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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 40

A Y A X - L A S T R A Q U I N I I I S - A N T ~ G O N A - E DREY
IPO
ELECTRA - FILOCTETES - EDIPO EN C O L O N O

I N T R O O U C C I ~ NDE

josÉ S. LASljO DE LA VEGA

TRADUCCION Y NOTAS DE

ASSELA ALAMILLO

EDITORIAL GREDOS
Asesor para la sección latina: CARLOS
GARC~A
GUAL.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido


revisada por CARLOS GARC~A GUAL.

INTRODUCCION GENERAL

EDITORIAL CREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 8 1, Madrid. 1992. Vida

Nace en el seno de una familia pudiente. Rico por


PRIMERA EDICIÓN, 1981.
su casa, se cría en los «encantos de la burguesía»: una
1 . a reimpresión, 1986.
educación esmerada, el trato consiguiente con gentes
2 . " reimpresión, 1992.
aupadas. Su padre, Sófilo, era un industrial armero, ac-
tividad muy alejada de la literatura desinteresada y
más lucrativa que ella ('Fabricante de armas fue tam-
bién el padre de Demóstenes). En Sófocles, como quien
era y de quien venía, el respeto a la tradición heredada
de los mayores se compenetra espontáneamente con el
espíritu de progreso, lo vigorosamente innovador con
lo tradicional que, al aceptar, renovaba, transmitiéndo-
lo igual y distinto a los que vinieron tras él. No fue un
espíritu estacionario, de los que se quedan en el pasa-
do; pero sí de los que renuncian al salto a partir de la
nada. Cuando joven, no rios lo imaginamos ni en el gre-
mio de los dóciles ni en el de los disfrazados de rebel-
des, dóciles con el signo menos, que se creen indepen-
dientes porque son indiisciplinados. Si su obra tuvo
Depósito Legal: M. 16233-1992 tanta fuerza entre sus contemporáneos y eficacia tanta
ISBN 84-249-0099-5. en lo porvenir, fue porque se apoyaba profundamente
en la historia, en la raza y en el pueblo de cuyas en-
Impreso en España. Printed in Spain. trañas salía, y ese amor intenso le llevaba a una visión
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1992. - 6506. de Atenas como empresa creadora de futuro.
8 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 9

Disfrutó largo curso mortal. El siglo tenía tres o sabio contraste. Al severo Esquilo se contrapone el jo-
cuatro años cuando él nació: había nacido en el 497/6, vial Sófocles, seguramente. Pero hay algo más. Lo que
año arriba, año abajo, y murió en el 40615. Su vida se fue positivamente para quien la vivió, aquella aventura
extiende por casi todo el siglo opulento y glorioso, el decisiva para el destino de Grecia, es cosa que acompa-
Cuatrocientos griego: vivió los años cima de la grande- ñ6 al asoldado de Maratów, Esquilo, toda su vida. En
za de Atenas y también, el comienzo de su inevitable cambio, para Eurípides, hijo del 480, aquello remonta-
ocaso, cuando le llegaba la hora de la ruina; pero tuvo ba a una época anterior a su propia vida, era un pasado
la suerte de no presenciar el choque brutal de la de- que encontraba solamente bajo especie de recuerdo de
rrota '. otros. Para Esquilo, un ejemplo, inmediato, de expe-
Hay días, hay horas en los anales del mundo que riencia. Para Eurípides, uiii pasado que ya está pasado.
valen por siglos. Uno de ellos fue cuando una suerte di- Para Sófocles era un recilerdo infantil, pero propio y
vina favoreció a los griegos y éstos hicieron comer tie- que le acompañó en su juventud, a1 entrar en la nueva
rra a la grey persa. En la Vida anónima de Sófocles época que bautizamos con el nombre de Pericles. (Será
(datable en el siglo I a. C.) encontramos un sincro- ligereza contemplar, en el sincronismo de marras, el
nismo ingenioso en torno al año (480) de la victoria na- símbolo del modo de pensar de un poeta que se sentía
val de Salamina. Esquilo participó como combatiente muy de su tiempo, pero también muy dentro de la tra-
y un hermano suyo (asido al espolón de nave enemiga) dición heredada, del poeta que si, una vez, ha llamado
prestó el cruento sacrificio de su vida. Desnudo a la al hombre «lo más terrible» (Antígona 332-375), esto
\
usanza griega y tocando la lira, Sófocles, jovencito de es, campo de batallas donde alternan maravillas y ho-
diecisiete años, condujo el coro pueril que entonaba el rrores, otra, ha considerado a los hombres, diminutos,
peán celebrativo. Ese año, Eurípides saludó al mundo iguales a «nada, (Edipo Rey 1186-1188), la palabra más
con el primer berrido. En torno a esa fecha coinciden- horrible que puede pronunciar una boca viva? Son dos
te se centra el triángulo de la tragedia ateniense, con ejemplos, tomados entre otros.
sus tres vértices, adulto, adolescente y naciente: si non Su relieve en Atenas no fue sólo literario. No se li-
e vero... So capa de ingenuidad, la combinación pura- mitó a participar, como ciudadano raso, en los actos
mente conjetural de la biografía antigua esconde un civiles, sino que condujo una vida política activa en
cargos útiles a la república 3 . A su espíritu clarividente
1 Más pormenores biográficos en W. S ~ DGeschichte , der no se le ocultaría la dirección que tomaba la vida po-
griechischen Literatur, 1, 2, Munich, 1934, págs. 309-325; G. PERROT- lítica en Atenas bajo la agencia de Pericles y luego de
TA, Sofocle, Mesina, 1935 (reimpr. Roma, 1963), págs. 1-58; T. B. L. que el Areópago perdiera su influencia en el 462. El
WEBSTER,An Introduction to Sophocles, Oxford, 1936 (reirnpr. Lon- caso es que Pericles (a quien sus contiguos aplicaban
dres, 1969, con aaddendaw), págs. 1-17.
el cognomento de «el olímpico^) fue su «jefe político^
2 El texto griego de Sophokléous gdnos kai bíos suele prece-
der a todas las ediciones griegas de Sófocles (salvo la de DAWE,
que tiene también esta originalidad). La traducción de P. 3 Cf. V . EHRENBERG, Sophiokles und Perikles, Munich, 1956,
la editó, con algunas notas propias, A. DAIN, *La Vie de Sopho- páginas 144-173. Una actitud hipercrítica adopta H. C. AVERY,ase
c l e ~ Lettres
, d'Humanitd XVII (1958), 3-6. phocles' political careerm, Historia XXII (1973), 509-514.
10 TRAGEDIAS

y cuando aquél tronaba sobre Atenas, desempeñó S ó f e decir al hijo del tirano «una ciudad que perte'nece a
cles altas magistraturas: en el 44312, en un momento uno solo, no es una ciudad» (v. 737), el que le atrajo la
particularmente delicado, administró la hacienda de la simpatía de muchos espíritus francos y graves y le abrió
Liga ateniense, o sea, el tesoro de Atenas y el de una un crédito liberal en cuanto a cumplir con perfecta
cuantía de repúblicas; en el 441-439, en la Guerra Sa- honestidad las obligaciones de su cargo.
mia, fue estratego juntamente con Pericles y, por cier- En correspondencia ferviente al amor de sus convilla-
to, vencida la flota ateniense, que teóricamente capita- nos, amó Sófocles a su ciudad. Como «el más amante
neaba el general-poeta, por la que mandaba Meliso, un de Atenas», lo pondera el biógrafo y señala (Vita 10)
general-fildsofo, y eleata por más señas; en el 428 pue- que, por no abandonar físicamente Atenas, rechazó las
de que fuera otra vez estratego en el conflicto armado invitaciones de príncipes poderosos. Términos obliga-
con los Anaítas; y, según alguno 4, también con Nicias, dos de comparación son Esquilo y Eurípides, rindiendo
en el 42312. Después del 421 (aquél fue el año de la Paz el viaje de la corte siracusana de Hierón y macedónica
de Nicias), Sófocles no parece haber tenido cargos po- de Arquelao, respectivamente. En otro sentido, en cuan-
líticos; pero, consecutivamente al desastre de Sicilia, to mínimamente extranjerizado, lo es Sócrates, el gran
ha pertenecido, en el 413-411, al supremo Consejo de urbano; pero éste no se llevaba bien con todos sus
los Diez Probulos (Aristóteles, Ret. 111 18, 1419 a 26). conciudadanos, por tanto moscardearlos. (Es de adver-
Lo dice, y lo dice casi bien, el biógrafo de la Vida tir que el círculo socrático ha simpatizado particular-
anónima, cuando asegura que Sófocles como político no mente con la tragedia sof'oclea j . )
era gran cosa, pero sí «un buen ateniense». Por modes- Esa armonía entre la -tradición y la novedad (y no
ta, sin embargo, que haya sido la influencia de Sófocles necesariamente un cambio de su modo de sentir, con-
como hombre público, si su pueblo, el alto y el bajo, le forme iba empujando el volumen de su vida) explica
confió sus soldados y sus dineros en horas agudas, fue algún aparente contradicho biográfico. Como amigo de
porque confiaba en su crédito moral para cumplir la Pericles, nuestro poeta debió de conocer y tratar, en el
encomienda. En su elección como estratego en el 441 círculo pericleo, a una nueva generación ateniense, en
influyó, según el biógrafo, el éxito de Antígona. Una filosofía y literatura, que hacía alarde de gran tibieza
crítica positivista se apresura a afirmar que aquí trope- en materia de religión. De ese lado soplaban las co-
zamos con el típico error post hoc, ergo propter hoc. rrientes ( a veces, esas corrientes son un vendaval). No
Tal vez. Se comprende perfectamente que no se trataba olvidemos el caso Anaxágoras que, de no ponerse en
de premiar con el generalato al buen dramaturgo: la cobro oportunamente, aciaso hubiera sido expilado y
historia ofrece pocos casos de tan hermoso prodigio. quemado (quiero decir, suprimido) por ateo. Pero a
Pero acaso, y con toda seguridad, fue el buen sentido ese mismo Sófocles, amigo de Pericles, lo conocía su
político (política, en la acepción moral de la palabra) pueblo con el bienaventurado vocablo de theosebésta-
evidenciado en esa pieza por un dramaturgo que hace tos, como el hombre más piadoso del mundo, desde
que, en el 420, acogió en su propia casa la estatua del
4 H . D. WESTLAKE,
~Sophoclesand Nicias as colleaguess, Her-
mes LXXXIV (1956), 110-116. Cf. JENOFONTE,Memorables 1 4, 3.
12 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 13

dios Asclepio, traída de Epidauro, y le dedicó un altar que, como es natural, consideraría su propia obra alta
y un himno, ejerciendo el oficio de preste de los héroes como la luna, tan ladrada de perros, vivía amargado.
Halón y Amino. Es poco decir que el sacerdocio era allí La «felicidad» de Sófocles era proverbial en Atenas y,
«acto político». La verdad es que ideas muy arraigadas asimismo, su buen carácter (Aristófanes, Las ranas 82).
en lo religioso (como «mancha», ((purificar*, «sanar*) En sus tratos diarios de sociedad tenía un encanto hu-
tienen particular importancia en la obra conservada mano particular. Un botón de muestra: cuando murió
de Sófocles % Otra anécdota: un día fue robada una co- Eurípides (más joven que Sófocles, pero a quien éste
rona de oro de la Acrópolis, Heracles le reveló al poeta sobrevivió unos meses), tuvo Sófocles el bello gesto de
el lugar donde estaba escondida y Sófocles, con el pre- presentar en el teatro a su propio Coro enlutado y sin
mio conseguido, edificó un santuario al héroe Denun- corona, en duelo por su rival, cuya muerte estaba re-
ciador (una especie de San Antonio, buen auxiliador en ciente. En la vejez se dijo que estuvo un poco tocado
la recuperación de objetos perdidos). de la manía del dinero, de cierta cicatería o codicia pe-
Como poeta dramático tuvo una gloria popular y cuniaria, pasando de ahorrativo a tacaño: que, por aho-
plebiscitaria. Su primera intervención en el teatro, en rrarse el alquiler de un biarco, era capaz de «darse a la
el 468, fue premiada con el máximo galardón, en com- mar sobre una estera^ (Aristófanes, La Paz 695-699).
petencia con Esquilo. Tomó parte en treinta concursos Este cargo y arruga de su vejez, de ser fundado, empa-
trágicos, año tras año en la temporada teatral ( o sea, ñaría muy poco, relativamente a las normales choche-
en las grandes fiestas dionisíacas), a lo largo de más de ces de otros viejos, la im,agen de su buen carácter.
sesenta: dieciocho veces el jurado popular le otorgó el Estuvo adornado de perfección de rostro y cuerpo
primer premio (lo que hace un total de setenta y dos muy cumplida. La voz, algo débil, fue uno de los pocos
piezas premiadas, y aún hay que añadir seis victorias dones naturales que le habían sido negados. Por esto,
en las fiestas Leneas); nunca quedó el tercero. El pue- quizás (¡pero recordemois a Demóstenes!), no se dis-
blo bonachón le amaba con un afecto obtenido en reci- tinguió en la oratoria pública, como otros políticos que
procidad graciosa al que el poeta le profesaba. Esto Ie aspiraban a dirigir la ciudad con el timón de sus larin-
libró de caídas monumentales en su carrera dramática,
ges; y, por esto, tampocct representó en persona pape-
como las que a Eurípides le amargaban la vida y le les de sus dramas, sacando alguna excepción: la Nau-
turbaban el sosiego. Sófocles acertaba, en el más ele- sícaa lavandera jugando a la pelota y el Támiris porta-
vado sentido, con los gustos y disgustos de sus contem- liras tañendo el instrumento. Porque, eso sí, de joven
poráneos. Eurípides, en algunas cosas, hasta tal punto se distinguió en los ejercicios gimnásticos (Eurípides,
se adelanta a su tiempo y anuncia la dramática del por- en cambio, detestaba el deporte), danzaba extremada-
venir lejano, que nos parece un dramaturgo aquejado mente y de la música sintió siempre Sófocles toda la
del umal del siglo*... XIX. Quizás por esto, algunas pie- fascinación. En lo erótico,, toda su vida, en la mocedad
zas suyas triunfaron sólo en el escándalo y el poeta ardorosa y en la edad provecta («cuanto más envejez-
co, más me entusiasmov, pudo haber dicho), estuvo
6 Cf. L. MOULINIER,Le pur et I'irnpur dans la pensde des
Grecs drHomere a Aristote, París, 1952, págs. 147 sigs. consagrado a lo bello, y a los bellos muchachos, de los
14 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 15

que era un apasionado y muy vulnerable. Cicerón (De Entre los tertuliantes que brillaban con desenvoltura
offic. 1 40) y Plutarco (Pericl. 8, 8) nos recuerdan el graciosa, con franqueza elegante, revelábase Sófocles
siguiente chichisveo: como en medio de una muy seria como el más finamente mundano y capaz, en una sola
deliberación política llamara el poeta la atención de frase, de dar cuenta y razón de acontecimientos y per-
Pericles sobre un bello muchacho, hubo de oír del es- sonas. Sobre sus colegas de profesión se recuerdan al-
tadista lo que Cicerón llama iusta reprehensio: «un gunos juicios recortadamente reveladores. Del misógi-
caudillo debe tener no solamente manos puras, sino no Eurípides (Ateneo, XlII 557 e): «Sí, en la escena;
también ojos puros». No mucho después del 460, algo pero no en la cama.)) Del mismo (Aristoteles, Poitzca
menos que treinteno, desposó a Nicóstrata, quizás im- 4, 1460 b 33): «Represenía a los hombres cuales son,
perfecta casada, de la que hubo un hijo, Yofonte, de yo como deben ser», frasecita que revienta de significa-
oficio dramaturgo como el padre. Ya cincuentón tras- ciones y que tanto ha dado que hablar. De Esquilo, que
puesto, cayó en amor con Teóride de Sición, meretriz según malas lenguas componía en estado de ebriedad
respetuosa, y se envolvió con ella: de este amor nació (hasta tal punto tenía el vino dichoso), esta flechilla
Aristón, padre de Sófocles el Joven, poeta trágico y envirolada (Ateneo, I 22 b): «Acierta, sin saberlo», con
nieto predilecto del abuelo, por encima de otro nieto la que también Sófocles parece hablar en platónico, sin
homónimo y legítimo. Por cierto que algunos filólogos saberlo, al pensar así del trance creativo (bromas apar-
han atribuido esta historia del casamiento con Nicós- te, la obra esquilea fue hecha «con furor y con pacien-
trata y del amor a Teóride a una mala interpretación, cia»). Los dos últimos dichetes revelan una plena con-
por chiste verbal, de un verso del poeta (fr. 765); pero ciencia de su propio arte por parte del poeta que es-
aquí el único chiste es el de esos filólogos (el chiste de cribió un tratado (perdidio) Sobre el Coro y que fundó
filólogo que, rara vez, hace reír y, alguna, hiela la san- un «tíaso de las M u s a s ~ donde
, los entendidos rendían
gre), pues ni Aristón ni Sófocles el Joven son produc- culto a las Musas y hablaban de arte. Estas noticias
tos de la imaginación. son muy interesantes, parque nos presentan a un Só-
Muy viejo ya y como algún impertinente le pregun- focles teorizador de la poesía, también él «un poeta de
tara si era capaz todavía de cohabitar con mujer, «NO la poesía», en relación sabia con su arte (inquietudes
digas palabras d e mal agüero. ¡Qué beneficio escapar literarias, problemas profesionales) y tratando d e cono
de un amo rabioso! », replicóle en bello elogio de la cer lo que significaban sus experiencias.
edad que lleva aparejada consigo la inmunidad contra Fue muy amigo de sus amigos. Con Heródoto, ver-
ciertos enardecimientos (Platón, República 329 b). Las bigracia, mantuvo relaciones amistosas, afectuosas re-
ocurrencias certeras de Sófocles eran famosas. En la laciones. Contaba el poeta cincuenta y cinco años, cuan-
Atenas de su tiempo se vivía en un medio de refina- do compuso en honor de su amigo una oda: de estos
miento espiritual que se reflejaba en la conversación plácemes versificados solamente se conserva el dístico
entre personas cultivadas, en las tertulias misceláneas. inicial, una especie de riibrica titular Un fino home-
naje de amistad rinde el poeta al historiador al tener
E. MAAS,e n págs. 18-19, de «Die Erigone des Sophokless,
Philologus LXXVII (1921), 1-25. 8 E. DIEHL,Anth. Lyr. Graeca, fasc. 1, Leipzig, 19493, pág. 79.
16 TRAGEDIAS

muy presentes algunos pasajes herodoteos, en ciertos rige al muchacho y le pregunta si le complacería que
lugares señales de sus dramas. Los tan traídos y lle- él, Sófocles, bebiera suavemente y, recibida una res-
vados VV. 904-920 de Antígona (que Goethe, por razones puesta afirmativa, le encarece que no se dé tanta prisa
de gusto" querría atetizar, encontrando algunos fil6- al colmarle y retirarle la copa. Se sonroja el copero
logos que le han dado gusto) pudieran responder a un todavía más y, entonces, S6focles, dirigiéndose a su ve-
pensamiento a la oriental l o , con ciertos ecos folklorís- cino de mesa, le comenta: «Con cuánta razón y belleza
ticos griegos; pero no es fácil negar que, en esos ver- dice Frínico resplandece sobre las mejillas purpúreas,
sos, funcione un apoyo memorístico en el episodio de de Eros la luz». Eritrieo, un maestro de letras (didás-
Intafernes (Heródoto, 111 119). Edipo en Colono 339 kalos grammát6n) y asno solemne, interviene con su
y Edipo Rey 980 se inspiran, acaso, en Heródoto, 11 cuarto a espadas: «Sófocles, tú eres un entendido en
35,2 y VI 107, respectivamente, y, quizás, Electra 59-66 poesía. Pero Frínico no lo ha expresado bien. ¡Llamar
sea un eco de Heródoto, IV 95 SS. y IV 14 SS. De la "purpúreas" a las mejillas de un bello! Si un pintor
cortesía de Sófocles da prueba su contestación a su pintara con púrpura las mejillas de este muchacho, no
colega el estratego Nicias, como éste le invitara a to- parecería bello. Luego no cuadra que a lo bello se lo
mar l a palabra el primero, por ser el más viejo: «Sí, compare con lo que no parece bello». Como se ve, el
el más viejo en años, pero tú en mérito y dignidad, maestrillo, además de homlbre de ninguna mundanidad
(Plutarco, Nic. 15,2). y desprovisto de buenas formas, era un insensato, pues
Otro de sus amigos fue el poeta Ión de Quíos (fr. 8). locura es la pérdida del sentido de lo irreal y el buen
Por cierto que, en su libro de memorias Epidemias hombre confundía el ser real con el ser metafórico, el
(«Las estadías,), nos legaba una bella estampa del ca- ser como. Riéndose del pedante, Sófocles le responde:
rácter de Sófocles en sus mejores años. Esta informa- «Tampoco te place, entonces, el dicho de Simónides,
ción inapreciable nos es referida por Ateneo, XIII que sin embargo es generalmente considerado como un
603 e-604 d; por su materia no puede ser más caracte- acierto Cuando la doncella desde su purpúrea boca en-
rística y por la persona de que procede no puede ser vía la V O Z . Ni tampoco cuando el poeta se refiere al
más autorizada. Encontró Ión a Sófocles de recalada cabello de oro de Apolo. Si un pintor pintara el cabello
en Quíos, cuando con ocasión de la Guerra Samia el del dios coIor amarillo de oro y no negro, la pintura
dramaturgo-estratego viajaba hacia Lesbos. Su anfitrión, desmerecería. O cuando dice de dedos de rosa. Porque
el próxeno de Atenas Hermesilao, le daba una comida. si alguien pintara los dedos color d e rosa, resultarían
Estando a manteles, el copero, un bello mozo, servía las manos de un pintor, no las de una beldad». Se rió
cabe la lumbre del hogar, a cuya luz se encendían las
la blanda burla y el don Pedancio quedó cortado. Vol-
mejillas del criadito. Muy impresionado Sófocles se di- viéndose de nuevo Sófocles hacia el muchacho que, con
el dedo meñique, quería apartar una pajilla de la copa,
9 Cf. ECKEXMAN, Conversaciones con Goethe, 29-111-1827 (hay
trad. esp., Madrid, 1921).
le preguntó si la veía y, colmo dijera que efectivamente
10 Cf. J . TH.KAKRIDIS, Homeric Researches, Lund, 1949, pági- sí, añadióle: «Sóplala y a:sí no te mojarás el dedo,;
nas 152-164. y cuando el mocito acercó 1-1rostro hacia la copa, apro-
18 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 19

ximándola Sófocles a la boca, de arte que cabeza y ca- rasgos biográficos sabrosos, sino de varias facciones
beza se juntaban, cuando lo tuvo muy cerca, cogiéndo- decisivas del retrato moral del poeta biografiado.
lo con la mano, le dio un beso. Todos rieron la astucia Ayudará lo dicho para, relacionándolo con la obra
y la fina malicia. Comentaban: «Finamente ha engaña- de Sófocles, tomar el primer contacto con un problema
do al chico)). A lo que Sófocles respondió: «Amigos, me que la misma nos plantea. Algo quisiera yo decir aquí
ejercito en la estrategia. Pericles dice que yo entiendo de la «psicología» de Sófocles, de su manera de vivir
algo de poesía y nada del arte bélico. Pero, {no ha sido (tomando la frase en un sentido elevado) y del íntimo
buena mi estratagema?)) Ión añade que Sófocles solía y profundo sesgo que su obra tiene. La leyenda nos
hacer y decir cosas finas de esa suerte, cuando se sen- presenta al artista como hombre jocundo y gran ama-
taba a echar un trago de vino o cuando, en la sobre- dor de la vida, y la realidad dice claramente, en sus
mesa de una comida, se hablaba inter pocula. La per- tragedias, que Sófocles nos aparece como siendo el
sona del referente, amigo de Sófocles, presta plausibi- trágico por excelencia. Al mismo tiempo que nos dice
lidad a la historieta, como memoria fidedigna de algo que la vida es amarga, sonríe con gracia adorable a la
así sucedido y como testimonio impar del carácter del vida. Es verdad que en la obra literaria de cualquier
poeta trágico, compatible con ciertas alegrías y ciertas trágico griego tropezamos también con lo que a nos-
eutrapelias. otros nos semeja una antinomia. Sabida cosa es que el
No deja de alcanzárseme que la biografía antigua es mismo poeta que comporiia tragedias, componía igual-
un hervidero de anécdotas (a veces, graciosas y diver- mente dramas satíricos. En Sófocles, en Eurípides y
tidas) y que el terreno de lo anecdótico, propicio a la en el más solemne de todos e ilustre, Esquilo, el públi-
indiscreción y a la irreverencia, lo es también a la in- co contemporáneo admiraba también a los maestros del
vención pura y simple. El lector obrará con pruden- drama satírico. Salvo en el caso de Eurípides, por ha-
cia si, después de lo que acabo de escribir sobre las berse conservado su Ciclope, nuestro conocimiento de
anécdotas, me pregunta por qué, pues, las utilizo yo estos talentos en los grandes poetas trágicos era nulo
ahora. Si se me dice que es arriesgado fiarse de ciertas hasta no hace muchos años. Pero negarles este aspecto
fuentes, en las que casi todo es más dudoso que cierto, es mutilarlos. Hoy en día, los restos de un drama satí-
declaro que pienso lo mismo; pero también creo que, rico como Los sabuesos son tan importantes para nues-
muchas veces, las anécdotas responden a noticias fide- tro conocimiento de la historia de este género literario,
dignas, son un modo de transmitirlas (casi el único que como en cuanto complernento de nuestra imagen de
conoce la biografía antigua), y que aunque, después, los Sófocles (algo parecido nos ha sucedido con Esquilo).
que las reciben de segunda y tercera mano pongan en Nos muestran la cara jovial del poeta. Pero la antinomia
ellas los adornos que pongan y les metan añadiduras a la que aquí me refiero es particularmente hiriente en
e hijuelas, adornos aparte, todavía se descubre en el el caso de Sófocles, porque Sófocles es el trágico del
curioso anecdotario un fondo de verdad. Lo que sí de- dolor absoluto (supremo, insacudible) del hombre, afir-
cididamente me parece cierto es que las que aquí he mación ésta que hoy ya parece vulgar, de puro cornen-
referido nos proveen no tanto ni sólo de unos cuantos te y admitida, y, de otra parte, fue un hombre feliz y
20 TRAGEDIAS INTRODUCCIÓN GENERAL 21

jovial en su vida, bien habido con la vida. No creo que de la revolución de la política, muerto Pericles muy
se oculte a nadie el interés y la rara sugestión que ema- antes de tiempo), Sófocleij veía que la ausentación del
na de este tema. sentido de lo divino en el mundo ambiente estaba en
peligro terriblemente prdximo de producirse, que el
Feliz Sófocles. Vivió largo tiempo sentido de lo divino se cuarteaba envejecido, derruyén-
y murió como un hombre feliz y diestro.
dose, y que, de ocurrir así, perdería su finalidad el ofi-
Hizo muchas hermosas tragedias.
Finó bellamente y no soportó dolor alguno. cio mismo que el poeta oficiaba. Por aquí ha de bus-
carse la experiencia dolorosa que el poeta debió expe-
Este elogio fúnebre escribió Frínico en Las rnusas rimentar, por lo hondo, para convertirse en el trágico
(fr. 1 = fr. 31 Kock) y, seguramente, lo suscribían los por antonomasia y, sin einbargo, legamos un ejemplo
contemporáneos. Sobre el sentido que tiene el dolor ab- de suprema calidad personal, por el que le estamos
soluto en la tragedia sofoclea, he escrito de largo en agradecidos. Un artista anónimo, pero excelente, con-
otro lugar y, aunque no quiero repetirme, algo dirk temporáneo de la restauración del teatro ateniense bajo
también aquí más adelante. Que tal alegría vital y con- el arcontado de Licurgo (por los años treinta del si-
ciencia tan aguda del dolor humano, una vida así y una glo IV a. C.), esculpió inrnortalmente la figura de S&
obra así hayan hecho residencia en una misma persona focles. No era, desde luego, copia del natural, pues el
parécenos el más bello de los ejemplos. Para sacar a buen arte griego no es copia de las cosas, sino creación
luz la obra bella, se necesita que el espíritu creador de formas. Era la incorporación plástica de la idea, en
participe, en alguna medida, de la experiencia del dolor. la mente del escultor, del poeta trágico en la plenitud
En Sófocles ha debido de ocurrir también así. La cal- de sazón. Mejor que bien consiguió el artista plasmar
ma, la ponderación espiritual, el equilibrio de la propia la imagen de la hombría del ateniense ucomo debe
personalidad no fueron, en Sófocles, una fortuna del ser,. Copia de esa obra de arte es el Sófocles del Museo
temperamento, por una fatalidad de la naturaleza, sino Laterano. La cabeza fue rnalaventuradamente restaura-
el premio de una gran victoria, conquistada no al abri- da al peor gusto clasicista; pero el vaciado de Villa
go del puerto, sino venciendo entre el fragor de las Medici, anterior a la restauración, nos permite admirar
tempestades. La biografía antigua nos presenta el re- un rostro sereno y grave, que parece recordamos que
trato jovial y ponderado. El cordón vincular entre crea- no ha vivido plenamente quien no ha rozado peligros
dor y criatura, que sin duda se da en la tragedia sofo de muerte.
clea, nos permite adivinar, por vislumbres, la otra cara. No ha sido, en otras épocas y manos, el teatro el
Edipo en Colono, hija de su vejez, suena a amarguras modo literario que refleja más de cerca e1 carácter de
no disimuladas. Pero ya los gritos, en términos alarmis- un pueblo. Pero, en manos del genio y en épocas social-
tas, del Coro en Edipo Rey, juntamente con el coro mente propicias, sí ha podido serlo. En Sófocles, lo es.
central entero (w. 863-910), constituyen la prueba de Poeta de casta viva, con profundas raíces en emociones
que, después de la peste de Atenas y de la revolución étnicas fundamentales (de: la urbe ateniense y también
subsiguiente de costumbres y creencias (por no hablar de la Atenas profunda y agarrada al terruño), su poesía
22 TRAGEDIAS

es concordataria de los sentimientos íntimos de un pú- caricaturales) de la tragedia sofoclea, que ven en cada
blico que estuvo aplaudiéndole más de sesenta años drama un reflejo ocasional de la anécdota política de
en vida. Muerto el poeta, cuando estaba para acabar la la vida ateniense. Nada es la tragedia sofoclea en me-
guerra más terrible que entre sí movieron los griegos, nor grado que un teatro que se atiene con dócil exac-
es fama que Lisandro, el general espartano que asedia- titud a las órdenes del tiempo en ese sentido pequeño,
ba Atenas, se vio forzado por una doble admonición del de menuda realidad. Un gran teatro, hijo de su pueblo
dios Dioniso a dejar paso franco a las postreras pom- y de su tiempo, puede muy bien no ser, acaso deba no
pas que conducían al muerto egregio hasta la necr& ser eso. Tales interpretaciones atenúan y restringen a
polis familiar de Decelia, a ocho millas de Atenas (Vita ciertos accidentes exteriores la irrupción de la vida en
15; Plinio, Hist. Nat. VI1 109; Pausanias, 1 21,2). Al el arte. Nada más insofocleo. No nos referimos a eso.
pueblo ateniense, que tenía un corazón agradecido y Nos referimos a una vinculación profunda que hace del
memorioso, el amor de gratitud le empujó a guardar teatro sofocleo un arte genuinamente ateniense del si-
piadosamente la memoria ,de Sófocles, el poeta que ha- glo v, en características suyas esenciales. Aquí se trata
bía hecho de su obra misión de alta piedad patria. Tan de radicar, esto es, determinar dónde se asientan sus
pronto muerto, comenzó el culto de Sófocles. Los ate- raíces, la actitud profunda que adopta frente al tema
nienses canonizaron a Sófocles, o sea, lo heroizaron trágico el espíritu cread~orde un momento histórico
bautizándolo con el nombre de Dexián, uel Acogedor, determinado, la visión del sino dramático del ser hu-
mano; de ver cómo el ;artista convierte la sustancia
(Etym. Magn. 256,6), y estableciendo, en honor suyo, un
(no los accidentes) de i j i i vida en materia de arte.
sacrificio anual. Este trato, propio de antiguos reyes y
Schadewaldt " ha escrito bella y penetrantemente so-
fundadores de ciudades, le fue concedido en atención
bre este tema, centrándolo en tres aspectos:
a sus antecedentes y hoja de servicios en el terreno
En la tragedia sofoclea se da un juego, muy suyo,
religioso, «porque había recibido al dios de Epidauro~
de cercanía y distancia en todos los planos: desde la
(según más arriba alegamos); pero también, «por su
lengua cordial y fría, al mismo tiempo, pasando por la
excelencia*, esto es, en hacimiento de gracias a su obra configuración de la acción dramática a través de episo-
de poeta. En casos tales, la lengua griega habla de «des- dios y escenas, hasta llegar a aspectos más profundos
t r e z a ~(dexiós es vocablo de laude muy familiar refi- en la visión de la mudai~zade la vida humana, tal y
riéndose a Sófocles): el poeta poseía esa destreza mo- como la contemplan los personajes, particularmente
ral y cívica, inseparable de la destreza artística, a la cuando van a perderla y se despiden de ella en los ti-
que sus paisanos dirigían su aplauso. picos «adioses», al separarse de aquello que tenían y
Las fechas de su vida ,demuestran una particular en lo que estaban y eran. Trátase de una tensión entre
vinculación entre Sófocles y su pueblo. La muestra lo que une y separa: un hombre nacido para la comu-
igualmente su teatro, hijo de su época y de su pueblo. nidad y que siente ese desgarramiento. Presente desde
Pronto está dicho: hijo de su época. Pronto y mal, si
no se lo entiende debidamente. Pues aquí, una adver- l l ~Sophoklesund Pthen*, en Hellas und Hesperien, 1, Zu-
tencia. Corren ciertas interpretaciones (yo las juzgo rich, 1970, págs. 370-384.
24 TRAGEDIAS I N T R O D U C ~ C I ~GENERAL
N

el principio, esta nota se acentúa a medida que el poe- Las formas de la tragediri sofoclea
ta se va haciendo más viejo...
También, en la concepción sofoclea del héroe y su Más que otros géneros literarios pide, de suyo, el
grandeza: una visión del hombre, como campo dinámi- teatro variación y reforinas. Éstas fueron considera-
co de la acción trágica, sometido a fuerzas poderosas bles en el desarrollo del teatro griego que comenzó en
que hacen de él, a la vez, algo poderoso y una nadería ... el drama sacro de las oscuras épocas, de donde salen,
Igualmente, al enfrontar la relación entre lo divino como de entre nubes, las tragedias clásicas. La evolu-
y lo humano. En las tragedias de la primera manera, ción del teatro clásico ateniense, corta en años, ha sido
hasta Edipo Rey, el héroe (salvador, purificador), en- larga en iniciativas que 1.raen novedad en los procedi-
tregado a un alto fin de pureza, se siente un colabora- mientos escénicos, en la técnica composicional o en el
dor de la divinidad; en las últimas obras, lo divino se manejo de la lengua y de los motivos temáticos, ade-
eleva a una proceridad distante del hombre, desde la más de en lo tocante a materialidades y recursos de
cual se le manifiesta al final, desde luego; pero al hé- presencia del teatro. También por este respecto, el tea-
roe le falta la seguridad de su colaboración ... tro de Sófocles ensancha los moldes y patrones anti-
Estas características, que son esenciales en el teatro guos, sin romperlos: su acomodación al odre viejo no
de Sófocles, las comprendemos muy bien, cuando rela- es la sumisa del agua al entrar en la vasija, sino la
cionamos, en función respiratoria, al trágico con la at- activa de la luz que llena un ámbito y le da un nuevo
mósfera histórica (y sus cambios) de la Atenas de su sentido. Las inpovaciones, cuya conquista e invención
tiempo y con la tensión, en su alma, entre la Atenas habían de ocupar parte de la existencia de Sófocles,
real y la ideal, por Sófocles trascendida hasta la cate- fueron bien acogidas, porque hacían falta y porque no
goría de lo clásico. Vistas así las cosas, entonces sí, lo rompían violentamente con lo admitido. No así siem-
biográfico carga de emoción este teatro. pre los propósitos reformistas del statu quo escénico,
El clasicismo de la tragedia sofoclea no es simple emprendidos por Eurípides en su primera época. Cu-
trasunto exterior de una personalidad, la del poeta, clá- riosamente (pero es reversión nada infrecuente), en su
sico de nacimiento y por su esfuerzo personal. Hay una segunda manera, Eurípides volvió a empalmar direc-
perfecta compenetración con su pueblo y su cultura;
tamente, en bastantes cotsas, con el viejo Esquilo, gra-
se nutre de ésta, para elevarse luego a una altura uni-
vitando hacia el arcaísmio sus propios procedimientos
versal y genéricamente humana. Es el resultado natural
dramáticos; por lo que, pese a las apariencias, ha sido
de la conjunción de una personalidad excepcional y de
Sófocles en este terreno el verdadero innovador. En su
un gran contenido de humanidad histórica (que el Mito
obra dramática arde más de medio siglo de fatigas por
representa poéticamente): esta última es la materia, a
hacer progresar el teatro.
la que el poeta ha sabido dar forma.
Según admitida noticia, aunque no en todos los ca-
sos igualmente fehaciente, dCbense a Sófocles una serie
de innovaciones o, dicho al modo griego, fue nuestro
poeta el «primer inventorm (pr6tos heuretés) de unas
26 TRAGEDIAS

cuantas reformas, que voy a enumerar comenzando por Subió a quince el número de coristas o ucoreutasn,
las que nos presentan a un dramaturgo atento a los que eran docena hasta entonces (Vita 4; Suda). Acaso
problemas de la corporeidad escénica de sus obras. Si su escrito Sobre el Coro tocaba este asunto.
hoy generalmente gustamos de Sófocles por la lectura, Con Sófocles acredita fuero de admisión la esceno-
es a más no poder, y, en todo caso, que lo leamos en grafía (Aristóteles, Poética 4. 1449 a 19). Aunque no sa-
nuestra casa y, quizás, por la noche, en zapatillas y bemos exactamente el alcance de la innovación en el
junto al fuego no debe hacernos olvidar que el poeta atalaje y decorado de la escena, es obvio que estos
componía sus obras para ser representadas como es- asuntos de bastidores teatrales y decoración de los lu-
pectáculo y en condiciones muy precisas. gares buscaban dar una impresión más viva y coloris-
Acabó Sófocles pronto (Vita 4 ) con la tradición de ta; el estímulo fomentaclor más influyente procedería
que los autores representaran como actores sus pro- de la pintura, pues el público, contemporáneo de los
pias obras, et pour cause, pues, como antes se dijo, la progresos del arte pictórico, buscaría también en la
voz no le acompañaba. Los farsantes de sus dramas escena teatral algunos atractivos pictóricos y sugesti-
fueron actores de oficio, un Tlepólemo (schol. Aristoph., vos 1 2 . Todo autor teatral es también un poco alfayate:
Nub. 1266), un Clidémides (schol. Aristoph., Ran. 791), se dice que, en cuestión de patrones indumentarios,
un Calípides (a este último lo recuerda Aristóteles Sófocles (Vira 6) introdujo el bastón recurvado y el
como actor importante y discutido). color blanco del coturno de gruesa suela (lo grueso de
Subió hasta tres el número de actores (Vita 4; Suda; ésta explica precisamente el bastón, para evitar en lo
Aristóteles, Poética 4. 1449 a 19; Diógenes Laercio, 111 posible las caídas; el inconveniente era un andar con
5 6 ) , que todavía en sus obras primerizas seguían sien- lento paso de vaca por la escena): este pormenor del
do dos. Esquilo ha encajado lo nuevo en su Orestea color del calzado, con blancura hermana del lino, ma-
(también Sófocles tiene influencias bien aprovechadas terializaba acaso una interpretación plástica y cromá-
de su rival más joven, Eurípides, acogiendo algunas tica de la escena, para que impresione en la distancia
del teatro. En cuanto a la música, asegura Aristóxeno
de sus novedades). Esta reforma fue muy importante,
que Sófocles acogió el modo musical frigio.
pues no afectó sólo al movimiento de personajes y a
los pormenores y servicio de la escena, sino que per- Todas esas innovaciones nos ponen delante los ojos
al hombre de teatro, que no olvida que este género es,
mitió a Sófocles triangularizar el diálogo, lo que no es
además de otras cosas, un teatro para la vista y para
lo mismo que hacer intervenir en el diálogo a tres ac-
el oído, un espectáculo de color, sonido y movimiento.
tores en dúo, de dos en dos (el ejemplo es muy cono-
Reforma más importante: desechó la trilogía (Suda),
cido; pero no renuncio a un ejemplo exacto, por el
hecho de ser muy conocido: compárese la escena final l2 Cf., en general, K. JOEIKIEN, en pttgs. 379-389 de aDie Bedeu-
de Ayante, donde hay tres personajes que dialogan, tung des Ausser- und Hinterszenischen~,en el vol. col. (ed, W.
pero no diálogo triangular - e l patetismo «estaciona- JENS),Die B a u f o m e n der griechischen Tragodie, Munich, 1971.
Derrochan fantasía en sus re~:onstruccionesH. BULLE-H. WIRZING,
rio» no lo toleraba-, con el verdadero trío entre Edi- Szenenbilder zum griechischen Theater des 5. Jahrhunderts v.
po, Yocasta y Creonte en Edipo Rey). Chr., Berlín, 1950, págs. 40-42
28 TRAGEDIAS

que Esquilo había mantenido primordialmente. Es po- era la de Aristóteles (Poélica 4. 1456 a 26 SS.),se ha in-
sible que Sófocles, en sus comienzos, utilizara la forma clinado la erudición inglesa, que ha dado al problema
trilógica (así, quizás, la trilogía de Télefo) para dar una interpretación, en efecto, muy inglesa, reducién-
nexo y trabazón a las tres tragedias que, seguidas de dolo a algo habitual y consuetudinario y, en definitiva,
un drama satírico, el dramaturgo griego presentaba al negando la existencia del problema. Entre nosotros, el
concurso. Pero pronto hizo de cada una de las tres pie- jesuita Ignacio Errandonea se pasó la vida defendien-
zas un todo autónomo, así en la materia dramática do la tesis de que el Coro sofocleo es, en toda la exten-
como en la acción; desde entonces, las tres piezas pre- sión de la palabra, persona dramática 14. En cambio,
sentadas al concurso se juntan por la sola voluntad la filología alemana, inserta en una tradición estética
del poeta. Parece excusado insistir sobre la trascenden- de signo idealista, solía vser, hasta no hace mucho, en
cia que esta innovación externa hubo de tener en la el Coro sofocleo más un intérprete de la acción que
concentración de la acción sobre un solo individuo, el persona inmersa en la ilusión dramática, más la boca
héroe trágico, así como en la pérdida de importancia del poeta que un «carácter*.
de motivos temáticos tradicionales, como el de la mal- {Cómo orientarse en esta diversidad de pareceres?
dición familiar. Sófocles no presenta, como Esquilo, Que el Coro sofocleo no ha de verse como instrumento
grandes sucedidos a lo largo de toda una historia fa- de intempestiva predicación del poeta, llevado de furia
miliar. Lo suyo es el individuo que obra su acción, con- ética o de prurito docente, parécenos evidente. Que el
lleva su destino y sufre su dolor. De donde se genera Coro es actor en Sófocles, lo admitimos porque, en esta
un nuevo tipo de tragedia, de composición cerrada, ro- tragedia, el poeta dramático y el poeta lírico no son
tunda. entidades distintas y los .trozos líricos no están nunca
Con certera visión de los nuevos intereses teatrales, artificiosamente superpuestos a la acción, sino que son
modifica Sófocles las normas y cánones de la arquitec- participantes naturales en su desarrollo, ya en un papel
tura de la tragedia, y tanto las formas como su conte- consiliario, ya reflexivo, ya prospectivo. Pero que sea el
nido, y no menos la función ,de las estructuras tradi-
cionales, sufren los cambios precisos. Veámoslo. l4 Cf., como resumen de sus ideas, 1. ERRANDONEA, Sófocles.
Los cánticos corales reducen su extensión, pero no Investigaciones sobre la estructura dramática de sus siete trage-
dias y sobre la personalidad de sus coros, Madrid, 1958, y Sófo-
su relieve dramático. El papel del Coro sofocleo ha cles y la personalidad de sus coros. Estudio de dramática cons-
sido cuestión muy porfiada 1 3 . Algunos han visto en 61 tructiva, Madrid, 1970. Me parece que Errandonea tiene razón
lo que, con expresión acuñada por Augusto Schlegel, se en algunas cosas; sólo que a veces itiene un modo de tenerla!,
denomina «el espectador ideal>. Otros, un portavoz de como cuando defiende que en Edipo en Colono el Coro es el
verdadero protagonista, que c:onfiere unidad a la pieza, o que,
las ideas del poeta. Otros, un actor que tiene su perso-
en Electra, ésta y el Coro forman una alianza y el papel director
nalidad definida, la cual determina sus acciones y pala- lo tiene el Coro... No hablo aquí de otros temas de su exégesis,
bras. En términos generales, a esta última opinión, que verbigracia, cuando diputa demasiado sutilmente que en el He-
racles del final de Filoctetes arreboza la cara el mismísimo Uli-
l 3 C. BECKER, Studien zum sophokleischen Chor, tesis doct., ses, o que la Deyanira de Las Traquinias es una especie de
Francfort, 1950, pcigs. 1-16. Medea hipócrita, etc.
30 TRAGEDIAS

Coro sofocleo un actor como los demás, nos parece un calización cero»). También el autor dramático puede
prejuicio no menos dañino que la opinión tajantemente ser una especie de cripto-narrador, a condición de po-
contraria; y que además olvida las diferencias que hay seer el arte necesario para, en ningún momento, pare-
entre los demás actores y el Coro, que tiene otras fun- cerlo. Sófocles poseía ese talento, que, tocante al diá-
ciones en su lirismo: suspensión, amplificación del epi- logo dramático, le ha sido reconocido desde siempre:
sodio anterior descrito por modo lírico, contraste ir& me refiero, claro, a la «ironía trágica», en la cual a la vi-
nico con el episodio siguiente 15... El papel de los CO- sión limitada del personaje se asocia y se yuxtapone la
ros sofocleos es algo más complejo y sinuoso. Es actor visión ilimitada del dramaturgo que comunica su men-
y expone en forma lírica y actúa según su carácter, de saje opuesto por el sentido al que comunica la inten-
la manera y humor que le es peculiar: aconseja, CO- ción de la persona que habla. ¿Por qué negar, en los
menta, jalea el infortunio del héroe como orquesta de Coros, al poeta un recurso que le concedemos en el
acompañamiento. Pero quien lee un coro sofocleo SO- diálogo? La ignorancia de este hecho sencillísimo hace
lamente desde esa perspectiva, en lo que el sentido pa- caminar muy desnortados a muchos intérpretes de los
tente y superficial de sus palabras dice, como diciendo coros sofocleos.
cosa clara y sencilla, se'queda sin comprender mucho El cariz sutilísimo de un coro de Sófocles consiste
de lo que en esas palabras, de aparente facilidad, se en que el poeta ha sabido acoplar a las palabras del
dice. Por contraria manera, hay intérpretes que eviden- Coro como actor (pensamientos superficiales, a veces;
cian gran penetración hasta el sentido soterrado (en a sus orígenes dionisíacos sigue siendo el espejo que
profundidad y latencia) de los coros sofocleos, pero una son un comentario más general, en los que el Coro fiel
como presbicia para captar el sentido cercano. a sus orígenes dionisiacos sigue siendo el espejo que
El Coro es aparte del todos de una tragedia sofo recibe la imagen de lo divino, y también pensamientos
clea; pero la aorquestran no se sitúa en el mismo plano suyos propios. Ni Sófocles se da todo en sus coros, ni
exactamente que la acción escénica, sino en un nivel se esfuma totalmente de sus dramas. El Coro es actor,
distinto (algo parecido les ocurre a los símiles homé- sí; pero las frases y pensamientos del Coro, aparte de
ricos o a los relatos míticos en la lírica coral arcaica). poetizarlos líricamente, los somete Sófocles -maravi-
También en este punto puede ayudarnos (desde con- lloso taumaturgo del idioma- a un proceso de profun-
ceptos que hoy son familiares en el análisis de otras dización y elevación y los convierte en una expresión
estructuras literarias, como el relato) un poco de aten- cargada, para nuestros oídos, de otro sentido no menos
ción a la estructura del plano comunicativo en el tea- dramático y, para nuestro espíritu, de un brillo nuevo.
tro. Puede que ocurra como en la narración literaria, El reflejo de las palabras del Coro aparece sobre el
cuando el narrador no sabe sólo lo que el personaje agua quieta, pero por debajo hay una hondura que da
que habla o, incluso, menos que éste, sino que, en todo a la imagen profundidad y la dota de una nueva di-
momento, sabe más (lo que técnicamente se llama « f e
mensión. Haber organizado en una lengua poética inte-
15 Cf. G . M. KIRKWOOD,
A Study o f Sophoclean Drama, Ithaca, gradora, en un nivel de superior categoría lírica ambos
N . York, 1958, cap. 4. sentidos, es en Sófocles una de las cosas más definiti-
32 TRAGEDIAS

vamente hermosas de la literatura griega. Los coros y dar una muestra del mcstodo. No es éste su lugar más
sofocleos juegan ese juego, pura inteligencia, de armo- indicado. Para esto, léanse los comentarios a los coros
nía perfecta. Un leer pensativo de entrambos sentidos de Antígona, por diligencia de G. Müller "'. Yo propio
es la clave que nos proporciona su mejor entendimien- he intentado algo semejante, tratando por menudo los
to y el de la preciadísima segunda realidad que tiene coros de Edipo Rey ".
esta obra de arte. Dicha lectura tiene su técnica no En cuanto a aspectos formales en el manejo sofo-
siempre fácil. La facultad elevadora del sentido se apli- cleo de los coros, he aquí unos pocos datos. Su exten-
ca mediante una táctica esencialmente evocadora, por- sión es intermedia, relativamente a los otros dos trá-
que las palabras elegidas tienen ciertos dobles fondos gicos: una media de 48 versos, frente a 69 en Esquilo
y las frases, a veces, parecen lo que no son y son lo y 46 en Eurípides. Por buscado contraste los más bre-
que no parecen (por lo demás, la tdctica no es exclu- ves son los que preceden al éxodo, o sea, en Sófocles
siva de Sófocles: se me acuerdan los medios sutiles, (y Eurípides) al cuarto o quinto estásimo (en Esquilo,
casi pérfidos, de que se vale Eurípides para dar expre- al tercero); los más largos se sitúan hacia la mitad de
sión a ciertas ideas peligrosas, nadando y salvando la la pieza y tienen una extensión aproximada de vez y
ropa). Pero no se piense que nos las habernos con una media mayores que los primeros. Esta proporción es
poesía de intelectual clausura, de artificio mental. Para todavía mayor entre el párodo y el coro final (tantos
que su mensaje sea recibido, comprendido y convivido por ciento expresivos: en Sófocles, 2,711; Esquilo,
por los espectadores (cada cual, conforme a sus posi- 2,511; Eurípides, 2,211). ]Los cánticos corales sofocleos
bles) el poeta ofrece asideros convenientes: lo que debe son, generalmente, antistróficos y en una proporción
entenderse se nos da por relaciones, e n definitiva, os- del sesenta por ciento se cantan con la escena vacía;
tensibles, por una combinación de espejos claros; por pero en el Sófocles tardío (Electra, Filoctetes y Edipo
el juego acordado de expresiones nucleares insistentes en Colono) aumenta la frecuencia de los amebeos, es
en proximidad o a distancia (Fernverbindungen); por decir, cantos alternados entre Coro y actor. No se ol-
el contraste y como contrapeso de un pasaje con otro vide que los coros generalmente separan episodios y,
corresponsal suyo. No se trata de todo un cuerpo de rara vez, los suplantan (chorika epeisodiká); al quedar
módulos y reglas de exquisitez técnica, de una compli- vacía la escena, esto permitía que el actor que desem-
cada estética (del orden de las que alimentan el que- peñaba más de un papel, pudiera cambiar de vestido:
hacer de los matemáticos), sino que la cosa es de una el haber de incorporar más de un personaje en la mis-
construcción tan sencilla como penetrante su efecto ...
para el oído griego que fácilmente percibía las impli- l 6 Sophokles: Antigone. Einleitung und Kommentar, Heidel-
caciones, insinuaciones, alusiones. Para nosotros, en berg, 1967; gueberlegungen ;mm Chor der Antigonen, Hermes
cambio, es un poco tratar la frase hecha deshaciéndola LXXXIX (1961), 398-422; «Chor und Handlung bei den griechi-
schen Tragikern~, en el vol. col. (ed. H. DILLER) Sophokles,
y rehaciéndola en una lectura restauradora de la uni- Darmstadt, 1967, págs. 212-238.
dad de su doble sentido... Para desentramar los secre- 17 «Los Coros de Edipo Rey: notas de métricau, Cuad. Fil.
tos de una tal lectura, deberíamos hacer alguna cala Clás. 11 (1971), 9-95.
34 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ NGENERAL 35

ma obra (lo que en el argot teatral de nuestros días se muy suya y elegantemente sencilla 'K En especial ad-
dice «doblar») es hoy cosa excepcional, reservada a miramos en Sófocles la m,aestría soberana con la que
partiquinos, por razones de economía, o bien al luci- la métrica y el sentido, la compostura de las
miento de divos en dobles papeles; pero en el teatro formas métricas y el moldeamiento conceptual, de suer-
ateniense, con sólo dos o tres actores, era cosa normal. te que la adecuación metro y sentido -tal el cristal-
También «llenan» los coros intervalos temporales, por parece orgánica y no producto del arte Ig. Cuando lee-
supuesto que de un tiempo absoluto y que no guarda mos estos coros, nos sorprende la abundancia de res-
relación con la duración real del canto: esto menos en pensiones verbales que, par el cauce del verso, se co-
Sófocles (8 de 36 coros, un 22 YO)que en Esquilo (8 de munican con paladinos o secretos hilos de intención y
29, un 28 % ) y mucho menos que en Eurípides (38 de sentido. Nos convencemos de que toda colaboración
87, un 44 Yo). La «pausa» más fuerte la marca, en entre métodos métricos y estilísticos es aquí posible ...
Sófocles, el estásimo primero, tras el primer tercio y necesaria. Creo que quienes no lo ven así, sólo rozan
más o menos de la pieza, mientras que en Eurípides las orillas de esta poesía errquisita e intensa.
suele estar en el estásimo segundo, delante aproxima- A la reducción en extensión de las partes corales
damente de la segunda mitad de la pieza. En cambio, corresponde el enriquecimjento de la escena en múlti-
son débiles las «pausas» después del párodo y antes ples aspectos en la construcción y organización de las
del éxodo, de donde surte que un drama en cinco epi- formas, en el fondo y en la función dentro de la eco-
sodios tendería naturalmente a originar un drama en nomía dramática.
tres «actos>. Empezaremos por los iíltimos. La articulación del
No puedo en este lugar hacer expresa (porque ello drama en episodios y escerias y la construcción interna
exigiría mucho espacio y una disciplina de alto tecni- de los mismos (cambios variados y, a veces, bruscos;
cismo) una caracterización del verso coral sofocleo. acciones contrarias, acciones paralelas.. . ) nos muestran
Más que de grandes audacias en la renovación de for- no ya al dramaturgo diestro y efectivo, sino la seguri-
dad del maestro ajedrecista y formidable arquitecto de
mas, se trata de lo perfecto de la ejecución artística en
estructuras teatrales. Se percibe cierta evolución al
una serie de delicadas, diminutas maravillas, así en el
respecto. Mientras las primeras tragedias conservadas
uso de los diferentes tipos de verso, como en el diseño
(Ayante, Las Traquinias) están dominadas por lo paté-
primoroso de los periodos métricos compuestos de nu-
meros concordes: los «números poéticos», que es el
18 Cf. W. KRAUS,Strophengestaltung in d e r griechischen Tra-
concepto antiguo de la poesía, afectan también, y muy godie, I: Aischylos tcnd Sophokles, Viena, 1957, págs. 116-179;
particularmente, a este territorio de la periodología, H. A. POHLSANDER, Metrical Studies in the Lyrics o f Sophocles,
tan esencial como hoy sabemos (harto más que la colo- Leiden, 1964; K. THOMAMULLER, Die aiolischen und daktyloepitriti-
metría, que algunos traductores presentan como el úni- schen Masse in den Dramen des Sophokles, tesis doct., Hambur-
go, 1965.
co dios que merece sacrificios; ante todo hay un deber lYCf. D. KORZENIEWSKI, «Zum Verhaltnis von Wort und Me-
de trasladar con fidelidad esta arquitectura periodoló- trum in sophokleischen Chorliedernn, Rhein. Mus. CV (1962),
gica); Sófocles compone los periodos de una manera 142-152.
36 TRAGEDIAS

tic0 y el relato, en Antígona, Edipo Rey y Electra do- do por un breve momento de reposo. Tercer episodio:
mina un plan riguroso en los episodios y escenas, que en Ayante y Traquinias se revela el destino en una es-
se suceden con sujeción a sabias normas, ya por con- cena doble, dividida por la correspondiente entrada;
traste, ya por gradaciones; finalmente, en Filoctetes y en Antígona, Edipo Rey y Electra se prosigue el contra-
Edipo en Colono lo dominante es una construcción movimiento del episodio anterior, con una nueva en-
simétrica del conjunto, de traza concéntrica en torno trada de personaje (Herrión, el mensajero corintio...);
a un eje de aplomo de una serie de movimientos: las en Filoctetes y Edipo e n Colono se retrasa hasta aquí el
escenas se despliegan como dos alas simétricas a am- segundo ataque conflictual y el más fuerte. Cuarto epi-
bos lados del eje ? O . sodio: tanto en Ayante como en Traquinias catástrofe
El prólogo (una o tres escenas) forma un preludio en escena (el cadáver, el muriente); en Edipo Rey y
relativamente independiente, «exposición» y etopeya Electva, tercer grado del contramovimiento; en Antí-
que contienen in nuce la tragedia, en Ayante, Traqui- gona se ofrece un quinto episodio, al intercalarse en
nias, Antígona y Edipo Rey; en las tres tragedias poste- cuanto tal el ecce de Antígona ante Creonte. Éxodo: lo
riores prepara y ya inicia la acción. normal es el tipo de relato-ecce; son excepciones Ayan-
Primer episodio: bipartito, o sea, con dos escenas te (en forma de conflicto entre Teucro, Agamenón y
(coro-actor, segunda entrada de actor); en Ayante y Ulises, en pendant con la introducción), Electra (mzchá-
Traquinias se continúa la exposición del conflicto ini- nema en una serie de tiempos) y Filoctetes ( d e u s ex
ciada en el prólogo (junto con la etopeya de persona- machina). En resumen: en la factura de las piezas con-
jes); en las demás piezas, es ya el primer eslabón de servadas todos los episodlios tienen carácter dramático,
la cadena conflictiva; la primera escena funciona como salvo el primero de Ayanlte, el cuarto de Antígona y el
retardación y como recapitulación de los motivos de la segundo de Filoctetes; son biscénicos, antitéticos por
«introducción»; la entrada que abre la escena segunda su mitad; el clímax procede en cinco escalones, gradua-
se presenta como sorpresa (opuestamente a lo que su- dos: en marcha ascensioinal sube hasta el tercero, aquí
cede en Esquilo) y, entre ambas escenas, se da un con- cae la cumbre climáctica y, desde ella, inicia la bajada;
traste. Segundo episodio: hasta Electra, el conflicto se el principio y final de la escala corresponden a relato
extiende y tropezamos con el «nudo»; en Ayante y Tra- y ecce *l.
quinias lo constituye una sola escena entre actor y Asistimos a un moviniiento cada vez mayor del diá-
coro, sin entrada de personero nuevo; en Antígona, logo. La precisión del lenguaje, la rapidez elíptica de
Edipo Rey y Electra, lo integran dos escenas, con un las respuestas, exactamente representativas de la reac-
segundo conflicto en la primera y, entre ambas, se pro- ción psicológica inmediata, la capacidad verbal para
duce la nueva entrada que origina un clímax o contra- traducir los movimientos del alma en la ágil contradan-
movimiento; en Filoctetes y Edipo en Colono trátase za del diálogo (movido, rico, de fuerza plástica certera
del mismo motivo central en movimiento, interrumpi-
21 Estas averiguaciones 1,as pormenoriza K. AICHELEen pági-
Cf. E. GARC~A
Zii NOVO, E s t r u c t z ~ acomposiciona2 de ~ E d i p o nas 68-73 de «Das Epeisodionn, en el vol. col. Die Bauformen der
en Colono», Madrid. 1978. págs. 272-279. griechischen Tragodie (vid. nuestra nota 12), págs. 47-83.
38 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 39

y de sutileza bastante), algunas felicidades expresivas menos los cuatro rasgos necesarios. Si abandonamos
que provocan nuestro asombro; en una palabra, un diá- rej juicios (bien sean wilamowitzianos, bien simplemen-
logo exactamente fiel a su cometido de reproducir los te vulgares), daremos la razón al biógrafo antiguo, cuan-
pequeños cambios en que consiste el vivir humano, todo do asevera: «con un pequeño hemistiquio (soy yo quien
eso es en Sófocles maravilloso. La esticomitía, esto es, subraya) sabe Sófocles dibujar todo un carácter». En
el canje alternativo y continuo de un verso para cada esa pintura psicológica, el dominio de los recursos de
interlocutor (funcionalmente afines son la disticomitía la lengua y su capacidad de virtuosismo (palabras de
y la hemisticomitía), tiene en Sófocles una técnica fra- doble filo) brillan en Sófocles particularmente en la ex-
guada " 2 : evoluciona desde una forma estática, subordi- presión de la ironía, la «ironía trágica* que destila de
nada en su función a las rhéseis vecinas (Ayante, Traqui- las limitaciones y quirneras gnoseológicas del ser hu-
nias), a una forma dinámica (desde Edipo Rey) que mano y que en la tragedia sofoclea está poco menos
hace progresar la acción dramática y colabora a1 des- que omnipresente.
arrollo de las relaciones entre los caracteres. Del «di& El verso del diálogo y discursos es, como se sabe,
logo triangular» algo se dijo más arriba. En los discur- siempre el mismo; pero hay que añadir que en Sófo-
sos se afina, más cada vez, la expresión de los variados cles tiene la gracia proteica de ser siempre uno y siem-
sentimientos del alma: vemos en ella una ganancia pro- pre vario, cambiante de cesuras expresivas de notas
gresiva, más que de intensidad de timbre, de riqueza en agresivas o relentas, flexible en el reparto de vocablos
atinos y atisbos de matiz, en que está estribada la efica- en la entidad versa1 o por el ritmo partido de un verso
cia psicológica del drama. Cierto sofocleísmo de nues- con antilabaí; en una palabra, muy lejos de cualquier
tro pasado inmediato (pienso, claro está, en Tycho von anquilosamiento o momificación. El verso camina so-
Wilamowitz 23) nos reveló lo que Sófocles vale como lemne o se desasosiega con elegante naturalidad de pa-
carpintero teatral. Ahora está de moda no agradecér- labra hablada. Sólo en Sófocles puede este verso cabal-
selo, sin duda porque, junto a ese mérito, tuvo el de- gar sobre el siguiente, quiero decir, que una palabra se
mérito de ser muy ciego para apreciar lo que vale Só- alarga de un verso al siguiente y suelda dos versos con-
focles como psicólogo. Verdad es que en esto de la secutivos 2 4 .
psicología y del desenvolvimiento psicológico en el tea- Completará nuestra imagen del arte de Sófocles un
tro hay quien reputa gran psicólogo al dramaturgo que sumario bosquejo de su lengua. El estudio del diccio-
pinta muy a la moderna todo lo que hay que pintar ... nario del poeta y de su retórica, en cuanto variedad
bella del hablar, se puede encarar según direcciones
22 Cf. W. JENS,Die Stichomythie in der frühen griechischen
Tragodie, Munich, 1955, págs. 84-104, y B. SEI~ENSTIC~ER, en pági- 24 Cf. J. DESCROIX, Le trimktre iambique des iambographes
nas 200-209 de «Die Stichomythieu, en el vol. col. Die Bauformen a la Comédie nouvelle, Mkon, 1931, págs. 46 sigs., 109-115, 262,
der griechischen Tragodie, págs. 183-220. 288 sigs.; M. D. OLCOTT, Metrical variations in the iambic trime-
2 3 Die dramatische Technik des Sophokles, Berlín, 1917 (re- ter as a function of dramatic technique in Sophocles' Philocte-
impr., Zurich, 1969), y cf. H. LLOYDJONES,~ T y c h ovon Wilamowitz- tes and A j a , tesis doct., Stanford Univ., 1974 (micr.); S . L. SCHEIN,
Moellendorf on the dramatic technique of Sophoclesu, Class. The iambic Trimeter in Aeschylus and Sophocles, Leiden, 1979,
Quart. XXII (1972), 214-228. páginas 35-SU.
40 TRAGEDIAS

gramaticales y semasiológicas 2 5 y a modo de inventa- en los arelatos de mensajero» por homerismoZ7. La


rio 2 6 , respectivamente; pero también, como necesidad familiaridad y comercio con Homero dejan numerosos
de crearse el poeta un nuevo instrumento de expresión sedimentos en todo poeta griego; pero Sófocles (en
literaria. Esta última perspectiva es la única que aquí otro sentido el «más homérico~de los trágicos) utiliza
nos interesa. con mesura el almacén adjetivatorio épico, y lo propio
La lengua sofocIea trae un nuevo estilo, que pone sucede con otros rasgos característicos de la casaca co-
novedad en el teatro ateniense. Se desarrolla en un sen- mún de la lengua épica: la enorme serie de coinciden-
tido muy diferente al de la lengua de Esquilo y al de cias de este tipo entre el gran poeta épico y Esquilo,
la de Eurípides. En Esquilo domina la suntuosidad que ha acumulado Sideras 2 8 , no tiene paralelo en Só-
verbal, el poderío mágico de la palabra llevado hasta focles.
el frenesí; el poeta agarra con zarpazo de genio las me- En relación con Eurípides, la lengua del diálogo so-
táforas y un I e n p a j e altamente figurado agita y hura- focleo es otramente coloquial, tiene otra jugosidad y
cana su verso. El intervalo estético entre Esquilo y nunca se avulgara. Lo peculiar de la palabra hablada
Sófocles es aquí notorio y se nos aparece como con- sofoclea es haber logrado lo que llamaríamos perfecta
tención y refreno (a veces, lo revolucionario consiste fusión de un lenguaje que llega al espectador en un re-
en el refreno). Elimina Sófocles bastante de la magni- sultado total de naturalidad y la dignidad literaria, la
locuencia esquilea, que parece puesta bajo la divisa de realeza de la palabra, de lo que, en definitiva, es una
aquel verso final del soneto gongorino: ¡Goza, goza el trasposición estética (más distante que la de Eurípides
color, la luz, el oro! » La imaginería, menos frecuente, se
de la lengua vulgar de la vida diaria, más exE22agménZ
hace cada vez más eficaz. Pero de esa renuncia hace
como dice Aristóteles, Ret. 111 1404 b 8 y 1406 a 15).
Sófocles virtud, pues su lengua tiene densidad, se au-
Esta lengua resulta inconfundible y no sólo ni tanto
sentan de ella los vocablos de valor irresponsable y
por sus giros idiomáticos o por la preferencia de cier-
vago. En cuanto a la música, lo suyo no es la sonoridad
brillante, sino la calidad de sonido, dando la nota justa. tas figuras retóricas (como el oximoro o juntura de
Un botón de muestra: la pasión del adjetivo, pasión opósitos, que va contra la ley lógica «dos contrarios no
entusiasta y ferviente que tiene Esquilo, no conduce al pueden caber en un mismio sujeto») o por la receta sin-
epíteto ornamental (los adjetivos que suenan y brillan táctica propia y con pequeña variación, que también la
sobre la frase sólo porque dan formas eufónicas), salvo tiene: verbigracia, el giro dialéctico binario (ni-ni, no-
sino, tanto-cuanto), que responde a una costumbre men-
25 D. M . CLAY,A formal anaíysis o f the vocabulary o f Aes- tal muy de los griegos, se reitera constantemente y la
chylus, Sophocles and Euripides, tesis doct., Minnesota, 1958, y
J. C. F. NUCHELMANS, Die Nornina des sophokleischen Wortschat-
2 7 Cf. L. BERGSON, L'epithete ornementale dans Eschyle, So-
zes, tesis doct., Nimega, 1949.
2 6 Cf. E. BRUHN, Anhang (vol. VIII), a F. W. SCHNEIDEWIN- phocle et Euripide, tesis doct., Uppsala, 1956, y uEpisches in den
A. NAUCK,Sophokles, Berlín, 1899 (repr. 1963); F. R. EARP,The rheseis aggelikain, Rhein. Mus. CII (1959), 9-39.
style o f Sophocles, Cambridge, 1944; y W. B. STANFORD, Sopho- A. SIDERAS, Aeschylus Elornericus. Untersuchungen zu den
cles «Ajaxm, Londres, 1963, págs. 263-280. Hornerismen der aischyleischen Sprache, Gotinga, 1971.
42 TRAGEDIAS INTRODIICCI~NGENERAL 43

insistencia del procedimiento acaba por convertirlo en tienden por completo (alguno hay que, después de ca-
rasgo propio; o ciertos tipos de trimembración a que lificarla de sencilla y diáfana, demuestra luego que no
acostumbra acomodarse; o dos tipos muy sofocleos de tenía razón y que no la entiende ni aun en el sentido
expresión afectiva, uno que opera a base de parataxis, material). Un crítico antiguo hablaba ya de la uanoma-
asíndeton y frases breves (Filoctetes 468-506) y otro lía» de la lengua sofoclea. Oigo decir que el viejo Wila-
que opera a base de un estilo periódico, en el cual el mowitz, después de haber tenido cátedra de tanta auto-
énfasis radica en la estructura lógica del periodo (Edi- ridad en estas materias, confesaba encontrar en la len-
po en Colono 1405-1410)2 9 , etc. Se trata, sin embargo, gua de Sófocles dificultades para adueñarse de ella que
de algo más sutil y residente en el andar mismo de la no había encontrado en los otros dos grandes trági-
frase, con una rapidez y un tempo peculiares, y en la cos ". La descolocación en el enlace de palabras, tantas
calidad personal de una lengua de inconfundible trazo veces inesperado en el orden común de asociaciones, es
hasta el punto de que, anónima la obra, no podríamos una dificultad más bien aparente: un desorden con que
vacilar al atribuirle autor, porque los diálogos de Sófo- se viste, en apariencia, un orden secreto. Cuando trata-
cles, sin nombre, están ya firmados y los Coros de Só- mos de ponerle orden, ¿orden?, pronto vemos que se
focles, muy llenos de elisiones y alusiones y con una trata de palabras en mejor orden que el buen orden
gracia más bailada, parece que el poeta los ha resellado esperable. Dificultad más real es la que toca a bastan-
con firma en todo tan inequívocamente suya: como tes cosas idiomáticas, para apreciarlas debidamente, y
muy bien se ha escrito 30, ante un texto sofocleo difícil- a una sintaxis que permite casi todas las aventuras p o
mente se produciría la situación irritante que ha ocu- sibles. Pero, sobre todo, es la dificultad natural de una
rrido ante algún texto anónimo, que unos han conside- lengua que, desnudándose relativamente de sonorida-
rado «muy Euripides~,y otros, «muy Menandrop. des exteriores, busca músicas y matices del alma, que
La pregonada sencillez de esta lengua es aparente. procede por matices y medias tintas más que por con-
La claridad de entendimiento que, al primer pronto, se trastes violentos. ¿Frialdad, como pregona el vulgo de
crea en torno a lo que el diálogo dice, es ilusoria. Con los cultos? Nada es la Ilrngua sofoclea en menos grado
alguna frecuencia comprobamos su dificultad, inclusive
31 Téngase presente, para comprender el alcance de la m e
sobre algunos de sus traductores que tampoco la en-
desta confesión del gran fildlogo, que en la producción wilamo-
witziana (que es ella sola una biblioteca de más de setenta volú-
z9 Cf. FR. ZUCKER, «Formen gesteigert affektischer Rede in menes) la ocupación con la tragedia ática fue tema constante
Sprechversen der griechischen Tragodien, Indog. Forsch. LXII hasta el sketch titulado <Dise griechische Tragodie und ihre drei
(1955), 62-77 (recogido en el vol. col. [ed. H. DILLER] Sophokles, Dichtern (Griechische Tragodien, IV, Berlín, 1923). contando Wila-
Darmstadt, 1967, págs. 252-267). mowitz setenta y cinco años, y desde un escrito de despedida de
A. LESKY,Die tragische Dichtung der Hellenen, Gotinga, colegio, o cosa así («Valedilctionsarbeitu. e n la Escuela de Pfor-
1956, pág. 141. Quiere decirse que algo falla en el planteamiento ta), redactado a 10s dieciocho años, en 1867, editado recientemen-
de principio, cuando se plantean disputas como la suscitada en te por W. M. CALDER, 111: lnwieweit befriedigen die Schlüsse der
torno a POxy 2452: cf. R. CARDEN-W. BARRETT, en pág. 117 de op. cit. erhaltenen griechischen Trauerspiele? Ein Zsthetiscker Versuck,
en nuestra nota 41. Leiden, 1974 (sobre Sófocles, págs. 70-95).
44 TRAGEDIAS I N T R O D U ~ C C I ~ NGENERAL 45

que fría: no mate 3 Z , sino matizada; no sorda, sino con refluye en sentido contrario hasta que, al fin, la acción
sordina; no con voz débil, sino a media VOZ. se hace pathos y todo se recoge en la corriente de la-
Tanto en el plano de la acción como en el de la len- mentos, que interrumpen las palabras de Creonte, re-
gua, asistimos a la evolución desde algo estático toda- cién llegado al poder. .. Tanto movimiento y variedad se
vía a algo mucho más funcional. Vemos surgir leyes de articulan, por ministerio artístico del poeta, en la uni-
la composición y de la expresión seguras en Sófocles. dad a la vez más libre y más estricta.
Cuando el oído y el ojo se familiarizan con ellas, reco- La lengua, verdadero órgano natural de la palabra
nocemos una dinamicidad, una fluencia dinámica admi- del héroe y de sus acompañantes; la acción dramática,
rable. El vocabulario y sus combinaciones eléctricas, equidistante de la rigidez constructiva, algo ingenua,
cuya onda tantos siglos después aún nos sacude: una de Esquilo y del esquematismo excesivamente artifi-
palabra trágica, que no es cifra secreta del alma, sino cioso de Eurípides ... nos explican lo que la tragedia
algo fáctico y actuante 3" plástica, corporal, elástica. sofoclea tiene de clásica, en cuanto polaridad y concier-
La trayectoria de la frase y de la acción dramática tie- to entre majestad y belleza 3". Pero, para terminar de
nen en Sófocles una vibración peculiar. La frase ahora aclarar el secreto, debernos dirigir nuestra atención a
se tensa elástica, ahora crece, ahora lanza hacia lo más otro factor esencialmente coadyuvante: los personajes.
alto la palabra exacta. La acción progresa paso a paso
para elevarse hasta su clímax -iy qué alta va la acción
en esa cumbre!- y, paso a paso, descender hasta el El héroe trágico
acorde final del drama. Es un juego de arcaduces que
voltean, se cruzan y superponen, se elevan más y más Y entramos a hablar del héroe trágico sofocleo, «una
alto. Todo vibra y se estremece como en un arco iris imagen luminosa proyectada sobre una pared oscuran:
o encrucijada de vientos, es decir, no con un único co- esta definición la sienta Nietzsche en El nacimiento de
lor o viento constante; pero todo según un orden con- la tragedia.
veniente: «lo adecuado del modo adecuado y en el ade- La relación entre el hombre y lo divino en el teatro
cuado tiempo», como viene a decir el biógrafo antiguo de Esquilo es, en fin de cuentas, de consonancia y ajus-
(Vita 21). Tal en Edipo Rey: frase tras frase se suceden te. Para Esquilo, robusto afirmador del orden de la
en tensa curva, conducida a través de inauditos hipér- Justicia representado por Zeus, el curso del tiempo da
batos; las entradas escénicas cierran y abren escena a las tragedias de los hambres la luz de un sentido: en
tras escena, episodio tras episodio y, entremedias del lo porvenir encuentran, en una conciliación final, con-
metal del diálogo, suena la cuerda de los Coros; la tra- suelo de su desconsuelo. De diferente manera ocurren
las cosas en el teatro de Eurípides, reflejo y transpa-
gedia marcha hacia adelante y hacia arriba, y luego
rencia de la revolución de valores contemporánea: rota
32 «Mattigkeitn dice, hablando de Filoctetes, Wilamowitz en
la conciencia de aquella consonancia, la relación entre
página 84 de la obra juvenil que acabamos de citar.
3 3 Cf. W. SCHADEWALDT,en el concienzudo epílogo galeato a su 34 Cf. lo que decimos en págs. 57-70 de «Sobre lo clásicou,
Griechisches Thearer, Francfort, 1964, págs. 493 sigs. en el libro Experiencia d e lo clásico, Madrid, 1971.
46 TRAGEDIAS

el hombre y los dioses toma nuevo giro. El hombre hombre que una vez (una vez que ha durado varios si-
debe vivir por cuenta propia y el dramaturgo, con una glos) ha vivido en un repertorio sincero de creencias,
sensibilidad muy suya, encuentra una nueva manera de arrojado a una circunstancia nueva y conflictiva, vive
ver la tragedia de los hombres. El teatro euripideo es en una situación espiritual infinitamente dramática.
flor amarga de un espíritu que acepta como hecho in- Más adelante, saldrá de una creencia para vivir en otra:
evitable la discrepancia radical entre el hombre y el cuando se queda sin aquelllas convicciones, pero se ins-
dios y que no espera gran cosa de los dioses. Los hom- tala en otras y en los nuevos entusiasmos que informan
bres sufren, con digna amargura, las burlerías de este su época, su vida pierde poco a poco ese dramatismo.
mundo y los encontrados giros de fortuna loca. Cobran Sin embargo, mientras dura el tránsito, mientras vive
la libertad de organizar su propia existencia por natu- en dos creencias situado en un umbral que es a la vez
ral impulso de su ingenio, en cuanto es posible a un entrada y salida, su desarraigo de lo divino es un des-
pobre humano. Descubren tesoros recatados dentro de garro íntimo, el de poder o no poder el hombre hacer
sí mismos, unos valores autónomos y una dignidad pro- sin el dios, el de no tener en lo divino el hombre el
pia que, en los viceversas y complicaciones de la exis- asidero que tuvo y que no se sabe ahora quién lo lle-
tencia, saben mantener. La relación entre el hombre y nará. Y si es esa ausentación y presencia de lo divino
lo divino no es, en Sófocles, de consonancia, como en como de veras lo es, característica del drama sofocleo,
Esquilo, creyente en una conciliación futura como si más cada vez, así se explilca una manera suya de ser
la viera. El héroe sofocleo advierte una discrepancia exclusiva, y síguese d e ahí que Sófocles fundamenta la
entre sí mismo y la; fuerzas realmente actuantes en el situación trágica en bases diferentes, y mucho más ra-
mundo; pero no a la manera de Eurípides. El disol- dicales, que Esquilo y Eurípides.
vente del conocimiento no ha liquidado, en el héroe La separación entre hornbre y dios concentra el dra-
sofocleo, el sentimiento íntimo de que el hombre no ma sobre el hombre, sobre su soledad, que ocupa el
es nada sin el dios. Su terrible drama intimo radica, espacio escénico y constituye la situación trágica. Y por-
precisamente, en que su soledad no es la de un indivi- que efunde de la condición humana misma, insacudi-
dualismo desesperado, sino un reflejo existencia1 de la ble, dicha soledad existencia1 está penetrada por la
eexcentricidadu del humano en su reIación con lo di- amargura de un dolor supremo.
vino; y como el desarraigo del hombre con respecto al La fuerza incomparable: de la tragedia sofoclea resi-
dios es íntimo, es cosa de dentro que no tiene cura ex- de en la figura aislada, en el dolor que descarga sobre
terna, por eso es particularmente doloroso. la figura del protagonista (el aislamiento empieza ya en
En este sentido, el teatro de Sófocles está concor- el título, que es, en seis de las siete tragedias, un nombre
dado íntima y espiritualmente con la crisis del espíritu individual). El dolor del h~éroesofocleo es absoluto, sin
griego irrumpiente en los días que el poeta corría. salida, y por eso es un dolor hasta la congelación de
Como en todos los momentos de crisis, la vida es dual, los huesos. Los personajes de cualquier tragedia griega
coexisten una persistencia de lo antiguo con una ger- son hombres y mujeres doloridos: se duelen gravemen-
minación de algo nuevo en conflicto con lo antiguo. El te de sus desdichas con frases de brío o con acento
48 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 49

