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Entrevista

a
EM Ariza

Por Páez del Castillo




»… el humor lo utilizo para intentar conocer


mejor la vida y desdramatizar muchos temas
tenidos en nuestra sociedad por
fundamentales…»

Tras muchas dificultades, que en realidad fueron incentivando mi


curiosidad e interés, conseguí entrevistar a EM Ariza, el escritor actual más
leído en español en todo el mundo, que, con sus últimos cuatro relatos, ha
levantado un interés y expectación que hacía muchos años no se producía en el
campo de la literatura hispánica.
Este fenómeno literario comenzó con el relato corto “¡Por Dios, no te
cases!” el cual ha dado la vuelta al mundo y ha sido leído por varios millones
de personas, tanto en español como su traducción al inglés. Los nuevos relatos
publicados llevan el mismo camino de éxito en ambos idiomas. La original
forma de escribir, así como el humor con que trata temas trascendentes que a
todos nos interesan, parecen ser las razones de la atracción que este escritor
ejerce sobre los lectores.
Llevaba tiempo intentando entrevistarlo pero, como antes señalaba, no es
nada fácil. Freeditorial.com, a quien estoy muy agradecido, fue quien
finalmente lo gestionó y lo facilitó, aunque con algunas condiciones que puso
Ariza para la entrevista. Nada de fotografías ni de preguntas personales, pues
no desea perder intimidad. Son exigencias del escritor que, naturalmente, nos
vemos obligados a respetar.
En cualquier caso, es un placer haber conseguido entrevistar al hombre
más buscado de la literatura hispánica actual.
Lo primero que intenté era saber que piensa el escritor de sí mismo.

Páez del Castillo —¿Quién es Eduardo Maria Ariza?


EM Ariza —Ni idea. Lamento no poder serle más útil a este respecto; pero
la verdad es que no tengo ni idea.
P —¿Por qué es tan difícil de entrevistar?
A —Porque lo interesante de un escritor es lo que escribe directamente a
los lectores, no las cosas que pueda contestar a unos periodistas, donde,
además, corre el riesgo de que sean tergiversadas sus palabras por las
interpretaciones del propio periodista.
P —La mayor parte de los periodistas solo contamos la verdad de lo
que vemos y nos dicen.
A —Es usted muy optimista con respecto al juicio que le merece el mundo
del periodismo. Le confieso que no lo comparto del todo. Pero, en cualquier
caso, la Verdad no siempre es buena, ya que, frecuentemente, consigue que
todo lo demás parezca mentira.

»… Escribo para divertirme…»

P —Pasaré a otra cuestión ¿Cuál cree que es el secreto de su éxito?


