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Staff

Moderadora
Agus901

Traducción
Agus901 Carosole Crys
Nikki26 Pachi15 Mari18
Abby Galines Magdys83 Boom
Axcia bluedelacour Meme pistols
Kyda JesMN Malu_12
Valen Drtner Mona
Nelshia Valalele

Corrección
PepitaCPollo
Belén DM
Malu_12
mayelie
Mimi90
marta_rg24
Francatemartu
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Recopilación & Diseño


Francatemartu
Índice

Sinopsis Capítulo 23
Capítulo 1 Capítulo 24
Capítulo 2 Capítulo 25
Capítulo 3 Capítulo 26
Capítulo 4 Capítulo 27
Capítulo 5 Capítulo 28
Capítulo 6 Capítulo 29
Capítulo 7 Capítulo 30
Capítulo 8 Capítulo 31
Capítulo 9 Capítulo 32
Capítulo 10 Capítulo 33
Capítulo 11 Capítulo 34
Capítulo 12 Capítulo 35
Capítulo 13 Capítulo 36
Capítulo 14 Capítulo 37
Capítulo 15 Capítulo 38
Capítulo 16 Capítulo 39
Capítulo 17 Capítulo 40
Capítulo 18 Capítulo 41
Capítulo 19 Capítulo 42
Capítulo 20 Capítulo 43
Capítulo 21 Capítulo 44
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Capítulo 22 Epílogo
Biógrafa del autor
Sinopsis

os historias tan profundamente entrelazadas, pensarás saber


cómo se interceptan... pero... estarás equivocado...

Zack Martin
El día que conocí a Emily Bennett mi mundo entero cambió. Claro,
éramos solo niños, pero tenía la edad suficiente para saber que mi vida nunca
sería la misma. Ella era mi mejor amiga. Mi destino. Mi suerte. No estaba
equivocado... yo solo no sabía cuán retorcido el destino podría ser.

Nikki Fallon
Después de la muerte de mi madre, mudándome de mi oscuro y sombrío
tráiler a la soleada California, estaba concentrada en una cosa, buscar a una
hermana que solo hace poco me he enterado que existía. Enamorarme de él
no era parte del plan. Pero lleno un vacío que nunca pensé era posible de
llenar. Él tenía que ser mi suerte. Mi destino. Hasta el día que finalmente me
di cuenta quién era mi hermana... y de cuán retorcido el destino podría ser
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Uno
Nikki

stoy sola en el estacionamiento, la lluvia cae tan fuerte que debería


herir mi pálida piel, pero no siento dolor. El vestido de verano azul
oscuro que llevo puesto, el único vestido que tengo, está empapado,
ciñéndose firmemente a mi cuerpo. Cerrando mis ojos con fuerza, le rezo a un
Dios en el que ya no estoy segura de creer, rogándole que se lleve la imagen
que ha sido grabada a fuego en mi cerebro desde mis recuerdos. Pero es inútil.
Cerrar los ojos sólo hace su imagen yaciendo allí más vívida. Los fuerzo a
abrirse para perseguir lo que veo a lo lejos, pero no funciona.
Mi cuerpo comienza a temblar, sacudiéndose con sollozos, incluso antes
de que mis lágrimas comiencen a caer. Es la primera vez que he llorado desde
que sucedió. El tiempo pasa, pero no tengo ni idea de cuánto tiempo me quedo
allí, dejando que días de emociones reprimidas me invadan. Eventualmente,
la lluvia torrencial comienza a disminuir, mis lágrimas siguiendo su ejemplo.
Unos faros en la distancia llaman mi atención, desacelerando antes de
girar hacia el estacionamiento poco iluminado. Agachándome detrás de un
árbol cercano, no tengo ni idea de por qué estoy escondiéndome. Solo sé que
no quiero ver a quienquiera que sea. Asomo mi cabeza desde detrás del alto
roble para echarle un vistazo al extraño. Una mujer estaciona, arregla su
cabello en el espejo retrovisor, y finalmente sale del auto. Durante un largo
momento, permanece inmóvil, observando las palabras sobre las altas
puertas dobles.
Minutos después, entra otro auto. Estoy demasiado familiarizada con él.
Saliendo de su auto, la señora Evans no escatima en un momento de reflexión.
Avanza hacia las puertas, las abre y desaparece dentro sin parpadear. He
tenido un montón de trabajadores sociales a lo largo de los años, pero esta…
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es la peor de todas. La odio. Verla paseándose tan casualmente en el funeral


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de mi madre, me recuerda todos los meses que nos mantuvo separadas.


Tiempo que podríamos haber pasado juntas. Tiempo que no puedo recuperar.
La tristeza y las lágrimas se fueron, la rabia me domina. Mi cuerpo sin
vida se pone rígido, con los puños apretados a mis lados. La odio. Muchísimo.
Sintiéndome como una olla llena de agua hirviendo, con la tapa a punto de
salir volando porque el vapor necesita escapar, busco en el suelo por algo que
lanzar. Algo. Encontrando una piedra con barro, la lanzo hacia el auto que me
alejó tantas veces. Produce un ruido sordo cuando conecta con el auto, pero
el sonido no me satisface. Así que encuentro otra, y esta vez tomo impulso
antes de arrojar la pesada piedra de mi temblorosa mano. Un ruido fuerte
suena a través del tranquilo estacionamiento. Cientos de pequeñas piezas de
vidrio caen al suelo mientras la alarma comienza a sonar. Extrañamente, el
ruido me trae paz.
Me doy la vuelta, sintiéndome más satisfecha de lo que lo he hecho en
días, el agua todavía goteando de todo mi cuerpo, y camino lentamente hacia
casa.
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Página
Dos
Zack

ecuerdo la primera vez que puse mis ojos en Emily Bennett. Su


familia acababa de mudarse al otro lado de la calle. El camión
de mudanza blanco ocupaba casi la mitad de nuestra cuadra.
Estaba sentando en mi habitación en el segundo piso, espiando por la
ventana. La mayoría de las cosas que los vi bajar lucían como las cosas de mi
familia… alfombras caras, muebles antiguos… toda basura a la que no me
permitían acercarme. Cosas que lucían aburridas como el infierno para un
niño de nueve años.
Estaba perdiendo rápidamente mi interés en espiar, hasta que algo
amarillo brillante atrapó mi atención saliendo del interminable camión.
Veintiséis centímetros de cromo y pintura brillante amarillo canario. De
ningún modo. Mi boca se hizo agua con la vista de la bicicleta Schwinn Twin
Back IV Racer que había querido por los últimos dos meses. No estaba seguro
de si estaba más emocionado por finalmente tener un niño en mi cuadra con
el cual jugar, o que quizás pudiera montar la bicicleta del chico nuevo. Me
lancé por las escaleras, bajando dos escalones a la vez, abrí la puerta
mosquitera tan rápido que casi se sale de las bisagras, y corrí atravesando la
calle, ignorando completamente el grito de mi madre para ponerme zapatos.
Y pantalones. Sí, en toda mi emoción, salí corriendo en ropa interior. Nueve
años y mi madre seguía comprándome calzoncillos de Batman. El recuerdo
de correr directo hacia el nuevo vecino, solo para encontrar que el chico nuevo
era una chica, parece que fue hace una eternidad.
Emily y yo habíamos sido inseparables desde entonces. Me dejó montar
la Schwinn el primer día que la conocí. Justo después de ponerme mis
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pantalones y que mi madre me forzara a presentarme cordialmente a los


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padres de Emily, una pareja muy agradable, pero quienes parecían mucho
más viejos y no tan felices como mi papá y mamá.
Creo que me enamoré de Emily antes de entender que significaba
enamorarse. Cuando tenía diez y mi equipo perdió el pee wee super bowl,
Emily estaba allí en su traje de animadora, diciéndome una y otra vez como
casi gané el juego para todo el equipo. Y el año siguiente, cuando mi equipo
ganó, Emily gritó y animo más fuerte que nadie. ¿Cómo podía un chico no
amar eso?
Pero en los últimos años mucho había cambiado. Emily ha cambiado. A
veces, no reconozco a la Emily de la Schwinn amarilla. Mientras miro a la
misma niña, ahora crecida, pasearse hacia nuestra mesa y busco en sus ojos
un signo de la Emily que solía ser. Estoy triste cuando no puedo encontrarla.
Sin embargo, ella sigue siendo tan hermosa como siempre. Sacude su
cabello. Largo, rubio, y liso en la parte de arriba, con rulos comenzando a
mitad de camino por su espalda, parece que pasó horas preparándose solo
para venir a la escuela. Conociendo a Emily, probablemente lo hizo.
—¿Listo para irte, Batman? —regresa a nuestra mesa del almuerzo
después de hacer sus rondas sociales diarias.
Ocho años después y aún sigue torturándome por ese día. Sólo, que en
estos días, sabe en realidad que ropa interior tengo puesta, bóxer Calvin Klein
gris oscuros. Del mismo tipo en el que le gusta frotarse medio desnuda, unas
cuantas veces a la semana, pero no deja que me los quite.
—Ve sin mí. Voy a hablar con Allison Parker. Es mi compañera para
nuestro proyecto de inglés. —Sé que mi respuesta no le sentó bien a Emily,
pero estoy casi en el punto en el que ya no doy una mierda.
—¿Enserio Zack? ¿Otra vez? Si no lo supiera mejor, empezaría a pensar
que tú y la pequeña chica nerd tienen algo. —Ella sabe que Allison y yo somos
solo amigos, en realidad, no está enojada por eso. Todos sus amigos creídos
se encuentran en el campo todos los días después que terminan de comer, y
Dios perdone que no me tenga para enseñarme. La mayoría de los días ni
siquiera me habla, pero se cuelga de mí como si estuviéramos malditamente
conectados por la cadera.
—Ni siquiera notaras que no estoy allí. —Me puse de pie y tomé mis
libros de la mesa, terminando silenciosamente la conversación. Para mí, de
todos modos.
—Por supuesto que lo haré, y también lo harán los demás —gime,
cogiendo mi mano.
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Y ahí está la verdadera razón de que esté siendo regañado por querer
trabajar en mi proyecto de inglés. La capitana del equipo de animadoras debe
ser vista con el capitán del equipo de futbol. La tierra podría salirse de su eje
si no es la imagen perfecta en el mundo de Emily. Pero soy un maestro
arreglando mis errores con Emily Bennett, así que golpeo ruidosamente mis
libros sobre la mesa, asegurándome que todos los ojos estén en nosotros.
Luego envuelvo mis brazos alrededor de su pequeña cintura y la empujo más
cerca, haciendo eso para que tenga que inclinar su linda pequeña cabeza para
mirarme. Sellando mi boca sobre ella, la beso largo y duro.
Pretende estar enojada con mi pequeña muestra de afecto público, pero
no lo estará. Ama cada maldito minuto de atención. Y cuantas más chicas
suspiren, mientras ella se pasea, mejor será el tratamiento que reciba cuando
la vea de nuevo después de la escuela.
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Página
Tres
Nikki

l sol de la mañana brillando a través de los árboles no hace nada


por levantar mi estado de ánimo. Después de dar vueltas toda la
noche, estoy más cansada luego de salir de la cama que cuando me
metí en ella.
La privación del sueño me deja nerviosa y salto cuando mi celular suena.
—No he saltado por la ventana, Ashley —le grito cuando presiono el
botón de altavoz del teléfono, deteniendo mi limpieza de los cajones del
tocador de mamá. Tiene buenas intenciones, pero ya me llamó cuatro veces y
son tan solo las 11 AM—. ¿No deberías estar en la clase de matemáticas?
—Soy lo suficientemente inteligente. Además, me las puedo arreglar
usando mis encantos —dice con sarcasmo—. Cálculo es para lerdos.
—¿En serio? Siempre había pensado que Cálculo era para los
inteligentes.
—Nah. Sólo les dicen eso a los niños sin personalidad para que no salten
por una ventana. Nosotros les decimos que son brillantes, pero lo que
realmente significa es que estás aburrido como la mierda por lo que tienes
que trabajar el doble.
—Sabes que la gente me dice que soy brillante, ¿verdad?
—Eso está bien, quédate conmigo, te haré un poco más tonta. —Hace una
pausa—. Sólo tengo inglés y gimnasio; pensé en saltarme esas clases y
hacerte compañía esta tarde.
Sorprendentemente, soy capaz de convencer a Ash de no faltar a clases,
porque sé que quiere ver por sí misma que estoy bien. Es por eso que no he
mencionado que me enteré de que voy a mudarme la próxima semana. La Sra.
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Evans me dio la noticia esta mañana. Un hogar de acogida. Otra vez. La mamá
de Ashley acordó mantenerme temporalmente, pero su remolque tiene menos
espacio que el mío.
Mis frecuentes períodos en hogares de crianza cuando mamá fue
hospitalizada fueron generalmente de corta duración. Sabía que eran sólo
temporales. Pero aún tengo casi un año hasta que cumpla dieciocho y no
quiero ni pensar en vivir con desconocidos todo ese tiempo. No me puedo
imaginar sobrevivir sin mamá y Ashley.
Ashley Mason ha sido mi mejor amiga desde hace cuatro años. Es el
tiempo más largo que he tenido un mejor amigo.
En realidad, es el tiempo más largo que he tenido algún amigo. Nos
conocimos en la clase de inglés del Sr. Carson. Acabábamos de empezar Matar
al Ruiseñor cuando me trasladé a Brookside. Soy la friki que lee dos libros a
la semana y tiene cada tarea de inglés hecha antes de tiempo. Ashley es del
otro tipo de chica. El tipo que lee Spark Notes y desprecia cualquier libro que
no tenga imágenes. Algunas personas simplemente odian leer, y Ashley es su
reina. No podía creer que ya hubiera leído Matar al Ruiseñor porque quería.
Nuestras obvias diferencias son lo que nos atrajo la una a la otra. Ashley
necesitaba ayuda y yo la ayudé. Es lo que soy. Supongo que todos esos años
de cuidar a mamá crearon una segunda naturaleza para mí.
Lanzo mi teléfono en la cama y tomo una respiración profunda mirando
a mi alrededor. ¿De quién voy a cuidar ahora?

Cuadernos llenos de pensamientos incoherentes.


Artículos periodísticos al azar plegados en pequeños cuadrados.
Cientos de botellas de pastillas vacías.
Estoy agradecida de que Ashley decidiera permanecer en la escuela; me
dio un poco de tiempo para terminar de limpiar los cajones de mamá sin tener
que explicar nada. Sé que Ash no nos juzgará. Pero algunas de las cosas que
encontré esta mañana no tienen explicación. Ashley sabe todo sobre mamá.
Es una de las pocas personas que lo hace. La diabetes de mi madre no era un
secreto —fue lo que en última instancia le quitó la vida. Pero casi nadie sabía
de su enfermedad mental. No era algo que fuera fácil de explicar. La mayoría
de los niños ni siquiera saben lo que es el trastorno bipolar, por no hablar de
cómo cuidar de una madre luchando contra sus demonios cada día.
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Simplemente era más fácil no llevar a nadie a casa. Excepto a Ashley. Ella lo
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ha visto todo. Especialmente las últimas duras semanas... la enfermedad de


mamá era todo acerca de los días malos y los días buenos. Pero no habíamos
tenido días buenos en un tiempo. Un tiempo muy, muy largo.
Miro alrededor del pequeño remolque que mamá y yo compartimos los
últimos cuatro años. Como siempre, mis cosas están listas —fáciles de mover.
Nunca confié en la permanencia de las cosas más que mi mamá. Teníamos
un acuerdo silencioso de que mis pertenencias permanecerían en las cajas de
cartón pesadas que mantenía organizadas como cajones. Incluso cuando
mamá y yo vivimos en un lugar amueblado con armarios reales, nunca usé
uno.
Son las cosas de mamá las que deben ser organizadas y ordenadas. No
es una tarea con la que esté cómoda. Mamá siempre mantuvo sus cosas
privadas. A pesar de que se ha ido, todavía siento que estoy haciendo algo mal
al revisar sus cosas.
La parte posterior del cajón de mamá es donde guarda su joyero. No
estoy segura de por qué siempre lo ocultaba, ninguna poseía nada de valor.
Abro la cajita rosa destartalada; la familiar bailarina aparece para saludarme
y de repente tengo seis años y me estoy colando en la habitación de mamá
cuando ella no está en casa. Abro y cierro una y otra vez la cajita musical,
viendo la pequeña bailarina de plástico girar con la música y tratando de
imitar su pose.
—Difícilmente puedes caminar y mascar chicle al mismo tiempo —dijo
mamá, riendo, cuando le pregunté si podía inscribirme en clases de ballet. No
importaba que no pudiéramos pagarlas.
No puedo evitarlo. Giro la llave en la parte trasera de la caja con fuerza,
y cuando la música tintinea, la primera sonrisa de verdad que he tenido en
semanas visita mi cara.
Con dos largas hebras de cuentas metálicas envueltas alrededor de mi
cuello, tarareo la canción de la bailarina mientras me coloco los anillos
baratos de joyería de fantasía en cada dedo. El que es plateado, con la piedra
de color púrpura oscuro, cambia de color. Recuerdo que mi madre me decía
que era su anillo del humor, que podía ver cómo se sentía ella por dentro.
Verde oscuro significaba triste, rojo significaba feliz. Siempre había pensado
que me estaba tomando el pelo. Pero mirando fijamente mi dedo, veo cómo el
color púrpura oscuro se vuelve verde.
—¿Estás jugando a los disfraces sin mí?
Asustada, salto de la cama, enviando el joyero a volar través de la
habitación, los contenidos esparciéndose por todo el lugar cuando la caja
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choca contra la pared.


—¡Ashley! ¡Casi me matas del susto!
Ella sonríe.
—Lo siento. No contestaste cuando llamé, así que entré. Buena medida
de seguridad, por cierto, dejar la puerta abierta para que cualquier persona
extraña pueda entrar.
—Y al parecer lo hicieron. —Me dejo caer sobre mis manos y rodillas
para buscar las joyas de mamá, ahora esparcidas por todo su pequeño
dormitorio. Su valor no es medido en términos de dinero, pero esta basura no
tiene precio para mí.
—No estabas contestando mis llamadas. —La preocupación de Ashley
está en su voz y escrita en su rostro. Levanto la mirada, descubriendo que las
puntas de su cabello negro azabache han sido teñidas de violeta desde la
noche anterior. Así es Ashley. Realmente la voy a extrañar.
—Lo siento, Ash. Sólo necesitaba un poco de tiempo para revisar las
cosas de mamá.
Me agacho para agarrar la caja de música del piso donde se estrelló y la
levanto, acomodándola en posición vertical, pero la bandeja pegada a la parte
inferior se despega y cae al suelo en el proceso. Dos tiras de plástico pequeñas
que deben haberse escondido entre la bandeja y la parte inferior de la caja
musical caen, aterrizando a mis pies.
Ashley las recoge, entrecerrando los ojos ante las tenues palabras
mecanografiadas en las pequeñas tiras rosas de plástico.
—¿No es tu cumpleaños el 14 de febrero?
—Sí, ya sabes eso. ¿Recuerdas que me compraste ese chocolate gigante
del Día de San Valentín en forma de corazón y lo envolviste en papel de
cumpleaños? Siempre me toman el pelo en mi cumpleaños —bromeo. Pero
algo en el rostro de Ashley me hace dejar de sonreír. Tomando las tiras de su
mano, leo las palabras que han causado que su cara rosada y alegre se drene
de todo color. En una pulsera dice: Gemela A, 14/02/97, Madre: Carla Fallon.
En la segunda, dice: Gemela B, 14/02/97, Madre: Carla Fallon.
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Página
Cuatro
Zack

os sábados por la mañana son mis momentos favoritos con


Emily. Agachándome para estirar mis pantorrillas, la veo
mientras camina por la calle vestida en algo corriente. Sin
maquillaje, con una cinta tirando de su cabello en una coleta simple, luce
joven y hermosa. Más como la chica de la que me enamoré, que la chica en la
que se ha convertido últimamente. De alguna manera, la informalidad de su
apariencia se filtra en su actitud, haciéndola perder el aire de superioridad
que parece haber empeorado en los últimos meses.
—Buenos días. —Sonríe grande y feliz, estirándose en las puntas de sus
pies mientras me besa la mejilla.
—Alguien se levantó por el lado derecho de la cama esta mañana. —
Cambié a la otra pierna, estirando para terminar con mi etapa pre-carrera.
—¿Sobre qué no debo estar feliz? —Estoy totalmente de acuerdo, pero
curioso por saber lo que le ha pasado para darse cuenta de eso ésta mañana.
Abriendo sus extremidades, Emily extiende sus piernas, se inclina
colocando ambas manos en el suelo delante de ella. Su culo perfectamente
posicionado frente a mí. Sin duda intencionalmente, pero quién soy yo para
quejarme con una gran vista.
—Estoy de acuerdo. De hecho, me siento feliz por ello. —Palmeo su culo.
Se ríe como una niña pequeña.
—¿Quieres hacer una carrera por la ciudad hasta la biblioteca y de
regreso o te diriges a la escuela esta mañana? —Hemos estado corriendo
juntos los sábados por la mañana desde la escuela intermedia. A veces pienso
que es la única vez que disfruto más con Emily. Y tal vez los tiempos cuando
sus padres salen por unas horas y me acerco, pero siempre empieza bien y
termina frustrada conmigo.
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—Una carrera. —Se coloca un auricular rosa, dejando el otro colgando—


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. ¿Te reto hasta la casa del viejo hombre Wilkins? El perdedor compra comida.
—Corre antes de que incluso pueda responder.
La casa de Wilkins está a dos cuadras, pero son cuadras largas. Le he
dejado ir por una cuadra y media. Entonces corro más allá de ella, justo
cuando empieza a oler la victoria a corta distancia. A ninguno de los le gusta
perder nada, es una de las pocas cosas que tenemos en común. Pero también
una de las cosas que se interpone en nuestro camino.
—Me engañaste. —Su cara sonrojada, inclinada con ambas manos sobre
sus rodillas mientras trata de recobrar el aliento, frunce el ceño.
—¿Cómo puedo hacer trampa? Es una carrera y te fuiste antes que yo.
No es como si me subí a un auto y conduje hasta aquí cuando no estabas
mirando.
—Me hiciste pensar que iba a ganar.
—¿Entonces?
—Entonces, eso es trampa.
—Eso no es engañar, eso es jugar contigo.
—¿Jugar conmigo? —Está parada, con las manos en las caderas.
—Sí. —Me inclino hacia abajo y la beso castamente. Está todavía sin
aliento, pero veo que intenta no demostrarlo. No estoy sin aliento en absoluto.
—Bueno, vamos a ver si podrás jugar conmigo esta noche, entonces.
—Eso suena como un desafío. —Dando un paso en su espacio personal,
miro hacia abajo, intentando lo mejor para intimidarla. Pero sólo la hace
molestarse.
—Tal vez si me dejas ganar de vez en cuando, te dejaría ganar.
***

Pasamos dos horas corriendo juntos y luego compré su almuerzo,


aunque perdió la apuesta. No sé por qué estoy de acuerdo en sus apuestas,
porque aunque gane, ella no pierde.
Empuja la mitad su ensalada en el plato con su tenedor.
—Mis padres van a salir de la ciudad el sábado próximo para una
Convención.
—¿Ah sí?¿Te quedas con Blair?
—Estaba pensando en decirles que me quedaría con Blair, pero
podríamos estar en mi casa. Tendríamos toda la noche, juntos. —Muerde su
labio inferior, es su gesto nervioso. Desde que éramos niños siempre supe
cuando estaba asustada, incluso aunque era valiente la mayor parte del
tiempo.
—Tal vez puedes decirle a tus padres que te quedas en casa de Keller
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después de la fogata en la playa. Para el momento en que lleguemos a casa,


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estarán durmiendo y no notarán que nos escabullimos.


Sé lo que me está diciendo. Joder, hemos incluso discutido sobre eso un
par de veces durante el último año. Siento que he estado esperando desde
siempre. Pero ahora que me lo está ofreciendo, me siento culpable incluso de
pensar en tomarlo de ella a menos que esté lista.
—No tenemos que hacerlo, Em. —Alargo la mano y coloco su mano en la
mía encima de la mesa—. Esperaré, si no estás lista. —Podría explotar, pero
esperaré.
—Quiero hacerlo.
—¿Estás segura?
Se inclina, con su voz baja.
—Empecé a tomar la píldora el mes pasado. Estoy lista.
Jesús, no puedo creer que finalmente vaya a pasar. Sólo de pensarlo, me
alegro de estar sentando para que el restaurante entero no pueda ver la
tensión en la entrepierna de mis pantalones.

Tal vez estaba dejando que mi frustración se acumule con Emily en los
últimos meses y ello estaba afectando nuestra relación. Porque todo parece
haber estado más ligero, más despreocupado. Juntos nos sentimos más como
el viejo Zack y Em que existimos hace años.
Cierro la puerta de Emily y camino a mi lado del auto. Se coloca cerca de
mí, descansando su mano en mi regazo cariñosamente.
—Muy pronto estaré llevando tu culo al cine.
Muevo la llave en el encendido y el motor restaurado del sesenta y ocho
de mi padre vuelve a la vida. Todavía no puedo creer que me deje llevar esta
cosa.
—El conductor paga la película, ya sabes —me burlo.
—No sabía que había reglas.
—Síp. Muchas. Consigues una lista mecanografiada por correo con tu
licencia. Tú sabes, asumiendo que pases tu prueba de conducción.
—¿Crees que no soy un buena conductora? —Su mano vuela hacia su
pecho en una pose fingida, dramática.
—Los hombres son mejores pilotos. —Me encojo de hombros.
Ella se ríe.
—¿De qué estás hablando?
—Es un hecho conocido.
—¿Por quienes?
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—Todo el mundo.
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—No saben de mí.


—Eso es porque todavía no tienes tu licencia. Estos hechos vienen en el
mismo sobre con las reglas.
Llego a la sala de cine. Un grupo de sus amigas están ahí mientras
estaciono.
—¿Todas vienen a ver la película?
—Todas mis mejores amigas.
—¿Cómo puedes tener tantas mejores amigas? Sabes que el término se
refiere a la más excelente, ¿verdad? —me burlo, solo medio bromeando.
—Tú y tus reglas. —Comprueba su maquillaje por tercera vez en la corta
distancia de camino al cine.
Pasan menos de cinco minutos para que pierda a la Emily que estaba
disfrutando hoy una vez que ella se rodea con sus amigas. Me detuve a
saludar a dos chicos de mi clase de español y Emily me rodó los ojos. Pasé la
película extrañando la sensación de su mano en mis rodillas ya que está
sentada entre sus dos mejores amigas susurrándose. Pero la distancia
creciendo entre nosotros es mucho más física.
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Página
Cinco
Nikki

e despierto con la ropa que llevaba ayer. Mi cabeza


retumbando y la mente remolineando, la mañana no me
trae más claridad que ayer. Sólo que ahora estoy sobria. Al
menos, eso creo. Atreviéndome a abrir un ojo, mi línea de
visión es como un imán al metal, lo primero que veo con mi visión nublada
son las pequeñas pulseras de color rosa. Apenas llego al baño antes de vaciar
el contenido de mi estómago.
Mi ansiedad y arcadas secas despiertan a Ashley de su sueño, y viene a
verme. Se ve casi tan mal como me siento.
—¿Qué diablos bebimos? ―Ash moja una vieja toalla facial y la pliega
sobre su cabeza, tumbándose en el suelo fresco del baño alicatado, al lado de
donde estoy sentada abrazando el tazón de porcelana.
Incapaz de levantar la cabeza para mirarla, trato de recordar. Hubo
vodka. No mucho, sólo tres pequeñas mini botellas, del tipo que dan en los
aviones. Mamá las tenía colocadas en un estante detrás de un plato pintado
con la imagen de un viejo cantante. Recuerdo que nos bebimos aquellas... pero
es brumoso lo que vino después.
―Tomamos las pequeñas botellas de vodka.
Gimiendo, Ashley interviene:
—Y entonces el Gin.
—¿Gin? ―Vagamente, recuerdo una botella de vidrio de color verde
oscuro—. ¿Botella verde?
—Síp.
—¿Cuánto bebimos?
—Todo. A continuación, la estrellaste fuera contra el lateral del remolque.
―¿Lo hice? ―Me sorprende no poder recordarlo, no estoy sorprendida
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por mis acciones.


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―Síp. Estabas gritando muy fuerte también.


Beber es el pasatiempo favorito en nuestro parque de caravanas, pero no
es algo en lo que Ash y yo entremos. La preocupación por ser atrapada entra
en mi cerebro, muy probablemente por primera vez. No mucho se mantiene
en secreto en nuestra pequeña comunidad.
―¿Lo sabe tu madre?
―No lo creo.
―¿Cómo conseguiste que te dejara dormir aquí?
―Le dije que íbamos a la iglesia y a correr y que no deberías estar sola
después.
―¿Iglesia? ―Arqueo una ceja, pero no lo puede ver porque mi cabeza
todavía está metida en la taza del váter. No estoy segura de lo que es menos
creíble, si la idea de Ashley en la iglesia, o uniéndose a mí en una de mis
carreras diarias de cinco millas.
―Era eso o ir a casa, y me daba miedo dejarte sola. ―La voz de Ashley
cae más baja, casi en un susurro—. No puedo creer que tengas una hermana.

Horas más tarde, mi resaca está finalmente en la bahía de una dosis


doble de Tylenol y un galón de agua. Pero mirar alrededor de la habitación
me hace sentir mareada de nuevo, sólo que esta vez no tiene nada que ver con
el alcohol.
Todas mis pertenencias mundanas caben en ocho cajas —mis siete
habituales, y una nueva caja de la tienda de comestibles llena de cosas de
mamá que quiero mantener—. Diecisiete años de vida y eso es lo que he
logrado reunir a lo largo del camino. Y una de las cajas está casi
completamente repleta de libros. Mientras embalo la última caja, llantas en el
camino de grava en el lado de nuestro remolque me alerta de un visitante.
Mirando por la ventana de la cocina confirmo que el visitante no es alguien
bienvenido. Mal Evans.
Llama en la estructura del marco de la puerta, a pesar de que el interior
de la puerta está abierto y puede verme claramente de pie a menos de cinco
metros de distancia.
―Adelante. ―Ni siquiera dejo lo que estoy haciendo para mirarla.
―¿Cómo estás hoy, Nikki? ―Hay cero calidez en su voz. ¿No se supone
que las personas que trabajan con niños tienen que ser cálidos y
reconfortantes? Esta mujer es más como la reina del hielo.
―¿Qué quiere? Pensé que tenía hasta mañana.
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―Vine a darte algo. ―La miro, pero no se mueve inmediatamente para


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sacar nada. En cambio, me obliga a hacer contacto visual si quiero saber por
lo que está aquí para ofrecer. Espero, sosteniendo su mirada.
―Tu madre me dio algo hace unas semanas. Me pidió que te lo diese
después de que se hubiese ido. Quería darte unos días para hacer el duelo,
antes de traértelo.
La Sra. Evans abre su abultado maletín, desliza un sobre y lo sostiene. La
letra de mamá está en el exterior. Hay un dolor en mi pecho, lucho contra el
impulso de alcanzarlo y agarrarlo.
―¿Lo ha leído?
―No, no lo hice. ―Su voz monótona a juego con su traje gris monótono.
―Démelo. ―Saco mi mano, mis ojos nunca dejan los de ella. No
retrocederé ante esta horrible mujer. No puede llevarme lejos de mi mamá, ya
que ella ya se ha ido. Me quedo mirando su rostro inexpresivo, no dejándola
ver la emoción oculta tras una máscara. Finalmente, ella me lo entrega.
―Voy a estar de vuelta mañana. ¿A eso del mediodía?
―Lo que sea. ―Le doy la espalda y entro en la habitación del fondo,
cerrando la puerta detrás de mí. Espero hasta que escucho su auto marcharse
antes de rasgar el sobre.
Ver la letra de mamá trae lágrimas incluso antes de empezar a leer sus
palabras.

Querida Nikki,
Sé que probablemente estarás enojada porque me haya ido. Pero estar
enojada es bueno a veces. Te hace mantener la guardia alta. El mundo está
lleno de gente en la que no se puede confiar. Ellos se encubren a sí mismos en
el bien, pero sólo enmascaran el mal debajo. Es necesario prestar atención,
averiguar quién está realmente escondido debajo.

Solo necesito las primeras frases de la carta para saber que lo escribió
durante uno de sus períodos de oscuridad. Los días que se negaba a tomar su
medicina. A veces, los efectos secundarios de todas sus diferentes píldoras
eran peor que su propia condición. La dejaban exhausta, incapaz de
levantarse de la cama por días, a veces incluso semanas. Eventualmente,
dejaba de tomar los medicamentos. El periodo de oscuridad que seguía
normalmente duraba unas pocas semanas. Al principio, no estaba mal. Pero
con cada día que pasaba sin su medicación, se convertía en más y más
paranoica. Cuando era más joven, pensaba que era cierto, que la gente
realmente iba por nosotras. Constantemente miraba por encima de mi
hombro, como mamá hacía.
21
Página

Hay tantas cosas que no te he dicho. Cosas que escondí de ti para


protegerte. No quería que ellos nos separasen. Te quiero, cariño. Hasta la luna
y de regreso, al igual que el libro que solía leerte. Sólo más. Mucho más. Así
que todos los secretos que guardaba, los guardé por nosotras. Porque éramos
más fuertes juntas que separadas.
Pero ahora estás sola. La verdad tiene que salir. Lamento haberla
guardado de ti todos estos años. No conozco ninguna otra forma de decirte...
Me gustaría que hubiera una manera más fácil.
Nikki, tienes una hermana gemela. Y una tía también. Ninguna de
nosotras es hija única. Aunque, en nuestros corazones, lo seremos siempre.
Tu hermana estaba enferma. No podía cuidar de ella y de nosotras. Así
que tu tía hizo los arreglos para nosotras. Hizo adoptar al otro bebé.
En tu primer año de vida, llamé a tu tía para ver si podía averiguar cómo
estaba tu hermana. Dijo que el bebé salió del hospital saludable y que no sabía
más. Pudo haber estado mintiendo, porque estaban escuchando. Así que
colgué rápido para que no pudieran rastrear la llamada y nunca la llamé de
nuevo. Ella se comprometió a mantener la adopción en secreto porque los
padres adoptivos le rogaron. Nunca planeaban decirle a tu hermana que no
era su verdadera hija. Lo siento, por no estar contigo ahora. No me gusta
dejarte sola. Nadie debería estar solo en el mundo. Es por eso que te estoy
diciendo acerca de tu tía. Su nombre es Claire Nichols. Tiene los medios y te
ayudará si se lo pides. Pero ten cuidado. No se detendrá ante nada para
mantener el secreto de tu hermana de ser expuesto.
Te amaré siempre. Hasta la luna y de regreso.
Mamá.

En el momento en que he terminado de leer, algunas de las palabras


entintadas se ven borrosas debido a mis lágrimas. Apretando su carta
fuertemente contra mi pecho, me hundo en la cama y lloro hasta quedarme
dormida, repitiendo las palabras una y otra vez. Hasta la luna y de regreso,
mamá. Hasta la luna y de regreso.

A la tarde siguiente, me congelo cuando escucho el golpe en la puerta de


la caravana. Había ensayado lo que le iba a decir a Mal Evans toda la noche,
pero ahora las palabras me han abandonado. A duras penas digo:
―Adelante.
Es bastante irónico que esté a punto de pedirle ayuda, cuando lo único
22

que quería antes era que ella me dejase en paz.


Página

―¿Lista, Nikki? ―Hacemos contacto con los ojos, pero rápidamente miro
lejos, estabilizándome con una respiración profunda.
―Sra. Evans, necesito su ayuda. ―Envuelvo mis manos alrededor de mi
estómago, las palabras causando dolor físico cuando las digo.
Es la primera vez que la he visto sin palabras.
―Se trata de la carta de mi madre. ―Mis ojos se llenan de lágrimas—.
Tengo una tía ―dejo escapar—. Su nombre es Claire Nichols. Tengo que
encontrarla. Realmente tengo que encontrarla. ¿Me ayuda, por favor?
―Estuve la mitad de la noche buscando en internet, hay más de cuatro mil
personas con el nombre de mi tía. La Sra. Evans podría buscar en los
registros... tal vez incluso contratar a un investigador.
Escucha mi explicación de lo que quiero que haga.
―Nikki…
―Por favor, Sra. Evans, por favor. No me lleve a ninguna parte todavía.
Simplemente trate de encontrarla primero. Por Favor. Ella es mi única familia.
Tengo la sensación de que mentalmente está buscando a través de su
número de casos, decidiendo si soy digna.
―Puede que no sea tan fácil de encontrar como tú piensas. ―Suspira y
mira hacia el techo. Eventualmente, acepta a regañadientes—. No puedes
quedarte aquí. Voy a tener que hablar con la madre de Ashley sobre cuidarte
unos días más. Si ella no puede ―la advertencia en su voz es clara―, tendrás
que ir a la familia de acogida esta noche.
No le digo a la señora Evans acerca de mi hermana. Mi hermana.
Después de que Evans se va, digo las palabras en voz alta para ver cómo
suena.
―Mi hermana.
Después de diecisiete años, ¿cómo puede alguien tener una hermana?

Odio llorar. Contarle a Ash sobre la carta de mamá sería definitivamente


abrir las compuertas. Así que, en su lugar, le entregué el sobre y la dejé leer
toda la historia loca. Mientras termina la lectura, Ashley empieza a llorar. No
puedo contener las lágrimas cuando veo las de ella. Nos abrazamos,
aferrándonos fuertemente la una a la otra.
Se necesita un poco de persuasión. Ashley realmente ruega a su madre
para que me quede con ellas por un poco más de tiempo. No es que su mamá
no me quiera, pero no le gusta un cuerpo extra en su pequeño remolque, cinco
niños ponen las cosas bastante agobiantes. Pero Ashley la convence y llama
a regañadientes a la Sra. Evans para decirle que me puedo quedar.
23

―Madre del año dijo que tienes una semana. Generosa, ¿eh? ―dice
Página

Ashley mientras caminamos para conseguir un poco de mi ropa.


—Por lo menos deja que me quede. ―Me encojo de hombros.
―Bueno, si nos quedamos sin tiempo, supongo que sólo tendremos que
cortarte el cabello estilo salmonete, pegarte un bigote desaliñado, y llenarte
con cosas un vientre de cerveza de barril en una franela roja. Entonces
encontrará espacio para ti. Infierno, tendrá al resto de su prole llamándote tío
en unos pocos días.
Me río. Su representación es un poco demasiado dramática, pero no está
lejos.
―¿Qué le pasó al tío Kenny?
―¿Quieres decir del tío Joe? Tío Kenny fue el mes pasado.
―Eso es cierto, se me olvidaba que tienes un nuevo tío.
—No te molestes en recordar, salió por la leche y nunca regresó. ―Miro
a Ashley con incredulidad—. No, en serio. Él literalmente se fue por leche.
Mamá le dio veinte dólares y nunca regresó.
Niego con la cabeza.
―Ella es demasiado agradable.
―Claro. ―Ashley me mira como si estuviera loca—. Vamos a ir con eso.
―Honestamente, estoy agradecida de que me está dejando quedarme. Yo
no iba a durar mucho tiempo con nadie más.
―¿Qué otra opción tienes?
―No lo sé. Tengo un poco de dinero escondido lejos. Me voy a ir de aquí,
con o sin ayuda de Evans.
24
Página
Seis
Zack

espués que Emily me dijo que estaba lista el fin de semana


pasado, pensé que tal vez hacerlo finalmente nos atraería más
cerca. Pero si esta semana era alguna indicación de las cosas por
venir, estoy empezando a cuestionar si dormir con Emily es siquiera una
buena idea. Su usual autoritarismo ha alcanzado un nuevo nivel de extremo
esta semana. Secretamente me pregunto si ella cree que puede salirse con la
suya en lo que sea ahora, porque posee sobre mi cabeza la tarjeta del sexo
que se avecina. Ella me ha estado tratando como un perro con un hueso
sostenido justo fuera de su alcance. Solo que muy pronto este perro podía
morderla e ir a encontrar a un dueño más amable. Sería bastante irónico si
termino rechazándola al final, después del último año de prácticamente
rogarle.
―Bien. Bien. Solo deja de gritarme. Te llevaré a casa después de la
práctica y luego volveré a la biblioteca.
—¿Sabes cómo se ve cuando pasas tiempo con ellos en público? ―La
manera en la que su labio se tuerce en un gruñido hace que su hermoso rostro
se torne feo.
―Sí, se ve como que tengo amigos reales, unos que ni siquiera son más
plásticos que sus tarjetas de crédito ―disparé de vuelta, mi voz enlazada con
desprecio que ya ni intento esconder.
Ojos amplios, ella tiene la audacia de verse horrorizada.
―¡Mis amigos no son plásticos!
―Tengo que llegar a clases. ―Abro la puerta guiando hacia adentro del
ahora vacío patio, todo el mundo ya se ha ido y voy a llegar tarde a inglés.
Sostengo la puerta abierta y hablo sin voltearme para enfrentarla―. ¿Vienes
o no?
25

Emily bufa, pero pisoteo a través del piso. Dios prohíba que sea atrapada
Página

en el patio sola.
Me siento en la clase de inglés mirando fijamente al Sr. Hartley, pero no
escucho ni una palabra de lo que dice. Mi cabeza está tan revuelta,
preguntándose dónde Emily y yo viramos fuera de curso para terminar en
lugares tan diferentes. Por los últimos ocho años, siempre hemos sido Zack y
Em. Creo que en realidad nunca pensé en salir con nadie más, todo el mundo
solo asumía siempre que Emily y yo terminaríamos juntos, incluyéndome.
Pero no estoy seguro de que pueda hacerlo ya. Algunos días, apenas
reconozco quien es ella; ha cambiado tanto.
Solía pensar que su actitud era parte de su inseguridad, poner a las otras
personas por debajo de ella la hacía sentir mejor acerca de sí misma. Por
fuera, todo el mundo ve una chica hermosa, llena de seguridad, sin miedo.
Solo yo sé la verdad. Ella fue criticada por años.
Cuando éramos más jóvenes, Emily odiaba la fijación de su mamá con
los estatus sociales. Recuerdo una vez, cuando teníamos diez u once,
condujimos nuestras bicicletas al parque el día después de una tormenta
pesada. La arena bajo los columpios se habían convertido en espeso, blando
barro. Pasamos horas persiguiéndonos el uno al otro, arrojando puñados de
lodo hasta que lo único blanco visible era el que estaba en nuestros ojos.
Tuvimos el mejor de los días; ninguno de nosotros podía parar de sonreír.
Hasta que la Sra. Bennet nos vio. Ella enloqueció, preocupada de lo que la
gente podría pensar si ellos vieran a su hija cubierta de tierra.
Por años Emily se quejó de la obsesión de su madre sobre cómo las cosas
se veían. Como ella se veía. Pero luego, un poco cada vez, empezó a convertirse
en lo que despreciaba. La criticada se volvió la que critica. Sé que no es
realmente su culpa. Así que por un largo tiempo, soporté a Emily
inferiorizando a las personas, con nadie siendo jamás lo suficientemente
bueno, porque eso es todo lo que ella había conocido. Pero estoy cansado de
hacer excusas para la gente acerca de quien se ha convertido… inventando
excusas para mí mismo.
―¿Estás bien? ―Allie Parker me saca de mis pensamientos profundos.
Miro alrededor, encontrando la clase medio vacía. Supongo que no escuché la
campana sonar.
―Uh… sí. Solo estoy cansado hoy. El entrenador nos tiene haciendo
26

práctica extra con el juego aproximándose. ―No es una mentira. El equipo


Página

completo ha estado poniendo tiempo extra, a pesar de que físicamente no


estoy cansado en lo absoluto.
―Puedo cubrir tu parte del proyecto. ¿Por qué no vas a casa y duermes
un poco? ―ofrece Allie, una dulce sonrisa en su rostro. Ella es realmente
bonita. ¿Cómo no lo había notado antes? Cabello oscuro, piel pálida, ojos
verdes con un poco de gris en ellos. El color es verdaderamente inusual y me
encuentro a mí mismo viendo fijamente para obtener una mejor mirada.
―¿Estás bien? ―Allie ladea su cabeza, su sonrisa desvaneciéndose
pasando a una mirada de preocupación. Me obligo a mí mismo a salir de ello.
―Lo siento. Sí, estoy bien. Te encontraré en la biblioteca después de la
práctica.
―Está bien. Pero si cambias de opinión… lo cubriremos. Sin
preocupaciones.

La práctica de porristas finalizó antes que la práctica de fútbol hoy y,


como siempre, Emily está esperando por mí fuera de los vestuarios. No estoy
seguro que esperaba después de la escena en el patio hace unas pocas horas,
pero ella toma mi mano y empieza a caminar como si nada hubiera pasado
siquiera.
―¿Cuánto tiempo crees que estarás en la biblioteca? ―dice ella, como si
el tema no hubiera iniciado una acalorada discusión hace solo un rato atrás.
―No tengo idea, ¿por qué?
―Mis padres van a salir a cenar con los Schumers esta noche, no estarán
de vuelta hasta tarde. Pensé que tal vez podrías venir y ayudarme con unas
pocas cosas. ―Se voltea y camina de espaldas, aun sosteniendo mi mano. Sus
caderas se mecen con cada paso. No le pregunto con qué necesita ayuda, sin
embargo ella continúa de todas formas―. Como quitarme mi sujetador… frotar
crema nocturna en mi piel… ―Emily se desvía, permitiendo a mi cerebro llenar
el resto.
Hace un año, habría saltado a la oportunidad, pero mi cabeza
simplemente no está alineado con el resto de mi cuerpo que responder a su
invitación sin pensarlo.
—Déjame ver cuán tarde terminamos.
La dejo y me dirijo de vuelta a la biblioteca. Estar alrededor de ella podría
darle a un hombre latigazo cervical. Un minuto ella es caliente, el siguiente es
fría. Algo acerca de ello parece más descolocado que sus cambios de humor
normales que he llegado a aceptar como una parte del encanto que es Emily
Bennet. Sus altos son solo más altos estos días y sus bajos más bajos.
27
Página
Allie y nuestros otros dos compañeros de equipo de inglés están en la
biblioteca trabajando para el momento que llego. Es tan fácil estar alrededor
de ellos, es un buen cambio pasar tiempo con personas que en verdad
disfrutan leer un libro. Hasta si Emily se divertía haciendo alguna de sus
tareas, nunca lo admitiría por el miedo de que la policía de lo genial podría
atraparla y sacarla del club de la elite. Del que ella es presidente e imagen en
estos días.
―Gracias a Dios, estás aquí. Allie y Cory quiere hacer nuestro proyecto
basado en La Letra Escarlata. Te necesito de mi lado, tipo. ―Keller Daughtry
se ve desesperado porque algo de testosterona se le una en la lucha.
Nuestro proyecto es leer un libro considerado literatura adulta, sacar los
conflictos y resoluciones, e incorporar los elementos en una historia más
joven y apropiada que pueda ser más para un estudiante de escuela primaria.
―¿Quieren escribir una historia acerca de un adúltero para un niño de
siete años? ―Me quito mi chaqueta, volteo una silla para sentarme al revés,
y salto justo en el medio del debate.
―No una historia acerca de un adúltero… podemos hacerla acerca de un
tipo de pecado menos maduro… pero creo que los puntos principales, lo moral
de la historia, puede ser simplificada lo suficientemente fácil ―dice Allie.
―Zack, ayúdame aquí. Dile a estos dos que La Letra Escarlata es un libro
de chicas y deberíamos hacer algo un poco más interesante. ―Keller se
recuesta en su silla, las manos enlazadas detrás de su cabeza, esperando a
que yo defienda su posición.
Miro hacia Allie. Sus ojos brillando.
―No sé, Keller, La Letra Escarlata podría funcionar.
Allie sonríe victoriosamente, dejando a Keller sin tiempo para refutar.
―Así que está decidido, nuestro libro es La Letra Escarlata… qué tal si
cada uno escribimos qué lección creemos que el libro se supone que enseñe y
luego intercambiamos trabajos y vemos si podemos llegar a una manera de
relacionar el mensaje para niños pequeños.
Toma un poco de convencimiento de parte de nosotros tres, pero Keller
está de acuerdo en darle una oportunidad a la idea de Allie. Soy el único con
un auto esta noche, así que me ofrezco para llevar a todos a casa. Dejo a Cory
y Keller primero, a pesar de que ellos viven más cerca de mí y hubiera tenido
más sentido dejarlos después que a Allie.
Me estaciono frente a la casa de Allie, nuestra cómoda conversación
cayendo en un silencio. Repentinamente hay inquietud entre nosotros. Al
28

menos eso es lo que yo siento, a pesar de que no estoy seguro de que Allie
Página

sienta lo mismo. O tal vez ella simplemente es realmente buena


escondiéndolo.
―Así que, ¿irás a la fogata el sábado en la noche? ―pregunto.
―Estaba pensando en ello.
―Deberías ir ―digo, con una pizca de desesperación en mi voz que me
sorprende hasta a mí cuando la escucho.
Allie sonríe, volviéndose para encararme. Está oscuro, pero puedo ver el
verde en sus ojos iluminarse.
―Está bien, quizás lo haré.
―Entonces quizás te veré allí ―bromeo.
Ella se ríe, se inclina hacia adelante y me besa en la mejilla.
―Gracias por traerme a casa, Zack.
―No hay problema. ―La veo caminar hacia la puerta, diciéndome a mí
mismo que es la cosa caballerosa que hacer… asegurarme de que entre en la
casa bien y demás. Pero la forma en la que mis ojos se quedan pegados a cada
uno de sus pasos en el camino es de todo menos caballeroso.
Ingresando a mi camino de entrada, espero pacientemente a medida que
la puerta del garaje lentamente rueda hacia arriba. Al otro lado de la calle, la
luz está encendida en la habitación de Emily. Estoy seguro de que ella la dejó
así para decirme que está despierta. El auto de sus padres no está en el camino
de entrada aún.
Salgo del vehículo en el garaje y presiono el botón para bajar la puerta.
Hay tiempo para que me agache debajo de ella, pero en su lugar observo la
puerta arrastrarse hacia abajo hasta que llega al piso y la casa de Emily ya
no está a la vista. Estoy seguro de qué oiré al respecto mañana por no haber
ido. Pero esta noche, simplemente no se siente como la cosa correcta por
hacer.
29
Página
Siete
Nikki

uando miro hacia afuera por la ventana de la cocina por vigésima


vez en la última hora, Ashley intenta hacer que me relaje.
―Nunca pensé que vería el día en el que estuvieras ansiosa
por ver a la Malvada Evans ―bromea.
—¿Y si no la encontró?
—Lo hizo. No te preocupes.
Cuatro largos días de espera, sin escuchar ni una palabra de la Sra.
Evans, me habían convencido de que sólo era un archivo para ella. No una
persona cuyo futuro dependía de su capacidad de pasar más de una hora con
uno de los chicos de los cuarenta y tantos más a su cargo en su trabajo. Hasta
hoy, cuando llamó y dijo que necesitaba hablar conmigo.
—Tú no sabes eso ―dije.
—Sí. Lo hago.
—No, no lo haces. ―Mis palabras salen un poco bruscas. Es un tono que
nunca he usado con Ashley y sus cejas se arquean con sorpresa.
―Tal vez no he oído las palabras, pero lo sé en mi corazón. Sé que las
cosas tienen que salir bien para ti, Nikki.
—¿Qué te hace estar tan segura? ―murmuro.
El sonido de neumáticos entrando en el camino de entrada de grava
salva a Ashley de tener que responder. Se desliza hacia afuera con una débil
sonrisa. Tengo la puerta abierta y esperando incluso antes de que la Sra.
Evans salga de su auto.
—Te ves cansada hoy, Nikki. ―Mira alrededor hacia los escasos muebles
y suspira―. ¿Por qué no nos sentamos?
Mi corazón se sacude en mi pecho. Los doctores siempre me pedían que
me sentara siempre que tenían que darme malas noticias. Me pregunto si los
30

adultos piensan que podría caerme si me dicen algo que no quiero escuchar.
Página

Algo irracional dentro de mí me dice que si me quedo de pie, ella no será capaz
de darme malas noticias.
—Preferiría estar de pie ―digo, haciendo mi mejor intento para no
parecer complicada. No estoy de humor para perder tiempo debatiendo los
beneficios de sentarme en contra de quedarme de pie.
La Sra. Evans toma una respiración profunda y me mira por un minuto
antes de asentir y sentarse ella. Saca un archivador de cuero de gran tamaño,
con la cremallera abultada para contener todas las diferentes carpetas de
manila metidas dentro. Yendo a través de al menos una docena de carpetas
deterioradas con notas garabateadas por todos lados en su parte externa, se
detiene en una y la saca del montón. Es más gorda que todas las demás.
—Encontré a tu tía, Nikki.
Emocionada. Asustada. Nerviosa. Ansiosa. Decido sentarme después de
todo.
―Quiere conocerte.
―¿En serio? ―Mi corazón se acelera con emoción―. ¿Dónde está?
―Aquí, en Texas.
―¿Vive en Texas? ―Mis esperanzas aumentan, no hay forma de
esconder cómo me siento. La Sra. Evans lee mi rostro y veo que su expresión
decae.
―No. Me temo que vive en California.
―¿Así que por qué está en Texas? ¿Vino a verme?
―Vino para el funeral de tu mamá.
Mis ojos se amplían. He visto a mi tía y ni siquiera lo sé.
―¿En serio?
―Sí. Cree que te vio en el estacionamiento cuando entró. Pero lucías
molesta y no quiso empeorarlo acercándose a ti.
―Pero… pero el funeral de mamá fue hace una semana. ¿Por qué sigue
aquí?
―Ha estado tratando de decidir qué hacer. No estaba segura si debería
aproximarse a ti.
―¿Y ahora quiere conocerme? ¿Por qué?
―¿A qué te refieres con por qué? Pensé que estarías emocionada con las
noticias.
Estoy feliz. Al menos creo que lo estoy… pero algo me hace sentir aún más
inquieta que antes de que la Sra. Evans entrara para decirme mi destino.
―Quiere verme para decidir si quiere llevarme, ¿cierto?
—No es así, Nikki.
—¿Ha aceptado llevarme? ―pregunté intencionadamente.
31

—No. Pero tampoco ha dicho que no.


