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Biografía de George

Washington

George Washington fue el primer


presidente de los estados unidos entre
1789 y 1797 y comandante en jefe del
ejercito continental revolucionario en la
guerra de la independencia de los estados
unidos .
Como acontecimiento precursor de la Revolución Francesa y de la
emancipación de América, la independencia de los Estados Unidos fue
uno de los sucesos trascendentales del tránsito a la Edad
Contemporánea. En este sentido pocos personajes merecen tanto el
calificativo de «figura histórica» como George Washington, máximo
responsable de las campañas militares de la guerra de Independencia
(1775-1783) y principal artífice de la construcción desde bases
democráticas de la nueva nación, que lo eligió primer presidente de los
Estados Unidos de América (1789-1797).

George Washington nació el 22 de febrero de 1732 a orillas del río


Potomac, en la finca de Bridge's Creek, en el antiguo condado de
Westmoreland, en el actual estado de Virginia. Pertenecía a una
distinguida familia inglesa, oriunda de Northamptonshire, que había
llegado a América a mediados del siglo XVII y había logrado amasar una
considerable fortuna. Su padre, Augustine, dueño de inmensas
propiedades, era un hombre ambicioso que había estudiado en
Inglaterra y que al enviudar de su primera mujer (Jane Butler, que le
había dado cuatro hijos) contrajo segundas nupcias con Mary Ball,
miembro de una respetable familia de Virginia que le dio otros seis
vástagos, entre ellos George.

Poco se sabe de la infancia del futuro presidente, salvo que sus padres lo
destinaban a una existencia de colono y por ello no fue más allá de las
escuelas rurales de aquel tiempo: entre los siete y los quince años
estudió de modo irregular, primero con el sacristán de la iglesia local y
luego con un maestro llamado Williams. Alejado de toda preocupación
literaria o filosófica, el muchacho recibió una educación rudimentaria en
lo libresco, pero sólida en el orden práctico, al que lo inclinaba su activo
temperamento.

Ya en la temprana adolescencia estaba suficientemente familiarizado con


las tareas de los colonos como para cultivar tabaco y almacenar las
uvas. En esa época, cuando tenía once años, murió su padre y pasó a la
tutela de su hermanastro mayor, Lawrence, un hombre de buen carácter
que, en cierta forma, fue su tutor. En su casa, George conoció un mundo
más amplio y refinado, pues Lawrence estaba casado con Anne Fairfax,
una de las grandes herederas de la región, y acostumbraba codearse
con la alta sociedad de Virginia.

Un colono con vocación militar

Escuchando los relatos de su hermanastro se despertó en George una


temprana vocación militar, y a los catorce años quiso hacerse soldado,
aunque tuvo que desechar la idea ante la férrea oposición de su madre,
quien se negó a que siguiera la carrera de las armas. Dos años más
tarde comenzó a trabajar de agrimensor, como asistente de una
expedición para medir las tierras de lord Fairfax en el valle de
Shenandoah.

A partir de entonces las agotadoras jornadas en campo abierto, sin


comodidades y expuesto a los peligros de la vida salvaje, le enseñaron
no sólo a conocer las costumbres de los indios y las posibilidades de
colonización del Oeste, sino a dominar su cuerpo y su mente,
templándolo para la tarea que el futuro le reservaba. Aunque las
preocupaciones políticas no le perturbaban (el joven Washington era un
fiel súbdito de la corona inglesa), pudo por entonces sentirse algo
molesto por las limitaciones impuestas por la metrópoli a la colonización,
ya que George y su hermanastro proyectaban llevar sus negocios a las
tierras del Oeste.