A —¿Ve cómo entrevistar a un escritor no tiene gran utilidad? Pues esa
pregunta, como tantas otras, no puede tener respuesta de los autores. A quien
corresponde hacérsela es a los lectores, pues que un relato guste o no guste lo
deciden ellos libremente. En fin, en cualquier caso intuyo que algo tendrá que
ver el hecho de que escribo con absoluta libertad sobre lo que me divierte y
apetece. Es evidente que si yo me divierto mientras escribo el lector se divierte
mientras lee.
P —Es decir, escribe para divertir a los lectores.
A —Me parece que no lo ha entendido usted bien. Escribo para divertirme
yo.
P—Aunque entraremos más tarde en ello pero ¿es consciente de que
algunas de sus obras son altamente explosivas?
A —Ese es un término sometido a mucha subjetividad. Para mí no son
explosivas, son lógicas y humanas.
P —¿Le halaga el saberse el escritor más leído en español en todo el
mundo?
A —Por supuesto. Me halaga sobre todo durante los primeros quince
segundos, cuando alguien me lo recuerda. Usted lo acaba de hacer. Pero en
cuanto pasan esos quince segundos deja de afectar a mi ego. No obstante, por
supuesto que me alegra la noticia, pues el fin de todo escritor es que sus
escritos sean leídos, de la misma manera que el orador desea ser escuchado.
Mire, en cualquier caso, el mayor premio es lo bien que me lo paso
escribiendo.
P —Pasemos a otros temas sobre los que me gustaría conocer la
opinión de un escritor tan exitoso ¿Por qué cree que se lee tan poco en los
países hispanos? ¿Cree que ello es un signo del déficit cultural de nuestra
sociedad?
A —La incultura de un pueblo es solo una consecuencia de las acciones u
omisiones de algún culpable, y en este caso hay que buscar dicho culpable en
el demoledor fracaso de los sistemas de estudios que ponen en marcha
políticos y eruditos pretenciosos, que son quienes prescriben la literatura
obligatoria que deben leer los estudiantes. En realidad la elección que hacen es
tan funesta que consiguen expulsar a cada niño y joven adolescente del placer
de disfrutar un buen libro.
P —¿En concreto a quién se refiere?
A —A esos insignes talentos que deciden las lecturas de los chicos en los
colegios, con la que consiguen asesinarles todo deseo de seguir leyendo en el
futuro. El problema es que esos individuos no aprenden, cegados por una
vanidad estúpida, y, por tanto, nunca rectifican sus decisiones para mejorarlas.
P —¿Es que no es partidario de que los grandes autores, como
actualmente sucede en los sistemas de enseñanza de los países latinos, sean
lectura obligada en los estudios?
A —Yo no he dicho eso. Pero la cuestión consiste en ¿quién decide cuales
son los grandes autores? Porque ¿a cuáles se refiere? ¿A esos escritores que
para describir una simple habitación utilizan tres páginas aburriendo al lector
hasta el vómito? ¿O a aquellos otros que se dedican a cantar las excelencias de
una ideología política o religiosa concreta? La consecuencia de esto es obvia:
cuando obligan a los niños, y sobre todo a los jóvenes adolescentes, a leer ese
tipo de literatura no vuelven a tomar un libro en la vida.
P —¿Entonces, cree que no es bueno leer a los grandes clásicos en las
escuelas?
A —Por supuesto que no. En las escuelas hay que leer a May Alcott,
Verne, Becquer, Stevenson, Dumas… En definitiva, escritores que convierten
la lectura en un placer para los adolescentes y no en una flagelación que jamás
desearán repetir. Por cierto, estos autores que he nombrado también son
clásicos, pero como son muy leídos a los snobs no les parecen suficientemente
buenos. Para estos sólo son buenos aquellos que apenas tienen lectores. En fin,
son así de patéticos.
P —Pero entonces, por ejemplo el Quijote…
A —El Quijote es infumable para muchos lectores adultos, y casi siempre
para los jóvenes. Existe mucha hipocresía alrededor de esta novela. Es el libro
que todos dicen admirar, pero pocos han leído más allá de unas cuantas
páginas. Ha sido un best seller durante mucho tiempo, pero hoy ni su temática
ni su estilo literario encajan bien con la época.
P —¿Sabe qué van a decir de usted por esta afirmación?
A — ¿Prefiere que sea sincero, o que responda lo que pueda considerarse
correcto política y socialmente?
P —Evidentemente que sea sincero.
A —Era una pregunta retórica. Lo pensaba ser de todas formas, pues sino
usted y yo estaríamos perdiendo el tiempo, y, lo que es peor, también los
lectores. Pero, continuando con el tema, igual que con el Quijote pasa con
otras muchas obras con las que los snobs, que suelen ser escritores fracasados
y por tanto frustrados, intentan demostrar su superioridad intelectual sobre el
pueblo imponiéndoles sus gustos literarios, normalmente con la complicidad
de políticos semianalfabetos. Aunque, después, se puede observar que los
lectores, que a pesar de ellos aún siguen interesados en la lectura, pasan
totalmente de sus opiniones pues mientras más critican un libro más éxito
tiene. Vea, por ejemplo, lo que pasó con El Código da Vinci o las 50 Sombras
de Grey. Ambas obras los expertos las pusieron a bajar de un burro y en
cambio al público les encantó.

»…leer es un acto íntimo de creación, igual


que escribir».

P —¿A usted le gustaron?