Página

—Así que está indecisa.


―Creo que quiere hacer lo que es mejor para ti. Quiere conocerte. Llegar
a conocerte un poco mejor.
Excelente. Una prueba. Justo lo que necesito ahora.
—¿Cuándo?
—Mañana.
Dejando el pánico a un lado, hago mi mejor esfuerzo para no demostrar
temor.
―Está bien.
La Sra. Evans me sonríe. Si no la conociera mejor, pensaría que le gusto
hoy.
—Te recogeré al mediodía y ustedes dos pueden almorzar. Llegar a
conocerse la una a la otra un poco.
Como si tuviera alguna otra opción, fuerzo una sonrisa y asiento.

Rompo a través de todas mis cajas selladas y el guardarropa entero de


Ashley tratando de decidir qué usar. Simplemente no hay una vestimenta que
grite, soy una niña que nunca habías conocidos, pero deberías dejarme vivir
contigo de todas formas. Finalmente me conformo con vaqueros y una franela
rosada. La franela es un poco frufrú para mi gusto, pero Ashley jura que me
hace ver dulce e inocente. Tomaré cualquier ayuda que pueda conseguir.
Todo el viaje al restaurante en donde vamos a encontrarnos con mi tía,
la Sra. Evans intenta hacer una pequeña charla, pero estoy demasiado
nerviosa para participar mucho. Miro fijamente por la ventana, observando
los parques de caravanas desvanecerse en la distancia a medida que Houston
se acerca más y más.
―La Sra. Nichols es muy agradable, creo que te gustará ―Malvada
Evans dice mientras entramos en un estacionamiento.
―¿La Sra. Nichols? ¿Es así como debería llamarla? ¿Supongo que está
casada? ―Había pasado a través de muchas cosas en mi cabeza, a pesar de
que estaba exhaustivamente preparada para hoy, pero ya hay dos cosas en
las cuales ni siquiera había pensado. ¿Cómo la llamo? ¿Y qué si ella está
casada y ya tiene hijos? Tal vez ellos no querrán otra boca que alimentar.
―Relájate. ―La Sra. Evans extiende su mano hacia abajo y cubre mi
mano con la suya, no estoy segura de porqué, pero lo permito―. Creo que
puedes llamarla Claire, o Sra. Nichols si eso te hace sentir más cómoda. Y, no,
ella no está casada. Es viuda.
32

―¿Cómo murió su esposo? ―No tengo ni idea de por qué hago esa
Página

pregunta, pero por alguna razón de verdad quiero saber la respuesta.


―No pregunté, Nikki.
―¿Supongo que yo tampoco debería? ―Es más una pregunta que una
afirmación.
―Creo que estarás bien. Pregunta lo que necesites preguntar. Esto
necesita funcionar para ambas. No solo para la Sra. Nichols. ―Acaricia la
mano que está sosteniendo.
Tomo una respiración profunda y dejo salir una exhalación exagerada.
―¿Estás lista?
―Tanto como lo estaré jamás.

Claire Nichols no es para nada como yo la esperaba. Es alta, no como el


tamaño pequeño que somos mi mamá y yo. O era. El pequeño tamaño que mi
mamá era. Su cabello está apartado de su cara en una simple cola de caballo,
sin embargo la deja viéndose sofisticada y estilizada. Está usando un suéter y
una falda, muy moderna y bonita.
La Sra. Evans hace las incómodas presentaciones y nos deja después de
solo unos pocos minutos para lidiar con otra emergencia. La segunda que
aparece durante las dos horas que he estado con ella.
—¿Cómo lo estás soportando, Nikki? ―parece ser una pregunta popular
que a los adultos les gusta hacer. Muy genérica, abiertamente finalizada.
—Estoy bien.
—¿Realmente? —Claire espera hasta que atrapa mi mirada. Sus ojos me
quitan el aliento. Son los mismos que los de mi mamá, azul pálido con un
anillo oscuro de azul verdoso en la parte de afuera.
―Tienes los ojos de mamá. ―Las palabras caen de mis labios y los
escucho tambalearse a medida que alcanzan el aire.
Claire sonríe vacilantemente.
―Tu mamá solía decir que si no fuera por nuestros ojos, nunca creería
que éramos hermanas.
—No se parecían mucho, supongo.
Niega.
—Tú tienes sus ojos también.
―Lo sé.
―¿Sabías que tu mamá tenía una hermana, Nikki?
Insegura de cuál era la respuesta correcta, mentí.
―Sí. ―Claire llevándome a casa con ella es el paso uno en mi plan para
encontrar a mi propia hermana. Necesito hacerle creer que mi mamá de
33

verdad habría querido que yo estuviera con ella. Mi suposición es que esa es
Página

en realidad la cosa más lejana de la verdad, desde que mamá no me dijo que
tenía una hermana hasta después de que muriera.
—Estoy sorprendida ―dice Claire, y puedo ver el impacto en su rostro.
No está mintiendo.
―Mi madre dijo que sentía el haber dejado de hablarte hace mucho
tiempo, lo lamentaba, tía Claire. ―Forcé el tía, esperando que pudiera ayudar.
Mierda, se ve escéptica.
―¿Lo hizo? Quiero decir, sin faltarle el respeto a tu mamá. Era mi
hermana, después de todo, pero en todos los años que pasé con ella, nunca la
vi demostrar ningún arrepentimiento. Pensé que era algo que ella… ―Se
detiene abruptamente, viéndose como si hubiera dicho algo malo. Si está
asustada de mencionar la enfermedad de mamá, ¿o piensa que no sé que mi
mamá estaba mentalmente enferma? Viví con ella por diecisiete años. ¿Cómo
podía pensar que no lo sabía?
―Sé todo acerca de la enfermedad de mi mamá. Necesitaba que lo
supiera para que pudiera ayudarla. Además, no era una cosa exactamente
fácil de esconder, si sabes lo que quiero decir.
Una combinación de alivio y pavor pasó a través de su lindo y pálido
rostro. Es algo a lo cual estoy acostumbrada. Nadie quiere hablarle a una niña
al respecto de una enfermedad mental. La gente se sentiría más cómoda
diciéndole a un niño que su madre tiene cáncer que decirle que tiene una
dolencia psiquiátrica. La enfermedad mental es un tabú en la sociedad. No lo
entiendo. Nunca lo he entendido. Pero he aprendido a lidiar con ello. Todo el
mundo estaba tan cómodo hablando de la diabetes de mamá, una condición
con la cual nació y una por la que necesitó tomar insulina en toda su vida.
Pero cuando la conversación cambiaba a la enfermedad mental en la cabeza
de mamá, todo el mundo se aterrorizaba.
―Es un tema difícil de hablar, ¿cierto? ―Los pensamientos de Claire
parecían estar muy lejos―. Era mi hermana y aún se me hace difícil. Presumo
que es porque, cuando éramos niñas, nuestra mamá nunca habló de ello. Todo
el enfoque estaba en la diabetes de tu mamá y sus medicinas para eso. Todo
lo demás fue tratado como un secreto hasta que éramos adolescentes. Y para
entonces, las cosas de las que mis padres no hablaban, las cosas que no
entendía, habían abierto una verdadera brecha entre tu mamá y yo.
Conversaciones íntimas como esta con un extraño me ponían nerviosa.
Traté de esconderlo, pero Claire ve directo a través de ello.
—No necesitamos hablar de esto ahora. Es demasiado pronto. Lo siento.
Siempre me daba una sensación helada en mi cuerpo cuando sentía
como si alguien supiera lo que estaba pensando. Froto mis manos juntas para
34

intentar de hacerlo desaparecer.


Página

―Vivo en California, Nikki. ¿Sabías eso? Es donde tu mamá y yo nacimos


y fuimos criadas.
Nosotras nos mudamos una docena de veces, pero nunca fuera de Texas.
Solo asumí que mamá era de aquí. No sabía si ella había sido criada en
California pero no estoy segura de si debería admitirlo.
―¿Tienes hijos? ―pregunté en su lugar.
El rostro de Claire se vuelve triste.
―No, no tengo. No era para mí. Perdí a mi esposo antes de que
tuviéramos alguno.
―¿Cuán mayor eres con respecto a mamá? ―pregunté, inmediatamente
esperando que no acabara de meter la pata. ¿Por qué asumí que ella era la
hermana mayor?
―Tres años. Tenía tres cuando tu mamá nació. Acababa de cumplir
veinticinco cuando tú naciste.
Siempre supe que mamá era joven cuando nací, pero es raro pensar que
era solo unos pocos años mayor de lo que yo lo soy ahora cuando me dio a
luz… y a mi hermana. No puedo imaginar lo que es tener un bebé, mucho
menos dos, ahora y con todos sus problemas médicos.
La edad de mamá es realmente el único detalle que siempre he sabido
desde mi nacimiento. Y que su diabetes empeoró mucho más después del
embarazo —otro embarazo más probablemente podría haber terminado su
vida. Recuerdo a un doctor diciéndole eso cuando yo tenía siete u ocho. No sé
por qué, pero la conversación se quedó conmigo todos estos años.
Después de eso, mamá tuvo que tener bomba de insulina colocada en su
cuerpo. Estaba en la parte externa de su cintura en una pequeña bolsa; la
insulina era enviada dentro de su cuerpo a través de un tubo plástico para
ayudar a que su páncreas funcionara. Mamá trató tantas cosas en nuestra
vida como un secreto paranoico, que siempre me he agarrado fuertemente a
los hechos.
Claire facilita la conversación a un tema menos intrusivo —escuela,
viajes, pasatiempos. Hasta nos enteramos de que tenemos algunas cosas en
común: a ambas nos gusta leer, ninguna de las dos podemos nadar y la
matemática no es nuestro punto fuerte.
La Sra. Evans se reporta con nosotros algunas veces, pero no se queda
alrededor para hablar. Finalmente, hay un silencio en la conversación.
Después de un largo, ensordecedor momento de silencio, Claire fija sus ojos
en mí y pregunta suavemente:
―¿Qué quieres que pase aquí, Nikki?
La pregunta a quemarropa me atrapa con la guardia baja,
35

congelándome. No puedo simplemente dejar escapar “quiero encontrar a mi


Página

hermana”. Claire no la había mencionado, y mamá me advirtió en la carta


que Claire no me ayudaría a encontrarla y probablemente no admitiría que
yo era una gemela.
―No sé lo que quiero, tía Claire ―pausé, escogiendo mis palabras
cuidadosamente―. Quiero a mi mamá de vuelta, pero sé que eso es algo que
nadie me puede dar. No quiero ir a una casa de acogida. Eso es lo que sé que
no quiero.
―Me gustaría ayudarte, Nikki. Eres mi sobrina. Quiero lo que es mejor
para ti y no sé si yo lo soy. No quiero ser egoísta. ¿Tal vez podemos ir día a
día y ver que nos trae cada día? ¿Crees que podrías dejar a todos tus amigos
y tu vida en Texas y empezar de nuevo en California? Es mucho en lo que
pensar, ¿cierto?
No hay nada que necesite pensar. Ya me he decidido. Pero si ella cree que
es una gran decisión, pretenderé que tengo que pensarlo. A pesar de que nada
podría detenerme de irme.

Después del almuerzo, tía Claire habla con la Sra. Evans. Ellas deciden
que lo mejor sería tratar de arreglar que yo me quedara por unos pocos meses
con la familia de Ashley para poder terminar la escuela aquí. Ya es marzo y
la tía Claire no me puede inscribir en una escuela en California hasta que un
juez le conceda la custodia temporal, lo cual podría llevar un tiempo.
Más tarde, la mamá de Ashley está de acuerdo con dejarme vivir con
ellos mientras que la tía Claire vuelve a California para trabajar. Por supuesto,
el Estado de Texas pagándole dinero a la mamá de Ashley para mantenerme
en realidad tiene más que ver con su decisión que mi bienestar.
Estoy sorprendida cuando la tía Claire dice que va a ir y venir cada diez
días para pasar tiempo conmigo hasta que la audiencia sea programada. Solo
sigo esperando que no sea una prueba continua que con el tiempo podría
suspender.
36
Página
Ocho
Zack

o vas a usar eso, ¿verdad? —espeta Emily desde el


fondo de mi entrada.
—Es muy temprano para pelear, Em. Es
sábado. Puedo usar lo que quiera. Estoy lavando el auto —respondo, ni
siquiera levantando la vista del balde de agua que estoy llenando.
—¡Zach! —grita mientras camina por mi entrada.
Deteniendo lo que estoy haciendo, levanto la vista, viendo un rostro lleno
de frustración. También veo que ahora está usando un vestido blanco nuevo.
Uno que me hace feliz tener una manguera de agua fría cerca. El pequeño
vestido apretado abraza sus curvas sexys, y docenas de brazaletes plateados
brillan sobre su piel perfectamente bronceada. Sigo el dobladillo de su falda
corta por sus largas piernas tonificadas, hasta que alcanzo sus sandalias de
tiras plateadas.
—Me refiero a esta noche. ¡No usaras eso esta noche! ¿No?
—Son las diez de la mañana, Em. No he pensado en esta noche o en mi
vestuario.
—¡Zach! —me regaña, mientras entra a mi espacio personal, frotándose
intencionalmente contra mí.
Han sido tres días de santo infierno porque no subí a su habitación
después de la biblioteca el otro día. Ni siquiera sabía si aún pretendía ir a la
fogata en la playa esta noche. Pero supuse que debería haberlo sabido. Emily
nunca se pierde un evento social, especialmente el que celebra el fin de
nuestro año junior. Ella nunca quiere ser vista sin estar de mi brazo, siempre
necesitando que juegue a ser Ken para su Barbie.
—¿Todavía quieres ir a la fogata? —pregunto.
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—¡Por supuesto que quiero ir! Todos esperan que estemos allí —
Página

acercándose tanto que puedo sentir su aliento en mi cuello, Emily dijo en una
voz baja y sexy—. ¿Te gusta mi vestido? Lo compré solo para ti.
Para después de la fogata. ¿Aún quieres que esta noche sea nuestra primera
vez, no?
—No puedo esperar, Em —digo, esperando sonar más emocionado de lo
que estoy.
—Cuidado con mi vestido. Quieres que lo use más tarde y luzca perfecto.
¿Verdad?
¿Quiero que use ese vestido? ¿Es una pregunta engañosa? Voy con la
respuesta correcta, en lugar de lo que quiero decir.
—Sí, por supuesto, Em. Serás la chica más hermosa en la fogata. Pero
luces bien en cualquier cosa. ¿Entonces porque no te cambias y lavas el auto
conmigo?
Hace un par de años, Emily hubiera subido las escaleras corriendo y
cambiado sus ropas. Pero han cambiado tantas cosas. Emily ha cambiado. Yo
he cambiado.
—Estate listo para las seis —grita, ignorando mi oferta—. Esta será la
mejor noche de nuestras vidas, Zach. Lo prometo.

Cuando Emily se desliza en el asiento del pasajero de mi auto justo


después de las seis, mi cuerpo reacciona solo. Luce más que increíble esta
noche.
—Bueno, ¿cómo luzco? —Obviamente, ella sabe la respuesta. Tiene
cuatro espejos en su dormitorio por Dios santo. Y pasa todo su tiempo libre
mirándose en ellos.
—Hermosa. Nunca has lucido más hermosa —no estoy mintiendo. Su
piel suave y bronceada brilla contra el vestido blanco apretado. Su cabello
rubio denso y largo se ondula perfectamente alrededor de sus pechos altos y
firmes. Llamará la atención de todos los chicos esta noche… lo cual es
exactamente lo que quiere. ¿Quién necesita la maldita fogata? —
Quedémonos en casa y solo salgamos tú y yo, Em. No quiero compartirte con
nadie esta noche. ¿Montamos nuestras bicicletas por la rambla como
solíamos hacer?
Aparentemente, eso fue lo equivocado para decir.
—¿Montar en bicicleta? ¿En serio Zach? —chilla Emily—. ¡Esta es la
noche más grande del año! Tenemos que ir.
38

—Está bien, Em —digo, sonando como un niñito bueno mientras empiezo


Página

a salir de la entrada. Ella ni siquiera nota que estoy desanimado.


Emily parlotea todo el camino sobre quién estará allí, quién está saliendo
con quién, y otras cosas sin sentido que no puedo, ni quiero, entender.
Mientras salimos del auto en el estacionamiento de la playa, la fiesta de
la fogata ya puede escucharse rugir en las cercanías. Docenas de autos llegan
justo cuando lo hacemos, y solo toma un minuto antes de que con Emily
estemos rodeados de gente.
—Oh mi Dios, luces impresionante —una de las devotas miembros del
harem de Emily chilla, cuando ella y yo somos separados rápidamente así las
chicas pueden rodearla y colmarla de cumplidos. Intento no poner mis ojos
en blanco.
Una voz familiar llama mi atención.
—Luces perdido. —Me doy la vuelta para encontrar a Allie sonriéndome.
Había estado agarrando algo de su camioneta y casi me alejé sin notarla.
La sonrisa de Allie es contagiosa. Es sincera, no para la demostración. No
hay una corte de amigos rodeándola. Usando pantalones cortos y una
camiseta, sostiene una pelota de vóley en sus manos. Una cola de caballo
suelta ata su largo cabello escuro. Ella ciertamente no ha estado
preparándose desde las diez de la mañana. Pero de algún modo, creo que luce
mejor. Emily enloquecería si supiera eso… pero es la verdad. Seguro, Emily
luce hermosa esta noche, pero su belleza es unidimensional, del tipo que, estoy
dándome cuenta, se desvanece rápidamente.
—¿Planeas ganarme? —me burlo de una forma que, con toda
honestidad, roza el coqueteo. Mis ojos apuntan a la pelota de vóley y luego
encuentro su mirada con una sonrisa.
Su rostro se sonroja, pero me la devuelve.
—¿Crees que puedes vencerme, Zach? Quizás te sorprenda.
Whoa… mejor me alejo ahora. Emily descubriría lo que estaba
sucediendo en un parpadeo. Su medidor de —otras mujeres— es el órgano
más sensitivo en su cuerpo.
Mientras entramos con Allie en la arena y comenzamos a unirnos a la
gran multitud, veo a Emily riendo y posando en el centro de un grupo de
chicas queremos-ser-como-Emily. Miro de Ally a Emily y voy con mi cerebro
en lugar de mi instinto.
—Espero verte más tarde, Allie —digo, diciéndolo enserio, mientras me
alejo para unirme a Emily. Por una noche, se supone que sea toda la noche
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sobre ella y yo, seguro no está empezando de ese modo.


Página
—¿Zack, a dónde fuiste? —Emily demanda. Con el grupo rodeándola, ella
podría estar en un escenario. Un escenario donde ella se aviva, actúa.
—Te perdí en la multitud por un minuto. Estoy justo aquí. Relájate.
Agarrando mi mano, ella me jala hacia el círculo interior.
—Quédate con nosotros. Toda la diversión está aquí.
La “diversión” consiste en tomar fotos de Instagram de Em y mías frente
a la fogata, Em escuchando atentamente cada pedazo de chisme que sus
amigos comparten, y yo de pie a una pulgada de distancia de ella en todo
momento.
Dylan, el novio de una de las chicas con las cuales Emily está
chismeando en este momento, se ve tan aburrido como yo. Él es un estudiante
de primer año en la universidad y, sin duda, está cansado de esta escena
también. Intercambiamos miradas y Dylan niega con la cabeza. Un minuto
después le dice a su novia que va a jugar en un juego de voleibol cercano. Me
pide que me le una. Es una excusa perfecta para escapar de la tortura que he
estado sufriendo desde que llegamos. Sorprendentemente, Emily sonríe
cuando le digo que iré con Dylan. Estoy seguro de que ella piensa que está
bien que pase tiempo con un estudiante de primer año de la universidad.
Luego de quitarse su camiseta, para el placer de la categoría infantil,
Dylan sonríe.
—Vayamos a divertirnos y dejémoslos que ellos estén de pie alrededor y
jueguen con sus teléfonos. —Gracias a Dios que hay una persona sensible en
la multitud.
Dylan es la estrella del juego en pocos minutos de haber entrado en él.
Tampoco estoy jugando nada mal. El grupo de voleibol es definitivamente
diferente al de Emily. Hay bromas, tirándose por la pelota y a la gente no le
importa si están todos sudados. Finalmente, algo de diversión.
A la mitad del juego, varios jugadores del otro lado son jalados a hacer
otras cosas y ellos dejan de sustitutos a unos pocos nuevos oponentes. Miró
hacia arriba y encuentro a Allie directamente al otro lado de la red frente a
mí. Sonrío y grito:
—Oh, ¿así que me vas a retar, después de todo?
Allie sonríe y sirve la bola directo hacia mí. Debió haber sido una voleada
fácil, pero fallé porque no parezco poder apartar mis ojos de su sonrisa.
Simplemente se ve tan feliz y despreocupada. Mi fallo empata el puntaje,
provoca algunas bromas enérgicas y risas de los que están a nuestro
alrededor —el escándalo suficiente para llamar la atención de Emily,
40

supongo. No me doy cuenta en un principio, pero ella está de pie en la cancha,


Página

hirviendo.
—Estaba distraído. Tuviste suerte en esa —mofo mientras Allie sirve su
siguiente disparo. La bola viaja de ida y vuelta unas pocas veces y luego me
apresuro hacia la red y la golpeo hacia abajo del otro lado. Dylan y yo
chocamos las manos y es mi turno de servir—. Esta es solo para ti, Allie. —
arrojo la bola arriba en el aire y la golpeo a través de la red tan fuerte como
puedo, aun sonriendo. Ellos fallan. Allie me saca la lengua —y ahí es cuando
finalmente veo a Emily en los banquillos.
Ella deja que la ira queme en su mirada justo lo suficiente para atrapar
la atención de todo el mundo, luego se voltea y sale corriendo, su multitud de
secuaces siguiéndola.
—Solo déjala que se calme. Lo superará —dice Dylan, encogiendo sus
hombros y negando con su cabeza. Sintiéndome como que no he hecho nada
malo, ni siquiera estoy seguro de si me importa si él tiene razón. La dejo ir.

Media hora después, encuentro a Emily sentada alrededor de la fogata


en el medio de su grupo.
—¿Quieres ir a dar un paseo? —pregunto tranquilamente, ofreciendo mi
mano para ayudarla a levantarse. Juro que escucho el zumbido empezar
antes de que siquiera nos alejemos. Es chismear o ser el chisme con este
grupo.
—Escucha, Em —digo cuando estamos fuera de rango de ser escuchados
por la multitud—. Estaba jugando un juego. Sabes lo competitivo que me
vuelvo. Demonios, tú eres de la misma manera. No sé por qué te molestaste
tanto.
Emily se detiene y se voltea para enfrentarme.
—¿Realmente no sabes por qué estoy tan enojada?
—Estoy suponiendo que es porque estaba bromeando con Allison, pero
no sé porque eso te enfurecería. Ella es solo una amiga.
—¿Por qué es ella una amiga? Esa es la parte que no entiendo, Zack.
Tenemos tantos amigos, ¿por qué necesitas pasar el tiempo con gente como
ella?
—Espera. ¿Así que no estás celosa de Allison?
¿Celosa? ¿Por qué estaría celosa de ella? Ella casi se ríe de la idea.
—Déjame entender esto bien. ¿Estás molesta porque estaba
divirtiéndome con personas que tú no consideras lo suficientemente genial
para pasar el tiempo? —Disgusto llena mi voz, pero ella no lo nota o no le
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importa.
Página

—Sí, Zack. Estás arruinando todo.


¿Arruinando todo? ¿De qué estás hablando?
—Todo está tan perfecto ahora mismo. —Ella cruza sus brazos a través
de su pecho, recordándome a un niño malcriado a punto de hacer un
berrinche—. Tenemos los mejores amigos, ellos son justo como nosotros, no
entiendo por qué eso no es suficiente para ti.
—¿Te estás escuchando? —Si no estuviera tan impactado,
probablemente estaría más enojado—. Emily, tú no eliges a tus amigos por su
estatus social o por su apariencia. Quiero amigos que se diviertan, no que
posan y se sienten alrededor preocupándose acerca de lo que otras personas
piensen de ellos.
—¿Y no te diviertes con nosotros? —El tono de su voz se eleva unas
cuantas octavas.
—No. De hecho, no lo hago. —Siento una sensación de alivio por
admitirlo. Decirlo en voz alta me hace sentir fiel a mí mismo. Finalmente.
El semblante de Emily es mordaz.
—Totalmente no obtendrás lo que crees que tendrás cuando lleguemos a
casa.
Y allí esta, la ficha que ella sigue sacando. Me está mirando, esperando a
que me arrastre o intente arreglar lo que ella cree que he hecho mal. Solo que,
no quiero lo que ella está colgando en el momento. Nunca pensé que vería el
día en el cual no querría estar dentro de Emily Bennet. Pero ahora mismo, es
la cosa que está más lejos en mi mente. Viéndola directamente a los ojos, le
digo la verdad.
—Sabes qué, Em. De todas formas no estoy de humor.
Su mandíbula cae, la mirada de asombro en su rostro no tiene precio.
Realmente amaría terminar esta conversación simplemente alejándome, pero
nos habíamos desviado bastante lejos de la gente y no la dejaría regresar sola.
—Vamos. Te llevaré de vuelta con tus amigos.
—Te arrepentirás mañana, Zack Martin. Y, sabes qué, para ese entonces
quizás sea demasiado tarde. —Con la nariz arriba en el aire, Emily se pavonea
de vuelta a la hoguera para reunirse a la multitud.

A medianoche, trato de hacer que Emily me deje llevarla a casa.


Hablándonos o no, la traje aquí y me siento responsable de llevarla a casa.
—Em —digo en voz baja, pero lo suficientemente alto para que ella pueda
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oírme.
Página

Cada boca en su manada de chicas se calla y se voltea para enfrentarme.


Ansiosamente esperan por nuestro intercambio. Emily me mira, pero no dice
nada.
—¿Quieres irte?
—Me quedaré. Conseguiré quien me lleve. —Ella dice las palabras
esperando una reacción de mi parte. Cree que estaré molesto de que no nos
iremos juntos a casa, para que las cosas ocurran como fueron planeadas
originalmente.
—Está bien. ¿Quién te llevará? —Es una pregunta inocente, una con la
intención de asegurarme de que llegue a casa a salvo, a pesar de que así no
es como Emily elige escucharla.
—Dylan me llevará. —Ella sonríe con suficiencia y veo a sus amigas
tratando de suprimir sonrisas. Estoy seguro de que todas ellas saben lo que
se suponía que sucediera esta noche y están orgullosas de Emily por lo que
ellas perciben como mi castigo—. No deberías esperar despierto.
—Está bien, Emily. Llega a casa a salvo.
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Página
Nueve
Zack

espierto con el crujido de la puerta abriéndose y el sonido de mi


madre llamándome por mi nombre. Tirando de las mantas para
taparme la cabeza, trato de ahogar el sonido. Pero hay algo en su
voz que me hace temblar hasta mi núcleo.
Hay un grueso estremecimiento mientras habla.
—Zack. Despierta. —Sorbe.
Mi cerebro va de atontado a alerta máxima. Mi cuerpo salta en posición
vertical. Ella está llorando. Mi madre no llora.
—¿Qué pasa, mamá? —Asumiendo lo peor, el pánico se asienta en mí.
Algo le ha pasado a mi padre, me temo.
Sus llantos se convierten en sollozos. No responde.
—Mamá. ¿Dónde está papá? —Mi voz es cada vez más fuerte.
Más sollozos. Se desploma sobre mí cuando su llanto se intensifica.
Envolviendo mis brazos alrededor de su espalda, la abrazo, pero mi voz se
vuelve más insistente.
—Mamá, ¿qué está pasando? ¿Dónde está papá? —Mis propias lágrimas
comienzan a acumularse, a pesar de que todavía no sé por qué estamos
llorando.
—Está abajo —escupe finalmente, sin aliento por los sollozos.
—¿Qué pasó, mamá?
—Es Emily.
Mi corazón se aprieta en mi pecho.
—¿Qué? —Mi voz se eleva a un grito—. Mamá, ¿qué pasa con Emily?
Ella llora más. Mi padre viene a la puerta. Me doy la vuelta, dándole un
vistazo. Ha estado llorando también.
Mi corazón salta a mi garganta.
44

—Zack. —Mi padre toma una respiración profunda—. Emily ha sufrido


Página

un accidente, hijo.
Las náuseas me abruman, mi cabeza da vueltas, pero me obligo a salir
de la cama.
—¿Dónde está? —Me estoy poniendo ropa mientras hablo.
—En el Hospital de la Universidad de Long Beach.
Frenético, busco mis llaves en mi escritorio y luego bajo corriendo por
las escaleras. Mi padre me grita que espere, pero estoy en la puerta antes de
que logre alcanzarme. Él abre la puerta del pasajero de un tirón justo cuando
estoy retrocediendo y salta dentro.
Paseándome por el área de espera de la sala de emergencias como un
león enjaulado, espero y espero por lo que parece una eternidad. Mi madre
llega llevando mis zapatos. Bajando la vista, estoy sorprendido de encontrar
que no tengo ninguno puesto.
—¿Has oído algo? —le susurra a mi padre.
Sacude la cabeza y envuelve su brazo alrededor de su hombro,
atrayéndola hacia él con fuerza.
Finalmente, después de lo que parecen días, los padres de Emily emergen
de las puertas dobles, bloqueándola para mí. Me apresuro hacia ellos. El Sr.
Bennett me mira y menea la cabeza. ¿No? ¿Qué quiere decir con no?
Mi padre viene a pararse a mi lado. La Sra. Bennett finalmente levanta la
mirada y, al verme, se rompe por completo. Sollozando, cae al suelo.
Mi respiración se vuelve más rápida y más corta. Me siento mareado. Mis
pensamientos giran tan rápido que no puedo ver. Sólo se detienen cuando
todo mi mundo se oscurece.
45
Página
Diez
Zack

stoy en el estacionamiento solo, la lluvia cae sobre mí con tanta


fuerza que debe arder, pero no siento ningún dolor. No siento nada.
Estoy vacío. Una cáscara de un cuerpo incapaz de sentir emoción.
Miro mi traje azul marino, el que llevé al baile de bienvenida con Emily, está
empapado, aferrándose fuertemente contra mi cuerpo.
Cerrando los ojos con fuerza, le pido a un Dios en el que ya no estoy
seguro que crea, rogándole que se lleve de mi memoria la imagen que acaba
de marcarse en mi cerebro. Pero no sirve de nada, cerrar mis ojos sólo hace
que la visión de ella allí tendida sea aún más vívida. Me obligo a abrir los ojos
de vuelta para hacer que lo que veo se aleje, pero no funciona. Visiones de
Emily allí tendida, tan quieta, tan tranquila, me consumen. Su normalmente
brillante y bronceada piel es pálida y opaca, gris reemplazando el bronce y
rosa soleado de su color.
Mi cuerpo empieza a temblar, sollozos me atraviesan, incluso antes de
que mis lágrimas comiencen a caer. Es la primera vez que he llorado desde
que sucedió. El tiempo pasa, pero no tengo ni idea de cuánto tiempo me quedo
ahí dejando que días de emociones reprimidas pasen sobre mí. Con el tiempo,
la fuerte lluvia comienza a disminuir, mis lágrimas también.
—¿Zack? —La voz de mi padre es baja, cautelosa. Es de la misma manera
tímida en que todo el mundo me ha hablado en los últimos dos días. No
respondo. Apenas le he dicho dos palabras a alguien desde que sucedió—.
Vamos a entrar, hijo. El ministro va a comenzar pronto.
Mi madre espera junto a la puerta con la misma mirada de preocupación
estampada en su cara que ha usado desde que me despertó esa mañana. La
mañana que todo cambió. Coloca su brazo alrededor de mí y juntos
caminamos lentamente hacia la habitación. El olor de las flores se impregna
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en el aire a medida que avanzamos más cerca, por lo que me da náuseas.


Página

La Funeraria Jefferson es grande; tres diferentes salas separados que


normalmente tienen múltiples servicios.
Pero hoy todo es por Emily. Las puertas retráctiles entre habitaciones
están abiertas de manera que hay espacio para que cientos de personas se
sienten. Todavía no es suficiente. La gente se alinea en la habitación, de pared
a pared. Familiares, amigos, profesores, extraños. La cola para visitar el féretro
va desde la puerta principal hasta el otro lado del bloque. Todo el mundo está
aquí, excepto aquel conductor que todavía está luchando por su vida en el
Hospital de la Universidad de Long Beach.
La parte delantera del auto llevó la peor parte del impacto cuando Dylan
se desvió para evitar un camión que se desvió hacia el tráfico.
Sorprendentemente, el resto de los pasajeros terminaron sólo con pequeños
cortes y contusiones.
Un silencio profundo se apodera de la sala a medida que ingresamos.
Cabezas se giran en nuestra dirección. El ministro toma su posición al frente
de la sala, silenciando el murmullo sin palabras. Poco a poco, mis padres me
llevan a la primera fila. Siento todos los ojos en la sala observándome, a pesar
de que no levanto la vista.
Tres sillas esperan nuestro regreso. El Sr. Bennett insistió que nos
sentáramos con él. Yo era familia de Emily tanto como él, dijo. Pensé que el
peso de mi culpa podría ser suficiente para tirarme al suelo.
Delante de nosotros, una pequeña mesa se ubica al lado del ataúd de
madera adornado, un homenaje a la vida de Emily.
Un santuario. Cuatro marcos con fotos destacando la vida de la chica que
amaba: Sus padres con ella en su comunión. Su foto del anuario de tercer año.
Emily y yo vestidos para el baile de graduación. Pero la última es la que me
llega y rasga un agujero a través de mi corazón ya destrozado. Emily
montando su bicicleta Schwinn color amarillo canario. Los recuerdos me
inundan de nuevo... el día que la conocí, la primera vez que me dejó montar
en ella. Subida en el manillar parloteando mientras nos llevaba al parque
donde jugábamos en los columpios durante horas.
Me rompe. Las lágrimas se deslizan por mi cara sin control, mis hombros
temblorosos, cada respiración entre sollozos me quema la garganta.
El ministro empieza a hablar. Las palabras fluyen de su boca, sin
embargo, no oigo nada de lo que dice. A mi izquierda, mi papá mantiene la
compostura, apretando su agarre alrededor de mi hombro. A mi derecha, mi
madre en silencio llora sola. Ni siquiera me atrevo a consolarla. Largos
minutos pasan, la neblina en que estoy me bloquea de la realidad hasta que
un verso que me llama la atención.
No podemos juzgar a una biografía por su longitud.
Ni por el número de páginas en la misma.
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Debemos juzgarla por la riqueza de su contenido.


Página

A veces aquellas inconclusas son las más conmovedoras.


No podemos juzgar a una canción por su duración.
Tampoco por el número de sus notas.
Debemos juzgarla por la forma en que toca y eleva nuestras almas.
A veces aquellas inconclusas son las más bellas.
Y cuando algo ha enriquecido su vida.
Y cuando su melodía persiste en su corazón.
¿Es inconclusa?
¿O es infinita?

Al pie de la sepultura, horas más tarde, estoy viendo un flujo


interminable de dolientes colocar una rosa en el ataúd de Emily antes de que
se marchen. Las lágrimas se han ido, estoy entumecido, por dentro y por fuera.
Observo, pero realmente no veo. Toco, pero realmente no siento. Finalmente,
sólo mi familia y los padres de Emily permanecemos rodeando el agujero en
la tierra, donde el ataúd de Emily descansa junto a un montículo de tierra. Mi
padre me da un codazo, hablando en voz baja:
—Vamos, hijo. Necesitas despedirte y dejar a los padres de Emily hacer
lo mismo.
El Sr. Bennett me mira y luego a la señora Bennett. Ella asiente, una sola
lágrima cayendo de sus ojos.
—No, por favor, creo que deberíamos irnos. Emily querría que Zack fuera
el último aquí. Pudo haber sido mi hija, pero su corazón pertenecía a su hijo.
Colocando su mano en mi hombro y apretando mientras camina a mi
lado, la voz del señor Bennett sale estrangulada cuando dice en voz baja:
—Despídete, hijo.
Mis padres caminan hacia los autos esperando junto con los de Emily.
Finalmente solo, me quedo mirando el montón de rosas encima del ataúd. Las
últimas palabras de Emily a mí vienen en tropel, el primer recuerdo que me
he permitido, desde que todo sucedió.
—Vas a lamentarlo mañana, Zack Martin. Y, sabes qué, para entonces
puede que ya sea demasiado tarde.
Caigo de rodillas en el césped embarrado, lloro. Y lloro y lloro. Hasta que
ya no me quedan más lágrimas.
48
Página
Once
Nikki

sto no es permanente, Ash —susurro para que tía Claire y


la Sra. Evans no puedan oír—. Vuelvo después de que la
encuentre. Lo prometo.
Lo digo en serio, pero tan pronto como las palabras salen, empiezo a
preguntarme si voy a regresar de verdad.
Esta mañana, estaba en la corte mientras un juez le concedía a mi tía la
custodia temporal. No puedo creer lo rápido que ha pasado. El dolor de perder
a mamá aún está fresco, pero al mismo tiempo se siente como una eternidad
desde que escuché su voz. Las emociones reflejadas en el rostro de Ashley
podrían ser un reflejo de las mías.
—Estoy feliz por ti, Nikki —dice con una sonrisa vacilante, el tipo de
sonrisa que se forma cuando no sabes si estás feliz o asustado. Sé que está
asustada, por ambas.
—Gracias por todo —le digo, abrazando a Ashley con fuerza.
Normalmente no soy una persona sensiblera, por lo que esta demostración de
afecto inesperada hace que Ash comience a llorar.
—Nikki, tenemos mucho que hacer antes de que cojas el vuelo con tu tía
mañana. —¿No es eso igual que Mal Evans, no siendo lo suficientemente
sensible como para detectar un momento especial entre Ashley y yo?
Tía Claire interviene.
—¿Por qué no vienes al aeropuerto con nosotras mañana, Ashley?
Podemos tener el almuerzo y pueden pasar un poco de tiempo juntas antes de
nuestro vuelo. El servicio de auto te puede llevar de vuelta a casa después de
eso.
Me siento como si fuera Annie, la Huérfana y acabo de ser adoptada por
49

papá Warbucks. Ashley chilla un agradecimiento a la tía Claire y me abraza


Página

una vez más. Por lo menos, voy a dejar Brookside con estilo.
Mientras empaco lo último de mis cosas en el remolque de Ashley,
empiezo a preguntarme si he tomado la decisión correcta. La forma en que la
tía Claire miró a Donna y el oscuro y estrecho remolque, hace que me
pregunte si me está mirando de la misma manera ahora. Cada vez que ha
venido de visita, la Sra. Evans siempre me ha llevado a un restaurante o a su
hotel. La tía Claire viene de un mundo donde no existen los parques de
caravanas. No sé si ese es el mundo para mí. Esta es la única vida que he
conocido.
Escondo mis pensamientos, recordándome a mí misma que la búsqueda
de mi hermana es más importante que mi sensación de cierta incomodidad.
No tengo la intención de vivir con la tía Claire para siempre, o incluso
quedarme en California. Sólo tengo que encontrar a mi hermana y averiguar
qué hacer a partir de ahí.
—¿Casi lista, Nikki? —pregunta tía Claire al regresar de dejar una de las
últimas cajas del remolque en el auto que nos está esperando—. Tenemos que
llevar las cajas a un almacén de entrega. Sabes que se tiene que pagar sólo
para tomar una bolsa en el avión en estos días. Por lo tanto, enviaremos por
correspondencia todo lo que podamos.
La verdad es que no lo sabía. Nunca he estado en un avión antes. Pero
concuerdo, fingiendo que lo que dice tiene sentido.
Recogiendo la caja que a propósito he dejado para el final, pregunto:
—¿Puedo llevar esta pequeña en el avión conmigo? ¿Contará como una
bolsa?
La tía Claire se queda mirando a la pequeña caja de cartón apretada en
mis manos.
—Por supuesto, puedes llevar cualquier cosa que es importante para ti.
—Su voz suave cuando pregunta—: ¿Es esa caja importante? Podemos
conseguir una nueva caja. Esa se ve casi lista para desmoronarse, creo. Las
venden en la tienda de paquetes de UPS a la que vamos.
—Sólo algunas de las cosas de mi mamá y un par de fotos. Cosas que he
trasladado en la misma caja cada vez que nos mudábamos. —Mi propia voz
cae, haciéndose inestable, cuando respondo. No es fácil partir. Mamá y yo no
vivimos aquí tantos años, pero esta es la primera vez que me he mudado sin
50

ella.
Página

La cara de la tía Claire se vuelve solemne. No estoy segura de si es porque


he mencionado a mamá o porque mencioné mudarnos mucho. Tengo la
sensación de que la tía Claire se siente mal de que haya tenido lo que ella
piensa que debe haber sido una vida de mierda, llena de una mudanza tras
otra.
—Lo siento, Nikki. No puedo imaginar lo difícil que es para ti. Debes
extrañar mucho a tu madre. Lo siento mucho, cariño. —Las lágrimas ruedan
suavemente por su rostro. Nunca he visto a nadie llorar de una forma tan
educada y bonita.
—También era tu hermana. —No la miro cuando digo las siguientes
palabras—: Me imagino que es muy difícil perder a una hermana. Por lo
menos, pasé la mayor parte de mi tiempo con ella... tú no fuiste tan afortunada.
Tía Claire asiente solemnemente. Miro alrededor por Ash, entonces
podemos marcharnos, pero ella no está a la vista.
En cambio, Donna ha logrado colarse detrás de mí.
—Vamos a echarte de menos, cariño —dice, extendiendo sus brazos. Si la
tía Claire es papá Warbucks, Donna está interpretando la parte de la señorita
Hannigan a la perfección. No me ha llamado cariño en las quinientas veces
que he caminado a través de su puerta. Soy consciente de pronto del olor de
sus cigarrillos y perfume barato.
En la puerta, tomo una última mirada alrededor, enviando una oración
silenciosa a mamá: Te prometo que no voy a dejar que California me cambie,
cueste lo que cueste.
51
Página
Doce
Zack

scucho el timbre de la puerta, pero no dejo mi habitación. Así es


como he estado cada día desde que ocurrió. Vinieron muchas
personas al principio. Amigos de la escuela, vecinos, mi tía y
primos. Tomó cinco meses, pero finalmente se han disminuido las visitas de
los simpatizantes. Tal vez así es como pasa. El tiempo sólo tiene una manera
de hacer las cosas más fáciles. ¿Pero para mí? Nada ha borrado el dolor desde
la muerte de Emily.
Mi madre está hablando con alguien abajo pero no reconozco la voz. Ha
pasado mucho últimamente. Escucho cosas, pero nada se registra. Voces y
palabras que se juntan y suenan igual. Nada capta mi interés, nada me saca
de mi burbuja.
La conversación se detiene otra vez. Supongo que quien llego ya se ha
ido. Las personas ya no se quedan mucho tiempo desde la muerte de Emily.
Ni siquiera mis padres, que me ven en mi cuarto una docena de veces al día,
tal vez más, y salen rápidamente.
Hay un golpe en la puerta de mi cuarto pero no me preocupo en
levantarme. Mamá y papá no esperan responder de todos modos. Golpean una
vez más y entra. Tengo la sensación de que tienen miedo de lo que podrían
encontrarse si golpean por segunda vez.
Hay un segundo golpe. Rompo mi trance y miro hacia la puerta. Un tercer
golpe va acompañado de una voz baja.
—Zack, tu mamá me dijo que estaba bien subir. ¿Puedo entrar? —Ella
hace una pausa y luego suavemente agrega—: Por favor.
Incluso a través de la niebla reconocí la voz de Allie. ¿O me lo estoy
imaginando? ¿Está ella realmente al otro lado de la puerta de mi cuarto? No
digo nada y la voz no se escucha. Tal vez me equivoqué. Tal vez no hay
52

ninguna voz.
Página

Se abre la puerta con un crujido. No sé si gritar y decirle que se vaya o


volver a mirar el techo desde mi cama. Yo decido que ignorarla es la opción
menos dolorosa. Tal vez ella así se vaya.
Por el rabillo del ojo veo que tira de mi silla cerca de mi cama y se sienta.
Cierro mis ojos.
—Zack, sé que no quieres ver a nadie. Traté con correos electrónicos,
textos y llamadas telefónicas. Pensé que tal vez si venia... ―Se detiene. Hay un
temblor en su voz cuando ella continúa—: Tal vez hay algo que puedo hacer.
Quiero ayudar.
La voz de Allie es cálida y tierna y saco mis ojos lejos del techo. Me muevo
para sentarme así me siento menos vulnerable. Solo cuando mis ojos hacen
contacto con los de ella, una lágrima cae de su ojo izquierdo. Incluso en la
oscuridad de mi habitación puedo notar que está llorando. Las personas no
lloran por mí. No lo merezco.
Instintivamente, me inclino para limpiar la lágrima. Antes de llegar al
rostro de Allie el resto de mi mente se despierta y retiro mi mano rápidamente.
Allie busca mi mano. Es la primera cosa que siento en meses. Su piel, suave y
ligera, sólo un poco de un toque, pero es tan fuerte y abrumadora. El contacto
empieza a meterme en el mundo actual. Pero no quiero estar allí. No quiero
estar en ningún lugar sin Emily. Aparto mi mano como si hubiera sido
quemada.
Imperturbable, Allie intenta otra vez.
—Zack, no tienes que decir nada. Sé que no puedo solucionar nada. Sólo
quería verte. Incluso si no hablamos.
Algo dentro me obliga.
―Gracias. He leído tus correos y textos ―miento. No he abierto nada de
lo que han enviado―. Gracias por pensar en mí.
Incluso en la oscura de la habitación puedo ver la luz de esperanza en
sus ojos cuando respondo. ¿Es así como mis padres se sienten? ¿Sólo están
esperando que hable?
Allie sonríe, pero su sonrisa no llega a los ojos... ni siquiera se acerca. Es
triste y forzada. Algo me hace sonreírle de regreso. No quiero que luzca triste.
Su sonrisa responde a la mía, creciendo real, y no forzado. Recordé cuanto me
gustaba esa sonrisa. Era casi demasiado grande, casi, pero no del todo.
—¿No te estás muriendo por saber cómo resultó La letra Escarlata en
inglés? Supongo que la anticipación seria desgarradora. Es la razón por la
que tenía que venir —Allie se burla, sus palabras llegan con rapidez,
esperando mantenerme en el aquí y en el ahora. Nunca volví a la escuela
después del accidente. Nuestro proyecto de inglés ni siquiera fue un
pensamiento en todos estos meses.
53

—Sí, Allie. Estaba preocupado. Tan preocupado de que algunos del


Página

segundo grado hayan sido capaces de leer sobre unas prostitutas usando la
letra “A” en sus pechos. ―El sarcasmo se siente bien. Normal.
Ella se ríe.
—Señor Hartley salvó nuestra historia de lectura a la última clase. Creo
que él estaba asustado, Zack. ―Su risa es contagiosa. No tengo que pensar en
ello, surge naturalmente. Pero luego me doy cuenta. No merezco a reír. No es
justo para Emily. Cierro la ventana de felicidad que ella había abierto.
—Escucha, Allie... gracias por venir. Fue muy amable, pero estoy muy
cansado y necesito descansar. —De pie, sin dejar espacio para la
interpretación de que es hora de que se vaya.
La sonrisa de Allie vacila. Se levanta.
—No voy a dejar que te alejes tan fácil, Zack. Regresaré para leer nuestra
historia muy pronto. —Ella intenta parecer entusiasmada.
Ella guarda cuidadosamente la silla debajo de mi escritorio, luego se
vuelve hacia mí, con una sonrisa nerviosa. Poniéndose de puntillas, me besa
inocentemente en la mejilla.
—Si hay algo que pueda hacer, me gustaría estar aquí para ti, Zack.
Emily no merece el poco respeto que le mostramos.
—Ella murió porque estaba celosa de mí por estar contigo esa noche,
Allie. Por favor vete.
Como un cobarde, fijo mis ojos en el piso para así no tener que ver su
rostro, no levanto la mirada hasta que escucho cerrarse la puerta.

Es agosto y el clima es intensamente caliente. Esperando hasta que mis


padres se vayan a hacer unos recados de sábado por la mañana, me pongo
mi ropa de correr y salgo. Mientras estiro, mis ojos no pueden evitar pasearse
por la calle. Mi pecho se aprieta al ver la casa de Emily, sabiendo que nunca
podrá entrar por esa puerta de nuevo. Sabiendo que sus padres no querían
nada más desde estos últimos cinco meses donde todo ha sido una pesadilla.
¿Cómo diablos voy a quedarme aquí? ¿Entrar y salir de mi casa todos los días,
como un recordatorio constante de lo que hemos perdido? Lo que he hecho.
Sin terminar mis estiramientos, corro. Sin calentamiento. Ningún
comienzo lento. Solo salgo corriendo. Huyo tan rápido como puedo, rezando
que la distancia alivie el dolor. El aire húmedo grueso dificulta mi respiración,
cada inhalación quema mis pulmones, pero no es suficiente. Necesito más.
Más dolor, más distancia, más sufrimiento.
Cuatro millas corridas en un tiempo récord, mi cuerpo rindiéndose de mí,
54

incapaz de soportar la tensión de mis demandas hacia él. Duplicándose,


Página

jadeando pesadamente, mis manos sobre mis rodillas, me cuesta recuperar el


aliento. No sé dónde estoy. Aunque realmente no me importa una mierda. No
hay ningún lugar en el que necesito estar y nadie que me necesita. Ya no.
Las horas pasan y me alterno entre correr y caminar. Antes de que lo
sepa, el sol se pone y me encuentro frente al cementerio. En el cementerio de
Emily. Hago mi camino a través de las grandes puertas de hierro, mirando las
interminables filas de lápidas, preguntándome si siquiera puedo encontrar mi
camino de regreso a su tumba. El lugar es enorme, habrá veinte mil piedras y
millas a kilómetros de caminos y senderos que todos son iguales para mí.
Así que empiezo a caminar. Sé que Emily probablemente no tendrá una
piedra todavía, pero sí la de su abuelo. Está enterrado al lado de ella. Algunas
personas permanecen, pasando mientras camino lentamente, lectura fila tras
fila de nombres. Permanezco con mi cabeza hacia abajo para evitar el
contacto con los ojos cada vez que alguien se acerca.
Horas después de que cae la oscuridad, finalmente la encuentro otra vez.
El suelo está aún crudo con nueva tierra oscura... fresca, justo como mi
memoria de perderla. Me siento apoyando mi espalda contra la piedra de su
abuelo, y las lágrimas comienzan a caer. Y caen y caen, hasta que estoy
llorando tanto, que es difícil recuperar el aliento. Finalmente, agotado y
llorando vacío, me duermo, yaciendo extendido al otro lado de la tumba de
Emily.
Una mano en mi hombro me despierta. Abro un ojo y veo a mi padre
mientras se sienta junto a mí.
—Tu madre ha estado preocupada ―dice suavemente en lugar de
regaños—. Sé que es difícil, pero vas a tener que dejar algunas cosas, tarde o
temprano, hijo. No puedes guardarlo todo para ti. —Envuelve su brazo sobre
mi hombro—. Estamos preocupados por ti. Sé que necesitas un poco de
espacio... y voy a tratar de dártelo. Pero nos asusta lo que hiciste hoy,
desapareciendo durante tanto tiempo. —Mi padre se calla por un momento y
luego me llama por mi nombre, suave, pero firme en ese sentido paternal.
—Zack. —Él me obliga a verlo, y espera hasta que me veo en sus ojos—.
¿De acuerdo?
—De acuerdo.
55
Página
Trece
Nikki

a casa no es para nada como la esperaba. Fotos vibrantes


decoran las paredes de colores cálidos, haciéndolo sentir más un
hogar que cualquier otro sitio en el que he vivido. Aun así, el
sueño no vino rápido anoche. La primera noche en un nuevo lugar nunca lo
hace. Lo sé bien, tuve muchas primeras noches.
Forzándome a levantarme de la cama antes de lo necesario, con la tía
Claire fuera haciendo recados por unas horas, me tomo tiempo para explorar.
Mi primera parada, las fotos enmarcadas en la repisa de la chimenea. No
queriendo parecer muy entrometida, he mirado pero no tuve una oportunidad
para mirarlas bien.
La primera foto es de dos niñas pequeñas, sus brazos envueltos alrededor
del hombro de la otra mientras sonríen brillantes hacia la cámara. La chica
más alta está sosteniendo una manguera de jardín y tiene una sonrisa
traviesa en su rostro; la chica más joven esta empapada de pies a cabeza. Casi
no reconozco a mamá con esa sonrisa fácil y sin preocupaciones. Me hace
preguntarme si nació rota o si algo le sucedió después de esa foto, para
hacerla como era en el momento que nací.
La siguiente foto, fue tomada en la graduación de la tía Claire de la
escuela de enfermeras. Luce igual, solo que más joven. La mujer mayor a su
lado, mi abuela, una mujer que nunca he visto, le sonríe orgullosa a su hija
vestida con un uniforme blanco.
Tomo la foto más grande, pasando mi dedo a lo largo del contorno del
marco grabado, estudiando la foto de la feliz pareja en su boda. La tía Claire
luce hermosa en un vestido de boda tradicional, del tipo que ves en televisión
con una larga cola y un velo que cubre su rostro. Su marido esta vestido con
un simple traje negro; una enorme sonrisa ilumina su rostro mientras mira a
su nueva esposa. Ambos lucen tan felices, me duele el pecho cuando pienso
56

en cómo debe haberse sentido cuando lo perdió.


