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Los peldaños hacia una educación ambiental pertinente

La educación ambiental en Colombia requiere de la intervención de otros actores diferentes


a los educadores en las etapas de formación. Para cumplir con este objetivo, es esencial la
consolidación de políticas que permitan potenciar mecanismos de participación de todos los
sectores de la sociedad que impacten positivamente el sistema educativo en temas ambientales. En
nuestros días afrontamos enormes retos que ponen en peligro nuestra vida y la de todos los
organismos vivos, para ello debemos poner en práctica la tan repetida frase del gran Nelson
Mandela “la educación es el arma más poderosa que puedes tener para cambiar el mundo”.

Los procesos de gestión y formulación de políticas son fundamentales en las instituciones


educativas. Al respecto, Galeano, Parra y Chocontá (2018) afirman que las iniciativas ambientales
en el ámbito educativo se deben articular con otras instituciones y entidades que permitan su
participación en organismos proambientales. Los elementos suministrados por estos entes
contribuyen a los procesos de formación docente, la reflexión de los proyectos institucionales y a
la consolidación de la temática ambiental dentro de la comunidad educativa.

De lo expresado en el argumento anterior, se puede establecer una relación sólida entre las
estrategias pedagógicas y el desarrollo de políticas, para la implementación de procesos de
educación ambiental. En esta situación, se añade el anhelo popular por evidenciar que las políticas
trasciendan del papel a la realidad. En efecto, las propuestas promovidas por instancias
gubernamentales deben traducirse en actos puntuales y que impacten positivamente las acciones
ambientales en las instituciones educativas.

Por otra parte, existen posturas expresadas por Galeano et. al (2018), que relacionan a las
acciones que realizan las instituciones educativas en materia ambiental con procesos más
orientados hacia la gestión que al mismo acto educativo. Esto puede ser explicado por la siguiente
situación. Cuando acudimos a los servicios de salud por una necesidad en específico, en las citas
médicas los doctores parecen preocuparse más por diligenciar formatos en computador que por la
necesidad propia del paciente. Lo anterior no tiene la intención de generalizar, cuestionar ni
estigmatizar la labor esencial de los médicos, pero si permite dilucidar que las instituciones
educativas no deben perder su esencia. Más que una empresa, son entes de transformación.
Tras haber plasmado ambas posturas, considero importante mencionar que ambas visiones
aportan de manera significativa a los procesos de educación ambiental. Por un lado, las políticas
aportan referentes y garantías en pro de las comunidades, y por otro, el compromiso ambiental de
las instituciones educativas es vital y deben asumir con responsabilidad el reto de formar
ciudadanos con compromiso ambiental. Deben converger para así, consolidar estrategias
pedagógicas con fundamento y proyección.

En este punto, es importante introducirse en la educación ambiental vista desde algunas


etapas de formación. Probablemente este proceso pasó de forma desapercibida durante los años
escolares del lector, pero, sin lugar a duda, ha cobrado una vital importancia en su vida. Para iniciar
nuestro recorrido, vamos a situarnos en la educación básica, comúnmente denominada primaria y
bachillerato. Respecto a esto, la Secretaría de Educación de Bogotá (1997), afirma:

La inclusión de la dimensión ambiental en el currículo de los diferentes Proyectos Educativos Institucionales


(PEI), ocurre a partir de los Proyectos Ambientales Escolares (PRAE), que deben permitir integrar las
diversas áreas del conocimiento, aplicado a la resolución de la problemática ambiental particular de una
localidad o región, permitiendo la generación de espacios comunes de reflexión. (p.55)

Los PRAE son los mecanismos que permiten relacionar el componente pedagógico con el
desarrollo de políticas que, a su vez, fundamentan los procesos de educación ambiental en la
escuela. En este momento el lector se estará preguntando qué sucede con estas acciones cuando se
accede a programas académicos de educación superior, y más aún, si su carrera universitaria no
tiene que ver, aparentemente, con algo relacionado con el medio ambiente. Por esta razón,
detendremos nuestra mirada en esta etapa.

