarlo algún día. —


Lawrence le guiñó un ojo—. Tal vez no haya sido su padre biológico, pero
fui yo quien lo crió. Lo convertí en quien es hoy, y de tal palo, tal astilla.

Rosie tensó las manos hasta convertirlas en puños.

—No se parece a ti en nada.

—¿Ah, sí? —Los ojos de Lawrence, muy abiertos, volvieron a dirigirse


hacia Devlin—. ¿La follaste tan fuerte que se le murieron las neuronas?

—Calla la maldita boca —gruñó Dev, empujando a Gabe. Logró


avanzar un poco más—. Hijo de…

—Eres un enfermo, un ser humano repugnante y perverso —soltó


Rosie, entre dientes—. Por lo que has hecho, y por las cosas en las que
has estado involucrado, mereces que te corten en pedacitos y te den de
comer a los perros.

La expresión de Lawrence se agudizó.

—¿Y el jefe de policía…?

—¡Te estaba encubriendo! —gritó Dev—. Te estaba encubriendo y tú


le estabas proporcionando chicas. Niñas, hijo de puta. Era igual de
depravado y enfermo que tú.

El hombre lo ignoró.

—Dime, Rosie, ¿crees que dos errores hacen lo correcto?

—¡Lo juro por Dios, si vuelves a hablarle una sola vez más, te mataré
ahí mismo! —explotó Dev, luchando contra su hermano.

Lawrence le devolvió la mirada, ladeando la cabeza hacia un lado.

—Diablos, estás… estás enamorado de ella.

El corazón de Dev dejó de latir en su pecho.


—Ni siquiera tienes que decirlo. Puedo verlo. —Una expresión de
asombro cruzó el rostro de Lawrence—. La amas y vas a… vas a tirar todo
por la borda por ella.

Lentamente, la atención de Dev pasó a enfocarse en Rosie. No estaba


mirando a Lawrence. No. Lo estaba mirando a él, su pecho alzándose y
descendiendo con rapidez.

—Sí —susurró, y fue como un terremoto.

Sí la amaba. No sabía cuándo había sucedido. Si fue la primera vez


que había visto esas horrorosas cortinas con perlas, aunque sonara
bizarro, o la primera vez que le había dicho que era un imbécil. Podría
haber sido cuando se dieron su primer beso, o la primera vez que lo puso
en su lugar. Podría haber sido la primera vez que se sentó a escucharlo.
Podría haber sido en ese mismo momento, cuando lo defendió incluso a
pesar de saber la verdad. Devlin estaba enamorado de Rosie.

Sus miradas se encontraron y se mantuvieron clavadas la una en la


otra, y entonces Dev dijo, más alto:

—Sí.

Los ojos de Rosie se llenaron de lágrimas, y eso fue lo único que se


permitió ver. Volvió su atención a Lawrence, sabiendo perfectamente lo
que tenía que hacer.

Esto era todo, cayó en la cuenta Dev.

Todo había acabado.

Gabe tenía razón. Incluso aunque quería hundir a Lawrence y ver


cómo la vida se escapaba de los ojos del bastardo, no iba a hacerlo. No
frente a sus hermanos. No frente a Rosie. Ya estaba demasiado metida
en esto.

De todo el mundo, era la última persona que se merecía esto.

—Llama a Troy —dijo Dev.

—¿Qué? —demandó Lucian, aun apuntando a Lawrence con su


arma—. ¿Lo dices en serio?

—Devlin —susurró Rosie, acercándose a él, volviendo a sorprenderlo,


como hacía siempre—. Piénsalo…

—Ya lo hice. —Se concentró en ella—. Todo va a estar bien.

—Irás conmigo a prisión —dijo Lawrence.


—No, no irá —gruñó Gabe.

Lawrence soltó una risa oscura.

—Ah, me aseguraré de que así sea.

—Cállate —gritó Devin—. Simplemente cállate, maldición. —


Girándose hacia Lucian, dijo—: Llama a Troy. Has que venga.

—¿En serio quieres hacer esto, Devlin? —preguntó Lawrence, alzando


las cejas.

Dev respiró hondo.

—Es lo que es.

Rosie soltó un sonido ahogado, un quejido terminado en un sollozo.


Él no se sentía capaz de mirarla ahora, mientras le devolvía la mirada al
hombre que lo había criado.

Quien lo había convertido en quien era hoy.

—No —dijo, en voz alta, quitándose a Gabe de encima.

Lawrence frunció el ceño mientras Gabe lo observaba.

