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LA UNIÓN DEL CUERPO Y EL ALMA

Contenidos básicos:
“Hay que decir que siendo la materia por la forma y no viceversa, es necesario tomar por
parte del alma la razón de cómo debe ser el cuerpo al cual se une. Por lo cual, se dice en
el De Anima, que el alma no sólo es forma y motor del cuerpo, sino también su fin. Y es
evidente por las cuestiones disputadas anteriores, que le es natural al alma humana unirse
al cuerpo porque siendo la ínfima en el orden de las sustancias intelectuales, como la
materia prima es la ínfima en el orden de las cosas sensibles, no tiene especies inteligibles
que le hayan sido infundidas naturalmente, con las cuales pueda proceder a la operación
propia, que es entender, como las tienen las sustancias superiores intelectuales, sino que
está en potencia para ellas, ya que es como una tabla rasa en la que no hay nada escrito”
Santo Tomás de Aquino, Cuestiones disputadas sobre el alma, Q.8. Solución.
“Y en la medida en que es naturalmente capaz de adquirir un conocimiento inmaterial de
cosas materiales, es evidente que no puede completarse su especie sin la unión del cuerpo.
Porque una cosa no es completa en su especie, si no tiene lo que requiere para la
operación propia de la especie. Por consiguiente, el alma humana se une al cuerpo como
forma y, sin embargo, tiene un ser elevado por encima del cuerpo, que no depende de él;
de aquí es manifiesto que ella está situada en la frontera de las cosas corporales y de las
sustancias separadas”. Cuestiones disputadas sobre el alma. Q. 1. Solución.
Pregunta central:
1¿Cómo se relacionan el cuerpo y el alma humanos?
2. ¿Cuáles son las concepciones erróneas de la relación cuerpo y alma?
3. ¿Es posible la reencarnación? Por qué.
4. ¿Tiene el alma humana propiedades que la distinguen de otras almas?
5. ¿Cuáles son las propiedades del alma humana?
Desarrollo del contenido:
1. ¿El cuerpo y el alma forma una única unidad que es el hombre? (Santo Tomás de
Aquino, Suma teológica, I, q. 76, a.1./ http://www.dominicos.org/biblioteca/suma/suma1.htm)
Existen posturas que afirman que el alma y el cuerpo no se unen configurando una única
sustancia.
a. El materialismo: para ellos lo único existente es lo que se puede ver y medir. Lo
psíquico, lo químico y lo biológico no son más que manifestaciones de lo físico. Los
sentimientos, las ideas y todo en el hombre no es más que fruto de una estimulación física.
El alma es para ellos no más que un conjunto de estados físicos cuya sede es el cerebro. El
cerebro es como un ordenador, un computador. La mente es el cerebro y éste es un robot. El
hombre, en síntesis, es únicamente materia.
b. El dualismo : b.1 Platón: El alma se encuentra unidad al cuerpo como el piloto en la
nave. Para Platón la realidad verdaderamente humana es el alma, que es preexistente, divina
e inmortal. Se encarna por defecto en un cuerpo que es como su cárcel. Esta transmigra por
diversos cuerpo para purificarse y así volver a lo que era en un principio, una realidad
totalmente separada de lo material. La materia lo imperfecciona. El alma es el hombre y
tiene que liberarse del cuerpo mediante el conocimiento, que es de origen divino, y la
ascesis, que es la liberación de lo sensible.
b.2. Descartes: “mi alma por la que soy lo que soy es completamente distinta de mi
cuerpo”. El cuerpo es ajeno al hombre. El cuerpo se encuentra regido por la mecánica y el
alma se manifiesta por la conciencia y el pensamiento, pero ambos, cuerpo y alma, son
ajenos el uno del otro, únicamente se comunican por medio de la glándula pineal, que se
encuentra cercana al cuerpo calloso en el cerebro. La inteligencia trabaja con independencia
del cuerpo, comienza a partir de las ideas innatas que encuentra en sí misma, pero no
requiere para nada del cuerpo en el camino del conocimiento. El punto común de ambos
dualismo es concebir que el alma se une al cuerpo como motor, como el piloto en la nave,
pero que el hombre sólo se identifica con su alma espiritual, siendo su cuerpo un elemento
extraño a su identidad y a su perfección.