desengañado y tristón. Pero ningún otro trágico griego poeta pone en boca de sus personajes y en los melancó-
ha sentido, como Sófocles, la absolutez del dolor de sus licos comentarios del Coro para señalar que la vida del
héroes, sin el menor esperanzamiento en la interinidad hombre es dolor, la desventura de vivir y la ventura
del dolor. Es un dolor a limine y definitivo. No está de no haber nacido. Innumerables son también los lu-
enderezado ad maiorem gloriam Dei, como lección mo- gares en que los héroes y heroínas de este teatro des-
ral constituida por materia ejemplificadora. Tampoco cargan su dolor con gritos y requisitorias pesimistas,
cabe hablar de condición expiatoria de este dolor que, jaleados por el Coro, en son querulante, con sus excia-
una vez apurado hasta las heces del cáliz, asegura su maciones dolorosas y versículos de tipo más clamador
galardón al hombre que ha sufrido y ha sabido peniten-
que métrico. Sófocles ha experimentado más profunda-
ciarse y es como la prima que le garantiza un seguro
mente que ningún otro poeta griego, trágicos incluidos,
de eterna bienaventuranza. Fuera un error sustantivo
la condición doliente de Ila existencia humana. Sus hé-
(pero es error bastante común) confundir a Sófocles
roes, transidos de dolor, sufren la limitación de la hu-
con Esquilo o con un poeta cristiano. No es el dolor en
Sófocles trámite intermediario entre el sufrimiento pre- mana condición sin esperanza, sin tener siquiera el
sente y el gozo futuro. No tiene, para el hombre, salida, desahogo de la rebeldía o de la desesperación que co-
porque es la señal de su humanidad. Pero, precisamen- rre por el subsuelo del teatro euripideo. Ocurre, ade-
te por ser un dolor tan absoluto, es la condición, y no más, que el espectador no puede preguntarse por culpas
hay otra, para que el héroe doliente cobre conciencia y castigos, sino que, y a causa de que esos desdichados
de su ser verdadero. E1 hallazgo de la propia alma, del son generalmente inocentes, su sufrimiento les viene de
más íntimo centro de ella, lo consigue el héroe en el la condición humana, nacida en el dolor. Esto, por una
alumbramiento doloroso. El dolor insoluble, condición parte.
irremediable de la vida del héroe trágico, es e1 medio Pero, por otra parte, precisamente por ser un dolor
en el cual encara aquél su verdadero fondo sustantivo. tan absoluto, es el lugar humano donde sale a luz lo
Estoy repitiendo, con la mayor economía de pala- mejor y más verdadero del hombre: es de calidad que,
bras, algo que va siendo ya de común aceptación. NO al que lo padece, revela su verdadera verdad. El dolor
entro en pormenores ni cito pasajes demostrativos, que sin salida, por su carácter inclusivo y total, porque no
en este lugar omito, por ser cosa en otra parte referida admite soluciones externas, posee la fuerza de revelar
y ventilada 3 5 . Son incontables las expresiones 36 que el
al hombre, levantándose éste desde lo más suyo hasta
3 5 .El dolor y la condición humana en el teatro de Sófoclesm,
que llega a la conciencia de sí mismo por el dolor. Aquí
e n De Sófocles a Brecht, Barcelona, 19742, págs. 13-83. palpamos la condición aneja al dolor, de crisol que se-
Sopkocles and Greek Pessimism, Ams-
3 6 Cf. J . C . OPSTELTEN, para la verdad de la apariencia, la pulpa del hollejo, la
terdam, 1952, págs. 118-156. De u n modo circunstanciado y escru- esencia desnuda, en cueros, de un carácter de su fiso-
puloso, desde una perspectiva d e semántica estructural, ha estu-
nomía ficticia. Este dolor hace que el héroe sea por pri-
diado el venero de léxico del dolor en Sófocles MARCOSM A R T ~ N E Z
HERXANDEL, La esfera semántico-conceptual del dolor etz Sófocles, mera vez lo que él es y que su puesto en el mundo se
tesis doct., Univ. Complutense de Madrid, 1981 ( 2 vols.). le revele como lo que realmente es. El dolor genera
50 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 51

sabiduría. Tal es la fuerza terrible del dolor, en una el gran incornprendido, el inconvencible, el que no
tragedia sofoclea cualquiera. atiende lo que le dicen, para los mediocres el hombre
El héroe sufre un dolor sin salida y sin conforta- sin mesura; en realidad, el que no oye ni ve más que
ción, que tiene la virtud de revelarle su verdadera ima- aquello que le sale del corazón: un deber ser así y un
gen, su yo más genuino, generalmente de un golpe y no poder ser de otro modo. Ayante tiene un solo pen-
en un instante, in ictu oculi. Una vez que se le ha reve- samiento, el recobro de su honra perdida. Antígona, el
lado la imagen, en la que él se reconoce, de acuerdo derecho del muerto a sepultura. Edipo, la persecución
con ella decide irrevocablemente, sin dar su brazo a de la verdad que, revelada, purificará a Tebas. Electra,
torcer, sin apearse de eso. Antes que dimitir de su ser, la venganza de la muerte paterna, para que la casa se
prefiere el desastre, mortal con frecuencia. No puede, purifique... Por esa vía caen en graves malaventuras:
no sabe, no quiere transigir; de donde se saca que la dolor aún más intenso, muerte.
consecuencia de su intransigencia es su soledad, el ais- Pero sería ligereza insigne interpretar que la sole-
lamiento total esta idea de que el hombre sólo es dad del héroe le nace de: sentirse abandonado de los
en su verdad, s610 es en sí mismo, cuando es en su so- humanos, sin alma amiga, cuando la verdad es que esa
ledad, ha encontrado en la fisonomía del héroe sofocleo última soledad simplemente se sobreañade y exacerba
su perfil representativo. En su arisca insularidad, en la más radical soledad que le nace a la existencia hu-
medio de una humanidad circuidora que no le com- mana de su excentricidad con respecto a lo divino. Lo
prende, el héroe se siente solo, abandonado. Parece imperecedero y sempiterno de la Divinidad - q u e , con
que, entre las otras que tiene, una de las misiones del esta pureza, ni Esquilo ni Eurípides han reconocido-
Coro es hacer que el héroe se sienta solo: cuándo le constituye, en cualquier tragedia de Sófocles, el fondo
trae su misericordia y su consuelo locuaz, pero, al con- sobre el cual se destaca lo flaco y fallecedero humano,
dolerse, se alimenta de tópicos sociales que contrarían su caducidad y efimerisnio a merced del tiempo y la
al héroe; cuándo le trae su desaprobación y le aconseja fragilidad de su dicha y su grandeza. Ahora bien, la
que cambie de opinión. De un sentimiento raíz de sen- voluntad del dios, que ejerce su dominio premioso s o
tirse solo, incomprendido de las gentes, que exacerba bre el hombre, es una fuerza extraña a Cste, hostil. Su
su dolor, deriva en parte el autorreconocimiento del hostilidad no proviene de avieso natural, sino que el
héroe y la voluntad de mantener su decisión a todo dios es hostil al hombre, en cuanto incognoscible para
precio, contracorriente de los hombres. En medio de éste o cognoscible solamente al precio y al término de
un mundo de lo razonable y de lo utilitario, el héroe es una experiencia dolorosa, que coincide con la acción
trágica en su conjunto. Así el problema de lo trágico se
3 7 Cf. B. M . W.KNOX, The Heroic Ternper. Studies in Sopho- hace, en Sófocles, problema de conocimiento o, mejor
clean Tragedy, Berkeley-Los Angeles, 1964, págs. 10-25 (Csta es la digo, de ignorancia, esto es, no de ausencia de conoci-
tirada que tengo a la vista, pero hay otra de 1966), y H . DILLER, miento, sino de un conocimiento ilusorio, de apariencia
~ U e b e r das Selbstbewusstsein der sophokleischen Personen,, que entra en tensión con la verdad. El sentimiento trá-
Wiener Stud. LXIX (1956),70-85 (recogido en Kleine Schriften zur
antiken Literatur, Munich, 1971, págs. 272-285). gico de la existencia (que, en otros trágicos, efunde de
52 TRAGEDIAS

otros contrastes: vitalidad y razón, naturaleza y cultu- teatro de Sófocles, algunas figuras nobles (Ulises en
ra, etc.) surge, en Sófocles, de la conciencia de la limi- Ayante, Neoptólemo en Fitoctetes, Teseo en Edipo en
tación del conocimiento humano 3 H . Precisado en estos Colono...) que descubren su humanidad a la luz de su
términos el contraste divino-humano, en cuanto dilema
finitud y de su reconocimiento en la desdicha de los
trágico, se convierte en el ángulo insustituible, desde el
otros con quienes fraternizan, comunican y se socia-
cual debe leerse la tragedia sofociea, no sólo en casos
lizan.
evidentes, como Edipo Rey o el «discurso engañoso» de
En segundo lugar, debo salir al paso de una obje-
Ayante, sino en todos los casos. Lo trágico de su exis- ción previsible. En efecto, pudiera argüirse que, cuan-
tencia le viene a la simiente humana más por defecto do se hace pivote fundamental del pensamiento sofo-
de cabeza que por vicio de corazón.
cleo la contraposición: apariencia del mundo humano
Claro que, al procurar el héroe sofocleo por que la frente a realidad del mundo divino, estamos olvidando
justicia y la verdad no solamente valgan y sean reco-
que esa contraposición puede traducir la modalidad
nocidas, sino, en cierta manera, por hacerlas originarse,
misma de la escena dramática, admirablemente explo-
nacer de nuevo en este mundo, está y se pone, en cuan-
tada por ministerio artístico del dramaturgo, y saltán-
to hombre, en consonancia con lo divino y es, en la
donos los límites entre realidad y arte, en deplorable
voluntad del poeta, un hombre «como debe ser» el hom-
confusión. El hasta dónde llega el efecto teatral y hasta
bre. Sólo que tal consonancia no es la tranquila del
dónde el pensamiento íntimo del hombre Sófocles, es
sabio que se recoge a sus solas y se abisma en soledad,
cuestión sobre la que no puedo hacer juicio seguro.
sino que es dolor indecible, soledad total, muerte. En
Pero yo me pregunto si la frontera entre arte y realidad
cualquier caso, el sucedido trágico centrado en el dolor
es tajante, cuando el arte consiste en la teatralización
del héroe es acreditación de lo divino, todavía docu-
de la tragedia del hombre, y la realidad es el gran tea-
mento literario del «misterio» del hombre.
tro de la existencia. Nos sentimos solicitados a objeti-
Me importa añadir, muy por lo sumario, dos no-
var la experiencia literaria del artista en experiencia
tas complementarias. La primera se refiere a cierta
humana suya y a pensar que e1 arte devuelve a la vida
compensación, esperable en un teatro que pinta tan a
lo que la vida le dio. Si el lector de este teatro conside-
lo vivo la soledad del hombre vista desde su relación
ra igualmente auténticas y esenciales, para su propio
con lo divino. El contrapeso lo constituye el descubri-
uso, las fuerzas que se erpresan en el mismo, vehicula-
miento de finos valores de humanidad en la relación
das por la palabra trágica y por el gesto escénico, y tie-
interindividual. A un nivel distinto de la proceridad es-
ne estos dramas por texto sagrado (Holderlin, W. F.
cotera, insolidarizable, del héroe solitario hay, en el
Otto), ésa es cuestión personal suya.
Tema que ha rendido, en su labranza, frutos exquisitos Lo que me queda por decir, en este capítuIo, se ha
en el estudio de H. DILLER, «Gottliches und menschliches Wissen dicho muchas veces. No buscamos originalidad. Porque
bei Sophokles~: coIeccionado está este trabajo en el vol. col. Sófocles es el trágico del dolor absoluto, es también
Gottheit rlnd Mensch in der Tragodie des Sophokles, Darmstadt,
1963, págs. 1-28, y en Kleine Schriften zur antiken Literatur, pá-
39 Cf. A. LESKY,~Sophoklesund das Humane~,recogido en
ginas 255-271.
Gesammelte Schriften, Berna-Stuttgart, 1966, págs. 190-203.
54 TRAGEDIAS
INTRODIJCCI~NGENERAL 55

titularmente el trágico del hombre, que ha esculpido al ~uperlativamenteinteresantes como los oxirrinquitas,
hombre c o m o debe ser». La correspondencia entre el publicados en 1912 y 1927, con extensas porciones de
arte temporal, la tragedia, y el arte espacial, la escul- Los sabuesos o los tebtunitas (restos de 78 versos en un
tura, es obligada y justa. El dolor limpia al hombre de cartonaje que envolvía una momia) y oxirrinquitas con
todo lo accesorio y lo reduce y aprieta a su figura ver- restos de otro drama satírico Inaco, editados en 1933
dadera. El dolor ha delineado, en la escena sofoclea, y 1956, respectivamente. Por regla general, empero, son
unas figuras de exacta cuadratura, siempre admirables frases truncadas, menuzas inzurcibles, trizas desglosa-
para vistas. Dotados de magnífica arquitectura son per- das de contexto; aunque su aparición tiene siempre la
sonajes imposibles de olvidar, se hincan para siempre emoción que acompaña a todo salvamento. La mayor
en la memoria. La tragedia sofoclea es bello arte plás- parte de los fragmento:; no papirológicos son también
tico y la más verdadera escultura de hombres. El trá- briznas miserables en extensión. El todo constituye
gico verdaderamente lapidario, escultor de figuras de como un conjunto madrepórico o montón de trozos dis-
hombres como deben ser, ni semidioses ni demasiado persos, resultado de una explosión caótica. El filólogo
humanos, nos significa también en este respecto, sobre se acerca a estos fragmentos con ánimo de salvación,
todo en este respecto, un ejemplo de arte clásico por para reintegrarlos al conjunto de que, en su día, for-
excelencia, de tragedia clásica ne varietur 'O. maban parte. Procura reducir el número de los incertae
sedis, intenta someter el desorden a forma. La restitu-
ción y recobro de las grandes líneas del argumento, a
La obra y su cronología partir de los fragmentos, como trocitos de un espejo,
de un espejo de cuerpo entero que el tiempo ha roto
La tradición atribuye a Sófocles unas 123 piezas, en- en pedazos y los más se han perdido, es una tarea filo-
tre tragedias y dramas satíricos, caso portentoso de fe- lógica emocionante. Se deducen corolarios generales de
cundidad, aunque sean, en número, diez veces menos gran interés: los fragmentos de dramas satfricos enri-
que las comedias de Lope. De todo ese latifundio dra- quecen nuestra imagen de Sófocles y la de un género
mático el tiempo, que cura o mata, hizo su tría y ya, al conocido antaño sólo por El Ciclope euripideo; la re-
menos, en el siglo IV d. C. se había hecho una selección construcción de la Telefía nos lleva a un Sófocles que
con las siete tragedias que conservamos íntegras. A 10 todavía componía trilogías; más de un cuarenta por
mucho que se puede encontrar en la tradición indirecta ciento de los temas sofocleos (doblando la cifra corres-
(en citas, obras eclógicas, traducciones latinas), los pa- pondiente a Esquilo y Eurípides) viene del Ciclo troya-
piros han añadido nuevos fragmentos *', algunos tan no, y se confirma el aserto de Cameleonte (Ateneo, VI
277 e) de que Sófocles :se abastece de la cantera homé-
40 Cf. A. LESKY,~Wesenszüge der gnechischen Kiassika, en
Gesammelte Schriften, págs. 443-460.
4 1 Cf, R. CARDEN-W.S . BARRETT, The Papyrus Fragments of ya no sigue siendo la de A. C. PEARsoN (Cambridge, 1917, 3 vols.;
Sophocles, Berlín, 1974 (esta colectánea no comprende los frag- el texto original con la versión suplementaria va acompañado
mentos de Los sabuesos ni los que corresponden a las siete tra- de una orla de comentario!;); consúltese ahora ST. RADT,Sopho-
gedias completas). La edición general de fragmentos sofocleos kles, en Tragicorum Graecorum Fragmenta IV, Gotinga, 1977.
56 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 57

rica.. . Por lo demás, Sófocles, aun fragmentariamente, la clase de poetas de lance y políticos que se nutren de
es admirable muchas veces y, alguna, nos es dable sa- pequeñas anécdotas para reverterlas convertidas en ma-
car de esas escombreras preciosas partículas de liris- teria teatral o como si :la tragedia sofoclea fuera una
mo; aparte de que la particular expresividad de lo especie de novela en clave: que si Electra es un ale-
fragmentario añade maravilla a la maravilla.. . Pero gato en favor de la política de Terámenes, que si el
toda esa problemática más pertenece a monografías rey Edipo es Pericles y IFiloctetes es Alcibíades, que si
especializadas que a estas sencillas páginas de introduc- en Ayante el protagonista simboliza a Salamina y Ulises
ción muy general. Aquí queremos reducirnos a los gran- y la diosa a Atenas, que si el estásimo primero de An-
des problemas que plantean las siete tragedias comple- tígona (VV.332-375) celebra la fundación de Turios en
tas conservadas. el 443, etc. Por lo demás, estos eruditos, a quien detes-
El primero de esos problemas es la cronología. Sa- to, aficionados al drama en clave, practican un método
bemos que Edipo en Colono, tragedia ultimogénita de tan dúctil que la cronología de una misma pieza lo mis-
Sófocles, se representó en el 401, muerto ya el poeta, mo se acomoda a un acaecimiento que a otro. Nos fija-
y que Filoctetes fue representada en el año 409. La ig- remos, pues, en otro tipo de argumentos.
norancia de la cronología de las piezas restantes plan- La fecha de Electra ha sido muy discutida, sobre
tea un pleito filológico importante a la hora de juzgar todo en su relación con la pieza homónima de Eurípi-
estos dramas que, como cualquier obra de arte, tienen des, cuya data también se discute: algunos, por razones
dos significaciones, una por lo que en sí representan métricas, la sitúan hacia. el 418; otros, en el 413; en
y otra por lo que representan en relación con las demás todo caso, cree hoy la opinión más común que la de
del mismo autor, un valor intrínseco e individual y otro Sófocles es algo anterior, de hacia el 420 lo más pron-
valor, el que representan en la serie de obras que de- to; lo más importante es que, como lo patentiza el tra-
muestran una evolución. La filología sofoclea se ha em- tamiento de la intriga, el movimiento escénico y otros
pleado en seriar cronológicamente estos dramas con rasgos, forma grupo con Filoctetes y Edipo en Colono.
los métodos que, en casos tales, le son habituales y que, Ayante debe de ser de ca. 447 y, aunque algunos filólo-
como todas Ias cosas de este mundo, tienen su más y gos (los Wilamowitz padre e hijo, Perrotta, Mazon) han
su menos. El procedimiento que, a mi ver, tiene menos considerado algo anterior Antígona, hoy se piensa ge-
que dar y que no consigue mi adhesión es el que con- neralmente que esta última es unos años posterior y
templa en las tragedias de Sófocles respuestas concre- se da crédito a la ~hipi5tesisn primera, que invita a
tas a hechos precisos de política interna ateniense o de fechar su estreno en el 442; el debate final en Ayante
política exterior, amistades y enemistades con otras ciu- sobre la sepultura del héroe parece que prefigura el
conflicto central de Antígona. Como, en el año 425, Los
dades y cosas por el estilo 42, como si Sófocles fuera de
acarneos de Aristófanes (:v. 267 paródico del v. 629 de
4 2 Este punto de vista rige la obra entera de G . RONNET,
la tragedia sofoclea) la p:resuponen, éste es el terminus
Sophocle poete tragique, París, 1969, en una monotonía que la ante quem y si la peste de Atenas, del año 431, está
empobrece sobremanera. implícita en la misma (véase el párodo), éste sería el
58 TRAGEDIAS INTRODUCCI~NGENERAL S 59

terminus post quem de Edipo Rey, fechable en los ini- entre lo fatal y lo racional interviene ya en Antígona la
cios del octavo decenio del siglo (ca. 429). contraposición divino-humano... E. R. Schwinge ha de-
Las Traquinias completa la nómina y presenta el dicado, en 1962, a la cronología de Las Traquinias un
problema más grave. Para unos (Dain-Mazon, Zielinski, libro importante poniéndola detrás de Ayante y an-
Ronnet, que la data ca. 464-62), es la pieza más antigua tes de Antígona. Su análisis se detiene en cuatro pun-
de las conservadas. Para otros (Schmid, Kranz), se si- tos: adiálogo tnangular'm propiamente dicho, ausente
túa entre Edipo Rey y Electra. Schiassi llega a datarla de Ayante y La Traquinias, pero presente ya en Antf-
ca. 410. Son opiniones extremosas. Los más de los eru- gonu y perfectamente manejado en Edipo Rey (Edipo,
ditos actuales la sitúan antes de Edipo Rey (así Lesky) Creonte y Yocasta, Edipo, el pastor y el mensajero c o
y todavía más, antes de Antígona (Reinhardt). No diga- rintio); aforma dípticaib, que Webster 44 ha señalado
mos nada definitivo: el problema se alza todavía. Mu- como característica de las piezas anteriores a Edipo
chas razones abonan por una datación antigua, anterior Rey, o sea, presencia de: una cesura en la acción, pro-
desde luego a Edipo Rey y, tal creemos, algunas invitan ducida por la muerte de un personaje, pero mientras
a adelantar aún más la fecha y ponerla antes de Antí- que en Ayante y La Traquinias el muerto (Ayante, De-
gona. Estas razones, las de uno y otro grupo, si una a yanira) deja paso a un nuevo aprotagonistam, en Antf-
una consideradas, acaso pudiera pensarse que son apre- gona Creonte está presente en escena desde el comien-
ciaciones subjetivas (eterna cuestión del atodavía no, zo; desarrollo de un diálogo más maduro que tiene
o del «ya no,), producto de mucha imaginación inter- eficacia sobre los interlocutores: mientras que, al final
pretativa, y que cualquiera podría sostener una inter- de Ayante, Menelao y Agamenón no cambian despuCs
pretación contraria. Pero esa impresión de isosthé- de discutir con Teucro y Ulises, ni en Las Traquinias
neia ton ldgon no resiste la fuerza de convicción que Hilo ante su padre, que vence pero no convence al hijo
de todas las pruebas, en su conjunto, se deduce: la que obedece, ya en Antfgona el resultado, por ejemplo,
fusión entre la saga y el fatalismo no es perfecta, como del diálogo Creonte-Tiresias es que, de amigos que eran,
lo es en Edipo Rey; Las Traquinias es una «tragedia de pasan a ser enemigos; finalmente, apréciame ciertos
la ceguera,, como Edipo Rey, pero, a diferencia de Csta, distingos en la utilizacitin de los oráculos y avisos del
está ausente toda distinción entre culpa voluntaria e más allá: en Ayante y LLS Traquinius tropezamos (como
involuntaria; el descubrimiento del yo en Edipo Rey tantas veces en Heródoto) con vaticinios oscuros, cuyo
acontece en la intimidad de dos almas que se aproxi- sentido solamente se desentraña una vez que la profe-
man, en Las Traquinias se mantiene el carácter a m e d a se ha cumplido, cosa totalmente adversa a lo que
nológico, primitivo; Heracles carece de la autorrevela- acontece en Edipo Rey, que el oráculo no es algo a pos-
ción de Edipo; el signo precursor de la catástrofe no teriori de la acción dramática, sino algo que condicio
está enviado por el dios tan claramente como en Edipo
48 Die Stellung der ~Trachinierinnenmirn Werk des Sophe
Rey y Antígona; las oposiciones y contrastes son más
complejos en Antígona; la ironía divina comienza, en kles, Gotinga, 1962.
""p. cit., phgs. 102-103, y J . A. W u w c ~ Sophocles
, the Dra-
esta última, a animar el juego escénico; en el contraste matist, Cambridge, 1951 (reimpr. 1966), págs. 50-61.
60 TRAGEDIAS
I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 61

na el drama mismo. Y ya que nos hemos demorado en dificultades de interpretación 4 6 , cuya solución va im-
este problema cronológico, añadiremos una última ob- plícita en la traducción literal que ofrecemos. Esta de-
servación: autores (como Lesky y Paduano) que ponen claración preciosa (palabras de confidencia y de tanto
encanto) nos muestra a Sófocles convirtiendo la mira-
Las Traquinias después de Antígona, porque, como se
da hacia atrás, haciendo examen de conciencia y com-
dijo, esta última pieza se data comúnmente en el 442
parando al Sófocles que fue con el que ahora es. En el
y porque entienden que hay en Las Traquinias una es-
arranque, un escritor muy influido por el estilo de Es-
cena, la despedida de Deyanira (VV.920 SS.), que se
quilo, por su ónkos, que .no ha de declararse por so-
inspira en otra análoga de Alcestis de Eurípides (del lemne bambolla, sino por grandeza orgullosa en pala-
año 438), los «adioses» de Alcestis (VV.175 SS.)no acier- bras que desplazan gran volumen fonético y también
tan, creo, a persuadirnos de que ése, y no el contrario, en la inventiva. En los calmedios, reconociendo en su
es el versus de la relación 45. estilo un no sé qué de áspero y teatralesco. En la meta,
el punto de madurez de un estilo «más ético*, que efun-
de directamente del ser íntimo del hombre (ético en el
Evolución sentido, verbigracia, con que Aristóteles así designa los
discursos del Ulises de la Odisea).
«En efecto, así como Sófocles decía que estando ju- Así dijo de sí mismo el propio Sófocles un día en
gada por él hasta su término la solemnidad de Esquilo que se supo conocer y distinguió tres etapas en su poe-
y luego lo amargo y artificioso de su propia invención, sía. En su primera etapa seguía la manera de Esquilo
en tercer lugar cambiaba ya a la forma del estilo, que en el vocabulario, en el relato, en lo escénico: en los
es precisamente la más propia del carácter y la mejor, miserables fragmentos restantes de Triptólemo y de Tá-
así también los que filosofan, cuando desde lo propio miris son, en efecto, muy pronunciadas las reminiscen-
de las solemnidades y lo artificial descienden al discur- cias léxicas esquileas y la relación influenciadora de
so que toca al carácter y la pasión, empiezan a progre- Esquilo se aprecia también en el relato, en la ((relación
sar el progreso verdadero y sin orgullo., Esto es Plutar- geográfica, donde hay tierras y mares para todos los
co, en el capítulo séptimo del tratado moral dirigido a gustos. Lo «amargo, de la segunda etapa (en el sentido
Sosio Senecio y que, en traslado latino, se titula De p r a en que amargo, opuesto a dulce, se aplica a cosas lite-
fectibus in uirtute (Mor. 7 9 b ) . Es un testimonio, im- rarias) y lo artificioso de ella debe de referirse, en lo
par entre los autores clásicos, que nos da proporción escénico, a ciertos golpes de efecto para estremecer al
de conocer lo que el propio Sófocles pensaba de la espectador (la muerte en escena de algún hijo de Níobe
evolución de su estilo. El texto griego ofrece algunas o, en Tereo, las metamorfosis en pájaros de Tereo y

4 6 Cf. C. M. BOW, aSophiocles on his own developmentm,


45NO me convencen los argumentos métricos de H. Pom-
SANDER, ~Lyrical meters and chronology in Sophocless, Amer.
Amer. Journ. Phil. LXI (1940), 385-401, recogido en Problems of
Journ. Phil. LXXXIV (1963), 280-286, para poner Las Traquinias Greek Poetry, Oxford, 1953, págs. 108-125, y, en versión alemana,
detrás de Antígona. en el vol. col. (ed. H. DILLER) Sophokles, págs. 126146.
62 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 63

Procne, el suicidio de Ayante solitario); en el vocabula- nerse, de Ión de Quíos (fuente segura de Plutarco en
rio, a la inflación de adjetivos privativos, compuestos otras ocasiones; el vocabulario del texto, en su acep-
verbales con ciertos dobles preverbios, mucho nombre ción técnica y literaria, es perfectamente datable a fines
abstracto 47, adverbios no adjetivales con sufijo poco del siglo v), fallaría tal vez el cómputo anterior. En
corriente, formaciones anómalas para acomodarlas d efecto, la amistad de Ión con Sófocles, como quedó di-
verso; a una imaginería excesiva (todavía en Antígona cho páginas más arriba, arranca de hacia el 441, recién
contamos más del doble de metáforas que en Electra y estrenada Antígona. Sófocles hace su confidencia, insta-
Edipo en Colono y casi el triple que en Filoctetes); a lado ya en la tercera manera, en el estar haciendo des-
cierta dureza en la construcción del periodo; a cierta pués de haber hecho (cf. 2dE y diapepaichds, porque la
rigidez en la argumentaci6n ucircular~,en la forma se primera y segunda etapas son ya conclusas); luego, por
entiende; exceso de amplificaciones; a un manejo, m e una parte, el nuevo estilo podría estar ya de cuerpo en-
nos flexible y personal, del verso del diálogo... Este tero en Antígona (aunque si la confidencia data de años
resabio de sequedad y artificio se va comgiendo por más tarde, verbigracia del 428, estando Ión en Atenas
efecto de un cambio natural (metabdlein dice el texto con ocasión de participar en un concurso trágico, la
plutarquiano, que no hay que enmendar en metalabein) tercera etapa deberíamos iniciarla con Edipo Rey 4 8 ) .
y, por último, viene lo que Sófocles considera su mejor Por otra parte, Ión de Quíos ha muerto en el 421: por
estilo propio, por compulsa con lo anterior. El poeta se varias razones, pero ante todo por esa bien sencilla,
ve en su maestría y modo, seguro ya en el rumbo de cuando Sófocles le hacía esa confidencia, no estaba di-
su producción: un nuevo drama que lleva consigo cier- cha aún la última palabra de su poesía. (Creo recordar
ta eficacia aética*. que también ha hablado de los tres estadios o periodos
¿De dónde ha tomado Plutarco este testimonio? De de su obra poética Nietzache ... a los catorce años.) El
la respuesta que demos a esa pregunta depende la ca- poeta (salvo que lo supongamos encaramado al trípode
sación de muchas discusiones sobre la manera de de las predicciones, adelantando porvenires) no podía
computar en años cada etapa y de establecer las corres- saber si, más tarde, su estilo tomaría nuevo giro, ni si
pondientes divisorias. Algunos sabios (Schadewaldt, su obra, después de la otoñada fecunda, inauguraría
Earp) opinan que, dentro de la obra sofoclea conserva- otra nueva etapa en el imvierno fructuoso: como así
da, Ayante es muestra de la primera etapa, hasta los fue, en efecto. En resumen: es probable que la primera
cincuenta años del poeta; Antígona, Las Traquinias y de las tres etapas que Sófocles -ingenio viril en lo
Edipo Rey, muestras de la segunda etapa, entre los cin- maduro de su edad- ha distinguido en su propia obra
cuenta y cinco y sesenta y tantos años de Sófocles; y abarque una fase anterior a la producción conservada,
reservan la tercera etapa para EZectra ca. 413, Filocte- desde Triptólemo, su pri~nerestreno en el 468, cuando
res del 409 y E d i p o e n Colono ca. 406. Ahora bien, si el poeta reunía ya veinticcho años; que la única repre-
el testimonio en cuestión procede, como puede supo- sentación conservada de su segunda etapa sea Ayante,
de hacia el 447; y que La(; Traquinias, Antígona y Edipo
47 Cf. A. A. ~ N G Language
, and Thought in Sophocles (A
study o f abstract nouns and poetic technique), Londres, 1968. Así T. B. L. WEBSTW, CIP.
cit.. phg. 193.
64 TRAGEDIAS INTRODUCCI~NGENERAL 65

Rey sean documento de la tercera etapa. Luego vendría dirección al sofocleísmo del actual presente. Este libro,
un cuarto Sófocles, junto a los tres que él mismo ha por los blancos que elige y por el tino de sus disparos,
considerado al hacer historia de su carrera desde un el mejor libro de Reinhardt (que tan buenos ha escrito),
Sófocles, que no es Sófocles pero que presupone a Só- debiera ser la compañía inseparable de todos los lecto-
focles, hasta un Sófocles que se siente dueño de su arte res cultos que se acercan a Sófocles. Ya empieza a ser-
y su camino propio. El cuarto Sófocles no otro, no, sino lo, aunque todavía algún sofocleísta (de los seminoti-
el mismo en perfección es el poeta octogenario de Elec- ciados) acredita su rara insensibilidad al desconocerlo.
tra, Filoctetes y Edipo en Colono. La verdad es que la fama internacional de Reinhardt
Trepado a esa altura de años, Sófocles nos ofrece ( t 1958) ha sido una fama póstuma. Su propia concep-
un caso portentoso de juventud, de capacidad de reno- ción del método filológico, como algo intransmisible,
vación y rejuvenecimiento. Hasta traspasar la barrera le condenó en vida al aislamiento. Hay otras razones.
de los noventa años sigue echando hijos artísticos al Su formación intelectual avanzó siempre en contacto
mundo y, en lugar de sufrir la natural decadencia de directo con la filosofía. Su estilo expositivo, con haber
todo lo criado, se embala en una nueva manera y re- aprovechado el saber menudo que un largo asedio filo-
mudación de estilo. Dante compara la xlej ez con una lógico ha almacenado, prescinde del lastre de la erudi-
rosa muy abierta que da sus perfumes, los de la expe- ción allegadiza y, como la mucha ciencia no estorba
riencia, a todos. Tal la de Sófocles. En la altitud de los para la bella marcha del texto, tiene la calidad de ver-
años y del talento el poeta, que tuvo una salud fisioló- dadera creación poética. Estas calidades no le predis-
gica de hierro, seguía poseyendo inspiración lírica, po- ponían para ser bien acogiido ni comprendido por cier-
der plástico, don verbal sabiamente esgrimido. Pero, ta filología al uso. Pero una buena formación filosófica,
sobre todo, Sófocles, que se ha envejecido en el cultivo siempre que no lleve a interpretar lo antiguo a partir
del arte, nos asombra y pasma (como es fama que pas- del presente y siempre que no sustituya por grandes
mó a los jueces) por su energía espiritual. La evolución construcciones apriorísticas lo que nunca debe dejar
que nos lleva al último Sófocles concierne, desde luego, de ser exégesis «de lo particular y de lo singular», pue-
a aspectos importantes de la lengua y de la escena ( a de y debe ser bien recibida por la filología sofoclea, y
algo de esto aludimos más arriba); pero, sobre todo, a en efecto, para bien y no para mal de la misma, ha
su visión de la vida y su conducta, a la manera de en- forjado una nueva imagen del teatro sofocleo. Es ella
tender la actitud del héroe trágico frente a sí mismo y el resultado de una lectura enteramente «autónoma» de
frente a la deidad y al carácter mismo de las situacio- Sófocles: el autor y el intérprete ( i n angello cum li-
nes trágicas. bello) cara a cara, otra novedad, ¡quién lo diría!, sin
También de esto último hablábamos antes. Pero interposición de la erudición ajena, porque la crítica
ahora ya se nos hace forzosa la referencia al Sófocles no puede sustituir, tampoco para el filólogo, el contacto
de Karl Reinhardt 49, que tanto ha sensibilizado, en esa directo entre la obra y el lector. Se lee al poeta con

. ' V o p h o k l e s , Francfort, 1933 (19412, 19473, 1976"). Hay tra- Medianoche, de selecto gusto, han querido para sus catálogos.
ducción francesa: Sophocle, París, 1971, que las Ediciones de Trad. inglesa: Oxford, Blackwell, 1979.
66 TRAGEDIAS

profundo respeto por la organicidad del texto (sin mu- que Reinhardt añade tocante a la evolución cronológica
tilarlo) y a la búsqueda del sistema inherente del orga- en el tratamiento sofocleo de la misma.
nismo literario, que surge de las relaciones fundamen- La evolución en el teatro de Sófocles y los proble-
tales entre las fuerzas que lo determinan: el héroe, lo mas conexos de cronologia los ha visto Reinhardt como
evolución de la «forma interior», que él considera s o
divino, los demás hombres. Por otra parte, también la
hermenéutica, más cuando es de poesía, necesita su án- bre todo al nivel del pensamiento, viendo en el estilo
gel: aquí el crítico literario no se avergüenza de su es- algo así como una forma mentís (lo cual poco tiene que
ver con lo que hoy se llama «morfología literaria))).
tilo, un estilo poético que no facilita la lectura, pero la
hace más remunerativa. En fin, hoy ya se tiene para Persiguiendo la «cronología de la forma interior* se
Reinhardt un movimiento de merecida reflexión; pero descubre también una evolución formal en la carrera
dramática de Sófocles. Dos tipos de drama se contra-
aún merece más fama de la mucha que ya tiene. Me
refiero al juicio de la filología profesional (en el que ponen. Hay una «prime]-a manera*, representada por
Reinhardt es recientemente famoso), pues, desde otros Ayante y Las Traquinias, en la cual el centro de la
acción dramática es el yo estanco y la escena adopta la,
campos, la obra de Reinhardt hace tiempo que había
sido apreciada como merece: Heidegger consideraba mejor o peor llamada, forma estática o estacionaria.
«grandiosa» su interpretación de Edipo Rey y Gadamer Es una forma «monológlca», no en el sentido técnico-
(un filósofo tan atento a los problemas de la hermenéu- escénico ni en lo que este vocablo tiene de equivalente
tica) diputa al Sófocles como el libro que más se acer- fronterizo con soliloquio: apunta a una forma de poe-
ca al modelo ideal de ensayo literario. sía que tiende a la autorrepresentación del yo, a un
La técnica del análisis reinhardtiano consiste en un proceso de excavación en la personalidad individual,
examen comparativo de los módulos escénicos y lin- basada en datos que se refieren a la esfera subjetiva,
güístico~que, en la obra sofoclea conservada, definen dentro de los límites del autismo. El hombre «monoló-
una situación humana sustancialmente unitaria, pero gicamente» desde su destino habla al udémonn, por el
que se configura variablemente a través, entre otras co- cual está limitado y encerrado. Por «démon» se entien-
sas, de la diversa relación entre sus términos dialécti- de el destino doloroso del hombre como conjunción de
cos fundamentales. El hombre sofocleo se constituye la fuerza sobrenatural que lo decide y de su recepción
según las incidencias de dos coordenadas, se coloca en humana que, absorbiéndolo, lo transforma en módulos
el centro de dos ejes definidores de su existencia: el de la existencia trágica, ilustrativos de la libertad de
eje vertical de su relación con lo divino y el horizontal sufrir, de advertir una discrepancia radical entre uno
de su relación con los demás hombres. El primero de- mismo y las fuerzas que realmente actúan en el mundo.
termina el sucedido trágico; el segundo, la reacción hu- En la manera tardía, desde Electra a Edipo e n Colono
mana ante el mismo. El primero es constante, y el se- pasando por Filoctetes, el centro es el tú o la penetra-
gundo, variable y subordinado al primero. Páginas más ción del yo en otro yo, un juego dinámico, juego mutuo
arriba hemos perfilado nosotros el marco general de de los hombres que realmente dialogan (diálogo es la
esta situación trágica. Destacamos ahora solamente lo organización de la existencia que se funda en posibles
68 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 69

contactos entre los hombres y en el influjo mutuo entre Edipo en Colono, donde todas las conquistas preceden-
los mismos) y participan uno con otro en su acción, tes intentan realizar, en e1 arte y en el mundo, el tras-
voluntad y dolor; entre tanto, lo divino se ausenta de paso del hombre al udémonn. Aquí radica el salto con
la escena, el poeta lo extraña a un círculo más exterior que este drama se separa, o aventaja, a sus hermanos
al acontecer dramático, desde el cual contempla cómo anteriores.
los hombres, abandonados a sí mismos, se debaten en Al fulgor de esta profunda intuición reinhardtiana
estériles esfuerzos. Cesante el dios, en apariencia, los se nos alumbra una visión nueva de muchos problemas
hombres tienen licencia para, con optimismo de ilusos, perennes de la tragedia sofoclea: problemas de función
arbitrar planes inteligentes: el hombre que, ande por dramática, como el exacto valor de los oráculos en Las
donde ande, sólo nuevos dolores se acarrea. Pero, final- Traquinias y Edipo Rey; composicionales, como la re-
mente (Edipo en Colono), la deidad se acerca de nuevo lación entre la primera y segunda parte de Ayante, a la
al hombre en una vecindad que supone un clima com- luz de la exégesis del lógos eschanatisménos, sacándolo
pletamente nuevo en el teatro sofocleo, o bien (Filoc- de algunas confusiones que la crítica ha venido enre-
tetes) interviene enseñando y reconciliando. Entreme- dando en torno suyo (mira, lector, lo que escribimos
dias de ambas maneras, los dramas de la madurez An- más adelante), o la unidad composicional de Las Tra-
tígona y Edipo Rey: en la escena, el « d é m o n ~ausente- quinias; problemas técnicos, como la valoración e im-
presente y el hombre obrando, sufriendo, errando en portancia del tercer actor; un planteamiento profundo
libertad, en disociación con los demás hombres, pero de los problemas cronológicos, en particular el de la
de acuerdo con el dios. fecha relativa de Las Traquinias, que debe seriarse, con-
En una palabra, el cambio de estilo y de procedi- forme más arriba alegamos, delante de Antígona.. . Casi
mientos viene de un cambio en la visión de la realidad siempre y en casi todo nos convencen estas ideas me-
humana, de una nueva visión de la situación existencia1 nores de Reinhardt; pero, dado el carácter muy general
del hombre. Adquirimos así un sentido más exacto de de estas páginas nuestras, más nos importa señalar al-
las conquistas progresivas del poeta. En el plano de la gunas consecuencias de significación más amplia. En
visión trágica de la existencia, desde el aislamiento del lo formal, nace una nueva concepción de la acción dra-
hombre en Ayante y Las Traquinias, que es pura expe- mática y de sus diferentes momentos: los episodios no
riencia de la realidad de la vida, a un aislamiento hu- representan ya situaciones estáticas (en fin, así pueden
mano que es centro y núcleo del que irradia la fuerza llamarse, sin poner gran empeño en la exactitud del
epíteto) en sucesión rígida, sino que advienen lugar pro-
que da forma y sentido a la tragedia. En Electra, Apolo
pio de peripecias y cambios que informan la escena;
y Orestes, el que impone la intriga y el que la ejecuta,
el pathos arcaico, en el que el dolor se esteriliza, se
son un mundo extraño para Electra, entre ese mundo
hace dramático en la medida en que viene convivido
y el suyo propio hay una verdadera cesura: el indivi-
por diferentes individuos; el nivel narrativo, a base de
duo, que se identifica con su «démon», puede afirmarse
arelatos de mensajero, 5c' sobre todo, se anima con una
en su aislamiento. La conclusión del trabajo artístico,
verdaderamente constructivo, del poeta la representa 50 Cf. J . I(ELLER, Struktur und dramatische Funktion des Bo-
70 TRAGEDIAS
INTRODUCCI~NGENERAL 71

tensión interna que lo sustrae a paralelos fáciles con la ponde a la llamada con una vecindad, que no se ve en
novelística y va tendiendo a ahondar y a barrenar en sus obras del inmediato antaño, pero sí en Edipo en
la autenticidad de la condición humana; los coros, que Colono, hija de su vejez.
tenían un solo tono desde el principio al fin, se animan
con un movimiento interior más rico, hasta formar
«pequeños dramas*, con peripecia y final propios.. .
Podemos nosotros, a nuestro libérrimo arbitrio, pre-
ferir la una o la otra manera en el teatro de Sófocles, La leyenda de la muerte de Ayante sube hasta La
gustar más de Edipo Rey como dechado de la tragedia Etiópide y La pequeña IZíada, Muerto Aquiles, aspiran
griega, la primera tragedia sofoclea en jerarquía, o ver a heredar sus armas el corajudo Ayante, que con tozu-
en Edipo e n Colono el mejor momento del poeta. Pero dez indómita ha protegid~oel cadáver del Pelida hasta
la existencia misma de una «última maneras en la tra- ponerlo a salvo en el campamento aqueo, y el astuto
gedia sofoclea (Electra, Filoctetes, Edipo e n Colono), Ulises. A este último le dan su voto los griegos. No
dándonos a gustar un Sófocles distinto al de antes, está pudiendo sufrir Ayante el menoscabo de su honra las-
fuera de duda. timada, para vengar el agravio decide dar muerte a
La cesura decisiva, y volvemos con esto al terreno Ulises y a los Atridas, sus enemigos ostensibles y deci-
biográfico, se sitúa en el tiempo que siguió a la muerte didos. Pero es víctima de una amarga burla de Atenea,
de Pericles y gran peste de Atenas, a comienzos de los cuyo favorito es Ulises. La insania, que la diosa le pro-
años veinte. Fue entonces cuando Sófocles vio que a10 duce, llévale a dar muerte, a prima noche, a un inocen-
divino trasponías ( E d i p o R e y 910: érrei de t& theia), es te rebaño de reses, tomándolas por sus enemigos. Re-
decir, que, entre otras cosas, se ponía en tela de juicio velada por la luz de madrugada la verdad del caso,
lo que era, sin duda, la razón de ser del poeta trágico, Ayante se siente cubierto de ridículo. Para un guerrero,
la que legitimaba su oficio ( E d i p o Rey 896: tí de2 m e que piensa en puro homérico, la honra consiste en la
choreúein). S u respuesta no fue sentirse inseguro con vista pública y en lo que defuera parece. La vergüenza
respecto a lo divino, como le ocurrió a Eurípides; pero de lo que hizo, perdida la cabeza, en aquella noche me-
parece como si entonces el poeta, como los dioses se drosa, sólo puede lavarla el suicidio. Ayante abandona
alejaran del hombre a una distancia homérica, hubiera la vida por propio designio.
querido refugiarse en lo ahumano, del carácter noble El drama tiene forma de díptico: dos terceras par-
(gennaion Zthos), que con tanta maestría diseñó en tes, que acaban con la muerte del Ayante, y el tercio
Electra y Filoctetes. Pero, al final de sus días, de nuevo final, con el regreso de su medio hermano Teucro (Teu-
el poeta nos pone delante de los ojos la misteriosa ver- cro de Ayante, como Alvarfáñez del Cid, su aderecha
dad que hay en el esfuerzo humano que, en el dolor, manos) y la disputa, diálogo sacudido de violencias
tiende como un imán a lo divino y éste, finalmente, res- y de intransigencias, sobre la sepultura del héroe. La

tenberichtes bei Aischylos und Sophokles, tesis doct., Tubinga, En español hay dos formas correctas de este nombre:
1959 (mec.). Ayante y Ayax (que es la pn-ferida por el traductor).
72 TRAGEDIAS

intención del poeta, ya en la primera parte, está miran- cursos. El primero es el de la toma de conciencia
do a la segunda, tan esencial como la primera, y deter- (VV. 430-480) y reconocimiento de que desde el punto
mina la característica construcción del drama. No es en que hizo lo que hizo, no hay más salida que el sui-
un díptico con «carga inicial» en su primera parte no cidio. El tercero es el típico discurso de los ((adioses*
más esencial que la segunda: la reivindicación póstuma al mundo que Ayante ha amado (w. 815-865). Entre
del suicida, guardador puntilloso de su honra, la salva- ambos, el ldgos esch,?matisménos (w. 642-692), gesto de
ción de su imagen heroica. Es, precisamente, Ulises condición ambigua y asendereado lugar, que ha dado
quien cubre con sus discreciones las indiscreciones de lugar a bastantes malas inteligencias. Texto oscuro, se
los dos Atridas que, en su rencor, siguen dando gran- dice. Sí, pero un texto oscuro puede serlo por mérito
des lanzadas a moro muerto. Este gesto muy señor de propio o por mérito del lector que no sabe ver claro
Ulises nos recuerda aquel momento de la Ilíada, cuan- o del comentador que le traspasa graciosamente al
do da su merecido al insolente Tersites, cuya plebeyez autor su propia oscuridad menta1
moral Hornero ha doblado de otra física, pintándolo Varían los ingenios de los intérpretes en declarar el
achaparrado, hombriangosto, anquiboyuno y piernicor- sentido de las palabras del héroe. ¿Miente Ayante,
to. La ejemplar magnanimidad de Ulises está prepara- héroe homérico de la veracidad, en este discurso de
da desde el prólogo, donde no falta en él un ingrediente engaño? La pintura literaria de los procesos de engaño
de compasión y respeto hacia Ayante. Con calor sufi- tiene una larga tradición en la literatura griega 53. ¿Dice
ciente consigue Ulises, en el desenlace de la pieza, la la verdad, pero se engañan sus oyentes, porque Ayante
digna sepultura de Ayante, cuyo cadáver ha estado pre- habla de un suicidio glorioso, esto es, después de matar
sente en la escena hasta el final: documento y aviso, ya a los Atridas, y ellos refieren sus palabras al suicidio
en este drama, de humanidad muy sofoclea, que efunde de Ayante, tal y como tiene que ser? ¿Es el discurso
de la conciencia en el hombre de su mortalidad. Este de un loco? ¿Dice Ayante su verdad de ese momento
rasgo de humanidad, juntamente con la libertad del y es auténtico su cambio, pero el impulso determinante
suicida al ejecutar su acto y con la dureza de la diosa, de las fuerzas divinas le llevan luego a retornar a su
son los tres acentos resaltantes que ha puesto Sófocles primera actitud? ¿Busca que le dejen camino libre para
al viejo tema. Composicionalmente el drama se revela su acto y engaña, pero, al mismo tiempo, denuncia una
como un organismo muy trabado 51. concesión íntima de su a.lma a aquellos que bien le
La primera parte es, como en Edipo en Colono, el
camino del héroe hacia su muerte. Al principio, la ima- 5 2 Bien lo comprendió W. SCHADEWALDT. El ildstradísimo pro-
gen del héroe enloquecido, en tiniebla mental, en círcu- fesor protagonizó, en este punto, una ejemplar palinodia, como
lo de fiebre y melancolía y, al punto, envuelto en una se infiere del cotejo entre dos trabajos suyos: aSophokles, Aias
und Antigone~,Neue Wege zur Antike VI11 (Leipzig, 1929), 61-109,
red de pensamientos, roto, deshecho. En el lamento y aDas Drama der Antike in heutiger Sicht*, Universitas VI11
lírico, la catástrofe predecible. Y los tres grandes dis- (1953), 591-599 (cf. pág. 595): este Úitimo trabajo, recogido en
Hellas und Hesperien, 1, 187-194.
51 Cf. R. GRUE~IER, Untersuchungen zur Struktur des sopho- 5 3 Cf. U. PARLAVANTZA-FRIEDR.ICH,
Tauschungsszenen in den Tra-
kleischen Aias, tesis doct., Kiel, 1971. godien des Sophokles, Berlín, 1969, s t., págs. 16-24.
74 TRAGEDIAS
INTN 0 0 ~ C C l ' f i N CFNERAL 75

quieren? {Es la lucha entre un Ayante irreductible y no tardará en prescindir se mezclan con el anuncio de
un canti-Ayante» dispuesto a aceptar ciertos valores, otros característicos de la obra futura que se prepara:
con la victoria final del primero? {Es, en fin, explicable muy en particular, el arte de trazar una figura en el
por simple conveniencia de técnica teatral, como retar- marco de una o dos situaciones que emergen resuelta-
dación? (Esta última explicación, desde luego, no es mente del plan general de la obra. Todo lo restante
suficiente.) viene a ser reflexión, comentario, interpretación de ese
Pero la amentira* se verá solamente una vez que se núcleo central; pero todavía la interpretación no se
haya producido el salto desde la apariencia a la verdad. eleva al nivel de una concepción fundamental, surgien-
En realidad, las palabras del héroe reconocen la verdad do del núcleo poético mismo, como en Edipo Rey.
de lo que el mundo es, elogian el orden de la existencia
como ésta es. En el espectador provocan un conflicto
de simpatía: la nobleza de Ayante le despierta una sim- Las Traquiniasr
patía que no hay que decir; pero sin dejar de solidari-
zarse emocionalmente con el héroe y su elección, no Repútase por lo menos vivo y fuerte de la obra con-
puede evitar identificarse igualmente con el contenido servada. La sagacidad ajena, que se ha empleado en
ético de la ficción de Ayante, que se funda en máximas declararlos, nos ahorra pormenorizar los defectos, rea-
de s6phrosynC, tan cálidas al corazón de los atenienses. les y supuestos, de esta pieza. En descargo de las incul-
Este conflicto refleja el contraste humano-divino que se paciones circulantes sobre el drama señalaré que la
produce en lo íntimo de Ayante, puesto en capilla para refundición de Ezra Pound. 5 4 se ha considerado henchi-
el encuentro supremo. Demasiado tarde, como siempre, da de sentido para nuestra moderna sensibilidad y que
alcanza el héroe el conocimiento de sí propio, del mun- algunas representaciones recientes han demostrado que
do y de la relación entre estas dos realidades. La armo- la actualidad de Las Traql~iniases reivindicable. Como
nía del Universo está gobernada por leyes superiores ya se dijo, es cuestión muy contenciosa la cronología, -
que se inspiran en un ceder y adaptarse. Pero esas leyes y no sabemos gran cosa de hasta qué grado Sófocles
no tienen ya su lugar en el mundo de Ayante. Serían el ha rebozado con peculiares ingredientes los antiguos
lugar de Ayante en un mundo diferente al suyo. La 1 6 materiales (La toma de Ecalia de Creófilo de Samos,
gica de su existencia hace de Ayante la única excepción Pisandro, el poema épico Heraclea de Paniasis): igno-
a aquella harmonía: él debe irse de este mundo. rancias que no dejan de influir en nuestra gustación de
¡Cosa más curiosa! Esta tragedia comienza después la obra, pues, por ejemplo, una datación muy baja lleva
de la catástrofe, consumado ya el acto de locura (como a algunos a ver en Las 'Traquinias una imitación de
en la Níobe esquilea), se nos muestra un destino ya Eurípides, algo al gusto del drama psicológico; y la
decidido, que el héroe debe sustanciar. Tiene también originalidad de Sófocles, una vez devueltos a sus due-
nuestro drama otra cosa, que es la presencia visible, en
la escena inicial, de un dios que viene a señalar a la 54 The Women of Trachis (1954): cf. H. A. MASON,~ T h eWo-
víctima de su ira. Procedimientos de los que el poeta men of Trachis, Arion 11, 1 (1963),59-81, v G. K. GALINSKY,The
Herakles Theme, Oxford. 1972, págs. 240-244.
ños lo que de ellos tomó, depende, en buena parte, de La inocencia del huma.no en la desgracia que le so-
la imaginación de los críticos. breviene: éste cs el primer motivo dc la pieza. El se-
La pieza tiene forma de díptico, articulado de tal gundo motivo es el tránsito desde el error a la verdad
guisa que Deyanira y Heracles son, respectivamente, (sueño profundo de Heracles, crisis de delirio, recono-
centro de la acción dramática en la primera y segunda cimiento de sí mismo, todo ello en un episodio único).
parte, esta ÚItima más breve. Ni Heracles es el prota- Puesto en las últimas y rodeado de su hi,jo y servidores
gonista ni tampoco una cantidad negativa, relativamen- que le asisten a bien morir, Heracles aprende (ex even-
te a Deyanira. Rasgo técnico curioso: no coinciden en I L ~ ,como en los oráculos de Heródoto) el verdadero sen-
escena y es probable que un mismo actor representara tido del antiguo vaticinio relativo a su muerte y reco-
ambos papeles. Aunque, para la leyenda, el destino de noce que todo lo sucedido lo ha sido por ordenación
Deyanira era un capítulo más del destino de Heracles, del cielo («y nada de eso que no sea Zeus*, es el acorde
el drama sofocleo disocia ambos destinos o, para de- final de la tragedia, puesto en boca del corifeo). La
cirlo con Reinhardt, no nos muestra aun destino a divinización del hCroe (que son para benditos los dolo-
dos*, sino -dos destinos en unos: no como el destino res que llevan a ella), de que hablaba ia leyenda hercu-
de Fedra e Hipólito o el de Romeo y Julieta, sino dos lina, queda aquí fuera en el final, tan sordo como el
destinos que se presentan en una especie de inversión comienzo, de este drama. A la dulce esposa y al hijo
rítmica, asf en su sucesión como en su sentido. Dos terrible del dios más poderoso cl destino les asalta
figuras encadenadas una a otra, pero a las que el des- igualmente.
tino impone una autonomia propia. Esta actitud funda- En suma, no sería justo concluir, con paradoja atrac-
mental condiciona la forma eschica. tiva, que Las Tvaquinias es una de las peores tragedias
de Sófocles y prueba, sin embargo, que Sófocles es un
Deyanira no pertenece a la terrible galería de muje-
res euripideas, tipo Medea. Su alegría por la llegada gran dramaturgo. No, no es el mejor de los dramas dc
inminente de Heracles cede al dolor de enterarse de Sófocles, pero si de los excelentes 5 5 .
que su esposo piensa casarse con Yola, la joven cauti-
va. Deyanira no se irrita con la muchacha, cuya belleza
destroza su matrimonio y su vida. En este paso, se
acuerda de la túnica del centauro Neso y de sus virtu- El evento trágico de esta pieza, predilecta de los
des de encanto amoroso. Para reconducir a Heracles a públicos, se ha interpretado desde puntos de vista muy
su amor, le envía la camisa, untada con sangre de la diferentes y, en ocasiones, harto anacrónicos 5 6 . Se ha
hidra de Lerna, y, sin quererlo ni saberlo, le causa la hablado mucho de la interpretación hegeliana. Fascina-
muerte. Deyanira hace mutis y se suicida. No es un
monstruo de maldad, disimulada con sigilos e hipocre- 55 Cf. G W . DICKERSON, l ñ e structure and inrerpretariotr o/
sías (así de bellacona la pinta Errandonea). Es una fi- Sophocles' Trachiniae, tesis tioct., Princeton, 1972 (micr.).
$6 Cf. E. EBERLEIN, ~Ueberdie verschiedenen Deutungen des
gura atractiva, dulce con la muerte como lo fue en vida tragischen Konflikts in der Tragodie Antigo?ie=, Gyrntiasiutrr
con todo el mundo. LXVIII (1961). 16-34
I N T R O D U C C I ~ NGENERAL. 79

do por esta tragedia, Hegel (Estética, 11 2.1 y en otros lateral v exclusivista, que asegura que todo el hilo se
lugares) la interpretaba, conforme a su modo de avis- debe sacar del mismo ovillo. Ademhs, alguna de cllas
tar el curso de la historia, como conflicto entre tesis ha llevado a plantear ciertos equívocos que no vienen
(derecho del Estado, Creonte) y antítesis (derecho de al caso. Pienso en la «cul.pa» de Antígona, que buscan
la familia), superable en una síntesis que congruye 10s algunos obligados del método hegeliano que aplican, v
contrarios y compone inconveniencias. Un precursor del que dicen encontrar, cada uno a su modo: la causa de
existencialismo contemporáneo, Kierkegaard (en el ca- Antígona es en el fondo justa, pero se acompaña dc
pítulo «Symparanekroúmenoi» de O esto o aquello) vio excesiva falta de respeto a ciertos fueros clásicos del
en Antígona la novia de la muerte que, con acezantc clcrecho; su acto ofrece cierta ambivalencia, es piadoso
impulso, por incompatibilidad con la vida que le rodea, e impío, a la vez; Creonte tiene su parte de razón, sc
busca abandonarla. Considerándolo desde este viso hay dice, y se le presenta más, humano y simpático que en
más de un rejuvenecimiento literario del tema, alguno su retrato tradicional.
recibido con mucho éxito en la escena francesa contem- A nuestra contemporaneidad, esta tragedia se nos
poránea. Desde un vértice de óptica diferente, de poli- ofrece, sobre todo, desde una perspectiva religiosa, que
tica de oportunidad, otros han visto en Antígona la re- fuc raíz sagrada de la tragedia griega. Se trata del con-
belde revolucionaria que se alza contra un gobierno tlicto entre religión y utilismo humano, dos concepcio-
tiránico 0 bien se ha visto, en el drama, el conflicto nes de la existencia, quc a veces hacen rostro hacia
entre dos formas de religión, la ortodoxia convencional horizontes opuestos ". Para preservar v mejorar la so-
y la libre, que los ortodoxos llaman herética: Blumen- ciedad humana sc crea el hombre normas sociales, re-
thal, por ejemplo, incorporaba en Antígona lo dioni- glas políticas y decreta medidas ejemplares para pre-
síaco, irracional, instintivo, y en Creonte, la racionali- cavcr que el individuo no se aparte de ellas. Ahora bien,
dad político-religiosa. Todo esto, y más todavía, se ha esta armadura de normas,, que el hombre ha ido fabri-
visto en el tema sofocleo: la oposición dialéctica entre cando para defenderse de la anarquía y de la conducta
la juventud y el desprendimiento, de una parte, y, de meramente impulsiva del individuo, tiene un límite,
otra, la ceguera de la edad, la estrechez del corazón ante el cual debe detenerse, pues, si lo sobrepasa, esa
En alguna de esas interpretaciones puede haber. hay transgresión puede constituir un crimen: es la esfera
su dosis de verdad; pero presentada desde una óptica de lo divino, de las leyes no escritas sublimes a todo
c6digo. Las prudentes ordenanzas de Creonte le llevan
Cf. <La Antígona de Sófocles de Bertolt Brecht*, en nues- a prohibir, por ejemplaridad, que el enemigo de la ciu-
tro libro De Sófocles a Brecht, 311-379.
.jn En unas páginas, probablemente hoy poco conocidas, cl
dad, Poliniccs, sea sepultado. Quizás no pueda decirse
elocuente EMILIO CASTELAW,en el prdogo a su Galería históricu que, en todos los casos y con carácter general, la ética
de mujeres célebres, 1, Madrid, 1886, págs. 273-293, traza un rctra- griega condenara esa prohibición. Pero Sófocles sí, se-
lo de Antígona como .hermana de la caridad* y prototipo de gún su voluntad v su idea.. Aquí está completamente del
temineidad. Más conocida es la interpretación de MIGUEL DE U N A -
MUNO (en el prólogo n La tia Tula) de la «sororidad* de Antígu-
tia, cii función de srr hermana carnal de > u padi-L..
s9 Cf. K. RCIYKWT, S o p r ~ o k l e . ~~: A n t i g o n e n , Cotinga. 1961t',
páginas 9-13.
I N T R O D U C C I ~ NGENERAL 81
80 TRAGEDIAS

antecedente de nuestro «gracioso»; su lenguaje está ta-


lado de Antígona. Negar al hermano muerto el descan-
raceado de giros populares.
so en la tierra maternal y centenaria es un crimen
contra los dioses infernales (in inferís), huella un de- Antígona y Creonte se contraponen tajantemente.
recho divino y no hay utilidad de la política tirana que Antígona es una muchacha, como debe ser una mucha-
lo justifique. En nombre de aquellas leyes que no son cha de elemental ingenuidad. Nada de heroísmo román-
de hoy ni de ayer, sino de siempre, Antígona, en pugna tico, ni de figura ideal. Sabe y está segura de pocas
con la ley humana por no quebrantar la ley divina, le cosas: que hay unos dioses arriba y otros de abajo,
lleva la contra al tirano, entierra simbólicamente a su que aquende están los vivos y allende los muertos y que
hermano y salva aquel deber intocable, a costa de la a los difuntos, que son del reino de los dioses de abajo,
propia vida. Para que sangre de un pariente no la de- menester es enterrarlos. Esto lo cree firmemente y des-
rrame un pariente, Creonte la enclaustra en gruta pé- de ésa su convicción saca fuerzas para enfrentarse al
trea, en cuyo umbral Antígona prorrumpe en aquellos tirano y a la muerte. Al otro lado, Creonte, tan estricto
sus conmovedores adioses. Cuando, en hora tardía, en el cumplimiento de sus obligaciones de rey y de
Creonte vuelvc de su acuerdo, los remordimientos no padre y, en el fondo, tan débil. En lugar de abrirse a
Ic sirven de nada: Antígona ya se ha colgado, ya es ida la comprensión y corregir actitudes, se enrigidece, se
para sicmpre, su prometiclo c hijo de Creonte se suici- endurece más cada vez y acaba por asistir al fracaso
da y esta desgracia arrastra el suicidio de su madre de sus principios demasiado estrechos y, ¡cosa para él
Eurídice. Roto, deshecho Creonte abandona la escena: más terrible!, los que más quería (su hijo, su esposa)
que, aunque cquivocado, todavía el dolor le confiere declinan también. Pierde lo que tenía. Antígona gana
una cierta grandeza humana. lo que era.
El hombre es lo que es por contraste. En esta tra- Ese contraste condicioria la estructura misma de la
gedia los personajes que conllevan el conflicto trágico obra. Es un drama «de dos figuras», cuyo enfrentamien-
los ha visto Sófocles a través de un juego constante de to condiciona el movimiento dramático. Las acciones
contrastes Antígona y su hermana Ismena incorpo- de Antígona y Creonte se cruzan, de arte que Antígona,
ran dos estilos de vida que no engranan el uno al otro. la vencida, vence, y Creonte, el vencedor por su fuerza,
Lo mismo digo de Creonte y Hemón, padre e hijo, y de en definitiva sucumbe: esto nada tiene que ver con la
Creonte y Tiresias, el rey y el adivino. Se ha hecho no- justicia poética y toca algo más al, para nosotros fa-
tar que también en contraste con Creonte se nos retra- miliar, tema de morte persecutorum. Drama de dos
ta la figura del guardián que sorprende a Antígona en ocasos humanos separados esencialmente, pero unidos
su acto y la trae a presencia del tirano. Persona de demónicamente, lo ha definido Reinhardt con soberana
traza cómica, es un típico personaje que entra aquí en agudeza, es decir, conflicto existencia1 entre los dos
escena. Si no se me entiende mal, diré que es un lejano personajes y no como representantes de dos derechos
opuestos y pariguales en importancia ética (Recht gegen
Cf. J . GOTH.a A t t t i g o t 7 ~ n .I t ~ t e r p r ~ t a t i o t z ~ ~ e r ~unri
u c l zStrirk-
e
Recht), por una parte, y, por otra, son dos ocasos, de
tesis doct., Tnbinga, 1966
tr~rttt~~c'rsuchrrt~ge~~,
82 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 83

los cuales el uno sigue al otro como su imagen inver- tum? ¿O no hay culpa y Ea hamartía, de que habla Aris-
tida. tóteles, es simplemente su ignorancia? ¿O la culpa es
Además, la dramática del contraste adquiere un di- de Yocasta, por su ataque a la religión tradicional? El
namismo particular, en el conjunto y en los pormeno- problema de la culpa, se resuelva positiva o negativa-
res, por virtud del cual se pasa progresivamente de una mente, esencial en Esquilo y Eurípides, no tiene cabida
posición a otra, de acto en acto, de principio al fin. Se aquí. Un tribunal, divino o humano, que, como a Ores-
preludia un modo nuevo, el de Edipo Rey. tes, declarara a Edipo libre de mancha, no resolvería
la contradicción entre lo que Edipo imagina ser y lo
que realmente es.
¿Qué es, entonces, Edipo Rey? Porque hasta ahora
sólo vamos reparando en lo que no es.
Es medida profiláctica: ante todo, digamos lo que Destino, carácter, culpa son nociones que pueden, de
Edipo Rey no es 61. No es un drama del destino inque- alguna manera, entrar aquí en juego. Pero no es esto
brantable (que es cosa muy tardía, estoica) en su con- lo esencial. Por ley de c~ortesíahistórica vemos hoy la
traposición con la libertad: este conflicto destino-liber- tragedia sofoclea más como acto religioso que como
tad será cosa perdidamente romántica; pero es una diversión pública. Edipo Rey es fundamentalmente un
idea confusa y barata querer traspasarlo a la tragedia documento religioso. Hase de añadir que un documen-
de Sófocles, viendo en ella una pintura de los esfuerzos to de religión griega, precisión que no huelga, porque
del hombre por escapar a su destino, a la «fuerza del a algunas interpretaciones de esta tragedia se les ve lo
sino» que, en definitiva, se impone. En la perspectiva cristiano y hasta lo católico-romano: por simpática
dramática de esta tragedia, el hado pertenece al pasado que haya sido la influencia de Mauricio Bowra, muy
lejano, mientras que el espacio auténtico del drama es discreto helenista y catedrático de Poesía, debe recono-
el presente de la revelación. No es un drama psicoló- cerse que, en su visión de la tragedia sofoclea 6 2 , ha in-
gico de caracteres, tendencia que unge y aun satura el gerido algo de religión nada griega. Más que teatro, en
ambiente dramático de tantas piezas teatrales del si- el sentido actual del término, es una especie de «mis-
glo XIX y de más de un neo-Edipo finisecular. t e r i o ~ : a los sentados en la gradería se les ofrece el
No es u n drama de culpa y castigo que descarga espectáculo de un hombre muy importante, inocente-
sobre la enhiesta cabeza del culpable. ¿Cuáles son los mente culpable, al que le: ocurre una caída terrible que,
hechos punibles de Edipo? ¿Satisfacción de sí propio, sin embargo, es documento de lo divino ".
excesos en su reacción, sin ser dueño a contenerse, ante Edipo Rey es un adrama de revelación», de progre-
Tiresias o Creonte, o es la suya una hybris post even-
6 2 Sophoclean Tragedy, Oxford, 1944, págs. 162-211. Una in-
CCf. E. R. DODDS,«On Misunterstanding the Oedipus Rexu, terpretación católica: E. SC~ILESINGER,
El aEdipo Reyn d e Sófo-
en Greece and Rome XIII, 1966, 37-49, recogido en The Ancient cles, La Plata, 1950.
Concept of Progress and other Essays on Greek Literature and 63 Cf. W. SCHADEWALDT, nDer Konig Udipus des Sophokles in
Belief, Oxford, 1973, págs. 64-77 (hay trad. alemana: Der Forl- neuer Deutung~,Schweizer A4onatshefte XXXVI (1956), 21-31 (re-
schrittsgedanke in der Antike, Munich, 1977). cogido en Hetlas und Hesperien, 1, 466-476).
84 TRAGEDIAS
INTRODUCCI~NGENERAL 85

so inexorable, por exigencia de verdad, hacia el descu- de la verdad contra la apariencia, es la ruta que va de
brimiento de lo que se encubre bajo lo que parece. Dra- la apariencia al ser. El Coro, Ilorándole la voz, no en-
ma policiaco, se ha dicho muchas veces: bueno, pero
tona ningún canto contra el destino, sí uno (VV.1189 SS.)
siempre que se añada que se trata mucho más que del contra la apariencia, penetradísimo y de gran intención
descubrimiento intelectual, por un juego ingenioso de melancólica: al leer aquello se siente profunda piedad,
observación y deducción, del criminal, un juego poli- el corazón salta a la garganta. En una primera perspec-
ciaco del gato y del ratón. Es el camino existencia1 tiva, la tragedia de Edipo es el drama de la revelación
desde la apariencia al ser. El carácter gnoseológico de
de cómo y de qué suerte acontece la verdad.
este drama lo entrevió ya Schiller, al definirlo como
Segundo. Como dios de la verdad, Apolo es también
«análisis trágico». Los dos mundos de la apariencia y
el dios de la pureza. La verdad es una purificación des-
del ser se superponen al final, después de un lento pro-
de lo físico y ritual hasta lo moral e intelectual. Así, en
ceso que les hace envolverse el uno al otro: todo un
una segunda perspectiva, el drama de Edipo es el ca-
sistema poético-dramático (escena de Tiresias, de Yo-
mino de una purificación completa. El parricida e inces-
casta, racionalidad de Edipo como manifestación de la
tuoso es la ponzoña y foco de contagio que impurifica
apariencia) hace revelarse al ser bajo la superficie de
a todo su pueblo: debe ser descubierto y expulsado,
la apariencia. No se trata simplemente de la incerteza
para que la pureza se restablezca, por muy dolorosa,
o falibilidad que informa ocasionalmente la existencia
muy quirúrgica que deba ser la purificación. La trage-
humana. El de Edipo no es un error o una cuantía de
dia abre con un =ecce» que presenta la grandeza de
ellos, sino un «sistema de errores*, capaz de organizar-
Edipo como médico, juez y soberano ante su pueblo
se autónomamente y que se realiza, particularmente, a
suplicante. Se desenlaza con un «ecce» final, en el cual
través de la ironía omnipresente.
el médico resulta ser el enfermo, el juez es el acusado
Tres nociones religiosas presiden el proceso de la
y el soberano debe ser eirpulsado de la ciudad G s . En-
revelación de Edipo: es una revelación querida por el
tremedias, la acción dramática es como una tormenta
dios de la verdad; es una purificación del mundo man-
purificadora "".Se anuncia en el aire cargado, irrespi-
chado y una salvación de lo divino amenazado; es una
rable, paisaje dramático de la epidemia pestilencial. La
prueba de la fragilidad y caducidad de la grandeza y
nube torva cubre el horizonte lívido, fosco. Gradual-
felicidad humanas.
mente la amenaza se halce más cercana: recado que
Primero. Desde su altar instalado en la escena Apolo
trae Creonte de Delfos, palabras y amenazas del vidente
preside la acción entera del drama 64. ES el dios de la
ciego, recuerdo ominoso de la encrucijada de tres ca-
verdad, y la verdad busca de suyo revelarse. Apolo, a
minos que fue escenario del parricidio. Las nubes ame-
la vez que Edipo, mueve la acción, es el dios el que da
nazadoras se amontonan sobre la erguida cabeza de
el primer toque de arrebato y el que luego sigue ha-
Edipo. Cuando su verdadera personalidad se le revela
ciendo progresar la acción. Esta tragedia es el asalto