No, no era cierto, se dio cuenta Dev, y, diablos, aquella idea era otro
terremoto. Si fuera el hombre que Lawrence había criado, habría matado
al bastardo en cuanto se hubiera enterado de que era él y no Stefan. No
haría a un lado la posibilidad.

No estaría enamorado.

Devlin sonrió mientras sentía cómo los músculos de su espalda se


relajaban. Y aquella sonrisa se sentía real y correcta y, por Dios,
liberadora. Se extendió por su rostro mientras se encontraba con la
mirada de Lawrence.

—No soy nada como tú.

Sus palabras golpearon a Lawrence con la misma fuerza que un


puñetazo. Se puso pálido mientras miraba a Dev a los ojos. El reloj de
péndulo siguió contando los segundos.

—Tienes razón. —Lawrence tenía la voz ronca—. No lo eres.

Lawrence alzó la pistola, y fue como si el mundo comenzara a moverse


en cámara lenta, cada segundo durando una eternidad. Gabe maldijo, y
Dev supo inmediatamente lo que iba a hacer. Lawrence iba a terminar
con todo, justo frente a ellos, y en lo único en lo que Dev podía pensar
era en Rosie. No necesitaba verlo, especialmente esto no. Se giró hacia
ella, su nombre en la punta de su lengua mientras oía a Gabe soltar un
grito de advertencia.

Dev volvió a darse la vuelta, y vio con un terror creciente que estaba
equivocado, tan malditamente equivocado.

Lawrence no iba a suicidarse.

Estaba apuntando el arma. No a ellos. Por Dios, no a ellos. Lawrence


estaba apuntando a Rosie.

Lawrence sonrió.

—Y vas a tener que vivir con eso.

Hubo gritos. De Rosie. De sus hermanos. Suyos. Y la explosión del


disparo sonó como un trueno en la habitación.
Capítulo 35
Traducido por AnamiletG & Ezven

La cara de Lucian palideció cuando jadeó:

—Mierda.

Tropezando un paso hacia atrás y contra una silla vacía, Rosie trató
de respirar, pero no fue a ningún lado mientras miraba a Lawrence. Su
corazón se aceleró tan rápido que pensó que en realidad podría estar
enferma.

Lawrence iba a dispararle. Le apuntó con el arma e iba a dispararle.

Pero ya no más.

El hombre completamente malvado yacía frente al sofá, una bala en


el centro de su pecho y un charco de líquido rojo rubí esparciéndose por
el piso de madera. Tenía los ojos abiertos, fijos en el techo.

El hombre… El hombre estaba muerto.

—Lucian —comenzó a decir Gabe y luego se detuvo.

—No fui yo. —Lucian miraba más allá de Devlin y Gabe—. Iba a
hacerlo. Iba a dispararle a ese bastardo, pero no fui yo. Fue él.

Rosie se volvió como si estuviera atrapada en un sueño. Un hombre


estaba de pie en la puerta, un hombre que se parecía tanto a Devlin que
se sobresaltó, pensando al principio que era Devlin parado allí,
sosteniendo una pistola, pero no lo era, porque Devlin estaba a su lado,
rodeándola con un brazo. Devlin la estaba tocando, deslizando sus
manos sobre su cuerpo como si estuviera buscando una herida. El
hombre que era completamente idéntico a Devlin era su gemelo.

—Lo estaba siguiendo. Sin embargo, me llevó un tiempo entrar aquí.


—Payton bajó el arma—. La iba a disparar. Yo tenía… Tenía que hacer
algo.
Gabe estaba diciendo algo más, pero había un zumbido en la cabeza
de Rosie que estaba ahogando lo que estaba diciendo, ahogando todo a
su alrededor.

Había un hombre muerto allí mismo.

Pensó que después de todo lo que había descubierto y lo que había


experimentado en su vida, esto no sería tan impactante, pero lo era. Todo
su ser estaba sacudido y había un zumbido en sus oídos, en sus venas.

Las manos de repente aterrizaron sobre ella, agarrando sus brazos y


sorprendiéndola. La cara de Devlin estaba en la de ella.

—¿Estás bien? Rosie, háblame ¿Estás bien?

Ella se esforzó por ver alrededor de su hombro. Ni siquiera estaba


segura de por qué. Era como si tuviera que seguir buscando para poder
seguir diciéndose que estaba muerto.

—No lo hagas. Vamos, no lo mires. —Dev levantó las manos y la tomó


por las mejillas. Él inclinó su cabeza hacia atrás—. Mírame.