2. Planteamiento de la teoría hilemórfica. (Capítulo 1 y 2 del De Anima de Aristóteles) Al
alma humana le corresponde esencialmente estar unida al cuerpo, según el ejemplo que
pone Santo Tomás de Aquino, como al cuerpo ligero esencialmente le corresponde
mantenerse en lo alto. Y así, como el cuerpo ligero sigue siendo ligero cuando es alejado de
su lugar propio, aunque con aptitud o inclinación a ocuparlo, así también el alma humana
permanece en su ser cuando está separada del cuerpo, conservando su aptitud e inclinación
natural a unirse al cuerpo. De ahí también la importancia de la doctrina de la resurrección
del cuerpo. El hombre es constitutivamente un ser psicofísico, síntesis sustancial de materia
y espíritu. No son dos sustancias existentes, sino una sola existencia sustancial humana, con
dos principios constitutivos. “Es manifiesto, dice Santo Tomás., que el hombre no es
solamente alma, sino algo compuesto de alma y cuerpo”. “De esta alma y de este cuerpo se
constituye este hombre, que es la hipóstasis (persona) del hombre. Y el ser le pertenece al
alma que de algún modo, se difunde sobre la materia comunicándole el ser: “Pues, la forma,
en cuanto que perfecciona a la materia dándole el ser, de algún modo se derrama sobre la
materia, pero en cuanto tiene el ser en sí misma, retorna sobre sí misma” (Santo Tomás de
Aquino, Suma Teológica, q. 14. a.2. ad. 1.)
Para comprender mejor esta unión se puede reflexionar respecto al tema de la
reencarnación. Podemos preguntarnos, ¿se puede reencarnar el alma humana?
El hombre es cuerpo y alma, de tal modo que para hablar de persona humana es necesaria la
unión del alma a una materia. Si bien el alma y el cuerpo se separan, si esta alma informara
nuevamente una materia, de esa nueva información de la materia surgiría el mismo cuerpo.
Porque el alma es aquello que hace al cuerpo ser tal cuerpo, es decir, el cuerpo es tal cuerpo
por el alma que es su acto. De modo que siendo el acto de la misma naturaleza, su
actualidad manifiesta en el cuerpo no puede ser distinta. Si la materia informada es de otra
naturaleza es porque el acto ya no es el mismo. Y si estamos hablando de la misma alma es
imposible que el cuerpo no sea el mismo cuerpo. Es decir, si el compuesto de este cuerpo y
esta alma corresponde a Juan, esto es, si el alma de Juan vuelve a informar la materia, no
informará un ente de otra naturaleza sino al mismo Juan. Todo esto porque, en definitiva, el
cuerpo viviente es manifestación del alma. Si esa alma informa nuevamente una materia no
informará otra cosa que el cuerpo de un hombre, y no sólo el cuerpo de un hombre, sino
que no podrá sino informar el cuerpo de de el mismo hombre (Juan). Por tanto, si el alma se
uniera a un ente de naturaleza diversa como por ejemplo un gato, esa alma no sería la
misma alma (el alma personal de Juan) y si no es la misma alma estamos ante un ser que no
corresponde a la identidad anterior. Y si no corresponde a la identidad anterior, aquello que
explica la teoría que acepta la reencarnación como una suerte de castigo o premio por la
vida anterior, se invalida pues el castigo y el premio no recaen sobre la misma identidad y
si es así ya no hay ni castigo ni premio. Pues, para recibir el castigo es necesario que éste
recaiga sobre el mismo que cometió la falta. No obstante aquello, si el alma de un hombre
se uniera a un cuerpo de un ser inferior (un gato) lo haría cuerpo de hombre. Porque no es
el alma por el cuerpo sino el cuerpo por el alma, pues, el cuerpo se ordena al alma como
fin. Se puede hacer comprensible así, la necesidad de la resurrección del cuerpo.
Resurrección significa que por una intervención divina el alma vuelve a la materia,
constituyendo la misma materia anterior a la muerte. Sabemos que no podemos hablar de
persona humana sino está el cuerpo y el alma unidos. Para ser persona humana
necesariamente se requiere de cuerpo, pues es un alma con una inclinación a la materia. Por
tanto, se necesita de la materia, y si Dios otorga volver a unirse a ella, de esa unión no
puede sino sólo surgir el mismo ser personal, la misma persona humana. Aunque la
resurrección no es demostrable filosóficamente, existen las razones filosóficas suficientes,
ya expuestas, para considerar la resurrección, que es un dato de Fe, como razonable. Junto
con ello es un dato de Fe, que mueve a la esperanza.