64 Cf. W. ELTGER, nSophokles und Apollonm, en Synusia. Fest- Cf. G . KREMER, Strukturanalyse des Oedipus Tyrannos v o n
gabe W . Schadewaldt, Pfuhlingen, 1965, págs. 79-109. SophokIes, tesis doct., Tubingia, 1963, 1-47 y 155-174.
Cf. W. SCHADEWALDT, Hellns und Hesperien, 1, 424.
86 TRAGEDIAS

fulminantemente, un rayo da su latigazo. La tormenta der, con el tiempo. Sófocles produjo aquí la obra defi-
le ha lavado y purificado. Al crescendo sinfónico del nitiva, y que da la casualidad que, cuando se representó
meteoro sigue un suave diminuendo. El impuro resulta en Atenas, obtuvo un segundo premio; el primero se
ser un hombre de noble grandeza espiritual y de rique- otorgó a Filocles, un sobrino de Esquilo (cf. Dicearco,
za anímica, u n sediento de pureza. El enceguecido y fr. 80 Wehrli). Este Filocles jera un genio o un ingenio
boto de vista es ahora, cuando se ciega, el conocedor. segundón y un trágico he'bén? La historia literaria deja
La gracia del dios evita que la mutación de Edipo se su figura en indecisa penumbra o, por mejor decir, el
convierta en destrucción y aniquilamiento sin sentido. río del olvido se la ha tragado. Pero, para nosotros, el
Y Edipo toma el camino que le ausenta de Tebas. veredicto del jurado parece desconcertante, irritante
Tercero y de sustancia más abarcadora. Edipo Rey ( O quizás lo que le sorprende a uno, de pronto, es sen-

es expresión de la caducidad de la felicidad humana. tir que, alguna vez, por casualidad tiene razón). ¡Eso
La tragedia concluye con unas palabras (VV.1528-30), en se llama dar en el blanco!
las que se nos viene a decir que la canción de la vida
sólo se entiende cuando se canta entera hasta el final,
que hasta el final nadie es dichoso. En tal respecto, se
sitúa bajo el mandamiento délfico de la autognosis, esto El gusto selectivo de la Antigüedad nos ha salvado
es, «si quieres mejorarte, conócete bien», sabe que eres las tres tragedias, una de cada trágico, sobre el tema
mortal, para ser plenamente hombre ten presente el de Electra: Las coéfovos esquilea y las dos Electras de
límite de tu mortalidad. Sófocles y Eurípides. Aunque la datación del drama
Va todo esto al tanto de reafirmar que esta tragedia euripideo no es unánime (Zuntz lo data en el 420, Webs-
es, como decíamos, un «misterio» del hombre. Es como ter en el 418, otros en el 413), ni tampoco la cronología
un ecce h o m o en sentido délfico, una representación relativa de ambas piezas, generalmente se opina que la
dramática de la condición humana. La representan no Electra de Sófocles es algo anterior y, en cualquier
solamente Edipo, espécimen de existencia trágica, sino caso, fruto del sereno invierno del poeta 6 7 .
también, en otros niveles, una pequeña galería de hom- Los dioses se ajenan, en su acción directa, del mun-
bres desde el grave Tiresias hasta el correo de Corinto do de los hechos y dolores humanos. Naturalmente el
(un hálito de humor que corre, un momento, por el orden, que reside en el regazo de los dioses, se cumple
drama sombrío), pasando por el menudo «burgués» que finalmente y lo que ha de suceder, sucede; pero la in-
es Creonte. triga humana gana impo:rtancia, aunque sólo sea para
Edipo Rey es la áurea tragedia clásica griega y una a la postre, en imprevista tornavuelta, acarrear nuevo
de las pocas tragedias cardinales del arte universal. Ha dolor al hombre. Al anunciarse a Electra, conforme al
sido la tragedia griega favorita y trae un arrastre lite-
C7 Una buena critica de la tesis de Zuntz (aceptada por
rario sin parangón a lo largo de los siglos y por toda
Webster, Theiler y Newiger) en A. VOGLER,
Vergleichende Studien
el haz de la tierra de cultura literaria, como tema eter- zur sophokleischen und euripideischen a E l e k t r a ~ , HeideIberg,
no propuesto a la reflexión teatral. Gana, en vez de per- 1967.
88 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 89

plan de su hermano para facilitar la venganza, la muer- trae a ella la liberación expiatoria (?) y a la casa de los
te de Orestes, la falsa noticia provoca un dolor inde- Atridas, mancillada por el crimen, la libertad.
cible en Electra. El dolor revela su verdadera esencia: Pero sería torpe ver en EZectra un drama de almas,
ella es «la vengadora*. (El paso de la apariencia -muer- sin más. ¿Qué postura adopta Sófocles ante el acto
te de Orestes- a la verdad afecta aquí no a los prota- matricida, 10 justifica G8, lo critica como Eunpides 69, se
gonistas, sino a sus enemigos.) Pero Electra, en su dolor mantiene en una neutralidad ramorab? " O . El matricidio
y en su decisión, no se siente en aquella inmediatez con y la ley de retaliación son, también en el drama sofo-
lo divino que tenían Ayante o Edipo. Esta mujer, de cleo, centrales y lo son sus consecuencias, esto es, el
dolor probado, tampoco se siente segura, como lo esta- tema de las Erinis; sólo que en una visión todavía más
ba Antígona, de luchar en nombre de una ley divina. pesimista, dado que el futuro y la conciliación que éste
De modo que, mirándolo por este lado, el drama se puede traer no son tomados en consideración. Otramen-
concentra, en su primera parte, en un crescendo que te que Esquilo, Sófocles no avista el problema del ma-
sirve gradualmente para revelar la naturaleza de Elec- tricidio desde la óptica culpa-castigo, orden de Apolo
tra (la acción se centra en torno a un personaje que no (v. 1425, Apóllon ei kalós ethéspisen, significa un lavar-
actúa, que sólo sufre) y el autor se delecta en la expre- se las manos del poeta) y horror del crimen de un hijo.
sión de las manifestaciones del dolor, creciente de es- El castigo de los culpables, previsto desde el principio,
cena en escena; en la segunda parte, el drama se centra, es la única salvación posible de la casa, la sola purifi-
mediante una utilización prudente de la suspensión, en cación posible de un mundo manchado por el asesinato
el acto de la venganza. La economía dramática es de de Agamenón. El presunto drama de almas es aquí la
una gran sabiduría. Las manifestaciones del dolor de tragedia de la purificación del mundo mediante el dolor
Electra se dilatan por muchos versos; el acto matricida y el acto nacido del dolor. Los coros iniciales y los de
se sucinta en extremo: la acción condensadísima, rá- acompañamiento de la acción matricida elevan Ia muer-
pida, avanza con celeridad y el poeta aguija y acelera te de la madre, que en una perspectiva humana sería
para la escena el ritmo andante de la vida. Y porque el algo incomportable, a un plano mucho más que huma-
flujo de la palabra endolorida y la acción humana se no. Orestes y Pílades son los agentes de una justicia
reparten el volumen de la tragedia muy desigualmente, divina.
Hay en Electra un clasicismo verdaderamente ático
de aquí le nace al drama su equilibrio artístico; se po-
tencia su eficacia. El grito de Electra a su hermano
68 T. B. L. WEBSTER,op. cit., pág. 195, y The tragedies o f Euri-
(v. 1415): apega, si tienes fuerza, por segunda vez,, con- pides, Londres, 1967, pág. 15.
centra, en el instante debido, toda la intensidad del do- e9 J . T . SHEPPARD, ~Electra:A defense o f Sophoclesn, Class.
lor que antes se describió escrupulosa, amorosamente. Review XLI (1927), 2-9,y J. H . KELLS, Sophocles: xElectra*, Cam-
Electra, que se reveló antes como la vengadora (porque bridge U . P., 1973, págs. 5 1 2 (con u n resumen de estas disputas
interpretatorias). Pero cf. H . EEBSE, azur EIektra des Sophokles~,
propiedad es de un dolor como el suyo revelar la ver-
Hermes CVI (1978), 284-300.
dadera naturaleza del hombre que lo endura), se mues- H . FRIIS JOHANSEN, aDie Elektra des Sophokies~,Clarsica
tra ahora como autora virtual de una venganza que le et Mediaevalia X X V (1964), 8-D.
90 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 91

de las formas: la palabra trágica, la composición de las idea del poeta nada tiene que ver, por supuesto, con la
escenas (agrupadas simétricamente en torno a las que- busca de un paisaje de desolación romántica o de una
jas de Electra contra Clitemestra y la «escena de la isla ideal para bucolistas y árcades. En Lemnos vive, en
urna»), la técnica dramática. Con razón se la compara apartamiento y soledad sin mitigación, como un Robin-
al arte maravilloso de las figuras del Partenón. són griego, Filoctetes; de arte que su dolor físico y mo-
ral se exacerba al máximo: ningún humano puede res-
ponder a sus quejas, a voz en grito, cuando el héroe se
lamenta de su mala dicha. La herida del pie pudiera
curarse, la del alma no tiene vendaje. Esta «acción de
También el tema de Filoctetes lo ha tratado la tra- dolor» es la base del sucedido escénico en la primera
gedia ática en sus tres eminencias. Cada uno de los trá- parte del drama, en la que también se encuentra la
gicos ha debido de tratarlo con diferente sensibilidad. preparación del plan, a cargo de Ulises, tan maestro del
Las piezas de Esquilo y de Eurípides se han perdido; intrigar; los intentos para convencer a Filoctetes se re-
pero una noticia fidedigna (Dión de Prusa, Or. 52) nos servan a la segunda parte ".
proporciona una primera y decisiva observación sobre El segundo punto de gran originalidad sofoclea es
la originalidad de Sófocles. Un oráculo había anunciado por lo que mira a la persona de Neoptólemo, a cuyo
que Troya solamente sería tomada por el arco de Filoc- cargo parece que, en Esquilo, corría el prólogo, pero
tetes, el guerrero a quien sus camaradas griegos habían no un papel importante. En Sófocles es tan importante
abandonado al no poder resistir su incómoda presencia, que algunos críticos equivocadamente lo consideran
pudriéndose y hediendo día a día su llaga. Pero jcómo protagonista del drama, cuando en realidad él es sola-
convencer ahora, pasados los años, al héroe amargado mente el mediador y el portador de una llamada a la
contra sus antiguos camaradas? En Esquilo esto suce- sociabilidad, único consuelo del héroe solitario y des-
día, como en Prometeo y Niobe, por eficacia de los con- arraigado. Al hijo de Aquiles su nobleza constitutiva le
sejos de otros (Ulises y el coro de lemnios, que pro- viene de abolengo, por el tirón hereditario. Cuanto a Uli-
curan convencerlo); el destino seguía su curso y el ses, que no es ningún cobarde, sino un patriota que jue-
oráculo se cumplía. En el drama euripideo Filoctetes ga en frío, él ha urdido la ,intriga para que, conforme al
(del 431, coetáneo de Medea y veintidós años anterior oráculo, el arco de Filoctetes vuelva a Troya. Un juego
al de Sófocles), por eficacia de largos duelos de pala- entre tres almas, Filocteteij, Neoptólemo y Ulises, lleva-
bras, razonamientos y contrarrazonamientos a cargo de do con notable habilidad artística, es esta pieza madura
helenos y troyanos: lo griego (y el sentimiento naciona- del estilo «ético» de Sófocles: ético, explica Aristóteles
lista del héroe) y lo genérico humano intervenían. Es (Poética 6, 1450 b ) , es «aquello que muestra cuál clase
cosa particular, e inventada de su cabeza, que Sófocles de elección» hace el hombi-e; no la noción moderna del
finge en Lemnos (localización más tradicional de las carácter como unidad orgánica. Los movimientos del
fraguas de Hefesto) una ínsula desierta (v. 2), cendi-
da y virgen aún de pie humano: el coro lo forman los 71 Cf. J . U . SCHMIDT, Sophokles: «Philoktet». Eine Struktur-
marineros que acaban de poner pie en tierra firme. Esta analyse, Heidelberg, 1973.
92 TRAGEDIAS

deificado. Enseña Heracles el sentido del destino de Fi-


alma de Neoptólemo no deben explicarse anacrónica-
loctetes, que toda su cxistimcia es, a su vez y sucesiva-
mente por un psicologizar «muy siglo diecinueve», ni se
mente, desgracia y felicidad. Adivina porvenires que
trata tampoco de exigencias automáticas de la acción
escapan a los humanos, para su enseñamiento. El hé-
teatral. Neoptólemo, el hijo de su amigo, es la persona
roe, qué remedio, obedece: si el cristiano sabe dar a la
más indicada para llegar al corazón de Filoctetes. Se
libertad toda la dignidad de la obediencia, el griego sabe
gana, más de cada vez, la confianza del héroe. Ocurre el
dar a la obediencia toda la dignidad de la libertad. La
momento de la crisis de su herida, que el poeta ha pin-
solución de Heracles preserva la dignidad de Filoctetes
tado a lo vivo con una descripción nosográfica muy
y, a la vez, se cumple la voluntad de los dioses. Este
exacta, pero sin insistir en la pintura de lo asqueroso
episodio final les, como pretenden algunos, el detis ex
material para ver nuestra fuerza de estómago, y entre
machina que, con desprecio de todo lo anterior en el
gritos horadantes: estos gritos los critican el estoico
drama, metiéndose al quite satisface las exigencias de
Cicerón (Tusc. disp. 11 14, 3 3 ) y algún moderno (con
la leyenda, como en Eurípides? ¿Esta epifanía es una
una manía de imperturbabilidad y de no descomponer-
interiorización del mito tradicional, en el sentido de una
se veintiún siglos más grave que la de Cicerón). En ese
revelación íntima de la virtud del propio héroe, como
momento, Filoctetes cede al joven el arco, con que son
pretende Whitman? í.'. Heracles habla al hombre Filoc-
conseguidos los fines del griego, y a Ulises está a punto
tetes, se pone a sí mismo como ejemplo humano y la
de sucederle su intento. Pero la reacción moral que
respuesta de Filoctetes se explica en el marco de lo
esto provoca en Neoptólemo parece que cambia las tor-
que es la piedad sofoclea. Retirados los dioses de la
nas. Porque la compasión hace su oficio y entra en jue-
acción dramática, queda al hombre un amplio territo-
go el temblor de humana comprensión por parte de un
rio de actuación; pero tod*asu inteligencia y sus planes
alma juvenil y noble. En ley de humanidad el hijo de
solamente consiguen que las cosas se enreden inextrica-
Aquiles juega limpio, descubre la mentira, devuelve el
blemente hasta que lo divino restaura, al final, el orden.
arco y, fiel a la palabra dada, se declara dispuesto no
Filoctetes cede y emprende el camino hacia Troya y
ya a no llevar a Filoctetes a Troya, sino a repatriarlo a
hacia su propia gloria.
su casa, alturas de Eta. Es, otra vez, el camino tan so-
focleo desde la apariencia a la verdad, pero trasladado
ahora al terreno personal, a la verdad personal de un
Neoptólemo que se opone al determinismo del destino.
Los hombres pueden intrigar, pero pueden también ser Edipo en Colono la hizo representar el año 401 el
fieles a sí mismos y veraces El desistimiento de Neop- nieto del poeta, Sófocles el Joven. El abuelo, que nunca
tólemo deja las cosas sin camino humano de salida. se jubiló como dramaturgo, había muerto cinco años
Aquí se produce la epifanía de Heracles, viejo cama-
rada de Filoctetes (de aquél recibió éste el arco) y hoy ".7 H. WHITMAN,Sophocles. A S t u d y o f heroic Humanism,
Cambridge Mass., 1951, págs. 186-188. Pero, sobre todo, confrón-
tese W. SCHMIDT,Der deus ex nzachina, tesis doct., Tubinga, 1963,
"f.' K. AI.T, ~ S c h i k s a lund physis i n Sophokles», Hermes
páginas 95-112.
LXXXIX (1%1), 141-179.
94 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 95

antes. En el 404 se había cerrado la guerra, con la de- nides la «palabra de liberación de su destino» (VV. 42-46).
rrota de Atenas. Esta obra, hija de la vejez 7 4 , es cabo Sin necesidad alguna se ha puesto en duda la unidad
de la obra dramática de un poeta nonagenario que, des- de la acción dramática, pensando que ésta la interrum-
de el fondo de sus largos años, se despide de la musa pen digresiones o que está engrosada con materia ad-
trágica, de un buen tiempo fenecido y de una ciudad venticia ¡l.La glorificación final está en razón directa
que fue, en otros días, capital del planeta, pero que hoy de la jerarquía de dificultades que el héroe debe vencer
parece una fuerza que ha perdido toda su fuerza. todavía: del hombre que le ilustra sobre el lugar sagra-
Edipo Rey y Edipo en Colono (segunda lectura soft, do; del Coro de colonenses que se erizan en invectivas
clea del caso Edipo) están separadas por veinte años. apenas oyen su nombre; de Creonte que, por fuerza de
La última pieza no es una «segunda parte* de la prime- mañas o mañas de fuerza[, quiere repatriarlo a Tebas,
ra; sin embargo, semeja que la figura de Edipo y el pues muerto Edipo, predicho está que ha de ser el
propio poeta, el ente de ficción y su creador, fueran horno missus a deo para derramar bendiciones sobre el
algo así como mellizos especulares, quiero decir, como suelo que lo entierre; de su hijo Polinices que, con las
si en los dos Edipos, que Sófocles esculpió inmortal- mesnadas argivas, pretende sitiar y expugnar Tebas ...
mente, pudiéramos contemplar cómo el poeta se pro- En un segundo plano, la estructura formal de la pie-
longa del plano personal al literario. Diré, otra vez, que za está articulada como «súplica», hikesía, esto es, como
no hay en el segundo Edipo una continuación del pri- motivo del suplicante que acude para pedir ayuda y fa-
mero; pero si borrando la distancia del tiempo junta- vor, un motivo proveniente de la vida real y configura-
mos ante la vista ambos Edipos, sí un complemento que do dramáticamente, con gran eficacia, por Esquilo y
añade a la imagen del dolor absoluto, inalienable, in- Eurípides ¡". Este motivo disciplina y da unidad orgá-
transferible con la que el rey Edipo se despide, la otra nica a la pieza. La acogida que Edipo solicita se entien-
cara de la gracia que, por fin, recae sobre el sufridor de cn un doble sentido. Se acoge Edipo al acorro de
absoluto. Edipo anciano, sirviéndole d e zagalejo Antí- Atenas y Teseo. La buena disposición de Atenas para el
gona, ha llegado al final de su muy aporreada peregri- suplicante era tópico máximo de la vanidad ateniense.
nación, sin nunca reposarse, ante el bosque benéfico y El poeta le tocaba al público auditor en la cuerda sen-
misterioso de las Euménides, en la colina de Colono sible con un motivo cálido y próximo a su corazón.
Hipio. Final de jornada de su tránsito mortal, que será Pero, en un sentido más profundo, son los dioses quie.
también su glorificación. nes acogen a Edipo como héroe salutífero en el recinto
En un primer plano, la acción dramática es ese ca- sacro de las Euménides. También este motivo depoten-
mino de Edipo. Su meta está prefijada desde el comien- ciaría su eficacia, si no hubiera el poeta interpuesto im-
zo, cuando Edipo reconoce en el bosque de las Eumé- 75 Una doxografía al respecto (cf. nuestra nota 20), en
E. G A R C ~NOVO,
A o p . cit., páginas 262-264.
74 LOS rasgos estructurales de una aobra de vejez:. han sido 7" Cf J . KOPPERSCHUIDT, Die Hikesie als dramatische Form,
bien estudiados por H. W. SCHMIDT, Das Spatwerk des Sopho- Bamberg, 1967, y «Hikesie als dramatische F o r m ~ en
, el vol. col.
kles. Eine Strukturanalyse d e s nOedipus auf Kolonos-, tesis doct., Die Ba~tfornzen der griechischen Tragodie, págs. 321-346, s. t.
Tubinga, 1961. 329-335.
96 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 97

pedimentos y cortapisas que ponen alguna dramática vejez: uno de los mejores coros de Sófocles, por huma-
dificultad, hacen intervenir lo inesperado, el asombro, namente melancólico y proifundo, es el tercero de esta
y parcce que darían al traste con el final previsto. Es pieza (w. 1211-1248); es incomparable la emoción que
decir, que las escenas de Creonte o Polinices se deben, suavemente se evapora d e este coro. Fe en la fuerza de
no más no menos, a esta necesidad dramática. Ensa- la Atenas eterna, incorporada dramáticamente en la fi-
yemos imaginariamente suprimirlas. Tras su imaginaria gura de Teseo y líricamente en el famoso canto en ren-
supresión, la acción perdería eficacia dramática. Esas dimiento y loor de las gleblas de Colono: parece Sófo-
partes pertenecen a la concepción originaria del drama. cles aquí, por un respecto, que, con alboque bucólico,
El sucedido dramático toca, como en Edipo Rey, canta la alabanza de la aldea ante el vecindario y parro-
pero en un sentido todavía más trascendente, al miste- quia urbanos; y, por otro respecto, parece que el lugar
rio del hombre. La glorificación de Edipo no es el pre- ameno y deleitoso (prado liento, verde veste botánica
mio y compensación de sus dolores, para advertencia de narciso y azafrán, rumor de aguas claras y el olean-
ejemplar de los hombres. Tampoco Edipo ha «mejora- dro fecundo bajo un cielo azul bruñido, que surca el
do» de carácter. Si su gesto es cordial cuando se des- canto de la delicada filomeina), que el poeta exalta con
pide de las hijas, frente a otros personajes del drama ojos enamorados, simboliza tanto y tan bien a su patria
Edipo es un desapacible v un áspero, como suelen ser- entera. El tiempo es otro de lo que era antes. Muchas
lo los «héroes» locales: contra Creonte se revuelve con cosas se lleva el tiempo inexorablemente; pero la Ate-
bronquedad y con acritud explicables; pero también a nas ideal permanece. En gi:ro exacto, en un precipitado
su hijo Polinices, en situación apiadable, lo trata con verbal admirable, el elogio se resume en la frase del
rudeza, fieramente, y acaba maldiciéndolo ... Tropeza- corifeo (w. 726-27): UYOsoy viejo, pero la fuerza de la
mos aquí con una provincia de misterio en la relación tierra no envejece.»
entre lo divino y el hombre. El hombre más apaleado Edipo en Colono es una despedida en varios senti-
por el destino es también el elegido por los dioses, que dos. Edipo, llamado por lo:; dioses, entra en el soto de
tienen estos viceversas. ¡Cosa bien extraordinaria! El las Euménides, su gran descanso, su liberación. Desen-
herido por los dioses, que más que hacer padeció sus ganchado de todo, extranjero a todo, deja tras de sí el
crímenes (matar a su padre, arar el tálamo materno), mundo de sus acciones y dolores, las ambiciones y bri-
aquel a quien el dios otorgó la gracia de ser desgracia- llos de la política; purgado acerca de todas particula-
do, es también el elegido para héroe. También el Anti- res aficiones, tambikn deja atrás el mundo de los senti-
guo Testamento es vocero de una complacencia de Dios mientos, de la comprensictin, d e la ternura. También
con el hombre al que otorga su gracia, con independen- para Sófocles Edipo en Co;!onosignificó personalmente
cia de los méritos del agraciado: un regalo imprevisible la despedida de la escena y d e la escena del mundo;
que cae sobre el hombre. y quizás también, en un sentido histórico, la despedida
Otros motivos se imbrican en la acción admirable- de un mundo que se iba allejando río abajo del tiempo.
mente una en sus grandes líneas tectónicas y, sin em- Pero así como la tumba di: Edipo envía grandes halos
bargo, varia. Melancolía, y hasta desesperación, de la de bendición para los hombres, así del teatro de Sófo-
98 TRAGEDIAS I N T R O D U C C I ~ N GENERAL 99

cles efunden estímulos imperecederos para el espíritu na, quiero decir, que una cosa son los títulos de estas
y la poesía. Porque las creaciones del arte son libérri- obras y su pretendida raigambre sofoclea y otra, bien
mas, incomparablemente autónomas, y, cuando las ar- distinta, la realidad, que nada de Sófocles se conoce en
mas quedan humilladas y periclitan las formas políti- esos renuevos.. .
cas, ellas se salvan y perduran, pues son espíritu (y el Pero, en fin, hablamos aquí de la historia de la trans-
espíritu rara vez alienta en la política). misión del texto griego que, en relación con las varia-
bles circunstancias histór:icas, ha sufrido los avatares
consiguientes desde el momento en que el autor enviara
La fortuna del texto sofocleo el original para la primera representación hasta su fija-
ción impresa en la ((editio princeps~Aldina de 1502, sie-
La fama de Sófocles, grande en vida, se ha mante- te años después de haberse impreso cuatro piezas de
nido dotada de intacto prestigio a través de los siglos. Eurípides y dieciséis años antes de la primera edición
En el siglo IV se han repuesto sus dramas en escena. de Esquilo. Difícil, muy difícil es que aquel texto, que
Ha sido un autor escolar y la filología alejandrina se ha durante dos siglos circuló indefenso ante las corrupcio-
empleado en su comentario y edición. El Aticismo le nes, se haya salvado de éstas, entre las otras, de las
ha dado mucho precio. El teatro romano de la época llamadas «interpolaciones de actor»; sin embargo, pa-
republicana lo ha tomado por modelo más o tanto como rece que estas últimas han sido menores que en los
a Eurípides 7 7 . . . Las obras clásicas hacen linaje. Cono- otros dos trágicos í g . Un decreto de Licurgo (ea. 338-
cida y reconocida es la pervivencia de Sófocles en la 326 a. C.) mandó conservar, en archivo oficial, copia
tradición literaria universal a través de nuevas encarna-
autorizada de las obras de los tres grandes poetas trá-
ciones y renuevos de sus dramas. Lo que hay de vivaz
gicos, posiblemente la misma que, en tiempos de Pto-
en las figuras de su teatro 10 demuestra la enorme nó-
lomeo 111 (246-211 a. C.), fue llevada a Alejandría y
mina de arreglos y refundiciones en todas las épocas 7 8 ,
sirvió de base a los trabajos filológicos de los sabios
también en la escena contemporánea. A través de las
alejandrinos, particularmente de Aristófanes de Bizan-
edades llama el teatro sofocleo a la sensibilidad de los
cio (ca. 257-180 a. C.), a cuya diligencia se debió una
dramaturgos que lo reinterpretan desde distintos ángu-
los de interpretación. La beatería literaria de casi todas edición de Sófocles, que presentaba todas las piezas en
las épocas ha hecho de Sófocles uno de sus ídolos rei- orden alfabético de títulos y probablemente con sepa-
ración de la colometría Urica; y de Aristarco (ca. 216-
nantes. Lo que, a mi ver, falta añadir es que, por regla
general, Sófocles es un poeta que reina, pero no gobier- 144 a. C.), comentarista d.e nuestro poeta Estos tra-
-- -
bajos y otros de primera mano han sido la base del
77Cf. W. SCHMIDT, Geschichte der griechischen Literatur, 1, 2,
Munich, 1934, págs. 501-507 79 Cf. D. L. PAGE,Actor's interpolations in Greek Tragedy,
Véame los artículos correspondientes (bajo los nombres Oxford, 1934, pág. 91.
propios de seis piezas y s. u. ~Herakles*)en E. FRENZEL, Stoffe 80 Cf. R. PFEIFFER, Geschichte der klassischen Philologie von
der Weltliteratur, Stuttgart, 197ti1 (hay trad. esp.. Diccionario d e den Anfangen bis zum Ende des Hellenismus, trad. alemana,
argumentos de la Literatura universal, Madrid, 1976). Hamburgo, 1970, págs. 272-273.
100 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 101

comentario de Dídimo (s. 11 a. C.), al cual se remontan 1553, edición dominante hasta la de R. F. Ph. Brunck
bastantes escolios conservados En el siglo 11 de la (1786-89, en Argentina de Francia) 8 3 .
Era cristiana (según la opinión ortodoxa de Wilamo- En el respecto de los ~nanuscritossofocleos, un es-
witz, hoy en día cuestionada ") se llevó a cabo la «se- tudio fundamental, verdadero magnum opus, de A. Tu-
lección)) de siete piezas de cada trágico. En el siglo IV ryn, publicado en 1952 M 4 , s,ituó sobre bases firmes nues-
d. C., Salustio preparó su edición de la selecta, acom- tro conocimiento de la tradición manuscrita de Sófocles.
pañada de una revisión de los escolios. Entre los si- Turyn identifica las recensiones de los sabios bizanti-
glos VI y IX el interés hacia la tragedia clásica estuvo nos, cuya mención acabamos de hacer: Manuel Mosco-
reducido al pequeño mundo de algunos sabios y erudi- pulo Tomás Magistro y Demetrio Triclinio R 6 , y separa
tos. Nuestro manuscrito medieval sofocleo más antiguo los manuscritos procedentes de esas recensiones bizan-
(L del s. x) es ya el resultado del renovado interés ha- tinas (muy numerosos: unos 68 moscopuleos, unos 30
cia la literatura clásica, también la poesía, en los círcu- tomanos y unos 15 triclinianos) de los manuscritos «an-
los del llamado «segundo Helenismo», que la hizo trans- tiguos)), éstos son manuscritos que, aunque de data muy
literar a un nuevo tipo de escritura, la «minúscula». diferente, ofrecen un texto menos afectado por conje-
Ahora bien, huellas de una actividad propiamente filo- turas de ediciones bizantinas. Distingue dos familias,
lógica sobre el texto de los poetas trágicos no se en- designadas como «laurenciana» y xromanau, por sendos
cuentran hasta la filología de la época de los Paleólogos códices representativos. La familia «laurenciana» com-
(ea. 1290-1320). Máximo Planudes no parece haber dado prende: a ) Un manuscrito de Florencia, Latrrentianus
una recension propia de Sófocles; pero sí compuso es- 32,9 (L) fols. 1-118 (contiene también, de distinta mano
c o l i o ~para las piezas de la «tríada» bizantina (Ayante, contemporánea, el texto de Apolonio Rodio y de Esqui-
Electra, Edipo R e y ) . La recensión de la tríada por su lo, designándose, en este iúltimo caso, como Mediceus,
discípulo Manuel Moscopulo (ea. 1290) marca un hito [M]), copiado entre los años 960-980 directamente de un
importante e influyente. Tomás Magistro preparó una
edición de las siete piezas y de escolios a la tríada y 8Qobre la historia del texto impreso, cf. R. C. JEBB,Sopho-
d e s , the text of the seven Plays, Cambridge, 1897, págs. XXXI-
Antígona. Su discípulo Demetrio Triclinio se ocupó es- XLIV.
pecialmente de la métrica de las partes líricas: su re- 8 % Studies in the manuscriIpt Tradition o f the Tragedies of

censión la tomó por base de su edición Turnebo, en Sophocles, Urbana, Illinois, 1952. El sabio polaco había publicado
previamente el catálogo de los manuscritos sofocleos: «The Ma-
nuscripts of Sophocles», Traditio 11 (1944). 1-41, inventariando un
J . HAVEKOSS, Untersuchungen zu den Sophokles-Scholien, total de 191. A. DAIN,Sophocle, 1, Paris, 1955, pág. XXIII, añade
Hamburgo, 1961, y V. DE MARCO, Scholia in Sophoclis ~ O e d i p u m Par. suppl. gr. 1348 (s. XVII: A.yante 1-1417; cf. CH. ASTRUC-M. L.
Coloneumu, Roma, 1952, págs. XVI-XXVII. Hay dos buenas edi- CONCASTY, Catalogue des manuscrits grecs. Le supplément, París,
ciones recientes d e escolios: 0. LONCO,Scholia Byzantina in So- 1960, págs. 666-667).
, phoclis «Oedipum T y r a n n u m ~ Padua,
, 1971, y la que citamos e n 85 Cf. A. TURYN, «The Sophocles recension of Manuel Moscho-
nuestra nota 103.
p u l u s ~ ,Trans. Amer. Phil. Ass. LXXX (1949), 94-173.
X V C A.f
.TUILIER, Recherches critiques sur la tradition d u RG Cf. R. AUBRETON, Demétrius Triclinius et les recensions mé-
texte d'Euripide, Paris, 1968, págs. 91-113.
diévales de Sophocle, Paris, 1949.
102 TRAGEDIAS

códice uncial del siglo v (Dain). Este códice, en perga- sus contribuciones positivas para la constitución del
mino, fue adquirido en Constantinopla por Giovanni texto son relativamente pocas u8.
Aurispa, en su célebre viaje (1421-23), y enviado a su La cuestión más controvertida afecta al manuscrito
amigo Niccolo de Niccoli; utilizado por Petrus Victo- Par. Gr. 2712 (A), datado por unos a fines del siglo XIII
rius en la segunda edición Giuntina, en 1547, cayó luego y por Turyn a comienzos del siglo XIV,muy prestigioso
en olvido, hasta que P. Elmsley lo redescubrió; bien desde que Brunck lo uti1i:zara para su edición; un có-
dice afín a éste (Leningrad. gr. 741) ha servido de base
conocido de los editores modernos desde que Dindorf,
para la edición príncipe Aldina ( a cargo de Juan Gre-
en su edición oxoniense de 1832, lo tomó como base de
goropulo) y a su escriba se debe la introducción en L
su texto. b) El palimpsesto de Leiden, B. P. G. 60 A
de correcciones (Lz), cuya procedencia identificó Turyn:
( A o P), contemporáneo de L y quizá su gemellus, dado sostiene que, esencialmente, A procede de una edición
a conocer en 1926 por J. Vürtheim s 7 : sobre el texto
bizantina, en conexión para el texto de la tríada con
sofocleo (aproximadamente, las dos quintas partes de la recensión moscopulea con más algunas lecciones
un manuscrito) se han copiado, en el s. XIV, distintos procedentes de L, y, para las otras cuatro piezas, basa-
textos cristianos, cosa habitual en estos casos y de ahí do en la «familia romana», más algunas correcciones
aquel bon m o t del poeta Heine, cuando comparaba con propias, que son simple enmienda bizantina; en conclu-
un palimpsesto el rostro de una dama piadosísima en- sión: carece de valor en la tríada y lo tiene muy pe-
tonces, pero de muy alegre pasado, en cuya faz peniten- queño en el resto (salvo en los escolios, que ha con-
ciada se descubrían todavía restos de las pretéritas ale- servado también para esta pieza). Sin embargo, otros
grías. c) Laurentianus 28,25 ( F , de hacia 1300) y otros eruditos g 0 sostienen que A translitera y enmienda un
cuatro manuscritos, que contienen solamente el texto
de la tríada bizantina (reducida selección escolar que 88 Cf. P. E. EASTERLING, u!;ophocles' Ajax, Collations of the
data, probablemente, del siglo XII). Manuscripts G , R and Q - , Class. Quart, n. s., XVII (1967), 52-79,
y «Sophocles' Philoctetes. Collations of the Manuscripts G, R
La «familia romana», identificada originalmente por and Q», CIass. Quart., n. s., XIX (1969), 57-85.
Vittorio De Marco (aunque su independencia ha sido a 9 Cf. A. TURYN,«On the sophoclean scholia in the manu-
puesta en duda por P. Maas, H. Lloyd-Jones y R. D. Da- script Par. 2712., Harvard Stulf. Class. Phil. LXIII (1958), 161-170,
we), comprende: a ) Laur. conv. soppr. 152 ( G , cuatro y P. E. EASTERLING, uThe Manuscript A of Sophocles and its
Relation to the Moschopulean Recensiom, Class. Quart., n. s., X
piezas), suscrito en 1282 y ampliamente utilizado por (1960), 51-64.
los editores, desde Dindorf; b ) Vat. gr. 2291 (R, falto Cf. A. DAIN,Sophocle, 1, Paris, 1955, págs. XLIII-XLVI, y
de Trach. 372 al final), del siglo xv; c } otros manuscri- A. COLONNA, «De SophocIis codicum familia Parisina~,Studi clas-
tos de los siglos xv-XVI.Esta familia, según la opinión sici in onore di Q. Cataudella, 1, Catania, 1972, págs. 205-212. e s t a
es también la opinión de J. C. KAMERBEEK, <De Sophoclis memo-
hoy más común, está suficientemente libre de interpo- ria», Mnemosyne XI (1958), 2.5-31: acaso la existencia de estos
laciones para que el editor la tenga en cuenta, si bien problemas ha sido la causa de que el ilustre sofocleísta no haya
dado todavía un texto critico del texto sofocleo y sí excelentes
8 7 Cf. J. IRIGOIN,«Le palimpseste de Sophocles, Rev. ét. grec- comentarios: Ayante (1953), T,~aquirzias(1959), Edipo Rey (1967),
ques LXIV (1951), 443-455. Electra (1973) y Antígona (19713).
104 TRAGEDIAS

códice uncial encontrado en el siglo XIII, o que, en todo A. Dain, responsable del texto griego en el nuevo Sófo-
caso, el copista tuvo acceso a una fuente antigua que cles de la Colección Budé (en tres volúmenes: 1955-
ha colacionado. El problema no está todavía claro; pero 1958-1960; la traducción se debe a P. Mazon), que basa
últimamente se va imponiendo una revalorización de su texto (además de, en su caso, en los papiros) en
este manuscrito, por un doble camino: por un estudio LP, 4) («familia romana») y A; o de A. Colonna, respon-
más ahincado de sus lecciones propias 9 ' y por la coin- sable de una de las dos ediciones críticas sofocleas que
cidencia de algunas de éstas con las de códices conside- últimamente han empezado a sacarse de molde 9 3 y que
rados por Turyn como deteriores ". ofrece un texto basado en presupuestos teóricos muy
No es posible actualmente determinar la fecha de similares a los de Dain y a la imagen que de la his-
la fuente común medieval de nuestros manuscritos so- toria del mismo ofreció Turyn, salvo la defensa por
focleos (para Turyn, un códice en minúscula de los Colonna del valor de A y su mayor valorización de la
siglos IX-x). En cualquier caso, textualmente éstos evi- «clase véneta» (V). En la otra edición que reciente-
dencian una notable homogeneidad (y los papiros sue- mente se ha editado, el nuevo Sófocles teubneriano a
len estar de acuerdo igualmente). Quiere decirse que cargo de R. D. Dawew, el «eclecticismo» es cosa de
se puede reconstruir bastante bien el texto de la «vul- método y resultado de unas ideas particulares sobre la
gata» sofoclea. Pero entre ésta y el original sofocleo hay transmisión del texto sofocleo, expuestas previamente
un gran trecho cronológico que sólo se salva con el re- por el filólogo británico en un libro estimulante, pero
curso a la crítica textual. discutible ";, obra que constituye una casi total retrac-
En cuanto a la recensio, nos resultan hoy harto sim- tatio de los puntos de vista de Turyn. Si la «familia
plistas las ediciones que basaban su texto en los códi- romana» (y fundamentalmente el grupo GQR, tan esti-
ces de la primera familia o en el parisino A. Frente mado por Turyn) está fuertemente interpolada; si el
al excesivo atenerse a L de un P. Masqueray (edición valor, como testigos, de A y de algunos supuestos dete-
Budé, de 1922-24),se recomienda la actitud ecléctica de riores (ADXrXsZr) mutuamente se defiende, y no ha
A. C. Pearson (edición oxoniense de 1924, todavía hoy habido nunca una edición moscopulea, ni tomana, de
reimpresa con algunas correcciones), qile se basa en un Sófocles; y si, en definitiva, la paradosis no permite es-
amplio número de manuscritos con L y A como testigos tablecer familias claramente diferenciadas.. ., el resulta-
principales, G como testigo frecuente y, entre los recen- do es que «lo bueno» puede encontrarse en cualquier
tiores, T (símbolo de la recensión tricliniana); o de parte, y así, en su edición de la tríada, Dawe basa su
-

91 Cf.,en general, H.P. DIETZ, Thomas Magisfros' recension 93 Sophoclis Fabulae I: «A~iax»-«Electra», Turin, Paravia, 1975.
of the Sophoclean plays «Oedipus Coloneus», ~Trachiniaeu,~ P h i - Sophoclis Tragoediae I: Aiax, Electra, Oedipus Rex,
loctetes», tesis doct., Illinois, 1965, págs. 201-222, y ~ E i n i g eechte Leipzig, B. G. Teubner, 1975; 11: Trachiniae, Antigone, Philocte-
Lesarten des Sophoklestextes i n der thomanischen Rezension~, tes, Oedipus Coloneus, ibíd., 1079.
Riv. Cull. Class. Med. X I I I (1971), 171-181. Desde u n punto de Studies itz the Text o f Sophocles. I: T h e Manuscripts and
vista diferente: E . CH.KOPFF,~ T h o m a sMagister and the text o f the Text. II-III: The Collations, Leiden, 1973-1978. A. COLONNA ha
Sophocles' Antigonen, Trans. Amer. Phil. Ass. C V I (1976), 240-266. tomado postura critica frente a esta obra en op. cit. en nuestra
!'2 E n este scntido, R. D. DAWE,op. cit. ( c f . nuestra nota 95). nota 93 (apéndice).
106 TRAGEDIAS INTRODUCCI~N GENERAL 107

texto no en los vetustiores, sino sobre 19 manuscritos papel, s. x ~ v 205


, folios, contiene las tres tríadas de los
(seleccionados entre los aproximadamente 163 que, se- trágicos y Pluto de Aristófanes. Fue propiedad (como
gún Turyn, traen el texto de la tríada) y una crítica in- el otro matritense) de Constantino Láscaris, de cuya
terna de las variantes. mano están suplidos los folios perdidos (lazo de unión
Manuscritos sofocleos en España (prescindiendo de y complemento) del códice que nuestro humanista ad-
un misceláneo, con insignificantes extractos, como Scor. quirió en tres fragmentos inconexos. En fol. 180, Lásca-
X.I.13 del siglo XVI'") se conservan cinco, tres escuria- ris explica que este códice «muy vetusto» (pampálaios),
lenses y dos matritenses. Dos de los escurialenses pre- que estaba en Constantinolpla, después de la conquista
sentan el texto moscopuleo de la tríada 9? Scor. Y.111. halló10 en Feras, donde lo compró; lo perdió por ha-
15 (s. XVI, procedente de la Biblioteca de Hurtado de berlo prestado a un amigo y, dieciocho años más tarde,
Mendoza; triada completa) y Scor. .S..IV.15 (Ayante, lo reencuentra y vuelve a comprar en Mesina: historia
Electra 1-469 y schol. ad Ai. et El. 1-129; papel; s. xvmed; curiosa, pero harto frecuente en la época. El texto de
viene de la biblioteca de Antonio Agustín; en el texto la tríada sofoclea hállase en fols. 76' al 131' siendo de
poético, básicamente moscopuleo, se descubre ocasio- letra de Láscaris (etapa de Mesina lo') los fols. 76'-77' y
nalmente algún rasgo procedente de la recensión tricli- 131' y, de la letra original del copista, fols. 78' al 130'.
niana). El tercer manuscrito en esta biblioteca (proce- Este manuscrito ( N ) es, junto con F (Laur. plut. 28,25
dente también de la de Hurtado de Mendoza) Scor. de ca. 1300), el principal representante, dentro de la
0.1.9, s. xvcx,contiene, además de seis piezas de Eurípi- «familia laurenciana», de la clase p (tríada, escolios lau-
des, el texto de las siete tragedias de Sófocles: es un rencianos y texto básicamente afín al de la clase A);
apógrafo de A 9 7 , copiado por Zacarías Callierges 9 8 . aunque con alguna interpcdación moscopulea lo2, ofrece
En nuestra Biblioteca Nacional se guardan dos códi- un texto anterior al manipulado por los filólogos de la
ces sofocleos. El Matrit. 4617 (olim N 75), manuscrito edad de los Paleólogos. Desgraciadamente, en la única
en papel, s. XIV (suscripción del copista Jorge Cinnamo, edición crítica publicada en España (la de Errandonea),
año 1344, al final del texto de Edipo Rey 9 9 ) , contiene cuyo aparato registra las variantes de los tres códices
un texto moscopuleo l o O de la tríada sofoclea y, además, escurialenses, no se ha colacionado este matritense, el
la tríada esquilea, Los trabajos y días de Hesíodo, y único que ofrece algún interés y que sí ha sido colacio-
Olímpicas de Píndaro. El Matrit. 4677 (olim N 47), en nado posteriormente por Dawe en su edición de la tría-
da y por G . A. Christodoulou en su edición de los esco-
96 Cf. A. TURYN,Studies, 27 y 192, y S. Bernardinello, en pá-
ginas 272-73 de «La tradizione manoscnta di Sofocler~,Scripfo-
l i o ~a Ayante 'O3.
r i u m XXX (1976), 271-78.
97 Cf. A. TURYN,Studies, 190. lo1 Cf. J. FERNANDEZ POMAR,en pág. 286 d e .La colección de
Cf. CH. G . PATRINELIS,
e n phg. 89 de a"EAAqv~q~ 0 8 1 ~ 0 - Uceda y los manuscritos griegos de Constantino Láscaris~,Eme-
y p ¿ x v ~r h v xpóvov rTq ' A v a y a v v í p ( q ~ , 'Ea. TOG Maoaro- rita XXXIV (1966), 211-288.
VLKOO ' A~XE[OU, VIII-IX (1958-59), 63-124. Cf. A. TURYN,Studies, 147-148.
g9 Cf. CH. G. PATRINELIS, op. cit., 94, núm. 3. 1°3 G . A. CHRISTOWULOU, Tk &pxcfia q 6 h ~ aE [ < Atavra T&
'00 Cf. A. TURYN,Studies, 28. Z+~hEowq, Atenas, 1977.
INTRODUCCI~NGENERAL 109
108 TRAGEDIAS

1528 [Burgos, 1531; Sevillal, 1541; reimpresa en la edi-


Resultaría de mal ver que, al frente de este volumen,
ción por su sobrino Ambrosio de Morales de Las Obas
no se dijera algo sobre la tradición de los estudios so-
(sic) de Fernán Pé?,ez de Oliva, Córdoba, Gabriel Ra-
focleos en España. Poco, la verdad, hay que decir. Has-
mos, 1586 (ff. 76-101)l. En el XVIII, el poeta Vicente Gar-
ta llegar el siglo xx esa tradición ha sido, entre nosotros, cía de la Huerta produce una versión muy libremente
el hueco de una ausencia agresiva. Esa veinticuatrocen- arreglada de Electra (más de la que hiciera el maestro
tenaria realidad literaria universal que es Sófocles no Oliva que de la del propio Sófocles), con el título de
fue ni siquiera traducida a lengua española en una ver- Agamenón vengado (en Obras poéticas, Madrid, Sancha,
sión completa: otros clásicos griegos se han traducido, 1768, y en Theatro Hespañol, XVI, Madrid, Imp. Real,
bien o mal, en español; Sófocles, no. Menos todavía ha 1786). En la «Nota» que figura en cabeza de la versión
sido Sófocles objeto de un trabajo filológico. podemos leer esta declaración adorable por lo cando-
El primer texto sofocleo de mediana extensión im- rosa: «En cierto tiempo deseaban unas damas repre-
preso en griego en España es, si no yerro, el que se sentar y declamar una tragedia griega, y no hallándose
contiene en una antología escolar de Lázaro Bardón, otra más a propósito, se puso en verso ésta por el autor
Lectiones graecae, Madrid, 1856, págs. 302-311 (185g2, con aquellas adiciones y nioderaciones que bastaban a
páginas 421-29): cuatro pasajes y doscientos versos en que quedase con menos impropiedades». No una tra-
total. El primer drama completo impreso en griego se ducción, sino una imitación libérrima, es la pieza del
saca de molde ya en nuestra centuria: Sófocles, Elec- novicio jesuita José Arnal (1729-1790: cf. F. de Latassa,
tra. Texto griego con la versión directa y literal por el Biblioteca Nueva de los Escritores Aragoneses, V , Pam-
Dr. José Alemany y Bolufer y traducción e n verso cas- plona, 1801, págs. 494-96): El Philoctetes de Sophocles.
tellano por Vicente García de la Huerta y e n verso ca- Tragedia, puesta en verso español y dedicada por las
talán por Joseph Franquesa i Gomis, Barcelona, Bosch, Escuelas de Latinidad de Zaragoza a s u Ilustrísimo
1911 (corren ejemplares sin la traducción catalana y Ayuntamiento el año de 1:764, Zaragoza, Francisco Mo-
con fecha 1912). Hasta 1921 no se ha publicado una tra- reno (in-4.O, 36 págs., hay dos ediciones barcelonesas s. a.
ducción castellana completa: José Alemany y Bolufer, y otra de Madrid, 1866): I3ófocles empieza y acaba en
Las siete tragedias de Sófocles traducidas al castellano, el título. Mucho más estimable (pero no nos metamos
Madrid, 1921 (Biblioteca Clásica, núm. 247). Las existen- a pedir cotufas en el golfo) es: Edipo Tirano, traducida
tes hasta esa fecha eran de alguna pieza suelta y, gene- del griego e n verso castellano, con u n Discurso prelimi-
ralmente, refundiciones más que traducciones, de esas nar sobre la Tragedia antigua y moderna por Don Pedro
en las que el traductor vierte a su talante, escribiendo Estala, Presbítero. E n Madrid, e n la Imprenta d e San-
lo que quiere y como él quiere y sin tener delante el cha, año MDCCXCIII (el tal discurso, muy «fin-de-si-
original griego. La nómina es, además, bien parva. Una glo» XVIII, es notable). Una impresión partenopea (Nápo-
refundición libre de Electra es La venganza de Agame- les, 1820), con varias piezas de Pedro de Montengón
nón. Tragedia que hizo Hernán Pérez de Oliva, Maestro, (1745-1820),que pasó, sin serlo, por traducción de Sófo-
C14YO argumento es de Sophocles poeta griego, Burgos, cles, contiene en reali'dad a.lgunas creaciones propias del
110 TRAGEDIAS INTRODUC~CI~N GENERAL 111

citado ingenio 'O4. En el siglo XIX se publican sendas tra- de los estudios clásicos españoles, tenía que venir des-
ducciones de dos piezas sofocleas: Angel Lasso de la pués una mayor curiosidad por la obra de Sófocles. Me
Vega (y Argüelles, 1834-1899) Sófocles: Filoctetes. Tra- limito a reseñar las traducciones completas de Sófocles,
gedia. Traducción en verso. Juvenal. Sátiras, Madrid, posteriores a la de Alemamy de 1921 (reimpresa varias
1886 (reimpr. Madrid, 1918. Biblioteca Universal, t. 108; veces para el público español y americohispano) y ante-
Sófocles, págs. XXII-152, y Juvenal, págs. 153-192), y An- riores a la de D.* Assela Alamillo, cuya firma responde
tonio González Garbín, La Antigona de Sófocles. La Apo- de la que en e1 presente volumen se ofrece: Ignacio
logía de Sócrates. Las Poetisas de Lesbos, Madrid, 1889 Errandonea, S. J., Sófocles y su teatro. Estudio drama-
(Biblioteca Andaluza, 2.a serie, VI 16; la traducción de tico, traducción y comentario de sus siete tragedias,
Sófocles ocupa las págs. V-124). Este último traductor Madrid, Escelicer, 1942, en dos vols. (la traducción ha
fue catedrático universitario y su versión está hecha, en sido reimpresa repetidas veces); Sófocles: Dramas y
efecto, sobre el original griego, no como las de otros tragedias, traducción y notas de Agustín Blánquez, Bar-
que traducen libros griegos con ayuda de vecino. .. fran- celona, Iberia, 1954 (varias reimpresiones); Sófocles,
cés. En la Biblioteca Menéndez Pelayo, d e Santander, Las siete tragedias, traducción y notas por J. Motta Sa-
se conservan manuscritas las traducciones de tres pie- las, Bogotá, 1958; A. Espmosa Pólit, El teatro de Sófo-
zas, obradas también en el siglo pasado ' O 5 : Ayax fla- cles en verso castellano, Quito, 1959 (reimpr. Las siete
gelífero, por el ingenio lorquino José Musso y Valiente tragedias y los 1129 fragmentos, Méjico, Jus, 1960); An-
(1785-1838), doble versión en prosa y en verso; La Antí- gel M.a Garibay, Sófocles: Las siete tragedias, Méjico,
gona de Sófocles, por el canónigo doctoral de Canarias Porrúa, 1962 (reimpresa varias veces); Mariano Bena-
Graciano Afonso, y El Edipo en Colona (así dice) de vente Barreda, Sófocles: Tragedias, Madrid, 1971 (Nue-
Sófocles, por Emeterio Suaña y Castellet. va Biblioteca Clásica Hernando; del mismo traductor:
Fragmentos de Sófocles, Granada, 1975); Julio Pallí B o
De venir ya en nuestro siglo un cierto renacimiento
net, Sófocles: Teatro completo, Barcelona, Bruguera,
'O4 Cf. M. MENÉNDEZ PELAYO, Biblioteca de Traductores Espa- 1973. Se han publicado también bastantes traducciones
ñoles, 111, Madrid (Edición nacional), 1953, págs. 374-75. No men- parciales, de una sola pieza o de un ramillete de ellas,
ciono más que traducciones españolas de existencia acreditada; alguna estimable y de decoroso despacho literario. En
por esta razón, no cito la traducción latina de Vicente Mariner catalán tradujo a Sófocles el poeta Carles Riba en una
(t 1642), fechada en 1619 (cf. M. MENÉNDEZ PELAYO, op. cit., 111, versión poética parcial, muy elogiada por los entendi-
páginas 65-67), ni meros proyectos de volver a Sófocles en caste-
llano, que luego se dejaron en el tintero: a JosÉ ANTONIO CONDE dos (por impericia del idioma nosotros no debemos opi-
(1765-1820) parece que le sonreía mucho el proyecto de traducir nar), y también, en una versión completa en prosa que
Electra (cf. M. MENÉNDEZ PELAYO, op. cit., 1, pág. 360), pero no pasó acompaña a un texto griego sin pretensiones de origi-
de proyecto. Una buena junta de noticias sobre otros aspectos, nalidad (Barcelona, Bernat Metge, 1951-1963, 4 vols.).
y no solamente sobre las versiones, en JosÉ M.' D~Az-REGAÑÓN,
Los trágicos griegos en España, Valencia (Anales de la Univ. de Como se aprecia, en pocos años es relativamente creci-
Valencia, XXIX, 3, curso 1955-56). do el número de traslados españoles de Sófocles (no
Cf. JosÉ M.' D~Az-REGAR~N, op. cit., 237-249. cuento alguno que confiesa serlo del francés). Ignacio
112 TRAGEDIAS

Errandonea publicó un Sófocles bilingüe greco-caste-


llano en la Colección Hispánica de Autores Griegos y
Latinos, en tres volúmenes (1: Edipo Rey, Edipo en
Colono, Barcelona, 1959; 11: Antigona, Electra, Barce-
lona, 1965; 111: Ayante, Filoctetes, Las Traquinias, Bar-
celona, 1968) l o 6 .
JosÉ S. LASSODE LA VEGA
LINAJE Y VIDA. DE SOFOCLES *
106 Para información bibliográfica sofoclea, son recomenda-
bles la relación de H. FRIIS JOHANSEN(años 1939 al 1959) en Lus-
t r u m VI1 (1962), 94-288, y las relaciones, a cargo de A. LESKVy
Sófocles era de linaje ateniense, hijo de Sofilo, el cual no te- 1
luego H. STROIIM, en Anzeiger fiir die Altertums~vissenschaftXIV
(1961), 1-26; XVI (1963), 129-156; XX (1967), 193-216; XXIV (1971), nía el oficio de carpintero o herrero, como dice Aristóxeno, ni de
129-162; XXIV (1973), 1-5; XXVII (1974), 33-54; XXX (1977), 129-144. fabricante de sables, como dice Istro, sino que, precisamente,
era él dueño de esclavos herreros o carpinteros. Pues no sería
natural que, de haber nacido de alguien de tal clase, hubiera
sido considerado digno del cargo de estratego, juntamente con
Pericles y Tucidides, los más importantes de la ciudad; tampoco
se hubiera librado del ataque de los cómicos, que no perdonaron
ni a Temístocles.
Tampoco hay que creer a Istro cuando dice que no era ate-
niense sino de Fliunte. Si por sus orígenes era fliasio, en ningún
otro autor, excepto en Istro, e:; posible documentarlo. Así pues,
Sófocles fue de linaje ateniense, del demo de Colono, famoso
por su vida y por su obra; recibió esmerada educación y fue
criado en el bienestar, y n o sólo fue destacado en política, sino
también en embajadas.
Dicen que nació en el segundo año de la Olimpíada 71, bajo 2
el arcontado de Filipo en Atenas. Era siete años más joven que
Esquilo y veinticuatro mayor que Euripides. En su niñez fue 3
adiestrado en la palestra y en la música, y en ambas disciplinas
recibió honores, según afirma Istro. Lampro fue su maestro de
música y, después de la batalla naval de Salamina, estando los
atenienses celebrando la victoria, equipado sólo con una lira, di-
rigió a los que entonaban el ptán en los cantos triunfales.
Aprendió la tragedia en Esquilo. Llevó a cabo muchas inno- 4

* Recogemos la antigua biografía anónima del trágico quc


acompaña, tradicionalmente, la edición de sus obras.
114 TRAGEDIAS

vaciones en las obras; abandonó tempranamente las representa- polis 6 , Heracles se le apareció en sueños a Sófocles diciendo
ciones por la debilidad de su voz - e n efecto, al principio era el que la buscara en una casa rio habitada en el lado derecho se-
propio poeta el que recitaba-, aumentó los coreutas de doce a gún se entraba, en donde estaba oculta. i-1 la mostró al pueblo
quince e introdujo el tercer actor. y recibió un talento, pues esto era lo convenido. Tras recibir el
5 Dicen que también en una ocasión, en Tdmiris l , tocó la cíta- talento, consagró el templo de Heracles Menito 7.
ra, por lo cual fue representado con una cítara en el Pórtico Ante muchos tuvo lugar el. juicio entre él y su hijo Yofonte. 13
6 Pecile 2 . Sátiro cuenta que también él ideó la cachava3. Istro Teniendo a Yofonte de Nicóstrata y a Aristón de Teoris de Si-
afirma que fue el inventor de los blancos zapatos que calzan los ción, sin embargo amaba mas al hijo nacido de este último, de
actores y los coreutas; que escribía los dramas atendiendo al nombre Sófocles. En una obra 8 denuncia que Yofonte le odiaba
natural de ellos y que había formado con hombres instruidos y que ante los miembros de su fratría había acusado a su p r e
un tíaso dedicado a las Musas. pio padre de haber perdido el juicio por su avanzada edad. es-
7 Y para decirlo de una vez: el agrado de su carácter fue tan tos censuraron a Yofonte. SBtiro dice que él replicó: asi soy
grande que en todas partes y por todos fue querido 4. Sófocles no estoy loco y si desvarío no soy Sófoclesm, y, a con-
8 Obtuvo veinte victorias, según Caristio dice; muchas veces el tinuación, ley6 en voz alta el Edipo.
segundo puesto y nunca el tercero. Istro y Neante cuentan que Sófocles murió de la siguiente 14
9 Los atenienses lo eligieron estratego a los sesenta y nueve manera: que el actor Calipides, al volver de una actuación desde
años, siete años antes de las Guerras del Peloponeso, en la gue- Opunte, llegando por la fiesta de las Libaciones, envió un racimo
rra contra los Aneos. de uvas a Sófocles, quien, tras llevarse a la boca un grano aún
10 Era tan amante de Atenas que, aunque muchos reyes le in- verde, murió asfixiado a causa de su mucha vejez.
vitaban, él no quiso abandonar la ciudad. Sátiro nos refiere que estaba leyendo la Antigona y, al llegar
11 Desempefió el sacerdocjo de Alcón, héroe que acompañó a al final de un largo parlamento que no tenía pausa ni comas
Asclepio junto a Quirón..., fue consagrado5 por su hijo Yofonte para hacer algún descanso, como habia alzado demasiado la voz,
después de su muerte. se le fue la vida al tiempo que la voz. Otros cuentan que des-
12 Llegó también a ser Sófocles querido a los dioses cual nin- pués de la lectura pública de la obra, cuando fue proclamada su
gún otro, a juzgar por lo que nos cuenta Jerónimo acerca de una victoria, murió de alegría.
corona de oro. En efecto, habiendo sido ésta robada de la Acró- Fue depositado en el sepulcro familiar, situado en el camino is
que lleva a Decelia, a once estadios delante de la muralla. Unos
1 Conocemos el argumento de esta tragedia y conservamos dicen que colocaron encima para su recuerdo una sirena y otros
algún fragmento. Támiris, rey de los tracios por su belleza y que una hechicera en bronce. Como los lacedemonios habían
por el arte en tañer la lira, desafió a las musas en dicho arte sitiado este lugar frente a los arenienses. Dioniso se apareció
y fue vencido por ellas perdiendo la vista, la razón y el arte en sueños a Lisandro y le ordenó que permitiera dar sepultura
musical. a este hombre. Como Lisandro no le hizo caso, por segunda vez
2 La Estoa Pintada, galena cubierta, en el ágora ateniense, se presentó Dioniso ordenándole lo mismo. Informado Lisandro
cuyas paredes se adornaban con famosas pinturas.
"astón curvo que utilizaban, sobre todo, en la comedia
los ancianos de humilde rango. 8 En CIC., De Div. 1 54, se encuentra también esta anécdota.
4 El carácter afable y la magnanimidad de Sófocles eran .El declarador~,que le declaró (emenyse) dónde estaba la
proverbiales entre los antiguos. corona.
5 Laguna en el texto, que hace pensar en la falta de una Se ha querido ver aquí una alusión a la escena de Polini-
palabra como <templo, recinto o monumento recordatorio~. ces en Edipo en Colono, pera es una referencia poco clara.
116 TRAGEDIAS

por los refugiados de quitn era el que había muerto y enterado


de que se trataba de Sófocles, tras enviar un heraldo, permitió
enterrarle.
16 Lobón dice'que sobre su tumba están escritas las siguientes
palabras:
En esta tumba cubro a Sófocles, el que consiguid los prime-
ros puestos en el arte de la tragedia, la más noble figura.
17 Istro cuenta que los atenienses, a causa de la virtud de tan
gran hombre, decretaron incluso ofrecerle un sacrificio anual.
18 Escribid ciento treinta dramas, según afirma Aristófanes, de
19 ellos diecisiete apócrifos. Disputó con Esquilo, Eurípides, Qu6
rilo, Aristias y otros muchos, incluso con su hijo Yofonte.
#i En todo emplea las palabras de Homero. Trata los mitos si-
guiendo la huella del poeta y, en muchos dramas. recibe infiuen-
cia de la Odisea 4 hace derivar el nombre de Odiseo como He
mero 9 :
Con razón soy Odiseo, llamado así por mis desgracias. Pues
son muchos los que se han enojado, infames, contra mi.
Crea los caracteres, los adorna y utiliza con maestría sus
invenciones, influenciado al tiempo por el encanto de Homero.
De ahí que se pueda decir que Sófocles es el único discípulo
jónico de Homero. Muchos de los otros imitaron a alguno de
sus antecesores o de sus contemporáneos, pero sólo Sófocles
toma lo mejor de cada uno, al igual que la abeja. El logró reunir
oportunidad, dulzura, arrojo y variedad.
21 Ha sabido tambitn calibrar oportunamente las acciones, has-
ta el punto de retratar totalmente a una persona en un peque
ño hemistiquio o en un solo parlamento. Esto es lo más impor-
tante en el arte pottico: mostrar carácter o sentimiento.
72 Afirma Aristdfanes que ase apoyaba en el corazón* y, en otro
lugar, .Sófocles tenía untada la boca de miel*.
23 Aristóxeno nos dice que fue el primero de los poetas de Ate-
nas que utilizó canciones frigias para sus propios cantos y los
mezcló con el estilo del ditirambo.

Fr. 965.
INTRODUCCION

ESTRUClWlU DEL DRAMA

~ R ~ L O (1-133).
GO Atenea se aparece a Odiseo y le coníinna en sus
sospechas acerca de la tmipabilidad de Ayax. Le hace ver
las atrocidades cometideis por el heroe en su locura y m e
raliza sobre ellas.
PA~ooo(134200). Consta de dos partes. La primera, hasta el v. 171,
es un canto de marcha mientras el coro hace su entrada
en la escena. En la segunda tenemos el canto lírico, pro-
piamente, compuesto dc estrofa, antístrofa y epodo que
entonan una vez instalados en la orquesta. En t l dan cuen-
ta de los rumores que corren sobre Ayax y de sus recelos,
y piden la presencia dell htroe para tranquilizarlos.
EPISODIO1P (201-595). Hay doii partes claramente diferenciadas
con una estructura simd:tr+ca.La primera da comienzo con
el diálogo lírico entre Tecmesa y el Corifeo (hasta el
v. 262), en el que se va, sacando a la luz la difícil situa-
ción en que se encuentra Ayax, y sigue con una parte
citada (hasta el v. 332) en que Tecmesa cuenta sus t e m e
res por el presente estado de ánimo del Mroe y relata los
hechos sucedidos. La segunda parte se inicia también con
el diálogo lírico, en este momento con intervención tam-
bitn del propio Ayax que ha salido de la tienda (hasta el
v. 427) y se lamenta amar~amen!e;a lo que sigue la parte
recitada entre los misnios personajes en que Ayax anun-
cia, con sus palabras, su decisión de morir. Tecmesa y el
Coro intentan disuadirle. Le traen a su hijo (v. 545).
120 TRAGEDIAS

ESTASIMO1.0 (596-645). Compuesto de dos pares de estrofas. En mismo tono y con los mismos argumentos que con Me-
él se lamenta el Coro de la locura de Ayax que les sugiere nelao; una segunda en la que Odiseo se presenta para me-
funestos presagios y evoca a sus ancianos padres. diar en favor de Ayax (hasta el v. 1401). y la tercera, en
EPISODIO2." (646692). Brevísimo episodio durante el que Ayax que se disponen brevemente los preparativos del enterra-
sale de la tienda y se dirige a sus fieles marineros para miento de Ayax.
darles a conocer los propósitos que ha formado, acordes
con su nuevo estado de ánimo. El espectador capta en es-
tas palabras llenas de trágica ironía las verdaderas inten- NOTA B1:BLIOGRAFICA
ciones del héroe.
ESTASIMO 2." (693-718). De corta duración también, compuesto de
estrofa y antístrofa. Es un hyporquema de tono festivo en
El texto crítico que ha servido de base para la tra-
que el Coro celebra la nueva disposición de ánimo en Ayax. ducción presente ha sido el de A. C. Pearson, Sophoclis
EPISODIO 3: (719-865). Dividido en dos escenas diferentes entre las Fabulae, Oxford, 1924.
cuales cambia, incluso, la localización. La primera (719-814) Han sido de utilidad, para fijar el texto definitivo y
se inicia con la llegada del mensajero d e Teucro, que con para la selección de notas, las siguientes ediciones crí-
sus palabras suscita el temor del Coro y de Tecmesa. El ticas, bilingües o traducciones:
Coro abandona la escena a la búsqueda de Ayax. La se- R. C. JEBE, Ajax, Cambridge, 1883.
gunda (815-865) consiste en un bello soliloquio del héroe J. C. KAMERBEEK, Ajax, Leiden, 1953.
ante la muerte, en el que se dirige a Zeus y otras dei- A. DAINy P. MAZON, Sophocle, II: Ajax, Oedipe Roi, Electre, Pa-
dades. rís, 1958.
ESTASIMO 3." (866-973). El Coro retorna a la escena dividido en dos W. B. STANDFORD, Ajax, Londres, 1963.
semicoros cada uno por un extremo de la orquestra, tras M. BENAVENTE, Sófocles. Tragedias, Madrid, 1970.
infructuosa búsqueda (hasta el v. 878). J. PALL~, Sófocles. Teatro Completo, Barcelona, 1973.
El diálogo lírico entre el Coro y Tecmesa, que sustitu- J. DE ROMILLY, Ajax, París, 1976.
ye al Coro propiamente dicho, se inicia en el v. 879 y cons- J. M. L u c ~ s Sófocles.
, Ayax, Las Traquinias, Antígona, Edipo Rey,
ta de estrofa y antístrofa. Tecmesa ha descubierto el ca- Madrid. 1977.
dáver de Ayax y entona lúgubres lamentos.
EPISODIO 4." (974-1184). Se compone de dos escenas. La primera
(hasta el v. 1039). donde aparece Teucro, que a la vista del
NOTA SOBRE LA EDICION
penoso espectáculo se lamenta y considera las circunstan-
cias de la muerte de Ayax y la reacción que tendrán los
ancianos padres del héroe. La segunda, en que Menelao Señalamos los pasajes en los que no hemos seguido
llega para prohibir a Teucro dar enterramiento a Ayax. el texto de A. C. Pearson.
Teucro le desafía con despreciativas palabras.
E s ~ A s i ~42o (1185-1222). Compuesto por dos breves estrofas y dos
antístrofas. En ellas el Coro enumera las penalidades que
trae consigo la guerra y se duele del destino de Ayax.
Gxow (1223-1420). Distinguimos tres partes diferentes: primero,
escena entre Teucro y Agamenón (hasta el v. 1315) en el
122 TRAGEDIAS

PASAJE TEXTO DE PEARSON

269 vwoUv~oq
309 kp~LoB~iq
372 x~poiv
379 n á v ~ a8pGv
384 160ipi 6: V L V
573 pí)T€
626 cpp~vo/3bpoq ARGUMENTO
756 ~ f i v t ~EB'
' 4pÉpav p6vqv
784 Bwpbpov ytvoq
791 GjvBpom
869 8n~on¿?ra~
903 raAaic$pov La acción es de tema troyano, como Antendridas,
1012 KUK~V, Cautivos, Rapto de Helenu y Memndn. Después de que
1027 &nc-+Bíoa~ Aquiles cayó en la batalla, Ayax y Odiseo creyeron, cada
1101 JIYE~T' uno por su lado, que habían sobresalido más en la re-
1137 KUK&,
cuperación del cuerpo. Haciendo un juicio en torno a
1339 OGK oUv c k r i p á o a ~ p '
las armas, es Odiseo el que resulta vencedor. A partir
1357 KLVE~
de esto, Ayax, que no ganó el juicio, se trastorna y pier-
de la razón, de suerte que, agarrando unos corderos,
creía estar matando a 10:s helenos. De los animales, a
unos los mató, y a otros se los llevó atados a la tienda.
Entre éstos hay un carnero, de tamaño superior, al que
toma por Odiseo y al que, habiéndolo atado, le daba
latigazos, de donde el subtítulo de la obra: El que lleva
el látigo, para distinguirlo del Locrio. Dicearco la titu-
la Muerte de Ayax, pero en los catálogos está reseñada
como Ayar solamente.
Esto hace Ayax. Atenea, por su parte, sorprende de-
lante de la tienda a Odiseo espiando qué puede estar
haciendo Ayax, y le aclara1 los hechos. Llama al exterior
a Ayax que aún está en su arrebato de locura y se va-
nagloria de haber matado a sus enemigos. Aparece éste
en la actitud de estar azotando a ~ d i s e oAcude
. el coro
de marineros salaminios conocedor de lo sucedido:
que los rebaños helenos habían sido sacrificados, pero
124 TRAGEDIAS

sin saber quién lo habia hecho. Sale también Tecmesa, ta a Atenea para que recite el prólogo, pues nos resul-
concubina esclava de Ayax, que sabe que el asesino de taría poco convincente que Ayax se presentara para
los corderos es Ayax, pero ignora de quién son los re- hablarnos acerca de sus propias acciones como acusán-
baños. Asf pues, aprendiendo cada uno del otro lo que dose a sí mismo. Nadie conocía esos hechos, ya que
desconoce - e l Coro, de Tecmesa, que el autor era Ayax, Ayax lo hizo en secreto y durante la noche. A una divi-
y Tecmesa, del Coro, que los rebaños sacrificados eran nidad, pues, tocaba esclarecer el asunto y por ser Ate-
helenos- se lamentan, sobre todo el Coro. Entonces nea la que protegía a Odiseo es por lo que dice:
Ayax, entrando ya con el juicio recuperado, llora por sf c . . desde hace rato me puse en tu camino como resuelto
mismo. Tecmesa le pide que ponga íin a su irritación. guardián de t u persecución)) (VV. 36 SS.).
Él, respondiendo que había ya cesado, sale con la ex-
cusa de unas purificaciones y lleva a cabo su propia En cuanto a la muerte de Ayax, se tienen diversas
muerte. Hay también, al íinal de la obra, unas palabras noticias. Unos dicen que, herido por Paris, llegó a las
de Teucro a Menelao que no permite enterrar el cadá- naves desangrándose, y otros, que el oráculo respondió
ver. Por último, Teucro, tras darle sepultura, se la- a los troyanos que arrojaran barro sobre él, pues no era
menta. vulnerable con la espada, y así murió. Otros, que él
La lección de la tragedia destaca que, a partir de la mismo fue su propio asesino, entre los que también está
ira y del gusto por las disputas, los hombres pueden Sófocles. En cuanto al costado, puesto que era lo único
llegar a situaciones tan malas como Ayax que, esperan- que tenía vulnerable, cuenta Píndaro, que la parte del
do ser dueño de las armas, al no obtenerlas, resolvió cuerpo que había cubierto la piel del león era invulne-
quitarse la vida a si mismo. Tales pendencias no son rable, mientras que la que no había sido cubierta per-
provechosas ni siquiera para los que creen haber venci- manecía vulnerable.
do. En efecto, considera lo que, con pocas palabras y
muy expresivamente, se encuentra en Homero acerca
de la derrota de Ayax:
.Sola el alma de Ayax Telarnonio lejos está, llena de cdlera
por causa de las armas* (Odisea XI 543 SS.).

Y luego oye al que ha quedado vencedor:


aiOjalA que no hubiera vencido con semejante premio!.
(Odisea XI 548).

Efectivamente no le aprovechó la victoria, al haber


muerto un hombre como aqutl a causa de la derrota.
La escena de la obra tiene lugar en el fondeadero
de junto a la tienda de Ayax. Extrañamente se presen-
PERSONAJES (La acción tiene lugar en el campamento de los
griegos. Odiseo está ante i!a tienda de Ayax examinando
unas huellas en la arena. Atenea aparece y le habla.)
ATENEA.-Siempre te veo, hijo de Laertes, a la caza
de alguna treta para apoderarte de tus enemigos l. Tam-
ATENEA.
bién ahora te veo junto a la marina tienda de Ayax en
ODISEO.
la playa -que ocupa el puesto extremo 2-, siguiendo 5
AYAX. desde hace un rato la pista y midiendo las huellas re-
COROde marineros salaminios.
cién impresas de aquél, para conocer si está dentro o
TECMESA.
no lo está. Tu paso bien te lleva, por tu buen olfato,
MENSAJERO.
propio de una perra lac:onia3. En efecto, dentro se
TEUCRO.
encuentra e1 hombre desde hace un instante, bañadas 10
MENELAO.
en sudor su cabeza y sus manos asesinas con lasespada.
AGAMEN~N.
Y no te tomes ya ningún trabajo en escudriñar al otro

1 Odiseo, calificado en la epopeya griega como arico en ar-


PERSONAJES MUDOS dides., ilustra las palabras de Atenea mediante sus acciones an-
teriores. La trampa contra Palamedes, en JENOFONTE, Memorables
IV 233; la captura de Heleno, que se cuenta en Filoctetes 606 SS.;
EURISACES. la propia estratagema para capturar a Filoctetes, y la expedicidn
nocturna con Diomedes, en Ilíada X, son ejemplos característi-
PEDAGOGO. cos de su astucia.
MENSAJERO
del ejército. 2 Los puestos extremos del campamento, al E. y al O. -y,
por tanto, los más peligrosos-, estaban ocupados por las tien-
das de Aquiles y de Ayax, reijpectivamente. (Cf. Ilíada 11 8 , 55.)
Los perros laconios, según nos cuenta ARIST~TELE~(Hist.
Anim. 828 a 3). resultaban dt: un cruce con zorros. Físicamente
eran de pequeño tamaño, anchos hocicos y penetrante olfato.
Eran los mejores perros de (caza (P~NDARO, frag. 106). El propio
ARIS~~TELES hace una alusión especial a las hembras de esta raza
y dice que son de fina inte1ig:encia (Hist. Anim. 8 3 a 27).
128 TRAGEDIAS

lado de esta puerta, y sí en decirme por qué tienes ese me puse en tu camino como resuelto guardián de tu
afán, para que puedas aprenderlo de la que lo sabe. persecución.
ODISEO.- iOh VOZ de Atenea, la más querida para ODISEO.- Y bien, soberana querida, (me afano con
is mí de los dioses! ¡Qué claramente, aunque estés fuera
algún provecho?
ATENEA. -Sí, pues esas acciones son obra de este
de mi vista, escucho tu voz y la capta mi corazón, como
el sonido de tirrénica trompeta de abertura broncí- hombre.
ODISEO. - ¿Por qué descargó así su mano tan insen- 40
nea! '. También en esta ocasión me descubres mero-
satamente?
deando al acecho de un enemigo, de Ayax, el del gran
ATENEA. -Vejado por el resentimiento a causa de
20 escudo j. De él, que de ningún otro, sigo el rastro des-
las armas de Aquiles.
de hace rato. Pues ha cometido contra nosotros duran- ODISEO. - ¿Y por qu6 arremetió contra los rebaños?
te esta noche una increíble acción, si es que él es el ATENEA.-Creyendo que manchaba sus manos en
autor. Nada sabemos con exactitud sino que estamos vuestra sangre.
faltos de datos y yo me he sometido gustoso a esta ODISEO. - ¿Conque ésta era su decisión, la de ir
tarea. contra los Argivos?
25 Hemos descubierto, hace poco, destrozadas y muer- ATENEA.-Y, de haberme yo descuidado, hubiera 45
tas todas las reses del botín por obra de mano huma- sido llevada a cabo.
na, junto con los guardianes mismos del majadal. Todo ODISEO. - ¿Qué clase de audacia era ésta y qué osa-
el mundo echa la culpa de esto a aquél. Un testigo pre- día de ánimo?
30 sencial que lo vio a él solo, dando saltos por la llanura ATENEA.- Se lanza contra vosotros solo, durante la
con la espada aún chorreante, me lo cuenta y me lo noche y con engaños.
muestra. Yo, al punto, me lanzo sobre sus huellas y por ODISEO.- ¿ES que ya estuvo cerca y lleg6 a su meta? 50
algunas lo confirmo, pero estoy desconcertado por otras ATENEA.- S í , ya estaba junto a las puertas de los
y no puedo saber de quién son. Te has presentado en dos jefes =.
el momento oportuno; pues en todo, tanto en el pasado ODISEO.- ¿Y cómo retuvo a su ávida mano del ase-
35 como en el futuro, tu mano es la que me guía. sinato?
ATENEA. -YO ya lo sabía, Odiseo, y desde hace rato ATENEA.-YO se lo impedí infundiéndole en sus ojos
falsas creencias, de una alegría fatal ', y le dirigí contra
Esta trompeta es frecuentemente aludida en la literatura
los rebaños y el botín que, mezclado y sin repartir, guar-
griega (ESQUILO, Eurnénides 567; EUR~PIDES, Fenicias 1377). La for- dan los boyeros. Cayendo allí, causó la muerte a hacha- 55
ma que tenía era recta, ampliándose gradualmente su diámetro zos de muchos animales cornudos rompiendo espinazos
hasta terminar en una abertura acampanada. Los tirrenos, se- a su alrededor. Unas veces creía tener a los dos Atridas
gún una tradición de la que HER~DOTO es el primero en hacerse
eco (1 94), eran de origen lidio, por tanto puede haber sido d e
invención lidia. Agamenón y Menelao.
5 Remito a Ilíada VI1 219, donde sc da la descripción del Es decir, su imaginacih~le proporciona la alegría de un
espectacular escudo de Ayax. supuesto triunfo que le va a ser fatal.
130 TRAGEDIAS

y que los mataba con su propia mano, otras, que caía ODISEO. -No le evitaría por miedo, si estuviera
contra cualquier otro de los generales. Y cuando nues- cuerdo.
60 tro hombre iba y venía preso de furiosa locura, yo le ATENEA. - Pero es que ahora, ni aunque estés cerca,
incitaba, le empujaba a la trampa funesta. te verá.
Y luego, después que se tomó un descanso en esta ODISEO. - {Cómo, si ,aún ve con los mismos ojos?
faena, habiendo atado a los bueyes que quedaban vivos ATENEA. -YO haré que sus ojos queden oscurecidos, 8s
y a todas las reses, los lleva a la tienda como quien lleva aun cuando esté mirando.
6s a hombres y no un botín de hermosos cuernos. Y aho- ODISEO. -Ciertamente, todo puede suceder si lo ma-
ra, atados, en su morada los está maltratando. quina un dios.
Te mostraré esta manifiesta locura para que, tras ATENEA. -Permanece callado y quédate como estás.
verlo, se lo cuentes a todos los Argivos. Resiste con va- ODISEO. -Me quedo, pero hubiera querido encon-
lor y no recibas a nuestro hombre como una calamidad. trarme en otro lugar.
ATENEA.- iEh tú, Ayax!, por segunda vez te llamo.
70 YO haré que las miradas de sus ojos se vuelven a otra
parte e impediré que vean tu rostro. jQué poco caso haces, pues, de tu aliada! !'. 90
( A y a sale d e la tienda llevando e n la mano el látigo
(Dirigiéndose a la entrada d e la tienda grita.) iEh,
tú, que atas con lazos las manos de los prisioneros a la
ensangventado del q u e se está sirviendo.)
espalda, te invito a venir aquí! A Ayax estoy llamando. AYAX. - Te saludo, Atenea, te saludo, hija de Zeus.
Ven delante de la puerta. ¡Cuán propicia me asististe! Por este botín te honraré
con áureos despojos.
ODISEO. - ¿Qué haces, Atenea? De ningún modo le
ATENEA. -Bien has hablado. Pero dime una cosa,
llames afuera.
¿has hundido bien la espada en el ejército argivo? 95
75 ATENEA. - ¿NO vas a mantenerte en silencio y dejar AYAX. -Me cabe ese orgullo y no voy a negarlo.
de dar muestras de cobardía? ATENEA. - ¿También contra los Atridas has blandi-
ODISEO. - NO, por los dioses, pero es suficiente con do tu armado brazo?
que se quede en el interior. AYAX. - De tal modo que no deshonrarán nunca
ATENEA.- ¿Qué temes que ocurra? ¿Acaso antes no más a Ayax.
era éste un hombre? ATENEA. -Muertos están, por lo que puedo entender
ODISEO. - Y enemigo del hombre aqui presente por de tus palabras.
cierto, y ahora aún más. AYAX.- Estando mut:rtos ya, ique me vengan a arre- loa
ATENEA. - Reírse de los enemigos, jacaso no es la batar mis armas! lo.
risa más grata?
so ODISEO.-A mí me basta que él se q;ede en la * Ha olvidado lo prometido por la diosa en el v. 69.
tienda. V a l a b r a s dichas con ironía. Ayax rechazó la ayuda de la
diosa, de ahí el resentimiento de ella. Ver, más adelante, los
ATENEA. - ¿Temes ver cara a cara a un hombre que VV. 770 SS.
está loco? 10 Las armas de Aquiles que, habiendo muerto, pertenecían
132 TRAGEDIAS

ATENEA. - Sea. ¿Qué hay, pues, del hijo de Laertes? tunado, porque esta amarrado a un destino fatal. Y no
¿Qué destino le has deparado? 20 es que se te ha esca- pienso en el de éste más que en el mío, pues veo que 12s
pado? cuantos vivimos nada somos sino fantasmas o sombra
AYAX.- ¿Me preguntas acaso dónde se encuentra vana 12.
ese astuto zorro? ATENEA.-Por eso precisamente, viendo tales cosas,
ATENEA. - S í , hablo de Odiseo, tu adversario. nunca digas tú mismo una palabra arrogante contra los
AYAX.-Mi más dulce presa, oh señora, dentro es- dioses, ni te vanaglories si estás por encima de alguien
tá ". No quiero que muera todavía.. . o por la fuerza de tu brazo o por la importancia de tus IM
ATENEA. - ¿Qué le quieres hacer antes o qué mayor riquezas. Que un solo día abate y, otra vez, eleva todas
provecho quieres sacar? las cosas de los hombres 13. Los dioses aman a los pru-
AYAX.- ... antes de que atado en el poste de la dentes y aborrecen a los malvados.
tienda.. . (Atenea desaparece. Ctdiseo sale d e escena y entra
ATENEA.- ¿Qué daño le infligirás al infeliz? el Coro de marineros.)
AYAX. - ... enrojecidas, previamente, sus espaldas
por los latigazos, muera. CORO.
ATENEA.- NO maltrates así al desgraciado. Hijo de Telamdn, que tienes por trono a Salamina,
AYAX.- En todo lo demás deseo agradarte, Atenea, la que, situada en el cercano mar 14, está rodeada por 135
pero ése expiará con este castigo y no con otro. él, m e alegro de t u bienestar. Pero cuando una aflicción
ATENEA.-Ya que tu gusto es el hacerlo, sírvete tú, de parte de Zeus o el vehemente y malsonante lenguaje
pues, de tu brazo y por nada dejes de hacer lo que d e los Dánaos te atacan, gran temor siento y espantado
piensas. estoy c o m o la mirada de una alada paloma. 140
AYAX. -Me voy a hacerlo. Una cosa deseo de ti, que Así también e n la noche q u e ahora termina, incesan-
me asistas siempre como la aliada que eres. tes murmullos nos envuelven, referentes a t u deshonor,
(Entra A y a de nuevo en la tienda.) de que, irrumpiendo e n el prado, gratísimo a los caba-
ATENEA. - ¿Ves, Odiseo, cuánto es el poder de los llos, has dado muerte a las reses y acabado con el botín 14s
dioses? ¿A quién te podrías haber encontrado más pre- que, capturado por nuestras lanzas, a ú n quedaba, ma-
visor que este hombre o que actuara con más oportu- tándolo con el reluciente hierro.
nidad? Tales maledicientes paiabras ha inventado Odiseo y
ODISEO. - YO, por lo menos, no conozco a nadie. No las dice e n los oídos d e todos y los persuade completa-
obstante, aunque sea un enemigo, le compadezco, infor-
12 Un lugar común de la poesía griega. (Ver, en esta mis-
por derecho a Ayax y que, al negárselas los Atridas, dan lugar a ma tragedia, v. 131; Filoctetes 947; P~NDARO,
VI11 95, etc.)
la venganza del héroe, objeto de esta tragedia. 13 Esta imagen de la balanza la encontramos también, repe-
11 Se observa en griego una clara aliteración en silbante tidas veces, en S~FOCLES (Antígona 1158, Filoctetes 866).
que, creo, confirma las indicaciones de Dionisio de Halicarnaso 14 Sófocles habla desde su perspectiva local, la de Atenas,
sobre este sonido. En efecto, la frase rezuma un profundo odio frente a la cual se encuentra., realmente, Salamina. Estas inco-
por tratarse del aborrecido Odiseo. nexiones no extrañaban al pú.blico ateniense.
134 TRAGEDIAS