Su mirada se clavó en la de él y el siguiente aliento que tomó


finalmente se sintió como si fuera a algún lado. La sala volvió a enfocarse
cuando el zumbido en sus oídos retrocedió.

—Sabes —dijo ella, su voz sonaba ronca y sin usar—, podrías haber
elegido un mejor momento para decir que me amabas.

Devlin dejó escapar una risa áspera.

—Sí, probablemente podría haber elegido un mejor momento. —


Bajando la barbilla, besó su frente y luego se apartó, escaneando todo su
cuerpo—. ¿Estás segura de que estás bien? ¿No estás herida?

Ella tragó saliva mientras mantenía su mirada fija en la de él.

—No creo que haya disparado.

Un sonido de alivio salió de él cuando la atrajo hacia él y la abrazó.

—Lo siento mucho —dijo, un temblor rodando su cuerpo—. Lamento


mucho que hayas tenido que ver esto. Que escuchar esto.

—Está bien. —Rosie dejó caer la cabeza sobre su hombro mientras


envolvía sus brazos alrededor de él, abrazándolo con tanta fuerza como
él la abrazaba—. Está bien.
Él curvó su mano alrededor de la parte posterior de su cabeza,
apretando su cabello.

—No está bien, Rosie. Nada de esto está bien.

Su corazón se apretó dolorosamente.

—Lo sé —susurró ella—. Pero lo va a estar. Tiene que ser ahora.

Otro estremecimiento lo sacudió, y luego todo el infierno pareció


desatarse.

Un grito atravesó la habitación. Devlin se echó hacia atrás, girando


su cuerpo para mantener a Rosie detrás de él. Sobre su hombro, vio a
Julia en la puerta, detrás de Payton.

—Oh Dios mío. —Julia tenía las manos en alto frente a ella, como si
estuviera evitando lo que estaba viendo.

Rosie vio a Julia correr hacia Lucian. Él ya no sostenía el arma que


ni siquiera disparó. Eso estaba en las manos de Gabe cuando Julia
estrechó la pálida cara de Lucian.

—Cariño, ¿qué pasó? —El pánico obstruyó su voz—. ¿Que está


pasando? Lucian, cariño...

Sus gritos se perdieron cuando Lucian la atrajo hacia él y le rodeó


con el cuerpo. Sostuvo a Julia como… como Devlin la había abrazado a
ella, como si se hundiera si no fuera por ella.

Todo lo que podía pensar era gracias a Dios que Nikki había vuelto a
su casa ahora y no estaba aquí para presenciar esto.

Todo sucedió en un borrón en este punto. Gabe dejó el arma sobre el


escritorio y estaba hablando por teléfono, hablando con alguien. Rosie
fue conducida fuera de la habitación, junto con Lucian y Julia, que
miraban a Payton y Devlin como si algo estuviera mal en sus ojos, y de
alguna manera los tres terminaron abajo, en una acogedora y cómoda
sala de estar que realmente parecía una real.

Lucian se sentó en el sofá, con la cabeza entre las manos mientras


Julia le frotaba la espalda. Había sido informada, y su preocupación por
Lucian era evidente en cada mirada de dolor que le envió a Rosie. Lucian
no había apretado el gatillo, pero había estado listo para hacerlo, y eso lo
había afectado. Era evidente.

Rosie… no podía quedarse quieta mientras Devlin y Gabe estaban


haciendo Dios sabe qué arriba. Se paseó cien veces por la sala de estar.
En algún momento pensó que oía voces, voces que no eran de Gabe o
Devlin.

¿A quién llamaron?

¿Alguien que se ocuparía de todo, quitar el cuerpo y quitar la


evidencia hasta que pareciera que esta persona nunca existió?

Dios, una parte de ella no podía creer que estuviera pensando eso,
pero esto… esto se había convertido en su vida, porque ni una sola vez
desde que dispararon el arma y Lawrence cayó, ni siquiera consideró
llamar a la policía.

Y cuando Devlin decidió llamar a la policía, ella entró en pánico. Eso


no era… eso no era como ella. ¿O tal vez lo era y ahora estaba
descubriendo eso? No podía encontrar en sí misma juzgar a Devlin.

Podría tener pesadillas y podría necesitar muchos, muchos años para


lidiar con eso, pero sabía que no iba a lamentar no haber llamado a la
policía. Lo que sí lamentaba era haber sido puesta en esa situación por
una persona malvada y fuera de control.

Al igual que Devlin y su familia habían sido puestos en esa posición


todos estos años.