En conclusión, sostener la reencarnación es reducir el hombre sólo a su alma y suponer que
el cuerpo es algo malo para el hombre. (Ver en material de apoyo: “Gnosticismo”). El
hilemorfismo acepta la subsistencia del alma humana sin el cuerpo, por el hecho de ser
subsistente en sí misma; pero sostiene a la vez que el cuerpo es parte de la identidad del ser
humano, y sin él, el alma del hombre, aunque subsista, carece de algo que le corresponde en
su naturaleza.
Anexo:
1. ¿Acaso no es el alma una energía en la materia, que manifiesta diversas facultades según
la mayor o menor limitación de la materia?
Esta pregunta corresponde a una concepción imaginativa del alma como una cierta
“sustancia material”. El alma no es una substancia sola, ni materia, sino lo que configura y
da vida a una materia.
2. ¿Cómo es posible que el alma humana sea subsistente sin el cuerpo y que conforme una
sola substancia con él? Es posible porque el alma posee el ser en sí misma y comunica el
ser a la materia que informa, y de la atracción de la materia a participar del ser del alma se
constituye un único ser en una única sustancia. Pero porque el ser le pertenece al alma,
resulta que ésta, una vez corrompida la materia, permanece en sí misma.

II. Tema
Contenidos básicos:
“Así, pues, por la operación del alma humana puede conocerse el modo de ser de la
misma. Porque en cuanto tiene una operación que trasciende de las cosas materiales,
también su ser se halla elevado sobre el cuerpo, no dependiendo de él”. Cuestiones
disputadas sobre el alma. Q. 1. Solución.
Desarrollo del contenido:
Los vivientes tienen un principio inmaterial por el cual son vivos: el alma. Tanto el alma
vegetativa de las plantas, la sensitiva de los animales y la intelectiva del hombre son
principio inmaterial de vida. Si embargo, participan de modo diverso del ser, y por tanto
poseen un grado diverso de perfección, perfección que determina las propiedades de los
vivientes y gradúan a éstos en el orden de los entes. En el género de las sustancias
intelectuales el alma humana ocupa el último lugar, porque se encuentra de tal modo
cercana a la materia, que atrae a la materia a participar de su ser, de tal manera que de la
unidad del cuerpo y del alma se forma un único ente en una única substancia. Por ser
sustancia intelectual, al alma humana le corresponde dos propiedades: la subsistencia y la
inmortalidad. Es decir, se encuentra en el género de los entes personales.
1. ¿El alma humana es subsistente? Es decir, ¿se encuentra el alma, de algún modo, más
allá de la materia, de manera que corrompido el compuesto el alma pueda permanecer?
(Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, q. 75, a.2/
http://www.dominicos.org/biblioteca/suma/suma1.htm)
El alma humana es subsistente (es decir, puede permanecer una vez corrompida la materia)
porque es capaz de “retornar sobre su esencia”, es decir, es capaz de “volver sobre sí”.
“Retornar a su esencia” implica que algo es subsistente en sí mismo. Porque el alma, en
cuanto que perfecciona a la materia dándole el ser, de algún modo se difunde por la
materia, pero en cuanto posee el ser en sí misma, retorna, vuelve sobre sí misma. Es por
tanto, auto-conciente, puede conocerse a sí misma, reflexionar, es decir, volver sobre sí
misma. Podemos preguntarnos, ¿el principio de la operación intelectual es el alma humana?
Sí, pues el hombre es capaz de realizar operaciones sin el cuerpo (entender). Para que el
hombre pueda entender con su inteligencia todas las cosas y para que su entendimiento
entienda lo inmaterial y universal, es necesario que la facultad intelectiva no sea algo
corporal. Si el hombre no tuviera un principio que no dependiera de la materia no podría
tener conceptos, es decir, ideas universales (que no tienen imágenes). “La lengua de un
enfermo, biliosa y amarga; no percibe lo dulce, ya que todo le parece amargo. Así, pues, si
el principio intelectual contuviera la naturaleza de algo corpóreo, no podría conocer todos
los cuerpos.”(Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, q. 75, a.2)
La operación intelectual es una operación que no requiere del cuerpo. No es como sentir,
que necesita del cuerpo. No puedo captar el calor si no tengo tacto y el sentido del tacto
requiere de un cuerpo que sienta. Pero la idea de calor no quema. Para ver el brillo del sol
necesito de ojos, pero la idea de sol no brilla. Eso sucede porque una facultad de sentir
requiere de un cuerpo que sienta, pero la facultad de entender no requiere de cuerpo para
concebir la idea de algo.