150 mente. Anda murmurando de ti cosas que convencen o por haber hecho cacerías de ciervos sin ofrendas?
fácilmente, y todo el que le escucha, más que el que lo ¿O pudo ser Enialio '!' el de broncínea coraza que de su 180
ha contado, se complace en injuriarte en tus desgracias. lanza aliada tiene queja :y venga el ultraje con ardides
15s Apuntando a los espíritus grandes l 5 no puedes errar. nocturnos? 2 0 .
Pero si tales cosas se dijeran contra mí no convence-
rían. La envidia se desliza contra el poderoso. Sin em- Antístrofa.
bargo, los pequeños sin los poderosos son débil protec- Nunca, por propio impulso, hijo de Telamón, te has
IM) ción de la torre. Porque, junto a los grandes, el peque- apartado de tu razón co,wo para arrojarte entre reba-
ño perfectamente se acopla y el grande se endereza con ños. Un mal divino debe lzaberte llegado. Que Zeus" 185
ayuda de los pequeños 16. Pero no es posible instruir a y Febo quieran alejar este funesto rumor de los argivos.
tiempo a los insensatos en estas máximas. Tal clase de Y si los grandes reyes inventan calumnias y las di-
165 hombres son los que alborotan y nosotros, contra esto, vulgan, o proceden de la corrompida raza de los hijos
no tenemos fuerzas para defendemos sin ti, señor. de Sísifo no mantengas por más tiempo, oh sefior, tu iw
Cuando ahora han esquivado tu mirada, meten rui- rostro así 2 3 , en la tienda a la orilla del mar, aumentan-
do cual bandadas de aves, pero ante el gran buitre, si do el nefasto rumor.
170 tú aparecieras de repente, tal vez por espanto, en silen- Epodo.
cio, se agazaparían sin voz 17. Antes bien, álzate de la morada donde te has insta-
Estrofa. lado en esta inactividad respecto al combate que ya
¿Acaso la guardadora de toros, Artemis la hija de dura largo tiempo, inflamando tu desgracia hasta el cie- 195
Zeus -joh tremendo rumor, oh causa de mi deshonra!-,
l 9 Enialio es considerado, en la Ilíada, o bien como un dios
175 le impulsó contra los bueyes, propiedad de todos, de la de la guerra, deidad aparentemente idéntica a Ares (11 651), o
majada? (Fue por causa de alguna infructuosa victoria, bien como un epíteto de Ares (XVII 211). Aquí debe ser men-
o por estar decepcionada ante los gloriosos despojos l a , cionado como una deidad independiente, al existir en Salamina,
patria del héroe, un templo de Enialio, fundado por Solón para
15 Los aqueos importantes, como Ayax, eran calificados, se- conmemorar la victoria por la que Atenas obtuvo la isla. Aquí
gún el ideal homtrico, de megáthyrnoi, es decir: por encima del se da a entender que Enialio había ayudado a Ayax, mientras
común de los hombres. que Ares favorecía a los troyanos.
16 Estas palabras deben de estar inspiradas en un prover- 20 Obsérvese que no se nombra a la verdadera causante, a
bio, conocido e n el mundo de la albañilería y del que nos habla la diosa Atenea.
N Leyes 902c; según dicho proverbio, las piedras gran-
P L A T ~en Zeus erx invocado, especialmente, por ser fuente de vo-
des sin las pequeñas n o forman nada sólido. ces y rumores misteriosos. (Cf. lliada VI11 250.)
l 7 La comparación con el mundo de las aves, en el que la 22 Sísifo era el más astuto y menos escrupuloso de los mor-
gran rapaz: águila, buitre, etc., se opone a las indefensas. es tales. Fue fundador de Corinto. Según una tradición, sedujo a
imagen dilecta e n la literatura griega. (Cf. Ilíada XIII 64, 65; la joven Anticlea la víspera misma de su boda con Laertes y así
H~sfow,Trabajos 203; ESQUILO, Suplicantes 62; EUR~PIDES,
Andró- ella concibió a Odiseo. Este innoble origen es el que se le re-
maca 1140, 1141, entre otros.) procha cuando se habla de ti1 con desprecio. (Cf. Filoctetes 417,
'8 Los que s e le tenían que ofrendar a Artemis desputs de 625, 1311; EUR~PIDES, Ciclope 104.)
la cacería. 23 Oculto.
136 TRAGEDIAS

lo. La insolencia de t u s enemigos se lanza sin miedo a jAy! iSiento temor ante lo que se avecina! Este hom-
través d e valles bien expuestos a los vientos, carcajeán- bre a la vista de todos morirá tras haber dado muerte 230
200 dose todos e n sus lenguas con dichos que nos causan por frenética mano al ganado, a la vez que a los pasto-
vivo dolor. res que apacientan las yeguadas.
(Sale Tecmesa, esposa d e Ayax.) TECMESA. - ¡Ay de mí! De allí, de allí nos vino con
TECMESA. -Ayudantes de la nave de Ayax, el de la cautivo rebaño, de los que a unos degollaba dentro, 235
raza de los Erecteidas que proceden de la propia tie- sobre la tierra, y a otros, rompiéndoles las costillas, los
rra 24, tenemos motivos para gemir los que nos preocu- abría en dos partes. Después cogió dos carneros de
205 pamos por la casa de Telamón lejos de ella, porque blancas patas: a uno le cortó la cabeza y el extremo de
ahora el fiero, el grande, el robusto Ayax yace afectado la lengua, y los tira lejos, y al otro, erguido, lo ata a un 240
por turbulenta agitación. pilar y, con una gran corr'ea de atar caballos, le golpea
CORIFEO. - ¿Cuál es la pesadumbre que esta noche con un sonoro látigo dobl.e, denostándole con insultos
210 nos ha traído en lugar de la tranquilidad? Habla, hija que un dios, no un hombre, le enseñó.
del frigio Teleutante, porque tras conquistarte con su
espada y hacerte su esposa, en su amor por ti es cons- CORO.
tante el impetuoso Ayax. Por eso, no nos darías una Antístrofa.
explicación sin conocer los hechos. E s m o m e n t o ya de que cada uno, cubierto el rostro 245
TECMESA. - ¿Cómo, pues, puedo contar un relato c o n velos, emprenda e n secreto la huida o, sentado e n
215 que es inenarrable? Te vas a informar de un suceso banco de remeros con ráp,ido movimiento, se vaya e n la
que equivale a una muerte: preso de un ataque de lo- nave que surca el alta mar. jQué amenazas agitan con- 2.50
cura, nuestro ilustre Ayax ha quedado en esta noche tra nosotros los dos polderosos Atridas! T e m o que,
deshonrado. Dentro de la tienda puedes ver víctimas golpeado, una muerte por lapidaciónz5 comparta yo 255
uo bañadas en sangre, degolladas por su mano, sacrificio con éste, de quien u n terrible destino se apodera.
de ese hombre. TECMESA. - Ya no. Pues tras un fulgente relámpago
CORO. se calma, después de irrumpir violentamente, como el
Estrofa. viento del Sur. Ahora, consciente, experimenta un nue-
¡Qué noticia d e este fiero vardn, insufrible y sin es- vo dolor. En efecto, el contemplar las desgracias pro- 260
m capatoria m e confirmas, divulgada por los poderosos pias, en las que nadie más ha intervenido, causa enor-
danaos y a la que u n insistente rumor acrecienta! mes dolores.
CORIFEO.-Si ya está calmado, creo que podrá irle
24 Erecteo es el héroe ateniense que representa la preten- bien. La importancia del mal que ya se ha ido es menor.
sión de los atenienses de ser autóctonos. Aquí los habitantes de TECMESA. - Si alguien te permitiera elegir, ¿qué pre- 265
Salamina, aunque políticamente fuera una isla independiente, se
consideran descendientes del mismo fundador y, por tanto, de
la misma estirpe que los atenienses, y reverencian a la sagrada 25 E n el texto griego encontramos la palabra Ares, pero
Atenas como la metrópoli de su raza. la hemos traducido aquí por .:muerte>,porque éste es su sentido.
138 TRAGEDIAS

ferirías: ser feliz tú afligiendo a los tuyos, o estar con mensajeros ni por trompeta alguna te lanzas a este ata- 290
ellos compartiendo las penas? que? Ahora todo el ejército duerme.
CORIFEO. - La que es doble, oh mujer, es mayor des- Él me dirigió pocas palabras, de las siempre repeti-
gracia. das: «Mujer, el silencio es un adorno en las mujeres>>2 A .
TECMESA. - Nosotros, sin estar enfermos, sufrimos Cuando lo oí, yo no proseguí y él salió solo. No puedo 295
más ahora. contar lo que allí sucedió Lo cierto es que entró tra-
270 CORIFEO.- ¿Cómo dices eso? No comprendo tus pa- yendo atados juntamente toros, perros pastores y una
labras. presa de hermosa lana. A unos los desnucaba, a otros,
TECMESA. - Nuestro hombre 2 6 cuando se encontra- haciéndoles levantar sus cabezas, los degollaba y abría
ba en pleno ataque disfrutaba con las atrocidades en en canal. A otros, atados, los maltrataba como si de 300
las que estaba inmerso, aunque a nosotros, que a su hombres se tratara, precipitándose sobre el ganado. Por
lado estábamos en nuestro juicio, nos afligiera. Pero último, saliendo fuera a través de la puerta, a una som-
ahora, una vez que ha cesado y ha vuelto en sí de su bra 2 9 dirige sus palabras, en contra unas veces de los
275 locura, él mismo está hundido por completo en un fatal Atridas, otras hablando de Odiseo, añadiendo a grandes
abatimiento, mientras que nosotros en nada sufrimos carcajadas, con cuánta arrogancia se había vengado de
menos que antes. (Acaso, entonces, no son dobles los ellos en su ataque.
males a partir de uno solo? Y después de eso, irrumpiendo otra vez en su tien- 305
CORIFEO. - Te comprendo y temo que algún golpe da con dificultad y a medida que pasa el tiempo, va
procedente de la divinidad llegue. Porque, {cómo no, si volviéndose a su juicio. 'Y cuando observa su tienda
280 cuando está calmado no está mejor que cuando estaba llena de estragos, golpeándose la cabeza se pone a gri-
enfermo? tar y, hundido entre los despojos de los cadáveres de
la matanza de corderos, se sentó y se arrancaba con 310
TECMESA. - Debes conocer que la situación es ésta.
fuerza los cabellos con la mano y con las uñas.
CORIFEO. - ¿Qué principio de locura se le presentó Durante mucho tiempo se mantuvo sin hablar; lue-
súbitamente? Háznoslo saber a los que compartimos go me amenazó con terribles palabras, si no le mani-
sus sufrimientos. festaba todo lo que había sucedido, y me preguntaba en
TECMESA. - Vas a conocer todos los hechos, puesto qué aprieto se encontraba metido. Y yo, amigos, teme- 315
285 que eres partícipe. Aquél, en las altas horas de la no- rosa, le dije todo cuanto había hecho que yo supiera.
che cuando las hogueras vespertinas ya no ardían 2 7 , Al punto, él prorrumpió en penosos lamentos como
tomó la espada de doble filo y trataba de marcharse en nunca antes le había yo escuchado -pues siempre con-
una injustificada salida. Yo le increpo y le digo: ¿Qué sideraba que tales lamentos eran propios de un hombre 320
haces, Ayax, por qué sin ser llamado ni convocado por
28 Expresión proverbial. (Cf. EUR~PIDES, HeracIes 476.)
26 Ayax. 29 Era Atenea, que, como el lector recuerda, era visible para
" Eran hogueras que se encendían, en sitios fijos, con ma. el héroe, pero no para Tecmesa, que interpreta este hecho como
deras de pino y que servían para alumbrar g para dar calor. una prueba más de la locura de Ayax.
140 TRAGEDIAS

cobarde y pusilánime-. Se quejaba sordamente, sin Tal vez adquiera un cierto respeto cuando me haya 345
proferir agudos gritos, como cuando un toro muge. visto.
Y ahora, expuesto ese hombre a tan infausta suerte, TECMESA. -Mira, abro. Te es posible ver sus accio-
325 sin comer, sin beber, postrado entre los rebaños muer- nes y cómo está él mismo.
tos por su espada, está sentado inmóvil. Es evidente (Abre la puerta 3 2 y aparece A y a sentado e n medio
que algo aciago maquina, pues eso da a entender en d e las reses muertas 3 3 . )
sus palabras y lamentos. Mas, jea, amigos!, que por
este motivo me llegué aquí, venid en mi ayuda entran- Estrofa
AYAX. - jAh, m i s marineros, los Únicos d e m i s ami-
330 do, si es que algún poder tenéis, que los que son de
este modo, con los consejos de los amigos se doblegan. gos, los únicos que permanecéis fieles a una recta ley! 3 4 .
CORIFEO. - Tecmesa, hija de Teleutante, nos dices V e d qué ola desde ha poco m e envuelve, rodeándome 350
cosas terribles: que nuestro héroe se ha enloquecido bajo los efectos de la sangrienta tempestad.
por sus males. CORIFEO. - jAh, cuán fidedignamente pareces pro-
( S e oye dentro la voz de Ayax.) barlo! Se demuestra que su acción procedió de la lo- 355
AYAX.- ¡Ay de mí! cura.
TECMESA. - Pronto, según parece, estará peor. ¿O es Antístrofa 1."
335 que no habéis escuchado a Ayax qué grito ha lanzado? AYAX. - iAh raza protectora del arte naval! T ú te 3 5
AYAX.- ¡Ay, aay de mí! embarcaste haciendo girar el marino remo. A ti, a ti
CORIFEO. -Parece que el hombre está enfermo o sólo veo que puedas apartar m i desgracia. ¡Ea, dego- 360
que sufre al encontrarse con pasados motivos de des- lladme!
gracias. CORIFEO. -Di palabras de buen agüero, no vayas a
AYAX. - ¡AY, hijo, hijo! 3 0 . acrecentar el sufrimiento de tu destino ofreciendo un
340 TECMESA. - ¡Ay de mí, infortunada! Eurísaces, por mal remedio a la desgracia.
ti clama. ¿Qué está tramando? ¿Dónde estás? ¡Desdi-
chada de mí! Estrofa 2."
AYAX.- A Teucro llamo, ¿dónde está Teucro? 31. ¿Es AYAX.-¿Ves al intrépido, al animoso, al que en des- 36s
que constantemente va a estar saqueando, mientras yo
1
-
3 recurso escénico era el ekkykI2ma que se abría en la
me estoy muriendo? puerta central. Era un escenario más pequeño, que permitía mos-
CORIFEO. -El hombre parece que razona. Ea, abrid. trar a Ayax rodeado por algunos de los animales degollados.
Este mismo recurso está usado en Antígona 1294, y EIectra 1464.
30 El primer pensamiento antes de morir, porque ya está 33 Esta imagen de Ayax meditando su propia destruccibn
decidido a ello -y ésta es una prueba-, es para su hijo. N o po- entre las reses muertas fue el tema de un famoso cuadro de
drá descansar hasta que lo vea, hasta ver al heredero de su Timómaco de Bizancio.
fama. El siguiente será para Teucro. 34 La de lealtad a la amistad, lo que no han hecho los
31 Teucro, hermano de padre de Ayax. De su genealogía nos aqueos.
habla él mismo (v. 1308). A él quiere encomendarle el cuidado 35 Aunque lo hace en singular, sigue dirigiéndose al Coro
del hijo. en su conjunto.
142 TRAGEDIAS

tructores combates n o tembló jamás? A mí, terrible por los dos poderosos reyes, podría finalmente morir tam- 3911
m i s manos, entre animales que n o producen temor bién yo?
[Ay d e mí, motivo d e irrisión! [Cdmo he sido ultrajado! TECMESA.-Cuando esto pidas, pide también mi
TECMESA.-Ayax, dueño mío, te lo suplico, no digas muerte a la vez. Pues, ¿:por qué tengo que vivir yo, si
eso. tú estás muerto?
AYAX.-¿NO te irás fuera? ¿No te volverás sobre tus
370 pasos? [Ay, ay! Estrofa 3."
TECMESA.- iOh, por los dioses, cede y sé sensato! AYAX.- jAh oscuridad que eres luz para mí! ;Ok 395
AYAX.- [ A y infortunado d e m í , que con mi mano Érebo, que nze resultas nzuy lun~inoso!Recibidme, reci-
solté los genios vengadores y, cayendo sobre cornudos bidme c o m o habitante, recibidme. Ni a la estirpe de los
375 bueyes y lustrosas cabras, derramé negra sangre! dioses ni a la de los efiw~eroshombres soy ya digno de 400
- ¿Por qué te afliges, si es por hechos ya
CORIFEO. mirar esperando ayuda alguna. La poderosa diosa J Y
pasados? No podría suceder que estas cosas no fueran hija de Zeus, a mí, desdichado, m e atormenta. (Adónde
así. puede u n o huir? ¿Adónde iré a quedarme, si nuestras
cosas se consumen, amigos, y el castigo está cerca de 405
Antístrofa 2." mí40 y estoy dedicado a una loca cacería? El ejército
380 AYAX. - [ A h el que todo lo observas, constante ins- entero podría venir a matarnze a mandobles.
trumento de todos los males, hijo d e Laertes, el más TECMESA. - jOh desdichada! ¡Que un hombre cabal 410
sucio truhán del ejército! Ciertamente, para t u con- diga cosas semejantes, que nunca antes él mismo hubie-
tento llevas gran motivo d e risa. ra osado!
CORIFEO. -Con la intervención de un dios, cualquie-
ra ríe o se lamenta. Antístrofa 3."
38s AYAX.- iOjalá lo viera, aun estando así de afligido, AYAX.- [Ah, pasos que resuenan con el ruido del
ay de mí! mar "l, cuevas marítimas y prado costero, mucho, mu-
CORIFEO. - Nada hables orgullosamente. ¿No ves en cho, largo tiempo ya m e retenéis e n torno a Troya! Pero 415

qué punto de desgracia estás? ya n o más, ya n o conservaré el aliento. iSépalo esto


AYAX. - iOh Zeus, padre d e m i s antepasados! 3 8 . todo el que entienda! iOh vecinas corrientes del Es-
¿Cómo, tras destruir al m u y astuto, odioso truhán, y a camandro, favorables a los argivos! I'. Y a n o veréis a 420
este hombre -voy a hacer una orgullosa afirmación-,
36 Mazon da otra sugestiva interpretación cuando traduce:
@aquelcuyo brazo hacía temblar a las fieras que n o temen...», 39 Atenea.
aunque me parece menos justificable en este contexto. M Pasaje sometido a múltipIes interpretaciones. Acepto la
37 Literalmente dice nharina., que he traducido por utru- lección de Lobeck introduciendo el término tisis porque entien-
hánfi. Podemos relacionar esta expresión con la nuestra: .trigo do que los rebaños que tiene a su alrededor son su castigo.
limpio^. " Seguramente está pensando aquí en los estrechos marinos
3X El parentesco que invoca Ayax es el de fundador de su franqueados a su paso para Troya en aguas del Helesponto.
estirpe. Zeus, con la ninfa Egina, tuvo un hijo, Caco, que fue "2 Es el río más veces nombrado en la Iliada. Es el más
el abuelo de Ayax. importante de la Tróade. Na'ce en el monte Ida.
144 TRAGEDIAS

a un hombre cual Troya no ha visto ningún otro en el ya mi brazo contra ellos, me hizo fracasar, infundién-
425 ejército que vino de la tierra helénica; y ahora, en cam- dome un rapto de locura, de suerte que en estos ani-
bio, deshonrado, yace aquí. males he ensangrentado mis manos. Y aquéllos se ríen
CORIFEO. -YO no puedo impedírtelo y no sé cómo porque se han librado contra mi voluntad. Pero, cuando 455
permitirte hablar, caído como estás en tales desgracias. es un dios el que inflige el daño, incluso el débil po-
430 AYAX.- ¡AY,ay! ¿Quién hubiera pensado nunca que dría esquivar al poderoso.
mi nombre se iba a adecuar tan significativamente a Y ahora, ¿qué debo hacer? Yo que soy claramente
mis males? 4 3 . Ahora me es posible dar ayes dos y tres aborrecible a los dioses, ,al que el ejército de los hele-
veces ya que en tales infortunios me encuentro. Mi pa- nos odia, y Troya entera, así como estas llanuras, de-
435 dre, después de obtener como premio los primeros ga- testan.. . ¿Acaso atravesaré el mar Egeo en dirección a 460
lardones del ejército 4 4 , desde esta tierra del Ida regre- mi casa abandonando estos lugares que nos sirven de
só a su patria con gran gloria. Yo, sin embargo, hijo de puertos y dejando solos a los Atridas? ¿Y qué rostro
aquél, habiendo llegado más tarde a esta misma tierra mostraré cuando me presente ante mi padre Telamón?
troyana con un arrojo no inferior y habiendo rendido ¿Cómo va a soportar verme, si aparezco sin galardones,
440 no menores servicios con mi propia mano, muero así de los que él obtuvo una gran corona de gloria? No es 465
deshonrado por los argivos. cosa soportable.
No obstante, creo estar seguro de una cosa: que si Entonces, pues, {iré h,acia la fortificación de los tro-
Aquiles viviera y fuera a adjudicar a alguien con sus yanos y combatiré yo solo contra ellos sin nadie más,
armas el premio del heroísmo, ningún otro que no fue- para hacer alguna proeza y, por último, morir? Pero
445 ra yo se lo hubiera llevado. Pero ahora los Atridas ac- de esta manera yo daría , p s t o a los Atridas. No es po- 470
tuaron en esto de acuerdo con un hombre malvado, con sible esto. Tengo que buscar un proyecto de unas ca-
desprecio de las hazañas de mi persona. racterísticas tales que evidencien a mi anciano padre,
Y si estos ojos y la mente extraviada no se hubieran de algún modo, que no he nacido de él para ser un co-
desviado de mi intención, nunca hubieran vuelto a sen- barde. Porque vergonzoso es que un hombre desee vivir
450 tenciar así contra otro hombre. Ahora la indómita dio- largamente sin experimentar ningún cambio en sus des-
sa hija de Zeus, la de aterradora mirada, cuando dirigía gracias. {Cómo puede alegrarnos añadir un día a otro 475
y apartamos de morir?45. No compraría por ningún
43 El nombre de Ayax queda relacionado así por Sófocles valor al hombre que se anima con esperanzas vanas;
con la interjección de dolor, recurso que agradaba al pueblo y el noble debe vivir con honor o con honor morir. Mi 480
que resalta expresivamente la situación de miseria y dolor en discurso por entero has escuchado.
que está inmerso nuestro héroe. Otros ejemplos de esta etimo-
CORIFEO. - Ninguno dirá nunca que has hablado pa-
logía popular son Odiseo con el verbo odyssomai (Odisea 1 62),
Penteo con pénthos (EUR~PIDES, Bucantes 507), Polinices con poly- labras fraudulentas, Ayax, sino de tu propio sentir. De-
néikos (ESQUILO, Siete contra Tebns 577). siste, sin embargo, y permite a los amigos que preva-
Telamón acompañó a Heracles en la primera guerra con-
tra Troya y fue recompensado con la mano de Hesíone (P~NDARO, 45 Interpreto que lo que desea expresar es que al final siem-
fstmicas V 27), hija de Laomedonte y hermana de Príarno. pre esta la muerte, aunque ésta se retrase.
146 TRAGEDIAS

lezcan sobre tu determinación y echa en olvido estas dirigir la mirada si no estás tú. Porque tú aniquilaste 51s
consideraciones. mi patria con tu espada y otro sino I 7 arrebató a mi
48s TECMESA. - iOh Ayax, dueño mío!, ningún mal hay madre y al que me engendró para que, muertos, fueran
mayor para los hombres que el destino que se nos ha habitantes del Hades. ¿Qué patria podría tener yo que
impuesto. Yo nací de un padre libre y poderoso y rico no fueras tú? {Qué riqueza? En ti estoy yo completa-
cual ninguno entre los frigios. Ahora soy una esclava mente a salvo. Así pues, tenme también a mí en el re- 520
490 porque así les plugo a los dioses y, sobre todo, a tu cuerdo: pues es preciso que el hombre recuerde, si es
brazo. Por tanto, una vez que compartí tu lecho, bien que algún contento ha sentido. Un favor otro favor
miro por lo tuyo y te imploro, por Zeus protector de siempre engendra. Aquel para quien el recuerdo de un
nuestro hogar y por tu tálamo en el que conmigo te beneficio se pierde, no podrá llegar a ser un hombre de
uniste, que no me hagas merecedora de alcanzar dolo- noble linaje.
495 rosa fama entre tus enemigos, si me dejas sometida a CORIFEO. - Ayax, quisiera que tú sintieras en tu áni- 525
otro. mo la compasión que yo siento. En ese caso aprobarías
Porque si tú mueres y, con ello, me dejas abando las palabras de ésta.
nada, piensa que en ese día también yo, arrebatada a la AYAX. - Y, ciertamente, obtendrá alabanza por mi
fuerza por alguno de los argivos, juntamente con tu parte, si sólo lo que yo ordene se resigna a cumplir 4 8 .
500 hijo, tendré el régimen de vida de una esclava. Y algu- TECMESA. - Sea, querido Ayax, yo te obedeceré en
no de mis amos 4 6 , hiriéndome con sus palabras, me todo.
lanzará mordaz saludo: «Ved a la esposa de Ayax, el AYAX. -Tráeme, pues, a mi hijo para que lo vea. 530
que fue el más poderoso del ejército, qué servidumbre TECMESA. - En verdad que por causa de mis temo-
soporta, en vez de ser objeto de envidia.» Así hablará res lo saqué de aquí.
505 alguien y, mientras un dios a mí me maltratará, para ti AYAX.- ¿Mientras estaba en estos males, o qué me
y para tu linaje estas palabras serán motivo de oprobio. dices?
Ea, avergüénzate de abandonar a tu padre en la pe- TECMESA. -NO fuera a ser que al toparse contigo el
nosa vejez, siente respeto por tu madre, de edad avan- infeliz encontrara la muerte.
zada, que muchas veces implora a los dioses que w e l - AYAX. - ¡Esto hubiera sido digno de mi destino!
510 vas a casa sano y salvo. Apiádate, señor, de tu hijo, si,
TECMESA. - En cualquier caso yo vigilé para evitarlo. 535
privado del cuidado que requiere su niñez, separado de
ti, va a pasar su vida bajo tutores que no le quieran.
'7 Con esta expresión Sófocles moraliza la situación. Ayax
Piensa qué gran infortunio nos dejas a él y a mí con
fue quien asoló el país de l'ecmesa y el que ocasionó en última
ello, en el caso de que mueras. Para mí no hay ya a qué instancia la muerte de los padres de ella. Pero el poeta no quie-
re presentarnos a Tecmesa viviendo con el asesino de sus padres
46 En todo este pasaje (w. 495-515) y más adelante en las e inventa este recurso.
palabras de Ayax (VV. 560-565) notamos la influencia y el recl~erdo tX En griego notamos una clara aliteración en dental sorda
de la Ilíada (VI 459 y SS.) en el momento de la despedida de que creo tiene por objeto un refuerzo estilística de la orden. Otra
Héctor y Andrómaca. aliteración semejante encontramos en Edipo Rey 371.
148 TRAGEDIAS

AYAX. -Alabo tu acción y la previsión que has te- que estés separado de rní: tal será el protector que
nido. como guardián tuyo dejaré, Teucro, que no descuidará
TECMESA. - Según esto, jen qué podría serte útil? tu crianza, a pesar de que ahora lejos se ha ido a la
AYAX. - Permíteme hablarle y verle cara a cara. caza de enemigos.
TECMESA. - Está cerca de aquí, vigilado por los ser- Pero, guerreros amigos, tropa marina, a vosotros os 565
vidores. suplico este favor común, que a aquél j1 comuniquéis
540 AYAX. - ¿Por qué, pues, se retarda su presencia? mi encargo de llevar a este hijo mío a mi casa y mos-
TECMESA. -Hijo mío, tu padre te llama. Tráelo aquí, trárselo a Telamón y a mi madre, a Eribea me refiero,
tú, siervo, que lo guías con tu mano. para que llegue a ser para ellos un constante sustento 570
AYAX. - ¿Se lo dices a uno que viene a rastras o a de su ancianidad hasta que alcancen los abismos del
quien es tardo en obedecer? dios de los infiernos 5 2 . En cuanto a mis armas, que ni
TECMESA. -Aquí cerca viene ya el servidor. unos jueces de certámenes ni el que es mi ruina 53, las
(Entra u n esclavo con Eurísaces. Tecmesa lo coge expongan entre los aqueos, sino que tú mismo, hijo,
y lo acerca a Ayax.) Eurísaces, tomando lo que te ha dado el nombre j4, su- 575
545 AYAX.-Levántalo, levántalo aquí, que no se asusta- jétalo por la correa fuertemente unida haciendo girar
rá "9 por mirar esta carnicería recién cometida, si es el indestructible escudo de siete capas. Las demás ar-
que en verdad es hijo mío. Antes bien, hay que adies- mas juntamente conmigo serán enterradas
trarlo en seguida en las duras costumbres de su padre (Devolviendo el niño a Tecmesa.) Pero cuanto antes
y asemejarle en su naturaleza. recibe ya a este niño, cierra el cuarto y no te lamentes
550 iOh hijo, ojalá alcances a ser más feliz que tu pa- llorando delante de la tienda. La mujer es muy amiga 580
dre y semejante a él en las demás cosas, y no serías un de gimotear. No es de ~nédicosabio entonar palabras
cobarde! Sin embargo, ahora, por esto te envidio, por de conjuros ante un mal que hay que sajar.
no ser consciente de ninguna de estas desgracias. La CORIFEO. - Siento mie'do al escuchar esta decisión.
555 vida más grata está en la inconsciencia hasta que llegas No me gusta tu tajante modo de hablar.
a conocer las alegrías y las penas ". Y cuando llegues TECMESA. - iOh Ayax, mi señor! {Qué maquinas en 58s
a esto, deberás mostrar entre los enemigos de tu padre tu corazón?
quién eres y por quién has sido formado. Mientras tan- AYAX. - NO me interrogues, no me preguntes. Bue-
to, aliméntate de brisas vanas, robusteciendo tu joven no es ser prudente.
560 vida para contento de tu madre. Que ninguno de los
Aqueos, lo sé, te humillará con hostiles ultrajes, ni aun- 51 Teucro.
52 De Hades, o sea, hasta que muera.
j3 Odiseo.
4"ecurso humano y tierno. Indudablemente estaría en la S-1 nombre significa «de ancho escudor.
mente de Sófocles el pasaje de la Ilíada V I 466-470. 55 La práctica de enterrar a los guerreros con sus armas es
50 Es otro tema típico en la literatura griega, el de la in- muy primitiva. Los enterramientos de Micenas dan prueba de
consciencia de la infancia. (Cf. EUR~PIDES,Medea 1041; Ilíada V I ello. Sófocles sigue la leyenda de que el cuerpo de Ayax fue en-
400, etc.) terrado, no incinerado según era costumbre e n la época heroica.
150 TRAGEDIAS AYAX 151

TECMESA. - ¡Ay, qué angustiada estoy! En nombre Antístrofa 1."


de tu hijo y de los dioses te suplico, no nos traiciones. Y sentado se encuentra cerca de m í Ayax, difícil d e 610

AYAX.- Mucho me importunas. ¿No comprendes cuidar, jay de mí!, poseído d e divina locura, a quien ttí
590 que yo no estoy ya obligado por gratitud a contentar e n tienzpos pasados enviaste poderoso e n el violento
en nada a los dioses? Ares Ahora, e n cambici, apacentando e n la soledad
jx.

TECMESA. - Di palabras respetuosas. sus pensamientos, manifiesta ser una gran aflicción para 615

AYAX.- Dilo a los que quieran oír. los suvos. Las antiguas acciones d e enorme valor d e s u s
TECVESX. - ¿NO nos harás caso? manos han caído, han caído hostiles a juicio d e los hos- 620

AYAX.-Estás diciendo ya demasiadas cosas. tiles y miserables Atridas.


TECMESA. - ES que estoy asustada, señor.
Estrofa 2."
AYAX.- ( A los criados.) NO vais a cerrar cuanto
Ciertamente que s u madre, cargada de años y com-
antes?
paiiera d e blanca ancianidad, cuando oiga que él h a per- 625
TECMESA. - iAblándate, por 10s dioses! dido la razón lanzará, desdichada, u n grito d e dolor, u n
595 AYAX.-Me parece que discurres como una necia, si
canto de dolor y n o el lanzento del quejumbroso pájaro,
precisamente ahora esperas educar mi carácter ".
del ruiseñor 'Y M á s bien entonará agudos cantos y e n 630
(Ayax entra e n la tienda. Tecmesa y s u hijo se van.) s u pecho caerán sordos golpes producidos c o n sus ma-
CORO. nos y se arrancará los cabellos d e la blanca melena c o .
Estrofa l.a
Antístrofa 2."
iOh ilustre Salamina!, allí donde estás eres feliz, ba- Mejor e s que se oculte e n el Hades el que sufre este 63s
tida por el m a r , famosa desde siempre para t o d o s s 7 .
delirio, el q u e por linaje paterno vino a ser el m e j o r d e
600 Y O , infortunado, desde largo tiempo uguardando e n el
los Aqueos q u e arrostran m u c h o s trabajos. Y ya n o es
Ida, durante incontable n ú m e r o d e meses estoy tendido
constante e n sus habituales impulsos, sino q u e se man- MO
605 siempre en la pradera cubierta d e hierba, consumido
tiene alejado. iOh infortunado padre!, ;qué penosa lo-
por el tiempo, con el funesto presentimiento de que
cura d e t24 h i j o t e resta por conocer: nunca destino 64s
cualquier día recorreré el horrible y oscuro camino del
alguno d e los Eácidas la alimentó antes que éste!
Hades.
(Ayax se presenta con u n a espada e n la mano. Por
la derecha d e los espectadores entra Tecmesa con el
hijo.)
56 Conocido era el carácter testarudo del héroe, al que se AYAX.- El tiempo largo y sin medida saca a la luz
le compara con un asno al que los niños se esfuerzan en vano
por sacar del sembrado. (Ilíada XI 558 SS.)
Salamina es famosa, sobre todo, por la batalla de sil
5R Sinónimo de «guerras. Véase la nota 25.
nombre en las Guerras Médicas, que supuso la victoria naval Alusión al mito de P'rocne, que explico con detalle en
contra los persas. Anacronismo con relación a la época en la que Electra, nota 9.
60 Gestos de duelo en las mujeres.
se desarrolla la acción. Ya hemos hablado de ello en nota 14.
La referencia sería, sin duda, muy grata a los atenienses del s. V. Ver nota 38 de esta misma tragedia.
152 TRAGEDIAS A YAX 153

todo lo que era invisible, así como oculta lo que estaba vientos caIma e1 ruidoso mar; el omnipotente sueño 675
claro. Nada hay que no se pueda esperar, sino que son libera tras haber encadenado y no te tiene por siempre
doblegados, incluso, el terrible juramento y las mentes aunque te haya apresado. Y nosotros, jno vamos a
650 obstinadas. Yo, que hace un momento resistía tan vio- aprender a ser sensatos? Yo, al menos, acabo de apren-
lentamente, cual el hierro al temple, me he sentido der que el enemigo deberá ser odiado por nosotros
ablandado en mi afilado lenguaje a causa de esta mujer. hasta un punto tal que también pueda ser amado en 680
Siento compasión de dejarla viuda entre mis enemigos, otra ocasión, y que voy a desear ayudar al amigo pres-
y huérfano a mi hijo. tándole servicios en tanto que no va a durar siempre 'j5.

655 Ea, iré a bañarme y a las praderas junto al mar para Pues para la mayor parte de los hombres no es de fiar
que, purificando mis manchas G 2 , pueda evitar la terri- el puerto de la amistad. Y por ello, en relación con
ble cólera de la diosa y, llegando allí donde encuentre esto, todo saldrá bien. Tú, mujer, entra y suplica a los 68s
un lugar sin pisar, tras excavar la tierra, ocultaré esta dioses que se cumplan enteramente los deseos de mi
espada mía, la más odiosa de las armas, donde no sea corazón. Y vosotros, compañeros, dadme honra en las
6 ~ posible
) que nadie la vea. ¡Que la noche y el Hades la mismas cosas que ella y comunicadle a Teucro, cuando
guarden allá abajo! Pues yo desde que la recibí en mis llegue, que se ocupe de mí, al tiempo que se porte bien
manos como ofrenda de Héctor, mi peor enemigo, nun- con vosotros. Yo voy a1l.i donde debo encaminarme. 690
ca recibí un beneficio de parte de los Aqueos. Cierto Vosotros haced lo que os digo y, tal vez pronto, os en-
665 es el dicho de los hombres: «los dones de los enemigos teréis de que estoy salvado, aunque ahora sufra el in-
no son tales y no aprovechan». fortunio 6 6 .
Así pues, de aquí en adelante sabré ceder ante los
dioses y aprenderé a respetar a los Atridas; jefes son, CORO.
por tanto hay que obedecerles, ¿por qué no? Las más Estrofa.
670 terribles y resistentes cosas ceden ante mayores prerro- Me estremezco de gozcl y, d e alegría, m e echo a vo-
gativas 6 3 . Y así, los inviernos con sus pasos de nieve lar 67. izó, ió, Pan, Pan! iG'h Pan, Pan ", que vagas por 695
dejan paso al verano de buenos frutos. Y el círculo la orilla del mar, muéstrate desde la cumbre del m o n t e
sombrío de la noche se aparta ante el dia de blancos
corceles G 4 para que brille su luz. Y el soplo de terribles 65 NO va a durar siempre la amistad y. por tanto, las ma-
nifestaciones de ella.
Acto de purificación para él mismo, que va a llevar a 86 Ironía clara en estas palabras
cabo su propia muerte cruenta. Al lavarse las manos en agua 6 7 Volveremos a encontrar un canto de alegría del Coro,

del mar, cree que arrojará sobre él las manchas que, de otra ma- precediendo a noticias de desgracias, en más tragedias de Sófo-
nera, irían a recaer sobre sí mismo por darse muerte. cles. (Edipo Rey 1086-1109.)
63 Término, de amplio significado, que aquí podna también 68 Pan, invocado aquí poi- los marinos salaminios, dios de
haber traducido por «dignidades» o [(jerarquías* aplicables a las los rebaños y pastores, es tarnbién una deidad doméstica para
fuerzas más eIementales de la naturaleza. los habitantes de la isla, porque uno de sus lugares de residencia
6' Es una constante en la mitología adscribir caballos blan- conocidos era el islote de Psiitalia, al E. de Salamina. (E~QUILO,
cos a los dioses o héroes. (Electra 706; ESQUILO,Los Persas 386.) Persas 448 SS.)
154 TRAGEDIAS

Cileno h" batida por la nieve, oh señor organizador de llegar de los barrancos de Misia 7 4 . Al llegar junto a la
los coros de los dioses, para que en mi compañía im- tienda de los generales í 2 , fue insultado por todos los
700 pulses las danzas que se aprenden solas de Nisa y de argivos al tiempo. Pues cuando supieron que se acerca-
Cnoso!'? Ahora m e interesa danzar y que Apolo De- ba, le empezaron a rodear desde lejos para después, to-
lio ", viniendo por encima de los mares de fcaro 72, dos sin excepción, imprecarle con insultos desde ambos 725
705 fácilmente reconocible, m e asista en todo propicio. lados. Le llaman hermano del loco, del que es enemigo
Antrístofa. solapado del ejército, diciendo que no conseguirá evitar
Ares nos quitó la terrible aflicción de los ojos. izó, el morir destrozado por completo a pedradas. A tal
ió! Ahora de nuevo, ahora, olz Zeus, es posible que la punto han llegado, que, incluso, blanden al aire en sus 730
reluciente luz, anuncio de días felices, se acerque a las manos las espadas ya desenvainadas.
710 veloces naves que se deslizan rápidas por el mar. Cuan- La pendencia que había ido muy lejos, cesó por la
do A y a se ha vuelto a olvidar de sus males y, otra vez, mediación de las palabras de los ancianos. Pero, ~ d ó n -
cumple los ritos con toda clase de sacrificios a los dio- de está Avax para que le diga esto? Es a los de mayor

715
ses ;", honrándoles con el mayor sometimiento.
Todo lo marchita el tiempo poderoso y nada diría
yo que no pueda decirse cuando, contra lo que podría
-
autoridad a quienes debo comunicarles todo.
CORIFEO. NO está dentro. Hace poco que se ha ido, 735
después de haber adecuado sus nuevos planes a sus
esperarse, A y a ha desistido de su cólera contra los Atri- nuevas disposiciones de ánimo.
das y de sus grandes querellas. MENSAJERO. - ¡Ay, ay! El que me envió con esta
(Llega corriendo u n mensajero procedente del cam- misiva lo hizo demasiado tarde o, acaso, yo me mostré
pamento de los griegos.) calmoso.
MENSAJERO. - Amigos, quiero en primer lugar anun-
CORIFEO. - ¿En qué se ha dejado de cumplir este 740
720 c i a r ~que
~ Teucro está entre nosotros, que acaba de cometido?
Monte de Arcadia, donde, según una tradición, nacieron MENSAJERO. - Teucro prohibió que nuestro hombre
tanto Hermes como su hijo Pan. saliera del interior de la1 morada antes de que él, en
Danzas e n honor de Dioniso. Nisa es el legendario esce- persona, se encontrara presente.
nario de la infancia del dios, que se sitúa cn diferentes regiones
desde la India hasta Tracia. Los coribantes de Cnosos, que dan- CORIFEO. -Pues ya se ha ido 7 6 , orientado a lo más
zaban cn honor de Zeus y Apolo, eran famosos.
Apolo, nacido en la isla de Delos, era, como Pan, dios de 74 Durante los años que duró el asedio a la ciudad de Troya,
la danza, pero aquí parece ser invocado como el dios sanador los jefes de los griegos organizaban expediciones de castigo de
que ha contribuido a la recuperación de Ayax. las que volvían con abundante botín. Teucro sobresalía en ello.
71- mar de tcaro estaba situado entre Samos y Mikonos. Los montes Misios estaban a1 NO. de Asia Menor. Una de las
Recibió este nombre de fcaro, hijo de Dédalo, que cayó en sus elevaciones de esta cordillera se llamaba también Olimpo. Los
aguas. misios eran aliados de los troyanos.
í:j El coro supone que Ayax, después de purificarse, ofrece- 7 j Agamenón y Menelao.
rá a los dioses -a Atenea y a Artemis, a las que había ofendi- 76 Eufemismo que, en griego como en español, significa
do- los sacrificios debidos. Ironía trágica. muerte, resaltando así la ironía trágica de la situación presente.
156 TRAGEDIAS

provechoso de su plan, para reconciliarse con los di* argivos, que por mi lado nunca flaqueará la luchan 775
ses por su ira. Con estas palabras, se ganó la cólera hostil de la diosa,
745 MENSAJERO. -Estas palabras están llenas de gran in- por no razonar como un hombre.
sensatez, si Calcas profetiza con clarividencia. Pero, si vive en este día, tal vez podríamos ser sus
CORIFEO. - ¿Cómo? ¿Qué sabes tú acerca de este salvadores con la ayuda de un dios. Esto dijo el adivino 780
asunto? y, apartándose al punto del sitio, me envía a ti con es-
MENSAJERO. - Esto sé, pues me encontraba presen- tas órdenes para que sean cumplidas. Y si hemos llega-
750 te. Del círculo de los consejeros reales, sólo Calcas 7 7 se do tarde, no vive ya aquel hombre -si Calcas es sabio.
levantó, lejos de los Atridas, y, colocando su mano afa- CORIFEO. - iOh desventurada Tecmesa, ser desdi-
blemente sobre el brazo derecho de Teucro, le dice y le chado! Ven a ver qué palabras dice éste, pues hieren 785
encomienda que por todos los medios. mientras dure el en lo vivo y no pueden alegrar a nadie.
día que está aún luciendo, encierre a Ayax bajo el techo (Sale Tecmesa de la tienda.)
755 de la tienda y que no le permita salir, si quiere ver a TECMESA. - ¿Por qué, desventurada de mí, cuando
aquél vivo. Según sus palabras, la cólera de la divina acabo de descansar de rnis incesantes desgracias, de
Atenea sólo le alcanzará durante este día. Porque los nuevo me levantas de mi puesto?
mortales orgullosos y vanos caen -seguía diciendo el CORIFEO. -Escucha a este hombre, porque ha veni-
adivino- bajo el peso de las desgracias que envían los do trayéndonos una noticia acerca de la suerte de Ayax 790
760 dioses, como aquél que, naciendo de naturaleza mortal, que me ha apesadumbrado.
no razona después como hombre. Ése por su parte, TECMESA. - iAy de mí! {Qué dices, hombre? ¿Es que
nada más abandonar su casa, se mostró un inconscien- estamos perdidos?
te, a pesar de los buenos consejos de su padre, que le MENSAJERO. - NO conozco tu suerte, pero acerca de
765 decía: aHijo, desea la victoria con la lanza, pero siem- la de Ayax, si es que está fuera, no estoy confiado.
pre con la ayuda de la divinidad.» TECMESA. - Sí está fuera, de modo que estoy angus-
Pero 61, de forma jactanciosa e insensata, respondía: tiada ante lo que dices.
aPadre, con los dioses, incluso el que nada es, podría MENSAJERO. - Teucro manda que retengamos a aquél 795
obtener una victoria. Yo, sin ellos estoy seguro de con- dentro de la tienda y que no salga solo.
770 seguir esa fama.» Con palabras tales alardeaba. TECMESA. - ¿Dónde está Teucro y por qué razón
En otra segunda ocasión, a la divina Atenea, cuando dice esto?
le decía, animándole, que dirigiera la mano homicida MENSAJERO. - Él está aquí desde hace muy poco.
contra los enemigos, le contestó, enfrentándosele, con Piensa que esta salida de Ayax es funesta.
terribles e inusitadas palabras: «Señora, asiste a otros TECMESA. - ¡Ay de mí, desdichada! ¿De qué hombre 800
lo ha sabido?
77 Calcas, hijo de TCstor, adivino de los aqueos, se aparta MENSAJERO. -Del adivino hijo de Téstor. En este
de los demás y le dice a Teucro lo que por su inspiración cono-
ce. El mensajero estaría cerca y lo ha oido. 79 La batalla se ganaba, siempre que la línea de guerreros
78 Ayax. fuese rota. El termino ekrréxei es lo que significa: «romper,.
158 TRAGEDIAS

día de hoy le ocurrirá lo que le vaya a traer muerte o un gran privilegio: que envíes un mensajero que lleve
vida. la noticia fatal a Teucro, a fin de que él, el primero, me
TECMESA. - ¡Ay de mí, amigos!, protegedme contra levante, cuando haya caído en esta espada, con la san-
un destino ineluctable. Apresuraos vosotros Y o para que gre aún reciente, y no suceda que, reconocido antes por
80s Teucro venga cuanto antes. Vosotros, yendo unos hacia alguno de mis enemigos, me dejen expuesto, presa y ao
los recodos de occidente y otros, a los del levante, tra- botín de perros y aves de rapiña ". Esto es lo que te
tad de hallar la fatal salida del héroe. Me doy cuenta suplico, oh Zeus, y a la vez invoco a Hermes, el que
de que he sido engañada por este hombre y despojada conduce al mundo subterráneo, que bien me haga dor-
del favor de antaño. iAh! iQué haré, hijo? No debo mir " ? , después que, sin convulsiones y en rápido salto,
81G quedarme sentada. Ea, iré también yo allá hasta donde me haya traspasado el coijtado con esta espada.
resista. Partamos, apresurémonos. No es momento de Invoco también en mi ayuda a las siempre vírgenes, 835
sentarse cuando queremos salvar a un hombre que se que sin cesar contemplan los sufrimientos de los mor-
afana por morir. tales, a las augustas Eririis, de largos pasos, para que
CORIFEO.- Estoy dispuesto a salir y no lo demostra- sepan cómo yo perezco, desdichado, por culpa de los
ré sólo de palabra. La prontitud de la acción se acomo- Atridas. ¡Ojalá los arrebaten a ellos, malvados, del peor
dará, a la vez, a la de mis pasos. modo, destruidos por coinpleto, igual que ven que yo 840
(Salen d e la escena el Coro Tecmesa y el mensaje- caigo muerto por mi propia mano! ¡Así perezcan aniqui-
ro. Ahora estamos en u n paraje solitario a orillas del lados por sus más queridos familiares! Venid, rápi-
mar. Se distinguen unos arbustos. A y a entra en escena das y vengadoras Erinis, 'hartaros, no tengáis clemencia
y clava la espada en tierra con la punta hacia arriba.) con ninguno del ejército.
81s AYAX.- La que me ha de matar está clavada por Y tú también, oh Sol, que el inaccesible cielo reco- 845
donde más cortante podrá ser, si aIguno tiene, incluso, rres en tu carro, cuando veas mi tierra patria, sujeta la
la calma de calcularlo. Es un regalo de Héctor, el que rienda dorada y anuncia mi desgracia y mi destino a
me es el más aborrecible de mis huéspedes, y el más mi anciano padre y a mi desgraciada madre. De seguro 850
odioso a mi vista. Está hundida en tierra enemiga, en que la infeliz, cuando oiga esta noticia, un gran gemido
820 la Tróade, recién afilada con la piedra que roe el hierro. lanzará por toda la ciudald Pero no es provechoso la-
Yo Ia he fijado con buen cuidado, de modo que, muy mentarse en vano de estas cosas, sino que hay que po-
complaciente para este hombre, cuanto antes le haga ner manos a la obra cuanto antes.
morir. Y así bien equipados vamos a estar.
Después de estos preparativos, tú el primero, joh 8'' Acción terrible para la mentalidad religiosa griega. Eso,
825 Zeus!, como es justo, socórreme. No te pido alcanzar en el caso de Polinices, da origen a la tragedia de Antígona. Elec-
tra amenaza a Egisto con hacer lo mismo con su cuerpo (cf. Elec-
ira 1487-88).
A los servidores de Ayax. X"ufemismo.
81 El Coro abandona la escena en dos semicoros. En otras 84 NO olvidar que Agamenón muere a manos de su esposa.
Eurnenides, y EUR~PIDES,
piezas también ocurre así. (Cf. ESOUILO, 85 ECOShoméricos. Recuérdese el anuncio de la muerte de
Alcestis y Helena.) Héctor y el grito de Casandra (cf. Ilíada XXIV 703 SS.).
160 TRAGEDIAS

sss iOh Muerte, Muerte!, ven ahora a visitarme. Pero a SEGUNDO


SEMICORO.
ti también allí R G te hablaré cuando viva contigo, en Enorme fatiga y nada ;nuevo a la vista.
cambio a ti, oh resplandor actual del brillante día, y a
ti, el auriga Sol, os saludo por última vez y nunca más PRIMERSEMICORO.
lo haré de nuevo. iOh luz, oh suelo sagrado de mi tie- Pero tampoco el hombre se ha aparecido por parte
s a rra de Salamina!, joh sede paterna de mi hogar, ilustre alguna e n la ruta del Oriente.
Atenas y raza familiar! ioh fuentes y ríos de aquí,
llanura Troyana! , a vosotros os hablo y os digo adiós, CORO.
joh vosotros que habéis sido alimento para mí! Esta Estrofa.
865 palabra es la última que os dirijo, las demás se las diré (Quién, quién entre tos afanados pescadores que sin 884
a los de abajo en el Hades. descanso hacen su pesca, (D cuál de las diosas del Olim-
(Ayax se lanza sobre la espada y muere. Queda ocul- po O d e los ríos que corren al Bósforo, si e n alguna 885

t o entre la maleza. Entra el Coro buscando a Ayax. Vie- parte ha visto errante al d e fiero corazón, podría de-
ne dividido e n dos semicoros.) círmelo a voces? E s terrible que yo, que ando errante
con grandes fatigas, n o pueda llegar junto a él e n u n
PRIMERSEMICORO. recorrido favorable y no pueda ver dónde está ese hom- sw
La angustia arrastra angustia sobre angustia. Pues bre de descarriada mente.
¿por dónde, por dónde, por dónde n o he pasado yo? ( S e oyen lamerztos derrás d e los matorrales.)
870 Ningún lugar sabe socorrerme. Atención, atención, d e TECMESA. - ¡Ay de mí, ay!
nuevo oigo u n ruido. CORIFEO. - ¿De quién es ese grito cercano que ha
partido del bosque?
SEGUNDO SEMICORO.
TECMESA. - iAh, desdichada!
De nosofros, f u s compañeros de la nave. CORIFEO. - Reconozco a la infeliz mujer conquista-
PRIMERSEMICORO. da por la lanza, a Tecmesa, profundamente afectada, a 895
juzgar por este lamento.
¿Y qué, pues?
(Aparece Tecmesa.)
SEGUNDO
SEMICORO. TECMESA. - ¡Estoy perdida, estoy muerta, destroza-
Está explorado todo el lado occidental d e las naves. da, amigos!

PRIMERSEMICORO. CORO.
(Qué sucede?
875 ¿Has obtenido.. .? TECMESA. -Ayax yace aquí, se nos acaba de sacrifi-
car atravesado por la espada que está oculta.
" En el Hades. La Muerte y el Sueño, según H ~ s f o ~(Teo-
o
gonia 758 SS.), son hijos de la Noche y viven cerca del Hades. 8s El Olimpo de los montes Misios, cercano a la Tróade.
X7 La presencia de Atenas es constante en la tragedia griega. Véase nota 74 de esta misma tragedia.
40.- 11
162 TRAGEDIAS

CORO. CORO.
500 ;Ay de m i regreso! /Ay, has matado a la vez, o h se- Antístrofa.
t?or, a este compañero de travesia, 012 desgraciado d e
jDesventurado! Al final ibas, ibas a cumplir, por t u 52s
mí! iOh desdichada mujer!
o b s t i ~ a d ocorazón, t u fatal destino d e inmensos males.
TECMESA. - Estando éste como está, hay motivo para jQué odiosas quejas exhalabas, corazón cruel, contra los 930
dar ayes. Atridas de día y de noche, con funesto sentimiento!
905 CORIFEO. - ¿Y por mano de quién cl desdichado lo ¡Grande en desgracias fue aquel día desde el principio,
llevó a cabo? cuando tuvo lugar u n cevl'amen d e valor por las armas! 935
TECMESA. - Él mismo por sí mismo. Es evidente: la TECMESA.-¡Ay de mí!
espada sobre la que ha caído, clavada por él en tierra, CORIFEO. - Llega a tus entrañas una auténtica aflic-
lo manifiesta.
ción.
CORO. TECMESA.-¡AY, ay de mí!
¡Ay, qué desgracia la mía! Por lo visto t ú solo te has CORIFEO. -Nada me asombra que doblemente te la- 940

910 dado muerte, sin protección de amigos. Y yo, sordo a


mentes, mujer, cuando acabas de perder tal ser que-
todo, sin enterarme de nada, m e despreocupé. (Dónde, rido.
dónde yace el obstinado Ayax, de funesto nombre? TECMESA. - A ti te es posible imaginarlo, pero en mí
515 TECMESA. - NO está para ser visto. Yo lo cubriré con hay un desmesurado sentimiento.
este manto que le abarca por completo ya que nadie,
CORO.
ni siquiera un amigo, podría soportar verle expulsando
negra sangre por las narices y de su mortal herida por Lo confirmo.
920 SU propio suicidio. ¡Ay de mí! ¿Qué haré? {Quién de TECMESA. - ¡Ay de myí, hijo! ¡Hacia qué y g o s de
tus amigos te levantará? ¿Dónde está Teucro? ¡Qué a esclavitud nos encaminarnos, qué clase de protectores 945
punto vendría, si llegara, para ayudarme a enterrar a nos vigilan!
su hermano! Aquí yaces muerto, joh infortunado Ayax! ,
siendo cual eres. ¡En qué estado te encuentras, que te CORO.
hace merecedor de alcanzar lamentos, incluso, de tus jAh! E n t u aflicción has nombrado inenarrables he-
enemigos! chos de los dos implacables Atridas. Pero, jojalá lo im-
pida la divinidad!
TECMESA. - NO se habría llegado a esta situación sin 950
la colaboración de los dioses!
CORIFEO.- Pesada, por encima de nuestras fuerzas,
El actor que desempeñaba el papel de Ayax, ahora hace es la carga que nos han impuesto.
el de Teucro. Este túmulo era una efigie tapada casi por comple- TECMESA. - Palas, la terrible diosa hija de Zeus, ha
to, visible en la escena. Lo mismo encontramos en Antigona
causado, sin embargo, tall dolor para agrado de Odiseo.
( V . 1258) representando a Hemón y en Electra con el cuerpo de
CIitemestra (v. 1466).
164 TRAGEDIAS

CORO. CORIFEO. - ... hay razón para gemir.


955 Sin duda que el m u y osado varón 9 0 se ensoberbece TEUCRO. - jOh impetuoso sufrimiento!
en su sombrío corazón y ríe por estos frenéticos males CORIFEO. - Excesivo, en verdad, Teucro.
960 con estentórea carcajada, jay, ay!, y juntamente los dos TEUCRO.-jAh, infortunado! ¿Qué es de su hijo?
soberanos Atridas a2 escucharlo. ¿Dónde se encuentra en la tierra de Troya?
TECMESA. -Pues bien, jque ellos se rían y se rego- CORIFEO. - Está solo junto a las tiendas. 985
cijen con las desgracias de éste! Que, tal vez, aunque TEUCRO. - ¿NO lo traerás cuanto antes aquí, no sea
no le echaban de menos mientras vivía, le lamenten que alguno con malas intenciones lo arrebate como a
muerto por la necesidad de su lanzaQ1.Los torpes no un cachorro de leona sin protección? Ve, apresúrate,
965 conocen lo valioso, aun teniéndolo en sus manos, hasta socórrele gz. Todos suelen reírse de los muertos tan
que se lo arrebatan. pronto como están caídos.
Su muerte me es amarga, en la medida que es dulce CORIFEO. -Ciertamente que cuando aquel varón aún 990
para aquéllos y, para él mismo, es agradable. Lo que vivía, Teucro, encargó que te cuidaras de 61 O 3 como lo
deseaba obtener lo ha conseguido para sí: la muerte estás haciendo.
que quería. ¿Por qué, en ese caso, podrían reírse de él? TEUCRO.-jOh el más doloroso, para mí, de cuan-
970 A los dioses concierne su muerte, no a aquéllos, no.
tos espectáculos he contemplado con mis ojos, y cami-
Según eso, que se jacte Odiseo con argumentos vanos. no, de todos los caminos, el que más ha afligido mi 995
Ayax no existe ya para ellos, se ha ido dejándome pe- alma, el que ahora he hecho, oh queridísimo Ayax, lan-
nas y lamentos. zándome a seguir tu rastro, una vez que me enteré de
(Tecmesa sale. Se oyen los lamentos de Teucro an- tu muerte! La noticia acerca de ti rápidamente, como
tes de que aparezca en escena.) si fuera de una divinidad, corrió a través de todos los
TEUCRO.-jAy de mí, ay!
Aqueos: que habías muerto. Yo, desdichado, al oírlo, im
975 CORIFEO.-Silencio. Me parece estar oyendo la voz mientras estaba ausente, gemía y ahora, al verte, me
de Teucro, que deja oír un canto acorde con esta des- muero. ¡Ay!
gracia.
( A u n esclavo.) Ea, descúbrelo para que vea la des-
(Aparece Teucro.)
gracia en todo su alcance. iOh rostro terrible de con-
TEUCRO.- jOh muy querido Ayax! jOh rostro fra- templar y de cruel audacia 94,cuántas amarguras siem- loos
terno para mí! ¿Es verdad que has sucumbido como
bras en mí con tu muerte! ¿Adónde me es posible ir,
el rumor asegura?
a qué mortales, ya que no te serví de ayuda en tus do-
CORIFEO.- El héroe ha perecido, Teucro, entérate. lores? jSí que me va a recibir con buena cara y propi-
980 TEUCRO.- jAy de mí! ¡Cruel es, pues, mi suerte! cio Telamón, tu padre a la vez que mío, cuando llegue ioio
CORIFEO.-Como que estando así las cosas ...
TEUCRO.- jAh, desgraciado de mí, desgraciado! 92 NO está claro si esta orden va dirigida al Corifeo o a
Tecmesa.
90 Odiseo. 93 El hijo de Ayax, Eurísaces.
91 En los combates contra los troyanos. 94 Rostro que refleja la aiudacia del suicida.
166 TRAGEDIAS

sin ti! Y {cómo no?, si a él ni en la prosperidad le es su creencia, que él se conforme con los suyos y yo con
natural una agradable sonrisa. ¿Qué guardará, qué in- éstos.
sulto no dirá al bastardo nacido de una cautiva enemi- CORIFEO. - NO te extiendas demasiado, antes bien, 1040
ga '', al que te ha traicionado por temor y por cobardía, piensa en seguida cómo enterrarás al hombre y qué vas
i o i j a ti, muy querido Ayax, acaso con engaños, para obte-
a decir. Pues veo un enemigo, y tal vez venga a reírse
ner tus privilegios y tu palacio, una vez muerto? Tales de nuestras desgracias, cual haría un malvado.
cosas dirá ese hombre iracundo, pesaroso en su vejez, TEUCRO. - ¿Quién es el guerrero del ejército que
ves ?
que por nada se encoleriza y llega hasta la disputa.
CORIFEO.-Menelao, en cuyo provecho emprendimos 104s
Y, finalmente, seré desterrado, echado del país, mos- esta travesía.
1020 trándome en habladurías como un esclavo, en lugar de TEUCRO. - Ya veo, pues de cerca no es difícil reco-
como un hombre libre. Tales cosas me aguardan en mi nocerlo.
patria. Y en Troya tengo muchos enemigos y pocas ayu- (Efitra Menelao con su séquito.)
das, y todo esto lo he encontrado con tu muerte, jay de MENELAO. - iEh, tú, te ordeno que no entierres ese
mí! ¿Qué haré? ¿Cómo te arrancaré de esta cortante cadáver con tus manos, sino que lo dejes como está!
102s espada de resplandeciente filo, desdichado, por la cual TEUCRO. - ¿Con qué objeto has malgastado tantas
has perecido? ¿Has visto cómo al cabo del tiempo iba palabras?
Héctor, incluso muerto, a matarte? MENELAO. - Porque así nos parece bien a mí y al ioso
Considerad, por los dioses, la suerte de estos dos que manda el ejército.
hombres: Héctor, sujeto al barandal del carro por el TEUCRO. - ¿Y no podrías decir qué razón invocáis?
1030 cinturón con el que precisamente fue obsequiado por MENELAO. - Que, habiendo creído traemos de la pa-
éste ", fue desgarrándose hasta que expiró 9 7 . Y éste, tria con él a un aliado y amigo de los aqueos, nos he-
que poseía este don de aquél, ha perecido en mortal mos encontrado, tras una prueba, a alguien peor que
caída por causa de la espada. ¿No es Erinis, acaso, la los frigios un hombre que, tras maquinar la destruc- los5
1035 que forjó esta espada y Hades, fiero artesano, lo otro? ción para todo el ejkrcito, salió por la noche a sembrar
Yo, ciertamente, diría que éstas, así como todas las la muerte con su espada. Y, si uno de los dioses no
cosas, las traman siempre los dioses para los hombres. hubiera amortiguado este intento, seríamos nosotros
Y para quien estos pensamientos no sean aceptables en los que yaceríamos muertos de la peor de las muertes,
cual el destino que ése ha obtenido, mientras que él iw
95 Se refiere a 61 mismo, hijo de Telamón y de una mujer estaría vivo. Pero un dios cambió el rumbo de su inso-
tomada en campaíia como botín de guerra, Hesíone. lencia para hacerla recaer en carneros y rebaños.
9G Por Ayax. Por ello, ningún hombre existe con tanto poder
97 Versión extraña para nosotros en relación con el final
como para enterrar en la sepultura su cuerpo, sino que,
que, en la Ilíada, se relata del héroe, muerto por Aquiles y arras-
trado su cuerpo (Ilíada XXII 395 SS.). No sabemos de dónde ha
tomado Sófocles esta versión. Tal vez de uno de los poemas del 9 8 Frigios es aquí sinónimo d e troyanos. En la IIíada eran

ciclo épico, de la Etiópida o de la Pequeña Ilíada. distintos, aunque aliados.


168 TRAGEDIAS

1065 abandonado en la parda arena, será pasto para las ma- TEUCRO. - Nunca, varones, me podré extrañar de
rinas aves. Y, ante esto, no te exaltes en cólera terrible; que un hombre que no haya sido nada en sus orígenes
pues, si estando vivo no fuimos capaces de dominarle, después cometa faltas, cuando los que parecen haber 10%
lo haremos por completo ahora que está muerto, aun- nacido nobles yerran con tales razones en sus discur-
que tú no quieras, controlándole en nuestras manos. sos. ¡Ea, dilo otra vez desde el principio! {Es que afir-
1070 Nunca quiso escuchar mis palabras cuando vivía. mas tú que trajiste a este hombre aquí por haberlo
Y en verdad que es propio de un malvado el que, como elegido como aliado de los aqueos? [No se embarcó es-
hombre del pueblo, no tenga en nada el obedecer a los pontáneamente, siendo como era dueño de sí mismo?
que están al frente. En efecto, en una ciudad donde no ¿Con qué razón eres tú el jefe de éste? ¿Con qué razón 1100
reinase el temor, nunca se llevarían las leyes a buen te permites mandar sobre unas tropas que él trajo de
1075 cumplimiento, ni podría ser ya prudentemente guiado su patria?
un ejército, si no hubiera una defensa del miedo y del Has llegado como rey de Esparta, no como sobera-
respeto 9 9 . Y es preciso que el hombre, aunque sea cor- no nuestro. Nunca ha siclo establecida una norma de
pulento, crea que puede caer, incluso por un pequeño autoridad, según la cual dispusieras tú sobre él más que
contratiempo. Quien tiene temor y, a la vez, vergüenza él sobre ti. Has navegado aquí en calidad de Iugarte- 1105
1080 sabe bien que tiene salvación. Y donde se permite la niente de los demás, no de general de todos como para
insolencia y hacer lo que se quiera, piensa que una ciu- mandar alguna vez sobre Ayax. Así que da órdenes a
dad tal, con el tiempo caería al fondo, aunque corrieran los que gobiernas y repréndeles a ellos con las altivas
vientos favorables. Que tenga yo también un oportuno palabras; que a éste, ya ordenes tú que no, ya lo haga
1085 temor, y no creamos que, si hacemos lo que nos viene otro general, yo lo pondriS en una tumba con todo de- iiio
en gana, no lo pagaremos a nuestra vez con cosas que recho sin temor a tu lengua. Porque él no entró en cam-
nos aflijan. paña por causa de tu muler, como los que están llenos
Alternativamente llegan las situaciones. Antes era de agobio por doquier 'OL, sino por los juramentos a
éste el fiero insolente, y ahora soy yo, a mi vez, el que los que estaba ligado 'O2. Y para nada lo hizo por ti,
estoy engreído y te mando que no des sepultura a éste pues no tenía en cuenta a los don nadies.
1090 para que no caigas tú mismo en la tumba, si lo haces. Para refutar esto, ven aquí con más heraldos y con 111s
CORIFEO. - Menelao, después de haber dado sabias el general en jefe. No me volvería yo por el ruido que
sentencias, no seas luego tú el insolente con los muer- hagas, mientras seas cual precisamente eres.
tos lO0. CORIFEO.-NO me guijta tampoco un lenguaje así
en las desgracias. Las palabras duras, aunque estén car-
99 Recuérdense las palabras de Creonte (Antígona 666 SS.), gadas de razón, muerden.
que, en términos semejantes, pide la obediencia a las normas es-
tablecidas. Ya en HOMERO aparecen argumentos en pro del orden
y la obediencia (Ilíada 11 204). 1 0 1 Otro ejemplo del anacronismo. Parece estar pensando
100 Menelao ha condenado la conducta de Ayax, porque de- Sófocles en los periecos e hilotas, clases sociales inferiores en el
safió las leyes humanas. Ahora, los marineros le advierten de si Peloponeso, que servían en lar; armadas de los nobles espartanos.
no estará 61 desafiando las leyes de los dioses con sus palabras. 1 0 2 Ver luego Filoctetes, nota 4.
170 TRAGEDIAS

1120 MEKELAO. -El arquero parece no razonar con hu- TEUCRO. - Porque fuistlr descubierto como un ladrón 1135
mildad lo.'. amafiador de votos contra. él ' O 3 .
TECCRO. - NO he adquirido un arte mezquino. MENELAO. - Por los jucces, que no por mí, se vio en
MENELAO. - Grande sería tu jactancia, si tomaras un eso frustrado.
escudo. TECCRO. -Tú podías a escondidas haber hecho há-
TEUCRO. - Incluso desarmado me defendería de ti, bilmente muchas acciones perversas.
aunque tú tuvieras armas. MENELAO. - Esta acusación va contra algún otro para
MENELAO. - iA qué terrible valor da aliento tu len- su tormento.
gua! TEUCRO. -NO mayor, a lo que parece, que el que
1125 TEUCRO. - Con la razón de mi parte, es posible mos- causaremos nosotros.
trarse orgulloso.
MENELAO. - Sólo una cosa te diré: a éste no se le 1140
MENELAO. - (ES que es justo portarse bien con el va a enterrar.
hombre que me ha matado?
TEUCRO.-Tú, a tu vez, escucha: a éste se le ente-
TEC'CRO. - ¿Que te ha matado? Extraño es, en ver- rrará.
dad, lo que dices, si vives después de muerto.
MENELAO. -En una ocasión, ya conocí yo a un hom-
MENELAO. -Un dios me puso a salvo, pues por éste
bre osado en sus palabras que animaba a los marine-
estaría muerto.
ros a navegar en medio del mal tiempo. Su voz, en cam-
TECCRO.-No deshonres, pues, a los dioses, si has
bio, no la hubieras encontrado cuando estaba en lo
sido salvado por ellos.
peor de la tempestad, sino que, oculto por su manto, 1145
1130 MENELAO. - (ES que yo estoy reprobando las leyes
se dejaba pisotear por cualquiera de los marineros. Así
de los dioses? también, respecto a ti y a tu fiera boca, tal vez un gran
TELTRO. - Sí, si impides enterrar a los muertos con huracán que sople desde una pequeña nube podría aho-
tu presencia. gar tu incesante griterío.
MENEL~O. -YO mismo lo impido a los que son mis TEUCRO. - YO también he visto a un hombre lleno liso
propios enemigos. Pues no es decoroso. de insensatez que se comportaba insolentemente con
T~ncRo.- ¿Es que Ayax se colocó frente a ti como ocasión de las desgraciar; de 10s que le rodeaban. En-
tu enemigo? l o ' . tonces, observándolo alguien parecido a mí y semejante
MENELAO. - Nuestro odio era mutuo y tú lo sabías. en su carácter, le dijo lo siguiente: « iOh hombre, no te
comportes mal con los muertos. Si lo haces sabe que 1155
1oJ El término «arquero» había adquirido en Atenas una te dolerás! Así amonestaba, a la cara, al malhadado
connotación peyorativa, ya que muchos de los arqueros eran varón. Le estoy viendo y me parece que no es otro que
bárbaros escitas. En la Ilíada, no obstante, se reconoce la habili- tú. (Acaso he hablado enigmáticamente?
dad y el valor de Tcucro como arquero. Los mejores arqueros
entre los aqueos eran Filoctctes, Odiseo y Teucro. MENELAO. -Me voy. Sería una vergüenza que alguien
11" Teucro quicre probar que Menelao tenía algo personal
contra Ayax y que este no era un enemigo común. 105 Alusión al juicio por las armas de Aquiles.
172 TRAGEDIAS

itsa se enterara de que castigo con palabras a quien es po- linaje desde la raíz, así como yo corto este rizo 'OQ.
sible someter por la fuerza. Tenlo, oh niño y cuídalo, y que nadie te mueva, antes liso

TEUCRO.-Vete, entonces. También para mí sería bien, arrodillándote, sujétate a él. Y vosotros l l 0 , no es-
muy vergonzoso escuchar a un hombre necio que dice téis parados a su lado como mujeres, en lugar de como
palabras desagradables. hombres, y socorredle hasta que yo vuelva de ocupar-
(Sale Menelao.) me de la sepultura para éste, aunque nadie me lo per-
mita.
CORO.
Habrá u n a contienda d e gran porfía. Ea, Teucro, CORO.
1165 apresurándote cuanto puedas, lánzate a buscar una Estrofa 1."
oquedad profunda para éste, y allí ocupará su sombría ¿Cuál será el ultimo? ¿Para cuándo se terminará el l i s 5
tumba de eterno recuerdo para los hombres. número de los errantes años que m e trae, constante-
(Entra Tecmesa acompañada de su hijo.) mente, la desgracia sin fin d e las fatigas marciales e n
TEUCRO. - Ciertamente en el momento oportuno se Za espaciosa Troya, afrenta infortunada de los helenos? 11x1
presentan aquí el hijo y la mujer de este hombre para Antístrofa 1."
1170 cuidar de la sepultura de este desventurado cadáver 'Ofi.
,-Ojalá antes se hubiera sumergido e n el amplio cielo
iOh hijo, acércate aquí, colócate a su lado y, como su- o e n el Hades, comtin a todos, aquel hombre que mos- 11%
plicante, toca al padre que te engendró! 'O7. Siéntate tró a los helenos la guerra de odiosas armas 1 1 1 que a
implorante, teniendo entretanto en tus manos cabellos todos afecta! ,-Oh infortunios creadores de infortunios
1175 míos, de éste y, en tercer lugar, tuyos loa, tesoro del su-
nuevos! Ella fue la que empezó a destruir a los hom-
plicante. Y, si algún guerrero te apartara por la fuerza bres.
de este cadáver, que, como criminal, sea arrojado por
las malas d e esta tierra, insepulto, extinguido todo su Estrofa 2.a
Aquélla n o m e concedió que m e acompañara la su- 1200
106 Frase, de amplio significado, que incluye los ritos fune- tisfacción d e las coronas ni de las profundas copas, ni
rarios debidos a un cadáver: lavarlo y vestir el cuerpo (Antígona el dulce sonido de las flautas, desdichado, ni pasar la
901), que correrán a cargo de Tecmesa, y derramar libaciones,
noche e n suave reposo. De los amores, d e los amores 1205
en lo que Eurísaces también puede participar.
107 Teucro va a marcharse a buscar un lugar para la sepul- m e apartó, [ay de mí! Y yazco así, desamparado, em-
tura de Ayax; pero antes insiste en que el niño ponga la mano papados m i s cabellos siempre por abundantes rocíos,
en el cuerpo de su padre en actitud de suplicante estando de recuerdos d e la funesta Troya. 1210
rodillas, porque sabe que mientras esta en tal actitud nadie po-
drá tocar el cuerpo sin una ofensa a Zeus, dios de los supli-
cantes.
108 Para ofrecérselos al muerto. Así también Electra se lo lo9 Acompañaba las palabras con la acción.
propone a Crisótemis (Electra 449). El simbolismo de esta acción 110 A1 Coro.
es que la persona de Ia que se ha cortado el rizo se inmola al "1 Se refiere al supuesto inventor de la guerra, no a un
muerto y le acompaña a la región de las sombras. personaje concreto.
TRAGEDIAS

Antístrofa 2." habéis perdido nos vais a asaetear con insultos o a agre- 1245
Antes yo tenía e n el aguerrido A y a una defensa del dir con traición.
incesante temor nocturno. Pero ahora él está entregado Como resultado de esta conducta, sin embargo, nun-
121s a u n odioso destino. ¿Qué goce, que goce aún m e que- ca se podría llegar a establecer ninguna ley,-si rechaza-
da? iOjala estuviera allí donde m e protegiera el pro- mos a los que con justicia han vencido y llevamos ade-
montorio cubierto de bosque y bañado por el mar, al lante a los que están atrás. ¡Hay que impedir eso! No 1 x 1
izo pie de la alta meseta de Sunion, para saludar a la sa- son los más seguros los hombres grandes y de anchas
grada Atenas! espaldas, sino que en todas partes vencen los que razo-
(Teucro entra e n escena.) nan prudentemente. A un buey de anchos costados con
TEUCRO. - Me he dado prisa al ver venir hacia aquí un pequeño látigo, sin embargo, se le conduce derecho
1225 al jefe Agamenón. Es evidente que contra mí va a des- en su camino. Y yo veo que este remedio a no tardar i2ss
atar su infausta lengua. te convendrá a ti, si no a.dquieres algo de juicio. Por-
que, no existiendo ya ese hombre, sino que es ya una
( E n t r a Agamenón.)
sombra, te insolentas con arrojo y te expresas audaz-
AGAMEN~N. - ¿Eres tú el que te atreves a proferir mente. ¿No te harás razonable? Y si t e das cuenta de
impunemente -según me dicen- terribles palabras quién eres por tu origen, jno traerás aquí a algún otro 1260
contra mí? A ti me dirijo, al hijo de la esclava. En ver- hombre, a uno libre, para que ante nosotros defienda
izo dad que t e jactarías con mucho orgullo y andarías muy tu causa en tu lugar? lX3. Yo no te comprendería cuan-
estirado 112, si de una madre noble hubieras nacido, ya
do hablases, pues no conozco la lengua bárbara l14.
que, no siendo nada, nos has hecho frente defendiendo
CORIFEO.-¡Ojalá tuvilerais vosotros dos la inteli-
a quien nada era y has afirmado solemnemente que gencia de ser sensatos! Nada mejor que esto puedo 126s
nosotros no hemos venido como generales ni como al- deciros.
mirantes de los aqueos ni de ti, sino que, según tú di-
TEUCRO. - iAy! ¡Cuán rápidamente se pierde para
ces, Ayax se embarcó mandando sobre sí mismo.
los mortales el agradecimiento al que ha muerto! jPue-
1235 ¿NO son grandes afrentas para escuchar de escla-
de ser considerado una traición el que este hombre ya
vos? ¿Por qué clase de hombre has dado esos arrogan-
no guarde de ti ni un pequeño recuerdo en sus pala-
tes gritos? ¿Adónde ha ido él o en dónde ha estado que
bras, Ayax, por quien tantas veces tú te has esforzado 1270
yo no estuviera? ¿Es que'no tienen los aqueos más gue-
exponiendo tu vida con la lanza? ¡Todas estas cosas
1240 rrero que éste? Cruel fue el concurso, al parecer, que
dejadas de lado se han desvanecido! jOh tú, que aca-
proclamamos entonces entre los argivos por las armas
bas de decir muchas e insensatas palabras!, ¿no te
de Aquiles, si por doquier vamos a aparecer como mal-
acuerdas ya cuando, en ci~ertaocasión en que vosotros
vados según Teucro, y si no va a bastar ni el que que-
déis vencidos para que os sometáis a lo que a la mayo-
n3 El derecho Atico contemporáneo de Sófocles n o daba
ría de los jueces pareció bien, sino que siempre los que validez al testimonio de un esclavo que n o fuera avalado por su
amo. Teucro reacciona agriamente znte este insulto.
112 Literalmente: .sobre la punta de los pies». 1l4 Sigue el tono ofensivo. Hesíone era troyana.
176 TRAGEDIAS