Rosie se estremeció cuando se abrazó a sí misma. Al mirar a Lucian


y Julia, se mordió el labio. Estaba preocupada por él. Julia lo atrajo hacia
ella. Sus cabezas se inclinaron juntas, y Rosie se dio la vuelta para darles
cierto nivel de privacidad.

No tenía idea de cuánto tiempo había pasado, pero aún estaba oscuro
afuera cuando Devlin y Gabe aparecieron en la puerta. Payton no estaba
con ellos y, por un momento, se preguntó si él había estado allí.

Antes de que tuviera la oportunidad de moverse, Lucian habló por


primera vez desde que vino a esta habitación.

—¿Dónde está nuestro hermano?

—Se fue —respondió Devlin—. Pensó que sería prudente regresar


en… un mejor momento.

—¿Mejor momento? —Lucian lanzó una risa seca.

Desplegando sus brazos, Rosie corrió hacia Dev cuando Gabe se dejó
caer en el sillón reclinable. Agarró sus brazos, su mirada buscó la de él.

—Está todo… ¿todo bien?


Devlin no respondió cuando la atrajo hacia su pecho y dejó caer su
frente sobre la de ella. Sus manos fueron a su pecho y pudo sentir su
corazón latiendo bajo su palma.

—Todo ha sido resuelto. —Gabe sonaba cansado—. Se acabó.

Rosie se echó hacia atrás, levantando su mirada hacia la de Devlin.

—No preguntes —dijo él, ahuecando su mejilla—. No quieres saber.

Parte de ella quería saber y tal vez esa era la parte que existía en un
charco de curiosidad mórbida, pero podía ver por la cara destrozada de
Devlin, que no quería que supiera los detalles más valientes. Al menos
no en este momento. Entonces preguntó:

—¿Qué va a pasar ahora?

—Seguimos como siempre. —Fue Lucian quien respondió, haciendo


que Rosie se girara. Estaba recostado contra el sofá ahora—. Se
informará que Stefan está desaparecido ya que Lawrence ya se presumía
muerto. Otra extraña desaparición De Vincent para ser susurrada y
chismorreada.

Rosie hizo una mueca.

—Y seguiremos como si nada hubiera pasado, ¿no? —La risa de


Lucian carecía de humor una vez más—. Quiero decir, deberíamos. Ese
bastardo… no merecía vivir, pero ¿cómo estamos? ¿Cómo somos
diferentes?

—Oh cariño. —Julia ahuecó su mejilla—. No eres como ese hombre.


Nada como ninguno de los dos.

—No somos como él. Nunca hemos sido como él —declaró Gabe—.
¿Pero tú?

Rosie contuvo el aliento cuando se dio cuenta de que Gabe estaba


mirando directamente a Devlin.

—¿Qué demonios, Dev? —continuó Gabe—. Lo hiciste.

—Vamos —dijo Lucian, sacudiendo la cabeza—. Eso no es


exactamente sorprendente.

—Quizás no para ti —respondió Gabe.

Devlin no intervino. Todo el tiempo estuvo allí, tomándolo. Tomándolo


todo como siempre lo había hecho.
—Como si no tuvieras sospechas —respondió Lucian.

—Lo hice, pero al menos tenía la esperanza de estar equivocado. —La


mandíbula de Gabe se endureció—. Llámame un tonto optimista por
querer creer que él no era capaz de eso.

—¿Creer que no era capaz de qué? —Lucian avanzó lentamente en el


sofá—. Sabes muy bien que no somos mejores cuando se trata de eso.

Julia abrió la boca.

—Emma —dijo Lucian, y Gabe retrocedió ante la mención de la madre


de su hijo—. ¿Realmente puedes decir que lo que hicimos fue diferente
de lo que hizo Dev?

—Tenía que hacer algo —dijo finalmente Dev—. Sabes que ir a la


policía no habría detenido a Lawrence. La mitad de ellos estaban
involucrados y él le habría pagado al resto o terminarían muertos. No
entiendes...

—No, tienes razón. No lo entendemos. —Gabe se levantó—. Nunca


nos dijiste nada de esto. Ni una vez nos dijiste en qué estaban
involucrados. Lo que estaban haciendo.

—¡No quería que lo supieran! —Una grieta mostrada en la compostura


de Devlin, sorprendiendo tanto a los hermanos como a Julia. Pero no a
Rosie. Esto, todo esto, se estaba gestando mucho tiempo. Devlin rodeó a
Rosie—. ¿Habría hecho su vida mejor o más fácil sabiendo que el hombre
que los crio y su hermano estaban vendiendo humanos? ¿Trata de
mujeres y niños? ¿Niñitas?