De ahí que como los animales no entienden sino que únicamente sienten su alma no sea
subsistente, es decir, no permanece cuando se separa del cuerpo por corrupción. El alma
humana no es una forma inmersa en la materia ni totalmente absorbida por ella, por lo
tanto, como dice Santo Tomás, no hay inconveniente en que algunas de sus facultades no
sea acto del cuerpo, aunque por su esencia es forma del cuerpo.
2. ¿El alma humana es inmortal? (Santo Tomás de Aquino, Suma teológica, q. 75, a. 6
/http://www.dominicos.org/biblioteca/suma/suma1.htm )
Por ser el alma humana subsistente, es decir, conciente de sí misma, esto es personal, tiene
necesariamente que ser inmortal. De la subsistencia se sigue la inmortalidad. No es lo
mismo crear que generar, ni corromperse que aniquilar. Morir es corromperse. Esto
significa que cuando se corrompe el viviente se deshace la unidad, se separa la materia de
su principio unificador e identificador (el alma).
Para que algo se genere requiere de un principio a partir del cual surja, es decir, una materia
a partir de la cual se pueda hacer. Pero el alma no se genera pues no posee materia a partir
de la cual se forme. Ya demostramos que era inmaterial. Sino se genera y existe entonces
necesariamente es creada. Tampoco puede corromperse pues no tiene un principio a partir
del cual pueda dejar de ser lo que es. Si Dios quisiera podría aniquilarla, es decir, quitarle el
ser, pero sabemos que no quiere, pues la hizo racional. Todo aquello que tiene materia
puede cambiar su forma substancial y adquirir otra, por ejemplo, un árbol puede ser
quemado y dejar de ser árbol pasando a ser cenizas. Generarse y corromperse es propio de
lo corpóreo, pero el alma humana no tiene materia, ni está depende de la materia de un
modo absoluto. Como el alma humana no tiene materia y es subsistente, es decir, de algún
modo está más allá de la materia, es inmortal. No es inmaterial al modo que lo es el alma
del animal, la cual no puede existir sino en la materia. Por eso, corrupto el cuerpo, el alma
del animal deja de existir, pues su alma está absolutamente inmersa y absorbida en la
materia. No así el alma humana, que ocupa el último lugar en las sustancias intelectuales, y
se encuentra tan cercana a la materia que atrae a esta a participar de su ser, de modo que del
cuerpo y el alma se forma un único ser en un único compuesto, aunque el ser propiamente
le corresponde al alma que se lo comunica al cuerpo, por eso corrompido el cuerpo,
permanece el alma humana.
Además, se puede argumentar desde el deseo natural que tienen todos los hombres de vivir
para siempre y como no es posible un deseo natural vano. Es decir, no hay fin porque hay
deseo sino que hay deseo porque hay fin. Pues, el deseo sigue al fin. Es decir, si tengo
ganas de tomar Coca-cola es porque existe la Coca-cola. Si todos los hombres desean
naturalmente, esto es, en cuantos hombres, vivir para siempre, será necesariamente porque
existe la inmortalidad. Dice Santo Tomás: “Todo ser que tiene entendimiento por
naturaleza desea existir siempre. Un deseo natural no puede ser un deseo vano”.
Anexo:
¿Cómo puedo imaginar el alma?
El alma no se puede imaginar. La imaginación es un sentido interno que concibe imágenes
y las imágenes únicamente remiten a los accidentes sensibles de las cosas. Por eso nada que
no tenga materia se puede imaginar. La imaginación es superficial, llega hasta el contorno
de las cosas, en cuanto son materiales, no puede entender las cosas. Es por eso que puedo
tener la imagen de algo aún cuando no sé lo qué es. El alma no se puede imaginar, pero se
puede conocer, saber qué es el alma, aún cuando no tenga una imagen de ella. Es necesario,
si uno quiere conocer las cosas más fundamentales y más reales y más perfectas, ir más allá
de la imagen. De lo contrario nos sucederá lo mismo que a los filósofos antiguos, como nos
recuerda tantas veces Santo Tomás de Aquino, que como únicamente podían imaginar
cuerpo, todo aquello que no se imaginaban para ellos no existía. Quien vive únicamente de
imágenes vive como un animal (“Los animales viven de imágenes y recuerdos, en cambio
el hombre posee el arte y el razonamiento” Aristóteles). Y se pierde las cosas más radicales
y verdaderas de la vida humana, que permiten orientar y ordenar la vida. Una de esas cosas
es el alma humana que no tiene materia y que no es posible imaginar.
