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Es tiempos de predicar el evangelio

Marcos 6, 7-13

«Y llama a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles


poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen
para el camino, fuera de un bastón; ni pan, ni alforja, ni calderilla en
la faja; sino “Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas”...».

Hechos 2:14-41 VERSÍCULO CLAVE: "Jesús les dijo: 'Vayan por todo el mundo y anuncien a todos
este mensaje de salvación' " (Marcos 16:15, Dios

«¡AY DE MÍ SI NO PREDICO EL EVANGELIO!» (CF. 1CO 9, 16) LA ORDEN DE PREDICADORES, AYER,


HOY Y MAÑANA

1 Corintios 9:16-23
16 Sin embargo, predicar la Buena Noticia no es algo de lo que pueda jactarme. Estoy
obligado por Dios a hacerlo. ¡Qué terrible sería para mí si no predicara la Buena Noticia!
17 Si lo hiciera por mi propia iniciativa, merecería que me paguen; pero no tengo opción,
porque Dios me ha encomendado este deber sagrado. 18 ¿Cuál es, entonces, mi paga? Es
la oportunidad de predicar la Buena Noticia sin cobrarle a nadie. Por esa razón, nunca
reclamo mis derechos cuando predico la Buena Noticia. 19 A pesar de que soy un hombre
libre y sin amo, me he hecho esclavo de todos para llevar a muchos a Cristo. 22 Cuando
estoy con los que son débiles, me hago débil con ellos, porque deseo llevar a los débiles a
Cristo. Sí, con todos trato de encontrar algo que tengamos en común, y hago todo lo
posible para salvar a algunos. 23 Hago lo que sea para difundir la Buena Noticia y
participar de sus bendiciones.

El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para predicar el evangelio a los
pobres; me ha enviado para sanar a los quebrantados de corazón; para pregonar a los
cautivos libertad, y a los ciegos vista; para poner en libertad a los quebrantados;
Lucas 4:17-21; Isaías 61:1-2; Isaías
11:1-3
                                                                                                                                                        
17 Y le fue dado el libro del profeta Isaías; y como abrió el libro, halló el lugar donde
estaba escrito: 18 El Espíritu del Señor es sobre mí, Por cuanto me ha ungido para dar
buenas nuevas á los pobres: Me ha enviado para sanar á los quebrantados de
corazón; Para pregonar á los cautivos libertad, Y á los ciegos vista; Para poner en
libertad á los quebrantados: 19 Para predicar el año agradable del Señor. 20 Y rollando
el libro, lo dió al ministro, y sentóse: y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en
él. 21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos.
Mateo 28:19-20
Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí,
yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.