Julia se cubrió la boca con la mano.

—¿Les habría ayudado a dormir mejor por la noche sabiendo que la


mitad de esas personas fueron vendidas en contra de su voluntad o
fueron engañadas para creer que estaban dejando a sus familias por una
vida mejor? ¿O que la otra mitad fue asesinada? ¿Querrían saber eso? —
exigió Devlin.

Ninguno de los hermanos respondió.

—Eso creí. Porque sé lo que pasa cuando lo sabes. Comienzas a


investigar. Y te enteras de lo que le hacen a la gente, cómo la drogan y la
amenazan para conseguir lo que quieren. —Los hombros de Devlin se
tensaron—. No duermes bien después de enterarte. Así que perdónenme
por querer protegerlos de eso, maldición.
Gabe se pasó una mano por el cabello.

—Pero somos familia. No tendrías que haberlo hecho por tu cuenta;


ni haber tenido que lidiar con saberlo tú solo. ¿Cómo es posible que no
supieras que, sin importar que nos jodiera la vida, habríamos estado ahí
para soportarlo contigo?

—Ni siquiera sabíamos que estuvo a punto de matarte —dijo Lucian,


llamando la atención de Devlin—. Mierda. Richard tenía que saberlo. ¿Y
Livie, también?

—Sabían que estaba herido —dijo Devlin luego de un momento—. Fue


Besson el que me encontró inconsciente. Me hizo resucitación, pero ni él
ni su esposa sabían cómo había terminado así.

—¿Y nunca dijiste nada? —Gabe alzó las manos—. ¿Y lo que sabías
sobre Sabrina? Sabías que…

—Estaba intentando protegerte —lo interrumpió Devlin, y a Rosie se


le cortó la respiración. ¿Iba a contarle lo de Sabrina?—. Estaba
intentando protegerlos a ambos.

A esas instancias, le tomó un gran esfuerzo a Rosie no hablar, porque


esto era algo que Devlin necesitaba decir, algo que necesitaba quitarse
del pecho.

—¿Igual que estabas intentando protegernos de saber que teníamos


otro hermano? —exigió Lucian, y Julia bajó lentamente su mano hacia
su rodilla—. ¿Es por eso que nunca nos dijiste?

Devlin tensó la mandíbula.

—Ni siquiera sabía que existía hasta la primavera pasada.

—¡Eso fue hace casi seis meses! —explotó Gabe.

—No sabía cómo contárselos —exclamó Devlin, a su vez—. Y él no


quería que se supiera. Jesús. Acababa de enterarse que era adoptado y
que éramos parientes. No tenía planeado…

—¿Contárnoslo nunca? —preguntó Lucian.

—No —estalló Devlin—. Planeábamos decirles cuando estuviera listo.

Gabe sacudió la cabeza mientras comenzaba a darse la vuelta,


solamente para volver a girarse hacia Devlin un segundo después.
—Su nombre es Payton. Me enteré recién esta noche. Supiste por
meses que Lawrence… lo había alejado por pura maldad. Le mintió a
nuestra madre porque… porque podía.

—Era un monstruo —susurró Julia, posando una mano sobre el


muslo de Lucian—. Me alegro de que esté muerto de una vez por todas.

Rosie no podía hacer más que estar de acuerdo. Quizá eso la


convirtiera en una persona horrible, pero ese hombre y su hermano eran
simplemente diablos con rostros humanos.

—Deberías habérnoslo contado —dijo Gabe, dándose la vuelta y


acercándose a la chimenea. Apoyó una mano sobre el marco de la misma.
Su cabeza se inclinó hacia abajo—. Ni quiera… Dios, Dev. Ni siquiera te
conozco.

Rosie sintió una intensa presión en su pecho al ver a Devlin dar un


paso atrás. Se movió para ir hacia él, pero antes de que pudiera siquiera
decir una palabra, Devlin ya estaba saliendo de la habitación y
desapareciendo por la puerta.

Increíble.

Eso fue lo único que pasó por la cabeza de Rosie mientras se giraba
lentamente hacia los hermanos. Ella misma acababa de enterarse de
algunas cosas de locos, y antes de que esto pasara, antes de todo lo que
acababa de pasar, no estaba segura de cuál era su relación con Devlin.

Pero ahora lo sabía.

No miró a Julia cuando habló. Miró directamente a los dos hombres.

—No entienden nada. En serio. Nada, maldición.