1275 estabais encerrados dentro de vuestros muros, reduci- un hombre extranjero, su propio padre la hizo arrojar
dos ya a la nada en la fuga del ejército, éste, yendo él a los mudos peces como pasto? Y siendo de tal clase,
solo, os salvó, a pesar de estar ardiendo ya el fuego en ¿me haces reproches sobre mi origen, a mí que he na-
torno a las cubiertas extremas de los barcos y de que cido de mi padre Telamoin, aquel que, por sobresalir 13oa
Héctor estaba a punto de saltar desde arriba por enci- en el ejército por su valoir, obtuvo a mi madre como
1280 ma de los fosos a las naves? l15. ¿Quién lo impidió? esposa, la que era por su nacimiento princesa, hija de
¿No fue éste el que 10 hizo, de quien t ú dices que nun- Laomedonte? Se la ofreció como escogido regalo el hijo
ca puso el pie donde tu no estuvieras? ' 1 6 . ¿Es que para de Alcmena '?l.
vosotros no lo hizo según debía? Si he nacido así nobIe, de padre y madre nobles, 1305
¿Y cuando otra vez él, en persona, porque le tocó {podría acaso deshonrar al que es de mi sangre, al que
en suerte H 7 y no por haber sido mandado, se enfrentó en tan gran miseria yace y a quien tú ahora quieres
1285 solo a Héctor, también solo, echando ante todos no la arrojar insepulto? ¿Y no te avergüenzas de decirlo?
bola que desertara, un grumo de húmeda tierra 118, sino Pues bien, entérate de est'o: si echáis a éste a alguna
la que iba a saltar en primer lugar del yelmo de her- parte tendréis que echarn'os a la vez a nosotros tres,
moso penacho? El era quien hacía estas hazañas y yo a
muertos, a su lado l a " . Porque es evidente que es más 1310
su lado, el esclavo, el nacido de madre bárbara. honroso para mí morir esforzándome en defensa de
12% ¡Desdichado! (Adónde podrías mirar al pronun-
Ayax, que por tu mujer, o ¿por la de tu hermano he
ciar tus palabras? ¿Es que no sabes que el legendario
de decir? Ante esto, atiende no a mi interés, sino al
Pélope, el que fue padre de tu padre, era bárbaro, un
tuyo, puesto que, si me ofendes en algo, preferirás al-
frigio; que Atreo, el que, a su vez, te engendró, ofreció
gún día haber sido, incluso, cobarde conmigo a valiente. 1 x 5
a su hermano 'lg el más impío banquete, el de sus pro-
129s pios hijos; que tú mismo has nacido de una madre (Entra Odiseo.)
cretense I z o , y que, sorprendiendo en brazos de ella a CORIFEO. - Soberano Otiiseo, sabe que has llegado
muy oportunamente, si te presentas no para complicar
115Combate narrado en Ilíada VI1 38-312. las cosas, sino para resolverlas.
1x6Técnica, propia de la sofística, en que a u n discurso, ODISEO. - ¿Qué ocurre, guerreros? Desde lejos oí el
como tesis, s e le opone otro que lo refuta, contratesis o antí- griterío de los Atridas sobre el cadáver de este valiente.
tesis. Sófocles no puede sustraerse a la influencia ambiental.
117 Las situaciones que nos describe no se corresponden
AGAMEN~N. - ¿Acaso no estábamos escuchando hace 1320
exactamente con las que la Ilíada.
11s Alude a la estratagema de Cresfonte, uno de los Heracli- sión, su padre la entregó a Nauplio para que la arrojara al mar
das, quien, al repartirse el Peloponeso, echó en la urna un te- por haberse entregado a un esclavo. Este, sin embargo, la casó
rrón de tierra húmeda que se deshizo y, así, consiguió el último con Atreo.
lote, que era el que deseaba. Aquí se utilizó u n casco como reci- 1" Heracles, que la había salvado del monstruo a quien
piente para los guijarros del sorteo, a modo de improvisada estaba ofrecida en sacrificio y a1 que había enviado Posidón por
urna de guerra. haber sido defraudado en las promesas que le habia hecho
1lY Tiestes. Laomedonte.
120 Aérope, nieta de Minos e hija de Catreo. Según esta ver-
1-2 Teucro, Tecmesa y Eurísaces.
178 TRAGEDIAS

muy poco, rey Odiseo, palabras muy ultrajantes en AGAMEN~N. - NO es fácil que un tirano sea piadoso. 1350
boca de este hombre? ODISEO. -Pero sí que honre a los amigos que le dan
ODISEO. - ¿Cuáles? Porque yo soy indulgente con el buenos consejos.
hombre que lanza palabras injuriosas cuando también AGAMEN~N. -ES preciso que el hombre noble obe-
él las oye. dezca a los que tienen el poder.
A G A M E N-Oyó~ N . afrentas, porque él hacía lo mismo ODISEO. - Desiste. Seguirás mandando aunque seas
contra mí. vencido por un amigo.
1325 ODISEO. - ¿Y qué hizo contra ti como para que lo A G A M E N ~-N . Recuerda a qué clase de hombre le
tengas por una ofensa? estás concediendo el favor.
A G X M E N ~-
N . Dijo que no permitiría que este cadá- ODISEO. - Este hombre era un enemigo, pero de no- 1355
ver quedara privado de sepultura, sino que lo enterra- ble raza.
rá contra mi voluntad. AGAMEN~N. - ¿Qué harás, entonces?, jasí respetas
ODISEO. - ¿Le es posible a un amigo decirte la ver- un cadáver enemigo?
dad y seguir siendo tan amigo como antes? ODISEO. - El valor puede en mí más que su ene-
o AGAMENON. -Dímela. Si no fuera así, estaría loco, ya mistad.
que te considero el mejor amigo entre los argivos. AGAMEN~N. - ¿Así de volubles son entre los morta-
ODISEO. - Escucha, pues. No te atrevas, por los dio- les algunos hombres?
ses, a exponer así cruelmente a este hombre insepulto, ODISEO. - Ciertamente, muchos son amigos en un
1335 y que la violencia no se apodere de ti para odiarle has- momento y después son enemigos.
ta el punto de pisotear la justicia. También para mí era AGAMEN~N. - ¿Son ésos los amigos que tú aconse- isóo
el peor enemigo del ejército desde que me hice con las jas que tengamos?
armas de Aquiles, pero yo no le respondería con inju- ODISEO. - YO no suelo aconsejar tener un alma in-
1340 rias hasta negar que he visto en él al más valiente de flexible.
cuantos argivos llegamos a Troya, después de Aquiles. AGAMEN~N. -NOS harás aparecer cobardes en el día
De modo que en justicia no podría ser deshonrado de hoy.
por ti, pues no destruirías a éste sino las leyes de los ODISEO. -NO, sino hornbres justos a los ojos de to-
134s dioses. Y no es justo dañar a un hombre valiente si dos los helenos.
muere, ni aunque le odies. AGAMENON. - ¿Me ordenas que permita sepultar al
AGAMENON. - ¿Tú, Odiseo, tomas en este asunto la cadáver?
defensa de éste contra mí? ODISEO. - Sí, pues yo mismo también llegaré a esa 1365
ODISEO. -Sí, le odiaba cuando hacerlo era decoroso. situación.
AGAMEN~N. - ¿NO debías tú también pisotear al AGAMEN~N. - ¡Todo es igual! Cada cual se afana por
muerto? sí mismo.
ODISEO. - No te alegres, Atrida, de provechos que ODISEO. - ¿Para quién es más natural que me afane
no son honestos. que para mí mismo?
180 TRAGEDIAS

A G A M E N ~-
N . Tuya será considerada esta acción, que miento, no sea que haga, con ello, algo enojoso para el 139s
no mía. muerto. Pero en todo lo demás participa también y, si
ODISEO. -De cualquier modo que obres serás hon- quieres traerte a alguien del ejército, no tendremos in-
rado. conveniente. Yo prepararti 10 que me corresponde y tú
1370 AGAMEN~N. - Pero al menos sabe bien esto: que yo sabe que cres para nosotros un hombre noble.
te concedería un favor incluso mayor que éste; pero ODISEO. - Hubiera sido mi deseo, pero si no te es 1400
que ése "\ aquí y allí, será para mí siempre el más grato que haga esto, dándote la razón me voy.
odioso. Tú puedes hacer lo que quieras. (Sale Odiseo.)
(Sale Agamenón.) TEUCRO. -Basta, pues ya ha pasado mucho tiempo.
CORIFEO.-Aquel que diga que tú, Odiseo, siendo de Así que apresuraos los unos a hacer con vuestros bra-
137s esta manera, no eres en tus decisiones un sabio, es un zos una fosa profunda, otros disponed u n elevado trí- 140s
hombre necio. pode rodeado de fuego, propio para lavatorios rituales.
ODISEO. -Y ahora, a partir de este momento, comu- Que u n grupo d e hombres traiga d e la tienda su arma-
nico a Teucro que, en la medida en que era antes ene- dura y su escudo. Hijo, ttí coge tiernamente a t u padre
migo, es ahora amigo y que estoy dispuesto a ayudarle con todas tus fuerzas y ayúdame a Ievantarle por los 1410
a sepultar este cadáver y a hacer con él los preparati- costados. Las venas aún calientes exhalan una negra
1380 VOS sin omitir ninguna de cuantas cosas deben los hom- sangre. Pero vamos, que todo hombre que diga ser su
bres preparar a los varones excelentes. amigo se apresure, que ve,uga, afanándose por este hom- 1415
TEUCRO. -Muy noble Odiseo, todos los motivos ten- bre que f u e noble e n todo, y ninguno fue mejor entre
go para alabarte por tus palabras. Mucho me has en- los mortales; hablo de Ayax, cuando estaba vivo.
gañado en mi presentimiento, pues siendo el mayor CORIFEO.-Ciertamente que a los mortales les es
enemigo d e entre los argivos para éste, sólo tú has acu- posible conocer muchas cosas al verlas. Pero antes na-
138s dido a su defensa con actos y no has osado, estando tú die es adivino de cómo serán las cosas futuras. 1420
vivo, hacer ultrajes desmesurados en presencia del
muerto, como ha hecho el jefe, ese loco, que, habién-
dose presentado él en persona y su hermano, quiso
arrojarle ignominiosamente sin sepultura.
1390 Por ello, que el Padre que domina en el Olimpo, la
implacable Erinis y la Justicia que castiga les hagan
perecer de mala manera a los malvados, al igual que
indignamente querían echar ellos a nuestro héroe con
afrentas.
En cuanto a ti, oh vástago del anciano Laertes, no
me atrevo a permitirte que intervengas en este enterra-

Ayax.
LAS TRAQUINIAS
ESTRUCTURA DEL DRAMA

M m o (1-93). Deyanira declara a la nodriza su preocupación por


Heracles, que lleva quince meses sin volver. Envía a Hilo,
su hijo, a buscarlo.
PARDW (94140). Entrada del Coro compuesto de mujeres de Tra-
quis. Ellas no saben que Heracles está ya en Eubea v pi-
den al dios Sol que les diga dónde se encuentra, si en el
mar o en un continente. Mientras tanto, Deyanira no debe
perder la esperanza, pues a los sufrimientos sigue la ale-
gría, y Zeus no va a dejar de preocuparse por su hijo.
EstB compuesto de dos estrofas, dos antístrofas y epodo.
EPISODIO 1.' (1414%). Deyanira confía al Coro su especial motivo
de preocupación por Heracles: ya se ha cumplido el tiem-
po que había señalado el oráculo. Se presenta un mensa-
jero anunciando la llegada gloriosa de Heracles. El Coro
lo celebra con un canto de danza o hypórchgma (205-224).
Llega Licas y cuenta la historia de Yole que luego desmien-
te el mensajero. Licas reconoce ante la reina la verdadera
historia de la joven.
ESTASIMO 1: (497-530). El Coro recuerda el día en que Deyanira.
una bella joven, era el premio por el que Heracles lucha
contra Aqueloo. Dos estrofas y dos antístrofas.
EPISODIO2: (531-632). Deyanira confía al Coro su plan para atraer
el amor perdido de Heracles. Le envía como regalo una
túnica que ha untado secretamente con un ñltro de amor
que le dio el centauro Neso. Licas parte para ofreckrsela
al heroe.
186 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS

EST,~SIMO2." (633-662). El Coro celebrará con festivos sones la NOTA SOBRE LA EDICION
vuelta dc Heracles victorioso y prendido cn el amor de
Dcyanira por el cfccto del hechizo. Se compone de dos
estrofas y dos antístrofas. Señalamos los pasajes en los que no hemos seguido
EPISODIO3." (663-820). Deyanira sale del palacio y transmite al texto de A. C. Pearson.
Coro s u temor de que algún peligro aceche a Heracles por
culpa del manto que le ha enviado. Entra Hilo y describe
lo que aconteció, al llegar Licas con el presente de la tú-
nica para Heracles, y los sufrimientos de éste, a quien PASAJE TEXTO DE PEARSON
transportan hacia casa maldiciendo a su madre. Deyanira
en sifcncio entra en palacio.
E~TkXh103." (821-862). El oráculo, dado doce años antes, se cum-
ple ahora. Heracles muere por obra de Neso, pero la mano
inconsciente ha sido Deyanira. Se adivina que Afrodita es
la autora de estas cosas. Se compone de dos estrofas y dos
antístrofas.
EPISODIO4." (863-946). Anuncio y descripción de la muerte de De-
yanira.
ESTÁSIMO4.O (947-970). El Coro lamenta la agonía de Heracles, que
es conducido en comitiva a palacio. Está compuesto por
dos estrofas y dos antístrofas.
Exow (971-1278). Heracles lamenta su destino y da las últimas
órdenes a su hijo. Incluye un diálogo lírico (1004-1043).

NOTA BIBLIOGRAFICA

R. C. The tragedies of Sophocles, Cambridge, 1904.


JEBB,
- Trachiniae, Cambridge, 1908.
A. C. PEARSON, Sophoclis Fabulae, Oxford, 1924.
A. DAIN y P. M.AZDN, Sophocle, I: Les Trachiniennes, Antigone,
Paris, 1955.
J. C. KAMERBEEK, Trachiniae, Leiden, 1959.
M. BENAVENTE, Sófocles. Tragedias, Madrid, 1970.
J. PALL~,
Sófocles. Teatro Completo, Barcelona, 1973.
J. M. Lücas, Sófocles. A y a , Las Traquinias, Antigona, Edipo Rey,
Madrid, 1977
188 TRAGEDIAS

TEXTO m m m

ARGUMENTO DE LA BIBLIOTECA DE APOLODORO


(I:[ 7, 5-7)

Habiéndose presentado Heracles en Calidón, pre-


tendió en matrimonio a Deyanira, hija de Eneo, y en
la lucha por las bodas con Aqueloo, que se había trans-
formado en toro, le rompió uno de los cuernos. Se casó
con Deyanira, pero Aqueloo le pidió su cuerno dándole
a cambio el de Amaltea. Amaltea era hija de Hemonio
y tenía un cuerno de toro. Éste, según dice Ferécides
[fr. 371, tenía tal poder que ofrecía en abundancia be-
bida o comida, lo que se le pidiera. Heracles combatió,
junto a los calidonios, contra los tesprotios y, tras to-
mar la ciudad de Éfira donde reinaba Filante, unién-
dose a Astíoque, la hija de éste, llega a ser padre de
Tlepólemo. Tras estos sucesos, estando en un festín con
Eneo, habiéndole golpeado con el puño, mató, sin nin-
guna dificultad, a Eunorno, hijo de Arquíteles, que era
pariente de Eneo. El padre del chico, por haber sido
un accidente involuntario, le perdonó. Pero Heracles,
según la ley, quiso imponerse el destierro y decidió irse
a Traquis junto a Ceix. Llevándose a Deyanira, llegó al
río Eveno, en donde estaba instalado Neso, el Centau-
ro, y cruzaba por dinero a los que llegaban, diciendo
que esta travesía la había conseguido de los dioses por
ser justo. Heracles por sí mismo atravesó el río, pero
190 TRAGEDIAS LAS T R A Q U I N ~ A S 191

a Deyanira, pidiéndole que la transportara por una el hijo de Ceix, y a Argio y Melas, hijos de Licimnio-
paga, se la confió a Neso. Durante la travesía, éste in- y de haber saqueado la ciudad, se lleva a Yole como
tentó violarla. Hcracles, al oír sus gritos, saliendo, dis- prisionera. Y abordando el promontorio Ceneo en
paró a Neso una flecha en el corazón. Él, cuando estaba Eubea, fundó un templo dedicado a Zeus Ceneo. Cuan-
a punto de morir, llamando a Deyanira junto a sí, le do estaba a punto de celebrar la ceremonia religiosa,
dijo que prestara atención a recoger su sangre en una envió a Licas como heraldo a Traquis que habría de
concha, si quería mantener el amor de Heracles; sacó venir con la brillante túnica. Deyanira, enterada por
el dardo sobre la concha y, habiéndola mezclado, le dio éste del asunto de Yole y temiendo que desde entonces
la sangre que manaba del extremo de la herida. Y ella, amara a aquélla, creyendo que de verdad era un filtro
tras tomarla, la guardaba consigo. Al atravesar Heracles la sangre que manó de Neso, con ella untó la túnica.
el territorio de los Dríopes y faltarle alimento, hacién- Una vez que el manto estuvo expuesto al calor del sol,
dole frente Tiodamante que conducía una yunta de bue- el veneno de la hidra le iba devorando; él despeñó a
yes, soltó a uno de los bueyes y, sacrificándolo, se dio Licas y fue conducido en una nave hasta Traquis. De-
un banquete. Cuando llegó a Traquis, junto a Ceix, aco- yanira, sintiéndose culpable, se dio muerte a sí misma.
gido por él, venció en combate a los Dríopes; y, a su Heracles, después de ordenar a Hilo, hijo mayor suyo
vez, allí luchó juntamente con Egimio, rey de los dorios. y de Deyanira, que, al hacerse hombre, se casara con
En efecto, los lapitas combatían contra él por las lindes Yole, transportado a1 Eta, que es un monte de Traquis,
del país, al mando de Corono. Egimio, que estaba sitia- y habiendo hecho una pira, le ordenó, al llegar, que
do, mandó llamar a Heracles para que le ayudara a prendiera fuego. Éste no quiso y Peante, que había acu-
dido a buscar sus rebaños, tras ser el que prendiera
cambio de una parte del país. Habiendo acudido Hera-
fuego, recibió en recompensa el arco y las flechas de él.
cles en su ayuda, mató a Corono, junto con los demás,
Se dice que, encendida la pira, surgió una nube acom-
y dejó libre todo el territorio. Mató también a Lágoras
pañada de un trueno que le arrebató al cielo. Allí, ha-
con sus hijos, rey de los Dríopes, aliado de 10s lapitas,
biendo obtenido la inmortalidad, se casó con Hebe, hija
en el recinto sagrado de Apolo. Cicno, el hijo de Ares y de Hera, y tuvo dos hijos, Alexiares y Aniceto.
de Pelopia, cuando acudió él a Itono, le provocó a un
combate singular. Tras haberse entablado, también a
éste le mató. Cuando llegó a Ormenio, el rey Amintor
no le permitió entrar con sus armas y, al ver que se le
prohibía entrar, igualmente le mató. Una vez que llegó
a Traquis, reunió en Ecalia un ejército deseando ven-
garse de Éurito. Con él estaban aliados los Arcadios,
los Melios descendientes de Traquis y los Locrios epic-
nemidios y, tras matar a Éurito y a sus hijos, captura
la ciudad y, después de enterrar a los que habían muer-
to entre los que habían combatido con él -a Hípaso,
PERSONAJES
DEYAXIR ~.
-Hay una máxima que surgió entre los
hombres desde hace tiempo, según la cual no se puede
conocer completamente el destino de los mortales, ni
DEYANIRA. si fue feliz o desgraciado para uno, hasta que muera.
NODRIZA. Sin embargo, yo sé, aun antes de llegar al Hades, que s
HILO. el mío es infortunado y triste. Yo, cuando habitaba aún
COROde mujeres en Pleurón ',en la casa de mi padre Eneo, experimenté
MENSAJERO. una repugnancia muy dolorosa por el matrimonio, en
L1c.zs. mayor grado que cualquier mujer etolia. En efecto, te-
HERACLES. nía como pretendiente un río, me refiero a Aqueloo z ,
ANCIANO. el cual, bajo tres apariencias, me pedía a mi padre. Se l o
presentaba, unas veces, en figura de toro, otras, como
una serpiente de piel moteada y, otras, con cara de
buey en un cuerpo humano. De su sombrío mentón bro-
taban chorros de agua como de una fuente. Mientras 1s
yo esperaba temerosa a semejante pretendiente, pedía
una y otra vez, desventurada, morir antes que acercar-
me nunca a este tálamo.
Algún tiempo después, llegó a mí, causándome gran

1 Sófocles ha preferido designar a Pleurón como la ciudad


donde reinaba Eneo, tal vez :siguiendo a algún poeta anterior.
Esta ciudad se encontraba a poca distancia de Calidón, que es
la que tradicionalmente se ha considerado reino de Eneo. (Cf. Ilia-
da I X 529; A w ~ o w ~ 11
o , 7, 5.) OVIDIOllama Calidonia a Deyanira
(Metamorfosis IX 112).
2 Es el mayor río de Grecia. Se le personifica como el dios
Aqueloo y se le considera el primogénito de los dioses-no. Era
hijo mayor de Océano y Tetis. Discurre formando la frontera
occidental de Etolia, región a la que pertenecía Pleurón.
194 TRAGEDIAS LAS TIMQUINIAS 195

20 alegría, el ilustre hijo de Zeus y Alcmena 3 , quien, en- pero nadie sabe dónde se encuentra aquél. Lo único
trando en combate con aquél, me libera. Y cómo fue cierto es que su marcha me ha causado amargos dolo-
la lucha no podría decirlo, pues no lo sé. Sin embargo, res. Y casi estoy segura de saber que él sufre algún in-
quien haya permanecido sentado ante el espectáculo fortunio, porque, no por breve tiempo, sino que ya hace
sin miedo, éste podría contarlo. Yo, en efecto, me ha- diez meses más otros cinco, que permanece sin dar no- 45
2s llaba fuera de mí por el temor de que mi belleza me
ticias. Es posible que alguna terrible desgracia haya
pudiera proporcionar algún día pesadumbre. sucedido. Al marcharse me dejó esta tablilla y yo pido
Zeus, el que dirime los combates, puso un término muchas veces a los dioses que haberla recibido no sea
feliz, si es que verdaderamente fue feliz, ya que, desde causa de sufrimiento.
que he sido unida a Heracles como esposa elegida, ali- NODRIZA. - Reina Deyanira, te he visto ya repetida-
mento siempre temor tras temor en mi preocupación mente lamentando la marcha de Heracles con quejas 50
30 por él. Una noche trae consigo sufrimiento y la noche anegadas en lágrimas, pero ahora, si es justo que los
siguiente lo quita. Hemos tenido hijos a los que él, como libres entren en razón por los consejos de esclavos,
un labrador que adquiere un campo distante, sólo ha también yo debo hablar en lo que te concierne. ¿Por
visto una vez en la siembra y en la recogida 4 . Tal es qué, teniendo tantos hijos, no envías a uno en busca de 55
el destino que hace a este hombre marcharse continua- su padre y, especialmente, a Hilo, como es natural, si
35 mente del palacio y volver a él, siempre al servicio de es que tiene alguna inquietud por saber si su padre está
alguien. bien? Pero, justamente, es él en persona el que, presu-
Y ahora, cuando ha dado fin a estos trabajos 5 , es roso, se precipita hacia el palacio, de modo que, si a ti
cuando estoy más aterrada. Pues, desde que él mató a te parece que en algo he hablado oportunamente, es 60
Ífito 5 nosotros habitamos desterrados aquí en Traquis, preciso que te sirvas de tu hijo y de mis consejos.
40 junto a un hombre que nos ha acogido como huésped 7 , ( E n t r a Hilo llamado por su madre.)
3 Heracles, quien, por consejo de Meleagro, fue a pedir la DEYANIRA. - iOh hijo, oh muchacho! También de
mano de Deyanira. personas no nobles se desprenden palabras acertadas.
4 Metáfora de la vida campesina. Es el símil del labrador Pues esta mujer es esclava, pero ha hecho un razona-
que alquila un campo, pero que n o se encarga personalmente de
él y que sólo acude en los dos momentos culminantes de la
miento digno de hombres libres.
temporada, en la siembra y en la recolección. HILO.- ¿Cuál? Dímelo, madre, si yo debo conocerlo.
5 Alusión a los famosos doce trabajos de Heracles bajo las
DEYANIRA. - Que es vergonzoso que, llevando tu pa-
órdenes d e Euristeo, su primo, personaje de categoría humana
y física muy por debajo de la de Heracles, pero a quien estaba dre tanto tiempo ya ausente, no te enteres tú de dónde 6s
sometido e n virtud del cumplimiento del oráculo de la Pitia. He- está.
racles, enloquecido por Hera, que buscaba la venganza por celos
de Alcmena, dio muerte a sus propios hijos y, después, acudió 8 Tablilla cubierta de cera, donde, con un estilo o punzón,
a Delfos a consultar a Apolo.
se marcaban las letras. Era usada en las escuelas. Recordemos,
6 Hijo de gurito y, por tanto, hermano de Yole.
en EURÍPIDES, Hipólito 857, la tablilla en la que Fedra deja escrito
7 Es Ceix, rey de Traquis, al que no nombra en la obra.
su falso mensaje.
En H~sfo~o, Escudo 353, es nombrado por boca de Heracles.
196 TRAGEDIAS LAS T:RAQUINIAS 197

HILO.- Pero yo lo sé, si se debe dar crédito a los cuando o nos habremos salvado si se salva, o nos per- 85
rumores. demos con él?
DEYANIRA. - ¿En qué parte de la tierra has oído, HILO.- Iré, madre. Si yo hubiera conocido la res-
hijo mío, que se encuentra? puesta de estos oráculos, me habría presentado hace
HILO.- Dicen que, a lo largo del tiempo, en el año tiempo. Pero el destino habitual de mi padre no permi-
70 que ha pasado, él ha trabajado como siervo para una
tía que nosotros temiésemos por él ni que estuviéramos
mujer lidia 9. en exceso asustados. Ahora que me doy cuenta, no des- 90
cuidaré nada para enterarme de toda la verdad acerca
DEYANIRA. - Si verdaderamente soportó esto, ya todo
de esto.
se puede oír.
HILO.- Pero se ha liberado de ello, al menos según
DEYANIRA. - Parte ahora, hijo, pues también para el
que va con retraso, el actuar con éxito, una vez infor-
yo tengo oído.
mado, le reporta provecho.
DEYANIRA. -Y, ¿dónde, vivo o muerto, se dice que
(Sale de escena. Entra. el Coro formado por mucha-
está ahora?
chas del país.)
HILO.-Dicen que ha emprendido una expedición
contra la tierra Eubea, contra la ciudad de Éurito l o CORO.
75 O que está a punto de hacerlo.
Estrofa 1."
DEYANIRA. - {Sabes acaso, hijo, que me dejó orácu- A aquel a quien la no'che tachonada de estrellas, al
los dignos de crédito acerca de esa tierra? extinguirse, engendra y Ie hace acostar cuando aún está 95
HILO.- ¿Cuáles, madre? Pues desconozco de qué inflamado, a Helios, a Helios suplico que m e anuncie
me hablas. esto: dónde, dónde m e habita el hijo d e Alcmena, joh tú,
DEYANIRA. -Que o bien está a punto de alcanzar el que alumbras con brillante esplendor!, si está situado ioo
80 final de su vida, o bien de llevar una vida feliz el resto en los estrechos marinos o e n u n o d e los dos continen-
de su existencia, si obtiene esta victoria. Encontrándose tes. Dímelo tú, que tienes el mayor poder e n la mirada.
en semejante trance, hijo, ¿no correrás en su ayuda,
Antístrofa 1."
9 Onfale, reina de Lidia, a donde Hermes condujo a Hera- Pues estoy enterada (de que la siempre disputada
cles, cumpliendo los deseos de Zeus, para que sirviera junto a Deyanira, con corazón anhelante, c o m o u n infortunado ios
esta reina en calidad de esclavo durante tres años. Era una ex- pájaro, nunca adormece el deseo de sus ojos ya sin lá-
piación que debía ofrecer por el asesinato de Ifito. Onfale com-
pró a Heracles por tres talentos, uprecio de sangren que fue grimas, sino que, alimentando u n temor obsesivo por
pagado a Éurito como compensación (APOLODORO,11 6, 2). el esposo a causa de su marcha, se consume e n el lecho iio
10 Éurito era rey de Ecalia, ciudad que se sitúa, en esta vacío de varón, llena de inquietud, esperando, desdi-
obra, en la isla de Eubea, pero, en otras ocasiones, en Tesalia chada, u n funesto destino.
o Mesenia. Era padre de cinco hijos, de los que conocemos a
lfito y a Yole. Una vez que Heracles terminó el periodo de ex- Estrofa 2.a
piación en Lidia, emprendió una expedición de castigo contra
Ecalia, en la que mató a Eurito y a sus hijos y se llevó a Yole. De igual m o d o que se pueden ver muchas olas pro-
198 TRAGEDIAS LAS TRAQC'INIAS 199

lis ducidas por el infatigable Noto o por el Bóreas 11, que DEYANIRA. -Estás aquí porque te has enterado de
van y vienen e n el dilatado mar, así al del linaje de Cad- mi sufrimiento, según y13 me figuro. Ahora no sabes
m o l 2 le trastornan y le levantan los interminables tra- cómo se consume mi corazón y jojalá no lo aprendas
bajos de s u vida, como ocurre con el m a r de Creta13. nunca por experiencia! Pues la juventud pace en sus 145
120 Pero alguno de los dioses le aparta a él, infalible siem- propios campos y, a ella, ni el ardor de la divinidad ni
pre, d e la mansión de Hades. la lluvia ni ningún viento la turban, sino que entre pla-
ceres lleva una vida sin fatigas, hasta que una es llama-
Antístrofa 2.* da mujer en lugar de doncella y toma parte en las pre-
Reprochándote estos lamentos m e dirigiré a ti, d e ocupaciones nocturnas, sintiendo temor, bien por el iso
forma respetuosa pero haciéndote frente. Pues digo que marido, bien por los hijos.
125 n o debes agotar la buena esperanza, ya que nada sin En este momento, alguien podría considerar, obser-
dolores ha enviado a los mortales el rey que todo lo do- vando su propia situación, las desgracias bajo las que
n o mina, el Crónida, sino que sufrimientos y alegría van yo estoy agobiada. Muchas penas, ciertamente, he llo-
rodando para todos, c o m o las rutas circulares de la rado yo, pero una, cual nunca hasta ahora, os expondré
Osa 14. a continuación. Cuando el rey Heracles partió de pala- 155
Epodo. cio en el último viaje, dejó en él una antigua tablilla
Pues n i dura la estrellada noche para los mortales, escrita con unas notas, las cuales a mí nunca antes, a
ni la desgracia, ni la riqueza, sino que aprisa se va y, pesar de que partía para numerosas expediciones, se
13s para otro, viene la alegría y su privación. Por tanto, te atrevió a nombrarme, pues salía como para llevar a im
aconsejo, señora, que retengas esto siempre e n medio de cabo una hazaña y no para morir.
140 la esperanza, ya que, (quién ha visto que Zeus n o se Esta vez, sin embargo, como quien no existe ya, me
preocupe de sus hijos? 15. dijo que bienes del matrimonio debía yo tomar y tam-
bién qué parte de tierra paterna dejaba para ser distri-
11 Pasaje que recuerda a Ilíada 11 396, pero con mención buida entre los hijos, y señaló por anticipado el tiempo
expresa, aquí, de los dos vientos opuestos, el Noto o viento del diciendo que, cuando htlbiera estado ausente del país 16s
Sur, cálido y húmedo, y el Bóreas, viento del N. que trae frío. un año y tres meses desde su partida, entonces debería
12 Heracles era tebano por su nacimiento accidental en la
o morir en ese momento, o, si superaba el término del
ciudad fundada por Cadmo, aunque sus padres eran argivos, y
también porque fue admitido desde su juventud entre la nobleza plazo, pasar ya, en el futuro, una vida carente de penas.
de la ciudad. Decía que tales hechos, decretados por los dioses, pon- 170
13 Era reconocida por los antiguos la peligrosidad de estf drían fin a los trabajos de Heracles, según había anun-
mar, en donde se producía un cruce de distintos vientos. Estí ciado, en cierta ocasión, la antigua encina en Dodona l 6
misma metáfora la emplea HORACIO, Odas 1 26, 2.
14 El porqué de esta metáfora queda aclarado por HOMERC
en Ilíada XVIII 487 y sigs., que explica que la Osa gira siempn 16 Antiguo santuario de Zeus, famoso por los oráculos. es-

sobre su eje. tos se revelaban por el susurro de las hojas de las sagradas en-
1 5 El que Heracles sea hijo de Zeus es la mejor razón par cinas o por el vuelo de las palomas. Los sacerdotes eran llamados
tener confianza, según el Coro. Selli y las sacerdotisas .Palomas», nombre que les da aquí, pero
200 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 20 1

por boca de las dos sacerdotisas. Y la exactitud de es- paso adelante. Cada uno quiere satisfacer su deseo en-
tas profecías, de cumplirse, se comprueba en el día de terándose y no le suelta antes de oírle a placer. Y así
175 hoy. De modo que, aunque dormía dulcemente, con aquél está allí no por su gusto, sino para dárselo a ellos.
miedo he saltado de la cama, mujeres, temerosa no sea Pero en seguida se mostrará a tu vista.
que me haya de quedar privada del más noble de todos DEYANIRA. - iOh Zeus, tú que dominas la pradera 21x1
los hombres. indivisible del Eta! 18, nos has dado por último una
CORIFEO.-Contén ahora tus palabras, pues veo que alegría. Cantad, oh mujeres, las que estáis dentro del
un hombre se aproxima coronado en señal de buena palacio y las que estáis fuera, porque disfrutamos aho-
nueva. ra del consuelo de esta noticia que se presenta inespe-
(Entra apresuradamente u n mensajero.) rada para mí.
MENSAJERO. - Señora Deyanira, con mi mensaje seré
180 el primero en liberarte del temor. Sabe que el hijo de
CORO.
Alcmena está vivo y victorioso y que trae, desde el com- La casa que espera ai' esposo estallará en gritos de 205
bate, las primicias para los dioses locales. júbilo alrededor del hogar. Vaya, común, el canto de
DEYANIRA. - ¿Qué palabras acabas de decirme, an- los jóvenes a Apolo protector, el de bella aljaba. Y al 210
ciano? mismo tiempo vosotras, doncellas, entonad el peán, el
les MENSAJERO. - Que muy pronto a tu casa llegará el peán. Clamad a su hermana Artemis, de Ortigia 19, la
esposo muy amado y se mostrará con victorioso poder. flechadora de ciervos, la que porta una antorcha en
DEYANIRA. - ¿A quién, ciudadano o extranjero, has cada mano, y a las Ninfus sus vecinas. 215

oído esto que dices? Y o m e siento transportada y n o desdeñaré la flauta,


MENSAJERO. -En la pradera donde pacen los bue- joh dueño de m i alma! hiírame, la hiedra m e perturba,
yes, Licas, el heraldo, está contándolo ante una gran j e ~ o h é ,evohé!, trayéndome rivalidad báquica. jAh, ah, uo
190 multitud. Yo, al oírlo, me eché a correr para obtener de
Peán! Contempla, o h querida amiga, esto ante tus ojos.
ti algún provecho y ganar tu favor por anunciártelo e1 T e es posible verlo claramente.
primero. (Entra Licas, seguido de u n grupo de prisioneras
DEYANIRA. - ¿Cómo no está presente él mismo, si es entre las que se encuentra Yole.)
que es para bien? DEYANIRA. - LO veo, ainigas; no escapó a la vigilancia us
MENSAJERO. -NO tiene mucha facilidad de movi- de mi mirada y no dejo de observar este cortejo. Y yo
mientos, mujer, pues todo el pueblo de Mélide 17, co- le digo públicamente al heraldo que se presenta tras
19s locado en torno suyo, le interroga y no puede ni dar un mucho tiempo que se alegre 20, si es que también tú
traes alegría.
que he traducido por el de la profesión. Más adelante, verso 1165,
1s La cumbre m& alta de la cordillera traquinia, que esta-
habla sobre las costumbres de los sacerdotes.
1 7 Es el nombre del llano y del golfo que forma el mar en ba consagrada a Zeus.
19 Ortigia es un antiguo nombre de Delos, patria de Artemis.
esta costa. La cordillera traquinia, donde estaba situada la ciu-
dad de Traquis, limitaba por el SO. con la llanura de Malia. 20 El saludo griego consistía en desear alegría; en castella-
(Cf. Filoctetes, nota 32.) no, por tanto, no se puede conservar el doble sentido de la frase.
202 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 203

LICAS.-Hemos llegado bien y bien somos acogidos, debemos, mujer, añadir repulsa por la palabra a algo
230 señora, como corresponde al feliz término de una ac- de lo que Zeus se muestra autor. Aquél, vendido a la
ción. Es forzoso que el hombre que viene triunfante bárbara ónfale, pasó un año 23, como él dice, y de tal
obtenga excelentes saludos. modo se ofendió al recibir este ultraje que, haciéndose 255
DEYANIRA. - iOh queridísimo entre los hombres!, a sí mismo un juramento, prometió que esclavizaría al
ante todo infórmame de lo que primero deseo, si reci- causante de este sufrimiento, juntamente con su hijo
biré a Heracles vivo. y su mujer, y no frustró testa palabra, sino que, cuando
LIGAS.-YO lo dejé fuerte, vivo, en plena energía estuvo purificado, reclutando a un ejército aliado, se
y no bajo el peso de una enfermedad. dirigió contra la ciudad de Eurito. Pues decía que, en- 260
DEYANIRL-(En qué tierra, patria o extranjera? tre los mortales, sólo éste era culpable de semejante
Dímelo. oprobio contra él 24: cuando llegó a su casa en calidad
23s LICAS.- Hay un promontorio Eubeo donde está de huésped -pues lo era de antiguo- estalló en provo-
ofreciendo altares y ofrendas de frutos en honor de caciones, muchas con razones, otras muchas con ánimo
Zeus Ceneo 21. ofuscado, diciendo que, al pesar de tener flechas infali- 265
DEYANIRA. - ¿Para cumplir una promesa o por cau- bles 2 5 en sus manos, quedaría por debajo de sus hijos
sa de algún oráculo? en la prueba del arco, y, además, voceaba que sería des-
240 LICAS.- Por votos hechos cuando quería obtener la truido por su calidad de esclavo de un hombre libre.
tierra devastada por la lanza de estas mujeres que ves Con ocasión de un banquete, cuando estaba embriaga-
ante tus ojos. do, le arrojó fuera. Estando resentido por estas cosas,
DEYANIRA. - ¡Por los dioses! ¿De dónde son y quié- una vez que ffito, a su vez, se dirigió a la acrópolis Ti- 270
nes? Pues son dignas de lástima, si no me engañan sus rintia 2 6 siguiendo las huellas de unos caballos errantes,
desgracias. entonces, cuando tenía la vista en una parte y la mente
LICAS.- Aquél 2 2 , después de destruir la ciudad de en otra, le arrojó desde una de las explanadas de una
245 Éurito, las escogió como botín selecto para él mismo y torre. A causa de esta acción, se irritó el soberano Zeus 27s
para los dioses. Olímpico, padre de todos, y le echó fuera para ser ven-
DEYANIRA. - ¿Y frente a esa ciudad ha estado un dido, no tolerando que hubiese matado a traición, aun-
tiempo imprevisto durante días sin cuento? que fuera a éste sólo. Si se hubiera vengado pública-
LICAS.-NO, sino que la mayor parte del tiempo
estuvo retenido en Lidia, según cuenta él mismo, no 23 Obsérvese la contrad!icción, tal vez intencionada, con la
versión popular, que habla de tres años.
250 como hombre libre, sino obtenido por compra. Y no 24 Heracles.
25 Eurito era famoso por la destreza en el manejo del arco,
21 El cabo Ceneo está en el extremo noroccidental de la y ofende a Heracles insinuándole que el mérito de sus triunfos
isla de Eubea y, por tanto, frente al golfo Málico. Era lugar de está en las infalibles flechas.
paso para el héroe viniendo de Ecalia, que estaba más hacia 26 Acrópolis aquea, donde reinaba Euristeo, a cuyo servicio
el S., en la región de Eretria. realizó Heracles los trabajos. Era el lugar habitual de residencia
22 Heracles. del héroe.
204 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 205

mente, Zeus hubiera consentido en que le sometiera nada que ver con todo esto y pareces alguien de noble
280 con justicia, pues ni siquiera los dioses aman la inso- linaje. Licas, ¿de qué mortal ha nacido la extranjera? 310
lencia. Aquellos que mostraron su arrogancia con pala- ¿Quién es su madre? ¿Quién el padre que la ha engen-
bras desmesuradasz7, todos son habitantes del Hades drado? Dime, ya que, al mirarla, por ella sentí más com-
v su ciudad es esclava; y éstas que ves vienen hacia ti pasión que por éstas, en cuanto que ella también es la
habiendo encontrado una vida nada deseable desde una única que sabe mantenerse con compostura.
285 situación dichosa. Pues tu esposo ordenó esto y yo, que LICAS. - ¿ Y qué sé yo? Es más, ¿por qué me inte-
soy fiel, lo ejecuto. En cuanto a él mismo, cuando lleve r r o g a ~ ?Tal vez sea un váistago de los nobles de allí. 315
a cabo los sagrados sacrificios a Zeus paterno debidos DEYANIRA. - ¿Acaso de los reyes? ¿Había alguna hija
por la conquista, piensa que vendrá. En efecto, esto, de Éurito?
2% después de pronunciar un largo y feliz discurso, es lo LICAS.-NO sé, pues yo no preguntaba mucho.
más agradable de oír. DEYANIRA. - ¿Ni sabes el nombre por alguna de las
CORIFEO. -Señora, ahora tienes claro motivo de compañeras?
gozo, de un lado, por lo que tienes presente y, de otro, LICAS.- Ciertamente no. En silencio cumplía mi
por lo que te has enterado de sus palabras. trabajo.
DEYANIRA. - {Cómo no iba yo a experimentar una DEYANIRA. - Di, oh desdichada, pero dínoslo por ti 320
alegría sincera, al oír las hazañas afortunadas de mi misma, ya que es una pena no saber de ti z 9 al menos
295 esposo? Por muchos motivos es forzoso que esto vaya quién eres.
unido a lo otro 28. Y, sin embargo, es posible que los ( Y o l e n o contesta.)
que observan bien sientan algún temor de que el ven- LICAS.-Por lo visto no abrirá la boca, al igual que
cedor fracase alguna vez. A mí me ha entrado una fuer- antes, la que nunca se ha hecho oír ni mucho ni poco,
te compasión, amigas, cuando he visto a estas desdicha- sino que, angustiada siempre por el peso de la desgra- 325
300 das en tierra extranjera, sin casa y sin padres, deste- cia, derrama lágrimas, infeliz, desde que abandonó su
rradas, que antes, tal vez, eran de familias libres y ahc- patria expuesta a los vientos. El destino es funesto para
ra, sin embargo, soportan una vida de esclavas. iOh ella, ciertamente, pero lleva consigo indulgencia.
Zeus, que alejas los males! ¡Ojal&nunca te vea avanzar DEYANIRA. -Dejémosla tranquila y que entre, así, en
305 con esta actitud contra mis hijos y, si algo hicieras, que la casa del modo más agradable posible, y que no reci- 330
no sea estando yo con vida! Tanto es mi temor al ver ba otra pena, además de las desgracias que ya tiene, por
a éstas. lo menos de mi parte, porque es suficiente la actual.
(Dirigiéndose a Yole.) Entremos ya todos al palacio, para que tú te apresures
iOh infortunada! {Quién eres entre estas jóvenes, a ir adonde quieres y yo disponga en orden lo de aden-
aún doncella o ya con hijos? Por tu aspecto no tienes tro.
( S e va Licas y, al disponerse a hacerlo también la
27 Constante del pensamiento griego, el castigo de la hybris
por parte de los dioses. z 9 Clara muestra de la ironía sofoclea. La pena de no saber
28 La alegría, al Cxito del hCroe y esposo. quién es se convertirá en verdadera desgracia cuando lo sepa.
206 TRAGEDIAS LAS TKAQU~NIAS 207

reina, la retiene el Mensajero, que ha permanecido en habiéndose agenciado un pretexto pequeño y una oca-
escena.) sión, combatió la patria de ésa, en la que -dijo- Éuri-
335 MENSAJERO. - Primero espera aquí un poco para que to era dueño del trono, mató al rey, su padre, y devastó
te enteres, sin la presencia de éstos, a quiénes conduces la ciudad. Y llega, como ves, enviándola a esta casa, ni 365
adentro y para que conozcas lo que debes acerca de lo irreflexivamente, señora, ni como una esclava -no su-
que nada has oído. Pues sobre esto yo tengo informa- pongas eso ni sería verosímil, ya que está inflamado de
ción completa. pasión-. Por ello, me pareció bien, señora, revelarte
DEYANIRA. - ¿Qué hay? ¿Por qué me detienes en mi todo lo que aprendí de éste por encontrarme allí casual- 370
marcha? mente. Muchos oían esto al mismo tiempo que yo, en
340 MENSAJERO. - Deténte y escúchame, pues no oíste medio de la plaza de Tracluis, y podrían refutarle. Si no
en vano, antes, mi discurso y, ahora, creo que tampoco. digo cosas amables, no lo hago por gusto, pero, sin em-
DEYANIRA. - ¿Llamamos aquí de nuevo a aquéllos, bargo, he dicho la verdad.
o quieres hablarme a mi y a éstas? DEYANIRA.- ¡Ay de mí, Infortunada! [En qué situa- 375
MENSAJERO. -A ti y a éstas, nada se opone; pero a ción estoy! ¿Qué encubilerta desgracia he recibido en
ésos déjalos. mi casa, desdichada? jA.caso no tiene nombre, como
345 DEYANIRA. - Ya se han ido. Hazme saber tus pala- juraba el que la trajo?
bras. , MENSAJERO. - Por el contrario, es ilustre tanto por
MENSAJERO. -Este hombre no ha hablado con im- su nombre como por su origen, ya que es por su naci- 380
parcialidad y justicia en nada de lo que dijo hace un miento hija de Éurito, y es llamada Yole. Aquél nada
momento, sino que, o ahora es mentiroso, o antes era hablaba respecto a su origen, sin duda porque nada
un mensajero desleal. había preguntado.
DEYANIRA. - ¿Qué dices? Expónme con claridad todo CORIFEO.- ¡Ojalá perezcan no todos los malvados,
350 lo que piensas, pues lo que me has dicho me es incom- pero sí quien prepara ocultamente actos indignos que
prensible. le perjudican!
MEKSAJERO. - YO oí a este hombre cuando contaba, DEYANIRA.- ¿Qué debo hacer, mujeres? Porque yo 385
delante de muchos testigos, que, por causa de esta jo- con estas palabras de ahora me encuentro turbada.
ven 30, aquél destruyó a Éurito y a Ecalia la de altas
355 torres, y que Eros, el único de los dioses, le cegó para
emprender esta lucha, no el estar en el país de los lidios V e y pregunta al hombre, pues tal vez dijera la ver-
ni la servidumbre de los trabajos bajo Ónfale, ni el dad si quisieras interrogarle con rigor.
despeñamiento, causa de la muerte de ffito. Éste ahora, DEYANIRA. - Sí, iré. No te falta razón en lo que dices.
menospreciando al Amor, lo dice del revés. En resu- MENSAJERO. -Y yo, {me espero o qué debo hacer? 390
3-50 men, cuando no lograba convencer al padre de que le
DEYANIRA. - Espera, pues ese hombre sale del pala-
diera a la hija para celebrar un matrimonio secreto, cio, no por nuestro aviso, sino espontáneamente.
30 Yole.
208 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 209

(Licas sale d e palacio y se dirige a la reina.) LICAS.- Habla, si algo quieres, pues no estás en si-
LICAS.- ¿Qué debo decir a Heracles al llegar, oh se- lencio.
ñora? Dímelo, porque me marcho, como puedes ver. MENSAJERO. - ¿Conoces a la cautiva que escoltaste
39s DEYANIRA. - {Por qué te vas rápidamente, después a palacio?
de haber llegado con tardanza, antes, incluso, de que LICAS.- Sí, ¿por qué lo preguntas?
reanudemos la conversación? MENSAJERO. - ¿Y no es cierto que tú decías que lle-
LICAS.- Si deseas preguntar algo, yo estoy dis- vabas a Yole, ésa a la que miras con desconocimiento,
puesto. ]a hija de Éurito? 420
DEYANIRA. - ¿Acaso observarás fidelidad a la verdad? LICAS.- {Entre qué hombres? {De dónde podría
LICAS. - ~ Z ~ grande
US sea testigo! Al menos de lo venir quien testificara ante ti que me oyó esto?
que yo soy conocedor. MENSAJERO. -Entre muchos ciudadanos. En medio
m DEYANIRA. - ¿Quién es la mujer que has traído con- de la plaza de Traquis, una gran multitud te lo escuchó.
tigo? LICAS.- En efecto. Yo decía que, al menos, lo ha- 42s
LICAS.- Una eubea. De quiénes nació no sé decirlo. bía oído. No es lo mismo decir una opinión que dar
MENSAJERO. - (Interviene el mensajero.) iEh tú, cuenta exacta de una palabra.
éste, mira aquí! ¿A quién te parece que te diriges? MENSAJERO. - {Qué clase de opinión? ¿Acaso no de-
LICAS. -Y tú, LpOr qué me has preguntado esto? cías, afirmándolo bajo juramento, que llevabas a ésta
como esposa para Heracles?
MENSAJERO. -Atrévete a responder, si entiendes lo
LICAS.- ¿YO? ¿Esposa? ¡Por los dioses! Dime, que-
que te pregunto. rida reina, ¿quién es este extranjero? 430
405 LICAS,-A la dueña Deyanira, hija de Eneo y espo- MENSAJERO. - Quien, al estar presente, te oyó decir
sa de Heracles, y, si no estoy mirando equivocadamen- que, por el deseo de ésa 3 1 , toda la ciudad fue sometida
te, a mi reina. y que no fue la lidia 32 la que le dominó, sino la pasión
MENSAJERO. - ESO es lo que pretendía: saberlo de que brotó por ella.
ti. ¿Dices que ésta es tu reina Deyanira? LICAS.- Que se vaya el hombre, oh señora, pues la
LICAS.- LO es, cierto. charla con un loco no es propia de hombres prudentes. 435
410 MENSAJERO. - ¿Y qué castigo consideras que se debe DEYANIRA. - NO, jpor Zeus que fulmina rayos en la
aplicar, si eres sorprendido en actitud desleal para ella? alta cima del Eta!, no me ocultes la historia, pues ha-
LICAS.- ¿Cómo desleal? ¿Qué embrollos traes en- blarás a una mujer prudente y que sabe que la natura-
tre manos? leza humana no se complace siempre con las mismas 4w .
MENSAJERO. -Ninguno. Tú, en cambio, eres el que cosas. Porque quien con :Eras se enfrenta 33 de cerca,
actúas precisamente así.
LICAS.- Me voy, pues soy necio por escucharte tan- 31 Yole.
32 Onfale.
to tiempo. 33 Eros como un competid.0~desigual en el agdn. Esto es un
415 MENSAJERO. -NO antes de que, por lo menos, res- lugar común en la literatura. (Cf. Antígona 781-801; EUR~PIDES,
pondas a una breve pregunta. Hipólito 525 SS.)
210 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 21 1

como un púgil, no razona con cordura. Él, en efecto, Y esto -pues el decirlo es necesario también en favor
que dispone como quiere incluso de los dioses, y de mí de aquél- ni él dijo que lo ocultara ni lo negó nunca, 480
con mayor motivo, jcómo no va a disponer también de sino que yo mismo, joh señora!, temeroso de producir
445 otras iguales a mí! De manera que, si yo reprochara dolor a tu corazón con estas noticias, he cometido falta,
algo a mi esposo, atrapado por este mal, estaría muy si en algo lo consideras una falta. Y puesto que sabes 48s
loca, o si lo hiciera a esta mujer, que no es cómplice de ya todo, en tu provecho, que es igualmente el de aquél,
nada vergonzoso ni perjudicial para mí. No es posible acepta a la mujer y desea que las palabras que dijiste
esto. Pero, si mientes por haberlo aprendido de aquél respecto a ella sean inalterables. Porque, aunque aquél
450 no has aprendido una bella lección; y, si por ti mismo ha triunfado en todas las demás cosas con sus medios,
te adoctrinas así, cuando quieras mostrarte noble, re- ha sido vencido completamente por el amor de ésta.
sultarás malvado. Así que dime toda la verdad, porque DEYANIRA. - También así pienso yo, de modo que lo 490
para una persona libre, ser tenido por mentiroso no es llevaré a cabo. Y por la menos no provocaré un mal
455 un bello destino, y ocultarlo no puedes, pues hay mu- voluntario, luchando en inferioridad con los dioses. Pero
chos a los que has hablado que me lo dirán. Y, si tienes entremos al palacio, para que lleves mis encargos en
miedo, no lo tienes con motivo. El no enterarme sí me palabras y para que lleves también los regalos a los
dolería, mientras que el saberlo, {qué tiene de terrible? que, en correspondencia a los suyos, debo ajustarme. 495
46-1 {Acaso no desposó ya Heracles a otras muchas? Y nin- Pues no es razonable qule te vayas de vacío, cuando te
guna de ellas soportó de mí una mala palabra ni un re- has presentado aquí con un séquito tan grande.
proche, y tampoco ésta, aunque esté totalmente consu- (Ambos entran e n el palacio y el Mensajero se re-
mida por su amor, ya que yo sentí mucha compasión tira. )
precisamente por ella cuando la vi, porque su belleza
CORO.
465 arruinó su vida, y, sin querer, la desgraciada asoló y
Estrofa.
esclavizó la tierra de los suyos.
Grande es la fuerza con que Cipris 3 5 se lleva sie.w-
Pero estas cosas, que sigan su curso. Y yo te digo
pre la victoria. Paso de i!argo los asuntos de los dioses
que seas desleal con otro; a mí no me mientas nunca.
y no hablo de cómo engañó al Crónida, n i al sombrío sao
470 CORIFEO. -Convéncete de que ha hablado con toda
Hades, o a Posidón el que sacude la tierra. Pero para
razón. No podrás hacer reproches a esta mujer más tener a ésta 3 G c o m o esposa, ¿quiénes, adversarios ro-
adelante y, además, obtendrás mi agradecimiento. bustos, han descendido al combate con vistas a las bo-
LICAS.- Pero, joh amada reina!, ya que me doy das? ¿Quiénes salieron adelante en los premios d e lides 50s
cuenta de que tú, como humana, sientes cosas humanas llenas de golpes y fatigosas?
y no insensatas, te diré toda la verdad y no te la ocul-
473 taré. En efecto, es tal como ése lo cuenta. Un tremendo
deseo de ésta invadió a Heracles y, por causa suya, fue
devastada enteramente con la lanza la Ecalia paterna. " Epíteto de Afrodita que hace referencia a su lugar de na-
cimiento.
3' Heracles. Deyanira.
212 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 213

Antíst~ofa. cerlo compartiendo el mismo esposo? Yo veo, en un


El uno era u n río poderoso, de altos cuernos, ergui- caso, una juventud en pleno vigor, mientras que, en el
sio do sobre cuatro patas, con aspecto de toro, el Aqueloo otro, algo que se marchita. De una suele el ojo arreba-
de Eniades. El otro llegó de la tierra de Baco, de Tebas, tar la flor, pero se aparta de la otra. Y, por esta razón, 550
blandiendo curvo arco, lanzas y maza, hijo de Zeus. É s - yo temo que Heracles sea llamado mi esposo, pero sea
tos, entonces, juntos se lanzaron al medio, deseosos de amante de la más joven.
5 i í las bodas. Y sola, en el medio, propicia al matrimonio, Pero no conviene, corno dije, que se enoje la mujer
Cipris dirime. que es sensata. Os voy a hablar del medio que tengo
para liberarme. Tenía yo, desde hace tiempo, un regalo 555
Epodo. de un viejo centauro"', oculto en un cofre de bronce,
Entonces hubo estruendo de brazos, de arcos y de regalo que cogí, siendo aún una niña, de las mortales
520 cuernos de toro entrechocados. Había lances trabados
heridas de Neso, el del velludo pecho, a punto de mo-
v también dolorosos golpes de frentes y gemidos por
rir. Éste transportaba sobre sus brazos por una paga a
parte de ambos. Y ésta, de hermoso aspecto, delica-
los hombres sobre el río Evenom, de profundas co- 5a
525 da, estaba sentada junto a una distante altura, aguar-
mientes. Ni se servía de remos conductores, ni de velas
dando al esposo. Y o , como espectadora, hablo. El ros-
tro de la joven disputada, digno de lástima, espera, y de nave. También a mí .-cuando, por mandato de mi
530 en seguida se queda lejos de su madre, como una ter-
padre, seguía por primera vez a Heracles en calidad de
nera abandonada. esposa- Ilevándome en sus hombros, una vez que es-
(Deyanira sale de palacio con una esclava que lleva taba en el medio de la travesía, me tocó con sus inso- 565
una urna cerrada.) lentes manos. Entonces yo grité y el hijo de Zeus, vol-
DEYANIRA. - Mientras el extranjero, amigas, prepa- viéndose rápidamente, de sus manos soltó una flecha
rado para salir, habla en la casa a las jóvenes cautivas, cubierta de plumas que le atravesó, silbando, el pecho
me vengo hasta vosotras a la puerta, a escondidas, para hasta las entrañas.
contaros, por una parte, lo que con mis manos acabo Y el centauro, al morir, dijo sólo: «Hija del ancia-
535 de preparar, y, por la otra, para lamentarme con vos- no Eneo, en esto vas a saicar provecho de mis travesías, 570
otras de lo que sufro. si me obedeces, puesto que eres la última que trans-
En efecto, no creo haber recibido a una doncella, porté. Si tomas en tus manos sangre coagulada de mis
sino a una desposada, igual que un marinero recibe la
carga, desastroso negocio para mi corazón. Y ahora so- fl Neso es un centauro .y, como todos, de fiereza brutal. Ya
540 mos dos las que esperamos los abrazos bajo la misma se había enfrentado con el héroe por la jarra de vino que tenía
manta. ¡Semejante paga me envía Heracles, el que lla- Folo, otro centauro. En este nuevo encuentro es el instrumento
de la profecía que le señala como autor de la muerte de He
mábamos leal y noble, por la larga vigilancia de su racles.
casa! Y yo no puedo irritarme con el que muchas veces Río de escarpada c o r ~ i e n t eque discurre por lo alto de
545 ha recaído en este mal. Y, por otra parte, el vivir con la ladera occidental del Eta. En su descenso atraviesa Etolia y
esta joven en el mismo lugar, ¿qué mujer podría ha- desemboca en el golfo de Corinto, en la actual Patras.
214 TRAGEDIAS
LAS TRAQUINIAS 215

Eneo, porque estamos ya en retraso desde hace largo


heridas, en donde la hidra de Lerna 3 8 bañó sus flechas
57s envenenadas de negra hiel, tendrás en ello un hechizo
tiempo.
DEYANIRA. - Precisamente en esto mismo me ocupa- MH)
para el corazón de Heracles, de modo que aquél no ama-
rá más que a ti a ninguna mujer que vea.» Habiendo ba, mientras tú, Licas, hablabas dentro con las extran-
jeras, para que le lleves de mi parte este fino manto,
reflexionado sobre esto, joh amigas! -pues lo tenia
obsequio preparado con mis manos para aquel hombre
580 bien guardado en casa desde la muerte de aquél-, im-
y, al dárselo, adviértele que ningún mortal antes que él 605
pregné esta túnica, ajustándome a cuantas cosas me
lo ciña a su cuerpo, y que no lo vea ni el resplandor del
dijo mientras aún tenía vida.
sol, ni el fuego de un recinto sagrado o de un hogar,
Ya está hecho. iOjalá no sepa yo nunca malos ardi-
des, ni los llegue a aprender! Aborrezco a las que los antes de que él, colocado en pie de modo visible ante
llevan a cabo. Si con filtros y hechizos puedo aventajar 10s ojos de todos, lo muestre a los dioses en un día en
585 a esta joven ante Heracles, para esto tal acción está
que se inmolen toros. Pues prometí que, si alguna vez 610
pensada, a n o ser que dé la impresión de emprender veía o llegaba a saber con seguridad que estaba a salvo
algo inútil; en ese caso me abstendré. en casa, le vestiría con esta túnica y le mostraría ante
los dioses como un sacrificador nuevo envuelto en nue-
CORIFEO.-Si tú tienes alguna confianza en lo que
va túnica ' O . Y presentarás como señal de esto algo que,
has hecho, nos parece que no has tomado una mala
cuando lo tenga delante, reconocerá fácilmente en e1 6i5
decisión.
cerco de este anillo. Pero ponte en camino y observa
590 DEYANIRA.-La confianza es ésta: que se puede
primeramente esta ley, la de no desear hacer nada es-
creer, aunque no lo he experimentado nunca.
pecial " en tu condición de mensajero, y, después, ten
CORIFEO.-Pero hay que saberlo llevándolo a la prác-
en cuenta que puede mostrársete un doble agradeci-
tica. Porque, aunque creas tener un conocimiento, no
lo tendrías si no lo experimentas. miento en lugar de uno solo, si el de aquél y el mío se
DEYANIRA. - En seguida lo sabremos, Pues veo que unen.
LICAS. -Pues bien, si yo en la profesión de Hermes 620
59s éste ya está en las puertas. Rápidamente se irá. Sola-
tomo parte con firmeza, rio voy a fracasar precisamen-
mente deseo que, por vuestra parte, mantengáis bien
te, en lo que a ti respecta, en mostrar este cofre, Ileván-
en secreto mi plan: si las acciones inicuas las realizas
dolo como está, y en agregar la garantía de las palabras
en la oscuridad, nunca caerás en vergüenza.
que dices.
(Licas sale del palacio.)
LICAS.- ¿Qué tengo que hacer? Indícamelo, hija de DEYANIRA. - Podrías p,artir ya, pues sabes cómo se 62s
encuentran los asuntos en palacio.
J V a s flechas de Heracles estaban envenenadas por haber 'U Debcmos pensar que e1 rito exigía u n vestido nuevo. Así
sido anteriormente sumergidas en la sangre de la Hidra. El Cen- parece indicarse en Odisea IV 750. 0, también, puede ser un
tauro ordena a Deyanira que tome sangre suya, de la que está recurso dentro de la característica ironía trágica tan frecuente
en contacto con la flecha y, por tanto, con el veneno. Se diferen- en Sófocles.
cia por el color más oscuro. Sófocles racionaliza la anterior ver- Esto es, no excederse en la misión del mensajero, sino
sión de la leyenda, según la cual el veneno -presunto filtrc- transmitir exclusivamente las noticias sin tener iniciativa propia.
era la mezcla de la sangre del Centauro con el semen del mismo.
216 TRAGEDIAS LAS TRXQUINIAS 217

Lrc-is.-Lo sé y diré que está todo a salvo. Estrofa 2.a


DEYANIRA. - Conoces, porque la has visto, la acogi- Le reníamos t o t ~ l m e n t ~alejado
o de la ciudad, e n los
da que he hecho de la extranjera, cómo la recibí amis- mares, esperándole durante doce meses, sin saber nada
tosamente. de él. Y ésta, su querida esposa, infeliz, consumía sin 650
LICAS. - De modo tal que mi corazón está conmovi- descanso s u desgraciado corazón. Pero ahora Ares ira-
do de satisfacción. cundo los ha liberado de los penosos días.
630 DEYANIRA. - ¿Qué otra cosa podrías decir? Pues
Antístrofa 2.*
temo que sería demasiado pronto para hablar de mi
iOjalá llegue, ojalá llegue! Y que n o se detenga la 65s
deseo, antes de saber si allí soy deseada.
(Deyanira entra e n palacio y Licas abandona la es- natle de muchos remos que le transporta hasta llegar a
la ciudad, tras abandonar el altar de la isla, donde es
cena.)
celebrado c o m o sacrificador. [Y ojalá que venga de allí 660
CORO. lleno de deseos, impregnado de Persuasión, según con-
Estrofa sejo del Centauro!
;Oh vosotros, que habitáis entre el puerto y las ro- (Vuelve Deyanira clarmnente alterada.)
cosas regiones de aguas calientes y las cumbres del DEYANIRA. - ¡Mujeres! ¡Cómo temo haberme sobre-
635 Eta! '-. ;Y los que habitáis 2a zona media, a l o largo pasado en todo lo que acabo de hacer!
del mar de Mélide, así c o m o la costa d e la doncella del CORIFEO. - {Qué ocurre, Deyanira, hija de Eneo? 665
arco de oro '", donde se celebran las asambleas de las DEYANIRA. - NO lo se, pero estoy asustada de que
Puertas " l entre los griegos! pronto sea evidente que he realizado un gran mal a par-
tir de una bella esperanzar.
Antístrofa 1." CORIFEO. - {En relaciOn con algo de tus dones a He-
640 Pronto la flauta de bello sonido volverá a vosotros racles?
haciendo oír n o u n eco hostil, sino u n son que iguala a DEYANIRA. - Sí, de tal modo que yo no aconsejaría
la lira de l a divina música 15. Pues el h i j o de Zeus y de nunca a nadie concebir sobre un hecho una ilusión que 670
61s Alcmena se dirige a su casa con todo el botín, fruto del no sea segura.
valor. CORIFEO. - Dime, si es posible, por qué temes.
DEYANIRA. - Ha sucedido un prodigio tal que, si os
lo digo, mujeres, no esplrro que lo entendáis: aquello
42 Describe la región de las Termópilas desde la parte más con lo que hace poco unté el blanco manto de gala 67s
alta -las cumbres del Eta-, pasando por la parte baja donde
está Mélide, hasta la costa (cf. nota 32 de Filoctetes). -un vellón de una oveja de hermosa lana- ha desapa-
43 Artemis, cuyo símbolo es el arco. recido, no destruido por ninguno de los de dentro de
$1 Esta asamblea era la de la Anfictionía de Delfos, que se la casa, sino que se desvaneció consumido por sí mis-
celebraba e n Antele, ciudad al O . de las Termópilas. mo, y se diluyó en la arcillosa superficie.
'5 La lira, instrumento de Apolo y las Musas, estaba e s p e
cialmente asociada a cultos de carácter festivo. (Cf. Edipo e n
Para que tú sepas todo tal como pasó, me extende-
Colono 1222.) ré en un relato más amplio. Yo, en efecto, de los pre- 680
218 TRAGEDIAS LAS T.RAQUINIAS 219

ceptos que el fiero Centauro me enseñó cuando sufría un dios, a Quirón 4 \ y que destruye todas las fieras que 715
por amarga flecha en el costado, ninguno dejé de hacer, toca. Así, pues, el negro veneno de sangre que ha atra-
sino que los recordé como la imborrable escritura de vesado las heridas de éste j 7 , jcómo no le va a matar
una tablilla de bronce. Se me aconsejó esto y así lo también a él? Esta es ini opinión, al menos. Sin em-
68s hice: que conservara el ungüento sin contacto con el bargo, está decidido: si Heracles sufre desgracia, con 720
fuego y escondido siempre sin que fuera alcanzado por el mismo golpe moriré yo también con él, pues no es
el calor hasta que lo aplicara, en el momento de untar- soportable que viva con inala reputación quien estima
lo. Y de esta manera obré. no haber nacido con malos sentimientos.
Ahora, cuando debía llevarlo a cabo, lo unté en el CORIFEO. -Hay que sentir temor ante hechos terri-
690 palacio, en mi habitación, a escondidas, con un copo de
bles, pero no hay que optar por la sospecha antes de
lana que había arrancado de una oveja de la casa y tam- que lo decida el azar.
bién coloqué el regalo en el fondo del cofre, después de
DEYANIRA. - En las decisiones desafortunadas no 725
existe ninguna esperanza que procure algún aliento.
plegarlo lejos de los rayos del sol, como sabéis. Al en-
CORIFEO. - Pero, en el caso de los que han errado
trar en la casa, diviso algo indecible, inexplicable para involuntariamente, la inquietud debe ser sosegada, lo
695 la comprensión de un hombre: casualmente había ti-
cual conviene que tú alcances.
rado el vellón de la oveja con el que hice la untura en DEYAKJRA. - Tales pahbras no podría decir el que
medio del resplandor de un rayo de sol. A medida que participa de la culpa, sino el que no tiene ninguna car- 730
se iba calentando, se disolvía, haciéndose invisible, y ga en su casa.
quedó deshecho en tierra, lo más parecido por su as- CORIFEO. - Convendría que silenciaras el resto de tu
700 pecto a las serraduras que se pueden ver cuando se cor- relato, si es que no quieres decir nada a tu hijo. Pues
ta la madera. Así yace disuelto, y de la tierra donde es- el que se fue antes en busca de su padre está presente.
taba echado borbotean espumas que forman grumos, (Entra Hilo, visiblemente afectado.)
como si se hubiera derramado por el suelo la espesa HILO.- iOh madre! ¡Cómo preferiría una de estas
bebida del blanco fruto que procede de la viña báquica. tres cosas, o que tú ya no estuvieras viva, o que, ya 735
705 De modo que no sé, infortunada, qué pensar. Veo que lo estás, fueses llamada madre de otro, o que cam-
que he llevado a cabo una terrible acción, pues, ¿por biases a mejores sentimientos que los que tienes ahora!
qué motivo y en agradecimiento de qué me iba a ofre- DEYANIRA. - ¿Qué ocurre, hijo mío, para que tengas
estas manifestaciones de odio respecto a mí?
cer el centauro al morir un favor a mí, que era la causa
de que sucumbiera? No es posible, sino que, deseando " Q u i r ó n era el más célebre de los centauros por sus cua-
que pereciera el que arrojó la flecha, me estaba enga- lidades. Hijo de Crono y de la ninfa Fílira, tenia un origen di-
710 ñando. Y yo demasiado tarde llego a la comprensión de vino que no tenían los otros centauros. Fue herido por Heracles
esto, cuando ya no aprovecha. Yo sola, desdichada, si por error, cuando el héroe llevaba a cabo un enfrentamiento
contra 10s demás centauros.
no me engaño en mi impresión, seré causa de su ruina, 47 Del centauro Neso.
pues sé que la flecha que disparó ha dañado incluso a A Heracles.
220 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 22 1

HILO.- Sábete que a tu marido, a mi padre me re- articulaciones, como la obra de un artesano 4 9 , y le
740 fiero, le has dado muerte en este día. llegó un convulsivo dolor desde los huesos, devorándole 770
D E Y ~ Y I-R~¡Ay
. de mí! {Qué noticia me has traído, luego como un veneno de una hostil y mortífera víbora.
hijo? Entonces le gritó al desdichado Licas que para nada era
HILO.-Una que no puede dejar de realizarse. Pues causante de tu mala a c c i h , que con qué intenciones
lo que ha sido visto, ¿quién podría conseguir que no había traído este manto. Pero él, idesventurado!, que 775
hubiera pasado? no sabía nada, dijo que Io traía como un regalo de tu
parte, y de ti sola, tal corno se había dispuesto. Aquél
DEY.AYIRA. - {Cómo dices, oh hijo? ¿De quién entre
745 los hombres lo has sabido para decir que yo he come- lo oyó al tiempo que se apoderaba de sus entrañas una
tido una acción tan deplorable? dolorosísima convulsión y, cogiéndole por el pie, donde
se dobla la articulación, le arroja contra una roca que 780
HILO.- YO mismo he visto con mis ojos la terrible
emerge del mar, bañada por todas partes, y le hace sal-
desgracia de mi padre y no la he oído de boca de otro.
tar entre la cabellera el blanco cerebro, esparciéndose el
DEYANIRA. - Pero, ¿dónde te acercaste a él y lo en- cráneo partido en dos y la sangre. Toda la multitud
contraste?
lanzó un grito de lamento a la vista de la locura de uno
HILO.- Si te tienes que enterar, es preciso que lo y del final de otro, y ninguno se atrevía a enfrentarse al 785
750 cuente todo. Cuando, tras haber destruido la ciudad héroe, que se tiraba por tierra y se levantaba por el aire
ilustre de Qurito, él volvía con los trofeos y primicias gritando, dando alaridos. En torno suyo las rocas, los
de victoria, en un promontorio de Eubea, bañado en sus montañosos cabos de Lócride y los acantilados de
dos lados por el mar -el cabo Ceneo-, allí donde a su Eubea, resonaban. Después que quedó agotado de arro-
padre Zeus dedicó altares y un frondoso recinto, en este jarse a sí mismo, el infortunado, muchas veces por tie- 790
755 lugar le vi por primera vez, feliz por el deseo de verle. rra y de lanzar muchos gritos de lamento, al tiempo
Llegó junto a él, en el momento que se disponía a pre- que maldecía el funesto lecho, el tuyo, infeliz, y la boda
parar gran número de sacrificios, su propio heraldo de Eneo - c ó m o había sido dispuesta para ruina de su
Licas, procedente de su palacio, llevando tu regalo, el vida-, entonces, desde e1 humo que le rodea me ve, llo-
manto mortal. Heracles, poniéndose el vestido, según rando, entre la numerosa muchedumbre y, dirigiéndo- 795
760 tú habías dado previamente las órdenes, sacrifica doce me la mirada, me llama: « iOh hijo!, acércate, no re-
bueyes que estaban sin tacha, como primicia del botín, húyas mi desgracia, ni siquiera si es preciso que tú
y además se prepara a llevar al ara todo el ganado mez- mueras juntamente conmigo en mi destrucción. Pero
clado, en número de cien. Y, en primer lugar, iinfortu- apártame y, sobre todo, colócame allí donde ningún
nado!, con ánimo bien dispuesto y alegre por el vestido mortal me pueda ver. Y si tienes compasión, en tal caso, 800
76s con que se engalana, hacía su plegaria. Pero cuando ar-
día la llama que procede del resinoso árbol, rociada Imagen plástica que nos recuerda las obras de Fidias,
con sangre de los solemnes sacrificios, un sudor le su- cuya técnica es conocida como la de .paños mojados», por estar
bió a la piel, el manto se ciñó muy ajustado a todas las los ropajes estrechamente ajustados al cuerpo.
222 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 223

llévame fuera de esta tierra lo más rápidamente posí- Antístrofa


ble, no vaya a morir aquí.» Pues si una insidiosa angustia, por medio de la nube
Después de que me hiciera estas pocas recomenda- mortal del Centauro, le r'oza los costados, una vez apli-
ciones, colocándole en el fondo de un barco, le condu- cado el veneno" que la Muerte engendró y alimentó el
jimos a esta tierra con dificultad, porque daba gritos centelleante dragónm, ¿cómo podría éste ver otro sol, 835
so5 de dolor entre convulsiones. Y pronto lo veréis, vivo o después del de hoy, acechado por el terrible espectro de
muerto recientemente. ¡Has sido sorprendida, madre, la Hidra, y al m i s m o tiempo atormentado por los san- 840
habiendo tramado y realizado tales cosas contra mi pa- grientos, engañosos dardos inflamados del de negros
dre, por las que ojalá Justicia vengadora y las Erinis te cabellos? S:i.
sio hagan pagar! Y si es de justicia, hago una imprecación,
y sí es justo, ya que tú antes me has proporcionado Estrofa 2."
argumento de justicia al matar al mejor varón de todos De todas estas cosas, ella, la desgraciada, n o estaba
los de la tierra, cual no conocerás nunca a otro. temerosa, aunque veía en su casa gran daño al irrumpir
(Deyanira entra e n palacio.) nuevas bodas. Unas cosas n o comprendió, otras Ilega-
CORIFEO. - ¿Por qué sales en silencio? 5 0 . ¿No sabes ron procedentes de opinicín ajena a través de fatales en- 84s

que al callar le das la razón al acusador? cuentros. ¡De seguro que, en más de una ocasión, deses-
HILO.- jDejadla que se vaya y que un viento favo- peradamente se lamenta! ¡De seguro que derrama u n
si5
rable se presente para ella y la arrastre bien lejos de
delicado rocío de abundantes lágrimas! Y el destino que $50
llega evidencia una engañosa y tremenda desgracia 5 4 .
mis ojos! Pues, ¿por qué debe conservar en vano Ia dig-
nidad del nombre de madre quien no hace nada como Antístrofa 2.8
8.20 tal? jQue se vaya con mi adiós y que ojalá alcance ella
Una fuente d e lágrimas estalló, una calamidad se ha
misma el placer que está dando a mi padre! extendido, /ay!, y cual nunca, ni aun de sus enemigos,
CORO. llegó al ilustre varón sufrimiento digno de lamentarse. 85s
Estrofa l." [Ay, oscura punta de lanza, e n primera línea d e lucha,
V e d cómo, o h hijos, se nos ha acercado e n seguida que rápida trajiste desde la escarpada Ecalia, tras el
la profética palabra del oráculo, hace tiempo anuncia- combate, a esta joven!". Pero Cipris, ayudando en si- sóo
82s da, según la cual, cuando llegara a fin el duodécimo lencio, resultó claramente autora de estas cosas 5 6 .
año, al acabarse del todo el último mes, terminaría la
carga de los trabajos para el hijo de Zeus, y esto, pun- fl La Sangre era tenida por hija de la Muerte.
52 La hidra de Lerna, a la que se representaba como una
tualmente, irreversible, se cumple. Porque, jcómo el
serpiente de varias cabezas.
830 que ya n o ve podría tener aún, una vez muerto, una pe- Neso. (Cf. H~siow,Escudo 186.)
nosa servidumbre? La muerte de HeracIes.
-
"j A Yole.
50 Es importante el significado trágico que tiene el silencio. "" Es decir que fue Afrcidita la que infundió el amor en el
El Coro lo hace notar. RecuCrdense (Edipo Rey 1075, y Antígona
héroe.
1245) las salidas también silenciosas de Yocasta y Eurídice.
224 TRAGEDIAS LAS TRAULJIPYIAS

CORIFEO. - ¿Soy yo necio, u oigo un gemido que aca- CORIFEO. - ¿Qué dices?
$65 ba de salir de la casa? ¿Qué digo? NODRIZA. -La verdad.
Alguien profiere dentro un lamento no confuso, sino CORIFEO. - La reciin aparecida, esta doncellu 'j, ha 89j
doloroso, y algo insólito sucede en la casa. erzgendrado, ha engendrado urza grun Erinis j-ara
Observad a esta anciana, con qué extraño y turbado esta casa.
870 aspecto viene hacia nosotros queriendo indicarnos algo. NODRIZA. -Y tanto. Seguro que la hubieras compa-
( L a Nodriza entra en escena.) decido más si, estando cerca de ella, hubieras visto qué
NODRIZA. - iOh hijos, de qué manera el regalo en- cosas hizo.
viado a Heracles ha dado 'lugar a grandes desgracias! CORIFEO. - ¿Y una mano de mujer se atrevió a ha-
CORIFEO. - ¿Qué nuevo suceso cuentas, oh anciana? cer esto?
875 NODRIZA. - Deyanira ha recorrido el último de to- NODRIZA. - iY de forma terrible! Te enterarás, de
dos los viajes sin mover los pies. modo que seas testigo en favor mío. Una vez que se 9m
CORIFEO. - {No dirás entonces que ha muerto? presentó, dentro de la casa, sola y vio que su hijo en
NODRIZA. - Todo lo has comprendido. la habitación preparaba una cama vacía para volver
CORIFEO. - {Está muerta, la infeliz? a salir al encuentro de su padre, encerrándose donde
ninguno la pudiera ver, daba gritos de dolor, echada
NODRIZA. -Por segunda vez lo oyes.
a los pies de los altares, diciendo que iba a ser aban- 905
CORIFEO. -¡Pobre desgraciada! ¿Y de qué manera
donada. Y gemía al tocar cualquier objeto de 10s que,
dices que ha muerto?
desventurada, antes se había servido. Iba de un lado a
NODRIZA. -De la más terrible, por las circunstan-
otro del palacio. Si veía a alguno de sus queridos ser-
cias al menos. vidores, lloraba la desgraciada al mirarlo, lamentando 910
sso CORIFEO. - Dime, mujer, ¿qué muerte ha encon- a gritos ella misma su propio destino y el de la hacien-
trado? da en poder ajeno en el f u t u r o 3 %Y cuando terminó
NODRIZA. - A sí misma se destruyó. de hacer estas cosas, repentinamente la veo que se pre-
CORIFEO. - ¿Qué impulso, qué sufrimientos? cipita al lecho de Heracles. Yo, entretanto, con oculta
NODRIZA.-La punta de u n maligno dardo la ani- mirada vigilaba en la sombra, y observo que la señora 915
quiló. extiende las mantas sobre el lecho de Heracles. Cuando
sss CORIFEO. -¿De qué manera planeó llevar a cabo
sola, además de una muerte, otra? 57 Yole.
NODRIZA. -Con e2 filo de u n funesto hierro. Las Erinias son las divinidades que no reconocen el po-
CORIFEO.-¿Has visto tú, o h insensata, semejante der de Zeus y cuya misión e!$ la VL-nganzade los crímenes. Di-
desmesura? vinidades violentas nacidas de las gotas de sangre con las que
NODRIZA. - La vi, pues estaba a su lado. se impregnó la tierra cuando la mutilación de Urano. Se repre-
sentan como genios alados, de cabellos entremezclados con ser-
890 CORIFEO. - (Quién fue? ¿Cómo? jEa, había! pientes, y con látigos en ia mano. En general, son causantes de
NODRIZA. -Ella misma, con sus propias manos l o desgracias.
ha hecho. S!' Verso de difícil interpretación.
226 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 227

terminó, subiéndose encima, se sentó en medio y, de- Antístrofa 1."