A los veinte años un triste suceso dio un giro a su vida al convertirlo en


cabeza de la familia: una tuberculosis acabó con la vida de Lawrence en
1752 y George heredó la plantación de Mount Vernon, una vasta finca de
8.000 acres con dieciocho esclavos. Washington pasó a ser uno de los
hombres más ricos de Virginia, y como tal actuaba: pronto se distinguió
en los asuntos de la comunidad, fue un activo miembro de la Iglesia
episcopal y se postuló como candidato, en 1755, a la Cámara de los
Burgueses del distrito. También sobresalía en las diversiones; era un
magnífico jinete, alto y de ojos azules, un gran cazador y mejor
pescador; amaba el baile, el billar y los naipes y asistía a las carreras de
caballos (tenía sus propias cuadras) y a cuantas representaciones
teatrales se daban en la región. Pero su vocación de soldado no había
muerto, y entre sus planes figuraba ser también un brillante militar.

Por entonces, ingleses y franceses se disputaban el dominio de América


del Norte, y la controversia sobre las rutas de la cabecera del Ohio había
conducido a una extrema tensión entre los colonos. Washington se alistó
en el ejército, y poco después de la muerte de su hermanastro fue
nombrado por el gobernador Robert Dinwiddie comandante del distrito,
con un sueldo de 100 dólares anuales. Ante las invasiones de los
franceses por la frontera, en 1753 el gobernador le encargó la misión de
practicar un reconocimiento en la zona limítrofe. A mediados de
noviembre, Washington se puso en marcha al frente de seis hombres
por el valle del Ohio, una región inhóspita poblada de tribus salvajes y
múltiples peligros. A pesar del frío y las nieves, pudo llevar a cabo la
dura travesía hasta alcanzar Fort Le Boeuf en Pennsylvania, una hazaña
que comenzó a cimentar su fama.
La derrota repercutió de tal forma en su ánimo que el joven militar se
retiró a Mount Vernon con el firme propósito de no volver a tomar las
armas. Pero no pudo llevarlo a cabo, pues los notables de Virginia le
pidieron que se hiciera cargo de las tropas, a pesar de que sólo contaba
con veintitrés años de edad. Washington conservó el mando entre 1755
y 1758, época en que también fue elegido como representante del
condado de Frederic para la Cámara de los Burgueses de Virginia. Su
nombre ya era popular, se le admiraba por su experiencia y tacto, y
comenzaba a labrarse un sólido prestigio político interviniendo
activamente en las deliberaciones de la asamblea.

Tras algunos sinsabores, desilusionado ante el curso de la guerra con


Francia y la conducta de los comandantes británicos, Washington
renunció a su cargo militar para regresar a Mount Vernon y al poco
tiempo, el 6 de enero de 1759, se casó con Martha Dandridge, una
mujer tan rica como bella, viuda del coronel Parke Custis y dueña de una
de las mayores fortunas de Virginia. Poseía un gran número de esclavos,
15.000 valiosos acres y dos hijos de seis y cuatro años, que se
convirtieron en la verdadera familia de Washington.

En Mount Vernon la pareja, unida más por una armoniosa felicidad que
por un amor apasionado, llevaba la vida de los ricos propietarios,
atentos a la prosperidad de sus tierras y al papel prominente que
desempeñaban en la vida social de la región. Todo se hacía a lo grande,
la ropa se compraba en Londres, las fiestas eran espléndidas y los
huéspedes se contaban por cientos. Pero esta vida rumbosa se vería
interrumpida por el vendaval político que pronto se abatió sobre la
América del Norte.

La lucha por la independencia

El final de la guerra de los Siete Años, oficializado el 10 de febrero de


1762 con la firma del Tratado de París, significó la renuncia de Francia a
sus pretensiones sobre Acadia y Nueva Escocia y la plena soberanía de
Inglaterra sobre Canadá y toda la región de Luisiana, salvo Nueva
Orleans. Pero la discrepancia mercantil entre Londres y sus colonias
aumentó a raíz de esta conclusión, pues el gobierno inglés consideró que
todas sus posesiones habían de cooperar en la amortización de los
gastos ocasionados por la guerra, ya que todas ellas se habían
beneficiado de sus resultados.