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El Papa es consciente de los sacrificios vividos.

Así es la belleza de sabernos enviados, la


alegría de saber que por encima de todos los inconvenientes tenemos una misión que llevar
adelante. No dejar que las limitaciones, debilidades e incluso pecados nos frenen e impidan
vivir la misión, porque Dios nos invita a hacer lo que podamos y a pedir lo que no
podemos”.

Enfatizó el papel de la oración en la vida del cristiano: “Rezando descubrimos que somos
parte de una familia más grande de lo que podemos ver e imaginar. Rezando le “abrimos la
jugada” a la Iglesia que nos sostiene y acompaña desde el cielo, a los santos y santas que nos
han marcado el camino, pero sobre todo “le abrimos la jugada” a Dios”.

También valoró su entrega y renuncia a los propios intereses: “Ustedes han querido dedicar
su tiempo, energía, recursos, a soñar y armar este encuentro. Podrían perfectamente haber
optado por otras cosas, pero quisieron comprometerse. Dar lo mejor de sí para hacer posible
el milagro de la multiplicación no solo de los panes sino de la esperanza. Aquí, una vez más,
demuestran que es posible renunciar a los propios intereses en favor de los demás”.

 El Papa terminó su mensaje animando a los jóvenes en la misión y a ponernos bajo el manto
de la Virgen María: “Ahora llega el momento del envío: vayan y cuenten, vayan y
testimonien, vayan y contagien lo que han visto y oído. Todo esto queridos amigos denlo a
conocer. No con muchas palabras sino, como lo hicieron aquí, con gestos simples y
cotidianos, esos que transforman y hacen nuevas todas las cosas. Esos gestos capaces de
armar lío, un lío constructivo. Sigan adelante, con coraje y valentía”.

“El Voluntariado nace de una actitud de servicio. El desafío que tenemos es el de


crear ESPACIOS de Voluntariado, pienso en las bodas de Canaán, faltaba el vino y la
Virgen se metió donde parecía que no tenía que meterse, y creó un espacio, un espacio en
donde unos servidores fueron voluntarios de un milagro…, ese esquema se da siempre, las
organizaciones, las parroquias, los grupos eclesiales, las diócesis, tienen que crear
ESPACIOS, ser muy inventivos de los espacios, para que el voluntario trabaje y, el Señor
haga el Milagro. Crear ESPACIO es una gracia del Espíritu Santo, es una vocación, una
vocación donde vos tenés que abrir tu corazón para que el Señor te la dé, si se la pedís te la
da, pero los medios para conservarla son la oración, recordar que lo hacés por Jesús, que las
personas a las cuales servís son Jesús”.

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