Glosario:
Inmaterialidad: que no posee materia. Por lo tanto, no posee los accidentes que se siguen de
la materia, y el primero de todos, la extensión.
Inmortalidad: que no puede corromperse, que no posee un principio a partir del cual pueda
dejar de ser lo que es. Inteligencia (entendimiento): palabra compuesta de intus-legere, que
significa “leer dentro”. Es la capacidad que tiene el hombre de conocer lo que son las cosas
y relacionarse con ellas según su ser.
Subsistencia: Característica propia de la sustancia. Es el hecho de que puede existir “en sí”
y no como algo “de otro”. Es aquello por lo cual una naturaleza sustancial individual se
constituye en sí y es sujeto de la existencia incomunicable. Por la subsistencia la sustancia
racional individual se constituye en persona y la demás sustancias irracionales en supuesto.
Muerte: separación del alma y la materia (vivificada por esa alma).
Corrupción: separación de los principios esenciales constitutivos de un ente.
Aniquilación: deja de ser de modo absoluto porque se le quita el ser.
Glosario:
Hilemorfismo: etimológicamente se compone de dos palabras griegas: hyle, que quiere
decir materia y morphé, que quiere decir, forma. Expresa la doctrina aristotélico-escolástica
relativa a la constitución de los cuerpos naturales. Partiendo del devenir y de la identidad-
diversidad observada en el mundo corpóreo, se llega a la conclusión de que todos los
cuerpos se componen de dos principios esenciales: la materia prima y la forma sustancial.
La materia prima es el sustrato permanente e indeterminado que recibe sucesivamente
diferentes formas específicas. La materia no puede darse sin la forma. Por eso se afirma que
la corrupción de una cosa es la generación de otra; por ejemplo, la corrupción del agua es la
generación del hidrógeno y oxígeno, o la combustión de la madera es la generación de la
ceniza.
Materia: En general, materia significa el conjunto de los cuerpos. También aquello de lo
qué está hecha una cosa, como una campana de bronce, o un reloj de oro. Esta materia se
denomina materia segunda y es el sujeto receptor de los diversos accidentes, tales como la
cantidad o el color. En un sentido más profundo y filosófico, se halla la materia prima. Es
un principio sustancial incompleto, meramente potencial e indeterminado, que en unión de
una forma sustancial constituye la sustancia material, o cuerpo natural ( De Spi. Creat. Q. 1.
a. 1. ) Es el sustrato que permanece en los cambios sustanciales de los cuerpos y que
privado de una forma recibe otra nueva. Aunque, por ser pura potencia, es incognoscible
directamente, no se puede decir que sea nada. Es algo real, si bien se halla en el grado
último de la realidad, es decir, del ser. La materia signada por la cantidad hace posible la
multiplicidad de individuos en la misma especie, como muchos robles o muchos hombres.
Reencarnación: en el contexto de la Nueva Era, la reencarnación está vinculada al concepto
de la evolución ascendente hasta convertirse en un ser divino. A diferencia de religiones de
la India, o derivadas de ellas, la Nueva Era concibe la reencarnación como el progreso del
alma individual hacia un estado más perfecto. Lo que se reencarna es esencialmente algo
inmaterial o espiritual; más exactamente, es la conciencia, la chispa de energía que en la
persona comparte la energía cósmica o « crística ». La muerte no es sino el paso del alma
de un cuerpo a otro.
Materialismo: concepción filosófica que concibe a la materia como el único principio
constitutivo del ser de los entes.
Dualismo: reconoce dos principios constitutivos en el hombre, pero que no se unen
substancialmente: cuerpo y alma son dos sustancias distintas con una unión accidental.
Unidad substancial: significa la unión dos principios constitutivos de la cual surge un único
ser en una única substancia.
Unidad o unión accidental: es la unidad que se da en las cosas que se encuentran
ensambladas, como en un reloj o en un montón de piedras, de manera que no constituyen
una única substancia.