Proclamar el evangelio de Jesucristo a todo el mundo


En Marcos 16:15 el Señor Jesús encargó lo siguiente:
“Id por todo el mundo y proclamad el evangelio a toda la creación”.
¿A quién se le dio este encargo? En esta entrada discutiremos quiénes son los que deben
proclamar y por qué deben proclamar el evangelio.
¿Quiénes son los que proclaman el evangelio?
Es probable que al principio sólo veamos este versículo y consideremos que el encargo del
Señor aquí solamente se aplica a un grupo de creyentes en particular, como a los once
apóstoles que estuvieron con el Señor. Pero, ¿quiénes eran los apóstoles? Los apóstoles
eran personas que vieron y recibieron al Cristo crucificado y resucitado como su Salvador.
¿Qué significa esto? Si hemos recibido a Cristo como nuestro Salvador, entonces estamos
calificados para proclamar el evangelio. Asistir a una escuela especial o completar un
programa para predicar el evangelio no es un requisito para proclamar el evangelio. Lo
que nos califica para proclamar el evangelio es haber sido redimidos por
Cristo y regenerados con Su vida.
Un buen ejemplo es la historia de la mujer samaritana mencionada en Juan 4. Tan pronto
como ella creyó en el Señor Jesús y lo recibió como el agua viva, dejó su cántaro, fue a la
ciudad, y le dijo a la gente: “Venid, ved a un hombre, que me ha dicho todo cuanto he
hecho ¿No será éste el Cristo?” No esperó hasta ir a una escuela para aprender a predicar
el evangelio. Sencillamente le dijo a la gente sobre el Jesús maravilloso que había
conocido. Al igual que ella, también nosotros podemos decirle a alguien acerca de este
Cristo precioso a quien hemos aceptado como nuestro Salvador.
Así que en realidad, el encargo de nuestro Señor y Cristo crucificado y resucitado incluye
a todos los creyentes. Él desea que cada uno de Sus creyentes le diga a las personas las
buenas nuevas de Su salvación.
¿Por qué debemos proclamar el evangelio?
Ahora que hemos visto que todos los creyentes son los que deben proclamar, veamos la
razón por la cual debemos proclamar el evangelio.
Primero, proclamamos el evangelio de Jesús porque nuestro Señor nos encargó hacerlo.
Somos bendecidos cuando no nos resistimos o tenemos discrepancias acerca del encargo
que nos hizo el Señor sino que respondemos en fe: “Sí, Señor, deseo tomar este encargo
seriamente y obedecerte. Hazme uno que proclama Tu evangelio a las personas”.
Ahora veamos otras dos razones importantes por las cuales debemos proclamar el
evangelio de Jesucristo.
1. Las personas necesitan oír el evangelio
Romanos 10:14 nos muestra la manera en que las personas pueden ser salvas:
“¿Cómo, pues invocarán a Aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en Aquel de
quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien proclame?”
Proclamamos el evangelio para que las personas lo escuchen y crean en el Salvador
quien murió por ellos y resucitó para ser su vida.
Ninguno de nosotros es creyente por nacimiento. Cada uno de nosotros es un creyente en
Cristo y disfruta la salvación Dios debido a que alguien nos proclamó a Dios. Nosotros
tenemos una deuda con nuestros amigos, parientes y con otras personas que Dios ha
puesto en nuestras vidas de decirles acerca del Salvador.
El apóstol Pablo expresó este sentir en Romanos 1:14-15:
“Deudor soy igualmente a griegos y a bárbaros, a sabios y a ignorantes. Así que, en cuanto
a mí, pronto estoy a anunciaros el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”.
Todos conocemos a alguien que necesita salvación. Quizás sea alguien con quien usted
trabaja, nuestro vecino o un amigo. Las personas se sienten heridas por dentro; se sienten
perdidas y vacías. Ellos anhelan saber el propósito de su existencia. Les debemos el
evangelio. Ellos necesitan escuchar acerca del Salvador que nos ama a fin de que puedan
creer en Él. Esta es la razón por la cual debemos obedecer el encargo solemne del Señor
de proclamarles el evangelio.
2. Necesitamos fluir a otros
Para estar espiritualmente saludables es necesario que pasemos tiempo diariamente con
el Señor Jesús en las mañanas para alimentarnos de Su Palabra. Pero es igual de necesario
compartir a Cristo con otros. Cuando no lo hacemos, sentimos como que nos falta algo.
Esto se debe a que el Señor quien vive en nosotros no sólo desea que nosotros lo
recibamos y disfrutemos sino que también lo fluyamos a otros.
Podemos usar como ejemplo una manguera. La llave llena la manguera de agua y cuando
ésta funciona correctamente, el agua fluye hasta el otro lado. Pero, si la manguera tiene
un tapón en la salida tendríamos un gran problema: nada pudiera fluir hacia afuera, lo
cual también implica que nada puede entrar en ella.
Ciertamente necesitamos estar en “la llave” de Cristo para recibir más de Él por medio de
la oración y la Palabra de Dios, para que de esa manera crezcamos en Él. Esto es lo que
ingerimos. Pero como la manguera, nosotros también necesitamos una salida; compartir
al Señor Jesús con otros es esa salida. El Señor quien vive en nuestro espíritu quiere
fluir. Él ama a las personas y desea que sean salvas. Cuando no le hablamos a otros acerca
de Él, nuestro fluir es obstruido, lo cual hace que otros no tengan la oportunidad de
escuchar el evangelio, lo cual afecta también nuestro disfrute de Cristo.
Entre más recibimos y disfrutamos al Señor, espontáneamente más desearemos hablarle a
las personas y decirles acerca del Cristo que apreciamos y disfrutamos. Por otro lado,
mientras les decimos a las personas acerca de Cristo, experimentamos ser llenos de Él
como el agua viva de nuevo.
Confiar en la oración y el evangelio
Por supuesto, la oración debe acompañar nuestro proclamar; debemos orar por la
salvación de personas específicas que el Señor ha puesto en nuestros corazones. Por
medio de la oración también podemos ser limpiados de nuestros pecados a fin de ser un
canal transparente para que el Señor fluya a los demás por medio nuestro.
La palabra del evangelio es poderosa. Pablo dijo en Romanos 1:16: “Porque no me
avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree;
al judío primeramente, y también al griego”.
¿Cuál es el poder de Dios?” La nota 1 en este versículo en el Nuevo Testamento Versión
Recobro lo explica:
“Esto significa una fuerza potente que puede abrirse paso a través de cualquier obstáculo.
Este poder es el mismo Cristo resucitado, quien es el Espíritu vivificante, y resulta en
salvación para todo aquel que cree”.
¡El evangelio de Dios puede llevar a un pecador a la salvación! Y qué salvación abundante
tenemos! Así nos lo muestra la nota 2:
“Salvar a los creyentes no sólo de ser condenados por Dios y de la perdición eterna, sino
también de su vida natural y de su yo, para que sean santificados, transformados, y
también edificados con otros en un solo Cuerpo de Cristo, a fin de que sean Su plenitud y
expresión (Ef. 1:23)”.
Proclamar a fin de rescatar al perdido
Si meditamos en la situación actual del mundo, nos daremos cuenta de cuán urgente
tanto nuestra oración como predicar el evangelio es.

CONOCE A JESUS A DIARIO – Una semana antes de empezar las reuniones de


grupo, empieza por leer las citas biblias que se incluyen en cada día, para que
antes de que se reúnan tu ya hayas repasado los primeros 7 días.
CONOCE A JESUS LOS DOMINGOS – Planea asistir a la iglesia los domingos
donde nuestros pastores estarán sumergiéndote en el conocimiento de
quienes es Jesús usando como base el poder de la palabra que se encuentra
en la biblia.
AYUDA A OTROS A CONOCER A JESUS – Considera fervientemente participar en
las reuniones de los grupos de estudio que estarán buscando maneras de
cómo presentar a Jesús a otros.
CONOCE A JESUS EN GRUPO – La experiencia de
compartir nuestra fe en los pequeños grupos se enriquece cuando el cuerpo
de Cristo se une para alimentarse de la palabra y también poder invitar y
compartir a otros. Intenta por lo menos una vez servir en tu iglesia como líder
coordinador de un grupo ( la sección uno de estudio se encuentra en la pág.
8 y 9.) No te preocupes. Las instrucciones son simples y fáciles.!