Página

Me doy la vuelta, contemplando cómo me siento mientras asimilo toda


la habitación… las fotos, los muebles, los estantes llenos de libros… todo es tan…
normal. Un sentimiento al que no estoy completamente acostumbrada.
Mi cara está enterrada en un libro cuando la tía Claire vuelve algunas
horas después cargando víveres.
—¿Cómo dormiste? —pregunta, mientras la sigo fuera hacia el auto para
ayudarla a traer el resto de las cosas.
Me encojo de hombros.
—Bien, supongo. —Por qué le preocuparía si di vueltas y vueltas la mitad
de la noche.
La tía Claire sonríe con cautela.
—Se hará más fácil. Lo prometo. Siempre tengo problemas para dormir
en un lugar nuevo. —Juntas, comenzamos a desempacar los víveres—. Estaba
pensando… ¿Qué tal si conseguimos un conjunto nuevo para tu primer día de
escuela el lunes?
Bajo la vista.
—¿Qué está mal con mi ropa? —Mi voz sale un poco a la defensiva.
—Nada. Nada en absoluto. Es solo que… mi madre siempre nos compraba
un nuevo traje para el primer día de escuela. Era una especie de tradición —
sonríe—. Siempre lo esperaba con ansias —su sonrisa vacila, su voz
haciéndose más profunda y suave—. También tu madre lo hacía. Creí que tú
también lo harías. —Me encontré imaginándome como sería ir de compras
con mi hermana. En verdad quiero hacer muchas preguntas, pero es muy
pronto para arriesgarme a husmear y hacer que la tía Claire sospeche de mis
intenciones.
Accedo a ir de compras, a pesar de no estar segura si voy a quedarme lo
suficiente para crear tradiciones aquí.
Al final del día, el conjunto nuevo para la escuela se ha convertido en
tres trajes, ropa nueva de ejercicio, auriculares, una mochila y cosas para la
escuela, en realidad me divertí comprando con la tía Claire.

Sábado por la mañana, zapatillas deportivas nuevas, una camiseta sin


57

mangas, y auriculares rojos en mis orejas, estoy de pie fuera y estiro mis
Página

pantorrillas. No he hecho ejercicio en casi un mes, y la quemadura mientras


empujo mi pie detrás de mí para estirar el musculo de mi pierna, es un dolor
bienvenido.
—¿Estás segura que recuerdas las direcciones que te di? —la tía Claire
sale y pregunta por tercera vez. Le preocupa que me pierda en mi carrera.
Sonriendo ante su nerviosismo, quito un auricular de mi oreja.
—Cuatro cuadras rectas hacia Main, a la izquierda dos cuadras por Arnol
Ave, a la izquierda en Front Street… eso me lleva al camino de la escuela
secundaria.
Luce aliviada, al menos un poco.
—¿Tienes tu teléfono?
Asiento.
—Cuidado con los autos. Corre sólo con un auricular así puedes escuchar
las cosas a tu alrededor.
—Siempre lo hago. Estaré bien —comienzo a correr, gritando sobre mi
hombro con una sonrisa—Dame una hora antes de enviar un helicóptero de
búsqueda, ¿está bien?

Nunca he sido una chica deportiva. Correr es la única actividad física en


la que he participado. Ashley solía burlase de que me gustaba correr porque
es uno de los pocos deportes donde no tienes que estar en un equipo. No
estaba del todo equivocada. Correr me hace sentir en control, y aun así libre
al mismo tiempo. Aclara mi cabeza, hace que todo luzca menos complicado.
Más simple.
Entrando al camino, estoy sorprendida de encontrar que está casi vacío.
Los sábados suelen ser el mejor horario para que los corredores salgan a
correr. Entonces otra vez, las nubes grises que estaban comenzando a
aparecer, cuando dejé la casa hace veinte minutos sólo estaban comenzado a
aclararse.
Tomo la primera vuelta a paso constante, prefiriendo alternar entre
correr y trotar, en lugar de la monotonía de permanecer a un ritmo constante
por cinco millas. Un chico de mi edad esta media vuelta delante de mí todo el
tiempo que corro alrededor de la pista. Llegando al punto donde comencé otra
vez, cambio de velocidad, pasando de trotar a correr, alcanzándolo
rápidamente, y pasándolo.
La segunda vuelva está rápidamente detrás de mí, disminuyo mi paso de
vuelta al trote en la vuelva tres. El chico me alcanza y me pasa. Sonrío
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mientras corre, y me pregunto si estamos haciendo el mismo patrón de


Página

carrera, solo que en orden opuesto.


Continuamos, tomando turnos para pasarnos las siguientes vueltas, sin
decir una palabra, pero nos atrapamos robándonos miradas mientras
pasábamos. Es guapo. Realmente guapo. Alto, musculoso pero delgado,
cabello rubio color arena, mandíbula fuerte, casi demasiado hermoso para mi
gusto, pero Ashley definitivamente lo llamaría caliente. No puedo imaginar
muchas chicas que no lo harían.
Mi última vuelta es corriendo. Solo que esta vez, tan pronto como paso a
Chico Caliente, él acelera… y me pasa, incluso aunque no está en el punto
donde debe cambiar de velocidad. Manteniéndose unas cuantas zancadas
delante de mí, mantiene su ventaja por varios segundos, hasta que me empujo
más fuerte, recuperando la delantera, aunque no es fácil. Pero mi posición en
el frente no dura mucho. Chico Caliente acelera y recupera la delantera. Mi
última vuelta se convierte en dos vuelvas. Corremos juntos cuello a cuello,
tomándonos turnos para adelantar al otro ligeramente. Sin dudas, tiene que
ser la vuelva más rápida que he corrido.
Cruzando la línea de meta, Chico Caliente un pelo delante de mí, ambos
colapsamos, luchando para respirar. Unos minutos después, con mi
respiración finalmente controlada, una gran mano se extiende para
ayudarme. La tomo, finalmente dándole una buena mirada a mi oponente
mientras me pone de pie. Brillantes ojos azules, una nariz perfectamente recta
y labios llenos torcidos hacia un lado roban mi respiración apenas
recuperada.
Una torcida sonrisa infantil se forma en sus labios y sus ojos examinan
mi pecho agitado. Sonrío de vuelta, tan rápido como vino, su sonrisa se
desvanece. Sin una palabra, levanta una mano, diciendo adiós, da la vuelta y
se va, alejándose corriendo de la pista.
Toda la carrera de regreso, me pregunto que hizo desaparecer tan rápido
su sonrisa.
59
Página
Catorce
Nikki

nglés siempre ha sido mi materia favorita. Después de seis periodos


de inquietud en mi silla y de ser presentada como la chica nueva,
es un alivio cuando el Sr. Davis me dice que solo tome asiento y
escuche. Desde que es palabra de honor en inglés, la clase se organiza, todos
juntos por los últimos dos años desde que eran de segundo y tercer año y,
verdaderamente soy la chica nueva. Genial.
El Sr. Davis revisa el plan de estudio y sostiene nuestra primera novela
Bajo la misma estrella. Estoy emocionada, ya que es una novela que he
querido leer. Pero mi emoción dura poco cuando nos dice que el libro viene
con un trabajo en grupo. Los grupos van a ser los mismos que el año pasado,
con una excepción. Yo.
Cuando la campana suena el Sr. Davis nos grita a mí y a una estudiante
llamada Allison para que nos quedemos después de clase.
—Allison, pensé que podría ser buena idea para Nikki que se uniese a tu
equipo para este trabajo. Después de todo, te falta un integrante desde que...
—se apaga, su voz es más suave cuando continua—. Bueno, te falta alguien
ahora Allison.
Allison mira de mí al Sr. Davis, y rápidamente dice:
—Estoy segura de que estará aquí mañana. Pensaba que iba a estar aquí
hoy. —Hace una pausa, su voz quebrándose mientras continua—: y creo que
sería más fácil si todo esta exactamente igual cuando él regrese. Por favor —
ruega.
El tono del Sr. Davis cambia de incomodo a sombrío cuando responde.
—Las cosas no van a ser las mismas, Allison.
Se miran por un momento.
—Está bien. —Allison finalmente accede.
Interrumpo.
60

—Voy a estar bien en cualquier otro equipo, Sr. Davis. He leído todos los
Página

otros libros de John Green, así que imagino que otro grupo estaría feliz de
tenerme. —Definitivamente no quiero ser parte de un equipo donde no me
quieren sin siquiera haber empezado.
Tanto el Sr. David como Allison me miran perplejos.
—¿Has leído todos los otro libros de John Green? —El Sr. Davis pregunta
con el ceño fruncido
—¿Cree que las personas no leen en Texas? —insultada, respondo con
indignación.
Una sonrisa aparece en el rostro de Allison mientras siento el mío arder
con vergüenza.
—Lo siento, Nikki. No se trata de ti, o de Texas, o incluso del proyecto.
Puedes estar en nuestro equipo. Celebro la oportunidad de trabajar con
alguien que ha leído todas las novelas de John Green. Es sólo que Za… —Se
detiene a la mitad de la palabra, sacude su cabeza como forzando a mantener
sus pensamientos lejos—. Debes estar en nuestro equipo, Nikki. Bienvenida.
El Sr. Davis, satisfecho, nos dice que corramos a comer antes de que se
termine el receso.
Después de que salimos del aula, Allison dice:
—Siéntate en mi mesa para almorzar, así podemos hablar sobre el
proyecto. Soy Allison Parker, por cierto.

La cafetería es cinco veces el tamaño que la de mi vieja escuela, un


infierno mejor también. Mirando alrededor, temo al pensamiento de que
Allison Parker me arrastre a una mesa con personas que no conozco. Ya me
puedo imaginar a la presumida, las chicas demasiado-bonitas-para-su-
propio-bien comiendo tofu y palitos de apio para que puedan caber en sus
apretados, súper-pantalones cortos, pasé la primera mitad de la mañana en
una oficina como una pecera cerca de la entrada de la escuela con la Tía
Claire y mi nuevo orientador vocacional. Mientras ellos hablaban, y pasaban
por mis múltiples transcripciones escolares, vi docenas de rubias, demasiado
maquilladas, demasiado arregladas, entrar al edificio. Parecía como si un
científico loco obsesionado con Taylor Swift había perfeccionado la clonación
humana y las dejo a todas en Long Beach High School.
—Usualmente me siento aquí. —Allie hace señas hacia una mesa que
tiene solo unos poco chicos de aspecto nerd.
Contengo mi sorpresa, y observo minuciosamente a Allie una vez más.
Su amplia sonrisa y cara bonita me habían engañado con el pensamiento de
61

que era una Taylor-clon. Pero dando un vistazo más de cerca, puedo ver que
Página

está muy lejos de ser un clon. Su dulce sonrisa se sitúa en su rostro libre de
maquillaje. Sí, es cierto que ella tiene ese impecable bronceado de California
y gran piel, pero es naturalmente bella, no perfecta y pulida como las otras
chicas que vi esta mañana. Su ropa también es distinta de la de los clones.
Usa unos leggings grises y una larga, blanca camisa suelta, se distingue sin
la ropa que se aferra a cada centímetro de su cuerpo.
Allie saca una bolsa de papel con un sándwich de mantequilla de maní
y mermelada, y me da un poco de alivio. La tía Claire me empaco el almuerzo
también. Tenía la duda de si iba a ser la única.
Almorzamos con rapidez, Allie charlando sobre el proyecto y cómo el Sr.
Davis dirige su clase. El período realmente vuela mientras hablamos. Hay un
flujo fácil en nuestra conversación y tengo que recordarme a mí misma que
no estoy aquí para involucrarme con nada ni con nadie. Tengo que
mantenerme centrada en mi objetivo. Estoy aquí para encontrar a mi
hermana.
Suena la campana, lo que indica que es hora de ir a otra habitación de
clones. Allie pide mi número de celular para que me pueda mandar un texto
sobre la reunión en la biblioteca esta noche para elegir un tema para nuestro
proyecto en círculo de literatura. Me da vergüenza decirle que yo no sé mi
propio número de teléfono. Yo nunca he usado un iPhone hasta esta semana,
no estoy segura de que pueda saber la manera de agregar un contacto
rápidamente. Pensando rápido, le entrego mi nuevo teléfono y le digo:
—Mira, llámate desde mi teléfono, es más rápido. —Ella lo hace y me deja
con una sonrisa, y deseándome suerte para el resto de mis clases.

Después de la escuela, me dirijo a la puerta principal para buscar a la tía


Claire. Le dije que no tenía que dejar de ir al trabajo por otro día, que podría
encontrar el camino de regreso a casa. Si ella sólo supiera que me mudé ocho
veces desde la escuela primaria, los constantes cambios me dejaron con un
mejor sentido de la orientación que el GPS de su Honda CRV. Me abstuve de
decirle mucho sobre mi vida con mamá. Siempre se pone triste cuando
menciono alguno de nuestros problemas y no quiero lástima de nadie.
Contemplo la línea de autos de lujo frente a la escuela, buscando por el
Honda de la tía Claire. Un escalofrió se arrastra por mi columna vertebral,
haciendo erizar todos los bellos en la parte posterior de mi cuello, a pesar de
que estamos como a 32° y no hay brisa. Me doy vuelta, con una extraña
sensación de ser observada, y escaneo el área. No hay nada detrás de mí.
62

Nada a la derecha. Girando a la izquierda, me congelo, encontrando a una


Página

mujer mirándome fijamente. Ella está de pie allí. Sola. Mirando fijamente.
Nuestros ojos se entrelazan por un momento. Ella se ve fuera de lugar. Su
elegante traje color crema y un par de tacones altos de dos tonos simplemente
no encajan. Los profesores visten bien me enteré de eso hoy. Pero esto no está
bien. No se da la vuelta a pesar de que he capturado su mirada fija.
Extrañamente, aunque me está mirando, todavía no me ve.
Un claxon llama mi atención, rompiendo el arrastre que siento hacia la
mujer.
—¿Conoces a esa mujer? —pregunto mientras me deslizo en el auto de
la tía Claire.
—¿Qué mujer?
Miro hacia atrás a donde ella estaba de pie, pero ya no está. No hay
rastro de ella en ningún lugar. Es difícil imaginar que pudiera desaparecer
tan rápidamente en esos tacones.
—Estaba de pie allí hace un minuto. —Señalo hacia el árbol donde la
mujer estaba.
—Sólo veo un grupo de estudiantes. ¿Cómo era?
—No lo sé. Supongo que era uno de los padres. Tal vez pensó que me
conocía o algo. —Me encojo de hombros, sintiéndose tonta por siquiera
haberlo mencionado. A veces pienso que tal vez heredé la paranoia de mamá.
Tía Claire me inunda con preguntas acerca de mi día. ¿He hecho amigos?
¿Me gustan mis clases? ¿Me parecía que el trabajo era del nivel adecuado?
¿Cómo fueron los maestros? ¿Comí el almuerzo que había empacado?
Supongo que ella finalmente descubre mi malestar.
—Lo siento, Nikki. Tengo que recordarme que eres una estudiante de
secundaria y no una niña de diez años. Espero que no sonara como si
estuviera tratando demasiado ser una madre…
Me contengo antes de decirle que mamá no era “madre” en la forma en
que pensaba, me decido a alimentar a su inquisición en lugar de ir por el
camino serio.
—No te preocupes por eso. —Sonrío a medias—. Creo que hice una nueva
amiga hoy. Su nombre es Allie y vamos a estar en el mismo equipo para un
proyecto de inglés. De hecho, ella me pidió que nos reunamos con el grupo en
la biblioteca West Long Beach esta noche. ¿Sabes dónde está? ¿Puedo ir?
Tía Claire no puede contener su entusiasmo.
—Por supuesto que puedes ir. Estoy tan feliz que hayas hecho una amiga.
Estaba preocupada. Este es un gran cambio para ti.
—Lo sé. Y gracias. —No va a ser difícil recordar complacer a la tía Claire
para que me pueda quedar. Ella hace que sea algo natural.
63
Página

La biblioteca siempre ha sido mi santuario. Un lugar al que me gusta ir


para escapar de la realidad de mi frecuente jodida existencia. En Texas, me
pasaba horas solo en las estanterías, sentándome en el suelo mientras ojeaba
libros antiguos, el olor a humedad de estos, extrañamente confortante,
diferentes al mohoso olor de nuestro viejo remolque.
Allie me hace señas con entusiasmo hacia la larga mesa donde está tan
pronto como entro, su sonrisa siendo contagiosa. Había parado afuera unos
minutos antes de entrar, en un serio debate sobre si hacerlo o no. Después del
largo día de comienzos, no estaba segura de que si estaba lista para más. Pero
ver a Allie con verdadera cara feliz, sofoca de alguna manera mi miedo.
—Hey, estos son Cory y Keller —dice Allie, presentándome a los otros ya
sentados en la mesa. Ambos me parecen vagamente familiares. Debí haberlos
visto en la clase de inglés hoy, pero después de ver miles de caras nuevas,
estoy un poco abrumada en recordar siquiera una.
Tarda menos de tres minutos sentados en la mesa, antes de que la
dinámica del grupo sea clara. Keller Daughtry se parece a un defensor, uno
intimidante. No me sorprendería si él gruñe en lugar de hablar. Es ancho y
musculoso, de pelo corto, y como una mordedura en todo lo que dice. Pero es
el tipo de humor sarcástico que se dice con una sonrisa, y el grupo parece que
les gusta meter el león casi tanto como a él le gusta la entrega de los azotes.
Cory es la tranquila del trío. Ella sonríe y se ríe, observando los intercambios
entre el grupo en lugar de saltar en el medio.
—Así que ¿cuál es tu historia? —pregunta Keller, inclinando su silla
hacia atrás, con los brazos cruzados por sobre su pecho.
—¿Mi historia? —Yo sé lo que está preguntando, pero me pilla con la
guardia baja.
—Sí. Ya sabes, ¿de dónde eres? ¿Juegas algún deporte? ¿Allie va a tener
que cargar tu culo en este proyecto como lo hace con el mío? —Keller se
encoge de hombros—. Tú historia.
Todos los ojos se vuelven hacia mí. Hago todo lo que puedo para parecer
casual, aunque no estoy nada cómoda hablando de mi historia.
—Ummm... Me mudé aquí desde Texas. Era corredora en la escuela. Y
espero que Allison no tenga que llevarme. —Keller me mira fijamente, sin
saber qué hacer con lo que ve, sin pensar, dejé salir todo lo que soy solo para
mostrarle. Arqueando una ceja, intencionalmente dejo que mis ojos vaguen
por toda la extensión de su cuerpo antes de hablar—. No estoy segura de que
pueda llevar mi culo, ya que es probable que este ahogada con el peso del
tuyo.
Keller tira su cabeza hacia tras y ríe.
64

—Vas a encajar perfectamente, aunque no estoy seguro de que pueda


Página

aguantar otro listillo en el grupo.


Discutimos nuestras opciones de proyectos hasta un poco antes del
cierre de la biblioteca, las horas que pasan parecen más como minutos. Allie
tiene una pasión por la lectura que nos lleva a todos a la historia, incluso a
Keller, que me da la sensación de que no siempre es el mejor de los
estudiantes.
Allie y yo hablamos durante unos minutos en la entrada mientras espero
a mi tía.
—Entonces ¿corres en pista?
—Sí, ¿y tú?
Ella se ríe.
—Definitivamente no. Corro como un pato. Realmente no es lo mío. Jugué
al fútbol por un tiempo cuando era niña. Mi padre realmente quería una
deportista. Con dos chicas, por suerte mi hermana pequeña se interesó y tomó
algo de la presión que tenía sobre nosotras. Trato de apegarme a los deportes
que no impliquen correr. —Hace una pausa, y luego añade—: Zack corre en
pista.
¿Tu hermano?
—Le pregunto con el ceño fruncido.
—No. Zack era la otra persona en nuestro grupo. —Ella me mira
fijamente por un segundo—. También juega fútbol.
—Oh. ¿Está enfermo o algo así? —En el momento en que la pregunta sale
de mi boca, la cara de Allie cambia. Tristeza cubre su generalmente soleada
sonrisa. Lamento de inmediato hacer la pregunta.
Ella intenta recuperar su sonrisa, pero no logra que sea creíble.
—Espero que vuelva pronto.
Tía Claire no podía haber aparecido en un mejor momento, había metido
la pata suficiente por un día.
65
Página
Quince
Zack

abía lo que vendría antes de que mis padres me dijeran que me


sentara. Era sólo cuestión de tiempo. Había estado fuera de la
escuela los últimos meses después de que Emily muriera y luego
había pasado todo un verano. Creo que mamá y papá tenían miedo de discutir
conmigo ayer, cuando les dije que no iría al primer día de clases, pero no iban
a permitir que esto continuara —al menos eso es lo que escuché a papá
diciéndole a mamá después de la cena. Así que esta noche, cortarían con todo
eso. Y el día de mañana apestaría.
En lugar de tratar de pasar tiempo convenciéndolos de que me dejen
quedarme en casa, decido ir a correr.
He estado corriendo mucho últimamente. Música a todo volumen en mis
oídos, pies golpeando duro el hormigón debajo de mis pies, nada más parece
despejar mi cabeza. Aprovecho la nueva ruta que he estado siguiendo, incapaz
de decidirme a seguir cualquiera de los caminos que Emily y yo por lo general
corríamos. Me detengo cuando llego a la biblioteca. El auto de Allie está fuera.
Al igual que el de Keller. Me he sentido culpable por la forma en que le hablé
la noche que vino a verme. Sólo estaba tratando de ayudar. Me envió un
mensaje un par de veces desde entonces, pero no respondí ninguno de los
textos. Los únicos que he respondido son algunos de Keller, porque sabía que
se aparecería si no lo hacía.
En lugar de seguir corriendo, tomo una respiración profunda, bajo el
volumen de mi iPod secándome el sudor de mi frente y me dirijo a la
biblioteca.
Están en nuestra mesa de siempre. Allie está de espaldas a mí, así que no
me ve acercarme, pero Keller asiente en mi dirección, la forma de saludar de
66

los chicos.
Página

—Oye —digo, mi voz dirigida a nadie en particular. Allie se gira. Sus ojos
están como platos, pero intenta lucir casual.
—Hola. ¿Estás aquí? —Sonríe tímidamente.
—En realidad, estaba corriendo y vi sus autos estacionados fuera. Como
que estoy demasiado sudoroso para sentarme y unirme, pero pensé en
saludarlos. Bastante seguro que iré a la escuela mañana. —No por elección,
pero dejo esa parte fuera.
—Lamento llegar tarde —dice la voz de una chica desconocida detrás de
mí. Se acerca a la mesa a toda prisa, lanzando su bolso sobre ella y sacando
una silla. Nunca levanta la mirada, buscando algo en su mochila. Distraída,
no nota que estoy aquí, pero infiernos, yo sí la noto a ella.
Tan pronto como veo su cara, sé quién es... la chica de la pista. Tengo
ganas de que levante la vista para poder conseguir un mejor vistazo de ella,
pero también estoy contento de tener un minuto para mirarla sin ser notado.
Ella es hermosa, aunque no en el sentido de chica típica de California. Piel
clara, nariz fina y recta, labios rosados y llenos, y pelo rubio oscuro que hace
que su piel sin curtir destaque en contraste con la de las chicas bronceadas
de California.
Sintiendo mi mirada fija, levanta la suya, nuestros ojos encontrándose
inmediatamente. Le toma menos de dos latidos del corazón reconocerme. Su
baca se abre e inhala agudamente. Es curioso que haya evitado el contacto
visual durante meses pero estoy pegado a ella, incapaz de apartar mi mirada.
Al igual que en nuestro primer encuentro, ninguno de los dos dice una
palabra. Sólo que esta vez, ella lo convierte en un reto. Arquea una ceja, un
pequeño tic en la comisura de su boca diciéndome que se divierte con
nuestros intercambios silenciosos.
—¿Zack? —dice Allie, la confusión evidente en su voz. Escucho sus
palabras, pero el hecho de que esté diciendo mi nombre, tratando de llamar
mi atención, en realidad no funciona conmigo—. Zack —llama por segunda
vez, la confusión en su voz cambiando a preocupación. Salgo de mi niebla y
me doy la vuelta, rompiendo a regañadientes nuestra mirada.
—Así que, ¿crees que podrás venir? —Allie me ojea de arriba a abajo
como si quisiera asegurarse de que estoy bien.
Frunzo el ceño. Ella es completamente inconsciente de que no he
escuchado una palabra de lo que dijo en los últimos minutos.
—The Grind. Mañana por la noche —repite—. La biblioteca cierra
temprano y vamos a trabajar en el proyecto.
67

Asiento. Sintiendo un par de ojos en mí, y dirijo mi atención a la chica de


Página

la pista. No me equivoqué, ella me está mirando de cerca... demasiado de cerca.


Allie nota mi cambio de atención.
—Esta es Nikki —dice—, ella es nueva en LBH. El Sr. Davis la asignó a
nuestro grupo.
Extiendo mi mano pero no digo nada, dejando que la sonrisa en mi rostro
hable por mí. Nikki pone su mano en la mía y me devuelve la sonrisa con un
guiño. Tenemos una especie de un desafío tácito entre nosotros, ninguno
quiere ser el primero en hablar. Es extraño ya que nunca he conocido a la
chica, pero me doy cuenta al sacudir su mano por más tiempo del que se
considera normal, que he sonreído dos veces en las últimas semanas. Las dos
veces con ella presente.

La primera mitad de mi carrera de vuelta a casa, contemplo la rareza de


mi comportamiento. ¿Por qué me vuelvo mudo de repente alrededor de una
chica extraña? Claro, es bonita, no puedo negarlo, pero es algo más. Me siento
atraído por ella. Cuando la miro a los ojos y veo la sonrisa en su rostro, no
siento la rabia que me hace funcionar mal con todo el mundo. Tal vez es
porque es nueva... con ella no hay recuerdos de la vida de la que quiero tanto
escapar. No estoy seguro, pero una visión de ella sigue apareciendo de nuevo
en mi cabeza a cada paso. Y eso me hace sentir culpable. Dios, soy un imbécil.
Mi novia ha estado muerta por apenas seis meses y ya estoy chequeando los
reemplazos.
Corro más y más rápido, desesperado por hacer que los sentimientos se
vayan. Los que me hacen sentir bien me causan más dolor que los que me
atormentan. Como mínimo, me merezco el castigo, no sentirme bien.
68
Página
Dieciséis
Nikki

a era hora! —Ashley llama a media noche,


gritando tan fuerte que alejo el teléfono celular de
mi oreja. Sólo han pasado unos días, pero desde
el primer día nos hicimos amigas definitivamente
no hemos pasado tanto tiempo sin hablar.
—Lo siento. He estado tan ocupada.
—¿Haciendo qué? ¿O debería decir con quién? —se burla. Me dejo caer
en mi cama y cierro los ojos, imaginando a Ashley sonriendo y moviendo sus
cejas sugestivamente. Apuesto a que está recostada boca abajo en su cama,
con las piernas agitándose en el aire mientras hablamos.
Suspiro y le hablo de mis primeros días en LBH, poniéndola al tanto de
mis clases y el seguimiento de las pruebas, pero eso no es en lo que está
interesada.
—Bla, bla, bla... trigonometría, correr en círculos... dile esa mierda a tu tía
Claire. Quiero oír las cosas jugosas —dice, sólo medio en broma.
—En realidad no hay ninguna parte jugosa que contar. —Me detengo—.
Excepto...
—Dime —exige.
—Realmente no hay nada que contar.
—Hay algo. —Me conoce tan bien.
—Bueno, conocí a un chico guapo —confieso.
Chilla en respuesta.
—Descríbelo. ¡Voy a cerrar los ojos... dame la visión!
También los cierro. Una imagen de Zack me viene a la cabeza sin ni
siquiera tener que tomar el tiempo para pensar en él. Eso ha estado
69

ocurriendo mucho últimamente.


Página

—Bueno, es alto... tal vez de un metro ochenta.


—Mmmmm... alto es bueno. Continúa.
—Hombros anchos. Esbelto, pero musculoso.
—Suena delicioso. ¿Ojos?
—Sí, tiene dos de ellos.
—Sabelotodo.
—Azules con un toque de verde. El color del agua del Caribe.
—Nunca has estado en el Caribe.
—Cállate.
—Continúa
—Lindos labios. Llenos.
—Mmmmm —gime en por la visión que estoy pintando para ella—. Más.
—Hoyuelos. Tiene hoyuelos. Y ni siquiera tiene que sonreír por completo
para mostrarlos... en cierta forma sólo esboza una sonrisa y aparecen.
—Suena perfecto. —Exhala ruidosamente antes de añadir—: Para mí.
No puedo dejar de reír por su respuesta. Aunque sé que nunca iría por el
mismo chico que yo, aunque todavía estuviéramos en la misma escuela. A ella
le gustan los chicos que conoce en detención, como Tommy Damon quien
fuma marihuana bajo las gradas junto a la pista... no los chicos que corren en
ella.
—¿Su voz es sexy? Me gusta una voz profunda. Un tipo que chirría mi
nombre lo arruina todo para mí. Totalmente.
—No lo sé.
—¿No has hablado con él? —pregunta, confundida.
—No.
—Pensé que habías dicho que lo conociste.
—Lo hice.
—¿Es mudo?
—Tal vez —bromeo, descansando la barbilla en mis manos mientras
sostengo mi cabeza hacia arriba todavía tendida sobre mi vientre, en diagonal
en la cama.
—¿Así que estas atraída por él, pero nunca has hablado con él?
70

—No he dicho que estaba atraída por él —respondo, un poco demasiado


Página

a la defensiva para que su declaración sea incorrecta.


—Estás atraída —insiste
—Ugh —me quejo—. No sé por qué te digo cualquier cosa.
—Porque soy impresionante para dar consejos de pesca.
—¿Consejos de pesca?
—Sí... voy a decirte exactamente cómo cebar el gancho y jalar el carrete.

El cuarto día de escuela y finalmente estoy entendiendo la distribución


del edificio, en realidad logro llegar a inglés antes de que suene la campana
por la primera vez. Allie está ocupada provocando a Keller mientras me acerco
y tomo el asiento detrás de ella y frente nuestros otros dos miembros del
equipo.
—Soy vegetariana, no consumo de proteína animal —le dice Allie con un
movimiento de su muñeca, desestimando cualquier cosa que Keller acabe de
proponer.
—¿Y? ¿Qué tal el pollo?
Los ojos de Allie se agrandan con incredulidad.
—¡El pollo es proteína animal!
—¿No pollo? —Keller parece horrorizado ante la idea.
Los dos continúan mientras coloco mi mochila en el suelo con la cabeza
hacia abajo en busca de mi libro de texto.
Por supuesto, está hasta el fondo de mi bolsa y tengo que sacar todo para
llegar a él. Hago una nota mental de averiguar un régimen de embalaje que
funcione para mi horario de clases.
De pronto, la clase se queda en silencio, unos susurros sustituyendo la
ruidosa risa de sólo unos minutos antes. Miro hacia arriba, esperando ver al
Sr. Davis entrando en el aula. Pero en cambio encuentro a Zack.
No hace nada durante un minuto mientras mira alrededor de la
habitación. Su mandíbula se aprieta mientras observa todos los ojos fijos en
él. Por un segundo, creo que va a dar la vuelta e irse, pero el Sr. Davis entra,
ajeno a lo que está pasando, y le dice a todo el mundo que tome asiento.
Allie levanta la mano y silenciosamente llama a Zack, señalando un
asiento vacío al otro lado de ella. De mala gana, toma asiento, sin mirar hacia
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arriba de nuevo.
Página

El Sr. Davis no pierde el tiempo entrando directo.


—Muy bien todo el mundo, saquen una hoja de papel y un lápiz.
Hay algunas quejas, pero un minuto más tarde, todo el mundo está listo.
Todos excepto Zack, eso es. Parece que no tiene nada en que escribir. Se vuelve
hacia el chico en la fila al otro lado y murmura algo. El chico niega. Luego se
vuelve hacia mí. Con la boca a punto de decir algo, lo más probable sea pedir
un lápiz, mira hacia arriba y se queda quieto antes de hablar. Por un segundo,
veo lo que creo que podría ser un destello de atracción en sus ojos, pero es
apagado rápidamente.
En cambio, mira hacia abajo por un momento, reagrupándose, a
continuación, de nuevo hacia mí, un destello de diversión en sus ojos.
Frunciendo los labios juntos, hace un gesto con la mano, fingiendo escribir en
el aire, un juego de adivinanzas sin palabras.
No puedo ocultar mi sonrisa mientras extiendo un lápiz en su dirección
con sólo un movimiento de cabeza y una sonrisa.
El Sr. Davis no perdió el tiempo en comenzar su conferencia. Hoy vamos
a discutir sobre la tarea de lectura de verano, Cumbres borrascosas. Pide que
alcen la mano para ver cuántos realmente han leído el libro. Casi todo el
mundo levanta sus manos. Todo el mundo excepto Zack. De alguna manera,
parece poco probable que cada estudiante de último grado haya hecho la
lectura de verano. La realidad es que probablemente Zack es el único lo
suficientemente valiente como para admitir que no lo ha leído.
Hago lo que puedo por concentrarme en la conferencia, pero mis ojos
siguen vagando de nuevo a Zack. Está sentado frente a mí, pero un asiento
antes, por lo que me es fácil robar miradas sin ser atrapada. Está usando
pantalones de mezclilla y una sencilla camiseta negra, zapatillas de deporte
oscuras... muy sencillo, aun así sexy al mismo tiempo. Sólo, que no es el
vestuario lo que lo hace, es la forma en que lo lleva, su ajuste al cuerpo a
través de sus amplios hombros, las mangas flexionándose firmemente al
grosor de sus brazos. De alguna manera, no parece que esté tratando de verse
bien o ni siquiera sabe lo que hace.
Su cabello rubio arena está desordenado; parece como si su idea de
peinado podría haber sido la de pasar los dedos a través de él con frustración,
retándolo a moverse fuera de lugar. Es un poco largo, la parte de atrás
golpeando casi el cuello de su camiseta. Probablemente podría necesitar un
corte, pero la apariencia sin estilo, acabado de salir de la cama sólo se suma
a su atractivo sexual.
72

En lugar de prestar atención, alterna entre la mirada perdidamente el


Página

espacio y garabatear algo en el papel. No puedo distinguir si su falta de


atención es de aburrimiento con el maestro o distracción por otra cosa o todo
a la vez.
Al darme cuenta de que estoy pasando demasiado tiempo mirando a
alguien en quien no debería estar centrada, obligo mi atención al maestro,
decidiendo escribir notas mientras habla con el fin de ocupar mis ojos. Pero
no pasó mucho tiempo antes de que mi mente empiece a vagar de nuevo,
viendo que ya he leído esta historia y la analicé hasta la saciedad en mi clase
de inglés avanzado el año pasado. Por supuesto, mis ojos no pueden
contenerse de seguir a mi mente. Sólo que esta vez, cuando me encuentro
mirando fijamente observando al chico que se ve tan distraído como me
siento, Zack se da vuelta y me atrapa.
Mierda.
Mi primera reacción es de apartar la mirada rápidamente, como si, si lo
hiciera lo suficientemente rápido no pensaría que estaba mirando.
Estúpidamente, miro hacia arriba unos segundos más tarde para ver si ha
creído lo que estoy tratando de hacer de pasar como una mirada casual de
azar, en lugar de mirar fijamente espiando, y me encuentro que está mirando
hacia mí. Fijamente. Mis ojos reaccionan automáticamente al apartar la
mirada de nuevo, pero rápidamente hacen su camino de vuelta, quedando
atrapados en su mirada. Es sólo que es tan directa y atenta. Mi corazón se
acelera y siento mi cara calentarse de vergüenza mientras mis ojos
parpadean de ida y vuelta a los suyos, tratando de decidir qué hacer. Ni de
cerca tan incómodo con nuestra mirada directa, Zack aún no se da la vuelta.
No, en cambio, la comisura de la boca se alza en una sonrisa. Está disfrutando
de mi malestar por haber sido sorprendida.
Por suerte, la campana suena y Allie se vuelve a hablar conmigo,
completamente ajena a la tensión que me está rompiendo. Agarro mis libros
y empaco rápidamente, mientras habla, necesitando poner un poco de
distancia entre el muchacho sin voz y yo.
—Vamos a trabajar en nuestro proyecto esta noche, a las seis en punto.
Voy a recogerte para que tu tía no tenga que llevarte. Mándame un mensaje
de texto con tu dirección —instruye y estoy de acuerdo.
Echo un vistazo en la dirección de Zack, sólo para encontrar su asiento
libre. Ha desaparecido sin palabras como ha llegado. Mirando hacia abajo,
me encuentro con una nota doblada apoyada en mi escritorio.
Gracias por el lápiz.
73
Página
Diecisiete
Zack

añana a esta hora vamos a ser diferentes. Esta noche es la


noche que nunca olvidaremos. No puedo esperar. XO Em.
Estoy sentado en mi habitación con la nota que había
encontrado pegada en mi tablero la mañana de la hoguera,
fuertemente apretada en mi mano y mi mente va hacia Nikki hoy en clase. La
manera en que me miraba, sus grandes ojos verdes y piel pálida, piel que la
traiciona cuando se enrojece al ser atrapada. Hay algo acerca de ella que me
atrae, algo que me hace sonreír cuando todo alrededor me hace enojar.
Perdido en mis pensamientos durante un par de segundos, sonrío
mientras miro hacia abajo y veo la letra de Emily. La culpa se apodera de mí.
Debería estar imaginando a Emily. Leo la nota por milésima vez. Mañana a
esta hora vamos a ser diferentes. Esta noche es la noche que nunca
olvidaremos. No puedo esperar. XO Em. Cierro los ojos y deseo que mi mente
vea a Emily. Los ojos verdes de Nikki son los que aparecen.
Otra vez. Mañana a esta hora vamos a ser diferentes. Esta noche es la
noche que nunca olvidaremos. No puedo esperar. XO Em. Con los ojos
cerrados fuertemente, intento recordar a Emily en su último día, la última vez
que sonrió, la última vez que fue feliz. En cambio, la curva de la boca de Nikki
llena mi subconsciente.
Me odio. Otra vez. Mañana a esta hora vamos a ser diferentes. Esta noche
es la noche que nunca olvidaremos. No puedo esperar. XO Em. Cierro los ojos
aún más fuertes. De nuevo. Mañana a esta hora vamos a ser diferentes. Esta
noche es la noche que nunca olvidaremos. No puedo esperar. XO Em. Veinte
intentos más y no son más exitosos que el primero. Mis ojos se abren, dejando
el rostro de Nikki detrás. Rompo la nota en mil pedazos.
La puerta de mi habitación se abre ruidosamente. Mi madre golpea
suavemente a pesar de que ya abrió la puerta.
74

—Zack.
Página

No respondo.
—Cariño. —Su tono es suave, pensativo. Me siento mal por hacerla andar
con pies de plomo, pero no sé cómo ser como era antes. No estoy seguro si
puedo. Demasiado ha cambiado. Yo he cambiado.
Se sienta a mi lado en la cama. Arrugo los pequeños pedazos amarillos
de la nota en mi mano. Mamá cubre mi mano con la de ella, la que tiene la
nota de Emily.
—Pensé que ibas a trabajar en tu proyecto de inglés esta noche.
—Cambié de opinión —digo secamente. Realmente no me siento con
ganas de debatir mi vida social, o la falta de ella.
—¿Por qué? —¿Por qué cree? No respondo, no porque no tenga nada que
decir, sino porque no le va a gustar lo que escuche.
—¿Zack? —Su voz se eleva a ese tono maternal. El que es más una
advertencia que una pregunta. Me quedo mirándola, pero no retrocede.
—Ve. Tienes que salir. Tienes que estar alrededor de algunos amigos.
Trabaja en tu proyecto. Siempre te sientes bien alrededor de Keller. Ve.
Molesto por su insistencia, me levanto. Hago un bollo con la nota en mi
mano y lo tiro en el cesto de la esquina de mi habitación. Fallo, pero no me
molesto en recoger los pequeños pedazos amarillos dispersos en el suelo en
mi camino. Cierro la puerta detrás de mí.

Sin destino en mente, conduzco sin rumbo por más de una hora. Son casi
las nueve cuando llego a The Grind, el bar en el que se suponía que tenía que
reunirme con el grupo. El Volkswagen rojo de Allie está estacionado justo
enfrente, con el capó abierto mientras que ella y Keller miran el motor. Me
detengo porque, a pesar de que elijo revolcarme en mi propia autocompasión,
no soy tan idiota como para pasar de un amigo que parece que podría
necesitar una mano.
—Zack —dice Allie cuando me ve acercarme—. Llegas tres horas tarde. —
A diferencia de casi todos los demás, ella me enfrenta en vez de ser delicada
como si yo fuera frágil y me pudiera romper.
Sonrío y niego.
75

—Gracias. Pensé que estaba a tiempo —respondo sarcásticamente—.


Página

¿Qué sucede?
—No arranca.
—¿Qué pasa cuando giras la llave?
—No mucho, hace clic-clic. —Keller se encoge de hombros.
—Hazlo, déjame oír. —Allie va hacia el lado del conductor, entra y trata
de encenderlo.
—Es el arranque. —Años trabajando con mi padre en autos viejos, hacen
que haya aprendido algunas cosas.
—Eso es lo que mi papá dijo.
Asiento.
—¿Te va a venir a buscar?
—Sí. Pero va a venir directamente del trabajo y tiene un auto de
divorciado de dos asientos, así que no puedo llevar a Nikki y Keller a casa.
—¿Nikki? —Miro alrededor.
—Acaba de ir al baño. Aquí viene —señala Allie cuando Nikki sale por la
puerta principal, y nuestros ojos se encuentran.
—Los puedo llevar.
—Eso sería genial.
El padre de Allie se detiene en su Porche de dos asientos mientras Nikki
hace su camino hacia nosotros. Me sonríe y le sonrío.
—¿Ya llamaste a tu tía? —pregunta Keller.
Niega.
—Bien. Zack nos va a llevar.
76
Página
Dieciocho
Nikki

a casa de Keller está solo a unas pocas cuadras de The Grind. Y


mientras estacionamos, Zack sale con Keller. Intercambian
algunas palabras que no puedo escuchar, después Zack abre la
puerta del asiento de atrás, ofreciéndome su mano para salir. Su otra mano
se estira y abre la puerta del pasajero. Espera hasta que estoy dentro para
cerrarla, luego trota hacia el otro lado.
Su mano derecha está en la llave de encendido, por un segundo luce
como si fuera a manejar, pero luego cambia de opinión. Dejando el auto en el
parque, se vuelve hacia mí. Poniendo una rodilla en el asiento y girando su
cuerpo hacia mí, desliza, casualmente, un brazo alrededor de la parte de atrás
del asiento. Solo estamos nosotros dos en el auto ahora y de pronto, el espacio
dentro del auto parece más pequeño. Quizás incluso un poco más caliente.
Me mira y arquea una ceja con una sonrisa. Aunque estoy
completamente segura de que debería darle la dirección de mi tía, le sigo el
juego. Devolviéndole la sonrisa, arqueo una ceja en respuesta y cruzo mis
brazos tercamente.
Tirando su cabeza hacia atrás, Zack ríe. El sonido profundo y ronco
resuena a través de mí, el sonido calentándome. Es propio de su hermoso
rostro. Juntos tenemos una buena risa y luego extiende su mano hacia mí, a
través de una media sonrisa, finalmente escucho su voz
—Zack Martin.
Me obligo.
—Nikki Fallon.
—Encantado de conocerte finalmente, Nikki Fallon. —No deja ir mi mano
mientras habla.
—A ti también. —Siento el calor de su mano esparcirse a través de mí.
—Estaba comenzando a pensar que eras muda.
Mis ojos se amplían.
—¿Yo? Tú fuiste el que empezó esto.
77
Página

—No he hablado mucho últimamente, supongo. —Abre su boca como si


fuera a decir algo más, luego la cierra.
Me encojo de hombros, entendiendo completamente como se siente,
aunque estoy segura que es por diferentes razones.
—Lo entiendo. Algunas veces solo no tienes ganas de hablar.
Últimamente siento que cada palabra que digo es analizada por un
significado oculto.
Zack suelta mi mano e inmediatamente siento el calor que se había
esparcido por todo mi cuerpo comenzar a enfriarse. Mientras él se vuelve para
enfrentar la calle, tiemblo por el repentino cambio de temperatura.
—¿Frio, con este clima? —pregunta sorprendido cuando arranca el auto.
No voy a decirle que mi temperatura corporal bajó drásticamente
cuando dejó ir mi mano. Me sonrojo solo pensando en cuan caliente se había
puesto mi cuerpo solo con la sensación de su mano en la mía.
—No es frio, es solo un pequeño escalofrió, me pasa a veces, como si
tuviera una condición médica y no fueran las hormonas surgiendo de mi
cuerpo de diecisiete años.
—Sí, las mujeres siempre tienen ese problema cerca de mí —se burla
Zack, mirando en mi dirección. Veo un parpadeo en sus ojos. Está ahí. Hay
una chispa con la que ninguno de nosotros está cómodo. Pero parece que
tampoco podemos dejar de avivar el fuego.
—Pensándolo bien, creo que tengo frio. —Una pequeña sonrisa aparece
entre sus dos deliciosos hoyuelos.
—¿A dónde? —pregunta Zack, mirando directo a la carretera. ¿Está
intentado evitar que nuestros ojos se encuentren otra vez?
—Uhm. No lo sé. Yo, uh… —Intento responder, nerviosamente, con
palabras coherentes. ¿Quiere llevarme a algún lado?
—¿No sabes dónde vives, tontita? —se burla Zack, ahora con una amplia
sonrisa, la cual esparce calor sobre los fríos asientos y remueve algunas
sensaciones vergonzosas a través de mi cuerpo.
Trato de alejar el sonrojo que está brillando en mis pálidas mejillas.
—Creí que podrías saber eso sin ninguna palabra, Zack Martin, la
Maravilla sin Nombre.
—Sabía que creías que era una maravilla. —Sin duda está disfrutando
de nuestra charla.
Antes de poder responder, Zack gira en mi calle y desacelera frente a la
casa de la tía Claire.
—¡Acosas mucho a las personas! —exclamo, genuinamente sorprendida
que ya sepa donde vivo.
—Siempre tienes que preguntarte por las calladas, Nikki. Siempre. —Zack
escabulle una última sonrisa deslumbrante antes de girarse para abrir su
78

puerta.
Página

Cuando aparece en la puerta del pasajero, mete la mano dentro para


ayudarme a salir del auto, mis piernas se vuelven gelatina inmediatamente.
Zack toma mi mano para ayudarme a salir, la combinación entre mis piernas
inestables y el sentimiento embriagador que me trae su toque hace que pierda
mi paso. Me tropiezo y caigo justo en sus brazos.
—Whoa, ¿estás bien? —Ríe Zack, pero mantiene sus brazos a mi
alrededor mientras me mira para asegurarse que estoy bien.
Gracias a Dios está oscuro, porque nunca me sentí tan sonrojada en mi
vida. Estoy sorprendida por la reacción de mi cuerpo al sentir sus brazos
envueltos a mí alrededor. ¿Él también lo siente? Seguramente, debe saber lo
que me está haciendo su cercanía.
Levanto la vista para declarar mi torpeza y nuestros ojos se encuentran…
cerca… mucho más cerca que antes. Zack se endereza de pronto y me coloca
en mis pies.
—¿Necesitas que te acompañe a la puerta?
Hay un cambio severo y repentino en su lenguaje corporal y una
monotonía en su voz. Podría bien estarle preguntando a una anciana si
necesita ayudar para cruzar la calle.
—Estoy bien. Solo un poco torpe. Puedes irte. —Mis sentimientos heridos
son evidentes en mis palabras y seguramente en mi rostro. Nunca he sido
buena escondiendo mi dolor.
Sin embargo, Zack no parece notarlo. Ya ha desaparecido mentalmente,
si no físicamente.
—Te veo en la escuela. —Su voz es mecánica, sin una pista del chico
juguetón que estaba coqueteando conmigo hace un momento. NI siquiera
mira hacia atrás mientras se aleja.
Zack, sus buenos modales intactos, se sienta en el auto asegurándose que
entre segura en la casa de tía Claire. Tan pronto como cierro la puerta detrás
de mí, se aleja del bordillo. Mirando por la ventana, recuerdo la forma en la
que cambió su actitud en el camino. ¿Qué entra en la cabeza de Zack y roba
esa chispa de sus hermosos ojos?
Más tarde esa noche, me muevo y doy vueltas en la cama, incapaz de
dormir, recordando la ola de calor que fluyó por mi cuerpo con el toque de
Zack. Ni siquiera recuerdo sentir algo como eso antes. Por lo que sé, necesito
enfocarme en por qué vine a Long Beach para empezar, es casi imposible
borrar el sentimiento de mi mente. O cuerpo.
Mientras me duermo, comienzo a pensar en mi hermana. Hasta que
conocí a Ashley, nunca tuve a nadie con quien compartir mis pensamientos
más personales. Mamá y yo no teníamos ese tipo de relación. No le habría
contado sobre Zack. Al menos eso creo. Pero, una hermana… una hermana es
79

exactamente con quien compartirías estas cosas. Quizás la mía es popular y


Página

ha tenido novios, tendría el consejo correcto.


Página 80
Diecinueve
Zack

ientras camino por la puerta principal de la casa, me doy


cuenta de que ni siquiera recuerdo el regreso de la casa de
Nikki. Eso pasa mucho últimamente. Minutos, horas y días
desaparecen. Estoy vivo, pero no estoy realmente viviendo.
Es lo que me merezco. No merezco sentir. No cuando Emily no puede hacerlo
más.
Pero estar cerca de Nikki me hace sentir. No es sólo en mi cabeza. Es
físico también. Un atracción, un tirón, una energía que me electrocuta para
salir de la tierra del entumecimiento. Incluso el más mínimo toque, un simple
apretón de manos, me trae de regreso a la vida. Claro que recuerdo la emoción
de estar cerca de Emily. El dolor en la ingle con sólo una visión suya en bikini.
Pero no recuerdo esto. Cuando Nikki tropezó fuera del auto esta noche, mis
piernas estuvieron tan débiles ante el tacto de su cuerpo que casi me caí yo
mismo. ¿Qué diablos es lo que me pasa?
Me muevo y doy vueltas toda la noche tratando de dejar de sentir, pero
las emociones son demasiado poderosas. Me ducho para la escuela a la
mañana siguiente, razonando conmigo mismo que todo lo que necesito hacer
es permanecer lejos de ella. Si no la toco, el sentimiento no va a volver. Debería
ser simple.