A —Ni siquiera las he leído. Pero a muchos lectores sí le gustaron. Pues
estupendo. ¿Quién soy yo para decirles lo que ha de gustarles? Lo importante
es que la gente empiece a descubrir, comenzando por los libros que sean, la
apasionante aventura que puede significar leer. Mire, en una película la
imaginación del espectador no participa. El papel de dicho espectador es
absolutamente pasivo, pues las imágenes creadas por el director cuentan la
historia y traza el perfil de los protagonistas tal como él lo entiende. En
definitiva, en un film hay un solo creador: el director. En cambio, en un libro
el escritor es solo una parte del acto de creación, pues la otra parte es el propio
lector que imaginará los personajes y circunstancias de acuerdo a su propia
imaginación, al no estar condicionada su mente por las imágenes. En realidad,
leer es un acto íntimo de creación, igual que escribir. Y es tan así, que dos
lectores leerán siempre un libro distinto aunque se trate de la misma obra.
P —Cambiemos de tema. ¿Qué estilo literario le gusta a usted?
A —Cualquiera que sirva para una comunicación interesante entre las
personas. Mire, los estilos literarios cambian con los tiempos, como sucedió
con la música. Hace años las composiciones musicales solían tener una larga
duración. A mediados del siglo pasado, con la aparición del rock, las
canciones comenzaron a durar apenas unos minutos, adaptándose con ello a
los nuevos tiempos. Se adecuó la música brillantemente a unos tiempos más
rápidos, los cuales no permitían a las personas largas y lentas veladas para oír
un concierto. La literatura se tendrá que adaptar también a estos tiempos
potenciando relatos más cortos, pero no por ello perdiendo intensidad y
capacidad para emocionar. Actualmente mucha gente lee en los metros y
desplazamientos al trabajo, lo que no les permite concentrarse en libros
demasiado extensos. Las editoriales tendrán que acomodarse a esta nueva
realidad o perderán a los lectores.
P —Hablemos de sus gustos ¿Cuáles son sus escritores favoritos?
A —Muchos. Por ejemplo Wodehouse, Blasco Ibáñez, Clavell, Saltero…
P —¿Y sus libros favoritos?
A —Multitud de obras de muy variadas clases. Pero, al hilo de lo que
hablamos antes sobre lo poco que se lee en el mundo hispánico, permítame
poner un ejemplo de dos magníficas obras en español, poco reconocidas, que
serían esplendidas para lo que comentábamos antes de crear hábitos de lectura
en la gente joven. Me estoy refiriendo a dos relatos de Pérez Reverte: El Húsar
y La Sombra del Águila. Me parecen dos pequeñas joyas de la literatura
moderna. Con obras así deberían comenzar los estudiantes adolescentes sus
prácticas lectoras, verá cómo se entusiasmaban. Cosa que, obviamente, no
consiguen con los libros que les están obligando a leer.
P —Ha mencionado usted entre sus escritores favoritos a Wodehouse.
Dicen los críticos que su narrativa tiene una cierta semejanza de estilo al
de este escritor británico.
A — ¡Ojala, porque es un maestro! En cualquier caso es un escritor que me
encanta, por tanto es lógico que haya influido en mí. Aunque, entre otras, hay
una notable diferencia en las temáticas, pues él crea arte y diversión sobre
temas banales, y yo el humor lo utilizo para intentar conocer mejor la vida y
desdramatizar muchos temas tenidos en nuestra sociedad por fundamentales.
P —Pues si le parece vamos a ver a qué llama usted desdramatizar. En
su relato, del que no sé si quedará alguien en el mundo que no haya leído,
“¡Por Dios, no te cases!” ironiza sobre el matrimonio. En “¿De verdad es
un placer tener hijos?” sobre la maternidad. En “Los extraterrestres
somos personas honradas” sobre la ciencia y la inteligencia del Hombre, y
en “La dicha incierta del amor” se burla del enamoramiento.
A —¿Sabe lo que pasa? que nos solemos tomar demasiado en serio
principios y verdades muy discutibles, los cuales no nos producen mayor nivel
de felicidad. Así que, en realidad, lo que hago es señalar directamente esos
principios que consideramos importantes e inamovibles en la vida de las
personas, los cuales permanecen en el tiempo por costumbre a pesar de ser en
muchas ocasiones fuentes de infelicidad. Esas verdades y principios, al
situarlos bajo la luz del microscopio de la razón y el humor, se ven lo ridículos
que son.
P —Continuando con la referencia a relatos explosivos, me han
comentado que existe uno suyo muy especial, que se titula “¡Lo que
cambian los Tiempos!” en el cual expone dudas religiosas de alto calado.
¿No se ha publicado porque la Editorial lo ha censurado?
A —Espero que no sea así. De hecho, dos de las razones básicas por la que
escogí a Freeditorial.com para publicar mis trabajos fueron su fulminante
capacidad para llegar a todos los rincones del mundo, y su respeto absoluto
por la libertad de los escritores. Respondiendo a lo que pregunta, creo que se
publicará dentro de unos meses con un compendio de relatos míos.
P —Hablemos de los dos personajes que ha creado como protagonistas
de estos relatos. ¿Quién es Zoilo, y quién es el personaje que utiliza como
narrador y protagonista en primera persona en sus relatos; del cual, por
cierto, nunca nos dice el nombre?
A —Son dos caras de una misma moneda. Zoilo aporta el cerebro y la
lógica de la razón; y el personaje narrador, llámelo X, la intuición y una
ingenua curiosidad por la vida.
P —Por último, no quiero dejar de preguntarle con qué nuevos relatos
de Zoilo, y del personaje que llamaremos X, va a divertirnos y
sorprendernos próximamente. Y, por otro lado, ¿tiene pensado escribir
algo con otro estilo o personajes diferentes?
A —Ni idea, con respecto a la primera pregunta. Y ni idea, con respecto a
la segunda.

Páez del Castillo


Marzo 2017


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