La mirada de Lucian se posó inmediatamente sobre ella.

—Rosie…

—No. Todo lo que ha hecho ha sido por ustedes. En lo que se ha


convertido fue por ustedes. No tienen ni idea.

—Queríamos saberlo. —Gabe se alejó de la chimenea—. No nos dijo


absolutamente nada.

—No. —La voz de Rosie tembló a causa de su enojo—. Porque estaba


intentando protegerlos, quería mantenerlos en un lugar seguro.

El cuerpo de Lucian pareció sacudirse ante las palabras.


—Soportó a una mujer psicótica que estaba obsesionada contigo para
protegerte. Una mujer que sabía muchas cosas; cosas que, si no fuera
por Devlin, habría usado contra ti. Si no fuera por él, no estarías con
Nikki. Estarías con esa mujer —le dijo a Gabe antes de girarse hacia
Lucian. Sentía la furia bombeando en sus venas—. ¿Y recuerdas esa
historia tan graciosa que me contaste sobre ustedes tres en la escuela?
¿Cómo pillaron a Devlin cuando rompieron con el toque de queda? La
parte realmente graciosa de esa historia es que luego de eso, Lawrence le
dio tal golpiza que todavía tiene marcas de ello. No lo sabían, ¿cierto?
¿Alguno de los dos ha visto su espalda?

Ambos hermanos se habían quedado totalmente en silencio, y Rosie


sintió las ganas de llorar cerrándole la garganta.

—¿Alguno de los dos ha visto las cicatrices? ¿En toda su espalda?


Supongo que no. Y supongo que ninguno de los dos dejó de pensar en sí
mismo por el tiempo suficiente para siquiera preguntarse por qué Devlin
es cómo es, o para darse cuenta de que mientras ustedes estaban por ahí
viviendo sus vidas y haciendo lo que fuera que les apetecía hacer, él
estaba encerrado con esos monstruos. Así que, sí, los estaba protegiendo.
Piensen en eso mientras lo arrastran por el barro en el que ha estado
viviendo durante años.

Rosie no aguardó a que respondieran, simplemente salió de la


habitación y comenzó a buscar a Devlin. Lo encontró de pie en el
vestíbulo, bajo el candelabro dorado del techo. Tenía la vista clavada en
las grandes escaleras.

—Esta… esta maldita casa —dijo, mientras Rosie se acercaba a él.


Sus ojos siguieron los suyos, pero no vieron nada. Aquello no evitó que
un escalofrío se extendiera por su piel cuando dijo—: Esta casa está
embrujada. Por los muertos y por los vivos. Ojalá no te hubiera traído
aquí jamás.

—Devlin… —Le tocó el brazo, pero él no bajó la vista—. ¿Estás bien?

Se rio.

—Sé que es una pregunta tonta.

—No lo es, pero no deberías hacerla.

—Tus hermanos…

—Tienen derecho a estar enojados. Es cierto que les mentí.


—No. —Reforzó el agarre en su brazo—. Los protegiste. Sacrificaste
tu vida para que ellos pudieran tener las suyas. Sí, tienen permitido
enojarse, pero también tienen que superarlo, maldición. Lo cual acabo de
decirles, prácticamente. Y con un poco de suerte no te enojarás mucho
conmigo por hacerlo.

Devlin finalmente bajó la vista hacia ella, con los ojos bien abiertos y
sorprendidos.

—¿Que hiciste… qué?

—Eh, bueno, prácticamente les dije que dejaran de pensar tanto en


sí mismos por una vez en la vida. Entre otras cosas, pero, sí, ese fue el
quid de la cuestión.

Devlin la observó.

Lo cual comenzó a preocuparla un poco.

—Tenían que saber lo que has hecho por ellos. Son…

—Gracias. —Devlin inclinó la cabeza y la besó—. Nunca nadie… ha


hecho algo así. Defenderme. Gracias.

—No necesitas agradecerme. Lo hice porque…

—No —dijo, en voz baja, como si supiera lo que Rosie estaba a punto
de decir.

Volvió a besarla, con dulzura al principio, pero rápidamente la


presión de su boca contra la de Rosie se volvió más intensa. El beso se
convirtió en uno feroz, incluso desesperado, y cuando se separaron, Rosie
estaba agitada y sentía… sentía como si el mundo estuviera a punto de
acabarse.

—Lo único que necesito de ti es que vayas a casa. ¿Está bien? Nunca
estuviste aquí.

—¿Qué? ¿Pensé que ya estaba todo arreglado?