Me entristece que nada parezca haber cambiado, sin embargo, todo es


diferente. El entumecimiento que quería que me encontrara tan
desesperadamente anoche, aparece el momento en que entré en la escuela.
Tal vez fue la visión de un grupo de chicas en el patio que me recordaron a
Emily. Hermosos cuerpos vestidos a la perfección, combinados con el pelo de
oro. Bonitos a la vista. El patio era el lugar favorito de Emily para lucir sus
81

trajes de pasarela.
Página

Entrar a la escuela no se hace más fácil con cada día que pasa. Papá dijo
que lo haría y lo mismo lo hizo el líder del grupo de apoyo al que mamá y
papá me hicieron ir cada semana durante todo el verano. Pero están
equivocados. Todos están equivocados.
Sucede de nuevo cuando entro a la clase del Sr. Davis. Me doy cuenta que
la caminata entre el patio y la clase se pierde. Pero cuando entro a inglés,
freno en seco por la visión de Nikki. La única mesa libre en la habitación está
justo detrás de ella. Mira hacia abajo a su cuaderno, no pareciendo nada
afectada por todo el mundo a su alrededor... chicos fanfarroneando, chicas
conversando sobre sus zapatos ridículamente caros.
Tomo una profunda respiración y camino hasta el escritorio. Casi paso
más allá de ella cuando mira hacia arriba y me ve. Reconozco la expresión de
su rostro. No sabe cómo reaccionar ante mi presencia. Es una expresión con
la que estoy demasiado familiarizado en los últimos meses.
Allie o bien no se da cuenta o no tiene en cuenta mi incomodidad.
—Hey Zack. Gracias por llevar a Keller y Nikki a casa anoche. Mi auto
está fuera de servicio por ahora.
—No hay problema —murmuro mientras tomo el asiento detrás de Nikki
y al lado de Allie.
Keller desploma su cuerpo en el asiento en el otro lado de mí.
—El entrenador dijo que mejor aparezcas en la práctica de fútbol hoy si
quieres jugar al partido de apertura. —Intenta sonar como que acaba de
entregar un mensaje, pero también es su propia curiosidad querer saber si me
voy a volver al equipo.
—Sólo he faltado menos de un par de días —le digo de regreso.
Pocos días y todo el verano —me recuerda rápidamente—. Si hubiera
sido cualquier otra persona ni siquiera les hubiese permitido jugar. Pero creo
que está hablando en serio. Será mejor que vengas a practicar hoy.
Nikki levanta la vista de sus notas con un interés en sus ojos para prestar
atención. Nuestros ojos se encuentran y aparta la mirada rápidamente. No
hay ninguna sonrisa en su rostro. Tengo que verla, ser quien la ponga allí.
Intentando no darle importancia y aliviar la tensión en el aire, le
respondo a Keller pero miro Nikki:
—Entonces tengo que volver al equipo. Pobre Nikki, no debería tener que
verte tratar de jugar como mariscal de campo en la apertura. No sería justo
para nuestra nueva compañera de clase.
Nikki se vuelve hacia mí, una sonrisa iluminando su rostro. Y ahí está
otra vez, esa sensación de estar vivo.
Los siguientes cuarenta minutos de inglés vuelan mientras examino a
82

Nikki por atrás. No el tipo de atrás que la mayoría de los chicos quieren
Página

examinar. En su lugar, observo el balanceo de su cabello sobre los hombros


mientras se mueve hacia atrás y hacia delante en su asiento. Apenas capaz
de quedarse quieta, parece casi inquieta.
Pienso en decirle algo justo al salir de clase, pero Keller intercepta la
oportunidad, su gran cuerpo bloqueando mi camino. A la espera de una
respuesta real de mí, no va a ceder.
—Voy a ir con calma contigo en la práctica. No quiero hacerte daño, ya
que estás tan fuera de forma y todo eso —me provoca Keller.
—¿Ir con calma conmigo? Tú eres el que está fuera de forma, amigo. —
A medida que caminamos por el pasillo, lo empujo suavemente contra las
taquillas junto a él.
Keller se recupera y devuelve el empujón, sonriendo.
—Esa cara de niño bonito va a terminar magullada si intentas eso de
nuevo. —Es una amenaza, pero no hay nada más que el placer en su voz.
Algunos otros miembros del equipo nos alcanzan a los dos. Durante toda
la semana, los pasillos han estado llenos de conversaciones de la apertura y
el gran juego, y hoy no es diferente. Los egos de los jugadores de fútbol llenan
los pasillos mientras avanzo hacia mi siguiente clase.
—Nos vemos en la práctica —Keller me grita después con convicción
mientras desaparezco en la clase de química.
Puede que tal vez me vea.
83
Página
Veinte
Zack

uciedad cubre las piernas de mis pantalones de práctica blancos.


He sido tirado más en la última hora de lo que he sido en las dos
últimas temporadas. ¿Qué mierda?
Keller me ofrece su gran mano para ayudarme a levantarme,
probablemente por décima vez.
—Amigo, concéntrate o el entrenador te va a mandar al banco.
—Qué te jodan —respondo.
Sonríe, siempre el sabelotodo.
—Eres lindo, pero no mi tipo. Me gustan las tetas más grandes. —Sostiene
sus manos ahuecando su pecho, haciendo la señal universal para los pechos
grandes.
—Eres un idiota. —Lo es, pero lo digo en broma, la ira de ser tirado
repetidamente, está desapareciendo más fácil de lo que debería. Estoy
físicamente presente, pero algo falta.
—No soy yo el que no puede encontrar la manera de lanzar la pelota o
salir del camino del chico de noventa kilos bloqueándome. ¿Tus pies tienen
mente propia o algo? Tal vez necesitas tomar algunas clases de ballet para
ser flexible... ya sabes, con las otras chicas.
—Vete a la mierda —gruño con una sonrisa que no puede ver debajo de
mi casco, sin embargo, estoy seguro de que él sabe que está ahí.
—Hablando de mierda... —Keller se detiene cuando nos alineamos en la
formación T, asiente en la dirección de algunas de las chicas en la pista de
carreras. Miro sin interés. Hasta que la veo.
Keller, mi mediocampista que había estado como mariscal de campo en
mi ausencia, deja la pelota en mis manos. No estoy completamente preparado,
mis ojos aún están en las piernas largas de Nikki, cuando los jugadores del
equipo contrario me golpean una vez más.
—Hey, mariscal, ¿vas a unirte pronto a nosotros? —El entrenador
84

Callihan me grita con impaciencia.


Página

Levantándome de nuevo, sacudo la suciedad mezclada con un poco de


sangre de mi labio antes responder:
—Tal vez si podía conseguir un poco de ayuda de la línea ofensiva, podría
ser capaz de permanecer el tiempo suficiente para estirar mi brazo y lanzar.
—Sé que echándole la culpa a otro no le va a caer bien al entrenador, pero me
importa una mierda.
—Eso sólo te compró ocho vueltas con el equipo puesto. Todos los demás,
a las duchas. Vamos a tener que empezar más temprano mañana 6.AM.
Pueden agradecerle al Sr. Martin por la práctica del sábado antes del
amanecer.
El equipo gime, algunos murmuran algo de que soy un idiota, pero nadie
se queja con el entrenador. Nadie es tan estúpido. Quito el casco de mi cabeza
y lo lanzo al suelo preparándome para las ocho vueltas, el castigo por mi gran
boca.
—Espera un minuto, Martin. —El entrenador Callihan se dirige hacia
mí—. Hijo. —Pone una mano en mi hombro acolchonado—. Sé que has tenido
un año difícil. Pero esto no es un deporte que puedes hacer sin tu cabeza en el
juego. Puedes lastimarte. —Me mira a los ojos, esperando algo, tal vez mi
respuesta, pero sólo lo miro fijamente. Después de un minuto, su rostro
cambia. Está claro que notó algo. Baja la voz a un tono casi paternal—. No te
importa si te lastimas, ¿verdad?

En la vuelta siete, mis piernas empiezan a arder. Entre ser golpeado en


la práctica y correr con un extra de cuatro kilos de equipo, siento dolor en
cada zancada. El equipo de atletismo terminó la práctica hace quince minutos,
dejándome en nada más que pensar en mi cuerpo dolorido.
Cuando cruzo la línea de salida para comenzar mi última vuelta, siento
pasos detrás de mí antes de verla. En sincronía con mi ritmo lento, Nikki dice:
—¿Hacemos una carrera, tortuga?
Mi andar vacilante cobra vida.
—Las carreras tienen ganadores. Los ganadores reciben un premio. ¿Qué
estamos apostando? —Le lanzo una sonrisa traviesa, tratando de ocultar lo
jadeante que estoy.
La boca de Nikki se retuerce mientras reflexiona, sin saber cómo
responder.
—¿Y si el perdedor compra el almuerzo del ganador el lunes en la
escuela?
—¿El almuerzo? Nah. eso no es un premio suficientemente grande. —Mi
85

corazón late un poco más rápido—. La cena.


Página

—Está bien, pero voy a ordenar lo más caro en el menú. —Nikki empieza
a correr rápido. La chica corre como el viento, está a una media docena de
pasos por delante de mí, incluso antes de darme cuenta de que hemos
empezado.
Fuerzo una pierna delante de la otra, trato mi mayor esfuerzo para
alcanzarla, pero simplemente no lo tengo después de siete vueltas largas. A
mitad de camino, pienso... ¿por qué incluso estoy tratando? Pierdo y le compro
la cena. Corro la última mitad de la pista, disfrutando la vista de atrás.
Jadeando por correr, Nikki se inclina, con las manos en las caderas.
—¿Ni siquiera trataste de ganar?
—No —respondo sin disculparme y me inclino por mi botella de agua.
Tiro medio en mi boca y el resto encima de mi cabeza sudorosa. El relleno y
el uniforme, mezclados con la inusualmente alta temperatura, me hace sentir
como si acabara de correr dos kilómetros con calefacción.
—Gané la apuesta, incluso si decidiste no tratar de ganar.
—No soy deudor. La cena va por mí.
La tía de Nikki está esperándola al otro lado del estacionamiento, así que
nos despedimos y me dirijo a los vestuarios. La mayor parte del equipo se ha
ido cuando voy a la ducha, excepto Keller, quien me esperó sabiendo que lo
voy a llevar a su casa.
—¿Tú y Nikki? —pregunta mientras me seco.
Sé lo que está preguntando pero hago que lo diga todos modos.
—Yo y Nikki, ¿qué?
—¿Están juntos?
—No. —Mi respuesta es cortante.
—Ella es jodidamente sexy. ¿Has visto su trasero en esos pequeños
pantalones de correr apretados? —pregunta Keller con una sonrisa sucia. Una
que tengo el impulso de golpear inmediatamente.
—Eres un idiota. ¿Lo sabes?
—Sí, y tú también lo sabes. Qué gran cosa. —Se encoge de hombros, ni
con el más mínimo signo de rechazo por ser llamado idiota. De hecho, creo
que lleva el título como una insignia de honor—. Entonces, ¿no importa si le
pregunto para ir al baile?
Mi sangre hierve al instante. Una posesividad que no tengo derecho me
surge.
—Lo que sea. —Golpeo la puerta de mi casillero.
—Genial. —Keller se aleja silbando, disfrutando de que ha conseguido
meterse bajo mi piel.
No digo más de dos palabras en el camino a casa. Me odio por desear ser
86

yo pedirle ir al baile.
Página
Veintiuno
Nikki

aldita sea! —Sorprendida por la vibración de mi


iPhone en el bolsillo, salto de la silla del
escritorio en la oficina de la tía Claire. Más de
una docena de carpetas de papel manila se
derraman de mis brazos y salpican en el piso. Papeles sueltos se dispersan de
las carpetas cuidadosamente etiquetadas. Nunca seré capaz de poner todo de
regreso en el orden en que la tía Claire las tenía. Los archivos con las
declaraciones de impuestos, recibos, papeles del seguro, y facturas médicas
revisten el piso. Nada ni siquiera remotamente relacionado a mí o a mi
hermana. Ni siquiera un solo papel sobre mamá.
Hago mi mejor esfuerzo para recolocar los papeles en los archivos de la
derecha y ordenar las carpetas alfabéticamente antes de dejarlas caer de
nuevo en los archivos de madera. La tía Claire es mucho más organizada de
lo que nunca fue mamá. La idea de archivar de mamá era lanzar los papeles
arrugados en una caja de zapatos debajo de la cama.
Desalentada después de otra búsqueda infructuosa, cojo el teléfono para
llamar de nuevo a Ashley.
—Es cuestión de tiempo. Pensé que iba a tener que subir todo el camino
hacia el soleado culo de California —responde Ashley al primer timbre.
Escucho música alta retumbando en el fondo.
—¿Dónde estás?
—Texas —responde y puedo escuchar la sonrisa en su voz.
—Obviamente. Pero, ¿dónde?… hay música a todo volumen en el fondo.
Ella se ríe. La música se vuelve más distante mientras ella sigue; debe
estar alejándose por privacidad.
—Abajo en el lago.
—Oh. —Una visión de Caddo Lake llena mi mente. Los cipreses altos y
musgosos y la frondosa vegetación verde rodean el agua enorme color azul
87

profundo, haciéndola parecer como una fantasía. Casi como si fuera una parte
Página

del pantano de Luisiana en lugar del sistema forestal nacional de Texas. Ash
y yo solíamos pasar horas allí nadando en una zona aislada. Egoístamente,
me da tristeza que ella está allí con otra persona, en lugar de conmigo.
Ella se da cuenta de mi sentir, a pesar de que estamos separadas por dos
estados y solo he dicho media docena de palabras. Me hace extrañarla aún
más.
—No te estás perdiendo de mucho. Sean Drexler acaba de destrozar
nuestro lugar favorito para sentarse con su bicicleta sucia. Nuestro pequeño
parche de césped verde bajo el árbol grande es ahora un parche de lodo.
—¿Sean Drexler? ¿El hermano mayor de Nick? ¿Estás abajo en el lago
con Sean?
—No te preocupes, mamá gallina… hay un montón de nosotros, no solo
nosotros dos.
Suspiro.
—Siento como que me estás engañando al ir a nuestro lugar con otras
personas.
—Ummm… hola. Tuve que bajar con seis personas para reemplazar a una
de ti, y todavía no es tan divertido.
Estoy segura de que está mintiendo. Sean y Nick están locos. Sería casi
imposible no tener un buen momento saliendo con ellos. Pero me hace sentir
mejor, sin embargo.
—Entonces, ¿Alguna pista sobre tu hermana? —pregunta Ashley,
convirtiendo nuestra ligera conversación en seria, su voz se sumerge con el
estado de ánimo.
—No —digo desinflada—. He buscado en casi toda la casa. Cada vez que
se va la tía Claire, husmeo más, pero no he encontrado nada, de verdad.
Aunque, encontré un poco acerca de la ley en California en el internet. Ya que
nacimos en California, la adopción fue más probable que se haya hecho aquí.
Y en California, una persona puede encontrar los datos de identificación sobre
sus hermanos biológicos a los dieciocho años.
—¡Eso es genial! No falta mucho entonces.
—Sí, pero ¿Y si ella es, ya sabes… como mi madre?
—¿Loca?
—¡No loca! ¡Bipolar! —reprendo a Ashley por perder la terminología, a
pesar de que sé que ella no quiere hacer daño.
—Lo que sea. Si ella es una cabra loca, entonces tú vas a empacar tus
cosas, regresar a Texas y vivir conmigo.
—Sabes que tu mamá no sería capaz de acogerme de forma permanente.
—¿Quién ha dicho algo de mamá? Vamos a cumplir dieciocho en unas
pocas semanas. Podemos ir a la Isla del Padre, conseguir un lugar barato para
88

vivir y ser camareras o algo así —dice Ashley como que no es la gran cosa.
Página

De hecho la imagino encogiéndose después de que termina su declaración. Lo


suficientemente divertida, porque para Ashley realmente es algo que
fácilmente podría hacer. Soy la que necesita el plan, el plan de respaldo y el
respaldo del plan de respaldo.
—Suena bien. ¿Cómo te va en inglés sin mí?
—Pasó de ser mi materia más fácil a la más difícil desde que te fuiste.
—Eso es porque copiabas toda mi tarea y te sentabas junto a mí para los
exámenes —bromeo, aunque es verdad.
—Entonces, ¿Cómo está el callado chico caliente?
—Ahora habla.
—Y…
Suspiro fuertemente mientras ruedo sobre mi espalda en la cama.
—Incluso su voz es en cierta forma caliente.
—Estás enamorada si piensas que su voz es caliente! —se ríe Ashley.
—No es tanto por su voz, sino por cómo dice las cosas. No puedo
explicarlo. Tiene una absoluta confianza en él, realmente no pregunta cuando
quiere algo, solo te lo dice en cierta forma con una sonrisa torcida.
—¿Te gusta un mandón? No puedo creerlo… pensé que los opuestos se
atraían.
—¡Oye! —me finjo ofendida—No soy mandona. Y él no es un mandón… es
más como confianza.
—Lo que sea. ¿Él sabe que te gusta? —pregunta.
—No lo sé. Es difícil de leer. Algunas veces pienso que lo hace, y que en
cierta forma también le gusto. Pero luego, otras veces solo me mira de manera
diferente. Más o menos de modo inexpresivo… como que ni siquiera existo.
—Mmm… eso suena como una trampa.
—¡Cállate! —grito a través de mi risa.
—¿Tal vez solo deberías saltar a sus huesos?
—Gran consejo, viniendo de la chica con menos experiencia que yo.
—No tengo menos experiencia que tú. Tengo la misma experiencia casi-
sin-valor que tú.
Hablamos por teléfono durante otros veinte minutos, poniéndonos al día
con la escuela y nuestros planes para después de la graduación. Le digo sobre
mi apuesta con Zack y cómo nos vamos a ver esta noche, unas pocas horas
antes de que nuestro grupo se esté reuniendo para trabajar en nuestro
proyecto. Él está pagando su apuesta con una cena en Meson Ole, su
restaurante mexicano favorito. Antes de colgar, Ashley me dice que mañana
va a poner flores en la tumba de mi mamá por mí.
—Te acordaste.
89
Página

—Por supuesto que sí. —Las dos estamos en silencio durante un


minuto—. ¿Recuerdas el momento en que tu mamá trató de hacer pastelitos
turquesas para combinar con mi cabello para mi decimoquinto cumpleaños?
¿Decoró todo el remolque con papel crepé turquesa también? Pero los
pastelitos resultaron grises y el papel crepé se quedó por cuatro meses y
después ella anunció que era una decoración de pascua.
Sonrío pensando en Ashley pasando los pastelitos repugnantes a los
vecinos después de que mamá se fue a dormir, así podíamos pretender que
los comimos todos.
—¿Cómo podría olvidarlo?
Ese fue uno de sus periodos de manía, cuando mamá era feliz y le
gustaba dar pequeñas fiestas para nosotras. Mamá había recordado el
cumpleaños de Ashley, pero su propia madre no lo había hecho.
Una lágrima se desliza por mi mejilla. La vida era buena. Tuve a mi
mamá y ella me tenía a mí. Y era lo suficientemente afortunada de encontrar
una amiga como Ash.

—Te ves muy bonita. —Bajo las escaleras unos minutos antes de que
Zack deba recogerme. La tía Claire me divisa desde la cocina mientras limpia
los mostradores.
—Gracias.
—¿El chico lindo en tu proyecto de grupo? —Ella sonríe, pescando la
razón de por qué me he arreglado el cabello y maquillado un poco más de lo
usual. Espero que no sea muy obvio para Zack de que puse más esfuerzo esta
noche.
—Algo así —respondo tímidamente. Los chicos ni siquiera eran algo que
mamá y yo hablamos. Entre su enfermedad y su paranoia general sobre las
intenciones de las personas, nunca quise agregar nada a su preocupación.
Parece raro hablar con un adulto sobre chicos.
—Mmm… ¿En cierta forma lindo? No suena tan emocionante. Ahora, un
estridente sí a lindo, yo estaría interesada.
Su sarcasmo rompe la incomodidad que siento discutiendo de chicos con
ella. Menos que un poco. Ella parece tan sincera. Me siento en uno de los
taburetes, al otro lado del mostrador que separa la cocina de la sala de estar.
—Él es lindo. Quiero decir que era una forma de por qué me tomé un poco
de tiempo para vestirme. ¿Es tan obvio? ¿Me excedí? —Mirando hacia abajo,
examino mi vestuario por centésima vez. Me muerdo el labio pensativamente.
—Realmente no importa si lo es, su mandíbula estará colgando abierta
90

cuando te vea en ese vestido veraniego —responde amablemente la tía


Página

Claire—. ¿Conozco al chico? Conozco a muchos chicos del hospital, brazos


rotos y todo. —Ella descarga otro vaso del lavavajillas y llega a colocarlo en
el estante superior.
—No lo sé. Su nombre es Zack Martin. —Me volteo, viendo su auto clásico
detenido en frente de la casa—. Aquí está ahora.
El vaso que tía Claire estaba llegando a guardar se desliza de sus manos,
destrozándose por todo el piso.
—¿Estás bien? ¿Te cortaste? —Me apresuro en la cocina, esquivando las
esquirlas de cristal lo mejor que puedo.
—Umm… sí, sí. Estoy bien. Sólo torpe. Ve. No quiero que te cortes aquí. Ve
a divertirte. —Su voz es un poco temblorosa, sobresaltada por el sonido
penetrante del cristal chocando en la baldosa.
—¿Estás segura?
—Sí. Diviértete. Regresa a casa antes de la medianoche, por favor.

Zack está a punto de alcanzar el sendero del jardín cuando abro la puerta
principal. Levanta la vista y veo a sus ojos contemplarme. Lentamente.
Rastrillan sobre mí, cayendo de mis ojos a mis labios brillantes hasta los
hombros expuestos. Tomándose su tiempo, sigue la línea del cuello de mi
vestido veraniego simple y del contorno del cuerpo, prolongándose al llegar a
mis pechos. Estoy suficientemente cubierta, pero estaría mintiendo si dijera
que no era consciente de que el vestido mostraba mis activos también.
Apretado alrededor de mi pecho, reuniéndose cómodamente en la cintura, con
una escasa cantidad de escote. Lo suficiente cubierto para todavía dejar algo
para su imaginación. Y veo su rostro cambiar, como que su imaginación sale
corriendo.
91
Página
Veintidós
Zack

legamos al Meson Ole antes de que se llene. Nadie va a cenar en


Long Beach a las seis, excepto los ancianos. Somos llevados a un
lugar tranquilo en la esquina que tiene vista hacia la parte
exterior del restaurante y detrás al océano.
—¿A menos que quieran sentarse afuera? —dice la camarera medio
interesada mientras señala la mesa en la esquina.
Un vistazo a su mirada anhelante viendo por la ventana y digo:
—Una mesa afuera seria genial, si puede manejar eso.
Sostengo la puerta exterior mientras ella sale, mi gesto caballeroso
recompensado por el primer vistazo de ella desde atrás. Santa mierda, esta
chica hace que mi pulso se acelere más que correr ocho vueltas, como hice
esta tarde. Y eso me arroja totalmente otra vez.
Es sexy como el infierno, pero no son solo sus hermosas curvas en ese
pequeño y apretado vestido de verano. Hay una honestidad en ella… algo que
la hace tan real. En Kardashin California, todo es planeado, actuado y perfecto.
Excepto por Nikki.
—¿Zack? ¿Solo vas a quedarte allí sosteniendo la puerta o te unirás a mí
para la cena? Creo que el perdedor en verdad tiene que comer con el ganador,
no solo mirarla de lejos.
Atrapado fantaseando con su culo, es mi turno de sonrojarme, algo que
ella hace mucho. Por la mirada divertida en su rostro, estoy bastante seguro
que sabe exactamente de donde viene el sonrojo. No creo ni por un segundo
que sea ajena al efecto que tiene sobre mí. Sería casi imposible perdérselo.
—¿Está demasiado caliente para que te sientes fuera? —pregunto
mientras pasa la mesera, entrando para conseguirnos un plato de papas fritas
y salsa.
—Creo que tú tienes más calor que yo —se burla.
Mientras me paro tras ella para sacar su silla, una ligera brisa atrapa su
92

vestido veraniego y expone sus muslos. Su pequeña mano lo atrapa antes que
Página

vaya más alto y lo pone debajo mientras se sienta rápidamente.


La mesa es pequeña, intima. Tomando mi asiento frente a ella, tomo el
menú, esperando distraerme de la sensación vibrante que siento en todas
partes. Mis piernas se frotan bajo la mesa con las suyas suaves y largas.
—¿Qué te gusta más? —pregunta.
Me toma unos cuantos segundos darme cuenta que estamos hablando
del menú. Bien… apeguémonos al menú. Puedo manejar eso.
—No he estado aquí en años. Pero solían gustarme las fajitas de carne.
Era un niño, sin embargo.
—En realidad, conozco algunos adultos que también comen fajitas.
Antes que pueda responder, la mesera regresa.
—Ambos tendremos las fajitas de carne… del menú de adultos. —Me gana
al pedir, una sonrisa pícara en su rostro.
Sonrío, apoyándome en la frescura de lo que sea que se esté gestando
entre nosotros. Mis hombros se relajan mientras comienzo a aceptar
mentalmente a lo que mi cuerpo ya se ha entregado. Por la esquina de mi ojo,
noto una linda, aunque luzca artificial, rubia y su madre sentadas a unas
mesas de distancia. La chica sorprendentemente se parece a Emily. De pronto,
todo lo que empecé a aceptar parece, oh tan mal.
¿Por qué demonios creí que podría ser un chico normal coqueteando con
una chica que le gusta? Siempre vuelvo a Emily. Y debería. Estoy siendo
egoísta, intentando cambiar lo inevitable.
Mientras dejo fuera los sentimientos que no merezco tener, la
conversación cae. Nikki nota el cambio. Veo una mirada de confusión
remplazar la sonrisa sexy que estaba disfrutando hace solo un momento.
No quiero lastimarla. No se merece esas locas subidas y bajadas que
pongo en todos cerca de mí. Al menos, mamá y papá entienden por qué a
veces me retiro o los agredo. Ellos lo entienden. Eso no lo hace correcto, pero
al menos saben que es por Emily, no por ellos. Nikki nunca podría entender. Y
si lo hace, no querría estar aquí conmigo en primer lugar.
La incomodidad se asienta.
—Entonces —digo—, ¿qué piensas de California? ¿Te mudaste de Texas,
correcto?
Entrecierra los ojos, confundida por como la calidez entre nosotros se
enfrió rápidamente, aunque parece aliviada de que esté hablando. A
diferencia de nuestros encuentros pasados que se echaron a perder, al menos
no huyo.
—Sí, Texas —dice, sin la energía que estaba en su voz hace un momento.
—¿Por qué decidió mudarse tu familia? —pregunto con genuina
curiosidad, ya que he pasado mucho tiempo pensando en salir de Long Beach
desde que Emily murió.
93

Duda antes de responder. En su rostro, veo una mirada que conozco muy
Página

bien. Tristeza. Desolación. Lo que sea que haya dicho para ponerla allí,
desearía como el infierno poder retirarlo.
—Mi… familia no se mudó. Me mudé con mi tía Claire, que vive en Long
Beach. Mi mamá murió el invierno pasado y no tengo a nadie más.
Estoy sin palabras con esta chica, esta vez por una razón diferente.
¿Perdió a su madre el invierno pasado cuando perdí a Emily? ¿Es por eso que
parece tan diferente de los demás? ¿Entiende el silencio?
Intento recuperar mi voz, aclaro mi garganta mientras me estiro sobre
la mesa y tomo su mano.
—Lo siento, Nikki. Lo siento tanto, yo…
Quizás incómoda con la crudeza del momento, me sonríe tímidamente,
su voz quebrándose.
—Gracias. No hablo mucho de ello. Aún es difícil. —Se encoge de
hombros, en un intento de aligerarlo, pero no me engaña.
Comienzo a decir que entiendo. Cuanto entiendo lo que ha tenido que
pasar… lo que probablemente está sintiendo. La pérdida que compartimos
puede ser incluso el lazo que nos una. Antes de poder pronunciar una palabra,
el aire entre nosotros se llena con olor a cebolla mientras la mesera baja
nuestras fajitas de carne. Instantáneamente, vuelvo a la realidad, mi cerebro
se hace cargo de mi corazón.
No le digo que entiendo. No le cuento de mi perdida. Sobre Emily. No le
digo que sé cómo se siente que tu vida sea desgarrada. En su lugar, decido
hacerla sentir feliz. Incluso si sólo dura por esta noche.
El resto de nuestra cena es exactamente eso, agradable. Es alegre y llena
de facilidad, juguetona. Es lo que Nikki necesita. Quizás una parte de mí
también lo necesita, porque no me he sentido tan cómodo con otra persona
en un largo tiempo. Me pregunto si alguna vez me sentiré tan cómodo con
otra persona.
Normalmente, estaría incomodo en un restaurante más tiempo del que
toma consumir mi comida, pero nos quedamos dos horas hablando. Le cuento
sobre todas las cosas de la escuela secundaria Long Beach… la pista, futbol,
maestros, clases. Nos reímos y compartimos historias infames sobre Keller, y
Nikki me cuenta sobre su mejor amiga en Texas. Por algún tiempo, somos sólo
dos adolescentes pasando un buen rato, en vez de estar luchando con
nuestros demonios personales.
Mientras dejamos el restaurante y nos dirigimos al auto, egoístamente,
me aseguro que camine delante de mí.
94
Página
Veintitrés
Nikki

uando la puerta del auto se cierra, la tensión aumenta. La cena


estuvo sorprendentemente ligera después de decirle a Zack acerca
de mi mamá. Era justo lo que necesitaba. Zack parecía herido por
mis noticias, sin embargo no se mantenía fijado en ello… no intentó hacerme
hablar de mis sentimientos. En su lugar, nos movimos hacia adelante, sin
mirar atrás. Fue casi como si él entendiera que era una pérdida que las
palabras no podían explicar.
Pero ahora, con nuestra cercana proximidad dentro del auto de Zack, la
tensión es todo menos ligera. Hay una corriente en el aire y la siento desde la
punta de los dedos de mis pies hasta la cima de mi cabeza. Zack baja la
ventana y se mueve incómodamente. Me pregunto si lo siente también.
Conducimos en silencio por unos pocos minutos, hasta que se vuelve
claro que vamos en la dirección opuesta en la que deberíamos estar yendo.
—No conozco bien el área, pero, ¿Keller no vive cerca de la escuela? ¿Aún
vamos a reunirnos en su casa?
―Quiero mostrarte algo. ―Hacemos contacto visual. Zack parece
emocionado, un poco tímido. Es un buen aspecto para él, terriblemente
atractivo―. Dijiste que nunca has visto el Océano Pacífico. Pensé que podrías
disfrutar esta vista. ―Señala a la ventana. Desde el punto montañoso donde
se ha estacionado, el océano se estrella debajo de nosotros.
Trota alrededor del auto, abre mi puerta y toma mi mano para ayudarme
a salir. Una sonrisa de complicidad se extiende a través del rostro de Zack
cuando se da cuenta de la piel de gallina en mis brazos.
―Tengo una sudadera en la parte de atrás, si tienes frio. ―Ambos
sabemos que mi estremecimiento no tiene nada que ver con la temperatura.
Niego con mi cabeza.
—Alto punto de aterrizaje ―dice, persuadiéndome para que salga, a
pesar de que en realidad no necesito ninguna persuasión―. Significa que es
para que los autos se estacionen, así que es seguro salir. Excelente lugar para
95
Página

ver el sol caer.


―Es hermoso. ―Estoy hipnotizada, a pesar que no estoy segura si es por
la asombrosa vista en frente de mí o el hecho de que Zack aún no ha soltado
mi mano―. Y tienes razón. Nunca he visto el Pacífico antes de esta noche,
nunca he visto ningún océano así ―confieso.
Cerrando mis ojos, tomo una respiración profunda, oliendo la sal
oceánica en el aire, luego exhalo en voz alta con un zumbido.
―California es realmente un lugar precioso. Nunca fue mi intención que
me gustara, pero es casi imposible no estar impactada por el clima y la belleza.
Zack ladea su cabeza.
―¿No fue tu intención que te gustara? ¿Por qué no? ¿Quieres decir
debido a que amas mucho Texas?
Intento no reírme, pero no puedo evitarlo. La idea de amar la casa
rodante donde vivía más que esto es sólo cómica.
―No hay mucho que amar allá en Texas, Zack. Al menos, ninguna parte
en la cual haya vivido.
―¿En cuántas partes viviste? ―Zack parece sinceramente curioso.
―Oh, mi mamá y yo nos mudábamos mucho. Nunca muy lejos, pero
muchos pequeños pueblos diferentes en el medio del estado ―expliqué. Es
más de lo que le he dicho a nadie de la vida que mamá y yo vivimos, hasta tía
Claire, pero se siente natural y correcto decirle a Zack.
―Deber ser medio genial llegar a conocer lugares diferentes. Siempre he
vivido en la misma casa. A veces, deseo que nos hubiéramos mudado. Un
nuevo sitio. Ver las cosas por primera vez. Más o menos como empezar de
nuevo.
―No sé si genial. Toda mi vida, he deseado haber podido vivir en la
misma casa durante años y años. Siempre pensé que sería divertido conocer
a nuestros vecinos. Quizás hacer barbacoas y compartir cosas. Nunca he
tenido vecinos verdaderos como tía Claire lo hace. Ella habla con ellos todo el
tiempo. Apuesto a que tu familia hace la misma cosa.
Zack se voltea de nuestra conversación, dándome la espalda. ¿Qué
demonios dije esta vez? Cada vez que empiezo a disfrutar de su compañía, se
desaparece de mí. Estoy comenzando a acostumbrarme a que pase, sólo no
entiendo por qué sucede. Pero esta vez me siento más valiente y tengo
intención de averiguarlo.
Camino alrededor, sin darle más elección a Zack que enfrentarme.
Agarro su mano, esperando restaurar nuestra conexión… conseguir una
reacción de algún tipo aunque sea. Pero él ve hacia abajo a mí con la mirada
vacía.
―¿Qué pasó? Estabas justo aquí conmigo hace un minuto y ahora te has
96

ido. ¿Dije algo? ¿Hice algo?


Página

Niega con su cabeza, mudo.


―Está bien. Lo que sea que fuera, no puedo prometer hacerlo
nuevamente si ni siquiera sé qué sigo haciendo que te molesta.
―No me molestas. ―Zack trae sus ojos de vuelta a mí, brevemente, luego
aparta la mirada de nuevo. Lo que sea que es, está causándole dolor y quiero
que se vaya. Solo quiero que la angustia que veo en sus ojos desaparezca.
―Está bien. No tenemos que hablar de ello. ―Miro mi reloj―.
Probablemente es hora de que nos dirijamos a encontrar a nuestro grupo de
todas maneras. ―Aprieto su mano y doy paso hacia el auto, nuestras manos
aún entrelazadas. Él aprieta su agarre, pero no se mueve conmigo. Me detiene
en seco.
―Tenía una novia ―empieza. Su voz baja y mira hacia abajo mientras
hablar. Se detiene y espero ansiosamente por lo que sea que viene después—.
Su nombre era Emily. ―Zack se deja caer al suelo y se sienta en el penacho
de hierba frente al auto, mirando fijamente la puesta de sol sobre el océano,
que está más azul de lo que jamás pensé que podría ser.
Olvidando mi ansiedad con respecto a acercarme a Zack, me siento a su
lado y espero, sabiendo que lo que sea que está a punto de compartir, le trae
solo dolor. Quiero apoyarlo. Sólo estar aquí para él.
Zack se vuelve hacia mí, y con justo la suficiente luz que queda de la
puesta de sol, veo una plenitud en sus ojos que sólo el aguantar las lágrimas
puede traer. Estoy sorprendida cuando él habla.
―Ella fue mi vecina por diez años. Murió en un accidente de vehículo
hace seis meses. ―Y con esas dos líneas cortas, Zack me ha dicho más sobre
quién es él de lo que toda una vida de palabras podría decirme jamás.
Cierro mis ojos, dándome cuenta del dolor que debe haberle causado
cuando le dije que todo lo que siempre había querido era un vecino. Nada que
pudiera decir lo consolaría… debería saber eso por la experiencia. Así que no
trato de darle palabras llenas con falsa esperanza de que las cosas mejoraran,
porque no estoy segura de que lo harán. En vez de eso, me levanto en mis
rodillas, me arrastro entre sus piernas abiertas, envuelvo mis brazos
alrededor de su cuello y sólo lo abrazo. Sin palabras. Sin promesas. Sólo
silencio y cualquier consuelo que mis brazos puedan dar. Está tenso por unos
pocos minutos. Pero me quedo firme, manteniéndome envuelta
apretadamente alrededor de él, aún si no me abraza de vuelta. Hasta que,
eventualmente, sus hombros se relajan y escucho sus lágrimas ahogadas.
Nos quedamos de esa forma hasta que el sol se pone detrás del océano y
toda la luz se desvanece. Un faro parpadea ocasionalmente en la distancia.
Después de un rato, Zack se retrae y encuentra mis ojos.
―No hablo de ello, Nikki ―susurra―. La gente tiene miedo de hablarme
97

de ello, así que sólo pretenden que no ocurrió. Allie trató de hablarme una vez,
Página

pero la dejé fuera y supo que era mejor no intentar nuevamente. No quiero
alejarte a ti. Siento como que tú me entiendes. Me sentí de esa forma aún antes
de que me dijeras acerca de tu mamá.
Recuesto mi cabeza contra su hombro. Unos pocos minutos pasan y el
destello de la luz guía se apaga en la distancia atrapando mi atención otra
vez.
―Siempre he estado atraída por las imágenes de faros ―digo―. Nunca
entendí por qué. ―Como si fuera una señal, destella de nuevo, revelándose a
sí mismo por unos pocos segundos antes de desvanecerse de vuelta dentro de
la oscuridad―. Sólo hay algo solitario con respecto a ellos, pero a la misma
vez atraen a la gente… la guían… quizás hasta salvan a algunos, solo por darles
luz en la oscuridad. ―Zack exhala audiblemente y reposa su cabeza contra la
mía.
Nos quedamos de esa forma, en la oscuridad, en silencio, el único sonido
son las olas chocando contra la orilla debajo de nosotros. Sólo treinta minutos
pasan antes que nos subamos de vuelta al auto, pero se siente como treinta
días. Estamos lo suficientemente cerca ahora, aún en el auto, para que
nuestros cuerpos se toquen, pero esta vez no es energía sexual. Es diferente.
Aceptación y comprensión. Alrededor de Zack, me siento… en casa. Como que
pertenezco. Algo que nunca pensé que sentiría otra vez.
98
Página
Veinticuatro
Zack

n el minuto que la puerta del frente se abre, inmediatamente me


doy cuenta de que Keller está usando una franela limpia y se ha
dosificado a sí mismo con colonia. Mi mente va de vuelta a la
conversación en el campo de fútbol. Los planes de Keller de pedirle a Nikki
que vaya con él al baile de bienvenida. Mierda.
―Oye... Oh, vinieron juntos. Bien, genial. ―Keller levanta una ceja hacia
mí a la vez que nos deja entrar.
―Zack perdió una apuesta y tuvo que comprarme la cena ―dice Nikki
más para bromear que en respuesta.
―Debiste haberle apostado a Zack que patearía su culo en el futbol ayer.
―Keller agarra un Coca Cola del refrigerador.
―No, apostamos si en realidad tú eras un humano. Voté que lo eras,
porque estaba muriendo por llevar a Nikki a cenar.
Keller viene hacia mí desde atrás, agarrándome en una llave de cabeza.
Levantando los pies, su peso fácilmente me lleva al suelo. Salta encima de mí
como un gato abalanzándose sobre un pájaro. Su sonrisa tonta es completa
todo el tiempo.
―Ves, no es humano. ―Lo empujo y me pongo de pie para reunirme con
ella.
―Bueno ya era hora de que llegaras, lleven sus traseros al estudio y
hagan algo de trabajo. ¿Crees que es una coincidencia que me uniera a tu
grupo? ―Keller pulula mientras nos movemos hacia el estudio―. En realidad
no me gustas. Solo sabía que harías todo el maldito trabajo y yo podía
montarme en tu A.
―¿Una A? Bueno si logras eso con cuatro D y dos F, veras una sólida D
este semestre. ¡Apuesto a que esa boleta de calificaciones irá al refrigerador!
―Keller y yo hemos estado metiéndonos el uno con las bolas del otro desde
que nos conocimos en el futbol amateur. Es casi un requerimiento torturar a
un chico cuando pasas unas pocas horas al día inclinándote sobre su trasero
99
Página

esperando a que la bola se pase.


―Keller es mucho más inteligente de lo que quiere que todos sepamos
―dice Allie bajándose del sofá para venir a saludarnos.
―Cómo te atreves, Allie. Se suponía que fuéramos amigos y ahora estas
intentando arruinar mi reputación ―bromea él―. Voy a meter a escondidas
algo de carne seca en tu ensalada vegetariana de frijoles.
Allie se ríe.
―¿Has probado alguna vez las hamburguesas de frijoles negros, Nikki?
―Ella sabe que no llegará a ningún lado con el resto de nosotros en su misión
de convertirnos a todos en veganos.
―Uhm, Nikki acaba de comer fajitas, Allie. Traté de hacerle comer fajitas
de cuajada de frijol pero ella insistió en el jugoso, tierno filete. No obtuve más
opción que unírmele. ―Me dejo caer en el sofá, jalándola conmigo.
―Para ser honesta, Allie, hasta que tú llegaste, nunca había conocido a
una vegana, o vegetariana, en ese caso. Lo único más grande que un sombrero
tejano es un filete tejano. Mientras más grande mejor, es mi lema.
―Oh, Nikki, Nikki, Nikki… ―Keller salta a la atención―. Cuanto más
grande es mejor también es un lema en California. ―Él mueve sus cejas
sugestivamente. Nadie se ríe más alto que Keller riéndose de sí mismo.
Su sonrojo me recuerda la contradicción que es. Puede bromear con los
mejores de ellos, pero no hay ni un hueso crudo en su cuerpo. Y miro para
recordarme a mí mismo el hermoso cuerpo que es.
Atrapado. Ella me aguanta la mirada y levanta una ceja. Aunque observo
claramente que no se perturba porque estuviera fijándome en ella. Está
sonriendo y parece feliz. Algo cambió en esa colina esta noche. Hay un lazo
no hablado entre nosotros. Siempre ha estado allí, simplemente no habíamos
aceptado que existía.
Inconsciente de la manera en la que Nikki y yo estamos consumidos el
uno con el otro, Allie continúa en su despotricamiento.
―Espero que tengan platos vegetarianos en la bienvenida este año. El
año pasado casi me desmaye por hambre. No sé cómo en el 2014 puede haber
una escuela sin entradas vegetarianas. Es barbárico.
―Hablando de bailes. ―Keller salta a sus pies. Para un chico que debe
pesar ciento trece kilos, salta bastante malditamente rápido.
―No, Keller, no. No hablaremos de bailes. Estamos trabajando en un
proyecto de inglés ―dejo salir las palabras―. ¿Recuerdas?
Para mi sorpresa, de hecho entiende la pista. Pero debí haber sabido
mejor que retarlo con Nikki alrededor.
―Parece que alguien cambió de opinión desde ayer. ¿Decidiste que
llevarás a alguien al baile? ―se burla, justo cuando el timbre suena. Desde la
100

esquina de mi ojo, atrapo la cabeza de Allie disparándose hacia arriba. Su


Página

mirada salta entre Nikki y yo―. Salvado por la campana, Zack. ¿Entendiste?,
¿entendiste, Zack? ―Keller se tambalea por su propia risa desesperada
mientras abre la puerta para Cory, el último miembro de nuestro grupo.
No estoy seguro si ella lo estaba haciendo a propósito, pero Nikki me
mantuvo distraído la mayoría de la noche. Sentada a mi lado en el sofá
mientras discutíamos acerca de que incluir en nuestro proyecto, su rodilla
desnuda se rozaba contra la mía más de una vez. Cada vez que miraba arriba
hacia ella, sonreía inocentemente.
Son después de las once cuando finalmente terminamos.
―¿Puedes darme un aventón, Zack? ―pregunta Allie, dudando
ligeramente―. Mi auto aún está en el taller.
―Seguro. ¿Cory?
―Estoy bien. Tomé el vehículo de mi hermano. Esperemos que no se haya
despertado. ―Cory sonríe.
Nos despedimos y Keller nos lleva a la puerta.
Abro la puerta del frente al Charger1 cuando Allie y Nikki se miran la una
a la otra. La primera parece tomar una decisión, dándome la silenciosa
bendición.
―Adelante, yo me bajo primero de todas formas ―le dice a Nikki y me
guiña un ojo, ambos sabiendo que no tiene idea que dejar primero a Allie está
en realidad completamente fuera del camino.

Nos estacionamos en el frente de la casa de Nikki y apago el motor.


―¿Entrarás conmigo? ―bromea ella.
―Si me invitas. ―Me muevo más cerca de ella.
―Yo… Yo… ―Sé que se está volviendo rosa, a pesar de que es oscuro
afuera y no puedo ver su color.
―Solo estaba bromeando.
―Oh.
―Escucha, con respecto al baile.
―¿Sí? ―pregunta ella, su voz animándose un poco.
―No quiero ir.
―¡Oh! ―responde desinflada.
―Pero no quiero que tú vayas tampoco ―digo queriendo aclarar mi
101

declaración anterior. Pero solo confunde más las cosas.


Página

―¿No entiendo?
1
Charger: el Dodge Charger es un automóvil estadounidense producido por la división Dodge
de Chrysler.
―Keller iba a pedirte que fueras al baile con él esta noche.
―¿Él iba a hacerlo?
―Sí… ¿no te diste cuenta? Tenía puesta una franela sin manchas y no
olía demasiado mal ―digo.
Ella se ríe. Luego caemos en un silencio incómodo. Me volteo, halando mi
rodilla hacia arriba en el asiento para enfrentarla. Hay justo la suficiente luz
de luna para ver su rostro.
―Escucha. No quería que Keller te pidiera ir al baile, porque quería ser
yo el que fuera contigo.
―Está bien… ―Se desvanece, esperando que yo explique.
―Pero no quiero ir al baile.
―¿Pero no quieres que vaya con Keller tampoco?
―No, definitivamente no quiero que vayas con nadie más. ―Paso los
dedos por mi cabello, ciertamente estoy siendo torpe con esto. Entonces un
pensamiento pasa por mí. Pero tiene más sentido en mi cabeza que cuando lo
digo en voz alta―. Nikki, ¿no irías al baile conmigo?
Se ríe.
―¿Y qué conlleva exactamente el no ir al baile?
―No lo sé. Iremos a algún lado. Solo no al baile.
Se ríe y niega con su cabeza.
―Seguro. Me encantaría no ir al baile contigo, Zack.
―Perfecto. ―Por la esquina de mi ojo, atrapo persianas moviéndose en
la ventana del frente de la casa. Nikki se voltea, siguiendo mi línea de vista.
Las persianas se mueven nuevamente―. Creo que estamos siendo observados.
―Asiento hacia la casa.
Niki suspira.
―Oh por Dios, lo somos totalmente. No puedo creer que mi tía Claire sea
una fisgona.
Sonrío.
―Ella probablemente solo está preocupada por ti.
―Supongo.
―Pero se comporta completamente como la tía bloqueadora del beso en
el cual he estado pensando por horas.
Nikki se da vuelta hacia mí.
―¿Has estado pensado por horas en besarme?
Mierda. No era mi intención delatar tanto.
―Desde que intencionalmente rozaste tu pierna contra la mía ―digo.
102

―¡No rocé mi pierna contra la tuya intencionalmente! ―protesta. Estaba


Página

bromeando, pero su negación tan vehemente, me hace preguntarme si tal vez


en realidad lo hizo.
―Y la manera en la que movías tu boca cuando estabas leyendo…
―¿Qué con respecto a la manera en la que movía mi boca? ―Nikki
cuestiona defensivamente.
―Tú sabes.
―No, no lo sé.
Acercándome más a ella en el asiento viejo, envuelvo mi mano alrededor
de su cuello y la jalo cera. Su aguda inhalación de aliento es audible.
―Entonces será mejor que entres si no quieres que tu tía me vea besarte.
Así de cerca, ambos estamos respirando pesadamente. Solo quería
burlarme de ella, pero se me está haciendo difícil mi resolución con su cuerpo
tan cerca del mío. Ella es peligrosa.
―¡Vete! ―gruño, asustado de que cambiaré de opinión y le daré a su tía
un buen show. Con una última, prolongada mirada, ella sale del carro. Sé que
probablemente debería acompañarla a la puerta. Pero no estoy seguro de
poder caminar siquiera, así que en lugar de eso espero a que ella esté
seguramente adentro antes de irme.
103
Página
Veinticinco
Nikki

e quedé de espaldas en el centro de mi cama, girando y


girando las pequeñas pulseras de hospital entre mis dedos.
En las pocas semanas que llevo aquí, las he sacado fielmente
cada noche. Cada noche, a excepción de las dos últimas
noches desde la vez que Zack y yo nos sentamos a lo largo del mirador.
No sé cómo Zack y yo nos encontramos el uno al otro, pero es la primera
vez en mi vida que estoy empezando a preguntarme si realmente existe tal
cosa como el destino. Antes, el destino era un escape... una fantasía, algo que
sólo sucedía en películas y libros, donde la gente paga por un felices para
siempre. Ahora me pregunto si tal vez, sólo tal vez, terminé aquí por una razón.
Encontrar a Zack —aprendiendo que él está tan herido, perdido y en
necesidad de una conexión como yo— de alguna manera valida que estoy en
el camino correcto a donde sea que voy.
He tenido novios antes. Bueno, más o menos. He besado a dos e incluso
deje a uno llegar a la segunda base. Digo “dejar” porque parecía como algo
que debería experimentar... un obstáculo que tenía que cruzar antes de llegar
a una cierta edad, supongo.
Pero lo que siento con Zack es diferente. Realmente diferente. Quiero que
suceda lo que va a suceder tanto como él. Tanto es así que incluso dejé la
búsqueda de mi hermana en un segundo plano para pasar tiempo con él. Al
mirar hacia abajo en las pulseras en mi mano, me siento culpable por dejar
que algo nuble mi enfoque.
La tía Claire llama a mi puerta cerrada. Meto las pulseras debajo de la
almohada y me siento justo antes de que entre.
—Así que, ¿no has cambiado de opinión respecto a perderte el baile de
bienvenida esta noche?
—No. —Niego. La mañana después de que Zack me invitó a salir, estaba
emocionada por decirle a la tía Claire. Desafortunadamente, no pareció que el
104

sentimiento fuese mutuo. Ashley cree que estoy sobre analizándola, que la tía
Página

Claire está sólo preocupada porque salga con cualquier chico. Después de
todo, esto también es nuevo para ella. Es sólo que parecía emocionada cuando
le dije que alguien me invitó a salir, pero se desinfló tan rápido cuando
mencioné que era Zack. Al principio, pensé que tal vez lo conocía, que sabía lo
que había pasado, pero cuando le pregunté, me dijo que nunca lo había
conocido antes. Sin embargo, he tenido la extraña sensación que su
preocupación es más acerca de quién es mi cita, en lugar de sobre mí teniendo
una cita en absoluto.
—¿Qué van a hacer ustedes dos acerca de su cita no-en-el-baile? —tía
Claire pregunta, dejando a un lado mis cajas para sentarse en el borde de mi
cama. No se ha preguntado por qué no he desempacado todavía, me pregunto
si ella lo entiende.
—No sé. —Me encojo de hombros—. Realmente no hemos hablado de ello.
Ir a comer algo, supongo. Tal vez ir a la playa.
La boca de la tía Claire se abre, luego se cierra. Entonces se abre.
—Oh —es todo lo que dice. Aunque estoy segura de que quiere agregar
algo.
—¿Está todo bien? —pregunto.
Fuerza una sonrisa
—Estoy nerviosa de que vayas a una cita.
—Tengo casi dieciocho años.
—Lo sé, lo sé. No es que no crea que seas lo suficientemente mayor. Es
sólo que... —su voz se apaga y hace una pausa por un momento—. No estoy
segura de qué consejo darte.
—No te preocupes, Ash ya me dio un consejo —le tomo el pelo, tratando
de hacerla sentir mejor.
—¿Quiero saber qué consejo te dio? —La tía Claire ha conocido a Ashley
y sabe que está un poco en el lado loco.
—Me dijo que no entre en un auto con alguien que bebe, y que ordene la
cosa más cara en el menú. —Y siempre usar un condón, pero dejo esa parte
fuera.
Ella sonríe, y esta vez es genuina.
—Eso es realmente un buen consejo.
—Ash no me aconsejaría mal —le digo en broma, chocando hombros con
ella.
—Estoy haciendo doble turno en el hospital, así que no estaré en casa
hasta mañana por la mañana. Pero eso no cambia el toque de queda.
—Lo sé.
—Está bien. —Se pone de pie—. Diviértete. —Camina hacia la puerta y
mira hacia atrás antes de salir—. Pero no demasiada diversión.
105
Página
Me doy cuenta de que puedo haberme preparado un poco demasiado
pronto. Casi una hora completa antes de que Zack se supone que me recoja y
mis nervios ya están recibiendo lo mejor de mí. La fábrica de hielo en el
congelador hace un ruido metálico en voz alta, ya que las gotas recién echan
hielo en el cubo, y me asusta demasiado. En realidad salto por el sonido, a
pesar de que lo he escuchado decenas de veces desde que estoy aquí.
Con demasiado tiempo en mis manos, repienso mi atuendo. Pasé a través
de una docena de trajes, todo, desde pantalones cortos y una camiseta sin
mangas a un bonito, aunque un poco demasiado elegante, vestido de verano.
Finalmente me decido por una sencilla falda negra que es corta, pero no
demasiado corta, y tiene un agradable y coqueto vuelo. Lo combino con una
camiseta rosa pálido lisa con unas femeninas mangas casquillo y sandalias...
parte de la fiesta de compras Americana a la que la tía Claire y yo fuimos en
cuanto me mudé. Revisando mi reflejo en el espejo, me encuentro con una
chica de California mirando hacia mí, en lugar de una tejana.
Aunque tenía tiempo que perder, estoy apenas terminado de cepillarme
los dientes cuando el auto de Zack se detiene al frente. El estruendo de su
Charger clásico lleva inmediatamente a revolotear las mariposas que se
habían asentado en la última hora. Mi corazón tartamudea a un millón de
kilómetros por minuto al alcanzar el pomo de la puerta, tanto es así que tengo
que forzar una profunda respiración para detener el hecho de que quiero
desmayarme. Recordando como mamá siempre se calmaba cuando estaba
nerviosa o en pánico, cierro los ojos y cuento en silencio. Diez, nueve, ocho,
siete, seis..., en el uno finalmente abro la puerta.
Al minuto en que mis ojos se posan sobre él, las mariposas suaves en mi
estómago se convierten en un enjambre de abejas violentas. Por un segundo,
realmente creo que podría vomitar. Zack mira de reojo.
—Oye. ¿Estás bien? —Da un paso hacia mí, con el rostro lleno de
preocupación. La proximidad sólo hace que mi pánico momentáneo sea peor.
Asiento.
—¿Segura? Te ves algo pálida. —La esquina de su boca gira—. Incluso
para ti.
—Sí —suelto en mi aturdimiento—. Creo que el calor recién me alcanzó
hoy —miento.
Zack sonríe, una sonrisa segura y arrogante.
—Me lo dicen mucho. El ambiente se vuelve más cálido cuando entro.
Pongo los ojos.
106

—Estás fanfarroneando ahora.