920 rramando un ardiente caudal de lágrimas, dijo: u iOh El u n o podemos verlo en palacio, el otro lo espera- 950
lecho y cámara nupcial mía! Adiós ya para siempre, m o s por presagios. El tenerlos y esperarlos son cosas
porque nunca me recibiréis como esposa en este tála- afines.
mo.)) Despucs de decir esto, se quita con mano diligen- Estrofa 2."
925 te su peplo, al que un broche labrado en oro había fi- ;Ojalá 14na fuerte brisa llegara, favorable, a m i ho-
jado al pecho, y se descubrió todo el costado y el brazo gar y m e alejara de estos lugares, para que no muera 955
izquierdo. Yo me echo a correr todo lo que me permi- espantada al ver al ilustre hijo de Zeus! Pues dicen que
ten las fuerzas y le informo a su hijo de lo que ella entre dolores sin remedio se acerca ante la casa, /es- 960
930 está planeando. Nos precipitamos de allí a aquí y ve- pectáculo inenarrable!
mos que, con una espada de doble filo, se ha herido en
el costado, bajo el corazón y el diafragma. Al verla, el Antístrofa 2.a
hijo estalla en sollozos, pues conoció, infeliz, que había Por l o visto está al Imio y n o lejos aquello por lo
ejecutado esta acción a consecuencia de su cólera, in- que yo lloraba antes sonoramente, cual u n ruiseñor 60.
935 formado demasiado tarde por los de la casa de que lo Extraña es esta comitiva d e extranjeros. Y , ide qué 965
había hecho involuntariamente, por recomendación del modo le transportan, como cuidando a u n ser querido,
Centauro. marcando el paso lento y silencioso! ;Ay, e s conducido
Y, entonces, el desventurado hijo no cejaba para sin voz! ¿Qué hay que pensar, que está muerto o bajo 970
nada en sus lamentos, gimiendo sobre ella, ni dejaba la acción del sueño?
de apretarse sobre su rostro, sino que, dejándose caer (Entra u n cortejo que transporta a Heracles e n una
de costado al lado de ella, yacía, al tiempo que se la- camilla. Hilo y u n anciano caminan a su lado.)
940 mentaba muchas veces de cómo irreflexivamente la ha- HILO.- jAy de mí! Yo por tu causa, padre, jah!,
bía herido con una perversa acusación, llorando porque por tu causa, soy desgraciado. ¿Qué puedo hacer yo?
de los dos al mismo tiempo, del padre y de aquClla, iba ¿A qué atenderé?
a quedar huérfano durante su vida. Así están las cosas AXCIANO.-Silencio, hijo, no remuevas el violento 975
allí, de modo que, si alguien hace c~lculospara dos o dolor de un padre que siifre cruelmente. Vive, aunque
945 aun para más días, es insensato. Pues no hay mañana postrado; así que contente, mordiéndote tus labios.
hasta que se acaba con bien el día presente. HILO.- ¿Cómo dices, anciano? ¿En verdad vive?
( L a Nodriza entra e n palacio.) ANCIANO.- Mira, no despiertes al que está sujeto al
sueño, ni suscites o provoques la terrible enfermedad, 980
CORO. hijo.
Estrofa 1." HILO.- Encima de mí, desdichado, hay un peso
¿Cuál de los dos infortunios lloro primero? (Cuál enorme. Mi ánimo está fuera de sí.
d e los dos lo es e n más alto grado, una vez cumplido?
E s de difícil juicio para mí, desdichada. 60 Véase Electra, nota 9. La referencia al ruiseñor es un lu-
gar común en la poesía griega.
228 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 229

HERACLES. - jOh Zeus! ¿A qué tierra llego.3 { Junto una sola ayuda con tus brazos vale más que dos mías
98s a qué hombres yazco afligido por incesantes dolores? para salvarle.
¡Ay de mí, desgraciado! Este maldito mal me consu- HILO.-YO le sujeto, pero no está ni dentro de mí 1020
me de nuevo, jay! ni fuera el poner remedio a sus dolores. Pues tales re-
Asc~mo.- ¿Te has dado bien cuenta de qué venta- medios en la vida los distribuye Zeus.
ja era ocultar tu angustia en silencio y no dejar esca- HERACLES. - jAh, ah! iOh hijo! {Dónde estás? Por
990 par el sueño de su cabeza y de sus ojos? aquí, por aquí, agárrame para levantarme. ¡Ay, ay! 1025
HILO.- No sé cómo hubiera podido resignarme, iOh destino! Avanza de nuevo, avanza, cobarde, para
viendo esta desgracia. destruirme la incurable, cruel enfermedad. jOh Palas, 1030
HERACLES. - jOh tierra Cenea, cimiento de altares! Palas! Esto de nuevo me deshace. ¡Ay, hijo! Compa-
995 ¡Qué agradecimiento he obtenido para mí, infortuna- dece a tu padre, saca la espada, que no será censura- 1035
do, en pago de tales sacrificios! jOh Zeus, en qué ruina ble; hiéreme bajo la clavícula. Remedia el sufrimiento
me convertiste, en qué ruina! ¡Nunca yo, desventura- con el que tu madre impía me ha irritado, a la que
do, debía haberla visto con mis ojos! ¡NO debía haber ¡ojalá yo viera caer así, de la misma manera que me 1040
contemplado nunca la inexorable fuerza de esta locu- destruyó! jOh dulce Hades, oh hermano de Zeus, ador-
iooa ra! Pues, {quién es el encantandor, quién el habilidoso méceme, adorméceme matándome a mí, inerme, con
en medicina que, aparte de Zeus, pueda suavizar este rápido fin!
dolor? ¡Lejos se podría ver tal portento! 61. CORIFEO. - He temblado, amigas, al oír estas des-
loos Dejadme, dejadme a mí, desgraciado, descansar. Por gracias del rey, con las que, siendo él cual es, ha sido iou
última vez, dejadme descansar. maltratado.
(Al anciano.) {Dónde me tocas? ¿Hacia dónde me HERACLES. - iOh numerosos y ardientes sufrimien-
mueves? jMe matas, me matas! Has reavivado lo que tos -incluso al narrarlos- que yo he soportado con
1010 ya estaba calmado. Se ha apoderado de mí, jay, ay!, mis manos y con mis hombros! Y, sin embargo, nun-
"".

se introduce de nuevo ésta. ¿De dónde sois, oh varones, ca ni la esposa de Zeus E'3 ni el odioso Euristeo me
los más injustos de todos los griegos, por los que yo, impuso algo semejante a esto; red tejida por las Eri- ioso
infeliz, me arriesgaba a morir cuando os liberaba de nias, que la traidora hija de Eneo echó sobre mis hom-
numerosos peligros tanto en el mar como en los bos- bros, por la que perezco. Pues, adherida a mis costados,
ques todos? Y ahora, en esta enfermedad, nadie apor- 62 A continuación enumera algunos de los mas significativos
101s tará fuego ni espada que me socorra, jah, ah!, y ningu- trabajos que hubo de realizar para satisfacer la cólera de Hera
no quiere llegarse para cortar por la fuerza la cabeza y que le dieron gloria. La alusión a los hombros debe estar he-
de un ser abominable, jay, ay! cha pensando en el que consistió en sostener la bóveda celeste
ANCIANO. - jOh hijo de tal varón! Esta tarea se pre- sustituyendo a Atlante.
G3 La diosa Hera.
senta superior a mis fuerzas, pero t ú ayúdame, pues Primo de Heracles, que reinaba en Micenas y Tirinto por
la voluntad de Hera (ver nota 5 de esta misma tragedia), la que
6' El sentido es que ya no espera ver logrado esto. evitaba así que reinase Heracles.
230 TRAGEDIAS LAS TI~AQUINIAS 23 1

está devorando la carne desde lo más profundo y se- De nuevo este espasmo de dolor me abraza ahora
cando, por estar unido a ellas, las arterias del pulmón. mismo, atraviesa los costados y parece que la misera-
105s Y, por otra parte, ha bebido ya mi vigorosa sangre. ble y devoradora enfermedad no va a dejar de hosti-
Tengo el cuerpo entero destrozado, prendido en este garme. iOh señor Hades, recíbeme! iOh rayo de Zeus, 10x5
lazo indescriptible. Y esto ni la lanza en la llanuraM, hiéreme! Impulsa, oh rey, descarga el dardo de tu rayo,
ni el ejército de los Gigantes nacido de la tierra, ni la padre.
1060 violencia de las Fieras 6 6 , ni la Hélade, ni la tierra ex- Pues me devora de nuevo, ha resurgido, se ha agu-
tranjera, ni región alguna a la que yo llegué para li- dizado. iOh manos, manos! ;Oh espalda y pecho, oh loso
berar "', me lo hicieron nunca. Mientras que esta mu- brazos queridos! Vosotros fuisteis los que sometisteis
jer, siendo hembra y sin tener, por tanto, la naturaleza en una ocasión por la fuerza al habitante de Nemea
de un hombre, sola, me ha aniquilado sin la espada. al león, azote de los pastores, animal inabordable y fe-
1065 iOh muchacho! Sé para mí un verdadero hijo y no roz, y a la hidra de Lerna, y a la biforme e insociable 1095
respetes más el nombre de tu madre. Tú mismo con tropa de centauros, insolente, sin ley, de fuerza supe-
tus manos trayéndola, pónmela en mis brazos, para que rior ", y a la fiera del Erimanto ''', y al subterráneo
sepa claramente si tú sientes más dolor ante mi desfi- perro de tres cabezas del Hades ", monstruo invenci-
gurado cuerpo que ante el de ella, cuando la veas mal- ble, criatura de la terrible Equidna, y al dragón guar- 1100
tratada con justicia. dián de las manzanas de oro en las regiones más ex-
1070 Ve, hijo, ten valor, compadécete de mí, que para tremas 7'. Y experimenté otras innumerables fatigas,
muchos soy digno de lástima, yo que he dado gritos de y nadie erigió trofeos de mi valor.
dolor lamentándome como una muchacha. Y nunca nin-
Y ahora, así, sin fuerzas, deshecho, estoy destruido
guno podría decir que vio a este hombre hacerlo antes,
por un destino ciego, idesventurado! ¡YO que he sido 1105
sino que siempre, sin emitir gemidos, se sometía a las
1075 desgracias. Pero ahora, a consecuencia de tal situación,
Al león cuya piel y cabeza, a modo de casco, llevará con
infortunado, me muestro como una mujer. En seguida,
61 en las demás aventuras, y que son un signo de reconocimien-
acercándote, colócate cerca de tu padre, contempla bajo to del héroe. Para acabar con el león, tuvo que obligarle a entrar
qué sufrimientos estoy padeciendo. Yo te lo mostraré en la cueva y ahogarlo allí.
sin velos encubridores. Mirad, contemplad todos un Como ya hemos visto, los centauros son seres mitad hom-
1080 cuerpo digno de compasión, ved al desgraciado, en qué bre mitad caballo, de costumbres brutales y temperamento sal-
vaje. Sólo Quirón y Folo son una excepción.
lamentable estado me encuentro. iOh infortunado! iAh! 0
' El tercer trabajo era dar caza a un monstruoso jabalí
iAh! que vivía en el n o Erimanto y llevarlo vivo.
7 1 El can Cerbero, guardián del Hades, a quien debía llevar

65 Se debe referir a los combates frente a frente, en con- a Micenas, ante Euristeo. En esta dificil empresa le ayudaron
traposición a aquellos en los que había de emplear astucias. Hermes y Atenea. El héroe luchó contra el animal sin sus armas
66 Se refiere a los centauros. habituales y, a pesar de ello, le venció.
E El jardín de las Hespérides, de difícil y dudosa locali-
67 Región que liberó de algún monstruo o fiera que la tenía
oprimida, así: Nemea, del león. zación.
232 TRAGEDIAS LAS TRAQUINIAS 233

llamado hijo de la más excelente madre y que soy in- HERACLES. - {Por quién? Un prodigio me has profe-
vocado como hijo de Zeus bajo los cielos! tizado con estas funestas palabras.
Pero al menos aprended bien esto: aunque no sea HILO.-Ella por sí misma, y no por mano de un
yo nada, y aunque no pueda arrastrarme, someteré a la extraño.
que me hizo estas cosas incluso en estas circunstancias. HERACLES.- ¡Ay de mí! ¿Antes de que, como era
1110 Que se acerque sólo para que le enseñe a anunciar a preciso, muriera a mis manos?
todos que yo, tanto vivo como muerto, castigué a los HILO.-Cambiaría de parecer tu ánimo si supieras
traidores. todo.
CORIFEO.- iOh Hélade desventurada! ¡Qué aflicción HERACLES.- Empezaste un extraño discurso. Dime 1135
veo que tendrás, si pierdes a este hombre! en qué piensas.
111s HILO.- Ya que permites contestar, padre, guardan- HILO.-Esto es todo ir1 asunto: se equivocó en su
do silencio, óyeme aunque sufras. Pues te voy a pedir intento de hacer lo mejor.
lo que es justo alcanzar. Escúchame, para que no estés HERACLES.- ¿Hace lo mejor, oh perverso, matando
irritado hasta el punto en que lo estás ahora por la a tu padre?
cólera. Porque, si no, no podrías discernir en qué cosas HILO.-Creyendo que te aplicaba un filtro amoro-
estás dispuesto a alegrarte y con cuáles sufres en vano. so cuando vio a la desposada dentro de la casa, se equi-
1120 HERACLES. -Termina de decir lo que deseas, porque
vocó.
yo, a causa del sufrimiento, no comprendo nada de las
HERACLES.- ¿Y quién es ese hacedor de fármacos 1140
astucias que tú tramas desde hace un rato.
entre los traquinios?
HILO.- He venido para hablarte de mi madre, en
HILO.- Neso, el centauro, hace tiempo la conven-
qué situación está ahora y qué fallos cometió en con-
tra de su voluntad. ció de que con ese filtro encendería tu pasión.
HERACLES. - jOh el más malvado! ¿Y me recuerdas HERACLES.- iAh, ah, negro destino! ¡Me muero,
1125 otra vez a la madre asesina de tu padre pretendiendo
infortunado! ¡Estoy perdido, estoy perdido! ¡Ya no
que yo te escuche? hay para mí luz del sol! ¡Ay de mí, me doy cuenta en 1145
HILO.- Sí, ya que ella está de tal modo que no con- qué grado de desgracia nos hallamos! Vete, hijo mío,
viene guardar silencio. ya no tienes padre. Llama a todos mis hijos, tus her-
HERACLES.-NO, ciertamente, a causa de los errores manos. Llama a la infortunada Alcmena, en vano espo-
cometidos antes. sa de Zeus, para que estkis enterados por mí de la ú1-
HILO.-NO seguirás hablando así, debido a lo suce- tima predicción de los oráculos, pues yo ya la conozco. ~iso
dido en el día de hoy. HILO.-TU madre no está aquí, sino que se ha ido
HERACLES.-Dilo, pero evita mostrarte como un mal a la costera Tirinto para establecer su residencia. Y de
nacido. tus hijos, a unos se los ha llevado consigo ella misma
1130 HILO.- LO digo: ella ha muerto sacrificada hace para educarlos, mientras que otros te informo que ha-
poco tiempo. bitan la ciudad de Tebas. Pero nosotros, los que esta- 1155
234 TRAGEDIAS LAS TI;.AQUINIAS 235

mos presentes, si hay que hacer algo, padre, obedientes HILO.-Mira, la tiendo; en nada te pienso contra-
te serviremos. decir.
HERACLES. -Tú, oye lo que tienes que hacer. Ha lle- HERACLES. - Jura ahorca por la cabeza de Zeus, el 118s
gado el momento en que vas a mostrar qué clase de que me engendró...
hombre es llamado hijo mío. En efecto, yo tenía desde HILO.- ¿Qué he de hacer? {Me será dado a co-
lita antiguo una profecía de mi padre, según la cual, yo ma- nocer?
riría no por obra de ninguno de los vivos, sino de quien, HERACLES. - . .. cumplir lo que te diga.
ya muerto, fuera habitante del Hades. Éste, el Centau- HILO.- LO juro y pongo a Zeus como testigo.
ro, muerto, me ha matado a mí que estoy vivo, cum- HERACLES. -Y, si faltas, haz votos para que recibas
pliendo el oráculo divino. Y yo voy a revelar qué nue- vesares.
116s VOS oráculos resultaron iguales a éstos, concordantes HILO.- NO los voy a recibir, pues lo haré; sin em- 1190
con los antiguos, los que yo, al llegar al recinto sagrado bargo, los hago.
de los Selos -los que viven en la montaña y duermen HERACLES. - ¿Conoces la cumbre más alta del Eta,
en el suelo-, me hice inscribir de acuerdo con la en- donde estás Zeus?
cina paterna de muchas lenguas, la cual me decía que,
HILO.-La conozco. Como sacrificador he estado
en el tiempo en que estamos y en la situación actual-
muchas veces arriba.
1170 mente presente, se cumpliría para mí la liberación de
HERACLES. -Allí es necesario que ahora, tras levan-
los trabajos impuestos 7 \ Yo creía que se realizaría
tar mi cuerpo con tus propias manos y con la ayuda
felizmente, pero no se refería, por lo visto, a otra cosa
que a mi muerte, pues para los muertos ya no existe de los amigos que necesites, después de cortar una bue- 119s
117s la fatiga. Y así, ya que éstos resultan claros, hijo, debes na cantidad de madera de la encina de profundas raí-
aliarte con este hombre y no esperar provocar mi len- ces y de arrancar, asimismo, abundante cantidad d e
gua, sino que, cediendo, colabora con él, reconociendo fuertes olivos, metas tú nni cuerpo y lo quemes con el
que la más bella de las normas es obedecer a un padre. fuego de una tea de pino. Que no se derrame ni una
HILO.- Pero, joh padre!, me espanta el llegar a lágrima, señal de lamentación, sino que debes hacerlo 1200
1180 semejante punto de tus palabras; no obstante, obede- sin proferir gemidos ni emitir sollozos, si es que eres
ceré en lo que tú creas oportuno. hijo mío, y, si no, yo te aguardaré, incluso en los in-
HERACLES. -En primer lugar, dame tu mano dere- fiernos, como una pesada maldición para siempre.
cha 7 4 . HILO.- ¡Ay de mí, pa.dre! ¿Qué dices? (Qué cosas
HILO.- ¿Por qué te vuelves hacia esta garantía? me haces realizar?
HERACLES. - ¿NO la acercarás rápidamente sin des- HERACLES. -Las que deben realizarse y, en otro
confiar de mí? caso, sé hijo de otro padre y no seas llamado ya hijo 120s
mío.
Una prueba más de la ambigüedad de los oráculos. HILO.- ¡Ay de mí oti-a vez! iA qué cosas me invi-
73
74 Señal de garantía que encontramos también en Filocte-
tes 813. tas, padre! iA ser tu asesino y criminal!
236 TRAGEDIAS LAS TRAQliiNIAS 237

HERACLES.-YO no lo veo así, sino médico y único la razón a causa de espíritus vengadores? Sería prefe-
sanador de mis males. rible que muriera, oh padre, a convivir junto con los
1210 HILO.- {Y cómo, prendiendo fuego a tu cuerpo, que son más odiados.
podría sanarte? HERACLES. - Este muchacho, a lo que parece, no me
HERACLES. -Pero, si ante esto estás temeroso, lleva va a conceder mi destino en el momento de mi muerte.
a cabo al menos las demás cosas. Pero la maldición de los dioses te acechará, si tú des- 1240
HILO.- NO vacilaré en trasladarte. obedeces mis palabras.
HERACLES. - ¿Y levantar la pira a la que me he re- HILO.- ¡Ay de mí! Pronto, según das a entender,
ferido? te mostrarás bajo los efectos de la enfermedad.
HILO.- Por lo menos en cuanto que no la toque HERACLES. -Pues tú me despiertas un mal adorme-
1215 con mis propias manos. Lo demás lo haré, y no tendrás
cido.
dificultades por mi parte. HILO.- ¡Infortunado d~emí! ¡Cómo estoy indeciso
respecto a muchas cosas!
HERACLES. - Bastará con esto. Concédeme un peque-
ño favor, además de los otros grandes. HERACLES. - Porque no tienes entre lo justo el obe-
decer a tu padre.
HILO.- Aunque sea muy grande, te lo haré.
HILO.- ¿He sido instruido, pues, para ser impío, 124s
HERACLES. - ¿Conoces, pues, a la hija de Éurito?
padre?
1220 HILO. - Te refieres a Yole, según supongo.
HERACLES. -NO es impiedad el dar gusto a mi CG
HERACLES. - Has comprendido. Te encomiendo lo
razón.
siguiente, hijo. Cuando yo muera, si tú quieres obrar
HILO.- ¿Me ordenas que yo haga esto con plena
piadosamente y recordar los juramentos paternos, tÓ-
justificación?
1225 mala por esposa y no desobedezcas a tu padre. Que nin-
gún otro de los hombres que no seas tú la reciba nun- HERACLES. - Sí, e invoco a los dioses como testigos
ca, a ella, que se ha acostado junto a mí, sino que tú de ello.
mismo, oh hijo, cultiva este lecho. Obedece, pues, ya HILO.- En ese caso lo haré y no rehusaré, mostran- 1250
que has confiado en mí para las grandes cosas, el des- do a los dioses que el hecho es obra tuya. Nunca podría
yo aparecer como malvado por obedecerte, padre.
confiar en las pequeñas inutiliza e1 agradecimiento an-
terior. HERACLES. -Terminas bien, pero sobre esto, oh hijo,
1230 HILO.- iAy de mí! Está mal irritarse contra un concédeme pronto el favor de colocarme en la pira an-
enfermo, pero el ver que razona de esta manera, ¿quién tes de que un espasmo o algún otro tormento se pre-
podría soportarlo? sente. ¡Ea, apresuraos, levantadme! Éste es el final de ES
HERACLES. -Gritas como si no quisieras hacer nada los padecimientos, el postrero fin de este hombre.
de lo que digo. HILO.-Nada impide que lo llevemos a término en
HILO.- ¿Quién, cuando ella es la Única causante de tu provecho, ya que lo ordenas y fuerzas, padre.
la muerte de mi madre y de que tú estés como estás, HERACLES. - Id ahora, antes de que se remueva este
1235 quién podría nunca elegir esto, si no es que ha perdido mal. iOh alma endurecida!, ofreciendo un freno de ace- 1 2 ~ )
238 TRAGEDIAS

ro con piedras ensamblado, haz cesar los gritos, como


si fueras a cumplir con alegría una acción a que te
obligan.
HILO.- Alzadlo, compañeros, siendo en gran mane-
1x5 ra indulgentes conmigo por ello, y viendo gran descon-
sideración de los dioses ante estas acciones realizadas.
Éstos, aunque han engendrado y son invocados como
padres, consienten sin protesta tales sufrimientos.
1270 Pues el futuro ninguno lo contempla, pero nuestra
situación actual es lamentable para nosotros y vergon-
zosa para ellos, y, lo más duro de todo, para el que
sufre esta desgracia entre todos los hombres.
1275 Tú, doncella, no te quedes lejos de la casa, después
de ver terribles y recientes muertes, y también nume-
rosos e inauditos infortunios; y nada hay en esto que
no sea Zeus.
ESTRUCTURA DEL DRAMA

P~draco(1-99). Al amanecer del día siguiente a la muerte da los


dos hijos de Edipo y de la retirada de los argivos, Anti-
gona llama fuera del palacio a su hermana Ismene, le co-
munica la proclama de Creonte prohibiendo enterrar el
cadáver de su hermano Polinices y le anuncia su intención
de hacerlo a pesar de ello, por si presta Ismene su coIabo-
raci6n. Esta no lo acepta e intenta disuadir a Antígona,
quien llevará a cabo sola la acción.
PARODO(100-561). Está compuesto por dos estrofas y dos antís-
trofas. El Coro ignora con qué objeto ha sido convocado
por Creonte al palacio. Ellos saludan al nuevo día y se
regocijan por la partida de los argivos, recordando la
mala conducta de Polinices, que ha puesto a Tebas en una
situación de gran peligro de la que ya han escapado.
EPISODIO1: (162-331). Sale Creonte. el nuevo rey de Tebas tras
la muerte de Eteocles, de la puerta principal del palacio
y reconoce la lealtad que los ancianos coreutas mostraron
a sus predecesores, expresándoles su propia concepción
de las obligaciones que tendrá en su misión. De acuerdo
con éstas, anuncia el edicto que ha mandado proclamar
sobre los dos hermanos. El Coro lo acepta sumisamente,
pero no lo aprueba. Se presenta en escena un guardián
(v. 223) anunciando que alguien ha cubierto de tierra el
cadáver de Polinices. Creonte lo despide, con amenaza de
muerte para todos si no descubren al autor.
242 TRAGEDIAS

ESTASIMO1 . O (332-383). Consta de dos pares de estrofas. Es un que han sufrido un destino semejante al de Antígona con
canto al hombre, el ser más admirable de la creación, duro encierro: Dánae, Licurgo y Cleopatra. Todos mos-
dueño del mar, de la tierra y de las demás criaturas. Ha traron que ningún mortal puede hacer frente a s u destino.
descubierto todos los recursos, excepto el de hacer frente EPISODIO5.O (988-1114). Entra Tiresias, conducido por un niño, y
a la muerte. Si observa las leyes divinas y humanas será comunica las señales de la cólera divina. Creonte le acusa
feliz, y desgraciado, si las desprecia. de tener parte en un complot contra 61. Ante los terribles
Del 375 al 383 el Coro reconoce asombrado a Antígona. vaticinios que, a continuación, profiere el anciano adivino,
EPISODIO2." (384-581). Antígona, conducida ante Creontc, reconoce aquel, aterrado, ordena d a r sepultura al cadáver de Poü-
haber realizado los hechos y los justifica. Creonte la con- nices y liberar a la muchacha.
dena a muerte. Dos esclavos traen (V. 531) también a Is- ESTASIMO5.O (1115-1154). Consiste e n un hipórquErna, o canto de
mene, que quiere asociarse al hecho. Antígona no se lo danza de alegre tono, que invoca la presencia sagrada del
permite. Creonte ordena hacer a ambas prisioneras. festivo dios protector de Tebas, Baco.
ESTASIWO 2.0 (582-630). Abarca dos pares de estrofas. Es una re- Exow (1155-1352). En el que se cuentan las tres fatales desgra-
flexión acerca del destino de los Labdácidas y del poder cias: muerte de Antígona, de Hemón y de Euridice. Las
del destino, en general, en la vida de los humanos. Estas dos primeras las cuenta el mensajero y, tras escucharlo,
hermanas eran la última esperanza de la familia y ahora Eurídice entra en palacio (1244). Con la aparición de
están condenadas. No se puede reprimir el poder de Zeus. Creonte en escena, se inicia un diálogo iírico. Consta de
Anuncian la aparición de Hemón (626-630). tres pares de estrofas Creonte, arrepentido, se lamenta
EPISODIO3.0 (631-780). Hemón se presenta a interceder por Antí- cuando el mensajero le comunica la muerte de s u mujer.
gona. Discuten acaloradamente, y el joven abandona brus-
camente la escena (765). Creonte ordena que Antígona sea
encerrada viva en una cueva excavada en la roca.
ESTASIMO 3.0 (781-805). Está formado por una estrofa y una antís- NOTA BIBLIOGRAFICA
trofa. E s un bellísimo canto al amor, que prepara bien el
diálogo lírico que va a seguir entre Antígona y el Coro.
De1 801 al 805, el Coro compadece a la joven que se dirige R. C. JEBE, Antigone, Cambridge, 1902.
a la muerte. - The Tragedies of Sophocles, Cambridge, 1904.
EPISODIO4.0 (806-943). La primera parte es u n diálogo lírico o A. C. PEARSON, Sophoclis Fabulae, Oxford, 1924.
kommós (hasta el 882), compuesto por tres estrofas y tres A. DAIN- P. MAZON,Sophocle, 1: Les Trachiniennes, Antigone, Pa-
antístrofas seguidas de anapestos y un epodo. Antigona n's, 1955.
es sacada del palacio por dos esclavos para ser conducida L. GIL,Sdfocles. Antfgona, Edipo Rey, Electra, Madrid, 1969.
a la tumba. Ella comenta su destino desgraciado con el M. BENAVENTE, Sdfocles. Tragedias, Madrid, 1970.
Coro, comparándose con Níobe y recordando las desgra- J. PALLÍ, Sdfocles. Teatro Completo, Barcelona, 1973.
cias de s u familia. El Coro trata de consolarla, pero le d a J. M. LUCAS,Sdfocles. Ayax, Ltls Traquinias, Antfgom, Edipo Rey,
a entender que ella sola se ha perdido. Creonte aparece Madrid, 1977.
y ordena que, sin perder más tiempo, sea cumplida s u
orden.
EST~SXMO4." (944-987). Se compone de dos estrofas y dos antístro-
fas. El Coro recuerda otras tres personas de sangre real
TRAGEDIAS

NOTA SOBRE LA EDICION

Señalamos los pasajes en los que no hemos seguido


la edición de A. C. Pearson.

PhSIE TEXTO DE PEARSON TEXTO ADOPTAW

24 + x p q o e ~ l qGiraíqt ARGUMENTO DEL GRAMATICO ARISTdFANES


196 áqayviaai SOBRE ANTIGONA
241 o.rtxlC~
351 Vrra€,Ép~v
368 n~paívov Antígona fue sorprendida enterrando a Polinices en
575 iíqu contra de la prohibición de la ciudad, y, colocándola en
602 roniq una tumba subterránea, fue condenada a muerte por
606 6 navroy(poq orden de Creonte. En consecuencia, también Hemón,
674 r' Lv páxg que sufría por su amor, se dio muerte a sí mismo con
858 oírov
una espada. De resultas de la muerte de éste, también
1134 ~TETÜV
su madre, Eurídice, se dio muerte a sí misma.
1247 ~ 6 w
1279 qÉpsiv El mito está también en la Antígona de Eurípides,
salvo que allí, siendo sa~rprendidacon Hemón, es en-
tregada a 61 en matrimonio y le da un hijo.
La escena de la obra transcurre en la Tebas beocia.
El Coro está compuesto de ancianos del lugar. El pr&
logo corre a cargo de Antígona y la acción transcurre
en el palacio de Creonte. El tema principal es el ente-
rramiento de ~olinices,la muerte de Antígona, la muer-
te de Hemón y el destino funesto de Eurídice, la madre
de Hemón. Dicen que Sófocles fue considerado digno
de ostentar el mando del ejCrcito en Samos, al haber
sido premiado en la representación de la Antígona. Esta
obra está catalogada con el número treinta y dos.
TRAGEDIAS

túmulo, ocultándose de los guardias; a éstos Creonte


los amenaza con la muerte si no encuentran al autor
de aquello. Ellos, tras quitar la tierra arrojada encima,
ARGUMENTO DE SALUSTIO SOBRE ANTfGONA intensifican la guardia. Al llegar Antígona y encontrar el
cadáver descubierto, prorrumpiendo en gemidos se des-
cubrió a sí misma. Y a ella, entregada por los guardias,
La obra es de las más bellas de Sófocles. Es objeto Creonte la condena y la encierra viva en una tumba.
de controversia lo que se cuenta acerca de la heroína Tras esto, Hemón, hijo de Creonte, que la pretendía,
y de su hermana Ismene. En efecto, Ión en sus ditiram- enfurecido se mata a sí mismo junto a la muchacha,
bos dice que ambas fueron quemadas en el templo de que se había quitado la vida con una soga, habiendo
Hera por Laodamante, hijo de Eteocles. Mimnermo Tiresias predicho estas cosas por anticipado. A conse-
[fr. 211 dice que Ismene, manteniendo relaciones con cuencia de esto, dolorida, Eurídice, esposa de Creonte,
Teoclímeno, murió a manos de Tideo por indicación de se mata ella misma. Creonte, finalmente, entona un la-
Atenea. Así que esas cosas son las que se cuentan acer- mento por la muerte de su hijo y su esposa.
ca de las heroínas. No obstante, la opinión común ha
tenido a éstas por honradas y buenas hermanas por
encima de lo corriente, opinión que comparten los poc-
tas trágicos y según la cual exponen lo reIativo a ellas.
La obra recibió el nombre de Antígona, al ser ella la que
proporcionaba el argumento. El cuerpo de Polinices
yace insepulto, y Antígona, que intenta darle sepultura,
es impedida por Creonte y, al ser sorprendida mientras
lo sepultaba ella misma, es destruida. Hemón, el hijo
de Creonte, enamorado de ella y siéndole insoportable
semejante desgracia, se mata él mismo. Por lo cual,
también su madre, Eurídice, pone fin a su vida con el
lazo.

A Polinices, que había muerto en lucha cuerpo a


cuerpo contra su hermano, Creonte, habiéndolo dejado
fuera de la ciudad, insepulto, ordena públicamente que
nadie lo entierre, bajo amenaza de pena de muerte.
Antígona, s u hermana, intenta enterrarlo y levanta un
PERSONAJES (La escena tiene lugar delante del palacio real de
Tebas. Primeras luces de madrugada. Salen de palacio
Antígona y su hermana Ismene.)
ANT~GONA.-iOh Ismene, mi propia hermana, de
mi misma sangre!, ¿acaso sabes cuál de las desdichas
ANTÍGONA. que nos vienen de Edipo va a dejar de cumplir Zeus
ISMENE. en nosotras mientras aún estemos vivas? Nada doloro-
COROde ancianos tebanos. so ni sin desgracia, vergonzoso ni deshonroso existe S
CREOYTE. que yo no haya visto entre tus males y los míos. Y aho-
ix.
GVARDI ra, ¿qué edicto es éste que dicen que acaba de publi-
HEMON. car el general1 para la ciudad entera? ¿Has oído tú
TIRESI1s. algo y sabes de qué trata? ¿O es que no te das cuenta
MESSAJERO. de que contra nuestros seres queridos se acercan des- lo
EURÍDICE. gracias propias de enemigos?
Otro MENSAJERO. ISMENE.-A mí, Antígona, ninguna noticia de los
nuestros, ni agradable ni penosa, me ha llegado desde
que ambas hemos sido privadas de nuestros dos her-
manos, muertos los dos en un solo día por una acción
recíproca. Desde que se ha ido el ejército de los Argi- rs
vos, en la noche que ha pasado, nada nuevo sé que pue-
da hacerme ni más afortunada ni más desgraciada.
ANT~GONA. - Bien lo sabía. Y, por ello, te he sacado
fuera de las puertas de palacio para que s610 tú me
oigas.

1 Se refiere a Creonte y señala una de las más importantes

actividades del jefe del estado, la de general del ejercito. Por


otra parte, en poesía se utiliza, a veces, el tkrmino stratds signi-
ficando dimos (Esauu, Eumrdnides 566).
250 TRAGEDIAS

3 ISMENE. - ¿Qué ocurre? ES evidente que estás me- ISMENE. - ¿ES que proyectas enterrarlo, siendo algo
ditando alguna resolución. prohibido para la ciudad?
ANT~GONA. - Pues, jno ha considerado Creonte a -
ANT~GONA. Pero es mi hermano y el tuyo, aunque 45
nuestros hermanos, al uno digno de enterramiento y tú no quieras. Y, ciertamente, no voy a ser cogida en
al otro indigno? A Eteocles, según dicen, por conside- delito de traición.
rarle merecedor de ser tratado con justicia y según la ISMENB. - iOh temeraria! ¿A pesar de que lo ha
25 costumbre, lo sepultó bajo tierra a fin de que resultara prohibido Creonte?
honrado por los muertos de allí abajo. En cuanto al ANT~GONA. - NO le es posible separarme de los mfos.
cadáver de Polinices, muerto miserablemente, dicen ISMENE. - ¡Ay de mí! Acuérdate, hermana, cómo
que, en un edicto a los ciudadanos, ha hecho publicar se nos perdió nuestro padre, odiado y deshonrado, tras M
que nadie le dé sepultura ni le llore, y que le dejen sin herirse él mismo por obra de su mano en los dos ojos,
lamentos, sin enterramiento, como grato tesoro para ante las faltas en las que se vio inmerso. Y, a continua-
30 las aves rapaces que avizoran por la satisfaccibn de ción, acuérdate de su madre y esposa -las dos apela-
cebarse. ciones le eran debidas-, que puso fin a su vida de
Dicen que con tales decretos nos obliga el buen afrentoso modo, con el nudo de unas cuerdas. En ter- a
Creonte a ti y a mí -sí, también a mí- y que viene cer lugar, de nuestros hermanos, que, habiéndose dado
hacia aquí para anunciarlo claramente a quienes no lo muerte los dos mutuamente en un solo día, cumplieron
3s sepan. Que el asunto no lo considera de poca impor-
recíprocamente un destino común con sus propias
tancia; antes bien, que está prescrito que quien haga manos.
algo de esto reciba muerte por lapidación pública en
Y ahora piensa con cuánto mayor infortunio pere-
la ciudad. Así están las cosas, y podrás mostrar pronto ceremos nosotras dos, solas como hemos quedado, si,
si eres por naturaleza bien nacida, o si, aunque de no- forzando la ley, transgredimos el decreto o el poder del 60
ble linaje, eres cobarde. tirano. Es preciso que consideremos, primero, que so-
ISMENE. - ¿Qué ventaja podría sacar yo, oh desdi- mos mujeres, no hechas para luchar contra los hom-
40 chada, haga lo que haga *, si las cosas están así?
bres, y, después, que no!; mandan los que tienen más
ANT~GONA. -Piensa si quieres colaborar y trabajar poder, de suerte que tenemos que obedecer en esto y
conmigo.
en cosas aún más dolorosas que éstas.
ISMENE.-¿En qué arriesgada empresa? ¿Qué es-
Yo por mi parte, pidiendo a los de abajo que ten- 6s
tás tramando? gan indulgencia, obedeceré porque me siento coaccio-
ANT~GONA. - (Levantando su mano.) Si, junto con nada a ello. Pues el obrair por encima de nuestras posi-
esta mano, quieres levantar el cadáver. bilidades no tiene ningún sentido.
- -
ANT~GONA. -Ni te lo puedo ordenar ni, aunque qui-
2En griego, literalmente se dice aatando o desatando>. Es
sieras hacerlo, colaborarías ya conmigo dándome gus- 70
una expresión hecha en la que se contienen los dos términos de
una oposición para indicar la imposibilidad de algo. Es un giro to. Sé tú como te parezca. Yo le enterraré. Hermoso
frecuente. será morir haciéndolo. Yaceré con él al que amo y me
252 TRAGEDIAS

ama, tras cometer un piadoso crimen 3 , ya que es ma- Así que deja que yo y la locura, que es sólo mía, co- 95
7s yor el tiempo que debo agradar a los de abajo que a rramos este peligro. No sufriré nada tan grave que no
los de aquí. Allí reposaré para siempre. Tú, si te parece me permita morir con honor.
bien, desdeña los honores a los dioses. ISMENE.-Bien, vete, si te parece, y sabe que tu con-
ISMENE. -YO no les deshonro, pero me es imposi- ducta al irte es insensata, pero grata con razón para
ble obrar en contra de los ciudadanos. los seres queridos.
so ANT~GONA. -Tú puedes poner pretextos. Yo me iré (Antígona sale. Ismene entra en palacio. El Coro se
a levantar un túmulo al hermano muy querido. presenta llamado por Creonte.)
ISMENE. - iAh, cómo temo por ti, desdichada!
ANT~GONA. -NO padezcas por mí y endereza tu pro- CORO.
pio destino. Estrofa l.*
ISMENE. -Pero no delates este propósito a nadie; Rayo de sol, la más bella luz vista en Tebas, la de ioo
8s manten10 a escondidas, que yo también lo haré, las siete puertas, te has mlostrado ya, joh ojo del dora-
ANT~GONA. - iAh, grítalo! Mucho más odiosa me se- do día!, viniendo sobre la corriente del Dirce 5 , tú, que los
rás si callas, si no lo pregonas ante todos. al guerrero de blanco escudo que vino de Argos con
ISMENE. - Tienes un corazón ardiente para fríos su equipo, has acosado como a u n presuroso fugitivo
asuntos ". en rápida carrera, y al que Polinices condujo contra 110
ANT~GONA, -Pero sé agradar a quienes más debo nuestra tierra, excitado po,r equívocas discordias '. Lan-
complacer. zando agudos gritos, voló sobre nuestra tierra como u n
w ISMENE. - En el caso de que puedas, si, pero deseas águila cubierta con plumas de blanca nieve, con abun- lis
cosas imposibles. dante armamento, con yel'mos guarnecidos con crines
ANT~GONA, - En cuanto me fallen las fuerzas, desis- de caballos.
tiré.
ISMENE. - NO es conveniente perseguir desde el prin- -
cipio lo imposible. j
Dirce es el río que discurre por el O. de Tebas, mientras
ANT~GONA. - Si así hablas, serás aborrecida por mí que el Ismeno lo hace por el E. (cf. Edipo Rey, nota 5). Aquí
y te harás odiosa con razón para el que está muerto. debería haber sido nombrado el Ismeno, sobre cuya corriente
brilla primero el sol al salir, pero, sin embargo, se nombra el
Dirce, tal vez por ser el más representativo. También se llama
Figura definida en retórica como un oxímoron. Es un rr-
J

así un importante manantial (ver el v. 844 de esta obra).


curso estilístico que resalta la idea por cl fuerte contraste. Quie- El blanco escudo del ejkrcito argivo es, en el terreno de
re expresar que irá en contra de las leyes humanas, pero agra- la metáfora, el plumaje, blanco como la nieve, del águila con la
dando con ello a los dioscs. DobIe plano patente en la proble- que es comparado. Las imágenes se entremezclan en los dos
mática de toda la obra. campos. El color blanco propio del ejército argivo podría haber
4 Eufemismo que oculta la idea de la muerte, la amenaza sido elegido por la asociación del nombre propio con argós, ad-
decretada para quien lleva a cabo esta acción. Esto permite al jetivo que significa blanco.
autor un bello recurso estilístico para poner de relieve las dos La lucha que mantenía con Eteocles por los derechos al
ideas calificadas con estos adjetivos. trono de Tebas.
254 TRAGEDIAS

Antístrofa 2.8 los males, todo su armamento como tributo, excepto


Detenido sobre nuestros tejados, y habiendo abierto los dos desgraciados que, nacidos d e u n solo padre y de
sus fauces e n torno a los accesos de las siete puertas una sola madre, tras colocar en posición sus lanzas 14s
120 con lanzas ansiosas de muertes, se marchó antes d e - a m b a s poderosas-, obtuvieron los dos s u lote de
saciar su garganta con nuestra sangre y de que el fue- muerte común.
go de las antorchas d e pino se apoderara del círculo
que forman las torres. Tal fue el estrépito de Ares que Antístrofa 2."
125 se extendió e n torno a nuestras espaldas, dificil prueba
Llegó la Victoria, de glorioso nombre, y se regocijó
para el dragón adversario 9 . con Tebas, la rica en carros. De los combates que aca- iso
Zeus odia sobremanera las jactancias pronunciadas ban de tener lugar, que se haga el olvido. Vayamos a
por boca arrogante y, viendo que ellos avanzan en gran todos los templos de los dioses en coros12 durante la
130 afluencia, orgullosos del dorado estrépito, rechaza con
noche, y Buco, el que hace temblar la tierra de Tebas,
su rayo a quien se disponía a gritar victoria desde las sea nuestro guía.
altas almenas l o . Pero aquí se presenta el rey del país, Creonte, el 15s
hijo de Meneceo, nuevo jefe a la vista de los recientes
Estrofa 2.P sucesos enviados por los dioses. ¿A qué proyecto está
135 Sobre la dura tierra cayó, como un Tántalo l 1 por- dándole vueltas, siendo así que ha convocado especial-
tador de fuego, el que, dominado por maníaco impulso, mente esta asamblea de ancianos y nos ha hecho venir im
resoplaba c o n los ímpetus de odiosos vientos. por una orden pregonada a todos?
Pero las cosas salieron d e otro modo, y el gran Ares (Sale Creonte del palacio, rodeado de su escolta,
140 impetuoso fue distribuyendo a cada cual lo suyo sacu- y se dirige solemne al Coro.)
diendo fuertes golpes. CREONTE. - Ciudadanos,, de nuevo los dioses han en-
Pues siete capitanes, dispuestos ante las siete puer- derezado los asuntos de lai ciudad que la habían sacudi-
tas frente a igual número, dejaron a Zeus, el que aleja do con fuerte conmoción. Por medio de mensajeros os
he hecho venir a vosotros, por separado de los demás,
8 En griego aparece el nombre propio Hefesto, dios del fue- porque bien sé que siempre tuvisteis respeto a la reale- 16s
go. El mismo caso que cuando traducimos por «guerra» el nom- za del trono de Layo, y que, de nuevo, cuando Edipo
bre de Ares (cf. nota 25 de Ayax). hizo próspera a la ciudad, y después de que él murió,
1" dragón simboliza a Tebas. Los tebanos, según el mito, permanecisteis con leales pensamientos junto a los hi-
nacieron de los dientes del dragón sembrados por Cadmo, el
fundador. Por otra parte, la lucha entre el águila y la serpiente jos de aquél.
es un viejo y conocido tema en la literatura griega (Ilíada XII Puesto que aquéllos, a causa de un doble destino, 170
200 y sigs.). en un solo día perecieron, golpeando y golpeados en
10 Se refiere a Capaneo, príncipe argivo, impetuoso y arro- crimen parricida, yo ahora poseo todos los poderes y
gante, que intenta escalar las torres de la ciudad de Tebas para
incendiarla. Un rayo enviado por Zeus le da muerte. A él se re-
fiere también la segunda estrofa. 12 Con las danzas dedicadas al dios. Otra alusión a los cw
1' Hijo de Zeus que sufrió un castigo por su arrogancia. ros en honor de Dioniso la hemos visto en Ayax, verso 669.
256 TRAGEDIAS

dignidades por mi cercano parentesco con la familia de sea pasto de las aves de rapiña y de los perros, y ul-
10s muertos. traje para la vista. Tal es mi propósito, y nunca por
1-15 Pero es imposible conocer el alma, los sentimientos mi parte los malvados estarán por delante de los jus-
y las intenciones de un hombre hasta que se muestre tos en lo que a honra se refiere. Antes bien, quien sea
experimentado en cargos y en leyes. Y el que al gober- benefactor para esta ciudad recibirá honores míos en 210
nar una ciudad entera no obra de acuerdo con las me- vida igual que muerto.
iso jores decisiones, sino que mantiene la boca cerrada CORIFEO.- ESO has decidido hacer, hijo de Mene-
por el miedo, ése me parece -y desde siempre me ha ceo, con respecto al que fue hostil y al que fue favora-
parecido- que es el peor. Y al que tiene en mayor ble a esta ciudad. A ti te es posible valerte de todo tipo
estima a un amigo que a su propia patria no lo consi- de leyes, tanto respecto a los muertos como a cuantos
dero digno de nada. Pues yo -jskpalo Zeus que todo estamos vivos.
18s lo ve siempre!- no podría silenciar la desgracia que CREONTE. -Ahora, para que seáis vigilantes de lo 21s
viera acercarse a los ciudadanos en vez del bienestar, que se ha dicho.. .
ni nunca mantendría como amigo mío a una persona CORIFEO. - Ordena a otro más joven que sobrelleve
que fuera hostil al país, sabiendo que es éste el que esto 14.
iw nos salva y que, navegando sobre él, es como felizmen- CREONTE. -Pero ya están dispuestos guardianes del
te haremos los amigos 1 3 . Con estas normas pretendo cadáver.
yo engrandecer la ciudad. CORIFEO. - Conque, ¿que otra cosa nos encargas,
Y ahora, de acuerdo con ellas, he hecho proclamar además de lo dicho?
un edicto a los ciudadanos acerca de los hijos de Edi- CREONTE. -Que no os ablandéis ante los que des-
195 PO. A Eteocles, que murió luchando por la ciudad tras obedezcan esta orden.
sobresalir en gran manera con la lanza, que se le se- CORIFEO. - Nadie es tan necio que desee morir. 220
pulte en su tumba y que se le cumplan todos los ritos CREONTE. -Este, en efecto, será el pago. Pero bajo
sagrados que acompañan abajo a los cadáveres de los la esperanza de provecho inuchas veces se pierden los
héroes. Pero a su hermano -me refiero a Polinices-, hombres.
m que en su vuelta como desterrado quiso incendiar com- (Entra un guardián de los que vigilan el caddver de
pletamente su tierra patria y a las deidades de su raza, Polinices.)
además de alimentarse de la sangre de los suyos, y qui- GUARDIAN. -Señor, no puedo decir que por el apre-
so llevárselos en cautiverio, respecto a &te ha sido or- suramiento en mover rápido el pie llego jadeante, pues 225
denado por un heraldo a esta ciudad que ninguno le hice muchos altos a causa de mis cavilaciones, dándo-
tribute los honores postreros con un enterramiento, ni me la vuelta en medio del camino. Mi ánimo me habla-
20s le llore. Que se le deje sin sepultura y que su cuerpo ba muchas veces de esta manera: « ¡Desventurado! ¿Por
- -
qué vas adonde recibirás im castigo cuando hayas Ile-
l U l u s i ó n , muy repetida, al siinil de la nave del estado, que
o 163), en los líricos, trágicos, en
encontramos desde A ~ u c í ~ o c(fr. 14 El Coro no disimula la mala acogida que en el tienen las
la comedia, historia y oratoria. órdenes de Creonte acerca de Polinices.
40.- 17
258 TRAGEDIAS

gado? ¡Infortunado! ¿Te detienes de nuevo? Y si Creon- reza. Aun sin haberlo arrastrado, no aparecían señales
uo te se entera de esto por otro hombre, ¿cómo es posible de fiera ni de perro alguno que hubiese venido.
que no lo sientas?, Dándole vueltas a tales pensamien- Resonaban los insultos de unos contra otros, acu- 260
tos venía lenta y perezosamente, y así un camino corto sándonos entre nosotros mismos, y se habría produci-
se hace largo. Por último, sin embargo, se impuso el do al final un enfrentamiento sin que estuviera presen-
llegarme junto a ti, y, aunque no descubriré nada, ha- te quien lo impidiera. Pues cada uno era el culpable,
u5 blaré. Me presento, pues, aferrado a la esperanza de pero nadie lo era manifiestamente, sino que negaban
no sufrir otra cosa que lo decretado por el azar. saber nada. Estábamos clispuestos a levantar metales
CREONTE. - ¿Por qué tienes este desánimo? al rojo vivo con las manos, a saltar a través del fuego '"65
GUARDIAN. - Quiero hablarte primeramente de lo y a jurar por los dioses no haberlo hecho, ni conocer al
que a mí respecta. El hecho ni lo hice yo, ni vi quién que había tramado la acción ni al que la había llevado
240 lo hizo, y no seria justo que me viera abocado a alguna
a la práctica.
desgracia.
--- a-- - - - - Finalmente, puesto que en la investigación no sa-
CREONTE. - Bien calculas y ocultas el asunto con un cábamos nada nuevo, habla uno que nos movió a todos
a inclinar la cabeza al suelo por el temor. Y no sabía- 270
rodeo. Está claro que algo malo vas a anunciar.
mos replicarle, ni cómo actuaríamos para que nos sa-
GUARDL~N. - Las palabras terribles producen gran liera bien. La propuesta era que había de serte comu-
vacilación.
nicado este hecho y que no lo ocultaríamos. Esto fue lo
CREONTE. - ¿Y no hablarás de una vez y despues te que se impuso y la suerte me condenó a mí, desafor-
irás lejos de aquí? tunado, a cargar con esta «buena, misión. Estoy aquí 27s
GUARDIAN. -Te lo digo ya: alguien, después de dar en contra de mi voluntad y de la tuya, bien lo sé. Pues
sepultura al cadáver, se ha ido, cuando hubo esparcido nadie quiere un mensajero de malas noticias.
seco polvo sobre el cuerpo y cumplido los ritos que CORIFEO. - Señor, mis pensamientos están, desde
debía. hace un rato, deliberando si esto es obra de los dioses.
CREONTE.
ha atrewiot
. . - Qué dices? i Qué hombre es el que se CREONTE. - NO sigas antes de llenarme de ira con 280
tus palabras, no vayas a ser calificado de insensato a
GUARDIAN. -NO lo sé, pues ni había golpe de pala la vez que de viejo. Dices algo intolerable cuando ma-
ni restos de tierra cavada por el azadón. La tierra está nifiestas que los dioses sienten preocupación por este
dura y seca, sin hendir, y no atravesada por ruedas de cuerpo. ¿Acaso dándole honores especiales como a un
carro. No había señal de que alguien fuera el artífice. bienhechor iban a enterra.r al que vino a prender fuego 28s
Cuando el primer centinela nos lo mostró, un embara- a los templos rodeados d.e columnas y a las ofrendas,
255 zoso asombro cundió entre todos, pues él l5 había des- así como a devastar su tierra y las leyes? ¿Es que ves
aparecido, no enterrado, sino que le cubría un ñno pol- que los dioses den honra a los malvados? No es posible.
vo, como obra de alguien que quisiera evitar la irnpu-
16 Sin entrar en suposiciones hago constar que esto es lo
que en la Edad Media se llamaban ordalías o juicios de Dios.
260 TRAGEDIAS

2% Algunos hombres de la ciudad, por el contrario, vienen GUARDI~N. -El culpable te aflige e1 alma, yo los 320
soportando de mala gana el edicto y murmuraban con- oídos.
tra mí a escondidas, sacudiendo la cabeza, y no man- CREONTE. - iAh, está claro que eres por naturaleza
tenían la cerviz bajo el yugo, como es debido, en señal un charlatán!
de acatamiento. Sé bien que ésos, inducidos por las , GUARDIAN.- Pero esa acción no la he cometido
recompensas de aquéllos 1 7 , son los que lo han hecho. nunca.
295 Ninguna institución ha surgido peor para los hom- CREONTE. -Sí, y encima traicionando tu alma por
bres que el dinero. Él saquea las ciudades y hace salir dinero.
a los hombres de sus hogares. E1 instruye y trastoca GUARDI~N. - ¡Ay! Es terrible, ciertamente, para
los pensamientos nobles de los hombres para conver- quien tiene una sospecha, que le resulte falsa.
300 tirlos en vergonzosas acciones. Él enseñó a los hombres CREONTE.- Dátelas de gracioso ahora con mi sospe-
a cometer felonías y a conocer la impiedad de toda cha. Que, si no mostráis ,a los que han cometido estos 32s
acción. Pero cuantos por una recompensa llevaron a hechos, diréis abiertamente que las ganancias alevosas
cabo cosas tales concluyeron, tarde o temprano, pagan- producen penas.
do un castigo. (Entra Creonte en palacio.)
Ahora bien, si Zeus aún tiene alguna veneración por GUARDIAN.- ¡Que sea idescubierto, sobre todo! Pero,
30s mi parte, sabed bien esto -y te hablo comprometido si es capturado como si no lo es -es el azar el que lo
por un juramento-: que, si no os presentáis ante mis resuelve-, de ningún modo me verás volver aquí.
ojos habiendo descubierto al autor de este sepelio, no Y ahora, sano y salvo en contra de mi esperanza y de 330
os bastará sólo la muerte. Antes, colgados vivos, evi- mi convicción, debo a los dioses una gran merced.
310 denciaréis esta insolencia, a fin de que, sabiendo de
dónde se debe adquirir ganancia, la obtengáis en el fu- CORO.
turo y aprendáis, de una vez para siempre, que no de- Estrofa 1.8
béis desear el provecho en cualquier acción. Pues, a
Muchas cosas asombrosas existen y, con todo, nada
causa de ingresos deshonrosos, se pueden ver más des-
m á s asombroso que el hombre. El se dirige al otro lado
del blanco l 8 mar con la ,ayuda del tempestuoso viento
carriados que salvados.
Sur, bajo las rugientes olas avanzando, y a la m á s po- 33s
315 GUARDI~N. - ¿Me permitirás decir algo, o me voy
derosa de las diosas, a ira imperecedera e infatigable
así, dándome la vuelta? Tierra, trabaja sin descanso, haciendo girar los arados 340
CREONTE. - ¿NO te das cuenta de que también aho- año tras año, a2 ararla con mulos.
ra me resultas molesto con tus palabras?
GUARDIAN.- ¿En tus oídos te hieren o en tu alma? Antístrofa l.*
CREONTE.- ¿Por qué precisas dónde se sitúa mi El hombre que es hábil da caza, envolviéndolos con
aflicción? .los lazos d e sus redes, a la especie d e los aturdidos pá-
18 Epíteto que alude al color de la espuma de las olas del
17 De los que murmuran a escondidas. mar al romper en la superfic~ie.
262 TRAGEDIAS

345 jaros, y a los rebarios de agrestes fieras, y a la familia será que te llevan porque has desobedecido las normas
de los seres marinos. Por sus mañas se apodera del del rey y ellos te han scirprendido en un momento de
350 animal del campo que va a través de los montes lg, y locura ?
rmce al yugo que rodea la cerviz al caballo de espesas GUARDXAN. -Esta es la que ha cometido el hecho.
crines, así c o m o al incansable toro montaraz. La cogimos cuando estaba dándole sepultura. Pero, xs
¿dónde está Creonte?
Estrofa 2.* CORIFEO. - 0portuna:mente sale de nuevo del pa-
Se enseñó a sí m i s m o el lenguaje y el alado pensa- lacio.
355 miento, así c o m o las civilizadas maneras d e comportar- CREONTE. - 2 Qué pasa? 2 Por qué motivo llego a
se, y también, fecundo e n recursos, aprendió a esquivar tiempo?
bajo el cielo los dardos d e los desapacibles hielos y los GUARDIAN. -Señor, nada existe para los mortales
3 ~ de
) las lluvias inclementes 2 0 . Nada de l o por venir le que pueda ser negado con juramento. Pues la reflexión
encuentra falto de recursos. Sólo del Hades n o tendrá posterior desmiente los propósitos. Yo estaba comple- iw
escapatoria. De enfermedades que n o tenían remedio ya tamente creído de que difícilmente me llegaría aquí,
ha discurrido posibles evasiones. después de las amenazas de las que antes fui objeto.
Pero la alegría que viene: de fuera y en contra de toda
Antístrofa 2." esperanza a ningún otro goce en intensidad se asemeja.
Poseyendo una habilidad superior a l o que se puede He venido, aunque había jurado que no lo haría, tra- 3 s
36s uno imaginar, la destreza para ingeniar recursos, la en- yendo a esta muchacha, que fue apresada cuando pre-
camina unas veces al mal, otras veces al bien. Será u n paraba al muerto z'. Y en este caso no se echó a suer-
alto cargo e n la ciudad, respetando las leyes de la tie- tes, sino que fue mío el hiallazgo y de ningún otro. Y aho-
rra y la justicia de los dioses que obliga por juramento. ra, rey, tomando tú mismo a la muchacha, júzgala y
370 Desterrado sea aquel que, debido a s u osadía, se da hazla confesar como deseas. Que justo es que yo me m
a l o que no está bien. /Que n o llegue a sentarse junto vea libre de esta carga.
375 a m i hogar ni participe de m i s pensamientos el que CREONTE. -A ésta que traes, ¿de qué manera y d6n-
haga esto! de la has cogido?
(Entra el Guardián arrastrando a Antígona.)
CORIFEO. -Atónito quedo ante un prodigio que pro-
GUARDIAN. - Ella en persona daba sepultura al cuer-
po. De todo quedas enterado.
cede de los dioses. ¿Cómo, si yo la conozco, podré ne-
gar que dsta es la joven Antígona? ¡Ay desventurada,
CREONTE. - ¿En verdad piensas lo que dices y no me
mientes?
350 hija de tu desdichado padre Edipo! ¿Qué pasa? ¿No
GUARDI~N. -La he vi.sto enterrar al cadáver que tú
habían prohibido enterrar. ¿Es que no hablo clara y 405
Debe tratarse de la cabra, nombrada por HOMERO
19 (Odisea
IX 155; H~sfooo,Escudo 407; Filoctetes 955). manifiestamente?
20 P. Mazon expone, aquí, la teoría de que estas palabras
21 Para los ritos del sepelio: esto es, cubrirle de tierra y
aluden a la construcción de sus cuevas y moradas para resguar-
darse de las inclemencias del tiempo. derramar libaciones.
264 TRAGEDIAS

CREONTE. - ¿Y cómo fue vista y sorprendida? dos 23. Ahora bien, obtener todas las demás cosas es 440
GUARDIAN. -La cosa fue de esta manera: cuando para mí menos importante que ponerme a mí mismo
hubimos llegado, amenazados de aquel terrible modo a salvo.
410 por ti, después de barrer toda la tierra que cubría el CREONTE.- (Dirigiéndose a Antígona.) Eh, tu, la que
cadáver y de dejar bien descubierto el cuerpo, que ya inclina la cabeza hacia el suelo, {confirmas o niegas
se estaba pudriendo, nos sentamos en lo alto de la coli- haberlo hecho?
na, protegidos del viento, para evitar que nos alcanzara ANT~GONA. - Digo que lo he hecho y no lo niego.
el olor que aquél desprendía, incitándonos el uno al CREONTE. - (Al guardián.) T ú puedes marcharte
adonde quieras, libre, fuera de la gravosa culpa. ( A An- 445
otro vivamente con denuestos, por si alguno descuidaba
tígona de nuevo.) Y tú dime sin extenderte, sino breve-
415 SU tarea. Durante un tiempo estuvimos así, hasta que
mente, jsabías que había sido decretado por un edicto
en medio del cielo se situó el brillante círculo del sol.
que no se podía hacer esto?
El calor ardiente abrasaba. Entonces, repentinamente,
un torbellino de aire levantó del suelo un huracán -ca-
ANT~GONA.- LO sabía. ¿Cómo no iba a saberlo? Era
manifiesto.
lamidad celeste- que llenó la meseta, destrozando todo
CREONTE.- ¿Y, a pesar de ello, te atreviste a trans-
420 el follaje de los árboles del llano, y el vasto cielo se
gredir estos decretos?
cubrió. Con los ojos cerrados sufríamos el azote divino.
ANT~GONA.-NO fue Zeus el que los ha mandado
Cuando cesó, un largo rato después, se pudo ver a publicar, ni la Justicia que vive con los dioses de abajo 4x1
la muchacha. Lanzaba gritos penetrantes como un pá- la que fijó tales leyes para los hombres. No pensaba
42s jaro desconsolado cuando distingue el lecho vacío del que tus proclamas tuvieran tanto poder como para que
nido huérfano de sus crías. Así ésta, cuando divisó el un mortal pudiera transgredir las leyes no escritas e in-
cadáver descubierto, prorrumpió en sollozos y tremen- quebrantables de los dioses. Éstas no son de hoy ni de 455
das maldiciones para los que habían sido autores de ayer, sino de siempre, y nadie sabe de dónde surgieron.
esta acción. En seguida transporta en sus manos seco No iba yo a obtener castigo por ellas 2 4 de parte de 10s
430 polvo y, de un vaso de bronce bien forjado, desde arri- dioses por miedo a la intención de hombre alguno.
ba cubre el cadáver con triple libacibn 22. Sabía que iba a morir, ¿cómo no?, aun cuando tú 460
Nosotros, al verlo, nos lanzamos, y al punto le di- no lo hubieras hecho pregonar. Y si muero antes de
mos caza, sin que en nada se inmutara. La interrogá- tiempo, yo lo llamo ganaincia. Porque quien, como yo,
bamos sobre los hechos de antes y los de entonces, viva entre desgracias sin cuento, ¿cómo no va a obte-
435 y nada negaba. Para mí es, en parte, grato y, en parte,
ner provecho al morir? Así, a mí no me supone pesar 46s
doloroso. Porque es agradable librarse uno mismo de alcanzar este destino~porel contrario. si hubiera con-
sentido que el cadáver del que ha nacido de mi madre
desgracias, pero es triste conducir hacia ellas a los deu-
23 También podría traducirse por *amigo.. El guarda for-
2s La triple libación era ritual. La primera era con leche y maba parte como esclavo de la familia real.
miel, la segunda con vino dulce y la tercera con agua. 24 Por transgredirlas, se entiende.
266 TRAGEDIAS

estuviera insepulto, entonces sí sentiría pesar. Ahora, nos, detesto que, cuando uno es cogido en fechorías,
en cambio, no me aflijo. Y si te parezco estar haciendo quiera después hermosearlas.
470 locuras, puede ser que ante un loco me vea culpable ANT~GONA. - ¿Pretendes algo más que darme muer-
de una locura. te, una vez que me has apresado?
CORIFEO. - Se muestra la voluntad fiera de la mu- CREONTE. -YO nada. Con esto lo tengo todo.
chacha que tiene su origen en su fiero padre. No sabe ANT~GONA. - ¿Qué te hace vacilar en ese caso? Por-
ceder ante las desgracias. que a mí de tus palabras nada me es grato -¡que nun- 500
CREONTE. -Sí, pero sábete que las voluntades en ca me lo sea!-, del mismo modo que a ti te desagra-
exceso obstinadas son las que primero caen, y que es dan las mías. Sin embargo, ¿dónde hubiera podido
475 el más fuerte hierro, templado al fuego y muy duro, el
obtener yo más gloriosa fama que depositando a mi
que más veces podrás ver que se rompe y se hace añi- propio hermano en una sepultura? Se podría decir que
cos. Sé que los caballos indómitos se vuelven dóciles esto complace a todos los presentes, si el temor no les 505
con un pequeño freno. No es lícito tener orgullosos tuviera paralizada la lengua. En efecto, a la tiranía le
pensamientos a quien es esclavo de los que le rodean. va bien en otras muchas cosas, y sobre todo le es
posible obrar y decir lo que quiere 2 8 ,
480 Ésta conocia perfectamente que entonces estaba obran-
CREONTE.-Tú eres la única de los Cadmeos que
do con insolencia, al transgredir las leyes establecidas,
piensa tal cosa.
y aquí, después de haberlo hecho, da muestras de una
ANT~GONA. - Éstos también lo ven, pero cierran Ia
segunda insolencia: ufanarse de ello y burlarse, una vez
boca ante ti.
que ya lo ha llevado a efecto.,
CREONTE.- ¿Y tu no te avergüenzas de pensar de 510
Pero verdaderamente en esta situación no sería yo
distinta manera que ellos?
m el hombre - e l l a lo sería-, si este triunfo hubiera de
ANT~GONA. - NO considero nada vergonzoso honrar
quedar impune. Así, sea hija de mi hermana, sea más
a los hermanos.
de mi propia sangre que todos los que están conmigo
bajo la protección de Zeus del Hogar ella y su her- CREONTE. - ¿NO era también hermano el que murió
del otro lado?
mana no se librarán del destino supremo. Inculpo a
ANT~GONA. -Hermano de la misma madre y del mis-
4n, aquélla de haber tenido parte igual en este enterra-
mo padre.
miento. Llamadla. Acabo de verla adentro fuera de sí
y no dueña de su mente. Suele ser sorprendido antes
CREONTE. - ¿Y cómo es que honras a éste con im-
pío agradecimiento para aquél? a 7 .
el espíritu traidor de los que han maquinado en la os-
ANT~GONA. - NO confirmará eso el que ha muerto. 51s
495 curidad algo que no está bien. Sin embargo, yo, al me-
CREONTE. -Sí, si le das honra por Igual que al impío.
25 Creonte conoce que incurre en una falta contra los dio-
ses en la persona de Zeus protector del hogar -al que se tenía 26 Frase solemne de aguda critica al aborrecido rkgimen de
consagrado un altar en el patio del palaci-, juzgando y casti- la tiranía. No es una referencia. aislada en la tpoca clásica (EvRt-
gando a un miembro de ese hogar, pero cree estar obligado a PIDES, Ión 621-632).
ello en su condición de guardián de las leyes de la ciudad. 27 Eteocles.
268 TRAGEDIAS

ANT~GONA. - NO era un siervo, sino su hermano, el ses de abajo son testigos. Yo no amo a uno de los míos,
que murió. si sólo de palabra ama.
CREONTE. - Por querer asolar esta tierra. El otro, ISMENE.- ¡Hermana, no me prives del derecho a 545
enfrente, la defendía. morir contigo y de honrar debidamente al muerto!
ANT~GONA. - Hades, sin embargo, desea leyes iguales. ANT~GONA. -NO quieras morir conmigo, ni hagas
520 CREONTE. - Pero no que el bueno obtenga lo mis- cosa tuya aquello en lo que no has participado. Será
mo que el malvado. suficiente con que yo muera.
ANT~GONA. - ¿Quién sabe si allá abajo estas cosas ISMENE. - ¿Y qué vida me va a ser grata, si me veo
son las piadosas? privada de ti?
CREONTE-El enemigo nunca es amigo, ni cuando ANT~GONA. -Pregunta a Creonte, ya que te eriges
muera. en defensora suya.
ANT~GONA. -Mi persona no está hecha para compar- ISMENE. - ¿Por qué me mortificas así, cuando en 550
tir el odio, sino el amor. nada te aprovecha?
CREONTE. - Vete, pues, allá abajo para amarlos, si ANT~GONA. - Con dolor me río de ti, si es que lo
525 tienes que amar, que, mientras yo viva, no mandará hago.
una mujer. ISMENE. - Pero, ¿en qué puedo aún serte útil ahora?
(Sale Ismene entre dos esclavos.) ANT~GONA. - Sálvate tú. No veo con malos ojos que
CORIFEO. -He aquí a Ismene, ante la puerta, derra- te libres.
mando fraternas lágrimas. Una nube sobre sus cejas ISMENE. - ¡Ay de mí, desgraciada! ¿Y no alcanzaré
530 afea su enrojecido rostro, empapando sus hermosas tu destino?
mejillas. ANT~GONA. -Tú has elegido vivir y yo morir. 555
CREONTE. -Tú, la que te deslizaste en mi casa como ISMENE. - Pero no sin que yo te diera mis consejos.
una víbora, y me bebías la sangre sin yo advertirlo. No ANT~GONA. - A unos les pareces tú sensata, yo a
sabía que alimentaba dos plagas que iban a derrumbar otros 2 8 .
mi trono. Ea, dime, ¿vas a afirmar haber participado ISMENE. - Las dos, en verdad, tenemos igual falta.
535 también tú en este enterramiento, o negarás con un ANT~GONA. - Tranquilízate: tú vives, mientras que
juramento que lo sabes? mi alma hace rato que ha muerto por prestar ayuda 560
ISMENE. -He cometido la acción, si ésta consiente; a los muertos.
tomo parte en la acusación y la afronto. CREONTE. - Afirmo que estas dos muchachas han
ANT~GONA. - Pero no te lo permitirá la justicia, ya perdido el juicio, la una acaba de manifestarlo, la otra
que ni tú quisiste ni yo me asocié contigo. desde que nació.
m ISMENE. - En estas desgracias tuyas, no me aver- ISMENE. - Nunca, señor, perdura la sensatez en los
güenzo de hacer yo misma contigo la travesía de esta
prueba. 28 Ismene se lo parecía a Creonte, Antígona a Polinices y a
ANTÍGONA.- De quién es la acción, Hades y los dio- los que ya estaban en el Had.es.
270 TRAGEDIAS

que son desgraciados, ni siquiera la que nace con ellos, CORO.


sino que se retira. Estrofa l."
56s CREONTE.- En ti por lo menos, cuando has preferi- ¡Felices aquellos cuya vida no ha probado las desgra-
do obrar iniquidades junto a malvados. cias! Porque, para quiene.~su casa ha sido estremecida
ISMENE. - ¿Y qué vida es soportable para mí sola, por los dioses, ningún in.fortunio deja de venir sobre
separada de ella? toda la raza, del mismo modo que las olas marinas, 935
CREONTE.- NO digas cella~:no existe ya. cuando se lanzan sobre e:I abismo submarino impulsa-
ISMENE. - ¿Y vas a dar muerte a la prometida de das por los desfavorables vientos tracios, arrastran fan- sw
tu propio hijo? go desde el fondo del negro mar, y resuenan los acan-
CREONTE.- También los campos de otras se pueden tilados azotados por el viento con el ruido que produ-
arar 29. cen al ser golpeados.
570 ISMENE. - NO con la armonía que reinaba entre ellos Antfstrofa 1:
dos. V e o que desde antiguo las desgracias de la casa de
CREONTE.- Odio a las mujeres perversas para mis
los Labdácidas se precipitan sobre las desgracias de los s95
hijos.
que han muerto 30, y ninguna generacidn libera a la
ANT~GONA. - iOh queridísimo Hemón! iCómo te des-
raza, sino que alguna dei'dad las aniquila y n o les deja
honra tu padre!
tregua. Ahora se había difundido una luz e n el palacio
CREONTE.- Demasiadas molestias me producís tú y
de Edipo sobre las últimas ramificaciones. Pero de nue- m
tu matrimonio.
vo el polvo sangriento de los dioses infernales lo siega,
CORIFEO.- ¿Vas a privar, en verdad, a tu hijo de la necedad de las palabriss y la Venganza de una reso-
Csta?
CREONTE.-Hades será quien haga cesar estas bo-
lucidn
9 s
das por mi. Estrofa 2.8
-
CORIFEO. Está decidido, a lo que parece, que ¿Qué conducta de los hombres podría reprimir tu 605
muera. poder, Zeus? Ni el sueño, el que amansa todas las co-
CREONTE. -Tanto en tu opinión como en la mía. No sas, lo domina nunca, ni los meses incansables de los
más dilaciones. Ea, esclavas, llevadlas dentro. Preciso dioses, y tú, que n o envejeces con el tiempo, dominas
es que estas mujeres estén encerradas y no sueltas. poderoso el centelleante resplandor de2 Olimpo. Para 610
580 Pues incluso los más animosos intentan huir cuando l o que sucede ahora y tr, que suceda en el futuro, lo
ven a Hades cerca ya de su vida. mismo que para lo que sucedid anteriormente, esta ley
(Entran en palacio todos.)
30 Layo, Edipo, Eteocles y Polinices.
3
' Pasaje lleno de simbología difícil. Parece que la duza era
- -
la esperanza en el proyectad80 matrimonio de Antigona con He-
29 Esta es una imagen usual que encontramos repetida en m6n. Antígona forma parte de las riiltimas ramificaciones~.La
el mismo autor (Traquinias 33; Edipo Rey 1211, 1497) y en otros rnecedad de las palabrasa de Creonte y la avengamas o Erinis
(EUR~PIDES,Idn 49; MENANDRO, Díscolo 842). que surgirá de las aresoluciones~de Antígona.
272 TRAGEDIAS

prevalecerá: nada extraordinario llega a la vida d e los gos? Por tanto, hijo, tú nunca eches a perder tu sensa-
mortales separado de la desgracia. tez por causa del placer motivado por una mujer, sa-
biendo que una mala esposa en la casa como compa- 650
Antístrofa 2."
ñera se convierte en eso, en un frío abrazo 32. {Qué
615 La esperanza errante trae dicha a numerosos kom- mayor desgracia podría haber que un pariente malva-
bres, mientras que a otros trae la añagaza de sus tor-
do? Así que, despreciándo:la como a un enemigo, deja
n a d i z o ~deseos. Se desliza e n quien nada sabe hasta que
que esta muchacha despose a quien quiera en el Hades,
620 se quema el pie con ardiente fuego. Sabiamente fue
puesto que sólo a ella de toda la ciudad he sorprendi- 655
dada a conocer por alguien la famosa sentencia: lo malo
do abiertamente en actitud de desobediencia. Y no voy
llega a parecer bueno a aquel cuya mente conduce una
a presentarme a mí mismo ante la ciudad como un
625 divinidad hacia el infortunio, y durante m u y poco tiem-
embustero, sino que le haré dar muerte.
po actúa fuera d e la desgracia.
¡Que invoque por ello a Zeus protector de la fami-
Pero he aquí a Hemón, el más joven vástago de tus
lia! Pues si voy a tolerar que los que por su nacimien-
hijos. ¿Acaso llega disgustado por el destino de s u pro-
to son mis parientes alteren el orden, ¡cuánto más lo 660
630 metida Antigona, afligiéndose e n exceso por la frustra-
haré con los que no son de mi familia! Quien con los
ción d e sus bodas?
asuntos de la casa es persona intachable también se
(Herndn entra e n escena.)
CREONTE. -Pronto lo sabremos mejor que lo saben mostrará justo en la ciudad. Y quien 3 3 , habiendo trans-
los adivinos. (Dirigiéndose a Hemón.) iOh hijo! ¿No te gredido las leyes, las rechaza o piensa dar órdenes a
presentarás irritado contra tu padre, al oír el decreto los que tienen el poder, no es posible que alcance mi 665
irrevocable que se refiere a la que va a ser tu esposa? aprobación.
¿O sigo siéndote querido de todas maneras, haga lo Al que la ciudad designa se le debe obedecer en lo
que haga? pequeño, en lo justo y en lo contrario 34. YO tendría
635 H E M ~ -Padre,
N. tuyo soy y tú me guías rectamen- confianza en que este hombre gobernara rectamente
te con excelentes consejos que yo seguiré. Ningunas en tanto en cuanto quisiera ser justamente gobernado
bodas son para mí más importantes de obtener que tu y permanecer en el fragor de la batalla en su puesto, 670
recta dirección. como un leal y valiente soldado. No existe un mal ma-
CREONTE. -Así, hijo mío, debes razonar en tu inte-
32 ES frecuente el juicio negativo acerca de la mujer en la
640 rior: posponer todo a las resoluciones paternas. Por
literatura griega. Podemos comparar los consejos de H ~ s f o ~ o
este motivo piden los hombres tener en sus hogares
acerca de la elección de mujer (Trabajos 373). El mismo tono
hijos sumisos tras haberlos engendrado, para que ven- encontramos en los líricos (SIM~NIDES, 8; ESQUILO, Siete contra
guen al enemigo con males y honren al amigo igual que Tebas 187-188; EURÍPIDES,Hipólito 616 y sigs.).
645 a su padre. En cambio, el que trae a la vida hijos que 33 Sigo e1 orden de los manuscritos y no el que sigue la
no sirven para nada, ¿qué otra cosa podrías decir de edición de MSON.
él sino que ha hecho nacer una fuente de sufrimientos
3* Eufemismo, por no cit.ar la palabra «injustos, pudor ex-
plicable en boca de un tirano en un parlamento ante sus súb-
para sí mismo y un motivo de burla para sus enemi- ditos.
274 TRAGEDIAS

yor que la anarquía. Ella destruye las ciudades, deja hijos mayor que la buena fama de un padre cuando
los hogares desolados. Ella es la que rompe las líneas está en plenitud de bienestar, o qué es más importante
67s y provoca la fuga de la lanza aliada. La obediencia, en para un padre que lo que viene de los hijos?flo man-
cambio, salva gran número de vidas entre los que tengas en ti mismo sólo un punto de vista: el de que 705
triunfan. lo que tú dices y nada rnás es lo que está bien. Pues
Y, así, hay que ayudar a los que dan las órdenes los que creen que Únicamente ellos son sensatos o que
y en modo alguno dejarse vencer por una mujer. Mejor poseen una lengua o una inteligencia cual ningún otro,
680 seria, si fuera necesario, caer ante un hombre, y no se- éstos, cuando quedan al descubierto, se muestran vacíos.
ríamos considerados inferiores a una mujer. Pero nada tiene de vergonzoso que un hombre, aun-
CORIFEO.-A nosotros, si no estamos engañados a que sea sabio, aprenda mucho y no se obstine en dema- 710
causa de nuestra edad, nos parece que hablas con sen- sía. Puedes ver a lo largo del lecho de las torrenteras
satez en lo que estás diciendo. que, cuantos árboles ceden, conservan sus ramas, mien-
H E M ~-N . Padre, los dioses han hecho engendrar la tras que los que ofrecen resistencia son destrozados
razón en los hombres como el mayor de todos los bie- desde las raíces. De la misma manera el que tensa fuer- 715
68s nes que existen. Que no hablas tú estas palabras con temente las escotas de una nave sin aflojar nada, des-
razón ni sería yo capaz de decirlo ni sabría. Sin embar- pués de hacerla volcar, navega el resto del tiempo con
go, podría suceder que también en otro aspecto tuviera la cubierta invertida.
yo razón. A ti no te corresponde cuidar de todo cuanto Así que haz ceder tu cólera y consiente en cambiar.
690 alguien dice, hace o puede censurar 35. Tu rostro resul- Y si tengo algo de razón -aunque sea más joven-,
ta terrible al hombre de la calle, y ello en conversacio- afirmo que es preferible con mucho que el hombre esté n o
nes tales que no te complacerías en escucharlas. Pero por naturaleza completamente lleno de sabiduría. Pero,
a mí, en la sombra, me es posible oír cómo la ciudad si no lo está -pues no suele inclinarse la balanza a este
se lamenta por esta joven, diciendo que, siendo la que lado-, es bueno también que aprenda de los que ha-
695 menos lo merece de todas las mujeres, va a morir de blan con moderación.
indigna manera por unos actos que son los más dignos CORIFEO.-Señor, es natural que tú aprendas lo
de alabanza: por no permitir que su propio hermano, que diga de conveniente, y tú, por tu parte, lo hagas de 725
caído en sangrienta refriega, fuera exterminado, inse- él. Razonablemente se ha hablado por ambas partes.
pulto, por carniceros perros o por algún ave rapaz. CREONTE. - ¿ES que entonces los que somos de mi
« ¿ E s que no es digna de obtener una estimable recom- edad vamos a aprender si ser razonables de jóvenes de
700 pensa?» Tal oscuro rumor se difunde con sigilo.
la edad de éste?
Para mí, sin embargo, no existe ningún bien más
H E M ~-Nada
N. hay que no sea justo en ello. Y, si
preciado que tu felicidad. Pues, ¿qué honor es para los
yo soy joven, no se debe atender tanto a la edad como
a los hechos.
35 La versión que acepta P. Mazon: soii d'oiin péphyka, nos
daría otra interpretación: uYo he nacido de ti para cuidar por CREONTE. - {Te refieres al hecho de dar honra a los 730
ti en todo cuanto alguien dice. etc.. . que han actuado en contra de la ley?
276 TRAGEDIAS

-
H E M ~ N . NO sería yo quien te exhortara a tener CREONTE. -Todo lo que estás diciendo, en verdad,
consideraciones con los malvados 3 6 . es en favor de aquélla.
CREONTE. - ¿Y es que ella no está afectada por se- HEM~N - Y. de ti, y de mí, y de los dioses de abajo.
mejante mal? CREONTE. - A ésa no es posible que, aun viva, la 750
HEM~N -. Todo el pueblo de Tebas afirma que no. desposes.
CREONTE. - ¿Y la ciudad va a decirme lo que debo HEM~N -. Va a morir, ciertamente, y en su muerte
hacer? arrastrará a alguien.
735 HEM~N -. ¿Te das cuenta de que has hablado como CREONTE. - ¿ESque con amenazas me haces frente,
si fueras un joven? osado? 37.
CREONTE. - ¿Según el criterio de otro, o según el HEM~N. - ¿Qué amenaza es hablar contra razones
mío, debo yo regir esta tierra? sin fundamento?
-
H E M ~ N . NO existe ciudad que sea de un solo hom- CREONTE. - Llorando vas a seguir dándome leccio-
bre. nes de sensatez, cuando a ti mismo te falta.
CREONTE. - ¿NO se considera que la ciudad es de HEM~N -. Si no fueras mi padre, diría que no estás 755
quien gobierna? en tu sano juicio.
HEM~N -Tu
. gobernarías bien, en solitario, un país CREONTE. - NO me canses con tu charla, tú, el escla-
desierto. vo de una mujer.
740 CREONTE. - Este, a lo que parece, se ha aliado con HEM~N -. ¿Pretendes decir algo y, diciéndolo, no
la mujer. escuchar nada?
HEM~N. - Sí, si es que tú eres una mujer. Pues me CREONTE. - ¿De veras? Pero, ¡por el Olimpo!, enté-
estoy interesando por ti. rate bien, no me ofenderás impunemente con tus repro-
CREONTE- jOh malvado! ¿A tu padre vas con ches. (Dirigiéndose a los servidores.) Traed a ese odio- 760
pleitos? so ser para que, a su vista, cerca de su prometido, al
HEM~N. - ES que veo que estás equivocando lo que punto muera.
es justo. HEM~N -. NO, por cierto, no lo esperes. Ella no m e
CREONTE. - ¿Yerro cuando hago respetar mi auta- rirá cerca de mí, y tú jamás verás mi rostro con tus
ridad? ojos. ¡Muestra tu locura .relacionándote con los amigos 765
745 -
H E M ~ N . NO la haces respetar, al menos despre- que lo consientan!
ciando honras debidas a los dioses. (Sale precipitadamente.)
CREONTE. - jOh temperamento infame sometido a CORIFEO.- Se ha marchado, rey, presuroso a causa
una mujer! de la cólera. Un corazón que a esa edad sufre es te-
HEM~N -. NO podrías sorprenderme dominado por rrible.
acciones vergonzosas.
37 Creonte interpreta que Hemón se refiere a 61 al utilizar
En veladas palabras notamos la diferente consideración
36 el indefinido «alguien», cuando, en realidad, tras el pronombre
que merece Antígona a Creonte y a Hemón. se encuentra el propio Hemóil, como el espectador sabe.
27 8 TRAGEDIAS

CREONTE. - ¡Que actúe! ¡Que se vaya haciendo pro- delicadas mejillas de las doncellas. Frecuentas los ca- 785
yectos por encima de lo que es humano! Pero a estas minos del mar y habitas en las agrestes moradas, y na-
dos muchachas no las liberará de su destino. die, ni entre los inmortales ni entre los perecederos
770 CORIFEO. - ¿Piensas, pues, dar muerte a las dos? hombres, es capaz de rehuirte, y el que te posee está 790
CREONTE. - No a la que no ha intervenido. En eso fuera de sí.
hablas con razón.
Antístrofa.
CORIFEO. - ¿Y con qué clase de muerte has decidi- T ú arrastras las mentes de los justos al camino de
do matarla? la injusticia para su ruina. T ú has levantado en los
CREONTE. - La llevaré allí donde la huella de los hombres esta disputa entre los de la misma sangre.
hombres esté ausente y la ocultaré viva en una pétrea E s clara la victoria del deseo que emana de los ojos de 795
775 caverna 3 R , ofreciéndole el alimento justo, para que sir- la joven desposada "', del deseo que tiene su puesto en
va de expiación sin que la ciudad entera quede conta- los fundamentos de las grandes instituciones. Pues la
minada 39. Así, si suplica a Hades -único de los dioses divina Afrodita de todo se burla invencible. 800
a quien venera-, alcanzará el no morir, o se dará cuen- (Entra Antígona conducida por esclavos.)
780 ta, por lo menos en ese momento, que es trabajo inútil También yo ahora me: veo impelido a alejarme ya
ser respetuoso con los asuntos del Hades. (Entra en de las leves 42 al ver esto, v ya no puedo retener los
palacio.) torrentes de lágrimas cuando veo que aquí llega Antí-
CORO. gona para dirigirse al lecho, que debía ser nupcial, don- 805

Estrofa. de todos duermen.