La academia es un componente esencial para las grandes transformaciones de la sociedad.


En este sentido, las instituciones de educación superior son entes donde la educación ambiental
puede ser protagonista de avances significativos. Respecto a lo anterior, Berdugo y Montaño
(2017), afirman que la dimensión ambiental se aborda desde los componentes de la filosofía
institucional de cada universidad, permitiendo así, orientar sus acciones a la solución de
problemáticas. Adicionalmente, esta dimensión genera el trabajo académico en las universidades.
Respecto a lo anterior, es importante que todas las instituciones de educación superior en
el país adquieran posturas reflexivas y críticas respecto a las problemáticas ambientales, teniendo
como eje fundamental la investigación y la confrontación de saberes y experiencias. Sin embargo,
esta articulación de saberes puede llegar a ser contraproducente en algunos casos. Ante esto,
Segura (2018) afirma:

Desde el punto de vista pedagógico, es imposible pensar en que antes que todo deba darse una formación
disciplinaria, para después estudiar fenómenos naturales en lo que suelen denominarse actividades
interdisciplinarias. (…) Por ello, una propuesta que permita que se dé esta formación consiste, simplemente,
en comenzar por lo contario; esto es, se trata de tomar como objetos de estudio precisamente los
acontecimientos, inquietudes o preguntas que sean interesantes y significativas -pertinentes- para quienes
aprenden, sin pretender desglosarlas analíticamente para darles un tratamiento disciplinario. (p. 108-109).

La anterior postura, aporta un referente que permite a los educadores reflexionar sobre sus
prácticas educativas en materia ambiental y posiciona elementos esenciales generados por los
estudiantes en el aula, por ejemplo, la formulación de preguntas. Finalmente, ¿De qué manera se
puede consolidar asertivamente la dimensión ambiental en las instituciones educativas del país,
contando con el apoyo de los entes gubernamentales?

El mejoramiento continuo es esencial en los procesos de educación ambiental en las


instituciones educativas y, a su vez, debe estar sustentado por los lineamientos establecidos por las
autoridades gubernamentales. Todos estos actores deben participar activamente para así, impactar
positivamente la calidad de la educación en el país, y la calidad de vida de las comunidades.

Considero que los educadores y las entidades gubernamentales deben trabajar de la mano,
teniendo muy presente sus alcances y límites, para consolidar una educación ambiental pertinente,
que permita proponer soluciones y mecanismos de participación que generen transformaciones en
las comunidades. Es una labor ardua, que requiere de intervenciones precisas y eficientes, por ello,
ambos actores deben participar activa y armónicamente.
Referencias

Berdugo Silva, N., & Montaño Renuma, W. (2017). La educación ambiental en las instituciones
de educación superior públicas acreditadas en Colombia. Revista Científica General José
María Córdova, 15(20), 127-136. doi: 10.21830/19006586.178.
Bogotá, Colombia. Secretaría de Educación de Bogotá. (1997). Primer Catálogo de Educación
Ambiental del Distrito Capital. Bogotá, Colombia: Secretaría de Educación de Bogotá.
Galeano Martínez, J., Chocontá Bejarano, J., & Parra Moreno, C. H. (2018). Educación ambiental
en la primera infancia: una mirada en Latinoamérica. Chía, Colombia: Colección de
Investigación 18: Universidad de la Sabana
Segura Robayo, D. (2018). La educación ambiental y la escuela como centro de aprendizaje. En
D. Segura & J. Malagón (Eds.), Hacia una escuela contemporánea, la práctica hecha teoría
(pp. 99-118). Bogotá, Colombia: Magisterio.

Santiago Velásquez Murcia


santiagovemu@unisabana.edu.co
Competencias Idiomáticas Básicas
Licenciatura en Ciencias Naturales
Bogotá D.C, 27 de marzo de 2020

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