Página

Me entrega un pedazo de papel doblado y pasa junto a mí, dirigiéndose


directamente a la cocina. Poniéndose en casa, abre unas cuantas puertas del
armario hasta que encuentra un vaso. Despliego la nota y sonrío mientras lo
leo. Estás preciosa. Zack me mira, arquea una ceja y sonríe.
—Bebe —ordena, y me entrega un vaso lleno de agua fría. Mis cejas se
unen, me he olvidado de mi propia mentira.
—Dijiste que tenías calor —me recuerda—. Bebe.
Me tomo el agua, pero realmente no tengo sed.
—¿A dónde vamos?
—No al baile.
—Tuve mucho la otra noche.
—Termina tu agua y te mostraré.

Es el principio de mi momento favorito del día, la hora antes del


anochecer, cuando el calor del sol se establece pero todavía brilla. Zack
acelera por la costa del Pacífico y va al salpicadero para encender el aire
acondicionado.
—¿Te importaría si bajamos las ventanas en su lugar? —pregunto. Es
hermoso afuera. Veintisiete grados centígrados en el sur de California, sin
humedad, es muy diferente de los veintisiete en Texas.
—¿De verdad? —Me mira, comprobando si estoy seria, luego
rápidamente vuelve a la carretera.
Asiento.
Sonriendo, presiona el botón de la ventana y yo hago lo mismo.
—Supuse que estarías toda preocupada por tu cabello.
Me encojo de hombros.
—Tú eres el que tiene que mirarme.
No responde, pero su sonrisa lo dice todo. Bromeamos acerca de nuestra
falta de conversación, pero realmente soy capaz de decirle mucho sin ninguna
palabra. Sé que tiene tres sonrisas diferentes. Una que es un gesto amable,
pero realmente no significa que él es feliz. Una que fuerza, cuando está
tratando de encubrir lo que realmente siente. Y luego está mi favorita. La que
hace todo el camino hasta los ojos. Hoyuelos marcados, sus ojos azules brillan
y es absolutamente contagiosa. No puedo evitar sonreír cuando veo esa.
—¿Qué tipo de música te gusta? —Presiona botones en el salpicadero. La
radio empieza a tocar.
107

—Cualquier cosa. Yo realmente no tengo un tipo. Depende de mi estado


Página

de ánimo, supongo. —Zack me mira, nuestros ojos quedándose enganchados


por una fracción de segundo antes de que vuelva a la carretera.
—¿Qué tipo de estado de ánimo tienes ahora?
Me debato la cuestión internamente por un momento.
—Una cantada, eso significa pop.
Sus ojos se quedan en el camino, pero puedo ver la sonrisa número tres
en su perfil. Hay una ligera mirada de reojo y las cavernas de sus hoyuelos
me calientan.
—¿Puedes cantar?
—Puedo.
Me mira con recelo, y luego de nuevo a la carretera.
—Quiero decir, ¿puedes cantar bien?
—Nop. Pero no dejo que eso me detenga.
Niega.
—Por todos los medios, adelante.
—Oh. Yo no hago solos.
—¿No haces solos? —repite, una risa en su voz.
—Nop. Por lo general tengo un compañero de dúo diferente, pero tú lo
serás.
—Lo haré, ¿eh? —Su sonrisa se desvanece momentáneamente—. ¿Quién
es tu pareja habitual de dúo?
—Mi mejor amiga, Ashley, allá en Texas.
Su sonrisa regresa.
—¿Así que no tienes un compañero de dúo aquí en California?
—No... estaba pensando en pedirle a Keller... —intento, actuando tímida.
Zack me mira, evaluando la gravedad de mis palabras.
—Lindo. Encuentra una canción de rock. Yo no hago actuaciones de pop.

La media hora en auto a donde sea que vamos sólo podría ser lo más
divertido que he hecho desde que Ashley y yo estuvimos en el lago la última
vez. No es de extrañar, Zack puede llevar el ritmo; su canto es muy, muy bueno,
especialmente comparado con el mío. Seguimos en la carretera y conduce
unas pocas cuadras, ralentizando a medida que entramos en un camino a un
parque.
—¿Vamos al parque?
—Algo así.
Algunos minutos más de conducción en un parque muy arbolado,
108

llegamos a un claro. Un enorme faro está a la vista en la distancia.


Página

—¿Es el faro de la otra noche? —le pregunto emocionada.


—Sí —dice Zack, viéndose satisfecho con mi reacción.
Es hermoso. No estoy segura de si estoy más asombrada de la
impresionante estructura asentada en el borde de la tierra ante nosotros, o
del chico que recordó lo que había dicho la otra noche. Vuelvo a pensar en
nuestra conversación, de cómo siempre me había sentido atraída por los faros
cuando vi este parpadeo en la distancia. El hecho de que se acordó de algo
tan insignificante durante nuestra emocionalmente intensa conversación, me
dice mucho sobre quién es.
Conducimos más abajo en la carretera y me sorprende que el
estacionamiento al lado del faro esté vacío. El sol está empezando a ocultarse
y sólo puedo imaginar lo increíble que el cielo de colores en el fondo se va a
poner.
—¿Cómo es que nadie está aquí?
Zack se encoge de hombros.
—Supongo que la gente da por sentado, olvidando que está aquí.
Apaga el motor y viene alrededor para abrir mi puerta y me ofrece su
mano. Los chicos en Texas con los que me juntaba definitivamente no tenían
los mismos modales de Zack.
No suelta mi mano, y cuando él me ayuda, estamos a unos cuantos pies
de distancia, frente a frente. Mi pulso se acelera cuando da un paso más cerca
de mí. Pone una mano en el auto detrás de mí y con la otra roza suavemente
mi cabello.
—Tu pelo es un desastre —dice en voz baja. Sus palabras se burlan pero
sus ojos vagan por mi cara con una intensidad que me dice que no está
pensando realmente en mi pelo.
Su mano cae a mi mejilla, su pulgar acariciando suavemente mientras
se mueve aún más cerca. Estamos cara a cara, nuestros cuerpos no realmente
tocándose, todavía siento la energía eléctrica que irradia de él a mí.
—Eres diferente a otras chicas.
Eso es bueno, ¿creo? No respondo, porque no estoy segura de qué espera
que yo responda y no tengo ni idea de qué decir de todos modos.
—¿Nikki? —Se inclina muy ligeramente, pero es lo suficientemente cerca
así que siento su aliento en mi cuello. No puedo mirar hacia arriba, me temo
que si lo hago, podría derretirme. Y no tiene nada que ver con el calor... no del
sol de todos modos—. ¿Nikki? —me llama de nuevo, esta vez con más fuerza.
Mis ojos saltan para llegar a los suyos. Están justo ahí, me asusta el infierno
fuera de mí, pero no me atrevo a evitarlo. Sus ojos caen a mis labios—. No he
sido capaz de pensar en otra cosa que besarte por días —su voz es baja y
109

ronca. Estoy sorprendida de que todavía estoy de pie y no he caído en el suelo


Página

en un charco.
»Todo en lo que puedo pensar es en tus labios. La forma en que se
mueven, la forma en que cada sílaba toma una forma diferente y, a veces veo
un indicio de tu lengua y me vuelve loco. Quiero sentir tus labios contra los
míos tanto que duele.
Cerrando la distancia entre nosotros, Zack utiliza su cuerpo para guiar
al mío contra el auto. Siento cada parte de su cuerpo duro presionado
firmemente al mío. Cada parte. Su mano en mi mejilla cae a mi cuello y su
pulgar roza mi clavícula. Mi piel se desata en piel de gallina cuando su
apacible asimiento aprieta más. Una sonrisa diabólica se burla en sus labios;
le gusta la reacción de su toque en mí. Su fuerte mano se envuelve alrededor
de mi cuello y aprieta suavemente, forzando mi cabeza hacia arriba para
encontrarme con su mirada.
Del mismo modo que su cabeza comienza a caer hacia abajo, sus labios
separándose para encontrarse con los míos, un auto se detiene junto a
nosotros. Justo al lado de nosotros, en un estacionamiento lleno de espacios
vacíos. Una voz de hombre me golpea de nuevo a la realidad.
—El parque cierra al caer la noche —el guardabosques dice
enfáticamente.
Zack gime antes de que dé un paso atrás y se da la vuelta, dando al oficial
su atención.
—Sí, señor. Yo sólo iba a enseñarle a mi novia el faro. Es de Texas y nunca
ha visto uno de cerca.
El guardabosque ve entre mí y Zack, mirándonos con desconfianza,
luego asiente.
—Bueno. Ustedes dos tengan una buena noche entonces. Sólo importa el
tiempo de cierre, hijo.
Zack asiente y el guardabosque se aleja. Todo el cambio es de menos de
un minuto, pero mata efectivamente el momento. Su expresión era una mezcla
entre desinflado y divertido, Zack gruñe y toma mi mano.
—Guardabosque corta rollos —murmura mientras me conduce hacia el
faro. Para los próximos minutos, divaga sobre la historia del faro y algo sobre
los buques que utilizan para atracar en la zona, pero mi cerebro todavía está
atascado en dos simples palabras que él dijo. Mi novia.

Tonos naranja y vívidas sombras de púrpura y rosa llenan el cielo


mientras el sol dorado hace su camino hacia abajo más allá del borde del
110

océano. Con sólo el profundo mar azul brillante como telón de fondo, mientras
Página

el sol se pone, parece como si el fin del Pacífico está tragando el orbe brillante.
Miramos en silencio, ya que desaparece ante nuestros ojos. Las olas
rompiendo el embarcadero de la roca debajo de nosotros deja una niebla de
agua salada en el aire.
—Creo que mejor nos vamos. El guardabosques probablemente va a
volver para comprobarnos y es casi de noche —le digo, odiando incluso sacar
el tema cuando nos sentamos en la terraza exterior en la parte superior del
faro. Nuestros hombros presionados uno contra el otro mientras vemos la
puesta de sol me mantiene caliente, a pesar de que el aire se ha enfriado con
la desaparición del sol.
Sin decir una palabra, Zack se levanta, ofreciéndome su mano. Mi
espalda contra la pared del faro, coloca una mano en cada lado de mi cabeza,
me enjaula. Sus ojos brillaban en lo poco que queda de la luz del día, sonríe
ampliamente mientras sacude la cabeza lentamente.
—¿No? —le susurro, su cercanía nublando mi cerebro y haciendo que
me olvide de lo que estoy incluso respondiendo.
Sacude la cabeza de nuevo. Inclinándose lentamente, me susurra al oído:
—De ninguna manera me voy a ninguna parte hasta que te bese. Y aquí
arriba, estoy pensando que hay mucho menos posibilidades de ser
interrumpidos de nuevo. —Dios, el sonido de su voz ronca, su cálido aliento en
mi piel sensible, y el pensamiento de sus labios finalmente tocando los míos;
es casi demasiado.
Aparta su cabeza, sus ojos encontrándose con los míos, y me encuentro
con la necesidad que siento por todo mi cuerpo reflejado de nuevo en mí. Mi
respiración se vuelve superficial y más junta, y los músculos de los muslos se
tensan cuando veo sus ojos caen a mis labios y luego levanto para
encontrarse con mi mirada de nuevo. Y luego muy lentamente, se inclina y
me besa. Al principio es suave, casi vacilante. Pero eso no dura mucho. Me
inclino hacia él, mis pezones se empujan hacia arriba contra su duro pecho y
un sonido que sólo se puede describir como un gruñido viene de muy dentro
de él.
Nuestro beso se profundiza, convirtiéndose en más hambriento, más
contundente. Envuelve su mano alrededor de mi cuello, guiando mi cabeza a
la posición que quiere. Me aferro a él, mis manos agarrando su camisa, con
ganas de más, necesitándolo más que queriéndolo. Parece que tenemos un
ritmo juntos, nuestras lenguas bailando con familiaridad a pesar de que
recién se conocen.
El anochecer ha caído en el momento en que ambos nos separamos, sin
aliento. Tomo una respiración profunda, tratando de recuperar mi ingenio,
111

pero no sirve de nada. Los ojos de Zack arden mientras corre sus nudillos a lo
Página

largo de mi mejilla y me mira a los ojos. Su respiración es dificultosa y eso me


hace sentir bien, que él está tan afectado como yo. No dice una palabra; en
cambio, sonríe, una verdadera sonrisa de toda la boca, sus atractivos,
profundos hoyuelos dicen más que las palabras. Una vez más, sin palabras,
este chico se ha llevado mi aliento, y tal vez incluso un pequeño pedazo de mi
corazón.
El tiempo parece volar por el resto de la noche. El beso alivia un poco la
tensión que ha estado pesando, porque Zack está más ligero, más feliz. He
visto fragmentos de este lado de él, en pequeños destellos, pero nunca ha
durado mucho tiempo. Hasta esta noche. Nos reímos de la cena y peleamos
por la música mientras él me lleva a casa.
—Me pregunto si vamos a tener una audiencia pronto —Zack dice
mientras apaga el motor frente a la casa de la tía Claire.
—No esta noche. Mi tía está trabajando el turno de noche en el hospital.
Sonriendo ampliamente, Zack me tira a través del asiento estilo banco
en su regazo. Yo trago en sorpresa, pero no hay otro lugar en el que prefiera
estar.
—¿Así que eso significa que puedo besarte cuanto quiera esta noche? —
dice con una sonrisa diabólica en su rostro. Su mano, casualmente envuelta
alrededor de mi pierna desnuda, acaricia la parte exterior del muslo. Me
pregunto si tiene alguna idea de lo que el simple golpe de sus dedos en mi piel
me hace. Se me pone el cuerpo en llamas y vuelve mi cerebro en papilla.
—Se supone que debo estar en casa a la medianoche —susurro,
deseando que no fuese cierto.
Zack besa mis labios una vez, con la boca todavía ligeramente sobre los
míos mientras habla, por lo que puedo sentir cada sílaba mientras lo oigo.
—Estás en casa.
—Supongo que sí —sonrío—. Ella dijo que tengo que estar en casa. No
fue específica acerca de estar en el interior. —Envuelvo mis manos alrededor
de su cuello.
Las comisuras de la boca de Zack se acurrucan.
—Ahora estás hablando.
No me veo el momento cuando finalmente dejo el auto, pero las ventanas
están completamente empañadas. Ambos gemimos un poco y puedo decir que
no pasará mucho tiempo antes de que nuestros besos se conviertan en algo
más. No podemos mantener nuestras manos fuera de nosotros. Las cosas que
me hace me asustan bastante, pero me excitan aún más.
Zack insiste en acompañarme hasta la puerta esta vez. Me besa un par
de veces más y, a continuación, me entrega un papel doblado antes de irse
con sólo una sonrisa. Apoyada contra el interior de la puerta, espero para
112

abrir la nota hasta que ya no puedo oír el estruendo de su auto mientras él se


Página

retira. Me lo pasé muy bien esta noche está garabateado en el pedazo de papel.
La sonrisa está todavía en mi cara cuando me duermo una hora más tarde.
Me despierto cuando la tía Claire golpea suavemente mi puerta. Cuando
no contesto, abre la puerta ligeramente para comprobar si estoy dentro.
Mientras escucho la puerta abierta noto la nota de Zack mitad en mi
almohada y mitad pegada a mi mejilla con baba del sueño. Qué atractivo.
Rápidamente doblo la nota y la pongo bajo mi almohada mientras veo
cómo los ojos de la tía Claire se asoman por la puerta.
—Quería ver cómo estás. Acabo de llegar a casa.
Obviamente está preocupada sobre lo lejos que llegó mi cita anoche.
—¿Cómo estuvo tu cita con Zack? —pregunta mientras desliza la cabeza
un poco más lejos. Me siento mal al hacerle rogar por información, así que me
siento y le doy la bienvenida a mi espacio. Realmente ha sido genial dándome
privacidad y un hermoso dormitorio. Ni siquiera se ha quejado de mis cajas.
Nunca he tenido nada tan especial y privado en mi vida y me preocupa que
no lo haya agradecido lo suficiente.
—Entra. No tienes que esperar en el pasillo —le digo con una sonrisa.
Aún en su bata blanca de hospital, la tía Claire se sienta en mi cama.
Nunca tuvo hijos propios y todavía está tratando de averiguar su papel en
nuestra nueva relación.
—Entonces, ¿tuviste una cita agradable de-no-ir-al-baile?
Sé que estoy radiante, el rubor de mis mejillas diciendo más que mis
palabras.
—Fue realmente genial. —Me detengo sin decir nada más, recordando de
pronto estar sentada en el regazo de Zack en su Charger más allá de la
medianoche. Ella es una tía muy genial, pero no estoy muy segura de que eso
sería genial para ella.
—¿Genial? Bueno, eso es genial, supongo.
Tengo la sensación de la decepción que mi respuesta limitada evoca,
pero también creo que veo una cierta preocupación en su voz. Quiero
asegurarle que todo está bien. Más que bien de hecho.
—Fue una gran cita, tía Claire —le digo cómo Zack me sorprendió
llevándome a un faro porque yo había mencionado que nunca había visto
uno de cerca antes. Suena bastante inofensivo, ¿verdad? Gracias a Dios que
no sabe que, hace unos minutos, estaba soñando con la sensación del cuerpo
113

duro de Zack contra el mío, ya que compartimos nuestro primer beso en el


Página

faro.
Sintiendo que le debería dar un poco más, pero aún no lista para revelar
el cambio en mi relación con Zack, le conté mi idea.
—Zack corre también —le digo—. Es realmente muy rápido. Estaba
pensando en correr por su casa para recogerlo para correr esta mañana. —
No le dije que era en realidad la idea de Ash durante nuestra llamada
telefónica de la 1 a.m. donde pidió detales sobre cuán lejos fui con Zack en el
Charger.
La preocupación arruga su cara. ¿Acaso piensa que es una mala idea?
¿Está preocupada de que me estoy moviendo demasiado rápido?
—Es un día caluroso, Nikki. No estoy segura de que una carrera en este
tipo de calor sea seguro.
—¡El calor aquí es mucho más soportable que en Texas! —Estoy fuera de
la cama y tomando shorts limpios de una de mis cajas—. No puedes imaginar
la diferencia. He corrido millas en clima más caliente que este. Mi cuerpo está
acostumbrado a ello.
Hago una pausa, y luego añado:
—Creo que la enfermería te mantiene en un estado de preocupación
perpetua, tía Claire. Supongo que es un riesgo del trabajo —sonrío tratando
de aligerar el ambiente repentinamente serio.
La Tía Claire, todavía sostiene una mirada de miedo y preocupación, sólo
dice:
—Ve despacio, Nikki.
114
Página
Veintiséis
Zack

ack? Zack, cariño, tienes compañía. ¿Puedes bajar,


por favor? ―Mamá suena nerviosa.
¿Tengo compañía? La única persona que viene
aún es Keller y Keller no ha visto las diez de la mañana de un domingo ni una
vez en los doce años que lo he conocido.
Me pongo una camiseta y agarro mi gorra de los Dodgers. Unos pocos
pasos por la escalera, escucho a mamá en medio de una conversación con
otra mujer. ¿Pensé que ella había dicho que la compañía era para mí?
Desde la cima de las escaleras, atrapo un vistazo de una cola de caballo.
Su espalda está hacia las escaleras, pero reconocería esa risa donde sea… y la
imagen de ese trasero está permanentemente grabada en mi cerebro. Nikki
está en mi casa, hablando con mamá.
El sonido de mis pasos en las escaleras de madera alerta a Nikki de mi
presencia y ella se voltea antes de que yo termine de bajar.
―Hola, Zack. ―dice, con la energía que usualmente solo viene de una
bolsa de pescado suizo seguido de un Redbull. Noto su sonrisa nerviosa a
medida que habla.
―Estaba afuera por una corrida y pensé que quizás querrías unírteme.
Esta hermoso afuera ―ella habla rápido.
Mamá está sonriendo aún más amplio que Nikki. Se ve como si el sol
hubiera salido después de una tormenta. No me di cuenta de cuánto tiempo
había pasado desde que vi a mamá iluminarse con felicidad verdadera.
Saboreo el momento.
―¿Quieres competir conmigo de nuevo? Te dejé ganar la última vez. No
creas que lo haré dos veces ―digo con una sonrisa.
Ella se voltea hacia mi mamá, su rostro lleno de inocencia.
―Zack no me dejó ganar, Sra. Martin. Él está tratando de reescribir la
historia por el hecho de que ha sido superado por una chica. ―Se voltea hacia
115

mí―. ¿Dormiste bien anoche? ―Nikki arquea una ceja e intenta ocultar su
Página

sonrisa―. ¿Estás seguro que estás bien para una venganza? No quiero que
tengas ninguna excusa cuando te supere nuevamente.
Después de las horas en el auto anoche, ella sabe que no dormí bien. Miro
para ver si mamá ha notado su coqueteo. Es un lado de Nikki del cual solo he
dado un vistazo antes, pero me gusta. Mucho. Me hace algo cuando es
atrevida, empujando a través de sus límites a pesar de que la asusta.
Mamá no atrapa el significado de nuestros intercambios ya que ella no
sabe de nuestra cita anoche. Estoy segura de que asumió que estuve afuera
con Keller —él es la única persona con la cual he salido a algún lugar desde
Emily. Pero mamá está obviamente complacida con la manera de corazón
ligero y felicidad porque ella sonríe de oreja a oreja.
―¿Una revancha? ¿Estás segura de que saber lo que estas pidiendo? —
Atrapo su ojo y sus mejillas inmediatamente se tornan un rosado brillante.
Amo que pueda hacerle eso a ella con solo contacto visual y algunas palabras
con significado oculto.
―Estoy segura. ¿A menos que estés asustado de ir en mi contra otra vez?
―Me cambiaré a ropas para correr ―digo. Subo las escaleras de dos en
dos para cambiarme a unos pantalones cortos y zapatos de correr.
La sonrisa de Nikki flota hacia arriba por las escaleras mientras me
cambio. Mamá la sigue. Demonios, es un buen sonido.

Cuando regreso abajo mamá está tarareando una canción de Billy Joel
suavemente tocando en la radio satelital de la cocina y ella está haciendo
puré unos vegetales en su exprimidor.
―Ella está estirándose en el porche delantero. Me gusta, Zack. ―El rostro
de mamá está lleno de esperanza.
―A mí también, mamá. A mí también.
Una lágrima llena el ojo de mamá.
―Aw, no mamá… solo no lo hagas. Los chicos no hacen la cosa de
lágrimas de felicidad. Por favor.
Ella asiente y me despide con una risa.
―Eres imposible. Ve a correr. Diviértete. Mereces divertirte. De verdad lo
mereces, cariño.
―Espero que no te hayas desgarrado nada estirándote. ―Con los
audífonos puestos, Nikki no me oye salir. Esta sorprendida por mi apariencia,
sus pensamientos obviamente lejos en otro lugar. Espero que este atascada
en el mismo lugar que yo lo he estado por las ultimas nueves horas.
―¿Zack, quién es ese hombre? ―Ella está contemplando al otro lado de
116

la calle al Sr. Bennett, quien está trabajando en su cama de flores.


Página

Dudo.
―Es el Sr. Bennett… el padre de Emily. Él pasa mucho tiempo haciendo
jardinería desde que Emily…
La mano de Nikki se extiende para tocar mi brazo.
―Lo siento. No sabía. No quise hacerte sentir incómodo. Él solo se ve tan
familiar para mí.
Miro en dirección al Sr. Bennett, donde los ojos de Nikki están fijados.
Una voz masculina llama desde la casa.
―Papá, teléfono para ti. Es el hospital. Creo que necesitas tomarla. ―El
Sr. Bennett coloca abajo su pala y se quita los guantes de las manos antes de
dirigirse de vuelta a la casa.
Nikki se voltea hacia mí.
―¿Está alguien en el hospital?
―No. El Sr. Bennett trabaja en el hospital Long Beach University. Es un
psiquiatra.
―¿En serio? Allí es donde trabaja tía Claire. Me pregunto si se conocen
el uno al otro. ¿Es un lugar grande?
―El más grande en Long Beach. ―Me encojo de hombros.
―El chico llamándolo papá… ¿Emily tiene un hermano? ¿Él va a nuestra
escuela?
Aclaro mi garganta para aliviar el nudo que está atrapado allí. Supongo
que es normal que Nikki sea curiosa, pero la conversación me pone incomodo
no obstante.
―Sí, Brent. Él viene a casa a visitar cada pocas semanas ahora. Nunca
hacia eso antes. Es mayor que nosotros —creo que él ya tenía quince o
dieciséis cuando Emily nació. Los Bennettsya estaban en sus cuarentas
cuando Emily vino. No lo conozco muy bien. Vive en Nueva York. Un escritor,
creo.
Antes de que ella pueda hacer otra pregunta, empiezo a bajar por la
entrada.
―Te daré una ventaja. Vamos.
―¿Una ventaja? ―dice ella, insultada por la noción―. No necesito una
ventaja. Soy más rápida de lo que crees, Zack. No me subestimes. ―Pasa
disparada a mi lado, corriendo por la calle.
―Nunca te subestimaría, Nikki ―grito a medida que la paso como brisa
a su lado con una sonrisa.

Cerca de dos millas después, con Nikki no muy lejos detrás de mí, dirijo
117

nuestra corrida hacia el parque Dover. Mamá solía llevarme por caminatas
Página

largas en mi cochecito aquí. Aún me hace sentir como un niño, correr a través
de los senderos.
Cuando llegamos al centro del camino, ralentizo y me dirijo al área de
los bancos junto a los jardines de flores. Hay una fuente de agua entre los
bancos y Nikki me alcanza justo cuando estoy salpicando agua en mi rostro.
―Solo te detuviste porque sabias que iba a pasarte. Admítelo ―Nikki se
burla, sin aliento por nuestra pequeña carrera.
―Estas respirando un poco pesadamente. Eso siempre pasa cuando las
mujeres corren detrás de mí ―bromeo.
Ella termina su bebida de la fuente y se voltea hacia mí con una ceja
levantada.
―Me parece recordar que eres tú al que le gusta la vista cuando estoy al
frente.
Bueno, ella no está equivocada en eso. La vista es malditamente
espectacular. ¿Por qué no me retrasé y la dejé pasarme? Mi competitividad
me acaba de costar diez minutos de vista al cielo.
―Tía Claire me pidió ir a un desayuno tardío con algunas amigas suyas
de la universidad. ―Nikki mira alrededor mientras nos sentamos en un banco
bajo un roble largo, con sombra de soporte―. Se preocupa de que no pase
suficiente tiempo conmigo por sus largas horas en el hospital.
―Es lindo que se preocupe tanto. No puedo imaginar lo duro que es
perder a una madre, pero al menos tenías una tía con la cual eras cercana y
no estabas sola.
Nikki mira a lo lejos en la distancia.
―Para ser honesta, ni siquiera sabía que tenía una tía hasta que mamá
murió. Ellas no se hablaban. Mi mamá… tenía buena intención, pero ella
guardaba muchos secretos. Siempre pensó que estaba protegiéndome. Estaba
muy enferma. ―Sombras del pasado nublan su cara.
Pero hoy solo quiero luz del sol.
―No cualquiera se recuperaría tan rápido. Eres fuerte ―digo,
ligeramente chocando su hombro con el mío y resistiendo la urgencia de
agregar mis propias confesiones. Salto a mis pies―. Pero no eres lo
suficientemente fuerte para ganarme. El primero en estar de vuelta a mi casa
tiene que hacerle un batido de frutas al perdedor.
Paso corriendo disparado ante Nikki, pero empujo mi competitividad a
un lado después de un minuto a favor de la excelente vista durante todo el
camino a casa.
118
Página

Arrojo una toalla del gabinete de la cocina a Nikki. No es que su sudor


goteando me moleste en lo absoluto. De hecho, no hay nada que prefiera hacer
en este momento que trazar las gotas de sudor deslizándose detrás de su
camiseta entre su palpitante escote.
―Gracias, estoy lista para mi batido. ―Ella orgullosamente ordena sin
darse cuenta que el verdadero premio era dejarla quedarse diez pies delante
de mí por dos millas.
―¿Te gusta el cantalupo? ―pregunto, excavando a través de la gaveta
de las frutas en nuestro refrigerador―. Mamá es una adicta a los batidos de
frutas, así que si prefieres algo más, estoy seguro que lo tenemos. ―Arrojo un
cantalupo a Nikki.
Lo atrapa y examina.
―Nunca he comido uno.
Estoy sorprendido, pero no está bromeando. Solo he iniciado a raspar la
superficie del pasado de Nikki. Fruta fresca y picnics familiares
probablemente no estaba en la norma.
―Entonces cantalupo y melón será. Son mi especialidad de todas
maneras.
Nikki me observa con una sonrisa en su rostro a medida que corto la
fruta. Creo que un chico haciéndole algo en la cocina es su primera vez.
―Aquí, prueba. ―Me muevo más cerca para darle de mi mano un pedazo
de cantalupo fresco cortado. Mis ojos están pegados a sus labios mientras
muerde. Una gota de jugo de cantalupo brilla en la comisura de su boca y uso
mi lengua para limpiarla. Jesús, no puedo contenerme alrededor de esta chica.
Un suspiro suave se escapa de sus labios cuando muevo mi boca a su
tibio cuello, mi erección rápidamente creciendo contra su estómago mientras
me acerco. Mi cuerpo entero se enciende cuando siento su estremecimiento
por mi beso. El recuerdo de ese estremecimiento me despertó más de una vez
anoche.
―¿Zack, que si tú mama entra? ―pregunta ella sin respirar, mientras
mis besos se mueven más hacia arriba por su cuello.
―No lo hará. Salió al mercado de los granjeros ―susurro en su oreja.
Otro escalofrío corre por su cuerpo―. Once. Cada domingo ―respiro―.
Agradecidamente, nunca se lo pierde.
Haciendo mi mejor esfuerzo por llevar las cosas más lento con miedo de
asustarla por presionarla contra la pared de la cocina, lo cual está a solo dos
segundos de ocurrir, me inclino hacia atrás.
―Sabes a cantalupo ―digo―. No puedo evitarlo… De verdad, verdad, me
gusta el cantalupo.
119

Nikki se ríe.
Página

―Supongo que a mí también ahora.


Termino de hacer nuestros batidos y la bebida fría ayuda a bajar el calor
en la cocina. Un poco, al menos. Tratando de sacar el último pedazo del vaso
profundo, Nikki derrama el resto en su camiseta.
―Dios, soy una torpe. ―Se ríe, totalmente inconsciente de sí misma.
―Puedo darte una camiseta si quieres ―sonrío―. De hecho, creo que me
gusta mucho la idea de ti en mi camiseta.
Nikki se sonrojo a medida que nuestros ojos se encuentran.
―Ven arriba y elige una. ―Empiezo a subir las escaleras para que así
ella no tenga tiempo de considerar no seguirme.
Arriba en mi habitación, abro una gaveta para revelar docenas de
impecablemente presionadas y dobladas camisetas. Mi mamá
definitivamente tiene problemas.
―Guao, se ve como que alguien arrojó una mesa completa de
Abercrombie2. ―Nikki arquea su ceja derecha hacia mi gaveta de camisetas.
―Lindo. ¿Tú también, eh? A Keller le gusta tomar fotos y subirlas en
Instagram para tratar de avergonzarme. Sus gavetas son el polo opuesto.
Mierda saliendo por todos lados. Encontré una hamburguesa de queso medio
comida en una de sus gavetas el año pasado. Hasta dos minutos de quedarse
en mi alcoba se vuelve en veinte minutos de él rompiendo mis bolas por lo
muy ordenado que es. Mi mamá es una fanática de la organización.
―Tengo miedo de tocar una y perturbar la presentación artística ―Nikki
bromea.
Agarro la camiseta más pequeña que puedo encontrar, esperando que
sea ajustada en todos los lugares correctos, y se la arrojo a ella.
―Genial, gracias. ―Ella se vuelve.
―¿Te vas con mi camiseta? ―pregunto.
―Solo iba a buscar el baño para cambiarme. ―El aguijón de color rosa
está de vuelta en sus mejillas a la vez que incómodamente intenta descifrar si
en realidad yo esperaba que se desvistiera en el medio de mi habitación.
Aunque me encantaría observarla quitándose su camiseta, y las mejillas
rosadas ciertamente agita algo dentro de mí, la dejo salirse con la suya.
Besando castamente sus labios, digo:
—Cámbiate justo aquí. Tomare una ducha rápida de todas formas. Tengo
el presentimiento de que estas siendo educada por no mencionar a lo que
huelo.
―Sí te hice sudar bastante. ―Sonríe.
Sé que ella se refiere a la carrera pero camino hacia ella y digo.
120

―Sí, tú en realidad me haces sudar. ―Se ríe y me empuja hacia la puerta.


Página

2
Abercrombie es una compañía de moda estadounidense muy reconocida a nivel mundial.
Cinco minutos después encuentro a Nikki en mi alcoba con esa camiseta
vieja mía puesta. Es tan ajustada como esperaba, una medida perfecta para
mi gusto.
—Tomé prestado tu cepillo también. Trate de hacer algo con mi desastre
de cabello. ―Ella pasa sus dedos por su ahora suelto y brillante cabello.
―Es hermoso ―digo mientras alcanzo su espacio y rápidamente lo
invado.
Ella esta recostada contra la silla de mi escritorio y a solo pies de mi
cama. La alama de problemas está sonando a todo volumen en mi cabeza.
Pero la necesidad de tocarla otra vez, sentir su cuerpo contra el mío como
estaba anoche, supera a mi preocupación acerca de a dónde podría guiar las
cosas. Mi pulgar roza sus labios abiertos y mi cuerpo responde
instantáneamente cuando ella deja salir un suspiro bajo con una aguda
inhalación de aliento. Que se joda —la preocupación acerca de adónde
podrían ir las cosas rápidamente se vuelve en esperanza de que lo hagan.
Justo cuando me inclino cerca, Nikki evade mi beso y se vuelve al escritorio.
Nerviosamente, apuntando a aligerar el momento, ella levanta algo,
colgándolo de su dedo con una sonrisa descarada.
―¿No estamos un poco mayores para una máscara de Batman, Zack?
Sus manos están en la máscara que Emily me dio en mi cumpleaños
número doce, nuestra pequeña broma privada. La vida se drena de mi cuerpo
mientras la arranco de sus manos.
Doy dos pasos hacia atrás. Dos pasos lejos de ella físicamente, pero
millas de distancia se extienden entre nosotros repentinamente.
―Probablemente deberías irte ―digo, caminando a la puerta de mi
alcoba. La mirada en el rostro de Nikki me causa dolor físico. Está confundida.
Herida. Probablemente hasta un poco avergonzada. Egoístamente, me
revuelvo en la sensación de mi propio dolor a medida que pasa sobre mí,
ignorando la tristeza grabada en su cara mientras la escolto a la puerta del
frente.
121
Página
Veintisiete
Nikki

stoy de pie en la calzada de Zack, mirando perdidamente hacia


adelante. Por un segundo, me siento como si pudiera haber
imaginado los últimos cinco minutos. Entonces me vuelvo y veo la
puerta cerrada, el sonido de ella cerrándose de un portazo detrás de mí repica
en mi memoria una y otra vez. ¿Qué demonios acaba de pasar? Medio espero
que abra la puerta y me diga que está bromeando.
Pero no lo hace.
Sintiendo lágrimas hinchar mis ojos, parpadeo, tratando de contener el
diluvio inminente justo debajo de la superficie. No puedo llorar. No aquí.
Aprieto mis ojos cerrándolos y pongo mis manos en puños hasta que mis uñas
se entierran lo suficiente en mis palmas como para causarme dolor. Tomando
una respiración profunda, saco mi iPod de mi bolsillo, subo el volumen tan
alto como puedo y me coloco los dos auriculares.
Concentrándome sólo en poner un pie delante del otro, ando por el largo
camino de entrada mientras las lágrimas comienzan a desdibujar mi visión.
Estoy a punto de pasar junto a la casa y salir corriendo, cuando una mano
me agarra.
Volviéndome, me arranco el auricular de mi oído mientras la mujer
repite las palabras que acaba de decir. Sólo que esta vez puedo oírlas.
—¿Tu nombre?
—¿Qué? —le pregunto confundida, a pesar de que he oído la pregunta.
Ella no se repite. En lugar de eso, sólo se me queda mirando. Miro mi brazo,
donde ella me sujeta por debajo del codo. Su agarre es fuerte y de repente me
siento nerviosa a pesar de ser la mitad del día y estar completamente en el
exterior.
Su rostro es duro y serio, como si yo estuviera poniendo a prueba su
paciencia, a pesar de que ella es la única con sus manos sobre mí. Intento
sacar mi brazo de su agarre, pero no sirve de nada, sus dedos se cierran a mi
122

alrededor.
Página

—Nikki —le digo.


Mantiene sus ojos fijos en mí, pero libera mi brazo. Debería correr, pero
algo me mantiene de pie en mi lugar.
—¿Por qué estás aquí?
Es una pregunta de la cual no estoy segura de saber la respuesta. ¿Qué
diablos estoy haciendo aquí? Zack no me invitó. Yo sólo me aparecí. Las
lágrimas con las que he estado luchando ganan y corren por mis mejillas.
—No lo sé. Pero no debería haber venido.
La mujer no hace ningún movimiento para seguirme cuando salgo
corriendo. Sólo se queda ahí, inmóvil, mirando en mi dirección mientras huyo.

Para el momento en que la tía Claire viene a mi habitación para decirme


que vamos al brunch pronto, no estoy mintiendo cuando le digo que estoy
enferma. Ahogué el sonido de mis sollozos en la ducha el tiempo suficiente
como para que mi piel se arrugara y se tornara de un color rojo brillante. La
cabeza me palpita con las secuelas de mi ataque de llanto.
—Espero que no sea gripe —dice ella, tocando mi cabeza por segunda
vez—. La Sala de Emergencias ha sido azotada por la gripe este año. No sé por
qué la gente no lleva a sus hijos a vacunarse. —Al darse cuenta de que mi
mamá probablemente no había pensado acerca en la gripe, da marcha
atrás—. Lo siento, Nikki, no quería decir...
—Está bien, tía Claire. Sé lo que quieres decir. Y estoy segura que no es
gripe.
Ella mira su reloj y luego de nuevo a mí.
—Tal vez debería quedarme en casa.
—¿Para verme dormir? No, ve. Has estado esperando ver a tus amigos.
Estaré bien. Lo prometo.
Ella se ve desgarrada, pero está de acuerdo.
—¿Me llamarás si te sientes peor?
—Sí.
—¿Lo prometes?
—Lo prometo. —Sonrío, sintiéndome reconfortada por su preocupación
y deseando tranquilizarla.
Agotada por mis propias emociones corriendo, me quedo dormida por
un tiempo. Me despierto por mi teléfono sonando. Un rayo de esperanza llena
mi corazón. Podría ser Zack disculpándose. Tal vez sólo estaba teniendo un
mal día y se había dado cuenta de lo mucho que me hirió.
Me trago las lágrimas al ver el nombre de Allie en mi teléfono. Sin estar
123

lista para renunciar a la esperanza, me desplazo hacia abajo por si acaso me


Página

perdí un mensaje de texto. No hay nada de Zack. Allie quiere ir a ver una
película. Ella se ha convertido en una buena amiga, pero no estoy de humor.
Le envío un mensaje de texto diciéndole que no me siento bien. Pero todo lo
que realmente quiero es hablar con Ashley.
Marco el número de Ashley, rezando en silencio por que su madre haya
pagado la factura. Ella responde al segundo repique y ruedo sobre mi lado
para ponerme en posición fetal, dispuesta a derramar hasta mis entrañas.
—Oye —le digo—. ¿Estás ocupada?
—En lo absoluto. Se supone que esté cuidando a los cuatro engendros de
mi madre, pero están dando una repetición de Jackass, por lo que el televisor
está de niñera.
—¿Incluso para el niño de seis años?
—Es Jackass, todas las edades lo aman.
Me río.
—No estaba preocupada porque no le encantara. Sólo me preguntaba si
un niño de seis años debería estar viéndolo.
—Les habría leído —dice a la defensiva—. Pero no tengo ningún libro
ahora que te has ido. —Escucho el chirrido de la puerta principal con bisagras
oxidadas abrirse y luego cerrarse de golpe. Ha salido afuera a hablar.
—¿Cómo estás?
—He estado mejor. —Suspiro, rodando sobre mi espalda.
—¿Qué pasó? ¿El culo de quién tengo que patear?
Me siento patética, triste y muy confundida.
—No sé. —Una lágrima rueda lentamente por mi cara—. No tengo ni
idea.
—Comienza desde el principio —dice Ashley. Y lo hago. Le hablo del faro,
el beso y lo genial que fue. Lo atento que Zack parecía y todo el tiempo que
pasamos llenando de vapor las ventanillas del auto. Aún mientras lo digo, el
día entero no tiene sentido. Supongo que pensé que hablar de las últimas
semanas en voz alta traería algo de entendimiento. Donde todo haría clic
finalmente y tendría sentido. Pero sólo me confundo más.
—Entonces, básicamente se inclinó para besarte y luego te echó.
—Básicamente. —Suena ridículo decirlo, pero en verdad fue como vi
suceder las cosas.
—Quizás está loco como tu mamá.
—Bipolar —corrijo por millonésima vez.
—Lo que sea. Suena como si lo estuviera. Quizás eres portadora y se lo
pasaste cuando lo besaste. —Está bromeando, intentado hacerme sentir
124

mejor.
—Oh, y no te dije la parte más rara —digo.
Página

—¿Quieres decir que hay una parte más rara que él manoseándote y
luego mostrándote la puerta?
—La parte rara no es sobre Zack. Es sobre la mujer.
—¿Qué mujer?
—La que estaba mirándome el primer día de escuela. ¿Recuerdas? Te
conté sobre ella. Como que me asustó por un minuto. Pero luego sólo
desapareció.
—Está bien.
—Me agarró cuando estaba dejando la casa de Zack y comenzó a
interrogarme.
—¿Interrogarte sobre qué?
—Por qué estaba en la casa de Zack, supongo.
—¿Qué dijo?
—Me preguntó mi nombre y qué estaba haciendo allí. —Imagino el rostro
de la mujer mientras hablo. Ella estaba enojada.
—¿Quién es?
—No tengo idea. Pero ella y Zack definitivamente no me querían ahí.
—Desearía estar aquí contigo. Patearía el trasero de Zack por ti.
—¿Solo el trasero de Zack? ¿Qué hay del de la mujer?
—Patearía su trasero usando el cuerpo sin vida de Zack como ariete.
Sonrío, porque ella en verdad lo haría.
Hablamos un poco más y me siento un poco mejor cuando cuelgo. Al
menos comienzo a sentir que no fue algo que hice.

Necesito limpiar mi cerebro de Zack e intentar descubrir qué sucedió. La


tía Claire no estará en casa por horas, así que decido tomarme un tiempo para
revisar el ático. Ya husmé por casi toda la casa —el ático es mi última
esperanza de encontrar algo sobre mi hermana. La tía Claire me mostró la
escalera cuando me mudé pero me dijo que no había nada que ver más que
cajas y cosas en almacenamiento. Aunque habíamos progresado mucho en
ponernos más cómodas la una con la otra, aún no hablamos abiertamente
sobre mi mamá o mi vida antes que mamá muriera. Siempre es muy
superficial. Solo desearía que pudiéramos poner nuestras cartas sobre la
mesa. Estoy cansada de jugar solitario3.
El ático está limpio y organizado. Sin sorpresas. La tía Claire mantiene
su vida muy ordenada. Exactamente lo opuesto a mamá. Hay muchas cajas.
La mayoría etiquetadas con cosas como “Libros de Texto de enfermería” o
125
Página

3
Solitario: es un juego de naipes o cartas, muy popular en todo el mundo. Precisamente, el
nombre se refiere al hecho de que sólo hay un jugador en competencia.
“Ropa de Invierno talla 6”. En la esquina detrás de un montón de otras cajas
encuentro una con la etiqueta, “Fotos de la infancia y papales”.
A diferencia de las otras cajas, esta no está cerrada. Luce como si la tía
Claire hubiera estado revisando esta caja recientemente. Quizás cuando se
enteró de que mamá murió, vino y miró los viejos recuerdos. Incluso aunque
me siento cada vez más culpable por violar la confianza de la tía Claire con
cada sesión de espionaje, decido mirar dentro. Nunca puso ninguna
restricción sobre dónde iba en la casa o lo que tocaba. Nunca dijo que no podía
mirar algo. Sigo intentado convencerme de que no estoy haciendo algo malo,
pero lo sé mejor.
La caja está llena de papeles sueltos y fotos. No está limpia y organizada
como el resto de la vida de la tía Claire. Hay docenas de fotografías escolares
de ella. Mamá y ella se parecían mucho cuando eran jóvenes.
Encuentro pilas de viejos informes, un montón de As, asistencia perfecta
y brillantes elogios de los profesores. Me pregunto qué dirían de mamá. No
puedo imaginar que tuvieran los mismos comentarios. Mamá era
definitivamente más rebelde que tía Claire, eso es algo que sé.
Al final de la caja encuentro un gran sobre marrón con la etiqueta
“Registros de Hospital”. Quizás es sobre el esposo de tía Claire. No habla
mucho de él, pero me dijo que tenía cáncer y estaba muy enfermo. Sé que
estuvo en el hospital mucho tiempo antes de morir.
Abro el sobre, encontrando páginas amarillas. El esposo de tía Claire
murió hace cinco años. Mientras ojeo los papeles, se forma un nudo en mi
estómago al encontrar un juego de huellas dactilares de bebé. Del tipo que los
hospitales les dan a las madres cuando nacen sus bebes. Está etiquetado como
“Bebé A”.
No sé si las huellas son mías o de mi hermana. Trazo el contorno de los
piecitos con mi dedo. Los pies son los de una muñeca, no parecen lo
suficientemente grandes como para pertenecer a un bebé de verdad. No había
pensado en si nacimos a término o no. Las huellas en miniatura me hacen
pensar que debimos haber nacido prematuras.
Detrás de las huellas hay un documento titulado “Nota de alta”. Lo leo
lentamente, aprendiendo más de lo que creí que cualquier caja revelaría.
La Bebé A estaba muy enferma. Estuvo dos meses en el hospital antes
que se le permitiera ir a casa. La nota habla sobre crujías, procedimientos y
cosas que en verdad no entiendo. Considero pedirle a Allie que le pregunte a
su padre sobre los procedimientos, ya que él es obstetra. Pero no le he dicho
126

nada a Allie sobre mi familia y no estoy segura de querer dejar que alguien
Página

sepa mis secretos además de Ash.


Nada en los registros identifica a mi hermana. La mayoría es una pila
de jerga médica que no entiendo. Toda la documentación es de un solo bebé,
La Bebé A.
El sonido de un auto estacionando en la entrada hace que el pánico se
apodere de mí. Un vistazo por la cortina de la ventana revela a la tía Claire, la
puerta de su auto ya abierta. Mierda. He pasado aquí más horas de las que
me di cuenta. Meto apresuradamente los papeles de vuelta en la caja y la
cierro, arrojándola a una esquina. Corro por las escaleras, salto en la cama, y
pretendo dormir cuando la tía Claire abre la puerta para revisarme.
127
Página
Veintiocho
Nikki

o escucho de Zack por el resto de la semana. Para la mañana


del lunes soy un combustible mezclado de rabia y estar herida
que creo que podría explotar para el momento en el que llegue
a ver su cara en inglés en el sexto periodo. Pero nunca obtengo la oportunidad.
En su lugar, contemplo su asiento vacío por cuarenta y seis minutos,
ansiosamente esperando que él entre.
Para el martes, mis nervios están al borde con preocupación. Esta vez,
aparece en clases, a pesar de que podría haber sido más fácil si no lo hubiera
hecho. Mi corazón se acelera al verlo, y de hecho siento alivio de que esté bien.
Hay dos asientos vacíos en el aula. El asiento en el cual se ha sentado cada
día, directamente frente a mí, y uno en el extremo opuesto de la habitación.
Nuestros ojos se encuentran cuando ingresa justo antes de que la campana
suene. Entonces camina al otro lado del aula y se sienta. Nunca mira hacia
atrás, ni siquiera cuando sale por la puerta al finalizar la clase.
Una semana más tarde se vuelve muy claro que ya no quiere que seamos
siquiera amigos. Solo continuará ignorándome y pretendiendo que nada
sucedió. Y supongo que haré lo mismo. Pero es más fácil decirlo que hacerlo.
A diferencia de él, lo que sentí era real.
Preocupación e inquietud se convierten en rabia. He repetido toda la
mañana que pasamos juntos un millón de veces en mi cabeza. Estoy
convencida de que no hice nada malo. Sin embargo no puedo evitar
preguntarme lo que le molestó. Hay algo que pulsa un interruptor en su
interior que lo hace retroceder. Como una bomba de tiempo, solo que no tengo
idea de qué lo hará explotar.
He llevado una vida de no saber en lo que me metía cada día. La última
semana me había hecho pensar mucho en mamá y su enfermedad. Los altos
y bajos, y la falta de lo que sea en el medio. La enfermedad mental es más fácil
de aceptar que alguien que solo decide que ha terminado contigo.
128
Página
―Hay una fiesta mañana en la casa de Keller ―dice Allie, mientras la
campana suena señalando el final del almuerzo―. Sus padres saldrán de la
ciudad y la semana que viene es su cumpleaños número dieciocho. ―Ya lo
sabía porque Keller me había dicho eso cada día de esta semana―. Te
recogeré a las siete.
―No sé, Allie. En realidad no estaba planeando ir.
―Lo sé. Por eso te recogeré. Para que no puedas decirme que vas a ir y
luego no aparezcas.
―Pero… ―Intento pensar en una excusa de por qué no puedo ir, otra
aparte de la obvia.
―Siete ―advierte y se aleja dejándome sin tiempo para refutar.

Son las seis de la tarde del sábado y me estoy alistando para ir a una
fiesta a la que de verdad no quiero ir. Además del hecho de que estoy de un
humor, que la tía Claire apoda como melancólico, hay una buena oportunidad
de que Zack esté ya que Keller es uno de sus mejores amigos.
Ignoro el timbre cuando suena, porque es demasiado temprano para que
sea Allie. Pero unos minutos después tía Claire toca en la puerta y deja entrar
a Allie en mi habitación.
―Oye. Lo siento, pensé que vendrías a las siete.
―Sí, pero pensé en venir temprano. ―Se desploma en mi cama y mira
alrededor del lugar. Sus cejas se fruncen a todas mis cajas empacadas,
limpiamente organizadas, sin embargo no hace ninguna pregunta.
―Bueno, puedo estar lista rápido. No me tomo tanto tiempo.
―Sin apuros. Pensé que quizás querrías hablar.
La miré inquisitivamente y levanta sus cejas en respuesta. Ambas
sabemos de lo que está hablando. Ha sido el elefante de diez toneladas en la
habitación por las últimas dos semanas. Allie es una chica inteligente.
Observadora. Sin duda me vio contemplar la espalda de Zack durante la clase
de inglés, lágrimas amenazando mis ojos casi diariamente.
―¿Es así de obvio? ―suspiro, sintiéndome aliviada de hablar al respecto
con alguien más que Ashley. No me malinterpretes, Ash es genial, pero ella no
conoce a Zack, así que en realidad no puedo obtener su perspectiva en la
cosas. Aparte de querer golpear a Zack por escuchar solo un lado de la
129

historia.
Página

―¿Qué ustedes dos son miserables? Sí, eso es bastante obvio. ―Sonríe.
―Creo que estas confundiendo indiferencia con miseria por parte de
Zack.
―Nop, estoy bastante segura de que es miserable.
―¿Por qué sería miserable? Él fue quien dejó de hablarme.
―No lo sé, Nikki. Pero veo la manera en la que te mira. Está loco por ti.
―Bueno, tiene una forma cómica de demostrarlo.
―Lo sé, desearía saber que está pasando por esa cabeza suya. Pero sé
que se preocupa por ti. Creo que solo está luchando para aceptar la muerte de
Emily.
―Mi mamá también murió alrededor del tiempo que lo hizo Emily. Yo
también lucho. Algunos días son mejores que otros. Pero no me la desquito
con las personas que me importan.
―Mi papá es obstetra en el hospital donde trabaja el papá de Emily. Le
pregunté cómo estaba el papá de ella después del accidente y dijo que no
hablaba al respecto en lo absoluto. Las personas manejan las cosas de
diferentes maneras.
―Supongo. ―Terminé de trenzar mi cabello a un lado y colocarme un
poco de rímel.
―Vayamos a divertirnos ―dice Allie―. Olvídate de Zack. Me gusta... de
verdad. Pero es su pérdida.