Eros, invencible en batallas, Eros que te abalanzas
Estrofa 1."
sobre nuestros animales 40, que estás apostado en las ANTÍGONA. - Vedme, joh ciudadanos de la tierra pa-
tria!, recorrer el postrer camino y dirigir la última mi-
38 El tipo de cámara sepulcral, supuesto por Sófocles al
hacerle decir a Creonte estas palabras, es el de unas tumbas rada a la claridad del sol. Nunca habrá otra vez. Pues sio
artificiales excavadas en las rocas que bordean la llanura tebana.
Este tipo está, tal vez, mejor representado en las tumbas de pasaje. Afirma que la palabra ktémata puede designar también
piedra descubiertas en Nauplia y en alguna zona del Atica, que «rebaño», según el lenguaje popular, y que este uso aún se con-
consistían en cámaras dispuestas horizontalmente en la roca a serva en algunas regiones campesinas de la actual Grecia. De ahí
las que se llegaba por un corredor que puede responder al que pudo haberlo tomado Sófocles. Así se favorece la antítesis del
Creonte y sus hombres tienen que atravesar antes de acceder comportamiento del amor en las bestias y del amor delicado que
a la abertura de la tumba (cf. v. 1216). brota entre los humanos ante la belleza del rostro de las don-
39 Creonte había anunciado que el que transgrediera la ley cellas:
sería lapidado (v. 36). Ahora vemos que ha cambiado la decisión PLAT~N, en Fedro 251 b, describe el amor como el deseo
por la de dejarla morir de inanición, para evitar la violencia infundido en el alma por una emanación de la belleza que pro-
física y hacer que la muerte tuviera el aspecto de algo natural cede del ser querido y que :se recibe a través de los ojos del
y no obra de un hombre. amante. También está recogido en S~FOCLES, frs. 161, 733 y 430,
40 He traducido uanimalesu y no «posesionesu, como sería y en ESQUILO, Agamenón 742, :' Suplicantes 1004.
más común, para dar crédito al comentario de P. Mazon a este Las leyes que ha dictado Creonte.
280 TRAGEDIAS

Hades, el que a todos acoge, m e lleva viva a la orilla Estrofa 2."


81s del Aqueronte 4 3 sin participar del himeneo y sin que ANT~GONA. -¡Ay de mí! Me tomas a risa. (Por qué,
ningún himno m e haya sido cantado delante de la cá- por los dioses paternos, no m e ultrajas cuando m e haya 840
mara nupcial, sino que con Aqueronte celebraré mis marchado, sino que lo haces en m i presencia? [Oh ciu-
nupcias. dad! iOh varones opulentos de la ciudad! iAh fuentes
CORIFEO. -Famosa, en verdad, y con alabanza te di- Dirceas y bosque sagrac'o de Tebas, la de los bellos 845
riges hacia el antro de los muertos, n o por estar afec- carros! A vosotros os tomo por testigos de cómo, sin
820 tada de mortal enfermedad, ni por haber obtenido el lamentos de los míos y por qué clase de leyes, m e dirijo
salario de las espadas, sino que tú, sola entre los mor- hacia u n encierro que es u n túmulo excavado de una
tales, desciendes al Hades viva y por t u propia voluntad. imprevista tumba. ,-Ay d4c mi, desdichada, que n o per- sso
tenezco a los mortales ni soy una más entre los difun-
Antístrofa l."
tos, que ni estoy con los vivos ni con los muertos!
ANT~GONA. -Oí que de la manera más lamentable
82s pereció la extranjera frigia, hija de Tántalo 44, junto a
CORO.-Llegando a las últimas consecuencias de tu
la cima del Sípilo: la mató u n crecimiento de las rocas arrojo, has chocado con fuerza contra el elevado altar
a modo de tenaz hiedra. Y a ella, a medida que se va de la Justicia, oh hija. Estás vengando alguna prueba 85s
consumiendo, ni las lluvias ni la nieve la abandonan, paterna.
830 según cuentan los hombres. Y se empapan las mejillas
Antístrofa 2."
bajo sus ojos que n o dejan de llorar45.El destino m e ANT~GONA. - Has nombrado las preocupaciones que
adormece de modo m u y semejante a ella m e son más dolorosas, el lamento tres veces renovado
CORIFEO.-Pero era una diosa y del linaje de los por m i padre y por todo nuestro destino de ilustres 860
835 dioses, mientras que nosotros somos mortales y de li-
Labdácidas. iAh, infortunios que vienen del lecho ma-
naje mortal. Sin embargo, aun muriendo es glorioso terno y unión incestuosa de m i desventurada madre 865
oír decir que has alcanzado u n destino compartido con con m i padre, de la cual, desgraciada de mí, u n día nací
los dioses en vida y, después, en la muerte. yo! Junto a ellos voy a habitar, maldita, sin casar. /Ah,
43 Río que han de atravesar las almas de los muertos en el hermano, qué deSgraciadas bodas 4 6 encontraste, ya que, 870
mundo subterráneo antes de llegar al Hades. muerto, m e matas a mí, aún con vida!
44 Antígona trae a su recuerdo la historia de Níobe (cf. Elec- CORO.- Ser piadoso es una cierta forma de respeto,
tra, nota 10)' con la que quiere identificarse: la roca en la que pero de ninguna manera. se puede transgredir la auto-
Níobe fue convertida la compara a su propia tumba en la roca;
las dos están en el esplendor de su vitalidad cuando van al en-
ridad de quien regenta el poder. Y , en t u caso, una pa- 87s
cuentro de su trágico destino. En ello encuentra el Coro un sión impulsiva te ha perdido.
argumento de consolación, haciéndole concebir la esperanza de
alcanzar fama después de la muerte.
45 Una roca de formas semejantes a las humanas hace que
se utiIicen términos de la anatomía del rostro, favorecido por- 46 El matrimonio de Polinices con Argía, hija de Adrasto,
que la palabra deirrídas s i g n i f h tanto aladeras,, como ame- rey de Argos, supuso la alianza con los argivos y, por tanto, la
jillasn. invasión de Tebas.
2 82 TRAGEDIAS

Epodo. se muere, otro podría tener, y un hijo de otro hombre 910


ANTÍGOKA. - Sin lamentos, sin amigos, sin cantos de si hubiera perdido uno, pero cuando el padre y la ma-
himeneo SOY conducida, desventurada, por la senda dis- dre están ocultos en el Hades no podría jamás nacer un
puesta. Y a n o m e será permitido, desdichada, contem- hermano. Y así, según este principio, te he distinguido
aso plar la visión del sagrado resplandor, y rzinguno d e los yo entre todos con mis honras, que parecieron a Creon-
míos deplora m i destino, u n destino no llorado. te una falta y un terrible atrevimiento, oh hermano. 91s
(Creonte sale del palacio.) Y ahora me lleva, trai; cogerme en sus manos, sin
CREONTE. - ¿ES que no sabéis que, si fuera menes- lecho nupcial, sin canto de bodas, sin haber tomado
ter, nadie cesaría de cantar o de gemir ante la muerte? parte en el matrimonio ni en la crianza de hijos, sino
sss Llevadla cuanto antes y, tras encerrarla en el aboveda- que, de este modo, abandonada por los amigos, infeliz,
do túmulo -como yo tengo ordenado-, dejadla sola, me dirijo viva hacia los sepulcros de los muertos. ¿Qué 9m
bien para que muera, bien para que quede enterrada derecho de los dioses he transgredido? ¿Por qué tengo
viva en semejante morada. Nosotros estamos sin man- yo, desventurada, que dirigir mi mirada ya hacia los
890 cilla en lo que a esta muchacha se refiere. En verdad dioses? ¿A quién de los aliados me es posible apelar?
que será privada de residencia a la luz del sol. Porque con mi piedad he adquirido fama de impía.
ANTÍGONA. - iOh tumba, oh cámara nupcial, oh ha- Pues bien, si esto es lo que está bien entre los dioses, 925
bitáculo bajo tierra que me guardará para siempre, después de sufrir, reconoceré que estoy equivocada.
adonde me dirijo al encuentro con los míos, a un gran Pero si son éstos los que están errados, ¡que no padez-
número de los cuales, muertos, ha recibido ya Persé- can sufrimientos peores que los que ellos me infligen
895 fone! 4 7 . De ellos yo desciendo la última y de la peor injustamente a mí!
manera con mucho, sin que se haya cumplido mi des- CORIFEO. -Aún dominan s u alma las mismas rafa- 930
tino en la vida. gas d e idénticos vientos.
Sin embargo, al irme, alimento grandes esperanzas CREONTE. -Precisamente por eso habrá llanto para
de llegar querida para mi padre y querida también para los que la conducen, a causa de su lentitud.
900 ti, madre, y para ti, hermano, porque, cuando vosotros CORIFEO. - [Ay! Estas palabras llegan m u y cerca-
estabais muertos, yo con mis manos os lavé y os dis- nas a la muerte.
puse todo y os ofrecí las libaciones sobre la tumba. CREONTE. - N O t e puedo animar a que confíes en 935
Y ahora, Polinices, por ocultar tu cuerpo, consigo se- que esto n o se va a cumplir para ella.
mejante trato. Pero yo te honré debidamente en opi- ANT~GONA. - [Oh ciuda'd paterna del país d e Tebas!
ws nión de los sensatos. Pues nunca, ni aunque hubiera jOh dioses creadores d e nuestro linaje! Soy arrastrada
sido madre de hijos, ni aunque mi esposo muerto se y ya n o puedo aplazarlo. Mirad vosotros, príncipes de 940
estuviera corrompiendo, hubiera tomado sobre mí esta Tebas, a la única que queda d e las hijas d e los reyes 4 8 ,
tarea en contra de la voluntad de los ciudadanos. cómo sufro y a manos de quiénes por guardar el debi-
¿En virtud de qué principio hablo así? Si un esposo d o respeto a la piedad.

4; Mujer de Hades y, por tanto, diosa de los muertos. 48 Evita hablar de Ismene.
284 TRAGEDIAS

(Sale Antígona de la escena conducida por los guar- cólera, por orden de Dion:iso encerrado en una pétrea
das. Creonte entra en el palacio.) prisión. Y así se va extinguiendo el furor desatado y te-
rrible de s u locura. Y se dio cuenta d e que atacaba al 960
CORO 49.
dios e n su locura con mordaces palabras. Pues preten-
Estrofa 1."
día detener a las mujeres poseidas por el dios y el fue-
También Dánae soportó renunciar a la luz del cie-
go del evohé 5 2 , y provoca,ba a las Musas amigas de las 965
945 lo a cambio d e broncínea prisión y, oculta e n la sepul- flautas.
cral morada, se vio uncida al yugo. Y , sin embargo, era
también noble por s u nacimiento -joh hija, hija!- Estrofa 2."
950 y conservaba el fruto de Zeus nacido de la lluvia. Pero Junto a las rocas Cianeas, e n el doble mar 5 3 , están
lo dispuesto por el destino es una terrible fuerza. N i la las costas del Bósforo y el litoral tracio, y Salmideso, 970
felicidad, ni Ares, ni las fortalezas, ni las negras naves donde Ares, cercano a la ciudad, vio inferir una abomi-
azotadas por el mar podrían rehuirla. nable herida que dejó ciegos a los dos hijos de Fineo
Antístrofa l.a a manos d e su violenta esposa, herida que quitó la vista
955 Fue subyugado también el irascible hijo de Drian- d e los ojos, golpeados en las cuencas -que ahora cla-
te rey de los Edones, por los injuriosos arrebatos de m a n venganza- por ensangrentadas manos y con agu- 975
jas de lanzadera 5 4 .
49 Aporto aquí la interpretación que de este estásirno hace
1. ERRANWNEA, Sófocles. Investigaciones sobre la estructura dra- Antístrofa 2.8
mática d e sus siete tragedias y sobre la perso~alidad de sus Se consumían, infortunados, e n infortunada prueba,
coros, Madrid, 1958, cap. 111. Cree que aquí el Coro predice, ve- y se lamentaban por tener su origen e n u n desgraciado
ladamente a causa de la presencia de Creonte, lo que va a su-
ceder a toda la familia. A Antigona alude bajo la figura de Dá- casamiento d e s u madre. Ella por su linaje se remon- 980
nae, a Creonte y Hemón bajo la de Licurgo y su hijo, y a la taba a los primitivos Erectidas 5 5 , y fue criada e n leja-
reina Euridice bajo la de Cleopatra. nas grutas, e n medio de vendavales paternos, la hija 985
50 Dánae es hija de Acrisio, rey de Argos a quien el dios le d e Bóreas, rápida como u n corcel al correr por encima
habia profetizado que el hijo que tuviera Dánae le causaría la
muerte. Asustado ante esta amenaza, mandó construir una cá-
mara subterránea de bronce donde recluyó a su hija. Pese a ello, 52 Las antorchas que llevaban las bacantes cuando en pro-
Zeus la fecundó descendiendo en forma de lluvia de oro, y ella cesión proferían los gritos rituales.
dio a luz un hijo, Perseo. Este tema había sido tratado por Só- j3 Las =Rocas sombríasn estaban situadas, según la leyen-
focles en dos tragedias tituladas Dánae y Acrisio, y por Eurí- da, a la entrada del Helesponto, marcando la división entre el
pides, en su Dánae. mar Negro y el mar de Mármara o Propóntide.
51 Licurgo, rey de los edonios de Tracia, se oponía al culto 54 Fineo, rey de Salmideso, casó en primeras nupcias con
de Dioniso en su tierra y fue enloquecido por el dios. En este Cleopatra, hija de Bóreas, de la que tuvo dos hijos. Tras repu-
estado cometió violentos hechos, entre ellos dar muerte a su diarla, Fineo volvió a casarse con Idea o Idótea. Esta, con sus
propio hijo confundiéndolo con una vid. Por último, los edonios intrigas, logró que les fueran arrancados los ojos a los niños.
lo encerraron prisionero en una gruta en el monte Pangeo por Este tema lo habia tratado ya Sófocles en sus dos Fineos.
mandato de un oráculo (APOLODORO, 111 5, 1). Hay otras versiones 55 La madre de Cleopatra, Oritia, era hija de Erecteo, míti-
de los hechos. Esquilo trató el tema en su trilogía Licurgía. co fundador de la ciudad de Atenas.
286 TRAGEDIAS

de escarpadas rocas; pero también a ella la atacaron las Hefesto, sino que la grasa de los muslos, después de
Moiras inmortales, oh hija. gotear sobre la ceniza, se consumía, se llenaba de humo
(Entra Tiresias, el adivino ciego, guiado por un y salpicaba. Las bolsas de hiel se esparcían por los 1010
nitto.) aires, y los muslos se desprendían y quedaban libres
TIRESIAS. -Príncipes de Tebas, por un camino co- de la grasa que les cubría. De este muchacho aprendí
mún hemos venido dos que ven por uno solo 5 0 . Pues tales cosas: que no se obtenían presagios de ritos con-
990 para los ciegos el camino es posible gracias al guía. fusos, pues él es para mí guía como yo soy para los
(Sale Creonte.) demás.
CREONTE. - ¿Qué nuevas hay, oh anciano Tiresias? La ciudad sufre estas cosas a causa de tu decisión. 1015
TIRESIAS. - YO te las revelaré y tú obedece al adi- En efecto, nuestros altares públicos y privados, todos
vino. ellos, están infectados por el pasto obtenido por aves
CREONTE. - Hasta ahora, en verdad, no me he apar- y perros del desgraciado hijo de Edipo que yace muer-
tado de tu buen juicio. to. Y, por ello, los diose:s no aceptan ya de nosotros
TIRESIAS. -Y así has dirigido el timón de esta ciu- súplicas en los sacrificios, ni fuego consumiendo muslos 1020
dad por la recta senda. de víctimas; y los pájaros n o hacen resonar ya sus
995 CREONTE. - Puedo atestiguar que he experimentado cantos favorables por haber devorado grasa de sangre
provecho. de un cadáver.
TIRESIAS. - Sé consciente de que estás yendo en esta Recapacita, pues, hijo, ya que el equivocarse es co-
ocasión sobre el filo del destino. mún para todos los hombres, pero, después que ha su- 102s
CREONTE. - (Qué ocurre? ¡Cómo tiemblo ante tus cedido, no es hombre irreflexivo ni desdichado aquel
palabras! que, caído en el mal, pone remedio y no se muestra
TIRESIAS. - LO sabrás si escuchas los indicios de inflexible. La obstinación, ciertamente, incurre en in-
mi arte. Cuando estaba sentado en el antiguo asiento
sensatez. Así que haz una concesión al muerto y no fus-
im destinado a los augures, donde se me ofrece el lugar
tigues a quien nada es ya. ¿Qué prueba de fuerza es 1030
de reunión de toda clase de pájaros, escuché un sonido
matar de nuevo al que está muerto? Por tenerte consi-
indescifrable de aves que piaban con una excitación
deración te doy buenos consejos. Muy grato es apren-
ininteligible y de mal agüero. Me di cuenta de que unas
der de quien habla con razón, si ha de reportar pro-
a otras se estaban despedazando sangrientamente con
vecho.
sus garras, pues el alboroto de sus alas era claro.
loos Temeroso, me dispuse al punto a probar con los CREONTE. - iOh ancian.~!Todos, cual arqueros, dis-
sacrificios de fuego sobre altares totalmente ardien- paráis vuestras flechas contra mí como contra un blan-
tes Pero de las ofrendas no salía el resplandor de co, y no estoy libre de intrigas para vosotros ni por
parte de la mántica. Des,de hace tiempo soy vendido 1035
56 Alusión al lazarillo, que también encontramos en Edipo
en Colono 33 y 867.
5; El aceite se extendía por todo el altar en torno a las en los huesos de las reses, especialmente los muslos, con algo
ofrendas v se prendía en varios puntos. Las ofrendas consistían de carne adherida a ellos y recubiertos de grasa.
288 TRAGEDIAS

y tratado como una mercancía por la casta de éstos TIRESIAS. -Me impulsarás a decir lo que no debe i o a
Lucraos, comprad el ámbar de Sardes, si queréis, y el salir de mi pecho.
oro de India, que no pondréis en la sepultura a aquC1, CREONTE. -Sácalo, sólo en el caso de que no hables
ni aunque, apoderándose de él, quisieran llevárselo por dinero.
como pasto las águilas de Zeus junto al trono del dios. TIRESIAS. - ¿Ésa es la impresión que te doy, cuan-
1040 Ni en ese caso, por temor a esta impureza, yo permitiré do sólo procuro por ti?
que enterréis a aquél. Sé muy bien que ningún mortal CREONTE. - Entérate de que no compraréis mi vo-
1045 tiene fuerza para contaminar a los dioses. Pero, joh luntad.
anciano Tiresias!, los hombres más hábiles caen en ver- TIRESIAS. - Y tú, por tu parte, entérate también de
gonzosas caídas, cuando por una ganancia intentan em- que no se llevarán ya a tkrmino muchos rápidos giros 1065
bellecer, con sus palabras, vergonzosas razones. solares antes de que tú mismo seas quien haya ofreci-
TIRESIAS.- ¡AY! ¿Acaso sabe alguien, ha conside- do, en compensación por los muertos j9, a uno nacido
rado.. .? de tus entrañas a cambio de haber lanzado a los infier-
CREONTE. - ¿Qué cosa? ¿A qué te refieres tan co- nos a uno de los vivos, habiendo albergado indecorosa-
mún para todos? mente a un alma viva en Ia tumba, y de retener aquí,
loso TIRESIAS.- ... que la mejor de las posesiones es la privado de los honores, insepulto y sacrílego, a un muer- 1070
prudencia? to que pertenece a los dioses infernales. Estos actos
CREONTE. -Tanto como, en mi opinión, el no razo- ni a ti te conciernen ni a los dioses de arriba, a los que
nar es el mayor perjuicio. estás forzando con ello.
TIRESIAS. -Tú, no obstante, estás lleno de este mal. Por ello, las destructoras y vengadoras Erinias del 1075
CREONTE. - NO quiero contestar con malas palabras Hades y de los dioses te acecharán para prenderte en
al adivino. estos mismos infortunios. Considera si hablo soborna-
TIRESIAS. -Pues lo estás haciendo, si dices que yo do. Pues se harán manifiestos, sin que pase mucho tiem- ioso
vaticino en falso. po, lamentos de hombres y mujeres en tu casa. Están
105s CREONTE. -Toda la raza de los adivinos está ape- unidas contra ti en una al-ianza de enemistad todas las
gada al dinero. ciudades cuyos cadávere:; despedazados encontraron
TIRESIAS.-Y la de los tiranos lo está a la codicia. enterramiento en perros o fieras, o en cualquier alado
CREONTE. - ¿ES que no sabes que te estás refirien- pajarraco que transporte el hedor impuro por los alta-
do a los que son tus jefes? res de la ciudad.
TIRESIAS.-LO sé. Por mí has salvado a esta ciudad. Tales son las certeras flechas que -pues me ofen-
CREONTE. - Tú eres un sabio adivino, pero amas la des- he disparado contra ti como un arquero airado, 1085
injusticia. y tú no podrás escapar a su ardor ( A l esclavo.) Mucha-
cho, condúceme hacia casa, para que éste descargue su
58 Por la casta de los adivinos, a los que Creonte supone
que han sobornado los tebanos para asustarle. 5"e Antigona y de Polhices.
290 TRAGEDIAS

cólera contra los más jóvenes y advierta que hay que jor sea cumplir las leyes establecidas por los dioses
1090 mantener la lengua más callada y, en su pecho, un pen- mientras dure la vida.
samiento mejor que los que ahora arrastra.
CORO.
CORIFEO.- El adivino se va, rey, tras predecirnos
Estrofa 1."
terribles cosas. Y sabemos, desde que yo tengo cubier- iOh dios!, el d e las numerosas advocaciones, gloria 111s
tos éstos mis cabellos, antes negros, de blanco, que él
de la joven desposada cadmea e hijo de Zeus el que
nunca anunció una falsedad a la ciudad.
emite sordos truenos, tú que proteges la ilustre ItaIia 6 2
109s CREONTE. - También yo lo sé y estoy turbado en mi
y reinas en los valles frecuentados de la eleusina Deo 63, 1120
ánimo. Es terrible ceder, pero herir mi alma con una joh Baco!, que habitas Tebas, ciudad madre de las
desgracia por oponerme es terrible también. Bacantes situada al bora!e de las fluidas aguas del Is-
CORIFEO.-Necesario es ser prudente, hijo de Me- meno y sobre la semilla del fiero dragdn 11~s
neceo.
CREONTE. - ¿Qué debo hacer? Dime. Yo te obede- Antístrofa 2.s
ceré. La llama humeante que brilla cual relámpago te ha
iioo CORIFEO.-Ve y saca a la muchacha de la morada visto sobre la doble cima de la roca donde se dirigen
subterránea. Y eleva un túmulo para el que yace las ninfas Caricias, tus Bacantes. Te han visto también 1130
muerto. las aguas de Castalia 6 7 . A ti, los ribazos cubiertos de
CREONTE. - ¿Me aconsejas así y crees que debo con- hiedra de los montes Niseos y la verde costa de abun-
cederlo? dantes viñedos te envían, mientras resuenan divinos
CORIFEO. - Y cuanto antes, señor. Pues los daños cantos con el grito del evoht, a inspeccionar las calles 1135
que mandan los dioses alcanzan pronto a los insensatos. tebanas.
iioj CREONTE. - ¡Ay de mí! ¡Con trabajo desisto de mi 61 La joven desposada es Sémele, hija de Cadmo y madre
orden, pero no se debe luchar en vano contra el des- de Baco, que mun6 fulminada por el rayo de Zeus cuando Cste,
tino! a petici6n de la joven, se le presentó dotado de sus atributos.
CORIFEO. -Ve ahora a hacerlo y no lo encomiendes Este fue el resultado de la estratagema de Hera, que quería ven-
garse de SCmele.
a otros.
62 La Magna Grecia.
CREONTE. -Así, tal como estoy, me marcharé. Ea, ea, es Deo es otro nombre de ~ e A é t e r .
servidores, los que estáis y los ausentes, coged en las 64 Se la llama asi por ser la ciudad de Sémele y la primera
1110 manos hachas y lanzaos hacia aquel lugar que está a la ciudad donde se estableció el culto a Dioniso, que venía de Tra-
vista 60. Mientras que yo, ya que he cambiado mi deci- cia. Desde Tebas pasó a Delfos, donde se asoció al culto de
Apolo.
sión a ese respecto, igual que la encarcelé, del mismo 65 Véase nota 9.
modo estaré presente para liberarla. Temo que lo me- 68 El Parnaso. En las laderas del Helicdn moraban las Mu-
sas. y en las mismas laderas, cerca de la gruta Coricia y la
60 Creonte señala, al hablar, hacia la parte donde yacía el fuente Castalia, danzaban las Bacantes.
cuerpo de Polinices, no lejos de la cueva donde ha sido recluida Fuente sagrada en Del.fos.
Antigona. 68 Véase A y a , nota 70.
292 TRAGEDIAS

Estrofa 2." vida: antes bien lo considero un cadáver que alienta.


Tebas, a la que honras por encima de todas las ciu- Hazte muy rico en tu casa, si quieres, y vive con el
dades, junto con t u madre, la destruida por el rayo. boato de un rey, que, si de ello está ausente el gozo, 1170
1140 Y ahora, cuando la ciudad entera está sumida en vio- no le compraría yo a este hombre todo lo demás por
lento mal, ven con paso expiatorio por encima de la la sombra del humo, en lugar de la alegría.
1145 pendiente del Parnaso o del resonante estrecho 'j9. CORIFEO.- ¿Con qué nueva desgracia de los reyes
nos llegas?
Antístrofa 2." MENSAJERO. - Han muerto, y los que están vivos son
iAh, tú que organizas los coros de los astros que culpables de la muerte.
exhalan fuego, guardián de las voces nocturnas, hijo CORIFEO.-Y, ¿quién es el que ha matado? ¿Quién
liso retono de Zeus, hazte visible, oh señor, a la vez que tus el que está muerto? Habla.
servidoras las Tiíades 7 0 , que, transportadas, te festejan
con danzas toda la noche, a ti, Yaco el administra-
MENSAJERO. - Hemón ha muerto. Su propia sangre 1175
le ha matado.
dor de bienes!
CORIFEO.- ¿Acaso a manos de su padre o de las su-
(Llega u n mensajero.)
yas propias?
iiss MENSAJERO. -Vecinos del palacio de Cadmo y de
Anfión í 2 , no existe vida humana que, por estable, yo MESSAJERO.- Él en persona, por sí mismo, como
reproche a su padre por el asesinato.
pudiera aprobar ni censurar. Pues la fortuna, sin cesar,
tanto levanta al que es infortunado como precipita al CORIFEO. - iOh adivino! ¡Cuán exactamente has
1160 afortunado, y ningún adivino existe de las cosas que
acertado en tu profecía!
están dispuestas para los mortales. Creonte, en efecto, MENSAJERO.-Ya que están así las cosas, queda to-
fue envidiable en un momento, según mi criterio, por- mar una decisión sobre lo demás.
que había liberado de sus enemigos a esta tierra cad- CORIFEO.-Veo a Eundice, la infortunada esposa liso
mea y había adquirido la absoluta soberanía del país. de Creonte. Sale de palacio, porque ha oído hablar de
Lo gobernaba mostrándose feliz con la noble descen- su hijo o bien por azar.
dencia de sus hijos. EUR~DICE. - iOh ciudadanos todos! He oído vues-
116s Ahora todo ha desaparecido. Pues, cuando los hom- tras palabras cuando me dirigía hacia la puerta para 118s
bres renuncian a sus satisfacciones, no tengo esto por llegarme a invocar a la d ~ o s aPalas con plegarias. En el
momento en que estaba soltando los cerrojos de la
69Estrecho de Euripo, al E., entre Eubea y Beocia. puerta, al tiempo que la abría hacia mí, me llega a los
70Las Ménades o «mujeres posesas» son las bacantes que oídos el rumor de una desgracia que me afecta. Presa
siguen a Dioniso. Personifican los espíritus orgiásticos de la na-
turaleza.
de temor, me caigo de espaldas en brazos de las criadas
71 Yaco, dios que preside la procesión de los misterios de y me desvanezco. Pero, sea cual sea la noticia, decidla liso
Eleusis, compañero de Deméter y Core. Aquí el nombre de Yaco de nuevo. Pues la escucharé como quien está avezado
parece referirse al propio Baco como un epíteto. a las desgracias.
72 Anfión, junto con su hermano Zeto, reyes de Tebas, cons-
truyeron las murallas de la ciudad.
MENSAJERO. - YO, que]-ida dueña, por estar presente
294 TRAGEDIAS

hablaré y no omitiré nada que sea verdad. Pues, ¿por la cintura en un abrazo, lamentándose por la pérdida 122s
qué iba yo a mitigarte cosas por las que más adelante de su prometida muerta por las decisiones de su padre,
1195 quedaríamos como mentirosos? La verdad prevalece y sus amargas bodas.
siempre. Yo acompañé en calidad de guía a tu esposo Creonte, cuando le vio, lanzando un espantoso ge-
hasta lo alto de la llanura, donde yacía aún destrozado mido, avanza al interior a su lado y le llama p r o m m -
por los perros, sin obtener compasión, el cuerpo de piendo en sollozos: uOh desdichado, ¿qué has hecho?
Polinices. ¿Qué resolución has tomado? ¿En quC clase de desas-
Después de suplicar a la diosa protectora del cami- tre has sucumbido? Sal, hijo, te lo pido en actitud su- i m
1200 no 7 3 y a Plutón que contuvieran su cólera y resultaran plicante.)) Pero el hijo, mirándole con fieros ojos, le
benévolos, y tras lavarle con agua purificada, entre escupió en el rostro y, sin contestarle, tira de su espada
todos quemamos con ramas recién cortadas lo que ha- de doble filo. No alcanzó a su padre, que había dado un
bía quedado de él y levantamos un elevado túmulo de salto hacia delante para esquivarlo. Seguidamente, el
tierra materna. A continuación nos introducimos en la infortunado, enfurecido consigo mismo como estaba, i u s
120s pétrea gruta, cámara nupcial de Hades para la mucha- echó los brazos hacia adelante y hundid en su costado
cha. Alguien oye desde lejos un sonido de agudos pla- la mitad de su espada. Aún con conocimiento, estrecha
ñidos en tomo al tálamo privado de ritos funerarios, y, a la muchacha en un lánguido abrazo y, respirando con
acercándose, lo hace notar al rey Creonte. Este, al apro- esfuerzo, derrama un brusco reguero de gotas de san-
ximarse más aún, escucha también confusos gemidos de gre sobre su pálida faz. Yacen así, un cadáver sobre 1240
1210 un funesto clamor y, entre lamentos, lanza estas desga- otro, después de haber obtenido sus ritos nupciales en
rradoras palabras: u ¡Ay, infortunado de mí! ¿Soy aca- la casa de Hades y después de mostrar que entre los
so un adivino? ¿Estoy recorriendo tal vez el más desdi- hombres la irreflexión es, con mucho, el mayor de los
chado camino de los que he recorrido? La voz de mi maIes humanos.
121s hijo me recibe. Ea, criados, llegaos más cerca rápida- (Eurídice entra en palacio sin pronunciar palabra.)
mente y, una vez que os coloquéis junto a la tumba, CORIFEO. - ¿Qué podrías conjeturar ante esto? La
mirad, introduciéndoos en el mismo orificio por la aber- reina se ha ido de nuevo sin decir una palabra buena 124s
tura producida al apartar la piedra del túmulo, si estoy o mala 74.
escuchando la voz de Hemón o si estoy engañado por MENSAJERO. -YO también estoy atónito. Pero ali-
los dioses.» mento esperanzas de que, enterada de las penas del
Miramos, según nos lo ordenaba nuestro abatido hijo, no considere apropiados los lamentos ante la ciu-
1220 dueño, y vimos a la joven en el extremo de la tumba dad, sino que, bajo el techo, dentro de la casa, impon-
colgada por el cuello, suspendida con un lazo hecho del drá a sus criadas un duelo íntimo para llorarle. Pues ~w
hilo de su velo, y a él, adherido a ella, rodeándola por no está privada de juicio como para cometer una falta.

73 Hécate, diosa de los caminos que preside la magia y los 74 El Coro hace notar el misterioso silencio con que se re-
hechizos. Recibe culto en las encrucijadas, y tenía muchas es- tira la reina, lo que no presagia nada bueno. La misma aprecia-
tatuas dedicadas a ella en los campos. ción hace en Edipo Rey 1075, y en Traquinias 813.
296 TRAGEDIAS

CORIFEO. -NO lo sé. A mí me parece que son funes- dre 7 5 de este cadáver, ¡infeliz!, por golpes recién infli-
tos, tanto el demasiado silencio como el exceso de vano gidos.
griterío.
Antístrofa l.a
MENSAJERO. - Vamos a saberlo entrando en palacio, CREONTE. -iAh, puerto del Hades nunca purificado!
no sea que esté ocultando algo reprimido en secreto (Por qué a mí precisamente, por qué m e aniquilas? 1285
1x5 en su corazón irritado. Tienes razón, también existe iOh t ú que m e causas dolores con estas malas noticias!
motivo de pesadumbre en el mucho silencio. (Qué palabras dices? iAh, ah! Nueva muerte has dado
(Entra e n palacio y se cierra la puerta.) a u n hombre que ya estaba muerto. (Qué dices, o h hijo?
CORIFEO. - Aquí llega Creonte en persona, llevando (Qué novedad m e cuentas? ¡Ay, ay! ¿La muerte a cu- 1290
en sus brazos la señal clara, si es lícito decirlo, de la chillo de m i mujer m e acecha para m i ruina?
1260 desgracia, n o por mano ajena, sino por su propia falta. ( S e abre la puerta de palacio y se mueslra el cuerpo
de Eurídice.)
Estrofa l.a CORIFEO. - Te es posible verlo, pues no está ya
CREONTE. - iAh, porfiados yerros causantes de muer- oculto.
te, de razones que son sinrazones! iAh, vosotros que CREONTE. - ¡Ay, ésa es la segunda desgracia que con- 129s
veis a quienes han matado y a los muertos del m i s m o templo, desdichado! i C u d es, cuál es el destino que a
126s linaje! /Ay de m i s malhadadas resoluciones! iAh hijo, partir de ahora m e aguarda? Acabo de sostener en mis
joven, muerto e n la juventud! ;Ay, ay, has muerto, te manos, desventurado, a m i hijo, y ya contemplo ante
has marchado por mis extravíos, n o por los tuyos! mí otro cadáver. ¡Ay, infortunada madre! ¡Ay, hijo! uoa
1270 CORIFEO. - ¡AY, demasiado tarde pareces haber co- MENSAJERO. - Ella, herida por afilado instrumento
nocido el castigo! al pie del altar, relaja sus párpados en la oscuridad,
no sin lamentar antes el vacío lecho de Megareo í 6 , que
CREONTE. -;Ay de mí! Y a lo he aprendido, [infortu-
murió primero, y, después, el de éste, y, por último,
nado! Un dios entonces, sí, entonces, m e golpeó e n la
deseandote desgracias a ti, asesino de sus hijos. 1305
cabeza con gran fuerza y m e metió por caminos de
127s crueldad, jay!, destruyendo m i pisoteada alegría. /Ay,
ay, ah, penosas penas de los mortales!
75 El griego aplica a Eurídice el epíteto pammétor, literal-
(Sale u n mensajero d e palacio.) mente: «plenamente madre», destacándolo sobre el de gyné, «es-
MENSAJERO. - iOh amo, cuántas desgracias posees y posa». que le ha asignado primero.
estás adquiriendo, unas llevándolas ahí en tus manos, 76 Megareo, nombre que parece referirse al que Eurípides
llama Meneceo, el otro hijo de Creonte y Eurídice, sacrificado
1280 las otras parece que, tras llegar, pronto las verás en
antes del combate para obtener la victoria de Tebas ante el ase-
palacio! dio de los argivos. Véase EUR~PIBES, Fenicias 930-1018. En la ver-
CREONTE. - ¿Qué? ¿Existe, pues, aún algo peor que sión de ESQUILO (Siete contra Tebas 474). Megareo es un guerrero
mis desgracias? tebano, hijo de Creonte, que guarda una de las puertas. Según
P. Mazon, no hay razón para identificar a Megareo, aunque ig-
MENSAJERO. -TU mujer ha muerto, la abnegada ma- noremos los hechos gloriosos que le dieron fama, con Meneceo.
298 TRAGEDIAS

Estrofa 2.a Antístrofa 3."


CREON.TE.- ; A y , ay, estoy fuera de m i por el terror! CKEONTE. -Quitad de en medio a este hombre equi-
[Por qué no m e hiere alguien de frente con espada de vocado que, joh hijo!, a ti, sin que fuera ésa m i volun- 1340
1310 doble filo? ;Znfortunado de mí, ah! Estoy sumido e n tad, dio muerte, y a ti, a la que está aquí. iAh, desdi-
una desgraciada aflicción. chado! N o sé a cuál de los dos puedo mirar, a qué lado
MENSAJERO. -Como si tuvieras la culpa de esta inclinarme. S e ha perdido todo lo que en mis manos 1345
muerte y de la de aquél eras acusado por la que está tenía, y, d e otro lado, sobre mi cabeza se ha echado u n
muerta. sino difícil de soportar.
CREONTE. -Y, ¿de qué manera se dio sangriento fin? CORIFEO. -La cordtira es con mucho el primer paso
1315 MENSAJERO. -Hiriéndose bajo el hígado a sí misma de la felicidad. N o hay que cometer impiedades e n las 1350
por propia mano, cuando se enteró del padecimiento relaciones con los dioses. Las palabras arrogantes de
digno de agudos lamentos de su hijo. los que se jactan e n exceso, tras devoíverles e n pago
grandes golpes, les enseñ(zn e n la vejez la cordura.
Estrofa 3."
CREONTE. - ¡Ay de mí! Esto, que de m i falta procede,
1320 nunca recaerá sobre otro mortal. / Y O solo, desgraciado,
yo t e h e matado, yo, cierto es lo que digo! Ea, esclavos,
132s sacadme cuanto antes, llevadme lejos, a mí que no soy
nadie.
CORIFEO. - Provechosos son tus consejos, si es que
algún provecho hay en las desgracias. Los males que se
tienen delante son mejores cuanto más breves.

Antístrofa 2."
CREONTE. -;Que llegue, que llegue, que se haga vi-
sible la que sea la más grata para m i de las muertes,
1330 trayendo el día final, el postrero! [Que llegue, que lle-
gue, y yo n o vea ya otra luz del día!
CORIFEO. - ESO pertenece al futuro. Es preciso ocu-
1335 parnos de lo que nos queda por hacer. De eso se ocu-
parán aquellos de quienes sea menester.
CREONTE. -Pero lo que yo deseo lo he suplicado con
esas palabras.
CORIFEO. -NO supliques ahora nada. Cuando la des-
gracia está marcada por el destino, no existe liberación
posible para los mortales.
EDIPO REY
INTRODUCCION

ESTRUCTURA DEL DRAMA

P R ~ L O G(1-150).
O Edipo aparece, en toda su majestad -conside-
rado como el primero de los hombres-, ante el pueblo
tebano azotado por la peste. Creonte trae la solución de
Delfos: buscar al asesino de Layo y expulsarlo. Edipo pro-
mete hacerlo.
PARODO(151-215). Consta de tres pares de estrofas. El Coro, en
sus lamentos, describe la peste que le angustia e invoca
a los dioses en su ayuda.
EPISODIO1.0 (216-462). Edipo lanza públicamente una maldición
contra el desconocido asesino de Layo. Por indicación de
Creonte envía a buscar al adivino Tiresias que rehúye
hablar, para, finalmente, aguijoneado por las amenazas
de Edipo, acusar al propio rey de ser el asesino que es-
tán buscando y anunciarle terribles hechos acerca de su
propia persona. Edipo le acusa de estar sobornado por
Creonte.
ESTASIMO1 . O (463-512). Abarcar dos pares de estrofas. El Coro
vaticina que el asesino desconocido está ya condenado a
muerte. En las dos últimas estrofas se niega a aceptar
la acusación no probada que sobre s u rey ha lanzado el
adivino.
EPISODIO (513-862). Creonte se presenta para defenderse de la
2.O

grave acusación de querer conspirar contra Edipo; pero


éste no acepta sus razones y discuten fuertemente por la
304 TRAGEDIAS EDIPO REY 305

obstinada actitud de Edipo. Yocasta interviene para apa- festivo, el origen tebano de Edipo y s u probable linaje
ciguarlos. Creonte sale (v. 645). Edipo cuenta a la reina divino.
que le han acusado a él de ser el asesino de Layo. Ella lo EPISODIO4.0 (111C-1185). E l pastor tebano e s reconocido por el
tranquiliza respecto a los vaticinios de los adivinos con- Coro y por el mensajero c o ~ t i o .Muy poco a poco va
tándole que, según éstos, Layo debía ser matado por s u diciendo toda la verdad: d e quien lo recibió y de quiCn
propio hijo y que, sin embargo, la criatura pereció y Layo era hijo. Edipo, con un grito de angustia, se precipita
fuc asesinado, al cabo del tiempo, por unos ladrones en el dentro.
cruce de caminos. La mención del lugar despierta una pri- EST~SIMO 4.0 (11861222). Está immpuesto de dos pares de e s t m
mera señal de alarma en Edipo, que le hace preguntas a fas y, en el, el Coro lamenta el actual destino de Edipo,
caído desde lo más encumbrado.
Yocasta sobre el hecho.
Éxooo (1223-1530). Un mensajeir, proveniente del palacio anuncia
Todo parece confirmar que el autor fue en verdad 61.
que Yocasta se ha quita.do la vida y que Edipo, ante este
Edipo cuenta su propia historia hasta llegar al punto del
espect&culo, se ha sacado los ojos. Aparece el infortunado
cruce de caminos. La única esperanza que le queda es que
Edipo que inicia un diálogo lírico con el Corifeo. Con apa-
el servidor de Laya que escapó a la muerte habló de va-
sionado tono, suplica al Coro que le destierren del país o
rios bandidos y Edipo iba solo. Manda llamar al anciano le maten. Aparece Creonte para llevarle a palacio. Edipo
protagonista para interrogarle. obtiene de dl la promesa d e que cuidará de sus hijas.
ESTASIMO2." (863-910). Comprende dos estrofas y sus correspon- Estas son traídas ante s u padre, que se despide de ellas
dientes antístrofas. En ellas, el Coro expresa su repulsa como si fuera la Ultima vez que las ve.
contra la arrogancia que ha mostrado Edipo en sus pala-
bras a Creonte. En la segunda estrofa, lo hace contra la
impiedad de Yocasta, que desconfía de los oráculos.
NOTA BIl3LIOGRAFICA
EPISODIO3 . O (911-1085). Un mensajero de Corinto anuncia que
Pólibo ha muerto y que, por tanto, Edipo va a ser procla- R. C. JEBB,Oedipus Tyrannus, Cambndge, 1885.
mado rey de esa ciudad. Yocasta y Edipo se alegran de - The tragedies o f Sophocles, Cambridge, 1904.
la noticia que parece confirmar la inefectividad de los A. C. PEARSON,Sophoclis Fabulae, Oxford, 1924.
oráculos. Edipo expresa en alta voz su temor por la otra A. DAIN y P. MAZON,Sophocle. 11: Ajar, Oedipe Roi, ElLctre,
predicción del oráculo, la que anunciaba s u unión con su París, 1958.
madre. E l mensajero cree tranquilizarle, diciéndole que F. RODR~GUEZ ADRADOS, Sdfocles. E&o Rey, Madrid, 1959.
Mérope no es su madre y que él mismo lo recibió a 61 J . C. KAMERBEM, Oedipus Tyrunnus, Leiden, 1%7.
de un pastor en el monte Citerón con los tobillos atra- L. GIL,Sdfocles. Antigona, Edipo Rey, Electra, Madrid, 1969.
vesados. Yocasta implora que no siga adelante; pero Edi- M . BENAVENTE, Sdfocles. Tragedias, Madrid, 1970.
po, que cree que no quiere verse rebajada por el humilde J . PALL~,Sdfocles. Teatro Completo, Barcelona, 1973.
origen que puede descubrirse para él, n o le hace caso. J . M. LUCAS,Sdfocles. Aym, Las Traquinias, Antigona, Edipo
Con una exclamación de desesperación abandona Yocasta Rey, Madrid, 19Ti.
la escena.
ESTASIMO3O. (1086-1109). En un brevísimo coro que consta sólo
de una estrofa y una antístrofa, el Coro vaticina, en tono
306 TRAGEDIAS

NOTA SOBRE LA EDICION

Señalamos los pasajes en los que no se ha seguido el


texto de A. C. Pearson.

PASAJE TEXTO DE PEARSON

107 TLVU
ARGUMENTO DE ARISTOFANES EL GRAMATICO
161 EO~hca
SOBRE EDIPO REY
198 TLAEL
276 ~ihsq
293 bB b p o v r '
378 roü Habiendo Edipo abandonado Corinto al ser insultado
425 W ' hE,ióo~i< por todos como hijo bastardo y extranjero, acudió a
478 ncrpaioq O raüpoq conocer los oráculos píticos, buscando su propio origen
493 paaávv ( a ~ i p a v EXOV) y el de su familia. Tras encontrarse en una estrecha en-
685 xpovowpÉvv
crucijada a Layo, el infortunado mató involuntariamente
696 E[ yÉv010
a su padre. Y habiendo resuelto el mortífero canto de
741 cipn~
808 Bxouc,
la terrible Esfinge, mancilló el lecho de su desconocida
876 a ~ p ó ~ a Yr Ea~ U ' ¿xvap¿iu' madre. La peste y una larga epidemia se apoderaron de
Tebas. Enviado Creonte al santuario délfico para infor-
marse de un remedio del mal, escuchó, de la divina voz
profética, que había que vengar el crimen de Layo. Por
ello, dándose cuenta el d~esdichadoEdipo de que había
sido él mismo, con sus manos destruyó las niñas de sus
ojos, y Yocasta, su madre, murió estrangulada.

11
POR QUE ADEMAS SE TITULA TIRANO *

Está escrito Edipo tirano a alguna distancia del otro.


Acertadamente todos lo titulan tirano como sobresalien-

* Tirannos, es decir, «rey,.


308 TRAGEDIAS

te entre toda la obra de Sófocles, aunque fue derrotada decretado que dejes la vida a manos de tu hijo. Así lo
por Filocleón, según nos cuenta Dicearco. Hay quienes consintió Zeus Crónida, accediendo a las funestas maldi-
la titulan Primero, no tirano, debido a las fechas de los ciones de Pélope cuyo hijo querido raptaste. Él imprecó
catálogos y a los hechos. En efecto, vagabundo y ciego contra ti todas estas cosas.,
llega a Atenas Edipo el de en Colono. Alguna connota-
ción especial advirtieron los poetas, de después de Ho
EL ENIGMA DE LA ESFINGE
mero, cuando llaman utiranosm a los reyes anteriores a
la Guerra de Troya después que fue dado este nombre existe sobre la tierra un ser bípedo y cuadrúpedo,
a los griegos en tiempos de Arquíloco, como dice Hipias que tiene sólo una voz, y es también trípode. Es el único
el sofista (fr. 9 D). Homero, por lo menos (Od. XVIII 85) que cambia su aspecto de cuantos seres se mueven por
llama rey y no tirano a Equeto, el más inicuo de todos: tierra, por el aire o en el mar. Pero, cuando anda apoya-
#Hacia el rey Equeto, funesto para los mortales., do en más pies, entonces la movilidad en sus miembros
Y dicen que empezó a utilizarse el nombre de tirano des- es mucho más débil..
de los tirrenos, pues éstos fueron molestos por su pira-
tería. Es evidente que el nombre de tirano es bastante
reciente, porque ni Homero ni Hesíodo ni ningún otro
de los antiguos utilizan el nombre de tirano en sus poe-
mas. Y Aristóteles, en la Constitución de los cimeos escucha, aun cuando no quieras, musa de mal agüe-
ro de los muertos, mi voz,, que es el fin de tu locura. Te
(fr. 524), dice que los tiranos anteriormente se llamaban
has referido al hombre, que, cuando se arrastra por tie-
príncipes, pues aquel nombre es más respetable.
rra, al principio, nace d d vientre de la madre como in-
defenso cuadrúpedo y, al ser viejo, apoya su bastón
como un tercer pie, cargando el cuello doblado por la
vejez..
DE OTRA MANERA

El Edipo Rey se titula así para diferenciarlo del en


Colono. El punto principal de la obra es el conocimiento
de las desgracias particulares de Edipo, la mutilación de
sus ojos y la muerte por estrangulamiento de Yocasta.

ORACULO DADO A LAYO EL TEBANO

dayo, hijo de Ubdaco, suplicas una próspera des-


cendencia de hijos. Te daré el hijo que deseas. Pero está
PERSONAJES
(Delante del palacio de Edipo, e n Tebas. Un grupo de
ancianos y de jóvenes eslán sentados e n las gradas del
altar, en actitud suplicanle, portando ramas de olivo. El
sacerdote de Zeus se adelanta solo hacia el palacio. Edi-
EDIPO. po sale seguido de dos ayudantes y contempla al grupo
SACERDOTE. e n silencio. Después les dirige la palabra.)
CREONTE. EDIPO.- iOh hijos, descendencia nueva del antiguo
COROde ancianos tebanos. Cadmo l ! ¿Por qué estáis en actitud sedente ante mí,
TIRESIAS. coronados con ramos de suplicantes 2? La ciudad está
Y OCASTA. llena de incienso, a la vez que de cantos de súplica y de 5
MENSAJERO. gemidos, y yo, porque considero justo no enterarme por
SERVIDOR DE LAYO. otros mensajeros, he venido en persona, yo, el llamado
Otro MENSAJERO. Edipo, famoso entre todos. Así que, oh anciano, ya que
eres por tu condición a quien corresponde hablar, dime 10

1 Fundador mítico de la ciudad de Tebas. Es hijo de Agenor


y hermano de Europa. Vino de Tiro en compañía de sus her-
manos en busca de Europa, empresa que pronto abandonaron.
El oráculo de Delfos le ordenó fundar una ciudad en el lugar
donde una vaca a la que dsrbia seguir cayera exhausta, resul-
tando de ahí la localización de Tebas. Cadmo dio muerte a un
dragón que cuidaba de la Fuente de Ares, próxima a Tebas,
y por consejo de Atenea sembró los dientes de la bestia. En se-
guida brotaron del suelo hombres armados, de 10s que sobrevi-
vieron sólo cinco, primitivos habitantes de Tebas.
2 Los que acudían en acti.tud de súplica llevaban e n la mano,
como señal, unos ramos de olivo o laurel atados con hiIos de
lana. Los dejaban sobre el altar, de donde los retiraban cuan-
do la petición era satisfecha. Traduzco literalmente «coronados»
aclarando que este término es sólo metafórico, según se deduce
de lo dicho.
312 TRAGEDIAS EDIFiO REY 313

en nombre de todos: jcuál es la causa de que estéis así suplicantes por considerarte igual a los dioses, pero sí el
ante mí? ¿El temor, o el ruego? Piensa que yo querría primero de los hombres en los sucesos de la vida y en
ayudaros en todo. Sería insensible, si no me compade- las intervenciones de los dioses. Tú que, al llegar, libe- 35
ciera ante semejante actitud. raste la ciudad Cadmea del tributo que ofrecíamos
1s SACERDOTE. - iOh Edipo, que reinas en mi país! Ves a la cruel cantora7 y, adeniás, sin haber visto nada más
de qué edad somos los que nos sentamos cerca de tus ni haber sido informado por nosotros, sino con la ayuda
altares: unos, sin fuerzas aún para volar lejos; otros, de un dios, se dice y se cree que enderezaste nuestra
torpes por la vejez, somos sacerdotes -yo lo soy de vida.
Zeus-, y otros, escogidos entre los aún jóvenes. El res- Pero ahora, joh Edipo, el más sabio entre todos!, te M
20 to del pueblo con sus ramos permanece sentado en las imploramos todos los que estamos aquí como suplican-
plazas3 en actitud de súplica, junto a los dos templos tes que nos consigas alguna ayuda, bien sea tras oír el
de Palas y junto a la ceniza profética de Ismeno mensaje de algún dios, o bien lo conozcas de un mortal.
La ciudad, como tú mismo puedes ver, está ya de- Pues veo que son efectivos, sobre todo, los hechos lle-
masiado agitada y no es capaz todavía de levantar la vados a cabo por los consejos de los que tienen expe- 4s
cabeza de las profundidades por la sangrienta sacudida. riencia. ¡Ea, oh el mejor de los mortales!, endereza la
25 Se debilita en las plantas fructíferas de la tierra, en los ciudad. ¡Ea!, apresta tu guardia, porque esta tierra ahora
rebaños de bueyes que pacen y en los partos infecundos te celebra como su salvador por el favor de antaño. Que
de las mujeres. Además, la divinidad que produce la pes- de ninguna manera recordemos de tu reinado que vivi- so
te, precipitándose, aflije la ciudad. ¡Odiosa epidemia6, mos, primero, en la prosperidad, pero caímos después;
bajo cuyos efectos está desploblada la morada Cadmea, antes bien, levanta con firrneza la ciudad. Con favorable
M mientras el negro Hades se enriquece entre suspiros y augurio, nos procuraste entonces la fortuna. Sénos tam-
lamentos! Ni yo ni estos jóvenes estamos sentados como bién igual en esta ocasión. Pues, si vas a gobernar esta
tierra, como lo haces, es mejor reinar con hombres en 55
3 Era corriente que las ciudades tesalias tuvieran dos pla- ella que vacía, que nada es una fortaleza ni una nave
zas, a una de las cuales no se admitían sino ciudadanos libres. privadas de hombres que las pueblen.
Tebas estaba dividida en dos partes, la ciudad alta al O. y la EDIPO.- iOh hijos dignos de lástima! Venís a hablar-
ciudad baja, en cada una de las cuales había una plaza.
me porque anheláis algo conocido y no ignorado por mí.
Uno de los templos estaba dedicado a Palas Onca, y es
citado por Pausanias. El otro, a Atenea Cadmea o Atenea Isme- Sé bien que todos estáis !sufriendo y, al sufrir, no hay 60
nia, no citados p o r él, pero sí por los escoliastas. ninguno de vosotros que padezca tanto como yo. En
5 Ismeno no es el dios fluvial del mismo nombre, sino el efecto, vuestro dolor llega sólo a cada uno en sí mismo
semidiós tebano, hijo de Apolo, que tenía dedicado en la ciudad
un altar en el que se practicaba la piromancia. 7 La Esfinge enviada por Hera contra Tebas para castigar
6 Es posible que Sófocles tuviera presente la peste que asoló
el crimen de Layo de amar al hijo de Pélope. El monstruo se
a Atenas al principio de la Guerra del Peloponeso. El adjetivo cobraba muchas víctimas. Cuando Edipo supo responder al enig-
aplicado a la divinidad y traducido por: uque produce la pesten, ma que proponía, el monstnio, despechado, se mató arroján-
significa, literalmente: «que lleva fuego abrasador», haciendo, dose desde la roca. Se la llama ucantorar, porque sus enigmas
tal vez, alusión a la fiebre, uno de los síntomas de la peste. estaban en verso.
314 TRAGEDIAS EDIPO REY 315

y a ningún otro, mientras que mi ánimo se duele, al EDIPO.- {Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de
65 tiempo, por la ciudad y por mí y por ti. De modo que decir, no estoy ni tranquilo ni tampoco preocupado. 90
no me despertáis de un sueño en el que estuviera sumí- CREONTE. - Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca,
do, sino que estad seguros de que muchas lágrimas he estoy dispuesto a hablar y también, si lo deseas, a ir
derramado yo y muchos caminos he recorrido en el cur- dentro.
so de mis pensamientos. El único remedio que he encon- EDIPO.- Habla ante todos, ya que por ellos sufro
trado, después de reflexionar a fondo, es el que he to- una aflicción mayor, incluso, que por mi propia vida.
70 mado: envié a Creonte, hijo de Meneceo, mi propio CREONTE. - Diré las palabras que escuché de parte 95
cuñado, a la morada Pítica de Febo 8, a fin de que se en- del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arro-
terara de lo que tengo que hacer o decir para proteger jar de la región una mancilla que existe en esta tierra y
esta ciudad. Y ya hoy mismo, si lo calculo en compara- no mantenerla para que llegue a ser irremediable.
ción con el tiempo pasado, me inquieta qué estará ha- EDIPO.- ¿Con qué expiación? ¿Cuál es la naturaleza
75 ciendo, pues, contra lo que es razonable, lleva ausente de la desgracia?
más tiempo del fijado. Sería yo malvado si, cuando lle- CREONTE. -Con el destierro o liberando un antiguo ioo
gue, no cumplo todo cuanto el dios manifieste. asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está
SACERDOTE. - Con oportunidad has hablado. Precisa- sacudiendo la ciudad.
mente éstos me están indicando por señas que Creonte EDIPO.- ¿De qué hombre denuncia b i ~ adesdicha?
l
se acerca. CREONTE. - Teníamos nosotros, señor, en otro tiempo
so EDIPO.- jOh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con a Layo como soberano de esta tierra, antes de que tú
suerte liberadora, del mismo modo que viene con rostro rigieras rectamente esta ciudad.
radiante! EDIPO.-LO sé por haberlo oído, pero nunca lo vi. 10s
SACERDOTE. -Por lo que se puede adivinar, viene CREONTE. - Él murió y ahora nos prescribe clara-
complacido. E n otro caso no vendría así, con la cabeza mente que tomemos venganza de los culpables con vio-
coronada de frondosas ramas de laurelg. lencia.
as EDIPO.-Pronto lo sabremos, pues ya está lo sufien- EDIPO.- ¿En qué país pueden estar? ¿Dónde podrá
temente cerca para que nos escuche. iOh príncipe, mi encontrarse la huella de una antigua culpa, difícil de in-
pariente, hijo de Meneceo! ¿Con qué respuesta del orácu- vestigar?
lo nos llegas? CREONTE. -Afirmó que en esta tierra. Lo que es bus- ito
(Entra Creonte en escena.) cado puede ser cogido, pero se escapa lo que pasamos
CREONTE. - Con una buena. Afirmo que incluso las por alto.
aflicciones, si llegan felizmente a término, todas pueden EDIPO.-¿Se encontró Layo con esta muerte en casa,
resultar bien. o en el campo, o en algún otro país?
CREONTE. - Tras haber marchado, según dijo, a con-
A Delfos, el santuario más famoso de Grecia.
9 El laurel era el árbol sagrado de Apolo y con sus ramas 9 b i ~ Febo. Es la tercera :persona que aparece en todo este
se coronaba a los mensajeros portadores de gratas nuevas. contexto.
316 TRAGEDIAS

lis sultar al oráculo, y una vez fuera, ya no volvió más a Vosotros, hijos, levantaos de las gradas lo más pron-
casa. to que podáis y recoged estos ramos de suplicantes. Que
EDIPO. -¿Y ningún mensajero ni compañero de viaje otro congregue aquí al pueblo de Cadmo sabiendo que yo 14s
lo vio, de quien, informándose, pudiera sacarse alguna voy a disponerlo todo. Y con la ayuda de la divinidad
ventaja? apareceré triunfante o fracasado.
CREONTE. -Murieron, excepto uno, que huyó despa- (Entran Edipo y Creon,te en el palacio.)
vorido y sólo una cosa pudo decir con seguridad de lo SACERDOTE. - Hijos, levantémonos. Pues con vistas a
que vio. lo que él nos promete hemos venido aquí. ¡Ojalá que
120 EDIPO. - ¿Cuál? Porque una sola podría proporcio- Febo, el que ha enviado estos oráculos, llegue como sal- iso
narnos el conocimiento de muchas, si consiguiéramos vador y ponga fin a la epidemia! (Salen de la escena y,
un pequeño principio de esperanza. seguidamente, entm en ella: el Coro de ancianos tebanos.)
CREONTE. -Decía que unos ladrones con los que se
CORO.
tropezaron le dieron muerte, no con el rigor de una sola
Estrofa 1.'
mano, sino de muchas.
jOh dulce orácuio de í!euslO! ¿Con qué espíritu has
EDIPO. - ¿Cómo habría llegado el ladrón a semejante llegado desde Pito, la rica en oro 11, a la ilustre Tebas? Mi
125 audacia, si no se hubiera proyectado desde aquí con di-
ánimo está tenso por el miedo, temblando de espanto,
nero?
joh dios, a quien se le dirigen agudos gritos, Delios, sana-
CREONTE. - ESOera lo que se creía. Pero, después que dor12! Por ti estoy lleno de temor. iQut obligacidn de 15s
murió Layo, nadie surgía como su vengador en medio nuevo me vas a imponer, bien inmediatamente o des-
de las desgracias. pués del transcurrir de los aiios 13? Dímelo, joh hija de la
EDIPO.-¿Qué tipo de desgracia se presentó que im- áurea Esperanza, palabra inmortal!
pedía, caída así la soberanía, averiguarlo?
130 CREONTE. -La Esfinge, de enigmáticos cantos, nos Antistrofa 1:
determinaba a atender a lo que nos estaba saliendo al Te invoco la primera, hija de Zeus, inmortal Atenea, y
paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista. 10 Zeus habla por boca di- su hijo Apolo.
EDIPO. -YO lo volveré a sacar a la luz desde el pnn- 11 Alusión a los inmensos tesoros depositados en Delfos
cipio, ya que Febo,merecidamente, y tú, de manera dig- como ofrendas al dios. Desde Homero se conoce a Delfos como
135 na, pusisteis tal solicitud en favor del muerto; de manera Pito ( = m t h o ) , donde Apolo venció al dragón indígena Pitón.
12 Apolo es designado con muchos epítetos en la tragedia.
que veréis también en mí, con razón, a un aliado para
El de Deiio viene del lugar d.e su nacimiento, la isla de Delos.
vengar a esta tierra al mismo tiempo que al dios. Pues Personificando el adjetivo se le invoca como P e h , aunque tam-
no para defensa de lejanos amigos sino de mf mismo bién m& adelante (v. 186) se llama peán al canto dirigido al
alejaré yo en persona esta mancha. El que fuera el ase- dios para implorar Ia salud. Otros epítetos son Febo, Loxias,
sino de aquel tal vez también de mi podría querer ven- Flechador, etc.
13 Se pregunta el Coro si la actual epidemia es el castigo de
140 garse con violencia semejante. Así, pues, auxiliando a una reciente impiedad o, como efectivamente lo será, de una
aquél me ayudo a mí mismo. antigua.
318 TRAGEDIAS EDIl?O REY 319

160 a t u hermana, Artemis, protectora del país, que se asien- Estrofa 3.'
ta en glorioso trono e n el centro del ágorai4, y a Apolo Concede que el terrible Ares, que ahora sin la pro- iw
el que flecha a distancia. /Ay! Haceos visibles para mí, tección de los escudos l6 ;me abrasa saliéndome al en-
los tres, como preservadores de la muerte. cuentro a grandes gritos, se d é la vuelta e n s u carrera,
165 Si ya anteriormente, e n socorro de una desgracia su- lejos de los confines de la patria, bien hacia el inmenso
frida por la ciudad, conseguisteis arrojar del lugar el lecho de Anfitrita 17, bien hacia la inhóspita agitación de 195
ardor de la plaga, presentaos también ahora. los puertos tracios. Pues si la noche deja algo pendiente,
a terminarlo después llega. el día. A ése, joh tú, que re- 200
Estrofa 2." partes las fuerzas de los abrasadores relámpagos, oh
/Ay de mí! Soporto dolores sin cuento. T o d o m i pue- Zeus padre!, destrúyelo baijo t u rayo.
170 blo está enfermo y no existe el a m a de f a reflexión con
la que u n o se pueda defender. N i crecen los frutos d e la Antístrofa 3.'
noble tierra ni las mujeres tienen que soporfar quejum- Soberano Liceo la, quisiera que tus flechas invencibles
17s b r o s o ~e s f u e r ~ o sen sus partos. Y uno tras otro, cual rá- q u e parten de cuerdas trenzadas en oro se distribuyeran, 205
pido pájaro, puedes ver que se precipitan, con más colocadas delante, como protectoras y, tambitn, las an-
fuerza que el fuego irresistible, hacia la costa del dios de torchas llameantes de Artemis c o n las que corre por los
las sombras 15. montes de Licia. Invoco al' d e la mitra de oro, el que da 210
nombre a esta región 19, a .Buco, e1 de rojizo color, a2 del
Antístrofa 2.'
evohé, campanero de las ménades, ;que se acerque res-
iso La población perece e n número incontable. S u s hijos, plandeciente con refulgente antorcha contra el dios odio- 215
abandonados, yacen e n el suelo, portadores de muerte, s o entre los dioses!
sin obtener ninguna compasión. Entretanto, esposas y,
(Sale Edipo y se dirige al Coro.)
también, canosas madres gimen por doquier e n las gra-
EDIPO. -Suplicas. Y de lo que suplicas podrías ob-
iss das de los templos, en actitud de suplicantes, a causa de
tener remedio y alivio en tus desgracias, si quisieras
sus tristes desgracias. Resuena el peán y se oye, al mis-
m o tiempo, u n sonido d e lamentos. E n auxilio de estos 16 Ares, divinidad guerrera odiada por los mortales y por los
males, joh áurea hija de Zeus!, envía tu ayuda, de agra- mismos dioses, suele representar la muerte violenta en el com-
ciado rostro. bate. Aquí no es el caso -y lo destaca el poeta-, sino que
representa la epidemia que también trae la muerte.
l7 El mar. Anfitrita es una nereida de la que se enamoró
Poseidón y a la que hizo su esposa.
14 Literalmente «circular>; no por querer significar que el 18 Epíteto frecuentemente aplicado a Apolo y de difícil in-
ágora era de esta forma, sino porque la estatua de la diosa ocu- terpretación etimológica. Las tres palabras griegas con las que
paba el puesto central de la misma sobre un pedestal de forma podría relacionarse son: likos uloborp, Lykía uLiciart y IikE aluz».
circular o bien (se puede pensar con P. Mazon) porque hubiera 19 Tebas es conocida como la utierra de Baco. (cf. Traqui-
un thólos dedicado a Artemis. nias 510) por ser éste hijo de Sémele y ésta, a su vez, de Cadmo.
15 Hades es el dios del reino de las sombras, situado al E1 urojizo color, es el del vino, del que era dios. Sobre las
Occidente, según una antigua tradición mitica. mCnades, véase nota 70 de Antígona.
320 TRAGEDIAS EDIPlD REY 321

acoger mis palabras cuando las oigas y prestar servicio ses. Pues, aunque la acción que llevamos a cabo no hu- 235
220 en esta enfermedad. Y yo diré lo que sigue, como quien biese sido promovida por un dios, no sería natural que
no tiene nada que ver con este relato ni con este hecho. vosotros la dejarais sin expiación, sino que debíais hacer
Porque
- yo
. mismo no podría seguir por mucho tiempo la averiguaciones por haber p'erecido un hombre excelente
pista sin tener ni un rastro. Pero, como ahora he venido y, a la vez, rey.
a ser un ciudadano entre ciudadanos, os diré a todos vos- Ahora, cuando yo soy el que me encuentro con el
22s otros, cadmeos, lo siguiente: aquel de vosotros que sepa poder que antes tuvo aquél, en posesión del lecho y de la 260
por obra de quién murió Layo, el hijo de Lábdaco, le mujer fecundada, igualmente, por los dos, y hubiéramos
ordeno que me lo revele todo y, si siente temor, que tenido en común el nacimiento de hijos comunes, si su
aleje la acusación que pesa contra sí mismo, ya que nin- descendencia no se hubiera malogrado -pero la adver-
guna otra pena sufrirá y saldrá sano y salvo del país. sidad se lanzo contra su c a b e ~ a - ~
bis, por todo esto yo,

DO Si alguien, a su vez, conoce que el autor es otro de otra como si mi padre fuera, la defenderé y llegaré a todos 265
tierra, que no calle. Yo le concederé la recompensa a la los medios tratando de capturar al autor del asesinato
que se añadirá mi gratitud. Si, por el contrario, calláis para provecho del hijo de Lábdaco, descendiente de Poli-
y alguno temiendo por un amigo o por sí mismo trata doro y de su antepasado Cadmo, y del antiguo Agenor 21.
235 de rechazar esta orden, lo que haré con ellos debéis es- Y pido, para los que no hagan esto, que los dioses no les 270
cucharme. Prohíbo que en este país, del que yo poseo el hagan brotar ni cosecha alguna de la tierra ni hijos de
poder y el trono, alguien acoja y dirija la palabra a este las mujeres, sino que perezcan a causa de la desgracia
hombre, quienquiera que sea, y que se haga partícipe en que se encuentran y aún peor que ésta. Y a vosotros,
240 con él en súplicas o sacrificios a los dioses y que le per- los demás Cadmeos, a quienes esto os parezca bien, que
mita las abluciones. Mando que todos le expulsen, sa- la Justicia como aliada y todos los demás dioses os 27s
biendo que es una impureza para nosotros, según me lo asistan con buenos consejos.
acaba de revelar el oráculo pítico del dios. Ésta es la CORIFEO. -Tal como me has cogido inmerso en tu
245 clase de alianza que yo tengo para con la divinidad y maldición, te hablaré, oh :rey. Yo ni le maté ni puedo
para el muerto. Y pido solemnemente que, el que a es- señalar a quien lo hizo. En esta búsqueda, era propio del
condidas lo ha hecho, sea en solitario, sea en compañía que nos la ha enviado, de Febo, decir quién lo ha hecho.
de otros, desventurado, consuma su miserable vida de EDIPO.-Con razón hablas. Pero ningún hombre po- 280
2.50 mala manera. E impreco para que, si llega a estar en mi dría obligar a los dioses a algo que no quieran.
propio palacio y yo tengo conocimiento de ello, padezca CORIFEO. -En segundo lugar, después de eso, te
yo lo que acabo de desear para éstos m. podría decir lo que yo creo.
Y a vosotros os encargo que cumpláis todas estas
"bis En este pasaje se produce un anacoluto que refleja el
cosas por mí mismo, por el dios y por este país tan con-
texto griego utilizado con la presencia del signo menos.
sumido en medio de esterilidad y desamparo de los dio- 21 Enumera la genealogía de la familia real de Tebas. Agenor
es el fundador de la dinastía, rey de Sidón y Tiro, y padre de
m Los asesinos, o el criminal y sus posibles cómplices. Europa y Cadmo. (Véase nota 1.)
40.-21
322 TRAGEDIAS ED:[PO
REY 323

EDIPO.- También, si hay un tercer lugar, no dejes riguarlo correctamente, dábamos muerte a los asesinos
de decirlo. de Layo o les hacíamos salir desterrados del país. Tú, sin 310
CORO. - Sé que, más que ningún otro, el noble Ti- rehusar ni el sonido de laij aves ni ningún otro medio de
285 resias ve lo mismo que el soberano Febo, y de él se po- adivinación2, sálvate a ti mismo y a la ciudad y sálvame
dría tener un conocimiento muy exacto, si se le inqui- a mí, y líbranos de toda impureza originada por el muer-
riera, señor. to. Estamos en tus manos. Que un hombre preste servi-
EDIPO.-NO lo he echado en descuido sin llevarlo a cio con los medios de que dispone y es capaz, es la más 315
la práctica; pues, al decírmelo Creonte, he enviado dos bella de las tareas.
mensajeros. Me extraña que no esté presente desde hace TIRESIAS.
- ¡Ay, ay! iC!ué terrible es tener clarividen-
rato. cia cuando no aprovecha1 al que la tiene! Yo lo sabía
290 CORIFEO. -Entonces los demás rumores son inefica- bien, pero lo he olvidado, de lo contrario no hubiera
ces y pasados. venido aquí.
EDIPO. -¿Cuáles son? Pues atiendo a toda clase de EDIPO.- ¿Qué pasa? ¡Qué abatido te has presen-
rumor. tado!
CORIFEO. -Se dijo que murió a manos de unos ca- - Déjame ir a casa. Más fácilmente sopor- 320
TIRESIAS.
minantes, taremos tú lo tuyo y yo 1'0 mío si me haces caso.
EDIPO.-También yo lo oí. Pero nadie conoce al que EDIPO.- NO hablas con justicia ni con benevolencia
lo vio. para la ciudad que te ali:mentó, si le privas de tu augu-
CORIFEO. - Si tiene un poco de miedo, no aguardará rio.
295 después de oír tus maldiciones. - Porque veo que tus palabras no son opor-
TIRESIAS.
EDIPO.-El que no tiene temor ante los hechos tam- tunas para ti. ¡NO vaya a, ser que a mí me pase lo mis- 325
poco tiene miedo a la palabra. mo ...!
(Entra Tiresias con los enviados por Edipo. U n niño (Hace ademán de retirarse.)
EDIPO.- NO te des la. vuelta, ¡por los dioses!, si sa-
le acompaña.)
bes algo, ya que te lo pedimos todos los que estamos
CORIFEO. -Pero ahí está el que lo dejará al descu-
aquí como suplicantes.
bierto. estos traen ya aquí al sagrado adivino, al único
TIRESIAS.- Todos han perdido el juicio. Yo nunca
de los mortales en quien la verdad es innata.
revelaré mis desgracias, por no decir las tuyas.
300 EDIPO.- jOh Tiresias, que todo lo manejas, lo que EDIPO.- 2 Qué dices ? 2 Sabiéndolo no hablarás, sino 330
debe ser enseñado y lo que es secreto, los asuntos del que piensas traicionarnos y destruir a la ciudad?
cielo y los terrenales! Aunque no ves, comprendes, sin TIRESIAS.-YO no quiero afligirme a mí mismo ni a
embargo, de qué mal es víctima nuestra ciudad. A ti te ti. ¿Por qué me interrogas inútilmente? No te enterarás
reconocemos como único defensor y salvador de ella, por mí.
305 señor. Porque Febo, si es que no lo has oído a los men-
sajeros, contestó a nuestros embajadores que la única 22 Otro medio de adivinación nos lo encontramos en An-
liberación de esta plaga nos llegaría si, después de ave- tígona 1005, donde el mismo Tiresias explica el del fuego.
324 TRAGEDIAS EDIPO REY 325