—Así es, pero solo por si acaso. Hay otra cosa que debo hacer.

Dev sostuvo su rostro entre sus manos, dirigiéndole una mirada


suplicante.

—¿Está bien? Solamente necesito que te vayas. Me mantendré en


contacto. Lo prometo.

—No quiero irme.


—Pero necesito hacer esto solo, y necesito que te vayas.

—¿Hacer qué? —preguntó Rosie.

Devlin se dio la vuelta y volvió a observar la escalera.

—Creo que es momento de sacar a los fantasmas de esta tierra.

—Entonces soy la persona indicada, puedo…

—No ese tipo de fantasmas, Rosie. —Devlin se dirigió hacia las


escaleras—. Por favor, vete. Es algo que tengo que hacer solo.

Un tipo de ansiedad distinta floreció dentro de ella.

Pestañeando en un intento de no llorar, se sintió asentir, y se oyó


decir que sí, pero aun así intentó tocarlo, sus dedos solamente
encontrándose con el aire.

—Era verdad, lo que dije. —Los ojos de Devlin se encontraron con los
suyos—. Te amo, Rosie. Sé que parece imposible, pero es cierto.

—Devlin…

Él ya había comenzado a subir las escaleras, y Rosie oyó cómo la


puerta se abría tras ella. Se dio la vuelta, esperando ver a alguien, pero
no había nadie allí. Tan solo ella y el viento, meciendo la hiedra.

Dev era un asesino.

Había aceptado eso hacía rato.

Había matado a Stefan pensando que era Lawrence. Había ordenado


la muerte del jefe de policía que había encubierto los crímenes de
Lawrence.

Dev había matado.

No se arrepentía, y jamás se arrepentiría, de lo que había hecho, y tal


vez eso decía algo sobre la oscuridad en su alma; no lo sabía y no le
importaba.

Esa noche, hacía un rato, había estado listo para entregarse. Ahora
estaba listo para hacer lo que debería haber hecho hacía décadas.
Sus hermanos ya no estaban cuando regresó abajo, con un bolso en
mano. Lo apoyó en el suelo, a un lado de la puerta de entrada, y tomó el
bidón que había encontrado en el garaje. No estaba muy sorprendido. El
instinto le decía que Gabe había ido con Nikki, y que Lucian y Julia
estaban juntos, seguros y lejos de aquí.

¿Lo perdonarían? ¿Lo comprenderían?

Observó las molduras que Gabe había hecho con sus propias manos,
y las puertas arqueadas mientras recorrían la casa. No había fotografías,
solamente los mórbidos pero hermosos cuadros representados por los
dedos de sus hermanos y hermana. Se detuvo en su oficina y pensó en
la ironía de haber sobornado al médico forense. Si no lo hubiera hecho,
los forenses habrían descubierto que no era el cuerpo de Lawrence el que
había entrado a la morgue, sino el de Stefan.

Ambos hombres habían sido cómplices de algunos de los crímenes


más atroces. Ambos hombres habían sido no solo una maldición para
esta tierra y esta casa, sino para toda la gente con la que habían entrado
en contacto.

Sus pasos retumbaron en el silencioso y oscuro pasillo del tercer piso


mientras pasaba por la habitación de su madre, que había estado tan
atrapada como él. Pasó por los cuartos privados de Lawrence, y saboreó
el amargo miedo que siempre lo consumía cuando era pequeño, y el odio
rojo vivo que aquel miedo había desencadenado. Recorrió el segundo piso,
abriendo todas las puertas en el camino, recordando a Nikki de pequeña,
corriendo por los pasillos, y luego se detuvo, y pudo ver en su cabeza a él
y Pearl haciendo lo mismo.

Sintió un cosquilleo en su nuca, y juró oír el distante sonido de un


hombre riéndose.

Dev comenzó a caminar, bajando las escaleras despacio y


meticulosamente. Se detuvo frente a la ventana de la parte trasera de la
casa, la que daba al jardín de rosas y la piscina.

Y vio a su hermana, no boca abajo en la piscina, pero de pie al lado


de la misma, observando la ventana, su cabello rubio ondeando al viento.
Tal vez fuera tan solo un recuerdo. O tal vez fuera un fantasma. Quizá se
hubiera vuelto loco, pero la vio, y en aquellos momentos totalmente
silenciosos, oyó a su madre susurrar un Gracias.

Tal vez todos pudieran por fin liberarse, ahora.