Escucho la música a todo volumen de la casa de Keller antes de siquiera


cruzar la esquina en su calle. Su verde, impecablemente podado patio
delantero está lleno de estudiantes de último año… y vasos rojos. Tenemos que
estacionar a casi una cuadra, porque la calle está llena con autos alineados
unos tras otros.
El porche delantero está lleno de chicos que no conozco, pero reconozco
los del equipo de fútbol. Los he visto practicando mientras corría por la pista,
la mayor parte de mi atención concentrando en buscar a cierto quarterback4,
pero los otros aún se ven vagamente familiares. Keller se tropieza por la
puerta del frente justo cuando nos acercamos. Debe haber empezado a festejar
un poco antes que la fiesta comenzara.
―¡Mis dos damas preferidas han llegado! ―Bebe el contenido de su vaso
rojo, lo arroja sobre su hombro y embiste contra nosotras. Tomándonos a cada
una en un brazo, nos levanta del suelo por las rodillas y nos carga hacia la
puerta como si pesáramos como una pluma.
―Chicos. ―Llama la atención de los tres hombres grandes sentados en
130

una mesa en el porche discutiendo acerca de un juego con vasos y una pelota.
Página

Se giran y sonríen ampliamente―. ¿Quién tiene el recipiente? ―Keller


gentilmente nos coloca abajo.

4
Quarterback: Jugador de ataque en el fútbol americano.
Un chico se levanta y extiende una gran pecera en nuestra dirección
llena con llaves. Allie niega.
―¿Estás dentro? ―me pregunta.
―Oh, no estoy conduciendo ―digo, asumiendo que está recolectando las
llaves de los conductores para custodiar que no beban y después conduzcan
peligrosamente.
El recolector de las llaves me sonríe. Es lindo, en una forma como un oso
inmenso. Se inclina hacia abajo, una sonrisa irónica en su rostro, y susurra
en mi oreja:
—En una fiesta de llaves. Pones tu llave dentro para decidir con quién te
engancharás más tarde.
¡OH!
―No gracias. ―Siento el rubor extenderse por mis mejillas.
―Qué mal. Me encantaría sacar tu llave. ―Me guiña y se aleja.
―Vamos ―Allie grita sobre la música y agarra mi mano, guiándome
lejos. Miro hacia atrás y encuentro al chico de las llaves observándome y
sonriendo.
Adentro, la música es aún más alta. Siento el bajo golpeando en el hueco
de mi pecho y mi corazón se acelera para latir con el ritmo. Hay muchas
personas por todos lados, algunas que reconozco, otras se ven un par de años
mayor. Personas se mecen con la música, unas pocas parejas ya están
esparcidas alrededor del lugar en esquinas besándose y tocándose.
Hay un juego de cartas en la cocina y pienso que tal vez podría ser strip
poker5 ya que dos chicos están sin camisa y una chica está viéndose
preocupada y quitándose sus medias.
―¿Qué quieres beber? ―Allie grita sobre la música mientras pasamos a
través de la multitud hacia un bar improvisado en la mesa del comedor.
Sonrío cuando veo la botella verde que me recuerda a una de las pocas veces
en las que me embriagué en Texas con Ashley.
―Nada para mí. Gracias.
―¿Estás segura? ―Sabía que Allie planeaba beber, ya habíamos
hablado de volver a casa caminando. Es una linda noche y me gusta caminar
de todas formas.
―Sí, estoy bien.
Una hora en la fiesta y al fin empiezo a relajarme cuando no hay señales
de Zack. Los ebrios pueden ser bastante entretenidos para charlar cuando
estás sobrio. Nos quedamos en una mesa en el patio donde Keller nos
131

mantiene, diciendo broma tras bromas. A veces arruina la frase clave, pero
Página

5
Strip poker: juego de poker en el cual el perdedor debe ir despojándose de una de sus
prendas.
esas veces es aún más gracioso. Uno de los chicos del equipo de fútbol entrega
un nuevo vaso lleno y Keller bebe la cosa entera en un trago ridículamente
grande.
―Es hora de nadar ―dice con una sonrisa traviesa en su rostro que me
pone nerviosa―. ¿Qué piensas, Nikki, quieres darte un chapuzón? ―Me
levanta de la silla en sus brazos, completamente ignorando mis protestas.
―Oh por dios, Keller. ¡No! ―grito a medida que hace su camino al costado
de la piscina rectangular grande.
Me mece de ida y vuelta como si fuera a arrojarme dentro.
―¡Uno, dos… tres! ―A la cuenta de tres me mece más alto pero no me
suelta en realidad. Mi corazón golpea fuertemente en mi pecho.
―Por favor, Keller, ¡No sé nadar! ―miento, chillando mis palabras.
―Eso está bien. Te tengo. ―Sonríe y hace su camino alrededor hacia el
trampolín de la parte baja. De pie en el borde, salta arriba y abajo conmigo
aun en sus brazos. Después del segundo salto, se tambalea en el aterrizaje.
―¡Keller, por favor! Te caerás adentro. ―Me sostengo de su cuello. Con
cada salto pierde su agarre en mí un poco más.
Otro salto, seguido por un aterrizaje apenas salvado, y escucho su voz.
―Bájala, Keller ―Zack ordena, su tono cortante. Estiro mi cuello detrás
del amplio contorno de Keller para verlo de pie en el borde de la piscina.
Keller se voltea, mirando a Zack y después a mí. Delibera sus opciones,
entonces balbucea unas pocas palabras antes de llevarme de vuelta al patio.
Me coloca abajo al lado de Zack y se aleja con un saludo.
Zack me ve por un largo momento.
―¿Estás bien?
Asiento.
Asiente de vuelta, luego se aleja sin mirar hacia atrás.

Así que tal vez la solución a la incomodidad que siento sabiendo que
Zack está alrededor no es la más inteligente. De mala gana, tomo el trago que
me ofrecen y lo bebo. Quema mientras baja y el efecto es inmediato. A pesar
de que el efecto instantáneo tenga más que ver con las cinco cervezas que he
bebido en la hora previa, los tragos empezaron a volar.
El chico apuesto con la linda sonrisa que estaba recolectando las llaves
132

en el porche llena de nuevo mi vaso con un líquido claro. Se ve lo


Página

suficientemente inocente. Allie, el recolector de llaves y yo chocamos nuestros


tragos juntos brindando. La mitad del mío se derrama por todos lados encima
del mostrador mientras trastabillo solo para mantener el pequeño vaso en mi
mano temblorosa.
―Vamos ―ruega con su sonrisa juguetona―. Ustedes chicas tienen que
darme sus llaves. Son las chicas más calientes aquí.
Allie finalmente cede, arrojando sus llaves en el recipiente. Me las arreglo
para ignorar sus presiones para que me una a ellos, excusando mi presencia
ebria para encontrar el baño de damas. En mi estado intoxicado me toma
unos buenos diez minutos para hacer lo que debería tomar tres.
Abriendo la puerta del baño, voy por el pasillo oscuro y me detengo en
mis pasos cuando veo a Zack. Una chica que reconozco de la escuela esta toda
encima de él. Fijamos los ojos en el otro, pero no hace ningún intento de
hablarme.
Tropezándome de vuelta a la cocina, encuentro a Allie y al recolector de
llaves donde los dejé. La sensación aplastante en mi pecho duele tanto que
apenas puedo respirar. Alcanzo dentro de mi bolsillo, saco las llaves de mi
casa y las cuelgo en el aire.
―¡Sí! ―El recolector de llaves grita victoriosamente, levantando su puño
en el aire para agregar efecto.
Unos pocos minutos después, sonriendo ampliamente, el recolector de
llaves anuncia que es hora de distribuir las llaves. Allie y yo bailamos juntas
y mi cuerpo comienza a sentir la música. Realmente sentir la música.
Relajada, ebria, me muevo al ritmo, finalmente olvidando porqué había
empezado a beber para olvidar. Misión cumplida.
Mis ojos cayendo cerrados, casi me pierdo a Zack acechando hacia mí.
Keller lo sigue en su estela, viéndose acosado.
―No fue mi idea, hombre. ―Keller sostiene sus manos arriba como si
estuviera declarándose inocente.
―Vamos ―refunfuñando, me dice Zack.
―No ―respondo inflexiblemente. No tengo que escucharlo. Keller está de
pie detrás de Zack, sus ojos se amplían.
―Te vas. Si tengo que cargarte fuera de aquí, lo haré.
Balanceándome un poco mientras trato lo más malditamente posible de
mantenerme quieta, doblo mis brazos sobre mi pecho y llamo su
fanfarronada. Zack mira a Keller.
―Acompaña a Allie más tarde.
―Lo tienes ―Keller responde rápidamente, mirando a Allie, quien
asiente de vuelta.
Ni siquiera me molesto en protestar cuando Zack me levanta de mis pies
en sus brazos, repentinamente, estoy demasiado cansada para discutir.
133

Inclinando mi cabeza contra su pecho, inhalo profundamente y cierro mis


Página

ojos al olor jabonoso que me hace relajarme. Ni siquiera abro mis ojos para
ver al recolector de llaves aun sosteniendo su nariz sangrienta cuando lo
pasamos sentado en el porche del frente.
―¿A qué hora regresa tu tía en la mañana? ―Zack pregunta mientras
me mete en mi cama. Debo haber dormido todo el tiempo desde que dejamos
la sala de estar de Keller.
―Ocho ―balbuceo.
Se desliza en la cama a mi lado y me jala cerca de él, envolviendo sus
brazos alrededor de mi cintura apretadamente.
―Te extrañé ―susurra mientras entierra su cabeza en mi cuello.
―Estoy enojada contigo ―susurro de vuelta.
―Lo sé ―responde.
―Pero también te extrañé ―admito, mi voz desvaneciéndose a medida
que caigo dormida más en paz de lo que lo he hecho en dos semanas.

Abro un ojo, la luminosidad en la habitación causando dolor en mi ojo


que solo puede ser comparado con el golpeteo en mi cabeza. Gruño. Los
eventos de anoche vienen fluyendo de vuelta y me extiendo detrás de mí para
encontrar una fría, vacía cama. ¿Estaba soñando que estaba conmigo en la
cama? Me volteo para mirar, pero la alcoba está vacía, se ha ido. Hay un
pedazo de papel doblado en la mesita de noche, junto con dos pastillas y una
botella de agua.
Desdoblo la nota; el sonido del papel es ensordecedor a pesar de que es
inaudible. Lo siento. Toma el Tylenol. Bebe toda la botella de agua, necesitas
hidratarte. Te recogeré a los 8pm.
134
Página
Veintinueve
Zack

icen que hay cinco etapas del duelo. Ni siquiera recuerdo cuáles
son algunas de ellas, pero se sentía como si estuviese atrapado
en la ira y la depresión un largo tiempo. Las personas trataron
de explicármelo, ayudarme a través del proceso, pero no tomaría ninguna de
las manos que me ofrecieron. La culpa y la vergüenza me recluían por un lado,
me hacían sentir desconectado del resto del mundo por el otro.
Tenía miedo de despertar un día y no pensar en Emily. Culpé a Nikki por
consumir mis pensamientos... por ocupar espacio que pensé que debía
pertenecer a Emily. Pero tal vez hay espacio para ambas.
Es la primera vez que he venido a visitar a Emily sin estar enojado. No
he venido a despedirme o decirle que he seguido adelante... porque estoy
bastante seguro de que nunca voy a estar totalmente recuperado. Pero en
lugar de eso estoy aquí para decirle que por fin encontré un lugar para ella.
Uno que atesoraré siempre y conservaré voluntariamente en vez de luchar
contra ese lugar donde siempre ha pertenecido.
Colocando el ramo de lilas que traje a su tumba, me tomo unos minutos
para recordar todos los buenos momentos que compartimos. Los buenos
recuerdos, no los malos.

Limpiando mis manos sudorosas en mis vaqueros, tomo un profundo


respiro y camino hacia la puerta de Nikki. No tengo ninguna idea de qué
esperar. Durante dos semanas fui un completo imbécil con ella, pretendiendo
que no existía. Entonces la noche anterior me fui enojado con ella en mis
brazos como un cavernícola. Infiernos, yo estaría cabreado conmigo.
Viéndola en la fiesta, cuán vulnerable estaba por el exceso de alcohol,
135

cuánto dolor había en sus ojos cuando me vio, sabía que tenía que arreglar lo
que había roto. Había tomado la opción de apartarme de alguien que me
Página

importaba una vez, y es algo de lo que me arrepentiré cada día durante el


resto de mi vida.
Mis propios sentimientos no importan. Puedo vivir con la tristeza que se
ha envuelto alrededor de mi corazón y abrazado tan duro que apenas puedo
respirar. Infiernos, he querido el dolor desde que perdí a Emily. Pero no puedo
lastimar a Nikki más. Y, definitivamente, no puedo permitir que se haga daño.
Estoy loco por esta chica. Tal vez, sólo tal vez, el destino nos unió por una
razón. Para arreglarnos uno al otro, no destruir nuestros ya heridos
corazones.
Sólo espero poder convencerla de confiar en mí una vez más.
Toco el timbre y espero. Responde pero no me invita inmediatamente
dentro. Sacando el gran ramo de flores que he escondido detrás de mi espalda,
lo ofrezco y una nota doblada mientras hago mi mejor expresión ojos-de-
cachorro rogando perdón.
Trata de ocultarlo, pero hay una sonrisa persuadiendo sus labios. Rueda
sus ojos, sacude su cabeza, luego da un paso a un lado para que entre.
―¿Cómo te sientes? ―pregunto.
―¿Te refieres a la resaca o al corazón herido? ―pregunta en broma, pero
veo en su cara que no está enteramente bromeando. Ocupándose ella misma
de poner las flores en agua, evita el contacto visual. Tomo el jarrón que ha
llenado de sus manos y dejo las flores dentro sin contemplaciones, sólo para
obtener su atención.
Su espalda está hacia la encimera de la cocina y no se mueve cuando
doy un paso hacia ella, invadiendo su espacio personal. Ahueco sus mejillas
y espero hasta que levanta la mirada.
―Me refería a la resaca, pero me gustaría escuchar sobre el corazón
herido también ―digo en voz baja.
―Bueno, el Tylenol y el agua mitigaron la resaca. Mi estómago todavía
está revuelto, pero creo que viviré.
Mi pulgar acaricia su mejilla.
―¿Y tu corazón? ―Me inclino. El mío propio está retumbando en mi
pecho, estoy bastante seguro de que debe ser capaz de sentirlo también.
―Está... ―Lucha por una palabra―. Confundido.
―¿Tu corazón está confundido o tu cabeza?
Piensa sobre ello por un momento.
―Mi cabeza, supongo.
―¿Así que tu corazón no está confundido? ―Bajando mi cabeza para
quedar al nivel de la suya, hablo directamente a sus ojos.
Sacude su cabeza.
136

―Bueno. Me alegro. El mío no lo está tampoco.


Página

―Pero no entiendo qué pasó. ―Sus ojos se iluminan con esperanza,


luego se vuelven cautelosos de nuevo―. Un minuto todo era fantástico y al
minuto siguiente no podías soportar verme.
Jodidamente odio que la hiciera sentir de esa manera. Viendo el dolor en
su rostro, escuchándolo en su voz, causa un dolor físico en mis entrañas. Como
recibir un puñetazo, y toma todo de mí para no doblarme de dolor.
Trago saliva con fuerza. Necesito hacerle creer lo que ella significa para
mí. Así que le digo la verdad, a pesar de que compartir el recuerdo nos herirá
a ambos.
―La primera vez que conocí a Emily, tenía nueve años y estaba de pie
en la calle con calzoncillos de Batman. Se convirtió en su apodo para mí. Emily
me regaló la máscara de Batman que encontraste en mi habitación para mi
duodécimo cumpleaños. ―Estoy en silencio por un largo momento, tratando
de encontrar las palabras correctas. Tomo su mano, entrelazando nuestros
dedos y espero hasta que me mira a los ojos antes de empezar. Entonces le
digo la verdad, dejo que las palabras fluyan de mi corazón, a pesar de que me
da miedo confesarlas—. Nunca podría no soportar verte. Infiernos, Nikki,
cuando entras en una habitación, te veo en color cuando todo lo demás es
blanco y negro. Sólo estoy jodido. Me siento como que está mal para mí ser
feliz. No lo merezco. Así que trato de hacerme sentir algo diferente.
Su rostro se ve triste.
―Me siento así a veces, también. Como que no debería estar sonriendo
tan pronto después de que mi mamá se ha ido. Me siento culpable cuando
estoy disfrutando la escuela. Cuando estoy riendo con la tía Claire. A veces
incluso cuando me siento bien a tu alrededor.
―¿Cómo lidias con ello?
Se encoge de hombros y fuerza una débil sonrisa.
―Me concentro en las cosas que me dan esperanza. ―Detrás de sus
palabras, hay tanto dolor. Pero ella trabaja en apartar el pasado. Algo que
necesito empezar a hacer.
―No tenía esperanza hasta que te conocí. ―Me quedo mirándola. Es
increíblemente hermosa, y no sólo en el exterior. Sus labios llenos expresan
palabras de curación. Sus grandes ojos azules buscan el sol, incluso en un día
nublado. Inspecciona mi cara, tratando de ver si estoy siendo honesto, no la
culpo por ser cautelosa.
―Tengo miedo, Zack. Me has hecho daño. Me hiciste dudar de mí misma.
Mi propia opinión.
―Lo siento. Lo siento mucho. Sé que te herí. Pero, por favor, dame otra
oportunidad. No puedo prometerte nunca meter la pata de nuevo. Pero puedo
prometerte que trataré. Voy a tratar todos los días. ―Me detengo, suavemente
137

levantando su barbilla para forzar su mirada de regreso a la mía―. Cada vez


Página

que te veo sonreír, sabiendo que lo causé, me hace feliz. Me haces feliz. No
quiero pelear más.
Las comisuras de su boca se elevan, quiere aceptar lo que le estoy
diciendo, pero todavía se ve en conflicto.
―Tu cabeza está diciéndote que eches mi culo por la puerta, pero tu
corazón está diciéndote algo diferente, ¿no?
Una verdadera sonrisa ilumina su rostro.
―Síp. ―Es contagiosa, mi propia sonrisa aparece por primera vez en
semanas.
Envuelvo mis brazos alrededor de su cintura y la acerco.
―¿Cuál es más alto?
Ella frunce el ceño.
―Tu cabeza o tu corazón. ¿Cuál está gritándote más alto?
Baja la mirada, luego la levanta de regreso, nuestros ojos se reúnen.
―Mi corazón.
―Sigue tu corazón. Déjame demostrar a tu cabeza que tu corazón tomó
la decisión correcta.
Muerde su labio.
―¿Hablarás conmigo cuando estés angustiado? ¿No me dejarás fuera?
―Lo haré ―digo sin vacilación.
―¿Nunca me dejarás fuera sin explicación de nuevo?
―No lo haré.
Sus ojos inspeccionan los míos una última vez.
―Bien ―dice con una exhalación.
―¿Me darás otra oportunidad? ―pregunto, lleno de esperanza.
―Sí. Pero estás en periodo de prueba.
―Lo tengo. Periodo de prueba. ―Aprieto mi agarre alrededor de su
cintura, jalándola directamente contra mí.
―Te apoyaré como pueda, pero necesitas trabajar en ti mismo.
―Lo haré.
―Mejorarás. —Me fulmina con la mirada y me advierte
―Pero... ¿puedo empezar a trabajar en mí mañana?
Sus ojos se entrecierran y sus cejas se arquean.
―Esta noche prefiero trabajar en ti. ―Beso sus labios―. Quiero
mostrarte cuánto lo siento.
138

Alternamos entre besarnos y hablar durante horas, es difícil mantener


Página

las cosas sin ir más lejos. Pero esta noche es sobre avanzar. Juntos.
Lentamente. Así que me obligo a recuperar el control cada vez que empiezo a
descuidarme. No es fácil.
Horas más tarde, el estómago de Nikki gruñe mientras descansamos
lado a lado en el sofá, sus labios hinchados por nuestros besos.
―¿Hambrienta? ―Me río entre dientes.
Sonríe.
―Un poco.
―¿Qué comiste hoy?
―El Tylenol que dejaste.
Echo mi cabeza hacia atrás ver su cara por completo.
―¿No comiste nada en absoluto?
Sacude su cabeza.
―Estaba demasiado mareada.
Me deslizo del lado de Nikki y me levanto del sofá.
―Bueno, vamos a arreglar eso. ¿Qué es lo que tía Claire tiene en la
nevera? ―Me dirijo a la cocina.
―En su mayoría cosas saludables ―dice sin mucho entusiasmo.
―¿Estás segura que Allie y tu tía Claire no están relacionadas? ―grito
con la cabeza metida en el refrigerador―. Tienes los mismos alimentos
artificiales que ella come.
―La tía Claire ni siquiera bebe leche de verdad. De almendras o soja.
―Nikki se acerca por detrás y arruga su nariz.
―¿Qué hora es?
Comprueba su celular en el mostrador.
―Once treinta. ―Algo en su teléfono captura su atención.
―¿Todo bien? ―pregunto.
―Sí. Sólo unas pocas docenas de textos de Ashley y algunas llamadas
perdidas.
―¿Algo pasó?
―No lo creo. ―Se desplaza a través de sus mensajes―. Le dije que venias
y sólo quiere comprobarme.
Frunzo el ceño pensando en la conversación que ambas deben haber
tenido sobre mi comportamiento de las últimas semanas.
―Lo siento. Debe estar preocupada por ti. Llámala. Better Burger está
abierto hasta medianoche. Nos conseguiré unas hamburguesas y te daré un
tiempo para hablar con ella. ―Beso su frente antes de agarrar mis llaves.
―¿Seguro?
―Positivo. ¿Qué deseas?
―Lo que sea. Soy fácil de satisfacer.
139

Arqueo mis cejas y sonrió. Besándola castamente en los labios, salgo


Página

dejando a mi chica con un ruborizado rostro.


Treinta
Nikki

e deslizo por la pared para sentarme junto a la puerta


principal, escuchando el zumbido del Charger de Zack
mientras se aleja de la cuneta y parte hacia Better Burger.
Mi cabeza está girando, reviviendo cada uno de los momentos en el sofá
mientras alcanzo mis vaqueros y saco una nota que Zack me entregó cuando
entró. Olvidé incluso que la metí en el bolsillo hasta ahora. Mi corazón se
acelera mientras la abro. Este pequeño ritual con Zack se ha convertido en
algo que estoy deseando.

Nikki,
Haces que mi corazón palpite con emoción.
Que se estremezca por cada toque tuyo.
Mi mente ansíe cada palabra tuya.
Estoy loco por ti.
Por favor, perdóname.
Zack.

Me pellizco porque estoy segura que no puede ser real. Él no puede ser
real. Vine a Long Beach para encontrar una hermana que nunca supe que
existía y conocí al chico por el que estoy loca. No es perfecto. Demonios, yo
tampoco lo soy. Ambos tenemos un montón de equipaje emocional. Pero
siento el vínculo con él en el fondo de mi alma. El destino quiso unirnos.
Forzándome de mi niebla inducida por Zack, cojo el teléfono para llamar
a Ashley. Suena mientras mi dedo se cierne sobre el teclado. Ashley. ¿Quién
más podría ser?
—Elegiste el momento oportuno, Ash —digo mientras me obligo a
retroceder de mi país de los sueños.
—Lo había escuchado antes. Es solo uno de las pocas cosas asombrosas
140

acerca de tu mejor amiga. Hay muchas otras. —Ashley se ríe de sí misma.


Página

—¿Cómo estás? —continúa—. ¿El chico de la nota volvió a romper tu


corazón durante las últimas horas? Porque si lo hizo, voy a sacar el pulgar y
pedir un aventón con el siguiente camionero espeluznante que pase por este
pequeño pueblo de mierda. ¿Ves lo buena amiga que soy? Estoy dispuesta a
correr el riesgo de ser asesinada por un camionero espeluznante sólo para ir
a patear el culo mutante del chico de la nota si te lastima de nuevo.
Ella tiene una forma única de decirlo, pero su punto es sincero. Ashley lo
dice en serio. Caminaría a California si pensara que la necesito.
—Es todo lo contrario, Ash. Todo está genial. Hablamos, se disculpó y
explicó por qué ha estado luchando y las cosas están bien. Siento que hemos
hecho un gran progreso. Él está aquí ahora. Bueno, no en este momento. Salió
a conseguir hamburguesas pero va a regresar pronto. Nunca me he sentido
de esta forma con un chico antes, Ash. Nunca. No puedo explicarlo.
—Oh, no. Me estás asustando. Este chico jodió tu cabeza. Por favor, no
digas que te estás enamorando Nikki. El amor es peligroso y no estás
preparada para ello. Apenas estás lista para un encaprichamiento estúpido.
Sus palabras me lastiman, me hacen ir a la defensiva.
—¿Como tú estás lista para ello, Ash? Hazme el favor. Has estado
enamorada cuatro veces el año pasado y lo aguantaste con todo ello. Y esto
es diferente. Muy, muy diferente. Esto es real. Me creas o no. —Mi tono deja
saber a Ashley que no quiero que me moleste en este momento.
—Cálmate. Te creo. Es sólo que estoy preocupada por ti. Este chico ha
estado rompiendo tu corazón de un lado a otro desde que llegaste allí. No
confío en él. Eso es todo. —Sé que Ashley tiene buenas intenciones pero no
hay manera de explicar lo que está pasando entre Zack y yo. Nuestro vínculo
es algo que no puedo poner en palabras, así que no creo que lo entienda.
—Él estará de regreso en cualquier momento, Ash. ¿Puedo llamarte más
tarde? —Me siento mal por desahogarme con ella, no quiero insultarla, pero
me siento bien por primera vez en semanas, y no quiero que me desanime.
El timbre de la puerta suena mientras estoy de pie en mi habitación
alisando mi cabello en su lugar.
—Hamburguesas, papas fritas, y malteadas de chocolate. —Zack sostiene
dos bolsas de papel repletas cuando abro la puerta—. La tía Claire podría
expulsarme si se entera. En realidad, probablemente me expulse incluso si
trajera tofu orgánico y de campo, si supiera lo que estoy pensando de su
sobrina.
—¿Qué estabas pensando de mí? —Es obvio por su tono, pero quiero
oírselo decir.
Zack deja caer la bolsa en la mesa y me tira en sus brazos. Sus ojos caen
a mis labios:
—¿Quieres que te diga? —reta.
141

—¿Debo? —pregunto con coquetería.


Página

Con una sonrisa diabólica en su rostro, Zack asiente.


Trago saliva.
—Dime. —Mi voz es apenas un susurro.
—Estaba pensando en cómo sabes. La forma en que te sientes debajo de
mí. El pequeño sonido que haces cuando empiezas a perder el control.
No estoy segura de si lo escucha, pero un gemido apenas audible se
escapa de mi garganta.
Me besa.
—Tu tía Claire no vuelve a casa hasta mañana a las ocho de la mañana,
¿verdad?
Asiento. Inconscientemente, lamo mis labios.
Zack gruñe. Da un paso hacia atrás y niega con la cabeza:
—Vamos. A. Comer. Voy a tirar un poco de agua fría en mi cara. —Se
dirige hacia el baño, murmurando—. Come rápido.

Me acuesto en la cama todavía despierta cuando sale el sol, repitiendo


toda la noche con Zack en mi cabeza. No sé cómo se supone que debo quedar
dormida. Una visión de Zack acostado junto a mí en la cama, apoyado sobre
su codo, destella en mi cabeza.
—¿Eres virgen? —Había preguntado con indiferencia, mientras dibujaba
círculos ligeramente con su dedo alrededor de mi ombligo expuesto.
—Sí. —Su dedo se detuvo de trazar su camino por un momento—. ¿Eso te
importa? —pregunté, curiosa ante su repentino cese.
Él no respondió verbalmente. Sólo niega con la cabeza lentamente con
una sonrisa.
—Entonces, ¿por qué dudaste?
—Estaba tomando un momento para agradecer a Dios —respondió con
una sonrisa retorcida.
No estoy acostumbrada a hablar con chicos sobre sexo. O con cualquier
persona, para el caso. Sobre todo porque nunca hubo nada de qué hablar. Así
que me tomó unos minutos armarme de valor para preguntar.
—¿Tú lo eres? —Casi me sentí estúpida preguntando. Él había tenido una
relación a largo plazo con Emily y… bueno, míralo. Un montón de chicas se
lanzan ante un chico como Zack.
Estaba sorprendida cuando asintió:
—Sé que es difícil de creer, desde que las chicas no podían mantener sus
manos fuera de todo mi atractivo, pero sí, lo soy. Y, tengo que decir que en
142

verdad no me importa en absoluto en este momento. Me alegro de que ambos


Página

lo seamos. Si decidimos que estamos listos, hará que sea mucho más especial.
—Casi me derretía.
No es sólo nuestra plática sobre el sexo y enrollarnos lo que me mantiene
despierta, sin embargo. Aunque hicimos lo suficiente para mantener la mente
ocupada durante todo el día. Algo más grande sucedió entre nosotros anoche.
Más que una disculpa y una aceptación, dimos un gran paso hacia adelante.
Acordando en ser abiertos y honestos, sin esconder las cosas que nos hacen
ser quienes somos. Nos conectamos en una forma que nunca he sentido con
nadie.
Es por eso que me siento culpable. No le dije sobre mi hermana. Quería
hacerlo. En verdad quería. Pero la elección del momento oportuno nunca
parecía ser la correcta. Le hice prometer ser abierto y honesto conmigo de
ahora en adelante, sin embargo, todavía estoy escondiendo mis propios
secretos.
143
Página
Treinta y uno
Nikki

l lunes por la tarde en la escuela, Zack me encuentra en mi taquilla


antes de la clase de inglés. El pasillo está comenzando a despejarse
cuando los chicos desaparecen en las aulas antes que suene la
campana. Dos puertas más allá de nuestra aula, Zack tira de mi mano y me
jala hacia la salida de emergencia, llevándome bajo la escalera.
—¿Qué estás haciendo? —Me río mientras me empuja contra la pared.
—Encontrarte a solas. Este lugar necesita más lugares para la
privacidad.
—Es una escuela, Zack. No creo que hayan tenido en cuenta la necesidad
de lugares para la privacidad cuando lo construyeron.
—Bueno eso es una vergüenza. —Da un paso hacia mí, apoyando un
brazo en ambos lados de mi cabeza contra la pared.
—Vamos a llegar tarde.
—No me importa. No he sido capaz de dejar de pensar en tu boca desde
que te dejé anoche. —Sus ojos caen a mis labios. Suena la campana, pero
ninguno de los dos intenta moverse.
—Mi boca —susurro, repitiendo sus palabras en un jadeo, sin realmente
cuestionarlo.
Una sonrisa traviesa en su rostro, él asiente y se mueve más cerca.
Nuestras narices casi se tocan. Levanta una mano y su pulgar roza mi labio
inferior.
—Estos labios me provocan. Cada vez que cierro los ojos me los imagino.
—Aspiro aire—. Necesito besarte ahora. No hubiera sido capaz de esperar dos
períodos más hasta después de la escuela. —Su boca cae sobre la mía y me
besa. Realmente me besa. Entonces me pierdo mientras que domina
completamente mi boca, ni siquiera noto mis libros caer al piso de mis manos.
—Vaya —digo, sin aliento, cuando finalmente pausamos por aire.
Inclina su frente contra la mía.
144

—Dímelo a mí. Ahora voy a estar sentado en clase de inglés con una
Página

erección. —Me sonrojo, pero amo totalmente lo que puede hacerle nuestro
beso.
—Gracias por acompañarnos hoy día, Sr. Martin, Srta. Fallon —dice el Sr.
Davis cuando entramos a clase cinco minutos tarde, mis labios aún hinchados
de nuestro beso—. Su retraso acaba de ofrecer a uno de ustedes para ser el
primero en compartir su tarea de poesía con la clase. ¿Quién de ustedes será?
Zack me mira; sus ojos se abren desmesuradamente por un segundo,
mira hacia abajo y después hacia mí. Sigo hacia donde sus ojos me llevan en
silencio y encuentran una notable hinchazón en sus pantalones. Mis ojos se
amplían. Zack parece divertido cuando atrapa a mi mirada otra vez.
—Yo lo haré, señor Davis. —Seré voluntaria. Zack sonríe y se sienta
rápidamente.
Camino a mi escritorio, saco la asignación de poesía que estaba prevista
para hoy y rápidamente la vuelvo a leer. La escribí hace una semana. Mierda.
No hay manera que quiera leerle esto a la clase. No con Zack en el aula de
todos modos. Cuando la escribí estaba dolida y triste y parece que fue hace
una eternidad. Nunca pensé que alguien excepto el Sr. Davis lo leería. Mis
pensamientos son demasiado personales para compartirlos.
—Sr. Davis. Parece que no tengo la tarea conmigo —miento.
El Sr. Davis me mira y camina hacia mí. Coge el papel de mis manos que
febrilmente estoy tratando de meter en la parte trasera de mi carpeta y lo
mira.
—Aquí está —señala al frente del aula—. Adelante. O siéntese y se lleva
un cero y el Sr. Martin puede leer el suyo hoy.
El corto camino hacia el frente del aula se siente más como estar
caminando sobre tiburones. Respiro profundamente y miro a Zack. Me está
mirando atentamente con una mirada confusa sobre su rostro. No levanto la
mirada mientras leo las palabras de mi página.

Rota como un cristal.


Un millón de diminutas piezas rodean mis pies descalzos.
El sol brillaba.
Ahora nubes se ciernen bajo el cielo una vez brillante.
Trato de moverme.
Pero no puedo.
Los fragmentos que permanecen cortan mis pies con cada paso.
Recordándomelo.
Las aves una vez cantaron una canción que era música para mis oídos.
Ahora mi mundo está en silencio.
Sangre se filtra por las heridas infligidas a mis pies.
El dolor me impide alejarme.
145

Me gustaría que él hubiera permanecido en silencio.


Página

Nunca me deja escuchar su voz.


Nunca me deja entrar. Sólo me saca a empujones.
La sangre se secará. Los cortes sanarán.
El dolor nunca será olvidado.

El aula está en silencio cuando termino de leer. Camino hacia mi asiento


y me deslizo en silencio sin levantar la mirada, deseando poder desaparecer.
Siento los ojos de Zack en mi nuca desde el asiento de atrás, pero no tengo el
coraje para enfrentarlo.
Finalmente suena la campana. Zack está de pie al lado de mi escritorio
antes de que pueda incluso guardar mis libros en mi mochila.
—Nikki, ¿podrías por favor quedarse después por un momento? —llama
el Sr. Davis desde el frente de la clase mientras el aula se comienza a vaciar.
Miro a Zack y parece tan estresado como yo me siento.
—Te encontraré en el estacionamiento. Me voy a saltar la práctica de hoy
—dice, su voz baja.
—Tengo práctica también.
—Te la saltarás también. —Su tono me dice que no es algo que planea
discutir. Asiento y me deja con el Sr. Davis, una mirada cansada en su rostro.

Zack me abre la puerta del auto. Ambos estamos todavía tranquilos


cuando se deja caer en el asiento del conductor. El rugido del motor es el único
sonido en la quietud del auto cuando salimos del estacionamiento de la
escuela.
—¿Tienes hambre?
—Realmente no.
Zack asiente y se retira a la avenida. Enciende la música para ocupar los
metros de espacio que nos separan. Manejamos un rato en silencio hasta que
baja por un camino. Un faro que nunca había visto antes se perfila más
adelante.
—¿Conoces todos los faros en California? —Trato de quitarle
importancia a la tensión que llena el aire.
Sonríe.
—Los busqué en internet cuando dijiste que te gustaban. Probablemente
los pasé un millón de veces y nunca noté que estaban allí antes de ti.
Caminamos por las estrechas escaleras húmedas hasta la cima del faro
en silencio. Escalamos a través del marco de ventana pequeña, nos sentamos
146

con nuestras espaldas contra la pared, los pies colgando sobre el borde. El
Página

sonido de las olas rompiendo contra la costa me calma… o tal vez es el chico
sentado junto a mí.
Cuando se vuelve para enfrentarme, la expresión de su rostro es tan
seria, tan intensa, me asusta por un minuto.
Cepilla un mechón de cabello, que se escapó de mi trenza, detrás de mí
oreja.
—Siento tanto que te hiciera sentir de esa manera.
Hay dolor y tristeza en su rostro.
—No es culpa tuya.
—Sí. Lo es. —Su voz crece más fuerte, insistente.
—Estabas luchando. Lo entiendo. Perdiste a alguien que amabas. Sé que
dijiste que te sentías culpable por ser feliz, pero estoy segura de que era más
que eso. Probablemente te sentiste desleal por estar conmigo. No es lo mismo,
pero a veces me siento así con la tía Claire. Nos vamos a divertir sólo sentadas
hablando o yendo de compras o algo y entonces me pondré triste después
porque siento que estoy deshonrando a mi madre. Como dejando que alguien
tome su lugar. —Me detuve—. Escribí ese poema hace casi dos semanas.
Mucho ha cambiado desde entonces. Hemos cambiado. No mires hacia atrás
nunca más, sigamos adelante.
Sacude su cabeza y sonríe.
—¿Cómo conseguí ser tan afortunado de encontrarte? No encuentro las
palabras para decirte lo que tengo que decir, pero aquí estás, sabiendo
exactamente lo que estaba sintiendo. —Está en silencio por un largo momento
antes de que levante la vista—. Sólo voy a decirlo una vez más, porque lo
necesito. Lo siento por lastimarte.
Sonrío.
—Acepto tus disculpas.
—De ahora en adelante, te lo prometo —dice Zack y parece como si un
poco del peso que ha estado llevando alrededor puede haber sido aligerado.
Hay un momento agradable en nuestra conversación y me doy cuenta
que ambos necesitamos movernos adelante sin la carga para que esto
funcione.
—Um... Zack. Tengo que decirte algo —digo con aprehensión.
Sus ojos saltan a los míos rápidamente, su rostro se vuelve ansioso.
—Eso no suena bien.
Contemplo cómo decirle, sin revelar cuán retorcida es mi vida, pero
cuando miro a sus ojos, me dan la fuerza que necesito. Me dice que sea lo que
sea, va a estar bien con él, no me juzgará; sin ni siquiera decir una palabra.
147

Así que respiro hondo y comienzo.


—Tengo una hermana.
Página

Las cejas de Zack saltan en sorpresa.


—De acuerdo. —Esperando el siguiente paso.
—Que nunca la he conocido. —Paso a paso.
—De acuerdo. —Su frente se surca un poco más, pero todavía no hay
ningún juicio.
—Y sólo me enteré que existía cuando mi mamá murió.
—¿Dónde está?
—No lo sé. Creo que podría estar aquí en California.
—¿Quieres conocerla?
—Más que nada.
—¿Entonces qué te detiene?
—No sé su nombre ni nada de ella. Excepto que somos gemelas. Mi mamá
la abandonó al nacer, porque tenía problemas de salud. Mi mamá tenía sus
propios serios problemas de salud, criarme sola ya era un desafío.
—¿Y tú no sabes quiénes son los padres adoptivos?
Asiento.
—Entonces ¿cómo podemos encontrarla nosotros? —pregunta Zack.
Nosotros. Dijo nosotros. Y así como así, el vínculo entre nosotros se hace
más profundo. Durante las próximas dos horas, lo lleno con todos los detalles.
La carta de mamá, la Sra. Evans, tía Claire. Todo eso.
Y cuando hablamos todo, Zack envuelve sus brazos a mi alrededor y me
abraza.
—Juntos —dice y retrocedo para mirarlo.
Sus cautivantes ojos azules brillan con el reflejo del mar azul detrás de
él.
—La encontraremos juntos. Y si ella es como tú, estoy seguro que la
amaré.

El sol resplandece profundamente bajo el océano, negándose a dejar de


emitir sus rayos celestiales, ni siquiera mientras es tragado por el horizonte.
Nos sentamos en silencio y disfrutamos de la vista cuando la luz del día cae
a la oscuridad.
Zack me atrae para sentarme junto a él a horcajadas entre sus rodillas
dobladas abiertas. Fuertes brazos se envuelven alrededor de mi cintura, justo
debajo de mis pechos. Besa la parte superior de la cabeza.
—¿Cuál es tu día festivo favorito?
—El día de San Valentín —digo, sin tener que pensar en mi respuesta. Lo
148

he dicho también porque resulta que es mi cumpleaños. Siete semanas más y


Página

cumpliré dieciocho.
—¿Día de San Valentín, eh? Mucha gente diría Navidad o Acción de
Gracias, creo.
Me encojo de hombros.
—Yo no. Cuál es el tuyo.
—El día de San Valentín.
Sonrío.
—¿Sólo inventaste eso?
—Tal vez. —Puedo escuchar la sonrisa en su voz, aunque no lo veo—. En
cierto modo también me gusta mucho Acción de Gracias.
—¿Por qué es eso?
—Todo el día fútbol, las mujeres cocinando y sin ir de compras de regalos
—dice como si fuera la única respuesta obvia.
—Entonces estás dando todo eso y haciendo el día de San Valentín tu
nuevo día festivo favorito. ¿Así sin más?
—Sí.
—Y ¿por qué hiciste eso?
Él toma mi barbilla en su mano y gira a mi cabeza, plantando un beso
suave en mis labios.
—Porque es tu favorito.
—Sí. Pero piensa en todas esas tradiciones de Acción de Gracias a las que
estarás renunciando en favor de San Valentín.
Zack frota su nariz contra la mía, y luego besa todo alrededor de mis
labios.
—Haremos nuevas tradiciones. Tradiciones del día de San Valentín solo
para ti y para mí. —Me besa en la boca un par de veces, luego pasa su lengua
a lo largo de mi labio inferior. Siento la sensación en otros lugares que no son
mi boca.
—Nuevas tradiciones —le susurro.
Zack asiente, un brillo en sus ojos me dice que los dos estamos pensando
lo mismo aunque ninguno de los dos lo dice.
—Nuevas tradiciones. —Sonríe y me besa castamente en los labios. Solo
espero que podamos resistir durante siete semanas más y hacer nuestro
primer día de San Valentín juntos especial para ambos.
149
Página
Treinta y dos
Nikki

e detengo en frente de la casa de Zack, agachándome, con


las manos sobre las rodillas para recuperar el aliento. Esa
sensación me golpea de nuevo. Es inquietante, como si
alguien me estuviera mirando. Me seco el sudor de la frente, tiro el auricular
de mi oreja, y escaneo la zona sin encontrar a nadie. Entonces me doy cuenta
de que las persianas se mueven dentro de la casa de enfrente. La casa de
Emily. Miro fijamente por un momento, pero eventualmente las persianas se
quedan quietas. Mis propios temores y sospechas definitivamente sacan lo
mejor de mí.
Zack abre la puerta antes de que presione el timbre. Me sonríe y agarra
mi mano, tirándome hacia él. El beso que planta en mis labios me hace olvidar
todo lo demás.
—¿Pudiste volver al ático después de que ella se fue esta mañana? —
pregunta Zack tan pronto como la puerta se cierra detrás de mí.
Asiento, pero no digo nada mirando alrededor.
—No hay nadie. Mis padres fueron a San Diego para visitar a mi tía. No
van a regresar hasta bien tarde esta noche.
—Oh.
—¿Fue en el Hospital Long Beach?
—No, fue el Hospital Universitario North Shore. Lo busqué en Google. Está
a unos veinte kilómetros de distancia.
—Sé dónde se encuentra.
—El sitio web decía que o bien tienes que ir en persona y mostrar tu
identificación para solicitar registros médicos o llenar algunos formularios y
hacerlos notariales —digo.
—¿Tienes tu identificación escolar contigo?
—Sí.
—Entonces vamos a ir.
150

—Pero… —Miro mi ropa de deporte—. Soy un desastre sudoroso.


Página

—Te ves caliente.


—Estoy caliente. Corrí rápido y hace calor hoy.
Zack mueve sus cejas.
—Eso no es lo que quise decir.
—Oh. —Me sonrojo.
Me acerca otra vez.
—Me gustas así.
—¿Con mi cabello saliéndose de mi cola de caballo, mi cara sonrojada y
el sudor corriendo por mi cuerpo?
Él asiente, una sonrisa sucia en su cara.
—Tú sudorosa y sonrojada es mi aspecto favorito de ti. Me recuerda esa
noche en tu habitación.
La temperatura en mi cara ya caliente se eleva.
—Tienes la mente en una dirección.
—Síp. Todo Nikki, todo el tiempo.
Zack me besa otra vez y gimo.
—Vamos, pongámonos en camino, o no iremos a ninguna parte hoy.

Pasamos una señal en la carretera hacia el Hospital Universitario North


Shore y me pongo nerviosa. Zack aprieta mi mano izquierda que ha estado
sosteniendo desde que empezamos a conducir.
—¿Estás bien? —Me mira y luego de vuelta a la carretera.
Fue idea de Zack escabullirse en el ático y buscar el nombre del hospital
para que pudiera tratar de conseguir mis registros. Ha sido increíble desde
que le conté sobre mi hermana. Buscando en línea y averiguando todo sobre
la ley de California. Ya no me siento como si estuviera en esto por mi cuenta.
—Gracias por llevarme.
—No tienes que agradecerme. Estamos juntos en esto.
Estacionamos y caminamos hacia la puerta principal de la mano. Me
detengo unos segundos cuando el movimiento activa las puertas para que se
abran. Zack mira hacia atrás.
—Oye. ¿Estás bien? No tenemos que hacer esto hoy si no estás lista.
—Lo sé. —Suelto un suspiro—. Estoy lista.
El guardia de seguridad nos dirige al Departamento de Registros Médicos
y seguimos una serie de pasillos hasta llegar a la última vuelta. Zack me
aprieta la mano recordándome que está aquí —en cada paso del camino.
—¿Crees que sea aquí? —se burla Zack cuando llegamos a una puerta
azul con un letrero ridículamente enorme que dice: “Registros Médicos”.
151

—Tal vez. —Sonrío y trato de sonar calmada, pero es difícil ocultar mi


Página

ansiedad.
Zack abre la puerta, sosteniéndola para que entre primero. Las bisagras
oxidadas producen un chillido, captando la atención de la mujer de pelo gris
sentada en uno de los escritorios. Todos los demás en la enorme sala nos
ignoran.
—¿Puedo ayudarles? —Su voz es más amable de lo que esperaba.
Dudo y Zack entra.
—Sí, gracias. Nos gustaría conseguir algunos registros médicos.
—Claro. —Se acerca a la mesa de formularios junto a nosotros—. Rellena
este formulario azul. También necesitaré hacer una fotocopia de tu tarjeta de
identidad.
Con la mano temblorosa, completo la solicitud de documentos médicos,
busco en mi bolsillo mi identificación escolar y se la entregó a la mujer. Ella
sonríe y lo examina.
—Naciste en 1996.
—Sí —respondo.
—Eso te hace menor de edad aún, ¿verdad?
—Sí, diecisiete. Cumpliré dieciocho pronto.
—Lo siento. No podemos liberar tus registros médicos a menos que
tengas dieciocho años. Tus padres pueden autorizar la liberación de los
registros, si quieres pueden venir ellos.
Zack habla en mi nombre.
—Los padres de Nikki fallecieron. Esperábamos encontrar alguna
información en el archivo sobre su hermana, quien fue adoptada.
La mujer me mira con tristeza.
—Lo siento. ¿Un tutor tal vez?
—¿Tía Claire? —Zack se gira hacia mí y susurra dudosamente.
Vuelvo mi atención a la mujer.
—No tengo a nadie que pueda firmar. —La tía Claire tiene registros de
mi nacimiento. Obviamente sabe que tengo una hermana, pero no ha dicho
nada. Cuanto más tiempo pasa, la advertencia de mamá en su carta parece
real. Realmente esperaba que la advertencia fuera una parte de su paranoia;
tía Claire resultó ser todo lo contrario.
—¿Has intentado ir a Servicios Sociales en el Ayuntamiento en Long
Beach? Podrían ser capaces de ayudarte.
La mujer está tratando de ser amable. Fuerzo una sonrisa, pero fallo
miserablemente.
—No he tenido la mejor experiencia con los servicios sociales. Volveré
cuando tenga dieciocho.
152

La mujer asiente.
—Gracias por su tiempo —digo.
Página

Estamos casi en la puerta cuando su voz nos detiene.


—Espera. —Viene a la puerta y extiende su brazo hacia una fila de
asientos—. Dame un minuto. Tengo una amiga en Servicios Sociales, déjame
hacer una llamada por ti. —Hace un guiño y vuelve a su escritorio para
utilizar el teléfono.
Unos minutos más tarde regresa y me entrega una hoja de papel.
—Aquí está el nombre y el número de mi amiga. Ella buscó en el sistema
y estás ahí. Va a tener tu archivo listo. Dijo que podría tomar algunos meses
obtener las carpetas de los archivos, pero te llamará cuando lleguen.
—Gracias por toda su ayuda —dice Zack con énfasis—. Fue muy amable
de su parte hacer esa llamada por nosotros.
—Espero que encuentres lo que buscas. Si no te llaman, vuelve después
de cumplir los dieciocho años y pregunta por Marcy. Te ayudaré a revisar los
documentos para encontrar lo que necesitas.
—Gracias.
La mujer era amable. Pero, sin embargo, me siento decepcionada cuando
nos vamos.
Zack envuelve su brazo a mi alrededor mientras caminamos por el
laberinto de pasillos.
—Vamos a seguir buscando. Tiene que haber algo en alguna parte. Debe
haberlo. —Me aprieta.
Justo cuando llegamos a la puerta principal, Zack se detiene
abruptamente. Un apuesto hombre mayor vestido con un traje camina hacia
nosotros.
—¿Zack? ¿Qué haces aquí? —pregunta el hombre amablemente pero
hay un atisbo de preocupación en su voz.
—Estoy… ayudando a una amiga. Pero hemos terminado ahora. Fue
bueno verle. —Las palabras de Zack son educadas, pero su tono es grosero. Él
disminuyó la velocidad, pero nunca se detuvo, a pesar de que el hombre
claramente se detuvo para hablar.
—¿Quién era ese, Zack? ¿Por qué nos alejamos tan rápido? —pregunto
cuando estamos fuera del alcance del oído.
—Sólo un amigo de mis padres. Nadie importante. No quería explicar o
responder ninguna pregunta. Son tus asuntos, de nadie más. —Planta un beso
en mi frente—. Vamos a casa.
Me giro hacia la entrada principal cuando llegamos al auto. El hombre
sigue de pie en la puerta, mirándonos.
153
Página
Treinta y tres
Zack

an pasado seis semanas desde que Nikki leyó el poema que


desnudó su corazón frente a la clase. Y he hecho mi misión
compensárselo cada día. Cada día es mejor y mejor. En lugar
de buscar cosas que no me gustan mientras nos hacemos más cercanos,
descubro más cosas que amar en ella. Nos hemos vuelto prácticamente
inseparables las últimas semanas. Incluso por la noche. Las noches que su tía
trabaja en el hospital, me quedo hasta la mañana. Mis padres están tan felices,
que no les importa que no vuelva a casa algunas noches a la semana. Además,
tengo dieciocho.
A pesar de que a mis padres quizás no les importe, su tía Claire
definitivamente tiene que decir sobre ello. Tengo la extraña sensación de que
no le gusto, pero Nikki insiste en que sólo es sobreprotectora. De cualquier
manera, no hay forma de que me atrape cuando vuelve a casa dentro de dos
horas. Mi alarma suena a las seis y salgo de la cama, intentado no despertar
a Nikki. Entonces me doy cuenta de que no volvió a ponerse su camiseta
anoche.
Una buena mañana y la vista de sus hermosas tetas desnudas, y empujo
a un lado el pensamiento de que debo dejarla descansar, incluso aunque
estuvimos la mitad de la noche tonteando. Cada vez se vuelve más y más
difícil detenernos. Pero al menos sabemos que el alivio no está tan lejos.
Hemos acordado esperar hasta San Valentín para estar juntos por
primera vez. Nikki no tiene idea de que ese día era el cumpleaños de Emily, y
al principio tenía mis dudas sobre pasar el día haciéndole el amor a alguien
más. Pero la noche en que ella lo sugirió, habría estado de acuerdo con todo
para mantener esa hermosa sonrisa en su rostro.
Metiéndome otra vez en la cama, me arrastro hacia su cuerpo,
colocándome sobre ella. Primero beso su cuello hasta que gime, despertando
sin quejas de su sueño. Envuelve sus brazos alrededor de mi espalda y sus
154

uñas se hunden en mí mientras mi boca roza su clavícula. Un silencioso


Página

gemido escapa de sus labios y el sonido me vuelve loco. Mis besos se vuelven
más demandantes, más duros, más rápidos, más consumidores. La beso en
todos lados excepto en el lugar que hemos establecido fuera de los límites por
ahora, tomándome mi tiempo mientras voy desde los dedos de sus pies hasta
su cuello.
Gime cuando me cierno sobre ella, las partes necesitadas de nuestros
cuerpos perfectamente alineadas. Envolviendo sus piernas a mi alrededor, me
empuja incluso más cerca. La sensación es increíble. Mi dureza empuja
profundamente contra ella. Siento el latido de nuestros cuerpos incluso a
través de dos capas de ropa interior.
—Dime otra vez por qué esperamos —gimo, mientras hundo mi lengua
en su boca. Mis dedos se presionan en sus caderas y nos giro para que ella
esté arriba. Hay algo tan malditamente sexy en observarla tomar el control. Y
lo hace. Me besa y luego va hacia mi cuello, mordiendo al final de cada beso.
Eso me vuelve malditamente loco. Entonces se mueve hacia abajo.
Devolviéndome la adoración que acabo de darle a todo su cuerpo, baja su
boca a mi pecho, besando mis músculos pectorales.
Pero la posición es más de lo que puedo tolerar. Sus tetas desnudas son
empujadas contra mi dureza y mi cuerpo comienza a mecerse en ella antes
de poder detenerme.
—Nikki —respiro. Me mira, sus ojos caídos y seductores, y sé que no
puedo durar así. Sorprendiéndola, la coloco otra vez sobre su espalda y la beso
castamente en los labios antes de saltar fuera de la cama.
—Zack —jadea, luciendo tan abatida como me siento.
—Me tengo que ir. ―Busco frenéticamente mis pantalones de chándal.
―Ugghhh... ―Ella gime y tira de la sábana sobre su cabeza.
Me pongo mis sudaderas, halo mi camiseta sobre mi cabeza y la beso a
través de la sábana.
―Te llamaré más tarde. Vístete antes de que tu tía venga a casa.
Ella lanza una almohada hacia mi espalda mientras agarro mis zapatos
y prácticamente salgo corriendo por la puerta.