EDIPO.- iOh el más malvado de los malvados, pues EDIPO.-¿Qué palabras? Dilo, de nuevo, para que lo
335 tú llegarías a irritar, incluso, a una roca! ¿No hablarás aprenda mejor. 360
de una vez, sino que te vas a mostrar así de duro e in- TIRESIAS.-¿NO has escuchado antes? {O es que tra-
flexible? tas de que hable?
TIRESIAS. - Me has reprochado mi obstinación, y no EDIPO.-No como para decir que me es comprensi-
ves la que igualmente hay en ti, y me censuras. ble. Dilo de nuevo.
EDIPO. -¿Quién no se irritaría al oír razones de esta TIRESIAS.-Afirmo que tú eres el asesino del hombre
wo clase con las que tú estás perjudicando a nuestra ciu- acerca del cual están investigando.
dad? EDIPO.- NO dirás impunemente dos veces estos in-
TIRESIAS. - Llegarán por sí mismas, aunque yo las sultos.
proteja con el silencio. TIRESIAS.- En ese caso, ¿digo también otras cosas
EDIPO.- Pues bien, debes manifestarme incluso lo para que te irrites aún m,ks?
que está por llegar. EDIPO.- Di cuanto gustes, que en vano será dicho. 365
TIRESIAS. -NO puedo hablar más. Ante esto, si quie- TIRESIAS.-Afirmo que tú has estado conviviendo
res irrítate de la manera más violenta. muy vergonzosamente, sin advertirlo, con los que te son
345 EDIPO. - Nada de lo que estoy advirtiendo dejaré de más queridos y que no te das cuenta en que punto de
decir, según estoy de encolerizado. Has de saber que me desgracia estás.
EDIPO.-¿Crees tú, en. verdad, que vas a seguir di-
parece que tú has ayudado a maquinar el crimen y lo has
ciendo alegremente esto?
llevado a cabo en lo que no ha sido darle muerte con
tus manos. Y si tuvieras vista, diría que, incluso, este
TIRESIAS.- Sí, si es que existe alguna fuerza en la
verdad.
acto hubiera sido obra de ti solo.
EDIPO.-Existe, salvo para ti. Tú no la tienes, ya que 370
350 TIRESIAS. - ¿De verdad? Y yo te insto a que perma-
estás ciego de los oídos, de la mente y de la vista.
nezcas leal al edicto que has proclamado antes y a que
TIRESIAS.- Eres digno de lástima por echarme en
no nos dirijas l a palabra ni a éstos ni a mí desde el día
cara cosas que a ti no ha.brá nadie que no te reproche
355 de hoy, en la idea de que tú eres el azote impuro de esta
pronto.
tierra.
EDIPO.- Vives en una noche continua, de manera
EDIPO.- ¿Con tanta desvergüenza haces esta aseve-
que ni a mí, ni a ninguno que vea la luz, podrías perju- 375
ración? (De qué manera crees poderte escapar a ella?
dicar nunca.
TIRESIAS. -Ya lo he hecho. Pues tengo la verdad TIRESIAS.-NO quiere el destino que tú caigas por mi
como fuerza. causa, pues para ello se basta Apolo, a quien importa
EDIPO. - ¿Por quién has sido enseñado? Pues, desde llevarlo a cabo.
luego, de tu arte no procede. EDIPO.-¿Esta invención es de Creonte o tuya?
TIRESIAS. - Por ti, porque me impulsaste a hablar en TIRESIAS.- Creonte no es ningún dolor para ti, sino
contra de mi voluntad. tú mismo.
326 TRAGEDIAS EDIPO REY 327

380 EDIPO.- iOh riqueza, poder y saber que aventajas a vivo sometido a ti sino a Loxias 24, de modo que no podré
cualquier otro saber en una vida llena de encontrados ser inscrito como seguidor de Creonte, jefe de un parti-
intereses! ¡Cuánta envidia acecha en vosotros, si, a causa do. Y puesto que me has echado en cara que soy ciego,
de este mando que la ciudad me confió como un don te digo: aunque tú tienes vista, no ves en qué grado de
38s -sin que yo lo pidiera-, Creonte, el que era leal, el ami- desgracia te encuentras ni dónde habitas ni con quiénes
go desde el principio, desea expulsarme deslizándose a transcurre tu vida. ¿Acaso conoces de quiénes descien- 415
escondidas, tras sobornar a semejante hechicero, ma- des? Eres, sin darte cuenta, odioso para los tuyos, tanto
quinador y charlatán engañoso, que sólo ve en las ganan- para los de allí abajo como para los que están en la tie-
390 cias y es ciego en su arte! Porque, jea!, dime, ¿en qué rra, y la maldición que por dos lados t e golpea, de tu ma-
fuiste tú un adivino infalible? ¿Cómo es que no dijiste dre y de tu padre, con paso terrible te arrojará, algún
alguna palabra que liberara a estos ciudadanos cuando día, de esta tierra, y tú, que ahora ves claramente, en-
estaba aquí la perra cantorau? Y, ciertamente, el enig- tonces estarás en la oscuridad. ¡Qué lugar no será refu- 420
ma no era propio de que lo discurriera cualquier per- gio de tus gritos!, ¡qué Ci terón no los recogerá cuando
sona que se presentara, sino que requería arte adivina- te des perfecta cuenta del infausto matrimonio en el que
395 toria que tú no mostraste tener, ni procedente de las tomaste puerto en tu propia casa después de conseguir
aves ni conocida a partir de alguno de los dioses. Y yo, una feliz navegación 26! k' no adviertes la cantidad de 425
Edipo, el que nada sabia, llegué y la hice callar consi- otros males que te igualarán a tus hijos. Después de esto,
guiéndolo por mi habilidad, y no por haberlo aprendido ultraja a Creonte y a mi palabra. Pues ningún mortal
de los pájaros. A mí es a quien tú intentas echar, creyen- será aniquilado nunca de peor forma que tú.
400 do que estarás más cerca del trono de Creonte. Me pa-
EDIPO.- ¿ES que es tolerable escuchar esto de ése?
rece que tú y el que ha urdido esto tendréis que lograr
¡Maldito seas! ¿No te irás cuanto antes? ¿No te irás de 430
la purificación entre lamentos. Y si no te hubieses hecho
esta casa, volviendo por donde has venido?
valer por ser un anciano, hubieras conocido con sufri-
TIRESIAS. -NO hubiera venido yo, si tú no me hubie-
mientos quC tipo de sabiduría tienes.
ras llamado.
CORIFEO. - NOS parece adivinar que las palabras de
EDIPO.- NO sabía que ibas a decir necedades. En tal
405 éste y las tuyas, Edipo, han sido dichas a impulsos de
la cólera. Pero no debemos ocuparnos en tales cosas, caso, difícilmente te hubiera hecho venir a mi palacio.
sino en cómo resolveremos los oráculos del dios de la
2 El epíteto de Apolo 4-oxiasn está conectado con el adje-
mejor manera.
tivo loxós «oblicuo», y hace alusión a las ambiguas respuestas
TIRESIAS. -Aunque seas el rey, se me debe dar la del oráculo.
misma oportunidad de replicarte, al menos con palabras u Citerón es el nombre del monte en que fue abandonado
410 semejantes. También yo tengo derecho a ello, ya que no Edipo. Aquí, en una clara figura estilística, está empleado como
- - el nombre genérico de «moni:e>,.
U
Se refiere a la Esfinge no porque tuviera forma de perra, 26 LOS términos griegos empleados en esta frase están to-
sino por su misión de uguardianau del cumplimiento de los mados, una vez más, del voc;ibulario de la marina, tan conocido
designios de Hera. y usado por el pueblo ateniense.
328 TRAGEDIAS EDIPO REY 329

435 TIRESIAS. -YO SOY tal cual te parezco, necio, pero Entra y reflexiona sobre esto. Y si me coges en mentira,
para los padres que te engendraron era juicioso. di que yo ya no tengo razón en el arte adivinatorio.
EDIPO. - ¿A quiénes? Aguarda. ¿Qué mortal me dio (Tiresias se aleja y Edipo entra en palacio.)
el ser?
CORO.
TIRESIAS. - Este día te engendrará y te destruirá. Estrofa 1."
EDIPO. - ¡De qué modo enigmático y oscuro lo dices ¿Quién es aquel al que la profética roca délfica nom-
todo! bró como el que ha llevado a cabo, con sangrientas ma-
440 TIRESIAS. - ¿Acaso no eres tú el más hábil por na- nos, acciones indecibles entre las indecibles? Es el mo- 463
turaleza para interpretarlo? mento para que él, e n la huida, fuerce u n paso más
EDIPO. - Échame en cara, precisamente, aquello en poderoso que el de caballo:; rápidos como el viento, pues
lo que me encuentras grande. contra él se precipita, armado con fuego y relámpagos, 470
TIRESIAS.- Esa fortuna, sin embargo, te hizo pere- el hijo de Zeus. Y , junto a él, siguen terribles las infali-
cer. bles diosas de la Muerte Zs.
EDIPO.-Pero si salvo a esta ciudad, no me pre-
Antístrofa 1.'
ocupa.
N o hace mucho resonó claramente, desde el nevado
TIRESIAS.- En ese caso me voy. Tú, niño, condúceme.
Parnaso 29, la VOZ que anuncia que, por doquier, se siga 475
445 EDIPO. -Que te lleve, sí, porque aquí, presente, eres
el rastro al hombre desconocido. V a de u n lado a otro 3
un molesto obstáculo; y, una vez fuera, puede ser que
bajo el agreste bosque y por cuevas y grutas, cual u n
no atormentes más. toro que vive solitario, desgraciado, de desgraciado an-
TIRESIAS. - Me voy, porque ya he dicho aquello para dar, rehuyendo los oráculos procedentes del centro de la 480
lo que vine, no porque tema tu rostro. Nunca me podrás tierra 31. Pero éstos, siempre vivos, revolotean alrededor.
450 perder. Y te digo: ese hombre que, desde hace rato, bus-
cas con amenazas y con proclamas a causa del asesinato Estrofa 2.'
de Layo está aquí. Se dice que es extranjero establecido De terrible -manera, ciertamente, de terrible manera
aquí, pero después saldrá a la luz que es tebano por su m e perturba el sabio adivino, ya lo crea, ya lo niegue. 485
¿Qué diré? Lo ignoro. Estoy traído y llevado por las es-
linaje y no se complacerá de tal suerte. Ciego, cuando
455 antes tenía vista, y pobre, en lugar de rico, se trasladará a Perífrasis con la que he traducido el nombre griego K &
a tierra extraña tanteando el camino con un bastón. Será res, espíritus vengadores, de horrible aspecto, que ejecutan el
destino de muerte. En Esquilo se confunden con las Moiras o
manifiesto que él mismo es, a la vez, hermano y padre de
también con las Erinias.
sus propios hijos, hijo y esposo de la mujer de la que " El santuario de Delfos est8 en la ladera de un monte que
w nació y de la misma raza, así como asesino de su padre. pertenece a la misma cadena montanosa donde se eleva el monte
Parnaso.
3 El Coro describe al asesino tal como él lo imagina, exi-
27 Alude a la actuación de Edipo descifrando el enigma de
liado y fugitivo.
la Esfinge. 31 Delfos era considerado el ómphalos u ombligo del mundo.
330 TRAGEDIAS EDIPO REY 331

peranzas, sin ver ni e1 presente ni lo que hay detrás. Y o gravísimo, si es que voy a ser llamado malvado en la
nunca he sabido, ni antes ni ahora, qué motivo de dispu- ciudad, y malvado ante ti y ante los amigos.
490 ta había entre los Labdácidas y el hijo de Pólibo 32, que, CORIFEO.-Tal vez haya llegado a este ultraje forza-
495 por haberlo probado, m e haga ir contra la pública fama do por la cólera, más que intencionadamente.
de Edipo, como vengador para los Labdácidas de rnuer- CREONTE. - ¿Fue declarado por éste abiertamente 52s
tes no claras. que, persuadido por mis consejeros, el adivino decía pa-
Antístrofa 2." labras falaces?
Por una parte, cierto es que Zeus y Apolo son saga- CORIFEO.- ESOdijo, pero no sé con qué intención.
ces y conocedores de los asuntos de los mortales, pero CREONTE. -¿Y, con la mirada y la mente rectas, lan-
seo que u n adivino entre los hombres obtenga mayor éxito zó esta acusación contra rní?
que yo, n o e s u n juicio verdadero. Un hombre podría CORIFEO.- NO sé, pues no conozco lo que hacen los 530
50s contraponer sabiduría a sabiduría. Y yo nunca, hasta ver que tienen el poder. Pero él, en persona, sale ya del pa-
que la profecía se cumpliera, haría patentes los repro- lacio.
ches. Porque, u n día, llegó contra él, visible, la alada (Entra Edipo en escenu.)
510 doncella33 y quedó claro, en la prueba, que era sabio y EDIPO.- :Tú, ése! iC6mo has venido aquí? ¿Eres,
amigo para la ciudad. Por ello, en m i corazón nunca será acaso, persona de tanta osadía que has llegado a mi casa,
culpable de maldad 34. a pesar de que es evidente que tú eres el asesino de este
(Entra Creonte.) hombre y un usurpador manifiesto de mi soberanía? 535
CREONTE. -Ciudadanos, habiéndome enterado de que ¡Ea, dime, por los dioses! ¿Te decidiste a actuar así por
51s el rey Edipo me acusa con terribles palabras, me presen- haber visto en mí alguna cobardía o locura? ¿O pensa-
to sin poder soportarlo. Pues si en los males presentes bas que no descubriría que tu acción se deslizaba con
cree haber sufrido de mi parte con palabras o con obras engaño, o que no me defendería al averiguarlo? ¿No es 540
algo que le lleve a un perjuicio, no tengo deseo de una tu intento una locura: buscar con ahínco la soberanía
vida que dure mucho tiempo con esta fama. El daño que sin el apoyo del pueblo y de los amigos, cuando se ob-
tiene con la ayuda de aquill y de las riquezas?
5.20 me reporta esta acusación no es sin importancia, sino
CREONTE. - ¿Sabes lo que vas a hacer? Opuestas
32 Pólibo, rey de Corinto, recibió al pequeño Edipo y lo crió
a tus palabras, escúchame palabras semejantes y, des-
como a un hijo. Para el Coro, es el padre verdadero de Edipo. pués de conocerlas, juzga tú mismo.
33 Nueva alusión a la Esfinge, esta vez como un monstruo EDIPO.-Tú eres diestro en el hablar y yo soy torpe 545
femenino con rostro de mujer, pecho, patas y cola de león, y para comprenderte, porque he descubierto que eres hos-
alas como las de un ave de rapiña. Evitan llamarla por su nom- til y molesto para mí.
bre y recurren a todos los atributos.
3 El predominio del valor de la razón en la Atenas de SÓ-
CREONTE. - En lo que a esto se refiere, óyeme pri-
focles se manifiesta en las dudas que expresa el Coro entre la mero cómo lo voy a contar.
confianza en su propio juicio acerca de la persona de Edipo y EDIPO.- En lo que a esto se refiere, no me digas que
la creencia religiosa en el augurio del adivino. no eres un malvado.
332 TRAGEDIAS EDIPO REY 333

550 CREONTE. - Si crees que la presunción separada de la EDIPO.- Que, si no hubiera estado concertado con-
inteligencia es un bien, no razonas bien. tigo, no hubiera hablado de la muerte de Layo a mis
EDIPO.- Si crees que perjudicando a un pariente no manos.
sufrirás la pena, no razonas correctamente. CREONTE. - Si esto dice, tú lo sabes. Yo considero
CREONTE. -De acuerdo contigo en que has dicho esto justo informarme de ti, 110 mismo que ahora tú lo has 575
con toda razón. Pero infórmame qué perjuicio dices que hecho de mí.
has recibido. EDIPO. - Haz averiguaciones. No seré hallado cul-
555 EDIPO.- ¿Intentabas persuadirme, o no, de que era pable de asesinato.
necesario que enviara a alguien a buscar al venerable CREONTE. - ¿Y qué? 2 Estás casado con mi hermana?
adivino? EDIPO.-NO es posible negar la pregunta que me
CREONTE. - Y soy aún el mismo en lo que a ese con- haces.
sejo se refiere. CREONTE. - ¿Gobiernas el país administrándolo con
EDIPO.- ¿Cuánto tiempo hace ya desde que Layo... igual poder que ella?
CREONTE. - ¿Qué fue lo que hizo? No entiendo. EDIPO.- LO que desea, todo lo obtíene de mí. 580
5a EDIPO.- ... sin que fuera visible, pereciera en un ase- CREONTE. -¿Y no es cierto que, en tercer lugar, yo
sinato? me igualo a vosotros dos?
CREONTE. - Podrían contarse largos y antiguos años. EDIPO.- Por eso, precisamente, resultas ser un mal
EDIPO.-¿Ejercería entonces su arte ese adivino? amigo.
CREONTE. - Sí, tan sabiamente como antes y honrado CREONTE. -NO si me das la palabra como yo a ti
por igual. mismo. Considera primeramente esto: si crees que al-
EDIPO.- ¿Hizo mención de mí para algo en aquel guien preferiría gobernar entre temores a dormir tran- 585
tiempo? quilo, teniendo el mismo poder. Por lo que a mí respec-
565 CREONTE. -NO, ciertamente, al menos cuando yo es- ta, no tengo más deseo de ser rey que de actuar como si
taba presente. lo fuera, ni ninguna otra persona que sepa razonar. En 590
EDIPO.- Pero, ¿no hicisteis investigaciones acerca efecto, ahora lo obtengo de ti todo sin temor, pero, si
del muerto? fuera yo mismo el que gobernara, haría muchas cosas
CREONTE. -Las hicimos, ¿cómo no? Y no consegui- también contra mi voluntad. ¿Cómo, pues, iba a ser para
mos nada. mí más grato el poder absoluto, que un mando y un do-
EDIPO.- ¿Y cómo, pues, ese sabio no dijo entonces minio exentos de sufrimientos? Aún no estoy tan mal
estas cosas? aconsejado como para desear otras cosas que no sean los 595
CREONTE. -NO lo sé. De lo que no comprendo, prefie- honores acompañados de provecho. Actualmente, todos
ro guardar silencio. me saludan y me acogen con cariño. Los que ahora tie-
570 EDIPO.- Sólo lo que sabes podrías decirlo con total nen necesidad de ti me halagan, pues en esto está, para
conocimiento. ellos, el obtener todo. ¿Cómo iba yo, pues, a pretender
CREONTE. -¿Qué es ello? Si lo sé, no lo negaré. aquello desprendiéndome de esto? Una mente que razona m
334 TRAGEDIAS EDliPO REY 335

bien no puede volverse torpe. No soy, por tanto, amigo CREONTE. - Pero es preciso que lo hagas también en
de esta idea ni soportaría nunca la compañía de quien lo lo mío.
hiciera. Y, como prueba de esto, ve a Delfos y entérate EDIPO.- Tú eres un malvado.
60s si te he anunciado fielmente la respuesta del oráculo. Y CREONTE. - ¿Y si es que tú no comprendes nada?
otra cosa: si me sorprendes habiendo tramado algo en EDIPO.- Hay que obeldecer, a pesar de ello.
común con el adivino, tras hacerlo, no me condenes a CREONTE. -NO a1 que ejerce mal el poder.
muerte por un solo voto, sino por dos, por el tuyo y el EDIPO.- iOh ciudad, ciudad!
mío; pero no me inculpes por tu cuenta a causa de una CREONTE. -También a mí me interesa la ciudad, no 630
suposición no probada. No es justo considerar, sin fun- sólo a ti.
610 damento, a los malvados honrados ni a los honrados CORIFEO. -Cesad, príncipes. Veo que, a tiempo para
malvados. Afirmo que es igual rechazar a un buen amigo vosotros, sale de palacio 'focasta, con la que debéis diri-
que la propia vida, a la que se estima sobre todas las co- mir la disputa que estáis sosteniendo.
sas. Con el tiempo, podrás conocer que esto es cierto, ya (Yocasta sale de palacio.)
que sólo el tiempo muestra al hombre justo, mientras YOCASTA. -¿Por qué, oh desdichados, originasteis
61s que podrías conocer al perverso en un solo día. esta irreflexiva discusión? ¿No os da vergüenza ventilar 63s

CORIFEO. -Bien habló él, señor, para quien sea cau- cuestiones particulares estando como está sufriendo la
to en errar. Pues los que se precipitan no son seguros ciudad? {No irás tú a palacio y tú, Creonte, a tu casa
sin transformar un disgusto que no es nada en algo im-
para dar una opinión.
portante?
EDIPO.- Cuando el que conspira a escondidas avanza
CREONTE. - Hermana, Edipo, tu esposo, pretende lle-
con rapidez, preciso es que también yo mismo planee
var a cabo decisiones terribles respecto a mí, habiendo 640
620 con la misma rapidez. Si espero sin moverme, los pro-
elegido entre dos calamidades: o desterrarme de la pa-
yectos de éste se convertirán en hechos y los míos, en tria o, tras hacerme prisionero, matarme.
frustraciones. EDIPO.-Asiento. Pues le he sorprendido, mujer, tra-
CREONTE. - ¿Qué pretendes, entonces? (Acaso arro- mando contra mi persona con mañas ruines.
jarme fuera del país? CREONTE. - ¡Que no sea feliz, sino que perezca maldi-
EDIPO.- En modo alguno. Que mueras quiero, no to, si he realizado contra ti algo de lo que me imputas! 64s
que huyas. YOCASTA.- ¡Por los dioses!, Edipo, da crédito a esto,
CREONTE. -Cuando expliques cuál es la clase de abo- sobre todo si sientes respeto ante un juramento en nom-
rrecimiento.. . bre de los dioses y, después, también por respeto a mí y
62s EDIPO.-¿Quieres decir que no me obedecerás ni a los que están ante ti.
me darás crédito? Estrofa 1.'
CREONTE. - ... pues veo que tú no razonas con cor- CORO. - Obedece de grado y por prudencia, señor, 650
dura. te lo suplico.
EDIPO.- Sí, al menos, en lo que me afecta. EDIPO.-¿En qué quieres que ceda?
336 TRAGEDIAS EDIPO REY 337

CORO.- E n respetar al que nunca antes fue necio y CORO.- Una oscura sospecha surgid de unas pala-
ahora es fuerte e n virtud del juramento. bras, pero tambidn m e desgarra lo que puede ser injus-
635 EDIPO.- ¿Sabes lo que pides? t o ".
CORIFEO. - LO sé. - ¿Del uno y del otro?
YOCASTA.
EDIPO.- Explícame qué dices. CORIFEO.- Sí.
CORO.-Que, por u n rumor poco probado, nunca - ¿Y cuál fue el motivo?
YOCASTA.
lances una acusación de deshonor a u n pariente obligado CORO.- Basta, m e parece q u e es suficiente, estan- .m
por s u propio juramento. d o atormentado el país. Que se quede el asunto allí
EDIPO.- Entérate bien ahora: cuando esto preten- donde cesó.
des, me estás buscando la ruina o mi destierro de este EDIPO.- Date cuenta dónde has llegado, aun siendo
país. hombre honesto en tu intención, haciendo caso omiso
y embotando mi corazón.
Estrofa 2.'
660 CORO.-NO, iPOr el dios primero entre todos los dio- Antístrofa 2.'
ses, e2 Sol! iQué muera sin dios, sin amigos, de la peor CORO.- jOh señor!, no te lo he dicho sdlo una vez: 690
663 manera, si tengo semejante pensamiento! Pero esta tierra sabe que habría de mostrarme insensato, falto d e razo-
que se consume aflige m i ánimo, desventurado, si los nable juicio, si te abandonara. TU,que dirigiste con justi-
males que o s atañen a vosotros dos se unen a los que cia el rumbo36 de mi querido país, cuando estaba sacu- 695
ya había. dido entre desgracias, llegarás a ser también ahora u n
EDIPO.- ¡Que se vaya éste, aun cuando deba yo mo- b u e n guía, si puedes.
670 rir irremediablemente o ser expulsado por la fuerza, YOCASTA. - ¡En nombre de los dioses! Dime también
deshonrado, de esta tierra! Ante tus palabras dignas de a mí, señor, por qué asu:nto has concebido semejante
lástima me apiado, que no ante las de éste. Él, en don- enojo.
de se encuentre, será objeto de mi aborrecimiento. EDIPO.-Hablaré. Pue:; a ti, mujer, te venero más 700
CREONTE. -ES evidente que lleno de odio cedes, y que a éstos. Es a causa de Creonte y de la clase de cons-
estarás molesto cuando termines de estar airado. Las piración que ha tramado contra mí.
675 naturalezas como la tuya son, con motivo, las que más YOCASTA. -Habla, si es que lo vas a hacer para de-
se duelen de soportarse a sí mismas. nunciar claramente el motivo de la querella.
EDIPO.- ¿NO me dejarás tranquilo y te irás fuera? EDIPO.-Dice que yo soy el asesino de Layo.
CREONTE. - Me voy sin que me hayas entendido, pero
para éstos soy el mismo. ( S e aleja.) 35 Es decir, que la sospecha recayó en Edipo a partir de las
palabras del adivino y, tambich, a partir de ellas Edipo ofende
Antístrofa 1." a Creonte acusándole sin r a z h .
CORO.-Mujer, ( q u é estás esperando para llevarlo " El tema de la nave del estado de la que el gobernante
a palacio? dirige el rumbo aparece por primera vez en ARQIJ~LOCO (fr. 163)
y, desde entonces, lo encontramos repetido en líricos, trágicos,
680 YOCASTA. -Conocer qué es lo que ocurre. historiadores, etc.
4 0 -22
338 TRAGEDIAS EDIPO REY 339

YOCASTA. -¿LO conoce por sí mismo o por haberlo CREONTE. - ¿A qué preocupación te refieres que te ha
oído decir a otro? hecho volverte sobre tus pasos?
70s EDIPO. - Ha hecho venir a un desvergonzado adi- EDIPO.-Me pareció oírte que Layo había sido muer- 730
vino, ya que su boca, por lo que a él en persona con- to en una encrucijada de tres caminos.
cierne, está completamente libre. YOCASTA.-Se dijo asj y aún no se ha dejado de de-
YOCASTA. -Tú, ahora, liberándote a ti mismo de lo cir.
que dices, escúchame y aprende que nadie que sea mor- EDIPO.-¿Y dónde se encuentra el lugar ese en don-
710 tal tiene parte en e1 arte adivinatoria3'. La prueba de de ocurrió la desgracia?
esto te la mostraré 'en pocas palabras. YOCASTA.- Fócide es llamada la región, y la encruci-
Una vez le llegó a Layo un oráculo -no diré que del jada hace confluir los caminos de Delfos y de Daulia.
propio Febo, sino de sus servidores- que decía que ten- EDIPO. - ¿Qué tiempo ha transcurrido desde estos 735
dría el destino de morir a manos del hijo que naciera de acontecimientos?
715 mí y de él. Sin embargo, a él, al menos según el rumor, YOCASTA.-Pocoante:s de que tú aparecieras con
unos bandoleros extranjeros le mataron en una encruci- el gobierno de este país, :se anunció eso a la ciudad.
jada de tres caminos 38. Por otra parte, no habían pasado EDIPO.- jOh Zeus! ¿C:uáles son tus planes para con-
tres días desde el nacimiento del niño cuando Layo, des- migo?
pués de atarle juntas las articulaciones de los pies 39,le YOCASTA.-¿Qué es lo que te desazona, Edipo?
arrojó, por la acción de otros, a un monte infranqueable. EDIPO.- Todavía no me interrogues. Y dime, ¿qué 740
720 Por tanto, Apolo ni cumplió el que éste llegara a ser aspecto tenía Layo y de qué edad era?
asesino de su padre ni que Layo sufriera a manos de su YOCASTA.- Era fuerte, con los cabellos desde hacía
hijo la desgracia que él temía. Afirmo que los oráculos poco encanecidos, y su fi.gura no era muy diferente de
habían declarado tales cosas. Por ello, tú para nada te la tuya.
preocupes, pues aquello en lo que el dios descubre alguna EDIPO.- ¡Ay de mí, infortunado! Paréceme que aca-
72s utilidad, él en persona 'lo da a conocer sin rodeos. bo de precipitarme a mí mismo, sin saberlo, en terribles 745
EDIPO. -Al acabar de escucharte, mujer, ¡qué deli- maldiciones.
rio se ha apoderado de mi alma y qué agitación de mis YOCASTA.- ¿Cómo dices? No me atrevo a dirigirte la
sentidos! mirada, señor.
EDIPO.-Me pregunto, con tremenda angustia, si el
37 Otra interpretación s e n a traducir: .ninguno de los asun-
tos de los mortales está afectado por el arte adivinatoriaa.
adivino no estaba en lo cierto, y me lo demostrarás m e
38 NO es exactamente un cruce de caminos, porque entonces jor, si aún me revelas una cosa.
no quedarían cuatro caminos, sino la bifurcación de un camino. YOCASTA. - En verdad1 que siento temor, pero a lo
En algunos escolios queda aclarado por la inserción del signo que me preguntes, si lo sé, contestaré.
de la Ypsilón: Y.
39 Los tobillos. De ahí el nombre de Edipo, que significa
EDIPO.- ¿Iba de incógnito, o con una escolta nume- 750
«pie hinchado*. rosa cual corresponde a un rey?
340 TRAGEDIAS EIUPO REY 34 1

YOCASTA. - Eran cinco en total. Entre ellos había un Mi padre era Pólibo, corintio, y mi madre Mérope, 775
heraldo. Sólo un carro conducía a Layo. doria. Era considerado yo como el más importante de
755 EDIPO. - ¡Ay, ay! Esto ya está claro. ¿Quién fue el los ciudadanos de allí hasta que me sobrevino el si-
que entonces os anunció las nuevas, mujer? guiente suceso, digno de admirar, pero, sin embargo,
YOCASTA. -Un servidor que llegó tras haberse sal- no proporcionado al ardor que puse en ello. He aquí que
vado sólo él. en un banquete, un hombre saturado de bebida, refirién-
EDIPO. -¿Por casualidad se encuentra ahora en pa- dose a mí, dice, en plena embriaguez, que yo era un falso 780
lacio? hijo de mi padre. Yo, disgustado, a duras penas me pude
YOCASTA. - NO, por cierto. Cuando llegó de allí y vio contener a lo largo del clía, pero, al siguiente, fui junto
que tú regentabas el poder y que Layo estaba muerto *, a mi padre y mi madre :y les pregunté. Ellos llevaron a
760 me suplicó, encarecidamente, cogiéndome la mano 41, que mal la injuria de aquel que había dejado escapar estas
le enviara a los campos y al pastoreo de rebaños para es- palabras. Yo me alegré con su reacción; no obstante, eso 78s
tar lo más alejado posible de la ciudad. Yo lo envié, me atormentaba sin cesar, pues me había calado hondo.
porque, en su calidad de esclavo, era digno de obtener Sin que mis padres 113supieran, me dirigí a Delfo, y
este reconocimiento y aún mayor. Febo me despidió sin atenderme en aquello por lo que
76s EDIPO. - ¿Cómo podría llegar junto a nosotros con llegué, sino que se manifestó anunciándome, infortuna- 790
rapidez? do de mí, terribles y desgraciadas calamidades: que es-
YOCASTA.-ES posible. Pero ¿por qué lo deseas? taba fijado que yo tendría que unirme a mi madre y que
EDIPO.- Temo por mí mismo, oh mujer, haber dicho traería al mundo una descendencia insoportable de ver
demasiadas cosas. Por ello, quiero verle. para los hombres y que yo sería asesino del padre que
770 YOCASTA. - Está bien, vendrá, pero también yo me- me había engendrado.
rezco saber lo que te causa desasosiego, señor. Después de oír esto, calculando a partir de allí la po- 795
EDIPO.- Y no serás privada, después de haber Ile- sición de la región corintia por las estrellas, iba, huyendo
gado yo a tal punto de zozobra. Pues, ¿a quién mejor de ella, adonde nunca viera cumplirse las atrocidades
que a ti podría yo hablar, cuando paso por semejante de mis funestos oráculos.
trance ? En mi caminar llego a ese lugar en donde tú afirmas
que murió el rey. Y a ti, mujer, te revelaré la verdad. 800
40 Descubrimos una contradicción en que ha caído SófocIes, Cuando en mi viaje estab~acerca de ese triple camino, un
si bien es verdad que en un aspecto que no afecta a la trama heraldo y un hombre, cual tú describes, montado sobre
principal de la obra y que, por tanto, no menoscaba la perfecta un carro tirado por potr~os,me salieron al encuentro. El
técnica dramática del autor. En efecto, el servidor es el que
llegó a Tebas para anunciar la muerte de Layo. Ahora, Yocasta conductor 42 y el mismo anciano me arrojaron violenta- 80s
deja entrever que este servidor se asombra al descubrir a Edipo
en el trono «por la muerte del anterior rey, Layo». 42 Nombra de tres formas al que parece ser la misma per-
41 Toda súplica formal iba acompañada de gestos rituales, sona: el heraldo, el conduc1.or y el guía. Jebb, en cambio, cree
uno era coger la mano a aquel a quien se hacía la súplica o, que el heraldo debe ser id~mtificado con e1 guía, pero que es
también, abrazarse a sus rodillas. distinto del conductor.
342 TRAGEDIAS EDIPO REY 343

mente fuera del camino. YO, al que me había apartado, EDIPO.- En verdad, ésta es la Única esperanza que
al conductor del carro, le golpeé movido por la cólera. tengo: aguardar al pastor.
Cuando el anciano ve desde el carro que me aproximo, YOCASTA. - Y cuando él haya aparecido, ¿qué esperas
apuntándome en medio de la cabeza, me golpea con la que suceda?
sio pica de doble punta. Y él no pagó por igual, sino que, in- EDIPO.-YO te lo diré. Si descubrimos que dice lo 840
mediatamente, fue golpeado con el bastón por esta mano mismo que tú, yo podría ponerme a salvo de esta cala-
y, al punto, cae redondo de espaldas desde el carro. Maté midad.
a todos. YOCASTA. - ¿Qué palabras especiales me has oído?
Si alguna conexión hay entre Layo y este extranjero, EDIPO. - Decías que 61 afirmó que unos ladrones le
s i 5 ¿quién hay en este momento más infortunado que yo? habían matado. Si aún confirma el mismo número, yo
¿Qué hombre podría llegar a ser más odiado por los dio- no fui el asesino, pues no podría ser uno solo igual a 845
ses, cuando no le es posible a ningún extranjero ni ciu- muchos. Pero si dice que Fue un hombre que viajaba en
dadano recibirle en su casa ni dirigirle la palabra y hay solitario, está claro: el delito me es imputable.
820 que arrojarle de los hogares? Y nadie, sino yo, es quien YOCASTA.-Ten por seguro que así se propagó la
ha lanzado sobre mí mismo tales maldiciones. Mancillo noticia, y no le es posible desmentirla de nuevo, puesto 850
el lecho del muerto con mis manos, precisamente con las que la ciudad, no yo sola, lo oyó. Y si en algo se apar-
que le maté. ¿No soy yo, en verdad, un canalla? ¿No soy tara del anterior relato, ni aun entonces mostrará que la
muerte de Layo se cumplió debidamente, porque Loxias
un completo impuro? Si debo salir desterrado, no me
dijo expresamente que se llevaría a cabo por obra de un
82s es posible en mi destierro ver a los míos ni pisar mi pa-
hijo mío. Sin embargo, aquél, infeliz, nunca le pudo ma- 85s
tria, a no ser que me vea forzado a unirme en matrimo-
tar, sino que él mismo sucumbió antes. De modo que en
nio con mi madre y a matar a Pólibo 43, que me crió y
materia de adivinación yo no podría dirigir la mirada ni
engendró. ¿Acaso no sería cierto el razonamiento de
a un lado ni a otro.
quien lo juzgue como venido sobre mí de una cruel
EDIPO.- Haces un serisato juicio. Pero, no obstante,
830 divinidad? ¡NO, por cierto, oh sagrada majestad de los
envía a alguien para que haga venir al labriego y no lo UM)
dioses, que n o vea yo este día, sino que desaparezca de
descuides.
entre los mortales antes que ver que semejante deshonor
impregnado de desgracia llega sobre mí! (Entran e n palacio.)
CORIFEO. - A nosotros, oh rey, nos parece esto mo- CORO.
83s tivo de temor, pero mientras no lo conozcas del todo Estrofa 1.'
por boca del que estaba presente, ten esperanza. ;Ojalá el destino m e asistiera para cuidar de la vene-
rable pureza de todas las ,aalabras y acciones cuyas leyes 865
43 este es el nudo gordiano de la trama y el momento de son sublimes, nacidas e n el celeste firmamento, de las
mayor ironía trágica en esta obra, en la que constantemente
que Olimpo44 es el único padre y ninguna naturaleza
aparecen situaciones irónicas. Edipo se convence de ser ase-
sino de Layo, pero aún no imagina que éste era también su
padre. No se refiere al monte, sino a la morada luminosa de 10s
344 TRAGEDIAS EDI.PO REY 345

870 mortal de los hombres engendró ni nunca el olvido l a si con razón eres así llamado, que riges todo, n o t e pase
hará reposar! Poderosa es la divinidad que e n ellas hay esto inadvertido ni tampoco a t u poder siempre inmor- ws
y n o envejece. tal. S e diluyen los antig,uos oráculos acerca de Layo,
extinguiéndose, y Apolo no se .manifiesta, e n modo al-
Antístrofa l.' guno, con honores, y los asuntos divinos se pierden. 910
La insolencia produce al tirano. La insolencia, si se
(Yocasta sale de palacio acompañada de servidoras.)
si5 tzarta en vano de muchas cosas q u e no son oportunas n i
convenientes subiéndose a lo mas alto, se precipita ha- YOCASTA. -Señores de la región, se me ha ocurrido
cia u n abismo de fatalidad donde no dispone de pie la idea de acercarme a los templos de los dioses con
880 firme. Pido que la divinidad nunca haga cesar la emu- estas coronas y ofrendas de incienso en las manos. Por-
lación que e s favorable para la ciudad. Al dios n o cesaré que Edipo tiene demasiado en vilo su corazón con aflic- 91s
de tener c o m o protector. ciones de todo tipo y no conjetura, cual un hombre
razonable, lo nuevo por lo de antaño47,sino que está
Estrofa 2.' pendiente del que habla si anuncia motivos de temor.
S i alguien se comporta orgullosamente e n acciones o Y ya que no consigo nada con mis consejos, me llego
sss de palabra, sin sentir temor de la Justicia ni respeto ante ti, oh Apolo Liceo --pues eres el más cercano-,
ante las moradas de los dioses, jojalá le alcance u n fu- cual suplicante, con estos signos de rogativas para 920
nesto destino por causa de s u infortunada arrogancia! que nos proporciones alguna liberación purificadora,
890 Y si n o saca con justicia provecho y n o se aleja de los puesto que ahora todos sentimos ansiedad, al ver asus-
actos impíos, o toca cosas que son intocables e n una in- tado a aquel que es como el piloto de la nave.
sensata acción, ¿qué hombre, en tales circunstancias, se
(Entra e n escena u n mensajero.)
jactará aún de rechazar de s u alma las flechas de los
895 dioses? S i las acciones d e este tipo son dignas de ho-
MENSAJERO. - ¿Podríais informarme, oh extranjeros,
rrores, ¿por qué debo yo participar en los coros 45? dónde se halla el palacio del rey Edipo? 92s
CORIFEO. - Ésta es su morada y él mismo está den-
Antístrofa 2.. tro, extranjero. Esta mujer es la madre49 de sus hijos.
Y a no iré honrando a la divinidad a2 sagrado centro MENSAJERO. - ¡Que llegues a ser siempre feliz, ro-
wx, de la tierra, ni al templo de A b ~ s ni
~ ~a , Olimpia, si
estos oráculos no se cumplen como para que sean seña- 47 Una vez más, el problema latente en la Atenas de Sófo-
lados por todos los hombres. Pero, joh Zeus poderoso!, cles con respecto a las creencias religiosas en materia de adivi-
nación. Es el momento de la nueva sofistica, al influjo de la cual
dioses, al cielo mismo. Con esta acepcibn, lo encontramos ya no puede sustraerse el poeta. «Tantear lo nuevos sena hacer
en Odisea VI 42. conjeturas valiéndose de la razón.
45 Coros celebrados para festejar el culto a Dioniso, a Apolo 48 Las coronas y el incienso.
y a otros dioses. Los griegos daban a esta frase un significado 49 La pérdida de los recursos orales es sensible en esta fra-
más amplio: «¿por qué mantener los ntos solemnes?*. se. Suponemos que el actor haría una pausa, coincidente con la
M Ciudad focense, donde había un santuario dedicado al pausa mCtrica, tras la palabra «madres, acentuando así la trá-
dios Apolo consultado por Creso. ( H E R ~ D O T1O46,
, 8.) gica ironía.
346 TRAGEDIAS EDIPO REY 347

9x1 deada de gente dichosa, tú que eres esposa legítima de EDIPO.-¿Quién es és1.e y qué me tiene que comu-
aquél! nicar?
YOCASTA. -De igual modo lo seas tú, oh extranjero, YOCASTA. -Viene de Corinto para anunciar que tu 955
pues lo mereces por tus favorables palabras. Pero dime padre, Pólibo, no está ya vivo, sino que ha muerto.
con qué intención has llegado y qué quieres anunciar. EDIPO.- ¿Qué dices, extranjero? Anúnciamelo tú
MENSAJERO. -Buenas nuevas para tu casa y para tu mismo.
esposo, mujer. MENSAJERO. -Sí es preciso que yo te lo anuncie cla-
935 YOCASTA. - ¿Cuáles son? ¿De parte de quién vienes? ramente en primer lugar, entérate bien de que aquél
MENSAJERO. -De Corinto. Ojalá te complazca -¿c& ha muerto.
m0 no?- la noticia que te daré a continuación, aun- EDIPO.-¿Acaso por una emboscada, o como resul- 960
que tal vez t e duelas. tado de una enfermedad?
YOCASTA. - ¿Qué es? ¿Cómo puede tener ese doble MENSAJERO. - Un pequeño quebranto rinde los cuer-
efecto? pos ancianos.
MENSAJERO. -LOS habitantes de la región del Istmo EDIPO.- A causa de enfermedad murió el desdicha-
940 le van a designar rey, según se ha dicho allí. do, a lo que parece.
YOCASTA.-¿Por qué? ¿No está ya el anciano P& MENSAJERO. - Y por haber vivido largos años.
libo en el poder?
EDIPO.- iAh, ah! ¿Por qué, oh mujer, habría uno de
tener en cuenta el altar vaticinador de Pitón o los pá- 96s
MENSAJERO. -NO, ya que la muerte lo tiene en su
jaros que claman en el cielo, según cuyos indicios tenia
tumba.
yo que dar muerte a mi propio padre? Pero él, habiendo
YOCASTA. -¿Cómo dices? ¿Ha muerto el padre de
muerto, está oculto bajo tierra y yo estoy aquí, sin ha-
Edipo? berle tocado con arma alguna, a no ser que se haya
MENSAJERO. - Que sea merecedor de muerte, si no consumido por nostalgia de mí. De esta manera habría 970
digo la verdad. muerto por mi intervención. En cualquier caso, Pólibo
945 YOCASTA. - Sirvienta, ¿no irás rápidamente a decir- yace en el Hades y se ha llevado consigo los oráculos
le esto al amo? iOh oráculos de los dioses! ¿Dónde presentes, que no tienen ya ningún valor.
estáis? Edipo huyó hace tiempo por el temor de matar YOCASTA. - ¿NO te lo decía yo desde antes?
a este hombre y, ahora, él ha muerto por el azar y no a EDIPO.- LO decías, pero yo me dejaba guiar por el
manos de aquél. miedo.
(Sale Edipo de palacio.) YOCASTA. -Ahora no tomes en consideración ya nin- 975
950 EDIPO.- iOh Yocasta, muy querida mujer! {Por qu6 guno de ellos.
me has mandado venir aquí desde palacio? EDIPO.- ¿Y cómo no voy a temer al lecho de mi
YOCASTA. -Escucha a este hombre y observa, al oír- madre?
le, en qué han quedado los respetables oráculos del YOCASTA. - Y ¿qué podría temer un hombre para
dios. quien los imperativos de la fortuna son los que le pue-
348 TRAGEDIAS EDIPO REY 349

den dominar, y no existe previsión clara de nada? Lo MENSAJERO. -¿Por qué, pues, no te he liberado yo
980 más seguro es vivir al azar, según cada uno pueda. Tú de este recelo, señor, ya que bien dispuesto llegué?
no sientas temor ante el matrimonio con tu madre, pues EDIPO.- En ese caso recibirías de mí digno agra-
muchos son los mortales que antes se unieron también decimiento.
a su madre en sueños M. Aquel para quien esto nada su- MENSAJERO. -Por esto he venido sobre todo, para ioos
pone más fácilmente lleva su vida. que en algo obtenga un beneficio cuando tú regreses
98s EDIPO.- Con razón hubieras dicho todo eso, si no a palacio.
estuviera viva mi madre. Pero como lo está, no tengo EDIPO.-Pero jamás ir6 con los que me engendra-
más remedio que temer, aunque tengas razón. ron.
YOCASTA. -Gran ayuda suponen los funerales de tu MENSAJERO. - iOh hijo, es bien evidente que no sa-
padre. bes lo que haces ...
EDIPO.-Grande, lo reconozco. Pero siento temor EDIPO.- ¿Cómo, oh anciano? Acláramelo, por los
por la que vive. dioses.
MENSAJERO. - ¿Cuál es la mujer por la que teméis? MENSAJERO. - ... si por esta causa rehúyes volver a 1010
EDIPO.- Por Mérope, anciano, con la que vivía Pó- casa!
libo. EDIPO.- Temeroso de que Febo me resulte veraz.
MENSAJERO. -¿Qué hay en ella que os induzca al
MENSAJERO. - - ¿ E S que temes cometer una infamia
temor?
para con tus progenitores?
EDIPO.-Un oráculo terrible de origen divino, ex-
tranjero. EDIPO.- ESO mismo, anciano. Ello me asusta cons-
MENSAJERO. -¿LO puedes aclarar, o no es lícito que tantemente.
otro lo sepa? MENSAJERO. -¿NO sabes que, con razón, nada debes
EDIPO.- S í , por cierto. Loxias afirmó, hace tiempo, temer?
995 que yo había de unirme con mi propia madre y coger EDIPO.- ¿Cómo no, si soy hijo de esos padres? 101s
en mis manos la sangre de mi padre. Por este motivo MENSAJERO. - Porque Pijlibo nada tenía que ver con
habito desde hace años muy lejos de Corinto, feliz, pero, tu linaje.
sin embargo, es muy grato ver el semblante de los pa- EDIPO.-¿Cómo dices? ¿Que no me engendró P6-
dres. libo?
iooo MENSAJERO. - ¿Acaso por temor a estas cosas esta- MENSAJERO. - NO más que el hombre aquí presente,
bas desterrado de allí? sino igual.
EDIPO.-Por el deseo de no ser asesino de mi pa- EDIPO.-Y ¿cómo el que me engendró está en rela-
dre, anciano. ción contigo que no me eres nada?
MENSAJERO. -NO te engendramos ni aquél ni yo. iom
9 Pasaje de suma importancia para Freud, punto de partida
EDIPO.- Entonces, ¿en virtud de qué me llamaba
República IX
en sus investigaciones sobre el tema. Cf. PLAT~N,
hijo?
571c.
350 TRAGEDIAS EDIPO REY 35 1

MENSAJERO. -Por haberte recibido como un regalo EDIPO.- ¿Quién es? ¿Sabes darme su nombre?
-entérate- de mis manos. MENSAJERO. - Por lo visto era conocido como uno
EDIPO.-Y ja pesar de haberme recibido así de de los servidores de Layo.
otras manos, logró amarme tanto? EDIPO. - {Del rey que hubo, en otro tiempo, en esta
MENSAJERO.-La falta hasta entonces de hijos le tierra?
persuadió del todo. MENS~JERO. - Sí, de ese hombre era él pastor.
102s EDIPO. - Y tú, jme habías comprado o encontrado EDIPO. - ¿Está aún vivo ese tal como para poder 1045
cuando me entregaste a él? verme?
MENSAJERO. - Te encontré en los desfiladeros selvo- MENSAJERO. - (Dirigién,dose al Coro.) Vosotros, los
sos del Citerón. habitantes de aquí, podríais saberlo mejor.
EDIPO. - ¿Por qué recorrías esos lugares? EDIPO. - ¿Hay entre vosotros, los que me rodeáis,
MENSAJERO. -Allí estaba al cuidado de pequeños re-
alguno que conozca al pastor a que se refiere, por ha-
baños montaraces.
berle visto, bien en los campos, bien aquí? Indicádmelo, 1050
EDIPO.-¿Eras pastor y nómada a sueldo?
pues es el momento de descubrirlo de una vez por
1030 MENSAJERO. -Y así fui tu salvador en aquel mo-
todas.
mento.
CORIFEO. - Creo que a. ningún otro se refiere, sino
EDIPO.-¿Y de qué mal estaba aquejado cuando me
al que tratabas de ver antes haciéndole venir desde el
tomaste en tus manos?
campo. Pero aquí está Yocasta que podría decirlo mejor.
MENSAJERO.-Las articulaciones de tus pies te lo
pueden testimoniar. EDIPO.-Mujer, jconoces a aquel que hace poco de-
EDIPO.- iAy de mí! ¿A qué antigua desgracia te re- seábamos que se presentara? ¿Es a él a quien éste se 1055

fieres con esto? refiere?


MENSAJERO. - YO te desaté, pues tenías perforados YOCASTA. - ¿Y qué nos va lo que dijo acerca de un
los tobillos. cualquiera? No hagas ningún caso, no quieras recordar
o EDIPO. - ¡Bello ultraje recibí de mis pañales! inútilmente lo que ha dicho.
MENSAJERO. - Hasta el punto de recibir el nombre EDIPO.- Sería imposible que con tales indicios no
que llevas por este suceso. descubriera yo mi origen.
EDIPO. - jOh, por los dioses! {De parte de mi madre YOCASTA. - ¡NO,por los dioses! Si en algo te preocu-
o de mi padre la recibí? Dímelo. pa tu propia vida, no lo irivestigues. Es bastante que yo 1060

MENSAJERO. -NO lo sé. El que te entregó a mí co- esté angustiada.


noce esto mejor que yo. EDIPO.-Tranquilízate, pues aunque yo resulte es-
EDIPO.- Entonces, ¿me recibiste de otro y no me clavo, hijo de madre esclava por tres generaciones, tú
encontraste por ti mismo? no aparecerás innoble.
1040 MENSAJERO. -NO, sino que otro pastor me hizo YOCASTA. - NO obstante, obedéceme, te lo suplico.
entrega de ti. No lo hagas.
352 TRAGEDIAS EDIPO REY 353

1065 EDIPO.-NO podría obedecerte en dejar de averi- el Olimpo!, n o quedarás, joh Citerón!, sin saber que
guarlo con claridad. desde el plenilunio de mañana yo te ensuizaré como re- 1090
YOCASTA. - Sabiendo bien que es lo mejor para ti, gidn de Edipo, al tiempo que nodriza y madre, y serás
hablo. celebrado con coros por nosotros c o m o quien se hace
EDIPO.- Pues bien, lo mejor para mí me está im- protector de mis reyes. iOh Febo, que esto t e sirva de 1095
portunando desde hace rato. satisfacción!
YOCASTA. - iOh desventurado! jQue nunca llegues a
saber quién eres! Antístrofa.
1070 EDIPO.- ¿Alguien me traerá aquí al pastor? Dejad ¿Cuál a ti, hijo, cuál de las ninfas inmortales t e en-
a ésta que se complazca en su poderoso linaje. gendró, acercándose al padre Pan que vaga por los 1100
YOCASTA.- iAh, ah, desdichado, pues sólo eso te montes? ¿O fue una amante d e Loxias, pues a él le son
puedo llamar y ninguna otra cosa ya nunca en ade- queridas todas las agrestes planicies? O el soberano de
lante! Cilene 52, o el dios báquico que habita e n lo más alto 110s
(Yocasta, visiblemente alterada, entra al palacio.) de los montes te recibió como u n hallazgo de alguna de
CORIFEO. -¿Por qué se ha ido tu esposa, Edipo, tan las ninfas del Helicón con las que juguetea Ia mayor
precipitadamente bajo el peso de una profunda aflic- parte del tiempo.
1075 ción? Tengo miedo de que de este silencios1 estallen (Entra el anciano pastor acompañado d e dos escla-
desgracias. vos.)
EDIPO.- Que estalle lo que quiera ella. Yo sigo que- EDIPO.- Si he de hacer yo conjeturas, ancianos, 1110
riendo conocer mi origen, aunque sea humilde. Esa, tal creo estar viendo al pastor que desde hace rato busca-
vez, se avergüence de mi linaje oscuro, pues tiene or- mos, aunque nunca he tenido relación con él. Pues en
loso gullosos pensamientos como mujer que es. Pero yo, que su acusada edad coincide por completo con este hom-
me tengo a mí mismo por hijo de la Fortuna, la que da bre y, además, reconozco a los que lo conducen como
con generosidad, no seré deshonrado, pues de una ma- servidores míos. Pero tú, tal vez, podrías superarme en 1115
dre tal he nacido. Y los meses, mis hermanos, me hicie- conocimientos por haber visto antes al pastor.
ron insignificante y poderoso. Y si tengo este origen, CORIFEO. -LO conozco, ten la certeza. Era un pastor
108s no podría volverme luego otro, como para no llegar a de Layo, fiel cual ninguno.
conocer mi estirpe.
EDIPO.-A ti te pregunto en primer lugar, al extran-
CORO. jero corintio: jes de ése cle quien hablabas? 1120
Estrofa. MENSAJERO. - De éste {que contemplas.
S i yo soy adivino y conocedor de entendimiento, /por EDIPO.- Eh, tú, anciano, acércate y, mirándome, con-
testa a cuanto te pregunte. ¿Perteneciste, en otro tiempo,
51 Compárese esta salida con la de Deyanira (Traquinias
al servicio de Layo?
814) y la de Eurídice (Antigona 1245). En todas, el Coro subraya
el funesto presagio que supone el silencio. (Cf. nota 74 de An-
tígona.) Hermes, del que se cree que nació en el monte Cilene.
40. - 23
354 TRAGEDIAS EDIPO REY 355

SERVIDOR. - Sí, como esclavo no comprado, sino SERVIDOR. - ¡Así te pierdas! ¿No callarás?
criado en la casa. EDIPO.- iAh! No le reprendas, anciano, ya que son
EDIPO.-¿En qué clase de trabajo te ocupabas o en tus palabras, más que las de éste, las que requieren un
qué tipo de vida? reprensor.
1125 SERVIDOR.- La mayor parte de mi vida conduje re- SERVIDOR. -¿En qué he fallado, oh el mejor de los
baños. amos?
EDIPO.- ¿En qué lugares habitabas sobre todo? EDIPO.- NO hablando del niño por el que éste pide liso
SERVIDOR. - Unas veces, en el Citerón; otras, en lu- información.
gares colindantes. SERVIDOR. - Habla, y no sabe nada, sino que se es-
EDIPO.- {Eres consciente de haber conocido allí a fuerza en vano.
este hombre en alguna parte? EDIPO.- Tú no hablarás por tu gusto, y tendrás que
SERVIDOR. - ¿En qué se ocupaba? ¿A qué hombre te hacerlo llorando.
refieres?
SERVIDOR. - ¡Por los dioses, no maltrates a un an-
1130 EDIPO.-Al que está aquí presente. ¿Tuviste relación
ciano como yo!
con él alguna vez?
SERVIDOR. -NO como para poder responder rápida- EDIPO.- ¿NOle atará alguien las manos a la espalda
mente de memoria. cuanto antes?
MENSAJERO. - NO es nada extraño, señor. Pero yo re- SERVIDOR. - ¡Desdichado! ¿Por qué? ¿De qué más 115s
frescaré claramente la memoria del que no me recono- deseas enterarte?
ce. Estoy bien seguro de que se acuerda cuando, en el EDIPO.- ¿Le entregaste al niño por el que pregunta?
1135 monte Citerón, él con doble rebaño y yo con uno, convi- SERVIDOR. -LO hice y ¡ojalá hubiera muerto ese día!
vimos durante tres períodos enteros de seis meses, des- EDIPO.- Pero a esto llegarás, si no dices lo que co-
de la primavera hasta A r t ~ r o ~
Ya~ .en el invierno yo rresponde.
llevaba mis rebaños a los establos, y él, a los apriscos SERVIDOR. -Me pierdo mucho más aún si hablo.
1140 de Layo. ¿Cuento lo que ha sucedido o no? EDIPO.- Este hombre, según parece, se dispone a 1160
SERVIDOR. - Dices la verdad, pero ha pasado un lar- dar rodeos.
go tiempo. SERVIDOR. -NO, yo no, pues ya he dicho que se lo
MENSAJERO. - ¡Ea! Dime, ahora, jrecuerdas que en- entregué.
tonces me diste un niño para que yo lo criara como un EDIPO.-¿De dónde lo habías tomado? ¿Era de tu
retoño mío?
familia o de algún otro?
SERVIDOR. - (Qué ocurre? ¿Por qué te informas de SERVIDOR.-Mío no. Lo recibí de uno.
esta cuestión?
EDIPO.-¿D~ cuál de estos ciudadanos y de qué
1145 MENSAJERO. - Éste es, querido amigo, el que enton-
casa?
ces era un niño.
SERVIDOR.-¡NO, por los dioses, no me preguntes 1165
53 Hasta mediados de septiembre. más, mi señor!
356 TRAGEDIAS EDlPO REY

EDIPO.- Estás muerto, si te lo tengo que preguntar CORO.


de nuevo. Estrofa l.*
SERVIDOR. -Pues bien, era uno de los vástagos de la ;Ah, descendencia de wzortales! /Cómo considero que
casa de Layo. vivís una vida igual a Pues, ¿qué hombre, qué
EDIPO.- ¿Un esclavo, o uno que pertenecía a su li- hombre logra más felicidad que la que necesita para pa- iiw
naje? recerlo y, una vez que ha dado esa impresión, para de-
SERVIDOR. - ¡Ay de mí! Estoy ante lo verdaderamen- clinar? Teniendo este destino tuyo, el tuyo como ejem-
te terrible de decir. plo, joh inforturíado Edipo!, nada de los mortales tengo 119s
1170 EDIPO. - Y yo de escuchar, pero, sin embargo, hay por dichoso.
que oírlo.
Antístrofa 2.a
SERVIDOR.-Era tenido por hijo de aquél. Pero la
T ú , que, tras disparar el arco 55 con incomparable
que está dentro, tu mujer, es la que mejor podría decir
destreza, conseguiste una dicha por completo afortuna-
cómo fue.
da, joh Zeus!, después de hacer perecer a la doncella
EDIPO.- ¿Ella te lo entregó?
d e corvas garras cantora de enigmas, y te alzaste como 1200
SERVIDOR. - Sí, en efecto, señor.
u n baluarte contra la muerte e n m i tierra. Y , por ello,
EDIPO.- 2 Con qué fin?
fuiste aclamado c o m o m i rey y honrado con los mayo-
SERVIDOR. - Para que lo matara. res honores, mientras reinabas e n la próspera Tebas.
1175 EDIPO.- {Habiéndole engendrado ella, desdichada?
SERVIDOR. - Por temor a funestos oráculos. Estrofa 2."
EDIPO.- ¿A cuáles? Y ahora, ¿de quién se puede oír decir que es más
SERVIDOR. - Se decía que él mataría a sus padres. desgraciado? ¿Quién es e l que vive entre violentas pe- 120s
nas, quién entre padecimientos con s u vida cambiada?
EDIPO. - Y ¿cómo, en ese caso, tú lo entregaste a
i A h noble Edipo, a quien le bastó el m i s m o espacioso
este anciano?
puerto para arrojarse c o m o hijo, padre y esposo!
SERVIDOR. -Por compasión, oh señor, pensando que
¿Cómo, c ó m o pudieron los surcos paternoss6 tolerarte 1210
liso se lo llevaría a otra tierra de donde él era. Y éste lo
e n silencio, infortunado, d u m n t e tanto tiempo?
salvó para los peores males. Pues si eres tú, en verdad,
quien él asegura, sábete que has nacido con funesto
destino.
EDIPO.- ¡Ay, ay! Todo se cumple con certeza. iOh 54 Este coro desarrolla e1 tema de lo vano de la vida hu-
luz del día, que te vea ahora por última vez! ¡Yo que he mana, tema tópico que encontramos a lo largo de toda la lite-
iiss resultado nacido de los que no debía, teniendo relacio- ratura griega.
nes con los que no podía y habiendo dado muerte a 55 ES decir, tras acertar las respuestas de la Esfinge.
56 Imagen que nos parece más desgarrada de lo que parecía
quienes no tenía que hacerlo! a los griegos y muy repetida. En esta misma tragedia, la en-
(Entra e n palacio.) contramos en los VV. 1257, 1485, 1497, y en Antígona, en el v. 569.
En ESQUILO, en Siete contra Tebas 753.
358 TRAGEDIAS EDIPO REY 359

Antístrofa 2." cial mesándose los cabellos con ambas manos. Una vez
T e sorprendió, a despecho tuyo, el tiempo que todo que entró, echando por dentro los cerrojos de las puer-
lo ve y condena una antigua boda q,ue no es boda en tas, llama a Layo, muerto ya desde hace tiempo, y le 124s
1215 donde se engendra y resulta engendrado. iAh, hijo de recuerda su antigua simiente, por cuyas manos él mis-
Layo, ojalá, ojalá nunca t e hubiera visto! Y o gimo mo iba a morir y a dejar a su madre como funesto
1220 derramando Zúgubres lamentos de m i boca; pero, a decir medio de procreación para sus hijos. Deploraba el lecho
verdad, yo t o m é aliento gracias a ti 57 y pude adormecer donde, desdichada, había engendrado una doble descen-
mis ojos. dencia: un esposo de un esposo y unos hijos de hijos. 1250
(Sale u n mensajero del palacio.) Y, después de esto, ya no sé cómo murió; pues Edi-
MENSAJERO. - iOh vosotros, honrados siempre, en po, dando gritos, se precipitó y, por él, no nos fue po-
grado sumo, en esta tierra! ¡Qué sucesos vais a escu- sible contemplar hasta el final el infortunio de aquélla;
char, qué cosas contemplaréis y en cuánto aumentaréis más bien dirigíamos la mirada hacia él mientras daba
1225 vuestra aflicción, si es que aún, con fidelidad, os preocu- vueltas.
páis de la casa de los Labdácidas! Creo que ni el Istro En efecto, iba y venía hasta nosotros pidiéndonos 1255
ni el Fasis 58 podrían lavar, para su purificación, cuanto que le proporcionásemos una espada y que dónde se
oculta este techo y los infortunios que, enseguida, se encontraba la esposa que no era esposa, seno materno
1230 mostrarán a la luz, queridos y no involuntarios. Y, de en dos ocasiones, para él y para sus hijos.
las amarguras, son especialmente penosas las que se Algún dios se lo mostró, a él que estaba fuera de sí,
demuestran buscadas voluntariamente. pues no fue ninguno de los hombres que estábamos
CORIFEO. -LOS hechos que conocíamos son ya muy cerca. Y gritando de horrible modo, como si alguien le 12.50
lamentables. Además de aquéllos, ¿qué anuncias? guiara, se lanzó contra las puertas dobles y, combán-
1235 MENSAJERO. -Las palabras más rápidas de decir y dolas, abate desde los puntos de apoyo los cerrojos y se
de entender: ha muerto la divina Yocasta. precipita en la habitación en la que contemplamos a la
CORIFEO. - iOh desventurada! ¿Por qué causa? mujer colgada, suspendida del cuello por retorcidos
MENSAJERO. - Ella, por sí misma. De lo ocurrido fal- lazos. Cuando él la ve, el infeliz, lanzando un espantoso 1265
ta lo más doloroso, al no ser posible su contempla- alarido, afloja el nudo corredizo que la sostenía. Una vez
ción. Pero, sin embargo, en tanto yo pueda recordarlo que estuvo tendida, la infortunada, en tierra, fue terrible
1240 te enterarás de los padecimientos de aquella infortu- de ver lo que siguió: arrancó los dorados broches de su
nada. Cuando, dejándose llevar por la pasión atravesó vestido con los que se adornaba y, alzándolos, se golpeó 1270
el vestíbulo, se lanzó derechamente hacia la cámara nup- con ellos las cuencas de los ojos, al tiempo que decía
cosas como éstas: que no le verían a él, ni los males que
57 El Coro, tal vez, alude al respiro que ha supuesto para había padecido, ni los horrores que había cometido,
el pueblo de Tebas el periodo entre la destrucción de la ES- sino que estarían en la oscuridad el resto del tiempo
finge y el presente.
58 Son los ríos Danubio y Rión, que desembocan en e1 mar
para no ver a los que no debía y no conocer a los que
Negro. Están ya citados por H~sfooo(Teogonía 339). deseaba.
360 TRAGEDIAS EDIP'O REY 36 1

1275 Haciendo tales imprecaciones una y otra vez -que los más largos, sobre s u desgraciado destino?@. [Ay, ay,
no una sola-, se iba golpeando los ojos con los broches. desdichado! Pero ni contemplarte puedo, a pesar de que
Las pupilas ensangrentadas teñían las mejillas y no des- quisiera hacerte muchas preguntas, enterarme d e mu- 130s
tilaban gotas chorreantes de sangre, sino que todo se chas cosas y observarte mucho tiempo. [Tal horror m e
mojaba con una negra lluvia y granizada de sangre. inspiras!
1280 Esto estalló por culpa de los dos, no de uno sólo, EDIPO.-[Ah, ah, desgraciado de mí! ¿A qué tierra
pero las desgracias están mezcladas para el hombre y seré arrastrado, infeliz? (Adónde se m e irá volando, e n 1310
la mujer. Su legendaria felicidad anterior era entonces u n arrebato, m i voz? [Ay, destino! [Adónde t e has mar-
una felicidad en el verdadero sentido; pero ahora, en el chado?
momento presente, es llanto, infortunio, muerte, igno- CORIFEO. - A un desastre terrible que ni puede es-
1285 minia y, de todos los pesares que tienen nombre, nin- cucharse ni contemplarse.
guno falta.
Estrofa l.a
CORIFEO. - ¿Y ahora se encuentra el desdichado en
EDIPO.-jOh nube de m i oscuridad, que m e aíslas,
alguna tregua de su mal?
MENSAJERO. -Está gritando que se descorran los ce- sobrevenida de indecible manera, inflexible e irreme- 1315

rrojos y que muestren a todos los Cadmeos al homicida, diable! [Ay, ay de m i d e nuevo! [Cómo m e penetran, al
al que de su madre ..., profiriendo expresiones impías, m i s m o tiempo, los pinchazos de estos aguijones y el
recuerdo de mis males!
1290 impronunciables para mí, como si se fuera a desterrar
él mismo de esta tierra y a no permanecer más en el CORIFEO.-NO tiene nada de extraño que en estos
palacio, estando como está sujeto a la maldición que sufrimientos te lamentes y soportes males dobles 61.
lanzó. Lo cierto es que requiere un soporte y un guía, Antrístrofa l.a
pues la desgracia es mayor de lo que se puede tolerar. EDIPO.- [Oh amigo!, tú eres aún mi fiel servidor,
1295 Te lo mostrará también a ti, pues se abren los cerrojos pues todavía te encargas de cuidarme e n mi ceguera.
de las puertas. Pronto podrás ver un espectáculo tal, [Uy, uy!, no m e pasas inadvertido, sino que, aunque estoy 1325
como para mover a compasión, incluso, al que le odiara. e n tinieblas, reconozco, sin embargo, t u voz.
( S e abren las puertas del palacio y aparece Edipo CORIFEO. - iAh, tú que has cometido acciones horri-
con la cara ensangrentada, andando a tientas.) bles! ¿Cómo te atreviste a, extinguir así tu vista?, ¿qué
dios te impulsó?
CORO.
[Oh sufrimiento terrible de contemplar para los hom-
bres! [Oh el más espantoso de todos cuantos yo m e he
encontrad^!^^. ¿Qué locura te ha acometido, o h infeliz? @ Otra idea repetida en la tragedia: que la divinidad manda
1300 ¿Qué deidad es la que ha saltado, con salto mayor que sufrimientos mayores que lo que se cree puede soportar el
hombre.
59 El escoliasta sefiala que el Coro volvía la cabeza a la 61 Los dolores físicos, de un lado, y los que soporta inte-
vista de Edipo. riormente.
362 TRAGEDIAS EDIPO REY 363

Estrofa 2." nes. No sé con qué ojos, si tuviera vista, hubiera podido
EDIPO.-Apelo era, Apoio, amigos, quien cumplió e n mirar a mi padre al llegar al Hades, ni tampoco a mi
1330 mí estos tremendos, sí, tremendos, infortunios míos. desventurada madre, porque para con ambos he come-
Pero nadie los hirió con s u mano sino yo, desventurado. tido acciones que merecen algo peor que la horca. Pero, 137s
1335 Pues ¿qué m e quedaba por ver a mi, a quien, aunque además, jacaso hubiera sido deseable para mí contem-
viera, nada m e sería agradable de contemplar? plar el espectáculo que me ofrecen mis hijos, nacidos
CORO. - E S O es exactamente como dices. como nacieron? No por cierto, al menos con mis ojos.
EDIPO.-¿Qué es, pues, para m i digno de ver o d e Ni la ciudad, ni el recinto a.murallado, ni las sagra-
amar, o qué saludo es posible ya oír con agrado, ami- das imágenes de los dioses, de las que yo, desdichado
1340 gos? Sacadme fuera del país cuanto antes, sacad, o h -que fui quien vivió con más gloria en Tebas-, me pri- 1380
amigos, al que es funesto e n gran medida, al maldito so- vé a mí mismo cuando, en persona, proclamé que
1345 bre todas las cosas, al más odiado de los mortales in- todos rechazaran al impío, al que por obra de los dioses
cluso para los dioses. resultó impuro y del linaje de Layo. Habiéndose mostra-
CORIFEO.-¡Desdichado por tu clarividencia, así do que yo era semejante mancilla, ¿iba yo a mirar a 1385
como por tus sufrimientos! ¡Cómo hubiera deseado no éstos con ojos francos? De ningún modo. Por el contra-
haberte conocido nunca! rio, si hubiera un medio de cerrar la fuente de audición
Antístrofa 2." de mis oídos, no hubiera vacilado en obstruir mi infor-
EDIPO. - ¡Así perezca aquel, sea el que sea, que m e tunado cuerpo para estar ciego y sordo. Que el pensa- 13%
tomó en los pastos, desatando los crueles grilletes de m i s miento quede apartado de las desgracias es grato.
1350 pies, m e liberó de la muerte y m e salvó, porque no hizo iAh, Citerón! {Por quí5 me acogiste? ¿Por qué no
nada de agradecer! Si hubiera muerlo entonces, n o ha- me diste muerte tan pronto como me recibiste, para que
1355 bría dado lugar a semejante penalidad para mí y los nunca hubiera mostrado a los hombres de dónde había
míos. nacido? iOh Pólibo y Coi-into y antigua casa paterna
CORO. - Incluso para m i hubiera sido ,mejor. -sólo de nombre-, cómo me criasteis con apariencia de 1395
EDIPO. - N O hubiera llegado a ser asesino de m i pa- belleza, pero corrompido de males por dentro! Ahora soy
dre, ni m e habrían llamado los mortales esposo de la que considerado un infame y nacido de infames.
1360 nací. Ahora, e n cambio, estoy desasistido de los dioses, iOh tres caminos y oculta cañada, encinar y desfila-
soy hijo de impuros, tengo hijos comunes con aquella de dero en la encrucijada, que bebisteis, por obra de mis
136s la que yo m i s m o -/desdichado!- nací. Y si hay u n mal manos, la sangre de mi padre que es la mía! ¿Os acor- 1400
aún mayor que el mal, ése le alcanzó a Edipo. dáis aún de mí? ¡Qué clase de acciones cometí ante vues-
CORIFEO. - NO veo el modo de decir que hayas to- tra presencia y, después, vuniendo aquí, cuáles cometí de
mado una buena decisión. Sería preferible que ya no nuevo! iOh matrimonio, matrimonio, me engendraste y,
existieras a vivir ciego. habiendo engendrado otra vez, hiciste brotar la misma 1405
EDIPO.- NO intentes decirme que esto no está así simiente y diste a conocer a padres, hermanos, hijos,
1370 hecho de la mejor manera, ni me hagas ya recomendacio- sangre de la misma familia, esposas, mujeres y madres
364 TRAGEDIAS EDIPO REY 365

y todos los hechos más abominables que suceden entre EDIPO.-Arrojame enseguida de esta tierra, donde
los hombres! Pero no se puede hablar de lo que no es no pueda ser abordado por ninguno de los mortales.
1410 noble hacer. Ocultadme sin tardanza, ¡por los dioses!, CREONTE. - Hubiera hecho esto, sábelo bien, si no
en algún lugar fuera del país o matadme o arrojadme al deseara, lo primero de todo, aprender del dios qué hay
mar6z, donde nunca más me podáis ver. Venid, dignaos que hacer.
tocar a este hombre desgraciado. Obedecedme, no ten- EDIPO.-Pero la respuesta de aquél quedó bien evi- 1440
1415 gáis miedo, ya que mis males ningún mortal, sino yo, dente: que yo perezca, el parricida, el impío.
puede arrostrarlos. CREONTE. -De este modo fue dicho; pero, sin em-
CORIFEO. - A propósito de lo que pides, aquí se pre- bargo, en la necesidad en que nos encontramos es más
senta Creonte para tomar iniciativas o decisiones, ya que conveniente saber qué debiemos hacer.
se ha quedado como único custodio del país en tu lugar. EDIPO. -¿ES que vais a pedir inforrnacibn sobre un
EDIPO.- iAy de mí! ¿Qué palabras le voy a dirigir? hombre tan miserable?
1420 ¿Qué garantía justa de confianza podrá aparecer en mí? CREONTE. -Sí, y tú ahora sí que puedes creer en la 1445
Pues de mi enfrentamiento anterior con él, en todo me divinidad.
descubro culpable. EDIPO.-En ti también confío y te hago una peti-
(Entra Creonte.) ción: dispón tú, personal~nente, el enterramiento que
gustes de la que está en casa63.Pues, con rectitud, cum-
CREONTE. -NO he venido a burlarme, Edipo, ni a
plirás con los tuyos. En cuanto a mí, que esta ciudad 1450
echarte en cara ninguno de los ultrajes de antes. (Diri-
paterna no consienta en tenerme como habitante mien-
giéndose al Coro.) Pero si no sentís respeto ya por la
tras esté con vida, antes bien, dejadme morar en los
1425 descendencia de los mortales, sentidlo, al menos, por el
montes, en ese Citerón que es llamado mío, el que mi
resplandor del soberano Helios que todo lo nutre y no
padre y mi madre, en vida, dispusieron que fuera legí-
mostréis así descubierta una mancilla tal, que ni la tie-
tima sepultura para mí, para que muera por obra de
rra ni la sagrada lluvia ni la luz acogerán. Antes bien,
aquellos que tenían que ha,berme matado.
1430 tan pronto como sea posible, metedle en casa; porque lo
No obstante, sé tan sólo una cosa, que ni la enfer- 1455
más piadoso es que las deshonras familiares sólo las
medad ni ninguna otra causa me destruirán. Porque no
vean y escuchen los que forman la familia.
me hubiera salvado entonces de morir, a no ser para
EDIPO.- i P ~ los
r dioses!, ya que me has liberado de esta horrible desgracia. Pero que mi destino siga su cur-
mi presentimiento al haber llegado con el mejor ánimo so, vaya donde vaya. Por mis hijos varones no te pre- 1460
junto a mí, que soy el peor de los hombres, óyeme, pues ocupes, Creonte, pues hombres son, de modo que, donde
a ti te interesa, que no a mí, lo que voy a decir. fuera que estén, no tendrán nunca falta de recursos.
1435 CREONTE. -¿Y qué necesitas obtener para suplicár- Pero a mis pobres y desgraciadas hijas, para las que
melo así? nunca fue dispuesta mi mesa aparte de mí, sino que de
cuanto yo gustaba, de todo ello participaban siempre, a 1465
62 Era costumbre arrojar al mar las inmundicias y, a veces,
también a los propios condenados a muerte. 63 Yocasta, cuyo nombre no osa pronunciar.
366 TRAGEDIAS EDIPO REY 367

éstas cuídamelas. Y, sobre todo, permíteme tocarlas con dre?65.¿Cuál de los crímenes está ausente? Vuestro pa-
mis manos y deplorar mis desgracias. ¡Ea, oh Señor! dre mató a su padre, fecundó a la madre en la que él
¡Ea, oh noble en tu linaje! Si las tocara con las manos, mismo había sido engendrado y os tuvo a vosotras de la
1470 me parecería tenerlas a ellas como cuando veía. ¿QuC misma de la que él había nacido. Tales reproches sopor- 1500
digo? (Hace ademán de escuchar.) ¿No estoy oyendo llo- taréis. Según eso, iquién querrá desposaros? No habrá
rar a mis dos queridas hijas? ¿No será que Creonte por nadie, oh hijas, sino que seguramente será preciso que
compasión ha hecho venir lo que me es más querido, mis os consumáis estériles y sin bodas.
1475 dos hijas? ¿Tengo razón? iOh hijo de Meneceo!, ya que sólo tú has quedado
(Entran Antígona e Zsmene conducidas por un como padre para éstas -pues nosotros, que las engen-
siervo.) dramos, hemos sucumbido los dos-, no dejes que las 1 9 s
CREONTE. -La tienes. Yo soy quien lo ha ordenado, que son de tu familia v a p e n mendicantes sin esposos,
porque imaginé la satisfacción que ahora sientes, que no las iguales con mis desgracias. Antes bien, apiádate
desde hace rato te obsesionaba. de ellas viéndolas a su edatd así, privadas de todo excepto
EDIPO.- ¡Ojalá seas feliz y que, por esta acción, con- en lo que a ti se refiere. Prométemelo, joh noble amigo!, 1510
1480 sigas una divinidad que te proteja mejor que a mi! iOh tocándome con tu mano. Y a vosotras, joh hijas!, si ya
hijas! ¿Dónde estáis? Venid aquí, acercaos a estas fra- tuvierais capacidad de reflexión, os daría muchos conse-
temas manos mías que os han proporcionado ver de esta jos. Ahora, suplicad conmigo para que, donde os toque
manera los ojos, antes luminosos, del padre que os en- en suerte vivir, tengáis una vida más feliz que la del pa-
gendró. Este padre, que se mostró como tal para vos- dre que os dio el ser.
148s otras sin conocer ni saber dónde había sido engendrado CREONTE. -Basta ya dLegemir. Entra en palacio. 151s
él mismo. EDIPO.- Te obedeceré, aunque no me es agradable.
Lloro por vosotras dos -pues no puedo miraros-, CREONTE. - Todo está 'bien en su momento oportuno.
cuando pienso qué amarga vida os queda y cómo será EDIPO.- ¿Sabes bajo qué condiciones me iré?
preciso que paséis vuestra vida ante los ho