Dev regresó al vestíbulo e inhaló el olor acre de la gasolina mientras
tomaba su bolso. Rebuscando en el bolsillo del mismo, sacó un
encendedor que había encontrado en la despensa. Su pulgar rodó sobre
el mismo. Se oyó un clic, y la llama cobró vida.

Las paredes de la casa eran como las cicatrices en su espalda, el suelo


como los huesos que Lawrence había intentado romper una y otra vez, y
todo allí adentro era solamente carne podrida y músculos desgarrados,
estirados de más.

Y todo iba a arder.


Capítulo 36
Traducción por Yavana E.

Escándalo tras escándalo consumió las noticias y los periódicos


locales, y luego, como un incendio forestal, se extendió a nivel nacional.

Primero fue el informe de la muerte de Sabrina, y de alguna manera,


y Rosie suponía que los De Vincent habían tenido algo que ver en esto, lo
que se dio a conocer al público fue un trágico robo que salió mal. No se
reveló nada de lo que Sabrina estaba involucrada.

Entonces el... Senador Stefan De Vincent fue reportado como


desaparecido por Gabe. Esa noticia reemplazó la charla de Sabrina. Rosie
no tenía ni idea de lo que realmente le pasó al cuerpo de Lawrence y no
quería saberlo, y por muy enfermo que estuviera, lo único que le
importaba era el hecho de que dos hombres muy malvados, Stefan y
Lawrence, ya no caminaban por esta tierra.

La noticia de la falsa desaparición de Stefan había eclipsado algo más,


algo que Rosie entendía pero no esperaba. Algo que era tan
desgarradoramente poderoso.

Devlin había quemado la mansión De Vincent.

Todo había desaparecido. El incendio fue considerado un accidente:


la casa fue arrasada y, según lo que le dijo Nikki, nadie podía entender
cómo había surgido todo el lugar, dejando absolutamente nada más que
madera carbonizada y cenizas.

Había habido algo antinatural en el fuego, y así lo había dicho Gabe.

Los hermanos y Julia y Nikki sabían que Devlin había iniciado el


fuego, y Rosie había pensado que se enfadarían, pero todos ellos parecían
extrañamente... aliviados de que el lugar hubiera desaparecido.

Y al principio, Rosie había experimentado un pánico que le entumecía


la mente. Devlin… se había ido, y ella temía que se hubiera quemado con
la casa, pero entonces se enteró de que había sido visto después del
incendio.
Había estado en la casa de los padres de Nikki, a Richard y Livie, y
aparentemente les había dado una bolsa de lona llena de dinero,
conmocionando a los Besson, a Nikki y a sus hermanos.

Pero no fue una sorpresa para Rosie.

Había una bondad innata dentro de Devlin. Estaba enterrada bajo


mucha... mucha oscuridad.

Habían pasado dos semanas desde esa noche, una noche que había
comenzado tan hermosamente y terminado tan oscuramente.

No había sabido nada de Devlin. Tampoco de Gabe o Lucian. Él


también parecía haber desaparecido después de ir a la casa de los padres
de Nikki y Rosie... Dios, estaba muy preocupada y luego furiosa porque
él la había dejado.

—¿Estás bien?

Sacada de sus pensamientos, parpadeó y se concentró en Jilly.


Estaba en casa de Jilly y Liz y se suponía que debía prestar atención,
pero obviamente no lo hacía.

—Lo siento. —Rosie forzó una sonrisa.

—Está bien. —La preocupación llenó la mirada de Liz—. Podemos


hablar de esto más tarde.

—Totalmente —coincidió Sarah—. No tenemos que hablar de esto


ahora mismo.

—Está bien —insistió.

Las tres mujeres la miraron fijamente y sus miradas decían que


sabían que no estaba bien. Les había dicho lo que podía, que no era
mucho, pero sabían que Devlin se había ido y sabían...

Sabían que Rosie se había enamorado de él.

Cuándo eso ocurrió, no tenía ni idea, pero sabía que fue la primera
vez que vio una pizca de sonrisa de él o cuando le escuchó reír por
primera vez. ¿Qué tan cursi era eso? Totalmente. Pero era verdad. No se
dio cuenta hasta que se fue, y… ¿cuán irónico era eso?

Pero se dio cuenta cuando supo que Devlin les había dado a los
padres de Nikki más dinero del que jamás necesitarían y se confirmó
cuando supo de Ross y él le dijo que el álbum de fotos le había sido
entregado anónimamente. Creyó que había sido ella, pero Rosie sabía que
había sido Devlin.

Ross se estaba divirtiendo con todos los acontecimientos recientes, y


Rosie sabía que pasaría mucho tiem