El centro comercial es un lugar que completamente detesto. Corrección.


El centro comercial es un lugar que completamente detesto... sin Keller. De pie
en la cola de los pretzels a diez metros del baño de hombres, oigo su voz
explotar a través de la puerta del baño.
―¡Maíz! ¿Cuándo fue que comí maíz? ―grita, su voz profunda imposible
155

de no escuchar.
Página

Cada chico delante de mí rompe en risas. Cada chica arruga la nariz y se


ve totalmente disgustada. Emerge un minuto más tarde, todo sonriente
mientras levanta sus manos encima de su cabeza para mostrarlos a todo el
mundo en la fila.
―¡Limpias! Las lavé esta vez ―exclama, como si fuera una hazaña
novelística.
Niego con la cabeza y hago mi orden.
―Amigo, no me extraña que no tengas novia. Estás perturbado.
―Todo esto es parte de mi proceso de selección. ―Keller golpea con el
dedo su sien, indicando cuán inteligente es.
―Tengo miedo de preguntar.
Keller sonríe.
―Si una chica no puede reírse de mis chistes, no es para mí. ―Se encoge
de hombros.
―¿Así que estamos esperando a una chica que piense que eres divertido,
en lugar de repugnante?
―Sí ―dice Keller con orgullo.
Me río.
―Un gran plan.
―Ya me lo imaginaba.
―Vas a estar solo por un largo tiempo, idiota.
―Nikki se ríe de mis chistes ―dice sonriendo―. Y ella es muy caliente.
―Deja de mirar a mi novia.
―¿Qué debo hacer, cubrir mis ojos cada vez que la veo? ―me pincha.
―Sabes lo que quiero decir. Deja de mirarla de esa manera.
―No creo que pueda. Ella tiene un gran culo, hombre. ―Keller hace
mímicas de un culo bien formado con las manos.
Si fuera cualquier otra persona en el mundo, estaría tirado en el suelo
ahora mismo al admitir que se come abiertamente con los ojos mi novia. Pero
Keller... bueno... él es sólo Keller. Así que termino y le doy un puñetazo en el
brazo, con fuerza suficiente para dejar un moretón, aunque todavía lejos de
sacarle la mierda.
―¡Auch! ―Keller se frota el brazo―. ¿Por qué hiciste eso?
No tiene idea. Totalmente desorientado. Caminamos por el centro
comercial durante otra hora en busca del perfecto regalo de San Valentín para
Nikki, pero nada parece ser correcto. Nos detenemos en la última joyería del
centro comercial. La empleada de ventas se ve perpleja cuando Keller le
pregunta, con una cara totalmente seria, si ella lo puede dirigir a su
departamento de lencería. Por suerte, Keller ve a algunos chicos del equipo
156

fuera de la tienda y me consigue unos minutos para mirar las cosas sin ser
Página

expulsado de otra tienda.


―¿A quién buscan comprar un regalo hoy? ―pregunta la vendedora
vacilante.
―Mi novia.
―¿Para el Día de San Valentín?
―Sí.
―¿Está buscando algo en particular?
―No. Supongo que sólo estoy esperando que algo salte hacia mí.
La joven vendedora sonríe.
―Cuénteme un poco sobre ella, tal vez eso me dará una idea para
ayudarle a señalarle en la dirección correcta.
―En realidad no usa una gran cantidad de joyas. Bueno, a veces usa
perlas. Pero no son joyas de lujo, sólo las usa porque eran de su mamá. ―Miro
a mi alrededor y todo parece demasiado formal y frío para dárselo a Nikki―.
Para ser honesto, no estoy seguro de si la joyería es el regalo adecuado para
ella ―admito con un encogimiento de hombros derrotado.
―¿Usa las perlas de su madre? ¿Su madre falleció?
―Sí, el año pasado.
―Hmmm ―Ella mira alrededor de la tienda―. Tal vez tenga una idea.
Se aleja por un momento y regresa con una bandeja de terciopelo negro.
A largo de ella cuelga una delicada cadena de oro, con un gran corazón
bastante pesado en la parte inferior. La pone delante de mí.
―Es una antigüedad, así que es un poco diferente a la mayoría de lo que
se ve hoy en día. ―Presiona algo en el costado del corazón y éste se abre―.
Es un medallón. Hay espacio para dos imágenes. Tal vez podría poner una
foto de su mamá en un lado y una suya en el otro. ―Voltea el corazón―. La
parte posterior es inscribible, así que incluso podría escribirle algo pequeño.
Un corazón para representar su fiesta favorita, un lugar para una foto de
su madre y yo y un espacio para dejarle una nota.
―Me lo llevo.
157
Página
Treinta y cuatro
Nikki
erviosismo y emoción son un potente cóctel. A diferencia de
mis limitados intentos con alcohol, este cóctel me dejó
mareada y lista para vomitar. Nunca seré capaz de dormir esta
noche.
Mi teléfono suena y sonrío a la ridícula selfie que aparece, indicando que
es Ashley. Tomamos la foto en mi último día en Texas. Las dos estábamos
acostadas en el césped, nuestro pelo largo extendido a nuestro alrededor
mientras miramos hacia arriba, sonriendo ampliamente a la cámara. Fue
como un latido después de que tomamos la foto que Ashley dio cuenta de que
había una enorme araña tamaño Texas arrastrándose sobre su rostro. La
imagen capturada en la segunda foto donde ella todavía estaba sonriendo,
sin embargo, la araña aparece prominente en su cuadro. Absolutamente
graciosísimo.
—¿Has hecho planes para el día de San Valentín? —pregunta,
burlándose. Durante el último mes hemos pasado de hablar dos veces a la
semana a largas horas de conversaciones profundas cada día. A veces más
de una vez.
Sabe cuan ansiosa estoy por lo de mañana.
—¿Día de San Valentín? Nah. Estaba pensando tal vez me quedaré en
casa, acurrucarme con un buen libro. —Silenciosamente cierro la puerta de
mi habitación. La tía Claire está en casa y no quiero que escuche mi
conversación con Ashley.
—Creo que podría estar más emocionada acerca de ti haciendo el acto
sucio de lo que tú estás. Suenas tan calmada.
Cada vez que hablo con Ash tiene un nombre diferente para el sexo. Hoy
no es terrible, pero en las últimos semanas hemos tenido tirarse, chingar,
pegar un polvo y mi favorito, uno que sigo sin siquiera comprender, rostizar
el palo de la escoba.
158
Página

—Estoy lejos de la calma. Todas las mañanas me despierto asustada de


algo que podía ir mal. Hoy me he imaginado tirándome a él incluso antes que
el bacón se hiciera en la sartén.
Me tiro sobre mi cama boca abajo. Mi rostro está tan cerca de mi
almohada, que puedo oler a Zack, su champú dejando atrás un olor que he
llegado a asociar con él en mi cama. Tomo una profunda bocanada y sonrío
cuando exhalo.
—¿Qué estás haciendo?
—Nada —miento.
—¿Acabas de oler algo?
—¡No!
—Mentirosa. ¿Qué hueles?
—Uhh… —gruño porque me conoce tan bien—. La almohada —confieso.
—¿Huele a Zack?
—Sí, si insistes en saberlo.
—Insisto. —Las dos reímos. Tía Claire, sin duda se enfadaría si supiera
que no había lavado mis fundas de almohadas en semanas. Pero no puedo
soportar renunciar al olor. Me mantiene acompañada cuando se desliza de
mi cama por la mañana.
Hablamos durante un rato. Me cuenta de un nuevo chico con el cual sale,
sin embargo no le gusta realmente y le cuento más sobre la escuela y la noche
pasada con Zack. Él me llevó a otro faro para ver la puesta de sol.
El sexto que hemos visitado hasta el momento.
—¿Entonces compraste algo especial para vestir mañana por la noche?
—pregunta Ashley.
—Tía Claire me compró un bonito vestido sin mangas, no lo he usado
aún, así que pienso vestirlo. Es azul, el color favorito de Zack.
—Estaba hablando de lo que planeaste ponerte debajo del vestido.
Entro en pánico. Ni siquiera había pensado en usar cualquier ropa
interior especial.
—¡Oh, dios mío! ¡Ni siquiera pensé en eso! ¿Tengo que llevar algo especial
para la primera vez? ¿Cómo un camisón o algo por el estilo?
—Cálmate. No creo que haya ninguna regla fija. Simplemente pensé que
podrías tenerlo ya que ha habido gran progreso cada día.
159

Los nervios que había sido temporalmente capaz de apartarlos en los


Página

últimos diez minutos y vuelven desalumbradamente fuertes.


—Tienes razón. Ha sido un gran progreso. ¿Qué sucede si no es lo que
esperamos que sea?
—¿Qué es lo que esperas que sea?
—No lo sé. Especial. Emocional, supongo.
—Bueno, lo que llevas no tiene nada que ver con eso. Así que no me
preocuparía por ello.
Tía Claire llama a mi puerta para decirme que es hora de la cena.
—Tengo que irme —le digo a Ash—. Te llamare mañana.
—Justo después de fornicar.
—¿Fornicar? Alguien ha estado leyendo el diccionario.
—¿Te gusta más montar la chuminada del pony?
—Clavar con fornicar.
—Si insistes.
—Te llamaré mañana.
—No puedo esperar.

El olor a gofres belgas flota en el aire la mañana siguiente, las esquinas


de mi boca girando hacia arriba antes de que siquiera abriera un ojo. Tía
Claire sabe que son mis favoritas. Nunca había tenido gofres caseras antes de
llegar a California. Honestamente, no estoy segura si había pensado que podía
hacerlas en casa, mucho menos hacerlas saber tan increíble que lo hacen.
Avanzo lentamente por la casa, arrastrando mis pies soñolientamente
sobre el piso, a pesar de que mis sentidos están ampliamente despiertos por
el olor.
—¡Feliz Cumpleaños, dormilona! ¡Y feliz día de San Valentín! —sonríe
mientras entro en la cocina.
Como un gofre, luego la mitad de otro, clavando con mi tenedor el resto.
Me choca lo extraño que es tener a alguien cocinando todo el tiempo para mí.
La estufa del remolque no es la misma que tiene la tía Claire. Además, mamá
no era una gran cocinera de todos modos. Nunca comía mucho, pensaba que
si teníamos leche no caducada y Cheerios todo era de oro. Las cenas por lo
160

general consistían en comida congelada al horno o comida rápida. Nada de


Página

esto bueno para la diabetes de mamá, pero siempre fue cabezona. Incluso
cuando comencé a trabajar en un supermercado en los meses antes de su
muerte y traía a casa fruta fresca u hortalizas, mamá me decía que no tenía
hambre.
Tía Claire me debió observar dejándome llevar a un triste lugar
pensando en mamá porque salta de la silla como un perrito al localizar un
hueso, exclamando:
—¡Casi se me olvidan tus regalos! ¡Permanece allí! —Y desaparece en su
habitación en un frenesí.
Me golpea una punzada de culpabilidad cuando corre de vuelta con un
montón de hermosos regalos, más de lo que jamás he recibido alguna vez. Se
apresura a cocinar para mí y darme regalos antes de la escuela y estoy
ocultándole un gran secreto. Hoy siento más culpa de lo que he tenido en los
últimos meses. Quizá es porque me pregunto si alguien hizo para mi hermana
un desayuno especial por su cumpleaños. Una hermana de la que pretendo
no saber nada hacía mi tía. Cada día mi deshonestidad se hace más difícil y
más difícil.
Tía Claire amontona las cajas a mis pies. Tienen colgando cintas rizadas,
lazos y envueltos en papel rojo brillante cubierto de corazones rosa para
celebrar mi cumpleaños y San Valentín.
—¡Ábrelos! —insiste mientras estoy mirando las hermosas cajas. Coloca
la primera de las grandes cajas en mi regazo. De alguna manera siempre
parece saber cuándo estoy abrumada por emociones que me incomodan,
llevándome de vuelta a una conversación y alejándome de los incómodos
espacios mentales en los que estoy atascada.
Hay tres cajas del mismo tamaño y a continuación, una pequeña caja
que me pone más curiosa.
Quiero correr a la pequeña, pero en su lugar las abro como me las
entrego. Evidentemente, está haciendo drama.
Dentro de la caja número uno, encuentro un bonito vestido verde
turquesa que me había parado a observar en un maniquí en Bloomingdales
cuando tía Claire y yo fuimos al centro comercial la semana pasada. El color
captó mi atención a la primera. La sombra de verde azulado parecía como el
agua en una fotografía de playa caribeña. Después del color me he
enamorado de la fila de blancas perlas brillantes delineado el cuello redondo
del vestido. No soy particularmente la chica feminista pero este vestido era
impresionante y no pude pensar en lo que Zack puede pensar si me ve en él.
—Tía, yo ni sabía que me habías visto mirando este vestido. —Estoy sin
161

palabras. Nunca había tenido un vestido tan caro antes—. No debiste haberlo
Página

hecho. Ya haces mucho por mí.


Una lágrima brota de sus ojos y sin pensar salto y la abrazo.
—Muchas gracias. Me encanta. Es el vestido más bonito que he visto en
mi vida —digo pasando mi dedo sobre las preciosas perlas que cautivaron mi
atención.
Lo mantengo arriba examinando nuevo el escote de la espalda que está
también delineado con pequeñas perlas.
—Es como algo salido de la portada de una revista —digo todavía
mirándolo con la incredulidad de que realmente es mío.
—Vas a verte como si pertenecieras a la portada de una revista, Nikki.
Eres una chica hermosa y este es un traje que va a quedar sensacional en ti.
Es un poco elegante pero, pensé que quizás podrías llevarlo esta noche a tu
cita con Zack, solo cumples dieciocho una vez. Sé lo mucho que estas
deseándolo —me guiña—. No es que me hayas dado demasiados detalles.
Sonrío.
—Zack se quedara sin palabras. Bueno, al menos espero que lo haga —
digo—. Tiene planes para llevarme a una cena especial. No estoy segura
donde. Quiere que todo sea una sorpresa.
—Bueno, debe ser un poco abrumador para Zack con tu cumpleaños y
su primer San Valentín, juntos, todo a la vez —reflexiona—. Apuesto que está
preocupado intentando conseguir que todo salga bien.
—No le dije que era mi cumpleaños —admito, dándome cuenta de lo
absurdo que es esto en realidad.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunta con sincera conmoción en su voz.
Miento. Realmente quiero confiar en tía Claire, pero no puedo decirle que
nuestros planes para esta noche son suficiente presión sobre nosotros.
—No quiero demasiada presión sobre él, San Valentín es
suficientemente. —Me encojo intentando resultar casual.
Abro las siguientes dos cajas para encontrar nuevo equipamiento para
correr. Tres ligeras, brillantes y agradablemente coloridas camisetas de correr
Nike en la caja número uno y tres pantalones Nike y un sujetador deportivo
en la otra. Tía Claire es realmente atenta. Aprendió mi gusto exactamente. Los
regalos son, exactamente, lo que me habría elegido.
Mientras tengo en mis manos mi nuevo pantalón para sentir cuan
ligeros como plumas son, me entrega la pequeña caja que he estado
162

observando todo el tiempo.


Página

—Esto es especial. Hay una historia que la acompaña. Ábrela —dice


tranquilamente.
Quito el papel rojo brillante para encontrar una pequeña cajita de joyas
de acolchado blanco. Me abruman sentimientos una vez más.
—Tía Claire, no deberías… lo digo en serio...
Me corta antes de que yo pueda expresar que ella hizo demasiado.
—Abre, Nikki. Es una orden.
Sonríe, sus ojos ilusionados con anticipación. Dentro de la caja hay un
hermoso anillo de oro blanco con dos zafiros en forma de corazón, uno al lado
del otro. Los corazones de zafiro están completamente bordeados con
diminutos diamantes redondos. Estoy sin palabras.
Nunca he estado ni siquiera tan cerca de una pieza tan exquisita de
joyería y mucho menos tuve a alguien dándome un regalo tan caro. No quito
el anillo de la caja.
—No puedo, tía Claire. Realmente no puedo —le digo, mi voz temblando
de emoción. Estoy abrumada por la culpa. No merezco un regalo como este.
Yo la utilicé, viniendo a vivir con ella sólo para encontrar a mi hermana. No
merezco este generoso regalo. Yo no merezco nada de eso.
—Te dije que había una historia. Este anillo era de mi madre. Tu abuela
Ana. Mi padre lo hizo para ella como un regalo y se lo dio el día que nació tu
madre. Yo nací el 15 de septiembre, tres años antes de que tu madre naciera.
Tu mamá estaba prevista para el 18 de septiembre. Cuando tu abuelo supo que
iba a tener un segundo bebé en septiembre hizo este anillo para celebrar los
dos bebés. Los Zafiros son piedras natalicias para el mes de septiembre. A tu
madre siempre le encantó este anillo. Cuando éramos pequeñas, nos
acostumbrábamos a tomarlo del joyero de mi madre y probarlo, fingíamos
que éramos princesas.
Tía Claire sigue antes de que pueda encontrar algunas palabras para
hablar.
—Nunca llegaste a conocer a tu abuela y a tu madre le encantaba este
anillo. Pensé que sería algo especial para ti tenerlo. Las dos están cuidándote
desde el cielo ahora, Nikki. He pensado que tal vez sientes que tienes un
pedazo de recuerdos de tu mamá con este anillo.
Sigue sonriendo, pero una lágrima recorre su mejilla.
—No sé nada de mi abuela. He tenido miedo hacer demasiadas
163

preguntas —admito sin pensar, mi propia lágrima cayendo para que coincida
Página

con la suya.
—No debes tener miedo de hacer preguntas. Lo único que me preocupa
es abrumarte con demasiada información. Tenemos un montón de tiempo
para aprender acerca de la familia que no conociste. No hay necesidad de
apresurarse.
Por un momento me olvidé de la caja del anillo todavía sentado
cautelosamente en la palma de mi mano y me preocupé que la tía Claire se
enterara de alguna manera de mis planes para encontrar a mi hermana. Sus
palabras parecen ser una súplica para que no empuje en obtener información
demasiado rápido. O tal vez es sólo mi propia culpa.
—Lo siento, Nikki. No tenemos que ser tan serias en tu cumpleaños. Es
un día feliz. ¡Tienes dieciocho, es día de San Valentín, tienes un nuevo vestido
bonito y una excelente cita! —Gira el estado de ánimo de la sombra a la luz,
de una de sus mejores pseudo capacidades paternales.
Toma la caja y quita el impresionante anillo. Lo coloca a mi dedo anular
derecho deslizándolo rápidamente, tan rápido que ni siquiera pude oponerme.
Sostiene mi mano y dice:
—Perfecto. Sabía que te estaría.
Sorprendentemente, se acomoda como si fuera hecho para mí. Pienso
sobre como mamá debe haberse sentido como niña pequeña, corriendo
alrededor fingiendo ser una princesa. Realmente es un momento de tristeza y
alegría. Nunca seré capaz de comprender cómo estas emociones pueden
correr en paralelo dentro de un corazón.
—No tienes que llevarlo a la escuela si estás preocupada por perderlo.
Guárdalo y llévalo a tu gran cita esta noche. En realidad, mejor nos damos
prisa ahora o llegaras tarde a la escuela —dice, corriendo a lavar los platos
del desayuno, mientras doblo el papel rojo brillante del embalaje y lo pongo
en las cajas en las para guardar.
—¿Tía Claire? —Ella gira.
—¿Sí?
—Gracias. Gracias por todo —digo y le doy un abrazo.
164
Página
Treinta y cinco
Zack

stoy feliz de que mamá no esté en la cocina cuando bajo esta


mañana temprano. Ella definitivamente estaría husmeando en mis
asuntos si me hubiese encontrado despierto una hora antes de lo
normal.
Hojeo a través de los cajones de la cocina donde mamá mantiene
algunos suministros de costura, encontrando las tijeras que estoy buscando.
Justo cuando las agarro y me giro para ir al piso de arriba, mamá enciende
la luz.
Maldita sea.
—¿Está todo bien, Zack? ¿Por qué estas despierto tan temprano? —Oigo
el nerviosismo en su voz. Han pasado nueve meses desde el accidente de
Emily y aunque estoy de vuelta en la escuela y saliendo con Nikki, mamá
todavía se preocupa cada vez que me ve solo y tranquilo. Hoy más que
cualquier otro día debido al gigante elefante rosa que está, sin duda,
preocupándose por superar; el cumpleaños 18 de Emily habría sido hoy.
Nadie ha dicho una palabra sobre ello y estoy agradecido. Estoy tratando
de centrarme en Nikki y nuestra noche especial, a pesar de que la culpa se
arrastró hacia mi cerebro cuando me desperté esta mañana.
—Todo está bien, mamá. Estaba buscando unas tijeras. No te preocupes,
es sólo para envolver un regalo.
—Oh, Día de San Valentín. ¿Le compraste un regalo a Nikki? —pregunta
mamá, el familiar sonido de interrogación de los padres en su voz.
—Sí. No se puede salir esta noche sin un presente, ¿verdad? Me criaste
mejor que eso. —La beso en la mejilla, lo que sé que la hará feliz.
—Bueno, soy una muy buena envolvedora de regalos si necesitas mi
ayuda. —Mamá sin duda no me va a dejar ir sin ver el presente. Me rindo y
165

saco la caja de collar de satén negro de mi bolsillo y se lo muestro.


Página

Mamá abre la caja y ojea el medallón.


—Es hermoso, Zack. —Su voz está llena de emoción—. A Nikki le va a
encantar. Estoy tan contenta de que hayas encontrado a alguien como ella,
cariño. Mereces ser feliz.
—Hay espacio para dos fotos en el interior. Pensé que Nikki podría poner
una de ella y una de su madre para que estuvieran juntos sobre su corazón
cuando lo lleve puesto —explico, ahogándome un poco por la emoción.
—Nikki es una chica fuerte. Puedo decirlo. Se necesita ser una persona
muy resistente como para superar la pérdida de un padre a una edad tan
joven. Nikki y tú tienen un vínculo a causa de... —Mamá se detiene. No ha
dicho el nombre de Emily desde que terminó el funeral. Papá tampoco. Ambos
tienen miedo de abrir una compuerta de emociones con esa sola palabra.
—Emily —digo, terminando la frase de mamá—. Nikki sabe de Emily,
mamá. Le dije una noche en el Point poco después de que nos conocimos.
Tienes razón. Creo que es parte de nuestro vínculo. Los dos vivimos a través
de algo que la mayoría de personas no pueden entender.
—Has crecido tanto ahora, Zack —dice mamá que con orgullo y tristeza
en su voz—. No deberías haber tenido que crecer tan rápido, pero no podemos
cambiar eso. Y, en los últimos meses, he visto el cariñoso, detallista y maduro
hombre en que te has convertido. Estoy muy orgullosa de lo que eres y cómo
lidiaste con lo del año pasado, Zack.
No hay palabras. Ninguna que pueda decir en este momento, de todos
modos. Abrazo a mamá fuertemente y le pregunto si me va a ayudar a
envolver el presente.
—Tu loco perfeccionismo viene muy bien de vez en cuando. —Me río y le
entrego las tijeras.
Después de que mamá regresa del armario de su sala de arte con papeles
de regalos, coloca en la mesa cinco diferentes tipos de envoltura apropiada
para que escoja.
—Elige uno —exige, su voz insistente y feliz.
—Hallmark tiene menos opciones que tú. —Pero en realidad me paso
unos minutos inspeccionando los papeles para elegir el más adecuado.
Realmente quiero que todo sea perfecto esta noche.
Cuando mamá corta el papel y empieza a envolver, estoy aliviado de que
166

no tomara el medallón de la caja y le diera la vuelta para leer la inscripción


Página

que había grabado en la parte posterior. No la habría detenido, pero habría


sido un poco de vergonzoso.
El amor no necesita palabras.
Me tuviste antes de que incluso hablaras.

Hubiera tenido que explicarle el significado a mamá. Esos primeros


encuentros sin palabras entre Nikki y yo eran privados e íntimos, algo que
nos pertenecía sólo a nosotros.
El regalo se ve hermoso. Mamá pasó diez minutos rizando la cinta rosada
con el borde de la tijera para añadir el acabado final. Agarro el regalo, le doy
un beso a mamá una vez más y me dirijo hacia arriba para prepararme.
Antes de que llegue la parte superior de las escaleras, mamá pregunta:
—¿Ella sabe que hoy es…? —No la dejo terminar.
—No, mamá, no quiero que Nikki sepa que es el cumpleaños de Emily.
Ahora no. No hay ninguna razón. Sólo le haría daño y estropearía un día que
es importante para ella. Así que, no. No le voy a decir. —Subo los dos últimos
escalones, no dejándole tiempo para que me diga sus pensamientos.
—Disfruta de tu día, Zack —grita mamá mientras corro por la puerta
principal un poco más tarde—. Te amo.
—Yo también te quiero —grito.
Mientras me acomodo en el asiento del conductor del Charger, enciendo
mi teléfono y encuentro cinco llamadas perdidas de Nikki.
167
Página
Treinta y seis
Nikki

n verdad no estoy segura de porqué tomé el autobús. Corro más que


esta distancia todos los días. Supongo que quería lucir madura y
profesional cuando llegara.
El autobús grande y viejo se detiene directamente frente al ayuntamiento
de Long Beach. La mitad del autobús se baja conmigo. Es justo antes de las
nueve y las personas están apresurándose al trabajo en la fila de edificios que
están alineados en la calle. Estoy de pie allí, mirando el edificio, intentando
decidir si debería entrar o no.
Mis piernas tiemblan, dudo siquiera poder caminar hasta la puerta.
Desearía que Zack hubiera respondido. Justo ahora, estoy pensando que
haberlo esperado hubiera sido una mejor idea, pero no estaba pensando
cuando respondí la llamada. A punto de entrar a la escuela, saqué mi celular
para apagarlo justo cuando sonó. Casi dejé caer el teléfono cuando la
trabajadora social me dijo que mis registros habían llegado y podría hacer
una cita para verlos.
—¿Cuándo es la siguiente cita?—pregunté.
—Tengo el martes veintiocho a las once —dos semanas, pensé. No
dormiría ese tiempo pensando que la respuesta esta tan cerca.
—¿No tiene una antes?
—Estamos completamente llenos. A menos que puedas llegar aquí en
media hora. Tuvimos una cancelación a las nueve esta mañana.
Entonces, aquí estoy. Posiblemente a punto de descubrir a mi hermana…
en nuestro cumpleaños. El día que he estado esperando ansiosamente por
meses, aun así sabiendo que esta tan cerca, estoy tentada a posponerlo. ¿Veré
mi vida del mismo modo cuando salga de aquí hoy?
Casi me doy la vuelta y corro dos veces antes de finalmente alcanzar la
puerta. Entro por la puerta giratoria de vidrio, casi olvidándome de salir
mientras gira dentro del vestíbulo del edificio. El gran atrio gris se parece al
168

de muchas oficinas de gobierno a las que he entrado a lo largo de los últimos


Página

dieciocho años. Unos pocos floreros de flores plásticas son la única decoración
para calentar el insípido ambiente industrial.
Parece una eternidad desde la última vez que me senté en las gastadas
sillas verdes dentro de las oficinas de gobierno de Texas esperando horas para
que mamá fuera llamada para solicitar nuevos vales de alimentos o recibos
de viviendas. Mamá siempre recibió asistencia pública para ayudar a criarme
por su débil salud, tanto mental como física. La vida era dura. Entiendo más
eso ahora que cuando lo viví. Pero supongo que ese siempre es el caso, es más
fácil mirar hacia atrás que ver lo que está frente a tus ojos.
Voy hacia el escritorio de recepción, pensando en cuánto ha cambiado
mi vida en los últimos nueve meses. Me siento culpable dándome cuenta que
mi vida ha cambiado para mejor. Si solo hubiera tenido una oportunidad así
cuando mamá aún estaba aquí.
La recepcionista está ocupada hablando por teléfono y nada interesada
en levantar la vista para mirarme cuando llego al escritorio. Sabe que estoy
aquí. Vi sus ojos subir lo suficiente como para verme e ignorarme igual de
rápido. Continúa su llamada telefónica por varios minutos, dejándome allí
contemplando dar la vuela e irme.
Los nervios me mantienen pegada en el lugar, soy incapaz de dar la
vuelta e irme, aun así estoy tan aterrorizada de quedarme. Finalmente, la
malhumorada recepcionista cuelga y mueve sus ojos hacia mí.
—¿Puedo ayudarte? —pregunta en tono que me dice que no ama el
trabajo exactamente.
—Tengo una cita —respondo con una voz que es apenas audible. El
miedo llegó.
—Tú y todos los demás, cariño. Mira alrededor. No eres la única. ¿En qué
departamento?
—Trabajo Social. Estoy aquí para mirar algunos registros —explico,
como si ella estuviera escuchando.
No lo está.
—Trabajo Social. Firma el libro y siéntate en el lugar con las sillas
naranjas. —Señala la esquina más alejada del atrio.
Volviéndome para seguir su dedo, encuentro que, mientras que hay
docenas de personas sentadas en las sillas verdes, las sillas naranjas están
vacías. Suerte, supongo. Voy hacia las pútridas sillas y me siento. Al menos
me siento en un color nuevo estos días.
Mirando alrededor de la habitación, las sillas verdes están mayormente
llenas de mujeres con niños pequeños. Los niños aburridos cuelgan de sus
madres o ruedan por el piso sobre sus lados. Debe ser el área para esperar
asistencia pública, un área que conozco muy bien. Mi corazón duele por lo
niños sentados allí, sus madres probablemente lo tienen difícil. De pronto, me
169

siento como de siete años otra vez.


Página

Antes que mi mente pueda volver a épocas más tristes, una mujer dice:
—Nicole. Nicole Fallon. —Casi me pierdo mi nombre porque nadie me
llama Nicole. Ni siquiera firmo como Nicole.
Mis piernas están débiles con miedo cuando me pongo de pie para
acercarme a la joven mujer diciendo mi nombre. Levanto mi mano para
indicar que estoy aquí, porque en este momento las palabras me fallan. Me
encuentra en el pasillo.
—Hola Nicole. Soy Valeria Hawkins. Hablamos por teléfono esta
mañana. —Miro la carpeta en su mano titulada Nicole Fallon. Mi corazón se
acelera, preguntándome si esa carpeta contiene el nombre de mi hermana.
—Sí, lo recuerdo. Gracias por verme señora Hawkins. Estoy algo nerviosa
—confío. Algo que estoy segura nota sin decírselo.
—Entiendo. Las personas normalmente lo están. Es normal. Vayamos a
mi oficina. —La señora Hawkins guía el camino por un estrecho pasillo. Las
paredes no son del frio color estéril del atrio sino de un feo y depresivo azul
de hospital. Ninguna foto decora la pared, las cuales están manchadas y
astilladas por tanta gente que se ha apoyado en ellas. La decoración coincide
con el humor de los ocupantes… tanto de los visitantes como de los empleados.
La señora Hawkins abre una puerta al final de pasillo con una placa
dorada que dice, Departamento de Trabajo Social Long Beach. La oficina está
repleta de cubículos llenos de trabajadores. Espero que ella tenga alguna
oficina privada en alguna parte, pero rápidamente descubro lo contrario
cuando me mete en un cubículo, no muy lejos de la puerta de entrada.
—Toma asiento Nicole. —Saca una silla, sosteniendo una pila de papeles
y mira alrededor por un lugar donde ponerlas, pero todas las superficies están
repletas de archivos. Colocando la pila en el suelo, se ubica en la silla vacía
junto al escritorio, así puedo sentarme enfrentándola.
—Es Nikki. Nunca nadie me ha llamado Nicole. A mi madre le gustaba
más Nikki. —Meto mis manos bajo mis muslos temblando. Mi cabeza está
ligera, la habitación gira un poco y es completamente posible que pudiera
estar enferma. Hago lo mejor para tranquilizarme cuando la señora Hawkins
abre el cajón de su escritorio y saca una segunda carpeta, la cual abre.
—Sólo necesito ver tu identificación, Nikki. —Levanta la mirada y sonríe
para asegurarse que la escuche decir Nikki, en lugar de Nicole. Es ya más
atenta que la Sra. Evans.
Inspecciona mi identificación, sonríe y levanta la mirada hacia mí
amigablemente.
—Feliz Cumpleaños. Dieciocho años es algo grande. Difícil imaginar que
fue hace diez años para mí. Disfrútalo. El tiempo pasa rápido. —Hojea el
archivo y luego dobla las manos en la parte superior—. Entonces, ¿qué tipo
170

de información esperabas encontrar hoy? —Va al grano, con amabilidad pero


Página

directamente.
—Realmente no sé nada sobre mi infancia en California. Crecí en Texas.
Sólo he regresado a California desde que mi madre murió. Vine a vivir con mi
tía que ni siquiera había sabido que existía antes de eso. —He dicho casi la
historia de mi vida entera a un extraño en cinco segundos.
—De acuerdo, bien tu archivo tiene tu registro de nacimiento del hospital.
Y también tiene algunos registros de las audiencias de la Corte sobre visitas
—explica la señora Hawkins.
¿Visitas? ¿Visitas con quién?
—No estoy segura de entender.
—Vamos a empezar con tu registro de nacimiento. ¿Estaría eso bien? —
pregunta ella, tratando de tomar las cosas más lento.
—Sí, creo que eso estaría bien. Gracias.
Desliza la más gruesa de las dos carpetas hacia mí en el escritorio.
—¿Quieres que lo revise contigo o preferirías tener unos minutos a solas
para revisarlo? —Estoy agradecida por la elección y le digo que me gustaría
tener unos minutos a solas.
—Voy a estar justo al otro lado de la habitación usando otro teléfono
para poner al corriente algunos mensajes. Déjame saber si me necesitas —
dice mientras se aleja, dejándome todavía sentada en mi manos.
Alcanzo la carpeta, mi inestable mano temblando. Mi nivel de ansiedad
aumenta cuando la abro. La página sujeta a la parte interior izquierda es una
forma de admisión hospitalaria. Bebé Niña B.
Paso lentamente a través de mi registro de nacimiento, descubriendo que
Bebé Niña B, yo, era una bebé sana. Tres días en el hospital y dan de alta a la
“Madre”.
Los registros son escasos. No estoy segura lo que esperaba, pero de
alguna manera pensé que descubriría más.
Recuerdo a la señora Hawkins diciendo que había también registros de
órdenes de la Corte. Deslizo la segunda carpeta a través del escritorio
esperando que algo sobre Bebé Niña A sea encontrado. La gran pila de papeles
está asegurada con una goma elástica. La primera página es una descolorida
de diecisiete años Orden judicial fechada tres días después de mi primer
cumpleaños. Un informe aparece debajo de la fecha:

Después de una audiencia y los testimonios presentados por ambas


partes, esta Corte sentencia que el Demandado está autorizado a visitar a su
pequeña hija, Nicole Fallon, en alternos domingos de 9 a 17 horas dentro del
límite de Long Beach.
Además se sentenció que el Demandado pague la manutención con la
171

cantidad de $ 880.00 por mes a la madre de la pequeña, Carla Fallon, a través


Página

de la Oficina de Recolección de Manutención.


Es un hecho reconocido que basado en el salario actual de $ 116,000.00
del Demandado, la presunta suma de manutención bajo la Ley de Normas
Federal de Manutención sería $ 1355.00 por mes. Sin embargo, una reducción
de la pensión está justificada debido al hecho de que el Demandado y su
esposa son los padres de dos anexos hijos menores. La Corte toma en mayor
consideración el hecho de que la custodia de la hija del Demandado, Emily
Bennett, nacida el 14 de febrero de 1996, tiene considerables gastos médicos
en la actualidad debido a complicaciones médicas después del nacimiento el
año pasado.
La Corte sugiere a las partes que ayuden a desarrollar una relación entre
estas actualmente separadas hermanas.

Así sentenciado:
17 de febrero 1997

Juez Robert Brown.

¿Emily Bennett? ¿Emily Bennett nació el 14 de febrero 1996? Tiene que


ser una cruel coincidencia. Tiene que haber otra Emily Bennett en Long Beach.
¿Y quién es el Demandado? ¿Pensé que mi padre estaba muerto? ¿La corte
ordena a las partes a trabajar en el desarrollo de una relación entre las dos
separadas hermanas?
De repente encuentro difícil respirar. El aire es denso y mis pulmones no
pueden inhalar suficiente oxígeno. Si me siento aquí otro minuto, estoy
convencida de que voy a desmayarme. Diviso a la señora Hawkins al teléfono,
pero sé que no puedo permitirme esperar otro momento. Retirando la página
del archivo, salgo corriendo, dirigiéndome desesperadamente a la entrada
principal.
Aire. Necesito aire.
Cuando mis pies finalmente alcanzan el concreto al frente, jadeo,
ingiriendo tanto oxígeno como puedo tomar. Me doblo, manos sobre mis
rodillas, inhalo profundamente y exhalo con fuerza, mis pulmones arden,
hambrientos después de estar necesitados. Levanto la vista hacia la calle. Hay
un autobús deteniéndose que podría tomar. Pero sé que no puedo
posiblemente entrar en otro espacio cerrado. Así, que corro.
Y corro.
Y corro.
Eventualmente caigo. Sin aliento y jadeando en el suelo, levanto la
mirada y me doy cuenta donde mis pies me han llevado. El Cementerio
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Roselawn Memorial. Allie me había dicho una vez que Zack se había
Página

encontrado aquí deprimido ante la tumba de Emily varias veces en las


semanas después de su muerte. Mi corazón se apretó en mi pecho cada vez
que tía Claire y yo lo pasamos, recordándome lo que él debía haber estado
atravesando.
Sentada tratando de recuperar el aliento me digo que no será lo que
pienso. No puede ser. Mi hermana está viva. Mi hermana no es la Emily de
Zack.
Cuando finalmente tengo suficiente aire para caminar, me calmo y
camino hacia la pequeña oficina de ladrillo construida justo al otro lado de la
puerta. Un viejo hombre de aspecto amable sentado en el escritorio leyendo
el periódico levanta la mirada cuando entro.
—¿Puedo ayudarle, señorita?
—Estoy tratando de encontrar a alguien. Una ubicación de una tumba,
quiero decir. Estoy aquí para visitar a una amiga que ha muerto. ¿Puede
decirme cómo encontrar el lugar? —pregunto, mi voz quebrándose más con
cada palabra.
—Puedo ayudarle. Deme el nombre y el año de la muerte y puedo buscar
en nuestro sistema —ofrece.
—Emily Bennett. Murió el año pasado. —Simplemente diciendo las
palabras en voz alta, lágrimas brotan en mis ojos.
Presiona algunas teclas en su ordenador.
—Lo tengo. J-117. Aquí hay un mapa del área. No está lejos. Puede
caminar si quiere. —Se levanta para señalar la dirección desde la puerta y
traza el mapa con su dedo para mí.

Cinco minutos más tarde, estoy de pie ante una fila de lápidas con una
marca “J”. Paso la J-1 y miro la larga fila dándome cuenta de que estoy sólo
treinta metros de distancia de la respuesta. Pequeñas gotas de lluvia
comienza a caer mientras tomo el primer paso en la fila J.
Las gotas se incrementan tanto en tamaño como en número mientras
hago mi camino pasando la J-51, 52... La lluvia lava las lágrimas que han
estado corriendo por mi cara desde que vi la primera lápida. Emily no puede
haber nacido en el Día de San Valentín. Por favor, Dios, que su cumpleaños
sea cualquier otro día.
En la distancia veo una figura colocando flores en una tumba mientras
la lluvia azota su silueta. De repente me detengo. Long Beach High Football
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decora en letras rojas la parte posterior de su sudadera gris, la sudadera que


Página

he usado muchas veces. Silenciosamente me deslizo por detrás de una gran


lápida y agacho mi cabeza ante mi regazo. No puedo ver a Zack ahora. No
quiero ver a nadie. Sólo quiero ver esa tumba.
Los minutos parecen horas, pero eventualmente se aleja, cabeza baja. La
caminata de pena. Me siento enferma.
Hago mi camino hasta el lugar donde había estado, la lluvia cubriendo
mi cuerpo y empañando mi visión mientras leo las lápidas que paso. Entonces
veo los lirios. Frescos, hermosos lirios. Dos ramilletes, cada uno colocado en
los floreros con base de estaca clavados a la húmeda tierra en los opuestos
extremos de la lápida. Dos visitantes estuvieron aquí hoy.
Me arrodillo en el recientemente suelo embarrado delante de la piedra
así la lluvia no afecta mi visión.

Emily Lynne Bennett


14/02/1996 - 27/03/2013
Amada hija de Michael y Lynne Bennett
Amada Hermana de Brent Jon Bennett
Nuestro Ángel ha sido llamado al cielo

Mi cuerpo se derrumba en el césped frente a su tumba. He perdido todo


a la vez. De nuevo.
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Página
Treinta y siete
Nikki

or qué estás aquí? —la voz de una mujer me asusta.


Levanto mi cabeza, quitándome de los ojos, el
cabello mojado pegado a mi rostro.
Es ella.
—¿Por qué estás aquí? —repite con más insistencia cuando no respondo.
¿Quién es ella?
—¿Por qué viniste aquí? —alza su voz severa.
—¿Quién eres? —Ignorando su pregunta, finalmente encuentro mi voz.
—Soy Lynne Bennett.
Con los ojos abiertos, mi cabeza gira rápidamente para leer la lápida de
nuevo. Me doy la vuelta para enfrentarla, me está mirando con la expresión
en blanco. Tengo tantas preguntas, aun así no sé qué decir.
—Te preguntaré de nuevo. ¿Por qué estás aquí?
—Emily era mi hermana.
—Emily no tenía una hermana. Tú y tu delirante madre no eran nada de
Emily.
—Pero…
La mujer me interrumpe.
—Mi esposo nunca amó a tu madre. Ella no era más que una joven
manipuladora.
—No entiendo.
—No perteneces aquí. No puedes tomar su lugar. Nunca te amará.
—¿Quién? ¿Quién no me amará?
—No puedes reemplazarla. No para mi esposo. No para Zack. Sólo debiste
haber seguido corriendo ese día.
—¿Zack? Zack ni siquiera sabe que soy la hermana de Emily.
La mujer se ríe como loca.
—Estás tan loca como lo estaba tu madre. ¿Realmente piensas que no
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sabe quién eres? Te está usando. Extraña a mi hija. Lo veo corriendo contigo,
Página

justo como solía hacerlo con mi hija. Estaba tan enamorado de ella, tan
desesperado por mantenerla con él que terminó con una copia barata. Tú no
le importas.
—Yo…
—Deberías regresar a tu parque de caravanas. Aquí no hay nada para ti.
La miro; no parpadea. Mis ropas están llenas de barro y gotean. Aun así,
esta mujer, de pie sosteniendo su paraguas, no tiene un cabello fuera de lugar
o una gota de agua sobre ella. Luzco como la basura que cree que soy.
—¡Vete! —Me sobresalto cuando grita. Su rostro en blanco y perfecto se
tuerce en desprecio—. ¡Vete! —Me arroja un gran ramo de lirios atado con una
cinta blanca. Me golpean en la cara y caen, dispersándose por toda la tumba
de Emily.
Me giro, dando una última mirada hacia la lápida de mi hermana, luego
corro, nunca mirando atrás.

Toco el timbre por tercera vez, pero nadie contesta. El auto de Zack no
está aquí. La cochera está vacía. Me siento enferma. Confundida. Enfadada.
Asustada. Perdida. Necesito escuchar a Zack decirme que ella estaba
mintiendo. No podía haber sabido que Emily era mi hermana.
Golpeo la puerta. Tal vez el timbre no está funcionando. Pero nadie
contesta. Me giro, deteniéndome ante la vista de la casa de Emily. La casa de
mi hermana.
Entonces de repente estoy tocando el timbre de la casa Bennett, aunque
ni siquiera recuerdo cruzar la calle.
Espero, pero nadie contesta.
Lo intento con el pomo de la puerta. Está cerrada.
Necesito entrar, aunque no estoy segura de por qué.
Lo intento con la puerta lateral, pero también está cerrada.
Sigo caminando; la puerta hacia el jardín trasero está abierta.
La puerta de atrás está cerrada, así que me muevo hacia la puerta
corrediza del patio hecha de vidrio.
Se abre.
Sólo doy un paso hacia dentro por la puerta. Ni siquiera estoy segura de
por qué estoy aquí.
La casa está tranquila. Doy unos cuantos pasos. Las fotos sobre la repisa
de la chimenea llaman mi atención. Hay una de una chica en traje de
animadora, sus piernas en un amplio split en el aire. Pelo rubio largo, grueso
y ondulado, piel perfectamente bronceada. Emily. Mi hermana. No nos
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parecemos. Ni siquiera tiene los ojos de nuestra madre.


Página

Deambulo por la casa, incierta de lo que estoy buscando, incluso de lo


que estoy haciendo aquí, hasta que lo encuentro escaleras arriba. La
habitación de Emily.
Parece que no ha sido tocado desde…
Hay ropa esparcida desordenadamente sobre la cama. Levanto uno de
los vestidos y lo sostengo contra mí. Tenemos la misma talla.
Echando un vistazo al cuarto, encuentro que la pared detrás de mí está
repleta de fotos. Hay cientos de ellas.
Todas inclinadas en diferentes direcciones con palabras cortadas de
revistas, añadidas al azar al collage.
Viva. Amor. LOL6. Prada. Familia. PLL7. Mis ojos se aferran a la palabra
más grande. Gruesas letras de molde rosas, todas mayúsculas. ZACK.
Estudio las imágenes.
Emily y sus amigos.
Emily y sus padres.
Emily y Zack.
Docenas y docenas de Emily y Zack.
Debe haber cientos de ellas.
En la escuela.
En bailes.
Zack en su uniforme de fútbol americano.
Emily en su traje de animadora.
Me siento enferma.
Una foto en particular llama mi atención. Son Zack y Emily de niños, no
podían tener más de ocho o nueve años. Con las caras sucias, pero ambos
sonriendo ampliamente, Zack está pedaleando una bicicleta amarillo
brillante, Emily está en el manillar.
Me da vueltas la cabeza.
Estudio sus caras. Parecen tan felices.
La pared de imágenes empieza a hacerse borrosa, las fotos mezclándose
entre sí. La habitación empieza a girar.
Necesito aire.
Un espejo demasiado grande está apoyado en una pared. Veo mi reflejo.
Lágrimas silenciosas bajan por mis mejillas, pero no las siento.
Necesito irme. Mis pies empiezan a moverse, pero una foto doblada en la
esquina atrae mi atención y me congelo. Zack y Emily, con sus brazos
envueltos alrededor del otro, sonríen ampliamente a la cámara. Pero eso no
es lo que ha detenido mi corazón. Es el faro delante del que están de pie.
No.
Arrancando la foto del marco, miro sus caras otra vez.
Están felices.
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Página

6
Laugh Out Loud: Acrónimo de risa, equivalente a: jajaja.
7
Pretty Little Liars: Serie de EU para adolescentes.
Enamorados.
Las palabras de la mujer aparecen en mis oídos.
—Estaba tan enamorado de ella, tan desesperado por mantenerla con él
que terminó con una copia barata. Tú no le importas.
Destruyo la imagen en pedazos.
No es suficiente.
Busco alrededor por algo más. Lo que sea. Agarro un zapato y lo lanzo
hacia el espejo, pero no se rompe. Así que encuentro algo más, una botella de
perfume. Y esta vez tomo impulso antes de lanzarla con mi mano temblorosa.
El fuerte sonido al romperse suena a través de la tranquila habitación. Cientos
de pequeñas piezas de vidrio caen al suelo. Me giro, con el agua todavía
goteando por todas partes de mi cuerpo, y lentamente salgo de la casa.
178
Página
Treinta y ocho
Nikki

e despierto con el sonido del zumbido del motor. La vibración


que llega desde debajo deja una constante sacudida que no
es lo suficientemente fuerte para impedir que me quede
dormida de nuevo, pero sí la perfecta cantidad para marearme. Mi cuello está
adolorido desde que me quede dormida apretujada en el estrecho asiento,
pero creo que no debería quejarme ya que el autobús está casi lleno y tenía
dos asientos para estirarme.
Me siento, mirando hacia fuera por la alta ventana de Plexiglás y observo
los kilómetros interminables de desierto pasar por un tiempo. Éste es árido e
inhóspito, como me siento yo. Sólo cuatro horas de las veinticuatro horas del
viaje han transcurrido. Seis más hasta que pasamos la frontera de Nuevo
México. La anciana que estaba sentada junto a mí en la estación de autobús
la noche anterior sonríe y me ofrece una botella de agua.
—Gracias. —La tomo, al no haber traído ninguno de mis propios
suministros. Realmente no es como si fuera un viaje planeado.
—¿A dónde te diriges? —me pregunta.
—A Texas.
—¿Vacaciones?
Lo pienso por un momento antes de responder.
—No. Me dirijo a casa. —Mi voz es sombría.
Ella asiente.
—Bueno, estoy de camino a Nuevo México. Mi hermana ha muerto.
—Siento oír eso.
—No es que realmente me gustase mucho ella, pero gracias de todos
modos—. Me sonríe amablemente—. Pareces triste, ¿está todo bien?
—Sí. Bueno, no en realidad. Pero lo estará cuando regrese a casa.
—El hogar es un lugar al cual quizás queremos o tememos volver —me
dice—. Me alegro que suene como un lugar que amas.
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—¿Es un lugar donde temes volver? —le pregunto por curiosidad.


