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Hay una relación entre el flujo narrativo que a través del lenguaje audiovisual-verbal permite la

construcción de relatos inverosímiles y el flujo de hipótesis sobre el funcionamiento del mundo


que la ciencia pone a disposición del saber personal y social acerca del Universo. Una conexión que
nos motiva a la búsqueda de la verosimilitud o la certeza de lo que creemos debe ser o no ser el
problema central de una película cual miscelánea de la que brota una red de textos y contextos.

Con el cine aparece la relatividad de múltiples interpretaciones de un hecho o un fenómeno o lo


que ocurre a alguien o a todos según sean las condiciones que explican el mono o polifacético
sentido de una narración o una teoría: Es la revelación de los diversos mecanismos de un itinerario
en búsqueda de la pregunta sobre nuestra conexión con lo que significa la pregunta que inscribe
“El Misterio” como un hecho mental de placer o displacer.

La curiosidad se despierta en una aventura cuya meta es una explicación. Se pone en acción el más
poderoso repertorio de preguntas básicas cuando se crean relatos cinematográficos sobre la
búsqueda de poderes ocultos o creados por la ciencia para aumentar el poder de nuestro cerebro
y sus funciones o se reta a la inteligencia de un héroe enfrentado a las más probables pesadillas
creadas por la paranoia de un novelista o la de un científico cuya fuente es el apocalipsis
ocasionado por tecnologías sin control: ¿Por qué, para qué o quién, ¿cómo, ¿dónde, ¿cuándo?...

Se pone en movimiento la búsqueda de respuestas a cada una de nuestras posibilidades de


certeza cuando se trata de iluminar las incertidumbres en el entrelazamiento de la imagen y la
palabra, el movimiento y el reposo instantáneo de verse sorprendido por una metáfora realizada
por el Séptimo Arte. La historia del cine es un guión de la historia de nuestros deseos de seguridad
eterna. ¿Ayuda a pensar sobre problemas actuales?

Es una tarea de desciframiento que la Historia de la Ciencia y la Filosofía han registrado en el


eterno movimiento de la energía y la materia que apenas balbuceamos en los actuales hechos que
la tecnología- aplicación pragmática de los sabido- ha consolidado como un gneis epistemológico
en el que convergen muchos saberes en una poli-teoría de aproximación a calmar la angustia del
deseo de tener una certeza falible- esas que son capaces de deshacerse apenas asoma un nuevo
descubrimiento de las Neurociencias.

NEUROCIENCIAS Y SU CORRELATO FICCIONAL EN EL CINE

En la historia de la Humanidad abundan los relatos que tratan de explicar el origen de las cosas, las
explicaciones de fenómenos llenos de misteriosas razones ocultas tras el velo de lo sobrenatural o
nuestro encuentro con lo imposible posible, que termina muchas veces creando sinrazones con
patente de verdad indiscutible.

Mitos, leyendas y narraciones extraordinarias creadas por nuestra posibilidad de imaginación


infinita -que tras viajar por todos los confines en todos los tiempos- han sido registrados por la
ciencia y la literatura al punto que cuando ellas dos se conjugan en el guión de una película de
ciencia ficción, genera el campo de atracción necesaria para recrear el mapa de un paisaje en que
lo verosímil permite la fluctuación entre la marabriillante sorpresa o el dilatante terror a lo
desconocido.
El caso del doctor Víctor Frankenstein, protagonista de la primera obra de ciencia- ficción
Frankenstein o El Prometeo moderno (1818) de la narradora británica Mary Shelley. Fue llevada
primero a un escenario como obra de teatro y a la gran pantalla ciento trece años después de su
aparición.

Este es un ejemplo interesante para iniciar esta argumentación sobre cómo el lenguaje
cinematográfico contribuye a la difusión de nuestros conocimientos acerca del funcionamiento de
nuestro cerebro, base material de nuestra mente.

Allí, la creación de la vida a partir de la unión de partes de cadáveres, permitiría contar -desde el
matrimonio de la ciencia con la literatura- la historia de un joven médico que realizó el primer
trasplante de cerebro. Llevada al cine…

La imagen se hace con luces, sonidos y movimientos que contienen significaciones que con rapidez
de rayo pueden, sus historias, desaparecer por su ingenua logicidad o dejar una vibración
intercraneana que deja en suspenso su valor de verdad.

Parece que ese fuese el camino para aceptar la implementación de una creencia: Se toman
registros de la Historia o de cualquier investigación seria en un campo del saber acumulado y se
teje un relato cinematográfico con la probabilidad de convertirse en una metáfora del mundo real
en el que se inscribe la biografía del cinevidente. El desarrollo de nuestro aprendizaje de carácter
audiovisual se ha multiplicado al punto de poder afirmar que algo es cierto o falso “porque lo vi en
la pantalla”. Una influencia muy debatida entre tirios y troyanos cuyo debate quiero continuar al
exponer los comentarios de algunas películas que tratan acerca de los avances de las
Neurociencias o sus posibles efectos en ciernes provocados por los nuevos descubrimientos acerca
del funcionamiento de nuestra mente, cuya base material de sus logros es nuestro cerebro.

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