Página

Basándome en lo que ya ha revelado sobre su hermana, definitivamente no


suena como un lugar que ella ama.
—Sí. He estado temiendo volver por treinta años.
—¿No has vuelto a casa en tanto tiempo?
—No. Volví una vez después de que me mudé. Solo que ya no lo sentí
como mi casa. Demasiados malos recuerdos.
Me sumerjo en los recuerdos de ayer, pensando en cómo un lugar que
con tanta rapidez había llegado a querer, un lugar que ahora lo sentía como
mi hogar, lo había sentido como una farsa en unas pocas horas. Le asiento,
tratando de ser educada, pero pasa el tiempo esperando que le hable. Ella
capta la indirecta y se queda dormida unos minutos después.
Ashley y yo nos escribimos para ayudarme a pasar el tiempo. Ella está
en clase, pero eso no la detiene de contestarme al instante. No estoy segura
de donde estaría ahora si no la tuviera a ella. En el momento que escuchó mi
voz ayer, ella sabía que no eran buenas noticias. No tenía ni idea de lo malas
que eran. La conmoción aún no ha desaparecido de mí. Estoy asustada, una
vez hecho, no seré capaz de respirar de nuevo.
Después de unas tres horas de retraso en la siguiente parada, mi último
bus finalmente se detiene. La ruta a recorrer es más corta que la última, y
estoy agradecida porque parece que conseguiré un asiento para mí sola otra
vez. No he hecho nada excepto sentarme todo el día, sin embargo estoy más
exhausta de lo que alguna vez he estado en mi vida.
Me quedo dormida unos minutos después de pasar la señal de
Bienvenidos a Nuevo México, mi mente repitiendo la mañana de ayer una y
otra vez en mi cabeza hasta que el recuerdo está finalmente terminado. Los
sueños lo retoman donde mi consciencia lo deja.
Tengo cuatro o quizás cinco años y el hombre viene a visitarme de nuevo.
Él viene cada pocas semanas. Sólo se queda una o dos horas pero siempre
pasamos un buen rato. Algunas veces me trae un helado, otras veces, como
hoy, vamos al parque. Él me empuja en el columpio muy alto. Realmente alto.
Mi mamá está demasiado asustada de que me deje salir disparada a través
del aire, ella piensa que soy muy pequeña. Pero no lo soy. Soy grande y Mike
no me trata como un bebé.
Después del parque vamos por unas hamburguesas. A un restaurante de
verdad, no del tipo donde llevas tu comida en una bandeja hasta la mesa por
ti mismo. El tipo donde alguien trae la bandeja por ti. Él me dice que ponga la
servilleta blanca sobre mi regazo y sonríe cuando lo hago.
—¿Cómo ha estado mamá últimamente? —pregunta. Él siempre hace ese
tipo de preguntas extrañas sobre mamá.
—Ella está bien. Ha estado cansada mucho más últimamente. Algunas
veces es difícil para ella salir de la cama. Pero puedo hacer tostadas para
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nosotras —le digo con orgullo.


Página

—¿Cocinas algo más?


—Claro. Cocino huevos, nuggets de pollo y espaguetis.
—¿Usas la parte superior de la estufa y lo de dentro?
—¿Quieres decir el horno?
Sonríe.
—Sí, me refiero al horno. ¿Dónde está mamá cuando estás cocinando?
—Algunas veces está en la cama. Le dije que ella está cansada mucho
más últimamente. El Doctor le dio algún medicamento nuevo. Se lo tengo que
llevar a las 8, 12, 4 y otra vez antes de irme a la cama.
—Así que también le dispensas la medicina a tu mamá.
—¿Dispensas? —arrugo mi nariz como si algo oliese mal.
—Quiero decir que se la das.
Oh. Entonces sí. Asiento. Siempre hace tantas preguntas. Pero él las
pregunta rápido, una después de otra, así que se siente más como si
estuviéramos jugando. Sonríe cuando le digo algo correcto.
Me gusta cuando sonríe. No lo hace mucho. Él y mamá pelean mucho
cuando viene a recogerme. Luego él está de mal humor. Ellos discuten más
cuando me lleva a casa también. No creo que a mamá le guste mucho. Pero
Mike quiere a mamá, se lo dice todo el tiempo antes de irse.
—¿Tienes algunos amigos, Nicole?
—En realidad no —le digo sintiéndome triste. No quiero decepcionarlo,
pero no hay mucho tiempo para los amigos con mamá estando enferma
últimamente.
—¿No sería genial tener una hermana?
Asiento con vigor. Me encantaría tener una hermana. Así podría jugar
todo el día y todavía mantenerme pendiente de mamá.
Mike está callado todo el trayecto de vuelta a casa. Estacionamos en la
entrada, me da un beso en la frente y saca una flor de la parte de atrás del
asiento como siempre hace. Un lirio morado. Corro a mi habitación tan pronto
como llego como siempre lo hago. Tiro a la basura el viejo lirio y pongo el
nuevo. La mantengo allí hasta la próxima vez que vuelva. Ésta se pone
totalmente marchita, pero siempre viene antes de que esté completamente
muerta.
Los oigo discutir un poco más. Mike grita algo sobre sus hijas. Suena
como que él realmente quiere pasar más tiempo con ellas. Espero que eso no
signifique que no volverá a visitarme. Él es amable conmigo y me lleva a
pasear. Mamá ya no sale más. La discusión se hace más fuerte y mamá le
grita que se vaya. Ella suena muy enfadada. Escucho con mi oreja presionada
contra la puerta hasta que la puerta se cierra con un golpe y el auto se retira
de la entrada.
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Luego voy a darle un vistazo a mamá, como siempre hago.


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—¿Mamá? ¿Qué estás haciendo?


Ella está arrojando las cosas dentro de una bolsa de basura
frenéticamente.
—Nos mudamos mañana —ella dice con esa mirada que veo en su cara
bastante últimamente.
De verdad que no quiero mudarme de nuevo, siento como que acabamos
de llegar. Me gusta este sitio. Hay incluso unos cuantos niños que viven cerca.
Tenía la esperanza de que tal vez pudiese incluso hacer algunos amigos.
Pero mamá se ve alterada. Odio verla de esa manera.
—Está bien mamá. —Camino hasta donde ella está sentada en el suelo,
metiendo cosas del fondo del cajón a la bolsa. Tomo la bolsa de sus manos—.
¿Recordaste tomar tu medicina a las cuatro? —le pregunto.
Ella niega.
—Vuelve a la cama. Te la traeré y después empacaré las cajas para
nosotras.
El autobús hace una repentina parada en seco. Mis ojos se abren
rápidamente. De repente tengo ganas de vomitar. Hecho a correr hacia la
parte de atrás del autobús y abro la puerta del baño. Vomito antes incluso de
tener una oportunidad de deslizar el pestillo de la puerta y cerrarla.
Los recuerdos vuelven a mí como una presa que ha estado reteniendo
una violenta inundación. Ésta se rompe, hundiéndome tan profundo que es
difícil respirar. Los recuerdos de Mike. Su imagen es tan nítida como el día que
por primera vez mis ojos se abren de par en par. Mike… el Doctor Michael
Bennett… el padre de Emily. Todas aquellas fotos familiares de él sobre la
pared de Emily. Él solía venir a visitarme. Me sacaba a jugar. Era pequeña,
pero lo recuerdo ahora. ¿Por qué no lo recordé antes? ¿Por qué no me dijo
alguna vez que él era mi padre?
Recuerdo el día que tiré a la basura el último lirio. Estaba marchita y
negra, los pétalos se cayeron de ésta cuando la toqué. ¿Por qué dejó de venir
a verme? ¿Qué hice mal?

Es imposible quedarme dormida durante el resto del viaje. Nueve horas


pasan, las cosas pasan por fuera de la ventana, pero es todo un borrón. Nada
importa. Todo esto es mucho más que una coincidencia.
Me acuerdo de la señora Bennett agarrando mi brazo ese día cuando salí
disparada de la casa de Zack. Ella me acusó de saber lo que estaba haciendo
allí. ¿Ella sabía quién era yo? ¿También sabía Zack quién era yo todo este
182

tiempo?
Página

Le doy muchas vueltas a lo desconocido cada minuto de cada hora del


viaje restante. Al final, la única cosa de la que estoy segura es que mi corazón
está roto.
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183
Treinta y nueve
Zack

lla nunca se presentó a la escuela, o nuestra cita. Al principio pensé


que quizás estaba asustada. Con miedo de seguir con lo que
habíamos planeado la noche anterior. Pero no contestó ni a mis
llamadas ni a mis mensajes de texto, por lo que finalmente fui a la casa de su
tía. Ella se veía molesta, pero dijo que Nikki había descubierto alguna
información acerca de su mamá esta mañana y que probablemente
necesitaba un poco de tiempo a solas.
Recuerdo haber necesitado tiempo lejos de todo y de todos después de la
muerte de Emily, queriendo tomarme un tiempo fuera del mundo. Así que
volví a casa. Estaba molesto porque no vino a buscarme a mí, la habría
ayudado. O incluso sólo sostenerla si eso era lo que necesitaba. No teníamos
que cumplir con nuestros planes.
Pero ahora que es de mañana y todavía no he oído hablar de ella y mi
preocupación se ha convertido en pánico. ¿Qué diablos está pasando? Así que
estoy de regreso a la casa de su tía a las seis de la mañana. Sólo quiero saber
si está en casa y a salvo. Ella ni siquiera tiene que hablar conmigo.
Toco el timbre dos veces pero nadie contesta. Tengo una sensación de
vacío en la boca del estómago y cada minuto que pasa sé que algo está
realmente mal. El auto de su tía está en el camino de entrada, así que sé que
está en casa. Espero unos minutos para darle su tiempo, tal vez necesite
vestirse y llegar a la puerta. Pero nadie viene. Mi corazón late tan fuerte por
la anticipación, siento como si pudiera salirse a través de mi pecho. Así que
comienzo a golpear la puerta. Con tanta fuerza que se empieza a aflojar de las
bisagras. Todavía no hay respuesta. Así que empiezo a gritar.
—¡Abran la puerta! ¡Abran la maldita puerta! —Dos vecinos salen antes
de que la puerta se abra.
El rostro de la tía Claire esta hinchado como si hubiera estado llorando
y hace un movimiento con su cabeza para que entre.
184

—¿Dónde está Nikki? —exijo, dirigiéndome por el pasillo hacia su


Página

habitación antes que tenga tiempo para responder. Trago saliva al


encontrarla vacía. Algo muy dentro de mí ya se lo esperaba.
—¿Dónde está? —grito. Los hombros de la tía Claire saltan por la ira en
mi voz y las lágrimas comienzan a fluir por sus mejillas. Me paso las manos
por mi cabello, tirando con fuerza.
»Lo siento. No era mi intención asustarla. Pero, ¿dónde está? ¿Ella está
bien? —Ira y pánico hacen un nudo en mi estómago y me dan la sensación
de que podría estar enfermo. Si algo le pasa a Nikki no sé lo que haría. Carajos,
amo a esa chica. Más que a cualquier otra cosa. Por favor, Dios, que ella esté
bien.
—Siéntate. Zack. Voy a hacer algo de café. Necesitamos hablar.

Una hora más tarde, mi mente aún está corriendo. No estoy seguro de
las emociones que siento. Estoy… entumecido; en estado de shock, sin lugar a
dudas.
—¿Por qué no se lo dijo usted misma?
—No lo sé. Me he estado haciendo la misma pregunta una y otra vez
durante las últimas veinticuatro horas. ¿Por qué se lo permití a una mujer que
ella no conoce en una fría oficina gubernamental? —Ella entierra el rostro en
sus manos—. Cuando ella se mudó, pensé que estaba frágil, no estaba segura
de que pudiera manejar algo más. Estaba tan cerca de su madre, que no
quería echarle a perder los recuerdos que estaba tratando de recordar en su
corazón con secretos.
—Nikki no es frágil —le dije con un tono defensivo.
—Ahora lo sé. Una vez que llegué a conocerla… realmente a conocerla…
me di cuenta de eso. Ella es la persona más fuerte que he conocido.
—¿Y por qué no se lo dijo entonces?
—Porque para ese entonces ella había encontrado un poco de felicidad
—hace una pausa—. Ella te encontró, Zack. Y tenía miedo de lo que esto le
haría a los dos si se lo hubiera dicho. Ustedes dos han atravesado tantas cosas.
—¿El Dr. Bennett sabe que Nikki estaba viviendo aquí? —Tantas
preguntas aleatorias giran en mi mente en este momento. No estoy seguro de
qué preguntar, pero de repente me acuerdo de la reacción de Nikki al verlo
por primera vez en mi patio. Ella lo reconoció, pero no estaba segura de quién
era él.
—Lo sabe ahora. Fui a hablar con él ayer por la noche cuando Nikki no
185

regresó a casa. Él está molesto. Es complicado. Él fue el médico de la madre


Página

de Nikki y ella era muy joven. Pero él la amaba. Él quería estar con ella y sus
niñas. Pero la enfermedad de mi hermana la volvió irracional. Ella ni siquiera
lo dejaba ayudar. Cuando dejó de tomarse sus medicamentos, realmente creía
que él iba a robarse a Nikki. Él hizo lo mejor que pudo con Nikki. Eso era todo
lo que ella le permitía hacer.
—¿Él estaba casado con la Sra. Bennett cuando él y la madre de Nikki
estaban juntos?
—Sí.
—¿La Sra. Bennett sabe que Emily tiene una hermana?
—Lo sabe. Ella odiaba a mi hermana. Me alegro de que nunca llegara a
conocer a Nikki, le habría llenado la cabeza con cosas viles acerca de mi
hermana —dice con remordimiento.
Son demasiadas cosas para digerir a la vez. Necesito despejar mi cabeza,
entender todo esto. Me levanto para irme.
—¿Está segura de que ella está a salvo en Texas?
Asiente.
—Su amiga Ashley prometió que ella se mantendría en contacto. No me
dijo mucho, sólo que está molesta. Pero al menos sé que está a salvo.
—¿Va a llamar a la policía?
—No hay mucho que ellos puedan hacer. Nikki ya tiene dieciocho años.
—¿Cuándo cumplió…? —recuerdo que no necesito preguntar cuando fue
su cumpleaños. Ya lo sé. Es el mismo que el de Emily.
Camino hacia la puerta y me giro con una última pregunta, incluso
sabiendo que ella no tiene la respuesta.
—¿Por qué ella no me busco?

Mamá abre la puerta antes de que pueda girar la llave.


—Zack, he tratado de llamarte.
—¿Qué pasa, mamá? —ella tiene esa cara de preocupación que he
llegado a temer.
—El Dr. Bennett está aquí.
—¿Aquí?
—Sí. Él quiere hablar contigo.
Entro a la cocina y encuentro al Dr. Bennett esperando. Parece ansioso.
Verlo me hace enojar.
—¿Qué quiere? —digo furioso.
—¡Zack! —Mamá se horroriza.
186

—Está bien, Jane. Zack está molesto y él tiene todo el derecho a estarlo.
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Mamá mira entre el Dr. Bennett y yo. Ninguno de los dos ofrece nada
más. Ella entiende la indirecta.
—Los voy a dejar a solas para que puedan hablar. —Se gira hacia mí—
Voy a estar arriba por si necesitas algo. —Asiento.
—Has hablado con Claire, por lo que veo.
—No debería haber tenido que hacerlo.
—Es complicado, Zack.
—¿Por qué los adultos piensan que todo es tan complicado? Te
aprovechaste de la madre de Nikki y mantuviste en la oscuridad a Nikki
acerca de tener una hermana. Una hermana gemela.
—No estoy orgulloso de lo que hice. Pero ame a la mamá de Nikki.
—¿Emily lo sabía?
—No.
—¿Por qué no se los dijo?
—Es compli… —el Dr. Bennett piensa mejor su respuesta cuando ve mi
cara―. No sólo debía pensar en las niñas, Zack. También tenía que considerar
a la Sra. Bennett y a la mamá de Nikki.
—¿Así que lo mantuvo en secreto por su esposa? Estoy seguro de que la
Sra. Bennett estaba muy preocupada por lo que pensarían las otras personas
—dije con desdén. No sólo por las acciones del Dr. Bennett, sino también por
las de la Sra. Bennett. Nunca me preocupe mucho por ella. Todas las
inseguridades y materialismo que pesaban sobre Emily fueron inculcados por
su madre.
El Dr. Bennett suspira. Él es inteligente. Sabe que no hay una respuesta
que me satisfaga.
—¿A que ha venido? —pregunto con impaciencia.
—¿Tengo que preguntarte si estuviste hoy en la habitación de Emily?
—¿Qué? No. —Hago una pausa—. No he estado en la habitación de Emily
desde que ella…
—Alguien estuvo en su habitación.
—¿De qué está hablando?
—Llegué a casa y encontré su espejo roto.
—Es posible que simplemente se haya caído. Esa cosa ni siquiera estaba
fija a la pared.
—La puerta del patio estaba abierta y una foto fue arrancada de los
fragmentos de vidrio.
—¿Cuál foto?
—Una tuya y de Emily. La que ella mantenía en su espejo.
187

Recorro las imágenes en mi cabeza. Ella tenía tantas fotos, no puedo


Página

recordar la que estaba en el espejo.


—¿Cómo era?
—Estaban en décimo grado en un viaje al Norte de la Puerta de Ángel.
Estaban de pie frente al faro.
He estado corriendo por horas.
Estoy perdido, aunque sé exactamente donde me encuentro.
Nubes grises cuelgan en el cielo imitando como me siento.
Agotado por la emoción, mis ojos punzan por las lágrimas que parecen
que nunca se agotan.
Miles de pensamientos pasan por mi cabeza mientras corro.
Trato de ahuyentarlos.
Pero entre más rápido corro más rápido vienen.
Así que trato más duro.
Cada paso que doy en el pavimento es más rápido que el anterior.
El escozor en mis pantorrillas sube a través de mis piernas, pero sigo
corriendo.
Cada vez más rápido.
Desesperado por ahuyentar mis pensamientos.
Mis manos comienzan a temblar.
Mi cuerpo comienza a temblar.
Eventualmente mis piernas ceden y caído al suelo.
Todo cambia de ir a la velocidad de la luz a ir en cámara lenta.
Mi cuerpo se estrella contra el pavimento.
El impulso de la caída abre la piel de mis rodillas, mis codos, mis brazos,
mi barbilla.
El dolor se siente bien.
Drena la energía de mi mente y finalmente, al menos por un momento,
dejo de pensar.
188
Página
Cuarenta
Nikki

o entiendo la fascinación. —Ashley se encoge de


hombros mientras nos instalamos a cincuenta
metros de altura, en la cima de la torre de agua
Brookside—. Además, esta cosa esta tan oxidada, siento como si pudiéramos
caernos en cualquier momento.
—Mira alrededor, ¿no es hermoso? —pregunto, mientras apunto al
campo desolado, quemado por el sol, mientras este comienza a ocultarse en
la distancia.
—¿Honestamente? Es algo escalofriante aquí arriba.
—¿Escalofriante? ¿Qué puede ser escalofriante?
—No lo sé. Solo se siente algo… —lucha para encontrar la palabra
adecuada—. Solitario.
Quizás Ashley solo está percibiendo mi ánimo. Porque exactamente así
es como me he sentido los últimos días. Sola. Incluso aunque Ashley ha estado
conmigo desde que volví a Texas, la tristeza y la soledad me consumen.
—¿Cómo puedes sentirte sola cuando tienes una gran compañía? —
Golpeo mi hombro con el suyo y sonrío por primera vez desde que hemos
vuelto. He estado deprimida y ambas los sabemos.
—Estas como la mierda —se burla, incluso aunque es verdad.
—Lo siento.
—No seas ridícula. Incluso aunque apestas como compañía, todavía
prefiero estar aquí arriba contigo que en el parque de caravanas mirando a
los engendros de mi madre.
—Wow gracias. Soy mejor que engendros. Eso me hace sentir asombrosa.
—No hay problema —sonríe.
Mi celular vibra en mi bolsillo. Él ha estado llamando desde que me fui,
pero no puedo contestarlo. Solo hará las cosas más difíciles.
189

—¿Alguna vez vas a responderle?


Página

—No.
—¿Por qué no?
—¿Por qué lo haría? Solo para escucharlo decir que nunca le importe…
que solo estaba usándome para remplazarla.
—Tu tía Claire parece pensar que él en verdad se preocupa por ti. Ha
estado en su casa una docena de veces intentando conseguir mi dirección.
—¿Por qué debería confiar en algo que diga la tía Claire? Ella lo sabía
todo. ¿Puedes, por favor, dejar de contestar el teléfono cuando llame?
—Bien —resopla.
—Además, la tía Claire no sabe la mitad de las cosas que Zack dijo. Si lo
hiciera, no creería que él sea tan genuino.
—¿Qué no sabe?
—La madre de Emily me dijo que él sabía. Ella no anduvo por las ramas.
Me dijo de lleno que él estaba usándome para remplazar a su hija. Lo conoce
desde pequeño. Nosotros solíamos correr juntos. El corría todo el tiempo con
Emily. Era su cosa. Él la llevó a los faros.
—Supongo. Pero ustedes eran gemelas, Nikki. ¿Es tan raro que a ambas
les guste correr e ir a los faros? —Ashley se encoge de hombros.
—Me mintió en la cara. Me dijo que solía pasar los faros todo el tiempo y
nunca siquiera los notó, hasta que me conoció. Había una foto de Emily y Zack
de pie frente a un faro en la habitación de Emily. Y cuando conocimos al Dr.
Bennett en el hospital, mintió otra vez. Me dijo que el doctor Bennett era un
amigo de la familia. ¿Por qué más mentiría?
—No lo sé. Pero algo parece extraño.
—¿Del lado de quién estas? Ni siquiera creí que Zack te gustara.
—Siempre estoy de tu lado. Me preocupaba que fuera a lastimarte.
—Luce como que tenías una buena razón para preocuparte.
Suspira.
—Está bien. No voy a ganar esta discusión. Así que voy a hacer lo que
me pediste. No tienes que decirlo dos veces. Es tan fácil ser la que está de
acuerdo con nuestra historia —sonríe.
—Gracias. Eso me hace sentir mejor —fuerzo una sonrisa—. ¿Sabes qué
más esta jodido?
—¿Hay más? —se burla.
—Mucho más hermana, y todavía estoy de duelo por Zack.
—En realidad, nunca tuviste a una hermana para perder.
—Nunca tuve a Zack para perderlo tampoco.
190
Página

Nos sentamos en un silencio cómodo hasta que está oscuro.


—¿Lista para irte, señora Kunas?
—No creo que puedas seguir llamándome con nombres de celebridades
si ya no vivo en California.
—¿Entonces vas a quedarte en Texas para siempre?
—Tú eres todo lo que tengo —digo con sarcasmo, a pesar de que es
verdad.
—Eso es bastante triste —Ashley sonríe y se levanta, ofreciéndome su
mano—. Vamos, bajemos de este lugar deprimente.
191
Página
Cuarenta y uno
Nikki

as mirado el teléfono sesenta y tres veces en la


última hora. —Ashley se deja caer en el sillón junto
a mí. Su tono me deja saber que tiene un poco menos
de paciencia sobre mi obsesiva revisión del teléfono que cuando llegué aquí.
—¿Has estado contando las veces que revisé mi teléfono? —Uso el
sarcasmo para pasar por alto el hecho de que en verdad estoy obsesionada
con revisar mi teléfono.
—Entonces, déjame entender esto. ¿Quieres que te llame así puedes no
responder el teléfono? Solo quiero meterme en tu cabeza y descifrar qué
demonios está pasando allí.
—No ha llamado ni una vez en los últimos días —digo desanimada.
Ashley es una gran amiga, pero nadie puede soportar el humor que he tenido
los últimos dos días.
—Quizás es porque no respondiste sus 987 llamadas los primeros dos
días que estuviste aquí. ¿Siquiera pensaste en eso? Quizás recibió el mensaje
y entendió que no querías hablar con él. ¿O sí quieres?
Ashley tiene buenas intenciones. Sé que no tiene sentido, pero no quiero
hablar con Zack y aun así, tampoco quiero que deje de llamar. En lugar de
explicar, cambio de tema.
—Voy a Kroger esta semana para ver si puedo recuperar mi viejo empleo.
—¿En verdad planeas dejar la escuela y conseguir un GED8? Fuiste la
mejor estudiante en Brookside antes de irte —me regaña. Parece que
cambiamos roles últimamente. No le ha tomado mucho tiempo ponerse
cómoda con su nuevo tono de charla maternal.
—Necesito ahorrar para mi propia casa, Ash. —He estado en Texas por
cuatro días y la mamá de Ashley ya ha mencionado varias veces cuan
192

apretado estaba el tráiler. Empeñando el anillo de zafiro que me dio mi tía


Página

8
GED: Desarrollo Educativo General.
pagué los pasajes de autobús, y aún me queda algo de dinero, pero
definitivamente no es suficiente para mudarme.
Creo que nunca superaré la culpa de vender el anillo que fue una vez de
mi abuela. Tengo algunos recuerdos de mamá sonriendo. El anillo me ha dado
visiones de mamá y la tía Claire jóvenes, riendo juntas mientras juegan a
vestirse, pretendiendo ser princesas.
Necesito aclarar mi cabeza.
—Voy a correr. ¿Quieres venir?
—¿Correr? —Me mira como si estuviera loca—. Si tuviera elección, ni
siquiera caminaría.

No le dije a Ashley que mi carrera iba a llevarme al cementerio, he estado


suficientemente deprimida los últimos días. Desde que volví a Texas, todo lo
que he querido hacer es ver a mamá. Solo desearía que no fuera una lápida
lo que iba a ver.
La única marca de mamá es una escritura en la piedra, tan diferente de
la piedra ornamentada que marca la tumba de mi hermana. Ha pasado
mucho desde la última vez que estuve aquí, la tierra que dejé atrás se ha
convertido en hierba. Su lugar luce como el de todos los demás aquí ahora.
Como que me hace sentir mal que nada la haga diferenciarse.
Me siento por un tiempo, pensando en cuanto ha cambiado mi vida desde
la última vez que estuve aquí. También estaba triste ese día.
—Te extraño, mamá —susurro—. Al menos Emily te tiene. —Una lágrima
corre por mi mejilla—. ¿Cómo llegué a ser la que fue dejada atrás?
193
Página
Cuarenta y dos
Zack

i culo está adormecido. —Keller se remueve en su


asiento en la parte delantera del Cargador.
—Coincide con tu cerebro entonces —replico
rápidamente.
—¿Cuánto tiempo más tenemos que hacer esto? —pregunta.
—Eres peor que un niño de cinco años.
Se encoge de hombros y comienza a entretenerse lanzando caramelos al
aire y tratando de atraparlos con su boca. Mi piso está cubierto con todos sus
fallos.
—Entonces, otra vez, ¿cuál es el nombre de la chica con la que nos
encontraremos?
¿En serio? Acabo de decirle su nombre, hace diez minutos.
—Ashley. Su nombre es Ashley.
—¿Es caliente?
—No tengo ni idea. Nunca la he conocido. Ya sabes todo esto, estúpido.
—Lo olvidé. ¿Cómo es su voz por lo menos?
—No lo sé. Está bien, supongo. —Me concentro en el camino sin fin
delante de mí. Hemos estado en la carretera durante dieciocho horas, sin
contar las seis horas que nos detuvimos en algún pulgoso motel para dormir
por un rato la noche anterior.
—Mejor que sea caliente ya que accedí a venir hasta aquí contigo —
advierte, lanzando un osito de goma púrpura al aire que lo golpea en la nariz
antes de rebotar hacia el suelo.
—Tú no accediste a venir. Porque yo no te invité.
—¿Estoy aquí, no?
—Porque apareciste en mi casa en el momento en que sabías que me iba
194

y gritaste viaje por carretera.


Página

—Sí, así que acepté venir.


—Lo que sea. —Niego con la cabeza. No tiene sentido tratar de explicarle
la diferencia a Keller. Estoy realmente agradecido de tener compañía. El viaje
ha sido largo y aburrido, mis ojos poniéndose pesados detrás del volante en
más de una ocasión.
Mi ritmo cardíaco se acelera cuando pasamos un cartel que dice
Bienvenido a Texas. No puedo esperar para verla.
Ha sido una tortura la última semana. Estaba escalando las paredes para
el momento en que Ashley finalmente me llamó ayer.
—¿Sabías que Emily era la hermana de Nikki? —preguntó en el
momento en que cogí el teléfono.
—¡No! —exclamé—. ¿Y quién diablos eres?
—Ashley. Soy...
—Sé quién eres.
—¿Lo haces?
—Sí. Nikki hablaba de ti todo el tiempo. ¿Estás con ella?
—Sí. Bueno, no en este preciso momento. Ella está corriendo. Otra vez.
—¿Está bien?
—No. Está hecha un charco.
—¿Un charco? —le pregunté, sin subestimar el término.
—Ya sabes. Llora a cada momento. No tengo mucho tiempo. Ella es como
mi sombra últimamente... Estoy segura de que volverá en unos minutos.
—¿Dónde están?
—Estamos en mi casa. Ella ha decidido que dejará la escuela y
comenzará una carrera en los supermercados Kroger ya que has dejado de
llamarla porque realmente amabas a su hermana. Ella piensa que estabas
tratando de reemplazar a Emily con la copia más cercana que podías
encontrar. ¿Lo haces?
Mi corazón se contrajo en mi pecho.
—Por supuesto que no. La amo, Ashley.
—Bueno, cuando dejaste de llamarla diecinueve veces al día, como que
supuso que no lo hacías. ¿Sabes lo que quiero decir?
—Su tía y mi madre me dijeron que le diera espacio. Dijeron que tenía
que procesarlo todo y que estaba empujándola demasiado rápido. —Maldita
sea, nunca escucharía a nadie otra vez. Mi instinto me había dicho que
estaban equivocadas, que necesitaba mantenerme detrás de ella. Había
pensado que darle espacio sólo la haría llenar las piezas faltantes con cosas
que no existían. No me había equivocado.
—Bueno, eso regresó para morderles el culo a su tía y a tu madre. Está
195

entre la depresión y el enojo. Es posible que desees estar preparado si vienes.


Ella probablemente vaya a descargarlo sobre ti —advierte Ashley.
Página

—Gracias, pero puedo manejarlo. Iré en la mañana —le dije a Ashley, sin
pensar en ello y sin esperar. Ya había terminado de seguir los estúpidos
consejos de todos los demás.
—Le dije que iríamos a esa deprimente torre de agua que le gusta tanto
mañana. Ella piensa que la sanará o alguna mierda estúpida como esa —dijo
Ashley bruscamente y entendí por qué a Nikki le gustaba tanto; directa. Sin
mucho filtro.
—¿Dónde está esa deprimente torre de agua? Iré allí directamente —le
dije, sin darle otra opción.
—Está en Brookside.
—Dame la dirección.
Todavía estoy sorprendido de que ella lo hiciera. Mis padres no estaban
exactamente felices de que me estuviera saltando la escuela y condujera un
cuarto de camino a través del país, pero en realidad no se opusieron
demasiado fuertemente. Mi conjetura es que sabían que iría sin importar con
qué amenazaran.

Llegamos justo a tiempo a la torre de agua, donde Ashley nos dijo que
las encontráramos.
Keller se baja del auto conmigo.
—Tú te quedas aquí —le digo—. Espera un poco para ver si su amiga
Ashley está con ella, la enviaré abajo contigo si lo está. De otro modo, coge el
auto y ve a encontrarnos un hotel para esta noche.
—¿Puedo conducir el Cargador? —Los ojos de Keller se iluminan como
un niño en la mañana de Navidad.
—Ten cuidado con ella. —Le lanzo las llaves.
—Lo tendré. —Él sonríe ampliamente. No hay manera de que no vaya a
acelerar a fondo en el minuto en que salga de la zona de estacionamiento,
pero me importa un bledo. Hay sólo una cosa en mi mente y eso es llegar a
Nikki.

No estoy ni siquiera sin aliento cuando llego a la parte superior de la


subida de cincuenta y tres escaleras. Todo mi cuerpo se alimenta con la
adrenalina; podría correr hacia el Monte Kilimanjaro si eso significara llegar
196

a ver a Nikki en la parte superior.


Página

Camino por la estrecha pasarela hacia el otro lado de la gran torre. No


es ninguna sorpresa que sean las dos únicas aquí. Ashley se para con el fin
de que su amiga mire hacia arriba para ver a dónde va en el mismo momento
en que veo a Nikki. Me quita el aire por completo.
Estoy enojado. Me siento aliviado. Estoy tan confuso y lleno de
emociones encontradas que no estoy seguro de si gritarle por irse o tomarla
y nunca dejarla ir. Lo único de lo que estoy absolutamente, positivamente
seguro en este momento es que amo jodidamente a esta chica. Con todo lo que
tengo. Ella está en mi corazón y mi alma. Nunca en mi vida he sentido algo
tan fuerte por lo que sea. Casi se siente como si toda mi vida hubiera sido una
serie de pruebas, sólo para poder obtener las respuestas mal y saber cuándo
finalmente llegara la correcta.
Ashley sonríe con cansancio, asiente y se desliza a mi lado sin decir una
palabra, yéndose rápidamente por las escaleras. Nikki y yo tenemos la mirada
el uno en el otro durante un largo momento. Veo un dolor y una tristeza en
sus ojos que casi me hace romperme justo en ese lugar.
Me acerco lentamente, doblando las rodillas, así estamos a la altura de
los ojos. Siento que mi corazón está completamente expuesto y ella puede
optar por tomarlo o romperlo en mil pedazos. En cuanto a ella, una cosa es
cierta: si se lo lleva, nunca voy a recuperarlo. Pero vale la pena el riesgo de
ponerlo todo allí.
—Hola —le digo en voz baja.
—Hola —susurra de regreso. Sus ojos azul verdoso parpadean con lo que
creo que es esperanza. Me muevo más cerca.
Ella mira hacia otro lado, incapaz de mantener la intensidad de mi
mirada. Suavemente, toco su mejilla y la fuerzo a mirarme de vuelta.
—No lo entiendo. —Hace una pausa—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Vine por ti.
—¿Por qué? —Ella duda, sus ojos saltando a los míos.
—¿Tienes que preguntarme por qué he venido por ti? ¿No sabes lo que
siento por ti?
—Pensé que lo sabía.
—Cómo me siento por ti no ha cambiado. Excepto tal vez que mis
sentimientos se han hecho más fuertes.
—¿En serio? ¿Siempre le mientes a la gente por la que sientes tan fuerte?
—No mentí.
—Me dijiste que apenas recordabas siquiera pasar por el faro. Que era
nuestro lugar especial. Vi la foto de tú y Emily en su espejo, Zack.
—Fue un viaje de estudios en el décimo grado. Fuimos en un viaje en
barco por el puerto. Ni siquiera recordaba que había un faro allí.
—¿Y el Dr. Bennett en el hospital? ¿Es sólo un amigo de la familia?
197

Dejé escapar un suspiro.


Página

—Lo siento. No tenía idea de que era tu padre. Lo juro. Tú acababas de


descubrir que no podrías investigar sobre tu hermana durante unos meses.
Estabas decepcionada. Trastornada. No quería que fuera peor. —Me
detengo—. Sé que es difícil, pero él es un amigo de la familia. Ha sido nuestro
vecino desde hace diez años.
—¿Pero por qué la señora Bennett me dijo que lo sabías si no lo hacías?
—Sé que ella te encontró en el cementerio y lo que te dijo. El Dr. Bennett
se enteró y me lo dijo. Está devastado porque te enteraras de esta manera. Ella
sólo quería que salieras de la ciudad. Estaba preocupada de que la gente
descubriera que su marido había tenido una aventura. Pero él no es como ella,
Nikki. De ningún modo. Amaba a tu madre y te ama a ti. Ella es una persona
amargada. Mi madre me dijo que el Dr. Bennett se mudó de la casa la noche
anterior. Supongo que trata de hacerle ver lo mala que fue.
Está asustada, lo veo en sus ojos. Se calientan cuando se encuentran con
los míos, pero ella se retira rápidamente.
—¿Quisieras que fuera Emily cuando estás conmigo, Zack?
Me estremezco. Oírla hacer esa pregunta me causa dolor físico.
—Nunca he deseado nada más que detener el tiempo cuando he estado
contigo.
Ella me mira con cansancio.
—No entiendo por qué este era nuestro camino, pero sé que el destino
nos unió —digo sin vacilar.
El rostro de Nikki se suaviza. Nuestros ojos se encuentran, pero
rápidamente se aparta de nuevo.
—Mírame. —Sus ojos saltan de vuelta a los míos—. Estoy enamorado de
ti. —Nuestras miradas finalmente se quedan bloqueadas la una en la otra.
Cepillo su pelo detrás de su oreja y trazo ambas mejillas con mis manos—.
Cuando no estás cerca, me siento solo en una habitación llena de gente. —Me
detengo—. Todo es mejor contigo. Soy mejor contigo.
Una lágrima rueda por su mejilla.
—No llores. —La limpio con mi pulgar.
Ella duda, pero sonríe un poco.
—Dios, extrañé esa sonrisa. —Miro hacia abajo a sus labios.
Ella sonríe un poco más ampliamente.
—Extrañe esos labios también. —Con todas sus sensuales curvas, es la
curva de su boca en una sonrisa la que me llega profundo.
198
Página
Cuarenta y tres
Nikki

u boca se estrella contra la mía, la intensidad y la crudeza del


beso sorprendiéndome al principio, pero rápidamente me derretí
en él. Estoy sin aliento para el momento que aleja su cabeza. Pero
caigo con fuerza, perdiendo todo a nuestro alrededor, cuando me besa otra
vez, esta vez muy suave. Nuestros ojos juntos, me mira mientras adora mi
boca con besos suaves como plumas, desde la esquina de mi boca todo el
camino y de vuelta. Luego me besa tan profundo, tan lleno de emoción que
roba mi corazón junto con mi respiración.
Nos quedamos así por un largo tiempo. Robando besos y sonrisa,
mientras la luz del día se transforma en oscuridad y la luna brilla sobre
nosotros.
—Casi lo olvido. —Zack alcanza su bolsillo y saca una caja—. Feliz Día
de San Valentín.
Un hermoso medallón de corazón antiguo. Lo abre para mí.
—Pensé que quizás podrías poner una foto de tu mamá en un lado y de
ti en el otro, así siempre estarán juntas. —Sonríe.
—Me encantaría eso. Gracias.
Hay una inscripción en la parte de atrás, pero está muy oscuro y no
puedo entender las palabras.
—No puedo leerlo —digo con voz suave—. ¿Qué dice?
Zack me mira. Veo su garganta trabajar para tragar antes que hable.
—Dice, El amor no necesita palabras. Me tuviste antes de que incluso
hablaras. —Hace una pausa, deslizando la cadena por mi cuello—. Ahora
tienes mis dos corazones.
Lágrimas caen por mis mejillas. Él las limpia.
—Puedes por favor no llorar. Aun así. Me mata ver lágrimas en tu
hermoso rostro.
Sonrío. Levanta el medallón de entre mis clavículas.
199

—Me gusta donde cae. —Sonríe diabólicamente mientras toca el corazón


Página

en la cadena donde cuelga.


—Tengo otro regalo.
—¿Otro más?
Alcanza su bolsillo y saca algo.
—Feliz Cumpleaños.
—¿Eso es…?
—Sí. —Sonríe—. Oh mi Dios. ¿Cómo supiste donde encontrarlo?
—Ashley mencionó que vendiste un anillo que tu tía te dio. Así que hice
a tu tía ir a todas las tiendas de empeño en el área para ayudarme a
encontrarlo.
Mi tía. Me siento mal por desaparecer de ella, incluso aunque ocultó
muchos secretos de mí.
—¿Cómo está la tía Claire? —pregunto.
—Preocupada por ti. Esta bastante destrozada por lo que descubriste y
por no ser ella quien te lo dijera.
—Ella podría habérmelo dicho.
—Lo sé. —Besa gentilmente mis labios—. Eso no significa que no te ama
y no ha estado preocupada. Necesita explicártelo, pero estaba intentando
protegerte.
El sol se ha ido, el viento del noreste sopla fuerte en la cima de la torre.
La brisa me hace temblar.
—Vamos. Salgamos de aquí. Llamé a Keller para que viniera por
nosotros.
—¿Keller?
—Sí. El decidió que yo lo invité a este viaje por carretera.
—¿Lo hiciste?
—No.
Nos reímos. Mientras bajamos los empinados escalones, Zack desliza un
pedazo de papel en mi mano cuando la toma. Hoy, no espero que se vaya para
leerlo. Me detengo y lo abro, sonriéndole. Te extrañé. Mirando profundo en sus
ojos, le digo:
—También te extrañé.
200
Página
Cuarenta y cuatro
Nikki

ack no estaba listo para dar la vuelta y conducir las veinte horas
de regreso a California y necesitábamos un poco de tiempo a solas.
Así que decidimos quedarnos en Texas unas noches más. Al final,
hablé con la tía Claire y decidí regresar a California para vivir con ella. Texas
ya no era mi casa, no importaba lo mucho que quisiera que lo fuera antes de
que Zack apareciera.
Así que mañana nos vamos. Curiosamente, Keller y Ash han congeniado
muy bien. Nunca hubiera imaginado que ellos dos se gustarían el uno al otro.
Pero hay algo más que amistad gestándose entre ellos. Ya estamos pensando
que ella vendrá a California este verano.
Eso nos lleva a esta noche. Zack alquila habitaciones para Ashley y Keller
para que podamos estar solos finalmente.
Estoy más preparada para estar con él de lo que nunca estuve y mi
corazón se llena de una embriagadora combinación de amor y lujuria
mientras camina hacia la cama desde el cuarto de baño. Está usando
calzoncillos boxer gris adheridos como una piel y puedo decir que está muy
listo.
—Me gustas en mi camiseta —dice con una sonrisa maliciosa, tratando
de alcanzar mi medallón. Se ha convertido en su nuevo juguete; parece que
tiene que tocarlo varias veces al día. Él ni siquiera finge que tenga algo que
ver con la joyería. Pasa sus nudillos arriba y abajo por mis pechos, el colgante
de medallón en la palma de su mano—. Pero me gustas aún más sin mi
camiseta. —Alcanza el borde de su camiseta y la levanta hacia arriba y sobre
mi cabeza.
La habitación está en silencio y puedo oír su aliento acelerarse cuando
me ve en mi sujetador de encaje rosa y bragas. Hemos llegado a esto antes.
Mucho. Incluso nos hemos visto el uno al otro completamente desnudos. Pero
esta noche es diferente y ambos lo sabemos. Todo está a punto de cambiar.
201

Él está en la orilla de la cama mirándome, tomándose su tiempo para


Página

pasar sus ojos arriba y abajo por mi cuerpo. El deseo que veo pone la piel de
mi cuerpo en gallina.
—Última oportunidad para cambiar de opinión —dice, buscando mis
ojos. Quiere estar seguro de que estoy lista. Amo eso de él. Siempre
anteponiendo mis necesidades.
Niego con la cabeza y me arrastro a él en el borde de la cama. Él me
desviste minuciosamente lento.
Estoy nerviosa, pero sé que le gusta cuando tomo la delantera a veces,
así que lo empujo hacia mí, cubriendo su boca con la mía, y ambos nos
perdemos en un beso que me hace feliz de no estar de pie. Deslizo hacia abajo
su ropa interior y gime cuando mi mano roza su dureza.
Se ubica a sí mismo por encima de mí, nuestras bocas entrelazadas en
un beso que se siente como si de terminar nos fuera a dañar físicamente. Él
se acerca a la mesita de luz y agarra el condón, apartándose brevemente para
ponérselo. Instintivamente, envuelvo mis piernas alrededor de él y tira la
cabeza hacia atrás. Está perfectamente posicionado sobre mí pero se queda
quieto.
Entrelaza nuestros dedos y levanta las manos por encima de mi cabeza.
—Sé que se sentirá increíble estar dentro de ti, pero eso es sólo un
agregado. Necesito estar dentro de ti así podremos estar aún más conectados.
—Quiero eso también —respondo en un susurro. Él me besa suavemente
mientras empuja hacia mí lentamente. Una explosión de dolor me hace
jadear, pero el dolor disminuye casi tan rápido como lo noto. Nuestras bocas
encuentran un ritmo que se sincroniza con el de la roca en sus caderas
mientras empuja suavemente dentro y fuera. Él va lento, avanzando un poco
cada vez hasta que está completamente dentro. Instalándose, me da tiempo
para adaptarme a la sensación de llenado, pero es increíblemente maravilloso
tenerlo dentro de mí.
Rompiendo nuestro intenso beso, retira su cabeza para ver cómo estoy
antes de seguir.
—¿Estás bien? —susurra.
Asiento.
—¿Segura?
—Lo estaré si empiezas a moverte un poco. —Sus cejas se arquean con
sorpresa y deja escapar una risa ronca. Pero la risa es rápidamente
reemplazada por algo más siniestro. Él entierra su cabeza en mi cuello y
pellizca y besa su camino de mi clavícula a mi oído. Su ritmo aumenta a
medida que los besos suaves se transforman en lamidas y sus líneas de
202

contacto se vuelven más contundentes.


Mi cuerpo coincide con su ritmo, empuje a empuje, juntos hacia adelante
Página

y hacia atrás, completa y totalmente conectados en todos los sentidos. Mente,


corazón, alma y ahora cuerpo. Es hermoso e impresionante y lo único que
lamento es no poder ver cada pulgada de nosotros mientras nos convertimos
en uno por primera vez.
Un pequeño gemido escapa de mis labios y eso eleva nuestras
necesidades aún más. Siento su cuerpo tenso sudar y sé que debe estar cerca.
Él tira la cabeza hacia atrás, su rostro lleno de tanta necesidad, pero de nuevo
se retiene para que llegue primero.
—Te amo, Nikki. —Su voz es cruda e intensa y cualquier duda que me
quedara se borra. Mis ojos se llenan de lágrimas de felicidad.
—También te amo.
Él gira un poco sus caderas y su cuerpo encuentra una nueva forma de
complacer al mío que ni siquiera creía posible. Mi respiración se atasca, mis
ojos ruedan hacia la parte de atrás de mi cabeza y estremecimientos pasan a
través de mí.
—Tan hermosa —susurra, sus ojos enfocados intensamente en
observarme dar lo que me queda a él. Bombea en mí un par de veces más; el
gemido que viene de lo profundo de su garganta es el sonido más sexy que he
oído nunca.
A pesar de que vamos más despacio, a nuestro ritmo, finalmente nos
detenemos, y él me da un beso con más pasión de la que nunca imaginé real.
Pasamos horas explorándonos, aprendiendo sobre el cuerpo del otro,
hasta que finalmente nos desmayamos debido al agotamiento. La última cosa
que recuerdo es sentir que estoy en casa otra vez. Siempre supe que un hogar
no era un lugar, sólo no sabía que podría encontrar a una persona que estaría
tan profundamente entretejida en mi vida.
203
Página
Epílogo
Nikki

e despierto por las quejas de Zack cuando se tropieza con


una caja. De nuevo. Sonrío en la oscuridad mientras trata
en vano de deslizarse silenciosamente a su clase temprano
por la mañana. En cambio, una cadena de maldiciones en voz baja llena la
habitación mientras cojea hacia la cama, murmurando algo acerca de un
dedo del pie roto. No dejo saber que estoy despierta cuando se inclina y besa
mi frente, deslizando algo debajo de mi almohada.
Espero hasta que escucho la puerta de entrada cerrarse, luego saco la
nota. No me ha dejado una por un tiempo. A pesar de que extraño recibirlas,
hace sus pequeñas estampillas mucho más especiales. La desdoblo. ¿Quieres
ser mi Valentín, cumpleañera? Como una colegiala de catorce años, la
sostengo contra mi pecho y apreciándola por lo que es. Una nota del chico
más guapo de la escuela, de quien tengo un flechazo tamaño mamut.
Ahora acabamos de empezar nuestro último año en la universidad.
Hace dos semanas, finalmente dimos el brinco y nos mudamos juntos. A
un pequeño apartamento cerca de campus, no es el Waldorf, pero me encanta
tanto como si se tratara de un penthouse de lujo. Es curioso, los tres últimos
años pasamos cuatro noches a la semana juntos, así que no pensé que se
sentiría tan diferente cuando realmente viviéramos juntos. Sin embargo, es
totalmente diferente. Y no tiene nada que ver con que Zack no tenga que
escabullirse antes que la tía Claire llegue a casa tampoco. Le dije que a la tía
Claire no le importaría, pero él insistió en hacerlo hasta el día que me mudé,
no quería restregarle en la cara que estábamos durmiendo juntos. Aunque no
hay manera de que ella no lo supiera.
204

Después que volví de Texas, la tía Claire y yo pasamos mucho tiempo


hablando. Sabía antes de conocerla que me ocultaba secretos, pero mi corazón
Página

todavía estaba herido de que ella no me dijo sobre Emily.


Me enteré de que se había quedado en Long Beach toda su vida a
mantener un ojo en mi hermana. Y se mantuvo al pendiente de mamá y de
mí, también. Al crecer, me acuerdo de que recibíamos esta grande entrega una
vez al mes, fruta fresca, verduras, yogur, me encantaba el día en que el
repartidor venía cada mes. Mamá nunca mencionó quién enviaba los
comestibles. Lloré durante una hora cuando la tía Claire me dijo que era ella.
Durante diecisiete años, ella nos amó, a mamá, Emily y a mí desde lejos, un
ángel de la guarda velando por nosotras. Ahora la tía Claire y yo nos tenemos
la una a la otra, y nuestros ángeles de la guarda son mamá y Emily.
No pasó mucho tiempo para perdonar a la tía Claire por no contarme
sobre mi padre y Emily.
Ella sólo estaba tratando de protegerme. Sólo tenía que ver las cosas con
claridad. En estos días, pienso en ella como una mejor amiga. Aunque nunca
se lo diría a Ashley, ella todavía le tiene un poco de rencor a la tía Claire por
las cosas que sucedieron hace tres años. Eso, y que Ash estaría devastada si
supiera que mi relación con la tía Claire rivalizaba con la nuestra.
Y luego está mi papá. Me mantuve lejos de él los primeros meses que
estuve de vuelta en California. Todo era demasiado para lidiar con ello. Pero
Zack finalmente me convenció de encontrarme con el Dr. Bennett para el
almuerzo un día. Nunca me olvidaré de entrar en el restaurante ese sábado
por la tarde. Lo vi sentado en la mesa y nuestros ojos se encontraron. Se puso
de pie y de repente tenía cinco años de nuevo y él era Mike. Si Zack no hubiera
estado de pie junto a mí, me habría caído al suelo cuando vi a mi papá romper
a llorar. Me entregó un sólo lirio morado antes de irme ese día.
Miro por encima de mi mesita de noche, encontrando un lirio morado
fresco. Él me traía uno cada semana desde ese almuerzo. De alguna manera
sé que siempre voy a tener uno. En los últimos dos años y medio, hemos
pasado mucho tiempo hablando de mamá. Él la amaba con todo su corazón,
realmente lo hizo. Pero es complicado...
Tanto ha cambiado en los últimos tres años. Miro alrededor de la
habitación. Está llena de cajas, pero he hecho progresos. Mis cajas de cartón
húmedas y mohosas han sido actualizadas. Ahora son cajas bonitas, sombras
de colores de rosa, cortesía de la tienda Box. Me gusta pensar que le dan al
apartamento un aspecto elegante envejecido, pero me atrevo a adivinar que
Zack tiene otras palabras escogidas para describir mi neurosis. Aunque nunca
se ha quejado ni una vez sobre ellas estando por todo el lugar.
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El viernes es día un largo para Zack. Ha estado en la escuela desde las


siete de la mañana y son casi las siete de la tarde ahora. Lo espero en
cualquier momento. Está generalmente aniquilado y adolorido después de
cuatro clases seguidas de horas y horas de práctica de fútbol agotador. Pero
algo me dice que va a tener un segundo aire cuando llegue a echar un vistazo
a su regalo del Día de San Valentín. Mi camisón rojo nuevo, una forma
ajustada de corsé hecho de cordón precioso con un lazo al frente de satén. Se
ajusta como una segunda piel. Lo cual es bueno, porque segunda piel coincide
con toda la piel que muestra cuando me doy la vuelta; la tanga a juego deja
poco a la imaginación.
Oyendo sus llaves en la puerta, la abro, sabiendo que sus manos estarán
llenas con todo su equipo. Suena ruidosamente en el suelo de madera cuando
él lo deja caer sin una palabra y viene directamente hacia mí.
Acostando la palma de mi mano en su pecho, lo detenerlo antes de que
se lance. Le entrego una nota plegada, la primera que alguna vez le he dado,
y levanto una ceja. Ninguno de los dos habla mientras desdobla la misma.
Siempre seré tu Valentín. Gracias por darme mucho más de lo que podía
haber imaginado.
Te amo.
Él me mira, mirando dentro de mi alma con sus ojos azules que me dicen
todo lo que necesito escuchar sin decir una palabra. Levantándome me acuna
suavemente en sus brazos. Tan diferente de la forma en que probablemente
había planeado tenerme hace unos momentos cuando abrí la puerta. Esta
noche es sobre el amor. Hay un tiempo para lo enloquecido y frenético,
demonios, me encanta de todas las maneras con Zack. Pero esta noche... esta
noche va a ser lento y dulce. Mi favorito.
Entra en la habitación conmigo en sus brazos y se detiene en seco,
absorbiendo todo lo que no está allí. Las cajas. Todas se han ido. Hasta la
última de ellas. Cuando sus ojos finalmente encuentran su camino hasta los
míos, digo las palabras que he estado esperando veintiún años para decir.
─Finalmente estoy en casa.
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Biografía del autor
Vi Keeland es neoyorkina de nacimiento con tres niños que ocupan la
mayor parte de su tiempo libre, de lo que ella se queja a menudo, pero que no
cambiaría por nada del mundo. Es un ratón de biblioteca y se sabe que lee su
kindle en la parada de semáforos, mientras peinan su cabello, limpiando,
caminando, durante eventos deportivos y con frecuencia mientras finge
trabajar. Ella es una aburrida abogada durante el día, y una excitante autora
de Best Sellers eróticos durante la noche.
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